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Diccionarios y Fraseología

Margarita Alonso Ramos (ed.)

Anexos de Revista de Lexicografía, 3

A Coruña 2006

Servizo de Publicacións
Universidade da Coruña
4

Diccionarios y Fraseología
Alonso Ramos, Margarita (ed.)
A Coruña, 2006
Universidade da Coruña, Servizo de Publicacións

Anexos de Revista de Lexicografía, 3

260 páxinas.
17 x 24 cm.
Índice: páxinas 5-6

ISBN: 84-9749-221-8
Depósito legal: C 2805-2006

Materia: 801.3 Lexicografía. 806.0 Lingua española

Edición:

Universidade da Coruña
http://www.udc.es/publicaciones
http://www.udc.es/snl

©Universidade da Coruña

Distribución:

Galicia: CONSORCIO EDITORIAL GALEGO. Estrada da Estación 70-A,


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Imprime: Lugami Artes Gráficas

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ou transmitirse por ningún procedemento electrónico ou mecánico, incluíndo fotocopia,
gravación magnética ou calquera almacenamento de información e sistema de recupe-
ración, sen o permiso previo e por escrito das persoas titulares do copyright.
5

Índice

Presentación ............................................................................................................. 7

PARTE I
TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO DE LAS COLOCACIONES

IGOR MEL’ UK
«Colocaciones en el diccionario» ....................................................................... 11

JOSEP ALBA-SALAS
«Las colocaciones con nombre predicativo: consideraciones prácticas y meto-
dológicas para su tratamiento lexicográfico» .................................................... 45

MARGARITA ALONSO RAMOS


«Glosas para las colocaciones en el Diccionario de Colocaciones del Español» ..... 59

ALBERTO BUSTOS PLAZA


«Combinaciones atributivas del tipo poner en movimiento y diccionario» ...... 89

SUSANA CAMIÑA SALGADO y EVA MUÑIZ ÁLVAREZ


«Sobre la necesidad de marcar las colocaciones en los diccionarios de uso» ..... 101

VERÓNICA FERRANDO
«Estructuración semántica de la fraseología de las lenguas de especialidad y su
aplicación lexicográfica» .................................................................................... 111

LUIS LUQUE TORO


«El concepto de colocación y su presencia en los diccionarios de uso del espa-
ñol actual» ........................................................................................................... 123
6

BENEDIKT MODEL
«Unidades fraseológicas en los diccionarios bilingües: un problema de coloca-
ción» ................................................................................................................... 133

BEGOÑA SANROMÁN VILAS


«Observaciones sobre el uso de colocaciones en aprendices finlandeses de es-
pañol: hacia una aplicación didáctica» .............................................................. 145

LEO WANNER
«¿El Corpus como un Diccionario de Colocaciones?» ...................................... 161

PARTE II
TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO DE REFRANES Y OTRAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS

JEAN CLAUDE ANSCOMBRE


«Refranes, vulgatas y folclore» .......................................................................... 177

Mª JESÚS BARSANTI VIGO


«Problemática en torno al refrán y otras categorías paremiales: definición y
delimitación» ...................................................................................................... 197

MARIANO FRANCO FIGUEROA


«Usos fraseológicos en el Diccionario de Terreros y Pando» ........................... 207

Mª ISABEL GONZÁLEZ AGUIAR


«La definición lexicográfica de las unidades fraseológicas: la aplicación de
modelos formales» .............................................................................................. 221

MARIA EUGÊNIA OLÍMPIO DE O. SILVA


«Los ejemplos en el tratamiento lexicográfico de las unidades fraseológicas» ...... 235

INMACULADA PENADÉS MARTÍNEZ


«La información gramatical sobre la clasificación de las locuciones en los dic-
cionarios» ............................................................................................................ 249
7

Presentación

Este volumen recoge una selección de las ponencias y comunicaciones presenta-


das al I Congreso Internacional de Lexicografía Hispánica, celebrado en A Coru-
ña del 14 al 18 de septiembre de 2004. Este evento científico contó con el apoyo
de las Consellerías de Innovación, Industria e Comercio, Educación e Ordena-
ción Universitaria (Dirección Xeral de Universidades) y Cultura, Comunicación
Social e Turismo (S. A. de Xestión do Plan Xacobeo) de la Xunta de Galicia, de
los Vicerrectorados de Extensión Universitaria e Comunicación y de Investiga-
ción de la Universidade da Coruña, de la Real Academia Galega y de la Secretaría
de Estado de Universidades e Investigación del Ministerio de Educación y Cien-
cia (Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnoló-
gica 2004-2007, Acción complementaria HUM2004-21032-E).

Quede constancia de nuestro agradecimiento a estas instituciones y al


Servizo de Publicacións de la Universidade da Coruña.

MARGARITA ALONSO RAMOS

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PARTE I
TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO
DE LAS COLOCACIONES
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11

Colocaciones en el diccionario*

IGOR MEL’„ UK
Observatorio de Lingüística Sentido-Texto
Universidad de Montreal

Un bandeau ceint le front du malade.


Un mauvais sourire crispe ce dur visage.
Des torrents de larmes inondent ses joues.
De nombreux sentiers sillonnent ce boisle
Des bosquets... ombragent... terrain....
LEGRAND (1957: 18)

Para tratar el problema de la representación de colocaciones en el diccionario,


debemos empezar por definir, primero, el concepto de colocación y, después, el de
diccionario. Sólo entonces podremos concentrarnos en el medio propuesto para re-
presentar el primero en el segundo: las funciones léxicas. Como colofón, añadiremos
algunas observaciones sobre la representación de las colocaciones en un diccionario
bilingüe. La estructura del artículo resulta, pues, evidente: 1. Observaciones genera-
les; 2. Colocaciones; 3. El diccionario: el Diccionario explicativo y combinatorio
[DEC]; 4. Colocaciones en el DEC: Funciones léxicas; 5. Colocaciones y diccionario
bilingüe.

* L. Iordanskaja, S. Kahane, y J. Miliƒeviƒ leyeron y criticaron las primeras versiones de este


artículo; las observaciones de S. Kahane resultaron particularmente importantes. Me es grato expresar
aquí mi profunda gratitud a todas estas personas por su inestimable ayuda. Agradezco especialmente a
Xavier Blanco y a Margarita Alonso por haberse encargado de la versión española de este texto, tradu-
ciéndolo y adaptando los ejemplos del francés al español.

11
12 IGOR MEL’„ UK

Abreviaciones y anotaciones SintP : sintáctico profundo


A : actante SintS : sintáctico superficial
ART : determinante cualquiera TST : teoría Sentido-Texto
CO : complemento de objeto (dir/indir) ~ : unidad léxica-lema
DEC : Diccionario explicativo I, II, ... : ASintP I, II, ...
#
y combinatorio X : una expresión X pragmática-
FL : función léxica mente deficiente
L : lexema/unidad léxica particular r : operación de unión lingüística
L : una lengua particular // : elemento fusionado del valor de
ESem: estructura semántica una FL (vid. la nota 14)

1. OBSERVACIONES GENERALES

La presentación se lleva a cabo en el marco de la teoría Sentido-Texto, que no


podemos introducir aquí (vid., por ejemplo, Mel’…uk 1988a: 43-91, 1992, 1997). Nos
limitaremos a formular dos tesis que son directamente pertinentes para la discusión:

Tesis 1: Lengua como un sistema Sentido-Texto


La lengua natural es un sistema de correspondencias entre los sentidos, modelizados
por la Representación Semántica, y los textos, modelizados por la Representación
Fonética. Simbólicamente: {‘Sentido’i} Z lengua Y {/Textos/j}.

Tesis 2: Descripción de la lengua a partir del sentido hacia el texto


Aun cuando las correspondencias entre los sentidos y los textos son bidireccionales
y formalmente equivalentes en ambas orientaciones, nuestra descripción procede
del sentido hacia el texto, siguiendo el recorrido onomasiológico. En otras pala-
bras, sólo abordamos la síntesis o producción lingüística.1

La discusión subsiguiente presupone, pues, la producción del texto en dos


etapas:

El hablante parte de un contenido informativo C que desea expresar, en una situa-


ción particular, mediante un texto en lengua L. Construye, pues, para C una Repre-
sentación Semántica ‘S’, es decir «realiza» la correspondencia C ] ‘S’; después
construye para ‘S’ el texto /T/, «realizando» la correspondencia ‘S’ ] /T/.

1
La producción del texto por parte del hablante a partir de un sentido dado es una actividad
mucho más lingüística que la comprensión, por parte del destinatario, del sentido a partir de un texto dado.
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 13

2. COLOCACIONES

Grosso modo, una colocación es un frasema, es decir un sintagma no libre.2


Necesitamos, por tanto, introducir en primer lugar el concepto de sintagma libre.

Definición 1: Sintagma libre


Un sintagma de la lengua L es libre si, y sólo si, puede construirse, a partir de un
contenido informativo dado, de manera 1) regular y 2) no restringida.

De manera regular significa ‘exclusivamente según un diccionario de lexemas


de L y las reglas generales de la gramática de L’ (hablamos aquí de un diccionario de
L que no contenga ninguna expresión plurilexémica).
De manera no restringida significa ‘utilizando cualquiera de las reglas que
puedan aplicarse’, y en particular, permitiendo el uso de toda expresión sinónima; el
término restringido ha de tomarse en un sentido muy amplio, que abarque cualquier
tipo de carácter restringido.
Las reglas de gramática de L describen la combinatoria de los signos de L. La
acción de estas reglas no es nada más que la operación de unión, conocida también
como composición, que nosotros llamamos unión lingüística; la representaremos con
la notación r.3
Así pues, para todo sintagma libre AB con el sentido ‘S’ y formado por dos
lexemas A y B con, respectivamente, los sentidos ‘A’ y ‘B’, podemos decir que los
lexemas A y B son seleccionados (por el hablante) para el sentido ‘S’ de manera
regular y no restringida, de modo que ‘S’ = ‘A’ r ‘B’ y AB = A r B. El sintagma libre
AB ‘S’ es perfectamente composicional. Esto significa que el sentido de un sintagma
libre es igual a la composición (mediante la operación r) de los sentidos de sus cons-
tituyentes y que su forma corresponde igualmente a la composición (siempre median-
te la operación r) de las formas de sus constituyentes; la elección de A y de B no es
restringida –el hablante puede optar, entre otras posibilidades, por utilizar cualquiera
de los sinónimos de A y de B. Así, por ejemplo, el sentido ‘poner [los libros] sobre/
bajo/tras/... la mesa’ se expresa mediante el sintagma libre poner [los libros] sobre/bajo/
tras/ ... la mesa; se puede también utilizar cualquier (cuasi-)sinónimo de PONER y
decir, por ejemplo, dejar/colocar/disponer [los libros] sobre/bajo/tras/ ... la mesa (en

2
En lo sucesivo, utilizamos los resultados presentados en diversas ocasiones en las publicaciones
de los años 1967-1998; vid. sobre todo Mel’…uk (1995, 1996 y 1998).
3
Esta notación recuerda el símbolo «+» de adición aritmética, pero al mismo tiempo indica que la
unión lingüística no es una simple adición o concatenación. Al reunir los signos de L, la operación r
toma en cuenta todos los cambios concomitantes necesarios, tanto sintácticos como morfológicos.
14 IGOR MEL’„ UK

cambio, en poner [sus libros] en orden el sentido ‘ordenar’ se expresa mediante un


sintagma no libre poner [N] en orden, cf. *dejar/colocar/disponer [N] en orden).
Ahora, la definición de frasema resulta sencilla: se trata, simplemente, de un
sintagma no libre.

Definición 2: Sintagma no libre = frasema


Un sintagma de L es no libre o un frasema si, y sólo si, no puede construirse, a
partir de un contenido informativo dado, de manera regular y no restringida.

En otras palabras, un sintagma no libre o un frasema es un sintagma no


composicional.
Se dice muy a menudo que el ser humano habla con palabras; ello presupone
que, para hablar bien una lengua, basta con dominar el léxico (= las palabras) y la
gramática (= la sintaxis + la morfología). Pero es falso: el léxico y la gramática son
necesarios pero distan mucho de ser suficientes. Consideremos el siguiente ejemplo:
Suena el teléfono en casa. Mi mujer lo descuelga, escucha y me dice (1a) o
(1b):

(1) a. ¡Es para ti!


b. Te llaman.

La expresión Es para ti o Te llaman está formada por palabras muy sencillas


reunidas según las reglas sintácticas más obvias. Y, sin embargo, no es un sintagma
libre. Es necesario saber que hay que decir (1a) o (1b) en español en esos casos, y no
#
Es por ti por quien preguntan, #Es por ti, etc. Estas últimas expresiones transmiten el
sentido deseado y están bien construidas desde un punto de vista sintáctico. Y, no
obstante, un hablante de español no las utilizará nunca. En cambio, un ruso no diría en
esta situación #Èto dlja tebja, traducción literal de Es para ti, sino Èto tebja, lit. (‘Es a
ti [en acusativo]’ (‘al que llaman’ sobreentendido, pero no expresado).4 En cambio, si
me requieren en la puerta, la persona que abre tiene que decir en ruso Èto k tebe, lit.
‘Es a/hacia ti’, mientras que en español se podría seguir utilizando Es para ti.
La expresión ¡Es para ti! (en la situación de una llamada telefónica) es una
locución o un frasema del español. Este tipo de expresiones –que hay que conocer de
memoria, porque no se pueden producir mediante reglas– tienen que ser inventaria-
das en la descripción de L, en nuestro ejemplo, el español, y son muy numerosas:
centenares de miles.

4
El símbolo # indica una expresión gramaticalmente correcta y semánticamente apropiada, pero
que no puede usarse en una situación dada; indica, pues, una deficiencia pragmática.
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 15

En una sola página (30 líneas) de un texto de lingüística tomado al azar, encon-
tramos los frasemas siguientes:

(2) entrar en el meollo [de N] llevar una investigación


al menos tener en común
ser el caso por otra parte
a la vez muy posible
en cambio es decir
de donde (se deduce que...) más aún

En los textos literarios, la prensa y la lengua hablada, los frasemas son igual-
mente frecuentes (cf. los ejemplos franceses ofrecidos en el encabezamiento). De
hecho, son la frecuencia y la calidad de su uso los que determinan la diferencia entre
un hablante nativo y un extranjero que haya aprendido bien la lengua: UN NATIVO HA-
BLA EN FRASEMAS. Si se acepta este postulado crucial, la descripción sistemática de
todos los frasemas resulta indispensable; de ello se desprende la importancia de
inventariar los frasemas en los diccionarios (monolingües y bilingües) de manera
sistemática.
Empezaremos por una tipología de los frasemas, lo que nos permitirá situar
mejor las colocaciones, una subclase muy importante de frasemas.
Si el hablante construye textos en dos etapas, C ] ‘S’ y ‘S’] /T/ (vid. arriba),
la libertad de un sintagma puede infringirse en dos momentos: sea durante la cons-
trucción del sentido ‘S’ y del texto /T/ para un contenido informativo dado C, sea
durante la construcción del texto /T/ para un sentido dado ‘S’.
• Si un sintagma no es libre por la primera razón, se trata de un frasema prag-
mático, o pragmatema. Un pragmatema está rígidamente vinculado a un contenido
informativo, o grosso modo, a una situación particular. Como hemos visto, cuando
uno coge el teléfono y le preguntan por un miembro de la familia o por su colega, en
español hay que decir Es para ti y en ruso Èto tebja. Otra expresión, aunque tenga el
mismo sentido y sea sintácticamente correcta, no funciona. Los pragmatemas están
en todas partes; veamos algunos ejemplos.

(3) Prohibido aparcar Consumir antes de ... ¡No cuelgue!


Se despide atentamente … ¿Qué tal? El subrayado es mío
[en un texto científico]
¡Levanten armas! ¡Buen provecho! A quien corresponda
¡A la salud de …! Es para ti Le/La acompaño en
el sentimiento
16 IGOR MEL’„ UK

En lo sucesivo, ya no nos referiremos a este primer tipo de frasema.


• Si un sintagma no es libre por la segunda razón, es un frasema semántico. El
hablante construye libremente su sentido, pero el texto correspondiente no puede cons-
truirse de manera regular y no restringida, es decir, basándose exclusivamente en el
diccionario de lexemas y en las reglas de la gramática de L. Un frasema semántico es
un sintagma no libre que no es un pragmatema.5 Entre los frasemas semánticos, pode-
mos distinguir tres subclases naturales:
• Frasema completo o locución AB ‘S’, en donde

1) sea ‘S’ è ‘A’ y ‘S’ è ‘B’,


2) sea ‘S’ e ‘A’, pero ‘S’ è ‘B’ y ‘A’ no es el núcleo semántico de ‘S’.6

1) El sentido de una locución no incluye el sentido de ninguno de sus constitu-


yentes: por ejemplo, garbanzo negro ‘persona mal considerada por sus condiciones
morales’ [è‘garbanzo’ y è ‘negro’], ¡Naranjas de la China! ‘no me lo creo’, dar
calabazas [a N] ‘rechazar un ofrecimiento amoroso [de N]’, en la cresta de la ola ‘en
el momento de mayor apogeo’, pie de atleta ‘enfermedad cutánea en la planta del
pie), tirar los tejos [a N] ‘insinuarse [a N] con intenciones amorosas’, poner [a N] por
los suelos ‘difamar [a N] de manera extrema’, morder el polvo ‘ser vencido’, de un
tirón ‘sin interrupción’...). Es el caso más corriente.
2) El sentido de una locución incluye el sentido literal de uno de sus constitu-
yentes (pero no del otro), aunque de tal modo que dicho sentido no es el núcleo
semántico del sentido global. Es, con mucho, el caso menos común. Un ejemplo po-
dría ser la expresión inglesa private eye ‘detective privado’ [lit. ‘ojo privado’], en que
el sentido de la locución incluye el sentido ‘privado’, pero no es el núcleo semántico.
Una locución (= un frasema completo) AB ‘S’ es seleccionada por el hablante,
para expresar el sentido ‘S’, como un todo prefabricado; los sentidos ‘A’ y ‘B’ de los
lexemas A y B no están presentes. Es una unidad léxica de L, y como tal, una locución

5
Por lo que sabemos, la distinción entre pragmatemas y frasemas semánticos fue explícitamente
establecida por Morgan (1978).
6
El sentido ‘A’ es el núcleo semántico (ing. semantic pivot) del sentido ‘S’ si, y sólo si, sustrayen-
do de ‘S’ el sentido ‘A’ lo que queda es un predicado ‘B’ que se aplica a ‘A’; es decir ‘S’ = ‘B’(‘A’). Por
ejemplo, en el sentido de la locución inglesa private eye ‘detective privado’, ‘A’ es ‘detective’ y el resto,
es decir ‘B’, es ‘privado’, que se predica de ‘detective’. Es importante distinguir entre el concepto de
núcleo semántico de un sentido complejo y el concepto de nudo comunicativamente dominante de un
sentido. Así, por ejemplo, en las colocaciones del tipo conducir un coche, el sentido ‘coche’ constituye
el núcleo semántico de la colocación, mientras que el nudo comunicativamente dominante es ‘conducir’
–porque el sentido entero de la colocación se reduce a ‘conducir’ sin alterar la información, aunque sí
con pérdida de esta.
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 17

debe ser representada por su propio artículo de diccionario. En inglés, a los frasemas
completos se los llama idioms; en francés, se utiliza el término locution (figée).
• Semi-frasema o colocación AB ‘S’, en donde

‘S’ e ‘A’, de modo que ‘A’ es comunicativamente dominante en ‘S’ y A se seleccio-


na de manera regular y no restringida, mientras que B no se selecciona de manera
regular y no restringida.

El sentido ‘S’ de una colocación incluye el sentido de uno de sus constituyen-


tes en la posición del núcleo semántico, y dicho constituyente es seleccionado por el
hablante de manera regular y no restringida; en cuanto al otro constituyente, su senti-
do puede estar o no incluido en el sentido de la expresión, pero, de todas maneras, ese
otro constituyente es seleccionado de manera irregular y/o restringida –en función del
primero. Por ejemplo, en la expresión café solo ‘café sin producto lácteo’, el adjetivo
SOLO no tiene (en un diccionario de lexemas del español) el sentido ‘sin producto
lácteo’ (aun cuando, por una razón u otra, decidamos incluir en nuestro diccionario el
adjetivo SOLO ‘sin producto lácteo’, este lexema se selecciona de manera restringi-
da: únicamente con CAFÉ). En la expresión año bisiesto ‘año de 366 días’, el adjeti-
vo BISIESTO tiene el sentido ‘de 366 días’, pero sólo se combina con AÑO; se selec-
ciona –debido a su sentido extremadamente preciso– de manera restringida.
Como acabamos de decir, uno de los constituyentes de una colocación, diga-
mos, A, se elige libremente, por su sentido; dicho constituyente se denomina base de
la colocación (en nuestro ejemplo, sería café). El otro constituyente, es decir B –el
colocativo– se selecciona en función del primero (en nuestro ejemplo, es solo). Otros
ejemplos de colocaciones serían (la base está en versalitas): dar un GOLPE /una AUTORI-
ZACIÓN /su APOYO, lanzar un LLAMAMIENTO/un GRITO, FIEBRE alta, coger la GRIPE, AMAR
locamente, CREER a pies juntillas, DUCHA escocesa, SORDO como una tapia, IR como la
seda, por ENFERMEDAD, etc.
Una colocación está formada por unidades léxicas de L, pero la colocación en
sí misma no es una unidad léxica de L. El conjunto de colocaciones controlado por la
unidad léxica L (= colocaciones en que L es la base) se denomina la coocurrencia
léxica restringida de L.
• Cuasi-frasema o cuasi-locución AB ‘S’, en donde

‘S’ e ‘A’ y ‘S’ e ‘B’, pero ni ‘A’ ni ‘B’ es el núcleo semántico de ‘S’.

El sentido de una cuasi-locución incluye los sentidos de sus constituyentes; sin


embargo, ninguno de estos sentidos es el núcleo en el sentido de una cuasi-locución.
Por ejemplo, la expresión dar el pecho [a un bebé], que incluye los sentidos ‘dar’ y
‘pecho’, significa ante todo ‘alimentar –poniendo el pecho al alcance de la boca del
18 IGOR MEL’„ UK

bebé’–; su núcleo semántico ‘alimentar’ no es el de ninguno de sus constituyentes.


Resulta, pues, imposible «reducir» semánticamente una cuasi-locución a uno de sus
constituyentes, como puede hacerse con una colocación (café solo es café, hacer un
favor es favor, y hablar fuerte es hablar): dar el pecho no es un caso particular de dar
ni de pecho. En consecuencia, un cuasi-frasema es, al igual que un frasema completo,
una unidad léxica de L.
Citemos otros ejemplos de cuasi-locuciones: punto y coma ‘signo de puntua-
ción formado por un punto y una coma situada encima del punto que...’ y dos puntos
‘signo de puntuación formado por dos puntos situados verticalmente que...’; fr. bande
dessinée ‘publicación formada por una sucesión de dibujos dispuestos en tiras...’;
ingl. [to] start a family, lit. ‘empezar una familia’ = ‘tener una pareja su primer hijo,
fundando así una familia’, cuyo sentido incluye los sentidos ‘empezar’ y ‘familia’,
pero no en una posición semántica dominante.
Presentamos la tipología de los frasemas en la figura 1.7
En este trabajo, nos concentraremos en las colocaciones, dejando de lado los
otros dos tipos de frasemas semánticos. Las cuatro observaciones siguientes conclui-
rán nuestro pequeño panorama:

1) Selección restringida como carácter definitorio de los frasemas


Al hablar de los frasemas, se insiste a menudo sobre el carácter no composicional
(. opaco) de su semantismo; este carácter se toma incluso como rasgo definitorio del
frasema en general. Es verdad que un sintagma cuyo sentido es no composicional es
un frasema, pero lo contrario no es cierto: un número astronómico de sintagmas cuyo
sentido es perfectamente composicional son frasemas.

FIGURA 1. Tipología de los frasemas

7
Para un panorama de los frasemas en francés, vid. Danlos (1988) y G. Gross (1996).
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 19

Por ejemplo, los pragmatemas del tipo Prohibido aparcar (y no #Prohibición


de aparcar, #Aparcamiento prohibido, etc.) o las colocaciones del tipo hacer esquí (y
no *ocuparse del esquí o *ir/correr en esquí, como se dice en ruso). Es el carácter
restringido de la selección de sus constituyentes lo que hace de un sintagma un frasema.
Más concretamente, es la selección no libre de los significados (los pragmatemas) y/
o de los significantes (todos los frasemas) para un contenido informativo dado lo que
determina el carácter fraseológico de una expresión. La opacidad del sentido es ca-
racterística de algunos frasemas, pero no todos presentan esta propiedad. Debemos
distinguir, pues, subclases de frasemas. En español o en francés, uno se cepilla o se
lava los dientes [brosser o laver les dents], en inglés se deben ‘cepillar’ [brush
<*wash ‘lavar’> the teeth], en serbio sólo se pueden ‘lavar’ [prati <*…etkati ‘cepi-
llar’> zube] y en ruso se deben ‘limpiar’ […istit´ zuby]. Estas expresiones son frasemas
(= colocaciones del nombre que significa ‘dientes’), a pesar de su sentido completa-
mente transparente.
La no-composicionalidad del sentido es una condición suficiente, pero no ne-
cesaria para que un sintagma sea un frasema. La condición necesaria y suficiente es la
‘no-composicionalidad’ de selección de constituyentes de un frasema y de su
combinatoria, lo que se observa sobre todo durante la síntesis de textos. Como puede
verse, nuestro enfoque «Del sentido al texto», es decir, el recorrido onomasiológico,
tiene un papel esencial en la definición del frasema. En efecto, desde el punto de vista
de la comprensión, la expresión francesa très fatigué ‘muy cansado’ es perfectamente
banal; pero no lo es desde el punto de vista de la producción: es preciso saber que se
dice très fatigué, pero bien <*très> reposé ‘descansado’; igualmente, también en es-
pañol tenemos gravemente <*muy> herido [en el sentido de herida física], muy
<*gravemente> herido [en el sentido de herida moral]; muy quemado [en el sentido
de descontento], pero tratamiento del gran <*muy> quemado, etc. Es la selección
restringida de uno de los dos constituyentes lo que convierte estas expresiones en
colocaciones.

2) División neta entre tipos de frasemas


Los tres tipos de frasemas semánticos arriba definidos se distinguen netamente
entre ellos: no hay ni casos intermedios ni fronteras imprecisas. Si el parentesco
semántico que puede ser percibido por los hablantes entre un frasema y sus constitu-
yentes no está explícitamente expresado en la descripción del frasema (mediante com-
ponentes semánticos bien visibles), no se toma en consideración (podrá interesar a la
psico(socio)logía, a la «etimología», etc., pero no a la semántica ni a la lexicografía).
Por ejemplo, en tirarse los trastos a la cabeza ‘pelearse [dos o más personas]’) se
observa claramente el aporte de los constituyentes; pero si no es posible expresar este
aporte como parte explícita del sentido del frasema, debe ignorarse totalmente. Tirar-
se los trastos a la cabeza es, por tanto, un frasema completo, o sea, una locución.
20 IGOR MEL’„ UK

Ahora bien, la división neta entre las tres subclases de frasemas no quita el
carácter gradual de su opacidad semántica. El grado de opacidad de un frasema viene
dado por la importancia de los componentes comunes entre el sentido ‘S’ del frasema
y los sentidos ‘A’ y ‘B’ de sus constituyentes. En efecto, las subclases (frasemas com-
pletos vs. semi-frasemas vs. cuasi-frasemas) se definen por inclusión «absoluta» (in-
cluido/no incluido), mientras que el grado de opacidad depende de la intersección
«relativa» (la parte común puede ser más o menos importante).

3) Grado de fijación
El grado de fijación es una propiedad lógicamente independiente del carácter
fraseológico y debe considerarse aparte. Así, las dos expresiones inglesas [to] pay
attention [to N] ‘prestar atención [a N]’ y [to] turn one’s attention [to N] lit. ‘volver su
atención [hacia N]’ son colocaciones, pero la primera es, con mucho, más fija que la
segunda: en pay attention, el nombre no admite determinante (*He payed his attention
to... vs. He turned his attention to...), tampoco admite modificadores, etc. En una
descripción lexicográfica, todos los frasemas deben acompañarse de datos sobre su
fijación, es decir, de una mención que explicite la o las restricciones particulares que
sólo son válidas para el frasema en cuestión (del tipo «sin pasiva», «sin artículo», «sin
modificador», «sin cambio de orden de las palabras», etc.).

4) La fraseologización se realiza también a niveles superiores e inferiores a los del


lexema
Todos los tipos de frasemas inventariados están formados, sobre todo, por
lexemas; es el caso más típico. No obstante, un frasema también puede incluir consti-
tuyentes mayores que el lexema, es decir, otros frasemas, así como constituyentes
menores que el lexema, es decir morfos (= afijos y radicales, estos últimos dentro de
palabras compuestas). Por ejemplo, conocer como la palma de su mano es una colo-
cación cuyo colocativo COMO LA PALMA DE SU MANO es, a su vez, un frasema
completo; ingl. stone-deaf, lit. ‘[como] piedra sordo’ = ‘sordo como una tapia’ es un
compuesto de tipo colocacional en que el colocativo es un radical. En lo sucesivo, no
tomaremos en consideración los colocativos frasemas ni los colocativos morfos (aun-
que la fraseologización dentro de palabras derivadas y compuestas sea un tema muy
importante).

3. EL DICCIONARIO

El diccionario que nos servirá de punto de referencia es el Diccionario explica-


tivo y combinatorio [DEC]. Teniendo en cuenta la vasta literatura que existe sobre el
mismo (entre otros, cuatro volúmenes publicados del DEC francés; vid. Mel’…uk et
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 21

al. 1982, 1984, 1992, 1999), no lo caracterizaremos en detalle, sino que nos limitare-
mos a presentar aquí las seis particularidades de este diccionario pertinentes para la
discusión que sigue.
• Un DEC es un léxico teórico, lo que implica, al menos, dos cuestiones
importantes:
– Se elabora sin tener en cuenta consideraciones económicas ni materiales (fac-
tores necesariamente predominantes en la planificación de los diccionarios
comerciales orientados al gran público). Sólo se admiten consideraciones de
verdad, de lógica y de coherencia.
– Se elabora en el marco de una teoría lingüística bien desarrollada, la teoría
Sentido-Texto, de la que se toman los conceptos de representación semánti-
ca, actante semántico y actante sintáctico profundo, régimen, etc., que se uti-
lizan de manera clave en el DEC. Esta teoría hace hincapié en el léxico de la
lengua; es, pues, particularmente apta para la elaboración de un diccionario.
• Un DEC es un léxico activo: está completamente orientado hacia la produc-
ción de textos. Es, pues, un diccionario de síntesis (más que de análisis). El usuario
busca en el DEC medios para expresar lo que quiere expresar y no interpretaciones de
las expresiones que ha encontrado.
• Un DEC es un léxico semántico: todas las entidades lingüísticas que se regis-
tran en un DEC van siempre provistas de descripciones semánticas elaboradas según
normas rígidas, lo cual es natural en el enfoque «sentido Y texto»: siempre debe
partirse de un sentido dado bien descrito.
• Un DEC es un léxico combinatorio: debe presentar la coocurrencia léxica
restringida de toda unidad léxica-lema L, es decir, sus colocaciones: bajo cada L, se
encuentran, en teoría, todos sus colocativos.
• Un DEC pretende ser un léxico formal, y ello, respecto a los dos aspectos
siguientes:
– Se organiza según los principios de presentación formal en el sentido mate-
mático del término; de hecho, es una base de datos léxicos formalizada que
utiliza una metalengua lexicográfica rigurosa e impone, tanto al lexicógrafo
como al usuario, el respeto de la lógica por encima de todo.
– Observa el principio de coherencia lógica en el tratamiento de las unidades
léxicas de una lengua. Todas las unidades léxicas reciben el mismo trata-
miento; todos los lexemas y todos los frasemas completos/los cuasi-frasemas
–es decir, las (cuasi-)locuciones– de la lengua descrita L aparecen como
lemas, con sus artículos uniformizados.8

8
Por el momento, se excluyen de esta afirmación las unidades léxicas únicas (que aparecen sólo
en una combinación con otra unidad léxica) que son lexemas o frasemas que presentan otros lexemas/
frasemas en el mismo vocablo. Así, solo ‘sin producto lácteo’ [sólo con café] y como la palma de su
22 IGOR MEL’„ UK

• Un DEC debe ser un léxico exhaustivo, pero, contrariamente a los otros dic-
cionarios, lo es solamente en cada entrada. Su nomenclatura puede estar incompleta,
ya que no es esa la primera preocupación de un lexicógrafo Sentido-Texto. En cam-
bio, debe indicarse, explícitamente, todo lo que es pertinente para los empleos de
cada una de las unidades léxicas inventariadas.
En resumen, un DEC es un diccionario teórico, activo, semántico, combinatorio,
formal y exhaustivo (respecto a cada artículo). El soporte informático es el más in-
dicado para un DEC. Debería poder servir de base para la construcción de dicciona-
rios comerciales de todo tipo. Si se dispusiese de un DEC lo suficientemente com-
pleto, resultaría fácil extraer automáticamente cualquier tipo de diccionario orientado
al gran público, adaptándolo, al mismo tiempo, para la tarea particular que le fuese
asignada.

4. FUNCIONES LÉXICAS

Para describir las colocaciones en un diccionario del tipo DEC, se propuso un


concepto en ðolkovskij y Mel’…uk (1965) y (1967): las funciones léxicas (vid. las
caracterizaciones detalladas de las FFLL en los volúmenes publicados del DEC, así
como en Mel’…uk 1992, 1996 y 1998).

4.1. Concepto de función léxica


En una colocación, el colocativo se selecciona en función de la base. Así pues,
se impone la noción de función léxica.
Una función léxica [= FL] es una función en el sentido matemático del térmi-
no: una correspondencia f que asocia a una unidad léxica L, denominada el argumen-
to de f, un conjunto de unidades léxicas f(L) — el valor de f. Dado que esta función
sólo opera con unidades léxicas, es natural llamarla léxica.
Cada FL f está asociada a un sentido ‘f’ muy general (que puede, incluso, ser
cero) y, al mismo tiempo, a un papel sintáctico profundo. El argumento de una FL f es
la unidad léxica L sobre la cual se aplica el sentido ‘f’; y el valor de la FL f para un
argumento dado L es un conjunto de unidades léxicas o expresiones libres que pueden
realizar f [es decir, expresar el sentido ‘f’] en lugar de L o junto a L. De manera más
precisa, para que una correspondencia léxica f sea una función léxica, debe satisfacer-
se una de las dos condiciones particulares A y B.

mano ‘muy bien, con todo detalle’ [sólo con conocer] no tienen un artículo aparte en el DEC: estas
expresiones están descritas en los artículos de CAFÉ y CONOCER. Por supuesto, esta política no tiene
valor científico y puede cambiar tan pronto como exista una buena razón para ello.
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 23

Definición 3: Función léxica


Una correspondencia léxica f que asocia a una unidad léxica L de una lengua L un
conjunto f(L) de unidades léxicas de L es una función léxica si, y sólo si, satisface
una de las dos condiciones siguientes A y B:
A. Bien f es aplicable a varias Li; en tal caso, sean cuales sean las unidades léxicas
L1 y L2, si tanto f(L1) como f(L2) existen, entonces:
1. Dos elementos cualesquiera L’1 de f(L1) y L’2 de f(L2) mantienen con L1 y L2,
respectivamente, la misma relación (aproximadamente) respecto al sentido y la
función sintáctica profunda:

L’1 L’2
____ . _____
L1 L2

2. Para dos elementos cualesquiera L’1 de f(L1) y L’2 de f(L2), tenemos:

L’1 L’2
____ … _____
L1 L2

3. Al menos en algunos casos, f(L1) … f(L2), mientras f(L1) y f(L2) no pueden ser
especificados sin mencionar las unidades léxicas individuales L1 y L2.

B. O bien f sólo es aplicable a una sola L (o, tal vez, a dos o tres L semánticamente
emparentadas).

Las FFLL del tipo A se denominan normales; las del tipo B, degeneradas. Para
las FFLL normales, la condición A1 caracteriza una correspondencia léxica como una
FL potencial; no hace referencia a los datos específicos de una lengua particular L. En
cambio, la condición A3 caracteriza una correspondencia léxica como una FL actual;
hace referencia a datos de L: significa que en L, los elementos del valor de f están
fraseológicamente vinculados por su argumento. La condición A2 garantiza que
una FL f «abarque» todos los pares de unidades léxicas que pueden describirse
mediante f.
Tomemos como ejemplo la FL f que expresa (aproximadamente) el sentido
‘muy’ . ‘intenso’ . ‘intensamente’, es decir, un intensificador. Ilustremos, en primer
lugar, la condición A. Sea L1 = LLORAR y L2 = LLUVIA; entonces:
24 IGOR MEL’„ UK

f(LLORAR) = desconsoladamente, a moco tendido, como una Magdalena, a lá-


grima viva, como una criatura;
f(LLOVER) = abundantemente, a cántaros, a raudales, torrencialmente, ...

Todo elemento del primer conjunto (por ejemplo, como una Magdalena) está,
respecto a LLORAR, en una relación semántica y sintáctica que es idéntica a la rela-
ción que mantiene con LLOVER todo elemento del segundo conjunto (por ejemplo, a
cántaros):

como una Magdalena a cántaros


= = ...
LLORAR LLOVER

Obviamente, como una Magdalena y a cántaros no son semántica ni sintácti-


camente iguales. Sin embargo, la expresión como una Magdalena desempeña, res-
pecto a LLORAR, (aproximadamente)9 el mismo papel que la expresión a cántaros
respecto a LLOVER: ambas son modificadores sintácticos que significan en este con-
texto . ‘intensamente’. La proporción arriba presentada puede prolongarse ad libi-
tum. Para ser una FL estándar (véase más abajo), una correspondencia léxica debe dar
lugar a un gran número de proporciones de este tipo. No obstante, aunque necesaria,
esta condición no es suficiente: es preciso que, además, la correspondencia léxica en
cuestión respete la condición A3.
La importancia de la condición A3 puede ilustrarse como sigue. Si la corres-
pondencia f considerada da lugar a numerosas proporciones como la arriba mencio-
nada (o sea, si f cumple la condición A1) pero tenemos siempre el mismo numerador
para denominadores distintos, la correspondencia léxica f es trivial en L: no presenta
ningún interés para nosotros, ya que el resultado de su aplicación no es una coloca-
ción; no deseamos que f sea calificada como FL, ya que no es más que un simple caso
de significación léxica. Por ejemplo, el sentido ‘cuyo precio es elevado’ no corres-
ponde a una FL en español, ya que con cualquier unidad léxica puede expresarse
mediante el mismo lexema CARO. Ello significa que su expresión no depende
fraseológicamente de la unidad léxica modificada:

caro caro
= = ...
COCHE VIAJE

9
No entramos en los detalles de la precisión semántica; es decir, del sentido exacto de este «aproxi-
madamente». Sin embargo, más adelante, veremos cómo pueden expresarse las diferencias semánticas
más sutiles mediante funciones léxicas no estándar.
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 25

En cambio, el sentido ‘muy’ . ‘intenso’ determina una FL en español: ‘muy’(enfermo)


= muy, gravemente, pero ‘muy’(herido) = gravemente <*muy>; ‘muy’(miedo)= atroz,
fuerte, espantoso, pero ‘muy’(susto) = gran, morrocotudo, mayúsculo, de muerte... ;
‘muy’(luchar) = a brazo partido, pero ‘muy’(prohibir) = terminantemente; etc. Como
puede verse, la expresión de ‘muy’ (es decir, de la idea de intensidad) depende de la
unidad léxica modificada. La FL correspondiente a este sentido se denominará Magn
(cf. infra).
El argumento de una FL (enfermo, herido, miedo, susto, etc. respecto a ‘muy’)
se denomina también palabra llave (para evitar, en algunos contextos, la molesta
homonimia del término argumento: de una FL vs. de un predicado semántico). Como
ya hemos dicho, las FFLL del tipo arriba presentado –las FFLL sintagmáticas– se
introducen para describir las colocaciones; la palabra llave de una FL f que describe la
colocación C corresponde a la base de C y el valor de f, al conjunto de colocativos de
C; la FL f asocia, pues, a una base dada todos sus colocativos.
Entre las FFLL normales (las de tipo A1), conviene distinguir una subclase
importante, que denominaremos FL estándar. Estas FL cumplen dos condiciones su-
plementarias, dadas por la Definición 4.

Definición 4: Función léxica estándar


Una función léxica f se denomina estándar si, y sólo si, las dos condiciones si-
guientes se cumplen simultáneamente:
1. f está definida para un gran número de argumentos (dicho de otro modo, f tiene
una amplia coocurrencia semántica: el sentido ‘f’ es lo suficientemente abstrac-
to y general como para ser compatible con muchos otros sentidos).
2. f presenta un gran número de valores distintos (dicho de otro modo, el conjunto de
todos los valores de f para todos los argumentos es suficientemente grande).

Paralelamente a la condición A1 de la Definición 3, la condición 1 de la Defi-


nición 4 caracteriza una FL como una FL estándar potencial; no hace referencia a
datos específicos de L. Sin embargo, la condición 2 de la Definición 4 caracteriza una
FL como una FL estándar actual; hace referencia a los datos de L.
Ilustremos el papel de la condición 1 de la Definición 4 mediante el ejemplo
siguiente. El sentido ‘sin producto lácteo’ se expresa de manera especial con el nom-
bre en francés CAFÉ: noir; el té sin leche no puede llamarse *thé noir –hay que decir
thé nature <*café nature>.10 Tampoco se dice *cacao noir con el sentido de ‘cacao
sin producto lácteo’, ni *café seul, como se dice en español (café solo). Y eso no es

10
Por lo demás, thé nature significa algo más que té sin leche: se trata de té sin ningún añadido
«visible» (por ejemplo, sin limón, sin mermelada, etc.; no obstante, puede llevar azúcar).
26 IGOR MEL’„ UK

todo respecto a CAFÉ: ‘café con leche’ se dice en francés café au lait, pero ‘café con
crema de leche’, se dice café crème <*café lait, *café à la crème> (cf. las construc-
ciones similares en italiano: caffelatte o caffè latte vs. caffè macchiatto); en francés
‘café con alcohol’ se dice café arrosé y ‘café con whisky’, café irlandais. Del mismo
modo, el whisky sin soda, agua, hielo, etc. se llama whisky sec <*whisky nature>. Las
expresiones de estos sentidos están léxicamente distribuidas: NOIR con CAFÉ,
NATURE con THÉ, SEC con bebidas alcohólicas. Así pues, los sentidos . ‘sin añadi-
do de producto que modifique el gusto’ satisfacen las condiciones A1 y A2 de la
Definición 3: corresponden a FFLL. Pero incumplen la condición 1 de la Definición
4: estos sentidos son demasiado específicos, sólo son aplicables a los nombres de
bebidas, y además, cada uno a «su» bebida (también incumplen la condición 2 de la
Definición 4). Se trata de las FFLL no estándar.
El papel de la condición 2 puede ilustrarse con un ejemplo en ruso: el sentido
‘de color marrón’. Este sentido tiene cinco expresiones distintas en función de lo que
caracteriza: si se aplica a un objeto distinto de los ojos o cabellos humanos y de la piel
de los caballos, ‘marrón’ es KORI„NEVYJ. Ahora bien, para decir ‘marrón’ hablan-
do de los ojos, tenemos KARIJ: ‘ojos marrones’ = karie glaza <*kori…nevye glaza> ;
para los cabellos, se dice TËMNORUSYJ o KAŠTANOVYJ (según el matiz): ‘cabe-
llos castaños’ = tëmnorusye o kaštanovye volosy <*kori…nevye volosy>; finalmente,
para los caballos, se usa GNEDOJ: ‘un caballo zaino’ = gnedoj kon´/gnedaja lošad´
<*kori…nevyj kon´, *kori…nevaja lošad´> (para ser más precisos, GNEDOJ se aplica
si el caballo tiene las crines y la cola negras). En consecuencia, el sentido ‘de color
marrón’ da lugar en ruso a una correspondencia léxica que satisface las condiciones
A1 y A2 de la Definición 3: es una FL. Además, contrariamente al sentido del tipo ‘sin
añadido de un producto que modifique el gusto’, el sentido ‘de color marrón’ cumple
también la condición 1 de la Definición 4: el número de cosas que pueden ser marro-
nes es muy elevado. Sin embargo, este sentido no cumple la condición 2: tiene sola-
mente cinco expresiones distintas, cuatro de las cuales (KARIJ, TËMNORUSYJ,
KAŠTANOVYJ, y GNEDOJ) se utilizan con muy pocos argumentos, es decir, de
manera restringida. Este sentido corresponde también a una función léxica no estándar.
Las FFLL no estándar no se prestan bien a una organización sistemática. Son
numerosas (probablemente decenas de miles para cada lengua), pero caprichosas e
imprevisibles, de modo que el lexicógrafo se ve obligado a buscarlas empíricamente
para poder consignarlas en las entradas léxicas correspondientes: vino tinto11 <blan-
co, rosado>; café solo <con leche, cortado, irlandés,…>; noche en blanco; cinturón
de seguridad; pagar al contado <a tocateja>, marea alta/baja... El único consuelo

11
Por ejemplo, en francés, vino tinto se dice vin rouge ‘rojo’, mientras que, en georgiano, en serbio
y en catalán, se dice šavi gvino, crno vino, vi negre, lit. ‘vino negro’.
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 27

para el lexicógrafo es que, normalmente, las FFLL no estándar son muy especializa-
das, presentan sentidos muy precisos y cada una de ellas sólo afecta a un ámbito
léxico muy particular.
Antes de continuar, nos gustaría subrayar que las FFLL, presentadas hasta aquí
sobre todo como un medio de descripción de colocaciones, son al mismo tiempo una
herramienta muy eficaz para la descripción de lo que podría llamarse, con un ligero
abuso de lenguaje, las «derivaciones semánticas» de la palabra llave L: los sinónimos
y los cuasi-sinónimos de L, sus antónimos y cuasi-antónimos, sus conversivos y cua-
si-conversivos, sus derivados puramente sintácticos, así como los derivados actanciales
y circunstanciales (nomen actionis o qualitatis, nomen agentis y patientis, nomen
loci, nomen instrumenti/modi, adjetivalización, adverbialización...). Las FFLL de este
último tipo son FL paradigmáticas, y las FFLL del tipo anterior, sintagmáticas; las
abordaremos brevemente en la sección siguiente.
Entre las FFLL estándar, tanto paradigmáticas como sintagmáticas, hemos es-
tablecido empíricamente un subconjunto de, aproximadamente, sesenta FFLL que ha
resultado ser particularmente cómodo para la descripción de la derivación semántica,
de la coocurrencia léxica restringida y de la paráfrasis. Cada FL se identifica median-
te un nombre convencional y se trata como unidad última, es decir, indivisible. Estas
FFLL constituyen el núcleo del sistema de las FFLL y se denominan FFLL estándar
simples.
Todas las otras FFLL estándar entran en la subclase de las estándar complejas.
Se construyen a partir de las FFLL estándar simples, según algunas reglas generales.
Nos concentraremos en las FFLL estándar simples, limitándonos a algunas ilustracio-
nes de las FFLL complejas.
Presentamos abajo tres ejemplos de FFLL estándar simples, escritas con la
forma adoptada para la presentación de las FFLL en la teoría Sentido-Texto.
• La FL S1 especifica la designación general del actante SintP I de la palabra
llave (. nombre de agente):

S1 (deuda) = deudor S1 (desesperación) = víctima [de ART ~]


S1 (crimen) = autor [de ART ~] //criminal S1 (sobrevivir) = superviviente
S1 (huelga) = huelguista S1 (enseñar) = profesor

Respecto al símbolo « // » (elemento fusionado del valor fusionado de una FL),


vid. la nota 14.

• La FL Magn (los nombres de las FFLL vienen siempre del latín; en este caso,
de magnus ‘grande’) es un intensificador:
28 IGOR MEL’„ UK

Magn (aplausos) = nutridos Magn (borracho) = como una cuba


Magn (sordo) = como una tapia Magn (apreciar) = enormemente
Magn (chillar) = como un descosido Magn (vigilar) = estrechamente, de cerca
Magn (fuerte) = como un toro Magn (prohibir) = terminantemente

• La FL Oper1 (lat. operari ‘trabajar’) es un verbo semánticamente vacío (o


vaciado de su sentido en el contexto de su palabra llave) que toma:
1) la palabra llave [L] como su complemento de objeto directo (COdir) o princi-
pal (si el verbo no es transitivo), es decir como su actante Sint(áctico) P(rofundo) II;12
2) el actante SintP I potencial [X] de la palabra llave como su sujeto sintáctico,
por tanto, como su actante SintP I:

en donde X es el actante SintP I potencial de L [por actante SintP potencial i de la


unidad léxica L se entiende un actante SintP i que está especificado como tal en el
régimen de L, pero que no aparece necesariamente en la frase como actante SintP i
de L].
Veamos algunos ejemplos en español:
Oper1 (denuncia) = presentar [ART ~]; consideremos la frase (4):
(4) Juan [X] ha presentado [Oper1] una denuncia [L] contra el encargado, en
donde JUAN es el actante SintP I del verbo PRESENTAR, mientras que DENUNCIA
es el actante SintP II de este verbo; al mismo tiempo, JUAN es el actante I potencial
de DENUNCIA (Juan es el que denuncia). Véanse otros ejemplos:

Oper1 (grito) = lanzar [ART ~] Oper1 (orden) = dar [ART ~ a N]


Oper1 (gripe) = tener [ART ~] Oper1 (supremacía) = tener, ejercer
[ART ~ sobre N]
Oper1 (miedo) = sentir [~] Oper1 (mirada) = echar [ART ~ a N]
Oper1 (esfuerzo) = desplegar [ART ~] Oper1 (precaución) = tomar [ART ~]

12
Lamentablemente, no podemos formular aquí el concepto crucial de actante SintP: ello exigiría
una presentación del componente sintáctico del modelo Sentido-Texto, así como del modelo en sí. Una
vez más, debemos remitir al lector a las referencias bibliográficas, sobre todo, Mel’…uk (2004a, b).
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 29

La expresión entre corchetes que sigue al valor de Oper1 (así como al de cual-
quier FL presentada más adelante) constituye el Régimen del elemento en cuestión.
La tilde « ~» reemplaza a la palabra llave y el símbolo ART significa que debe utili-
zarse un determinante (un artículo, un adjetivo posesivo o demostrativo, etc.) según
las reglas de la gramática de la lengua en cuestión.
Oper1 representa una familia de verbos que fueron descritos, para el inglés, por
Jespersen (1909-1949, vol. 6: 117), que los bautizó light verbs. Recibieron el nombre
de verbes supports en los trabajos de Gross y de su equipo (vid. Giry-Schneider 1978b,
1987, Gross 1981, Danlos 1988 y G. Gross 1990, donde pueden encontrarse otras
referencias); los verbos soporte o verbos de apoyo reciben un tratamiento formal sis-
temático en términos de FFLL del tipo Operi/Funci/Laborij.
Las FFLL desempeñan un doble papel en la descripción lingüística:
• Por una parte, las FFLL sirven para describir las relaciones léxicas en el
léxico de una lengua: las relaciones paradigmáticas y las relaciones sintagmáticas
entre las unidades léxicas.
• Por otra parte, las FFLL sirven para describir la sinonimia entre frases basada
en las relaciones semánticas entre unidades léxicas, es decir, las paráfrasis léxicas
(vid. Mel’…uk 1988b y 1992).
El primer papel concierne directamente al diccionario, ya que supone, ante
todo, un problema lexicográfico. El segundo afecta a la semántica y a la sintaxis
profunda, y no será objeto aquí de un desarrollo particular. No obstante, cabe destacar
que las reglas de paráfrasis (las ecuaciones semánticas entre FL) son de una importan-
cia capital para la buena comprensión de las FFLL.
Una propiedad importante de las FFLL estándar simples reside en su carácter
universal: son válidas para todas las lenguas y son suficientes para la descripción de
la derivación, de la coocurrencia léxica restringida y de la paráfrasis en la gran mayo-
ría de los casos.
Sin entrar en la enumeración sistemática de las FFLL, cabría hacer dos obser-
vaciones generales sobre las mismas.13
1. Nuestra definición de colocación admite expresiones muy poco fraseológicas
–por así decir, fraseológicas como efecto secundario. Por ejemplo, si bien el adverbio
MUY se combina con la mayoría de los adjetivos y adverbios (muy rojo, muy inteli-
gente, muy lejos, muy cerca, muy concentrado...), no es posible con algunos de ellos:
HERIDO (*muy herido en el sentido físico, pero muy herido por tus palabras ofensi-
vas), ARMADO, INEDUCADO y muchos otros. Con nombres calificativos se dice el

13
La lista sistemática de FL puede consultarse, entre otros, en Mel’…uk (1982), Mel’…uk et al.
(1984: 6-13, 1992: 127-131, 1995 y 1996) y con una adaptación de los ejemplos al español en Mel’…uk
(2001).
30 IGOR MEL’„ UK

muy sinvergüenza o el muy embustero, pero no *un muy sinvergüenza/ embustero,


sino un gran sinvergüenza o un embustero tremendo, etc. Esto nos lleva a considerar
todas las expresiones con MUY como colocaciones. Sin embargo, no debe indicarse
la posibilidad de MUY en el artículo de diccionario de toda expresión que presente
Magn; basta con indicar los casos en que MUY no funciona; en los otros, MUY se
utilizará como valor de Magn por defecto. De manera similar, la FL no estándar ‘de
color marrón’ en ruso no debe repetirse para las designaciones de todos los objetos y
sustancias que pueden ser marrones: se especifica únicamente para los ojos, el cabello
y la piel de los caballos; en los restantes casos, tomará el valor por defecto, que es
siempre el mismo (KORI„NEVYJ).
2. En numerosos casos, las FFLL admiten generalizaciones más o menos evi-
dentes. Por ejemplo, las FFLL de RÍO se aplican a los nombres (propios) de afluente/
de río particulares: si un río DESEMBOCA en algún sitio [en un lago, por ejemplo],
entonces el Sena, el Danubio, el San Lorenzo, el Jordán y el Amor DESEMBOCAN tam-
bién; si una enfermedad MINA al enfermo, entonces la tuberculosis, el sida, el cáncer,
etc. lo MINAN también. Podemos SENTIR cualquier sentimiento, y EFECTUAR muchas ac-
ciones. Estas generalizaciones constituyen una tarea especial que no podemos descri-
bir aquí en detalle.

