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Lo Que Significa Creer en Jesús

Jesús no confiaba completamente en algunos que creían en él durante la fiesta de la Pascua porque conocía sus corazones y sabía que no habían creído de corazón perfecto. Creer en Jesús requiere más que palabras o emociones, implica conocer y someterse a sus demandas, recibir su palabra y dar frutos que demuestren un verdadero cambio.
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Lo Que Significa Creer en Jesús

Jesús no confiaba completamente en algunos que creían en él durante la fiesta de la Pascua porque conocía sus corazones y sabía que no habían creído de corazón perfecto. Creer en Jesús requiere más que palabras o emociones, implica conocer y someterse a sus demandas, recibir su palabra y dar frutos que demuestren un verdadero cambio.
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Lo que significa creer en Jesú s (Juan

2:23-25)
Lo que significa creer en Jesús (Juan 2:23-25)
INTRODUCCIÓN
             Juan termina el capítulo dos diciéndonos que estando Jesús en Jerusalén en la fiesta de la pascua,
muchos creyeron en Él y veían las señales que hacía. La pregunta seria, si muchos de ellos creían en Él, ¿por
qué no aprovecho Jesús el momento para que la gente lo proclamara Mesías? El mismo texto nos da la
respuesta: Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos. Ser un discípulo de Cristo no es
fácil. No es una cuestión de emociones o fanatismo, va más allá de eso, requiere un corazón
verdaderamente entregado, y este texto nos exhorta a considerar lo que realmente significa ser un discípulo
de Cristo.

  CREER EN JESÚS IMPLICA CONOCER SUS DEMANDAS

“Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía.
Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diese
testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre”.

Juan 2:23-25

                   El texto nos aclara que aun cuando la gente había creído en Él por las señales que les había hecho
y por ende no se confiaba de ellos porque los conocía a todos ellos: Estando en Jerusalén en la fiesta de la
pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las señales que hacía. Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos.
Estos versículos nos presentan a Jesús como el Dios omnisciente. Solo Dios conoce lo que hay en nuestro
corazón, ya que Él no se deja llevar por lo externo o las apariencias. Muchas veces la gente de deja llevar por
la apariencias. Por ejemplo, Samuel y todo Israel se dejó llevar por la impresionante apariencia de Saúl
creyendo que llegaría a ser un buen rey, cuando todos sabemos que no fue así: “Y tenía él un hijo que se
llamaba Saúl, joven y hermoso. Entre los hijos de Israel no había otro más hermoso que él; de hombros
arriba sobrepasaba a cualquiera del pueblo”, (1 Samuel 9:2). Esto mismo le volvió a ocurrir al profeta
Samuel cuando llevándose por las apariencias intento ungir para ser el nuevo rey de Israel al hijo de Isaí
equivocado: “Y aconteció que cuando ellos vinieron, él vio a Eliab, y dijo: De cierto delante de Jehová está
su ungido. Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo
desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos,
pero Jehová mira el corazón”, (1 Samuel 16:6-7). Aunque muchas veces el hombre se deja llevar por las
apariencias externas, en contraste, Dios ve el interior, el corazón. Si su corazón es malo, sus intenciones
también lo serán y por lo tanto tendera a hacer lo malo ante los ojos de Dios, y aun aunque sus acciones
sean buenas al principio, pero si su corazón no es recto delante de Dios, terminará pecando, tal y como le
paso al rey Amasías: “De veinticinco años era Amasías cuando comenzó a reinar, y veintinueve años reinó en
Jerusalén; el nombre de su madre fue Joadán, de Jerusalén. Hizo él lo recto ante los ojos de Jehová, aunque
no de perfecto corazón”, (2 Crónicas 25:1-2). Por esto mismo, aunque muchos habían creído; no lo habían
hecho de corazón perfecto. Jesús sabía que muchos lo seguían por la emoción del momento, o porque tal
vez esperaban recibir un milagro de los muchos que había realizado entre ellos. Otros habían creído
equivocadamente en Él, tenían un concepto diferente de Jesús como el Mesías, esperanzado que los
dirigiera en una rebelión contra el imperio Romano; cuando realmente Jesús había venido a establecer un
reino diferente. Al final, su corazón no era perfecto, y sus palabras eran cuestión de puras emociones.

CREER EN JESÚS IMPLICA CONOCER SUS DEMANDAS

           Creer en Cristo Jesús no es una cuestión solo de palabras, sino que se tiene que requiere un corazón
verdaderamente entregado a Él y se debe reflejar en nuestras acciones. El mismo apóstol Juan en su primera
carta nos habla de la importancia de manifestar las características propias de un hijo de Dios:  “En esto se
manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su
hermano, no es de Dios”, (1 Juan 3:10). Esto nos dice que realmente creer en Cristo requiere una verdadera
conversión, no es algo solo de simples palabras de pura emoción, sino realmente requiere que se cumplan
ciertas demandas que todos los hijos de Dios estamos obligados a poner por obra. Por tanto, creer en Cristo
implica en primer lugar conocer exactamente sus exigencias. Jesús lo aclaro a sus discípulos: “Entonces
Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, y tome su cruz, y
sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la
hallará”, (Mateo 16:24-25). Creer en Jesús implica que estemos conscientes de que nos espera una vida de
negaciones y dificultades, implica abandonar nuestra antigua vida de pecado. Cuando creemos en su
nombre comprendemos que no podemos seguirlo y continuar llevando nuestra antigua vida de pecado, ya
que eso le desagrada. Por ello el apóstol Pablo nos exhorta a despojarnos de la antigua manera de vivir y
vestirnos de justicia.

“En cuanto a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre, que está viciado conforme a los deseos
engañosos, y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la
justicia y santidad de la verdad”.

Efesios 4:22-24

                   En segundo lugar, creer en Cristo implica recibir y llenarnos de su palabra. Es por medio de su
palabra que el creyente llega a conocer a Jesús: “Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que
en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí”, (Juan 5:39), también, a través de su
palabra el creyente aumenta su fe: “Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”, (Romanos
10:17). Sin embargo, para ello es necesario que al momento de creer en Cristo se esté dispuesto a someterse
humildemente a su palabra: “Por lo cual, desechando toda inmundicia y abundancia de malicia, recibid con
mansedumbre la palabra implantada, la cual puede salvar vuestras almas”, (Santiago 1:21).
Lamentablemente muchos dicen ser seguidores de Cristo, pero no están dispuestos a someterse a los
requerimientos de su palabra.

En tercer lugar, creer en Cristo implica dar los frutos y señales de un verdadero seguidor. Jesús lo
aclaro cuando dijo: “Por sus frutos los conoceréis. ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los
abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol
dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Todo árbol que no da buen fruto, es cortado y echado
en el fuego. Así que, por sus frutos los conoceréis”, (Mateo 7:16-20). Cuando la Biblia habla de frutos en la
vida del creyente se refiere al carácter y todas aquellas acciones que testifican que la persona
verdaderamente ha creído en Jesús. Por eso no basta solo decir yo creo en Jesús, si sus acciones dicen lo
contrario, por ello Santiago nos dice que de nada sirve decir tengo fe, si nuestras acciones no concuerdan
con nuestras palabras: “Hermanos míos, ¿de qué aprovechará si alguno dice que tiene fe, y no tiene obras?
¿Podrá la fe salvarle? Y si un hermano o una hermana están desnudos, y tienen necesidad del mantenimiento
de cada día, y alguno de vosotros les dice: Id en paz, calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son
necesarias para el cuerpo, ¿de qué aprovecha? Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma.
Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis
obras”, (Santiago 2:14-18). Cuando realmente creemos en Jesús, su poder se manifiesta en nuestra vida a tal
punto que podemos hacer cosas semejantes a las que el realizo durante su ministerio:

“De cierto, de cierto os digo: El que en mí cree, las obras que yo hago, él las hará también; y aún mayores
hará, porque yo voy al Padre. Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”.

Juan 14:12-14

                Aunque creer exige mucho, trae grandes recompensas, entre ellas la más grande, la vida eterna,
pero también promete que su poder se manifestara en nosotros y a través de la oración responder a todas
nuestras necesidades conforme a su voluntad. Cuando creemos en Él, sus señales se manifiestan en
nosotros dando testimonio de que somos los verdaderos creyentes.

“Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;
tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán
sus manos, y sanarán”.

Mateo 16:17-18
Jesús No Se Fía de Algunos Creyentes – Juan 2:23-25
23 Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo las
señales que hacía. 24 Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos, 25 y no tenía
necesidad de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el hombre.
La mayoría de los comentaristas de la Biblia al interpretar este pasaje dicen que esas personas en la
Pascua realmente no creyeron en Jesús para salvación, por lo tanto, Jesús no se comprometió a Sí
mismo con ellos porque Él conocía la condición de incredulidad de sus corazones. Su fe fue
deficiente o insuficiente para la salvación porque sólo estaba basada en las señales que Jesús estaba
haciendo y/o ellos solo creyeron en Su nombre, no en Su persona.

