Juliano el Apóstata
Flavio Claudio Juliano (en latín: Flavius Claudius
Iulianus;n. 1 Constantinopla, 3311 o 3322 – Juliano II, el Apóstata
Maranga, 26 de junio de 363), conocido como Juliano
II o, como fue apodado por los cristianos, «el Emperador del Imperio romano
Apóstata». Fue emperador de los romanos desde el 3
de noviembre de 361 hasta su muerte.
Hijo de un hermanastro de Constantino el Grande fue,
junto a su hermano Galo, el único superviviente de la
purga que acabó con los familiares de su dinastía en
337.3 Tras pasar su infancia y juventud apartado del
poder, su primo Constancio II lo nombró César de la
pars occidentalis en 355, menos de un año después de
la ejecución de su hermano, que también ostentaba la
dignidad de César. Constancio le encargó rechazar la
invasión germánica de la Galia, tarea que realizó con
gran efectividad.
En 361 aprovechó sus éxitos para usurpar la dignidad Reinado
de Augusto, preparándose para la guerra civil. Sin César: 6 de noviembre de 355 – febrero de 360.
embargo, la repentina muerte de su primo le convirtió
Augusto: febrero de 360 – 3 de noviembre de
en el legítimo heredero antes de que rompieran las
361. Augusto solo: 3 de noviembre de 361 – 26
hostilidades. Renegó entonces públicamente del
de junio de 363
cristianismo, declarándose pagano y neoplatónico,
motivo por el cual fue tratado de apóstata. Juliano Predecesor Constancio II
depuró a los miembros del gobierno de su primo y Sucesor Joviano
llevó a cabo una activa política religiosa, tratando de Información personal
reavivar la declinante religión pagana según sus
Nombre secular Flavio Claudio Juliano
propias ideas, y de impedir la expansión del
cristianismo, pero fracasó.4 En palabras de Theodor Nacimiento 331 o 332
Mommsen (s.f.), muy crítico con este emperador, Constantinopla
intentó: Fallecimiento 26 de junio de 363
Maranga, Mesopotamia
... retrasar el reloj de la historia universal y Familia
propiciar al agonizante paganismo una vez más
la asunción del poder.n. 2 Dinastía Dinastía constantiniana
Padre Julio Constancio
En su último año de reinado emprendió una Madre Basilina
infructuosa campaña contra el Imperio sasánida. Consorte Helena (355-360)
Descartada la toma de su capital, Ctesifonte, para
evitar verse atrapado entre las murallas de la ciudad y
el ejército móvil de Sapor emprendió una marcha por tierra quemada,5 6 mientras trataba de unirse al resto
de las fuerzas romanas comandadas por Procopio, que culminó con su muerte en una escaramuza.7 Su fin
fue asimismo el de la dinastía constantiniana.
Aunque su reinado fue breve y acabó en desastre, la figura de Juliano ha despertado un gran interés entre
historiadores y literatos debido a su peculiar personalidad y a su intento de restaurar el paganismo en el
Imperio Romano.
Índice
Biografía
Nacimiento
Juventud
El ascenso al poder
El trono imperial
Antioquía
La campaña persa y el fin de Juliano
Juliano y la religión
Juliano y la literatura
Véase también
Notas
Referencias
Bibliografía
Obras clásicas
Obras modernas
Literatura sobre Juliano
Enlaces externos
Biografía
Nacimiento
La fecha real de nacimiento se desconoce y se estima durante 331,1 o de mayo a junio de 332,2 aunque
actualmente se acepta más la primera.8 Juliano fue hijo de Julio Constancio, hermanastro del emperador
Constantino I, y su segunda esposa Basilina. Sus abuelos paternos fueron el emperador Constancio Cloro
(que gobernó durante la tetrarquía) y su segunda esposa, Flavia Maximiana Teodora a su vez hijastra del
emperador Maximiano. Su abuelo materno fue Cayonio Juliano Camenio, o quizá Julio Juliano.
