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Nietzsche y el error del mundo verdadero

En seis etapas, Nietzsche muestra cómo la idea del "mundo verdadero" ha evolucionado en la filosofía occidental, pasando de ser un mundo accesible solo para los sabios en Platón, a una promesa futura en el cristianismo, a algo meramente pensable en Kant, hasta que finalmente es rechazada como inútil por los positivistas y eliminada por completo por Nietzsche, quien proclama que solo existe un único mundo real.

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Nietzsche y el error del mundo verdadero

En seis etapas, Nietzsche muestra cómo la idea del "mundo verdadero" ha evolucionado en la filosofía occidental, pasando de ser un mundo accesible solo para los sabios en Platón, a una promesa futura en el cristianismo, a algo meramente pensable en Kant, hasta que finalmente es rechazada como inútil por los positivistas y eliminada por completo por Nietzsche, quien proclama que solo existe un único mundo real.

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Historia de un error, según Nietzsche

Cómo el “mundo verdadero” acabó convirtiéndose en una fábula

HISTORIA DE UN ERROR

1. El mundo verdadero, asequible al sabio, al piadoso, al virtuoso, -él vive en ese mundo, es ese
mundo.

(La forma más antigua de la Idea, relativamente inteligente, simple, convincente. Transcripción
de la tesis «yo, Platón, soy la verdad»).

2. El mundo verdadero, inasequible por ahora, pero prometido al sabio, al piadoso, al virtuoso
(«al pecador que hace penitencia»).

(Progreso de la Idea: ésta se vuelve más sutil, más capciosa, más inaprensible, -se convierte en
una mujer, se hace cristiana...).

3. El mundo verdadero, inasequible, indemostrable, imprometible, pero ya en cuanto pensado,


un consuelo, una obligación, un imperativo.

(En el fondo, el viejo sol, pero visto a través de la niebla y el escepticismo; la Idea, sublimizada,
pálida, nórdica, königsberguense).

4. El mundo verdadero - ¿inasequible? En todo caso, inalcanzado. Y en cuanto inalcanzado,


también desconocido. Por consiguiente, tampoco consolador, redentor, obligante: ¿a qué podría
obligarnos algo desconocido? ...

(Mañana gris. Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo).

5. El «mundo verdadero» -una Idea que ya no sirve para nada, que ya ni siquiera obliga, -una
Idea que se ha vuelto inútil, superflua, por consiguiente una Idea refutada: ¡eliminémosla!

(Día claro; desayuno; retorno del bon sens y de la jovialidad; rubor avergonzado de Platón; ruido
endiablado de todos los espíritus libres).

6. Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿Acaso el aparente?... ¡No!,
¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente!

(Mediodía; instante de la sombra más corta; final del error más largo; punto culminante de la
humanidad; INCIPIT ZARATHUSTRA)” “Crepúsculo de los ídolos”

En el texto “Historia de un error”, que vamos a comentar, Nietzsche nos


muestra el error en el que, a su entender, se ha basado la filosofía occidental
a lo largo de la historia y cómo éste ha ido evolucionando para, a
continuación, darnos las soluciones para acabar con este error que se ha
prolongado, según él, durante demasiado tiempo.
El autor divide el texto en seis etapas. En las cuatro primeras el error se va
configurando y, finalmente, en las dos últimas se comienza a vislumbrar la
solución.