Lo que afirma Juan


Juan dice que esas personas 'creyeron en Su nombre”. Cualquiera que piensa que esto no se refiere a
la salvación contradice a Juan y a su consistente registro de que aquellos que creen tienen vida
eterna (e.g. Juan 3:15-16, 36; 5:24; 6:40, 47; 11:25-26; 20:31). Contradecir el testimonio de
cualquier otro autor de las Escrituras y pone una carga enorme al interprete para probar que tiene
razón. Aun así el texto no tiene ninguna prueba explícita de que ellos no creyeron para salvación.
Esa conclusión muy a menudo es producto de la teología que enseña que la verdadera fe debe de
incluir un compromiso total a Jesús como el Señor y Amo de la vida de uno.
Algunos dicen que estos 'falsos creyentes' solo creyeron 'en Su nombre' y no en la persona de Jesús,
lo que no es suficiente para salvar. Dos observaciones para eliminar este argumento. Primero, en la
Biblia el nombre de uno representa el carácter y todo lo que uno es. Creer en el nombre de Jesús es
creer en Sus declaraciones y las de los demás de que Él es el Hijo de Dios, el Salvador, y el Mesías
(el Cristo). Entonces, creer en el nombre de Jesús es creer en Él como el Salvador. Segundo, el
Evangelio de Juan motiva a creer en el nombre de Jesús y muestra que esto resulta en la salvación
(Juan 1:12, 3:18; 20:31).
Otro intento de etiquetar a esas personas como 'falsos creyentes' argumenta que ellos sólo creyeron
en Jesús por las señales que Él hizo, no en Sus declaraciones personales. Pero no hay nada de malo
con las señales que llevan a las personas a creer en Cristo. Primero, notamos que el texto no dice
que ellos creyeron en la señales, sino en Su 'nombre', esto es, Su persona. Segundo, el Evangelio de
Juan espera que las señales provoquen fe (Juan 4:48; 12:37), lo que es precisamente cómo y por qué
Juan usa las señales en su Evangelio de acuerdo con la declaración del propósito del libro en Jn.
[Link] 'Pero éstas [señales] se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y
para que creyendo, tengáis vida en su nombre'. Juan también demuestra esto con ejemplos de fe
provocada por las señales (Juan 1:47-49; 2:11; 4:52-54; 10:41-42; 11:42-45; 20:26-29). Tercero,
Jesús Mismo motiva a la fe que está basada en las señales (Juan 1:50-51; 10:37-38; 14:11). Dios usa
las señales de la misma manera que usa la profecía y la proclamación para llevar a las personas a
creer en Cristo Jesús.
Lo que sabe Jesús
Jesús dice saber qué hay dentro de una persona y en el verso 25 lo demuestra con las historias que le
siguen al pasaje. En el capítulo 3, Jesús sabe las preguntas y los deseos que hay en el corazón de
Nicodemo cuando Él contesta la pregunta que a Nicodemo nunca se le permite hacer. Jesús sabe
que Nicodemo necesita nacer de nuevo. Jesús también demuestra Su omnisciencia en el capítulo 4
con la mujer samaritana cuando Él le dice acerca de las relaciones que ella ha tenido con varios
hombres. Ella se sorprende al escuchar Su conocimiento y piensa que Él debe de ser un profeta,
pero eventualmente se convence de que Él es el Mesías (Juan 4:29, 39-42). También, en el capítulo
6, Jesús sabe el motivo de la multitud que le sigue a través del Mar de Galilea. Él les dice que sólo
lo siguen por la comida que Él les da. Él sabe que ellos necesitan vida eterna y eso les dice (Juan
6:26-27). Nuevamente Él demuestra Su omnisciencia al declarar que Él sabe que la mayoría en la
multitud no creen en Él (Juan 6:64), y de Sus discípulos que permanecen con Él, Él sabe que uno es
un incrédulo (Juan 6:66). La Omnisciencia del Señor Jesús sabe quiénes son creyentes y quienes no
creen. Él inclusive sabe los motivos de los corazones de las personas que no se han dicho. No
debería ser una sorpresa que en Jn. 2:24Jesús conoce los corazones de aquellos que han creído en
Él. Ellos son creyentes en Cristo como Salvador así como Juan lo afirma sin lugar a dudas, pero sus
corazones no estaban totalmente comprometidos con Cristo como su Señor.
Lo que muestra la Biblia
En Juan, así como en el resto del Nuevo Testamento, creer quiere decir estar convencido o
persuadido de que algo es verdadero o digno de creer. Nunca es creer o fe modificada por obras
acerca de la veracidad de esa fe, como creer realmente, creer sinceramente, fe verdadera,
fe ilegítima, o fe falsa, o fe vtemporal. Creer o tener fe siempre quiere decir la convicción o la
seguridad de que algo es verdad. Aunque el objeto de la fe puede cambiar o fallar, esto no significa
que la fe de uno en ese objeto ha fallado.
Cuando uno cree en Cristo Jesús como Salvador, uno recibe salvación eterna, como las anotaciones
de Juan lo demuestran. Aquellos que dicen que hay ejemplos de fe falsa o fe insuficiente están más
influenciados por su sistema teológico que por las claras declaraciones de las Escrituras.

Juan mismo nos muestra que a veces los nuevos creyentes no están totalmente comprometidos con
Jesús. A los nuevos creyentes de Juan 8:31, Jesús les reta a convertirse en verdaderos discípulos
(seguidores, aprendices) a permanecer (seguir en, adherirse a) en Su Palabra. También, con ambos
Nicodemo y José de Arimatea, Juan ilustra el crecimiento de su fe de una conversación privada a
públicamente identificarse con Cristo. En Juan 12:42, aquellos que creyeron no se comprometieron
lo suficiente para confesar su fe porque ellos tenían miedo de los Fariseos.
Lo que promete Jesús
La simple verdad detrás de Juan 2:23-25 es que mientras más nos comprometemos a nosotros
mismos con Jesús, Él estará más dispuesto a comprometerse a Sí mismo con nosotros. El Discurso
del Aposento Alto en Juan 13-17 es que una íntima, permanente, y obediente relación con Jesús
produce fruto espiritual y muestra que somos verdaderos discípulos. Juan 14:21 lo dice mejor: 'El
que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por
mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él'. Por supuesto, Dios y Su Hijo nos aman y se han
revelado ellos mismos a todos. Pero en este discurso privado con Sus once discípulos, Jesús les
promete que los creyentes amorosos y obedientes pueden disfrutar un amor de familia más íntimo y
una manifestación de Su carácter. Estas son recompensas para el creyente comprometido, el
verdadero discípulo, pero probablemente no para el nuevo creyente. El nuevo creyente debe de
aprender lo que el Señor enseña para que aprenda a obedecer desde el corazón como una respuesta a
la gracia. Aquellos que responden bien a la verdad reciben más verdad porque son 'amigos' de Jesús
(vea también Juan 15:14-15).
Conclusión
Si aquellos que dice Juan que dijeron que creyeron no recibieron vida eterna, entonces debemos de
concluir que nosotros no podemos confiar en el testimonio de Juan ni en las promesas de Jesús.
Debemos también concluir que ellos realmente necesitaban creer para ser realmente salvos. Pero
¿Eso qué significa y cómo podemos saber? Podemos confiar en Juan y Jesús: aquellos que creen en
Cristo Jesús tienen vida eterna. Sabiendo esto, descubrimos una profunda verdad, que algunos que
creen y son salvos no están listos para que Jesús se comprometa a Sí mismo en una relación íntima
y profunda. Pero por el otro lado, aquellos que le han creído y obedecido a Él pueden disfrutar una
profunda manifestación de Su amor y presencia. Creemos para obtener la vida eterna; obedecemos
para experimentar esa vida en su totalidad.
Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero
Jesús no se fiaba
Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan

Introducción
En nuestro texto de hoy podemos ver uno de los propósitos de Juan
al escribir su evangelio: “Demostrar la Deidad de Jesús”. Además
también veremos que muchas personas profesaron tener fe, pero
que Jesús no confió en ellos dado que los conocía.

Diremos que ese conocimiento de Jesús provenía de un atributo


divino denominado omnisciencia, y por tanto al tocar este tema,
también mencionaremos otros pasajes en donde la omnisciencia de
Jesús es expresada en este mismo evangelio.

Además de nuestro análisis sobre el texto, también aplicaremos sus


enseñanzas a nuestras vidas, te llamaremos a la reflexión, e
intentaremos ponerte frente a Dios para que puedas reconciliarte
con Él (por si fuera necesario).

Pero antes de comenzar con este estudio, nos gustaría contarte


brevemente cuál es nuestro objetivo al presentar este comentario.

Unas palabras sobre este comentario


La presente es una porción del Comentario Bíblico sobre el Evangelio
de Juan, publicado por Gracia y Vida. El mismo pretende ayudar a los
lectores en la interpretación y en la aplicación de las escrituras a sus
vidas; teniendo además como objetivo que la lectura sea fluida y de
fácil interpretación.

