Bonsái
Literatura mínima
Directorio
Editores
Miréia Anieva
Herson Barona
Consejo editorial
Belinda Ortiz
Graciela Romero
Bonsái. Literatura mínima. Año 1.
Jezreel Salazar
Número 2. Agosto 2011. México.
Rafael Zamudio
Asesores
Alberto Chimal
Bonsái es una publicación electrónica independiente
Cristina Rivera Garza de periodicidad mensual sin fines de lucro.
Blanca Rodríguez Gaona
Liliana Weinberg El contenido de esta publicación puede ser dis-
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No hay un
pájaro / el
árbol canta.
Francisco Hernández
Contenido
POESÍA CUENTO ENSAYO
Carbono 14, 10 Gil, 7 Escritores que
Jair Cortés Amado Peña editan, 20
Eduardo Huchín Sosa
Preguntas al azar, 24 Target comercial, 15
Rogelio Guedea Rodrigo Hernández Vera Tren de ciegos, 45
Rodrigo García Bonilla
Segunda estancia de la Cero, 25
luz, 36 Paulette Jonguitud Acosta
Fuga, 38
Teorías del cuerpo, 40
Roberto Cruz Arzabal Una historia de amor, 55
Daniela Tarazona
TUITS RESEÑA
Bosque palindrómico, 11 Verde sobre verde, 30
Luz Marina Fuentes Miréia Anieva
Caeca nox. De los lazos E n las manos del
que me unen a la noche, 32 dolor , 51
Enrique Sosa Rodrigo García Galindo
Dentro, la belleza, 48
Carlos Silva
CUENTO
Amado Peña
Gil
Madre dice que las paredes están tristes y por eso lloran en la
noche. También los vasos lloran y ha de ser que se entristecen
por el frío de la Coca-Cola o de los líquidos. Pero mi profesor
dice que la razón del agua escurriendo afuera del vaso se debe
a la condensación de la humedad del aire en su superficie y
que para las paredes no hay mejor pañuelo que una buena
impermeabilizada.
Veo a Ishtar pasar y creo que mis puños se entristecen y
se retuercen a tal punto que incluso mi Frutsi llora sobre mi
pantalón. Pregunto al profesor el porqué y responde con un 7
silencio que me inquieta, juega con la carta de siempre desde
que su señora ya no viene a la escuela con sus ricos pasteles.
Mira hacia afuera de la ventana y vemos cómo los flamboyanes
se bambolean como el ki en las caricaturas. En eso pasa Tro-
pel, mi perro, y dejo al profesor con su silencio en el salón
vacío. Creo que me grita algo pero para entonces ya corro ha-
cia la parada del camión con Tropel y mi pecho suena como
las patas de mi perro.
La última vez que invité a Ishtar a mi casa me pidió que
me lamiera las manos para ponerlas en las estanterías del
CUENTO
congelador; lo hice y ahora cada que mis puños se enojan o
entristecen duelen; me dejó una marca como cuando cargo
las cubetas para tender la ropa, pero esta línea no se quita y
duele.
Estoy por llegar abajo a la parada cuando Tropel se detiene
de súbito y comienza a gruñir como las hojas en los flam-
boyanes. Volteo a verlo y sigo escuchándole gruñir pero lo
único que veo es su pelaje rojizo. En eso a lo lejos el profesor
grita: “¡Cabalgar, cabalgar, cabalgar!”. Atrás de mí estallan
8 las risas de mis amigos; seguramente querrán ir a los video-
juegos mientras criticamos las ocurrencias del profesor o de
cualquiera, otra vez. A un lado de ellos está Ishtar con sus
amigas aventándoles papeles y ellos se los devuelven y co-
mienzan a jalonear hasta juntarse tanto que ya no sé si Ishtar
ahora usa pantalones.
El viento crece hasta que no escucho a nadie más que a él.
Me hinco para tomar una rama tirada en la calle. Me apoyo
en el lomo de Tropel mientras empieza a lamerme la cara.
Espero unos segundos. Le susurro al oído: “una, dos… ¡tres!”.
Corremos hacia la tierra baldía que está entre la escuela y
CUENTO
la parada. Ya en ella abro brecha en la maleza con mi rama
mientras miro arriba a los árboles y Tropel brinca por todos
lados cazando bichos y mariposas. La luz parece que llorara
en los flamboyanes y me refugio en las sombras. Al llegar a
casa ahí estará mi prima Ishtar con su gato negro negro. Ya
son vacaciones. Mi hermano va a regresar con todos sus li-
bros a enseñarme no se qué; el mundo; que Tropel se llama
Enkidu. No sabe tanto. Pero en las noches voy a jugar a es-
condidas con ella, y como aquí vamos a jugar a que nuestros
cuerpos entristecen, y vamos a jugar a que lloramos por la 9
boca, por los brazos, a que llora nuestro temblor; hasta Tro-
pel va a llorarle a la luna de puro juego. Lloraremos por todos
lados en la noche y puede que llueva.
POESÍA
Jair Cortés
Carbono 14
Frotaban dos piedras,
una contra otra,
chispas ya tarde noche,
murmuraban chismes
antes de caer el sol,
antes de ver nacer el fuego
entre esas ramas secas,
pasto dorado entre ese tronar de piedras.
Una vez el fuego hecho,
10 danzaban y un borrego se asaba,
danzaban.
Y cuando más noche era,
danzaban y bebían licor de caña,
danzaban.
De su boca palabras malas venían
y la piedra afilaban,
danzaban.
Danzaban Danzaban
Danzaban.
TUITS
Luz Marina Fuentes @LuzMFG
Bosque palindrómico
1. Eres luz, azul seré.
2. Aré.
Tierra, lo viviré hoy.
Yo herí, vi volar.
Reitera.
3. Esa rama amará, sé.
4. Aré.
Da mi sedar, ella.
Ni serás árbol o brasa.
Resina, llera de sí. 11
Madera.
5. Lo sé. Rama sé, verano son.
A revés amaré sol.
6. Ara.
Perpetro natural.
Le baja bello caracol.
Le baja bella ruta.
Norte prepara.
7. Late. Lo vi, lo sé.
Ciar raíces, olivo letal.
TUITS
8. Aré.
La barra sea calaña rara.
Motivo, vi tomar araña.
La caes, arrabalera.
9. Oh celé, honré, te seré ajeno coneja.
Eres eterno helecho.
