LA COMPRA DE ALASKA
El 30 de marzo de 1867 Rusia vendió el territorio de Alaska a los Estados Unidos por la irrisoria
cantidad de US$ 7.200.000.
Esta cantidad, actualizada con la inflación, quedaría en 91 millones de dólares de 2005. Si los
convertimos a euros actuales, estamos hablando de unos 60 millones de euros. Lo que cuesta la
cláusula de rescisión del jugador del Sevilla Luis Fabiano, o la cifra que estuvo dispuesto a pagar el
Milán por Ronaldinho.
Hoy en día se suele usar como uno de los mayores ejemplos de estupidez en la Historia de la
Humanidad, muy por encima de la compra de Nueva York a los indios de la región por 24 dólares.
¿Pero por qué Rusia vendió Alaska?
Es evidente que cualquier transacción inmobiliaria que se realizara hace doscientos años fue,
económicamente hablando, un error para el vendedor. Porque todos los terrenos se han
revalorizado considerablemente desde entonces. Está claro que aunque Rusia hubiera vendido
Alaska por una cantidad diez o cien veces superior se habría equivocado. ¿No vale hoy en día
Alaska mucho más que un jugador de fútbol? ¿Y que toda la Liga de Fútbol española?
El punto es el siguiente: Rusia hizo un buen negocio con la venta de Alaska. Porque a falta de una
bola de cristal, Rusia veía a Alaska en 1867 como lo que era: un enorme terreno improductivo,
imposible de colonizar. Y sobre todo una fuente de problemas.
Porque para Rusia el defender la soberanía de Alaska era misión imposible. La difícil ubicación
geográfica, el clima, la dificultad para justificar un gasto militar en la defensa de un terreno baldío.
Todo ello llevaba a una conclusión clara: Alaska sería para quien se esforzara lo más mínimo por
poseerla.
Rusia tenía a pocos kilómetros la frontera canadiense, la Columbia británica al oeste del
continente. La expansión hacia el norte era cuestión de tiempo y ante la invasión de Inglaterra,
Rusia poco podría hacer. Defender por cuestión de honor un terreno sin ningún interés era desde
el punto de vista económico una locura para un país que siempre ha estado en crisis.
Además, aunque Alaska fuera colonia rusa, antes había sido una colonia española.
La bula papal de 1493 concedía libertad para colonizar todo el oeste del continente americano. En
1513 Vasco Núñez de Balboa reclamó para España, sin saber el alcance de su conquista, “todos los
territorios bañados por el Océano Pacífico”. Hasta el punto de no preocuparse demasiado por
defender la soberanía de los mismos.
Hacia 1770 Carlos III envió varias expediciones para fortalecer esta soberanía, de la que nunca se
había obtenido beneficio alguno, especialmente tan al norte.
Bruno de Hezeta y Juan Francisco Bodega y Quatra llegaron en 1775 a territorio de Alaska donde
realizaron “numerosos actos de soberanía”. Me imagino que clavaron unas cuantas banderas y
leyeron unos manifiestos ante una audiencia inexistente.
En 1790 también arribaría a costas de Alaska una delegación española, comandada por Salvador
Fidalgo.
De estas visitas colonizadoras españolas sólo han quedado algunos nombres de ciudades en la
geografía de alascana. La famosa Valdez (del vertido del Exxon-Valdez), una ciudad de Cordova o el
Glaciar Malaspina.
Porque la posesión española de Alaska fue una ilusión. Pero la de Rusia nunca había ido mucho
más allá. A pesar de poseer algunos asentamientos minúsculos de sufridos colonos rusos.
Así, el miedo a tener que luchar por tierra de nadie, y la certeza de que los ingleses, o los
canadienses cuando se independizaran, conseguirían apoderarse del territorio, llevó con gran
lógica a la venta de Alaska.
¿Por qué Estados Unidos compró Alaska?
Si Rusia estaba haciendo un negocio redondo con la venta de Alaska, ¿Entonces los Estados Unidos
estaban siendo estafados?
Está claro que si Rusia hubiera vendido por US $ 7.200.000 ese territorio a Italia o Alemania habría
sido una tomadura de pelo. Pero no es ese el caso de Estados Unidos, al que la proximidad
geográfica le daba un interés especial por la región, totalmente justificado. En este caso fue una
operación Win-Win en que ambos bandos salieron beneficiados de la transacción.
La verdad es que sólo había dos posibles compradores: Inglaterra o Estados Unidos. El segundo era
el más prometedor y mucho antes de 1867 se iniciaron conversaciones para facilitar la venta. Pero
el estallido de la Guerra Civil americana interrumpió las negociaciones.
En 1867, finalmente, se culminó la operación. Eduard Andreevich Stoeckl, fue el encargado de
realizar la venta a encargo del Zar Alejandro II.
Del lado estadounidense, el Secretario de Estado William Henry Seward fue quien mostró enorme
interés por realizar la operación, adelantando las negociaciones antes incluso de que se enterara
el presidente de los Estados Unidos.
Seward defendió con tesón la posición americana de compra. Aunque ahora se nos antoje como
una compra chollo, a Seward en su momento hasta le sorprendió obtener el apoyo del Congreso a
la compra de Alaska, que se logró por un simple voto de ventaja. Porque algunos años antes casi
nadie había mostrado interés por la operación.
Tras una larga noche de negociación se llegó al precio final de los US $ 7.200.000. El acuerdo inicial
aprobado por el Congreso había sido de US $7.000.000 pero los rusos apretaron un poco más en el
último momento. Rusia quedó tan contenta con la operación que Eduard de Stoeckl obtuvo una
prima de US $ 25.000 y una pensión anual de otros US $ 6.000.
Del otro lado, una parte de la prensa se mostró muy crítica con la compra de Alaska y con su
principal valedor, William Seward. En especial el periódico The New York Tribune, el de máxima
tirada por aquel entonces en Estados Unidos.
El frigorífico de Seward, el jardín para osos polares de Andrew Johnson (el presidente de EEUU
aquel entonces), Walrussia, Icebergia, el país de las hadas rusas, el nuevo Frigorífico Nacional, o
directamente la estupidez de Seward (Seward’s folly) fueron algunos de los calificativos que se
dieron a Alaska y la operación realizada por el gobierno americano. Porque hubo gente que
sencillamente no entendía qué tenía de valor ese territorio, que ni siquiera era contiguo a los
Estados Unidos.
El gobierno no pudo acallar las voces críticas hasta casi veinte años después de su compra. En 1896
se descubrió oro en Alaska. Esto no fue tan beneficioso como el hecho de que sirvió de detonante
para que se fundasen las primeras ciudades en Alaska. Y a partir de entonces, sí que se demostró
como una buena idea por parte de Seward y el resto del Congreso.
Pero no ha sido lo único. Porque Estados Unidos ha tenido mucha suerte de que los canadienses
sean tan pacíficos como para que jamás se hayan planteado luchar por ese terreno contiguo.
Como puede verse especialmente en la muy interesante disputa fronteriza por el territorio al sur
de Alaska y paralelo al territorio canadiense, del que en su momento se llegó a mencionar como
“lo único de valor de toda la compra de Alaska”.
Hoy en día puede decirse que Alaska no es una colonia sino territorio firme estadounidense. De
hecho es el 49 Estado de la Unión.
PREGUNTAS
1. Indique los principales motivadores que llevaron a Rusia a vender Alaska. Justifique su
respuesta.
2. Indique los principales motivadores que llevaron a EEUU a comprar Alaska. Justifique su
respuesta.
3. ¿Por qué, según la lectura, se considera esta negociación WIN-WIN? Justifique su
respuesta.