Síntesis Unidad 1 - Facena
Síntesis Unidad 1 - Facena
El primer texto que la cátedra invita a leer para iniciar este recorrido, es el que
escribe la autora Esther Díaz, llamado…. En breves páginas, la autora nos convoca a
cuestionar qué es aquello a lo que llamamos “conocimiento”, y cómo llegamos a él.
¿Acaso todos conocemos de la misma manera?, ¿es posible conocer un objeto de
manera “pura” y “objetiva”?, ¿es directa la relación entre sujeto cognoscente y objeto a
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conocer?, ¿qué media entre ambos elementos?
A través de una escueta pero interesante línea, Díaz nos interpela expresando
que el conocimiento es una “manera de relacionarnos con la realidad”, conocer es
interpretar aquello que nuestros sentidos perciben. Entonces, ¿es un acto objetivo o
subjetivo? Y, redoblemos la apuesta, si el que “conoce” es el hombre, y el que crea
conocimiento también es él, ¿es posible hablar de un conocimiento estrictamente
científico? ¡No se apresuren a responder! Aún falta más camino por transitar y más
ideas que tensionar.
La autora propone ir un poco más allá de la noción de conocimiento, pensando
en la historia y en la manera en la que esto que llamamos conocimiento cambia; para
ser más específica, la pregunta que se efectúa –tomada del campo de la Filosofía- y que
orienta toda su producción aquí, será ¿POR QUÉ CAMBIA LA CIENCIA?.
Alguna vez se pusieron a pensar…
¿Qué es lo que determina que aquello que era científico en una época, deje de
serlo en otra?; ¿Cuándo y por qué decimos que un conocimiento dejó de ser
“verdadero” o bien “útil” para la sociedad?; ¿Quién o quiénes deciden eso? ¿Por qué un
sujeto, como parte de la sociedad, cree en eso que le dicen?
Les sugerimos tomarse unos minutos y pensar en esto antes de seguir, ya que
las respuestas que obtengan en este momento, serán las mismas que deberán poder
suspender en lo que sigue, para entender el sentido que la autora pretende transmitir
en estas páginas y dejarse atravesar por ellas.
Para esclarecer su pregunta guía, Esther Díaz nos propone repasar 4 (cuatro)
posturas o posicionamientos que dieron respuesta a ésta en diferentes momentos
históricos: la llamada teoría Acumulativa - la teoría de Karl Popper – el posicionamiento
de Michelle Foucault – la postura de Thomas Kuhn. Brevemente, comentaremos cada
una de ellas, esperando que luego de esta lectura, puedan dirigirse a su texto original a
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fin de ampliarlas y recorrerlas de forma acabada.
Empecemos por la Teoría
Acumulativa. Tal como su nombre lo indica,
es una propuesta que considera a la ciencia
como INFALIBLE y en consecuencia, su
cambio se daría por acumulación. ¿Qué
quiere decir esto? Que el conocimiento
científico va cambiando, a medida que las
teorías que se producen se van acumulando,
una detrás de otra. ¿Qué les parece esto?
¿Podemos pensar que la ciencia se modifica de esta forma? ¿Puede la ciencia
categorizarse como “infalible”?
Pensémoslo con un ejemplo:
A finales del año pasado, principios de éste, la ciencia explicaba luego de los
primeros brotes “alarmantes” del virus COVID-19, que se trataba de un virus que no se
propagaba en las “altas temperaturas”. Sin embargo, al cabo de unos meses, ese mismo
enunciado resultó ser falseado por los hechos y la anterior “teoría” fue dejada de lado.
¿Qué otros ejemplos les sugiere esta idea de “ciencia acumulativa”?
La autora dirá que esta postura, si bien resulta interesante para pensar y
cuestionar algunas ideas que se tienen de la ciencia, está FALSEADA por su misma
historia, en tanto existieron errores científicos aceptados como verdades,
supervivencia de teorías rivales en un mismo
momento, y triunfo de ciertas teorías sobre otras.