10. Aré.
Oirá nutro florecer.
Caí, cala.
12 ¡Farol, farol! Flor, aflora.
Falacia crece, rol.
Fortuna río era.
11. Oh celé, higo cae.
Acogí helecho.
12. Aré.
Ver brisa, nutro fin.
Soga, la heroína barí.
Mal son a fuego coge.
Ufanos la miraba.
Ni oré halagos, ni fortunas.
TUITS
Ir brevera.
13. A ti veranos oí. Río sonar evita.
14. Aré.
Calada notan.
Oí caraú, galano tonal.
Agua raciona tonada.
Lacera.
15. Sé ese oso, soñará para volar.
Ralo, vara par. Años oso, ese es.
16. Ara. 13
Le versa, me da.
Lo sería arar el otoño.
Tolerará aire.
Sol además revelará.
17. Ara. Hada, venada cada venado da.
Nevada cada nevada, hará.
18. Aré.
Lo verá ralo, va.
Iré, sol arropa. Ve.
Sería aire, sé vapor.
TUITS
Ralo sería volar.
Aré. Volaré.
19. Era luna azul. Ese sol anula la luna, lo sé.
Sé luz, anularé.
20. …ni frío oír.
Fin.
14
CUENTO
Rodrigo Hernández Vera
Target comercial
Hombre solo entra en escena: abre los ojos entre sábanas li-
sas, estándar. Acompañando al cuerpo de ojos casi cerrados,
la vejiga: llena. Irremediable el uso de los pies con propósito,
claro, el baño.
Ducharse no está de más.
Hombre solo cede ante el agua: baño vacío de pensamien-
tos, es muy temprano para otra cosa que no sea la piel des-
pertando.
Y el jabón diciendo adiós.
Y el olor a temazcal herbal saludando al primitivo alza- 15
miento.
§
Leche más cereal en un tazón. Hombre solo desayuna
viendo porno.
Hombre solo a veces piensa que esa no es manera de empe-
zar el día. Cambia el canal:
—Y así se hace un omelet con camarones. Recuerden, se
revuelve todo en el mismo recipiente antes de poner en el
sartén.
Click: bang bang. Hombre solo dispara en su mente a la
CUENTO
conductora. La televisión matutina es tan aburrida. Click:
gang bang.
§
Llega el momento de la transición de punto A a punto B:
nunca en línea recta, hay que pasar por C.
En C están:
• Las piernas que recorren el lugar.
• El escote que se inclina para servir el líquido.
• El roce de manos de uñas rojas en el intercambio de envase.
16 • La sonrisa que despide al mismo tiempo que invita a volver
pronto.
Hombre solo no disfruta especialmente de la cafeína. La
próxima vez tal vez pida un té y le pregunte su nombre.
§
Les recordamos que las fotos con flash están pro-
hibidas al igual que consumir alimentos y bebidas,
quien sea sorprendido será consignado a las autori-
dades correspondientes.
Empecemos:
Como sabrán, aquí se cuenta con una gran colección de
CUENTO
obras, tal vez la mayor del mundo, con el tema de hombre
solo y entorno laboral. Si voltean a su derecha verán la serie
“Locaciones”: Locaciones I: Hombre solo y elevador Alumi-
nio y vidrio; Locaciones II: Hombre solo en escalera Tallado
en mármol; Locaciones III: Hombre solo entre 4 paredes
Caja de vidrio soplado y acero.
Más adelante tenemos algunas obras no seriadas, pero que
ponemos juntas al estar realizadas en óleo: Hombre solo mira
al infinito, La pereza no es blanca, Escala de grises: una
aproximación a la mente vacía, Techo responde miradas, 17
Hombre solo y lápiz amarillo número dos y medio, Word:
Waterloo en perspectiva, Hombre solo y jefa.
Si miran a la izquierda encontrarán una de las series que
más trabajo le costó reunir al curador: “Comunicaciones”;
se compone de: Comunicaciones I: Hombre solo al teléfono
Instalación; Comunicaciones II: Archivo PDF anexo Grafito;
Comunicaciones III: Hoja membretada sin firma; Comu-
nicaciones IV: Hoja membretada con firma Ambas en pa-
pel maché; Comunicaciones V: Diálogo directo, personajes
varios Yeso.
CUENTO
Para cerrar la exposición tenemos una acuarela fantásti-
ca: Hombre solo has left the building. Noten la leve sonrisa,
muchos críticos la han comparado con la de la Mona Lisa por
el enigma que nos transmite; entre burlona y algo más.
Les recuerdo que por este pasillo doblando a la izquierda se
encuentra la tienda de regalos. Muchas gracias por su aten-
ción.
§
Hombre solo de pie frente al estante: ya, ya, ya, ya.
18 Otro estante: ya, ya, ya, ya.
Tercer estante: ya, ya, ya, no.
Antes de tomarla, Hombre solo piensa que tendría que leer
menos novelas policiacas y más de ésas que están en la colec-
ción amarilla llamada sin pudor “Literatura Universal”. Tal
vez tendría que averiguar si la búsqueda resultó y el tiempo
que estaba perdido fue encontrado.
Caja registradora se enfrenta al bolsillo: silencioso inter-
cambio de miradas y billetes. Bolsa de plástico azul.
Novelas policiacas 1, colección amarilla 0.
§
CUENTO
Corte a: Un parque, inicio de la primavera. Hombre solo lee
sentado en una banca bajo un árbol. Atardece.
Un vendedor pasa, lleva collares, pulseras y otras baratijas
que ofrece a las parejas sentadas en el parque.
Hombre solo teme que el vendedor lo aborde. El vendedor
teme ser rechazado por las parejas pero sigue intentando.
Vendedor caminando.
Vendedor ignorando.
Hombre solo entendiendo.
Si hubiera una “ella” (¿cómo se llamarán las piernas y el es- 19
cote y el roce y las uñas y la sonrisa?) el vendedor estaría ahí.
Vendedor insistiendo, hipotéticamente.
Hombre solo acompañado, sentado, diciendo que no, hipo-
téticamente.
Hombre solo no es target de vendedores de baratijas para
la novia, la amiga.
Hombre solo es target de modelos webcam los sábados por
la noche.
