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9 El Jefe Autoritario

El documento describe varios ejemplos de malos jefes en la Biblia, incluyendo a Nabucodonosor que amenazaba a sus empleados, Potifar que era ausente y no prestaba atención, Saúl que era inestable e impredecible, y Jerjes que era inseguro. Proporciona estrategias para lidiar con cada tipo de jefe difícil, enfatizando mantener la integridad, trabajar como para Dios en lugar de para el jefe, y no dejarse sacar de quicio. La historia de Ester se presenta como

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El documento describe varios ejemplos de malos jefes en la Biblia, incluyendo a Nabucodonosor que amenazaba a sus empleados, Potifar que era ausente y no prestaba atención, Saúl que era inestable e impredecible, y Jerjes que era inseguro. Proporciona estrategias para lidiar con cada tipo de jefe difícil, enfatizando mantener la integridad, trabajar como para Dios en lugar de para el jefe, y no dejarse sacar de quicio. La historia de Ester se presenta como

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El Jefe autoritario

Ejemplo de malos jefes en la Biblia


EL JEFE FURIOSO: Nabucodonosor

Nabucodonosor les gritó a sus empleados que alimentaran tan


fuertemente un horno encendido, que éstos terminaron
chamuscados. Daniel trabajaba para un hombre furioso.
Aguantó amenazas y conspiraciones. Sin embargo, mantuvo su
integridad y fue ascendido a mejores posiciones (Daniel 3).
¿Cuá l fue su secreto?

El rey Nabucodonosor era impulsivo, y los jó venes israelitas lo


sabían. Ellos no devolvían ira con ira, ni dudaban de su Dios.
Se centraban en las cuestiones que tenían que resolver, y en lo
que, a la larga, sería mejor para la empresa de su jefe: la
obediencia a las reglas y al reino de Dios.

EL JEFE AUSENTE: Potifar

Un alto oficial militar llamado Potifar vivía el “sueñ o egipcio”.


José era un mayordomo tan fantá stico, que Potifar no se
preocupaba por nada, excepto por comer. Este jefe era tan
indiferente a su trabajo, que no entendía plenamente qué
empleado tan excelente era José. Tampoco tenía idea acerca
de los coqueteos sexuales de su esposa.
José pagó un alto precio por el ausentismo de su jefe: fue
echado en la cá rcel. Si Potifar hubiera prestado atenció n,
habría sabido que las acusaciones eran falsas.
Estrategia para con un jefe ausente: Trabaje como si estuviera
trabajando para Dios. Su jefe puede estar ausente, pero el
Señ or no lo está . Aunque la Sra. Potifar le halaba la manga
para hacerlo ir a la cama con ella, José experimentaba la
presencia de Dios. “¿Có mo… pecaría [yo] contra Dios?
(Genesis 39:9), le decía.

EL JEFE INESTABLE: Saúl

Si hay algú n personaje en la Biblia que manifiesta una


inestabilidad patoló gica, ése es el Rey Saú l. Sus empleados
nunca podían predecir cuá l sería el Saú l que tendrían en un
día cualquiera: si el Saú l bueno o si el Saú l que inspiraba
temor. Al punto que decidió contratar a alguien —al futuro
rey David— para que calmara sus diabó licos cambios de
humor con la mú sica.

Así pues, un lunes estaba Saú l trinchando una excelente


costilla en el almuerzo, y planificando un original conjunto de
medidas econó micas para Israel, y el martes estaba
arrojá ndole una lanza a David para clavarlo contra la pared (1
Samuel 18:11). Afortunadamente, los añ os que había pasado
David persiguiendo ovejas, lo habían hecho muy á gil para
esquivar los peligros.
Estrategia para con un jefe inestable: Responda a la fidelidad
de Dios en vez de reaccionar a la inconstancia de su jefe. Un
cristiano maduro no se dejará sacar de quicio por las locuras
de otras personas.

EL JEFE INSEGURO: Jerjes (Asuero)

La descripció n que hace Ester de lo temeroso que era el rey,


me hace querer gritarle: “¡Deja ya de retorcerte las manos, y
toma una decisió n!” En una crisis tras otra, Jerjes se
inquietaba y no podía decidir qué hacer. Por eso esperaba que
otros tomaran la decisió n, mientras que sus subordinados
luchaban por llenar el vacío de poder que él creaba.
La perversidad de Amá n llenó ese vacío. Una organizació n con
un jefe inseguro es un fértil caldo de cultivo para la disfunció n
o algo peor.

Estrategia para con un jefe inseguro: Coló quese en la posició n


de hacer presió n a favor de lo que es justo, bueno y verdadero.
A medida que crecía la influencia de Amá n, la confianza de
Ester mermaba. Fue necesario el discurso de su tío
Mardoqueo para convencer a la joven mujer de que Dios la
había puesto en la posició n estratégica para presionar a favor
del bien “para esta hora” (Ester 4:14). El resto de la historia
muestra a Ester engañ ando al inú til rey, maniobrando mejor
que el astuto Amá n y salvando de la muerte a los judíos.

La Biblia dice: “Aparta al impío de la presencia del rey, y su


trono se afirmará en justicia” (Proverbios 25:5). Tal vez usted
no pueda despedir a los Amá n que hay en su trabajo, pero sí
superarlos en influencia. La limitació n de su jefe no es una
excusa para que usted tenga un bajo perfil, sino que le crea la
oportunidad para ser sal y luz en medio de la situació n.

LA ESTRATEGIA PERFECTA

La historia de Ester ofrece la estrategia perfecta para manejar


a un mal jefe. Al final de un ajetreado día de trabajo, Jerjes le
ordenó a Vasti, su reina, que hiciera un desfile de pasarela
para sus embriagados colegas, pero ella se negó .

¡Qué momento aquél! Una reina persa pagana se convirtió en


un ejemplo para todo empleado que ya ha aguantado
demasiado.

Perdió su empleo, pero encontró su dignidad. Algú n día, usted


podría tener que seguir sus pasos.

Si lo que sucedió con Daniel, José, David y Ester nos enseñ an


algo, es que aun los peores jefes no podrá n impedir que actú es
de una manera correcta, una manera que agrade a Dios.

Para los cristianos: Permita que la vida y el cará cter de Jesú s


se expresen a través de usted, sobre todo en el trabajo. Al final
de cuentas, así es como podrá atraer al Salvador a las
personas que estén buscando a Dios. Y es también la forma
para obtener la má s alta nota de aprobació n que su verdadero
Jefe puede dar: “Bien, buen siervo y fiel”.

Colosenses 3:22:23 TLA


22 Ustedes los siervos, obedezcan en todo a sus amos terrenales,
no sólo cuando los ven, como si quisieran agradar a sus
semejantes, sino con sinceridad de corazón, por temor a Dios.
23 Y todo lo que hagan, háganlo de corazón, como para el Señor
y no como para la gente,

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