Con dicho objetivo en mente, y a fin de entender los distintos


versículos de la manera más apropiada, nos ayudaremos con un
análisis del contexto y también con las herramientas hermenéuticas
necesarias para llegar a una correcta interpretación; pero todo esto
sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasiado técnicos.

Sin más, y primero que cualquier otra cosa, te invitamos a leer


atentamente el texto y orar para que el Señor te llene de su
sabiduría; sin lugar a dudas Él será la gran fuente de toda verdad y
de todo entendimiento. Hecho ésto, ahora sí comencemos con el
estudio de los versículos que nos convocan, leamos:

El texto
 Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos
23

creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. 24 Pero Jesús, por


su parte, no se confiaba a ellos, porque conocía a todos, 25 y no tenía
necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues Él
sabía lo que había en el hombre.
Juan 2.23-25 – LBLA

Comentario del Texto Bíblico


23

Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su


nombre al ver las señales que hacía
Juan nos habla sobre un lugar y un momento determinado, nos dice
que en aquel momento y en dicho lugar muchos creyeron en el
nombre de Jesús. Pero aunque estos detalles sean específicos y
claros para nosotros, entender en qué creyeron y cuál fue el alcance
de su fe se transforma en un aparente dilema. ¿Tuvieron aquellos
una fe salvadora? 
Decimos que es difícil de entender cuál fue el tipo de fe del que se
habla, dado que en el siguiente versículo, Juan nos dice que Jesús no
se fiaba de ellos. Esto nos lleva a pensar en que la fe de los tales,
posiblemente les alcanzara para creer en Jesús como Mesías, pero
no como para acercarse a Dios, cambiar su corazón y comenzar a
vivir según las enseñanzas de Jesús.
Tal vez sólo creyeran que Jesús era el Mesías político-militar, que
venía a liberarlos del imperio romano. En definitiva, todos entendían
que eso es lo que haría el Mesías, hasta sus discípulos. (Sin
embargo, Jesús en vez de aquello, lo que vino a establecer fue un
Reino espiritual en el corazón de todos los que le aceptamos como
Señor y Salvador).
Lo que debemos comprender aquí es que no toda fe es una fe
salvadora. Hay muchos que creen en Dios, pero su fe no les alcanza
para entregar sus vidas a Él. Y, aunque tantos creen en que Jesús es
el Hijo de Dios, aún así no se arrepienten por sus pecados ni lo
toman como su Salvador, ni menos como su Señor. ¿No es eso lo
que sucede con muchos?

Incluso, yéndonos al extremo, tenemos el ejemplo del Diablo, quien


conoce y cree, pero sin embargo, eso no lo lleva a ser salvo. Es más,
conocer bien las escrituras tampoco le garantiza nada (¿Recuerdas
cómo sabía qué textos citar mientras tentaba a Jesús en el desierto?
– Mateo 4.1-17. Obviamente que los torció como quiso, pero no los
inventó, sino que los conocía muy bien).

Meditación
De estar en lo cierto respecto de nuestra interpretación, eso nos
colocaría frente a una gran señal de PRECAUCIÓN, la cual nos
llevaría a preguntarnos: ¿Qué tipo de fe tenemos? Y también, ¿Hasta
qué punto nuestra fe es verdaderamente una fe salvadora? Dicho de
otro modo: ¿Estás segura/o de tu salvación?

Sin lugar a dudas, si tu fe es auténtica, el Espíritu Santo te dará la


convicción de que eres hijo de Dios, lee Romanos 8.16. Esto es
posible porque Dios nos ha enviado su Santo Espíritu en el momento
de ser adoptados como hijos, lee por favor Gálatas 4.6. 

Si hoy no sientes esa convicción en tu mente, alma y espíritu,


permítenos aconsejarte la siguiente lectura: Qué debo hacer para ser
un/a hijo/a de Dios. (Si lo prefieres también puedes escribirnos e
intentaremos ayudarte con los pasos necesarios). Dios te llene de Su
luz y te conduzca a Su verdad. Amén.

Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

Volviendo al análisis del texto:


Aquellas personas del pueblo decían creer en “Su Nombre”, pero
aún así, un año más tarde* elegirían a Barrabás en vez de a Jesús y,
momentos más tarde gritarían: “¡Crucifíquenlo!”. Aquella no era una
fe verdadera. ¿Cierto? ¿Tú qué crees? 
Es por eso que Jesús no se fiaba del pueblo, porque Él los conocía
a todos, como dice el siguiente versículo.

Ahora, no podemos decir esto de todo el pueblo, dado


que obviamente algunos creyeron verdaderamente en Él y
acompañaron más tarde a los doce. Ve por ejemplo a Nicodemo,
quien no solo intervino a favor de Jesús (Juan 7.50), sino que
incluso, junto con José de Arimatea, lo llevó a una tumba nueva y le
dio una sepultura una vez muerto (Juan 19.38-42).
La fe de estos últimos los distinguió de la multitud, ellos sí
creyeron con una fe verdadera e hicieron todo lo que su fe les
demandaba. ¡Qué contraste con el resto del pueblo! ¡Cuán buen
ejemplo para nosotros! Esto debe ayudarnos a revisar nuestra propia
fe e identificar qué tipo de fe tenemos. 

Y por esto mismo, quisiéramos dejarte algunas preguntas sobre tu


fe: ¿Es verdadera, es decir, te lleva al servicio de tu Señor? ¿Te
mantiene firme en medio de pruebas y conflictos? ¿O es como la de
aquellos que navegan y se extravían frente a los problemas de la
vida? ¿De qué manera justificas que tu fe es verdadera?

Por favor lee el siguiente texto: Santiago 1.5-8, nota la advertencia,


entiende el espíritu de las palabras del pastor. Una fe auténtica es
la que busca mantenerse siempre firme. Gracia y Vida tiene un
comentario sobre Santiago 1.5-8 – Pedir con fe por sabiduría de
Dios. Si quieres, puedes seguir el link y leer el estudio sobre aquel
precioso texto.

*Aclaración en cuanto a la cronología en este texto


Cinco párrafos hacia arriba, hacíamos referencia al tiempo indicado
por Juan sobre lo acontecido en estos textos. Sabemos bien que lo
narrado por Juan aconteció en las fiestas de las pascuas, según lo
explicitado en el texto, pero lo que no sabemos es en cuál de ellas.

En el estudio anterior decíamos que la limpieza del Templo fue un


hecho que sucedió casi seguramente en el tercer año del ministerio
de Jesús, por lo cual, tal vez pudiéramos asociar estos hechos a esa
etapa de su ministerio, pero en verdad, lamentablemente no
podríamos asegurarlo.

Ya hemos hablado de cómo ordena Juan sus relatos en otros


estudios, ver por ejemplo el comentario anterior: “Juan 2.14-17 –
Jesús echa a los mercaderes del Templo”. En ellos hemos expresado
que a este escritor bíblico no le preocupaba la exactitud cronológica
sino que su mensaje sea espiritual, teológico y sencillo para sus
lectores.

Siendo éste el caso decimos que, determinar si este hecho aconteció


en el primer, segundo o tercer año del ministerio de Jesús, no tiene
tanta importancia como entender el mensaje que de él podemos
extraer. Lógicamente, claro está, hubiéramos querido poder
determinar el momento exacto, pero no contamos con todos los
datos necesarios.

Por favor, si te es posible, no te quedes en este detalle, sino sigue


adelante con tu estudio.

Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba


24 

Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a ellos, porque conocía a todos


Para entender mejor este versículo veamos algunas otras
traducciones del mismo:

Pero Jesús mismo no se fiaba de ellos, porque conocía a todos


(RVR1960)

En cambio Jesús no les creía porque los conocía a todos (NVI)

Pero Jesús no confiaba en ellos, porque los conocía a todos (DHH)


Jesús, no confiaba, no les creía, ni se fiaba de ellos. Ésta es la razón
por la cual interpretamos así la fe del pueblo en el versículo
anterior. Jesús, al ser omnisciente, sabía bien qué había en el
corazón de las personas. Eso es lo que dice el siguiente versículo.

Esto nos ayuda a entender el comportamiento de Jesús y sus


palabras para con el pueblo. Ni hablaba ni se comportaba cómo
ellos querían, sabía que la multitud no era espiritual sino únicamente
terrenal. Y por su parte, ellos no estaban preparados para un Reino
espiritual, pero tampoco lo buscaban, ni lo querían…

Reflexión
¡Cuán lamentable tener que decir esto del pueblo! ¿No te parece
muy duro? También a nosotros, pero al parecer, era su realidad. Por
eso: Quiera Dios ayudarnos para que nuestros ojos estén en las
cosas espirituales y no en lo terrenal. Recordemos el consejo de
nuestro Señor al decir: 

 No os acumuléis tesoros en la tierra, donde la polilla y la


19

herrumbre destruyen, y donde ladrones penetran y roban; 20 sino


acumulaos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni la herrumbre
destruyen, y donde ladrones no penetran ni roban; 21 porque donde
esté tu tesoro, allí estará también tu corazón.
Mateo 6.19-21 – LBLA

¿Dónde estará nuestro corazón? ¿En qué invertimos nuestro tiempo


y energía?