Karl Popper por su parte, explica que la ciencia Bomba de Hiroshima y
Nagasaki
cambia porque PROGRESA, entendiendo a la noción
de progreso como el equivalente de “avance hacia la
VERDAD”. ¿Qué podemos decir sobre esta postura?, ¿la ciencia siempre avanza hacia la
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verdad?, ¿de qué verdad habla Popper?, ¿hacia qué verdad piensan ustedes que la
ciencia avanza?, ¿acaso es posible aseverar que existe una verdad?, y si es así, ¿cuál sería
y según quién?
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¿Qué verdades sostenemos y defendemos hoy?, ¿Qué conocimientos
descartamos por no ser “verdaderos”?, ¿A quién o a quiénes les creemos hoy? ¿Por
qué?, ¿Conocen a alguien que haya sido “censurado” por decir algo que no se permitía
en la época?, ¿Quién lo censuró?, ¿Qué riesgos corría?
los llamados “niños problema”; niños que no permanecían quietos en lugares como la
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escuela, que no hablaban, que no se relacionaban con otros niños, que lloraban o
gritaban desmedidamente, que no aceptaban límites. En otras palabras, niños que no
se ajustaban al parámetro “normal” para la época, que molestaban dentro del
contexto escolar porque no permitían al docente dar su clase como estaba planificada y
para los cuales, no existía una explicación respecto de su comportamiento, que
convenciera a los adultos.
¿Cuál fue la solución? Consultar con un especialista. Alguien formado en la
materia “conductual” infantil, que pudiera brindar una salida rápida (pues urgía dar
clases “normalmente”) y “segura” a la problemática de esos niños. Este profesional,
provisto de vastos conocimientos “científicos”, decidió “probar” con una pastilla
“mágica”, “disminuir el nivel de ansiedad y de excitación” desmedida de los pequeños,
para que así los docentes pudieran dar su clase tranquilos, los padres pudieran vivir
tranquilos, y los infantes “ser niños normales”. La pastilla funcionó por supuesto,
adormeciendo todas aquellas características propias de la niñez, convirtiendo a
aquellos “problemáticos” en pequeños callados, quietos y obedientes. Todo el mundo
terminó feliz con esta historia, y cada vez fueron más los niños problema detectados y
salvados por la magia de la ciencia farmacológica, a la que hoy nadie cuestiona y felicita
por semejante aporte a la sociedad y logro médico.
Las preguntas en cuestión serían: ¿es posible decir
que no es científico lo que se realizó? No. ¿Quién avala la
práctica psicofarmacológica en la infancia? La
comunidad científica y la sociedad. ¿Por qué una
madre acepta, valida y defiende que drogar a
su hijo es una buena solución y lo “mejor que
pudo pasarle”? ¿Quién la convenció de eso?
Y vamos por más, ¿a quién beneficia el uso de drogas en los niños?, ¿acaso el
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niño está mejor tomando las pastillas que se le recetan?, ¿según quién?, ¿quién decide
cuando un niño es “normal” y cuándo no lo es?, ¿a quién le conviene que los niños sean
“obedientes, callados y tranquilos”? Redoblemos la apuesta otra vez, ¿de dónde
provienen las drogas que ese especialista receta a los “niños problema”?, ¿quién
investigó acerca de sus funciones y aprobó su uso?, ¿quién solventó todas esas
investigaciones para que hoy sea una “pastilla milagrosa”?
Volviendo al texto que alberga todas estas posturas, la última que resta por
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comentar es la teoría de Thomas Kuhn; un físico, filósofo e historiador, tal vez conocido
por algunos de ustedes, por su concepto de cabecera: PARADIGMA.
Kuhn decide responder a esta pregunta inicial que se planteaba respecto de
¿cómo progresa la ciencia?, partiendo de la noción de paradigma y de lo que denomina
“período de crisis y revolución científica”; dirá que la ciencia y su conocimiento cambia,
a través de saltos cualitativos y etapas revolucionarias, en las que los paradigmas
vigentes luchan por alcanzar un papel protagónico y dar inicio al período de “ciencia
normal”.
