0% encontró este documento útil (0 votos)
334 vistas4 páginas

El Monólogo Interior

El documento habla sobre la técnica literaria del monólogo interior. Explica que un monólogo interior describe los pensamientos caóticos y dispersos de una persona de manera que parezca un fluir natural de ideas en la mente. Además, señala que aunque es difícil de escribir, el monólogo interior permite explorar la parte más inconsciente e irracional del cerebro y que es una técnica útil para encontrar la voz adecuada para un personaje o historia. Finalmente, provee algunas sugerencias para escribir un monólogo interior

Cargado por

May Isetta
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
334 vistas4 páginas

El Monólogo Interior

El documento habla sobre la técnica literaria del monólogo interior. Explica que un monólogo interior describe los pensamientos caóticos y dispersos de una persona de manera que parezca un fluir natural de ideas en la mente. Además, señala que aunque es difícil de escribir, el monólogo interior permite explorar la parte más inconsciente e irracional del cerebro y que es una técnica útil para encontrar la voz adecuada para un personaje o historia. Finalmente, provee algunas sugerencias para escribir un monólogo interior

Cargado por

May Isetta
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

9 El monólogo interior

(Enrique Páez. Del libro “Escribir, Manual de técnicas narrativas”).

Un diálogo es un intercambio de palabras entre dos o más personas. Un


monólogo (mono = uno, logos = palabra) es un soliloquio: alguien que habla solo o
consigo mismo. En un monólogo interior no habla nadie: son pensamientos, caóticos y
dispersos, los que tenemos que describir.
Para muchas personas es casi imposible escribir un monólogo interior lo
bastante caótico como para que parezca eso: un monólogo interior. Este capítulo está
diseñado para romper moldes, límites y el excesivo raciocinio. Es un paseo, en el mejor
de los casos, por las asociaciones libres y el inconsciente.
El monólogo interior no es una invención literaria, sino algo que nos sucede a
todos los humanos. El cerebro nunca deja de trabajar (ni en sueños), y está
permanentemente «hablando», sin posibilidad de hacerlo callar ni un instante. Y es
precisamente en los momentos de mayor cansancio o de menor concentración (viajando
en coche, tomando el sol en la playa o cuando nos dejamos caer en un sillón a la vuelta
del trabajo por unos minutos) cuando vemos con mayor claridad que nuestro cerebro se
dispara y comienza su «monólogo» inacabable. Lo que sí ha inventado el siglo XX,
gracias sobre todo a James Joyce en el Ulises, aunque Dujardin lo usara poco antes en
Han cortado los laureles, es la técnica literaria del monólogo interior; la traducción
(más o menos fiel) del pensamiento que no tiene palabras a la letra escrita; el lenguaje,
la sintaxis (o su ausencia) y el tono que más se acerca al pensamiento desordenado del
monólogo interior.
Si para muchas personas leer este tipo de monólogo resulta inquietante o
incómodo, mucho más lo es el hecho de escribirlo. Hay un bloqueo frecuente para
escribir frases sin sentido, sin explicaciones y carentes de lógica racional. Digo lógica
racional porque lógica sí que tienen, pero irracional. Escribir un monólogo interior es
darse un paseo por el lado más desconocido e inhóspito de la mente. En un monólogo
interior habla (pretendemos que hable) la parte más inconsciente de nuestro cerebro; no
ya la que ocultamos, sino la que ni siquiera conocemos o queremos reconocer.
En realidad, todos los procesos creativos necesitan poner en contacto nuestro
cerebro más consciente con el inconsciente. Esto sucede más en el caso de la poesía y
menos en el del ensayo, porque para todo hay gradaciones, pero cualquier compositor,
pintor o escritor sabe que para crear necesita dominar algunos recursos técnicos
musicales, cromáticos o gramaticales, dejarlos en un olvido aparente durante el proceso
de la creación y escuchar atentamente lo que alguien o algo (las musas, el inconsciente,
la inspiración, Dios o la energía cósmica) le dictan. El propio artista se sorprende
muchas veces de lo que está creando, pero mantiene un pacto de no agresión consigo
mismo, encierra al crítico en un armario durante unas horas y da vía libre a la
creatividad. Sin ese recurso, sin esa ayuda desconocida, que viene de una región
húmeda y oscura, innombrada, y solo atisbada levemente a través del psicoanálisis, no
existirían obras de arte de ningún tipo.
El monólogo interior es un viaje por ese territorio inexplorado que guarda
infinitos secretos y tesoros. Conviene, pues, darse una vuelta de vez en cuando por ese
continente virgen, verdadera patria de todos los sueños y todas las musas. Si perdemos
el miedo a explorar, a deformar la sintaxis, a escribir lo que no comprendemos, a dejar
respirar durante unos minutos a lo irracional, lo ilógico, lo incoherente y lo disparatado,
estaremos en condiciones de establecer unos vínculos más frecuentes con la inspiración
y las musas, se llamen como se llamen. Es un ejercicio de salud mental, entre otras
cosas. Y eso por no hablar de los últimos descubrimientos de la neuropsicología y de los
comportamientos de los diferentes hemisferios del cerebro, que no hacen sino confirmar
lo que ya intuían los artistas.
