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Medea prefabricada’, una actualización del mito

POR JOSÉ ABREU FELIPPE ESPECIAL/EL NUEVO HERALD

10 DE MAYO DE 2019 11:19 AM, ACTUALIZADO 10 DE MAYO DE 2019 05:10 PM

Laura Alemán, Rafael Farello y Vivian Morales en una escena de ‘Medea prefabricada’.

Laura Alemán, Rafael Farello y Vivian Morales en una escena de ‘Medea prefabricada’. CORTESÍA/JULIO
DE LA NUEZ

Medea prefabricada es un texto del joven director, narrador y dramaturgo cubano, residente en la Isla,
Irán Capote (Pinar del Río, 1990), dirigido por Miriam Bermúdez en una producción de Proyecto Teatral
Puertas, en colaboración con Artefactus, que preside Eddy Díaz Souza.

Sobre Medea se ha escrito profusamente, es un personaje que a través de la historia ha llamado la


atención de innumerables creadores y estudiosos, generación tras generación. Así que es bien difícil
plantear algo original, elaborar una interpretación personal, novedosa, sobre un tema tan trabajado. Lo
llamativo en esta versión de Bermúdez es, de entrada, la escenografía que diseña con gran belleza e
imaginación, un sitio en construcción donde, al comenzar la obra, se mueve un grupo de obreros entre
andamios, vigas que cuelgan, manipulando palas, cubos, carretillas, mezclas, bloques y ladrillos, con
febril urgencia. Cuando estos se retiran aparece Medea (Laura Alemán) y su álter ego (Vivian Morales) –
un sustancioso aporte de Bermúdez– en animada plática, y ahí nos percatamos, por el vestuario, la
gestualidad y lo que dicen, que la obra pretende una actualización del mito, un estar ahora y aquí. Un
ahora y aquí que remite sin equivocación, a la Isla, a la otra orilla.

Esa gestualidad, esa forma de hablar –que ya hemos apreciado en piezas de González Melo o Carlos
Díaz– parece definir cierta forma de hacer teatro en Cuba. En la pieza que nos ocupa, hubiese dado igual
que los personajes en vez de Medea, Jasón o Creonte, se hubiesen llamado Yurisleisy, Magniel o Yotuel.
Nada hubiese cambiado, nada se hubiese perdido o ganado. Algunos parlamentos de Medea harían
sonrojar al gran Alberto Yarini y, aunque la música seleccionada es muy adecuada y se deja escuchar con
agrado, se tiene la impresión de que en cualquier momento sonará un reguetón, cosa que,
afortunadamente, no sucede. El texto original, muy pocas veces alcanza un nivel creativo ponderable; sin
embargo, la atmósfera se aligera y como que toma altura, con los fragmentos de Eurípides que incluyó la
directora. No obstante, la pieza, gracias a un acertado trabajo de dirección y a un grupo de buenos
actores, tiene momentos de gran belleza plástica. Un ejemplo sería el acople de ambas Medeas que
ejecutan, en varias ocasiones, un vistoso trabajo de conjunto con largas bandas de un nailon
transparente, aunque algo opaco, que desprenden del fondo o sacan de los lados, proyectando cuadros
de una armonía rítmica muy sugerente.

Rafael Farello y Simone Balmaseda.jpg

Rafael Farello y Simone Balmaseda. Cortesía/Julio de la Nuez


Por otro lado, Simone Balmaseda como Yuyu, una especie de nodriza travesti o transexual, no sé bien,
está espectacular, casi que se roba el show. Héctor Alejandro González como Creonte, montado en unas
botas-plataformas tipo Drag Queen, derrocha control y profesionalismo. Junto a ellos, en su regreso a las
tablas, después de un tiempo ausente, la experimentada Vivian Morales –de quien se recuerda con gran
satisfacción su actuación en Dos viejos pánicos de Virgilio Piñera– se desenvuelve con la maestría que la
caracteriza. Rafael Farello como Jasón y Javier Alemán como Egeo, son dos jóvenes actores con gran
potencial que sacan adelante sus personajes.