¿Qué es para este autor un paradigma? Lejos de exponer el concepto completo,
que deberán buscar en la bibliografía, diremos que es un “modelo” o “patrón”, que la
comunidad acepta en determinado momento socio-histórico, para dar respuesta a
diferentes problemáticas que lo acechan. Diremos también que no se trata una teoría
única, sino por el contrario de un conjunto de teorías, hipótesis, métodos, leyes y
demás elementos, que direccionan la mirada o perspectiva que se tiene en ese
momento.
Kuhn afirma que para que una ciencia, sea considerada como tal, debe cumplir
con el requisito de ser “paradigmática”; de lo contrario sería una pre-ciencia, es decir,
un conjunto de conocimientos, prácticas, teorías, carentes de un orden lógico y difícil
de asir. ¿Qué opinan de esta postura?, ¿podemos pensar que todas las ciencias actuales
cumplen con este requisito que el autor exige?, ¿es válido considerar que aquella que
no cumple, deja de ser ciencia? Más adelante, iremos respondiendo esta última
pregunta.
Los invitamos a pensar en el siguiente ejemplo, para acercarnos más a las
posibles respuestas.
¿Qué problemática aqueja al mundo en la actualidad?
Podríamos decir en líneas generales, que lo que más
otra y será la que cada uno, como parte de la sociedad, aceptará y defenderá hasta que
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se demuestre lo contrario. Lo interesante sería poder responder si esto que tanto
defendemos, lo hacemos por elección propia o porque es lo único que conocemos… o
que nos dejan conocer.
Hasta aquí llegamos con este primer texto propuesto por la cátedra para la
Unidad I. En lo que sigue comentaremos, tal vez de forma más escueta, los otros, que si
bien se anudan a todo lo que hemos trabajado antes, son más fáciles de comprender
por su contenido y uno de ellos en particular, más cercano a lo que quizás estén
acostumbrados a escuchar muchos de ustedes.
MARIO HELER
La bibliografía que recorreremos a continuación, está elaborada por Mario
Heler, un conocido doctor en filosofía e investigador de años, que escribió varias de sus
producciones en colaboración con Esther Díaz, ya presentada a ustedes al principio. Se
trata de un texto que como les adelantamos, podría resultarles más amigable por los
términos que emplea y los conceptos que brinda.
Heler se propone con este capítulo, determinar al igual que la autora anterior,
¿qué es la ciencia?, pero además ¿cuándo un conocimiento puede ser llamado
científico? Podrán descubrir en sus páginas, que gran parte de su producción gira en
torno a este segundo interrogante, cuya respuesta encuentra mucho eco en las
elaboraciones que trabajamos previamente; por ejemplo, el autor afirma que cada
época histórica posee una CONCEPCIÓN DE SABER
propia, y CRITERIOS para diferenciar entre lo que es
y no es CONOCIMIENTO. Si nos remontamos a
épocas pasadas, en la antigüedad, conocimiento era
todo lo vinculado a la magia, la metafísica y el saber
religioso; los criterios de ese momento específico,
determinaban que lo producido por esos cuerpos de saber, era el conocimiento como
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tal. Sin embargo, actualmente existen otros criterios que se exigen para que un saber
adquiera ese estatus; criterios que los antes mencionados, no cumplen. La concepción
que prima hoy es la del CONOCIMIENTO CIENTÍFICO. ¿Qué quiere decir esto? Que en
estos días, para que cualquier conocimiento sea aceptado como tal, debe cumplir con
las CARACTERÍSRTICAS DEL CONOCIMIENTO CIENTÍFICO.
sólida y crítica sobre la íntima RELACIÓN que existe entre CIENCIA – PODER. Si hoy nos
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preguntaran, ¿quién es poderoso en esta época? La respuesta ya no sería, como
décadas atrás, “el que tiene dinero”, sino por el contrario “el que tiene el saber”. En la
actualidad los valores se han trastocado, al punto de que el más cotizado, el más
solicitado y buscado, el más anhelado es el SABER. La lógica social y económica ha
comprendido que el conocimiento, la información, los datos, son los que motorizan las
relaciones de poder en el mundo. Si aún esta idea no los convence, pregúntense ¿cuáles
son los cargos mejores pagos en la actualidad?, ¿cuáles son los requisitos más valorados
que se establecen para obtener un empleo hoy?, ¿qué nos pide la sociedad a diario?
