SESION# 2
Objetivo: Identificar las ideas y practicas machistas y micromachistas que se ejercen contra la mujer
1. Preguntar acerca de que sabe sobre que es el machismo y si en algún momento puede ser
machista.
2. Lectura del material “Las ideas y practicas machistas”
3. Reflexionar acerca de la lectura haciendo preguntas como: ¿Qué piensas sobre la lectura?
¿Cómo te sentiste con lo que acabas de leer? ¿En que se relaciona la lectura con tu vida?
4. Aplicar escala sobre el machismo
5. Cierre de sesión: Reflexionar las respuestas de la prueba
Lectura 1: Las ideas y las prácticas machistas.
Las ideas y prácticas machistas son esas cuando ella expresa autonomía con relación
expre- siones que utilizan los hombres para a su vida afectiva o a su sexualidad, es
demostrar a las mujeres y a otros hombres
que son muy viriles, muy fuer tes y muy
hombres. usualmente estas ideas no
corresponden a la realidad, pero los
hombres las usan para hacer sentir a las de-
más personas que pueden vivir una
situación de violencia si no hacen o dicen lo
que el hombre machista quiere.
Los hombres expresan de muchas formas y
por muchos motivos las ideas y prácticas
machistas. Las formas pueden ser tantas
como las que cada hombre haya aprendido,
por ejemplo: guardar si- lencio; descalificar o
desaprobar lo que ella hace o dice;
manifestarle opiniones desagradables sobre
su cuerpo; mentirle, etc. Se complementan
con el manejo de actitudes como la
indiferencia, la fran- ca molestia, la ira, o las
amenazas para controlar las creencias o
posturas de ella. La idea detrás de estas
formas de relacionarse con su pareja, es que el
hombre busca controlarla y dominarla. Lo
hace cuando ella se arregla, opina algo
diferente a lo que él dice; o cuando toma
una decisión impor- tante sobre su proyecto
de vida: trabajar, estudiar, etc. También
decir, cuando ella sale con amigos/as, o
cuando ex- presa su sensualidad. Estas formas
también pueden ser dirigidas a otros hombres
con la finalidad de reafirmar el pacto
masculino tradicional: a veces al hombre le
molesta que otros hombres lloren o se
muestren suavecitos, y aplica el argumento
de que “eso es de maricones”. Así, entre
hombres también se expresa el rechazo a lo
femenino y se suprime la expresión de
sentimientos entre ellos.
En el caso de las mujeres, es impor tante
consi- derar que el ejercicio de acciones
violentas hacia ellas por su condición de
género, es generada en la mayoría de los casos
por hombres; sin embargo, cabe hacer notar
que los aprendizajes sociales es- tán
enmarcados en un contexto sociocultural y en
un modelo ecológico que incluye a los
diferentes actores y dimensiones que
producen y reprodu- cen a la violencia con un
sesgo “masculinizado” del poder. Así, las
mujeres educadas en este contexto tan
amplio, también hemos aprendido a ejercer
la violencia con características similares a las
que ellas mismas viven. Sn aprendizajes
sociales que también son reproducidos por
algunas mujeres y por el cual la
reeducación debe considerar el
cuestionamiento hacia cualquier tipo de
violencia independientemente de quien la
ejerza.
¿Por qué expresan estas ideas los hombres? Las ideas y prácticas machistas tienen dos
dimensiones en el proceso de aprendizaje – asimilación – repetición. Por una par te los
hombres las aprendieron de su papá o de sus hermanos en la familia; de sus amigos en la
infancia o en la adolescencia; de sus compañeros y maestros en la escuela; o las captaron
en sus trabajos, donde había otros hombres que las expresaban. Pero es impor tante
entender, por otro lado, que el uso de estas ideas y prácticas es una decisión de los hombres.
Ellos deciden aplicarlas para hacer sentir a sus parejas, o a otros hombres, temor y miedo, y
deciden usarlas para amenazar. ¿Por qué hacen esto los hombres? Porque tienen miedo de
perder el control sobre sus parejas (fundamentalmente) o sobre cier tas situaciones, y ese
miedo se expresa en forma de control y dominio. En el fondo, las ideas y/o prácticas
machistas sostienen la creencia que si los hom- bres logran el control sobre las mujeres, eso
hará que disminuyan sus miedos e inseguridades. Pero eso no es real, pues los hombres
deben hacerse responsables de sus propios sentimientos de temor e inseguridad de forma
individual, sin pedirle a la mujer –o a otra persona- que cambie.
El primero que acuñó el término de micromachismos fue el terapeuta argentino Luis
Bonino en 1990. Según Bonino, se trata de comportamientos masculinos que buscan
reforzar la superioridad sobre las mujeres. “Son pequeñas tiranías, terrorismo íntimo,
violencia blanda”, “suave” o de baja intensidad, tretas de dominación, machismo invisible o
partícula “micro” entendida como lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites
de la evidencia. Lo grave de ellos, según coinciden los expertos y que están en la
socialización de hombres y mujeres y lo imperceptibles que resultan. De ahí su perversidad,
señalan unos y otras. “Producen un daño sordo y sostenido a la autonomía femenina que se
agrava con el tiempo”, señala Bonino.
Bonino clasifica los micromachismo en cuatro tipos:
- Utilitarios. Afectan principalmente al ámbito doméstico y a los cuidados hacia otras
personas abusando de las supuestas capacidades femeninas de servicio y la naturalización
de su trabajo como cuidadora. En la casa, un ejemplo claro de un hombre supuestamente
colaborador se vería en la frase: “Cariño, te he puesto la lavadora”. A lo que una mujer que
los detecte debería preguntar: “¿Dónde?”, dado que ambos ensucian ropa.
- Encubiertos. Son muy sutiles y buscan la imposición de las “verdades” masculinas para
hacer desaparecer la voluntad de la mujer, que termina coartando sus deseos y haciendo lo
que él quiere. Hay micromachismos en los silencios, en los paternalismos, en el “ninguneo”
y en el mal humor manipulativo. ¿Quién no ha escuchado en casa: “Calla, que papá está
enfadado, viene muy cansado del trabajo y necesita las cosas así”.
- De crisis. Surgen cuando ellas empiezan a romper la balanza de la desigualdad en la
pareja. Se pueden reconocer en la frase: “Tú sabrás qué hacer (con las tareas domésticas), si
trabajas”.
- Coercitivos. En ellos el varón usa la fuerza moral, psíquica o económica para ejercer su
poder, limitar la libertad de la mujer y restringir su capacidad de decisión. Suelen afectar al
espacio y tiempo de ellos y ellas; y pierden siempre las segundas. Se ven en quién ocupa el
mejor sillón de la casa, quién tiene el mando de la televisión, en cómo un hombre abre las
paquete piernas y reduce el espacio de una mujer en un vagón de metro... En cuanto al
tiempo, el varón, lo dicen todos los estudios, cuenta con más ocio para sus cosas, ya sea irse
a montar en bici o irse con sus amigos a ver el fútbol…