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A grandes rasgos, la pieza sitúa a Medea y a Jasón viviendo en Corinto, tienen dos hijos que atiende una
nodriza y todo va bien hasta que Medea se entera de que Jasón le está siendo infiel con la hija de
Creonte, por la que la piensa dejar para casarse. Ahí comienza Medea a tejer su cruel venganza, no
olvidar que es maga y hechicera, y consumada, se relaciona con Egeo con el que planea escapar.

Medea prefabricada –hay que decir que es un muy buen título aunque cuesta imaginar por qué se llama
así– es un espectáculo que no excluye cierta poesía visual, que se disfruta y que bien vale la pena ver.

Sobre el programa de mano vale decir que no es el tradicional programa de mano. Las páginas centrales
se utilizan para dar una particular lección de historia, mientras que no aparecen datos sobre el autor de
la pieza, la directora ni de los actores. Nada sobre su trayectoria. Tampoco se indica a quien atribuir la
escenografía.

Medea Prefabricada de Irán Capote, Proyecto Teatral Puertas, Artefactus Cultural Proyect, 12302 SW 133
Ct., Miami, Fl. 33186. Funciones viernes y sábados 8:30 pm. Domingos 6:00 pm. Más información en:
(786) 704 5715.

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Laura Alemán y Héctor Alejandro González. CORTESÍA/JULIO DE LA NUEZ

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Medea, ¡a buscar otros rumbos!

LAURA ALEMÁN, RAFAEL FARELLO Y VIVIAN MORALES EN UNA ESCENA DE ‘MEDEA PREFABRICADA’.
CORTESÍA/JULIO DE LA NUEZ/FOTO TOMADA DEL EL NUEVO HERALD

Por: Emanuel Gil Milian | 13 de enero de 2020

Arte | Irán Capote | Teatro Rumbo | Virgilio Piñera

Teatro Rumbo celebra por todo lo alto el arribo a sus 55 años de existencia. En ese sentido, una de las
acciones más significativas desarrolladas por este elenco pinareño es la reposición de los espectáculos
que ha presentado en los últimos años, entre ellos Medea bajo la dirección de Yasey Muñoz.

Esta Medea que nuevamente ocupa las tablas del Teatro Milanés se estrenó en 2017 y es una versión
escénica muy cercana a su referente textual escrito, Medea prefabrica, de Irán Capote.

Con relación al texto escrito por Capote podríamos decir que como hipertexto –porque el mito griego de
Medea tiene acercamientos teatrales firmados por nombres eminentes como Eurípides, Séneca o
Anouilh– continúa la línea de relectura de clásicos que despunta en nuestro país con títulos como Electra
Garrigó, de Virgilio Piñera; Medea en el espejo, de José Triana; Los Siete contra Tebas, de Antón Arrufat,
hasta obras como Jardín de Héroes, de Yerandy Fleites.

Medea prefabrica es una pieza teatral que resulta atendible, ya que se encuentra concebida para el
espectador actual, particularmente nacional. Alejada de un tratamiento populachero y costumbrista en
su sentido más chato, indaga en el discurso del cubano, su fisonomía económica, su expresión, su gesto y
desarrollo social diverso.

También, un elemento reconocible en Medea prefabrica es que en este texto se ha acentuado de


manera especial la humanidad del personaje principal, convirtiéndolo en una naturaleza resentida,
pasional, con palpables rasgos de debilidad y fortaleza de carácter, con una memoria y un presente con
los que no se reconcilia.
RAFAEL FARELLO Y SIMONE BALMASEDA. CORTESÍA/JULIO DE LA NUEZ/ FOTO TOMADA DE EL NUEVO
HERALD

En esta obra pesa más el sufrimiento, la deconstrucción de las ilusiones y sueños de Medea, que el
propio asesinato de sus hijos o su mitificación como hechicera. Algo que distingue a Medea prefabrica de
otros acercamientos al mito originado en torno a la hija del Cólquida, que ha llevado al drama autores
nacionales, por sólo citar algunos, como José Triana o Reinaldo Montero, quienes, sin perder valor en el
plano escritural, han remarcado más en sus textos el elemento mítico y la atrocidad del matricidio de
Medea.