¡Formación, capacitación, perfeccionamiento, estudios, posgrados, especializaciones,
maestrías, doctorados! En otras palabras, nos pide y nos exige SABER.
Para finalizar este recorrido, retomaremos lo que Heler recupera acerca de las
características que debe cumplir todo conocimiento para ser considerado científico;
resumiendo sería: legalista – fundamentado – sistemático – metódico – provisorio – con
pretensión de objetividad. Les sugerimos dirigirse a la bibliografía para completar esta
información y comprender cada una de estas características.
Asimismo, dejarles una última reflexión y aclaración sobre esto, que numerosas
veces tiende a ser confusa; Heler no está diciendo que la ciencia son esas
características, es muy importante que esto se entienda. Existen ciencias que no las
cumplen y no por ello dejan de ser ciencia. Aquí se juega la noción que cada uno de
ustedes construya acerca de la misma. Lo que él pretende transmitir, es que el
conocimiento para ser considerado científico hoy, debe cumplir con ellas.
ANTONIO CAPARRÓS
Pasemos ahora al último texto de la bibliografía obligatoria correspondiente a
esta unidad, quizás el más largo que deberán leer y por qué no, el más complicado en
cuanto a terminología y vocabulario ajeno a su campo de formación, ya que se trata de
Si pensamos un poco más, podríamos hasta decir que todas las ciencias propias
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de lo social o de lo humanístico, comparten esta peculiaridad; no son ciencias exactas,
no son precisas, se resisten a la simplicidad, son ambiguas, escurridizas, intranquilas,
revoltosas. ¿Por qué será? Hay un denominador común en todas ellas, y es que todas
estudian al hombre; desde diferentes enfoques y perspectivas, pero al hombre en fin, y
para nada es una tarea sencilla o exacta. Personalmente diría, ¡hay que animarse a
estudiar al hombre!, ¡hay que animarse a descubrir cosas de uno mismo que quizás
desconocía!, ¡hay que soportar estar en el lugar de “objeto” de la ciencia! Y si yo lo
pienso en este momento, muchísimo tiempo después de que el hombre fue estudiado
por estos campos por primera vez, no me imagino lo que habrán pensado en aquel
entonces, y las resistencias que se habrán levantado en contra de quienes pretendían
hacerlo.
En este punto, siempre resulta muy interesante hilar un poco lo que veníamos
hablando acerca de aquello que está permitido estudiar en determinadas épocas y
aquello que es negado, y por qué; Si el estudio del hombre desde el enfoque social
tardó tanto en aparecer, seguramente fue por algo o alguien con poder, al que no le
convenía que éste fuera estudiado; quizás al mismo al que no beneficiaba, que se
supiera que la tierra no era el centro del universo… en fin, no es casual que sean
ciencias “más nuevas” y que hayan tenido que luchar tanto para aparecer, y que de
hecho hoy, existan muchos que aún no las consideran ciencias “serias” o “reales”.
Caparrós se pone del lado de estas ciencias, incluida la psicología entre ellas, y
decide cuestionar la noción de Kuhn respecto de que sólo pueden considerarse
ciencias, aquellas que cumplan con la condición de ser “paradigmáticas”, en tanto
ninguna de las mencionadas aquí, cumple con ese requisito (lo que decíamos sobre el
objeto de estudio de la psicología lo ilustra muy bien). Tensiona el concepto de Kuhn, lo
interpela y termina conduciéndolo a rectificar su posición en 1962 y a aceptar que las
Ciencias Sociales no son ciencias paradigmáticas, puesto que carecen de un solo
paradigma aceptado por todas sus comunidades, sin embargo no deben cumplir con
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esa condición para alcanzar su estatus de ciencia madura.
