René Descartes
Con Descartes se origina el iusnaturalismo racionalista, haciendo del razonamiento humano la
base de la legitimidad del Derecho y por ende de la norma escrita, configurando un Derecho
Natural innato en el hombre, vinculado a su esencia, y no imbuido desde una fuente ajena, como
la revelación de los escolásticos.
Baruch Espinoza
Spinoza al proponer que nos liberemos de sentimientos y afectos, provoca una pregunta: ¿qué nos
queda?, a lo cual responde: Dios. "Spinoza pensaba que Dios, o las leyes de la naturaleza son la
causa interna de todo lo que ocurre". Todo puede o no puede ser de acuerdo a su naturaleza, los
límites de lo posible o imposible lo establecen la naturaleza. Podemos hacer tal o cual cosa, pero
sólo si tenemos la facultad para ello. Ósea "todo ocurre necesariamente"
Gottfried Leibniz
Leibniz afirma tajantemente en varios de sus escritos que la regla suprema del derecho es:
encaminar todos nuestros actos a la consecución del bien general; hacer lo que es útil a la
comunidad; y, en esa medida, buscar el menor mal o el mayor bien para la comunidad.
John Locke
Locke considera que se tiene derecho a hacer aquellas cosas no prohibidas por la ley de
naturaleza. De este modo, los derechos pueden ser entendidos como una libertad, pero sin tener
un deber de otros más allá del respeto a la ley de naturaleza.
Michael Sandle
En palabras de Sandel, «las teorías de la justicia que aspiran a la neutralidad, sean igualitarias o
libertarias pro libre mercado, tienen un gran atractivo. Ofrecen la esperanza de que la política y la
justicia se libren de quedar empantanadas en las controversias morales y religiosas que abundan
en las sociedades pluralistas. Pese a su atractivo, sin embargo, esta visión de la libertad es
deficiente, como lo es la aspiración a encontrar principios de justicia que sean neutrales entre las
concepciones de la vida buena que rivalizan entre sí.
David Hume
Para él no existe libertad, y, otra vez -según Villoro- explica, “No existe la libertad, porque, para
poder escoger entre dos o más altenativas, sería necesario que existiera alguien, una mente, que
escogiera, y ya hemos visto que la mente no es más que una sucesión de estados mentales; lo que
llamamos “libertad” no es más que “un poder de actuar o no actuar de acuerdo con las
determinaciones de la voluntad”, poder que consiste, no en decidir internamente (pues no hay
quién decida), sino en no estar obstaculizado externamente como lo están los prisioneros en
cadenas.”
Juan Jacobo Rousseau
Para Rousseau el Derecho es el centro de la vida social, y piensa que una sociedad sin leyes no es,
en último análisis, una verdadera comunidad.
Michel Foucault
El derecho es la continuación de la guerra por otros medios, declara Foucault en Defender la
sociedad, invirtiendo con esta enunciación el aforismo de Clausewitz. El lenguaje del derecho no
es el lenguaje de la paz, sino la reverberación de las batallas. Los pactos sociales no son pactos de
paz, sino pactos de guerra, cartas de batalla por medio de los cuales se distribuye el poder político.
Puesto que las reglas de derecho expresan los resultados de esa distribución y la convierten en
permanente, el postconflicto es radicalmente imposible. En palabras del mismo Foucault:
“Las relaciones de poder, tal como funcionan en una sociedad como la nuestra, tienen
esencialmente por punto de anclaje cierta relación de fuerza establecida en un momento dado,
históricamente identificable, en la guerra y por la guerra. Y si bien es cierto que el poder político
detiene la guerra, hace reinar o intenta hacer reinar una paz en la sociedad civil, o lo hace en
absoluto para neutralizar los efectos de aquélla o el desequilibrio que se manifestó en su batalla
final. En esta hipótesis, el papel del poder político sería reinscribir perpetuamente esa relación de
fuerza, por medio de una guerra silenciosa, y reinscribirla en las instituciones, en las desigualdades
económicas, en el lenguaje, hasta en los cuerpos de unos y otros… dentro de esa paz civil, las
luchas políticas, los enfrentamientos con respecto al poder, con el poder, por el poder, las
modificaciones de las relaciones de fuerza acentuaciones de un lado, inversiones, etcétera, todo
eso, en un sistema político, no debería interpretarse sino como las secuelas de la guerra”
Foucault coincide entonces con Paul Kahn, quien propone un análisis cultural del derecho donde la
violencia es entendida como un elemento constitutivo del Estado de Derecho. Y también coincide
con Boaventura de Sousa Santos, para quien el derecho es siempre el resultado de la interacción
variable entre retórica, burocracia y violencia. Por lo mismo, se distancia de Habermas, cuya teoría
jurídica se estructura en torno a la negación tajante de la violencia: sólo pueden ser consideradas
válidas las normas cuyas consecuencias y efectos secundarios pueden ser aceptados libremente –
sin coacción alguna por todos los eventuales afectados.
En consecuencia, para Foucault el derecho no es literatura (como, por el contrario, lo quiere hacer
ver en nuestro medio Beatriz Espinosa Pérez); es, en cambio, un verdadero instrumento de guerra
que encubre una estrategia de gobernamentalidad total sobre la sociedad (Foucault, Sauquillo,
Ewald); gobernamentalidad que, valga subrayarlo, en países semi periféricos como el colombiano,
hace parte de un proceso de extracción, de despojo, de acumulación originaria, que articula un
programa en el cual “gobernar es repoblar” (Kraniauskas, Herrera, CODHES), mientras en el plano
mundial equivale a la administración de la sociedad global de control (Deleuze, Negri & Hardt).
