La globalización es de izquierda

Un enunciado antiimperialista
Como todo texto aprista, o como todo buen texto aprista, escribo estas líneas en respuesta a un fenómeno específico, y no con la intención de señalar generalidades y lugares comunes para los cuales nuestros respetados pero impopulares círculos académicos son algo más que expertos. Evitaré, por esta razón, remitirme a un diagnóstico del país que parta con alguna referencia a la “herencia colonial”, la “marginación del discurso social por las élites”, o al bendito “consenso de Washington”. Si algo he aprendido en los años que llevo informándome sobre temas sociales, políticos y económicos, es que tales generalidades se han convertido rápidamente en los dogmas de las nuevas generaciones, callejones sin salida del pensamiento, divisores ficticios de los peruanos entre los buenos y los desgraciados, y trampas del off-side para quienes pretendan ver el país con ojos nuevos, con ideas frescas, y con teoría renovada. No que sus conceptos estén errados, estimados colegas, pero realmente no calzan a la complejidad de los fenómenos que pretendemos dominar. Pero como sabemos, sería una necedad pensar que llego a tocar temas tan profundos como el imperialismo, la democracia, y la política económica sin una fuerte carga histórica detrás. Ciertamente son muy pocos los que tienen el talento de llegar a unas elecciones luego de decir la misma cosa por 40 años y alegar que están proponiendo “el cambio” sólo porque van con otro nombre. Al no contar con esa sombría aptitud, debo remitirme a la corriente política con la que me identifico, y en mi caso, reivindicarla luego de tantos años de mezquindad, de ponzoñosa oposición, y también de errores que han cometido algunos correligionarios. Para mi suerte, el discurso político del siglo XXI es cada vez más cercano a las tesis esgrimidas a la largo de la existencia del partido aprista, y aunque momentáneamente se carezca de la fuerza mediática y el respaldo político para que en el Perú se hable de ideas tan simples como Interamericanismo democrático sin imperio sin complejos, podemos ver que en la práctica las viejas recetas de los grupos de izquierda totalitaria y derecha oligarca están quedando ya rezagados y tienen que mimetizarse con nombres a veces risibles para que le sean viables en la vía democrática. Este ensayo está dedicado a un argumento bastante simple: la globalización, entendida como el proceso resultante de los cambios tecnológicos en el campo de las comunicaciones y el flujo de capitales, es perfectamente compatible con los conceptos defendidos por la izquierda democrática latinoamericana, especialmente en la estrecha relación que hay entre un mundo ultra comunicado como el que vivimos y la cerrada defensa por las libertades, la democracia, el derecho a la información, y al fortalecimiento de capacidades para superar el hambre y la miseria. Los movimientos sociales “antiglobalización” que han surgido en las últimas dos décadas, no han aparecido en respuesta a este proceso de flujo de capitales e información, sino al imperialismo económico promovido por ciertos grupos de poder que pensaron que 1

podían implantar políticas económicas unilaterales en países que tienen vastos sectores a los que no les beneficia. Así, afirmo a lo largo de este mensaje que si bien muchos hemos pasado mucho tiempo pensando que la globalización era “el nuevo imperialismo”, es más acertado decir que la globalización es precisamente el lado positivo y atractivo de los flujos de capitales, mientras que el imperialismo debe ser rechazado en todas sus formas, incluyendo el capitalismo de Estado promovido por sectores retrógrados y resentidos que viven buscando nuevas formas de incluir sus viejas ideas en recetas de nombres capciosos como el indigenismo sindical boliviano, el bolivarianismo venezolano, y el nacionalismo peruano.

Imperialismo y Antiimperialismo
No quisiera gastar más tiempo del debido analizando temas que ya han sido ampliamente discutidos a pesar que se les da poca difusión en los sectores académicos que probablemente tampoco quieran discutir lo que escribo en estas páginas. Sobre la evolución del concepto de imperialismo en la teoría socioeconómica recomiendo la lectura de los ensayos Haya de la Torre: pensamiento doctrinario de Juan Carlos Saravia1, y Haya de la Torre en su espacio y su tiempo de Pedro Planas con Hugo Vallenas2, en donde se analiza y contextualiza debidamente la evolución de los conceptos que manejamos los confesos seguidores de la izquierda democrática. Para los fines de este ensayo, es importante poner en claro o recordar las siguientes ideas-fuerza que se pueden encontrar en prácticamente toda la bibliografía aprista: 1- El principio básico del método de análisis político aprista es el reconocimiento de la realidad cambiante, fundamentado en la teoría del espacio-tiempo-histórico, en la cual se asume en todo momento la estrecha relación que existe entre las ideas y el momento y lugar donde se plantean. En las sociedades avanzadas tecnológicamente, los momentos históricos cambian más rápidamente de lo que se daban en sociedades agrarias o de cazadores/recolectores, por lo cual es necesario repensar constantemente las ideas para formularlas en la realidad existente. 2- El Imperialismo está definido como una forma particular de imponer intereses extranjeros de un país desarrollado a uno subdesarrollado en el cual prima la fuerza