4.2. Tipos de funciones léxicas


Las FFLL se dividen en dos grandes clases: las FFLL paradigmáticas, que
representan las relaciones paradigmáticas entre unidades léxicas y que recubren todos
los valores «derivativos» (en sentido amplio) de una unidad léxica dada L; y las FFLL
sintagmáticas, que representan las relaciones sintagmáticas entre unidades léxicas y
que recubren todos los valores colocacionales de la unidad léxica L (su coocurrencia
léxica restringida). Recuérdese que cada valor de una FL dada f de una palabra llave
L puede contener muchos elementos léxicos, más o menos sinónimos entre sí.
Por regla general, un elemento del valor de una FL paradigmática se utiliza en
el texto en lugar de su palabra llave; en cambio, un elemento del valor de una FL
sintagmática se utiliza habitualmente al lado de (= con) su palabra llave.14 No obstan-
te, esta distinción sintáctica entre las dos clases no hace sino reflejar una distinción
semántica más profunda:
• Las FFLL paradigmáticas están enfocadas a la denominación/selección léxica;
tienen que ayudarnos a responder a preguntas del tipo «¿Cómo se llama el objeto o la
situación X vinculada a Y?» –cuando se quiere hablar de X, y no de Y.

14
Esta regularidad puede infringirse, lo cual se indica sistemáticamente en las entradas léxicas
correspondientes; nos referimos a los denominados elementos fusionados del valor de la FL, que se
señalan con dos barras inclinadas //. Si bien se trata de un tema importante, no podemos extendernos más
sobre este punto.
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 31

• Las FFLL sintagmáticas están enfocadas a la combinatoria léxica; tienen que


ayudarnos a responder a preguntas del tipo «¿Cómo se llama la acción <la caracterís-
tica, el atributo> X de Y?» –cuando se quiere hablar de Y y de X al mismo tiempo.
En el interior de las dos grandes divisiones indicadas, las FFLL se reagrupan
(cuando es posible) por la categoría gramatical de su valor: FL nominales, FL
adjetivales, FL verbales y FL adverbiales.
Las FFLL simples se pueden combinar entre sí dando lugar a FL complejas y a
configuraciones de FFLL.

– Una FL compleja se escribe como una cadena de símbolos de las FFLL sim-
ples que la forman: IncepOper2, AntiReal3, IncepPredPlus, etc., es decir, como
fgh(L).
Es importante destacar que una FL compleja no es, de ningún modo, una com-
posición de FFLL:

fg(L) … f(g(L))

Así, IncepOper1 (fuego) = abrir [~]; no obstante, si Oper1(fuego) = hacer [~],


Incep(hacer) … abrir (sino que Incep(hacer) = emprender). Por consiguiente,
IncepOper1 (fuego) … Incep(Oper1 (fuego)). Un elemento específico del valor co-
rresponde, de manera idiomática, a una FL compleja como un todo; este valor no
puede calcularse por etapas (contrariamente a lo que sucede con la verdadera compo-
sición de funciones).

– Se llama configuración a un conjunto de FFLL que no están sintácticamente


vinculadas entre sí, pero que tienen la misma palabra llave. Dicho conjunto tiene un
valor cuyos elementos expresan de manera inanalizable el sentido del conjunto ente-
ro. Me limitaré a un ejemplo que ayudará a clarificar el concepto:

[Bon + Magn](alegría) = paradisíaca: «una intensa [Magn] alegría que es muy agra-
dable [Bon]»

Las FFLL estándar tal como las hemos presentado, incluso añadiendo las FFLL
complejas y las configuraciones, no recubren el inmenso conjunto de colocaciones.
Existe, en efecto, un número imprevisible de colocaciones que, por una parte, son
estrictamente del mismo tipo que las expresiones «léxico-funcionales», pero que, por
otra parte, no pueden describirse mediante FL estándar, ya que su sentido es demasia-
do específico y, por lo tanto, no generalizable. Necesitamos FL no estándar. Anterior-
mente, hemos presentado las FFLL no estándar, en la subsección 4.1, de modo que
aquí podemos contentarnos con algunas observaciones adicionales.
32 IGOR MEL’„ UK

Para el lexicólogo, las FFLL no estándar representan una seria molestia. Como,
por su propia naturaleza, son muy específicas y no sistemáticas, las FFLL no estándar
no son previsibles y no pueden extraerse e inventariarse de manera metódica; sin
embargo, están muy extendidas y son muy importantes. La única manera de inventa-
riarlas es encontrarlas en textos. Además, por las mismas razones, no pueden descri-
birse mediante un formalismo predeterminado, sino que hay que formular el sentido
de cada una de ellas en el DEC, una por una, en una lengua «tratada», del mismo
modo que se hace con las definiciones lexicográficas. De hecho, cada descripción de
una FL no estándar es una mini-definición. El siguiente ejemplo lo muestra con clari-
dad. Sea el artículo de diccionario para el nombre francés STEAK; encontramos,
entre otras, las FFLL no estándar siguientes:

STEAK, nom, masc.


casi crudo : bleu lit. ‘azul’
poco cocinado : saignant lit. ‘sangriento’
muy cocinado : à point lit. ‘a punto’
S. con patatas fritas : ~ frites
S. con ensalada : ~ salade

Señalemos que STEAK TARTARE es un caso completamente distinto. Como


un steak tartare no es un steak ‘corte de ternera hecho a la plancha o a la parrilla’, esta
expresión constituye un frasema completo, es decir una locución, que tiene un artícu-
lo de diccionario propio.
Las FFLL no estándar son típicas, sobre todo, para palabras concretas, que están
normalmente muy marcadas técnica o culturalmente: nombres de comidas (quesos, vi-
nos...), de ropa, de transacciones financieras, de procedimientos médicos, de activida-
des culturales, políticas o religiosas, de armas, de partes del cuerpo... Estas funciones
son numerosas en las lenguas especializadas (tecnología, enseñanza, derecho...). Su
inventario y su descripción lexicográfica son una ardua tarea. No obstante, justamen-
te a causa de su naturaleza especializada y no sistemática, las FFLL no estándar no
están casi nunca implicadas en la estructura de la lengua. Se trata, en cierto modo, de
nomenclaturas técnicas. Por suerte, pues, para el lexicólogo, la omisión o el añadido
de una FL no estándar es una operación totalmente local, sin repercusiones sobre el
conjunto de las unidades léxicas descritas ni, sobre todo, sobre el aparato descriptivo.
Muy a menudo, puede resultar necesario utilizar las FFLL estándar en combi-
nación con no estándar: ello da, como resultado, FFLL mixtas. Estas FL aparecen
donde se necesitan elementos semánticos no estándar para distinguir las colocaciones
que no son totalmente sinónimas, pero que queremos describir mediante FL estándar.
Tomemos el adjetivo inglés OPPOSED ‘opuesto’; si nos limitamos a la FL estándar
Magn, obtenemos lo siguiente:
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 33

Magn(opposed) : adamantly, bitterly, consistently, deeply, resolutely, steadfastly,


strongly, vehemently, vigorously

Sin embargo, todos los elementos en el valor de esta Magn no son sinónimos.
Todos pueden utilizarse para intensificar el sentido de OPPOSED, pero considerando
distintos aspectos. Estos adverbios tienen sus propias entradas en el DEC del inglés,
de modo que, para elegir aquel que se necesite en un caso concreto, se podría consul-
tar su definición. Ahora bien, para simplificar la labor del usuario, también pueden
utilizarse distintivos semánticos, sea junto a los elementos del valor, sea distinguien-
do varias FFLL mixtas:

OPPOSED
firmemente, Magn : adamantly, bitterly
de manera coherente, Magn : consistently
con convencimiento, Magn : deeply, resolutely
de manera constante, Magn : steadfastly
de manera emotiva, Magn : strongly, vehemently, vigorously

4.3. Funciones léxicas y selección léxica colocacional


La utilización de las FFLL para encontrar el colocativo adecuado en una colo-
cación con una base dada parece evidente. Esta utilización es particularmente perti-
nente en el ámbito de la traducción; de ahí la importancia de las colocaciones en los
diccionarios bilingües. Esto es aún más visible en Traducción Automática: las FFLL
inventariadas en los diccionarios de la lengua de origen L1 y de la lengua meta L2
garantizan la selección correcta de los equivalentes de traducción. Así, por ejemplo,
en un sistema de Traducción Automática que funcione en el nivel de la Estructura
Sintáctica Profunda [ESintP] (es decir, sin pasar por la Estructura Semántica), basta,
en un primer momento, reducir la colocación de L1 a su representación mediante FL,
es decir a su ESintP; después sólo se traduce la palabra llave de la FL (= la base de la
colocación); y, finalmente, se selecciona el valor de la FL en cuestión para el equiva-
lente de la palabra llave en L2. Por ejemplo, la frase Juan me ha apartado de esta
costumbre se representa –tras la etapa del análisis– mediante una ESintP como esta:

(5)
1
34 IGOR MEL’„ UK

El análisis se realiza con ayuda de un diccionario monolingüe español del tipo


DEC, que presenta los valores de todas las FFLL para todas los lemas;15 el DEC
indica, pues, que APARTAR corresponde a LiquOper1 (COSTUMBRE).
A continuación, en la etapa de transferencia, el árbol sintáctico (una ESintP)
del español (5) se reemplaza por el árbol correspondiente al inglés (5’):

(5’)

Esta transferencia se efectúa mediante un diccionario bilingüe español-in-


glés, que establece las correspondencias léxicas biunívocas del tipo JUAN ] JOHN,
YO ] I y COSTUMBRE ] HABIT.
Finalmente, en la etapa de síntesis en inglés, la estructura (5’) se realiza como
John broke me of this habit.
Destaquemos que, en el ejemplo (5), como en todos los casos del mismo
tipo, sólo los nombres necesitan una verdadera transferencia, es decir la búsqueda
de sus equivalentes ingleses en un diccionario bilingüe. Gracias al método pro-
puesto, se evita por completo la búsqueda de correspondencias «extrañas» del tipo
APARTAR ] [to] BREAK en el contexto de COSTUMBRE/HABIT: [to] BREAK se
calculará como un elemento del valor de la FL LiquOper1(HABIT), especificada
bajo la entrada HABIT en un diccionario monolingüe inglés (independientemente del
lexema de partida APARTAR – o de cualquier otro lexema de partida de cualquier
otra lengua). La misma entrada dará el régimen: BREAK [N of N: whom of what].
De este modo, la traducción multilingüe de colocaciones en todas las direccio-
nes deseadas no exige varios diccionarios especiales organizados por pares de len-
guas. Basta con tener diccionarios monolingües lo bastante detallados y rigurosos,
que contengan los valores de las FFLL, así como toda la información pertinente (régi-

15
Aunque en este artículo presentamos el DEC como un diccionario de síntesis, nada impide
utilizarlo para el análisis. En efecto, en este tipo de diccionario, todas las correspondencias se establecen
de manera simétrica: si se dice que LiquOper1(costumbre) = apartar, este dato puede utilizarse para
seleccionar la expresión correcta para LiquOper1(costumbre), es decir, en una perspectiva de síntesis, o
bien establecer que apartar (a N de una costumbre) es un elemento con el valor LiquOper1 –en una
perspectiva de análisis.
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 35

men, etc.). Las FFLL constituyen, pues, una interlingua cómoda para la transferencia
de las colocaciones.
Para hacer más claro al lector el procedimiento de transferencia de las coloca-
ciones, citaremos una serie de correspondencias inglés-español que resulta fácil ex-
presar mediante FL:

FIGURA 2. Correspondencias colocacionales expresadas mediante Funciones Léxicas


(adaptado de Fontenelle 1992)

inglés HABIT ] español COSTUMBRE

IncepOper1 [to] acquire, develop, form [ART ~], contraer, coger [ART ~]
get [into ART ~], take [to ART ~]

FinOper1 [to] drop [ART ~], get out, perder [ART ~]


get rid [of ART ~]

LiquOper1 [to] break [N of ART ~], alejar, apartar [a N de ART ~]


wean [N from ART ~]

Liqu1Oper1 [to] break off, kick, shake off, abandonar [ART ~], romper
throw off [ART ~] [con ART ] deshacerse
[de ART ~], renunciar [a ART ~]

CausFunc1 [to] instill [ART ~ in(to) N] inculcar [ART ~ a N]

4.4. Funciones Léxicas, medio necesario y suficiente para la descripción de las


colocaciones
De vez en cuando, podemos leer, en la bibliografía sobre las colocaciones, que
las FFLL, aunque en muchos casos son una herramienta muy cómoda, no son sufi-
cientes, no recubren todos los casos de colocativos y no garantizan una caracteriza-
ción lo suficientemente precisa de sus sentidos. Por ejemplo, para traducir colocacio-
nes de L1 a L2, las FFLL a menudo no permiten especificar los equivalentes de
traducción de los colocativos con la precisión necesaria. Queremos dejar bien claro
que esto es falso. Existen casos en que las FFLL estándar no bastan, pero el abanico
completo de funciones, incluyendo las no estándar, complejas, mixtas y las configu-
raciones, siempre es suficiente: por definición.16 Cualquier distinción, por sutil que

16
Existe un único caso en que las FFLL (incluyendo las FFLL no estándar) no son aplicables para
la descripción de las colocaciones: se trata de las colocaciones (bastante raras, según parece) descritas
por medio del régimen del lema. Por ejemplo, consideremos la expresión seguro de enfermedad; es una
36 IGOR MEL’„ UK

sea, puede captarse mediante las FFLL, recurriendo, por ejemplo, a distintivos no
estándar. Así, devorar con la mirada … desafiar con la mirada … seguir con la mira-
da; estas colocaciones tienen que describirse mediante FFLL mixtas distintas:

manifestando deseo de X de Y + Labor12(mirada) : devorar [NY con ART ~]


manifestando desafío de X a Y + Labor12(mirada) : desafiar [NY con ART ~]
Y desplazándose + Labor12(mirada) : seguir [NY con ART ~]

Una descripción de este tipo es del todo suficiente para garantizar la selec-
ción de los equivalentes de traducción rusos en el artículo del nombre VZGLJAD ]
MIRADA:
• Para devorar con la mirada, hay una correspondencia perfecta:

manifestando deseo de X de Y + Labor12(vzgljad) : poñirat´ [NYac ~instr]


(lit. ‘devorar’)

• Para desafiar con la mirada, no hay una correspondencia directa: VZGLJAD


no tiene este Labor12, pero tiene un Oper1:

Oper1(vzgljad) : brosit´ [~acc NYdat] (lit. ‘lanzar’)

Así pues, hay que vincular sintácticamente el adjetivo vyzyvajuš…ij –que corresponde
a (manifestando desafío de X a Y)– a VZGLJAD, y el resultado será satisfactorio:
brosit´ Y-u vyzyvajuš…ij vzgljad, lit. ‘lanzar a Y una mirada desafiante’.
• Para seguir con la mirada, tampoco existe una correspondencia directa, pero
VZGLJAD presenta un Labor12 mixto que tiene una intersección semántica con la FL
correspondiente en español:

Y yéndose + Labor12 (mirada) : provoñat´ [NYac ~instr]

colocación, porque el término enfermedad está seleccionado de manera restringida: no podemos decir
*seguro de salud (en inglés, se dice exactamente eso: health insurance). Casos similares serían: peligro
de muerte vs. alemán Lebensgefahr, lit. peligro para la vida; condenado a muerte, fr. condamné à vie;
baja por enfermedad, fr. congé maladie, ingl. sick leave; etc. Así, ENFERMEDAD es un actante SintP
de SEGURO, como MUERTE lo es de PELIGRO; las indicaciones correspondientes tienen que darse,
por tanto, en el régimen de las unidades léxicas SEGURO y PELIGRO.
La relación entre FFLL y colocaciones puede formularse del siguiente modo: por una parte, hay
FFLL que no describen colocaciones: son las FFLL paradigmáticas. Por otra parte, hay colocaciones que
no pueden describirse mediante FFLL: son las colocaciones de L controladas por el régimen de L. El
conjunto de las expresiones definidas por las FFLL y el conjunto de colocaciones se hallan, pues, en
relación de intersección. No obstante, dicha intersección es muy importante.
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 37

(lit. ‘acompañar’; lo que quiere decir ‘seguir Y con la mirada hasta que Y se vaya’). Si
en el texto español se trata de un Y que se desplaza sin irse, este equivalente no es
adecuado. En tal caso, la selección léxica se hace a través del sentido (la estructura
semántica): ne spuskat´ <ne svodit´> s Y-a glaz, lit. ‘no separar los ojos de Y’ o,
sencillamente, sledit´ za Y-om, lit. ‘observar, seguir a Y’.
De una manera u otra, siempre que la traducción mediante una colocación sea,
en principio, posible, las FFLL (más el sistema de paráfrasis) garantiza una buena
selección léxica, con distinciones semánticas tan precisas como se desee.

5. COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO BILINGÜE

Nunca nos hemos ocupado del desarrollo de diccionarios bilingües, ni en par-


ticular de la descripción de colocaciones en tales diccionarios. Por lo tanto, las obser-
vaciones siguientes son más bien especulaciones que resultados de una investigación
seria.
Pueden considerarse dos grandes enfoques de las colocaciones en los dicciona-
rios bilingües, que corresponden a los principios generales de construcción de estos
diccionarios: enfoque unionista (tradicional) y enfoque divisionista (innovador).
El enfoque unionista de diccionarios bilingües es bien conocido: todos los dic-
cionarios bilingües existentes están estructurados con este enfoque. Es decir, en un
artículo de diccionario L1 Y L2 (por ejemplo, inglés-español), se dan todas las coloca-
ciones de la unidad léxica lema L de la lengua de origen (aquí, del inglés); después, se
proponen equivalentes de traducción para L y sus colocaciones. Como ilustración,
tomemos el nombre inglés ILLNESS. Esto es lo que puede encontrarse (más o me-
nos) en los diccionarios inglés-español, inglés-alemán e inglés-ruso del tipo DEC,
pero elaborados desde un enfoque unionista: vid. figura 3.
Este método funciona bien si las colocaciones de ambas lenguas se corres-
ponden más o menos bien entre ellas y no exigen demasiados comentarios adicio-
nales. Algunos diccionarios de colocaciones bilingües se presentan exactamente
así: Ilgenfritz et al. (1989). No obstante, en casos más complejos (y la mayor parte
de casos son más complejos), el artículo de diccionario bilingüe unionista que in-
cluye las colocaciones y sus equivalentes se vuelve demasiado largo y pesado. Por
ejemplo, el artículo de diccionario inglés-francés TÊTEI.1a ‘parte superior del cuer-
po humano’ en Meyer (1990) ocupa 14 páginas (pp. 200-213). Ahora bien, Meyer no
considera todo esto suficiente, sino que añade un artículo de diccionario monolingüe
inglés para HEAD1a, donde ofrece más detalles y comentarios respecto a las expre-
siones inglesas. De hecho, todos los comentarios que se encuentran en la parte inglesa
del artículo bilingüe son redundantes –porque todos se retoman en el artículo mono-
lingüe correspondiente.
38 IGOR MEL’„ UK

FIGURA 3. Correspondencias multilingües entre colocaciones expresadas en términos de FFLL


(adaptado, con algunos cambios y añadidos, de Wanner 1999: 70)

Inglés Español Alemán Ruso

ILLNESS ENFERMEDAD KRANKHEIT BOLEZN´

Oper1 have [ART ~], tener, padecer [ART ~], haben [ART ~acc], stradat´ [~instr],
suffer [from ART ~] sufrir [de ART ~] leiden [an ART ~acc] bolet´ [~instr]

IncepOper1 contract [ART ~], contraer, coger [ART ~], erkranken [an ART ~acc] zabolet´ [~instr],
fall ill [with ART ~] //enfermar coll. podcepit´
[ART ~acc]

FinOper1 recover [from ART ~] reponerse [de ART ~] Generen [von ART ~dat] vyzdorovet´,
popravit´sja
[ot ~gén]

LiquFunc1 cure, heal [ART ~] curar [ART ~] heilen [ART ~acc] vyleèit´ [~acc]

Func1 — aquejar [a N] — byt´ [u Ngén]

Esto último hace pensar en el enfoque divisionista para diccionarios bilingües,


que propone una ruptura con la organización conocida de los diccionarios bilingües.
En lugar de un diccionario bilingüe completo L1 Y L2, se elaboran, para el par L1 Y
L2, tres diccionarios separados: 1) un diccionario monolingüe completo de L1 [= D(L1)]
(es decir, con todas las colocaciones); 2) un diccionario monolingüe igualmente com-
pleto de L2, D(L2), también con todas las colocaciones de L2; y 3) un índice bilingüe
L1 Y L2, en el que las colocaciones no están presentes (la metalengua lexicográfica
utilizada en D(L1) y D(L2) depende de la orientación: si el usuario previsto es un ha-
blante de L1, entonces la metalengua tiene que ser L1). El usuario podrá así identificar
una colocación con ayuda de D(L1), después traducir la base de la colocación con el
índice y, finalmente, encontrar un equivalente de la colocación en cuestión en D(L2).
El enfoque divisionista es válido para todos los casos, incluso los más difíciles;
de hecho, es la solución última, que soluciona teóricamente todos los problemas de
traducción de colocaciones (el lado práctico, es decir pedagógico, es otra historia; vid.
infra). Tomemos un ejemplo. Imaginemos un diccionario español-ruso para hablantes
de español en tres partes, como acabamos de proponer. Detengámonos en el artículo
del nombre SUPLICIO Y ruso KAZN´, lit. ‘ejecución’ (es uno de los equivalentes que
se encuentran en todos los diccionarios español-ruso). Este artículo tiene que ayudar a
un usuario a traducir al ruso las colocaciones que vemos en las frases (6):

(6) Ha sufrido el suplicio de la rueda <del palo>.


COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 39

Sufrir es un Oper2(suplicio); suplicio, a su vez, es un S0(ajusticiar); rueda y palo son


Sinstr(ajusticiar); en (6), estos lexemas son el ASintP III de suplicio. La estructura
sintáctica profunda de (6) es (6’):

(6’)

Las frases en (6) tienen que traducirse en ruso de manera distinta:

(6’’) a. Para RUEDA: Ego kolesovali, lit. ‘Lo han rodado’ = ‘Lo han puesto en la
rueda’.
b. Para PALO: Ego posadili na kol, lit. ‘Lo han sentado sobre un palo’.

No parece posible, sin recargar de manera desmesurada el artículo del diccionario


bilingüe, dar las traducciones rusas de las colocaciones españolas en una parte «co-
mún» a ambos diccionarios. En cambio, si se separan las partes española y rusa, ten-
dremos, en la parte rusa, lo que se especifica a continuación.
En primer lugar, el nombre ruso KAZN´ no tiene Oper2, lo cual excluye una
traducción más o menos directa. El lexema KAZN´ tiene, sin embargo, el verbo co-
rrespondiente V0 = KAZNIT´ ‘ejecutar, ajusticiar’ y los Sinstr: KOLESO ‘rueda’, KOL
‘palo’, TOPOR ‘hacha’, KOSTËR ‘hoguera’, VISELICA ‘patíbulo’, que son igual-
mente Sinstr de KAZNIT´; cada uno de estos Sinstr presenta –en su propio artículo de
diccionario– la FL Labreal12 (. ‘someter a la acción de...’):

Labreal12(koleso) = // kolesovat´ [NYac] | pasiva no aceptable, lit. ‘rodar’ = ‘poner sobre


la rueda’
Labreal12(kol) = posadit´ [NYac] na [~ac], lit. ‘sentar sobre un palo’
Labreal12(topor) = // otrubit´ [NYdat] golovu | sin pasiva ‘cortar la cabeza [a N]’,
obezglavit´ [NYac] | pasiva preferible ‘decapitar’
Labreal12(kostër) = sñe…´ [NYac (na ~e)] | activa preferible ‘quemar [a N] (en una ho-
guera)’
Labreal12(viselica) = vzdërnut´ [NYac na ~u | activa preferible, lit. ‘subir [a N] al patí-
bulo’ // povesit´ [NYac] ‘colgar’
40 IGOR MEL’„ UK

Esta descripción se necesita, de todas maneras, para el ruso y es sencilla de


proporcionar, independientemente de las colocaciones en la lengua de origen. Cuan-
do el usuario quiere traducir las frases (6), descubre que el nombre ruso KAZN´ no
tiene Oper2 ni la construcción del tipo *kazn´ kolesa ‘de la rueda’ (*s kolesom ‘con la
rueda’, *pri pomoš…i kolesa ‘mediante la rueda’,...). Deberá, pues, intentar parafra-
sear la construcción española de origen (presentada en (6’)):

Oper2 (S0 (V))—IIS0(V)—IIIZ [Z = Sinstr(V)]

Las reglas de paráfrasis conocidas nos permiten efectuar las transformaciones siguien-
tes:
¡ ¡
(A) X I—Oper2(S0(V))—IIS0(V)—IIIZ ] X II—V—IIIZ

‘X sufre el suplicio por el instrumento de suplicio Z’ ] ‘Se ajusticia a X por el instrumento de


suplicio Z’.

¡ ¡
(B) X II—V—IIIZ ] X II—Labreal12(Z)—IIIZ | Z es Sinstr(V)

‘Se ajusticia a X por el instrumento de suplicio Z’ ] ‘Se somete a X al instrumento de suplicio


Z’.

El resultado es la siguiente estructura rusa:

El nombre del instrumento de suplicio es fácilmente traducible: RUEDA ] KOLESO,


¡
PALO ] KOL, HACHA ] TOPOR, HOGUERA ] KOSTËR. La estructura ON¡I—
Labreal12(Z) puede realizarse directamente en ruso –mediante la parte monolingüe
rusa de nuestro diccionario (para los nombres KOLESO, KOL, TOPOR, KOSTËR,
etc., donde se encuentran los verbos correspondientes con su régimen).
Pensamos que los casos como éste son, con mucho, los más frecuentes y que
nuestro tratamiento tiene que orientarse más bien hacia este tipo de correspondencias
entre colocaciones. Siguiendo Iordanskaja y Mel’…uk (1997), proponemos, pues, so-
lucionar el problema de las colocaciones en los diccionarios bilingües construyendo
COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO 41

diccionarios monolingües completos –de tipo DEC– y dotando el par de diccionarios


pertinente con un índice bilingüe (para la traducción de las bases de colocaciones
únicamente).17
Así pues, a modo de resumen, podemos formular una definición de DEC
bilingüe:

Un DEC bilingüe L1 Y L2 [= para los hablantes de L1] es la unión de dos DEC


monolingües de L1 y de L2, cuya metalengua lexicográfica es L1, que contienen
todos los comentarios necesarios en L1 y que están provistos de un índice léxico
L1 Y L2; este índice permite al usuario el acceso al DEC de L2.

Es preciso reconocer que nuestro DEC bilingüe no es una herramienta de utili-


zación fácil; presupone, por parte del usuario, una alta capacidad de análisis semántico
de las expresiones de su lengua materna, es decir de Lde origen, para poder buscar las
expresiones apropiadas en Lmeta.
Conocemos únicamente tres diccionarios de colocaciones bilingües que han
optado por el enfoque divisionista: Reum (1953), Reum (1965) y Ubin (1995). El
último de ellos, por ejemplo, contiene una parte rusa, con las colocaciones correspon-
dientes y los equivalentes de traducción ingleses para las palabras llave; y una parte
inglesa, perfectamente simétrica, donde las palabras llave se dotan de equivalentes
rusos, pero las colocaciones como tales no se traducen directamente.
Pensamos que, para finalidades teóricas y en aplicaciones computacionales, el
enfoque divisionista del tratamiento de las colocaciones es, con mucho, preferible.
Respecto a los diccionarios «humanos», sobre todo los destinados al gran público,
hay que dar prioridad a las consideraciones pedagógicas. La práctica lexicográfica
mostrará las ventajas y los defectos de ambos enfoques; es posible que los dos sean
útiles –en función de tareas y de públicos distintos. También es probable que una
mezcla razonable de ambos enfoques sea la mejor solución.

17
Como ilustración del enfoque divisionista, en Iordanskaja y Mel’…uk (1997), puede consultarse
un artículo de diccionario ruso de un DEC bilingüe francés-ruso para francófonos en donde se presentan
las colocaciones del nombre ruso NOS ‘nariz’ descritas en francés.
42 IGOR MEL’„ UK

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45

Las colocaciones con nombre predicativo:


consideraciones prácticas y metodológicas
para su tratamiento lexicográfico

JOSEP ALBA-SALAS
College of the Holy Cross (Massachusetts, EEUU)

1. INTRODUCCIÓN

Este trabajo se centra en las colocaciones con nombre predicativo (en adelante,
CNP).1 Siguiendo a Alonso Ramos (2004), entiendo las colocaciones como casos de
coocurrencia léxica restringida (cf. Mel’…uk 1995, Corpas Pastor 1996, Bosque 2001b,
Iriarte 2001, Koike 2001, Castillo Carballo 2003). Específicamente, concibo las CNP
como sintagmas formados por unidades léxicas autónomas, una de las cuales (la base)
es un sustantivo predicativo que selecciona léxicamente el verbo con el que aparece
(el verbo colocativo). Los ejemplos (1) y (2) ilustran el concepto de una CNP. A
diferencia de casos como (3), cuyo núcleo semántico es el verbo, en (1) y (2) quien
determina los participantes del evento es un sustantivo que designa una acción (visi-
ta) o un estado o condición (miedo). Así, por ejemplo, en (1) es visita, y no hacer, el
que introduce los argumentos semánticos de la oración: Eva (la visitante) y Lola (la
visitada). La naturaleza predicativa de visita se demuestra por el hecho de que este
sustantivo puede encabezar un sintagma nominal con los mismos actantes que en (1),
pero sin hacer (la visita de Eva a Lola).

(1) Eva le hizo una visita a Lola.


(2) A Lola le dan miedo las arañas.
(3) a. Eva le hizo un pastel a Lola.
b. A Lola le dieron un libro.

1
Quisiera expresar mi agradecimiento a Margarita Alonso y Alberto Bustos por sus comentarios
y sugerencias respecto al contenido del trabajo. Obviamente, cualquier error que haya quedado es sólo mío.

45
46 JOSEP ALBA-SALAS

A diferencia de oraciones como (4), que también contienen un nombre predi-


cativo, en colocaciones como (1) y (2) el nombre predicativo (NP) selecciona
léxicamente al verbo, y al menos uno de los argumentos semánticos del NP es un
dependiente sintáctico del verbo. Por ejemplo, en (1) Eva (el agente de visita) es el
sujeto gramatical de hacer, mientras que Lola es su objeto indirecto. Por el contrario,
en (4) Eva y Lola aparecen dentro del sintagma nominal encabezado por visita, y por
tanto no son dependientes directos del verbo.

(4) Pedro criticó la visita de Eva a Lola.

Debido a su escaso peso semántico, predicados como hacer en (1) se conocen


comúnmente como verbos de apoyo, livianos, soporte o funcionales, dependiendo de
la tradición lingüística (e.g. Jespersen 1954, M. Gross 1981, Giry-Schneider 1987,
Cattell 1984, Mirto 1990, Polenz 1987, Busch 1988, Grimshaw y Mester 1988,
Dubinsky 1990, Büttner 1997, La Fauci 1997, Mendívil 1999, Alonso Ramos 2004,
Alba-Salas 2002). Desafortunadamente, todavía no existe una definición de estos ver-
bos aceptada universalmente fuera de la intuición básica sobre su semántica empo-
brecida y su función de actualizar el NP en una oración, de manera que lo que algunos
investigadores denominan verbos de apoyo no lo son para otros. Por ejemplo, mien-
tras que algunos sostienen que casos como (2) contienen un verbo causativo, pero no
un verbo de apoyo en sentido semántico (Alonso Ramos 2004), otros consideran que
ese verbo causativo puede definirse estructuralmente como un verbo de apoyo (Alba-
Salas 2002, 2004). Para evitar confusiones, en lo que sigue utilizo el término CNP
como una categoría global que incluye construcciones como (1) y (2).
Las CNP presentan retos importantes tanto para la lingüística teórica como
para la lexicografía a la hora de (i) formalizar sus propiedades semánticas,
morfosintácticas y combinatorias, y (ii) distinguirlas de las expresiones idiomáticas y
otras construcciones. El presente trabajo tiene dos objetivos: (i) presentar las princi-
pales generalizaciones empíricas sobre las CNP del español y otras lenguas recogidas
en la investigación dentro de la lingüística teórica, enfatizando las implicaciones prác-
ticas y metodológicas para su tratamiento lexicográfico, y (ii) esbozar una tipología
parcial que distinga las CNP de los sintagmas libres, las expresiones idiomáticas y
otras colocaciones.

2. PROPIEDADES COMBINATORIAS DE LAS CNP

Como es bien sabido, en una CNP el significado del nombre predicativo no nos
permite predecir con exactitud con qué verbo colocativo aparece (p. ej. La Fauci 1980,
Abeillé 1988, De Angelis 1989, Danlos 1992, M. Gross 1996, Cicalese 1999, Štichauer
LAS COLOCACIONES CON NOMBRE PREDICATIVO 47

2000, Alba-Salas 2002, Alonso Ramos 2004). Esto lo demuestran varios hechos. En
primer lugar, las CNP varían de lengua a lengua. Un ejemplo citado comúnmente es
que mientras que en español el NP paseo se combina con dar, su equivalente italiano
(passeggiata) aparece con fare ‘hacer’, y su equivalente inglés (walk) se combina con
take ‘tomar’. En segundo lugar, dentro de una misma lengua dos NP con sentido
cercano pueden combinarse con verbos diferentes. Por ejemplo, en español decimos
hacer una advertencia, pero dar un aviso (cf. *hacer un aviso), y prestar obediencia,
pero mostrar sumisión (cf. *prestar sumisión) (ejemplos de Alonso Ramos 2004). En
tercer lugar, desde una perspectiva diacrónica, un NP puede ser compatible con un
verbo determinado en un cierto período histórico, pero no en otro (Dubský 1965,
Chaurand 1983, Alba-Salas en preparación). Por ejemplo, sustantivos como miedo o
envidia, que ahora aparecen obligatoriamente con dar, parecían combinarse preferen-
temente con hacer en el siglo XVII, como se ilustra en (5), tomado de Alba-Salas (en
preparación).

(5) Todo me hacía envidia y todo lástima por no tenerlo en mi casa.


(Segunda parte de la vida de Lazarillo de Tormes, Juan de Luna, 1605)

Esta imprevisibilidad indica que en una CNP, a diferencia de otras construccio-


nes, el NP selecciona léxicamente el verbo, de manera que la combinación de ambos
elementos está determinada fundamentalmente por las restricciones de coocurrencia
léxica de la base, no por la selección semántica (Abeillé 1988, Alonso Ramos 1997,
1998, 2004, Alba-Salas 2002, 2004). Como sugiere Alonso Ramos (2004), esta
imprevisibilidad nos obliga a precisar en el artículo lexicográfico del NP con qué
verbo(s) colocativo(s) se combina. Aunque dicha información debería incorporarse
sistemáticamente a la microestructura de cualquier diccionario, su inclusión en dic-
cionarios multilingües u orientados a hablantes no nativos resulta obligada (cf. Garriga
2003).
Aun siendo impredecibles en última instancia, las CNP a veces muestran cier-
tas tendencias generales. Por ejemplo, en las lenguas románicas los sustantivos que
designan golpes suelen aparecer con el verbo equivalente a dar, y aquellos que desig-
nan enfermedades, con tener (e.g. Abeillé 1988, M. Gross 1996, Alonso Ramos 2004).
Esta correlación es productiva y nos permite predecir CNP de nuevo cuño (p. ej. dar
un ordenadorazo). Claramente, en las CNP la selección léxica del verbo por parte del
NP no excluye la posibilidad de que algunos verbos, sobre todo aquellos con mayor
contenido semántico, también impongan ciertas restricciones semánticas generales al
sustantivo (Alonso Ramos 1998, Alba-Salas 2002, Bustos Plaza 2005a). Aunque, como
señala Alonso Ramos (2004), todavía carecemos de una tipología semántica de nom-
bres predicativos que nos permita usar estas correlaciones de forma sistemática para
contrarrestar la coocurrencia léxica restringida, podemos evitar redundancias de dos
48 JOSEP ALBA-SALAS

maneras: con artículos colocativos para el verbo que incluyan información sobre sus
propiedades generales (por ejemplo, el tener de apoyo que aparece con nombres de
enfermedades), y con lexemas genéricos para los NP hiperónimos de un campo
semántico relevante para la selección del verbo colocativo –una ‘parte pública’ compar-
tida por todos los miembros de ese campo semántico. Así, por ejemplo, la parte públi-
ca de enfermedad, compartida por todos los sustantivos que designan algún tipo de
enfermedad, indicaría que estos nombres se combinan con tener, coger y contraer,
entre otros verbos. Sin embargo, conviene recordar que esta parte pública sólo refle-
jaría tendencias generales que suelen tener excepciones. Por ejemplo, como señala
Alonso Ramos (2004), catarro no acepta contraer –una restricción que deberíamos
especificar en la entrada de este NP.

3. EL NOMBRE PREDICATIVO COMO PREDICADO

Como es bien sabido, los argumentos semánticos de una CNP varían en fun-
ción del NP. Por ejemplo, dar un suspiro tiene sólo un participante (quien suspira)
porque suspiro sólo tiene un actante, mientras que hacer una visita tiene dos (el vi-
sitante y el visitado) porque visita es biactancial. Así, pues, la estructura argumental
de una CNP no puede caracterizarse independientemente de la estructura actancial
del NP.
Los nombres predicativos tienen dependientes sintácticos, actantes semánticos
y un régimen preposicional propios (p. ej. Grimshaw 1990, Pustejovsky 1995, Mendívil
1999, Alba-Salas 2002, Alonso Ramos 2004). La entrada del NP debería indicar qué
actantes semánticos introduce y cómo se realizan sintácticamente, ya que dicha infor-
mación suele ser idiosincrásica y se resiste a la equivalencia funcional entre definido
y definidor. Tal y como propone Alonso Ramos (1997, 2003, 2004), podemos lograr
este objetivo usando variables actanciales en el definido enlazadas con las variables
usadas en el definiens (cf. Porto Dapena 2002, Medina 2003). Por ejemplo, como se
ilustra en (6), la entrada de llamada nos indicaría explícitamente que este sustantivo
tiene dos actantes: x (quien llama, introducido por la preposición de), e y (a quien se
llama, introducido por a). Como también vemos en (6), a diferencia de llamada, los
dos actantes de conversación (el núcleo del definidor) están introducidos por con y
entre (por razones de espacio, ignoro la posibilidad de una conversación entre x e y).
Si no indicásemos la diferencia de régimen preposicional entre definido y definidor,
el usuario del diccionario podría concluir, erróneamente, que podemos hablar de *una
llamada de una persona con otra.

(6) llamada: (...) ~ de x a y: conversación telefónica iniciada por x con y


LAS COLOCACIONES CON NOMBRE PREDICATIVO 49

La naturaleza predicativa de los NP es intrínseca. Aunque muchos NP suelen


tener un verbo o adjetivo asociado morfológicamente (llamar/llamada), esto no siem-
pre es así. Por ejemplo, para campaña y conferencia carecemos de *campañear o
*conferenciar (ejemplos de Alba-Salas 2002). En aquellos casos en que el NP tiene
un verbo relacionado, suele haber diferencias en las propiedades semánticas y
sintácticas de sus actantes (Giry-Schneider 1987, Pivaut 1994, Mendívil 1999, Štichauer
2000, Alba-Salas 2002, Alonso Ramos 2004, Bustos Plaza 2005). Por ejemplo, cier-
tos NP imponen restricciones semánticas que el verbo correspondiente no impone.
Así, entrar puede tener un sujeto inanimado (entraba mucho sol en la sala), pero
entrada no (#la entrada de mucho sol en la sala, aceptable sólo como personifica-
ción). Además, como señalan varios autores, aun cuando un NP tiene un verbo asocia-
do, la CNP formada con este sustantivo suele corresponder sólo a una de las acepcio-
nes del verbo (compárense dar un abrazo a alguien/*al socialismo frente a abrazar a
alguien/el socialismo, ejemplo de Bustos Plaza 2005) y suele tener propiedades
aspectuales diferentes (p. ej. dar una caricia implica un único toque, mientras que
acariciar no; ejemplo de Alonso Ramos 2004).
Los actantes de un NP pueden presentar características diferentes dependiendo
de si el sustantivo aparece en una colocación o no (Giry-Schneider 1987, Alonso
Ramos 2004). Por ejemplo, fuera de una colocación el actante de comienzo está intro-
ducido por de (el comienzo de algo), pero cuando se combina con dar está introduci-
do por a (dar comienzo a algo; ejemplo de Alonso Ramos 1998). Por otra parte, los
actantes del NP pueden presentar ciertas restricciones semánticas en una colocación,
pero no fuera de la misma. Por ejemplo, como señala Alba-Salas (2004), en italiano,
fuera de una colocación el único actante de caduta ‘caída’ puede ser animado o inani-
mado (la caduta di Leo/del muro di Berlino ‘la caída de Leo/del muro de Berlín’). Sin
embargo, en la CNP fare una caduta (literalmente ‘hacer una caída’) el actante de
caduta debe ser animado (Leo/#il muro di Berlino ha fatto una caduta ieri ‘Leo/el
muro de Berlín se cayó ayer’).
Todas estas particularidades deberían marcarse en el apartado de colocaciones
del NP correspondiente.

4. PROPIEDADES LÉXICAS DEL VERBO COLOCATIVO

Un verbo colocativo puede tener diversas variantes homófonas (Alonso Ra-


mos 1997, 2004, Alba-Salas 2002, 2004). Por ejemplo, el dar de dar un paseo no es el
mismo que el de darle miedo a alguien: este último tiene un sentido causativo y se
combina con sustantivos que designan estados, mientras que el primero no tiene sen-
tido causativo y aparece con nombres de acción. Esto implica no sólo que necesita-
mos varias entradas (o subentradas) para cada variante del verbo colocativo (dar
50 JOSEP ALBA-SALAS

causativo frente a dar no causativo), sino también que debemos especificar en la


entrada léxica del NP exactamente qué variante selecciona dicho nombre.
Los verbos colocativos muestran diferentes grados de desemantización (p. ej.
Kearns 1989, Di Sciullo y Rosen 1990, Alonso Ramos 1998, Mendívil 1999, Bosque
2001a, Butt y Geuder 2001, Alba-Salas 2002). Por ejemplo, verbos como tener admi-
ten sujetos inanimados y no imponen restricciones semánticas a los actantes del NP,
mientras que perpetrar y cometer requieren un sujeto humano. Por eso tenemos la
CNP Osama mismo perpetró/cometió el ataque contra el indefenso niño, pero no #el
león mismo perpetró/cometió el ataque contra el indefenso niño (excepto como per-
sonificación). Que perpetrar y cometer son los que imponen esta restricción lo de-
muestra el hecho de que el NP ataque no requiere un sujeto animado (el ataque del
león contra el indefenso niño, ejemplos de Alba-Salas 2002).
Como señala Alonso Ramos (2004), los verbos colocativos pueden subdividir-
se en varias clases atendiendo a sus propiedades semánticas. Por una parte, tenemos
los verbos de apoyo, que no están necesariamente vacíos de contenido léxico (es
decir, en un sentido paradigmático), pero que sí están vacíos sintagmáticamente en el
contexto de una CNP, ya que el sentido del NP hace redundante su significado léxico.
Por ejemplo, cometer requiere que su objeto directo designe un crimen o acción nega-
tiva, por ejemplo cometer un asesinato/*un milagro. No obstante, en la CNP Juan
cometió un asesinato, cometer está vacío en un sentido sintagmático porque asesina-
to introduce los participantes del evento y conlleva ya el sentido de crimen o acto
negativo. Por tanto, se trata de una construcción con verbo de apoyo (CVA). Por otra
parte, tenemos aquellos verbos colocativos que no están vacíos sintagmáticamente:
los causativos, que añaden un sentido de causación (p. ej. darle miedo a alguien,
frente a la CVA tener miedo); los verbos de realización, que implican la idea de llevar
a cabo un objetivo inherente al significado del NP (cumplir una promesa, frente a la
CVA hacer una promesa); y los verbos fásicos, que especifican la fase del estado de
cosas designado por el NP, como su comienzo (tomar el control, frente a la CVA tener
el control), continuación (mantener el control) o final (perder el control).
Como señala Alba-Salas (2002), esta distinción es muy útil, pero muy pocos
verbos de apoyo están totalmente vacíos en un sentido sintagmático. Por ejemplo,
como ya hemos visto, en la CVA cometer/perpetrar un ataque el verbo impone una
restricción semántica que el NP no exige, al requerir un sujeto humano. Además, los
verbos de apoyo también pueden introducir diferencias estilísticas o de registro (com-
párese, por ejemplo, dar una bofetada con arrear una bofetada).
LAS COLOCACIONES CON NOMBRE PREDICATIVO 51

5. PROPIEDADES MORFOSINTÁCTICAS DE LAS CNP2

Las CNP tienen diferentes grados de libertad sintáctica y lexicalización, sin


mostrar una fijación completa (Giry-Schneider 1978b, 1987, Alonso Ramos 1998,
2004, Alba-Salas 2002, Bustos Plaza 2005). Como señala Alba-Salas (2002, 2004),
en general, las CNP con nombres de acción (hacer una llamada) suelen tener las
mismas propiedades que un sintagma verbo + objeto directo ordinario, mientras que
las CNP con sustantivos que designan estados (darle miedo a alguien) tienen menos
libertad sintáctica debido a sus propiedades aspectuales y al hecho de que incluyen un
NP no contable. Sin embargo, incluso en este último caso el NP normalmente se
puede modificar con un determinante, un adjetivo, un sintagma preposicional o una
cláusula de relativo (Eva me da mucho miedo, no te imaginas el miedo que me da
Eva) y, en lenguas como el catalán y el italiano, también se puede pronominalizar con
un clítico partitivo (p. ej. en catalán Eva me’n fa tanta ‘Eva me da tanto [miedo]’).
Estos ejemplos ilustran una generalización pan-románica esencial: si un NP admite
un artículo indefinido, aunque sólo sea en combinación con un adjetivo (como en Eva
me da un miedo increíble), la CNP tendrá las propiedades básicas de un sintagma
verbo + objeto directo, sometida, eso sí, a otras restricciones generales de la lengua,
como por ejemplo la imposibilidad de relativizar un objeto directo no determinado
(Giry-Schneider 1987, Pivaut 1994, Alba-Salas 2002, 2004, Alonso Ramos 2004, cf.
Mendívil 1999).
Debido a su carácter lexicalizado, las CNP suelen mostrar ciertas propiedades
idiosincrásicas (Giry-Schneider 1987, Alonso Ramos 2004, Bustos Plaza 2005). Por
ejemplo, algunas exigen un NP en singular (hacer la competencia) y otras en plural
(tomar represalias), mientras que otras requieren que el NP lleve un modificador
obligatorio (Juan hizo una aparición espectacular).3 Como señala Alonso Ramos
(1998), la mayoría de irregularidades tienen que ver con el determinante del NP. Por
ejemplo, en algunos casos este determinante es opcional (tener (una) cita), en otros es
obligatorio (hacer la competencia), y en otros, depende del verbo colocativo (perder
la paciencia frente a tener Ø paciencia). Estas idiosincrasias deberían especificarse
en el apartado de colocaciones del NP. El reto es incluir dicha información de forma
sucinta, sin abrumar al usuario.

2
Por razones de espacio, dejo de lado el denominado double analyse de las CVA, en que el
complemento preposicional de un NP puede analizarse bien como dependiente sintáctico del sustantivo,
bien como dependiente directo del verbo (vid. M. Gross 1976, Giry-Schneider 1978a, 1978b, 1987, La
Fauci 1980, Mirto 1986, Abeillé 1988, Mendívil Giró 1999, Alba-Salas 2004, Alonso Ramos 2004;
véase también Alba-Salas 2002 para una discusión pormenorizada del fenómeno, así como una crítica de
los diagnósticos empleados en la bibliografía).
3
Todos los ejemplos de este párrafo son de Alonso Ramos (1998).
52 JOSEP ALBA-SALAS

6. DISTINCIÓN ENTRE LAS CNP Y OTRAS CONSTRUCCIONES

Como señalan varios autores, la distinción entre las CNP y otras construccio-
nes, sobre todo las expresiones idiomáticas, resulta confusa debido a la falta de crite-
rios y etiquetas uniformes. Tradicionalmente, la lingüística teórica ha caracterizado
las expresiones idiomáticas como expresiones sin composicionalidad semántica ni
libertad sintáctica. El problema es que estos dos criterios son graduales, y no categó-
ricos (Nunberg, Sag y Wasow 1994, Jackendoff 1997, O’Grady 1998, Horn 2003).
Así, mientras que algunas expresiones idiomáticas parecen completamente opacas en
cuanto a su sentido (tomar el pelo), otras son susceptibles de un análisis semi-
composicional metafórico (por ejemplo, un hablante puede, hasta cierto punto, esta-
blecer un vínculo conceptual entre la imagen evocada por estirar la pata y su signifi-
cado de ‘morir’). Por otra parte, las expresiones idiomáticas, de forma similar a las
CNP, también muestran diferentes grados de libertad sintáctica. Mientras algunas son
completamente fijas, otras permiten ciertos procesos (por ejemplo, tomar el pelo per-
mite pronominalizar pelo, como en yo le tomo el pelo a Eva y ella me lo toma a mí).
Discutir la enorme variedad de propuestas planteadas en la bibliografía para
contrastar las CNP con otras construcciones supera ampliamente el objetivo de este
trabajo. Por ello, aquí me limitaré simplemente a esbozar una tipología parcial de
construcciones con verbo + sustantivo que distinga las CNP de las expresiones
idiomáticas y otras construcciones, basándome en algunos criterios elementales dis-
cutidos con más detalle en Alba-Salas (2002) (cf., entre otros, Mel’…uk 1995, Corpas
Pastor1996, Mendívil 1999, Iriarte 2001, Castillo Carballo 2003, Alonso Ramos 2004,
Bustos Plaza 2005). Las etiquetas no son importantes, pero sí la distinción conceptual
que establecen.
Mi propuesta distingue tres tipos básicos de construcciones. En primer lugar,
tenemos los sintagmas libres, secuencias con significado composicional formadas
por unidades léxicas autónomas (p. ej. escribir un libro). Aquí el verbo selecciona
semánticamente al sustantivo en posición de objeto directo (por eso podemos escribir
un libro, pero no #escribir una piedra). Conviene señalar que los sintagmas libres
también pueden incluir un NP, como en (4), Pedro criticó la visita de Eva a Lola.
Como vimos anteriormente, casos como (4) se distinguen de las CNP en dos aspectos
clave: el NP no selecciona léxicamente el verbo, y ninguno de los actantes del NP es
un dependiente sintáctico directo del verbo.
En segundo lugar, tenemos las colocaciones, sintagmas semánticamente trans-
parentes formados por unidades léxicas autónomas, una de las cuales (la base) selec-
ciona léxicamente a otra (el colocativo). Las colocaciones donde la base es un sustan-
tivo pueden ser de dos tipos: nuestras colocaciones con nombre predicativo, y las
colocaciones semi-idiomáticas. En las CNP el nombre predicativo funciona como
predicado independiente que introduce al menos uno de los participantes de la ora-
LAS COLOCACIONES CON NOMBRE PREDICATIVO 53

ción (realizado usualmente como sujeto gramatical del verbo colocativo). El criterio
esencial para distinguirlas de las colocaciones semi-idiomáticas y las expresiones
idiomáticas es la capacidad del NP de encabezar un sintagma nominal con al menos
uno de los actantes que encontramos en la colocación, pero sin el verbo (Alba-Salas
2002, cf. Labelle 1983, Danlos 1992). Según este criterio, por ejemplo, los labrado-
res hacen un buen uso de la tierra es una CNP porque tenemos la nominalización el
buen uso de la tierra por parte de los labradores. Otros ejemplos de CNP con hacer
incluyen hacer uso, hacer ruido, hacer daño, hacer campaña, hacer alusión, hacer
ademán y hacerse ilusiones.4
Las colocaciones semi-idiomáticas (como prender fuego) no tienen un signifi-
cado estrictamente composicional, pero su sentido se puede deducir del significado
del sustantivo. Lo esencial es que aquí el sustantivo mantiene su significado léxico
básico (por ejemplo, fuego todavía conserva su sentido básico de combustión), pero,
a diferencia de una CNP, no introduce ninguno de los participantes de la colocación.
Esto lo demuestra el hecho de que colocaciones como Pacó le prendió fuego al perió-
dico no tienen nominalizaciones como *el fuego (de Paco) al periódico. En otras
palabras, Paco y el periódico no son actantes de fuego, sino de toda la expresión
prender fuego. Al igual que las CNP, estas colocaciones semi-idiomáticas deberían
aparecer en un apartado especial de la entrada del NP que indique qué argumentos
sintácticos tiene y cómo se realizan, como se ilustra en (7). Otros ejemplos de coloca-
ciones semi-idiomáticas con hacer incluyen hacer frente, hacer juego, hacerse eco y
hacer mella.

(7) fuego: [...] COL. SEMI-IDIOM.:x (le) prende ~ a y: x causa que y entre en
combustión (Paco le prendió fuego al periódico).
Nota: fuego es invariable y no se puede modificar.

Finalmente, las expresiones idiomáticas (como hacer novillos) son secuencias


de significado típicamente no composicional que constituyen una unidad semántica
completa (y, con frecuencia, aunque no necesariamente, también una unidad sintáctica).
Al igual que en las colocaciones semi-idiomáticas, el sustantivo no actúa como predi-
cado autónomo que introduzca los participantes, como lo demuestra la imposibilidad
de nominalizaciones del tipo *los novillos de Pedro (con el sentido idiomático). Estas

4
Mi propuesta excluye otro criterio utilizado frecuentemente para distinguir las CNP de las ex-
presiones idiomáticas (cf. Subirats 2001): la posibilidad de relativizar el NP, como en el buen uso de la
tierra que hacen los labradores. La relativización no constituye un diagnóstico tan fiable como la
nominalización, ya que está sometida a restricciones semánticas y sintácticas independientes de la natu-
raleza predicativa del NP (véase Alba-Salas 2002).
54 JOSEP ALBA-SALAS

expresiones deberían tener una entrada propia o aparecer en un apartado especial de


la entrada del elemento menos frecuente o más «llamativo» (novillos). Como de cos-
tumbre, deberíamos incluir información sobre los actantes de la expresión, como se
ilustra en (8). Otros ejemplos de expresiones idiomáticas con hacer incluyen hacérsele
la boca agua a alguien, hacer puente y hacerle sombra a alguien.

(8) novillo: [...] EXP. IDIOM. (col.): x hace novillos: x no asiste a una clase a la que
debería ir (Pedro hizo novillos).
Nota: novillos siempre va en plural y no se puede modificar.

Obviamente, esta tipología admite muchas matizaciones y expansiones. Por


ejemplo, una taxonomía más exhaustiva debería incluir dentro de las CNP construc-
ciones donde el NP aparece en función de sujeto o de objeto de preposición, y no sólo
de objeto directo. Además, la tipología debería incluir también colocaciones donde la
base es un verbo o un adjetivo (sordo como una tapia) o un NP que selecciona un
colocativo no verbal (miedo atroz). Asimismo, también debería incluir entre las ex-
presiones idiomáticas dos subtipos descritos por Castillo Carballo (2003): (i) las lo-
cuciones, que no constituyen enunciados completos ni contienen una variable actancial
abierta (alma de cántaro), y (ii) los enunciados fraseológicos, que tampoco contienen
una variable actancial abierta, pero que constituyen enunciados y actos de habla por sí
mismos (las paredes oyen).