ENSAYO
Eduardo Huchín Sosa
Escritores que editan
Hay actividades a las que un escritor contemporáneo se siente
obligado a fin de habitar con dignidad una solapa: colaborar
en un periódico y editar una revista independiente son las
más recurrentes en tanto encierran dos virtudes prácticas (la
conciencia social y la generosidad). Ningún autor en su torre
de marfil tendría una columna; ningún ególatra perdería su
tiempo haciendo legibles a sus contemporáneos.
A pesar de la belleza o la legibilidad que ahora encuentro en
las revistas electrónicas, aún me causa desconcierto cómo al-
20 guien, en algún rincón de este país, puede aventurarse a sacar
publicaciones de papel. Claro, por un lado está el idealismo: hay
editores legendarios que nos devuelven la imagen de quien es
capaz de impulsar una obra para que llegue a las manos que la
necesiten, pero también existen escritores excepcionales que
nos recuerdan para qué se supone que se dedica uno a la
literatura, y no necesariamente termina uno haciéndoles caso.
En la época de la superproducción de revistas, ¿qué lleva a un
autor, o a unos amigos, a iniciar un proyecto colectivo más?
Si, como quería Juan Villoro, ensayar es leer en compañía,
la edición vuelve toda compañía motivo de una úlcera. En
ENSAYO
aquellas ciudades donde cualquier publicación pasa por los
logos de las instancias de cultura, ningún camino es tan
sinuoso como la ruta que lleva del dummy al estante: hay
tantas personas implicadas y otras sin cuya firma no se au-
torizarían la impresión o las grapas, que sorprende cómo en
estas circunstancias, una revista todavía pueda producirse.
Las facilidades son enemigas de las ediciones que confían en
el papel; todo documento que se sella a tiempo es un episo-
dio menos en la vida de quien pretende hacer literatura. Una
edición se sufre tanto como un parto complicado (de ahí que 21
editar venga del latín edere, que entre otras cosas, significa
“dar a luz”), porque a pesar de su carácter aparentemente
abstracto, la congregación de voces implica las mismas difi-
cultades que las congregaciones a secas: hay mucho ruido, la
gente tarda hasta tres semanas en darte algo que te prometió,
siempre hay alguien que se molesta por algún malentendido.
Una revista, como ciertas obras de arte o las personas im-
portantes que aparecen en nuestras biografías, sirve para
situar un momento en la vida que no sabríamos explicar sin
su presencia. Un índice puede representar lo mismo una caja
ENSAYO
de souvenirs que un sumario de cicatrices. Hay tanta historia
y bilis detrás de algunas páginas, que uno no puede concebir
la capacidad de cierta gente para hacer ese trabajo cada mes
(o cada dos meses, o el tiempo que tarde en salir una publi-
cación). Cuesta mucho cribar artículos cuando el 90% de los
colaboradores te tiene en su lista de contactos del MSN y te
pregunta cada dos días si el número ya se encuentra en cami-
no. El verdadero talento del responsable de una publicación,
una vez que ha sorteado el problema de la escasez, está en
22 mentirle a los que quedaron fuera.
El editor sabe que cada texto, como cada amigo, llega gra-
cias a la buena voluntad y al azar, pero que esas dos potencias
naturales sólo actúan a fuerza de invitaciones y memorandos.
La edición es una forma privilegiada de la lectura que no deja
de enseñarnos a estar solos, pero que en su dinámica también
nos recuerda que hay personas reales detrás de esas palabras.
Llegar a un texto, corregir un texto, platicar con un diseñador
sobre la fuente con la que debería leerse un texto son maneras
de pasar a alta velocidad los carriles de lo que hemos llamado
vida práctica y literatura. Quizá, porque editar es un deporte
ENSAYO
extremo que implica hacer de ambas ideas un mismo viaje.
Durante el tiempo en que edité una revista en provincia,
la entendí como una prueba de Rorschach que proyectaba
aquello que necesitábamos de ella. En mi caso, nunca he po-
dido separarla de la imagen que representó organizar textos
ajenos, y al mismo tiempo perpetrar esa forma necesaria de
literatura a la que llamamos conversación. ¿A qué sirvió más:
a la ilusión, al berrinche, al ocio o la compañía? Nunca lo
sabré. Si para algunos de sus colaboradores —y mis amigos
para decirlo de una vez— terminó siendo “una farsa” y para 23
el director —quien encontró mejores formas de acción en un
partido político— era algo así como “un producto de la cul-
tura emergente”, yo la viví como otra cosa (los que nos hemos
desvelado corrigiendo los gerundios de otros, siempre lo vi-
viremos como “otra cosa”). Hasta el último de sus días, las
revistas siempre deben su existencia a un hermoso equívoco.
POESÍA
Rogelio Guedea
Preguntas al azar
¿y si me quedara sin la mano que escribe
este poema también podría escribir
este poema? ¿y también podría escribir
sobre la mano que lo escribe?
esto es: si me quedara sin mi país,
¿podría la mano que no tuve escribir mi país?
¿contaría sus calles? ¿lo mismo haría con sus
esquinas? ¿tomaría nota de lo que acaba de nacer
o morir: un árbol, por ejemplo, o
24 mi abuela muerta dos días antes de nacer? ¿guardaría en su
corazón la mano sin país aquellas mujeres que quiso?
¿y quedarme sin una mujer que quise
es quedarme sin amor? ¿es lo mismo
cuando me olvidas, amada? ¿soy, por ti, el olvidado
de estas calles o mapas? ¿y de esta mano
que escribe tu nombre a pesar mío,
contigo, incansablemente?
CUENTO
Paulette Jonguitud Acosta
Cero
Somos los gemelos calculadora. Así nos llaman cuando nos
paramos frente a los doctores y nos dicen: sumen. Tres mil
cuatrocientos. Veinticuatro mil doscientos ocho. Somos dos.
Dos.
Hace ya seis años nueve meses y catorce días que la madre
nos cambia por un sobre blanco y nos deposita en una ca-
mioneta con cuatro ruedas y doce rayones en la puerta dere-
cha; en tres horas llegamos al hospital del doctor Geller. Un
millón, doscientos cincuenta y tres mil, cuatrocientos veinte
punto dos. Van a estar cómodos: una enfermera, habitación 25
con dos camas, dos ventanas, cuatro cortinas, edificio anti-
guo. Hermoso, sí, muy hermoso. Dos arañas. Hace calor esa
tarde, veinticuatro de febrero, y en las noticias anuncian la
muerte de un diputado. Uno.