1

(Juan Carlos Saravia Ramos. 2006. Haya de la Torre: pensamiento doctrinario. En “Vida y Obra de Víctor Raúl Haya de la Torre” Tomo-V. p 17-144. Lima 2 Pedro Planas, Hugo Vallenas. 2006. Haya de la torre en su espacio y su tiempo, En “Vida y Obra de Víctor Raúl Haya de la Torre” T-I. p113-300. Lima

2

3-

4-

5-

6-

militar y la creación de enclaves de capital que no benefician a la población del país subdesarrollado. El APRA es un movimiento que ha nacido en contra de la imposición imperialista. En sus inicios, esa imposición tenía el denominador común de una agresiva presencia militar y empresarial estadounidense, orientada a estrangular la revolución mexicana desde Panamá, América Central y el Caribe, lo cual provocó el plasmar como prioridad del programa aprista la afrenta contra “el imperialismo yanqui”. Al cabo de poco más de una década, la política internacional del Departamento de Estado estadounidense cambió por la alternancia de presidencias y el nuevo contexto mundial de la segunda guerra mundial. La política del “buen vecino” promovida por Franklin Delano Roosevelt, que promovía la expansión de las clases medias en nuestro continente, cambió dramáticamente las formas de presión que se ejercían, convirtiéndose en una alternativa menos traumática que el capitalismo de Estado que se empezó a ejecutar en Italia y Alemania por el nazifascismo y desde Moscú por el comunismo. Hacia la década de los 40´s, el programa máximo del APRA empezó a leer “contra todo imperialismo” Desde 1928, Haya de la Torre ya había definido el imperialismo como “ambivalente”, del cual hay que tomar lo positivo (la tecnología) y rechazar lo negativo (la presión política negativa). Con el paso del tiempo, se ha hecho cada vez más claro que las políticas imperialistas pueden venir de cualquier forma en cualquier gobierno con ambiciones hegemonistas y expansivas, incluyendo ahora nuevas potencias como el Brasil, por lo cual los países llamados subdesarrollados no podemos tener complejos dogmáticos de negociar con cualquier potencia para lograr obtener los beneficios que nos puedan brindar su tecnología y sus capitales. Los detalles de con quién negociar y en qué condiciones en el año 2011 escapan ciertamente los alcances de este ensayo, pero lo que me interesa que quede en claro es que no hay razón alguna para pensar que el imperialismo tiene la bandera de algún país o un sistema económico que los ampare; de hecho se dan imposiciones imperialistas hacia países vecinos

La guerra, principal forma de presión imperialista

de la teocracia Iraní, de la China comunista reformada, o de los tan conocidos “círculos empresariales” ultra secretos que hacen bestsellers para los fanáticos de la conspiración.

Los apristas, por décadas ya, hemos sido atacados por enfatizar la necesidad de negociar frente a las potencias en búsqueda del progreso. Manuel Seoane, en vida el segundo hombre más importante del aprismo y entre los diez peruanos más importantes del siglo XX, se dirigía así al III Congreso del Partido Aprista en 1957: “Nuestro movimiento no es un movimiento inerte, que se aferra a las palabras sonoras. Tiene una relación con la realidad, que es cambiante. Debemos estar alertas respecto a los cambios que van produciendo la tecnología en el mundo y los descubrimientos que 3

