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CARO

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GUADALUPE_HYUGA VANILLASOFT
LOLA’ WALEZUCA SEGUNDO

CORRECCIÓN Y REVISIÓN FINAL:


QUEEN WOLF

DISEÑO:
MORELINE
Dicen que hay un final feliz en cada historia de amor, pero nunca
mencionan las dificultades que hay que pasar para llegar allí.
Con Cane, había pasado por un infierno, y ahora iba camino al altar,
prometiéndole mi vida a un hombre por el que había arriesgado todo.

Algunos me llamarían ingenua.


Me considerarían loca.
Otros dirían que era una tonta enamorada.
Pero sabía lo que éramos, y sabía que lo que teníamos era real.

En cada matrimonio, siempre hay algo que puede detenerte o hacerte


dudar, y esta iba a ser una de nuestras guerras más grandes hasta el
momento, o nuestra mayor victoria.
Kandy
an pasado ocho semanas desde que Cane y yo volvimos de
Belice.
Ocho semanas desde que grité la palabra "¡Sí!" mientras
Cane se posaba en una rodilla frente a mí.
Cuando era pequeña, solía soñar con cómo me lo pediría. Por supuesto,
en ese entonces yo estaba delirando y él no tenía ni idea de que le amaba
profundamente, pero, aun así, siempre me pregunté cómo Quinton Cane le
pediría a una mujer que se casara con él.
¿Se volvería vulnerable al ponerse de rodillas? ¿La miraría a los ojos?
¿Diría algo profundo y dulce, o rápido y simple?
Tuve las respuestas a todas esas preguntas esa noche en Belice, y fue
uno de los mejores momentos que hemos compartido.
El matrimonio era un gran paso, uno para el que no me había
preparado mentalmente después de todo lo que habíamos pasado. Para ser
honesta, estaba perfectamente contenta con el lugar donde estábamos antes
de que me pidiera la mano en matrimonio. Éramos felices, viviendo nuestras
vidas y disfrutando de la compañía del otro, y eso era todo lo que siempre
quise.
Por ejemplo, esta misma mañana. Era feliz. Cane y yo estábamos en la
cama y comencé a despertarme cuando el sol asomó por el horizonte. Él
seguía dormido, pero cuando le pasé una mano por su pecho desnudo, gimió
y sus ojos se abrieron lentamente.
—Mmm —murmuró—. Buenos días, pequeña.
Siempre había algo en su voz por la mañana. El tono extra bajo, la
gravedad, que me hacía contraerme. Sí, contraerme.
—Te vas esta noche —dije con un suspiro. No estaba muy contenta con
eso. Pero nunca lo hacía. Cada vez que tenía que viajar por trabajo, lo
echaba de menos. Siempre me ofrecía acompañarlo, pero no quería
distraerlo. Sabía que el trabajo era el trabajo, y que necesitaba concentrarse
y estar presente la mayor parte del tiempo.
—Volveré pronto —respondió.
Me coloqué sobre él, deslizando mi cabello a un lado.
—¿Me extrañarás?
—Cada segundo —dijo, sonriendo mientras me agarraba las caderas—
. Estaré pensando en ti cada día que esté fuera. Pensando en todas las cosas
que puedo hacerte.
—Ah, ¿sí? ¿Cosas como qué? —pregunté, devolviéndole la sonrisa—.
Muéstramelo.
No dudó. Me puso de espaldas y solté un grito estridente mientras él se
apoyaba en un codo, con su rostro sobre el mío. Su mano se deslizó sobre
mi vientre, bajando hasta mi pelvis. La colocó entre mis piernas, y cuando
estuve expuesta, uno de sus dedos rozó mi coño desnudo.
—Cosas como tocarte aquí —dijo, sus labios sobre los míos.
—¿Qué más?
Ajustó su cuerpo, deslizando dos dedos dentro de mí.
—Follarte con mis dedos. —Me rozó los labios—. Sentir tu coño mojado
correrse sobre ellos.
Me quejé, y volví a contraerme.
—¿Qué... más? —Mi voz era un susurro errático mientras me
masajeaba el clítoris con la palma de la mano, sus dedos penetrando
profundamente. Continuó el masaje unos segundos más pero luego se
detuvo repentinamente—. No —me quejé—. ¿Por qué paras?
No respondió. En cambio, se movió entre mis muslos.
—¿Prefieres mis dedos…? —murmuró, la cabeza de su polla empujando
en mi entrada—. ¿O mi polla dentro de ti?
—Tu polla —jadeé mientras se entretenía. Me retorcí un poco,
necesitando el resto de él, pero no se movió, solo se rio.
—Tan impaciente, pequeña.
—Sabes que lo soy. Ahora deja de bromear.
Sus ojos se posaron sobre mí.
—¿Cómo lo quieres?
—Duro —dije, llevando mi boca hasta la suya—. Rápido —añadí—. Y
profundo. —Cuando esa última palabra salió de mis labios, le agarré las
caderas y las forcé a avanzar.
Su polla entró en mí con facilidad y un gruñido primario comenzó en lo
profundo de su pecho, escapando a través de sus labios.
Dejó caer su cabeza, aplastando mi boca con la suya mientras me
agarraba con más fuerza. Moviendo sus caderas hacia delante y hacia atrás,
me lo dio como quería.
Duro.
Rápido.
Profundo.
Me chupó el labio inferior mientras jadeaba y gemía debajo de él. Mis
uñas se clavaron en la piel de sus caderas y me soltó el labio con un tirón.
Sus ojos se fijaron en los míos y levantó una mano, enredando sus dedos en
mi cabello. Agarró un puñado y tiró hacia atrás lo suficiente para exponer
mi cuello, y luego chupó la curva del mismo.
—Jodidamente mía —gruñó en mi boca—. Toda tú me perteneces.
¿Verdad, nena?
—Sí. Soy toda tuya.
—Mi prometida —gimió, y su cuerpo se tensó, los músculos se
endurecieron.
—Tuya —murmuré erráticamente y gruñó casi instantáneamente. Su
polla pulsó dentro de mí mientras se corría, sus párpados se cerraron
cuando una de sus manos se apretó en mi cadera.
—Joder, te sientes muy bien —gimió, pulsando, moviéndose—. Nunca
me cansaré de este coño.
Cuando su cuerpo se relajó, se retiró y luego me miró, dejando caer un
beso húmedo en mis labios. Me dio otro, y solté un gemido.
Dejó caer su mano y usó las puntas de sus dedos para frotar círculos
en mi clítoris. Mi cuerpo se sacudió en respuesta, y se tragó mis gemidos,
todavía me besaba. Poseyéndome.
Su suave polla estaba ahora en mi muslo, frotándose contra mí. Sentí
los espasmos mientras me masajeaba más rápido, elevándome más y más.
—¡Oh, Dios! Cane! —grité. Su mano se sentía tan bien… y mi cuerpo
se había excitado desde el momento en que entró en mi interior. Agarré las
sábanas con una mano mientras la otra acariciaba el cabello detrás de su
cabeza, luego llegué a sus dedos, tal como había estado anticipando, y
tarareó en respuesta.
—Tampoco me cansaré de eso —murmuró en mi boca, y pude ver que
sonreía—. Ver cómo te corres por mí.
Le sonreí y, después de limpiar lo que pudimos, nos duchamos juntos,
esta vez haciendo el amor. Siempre hacíamos el amor antes de que se fuera
de la ciudad.
Para algunos el matrimonio significa armonía, pero para mí y Cane...
Bueno, no tenía ni idea de lo que significaba para nosotros. Para ser
honesta, una parte de mí tenía miedo de que un día él quisiera una familia,
y yo no sería capaz de dársela.
Aun así, no había cambiado mucho desde que nos comprometimos.
Seguimos siendo la misma pareja que amaba fuerte, y follaba aún más
fuerte, incluso después de volver de nuestro viaje. Diré que mi amor por él
era monumental, como si de alguna manera estar comprometida fuera más
profundo que solo él haciéndome una pregunta. Era como si estuviéramos
conectados por una cadena invisible pero irrompible.
Una vez que Lora lo descubrió, preguntó si podía ayudar a planear
nuestra boda, y cuando Cane y yo estuvimos de acuerdo en que sí,
inmediatamente empezó a investigar las opciones. Me aseguró que la boda
no se celebraría hasta después de mi graduación, y prometió que el proceso
sería lo menos estresante posible, siempre y cuando Cane no intentara
establecer un presupuesto bajo para ello.
Más tarde esa noche, vi a Cane salir por la puerta para llegar al auto
negro que lo estaba esperando. Neo, su chofer, se mantuvo pacientemente
junto al maletero con las manos entrelazadas al frente. Cane le había dado
su maleta, pero antes de subir al asiento trasero volvió al porche, subió los
escalones, y me tomó por la cintura dándome un apasionado y sensual beso.
Me reí al principio, y luego lo besé igual de profundo, agarrándome a su
camisa.
—Te amo, chica —dijo, alejándose, caminando hacia atrás antes de
llegar a los escalones.
—Y yo te amo, hombre. Que tengas un buen viaje. —Le di un beso
cuando se subió al auto. Neo cerró la puerta tras él, y antes de que me diera
cuenta, se estaba alejando.
Suspirando, volví a la casa y subí las escaleras, donde vi a Lora salir
de su habitación.
—¡Oye, bomboncito! —dijo.
Me reí.
—Oye. ¿Quieres ver una película esta noche?
—¡Kandy Jennings! —Jadeó—. ¿Me estás pidiendo una cita?
Me eché a reír, entrando en la habitación que compartía con Cane. Lora
me siguió mientras caminaba hacia el armario y saqué una manta y mi par
favorito de calcetines de peluche.
—Solo una película, no te emociones. —Le guiñé un ojo.
—Seguro, no veo por qué no. Oh, ni siquiera te he hablado de la tienda
de novias que encontré. Está en Charlotte. Fui a verla, y los vestidos son
jodidamente impresionantes, Kandy. Te encantarán.
—Pero, ¿son super caros? —pregunté, presionando mis labios y
cerrando la puerta del armario.
Se mofó.
—¡Uh-uh! No voy a dejar que andes por ahí con una mierda de dos
dólares, ¿vale? Solo lo mejor para ti. ¿Lo entiendes?
Sonreí.
—Ahora, Cane... va a ser un poco más difícil de poner en orden. Se
conformaría con un esmoquin básico como el infierno. —Negó—. No dejes
que eso suceda. Quiero decir, tiene todo ese dinero y es muy tacaño con él.
—Puso los ojos en blanco mientras se acomodaba el cabello frente a nuestro
espejo de suelo a techo.
—Sabes que no necesitamos una gran, grandísima boda, Lora. —Me
reí—. No conozco a tanta gente, a nadie que esté lo suficientemente cerca
para que los invite, de todas formas.
—Sí, pero Cane sí, y una vez que se sepa que se va a casar, la gente
que trabaja para él va a estar luchando por conseguir una invitación. ¿Viste
que Tempt ha anunciado en su página web y blog que le propuso matrimonio
a "una dama especial" en Belice? No estoy segura de cómo se corrió la voz,
pero estoy segura de que sus correos y llamadas están explotando ahora
mismo.
—Sí, pero solo porque trabaje con ellos no significa que tenga que
invitarlos a todos.
Se encogió de hombros.
—No lo sé, pero lo que sí sé es que esta boda tiene que ser jodidamente
perfecta, ¿está bien? Soy la clase de chica que no tendrá una gran boda
porque realmente no me importa una mierda la mayoría de la gente, o
complacerlos, pero para otras personas, me encanta hacer cosas como esta.
Además, no necesitas el estrés de esto sumado al del trabajo universitario.
—Sonreí mientras caminaba por mi dormitorio y me cubría los hombros—.
No será demasiado grande. Será tranquilo, una noche para recordar. Te
prometo que no tienes nada de qué preocuparte.
—Bien. —Me reí—. Pero nada de cosas locas, como lanzallamas y
animales y artistas. La simplicidad es lo mejor.
—¡Trato hecho! —Me arrastró hacia ella, tirando de mí para
abrazarme—. Te lo digo. No te arrepentirás. ¡Haré que sea el mejor día de
todos!
Estaba segura de que lo haría. Bajamos al estudio, donde el televisor
de 60 pulgadas ya estaba preparado para Netflix. Lora escogió una película
que tenía a Noah Centenio, su último enamoramiento, y luego sacó su
teléfono, yendo directamente a Pinterest para mostrarme algunas ideas que
había guardado para que las discutiéramos.
Nunca pensé que Lora fuera del tipo de persona que se emociona con
una boda, pero lo era. Me mostró vestidos que creía que se verían bien en
mi cuerpo, e incluso combinaciones de colores y fondos que asumió que me
gustarían. Con todo lo que me mostró, no tenía dudas de que Lora haría de
esta boda algo épico. Era persistente y tenía muy buen sentido de la moda,
pero no sabía cómo se sentiría Cane si se hacía cargo de todos los detalles.
Me había dicho que tampoco estaba interesado en una gran boda.
Quería que fuera tranquila y privada, con solo la gente que realmente le
importaba allí. Todos los que le importaban estaban bajo su techo o en
Georgia, pero incluso yo sabía que iba a tener que invitar a algunas personas
del trabajo para mantener las apariencias.
Aun así, el hecho de que nos casáramos superó todas esas
preocupaciones. Iba a ser una esposa, y no cualquier esposa.
Su esposa
Kandy
i teléfono sonó temprano a la mañana siguiente y gemí,
buscándolo a ciegas en la mesa de noche.
Cuando lo sentí, lo agarré dándome la vuelta para
contestar.
—¿Hola?
—¿Kandy? —dijo Cane—. ¿Sigues durmiendo?
—Aja... ¿Por qué? —dije con voz ronca. Ugh, necesitaba agua.
—Es mediodía —dijo, riéndose un poco—. Normalmente ya estás
despierta a esta hora.
—¿Qué? —Me senté, mirando alrededor de la habitación.
—¿Qué hiciste anoche? ¿Emborracharte con Lora? —bromeó.
—No, no hice nada. Vimos una película y me fui a la cama temprano.
—Olí algo cocinándose y moví las piernas, sacándolas de la cama—. Ugh,
¡oh, Dios mío! ¿Qué es ese olor? —Me cubrí la nariz, poniéndome de pie—.
Huele como si alguien hubiera vomitado por toda la casa.
—¿Cómo es posible? Es día de limpieza —dijo Cane—. El ama de llaves
ya debería haber estado allí y haber terminado para este momento.
—No lo sé, pero huele horrible.
Se rio.
—Entonces tal vez anoche hiciste una fiesta. ¿Seguro que no hay vómito
en esa cama tan cara que tenemos?
Miré hacia atrás, pasando una mano por mi cabello.
—No —gemí.
—Bueno, estoy a punto de ir al aeropuerto para tomar mi vuelo a casa.
Solo quería avisarte por si intentabas ponerte en contacto. Mamá me dijo
que va a hacer algún tipo de pasta esta noche. Traeré un poco de vino
conmigo.
—Está bien, sí. Eso suena bien.
—Te amo, fiestera.
Me reí.
—Yo también te amo. Te veo pronto.
Me senté en la cama y miré por la ventana, cubriéndome la nariz otra
vez. ¿Por qué olía tan mal aquí? No podía recordar que la casa haya olido
alguna vez de esta manera. Alguien llamó a la puerta y fui a abrirla.
—Hola —saludó Lora cuando la abrí—. ¿Finalmente te has despertado,
dormilona? Subí más temprano para ver si querías desayunar, pero seguías
durmiendo.
—Ah, sí, estoy despierta. —Suspiré, agarrando el pomo de la puerta. Mi
brazo se resbaló y tropecé un poco, pero me agarró, sosteniéndome por el
brazo.
—Oye, Kandy. ¿Te sientes bien? —preguntó Lora, la preocupación
arrugándole la frente—. No te ves muy bien.
—¿Algo te huele raro? ¿Vomitaste recientemente? —Intenté contener la
respiración.
Frunció el ceño.
—¿Qué? No. ¿De qué estás hablando?
Tuve arcadas y jadeó, sosteniendo mis brazos.
—Oh, Dios. —Me tapé la boca, alejándome de ella y me fui corriendo al
baño.
—¿Kandy? —me llamó con preocupación en su voz, pero apenas podía
escucharla por mis propias arcadas. Me arrodillé y agarré la porcelana del
inodoro, dejando salir lo que apenas tenía en el estómago.
—Jesús, ¿estás bien? —Tiró de mi cabello hacia atrás, pero volví a tener
arcadas, sintiendo el ardor en la garganta.
—Debo haber comido algo malo ayer. —Me limpié la boca con la parte
posterior de mi brazo, y luego me dejé caer al suelo, presionando mi espalda
contra el gabinete que estaba detrás de mí.
—Primero dices que todo huele a vómito, y luego terminas vomitando...
—Las cejas de Lora se juntaron. Se metió su cabello color naranja brillante
detrás de las orejas y se dejó caer para sentarse a mi lado. Estuvo callada
un momento, luego me miró de reojo—. Esto me resulta familiar.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir, esto me ha pasado antes.
Mis cejas se hundieron.
—Bueno, sí, Lora, estoy segura de que has estado enferma antes.
Suspiró y se levantó para tomar una toalla, pasándola por agua fría
antes de dármela. Me limpié el rostro con ella mientras se sentaba de nuevo.
—Kandy, creo que deberíamos ir a la farmacia a comprar una prueba
de embarazo.
Los ojos casi se salieron de mi cabeza.
—¿Qué? ¿Por qué haría eso?
—Porque creo que podrías estar embarazada, Kandy —dijo, riéndose
roncamente—. Estuve embrazada una vez, ¿de acuerdo? Y recuerdo que
todo olía a mierda, y no podía dejar de vomitar o sentirme mareada.
—P-pero no puedo estarlo. No puedo tener hijos. Mi médico dijo que
sería casi imposible.
—Sí... Cane me habló de eso. —Bajó la mirada, pero traté de atraparla.
—¿Lo hizo?
—Estaba borracho cuando lo admitió. Como que tuvo un desliz.
—Oh. —Bajé la cabeza.
—Fue antes de que Kelly muriera. Por eso realmente le pedí el favor al
Jefe. Porque ella tomó algo de ti sin lo que ninguna mujer debería vivir. —
Sus ojos se fijaron en los míos—. El derecho a ser madre.
Sus palabras, aunque intensas, calentaron mi corazón. Me encantaba
que Lora se preocupara, pero aun así odiaba cómo se fue Kelly, a pesar de
que odiaba a esa mujer más que a nadie. Si me había quedado embarazada,
estaría revolcándose en su tumba.
—Acepté la situación hace mucho tiempo, Lora —murmuré
encogiéndome de hombros—. Tal vez no antes de que Kelly muriera, pero no
necesité su muerte para aceptarlo.
—Sí, bueno, no deberías haber tenido que hacerlo. Te mereces tanto,
Kandy —gruñó de nuevo cuando se puso de pie—. Si te sientes mal, es una
buena señal. Significa que tal vez algo está sucediendo ahí dentro y que no
se ha perdido toda esperanza. Hagamos la prueba, a ver qué dice. Si es
positivo, tendrás algo especial que decirle a Cane esta noche.
—¿Qué? —Agarré su mano antes de que pudiera irse—. No, Lora. No
podemos decirle a Cane hasta que esté segura de que no lo pierdo. Mi doctor
dijo que, aunque quedara embarazada, podría acabar en un aborto. —Mi
visión se puso borrosa mientras la miraba—. Y si lo pierdo, no quiero que
sea testigo o que sepa de ello. No quiero que sienta que tiene que llevar esto
sobre sus hombros después de todo lo que ha pasado.
Me miró y pude ver que pensaba que estaba equivocada por querer
mantenerlo en secreto, pero finalmente asintió.
—Está bien. De acuerdo. No diré nada si no quieres que lo haga.
Ya había guardado un secreto suyo antes. Sabía que guardaría el mío
también. Por supuesto, no estaba bien ocultar este tipo de información a mi
propio prometido, pero no quería hacerme ilusiones demasiado pronto, ni
tampoco a él. Por lo que sabía, solo tenía una intoxicación alimentaria o un
virus. Y aunque estuviera embarazada, no quería que se emocionara, solo
para que ocurriera algo terrible.
Miré el diamante con forma de cojín en mi dedo anular recordando la
noche en que me propuso matrimonio.
—Todo por lo que pases, estaré aquí para ti. Mientras prometas
comunicarte conmigo y no me ocultes nada, lo superaremos. No importa lo que
sea —dijo Cane, mirándome a los ojos mientras deslizaba el anillo en mi dedo.
Fue un ajuste perfecto. Todavía estaba de rodillas, dándome todo lo que tenía.
—Y lo mismo va para ti —murmuré, mirando del anillo a sus ojos—.
Mientras te comuniques conmigo, siempre estaré aquí para ti. Sin secretos.
Sin mentiras.
Sonrió, inclinándose para besarme en los labios.
—¿Te gusta el anillo? —preguntó cuándo nuestros labios se separaron.
Me reí, levantando la mano y mirándolo fijamente.
—Me encanta, cariño. —Dejé caer mis brazos, envolviéndolos en su
cuello—. Me encanta muchísimo.
Después de tantos años de lucha y de casi perderlo todo, no merecía
ser sometido a otra pérdida. Sabía que decírselo era lo más prudente, pero
por su tranquilidad, quería estar segura antes de decir algo. No podía
permitirme arruinar nuestra felicidad de nuevo.
Cane
ué quieres decir con que no hay suficiente
combustible? —Estaba parado frente a mi
jet privado, enfocado en mi piloto, quien,
desafortunadamente, estaba teniendo el
extremo amargo de mi actitud. Todo lo que
quería era llegar a casa, ducharme y relajarme. Había tenido unas largas
semanas, trabajando con nuevos clientes para nuevas franquicias.
Necesitaba un maldito descanso.
—Pido disculpas por las molestias, señor —dijo Blake, mi piloto—.
Llegué aquí dos horas antes de su llegada, como siempre. Hablé con esos
tipos de allí, y me dijeron que acababan de usar lo último que tenían en
otros dos jets. —Señaló a los hombres de chaleco naranja reunidos
alrededor de un puesto de trabajo—. Dijeron que se entregará más en unas
pocas horas, así que tan pronto como llenen el avión, puedo llamar y hacer
un nuevo plan de vuelo.
Puse una mano en mi cadera y me pellizqué el puente de la nariz con
la otra mano.
—Esto es increíble. Sabían que mi vuelo estaba en marcha, ¿y no
pensaron en pedir más combustible?
—Lo siento, señor. Si quiere, puede esperar a bordo. No deberían pasar
más de unas pocas horas. El Wifi está encendido, y la azafata tiene bebidas
listas.
Presioné mis labios.
—Está bien —suspiré—. No es tu culpa. Esperaré a bordo, pero
mantenme informado.
—Lo haré, señor.
Me alejé de Blake, subiendo las escaleras para entrar al avión. Al
embarcar, vi a la azafata de vuelo parada junto al minibar a mi derecha.
—Buenas tardes, señor Cane. ¿Le gustaría que le preparara su
favorito?
—No. Es demasiado pronto para el whisky. Gracias, de todos modos.
Con un gruñido, me senté, sacando mi laptop y mi celular. Decidí darle
a Kandy otra llamada, pero no hubo respuesta. Bajé el teléfono frunciendo
el ceño. Estaba actuando de forma extraña esta mañana, y no era propio de
ella no responder a mis llamadas, sin importar lo que estuviera haciendo.
Asumí que estaba ocupada. Probablemente duchándose o comiendo, algo
de esa naturaleza. Iba a empezar su último año en unas dos semanas, así
que podría estar preparándose para eso.
Desde que le propuse matrimonio, las cosas habían cambiado. Me di
cuenta de que era feliz, pero incluso yo sabía que, en el fondo, más cosas
cambiarían para ella. No solo eso, sino que aún no se lo había dicho a sus
padres. No estaba segura de cómo darles la noticia, especialmente a Derek.
Sabía que a Derek no le gustaba tenerme cerca, pero estar comprometida y
luego casada significaba que yo no iba a ninguna parte, y él tendría que
lidiar con ello.
No dudé en pedirle su mano en matrimonio. La quería cerca para el
resto de mi vida y no quería que se alejara de mí otra vez.
El tiempo que pasamos en Belice fue refrescante y emocionante, sin
mencionar que follamos mucho. Incluso había encontrado nuevos puntos
desencadenantes que la hacían tener orgasmos. Durante ese viaje, no
trabajé en absoluto. Le dediqué todo mi tiempo, y me enamoré aún más de
esa chica. Después de todo, compré el anillo tres meses antes de Belice.
Llevaba esa caja de terciopelo conmigo, sintiendo su peso en el bolsillo cada
día, esperando el momento perfecto para preguntar. Cuando finalmente
llegó, fui por ello, y no me arrepentí.

