Compra de Alaska
La compra de Alaska fue una adquisición de 1 518 800 kilómetros cuadrados del
actual estado de Alaska por parte de los Estados Unidos al Imperio ruso llevada a cabo
en 1867, a instancia del secretario de Estado estadounidense William H. Seward.
Rusia se encontraba en una complicada situación financiera, y temía la pérdida de los
territorios de Alaska sin ninguna compensación en algún conflicto futuro, probablemente con
sus rivales los británicos, que podrían haber capturado con facilidad una región tan difícil de
defender. Por lo tanto, el emperador Alejandro II decidió vender el territorio a los Estados
Unidos, mandando a su ministro Eduard de Stoeckl comenzaron las negociaciones con
Seward a comienzos de marzo de 1867. Las negociaciones concluyeron a las cuatro de la
madrugada del 30 de marzo, con un precio final de 7 200 000 dólares. La opinión
pública estadounidense fue positiva a la compra en general, aunque algunos columnistas y
editores se mostraron contrarios a la compra de tierras, tanto así que ha esta transacción le
proclamaron el nombre de “La locura de Seward”.
Horace Greeley, editor
del “New York Tribune”,
encabezó la oposición y escribió,
entre otras cosas, que la mayor
parte de Alaska era una “carga...
que no valía la pena tomar como
regalo”. Algunos senadores se
mostraron
igualmente escépticos, incluso
uno bromeó con sus colegas
diciendo que apoyaría tomar posesión de la tierra solo si Seward “se ve obligado a vivir allí”.
Sin embargo, ese mismo senador fracasó en su intento de retrasar el proceso, y el tratado
terminó siendo aprobado el 9 de abril con una votación de 37 a 2. A continuación, el
presidente Johnson nombró al general Lovell H. Rousseau para facilitar la transferencia de
poderes. Saliendo de Nueva York el 31 de agosto, Rousseau cruzó Panamá y llegó a San
Francisco, donde lo esperaban barcos cargados de tropas y suministros. Desde allí,
soportó mareos y escalofríos en el lento viaje hacia el norte hasta Sitka, la única ciudad rusa
importante en Alaska, llegando el 18 de octubre. Más tarde ese día, se retiró la bandera
rusa y se izó la bandera estadounidense en una ceremonia a la que asistieron tropas rusas
y estadounidenses y algunos líderes indígenas. Todas las interacciones entre los rusos y
los estadounidenses “fueron de carácter amistoso”, informó Rousseau. Las tropas rusas
partieron y todos los civiles rusos tuvieron la opción de convertirse en ciudadanos
estadounidenses. La historia, sin embargo, no terminó ahí. Con la intención de avergonzar al
presidente Johnson, quien fue acusado en febrero de 1868, pero que sobrevivió a
la destitución de su cargo por un voto, los republicanos de la Cámara se negaron a asignar
dinero en efectivo para la compra. Además, una destacada familia de Massachusetts afirmó
que debería recibir parte de los 7,2 millones de dólares como reembolso por las armas
que supuestamente proporcionó a Rusia durante la Guerra de Crimea. Finalmente,
en julio de 1868, después de que Johnson perdiera la nominación presidencial demócrata,
la Cámara de Representantes votó 113-43 para entregar el dinero a Rusia. Una
investigación del Congreso determinó más tarde que Stoeckl, el ministro
ruso, sobornó a “lobbyist” y periodistas durante este período. Las notas privadas escritas
por Johnson y otro funcionario estadounidense sugieren que Stoeckl, con el conocimiento de
Seward, también hizo decenas de miles de dólares en pagos ilícitos a miembros del
Congreso.
Con el tiempo, Alaska ha demostrado ser una compra muy rentable. El descubrimiento
de oro provocó una fiebre y causó la primera explosión demográfica de la región: entre 1888 y
1900, más de 160.000 personas marcharon al norte en busca del preciado metal. La llegada
de los buscadores dinamizó la región y atrajo a más gente, parte de la cual acabó obteniendo
tierras y quedándose.