Nos hacen diecisiete exámenes, pero comemos bien; cin-
cuenta y seis chícharos. Nadie nos grita. No hay golpes. Nos
pasamos el día rodeados de doctores. ¿En qué día cayó el
seis de diciembre de mil novecientos uno? En viernes, con-
testamos. ¿Y el ocho de abril de mil seiscientos catorce?
En martes. Respuestas correctas, dice el doctor Geller a sus
CUENTO
diecinueve compañeros doctores; todas correctas, dice a sus
cuatro hijos. Cincuenta y nueve mil ochocientos sesenta y dos
punto treinta y cuatro.
¿En qué día cayó el veinticinco de enero de mil quinien-
tos veinte? En miércoles. ¿Cuál es el algoritmo? Siempre nos
preguntan eso, ¿cuál es el algoritmo? ¿Qué es un algoritmo?,
preguntamos nosotros. Algoritmo, algoritmo, algoritmo. Eso
es lo que andan buscando. Luego lanzan al aire una caja de
cerillos y cuando caen en el piso nosotros decimos noventa
26 y cuatro. Señalamos los cerillos. ¿Cómo lo hacen? No lo
hacemos. Vemos.
Hace cinco meses, dos días y diez horas que conocemos a
Stephen; está en el grupo de médicos que el doctor Geller trae
a visitarnos y a hacer preguntas. Stephen avienta al aire una
caja con palillos chinos. Treinta. Diez, diez, diez. No pregunta
¿cómo dividen?, ni ¿cuál es el algoritmo?; parpadea una, dos,
tres, cuatro veces y dice ¿son monocigóticos?
Somos los gemelos calculadora. Así nos llaman. Todos me-
nos Stephen. Él dice tú eres Andrei y tú eres Nicolai. Somos
Andreinicolai. No. Tú eres Nicolai, él es Andrei. Somos Nico-
CUENTO
laiandrei. Veintiún millones, ochocientos noventa y siete mil
cuatrocientos veintidós.
Nos pregunta si nos acordamos de la madre. Nos acorda-
mos, sí. Siete de julio de mil novecientos setenta y cuatro:
calor, sol, nada de aire, dos columpios en movimiento, flores
en el arbusto, cuatro con cinco pétalos cada una, limonada en
una charola, nueve hielos, periódico sobre la mesa: Alemania
campeón, vence dos a uno a Países Bajos; siete adultos nos
miran y nos piden que sumemos, madre cobra dos monedas
por operación; un niño con doce pecas en la nariz nos lanza 27
una pelota, no podemos atraparla, nos caemos, se enredan
nuestras piernas, cuatro. Risas que no son nuestras. ¿Cómo
los llamaba su madre?, pregunta. ¿Cuándo? Cualquier día.
¿Cuándo? El siete de julio de mil novecientos setenta y
cuatro. Oigan, idiotas. ¿Y sus nombres? Somos los gemelos
calculadora.
Yo también soy gemelo, dice Stephen. ¿Calculadora? No,
mi hermano murió joven; jugábamos con cuchillos. ¿Cuán-
tos? ¿Cuántos qué? ¿Cuántos cuchillos? Él también es geme-
lo. Por eso nos gusta, por eso le gustamos. Era Stephenpaul,
CUENTO
dice. Stephenpaul, repetimos, Paulstephen.
El último experimento. Risas. Cansados de experimentos.
Subimos a un auto con tres puertas y tres moscas en el para-
brisas. Stephenpaul murmura todo el camino: ¿Funcionará
la calculadora? Funciona, le decimos. ¿Y después?, pregunta.
No entendemos.
Ciento veintiocho farolas en el puente. ¿Qué pasa si uno sal-
ta?, pregunta Paulstephen. Miramos hacia abajo. Agua. Risa.
Nos ahogamos. Dos aletas de tiburón. No, dice, se ahoga uno,
28 el otro es libre. Nos ahogamos. Un anuncio: la construcción
de este puente comenzó el cinco de enero de mil novecientos
treinta y tres. Jueves, decimos. Seis carriles para autos.
Stephenpaul salta el barandal. Nos dice: vengan. Vamos.
Somos los gemelos calculadora. ¿Cuál es el algoritmo? ¿Cómo
dividen? ¿Qué es un algoritmo? Ocho pájaros, diecisiete bar-
cos. Frío. Once nubes. Paulstephen se para entre nosotros.
No nos gusta. ¿Nicolaistephenpaulandrei? No. Este puente
se inauguró el veintisiete de mayo de mil novecientos treinta
y siete. Jueves.
Somos los gemelos calculadora.
CUENTO
Andreinicolai.
Nicolaiandrei.
Dos zapatos caen, una bata blanca.
¿Stephenpaul? Cero.
29
RESEÑA
Miréia Anieva
Verde sobre verde
Constanza es una mujer instalada en la
soledad de una casa vacía.
Ella, todas las que fue, el perro y los re-
cuerdos, son los únicos habitantes de una
construcción que es más un caparazón
exhausto. Un día antes de la boda de su
hija, en medio de sus abluciones descubre
una mancha verde en su ingle que no se quita con ningún
producto, al contrario, se extiende. Verde sobre la carne y
30 dentro de la carne: moho. Crece la vegetación en la intimidad
de su cuerpo y ahí mismo el miedo a transformarse, a dejar
de ser mujer y convertirse en un monstruo.
En veintisiete breves apartados, Paulette Jonguitud Acosta
narra la historia de una mujer que debe enfrentarse a la re-
ciente infidelidad de su esposo con su sobrina, a la boda de su
hija Agustina en las próximas horas y al incómodo huésped
que crece en su cuerpo convirtiéndola en una planta. Constanza
recorre la casa vacía y en cada espacio se encuentra con recuer-
dos que se vuelven habitantes: su sobrina con la que comparte
el nombre y el marido; su padre dentro de un ataúd; Rafael,
RESEÑA
el hijo que nunca nació; Felipe, el hombre que después de
haber amado se le ha convertido en una sombra.
Moho (Fondo Editorial Tierra Adentro, 2010) se inscribe
en la tradición de las novelas con tramas que se desarrollan
durante un solo día. En veinticuatro horas, una mujer realiza
un recorrido por los hechos más caóticos de su vida, descu-
briendo los sentimientos agotados, las transformaciones de
las personas que amó y la pesada vacuidad de una casa, mien-
tras a su cuerpo le crecen ramas y deja de moverse.
