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Joyería Crispín: Éxito en 18 Kilates

La familia Crispín Lovatón inició un negocio familiar en Lima en 1987 vendiendo comida. Más tarde expandieron su negocio a incluir cafeterías, heladerías y otros restaurantes. Luego descubrieron que vender joyas era más rentable y cerraron sus restaurantes para abrir una joyería. Identificaron que las sortijas de compromiso eran su producto estrella y se enfocaron en ese mercado, lo que les permitió expandirse a múltiples locales y capturar el 40% del mercado de novios en Lima. Ahora también son due

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Joyería Crispín: Éxito en 18 Kilates

La familia Crispín Lovatón inició un negocio familiar en Lima en 1987 vendiendo comida. Más tarde expandieron su negocio a incluir cafeterías, heladerías y otros restaurantes. Luego descubrieron que vender joyas era más rentable y cerraron sus restaurantes para abrir una joyería. Identificaron que las sortijas de compromiso eran su producto estrella y se enfocaron en ese mercado, lo que les permitió expandirse a múltiples locales y capturar el 40% del mercado de novios en Lima. Ahora también son due

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Actividad 03 Tarea autentica

Caso: LA IDEA DE LOS 18 KILATES


FUNDAMENTOS DE GESTION DE ORGANIZACIONES Y
SECCIÓN:
EMPRENDIMIENTO:
GRUPO N°: 1.
2.
INTEGRANTES: 3.
4.
5.

Los esposos Crisóstomo Crispín y Otilia Lovatón tuvieron 8 hijos. Todos ellos nacieron y crecieron
en el distrito de Yanahuanca, provincia de Daniel Carrión, departamento de Pasco. La familia
comenzó a migrar a Lima a inicios de los años 80, conforme los hijos mayores terminaban el colegio.
En 1987, estando ya todos juntos en su casa de San Martín de Porres, y liderados por los dos
hermanos mayores, la familia inició un negocio. Abrieron una fuente de soda “C. L.” en un local a
media cuadra de la avenida Perú y desde el comienzo comprobaron que la calidad determinaría su
éxito. “No servíamos menú sólo platos a la carta que eran un poco más caros, pero la gente
regresaba”, cuenta Luis, el penúltimo de los Crispín Lovatón. Eran los años de la inflación aprista y
el Shock de Fujimori, pero los Crispín no solo lo sentían, sino que fueron alquilando más locales y
abrieron una cafetería, una heladería, una sanguchería y puesto de churros. Para 1993 tenían la
cuarta parte de la manzana y muchos planes para crecer. Pero descubrieron un rubro más rentable.
Martha, una de las hermanas, había empezado a vender joyas de goldfield, un tipo de fantasía que
se importaba desde Estados Unidos, Un día, en una reunión familiar, Martha regaló algunas de sus
joyas y les habló a sus familiares de lo rentable que era este cachuelo. Fue como una revelación.
Los hermanos Crispín hicieron cuentas y en menos de quince días cerraron todos sus restaurantes.
Luego, invirtieron el capital en goldfield y en abrir una pequeña joyería. Primer día lleno, segundo
día lleno, tercer, quinto, décimo día lleno: la demanda superaba todas sus expectativas. Pero
(siempre hay un pero) en mayo de 1994 sufrieron un asalto que los obligó a mudarse. “Abrimos una
nueva joyería en la Galería El Virrey, en el centro de Lima, sin embargo, cruzando la avenida
Abancay estaban los grandes importadores de golfield. No podíamos competir como minoristas”.

¿Por dónde debía encaminarse el negocio? Un pequeño porcentaje de su mercadería eran joyas
de oro de 18 kilates y estas también se vendían. Entonces los Crispín hicieron un alto y se sentaron
a analizar, discutir cuál de todas la joyas les daría las llaves del mercado. Llegaron a la conclusión
de que no eran los artes, ni lo collares, ni las pulseras. La joya que buscaban era el anillo de
compromiso, el anillo a través del cual el novio expresa lo mejor de sí. Es la joya, más importante
de su vida y la que da inicio a una relación de confianza con la tienda joyera. “luego vienen los aros
de matrimonio, las joyas para los hijos y hasta las joyas de la amante”, explica Luis. Fue así como
los Crispín pusieron su máximo esfuerzo en hacerse de un buen surtido de sortijas de compromiso.
Todos los diseños de grabados, todos los cortes de piedra, todas las variedades de aleaciones
apuntaban a captar a ese joven novio. Y dieron en el blanco. Ahora tienen cinco locales en el centro
de Lima, uno en los Olivos y otro en EL Polo. Atienden al 40% del mercado de novios y dentro de
algunos años saben que tendrán una segunda generación de clientes. Además, desde hace un año
los Crispín son dueños también de la antigua fábrica de alhajas Lios (fundada en 1945) y de una
nueva marca de joyas, Itálica. “Esta es la marca en la cual estamos aplicando todo lo que
aprendimos en joyería Crispín. Esta marca no tiene errores”, afirma Luis, actual gerente de
administración de la cadena.
I. APLICACIÓN / ¿Cómo aplicarían ustedes las habilidades claves de un
ELABORACIÓN emprendedor de acuerdo al caso de estudio? Explíquelo a través
de ejemplos.

De ser ustedes los Crispín Lovatón que Características


II. JUICIO CRÍTICO Emprendedoras Personales les garantizarían éxito. Argumente
su respuesta

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