La Medea que presentó en 2017 y la que presenta ahora mismo, Yasey Muñoz, como antes hicimos
alusión, es una versión muy cercana a Medea prefabrica. Expresa claramente en escena todo el dolor de
una mujer que ha sido abandonada por el amor de su vida, Jasón.

Sin embargo, la Medea que dirige Yasey alcanza vuelo al tomar su propio rumbo y alejarse del tono
realista en que están pautadas las situaciones –que para nada es una falla– en Medea prefabricada.

Muñoz, en la versión escénica de la obra de Irán Capote despliega un universo onírico, un constante
tránsito fluido entre lo real y lo mágico, donde parece que los personajes se mueven en un eminente
caos.

Medea es un espectáculo lleno de resonancias en que acertadamente la imagen teatral se define entre
claros oscuros intensos, fruto de un cuidadoso diseño de iluminación; en el que el gesto teatral
extracotidiano coexiste con el más natural comportamiento del actor; donde un dispositivo escénico
mínimal (un baúl, una pequeña mesa, una butaca de madera) y un amplio registro sonoro narran
perfectamente el carácter retorcido de la acción escénica que ocurre en el interior y exterior de la
protagonista.

No obstante, reclamamos a la Medea de este 2019, que aunque padezca algunos escollos con que la
mostraron en 2017, todavía apreciamos que un gesto o una respuesta se someten a larguísimas pausas
que diluyen su efecto teatral, su significación en la acción escénica, lo que afecta incluso el ritmo de la
representación. Un ejemplo de esto son las primeras escenas de la obra que se dilatan bastante.

Del mismo modo, aún no se demuestra la funcionalidad de uno de los personajes: una suerte de
espectro que funge como conciencia de la protagonista y que repite, como un eco, frases cortas que
enuncia la Medea, pero que carecen de efecto alguno sobre ella, los demás personajes o la acción
teatral. De manera que, reiteramos, no nos queda demostrada la funcionalidad del espectro.
Igualmente estimamos que debería trabajarse seriamente en el entrenamiento técnico de los actores,
particularmente en el de Yosvel Alvarado que interpreta a Jasón, a Luis Alberto Alemán como Egeo. A
ambos les queda una ardua labor por delante en función de estar, vivir e interpretar orgánicamente la
fábula teatral en la que habitan. No basta sólo con emitir el texto, sino tener conciencia de lo que se
dice, hace y lo que esto genera; de comportarse escénicamente con la verdad que responda a un tipo de
propuesta teatral muy particular como lo es la Medea, presentada por Teatro Rumbo.

A casi dos años de su estreno, Medea, dirigida por Yasey Muñoz, todavía permanece como la vimos por
primera vez: un espectáculo con probados méritos artísticos puntuales (fundamentalmente en la
conformación de la imagen escénica), pero que no ha madurado en todas sus partes.

Tal vez sea hora que Yasey Muñoz vuelva sobre esta representación, la repase y ciña el tejido ahí donde
parece deshilvanarse. Sólo entonces encontraremos una Medea dispuesta a encontrar otros rumbos
entre la madeja de su universo existencial de estos tiempos

Thursday, May 30, 2019

Una Medea del ayer y del hoy (por Wilfredo A. Ramos Vázquez)

Durante todo el mes de Mayo, algo raro en nuestra cartelera teatral, se ha estado presentando en la Sala
Artefactus Teatro, de Kendal, la obra de teatro “Medea Prefabricada”, del joven dramaturgo cubano
residente en la provincia de Pinar del Río, Irán Capote y bajo la dirección de Miriam Bermúdez, en una
producción del Proyecto Teatral Puertas. Esta puesta contó con las actuaciones de Simone Balmaseda,
Vivian Morales, Héctor Alejandro González, Laura Alemán, Rafael Farello y Javier Alemán.