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59

Glosas para las colocaciones en el


Diccionario de Colocaciones del Español*

MARGARITA ALONSO RAMOS


Universidade da Coruña

1. INTRODUCCIÓN

El presente trabajo tiene como objeto el establecimiento de pautas para la des-


cripción lexicográfica de las colocaciones, más en particular, para su descripción se-
mántica. Se trata de encontrar la mejor formulación para representar lexicográficamente
el sentido de colocaciones verbales como granjearse la antipatía, despertar la admi-
ración o colocaciones adjetivas como ferviente admiración, ganas locas, etc.1 Como
es sabido, hasta ahora las colocaciones no han recibido una descripción rigurosa en
los diccionarios actuales del español: unas veces aparecen tratadas como expresiones
idiomáticas, otras, aparecen dispersas entre los ejemplos de una acepción dada, etc.
(vid. entre otros, Bargalló et al. 1997-1998, Castillo Carballo 2002). Por esta razón,
hemos emprendido la tarea de elaborar una base de datos colocacional, centrada por
el momento en los nombres de sentimiento en español (Alonso Ramos 2003a, 2004).
Nuestro proyecto del Diccionario de Colocaciones del Español (de ahora en
adelante, DiCE) se enmarca dentro de la Lexicología explicativa y combinatoria (LEC,
Mel’…uk et al. 1995), que es el componente léxico de la Teoría Sentido-Texto (Mel’…uk

* Quisiera aprovechar la oportunidad para agradecer a Leo Wanner y a Begoña Sanromán la lec-
tura de las diferentes versiones de este texto. Mi agradecimiento también se dirige a Igor Mel’…uk por
recordarme que todo se ha dicho ya hace cincuenta años. Este trabajo se enmarca en el proyecto de
investigación HUM2005-08052-C02-02, financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia.
1
El término colocación no es interpretado del mismo modo por los distintos investigadores. Sim-
plificando, hay dos interpretaciones: una como combinación frecuente de palabras, en el sentido estadís-
tico (Sinclair 1991) y otra como una combinación en la que una palabra exige la presencia de otra para
expresar un sentido dado, en el sentido más lexicográfico (Hausmann 1979). Aquí nos limitaremos a la
segunda interpretación.

59
60 MARGARITA ALONSO RAMOS

1997, entre otros). En este marco teórico se dispone de una herramienta que permite
codificar las relaciones colocacionales: las funciones léxicas (vid. Mel’…uk 1996, en-
tre otros). Una función léxica (FL) modeliza la relación existente entre dos unidades
léxicas en donde una de ellas, llamada base de la colocación, controla la elección
léxica de la otra, llamada colocativo. Así, por ejemplo, la FL Magn codifica la rela-
ción existente entre los siguientes pares de nombres y adjetivos: honda pena, terrible
vergüenza, ganas locas y ferviente admiración. En estas colocaciones, el colocativo
expresa la intensificación de la base.
En el DiCE, así como en todos los diccionarios enmarcados en la LEC,2 codi-
ficamos las colocaciones de cada uno de los lemas por medio de las FFLL. Con ello
describimos tanto semántica como sintácticamente la colocación dado que una FL
codifica simultáneamente información semántica e información sintáctica. A diferen-
cia de otros diccionarios de colocaciones publicados como el BBI (Benson et al. 1986),
el LTP (Hill y Lewis 1997) y el OCD (Crowther et al. 2002) en donde las colocacio-
nes son simplemente agrupadas semánticamente por la proximidad del significado de
los colocativos y clasificadas por la clase de palabras del colocativo, en el DiCE las
colocaciones son objeto de una descripción más detallada, tanto desde un punto de
vista semántico como sintáctico.
Ahora bien, si el lenguaje formal constituido por las FFLL aporta sistematicidad
y rigor a la descripción de la colocación, también eleva el grado de dificultad para el
manejo del diccionario a los usuarios no familiarizados con este formalismo. Esta es
una de las razones por las que en el DiCE proponemos también una codificación en
metalengua natural que glose o parafrasee el sentido de la FL, siguiendo la práctica
iniciada en el proyecto en curso Lexique actif du français (LAF, Polguère 2000). Así,
por ejemplo, la glosa intenso acompañará a la FL Magn en las entradas correspon-
dientes; o la glosa empezar a sentir será la paráfrasis en metalengua natural de
la FL IncepOper1 de todo nombre de sentimiento.3 La glosa no es más que una
somera indicación del significado del colocativo. Así, bajo la glosa intenso agru-
pamos diferentes adjetivos como cerval, atroz, visceral, fuerte, etc. que, en combina-
ción con MIEDO, cumplen aproximadamente el mismo papel, lo que no quiere decir
que tengan estrictamente el mismo significado. Como veremos, existen varias inter-

2
Vid. para el ruso Mel’…uk y Zholkovsky (1984) y para el francés, los cuatro volúmenes del
Dictionnaire explicatif et combinatoire du français contemporain (DEC, Mel’…uk et al. 1984-1999), así
como el proyecto Lexique actif du français.
3
A lo largo del trabajo irán apareciendo diferentes combinaciones de FFLL, sin más explicación
que la glosa a su lado, ambas con la fuente Courier New. Puesto que ese trabajo se concentra más en
las glosas que en las FFLL, creemos que el lector puede seguir el hilo de la argumentación sin entrar en
el detalle del formalismo. El lector interesado en una presentación de las FFLL en español puede consul-
tar Alonso Ramos (1993).
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 61

pretaciones de glosa, según nos centremos en glosar el nombre de la FL o el colocativo;


es decir, podemos parafrasear el sentido modelizado por el nombre de la FL o pode-
mos parafrasear el colocativo. Mostraremos que para la correcta formulación de las
glosas intervienen diversos factores que impiden la correspondencia automática entre
una FL y una glosa.
Por tanto, en ese trabajo nos proponemos establecer una serie de criterios para
la formulación de las glosas. Se trata de ahondar en la teorización de las paráfrasis de
las FFLL atendiendo simultáneamente a dos frentes. Uno, con finalidad esencialmen-
te práctica, apunta a buscar la estandarización y la homogeneización de las glosas.
Hay que evitar la inflación de glosas porque se pierde justamente la generalización
ofrecida por la FL. Otro, con una finalidad más teórica aunque también con reflejos
en la práctica, se dirige a reflexionar sobre la naturaleza teórica de lo que estamos
llamando glosa de una función léxica.
Antes de entrar de lleno en la descripción semántica de las colocaciones, nece-
sitamos introducir brevemente el DiCE, tal y como aparece en su versión en Internet.
En la siguiente sección presentaremos brevemente la estructura de un artículo
lexicográfico y las posibilidades de consulta. A continuación, expondremos la noción
de FL, intentando separarla de su «envoltorio» formal. Queremos subrayar que no
ponemos en duda que el sistema de las FFLL ofrece la respuesta a cómo describir
lexicográficamente las colocaciones, pero sí mostraremos que su envoltorio ha oscu-
recido esta respuesta. Pasaremos enseguida a centrarnos en la naturaleza teórica de la
noción de glosa de una colocación, esbozando los criterios para una buena formula-
ción. Asimismo, mostraremos el test de formulación de glosas distribuido a profesio-
nales nativos y a aprendices de español y discutiremos los resultados. El último apar-
tado estará dedicado a detallar cuál es el estado actual de nuestro proyecto lexicográfico
y cuáles son nuestras futuras líneas de investigación.

2. PRESENTACIÓN DEL DICE EN INTERNET

Podemos señalar tres características que hacen del DiCE un producto específico:

1) A diferencia de otros recursos lexicográficos que son una réplica electrónica


de la versión en papel, el DiCE fue concebido desde el principio como una base de
datos electrónica. Esta característica le permite proporcionar más información y so-
bre todo, un acceso más fácil a ella.
2) El proceso de redacción del DiCE está esencialmente basada en corpus.
Cada colocación está atestiguada con varios ejemplos extraídos del corpus, la mayo-
ría del Corpus de referencia del español actual (CREA). Puesto que cada registro de
la base de datos tiene un campo con ejemplos, el diccionario en sí mismo contiene un
62 MARGARITA ALONSO RAMOS

corpus de colocaciones, corpus que puede ser separado del resto de la información
incluida en el diccionario.
3) El DiCE lleva asociado un módulo didáctico que permite explotar las facili-
dades de un recurso electrónico y el gran conjunto de ejemplos (vid. Alonso Ramos
2005 y 2006).
Existe una «demo» o prototipo de lo que puede ser un diccionario de coloca-
ciones del español desde 2004.4 Así, en las siguientes direcciones electrónicas, <http:/
/www.dicesp.com> o <http://dicesp.cesga.es>, se pueden consultar diez nombres de
sentimiento, con sus diferentes sentidos: admiración, alegría, amistad, cariño, celos,
dolor, enemistad, gana, orgullo y sospecha. Aunque la nomenclatura del DiCE se
limita, por el momento, al campo semántico de los nombres de sentimiento, inclui-
mos todas las acepciones del lema o palabra polisémica. Nuestra unidad lexicográfica
es la unidad léxica (UL), es decir, una palabra tomada en una sola acepción determi-
nada y provista de todas las informaciones que especifican su comportamiento cuan-
do se utiliza en esa acepción. Así, al nombre pena le corresponderán diferentes entra-
das en donde se encontrarán las colocaciones relacionadas con la UL que refiere al
‘sentimiento’, así como las vinculadas a la UL con el sentido ‘sanción’.
En el DiCE, se accede inicialmente a la información por la base de la coloca-
ción.5 Como en cualquier otro diccionario en línea o en CD, a la izquierda aparece la
lista de lemas. Una vez que se selecciona uno de ellos con el ratón, se despliega la
lista de UL asociadas a ese lema. Para cada una de las UL se recoge la siguiente
información (vid. fig. 1):

a) La etiqueta semántica, que representa su significado genérico.6


b) La forma proposicional, en la que aparecen los participantes de la situa-
ción designada por el nombre. Por ejemplo, en la situación designada
por AMOR I.1a, hay siempre dos participantes: amor de alguien por
alguien; el que siente el amor y el objeto del amor, que será también un
individuo (amor por sus hijos, el amor del padre al hijo, su amor hacia
María, etc.).

4
Los inicios del DiCE se remontan a 1999. Desde entonces, ha recibido financiación de diferen-
tes proyectos de investigación: BFF2002-04226-C03-01 (Ministerio de Ciencia y Tecnología y Feder),
PGDIT02PXIB30501PR y PGIDITPXIC101401PN (Xunta de Galicia). Actualmente, trabajamos en el
marco del proyecto HUM2005-08052-C02-02 (Ministerio de Educación y Ciencia).
5
Aunque también es posible acceder por el colocativo, la información está introducida con una
orientación de producción o codificación.
6
Sobre la noción de etiqueta semántica, vid. Miliƒeviƒ (1997) y Polguère (2003b).
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 63

c) Ejemplos reales con la indicación de la fuente. Por defecto, la fuente es


el CREA, si bien en algunos casos hemos recurrido al corpus Lexesp
(<http://clic.fil.ub.es>), al Corpus del español desarrollado por M. Davies
(<http://www.corpusdelespanol.org>), a la Web o a las principales obras
lexicográficas del español.
d) Los (cuasi-)sinónimos y (cuasi-)antónimos, que ayudarán al usuario a
seleccionar el sentido.

FIGURA 1.
Vista de la zona semántica del DiCE

A partir de cada UL se puede escoger entre cinco tipos de consulta:

1) Atributos de los participantes: bajo esta rúbrica se agrupan los atributos que
refieren a los participantes de la UL en cuestión. Algunos de los atributos se combinan
con la UL, pero otros no. Así, por ejemplo, en la entrada para ADMIRACIÓN encon-
traremos aquí tanto digno de admiración como admirable ya que son dos modos de
referirnos a uno de los participantes de la situación ‘admiración’, aquello que nos
despierta admiración.
64 MARGARITA ALONSO RAMOS

2) UL+Adjetivo: aquí encontraremos adjetivos colocativos que se combinen


con la UL, tanto antepuestos como pospuestos o en posición atributiva; por ejemplo:
el aburrimiento es notable o notable antipatía o aversión notable.
3) Verbo+UL: agrupa los verbos colocativos con los que la UL funciona como
complemento directo o como complemento de régimen preposicional, del tipo sentir,
despertar, mostrar antipatía o gozar de respeto.
4) UL+Verbo: agrupa los verbos colocativos con los que la UL funciona como
sujeto; por ejemplo, entrar, dar ganas. Obsérvese que el verbo concuerda con el nom-
bre: me entraron ganas de salir.
5) Nombre de UL: se incluyen aquí nombres colocativos que preceden al lema
introducidos por la preposición de, como por ejemplo, atisbo de esperanza, acceso de
cólera o mirada de odio.

De este modo, el usuario puede acceder a las colocaciones de cada UL, selec-
cionándolas en primer lugar por la clase de palabra del colocativo. Una vez que el
usuario ha elegido una de estas combinaciones, se desplegará una lista de glosas aso-
ciadas a las FFLL de la entrada en cuestión. Así, por ejemplo, si el usuario quiere
escoger un adjetivo que se combina con la UL alegría 1a, seleccionará
ALEGRÍA+Adjetivo. Ahí aparece una lista de adjetivos, cada uno de los cuales apa-
rece precedido de una glosa que apunta a describir someramente su significado; por
ejemplo, intensa (que le llevará a desbordante, enorme, gran, impagable, indeci-
ble, inmensa, etc.), más intensa de lo conveniente (descontrolada, des-
mesurada), compartida por muchos (generalizada), que no se inte-
rrumpe (constante), que no dura (breve, efímera, pasajera), causada por
un buen motivo (sana), causada por un mal ajeno (alevosa, maligna)
y así un largo etcétera.
El modo interactivo permite a los usuarios que conozcan la herramienta de las
FFLL consultar cuál es la FL que describe cada colocación. Así, en el caso de la
colocación incondicional admiración, la información completa se ofrece de la si-
guiente manera:

intensa FL MAGN
incondicional Orson Welles siempre profesó una incondicional admiración hacia
John Ford.

Además de la glosa y de los ejemplos, en el caso de los nombres y en el de los


verbos que se combinan con el lema como complemento, ofrecemos también una sucin-
ta indicación del régimen de la colocación. Así, por ejemplo, la notación [ART ~]
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 65

indica que el lema debe llevar un artículo u otro determinante equivalente en la colo-
cación; o se indica cuál es la preposición que introduce un actante dado en compañía
de un verbo colocativo. Así en el caso de le quitaron las ganas a Juan, el verbo quitar
aparece seguido de este régimen: [ART ~ a X].
El DiCE es un diccionario concebido especialmente para la producción o codi-
ficación. El modo de acceder a la información contenida en él refleja la estrategia de
la producción: si un usuario quiere saber qué otro verbo puede utilizar para decir que
tiene esperanzas, lo encontrará a partir del nombre ESPERANZA y seleccionando
Verbo+ESPERANZA, podrá escoger, por ejemplo, abrigar. Ahora bien, es posible
también hacer una consulta inversa y encontrar a partir de abrigar con qué otros
nombres se combina este verbo y cuál es su glosa. Si se pulsa sobre este verbo, se
lanza la consulta inversa y encontraremos las colocaciones formadas por los siguien-
tes nombres: confianza, desconfianza, deseo, hostilidad, ilusión, inquietud, miedo,
odio, recelo, rencor, resquemor, sospecha y temor.
Como vemos, en el DiCE no se concede a las FFLL mucha visibilidad, a pesar
del papel crucial que desempeñan en el desarrollo de cada uno de los artículos
lexicográficos. A continuación nos centraremos en la noción de FL intentando
desvincularlas de su notación formal. Como ha señalado Polguère (2003a), la no-
ción de FL debe ser considerada independientemente de su formalización actual,
pues esta última no es apropiada como soporte para el aprendizaje de la noción y para
su utilización.

3. NOCIÓN DE FUNCIÓN LÉXICA

La noción de FL desempeña un papel primordial en el marco teórico de la


Lexicología explicativa y combinatoria cuyos resultados se plasman en los diferentes
volúmenes del Dictionnaire explicatif et combinatoire du français contemporain (DEC,
Mel’…uk et al. 1984/ 1999), en el proyecto en curso del Lexique actif du français
(LAF, Polguère 2000) y ahora también en español, en el DiCE (Alonso Ramos y
Sanromán 2000). Existen ya varias presentaciones de la noción de FL.7 Aquí nos
gustaría poner de relieve la noción misma de FL.

3.1. Cuestiones preliminares


Grosso modo, una FL es un contenido semántico asociado a un esquema
sintáctico, tal que su expresión depende de la UL a la que esta FL se aplica. En otras

7
Las primeras presentaciones se remontan a los años 60. Vid. ðolkovskij y Mel’…uk (1965, 1967).
Mel’…uk (1982), Mel’…uk et al. (1995: 125-152), Mel’…uk (1996), Wanner (1996), así como Mel’…uk (en
este volumen).
66 MARGARITA ALONSO RAMOS

palabras, una FL corresponde a un significado general y abstracto que puede ser ex-
presado léxicamente en una gran variedad de modos, según la UL con la que este signi-
ficado es expresado. En términos de FFLL, una colocación formada por L1 (= base) y
L2 (= colocativo) se presenta como f(L1) = {L2}, en donde L1 es la palabra llave de la
correspondiente FL y L2, su valor que es también una UL o un conjunto de UL cuasi-
sinónimas. Así, por ejemplo, la FL Magn asocia la UL GANA(S) con un conjunto de
adjetivos como terribles, enormes, locas, etc. que expresan el sentido ‘intenso’. La
misma FL aplicada al nombre CARIÑO nos devuelve otro conjunto de adjetivos:
grande, intenso, profundo.
Creemos que las FFLL tienen ya una larga historia y que han demostrado ser la
herramienta que modeliza la relación colocacional entre una base y un colocativo.
Obsérvese que la característica principal de una colocación es la dependencia funcio-
nal del colocativo en relación con la base; es decir, a distintas bases, distintos colocativos
para expresar aproximadamente el mismo sentido. Parece evidente entonces que para
modelizar este tipo de relación, la noción de función se presente como la más adecuada.
Sin querer ser exhaustivos, podemos especificar tres razones por las que las
FFLL nos parecen la herramienta más adecuada para representar las colocaciones o,
más en general, las elecciones controladas léxicamente. En primer lugar, la herra-
mienta de las FFLL permite poner de manifiesto el vínculo conceptual que existe
entre las relaciones como la sinonimia, la antonimia, etc., que funcionan en el nivel
paradigmático y las colocaciones, que funcionan en el nivel sintagmático. Como
Mel’…uk (1996: 38) ha subrayado, ambos tipos de relaciones son de una misma natu-
raleza lógica y pueden ser representadas por medio del mismo lenguaje. Tomemos un
ejemplo. Si un hablante quiere hablar de ‘causar alegría’, puede optar por una UL que
está en relación sintagmática con alegría como dar, o por un derivado como alegrar.
La paráfrasis entre dar alegría y alegrar es una muestra de que ambas relaciones
pueden ser codificadas por medio del mismo aparato conceptual (en términos de FFLL,
CausFunc1):

(1) a. Pocas cosas me daban más alegría que las colaboraciones de Borges.
b. Pocas cosas me alegraban más que las colaboraciones de Borges.

Si queremos registrar en un diccionario las distintas maneras de expresar ‘cau-


sar alegría’, debemos incluir tanto la colocación verbal como el verbo relacionado
paradigmáticamente. La FL permite, por tanto, codificar tanto uno como otro, inde-
pendientemente de su relación paradigmática o sintagmática con la palabra llave.
En segundo lugar, las FFLL constituyen un sistema estructurado de relaciones
léxicas que permite al lexicógrafo abordar una descripción exhaustiva y sistemática
de las posibles colocaciones controladas por una UL dada. Por tanto, las FFLL for-
man una especie de «rejilla» de análisis que permite prever, según el sentido de la
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 67

palabra llave, qué FFLL debería tener. Así, por ejemplo, al redactar la entrada de un
nombre predicativo, el lexicógrafo sabe que debe buscar un posible verbo de apoyo
(codificado por la FL Oper; p. ej. dar un paseo, soltar un estornudo); si se trata de un
nombre que designe un artefacto, debe proporcionar el colocativo verbal que designe
su utilización (codificado por Real; p.ej. conducir un coche); si el significado del
lema incluye algún componente semántico graduable, habrá que consignar los
colocativos que expresan la intensificación (codificados por Magn; p.ej. ganas locas,
profundo cariño). De esta manera, cuando el lexicógrafo acude al corpus en busca de
colocaciones de una UL dada, tiene en mente ya una serie de FFLL, que le facilitarán
la búsqueda.8
En tercer lugar, una FL posibilita la descripción completa de una colocación
puesto que codifica simultáneamente información semántica e información sintáctica.
Las FFLL permiten describir que, por ejemplo, tener respeto [por alguien] y tener el
respeto [de alguien] son dos colocaciones verbales, próximas semánticamente pero
en absoluto sinónimas: la primera equivale semánticamente al verbo asociado
morfológicamente respetar, mientras que la segunda es próxima a la versión pasiva
ser respetado. Las diátesis de estas dos colocaciones son distintas: en la primera, la
expresión del experimentador de ‘respeto’ desempeña el papel de sujeto del verbo
tener, mientras que en la segunda, el sujeto gramatical expresa el objeto del respeto.
Igualmente, las FFLL facilitan la distinción entre dos colocaciones verbales como
me dan ganas y me da vergüenza, desde el punto de vista semántico y desde el
punto de vista sintáctico: para la primera, la FL codifica el contenido semántico
‘empezar en alguien’ y la relación sintáctica «palabra llave-sujeto del colocativo
verbal»; en cambio, para la segunda, el contenido semántico codificado por la FL es
‘causar en alguien’ y la relación sintáctica «palabra llave-complemento del colocativo
verbal».
Acabamos de mostrar algunas razones que justifican la elección de las FFLL
como herramienta de descripción de las colocaciones. Ahora bien, las FFLL, o mejor,
el lenguaje de notación de las FFLL presenta varios problemas. Desde un punto de
vista formal, las FFLL son demasiado vagas y poco explícitas para ser tratadas
computacionalmente. La combinación de las FFLL simples en FFLL complejas y
configuraciones de FFLL, de un lado, y los distintos ámbitos de los índices actanciales,
de otro, dificultan en gran medida la inteligibilidad de las FFLL (vid. Alonso Ramos

8
Es necesario señalar que con frecuencia se encuentran en el corpus colocaciones para las que no
hay FFLL estándar, es decir que no se aplican a muchas palabras llave ni tienen muchos valores como es
el caso de las FFLL estándar. Se trata de casos como compartir la alegría: no hay una FL estándar que
sirva para codificar el sentido ‘tener un sentimiento por simpatía con otro que también lo tiene’. Sin
embargo, el colocativo compartir debe ser también registrado en el diccionario.
68 MARGARITA ALONSO RAMOS

2003a para los distintos problemas que presenta la codificación tradicional). En Alonso
Ramos (1993), trazamos los primeros rasgos que deben tenerse en cuenta en la elabo-
ración de la gramática de las FFLL. Posteriormente, Kahane y Polguère (2001) han
desarrollado lo que llaman la codificación explícita, en donde representan separada-
mente la información semántica y la información sintáctica codificadas en la FL,
haciendo más explícita esta información y más tratable computacionalmente. Desde
el punto de vista del usuario, las FFLL son demasiado formales y oscuras para un
usuario que prefiere, sin duda, una codificación en lengua natural, camino por el que
hemos optado en el LAF (Polguère 2000) y en el DiCE con la formulación de las
glosas. Con todo, nos gustaría subrayar aquí que independientemente del mayor o
menor acierto con el lenguaje de notación con el que se codifiquen las FFLL, la no-
ción de FL es inherentemente válida y corresponde a un hecho lingüístico universal,
como veremos a continuación.

3.2. Las FFLL como universal lingüístico


Recientemente, Polguère (2003a: 118) ha incidido en la idea, ya formulada
previamente por Mel’…uk en otras ocasiones (por ejemplo, Mel’…uk 1996: 89) de que
las FFLL no son una ficción teórica desarrollada en el marco de la Teoría Sentido-
Texto, sino que corresponden a un hecho lingüístico universal y que constituyen una
parte esencial del conocimiento lingüístico. Su argumentación se basa en que al igual
que todo hablante sabe, consciente o inconscientemente, que la sinonimia existe, que
toda UL está potencialmente vinculada a otras cuyo sentido es aproximadamente equi-
valente, también sabe intuitivamente que hay elecciones léxicas condicionadas; es
decir, un hablante sabe que hay algo extraño en una combinación como hacer un
paseo, aunque no lo hay en hacer un viaje; igualmente, le chocará oír hondas ganas,
aunque aceptará sin problemas honda pena. Un hablante de español tiene
cognitivamente presente que a la UL PENA se le puede aplicar la FL Magn, desde el
momento en que sabe que no puede intercambiar los adjetivos de honda pena y ganas
locas, a pesar de que ambos significan ahí aproximadamente lo mismo. Al igual que
un hablante reconoce como una violación de su lengua el silla, aunque no sepa cons-
cientemente que existe una noción como el género gramatical de los nombres, asimis-
mo rechazará hacer un paseo, aunque no esté informado de la noción de FL que
codifica los verbos de apoyo. Por lo tanto, aprender una lengua consiste también en
aprender que las FFLL existen. Al decir que una FL dada existe, por ejemplo Magn,
queremos decir que existe como noción en sí, independientemente de los pares de UL
vinculados por esa relación. Si al aprender una lengua, somos conscientes de que
Magn existe, pondremos más atención a la hora de escoger un adjetivo intensificador
porque sabremos que está léxicamente condicionado por el nombre del que se predi-
ca. Asimismo, si somos conscientes de que la FL Oper existe en las lenguas, sabre-
mos que no basta aprender la traducción de un nombre predicativo en la lengua que
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 69

estudiamos: al aprender la UL francesa promenade, debo aprender también cuál es su


verbo de apoyo, faire y no donner, a diferencia del español.
Las FFLL forman parte del conocimiento lingüístico de todo hablante y cons-
tituyen un universal lingüístico. Esta idea expresada explícitamente por Polguère
(2003a) apunta a tratar cada FL como una meta unidad léxica, que existe en la compe-
tencia lingüística de los hablantes de toda lengua. Así, al igual que en toda lengua hay
sinónimos, es decir UL relacionadas por la sinonimia, hay también «Oper», es decir
verbos de apoyo seleccionados por un nombre predicativo; hay «Magn», es decir,
modificadores de nombres o de verbos expresando la intensificación, etc.
Como vemos, estamos entrando en la naturaleza profunda de las FFLL, su
estatuto: ¿qué tipo de entidad es una FL? Para poder contestar a esta pregunta, debe-
mos poner de relieve antes la triple naturaleza de las FFLL.

3.3. Triple naturaleza de las FFLL


Cuando se habla de FFLL, no siempre se utilizan los términos con el mismo
sentido. Igualmente, se es poco riguroso al utilizar las notaciones y no siempre se
sabe a qué nos referimos con la notación f(L), es decir una FL dada aplicada a una
palabra llave L. Esta notación se utiliza, en ocasiones, para referirse al hecho de apli-
car una FL f a la palabra llave L o al resultado de la aplicación.9 Así, se puede decir
que se accede al conjunto de colocativos formado por mortal, fuerte, encarnizado,
etc. por medio de la aplicación de la FL Magn a la UL odio (cuya notación sería
Magn(odio)); pero también se puede decir que Magn(odio) representa el conjunto
formado por mortal, fuerte, encarnizado, etc.
No se explicita claramente cuál es el objeto modelizado por una FL: la coloca-
ción, el colocativo o la meta unidad léxica, como hemos visto en la subsección ante-
rior. La falta de claridad en el uso de los términos y las notaciones vinculadas a las
FFLL no es casual, sino que está en clara relación con su triple naturaleza (vid. Wanner
y Alonso Ramos 2005). Analicemos cada una de las facetas de esta triple naturaleza.
En primer lugar, una FL f es una entidad en sí, que forma parte del léxico de
todas las lenguas. En la bibliografía de la TST, es usual referirse a las FFLL como UL
profundas (vid. Mel’…uk 1988). En ese sentido, una FL f opera en el mismo nivel de
representación que cualquier otra UL plena. Así, una FL f ocupa un nodo en la repre-
sentación sintáctica profunda de una oración dada, al igual que cualquier otra UL

9
Por ejemplo, Polguère (2003a: 125) utiliza en el mismo texto la palabra application y la nota-
ción f(L) en dos sentidos. En primer lugar, con el sentido de ‘hecho de aplicar una función’: «[...] une FL
f est une entité en soi. C’est une information codée dans la mémoire du locuteur et qui lui sert à accéder
à un petit ensemble de lexies données, retourné par l’application f(L)». En segundo lugar, con el sentido
de ‘resultado de la aplicación’: «[...] accès à des ensembles spécifiques de lexies ou expressions
linguistiques (les applications f(L))».
70 MARGARITA ALONSO RAMOS

libremente escogida.10 La diferencia entre esta última y una FL es que la FL es una UL


generalizada, en el sentido de que todavía no se tiene la aplicación de la función y por
lo tanto, no se sabe cómo se va a realizar una FL dada. Así, si en una representación
sintáctica profunda, tenemos el nodo Magn modificando la UL odio, todavía no sabe-
mos si lo que se va a generar en el nivel superficial será mortal o fuerte, por ejemplo.
En segundo lugar, una FL es, como su nombre indica, una función f que se
aplica a una UL L. Es durante el paso del nivel sintáctico profundo al nivel sintáctico
superficial cuando se lleva a cabo la interpretación funcional de la notación f(L), ya
que es en el nivel sintáctico superficial donde la FL f se lexicalizará por una UL
colocativa dada. Por ejemplo, Magn(odio) representa el conjunto de colocativos que
en sintaxis superficial pueden funcionar como modificadores de la UL odio, expre-
sando su intensificación, como mortal, fuerte, entre otros. Por lo tanto, la notación
f(L) representa el resultado de la aplicación, el valor de la función.
En tercer lugar, una FL representa una colocación, una relación entre una base
L y un colocativo L’, que forma parte del valor de f(L). Por ejemplo, Magn(odio)
modeliza la relación entre una base odio y el colocativo mortal, que es un elemento
del conjunto representado por Magn(L). Dado que el par (L, L’0 Magn(L)) represen-
ta la colocación, se puede decir que la FL Magn modeliza la colocación.
Para responder por tanto a la pregunta de qué tipo de entidad es una FL, debe-
mos concretar a qué interpretación nos estamos refiriendo: a su interpretación como
UL generalizada (o meta UL), a su interpretación como resultado de aplicar la fun-
ción, por lo tanto al conjunto de colocativos o a su interpretación como relación entre
una base y un colocativo.
Dado que nuestro interés se centra aquí en las glosas de las colocaciones, va-
mos a centrarnos en el contenido semántico de las FFLL. En tanto que UL generaliza-
das, la mayoría de las FFLL tienen un sentido vago. Como Kahane y Polguère (2001)
han señalado, por ejemplo, la FL Magn es, en sí, una abstracción de la intensificación,
pero en cuanto la «traducimos» a una paráfrasis lingüística le damos un colorido
semántico que ella misma no tiene. La intensificación, en estado puro, nunca es ex-
presada como tal ya que el valor de la FL siempre aporta su añadido particular. Desde
este punto de vista, la FL Magn tiene un sentido vago que puede ser descrito por un
conjunto alternativo de expresiones lingüísticas como ‘intenso’, ‘muy/mucho’ o ‘en
alto grado’. Sin embargo, la aplicación de esta FL a una UL dada, como por ejemplo

10
En la TST se distinguen dos niveles sintácticos, uno profundo y otro superficial. En el nivel de
representación sintáctica profunda, más orientado hacia la semántica, los nodos están ocupados por UL
plenas o por FFLL. Así, la colocación odio mortal estará representada en ese nivel por el siguiente
subárbol: ODIO—ATTR¡Magn. En cambio, en el nivel de representación sintáctica superficial, ya
aparece como nodo el colocativo específico, que es un elemento del valor Magn(odio): ODIO—
modif¡MORTAL.
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 71

Magn(sospecha), sí puede recibir una paráfrasis bastante precisa. En el primer caso,


siempre que optemos por una de las glosas por defecto de Magn, estamos ya sesgando
la interpretación de la FL: no es exactamente lo mismo el sentido ‘intenso’ que el
sentido ‘en alto grado’, por ejemplo.11 En el segundo caso, la glosa de uno de los
valores no es necesariamente válida para todos los demás, dado que los valores de la
aplicación de FL f a la UL L no son necesariamente sinónimos. Entre otras razones,
los valores pueden diferir semánticamente porque pueden ser el resultado de aplicar
la FL a diferentes componentes semánticos de la UL L. Así, por ejemplo, una vehe-
mente sospecha y una sospecha grave son ambas colocaciones modelizadas por Magn,
aunque no podamos decir que significan lo mismo.12 En el primer caso, se intensifica
el componente semántico de ‘creencia’ incluido en ‘sospecha’, mientras que en el
segundo, se intensifica el componente negativo del hecho sospechado: una sospecha
es grave cuando aquello de lo que se sospecha es considerado muy malo, muy negati-
vo moral o socialmente, como un crimen. Así, podemos tener la grave sospecha de
que María ha cometido un crimen, pero no la grave sospecha de que María acaba de
llegar (salvo que el hecho de que María llegue sea interpretado como algo negativo).
Como veremos a continuación, las glosas de las colocaciones pueden ser inter-
pretadas de diferentes maneras, debido en gran medida a la propia naturaleza de la
noción de FL. De esta manera, una glosa puede representar: 1) el contenido semántico
de la FL f como UL profunda; 2) el contenido semántico de los valores de la aplica-
ción de la FL f a la UL L; o 3) el contenido semántico de la colocación al completo.

4. NOCIÓN DE GLOSA

La noción de glosa no ha recibido, hasta el momento, ninguna definición explí-


cita, aunque su práctica ya tiene cierta tradición tanto en el proyecto LAF como en el
DiCE. Aunque quizás el concepto ‘glosa’ no esté todavía lo suficientemente delimita-
do, es conveniente formular ya una definición de la noción correspondiente para po-
der avanzar en su profundización. Por glosa de una FL, entendemos una fórmula en

11
Si no buscamos precisión semántica y no siempre tenemos que buscarla, la mejor forma de
codificar el contenido semántico de la FL es por medio de su propio símbolo. Esta es la opción por la que
han optado Kahane y Polguère (2001) en donde el nombre de la FL seguida de su estructura argumental
entre corchetes es la codificación del contenido semántico. Así, Magn[#] representa el contenido semántico
de la FL Magn que toma # como palabra llave. La traducción en metalengua natural de Magn[#] necesa-
riamente nos obliga a optar entre sentidos específicos como ‘# es intenso’ o ‘# en alto grado’ o ‘muy #’.
12
La FL puede ser enriquecida con subíndices para indicar cuál es el componente semántico de la
palabra llave afectado por la intensificación. Así, vehemente sería codificado por Magn[‘creencia’], mientras
que grave sería codificado como Magn[‘malo’].
72 MARGARITA ALONSO RAMOS

metalengua natural controlada que permite identificar el sentido de la expresión lin-


güística modelizada por la FL. Dado que las colocaciones son esencialmente un fenó-
meno de codificación, las glosas no deben ser formuladas como una paráfrasis que
analice el sentido de la colocación, sino como un elemento que sirva para identificar
el sentido que se quiere expresar. Para poder analizar en profundidad el sentido de una
colocación, necesitaríamos formular explícitamente la definición de la base y exami-
nar cómo el sentido aportado por el colocativo interactúa con el sentido de la base,
qué componentes semánticos de la base son afectados, etc. Aunque este procedimien-
to es factible, la descripción semántica en detalle no es la finalidad de un diccionario
de codificación de colocaciones. Al igual que lo que ocurre con las FFLL, el objetivo
de las glosas no es perseguir la precisión semántica: su deber es apuntar al conjunto
de unidades léxicas que expresan el sentido identificado por la FL (vid. Mel’…uk
1996: 80).
La glosa también pertenece a un metalenguaje; es decir, cuando decimos que la
glosa de Magn es intenso, tomamos este adjetivo del español en su sentido más
básico. La glosa intenso o cualquier otra pretende representar el sentido de la FL
Magn o del colocativo representado por ella, pero en sí misma, la glosa no es un
sentido del español, sino del meta-español controlado para identificar los sentidos de
las colocaciones. Por esta razón, rechazamos glosas como por ejemplo grave para
la FL Magn de los nombres etiquetados semánticamente como ‘enfermedad’ (vid. en
cambio, Popoviƒ 2003: 14). Desde nuestro punto de vista, grave no puede ser pro-
puesto como glosa ya que el sentido de este adjetivo impide que pueda pertenecer a
una metalengua: se trata de un colocativo por excelencia que cambia su significado
dependiendo de la base (cf. sospecha grave vs. enfermedad grave). Cuando es selec-
cionado por nombres que designan enfermedad, intensifica el componente semántico
‘consecuencias perjudiciales’ que posee el sentido ‘enfermedad’. Así, una enferme-
dad grave será aquella cuyas consecuencias son muy perjudiciales. Obsérvese que,
por tanto, la pretendida glosa grave no explica el sentido de Magn si no se combina
con la definición de ‘enfermedad’.13
Aunque acabemos de fijar la noción de glosa como una fórmula que identifica
el sentido de la expresión lingüística que modeliza la FL, hemos visto que el objeto
modelizado por las FFLL puede ser interpretado de diferentes maneras. A continua-
ción, analizamos cómo la triple naturaleza de las FFLL coincide con tres posibles
modos de entender las glosas.

13
Al ofrecer grave como paráfrasis de Magn(‘enfermedad’), Popoviƒ está optando por la glosa
como valor por defecto de la FL, lo que en sí es válido pero el valor por defecto tiene que ser poco
marcado idiomáticamente para poder tener alguna utilidad como glosa de la FL.
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 73

Las colocaciones pueden recibir tres tipos distintos de glosa, dependiendo del
grado de abstracción que podamos o que queramos atribuir a la glosa. Hay colocativos
que admiten una glosa que puede ser interpretada como la traducción en metalengua
natural del nombre de la FL. Así, por ejemplo, el colocativo de honda pena puede ser
glosado por en alto grado, que sería una traducción de la FL Magn en metalengua
natural. En cambio, sospecha vehemente, que sería codificada por la misma FL ya no
admite fácilmente esa glosa, sino algo como en la que X está muy seguro
de que Y es cierto, en donde se describe el sentido de la relación del colocativo
con la base. Entre ambos extremos, podemos encontrar también colocativos que pue-
den ser glosados por el valor por defecto de la FL. Por ejemplo, el colocativo desva-
necerse codificado por la FL compleja IncepPredMinus(miedo) puede glosarse
por disminuir. Tenemos entonces glosas para la FL en tanto que UL generalizada,
glosas para el valor de la FL y glosas para la relación del colocativo con la base, es
decir, para la colocación al completo. Los tres tipos de glosas están jerarquizados en
grados de abstracción. Así, las glosas más abstractas, vinculadas a la FL en tanto que
UL generalizada pueden ser siempre reformuladas como la glosa más concreta de la
colocación. Por ejemplo, es posible glosar el colocativo de honda pena como que
hace sufrir mucho a X. La dirección contraria, de lo específico a lo general,
no parece satisfacer siempre el grado de inteligibilidad: ¿hasta qué punto es compren-
sible sospecha en alto grado? Podríamos representar las glosas gráficamen-
te por círculos concéntricos en donde el círculo central representa las glosas más
específicas o idiosincrásicas y el último, a las glosas más genéricas.

FIGURA 2.
Tres tipos de glosas
74 MARGARITA ALONSO RAMOS

El primer tipo de glosa se relaciona con la FL como UL profunda y consiste en


una paráfrasis en metalengua natural de la fórmula de la FL. La llamaremos paráfra-
sis de la fórmula FL. Así, por ejemplo, la FL compleja IncepPredMinus puede
recibir siempre la siguiente glosa: empezar a ser menos, que es la traducción
en metalengua natural del nombre de la FL. Independientemente de la semántica de
las palabras llave a las que esta FL se aplique, la glosa siempre será válida, como se
puede observar en las siguientes colocaciones: el miedo se desvanece, las dudas se
disipan o su vitalidad ha mermado.
El segundo tipo de glosa tiene más en cuenta la interpretación de la FL como
aplicación de la función. Se trata del valor por defecto de una FL. En ocasiones, este
valor puede ser escogido independientemente de la palabra llave. Por ejemplo, como
acabamos de ver, el valor por defecto para IncepPredMinus es disminuir. En
otras ocasiones, el valor por defecto de una FL depende de la naturaleza semántica de
la palabra llave. Así, no tendremos la misma glosa para la misma FL y el mismo valor,
pero distinta palabra llave si estas son de distinta naturaleza semántica; por ejemplo,
para miedo atroz y crimen atroz, aunque en ambos casos sea Magn la FL que las
represente, la glosa debe ser distinta: para el primer caso, sirve intenso como valor
por defecto de Magn aplicado a los nombres de sentimiento. Sin embargo, para el
segundo, crimen intenso no sería interpretable.
Para casos más idiosincrásicos como el de crimen atroz, se puede proponer un
tercer tipo de glosa: la pseudo-definición de la relación del colocativo con la base.
Así, en lugar de escoger un valor comodín, el menos marcado idiomáticamente, como
glosa de una función, se ofrece una definición abreviada del colocativo en la coloca-
ción; por ejemplo, atroz en crimen atroz sería glosado como que impresiona
mucho.
Los tres tipos de glosa tienen sus ventajas y sus inconvenientes. Así, las pará-
frasis de la fórmula FL presentan la ventaja de que son más cercanas a la representa-
ción semántica de la colocación y más adaptadas para un posible sistema de genera-
ción automática, pero tienen el inconveniente de que son menos legibles para un usuario
humano. En cambio, los valores por defecto son más elegantes estilísticamente lo que
los hace más legibles para el usuario (nativo, no necesariamente para el aprendiz). Por
último, las pseudo-definiciones tienen a su favor la precisión semántica pero ésta trae
consigo pérdida de generalización, con lo que le resta adaptación a los sistemas auto-
máticos. Independientemente de los pros y los contras dependientes de la utilización
final de las glosas, es necesario decir que, en ocasiones, los propios hechos de la
lengua, es decir, las propias colocaciones piden en unos casos más un tipo de glosa
que otro. Por ejemplo, un colocativo como grave, dicho de sospecha sólo puede ser
descrito semánticamente por una pseudo-definición y no admite ni un valor por de-
fecto ni la paráfrasis de la fórmula de la FL. Obsérvese que sospecha intensa o
sospecha en alto grado no describen el significado de grave sospecha: a
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 75

pesar de que se exprese una intensificación, el componente semántico sobre el que


recae la intensificación no es el componente genérico de ‘sospecha’, por lo que recha-
za la paráfrasis ‘sospecha intensa’. Por lo tanto, si se quiere identificar el sentido de la
colocación en metalengua natural, no hay más solución que ofrecer una definición del
colocativo en la colocación. En otras ocasiones, en cambio, el valor por defecto puede
funcionar sin ninguna objeción como glosa. Es el caso de Magn(pena), que siempre
puede ser glosada como intensa pena.
Sea cual sea el tipo de glosa por el que optemos, es necesario establecer una
serie de requisitos para su correcta formulación.

5. LA FORMULACIÓN DE LAS GLOSAS

Comenzaremos por estipular los requisitos que debe cumplir una glosa. A con-
tinuación, propondremos una lista de factores que determinan la formulación de la
glosa. Las dos últimas subsecciones se centrarán en el aspecto práctico: primero,
ejemplificando la elección de un tipo de glosa según los distintos factores para colo-
caciones en concreto y segundo, validando diferentes glosas por medio de tests apli-
cados a profesionales y a hablantes nativos cualificados.

5.1. Requisitos
Estipulamos los siguientes requisitos que deben cumplir las glosas.

1) Adaptación a su finalidad. Si la finalidad de las glosas es didáctica y orien-


tada hacia estudiantes de español, se pondrá más énfasis en la claridad de las glosas
que en su precisión. Por ejemplo, una colocación como despertar simpatía [en al-
guien] puede ser glosada bien como causar que alguien sienta simpa-
tía, bien con una fórmula más cercana a la FL utilizando variables actanciales como
Y causa que X sienta simpatía hacia Y. Si optamos por la finalidad
didáctica, evitaremos las variables actanciales como X e Y y se tendrá en cuenta el
nivel de dificultad del léxico. Así, por ejemplo, para la glosa de Able1 se rechazará
propenso a por considerar este adjetivo de mayor nivel de dificultad que la glosa
que tiende a. Si lo que perseguimos es un metalenguaje más científico y más
cercano de las fórmulas de FFLL, la glosa será poco elegante estilísticamente, pero
quizás más precisa.

2) Corrección idiomática. La formulación no debe violar el español. Aunque la


glosa forma parte de un metalenguaje, se trata siempre de un meta-español controlado
para describir expresiones colocativas del español. No aceptaremos, por tanto, eje-
cutar como glosa de Oper1(golpe) = dar (Morante Vallejo 2004). A pesar de que se
76 MARGARITA ALONSO RAMOS

pueden ejecutar acciones, no cualquier acción puede ser ejecutada: *ejecutar un gol-
pe no respeta las normas del español y no puede ser propuesto como glosa.

3) Adecuación al patrón sintáctico de la colocación. En lo posible, la glosa


debe reflejar el patrón sintáctico de la colocación, como lo hacen las FFLL. Según
esto, una colocación verbal en donde la base funcione como sujeto y otra en donde
funcione como complemento, no deberían tener la misma glosa, a pesar de expresar el
mismo sentido. Esto es lo que ocurre con las colocaciones codificadas por las FFLL
vacías Oper1 y Func1. Por ejemplo, tener miedo en Todos tenían miedo y reinar el
miedo en Reinaba el miedo entre ellos, serán glosados respectivamente como sen-
tir miedo y el miedo existe. Como vemos, este requisito de que la glosa sea
paralela con el patrón sintáctico de la colocación resta naturalidad a la glosa y contri-
buye a su multiplicación. Por ejemplo, siguiendo estrictamente el patrón sintáctico,
deberíamos proponer glosas diferentes para las colocaciones equivalentes
semánticamente pero en donde los actantes funcionan como distintos complementos.
Por ejemplo, proporcionar alegría [a alguien – O.Ind.] frente a llenar de alegría [a
alguien – O.D.]. En cambio, si sólo tenemos en cuenta el criterio semántico, la si-
guiente glosa podría ser válida para ambas: causar alegría en alguien. El
hecho de que el experimentador en una colocación funcione como complemento indi-
recto, mientras que en la otra funcione como complemento directo se describe por los
subíndices actanciales de la FL y también por el esquema de régimen.

4) Nivel de precisión semántica. Con vistas a evitar una inflación de glosas y


buscando ganar cierta generalización, es aconsejable también valorar hasta dónde
pretendemos que abarque la glosa; es decir, si formulamos glosas muy precisas y
orientadas más al valor de la FL que a la FL, no se ganaría ninguna generalización y
se llegaría al punto de que todas las glosas serían diferentes. Por ejemplo, según Popoviƒ
(2003: 59), en el LAF se propone la glosa (que nosotros traducimos al español) ser
cliente en un restaurante para describir la colocación que designa la
utilización de un establecimiento como restaurante (sortir au restaurant); mientras
que la glosa para la utilización de clínica (se trouver dans une clinique) es ser pa-
ciente de una clínica. Popoviƒ indica que debido al diferente significado de
las bases, a pesar de que compartan la misma etiqueta semántica ‘establecimiento’,
las glosas tienen que ser distintas. Ahora bien, también podemos plantearnos si no es
posible ganar alguna generalización. Efectivamente, también en español, un paciente
es el que utiliza los servicios de una clínica o un hospital, mientras que un cliente es el
que utiliza los servicios de un establecimiento en donde compra o consume. Obsérve-
se que para describir semánticamente los nombres paciente o cliente dentro de las
entradas respectivas de clínica y de restaurante, necesitamos mencionar el sentido
‘utilizar’, como nosotros aquí lo acabamos de hacer. Por lo tanto, parece que ‘ser
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 77

paciente’ es más complejo semánticamente que ‘utilizar los servicios’: es decir ‘pa-
ciente’ incluye semánticamente ‘utilizar los servicios’, pero no a la inversa.14 Si opta-
mos por la glosa más simple semánticamente, podemos ganar una generalización y
ofrecer la glosa utilizar los servicios tanto para clínica como para restau-
rante o cualquier otro establecimiento, dado que en definitiva, un establecimiento es
siempre un lugar que ofrece servicios a personas que los utilizan.

5.2. Factores que determinan la formulación de la glosa


Como ya hemos visto, en la formulación de una glosa intervienen diferentes
factores o parámetros. Puesto que toda FL consta de tres elementos, analizaremos los
diferentes factores desde tres perspectivas: factores que conciernen a la FL en sí,
factores que conciernen a la palabra llave de la FL o base de la colocación y factores
que atañen al valor de la FL o al colocativo. Empezaremos por los que conciernen a
la FL.

5.2.1. Factores que conciernen a la FL


1. Glosa estándar para la FL
Algunas FFLL pueden ser traducidas más fácilmente que otras a una metalengua
natural. Así, no es posible asociar una glosa en metalengua a una FL vacía como
Oper1 sin saber cuál es la naturaleza semántica de la palabra llave. Sin embargo,
otras FFLL siempre tienen asociada una glosa, como es el caso de Manif con la
glosa manifestarse. En este caso, diremos que la FL tiene una glosa estándar.

2. Glosa dependiente de la etiqueta semántica de la palabra llave


Algunas FFLL tienen asociada una glosa dependiente de la etiqueta semántica
de la palabra llave. Este es el caso de Oper1 y A1, por ejemplo. Si se aplican a nom-
bres de sentimiento, la glosa será, respectivamente, sentir y que siente. Así,
Oper1(alegría) = experimentar sería glosado como sentir y A1(alegría) = alegre,
como que siente. Así, si el diccionario va siendo redactado por campos semánticos,
se puede ir proponiendo una glosa prototípica para cada FL según la etiqueta semán-
tica de la palabra llave. Por ejemplo, para la glosa de Oper1 aplicado a nombres de
actos de habla como crítica, acusación o reproche podríamos proponer hacer que
es el valor por defecto de esta FL con los nombres de este campo semántico; como
glosa de Oper1 para nombres que designen sanción como pena, sanción o castigo, se
puede proponer poner, etc. Pero también es verdad que no podemos esperar que
todo Oper1 de un nombre pueda tener una glosa diferente a su valor. Así, habrá casos

14
Glosar sortir au restaurant como ‘être client dans un restaurant’ es como glosar conducir un
coche por ‘ser conductor de un coche’.
78 MARGARITA ALONSO RAMOS

como dar un paseo para los que la glosa hacer produciría una violación de las
normas del español, a pesar de que ‘paseo’ designa una acción. Por lo tanto, hay que
bloquear la herencia por defecto: se trata de evitar que Oper1(paseo) se glose como
hacer, bloqueando la herencia a través de la etiqueta semántica de la palabra llave,
y ofrecer como glosa, en este caso, el valor de la FL.
Otras FFLL no tienen asociada una glosa dependiente de la etiqueta semánti-
ca de la palabra llave. Por ejemplo, el contenido semántico de Real no es fácil-
mente traducible a metalengua natural. En las descripciones teóricas de esta FL se
le suele asociar la siguiente paráfrasis: ‘hacer con lo designado por la palabra llave
aquello para lo que está destinado o lo que se supone que se debe hacer’. Ahora
bien, no es siempre fácil determinar qué es aquello para lo que está destinado lo
designado por la palabra llave, como ocurre en el caso de los nombres de sentimiento.
Hay nombres como deseo cuyo objetivo es claro: la realización o el cumplimiento de
ese deseo. Las colocaciones saciar, satisfacer, cumplir o realizar un deseo son fá-
cilmente codificadas por la FL Real. Sin embargo, otros nombres como cariño o
cólera designan un sentimiento que se realiza cuando su manifestación se vuelca so-
bre el referente del segundo actante (actante que funciona como Objeto, no como
Causa). Así, por ejemplo, la colocación dar cariño debe ser codificada como Real1
ya que dar cariño no es lo mismo que sentir cariño (Oper1). Desde este punto de
vista, un sentimiento como el cariño está destinado a ser demostrado con gestos o con
palabras dirigidas hacia el objeto de cariño. Asimismo, el destino de un sentimiento
como la cólera es manifestarla contra el objeto de cólera, de tal manera que al hacerlo,
uno se libera del sentimiento. Por ese motivo, las colocaciones descargar o desaho-
gar serán el valor de Real1(cólera). En ambos casos, la glosa de esta FL podría ser
demostrar ~ hacia/contra Y, pero en este caso la glosa de Real se confun-
de con la de otra FL Caus1Manif.15

3. Glosa según la estructura actancial


Algunas FFLL hacen referencia a un actante de la palabra llave. Evidentemen-
te, la glosa de Oper1 no puede ser la misma que la de Oper2, ya que intervienen
actantes distintos en la colocación. Así, para los sentimientos, la glosa de la primera
FL es sentir, pero para Oper2, no se puede proponer ciegamente una glosa sin
atender al papel semántico del actante Y. Si este actante es un Objeto, la glosa será
ser objeto de, pero si se trata de una Causa, tendremos ser la causa de.

15
En el LAF han optado por una formulación mixta Real1-manifestation para colocaciones
como manifester la haine y tratan solo como Real1 la colocación déchaîner la haine, cuya glosa adap-
tada al español encajaría perfectamente para la colocación española: actuar en relación con Y
bajo la influencia del odio.
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 79

Así, dependiendo del papel semántico del actante que interviene en una colocación, la
misma FL con el mismo índice actancial puede recibir diferentes glosas (Kahane y
Polguère 2001). Por ejemplo, entre los nombres de sentimiento, los hay que tienen
tres actantes, como rencor de X hacia Y por Z, y los hay de dos, como miedo de X por
Y. Obsérvese que el segundo actante de rencor designa el blanco, la víctima que sufre
el rencor de alguien. Sin embargo, el segundo actante de miedo designa más bien la
causa que motiva el miedo. Por lo tanto, la glosa de Oper2 aplicada al nombre rencor
no será la misma que aplicada a miedo, ya que el papel desempeñado por el segundo
actante de los nombres no es igual: en el primer caso, será el objeto, la víctima del
sentimiento, mientras que en el segundo, se trata de la causa del miedo.