Tres horas después el avión estaba lleno de combustible y Blake


anunció que estaba listo para el despegue. Cerré mi portátil y me abroché
el cinturón, pero justo cuando estaba a punto de apagar mi móvil, un
número apareció en mi pantalla. No sabía quién era, así que lo ignoré, pero
volvieron a llamar. Lo ignoré una vez más. Entonces el mismo número envió
un mensaje de texto, y cuando lo leí, no podía creer de quién era.
Señor Cane, soy Eden St. Claire. Sería prudente contestar el
teléfono cuando su nuevo patrocinador llame.
¿Qué demonios?
Justo cuando pensaba que mi vida se estaba haciendo más fácil,
apareció un mensaje de ella. Ahora, de todos los momentos posibles. Ahora,
cuando mi vida estaba empezando a dar un giro. Por supuesto que se
avecinaba una tormenta. Habíamos tenido demasiada felicidad, y era el
momento adecuado, pero ¿qué mierda podría querer Eden St. Claire?
Kandy
sto es una maldita locura. —Resoplé, sentada en el
mostrador. Lora estaba de pie a mi lado, leyendo
las instrucciones del test de embarazo.
—Es realmente simple, Kandy Jennings. Solo
tienes que orinar en el palo.
—No me refiero a eso, sino a todo esto. —Se acercó y me concentré en
sus ojos—. El doctor me dijo que tenía un 85 por ciento de posibilidades de
no tener un hijo. No quiero hacerme esta prueba y decepcionarme.
Sus ojos grises brillaban mientras estudiaba los míos. Luego parpadeó
rápidamente, dando un paso atrás y suspirando.
—Mira, Kandy... entiendo por qué tienes miedo. También yo lo tendría,
pero no puedes dejar que ese miedo te impida enfrentar la situación. Vas a
odiarme por decir esto, pero realmente creo que deberías decírselo a Cane
ahora. Él te encontrará el mejor doctor de la ciudad para asegurarse de que
no pierdas el bebé.
—Si hay un bebé —corregí—. Y, aun así, ese es mi punto. Cane tiene
tendencias dominantes. Si lo sabe, no descansará hasta que haya gastado
cada dólar y buscado todas las opciones posibles para asegurarse de que
esto funcione. —Me pasé una mano por el estómago, bajando la mirada—.
No quiero hacerle pasar por eso.
—Bueno, tienes que decírselo a alguien en quien confíes, Kandy.
Alguien que te consiga una cita con un buen médico, que te dé buenos
consejos y proteja a ese pequeño frijol.
Solo se me ocurría una persona que sabía que no me juzgaría, pero que
movería cielo y tierra si sabía que había una posibilidad de que tuviera un
futuro normal. Mis ojos se dirigieron a mi teléfono y lo tomé, exhalando.
—Solo hay una persona en la que puedo pensar.
—¿Quién? —Lora preguntó.
—Mi madre.
—¡Bueno, llámala! A las madres les gusta ayudar. Pero primero —dijo,
rasgando el plástico de la prueba de embarazo—, orina en el palo para no
sacar conclusiones precipitadas.
Salté del mostrador y ella me lo entregó. Se volvió hacia la puerta, la
cerró detrás de ella, y miré el palo, como si fuera un objeto extraño que
nunca había visto u oído.
Caminando hacia el baño y levanté la tapa. En lo profundo de mi ser
sabía que algo estaba pasando. Después de pensarlo, me di cuenta de que
había tenido una serie de síntomas extraños durante un tiempo. Me sentía
débil, fatigada, y todo olía horrible. Sin mencionar que mis pechos
empezaron a dolerme mucho la semana pasada, pero pensé que era porque
mi período estaba a punto de llegar. Era mejor terminar con esto.
Me bajé el pantalón y las bragas y me acuclillé sobre el inodoro. Mi
cuerpo resistió la necesidad de orinar, probablemente sintiendo el palo y
negándose a darle una respuesta. Cerré los ojos y respiré, y finalmente hice
lo que tenía que hacer, tapé el extremo y coloqué la prueba sobre el inodoro.
Me sonrojé y esperé.
Y esperé.
Y esperé un poco más.
Cuando eché un vistazo, no podía creer lo que vi. Dos líneas rosas. Tan
audaces y absolutamente claras.
—¡Santa jodida mierda! —grité.
—¿Qué? —La voz de Lora era fuerte, y abrió la puerta irrumpiendo en
el baño. Se precipitó a mi lado, pero no pude dejar de mirar el palo, y cuando
se dio cuenta también, jadeó y me abrazó por los hombros, saltando un
poco—. ¡Santa jodida mierda, es cierto! ¡Perra, estás embarazada!
Kandy
ntenté no enloquecer mientras me lavaba las manos y luego agarré
mi teléfono. Necesitaba llamar a mamá. No sabía cómo manejar
esto.
—Te daré algo de espacio. Llámame si me necesitas —dijo
Lora saliendo por la puerta, pero no se fue sin que notara la gran sonrisa en
su rostro. Ella estaba emocionada, pero yo estaba muy nerviosa.
La observe irse y luego busque el nombre de mamá en mis contactos
favoritos. Presioné el teléfono contra mi oreja, el timbre solo aumentó mi
anticipación, y cuando finalmente contestó, sentí que mi corazón se me caía
al estómago. Una parte de mí deseaba que no hubiera contestado.
—¿Kandy? —respondió mamá.
—Hola, mamá.
—Hola, nena. ¿Cómo estás? —Parecía tan tranquila. Odiaba tener
noticias que definitivamente iban a perturbar su paz.
—Estoy bien. Solo quería llamar y decir hola... —¿Hola? ¿En serio?
¿Cuándo he dicho eso? Me di una palmada en la frente. Qué estúpida.
—Oh, bueno, hola, cariño —se rio—. ¿Todo está bien? Normalmente no
llamas solo para decir hola.
—Lo sé. ¿Estás ocupada en este momento?
—Un poco. Estoy en la sala de descanso, haciendo algunas copias para
un compañero de trabajo. ¿Qué está pasando?
Hice una pausa, mordiéndome el labio inferior.
—Si te digo algo, ¿prometes no enloquecer por ello?
—Depende de lo que sea —respondió honestamente.
—Solo... promete que no lo harás.
—De acuerdo. —Suspiró—. Lo prometo. Ahora, ¿qué es?
—Bueno, Lora me llevó a una farmacia, y compramos una prueba de
embarazo...
—Espera... ¿QUÉ?
—Solo escucha —dije, levantando la mano, por todo el bien que me
hacía—. La hice, y salió positivo, así que creo que estoy... embarazada.
Estuvo callada un rato, y el corazón resonaba en mi pecho mientras
esperaba que dijera algo... Cualquier cosa.
—¿De Cane? —Su voz era demasiado baja.
—Sí, mamá. Por supuesto que de Cane. ¿Quién más?
—¿No se estaban cuidando?
—No veía el punto en hacerlo, ya que solo tenía un 15% de posibilidades
de quedar embarazada y todo eso.
—¡Te dije que el 15% era todavía un gran número, Kandy! Siempre es
inteligente protegerse, no importa cuáles sean las probabilidades.
Me pellizqué el puente de la nariz.
—Mamá, no llamé para que me regañaran, ¿está bien? Llamé porque
quiero que me ayudes. Aún no se lo he dicho a Cane, y quiero asegurarme
de que estoy bien y de que todo lo demás también lo está, ¿sabes?
—¿Por qué no se lo has dicho?
—Porque me preocupa que pueda ser una falsa alarma. ¿Qué pasa si
tengo un aborto? ¿Entonces qué?
—¿Ha sangrado durante las últimas semanas?
—No… nada. Quiero decir, tuve mi período una semana después de
Belice, pero desde entonces, nada. —Cuando me preguntó eso, ni siquiera
sé por qué no me di cuenta de que mi período no había llegado el mes
pasado. Por otra parte, desde el apuñalamiento, mis períodos se habían
vuelto muy irregulares.
—Bueno, eso es una buena señal. ¿Cuándo crees que pudo haber
sucedido? ¿La concepción?
—Es difícil decir... —Mi rostro se sentía caliente. Puede que fuera una
adulta y una potencial madre, pero no me sentía cómoda hablando con ella
sobre tener sexo con Cane, mi prometido mucho mayor y anteriormente un
amigo íntimo suyo.
Se aclaró ligeramente la garganta.
—Puedo ayudarte, cariño, pero tendrás que venir aquí. Quiero llevarte
con el doctor Bhandari otra vez, a ver qué puede decirnos. Llamaré hoy y
concertaré una cita.
—De acuerdo, eso suena bien.
—Te enviaré un mensaje y te haré saber cuándo nos atenderá. Le diré
que es urgente. Cualquier cosa podría pasar. Mientras tanto, no te muevas
demasiado. Intenta relajarte.
—Está bien. Lo intentaré. —Caminé hacia la ventana, concentrándome
en la línea de árboles—. Mamá, hazme un gran favor y no se lo digas a papá.
—Confía en mí —suspiró—, no pienso decírselo en estos momentos,
pero si hay esperanza, tendrás que decírselo, Kandy. No puedes ocultarle
un bebé.
—Lo sé. —Dejé caer mi mirada—. También hay algo más que deberías
saber sobre Cane y yo...
—¡Oh, cielos, Kandy! ¿En serio? ¿Y ahora qué?
—Cuando fuimos a Belice por nuestra pequeña escapada, me propuso
matrimonio... y dije que sí.
—Oh, vaya. —Parecía preocupada y emocionada. No sé cómo era
posible eso, pero su tono de voz no me engañaba. Estaba feliz por mí, pero
también insegura ante la idea—. La propuesta debió hermosa.
Sonreí.
—Lo fue.
—¿Ese viaje no fue como hace dos meses?
—Sí —respondí débilmente.
—¿Y me lo estás diciendo ahora? —Pude sentir la agitación en su voz—
. Kandy, ¿por qué me ocultas cosas así? Soy tu madre, cariño. Merezco saber
cuándo se ha comprometido mi única hija.
—Sí, lo sé, pero si te lo hubiera dicho, tendrías que decírselo a papá, y
no quería que se enterara tan pronto. No hasta que nos acercáramos a la
fecha de la boda, al menos.
—¿Y cuándo podría ser esta boda?
—Probablemente después de graduarme... pero si estoy embarazada y
no pasa nada malo, tendrá que ser cuando el bebé tenga unos meses.
—Cierto. —La escuché inhalar profundamente antes de exhalar—.
Vaya, cariño, te están pasando muchas cosas, pero es bueno que te pueda
pasar algo. Todavía creo que eres demasiado joven para un bebé, pero me
hace feliz saber que hay una oportunidad. Te llamaré por lo del doctor
Bhandari. Conseguiré la cita más pronto que pueda.
—Está bien, mamá. Gracias.
—Por supuesto, nena. Recuerda lo que dije. Nada de cosas agotadoras,
y nada de sexo... por favor —suplicó—. El sexo es un factor desencadenante,
y si estás embarazada y solo de unas semanas, es lo último que quieres
hacer con un riesgo tan alto.
Asentí como si pudiera verme.
—No lo haré. Lo prometo.
—¿Y Kandy?
—¿Sí?
—No me ocultes nada más, ¿de acuerdo? Estoy aquí para ti, y no tienes
que preocuparte por que le diga nada a tu padre. Yo, de todas las personas,
sé cómo es. Sé qué decirle y qué callar.
Sonreí.
—Está bien. No te ocultaré nada más, lo juro. Gracias por entenderlo,
mamá.
—Por supuesto. Te quiero, cariño.
—Te quiero también.
Colgué y metí el teléfono en mi bolsillo trasero. Realmente esperaba que
mamá pudiera conseguir una cita lo antes posible. Saber que existía la
posibilidad de que pudiera conservar a este bebé significaba el mundo para
mí. No quería perderlo, así que seguí su consejo y descansé el resto del día.
Leí en mi Kindle, vi películas, y bebí agua, porque ninguna comida o
batidos me apetecía. Todo olía horrible. El único tipo de actividad que hacía
era correr al baño cada hora para vaciar mi estómago. Lora volvió varias
veces a verme y a sonreír con la idea de convertirse en tía y Cane en padre.
Era adorable, de verdad.
Me preguntaba cuándo podría haber ocurrido la concepción, y hubo
una noche que se me ocurrió, cuando Cane volvió a casa de un viaje de
trabajo, y yo me sentía muy animada. Fue unas dos semanas después de
Belice, y ni Lora ni la señora Cane estaban en casa. Cane subió a la
habitación y lo primero que hice fue ayudarlo a quitarse la ropa. A partir de
ese momento, no nos pudimos detener... Y por supuesto, no se retiró. Casi
nunca lo hacía. Supongo que asumió que estábamos a salvo, después de
pasar tantos años juntos y de que yo no terminara embarazada.
Tal vez pensamos mal.
Cane
iablos no, no le iba a devolver la llamada a Eden.
Para ser sincero, nunca quise volver a saber de esa
mujer después de dejar la universidad. Tan pronto salí de mi
vuelo, me subí a mi auto y le pedí a Neo que me llevara a casa.
Por supuesto, mi teléfono sonó de nuevo durante el viaje. Una cosa que
recordaba de esa mujer era su persistencia. Sabía que no dejaría de
llamarme, incluso cuando llegara a casa, y de lo último que quería hablar
con Kandy después de no verla durante tres días era de otra mujer que me
llamaba.
Gemí, con la cabeza temblando mientras levantaba el teléfono. ¿Cómo
diablos pasó esto? ¿Cómo es que era patrocinadora de Tempt, y yo no lo
sabía? Con un suspiro, finalmente respondí.
—Edén —respondí con frialdad.
—Está vivo —dijo ella, y pude escuchar la diversión en su voz. Ya estaba
disfrutando de esto.
—¿Cómo conseguiste mi número?
—Oh, tengo los números de todos mis clientes.
—¿Cliente? —cuestioné—. ¿Desde cuándo me convertí en tu cliente? No
recuerdo haber firmado ningún trato con Eden St. Claire.
—Eso es porque no lo hiciste.
—Explícate ahora, antes de que cuelgue.
—Oh, chico. Sigues siendo muy severo. —Hizo un ruido con su boca—
. Bueno, ¿recuerdas haber conocido a Gerald Miller?
—Sí. Es el dueño del Club Paradise Golf.
—Bueno, yo me encargo del trabajo de campo para los patrocinios del
señor Miller. Él invirtió mucho en una de tus tiendas Tempt en Charlotte,
¿correcto? Soy la mujer que sale para asegurarse de que nuestras pancartas
de patrocinio, la redacción y las responsabilidades sean correctas.
Mierda. No lo vi venir.
—También soy quien decide si un patrocinio continúa después de doce
meses o muere. Habrá que ver si Tempt vale la pena más tarde.
—¿Es eso una amenaza?
—Oh, no. Sin amenazas, cariño. El señor Miller está muy interesado en
que su club apoye la marca Tempt. También escuché que tienes un envío
para el club, botellas de vino gratis personalizadas para nuestros miembros.
Gran manera de atraparlo. —Se rio—. Siempre fuiste bueno en eso.
—Eden, ¿qué demonios quieres?
—Solo quería informarte de que me tomo mi trabajo en serio. Cuando
voy a Charlotte, me gusta ver nuestras pancartas en un lugar que muchos
otros puedan ver, incluso desde la distancia. No tendremos nuestro nombre
escondido en los rincones, o en la oscuridad. Queremos estar donde todos
puedan vernos, para que sepan que nuestro club es el lugar a donde ir.
Llegaré este viernes. Me gustaría programar una reunión contigo para
revisar algunos papeles.
—Entonces llama a mi oficina y habla con mi asistente. Ella se encarga
de mi agenda.
—No, Cane, creo que no me estás escuchando. —Su voz era más
firme—. Llegaré el viernes y me presentaré en tu oficina a las diez de la
mañana con mi papeleo para que lo firmes. Ni antes, ni después. Verás, la
cuestión con mi posición es que puedo quitarte este patrocinio tan
fácilmente que se irá antes de que cierres el puño. Puedo hacerte quedar
como un idiota ante el señor Miller, tal como tú me hiciste quedar a mí.
Mi puño se cierra sobre mi regazo.
—El viernes, a las diez. Si me haces esperar, me iré y le haré saber que
no estabas dispuesto a trabajar justamente con nosotros.
—¿Te das cuenta que el señor Miller vino directamente a mí y pidió ser
un patrocinador? Aunque podemos utilizar el dinero, no es que yo lo haya
pedido.
—Sí, me doy cuenta, pero digamos que el señor Miller tiene mucho
orgullo y es un hombre muy fácil de fastidiar. Si le digo que no estabas
dispuesto a tomarte un momento para sentarte y hablar conmigo respecto
a su club y todo lo que implica su patrocinio, no será un hombre feliz, y no
se quedará callado al respecto. Los rumores negativos se extenderán como
un incendio forestal.
—No me gusta tu tono —siseé.
—Y desde mi segundo año en la universidad, no me gusta el tuyo, así
que supongo que estamos a mano.
Respiré fuerte por la nariz. Neo estaba llegando a casa, y yo estaba
harto de esta perra.
—No te pongas demasiado arrogante, Eden. Trabajas para el señor
Miller, pero he jugado al golf con él, así que, si se entera de que estás
amenazándome, no creo que esté muy contento. Suenas muy confiada en
que tomará tu palabra sobre la mía. ¿Por qué?
—Porque —dijo—, resulta que el señor Miller es mi padre, y yo soy
quien le ayudó a expandir esta compañía con mis habilidades de
patrocinadora. Le digo dónde promocionarse. Y paga.
Por supuesto que sí.
—El viernes a las diez —respondí bruscamente—. Ahora sal de mi
teléfono.
Colgué antes de que pudiera decir algo más que me molestara. Tenía la
suerte de que una antigua aventura fuera la hija de un hombre que había
invertido mucho dinero en Tempt. A Tempt le iba bien, pero su patrocinio
nos ayudaría a conseguir docenas de trabajos y prácticas. Tener a Eden
arruinando esa oportunidad de expandir mi negocio realmente me enojaba.
—Estamos aquí, señor —anunció Neo—. ¿Debería tomar sus maletas?
—No, Neo. Está bien. Yo las tomaré. Vuelve con tu familia. Te veré este
fin de semana.
—Sí, señor.
Salí del auto, metiendo el teléfono en mi bolsillo. Fui al maletero, saqué
mis maletas, caminé hasta la casa y abrí la puerta principal. Escuché
algunos murmullos que venían de la cocina, y luego risas.
Bajando la maleta, me dirigí al pasillo, siguiendo el sonido. Mamá y
Lora estaban allí. Lora tenía los codos plantados sobre la barra, inclinada
sobre una ensalada que estaba comiendo, y mamá estaba tomando algo de
una taza negra.
—¡Mira quién está en casa! —dijo Lora de la misma manera sarcástica
que siempre hacía.
Me acerqué a ellas, dándoles un abrazo rápido.
—¿Dónde está Kandy?
—Arriba. No se siente muy bien hoy —dijo mamá.
—Probablemente un bicho en el estómago —dijo Lora rápidamente,
mostrando una pequeña sonrisa.
—Mmm. ¿Ha estado así todo el día?
—Desde esta mañana. —Lora se encogió de hombros.
—Voy a ver cómo está. —Me di la vuelta y me dirigí hacia el dormitorio
arriba. Kandy estaba en la cama, con el cabello desparramado por todas
partes. Estaba profundamente dormida, y solo eran las 8:30 de la noche.
¿No durmió esta mañana?
Suspirando, me senté en el borde de la cama, cerca de ella, y empujé
su cabello hacia atrás. Gimió y se movió un poco. Parecía que estaba
durmiendo tranquilamente. Por mucho que quisiera contarle sobre la
temida llamada telefónica que acababa de recibir, no quería perturbar su
descanso. La cubrí con el edredón y la besé en la mejilla.
Al ir al armario, me puse algo más cómodo, pero cuando regresé, los
ojos de Kandy estaban medio abiertos.
—¿Cane? —gimió.
—Sí, cariño. Soy yo. —Me subí a la cama, tirando de ella hacia mi pecho
mientras gemía—. Lora dice que tienes un bicho en el estómago.
Ella bostezó.
—Oh. Sí... algo así.
—¿Te sientes mejor? —Eché un vistazo al ginger-ale sobre su mesita de
noche.
—Todavía me siento un poco enferma.
—¿Necesitas que te traiga algo?
—No. —Me abrazó fuerte, apoyando su mejilla en mi pecho—.
Simplemente te necesito. Eso es todo.
Sonreí, acariciando su cabello hacia atrás. Esa llamada telefónica
puede haberme puesto nervioso, pero estar con ella y tener sus brazos
envueltos a mi alrededor me calmaba. Quería decirle lo que estaba pasando,
le había prometido que no habría más secretos, pero ahora no era el
momento. No mientras estuviera enferma.
Me dije que la pondría al corriente una vez se sintiera mejor. La
presencia de Eden no era para tomar a la ligera. Recordaba mucho de ella,
y una cosa que sabía con seguridad era que haría de mi vida un infierno
después de lo que le hice. Era mejor prepararme, porque hasta que mi
contrato con el señor Miller terminara, no iba a ver ni oír el final de esa
mujer malvada.
Lástima que el contrato no se acabaría hasta dentro de unos trescientos
días, y yo, entre todos, sabía cuánta mierda podía cambiar en el lapso de un
año.
Kandy
ensé que me sentiría mejor después de unos días, pero estaba
muy, muy equivocada. En todo caso, me sentí peor. Estaba
enferma del estómago constantemente. Mamá dijo que lo antes
que podía conseguir una cita con el doctor Bhandari era el
jueves, y estaba esperando ese día. Sin embargo, supongo que todo esto era
una buena señal de lo que estaba sucediendo. Significaba que mi cuerpo
estaba haciendo algo bien, o progresando al menos, en preparación para un
pequeño.
Sin embargo, mamá no estaba equivocada, recién estaba comenzando
en la vida y tener un bebé me iba a dar un gran vuelco. Sin embargo, era
difícil incluso preocuparme por eso, dado que las probabilidades aún
estaban en mi contra.
Durante los siguientes tres días caminé como una zombi, tratando de
mantener las apariencias para Cane, pero no estaba funcionando y estaba
segura de que estaba empezando a notarlo. Me preguntaba si estaba bien o
por qué no estaba comiendo mucho. Y el olor de su colonia empezaba a
molestarme. Por primera vez, deseé que estuviera trabajando fuera de la
ciudad para que no estuviera aquí prestando atención, y no tuviera que
escabullirme y correr escaleras arriba, solo para que no me escuchara
vomitar.
De cualquier manera, parecía preocupado por sus propios problemas
de trabajo, lo que ayudó. Iba a la oficina todos los días de 8:00 a.m. a 7:00
p.m., e incluso llegaba a casa con trabajo que hacer a veces, por lo que lo
mantenía ocupado en su mayor parte.
Cuando llegó el miércoles, lo esperé en lugar de quedarme dormida
como había estado. Llegó a casa alrededor de las 8:00 p.m., y cuando lo
escuché subir, me senté un poco más arriba en la cama, presionando mi
espalda contra la cabecera.
—Oh, estás despierta —saludó con una sonrisa. Caminó alrededor de
la cama, dejando un beso en mi frente. —¿Todavía no te sientes bien?
—Estoy mejor —mentí. —Me quedé despierta porque quería decirte que
mañana conduciré a Atlanta para encontrarme con mamá para almorzar.
No la he visto en unos meses. Como que la extraño.
—¿Es por eso que has estado deprimida últimamente? —preguntó,
enfocándose en mis ojos—. Si es así, deberías ir, salir de la casa. No tienes
que pedirme permiso para visitar a tus padres, nena —dijo, desatando su
corbata—. Puedes ir cuando quieras. Lo entiendo.
—Lo sé, solo quería que lo supieras. Probablemente volveré mañana
por la noche. Solo un viaje rápido para ver qué están haciendo.
—Estoy de acuerdo totalmente. ¿Necesitas algo?
—No. Todavía tengo dinero en la tarjeta de crédito para gasolina y
cualquier otra cosa. —Me bajé de la cama y caminé hacia él—. Pareces
molesto —mencioné, porque parecía, pero siempre se ponía así cuando
estaba estresado por algo que involucraba trabajo. Una cosa sobre Cane era
que mantenía los problemas laborales en el trabajo y no los traía a nuestra
vida hogareña si podía evitarlo.
Bajó la mirada y apretó los labios.
—Estoy un poco estresado, pero me ocuparé de eso. —Me acarició la
mejilla—. Tú, por otro lado, eres la que parece un poco fuera de lugar. ¿Estás
segura de que estás bien?
—Estoy bien. Lo prometo. —Dios, odiaba mentirle. Se merecía la
verdad, pero todavía no estaba lista para decirle. Quería escuchar lo que el
doctor Bhandari tenía que decir antes de hacer cualquier tipo de anuncio—
. Creo que necesito ver a mamá. Ponerme un poco al día. —Agarré su mano
y lo hice sentar al borde de la cama. Me subí detrás de él, colocando mis
manos sobre sus hombros y comenzando un masaje—. ¿Esto te ayudará a
relajarte? —pregunté, frotando sus hombros con las yemas de mis dedos.
—Oh, sí —suspiró—. Está ayudando.
—¿Estás seguro de que todo está bien, Cane? —No pude evitar pensar
que ambos estábamos frenando algo.
Levantó mi mano y miró sobre el hombro.
—Ven aquí —murmuró. Se giró un poco y me llevó a su regazo. Envolví
mi brazo alrededor de la parte posterior de su cuello, y él dejó escapar un
suspiro cansado, sosteniéndome apretada contra su cuerpo—. Hay algo que
debes saber sobre el trabajo —comenzó.
—¿Qué es?
Me miró a los ojos muy brevemente antes de apartar la mirada.
—Hay una mujer con la que tengo que trabajar debido a un patrocinio.
Eden St. Claire.
—Está bien. —Me senté, sacando mi brazo de la parte posterior de su
cuello. ¿Una mujer?—. ¿Qué hay con ella?
—Ella y yo fuimos a la universidad juntos. Tonteamos en aquel
entonces, pero no llegó muy lejos. Ella era demasiado... ridícula para mí.
Tragué fuerte.
—¿Ridícula? ¿Qué quieres decir? ¿Por qué me estás diciendo esto?
—Porque le hice algo por lo que guarda rencor. Si hubiera sabido que
estaba a cargo de los patrocinios para el club de golf que acabamos de
asumir, no habría firmado el contrato. Está amenazando, Kandy, y va a
tratar de jugar conmigo hasta que termine el contrato. Hará del trabajo un
infierno.
—Bueno, ¿cuándo termina el contrato?
—Está vigente por un año.
—Jesús, Cane. Un año. —Me bajé de su regazo, de pie frente a él.
—La única razón por la que no he encontrado una manera de rescindir
mi contrato con ellos es porque esto es un gran problema para Tempt. Su
padre nos dio suficiente dinero para pagar a varios empleados excelentes y
financiar un montón de pasantías. Uno de mis sueños es ayudar a la gente,
Kandy. Darles algo que hacer, algo que esperar todos los días. Quiero que
Tempt sea el lugar que permita milagros y oportunidades.
—Entiendo eso, Cane, pero ¿no puedes trabajar con alguien más para
el patrocinio? ¿Quizás decirles que no te sientes cómodo trabajando con ella
en persona?
—Lo he intentado, Kandy. Ella es la jefa de ese departamento. No tiene
nada más que un asistente. Sin mencionar que es la hija del dueño. —Bajó
la cabeza mientras mis ojos se expandían—. Estará aquí el viernes para el
papeleo. Sé que intentará arruinar la mierda, pero te lo digo ahora para que
no te asustes o pienses que algo loco está sucediendo, porque no es y nunca
lo será.
—Pareces realmente ansioso. ¿Qué le hiciste?
Apartó la vista de mí por completo y se detuvo, inhalando por la nariz
y luego volvió a salir.
—Cuando estábamos en la universidad, ella tenía esta libido loca.
Seguía pidiéndome que hiciera cosas con ella que no me gustaban hacer.
Me pidió que participara en un trío, una orgía, toda esta mierda, pero nunca
lo hice. Me estaba hartando de sus peticiones porque me sentía aburrido,
¿sabes? Como si no fuera lo suficientemente bueno. Se disculpó por eso un
día, dijo que se calmaría y luego dijo que me lo compensaría llevándome a
un viaje de esquí. Me rogó que fuera, así que cedí y le dije que lo haría. —
Finalmente se encontró con mis ojos—. Había reservado billetes de avión,
una habitación y todo, pero no pude hacerlo. La dejé plantada. La dejé
esperando en el aeropuerto.
—Oh, ¡Dios mío, Cane! ¡Por supuesto que hará de tu vida un infierno!
¿Por qué la dejaste plantada?
—Yo era joven, ¿de acuerdo? Sabía que no era la mujer para mí, no me
gustaba así. Al principio solo nos estábamos divirtiendo, pero cuando me di
cuenta de lo seria que era, se torció. No quería una mujer que ansiara cuatro
pollas a la vez. Quería una mujer que solo me quisiera, y ella no era esa
persona.
Sentí mi rostro relajarse y lo miré por todas partes. Bueno, supongo
que no podría culparlo por eso, pero si estuviera en su lugar, también habría
quedado devastada y buscando venganza.
—Aww... Cane. —Caminé de regreso a él, entrelazando mis brazos
alrededor de su cuello nuevamente.
—Ningún hombre quiere sentir que no es suficiente —continuó—.
Sabía que algún día podría ser más que suficiente para alguien, así que
seguí adelante. ¿Estaba jodido? Sí. Pero en ese entonces yo era un imbécil
que se negaba a enfrentarla. Me disculpé por correo electrónico como un
jodido idiota.
Mis labios se unieron apretados. Descansé mi mejilla en su pecho,
cerrando los ojos con un suspiro constante.
—Entiendo —susurré.
—¿Estás molesta?
—No. —¿Cómo podría estar molesta, de todos modos? Pasó mucho
tiempo antes de que yo fuera parte de su vida.
Levantó sus manos para acunar mi rostro y se recostó lo suficiente
como para mirarme a los ojos.
—¿Estás preocupada?
—Un poco. Suena como una persona seductora. Incluso su nombre es
sexy. —Me reí secamente.
—Espero que ya no sea así... Pero incluso si lo es, no tienes que
preocuparte por eso, ¿de acuerdo? Te amo. Eres mi futura esposa, y nunca
haría nada para traicionarte. —Plantó un beso en mis labios y, a pesar de
mis náuseas, sentí un charco de calor en lo profundo de mi núcleo—.
¿Confías en mí?
Asentí lentamente.
—Confío en ti.
—Bien. —Me besó de nuevo y luego dejó caer sus brazos para
abrazarme. No era que Cane no tuviera más equipaje. Había salido con
muchas mujeres en el pasado. Seguramente habría al menos otra que
vendría por él, especialmente con lo rico y poderoso que se había convertido
con los años. Además, esta Eden sonaba como una brisa en comparación al
tornado que fue Kelly Hugo.
Descansé mi cabeza sobre su hombro, respirando profundamente. Me
había dicho lo que le molestaba, pero aun así mantuve la boca cerrada. En
este momento era la oportunidad perfecta para decirlo... pero no pude. Aún
no. La culpa era real y me estaba comiendo viva. No podía esperar para ir al
médico y obtener resultados. Entonces podría decirle, y todo volvería a ser
como solía ser.
Kandy
i viaje a Atlanta fue mucho más lento de lo que esperaba,
probablemente porque estaba ansiosa por saber qué pasaría.
Realmente quería que hubiera buenas noticias, pero con
el historial de mi familia y lo que mi cuerpo había sufrido por
lo que Kelly me hizo, sabía que mis posibilidades eran escasas. Aun así, me
aferré a la esperanza.
Encontré a mamá en un café brunch y dejé mi auto en el
estacionamiento, viajé con ella el resto del camino hasta el consultorio del
doctor Bhandari.
—¿Hay alguna razón más profunda por la que no se lo has dicho a Cane
todavía? —preguntó Mamá cuándo nos acercamos a la clínica.
Me moví en mi asiento, poniendo mi atención en la calle de adelante.
—No quiero que se excite o se ponga nervioso, o lo que sea que sienta.
Tiene muchas cosas que hacer en el trabajo.
Se burló.
—¿Cuándo no lo hace?
—Voy a decírselo. Solo quiero asegurarme de que mis posibilidades no
son demasiado bajas, ¿sabes?
—Sí. —Golpeó un dedo en el volante—. ¿Crees que le entusiasmará
saberlo?
—No lo sé. —Me encogí de hombros—. Solo hemos hablado de los niños
unas pocas veces, sobre todo cuando estábamos en Belice. Creo que ya no
le importa la idea de eso.
—Bueno, es bueno saberlo. —Se acercó a la clínica, entrando en el
estacionamiento. Apagando el motor, preguntó—: ¿Estás lista?
Asentí y agarré mi bolso saliendo del auto con ella. Entramos en la
clínica, donde varias mujeres ya estaban esperando. Después de
registrarnos, la enfermera del doctor Bhandari solo tardó diez minutos en
llamarnos. Primero comprobó mi peso y me sorprendió ver que había
aumentado tres kilos. Después de dejar una muestra de orina, nos llevaron
a la sala de examen, y la enfermera me tomó la presión sanguínea, el pulso,
y me informó de que el doctor Bhandari vendría a verme en cualquier
momento.
—¡Buenos días, señorita y señora Jennings! —Canturreó Bhandari
trotando en la habitación.
Mamá y yo sonreímos ante su alegre comportamiento.
—Está de buen humor —dijo mamá.
—¡Oh, siempre estoy de buen humor! Comienzo mis mañanas con una
profunda meditación. Me ayuda a pasar los días, incluso los difíciles. Pero
basta de eso. —Sus ojos fueron sobre los míos—. ¡Escuché que alguien
puede estar esperando!
Me reí.
—Sí.
—Bueno, tengo aquí los resultados de su prueba de orina, y si tenía
alguna duda antes, puede dejarlas ¡porque está embarazada, señorita
Jennings!
—¿En serio? —Mi corazón parecía latir más fuerte y más rápido
mientras me sostenía mi vientre—. ¿Cree que todo va a estar bien?
—Eso es lo que voy a averiguar ahora mismo. Hágame un favor y
recuéstese en la mesa. Veamos cómo se ve todo.
Si antes pensaba que mi corazón latía demasiado rápido, ahora sentía
que iba a salir de mi pecho. ¿Y si lo comprobaba y no pasaba nada? ¿Y si
algo estaba mal?
Me recosté mientras llamaba a la enfermera. Ella me ayudó a situarme,
los pies en los estribos cubiertos de calcetines, y el doctor Bhandari fue
directamente a trabajar. Pasó la varita del ultrasonido sobre mi estómago,
sus ojos se enfocaron en la pantalla del ordenador.
—Ahh... Ahí está ese pequeño.
Miré fijamente la pantalla, estrechando los ojos. No vi mucho de nada
al principio, solo manchas en blanco y negro, pero luego hizo clic en un
botón, y se centró en un punto en particular.
—¿Ve eso? —preguntó, señalando un punto circular en la pantalla—.
Ese es su bebé, señorita Jennings. —Jadeé y miré a mamá, que se había
cubierto la boca. El doctor Bhandari siguió moviendo la varita y haciendo
clic—. Sabes, estaba mirando los últimos ultrasonidos de tu útero dañado.
No se parece en nada a lo de antes.
—¿En serio? —pregunté—. ¿Cómo se ve ahora?
Dejó de mover la varita para centrarse en mí.
—Fuerte —dijo con una sonrisa—. ¿Estaba tomando las vitaminas que
le recomendé?
—Sí.
—¡Han hecho un buen trabajo en ti! El embrión parece firmemente
unido allí. —Colocó la varita y tomó un portapapeles—. ¿Ha tenido alguna
hemorragia en las últimas semanas?
—No. Ninguna.
—Eso es genial de escuchar, también.
—Entonces, ¿está diciendo que su cuerpo estará bien para el
embarazo? —preguntó Mamá.
—Yo diría que es de muy alto riesgo. Aunque el embrión parece estar
aguantando y parece asegurado, hay muchas variables en juego aquí.
Sugiero que me visiten a mí o a otro médico de preferencia cada semana.
Todavía me gustaría obtener algunas imágenes de ultrasonido interno.
Pueden ser un poco más incómodas, pero me permitirán ver realmente lo
que está pasando allí con el bebé y el revestimiento de su útero.
—Claro. Lo que sea. —Exhalé. Mi corazón se agitaba tan rápido en mi
pecho.
El doctor Bhandari obtuvo sus imágenes, pero mientras estaba en la
cama, solo podía pensar en lo que Cane diría cuando se lo dijera. Todavía
existía la posibilidad de que algo malo sucediera, pero tal vez si hacía
exactamente lo que me decían y me lo tomaba con calma, todo estaría bien.
Cuando terminamos, el doctor Bhandari nos dijo que me enviaría sus
sugerencias por correo electrónico una vez que revisara las imágenes, para
determinar qué hacer a continuación. Mientras tanto, me había dado
algunas píldoras prenatales y una receta para un medicamento para las
náuseas.
Mamá se detuvo en Panera para el almuerzo, aunque no pude comer
nada. Se veía increíble, pero los aromas me daban ganas de vomitar. No nos
quedamos allí mucho tiempo.
En el camino de regreso a mi auto, mamá dijo:
—Sabes, incluso si algo malo sucede, lo cual rezo para que no pase,
todavía creo que deberías decirle a Cane. Esos momentos son difíciles,
Kandy. Vas a necesitar a alguien que te ayude a superarlos. Mi alguien fue
tu padre. Si no lo hubiera tenido, no sé qué habría hecho.
Sentí sus ojos sobre mí, pero no me molesté en encontrar sus ojos.
Estaba demasiado ocupada mirando mis fotos de ultrasonido.
—Cuando sepamos algo de Bhandari, se lo diré —le dije, pasando mi
dedo sobre la imagen en blanco y negro.
—Está bien, cariño.
Cuando llegamos al estacionamiento donde estaba mi auto, mamá dijo
que tenía que reunirse con un cliente para revisar un caso, y yo no quería
retenerla, así que la abracé fuerte y la vi irse. Durante mi viaje, sin embargo,
recibí un correo electrónico del doctor Bhandari.
Hola, señorita Jennings,
Me pongo en contacto con usted en relación a su cita conmigo
antes. Solo quiero que sepa que tenía razón en cuanto a que el embrión
está firmemente adherido. Parece que tiene unas cinco semanas de
vida. Como se le considera de alto riesgo, sugiero que espere para
anunciar su embarazo hasta por lo menos la marca de las 8 semanas,
cuando podamos oír el latido del corazón del bebé. Alrededor de las 13
semanas, la probabilidad de un embarazo exitoso aumenta
exponencialmente. Si empieza a tener calambres o incluso empieza a
manchar, por favor, no dude en buscar ayuda o llamarme. No puedo
decir lo que pasará en el futuro, pero diré que siempre hay una
oportunidad de luchar, si no ahora, entonces en el futuro. Asegúrese de
tomar sus vitaminas prenatales. Si hay algún problema o motivo de
preocupación, por favor, llame. Espero volver a verla dentro de dos
semanas.
Saludos cordiales,
Vic Bhandari
Mi corazón parecía caer en mi estómago. Mencionó que había una
oportunidad de luchar, pero no sonaba tan prometedor como esperaba.
Conduje el resto del camino a casa, tratando de averiguar qué decirle
exactamente a Cane. No era como si pudiera acercarme a él y actuar como
si estuviera libre de sospecha. Todavía me quedaban ocho semanas antes
de que pudiera saberlo con seguridad, y, aun así, eso era dentro de mucho
tiempo. Cualquier cosa podría pasar.
Cuando llegué a casa, no había nadie, y me sentí un poco aliviada. Subí
a mi habitación y me acurruqué bajo el edredón, contenta de que mis
náuseas hubieran disminuido por el momento. Me quedé dormida, no volví
a despertarme hasta las dos de la mañana. Cane estaba en la cama conmigo,
con los brazos sobre la frente, cubriéndole un ojo. Estaba roncando, lo cual
era raro. Debía estar muy cansado.
Lo interesante de los hábitos de sueño de Cane, era que ahora dormía
más desde que me mudé. No daba vueltas y vueltas como antes.
Literalmente dormía como un bebé.
Y hablando de bebés, ni siquiera pensé en lo mucho que cambiarían
las cosas al tener uno. Mamá me había contado muchas cosas, como que
tenía bolsas permanentes bajo los ojos porque dormía fatal cuando era bebé
y una niña. Y también cómo tuvo que usar pantimedias todos los días
durante dos años porque cuando estornudaba, tosía o se reía demasiado,
goteaba un poco.
No me malinterpreten, mamá seguía teniendo un gran cuerpo, pero
mucho había cambiado para ella cuando me dio a luz. ¿Ya estaba preparada
para eso? ¿Para que todo mi mundo cambie? ¿Que mi cuerpo cambie?
Me recosté de espaldas, mirando el ventilador de techo. Coloqué una
mano plana sobre mi vientre e inhalé profundamente antes de soltar el aire.
Si estaba destinado a ser, sabía que sucedería. Si no lo era, entonces tenía
que enfrentarme a esa verdad cuando llegara... pero mamá tenía razón en
lo que dijo antes. No podía hacerlo sola. Si las cosas iban mal, quería que él
estuviera ahí para mí.
Esta era nuestra semilla. La habíamos plantado juntos, y la
afrontaríamos de la misma manera.
Juntos.
Cane