Medea es un pesonaje de la mitología griega, hija de Eetes, rey de la Cóoquida y de la ninfa Idía,
consagrada como sacerdotisa de Hécate, de la que obtuvo los principios de la hechicería. Medea es el
arquetipo de la bruja o hechicera, portando la condición de mujer autónoma e inusual, muy distinta al
prototipo de mujer ideal para la época. Este personaje fue utilizado por distintos autores teatrales de la
antiguedad griega para crear otro carácter del mismo nombre, que tomará vida sobre la escena y que ha
llegado hasta nuestros días, retomado por una gran cantidad de dramaturgos fascinados por tal
personaje, pero que tiene en la “Medea” de Eurípides, la máxima representación dramática, en donde el
autor exalta los valores femeninos, defendiendo su condición de mujer, que está consciente de sus
desventajas sociales frente al hombre y la sociedad. Este autor nos presenta a una mujer inteligente y
sabia, respetada por algunos y temida por otros, que cobra venganza de Jasón, su esposo, ante su
secreto futuro enlace con la hija de Creonte, rey de Corinto, matando a la prometida y a sus propios
hijos, para después huir. Muy interesante resultan las palabras que en su huida se intercambian Medea y
Jasón, para poder entender el carácter de esta mujer:

Medea: Oh niños, como habéis perecido por la locura de vuestro padre!


Jasón: ...pero no los destruyó mi mano derecha!

Medea: No, sino tu ultraje y tu reciente boda!

Del anterior parlamento se desprende como esta mujer no siente ningún vestigio de arrepentimiento por
la terrible acción realizada al asesinar a sus propios hijos, sino que pone la responsabilidad de la misma
en manos del esposo por abandonarla, mostrándonos que para ella su papel como mujer en su sociedad
es más importante que su función como madre. De aquí, que el personaje de Medea haya sido tratado
por la dramaturgia posterior y la literatura teatral como el de una mujer cruel, desalmada, vengativa,
despiadada, mujer por encima de todas las cosas y carente de sentimiento materno alguno, pero si
entráramos en un análisis profundo de dicho personaje y su comportamiento, que aquí no es nuestro
objetivo, podríamos realizar diversos análisis que ofrecerían alguna justificación a su actitud.

Teniendo en cuenta lo anterior, Capote, el autor de esta nueva Medea, nos trata de recontar el antiguo
mito, pero desde los postulados de una actualidad rebosante de elementos que nos pueden
contextualizar una completa paradoja hacia otra realidad insular, utilizando para ello alusiones a
elementos, situaciones y lenguaje que nos llevan de inmediato a querer visualizar una Medea caribeña,
es decir, casi cubana. Al leer el texto detenidamente, podemos apreciar como un ambiente conocido
para nosotros los cubanos, de putrefacción moral, de pérdida de valores, de habla vulgar, de
encerramiento, de violencia, de falsos valores, de desesperanza, de escape, que forman parte de nuestra
piel, se pasean por el entorno de esta nueva Medea, uniendo sus conflictos originarios a otros muy
actuales y conocidos.

No podemos dejar de señalar que la dramaturgia cubana contemporánea, tanto la del cine como la
teatral se ha estado nutriendo de historias sacadas de la dura y dolorosa cotidianeidad que envuelve al
cubano de hoy, como tomando prestadas otras historias, de otros tiempos y otras latitudes, para reflejar
el sombrío escenario insular. Bajo estas premisas, estos autores buscan en las situaciones más retorcidas
y dolorosas para tratar de presentar las inquietudes que los agobian como artistas y como pueblo. Es por
ello que abunda el lenguaje vulgar, las situaciones groseras, la violencia extrema. La dramaturgia
nacional ha hecho una oda a eso que se le ha dado en llamar “literatura sucia”, Nuestro cine, nuestro
teatro actual, tiene de sobra y ya demasiados ejemplos de ello.