5.2.2. Factores concernientes a la palabra llave de la FL


Con respecto a la palabra llave o la base de la colocación, los factores a tener
en cuenta para formular una glosa de la colocación son:

1. Glosa según la etiqueta semántica


La naturaleza semántica de la base de la colocación es determinante para la
formulación de la glosa. A propósito de atroz, ya hemos visto cómo un colocativo
debe ser glosado de un modo diferente, dependiendo de la naturaleza semántica de la
base. Popoviƒ (2003: 47) ha señalado que la influencia de la etiqueta semántica en la
redacción de las glosas no es la misma según el contenido semántico de la FL. Parece
bastante evidente que existe más correlación entre la etiqueta de la palabra llave y la
glosa de una FL vacía como Oper que con una FL plena como Manif. Así, por
ejemplo, la glosa de un verbo de apoyo seleccionado por un nombre de sentimiento
no puede ser la misma que la glosa para un verbo de apoyo seleccionado por un
nombre de acción (albergar un temor vs. dar un paseo).

2. Glosa según los componentes semánticos afectados


Para la elección de la glosa no sólo intervienen la etiqueta semántica de la
palabra llave sino también otros componentes semánticos que configuran su sentido.
Esto hace que dos valores de la misma FL aplicada a la misma palabra llave no reci-
ban la misma glosa. Así, dormir a pierna suelta y dormir como un lirón son ambas
codificadas por la FL Magn, pero la intensificación recae sobre distintos componen-
tes semánticos de ‘dormir’. En el primer caso, se intensifica el componente semántico
‘reposar’ incluido en el sentido ‘dormir’, mientras que en el segundo, se intensifica la
duración del sueño.16 Así, de una persona que haya tenido pesadillas durante un sueño

16
Como ya vimos en la nota 12, para indicar la diferencia, se añaden subíndices a la FL. La
notación sería: Magn[‘reposar’] y Magn[‘tiempo’].
80 MARGARITA ALONSO RAMOS

que ha durado mucho, podríamos decir que ha dormido como un lirón, pero no que ha
dormido a pierna suelta porque se supone que no habrá descansado. Así, en este caso,
la glosa sería con completa despreocupación, mientras que como un lirón
sería glosado como muchas horas.

5.3. Factores concernientes al valor de la FL


Con respecto al valor de la FL o al colocativo, los factores a tener en cuenta
para formular una glosa de la colocación son:

1. Glosa según la productividad del colocativo


Cuando se trata de un colocativo muy productivo como intenso, que funciona
como un valor de Magn de muchas palabras llave, la glosa entendida como valor por
defecto coincidirá con él. En cambio, un colocativo especialmente idiomático como
cerval, que sólo se combina con miedo, nunca coincidirá con una glosa precisamente
por ser altamente idiomático.

2. Glosa según el grado de representatividad del colocativo


En algunos casos, el sentido del colocativo expresa principalmente el sentido
codificado por la FL, pero en otros, tiene algún añadido semántico. Así, según sea el
sentido específico del colocativo, se podrá representar mejor o peor por la glosa de la
FL. Por ejemplo, la FL Bon(alegría) codifica valores que pueden ser separados en
dos grupos: de un lado, sana, pura y de otro, dulce, tranquila, sencilla. Los primeros
adjetivos expresan una valoración positiva del sentido ‘alegría’: se trata de una ale-
gría causada por un buen motivo. En cambio, el segundo grupo de adjetivos aporta un
añadido semántico: no se modifica sólo el sentido ‘alegría’ sino que se añade una
indicación sobre el comportamiento del experimentador. Así, en una sencilla alegría,
el experimentador está tranquilo y no da muestras de excitación. En consecuencia, la
glosa estándar de Bon será más adecuada para los colocativos que no aportan un
añadido semántico. Diremos que sana es un buen representante de la FL Bon(alegría),
mientras que el colocativo sencilla es peor representante en el sentido de que aporta
un añadido semántico específico.

3. Glosa según la autonomía semántica del colocativo


La naturaleza del sentido del colocativo desencadena un tipo u otro de glosa.
Hay colocativos con más peso semántico que otros; es decir que tienen mayor autono-
mía con respecto a la base y constituyen una entrada lexicográfica con su propia
definición (Alonso Ramos y Mantha 1996, Alonso Ramos 2003b). Así, frente a domi-
nar, en por ejemplo, Le domina la envidia que ni siquiera figura en muchos dicciona-
rios de la lengua, el verbo obedecer es más autónomo y su sentido es concebible sin ir
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 81

necesariamente emparejado con una base que lo seleccione.17 De esta manera, a la


hora de glosarlo en una colocación como obedecer una orden, este colocativo es más
fácilmente definible que dominar seleccionado por envidia.

5.4. Puesta en práctica


Como acabamos de ver, la formulación de una glosa para describir la aporta-
ción del colocativo al sentido de la colocación no es tarea fácil. Pensamos que los
factores que deben primar a la hora de elegir la mejor formulación de una glosa son
los que conciernen a la FL. A continuación, mostramos cómo se pueden combinar los
distintos factores y cuál es al que le asignamos mayor peso:

1) ¿Tiene asignada la FL una glosa bien estándar (como Bon), bien depen-
diente de la etiqueta semántica (como Magn)?
2) ¿El colocativo es un buen representante de la FL en el sentido de que
incide sobre el componente genérico de la palabra llave y no aporta un
añadido semántico específico (sana alegría)?
3) ¿El colocativo es una UL autónoma semánticamente como UL (obede-
cer con orden)?
4) ¿Buscamos la precisión semántica o buscamos la generalización?

Según sean las distintas respuestas a estas cuatro preguntas, optaremos por la
glosa estándar de la FL o por una glosa del colocativo como valor por defecto o por la
glosa de la relación del colocativo con la base. Pongamos en práctica estos criterios:
Si se trata de glosar la colocación sana alegría, puesto que la FL Bon tiene
asignada una glosa estándar y el colocativo es un buen representante de Bon, optare-
mos por la glosa de la FL: buena. En el caso de honda pena, puesto que la FL Magn
tiene asignada una glosa dependiente de la etiqueta semántica y el colocativo es un
buen representante de Magn, optaremos por la glosa del colocativo como valor por
defecto: intensa.
Para glosar la colocación sencilla alegría, la FL Bon tiene asignada una glosa
estándar, pero el colocativo no es un buen representante ya que tiene un añadido
semántico específico. Si buscamos la precisión semántica, optaremos por la glosa de
la colocación: X no estando excitado, buena. Si pretendemos la generali-
zación, elegiremos como en el caso anterior la glosa de la FL: buena.

17
En algunos diccionarios actuales del español, muchos de los colocativos no aparecen descritos
semánticamente ni en la entrada de la base ni en la entrada de la colocación. Así, por ejemplo, en el
Lema, el verbo dominar, muy frecuente con los nombres de sentimiento, no recibe ninguna descripción.
No ocurre lo mismo en el DUE en donde se define como «ser tenido por alguien cierto estado de ánimo,
sentimiento, pasión o vicio en tal medida que no puede sustraerse a ellos».
82 MARGARITA ALONSO RAMOS

Si se trata de glosar expresar alegría, puesto que la FL Caus1Manif tiene una


glosa estándar y el colocativo es autónomo semánticamente, optaremos por la glosa
de la FL: manifestar. Si el colocativo no es autónomo semánticamente, como en
el caso de reina la alegría (Func0(alegría)), optaremos también por la glosa de la
FL: existir.
Examinemos ahora los casos en que la FL no tiene una glosa estándar ni depen-
diente de la etiqueta semántica de la palabra llave. Si se trata de un colocativo que es
un buen representante de la FL, como es el caso de cumplir un deseo, la glosa será la
del colocativo como valor por defecto: realizar. Si el colocativo no es un buen
representante de la FL ya que aporta un añadido semántico específico, como es el
caso de descargar la cólera, tendremos dos opciones: bien elegiremos la glosa del
colocativo como valor por defecto si lo que buscamos es la generalización: demos-
trar; bien optamos por la glosa del colocativo en la colocación si buscamos más
precisión semántica: hacer víctima a alguien de la ~. Cuando el
colocativo es una UL autónoma semánticamente como obedecer, se elegirá la glosa
de la colocación. Así, obedecer una orden sería codificada por la FL Real3(orden)
con la siguiente glosa: hacer lo que X le manda. Lo mismo ocurre si la UL
no es autónoma semánticamente, como dominar en la alegría domina.18 Optaremos
por la glosa de la colocación, es decir por la relación del colocativo en interacción con
la base: tan intensa que determina su manera de actuar.
Dado que la etiqueta semántica de la palabra llave desempeña un papel primor-
dial, como criterio operativo tendremos: a misma FL con misma palabra llave, misma
glosa semántica; es decir, se procura glosar igual los distintos valores de la misma FL.
Si algún elemento del valor de la FL incide sobre un componente semántico específi-
co de la palabra llave o aporta algún añadido semántico, debemos valorar si queremos
optar por la generalización o por la precisión semántica.
En conclusión, primará siempre la glosa estándar de la FL. Si la FL no tiene
asignada una glosa estándar, se optará por la glosa del colocativo, bien tomándolo
como valor por defecto, bien definiéndolo en el contexto de la colocación. El factor
de la autonomía semántica del colocativo está directamente vinculado al hecho de si
la FL tiene o no una glosa estándar. Así, como hemos visto, colocativos más o menos
autónomos serán glosados por la glosa de la FL o recibirán una pseudo-definición,
según sea el tipo de FL que los codifique.
Los diferentes caminos que se pueden seguir para elegir la glosa de una coloca-
ción pueden ser modelizados en el siguiente árbol de decisión (vid. fig. 3.):

18
El ejemplo que figura en el DiCE es el siguiente: «Una alegría desconocida te dominaba, la
juventud volvía a correr por tus venas, todo era aún posible».
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 83

FIGURA 3.
Modelización de la elección del tipo de glosa

5.5. Validación de las glosas por medio de tests


Para poder validar nuestra manera de operar en el DiCE y verificar si estos
criterios son operativos, hemos querido ponerlos a prueba por medio de dos tests, uno
destinado a profesionales de Lexicografía y conocedores del fenómeno colocativo
(test 1), y otro destinado a hablantes nativos cualificados (test 2). En el primero, la
tarea consistía en elegir la glosa que a juicio del colaborador describiera mejor la
colocación. Por ejemplo, ante el ejemplo siguiente Ese profesor le inspira una pro-
funda admiración, debían elegir entre las glosas siguientes:

1. causa admiración en alguien


2. Y causa que X sienta admiración por Y
3. provoca en alguien admiración
4. Y causa que la admiración de X por Y exista
84 MARGARITA ALONSO RAMOS

El test constaba de 20 ejemplos en donde figuraba una colocación con un nom-


bre de sentimiento. El resultado muestra gran desacuerdo entre los colaboradores. De
los 20 ejemplos, sólo en dos casos hay coincidencia total, es decir que todos optan por
la misma glosa. Así, la glosa propuesta para la FL CausFunc1, que codifica el ejem-
plo anterior, es mayoritariamente la (1), que podría ser considerada el valor por defec-
to. Sin embargo, en el caso de la glosa para la FL Caus2Func2, que codifica ganarse
la admiración de alguien, no hay unanimidad: algunos optan por causar admi-
ración hacia sí; otros por la glosa más técnica Y causa que la admira-
ción de X se dirija a Y; y todavía, otros por un colocativo, provocar, que
es sinónimo de despertar admiración, pero no de ganarse la admiración. Obsérvese
que en el primer caso, son las cualidades de alguien las que hacen que otros sientan
admiración por esa persona. Sin embargo, en el segundo, la persona tiene que hacer
algo para que otros sientan admiración por ella; es algo buscado.
El test dirigido a nativos no estaba destinado a valorar su competencia léxica
sino la adecuación del DiCE entre glosas y colocativos. Por esta razón, fue pasado a
profesionales o estudiantes de Filología, pero no especialmente avezados en el con-
cepto de colocación. El test requería dos tareas. En la primera, se trata de elegir el
colocativo que se adecue mejor a la glosa. Por ejemplo, «Si decimos que mi llegada
causó que la alegría existiera en María, entonces es que

1. despertó alegría en ella


2. infundió alegría en ella
3. le quitó la alegría

La segunda tarea consistía en rellenar el hueco con el colocativo que se ajuste


más a la glosa. Así, por ejemplo, «busca el verbo que exprese el sentido ‘causa admi-
ración en alguien’ en El profesor le— una profunda admiración».
Los resultados son mucho mejores en la tarea 1 que en la 2. Es curioso darse
cuenta de que incluso al hablante nativo le supone mucho menos esfuerzo reconocer
una UL que se ajuste a un sentido que encontrar esa UL. A pesar de lo reducido del
test, no parece apreciarse una correlación entre el resultado con la glosa. Por ejemplo,
el colocativo entrar en la colocación entrar ganas siempre es escogido con éxito
independientemente de la glosa: una paralela al patrón sintáctico y próxima a la fór-
mula de la FL las ganas de algo han aparecido en alguien, pero
menos natural; y otra, más natural pero más lejana de la fórmula FL empezar a
sentir ganas de algo. Es necesario señalar que el grado de éxito o de error en
los ejercicios sobre colocaciones tiene que ser matizado en muchas ocasiones. El
criterio para determinar si una colocación es correcta o incorrecta es bastante escurri-
dizo, especialmente con colocaciones de un nivel de lengua avanzado. Así, por ejem-
plo, algunos hablantes nativos eligieron el colocativo calmar para expresar el sentido
GLOSAS PARA LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL 85

‘causar que el enfado sea menor’, cuando el colocativo previsto como correcto era
aplacar. En otro nivel de lengua, en cambio, un hablante nativo, evidentemente, no
dudará entre hacer y dar al señalar el colocativo seleccionados por paseo.
No hay duda de que para la buena formulación de glosas en un diccionario, hay
que tener en cuenta si el diccionario está destinado a hablantes nativos o a aprendices
de español. Aunque todavía hace falta idear tests más complejos y pasárselos a más
personas, creemos que es posible ya afirmar que un hablante nativo prefiere la glosa
que hemos llamado valor por defecto. Por ejemplo, preferirá encontrar como des-
cripción semántica de la colocación paliar el desasosiego la glosa disminuir
que la paráfrasis de la fórmula FL causar que el desasosiego sea
menor. Sin embargo, esa preferencia no tiene por qué coincidir con la de un apren-
diz de español. Es probable que un aprendiz desconozca el valor por defecto, pero
pueda entender la paráfrasis dado que se trata de un metalenguaje muy simple
semánticamente.19

6. CONCLUSIONES

En el momento actual, el DiCE consta de 3600 relaciones codificadas por FFLL,


de las cuales sólo una parte tiene asignada una glosa. El DiCE se va construyendo
introduciendo primero las FFLL y buscando, después, las glosas adecuadas. Sin duda,
este procedimiento es debido a que el metalenguaje de las FFLL está más rodado que
el de las glosas, que todavía tienen un estatuto vago, pero nos pone de manifiesto la
diferente manera de concebir las glosas.
A modo de reflexión final, nos gustaría llamar la atención sobre la circularidad
existente entre las FFLL, las colocaciones y las glosas. Veámoslo con un ejemplo. La
representación del colocativo mortal por la fórmula Magn(odio) se comprende si se
le asocia su paráfrasis lingüística intenso. Por lo tanto, estamos traduciendo una
expresión lingüística por otra fórmula que, a su vez, recibe una traducción lingüística,
que es lo que hemos venido llamando glosas. Esto nos lleva a plantear las glosas
como la traducción en metalengua natural del contenido semántico de la FL, de tal
modo que una vez ya codificada la colocación por medio de una FL, podemos
reinterpretarla en metalengua natural. En este sentido, la glosa es la paráfrasis en
metalengua natural del nombre de la FL. Así, la glosa en «meta-español» de Magn
será intenso, en «meta-francés» será intense, en «meta-inglés»...

19
En mi experiencia al consultar el LAF, puedo decir que en ocasiones, la glosa de la FL, entendi-
da como valor por defecto, me suscita más dificultad que el propio valor de la FL. Este es el caso de la
glosa ‘concrétiser’ para la FL Real1(hostilité) = faire preuve de, manifester, montrer [ART ~].
86 MARGARITA ALONSO RAMOS

Sin embargo, es posible también concebir la glosa como un puente entre la


colocación y la FL. El proceso natural que sigue un lexicógrafo a la hora de codificar
colocaciones en un diccionario es formular una paráfrasis de su significado. Así, por
ejemplo, ante la colocación perder la admiración [de alguien], el lexicógrafo la
parafraseará por ‘ya no ser objeto de la admiración’ o por la equivalente ‘dejar de
recibir la admiración’. Estas paráfrasis son directamente traducibles por FFLL: ‘ya
no’ o ‘dejar de’ es el sentido de la FL Fin y ‘recibir’ o ‘ser objeto de’ es la traducción
de la FL Oper2. Por lo tanto, la FL que codifica el colocativo perder en la entrada de
admiración será FinOper2.
Estas paráfrasis son las que nosotros proponemos como glosas. En algunos
casos, se corresponden directamente a la traducción del nombre de la FL, mientras
que en otros casos, la glosa está más próxima a la definición del colocativo. La formu-
lación de las glosas tiene que ser rodada con más datos y probada con usuarios del
DiCE para poder afinar las técnicas de homogeneización y generalización, pero cree-
mos que estamos en el buen camino, aunque este sea largo.

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89

Combinaciones atributivas del tipo


poner en movimiento y diccionario1

ALBERTO BUSTOS PLAZA


Universidad Carlos III de Madrid

1. INTRODUCCIÓN

Las combinaciones del tipo poner en movimiento presentan la estructura for-


mal V + SP. Su verbo pertenece a un grupo de verbos atributivos o pseudocopulativos2
con significado originario de índole espacial: andar(se), caer, continuar, encontrar-
se, dejar, estar, hallarse, mantener(se), permanecer, poner(se), quedar(se), seguir,
tener, etc. He aquí algunos ejemplos:

(1) […] un apagón dejó la casa a oscuras […] (Marsé, Muchacha).


(2) […] el ruido asusta y pone en movimiento a las reses […] (Vallejo Nájera,
Rey).
(3) […] me mantenía al acecho, como si mi atención evitase la presencia del otro
(Torrente Ballester, Yo no soy yo).
(4) […] ya saben que quedan a disposición del juzgado que se encargue del caso
(Torrente Ballester, Filomeno).

1
La investigación se ha financiado en parte con fondos asignados al proyecto BFF2002-04575-
C02-01 del Ministerio de Ciencia y Tecnología (Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e
Innovación Tecnológica). Les doy las gracias a Margarita Alonso Ramos y Josep Alba-Salas por sus
comentarios, que han contribuido no poco a mejorar el texto. La responsabilidad por las posibles caren-
cias, naturalmente, me corresponde en exclusiva.
2
Respecto del concepto de verbo atributivo y de verbo pseudocopulativo pueden consultarse,
entre otros, Ramos (2002), Fernández Leborans (1999), Gutiérrez Ordóñez (1986), Alcina y Blecua
(1975). Utilizaré aquí el término atributivo por ser más abarcador que pseudocopulativo. Por el mismo
motivo, preferiré complemento predicativo a atributo.

89
90 ALBERTO BUSTOS PLAZA

Estas construcciones no han sido objeto preferente de atención en la tradición grama-


tical hispánica. Tampoco es habitual en los estudios lingüísticos de nuestro país tratar
este grupo de manera unitaria, sino que, por lo general, las construcciones que abarca
se han agrupado en conjuntos parciales bajo diferentes etiquetas que no contribuyen a
poner de relieve lo mucho que tienen en común. Así, algunas combinaciones, como,
por ejemplo, ponerse en movimiento, se adscribirían a las construcciones pseudoco-
pulativas; otras, como poner en movimiento, se considerarían correlatos causativos de
las construcciones anteriores; mientras que, por último, construcciones como tener la
nariz roja, han llegado a incluirse entre las denominadas construcciones con verbo de
apoyo.
Algunos hispanistas alemanes, en cambio, sí han tratado de ofrecer una expli-
cación global para estas combinaciones asimilándolas a las estructuras con verbo fun-
cional alemanas (Funktionsverbgefüge) del tipo in Bewegung setzen ‘poner en movi-
miento’ (cf. Busch 1985, Büttner 1997).3 Las estructuras alemanas y las españolas
presentan algunas semejanzas. En ambos casos, el verbo ha sufrido una considerable
desemantización, por lo que es el sustantivo el que aporta el significado conceptual.
Sin embargo, como se muestra en Bustos Plaza (2005), para las combinaciones espa-
ñolas, resulta más aconsejable una explicación como estructuras atributivas o
pseudocopulativas en las que el sintagma preposicional desempeña la función de com-
plemento predicativo obligatorio.4 El centro del grupo lo constituye estar, pues las
oraciones construidas con estos verbos implican una oración con estar. Así, para los
ejemplos (1)-(4) tenemos:

(5) La casa está a oscuras.


(6) Las reses están en movimiento.
(7) Yo estaba al acecho.
(8) Ustedes están a disposición del juzgado.

3
No obstante, dentro de la germanística, el concepto de estructura con verbo funcional no deja de
ser problemático. Recientemente van Pottelberge (2001) ha puesto incluso en cuestión su validez.
4
En Bustos Plaza (2005), se muestra, fundamentalmente, que algunas de las características que se
pueden traer a colación para considerar las combinaciones del tipo poner en movimiento construcciones
con verbo funcional también las aproximan a las construcciones atributivas: el verbo ha perdido su
significado originario espacial; es imposible sustituir el verbo por sinónimos del verbo pleno homófono;
el verbo aporta un contenido de aspecto léxico o Aktionsart; el contenido semántico principal no reside
en el verbo, sino en el sustantivo, por lo que no pueden aparecer el uno sin el otro; tanto el verbo como
el sintagma preposicional forman series por conmutación. Por otra parte, todos los verbos de este grupo
pueden combinarse con adjetivos en construcciones atributivas; asimismo, adjetivos y sintagmas
preposicionales pueden aparecer coordinados como complementos predicativos de estos verbos.
COMBINACIONES ATRIBUTIVAS DEL TIPO PONER EN MOVIMIENTO Y DICCIONARIO 91

Cada uno de los verbos de este grupo realiza una aportación adicional en compara-
ción con estar. Así, por ejemplo, continuar y seguir expresan valor continuativo, mien-
tras que ponerse y quedarse expresan un evento de cambio (cf. Morimoto y Pavón
2004, 2005a, 2005b).
El complemento predicativo es obligatorio, como podemos comprobar si eli-
minamos el de los ejemplos (1)-(4):

(9) *Un apagón dejó la casa.


(10) *El ruido pone a las reses.
(11) *Me mantenía, como si mi atención evitase la presencia del otro.
(12) *Ya saben que quedan del juzgado que se encargue del caso.

Si bien es sabido que un sintagma preposicional puede funcionar como atributo o


complemento predicativo (Demonte y Masullo 1999, Fernández Leborans 1999), hasta
el momento, se ha prestado atención preferente a las combinaciones con adjetivo. Sin
embargo, las construcciones con sintagma preposicional, enormemente frecuentes,
merecen por sus peculiaridades una reflexión más detenida, entre otros aspectos, en
lo tocante a su lugar en el diccionario. El problema que se ha de abordar antes de
enfrentarse a estas combinaciones en la práctica lexicográfica es doble: por un lado,
el tratamiento de la combinación en su conjunto, y, por otro, el del sintagma
preposicional. Como veremos a continuación, sería deseable que apareciesen listadas
aquellas combinaciones atributivas que presentan un cierto grado de fijación. Esto
mismo es aplicable a los sintagmas preposicionales.
A continuación, iré examinando cada uno de estos problemas. Comenzaré fi-
jándome en la combinación en su conjunto para ocuparme después de los sintagmas
preposicionales en particular. Dentro de estos últimos, seleccionaré los encabezados
por las preposiciones en y a.
Este trabajo no pasa de ser una primera aproximación, por lo que, necesaria-
mente, la prioridad consistirá más bien en plantear los problemas que suscita nuestro
objeto de estudio que en proponer soluciones acabadas. Las consideraciones que si-
guen se basan en una muestra de 466 ejemplos de combinaciones atributivas extraí-
dos de un corpus de narrativa. De estos, 240 ejemplos corresponden a combinaciones
que incluyen un sintagma formado con la preposición en, 103 a combinaciones con la
preposición a y 123 a combinaciones con las preposiciones de, con y sin. Al final del
trabajo se incluyen en un apéndice los sintagmas formados con las preposiciones en y
a que aparecen en el corpus.
92 ALBERTO BUSTOS PLAZA

2. LA COMBINACIÓN DE VERBO Y SINTAGMA PREPOSICIONAL

La combinatoria de una parte de los casos en que aparecen asociados un verbo


atributivo del grupo indicado y un sintagma preposicional se podrá explicar probable-
mente por motivos semánticos (cf. Morimoto y Pavón 2004, 2005a, 2005b para
combinaciones con adjetivo). No obstante, existen, como mínimo, dos grupos de com-
binaciones que han de figurar en el diccionario: a) expresiones fijas e idiomatizadas, b)
combinaciones en fase incipiente de fijación, que se pueden considerar colocaciones.5
Las primeras son expresiones como poner en solfa, caer en gracia y andar a
vueltas ‘reñir’, cuya forma ha sufrido una fijación y cuyo significado no es compositivo.
De hecho, en la práctica lexicográfica se vienen teniendo en cuenta. El DRAE recoge
los tres ejemplos anteriores en el artículo correspondiente al sustantivo.
En principio, el criterio para reconocer tales expresiones ha de ser el de si
resulta identificable la aportación del sintagma preposicional al significado de la com-
binación. No obstante, debido a la desemantización del verbo, no siempre será tarea
fácil diferenciar la idiomaticidad de la combinación de la idiomaticidad del sintagma
preposicional. Se puede recurrir a un criterio secundario: ¿podemos encontrar el
sintagma preposicional en otros contextos con ese mismo significado? (cf. Pöll 2002:
86). Sin embargo, este criterio tampoco nos conducirá a resultados definitivos en
muchos casos, ya que puede haber sintagmas preposicionales que aparezcan en un
único contexto, pero que, sin embargo, realicen una aportación identificable al signi-
ficado de la combinación, por lo que no se debería considerar propiamente que esta es
una expresión idiomática (cf. Gaatone 1981: 53, Bosque 2001: 24).
Otras combinaciones se encuentran en una fase incipiente de fijación que auto-
riza a considerarlas colocaciones. Así, por ejemplo, existe la combinación ponerse en
viaje, pero no ponerse de viaje. Con el verbo estar, en cambio, tenemos estar de viaje
y estar en viaje, pero esta última combinación solo es posible cuando está presente un
modificador del sustantivo, como, por ejemplo, estar en viaje de negocios. Sería con-
veniente una reflexión sobre las causas de tales restricciones que permitiera aclarar
hasta qué punto se pueden deber a motivos semánticos o venir dadas por fenómenos
de fijación.
Sería conveniente que el diccionario recogiese combinaciones como las indi-
cadas, lo que resultaría de utilidad, por ejemplo, para el hablante de español como
lengua extranjera, a quien se le plantean frecuentemente dudas sobre su uso. Teniendo
en cuenta que, como veremos en el apartado siguiente, hay sintagmas preposicionales

5
Respecto del concepto de colocación, pueden consultarse, entre otros, Alonso Ramos (1994-
1995) y Koike (2001).
COMBINACIONES ATRIBUTIVAS DEL TIPO PONER EN MOVIMIENTO Y DICCIONARIO 93

que han alcanzado un grado de fijación suficiente como para ser incluidos también en
el diccionario,6 podría ser una estrategia aconsejable, sobre todo para un diccionario
electrónico, en el que las consideraciones de ahorro de espacio no desempeñan un
papel tan importante, el proporcionar en el artículo correspondiente al verbo informa-
ción sobre los sintagmas preposicionales con que se combina.7

3. EL SINTAGMA PREPOSICIONAL

Me fijaré ahora en las peculiaridades que presentan sintagmas preposicionales


como en movimiento,8 que contienen el sustantivo que realiza la aportación semántica
principal a la combinación y constituye propiamente el predicado semántico. Encon-
tramos, en función de complemento predicativo obligatorio, sintagmas formados con
diferentes preposiciones, como a, en, de, con y sin:9

(13) Su camisa rosa […] dejaba al descubierto sus morenos muslos (Marsé, Teresa).
(14) Durante unas horas, doña Eulalia quedó en entredicho (Torrente Ballester,
Filomeno).
(15) Entre el alba y la anochecida continuaba de merodeo por no se sabía qué
rumbo (Caballero Bonald, Ágata).
(16) Yo que usted andaría con cuidado (Torrente Ballester, Filomeno).
(17) […] mi piedad no quedó sin premio (Ayala, Vaso).

6
Margarita Alonso Ramos (c. p.) me indica que un posible análisis, al menos para una parte de las
construcciones que estudiamos, sería el de una colocación (la combinación en su conjunto) que incluye
otra colocación (el sintagma preposicional).
7
Esta es solo la primera parte de la propuesta. Como expondré a continuación, esta información
se tiene que complementar con la proporcionada en el artículo correspondiente al sustantivo.
8
La peculiaridad de sintagmas preposicionales como los que vamos a examinar la han señalado,
entre otros, Zuluaga (1980: 155-160), Masullo (1996: 179 ss.), Pavón (1999: 9.3.3) y Ruiz Gurillo (1998:
23-31, 2001: 50-52, 54, 55 ss.). Sería necesario emprender un estudio más amplio para dar cuenta de
tales sintagmas con todos los pormenores.
9
También podemos encontrar sintagmas preposicionales con diferentes grados de fijación en
otros contextos, donde desempeñan otras funciones: como modificadores de sustantivos («¿Pero tú qué
te crees que te cuestan los trajes a la medida en Madrid?» Ferlosio, Jarama), como modificadores de
adjetivos («Una aventura con ella, tan apetecible en apariencia, puede acabar en quebraderos de cabeza
[…]» Vallejo Nájera, Rey) y como complementos predicativos de verbos diferentes de los indicados
arriba («[…] lo mismo que decir que ha venido a disgusto» Ferlosio, Jarama). Sin embargo, haremos
abstracción de todos estos casos y nos centraremos únicamente en aquellos sintagmas que funcionan
como complemento predicativo obligatorio de los verbos indicados.
94 ALBERTO BUSTOS PLAZA

Me centraré en aquellos sintagmas encabezados por las preposiciones en y a que


desempeñan la función de complemento predicativo obligatorio en construcciones
atributivas con el grupo de verbos indicado anteriormente. Las preposiciones en y a
han perdido aquí su contenido espacial. Masullo (1996: 175) las considera preposi-
ciones livianas cuya función consiste en convertir un nombre en adjetivo o adverbio
(cf. Demonte y Masullo 1999: 38.1.3). Se ha producido, por tanto, una desmotivación
que obliga a aprender el sintagma en bloque.
Muchos de estos sintagmas preposicionales presentan un grado de fijación que
invita a considerarlos, como mínimo, colocaciones. Intuitivamente, no es difícil per-
cibir, por ejemplo, su carácter impredecible. Así, existe el sintagma en movimiento,
pero no *en desplazamiento. Utilizamos de rodillas, con el sustantivo en plural, lo
que se corresponde con la realidad dual designada, pero en cambio empleamos el
singular en un sintagma comparable: de pie. No es de extrañar, por tanto, que en la
práctica lexicográfica se hayan tenido en cuenta tradicionalmente tales sintagmas
preposicionales. Si realizamos un pequeño muestreo en el DRAE, encontramos
sintagmas como a oscuras, a ciegas, al corriente, en marcha, a solas, en pie, a la
contra, en contra, a favor, a las órdenes, en orden, en espera, etc. No aparecen, en
cambio, en movimiento, en busca, a la búsqueda,10 en deuda, en formación, en com-
pañía de, a la espera, en camino y otras muchas.
En cuanto al tratamiento lexicográfico, convendría listar por el sustantivo aque-
llos sintagmas preposicionales que presenten un cierto grado de fijación, indicando
además con qué verbos se combinan. De esta forma, se complementa la propuesta del
apartado anterior, que consiste en incluir en el artículo del verbo información sobre
los sintagmas preposicionales con que se combina.

3.1. Sintagmas con la preposición en


Los sintagmas formados con la preposición en presentan diferentes grados de
fijación. Encontramos comportamientos diversos en cuanto a los determinantes del
sustantivo. En algunos casos es obligatoria su ausencia (18). En otros, ha de aparecer
necesariamente el artículo determinado (19). También puede darse una alternancia
regular de determinante (20):

(18) a. La casa contigua estaba en construcción (García Hortelano, Amistades).


b. *La casa estaba en la construcción.

10
El par formado por en busca y a la búsqueda resulta interesante para ilustrar la fijación de estos
sintagmas, pues, por lo general, cada forma del sustantivo se combina con una preposición diferente.
Además, el sustantivo busca no se registra normalmente fuera de este sintagma preposicional.
COMBINACIONES ATRIBUTIVAS DEL TIPO PONER EN MOVIMIENTO Y DICCIONARIO 95

(19) a. […] las autoridades estaban en la obligación de procurar inducirlos a aban-


donarla (Ayala, Vaso).
b. *Las autoridades estaban en {∅/ una} obligación {inexcusable} de procu-
rar inducirlos a abandonarla.
(20) a. No me ponga en un compromiso (Mendoza, Diluvio).
b. Me pone usted en el compromiso terrible de tener que denunciarle.
c. No me ponga usted en ese compromiso.

La modificación del sustantivo mediante adjetivos es posible en algunos casos. Así,


en contacto puede aparecer sin adjetivo como en (21a) o con él como en (21b). En
cambio, la aparición del adjetivo está bloqueada en el sintagma en cuclillas (22). En
ocasiones se produce la fijación del adjetivo. Así, el adjetivo mortal puede aparecer o
no en el sintagma en pecado, pero no puede ser sustituido por otro (23):

(21) a. Pues que Isabel y Jovita también estén en contacto con ella hasta pasado
mañana (García Hortelano, Amistades).
b. Se está en perpetuo contacto con lo infinito […] (Delibes, Ciprés).
(22) a. Un niño […] está en cuclillas […] (Cela, Alcarria).
b. *Un niño está en incómodas cuclillas.
(23) a. Pascualón, Elena, estáis en pecado mortal (Delibes, Camino).
b. *Pascualón, Elena, estáis en pecado {grave/ capital}.

En cuanto al número, encontramos fijación en singular (24), en plural (25) o alternan-


cia entre singular y plural (26):

(24) a. En cuanto se te antoja eres capaz de poner en movimiento a media humani-


dad (Ferlosio, Jarama).
b. *Eres capaz de poner en movimientos a media humanidad.
(25) a. […] la chica esa de la «boutique» le habrá puesto en antecedentes […]
(Torrente Ballester, Yo no soy yo).
b. *Le habrá puesto en antecedente.
(26) a. Acabó diciéndome que […] si alguna vez me hallaba en un apuro […] que
contase con su amistad y su confianza (Torrente Ballester, Filomeno).
b. Los países europeos no podían pagar sus deudas a Estados Unidos, y éste
se hallaba en apuros (Torrente Ballester, Filomeno).

La relativización del sustantivo es posible únicamente si este admite determinación.


Para (27) es posible una combinación El Júpiter y tú os halláis en un evidente des-
acuerdo, de ahí que resulte admisible la relativización. En cambio, para (28) no hay
96 ALBERTO BUSTOS PLAZA

posibilidad de una construcción como *La casa estaba en una rápida construcción,
lo que bloquea la relativización:

(27) […] el evidente desacuerdo en que os halláis el Júpiter y tú […] implica sin
embargo ciertas coincidencias fundamentales (Torrente Ballester, Yo no soy yo).
(28) *La construcción en que estaba la casa.

Como vemos, los sintagmas formados con la preposición en presentan una considera-
ble heterogeneidad en relación con las características examinadas. ¿Qué nos indica
esto? Probablemente, nos encontramos ante un abanico que va desde las formaciones
ocasionales hasta los sintagmas lexicalizados, pasando por un grupo intermedio de
colocaciones. Aquellos sintagmas que han entrado en el proceso de fijación deberían
listarse en el diccionario por el sustantivo. Sería útil, como mencioné arriba, que el
artículo incluyera información adicional sobre los verbos con que se combina.

3.1. Sintagmas con la preposición a


Los sintagmas formados con la preposición a son los que han alcanzado un
mayor grado de fijación, lo que se corresponde con un mayor grado de idiosincrasia.
El determinante, por lo general, es fijo, con dos posibilidades: el sustantivo carece
obligatoriamente de determinante (29) o aparece necesariamente el artículo determi-
nado (30):

(29) a. […] tenemos los datos de los colegios pero andamos a falta de direcciones
(Delibes, Señor Cayo).
b. *Andamos a la falta de direcciones.
(30) a. Pero yo […] andaba a la deriva […] (Torrente Ballester, Filomeno).
b. *Andaba a deriva.
c. *Andaba a una deriva fortísima.

Existen algunas excepciones, como a (la) disposición y a (su) favor. En el primer


caso, el determinante es opcional; además, el artículo determinado puede alternar con
el posesivo dependiendo de la realización sintáctica del argumento introducido por la
preposición de:

(31) a la disposición del público – a su disposición

En el caso de a favor, no puede aparecer el artículo determinado (*al favor), pero sí el


posesivo (a {mi/ tu/ su…} favor).
Por lo general, el sustantivo no admite la modificación mediante adjetivos (32),
salvo en ciertos casos en que aparece un adjetivo estereotipado (33):
COMBINACIONES ATRIBUTIVAS DEL TIPO PONER EN MOVIMIENTO Y DICCIONARIO 97

(32) El general se puso al mando (*completo) de las tropas.


(33) Detrás dejaba a buen recaudo mis afectos (Delibes, Ciprés).

Los sintagmas con a, al igual que los adjetivos, admiten intensificadores (cf. Danlos
1980 para el francés):

(34) Pues hay que estar más al corriente, Mely (Ferlosio, Jarama).
(35) […] los jardincitos estaban muy a la vista […] (Ferlosio, Jarama).

El número del sustantivo ha quedado fijado en singular (36) o plural (37):

(36) a. Yo me enteré […] de que los dejaba a cargo del pazo […] (Torrente Ballester,
Filomeno).
b. *Los dejaba a (los) cargos del pazo.
(37) a. […] un apagón dejó la casa a oscuras […] (Marsé, Muchacha).
b. *Un apagón dejó la casa a oscura.

Se registran sustantivos plurales como oscuras y solas cuyo origen está en la


nominalización de un adjetivo. Fernández Ramírez (1985-1991: vol. 3.1, 139 s.) lla-
ma la atención sobre la fijación en plural de ciertas locuciones, entre las que cita a
oscuras y otros sintagmas preposicionales. Algunos sustantivos, como trasmano, solo
pueden aparecer en el interior de estos sintagmas: 11 a trasmano (cf. Zuluaga 1980).
Queda excluida la relativización del sustantivo, aun cuando este admite un
determinante:

(38) a. […] aquel complejo residencial, cuyos chalets […] todavía estaban a la
venta (Mendoza, Diluvio).
b. *La venta a la que estaban los chalets.

Basta con echar un vistazo al catálogo de sustantivos recogido abajo en el Apéndice


para percibir que el número de sintagmas formados con la preposición a es sensible-
mente inferior al de aquellos que incluyen en. Esto se explica, probablemente, por el
mayor grado de fijación, que excluye formaciones ocasionales.
Las características de los sintagmas formados con la preposición a apuntan a
un grado avanzado de fijación que justifica su inclusión en el diccionario. Al igual

11
El DRAE registra el sustantivo trasmano como «segundo en orden en ciertos juegos», pero una
búsqueda en CREA para el periodo 1954-2004 arroja 41 ejemplos, de los que ninguno corresponde a esta
acepción, lo que concuerda con la intuición de que ha caído en desuso.
98 ALBERTO BUSTOS PLAZA

que en el caso de los sintagmas formados con en, sería conveniente informar sobre los
verbos con que se pueden combinar.

4. CONCLUSIONES

Como hemos visto, al menos en un grupo de las combinaciones del tipo poner
en movimiento, se detectan fenómenos de fijación en dos niveles: a) la combinación
en su conjunto, y b) el sintagma preposicional. Por ello, como paso previo al trata-
miento lexicográfico, se deberían identificar secuencias que presenten algún grado de
fijación, a saber: a) combinaciones de verbo atributivo y sintagma preposicional, y b)
sintagmas preposicionales. El artículo correspondiente al verbo debería informar so-
bre los sintagmas preposicionales con que se combina este. Los sintagmas
preposicionales se deberían recoger en el artículo correspondiente al sustantivo, indi-
cando con qué verbos aparecen.

APÉNDICE:
SINTAGMAS PREPOSICIONALES REGISTRADOS EN EL CORPUS
en:

abandono construcción exhibición necesidad rendimiento


actividad contacto exilio negociaciones reparación
acuerdo contraposición expectación obligación reposo
antecedentes conversación falta oposición ridículo
apogeo cuclillas formación orden riesgo
aprieto cuenta funcionamiento paz salvo
apuro decadencia funciones pecado (mortal) sazón
apuros decaimiento guarda peligro seco
arriendo desacuerdo guardia pie silencio
aviso desamparo guerra pie de guerra solfa
bancarrota desbandada hora plena cópula sombra
brete desesperación ignorancia poder sospechas
callejeos desgracia imposibilidad posesión suspenso
campaña desuso indecisión posición tela de juicio
circulación disposición inquietud práctica trance
claro duda juego propiedad uso
coma dudas libertad proyecto vacaciones
combate ebullición lo cierto razón vena
compromiso entredicho marcha reacción viaje
conflicto estima mayoría regla vigor
consideración evidencia movimiento relaciones vilo
COMBINACIONES ATRIBUTIVAS DEL TIPO PONER EN MOVIMIENTO Y DICCIONARIO 99

a:

acecho cuidado favor oscuras solas


alcance deriva habla prueba venta
búsqueda descubierto mal punto vueltas
cabeza disposición mando quite
cargo escucha margen (buen) recaudo
caza espera merced salvo
corriente falta mira servicio

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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101

Sobre la necesidad de marcar las


colocaciones en el diccionario de uso

SUSANA CAMIÑA SALGADO


EVA-MARÍA MUÑIZ ÁLVAREZ

1. INTRODUCCIÓN

El término colocación es empleado para designar combinaciones léxicas como


trabar conversación, vago redomado, discutir acaloradamente, llevarse un disgus-
to o bandada de pájaros. La introducción de este concepto en la lingüística hispáni-
ca es tardía, pero ha sido recibida con notable interés por parte de la comunidad
investigadora.
A pesar de la gran cantidad de estudios sobre colocaciones publicados en los
últimos años, los autores discrepan todavía en puntos esenciales, como son las carac-
terísticas sustantivas de las colocaciones o su lugar en el mapa de las disciplinas
lingüísticas. Por eso, sin pretender dar soluciones definitivas a estos amplios proble-
mas, definiremos brevemente la idea de colocación con la que trabajamos y sus simi-
litudes y diferencias respecto de las principales concepciones vigentes.1
A continuación, afrontaremos algunos aspectos relacionados con el tratamien-
to lexicográfico de las colocaciones. No son muchos los trabajos realizados sobre el
tema hasta la fecha, al menos en el ámbito hispánico, y aun estos suelen limitarse a
denunciar la escasez de colocaciones registradas y la asistematicidad de su inclusión.2
Sin embargo, más allá del mero incorporar nuevas expresiones al diccionario, convie-
ne estudiar cuál es el mejor modo de presentar el aspecto colocacional, con el fin de

1
Dichas concepciones se encuentran recogidas en Aguilar-Amat (1993), Alonso Ramos (1993 y
2002), Corpas Pastor (1996 y 2001), Írsula (1992 y 1994), Koike (2001) y Wotjak (1992, 1996 y 1998),
principalmente.
2
Cabe destacar el enfoque lexicográfico de la Teoría Sentido-Texto (cf. Alonso Ramos 1993 y
2002), además de las observaciones contenidas en Castillo Carballo (2002) y Corpas Pastor (1996).

101
102 SUSANA CAMIÑA SALGADO y EVA-MARÍA MUÑIZ ÁLVAREZ

que la obra lexicográfica responda más fielmente a su vocación de diccionario de uso,


es decir, con el objeto de atender tanto al proceso de descodificación, como al de
codificación de textos.
Como se desprende del título que precede a estas líneas, pretendemos poner de
manifiesto la necesidad de señalar las variedades lingüísticas a las que pertenece cada
colocación. Igual que las unidades léxicas tomadas aisladamente, las colocaciones se
encuentran marcadas en función de los parámetros de diacronía, diatopía, diafasía,
diastratía y otros muchos como el tipo y estilo de texto en que aparece o el canal
comunicativo (oral o escrito).
Como veremos, la pertenencia de una colocación a una u otra variedad puede
venir determinada por las características de sus componentes o puede ser específica
de la combinación. Así, por ejemplo, la expresión largar un discurso está marcada
diafásicamente (pertenece a la variedad coloquial), ya que la combinación como un
todo hereda la marca de su formante verbal (largar); mientras que la colocación aga-
rrar el tren pertenece a la variedad americana, sin que esta pertenencia pueda expli-
carse a partir de las características de sus formantes.
Con el fin de auxiliar al hablante en la tarea de producción, el diccionario ha de
recoger el mayor número posible de colocaciones y, además, debe proporcionar al
usuario la información necesaria para que éste sea capaz de introducirlas adecuada-
mente en su discurso. En definitiva, mostraremos que es preciso habilitar marcas
lexicográficas que den cuenta de las características de las colocaciones e indicaremos
en qué casos resultan imprescindibles dichas marcas.

2. NOTAS AL CONCEPTO DE COLOCACIÓN

Hablamos de colocación para referirnos a una combinación sintagmática de


dos unidades léxicas tales que, en el proceso de producción lingüística, una de ellas
(la base) exige o prefiere a la otra (el colocativo) para expresar alguno de sus signifi-
cados típicos.
En consecuencia, entendemos que la noción de colocación se encuentra estre-
chamente vinculada a la síntesis o producción lingüística, por cuanto es sólo en el
acto elocutivo cuando surgen preguntas del tipo de ¿qué se hace con la ayuda? (se
presta/se recibe...) o de ¿qué pasa con la desconfianza? (reina/se confirma...): el
hablante busca los colocativos movido por la conciencia de que existe una palabra
justa para lo que pretende expresar. El ámbito de esa particular selección léxica es el
objeto de estudio propio de la investigación colocacional.
Desde esta óptica de producción, las colocaciones son siempre combinacio-
nes orientadas, composicionales, típicas y restringidas. Veamos estas propiedades
separadamente:
SOBRE LA NECESIDAD DE MARCAR LAS COLOCACIONES EN LOS DICCIONARIOS DE USO 103

a) Las colocaciones son expresiones orientadas, puesto que la selección léxica


se ejerce siempre desde la base al colocativo, sin que dichos papeles puedan ser
intercambiados. Por ejemplo, en la combinación prestar ayuda, es el sustantivo ayu-
da el que fuerza la selección léxica del verbo; mientras que en sentido inverso, del
verbo al sustantivo, la relación posee naturaleza valencial, no colocacional.
b) Son composicionales, ya que sus formantes mantienen entre sí una relación
conceptual, frente a las expresiones fraseológicas, que constituyen una unidad de sen-
tido. Los procesos de metaforización o desemantización del colocativo, lejos de com-
portar una prueba de la semiidiomaticidad de la colocación (Corpas Pastor 1996, Koike
2001 y Alonso Ramos 1993 y 2002, entre otros), se explican como parte del proceso
de composicionalidad semántica en el que los formantes sufren un acoplamiento
(tayloring, en la terminología de Allerton 1984) para dar lugar al significado del todo.
Por ejemplo, en la colocación sofocar una rebelión se produce un intercambio de
información semántica entre el verbo y el sustantivo que hace inteligente e inteligible
la expresión: de un lado, rebelión adquiere cierta similitud con un incendio (por su
irrupción, su capacidad de extenderse, su agresividad...) gracias al significado del
verbo que le acompaña; y, de otro lado, sofocar se acopla al sustantivo estableciendo
una relación de sinonimia contextual con verbos como reprimir o dominar: las rebe-
liones se apagan del mismo modo que se sofocan los incendios.
c) La selección que lleva a cabo la base sobre el colocativo posee carácter
léxico semántico: semántico, en tanto que busca la expresión de un determinado sig-
nificado, y doblemente léxico, en la medida en que la preexistencia de la base léxica
condiciona –e incluso en algunos casos determina– la elección de una determinada
unidad léxica como colocativo (cf. Alonso Ramos 2002). A modo de ilustración, po-
demos observar la diferente selección léxica que ejercen los sustantivos relación y
conversación: mientras que las relaciones se guardan y se mantienen, las conversa-
ciones se mantienen, pero no *se guardan. Se percibe, por tanto, que los colocativos
son elegidos en función de un determinado significado que se desea expresar (en los
ejemplos propuestos, ‘tener, sostener’) y de la preferencia o condición que determine
la base léxica.3

3
La existencia de lagunas colocacionales como *guardar una conversación pone de manifiesto
la naturaleza léxica de las colocaciones. Esta constatación lleva a Alonso Ramos (2002: 69) a afirmar
que la combinación gran dolor es una colocación porque las expresiones *gran fiebre o *gran hambre
son imposibles. A nuestro modo de ver, aunque un colocativo se combine con todas las bases
semánticamente próximas, no deja de estar seleccionado léxicamente por cada una de las bases; por
consiguiente, el hecho de que un presunto colocativo se combine o no con todas las bases colocacionales
semánticamente próximas es una cuestión ajena a la determinación de si existe o no colocación en cada
combinación particular. Dicho de otro modo, la existencia de lagunas léxicas es una prueba de la natura-
leza léxica del vínculo colocacional, pero no es condición imprescindible para poder etiquetar como
colocación una combinación léxica determinada.
104 SUSANA CAMIÑA SALGADO y EVA-MARÍA MUÑIZ ÁLVAREZ

d) Por último, las colocaciones son expresiones típicas, en un sentido próximo


a los presupuestos cognitivos, de modo que el significado que se pretende expresar
constituye un proceso o una cualidad típica de la base (o, mejor, de la realidad expre-
sada por la base). Siguiendo con el sustantivo anterior, son combinaciones típicas
provocar una rebelión, incitar a la rebelión, estallar una rebelión, concluir una rebe-
lión o aplacar una rebelión, frente a combinaciones como imaginar una rebelión,
describir una rebelión o desear una rebelión, en las que el vínculo sustantivo-verbal
es atípico.4

3. COLOCACIONES Y VARIEDADES LINGÜÍSTICAS

Como adelantábamos en la introducción, las colocaciones se encuentran mar-


cadas en función de los tradicionales parámetros de diacronía, diafasía, diastratía y
otros muchos como el tipo y estilo de texto en que aparece o el canal comunicativo
(oral o escrito). Por razones de espacio, en estas páginas nos limitaremos a comentar
algunos aspectos diatópicos, diafásicos y diastráticos que afectan a la combinatoria
colocacional.
En cuanto a la variación diatópica, cabe señalar la grandísima riqueza del espa-
ñol. Por ejemplo, en España, el profesor pone un examen y los alumnos lo hacen; en
Argentina, Perú y Uruguay, los profesores toman y los alumnos dan o rinden examen;
en Puerto Rico, los profesores dan examen y los estudiantes lo cogen o lo toman; en
México, los maestros/profesores lo aplican y los alumnos lo presentan; en Venezuela,
los docentes lo dan, administran, aplican o ponen; y los alumnos lo toman, respon-
den, contestan o presentan. Además, en América los discentes pueden pasar o salvar
un examen (con una selección claramente influida por el inglés), o bien perderlo;
mientras que en España los alumnos aprueban o suspenden.
Como se ve, la frontera isoglósica no siempre se encuentra en el Atlántico, ya
que existen variantes que se utilizan en un único país, o que son propias de varias
naciones, no necesariamente limítrofes. Más aún, hay selecciones léxicas regionales
dentro de cada lengua nacional, como tirar una carta, propia de Valencia, u otras
como hacer gasolina, que se encuentra generalizada en varias zonas de Galicia (hasta
donde llega nuestro conocimiento, en Ferrol y en la península del Morrazo).

4
Írsula (1992) fue el primero en hablar de la tipicidad en el contexto de los estudios colocacionales,
adaptando la teoría de Rosch (1975). Posteriormente, Írsula (1994) identifica las colocaciones con los
virtuemas de Pottier (1975) en tanto que combinaciones típicas. En una línea próxima, Wotjak (1992:
121) recupera la noción de halo de Pottier (1975) e indica que el halo de «predicaciones admisibles para
un determinado sustantivo se ve determinado por nuestro conocimiento procesual predicador y se nutre
del conocimiento enciclopédico adquirido».
SOBRE LA NECESIDAD DE MARCAR LAS COLOCACIONES EN LOS DICCIONARIOS DE USO 105

De la misma manera, encontramos expresiones colocacionales que pertenecen


a variedades diafásicas, como por ejemplo largar una leche o aducir un argumento,
que son propias de la variedad coloquial y formal, respectivamente. Como norma
básica, la coherencia del discurso exige que el registro de la base y el del colocativo
sean idénticos o, al menos, no presenten una oposición extrema. Así, según la varie-
dad a la que pertenezca la base, encontramos las siguientes tendencias:
a) Si la base es coloquial (como soplamocos), tiende a combinarse con
colocativos del registro coloquial (como soltar) o, en todo caso, no-marcados (como
dar o pegar) y, como contrapartida, suele rechazar la combinatoria con colocativos
formales o dar lugar a combinaciones ocasionales con efecto humorístico (como pro-
porcionar, propinar, acomodar, arrimar un soplamocos).
b) Si la base es formal (como animadversión), tiende a preferir colocativos
formales (como granjearse) o, por lo menos, no-marcados (como ganarse). La com-
binación de una base formal y un colocativo coloquial no es frecuente.
c) Si la base es no-marcada, el registro de la combinación depende del colocativo:
será formal si el colocativo es formal (como en esgrimir un argumento); será neutro si
el colocativo es neutro (como en dar un argumento) y será coloquial si el colocativo
es coloquial (como en largar un argumento).
En síntesis, podemos apreciar que las unidades léxicas marcadas tienden a com-
binarse con elementos pertenecientes a la misma variedad (o a la variedad neutra) y
que la combinación de un elemento formal y otro coloquial da lugar a matices
connotativos. Así, la combinatoria colocacional pone de manifiesto las fronteras entre
unos y otros registros con más claridad que las unidades léxicas aisladas.
Por último, la variedad diastrática muestra peculiaridades colocacionales, con
idénticos problemas de sistematización que las unidades léxicas simples. De un lado,
existen variantes diastráticas establecidas en relación con un patrón de corrección o
estándar, habitualmente denominadas cultas, vulgares y no-marcadas (como sobre-
venir la depauperación, largar una leche y dar una respuesta, respectivamente).
De otro lado, pueden considerarse variedades diastráticas las combinaciones
propias de los tecnolectos, como señalar un juicio y trasfundir sangre, frente a las no
marcadas fechar un juicio y poner sangre.5 Cabe considerar que este tipo de lenguajes
presentan variantes no sólo respecto de la lengua común o no-marcada, sino que en
ocasiones las colocaciones técnicas carecen de equivalente, como heparinizar una

5
Acerca de las colocaciones de argot profesional, conviene no confundir el tema de la combina-
ción con la variedad a la que ésta pertenece. Así, por ejemplo, Castillo Carballo (2001) aporta como
ejemplos propios del lenguaje deportivo meter un gol o, como particular del argot informático, bajar un
programa o abrir un archivo. A nuestro modo de ver, estas colocaciones se encuentran lo suficientemen-
te extendidas como para ser consideradas parte del lenguaje común, no marcado, a pesar de que se
refieran a un área determinada del saber.
106 SUSANA CAMIÑA SALGADO y EVA-MARÍA MUÑIZ ÁLVAREZ

vía, informar una prueba o librar una guardia: se trata de combinaciones que desig-
nan realidades desconocidas para el hablante común, pero típicas para un especialis-
ta. Además, si bien los lenguajes profesionales suelen asociarse al registro formal,
existen también variantes coloquiales como pinchar una analítica o hacer fiebre.
De modo general, debe tenerse en cuenta que toda combinación pertenece a
una lengua funcional y puede estar marcada en relación con más de un parámetro.
Así, puesto que las variables se entrecruzan en el discurso, la identificación de la
variedad a la que pertenece la colocación puede llegar a ser bastante compleja, como
es el caso de brindar ayuda, coloquial en el español de América y formal en el espa-
ñol peninsular.