Así pues, el monólogo interior tiene mucho que ver con:
• Las asociaciones libres de ideas y palabras. • Los sueños, el inconsciente. • El fluir de
la conciencia: pensamiento puro, sin palabras, sin control, sin censura. • La escritura
automática: escribir sin parar todo lo que estás pensando al mismo tiempo que escribes.
No es necesario haber leído el Ulises de Joyce para entender y practicar el
monólogo interior. La mayoría de los escritores no lo han leído nunca (aunque no lo
reconozcan), y ello no les impide escribir de cuando en cuando un monólogo interior,
porque si no ha sido a través de Joyce, habrá sido a través de cualquier otro escritor o
escritora de los cientos que han practicado eventualmente esta técnica: Luis Martín
Santos, Juan Goytisolo, Virginia Woolf, Samuel Beckett, William Faulkner, Julián
Ríos, Albert Cohen, Miguel Delibes… La lista es tan interminable que podemos
encontrar autores incluso dentro de la literatura infantil.
Según Juan Luis Suárez Granda, las funciones estilísticas del monólogo interior
pueden formularse así:
• Aumento de la verosimilitud del relato, contribuyendo a dar mayor ilusión de verdad
al ser los propios personajes los que hablan con el lector, sin la mediación del autor. •
Enriquecimiento de registros lingüísticos, ya que cada personaje expresa sus ideas con
su lenguaje o idiolecto, pudiendo captarse así sus peculiaridades culturales, su
idiosincrasia, etc. • Enriquecimiento de los puntos de vista novelescos, y al autor se
unen, desde ópticas diferentes, todos los personajes, que observan la realidad desde su
óptica personal. Es decir, el monólogo interior propicia el perspectivismo. • El
personaje se presenta a sí mismo por lo que piensa, por cómo cuenta unos hechos, y, de
paso, refleja datos sobre su extracción social, hábitos mentales, etc. Al escribir un
monólogo interior (nuestro o de uno de nuestros personajes) estamos ahondando en la
parte más profunda, enigmática y verdadera del espíritu. El personaje (o nosotros, si lo
conseguimos hacer) se muestra directamente con toda su complejidad y sus
contradicciones, y su voz adquiere el verdadero tono de su esencia. Hay autores que
buscan durante años un tono apropiado para contar una historia, o para dar voz a un
personaje, o para tener una voz propia que los distinga de los demás autores, y el
monólogo interior puede servir para encontrar ese tono esquivo que se resiste a
mostrarse, a dejarse ver a la luz de la conciencia.
UNA SUGERENCIA
Cuando escribas un monólogo interior, procura evitar las explicaciones, las
descripciones y la narración de movimientos. Uno no piensa: «Han llamado al timbre.
Me levanto del sofá verde y voy hacia la puerta. La abro. Es Isa. ¿Cómo estás, Isa? Me
dice que está bien. Me da dos besos. Le digo que pase. Encoge los hombros y entra».
Sino más bien cosas así: «La lluvia cae, sigue cayendo, tengo hambre, y ahora el
maldito timbre, pues me da igual, ¿quién será?, estoy harta de tanta lluvia, no quiero
moverme, llueve, el timbre sigue sonando, qué pesado».
No es infrecuente que en esas asociaciones libres, sin censura, surjan imágenes
violentas o irreverentes, unidas a un vocabulario soez. Es un signo de ruptura de la
censura, inherente al ejercicio, y no de patologías perversas ni de mentalidades
obscenas.
CON VOZ PROPIA
En la narrativa, el monólogo interior se puede decir que adquiere carta de
naturaleza con Joyce, si bien en novelistas anteriores encontramos ya prefigurado este
procedimiento: estilo indirecto libre1 en Flaubert, en Clarín —en La regenta, por
ejemplo, y en el cuento «Mi entierro (discurso de un loco)»—, en Galdós; pero será en
el Ulises (1922) de Joyce donde el monólogo interior alcance la consideración de
procedimiento narrativo típico de la narrativa contemporánea. Autores como el propio
James Joyce, Virginia Woolf, John Dos Passos, William Faulkner, Samuel Beckett o
Alain Robbe-Grillet han hecho del monólogo interior un recurso que ya puede
considerarse clásico y de definitiva incorporación a la gama de procedimientos
narrativos de la novela.
Juan Luis SUÁREZ GRANDA: Guía de lectura de Tiempo de silencio
1
Técnica literaria que se utiliza para reproducir los pensamientos del personaje
sin indicaciones del tipo: pensó, se dijo, se preguntó...
EJEMPLO
Tú no la mataste. Estaba muerta. Yo la maté. ¿Por qué? ¿Por qué? Tú no la
mataste. Estaba muerta. Yo no la maté. Ya estaba muerta. Yo no fui.
No pensar. No pensar. No pienses. No pienses en nada. Tranquilo, estoy
tranquilo. No me pasa nada. Estoy tranquilo así. Me quedo así quieto. Estoy esperando.
No tengo que pensar. No me pasa nada. Estoy así tranquilo, el tiempo pasa y yo estoy
tranquilo porque no pienso en nada. Es cuestión de aprender a no pensar en nada, de
fijar la mirada en la pared, de hacer otro dibujo con el hierrecito del zapato, un dibujo
cualquiera, no tiene que ser una muchacha, puedes hacer un dibujo distinto aunque
siempre hayas dibujado mal. Tienes libertad para elegir el dibujo que tú quieres hacer
porque tu libertad sigue existiendo también ahora. Eres un ser libre para dibujar
cualquier dibujo o bien hacer una raya cada día que vaya pasando como han hecho
otros, y cada siete días una raya más larga, porque eres libre de hacer las rayas todo lo
largas que quieras y nadie te lo puede impedir... ¡Imbécil!
Luis MARTÍN SANTOS: Tiempo de silencio