Que nuestros anhelos no nublen nuestro entendimiento, que


nuestras metas sean las adecuadas a la vista de nuestro Padre, y que
la sabiduría que nos guíe sea siempre la de nuestro Señor; no
solamente nuestra inteligencia, ni nuestro entendimiento natural. 

Si tan solo pudiéramos ver la vida como Él la ve, de seguro seríamos


mucho más felices y tendríamos mucha mayor paz. Nunca nos
olvidemos que Él nos regala esa sabiduría siempre que se la pidamos
con fe (recuerda por favor el texto de Santiago 1.5, ya nombrado
más arriba).

Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

Volviendo al pueblo del tiempo de Jesús


Ellos únicamente buscaban revivir la Gloria de los reinos de David y
Salomón; conseguir la independencia del imperio romano, y
continuar con corazones de piedra (Ezequiel 11.19), adorando a
través del cumplimiento de reglas y ritualismos, mientras
continuaban con sus vidas alejadas del corazón de Dios.

Lamentablemente esto es algo en lo que no pensaban, de lo que no


se daban cuenta… Es más, les parecía todo lo contrario, que servían a
Dios y que hacían lo que a Él le agradaba. Cuán triste su situación.
¿Cierto?

A veces nos preguntamos por qué Jesús les hablaba con tantas
parábolas (Mateo 13.34). Decimos: Pero si les hubiera hablado
claramente, ¿No hubieran entendido? ¿No se hubiesen salvado más
personas? ¿No se hubieran arrepentido? Y por último, ¿No le
hubieran seguido?
Pero en realidad, su condición espiritual, su orgullo, su ceguera no
les permitía ver, sin importar de qué manera se lo hubieran
explicado. Cuando Jesús hablaba de cosas espirituales, ellos solo
entendían lo terrenal. Veremos mucho sobre este tema en otros
textos más adelante.

Pero por ahora, solo quisiéramos hacerte notar que esto es algo que
el mismísimo Jesús resalta, por ejemplo, en su conversación con
Nicodemo (Juan 3.12). Si hablaba de lo espiritual no entendían, si
hablaba de lo terrenal tampoco entendían. Al final, no importaban
las maneras ni el contenido, ya que no estaban preparados ni
querían estarlo.

Pensemos juntos un poco más


¿Será éste un buen momento para pensar acerca de nuestros
corazones y de nuestra visión de lo espiritual? Veamos, ¿Podrías
responder las siguientes preguntas?

¿Estamos listos para recibir mayores revelaciones espirituales?


¿Tenemos nosotros el discernimiento espiritual que Dios espera que
tengamos? 

¿Cuáles fueron tu respuestas? ¿Te percibes tan cerca de Dios como


deberías estar? ¿Tan maduro como Él lo hubiera esperado? Quiera
Dios ayudarnos para que lo estemos, pero a su vez, recordemos que
todo eso también depende de nuestra entrega, fe, determinación y
voluntad.

Pongamos de nosotros todo lo que esté a nuestro alcance para que


así sea. ¿Estás de acuerdo?

Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

25 
Y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues Él sabía lo que
había en el hombre

La omnisciencia de Jesús
En otros muchos lugares de nuestro comentario hemos dicho que
Juan pretende resaltar la deidad de Jesucristo en su evangelio. Éste
es un versículo que expresa explícitamente que el conocimiento de
Jesús excedía los límites naturales de cualquier persona. Juan nos
habla aquí de la omnisciencia del Señor Jesús.

Ya habíamos hablado sobre su omnisciencia en el pasaje en


donde Natanael conoció a Jesús, en Juan 1.43-46; allí vimos que
Jesús sabía muy bien en dónde había estado aquel que sería su
discípulo (a partir de aquel momento). Pero estos son solo dos de
muchos otros ejemplos.

Lo veremos también en Juan 4.17-18 con la respuesta de Jesús a la


mujer samaritana; en Juan 6.15, en donde Jesús se anticipa a los
planes de quienes quieren forzarlo a ser rey; en Juan 16.19 en
donde Jesús sabe lo que se están preguntando sus discípulos y
en 16.22 donde se nos muestra que no solo sabe el presente sino
también el futuro.

Estos últimos sólo han sido unos pocos ejemplos, seguramente


podrás hallar muchos más, pero nos bastan para entender que su
conocimiento era total y que el mismo, entre otros muchos
atributos, lo declaran como Dios y no solo como un ser humano
común. Claramente vemos que Juan cumplió eficazmente con su
meta.

Su conocimiento sobre todos los hombres


Ese “saber lo que había en el hombre” implica un conocimiento
íntimo de la condición, de los pensamientos y de la situación
de  cada hombre. Notar que la frase aquí abarca más que a un solo
hombre, se aplica a toda la humanidad. Jesús no necesitaba que
nadie le viniera a contar qué pensaban o qué sentían. Él lo sabía muy
bien.
Ese conocimiento fue el que le hizo desconfiar de la fe que aquellas
personas decían tener. Pero más allá de aquellos hombres, él sabía
y sabe lo que hay dentro nuestros corazones y mentes. Sabe si en
verdad le creemos, si confiamos en Él, si queremos o no serle fieles.
Sabe si le seguimos o si solo lo buscamos para sacar algún provecho,
así como lo hacían aquellos hombres de su tiempo.
Bien podríamos fingir delante de todos los demás, pero delante de Él
no tiene ningún sentido. Jamás podríamos engañarle. Sigue siendo
actual y real para nosotros el mandamiento de amar a Dios con todo
el corazón, con toda nuestra alma y con toda nuestra mente (Mateo
22.37).

Nuestra búsqueda por tanto debe ser sincera y real, no podemos


andar por la vida creyendo en ciertos momentos y en otros
desconfiando; intentando caminar por el camino angosto en
determinados momentos, y en otros, desandando nuestros pasos de
fe. Eso solo nos muestra como inconstantes y como inmaduros
delante de nuestro Señor. 

Es algo que para nada aprovecha. ¿Estás de acuerdo?


Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero Jesús no se fiaba

Recordemos aquel texto en el cual la samaritana le preguntó a Jesús


por un lugar en donde adorar, pero Él respondió que lo único
importante sería adorar con todo el corazón, con una fe sincera y
haciendo carne en nuestra vida los ejemplos y enseñanzas de
nuestro mayor ejemplo: Jesucristo. Eso es lo que Él quería decir con
“en espiritu y en verdad” (Juan 4.23).

Por tanto, permítenos preguntarte: ¿Cómo es tu fe? ¿Qué ve Él


cuando te observa? Búscale en verdad y de corazón. Él te ayudará a
caminar por sus caminos. Y si te has caído o si te has desviado, pero
con firmeza de convicción quieres seguirle, no te desanimes, Él te
entiende y te conoce mejor que nadie. Sigue adelante, pídele su
ayuda y Él obrará a tu favor.

Pero si eres inconstante, si tu fe no es auténtica, si no te has decidido


todavía: No pierdas más tu tiempo. ¿Qué haces de tu vida? ¿Hacia
dónde crees que estás yendo? Nadie puede Jugar con Dios. Toma ya
tu decisión y vuélvete a Dios para que Él te perdone, te sane y te
guíe para vivir una vida que en verdad tenga sentido. 

No dejes pasar esta oportunidad. Dios te está llamando. Ahora es el


tiempo.
Juan 2:23-25 - No hay nada oculto
octubre 20, 2016

"Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su

nombre al ver las señales que hacía. Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a ellos,

porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre,

pues El sabía lo que había en el hombre."

Las redes sociales han traído con ellas núevos modelos y personas a las que seguir.

Facebook, instagram, youtube, etc. ofrecen hoy en día personas que enseñan lo maravillosa

que es su vida y todo lo que hacen. Miles de personas siguen a este nuevo tipo de personaje

público. Los intereses están cambiando y con ellos las relaciones y los modelos a quienes

seguir. Tiempo atrás una chica con millones de seguidores en todo el mundo reconoció que

todo aquello que presentaba al mundo por sus redes sociales no era más que una fachada.

Hoy más que nunca las máscaras están a l orden del día, estar tras una pantalla y poder

hablar, expresarse o incluso faltar al respeto tras la máscara llamada red social permite a

muchos aparentar lo que realmente no son para ganarse una reputación. Duranre la

Pascua, muchos se pusieron la máscara de seguidores de Jesús, empezaba a ser famoso y

porque no seguir a alguien popular. "Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta

de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales que hacía. Pero

Jesús, por su parte, no se confiaba a ellos, porque conocía a todos, y no tenía

necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues El sabía lo que

había en el hombre."
Quienes estaban siguiendo a Jesús y confiaban en sus enseñanzas, empezaron a seguirle,

aparentemente se estaba poniendo de moda, empezaba a ser un referente en muchos

aspectos, un rebelde religioso, alguien con una enseñanza nueva y revolucionaria. Pero las

modas no cambian el corazón, aparentemente puede ser así, hay atractivo en lo diferente,

pero no siempee cambio. De esta manera Jesús aún viendo todos aquellos que le seguían,

sabía que no eran suyos, conocía sus corazones.