va realizando la ciencia… El capitalismo comprende que su supervivencia depende de su capacidad de transformación, de la posibilidad de aumentar riquezas y, sobre los nuevos márgenes ampliados, conceder mejores condiciones de vida a los empleados y obreros que trabajan en él. Por eso el pueril desafío comunista ha sido rebasado por el desarrollo capitalista… El pecado de Marx consiste en que formuló profecías sin considerar el carácter dialécticamente cambiante de la realidad… La gente moderna no anquilosada, comprende que están cambiando las condiciones tecnológicas… Sobre estas bases nuevas, sobre esta posibilidad de crear riquezas mayores, se viene a cumplir la profecía que Víctor Raúl lanzó en 1945: No se trata de quitar la riqueza a quien la tiene, sino de crearla para quien no la tiene” 3 Esta actitud, que la venimos teniendo desde 1930 y no desde el gobierno de Alan García como pretenden divulgar algunos separatistas, es lo que siempre hemos llamado antiimperialismo constructivo, que es una posición divergente abiertamente de otros sectores que se hacen llamar de izquierda pero que promovieron por décadas que el Perú sea un enclave de sus financistas totalitarios soviéticos o chinos. Estos grupos, ahora con nuevos aires gracias a un eficiente blanqueado con asesores extranjeros, promueven el revanchismo frente a algunas potencias para beneficiar a otras con las que ellos trafican sus intereses, lo cual dista mucho de ser en alguna forma antiimperialista, o de izquierda. De esta manera, empezamos a ver que el concepto de imperialismo tiene en lo concreto un ámbito bastante restringido a ciertas políticas que se deciden en los países desarrollados y las multinacionales, y no a la naturaleza propia del capitalismo en general o de los países desarrollados. No todo capitalismo es imperialista. Mi ejemplo favorito de actualidad es la política estadounidense, la cual hace unos años nada más empezó una expansión imperialista en los países petroleros de Oriente, sin ningún otro motivo verificable que la extracción del petróleo iraquí que ha llevado a una cruenta guerra sólo comparable con Vietnam. Y sin embargo, hemos sido testigos en los últimos 24 meses de la mayor intervención estatal en las finanzas mundiales de los últimos 50 años por la decisión del Partido Demócrata y el presidente Obama al recortar el trato inhumano al que se exponía al ciudadano norteamericano merced a la prepotencia monopolista de las transnacionales farmacéuticas. Increíblemente, ¡en el mismo Estados
La agroindustria emplea cada vez a más peruanos, crece casi tan rápido como las ONGs de financiamiento extranjero
3

Seoane, Manuel. 2003. Informe presentado por Manuel Seoane el 30 de julio de 1957 ante el IV Congreso Nacional del Partido Aprista Peruano. En Manuel Seoane: páginas escogidas; recopilación, selección y notas por Eugenio Chang-Rodriguez. Lima, Fondo Editorial del Congreso del Perú. 482-484

4

Unidos se han aplicado políticas antiimperialistas mientras el Estado aún libra una guerra imperialista! El antiimperialismo, entonces, no es para nosotros una pose anti empresa ni una bandera desfasada en el tiempo, sino un ejercicio constructivo para obtener los beneficios tecnológicos y científicos del capitalismo de alto rango, que ha demostrado ser ampliamente efectivo en producir tantos problemas como soluciones. Nuestro trabajo, como vanguardia del Indoamericanismo, está en lograr tener un Estado y una sociedad que pueda encauzar ese esfuerzo por obtener una democracia social sin explotación, sin resentimientos, y con futuro promisorio al mismo tiempo que se defiende de la presión de aquellos capitales extranjeros que, no cabe duda, utilizan sus influencias para reducir los beneficios que podamos lograr de ellos.

Globalización democrática
A sabiendas de que el imperialismo es un proceso ambivalente que trae consigo la tecnología clave para el progreso, también hace falta entender el rol que este proceso juega a nivel mundial. Con mayor tecnología, mayor movilización, mayor información, prácticamente todo lo que hacemos y todo lo que tocamos está influenciado por la globalización, que ha incrementado las relaciones humanas de tal forma que es difícil pensar en política sin tener en cuenta los eventos
La revolución democrática Egypcia se levantó frente al imperialismo usando las armas de la globalización

ocurriendo simultáneamente otras partes del mundo.

en

Algunos teóricos de la izquierda europeísta se han pasado las últimas dos décadas argumentando que la globalización, por ser producto del capitalismo, es una afrenta imperialista y que es fundamentalmente un juego de palabras para no hablar ya de los imperialismos 4 . Eso no tiene ni pies ni cabeza. Para empezar, se puede decir que la globalización empezó tan pronto como el hombre empezó a moverse alrededor de la tierra y se empezó a reproducir; tarde o temprano, todos los humanos tenemos que tener algún tipo de relación; el aislamiento no es una opción. La globalización no implica la sujeción a gobiernos extranjeros, dado que en el mercado mundial se compite constantemente por los servicios que
4

