Está en la página 1de 3

Historia General V – Romina Constantin – Facultad de Ciencias Humanas, UNICEN

Parcial de Historia General V

Consigna: ¿Qué aportes hicieron los movimientos feministas de trabajadoras a pensar


la dicotomía entre lo público y lo privado? ¿Por qué el voto no consagró en este sentido la
igualdad de las mujeres? ¿Qué desigualdades persisten? ¿Qué diferencias hay entre privado,
público y domestico?

Es posible pensar al S.XIX como un proceso en marcha hacia la modernización, donde la


mujer se encontraba relegada al ámbito doméstico y subordinada a los hombres en general y a sus
maridos en particular. Un proceso signado por el establecimiento del capitalismo industrial y un
cambio de perspectiva –ya que la mujer había conquistado no pocos espacios en el S.XVIII- donde la
promesa de nuevos horizontes para la humanidad no alcanza a las mujeres1, que ocupan en este
esquema el lugar de reproductoras –en el sentido de parir hijos pero también de ocuparse del trabajo
doméstico requerido para que al otro día su marido asista al trabajo (trabajo reproductivo)-. La
contracara de esta realidad fueron los movimientos feministas, que advierten las contradicciones de
los discursos imperantes2
Una contradicción es la esfera doméstica: que por un lado, es el espacio de distensión 3 del
trabajador varón. Pero por el otro, la casa es un lugar donde se ‘encierra’ a una persona asignándole
un rol natural –a su sexo/género4- que por excelencia debe encarnar –por ejemplo, el instinto
maternal- que oficia de justificativo para que no sea cuestionado ni revertido –inevitable, producto de
los movimientos feministas-. Esta dedicación impide una realización de la mujer en tanto tal –y no
en tanto esposa, madre, hija; generalmente asignada a otro varón- ya que en la justificación filosófica
de este nuevo paradigma, la realización de la mujer son sus hijos/familia/casa.
Soledad Murillo reconoce la existencia de dos privacidades con dos valores diferenciados: el
del hombre, positivo; ya que implica un tiempo dedicado a sí mismo, realización, entre otros. El de la
mujer, negativo; privación –de la libertad, de su tiempo, de tomar las riendas de su vida-. Una tercera
contradicción se observa en relación a la remuneración: el hombre puede asistir al mercado mientras
que la mujer no puede hacerlo del mismo modo por un acervo de imperativos sociales que recaen

1
Quedó en evidencia fundamentalmente con el establecimiento de la República francesa y sus reparos en relación a la
categoría de ‘ciudadano’ y una igualdad que lejos estaba de ser universal.
2
¿Qué lugar ocupan las mujeres en ese nuevo y prometedor horizonte que los discursos ensalzan?
3
No de ocio. Distensión en tanto descanso luego de la jornada laboral, favorecido por la existencia de una persona que
se encarga de todo el trabajo –crianza de los hijos, limpieza, comida- para que al llegar, no tenga que hacerlo y pueda
descansar y así, ‘encarar’ al día siguiente un nuevo día laboral.
4
Para este momento no hay un uso diferenciado de los términos.
sobre ella. Asimismo, el trabajo doméstico no es remunerado 5 y como no existe una separación entre
la esfera privada y la pública o el ámbito laboral y doméstico, es un trabajo que no finaliza nunca.
Otras teóricas feministas, como Silvia Federici, referirán a la ‘carga mental’ de este trabajo6.
Hubo espacios de difícil acceso7 -frecuentados por los varones-, hijos de la Ilustración, donde
las mujeres pudieron cultivar su intelecto. En este sentido, el feminismo aparece como un pedido de
derechos civiles hacia el S.XIX8 pero también como una denuncia de las incoherencias del sistema
imperante. El movimiento feminista, entre otras cosas, echa por tierra la idea de la mujer abocada
sólo a su familia y su forma de ser pasional; desmoronándose así el ‘sexo débil’ –uno de los
pretextos contra la generalización de los derechos civiles hacia las mujeres-.

5
Abona a la restricción de las posibilidades de realización personal de la mujer y autonomía. Es una forma más de
garantizar su permanencia en la casa. Ayudada por los imperativos sociales mencionados que caen con fuerza sobre
toda mujer que se atreva a poner en entredicho el orden.
6
No es un dato menor darle la entidad de ‘trabajo’ al trabajo doméstico porque es un paso más que se da desde el
discurso en el destierro de la idea de rol predestinado o natural.
7
Vistiéndose de hombres o usando seudónimos.
8
Las formas que tomó el movimiento fueron heterogéneas; lo cual fue puesto de relieve por Dennyris Castano
Sanabria. En líneas generales, existió una vía institucional y otra más disruptiva.
Bibliografía.

-Dennyris CASTAÑO SANABRIA, “El feminismo sufragista: entre la persuasión y la


disrupción”. Polis Revista Latinoamericana. N° 46, 2016.

-MURILLO, Soledad, El mito de la vida privada. De la entrega al tiempo propio. Madrid,


Siglo XXI, 2006. “A modo de introducción o declaración de intenciones”

-PATEMAN, Carole, El desorden de las mujeres. Democracia, feminismo y teoría política.


Buenos Aires, Prometeo Libros, 2018. Cap. 1: “El desorden de las mujeres”: las mujeres, el amor
y el sentido de la justicia, pp. 33 a 52. Cap. 6: “las críticas feministas a la dicotomía entre lo
público y lo privado”, pp. 161-188.