Será en "Crepúsculo de los ídolos" donde Nietzsche analice a fondo el


problema del mundo verdadero y mundo aparente; allí nos dice que ese
"mundo verdadero" acabó convirtiéndose en una fábula y para mostrarlo
hace un recorrido histórico sobre la filosofía para hacernos ver cómo se ha
entendido en cada época ese pretendido “mundo verdadero”:
La primera etapa: “El mundo verdadero, asequible al sabio, al piadoso, al
virtuoso: él vive en ese mundo, es ese mundo”, supone el nacimiento del
error, el platonismo. La división socrática y después platónica de la realidad
en dos mundos, el sensible y el inteligible, tan bien descrito por Platón en el
mito de la caverna es, en opinión de Nietzsche, el gran error de la historia de
la filosofía occidental. Para él, el mundo inteligible, el mundo verdadero que
sólo es accesible para los sabios, para los filósofos, es en realidad un mundo
perfecto, pero ficticio, creado por el ser humano en contraposición con el
mundo sensible. El mundo verdadero es el mundo de las Ideas,
sólo asequible al sabio, al virtuoso. Solamente el filósofo podía acceder a
dicho mundo una vez que se había liberado de las cadenas de la ignorancia
de los sentidos; solamente, en virtud del intelectualismo socrático, obraba
bien quien sabía lo que era el bien debido a la identidad entre virtud, saber y
felicidad. El mundo de los sentidos es calificado de “aparente”, de “copia”,
ya que es un mundo sometido al cambio y a la pluralidad.

2.- Cristianismo: El mundo verdadero es ya inasequible pero prometido al


sabio, al piadoso, al virtuoso. “Al pecador que hace penitencia”. El mundo
verdadero se aleja, se hace inaccesible “ahora”, y es prometido tras la
muerte. La religión cristiana, siguiendo a Platón, establece una enorme
separación entre los dos mundos a los que ahora llama “reino de Dios” o
“Más allá celestial” y “mundo terrenal”. Ese “reino de Dios” no es alcanzable
aquí en la tierra pero sí prometido en otra vida para quienes sigan
obedientemente los preceptos de esta religión.
El mundo de las Ideas es simplemente una promesa nunca cumplida. La idea
se vuelve “más sutil, más capciosa, más inaprensible” , se convierte en
“mujer“. Obsérvese el sexismo de Nietzsche al entender que la naturaleza
femenina consiste en una promesa sexual nunca cumplida.
3.- Kantismo. El tercer momento del error hace referencia a la
concepción kantiana de ese mundo. Ya, en la cuarta tesis, Nietzsche ha
aludido a la distinción entre mundo verdadero y mundo aparente “al modo
de Kant” refiriéndose con ella a la distinción que este filósofo hizo entre
fenómeno y noúmeno. Se podría identificar lo fenoménico –lo que aparece
al sujeto- con el mundo aparente y lo nouménico con el ser en sí de las cosas,
con el mundo verdadero.
Ahora nos dice Nietzsche que ese “mundo verdadero” es inasequible,
improbetible, indemostrable, pero en cuanto pensado, un consuelo, un
imperativo. Dicho mundo, para Kant, era algo que no se podía conocer por
la razón ya que pretender conocerlo sería hacer un uso ilegítimo de las
categorías: la razón sólo puede pensarlo. Eso significa para Kant que dicho
mundo existe realmente; es más, de hecho, él admite su existencia como
presupuesto de la razón práctica, es decir, de la moralidad, de ahí que
Nietzsche diga que es un consuelo.
Por lo tanto, el mundo verdadero, el mundo de las Ideas, ha pasado de ser
objeto directo del conocimiento (con Platón), a ser una promesa (con el
cristianismo) y finalmente, con la Ilustración ha terminado por sostenerse
únicamente como imperativo mediante la razón práctica, la moral.
(Tenemos que recordar que para Kant la felicidad sólo es posible si se admite
la inmortalidad del alma y la creencia en otro mundo y para admitir todo eso
se tiene que presuponer la existencia de Dios).