Cuantos han pasado por iglesias durante los años y han desaparecido de ellas, creer, no por

asistir a una iglesia se es hijo de Dios, muchos llevan máscaras las cuales se acaban

cayendo, otros incluso son lobos vestidos de ovejas que lo único que buscan es destruir.

Nosotros no podemos saber quien hay tras cada máscara, pero podemos estar tranquilos,

Crsito si lo sabe, Él conoce los corazones de cada uno de nosotros, nada hay oculto. Por

tanto, quitemos nuestras máscaras, busquemos a Dios mientras puede ser hayado y

amemosle, amemosle de todo corazón y llegará el día cundo vuelva que estaremos con Él

en gloria.
JESUS CONOCE QUIEN ES QUIEN (JUAN 2:23-25)
La primera señal milagrosa que hizo Jesucristo en la tierra fue convertir el agua
en vino. Eso sucedió en Caná de Galilea. Como la Pascua estaba cerca se fue a
Jerusalén, pero cercano al templo vio a una muchedumbre haciendo negocios con
bueyes, ovejas y palominos. Al mismo tiempo la casa de oración se había
convertido en una mesa cambiaria, lo cual provocó en él su primera gran
reacción de violencia, pues volteó las mesas de los cambistas y les dijo que su
casa era de oración y no de negocios.  Eso cumplía una profecía que decía: el
celo de tu casa me consume (Salmo 69:9). Los judíos le pidieron señales
corroborativas de su autoridad por la cual hacía estas cosas, y Jesús les
dijo: destruyan este templo y lo reconstruiré en tres días (Juan 2:19). Esta fue
una gran metáfora, pues hablaba de la señal de Jonás, de su muerte y
resurrección. Por supuesto, no le entendieron.

Sin embargo, mientras estaba en Jerusalén en el tiempo de la celebración de la


Pascua, muchos creyeron en él, porque veían las señales que hacía (otros
milagros, por supuesto). Un milagro es una señal extraordinaria, algo no habitual
hecho por métodos no comunes. Esos actos sobrenaturales que le acompañaban
movieron el corazón de muchos a seguirle y a creer en él. Pero el milagro del
signo no es una garantía de ser oveja, a pesar de que mueva a la gente a creer.
Jesús no confiaba en el creer de esta gente, porque conocía a toda la
humanidad. No necesitaba el testimonio de alguien para saber si era o no cierto
que creían en él, porque él conocía y conoce lo que hay en el corazón del
hombre (Juan 2: 23-25).

Es interesante que esta actitud la mantuvo siempre durante su ministerio en la


tierra. A la mujer samaritana le dijo que ellos adoraban lo que no sabían, porque
la salvación venía de los judíos. Recordemos que los samaritanos venían de la
división del reino de David, por lo tanto estaban al tanto de las Escrituras, de que
era necesario obedecer la ley de Moisés. No obstante, adoraban lo que no sabían,
como le sucedía a los judíos del momento, que tenían celo de Dios pero no
conforme a ciencia o conocimiento (Romanos 10).

La perversión farisaica lo acusaba de sanar a un paralítico en un día sábado. El


sábado era más sagrado para ellos que el Dios del sábado. En otros términos,
habían convertido ese día de la semana en un ídolo. Pero Jesús respondió ante
tales reclamos con un argumento de autoridad: Mi Padre hasta ahora trabaja, así
como yo también trabajo. Si Dios trabaja en el día de descanso, ¿por qué razón
no habría de hacerlo el Hijo? ¿Violentaba esta actitud el mandamiento de guardar
el sábado como reposo? No, sino que aquellas cosas ordenadas eran figura de lo
que habría de venir (Hebreos), de manera que lo que se implicaba con el sábado
era el reposo en el cual los creyentes habrían de entrar. Nuestro reposo es
Jesucristo, si realmente hemos creído como ovejas en el Pastor.
Jesús manifestó que su testimonio era mayor que el de Juan el Bautista, ya que
hacía las obras encomendadas por el Padre. Esas obras maravillosas daban
testimonio de que él había sido enviado por el Padre. También les dijo que no
tenían la palabra de Dios dentro de ellos porque no habían creído en quien el
Padre había enviado. Esa gente que estaba a su alrededor vivía en continua
contradicción de espíritu: oían su palabra, le seguían por sus milagros, se
maravillaban, algunos estudiaban las Escrituras porque les parecía que daban
testimonio del Mesías, pero rechazaban ir a él para tener vida. Jesús sabía que
ellos no tenían el amor de Dios en ellos, por lo cual podían recibir a cualquiera
que viniera en su propio nombre. La razón de todo este asunto que le sucedía a
esa gente alrededor de Jesús se hallaba en que ellos buscaban la gloria humana
pero no la de Dios. Estaban tan aferrados a la ley de Moisés que aunque se
maravillaban con las señales de Jesús no le creían, pues para ellos la ley era
superior al evangelio anunciado. Malinterpretaron las Escrituras, pues si
realmente hubieran creído en Moisés también habrían creído en el Mesías (Juan
5: 46).

Las Escrituras son las que atestiguan de Jesucristo. Si no se examinan no se


puede creer en el Mesías anunciado. Jesucristo siguió con su ministerio y sucedió
lo que se conoce como el milagro de los panes y los peces. Cerca de cinco mil
personas fueron alimentadas en base a cinco panes y dos peces. La multitud
creyó que ese era el Profeta anunciado para el mundo. Al día siguiente, la
multitud se metió en unos botes y viajaron a Capernaún para buscar a Jesús. Al
verlo le preguntaron: Maestro, ¿cuándo llegaste aquí?  Pero Jesús no buscaba
seguidores, como lo hacen muchos activistas religiosos. El les declaró que le
seguían porque habían comido suficiente, ni siquiera lo hacían por el milagro
mismo sino por ganas de hartarse (Juan 6: 26). Ellos le preguntaron qué debían
hacer para hacer las obras de Dios, pues habían escuchado de él que debían
trabajar por la comida que no perece, por la que permanece para vida eterna.

Pero la respuesta de Jesús fue simple y sigue siendo la misma hoy día: Esta es la
obra de Dios, que crean en quien él ha enviado. Pero la testarudez judía no tenía
límite, como sucede hoy día con los incrédulos. Le pidieron una señal que
pudieran ver para creerle. Se remitieron a lo que sus ancestros habían
atestiguado, el maná comido en el desierto. Se regocijaban de que sus padres
habían comido el pan del cielo. Pero Jesús de inmediato les volteó el argumento:
les afirmó que Moisés no les había dado el pan del cielo, sino que su Padre les
colocaba ante ellos el verdadero pan del cielo. Pues el pan de Dios es aquel que
desciende del cielo y da vida al mundo. La multitud quedó impresionada con
estas palabras y le pidieron muy respetuosamente que les diera a comer ese pan
siempre.

En otros términos, los seguidores de Jesús querían comer ese pan del cielo,
querían esa vida eterna. Tenían celo de Dios en alguna medida, estaban
orgullosos de su pasado con Moisés y el maná comido en el desierto. Habían visto
y sido beneficiarios del milagro de los panes y los peces. Pero Jesús les dijo que a
pesar de todo lo presenciado ellos no eran creyentes. Pero yo les digo que
aunque me habéis visto no habéis creído (Juan 6: 36). Jesús les agregó lo
siguiente: Todo lo que el Padre me da, viene a mí, y al que a mí viene no le echo
fuera...Y esta es la voluntad del que me envió: que de todo lo que él me diere
no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (Juan 6: 37 y 39).

Los judíos comenzaron a murmurar molestos porque les había dicho que ellos no
creían en él.  Como quedaron al descubierto intentaron racionalizar la razón por
la cual no habían creído: ¿no es este Jesús el hijo de José?  Pero Jesús no les
consoló para nada, sino que les dijo que dejaran de murmurar, y les recalcó la
razón por la que murmuraban: Nadie puede venir a mí, a no ser que el Padre que
me envió lo traiga. Y yo le resucitaré en el día postrero. Está escrito entre los
profetas: Y ellos serán enseñados por Dios. Cualquiera que haya oído al Padre y
haya sido enseñado por él vendrá a mí...Cualquiera que crea tendrá vida eterna.
Yo soy el pan de vida (Juan 6: 44-48).