Volviendo al texto de la puesta en escena que nos convoca, se puede apreciar como Capote pudo enlazar
perfectamente ambas historias, la de ayer con la de hoy, ofreciéndonos una Medea que manteniendo
todo su destino trágico griego, incorpora toda la tragicidad contemporánea. Mediante un vocabulario
obviamente muy cubano y elementos de la acción que giran hacia esa realidad, podemos decir sin miedo
a equivocarnos, que la tragedia de esta otra Medea, pudiera ser la de una Yurislaidy cubana de hoy.
Teniendo estos elementos en la mano, Miriam Bermúdez, la directora de esta puesta en escena, también
se lanzó a realizar su “propia dramaturgia”, tratando de deslocalizar un poco el texto, para presentarla
con una lectura más globalizante y uniéndola aún más al texto original mediante la incorporación de una
otra Medea, la verdadera, como alter ego del personaje que vemos sobre la escena. Este gran acierto al
momento de armar la dramaturgia escénica brinda al espectador la oportunidad de observar un diálogo
entre ambas mujeres, que a la vez es un soliloquio, mostrando sus mismos puntos de vista pero desde
realidades muy diferentes: la del ayer clásico y la del hoy irreverente. Con pocos recursos escenográficos,
pero bien concebidos, se construye el ambiente escénico, que como bien en el texto se hace alusión,
tiene que ver con un espacio en donde los materiales de construcción se convierten en el centro de la
acción actoral y pretexto para el desarrollo de la misma acción dramática, emparejando la supuesta
construcción material a la construcción dramática. Al buen ver del espectáculo se suma un sencillo pero
eficaz diseño de luces y una banda sonora apropiada, todo dentro del reducido pero efectivo espacio
escénico que oferta siempre la sala Artefactus Teatro, la cual tiene el privilegio de hacer dialogar
cualquier puesta directamente con el espectador.

Con respecto al elenco, creo que debemos comenzar hablando del excelente trabajo que realiza la actriz
Simone Balmaseda, en su rol de la nodriza de Medea, quien recibe el muy poco dramático nombre en
este texto de Yuyú, aunque en esta versión, su autor le da un carácter homosexual a este personaje, el
cual aparece en escena como una mujer algo machorra por cierto, que no nos deja imaginarnos, que en
realidad, según esta nueva historia, es un hombre que ha asumido el rol de mujer y que le sirve a Jasón
como desahogo sexual también en ocasiones, algo de lo que nos enteramos a través de una de las
mejores escenas de la obra en las que se produce un fuerte diálogo entre ambos personajes. Simone,
hija del conocido actor cubano Mario Balmaseda, enfrenta este complejo personaje con algo que es vital
para el trabajo de todo actor, el creérselo y dejarse llevar por él. La actriz trabaja con gran intensidad
dramática su personaje, manteniéndose en un punto neutro entre el texto clásico original y el
contemporáneo, lo que le permite un registro actoral creible y sincero, sin impostaciones, ni llevando su
personaje por carriles demasiados actualizados. Con un buen trabajo vocal y dicción, algo prioritario en
el actor, su potente voz llega a todos en todo momento, tanto en los violentos como en los de
introspección. Su presencia se hace casi constante en la escena y siempre se justifican sus acciones y
tareas escénicas. Sin duda, para nosotros el mejor trabajo en escena.

Héctor Alejandro González, asume el rol de Creonte, padre de la nueva esposa de Jasón, el cual para esta
actualizada versión deja de ser rey de una nación, para convertirse en el ricachón y mafioso del barrio,
que se hace acompañar con “guardaespaldas negros en motocicletas”, que alardea de su poder
económico y gansteril. mostrándonos con su indumentaria esa estrafalaria y escandalosa ostentación.
Héctor, es un actor al que hemos podido ver en escena en diferentes trabajos y siempre sentimos la
sensación de estar frente al personaje interpretado, desapareciendo el actor. Su fuerte energía en el
escenario no pasa desapercibida en momento alguno, dotando a su personaje de vida propia, a ello
contribuye en gran medida su potente voz, de clara dicción y excelente proyección. Otra de las grandes
escenas de la puesta lo incluye a él en su enfrentamiento con Medea, en el que logra llevar a la actriz a
su zona de conflicto dramático. Aunque con una sola escena, el trabajo de este actor deja su huella en la
puesta.

