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El plagio en el aprendizaje en plataformas virtuales

El plagio se entiende como la actividad de tomar datos, fragmentos de texto, ideas,


multimedia (video, audio o imágenes) o cualquier otra obra intelectual (con derecho de
autor o no) y hacerlo pasar como propio y sin dar crédito al autor original de la obra, y con
el fin de obtener un beneficio académico: una buena calificación o nota, pase a un
examen, acreditación de una materia, etc. Es decir, es un robo de ideas para el beneficio
propio. La literatura dice, no obstante, que el plagio es una de las acciones más
preocupantes e hirientes en la academia (Alfaro y de Juan, 2014; Cavanillas, 2008;
Espinoza, 2015). La palabra plagiar es definida por la Real Academia de la Lengua
Española (RAE, 2016) como copiar obras de terceros haciéndolas pasar por propias. Para
un contexto educativo la definición es la misma, pero con el objetivo de entregar un
trabajo, tarea o asignación. Es decir, es un intento de engaño hacia el profesor,
autoridades académicas y hacia la propia institución, pues demuestra (si se logra
detectar) que no existió mayor esfuerzo personal por llevar a cabo el trabajo asignado.

Al parecer, la disponibilidad de la información en Internet ha abierto nuevas puertas a


prácticas cada vez más bajas (Alfaro y de Juan, 2014; Espinosa, 2015), tales como el
popular ‘copiar y pegar’. Esto significa tomar un texto o imagen de Internet, copiarlo, y
pegarlo en Word o un editor de textos para entregar en archivo o imprimir. Este tipo de
prácticas, animadas gracias a la cada vez mayor anonimidad que brinda el internet
(Turkle, 1997), exponen al profesor a deshonestidad por parte de los estudiantes al
entregar trabajos que no han realizado por cuenta propia, evitándose la fatiga de leer,
escribir, y lo peor, de racionalizar, pensar e interiorizar un tema en específico. Aunado a
esta situación está la libertad que se le brinda a los estudiantes con la finalidad de
hacerlos cada vez más independientes y autónomos (Bersin, 2004). La educación
superior en el mundo está sufriendo un cambio de paradigmas, en donde la
presencialidad es cada vez menos requerida, o bien existe una combinación de
paradigmas presencial y virtual, algo como el blended learning (Bersin, 2004). Esta
situación trae cambios en relación a la libertad que se le otorga al estudiante. Las
herramientas son más abiertas. Se confía más en el estudiante y en su capacidad de
mejorar y ser autónomo. Se piensa en el estudiante de educación superior como una
persona formada con valores y principios éticos, sociales y legales. En eso se basa la
confianza para la aplicación de herramientas abiertas o a distancia. (Tomado de la
revista ECE-DIGITAL. Escuela de Ciencias de la Educación Año 7 / núm. 12 / febrero
2017).

Aun cuando la deshonestidad académica entre el estudiantado está documentada


desde muy antiguo, no fue sino hasta la década de los noventa del siglo pasado cuando
se inició su estudio de forma sistemática, con el objetivo de combatir el fenómeno del
plagio académico, que en aquellos años ya empezaba a ser alarmante. En trabajos
pioneros como los de McCabe y Trevino (1993), Hexman (1999), Jordan (2001) o
Lambert, Hogan y Barton (2003) se apuntaba al plagio como una de las prácticas
deshonestas más extendidas en las aulas de los campus norteamericanos. Y es que en
los años noventa, asociado al primer boom tecnológico y a la incipiente penetración de los
ordenadores personales e Internet en los hogares y lugares de trabajo, y gracias a las
características de estos nuevos medios (gran facilidad para localizar, almacenar y tratar
información, especialmente a través de los procesadores de texto), se constató el
florecimiento de una novedosa forma de copiar obras ajenas presentándolas como
propias: el ciberplagio. Desde entonces, el acceso, uso y posibilidades de las tecnologías
de la información y la comunicación (TIC) no han hecho sino ampliarse, con lo que la
copia de trabajos académicos se ha convertido en un problema muy relevante, tanto en la
enseñanza secundaria como en la universitaria. No sorprende, pues, que los estudios
sobre la deshonestidad académica, sobre todo los referidos al plagio, hayan crecido de
forma considerable.