Esta novela es también una especie de diario de sueños 31
donde Constanza confiesa todos sus terrores, su demencia
y sus memorias sobre los habitantes de su cabeza que es
también la casa. Es una bitácora del deterioro, y así, una me-
táfora del envejecimiento, del miedo a la decadencia e incluso
la resignación: “...esto no es del todo asqueroso. Si no se le
compara con un cuerpo humano, podría ser incluso algo bello,
yo qué sé: un tronco abandonado junto a un lago, una raíz
gruesa de árbol viejo”.
Moho es una historia de la transformación donde se apre-
nde a hablar el lenguaje de las casas vacías.
TUITS
Enrique Sosa @lintones
Caeca nox. De los lazos que me
unen a la noche
1. La noche huele a tinta, a desesperación. La escritura es una
broma que tiene por principal atractivo la irrealidad de sus
manifestaciones.
2. Se escribe en un estado anterior a la locura. Cual poseso
infame, subordinado a melodías nocturnas. Con frecuencia,
todo es un malentendido.
3. De noche, me gusta ser interminable búsqueda, cabeza de-
sesperada adentrándose en los vastos espacios del desaliento.
4. La noche es el fondo del mundo, fuente misma del len-
32 guaje. Deseo el misterio de la muerte; viajando
solitario, intruso.
5. Acostumbrado a pensar en la muerte,
el horror de su cercanía me parece tan habitual que,
morir para pensar resulta apenas una frágil caída.
6. De su fondo intento sustraer aquella frase luminosa,
arrogante, desordenada hasta la saciedad. Tu retrato certero,
evanescente.
7. Para cuanto podría saber de ti, me digo, no es posible pen-
sarte sino efímera, tu voz entre sueños, balada nocturna.
8. De noche, una irresistible pasión por la belleza, el secreto
TUITS
de la creación fulgura en la memoria. Los sentidos intentan
estallar.
9. Entregado a la escritura mientras dormito: ejercicio de
traslado. Intento hacer corresponder el lenguaje del sueño
con las letras.
10. Gesto irrefrenable que busca continuar el sueño. Esfuerzo
por recuperar la dicha de la transformación, de la materia
mutable.
11, Escribir tras el sobresalto, al pie de la cama, posterior al
sueño. A veces, es posible encontrar el instante justo para de- 33
saparecer.
12. La escritura es la vía de acceso a la noche: promontorio
ritual de quien se consagra a lo intemporal.
13. La escritura es el poder del desarraigado: desde las
primeras palabras la exigencia de un nuevo reino, lejano, sin
porvenir ni pretensión.
14. Mis manos han sido cómplices de palabras que interrogan
a la noche. Cómplices de su irrupción falaz.
15. Dejé caer palabras entrecortadas. Frases ajenas, errores.
Ante el silencio que sobrevino, un presagio defuga, de perse-
TUITS
cución.
16. La cualidad de la sustancia noche es persistir sobre los
nervios. Hay quien advierte por vocación el estudio de esa
sucesión inalterada.
17. Noche: reverso de la vida, experiencia desmesurada,
privilegiada. En su espacio ilimitado es posible cualquier
contacto anómalo.
18. Se indaga sobre las versiones de la noche, esperando lle-
gar a aquélla que sucede violenta, en el silencio soterrado del
34 sueño.
19. La escritura es violencia en el silencio inmóvil. Una mano
teje espíritus, gira sobre la hoja, traza el signo del dolor.
20. Las palabras reducidas a distancia cero sobre mi cuerpo.
No existen lindes entre el gesto y el trazo.
21. Nunca antes pude dibujar mi silueta en estos intermina-
bles vagabundeos nocturnos.
22. Sólo esta vía apócrifa, emocionante en su falsedad, per-
mite acceder en la noche eterna. La noche se alimenta de la
pujanza de la escritura.
23. Suenan los encantos de la noche pausada, descienden so-
TUITS
bre quien ansía mudarse de la vida hacia el sueño.
24. La noche del mundo en el rostro de un hombre que ha
conquistado el rítmico placer de las palabras.
25. Se ha obstinado en tararear mentiras que sobrecojan a su
corazón, en preguntas por los confines (un
deseable fondo de silencio).
26. Bordea sin fin la noche, pertenece invariablemente al
movimiento que zumba por encontrar el límite, la
salida, el fuera de sí.
27. Ante ese llamado mudo, palabras del silencio. Sin otra es- 35
trella guía, habrá que seguir la estrella ausente del lenguaje.
28. Noche, comenzamos a tejer pequeños lazos. Saldré sin
remedio al sueño, sin voz, buscando a los fantasmas que ilu-
minan las profundidades.
29. Más allá de la lengua un ojo fulminante abre paso a la
experiencia en las riberas de la tempestad: fondo nocturno
de la tierra.
30. Ojo que concentra y manipula lo que está sin terminar: es
el secreto del arte de los sueños.