4. SOBRE EL ORIGEN DEL CARÁCTER MARCADO DE LA COLOCACIÓN

El carácter marcado de la colocación puede tener diversos orígenes. Así, según


sus causas, podemos agrupar las colocaciones marcadas en dos grandes bloques: uno,
constituido por las colocaciones que heredan el carácter marcado de sus componentes
y otro, formado por las colocaciones marcadas en sentido estricto, que poseen una
selección léxica específica de una variedad o de un determinado lenguaje. Veamos
cada bloque por separado:
a) Colocaciones con componentes marcados. Pueden subclasificarse, a su vez,
en los dos grupos siguientes:
1. Colocaciones con base marcada. Se trata de combinaciones léxicas como
dar, tomar, preparar, hacer el tetero, que constituyen el correspondiente venezolano
de las colocaciones españolas dar, tomar, preparar, hacer el biberón.
El patrón colocacional o conjunto de colocativos de una base puede ser idénti-
co al de sus correspondientes en otras variedades, como es el caso de tetero y biberón,
que presentan patrones perfectamente paralelos; o bien puede presentar diferencias
más o menos importantes. Como ejemplo de este segundo caso tenemos el sustantivo
correa, variante venezolana del cinturón español, que no sólo se desabrocha, sino
que además se abre, se zafa, se desata, se suelta y se saca.
2. Colocaciones con colocativo marcado. Son combinaciones como esgrimir o
largar un argumento, en las que el elemento seleccionado por la base se encuentra
vinculado a una determinada variedad lingüística (formal y coloquial, respectivamen-
te), de modo que la colocación ha de adscribirse necesariamente a la misma variedad.
Por supuesto, existen casos híbridos, de base y colocativo marcado. Pueden ser
colocaciones en las que los dos formantes pertenezcan, aisladamente, a una misma
variedad, o bien pueden estar marcados respecto de un parámetro distinto. Como
ejemplos del primer caso proponemos las combinaciones soltar una chorrada, expul-
sar una ventosidad o llenar una planilla poseen ambos componentes (base y colocativo)
SOBRE LA NECESIDAD DE MARCAR LAS COLOCACIONES EN LOS DICCIONARIOS DE USO 107

marcados respecto de la misma variedad (coloquial, formal y venezolana, respectiva-


mente). Como ejemplos del segundo caso encontramos colocaciones como plantar
un ósculo o cascar el menisco, que combinan un colocativo coloquial (plantar, cas-
car) y una base propia de un tecnolecto (literario y médico, respectivamente).
b) Colocaciones marcadas propiamente dichas. Son combinaciones como aga-
rrar el tren (español de Venezuela), señalar un juicio (tecnolecto jurídico) o colocar
gasolina (español de Perú), que forman parte de una variedad determinada sin que
ninguno de sus componentes sea específico de dicha variedad. Gráficamente, pode-
mos representar la marcación como sigue:

[agarrar (no-marcado) + tren (no-marcado)] Ven.


[señalar (no-marcado) + juicio (no-marcado)] Der.
[colocar (no-marcado) + gasolina (no-marcado)] Per.

En el caso de las colocaciones propias de lenguajes especiales, son frecuentes


las colocaciones con verbos de contenido genérico (especialmente con hacer), que
designan procesos muy típicos del tecnolecto; mientras que el lenguaje común, si
posee colocaciones equivalentes, suele preferir colocativos de significado más inten-
so. Por ejemplo, el lenguaje común cuenta con las colocaciones marcar o meter un
gol frente a la deportiva hacer un gol.
Evidentemente, la pertenencia de una colocación a uno u otro grupo no es
alternativa o, dicho de otro modo, es posible encontrar colocaciones propiamente
dichas con componentes marcados en algún otro parámetro. Es el caso de agarrar
el bus, cuya selección léxica es propia del español de América, al tiempo que cuenta
con una base coloquial. De forma gráfica, podemos indicarlo así: [agarrar + bus
(col.)] Am.

5. LAS COLOCACIONES EN EL DICCIONARIO DE USO

Como avanzamos en las palabras preliminares, no existen demasiados trabajos


dedicados al tratamiento lexicográfico de las colocaciones, si bien aquí y allá apare-
cen breves anotaciones acerca de si se encuentran o no recogidas las colocaciones o
de por qué y cómo registrarlas en los diccionarios de uso.
Los autores que han dedicado al menos unas líneas a este aspecto convienen en
que las colocaciones aportan al diccionario parte de la información necesaria para que
con rigor pueda ser calificado como de uso, tanto en el sentido de que «describe el uso
actual» como de que «auxilia a quien usa la lengua». Por lo demás, la cuestión de si
un diccionario incluye o no colocaciones se encuentra vinculada a la pregunta sobre
dónde y cómo registrar las colocaciones en la obra de uso.
108 SUSANA CAMIÑA SALGADO y EVA-MARÍA MUÑIZ ÁLVAREZ

Es opinión general entre los estudiosos que las colocaciones deben figurar en
el artículo de la base, puesto que es el componente que se localiza antes (Hausmann
1998, Koike 2001 y Alonso Ramos 2002, entre otros). En efecto, frente a la práctica
general de la lexicografía hispánica, el enfoque codificador que corresponde a la na-
turaleza de las colocaciones lleva a incluirlas en el artículo de la base y no en el del
colocativo.
Parece claro que la necesidad lexicográfica más imperiosa es la inclusión siste-
mática y ordenada de las colocaciones. Sin embargo, el registro de las colocaciones y
su marcación no son asuntos que puedan afrontarse aisladamente: de nada serviría
que incluyéramos todas las colocaciones del español en los diccionarios de uso, si no
proporcionamos la información suficiente para que los usuarios sean capaces de se-
leccionar el colocativo adecuado a la variedad lingüística que está utilizando. Por
ejemplo, el significado ‘dar’, referido a argumento, puede verbalizarse como aducir,
esgrimir, proporcionar, dar, ofrecer, largar... pero la elección entre uno y otro
colocativo se encuentra condicionada por el registro lingüístico que esté utilizando el
hablante y, en última instancia, determinada por el contexto situacional comunicativo
(cf. Koike 2001: 195 y ss.). Dicho de otro modo, la competencia lingüística codificadora
implica no sólo la selección de una unidad léxica que responda al significado que se
desea expresar en presencia de una base determinada, sino el discernimiento de la
variedad lingüística a la que pertenece cada colocación.
Sin embargo, el carácter marcado de la colocación admite distinto tratamiento
lexicográfico según su origen. Así, si retomamos los bloques de colocaciones marca-
das que describimos en el apartado anterior, podemos establecer lo siguiente:
a) Puesto que las colocaciones figuran (o deben figurar) en la entrada de la base,
no es necesario incluir ninguna indicación especial para las colocaciones con base
marcada, puesto que la colocación hereda sistemáticamente el carácter marcado de la
base: basta con la marca que encabeza el artículo o la acepción correspondiente. De
hecho, en casos como dar el tetero, la marca de la colocación resultaría redundante.
b) Las colocaciones de colocativo marcado necesitan una indicación expresa
de la variedad a la que pertenecen, como es el caso de aducir un argumento.
c) En coherencia con los dos postulados anteriores, las colocaciones con base y
colocativo marcados no precisan indicación si la variedad del colocativo es idéntica a
la de la base, como en expulsar una ventosidad, en la que la selección léxica de la
base atrae o prefiere un colocativo del mismo registro. Sin embargo, la marcación
lexicográfica es necesaria cuando el colocativo y la base se encuentren marcados
respecto a parámetros distintos, como en las combinaciones cascar el menisco o plan-
tar un ósculo.
d) Por último, las colocaciones marcadas propiamente dichas deben ir acompa-
ñadas de una indicación específica, puesto que la preferencia de texto o de registro no
se deduce de la restante información contenida en el artículo.
SOBRE LA NECESIDAD DE MARCAR LAS COLOCACIONES EN LOS DICCIONARIOS DE USO 109

De este modo, la práctica lexicográfica podría diferenciar dos tipos de coloca-


ciones marcadas: de un lado, las colocaciones marcadas propiamente dichas (agarrar
el tren) y las colocaciones de colocativo marcado (con base neutra como esgrimir un
argumento o marcada respecto a otro parámetro lingüístico como plantar un ósculo),
que precisan una indicación lexicográfica específica junto a cada combinación; y, de
otro lado, las colocaciones de base marcada (como dar el tetero) o de base y colocativo
marcados respecto del mismo parámetro lingüístico (como soltar una chorrada), que
no exigen ninguna señal específica para cada colocación, puesto que su carácter mar-
cado ya figura en la información general de la base.6

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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41-56.

6
A propósito de la variación diatópica, Koike (2001: 202) diferencia entre variación léxica (si la
colocación tiene una base marcada) y variación colocacional (si cada variedad selecciona colocativos
distintos, independientemente de si estos se encuentran marcados aisladamente o no). A nuestro modo de
ver, el planteamiento de Koike resulta extremadamente reducido, al aplicarse sólo a la variación diatópica
y oscurece las diferencias lexicológicas entre unas y otras colocaciones.
110 SUSANA CAMIÑA SALGADO y EVA-MARÍA MUÑIZ ÁLVAREZ

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en Honor del Profesor Josse de Kock, Lovaina, Leuven University Press, pp. 577-594.
111

Estructuración semántica
de la fraseología de las lenguas de especialidad
y su aplicación lexicográfica

VERÓNICA FERRANDO
Universitat de Rovira i Virgili

1. INTRODUCCIÓN

A partir del análisis de una serie de obras lexicográficas que dan cuenta de las
colocaciones de las lenguas de especialidad, esta comunicación pretende pasar revista
al tratamiento de la información colocacional que ofrece la terminografía, y más con-
cretamente, los diccionarios dedicados al fenómeno combinatorio en las lenguas de
especialidad. Una vez analizada esta cuestión, se tratará de establecer qué tipo de
estructuración resulta más adecuada para la representación lexicográfica de la fraseo-
logía de una lengua de especialidad determinada, concretamente la de los seguros,
terminología sobre la que llevo algunos años investigando.1 Se trata de ahondar en las
relaciones semánticas que se establecen entre las combinaciones léxicas de un mismo
campo nocional en un intento de aplicar algún tipo de organización en forma de clases
semánticas que facilite su representación lexicográfica.

2. EL TRATAMIENTO DE LAS COLOCACIONES EN LOS TRABAJOS TERMINOGRÁFICOS

Como ya han puesto de relieve algunos estudiosos del fenómeno colocacional


(Corpas Pastor 1997, Aguilar-Amat y Tuells 1994, entre otros), en toda lengua de
especialidad encontramos, al igual que sucede en la lengua general, ciertas combina-

1
El presente estudio complementa el trabajo presentado en el I Simposio Internacional de Lexico-
grafía, celebrado en Barcelona en mayo de 2002, que llevaba por título «Propuesta de un diccionario de
colocaciones de la terminología aseguradora».

111
112 VERÓNICA FERRANDO

ciones léxicas de carácter más o menos fijo. Así, existen colocaciones que tienen
preferencia por determinados tipos de texto o registro.2 Por ejemplo, expresiones como
satisfacer una prima o producirse un siniestro son colocaciones propias de la termi-
nología aseguradora del español.
Este tipo de colocaciones son muy importantes tanto para el traductor como
para el redactor o corrector de textos especializados. Su dominio es indispensable
para poder expresarse con claridad y precisión en el discurso especializado. Como
han apuntado Bergenholtz y Tarp (1995), un conocimiento lingüístico insuficiente
impide saber qué combinaciones son las correctas en un determinado campo del sa-
ber. Por ejemplo, dentro de la terminología aseguradora ¿cuál es la expresión típica
para indicar la finalización de un seguro?: ¿acabar un seguro, cesar un seguro o
expirar un seguro? Una persona no especialista en seguros podría tener cierta dificul-
tad para determinar que la combinación más usual es expirar un seguro. Este tipo de
problemas pone de relieve que los traductores y autores de textos técnicos deberían
disponer de amplios repertorios colocacionales para los distintos sublenguajes.
En respuesta a esta necesidad, cabe señalar que en los últimos tiempos han
aparecido una serie de diccionarios combinatorios terminológicos, la mayoría de ellos
para la lengua francesa.

2.1. El Lexique des coocurrents. Bourse – conjoncture économique


El primer diccionario combinatorio para una lengua de especialidad en ver la
luz fue el trabajo de Cohen: Lexique des coocurrents. Bourse – conjoncture économique
(1986), obra en la que aparecen recogidas las colocaciones de más de un centenar de
sustantivos de la lengua francesa de la bolsa, las cuales se presentan según una doble
clasificación: en función de las fases de un proceso (inicio, crecimiento, declive y
fin), y en función de la categoría de los colocativos (nombre, verbo o adjetivo).
La estructuración nocional de las colocaciones en función de las fases tempo-
rales llevada a cabo por Cohen es el resultado de la adaptación al discurso especializa-
do de la metodología propuesta por Mel’…uk y otros en la compilación del Dictionnaire

2
Ahora bien, cabe señalar que las colocaciones de las lenguas de especialidad presentan ciertas
diferencias con respecto a las colocaciones de la lengua general. De hecho, L’Homme (2000: 105-106)
ha optado por denominar a las colocaciones terminológicas specialized lexical combinations o SLC y
emplear el término colocación sólo para las combinaciones del discurso general. Las colocaciones de la
lengua general presentan un mayor grado de arbitrariedad, están determinadas idiosincráticamente, son
la manifestación de una coocurrencia léxica restringida. En cambio, en el caso de las SLC, la descripción
debe hacerse desde la coocurrencia léxica libre, porque 1) la ausencia de composicionalidad no parece
ser un criterio relevante para identificarlas y 2) frecuentemente lexemas con rasgos semánticos comunes
comparten colocativos; esto es, los colocativos de una SLC se combinan con determinados grupos de
términos y estos términos se pueden agrupar en clases semánticas.
ESTRUCTURACIÓN SEMÁNTICA DE LA FRASEOLOGÍA DE LAS LENGUAS 113

explicatif et combinatoire du français contemporain (DEC), pues Cohen utiliza pará-


frasis de un numero determinado de funciones léxicas (en adelante, FFLL)3 en lugar
de éstas.4
Sin embargo, como ya ha apuntado Montero Martínez (2003), la estructuración
de Cohen resulta a veces insuficiente. Además de las categorías temporales, algunas
entradas presentan una sexta categoría denominada «otros». Se trata de una especie
de cajón de sastre al que van a parar aquellas colocaciones que no expresan fases de
un proceso. No existe, por tanto, una verdadera clasificación de todos los colocativos;
la categoría «otros» da cabida a muchos tipos de colocaciones que deberían recibir
alguna explicación. No obstante, hay que tener en cuenta que siempre habrá combina-
ciones que escapen a una determinada clasificación. De hecho, la categoría «otros»
está presente también en el DAFA y en el DAFLES, diccionarios combinatorios de los
que hablaré más adelante. En mi opinión, se trata de una categoría necesaria pero de
la que no debe abusarse.

2.2. El Vocabulaire combinatoire de la CFAO mécanique


Siguiendo la iniciativa de Cohen, algunos lingüistas del Module Canadien du
Rint han realizado proyectos lexicográficos similares. Así, Claude Lainé (1993) es el
autor del Vocabulaire combinatoire de la CFAO mécanique.
Por lo que respecta al trabajo de Lainé, cabe señalar que registra colocaciones
de la terminología utilizada en la creación y fabricación asistida por ordenador. Con-
cretamente distingue los siguientes tipos de colocaciones: a) término + verbo (–ordo-
nnancement connaître les ordres lancés); 2) verbo + término (choisir ordonnance-
ment); 3) término + adjetivo (ordonnancement informatisé) 4) término + (preposición)
+ (artículo) + sustantivo (ordonnancement à buts multiples); y 5) sustantivo + (prepo-
sición) + (artículo) + término (l’art de l’ordonnancement).

3
Mel’…uk y sus colaboradores han ideado las FFLL para dar cuenta de las colocaciones. Las
FFLL definen las relaciones semánticas que existen entre los dos componentes de una colocación. Una
función léxica o FL es una especie de fórmula matemática que presenta la forma: F(x) = y, donde F es la
FL (designada mediante una abreviatura latina), x es la palabra llave (lexema) de la FL e y su valor. En
una FL, la palabra llave se corresponde con el lexema A de una colocación y el valor con el lexema B.
Por ejemplo, la colocación fe ciega, sería descrita del modo siguiente: Magn (fe) = ciega. En esta formu-
lación, Magn (‘intenso’, ‘grande’) es la FL, fe es la palabra llave y ciega, el valor de la FL. Nótese que
la palabra llave y el valor de una FL equivalen, respectivamente, a los conceptos de Hausmann (1979 y
1989) de base y colocativo.
4
Según L’Homme (2004: 24), es posible establecer una clara correspondencia entre las catego-
rías semánticas que emplea Cohen y las FFLL de Mel’…uk. Por ejemplo, en el caso de la unidad léxica
capital, las FFLL serían las siguientes: Magn(capital) = apreciable, considérable, élevé, gros;
IncepPredPlus(capital) = s’accroître, augmenter, croître; AntiMagn(capital) = petit;
IncepPredMinus(capital) = baisser, diminuir; Oper1(capital) = avoir, posséder.
114 VERÓNICA FERRANDO

Nótese que el término es siempre un sustantivo, éste se considera el núcleo o


base de la colocación, mientras que los elementos que se combinan con él (verbos,
adjetivos y otros sustantivos) son los colocativos. Los lemas del diccionario son las
bases y en las distintas entradas se nos ofrecen los colocativos organizados en función
de la estructura sintáctica de la colocación y en orden alfabético.
No encontramos, pues, en el diccionario de Lainé una clasificación nocional de
las colocaciones. Éstas aparecen agrupadas únicamente en función de la categoría
gramatical de los elementos integrantes. Esta clasificación distribucionalista o estruc-
tural no aporta nada nuevo en lo que se refiere a la organización de las colocaciones.
De hecho, es la que predomina en los diccionarios de colocaciones de la lengua gene-
ral como el BBI, el LTP o el OCD, obras lexicográficas conservadoras desde el punto
de vista metodológico y de interés fundamentalmente didáctico.

2.3. Los diccionarios pedagógicos del GRELEP: el DICOFE y el DAFA


Mucho más innovadores y comprometidos metodológicamente son los diccio-
narios elaborados por el grupo de investigación en lexicografía pedagógica (GRE-
LEP), formado por Jean Binon, Serge Verlinde y Thierry Selva, entre otros. Este gru-
po de investigadores belgas ha redactado dos obras lexicográficas que prestan una
especial atención al fenómeno combinatorio en el discurso especializado: el DICOFE
(Dictionnaire contextuel du français économique) y el DAFA (Dictionnaire
d’apprentissage du français des affaires), ambos dedicados al francés de los negocios.
El DICOFE es un pequeño diccionario de francés económico y comercial pu-
blicado en cuatro fascículos de carácter monotemático: la empresa, el comercio, las
finanzas y el empleo. Se dirige a los estudiantes de nivel inicial o intermedio. Tal
como advierten los autores en la introducción de la obra, ésta ofrece una descripción
sistemática de los cuatro elementos léxicos considerados indispensables para poder
producir un discurso fluido en L2 sobre cuestiones económicas: 1) el inventario de
términos específicos del campo de la economía; 2) las combinaciones o colocaciones
en las que intervienen dichos términos;5 3) las palabras emparentadas con los distin-

5
Cabe señalar que los autores toman el término colocación en sentido amplio, así incluyen en
esta categoría tanto combinaciones idiosincrásicas del tipo monter un commerce como otras de naturale-
za composicional tales como commerce indépendant o tribunal de commerce. De hecho, sobre estos dos
últimos tipos de combinaciones cabe señalar que no existe unanimidad en la bibliografía: algunos estu-
diosos las consideran términos compuestos y otros colocaciones terminológicas. Lo cierto es que la
diferencia entre colocaciones y compuestos sintagmáticos reside fundamentalmente en el grado de fija-
ción y en el modo de significar. En nuestra opinión, la fraseología debe ser observada como un continuum,
que iría desde las colocaciones a los enunciados fraseológicos (paremias y fórmulas rutinarias) pasando
por los compuestos sintagmáticos y las locuciones o expresiones idiomáticas, no siendo posible en ocasio-
nes establecer límites rígidos entre unas combinaciones y otras. Para más detalle véase Ferrando (2002).
ESTRUCTURACIÓN SEMÁNTICA DE LA FRASEOLOGÍA DE LAS LENGUAS 115

tos términos y 4) datos extralingüísticos sobre el mundo de los negocios (su funciona-
miento, organización, etc.).
Cada una de estas informaciones ocupa un lugar determinado dentro del
DICOFE. En cuanto a la información colocacional, que es la que aquí nos ocupa, ésta
se presenta en las páginas impares del diccionario, concretamente en los subapartados
caracterizados como «1.1.» y siguientes. En algunos casos las colocaciones aparecen
acompañadas de una breve definición o explicación.
Las entradas están organizadas de forma onomasiológica, pues las distintas
colocaciones se presentan según una progresión lógica que responde a la organiza-
ción de la realidad económica. Por lo que respecta a los distintos subapartados, las
colocaciones aparecen agrupadas según una doble clasificación: 1) en función de la
categoría gramatical de los componentes: las colocaciones verbales6 y las nominales7
figuran en subapartados distintos;8 y 2) en función del significado: las colocaciones
semánticamente relacionadas aparecen bajo un mismo subapartado. Cabe advertir que
se trata de una organización semántica «exocéntrica», en el sentido de que no tiene en
cuenta las relaciones de significado que se establecen entre los términos de la coloca-
ción sino únicamente las que se dan entre las distintas colocaciones.
Las relaciones semánticas que se establecen entre los componentes de la colo-
cación (la base y el colocativo) sí están en cambio explicitadas en el DAFA, que en
este sentido supone un paso adelante con respecto al DICOFE.
En el DAFA las colocaciones se registran bajo los lemas correspondientes a las
bases y aparecen clasificadas no sólo en función de la forma sino también en función
del significado.
Desde el punto de vista formal, se diferencian cuatro tipos de colocaciones: 1)
sustantivo + adjetivo (ej.: un prix abordable que aparece bajo prix); 2) sustantivo +
(preposición) + sustantivo (ej.: le prix au kilo que aparece bajo prix); 3) adjetivo +
adverbio (ej.: hautement compétitif que aparece bajo compétitif); y 4) verbo + sustan-
tivo (ej.: déterminer un prix que aparece bajo prix).
Por lo que respecta a la clasificación semántica, cabe señalar que las colocacio-
nes nominales y las verbales reciben tratamientos diferenciados. Las colocaciones de
adjetivo + sustantivo y sustantivo + (preposición) + sustantivo aparecen clasificadas
bajo cinco etiquetas semánticas (o repères sémantiques): 1) Type (tipo): combinacio-

6
Son colocaciones verbales aquéllas que presentan la estructura verbo + sustantivo (objeto) y
sustantivo (sujeto) + verbo.
7
Son colocaciones nominales aquéllas que presentan la estructura sustantivo + adjetivo y sustan-
tivo + (preposición) + sustantivo.
8
Dado que la microestructura está organizada de forma onomasiológica, el orden en que apare-
cen los distintos tipos de colocaciones puede variar. Así, hay casos en que las colocaciones nominales
preceden a las verbales. Otra posibilidad es que aparezcan intercaladas.
116 VERÓNICA FERRANDO

nes que hacen referencia a conceptos técnicos y tienen un valor clasificativo, tal es el
caso de prix nominal y le prix de vente. No pueden ser modificadas por un adverbio,
así no es posible decir *un prix très nominal; 2) Caracterisation (caracterización):
combinaciones con valor calificativo, en las que el colocativo está calificando a la
base, como ocurre en un prix concurrentiel y le prix en vigueur. Pueden ser modifica-
das por un adverbio: un prix très concurrentiel; 3) Niveau (nivel): combinaciones que
indican cantidad, importancia (rasgos cuantitativos), por ejemplo un prix élevé y le
niveau des prix; 4) Localisation (localización): combinaciones que remiten a un lugar
(real o ficticio) donde tiene lugar el concepto, tal es el caso de les prix intérieurs y les
prix mondiaux; 5) Mesure (medida): combinaciones que remiten a una medida o di-
mensión (el tiempo, el volumen...), por ejemplo le prix unitaire y le prix au kilo.
Además de estas cinco categorías semánticas, algunas entradas presentan una
sexta categoría denominada autre (otro), donde se incluyen aquellas combinaciones
que no tienen cabida en ninguna de las categorías precedentes.
Las colocaciones verbales, en cambio, se presentan mediante tablas organizadas
en función de los actantes (X, Y, Z)9 como respuesta a la pregunta «¿quién hace qué?».
Las relaciones de significado que se dan entre el verbo y el sustantivo aparecen
explicitadas mediante símbolos. Son fundamentalmente significados que hacen re-
ferencia a las distintas etapas de un proceso (el inicio, las fluctuaciones intermedias
y el final).

3. LA APLICACIÓN DE LAS FFLL A LA DESCRIPCIÓN DE LAS COLOCACIONES DE LAS LENGUAS DE


ESPECIALIDAD

Las clasificaciones semánticas empleadas en el DAFA parecen ser, como bien


ha indicado L’Homme (2004: 20), una adaptación de las FFLL de Mel’…uk. Ahora
bien, los autores del DAFA nada dicen sobre las FFLL en la introducción de la obra.
Sin embargo, sí las mencionan en el DAFLES (Dictionnaire d’apprentissage du français
langue étrangère ou seconde), un diccionario de francés L2 online, aparecido con
posterioridad al DAFA, elaborado asimismo por los miembros del GRELEP y que aún
está en fase de preparación. En el DAFLES las etiquetas semánticas y los símbolos
han sido reformulados como FFLL, si bien presentadas en forma de etiquetas
semánticas. Los autores del DAFLES dicen haber reducido y simplificado la lista de
las FFLL de Mel’…uk dando lugar a etiquetas semánticas como intensificateur (Magn),
atténuateur (AntiMagn), verbe support (Oper1), etc.10

9
Los actantes aparecen especificados en la definición de los distintos lemas.
10
Para más detalles véase J. Binon y otros (2001: 56-55).
ESTRUCTURACIÓN SEMÁNTICA DE LA FRASEOLOGÍA DE LAS LENGUAS 117

Lo cierto es que las FFLL constituyen una especie de interlengua que puede
resultar esotérica para un público no especializado. De hecho, son varios los trabajos
encaminados a popularizar las FFLL. Tal es el caso del proyecto LAF (Lexique active
du français), dirigido por I. Mel’…uk y A. Polguère. El objetivo de dicho proyecto es
elaborar un diccionario de colocaciones y derivados semánticos que sea accesible
para un público no especializado. Así en el LAF, las distintas FFLL son sustituidas por
paráfrasis formuladas en una especie de «meta-francés» (vid. el DICOUÈBE en lí-
nea). Otro ejemplo de popularización de las FFLL lo encontramos en el DiCE (Dic-
cionario de colocaciones del español), proyecto dirigido por Margarita Alonso Ra-
mos en la Universidad de A Coruña. En esta obra, las colocaciones están descritas no
sólo por medio de FFLL sino también mediante glosas semánticas para facilitar el uso
del diccionario a un público no familiarizado con la noción de FL.
Si bien, como se ha dicho, existen ejemplos felices de popularización de las
FFLL para describir las combinaciones de la lengua general (no hay que olvidar que
las FFLL fueron diseñadas para la lengua general), en el caso de las lenguas de es-
pecialidad la cuestión no está tan clara. Algunos autores como Cohen (1986), Frawley
(1988) y Laporte y L’Homme (1997), las han aplicado con éxito al campo de la econo-
mía, de la ciencia o de la medicina respectivamente. Sin embargo, tal como advierte
L’Homme (2004: 38), es necesario llevar a cabo ciertas adaptaciones, en especial por lo
que respecta a la descripción de las relaciones taxonómicas y meronímicas tan abundan-
tes en las lenguas de especialidad. En este sentido, las etiquetas semánticas usadas en
el DAFA y en el DAFLES podrían resultar muy útiles, si bien no agotan el problema.

4. CLASIFICACIÓN SEMÁNTICA DE LAS COLOCACIONES DE LA TERMINOLOGÍA ASEGURADORA

Hasta aquí llega el análisis de las obras lexicográficas que dan cuenta de las
colocaciones de las lenguas de especialidad. Tal como he indicado al principio de este
trabajo, el objetivo último es proponer una clasificación semántica de las colocacio-
nes de la terminología aseguradora del español que resulte útil en la redacción de un
diccionario combinatorio de dicha lengua de especialidad. Se trata de una terminolo-
gía con un grado de especialización bastante bajo, pues su uso está bastante generali-
zado. Por lo que respecta a la combinatoria léxica, cabe señalar que en la lengua de los
seguros, al igual que en la mayoría de lenguas de especialidad del español, priman
tres tipos de colocaciones:

1. Colocaciones sustantivo-verbales. Pertenecen a este tipo las siguientes es-


tructuras categoriales: a) sustantivo (sujeto) + verbo: vencer una póliza, ocurrir un
siniestro; b) verbo + sustantivo (objeto): ampliar una póliza, asegurar los daños; c)
verbo + preposición + sustantivo: renunciar a un reaseguro, incurrir en negligencia.
118 VERÓNICA FERRANDO

2. Colocaciones sustantivo-adjetivales. Pertenece a este tipo la estructura


categorial sustantivo + adjetivo: póliza mixta, prima total.
3. Colocaciones sustantivo-nominales. Pertenecen a este tipo las siguientes es-
tructuras categoriales: a) sustantivo + sustantivo: cláusula oro, prima base; b) sustan-
tivo + preposición + sustantivo: póliza de cascos, seguro de vida.

Cabe señalar que, dadas las características de la terminología aseguradora, las


cinco etiquetas semánticas (tipo, caracterización, nivel, localización y medida) esta-
blecidas por el GRELEP para caracterizar las colocaciones de sustantivo + adjetivo y
de sustantivo + preposición + sustantivo del francés de los negocios, se podrían em-
plear, si bien con algunas modificaciones, para describir las colocaciones sustantivo-
nominales y sustantivo-adjetivales propias de la terminología de los seguros del espa-
ñol. Por lo que respecta a la descripción de las colocaciones verbales de la terminología
aseguradora, resultaría muy útil agruparlas, siguiendo la propuesta del DAFA, a partir
de los actantes. En el caso de los seguros, la respuesta a la pregunta ¿quién hace qué?
daría lugar a una cuádruple división: 1) por un lado, tendríamos los procesos en los
que interviene el asegurador (colocar un seguro, cargar una prima, renunciar al se-
guro); 2) por otro, los que lleva a cabo el asegurado (contratar un seguro, abonar las
primas, cancelar un seguro); 3) por otro, los que afectan al objeto asegurado (ocurrir
un siniestro, registrarse una pérdida, concluir un riesgo); y 4) por otro, los que tienen
que ver con la acción aseguradora en sí misma (entrar en vigor un seguro, continuar
un seguro, caducar la cobertura). Tras esta primera clasificación, sería pertinente
establecer un segundo nivel de organización basado en la naturaleza de las relaciones
semánticas existentes entre los componentes de las distintas colocaciones verbales.
Esto nos llevaría a distinguir como mínimo tres momentos en el proceso asegurador:
inicio (colocar un seguro, contratar un seguro), desarrollo (cargar una prima, abo-
nar las primas) y finalización (renunciar al reaseguro, cancelar un seguro). Una vez
agrupadas las distintas combinaciones en torno a estos tres momentos, serían posibles
ulteriores subclasificaciones basadas en la naturaleza del proceso (positivo/negativo;
intensificador/atenuador; modificador, etc.).

5. CONCLUSIÓN

A modo de conclusión, quisiera poner de relieve que el análisis de los distintos


productos terminográficos muestra que no basta con ofrecer un simple listado de las
combinaciones de una determinada lengua de especialidad, sino que es necesario es-
pecificar la naturaleza semántica de la relación existente entre los componentes de las
mismas. En este sentido, creo que la metodología de los diccionarios elaborados por
el GRELEP se revela como una posible vía para dar cuenta de forma efectiva de la
ESTRUCTURACIÓN SEMÁNTICA DE LA FRASEOLOGÍA DE LAS LENGUAS 119

combinatoria de las lenguas de especialidad. Sin embargo, queda aún un largo camino
por recorrer por lo que respecta al estudio de las relaciones semánticas que se estable-
cen entre los términos de una colocación terminológica, pues dichas relaciones po-
drán ser más o menos variadas dependiendo de las características de cada lengua de
especialidad.11

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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Zgusta, eds., Wörterbücher. Dictionaries. Dictionnaires. An International Encyclopedia of
Lexicography, vol. 1, Berlin-New York, Walter de Gruyer, pp. 1010-1019.

11
Por lo que respecta a la estructuración semántica de la fraseología de la terminología asegurado-
ra del español, confío en poder presentar un modelo detallado en mi tesis doctoral Las colocaciones en
las lenguas de especialidad: propuesta de un diccionario de colocaciones de la terminología asegura-
dora, que en este momento se encuentra en fase avanzada de redacción.
120 VERÓNICA FERRANDO

L’HOMME, Marie Claude (2000): «Understanding Specialized Lexical Combinations», Terminology,


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123

El concepto de colocación y su presencia


en los diccionarios de uso del español actual

LUIS LUQUE TORO


Universidad de Venecia

1. INTRODUCCIÓN

En los años del estructuralismo se hacía notar que la praxis histórica de la


lengua empezaba a desbordar ampliamente los cuadros morfológicos de la palabra
creando unidades léxicas de tipo diferente (Greimas 1960: 50). De esta forma, no sólo
se establecían directamente las bases para la evolución de las nuevas teorías
lexicográficas en consonancia con el desarrollo de la lengua, sino que también se
abrían las puertas a una presencia cada vez mayor del rigor científico en los estudios
lingüísticos, lo cual significaba una sistematización de las investigaciones pero tam-
bién el peligro de caer en continuas abstracciones.
Este impulso en la investigación léxica tiene como una de sus piedras angula-
res el concepto de colocación del que son ya significativos los estudios realizados en
inglés, francés y ruso ampliándose paulatinamente a otras lenguas. En lo que respecta
al español, podemos decir que aún es largo el camino por recorrer, si tenemos en
cuenta que lo realizado hasta ahora en estas lenguas será sólo un pilar sobre el que
apoyarnos, ya que nunca podremos aplicar de forma paralela al existir con la nuestra
notables diferencias que tienen su raíz en la distinta procedencia de cuadros mentales
diferentes, de sistemas intelectuales dispares y en última instancia de filosofías dife-
rentes (Ortega y Gasset 1970: 447). Estas divergencias, por otra parte, nos conducirán
a un enfoque bien distinto en la distribución de las unidades fraseológicas, pues si
debemos entender el concepto de fraseología como una modalidad de la lengua, en lo
que respecta a colocación serán fraseológicas aquellas que presenten esta característica.
Al ser pues recientes los estudios de estas unidades lingüísticas –concretamen-
te nos referiremos aquí a las colocaciones léxicas– resulta escasa su presencia en los
diccionarios de uso, sólo señalada a veces casualmente dentro del concepto de locu-

123
124 LUIS LUQUE TORO

ción. En este estudio proponemos posibles muestras a través de unas reglas de inter-
pretación que contribuyan a hacer más relevante su frecuencia y que al mismo tiempo
sin necesidad de hablar de diccionarios específicos de carácter combinatorio, presen-
ten aquellas agrupaciones que constituyan de forma clara y precisa el núcleo central
de cada unidad, es decir, el conjunto de agrupaciones que más se acerca semánticamente
al significado básico de la base de la colocación. Aportaremos de este modo un instru-
mento más en el campo de la traducción al ser éste uno de los que mayor interés
presenta principalmente por la equivalencia o contraste entre sus constituyentes.1

2. EL CONCEPTO DE COLOCACIÓN

El diccionario explicativo-combinatorio que proyectaron I. Mel’…uk y A.


Zholkovskij en 1965 y uno de cuyos resultados fue el estudio de unos 250 vocablos
rusos que aparecieron entre 1970 y 1976, representaba la descomposición de la pala-
bra en sus múltiples valores semánticos y en consecuencia su aplicación en una serie
compleja de combinaciones sintácticas (vid. entre otros Mel’…uk 1988 y Mel’…uk y
Zholkovsky 1988). Una colocación sería un subconjunto dentro del amplio conjunto
que presenta una determinada unidad léxica; una aplicación semántica de la palabra
base o núcleo, con la restricción de que la acepción en la que se usa uno de los cons-
tituyentes viene determinada por el otro (Aisenstadt 1979: 71-74) pero precisando la
autonomía semántica de una palabra núcleo sobre cualquier constituyente con el que
se combine (Hausmann 1979: 187-195). Esta palabra núcleo que implica una limita-
ción semántica de uso actuará como generador2 de las combinaciones que se forma-
rán. Con el concepto de generador nos distanciamos de aquellas formaciones como
locuciones y frasemas, que debido a su alto grado de especialización son considera-
das como fijas.
Tomando como base el conjunto de combinaciones centramos nuestra atención
en una regla de dependencia en función del significado de la palabra núcleo. De gran
importancia será en este caso en cualquier colocación que la definición lexicográfica
aparezca exenta de ambigüedad y que comprenda el significado base que nos sirva
para formar las posibles colocaciones delimitando de este modo su dominio y dife-
renciándolo de las combinaciones léxicas. En estructuras como lucha encarnizada,
hambre voraz, régimen autoritario, insulto ofensivo o entablar una relación, desatar-

1
Hemos escogido este término y no el de actante o colocativo por ser éste el que se adapta más a
nuestra lengua.
2
El uso de este término aplicado a la palabra núcleo implicará no sólo que ésta sea el eje sobre el
que se forman las colocaciones, sino al mismo tiempo que se mantenga su significado de forma constante.
EL CONCEPTO DE COLOCACIÓN Y SU PRESENCIA EN LOS DICCIONARIOS 125

se una tempestad, ejercer una profesión la relación semántica entre la palabra núcleo,
el sustantivo y los constituyentes, adjetivo o verbo, queda establecida fácilmente por
la proximidad significativa de uno y otro elemento; serían éstas pues colocaciones
que pertenecen al núcleo de las unidades léxicas seleccionadas. En un análisis de las
colocaciones periféricas podríamos obtener entre otros los siguientes resultados: lu-
cha desigual, hambre loca, régimen corrupto, insulto gratuito, o bien romper una
relación, amainar una tempestad o tener una profesión. Sería ésta, la periférica, la
que delimitaría el paso del concepto de colocación al de locución, ya que mientras en
la colocación el constituyente núcleo mantiene su autonomía de significado, en la
locución hablaremos de un significado no por unidades, sino en su conjunto y donde
el núcleo se ve desprovisto de autonomía significativa; así con el término atención
serían colocaciones nucleares las formadas con los verbos: absorber, acaparar, atraer,
captar, despertar, polarizar, prestar, reclamar. De este modo la combinación llamar
la atención que da la idea de ‘reprender, advertir o hacer que se repare algo’ sería una
locución verbal y no una colocación al haber perdido la entrada su significado base.
En efecto, en la frase El profesor llamó la atención a Juan por sus continuas faltas
podemos sustituir la locución por un equivalente como reprender sin que se produzca
ningún tipo de cambio.
Si definimos la palabra duda como ‘inseguridad, vacilación o indeterminación
ante opciones distintas o acerca de un hecho o de una información’, un conjunto de
combinaciones daría lugar a una amplia tipología de formaciones con las siguientes
soluciones:

Colocación sustantivo-adjetivo o adjetivo-sustantivo:


Amarga, angustiosa, cruel, deprimente, grande, horrible, indestructible, in-
fundada, injusta, (in)justificada, insoportable, ligera, obsesiva, persistente, profun-
da, radical, razonable, repentina, seria.

Colocación verbo-sustantivo:
Abrigar, aclarar, acrecentar, admitir, ahuyentar, albergar, alimentar, alojar,
apagar, arrojar, concebir, confirmar, conservar, constatar, crear, dejar, desatar, des-
pejar, disipar, encontrarse con, esclarecer, expresar, hacer desaparecer, hacer na-
cer, formular, fortalecer, guardar, inspirar, levantar, ofrecer, plantear, presentar,
quitar, reavivar, resolver, responder a, satisfacer, sembrar, sopesar, suscitar, tener.

Colocación sustantivo-verbo:
Aparecer, asaltar, deslizarse, desvanecerse, entrar, inquietar, invadir, persis-
tir, planear, surgir.
126 LUIS LUQUE TORO

Colocación sustantivo-preposición-sustantivo:
Un mar de dudas, un montón de dudas.

Locuciones:
No caber (haber) duda, no caberle a alguien la menor duda, poner algo en
duda, salir de dudas, sin duda alguna, sin sombra de duda.

Frasemas:
¡La duda ofende!

Estableciendo que un conjunto que llamaremos nuclear será definido por el


sema o conjunto de semas de la palabra núcleo, expresaremos dicho conjunto del
siguiente modo:

SN = {s1, s2, s3, ... sn}

Esta expresión aplicada a la definición del núcleo en el que la idea predominante


viene definida por los semas más característicos, comportaría esta representación:

SN(N) = {inseguridad, vacilación, indeterminación}

Las posibles colocaciones nucleares quedarían determinadas por la aproxima-


ción semántica de los constituyentes, donde el constituyente núcleo es el que ejerce
su autonomía sobre los otros, siendo esta combinación muy frecuente con verbos
semánticamente vacíos o con características propias de las formas de expresión de
cada lengua.
Un conjunto de semas derivados vendrá definido por los semas de sus constitu-
yentes que se relacionen con los de la palabra núcleo, lo cual significa que estos
semas son identificaciones o extensiones del sema núcleo. Una correspondencia entre
el conjunto de semas de la palabra núcleo y los distintos conjuntos de las posibles
combinaciones nos daría como resultado las colocaciones buscadas. Este conjunto lo
expresaríamos del siguiente modo:

S′ = {s′1, s′2, s′3, ... s′n}

De tal forma la identificación o aproximación semántica entre uno y otro cons-


tituyente será la que determine el dominio de las colocaciones, así que cualquier tér-
mino con un s′i podrá formar una colocación con otro si . Dentro de los semas deriva-
dos de los adjetivos dados tendríamos como posibles soluciones:
EL CONCEPTO DE COLOCACIÓN Y SU PRESENCIA EN LOS DICCIONARIOS 127

S’(A) = {intranquilidad, abatimiento, preocupación}.

Estos rasgos corresponderían a un conjunto de colocaciones nucleares CN,A que


representaríamos:

CN,A = {(duda, angustiosa), (duda, deprimente), (duda, obsesiva)}

Por otra parte, la colocación verbo-sustantivo destaca por el uso figurativo de


los verbos, con lo cual más que de identificación hablaríamos de relación y en la
mayoría de los casos de implicación; en consecuencia obtendremos un número más
limitado de soluciones. De esta manera, una posible combinación verbo-sustantivo se
definiría principalmente en función del grado de autonomía de la palabra núcleo en
una lengua dada. En el caso de duda hemos formado el siguiente conjunto:

CN,V = {(plantear, duda), (resolver, duda), (suscitar, duda)}.

Por el contrario, la colocación sustantivo-verbo al funcionar el sustantivo como


sujeto presenta una relación semántica más representativa:

CN,V = {(duda, asaltar), (duda, inquietar), (duda, invadir), (duda, surgir)}.

El conjunto de colocaciones no incluido en las nucleares pertenecería a las


periféricas, o sea, aquéllas que aparecen combinadas según los cuadros mentales de
cada lengua o su forma mentis y que tanto por el número de formaciones como por el
contraste del constituyente derivado con otras lenguas es de gran interés.

3. ANÁLISIS LEXICOGRÁFICO DE LAS COLOCACIONES EN LOS DICCIONARIOS DE USO ACTUALES

Los dos diccionarios que han servido de base de este análisis han sido: Gran
diccionario de uso del español actual (2001) bajo la dirección de Aquilino Sánchez y
Diccionario de uso del español actual Clave (2003) dirigido por Concepción
Maldonado González.
Partiendo de la premisa de que no hablamos de conjuntos de combinaciones
para cuyo estudio deben existir diccionarios específicos y sí de colocación como com-
binación nuclear, tenemos que decir que el término colocación no figura con marca
alguna en uno y otro diccionario. En el diccionario de Aquilino Sánchez aparecen los
conceptos de locución o voces de dos o más términos que sirven sólo para comple-
mentar el uso explicitado en las acepciones pero sin especificar de qué combinaciones
se trata. En este tipo de distribución, por otra parte compleja, echamos en falta una
128 LUIS LUQUE TORO

tipología específica de las distintas formaciones. La localización de cualquier coloca-


ción queda supeditada a su presencia fortuita dentro de las acepciones o de las locu-
ciones de cada lema, siendo prácticamente inexistente en los casos en los que aparece
un verbo con adverbio o un adverbio con adjetivo o participio. Se aprecian algunas
colocaciones cuando el constituyente núcleo es un sustantivo. Concretamente con
medida, encontramos una amplia serie de locuciones adverbiales: a medida, en algu-
na / cierta medida, en amplia / buena / gran medida, en igual medida, en la medida de
lo posible, en la misma medida, en mayor medida, en mayor o menor / menor o mayor
medida, en menor medida, sin medida. Principalmente en la combinación con un
verbo hemos localizado la referencia a la agrupación con los verbos adoptar y tomar
dentro del uso figurativo cuando se habla de la acepción de medida como «disposi-
ción o actuación concreta que se toma ante una situación o un hecho determinado,
para prevenirlos, enfrentarse a ellos o evitarlos», pero en ningún caso con un constitu-
yente adjetivo.
El diccionario de Concepción Maldonado bajo locución abarca igualmente toda
una amplia serie de unidades sin ningún tipo de especificación. Cuando se habla de
las características del diccionario se hace hincapié en la inclusión de las locuciones en
el artículo de su primera palabra fuerte con el siguiente orden de prioridad: sustanti-
vo, verbo, adjetivo, pronombre, adverbio. En este caso tampoco se hace referencia
alguna al concepto de colocación ya que para encontrarla tenemos que recurrir a la
marca locución. Basándonos igualmente en la entrada medida definida como «dispo-
sición o acción encaminadas a evitar que suceda algo» aparece una nota al final con la
abreviatura «SINT.» (sintaxis) que hace referencia a la acepción incidiendo en el uso
de este sustantivo con los verbos adoptar, tomar y equivalentes.
Nuestra propuesta para la presencia de las colocaciones en el diccionario lleva-
ría como entrada la palabra núcleo, es decir, el sustantivo en aquellas agrupaciones en
las que éste aparece, el verbo en la formación de verbo y adverbio y un adjetivo o
participio cuando se trata de la combinación de adverbio con estas categorías grama-
ticales. Su presencia con la marca correspondiente quedaría limitada a aquellas que
hemos estudiado bajo la denominación de colocaciones nucleares. Partiendo de la
acepción de medida (DRAE 1992: 1346) observaremos que lo genérico de esta defini-
ción implicará igualmente una cierta dificultad a la hora de establecer un dominio
restringido en las colocaciones nucleares. Sin necesidad de recurrir a lo que hemos
denominado colocaciones periféricas tendríamos en la combinación con verbos
formulaciones como adoptar medidas, aplicar medidas, establecer medidas o tomar
medidas, mientras que con adjetivo encontraríamos: medida drástica, medida excep-
cional o medida provisional.
Una marca de este tipo en los diccionarios significa, además de una fijación del
concepto, una valiosa contribución en el campo de la creación léxica.
EL CONCEPTO DE COLOCACIÓN Y SU PRESENCIA EN LOS DICCIONARIOS 129

4. LA COLOCACIÓN EN LOS DICCIONARIOS Y SUS APORTACIONES A LA TRADUCCIÓN

Uno de los puntos de interés de la presencia de las colocaciones en los diccio-


narios monolingües3 es precisamente el referente a la traducción y pensando en la
pertenencia de ésta a la lingüística aplicada, no podemos olvidar que se habla de la
gramática como la espina dorsal de un texto, de las colocaciones como los nervios y
del léxico como la carne (Newmark 1992: 288). Sin entrar en el empleo de los diccio-
narios bilingües y centrándonos sólo en el uso de los monolingües, esta presencia
principalmente en un nivel nuclear, resulta cada vez más necesaria por las diferencias
existentes en las lenguas entre las formas de expresión y el contenido y, en conse-
cuencia, su sintaxis. Como ya hemos citado anteriormente, las grandes diferencias
entre las lenguas, incluso aquellas que son más afines, se centran en cuestiones de
estructuración interna, lo cual implica una sensibilidad mucho más útil cuando se
consideran las colocaciones de la lengua origen y se relacionan con las colocaciones
transparentes de la lengua término.
En este estudio vamos a tomar como ejemplo de traducción el italiano, lengua
de gran afinidad con el español, pero también de no pocas diferencias, principalmente
en el nivel de unidades léxicas; baste con pensar en el contraste existente entre los
shifts o transposiciones entre una y otra lengua. Nuestro objetivo será traducir las
colocaciones no literalmente sino en su conjunto, es decir, eligiendo el equivalente en
la lengua término, de la misma manera que con las expresiones idiomáticas con lo que
se sigue un razonable principio de reversibilidad (Eco 2003: 67). Hablando de coloca-
ciones partiremos de una identificación entre las acepciones en la definición
lexicológica en ambas lenguas o bien de una aproximación semántica. Si bien la equi-
valencia entre los constituyentes de las colocaciones nucleares es frecuente entre es-
tas lenguas, observamos un significativo contraste entre las periféricas, siempre en
función de la entrada seleccionada; un término como cheque da lugar a colocaciones
periféricas del tipo cruzar un cheque o extender un cheque cuyos equivalentes italia-
nos sbarrare un assegno y emettere un assegno presentan constituyentes derivados
que se diferencian semánticamente de los usados en español.
Por otra parte, no deja de ser notoria la frecuencia de términos que se prestan a
confusión; así, la entrada compromiso, cuya traducción más adecuada al italiano es
impegno, se caracteriza por ser un falso amigo con respecto al español, lo mismo que
compromiso lo es para un hablante italiano. El traductor en este caso recurrirá a una
identificación del equivalente a través de sus acepciones; en italiano las que presentan
equivalencia con el español son: 1. obbligo, assunto nei confronti di qualcun altro o

3
Sigue siendo el DUE de María Moliner el diccionario que ofrece una presencia más significativa
de las colocaciones principalmente con la combinación verbo-sustantivo.
130 LUIS LUQUE TORO

di sè stessi; 2. atteggiamento di un intellettuale o un artista che prende posizione nei


confronti dei problemi politici e sociali del suo tempo (De Mauro 2000: 1147-1148).
La equivalencia en español con la primera acepción corresponde a «obligación con-
traída, palabra dada, fe empeñada» (DRAE 1992: 526). La segunda no la hemos en-
contrado ni en éste, ni en otros diccionarios de uso utilizados. Con esta equivalencia
en la definición lexicológica el dominio de las colocaciones será el caballo de batalla
para el traductor. Al tratarse de un sustantivo como palabra núcleo, serán las combina-
ciones semánticas con verbo o con adjetivo las que determinen las posibles coloca-
ciones. En español encontramos como nucleares con verbo las siguientes: afrontar un
compromiso, asumir un compromiso, contraer un compromiso, cumplir con un com-
promiso; mientras que con adjetivo, dentro también de la colocación nuclear, tendría-
mos: un compromiso expreso, un compromiso firme, un compromiso mutuo. En italia-
no el dominio del primer grupo sería respectivamente: far fronte agli impegni, assumere
un impegno, prendersi un impegno, mantenere gli impegni; mientras que en las colo-
caciones con adjetivo tendríamos: un impegno esplicito, un impegno fisso, un impegno
reciproco.
Este tipo de traducción a través de las equivalencias nos permitirá, entre otros
análisis, hacer hincapié en las diferencias culturales, así como en los distintos meca-
nismos que se usan para reflejar el carácter de una cultura y otra.

5. CONCLUSIONES

La complejidad de la división de las unidades fraseológicas (Corpas Pastor


1996: 270-271) invita a su vez a un desarrollo analítico de cada una de sus partes,
trabajo que en estos momentos podemos decir que está todavía en sus comienzos. El
estudio aquí expuesto de las colocaciones, tanto en lo que se refiere al concepto como
a su aplicación en el campo de la traducción y a su presencia en los diccionarios no
deja de ser más que una propuesta basada en la lingüística aplicada. Aunque explíci-
tamente hemos hecho referencia al italiano como lengua término, implícitamente a la
hora de establecer los distintos dominios de las colocaciones se han tenido en cuenta
trabajos en inglés y en francés como The BBI Combinatory Dictionary of English de
Benson et al. (1986) y el Dictionnaire des Cooccurrences de Beauchesne (2001) res-
pectivamente, con los que hemos intentado delimitar en cualquier caso el complejo
conjunto de las combinaciones a partir de la definición lexicográfica en nuestra len-
gua, sin olvidar por otra parte que el dominio puede ampliarse siempre en función de
la acepción que se tome, así como de su sentido figurativo.
EL CONCEPTO DE COLOCACIÓN Y SU PRESENCIA EN LOS DICCIONARIOS 131

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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SÁNCHEZ, Aquilino (2001): Gran diccionario de uso del español actual, Madrid, SGEL.
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133

Unidades fraseológicas en los diccionarios bilingües:


un problema de colocación

BENEDIKT A. MODEL
Universidad de Salamanca

1. INTRODUCCIÓN

Con Corpas Pastor (1996) disponemos en la fraseología española de una taxo-


nomía ampliamente reconocida de las colocaciones. Esta tipología sigue dos criterios
que organizan los seis tipos de colocaciones: la categoría verbal de sus componentes
y –siempre que forme parte– la función que desempeña el sustantivo. Aunque queden
sueltos casos de duda, tanto «hacia arriba» como «hacia abajo», es decir, hacia las
unidades fraseológicas (UF) de la segunda esfera y hacia los sintagmas completamen-
te libres, es posible distinguir las colocaciones por el grado de idiomaticidad que
afecta a sus componentes (p. ej. una vaca pequeña – una vaca loca – las vacas fla-
cas). Es bien sabido que las colocaciones causan muchos problemas cuando se quiere
aprender una lengua extranjera, por lo que deben estar incluidas en los diccionarios
bilingües. No obstante, parece que los diccionarios bilingües tienen otras prioridades
con respecto a los criterios que sirven para describir las colocaciones, ya que ni la
tipología fraseológica ni las propuestas desde la fraseografía se reflejan en el trata-
miento lexicográfico. Debe de haber otros rasgos que las caracterizan y que son más
relevantes para la lexicografía bilingüe. Son varios los posibles puntos de referencia
para describir la inclusión de las colocaciones en los diccionarios bilingües. Aquí
veremos que sirven para formar grupos de colocaciones desde el punto de vista
lexicográfico.