Juventud
Siendo niño, Juliano fue testigo del asesinato de su familia en un motín militar promovido por su primo y
emperador Constancio II en 337. Esto, como él mismo afirmó, dio inicio a su desconfianza hacia el
cristianismo. Su hermanastro, Galo y él fueron llevados a la espléndida residencia imperial de Macelo, en un
solitario paraje de Capadocia, donde ambos vivieron durante seis años, en una especie de exilio dorado,
dedicados al estudio y la caza. Los dos recibieron una educación cristiana, llegando incluso a ser ordenados
de menores.
Posteriormente se le permitió completar su educación intelectual en Constantinopla y Nicomedia, donde
asistió a las prestigiosas escuelas de retórica de Nicocles y Hecebolio. Tras el nombramiento como césar de
su hermano Galo, Juliano dispuso de mayor libertad de movimientos, frecuentando las escuelas filosóficas
de Atenas y Asia Menor. La enseñanzas de Edesio, famoso seguidor de Jámblico, y sus discípulos (Eusebio,
Crisantio y, sobre todo, Prisco y Máximo de Éfeso) introdujeron a Juliano en la corriente neoplatónica más
afín a las prácticas teúrgicas y místicas, por entonces en pleno auge, que se había convertido en el gran
bastión del paganismo de las élites cultas. De entonces data su apostasía del cristianismo. Sin embargo,
Juliano ocultó su conversión pagana hasta bastantes años después, tras su abierta rebelión contra Constancio.
El ascenso al poder
Después de que su hermano Constancio Galo fuera
hecho César en Oriente (351), y ejecutado en el año
(354) por Constancio II, Juliano fue llamado a presencia
del emperador en Mediolanum (Milán). En noviembre
de 355, a los veinticuatro años de edad, fue nombrado
César de la parte occidental del Imperio y casado con la
hermana de Constancio, Helena. Sin duda, el aprecio
que hacia él sentía la emperatriz Eusebia debió ser
decisivo para vencer las reticencias de Constancio y sus Sólido de Juliano.
consejeros para nombrar César al hermano de Galo. Sin
embargo, el Emperador seguía temiendo la
inexperiencia de gobierno del nuevo César, cargo que veía como el grado más alto del funcionariado. Por
ello, rodeó a Juliano de un conjunto de oficiales y funcionarios directamente nombrados por él. Sin
embargo, no hay motivos razonables para creer en una sistemática desconfianza de Constancio hacia su
primo, como la propaganda de Juliano afirmaría posteriormente.
Juliano en un principio contaba con una fuerza de poco más de 300 guardias, lo que resultaba demasiado
pequeña para la tarea encomendada, pero Constancio no contaba con la pericia militar de Juliano, entrenado
por Salustio. Sorprendentemente, aquel hombre amante de las letras y la filosofía demostró ser un buen
militar. En los siguientes años luchó contra las tribus germánicas que trataban de introducirse en el imperio.
Juliano llegó a Vienne y desde allí se dirigió a la amenazada Autun, donde llegó a fines de junio de 356, y
después hacia Troyes, librando escaramuzas. Ese mismo año logró una paz, siquiera precaria, con los
francos. Después reagrupó sus fuerzas en Reims y marchó hacia el Rin librando varios combates hasta
alcanzar Colonia Agripina (la actual ciudad de Colonia), que fue reconquistada ese mismo año.
Invernó en Senona (la actual ciudad de Sens), siendo cercado por una fuerza superior de alamanes. A pesar
de que le había abandonado el maestre de la caballería Marcelo, indócil a su autoridad, Juliano resistió a los
sitiadores y los derrotó. Constancio envió por fin refuerzos en la primavera del 357 comandados por el
magister peditum Barbacio (25 000 hombres). Los romanos planearon atrapar a los bárbaros en un
movimiento de tenaza, pero debido a los problemas de coordinación, los germanos rechazaron a Barbarcio,
que se retiró. A pesar de esta derrota parcial, Juliano con su ejército de 13 000 hombres, atacó con decisión a
los invasores, 35 000 de los cuales campaban por Alsacia con su rey Chonodomario, obteniendo sobre ellos
una completa victoria al noroeste de Argentorato (actual Estrasburgo). La llamada batalla de Estrasburgo
fue, sin duda, el mayor triunfo militar de Juliano en la Galia, aunque los dos años siguientes aún hubo de
realizar campañas menores de castigo en territorio alamánico. La expedición de 358 se dirigió contra los
francos del bajo Rin. Tras penetrar en la actual Bélgica, derrotó a los chamavos, que se disponían a invadir
la Galia, restableció las defensas romanas, sobre todo con nuevos fortines levantados en el curso inferior del
Mosa y el reforzamiento de la flota de avituallamiento procedente de Britania. En el verano siguiente
Juliano penetró en territorio germánico desde Mogontiacum (Maguncia), sin encontrar excesiva resistencia.