e he estado temiendo a esta mañana durante toda la semana.
Me senté en mi escritorio, tomando el café que un nuevo
pasante me había entregado, cuando Cora entró.
—Señor, ella está aquí —anunció, la preocupación
arremolinándose en sus ojos.
Gemí, bajando mi taza y levantándome de la silla.
—Acabemos con esto. Hazla pasar.
Con un asentimiento, Cora se fue. Varios segundos después, ahí
estaba.
Eden St. Claire.
No me malinterpretes, Eden era una mujer muy atractiva. Tenía una
piel suave y de terciopelo y había envejecido bien. Su cabello oscuro estaba
liso, llegando justo por encima de los hombros, y tenía grandes diamantes
en las orejas. Estoy seguro de que, con un padre tan rico como Gerald Miller,
eran diamantes de verdad. Era atrayente a la vista, un bomboncito como
dirían muchos hombres, pero sus defectos internos la hacían mucho menos
atractiva.
—Eden —dije, rodeando el escritorio y extendiendo mi brazo para
ofrecer la mano.
—Señor Cane —dijo en respuesta, tomando mi mano y estrechándola.
Me miró profundamente a los ojos, con una sonrisa en los labios—. Te ves
muy bien.
—Igual tú. —Solté su mano, haciendo un gesto hacia las sillas detrás
de mi escritorio—. Siéntate, por favor —dije, regresando a mi silla. Ella se
sentó primero, y puse mis codos sobre el escritorio mientras sacaba una
carpeta debajo de su brazo.
La colocó sobre el escritorio y la abrió, mirándome por debajo de las
pestañas que estaban cubiertas de rímel.
—Tienes más tatuajes que cuando estábamos en la universidad —
señaló.
—Preferiría que no repitiéramos la historia pasada. Mantengamos esto
de manera profesional.
Hizo una pausa, levantando la cabeza para mirarme a los ojos.
—¿De verdad crees que he venido hasta aquí solo para hablar de
negocios? Quiero decir, sabía que a veces eras un poco lento en la
universidad, pero no me di cuenta de que eso se prolongaría durante años.
—Insultarme no curará viejas heridas, Eden. Mira, me disculpo por lo
que sucedió. Créeme, ojalá te hubiera dicho que no iba a ir.
Apretó la mandíbula, bajando la cabeza y hojeando el papeleo.
—Honestamente, estos papeles habrían sido muy sencillos de escanear
y enviar para que los imprimieras y firmaras, pero quería ver la expresión
de tu rostro cuando me vieras.
Me recosté en mi silla.
—¿Qué pensaste que haría? ¿Ponerme nervioso?
—¿Lo estás? —desafió.
—No, en absoluto.
Pasó la lengua sobre sus labios.
—Escuché que estás comprometido. ¿Cuándo es la boda?
—El próximo otoño.
—Mmm. —Sonrió—. Esperemos que no dejes plantada a la novia en el
altar como lo hiciste conmigo en el aeropuerto.
—No va a suceder. —Levanté las dos manos, como si la respuesta
estuviera delante de nosotros—. Es el amor de mi vida.
Sus ojos se entrecerraron mientras deslizaba varias hojas de papel por
mi escritorio.
—¿Quién es, de todos modos? Mucha gente se ha estado preguntando
quién es esta afortunada dama.
—Su nombre no es de tu incumbencia. —Agarré un bolígrafo, leyendo
la primera hoja. Las había leído antes, pero no confiaba en Eden, y no
pasaría del cambio de términos para hacerme quedar como un tonto al final.
Lo firmé después de leerlo, y al pasar a la siguiente hoja, Eden se puso de
pie y caminó por la oficina.
—¿Te avergüenzas de ella? —preguntó, mirando por la ventana—.
¿Cómo te avergonzaste de mí?
—¿Por qué sigues aferrándote a esa ira? —pregunté, frunciendo el
ceño—. Fue hace años. Éramos niños.
—Sí, pero en verdad me gustabas, y ni siquiera me diste una
oportunidad justa.
Mis fosas nasales se dilataron, y sacudí la cabeza, leyendo la siguiente
página cuidadosamente antes de firmar.
—Si mal no recuerdo —murmuré—, te di muchas oportunidades
justas. Pasan cosas. La mayoría de la gente aprende a dejarlo pasar. No
éramos compatibles.
—No estabas tratando de ser compatible —escupió, cruzando los
brazos. Me miró en mi silla—. Solo pensabas que eras mejor que yo.
—Eso está lejos de ser verdad. Asumí que no era suficiente para ti, y lo
dejé pasar. ¿No me digas que no has conocido a nadie después de mí? Estoy
seguro de que sí.
—Lo he hecho —declaró, acercándose al escritorio—. Y él era genial.
Estuvimos juntos durante cuatro años... pero aparentemente también fui
demasiado para él.
—Hay hombres ahí fuera que desean las cosas que tú haces. Tal vez
estás eligiendo a los hombres equivocados.
Resopló, y antes de que me diera cuenta, estaba de pie al borde de mi
escritorio, a solo unos pasos de mí. Su mano tocó mi hombro, y la fulminé
con la mirada.
—Eden, quítame las manos de encima y toma asiento.
—Dios, me solía encantar eso —suspiró—. Tu autoritarismo. La
posesividad. Siempre supe que algún día terminarías siendo tu propio jefe.
Apreté la mandíbula. Empezó a moverse detrás de mí, pero me levanté
de la silla, frunciendo el ceño.
—¿Es por esto que viniste? ¿Porque crees que algo va a pasar entre
nosotros?
Simplemente sonrió. Nada más.
—De acuerdo, déjame informarte de algo —dije bruscamente, dando un
paso más—. Amo a mi prometida. He estado enamorado de ella durante
años, y eso no se detendrá solo porque alguien de mi pasado viene a tocar
la puerta. No hay nada entre nosotros, Eden, así que déjame en paz y haz
tu maldito trabajo.
—¿O qué, Cane? ¿Se lo dirás a mi padre? —Me dio una sonrisa
engreída—. ¿Te diste cuenta de que él y yo no tenemos los mismos apellidos?
—Me miró—. Sí, es porque él es un bastardo mentiroso que se acostó a
espaldas de su esposa con una mujer llamada Valerie St. Claire. Mi madre
no creyó que él fuera digno de tener un hijo con su apellido. Su esposa no
podía tener hijos, así que por supuesto está resentida conmigo por ser una
creación suya que vive y respira. Cada vez que la veo, veo el odio en sus ojos,
pero ¿sabes qué? No me importa, porque soy su única hija, y lo tengo
envuelto alrededor de mi dedo, y ella sabe que nunca podrá deshacerse de
mí. Mi padre ya sabe cómo soy. Sabe que me gusta tomar lo que quiero, le
parece bien mientras no interrumpa sus planes.
Abrí la boca para contestar, pero llamaron a mi puerta. Cora metió la
cabeza y Eden retrocedió, dándonos la espalda y mirando por las ventanas
de nuevo.
—Señor, tu prometida está aquí. Dijo que necesita hablar contigo.
Entrecerré los ojos y miré por encima del hombro de Cora a Kandy, que
estaba parada frente al escritorio de Cora con una pequeña sonrisa. Me dio
un lindo saludo, pero sus ojos estaban llenos de preocupación. No era propio
de ella aparecer sin avisarme primero. Algo no estaba bien.
—Hazla pasar —insistí, tomando mi bolígrafo y firmando el último
papel—. La señorita St. Claire ya se iba. —Apilé los papeles para alinearlos
y se los entregué a Eden con una mirada despectiva. Cora volvió a salir,
asintiendo y diciéndole algo a Kandy, y cuando Kandy entró en la oficina, se
abalanzó sobre mí, rodeándome con sus brazos. Sus labios encontraron los
míos en el camino, y le devolví el beso, gimiendo un poco cuando lo
profundizó—. ¿Kandy? —suspiré—. ¿Qué pasa?
—Nada. Solo que tengo algo que decirte. Te fuiste temprano esta
mañana, así que no tuve la oportunidad. Pensé que te sorprendería. —Sus
ojos se dirigieron a Eden, que se había acercado al escritorio para recoger
los papeles y ponerlos de nuevo en su carpeta.
—Bueno, hola —le dijo Eden, con la misma sonrisa engreída de antes—
. Soy Eden St. Cl…
—Sé quién eres —interrumpió Kandy, dándole una mirada helada.
—Oh. ¿Lo sabes? —Eden sonrió, deslizando sus ojos hacia mí—. Le has
contado todo sobre mí, ¿eh, Cane?
—No le guardo secretos.
—¿Es eso lo tuyo ahora? ¿La honestidad? Tengo que decirte que eso no
te queda bien.
—Puedes irte ahora, Eden —dije con la mayor calma posible,
envolviendo mi brazo alrededor de la cintura de Kandy.
—Oh, no te preocupes. Ya me iba. —Metió la carpeta bajo su brazo. Se
detuvo a unos pasos de nosotros en la salida, poniendo su atención en
Kandy—. No escuché tu nombre —dijo.
—Es Kandy.
—Eres muy joven, Kandy. —Eden me sonrió—. Definitivamente
terminará dejándote en el altar.
Salió rápidamente, y Kandy la observo irse hasta que ya no pudo verla.
Cuando Eden no estaba a la vista, Kandy se volvió hacia mí con una mueca.
—¡No me dijiste que era tan bonita!
—¿Qué? —siseé—. No se ve mejor que tú, Kandy.
—Oh, por favor. Qué mentira.
Caminé alrededor de ella, cerrando la puerta de mi oficina.
—Te dije que tenía una reunión con ella hoy. ¿Es por eso que
apareciste? Pensé que confiabas en mí. —Me paré frente a ella, cruzando los
brazos.
—No seas engreído, Cane. Ni siquiera es por eso que estoy aquí. Para
ser honesta, me olvidé completamente de la reunión con tu exnovia
ninfómana. —Tenía esa arruga en la frente, por lo que sabía que estaba
enojada, pero que la hacía parecer demasiado linda e inocente para tomarla
en serio.
—¿Entonces qué pasa? —Extendí los brazos, tomándola por la cintura.
—¿Va a ser un problema? —preguntó, señalando hacia atrás con el
pulgar—. Porque si es así, quiero que sepas que no estoy de humor para
ello, ¿de acuerdo? ¿Y qué demonios quiso decir con eso de que me dejarás
en el altar? ¿Qué clase de persona dice eso?
—Kandy, ella no va a ser un problema, ¿está bien? Simplemente está
tratando de fastidiarte. Eso es todo. Sigue viviendo en el pasado, pero yo
sigo adelante. No tienes nada de qué preocuparte.
Se pasó los dedos por su cabello.
—Está bien... lo que sea. Mira. —Me agarró las manos y las apretó—.
Sé que dijiste que no debemos tener secretos entre nosotros, pero hay algo
que tengo que decirte.
Mis cejas se juntaron.
—¿Qué es?
Su garganta se movió, y con una respiración exasperada, me arrastró
hasta mi silla y me hizo sentar, luego se sentó en mi regazo.
—Bueno, ¿recuerdas cuando dije que ayer estaba visitando a mi madre
para almorzar?
—¿Sí?
—Bueno, no solo almorzamos. Me llevó a ver a mi ginecólogo de nuevo.
—¿Qué? ¿Por qué? —pregunté.
—Porque... —Se mordió el labio inferior—. Bien, esta es la cuestión. No
me he sentido bien los últimos días. Empezó a ser peor hace un par de días,
cuando estabas fuera de la ciudad. Lora me llevó a comprar una prueba de
embarazo, y cuando me la hice... dio positivo. —Me miró a los ojos y escuché
mi pulso en los oídos, lento y profundo, mientras decía las palabras que
pensé que nunca escucharía—. Estoy embarazada, Cane.
Kandy
spera. ¡Qué! —Su voz no sonaba enfadada, pero por
la expresión de su rostro, sus ojos abiertos y su
mandíbula floja, podía decir que estaba
sorprendido. Mucho más de lo que supuse que
estaría—. Pero... Mierda. Cómo... No me malinterpretes, estoy muy feliz de
escuchar esto, pero... ¿Cómo?
—No lo sé. —Me reí entre carcajadas y llanto, mientras lo miraba a los
ojos—. ¡Solo... lo estoy!
—Mierda... Nena. ¡Mierda, esto cambia mucho! —Me tomó en sus
brazos—. ¿Estás contenta? —preguntó, acariciando mi cabello—.
¿Emocionada?
—Todavía no estoy segura de cómo me siento. El médico dijo que mi
útero está mucho mejor ahora. Mucho más fuerte. El bebé se implantó bien.
—Lo miré. Sus ojos estaban brillando. ¿Estaba feliz o molesto por esto?—.
Quería decírtelo hace días, pero primero quería escuchar al doctor. La cosa
es... —Me salí de sus brazos y me levanté, agarrándole las manos—. Todavía
hay una gran posibilidad de que pueda abortar, Cane. Aunque todo parezca
bien por ahora, el doctor no hace ninguna promesa.
—Mentira. Ahora tienes a mi bebé dentro, Kandy. Nosotros hicimos eso.
—Estudió mis ojos, los suyos todavía húmedos—. Antes, te dijo que apenas
había una oportunidad. Ahora lo estás y... —Contuvo el aliento y sonrió—.
Es jodidamente increíble, nena. Eres fuerte y resistente. Haremos lo que sea
necesario para asegurarnos de que tú y el bebé estén bien.
Tengo que admitir que estaba sorprendida de escucharlo decir todo
esto. Pensé que seguramente necesitaría tiempo para procesar el hecho de
que pronto se convertiría en padre, pero su sonrisa... era real. Sus palabras
eran reales.
—¿Realmente estás feliz por esto? —pregunté en voz baja.
—Mierda, Kandy. —Me tocó los hombros y miró brevemente al techo
antes de volver a nivelar sus ojos con los míos—. Estoy empezando una
nueva vida contigo. ¿Cambiará mucho para nosotros con un bebé? Sí, pero
esto no es algo que no podamos manejar. Es una oportunidad, y tenemos
que aprovecharla.
—Pero, ¿qué pasa si termino perdiéndolo? —Me miré el estómago—.
Tengo miedo de perderlo, Cane.
—No. —Me acercó más, dándome un beso en la mitad de la frente—.
No puedes pensar así.
—El doctor Bhandari dijo que a las trece semanas tendrá una mejor
idea de cómo mi cuerpo está manejando el embarazo... Si llego tan lejos.
—¿De cuántas semanas estás ahora?
—Dijo cinco.
—Mmm. No mucho tiempo. Menos de dos meses. —Se inclinó hacia
atrás para mirarme—. No quiero que pienses negativamente sobre esto, ¿de
acuerdo? Me tienes a mí. Estoy aquí, Kandy.
—Lo sé. —Me metí el cabello detrás de las orejas, rodeándolo para
sentarme en el borde de su escritorio.
—Mierda —siseó, volviéndose hacia mí con las manos en las caderas.
—¿Qué?
—¿Se lo has dicho a tu padre?
—Eso... es algo en lo que tengo que pensar. Tengo que descubrir la
manera de decírselo sin que voltee las mesas y golpee las puertas. Ni
siquiera le he dicho que estamos comprometidos todavía.
—Mierda, ahora sí que me va a matar. —Se rio a carcajadas,
metiéndose entre mis piernas.
Agarré su rostro tomándolo entre mis manos y me incliné un poco para
besarlo en los labios. Cuando el beso se rompió, puse la punta de mi nariz
sobre la suya y dejé que nuestras frentes se conectaran.
—¿Estás seguro de que estas feliz con esto? —susurré—. No quiero
arruinar lo que tenemos.
—Estoy feliz de que sea posible. —Bajó sus manos hasta mi cintura—.
Mira, Kandy... las cosas que le dije a tu padre hace años sobre tener hijos...
Eso está en el pasado. Ya no me siento así. Estar contigo cambió todo eso.
Tener un hijo me da la oportunidad de ser un hombre mejor. No solo eso,
sino que imagina lo linda que sería la pequeña criatura. —Puso una
completa sonrisa juvenil, y me reí, poniendo una mano en su pecho.
—Él o ella sería lindo. —Me encuentro con sus suaves ojos verdes
grisáceos—. ¿Qué quieres que sea? ¿Si llegamos tan lejos?
Lo pensó por un momento.
—Un niño, para que pueda cuidarte y protegerte cuando yo esté
demasiado mayor para hacerlo.
No pude luchar contra mi sonrisa. Toda esta charla de bebé me estaba
poniendo muy emocional, así que, en vez de responder con palabras,
respondí con acciones, y besé a mi prometido.
Iba a hacer todo lo que estuviera a mi alcance para llevar bien a este
bebé y esperar que no hubiera una tragedia al final. Cane y yo nos
merecíamos esto. Después de todo lo que habíamos pasado, nos merecíamos
nuestro propio trozo de felicidad. Nos habíamos enfrentado a muchas
batallas, habíamos pasado por muchas guerras, pero pasar por un
embarazo de alto riesgo iba a ser nuestra mayor lucha de todas.
En el fondo de mi corazón, sabía que eso podía alegrarnos o
destruirnos. Recé para que fuera lo primero.
Cane
n bebé?
Todavía no podía entenderlo, pero la verdad
había sido derramada, y me la había tragado toda.
Incluso me había enseñado las fotos del ultrasonido.
Después de tantos años, no creí que fuera posible para nosotros, pero ahí
estaba. Había corrido directamente a mí con la posibilidad de que tal vez
pudiéramos tener una buena vida después de todo, con una familia que
creamos. Sabía que ella realmente quería un niño algún día, o al menos
intentarlo cuando estuviera lista.
No llamaría a esto un accidente, sino más bien una bendición
disfrazada. Solo recé para que esta bendición durara los nueve meses
completos.
En el transcurso del siguiente mes, Kandy estaba ansiosa, mientras
que yo era... ligeramente autoritario. Tan pronto como me lo dijo, hice que
Cora buscara los mejores ginecólogos del área metropolitana. Concerté una
cita para que la vieran y Mindy condujo hasta Charlotte para acompañarla.
No quería perderse ninguno de los detalles.
En su mayoría, el doctor dijo que Kandy estaba bien, los mismos
resultados que su último doctor había descubierto. Pero la doctora Maxine
sugirió que Kandy estuviera en un reposo modificado. No tenía que quedarse
en la cama todo el día, pero se suponía que no debía estar de pie más de
media hora cada vez, y nada de ejercicio extenuante, conducir o tener sexo.
Uno pensaría que Kandy habría escuchado y tomado las cosas un poco
más en serio, ¿pero lo hizo? No. Era muy cabezota, y yo me estaba hartando.
—¿No escuchaste lo que dijo tu médico, Kandy? ¡No te vas a subir a esa
cinta! —Estaba de pie frente a la cinta de correr en su oficina, bloqueando
su camino.
—¡Es una caminata inofensiva, Cane! ¡Ni siquiera voy a ir rápido! No
quiero quedarme sentada y engordar.
—¡No importa si vas rápido o lento, no deberías estar en él! ¡Se supone
que debes relajarte tanto como sea posible!
—Oh, Dios mío, ¡eres increíble! —Se apresuró a salir de la habitación,
bajando las escaleras. Corrí tras ella.
—¡Kandy, baja la velocidad! ¡Tienes puestas las zapatillas! ¡Podrías
caerte!
—Sí, bueno, si me caigo, ¡me caeré, Cane! —Bajó por el pasillo para
llegar a la cocina. Cuando entré, estaba abriendo la nevera, sacando un
batido verde. Mamá también estaba en la cocina, mirando entre nosotros,
tratando de averiguar lo que estaba pasando.
—¿Qué? ¿Vas a decirme que no puedo beber esto, o podría envenenar
al bebé?
Planté mis manos sobre mis caderas.
—Mierda, ¿lo hará?
—Ugh. —Se apresuró a pasar por el mostrador, mirándome una vez
antes de desaparecer.
—¡Desacelera tu trasero! —grité, pero estaba seguro de que no me
escuchó.
—Cane, tienes que darle algo de espacio —insistió mamá.
—¿Espacio? ¿Qué espacio? ¿Y si se cae o se tropieza, entonces qué?
¡Podría perderlo todo por un tropiezo!
—Lo entiendo, pero ahora mismo, está hormonal, fatigada, con náuseas
y estresada, y esas cuatro cosas combinadas no son una buena sensación,
hijo. Y tampoco es bueno para el bebé.
Suspiré, sentado en el taburete del mostrador. Mamá estaba glaseando
un pastel de terciopelo rojo. Aparentemente estaba a cargo de llevar dulces
horneados a sus reuniones de sobriedad. Ya no asistía como una persona
que necesitaba entender sus errores, sino más bien como alguien que
entrenaba a otros en el bienestar. Se había metido en el yoga y la meditación,
y creo que estaba dando sus frutos.
—Mira, mamá, el doctor le dijo que necesitaba relajarse. Yo mismo
estuve allí para escucharlo la semana pasada. Prácticamente quiere que esté
en cama hasta que las trece semanas hayan pasado. Tiene suerte de que la
deje salir de la cama, ¡y mucho menos bajar las escaleras con esas estúpidas
zapatillas por la maldita casa! ¡Ni siquiera tienen tracción en el fondo!
Mamá se rio, negando.
—¿Qué es tan gracioso?
—Tú —continuó con una ligera risa—. Recuerdo cuando todo lo que
hacía era tan lindo para ti. Ahora estás molesto porque tiene una mente
propia, incluso estás llamando estúpidas a sus pantuflas.
Puse los ojos en blanco, sacando mi móvil cuando sonó.
—Son estúpidas. Esa mierda peluda sobre ellas se apodera de mi cama.
—Leí el correo electrónico de Eden y puse los ojos en blanco por segunda
vez.
Como sabes, no me gustó el banner de patrocinio que tu equipo
creó para la tienda.
Llegaré el jueves por la mañana para ver el nuevo. Espero que estés
allí.
—Mira, entiendo que quieras que ella y el bebé estén a salvo, pero ya
está lidiando con muchas cosas —dijo mamá—. Tal vez puedas ir a dar un
paseo con ella por el vecindario, tomar un poco de aire. Estoy segura de que
está cansada de estar encerrada en esta casa, y si algún día tiene la
oportunidad de ver los ojos del bebé, se cansará de estar atrapada aquí de
todos modos. Confía en mí, es mejor que salga mientras pueda. ¿Cuándo
nacerá el bebé exactamente?
—Piensan que a principios de abril. El 6 de abril es la fecha exacta que
nos dio el doctor —gruñí, frotándome el rostro—. Estoy preocupado. Eso es
todo. No dejo de pensar en el lado negativo de todo esto, y sé que la
perseguirá. He leído sobre ello, y los abortos no son fáciles. Dijo que su
madre pasó por ellos, así que tendrá alguien con quien hablar que lo
entienda, si es que sucede, pero no quiero que pase por eso. Solo quiero que
tenga cuidado y que se tome esto un poco más en serio. Quiero decir, sé que
se preocupa, pero todavía es joven e ingenua en muchas cosas.
—Lo sé, cariño, pero no puedes luchar contra el destino. Si está
destinado a suceder, sucederá. Además, es joven, y todos los jóvenes creen
que están a salvo del daño hasta que algo malo sucede repentinamente.
Pero, ya lo sabes. —Se encogió de hombros—. Esa es una de las pruebas
cuando se trata de estar en una relación que tiene una diferencia de edad,
supongo.
—Supongo.
Terminó de glasear el pastel y luego cortó dos rebanadas, poniéndolas
en platos separados.
—Ahí. Una para ti, y otra para Kandy. —Ladeó la cabeza—. Sube ahí.
Haz las paces con ella.
Suspiré, recogiendo los platos y los tenedores y llevándolos a nuestro
dormitorio. Kandy estaba allí, sentada en el asiento de la ventana
empotrada. Cuando me oyó entrar, miró sobre su hombro y puso los ojos en
blanco. Era más agresiva ahora que estaba embarazada, y mucho más
emocional. Lloraba por cualquier cosa y se enojaba igual de rápido. Era
extraño, pero como me dijeron, las hormonas son poderosas. Una Kandy
embarazada no debía ser tomada a la ligera.
—¿Pastel? —ofrecí, sosteniéndole un plato.
Entrecerró los ojos mientras lo miraba y luego se dio vuelta.
—No tengo hambre.
Exhalé, colocando los platos encima del tocador y luego caminando
hacia ella. Sentándome a su lado en el banco, la miré. Llevaba pantalón de
yoga y una camisa de Nike. ¿Realmente pensó que iba a caminar con esas
estúpidas zapatillas en una cinta de correr?
—Mira, sé que piensas que estoy siendo un...
—¿Un imbécil prepotente? —espetó, cortándome—. Sí, lo eres. —Se
cruzó de brazos.
—Solo estoy tratando de protegerte a ti y al bebé, Kandy. ¿De acuerdo?
Siento que no te estás tomando esto tan en serio como deberías.
—¿Cómo, Cane? No voy a quedarme sentada y engordar. ¡Necesito
moverme, hacer algo! He visto literalmente todo en Netflix y todas las
películas On Demand. Necesito moverme, hacer algo.
—Ahora estás en la escuela —señalé.
—Sí, pero haces que Lora me lleve todos los días, para asegurarte de
que llego a salvo. —Puso los ojos en blanco.
—Solo tienes un mes más antes de que averigüemos si estás bien para
llevar este bebé o no, Kandy. No hemos tenido ningún percance aún, gracias
a Dios, pero no quiero que des por sentado esto. Tal vez no ha pasado nada
porque has estado aquí, y has sido cuidadosa.
No respondió, solo bajó la cabeza.
—¿Te estás arrepintiendo? —Evitó mis ojos—. ¿Kandy?
—No lo sé, Cane —murmuró.
—Sé que no planeamos esto. Lo entiendo. No te lo esperabas, y a veces
las sorpresas parecen retrasarnos, pero es solo temporal, nena. Te lo
prometo. —Una lágrima se deslizó por su mejilla, y suspiré, envolviendo una
mano alrededor de su cabeza y llevándola a mi pecho—. No llores, Kandy.
Escúchame, ¿bien? Has pasado por mucho. También superarás esto.
—¡Estoy tan cansada, Cane! —Sollozó en mi pecho—. Me duelen los
pechos y mi garganta está en carne viva cada mañana. No puedo mantener
una comida para salvar mi vida, ¡pero sigo ganando peso! ¡Me siento como
si estuviera en el cuerpo de otra persona!
—Pasará, nena. Te lo prometo.
—¿Y si todo esto es por nada? —gimoteó—. ¿Y si ni siquiera termino
teniendo el bebé?
—No puedes pensar así, ¿de acuerdo? Te lo dije... Vamos a pensar
positivamente.
—Lo intento, pero es difícil.
—Lo sé, pero tienes esto, Kandy. Lo has hecho muy bien. Ya han pasado
ocho semanas, ¿y no me dijiste que tu médico anterior dijo que, para la
marca de las ocho semanas, oirías el latido del corazón?
Sus llantos se detuvieron rápidamente después de que dijera eso. Luego
levantó la cabeza, mirándome a los ojos.
—Oh, Dios mío. —Exhaló—. Tengo que escuchar los latidos del corazón
esta semana.
Sonreí.
—¿Lo olvidaste?
Su garganta se movió mientras tragaba.
—Este miércoles, ¿verdad?
—Sí, nena. Y estaré ahí contigo, escuchando.
—¿Crees que oiremos algo?
—Me mantengo positivo en esto, así que sí, creo que oiremos algo.
Sonrió entonces, pero trató de retenerla. Le agarré la barbilla,
sosteniéndola entre el índice y el pulgar.
—Creo que una vez que lo escuches ahí dentro, te empujará en la
dirección correcta, te hará darte cuenta de que todo esto no es para nada.
Ahora mismo, hay una gran pregunta en el aire para ambos. Esperemos que
escucharlo por nosotros mismos nos ponga en el camino correcto de nuevo.
Asintió, uniendo sus labios por un momento.
—Lo siento —murmuró, con la voz débil—. No me gusta discutir
contigo. Me siento tan frustrada ahora, que literalmente no puedo controlar
mis sentimientos.
—Problemas del embarazo —bromeé, y una risa brotó de ella—. Ven
aquí. —Abrí mis brazos, y no tuvo ningún problema en deslizarse en ellos.
Se acurrucó en mi regazo, y cerré los brazos, gimiendo mientras la
sostenía—. Todo estará bien, nena. —Le besé la cabeza—. Solo mantente
fuerte. Sé que puedes.
Asintió, y eso fue todo lo que necesitaba.
Mi Kandy no era débil. La Kandy que yo conocía había ganado todas
las batallas que había pasado. Luchaba por lo que quería, y sabía que
realmente quería este bebé, sin importar lo cansada que estuviera o lo
mucho que su cuerpo estuviera cambiando.
Sus ojos se iluminaron cuando se dio cuenta de que oiría los latidos del
corazón. Eso era prueba suficiente de que le importaba, pero sus miedos
surgían tratando de hacer desaparecer esos momentos de felicidad.
Pero para eso estaba yo aquí. Me negué a que le pasara algo a ella o a
mi bebé.
Íbamos a superar esto. Después de todo lo que habíamos pasado, no
teníamos otra opción.
Kandy
e sentí muy mal porque Cane y yo nos peleábamos tanto. A
veces éramos como dos carneros en un campo abierto,
enfrentándonos por las cosas más triviales. No podía
soportarlo. Así no era como éramos, y sabía que la mayor
parte era mi culpa, pero a veces no podía evitar sentirme así. Tampoco podía
culpar del todo al hecho de estar embarazada.
Para ser honesta, estaba feliz de poder tener un hijo. Estaba feliz de
que todo se viera bien... pero estaba aterrorizada de cuánto cambiaría mi
vida y la de Cane. Especialmente la mía. Ya no tendría ninguna privacidad
o momentos para mí misma. Perdería el sueño, idea que odiaba, porque
amaba mi sueño. Era precioso para mí, y lo apreciaba mucho. No solo eso,
sino que aún no se lo había dicho a mi padre, y sabía que cuanto más
esperara, más se enfadaría.
Había estado leyendo muchos foros para encontrar consejos sobre
cómo aceptar todo el asunto del embarazo, porque era más difícil de lo que
pensaba. No podía creer que mamá sufriera así, solo por tenerme a mí.
Por otro lado, el miércoles finalmente había llegado.
Cane me llevó a la consulta de la doctora Maxine, donde me dijeron que
hiciera mi rutina habitual de registrarme, orinar en un vaso, etc. La doctora
Maxine era una mujer encantadora. Tenía una piel que me recordaba al
cacao, un corto corte de cabello y un hermoso acento francés que envidiaba.
Siempre quise tener un acento.
—¡Está bien, Kandy! ¿Estás lista para escuchar a ese pequeño? —
preguntó con una sonrisa atrevida y blanca.
—¡Sí! —Le sonreí antes de mirar a Cane. Estaba parado a mi lado,
observando cada pequeña cosa que ella hacía con rasgos suaves. Se veía tan
infantil. Nunca había visto nada de esto, así que estaba intrigado y más que
un poco emocionado. Era todo de lo que podíamos hablar en el viaje en auto
hasta aquí.
La doctora Maxine me pidió que me subiera la camisa y me bajara un
poco el pantalón, luego me aplicó un poco de gel caliente. Fue directo a ello
con su varita de ultrasonido, pasándolo sobre mi área abdominal inferior.
—Veamos. ¿Dónde estás, pequeño? —susurró suavemente. Siguió
moviendo la varilla, estrechando los ojos aquí y allá.
Miré a Cane nerviosamente. ¿Por qué no podía encontrar al bebé? Sabía
que él o ella seguía allí. Podía sentirlo. Mi corazón se sintió pesado en mi
pecho mientras se movía hacia la izquierda, y luego dijo:
—¡Ah! ¡Ahí está el pequeño frijol!
El alivio me golpeó. Gracias a Dios.
Mantuvo la varita en su lugar.
—Bien, ahora déjame encender el sonido. —Presionó un botón del
teclado del ordenador que estaba a su lado, y en cuanto lo hizo, un suave
golpeteo llenó la habitación. Movió la varilla un poco más, y los golpes se
hicieron aún más fuertes.
Thu-thump. Thu-thump. Thu-thump. Thu-thump.
El latido era tan rápido, como si el bebé corriera su propio maratón.
—Mierda. ¿Es ese el latido del bebé? —La voz de Cane estaba sin
aliento.
—Sí, lo es —dijo, sonriéndole—. Y suena muy fuerte y saludable, ¿no
es así?
—Lo hace —susurré—. Oh, Dios mío, ¡lo hace! —Mis ojos se llenaron
de lágrimas al mirar la pantalla. Así que realmente había alguien ahí. Ese
pequeño alguien estaba vivo, con un corazón que latía, y tenía que protegerlo
con todo lo que tenía en mí.
Cane me miró y luego se inclinó hacia delante, agarrando la parte
posterior de mi cabeza y besando mi frente.
—¿Oyes eso? —Su voz era tan dulce. Tan llena de alegría—. Ese es
nuestro bebé, Kandy.
—Nuestro bebé. —Agarré su mano y le besé la parte de atrás.
—Las cosas están tan bien como siempre —continuó la doctora Maxine.
Cane se inclinó un poco hacia atrás—. Estoy feliz con lo que estoy viendo.
¿Has mantenido tus movimientos al mínimo por ahora, como te pedí?
—Sí —dije, y Cane se aclaró la garganta, como si estuviera diciendo
tonterías. Le di una pequeña mirada.
—Bien. Me gustaría que lo mantuvieras así, solo por el próximo mes
más o menos. —Dejo la varita y luego tomó una toalla caliente de un cajón
debajo de la cama para limpiar un poco de gel—. El bebé parece estar bien.
Considerando que ya has pasado por una pérdida antes, creo que una vida
tranquila es una necesidad para la duración de tu embarazo. No grandes
viajes o clubes, cosas de esa naturaleza. Estar en un ambiente cómodo y
estable es lo mejor. Mencionaste que estás en la universidad, ¿verdad?
—Sí, pero solo tengo dos o tres clases al día. Soy cuidadosa —le
aseguré.
—Bien. Si hay algún día en que no te sientas bien, avísame y te escribiré
una nota del médico.
—Bien. —Me ayudó a sentarme mientras se paraba—. Gracias.
—¿Cree que será capaz de llevar al bebé durante los nueve meses? —
preguntó Cane, sonando como mi madre.
—Bueno, con el daño que se le hizo a su útero antes, no sugeriría llevar
al bebé durante las cuarenta semanas completas. En cambio, lo que
probablemente haríamos es inducir el parto alrededor de la trigésima sexta
o trigésima séptima semana, para estar seguros y evitar rupturas. Pero diré
que parece estar en el camino correcto. El bebé está creciendo bien.
Cane suspiró, claramente aliviado.
—Es bueno saberlo. Gracias.
—¿Alguna otra pregunta para mí? —preguntó la doctora Maxine
mientras se lavaba las manos.
Ambos negamos.
—Bien, entonces. ¡Los veré de nuevo en dos semanas! Siéntanse libres
de registrarse con Stacey al frente.
Le dimos las gracias y nos fuimos, pero no sin una gran sonrisa en
nuestros rostros. Cane caminó conmigo por el pasillo que llevaba al
vestíbulo, poniendo su brazo sobre mis hombros.
—¿Ves lo que hace el ser positivo?
Me reí.
—Bien, bien. Lo sé.
Se echó hacia atrás y me agarró de la mano, dirigiéndose hacia el
escritorio.
—¿Cómo te hace sentir? ¿Oír los latidos del corazón? —preguntó.
Solo había una palabra que podía describir la forma en que me sentía
en ese momento.
—Feliz —le dije.
Pero, por supuesto, la felicidad nunca parece durar mucho en mi
mundo.
El día siguiente fue tranquilo. Leí un nuevo libro y ayudé a la señora
Cane a hornear un pastel de manzana, pero entonces llegó el viernes. Cane
llegó a casa y parecía un poco nervioso cuando entró en la habitación.
Acababa de salir de la ducha y todavía estaba envuelta en una toalla azul
celeste.
—¿Qué pasa? —pregunté mientras se dirigía al armario. Siempre hacía
eso de pasear cuando estaba molesto.
—Tenemos que cenar con Eden mañana por la noche —se quejó.
—¿Qué? —Entré en el armario mientras se quitaba la corbata—. ¿Por
qué?
—Vino hoy a la tienda de Tempt. Aprobó la pancarta, pero me informó
que el señor Miller quiere que cenemos en su casa para celebrar el trato. Sé
que ella es la que lo pensó. Está tratando de joderme.
Fruncí un poco el ceño, manteniendo mi molestia a raya. Dios, esa
mujer realmente no tenía miedo.
—Entonces iremos —dije mientras él se quitaba la camisa por la
cabeza.
—No quiero estar cerca de ella, para ser completamente honesto.
—Pero para que te mantengas en buenos términos con un hombre que
te da la oportunidad de abrir muchos nuevos trabajos, tienes que ir. No
puedes rechazar su hospitalidad de esa manera, Cane.
—¿Sabes qué? La mierda que tanto me molesta es que pidió
específicamente que te trajera conmigo. No yo solo, sino los dos. Es una
perra sombría, y no me gusta esa mierda. Intentará interponerse entre
nosotros, hacerte sentir insegura. Puedo sentirlo.
Presioné mis labios juntos. No podía mentir, me sentía un poco
insegura estando en la misma habitación que ella. Era hermosa y parecía
que podía tener a cualquier hombre que quisiera, pero estaba jodiendo con
el mío. Ugh.
—No se interpondrá entre nosotros —dije, caminando hacia él—.
Somos más fuertes que una ex al azar que cree que puede entrar y enredar
la mierda. No conoce nuestra historia o lo que hemos pasado. —Sonreí—.
Vamos a divertirnos con ello. Mostrarle lo irrompibles que somos en
realidad.
Cane sonrió ante eso.
—Mmm —murmuró—. Me gusta esta nueva actitud tuya, pequeña. Si
no me hubieran ordenado mantener mi polla lejos, estaría enterrado
profundamente dentro de ti ahora mismo. —Me agarró la barbilla entre sus
dedos mientras me sonrojaba—. ¿Crees que estarás bien yendo allí mañana?
Será lo último que hagas por un tiempo. No quiero que salgas mucho de
casa, pero ya que estarás conmigo, estará bien.
—Estaré bien, hombre.
—Está bien. —Dejó caer un beso en mis labios y apartó su mano—.
Hagámoslo entonces, chica.
Kandy
iendo completamente honesta, estaba muy nerviosa, y sentirme
mareada y agotada no ayudaba. Estaba de pie frente al espejo
de suelo al techo de nuestro dormitorio, estudiándome en un
vestido color melocotón hasta la rodilla. Era perfecto en la
caída, con mangas y todo. Lo emparejé con unas sandalias de cuña, pero no
podía ignorar el pequeño bulto en mi sección media. No era el bebé todavía,
probablemente más una hinchazón que otra cosa.
—¡Dios, me veo horrible! —gemí.
—¡Basta ya! —gritó Cane desde el baño—. No te ves horrible. Te ves
hermosa. —Salió del baño, su cabello con gel hacia atrás. Llevaba pantalón
de vestir negro con una camisa gris de manga larga. Se veía bien, ¿y qué
más iba a decir a la loca por las hormonas de su prometida? ¿Que estaba
gorda?
—Ya ni siquiera puedo respirar. Estoy muy hinchada. Mi estómago
simplemente se queda ahí. —Pinché mi bulto, y él se rio, acercándose.
Agarrando mi mano y alzando mi barbilla con la otra, dijo:
—Basta. Eres la mujer más hermosa de este planeta. Todavía más sexy
ahora que llevas a mi bebé.
No pude luchar contra mi sonrisa.
—¿Adónde van? —Miré a la puerta, Lora estaba de pie entre los marcos,
mirándonos.
—Cena con un patrocinador. —Cane me liberó para mirar a su
hermana.
—¡Oh! ¿Crees que les importará que te acompañe? ¡Me muero de
hambre!
—Es de mala educación llevar a gente inesperada, Lora —dijo Cane.
—El tipo es rico, ¿verdad? ¡Estoy segura de que no le importa alimentar
a otra persona!
Suspiró. Sabía que no iba a ganar esta pelea.
—¡Voy a ir! Mamá no va a cocinar esta noche porque tiene una cita con
Andy. Necesito comida en mi estómago, ¡así que espérenme!
—Espera, espera, espera —dijo Cane justo antes de que Lora pudiera
salir—. ¿Una cita?
—Sí, una cita. —Sonrió—. Andy también es bastante guapo.
—No me dijo nada al respecto —murmuró.
—No te lo tomes como algo personal. Se lo saqué a la fuerza.
—¿Qué? —Me reí—. ¿Cómo?
—Agarré su teléfono cuando no estaba mirando, le pregunté para quién
eran todas esas sonrisas y risas. También la vi con una bolsa de compra y
la revisé. Era un vestido. Escandaloso, mostraba mucha pierna.
—Jesús —gimió Cane, frotándose la frente.
—¿Qué? No puede esconderme una mierda, ¿bien? La conozco como la
palma de mi mano. De todos modos, ¡espérenme! Los veré abajo. —Se fue
trotando, y yo miré a Cane mientras me devolvía le gesto.
—Tu hermana es un completo desastre. Espero que te des cuenta de
eso.
Dejó escapar una risa profunda desde su estómago.
—Confía en mí, lo he sabido durante años. —Tomó sus gemelos de la
cómoda—. No estoy seguro de cómo sería mi vida sin ella, sin embargo. Nos
llevamos ocho años, y pensé que estaba bien como hijo único, pero cuando
llegó fue fácil olvidar lo que había sido antes. Los hermanos son molestos,
pero hacen la vida mucho más interesante.
—Lo apuesto. —Toda esta charla entre hermanos me recordó a Frankie.
Le envié un par de mensajes de texto durante las últimas semanas, y dijo
que iba a venir a visitarme durante el verano, pero nunca lo hizo. No la culpé
por ello. Sabía que estaba ocupada con el trabajo, su madre, y Clay.
En el fondo esperaba que terminara esa situación con él. Frankie no
necesitaba esa complicación en su vida, y, al final, sabría que no había sido
lo correcto para ellos. Pero, la vida es la vida, supongo. La mierda pasa, y
no podía culparla por cómo se sentía. A veces el amor y la lujuria te eligen
a ti, no al revés. Yo, de todas las personas, sabía exactamente cómo era eso.