CLAVES DE LECTURA

Las ideas dentro de la cabeza jamás enmudecen, y menos cuando son obsesivas.
En la escena final de Tiempo de silencio hay una voz insistente que retumba y aturde.
Por eso no hay silencio total. Siempre escuchas algo: a ti mismo. Aunque quieras no
pensar y desesperadamente busques la manera de desoír ese murmullo, siempre está allí.
La incoherencia mental se refleja artificialmente en la escritura a través de una
repetitiva utilización de los puntos, con frases brevísimas, consistentes a veces en una
sola palabra (como en el caso de Martín Santos que tienes en el ejemplo); o por el
camino inverso: ausencia total de puntuación, flujo de palabras sin fin.
SE PARECE A...
Un cuadro abstracto: las imágenes no están bien definidas, es incomprensible
desde un punto de vista lógico o racional. El cuadro abstracto (y el monólogo interior)
debe ser visto como cúmulo de sensaciones en estado primario. Como una estilización
última del pensamiento del artista. Como un producto del inconsciente sin
premeditación ni análisis.
DISFRUTA LEYENDO
Virginia WOOLF: Las olas
Esta escritora es una de las maestras del monólogo interior. A pesar de tener una
personalidad depresiva que la conduciría al suicidio a los 59 años de edad, la inglesa
Virginia Woolf legó a la literatura moderna esta pieza llena de lucidez que reflejó la
verdadera esencia de la mujer en busca de su independencia en la época victoriana. No
parece que las cosas hayan cambiado tanto hoy día, al menos en lo fundamental.
PONTE A ESCRIBIR
Puedes intentar escribir un monólogo interior tuyo o el de uno que no seas tú (un
alumno durante un examen, un loco en su celda, un actor en su camerino). Busca cuatro
o cinco obsesiones a las que volver una y otra vez, y escribe en primera persona. No
expliques por qué escribes esto o aquello. Procura reflejar el caos del pensamiento y no
ser demasiado comprensible. Pero primero relájate, pon la mente en blanco, déjate
invadir por cualquier tipo de pensamiento, saltando de uno a otro, e intenta plasmar ese
caos en el papel. No te preocupes por construir frases enteras y que se entiendan. No
intentes explicar lo que escribes. No seas coherente. Y, por esta vez, ni siquiera respetes
las leyes de la sintaxis.
BIBLIOGRAFÍA
Ernesto SÁBATO: El escritor y sus fantasmas, Barcelona, Seix Barral, 1987
Para el escritor argentino Ernesto Sábato, «la literatura no es ni un pasatiempo ni
una evasión, sino una forma —quizá la más completa y profunda— de examinar la
condición humana». Sábato reconoce en este ensayo que al escritor lo acechan siempre
los fantasmas a través de preguntas incesantes que se hace a sí mismo: «¿Por qué
escribo?, ¿para quién escribo?, ¿sobre qué escribo?»
RESUMEN
1. La voz interior siempre está hablando. Regaña, alerta, increpa, felicita o discute. No
calla jamás. 2. Llevar al papel el dictado de la voz interior debe reflejar el caos de los
pensamientos y el desorden de las ideas. 3. La escritura del monólogo interior revela al
ser que habita en el inconsciente y que funciona como disparador de la inventiva, la
imaginación y la autocrítica. 4. La práctica del monólogo interior permite establecer el
vínculo entre la imaginación, que actúa como motor, y la creatividad, que guía el
vehículo de la construcción literaria hacia la búsqueda de un tono narrativo auténtico y
veraz. 5. Al escribir un monólogo interior debes tratar de que suene real, y para ello
necesitas romper las reglas sintácticas, evitar explicaciones y generar cierto caos
entrecruzando pensamientos dispersos.

También podría gustarte