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“LOS LÍDERES NORTEAMERICANOS Y LA FORMACIÓN MORAL DE LOS

JÓVENES”

Por Prof. Licenciado en Relaciones Internacionales, Federico Dall’Ongaro. Docente de la


Universidad del Salvador

La formación moral de los jóvenes, entendidos como proyecto de futuro, es condición


indispensable para asegurar que los venideros líderes sean responsables en el ejercicio de la
política.

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En una anterior oportunidad dijimos que resulta necesario que los ciudadanos
norteamericanos disconformes con el funcionamiento de su sistema político encuentren a su
“conductor o líder”, aquel que logre aunar sus voluntades de cambio y las direccione a la
participación política por vía democrática.

Habíamos también remarcado que para que esto último pueda lograrse debe darse una
formación moral de quienes conformar un proyecto político, que implica inculcar que el
accionar individual debe servir al bien colectivo máximo; en otras palabras, buscar la unión en
pos de un fin común que no es otra cosa que el bienestar de la Nación.

Las preguntas son “¿A quiénes formar para el ejercicio de la política moralmente
responsable?” o “¿En quienes inculcamos el valor de la unidad como máximo objetivo de una
nación?”. Son sin dudas slogans de campaña en todo el mundo, lamentablemente desgastados
por no poder cumplirlos porque formar lleva tiempo y compromiso.

La respuesta a las dos preguntas es, a los jóvenes. No solamente por su capacidad de absorber
conocimiento mejor que una persona adulta, sino porque son proyecto de futuro y esperanza
activa. Esto último quiere decir que “esperan” algo, pero también trabajan para conseguirlo. El
desafío está en deslizar entre sus prioridades la de contribuir a que su sociedad y país sean
mejores.

Un artículo del New York Times del viernes 5 marzo afirmaba que gran cantidad de latinos
adultos que son ciudadanos norteamericanos, han votado al republicanismo en las elecciones
presidenciales del 2020. No es algo menor, supuso una ruptura con la tendencia de sus padres
de votar al partido demócrata al considerar que éstos protegían sus derechos como minoría.
Las razones que el periódico norteamericano da para explicar el fenómeno son muy buenas,
pero no terminan de convencer. Hay algo que el republicanismo vio y los demócratas no; el
hecho de que los latinos iban a conformar un porcentaje significativo del electorado
norteamericano, y que en el futuro dejarían de auto percibirse como una minoría. Una visión
de futuro que requería comenzar a trabajar en los votantes desde jóvenes. Los líderes
republicanos lograron inculcar la noción de que la búsqueda del progreso individual era
compatible con el bien general. Un premio a la estrategia de largo plazo que cosecha sus frutos
en el presente.

La presidencia de Donald Trump ha sido todo menos moralmente responsable en su accionar;


acusaciones, teorías conspirativas, victimización, desprestigio de las instituciones y organismos
del Estado, descalificaciones, la lista sigue. Por decantación, pervierte y altera el tejido social,
sembrando la discordia y agresividad. Los hechos violentos del Capitolio no son sino el síntoma
de esto que decimos. Es una señal de alerta de que, si bien actualmente no está en peligro, la
democracia en Estados Unidos puede sufrir heridas en un futuro.

Así como los republicanos cosechan actualmente el voto latino, consecuencia de haber
empezado a trabajar sobre esa porción del electorado inculcando la idea de que el bienestar
colectivo no es incompatible con el individual, la clase política norteamericana (del partido que
sea) tiene que comenzar urgentemente a reforzar la formación para el ejercicio de la política
moralmente responsable.

Lo que dijimos en el párrafo anterior no quiere decir que el ejercicio de la política solamente
quede a cargo de los santos o en aquellos con principios tan transcendentales que se frustren
a la hora de encarar la realidad. Cada circunstancia requiere un líder distinto, pero todo líder
debe inculcar el valor de la unión nacional y la democracia como el mejor régimen conocido
hasta el momento. Se trata entonces de transmitir esto a los jóvenes y formarlos para que, con
esperanza, hagan el futuro.