Llevamos el Aston Martin de Cane a la mansión del señor Miller en


Concord. Su casa era probablemente tres veces más grande que la de Cane,
con hierba verde y setos recién cortados y muchas luces en el césped. Me
alegré de que Cane fuera minimalista. Esta mansión parecía complicada.
Estaba segura de que, si viviese allí, me perdería.
Cane estacionó en la gran entrada detrás de dos camionetas plateadas.
Mi corazón se estrelló contra mi caja torácica mientras caminábamos hacia
la puerta. Tenía mi mano en la de Cane, y Lora caminaba detrás de nosotros.
Cane tocó el timbre, y cuando se abrió, fuimos recibidos por un hombre
mayor. Habría supuesto que era el señor Miller, pero el esmoquin blanco y
negro y los guantes blancos lo delataron. Nos dejó entrar y dijo:
—Buenas noches, señor Cane, señorita Jennings. Y... —El hombre
parecía desconcertado cuando vio a Lora.
—Lora Cane —se presentó mientras pasaba junto a él con una gran
sonrisa en su rostro—. No se preocupe, solo los acompaño. No hay
formalidades para mí.
—Muy bien, señorita Lora Cane. Soy Brandon, y me ocuparé de todos
ustedes esta noche. Además, no creo que al señor Miller le importe que se
haya unido a nosotros. Hay mucho vino para todos, además le encanta tener
compañía. —Extendió sus brazos, poniendo su atención en mí—. ¿Puedo
tomar su chaqueta?
—Oh... Sí, claro. —Me quité la chaqueta de cuero y se la entregué. La
dobló sobre su brazo y luego giró hacia Lora, pero ella ya se estaba
desprendiendo de su chaqueta vaquera. Se la dejó en el brazo y continuó
con su sonrisa.
—Gracias. —Exhaló—. ¿Dónde está el vino del que hablabas?
Brandon giró para colgar las chaquetas en el perchero de la esquina.
—Por aquí. —Caminó por un pasillo muy abierto. Los suelos eran de
madera oscura, el techo tan alto que se podía saltar en un trampolín en este
lugar. Había vigas marrones en el techo y pinturas en las paredes, todas
salpicadas de colores y hechas de cosas aleatorias como casas, aviones y
barcos. Sin embargo, no había fotos familiares.
—Lora —siseó Cane mientras se detenía a su lado—. Ten un poco de
clase, ¿quieres? Se supone que no deberías estar aquí.
—¿Clase? —Se rio Lora—. ¿Qué demonios es eso?
—No estoy bromeando —murmuró.
—Yo tampoco. Nunca he oído hablar de ello.
No pude evitar reírme.
—No la animes —dijo Cane en mi oreja.
Presioné mis labios, pero mi sonrisa no pudo ser contenida. Finalmente
llegamos a un vestíbulo. Un piano negro estaba en la esquina, justo delante
de un gran ventanal. Había un hombre en el teclado tocando una dulce y
acogedora melodía.
—Vaya... este hombre se esforzó mucho en esta cena, ¿no? —Lora miró
a su alrededor.
—Estoy seguro de que no es él quien ha organizado esto —dijo Cane,
ligeramente agitado.
—¿Qué quieres decir?
—¡Cane! —Una voz sonó a nuestra derecha, y todos miramos para
encontrarla. Por supuesto, era Eden. Y por supuesto que se veía muy bonita.
Llevaba un vestido negro con cuello alto que abrazaba cada curva de su
cuerpo. Su cabello estaba oscuro, liso y elegante, y su maquillaje parecía
hecho profesionalmente. Si había contratado a un mayordomo y a un
pianista, seguro que también habría contratado a un maquillador. Se
pavoneó hacia nosotros con sus tacones altos, centrándose únicamente en
Cane.
Cane se quedó dónde estaba.
—¡Estoy tan contenta de que hayas venido! —Todavía estaba alegre,
todavía ignoraba a sus otros invitados.
—Eden, ¿recuerdas a mi prometida, Kandy? —Cane me puso un brazo
alrededor del hombro.
—Por supuesto, ¿cómo podría olvidar su rostro fresco y juvenil? —Su
sonrisa fue forzada cuando se encontró con mis ojos y luego extendió su
brazo, ofreciendo una mano—. No llegué a presentarme formalmente.
—Está bien —dije uniformemente—. No hay formalidades para mí.
Lora se volvió loca con eso.
—Oh, chico.
Eden miró de mí a Lora, estrechando sus ojos.
—Lo siento... ¿Quién eres?
—Oh, soy la hermana de Cane. Me informaron que el dueño de este
lugar era rico, y no sabía qué cenar, así que los acompañé. Estoy segura de
que habrá mucha comida. —Brandon caminó por detrás de Eden con una
bandeja de copas de vino, ofreciéndole una a Lora. Salvada por el
mayordomo.
—Gracias, Brandon —dijo Lora.
Brandon ofreció una a Cane, a mí y a Eden, pero Eden no aceptó
ninguna. Yo tomé la mía, pero no bebí.
—Bueno, de todos modos —suspiró Eden—. La cena será por aquí. —
Se giró y volvió caminando por el pasillo del que había venido. La seguimos,
y la mano de Cane cayó para agarrar la mía. La caminata de Eden tenía más
balanceo de cadera del necesario, otro desesperado intento de llamar la
atención.
—Maldición, esa perra está desesperada. —Lora se rio en su vaso de
vino. Sonreí. Me alegró que Lora viniera. Aligeró el ambiente y no tenía
ningún filtro. También pude notar que ya se había metido bajo la piel de
Eden.
Eden dobló una esquina y nos encontramos con una gran mesa de
comedor rodeada por seis asientos y cubierta con comida fresca y humeante
de todo tipo. Un hombre estaba de pie en la esquina con un celular pegado
a su oreja. Tenía la piel marrón y los ojos marrón oscuro, la cabeza calva y
una barba gris. Parecía tener unos sesenta años.
—Papá, tus invitados están aquí. —Eden se le acercó y el hombre miró
por encima del hombro. Terminó su llamada y luego giró para mirarnos con
una cálida sonrisa.
—¡Señor Cane! —gritó, levantando las manos en el aire—. ¡Me siento
tan honrado de tenerlo aquí!
—El placer es mío, señor Miller. —Cane me soltó para estrechar su
mano.
—Y veo que has traído dos mujeres encantadoras contigo —señaló,
mirando entre Lora y yo—. ¿Cuál es la prometida?
—Es ella. —Cane me hizo un gesto para que me acercara con una
inclinación de su cabeza—. Kandy, este es Gerald Miller. Gerald, Kandy. —
Cane miró a Lora, que estaba bebiendo su vino—. Esa cosa salvaje de allí es
mi hermana —bromeó.
—Lo que sea, amigo. —Lora bajó su vaso y estrechó la mano del señor
Miller después de que él soltase la mía.
—Bueno, estoy feliz de tenerlos a todos aquí. Siento que la señora Miller
no pueda acompañarnos esta noche. Está en Dallas, visitando a su
hermana, pero, por otro lado, la comida acaba de ser preparada por mi chef,
que cocina de forma excelente. Vamos... —Levantó una mano hacia la
mesa—. Siéntense. Vamos a comer.