133
134 BENEDIKT MODEL

2. POSIBLES CRITERIOS PARA UNA CLASIFICACIÓN MERAMENTE LEXICOGRÁFICA DE LAS CO-


LOCACIONES

Los grupos lexicográficos de las colocaciones se forman partiendo del diccio-


nario y tomando como base el texto del diccionario mismo. Por eso, no es posible al
principio un juicio sobre la adecuación de la presentación. Tampoco pueden formarse
grupos exactos que sean válidos para todos los diccionarios, ya que cada diccionario
es confeccionado por un equipo distinto de autores. Solamente podemos distinguir
corrientes generales.
Una cuestión muy debatida en la metalexicografía es cuál debe ser el lema que
encabeza el artículo. En la mayoría de los casos se ofrecen cuatro posibles tipos de
lemas para crear el acceso al artículo donde se encuentra la información. Analizando
las colocaciones según las funciones de sus componentes (y no según otros principios
como, por ejemplo, la posición de los elementos en la forma canónica o la clase ver-
bal de los componentes) estos cuatro lemas son las bases y los colocativos de la len-
gua de partida y de la lengua de destino. Para hacer una clasificación según el trata-
miento lexicográfico, se puede recurrir a la posición o combinación de posiciones en
la que se encuentran las colocaciones.
Otro punto en el que difieren las colocaciones es el modo de su presentación
dentro del artículo. Como las locuciones, los refranes y los ejemplos del artículo
lexicográfico, las colocaciones son unidades lexicográficas pluriverbales (ULP). Por
esta razón, comparten muchos problemas y sus respectivas soluciones de presenta-
ción. Teniendo en cuenta tanto los artículos de la base como los artículos del colocativo
son cuatro las formas que suelen adoptarse dentro del texto microestructural. Se pue-
den incluir como infralemas, como locuciones, dentro de ejemplos y por el cotexto,
que tiene por su parte una amplia gama de posibles tipos de presentación.
A diferencia de los diccionarios monolingües, en los diccionarios bilingües
las colocaciones no son indicaciones meramente sintagmáticas. Bien es verdad que
constituyen indicaciones sintagmáticas que se refieren al signo lemático, pero apar-
te de esto también poseen con sus equivalentes unas indicaciones. Por eso las colo-
caciones del diccionario bilingüe cumplen además la función de direcciones. El
concepto de la equivalencia total, parcial y nula también afecta a las colocaciones.
Influye en los dos planos de presentación expuestos arriba, por ejemplo, en los
casos donde la idiomaticidad diferente entre colocación y el supuesto equivalente
impide una inclusión de la unidad equivalente en el otro foco (p. ej. abiertamente
hostil que carece de una colocación comparable en alemán). Otras unidades de tra-
bajo bilingües influyen en la presentación sin que haya problemas de equivalencia
semántica o de idiomaticidad, sino de equivalencia formal. Muchas colocaciones
españolas corresponden en alemán a una sola palabra gráfica, sea o no un compues-
to polilexemático (p. ej. soplo de viento – Windhauch; practicar la eutanasia –
UNIDADES FRASEOLÓGICAS EN LOS DICCIONARIOS BILINGÜES 135

einschläfern, puntas abiertas – Spliss). En estos casos el equivalente ya no permite


una distinción paralela entre base y colocativo con lo cual se reduce el numero
teórico de lemas a tres. Las relaciones semánticas y formales entre los equivalentes
no son, sin embargo, un problema primordialmente lexicográfico sino más bien un
problema de traducción y de lingüística comparada. Por eso sirven para explicar
ciertas formas de presentación pero no son criterios adecuados para una taxonomía
lexicográfica.

2.1 El criterio macroestructural


La cuestión de saber dónde alojar las colocaciones fue tratada por Hausmann
(1985: 121-122). Ahí nace la idea de que los diccionarios de producción tienen que
incluir las colocaciones bajo la base, mientras que en los diccionarios de recepción
deben estar en el artículo del colocativo. Los diccionarios bifuncionales deben in-
cluirlas por ende bajo ambos colocados. El diccionario bilingüe se caracteriza, sin
embargo, por más aspectos. Ya que contiene dos lenguas objeto también dispone en la
mayoría de los casos de dos nomenclaturas y de dos grupos potenciales de usuarios.
Al criterio de la funcionalidad se unen los criterios del foco y de la direccionalidad.
Estas tres categorías y sus respectivas subcategorías forman un conjunto de varios
tipos de diccionarios bilingües, que exigen, siguiendo la premisa de que es el colocativo
la parte problemática (Hausmann 1988: 150), a veces la base y a veces el colocativo
como entrada. Ahora bien, los diccionarios que analizaremos solamente difieren en
cuanto a la direccionalidad. Todos los diccionarios son bifocales y, como ninguno de
ellos indica una eventual monofuncionalidad, se puede partir de la base de que están
elaborados tanto para finalidades codificadoras como descodificadoras. Admitiendo
el acceso onomasiológico por la base para encontrar la colocación, el diccionario
bilingüe, bifocal, bidireccional y bifuncional debería ofrecer las colocaciones de una
unidad de equivalencia bajo los cuatro lemas posibles. El diccionario bilingüe, bifocal,
bifuncional pero monodireccional puede prescindir de la colocación bajo la base de la
lengua materna del usuario. Éste puede acceder a la colocación extranjera directa-
mente por vía del colocativo y no necesita un acceso onomasiológico al colocativo de
su propia lengua. Es decir, los diccionarios monodirecionales deben incluirlas bajo
ambos colocados en el foco lengua extranjera-lengua materna y bajo el colocativo en
el foco lengua materna-lengua extranjera, mientras que con respecto a los dicciona-
rios bidireccionales sería lo ideal incluir las colocaciones y sus equivalentes en ambos
focos bajo ambos colocados (cf. Cop en HSK 5,3: 2777).
Hay varias excepciones a esta regla. Los diccionarios que se contentan con
cumplir solo funciones pasivas no tienen por qué integrar colocaciones transparentes
como llorar amargamente – bitterlich weinen (Werner 1997: 120). Pero siguiendo la
idea de la distribución de las funciones a los focos de Fuentes Morán (1997: 77),1 no
hay dentro del diccionario bilingüe e incluso monodireccional un foco meramente
136 BENEDIKT MODEL

pasivo, ya que es en el foco lengua extranjera-lengua materna, donde se pueden en-


contrar más fácilmente las indicaciones referidas a un signo lemático concreto. Otras
excepciones obvias las constituyen los ya mencionados pares de equivalentes de for-
ma diferente (colocación española – compuesto alemán) y las colocaciones para las
que no existe equivalencia formal en la lengua de destino. En el primer caso, las
colocaciones disponen por supuesto solamente de tres artículos potenciales para su
inclusión, en el segundo de solo dos.
A pesar de la propuesta metalexicográfica de incluir las colocaciones tanto
bajo la base como bajo el colocativo, este caso es una gran excepción. Solamente dos
diccionarios cumplen con esta exigencia, uno en dos y otro en tres de los 38 casos de
equivalencia semántica y formal de nuestro corpus: PONS GW con las colocaciones
dar miedo – Angst machen y asumir la responsabilidad – die Verantwortung
übernehmen y SLGR con no cabe duda – es besteht kein Zweifel, perder de vista – aus
den Augen verlieren y también asumir la responsabilidad.
Tampoco las propuestas para diccionarios monodireccionales se reflejan en las
obras. Justamente SLGR, el diccionario menos monodireccional, da uno de los tres
ejemplos en total para una colocación, que se encuentra en tres artículos, a saber los
cuatro posibles menos la base de la lengua materna del usuario (que sería en este caso
el español): enarbolar una bandera – die Flagge hissen. Los otros dos ejemplos para
un tal caso, los da PONS X con las colocaciones lucir el sol – die Sonne scheint y
asumir la responsabilidad – die Verantwortung übernehmen, que faltan solamente
bajo la base española. Esta integración contradice obviamente el hecho de que PONS
X sea un diccionario declarado abiertamente como monodireccional para germano-
hablantes.
Es evidente que los diccionarios no reflejan las propuestas metalexicográficas.
Queda por verificar si se relevan otros modelos de inclusión en los diccionarios y si
estos modelos contienen grupos de colocaciones que siguen teniendo, fuera de la
lexicografía, otros rasgos comunes.
Llaman la atención muchos casos de colocaciones equivalentes que se recogen
o solamente bajo sus bases o solamente bajo sus colocativos. Esta integración de solo
un lado afecta independientemente de la función (base/colocativo) de la cabecera a
varios tipos de colocaciones, es decir que no hay coincidencia entre tipo de la coloca-
ción y función de la cabecera dentro de la colocación.
Bajo los colocativos están incluidas las colocaciones siguientes:2 escapar una
exclamación – ein Ausruf rutscht heraus, surgir un problema – ein Problem kommt

1
Vid. también Alonso Ramos (2001: 14).
2
Para una mayor claridad y para marcar las equivalencias que no figuran en ambos focos están
subrayados los lemas que encabezan los artículos.
UNIDADES FRASEOLÓGICAS EN LOS DICCIONARIOS BILINGÜES 137

auf, tra(n)scurrir un mes – ein Monat verstreicht (tipo 1); convocar elecciones –
Wahlen ausschreiben, infringir una norma – gegen ein Gesetz verstoßen (tipo 2);
cadena alimentaria – Nahrungskette (tipo 3); rueda de prensa – Pressekonferenz (tipo
4); completamente imposible – vollkommen unmöglich (tipo 6).
Únicamente bajo las bases están puestas las colocaciones siguientes: poner en
un aprieto – in Verlegenheit bringen, dar cobijo – Unterschlupf gewähren, hacer
esquina – an der Ecke liegen, tender una trampa – eine Falle stellen (tipo 2); compa-
ñero sentimental – Lebensgefährte (tipo 3); bomba de relojería - Zeitbombe (tipo 4);
pasar inadvertido – unbemerkt bleiben (tipo 5).3
Los dos grupos de inclusión por un solo lado contienen colocaciones de los
tipos dos, tres y cuatro. La tipología de las colocaciones no influye probablemente en
el modo de incluirlas. Como se trata de artículos exclusivamente correspondientes a
bases o a colocativos se puede suponer que tampoco las funciones de los colocados
han sido un criterio para el lugar de la inclusión. Por eso parece recomendable pre-
guntarse cuáles son los rasgos por los que estos signos se prefieren como cabeceras.
Dicho de otro modo, ya que su función como base o colocativo dentro de la coloca-
ción no parece ser el aspecto decisivo para darles el estatus de la cabecera, deben de
tener otras caracertísticas que les proporcionan esta función.
Excepto la colocación transcurrir un mes, cuya integración bajo el colocativo
tiene una razón auténticamente colocacional (véase 2.2), se pueden nombrar para
estos ejemplos razones semánticas, sintácticas, combinatorias y de la conciencia lin-
güística. El artículo del diccionario bilingüe debe estar organizado según la estructura
de equivalencia que se le otorga al signo lemático (Baunebjerg Hansen 1990: 97).
Esto explica que se incluyan escapar una exclamación, surgir un problema, convocar
elecciones bajo sus respectivos verbos. Dependiendo de la colocación, exigen otro
equivalente. La mención de infringir una norma tendrá una razón sintáctica. Mientras
infringir es un verbo transitivo, su equivalente verstoßen necesita una preposición.
Esta preposición carecería de sentido indicándola bajo el sustantivo norma, ley, etc.,
pues se trata de una preposición que va junto con el equivalente del verbo. Un argu-
mento muy fecundo para la omisión del concepto base/colocativo lo constituye el
criterio combinatorio. La restricción de ciertos lexemas a un lado y el amplio radio

3
Según las categorías verbales, todas estas colocaciones pertenecen a los tipos indicados. En
cuanto al reparto de las funciones base/colocativo algunas no cumplen con la afirmación de que en los
tipos 1-3 constituyen los sustantivos la base, y en los tipos 5 y 6 es siempre el adverbio el colocativo
(Bahns 1996: 24 y Corpas Pastor 1996: 68, 71, 74). Algo menos estricto lo considera Blasco Mateo
(2002: 44), mientras el colocativo del tipo 4 suele ser el primer sustantivo. También tenemos con inad-
vertido un adverbio colocacional que no termina –contrariamente a lo normal (García-Page 2001-2002:
104)– en -mente. Para una crítica de esta determinación en cuanto a la posición dentro de la colocación
véase Penadés Martínez (2001: 71-74).
138 BENEDIKT MODEL

colocacional de otros lexemas al otro lado tienen consecuencias importantes para la


lexicografía. La restricción de cobijo le concede al signo lemático una estructura de
equivalencia bastante clara y al lema un artículo muy breve. Por otro lado, la polisemia
y el elevado radio colocacional de dar causan un artículo muy largo y de escasa
usabilidad. Incluir las colocaciones bajo el colocado más restringido permite situarlas
en el artículo más breve. Este no es un criterio formal, pero bastante frecuente.4 Tam-
bién puede ser ésta la razón para la elección de los artículos de las colocaciones poner
en un aprieto, tender una trampa y pasar inadvertido. Las colocaciones cadena
alimentaria, rueda de prensa, compañero sentimental, bomba de relojería, que co-
rresponden a dos tipos distintos según Corpas Pastor (1996), son las que más clara-
mente muestran que la distinción entre tipos de colocación y entre colocación y locu-
ción no tiene gran importancia para la lexicografía. Independientemente de su función,
estas colocaciones se recogen bajo su primer sustantivo. Este modo de integración no
las distingue de las locuciones nominales de la misma estructura. Probablemente no
le importa al usuario (a no ser que sea lingüista), si la «palabra» que busca es una
colocación, una locución o un compuesto –cuestión que no se plantea en estos ejem-
plos, ya que no se escriben juntos (Corpas Pastor 1996: 93). Por eso faltan, fuera de la
fraseología, argumentos convincentes para tratar unidades formalmente idénticas como
vaca loca, vacas flacas; punto cardinal, punto fuerte o guerra santa, guerra fría de
manera diferente.
El concepto de base y colocativo no está arraigado de manera muy profunda en
la lexicografía; mientras la discusión metalexicográfica opta por tipologizar los dos
elementos de una colocación así. El concepto base/colocativo tiene la ventaja de afec-
tar realmente a todas las colocaciones, mientras las características que parecen tener
más valor práctico para el acceso macroestructural son varias y de diferente importan-
cia según la colocación en cuestión. Las preferencias por uno de los criterios expues-
tos (semántico, sintáctico, combinatorio y de conciencia lingüística) no se pueden
explicar formalmente, lo que sería deseable para las instrucciones de uso, pero coinci-
den probablemente más con la intuición del usuario.

2.2 El criterio microestructural


Hay varios procedimientos para presentar una colocación dentro del artículo
lexicográfico. Los llamamos aquí el infralema, la locución, el ejemplo y el cotexto.
Estas cuatro partes se presentan en el caso ideal de modo que se pueden distinguir por
la tipografía, aunque no suele ser siempre el caso.

4
Este criterio se aplica también para UF de otras esferas. El refrán el mundo es un pañuelo p. ej.
se encuentra bajo pañuelo en HDA, LS DMA, PONS GW, PONS SW, PONS X, OP y SLGR.
UNIDADES FRASEOLÓGICAS EN LOS DICCIONARIOS BILINGÜES 139

El infralema se puede reconocer siempre por la tipografía, puesto que la tipo-


grafía es una parte de la definición del mismo:

Por ‘infralema’ debe entenderse el conjunto de signos que constituyen una unidad
de la lengua de partida del diccionario, no caracterizada como la cabecera de artí-
culo […] y que se presenta jerárquicamente subordinada a un lema cabecera de
artículo o a otro infralema (Fuentes Morán 1997: 64).

Por locución, como una parte del artículo, no entendemos el concepto


fraseológico que engloba la segunda esfera de la tipología de Corpas Pastor (1996),
sino todas la unidades pluriverbales que están marcadas mediante una abreviatura o
un símbolo como locución. En cierto modo es un caso especial del infralema, el del
infralema marcado. La marcación se aplica o bien dentro de una acepción concreta o
bien delante del bloque fraseológico al final del artículo.
Como ejemplos se consideran aquí únicamente las unidades pluriverbales, neu-
tralizadas o actualizadas, que pueden o no contener UF pero que no consisten en una
sola UF, es decir que contienen a la vez elementos no fraseológicos. Los ejemplos se
distinguen de los infralemas rara vez por el tipo de letra (p. ej. en OP).
Para que el usuario sepa elegir en el foco lengua materna-lengua extranjera el
equivalente acertado hay que poner indicaciones que monosemizan el significado de
una voz. Estas indicaciones pueden pertenecer a alguna diasistemática o a la lengua
misma. Un ejemplo de PONS SW:
140 BENEDIKT MODEL

La marca diastrática «TEAT» y la glosa «(mostrar)» antes de los equivalentes


del signo presentar explican cómo hay que entender las respectivas acepciones. Las
glosas reproducen unidades paradigmáticas del signo lemático, mientras otro tipo de
indicación, muchas veces igualmente representado, el cotexto5 ofrece elementos que
forman junto con el signo lemático una unidad sintagmática. Los cotextos citan la
base referida al lema colocativo. La marcación «(moda)» bajo el lema presentar for-
ma la colocación del tipo 2 presentar moda. Los cotextos son una parte intrínseca
para la presentación de colocaciones y pueden adoptar varias formas en cuanto a la
lengua y al campo semántico que cubren.
A diferencia del infralema, los cotextos no llevan traducción de la base. En
principio, ésta no es necesaria ya que la base es semánticamente autónoma y puede
encontrarse fácilmente en el mismo diccionario. Sin embargo, el hecho de que no
estén traducidos implica que son únicamente indicación para la lengua de partida o
para la lengua de destino según la lengua en la que están formulados (p. ej. «presen-
tar […] Gesuch einreichen» en LS DMA vs. «presentar […] (instancia, dimisión,
trabajo) einreichen» en PONS SW). Solamente sirven para identificar dentro del mismo
artículo una parte de la equivalencia colocacional. En comparación con el infralema,
tienen la gran ventaja de poder representar varias colocaciones a la vez. El radio
colocacional de un colocativo puede englobar toda una clase de bases que el dicciona-
rio no llega a enumerar, pero que puede cubrir mediante un cotexto hiperonímico que
nombra esta clase. En el artículo «transcurrir, trascurrir […] [tiempo] vergehen»
(VM), la indicación tiempo representa todas las unidades de tiempo, es decir a muchas
bases y a la vez a muchas colocaciones. También es posible una enumeración de
diferentes bases representativas para un campo semántico que carece de hiperónimo o
indicar mediante abreviaturas o signos de puntuación que la clase está abierta (p. ej.
übernehmen […] Amt, Leitung, Verpflichtung, Verantwortung asumir»; «convocar
[…] Wettbewerb usw. ausschreiben» en LS DMA). Estos procedimientos podrían apli-
carse en principio también en los infralemas, pero, haciendo esto, los infralemas per-
derían su estatus porque constituirían varias unidades de la lengua de partida y ya no
una sola.
Como el cotexto es un procedimiento únicamente para la presentación de colo-
caciones, se podría suponer que es el formato más corriente. Sin embargo, en realidad
no se aplica mayoritariamente. El formato más usual es el infralema. Esto puede ex-
plicarse en parte por la estructura formal de la equivalencia. Cuando el equivalente
alemán es una sola palabra gráfica, no tiene sentido traducir únicamente el colocativo
español (p. ej. «mágico (varita) Zauber-»). El cotexto se aplica sobre todo en los tipos
1 y 2, donde puede aprovechar la ventaja de cubrir varias bases con un solo cotexto

5
En alemán Kotext. Vid. Werner (1991: 2735-2737).
UNIDADES FRASEOLÓGICAS EN LOS DICCIONARIOS BILINGÜES 141

(bajo escapar con los cotextos hiperonímicos «Wort» y «Name»; bajo transcurrir y
verstreichen con «tiempo» y «Zeit»; bajo surgir con «dificultad» y «problema»;
bajo infringir y verstoßen con «ley» y «Gesetz»). Como PONS X y espóradica pero
no constantemente VM son los únicos diccionarios que distinguen las bases sujeto de
las bases objeto, los tipos 1 y 2 coinciden lexicográficamente formando una unidad
verbo + sustantivo. Incluso una distinción entre cotexto y glosa es muy rara, una
distinción entre cotexto concreto y cotexto hiperonímino no existe en ninguno de los
diccionarios examinados. Esto indica ya que los diccionarios no le conceden mucho
valor al cotexto.
El cotexto se usa casi exclusivamente para las colocaciones del tipo 1 y 2. Sin
embargo, no todas las colocaciones de estos tipos están representadas por este forma-
to. Aquí se puede observar una diferenciación lexicográfica más detallada de las colo-
caciones que la tipología fraseológica. Las colocaciones poner en un aprieto, infrin-
gir una ley y dar miedo pertenecen fraseológicamente al mismo tipo: verbo (+
preposición) + sustantivo (objeto). A pesar de cumplir con este modelo muestran dife-
rencias que debe tener en cuenta el diccionario y que no puede expresar mediante un
cotexto,6 sobre todo en cuanto al equivalente, que puede tener una estructura no para-
lela. Una exposición contrastiva de las dos colocaciones las necesita enteras. Por eso
queda el infralema como el método más compacto para nombrar todo el conjunto de
la unidad.
En los otros tipos donde la equivalencia formal lo permitiría casi nunca se
aplica. En vez de «llano (pueblo) gemein» se prefiere el infralema con la traducción
entera. Esto suscitará otra vez la similitud con muchas locuciones y la conciencia de
que se trata de un solo signo. Además, estos tipos de infralemas (sean colocaciones o
locuciones) son fácilmente ordenables alfabéticamente dentro del artículo porque la
posición del segundo elemento (sustantivo o adjetivo) no cambia en una frase actua-
lizada. Las locuciones lexicográficas, es decir los infralemas que están marcados como
locuciones, responden más a la metodología del diccionario que a las colocaciones en
cuestión. Los diccionarios que tienen provistos apartados fraseológicos tienden a aña-
dir las colocaciones ahí. Un gran tamaño favorece desde luego tal procedimiento por-
que cuanto más largo sea un artículo tanto más tienen que utilizarse los recursos de
estructuración.
Los ejemplos auténticos son muy raros en los diccionarios bilingües. Los ejem-
plos que contienen colocaciones casi nunca buscan la ejemplificación de una coloca-
ción antes mencionada. La colocación la tiene que aislar el usuario (p. ej. en OP: «dar

6
Nada impide que el cotexto contenga también las preposiciones (p. ej. «verstoßen […] (gegen
Gesetz) infringir» en PONS SW), pero estos ejemplos son muy raros y tienen el gran inconveniente de
que no muestren si el equivalente exige o no una preposición o un determinante. Además el cotexto
citado es problemático ya que omite el determinante obligatorio «gegen ein/das Gesetz verstoßen».
142 BENEDIKT MODEL

[…] 3 machen, verursachen (causar): eso me da mucho miedo = das macht mir große
Angst.»). Aunque no suele causar grandes problemas, a veces no queda claro cómo
hay que entender una unidad, sobre todo si no está marcada expresamente, como por
ejemplo en PONS SW «esquina […] casa que hace ~ Eckhaus nt». Contrariamente a
farmacias, escuelas, supermercados ... que hacen esquina no existen en alemán
*Eckapotheken, *Eckschulen, *Ecksupermärkte, ...

3. CONCLUSIÓN

En cuanto a la macroestructura, hemos visto que la dicotomía base/colocativo


no es el criterio principal según el cual los diccionarios bilingües insertan la coloca-
ción. Este principio se vuelve reconocible solamente en los casos donde la base puede
expresarse bajo el colocativo mediante un cotexto hiperonímico. En la mayoría de las
colocaciones, sin embargo, se decide la cuestión de la cabecera por la restricción de
los colocados, por la necesidad de diferentes equivalentes o por las indicaciones
sintácticas que deben acompañar a los colocados. En vez de seguir un solo concepto
distinguiendo lexicográficamente las bases de los colocativos, un concepto que bien
es verdad no causa demasiados problemas teóricos en la caracterización de las unida-
des, pero que contradice a veces la intuición, se aplican otros conceptos según la
colocación. Esto puede complicar la búsqueda en la macroestructura pero la facilita
en la microestructura. Los seis tipos fraseológicos de colocaciones no se reflejan en
grupos del mismo tratamiento en la macrosestructura.
Para la presentación en plan microestructural la colocación posee un formato
intrínseco con el cotexto. No obstante, este formato no se adopta muchas veces en
relación con los casos que lo permitirían. La menguada distinción tipográfica entre
glosas, cotextos, cotextos hiperonímicos y función gramatical de los sustantivos ates-
tigua el escaso uso de este procedimiento. Se aplica sobre todo en los casos donde la
mención de un cotexto hiperonímico resulta muy económico. En algunos dicciona-
rios existen bloques fraseológicos que están marcados por símbolos o abreviaturas
que suelen indicar «locuciones» / «Wendungen». Pese a algunas menciones de colo-
caciones en las instrucciones de uso, nunca se tiene en cuenta la diferencia lingüística
entre locución y colocación en el texto lexicográfico, aunque no sería muy costoso
indicarla mediante las marcaciones.7 Las colocaciones que se parecen a otras unida-

7
En los instrucciones de uso HDA (p. 10 y 369) designa las ULP formalmente representadas
como infralemas entre otros como palabras compuestas, colocaciones y expresiones idiomáticas. Otras
expresiones idiómaticas (p. 7 y 393) van precedidas de ‚, sin que las colocaciones y locuciones estén
separadas por estos dos formatos.
UNIDADES FRASEOLÓGICAS EN LOS DICCIONARIOS BILINGÜES 143

des pluriverbales se tratan igual que éstas. En la microestructura pueden reconocerse


grosso modo los rasgos de la tipología de Corpas Pastor (1996). Pero se advierte que
las necesidades fraseológicas para tipologizar las colocaciones no corresponden a las
necesidades lexicográficas para una descripción pertinente. Algunos criterios distinti-
vos de la taxonomía parecen ser superfluos (p. ej. la distinción entre tipo 3 y 4) mien-
tras otros tipos generalizan algunos criterios que la lexicografía tiene que diferenciar
(p. ej. la conexión de los colocados del tipo 2).
La tipología de Corpas Pastor (1996) no se adopta, y a veces no se puede adop-
tar, en los diccionarios bilingües. Aunque es un buen método para clasificar las colo-
caciones desde el punto de vista fraseológico, se necesita otra taxonomía para la
fraseografía bilingüe.

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144 BENEDIKT MODEL

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145

Observaciones sobre el uso de colocaciones


en aprendices finlandeses de español:
hacia una aplicación didáctica*

BEGOÑA SANROMÁN VILAS


Universidad de Helsinki (Finlandia)

1. INTRODUCCIÓN

El dominio de una lengua extranjera lleva consigo el uso de multitud de colo-


caciones que generalmente pasan desapercibidas al hablante nativo. A pesar de ser
ampliamente reconocida la importancia de este fenómeno léxico en la enseñanza de
una lengua extranjera, no son muchos los autores que han abordado este tema desde
una perspectiva didáctica (Lewis 2000), y menos todavía los que lo han hecho dentro
del ámbito de la lengua española (Alonso Ramos 2002b y 2006, Higueras García
2005).
En este trabajo ofreceremos un análisis de la producción de colocaciones por
parte de aprendices finlandeses de español. Utilizaremos como punto de partida un
test distribuido a nuestros estudiantes más avanzados y, como material adicional, nos
valdremos de algunas composiciones realizadas por otro grupo de estudiantes.
En particular, centraremos nuestra atención en las colocaciones formadas por
un verbo de apoyo –el colocativo– seguido de un nombre predicativo –la base de la
colocación–; así por ejemplo, dar un grito, correr peligro o llevarse un disgusto. En
estas combinaciones, el verbo de apoyo, por ej. correr, pierde su significado básico
como verbo pleno –aprox. ‘desplazarse con rapidez de un lugar a otro’– y es seleccio-
nado por un nombre, aquí peligro, para verbalizar el sentido del nombre. En este
ejemplo particular, correr peligro es equivalente a peligrar. Como es bien sabido, una

* Quisiera agradecer a Jarna Piippo y a Tom Lindahl la valiosa ayuda que me han prestado con la
lengua finesa. Ni que decir tiene que todos los errores que puedan encontrarse en el trabajo son de mi
entera responsabilidad. Este trabajo se inscribe dentro del marco del proyecto de investigación financia-
do por el Ministerio de Educación y Ciencia: HUM2005-08052-C02-02.

145
146 BEGOÑA SANROMÁN VILAS

de las principales dificultades que presentan las colocaciones es que no pueden ser
traducidas literalmente de una lengua a otra. Así, por ejemplo, mientras en español
hacemos una pregunta, en inglés la pedimos (to ask a question), en francés la coloca-
mos (poser une question) y en finés la presentamos (esittää kysymys).1
En el análisis de los datos emplearemos el marco teórico y metodológico pro-
porcionado por la Lexicología explicativa y combinatoria (LEC, Mel’…uk et al. 1995),
que se inscribe a su vez dentro de la teoría lingüística conocida como Teoría Sentido-
Texto (Mel’…uk 1997, entre otros).
Los principales objetivos de este estudio pueden agruparse en dos puntos. El
primero de ellos consistirá en presentar un inventario de los errores más frecuentes de
nuestros estudiantes en materia de colocaciones. Añadiremos a este punto unas re-
flexiones acerca de algunas posibilidades de la lengua que no pueden ser fácilmente
explotadas por hablantes no nativos, precisamente debido a la escasez de material
didáctico especializado. Como segundo objetivo, trataremos de ofrecer una propuesta
didáctica para mejorar la competencia colocacional de nuestros aprendices de español
en cuanto a la producción y comprensión de colocaciones. Con vistas a cumplir este
segundo objetivo, presentaremos brevemente el proyecto lexicográfico del Dicciona-
rio de Colocaciones del Español (DiCE, Alonso Ramos 2002a, 2003 y en este volu-
men) y mostraremos algunas de sus posibles aplicaciones a la enseñanza del español.
La estructura del trabajo consta de los siguientes apartados. Tras esta introduc-
ción, analizaremos el uso de las colocaciones en nuestros aprendices finlandeses de
español (apartado 2). A continuación, presentaremos una propuesta para el aprendiza-
je y la enseñanza de las colocaciones basada en la necesidad de elaborar material
didáctico específico (apartado 3): en particular, un diccionario especializado, el DiCE,
que presentaremos en el apartado 4, y un módulo de ejercicios que pueda extraerse
del mismo (apartado 5). Finalizaremos nuestra exposición con unos comentarios a
modo de conclusiones.

2. EL USO DE COLOCACIONES EN APRENDICES FINLANDESES DE ESPAÑOL

A lo largo de nuestra experiencia con aprendices finlandeses de español, he-


mos constatado que incluso nuestros estudiantes más avanzados2 cometen errores en

1
En finés también es posible usar el colocativo hacer (tehdä) en combinación con el nombre
pregunta (kysymys).
2
Debemos precisar que se trata de estudiantes de Filología española que han superado una prueba
de acceso a la Universidad en donde se valoran sus conocimientos de español. Todos los estudiantes
están habituados a leer, escribir y recibir clases en español. En la mayoría de los casos, ya han realizado
una estancia en algún país de habla hispana.
OBSERVACIONES SOBRE EL USO DE COLOCACIONES EN APRENDICES FINLANDESES 147

la producción de colocaciones (Sanromán Vilas, 2006). Nuestro interés por este fenó-
meno léxico nos ha llevado a tratar de comprobar qué tipo de errores son los que se
repiten con mayor frecuencia. Con este propósito, distribuimos un test a catorce estu-
diantes en el que, a partir de treinta verbos (ej.: atender, gritar, firmar) contextualizados
dentro de una oración, les pedimos que formasen una colocación del tipo verbo +
nombre (ej.: prestar atención, dar un grito, echar/ poner una firma). Para facilitar la
elaboración del test, incluimos los nombres deverbales al final de cada oración entre
paréntesis (atención, grito, firma) de manera que el estudiante sólo tuviese que cen-
trarse en la búsqueda del verbo colocativo (prestar, dar, echar/ poner). En ocasiones,
se requerían pequeñas modificaciones en la oración como consecuencia del nuevo
régimen verbal. Así por ejemplo, una oración como La admiro profundamente podía
transformarse en Siento una admiración profunda por ella o Le tengo una profunda
admiración.
Desde el punto de vista cuantitativo, las 420 posibles respuestas quedaron re-
ducidas a 319. En algunas ocasiones, los estudiantes no escribieron ninguna coloca-
ción; en otras, transformaron la oración evitando el uso de un verbo colocativo, por
ejemplo, en la oración La policía lo arrestó justo después de robar en una farmacia,
en lugar de realizar el cambio de robar por cometer un robo, un estudiante escribió
(...) después del robo de una farmacia.
Del total de respuestas obtenidas, 167 están escritas con absoluta corrección y
152 presentan algún tipo de error. Los errores más frecuentes (el 72% del total) son
debidos a la elección de un verbo colocativo inadecuado. En particular, en la transfor-
mación de los verbos fotografiar, dudar, admirar, responder, enfatizar, robar y gol-
pear a sus correspondientes colocaciones no hemos registrado ningún error. Cabe
señalar que algunas de estas colocaciones en español pueden considerarse una traduc-
ción literal del finés, por ejemplo tomar una foto (ottaa valokuva) o algunas formadas
con el colocativo dar (antaa): dar un golpe (antaa isku), dar énfasis (antaa pontta) o
dar una respuesta (antaa vastaus). Entre las colocaciones que presentan mayor nú-
mero de errores debidos al verbo colocativo, podemos citar las siguientes: para susti-
tuir al verbo castigar no se ofreció ninguna colocación válida –como lo serían poner/
imponer un castigo– siendo la respuesta más frecuente *dar (un) castigo; en lugar de
sacar una conclusión o llegar a una conclusión, la mayoría de los informantes escri-
bió *hacer una conclusión, calco de la forma finlandesa tehdä johtopäätos. Otros
colocativos incorrectos registrados son: *hacer (una) nota/ *dar nota (tomar nota),
*dar caricias (hacer caricias), *hacer/ *dar revista (pasar revista), *darse un dis-
gusto (llevarse un disgusto), *dar/ *hacer freno (poner freno), *hacer/ *tener un
suspiro (dar un suspiro), etc.
El segundo error más frecuente (el 43%) está relacionado con el uso del artícu-
lo –artículo indeterminado en vez de determinado, o viceversa, y ausencia total de
artículo–. Hemos de tener en cuenta que el uso del artículo en el interior de una colo-
148 BEGOÑA SANROMÁN VILAS

cación no siempre se rige por las normas gramaticales (vid. Alonso Ramos 2004:197-
203). A este hecho hay que añadir que la lengua nativa de nuestros informantes, el
finés, carece de artículo (Karlsson 1990: 82-83), de ahí la dificultad que se les presen-
ta al tener que emplearlo en otras lenguas. En relación con el uso del artículo, debe-
mos mencionar que a partir de soñar, los informantes han formado tanto la colocación
tener un sueño3 (sueño con el sentido de ‘imagen que aparece cuando la persona
duerme’), equivalente válido para dicho verbo, como *tener sueño (sueño ‘ganas de
dormir’), colocación correcta pero inadecuada como paráfrasis del verbo soñar. Una
proporción menor de errores está en relación con el uso de ciertas preposiciones (lle-
gar *en la conclusión, poner *en castigo)4 y con el género de algunos nombres (*un
foto, *un tos).
Es indudable que a partir de un test como el que acabamos de presentar, el
número de errores diferentes que se puede detectar es bastante limitado (vid. Nesselhauf
2003). Así pues, para complementar los resultados obtenidos, hemos reunido y anali-
zado las composiciones escritas de unos 25 estudiantes. Debido a que las composicio-
nes versan sobre temas diferentes, no haremos un análisis cuantitativo. En su lugar,
nos referiremos brevemente a algunos tipos de errores que no surgieron en el test, por
ejemplo, la creación de una colocación inexistente en español como *sacar diversión
de él para expresar el sentido de los verbos divertirse a costa de él o burlarse de él. El
fenómeno opuesto, la formación de un verbo inexistente en español, también lo he-
mos registrado, así el hipotético verbo *pausar aparecía en una composición en lugar
de la colocación hacer una pausa. Otro tipo de error es el que se presenta en la ora-
ción *Él ha entrado en duda. En efecto, la combinación del verbo colocativo entrar
con la base nominal duda es posible en español, pero, al contrario de lo que ocurre en
el ejemplo recogido, en donde duda funciona como objeto verbal y el experimentador
de la duda como sujeto gramatical, con el verbo entrar el nombre duda debería des-
empeñar la función de sujeto gramatical y el experimentador de la duda, la de objeto
verbal ((A él) le han entrado dudas). Hemos registrado también *entrar en luto y
*ponerse en negro como variantes de la colocación ponerse de luto.
Aparte de los casos mencionados, en las composiciones se han repetido los
mismos tipos de errores que se presentaban en el test, por ejemplo, los debidos al uso
de un colocativo inadecuado: *dar comentarios (hacer comentarios), *hacerse enfer-
mo (caer/ ponerse enfermo), *llevar o *tirar la conclusión (llegar a la conclusión) o
el caso de *saltar obstáculos en lugar de salvar/ vencer obstáculos (del finés ylittää

3
En las composiciones libres de nuestros estudiantes, la colocación tener un sueño aparece ex-
presada en ocasiones como *ver un sueño, calco directo del finés nähdä unta.
4
Un informante formó la colocación correr *en peligro a partir de correr peligro y estar en
peligro. Esta última tiene un equivalente literal en finés (olla vaarassa).
OBSERVACIONES SOBRE EL USO DE COLOCACIONES EN APRENDICES FINLANDESES 149

vaikeudet lit. ‘saltar dificultades’). Al lado de estos errores, también hemos encontra-
do varios casos de régimen preposicional incorrecto: dejar *en sombra (lit. del finés
varjossa ‘en sombra’) en lugar de dejar a la sombra, llegar *de acuerdo en vez de
llegar a un acuerdo, etc.

3. LA ENSEÑANZA Y EL APRENDIZAJE DE LAS COLOCACIONES

En el apartado anterior, hemos tratado de ofrecer un muestrario de algunos de


los errores más típicos que producen nuestros estudiantes. Ha podido observarse que
parte de estos errores se debe a interferencias con su lengua materna; otros, en cam-
bio, son más difíciles de predecir.
Al igual que otros investigadores y profesores (vid. Lewis 2000), creemos que
una de las primeras tareas del profesor a la hora de enseñar el uso de las colocaciones
es hacer conscientes a los aprendices de la existencia de este fenómeno léxico. El
profesor, en especial el dedicado a la enseñanza de una lengua extranjera, deberá
hacer un esfuerzo en sus clases para llamar continuamente la atención sobre las
combinaciones particulares de las palabras y su imposibilidad de ser traducidas direc-
tamente desde la lengua materna.
Una vez realizado este primer paso, deberíamos contar con material didáctico
especializado para que el aprendiz sea capaz de encontrar soluciones a sus dudas
cuando produce un texto de manera independiente. Tanto la elaboración de un diccio-
nario de colocaciones como la creación de material didáctico adicional son tareas que
urgen en el ámbito de nuestra lengua (vid. Higueras García 2005).
Desde el punto de vista de la lingüística teórica, las colocaciones han recibido
en los últimos años considerable atención. Por ejemplo, las revistas Lingüística Espa-
ñola Actual (Alvar Ezquerra 2001, 2002) y Linguisticae Investigationes (Gross y
Pontonx 2004) han publicado números monográficos dedicados al tema de las colo-
caciones.5 En lo que respecta al campo de la didáctica de las colocaciones, los traba-
jos no han sido tan numerosos. Hemos de destacar, con todo, la labor de la lexicogra-
fía en lengua inglesa, que cuenta ya con varios diccionarios de colocaciones, por
ejemplo, The BBI Dictionary of English Word Combinations (BBI, Benson et al. 1997,
2ª ed.), el Dictionary of Selected Collocations (LTP, Hill y Lewis 1997) o el Oxford
Collocations Dictionary (OCD, Crowther et al. 2002). A ello hay que añadir la mono-
grafía Teaching Collocations, editada por uno de los autores del diccionario LTP (Lewis
2000), en donde varios profesores de inglés explican cómo introducen el concepto

5
Todo ello sin contar con los trabajos ya clásicos en materia de colocaciones como son Hausmann
(1979) o Mel’…uk (1998), entre otros, o la reciente monografía de Grossman y Tutin (2003).
150 BEGOÑA SANROMÁN VILAS

colocación en sus clases y qué tipo de actividades utilizan para mejorar la competen-
cia colocacional de sus estudiantes.6
El español, por el momento, sólo dispone de un diccionario combinatorio, el
REDES (Bosque 2004). Este diccionario da acceso a la información a través del
colocativo y ofrece una organización de las bases de las colocaciones en clases léxicas.
No obstante, todavía no disponemos en el mercado de un diccionario de colocaciones
orientado hacia la producción. Siguiendo a Alonso Ramos (2005, 2006), en este tra-
bajo presentaremos como propuesta para mejorar la producción y comprensión de
colocaciones en los aprendices de español la combinación de un diccionario de colo-
caciones del español y un módulo de ejercicios extraído del mismo, propuesta que
desarrollaremos en los apartados que siguen.
Debemos precisar que la idea de combinar diccionario y ejercicios no es origi-
nal, el OCD contiene ya una propuesta de actividades en su interior. Con todo, el
diccionario que presentamos se diferencia de este en que incluye no sólo relaciones
léxicas sintagmáticas sino también paradigmáticas. Además, cada colocativo que se
lista en el diccionario va acompañado de una glosa o paráfrasis7 que ayuda al usuario
a discernir cuál es el colocativo adecuado, y de su régimen específico (preposiciones,
presencia o ausencia del artículo, etc.).

4. PRESENTACIÓN DEL DICCIONARIO DE COLOCACIONES DEL ESPAÑOL (DICE)

El DiCE es una base de datos en formación que se está llevando a cabo en la


Universidad de La Coruña (Alonso Ramos 2002a, 2003).8 Para la elaboración de este
diccionario seguimos el marco teórico y metodológico de la LEC (Mel’…uk et al.
1995). En la LEC, las colocaciones se describen por medio de funciones léxicas (FFLL,
Wanner 1996). Una FL codifica la relación entre dos unidades léxicas (UULL) en la
que una de ellas –la base de la colocación– controla la elección léxica de la otra –el
colocativo–. Así, por ejemplo, la FL Magn codifica la relación entre los siguientes
pares de nombre y adjetivo: alegría desbordante, ruido infernal y enemigo acérrimo.
Cada uno de estos adjetivos –desbordante, infernal y acérrimo– es seleccionado por
el nombre correspondiente –alegría, ruido y enemigo– para expresar el sentido ‘in-
tenso’. Además de describir la relación semántica entre dos UULL, las FFLL también
pueden dar cuenta de la estructura actancial de la colocación. Así, las colocaciones

6
Existen también varias publicaciones que analizan el uso de colocaciones por parte de aprendi-
ces de inglés, véanse, por ejemplo: Dechert y Lennon (1989), Hussein (1990), Biskup (1992), Bahns
(1993), Bahns y Eldaw (1993), Granger (1998) y Nesselhauf (2003a y 2003b).
7
Al igual que ocurre en el Lexique actif du français (LAF, Polguère 2000).
8
Para una presentación más detallada del DiCE, véase Alonso Ramos (en este volumen).
OBSERVACIONES SOBRE EL USO DE COLOCACIONES EN APRENDICES FINLANDESES 151

dar un consejo y recibir un consejo se codifican por medio de las FFLL Oper1 y
Oper2. Oper hace referencia a un verbo vacío9 de significado10 –el colocativo– que
toma la UL –base de la colocación– como su objeto directo. Los subíndices indican
cuál es el sujeto gramatical de la colocación: el subíndice 1 se refiere al primer actante
del nombre (X en el consejo de X a Y) y el subíndice 2, al segundo actante (Y en el
consejo de X a Y). Las FFLL han sido usadas en los cuatro volúmenes del Dictionnaire
explicatif et combinatoire (Mel’…uk et al. 1984-1999), y en el Lexique actif du français
(LAF, Polguère 2000). Como veremos a continuación, el DiCE también contiene FFLL.
No obstante, conscientes de la dificultad que esta herramienta lexicográfica supone
para el manejo del diccionario, y siguiendo el LAF, hemos incluido una glosa o expli-
cación11 con la finalidad de ayudar al usuario a seleccionar el colocativo adecuado.
En este apartado describiremos brevemente el DiCE tomando como punto de
referencia la demostración que se ofrece en Internet en las siguientes direcciones:
<http://www.dicesp.com> y <http://dicesp.cesga.es>. En estas páginas se pueden en-
contrar diez nombres que denotan ‘sentimiento’ –admiración, alegría, amistad, cari-
ño, celos, dolor, enemistad y gana–, el campo semántico que hemos seleccionado
para comenzar la elaboración del DiCE.
En el DiCE el acceso a la información se da principalmente a través de la base
de la colocación, que es el lema. Por esta razón, decimos que el DiCE es un dicciona-
rio orientado hacia la codificación. Si el usuario quiere saber qué verbos se combinan
con admiración para expresar el sentido completo ‘admirar’, encontrará los siguien-
tes colocativos: sentir, tener, rendir, deber, dispensar, tributar o profesar. No obstan-
te, también es posible acceder a la información por medio de los colocativos. El usua-
rio puede escoger uno de los verbos anteriores, por ejemplo, rendir, y comprobar qué
otras bases, además de admiración, se combinan este verbo. La búsqueda nos dará
como resultado los nombres adoración, consideración y veneración.12
La unidad lexicográfica es la UL, es decir, una palabra tomada en una sola
acepción. Si el lema es una palabra polisémica, se incluyen todas sus acepciones. Así,
por ejemplo, para el nombre CARIÑO, el DiCE contiene cuatro entradas: cariño 1a,
sinónimo de apego (Le tengo mucho cariño a este reloj), cariño 1b, sinónimo de
carantoña (No paraba de hacerle cariños a su nieto), cariño 2, sinónimo de cuidado
(Trátame con cariño estos libros) y cariño 3, sinónimo de cielo (Cariño, no llores,
que aquí está mamá).

9
El término «vacío» es usado aquí en un sentido amplio. El lector interesado podrá encontrar una
descripción más detallada acerca de estos verbos en Alonso Ramos (2004: 85-96).
10
También llamados verbos soporte, verbos de apoyo o light verbs.
11
La noción de glosa está ampliamente discutida en Alonso Ramos (en este volumen).
12
Como hemos mencionado en el apartado 3, este es el tipo de orientación descodificadora que se
le ofrece al usuario en el REDES (Bosque 2004).
152 BEGOÑA SANROMÁN VILAS

Todas las UULL consignadas en el DiCE incluyen la siguiente información: 1)


la etiqueta semántica o significado genérico de la UL (por ej. SENTIMIENTO para cariño
1a y MANIFESTACIÓN para cariño 1b); 2) la forma proposicional o estrucura de actantes
(así en cariño 1a aparecen dos participantes: ‘cariño de individuo X por individuo u
objeto Y); 3) uno o varios ejemplos procedentes en su mayoría del Corpus de la Real
Academia Española (CREA) y 4) los (cuasi-) sinónimos y los (cuasi-) antónimos de
la UL.
Asimismo, dentro de cada una UL se han creado cinco grupos que recogen
cinco tipos diferentes de colocativos (y derivados semánticos de la UL): 1) los atribu-
tos de los participantes (por ej. celoso 1 o muerto de celos para nombrar al experi-
mentador de los celos 1a); 2) la UL en coocurrencia con un adjetivo (amistad estre-
cha, ganas rabiosas); 3) verbos que toman la UL como su objeto directo/ preposicional
(ganarse la admiración (de alguien), levantar sospechas); 4) los verbos con los que la
UL funciona como sujeto gramatical (la alegría reina, le entran celos); y 5) nombres
que preceden a la UL introducidos por la preposición de (lazos de amistad, una som-
bra de sospecha).
Cabe señalar que el DiCE incluye no solo las unidades que están en coocurrencia
sintagmática con el lema sino también aquellas coocurrencia paradigmática, de tal
modo que si el usuario quiere expresar el sentido ‘causar alegría’ podrá escoger bien
una UL en relación sintagmática con alegría como dar o despertar bien un derivado
como alegrar.
Cada una de las secciones descritas se presenta en el DiCE en forma de listas
de colocativos. Si el usuario busca un verbo que tome la UL sospecha como su primer
objeto, seleccionará la sección Verbo + UL dentro de la entrada de sospecha. Inme-
diatamente, se desplegará una lista con una serie de glosas asociadas a una FL. El
propósito de las glosas es el de ayudar al usuario a identificar el colocativo adecuado
ofreciendo información semántica acerca del mismo. Tras la glosa y la FL aparece-
rá el colocativo, el régimen de la colocación y algunos ejemplos para ilustrar su
uso. A continuación ofrecemos una muestra reducida de los colocativos verbales de
sospecha:

UL: SOSPECHA 1
VERBO + SOSPECHA
TENER ~ Oper1 abrigar [ART ~] ¿Mintió usted a la policía cuando afirmó que no abri-
gaba sospecha alguna?
SER OBJETO DE ~ Oper2 estar [bajo ~] Los deportistas españoles están bajo sospecha
desde el positivo del esquiador... (web).
EMPEZAR A TENER ~ IncepOper1 caer [en ~] El marido, sin caer en sospecha, aun cuando
era celoso y no se apartaba de su mujer un solo instante, accedió a la súplica.
OBSERVACIONES SOBRE EL USO DE COLOCACIONES EN APRENDICES FINLANDESES 153

PROBAR UNA ~ Real confirmar [(en) ART ~] La resonancia magnética confirmó la


sospecha; Yo buscaba una confesión o un frío disimulo, una coartada, en suma,
que, de haber sido minuciosamente preparada, me habría confirmado en mis
sospechas.
CAUSAR QUE LA ~ SEA MAYOR CausPredPlus fomentar [ART ~] [...] la sospecha, fomentada
durante la campaña electoral de 1982 y las anteriores, de que una nueva victo-
ria de los socialistas llevaría implícito un proceso de nacionalizaciones.
CAUSAR QUE LA ~ SEA MENOR CausPredMinus acallar [ART ~] Todo lo que se puede hacer
es tratar de acallar sus sospechas [...]
CAUSAR QUE LA ~ SEÑALE A ALGUIEN CausFunc2 hacer caer [ART ~ sobre Y] El maletín del
que hablamos, por ejemplo, hace caer sobre él una enorme sospecha, pero nada
más.
CAUSAR ~ EN ALGUIEN CausFunc1 despertar [~ en X] Una mujer metida aquí todo el día
acabará despertando sospechas.
CAUSAR QUE LA ~ DESAPAREZCA LiquFunc2 alejar [ART ~ de Y] Minnie, como para alejar
toda sospecha, desplegaba una alegría y una animación que nunca hubiera es-
perado de ella.
CAUSAR QUE ALGO O ALGUIEN NO SEA OBJETO DE ~ LiquOper2 salvar [a Y de ART ~]
Vázquez creyó ver claro y acudió a mi casa, pero mi torpeza me salvó de sus
sospechas.

5. ELABORACIÓN DE EJERCICIOS A PARTIR DEL DICE

En este apartado proponemos una pequeña muestra de ejercicios para mejorar


la competencia colocacional de los aprendices de español. En el diseño de las diferen-
tes actividades hemos partido de la información contenida en el DiCE con el propósi-
to de que el estudiante, apoyado a su vez en el mismo diccionario, pueda resolver con
éxito las tareas propuestas. Aunque las actividades que describiremos están funda-
mentalmente orientadas hacia la codificación o producción, ofreceremos también al-
gunas muestras desde el punto de vista de la descodificación o comprensión.13

13
La demostración del DiCE en Internet (véase el apartado 4) incluye también dos módulos de
ejercicios: uno de ellos orientado hacia la producción; el otro, hacia la comprensión. El programa corrige
los ejercicios y al final ofrece el porcentaje de respuestas acertadas. En Sanromán Vilas y Alonso Ramos
(en prensa), se encontrarán más modelos de ejercicios que pueden extraerse del DiCE.
154 BEGOÑA SANROMÁN VILAS

A continuación, comenzaremos por la descripción de los ejercicios de produc-


ción. En (1) presentamos un modelo de pregunta de selección múltiple con única
respuesta:

(1) Rodea la respuesta que mejor se corresponda con la glosa ‘que da motivo de
sospecha’:
a. a cubierto de sospecha;
b. bajo sospecha;
c. al abrigo de sospecha;
d. por encima de toda sospecha.