Así, hacia el 360, la frontera del Rin parecía asegurada.
Ganado el aprecio de sus soldados, se aplicó en reducir a límites tolerables la capitación, el aplastante
sistema fiscal bajoimperial. Demostró así ser un buen gestor y contar con dotes de organización y economía,
aplicando lo aprendido de Mardonio.
El trono imperial
A medida que pasaba el tiempo y aumentaban sus éxitos, el césar Juliano iba sintiéndose más molesto con
una situación que consideraba de injusta subordinación, falta de autonomía y asfixiante vigilancia por parte
de los altos funcionarios civiles —principalmente el prefecto del pretorio Florencio y el maestre de los
oficios Pentadio—, fieles a los dictados de Constancio. A ello contribuyó el carácter de Juliano, al que
tantos años de ocultar sus verdaderas creencias habían convertido en intolerante, violento y susceptible; por
otro lado, sus recientes éxitos le habían hecho pensar que le aguardaba un brillante destino bajo la
protección de sus dioses.
Este ambiente de tensión y de creciente recelo y sospecha mutua entre Juliano y Constancio fue patente en el
panegírico pronunciado por el primero en honor de su primo en el verano de 358. Finalmente la chispa que
encendió el conflicto fue la reclamación de Constancio, a principios del 360, de un tercio de las tropas galas
de Juliano, con destino a la guerra contra Persia. Los amigos de Juliano prepararon entonces un motín de las
tropas centradas en París, en el que el César fue proclamado Augusto por sus soldados. Con prudencia, el
usurpador Juliano trató de llegar a un acuerdo con su primo enviándole explicaciones por escrito de lo
sucedido, aunque sin dejar duda de lo irrevocable de su promoción a Augusto.
En ese año de 360 Juliano reforzó su prestigio en la Galia realizando una nueva campaña al otro lado del Rin
contra los francos y alamanes, tal vez incitados a la guerra por Constancio. Al tiempo, fortificó y restauró el
antiguo limes renano.
Mientras tanto, Juliano había conseguido la adhesión de numerosos medios occidentales, entre ellos la
aristocracia senatorial romana y de las provincias balcánicas. En todo caso la negativa de Constancio a
admitir la promoción de Juliano como colega suyo decidió a éste a marchar a Oriente para zanjar por las
armas el contencioso. Pero cuando Juliano se encontraba en Naiso (la actual ciudad de Nîs en Serbia), se
enteró de la repentina muerte de su primo en Tarso y difundió de inmediato la noticia, cierta o no, de que
Constancio le había designado sucesor en el lecho de muerte, adoptando el título de Victor ac triumphator
perpetuus semper augustus. De esta manera legitimó su poder y, honrando la memoria del difunto, ganó la
pronta aceptación por el ejército y las provincias orientales.
El primer acto del nuevo emperador fue verdaderamente simbólico. Llegado a Constantinopla a finales del
año 361, procedió al nombramiento de una comisión depuradora de los consejeros de Constancio,
compuesta principalmente por militares. En los llamados juicios de Calcedonia, por el lugar de su
celebración, dieron buena cuenta de la administración civil de Constancio. Con esta purga, Juliano se libraba
de la tutela burocrática para caer en manos de la aristocracia militar, que se tomaba así la revancha tras ser
postergada en el reinado de Constancio.
Antioquía
Instalado en Antioquía, Juliano generó la hostilidad del ejército sirio y la población antioqueña, en su mayor
parte cristianos. Tanto las clases acomodadas, de amplia cultura helénica, como el pueblo bajo se sintieron
vejados por las acciones anticristianas del Emperador, a pesar de que Juliano quiso favorecer enormemente a
Antioquía en perjuicio de la cristianísima Constantinopla, vendiendo trigo a bajo precio e imponiendo
precios máximos en los tiempos de escasez.