Ahora bien, hablando puntualmente de la PSICOLOGÍA, entendemos en
coherencia con las ideas del autor, que la condición de no ser paradigmática, resulta
HISTÓRICAMENTE NECESARIA, y veremos por qué. Consideramos que a esta altura,
habiendo transcurrido por todos los textos, contarán con las ideas y recursos
necesarios para entenderlo, no obstante buscaremos ejemplos para que pueda
comprenderse de manera acabada.
La psicología, a lo largo
de su desarrollo, fue
atravesando como bien
dijimos, por la conformación
de escuelas o sistemas que
intentaron, según sus
principios, darle forma y
convertirla en una ciencia
aceptada para la comunidad y
la sociedad en general. En sus
inicios, quien buscó que este objetivo se cumpliera fue Wilhelm Wundt y su escuela
ESTRUCTURALISTA, más conocido como el Padre de la psicología, por haber sido el
pionero en la formalización de su estudio, pero además por haber sido quien fundó el
primer Laboratorio de Psicología Científica en Leipzig, Alemania. En sus intentos por
transformarla y ajustarla a los parámetros de la ciencia, Wundt determinó que su objeto
de estudio dejaría de ser el alma, como se pensaba hasta ese momento, para pasar a
ser la conciencia. Como podrán entender, el alma era un elemento más cercano a la
metafísica o la religión, muy difícil de ser aceptado como “observable y medible”, y
además muy vinculado a la filosofía, espejo en el cual la psicología buscaba dejar de
reflejarse. Este pionero, logró “demostrar” que la conciencia podía ser estudiada al
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igual que cualquier otro objeto, con aparatos de laboratorio que él mismo había ideado
y métodos experimentales, similares a los ya conocidos en esa época, como ser la
observación y la introspección objetiva. Se aventuró en esta tarea, optando por
fraccionar la conciencia en lo que llamó “sus partes últimas”; desarmarla en pequeñas
unidades indivisibles, a partir de las cuales, según diferentes combinaciones, podían
estudiarse y formarse los “elementos de conciencia”, como las sensaciones,
percepciones, emociones, sentimientos, etc.
Si bien se trata de una escuela que en la actualidad no posee vigencia, ya que no
trascendió, entre algunos de los motivos, por ser puramente académica, constituye un
escalón fundamental para la historia de la psicología, en tanto fue la plataforma para
que ésta empezara a surgir por su cuenta.
Fueron muchas las críticas que recibió, de sus
propios colegas inclusive, que a pesar de
conducirlo a la disolución de sus teorías,
fueron las que se erigieron como posteriores
sistemas o mejor dicho, paradigmas, que
moldearon las siguientes producciones.
Así apareció la Psicología de la GESTALT,
estudiando también a la conciencia pero evitando dividirla en pequeñas partes. Fueron
Wertheimer, Kholer y Koffka, quienes iniciaron este segundo movimiento
paradigmático, afirmando que la manera correcta de abordar el objeto de la psicología
era en su totalidad, enfocándose específicamente en la PERCEPCIÓN de las formas,
como acceso inmediato a la conciencia del hombre. Así crearon leyes de organización
perceptual, que hasta hoy se utilizan, experimentos que derivaron en los conocidos
“tests psicológicos” y prácticas que en la actualidad están validadas, orientadas a la
reestructuración del campo perceptual como resolución de problemas.