Si el estudiante consulta la entrada sospecha 1, bajo la rúbrica «atributos de los


participantes» descubrirá que la respuesta correcta es (b), es decir, la glosa ‘que da
motivo de sospecha’ se expresa en español por medio de la colocación bajo sospecha.
Una mirada atenta a la información contenida en esta sección permitirá observar que
la misma glosa puede expresarse con un derivado de sospecha, sospechoso. Podrá
observarse asimismo que las colocaciones que aparecen en (a), (c) y (d), incorrectas
en este caso, aparecen glosadas en el DiCE como ‘que no es susceptible de ser objeto
de sospecha’.
El ejercicio (2) se centra en los diferentes colocativos que se utilizan para in-
tensificar el sentido de los nombres de emoción:

(2) Relaciona los nombres que aparecen en la columna de la izquierda con los
adjetivos (o equivalentes) que aparecen a la derecha para formar colocaciones
en las que el adjetivo aporta el sentido ‘intenso’:
ODIO absoluto
MIEDO visceral
AFECTO de muerte
ENTUSIASMO cerval
RESPETO desbordante
SUSTO profundo

Para la resolución de (2) el estudiante deberá comprobar, bajo la entrada de cada uno
de los nombres propuestos, qué adjetivos se glosan con la fórmula ‘intenso’. Además,
deberá tener en cuenta que algunos de los adjetivos dados se combinan con varios
nombres, por ejemplo, profundo puede ser un colocativo de odio, afecto y respecto.
No obstante, como sólo visceral puede combinarse con odio, y absoluto sólo admite
como base respeto, la respuesta correcta será afecto profundo. Las restantes coloca-
ciones son: miedo cerval, entusiasmo desbordante y susto de muerte.
OBSERVACIONES SOBRE EL USO DE COLOCACIONES EN APRENDICES FINLANDESES 155

En (3) nos centramos en una las acepciones del nombre GANA y damos las
glosas de diferentes tipos de colocativos verbales (a la izquierda) para que el estu-
diante proponga al menos un ejemplo de cada tipo. Ofrecemos una de las posibles
respuestas en letra cursiva (a la derecha):

(3) Teniendo en cuenta las glosas que se te ofrecen, completa el siguiente cuadro
con un verbo que se combine con ganas:

GANAS DE (PEDRO) DE (HACER ALGO)


‘Pedro siente unas ganas intensas de...’ Pedro se muere de ganas de...
‘A pesar de..., Pedro continuó sintiendo ganas de...’ Pedro se quedó con las ganas de...
‘Pedro deja de sentir ganas de...’ Pedro pierde las ganas de...
‘Ana causa ganas de hacer algo a Pedro’ Ana le da ganas de...
‘Eso causa que las ganas de Pedro desaparezcan’ Eso le quita las ganas de...
‘Pedro oculta las ganas de...’ Pedro reprime las ganas de...

Como último ejercicio de producción proponemos (4). Aquí el estudiante debe


tener en cuenta las equivalencias entre relaciones paradigmáticas y sintagmáticas de
los nombres.

(4) Sustituye las palabras subrayadas por una colocación:


a. La edición de la obra ha resultado una labor admirable.
b. Estaba triste pero se ha alegrado con la noticia.
c. Le escribía cartas cariñosas.
d. Sus palabras en un primer momento asombraron al público.
e. Nos saludó respetuosamente.

Para la resolución de este ejercicio, el aprendiz de español tendrá que relacionar los
derivados admirable (4a), alegrarse (4b), cariñoso (4c), asombrar (4d) y respetuo-
samente (4e) con los nombres correspondientes –admiración, alegría, cariño, asom-
bro y respeto–. A continuación, deberá consultar cada una de las entradas nomina-
les en el DiCE y averiguar cómo se glosan cada uno de los derivados nominales.
Como resultado obtendrá que admirable se parafrasea como ‘que merece admira-
ción’, alegrarse como ‘sentir alegría’, cariñoso como ‘que denota cariño’, asom-
brar como ‘causar asombro’ y respetuosamente, ‘manifestando respeto’. Una vez
realizadas estas tareas, el usuario del DiCE tendrá que buscar un colocativo que se
glose del mismo modo que el derivado y proceder a la sustitución en cada una de las
oraciones. Finalmente, una posible solución al ejercicio será: (4a) La edición de la
obra ha resultado una labor digna de admiración, (4b) Estaba triste pero se ha
llevado una alegría con la noticia, (4c) Le escribía cartas rebosantes de cariño,
156 BEGOÑA SANROMÁN VILAS

(4d) Sus palabras en un primer momento suscitaron asombro en el público y (4e)


Nos saludó con respeto. En este tipo de ejercicio, además de combinar las unidades
relacionadas paradigmática y sintagmáticamente, en ocasiones el estudiante deberá
hacer algunas modificaciones en el régimen de la oración como sucede por ejemplo
en (4d).
A continuación propondremos algunas actividades orientadas hacia la
descodificación o comprensión. Comenzaremos por un ejercicio de selección múlti-
ple con única respuesta.

(5) ¿Qué significa cariño en la oración El chico recibió el regalo como si de un


juguete se tratara pero su madre lo guardó con especial cariño?
a. es un vocativo como puede serlo cielo;
b. es un tipo de sentimiento cercano al afecto;
c. es una actitud como el esmero o la delicadeza;
d. es una manifestación o muestra del cariño.

La respuesta al ejercicio (5) es (5c). El aprendiz podrá encontrar la solución al


desplegar las diferentes acepciones que aparecen bajo la entrada del vocablo polisémico
CARIÑO. Como señalamos en el apartado anterior, cada una de estas acepciones está
provista de una etiqueta semántica y de varios sinónimos que ayudan al usuario a
determinar el sentido considerado.
En (6) presentamos de nuevo una pregunta de selección múltiple pero con res-
puesta múltiple. El objetivo del ejercicio es reconocer el colocativo polisémico tener
–tener admiración por alguien equivale a admirar mientras que tener la admiración
de alguien es equivalente a ser admirado– y averiguar qué sentido se utiliza en este
contexto.

(6) La oración El profesor tenía la admiración de sus alumnos es equivalente a:


a. El profesor era admirado por sus alumnos.
b. El profesor sentía admiración por sus alumnos.
c. Los alumnos gozaban de la admiración de su profesor.
d. Los alumnos rendían admiración a su profesor.

Si a y b son correctas, marca A. Si b y d son correctas, marca D.


Si c y d son correctas, marca B. Si a y d son correctas, marca E.
Si a y c son correctas, marca C. Si b y c son correctas, marca F.

La solución al ejercicio (6) es E, es decir, (6a) y (6d) son las dos respuestas correctas.
Por último, proponemos la actividad (7), en la que el estudiante tiene que res-
ponder verdadero (V) o falso (F) tratando de identificar el significado de términos
OBSERVACIONES SOBRE EL USO DE COLOCACIONES EN APRENDICES FINLANDESES 157

relacionados paradigmáticamente con el lema. Las soluciones se encuentran en la


sección «atributos de los participantes» de cada uno de los lemas: los enunciados
(7a), (7b) y (7e) son verdaderos, mientras que (7c) y (7d) son falsos.

(7) Di si los siguientes enunciados son verdaderos (V) o falsos (F):


a. desesperante se aplica a lo que causa desesperación;
b. bochornoso se aplica a lo que causa bochorno;
c. miedoso se aplica a lo que causa miedo;
d. apreciado es el que siente aprecio;
e. irritado es el que siente irritación.

6. CONCLUSIONES

A partir de los resultados de un test realizado a aprendices finlandeses de espa-


ñol y del análisis de sus composiciones escritas, hemos mostrado que incluso los
estudiantes más avanzados continúan cometiendo errores en la producción de coloca-
ciones. Esta comprobación nos ha llevado a presentar, como propuesta didáctica para
mejorar la competencia colocacional de nuestros estudiantes, la combinación de un
diccionario de colocaciones y un módulo de ejercicios. Tanto para la elaboración de
estos ejercicios como para la resolución de las dudas que les surjan en la producción
de textos, los aprendices podrán ayudarse de las glosas o explicaciones sobre el senti-
do de los colocativos que se incluyen en el DiCE. Asimismo, otra de las metas para el
futuro será la de adaptar los ejercicios a grupos particulares de aprendices teniendo en
cuenta su lengua nativa.

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161

¿El Corpus como un Diccionario de Colocaciones?*

LEO WANNER
ICREA y Universitat Pompeu Fabra

1. INTRODUCCIÓN

Las colocaciones están entre el tipo de información primordial a la que debe


tener acceso un aprendiz de lenguas para hablar una lengua adecuadamente. Como
Hausmann (1984) señala: «Language learning is collocation learning». Tanto el cre-
ciente número de diccionarios de colocaciones como el interés cada vez mayor de los
lingüistas computacionales por desarrollar diccionarios usando técnicas para la ex-
tracción automática de colocaciones a partir del corpus, muestran que las colocacio-
nes empiezan a recibir la atención debida de los profesionales. Sin embargo, ha
llegado el momento de evaluar el potencial de los diccionarios de colocaciones
tradicionales en papel (o las bases de datos lexicográficas que reflejan la estructura
de este tipo de diccionarios) para verificar si son o no un recurso adecuado. Como es
sabido, los diccionarios en papel sufren de fuertes restricciones de espacio y se ven
obligados al acceso secuencial a la información. Estas limitaciones son inherentes al
medio en papel; pueden ser paliadas, pero no superadas. Especialmente las restriccio-
nes de espacio constituyen un serio obstáculo, puesto que fuerzan a los autores del
diccionario a omitir colocaciones consideradas menos comunes (o pertinentes), así
como a limitarse a uno o dos ejemplos contextuales de uso de las colocaciones. Ahora
bien, la frecuencia y la pertinencia de las colocaciones son cuestiones relativas. Por
ejemplo, el Oxford Collocations Dictionary (OCD) no contiene ninguna colocación

* Agradezco a Margarita Alonso Ramos sus valiosos comentarios que han ayudado a mejorar
considerablemente este artículo, así como su traducción del inglés al español. Por supuesto, cualquier
error que haya podido quedar es sólo mío.

161
162 LEO WANNER

verbo + nombre para la unidad léxica enforcement –aunque una búsqueda en Internet
con Google muestra la combinación con el verbo to carry out: «to carry out enforcement
of the legislation and regulations». Dada la naturaleza idiosincrásica de las colocacio-
nes, la ilustración de su uso es absolutamente indispensable (especialmente si el dic-
cionario no indica explícitamente el significado de la colocación, como es el caso de
casi todos los principales diccionarios de colocaciones hasta la fecha).1 Idealmente
sería aconsejable para un aprendiz que CADA colocación fuese ilustrada con ejem-
plos de uso.
El medio electrónico, por el contrario, no tiene ninguna de estas limitaciones
–siempre y cuando sea usado adecuadamente.2 Así, los diccionarios electrónicos ofre-
cen virtualmente capacidad ilimitada de almacenamiento y acceso selectivo rápido a
cualquier información particular desde cualquier punto de vista. Más en particular, el
soporte electrónico permite al lexicógrafo listar el número de ejemplos oracionales
que considere adecuado. Dado que un corpus bien equilibrado es el punto de partida
de toda empresa lexicográfica seria, la mayoría de los ejemplos pueden ser extraídos
del corpus. Este es el enfoque seguido por los autores del Diccionario de colocacio-
nes del español (DiCE) (Alonso Ramos 2003). Sin embargo, en lugar de extraer ejem-
plos del corpus, se puede idear otra posibilidad de desarrollar un «diccionario» de
colocaciones (en lo que sigue, hablaremos de «recurso colocacional»):

Se puede anotar e indizar un corpus bien equilibrado y con posibilidad de extensión


(para asegurar la cobertura de todas las colocaciones que deben ser representadas
en el recurso) de tal manera que se pueda acceder directamente por una interfaz a
toda la información colocacional relevante relacionada con una unidad léxica dada.

Kilgarriff (2005) llama a este enfoque PDIC («Put the dictionary into the cor-
pus»), mientras que el enfoque adoptado por la Lexicografía de corpus sería PCID
(«Put the corpus into the dictionary»). En este artículo defendemos que el enfoque
PDIC tiene la ventaja de que (a) ilustra el uso de las colocaciones in vivo, es decir en
un contexto textual que se puede extender en tantas oraciones como el usuario desee;
(b) ofrece un recurso que puede ser enriquecido por otros tipos de información lin-
güística (especialmente, información semántica y sintáctica), conduciendo a un re-
curso «universal» que pueda ser usado tanto en lexicografía como en procesamiento
automático de lengua natural (PLN).

1
Con la excepción de los diccionarios desarrollados en el marco de la Lexicología explicativa y
combinatoria, como veremos en la sección 2.2.
2
Por ejemplo, las versiones en línea de los diccionarios en papel no usan el medio electrónico
adecuadamente ya que reflejan la misma estructura y la misma información que los originales en papel
(vid. Alonso Ramos 2006).
¿EL CORPUS COMO UN DICCIONARIO DE COLOCACIONES? 163

Un corpus interpretado como un diccionario debería estar anotado con infor-


mación semántica, sintáctica y colocacional y disponer de:

1) Una interfaz que permita al usuario especificar sus consultas sobre in-
formación colocacional y que presente los resultados de estas consultas
de un modo similar a las interfaces que usamos en los diccionarios en
línea.
2) Un índice que constituye una estructura de referencia externa a la infor-
mación en el corpus, con el propósito de tener un acceso más rápido y
eficiente.
3) Un programa que facilite el acceso al corpus por medio de la interfaz y
del índice.

En este trabajo vamos a diseñar un recurso de este tipo. La estructura es la


siguiente. En la sección 2, presentamos la noción de colocación sobre la que basamos
nuestro trabajo. La sección 3 se centra en la información de lo que consideramos
necesario para un recurso de colocaciones eficaz. En la sección 4, nos detendremos en
el concepto de corpus anotado y dejamos para la sección 5 las técnicas para la anota-
ción automática. Por último, en la sección 6 extraeremos algunas conclusiones.

2. ¿QUÉ ES UNA COLOCACIÓN?

Dado que la noción de colocación recibe en la bibliografía interpretaciones


diferentes, parcialmente incompatibles, empezaremos por esbozar la base teórica que
subyace a nuestro trabajo. Asimismo reseñaremos brevemente el contenido de los
diccionarios de colocaciones más conocidos. Más tarde, entraremos en la discusión
sobre los tipos de información que creemos deben ser cubiertos por un recurso de
colocaciones.

2.1. Sobre la noción de colocación y su codificación en los diccionarios


Una colocación es considerada como una combinación binaria idiosincrásica
de unidades léxicas L1 + L2, tales que entre L1 y L2 se sostiene una relación léxico-
semántica r, cuya selección es, a su vez, controlada por L1.3 Por ejemplo, entre dar y
beso existe una relación con el significado ‘realizar’; esta relación se expresa como
dar y es beso el que escoge el verbo. Entre empedernido y fumador, existe la relación

3
Obsérvese que la notación ‘L1 + L2’ no refleja el orden gramatical de L1 y L2.
164 LEO WANNER

‘intenso’, que es expresado por empedernido. Esta interpretación del término coloca-
ción está enraizada en la tradición lexicológica tal y como propugnan, por ejemplo,
Hausmann (1984), Cowie (1994) y Mel’…uk (1995). Sin embargo, no coincide con la
definición de Firth y de Halliday:

Collocation is the syntagmatic association of lexical items, quantifiable, textually,


as the probability that there will occur, at n removes (a distance of n lexical items)
from an item x, the items a, b, c, … (Halliday 1961: 276).

Como vemos, en términos de Firth y Halliday, una colocación es una noción estadís-
tica más que lexico-semántica. Dado que no implica información lingüística, esta
interpretación es muy popular en la lingüística computacional orientada estadística-
mente. El diccionario Collins Cobuild English Collocations (CCEC) sigue estricta-
mente esta interpretación.4 Otros diccionarios de colocaciones convencionales tales
como, por ejemplo, The BBI Dictionary of English Word Combinations, BBI (Benson
et al. 1986) y el Oxford Collocations Dictionary (OCD), aunque no siguen estricta-
mente la interpretación de Firth y Halliday, tienden a incluir información que, siendo
estrictos, no es colocacional. Por ejemplo, en algunos casos (aunque no regularmen-
te), el OCD incluye unidades multipalabra –especialmente formadas por adjetivo y
nombre:

auction: public | charity | art, cattle, furniture, etc.


class: lower, lower-middle, middle, upper-middle, upper, working
dysentery: amoebic

El BBI contiene también tales combinaciones como5

label: 4. adhesive, gummed


lamp: 8. an electric; fluorescent; incandescent; neon ~. 9. a kerosene, paraffin;
oil ~

El diccionario bilingüe Russian-English Dictionary of Verbal collocations (Benson et


al. 1993) contiene información de subcategorización de verbos rusos y sus traduccio-
nes inglesas en vez de combinaciones de palabras:

4
Vid. también Kilgarriff (2006) sobre la argumentación a favor de esta interpretación en lexico-
grafía.
5
El número indica la clase de colocación en cuestión.
¿EL CORPUS COMO UN DICCIONARIO DE COLOCACIONES? 165

krušit´ (nesov.) to demolish, smash: K. …to ‘que’ …em. ‘con que’


svodit´ II (sov.) to take (and bring back) S. kogo ‘quien’/…to ‘que’ kuda ‘a donde’

A pesar de que esta información es útil, no debería ser incluida en un diccionario


especializado en colocaciones –en particular, si la construcción de las combinaciones
listadas sigue las reglas de las combinaciones libres; cf. art/cattle/furniture/ … auction
(una subasta puede ser de cualquier colección de objetos).
Nuestra argumentación podría ser interpretada como si propugnáramos incluir
en un diccionario de colocaciones sólo listas de colocaciones. Todo lo contrario. Más
bien, defendemos que la información incluida en un diccionario de colocaciones debe
contribuir a la descripción de las colocaciones –lo que obviamente no es el caso en los
ejemplos citados.
Ahora bien, incluso dando listas exhaustivas en las entradas tanto de las bases
como en las de los colocativos, un usuario aprendiz no será capaz de escoger la colo-
cación correcta (en el caso de codificar) o comprender la colocación (en el caso de
descodificar), si no se asigna un significado detallado a las colocaciones listadas. Los
diccionarios de colocaciones convencionales intentan codificar el significado de las
colocaciones por agrupaciones explícitas o implícitas (vid. Alonso Ramos 2005). En
el OCD, los grupos de colocativos con diferentes significados son separados por «|»;
en el BBI, cada clase recibe su propio número. A modo de ilustración, consideremos
la entrada de enforcement en el OCD:

enforcement, noun
•ADJ. effective, proper | rigorous, strict, stringent,
tighter, tougher, vigorous MPs called for tougher
enforcement of the existing laws on drugs | law | legal, police
•ENFORCEMENT + NOUN agent, officer | authority, body
law enforcement bodies | machinery, mechanism, powers, system
The court is ineffective because it lacks the necessary enforcement
machinery. | measures, methods, practices, procedures, proceedings

Así, consideran que effective y proper tienen en combinación con enforcement aproxi-
madamente el mismo significado –que es diferente del de rigorous, strict stringent,
etc., que forman a su vez un grupo semántico. Sin embargo, en contraste a esta presu-
posición implícita, los elementos que pertenecen al mismo grupo no pueden siempre
ser sustituidos en un contexto; cf. unos pocos ejemplos extraídos de Internet para
demostrar el uso de machinery, powers y system, los tres pertenecientes al mismo
grupo:
166 LEO WANNER

1. Research by Braver and others has undermined most justifications for the multi-
billion dollar criminal enforcement machinery / *powers.

2. Use of the enforcement powers / *machinery under the Food Safety Authority
of Ireland Act, 1999.

3. Current work on reform of the civil enforcement system / *powers includes:[...]

4. Courts have reached differing conclusions about the availability of contempt


as an enforcement mechanism / *system / ?machinery during the pendency of
an appeal challenging a dissolution decree.

Estos ejemplos muestran que machinery, powers y system no son sustituibles. Por lo
tanto, una clasificación que asigna el mismo significado a machinery y a powers es
demasiado aproximada: no asegura el uso correcto de las combinaciones. Se asegura
un uso correcto sólo cuando (a) la distinción de sus significados es suficientemente
detallada, y (b), su significado es explícito.
Un medio teórico probado para codificar la semántica (y la sintaxis) de las
colocaciones son las funciones léxicas (FFLL), tal y como son introducidas en la
Lexicología explicativa y combinatoria, LEC (Mel’…uk et al. 1995, Mel’…uk 1996).
Las FFLL son usadas en diccionarios de francés (Mel’…uk et al. 1984-1999, Polguère
2000), ruso (Mel’…uk y Zolkovsky 1984), y español (Alonso Ramos y Sanromán 2000,
Alonso Ramos 2003). En la sección siguente, esbozaremos el tipo de información que
consideramos esencial para incluir en un recurso de colocaciones e introduciremos la
noción de FL que proponemos utilizar para codificar la información colocacional en
el corpus.

2.2. Funciones léxicas como un medio de codificar colocaciones


Como acabamos de mencionar, las FFLL son un medio teórico adecuado para
la codificación de colocaciones.6 Para comprender la noción de FL, necesitamos una
interpretación más formal de la noción de colocación. Según Mel’…uk (1995), dos
unidades léxicas L1 y L2 forman una colocación si L1+L2 es un frasema semántico, tal
que el significado expresado por L1+L2 es construido del significado de L1 y el signi-
ficado ‘C’, que es expresado por L2. Cómo será ‘C’ depende de L1: a menudo, no se
corresponde con el significado de L2, sino más bien, con los rasgos semánticos espe-
cíficos que son añadidos al significado de L1. Así, L1 es la base que conserva su signi-
ficado, mientras que L2 es el colocativo. Por ejemplo, L1 = walk y L2 = take forman la

6
Limitaremos al mínimo la introducción de las FFLL necesaria para la comprensión del conteni-
do del artículo. Para una presentación general, vid. Mel’…uk (1995 y 1996).
¿EL CORPUS COMO UN DICCIONARIO DE COLOCACIONES? 167

colocación take + [a] walk con el significado ‘realizar + paseo’. Obviamente, solo en
combinación con walk podemos decir que su significado es ‘realizar’.
Cada significado abstracto expresado por un colocativo en relación con una
base es denotado por una FL sintagmática distinta.7 Más precisamente, una FL
sintagmática es una relación estándar, abstracta (dirigida) que se sostiene entre la
base L1 y el colocativo L2 de la colocación L1 + L2 que significa ‘C’ en la composición
‘L1 + C’. Por estándar, queremos decir que esta relación se aplica a un gran número de
colocaciones. Por ejemplo, la relación entre step y take en Mary takes a step es la
misma que la que existe entre speech y deliver, suicide y commit, accident y have, etc.
Es la misma en el sentido de que cada colocativo proporciona los mismos rasgos
semánticos y sintácticos a su base (vid. Kahane y Polguère 2001). Por abstracta, nos
referimos a que el significado de esta relación es suficientemente general y por lo
tanto, puede ser explotada con fines de clasificación.
Los nombres de las FFLL indican la relación sintáctica entre la base y el
colocativo. Por ejemplo, la FL Oper representa colocaciones formadas por un verbo
(el colocativo) y su complemento directo (la base), mientras que la FL Func codifica
la relación entre el verbo (el colocativo) y su sujeto gramatical (la base). Asimismo, la
información sintáctica se complementa con los índices actanciales de algunas FFLL,
lo que permite distinguir entre la estructura actancial de give an advice (Oper1(advice))
y receive an advice (Oper3(advice)): en Oper1, el primer actante de advice (‘el conse-
jero’) funciona como sujeto gramatical del verbo colocativo give, mientras que en
Oper3 , es el tercer actante (‘el aconsejado’) el que funciona como sujeto de receive.

3. INFORMACIÓN EXHAUSTIVA SOBRE COLOCACIONES

En la sección anterior criticamos los diccionarios de colocaciones convencio-


nales por incluir información no relacionada con las colocaciones y no incluir, en
cambio, información que sí se necesita. Esta sección trata sobre qué información con-
sideramos relevante para la descripción de colocaciones.
La inclusión de la información se justifica bien por necesidades de descodifi-
cación, bien por necesidades de codificación:

7
Vid. Mel’…uk (1996) y en este volumen, para una definición más detallada de la noción de FL y
una panorámica de todos los tipos de FFLL, incluyendo las FFLL paradigmática que tratan los derivados
semánticos de las unidades léxicas.
168 LEO WANNER

1. Una lista (exhaustiva) de todos los colocativos de una base dada.


2. Una lista (exhaustiva) de todas las bases de un colocativo dado.
3. El significado de cada colocación.
4. La estructura de argumentos de los núcleos semánticos y sintácticos de
una colocación.
5. Ejemplos contextuales para cada colocación listada en la entrada.

Al codificar (o verbalizar) información, el usuario –con una base dada y un


significado específico que quiere expresar en mente– busca un colocativo adecuado
partiendo de la base. Por ejemplo, dado el nombre español beso o el catalán petó y la
intención de expresar el significado ‘realizar’, un aprendiz no tiene otra opción que
buscar a partir de beso o petó, en donde encontrará dar / fer: Juan da un beso a María
/ Joan fa un petó a María. Como ya ha sido señalado, el usuario no puede comenzar
su búsqueda con dar / fer porque es precisamente esta información lo que está bus-
cando. En cambio, al descodificar dar [un] beso, un aprendiz con un nivel bajo puede
comenzar buscando la información a partir de dar. Por lo tanto, en un recurso de
colocaciones «universal», una base debería estar provista de las referencias a todos
sus colocativos y un colocativo debería apuntar a todas sus bases, especialmente si
existe una agrupación significativa de las bases en clases motivadas semánticamente
(Mel’…uk y Wanner 1996, Bosque 2004).
Además de la información sobre las colocaciones aisladamente, el aprendiz
necesita información sobre el uso de las colocaciones en contexto: un aprendiz no
puede dominar completamente una colocación sin aprender los contextos sintagmáticos
y discursivos en que se usa la colocación.

4. CODIFICANDO LA INFORMACIÓN COLOCACIONAL: EL CORPUS Y SU ANOTACIÓN

Las principales limitaciones de los diccionarios convencionales que ya hemos


comentado más arriba pueden ser subsanadas con un corpus, y en particular, con un
corpus anotado con FFLL. Esta herramienta lexicográfica codifica toda la informa-
ción sobre colocaciones que señalamos en la sección anterior.
En Lingüística computacional, los corpus anotados desempeñan un papel cada
vez más importante. Permiten un estudio in vivo de los fenómenos lingüísticos y ade-
más, sirven de fuente para el desarrollo de recursos de conocimiento léxico. Entre los
diferentes tipos de anotaciones, las más extendidas son las etiquetas de clases de pala-
bras y de árboles sintácticos, aunque cada vez se lleva más a cabo también la anota-
ción del sentido de la palabra. En lo que concierne a la anotación de colocaciones, que
¿EL CORPUS COMO UN DICCIONARIO DE COLOCACIONES? 169

nosotros sepamos, el único corpus es un fragmento del corpus español CLEF 2002
(Peters 2002) que ha sido anotado con funciones léxicas por el equipo del DiCE en el
marco de un proyecto de investigación vinculado a la recuperación de la información
(Wanner y Alonso 2006).8
La sintaxis de la anotación de un corpus con FFLL es muy simple e intuitiva.
Sigue las convenciones estándar XML. Los elementos de la colocación son encerra-
dos entre corchetes angulados (< >) con un número; elementos de la misma FL llevan
el mismo número. La base es etiquetada con una etiqueta que abre, y el colocativo con
una que cierra (el número es precedido por una barra «\»). La etiqueta de colocativo
contiene el nombre de la FL en cuestión.
Obsérvese que una unidad léxica puede servir como base de varios colocativos
y, además, una unidad léxica puede funcionar simultáneamente en diferentes coloca-
ciones como base y como colocativo. El siguiente ejemplo muestra un fragmento del
corpus anotado, mencionado anteriormente:

Los casos de corrupción Roldán y Rubio <\1 CausFunc0 provocaron>, a primeros de mayo
de 1994, una de las peores <1<2 crisis>> políticas que ha tenido que <\2 Real1 afrontar> el
<\1 Cap jefe> del <1 Gobierno>, Felipe González, en sus doce años de gestión, y la poste-
rior derrota del PSOE, el 12 de junio, en las elecciones europeas. En el <1 año> que ahora
<\1 FinFunc0 concluye>, la estabilidad política y parlamentaria vino marcada por la colabo-
ración entre Gobierno y PSOE con Convergencia i Unió y las reuniones de Felipe González
y su aliado, el <1 Cap presidente> de la <1 Generalitat> catalana, Jordi Pujol, para asegu-
rar la gobernabilidad. La relaciones de Felipe González con sus rivales políticos fueron
distantes con José María Aznar e inexistentes con Julio Anguita. Con el <1 Cap presiden-
te> del <1 PP>, José María Aznar, se reunió dos veces, una pública en julio, que no se
caracterizó por sus <\1 Bon buenos> <1 resultados>, y otra privada, en diciembre, que, a
juzgar por las declaraciones de ambos, fue más positiva. Para el Gobierno y su presidente,
el año 1994 empezó con una <1 huelga> general, el 27 de enero, que fue <\2 Magn amplia-
mente> <2<\1 Real1 seguida>>, aunque sin llegar al nivel histórico del 14 de diciembre de
1988. Tras superar en marzo el listón del Congreso del PSOE con un acuerdo entre reno-
vadores y guerristas, Felipe González no pudo, en primavera, <1 Real2 sortear> las <2
Magn graves> <3<2<1 irregularidades>>> <\3 Oper1 cometidas> por el ex <1 Cap director
general> de la <1 Guardia Civil> Luis Roldán, por un lado, y por el ex <1 Cap gobernador>
del <1 Banco de España> Mariano Rubio, por otro.

8
El proyecto de investigación del que fui colaborador «Optimización de la indexación semántica
por medio de información colocacional» recibió la subvención de la Xunta de Galicia del 2002 al 2004
(PGIDIT02PXIB30501PR).
170 LEO WANNER

Es bastante común considerar que las etiquetas de las FFLL son opacas y no fáciles de
comprender ni por el lexicógrafo ni por un aprendiz o un usuario ocasional del diccio-
nario. Para hacer el significado de las FFLL individuales más explícito, Alonso Ra-
mos (este volumen) y Polguère (2000) sugieren el uso de glosas semánticas. Dado
que la relación de una FL con su glosa semántica es una relación biunívoca que puede
ser tratada por una simple tabla, la sustitución de una etiqueta FL por su glosa en la
interfaz del usuario puede ser directa9. De este modo, el usuario no necesita tener en
cuenta la codificación formal de las colocaciones en términos de FFLL. Obsérvese
que las glosas codifican la información semántica sobre las colocaciones cuya inclu-
sión en un recurso colocacional era reclamada en la sección 1.
Para facilitar el acceso directo de un usuario a la información colocacional en
un corpus, hemos construido un índice. Este índice codifica la posición lineal de cada
colocación en el corpus (en otras palabras, especifica el número ordinal de los ele-
mentos de cada colocación en el corpus, junto con su etiqueta FL). Por medio de tal
índice no sólo se puede acceder a los contextos de cada colocación en el corpus, sino
también todas las ocurrencias de una FL específica, todos los colocativos de una base
dada, todas las bases de un colocativo dado, etc.

5. ANOTACIÓN AUTOMÁTICA DE UN CORPUS POR FFLL

La disponibilidad de programas para la anotación automática de un corpus en


términos de FFLL es una condición previa indispensable para la realización de nues-
tra propuesta. Tal programa es, en gran medida, un programa para el reconocimiento
automático de instanciaciones de FFLL en el corpus. Se trata de reconocer el estatus
colocacional de bigramas de lexemas específicos en el corpus y clasificar estos bigramas
en términos de la tipología de FFLL. El desarrollo de tal programa está todavía en
curso. Sin embargo, hemos implementado ya un prototipo de programa de aprendiza-
je automático para ambas tareas –reconocimiento de bigramas colocacionales en el
corpus y su clasificación en términos de FFLL– que ha sido puesto en práctica con
datos españoles.10 En esta sección, presentamos brevemente la metodología general
que subyace al reconocimiento y clasificación de colocaciones en un corpus, basados
en aprendizaje automático.
El procedimiento general consta de tres fases: (i) la fase de procesamiento de
corpus en que se extraen del corpus las combinaciones binarias (bigramas) de térmi-

9
Esta es la solución adoptada por el DiCE cuya interfaz gráfica puede consultarse en la siguiente
dirección: http://dicesp.cesga.es.
10
El lector interesado puede consultar Wanner (2004) y Wanner et al. (2005 y 2006).
¿EL CORPUS COMO UN DICCIONARIO DE COLOCACIONES? 171

nos candidatos; (ii) la fase de aprendizaje en que el programa aprende «qué significa
para una combinación binaria de términos ser una instanciación de una FL dada»; y
(iii) la fase de clasificación en la que los bigramas extraídos del corpus (y no usados
en el material de entrenamiento) son clasificados según la tipología de FFLL o recha-
zados como una instanciación de FL. Situamos la fase de procesamiento antes de las
otras dos porque es aconsejable recopilar el material de entrenamiento para la fase de
aprendizaje de la lista de bigramas extraídos del corpus, en vez de usar el material de
entrenamiento de otra fuente. Este procedimiento asegura que el aprendizaje es «sin-
tonizado» con el dominio.
La extracción de bigramas candidatos se hace analizando (parcialmente) el
corpus. Dado que cada FL tiene una estructura sintáctica estable, basta comparar los
rasgos de sólo aquellas FFLL cuya estructura sintáctica coincida con la estructura
sintáctica del bigrama candidato obtenido durante el análisis automático (parsing).
En otras palabras, el análisis sirve como un tipo de «preselección» de FFLL que son
posibles etiquetas de clase para un bigrama candidato dado.
La calidad de las técnicas de aprendizaje automático que reflejan esta metodo-
logía ha demostrado que son suficientes para una primera anotación de un corpus con
FFLL. Para alcanzar la calidad de un diccionario, los lexicógrafos entrenados en Lexi-
cología explicativa y combinatoria deben revisar la anotación en una fase de postedición
manual. Sólo entonces se asegura que el corpus resultante pueda servir como una
fuente fiable de información colocacional para todo usuario.

6. CONCLUSIONES

En este artículo hemos defendido que un corpus anotado con FFLL y provisto
de una interfaz con el usuario es más adecuado como un almacén de información
colocacional que un diccionario convencional. Tal corpus tiene varias ventajas. En
primer lugar, si ha sido compilado adecuadamente, tiene el potencial de contener un
inventario de colocaciones siempre actualizado. En segundo lugar, proporciona la
ilustración de uso de cada colocación en contexto, sin las rígidas restricciones de
espacio de los diccionarios convencionales. En tercer lugar, permite la realización de
un acceso flexible y dirigido a toda información deseada por el usuario.
Aunque no disponemos de tal corpus todavía, los avances en el reconocimien-
to semántico y en la clasificación de colocaciones en un corpus en términos de FFLL
hacen que nuestro objetivo sea verosímil en un futuro no muy lejano.
172 LEO WANNER

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175

PARTE II
TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO DE REFRANES
Y OTRAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS
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177

Refranes, vulgatas y folclore

JEAN CLAUDE ANSCOMBRE


CNRS-LLI, EHESS

1. INTRODUCCIÓN

Mucho tiempo no ha que la investigación paremiológica ha vuelto a formar


parte de los estudios lingüísticos, tras ser relegada durante un largo período al campo
etnológico, filológico, o literario en el mejor caso. Este «renacimiento» del interés de
los lingüistas por el mundo de las paremias es debido principalmente en mi opinión,
al muy reciente interés por los fenómenos de doxa y de estereotipos, los cuales inter-
vienen de una manera determinante en el análisis de la genericidad y de varios tipos
de anáforas.
Si el futuro paremiólogo decide adentrarse en este nuevo campo de investiga-
ción, tendrá que enfrentarse con el problema candente de la existencia de una tradi-
ción fuertemente arraigada en cuanto atañe a la naturaleza de las paremias. Y a lo
largo de los años esta tradición ha ido creando y difundiendo toda una serie de vulgatas,
tan familiares y comunes que han llegado a ser consideradas como innegables, como
el indiscutible punto de partida de toda investigación paremiológica que se precie.
Sabemos que la costumbre es una segunda naturaleza, como decían los romanos.
Este trabajo se propone como objetivo cuestionar el valor científico de esas
vulgatas, y contestar a la siguiente pregunta: ¿son las paremias un fenómeno lingüís-
tico, y por tanto susceptible de un acercamiento en términos de sintaxis, semántica,
léxico, pragmática, etc., o bien por el contrario, un remanente arcaico asimilable a los
llamados fenómenos folclóricos?

177
178 JEAN CLAUDE ANSCOMBRE

2. LAS VULGATAS

Han sido ampliamente difundidas y retomadas por la mayoría de los paremió-


logos. Una lista casi completa y abundantemente comentada se halla en Sevilla Mu-
ñoz (1988), y un análisis histórico así como estadístico de la aparición de los rasgos que
constituyen las vulgatas forma buena parte de la tesis doctoral de Conde Tarrío (1997).
De ahora en adelante, me centraré en las características del refrán propiamente
dicho, sin contemplar no obstante el problema de la definición del mismo. Entre las
principales propiedades figuran las siguientes: se considera frecuentemente que el
refrán es de naturaleza folclórica, reflejo de una sabiduría popular (o sea una verdad
universal o general de origen ancestral y experimental), de creación (oral) espontá-
nea, y en cuyo enunciado han sido depositados objetos y costumbres pasados. Es
visto como un dicho generalmente breve, a menudo metafórico, un argumento inape-
lable, y su fiel transmisión de generación en generación –salvo naturalmente las de-
formaciones debidas a una larga transmisión oral– se manifiesta en rasgos arcaicos
que, según varios paremiólogos, abundan en este tipo de formas sentenciosas, que
muchos autores ven como expresiones fijas.1 Además de una fuerte tendencia al
bimembrismo, no es nada infrecuente que el refrán presente características métricas,
siendo éstas meros recursos mnemotécnicos, tal como argumentado en Méndez Pérez
(1996). Me propongo pues expresar mis propias opiniones y discrepancias sobre estas
vulgatas a través del examen de los siguientes puntos:

1) El refrán es el reflejo de la sabiduría popular (o sea, una verdad univer-


sal o general de origen ancestral y experimental).
2) Es breve y a menudo metáforico.
3) Es de creación (oral) espontánea y, por tanto, tiende a ser vulgar.2
4) Se transmite fielmente de generación en generación (salvo, naturalmen-
te, las deformaciones debidas a una larga transmisión oral), de donde
una abundancia de rasgos arcaicos.

1
Véase por ejemplo sobre el tema Zuluaga (1980).
2
Véase por ejemplo Littré, Dictionnaire, s. v. proverbe: «[…] le proverbe est une sentence, maxime
exprimée en peu de mots, et devenue commune et vulgaire […]». Y la melancólica constatación de
Kleiser: «...Los refranes no gozan de la consideración que merecen. Para unos, son mercadería intelec-
tual de baratillo; para otros, pasatiempo banal; según estos, erudición plebeya; a los ojos de aquellos,
guisote literario de figón; muchos sólo conocen, de oídas y de lejos, media docena de frases folklóricas,
cuñas inevitables de la conversación corriente; y los más mantienen desterrado su empleo allende las
fronteras del lenguaje culto...huelen a romero y tomillo, cuando no a los ajos y cebollas del plebeyo
condumio; les falta empaque y distinción...» (1993: XIII).
REFRANES, VULGATAS Y FOLCLORE 179

5) Los refranes son expresiones fijas.


6) Son bimembres.
7) Presentan características métricas, siendo éstas meros recursos mnemo-
técnicos.

El problema de fondo es un problema general en lingüística, a saber, que térmi-


nos como brevedad, sabiduría popular, legado de los antepasados, transmisión oral,
verdad universal, bimembre, etc., son solamente palabras de la lengua, y de ninguna
de las maneras conceptos de una metalengua controlable.

3. EL REFRÁN COMO REFLEJO DE LA SABIDURÍA POPULAR

El refrán siempre ha sido considerado (y sigue siéndolo) como poseedor de la


llamada sabiduría popular, o sea como encerrando una «filosofía de la vida» elabora-
da sobre la base de una experiencia diaria, garante de su naturaleza verdadera, ya que
La experiencia es madre de la ciencia.3 Por esta misma razón, Refrán viejo nunca
miente,4 y Hombre refranero, medido y certero, siendo la antigüedad del refrán el
argumento supremo: Refranes antiguos, evangelios chicos.
Dado que muchos refranes nacieron con errores o reflejan supersticiones, creen-
cias (sobre todo religiosas), prejuicios, demostrar su inadecuación a la vida de cada
día es entonces pan comido. Como recalca Conde Tarrío (1997, 1998), es muy discu-
tible el carácter verdadero de refranes como:

(1) Por Santa Lucía, mengua la noche y crece el día (13/21 de diciembre).

ya que el solsticio de invierno cae el 21 de diciembre cuando la festividad de Santa


Lucía se celebra el 13 de diciembre, debido este desfase al cambio de calendario. Se
sigue también diciendo (2), cuando dicho santo vio su festividad trasladada del 1 de
octubre al 15 de enero:

(2) A la Saint Rémy cueille tes fruits (1 de octubre/15 de enero).

En cuanto a las tres siguientes paremias, no tienen ninguna base lógica, y expresan
creencias más bien que verdades:

3
Ya en Correas, La experiencia, madre es de la ciencia.
4
Véase sobre el tema Pérez Martínez (1993).
180 JEAN CLAUDE ANSCOMBRE

(3) A padre ahorrador, hijo gastador.


(4) La suerte de la fea, la hermosa la desea.
(5) A quelque chose malheur est bon/No hay mal que por bien no venga.

Para demostrar el carácter poco fiable de las «verdades» refranísticas, varios


autores han hecho hincapié en que numerosos refranes poseen una contrapartida que
asevera la verdad opuesta, como ilustrado en:

(6) Una golondrina no hace verano/Cuando el río suena, agua lleva.


(7) A quien madruga, Dios le ayuda/No por mucho madrugar amanece más
temprano.
(8) Por la boca muere el pez/Hablando se entiende la gente.
(9) Quien no se arriesga, no pasa la mar/La prudencia es madre de la ciencia.
(10) Abondance de biens ne nuit pas (‘lo que abunda no daña’) /Qui trop embrasse,
mal étreint (‘quien mucho abarca, poco aprieta’).

A la vista de estas contradicciones, tenemos que concluir que el conocimiento


que encierran los refranes carece totalmente de coherencia. Pero también que es falsa
la afirmación según la cual los refranes reflejan una sabiduría popular, porque justa-
mente se da el caso de que nuestro lenguaje manifiesta la misma incoherencia. En
efecto, los refranes forman parte de la clase más general de las frases genéricas. Y
buena parte de nuestros discursos se apoyan en frases genéricas, como por ejemplo:

(11) Los coches tienen cuatro ruedas.


(12) Los simios comen plátanos.
(13) Los tomates son verduras.
(14) Las palmeras son árboles.
(15) El sol sale/El sol se pone.

Estas frases genéricas intervienen en varios fenómenos lingüísticos, empezan-


do por las muy conocidas anáforas asociativas. He aquí un contraste que puede ser
explicado mediante la frase (11):

(16) El coche se había ido a la cuneta: (las + las cuatro + tres + *las tres) ruedas
estaban reventadas.

No todos los coches tienen cuatro ruedas, pero (16) muestra que la lengua castellana
ve el coche prototípico como provisto de cuatro ruedas, o sea acorde con (11).
Lo interesante del caso es que buena parte de estas frases genéricas son falsas.
Por ejemplo (13): los tomates no son verduras, son fruta. Pasa lo mismo con (14): las
REFRANES, VULGATAS Y FOLCLORE 181

palmeras no son árboles, sino hierbas. En cuanto a (15), si no es falsa del todo, refleja
una visión astronómica muy poco adecuada. Por otra parte, una subclase importante
de frases genéricas admite excepciones,5 sin dejar de expresar una verdad «general».
Así, el siguiente discurso es totalmente válido:

(17) Los simios comen plátanos, menos el mío, que come zanahorias.

y no anula en absoluto la genericidad de (12).


A la vista de estos fenómenos, podemos caracterizar el tipo de verdad que
encierran los refranes: al igual que las mencionadas frases genéricas, remiten a una
visión del mundo que está presente en el lenguaje, la cual puede ser falsa o errónea,
puede no ser universal sino solamente general, y admitir posibles excepciones.

4. EL REFRÁN COMO DICHO BREVE Y METAFÓRICO

Dejaré aquí el problema del rasgo metafórico como característico del refrán.
Parece ser que los refranes de tipo meteorológico, agrícola, jurídico, no suelen ser
metafóricos. Cuando un refrán comprende una metáfora, deja normalmente de ser
meteorológico, agrícola, jurídico, como se puede ver en los ejemplos:

(18) Una golondrina no hace verano.


(19) Al perro flaco, todo son pulgas.
(20) Mala hierba nunca muere.
(21) Quien a hierro mata, a hierro muere.

El problema del rasgo metafórico reside en la total ausencia de un consenso


mínimo en cuanto al concepto de metáfora. Por otra parte, los adagios presentan a
veces rasgos de tipo metafórico sin dejar de ser adagios: es el caso de Más vale mal
concierto que buen pleito, una de las variantes de Más vale mala avenencia que
buena sentencia. Lo que sí puede afirmarse es que, desde un punto de vista mera-
mente intuitivo, muchas paremias de tipo refrán presentan rasgos aparentemente
metafóricos.
Consideremos ahora el lema de la brevedad del refrán, ampliamente difundido
y nunca puesto en tela de juicio. No existe ninguna definición de la brevedad de los
refranes, por lo que se me alcanza, pero afirma Conde Tarrío que: «La brevedad cons-
tituye otra nota dominante del refrán, cuya concisión se logra casi siempre mediante

5
Sobre el particular, véase Anscombre (1995-1996).
182 JEAN CLAUDE ANSCOMBRE

la supresión de elementos sintácticos (determinantes, verbos, etc.), y la exclusión de


oraciones excesivamente complejas ...» (1997: 326).
Dejaré de lado por el momento el argumento de la supresión de elementos
sintácticos, y me centraré en los dos argumentos de la brevedad y la exclusión de
oraciones excesivamente complejas.
a) Una primera observación es que, si bien hay refranes unimembres o
bimembres, así:

(22) En todas partes cuecen habas.


(23) Cada maestrillo tiene su librillo.
(24) Las cosas de palacio van despacio.
(25) A buen hambre, no hay pan duro.
(26) De tal palo, tal astilla.
(27) Hecha la ley, hecha la trampa,

no forzosamente son breves, y pueden incluso llegar a ser frases largas:

(28) Cuando veas las barbas de tu vecino pelar, echa las tuyas a remojar.
(29) No es sabio el que más sabe, sino el que mejor sabe.
(30) Más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer.
(31) Cada uno cuenta de la feria como le va en ella.
(32) Marzo ventoso y abril lluvioso, sacan a mayo florido y fermoso.
(33) Más sabe el loco en su casa que el cuerdo en la ajena.

Incluso los hay con una estructura bastante compleja, como:

(34) Un grano no hace granero, pero ayuda al compañero.


(35) Dijo la sartén a la caldera: quítate allá, culinegra.
(36) El perro del hortelano, que no come ni deja comer.

b) La segunda observación tratará del número de sílabas de las que consta un


refrán, por una parte, y una frase «normal», por otra. Los cuarenta primeros refranes
de un corpus contemporáneo dieron un promedio de 10.96 sílabas –o sea un
endecasílabo–, y van de un mínimo de 6 (Del mal, el menos), a un máximo de 19
(Dijo la sartén al caldera...). Por otra parte, la primera página de Los mares del Sur, si
contamos como dos frases las coordinadas, dan un promedio de 10.56 sílabas. En
breves términos, y dado el carácter aproximado del recuento, la supuesta brevedad
del refrán, si es que la hay, no remite al número de sílabas, ya que, por lo visto, es el
mismo que en el caso de frases no sapienciales.
REFRANES, VULGATAS Y FOLCLORE 183

Se ha dicho a veces que la brevedad del refrán consistía en la densidad de


contenido en comparación con el tamaño de la frase. Lo cual significa, si no entiendo
mal, que de dos frases de idéntico contenido, la más corta es la que más carácter
refranístico o sentencioso tiene. Por ejemplo, De tal palo, tal astilla (8 sílabas) sería
un enunciado más sentencioso que Las obras se parecen a sus creadores (13 sílabas)
de contenido semántico aproximadamente idéntico. Incluso haciendo caso omiso del
terrible problema de los criterios de sinonimia entre dos enunciados, no hace falta
buscar mucho para hallar casos donde acaece la distribución inversa. La forma sen-
tenciosa francesa Chassez le naturel, il revient au galop (12 sílabas)6 tiene más síla-
bas que la frase «normal» La nature reprend toujours le dessus (10 sílabas).7 En espa-
ñol, Ojos que no ven, corazón que no siente tiene 12 sílabas, frente a La ausencia
mata el amor de 8 sílabas. Veremos más adelante a qué se debe tan extraña tesis.

5. CREACIÓN (ORAL) ESPONTÁNEA Y VULGARIDAD DEL REFRÁN

Es la vulgata la que atribuye la creación de los refranes a la inventiva popular,


siendo por tanto vulgar el resultado: no olvidemos que vulgar viene de la palabra
latina vulgus que significaba ‘pueblo’. Esta vulgata ampliamente difundida suscita
dos dificultades:
a) La primera reside en que es de sobra conocido que ha habido siempre unos
importantes y recíprocos intercambios entre el pueblo y la literatura por lo que atañe
a las fórmulas sapienciales. Hay más: los más ilustres autores han contribuido amplia-
mente a la formación y difusión del refranero. He aquí unos cuantos ejemplos:

(37) Poderoso caballero es Don dinero (Quevedo).


(38) El mejor alcalde, el rey (Lope de Vega).
(39) Quien calla otorga (Tirso de Molina).
(40) Cada loco con su tema (Calderón de la Barca).
(41) Donde meno se piensa salta la liebre (Iriarte).
(42) Juventud divino tesoro (Rubén Darío).
(43) Autant en emporte le vent (Villon).
(44) L’appétit vient en mangeant [et la soif s’en va en buvant] (Rabelais).
(45) Il n’est pour voir que l’œil du maître (La Fontaine).

b) La segunda dificultad está en que este carácter popular de los refranes no


permite explicar la presencia de figuras retóricas como el quiasmo:

6
Genio y figura, hasta la sepultura.
7
La naturaleza siempre acaba llevándose la ventaja.
184 JEAN CLAUDE ANSCOMBRE

(46) Aunque la mona/se vista de seda/mona se queda.


(47) Quien esperar puede, alcanza lo que quiere.

o el asíndeton:

(48) Ojos que no ven, corazón que no siente.


(49) Aprendiz de mucho, maestro de nada,

ni tampoco que el sentimiento popular sea capaz de modificar un texto para conseguir
por ejemplo el bimembrismo y el isosilabismo, como se ilustra en:

(50) Perro ladrador, nunca buen mordedor (Correas, 6+7, -dor/-dor) → Perro la-
drador, poco mordedor (común, 6+6, -dor/-dor).
(51) A caballo regalado no le mires el diente (Academia, 8+7, -ado/-iente) → A
caballo regalado, no le mires el dentado (zona este, 8+8, -ado/-ado).
(52) Quien hurta a un ladrón, gana cien años de perdón (Academia, 7+9, -ón/-
ón)→ Quien roba a un ladrón, cien años de perdón (común, 7+7, -ón/-ón).
(53) Le coeur a ses raisons que la raison ne connaît point (Pascal, 6+8, -õ/-« ) →
Le cœur a ses raisons que la raison ignore (común, 6+6, -õ/-o).

Por lo que atañe a la vulgaridad, si bien en algunos refranes figuran groserías y


palabras soeces, no difieren en este particular de textos literarios de buena calaña,
como demuestran los siguientes ejemplos:

(54) «...Santiago lo planteó claro: ella tendría voz y voto en lo del dinero. Ata más
pelo de coño que cuerda de esparto, fue el diagnóstico del abogado cuando
pudo cambiar impresiones con él a solas...» (Arturo Pérez-Reverte, La reina
del Sur, Barcelona, Alfaguara, 2002, p. 172).
(55) «...¡Hará linda pareja con nuestra infanta! ... Lástima que ese boquirrubio sea
hereje. Pero eso lo arregla un buen confesor, y un bautismo a tiempo... ¡Pue-
den más dos mamellas que dos centellas!» (Arturo y Carlota Pérez-Reverte,
El Capitán Alatriste, Barcelona, Alfaguara, 1998, p. 123).

6. REFRANES Y FIJACIÓN

La tesis de la fijación de los refranes suele acompañar a otra tesis, a saber, la de


su fiel transmisión de generación en generación. Cierto es, hay refranes que presentan
las propiedades que suelen ser consideradas como típicas de las expresiones fijas,
pero quisiera ahora defender la idea de que la fijación léxica no es un rasgo caracterís-
REFRANES, VULGATAS Y FOLCLORE 185

tico de estas formas sapienciales. A favor de esta tesis pueden aducirse los siguientes
argumentos:
a) Los refranes no se transmiten tan fielmente como lo pretende la Vulgata; en
realidad, cuando encierran palabras que dejan de ser comprendidas, por el motivo que
sea, se producen modificaciones. Lo mismo pasa con las estructuras sintácticas: sue-
len ser modificadas para estar acordes con la sintaxis vigente. He aquí unos cuantos
ejemplos:

(56) Quien hurta al ladrón, ha cien años de perdón → Quien roba a un ladrón,
cien años de perdón.
(57) En casa del herrero, badil de madero → En casa del herrero, cuchillo de palo.
(58) En consejas, las paredes han orejas → Las paredes oyen.
(59) La experiencia, madre es de la ciencia → La experiencia es la madre de la
ciencia.
(60) Tout vient à point qui sait attendre → Tout vient à point à qui sait attendre8.

Así pues, los refranes difieren de las expresiones fijas, ya que muchas veces
figuran en estas palabras que hoy en día son incomprensibles, o estructuras arcaizantes:

(61) prometer montes y morenas, tener la mosca en la oreja, no hay tu tía, ser la
madre del cordero, estar en el ajo, no ser moco de pavo, tomar el portante,
tener mala pata, pagar con las setenas, etc.

b) La gran mayoría de los refranes admiten variantes en sincronía, lo cual es


imposible con las expresiones fijas:

(62) estirar la pata/*extender la pata/*estirar la pierna


(63) sordo como un tapia/*sordo como una valla,

pero:

(64) A caballo regalado, no le mires el diente/A caballo regalado, no le mires el


dentado/A caballo regalado, no le mires el bocado/A caballo presentado, no
hay que mirarle el diente/A caballo regalado, no le mires la boca.

Incluso pueden existir variantes para un mismo locutor; véanse los anteriores
ejemplos (54) y (55) y el caso de la coexistencia en la zona este de:

8
Quien esperar puede, alcanza lo que quiere.
186 JEAN CLAUDE ANSCOMBRE

(65) Tanto va el cántaro a la fuente, que al final se rompe (común).


(66) Tanto rueda el cántaro al agua, hasta que al final se quiebra.

El siguiente ejemplo es el caso de un autor francés de novelas policíacas donde en-


contré tres variantes del mismo refrán:

(67) «…Rien que pour elle, il devait tenter de réaliser son idée. En faisant de Sylvia
son alliée involontaire. Le principe qui le guidait était dans la Bible: «Qui
frappe par l’épée, périra par l’épée» (G. de Villiers, Objectif Reagan, París,
Ed. Plon, 1993, p. 216).
(68) «…Que nous devons agir avec la même brutalité qu’eux, dit Malko. Le
Seigneur a dit que «celui qui se sert de l’épée périra par l’épée». Qu’ils
meurent. Mes ennemis et les vôtres …» (G. de Villiers, Vengeance romaine,
París, Ed. Plon, Col. SAS, 1998, p. 182).
(69) «… Les comptes étaient réglés. Celui qui frappe par l’épée périra par l’épée,
disent les Saintes Ecritures …» (G. de Villiers, Arnaque à Brunei, París, Ed.
G. de Villiers, 1989, p. 245).