Tras su llegada a la capital siria, y dado que el templo de Apolo
había sufrido un incendio, Juliano creyó a los cristianos
responsables, por lo que les cerró su iglesia principal. El santoral
católico narra también una historia sobre sus guardaespaldas
cristianos: cuando Juliano llegó a la capital siria, dio órdenes de
esparcir sangre procedente de la adoración de los ídolos por todos
los comestibles del mercado, así como en los depósitos de agua. Esto
habría hecho que los cristianos de la ciudad no pudieran comer ni
beber sin violar sus creencias. Ambos guardaespaldas se opusieron a
esta orden, por lo que fueron ejecutados por orden de Juliano. La
Iglesia ortodoxa los incorporó a su santoral como Juventino de
Antioquía y Máximo.
Al fin, Antioquía vivió un ambiente de exaltación de la memoria de
su predecesor Constancio II, a pesar de haber sido unánimemente
odiado en todo Oriente, como el propio Juliano reconocería en su
amargo panfleto titulado Misopogon (en griego: El que odia al
hombre de la barba), poco antes de partir en su campaña contra los
persas.
En este clima de crecientes dificultades, Juliano fue pasando de una
actitud liberal a medidas cada vez más represivas contra el
cristianismo. La constitución del 17 de junio de 362 prohibía a los
cristianos la enseñanza de la gramática y la retórica, pretextando el Columna de Juliano en Angora,
contenido pagano de los libros de texto. El edicto afirmaba que si erigida en conmemoración de su
quieren enseñar literatura, tienen a Lucas y a Marcos: que vuelvan paso por la ciudad en 362.
a sus iglesias y los comenten.9 Era un durísimo golpe para la
Iglesia, pues implicaba la marginación de los cristianos de toda la
tradición cultural grecorromana; la destrucción, en una palabra, de la gran obra de los apologetas de los
siglos anteriores. Juliano podría haber visto un acto de hipocresía en el hecho de que las escuelas cristianas
enseñaran la Biblia como única fuente de conocimiento mientras que de forma simultánea enseñaban
también los textos clásicos.
Las medidas posteriores fueron más puntuales y violentas: el exilio de
obispos recalcitrantes, como Atanasio; la incitación a motines
anticristianos; la creación de impuestos especiales y la confiscación de
bienes eclesiásticos, haciendo temer la vuelta de las persecuciones.
En 363, Juliano se dirigió a Persia, deteniéndose en las ruinas del
templo de Salomón en Jerusalén. Manteniendo su política de
fortalecimiento de otras religiones no cristianas, Juliano ordenó la
reconstrucción del templo. Uno de sus amigos personales, Amiano Grabado del templo de Salomón,
Marcelino, escribió sobre este particular: tal como era antes de su
destrucción por el emperador
Juliano pretende reconstruir a un precio extravagante el que una Tito.
vez fuera orgulloso templo de Jerusalén, encargando esta tarea a
Alipio de Antioquía. Alipio se puso en ello con vigor, ayudado por
el gobernador de la provincia; entonces unas temibles bolas de
fuego estallaron cerca de las obras, y tras continuados ataques, los
obreros abandonaron y no volvieron a acercarse a las obras.
El fracaso en reconstruir el templo fue atribuido a un terremoto, muy comunes en la región, y a la
ambivalencia de los judíos sobre el proyecto. Se especula también con la posibilidad de un sabotaje, así
como de un fuego accidental. Para los historiadores de la iglesia de la época, el fracaso se debió a la
intervención divina.
La campaña persa y el fin de Juliano
Para evitar una larga guerra de posiciones y desgaste —que se suponía
beneficiaba a los persas—, Juliano contaba con la alianza del rey
armenio Arsaces II. La intención de esta gran expedición de 65.000
hombres parecía ser la instalación en el trono persa del príncipe
Hormizd, hermano del rey persa Sapor II, que había huido al Imperio
romano en 324.