Pierre Bordieu, uno de esos franceses a los que nuestros nostálgicos europeístas latinoamericanos suelen citar mucho porque no tiene mucho que ofrecer en política más que una buena pluma y un apellido que queda bien en los ensayos de posgrado, nos dice que “(la globalización) es la destrucción de las bases económicas y sociales de los más preciados resultados culturales de la humanidad. La autonomía de los mundos de producción cultural con respecto al mercado, el cual ha crecido sostenidamente a costa de escritores, artistas, y científicos, se acrecienta peligrosamente” Bordieau, Pierre. 1998. Acts of Resistance: Against the Tyrany of the Market. The New Press and Polity Press. P 37

5

se puedan ofrecer. Las multinacionales, con todos los reparos que debemos tener para tratar con ellas, son de lejos la mejor opción para financiar proyectos de desarrollo en nuestras tierras que no estén al alcance del Estado. Si algo hemos aprendido de Estados exitosos pero diferentes como los de Europa nórdica o los tigres asiáticos es que hay grandes beneficios que podemos obtener del acceso a mayor información y en la participación de los flujos de capitales. La globalización, como el fenómeno más importante de nuestra época, es también un catalizador de las libertades y la democracia, ya que en un país en donde la información es accesible por cada vez más gente, es imposible mantenerlos en la obscuridad por mucho tiempo. Curiosamente, los detractores piensan exactamente lo contrario, es decir, que la globalización promueve el pensamiento único y que amalgama a las masas en fieles servidores imperialistas. Añaden también que la globalización impone una competencia desleal entre economías desarrolladas y economías en vías de desarrollo. Lo único que puedo decir en defensa, es que mientras Mao tuvo una revolución cultural para ponerle vendas en los ojos al pueblo chino y aislarlo del progreso del mundo, la tecnología capitalista ha promovido más discurso rebelde y contestatario en contra de las potencias comerciales y ha dado curso a más argumentaciones contra las normas establecidas que cualquier emperador. Tal vez pueda hablar solamente por mi generación, pero honestamente no creo que los reguetones caribeños, el hip-hop urbano estadounidense, o el rock contra-cultura importado en cassettes y CDs hayan creado muchos “ciudadanos serviles” en nuestro Perú. La música de los Beatles o Bob Dylan, ingresada de contrabando por jóvenes turistas a la Unión Soviética, ¿fue un factor de “alienación pro-imperialista” en ese cerrado sistema social? Todo lo contrario, pienso que la incursión de tantas influencias ha producido espacios de libertad individual mayores que promueven el progreso de las personas en vez de las aburridísimas marchas socialistas que han cantado ciertos electos congresistas hasta el aburrimiento. Y eso es fundamentalmente la izquierda democrática, buscar el pan común en medio de un sistema que te deje ser libre para desarrollarte personalmente. Algunos políticos no muy afines a nosotros que ahora se hacen llamar “socialdemócratas”, “progresistas de izquierda”, y otras etiquetas afines, han luchado con vehemencia frente a esto, argumentando a diferentes niveles por una versión demagógica del bien común en el que las palabras democracia y libertad no están incluidas. Que quede bien claro para los que no lo están, no se puede ser de izquierda sin defender la libertad de las personas, porque si se trata de simplemente distribuir recursos o tener “más presencia del Estado”, pudiésemos tranquilamente ser fascistas. La verdadera identidad de la izquierda está en aquellas políticas que promuevan la democracia y mejoren las condiciones de las personas para desarrollarse con sus familias al mismo tiempo que se respeta la individualidad de cada uno. La raíz de la izquierda democrática no está en Marx, sino en la gran revolución democrática que empezó con la revolución francesa y se asentó en nuestra tierra al fundarse la república. Duela a quien le duela, el único político peruano que ha explorado el proceso dual de la globalización con claridad en los últimos treinta años es el presidente Alan García, quien nunca se redujo a las explicaciones simplistas de la izquierda internacional y condenar a la globalización como el nuevo imperialismo. En vez, su trabajo doctrinario Modernidad y Política