Ante la reiteración de Jesús de que ellos no creían en él, se volvieron literales,


tratando de encontrar incoherencia en sus palabras. ¿Cómo puede este hombre
darnos a comer su carne? (Juan 6: 52).  Les sucedió algo parecido a lo de
Nicodemo, quien no entendía cómo era posible nacer de nuevo. ¿Será que hay
que volverse a meter en el vientre de la madre? El absurdo de la metáfora se
busca en la superficie de sus palabras, para desviar el sentido de ella. Jesús
siguió hablándoles para causarles mayor rareza: ahora añadió la necesidad de
beber su sangre y no solo de comer su carne. El que come mi carne y bebe mi
sangre permanece en mí, y yo en él (verso 54). Jesús les declara que él es el
verdadero pan del cielo, no el simple maná con el que sus padres se alimentaron
en el desierto.

La gran sorpresa para el lector de la Biblia es lo que sigue: Cuando muchos de sus
discípulos oyeron esto, dijeron: Dura es esta palabra, ¿quién la puede oír? (verso
60). Jesús sabía todas las cosas y por eso les preguntó retóricamente: ¿Esto os
ofende? (verso 61)...Es el Espíritu el que da vida, la carne no ayuda para
nada ...Porque hay algunos entre vosotros que no creen (Porque Jesús sabía
desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién le había de entregar).
(versos 63-64).  Lo mismo le había dicho a Nicodemo, que el nuevo nacimiento
venía de arriba, de voluntad de Dios y por operación del Espíritu (Juan 3). Pero
remata con una sentencia reiterativa de todo la razón por la cual no creían: Por
esto es que os he dicho que nadie puede venir a mí a menos que sea garantizado
por el Padre (verso 65).

Después de estas cosas muchos de sus discípulos se regresaron y no caminaron


más junto a él. El paralelismo entre estos eventos y lo que acontece hoy día en
las iglesias y fuera de ellas es asombroso. Recordemos que Jesús dijo estas cosas
en la sinagoga de Capernaún. Si alguien enseña esta misma doctrina en un
templo cristiano se encontrará con un grupo numeroso con igual reacción.
Solamente once de entre todos sus discípulos que ya habían conocido su palabra
y anhelaban comer del pan de vida eterna creyeron verdaderamente en su
palabra. A esta doctrina de Jesús la llaman repugnante, pero de igual forma le
cantan himnos y le tributan adoración. ¿Es esa adoración en espíritu y en verdad?
¿Acaso adoran lo que no saben? ¿Acaso tienen celo de Dios no conforme a ciencia?

Hoy día, como entonces, se ha construido un ídolo que suplanta al Dios viviente.
Es la forma humana y racional de como percibimos que ha de ser el Dios sobre el
que hemos escuchado hablar. Algunos más atrevidos leen las Escrituras y las
tuercen, para su propia perdición, en el intento de configurar un dios a imagen y
semejanza de los hombres. Este es el dios de la expiación universal, colectivo y
comunitario. No se dan cuenta de que Jesús le huía a la multitud, de que habló
de manada pequeña, de que escogió apenas a doce en el inicio de su ministerio,
aunque uno era diablo para que la Escritura se cumpliese. Además exhortó a
entrar por la puerta estrecha, a caminar por el camino angosto, a no amar al
mundo sino a vencerlo.

En el capítulo 10 del evangelio de Juan Jesús es mostrado como el Buen Pastor


que da su vida por sus ovejas. Él llama a cada oveja por su nombre y va delante
de ellas. Las ovejas le siguen porque conocen su voz, y como no conocen la voz
del pastor extraño no lo siguen, sino que huyen de él. Yo soy el buen pastor, y yo
conozco mis ovejas y ellas me conocen a mí. Así como el Padre me conoce y yo
conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas (Juan 10: 14-15). No puso su
vida por los que no son sus ovejas. A los que le escuchaban y no creían en él les
dijo: Ustedes no creen porque no son parte de mi rebaño (Juan 10: 26). Y en
Juan 17 Jesús oró por sus ovejas y específicamente dijo que no pedía por el
mundo. Entonces, ¿a cuál mundo amó tanto el Padre para dar a su Hijo como
Cordero expiatorio? Jesús se lo explicó a Nicodemo, como bien relata Juan
capítulo 3. El nuevo nacimiento es obra del Espíritu por voluntad del Padre.
Además, nadie puede nacer de nuevo (ir a Jesús) si el Padre que envió a Jesús no
lo llevare a él. Jesús puso su vida por las ovejas, pero a unos les dijo que no
podían creer en él porque no eran de sus ovejas. Ser oveja es la condición sine
qua non para poder creer en Jesús. Esa cualidad del ser viene dada desde los
siglos, por el Padre de las luces. Y no hay otro Dios fuera del Dios revelado, y de
su mano no hay quien libre ni existe quien le pueda decir: ¡Epa!, ¿qué haces?
Él sabía lo que había
en el hombre
 Resource by 
John Piper

 Scripture: John 2:23–25    Topic: The Person of Christ

Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su


nombre al ver las señales que hacía.  Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a
ellos, porque conocía a todos,  y no tenía necesidad de que nadie le diera
testimonio del hombre, pues El sabía lo que había en el hombre.
Recuerde que el propósito del evangelio de Juan es que las personas puedan creer
en Jesús. Juan [Link] "Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el
Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer, tengáis vida en su nombre". Este ha
sido subrayado varias veces en los capítulos 1 y 2.

LA MISIÓN DE JUAN: QUE CREAMOS EN JESÚS

En Juan 1:12, Juan dice, "[…] a todos los que le recibieron, les dio el derecho de
llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen  en su nombre". Luego del
milagro de convertir el agua en vino en la boda en Caná, Juan dijo: "Este
principio de sus señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria, y
sus discípulos creyeron  en El". (Juan 2:11). Entonces, luego de echar a los que
cambiaban dinero fuera del templo y decir: "Destruid este templo, y en tres días
lo levantaré". Juan comentó: "Por eso, cuando resucitó de los muertos, sus
discípulos se acordaron de que había dicho esto; y creyeron  en la Escritura y en
la palabra que Jesús había hablado". (Juan 2:22).
Juan tiene un propósito. Juan está escribiendo con la visión de ayudar a las
personas a que vean la gloria del Hijo de Dios, experimenten su gracia, y crean
en Él como el Hijo de Dios y el supremo Tesoro de sus vidas y tengan vida
eterna.

HAY CREENCIAS QUE NO SALVAN

En vista de esto, Juan 2:23-25 tiene un efecto perturbador. Él dice, en esencia,


que Jesús conoce lo que hay en todo corazón, y puede ver cuando alguien cree de
una forma que no es realmente fe. En otras palabras, la habilidad de Jesús para
conocer todo corazón perfectamente lleva a la perturbadora verdad de que hay fe
que no es del tipo de fe que obtiene comunión con Jesús y vida eterna. Hay
creencias que no salvan

Entonces, hay dos formas de enfocarnos aquí. Primero está la gloria de la


omnisciencia de Jesús. Y segundo es el descubrimiento de que hay una especie
de fe en Jesús que él no aprueba ni acepta.

1) LA GLORIA DE LA OMNISCIENCIA DE JESÚS

Primero entonces, nos enfocaremos en la gloria de Cristo en su omnisciencia.


Recuerde que estamos guiados por Juan 1:14 y 16 - "Y el Verbo se hizo carne, y
habitó entre nosotros, y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre,
lleno de gracia y de verdad […] Pues de su plenitud todos hemos recibido, y
gracia sobre gracia".  Esto es lo que Juan quiere que veamos: la gloria del
Unigénito del Padre y cómo, descendiendo ese rayo laser de visión espiritual, la
gracia sobre gracia viene a de nuestras vidas.

¿Qué gloria del Hijo de Dios vemos en el texto de hoy? La vemos en el final del
versículo 24 y en todo el versículo 25: "Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a
ellos, porque conocía a todos, y no tenía necesidad de que nadie le diera
testimonio del hombre, pues El sabía lo que había en el hombre” .
Tres afirmaciones:.

Primero, la afirmación general arrolladora en [Link] "[…] conocía a todos".

Segundo, la aplicación específica de esa afirmación a la vida privada, interior, de


cada persona en 2:25. "Él sabía lo que había en el hombre".

Tercero, la consecuencia en [Link] "[…] no tenía necesidad de que nadie le diera


testimonio del hombre […]".

JESÚS CONOCE TODO ACERCA DE TODAS LAS PERSONAS

Así que la doctrina que podemos obtener de este texto es que Jesús conoce todo
acerca de toda persona. Ninguna persona queda excluida de su conocimiento, y
ninguna parte de nuestra vida queda excluida de su conocimiento. Él conoce a
todo el mundo, y conoce todo sobre todo el mundo. Aquí está lo que Jesús dijo en
Juan [Link] "[…] hay algunos de vosotros que no creéis”. Y Juan añade, "Porque
Jesús sabía desde el principio quiénes eran los que no creían, y quién era el que le
iba a traicionar". El corazón de Judas estaba abierto ante Jesús. Jesús no se
sorprendió cuando vino su traición.
Deje que esta verdad sobre Jesús se sumerja dentro de su corazón. Si usted ha
sido impresionado con el conocimiento de alguien acerca de las personas o su
sabiduría para discernir los motivos y explicar las acciones y predecir los
comportamientos, si alguna vez le ha impresionado algún personaje de ficción o
de la historia, algún consejero o erudito, el conocimiento de Jesús debería ser
infinitamente mucho más impresionante para usted.