Los testimonios de Zósimo y Amiano Marcelino permiten una
reconstrucción bastante precisa de la marcha del ejército romano, Sarcófagos imperiales en el
iniciada en marzo de 363. Una gran victoria lograda cerca de Seleucia exterior del Museo Arqueológico
del Tigris permitió a Juliano alcanzar la capital sasánida, Ctesifonte, sin de Estambul. El correspondiente
mayores contratiempos. Pero ante la imposibilidad de tomarla por a Juliano es el situado a la
asalto, decidió marchar hacia el norte y unirse con la columna izquierda de la foto.
conducida por su lugarteniente Procopio. Para conseguir una mayor
rapidez de movimientos, ordenó inopinadamente la quema de la flota,
que hasta entonces había acompañado al ejército a lo largo del Tigris, lo que sin duda desmoralizó a la tropa.
En el curso de una marcha agotadora, continuamente hostigado por un enemigo que se negaba a presentar
batalla, Juliano sucumbió en una escaramuza el 26 de junio de 363, alcanzado en la espalda por la jabalina
de un soldado al servicio de los persas.n. 3
Se ha planteado la posibilidad de que la jabalina fuera en realidad proveniente de sus propias filas. En esta
línea se ha especulado con un posible complot del sector asiático del ejército, encabezado quizás por el
Conde Víctor, general de Juliano, y otros oficiales cristianos, entre los cuales se ha sugerido la hipotética
implicación de Valentiniano, con posterioridad Emperador de Occidente. La tradición histórica posterior no
tuvo inconveniente en aceptar la versión de que el soldado que dio muerte al Emperador era cristiano.10
El Emperador fue llevado a su tienda donde fue atendido por su médico personal Oribasio de Pérgamo, que
no pudo hacer nada por salvarlo, ya que tenía perforados el hígado y los intestinos. Después de conferenciar
con algunos de sus oficiales, el Emperador falleció. El corto reinado de Juliano terminaba así en un
completo fracaso. El ejército eligió como su sucesor a Joviano, un oficial cristiano de origen panonio, que se
encontró en una situación desesperada, en territorio hostil y rodeado por un enemigo superior. Ansioso por
llegar a territorio romano y confirmar su nombramiento, firmó una paz muy desfavorable con los persas, a
quienes cedió Nísibis y gran parte de la Armenia conquistada por Diocleciano en 298 a cambio del paso
franco hasta el territorio romano.
Los restos de Juliano fueron sepultados en Tarso, y posteriormente trasladados a la Iglesia de los Santos
Apóstoles, en Constantinopla, siendo depositados en un gran sarcófago de pórfido. Aunque la iglesia fue
destruida por los turcos y sus restos vejados y expoliados, el sarcófago aún se conserva en el Museo
Arqueológico de Estambul.
Juliano y la religión
La política religiosa de Juliano ha sido la parte del
reinado que ha despertado tradicionalmente más interés
entre los historiadores, en particular su fallido intento de
restaurar el paganismo grecorromano. Nada más
conocer la muerte de Constancio, Juliano había hecho
públicas sus creencias paganas: dio solemnemente las
gracias a los dioses paganos y reunió en torno suyo a los
intelectuales paganos más famosos del mundo
helenístico.
Las creencias religiosas del nuevo Emperador
estuvieron determinadas en gran medida por la Juliano el Apóstata presidiendo una conferencia de
formación recibida en su juventud. El propio Juliano sectarios, por Edward Armitage (1875).
atestigua en su correspondencia con el rétor antioqueno
Libanio que el cristianismo le había sido impuesto desde
niño por su intolerante tío, el emperador Constancio, pero que en su
fuero interno nunca había aceptado realmente ninguna religión hasta
que leyó los poemas homéricos, que están entre los textos más
importantes de la religión griega. De Porfirio (c. 234–301/305) y
Jámblico (c. 250–330) tomó posiblemente la concepción de igualar
helenismo con paganismo. Para Juliano, la antigua literatura helénica
era la fuente principal de la cultura, siendo imposible separar su belleza
formal de su contenido ideológico-religioso, todo lo contrario de lo que
preconizaban los intelectuales cristianos coetáneos, como Gregorio de
Nacianzo y Basilio el Grande, a los que conoció durante sus estudios en
Atenas.