Durante la Guerra Fría, Alaska adquirió un gran valor estratégico. Por un lado, su
proximidad a la Unión Soviética hacía temer un ataque transpolar, lo que llevó a reforzar la
fuerza aérea en el territorio. Por otro, sus vastas y aisladas tierras, ricas en materias primas,
eran perfectas para el desarrollo de las industrias militar, nuclear y química, así como para el
entrenamiento de soldados. Así, el segundo pico de crecimiento demográfico lo provocaron los
militares trasladados y sus familias, propiciando que en 1959, casi cien años después de su
compra, Alaska se convirtiera en el estado número 49 del país.
Por último, Seward predijo que Alaska se convertiría tanto en un estado como en
una atracción turística. Hoy en día, una ciudad, una carretera y una península de
Alaska llevan su nombre, al igual que la fiesta estatal que conmemora la compra, aquella
que una vez fue ridiculizada.
Apoderamiento de Hawai
Hawái fue durante más de 600 años un reino polinesio independiente. La historia
moderna del archipiélago comienza a finales del siglo XVIII cuando el capitán inglés James
Cook describe para occidente las islas en su famoso viaje alrededor del mundo. Para 1838,
misioneros cristianos provenientes de Boston llegan a Hawái, traen escuelas, atención médica
moderna, nuevos cultivos y empiezan a sembrar piñas y caña de azúcar, productos muy
apreciados entonces, para ser enviados al mercado estadounidense.
Para 1875, los descendientes de estas familias de origen estadounidense controlaban
más del 80% del territorio cultivable de las islas.
La anexión por parte de los Estados Unidos de las islas del archipiélago de Hawái
ocurrió el 7 de julio de 1898, y es el resultado de un proceso de crecimiento de los intereses
comerciales que los Estados Unidos tenían en Hawái. Básicamente lo que buscaban los
cultivadores es que el azúcar originado en Hawái no tuviese aranceles de ingreso a la nación
del norte, pero
dicho proceso
evolucionó hacia la anexión territorial y posterior estatidad por parte de Estados Unidos de esa
nación soberana.
Historia del apoderamiento de Hawái
La iniciativa partió de Kalani Paiʻea Wohi o Kaleikini Kealiʻikui Kamehameha, o Gran
Kamehameha para los amigos, un jefe tribal del Distrito de Kohala en la Isla de Hawaii.
Kamehameha era nieto de reyes, pero al morir su tío el rey, fue su primo Kiwala’o quien
heredó el trono, y a él le tocó una prestigiosa posición como jefe religioso. Sin embargo, la
relación entre los primos no era nada buena, y cuando otros cinco jefes de distrito, también
parientes, sugirieron a kamehameha arrebatarle el trono a Kiwala’o, aceptó la sugerencia y su
apoyo. En 1782, una sola batalla kamehameha y sus tíos golpistas se hicieron con el control
de los territorios de Kiwala’o y muy pronto con el resto de la isla. Ya entrados en conflicto, con
los rifles comprados a comerciantes de pieles y con el adiestramiento militar de otros dos
norteamericanos que vivían en la isla, Isaac Davis y John Young, kamehameha decidió
unificar las islas, aunque fuese por la fuerza. En las siguientes campañas, entre 1789 y 1795,
Kamehameha conquistó las islas de Oahu, Maui y Molokai, y el resto aceptó unirse
voluntariamente en 1810, cuando Kamehameha fundó oficialmente el reino de Hawaii, y su
dinastía.
Casi un siglo duró el gobierno de los descendientes de Kamehameha, hasta que en
1873, una nueva dinastía fue elegida entre los nobles. Para entonces, tanto los franceses
como los británicos habían intentado conquistar las islas, pero habían sido rechazados
siempre con la ayuda de los norteamericanos, que fueron más sutiles. Desde principios del
siglo XIX, los misioneros protestantes de los Estados Unidos se habían establecido en Hawaii,
fundando iglesias y escuelas, donde los hijos de los aristócratas locales eran educados. no
tardaron mucho en lograr una importante influencia política y económica. En 1843, el
Reverendo Amos Starr Cooke se convirtió en asesor del gobierno cuando uno de sus
estudiantes se convirtió en rey, y como buen asesor, consiguió que el rey llevara a cabo una
reforma con la que se permitía a los extranjeros comprar tierras. Cooke, obviamente, se
convirtió en uno de sus beneficiarios.