Medea, el personaje protagónico, centro de toda la trama, le corresponde incorporarlo a la joven actriz
Laura Alemán, sin duda todo un reto y del cual sale bastante airosa, con más logros que desaciertos,
aunque su trabajo de incorporación del personaje no nos convenció del todo, ya que sentimos cierta
falta de credibilidad en el mismo. La actriz necesita sentir más el drama, pero desde la interiorización del
mismo, no desde su exteriorización, DRAMA no significa siempre tensión externa, gritos, acciones
violentas. Aunque esta Medea es de otros tiempos y otras realidades, nada le impide mostrar
gradaciones en su temperamento. La contención y el silencio también pueden ser dramáticos.

Vivian Morales, también es una actriz conocida de nuestras tablas y que para esta ocasión asume un
personaje creado e introducido con gran acierto por la directora a este texto, que enriquece la acción
dramática y tiene a bien acercarnos de nuevo al texto original, permitiéndonos ver en escena a la Medea
de la antiguedad clásica junto a esta otra Medea de hoy en día, convirtiéndose en su “alter ego” e
interactuando ambas todo el tiempo. Sin duda la incorporación de este personaje le da otro vuelo al
texto, aumentándole su valor literario. Esta Medea hablará con textos clásicos, extraídos del original, que
se imbrican perfectamente entre los textos de marcada contemporaneidad de la puesta. En cuanto a
este punto, nos quedamos con la necesidad de algo más de incorporación de esos parlamentos originales
para que aumentaran el enlace entre ambos textos, el de ayer y el actual. Con respecto al desempeño
actoral de Vivian, su trabajo va por el camino de la tragedia clásica griega, sus movimientos consiguen
llevarnos por esa vía, marcando la diferencia en el escenario entre el actuar de ambas mujeres. Algo que
tendríamos que señalarle a la actriz, es acerca de lo que podemos considerar un vicio de actuación muy
presente en ella, nos referimos al tratar de hablar siempre con los ojos, apoyándose en una excesiva y
algo exagerada expresividad de los mismos, como refuerzo a su trabajo. No lo necesita en lo absoluto,
ella es una actriz que emana fuerza y sabe trabajar sus personajes. Otro aspecto a señalar es una
necesidad de más energía o carga dramática interna en algunos instantes de su trabajo, que por su
característica de personaje totalmente clásico lo necesita, para no dar la sensación en algunos
momentos de estar ajena a la acción que se desarrolla sobre la escena. No obstante estos señalamientos,
la actriz nos entrega un personaje creible, de peso y trabajado, que al final recibe la aprobación del
público y de la propia puesta en escena.
Creo necesario hacer un alto para comentar otro de los aciertos de la dirección en esta puesta y es para
referirme al intercambio de roles que en un momento muy avanzada la obra, se realiza entre las actrices
que han venido incorporando a ambas Medeas, pasando la actriz que venia desarrollando el personaje
actual a incorporar el personaje clásico, mientras que la otra actriz se despoja del personaje original para
asumir el contemporáneo. Este cambio de personajes por parte de la actrices no solo acerca ambos
textos, el de ayer con el de hoy, sino que enriquece la dramaturgia de la puesta en escena y ofrece a
ambas actrices un mayor trabajo de asimilación e interiorización del espíritu de ambos personajes, que al
final no es más que el mismo.