Las convicciones religiosas de Juliano son motivo de considerables
disputas, ya que no llegó a practicar el paganismo propio de los
primeros años del Imperio, sino una especie de aproximación esotérica Icono donde se representa a San
a la filosofía clásica identificada por algunos como Teúrgia o Mercurio matando al emperador
Neoplatonismo. Reducía lo fundamental de la filosofía helénica a Juliano. Iglesia de San Mercurio.
Pitágoras, Platón y, sobre todo, a Jámblico y sus discípulos. De tal El Cairo.
forma que Juliano pretendía ser filósofo hasta en el atuendo físico, era
un hombre propenso al misticismo, a la teúrgia y a las prácticas
adivinatorias. Detestaba por igual a los paganos agnósticos, como los cínicos, y a los cristianos, a los que en
cierta manera consideraba ateos. Juliano, que en su juventud había recibido una importante formación
cristiana, basaba su crítica al cristianismo en acusaciones como la discordancia de los Evangelios, la
oposición entre el monoteísmo judío y el trinitarismo cristiano, el carácter tribal y no universal del Yahvé
veterotestamentario, etc. Hijo de su tiempo, también concedía un lugar importante en su concepción
religiosa a los populares misterios de Atis y Mitra y a los sortilegios del culto de Hécate.
Juliano tampoco olvidó la utilización política de su religión, que practicó intensamente, haciéndose
descendiente del dios Sol, anunciando además que recibía visiones directas de este o del Genio del Estado.
De acuerdo con Sócrates Escolástico, Juliano se creía a sí mismo Alejandro Magno, reencarnado en otro
cuerpo por vía de la transmigración de almas, como proponían Platón y Pitágoras.11
En consecuencia con su ideología, uno de los primeros actos del nuevo Emperador fue proclamar la libertad
de cultos y religiones, suprimiendo toda la legislación represiva que de facto había hecho del cristianismo la
religión del Estado. A pesar de que Constantino había legalizado el cristianismo, este no fue declarado
religión oficial del Estado hasta que Teodosio I lo hizo en 380 en virtud del Edicto de Tesalónica.
Constantino y su inmediato sucesor habían prohibido la conservación de los templos paganos, y algunos de
estos templos fueron destruidos o convertidos en templos cristianos. Juliano terminó con la cristianización y
con la destrucción de los templos, al tiempo que decretó la restauración de cultos paganos y la consiguiente
devolución de los bienes confiscados por Constantino y sus sucesores, ordenando además la reconstrucción
de los templos paganos arruinados. Estas reconstrucciones no fueron de hecho muchas, dadas las
limitaciones económicas y temporales, aunque sí tuvieron una clara intencionalidad contra el cristianismo.
Además, Juliano se propuso la tarea urgente de organizar una especie de anti-Iglesia pagana, capaz de atraer
nuevos prosélitos. Trató así de reorganizar el clero pagano de forma similar a la Iglesia Católica. A tal
efecto, instauró en cada provincia una especie de archisacerdotes paganos, reivindicando para sí, como
cabeza de la nueva Iglesia pagana, el antiguo título de Pontifex Maximus. Al clero pagano le concedió
también privilegios fiscales e intentó fomentar en él las dos virtudes que consideraba válidas en la moral
cristiana: la pureza de costumbres y la caridad, que él denominaría filantropía, disponiendo algo semejante a
la excomunión para aquellos sacerdotes paganos que no cumpliesen con sus deberes.
Con ello trataba de minimizar la capacidad de los cristianos para organizarse en una resistencia contra el
restablecimiento de las creencias paganas en el Imperio. Lo cierto es que la proclamada libertad de culto y
religión tenía un fin último muy claro: la erradicación del cristianismo. Por de pronto Juliano suprimió las
rentas concedidas al clero cristiano por Constantino, así como la jurisdicción episcopal, al tiempo volvía a
unir a sus curias a los clérigos ligados de ellas en virtud de su ministerio. Pero además, reclamó de vuelta a
los obispos cristianos considerados heréticos, que habían sido exiliados por los edictos de la Iglesia,
reavivando así los disturbios y cismas internos en el seno de la Iglesia. Cuando se produjo el asesinato del
obispo arriano de Alejandría, Jorge de Capadocia (su antiguo tutor en Macelo), Juliano no intervino,
mostrando satisfacción por la eliminación de un «enemigo de los dioses».