En su mayor parte, la cena no estuvo tan mal. El señor Miller era un


buen tipo, pero noté que Eden trataba de poner ojos seductores a Cane. Me
miraba, aquí y allá, cuando pensaba que nadie más se daría cuenta.
—¿Kandy? —dijo Eden—. ¿Pasa algo malo con la comida?
Miré hacia arriba.
—Oh, no. No, en absoluto. No tengo mucha hambre en este momento.
—¿En serio? ¿Quién viene a una cena planeada sin apetito? —Su
sonrisa era falsa.
—En realidad, tiene una muy buena razón para no comer —
interrumpió Lora, terminando cualquier bocado de comida que había
tomado.
—Ah, ¿sí? —Eden bajó su tenedor—. ¿Y qué razón podría ser esa?
—¿Qué? ¿No lo sabes? —Se rio Lora.
—Lora, ahora no —siseó Cane.
—¿Saber qué? —Había molestia en la voz de Eden. Realmente no le
gustaba Lora. Era cómico, en realidad.
—Tiene un brillo en ella, ¿sabes? Y la mayoría de las veces dicen eso de
las mujeres que están en estado, o teniendo un muy buen sexo. —Lora tomó
su copa de vino y sorbió, como si no acabara de lanzar una bomba sobre la
mesa.
—¡Lora! —Jadeé.
—Oh, vaya. ¿De verdad? —preguntó el señor Miller, sus ojos se
iluminaron cuando me miró. Forcé una sonrisa, deseando censurar a Lora
con los ojos. Había tomado una copa de más y su actitud de Me-Importa-
Una-Mierda se estaba mostrando más y más.
Cane presionó sus labios y asintió al señor Miller cuando lo miró. Me
di cuenta de que no quería hablar de ello ahora, pero tampoco quería ser
grosero cambiando de tema.
—Sí, lo estamos.
—¡Oh, hombre! ¡Felicidades! Te digo que tener un hijo... No hay nada
como eso. Traen mucha alegría a tu mundo. —El señor Miller se acercó para
frotar el hombro de Eden—. Si no fuera por Eden, mi club de campo sería
un blanco fácil.
Eden forzó una sonrisa antes de mirar entre Cane y yo.
—Un bebé, ¿eh? —Se sentó en su silla y tomó unos tragos de vino—.
No es de extrañar que no hayas tocado tu vino.
Le sonreí, como, realmente sonreír.
—Casi olvido lo que es tener un bebé —continuó el señor Miller, como
si estuviera aturdido—. Ha pasado mucho tiempo. Ya sabes, sigo diciéndole
a Eden que se case, que tenga una vida buena y feliz, pero es una adicta al
trabajo como su padre, supongo. —El señor Miller siguió y siguió, y Cane
asintió y charló con él, pero yo no pude evitar lanzarle una mirada a Eden.
Durante el resto de la cena e incluso durante el postre, noté que ya no
miraba tanto a Cane, sino a mí. Lora estaba teniendo un día de campo con
toda la comida, disfrutando especialmente del pastel de chocolate de seis
capas para el postre.
Y bien, yo no era una gran fan de hacer cosas mezquinas, pero cuando
se trataba de mujeres que pensaban que eran mejores que yo para Cane
solo porque eran mayores, no estaba en contra de tirar un poco de sombra.
Así que cada vez que Cane me miraba y me preguntaba si estaba bien, yo
decía:
—Sí, cariño. Estoy bien. —Lo suficientemente alto para que todos en la
mesa me oyeran claramente. Y cuando me agarraba la mano y me besaba
los nudillos como siempre hacía, me sonrojaba y me reía. Bien, lo de
sonrojarme siempre lo hice, pero la risa fue para aumentar el dramatismo.
Cuando llegó el momento de irnos, casi me escapé por la puerta. El
señor Miller nos dio las buenas noches a todos en la puerta, y Eden hizo lo
mismo, aunque esta vez decidió abrazarnos. Abrazó a Cane primero, por
supuesto, pero fue un pequeño abrazo. Uno simple. No hubo contacto de
cuerpo entero ni su ingle se acercó a la de él. Un abrazo amistoso que me
confundió. Empezó a abrazar a Lora, pero Lora levantó una mano.
—Solo saludo, señora amor. —Lora extendió su brazo y Eden quedó
perpleja, pero tomó la mano de Lora de todos modos, dándole un apretón de
manos.
Y entonces estaba frente a mí. Dejó escapar un largo suspiro,
mirándome por todas partes.
—Qué afortunada eres —suspiró—. Especialmente por tener un
hombre tan grande y guapo. —Sus ojos se dirigieron a los de Cane, que
había estrechado los suyos a cambio. Luego miró por encima del hombro al
señor Miller, que estaba hablando con Lora sobre algo relacionado con su
club de campo—. Una cosa que Cane probablemente no te dijo sobre mí es
que crecí con una madre soltera. Era difícil observarla a veces. Mi padre
tuvo una aventura con mi madre, y el hecho de tenerme lo cambió todo para
ella. Por suerte, no soy el tipo de mujer que se sentiría orgullosa de
interponerse entre un niño y sus padres. Lo vi toda mi vida con mi madre y
fue el peor sentimiento del mundo. Tal vez por eso soy como soy. —Su
sonrisa era pequeña—. Que tenga una gran noche, señora Cane.
Le di una inclinación de cabeza mientras Cane agarraba mi mano.
—Que tengas una buena noche, Eden. —Cane nos dirigió a su auto,
Lora detrás nuestra.
—Estoy muy confundida —dije cuando entramos y las puertas estaban
cerradas—. ¿Qué demonios fue eso?
—Esa, supongo, era su manera de decir que se retiraría. —Cane y yo
miramos hacia delante, hacia Eden, que volvía a entrar con su padre a su
lado. Pude ver que el señor Miller realmente la amaba. Estaba orgulloso de
ella, probablemente orgulloso de poder llamarla suya, eventualmente.
—Huh.
—Las perras se debilitan cuando los bebés están involucrados —dijo
Lora, y yo me reí. Claramente había bebido demasiados vasos de vino—. No
puedo esperar a ver cómo será tu bebé, Kandy. —Lora se inclinó entre los
asientos y Cane se rio, echando un vistazo mientras Lora me daba vueltas
un mechón de cabello suelto—. Tienes una piel y unos pómulos tan bonitos,
y Cane tiene esos ojos raros que siempre parecen cambiar de color con las
estaciones o sus emociones. Ese bebé nos va a convertir a todos en papilla.
No pude luchar contra mi sonrisa. Me alegraba que hablase del bebé
como si fuese un hecho y no una hazaña imposible. Necesitaba hacer lo
mismo, porque este bebé iba a suceder. Iba a tenerlo o tenerla, e iba a amarlo
con todo mi corazón.
Lora finalmente se sentó y apoyó su cabeza en la ventana mirando las
luces de la calle, Cane me agarró la mano, poniéndola encima de la consola
central y apretándola.
No tenía que decir mucho en este momento. Su sonrisa completa lo
decía todo, tampoco podía esperar a ver a nuestro bebé.
Kandy
oda la casa sabía que entre las dos y las cuatro de la tarde,
tomaba mi siesta diaria. Sin un "si", "y" o "pero" al respecto. A
esa hora del día, estaba completamente exhausta, y nada podía
mantenerme despierta. Pero por alguna razón, mi hombre
quería perturbar mi tranquilo sueño, y yo no estaba contenta con ello.
—Kandy —dijo Cane.
—Ugh, Cane. —Me quejé, apartando su mano cuando me molestó de
nuevo.
—Kandy, despierta.
—¿Qué?
Me puse de espaldas, mirándolo por el rabillo del ojo.
—Necesito mostrarte algo —dijo.
—¿Puede esperar? Estoy muy cansada hoy.
—No. No puede. Y estás cansada todos los días. Además, Lora dijo que
llevas durmiendo desde las dos, y ahora son las seis. Tienes que levantarte.
—Me agarró la mano y tiró de ella—. Vamos, chica. No tengo todo el día.
Me reí a carcajadas y me cubrí el rostro con un brazo.
—Estás loco, hombre.
Se rio, inclinándose para besar mis labios expuestos. Luego bajaron
hasta mi cuello.
—Arriba, nena. Creo que te encantará lo que tengo para mostrarte.
Suspirando, me incorporé frotándome los ojos. Me ayudó a salir de la
cama, y sentí que el peso caía justo en la parte baja de mi vientre,
haciéndome tambalear.
—Más vale que valga la pena, Cane. Lo digo en serio.
—Ohhh, eres una cosita gruñona —bromeó con una sonrisa.
Puse los ojos en blanco, pero no podía dejar de sonreír. Con mi mano
aún en la suya, Cane me guio por las escaleras y por el vestíbulo.
Caminamos por el pasillo hasta la cocina, donde las luces estaban
apagadas. Cane encendió el interruptor, y de la nada hubo un fuerte
"¡SORPRESA!"
Jadeé con una mano en el pecho mientras mamá, papá, la señora Cane,
Lora y Frankie estaban en una cocina llena de globos de colores.
—¡Oh, Dios mío! —chillé, mirando a Cane—. ¿Qué es esto?
—Solo una cosita para mi reina. —Se encogió de hombros—. Feliz
cumpleaños, pequeña. —Cane me besó en la mejilla mientras miraba el
pastel de dos pisos y la comida en los mostradores, y luego a mamá y papá.
Me concentré más en papá y dije una rápida oración de gratitud porque aún
no se me notaba, o le hubiera dado un ataque.
—Feliz cumpleaños, pequeña —dijo papá, encontrándose conmigo y
abrazándome fuerte. Le devolví el abrazo.
—Me sorprende que estén aquí. Mi cumpleaños no es hasta dentro de
dos días.
—Bueno, Cane planeó algo un poco antes —dijo mamá—. Y me alegra
que lo haya hecho.
—Oh, te traje algo. —Papá alcanzó un regalo envuelto en el mostrador
detrás de él y me lo dio.
—¿Qué es?
—Ábrelo y verás.
Rompí el papel de regalo y me di cuenta de que era un joyero. Miré a
papá con recelo antes de abrirlo. Era un par de pendientes de diamantes,
más grande que el que me dio cuando cumplí diecisiete años.
—¡Oh, Dios mío!
—¿Te gustan? —preguntó, con una sonrisa cada vez más grande.
—Papá, ¿estás bromeando? ¡Me encantan!
—Tu madre me ayudó a elegirlos. Considéralo un regalo de los dos.
—Los amo. Gracias, chicos. —Los abracé a ambos alrededor del cuello.
—¡Está bien, está bien! ¡Basta ya de este lío sentimental! ¡Necesito
saludar a mi mejor amiga! —Frankie me agarró del brazo y me giró. Me
apretó en un abrazo y me reí, al igual que con mis padres, luego la apreté
tan fuerte como ella a mí—. Así que... no traje un regalo, pero quiero planear
una noche de chicas hoy. Estoy libre... nada de trabajo. Clay cuida de
mamá.
—¿Una noche de fiesta? —preguntó Cane, poniéndose a nuestro lado.
—Sí, señor Cane. Una salida nocturna. Puede que no sea libre, pero
aún es joven y salvaje, ¿verdad, K.J.?
Me reí nerviosamente. Pobre Frankie. Todavía no le había contado lo
del bebé, no es que no quisiera hacerlo. Simplemente no quería decírselo a
mucha gente cuando las cosas podían terminar mal. Cada persona a la que
se lo digo es alguien a quien tengo que contarle si las cosas van mal, y no
puedo imaginar lo difícil que sería para mí.
—Chicos, ¿qué tal si probamos algunos de los aperitivos que hizo la
señora Cane? —Mamá sugirió, pero puso una expresión que decía "ve a
decirle a tu mejor amiga por qué no puedes y no debes salir".
—Por favor, coman todo lo que quieran —instó la señora Cane—. Creo
que he hecho demasiada comida. —Se rio.
—Eso no existe, mamá —dijo Lora—. Lo que sea que quede, estoy
segura de que lo consumiré cuando me encienda un porro.
La señora Cane le regañó juguetonamente y comenzó a servir comida a
todo el mundo.
—Frankie, necesito hablar contigo. —La tomé de la mano y la saqué de
la cocina. Cuando salí, miré a Cane, quien me dio un asentimiento.
Cuando estábamos en el estudio y sin nadie que pudiera escuchar,
Frankie preguntó:
—¿Qué pasa? ¿Qué está pasando?
—Um... No creo que deba salir esta noche.
Frunció un poco el ceño.
—¿Por qué no? ¡No te he visto en mucho tiempo!
—Sí, lo sé, pero... acabo de descubrir algo, y significa que tengo que
tomarme las cosas con calma por un tiempo.
—¿Algo como qué? ¿Estás enferma?
—No... es solo que... ¿Estoy embarazada? —dije, más como una
pregunta que como una declaración, y los ojos de Frankie casi se le salieron
de sus órbitas.
—¡Mierda! —Jadeó—. ¿Qué? Pero pensé que no podías...
—Todos pensamos eso, pero lo estoy. He estado enferma y muy
cansada, pero voy al médico a menudo, y el bebé sigue ahí. Sigo pensando
que me despertaré un día y que todo será un sueño, pero no lo es. Está
sucediendo de verdad, en serio.
—¡Mierda, K! ¡Es asombroso! —Frankie me envolvió en sus brazos otra
vez, y me reí sobre su hombro—. ¿Por qué demonios no me lo dijiste antes?
—Se echó hacia atrás, agarrándome de los hombros y mirándome con un
ceño aún más profundo que antes.
—No quise gafarme diciéndole a todo el mundo, ¿sabes? Además,
todavía soy de alto riesgo. Hay una posibilidad de que las cosas puedan salir
mal.
—¿Y no pensaste en decírmelo? —intervino una voz profunda, y yo
jadeé, mirando a mi derecha. Papá estaba caminando por la esquina con
una mueca.
—Papá, yo...
—¿Estás embarazada, Kandy? ¿Es eso lo que acabo de oír?
Frankie dio un paso atrás cuando papá se acercó. Me quedé quieta, y
un suspiro de derrota pasó por mis labios mientras decía:
—Sí, papá. Estoy embarazada.
—¿Qué demonios? —gritó, y más pasos sonaron justo después.
Cane estaba al final del pasillo, parado detrás de papá.
—¿Qué demonios está pasando? —exigió.
—¿La has vuelto a embarazar? —Papá se quebró, se balanceó y apuntó
un dedo en el rostro de Cane.
—¡Derek! —Mamá apareció a la vuelta de la esquina, agarrando el brazo
de papá—. ¡Basta!
—¿Lo sabías? —gritó papá en el rostro de mamá.
—Sí, lo sabía —dijo ella, con voz firme.
—¿Y no me lo dijiste? ¿Qué clase de esposa le guarda un secreto así a
su propio marido?
—¡La clase de esposa que sabe que su marido haría un maldito
berrinche ante la noticia! —respondió.
—¡No es su culpa, papá! —grité—. Le dije que no te lo dijera. Quería
decírtelo yo misma cuando fuera el momento adecuado.
—Ah, ¿sí? ¿Cuándo? ¿Cuándo nazca el bebé?
—Iba a decírtelo —aseguré—. Yo... solo estaba intentando asegurarme
de que todo iba a suceder realmente. Sabía que no reaccionarías bien a ello.
—¡Maldita sea, no voy a reaccionar bien a esto! —Papá sacudió la
cabeza y se burló, mirando entre Cane y yo—. Son imprudentes y estúpidos,
y si ella sufre otra pérdida porque no pudiste mantener tu polla...
—¡DEREK! —gritó mamá—. Fuera. ¡Ahora! —Señaló la puerta, y papá
miró fijamente a Cane antes de concentrarse en ella. Nunca había visto a
mamá enfadarse tanto con papá, especialmente cuando se trataba de
defenderme.
Cuando papá se dio cuenta de lo seria que estaba, gruñó y se dio la
vuelta, pasando por delante de Lora y la señora Cane, que estaban en el
pasillo, y salió por la puerta. Mamá fue tras él y la puerta se cerró de golpe.
Toda la casa estaba tranquila. Decir que estaba avergonzada era poco.
Bajé la cabeza, apretando los ojos.
—Siempre hace esto. Deja que su temperamento saque lo peor de él.
Es un maldito imbécil.
—Está disgustado, Kandy. Sabías que reaccionaría así —murmuró
Cane.
—No me importa. Tiene que crecer ya, joder.
Cane suspiró, envolviéndome con sus brazos y besándome la cabeza.
—Lora, mamá, llevad a Frankie a la cocina con vosotras. Hacedle algo
de comida.
—Claro. Sí —dijo Lora.
—Para que conste —dijo Frankie, frotando mi brazo—. Estoy súper feliz
por ustedes. Serán unos padres estupendos.
Sus palabras me hicieron sonreír. Solo un poco.
—Gracias, Frank.
Cuando estuvo fuera de la habitación, quedamos solo Cane y yo.
—Siento que te haya dicho eso —susurré—. Debí habérselo dicho antes
y evitar todo este drama y vergüenza.
—No te preocupes por eso. Entiendo su frustración.
—Pero eso no lo hace correcto, y no significa que pueda decirte lo que
quiera solo porque esté molesto contigo. No tiene que ser un capullo en todo.
Eres mi prometido, te quiero, y él debería respetar eso.
—Bueno, en primer lugar, no le has dicho que nos vamos a casar, así
que no tiene ni idea de que estamos comprometidos. En segundo lugar, esta
es una píldora difícil de tragar para tu padre, Kandy. Tiene que
acostumbrarse a la idea de nosotros. Los hombres no son como las mujeres.
Es más difícil para nosotros procesar y aceptar ciertas cosas. Fuimos amigos
una vez. Ahora solo estamos... aquí. Atrapados en una situación incómoda,
tratando de vivirla.
—Bueno, tiene que aprender a aceptarlo y dejar que las cosas sigan su
curso. Ya no solo por mi bien, sino también por el del bebé. Quiero que el
bebé tenga un buen y feliz abuelo. No uno que hable mal de su padre porque
no está en buenos términos con él.
—Derek no es así. No va a vomitar odio a un niño inocente,
especialmente a su propio nieto.
Ugh. Por su bien, esperaba que tuviera razón.
La puerta principal se abrió y mamá volvió a entrar.
—Deja que se calme —dijo, y luego nos dio una sonrisa forzada antes
de cerrar la puerta y caminar por el pasillo para llegar a la cocina.
—Ya has oído. Vamos —dijo Cane—. No vamos a dejar que eso arruine
tu cumpleaños.
—Ya está arruinado —murmuré mientras me ponía un brazo sobre los
hombros y me acompañaba a la cocina. Lora tenía música en su altavoz
portátil, una canción de Dua Lipa, y me alegré de que ella, Frankie, y la
señora Cane se centraran en la fiesta real y no en lo que acababa de pasar
hace unos minutos.
Supongo que todos estábamos acostumbrados al caos porque todos
lidiamos en alguna forma con él. Ninguno había vivido una vida estable. Era
fácil olvidarse de las cosas menores, como las discusiones y las peleas. Y
con eso en mente, decidí seguir adelante. Sí, papá estaba molesto, pero se
calmaría y lo superaría. Su temperamento siempre sacaba lo peor de él en
el calor del momento, pero una vez terminaba, volvía para arreglarlo.
Y claro, después de que todos comimos un trozo de pastel y recitamos
las letras de nuestras canciones favoritas, papá volvió. Se quedó de pie en
la puerta de la cocina, mirándonos a todos.
—¿Calmado ahora? —preguntó mamá, levantando una ceja hacia él.
Simplemente la ignoró.
—Kandy... ¿podemos hablar? —preguntó, y yo dejé mi plato. Miré a
Cane, quien parpadeó lentamente y me dio un asentimiento, y luego pasé
por delante de papá, doblando la esquina para llegar al patio trasero. Me
senté en una de las sillas mientras papá cerraba la puerta tras él. Se reunió
a mi lado, tomando la silla junto a la mía.
Estuvimos en silencio durante varios segundos. Desde donde
estábamos, aún podía oír la música sonando en la cocina, así como algunas
risas.
—Mira, siento mi comportamiento de antes —dijo finalmente—. Es
que... no lo entiendo. ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Por qué tuve que ser el
último en saberlo?
—Porque no sabía cómo decírtelo, papá. Y sabía que ibas a explotar
como siempre haces. Eres como un Angry Bird.
Ante eso, negó, pero no pudo ocultar su sonrisa.
—Kandy... las probabilidades de que te quedaras embarazada eran
escasas. Tu madre me lo contó todo. Por supuesto que me gustaría saber de
inmediato que lo estás.
—Lo sé. Lo siento. —Me concentré en el suelo.
—¿Cuántas semanas?
—Acabo de llegar a la marca de las catorce semanas.
—Espera... Catorce semanas enteras de embarazo, ¿y no me lo dijiste?
—Sus cejas se juntaron, pero sus ojos eran suaves. Juguetones—. Si todavía
vivieras conmigo, te molería a palos ahora mismo, ¿lo sabes?
Me reí.
—Estoy... sorprendido, supongo —continuó—. No lo vi venir.
—Bueno... entonces, supongo que te sorprenderá aún más saber que
Cane y yo estamos comprometidos.
—¿Comprometidos? —Los ojos de papá se abrieron aún más—. ¿Estás
bromeando? ¿Algo más que no me hayas dicho?
—No, papá. Eso es todo.
Suspiró y se quedó callado durante varios segundos.
—Comprometidos, ¿eh? —dijo finalmente.
—Sí. Me lo pidió cuando estábamos en Belice. Le dije que sí.
—¿Cuándo es la boda?
—El año que viene, después de la graduación. Bueno, con suerte. No
estoy segura de cómo funcionarán las cosas con el bebé.
—Bien. Me alegro de que termines la escuela primero. —Me miró—.
¿Estás segura de que estás preparada para ser madre y esposa? Ser esposa
es un trabajo duro, pero ser madre es aún más difícil. Sabes lo que tuvimos
que pasar contigo, ¿verdad?
Lo empujé con el codo, riéndome.
—No era tan mala.
Se encogió de hombros.
—Fuiste una pesadilla a veces, pero en general, una niña bastante
buena.
—No sé si estoy lista... pero si estoy de catorce semanas, y sigo llevando
este bebé... estoy aquí para ello. Mi médico me dijo que las primeras trece
semanas eran las de mayor riesgo de aborto, pero lo he conseguido. El bebé
sigue ahí, y si estoy destinada a tenerlo y convertirme en madre, me
aseguraré de estar preparada.
Papá dio una pequeña sonrisa y luego bajó la cabeza.
—Eres una buena persona, Kandy. ¿Lo sabes? Supongo que no la he
fastidiado contigo después de todo. —Con una sonrisa, se puso de pie y
abrió los brazos, y yo me levanté de mi silla caminando hacia su abrazo.
Con una profunda exhalación, me dijo—. Me has hecho pasar por un
montón de mierda... pero te quiero más que a nada. El bebé es... bueno, no
voy a mentir, será difícil para mí adaptarme por un tiempo, pero estoy aquí
para ti. Para lo que necesites.
—Lo sé, papá.
—Bien. —Dejó caer un beso en mi frente—. Ahora volvamos a la fiesta.
Papá caminó con su brazo sobre mis hombros de vuelta a la casa. En
la cocina, Lora y Frankie estaban tomando chupitos de whisky, las locas, y
mamá, Cane y la señora Cane se reían de la expresión de Frankie cada vez
que tomaba uno.
Todos sonreían. Felices. Por primera vez, estábamos todos juntos,
todas las personas que amaba, y nos divertíamos. Todos teníamos nuestros
problemas, sí, pero cuando la habitación estaba llena de vida así, nada fuera
de ella importaba.
¿Esta gente? Eran mi familia. No tenía ni idea de lo que haría sin
ninguno de ellos, y saber que mi bebé tendría su amor iba a valer la pena.
Por supuesto, papá no habló con Cane por el resto de la noche. Cane no se
molestó en hacer ningún intento. Mantuvieron su distancia, y estuvo bien,
siempre y cuando no terminaran enfrentados otra vez.
Alrededor de las nueve de la noche, mamá y papá se fueron. Tenían que
trabajar por la mañana y debían volver a Atlanta. Los abracé para
despedirme y los vi irse. Cuando ya no pude ver sus luces traseras, volví a
la cocina.
—Frankie, definitivamente deberías pasar la noche —insistió la señora
Cane mientras doblaba la esquina—. Me niego a dejarte conducir después
de tomar cinco tragos de whisky.
—¡Amiga, estoy totalmente bien! ¡Puedo conducir! —Frankie trató de
convencerla, pero por la mirada severa en el rostro de la señora Cane, sabía
que no iba a suceder.
—No está bien —intervino Lora—. Esa perra está jodida.
—Supongo que esta es mi noche de fiesta, ¿eh? —Frank se rio y me
puso los brazos alrededor del cuello.
—Sí, estás borracha —me reí—. Te quedarás a pasar la noche, y
tenemos unas cuantas habitaciones extra, así que no hay excusas.
—Sí. Puedes dormir la mona —dijo Cane.
—Vale, vale. Bien. Bueno, si ese es el caso... —Frank se alejó de mí
para recoger su vaso de chupito y la botella de whisky medio vacía. Llenó su
vaso y luego lo levantó en el aire—. ¡Seguiré bebiendo este whis-kay! ¡Salud,
Cane y Kandy! ¡Espero que el bebé sea tan asombroso como ustedes!
—¡Joder, sí! —gritó Lora, tomando la botella entera de whisky.
Aparentemente, estaba tan borracha como Frankie—. ¡Salud!
Chocaron sus vidrios, y Cane, yo, y la señora Cane nos reímos mientras
Lora bebía directamente de la botella y Frankie se tomaba su trago.
Estaban locas, lo juro, pero no las habría cambiado por nada ni nadie
en este mundo.
Cane
ener una prometida embarazada era un trabajo duro. Allí
estaba yo, pensando que sería un paseo, unos simples nueve
meses de dicha y felicidad. Era todo menos eso.
Para empezar, estaba estresado. Estresado por el bebé.
Estresado por Kandy y su comodidad y salud. Sabía que se estaba cansando
de estar tanto tiempo en casa. Todavía iba a la escuela para sus clases, pero
volvía a casa, haciendo lo que yo le decía.
Al principio, me sentí mal por insistir tanto en su reposo modificado,
pero acordamos que haríamos lo que fuera necesario para proteger al bebé
y mantenerla sana. Cuando nos adentramos en el invierno, mi estrés se
intensificó. Lora se había resfriado, así que le dije que tenía que ponerse en
cuarentena en el cuarto de mamá para que Kandy no enfermara. Por
supuesto, Lora estaba molestaba, pero a mí me importaba una mierda.
No solo eso, sino que a Kandy estaba empezando notársele y… no sé.
Había algo en la imagen de ella llevando a mi bebé que me hizo tambalearme.
Cuando se desnudaba a mi alrededor, mostrando su vientre punzante, todo
lo que quería hacer era tumbarla en la cama y meterle la polla entre las
piernas. Quería besarla de pies a cabeza, pero sobre todo su estómago,
donde mi bebé descansaba. Quería que supiera que yo puse a ese bebé allí.
Yo.
No podíamos tener sexo durante los nueve meses, y si puedo ser
totalmente honesto, ya era una maldita tortura. Había hecho una cuenta
regresiva mental de los días que faltaban para poder hacer que su cuerpo
fuera mío de nuevo, una vez que mi bebé naciera, y se curara
adecuadamente.
Mientras tanto, me conformé con besarla... hasta que una noche, me
sorprendió.
—Acuéstate —me ordenó, saliendo del baño en camisón.
Estaba sentado en la cama, hojeando los correos electrónicos en mi
teléfono. Acababa de regresar a la ciudad desde Charleston. Kandy se acercó
a la cama, y me miró a los ojos. Se subió, y mis cejas se fruncieron cuando
encontré su mirada.
—¿Qué estás haciendo, Kandy? —pregunté mientras ella tiraba de la
cintura de mi pantalón. Levanté mis caderas mientras los bajaba hasta mis
tobillos.
—No hemos sido capaces de hacer nada en meses. Mis náuseas
matutinas están desapareciendo y los olores ya no me vuelven tan loca.
Necesito complacerte por haber soportado mi mierda hasta ahora.
Me reí de eso.
—¿Complacerme? ¿Y cómo exactamente vas a hacer eso?
—Voy a darte lo que quieres —murmuró—. Lo que necesitas.
—¿Y qué necesito, nena?
—Mi boca... alrededor de tu polla.
Un profundo gemido llenó mi garganta. Ni siquiera tuvo que tocarme
para que me pusiera duro. Habían pasado cinco meses y medio sin jugar.
Tenía ganas de masturbarme, pero una parte de mí quería esperar hasta
que pudiéramos hacer algo de nuevo, solo para que pudiéramos
experimentar la ansiedad juntos, pero dudaba que tomara tanto tiempo.
—¿Estás segura de esto? —pregunté mientras su boca se cernía sobre
la punta de mi polla.
—Positivo —suspiró, y luego separó sus labios rosados, sellando su
boca alrededor de mi punta. Se agarró a mi eje, y la combinación de su mano
suave y su boca resbaladiza fue suficiente para hacerme palpitar.
—Mierda —gemí. Me llevó más profundo en su boca, casi ahogándose
con ella—. Mírame —ordené—. Quiero que me mires mientras me chupas la
polla.
Gimió a mi alrededor, las vibraciones enviaban espasmos a mis bolas.
Su mano se movía de arriba a abajo, con un puño alrededor de mi polla,
bombeando ligeramente mientras su lengua se arremolinaba alrededor de
la cabeza. Ni una sola vez me quitó los ojos de encima. Sabía que me
encantaba eso, cuando sus ojos estaban en los míos mientras mi polla
estaba en su boca.
Un gemido más profundo se acumuló en mi garganta cuando levanté
una mano y la presioné contra la parte posterior de su cabeza. Mis dedos se
enredaron en su cabello, y agarré un puñado forzándola a bajar, haciendo
que bajara cada centímetro.
Se atragantó a mi alrededor y luego volvió a subir por aire.
—Hazlo de nuevo, nena —dije con voz rasposa, y no tuvo ningún
problema en hacerlo. Me tomó de nuevo, dejando caer sus ojos por un
momento para concentrarse en respirar, y cuando volvió a subir, sus
grandes ojos marrones estaban otra vez sobre los míos—. Joder, te ves tan
sexy. —Siguió haciendo esa misma acción una y otra vez, metiendo mi polla
tan profundamente como podía en su boca mientras su mano acariciaba y
bombeaba la base de mi polla—. Mierda, estoy a punto de correrme.
Como dije, habían pasado meses, y en ese momento la paciencia no
estaba de mi lado. Agarrando ambos lados de su cabeza, incliné mis caderas
y le metí la polla en la garganta. Hizo un ruido sordo, pero se quedó en su
lugar, y un estruendoso gemido me atravesó mientras mi semen se
derramaba por su garganta.
—¡Oh, mierda, nena! —Ni siquiera podía controlar mi voz. Así de
intenso era mi orgasmo. Me estremecí mientras ella seguía succionando y
lamiéndome, bebiendo cada gota de mi semen. Con mis manos aún en su
cabeza, la alcé y vi cómo besaba la punta de mi polla, haciendo que
temblara—. Joder —jadeé—. Sigues estando llena de sorpresas.
Sonrió y la liberé. Se deslizó a mi lado, me rodeó la cintura con un brazo
y apoyó la frente en mi mejilla.
—Cuando necesites soltarte un poco, solo dímelo. Todavía quiero
complacerte.
—Sé que lo haces, pero está bien, Kandy. Viviré.
—Me gusta bajar para ti. —Se rio—. Me gusta cuando pierdes el control.
—Ya lo veo. —Me reí entre dientes.
Suspiró.
—¿Has pensado en nombres?
—No, en realidad no. —En la cita de veinte semanas de Kandy,
decidimos que no queríamos saber el sexo. Pensamos que, si era un niño o
una niña, lo amaríamos a pesar de todo. Por supuesto, compramos colores
unisex, como amarillos y verdes, y Kandy y Lora incluso habían empezado
a decorar uno de los dormitorios extra, convirtiéndolo en la guardería.
Estábamos emocionados por el bebé, y aún más felices de que este milagro
sucediera justo frente a nuestros ojos.
—Creo que te dejaré el nombre a ti. No soy muy bueno con eso —
murmuré.
—He estado buscando algunos en Google, y en Pinterest, pero hay
muchos. ¿Qué tal Leo para un chico?
—Um. Conozco a un Leo, y es un imbécil. ¿Qué más tienes?
—Bien... ¿qué tal Valerie para una chica?
—Hmm... Me gusta ese. Ponlo en la lista. ¿Algún otro?
Se sentó, presionando una mano plana en la cama.
—Bien... Esto va a sonar raro... pero ¿qué hay de Chance, para un
chico?
—¿Chance? ¿Como oportunidad1?
—¡Si! —Se puso a reír.
—¿No hay un rapero con ese nombre?
—Sí, pero no es por eso que quiero usar ese nombre. Como yo lo veo,
este bebé es nuestra oportunidad de pelear, y si alguien alguna vez
pregunta, no tendría problema en explicarlo.
Levanté una ceja.
—Vaya. Ahora que lo explicas, tiene sentido. —La miré a los ojos—. Me
gusta ese.
—¿Así que Valerie para una chica y Chance para un chico?
Sonrió con suficiencia.
—Puedo manejar eso.
—Bien. —Se subió a mi regazo, y su vientre se acomodó entre nosotros.
Sentí una patada en mi abdomen y sonreí. El bebé se estaba moviendo. Mi
bebé—. Te amo mucho —me dijo, con sus brazos alrededor de mi cuello.
—Y yo te amo a ti, pequeña. —Le besé el labio superior—. Tanto.
Seré honesto, nunca pensé que habría un día en el que estuviera
emocionado por tener un bebé en camino. Mi vida había sido tan caótica y
ocupada que lo consideré imposible, pero en mi regazo estaba una belleza
embarazada, de cinco meses y medio, y en su vientre estaba mi hijo. Mío.
Había plantado esa semilla, y la estábamos viendo crecer.
Nunca supe que existía tal felicidad, pero ahora que estaba sucediendo,
no quería dejarla ir nunca.