6

en el siglo XXI: globalización con justicia social (2003) sintetiza el argumento de la siguiente manera: El modo de producción global es una realidad. No es una solución ni un problema en sí mismo. Como todo sistema de la historia humana plantea contradicciones y dominación, pero también enormes posibilidades y energías. Y ante ese mundo nuevo, tecnológico y político que se inicia, la democracia social debe afirmarse. Ello no significa seguir conceptos como la Tercera Vía europea, sino mantener la esencia revolucionaria y latinoamericana de sus grandes lealtades por la justicia y la libertad 5 En ese sentido, es una incoherencia plantear cerrar los mercados externos como una bandera de izquierda, dado que monopolizar las relaciones económicas entre un grupo de empresarios nacionales que no cuentan con el capital o la tecnología necesaria para el desarrollo resultaría inevitablemente en el aplastamiento de nuestra economía por los países vecinos que sí optan por tratar con el capital. Lo que no parecen entender los ideólogos de la teoría de los “mercados internos” y de la “economía nacional de mercado” es que nuestra realidad actual nos dice que la globalización va a continuar ellos quieran o no, y si no la aprovechamos insertándonos en el modo de producción global vamos a sucumbir frente a la gran revolución mundial que se desenvuelve frente a nuestros ojos. Ello implica, obviamente, la diversificación de nuestra producción y la inversión del Estado en infraestructura y capacidades, que es la única forma de erradicar la pobreza y lograr el bienestar de la democracia social. La otra opción, que es usar el dinero del Estado en distribución superficial para crear la ilusión de progreso, ya la hemos vivido, con consecuencias terribles, y no nos ha librado de mantenernos como un país primario-exportador. De esta manera, la globalización democrática se convierte en una verdadera bandera de lucha frente a los repetidores de lemas extranjeros que tanto abundan en nuestro país. Inclusive los más chauvinistas patrioteros provenientes del confuso discurso etnocacerista ahora han adoptado el discurso de culpar al “modelo neoliberal” por todos los males del país. Lo real es que a pesar de haber sido efectivos al imponer su discurso revanchista a grandes sectores del país, las cifras no mienten cuando se advierte que no sólo la pobreza se ha reducido, sino que la desigualdad ha empezado a disminuirse, y que en las acciones concretas, todos están de acuerdo con muchas cosas que han pasado en los últimos años. Sería mucho pedirles a personas financiadas por organismos internacionales europeos
El imperialismo petrolero también tiene los días contados

y estadounidenses que abandonen sus puestos de batalla, pero sí podemos señalar sus incongruencias y

5

García, Alan. 2003. Modernidad y Polític@ en el siglo XXI: globalización con justicia social. Editorial Matices E.I.R.L. Miraflores. P 16

7

forzarlos a dar opinión frente a lo avanzado. Allí se verá si su mezquindad puede más que la estadística.