Thomas Hobbes
El concepto de derecho de Hobbes es normativista, ya que concibe al derecho como un conjunto
de normas, el conjunto de los mandatos del soberano. Sólo un tal concepto, piensa Hobbes, puede
dar cuenta de la necesidad irrestricta del juez de someterse a la ley. Por eso dice que los jueces y
juristas, al adquirir la ciencia del derecho, se adecúan a una realidad normativa preexistente, una
realidad que ellos no pueden cambiar a su voluntad.
Hobbes sostiene que, aunque las partes quedan obligadas por la interpretación que de la ley hace
el juez, la sentencia de un juez no obligue a los jueces posteriores. Porque si el juez no es creador
de derecho, sino que debe adecuarse a una realidad preexistente, puede suceder que un juez se
equivoque al interpretar o aplicar el derecho, que preexiste a la decisión judicial, y la obligación
del juez posterior es adecuar su decisión a dicha realidad normativa preexistente a la decisión del
primer juez, el derecho como conjunto de normas, y por eso el segundo juez puede y debe
apartarse de la decisión del primer juez.
John Rawls
Rawls propone una teoría ideal y, por lo tanto, normativa de la justicia. Decidir cuál sería la
distribución justa de bienes y servicios sobre la base de la información acerca de las preferencias y
demandas reales de las personas excede las posibilidades de una teoría ideal, aunque es necesario
establecer y administrar imparcialmente un sistema justo de instituciones.
Rawls plantea que, en la práctica, se elige entre varias situaciones injustas y se busca, en una
teoría no ideal, la solución menos injusta posible buscando un equilibrio de imperfecciones, un
reajuste de injusticias compensadas. El mérito de una teoría ideal, puramente procedimental,
residiría en la posibilidad de contar con alguna noción de lo que es justo para, desde allí, evaluar la
gravedad de las imperfecciones reales y establecer el mejor modo de acercarse a ese ideal.
La teoría de Rawls fue una reacción contra el relativismo y el escepticismo ético, que niegan la
posibilidad de afirmar la verdad o falsedad de las afirmaciones sobre lo justo o lo correcto. Marcó
un renacimiento del realismo moral, según el cual la argumentación en materia de justicia es una
actividad fructífera, en la que es posible distinguir mejores y peores respuestas. Sin embargo,
podemos concluir que la aportación más importante de la teoría de Rawls ha sido reinstalar la
importancia de las teorías sobre la justicia en las modernas ciencias sociales.
Immanuel Kant
Con Kant la definición de derecho sería la siguiente: “El derecho es la limitación de la libertad de
cada uno a la condición de su concordancia con la libertad de todos, en tanto que esta
concordancia sea posible según una ley universal”.
En esta definición hay dos ideas. Que la libertad puede ser limitada, y que ello sólo se pude hacer
en atención a una ley general. Necesaria la limitación de la libertad por la existencia de la
denominada “asociabilidad” del hombre que no puede dejar de vivir en sociedad, pero obra de tal
modo que resulta imposible esa convivencia. Esa limitación no obstante se da dentro de los límites
estrictamente indispensables para el goce por todos de una misma acción libre. El derecho es
entonces un orden. Pero es además un orden general, esto es, abstracto e igual para todos. Como
sometimiento a esa ley general nadie está obligado a obedecer más de lo que la ley dice. La
soberanía entonces reside exclusivamente en la ley. El gobernante o la autoridad (o si se quiere el
poder) no es entonces una persona sino el abstracto orden jurídico que nos representa a todos y
con el cual cada uno se identifica.
Si lo anterior es así, entonces la coacción y la violencia legítima que se puede ejercer se hace en
nombre no de una persona sino del mismo hombre libre. Es una coacción que no deja de ser
jurídica, aunque sea física. Ello nos obliga a pasar del derecho al concepto de estado.
Friedrich Hegel
En la Filosofía del Derecho, Hegel expresa la génesis de cada figura de la libertad, del pensamiento
que conserva en sí mismo el movimiento lógico del proceso de su formación en busca y realización
de la libertad. Determinar el despliegue de las figuras hace posible la coincidencia de la idea de
libertad consigo misma. El individuo, según esta exposición, es persona (derecho abstracto), es
sujeto (moralidad) y es miembro de una comunidad (eticidad).
Karl Marx
Para Marx, el derecho no es esencialmente un evento teórico, sino un suceso práctico y empírico
determinado en el marco de lo fáctico. Por eso, señala que el derecho es la afirmación o negación
formal de lo realizado, en específico en el espectro político y económico. Por otro lado, critica a
Proudhon, con objeto de establecer una defensa del aparato conceptual del comunismo científico,
ya que el francés resguardaba la pequeña propiedad no con el afán de combatir a la sociedad
burguesa, sino con la idea de mantener el sistema de producción mercantil vigente mediante la
renovación y rehabilitación del capitalismo. Proudhon supone que el valor de cambio coincide con
su verdadero valor. Aquí demuestra Marx que la teoría de la crítica de la economía política
constituía una metodología científica completa capaz de entender no sólo el capital, la plusvalía y
el salario, sino también aplicarla al estudio del derecho. Proudhon confunde los hechos y el
derecho, estableciendo una proporcionalidad entre la mercancía y el intercambio. Por su parte,
Marx demuestra el papel del derecho en tanto “legitimidad” formal del hecho; esto significa que el
derecho es imposible que esté basado en una norma o en un principio, sino establecido en los
hechos concretos.