1 Dice oportunidad, ya que la traducción de chance es oportunidad.


Cane

ecuerdan cuando dije que, si había demasiada paz en mi


vida, siempre llegaría una tormenta? Bueno, podía
sentirlo venir, y por primera vez en mi vida, sabía que
era una tormenta que me haría sufrir. Me ahogaría en
sus aguas traicioneras sin nadie que me salvara. Porque a veces, no
podíamos ser salvados. A veces nos arrastraba sin nadie que nos ayudara.
Mi teléfono sonó en mi escritorio, y vi que era un mensaje de texto de
Kandy. Recuerdo el día que me envió el mensaje. El veinte de marzo.
Kandy: No me siento bien hoy. No puedo decir si estoy teniendo
contracciones Braxton Hicks realmente malas o reales.
Yo: ¿Necesitas que vaya a buscarte? ¿Llevarte a ver al doctor
Maxine?
Kandy: No. Creo que solo necesito recostarme. Cansada. Mándame
un mensaje cuando estés de camino a casa.
Yo: Lo haré. Descansa un poco. Si necesitas algo, pídeselo a mi
madre o a Lora. Están ahí para ayudar.
Kandy: Lo haré.
Le dije a Cora que no podría volar fuera de la ciudad durante tres meses
seguidos. El trabajo iba a tener que venir a mí, ya que Kandy acababa de
cumplir ocho meses y medio y el bebé nacería en cualquier momento. No
solo eso, sino que las contracciones de Braxton Hicks eran cada vez más
fuertes.
Su doctor sugirió que me mantuviera cerca, y también mencionó que
como Kandy tenía un riesgo muy alto, el bebé podría nacer antes de las
cuarenta semanas. Su nacimiento estaba programado para dentro de dos
semanas, así que sí... esto estaba sucediendo, y todo el embarazo parecía
haber pasado volando. Kandy estaba en treinta y cuatro semanas
actualmente, su vientre crecía rápidamente. Pensó que se veía horrible, pero
para mí era una diosa.
Mientras trabajaba escribiendo correos electrónicos, mi teléfono volvió
a sonar en el escritorio. Una llamada de Lora.
—¡Q! —gritó Lora al teléfono. Podía oír la preocupación en su voz, tan
intensa que era casi como si la sintiera. Me puse de pie rápidamente.
—¿Lora? ¿Qué está pasando? —pregunté.
—¡Tienes que ir al hospital ahora mismo! Voy a llevar a Kandy allí. Tuvo
unos cuantos calambres fuertes esta mañana y tomó una siesta, pero
cuando se despertó, había sangre en la cama. Estamos en camino ahora,
pero tiene mucho dolor.
No tuve que escucharla completamente antes de salir de la oficina.
—Ya voy.
Joder. Mi corazón bombeó más rápido, entrando en sobremarcha.
Presioné el pulgar en el botón del ascensor, esperando impacientemente a
que se abriera.
—¿Está todo bien, señor? —preguntó Cora detrás de mí. Me volví para
mirarla. Su rostro estaba grabado con preocupación.
—Kandy está sangrando un poco —dije mientras se abrían las puertas
del ascensor. Entré—. Despeja mi agenda hasta nuevo aviso.
—Por supuesto, señor. Lo tiene. Espero que todo esté bien.
Sí, yo también esperaba que todo estuviera bien.
Corrí a través del vestíbulo para llegar al estacionamiento. Cuando
estaba en mi auto, lo encendí y me alejé de mi edificio. Me mantuve tan
calmado como pude, pero fue difícil. Esperaba que esto no sucediera, y recé
al Todopoderoso porque fuese solo una falsa alarma y que nada malo
estuviera sucediendo. Algo muy dentro de mí siempre me decía que esta
felicidad no duraría, que algo iba a perturbar nuestra paz y sacudir nuestro
mundo. Podía soportar muchas cosas, pero perderla a ella o al bebé era algo
que no estaba seguro de poder manejar.
Por suerte no había tráfico, así que llegué al hospital en un tiempo
récord. Apagué mi auto y corrí a la sala de emergencias, revisando el
vestíbulo tan pronto como entré.
—¡Q! —La voz de Lora se elevó y miré a la izquierda, viéndola correr
hacia mí con mamá detrás de ella.
—¿Dónde está? —Jadeé—. ¿Está bien?
Lora parecía derrotada, con los ojos llorosos.
—N-No lo sé.
Caminé alrededor de ella, yendo al mostrador.
—Trajeron a una chica —resoplé, enfocándome en la mujer detrás del
mostrador—. Kandy Jennings. Necesito estar con ella.
La mujer parecía no estar perturbada por mi urgencia. Quería hacerla
entrar en razón por tomar mi situación tan a la ligera.
—No puedo decirle nada a menos que sea pariente del paciente o su
cónyuge.
—¡Es mi prometida! —grité.
—Pero aún no están casados —dijo con los dientes apretados—. No hay
nada que pueda hacer hasta que tengamos noticias del doctor. Tendrá que
esperar aquí fuera, señor.
—¡Tienes que estar bromeando! —espeté. Miré a la mujer detrás del
mostrador—. Necesito estar ahí con ella. Es mi prometida y está embarazada
de mi hijo. Si algo le sucede de nuevo, yo...
Ni siquiera tenía las palabras. No podía completar el pensamiento. Si
le pasara algo a Kandy, lo perdería. Juro por Dios que lo haría.
—Señor, entiendo su frustración, pero no puedo dejarlo pasar hasta
que tengamos la autorización del paciente. Ahora, les haré saber que está
esperando, y alguien vendrá a hablar con usted cuando pueda. Hasta
entonces, por favor, trate de relajarse —dijo, pero sus palabras no tenían
sentido. No conocía la situación de Kandy ni los riesgos. No sabía qué
pasaría y no le importaba.
—¿Cane? —dijo mamá, y una mano me envolvió la muñeca—. Ven a
sentarte, hijo. Por favor.
¡Al diablo con eso! ¿Cómo iba a sentarme cuando mi chica y mi bebé
podrían estar muriendo ahí atrás, solos? Quité mi mano y me alejé del
mostrador, yendo a una esquina. Lora y mamá me siguieron.
—Si algo le pasa a ella o al bebé... —Caminé de un lado a otro, pasando
los dedos por mi cabello.
—Estará como un roble, Q —murmuró Lora, pero ni siquiera ella
parecía muy convencida.
—¡Eso no lo sabes!
—Cane... —Mamá se puso delante de mí, deteniéndome a mitad de
camino—. Estará bien. ¿Qué es lo que siempre me has dicho? —La miré
fijamente, pero era difícil ver a través de la gruesa capa de lágrimas—. Ella
es fuerte —me recordó—. Esa chica es fuerte. Siéntate. Espera.
Alejé los ojos mirando al techo, y luego resoplé, dejando caer mis manos
para buscar en mi bolsillo.
—Necesito llamar a Derek.
Mamá me agarró del codo, guiándome hasta una silla. Encontré el
número de Derek, y me contestó bastante rápido, con su voz aguda.
—¿Cane? ¿Qué está pasando?
—Oye, D. Algo pasó con Kandy. Tuvo algunos calambres esta mañana,
pero empezó a sangrar, así que estamos en el hospital ahora.
—¿Qué? —resopló—. ¿Está bien?
Miré hacia las puertas dobles, donde probablemente la llevaron.
—No lo sé. No me dejan ir porque no soy pariente, y supongo que no
están en condiciones de pedirle permiso.
—Joder... Muy bien, llamaré a Mindy. Llegaremos tan pronto como
podamos. —Hizo una pausa y le oí suspirar antes de continuar—. Da mucho
miedo cuando esto sucede, no solo para ella, sino también para ti, estoy
seguro. —Se aclaró la garganta—. Mantenme informado.
—Sí, lo haré.
Colgó, y yo bajé el teléfono. Todos nos sentamos en el vestíbulo,
esperando que alguien saliera y nos dijera algo, cualquier cosa. Mi paso
continuó, mis ojos se dirigían a las puertas dobles continuamente. Tomó
dos horas interminables para que alguien finalmente saliera y dijera el
nombre de Kandy.
Me apresuré a ir hacia el hombre de uniforme verde azulado. Tenía una
máscara facial que le cubría la barbilla, gafas de marco rectangular
alrededor de los ojos.
—Estoy aquí por Kandy Jennings. —Exhalé—. Soy su prometido,
Quinton Cane. ¿Cómo está?
—Está bien, pero preguntó por ti específicamente.
Miré a mamá y a Lora. No hablaba con mucha confianza. Algo debe
haber estado mal.
—Está bien. ¿Dónde está?
—Por aquí —dijo, girando.
—¡Mantennos informadas! —gritó Lora.
Asentí, siguiendo al hombre por algunos pasillos. Llegó a una
habitación al final de uno de los pasillos del ala de maternidad y la abrió.
Esta habitación era espaciosa, llena de máquinas y otros dispositivos. Una
cama de hospital estaba en el medio de la habitación y sobre ella estaba
Kandy. Cuando me vio, me sonrió débilmente, y corrí hacia ella,
abrazándola, probablemente demasiado fuerte.
—¡Mierda, nena, no puedes asustarme así! —Jadeé—. ¿Estás bien?
¿Cómo está el bebé?
—Estoy bien, y el bebé también —me aseguró, con mi rostro entre sus
manos.
—Jesús. —Cerré los ojos, besando la mitad de su frente—. ¿Qué pasó?
—La hemorragia no era del bebé. Piensan que pudo haber una ligera
ruptura, así que harán una cesárea para evitar que ocurra algo peor. —Sus
ojos brillaban cuando miró a los míos—. Vamos a tener un bebé pronto,
Cane.
—¿En serio? —Miré hacia atrás y el hombre seguía allí, pero estaba
hablando con otra enfermera—. ¿Ahora?
—Sí. —Se rio—. Ahora.
—¿Hablas en serio? —Acuné su rostro—. ¡Mierda, hablas en serio! —
La besé en todas partes, su nariz, su boca, sus mejillas, su frente, en
cualquier lugar que mis labios pudieran encontrar.
Una garganta se aclaró ligeramente detrás de mí y la solté, mirando
hacia la persona. La doctora Maxine estaba allí, una sonrisa relajada en sus
labios.
—Siento llegar tarde, pero me alegro de verlos aquí —dijo alegre—.
Ahora, ¿quién está listo para tener un bebé?
Kandy
unca, ni en un millón de años, pensé que a los veintitrés me
convertiría en madre, pero estaba sucediendo, y este era el
momento que Cane y yo habíamos estado esperando. Después
de meses de fatiga, dolores, largas noches y madrugadas, iba
a pasar. Después de vivir con dudas y miedos y de preocuparme por cada
pequeña cosa, había llegado el momento.
Me dieron la epidural antes del procedimiento, y cuando llegó el
momento la doctora Maxine se quedó de pie junto a mí mientras yo me
tumbaba en la mesa. No estaba feliz de que me hicieran una cesárea. Leí las
historias de terror, pero la doctora Maxine mencionó que una cesárea sería
la forma más segura de hacerlo ya que el apuñalamiento de Kelly había roto
el útero. No quería que hubiera hemorragia interna, así que tenía sentido.
No me importaba mientras mi bebé saliera sano. Antes del
procedimiento, me informó que mi hemorragia había parado, lo cual era
bueno. Significaba que el bebé estaba bien y que yo también lo estaría.
El procedimiento, para mi sorpresa, terminó mucho más rápido de lo
que había previsto. Con la epidural, no sentí nada. Un minuto estaba
acostada en la mesa, ansiosa mientras agarraba la mano de Cane, con una
cortina extendida frente a mí, y al siguiente Cane jadeaba fuertemente,
observando cada movimiento de la doctora Maxine...
—¡Oh! ¡Aquí vamos, aquí vamos! —animó la doctora—. ¡Allá vamos!
Entonces escuché un sonido, un hermoso sonido que hizo que mi
corazón se agitara.
Los gritos de un bebé.
En ese mismo momento, fue como si mi mundo se hubiera ralentizado.
Como si la tierra hubiera dejado de girar sobre su eje, deteniendo el tiempo,
y dedicándome este mismo segundo a mí. La doctora Maxine tenía al bebé
en sus manos, y las enfermeras le limpiaban la nariz y la boca. Todavía no
podía ver el género. Cane estaba justo a su lado y, mientras sus ojos
viajaban hacia abajo, enfocados en lo que había entre las piernas del bebé,
miró hacia mí y corrió a mi lado, gritando:
—¡Es un niño!
Su voz sonaba distante, casi muda. Me besó repetidamente, diciéndome
que lo hice muy bien, pero no pude apartar la vista del bebé.
Mi bebé. Mi bebé llorón, hermoso, con la cabeza llena de cabello y un
pequeño trasero con hoyuelos.
La doctora Maxine vino hacia mí con él, con una dulce sonrisa en sus
labios, y tan pronto como lo bajó a mi pecho y su mejilla presionó la mía, la
tierra volvió a girar. Sus gritos cobraron tono y me rodearon, y me encantó.
Mi corazón estalló de alegría y un amor que no podía describir.
Le arrullé, le tarareé, haciéndole saber que todo iba a estar bien, porque
así era. Todo estaba bien, y él estaba aquí, y nuestra guerra había sido
ganada. No habría más dolor o pena o sorpresas. Estaba aquí, y era tan, tan
perfecto.
Abrió sus pequeños ojos y me miró, y yo sollocé y me reí al mismo
tiempo porque eran grises, como los de Cane. Levanté la cabeza y Cane le
sonrió. Levantó mi barbilla para encontrarse con mis ojos.
—Es hermoso —dije, llorando.
—Es perfecto —dijo Cane, tomando mi mejilla—. Igual que su madre.
Cane me besó fuerte y profundo, y luego se alejó para besar al bebé en
la frente.
—Normalmente no aconsejamos que la madre sostenga al bebé justo
después de la cesárea. Preferimos que espere a que pase el efecto de la
anestesia, así que, mientras tanto, dejaremos que papá lo sostenga —dijo la
doctora Maxine.
—Está bien. —Sonreí mientras le entregaba el bebé a Cane.
La doctora Maxine me cosió y, después de un rato, Cane soltó al bebé
para que las enfermeras pudieran vestirlo adecuadamente. Cuando estuvo
vestido, nos llevaron a una sala de recuperación, y mientras estábamos allí,
se lo entregaron a Cane otra vez. Verlo con su hijo fue hermoso. No podía
dejar de mirarlo. Lo había visto asombrado, pero nunca así. Nunca tan
vulnerable, tan cerca de llorar lágrimas de pura alegría. Sus ojos brillaban
mientras mecía al bebé en sus brazos, susurrando todo el tiempo.
—Nunca tendrás que preocuparte por nada, cariño —arrulló—. Te
amaré hasta el fin de los tiempos, e incluso más allá de eso. Tendrás el
mundo.
Dios. Mi corazón.
Pasó una hora y mi cuerpo se sintió menos entumecido. Finalmente
pude sostener a mi bebé en mis brazos, y por supuesto que lloré al instante.
Era cálido y abrazable y olía bien. Era inocente, y todo lo que quería hacer
era protegerlo de todo. No podía creer la alegría que sentía, el calor y el poder
en mi pecho. Me di cuenta de que así era el amor incondicional. Era
poderoso, emocional, y estaba arraigado en lo más profundo de mi alma.
Nada podía describirlo o reemplazarlo, este sentimiento tan monumental
que me tragaba entera y se negaba a dejarme ir.
Todo este tiempo, me pregunté cómo mis padres me habían perdonado
por todo lo que les había hecho pasar, y en ese momento me di cuenta: este
tipo de amor es irremplazable. Este tipo de amor te roba el corazón, pero no
te importa, porque el pequeño ladrón que lo tiene vale más de lo que el
mundo puede dar.
Llamaron a la puerta unos treinta minutos después, y una enfermera
la abrió justo cuando Cane se puso de pie y agarró a Chance, acurrucándolo
en sus brazos. Mamá y papá se quedaron en la puerta, ambos con los ojos
muy abiertos, como si no estuvieran seguros de a dónde ir primero.
—¡Oh, Kandy! —Jadeó mamá, entrando corriendo en la habitación—.
¿Estás bien, cariño? —Me tomó el rostro en sus manos, mirándome por
todas partes.
—Estoy genial, mamá. Todo está bien.
—Me tenías muy preocupada —dijo papá, moviéndose de su lado y
desordenándome el cabello con la mano. Se inclinó hacia mí—. ¿Seguro que
estás bien?
—Lo prometo. —Me reí.
Se puso de pie otra vez con un suspiro. Miré a mamá, pero estaba
concentrada en Cane, que estaba apoyado en la ventana frente a nosotros.
Tenía al bebé en sus brazos, y mamá tenía una mano sobre su boca, como
si no pudiera creer lo que estaba viendo. Mi hombre era muy sexy
sosteniendo a un bebé.
Papá rodeó con un brazo el costado de mamá y la instó a seguir
adelante. Ella vaciló mientras se dirigía hacia Cane, concentrándose en su
nieto.
—Es un niño —les dije.
—Oh, Dios mío —suspiró—. Oh. Dios mío. Mírenlo. —Finalmente se
encontró con Cane, mirando al bebé por todas partes—. Oh, qué guapo.
Perfecto. —Llevó su mirada a la de Cane—. ¿Te importa si lo sostengo?
—Por supuesto que no —dijo, entregándole el bebé suavemente.
Miré a papá, que se quedó a mi lado mientras mamá arrullaba, cantaba
y lloraba por el bebé.
—Papá —susurré, dándole con la mano—. Ve a conocer a tu nieto.
Papá me miró, y por una vez se tragó su orgullo e hizo lo que le dije sin
oponer resistencia. De camino, fijó sus ojos en Cane, que se alejó un poco,
mirando a mamá con el bebé. Cuando papá se acercó, movió sus ojos a lo
largo de su nieto, revelando finalmente algo de emoción. Una sonrisa se
extendió por sus labios. Era sutil, pero seguía siendo una sonrisa.
—Vaya —suspiró.
—Ten. —Mamá le entregó el bebé a papá, y al principio parecía
alarmado, como si no estuviera listo para esta parte, pero mamá no le dejó
otra opción. Cuando el bebé estuvo en sus brazos, lo acunó, sosteniéndolo
cerca de su pecho. Los ojos de papá se iluminaron instantáneamente, y
hasta pudo haber un brillo.
—Mira eso. Siempre hay cosas buenas —murmuró mamá—. Siempre.
—Siempre has querido un niño —dijo Cane, y papá lo miró, con los ojos
húmedos y rojos—. No podemos criarlo solos, D. Necesita una familia.
Apoyo.
—Oh, confía en mí —murmuró papá, con la cabeza temblando—.
Estaré aquí. —Estudió al bebé—. Estaré aquí a cada paso.
Una lágrima cayó por mi mejilla mientras miraba a mis padres con el
bebé. Cane me dio una dulce y reconfortante sonrisa antes de acercarse a
mi lado. Plantó un beso en mi coronilla, frotándome el hombro.
Hubo otro golpe en la puerta, esta vez fueron Lora y la señora Cane. La
señora Cane tenía un ramo de flores en la mano. Lora se acercó a mí,
abrazándome fuerte alrededor del cuello.
—¡Si vuelves a asustarme así, te daré una paliza! —me amenazó
juguetonamente con una risa—. Tienes suerte de que Cane me enviara un
mensaje diciendo que estabas bien.
La señora Cane había dejado las flores y rodeó el lecho para abrazarme
cuando Lora me soltó.
—Estoy muy contenta de que estés bien, amor. Sabía que lo estarías.
—Gracias —murmuré.
Ambas se lavaron las manos y luego caminaron hasta donde Cane
estaba ahora. Papá seguía sosteniendo al bebé, sin importarle que otros
también lo esperaran.
—Bien, papá. No seas un acaparador del bebé —bromeé.
—Sí, amigo. No lo hagas. Quiero abrazar a mi sobrino. —Lora se acercó
a papá, extendiendo sus brazos, sus dedos prácticamente gritando la
palabra "dame".
Papá entregó al bebé con orgullo, y tan pronto como Lora lo tuvo en sus
brazos, se echó a llorar y dijo:
—¡Oh, Dios mío! ¡Qué hermoso, joder! ¡Voy a morir de lo mono que es!
Todo el mundo se echó a reír, incluso papá.
—Mira, si vas a estar por aquí, tienes que cuidar esa boca de orinal
tuya —regañó papá ligeramente.
—Lo intentaré... Pero solo por él. —Lora pasó un dedo por la barbilla
del bebé, y luego se volvió para mirarme—. ¿Kandy? ¿Cómo van a llamarlo?
Todo el mundo se volvió hacia mí, esperando una respuesta. Poco
sabían que, mientras estaba en la cama, esperando que la hemorragia se
detuviera, recé. Recé para que parase y para encontrarme con la persona
que me había estado pateando y golpeando desde dentro durante los últimos
meses. Quería conocerlo y criarlo y hacer todo lo que pudiera por él, tanto,
que lo último que me preocupaba era su nombre. Dicho esto, tenía una idea,
pero aún no estaba decidido.
—Hablamos de nombres, pero aún no estoy segura —murmuré.
—Bueno, depende de ti, nena —dijo Cane—. Hiciste el trabajo duro,
tienes el honor.
—¿Duncan? —preguntó Lora.
—Uh, diablos, no —dijo Cane con una risa, negando.
Mamá y papá también negaron, y la nariz de mamá se arrugó un poco.
—Oye, Duncan es clásico y genial. Están locos. —Lora agitó una mano
y se encogió de hombros.
No pude luchar contra mi sonrisa.
Kandy
or primera vez en años, estaba rodeada de nada más que una
completa y total alegría. No había actitudes ni resentimientos.
No había miradas feas, ni odio. No podía dejar de pensar en
ello sentada en la cama del hospital. Mamá seguía llorando y
papá no podía dejar de sonreír mientras arrullaba y le hablaba al bebé.
¿Quién habría pensado que alguien tan pequeño podía unirnos a todos
de esta manera? Estoy segura de que papá seguía teniendo sus problemas
con Cane, pero parecía, en su mayor parte, que estaba dejando de lado esos
problemas por el bien del bebé y mío, y eso era todo lo que siempre había
querido: que viera lo más importante y grandioso. Saber que, aunque
tuviéramos nuestros momentos de ruptura, seguíamos siendo una familia.
Para mi sorpresa, Frankie vino a visitarme ese mismo día. Entró en la
habitación con globos azules y una cesta de regalo, descargando todo junto
a la cama, y luego me abrazó. Le pedí a Cane que le enviara un mensaje
desde mi teléfono poco después de que el bebé naciera, pero nunca soñé que
pudiera llegar tan pronto.
—Oh, ¡Dios mío, K.J.! ¡Eres oficialmente mamá! —gritó.
—¿A que es extraño? —dije riéndome.
—¿Dónde está el pequeño minion? —Frankie me liberó y se volvió hacia
donde estaban todos. Cane tenía al bebé en sus brazos y lo mecía
suavemente. Antes estaba nervioso, probablemente con miedo de que se le
cayera o algo así, pero la forma en que miraba a Chance... Ah, era todo.
—¡Oh, Dios mío! —Frankie se cubrió la boca, acercándose a Cane—.
Cielos, es, como, la cosa más linda y gordita que existe. ¡Mira esas mejillas!
—Frankie fue al lavabo a lavarse las manos y luego volvió a Cane con las
manos extendidas—. ¿Puedo?
—Por supuesto. —Cane le entregó el bebé con facilidad, y ella suspiró
en cuanto lo tuvo en sus brazos.
—¡Oh! ¡Qué cariñoso!
Cane sonrió, con los ojos puestos en Chance. Todos los demás también
miraban al bebé mientras Frankie le acariciaba la punta de la nariz. Los ojos
de Cane se dirigieron hacia mí mientras todos miraban al bebé. Fue breve,
pero hubo un cambio en sus ojos, una luz que nunca había visto antes.
Estaba segura de que Cane estaba contento antes, pero en ese momento
creo que había un sentimiento dentro de él que superaba la felicidad.
Conozco ese sentimiento, porque yo también lo sentí.
Felicidad era una palabra demasiado simple para lo que yo sentía.
No quería que estos sentimientos terminaran nunca.
—Creo que sé cómo lo voy a llamar —anuncié cuando Frankie me
entregó el bebé.
—Ah, ¿sí? ¿Qué? —preguntó mamá.
Lo arrullé, y después de darle un beso en la frente miré a Cane, que me
sonrió como si supiera lo que iba a decir.
—Era nuestra oportunidad de luchar —dije—. Voy a llamarlo Chance.
Chance Cane.

En tres días estaba lista para irme. Mamá y papá se quedaron en un


hotel de la ciudad y estuvieron mucho tiempo por aquí. Cuando llegó la hora
de irme, ambos estaban allí esperando. Nos siguieron en su auto hasta
nuestra casa.
Yo estaba en el asiento trasero con Chance mientras Cane conducía.
Lo juro, no podría dejar de mirarlo, aunque lo intentara. ¿Y qué pasa con
los bebés y esas largas pausas que hacen antes de respirar de nuevo? Me
asustaba cuando Chance lo hacía, y por supuesto lo hacía a menudo.
Cuando llegamos, Cane llevó a Chance a la casa en su asiento del auto,
dirigiéndose hacia la puerta principal para abrirla. Mis padres se reunieron
conmigo, ayudándome a subir a la acera y entrar a la casa. Me ayudaron a
desempacar y cuidaron a Chance mientras me duchaba y comía y dormía
porque, sí, estaba súper feliz, pero también exhausta.
Reírme, toser, e incluso moverme era bastante doloroso debido a la
cesárea, pero cuando miraba a Chance me daba cuenta de que pasaría por
un infierno por él. Después de todo, ¿qué era una guerra sin algunas
cicatrices de batalla?
Aunque Chance era un gran bebé que solo lloraba cuando tenía el pañal
sucio, hambre o sueño, mamaba fatal. Amamantar era más difícil de lo que
esperaba, y me rompía el corazón cuando lo intentábamos y aun así no
conseguía nada. Chance lloraba porque no conseguía la leche que
necesitaba, y yo lloraba porque mi bebé tenía hambre, me dolían los pezones
y estaba muy cansada.
Cane trabajaba desde casa para poder estar cerca de mí y de Chance,
y a él, Lora y la señora Cane, se les daba muy bien quitármelo de las manos
cuando necesitaba descansar o ducharme, pero alimentarlo dependía de mí,
y me negaba a renunciar a ello. Juré que haría cualquier cosa por mi bebé,
así que me aguanté y, finalmente, bien, un mes después, le cogí el truco.
Era agradable tener un sistema de apoyo, y mis padres me visitaron todos
los fines de semana durante las primeras semanas.
Papá era menos hostil hacia nuestra situación, dejando de lado esos
sentimientos debido a su emoción por estar cerca de su nieto. Sin embargo,
él y Cane hablaban mucho más, lo cual fue bueno. Empezaron con cosas
sobre Chance, y luego charlas sobre deportes menores si había un juego, y
luego sobre el trabajo. Empezaron a tener conversaciones completas, y me
alegré de verlo.
Tener un bebé en la universidad fue difícil, pero mis profesores
trabajaron conmigo. Durante las primeras seis semanas, me inscribí en
clases en línea e hice el trabajo desde casa. Cuando tuve que ir a clase
después de esas seis semanas, Lora o la señora Cane cuidaban a Chance
por mí durante unas horas hasta que regresaba. Eran buenas con él, pero
lo malcriaban.
Mi vida ahora giraba en torno a Chance. Iba a la universidad, lo
cuidaba, y pasaba tiempo con Cane. Era una vida sencilla, una rutina que
habíamos creado, y la estaba viviendo. Sentía lo que teníamos ahora más
real que lo que teníamos antes. En cierto modo, Chance nos completó. Nos
hizo felices. Era un hermoso bebé, con muslos gruesos, dedos pequeños y
mejillas gordas. Su piel era un poco más clara que la mía y un poco más
oscura que la de Cane, la mezcla perfecta de nosotros.
Alrededor de ocho semanas después del parto, me sentí mucho, mucho
mejor. Ya no era tan doloroso moverme, Chance estaba cada vez más sano
y crecía tan rápido que no podía creerlo. Una vez que la doctora Maxine me
dio luz verde, decidí hacer el ejercicio suficiente para que me quedaran bien
los vestidos de novia que me iba a probar en julio. Afortunadamente no me
llevó mucho tiempo recuperar la forma, aunque tenía piel floja que nunca
iba a desaparecer a menos que me hiciera una cirugía plástica. Cane juró
que le encantaba porque era una prueba literal de que era suya, pero yo lo
odiaba de verdad.
Antes de darme cuenta, mi graduación universitaria llegó. Trabajé
incansable y consistentemente. Lo hice, con todas las noches de insomnio y
los altibajos, y todo el mundo estuvo allí.
—Oh, cariño. ¡Estoy tan orgullosa de ti! —Mamá saltó conmigo envuelta
en sus brazos, abrazándome fuerte después de la ceremonia de graduación.
—Gracias, mamá.
Me soltó y miré a papá, que tenía un ramo de flores en las manos.
—Para mi niña —dijo, ofreciéndome las peonías. Las peonías se habían
convertido en mis favoritas. Como había pasado más tiempo en casa durante
el embarazo, y más aún después de tener a Chance, decoré mucho, dándole
diferentes acentos y haciéndola más fresca. Las flores eran una de mis
formas favoritas de arreglar las cosas.
Las acepté, abracé a mi padre y luego miré hacia donde estaban Cane,
Lora y la señora Cane. La señora Cane tenía a Chance en sus brazos,
sonriéndome. Cane tenía las puntas de los dedos metidas en sus bolsillos
delanteros y me miraba. Llevaba una camisa azul celeste con una corbata
color carbón, y pantalón a juego con la corbata. Su barba había sido
recortada de manera que era solo un ligero rastrojo a lo largo de su
mandíbula. Tenía las mangas arremangadas, mostrando su hermosa tinta.
Lo juro, mi prometido era el hombre más guapo del mundo. Cada vez
que lo miraba, un frenesí de mariposas enloquecía dentro de mí. Me acerqué
a él, y estiró sus brazos abiertos, tirando de mí.
—Mírate. —Respiró contra mi cabello—. Mi amor. Estoy muy orgulloso
de ti.
Levanté la cabeza y me dio un beso en la mejilla. Cuando abrió los
brazos, me volví hacia Lora y la señora Cane.
—Felicidades, chica —dijo Lora con un suspiro sobre mi hombro
mientras me abrazaba. Se lo devolví y luego le entregué mis flores a Cane,
arrancando a Chance de los brazos de la señora Cane. Mi adorable bebé me
sonrió cuando le arrullé, como si estuviera tan orgulloso de mí como todos
los demás.
—Tu mamá lo consiguió, pequeño bebé —dije alegre, acariciando con
mi nariz su mejilla—. ¡Sí, voy a usar este título para cuidarte y mostrarte
que todo es posible!
Chance hizo un ruido inocente y mis ojos se humedecieron, llenándose
de lágrimas cálidas. Su manita me agarró la mejilla, pero antes de que la
presa se rompiera lo abracé contra mi pecho y le froté la espalda.
—¿Qué les parece si comemos en casa? —preguntó Cane—. Todos —
ofreció, centrándose en mis padres—. Pedí comida a un buen amigo mío que
hace el catering de su restaurante italiano.
—Claro. Suena bien —accedió papá con un asentimiento.
Cuando llegamos a casa, la comida italiana ya nos estaba esperando
puesta en la gran mesa de Cane. Todos comimos y celebramos. Lora me
puso al corriente de los planes de la boda. Por supuesto que siempre estaba
pendiente, pero a mí no me importaba. Estaba haciendo un gran trabajo, y
yo prefería pasar mi tiempo con el bebé. El tono de los colores iba a ser
dorado, beige y marfil, y no podía esperar a ver que todo se uniera.
Iría a mi primera prueba de vestido en unas pocas semanas, pero
todavía tenía que perder unos kilos antes de eso.
Se estaba volviendo surrealista. En exactamente cuatro meses iba a ser
una novia, y no una novia cualquiera: la novia de Quinton Cane. Solo eso
era especial. Miré a mi prometido y sonreí mientras sostenía a Chance.
Como si sintiera mis ojos, levantó la cabeza y me sonrió.
—Te amo —dijo, solo moviendo los labios.
—Te amo más —respondí.
Kandy
na cosa que me encantaba era que, sin importar las
circunstancias, mis padres me visitaban tan a menudo como
podían. A menos que papá tuviera que trabajar hasta tarde,
siempre estaban allí y siempre acaparando a Chance.
Mamá venía constantemente con nuevos regalos, como biberones y
ropa e incluso juguetes. Le encantaba mimarlo. Querían mucho a su nieto
y, definitivamente, habían dejado atrás sus diferencias con Cane en su
mayor parte.
—Sé que lo digo todo el tiempo, pero es perfecto —dijo mamá mientras
todos nos sentábamos en el estudio. Ella sostenía a Chance, viéndolo
dormir.
—En serio lo es —concordó Lora —. Me encanta su carita regordeta.
La señora Cane y mamá murmuraban en acuerdo mientras papá y
Cane sorbían sus cervezas.
—Oh, Kandy, encontré la decoración perfecta para el arco —dijo Lora,
viniendo a sentarse a mi lado—. No quiero mostrártelo todavía. Quiero que
te sorprendas, pero debes saber ¡que va a ser increíble!
—Me encanta cómo estás manejando todo para la boda. En serio, con
Chance y los trabajos escolares, no creo que hubiera tenido tiempo de hacer
mucho de nada en cuanto a la planificación.
—¿Estás segura? Siento que estoy siendo una perra prepotente. —La
voz de Lora era juguetona, pero en sus ojos podía ver que estaba muy
preocupada por si se pasaba de la raya.
—No, en absoluto. Lo juro. Me pasas tus ideas, y estoy de acuerdo o
no. ¡Me gusta eso! También me hace sentir menos estresada.
—También me gusta que seas tú quien lo haga —dijo mamá—.
Conociendo a Kandy, habría ido al juzgado y habría acabado con esto.
Necesita algo especial.
—¡Lo mismo con Cane! —declaró Lora—. Le cubro las espaldas, señora
Jennings. Esta boda va a ser para los libros.
—¿Te has planteado dedicarte a ello profesionalmente? —preguntó
papá—. Encaja perfectamente contigo, con todos los colores de cabello
salvajes y tu mentalidad emprendedora.
—Hmm... No lo sé. Me gusta decorar y armar cosas, pero veo esto más
como un hobby. Es divertido, pero hacerlo de verdad significa que tendría
que lidiar con novias, y no estoy preparada para esa mierda.
Papá se rio.
—Supongo que puedo entenderlo.
—Probablemente le pondrías un ojo morado a una novia molesta justo
antes del día de su boda —bromeó Cane.
Me reí de eso.
—Definitivamente veo eso suceder —bromeé, dándole un empujón con
el codo.
Lora simplemente se encogió de hombros.
—Oye, es lo que es. Soy una perra con actitud.
Realmente estaba feliz de que Lora hiciera la mayor parte del trabajo
manual. Todo lo que tenía que hacer era decir "Sí" o "No" a sus opciones, y
ella se encargaba del resto. Ella y Cane estaban preparando la lista de
invitados, pero le dije que añadiera a dos personas que no había visto en
años, además de Frankie y Clay, si él quería acompañarla. Lora, mamá, la
señora Cane y yo íbamos a pasar un día probándonos una colección de
vestidos que había elegido en una boutique local, y estaba súper emocionada
porque era algo que podía hacer con las manos, y me acercaba un paso más
al gran día.