En la batalla de las ideas, ya hemos ganado
De lo visto hasta ahora se desprenden ciertos cargos desde la oposición que me parecen dignos contestar. Por un lado, se nos acusa de no ser fieles al antiimperialismo constructivo y ser los defensores del “capitalismo salvaje” al que teóricamente viviríamos subyugados. Obviamente, la gran mayoría de estas objeciones nos la hacen desde un mensaje de twitter que mandan desde su blackberry o interrumpidos por una llamada de celular a su iphone con el cual coordinan el próximo paro regional “por la defensa de recursos” que curiosamente termina siempre arreglado bajo la mesa luego de que la autoridad local afiance su posición de poder, la ONG respectiva asegure su financiamiento extranjero, y los dirigentes sindicales se perfilen progresivamente como líderes regionales bien remunerados. En los casos más extremos, la hipocresía y la irresponsabilidad de los acusadores los termina juntando con elementos violentistas que terminan fuera de control y exponen las terribles deficiencias de nuestro Estado para el control de manifestaciones manipuladas. Durante el gobierno de Alberto Fujimori, donde se privatizaba todo lo que se podía y se compraba la receta neoliberal en un régimen deformado autocráticamente, nunca se dieron protestas mayores de este tipo. Los ideólogos y activistas del anti capitalismo parecen funcionar mejor cuando se arman mesas de negociación y los procesos de concesión son abiertos, pero no cuando se hacían en la sala del Servicio de Inteligencia o cuando salir a las calles no los ponía en los medios de comunicación. En la práctica, la mayoría de detractores de la globalización se benefician de ella tanto como el resto, y sus arrebatos e histerias tienen mucha más carga política caricaturesca que teoría económica. A la hora de la verdad, cuando los apasionamientos cesan, la única plataforma seria que tienen nuestros detractores son las malas formas ante un pedido legítimo del pueblo que pide consensuar en el que lamentablemente no hemos tenido la suficiente fuerza política para negociar. Esa es la tarea histórica que se traduce en la necesidad de partidos políticos para que la democracia funcione, y estamos en deuda, pero no nos convierte de ninguna forma en defensores del liberalismo ciego. Por otro lado, se advierte que la economía se maneja en base a un “modelo” implantado por el fujimorismo y que el único mérito que tenemos es “continuarlo”. De eso tenemos un poco más de culpa, porque nuestros líderes han tenido por años un discurso en defensa del “sistema” cómo si se pudiese reducir la complejidad de los flujos de la economía y la sociedad a algunas cuantas variables y un único “modelo”. La verdad es que tiene muy poco rigor hablar de economía en base a moldes y “modelos”, dado que en la realidad ésta es negociada constantemente y se abren nuevas oportunidades que continuamente desdibujan la presencia de un “sistema único”. Ya muchos estudiosos y estudiantes nos hemos preguntado: ¿en donde existe el “libre mercado”? Ciertamente todas las potencias salvaguardan productos y condicionan sus relaciones comerciales; basta ver el régimen arancelario taiwanés o estadounidense para darse cuenta de que no existe tal cosa como el libre mercado, lo que existe es la economía de mercado en donde siempre existirán restricciones y deberes que hay 8

que cumplir, pero nunca liberalismo total. Ni que hablar de preguntarnos en donde existe el comunismo, o un comunismo que funcione. Así, es una torpeza propia de algunos sectores de la izquierda “mayo del 68” seguir repitiendo las diatribas contra “el pensamiento único neoliberal”, especialmente luego de la crisis financiera capitalista de los últimos años, comparable en términos ideológicos sólo con la caída del muro de Berlín. En el Perú, ya nadie o casi nadie está defendiendo la desaparición del Estado, la implantación de una anarquía comercial, o en el otro extremo la estatización de los recursos para la implantación de un capitalismo de Estado. Lo práctico y realista no es adoptar un modelo estereotipado sino lograr un camino propio y acorde con los progresos del mundo contemporáneo. En el otro sector, encontramos a una derecha confusa y poco atractiva con la cual simpatizan una gran cantidad de tecnócratas pero que nunca representan una verdadera opción ideológica. Repiten frases aisladas y razonamientos incompletos. Como los ciegos políticos que son, se continúan plegando a fórmulas autoritarias militaristas como lo hicieron tantas veces durante el siglo XX y ahora con el fujimorismo que abiertamente desdeña la democracia les resuelve una vez más su problema de falta de conexión con el Algunos, no se arrepienten pueblo. De ellos, hay poco que decir mientras no participen integralmente en la democracia; es decir, formen un partido o una corriente de opinión con argumentos más o menos serios. Por lo pronto son uno o varios conglomerados de intereses particulares que tienen suficiente dinero para ganar elecciones de vez en cuando, lo cual no estimula ni favorece a la democracia. Cuando los discursos terminan, los peruanos buscan en su mayoría que el mismo progreso que ha reducido en veinte puntos la pobreza estos últimos años y ha ocasionado que existan nuevos polos de crecimiento en la costa y partes de la sierra llegue a todavía más gente, y que suceda sin desorden, ni demagogia, ni muertes en las protestas. No caigamos en triunfalismos que nos hacen parecer soberbios, pero tampoco caigamos en el juego de los que vienen diciéndole a mi generación que el Perú siempre va a estar peor. Eso es aprismo, eso es antiimperialismo constructivo, eso es globalización democrática, eso es seguir la doctrina de Haya de la Torre. En conclusión, necesitamos de un gran partido revolucionario que funcione como el ejército civil que encauce a la población a tomar la globalización por las astas mediante la educación y la mediación de sus intereses. Sin eso, ningún gobierno podrá solucionar los problemas del país. Los apristas somos los únicos llamados a ser ese partido, pongámonos a trabajar.

9

Sign up to vote on this title
UsefulNot useful