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Modelo de Texto Argumentativo

La cárcel no es una alternativa viable para la rehabilitación de jóvenes delincuentes debido a que los castigos físicos y la influencia negativa de otros delincuentes solo intensificarían su conducta violenta. Los centros penitenciarios también fomentan el pandillaje, el consumo de drogas y la normalización de la violencia. En cambio, se deben crear programas que permitan la resocialización de los jóvenes y su reinserción en la sociedad.
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La cárcel no es una alternativa viable para la rehabilitación de jóvenes delincuentes debido a que los castigos físicos y la influencia negativa de otros delincuentes solo intensificarían su conducta violenta. Los centros penitenciarios también fomentan el pandillaje, el consumo de drogas y la normalización de la violencia. En cambio, se deben crear programas que permitan la resocialización de los jóvenes y su reinserción en la sociedad.
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LA DELINCUENCIA JUVENIL Y LA CÁRCEL COMO RESPUESTA

La delincuencia es un flagelo social que azota al mundo en diversas magnitudes, según


la dinámica punitiva o correctiva de cada país. Así mismo, un grueso número de
individuos que delinquen son jóvenes menores de edad que, por diversas razones
familiares o sociales, encuentran en la transgresión de la ley un espacio para la
sobrevivencia. En las siguientes líneas, precisamente, se tratará sobre la delincuencia
juvenil. En este sentido, se considera que este fenómeno social no se soluciona, de
ningún modo, con la cárcel. A continuación, se presentarán los siguientes argumentos.

La cárcel es un centro penitenciario que alberga a delincuentes adultos que purgan


condena y no están para corregir a menores. Si un menor de edad que ha cometido
delito es internado en estos centros de aislamiento, lejos de corregirse, estará expuesto a
un castigo excesivo que terminará acrecentando sus reacciones violentas. Del mismo
modo, la presencia de reos avezados al derredor afectará su conducta sin pensar en
corregirse para el bien propio ni de la sociedad. Al respecto, Berenguer, afirma que la
cárcel es un modelo clásico de respuesta al delito como capacidad punitiva del Estado
para castigar al delincuente y dar satisfacción y compensación a la víctima. Parte del
supuesto que la criminalidad se puede prevenir atendiendo al impacto que el efecto
disuasorio del sistema pueda tener sobre el delincuente. Sin embargo, la disuasión no
tiene el mismo efecto sobre todos los delincuentes ni se puede hacer un pronóstico de su
efecto, más si se trata de menores. Por el contrario, estos modelos de castigo carcelario
suelen caer en una peligrosa inercia que derivan en fórmulas de rigor excesivo y
generan mayor violencia y resentimiento con la sociedad (2006, p. 47). Efectivamente,
la cárcel no es un centro de recuperación para las personas que delinquen. En el caso de
menores, estar en un penal significaría un medio para acrecentar su rechazo a la
sociedad sin posibilidades de reinsertarse con bien. Por esa razón, es conveniente que
las autoridades promuevan la creación de centros especializados con asistencia
psicológica para albergar a delincuentes juveniles.

Por otro lado, estos centros penitenciarios se convierten, también, en espacios en los
cuales se intensifica el pandillaje y la drogadicción; este último, tanto a nivel de
consumo como de venta. Por esta razón, los jóvenes no tendrían posibilidades de
resocializarse de manera efectiva por el alto nivel de violencia con el cual convivirían.
Esta realidad delictiva los convertiría en víctimas o en victimarios, circunstancias
dispares que coinciden en medio de una intensa violencia cuya única realidad es el
poder y el abuso. Por esta razón, tanto el pandillaje como la drogadicción son
fenómenos del ámbito criminal que imposibilitan a los jóvenes reinsertarse a la sociedad
desde una lógica de paz. En esta línea, Rodríguez (2019) refiere que:

Se evidencian aspectos psicológicos y sociales que inciden en la personalidad


del recluso como es el entorno es que se ha desenvuelto, la falta de lazos
familiares, la creencia y adición a grupos armados donde se comparten sus ideas,
entre otros, lo que hace fuerte el apego a las mismas y genera que el sujeto no se
quiera reinsertar a una vida social normal. (p. 151)

De acuerdo con Estacio, la reinserción social es una tarea difícil en personas adultas.
Por ello, considerar que se concrete en jóvenes o adolescentes ingresándolos a centros
penitenciarios podría convertirse en un despropósito que podría agravar, no solo la
situación de estas personas, sino también la seguridad ciudadana.

En síntesis, los centros penitenciarios no son una alternativa viable para la reinserción o
rehabilitación de los jóvenes que cometen actos delictivos. En este sentido, los castigos
físicos, así como el liderazgo negativo delincuencial que forman parte de su dinámica
diaria, intensificarían su conducta violenta contra la sociedad. Así mismo, los grupos o
bandas criminales y el ámbito propicio para el consumo de estupefacientes generaría,
precisamente, la normalización de la violencia como lógica única de vida. En definitiva,
se deben crear los proyectos necesarios y pertinentes que permitan generar espacios
propicios para la resocialización y reinserción de los jóvenes en la sociedad, en la cual
participen todos los estamentos municipales, políticos, jurídicos del país, a fin de que
este perciba que existen oportunidades de una vida distinta y viable.
REFERENCIA BIBLIOGRÁFICA (APA)

BERENGUER

RODRIGUEZ

FICHA DE INTEGRANTES QUE HAN APORTADO

QUE APORTARON PORCENTAJE


100%
50%
NO APORTÓ

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