Causas:
Entre los estudios centrados en el análisis y descripción de las causas asociadas a la
comisión de plagio académico –objeto del presente artículo– imperan, básicamente, dos
tipos de enfoques: uno representado por aproximaciones basadas en trabajos de
investigación empírica y otro fundamentado en recursos y aproximaciones surgidas,
principalmente, de apreciaciones e ideas devenidas de la propia experiencia de
profesores y/o organizaciones académicas. Entre los trabajos enmarcados en el primer
grupo, destaca el estudio pionero de Dordoy (2002) que analizó las causas del ciberplagio
desde la óptica de los estudiantes universitarios y docentes norteamericanos. Según los
resultados obtenidos por Dordoy, los universitarios plagian, valiéndose, sobre todo, de
Internet, por los siguientes motivos: para obtener mejores calificaciones y mejores
resultados académicos; por pereza y mala gestión del tiempo dedicado al estudio y a la
elaboración de trabajos; por la facilidad y comodidad de acceso a material vía Internet y,
finalmente, por desconocimiento de las normas básicas a seguir para la elaboración de un
trabajo académico.
A partir de un exhaustivo análisis de la literatura existente, en el que se recopilaron las
principales causas descriptas, Park (2003) añadió a las ya señaladas por Dordoy cinco
nuevas atribuciones, la primera de las cuales es que se copia porque algunos estudiantes
perciben esos «atajos» como una demostración inteligente y aceptable; es decir: copian
porque han interiorizado unos falsos valores. Una segunda causa está en entender el
plagio como un desafío, una forma de enfrentarse a la autoridad. La desmotivación, el
creer que la demanda del profesor es irrelevante o que no lo valora adecuadamente es la
tercera causa que Park señala en su análisis. La cuarta está en el convencimiento de
algunos estudiantes de que lo que hacen no es malo. Finalmente, los resultados de Park
apuntan a la ausencia, total o parcial, de mecanismos de disuasión: se copia porque el
estudiantado, al comparar los riesgos y los beneficios de plagiar, considera los segundos
muy por encima de los primeros. (J. SUREDA, R. COMAS, M. MOREY REVISTA
IBEROAMERICANA DE EDUCACIÓN. Nº 50 (2009), pp. 197-220)

En un trabajo realizado por José Javier Sanz Gil titulado La Probidad Académica en
los ambientes virtuales de aprendizaje dice: Podemos considerar a la probidad
académica como el conjunto de valores y habilidades que promueven la integridad
personal y las buenas prácticas en la enseñanza, el aprendizaje y la evaluación. La
probidad académica es un valor fundamental, importante y decisivo para los estudiantes y
es fundamental para lograr un enfoque constructivista del aprendizaje. Hemos de señalar
que la responsabilidad de la integridad de su conducta, y especialmente de evitar la
colusión y el plagio, no puede recaer exclusivamente en los estudiantes. Así, y dado que
los malentendidos sobre el plagio están generalizados y que las oportunidades para
encontrar y utilizar el trabajo de otras personas son en la actualidad mayores que en el
pasado, existe la necesidad de una atención explícita a la exigencia y apoyo a un trabajo
académico honesto.

El plagio es un asunto de ética y de principios morales y legales que deben aprender


y poner en práctica tanto los estudiantes como los docentes, cuando realizan trabajos
objeto de una evaluación o para su posible publicación. Es necesario que las instituciones
educativas dispongan de una clara y definida política institucional y de procedimientos.
Para su establecimiento, esta puede redactarse de tal forma que sirva de unión de los
antecedentes culturales y educativos de los estudiantes, recoja las habilidades de
investigación y de elaboración de citas que el colegio valora y entiende donde se les
oriente sobre el modo de que se cumplan las expectativas del centro en relación a la
probidad académica. (José Javier Sanz Gil, Universidad Camilo José Cela de Madrid, UCJC.
Revista de Formación e Innovación Educativa Universitaria. Vol. 8, Nº 3, 104-113 2015)