POESÍA
Roberto Cruz Arzabal
Segunda estancia de la luz
a Irene Artigas
El cuarto iluminado
desde su ventanal oblicuo
donde la luz
rompe la transparencia
robada por el vidrio
y la marcha grasienta
de las huellas digitales
36 el cuarto blanco iluminado
donde
las sombras
son
la ausencia
de todos
los espacios
recorrido por la vista de
izquierda al centro
POESÍA
hacia
abajo
en la esquina donde los adornos
permanecen olvidados
como si de retóricas vacías se tratara
a la derecha el vaho
el espacio en blanco sobre el lienzo
blanco que no es más espacio 37
puro sino materia
dispuesta para los trazos de la invisible línea Rothko
—el prestigioso blanco elaborado por la vista
POESÍA
Fuga
domesticar la casa — hacer la casa centro — de expansión —
hacia la superficie — domesticar la casa — pleonasmo
necesario e — inherente a toda — excavación — domesticar —
el centro — y su variable longitud — hacia la larga marcha de la
historia — ageometría euclidiana — domesticar la luz — para
darle la forma — de lo cónico de un — punto fijo en la pared —
de tallo de voz — de crecimiento — tragaluz — domesticar el
hambre — darle cuerpo — extensión de carne — darle sombra
al hambre: quemar el brazo — como pira — como incienso
38 — punto de luz con — poco cuerpo — delgadez del brillo que
se abre — hacia las fosas — domar la carne — macerar la piel
— moler los huesos hasta que — sean polvo y tinta — papel
de huesos — escribir en la piel con clavo ardiente — domar la
carne :
hacerla causa primigenia — tatuar como sembrar arietes —
domesticar el vientre — trazarlo fuente central — del edificio
— biblioteca de pliegues — presente acuoso del latido —
domesticar la casa — pleonasmo necesario los ladrillos — la
pintura el verso o — la disposición de — el cuerpo — esta
página — y ésta — son casa de enfermos — hospital vegetal de
POESÍA
blancos — entrelíneas que enfrentan — el vacío…
domesticar el blanco — domar la visibilidad — el temple blanco
— domesticar el sentido por su — ausencia inoperante —
cuerpo — semen semiótico — expresión y forma — domesticar
la forma — volverla centro sustancia — y contenido — casa y
forma — vientre hinchado de húmeros — vientre de huesos
dislocados
39
POESÍA
Teorías del cuerpo
no es la fiebre
sino el pánico de la música
que nos posee
lo que torna tu sonrisa
en bruma del tabaco
tu entre pierna
—aunque mejor sería
40 hablar de topo de luna
o sílaba precisa—
quiero decir tu centro prodigioso
tu armadura desgarrada
el fiambre que te cubre
el nombre la sorna
dices espera aún la nave
espera que el cielo en el subsuelo nos
observa
con su música de brisas y el
POESÍA
frío de no saber nombrarte
con los huesos
espera que mi marcha es larga y extenuante
espera un poco
una nada
espera un cielo bocabajo un
armatoste
en la punta del deseoso
41
una fuente de luces que desciende
su fuerza que mantiene a flote
la armadura
el casco el armatoste
la costilla que brilla en la obsidiana
la mordiente faz de la frescura
la pureza inexistente
la pureza que flaquea por la lumbre de las notas
conseguir la furia
la tierra prometida en el cadalso
POESÍA
la visión aérea
una no nombrada cosa que
carezca de tu cuerpo luminoso
II
el lustre de un cuerpo : su fisura en la geometría de la
avidez : la voz tipluda de hambre que te llama
42
hueco de sarna
huero de tan sombra
en los labios resecos
—la borradura de su espacio
—enumeración de los contrarios
—no poesía sino juntura
/pegamento de hambre/
/semen/ regalo y sedición
POESÍA
sed de la forma: en sus arenas acuosas : en su librea de hueso
descarnado
III
Pensar desde la duda
el autismo que te nombra
la repetición fallida de los enunciados
su ornamento en un sentido lato 43
lo que cuelga
lo que anuncia
dudar nunca del cuerpo
de sus arterias huecas
la debilidad acorazada su cansancio vulnerable
no dudes nunca del cuerpo que se ofrece
de su resequedad
de su silencio
POESÍA
que en su escasez es ángel de los mundos
—todo ángel ya se sabe es un sueño
un fantasma del deseo—
blasón de la batalla contra el magma
su fuelle es el aire que nos corta
la ruptura anticipada de los vellos que se erizan
44
ENSAYO
Rodrigo García Bonilla
Tren de ciegos
Hoy, en la calle, cinco ciegos caminan enlazados, uno atrás de otro.
La fila india, lenta y con el movimiento sinuoso de la serpiente que
no despega su cuerpo del suelo, va como un máquina de carne.
El tren de los ciegos tiene cinco elementos. Uno, el ciego motor,
guía la cadena. Dos, el ciego vulnerable y oculto, se escuda en la
experiencia cercana del ciego motor. Tres, el ciego palo mayor, es
vigía de los vientos, las temperaturas, los astros menores del cielo y
cualquier inclemencia que se pueda percibir con el tacto. Cuatro, la
ciega anciana, es una dama pequeña y se halla a suficiente distancia 45
de la zona más peligrosa, la frontal, y cubierta por el muro en su
retaguardia. Cinco, el ciego cabús, afianza con su cuerpo robusto el
tren de ciegos.
La locomotora camina lentamente y desciende por las escaleras
hacia los huecos subterráneos de la ciudad.
Atributos divinos: el ojo omnisciente; el oído; el dedo que orde-
na. El primero es esférico y de fuego, y lo intuyó Timeo de Lócride;
el alcance de su mirada se indica en los Proverbios de Salomón. El
segundo lo escrutan los rabinos. El tercero tuvo su revelación en las
ENSAYO
tablas de Moisés.
Atributos de los ciegos: el cayado; la sinestesia; el oído. El primero
sustituye al ojo y es una prolongación del dedo. El segundo es un
don metafórico: sin el poder de la imagen visual, la percepción de
los ciegos se afila en otras partes: con la translación de la sinestesia
se contrarresta la pérdida de un sentido y se fortalece el comercio
entre los otros cuatro; ven esmeraldas en el olor de la menta y el
suelo con el cayado. El tercero se puede sufrir con la amplificación
de cada sonido diminuto durante una noche de insomnio.
46
El tren de los ciegos se ríe. Son felices en compañía. Entre los
cinco afinan sus sentidos y se apoyan. El ciego motor es la vista. El
ciego vulnerable y oculto es oído. El ciego palo mayor olfatea. La
ciega anciana es el gusto y se ampara en el ciego cabús que ejerce
el tacto de un muro protector.
Los cinco ciegos son una serpiente.
Su ojo, el bastón, se arrastra por el suelo. Es la vara de Esculapio
y ellos son el animal que la nutre y en el cual la vara se apoya para
dirigir su poder. Es el caduceo de Hermes, pues protege y permite
la transmisión. Para los magos la vara descubre los manantiales,
ENSAYO
permite llamar a los espíritus, señala la clarividencia y la fortaleza,
cura, transforma. A través de ella se conduce el poder del hombre
sobre los elementos. La vara de Esculapio hace sanar; viene de la
madera de los árboles. Alrededor se enreda una serpiente que vin-
cula el valor cósmico del árbol con la tierra en que el reptil se
arrastra.
La palomancia es la adivinación mágica del futuro por medio de
varas.
La radiestesia es la adivinación científica por medio de varas.
El uso de la vara por los ciegos es la adivinación del suelo futuro. 47
!
!
!