Este paradigma, si bien sigue vigente desde aquella época, también tuvo que
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enfrentar fuertes críticas, principalmente por una escuela que podría decirse, fue la que
logró finalmente que la psicología se transformara en una “ciencia natural” con todas
las letras: el CONDUCTISMO. Su fundador, John Watson, un reconocido doctor y
científico americano, contó con la “suerte” de iniciar su movimiento en Estados Unidos,
en un contexto en el cual las crisis y demandas económicas, azotaban a las grandes
fábricas y sus empresarios. Este personaje, afirmó que con sus métodos y teorías, podía
“predecir toda conducta humana y moldearla como él quería”; imagínese semejante
declaración en una época en la cual miles de trabajadores empezaban a revelarse y
exigir mejores condiciones salariales, ¡por supuesto que fue escuchado!.
Watson ideó un sistema en el cual la conciencia como objeto de estudio no tenía
lugar, al punto de eliminarla completamente de todo estudio del hombre. Siguiendo los
parámetros científicos del momento, lo que no podía verse, tocado, medido y
verificado, no podía ser objeto de estudio, en definitiva, no podía existir. Su centro de
atención estuvo puesto en la conducta humana, un elemento que sí cumplía con las
exigencias de la comunidad científica, y en un esquema muy conocido actualmente,
provisto de dos términos: el estímulo y la respuesta. A través de múltiples
experimentos, corroboró que los seres humanos podían ser “adiestrados” si se
utilizaban los estímulos correspondientes, el tiempo indicado. Y así fue.
Por sus logros, su éxito, su “magia” y sus respuestas a la crisis, el Conductismo
fue un paradigma que durante muchos años primó en el campo de la psicología; todo lo
que se estudiaba y se investigaba en ese momento, estaba vinculado a las
elaboraciones de esta escuela; nadie podía contradecirla, y en nombre de la “ciencia”
psicológica, se justificaban y aceptaban los más nefastos experimentos conocidos en
personas (bebés – niños – adultos). Más adelante en el programa, nos detendremos un
poco más sobre esto.
“mi hijo no se queda quieto, tomo una pastilla”, “me siento triste, tomo una pastilla”, y
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podríamos seguir. Nada de lo que ocurre en estos días dentro del campo de la salud
mental en general, es ajeno a todo lo antes dicho respecto de la relación que existe
entre estado – ciencia – poder; la mente humana es uno de los componentes más
valiosos que tiene el ser humano, y en consecuencia, una de las amenazas más grandes
que existe para los poderosos, sean éstos quienes sean. Una población o sociedad
“adormecida” producto de los “eficientes” psicofármacos, validados por extensas
investigaciones científicas, es un objetivo al que se pretende arribar; una comunidad
compuesta por “personas normales”, “despatologizadas”, es el equivalente directo a
un grupo humano “adiestrado” como se pretendió durante el reinado del conductismo,
con la diferencia de que hoy, son otros los recursos disponibles para lograrlos, que no
sólo están “solapados” por discursos científicos de poder y políticos que los validan,
sino además aprobados y festejados socialmente.
Medios de comunicación que en masividad demuestran con orgullo los avances
en el campo de la neuropsicología, numerosos cursos de posgrado que apuestan a la
formación en esa rama, comités de evaluación académica (CONEAU) que modifican los
planes de estudio de las carreras de grado, orientándolas en esa línea, capacitaciones
docentes que guían sus esfuerzos a
contar con “especialistas en
detección de diagnósticos” dentro de
las aulas, en lugar de apostar a
formación más flexible y de calidad
para todos. Bombardeados
permanentemente por un discurso
arraigado y totalizante, que nos moldea sin tener conciencia de ello. He ahí el riesgo de
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contar con un solo paradigma.
Como dato de color, para aquellos a quienes les haya interesado esta lectura y
temática, y deseen ampliar un poco más el recorrido por todos estos conceptos, los
invitamos a buscar en google, información acerca de movimientos como la
“Despatologización de las infancias”, en los cuales encontrarán con claridad esta
noción de “crisis y revolución” que propone Kuhn, como modo de lucha entre
paradigmas.
Hasta aquí, todo lo que podemos comentar acerca de la primera unidad.
¡Bienvenidos y a leer!