En 1875, el reino de Hawaii firmó un Tratado de Reciprocidad con los Estados Unidos,
que permitirían la importación de azúcar y arroz hawaianos libres de impuestos. Además, el
tratado cedía Pearl Harbour a los norteamericanos, gratis, así como sus aguas adyacentes.
Los locales protestaron, pero fueron reprimidos por los Marines. Hawaii seguía siendo un reino
soberano, al menos en papel, porque en la realidad dependía cada vez más de la inversión y
protección militar estadounidense.
Recién llegada, Liliʻuokalani recibió las peticiones de muchos nativos de redactar una
nueva constitución y restaurar el derecho a voto de todos los nativos. La constitución fue
redactada, sí, pero antes de que se le permitiera a la reina siquiera proponerla al congreso, un
grupo de europeos y norteamericanos constituyó lo que ellos llamaron el Comité de
Seguridad, con el objetivo de derrocar a la reina y pedir la anexión de Hawaii a los Estados
Unidos. Lo primero lo consiguieron sin problemas, simplemente llamando a un batallón de
Marines, pero lo segundo no sería tan fácil.
La petición de anexión a los Estados Unidos llegó a Washington en enero de 1893 y el
presidente en funciones, recién derrotado en las elecciones, firmó el Tratado de Anexión el 14
de febrero. Sin embargo, el nuevo gobierno del presidente
Grover Cleveland ordenó una investigación de los hechos,
que concluyó en julio de ese mismo año que las
autoridades militares y diplomáticas de los Estados Unidos
habían “abusado de su autoridad y eran responsables del
cambio de gobierno”. Los ministros y comandantes
militares en Hawaii fueron obligados a renunciar, y
Cleveland ordenó la restauración de la monarquía,
anunciando en su discurso del Estado de la Unión de ese
año que “Por los hechos que se desarrollaron, me parece
que el único camino honorable para nuestro gobierno es deshacer la injusticia causada por
nuestros representantes y restaurar en la medida de nuestras posibilidades el estatus
existente antes de nuestra forzada intervención».
No obstante, los golpistas decidieron desobedecer al gobierno de Cleveland y
declararon la República de Hawaii el 4 de julio de 1894 bajo la presidencia de Sanford Dole.
Un nuevo informe de investigación por parte del senado declaró a los militares involucrados
“no culpables”, por lo que Cleveland se vio forzado a admitir los hechos y a negociar
relaciones diplomáticas con el nuevo país. En marzo de 1897, Cleveland perdió las elecciones
ante William McKinley, quien ya en el gobierno firmó la anexión de Hawaii a los Estados
Unidos el 7 de julio de 1898, a pesar de que la oposición declaró la acción como ilegal. Los
nativos hawaianos entendieron que su causa estaba perdida. El 21 de agosto, Hawaii sería
admitido como el estado número 50 de la Unión.
Referencias
https://www.larazon.es/cultura/historia/20220330/
sear5m2vg5altcjzgramxw6xiq.html
https://elordenmundial.com/hoy-en-la-historia/18-octubre/18-de-octubre-de-1867-
estados-unidos-le-compra-alaska-a-rusia/
https://es.wikipedia.org/wiki/Compra_de_Alaska#:~:text=La%20compra%20de%20Alaska
%20(En,Seward.
https://www.cienciahistorica.com/2015/06/30/de-como-estados-unidos-se-apodero-
discretamente-de-hawaii/
https://es.wikipedia.org/wiki/Anexi%C3%B3n_de_Haw%C3%A1i