“Dado que varas y bastones vienen del árbol,
su utilización en el plano humano desempeña
el papel del dedo de Dios”
Diccionario de Chevalier
TUITS
Carlos Silva @TiempoDetenido
Dentro, la belleza
1. Será de fuego el silencio.
2. Aprendí del fuego que las manos queman.
3. Después de arder, de arrasarlo todo, el fuego sigue siendo
bello.
4. Aprendí del fuego a no apagarme, incluso después de
destruirlo todo.
5. El fuego mata mientras baila.
6. Será de fuego mi paso por las calles. Será de fuego para
incendiar cada silencio.
48 7. El fuego vive del viento.
8. Será de viento la palabra.
9. Aprendí del viento a irme con fuerza.
10. Después de arrancar, de llevarse todo, el viento sigue
siendo bello.
11. Aprendí del viento a viajar siempre, incluso después de
destruirlo todo.
12. El viento mata mientras silba.
13. Será de viento mi voz en las palabras. Será de viento para
arrancar cada apego.
14. El viento vive del agua.
TUITS
15. Será de agua el recuerdo.
16. Aprendí del agua que la mirada hunde.
17. Después de ahogar, de anegarlo todo, el agua sigue siendo
bella.
18. Aprendí del agua a no dejar de invadir, incluso después de
destruirlo todo.
19. El agua mata mientras fluye.
20. Será de agua la mirada en cada historia. Será de agua para
ahogar cada recuerdo.
21. El agua vive de la tierra. 49
22. Será de tierra la piel.
23. Aprendí de la tierra a permanecer, aunque sea muerto.
24. Después de temblar, de enterrarlo todo, la tierra sigue
siendo bella.
25. Aprendí de la tierra a girar a velocidad, incluso después
de destruirlo todo.
26. La tierra mata mientras cambia.
27. Será de tierra mi piel en las manos. Será de tierra para
que tiemble en cada cuerpo.
28. La tierra vive del fuego.
TUITS
29. Chocan. Colapsan. Se destruyen. Se encuentran. Son
vorágine. Desastre. Catástrofe. Derrumbe.
30. Y dentro de su caos, la belleza.
50
RESEÑA
Rodrigo García Galindo
En las manos del dolor
Me encuentro con Daniela en un café.
Tiene unas manos nerviosas y una voz que
se demora en llegar. Hay algo en su manera
de sentarse a la mesa que consuela y tran-
quiliza. Su mirada tiene algo que penetra
a quien la pesca y que siempre está viendo
más allá. Al mar, quizá. Daniela tiene un
bolso demasiado grande, de esos que a veces cargan las mu-
jeres. Antes del café anuncia que me tiene un regalo. Ella dice
que es un animal; yo veo que también es un libro. Toma mi 51
pluma prestada y lo dedica como una celebración a mi son-
risa.
Al igual que Daniela juega en su boca con las palabras al
hablar, su libro es un gran festejo de las palabras y de las sen-
saciones que traen. Llego a pensar que cada palabra está es-
crita por algo, por todo lo que comunica y lo que inventa, por
el mundo que crea a partir de que es pronunciada. Alto. Me
equivoco. Las palabras de este libro no comunican, acarician.
Sí, para eso están ahí.
El animal sobre la piedra (2008) es el viaje de una mujer
RESEÑA
transformada por el dolor. Una mujer que siente en la piel y
en lo más profundo de ella misma, las marcas de una ausencia,
de una pérdida, de un lugar que no lo es más. Irma, como tal
vez se llame ella, es una mujer que se transforma para protegerse,
para hacer menos reconocibles sus partes más vulnerables,
que sabe que nunca emergemos los mismos después del do-
lor, que hay una parte que se pierde una vez que dejamos de
habitar un mundo que ya no es tal, que terminamos siendo
siempre otros y que a veces tenemos las marcas en la piel
52 para contarlo, para llevar registro. Es verdad que todos va-
mos de transformación en transformación. A veces por la
alegría, muchísimas otras —quizá más de las necesarias— por
el dolor. Esta es la historia de un viaje a través del dolor y la
pérdida para desembocar en una mujer.
Esta mujer está convencida de que pertenece al mar, que
es ahí donde encuentra su origen, y que no puede estar com-
pleta sin él. Hasta él va para reencontrase con la esperanza.
Ella es una mujer de otra especie que no puede sino regresar
a ese lugar de donde un día salimos todos, el lugar donde so-
mos semejantes, el lugar que casi todos abandonamos y al
RESEÑA
que pocos se atreven a regresar buscando quizá su mejor y
más escondida parte: el pálpito más original de su corazón.
Ella va hasta esa orilla del mundo para encontrarse con la que
siempre ha sido: ahí, entre las olas del mar.
Toda expedición hacia la transformación implica un
encuentro. En toda metamorfosis hay alguien que nos ve,
que nos reconoce más allá del dolor, alguien que quizá nos
ha conocido desde un antes sin tiempo y que no se sorprende
de nuestras mutaciones más brutales, de la forma en que in-
cluso nuestro cuerpo ha sido alterado por la pena. En todo 53
viaje hay alguien nuestro desde siempre, que nos carga, al-
guien al que podemos decirle “tengo hambre”. Hay en toda
aventura alguien que sabe escribir y deletrear y pronunciar
nuestro nombre. Nombrarnos es reconocernos. Alguien que
desentraña ése que somos y que por eso tiene la certeza que
morirá sin conocernos del todo. Ese Alguien que de tanto que
me ve, me entiende lejano, extranjero, otro. Alguien que nos
sabe con la lengua o con alguna parte del cuerpo, que no nos
puede traducir pero que nos reconoce.
La editorial Almadía, el jardín donde se posa El animal so-
RESEÑA
bre la piedra, anuncia que este libro “pertenece a la Colec-
ción Mar Abierto, donde se da cabida a los viajes que des-
cubran islas inexploradas o transmitan la experiencia de la
inmensidad oceánica, que hace posible la navegación”. Este
es un libro sobre la gran experiencia del mar, de ser mar, de
pertenecer al mar, de todas las cosas que son a su amparo y
bajo su memoria.
54
CUENTO
Daniela Tarazona
Una historia de amor
Del otro lado de la ventana estaba el mundo. Ella se había
puesto un vestido para salir. Pero fueron los ojos, quizá
fueron los ojos. La imagen de ella detrás de la ventana,
yéndose, era la aceptación de cierta falla. Entonces, la caída.