Más tarde esa noche, cuando mis padres se fueron a casa y Cane y yo
estábamos en nuestra habitación con Chance, sacó a relucir algo que no
esperaba.
—¿Sabes qué? —preguntó.
—¿Qué?
—Hay algo que me ha estado molestando desde hace tiempo. Es casi
como si lo hubieras olvidado o dejado pasar, pero sigo pensando en ello —
dijo, y sus ojos habían cambiado, su rostro ligeramente más serio—. Me
viene a la mente al menos una vez a la semana.
—¿Qué es? —pregunté, llevando a Chance sobre mi hombro para que
eructara.
—Bueno, la mierda que pasó en Notre Dame, contigo perdiendo tu beca
por la gente que nos delató...
—Oh, Dios —me quejé y cerré los ojos una fracción de segundo. Odiaba
revivir ese horror—. No me he olvidado de eso. Confía en mí —murmuré.
—Pero no hablas de ello. —Cane extendió sus brazos, alcanzando a
Chance. Lo bajé, moviéndolo cuidadosamente de mis brazos a los de su
padre. Cane lo abrazó en su pecho y le frotó la espalda para que eructara, y
siempre hubo algo en ese gesto que me hizo sentirme confusa y cálida por
dentro. Chance eructó y sus ojos cayeron. Cane lo mecía suavemente,
volviendo a concentrarse en mí.
—No me gusta pensar en eso por una razón, Cane. Cuando lo hago, me
enfado de nuevo. Solía desear constantemente poder retroceder en el tiempo
para mantenerme firme un poco más, ¿sabes? Supongo que sentía que no
tenía opciones en ese entonces, no quería que te descubrieran o que tu
reputación se arruinara. Si sucediera ahora mismo, absolutamente los
denunciaría.
Cane suspiró.
—Bueno, ya sabes cómo soy, y sabes que es difícil para mí dejar ir la
mierda. —Me miró a los ojos, esa mirada solitaria en la que sus ojos se
oscurecían un poco y sus cejas se juntaban lo dijo todo. Había hecho algo
que sabía que no me agradaría saber.
—Oh, no. Cane, ¿qué hiciste? —Enderecé mi espalda y él miró hacia
otro lado, girando con Chance en sus brazos.
—No es tan malo —murmuró—. No es lo suficientemente malo, en
realidad.
—Solo escúpelo.
Se enfrentó a mí otra vez, exhalando.
—Bien, mira. Cuando esa mierda pasó, estabas muy molesta, y nunca
te había escuchado enojarte tanto conmigo antes. Nunca me habías llamado
y te habías derrumbado así, ni siquiera me habías hablado de esa manera.
Fue hace años, honestamente, y no quería decírtelo porque hice lo que hice
por rabia...
—¿Qué hiciste? —exigí.
—Kandy, esa escuela te dejó cargar con todo el peso de lo que pasó
entre nosotros, que fue jodidamente personal y pasó fuera del campus. Y lo
que realmente me cabreó fue que no me contactaron sobre lo que pasó para
confirmarlo, y ni siquiera te dieron una oportunidad justa de quedarte, y te
rompiste el culo por esa beca. Era todo mierda inventada sobre el manual
de conducta, y para ser honesto, tenían favoritos.
»Eras nueva y no mucha gente te conocía, pero conocían muy bien a
los chicos que te delataron, sabían que eran buenos en los deportes que
jugaban, y eligieron su lado. Investigué a esos chicos, la chica era una gran
jugadora en tu equipo, y el chico, Brody… —Apretó los dientes—. Era un
buen jugador de fútbol. Escogieron a sus atletas por encima del estándar.
—Oh, Dios mío, Cane. En serio, ¿a dónde quieres llegar? —Me puse de
rodillas cuando se giró hacia el moisés, colocando a Chance dentro de él con
cuidado. Estaba completamente dormido ahora, su pequeña boca abierta
como si trabajara de nueve a cinco.
—Mira, llamé a tu madre en el momento en que ocurrió y le pregunté
si podía investigar la audiencia de la junta, al entrenador y esos estudiantes.
Mindy no lo dudó. Todavía estaba dolida con el tema, y sabía que no ibas a
actuar, así que tomó el asunto en sus manos. —Bajó la mirada, respirando
lentamente—. Digamos que tu madre es una maldita buena abogada.
—¿Qué quieres decir?
—Quiero decir... Para que la junta la tome en serio y la siga después de
una simple amenaza con grandes palabras, debe muy buena. Escuchó esa
audiencia, investigó el código de conducta de la escuela y habló con algunos
de tus antiguos compañeros de clase. Varios de ellos dijeron que Sophie no
era nada amable contigo. Insistió en que tu ex compañera de equipo y ese
chico te estaban acosando, y que la primera regla en su código de conducta
es tratar a todos como compañeros, y no rechazar a los que son diferentes.
»Básicamente, se supone que la escuela tiene una política de tolerancia
cero al acoso, y tu entrenador olvidó mencionar eso cuando dio su
testimonio. Tu madre dijo que quería que despidieran al entrenador y que a
la chica y al chico les revocaran sus becas también, y si la escuela se negaba,
garantizaba que haría un espectáculo de ello. Por supuesto, era una
amenaza vacía porque no quería arrastrarte a más infierno, pero seguro que
lo hizo parecer real.
—Vaya. —Me sorprendió mucho oír eso—. Espera... ¿cuándo sucedió
todo esto? No estabas hablando con mis padres cuando me echaron.
—Fue cuando tus padres y yo no nos llevábamos muy bien. Llamé, y
ella tomó el teléfono. El día que no les dijiste dónde estabas después de que
la escuela te expulsara. Le conté que estabas bien, y cuando le dije que no
te merecías lo que te habían hecho, aceptó. Se puso a despotricar sobre ello,
diciendo que quería hacer algo. Así que hablamos de ello... y tomó medidas.
»Me dijo claramente que no estaba haciendo esto por mí, sino que era
por ti. Me mantuvo informado, sin embargo, y me alegró saber que algo
había pasado unos meses después. Nos estaban sucediendo tantas cosas,
que no parecía el momento adecuado para contarte lo que hicimos. He
querido hablarte de ello, pero nunca pude recordarlo cuando era el momento
adecuado.
Mi mente estaba aturdida. No podía creer esto.
—¿Así que Brody y Sophie perdieron sus becas?
—Brody fue revocado, y Sophie fue sacada del equipo y expulsada. Ni
siquiera pueden decir que tienen un diploma de Notre Dame. No creo que
haya nada peor que eso.
—Oh, Dios mío, Cane. —Mis palabras salieron sin aliento. Me bajé de
la cama—. ¿Hiciste eso? —No sabía si estar jodidamente feliz y contenta de
que mi hombre me cubriera las espaldas, o disgustada porque puede que
haya arruinado sus vidas. No era una persona rencorosa. Creía que el
Karma haría su trabajo, así que lo dejé en paz. Así fue como encontré la paz
en esa situación.
—No podía dejarlo en paz. Y, técnicamente, tu madre fue la que puso
todo en marcha. Ella te cuida mucho más de lo que te imaginas. Siempre lo
ha hecho.
Bajé la cabeza, parpadeando mis lágrimas.
—Normalmente mantengo la cabeza tranquila cuando se trata de cosas
así, pero cuando se trata de ti, la pierdo. No quiero verte herida nunca, y si
hay una forma segura y legal de dar la cara por ti, créeme, lo haré. —Me
agarró las manos y se las llevó a los labios para besarlas—. Eso va por ti y
por mi hijo.
Me tiró para abrazarme, y cerré los ojos, abrazándolo.
—Voy a terminar casándome con un loco.
Lanzó una risa sincera, y con mi oreja en su pecho, pude sentir la risa
y el ritmo constante de sus latidos.
—Un loco que te ama.
—Supongo que no hablo de ello porque está en el pasado. Ya no puedo
cambiar nada, así que es inútil seguir enfadada por ello. Lo que hicieron
estuvo mal... pero me llevó a ti otra vez.
—Sí, pero con un precio. Y si no hubiera sido por mí yendo allí, nunca
habría pasado.
—No quiero pensar así. Si no hubieras venido, no estaríamos donde
estamos ahora. —Me alejé, mirando hacia el moisés verde claro—. No
tendríamos a Chance.
Cane miró conmigo y suspiró.
—No —murmuró con una sonrisa—. Supongo que no lo haríamos.
Cane
l tiempo pasó sin ningún esfuerzo, cada momento era
inolvidable. Por supuesto, había días difíciles. Kandy estaba
criando al bebé y era nueva en todo el asunto de ser madre. Yo
no sabía nada sobre ser padre, así que improvisaba todo lo que
pude. Aun así, mi hijo y Kandy eran mi prioridad número uno. Su felicidad
era importante para mí, y me aseguré de que estuvieran contentos a toda
costa.
Chance era otra cosa. Amaba a ese niño mucho más de lo que había
amado a nadie en este mundo. No me malinterpretes, amaba a Kandy, y
amaba a mi familia, pero eran dos tipos de amor diferentes. Mi amor por
Chance se sentía... irreal, por así decirlo. Quiero decir, había noches en las
que lo miraba y me preguntaba cómo era tan afortunado de tenerlo. Después
de todo lo que había hecho y todo lo que había pasado, no podía creer que
el resultado fuera este hermoso niño, que yo sabía que no merecía.
Mi hijo era un rayo de luz en mi mundo, al igual que su madre lo era
para mí. Mi hijo me daba aún más propósito que antes. Tenía tantos planes
para él, por ejemplo, cómo estaría en cada entrenamiento y cada juego al
que pudiera asistir cuando empezara a hacer deporte. Lo apoyaría al 100%,
sin importar lo que pasara en mi vida o en el trabajo. Él lo era todo para mí,
y después de tenerlo, era difícil imaginar una vida sin el hombrecito.
Antes de darme cuenta, septiembre había llegado, el día antes de la
despedida de soltera de Kandy. Yo tenía muchos amigos y colegas varones,
pero me negaba a tener una despedida de soltero. No estaba preparado para
ello. Hubiera preferido trabajar antes que ver a una bailarina quitarse la
ropa, desesperada por una atención que no quería dar.
Sin embargo, Lora no dejaría de lado a Kandy. Quería que tuviera un
día de spa en un buen hotel, así que lo había reservado con mucha
antelación. Específicamente le dije a mi hermana que nada de strippers o
bailarinas. Decía en serio eso, también. Ningún hombre se iba a acercar a
mi futura esposa balanceando la polla en su rostro.
Tenía que admitir, sin embargo, que Lora había hecho un gran trabajo
con la organización de la boda. Iba a celebrarse en nuestra casa, en el patio
trasero, con todos nuestros seres queridos alrededor. Mientras caminaba,
notando ramos de flores en ciertas esquinas y toques dorados por todas
partes, me di cuenta de que esto realmente estaba sucediendo. En menos
de cuarenta y ocho horas, iba a casarme con el amor de mi vida. Algo de eso
me estremeció, y no de mala manera.
Mamá decidió darle un respiro a Kandy, así que se llevó a Chance para
dar un paseo. Había gente en la casa preparando la boda, pero con Lora
conduciendo por toda la ciudad con los preparativos, así como la despedida
de soltera de Kandy mañana, estábamos solos por primera vez en un tiempo.
Subiendo las escaleras, doblé la esquina para llegar a nuestro dormitorio.
Cuando estuve dentro, escuché la ducha abierta, así que cerré la puerta
y me quité la camisa. Kandy estaba tarareando una canción bajo el chorro
de agua, y desde aquí, podía ver su sexy silueta. Después de desvestirme,
caminé hacia la ducha, abrí la puerta y entré.
—Cane —jadeó—. ¿Qué estás haciendo?
—Tomando una ducha con la señora Cane —murmuré.
Me sonrió, poniendo sus brazos alrededor de mi cuello. Sus ojos
marrones se dirigieron a los míos, y sentí mi polla moverse en su muslo.
—¿Estás lista para el gran día? —pregunté.
—Sí. ¿Tú lo estás?
—Lo he estado desde que te lo pedí. —Mis ojos cayeron sobre sus labios
carnosos. Quería probarlos, chupar su labio inferior carnoso y rozarlo entre
mis dientes.
Como si leyera mi mente, su cabeza se inclinó y agarré su barbilla,
besándola profundamente. Gimió, pasando sus dedos por mi cabello, como
si hubiera estado esperando todo el día por este beso. Gruñendo, la tomé en
mis brazos, y ella supo exactamente qué hacer. Sus piernas rodearon mis
caderas, y la presioné contra la pared, poniéndome entre sus piernas.
En cualquier otro momento, habría esperado un poco, pero no esta vez.
No, esta vez estaba hambriento de ella. Voraz. Encontré la posición perfecta
y metí la polla dentro de ella. Su espalda se arqueó contra la pared, la boca
abierta sobre la mía. Jadeó más fuerte mientras yo me movía más rápido,
sus ojos entre sorprendidos y extasiados. No tenía ni idea de por qué estaba
siendo un animal, ni de por qué le gustaba tanto.
Para ser sincero, yo tampoco sabía por qué al principio, pero cuando lo
pensé, me di cuenta de que estaba dejando mi huella. Creando una marca
para este momento. Esta sería nuestra última vez follando como prometida
y prometido. El sábado por la tarde, ella sería oficialmente mi esposa y
teníamos que entrar en este matrimonio con una follada.
Así que sí, follé a mi futura esposa en la ducha. Sí, le chupé el cuello a
mi futura esposa, y agarré su trasero entre mis manos mientras mi polla se
hinchaba dentro de ella. Sí, la hice mía, porque mañana ya no iba a ser
Kandy Jennings. Iba a ser Kandy Cane. Mi Kandy Cane, y la idea de eso
provocó un fuego en mí tan intenso que no podía dejarlo ir.
Cuando llegué a mi última embestida, me retiré y me corrí entre
nuestros estómagos.
Suspiró fuerte, aferrándose a mí mientras yo me sacudía con cada
descarga. Me reí a carcajadas, y ella empezó a sonreír. Cuando la bajé, nos
enjuagamos y luego nos lavamos, pero antes de salir, la giré hacia mí y le
pregunté:
—Eres mía, ¿verdad?
—Soy tuya —respondió.
—¿Siempre?
Sonrió.
—Para siempre, cariño.
Nunca me cansaba de esas palabras saliendo de su boca.

—No puedo esperar para ver tu vestido el sábado —dije después de


vestirnos—. No tengo ninguna duda de que te verás despampanante… no es
que no lo estés ya.
—Y estoy segura de que estarás peligrosamente guapo. —Mordió su
labio inferior y luego apartó la mirada, quedándose callada. Conocía muy
bien esa mirada.
—¿Qué pasa?
—Estoy nerviosa por dejar a Chance cinco días enteros por la luna de
miel.
—¿Por qué?
—No lo sé. Nunca he estado lejos de él tanto tiempo, Cane. Va a ser
raro. Ahora que lo tengo, es difícil imaginar la vida sin él. ¿Cómo sobreviví
antes? —Se rio.
—No tengo ni idea de cómo lo hicimos ninguno de los dos. —Me reí—.
Pero te sacaste lo suficiente, ¿verdad?
—Sí, pero...
—Sin peros, Kandy. Es una corta luna de miel en París. Si la nevera
está llena con tu leche, él estará bien. Confía en mí, Chance estará bien. Tu
madre y la mía están aquí. No dejarán que le pase nada.
—Lo sé —suspiró—. Lo sé. —Se acercó a mí, abrazándome. Le devolví
el abrazo, mirando nuestro armario, su ropa a un lado y la mía al otro—.
¿Estás listo para pasar la eternidad conmigo? —preguntó, con la mejilla
pegada a mi pecho.
—Por siempre y para siempre, cariño.
—¿Solo lo dices por decir?
—No, no lo digo por decir. —Me incliné y acuné su rostro en mis manos,
poniendo sus ojos en los míos—. Lo digo en serio. —Le di un beso intenso y
profundo en los labios—. El sábado será increíble, y te verás increíble, y
estarás rodeada de gente increíble. Increíble, ¿entiendes?
Asintió.
—Ya estoy nerviosa.
—Igual que yo, pero hemos pasado por mucha mierda. Es justo que
nos encontremos en el altar, ¿verdad?
Se ruborizó, revelando una hermosa sonrisa blanca.
—Verdad.
Kandy