Por último nos queda hablar sobre el trabajo Rafael Farello, quien incorpora al Jasón y Javier Alemán
quien asume el personaje de Egisto. Con respecto al desempeño del primero de estos jóvenes actores,
nos quedamos con una sensación de personaje impostado, no elaborado, actuado, no vivido, de nada
valen las acciones violentas o una entonación fuerte de la voz, cuando por dentro no se incorpora por
entero el personaje. En el trabajo de este actor siempre se vio un distanciamiento entre actor y
personaje, estuvimos en presencia de una “representación” y no de una “actuación”. Creo que es muy
necesario para los actores tener siempre presente la escencia de los postulados de Stanislasky para
construir los personajes y llevarlos a escena. Rafael posee buena voz, presencia y buen desplazamiento
en el escenario, pero requiere a nuestro entender de más rigor a la hora de preparar y trabajar sus
personajes. Con respecto a Javier, el segundo de estos actores, no podemos decir mucho, solo que
realizó un discreto trabajo, teniendo en cuenta que no es actor y era primera vez que subía a un
escenario para tratar de resolver esos problemas que ocurren demasiado frecuentemente en las tablas
de Miami, cuando los actores abandonan ya un trabajo comenzado por diversas razones, y surje la
imperiosa necesidad de encontrar a “alguien” que asume el espacio abandonado por aquel otro
irresponsable actor. Se le agradece su espontaneo trabajo y su arriesgada entrega.

Sin duda, aplaudimos esta nueva entrega de Miriam Bermúdez, que a pesar del viento en contra siempre
trata de entregarnos un trabajo de calidad y grandes vuelos artísticos, algo que siempre se agradece y
valora.

Para concluir, tenemos que reafirmar nuestro apoyo a todos aquellos que se involucran en cualquiera de
los proyectos teatrales que suben a los escasos escenarios de nuestra ciudad de Miami, son héroes de las
artes y la cultura, que se enfrentan a la indiferencia de instituciones, empresarios, publico e incluso
artistas día a día, pero que a pesar de ello no cejan en su tenaz empeño de subir a las tablas y ofrecernos
TEATRO, que es lo mismo que ofrecer VIDA. Por eso hoy, 30 de Mayo Día del Teatro y la Dramaturgia
Cubana del Exilio le hacemos llegar nuestras felicitaciones a todos que, aún lejos de sus orígenes, luchan
por mantener vivo el Teatro Cubano.
Wilfredo A. Ramos

Crítico de Teatro y Danza

Obra teatral Medea de barro recorrió calles de Cuba

La Compañía D'Morón Teatro ha presentado 100 veces al público cubano su espectáculo Medea de
barro, acontecimiento sólo logrado en la Isla por el grupo habanero El Público con la obra Cenicienta.

Orlando Concepción, director de la agrupación, resaltó a Prensa Latina, que la muestra es una
adaptación de la clásica tragedia griega de Medea, del escritor griego Eurípides y ha tenido gran acogida
en varias plazas y calles de Cuba, reporta Prensa Latina.

La obra teatral que cuenta la historia de amor, desengaño y venganza, constituye una excelente
reapropiación de la técnica de las esculturas vivientes de barro, utilizando la mezcla de agua y tierra para
el maquillaje y la escenografía, expresó.

Medea ha sido la puesta en escena que más ha cautivado a los cubanos de todas las edades por la
originalidad de las estatuas vivientes y la profesionalidad de los actores, apuntó.

Cada presentación requiere de mucho trabajo y preparación pues no es fácil atrapar al público solo con
la expresión corporal y la música, ya que el lenguaje es nulo, lo cual hace más atractivo el espectáculo,
agregó Concepción.

Precisó que siempre anhelaron llegar a las 100 presentaciones, lo que fue posible debido al impacto
socio-cultural de la obra en el público y la oportunidad que tuvieron de recorrer varias ciudades y
comunidades del país.

La compañía, creada hace 25 años en el municipio de Morón, en esta provincia central, presenta obras
teatrales infantiles, para adultos y dramáticas en las calles, por lo que ha ganado prestigio dentro del
teatro callejero en la Isla.

Medea de barro, galardonada con el Premio Nacional de Diseño Rubén Vigón en el 2010, representará a
Cuba en el II Festival de Artes Escénicas del Gran Caribe, que se efectuará a finales de marzo en
Cartagena de Indias, Colombia.