4.- Positivismo. En esta cuarta etapa es cuando comienza el declive


de ese “mundo verdadero” y por eso Nietzsche poéticamente afirma:
“Mañana gris. Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo”.
Cuando habla de “positivismo” se refiere al pensamiento desarrollado por
Augusto Comte. Según este filósofo, la humanidad ha ido pasando por
diferentes etapas o estadios; el estadio positivo ha superado los dos
momentos anteriores: teológico y metafísico. El positivismo de Comte
supone un rechazo de la concepción religiosa y de la creencia en mundos
sobrenaturales. Para este filósofo sólo existen hechos positivos que pueden
estudiarse científicamente. Tomando como punto de partida el conocimiento
de Kant, cuyo límite se encuentra en la experiencia sensible, el positivismo
relega la razón práctica, la moral, atribuyéndola a simples prejuicios
teológicos. Por lo tanto, el mundo verdadero, el mundo de las Ideas, el
mundo perfecto de Platón es incognoscible, es decir, no se puede conocer.
Para el positivismo, sólo la ciencia y los sentidos son fuente de conocimiento.

5.- En este momento Nietzsche nos dice que ese “mundo verdadero”
no es más que una idea que no sirve para nada. Aunque no señala ninguna
corriente de pensamiento, podríamos decir que es el momento del propio
Nietzsche, el de los nihilistas activos o espíritus libres que aprovechan la
desaparición de ese mundo para crear nuevos valores.
El mundo verdadero, el mundo de las Ideas, ya no tiene sentido, no se ha
demostrado científicamente o mediante la experiencia sensible su existencia
y tampoco tiene ya sentido la obligación de su existencia. Solo existe un
mundo, el mundo sensible, el mundo que podemos conocer mediante los
sentidos. Por lo tanto, el mundo verdadero ya no tiene ningún sentido, se
puede eliminar. Como también dice Nietzsche, metafóricamente, ahora nos
encontramos en “un día claro”, a primera hora de la mañana, las sombras
empiezan a desaparecer y la luz se cierne sobre el mundo, la verdad se hace
presente a la luz. El mundo de las Ideas de Platón, el mundo verdadero, ha
quedado atrás. Es el momento del león.

6.- Este último momento sería el de Zaratustra que elimina totalmente


ese “mundo verdadero” y con ello, también, la distinción entre mundo
verdadero y mundo aparente ya que sólo cabe la existencia de un único
mundo: el mundo terrenal donde se desarrollan los nuevos valores, los del
superhombre, y que está presidido por el ideal de la fidelidad a la tierra: “Sed
fieles al sentido de la tierra”, aconsejaba Zaratustra.
Dice Nietzsche en este momento último: “Hemos eliminado el mundo
verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿acaso el aparente?... ¡No!, ¡al eliminar
el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente!
(Mediodía; instante de la sombra más corta, final del error más largo;
punto culminante de la humanidad, INCIPIT ZARATHUSTRA –comienza
Zaratustra)”.
¿Qué mundo queda entonces? Según Nietzsche el único mundo real, el
mundo del devenir, el mundo que los anteriores filósofos llamaban “mundo
aparente”.
Todo es absoluto, no existen dos mundos, el verdadero y el aparente, ya ni
tan siquiera existe el aparente, ya que éste tenía su razón de ser en aquel.
Sólo existe lo absoluto, lo que podemos conocer mediante la experiencia
sensible. El tiempo del error ha terminado, es el tiempo de la verdad en la
historia de la filosofía. Como dice Nietzsche, utilizando la misma metáfora,
nos encontramos en el “mediodía, el instante de la sombra más corta”, la luz
lo ilumina todo, no hay espacio para las sombras ni para los engaños, sólo
hay lugar para la verdad. Es el tiempo de la razón, el tiempo de la humanidad.
En las dos últimas etapas, con la llegada del nihilismo y de Zaratustra, la
humanidad deja atrás la dualidad platónica y recupera la verdad, deja atrás
las sombras y la ignorancia, para salir a la luz del mediodía, cuando la luz lo
ilumina todo, y ver la verdad tal como es, desnuda, despojada de prejuicios,
es decir, la verdad absoluta. Surge Zarathustra, con su doctrina del eterno
retorno y el superhombre.

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