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Biografia de Policarpo

San Policarpo fue el obispo de Esmirna en el siglo II d.C. y probablemente el último discípulo sobreviviente de los apóstoles. Fue perseguido y martirizado por su fe cristiana en el año 156 d.C. Su muerte, quemado en la hoguera, está bien documentada en la epístola "Martirio de Policarpo". Policarpo se negó a renegar de su fe a pesar de las amenazas de muerte, diciendo que había servido a Dios por 86 años sin que le hiciera da

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Biografia de Policarpo

San Policarpo fue el obispo de Esmirna en el siglo II d.C. y probablemente el último discípulo sobreviviente de los apóstoles. Fue perseguido y martirizado por su fe cristiana en el año 156 d.C. Su muerte, quemado en la hoguera, está bien documentada en la epístola "Martirio de Policarpo". Policarpo se negó a renegar de su fe a pesar de las amenazas de muerte, diciendo que había servido a Dios por 86 años sin que le hiciera da

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San Policarpo

(?, c. 69 - Esmirna, c. 156) Obispo de Esmirna. Según una tradición, conoció al apóstol San
Juan y tuvo como discípulo a Ireneo. De sus escritos sólo se conserva la Epístola a los
filipenses. El relato de su martirio es el más antiguo que se conserva.

Nacido de padres cristianos hacia el 68-69, griego de origen, o por lo menos de educación,
instruido por los apóstoles y en contacto "con muchos que habían visto al Señor", Policarpo
recibió hacia fines del siglo I de manos de los propios apóstoles (tal vez de San Juan
Evangelista) la consagración como obispo de Esmirna. Venerado por todas las comunidades
de Asia Menor, fue a su vez maestro de San Ireneo, el famoso obispo de Lyon, y estuvo en
relación con San Ignacio de Antioquía, a quien confortó y del que recibió una carta que ha
llegado hasta nosotros.
Hacia el año 155 marchó a Roma para defender, ante el papa Aniceto, la costumbre de las
iglesias de Asia de celebrar la Pascua el día 14 del mes de Nisan, según el calendario hebreo
(costumbre "quattuordecimana"), aunque sin éxito; a pesar de que no pudieron conciliarse
los dos puntos de vista, por seguir Policarpo el uso oriental y Aniceto el occidental, no se
rompió la comunicación entre ellos.
Vuelto a su patria y habiendo estallado la persecución, según refiere el llamado  Martyrium
Polycarpi (en forma de carta de la Iglesia de Esmirna a la de Filomelio, redactada por un tal
Marción, y sustancialmente auténtica, pese a algunos añadidos tardíos), se dejó convencer
para que se refugiara en una casa de campo cerca de la ciudad. Pero la traición de un criado
hizo que cayera en manos del procónsul romano Estacio Quadrato.
Aunque conocemos poco de su vida, el recuento de su persecución y muerte están bien
documentados en Martirio de Policarpo (155 d. C.), una epístola de la iglesia de Esmirna
(pastoreada por Policarpo antes de su muerte) dirigida a la iglesia en Filomelio y al resto de
la Iglesia cristiana. La introducción a la epístola dice:
“Os escribimos, hermanos, un relato de lo que sucedió a los que sufrieron martirio, y en
especial al bienaventurado Policarpo… todos los sucesos antes mencionados
[sucedieron] para que el Señor pudiera mostrarnos una vez más un ejemplo de martirio
que es conforme al evangelio”.[1]

Es probable que, al momento de su muerte, Policarpo fuese el último sobreviviente de los


que habían sido directamente discipulados por los apóstoles. A los ojos de un Imperio
romano que no tenía otro dios que no fuese el César, Policarpo representaba una amenaza,
siendo la persona en vida más cercana a la encarnación de Cristo y sus enseñanzas.

Por eso, en el año 155, después del martirio de varios cristianos en Esmirna, un grupo leal al
Imperio pagano de Roma buscaba a Policarpo para matarle. “Matemos al líder de la
iglesia”, decían, “y su iglesia morirá”. Así, Policarpo llegó a ser perseguido y capturado.

Antes de su juicio

“fue recibido por Herodes, el capitán de la policía y por su padre Nicetes, los cuales le
[hicieron] subir a su carruaje, y procuraron convencerle, sentándose ellos a su lado y
diciéndole: ‘¿Qué mal hay en decir César es Señor, y en ofrecerle incienso… y con ello
salvarte?’. Pero él al principio no les dio respuesta. Sin embargo, cuando ellos
persistieron, les dijo: ‘No voy a hacer lo que me aconsejáis’. Entonces ellos, viendo que
no podían persuadirle, hicieron uso de amenazas y le hicieron bajar rápidamente, de
modo que se hirió en la espinilla cuando bajaba del carruaje”.[2]

Posteriormente fue llevado a un estadio para ser juzgado por el Imperio. Se lee en el
recuento que, al entrar, Policarpo escuchó una voz del cielo que decía: “¡Sé fuerte y
muéstrate hombre, oh, Policarpo!”.