NO HAY SECRETOS PARA JESÚS

Quizás la gloria de esta omnisciencia llegará más plenamente a nosotros si


bosquejamos algunas implicaciones personales. Esto significa que no hay
secretos totales en nuestras vidas. Quizás han tenido éxito escondiendo algo a
alguien en esta tierra, durante toda su vida Pero no lo han escondido de Jesús. La
persona a quien más le importa cómo es usted, más le conoce. La persona que
tiene el juicio más determinante sobre usted, lo conoce todo. Dejemos que esta
verdad profundice en nuestros corazones. Usted es totalmente conocido.
Totalmente. No hay la más mínima parte de su corazón que sea desconocida para
Jesús, en esta hora, en cada hora.

Por tanto, siempre hay al menos una persona con quien debe relacionarse, quien
lo conoce todo acerca de usted. Quizás puede mirar a los demás en la cara y saber
que ellos no saben algunas cosas acerca de usted. Y así moldea sus relaciones
interpersonales. Pero hay alguien que cuando usted le mira a la cara, le ve
totalmente en su interior. Si se relaciona de alguna manera con él, se relaciona
desde una posición absolutamente descubierta. Absolutamente conocida. ¡Qué
declaración tan asombrosa! Hay uno, y solo uno, quien le conoce actualmente y
le conoce totalmente. Nadie más siquiera se acerca. El conocimiento de su
conyugue acerca de usted, o de su mejor amigo, se compara al conocimiento que
tiene Jesús de usted como la matemática de primer grado a la mecánica cuántica.
Usted ha sido totalmente conocido por una persona: Jesucristo.

UN HUMANO QUE CONOCE

Por tanto, siempre tiene alguien a quien ir buscando ayuda pues él sabe quién es
usted. Uno de los grandes anhelos del alma humana es comprendernos a nosotros
mismos. ¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestra naturaleza? ¿Qué tipo de seres
humanos somos? ¿Cuál es nuestro pensamiento y sentimiento más profundo?
¿Cuáles son nuestros motivos verdaderos y más profundos? ¿Cuáles son las
relaciones más profundas en mí entre conocer y sentir y desear y hacer?

Hay un humano que conoce la respuesta completa a todas estas preguntas:


Jesucristo. ¿Recuerda las tres respuestas de Pedro a la pregunta de Jesús después
de la resurrección?: "¿me amas?", Jesús le preguntó tres veces, probablemente
porque Pedro le había negado tres veces. Pedro dijo la primera vez: "Sí, Señor, tú
sabes  que te quiero". Dijo la segunda vez: "Sí, Señor, tú sabes  que te quiero".
Dijo la tercera vez: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te quiero" (Juan
21:15-17). Siempre hay una persona que conoce perfectamente su corazón. Mejor
que usted mismo. Jesucristo.

ALGUIEN QUE SIEMPRE ESTÁ DISPUESTO A AMARLE

Por tanto, usted siempre tiene una persona que estará dispuesta a amarle,
conociendo absolutamente todo acerca de usted. Digo que él está "dispuesto a
amarle" porque Jesús tiene un pacto especial de amor para aquellos que confían
en él. Él no ama a todos de la misma forma. Escuche cómo ora en Juan [Link] "Yo
ruego por ellos;  no ruego por el mundo, sino por los que me has dado; porque
son tuyos”.  En otras palabras, Jesús intercede por aquellos que el Padre le da.
Estos son sus amigos. Estos son sus discípulos. Estos son sus ovejas. Estos son
hijos de Dios. Estos son los que han nacido de nuevo. Estos son los que creen.
¿Está usted entre estos?

"a todos los que le recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es
decir, a los que creen en su nombre" (Juan 1:12). Si le recibe, siempre habrá una
persona que le amará conociendo todo, absolutamente todo acerca de usted. Dirá
con los discípulos en Juan 16:30, "Ahora entendemos que tú sabes todas las
cosas, y no necesitas que nadie te pregunte; por esto creemos que tú viniste de
Dios”.

Oro para que este destello de la gloria de la omnisciencia del Unigénito del Padre
le haga admirarle más que a todos, y amarle y confiar en él y seguirle.

2) LA FE QUE JESÚS NO ACEPTA

Dijimos que hay dos verdades en las que nos debemos enfocar en el texto de hoy:
la primera es la gloria de la omnisciencia de Jesús. Ahora, la segunda es el
descubrimiento de que hay una especie de fe en Jesús que él no aprueba ni
acepta. Esta es la implicación de su omnisciencia en que Juan se enfoca. Él,
explica la implicación de que cuando Jesús mira al corazón de los que creen,
busca algo más que el tipo de fe que les hace hijos de Dios.

Recuerde Juan 1:12 que dice: "a todos los que le recibieron, les dio el derecho de
llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en su nombre" (Juan 1:12).
Y aquí en Juan 2:23 dice: "muchos creyeron en su nombre al ver las señales que
hacía". Parece que Jesús debiera sentirse estimulado. Pero no se sentía así. El
versículo 24 dice: "Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a ellos, porque
conocía a todos".  No es la manera en que trata a sus propias ovejas a quienes
llama por nombre, a sus propios discípulos. Cuando Jesús se aleja de ellos, está
diciendo que no están creyendo de manera que pudieran ser salvos. No son los
hijos de Dios. No están practicando a Juan 1:12. Cualquiera que fuera su fe, Jesús
no la aprobaba.

NO TODO LO QUE PARECE FE ES VERDADERAMENTE FE

Juan sigue trabajando aquí: El propósito de su libro es: "pero éstas se han escrito
para que creáis  que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios; y para que al creer,
tengáis vida en su nombre" (Juan 20:31). Así que es esencial que Juan aclare que
no todo lo que parece ser fe es realmente fe. Esto es perturbador. Pero así es la
vida. Es mejor que Jesús lo muestre, y nos ayude a lidiar con esto, que
descubrirlo por nosotros mismos cuando sea demasiado tarde.
¿Qué hay de mal con la fe que tenían? ¿Hay alguna pista aquí? Sí, hay algunas
pistas. La primera pista es la referencia a las señales y a lo que Jesús dice acerca
de esto en otra parte. Y la segunda pista es que este incidente es mencionado
como una introducción a la historia de Nicodemo que viene a continuación. Se
supone probablemente que Nicodemo represente al pueblo (de Juan 2:23) quien
creía en un sentido pero no de la manera en que Jesús lo aprobaba.

LA FE DE NICODEMO

Vea primeramente la pista de Nicodemo. Recuerde que las divisiones de


capítulos fueron añadidas después. No les preste mucha atención. Juan 2:25
termina: "pues [Jesús...] sabía lo que había en el hombre". Y el versículo
siguiente dice: "Había un hombre de los fariseos, llamado Nicodemo,
prominente entre los judíos. Este vino a Jesús de noche y le dijo: Rabí, sabemos
que has venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que
tú haces si Dios no está con él" (Juan 2:25-3:2).
Creo que este es el tipo de fe que Jesús ve en las personas: "sabemos que has
venido de Dios como maestro, porque nadie puede hacer las señales que tú haces
si Dios no está con él" (3:2) Esta es una gran declaración de fe. Es lo que algunos
judíos piadosos creían acerca de Jesús. Es lo que creen los musulmanes. Es un
gran criterio de Jesús. Él es "de Dios". Dios es "con él". Lo que hace son
"señales" del poder de Dios en él. Es una fe significativa.

LAS SEÑALES TIENEN EL PROPÓSITO DE SEÑALAR A JESÚS

Pero no es una fe salvadora. Nicodemo no había nacido de nuevo. Ese es el


mensaje de Juan 3:1-8. Nicodemo, con toda su fe, necesitaba nacer de nuevo.
Nicodemo no tenía vida espiritual. Lo que había visto era enteramente natural, no
espiritual. Aun estaba espiritualmente ciego. No ve la gloria del Unigénito de
Dios a través de la señales. Solo vio las señales, y ellas fueron tan impresionantes
que la mente natural llegó a la conclusión de que debían involucrar a Dios.