A pesar de todo, la Iglesia cristiana resistió estos esfuerzos. Incluso en el turbulento Egipto, desgarrado por
las luchas entre docenas de tendencias, Atanasio logró unirlas momentáneamente contra su enemigo común.
Pese a las recompensas ofrecidas por el Emperador, las apostasías fueron escasas.
Juliano y la literatura
Se considera que la famosa anécdota, según la cual Juliano se arrancó la lanza que le había herido y la arrojó
hacia el cielo, pronunciando la famosa frase: «Vicisti Galilæ» («Has vencido, Galileo»), es de origen
apócrifo. Según Gore Vidal, el invento pertenece al apologista cristiano Teodoreto, quien lo escribió un siglo
después de la muerte de Juliano. La frase da comienzo al poema de 1866 «Himno a Proserpina», de
Algernon Swinburne, donde el poeta inglés se lamenta del triunfo del cristianismo por cuya culpa «el mundo
se volvió gris».
La vida de Juliano inspiró también las piezas de teatro Juliano Apóstata de Luis Vélez de Guevara,
Emperador y Galileo, de Henrik Ibsen y Juliano en Eleusis: misterio dramático en un prólogo y dos
retablos (1981) de Fernando Savater, así como las novelas históricas del simbolista ruso Dmitri
Merezhkovski (1861-1945) La muerte de los dioses (1896), Juliano, de Gore Vidal (1964), Dioses y
legiones, de Michael Curtis Ford (2002) y El último pagano de Adrian Murdoch (2004).
Predecesor: Emperador romano Sucesor:
Constancio II 361 – 363 Joviano
César romano Sucesor:
Predecesor:
355 - 361 Valentiniano III
Constancio Galo
en las provincias occidentales en 423
Predecesor:
Cónsul del Imperio romano Sucesor:
Flavio Arbición
junto con Constancio II Censorio Daciano
Quinto Flavio Mesio Egnacio
356-357 Neracio Cereal
Loliano
Predecesor: Cónsul del Imperio romano Sucesor:
Flavio Eusebio junto con Constancio II Flavio Tauro
Flavio Hipacio 360 Flavio Florencio
Predecesor: Cónsul del Imperio romano Sucesor:
Claudio Mamertino junto con Flavio Salustio Joviano
Flavio Nevita 363 Flavio Varroniano
Véase también
Paganismo
Constancio Galo
Notas
1. Desde febrero de 360, Imperator Caesar Dominus Noster Flavius Claudius Iulianus Augustus;
desde el 3 de noviembre de 361 añadió los títulos de Victor ac Triumphator Perpetuus Semper
Augustus; a su muerte, Divus Iulianus.
2. Die Weltuhr zurükzustellen und dem sterbenden Heidentum noch einmal zur Herrschaft zu
verhelfen.
3. Evidencia preservada por Filostorgio; vide: David S. Potter, The Roman Empire at Bay AD
180–395, p. 518
Referencias
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3. Solana, 2003. 9. Brown, 1971, p. 93.
10. Sozomeno, 6, 2.
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Enlaces externos
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Wikiquote alberga frases célebres de o sobre Juliano el Apóstata.
Odiseo: rumbo al pasado (https://web.archive.org/web/20100426002202/http://usuarios.multim
ania.es/odiseomalaga/no06.htm) — Comentarios sobre la obra Juliano el Apóstata, de Gore
Vidal, por Alberto Jesús Quiroga Puertas (Departamento de Filología Griega de la Universidad
de Granada).
Textos de Juliano (http://remacle.org/bloodwolf/philosophes/julien/table.htm) en francés, con
introducción en este idioma, en el sitio (http://remacle.org/) de Philippe Remacle (1944 -
2011): hay también algún texto en griego y algunas anotaciones en francés.
Textos de Juliano (http://www.perseus.tufts.edu/hopper/searchresults?q=Julian+the+Emperor)
en el Proyecto Perseus.
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