l día que había estado esperando, soñado, había llegado. Pensé


que nunca lo haría.
Ayer pude relajarme en la despedida de soltera.
Honestamente, no fue una despedida de soltera en absoluto.
Fue un día relajante con muchos canapés, comida, bebidas, tratamientos
faciales y masajes. Compartí un día de spa con Frankie, Lora y mamá, y,
para mi sorpresa, Morgan y Gina también se presentaron en el spa.
—¡Oh, Dios mío! —chillé en cuanto las vi. Me alejé de la mesa de masaje
y las envolví a ambas en mis brazos.
—¡Mírate, mujer refinada! —gritó Morgan. Me miró por todas partes y
luego me abrazó de nuevo—. ¿No te dije que te mantuvieras en contacto?
—¡Ya lo sé, ya lo sé! —Me reí—. Las cosas se pusieron intensas en mi
vida después de todo ese asunto con Brody y Sophie. —Dejé de lado ese
tema, centrándome en Gina, quien estaba sonriendo mucho—. ¡Gina! ¡Te
ves tan malditamente bonita!
—¡Mira quién habla! ¡Estás brillando como el sol, nena!
Agh. Era bueno tener a todas mis chicas favoritas a mi alrededor.
Estaba feliz de que Lora les enviara la invitación, y que vinieran a verme.
Necesitaba ese tiempo a solas con ellas. Me sentí mal por no haber
mantenido mucho contacto con Morgan y Gina. Quiero decir, sí, teníamos
un grupo para hablar, pero apenas lo usábamos. Y cuando ocurrió lo del
apuñalamiento, me enviaron muchos mensajes, pero nunca respondí y
eventualmente dejaron de intentarlo. Simplemente no estaba en el estado
mental adecuado para tener una conversación.
Durante mi día de spa, les expliqué todo y prometí mantenerme en
contacto para siempre esta vez. Estaban felices de que las invitara a la boda,
y estaba feliz de que vinieran. Quería mucho a esas chicas. Frankie las
conoció también, y pudo ver por qué me había vuelto tan cercana a ellas
mientras estuve en Notre Dame.
Estaba nerviosa por el gran día. Esperaba que todo saliera perfecto y
que funcionara sin problemas. Mi cabello estaba arreglado, mi vestido
estaba puesto. Estaba en la habitación extra, Cane me dejó llamarla mía,
sentada frente al tocador, el corazón latiendo con fuerza.
El sol salió ese sábado de otoño, las hojas de los árboles en muchos
tonos de amarillo, naranja y marrón rústico.
Me levanté de la silla y me miré en el espejo, deslizando las manos por
el vestido color crema. Era exactamente lo que quería y me quedaba bien.
Decidí usar un vestido bordado, con tirantes, hecho de una mezcla de gasa
y satén. Era sencillo, y si alguien me conocía, sabía que las cosas sencillas
eran normalmente mis favoritas.
Llamaron a la puerta y miré hacia atrás. Lora asomó la cabeza con una
gran sonrisa. Su cabello color rosa claro estaba trenzado en una corona y
su maquillaje era absolutamente impecable. Nunca la había visto usar
mucho maquillaje, pero era muy natural y se veía espectacular.
—¿Estás lista, chiquilla? —preguntó, deslizándose por la rendija de la
puerta y cerrándola. Incluso su vestido era hermoso, un vestido dorado de
media manga sencillo, la mitad inferior hecha de tul.
—Creo que sí. —Respiré hondo, pasando mis húmedas palmas por la
parte delantera del vestido—. ¿Me veo bien?
Parpadeó rápidamente, sus gruesas pestañas moviéndose.
—Kandy... pareces una maldita diosa. Quiero decir... —Resopló—. Eres
impresionante, nena. Q se va a volver loco, y por volver loco, me refiero a
que va a estar babeando en esas exuberantes tetas tuyas esta noche. —
Caminó a mi lado y me reí, girando para mirarme en el espejo de nuevo.
—¿Hay mucha gente aquí? —pregunté mientras me arreglaba los
mechones sueltos de cabello. Estaba recogido y peinado con una diadema
de perlas y diamantes reales, mientras que dos mechones colgaban delante
de mi rostro. Lora había contratado a un estilista y a un maquillador para
mí, vinieron esta mañana y me maquillaron y arreglaron como a una
princesa.
—Oh, sí. Creo que todas las personas a las que invitaron están aquí.
Los ricos son unos hijos de puta puntuales.
—¿Mis padres también?
Justo cuando pregunté, hubo otro golpe en la puerta. Lora fue a abrirla,
asomándose primero antes de dejar entrar a la persona. Mamá entró en la
habitación con una gran sonrisa, Chance en sus brazos. Frankie la siguió,
mirando embobada tan pronto me vio. Cuando Chance me notó, sonrió y se
estiró hacia mí con un pequeño gruñido, pero mamá lo agarró un poco más
fuerte.
—Oh, no, hombrecito —dijo Lora, tomando a Chance en sus brazos—.
¡No puedes arruinar el vestido de tu mamá! Tiene que estar guapa todo el
día, ¡y no necesitamos vómito de bebé sobre ella!
Mientras Lora jugaba y bromeaba con Chance, mamá se concentró en
mí. Mientras me miraba, sus ojos brillaban.
—Oh, cariño. —Se llevó una mano a la boca, luchando contra las
lágrimas—. Te ves hermosa. Como un ángel.
Reprimí las lágrimas mientras se acercaba a mí, dándome un fuerte
abrazo.
—Gracias —murmuré sobre su hombro. Lora nos sonrió brevemente en
su rincón antes de mirar a Chance y echarle el cabello hacia atrás.
—En serio, K.J. Me gusta este vestido, mucho. Quiero decir, cuando
me enviaste la foto probándotelo, sabía que era el indicado, pero ahora que
lo veo en persona... Sí, ¡realmente es el indicado!
No pude luchar contra mi sonrisa.
—Es bastante cómodo también, sorprendentemente. —Miré a Chance
mientras él me miraba. Tenía muchas ganas de que lo cargara—. ¡Aww,
míralo en su pequeño esmoquin! —dije, me dirigí hacia él, pero Lora levantó
una mano.
—Kandy, no. Este pequeño hombrecito acaba de tomarse un biberón,
lo que significa que puede estallar en cualquier momento. No puede retener
nada, ¡y tú lo sabes!
—¡Solo quiero abrazarlo! —Me reí, y ella me dio una mirada
momentánea de derrota antes de dejar que lo agarrara.
—Bien.
Besé a Chance en la nariz, y luego presioné mi frente contra la suya
mientras él hacía pequeños ruidos. Cuando le di un pequeño apretón, soltó
un pequeño gruñido y frunció el ceño. Mamá y Frankie se rieron.
—Testarudo como su madre, ya veo —se burló mamá con una risa.
—Es igual que ella —añadió Frankie.
Lora rápidamente me quitó a Chance y se lo devolvió a mamá.
—Bueno, puedes abrazarlo más tarde. La boda está a punto de
comenzar, mujeres. Señora Jennings, asumo que usted y mi madre tienen
una función con el bebé.
—Sí, así es. Te tenemos a ti, ¿verdad, gordito? —Mamá le hablaba como
a un bebé y, por supuesto, Chance se divertía, sonriendo y pataleando.
Siempre lo hacía.
—¿Y el señor Jennings sigue al final de la escalera esperando a la
novia? —preguntó Lora.
—Estaba allí cuando subí. Estoy segura de que no se ha ido a ninguna
parte.
—Y Frankie, ¿tienes esa cámara lista para algunas fotos personales?
Frankie levantó su teléfono.
—Oh, sí. ¡El mejor teléfono con cámara del mundo!
—¡Bien, bien! Entonces empecemos la boda, ¿sí? —Lora se giró para
abrir la puerta, y mamá y Frankie salieron, mamá llevando a Chance en su
cadera.
—Avísame si necesitas algo —dijo mamá por encima de su hombro.
—¡Lo haré, mamá!
Sonrió al salir, y Lora los vio irse antes de volverse a mí.
—Está bien. —Me sostuvo los brazos, mirándome por todas partes—.
Literalmente te ves como de un millón de dólares, lo cual es bueno porque
eso es más o menos lo que costó toda esta boda. Bueno, tal vez más
de dos millones, pero quién los está contando, ¿verdad?
—Oh, ¡Dios mío, Lora! ¿Dos millones de dólares? ¿Hablas en serio?
—¿Qué? Todo tenía que verse bien, ¿de acuerdo? ¡No iba a dejar que
mi hermano, que pensé que nunca se casaría con nadie, tuviera una boda
a medias! Y tú, querida, te mereces el mundo. No pienses en el dinero. Solo
vive el momento, ¿de acuerdo? Además, no fue un millón. Más bien la mitad.
Presioné mis labios, poniendo los ojos en blanco de manera juguetona.
—Bien. Lo intentaré.
—Perfecto. Ahora, vamos. Bajemos tu trasero por las escaleras.
Lora me ayudó a bajar la escalera de mármol de nuestra casa y, al
bajar, noté las flores envueltas en la barandilla e incluso los pétalos de
peonías, que son mi flor favorita. Lora se esforzó por encontrarlas ya que no
estaban exactamente en temporada.
—Buen retoque con las flores —le murmuré mientras bajábamos.
—Sí, gracias. Fueron difíciles de encontrar, así que mejor disfrútalas.
—Sonrió, mirándome por el rabillo del ojo.
Cuando bajábamos, vi a mi padre de pie al final de la escalera con un
esmoquin puesto. Tengo que admitir que no estaba segura si estaría allí.
Había mencionado que quería que me acompañara al altar y me entregara
a Cane hace varias semanas, y me di cuenta de que la idea de entregarme
no le gustaba, pero aclaró la garganta, asintió, y a regañadientes dijo que lo
haría. Por mí y por Chance.
—Bueno, señor Jennings, ¿no se ve estupendo? —dijo Lora cuando nos
acercamos.
Papá mostró una pequeña sonrisa, y cuando sus ojos se movieron hacia
mí, se abrieron más. Me miró de arriba a abajo, la sorpresa apoderándose
de él.
—Vaya. —Jadeó.
—¿Qué? —pregunté nerviosamente.
—Sabía que eras hermosa antes, pero hoy... estás despampanante,
niña.
Sentí que el calor me llegaba a las mejillas.
—Gracias, papá.
—Muy bien. Aquí está tu novia. —Lora me soltó el brazo para
entregarme a papá, y papá enganchó su brazo con el mío.
—La tengo.
—Voy a salir a la parte de atrás y me aseguraré de que todo esté en
orden y que la banda esté lista. Ustedes esperarán aquí hasta que yo regrese.
—¿La banda? —pregunté, inexpresiva.
—Sí, la banda, Kandy. Mira, un montón de mierda te va a sorprender
hoy, así que simplemente prepárate. —Me señaló a mí—. ¡Este será el mejor
día que hayas tenido en la vida!
Papá y yo nos reímos mientras Lora daba la vuelta y caminaba por el
vestíbulo. Cuando giró la esquina, papá dijo:
—Es un completo desastre.
—Realmente lo es. Pero es una buena persona. Tiene un buen corazón.
—Debe ser una cosa de los Cane. —Papá se encogió de hombros—.
Todos tienen un buen corazón, en el fondo. Es solo cuestión de pasar por
todas las capas para verlo, supongo. —Suspiró—. Hizo un gran trabajo.
Eché un vistazo antes. La boda será hermosa.
Sonreí.
—Me alegro. —Me moví sobre mis tacones—. Papá... gracias por hacer
esto.
Eché un vistazo y él apretó los labios. Se había afeitado la barba por
completo. Su rostro era el más limpio que le había visto en meses.
Normalmente le gustaba verse descuidado.
—Te amo —afirmó—. Tú y Chance son mi familia, y todo lo que quiero
es que seas feliz. —Vi su garganta moverse mientras decía—: Y cuando estás
con Cane, lo veo. La luz en tus ojos. Tu fuego y lo viva que estás cuando él
está cerca. Te despierta, despierta una parte de tu alma que solo él puede
tocar. ¿Quién soy yo para interponerme más en el camino de eso?
Las lágrimas se deslizaban hacia los rincones de mis ojos, pero
parpadeé rápidamente, tratando de ahuyentarlas.
—Oh, Dios.
Papá se rio.
—No llores. No puedo arriesgarme a la ira de Lora por estropear el
maquillaje de la novia.
Me reí, y luego apoyé mi cabeza en su brazo.
—Te quiero mucho, papá. Siempre lo haré. Como dijo Cane, eres el
hombre número uno en mi vida, de por vida.
Sonrió con suficiencia, pero noté la forma en que sus ojos brillaban.
—Oh, créeme, lo sé —dijo, y luego me guiñó el ojo.
La música comenzó a sonar. Música en vivo. Una banda tocaba una
melodía de marcha nupcial.
Lora apareció, trotando a la vuelta de la esquina.
—Bien, ¿están listos? —preguntó sin aliento.
—Nerviosa —admití.
—Oh, no lo estés —dijo, reuniéndose a mi lado—. Este es tu gran día,
y recuerda que al final de ese pasillo hay un hombre que te ama y que no
puede esperar a convertirte en su esposa.
—Está bien. —Respiré profundamente antes de exhalar—. Hagamos
esto.
—Buena chica. —Guiñó un ojo antes de ponerse delante de nosotros—
. Síganme.
Seguimos a Lora, mi brazo unido con el de papá. Mi corazón tronaba
con cada paso que dábamos, acercándonos cada vez más a la música. Antes
de que me diera cuenta, estábamos al final del pasillo, donde las puertas
dobles estaban abiertas de par en par. Desde donde estábamos, podía ver
las sillas alineadas y el alto arco blanco del gran patio trasero, más allá de
la piscina.
Seguimos a Lora por los escalones de cemento que llevaban a una pista
dorada, cubierta de pétalos de flores de color blanco cremoso. Sentí a papá
tensarse mientras todos nos miraban, todos de pie y mirando.
—Oh, dios —murmuró.
Había tantos ojos, y la mayoría eran ojos de extraños. No conocía a la
mitad de estas personas, pero examiné visualmente a la multitud hasta que
encontré mi primer rostro familiar. La señora Cane estaba de pie al final de
la segunda fila, sosteniendo a Chance. Ella me sonrió, y el alivio me inundó
por completo mientras le devolvía la sonrisa. Miré a la fila frente a la suya y
vi a mamá al lado, que tenía las manos juntas, sosteniéndolas sobre sus
labios. Sus ojos estaban llenos de lágrimas, lo podía ver desde donde yo
estaba. Le sonreí a mamá y vi a Frankie unos cuantos asientos más allá,
saludando como una maldita maníaca. Morgan y Gina estaban a su lado,
sonriendo mientras yo caminaba.
Me reí silenciosamente y miré hacia otro lado antes de distraerme
demasiado y permitir que mi mejor amiga me hiciera quedar en ridículo
delante de todos.
Finalmente, mis ojos se dirigieron al centro, justo al final del altar, y
allí estaba él.
El señor Cane.
Mi Cane.
Tenía las manos entrelazadas frente a él, y Dios mío, se veía tan, tan
guapo. Su esmoquin de marfil y su corbata y chaleco dorados le quedaban
muy bien. Su cabello había sido cortado y peinado con gel, un aspecto
elegante que solo él podía conseguir. Su barba ya no estaba, su rostro estaba
desnudo y limpio. Sus ojos verdes y grises se fijaron en los míos,
atrayéndome, y desde ese momento, él era todo en lo que podía
concentrarme.
No me importaba la multitud.
No me importaba que todos me estuvieran mirando boquiabiertos.
No me importaba que mi corazón estuviera a punto de salirse de mi
pecho debido a mis nervios.
Él estaba justo ahí, esperándome como había prometido. Sus ojos
estaban llenos de maravilla, sorpresa y asombro, y me quedé sin aliento,
reteniendo la mayor parte del aire hasta que estuve en el escalón que
conducía a mi Cane.
El arco era hermoso, envuelto en flores blancas, doradas y beige.
Cortinas color crema colgaban de la viga, moviéndose ligeramente con la
brisa otoñal.
Bajé mi mirada a la de Cane otra vez, y cuando el ministro le pidió a mi
padre que me entregara, no dudó como yo pensaba. Miré a mi padre, quien
acunó mi rostro y me besó en la frente. Me sonrió antes de centrar su
atención en Cane.
—Cuida de mi niña —murmuró papá.
—Siempre —dijo Cane.
Papá asintió levemente, ofreciendo mi mano hacia la de Cane, y cuando
nuestras manos se conectaron, liberé el aliento atrapado en mis
pulmones. Finalmente.
—Ni siquiera tengo palabras para describir cómo me siento ahora
mismo —murmuró Cane cuando el ministro empezó a hablar. Sus ojos
estaban llenos de lágrimas, y cuando parpadeó, las lágrimas se derramaron
por sus mejillas—. Eres, sin duda, la mujer más hermosa que he visto en
mi vida.
Mi corazón explotó, y no pude luchar contra las lágrimas que dejé caer
también. Cane no era un hombre que llorara, lo sabía, pero estaba
emocionado en ese momento, tanto como yo. Sabíamos que casarnos era un
gran paso. Pero estábamos aquí, justo aquí, haciendo esto. Juntos. Después
de luchar tanto, estábamos aquí. Lo habíamos logrado. Y si pensaba que lo
que dijo antes era dulce... Bueno, sus votos me volaron la cabeza.
—Kandy... te lo he dicho antes y te lo diré de nuevo. Te amo. Te amo
tanto que a veces duele. Hubo un momento en mi vida en el que casi te
pierdo, y cuando eso sucedió, yo, em... No sabía qué hacer.
Levantó la mirada, y sus ojos estaban aguados de nuevo. Le di una
sonrisa alentadora, haciéndole saber que estaba bien.
—Antes de ese momento pensaba que te amaba, pero cuando estás a
punto de perder a alguien, ese amor cambia. Me di cuenta de que, si te
hubiese perdido, mi mundo no habría sido el mismo. No tendría a mi alma
gemela aquí conmigo. No tendría a mi hermoso hijo, por el que luchamos
tanto. No sería capaz de despertarme con tu sonrisa, o tu rostro angelical.
Ni siquiera sabría lo que es la verdadera felicidad si no hubieras entrado en
mi vida. Me estaba ahogando, pero tú me sacaste para tomar aire, me
diste vida, cariño, y no quiero perderla nunca.
»Prometo estar aquí por la eternidad, Kandy. Prometo poner una
sonrisa en tu rostro todos los días, incluso en tus días más bajos. Prometo
estar aquí durante cada etapa de tu vida mientras creces. Sostener tu mano
cuando no tengas suficiente coraje. Empujarte y ayudarte a ganar la
motivación que necesites cuando quieras lograr algo. Mi corazón latirá solo
por ti, porque mi corazón te pertenece. Prometo estar aquí contigo por el
resto de mi vida, hasta mi último aliento. Tú eres mía, y yo soy tuyo, y así
será para siempre.
En algún momento durante sus votos, lo perdí, y si no hubiera sido el
centro de atención, habría sido un desastre de lloriqueos. Por supuesto que
lloré... ¿Qué mujer no lo haría? Pero también sonreí y sentí un inmenso
consuelo y satisfacción con sus palabras. ¿Quién sabría que Quinton Cane
podía ser tan romántico?
La ceremonia fue hermosa, de verdad. Mis votos no pudieron superar
los suyos ni de lejos. Todo lo que dijo, lo pensé mucho, pero él lo dijo mejor.
Antes de que me diera cuenta, el ministro estaba diciendo: Ya puede
besar a la novia, señor Cane, y Cane me envolvió en sus brazos y me besó.
Es mejor que creas que en este beso le di todo lo que tenía. De todos los
besos que compartimos, todos los momentos en que nos tocamos y amamos,
este fue el más importante. No importaba que mis padres estuvieran en la
multitud mirando. Amaba a este hombre con todo mi corazón, y cada
persona observando lo iba a saber.
—¡Ahora los declaro marido y mujer! ¡Amigos, por favor, únanse a mí
para felicitar al señor y la señora Cane! —El ministro animó, y nos besamos
aún más fuerte entonces, tomando un descanso para reír antes de ir por
otra probada.
Cane y yo habíamos pasado por mucho, experimentado demasiados
altibajos y momentos tristes. En un momento dado, pensé que nunca
estaríamos juntos, pero ahí estábamos. Justo donde pertenecíamos. Yo
estaba en sus brazos, y él me estaba abrazando como si su vida dependiera
de ello, besándome tan apasionadamente, tan profundamente, que podía
sentirlo en mi interior.
Mientras nos besábamos, todos nos aplaudían. Escuché al Frankie
gritar y chillar, e incluso hubo algunos silbidos a nuestro alrededor. Cuando
nuestro beso terminó, miré a mis padres y me alegró ver que ambos
sonreían. Todos aquí estaban felices por nosotros, incluso la gente que no
conocía, y eso significaba mucho para mí.
Kandy
reo que la recepción fue mi parte favorita. Había música en
vivo y mucha comida y pastel. Sí, pastel. Después de pasar
los últimos tres meses sin comer azúcar para poder entrar
en mi vestido, lo devoré, y se sintió muy bien.
Compartí bailes con Cane. Compartí bailes con mi padre. Incluso
compartí bailes con mi pequeño príncipe, Chance. Conocí a varios de los
colegas de Cane, y la mayoría eran tipos bastante agradables. La música
estaba alta y latía a través de mí, y no me importaba que me sudara el
cabello, o que mi elegante moño se cayera. Me estaba divirtiendo y
celebrando mi matrimonio con un hombre al que amaba mucho. Un hombre
con el que había sufrido pérdidas, así como muchas ganancias.
No pasó mucho tiempo antes de que decidiera ir por mi segundo trozo
de pastel, pero cuando el camarero me lo dio, Lora apareció sobre mi
hombro.
—Hola, Kandy. Hay un tipo en la puerta principal que dice que necesita
hablar contigo.
Entrecerré los ojos.
—¿Qué? ¿Quién?
—No lo sé, pero es lindo. Dijo que se llama Brody. ¿Debería dejarlo
entrar
—¿Qué demonios? —Dejé mi plato y luego miré a Cane al otro lado de
la habitación. Estaba de pie junto a la mesa de champán, hablando con
algunos de sus amigos—. Uh, no... saldré. Mantén a Cane ocupado, ¿vale?
—Claro, sí.
Agarré en un puño en bajo de mi vestido y me apresuré a los escalones
que llevaban a la piscina. Mis tacones hicieron clic en el mármol mientras
caminaba por la casa, y tan pronto como abrí la puerta, por supuesto, Brody
Hawks estaba allí. Cuando me vio, una sonrisa se extendió por sus labios,
pero me di cuenta de que era difícil para él.
Se veía... diferente. Para empezar, ahora tenía barba. Desarreglada y
oscura. Sus ojos también parecían vacíos, como si casi no hubiera dormido.
No pude luchar contra el ceño fruncido que se dibujaba en mi rostro
mientras lo miraba, saliendo y cerrando la puerta detrás de mí.
—Vaya —suspiró—. Te ves increíble.
—¿Brody? —Di un paso más cerca—. ¿Qué estás haciendo aquí?
—Yo... bueno, va a parecer una locura tratar de explicarlo —dijo con
una risa incómoda.
Mis cejas se levantaron por curiosidad, pero me crucé de brazos,
esperando que terminara.
—Mira, Kandy... Seré completamente honesto contigo. No quiero
hacerte perder el tiempo, pero esta parecía la única vez que podría decirlo.
—Respiró hondo—. Vine a disculparme por lo que pasó en Notre Dame. En
ese entonces no lo sabías, pero estaba de fiesta con el equipo, bebía mucho
y experimentaba con un montón de drogas que me hacían perder la cabeza
y la moral. Sé que esto no cambiará lo que sientes por mí, pero después de
lo que pasó, no podía dejar de pensar en ello. Claramente, tú tampoco
podías, porque me notificaron y me echaron. —Su risa era seca.
—Brody, ¿cómo te enteraste de dónde estaba? —pregunté.
—Oh... yo, uh, investigué a ese tipo, Cane. Vi que había trasladado su
oficina a Charlotte hace unos meses, y me imaginé que seguía en contacto
contigo después de todo. Pensé que, si podía llegar a él, podría llegar a ti.
—¿Llegar a mí? ¿Para disculparte?
—Sí. —Hizo un largo pestañeo—. Pero... no llegué a él al principio. En
su lugar, conseguí a su asistente. Ella insistió en decirme que no, pero yo
seguí llamando. Seguía preguntando si podía hablar con el señor Cane.
Quiero decir, me tomó dos semanas antes de que finalmente cediera y me
escuchara, y le conté todo. Lo que te hice, y lo jodido que fue. Le dije que no
te merecías lo que te pasó, y que eras una de las chicas más inteligentes y
agradables que había conocido y que arruiné tu vida. Me escuchó, me dijo
que me comunicaría con el señor Cane... y él me dijo inmediatamente que
me fuera a la mierda. —Se rio.
Resoplé. Me imaginaba a Cane diciéndole que se fuera a la mierda de
la manera más sutil.
—Pero llegué a él antes de que colgara. Le dije que quería disculparme
con ustedes en persona. Me respondió que no había necesidad de
disculparse con él. Había saldado la cuenta hace mucho tiempo. Pero que
aún tenía la oportunidad de pedirte perdón.
—¿Cuándo fue esta llamada?
—Hace dos semanas.
—Así que estás aquí porque eres un miserable, ¿es eso? —exigí—.
¿Crees que viniendo aquí se resolverán todos tus problemas?
—No, Kandy, lo juro... no es eso. Q-Quiero decir... lo que te hice fue
asqueroso, hombre. Pienso en ello todo el tiempo. Incluso cuando estaba
hundido, después de que te echaran seguía pensando en ello, pero
continuaba bebiendo y aspirando y fumando, esperando librarme de esa
culpa. Cuando me expulsaron, todo eso se detuvo, y no me quedó más
remedio que ser tragado por la culpa. Escucha, nunca le he hecho algo así
a nadie. Estaba en un lugar muy bajo en mi vida y escuchaba a la gente
equivocada. Dejé que mi ira se apoderara de mí y casi arruiné el futuro de
una chica que solo quería hacer cosas buenas. Y arruiné mi futuro y
cualquier plan que tenía de crear una vida buena y estable.
Lo miré antes de apartar la vista.
—Solo... quiero decirte que lo lamento, eso es todo. Quiero decir, volé
todo el camino desde Texas a Charlotte, solo para decirte cuánto lo siento.
Hice de esto una misión, porque no podía vivir más con la culpa. No podía
dormir sabiendo que había arruinado a alguien como tú.
Sus ojos brillaban por las luces del patio. No parecía más que un
perdedor, y aunque una parte de mí quería negarlo todo, una parte mejor y
más amable sabía que habría sido un error hacerlo. Como madre, y ahora
como esposa, tenía que dar ejemplo. Tuve que aprender a perdonar, y darme
cuenta de que todo sucede por una razón. Si Brody y Sophie no hubieran
hecho lo que hicieron, probablemente ni siquiera tendría a Cane, o a
Chance, para el caso. Nunca habría construido un vínculo más grande con
Lora o la señora Cane, y definitivamente no habría encontrado mi paz de
diferentes maneras.
Di un paso adelante.
—Brody, aprecio que hayas venido hasta aquí para decirme eso
después de tantos años. Debe haberte molestado mucho, y me alegro de que
te dieras cuenta de lo mal que estaba.
Asintió, con los labios apretados.
—Ahora tengo un hijo. ¿Lo sabías?
—No puede ser. —Sonrió, sus ojos se iluminaron un poco.
—Sí. Tiene seis meses. Es un pequeño gran hombrecito, y una de mis
metas como madre es enseñarle a distinguir el bien del mal. Quiero que
aprenda a perdonar a la gente cuando le hacen daño, aunque le duela.
Quiero que sepa que todos somos humanos, y que los humanos son
criaturas defectuosas, pero si nos amamos y nos cuidamos unos a otros, tal
vez no todo sea tan malo. —Suspiré, mirando más allá de él a los muchos
autos estacionados en la glorieta de la entrada—. Por esa razón y solo por
esa razón, te perdono. Viniste hasta aquí, me explicaste tu situación, así
que sí, Brody. Te perdono.
Suspiró un gran aliento de alivio, bajando la cabeza.
—Gracias.
Sonreí suavemente.
—¿Sabe Cane que estás aquí?
—Claro que sí. —Una voz sonó detrás de mí, y miré hacia atrás
mientras Cane salía. Miró a Brody, y Brody enderezó su espalda, viendo a
Cane salir por la puerta con la barbilla en alto.
—Oh, Dios mío, ¿nos estabas escuchando? ¿De qué sirve Lora? —Le
pregunté, juguetonamente golpeándolo.
—¿Qué? —Cane sonrió, enganchando un brazo alrededor de mi
cintura—. Tenía que asegurarme de que no estaba haciendo ningún
movimiento con mi esposa.
—En absoluto, señor —aseguró Brody—. Le agradezco que me haya
confiado su dirección. Sé que era lo último que deseaba hacer.
—Maldita sea, sí. No solo porque no me gustas, sino porque el padre de
Kandy está aquí, y es un maldito hijo de puta. Si se enterara de que tú, el
chico que hizo que la expulsaran de una universidad en la que se esforzó
por entrar, está aquí, te patearía el culo dos veces. No estoy bromeando. He
recibido una patada en el culo de D. Jennings.
Brody pareció nervioso entonces.
—Pero, él no lo sabe. Y prefiero que siga así —le aseguró Cane.
Brody se relajó, bajando la mirada.
—¿Qué estás haciendo con tu vida ahora? —Cane preguntó.
—Oh, uh, trabajo en el comercio minorista como asistente del gerente,
y soy asistente del entrenador de un equipo de fútbol para niños de 8 años.
—Hmm. Venta al por menor, ¿eh?
—Deberías darle un trabajo —susurré—. Quiero decir, él vino hasta
aquí y te persiguió. Está claramente comprometido.
Cane no se molestó en bajar la voz.
—No estoy seguro de eso, nena. Podría apuñalarme por la espalda en
el camino.
Miré a Brody.
—No, no lo hará. Porque si lo hace, tendré que contarle a mi padre todo
sobre él. Mi padre, que resulta ser un sargento de policía. No queremos eso,
¿verdad, Brody?
Brody negó.
—No, no lo haremos.
—Muy bien, entonces —dijo Cane—. Te daré una oportunidad. Hay un
puesto disponible en el departamento de correo de mi oficina. Suena mal,
pero pago mucho más que el comercio minorista, créeme. Si estás dispuesto
a mudarte para tener la oportunidad de hacer algo mejor, envía un e-mail a
mi asistente, házselo saber.
Una sonrisa se dibujó en el rostro de Brody.
—Vaya, señor. Aprecio la oferta, pero no tiene que hacer eso. Mi vida
no es mala, quiero decir, no es tan elegante como la suya, pero no es mala.
—Diecisiete dólares por hora —dijo Cane, y los ojos de Brody salieron
de su cabeza—. Más beneficios. Nuestras salas de correo están muy
ocupadas.
—Uh... Maldición. Definitivamente lo consideraré. —Se rio y dio un
paso atrás—. Enviaré un correo electrónico pronto, daré una respuesta
sólida.
—Suena bien.
—Adiós, Brody —dije, viéndolo irse.
—Gracias por su tiempo.
Brody se despidió, y cuando se encontraba lejos Cane dijo:
—Debería hacerle pasar por todo el proceso y hacer que le denieguen
su solicitud.
—Oh, ¡Dios mío, Cane! —Me eché a reír—. No. Solo estás siendo un
idiota. Tenías buenas intenciones, me di cuenta. —Le agarré el brazo—.
Gracias por hacer eso, por ser la persona más grande.
—Solo para ti. Sabía que hubieras querido ese cierre. Cosas así siempre
te persiguen de una forma u otra. Además... creo que en el fondo es un buen
chico. Probablemente estaba pasando por una situación difícil en ese
entonces. La universidad es dura. Muchos cambios de vida. No solo eso,
sino que me recuerda a mí... sin las drogas. Pero me gustaba mucho beber
en la universidad, y como puedes ver por nuestra pequeña experiencia con
Eden St. Claire hace varios meses, no era muy bueno con las mujeres.
—Sí, tienes razón.
Me sonrió.
—Vamos, volvamos a la fiesta.
Cane entró conmigo en la casa, y en el camino vimos a Lora corriendo
hacia la cocina. Cane me miró, con la confusión en su frente, y me llevó a la
cocina con un dedo en los labios. Lora se paseaba por delante de la nevera.
Cuando nos vio por el rabillo del ojo, jadeó y se le abrieron los ojos.
—¡Mierda, chicos! ¡No pueden acercarse sigilosamente a mí de esa
manera! —gritó.
—¿Acercarse sigilosamente a ti? Estamos en una fiesta llena de gente,
Lora. ¿Qué te pasa? —Cane me soltó la mano, y se reunió con su hermana.
—Nada, no es nada. —Se pasó los dedos por el cabello que ahora estaba
arrugado por las trenzas y colgando por encima de los hombros.
—Te ves al borde, Lo —declaró—. ¿Estás bien?
—Estoy bien. Solo… Vale, ven conmigo. —Agarró la mano de Cane y lo
arrastró hasta la ventana que revelaba todo nuestro patio trasero. Me reuní
con ellos, y Lora señaló por la ventana—. ¿Ves a ese tipo de ahí con el cabello
a la altura de los hombros? ¿Con el traje negro y la corbata negra? ¿Lo
conoces?
Cane entrecerró un poco los ojos. Miré con él y vi a un tipo parado junto
a los arbustos. Su cabello era marrón y ondulado, su mandíbula recortada
y definida. Tenía el rostro descubierto, sus ojos nadando sobre la multitud
como si estuviera buscando a alguien.
—No que yo sepa —dijo Cane, todavía mirando al hombre—. ¿Por qué?
¿Lo conoces?
Los ojos de Lora se abrieron de par en par mientras miraba por la
ventana.
—No —dijo rápidamente—. Es que... no lo vi sentado en la boda. No
recuerdo haberlo marcado en la lista. Pero ahora está aquí, en la recepción.
Ya sabes lo popular que eres. Existen esos completos cretinos que se cuelan
en las bodas para tomar fotos que pueden vender.
—Bueno, mierda, Lora, hay mucha gente aquí en la recepción. Podría
ser el chofer de alguien o tal vez acompañe a una de las damas como su
invitado.
La garganta de Lora se movió mientras tragaba.
—Lora, ¿estás bien? —pregunté. Su rostro había palidecido. Nunca la
había visto así, no desde que vio a Buck, cuando estaba paralizada por el
miedo.
—Estoy bien. —Presionó una mano contra su estómago—. Creo que he
tomado demasiado champán. No solo eso, sino que he estado despierta
desde las cuatro de la mañana preparando la boda. —Cerró los ojos por un
breve segundo, respirando uniformemente—. Chicos, no dejen que les
arruine la noche. Vayan —insistió, empujándonos hacia la puerta—. Voy a
correr al baño y espero no vomitar por todo el lugar.
—Está bien... mándame un mensaje si me necesitas. —La
preocupación estaba en la voz de Cane. Yo también estaba preocupada, pero
cuando Lora sonrió, lo dejé pasar. Por ahora.
Antes de que llegáramos a la zona concurrida, dije:
—Creo que toda esta planificación la ha estresado y cansado. Estoy
segura de que se sentirá mejor una vez que realmente descanse.
—Sí, yo también lo creo. Lora no está realmente equipada para correr
durante días. Es como un gato. Necesita siestas.
Me reí de eso.
—También es una chica paranoica. Ha sido así desde que era más
joven. Siempre cree que alguien la persigue, probablemente por lo que pasó
con Buck cuando era niña. —Cane se encogió de hombros—. Una vez que
descanse un poco, su ansiedad se calmará y estará bien.
Asentí, pero miré por encima del hombro. Lora estaba de pie frente a la
puerta, observando a todo el mundo. Cane tiró de mi mano, arrancando mi
mirada, y cuando llegamos al área de recepción, todos nos vitorearon.
—¡Qué tal si dejamos que la feliz pareja comparta un baile más en
solitario! —dijo el cantante al micrófono, y Cane mostró una completa
sonrisa.
—¿Vamos? —Me guiñó un ojo.
Le tomé la mano, dejándole que me llevara hacia él.
—Vamos.
El cantante empezó a cantar "1+1" de Beyoncé. Era una canción lenta,
pero la letra nos definía en todos los sentidos. Cane acarició su nariz en el
pliegue de mi cuello, y eché la cabeza hacia atrás, riéndome. Luego le apreté
la mejilla contra el pecho, meciéndome con él, olvidando que había cientos
de ojos sobre nosotros.
Por una fracción de segundo, solo escuché sus latidos. Sentí su piel en
la mía. Sus labios en mi cabello mientras me besaba. Estábamos solos en la
pista de baile, bajo luces doradas y estrellas, y nada más importaba.
Cuando abrí los ojos, vi a mamá, a la señora Cane, a Lora, y a papá,
que tenía a Chance en sus brazos. Estaban sonriendo. Chance todavía
estaba despierto, pero apenas, sus párpados estaban caídos.
Mis ojos se dirigieron a mis chicas Morgan, Gina, y Frankie. Todas
estaban bebiendo champán y riéndose a carcajadas. Vi a Clay no muy lejos
de donde estaba Frankie. Uno de nuestros invitados, un chico más joven
con un cabello bonito y una sonrisa aún más bonita, se acercó a Frankie y
le dijo algo, y Clay apretó su botella de cerveza mientras Frankie se dirigía
al chico. La forma en que la miró lo dijo todo. Sé que dijo que quería que
fingiera que no sabía nada, pero ya había visto esa mirada antes.
Primaria. Feroz. Posesiva.
Cane me la había dado muchas, muchas veces antes, pero también
había adoración. Confusión. No entendía lo que quería de ella. Y eso es lo
gracioso, cuando se trata de amores complicados como estos: siempre son
difíciles de entender al principio, pero si los superas, capeas cada tormenta
y conquistas tus batallas, terminas entendiendo el deseo. La necesidad.
Entiendes que vale la pena luchar por ello.
Comienza como lujuria, pero se transforma en mucho más.
Levanté la cabeza para mirar a Cane mientras la canción llegaba a su
fin. Sus ojos brillaban con las luces, su sonrisa satisfecha.
Vaya... este hombre. Este hombre iba a ser mi para siempre. Iba a ser
mi marido, mi rey, mi todo.
Érase una vez, yo era una chica joven y desesperada con un flechazo y
un deseo. Una chica que pensaba que no había posibilidad en el infierno de
que un hombre como él se enamorara de una joven ingenua como yo.
Ahora, era una mujer, con un amor por el que valía la pena luchar y
una familia que nunca daría por sentada. Ahora lo tenía, e íbamos a estar
juntos por el resto de nuestras vidas.
Ser la señora Cane es algo que pensé que nunca sucedería, pero ahí
estaba yo, justo en los brazos de Quinton Cane, de pie como su esposa. Su
alma gemela.
Este momento fue creado por la pasión, la desilusión, el amor y las
dificultades. Todo ello condujo a este día perfecto, creando un feliz e
incondicional "felices para siempre" para nosotros.
Yo era suya, y él era mío.
Así que, sí, este era mi siempre.
Este era mi para siempre.
Shanora Williams

Shanora Williams es una autora


superventas del New York Times
y USA Today que adora escribir
sobre héroes defectuosos y
heroínas resistentes.
Cree que el amor supera todo,
pero no tiene problemas para que
sus personajes luchen por su
felices para siempre.
Actualmente vive en Charlotte,
Carolina del Norte y es madre de
dos niños increíbles, tiene un
esposo ferozmente devoto y
solidario, y es hermana de once.
Cuando no está escribiendo, pasa
tiempo con su familia, lee
compulsivamente o tiene maratones en Netflix mientras come galletas
de chispas de chocolate.