Fíjese la referencia a las señales en Juan 2:23 (esta es ahora la segunda pista de
qué estaba mal en la fe de Juan 2:23), "Cuando estaba en Jerusalén durante la
fiesta de la Pascua, muchos creyeron en su nombre al ver las señales  que hacía".
Ellos creían cuando veían las señales. Las señales tenían el propósito de
mostrarle al verdadero Hijo de Dios y lo que él representaba. Pero muchos vieron
las señales y no vieron lo que implicaban.
LA FE DE LOS HERMANOS DE JESÚS

Vea a los hermanos de Jesús como un ejemplo en Juan 7:3-5. "Por eso sus
hermanos le dijeron: Sal de aquí, y vete a Judea para que también tus discípulos
vean las obras que tú haces.  Porque nadie hace nada en secreto cuando procura
ser conocido en público.  Si haces estas cosas, muéstrate al mundo. Porque  ni
aun sus hermanos creían en El" (Juan 7:3-5).
¡Esto es totalmente sorprendente! El versículo 5 es dado como la razón por la
cual sus hermanos querían que él fuera a hacer sus milagros, ¡para llamar la
atención en Judea! Era porque ellos no  creían en él. Sabían que él obraba
milagros. Lo creían. Se emocionaban con esto, y querían que saliera al público y
recibiera la atención que se merecía. Esto, según Juan, es incredulidad. ¿Por qué?

LA HUMILDAD DE LA FE SALVADORA

La explicación se encuentra en Juan [Link] "¿Cómo podéis creer, cuando recibís


gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?". En
lo más profundo (donde solo Jesús podía ver), sus hermanos amaban la gloria del
hombre. Y vieron a Jesús, el obrador de milagros, como su oportunidad de un día
al descubierto. Se pondrían sus faldones para llamar la atención humana.

En otras palabras, la fe salvadora, real, en Jesús, es humilde. Es característica de


la gente quebrantada. No es característica de los que aman el poder, o los que
aman la popularidad, o los que aman las señales y maravillas.

EL PELIGRO DE BUSCAR SEÑALES

Oh cuán precario es ser un buscador de señales. Tantas personas hay hoy que van
de un evento de señales y milagros a otro. Anhelan lo espectacular. Siguen al
obrador de señales más reciente. Hasta que abandona a su esposa. O se escapa en
su jet con el dinero de todos. Jesús nos advierte en este sentido. Aquí está lo que
dijo en Mateo [Link] "Porque se levantarán falsos Cristos y falsos profetas, y
mostrarán grandes señales y prodigios, para así engañar, de ser posible, aun a los
escogidos".

Hacen señales reales. Milagros asombrosos. ¿Y qué harán entonces los


buscadores de señales? Dejarán de seguir a Cristo. Pero, ¿no tenían fe? Un tipo
de fe. Esto es lo que Jesús nos advierte aquí para el bien de nuestras almas.

¿ATRAÍDOS SOLAMENTE POR LAS SEÑALES Y MILAGROS?

Permitamos que el apóstol Pablo tenga la última palabra de las Escrituras. Él


describe el fin de los tiempos de esta manera en 2da a los Tesalonicenses 2:9-10:
"[el] inicuo cuya venida es conforme a la actividad de Satanás, con todo poder y
señales y prodigios mentirosos1, y con todo engaño de iniquidad para los que se
pierden, porque no recibieron el amor de la verdad para ser salvos". Habrá
señales y maravillas en los últimos días antes de la llegada de Jesús. Serán reales.
Y serán mentirosas, llenas de falsedad. Y muchos que profesan fe en Cristo (un
tipo de fe, y una fe irreal, una fe que no ama la verdad), abandonarán esa fe en
Jesús, el obrador de milagros (como ellos le ven), para creer en otro obrador de
milagros que parece más impresionante. Y perecerán.
Así que el tema de hoy (a medida que enlazamos las dos mitades del sermón)
es: ¿está su fe basada en una visión espiritual de la gloria del unigénito
Hijo del Padre, lleno de gracia y verdad? Ve a Cristo y a su cruz como a una
verdad gloriosa e irresistible. ¿O es atraído solo por las señales y milagros?
LA CRUZ Y SU MAYOR GLORIA

Permítanme terminar con una palabra acerca de la cruz de Cristo, la muerte de


Cristo. Usted pudiera pensar que un hombre que puede ver perfectamente en el
corazón de cada alma y saber qué está pensando y sintiendo y planeando cada
cual, podría ir por la vida evitando todos los daños humanos. Él puede ver
fácilmente todos los pensamientos de maldad y alejarse. Es cierto. Podía. Si ese
hubiera sido su plan.

Pero no era el plan de Jesús. Él sabía lo que había en el hombre, incluyendo a


Judas (Juan 6:64). Y escogió cuándo y dónde y por qué moriría. Y lo hizo por
usted. Si le ve a él y a su cruz como la mayor gloria, y cree en él, el Cordero de
Dios quitará todo su pecado, y tendrá vida eterna. Él es un glorioso Salvador.
Amén.

1 La versión LBLA "y señales y prodigios mentirosos" da la impresión de que

son trucos y no milagros reales. Ese no es el significado detrás de la frase "de


mentiras" en el original (griego pseudous). El significado es que son reales pero
mienten. Engañan. Guían a las personas en una mala dirección.
Juan 2:23
Cuando estaba en Jerusalén durante la fiesta de la Pascua, muchos creyeron en
su nombre al ver las señales que hacía.
Comentario de Matthew Henry
2:23-25 Nuestro Señor conocía a todos, su naturaleza, las disposiciones, los
afectos, los diseños, con el fin de que no conocemos ningún hombre, ni siquiera a
nosotros mismos. Él sabe que sus enemigos astutos y todos sus proyectos
secretos; sus falsos amigos y sus verdaderos caracteres. Él sabe que son
verdaderamente suyo, sabe su rectitud, y sabe sus debilidades. Sabemos lo que
se hace por los hombres; Cristo sabe lo que hay en ellos, se trata del corazón.
Tenga cuidado con una fe muerta, o una profesión formal de:, profesores vacías
carnales no son de fiar, y sin embargo los hombres imponen a los demás oa sí
mismos, no pueden imponer al Dios que escudriña el corazón.

Juan 2:24
Pero Jesús, por su parte, no se confiaba a ellos, porque conocía a todos,
Comentario de Matthew Henry
2:23-25 Nuestro Señor conocía a todos, su naturaleza, las disposiciones, los
afectos, los diseños, con el fin de que no conocemos ningún hombre, ni siquiera a
nosotros mismos. Él sabe que sus enemigos astutos y todos sus proyectos
secretos; sus falsos amigos y sus verdaderos caracteres. Él sabe que son
verdaderamente suyo, sabe su rectitud, y sabe sus debilidades. Sabemos lo que
se hace por los hombres; Cristo sabe lo que hay en ellos, se trata del corazón.
Tenga cuidado con una fe muerta, o una profesión formal de:, profesores vacías
carnales no son de fiar, y sin embargo los hombres imponen a los demás oa sí
mismos, no pueden imponer al Dios que escudriña el corazón.

Juan 2:25 ►
y no tenía necesidad de que nadie le diera testimonio del hombre, pues El sabía lo que
había en el hombre.
Comentario de Matthew Henry
2:23-25 Nuestro Señor conocía a todos, su naturaleza, las disposiciones, los afectos, los
diseños, con el fin de que no conocemos ningún hombre, ni siquiera a nosotros mismos. Él
sabe que sus enemigos astutos y todos sus proyectos secretos; sus falsos amigos y sus
verdaderos caracteres. Él sabe que son verdaderamente suyo, sabe su rectitud, y sabe sus
debilidades. Sabemos lo que se hace por los hombres; Cristo sabe lo que hay en ellos, se
trata del corazón. Tenga cuidado con una fe muerta, o una profesión formal de:, profesores
vacías carnales no son de fiar, y sin embargo los hombres imponen a los demás oa sí
mismos, no pueden imponer al Dios que escudriña el corazón.

Lo que significa creer en Jesús (Juan 
2:23-25)
Lo que significa creer en Jesús (Juan 2:23-25)
INTRODUCCIÓN
             Juan
paso al rey Amasías: “De veinticinco años era Amasías cuando comenzó a reinar, y veintinueve años reinó en
Jerusalén; el nomb
mansedumbre  la  palabra  implantada,  la  cual  puede  salvar  vuestras  almas”,  (Santiago  1:21).
Lamentablemente  muchos
Jesús No Se Fía de Algunos Creyentes – Juan 2:23-25
23 Estando en Jerusalén en la fiesta de la pascua, muchos creyeron en su
multitud no creen en Él (Juan 6:64 (https://biblia.com/bible/Juan%206.64?culture=es)), y de Sus discípulos que permanecen con
Juan 2.23-25 – Muchos creyeron Pero
Jesús no se fiaba
Comentario Bíblico Devocional del Evangelio de Juan
Introducción
En nue
necesarias para llegar a una correcta interpretación; pero todo esto 
sin entrar en largas discusiones, ni en detalles demasi
Tal vez sólo creyeran que Jesús era el Mesías político-militar, que 
venía a liberarlos del imperio romano. En definitiva, to
un/a hijo/a de Dios (https://graciayvida.com/que-debo-hacer-para-ser-un-hijo-de-dios/). (Si lo prefieres también puedes escri

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