El Montanismo
A mediados del siglo segundo, surgió en Frigia el movimiento «montanista», cuyo
nombre se deriva de su fundador Montano, fue un movimiento que se produjo en el
interior de las comunidades cristianas primitiva. Montano era un sacerdote pagano
convertido al cristianismo y bautizado alrededor del año 155. Poco después de su
bautismo, Montano comenzó a declararse poseído del Espíritu Santo, y a profetizar
a título de esa posesión. Pronto se le unieron dos mujeres, Prisea y Maximila,
discípulas suyas, que como él, profetizaban, el final inminente del mundo,
ordenando a sus fieles se reunieran en la aldea de Papuza en Frigia para esperar
allí el descenso de la Jerusalén celestial.
Esta nueva revelación no contradecía a la que había sido dada en Jesucristo -al
menos, así decían los montanistas- sino que la superaba en el rigor de su ética y en
ciertos detalles escatológicos.
Montano y los suyos eran bue-nos organizadores, y no veían oposición alguna entre
la nueva revelación del Espíritu y la buena organización eclesiástica, de modo que
pronto adoptaron la estructura jerárquica de la Iglesia. Por esta razón, el
montanismo se extendió rápidamente por toda Asia Menor, y luego llegó hasta
Roma y el Norte de África, donde logró conquistar el espíritu del más grande de los
escritores cristianos de habla latina de la época, Tertuliano.
En sus orígenes el montanismo no abogaba por un retomo a la práctica de las
profecías, sino que pretendía que Montano y sus dos profetisas habían recibido una
revelación especial y final, de modo que no era de esperarse que el espíritu profético
se extendiese al resto de los cristianos. Fue sólo con el correr del tiempo que los
montanistas, queriendo imitar a sus fundadores, proclamaron que tenían el don de
profecía. La oposición del resto de los cristianos al montanismo se debía en parte a
razones teológicas, y en parte a razones prácticas.
En el orden práctico, el montanismo debilitaba la organización de la Iglesia -y hasta
llegó a constituirse en iglesia rival de la «gran Iglesia».
Marción
Marción era natural de la ciudad de Sinope, en el Ponto, donde su padre era obispo,
probablemente en el año 144, fue expulsado de la iglesia en esa ciudad. Entonces
fundó una iglesia marcionita, y esto fue lo que le hizo uno de los más temibles rivales
del cristianismo ortodoxo. Marción fundó una iglesia frente a la que ya existía,
ninguna era tan peligrosa como la de Marción, esta iglesia llegó a tener tantos
adeptos que durante algún tiempo pudo pensarse que resultaría victoriosa en el
conflicto. después del siglo tercero el marcionismo comenzó a decaer, y pronto
desapareció en el Imperio Occidental, Marción estaba dispuesto a conceder al
Antiguo Testamento cierta veracidad, pero sólo como la revelación de un dios o
principio inferior. Tertuliano, con su agudeza característica para descubrir los puntos
débiles de una doctrina cualquiera, se burlaba del Dios supremo de Marción, que
había esperado tanto para darse a conocer, y que entretanto no había sido capaz
de producir siquiera un pobre vegetal. Marción Según él, su doctrina se sigue de un
estudio cuidadoso del mensaje cristiano tal como Pablo lo predicaba, Pablo era el
heraldo de un mensaje radicalmente nuevo, el mensaje de la revelación del Dios
hasta entonces desconocido. La doctrina de Marción se basa en el estudio de estas
Escrituras, pues él no pretende ser profeta ni poseer conocimiento secreto alguno,
sino sólo exponer lo que las Escrituras o más bien dicho, sus escrituras afirman.
Marción fundó una iglesia. Esto se debe sin duda a su convicción de que su doctrina
no era una simple revelación que él había recibido, sino la interpretación correcta
del mensaje que la Iglesia había tergiversado. A partir de tal convicción, lo que se
imponía era fundar una nueva iglesia que restaurase el mensaje que había sido
corrompido. Marción fundó esa iglesia, y con ello hizo aún mayor el reto que su
movimiento presentó a la iglesia ortodoxa. Marción afirma que Cristo apareció «en
el año quince del reino de Tiberio» como un hombre ya formado. En cuanto a la
substancia de que estaba hecho su cuerpo -si era una simple apariencia o si se
trataba más bien de una substancia etérea-los datos que poseemos no nos permiten
determinar cuál fue la doctrina de Marción