Las manos extendidas en el mantel azul, el dedo índice sobre
las migas de pan, la masticación de las migas. Entre ella y él
se veía la energía hecha luz. Alguien dotado habría podido
distinguirla, pero apenas duró unos segundos. Luego las ma-
nos sobre el mantel y nada que decir. Las palabras eran de
cortesía. ¿Se habrá dado cuenta? No. Las palabras no eran de 55
cortesía. Él se le había metido en el camino. En un cruce de
calles. En una esquina. Cerca de la farmacia del barrio. Y ella
había querido ser realista cuando pensaba que detrás de la
ventana estaba el mundo.
Alguien, en otra mesa, dijo que la vida era triste. Nada le
importaba la tristeza. Con la respiración ahora entrecortada
por el frío, allí, sintiéndose desprovista de todo y siendo man-
sa: la mano izquierda caída sobre una rodilla, con los ojos
bajos y los pies juntos, se manifestaba de nuevo la predecible
CUENTO
ruina. Ya se sabe: la ruina de la existencia.
El mundo real podía ser visto desde el otro lado de la ven-
tana, donde ella masticaba, en la mesa de un café. Dentro de
sus ojos, se reflejó un paisaje. Y ella caminó, sin que nadie lo
notara, por un bosque.
56
Colaboradores
Miréia Anieva sas antologías. Habita, aunque la Universidad de Córdoba.
Xalapa, México, 1988. Sus no con frecuencia: Fue becario del Fondo para la
textos han sido publicados en “La casa del Cíclope” Cultura y las Artes y director
diversas revistas de México alamoenllamas.blogspot.com de la colección de poesía El
y Argentina, como Punto de pez de fuego. Actualmente es
partida, Molino de letras, Rodrigo García Bonilla columnista de los periódicos
Oblogo, Periódico de poestía. Orizaba, México, 1987. Estudió mexicanos Ecos de la Costa y
Ha sido incluida en diversas Lengua y Literaturas Hispáni- La Jornada y profesor de tiem-
antologías. Mantiene el blog cas en la UNAM. Trabaja con po completo en Universidad de
apologiadelinstante.blogspot.com diversos registros prosísticos. Otago en Nueva Zelanda.
y la cuenta de Twitter Actualmente escribe ensayos
@ciervovulnerado. sobre cultura rusa, la poesía de Rodrigo Hernández Vera
José Gorostiza y las bestias. Es México, DF, 1989. Dícese
Jair Cortés becario de la Fundación para propenso a la escritura; en
Calpulalpan, México, 1977. Es las Letras Mexicanas. realidad dícese muchas cosas
autor de varios libros de aunque no es ninguna. Sin de-
poemas como A la luz de la Rodrigo García Galindo masiadas filias ni parafilias,
sangre (1999) y Caza (2007). México, DF, 1975. Profesor, o al menos eso le gusta creer.
Su obra aparece en diversas abogado y servidor público. En Está próximo a terminar la
antologías de poesía mexicana Twitter escribe como @Bilop”. carrera de Estudios Lati-
y latinoamericana. noamericanos en la UNAM, lo
Actualmente es columnista del Luz Marina Fuentes que por supuesto lo angustia,
suplemento cultural La jor- México, DF, 1981. Ingeniero a pesar de querer ser zen.
nada semanal del diario La Industrial que escribe palín-
jornada. Escribe en dromos por una obsesión de Eduardo Huchín Sosa
granademanopoesia.blogspot.com encontrar el sentido que pueda Campeche, México 1979. Es
obtener en las palabras. A músico y escritor. Mantiene la
Roberto Cruz Arzabal menudo se encuentra pen- bitácora
México, DF, 1982. Poeta y sando en ellas, al derecho o al tediosfera.wordpress.com
crítico literario. Licenciado revés. Escribe en: y el blog sobre pornografía
en Lengua y Literaturas His- luzmfg.wordpress.com atranquearelzorro.blogspot.com
pánicas por la UNAM, cursa la
maestría en Letras en la misma Rogelio Guedea Paulette Jonguitud Acosta
universidad. Primer lugar del Colima, México. 1974. Poeta, México, DF, 1978. Estudió
concurso de la revista Punto ensayista, novelista y tra- Comunicación en la Univer-
de Partida, 2007. Ha publica- ductor. Es licenciado en Dere- sidad Iberoamericana, foto-
do en revistas como Viento en cho y Lengua y Literatura es- grafía en la Escuela Activa de
Vela, Arca y Periódico de Poe- pañolas por la Universidad de Fotografía y creación literaria
sía; ha sido incluido en diver- Colima y doctor en Letras por en la SOGEM. Fue becaria de
la Fundación para las Letras Enrique Sosa
Mexicanas en narrativa. Ob- México, DF, 1986. Hizo la li-
tuvo mención honorífica en el cenciatura en Estudios Latino-
Premio Juan Rulfo de Prim- americanos, UNAM. Participó
era Novela 2009 por el libro en el Homenaje Centenario del
Moho. Ha escrito dos libros Natalicio de José Lezama Lima
para niños, una obra de teatro y actualmente colabora en el
y actualmente trabaja en su se- Museo Colección Blaisten,
gunda novela. Es becaria del CCU Tlatelolco.
programa Jóvenes Creadores
del FONCA. Daniela Tarazona
México, DF, 1975. Hizo cursos
Amado Peña de doctorado en la Universidad
Tuxtla Gutiérrez, México, de Salamanca. Fue becaria del
1985. Ganadero. A veces es- Fondo Nacional para la Cultura
cribe poesía. Busca en ella el y las Artes y colaboradora de
líquen de las cosas como un revistas y suplementos como
paisaje oxidado. Perteneció a Letras Libres, Renacimiento,
la vanguardia xalapeña cono- Crítica, entre otras. Es autora
cida como Real Patetismo, de de la novela El animal sobre
cuya antología y manifiesto se la piedra (2008), considerada
ha perdido registro. una de las mejores diez novelas
mexicanas del año.
Carlos Silva
Naucalpan, México. 1983. Co-
municador de profesión y es-
critor por afición. Disfruta de
leer tanto como de escribir.
Estudió ciencias de la comu-
nicación en la Universidad del
Valle de Atemajac y está es-
pecializado en comunicación
corporativa. Por ahora trabaja
para IBM de México. Aunado
a esto tiene un proyecto de
música (Jazz/Big Band) en la
cual es compositor y además
voz principal.