Durante ochenta y seis años he sido su siervo, y no me ha hecho mal alguno. ¿Cómo
puedo ahora blasfemar de mi Rey que me ha salvado?
El magistrado le dijo:
“‘Ten respeto a tu edad. Jura por el genio de César; y retráctate y di: Fuera los ateos [los
que no creen en el César]’. Entonces Policarpo, con mirada solemne, contempló toda la
multitud de paganos impíos que había en el estadio, y les hizo señas con la mano; y
mirando al cielo, dijo: ‘Fuera los ateos [los que no creen en el Dios real]’. El magistrado
insistió y le dijo: ‘Jura, y te soltaré; insulta a Cristo’. Policarpo dijo: ‘Durante ochenta y
seis años he sido su siervo, y no me ha hecho mal alguno. ¿Cómo puedo ahora blasfemar
de mi Rey que me ha salvado?’”.[3]

El procónsul después dijo:


“‘Tengo fieras aquí y te echaré a ellas como no te retractes’. Pero él dijo: ‘Que las
traigan; porque el arrepentirse de lo mejor a lo peor es un cambio que no nos es
permitido; pero es noble el cambiar de lo perverso a lo justo’. Entonces le dijo: ‘Haré que
ardas con fuego si desprecias las fieras, como no te arrepientas’. Pero Policarpo dijo: ‘Tú
me amenazas con fuego que arde un rato y después se apaga; pero no sabes nada del
fuego del juicio futuro y del castigo eterno, que está reservado a los impíos. ¿Por qué te
demoras? Haz lo que quieras’”.[4]

Atado a la hoguera, a punto de ser prendido, Policarpo dijo sus últimas palabras:
“‘Oh, Señor Dios Todopoderoso, Padre de tu amado y bendito Hijo Jesucristo, por medio
del cual hemos recibido conocimiento de ti, el Dios de ángeles y poderes, y de toda
creación y de toda la raza de los justos, que viven en tu presencia; te bendigo porque me
has concedido este día y hora para que pueda recibir una porción entre el número de los
mártires en la copa de [tu] Cristo en la resurrección de vida eterna, tanto del alma como
del cuerpo, en la incorruptibilidad del Espíritu Santo. Que pueda ser recibido con ellos
en tu presencia este día, como un sacrificio rico y aceptable, que tú has preparado y
revelado de antemano, y has realizado, tú que eres el Dios fiel y verdadero. Por esta
causa, sí, y por todas las cosas, te alabo, y bendigo, y glorifico, por medio del Sumo
Sacerdote eterno y celestial, Jesucristo, tu Hijo amado, por medio del cual, con Él y el
Espíritu Santo, sea gloria ahora y [siempre] y por todos los siglos. Amén’. Cuando hubo
ofrecido el amén y terminado su oración, el verdugo encendió el fuego”.[5]

El último discípulo de los apóstoles fue quemado en la hoguera y su cuerpo en cenizas fue
posteriormente apuñalado.
Se ha discutido mucho sobre el año en que Policarpo sufrió el martirio; la fecha probable
parece ser el año 156. La Vita Polycarpi de un tal Pionio (no el mártir del año 250),
redactada a finales del siglo IV, es en cambio totalmente legendaria.
Ireneo habla de varias obras suyas dirigidas a la Comunidad de Asia Menor; de ellas
conservamos solamente la Epístola de Policarpo a los filipenses. Esta epístola pertenece al
grupo de escritos de aquellos autores que se ha convenido en llamar "Padres Apostólicos",
porque, a pesar de pertenecer a una generación posterior a la de los apóstoles, estuvieron
directa o indirectamente en relación con ellos. De aquí la gran importancia histórica y
literaria de estos escritos, entre los cuales la Epístola de Policarpo a los filipenses ocupa un
lugar notable.
La Epístola nos ha llegado en su texto griego original, mutilada de los capítulos X, XI, XII
y XIV, y en una antigua versión latina completa. Fue escrita hacia el año 120 en respuesta a
otra epístola hoy perdida enviada por los cristianos de Filipos a Policarpo. Los cristianos de
Filipos le informaban en ella del paso de Ignacio de Antioquía y del escándalo del
presbítero Valente, y le rogaban que transmitiera a la comunidad de Antioquía una carta de
ellos y varias cartas morales escritas por Ignacio para los cristianos de Esmirna y para el
propio Policarpo.
La respuesta, en catorce capítulos, tiene carácter esencialmente parenético. Expresa, en un
estilo sencillo y llano, una profunda piedad, una gran dulzura y modestia y una notable
sinceridad. Si Policarpo da consejos a los filipenses, a una Iglesia que tiene por guía las
instrucciones dirigidas por el mismo San Pablo, lo hace solamente porque se lo han pedido.
Policarpo exhorta a los filipenses a servir a Dios con toda reverencia, a mantenerse alejados
de las opiniones de los docetas, que niegan la realidad de la encarnación de Jesucristo;
recomienda y exhorta a sus corresponsales al ayuno, a la oración, a la paciencia, a la fe, a la
caridad y a evitar la avaricia y la idolatría. Cada miembro de la comunidad debe cumplir a
conciencia los deberes propios de su edad y de su estado y practicar las virtudes
fundamentales del cristianismo: la fe, la esperanza, el amor.
Una palabra de reprobación va dirigida a Valente y a su mujer; termina prometiendo
cumplir los encargos que los filipenses le han confiado y les recomienda a Crescente, el
dador de la carta. La autenticidad de esta Epístola ha sido puesta en tela de juicio porque da
testimonio de la existencia de cartas de Ignacio de Antioquía; los que han creído poder
discutir la autenticidad de las cartas de Ignacio declaran también apócrifa la de Policarpo.
En realidad su escrito no presenta ningún elemento sospechoso y es, en todos sus aspectos,
un monumento que figura entre los más significativos de la primitiva literatura cristiana.
Cómo citar este artículo:

Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de San Policarpo. En Biografías y


Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado
de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/p/policarpo.htm el 22 de marzo de 2021.

[1] Martírio de Policarpo, I.

[2] Martírio de Policarpo, VIII.

[3] Martírio de Policarpo, IX, X.

[4] Martírio de Policarpo, XI.

[5] Martírio de Policarpo, XIV, XV.

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