Algunos estudiosos de las paremias han intentado explicar este fenómeno me-
diante el concepto de «juego con la lengua». Los autores están perfectamente al tanto
de la lección «normal» de una paremia, pero la modifican, la deforman, para alcanzar
‘efectos especiales’. Estas propuestas, sin embargo, son poco satisfactorias. Un pri-
mer punto es que el concepto de juego con la lengua supone un razonamiento circular
con respecto a la fijación; en efecto, presupone una forma central, normal, siendo las
variantes el resultado de manipulaciones conscientes de parte de su autor: ello viene a
decir que las paremias son fijas porque sus variantes proceden de la transformación
de una forma fija. Una segunda crítica es que en los textos aquí mencionados no
parece haber ningún rastro de tal manipulación lúdica; ello nos lleva a otra crítica: la
total ausencia de criterios adecuados para reconocer cuándo se juega o no con la
lengua. Por otra parte, habría que admitir, del mismo modo, que las variantes ora-
les, que son muy numerosas, también forman parte de este juego. Finalmente, esta
tesis fracasa en explicar cómo puede ser que los autores, si tanto saben de jugar con
la lengua, no jueguen también con las expresiones fijas no frásticas de la misma
manera9.

9
Para un auténtico juego con la lengua en un autor conocido, véase Navarro Domínguez (2000).
Por otra parte, los publicistas hacen amplio uso de paremias manipuladas, así como En abril, telepizzas
a mil.
REFRANES, VULGATAS Y FOLCLORE 187

Para finalizar, recordaré que, en el caso de los refranes, los criterios usuales de
fijación no funcionan, como ya he argumentado en Anscombre (2000); así, por ejem-
plo, las referencias anafóricas, si bien son limitadas, no dejan de ser posibles:

(70) Más tira mozai que soga, sobre todo si esi bonita.
(71) Más vale mal concierto que buen pleitoi, por muy bueno que sea el abogadoi .
(72) A quieni madruga, poco lei dura, y se lei va la olla, en mi opinión.

He aquí un caso auténtico:

(73) «…Cette question de gain est un peu vulgaire, mais elle a son importance.
L’argenti ne fait pas le bonheur. Mais on est tout de même bien content d’eni
avoir …» (Marcel Pagnol, Topaze, Acte II, scène 6).

No hay tampoco invariabilidad de la forma, como se puede comprobar en:

(74) Una golondrina nunca ha hecho verano.


(75) «...que para un español –nosotros siempre hicimos, qué remedio, rancho con
las desgracias– nunca ha habido mal que por bien no venga...» (Arturo Pérez
Reverte, El sol de Breda, Madrid, Punto de lectura, 2003, p. 125).
(76) «…Alors, ne te fie pas aux apparences, tu sais qu’elles sont souvent
trompeuses…» (Marc Lévy, Sept jours pour une éternité, París, Éd. Robert
Laffont, 2003, p.108).
(77) C’est les cordonniers qui sont toujours les plus mal chaussés.10

Nótese en estos ejemplos la genericidad se conserva mediante la introducción


de adverbios iterativos: nunca, souvent, toujours,... etc.

7. BIMEMBRISMO, RECURSOS MNEMOTÉCNICOS Y PATRONES MÉTRICOS

Muchos autores destacan el bimembrismo de los refranes, viéndolo algunos


como imprescindible para que el refrán pueda ser refrán; así, por ejemplo, Campos y
Barella en su muy valioso Diccionario, Martín de Riquer en su Resumen de versifica-
ción española,11 o Lázaro Carreter en varias publicaciones sobre los refranes. Si bien
existen muchos refranes con estructura bimembre:

10
En casa del herrero, cuchillo de palo.
11
«…y de hecho innumerables refranes castellanos no son otra cosa que dos versos que, general-
mente desiguales, forman un pareado...» (1950: 20).
188 JEAN CLAUDE ANSCOMBRE

(78) Quien no llora, no mama,

también los hay con estructura aparentemente unimembre:

(79) Cada loco con su tema,

o plurimembre:

(80) En martes (trece), no te cases, ni te embarques,

estructuras que algunos, como Sevilla (1988), consideran como bimembres mediante
una elipsis:

(81) Cada loco con su tema [y cada lobo por su senda],

o una ampliación:

(82) Quien tuvo, retuvo [y guardó para la vejez].

La tesis del bimembrismo incluye frecuentemente la presencia en los refranes


de cierto ritmo, consonancias, asonancias, aliteraciones, etc., «...que los hace fáciles
de retener...».12 Es la muy conocida tesis de la estructura rímica o rítmica de los refra-
nes como recurso mnemotécnico.
Como vamos a ver, estas aseveraciones plantean alguna que otra dificultad.
a) La tesis de la presencia de rima o ritmo para facilitar el aprendizaje o la
retención carece de fundamento. Un primer punto es que, si bien la presencia de tales
elementos la favorece, eso no implica en absoluto que rima y ritmo siempre tengan
como objetivo la memorización. En efecto, de ser así, toda la poesía no sería más que
un inmenso catálogo de recursos mnemotécnicos, y bien sabemos que no es el caso.
Un segundo punto es que el carácter imprescindible de tal métrica es discutible, ya
que, por otra parte, la mera memoria nos hace capaces de almacenar miles de palabras
y datos, sin necesidad de recurrir a tales procedimientos. Para terminar, si tan eficaces
son estos recursos mnemotécnicos, ¿cómo es que los libros de matemáticas, física,
química, e incluso lingüística no suelen escribirse en verso?
b) Ahondemos en el tema de la métrica, partiendo de la base, ya examinada en
Anscombre (1999, 2000), de que todo refrán es una estrofa, o sea que abarca un
mínimo de dos versos, pero puede tener más de dos; hay versos cuando o bien existe

12
Vid. en el DUE (s.v. refrán).
REFRANES, VULGATAS Y FOLCLORE 189

una estructura métrica regular, o bien un sistema de homofonías, incluyendo natural-


mente en ellas las rimas totales y parciales, asonancias, pero también las repeticiones
léxicas y las reiteraciones fonéticas, e incluso la presencia de términos antónimos.
Según estas definiciones, la paremia Quien ríe el último, ríe dos veces es un enuncia-
do estrófico, ya que presenta la estructura métrica a(5) b(5). El muy conocido Tanto
va el cántaro a la fuente, que al final pierde el asa y la frente, no es un pareado con un
problemático patrón 10+12, sino una quintilla:

Tanto va el cántaro a(5)


A la fuente b(4)
Que al final a(4)
Pierde el asa a(4)
Y la frente b(4)

Así mismo, el muy conocido refrán francés On n’est jamais si bien servi que par soi-
même (‘Si quieres ser bien servido, sírvete a tí mismo’) no es un pareado con la
discutible estructura métrica On n’est jamais si bien servi/que par soi-même (8 + 4,
-i/- ε), sino una tercerilla On n’est jamais/si bien servi/que par soi-même (4 + 4 + 4,
-ε /-i/-ε).
Vemos así que los patrones métricos que se encuentran en el campo
paremiológico son muy similares a los de la poesía culta,13 y que no tienen nada que
ver con la memorización. La tesis que defiendo –todo refrán es una estrofa de dos o
más de dos versos– incluso permite explicar un curioso fenómeno, a saber, la sustitu-
ción en la zona este de España de la paremia A caballo regalado no le mires el diente
por la variante A caballo regalado no le mires el dentado. En efecto, la palabra denta-
do, si bien existe en castellano, remite al conjunto de dientes de un objeto, y nunca a
la dentadura de un ser vivo; se trata, en este caso concreto, de una influencia del
catalán dentat ‘dentadura’, pero el fenómeno sobrepasa los límites de un simple calco
lingüístico, sobre todo cuando se considera la posición dominante del castellano fren-
te al catalán. Si se tratara de un simple préstamo léxico, coexistirían las dos formas
como variantes, cuando no es el caso; la variante con dentado ha conseguido eliminar
la variante con diente porque su métrica corresponde a un conocido patrón métrico, y
la otra no. Veamos: A caballo regalado no le mires el diente se puede interpretar como
una estrofa de dos versos A caballo regalado/no le mires el diente (8 + 7, -ado/-ente),
o de cuatro A caballo/ regalado/no le mires/ el diente (4 + 4 + 4 + 3, -ado/-ado/-ir/
-en). En ambos casos se trata de una estructura que difícilmente se puede considerar

13
Mi opinión al respecto es que la poesía ‘culta’ tiene sus raíces en las estructuras métricas propias
de una lengua, las cuales se manifiestan a través de las creaciones populares espontáneas.
190 JEAN CLAUDE ANSCOMBRE

como métrica. La variante dentado, en cambio, es perfecta de un punto de vista


métrico, se considere como un pareado A caballo regalado/no le mires el dentado
(8 + 8, -ado/-ado), o bien como una cuarteta A caballo/regalado/no le mires/el den-
tado (4 + 4 + 4 + 4, -ado/-ado/-ir/-ado), o sea, un patrón métrico de forma aaba
(cuarteta tirana).
c) De hecho, la tesis del uni-, bi-, o plurimembrismo confunde las estructuras
sintáctica, semántica, y métrica; y es que las apariencias engañan. Veamos. El refrán
Tanto va el cántaro... tiene una estructura sintáctica bimembre, una estructura semán-
tica también bimembre cántaro a la fuente → pierde el asa..., y una estructura métrica
de quintilla. En cambio, Cada loco con su tema es de estructura sintáctica unimembre,
de estructura semántica bimembre, y la presencia de una estructura métrica es posi-
ble, pero discutible (Cada loco/Con su tema, 4 + 4).14 Si admitimos que hay una
elipsis (Cada loco con su tema, [y cada lobo por su senda]), la estructura sintáctica
pasa a ser bimembre, la semántica dos veces bimembre, pero no cuatrimembre, y la
estructura métrica es la de un pareado o de una cuarteta. Nótese de pasada que deter-
minar la estructura semántica no es cosa fácil.

8. ORIGEN DE LAS VULGATAS

Todo lo que acabamos de ver, sin embargo, por muy convincente que sea, deja
sin respuesta por el momento una cuestión central: si tan evidente es que las usuales
vulgatas son erróneas, ¿cómo es entonces que predominen tan fácilmente en el campo
paremiológico?
Partiremos de la observación de que cada uno levanta sus construcciones teóri-
cas sobre anteriores cimientos. Ello significa, en nuestro caso, que antes de que exis-
tieran lingüistas «modernos», e incluso mucho antes, había ya lingüistas. Se llamaban
(o los llamamos) gramáticos y les debemos un importante número de diccionarios,
gramáticas y estudios gramaticales, cierto es, con valiosas observaciones, pero tam-
bién con puntos de vista teóricos a menudo discutibles. Y esta tradición gramatical es
la que, nos guste o no, estructura nuestras propias observaciones. Intentemos, pues,
deslindar las principales características de nuestro legado gramatical.
Según una tradición muy antigua que se remonta a Platón, la oración mínima
combina un verbo y un sustantivo, de donde la idea de que las categorías «nobles» en
una oración son la nominal y la verbal. Por lo tanto, una oración «normal» encierra un
verbo: «...la oración [es una] forma sintáctica que expresa la relación entre sujeto y
predicado...» (Real Academia 1973: 73); «...Considérée dans ses éléments essentiels,

14
Nótese, no obstante, el acento melódico en la tercera sílaba y la asonancia en C.
REFRANES, VULGATAS Y FOLCLORE 191

la proposition comprend deux termes: un sujet et un verbe…» (Grevisse 1980: 172).


Todo lo que no se pueda integrar dentro del grupo nominal o verbal es entonces con-
siderado como marginal y, por tanto, marginado. Las preposiciones y los conectores/
marcadores del discurso sólo aparecen cuando se estudian las oraciones compuestas,
y como elemento de tales oraciones, nunca como una categoría propia. En esto, las
gramáticas modernas, como son las de Bosque en España y de Riegel en Francia,
representan una verdadera revolución, ya que consideran, por ejemplo, los marcado-
res del discurso como una auténtica categoría lingüística. Otra característica de nues-
tras gramáticas es el llamado paralelismo lógico-gramatical, según el cual estructura
sintáctica y contenido semántico son totalmente equiparables; esto implica que todo
elemento semántico proviene de una unidad sintáctica y que, a la inversa, a toda uni-
dad sintáctica se le afecta un contenido semántico. Si falla uno de los niveles se trata
de un discurso defectuoso, ilógico y típico del vulgo. La hipotaxis es entonces culta,
porque hay un nexo formal; la parataxis es, en cambio, inculta, ya que se basa en la
ausencia de nexos formales: «...los niños y el habla vulgar y rústica usan muy pocas
conjunciones en comparación con la riqueza del habla culta y literaria...» (Real Aca-
demia 1973: 502-503). Grevisse afirma que la hipotaxis es compleja y culta, típica de
la lengua escrita y del pensamiento racional, cuando la parataxis caracteriza «...la
langue parlée, la syntaxe affective qui désarticule l’expression de la pensée, et ne
s’embarrasse guère de l’appareil complexe de la phrase périodique savamment cimentée
de conjonctions...», y tanto menos cuanto que dispone de «...le geste y les inflexions
de la voix...» (1980: 167 y ss.). Una vez esbozado a grandes rasgos este telón de
fondo, el origen de las vulgatas que hemos estado estudiando aparece claramente. En
efecto, ya que un gran número de refranes son frases nominales y carecen de verbo,
son, por lo tanto, enunciados marginales. Recordemos que, hasta no hace mucho, se
consideraba que la frase nominal era una frase con elipsis del verbo. Los refranes son,
pues, anormales y también breves, ya que deben su existencia como refranes a la
supresión de elementos. Suelen ser construcciones paratácticas, o sea, típicas del dis-
curso oral y vulgar –al menos según la vulgata. Sirven para la retórica de cada día,
una retórica borrosa que no puede compararse con la inapelable lógica de un esquema
deductivo: los refranes pertenecen, en efecto, a una categoría de frases genéricas que
no es la de los enunciados lógicos, ya que estos últimos no admiten excepciones. En
cuanto a las asonancias, aliteraciones, repeticiones, no hacen sino confirmar el carác-
ter poco lingüístico del refrán. En efecto, elementos muy similares se encuentran en
las interjecciones y en las onomatopeyas, que Grevisse clasifica en la misma catego-
ría: «...L’interjection est une sorte de cri qu’on jette dans le discours...les interjections
sont généralement brèves...la langue populaire est féconde en interjections plus ou
moins pittoresques et plus ou moins triviales…» (Grevisse 1980: 1270). Así pues,
como las interjecciones y las onomatopeyas, los refranes no representan una catego-
ría lingüística como las demás. Populares, vulgares, acuñados en el mundo rural o
192 JEAN CLAUDE ANSCOMBRE

poco menos,15 ilógicos, y con cierto parecido con las interjecciones y onomatopeyas,
forman parte de una memoria colectiva confusa, al igual que las cantinelas.16 No es
entonces de extrañar que las vulgatas hayan conducido a clasificar los refranes con
los fenómenos folclóricos, con las panderetas y la gaita.

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15
Recuérdese que el refranero del Marqués de Santillana se titula Refranes que dicen las viejas
tras el fuego.
16
Con las cuales comparten varias características, empezando por las estructuras métricas.
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197

Problemática en torno al refrán y otras


categorías paremiales: definición y delimitación

MARÍA JESÚS BARSANTI VIGO


Universidade de Vigo

1. INTRODUCCIÓN

A pesar de que el origen de los refranes va ligado al nacimiento del propio


idioma, la Paremiología o tratado de los refranes es un ciencia muy joven, ya que
nació como tal en el siglo pasado. Sin embargo, el problema de la exacta definición
de las diferentes expresiones paremiológicas surge con los primeros paremiólogos,
hombres del siglo XV y XVI, quienes, no obstante, se limitaron sólo a hacer recopila-
ciones de las paremias existentes y en los títulos de sus obras queda reflejado el
problema de la inexactitud de sus colecciones, donde aparecen recogidas todas las
fórmulas paremiales sin distinción. Este problema afecta a todas las obras de pare-
miología, tanto antiguas como modernas porque nos ofrecen, sin ningún tipo de
diferencia, todo tipo de fórmulas paremiológicas ya sean refranes, frases proverbiales
o simples locuciones. Ya el maestro Correas trató de evitar esta confusión dividien-
do su Vocabulario en dos partes, dedicada la primera al refrán propiamente dicho, y
la segunda a las «frases más llenas y copiosas», pero no acertó o no fue consecuente
con su propósito.
El primer problema que se nos plantea es el de lograr por tanto una definición
lo más exacta y más completa posible de refrán teniendo en cuenta que existen otras
muchas categorías paremiológicas, cuya distinción se hace en muchos casos suma-
mente complicada. Este hecho provoca, por ejemplo, que una misma paremia para
algunos autores sea refrán y en cambio para otros sea frase proverbial.
Se acepta generalmente que los proverbios representan el más pequeño de los
géneros folclóricos de índole verbal y por ello, podría pensarse que llegar a dar una
definición será una tarea fácil; nada más lejos de la realidad. Existen diferentes inten-
tos de definición desde Aristóteles hasta nuestros días, en que las más recientes des-

197
198 MARÍA JESÚS BARSANTI VIGO

cripciones lingüísticas consideran al proverbio como una manifestación distinta de


otras existentes, en las cuales impera como una de las características fundamentales la
brevedad.
La variedad de términos empleados a lo largo de la historia para referirse a lo
que genéricamente se denominan dichos puede dar idea de la vidriosa ambigüedad
del terreno explorado: dichos, modismos, refranes, locuciones, frases hechas, senten-
cias, aforismos, tópicos, adagios, apotegmas, máximas son algunas de las palabras
traídas y llevadas en los diccionarios y en la conversación ordinaria, sin fijar a cada
una un contenido preciso, que tampoco los estudiosos han puesto mucho interés en
deslindar, tal vez por la inasible condición de la materia a que se refieren. Las expre-
siones a las que atañen estos términos componen un vasto repertorio inclasificable no
sólo desde el punto de vista formal, sino también desde el semántico. Además, es tan
variada su procedencia y tan singular la historia de cada caso que para un análisis
adecuado se requerirá del auxilio de la historia, la etnografía, la literatura, la
sociolingüística y muchas otras disciplinas que la actual tendencia a la especializa-
ción se resiste a combinar.
Los propios autores castellanos antiguos, con sus denominaciones, contribuye-
ron al debate y serán las corrientes humanistas del XVI las que aportarán los más
valiosos trabajos en un momento de promoción de la lengua romance para usos cultos
y la eclosión de otras investigaciones lingüísticas.

2. CARACTERÍSTICAS LINGÜÍSTICAS DE LOS REFRANES

La condición de unidades lingüísticas fijas o estables de los refranes no se


suele poner en duda, aunque no existe unanimidad absoluta en cuanto a la interpreta-
ción del grado de variabilidad admisible. Sin embargo, quizá habría que dejar de
denominar a los refranes como expresiones fijas y, utilizando la expresión de
Anscombre (1997: 43-54), hablar más bien de «expresiones codificadas»; ello conlle-
varía la existencia de reglas para la formación de paremias como las hay para otro tipo
de construcciones. No existe, por tanto, fijación, sino más bien un determinado códi-
go que identifica dicha función y hace posible las transformaciones, siempre que no
se altere la estructura paremiológica: en el caso de las paremias se puede observar que
son posibles las alteraciones cuando se conserva el carácter genérico del enunciado.
Asimismo, la mayoría de los investigadores coincide en considerar la brevedad
como característica de estas manifestaciones lingüísticas existiendo un predominio
de las estructuras bimembres integradas por dos componentes, no necesariamente
simétricos, pero que sí presentan un cierto esquema rítmico, al que pueden ir adscritos
otra serie de recursos. Se dice, por tanto, que la estructura bimembre con una pausa
intermedia y sus cláusulas rimadas en consonante, asonante, isosilábicas o anisosilá-
PROBLEMÁTICA EN TORNO AL REFRÁN Y OTRAS CATEGORÍAS PAREMIALES 199

bicas es la típica de los refranes como se aprecia en A Dios rogando y con el mazo
dando. El problema reside en que hay refranes que son aparentemente unimembres
dada su tendencia a la elipsis y sin embargo están acordes con la métrica adecuada,
como es el caso de Bien se está San Pedro en Roma. Por tanto el problema residiría
quizá en la definición de unimembre.
Hay que decir que estas estructuras también pueden ser plurimembres. Cuan-
tos más miembros componen el refrán más difícil es que se confunda con otras fórmu-
las paremiológicas como, por ejemplo, la frase proverbial.
Según Casares (1992: 194), el refrán lleva siempre visibles huellas de una ela-
boración estudiada y artificiosa, que aprovecha recursos tan variados como el metro,
la rima, la aliteración, el paralelismo, la similicadencia, el dialogismo o wellerismo,
el hipérbaton, la metáfora, la comparación, el retruécano, la anáfora, la reduplicación,
la dilogía, la paronomasia, el calambur, la aliteración, la onomatopeya, los juegos de
palabras y toda clase de figuras de dicción y licencias, sin excluir la deformación
intencional de las palabras, ni la dislocación de la sintaxis.
En muchos refranes, se atiende más a la rima que al metro. En aquellos en que
la rima, la distribución acentual y el metro se dan a la vez, las combinaciones más
frecuentes son las de tres, cuatro, cinco, seis, siete y ocho sílabas como por ejemplo
en No se ganó Zamora en una hora, Del dicho al hecho hay gran trecho o El abad de
donde canta yanta.
En lo que se refiere a las características fónicas las más sobresalientes son la
rima, la métrica, la aliteración, la asonancia o consonancia y el ripio. Hay que tener en
cuenta la importancia del material fónico en la formación de paremias, ya que muchos
fenómenos de orden léxico y sintáctico están subordinados a él de una u otra manera,
sobre todo la importancia de la rima. Como apunta García-Page (1997: 275): «el
refrán se erige no pocas veces en una hábil propuesta, por parte del autor, de fórmula
mnemotécnica, fácil de captar y recordar, para garantizar que llega al receptor la mo-
raleja o enseñanza didáctica».
La deformación de vocablos para intentar encontrar una correspondencia rít-
mica aboca muchas veces a la formación de palabras extrañas e incluso inexistentes.
Otras veces se utilizan lemas preexistentes pero se les dota de un nuevo significado;
en algunas ocasiones se puede deducir etimológicamente el origen y significado del
término, y en otras es absolutamente imposible.
El uso de la rima trae consigo la aparición de ripios y muletillas tan detestados
en otros géneros literarios.
Cuando existen variantes de un mismo refrán, generalmente lo que se suele
conservar como paradigma del mismo es la rima, que se repite como un esquema fijo
consiguiendo así una similitud semántica, o incluso la formación de refranes antónimos.
200 MARÍA JESÚS BARSANTI VIGO

Todo ello quedaría reflejado en palabras de Hernando Cuadrado:

La rima cumple una misión estructurante al servicio de la consolidación y autono-


mía del refrán, en cuanto mensaje literal, cuya primera cláusula constituye un mo-
vimiento tensivo, una petición de cierre, y la segunda, con su rima, consonante o
asonante, un movimiento de vuelta a la anterior, concluyéndola y delimitando el
todo como unidad independiente. El ripio, combatido en el verso, es un recurso
normal en el refrán (1997: 328).

Asimismo, y debido a su permanencia a través de los siglos, los refranes apare-


cen cargados de arcaísmos, pero también aparecen regionalismos, dialectalismos y
eventualmente, latinismos o voces procedentes de otras lenguas románicas, además
de otras deformadas, de significado confuso o, incluso, inventadas como observamos
en Allá van leyes do quieren reyes, Castígame mi madre y yo trómpogelas o El dar y
el tener seso es menester.
En cuanto a la sintaxis abundan los refranes en cuya estructura, sobre todo al
comienzo, figura un nombre sin determinante o un relativo de generalización, bajo las
formas el que o quien.
La estructura de un gran número de refranes es la de una frase nominal, en la que,
una vez elidido el verbo –generalmente copulativo o predicativo–, se consigue marcar
el rasgo de intemporalidad, es decir, de universalidad del contenido del significado.
Cuando existe la elipsis del verbo en forma personal se sustituye por una forma
no personal del verbo, es decir, infinitivos, gerundios o participios.
En aquellos refranes donde la estructura es oracional y por lo tanto el verbo
aparece de forma explícita, para dar esa sensación de permanencia, el verbo va en
presente de indicativo y cuando su contenido es fundamentalmente instructivo, es
decir, se nos indica una forma de conducta, se sustituye el indicativo por el subjuntivo
o por el futuro.
El fenómeno de la topicalización, o selección de un constituyente del enuncia-
do como tema de la predicación, situándolo al comienzo del esquema sintagmático y
separándolo del resto del mismo mediante una pausa, está muy generalizado en este
tipo de estructuras.
Muchos refranes se ajustan a ciertos moldes sintácticos como más vale… que…,
cuanto más… tanto más…, no hay tal… como…, a buen… buen…, a tal… tal…, etc.,
que se repiten con mayor o menor profusión a lo largo de todo el Refranero.
El refrán posee un carácter eminentemente connotativo y por lo tanto, frente a
la palabra como unidad referencial, adquiere una gran importancia no lo que se dice,
sino cómo se dice y la suma de ambos factores es lo que da al refrán, a veces, ese
carácter polivalente y ambiguo.
PROBLEMÁTICA EN TORNO AL REFRÁN Y OTRAS CATEGORÍAS PAREMIALES 201

Otras características del refrán son las siguientes: desde el punto de vista
morfosintáctico, el refrán es una frase independiente con una estructura más o menos
fija y más o menos cerrada. Suelen predominar los bimembres, aunque existen tam-
bién los unimembres y plurimembres y constan, adhiriéndonos a la terminología de
Alan Dundes (1975: 970), de un tópico –persona o cosa acerca de la cual se dice algo–
y un comentario –lo que se dice acerca de esa persona o cosa.
En cuanto a las características semánticas, «los refranes pertenecen a un sistema
cerrado de significación, son como significantes de un significado global que corres-
ponde a las normas de conducta de una sociedad determinada» (Colombí 1989: 21).
Desde un punto de vista semántico, los refranes no pueden ser analizados a
partir de sus componentes léxico-semánticos porque «los lexemas no están conteni-
dos como tales ya que el sentido de las expresiones no es deducible de los significa-
dos de sus elementos» (Coseriu 1977: 114), es decir, ya que su significado global en
el uso interno difiere del externo, en cuanto al uso libre de asociación de palabras.
Las unidades que componen un refrán no pueden ser analizadas de forma indi-
vidual ya que su significado viene dado por el conjunto y no por la suma de sus partes.
Como ya hemos dicho anteriormente, no se trata de una creación individual del
hablante sino de un código que se aprende y se transmite, es decir, se trata de un
«sistema aprendido de convenciones supraindividuales» (Hendricks 1976: 103). Los
refranes se heredan, pues, como tales, pero es indudable que históricamente son actos
de habla situacionales motivados en relación con una intención comunicativa.
Incluso, para demostrar que los refranes son exponentes de cultura, sus anóni-
mos autores hacen gala de perspicaces conocimientos de prosodia, ortografía, gramá-
tica, léxico, aritmética, física, ciencias naturales, historia y hasta de latín.
A pesar de que los refranes se encuadran, siguiendo la terminología de Coseriu,
dentro del discurso repetido –«las unidades del discurso repetido son, como las citas
explícitas, trozos de discurso ya hecho introducidos como tales en nuevos discursos»
(Coseriu 1977: 113)– es preciso admitir que existe un cierto grado de variabilidad en
lo que a los componentes léxicos se refiere, si bien restringida a la conmutación de un
lexema o de uno de los grupos predicativos por otro semánticamente equivalente.
Una de las características común a los refranes, aceptada por la mayoría de los
autores, es la de la artificiosidad llevada a cabo a través de una serie inagotable de
recursos de los que dispone la gramática y sobre todo la retórica; pero quizá, los
fenómenos lingüísticos más predominantes sean los fónicos dentro de los cuales re-
salta de manera clara la rima, que es la que le imprime ese carácter lúdico presente en
el Refranero.
202 MARÍA JESÚS BARSANTI VIGO

3. DIFERENCIAS ENTRE EL REFRÁN Y LA FRASE PROVERBIAL

De todas las categorías paremiales, donde se encuentran las mayores dificulta-


des es en la distinción entre el refrán y la frase proverbial y ésta a su vez de la frase
hecha. Esta circunstancia es claramente visible, no sólo en los estudios teóricos que
ven la luz sobre el tema, sino también en las colecciones paremiológicas que salen
actualmente al mercado donde aparecen mezcladas todas las clases paremiales sin
distinción: frases hechas, frases proverbiales, refranes, adagios, sentencias, máximas,
adagios, generalmente recogidas bajo el genérico de refranes.
Frase hecha es la que se presenta en sentido figurado y con forma inalterable,
y no incluye sentencia alguna, a diferencia de la frase proverbial que sí expresa una
sentencia a modo de proverbio. Es decir, básicamente dicho y frase hecha son sinóni-
mos, pues ambos presuponen la expresión oral, bien en sentido real o figurado, que
usa el pueblo para manifestar ocurrencias agudas y oportunas de modo inalterable a lo
largo de la historia, si el uno y la otra obtienen el beneplácito popular.
El refrán es definido de la siguiente manera por Julio Casares:

Frase completa e independiente, que en sentido directo o alegórico, y por lo ge-


neral en forma sentenciosa y elíptica, expresa un pensamiento –hecho de expe-
riencia, enseñanza, admonición, etc.–, a manera de juicio, en el que se relacionan
por lo menos dos ideas. En la mayoría de los casos las dos ideas están expresas
(1992: 192).

A consecuencia de esta contraposición de ideas, la forma usual del refrán es


bimembre o, por amplificación de conceptos, plurimembre. Cuantos más miembros
componen el refrán más difícil es que se confunda con la frase proverbial.
En cuanto a la definición de frase proverbial aparece expresada de esta manera
por Casares:

Es un dicho o un texto que se hizo famoso por el acontecimiento histórico que le


dio origen, por la anécdota, real o imaginaria, a que se refiere, o bien por la persona
o personaje a quien se atribuye el dicho o que se figura en él como agente o pacien-
te (1992: 189).

Más adelante añade: «la frase proverbial es una entidad léxica autónoma que
no se sometería sin violencia a servir de elemento sintáctico en el esquema de la
oración; y ésta es otra característica que distingue a estas frases de las locuciones
significantes, incluidas las adverbiales que tienen forma de oración subordinada» (Ca-
sares 1992: 190).
PROBLEMÁTICA EN TORNO AL REFRÁN Y OTRAS CATEGORÍAS PAREMIALES 203

Por eso es desde el punto de vista formal donde tenemos que agudizar la aten-
ción en aquellos casos en que el refrán presenta estructura de una oración simple,
porque en eso coincide con la frase proverbial.
Consideramos que la frase proverbial tiene el carácter de un dicho que arranca
de un paso único y concreto, real o fingido, y que se sitúa en el pasado. El proceso
lingüístico creador quedó cerrado una vez forjada la frase, y su aplicación tendrá
siempre el valor de una cita. Ahora bien, el que inventa un refrán aspira a formular, en
forma abstracta, es decir, no referida a un caso particular –frase proverbial–, una
«verdad» valedera para toda la humanidad, sin distinción de tiempos ni lugares –se
exceptúan, naturalmente, por lo que a los lugares se refiere, los refranes cuya aplica-
ción se restringe a un territorio determinado. Poco importa que lo que se nos da como
«verdad» sea una máxima moral, un consejo inmoral, una facecia maliciosa, un epi-
grama, una observación meteorológica o un precepto de higiene. El refrán, en gene-
ral, como fruto de experiencias acumuladas, tiene su fundamento en el pasado, pero
nace de cara al porvenir; es una enseñanza que se da en forma mnemotécnica para que
se tenga en reserva hasta que llegue la ocasión de aplicarla. La frase proverbial, por el
contrario, no adquiere el carácter de tal por voluntad del que la inventó, ni se destina
a la posteridad; es ésta la que a fuerza de repetir y aplicar la frase acaba por darle el
carácter proverbial.

4. CONCLUSIONES

Habida cuenta que han sido numerosos los esfuerzos de los paremiólogos por
lograr una descripción acertada y lo más completa posible de las peculiaridades que
presentan los refranes y que hace que se diferencie de otras categorías paremiológicas,
vamos a recapitular algunas de las características generales de los refranes.
En cuanto a su configuración externa, el refrán tiene en principio una forma
literal que no se puede tocar. Sin embargo, ya hemos observado que sí se pueden
llevar a cabo una serie de transformaciones fundamentalmente desde el punto de vista
semántico, pero también desde el punto de vista morfológico. Precisamente, en este
grado de variabilidad estaría la clave para poder diferenciar el refrán de la frase pro-
verbial que son las dos formas de paremia donde la línea de separación resulta más
borrosa, ya que la frase proverbial presenta una estructura fija, inamovible, que hace
que ninguno de sus elementos pueda ser alterado, sin que esto traiga consigo la des-
trucción de la estructura paremial y por lo tanto, se genere una construcción carente
de sentido lingüístico.
En cuanto a su contenido, el refrán es un ejemplo, un modelo en el sentido más
amplio, pretendemos extraer de él una lección, una enseñanza o un principio moral a
seguir. Pero no es sólo eso, sino que también puede convertirse en un modelo grama-
204 MARÍA JESÚS BARSANTI VIGO

tical, es decir, puede ser un modelo para enseñar las reglas gramaticales como ya
hiciera en su momento, por ejemplo, Juan de Valdés en su Diálogo de la Lengua.
Asimismo tiene un alto grado de poeticidad, con un ritmo propio y una serie de
construcciones sintácticas y lingüísticas que personalizan al refrán y permiten reco-
nocer si un enunciado es o no es refrán.
Por último, el refrán es popular, entendiendo popular como contrario de sabio
y de creación individual; enuncia una generalidad intemporal y no sirve para una
enunciación de un evento o de acontecimiento concreto.
Esta característica del sentido popular del refrán, es decir, el hecho de que su
origen se deba al pueblo sin importar su naturaleza, fuente, procedencia o autor, es
otra de las propiedades inherentes al refrán, fundamental para diferenciarlo de la frase
proverbial, ya que en el nacimiento de ésta subyace un acontecimiento que se hizo
famoso o un personaje al que se le atribuye.
De toda la variedad de términos utilizados por los diferentes autores, de forma
más o menos acertada, como sinónimos de refrán, nosotros sólo aceptamos como
tales los vocablos proverbio y paremia como posibles sustitutos, a pesar de que inclu-
so al lema proverbio se le puede dotar de poseer un carácter menos vulgar que el
refrán –lo que a veces es difícil de apreciar– y a la voz paremia se le puede atribuir
una naturaleza genérica, es decir, la función de archilexema que engloba a todos los
miembros de la familia proverbial.
En ningún caso consideramos, a pesar de la creencia y la confusión generaliza-
da existente no sólo entre los usuarios habituales de una lengua –probablemente debi-
do a la apariencia sinónima de los lemas–, sino incluso entre los paremiólogos, que se
deba confundir el proverbio con la frase proverbial, ya que el primero de ellos, como
sinónimo de refrán, responde a las mismas características morfosemánticas que éste
y, por lo tanto, son las que lo diferencian sustancialmente de la frase proverbial.
Finalmente, nos arriesgamos a dar nuestra propia definición de refrán al que
consideramos un enunciado autónomo, generalmente breve, genérico, sentencioso,
de carácter popular, que presenta en sentido directo o alegórico un pensamiento que
puede recoger diferentes connotaciones –consejos, experiencias, admoniciones, ex-
hortaciones–, tendente al bimembrismo y a la rima y susceptible de cambios
morfológicos, semánticos y léxicos.
Porque en el fondo, la auténtica verdad que subyace es que el refrán, la expre-
sión paremial vaya de boca en boca sin que se preocupe el pueblo de su autor, ni de su
origen, sino de transmitirla de siglo en siglo hasta hacerla tradicional y conseguir que
pertenezca efectivamente a un colectivo cultural.
PROBLEMÁTICA EN TORNO AL REFRÁN Y OTRAS CATEGORÍAS PAREMIALES 205

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

ANSCOMBRE, Jean Claude (1997): «Reflexiones críticas sobre la naturaleza y el funcionamiento de


las paremias», Paremia, 6, pp. 43-54.

BARSANTI VIGO, Mª Jesús (2003): Estudio paremiológico contrastivo de la traducción de El Quijote


de Ludwig Tieckde, Salamanca, Ediciones Universidad de Salamanca.

CASARES, Julio (19923): Introducción a la lexicografía moderna, Madrid, CSIC.

COLOMBÍ, María Cecilia (1989): Los refranes del «Quijote»: texto y contexto, Maryland, The Catholic
University of America Potomac.

COSERIU, Eugenio (1977): Principios de semántica estructural, Madrid, Gredos.

DUNDES, Alan (1975): «On the Structure of the Proverb», Proverbium, 25, pp. 961-973.

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REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (199221): Diccionario de la lengua española, Madrid, Espasa.


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207

Usos fraseológicos en el
Diccionario de Terreros y Pando

MARIANO FRANCO FIGUEROA


Universidad de Cádiz

1. INTRODUCCIÓN

Muchos han sido los estudios que en los últimos años se han interesado por
esta obra lexicográfica del siglo XVIII, con aportaciones generales y parciales que han
subrayado la ingente labor del jesuita,1 representante señero de la lexicografía no
académica. La determinación explícita de formar un diccionario de las artes y de las
ciencias, con valor universal, no oculta la realidad del proyecto lexicográfico, inserto
en el contexto lingüístico del siglo XVIII, que ofrece un diccionario general de lengua
al que se le han sumado términos técnicos y científicos.2 A pesar del propósito de
excluir del repertorio los varios idiomas de los que se compone nuestra lengua («culti-
latino», «picaresca», «jerigonza o jerga jitanesca», «lengua bárbara», «provincial»,
«poético», y el que «usaron nuestros mayores»), para centrarse en el «castellano»,
Terreros da entrada a expresiones latinas, a voces germanescas, a gitanismos, térmi-
nos dialectales peninsulares y americanos, a palabras con sentidos metafóricos y poé-
ticos y a otras anticuadas.3

1
Véanse Alvar Ezquerra (1987 y 1993) y Álvarez de Miranda (1992).
2
Alvar Ezquerra (1987: XII-XV) ofrece una apreciación general acerca de las disciplinas presentes
en esta supuesta enciclopedia científica y de sus términos específicos.
3
Estas entradas han sido justificadas en el prólogo por su inclusión en otras obras lexicográficas
de reconocida difusión y prestigio, incluyendo la labor de la Academia como fuente esencial. Las citas que
siguen corroboran tales incorporaciones: «La tercera especie que se puede considerar en nuestro idioma es
el lenguaje á que llaman jerigonza ó jerga jitanesca, particular de esta jente perdida, y que tiene no poca
conexión con el precedente; pero que con todo eso ha merecido el desvelo de algunos sabios que nos
enriquecen con la explicación de sus términos» (Pról., III); «No es menester pasar á las Indias, en las cuales,
omitidos sus innumerables idiomas nativos en que casi se diferencian por lugares ó por mui pequeños
distritos, dan en casi en cada Reino y Provincia diverso nombre á un mismo objeto» (Pról., IV).

207
208 MARIANO FRANCO FIGUEROA

Un diccionario centrado en el denominado lenguaje castellano, que «fuese ab-


solutamente universal», le lleva a decidir metodológicamente no «incluir en esta uni-
versalidad ni las voces anticuadas, ni los adajios, frases y alusiones peregrinas ó ex-
traordinarias en nuestro lenguaje» (Pról., XI). El jesuita muestra la dificultad de una
traducción literal entre las diferentes lenguas,4 con especial atención a la fraseología:
«Prescindiendo también de los adajios y de la muchedumbre de delicadísimas alusio-
nes en nuestra lengua, á que ciertamente apénas se halla correspondencia en lengua
alguna de las extrañas» (Pról., VI). Confiesa que «no podemos tampoco llenar la signi-
ficación de una voz extraña sin una explicación bien larga», porque no hay «equiva-
lencia simple á nuestras alusiones y adajios» (Pról., IX). Así, ejemplifica la diversidad
lingüística con frases que muestran no sólo la falta de equivalencia, sino también la
distancia que existe entre lo material de las palabras que las componen y su sentido:5
«echar á alguno el gato á las barbas, por exponerle ó dejarle en algún riesgo ó traba-
jo, y el adajio ó frase correspondiente Francesa no es arrojar ó echar el gato á las
barbas, sino a las piernas, jetter aux jambes, y decir a las barbas sería error. Dícese
también en castellano: más ven quatro ojos que dos, y en Francia: más ven dos que
uno» (Pról., X).
Pero, de hecho, incorpora usos idiomáticos, con más prolijidad de la anuncia-
da,6 justificados por el valor universal. Una muestra de las unidades fraseológicas,7
dentro de la parte castellana del diccionario, permite deslindar los enunciados fijos,
las locuciones y localizar las denominadas colocaciones, y el modo en el que se
lematizan en esta obra lexicográfica de pretensión bilingüe y universalista.

4
Las advertencias no sólo aparecen en el prólogo, sino que se repiten en algunos de los artículos,
como en el refrán al hijo de tu vecino, métele en casa, y dale vestido, en el que se dice «Sejourn. y otros
Diccionarios Franceses, etc., traducen estos adajios, y los demás del Castellano, comúnmente como
suenan; pero se debe atender al sentido y no a la corteza de las voces, que suele ser mui diversa, y en
nuestro idioma está admitido, y determinado, lo cual no se halla en las voces que sustituyen los estranjeros;
y así se ven en muchas traducciones, que han hecho, notables desvaríos».
5
Ridiculiza la traducción francesa del pasaje cervantino en el que se recoge la frase tomó las de
villadiego, que «en nuestro modo de hablar quiere decir que solo que huyó, se ausentó ó escapó, el
Traductor Francés puso que tomó el camino de Santiago de Galicia, versión tan ridícula y fuera del caso
que no es dable desvarío ni descamino mayor» (Pról., X), y aconseja, en tales casos, hacer una traducción
ajustada al sentido de la frase.
6
Reconocido el valor de norma y emulación con que cita al diccionario de la Academia en el
prólogo, sigue el criterio de introducir los adagios, «que son pequeños Evangelios por la verdad ó mora-
lidad que encierran, ó que se han de reverenciar como á los Ancianos por ser por lo común de un lenguaje
mui antiguo, pasados de padres á hijos, y aprobados con la experiencia», pero justifica, a mismo tiempo,
la ausencia de muchos: «se han omitido otros, ó por ser mui fáciles de entender [...] ó por ser fríos y ridí
culos, ó tan obvios que cualquiera de mediano entendimiento los podrá entender» (Pról., XXXII).
7
Por razón de espacio, sólo se ofrecen algunos ejemplos, aunque se han revisado los tres tomos
correspondientes a la parte castellana, con cerca de mil refranes y casi el doble de locuciones, además de
cientos de esquemas oracionales con posibles rasgos de selección léxica.
USOS FRASEOLÓGICOS EN EL DICCIONARIO DE TERREROS Y PANDO 209

2. TRATAMIENTO DE LA FRASEOLOGÍA PAREMIOLÓGICA

En la fraseología paremiológica,8 los registros se incorporan al diccionario como


unidades léxicas independientes, justificadas por la utilidad general de buscar por el
abecedario castellano o por el de las otras lenguas (francesa, latina e italiana). Esto
facilita, por una parte, la búsqueda, al registrarse en diferentes entradas por las pala-
bras plenas, y, por otra, el análisis de las variantes internas que contienen. Así, por
ejemplo, el refrán a palabras locas, orejas sordas, se registra en tres entradas, con
una variante, s. v. palabra, ‘ó a preguntas necias’. Terreros mantiene el contenido
informativo con cambios en la redacción: a perro viejo no hai tus tus, con tres entra-
das que dicen ‘refrán que enseña que a la persona experimentada y cauta no se la
engaña ni enlaza fácilmente’, ‘refrán que enseña que la experiencia libra de muchos
engaños’, y ‘refrán que denota que no es fácil engañar al que es experimentado’. En
dos entradas de a cuero ajeno, correa larga, la información es ‘adajio que satiriza la
liberalidad de lo que es ajeno’ y ‘frase que declara que gastar lo ajeno no se siente’, en
una tercera, de cuero ajeno, correas largas, sólo se dice ‘prodigar lo ajeno’. Las va-
riantes internas las señala en multitud de ejemplos: á asno tonto/modorro, arriero
loco, otros dicen á asno/macho lerdo, harriero loco; aún falta el rabo/la cola por
desollar; de atrás/de casta le viene al galgo ser rabilargo, etc.9 Cambio gramatical y
léxico aparece en díjole la sartén a la caldera, tirte allá, acri-negra/díjole la sartén al
cazo, quítate allá, que me tizna. La variante léxica va más allá del recurso sinonímico
y muestra adiciones y supresiones: á mujer con barba, de lejos, y a pedradas saludar-
la/a vieja barbuda de lejos la saluda;10 las paredes oyen, tienen ojos; busca cinco pies
al gato, y él tiene cuatro/buscar cinco pies al gato. Cambios y alteración del orden de
la frase, se observan en dio Dios habas á quien no tiene quijadas/Dios da habas á
quien no tiene quijadas; encontrar ó dar Sancho con su rocín/Hallado ha Sancho su
rocín.

8
Seguimos la clasificación general expuesta en Corpas Pastor (1996), en la que los enunciados
fraseológicos engloban a los refranes, las citas, los enunciados específicos y las fórmulas rutinarias.
9
Véanse: la mujer y la sardina, de rostro en el fuego/los rostros en la ceniza; derramador/
desperdiciador de la harina y recojedor de la ceniza; pelitos a la mar/ echar pelillos a la mar; harrieros
ó harrieritos somos, y nos encontraremos; en para cada puerco hai su san Martín/ á cada puerco le llega
su san Martín, en quien bien tiene, y mal escoje, por mal que le venga, no se enoje/ quien bien tiene, y
mal desea, en la galea vaya, y vuelva, o en vieja escarmentada, rezagada pasa el agua/ vieja escarmen-
tada, pasó el vado arrezagada.
10
El jesuita se ampara en cita de autores para evitar sentidos ofensivos para las mujeres cuando en
el primer caso dice textualmente «Juan bautista Porta trahe este refrán, dando malas señas de la mujeres
que tienen barbas; pero no va mui fundado», en tanto que para el segundo mantiene la información de
‘refrán que enseña que á las mujeres que faltan á la condición de su naturaleza y sexo se las trate con
reserva’.
210 MARIANO FRANCO FIGUEROA

Aunque el diccionario académico es la fuente básica de sus refranes, con la


copia literal (daca el gallo, toma el gallo, quedan las plumas en la mano; quien fue a
Sevilla, perdió su silla), aparecen cambios: del agua mansa te libre Dios/de agua
mansa me libre Dios; ea, sus tragó el avestruz ‘refrán que reprehende a los hipócri-
tas’, que Autoridades cita ea sus, y traga el avestruz, dando por expresión interjectiva
la voz sus; a veces se registra además otra alterada,11 a más priessa más vagar/a gran
priesa, gran vagar; viejo está el alcacer para hacer zampoñas frente al académico ya
está duro el alcacer para hacer zampoñas, o duro es ya el alcacel para çampoñas, de
Covarrubias. También omite citas de la Academia: despacio estaba la zorra, y daba la
teta al asno; al revés me vestí, y ándese assí; asno lerdo, tú dirás lo tuyo y lo ajeno;
asno de Arcadia lleno de oro, y come paja; cuando menos se piensa, salta la liebre,
etc.12
Mayores se muestran los cambios con el Tesoro lexicográfico de Covarrubias,
del que se habla como repertorio consultado en el prólogo (IX), aunque no siempre los
registra.13 Si la copia resulta evidente en a buen bocado, buen grito; a Dios rogando,
y con el mazo dando; a la vejez, aladares de pez, a moro muerto gran lanzada; a otro
perro con ese hueso; de rabo de puerco, nunca buen virote, etc., se revelan, además
de cambios gráficos (oveja que bala/vala, bocado pierde –en los ejemplos, el registro
segundo es de Covarrubias–, quien su carro unta/iunta, sus bueyes/bueies ayuda/
aiuda), diferente orden de palabras, al hombre por la palabra y al buei por el cuerno/
al buei por el cuerno y al hombre por la palabra. Hay casos de alteraciones gramati-
cales y cambios léxicos: quien bien quiere á Beltrán, bien quiere á su can/bien quiere
su can; aún falta/está el rabo por desollar; cría cuervos y te sacarán los ojos/cría el
cuervo y sacarte ha el ojo; ser como el sastre del Campillo, que ponía la aguja, y el
ovillo/el sastre del Campillo o del Cantillo, que ponía de su casa el hilo;14 perro
ladrador, poco mordedor/ caçador;15 del dicho al hecho, hai gran trecho/ al fato ay

11
Autoridades registra díxole el cazo a la sartén, quítate allá, no me tiznes, y dixo la sartén a la
caldera, tirte allá cal negra, Covarrubias, dixo la sartén a la caldera: quítate allá, negra, y Terreros,
díjole la sartén á la caldera, tirte allá acri-negra y díjole la sartén al cazo, quítate allá, que me tiznas.
12
A veces se constata el repertorio académico en el artículo, como en la ocasión hace al ladrón,
que se explica con el refrán en el arca o casa abierta, el justo peca, que registra Autoridades, pero que no
recoge Terreros como lema.
13
Por ejemplificar, el buei cuando se cansa, firme sienta la pata, si quieres que te siga el can, dale
pan, no aparecen en Terreros.
14
Iribarren (1996: 164) ofrece información acerca de la variante cantillo ‘esquina’, ‘pueblo’ o
Campillo ‘población’.
15
Terreros registra la variante gato maullador, poco cazador.
USOS FRASEOLÓGICOS EN EL DICCIONARIO DE TERREROS Y PANDO 211

gran rato; el can/perro con rabia, á su amo traba/muerde, etc.16 También se observan
adiciones: á esotra puerta, que esta no se abre/á essotra puerta.
Prefiere el término refrán para la definición metalingüística, aunque usa tam-
bién sus sinónimos: adajio en amor ciega razón; frase castellana en a mal dar, tomar
tabaco; frase familiar en a secas, y sin llover; frase común para todo el mundo es
país; como modo de hablar se cataloga de aquí a cien años, todos seremos calvos;
locución o frase caracteriza al refrán ládreme el perro, y no me muerda; especie de
proverbio define a si quieres paz, haz guerra, etc.17 Sin embargo, la definición de
frase, modo de hablar o expresión suele emplearse para las unidades incluidas en las
fórmulas rutinarias o de interacción social: ahí, que la juega un zurdo; a Dios te la
depare buena; ajo, taita; allá se las campaneen; ande la moza; bueno va el óleo;
ciertos son los toros; el se dará a conocer; toma, si purga; una, y no más; una, y
buena; vaya usted a escaparrar; vaya, vaya de hai.
En muchos casos repite un refrán como explicación de otro: el ojo del amo
engorda el caballo, en una de las dos entradas remite a sol puesto, obrero suelto, y en
esta indica ‘coincide con el otro el ojo del amo engorda el caballo’; topó el bretón con
su compañón, ‘coincide con el que dice dio con la horma de su zapato, ó con el otro
para en uno son entrambos’; quien quiere peces, el rabo se remoja ‘no se cojen tru-
chas á bragas enjutas’.18 Otras veces, el refrán se recoge sólo dentro del artículo: a
gran priesa, gran vagar ‘vísteme despacio que estoi de priesa’.19

16
Véanse: al/ á asno muerto, la cebada/ cevada al rabo; á perro viejo, no hai/ nunca tus tus,
aunque, s. v. viejo, Covarrubias registra también cuz cuz; á do/ donde pensáis que hai/ ai tocinos, no hai/
ai estacas; donde/ á do no está su dueño, está su duelo; el juego de la corredera/ corregüela, cátala
dentro, y cátala fuera; lo que ojos no ven, corazón no quiebra/ ojos que no ven, corazón no quebrantan;
á mi padre llaman hogaza, y yo me muero de hambre/ y yo muero de hambre.
17
A veces, no ofrece caracterización alguna: llover sobre mojado; de cuero ajeno, correas largas.
18
Véanse: encontrar ó dar Sancho con su rocín ‘encontrar la horma de su zapato’; poner cuero y
correas, ‘ó ser como el sastre del Campillo, que ponía aguja, y ovillo’, ser como el sastre del Campillo,
‘poner cuero y correas’; el perro flaco todo es pulga ‘á navío roto, etc.’; á buen bocado, buen grito ‘lo
que mucho vale, mucho cuesta’; cállate y callemos, que sendas nos tenemos ‘coincide con el otro, de que
el que tiene tejado de vidrio, no tira piedras al del vecino, y con el que dice: no hai en el mundo quien no
tenga lunar, y defectos que le callen, y hagan callar’; parir los montes y nacer un ridículo ratón ‘mucho
ruido y pocas nueces’; a Dios, que esquilan, ‘á Dios, que inflan, y nos obligan á marchar’; la suerte está
echada ‘el dado está tirado’, el dado está tirado ‘la suerte está echada’; no deis por Dios al que tiene
más que vos ‘ríese el diablo cuando el hambriento da al harto’.
19
Aparecen en la misma entrada de los enemigos los menos, para enemigo cualquiera basta;
hombre prevenido, medio combatido, hombre prevenido vale por dos; la ocasión hace al ladrón ‘en el
arca o casa abierta, el justo peca’; di tu secreto á tu amigo, y serás siempre su cautivo ‘mi secreto para
mí; ó que coincide con otro dicho, que propagar un secreto, deja deudor al que estaba libre, y sin
débito’; dio Dios habas á quien no tiene quijadas, ‘Dios da mocos á quien no tiene pañuelo’; s. v.
destajar, se dice ‘de esta significación se toma el adajio, quien destaja, no baraja’; salir un río de madre
‘cuando la cólera sale de madre, no tiene la ira padre’.
212 MARIANO FRANCO FIGUEROA

Muchos de los enunciados fraseológicos recogidos –cerca de mil–, son citas,


estrechamente relacionadas con hechos y anécdotas.20 Suelen destacar aquellos que
contienen topónimos o antropónimos popularizados, algunos como referentes rítmi-
cos de la frase: a los pollos de Marta, piden pan y danles agua; bien canta Marta,
después de harta; tan bueno es Pedro, como su amo; el habar de Cabra se secó
lloviendo; quien lengua ha, a Roma va; todos somos hijos de Adán; en Castilla, el
caballo lleva la silla; enero y febrero comen más que Madrid y Toledo; hasta el valle
de Josafaf; mi hija hermosa, el lunes a Toro, y el martes a Zamora; mundo mundillo,
nacer en Granada y morir en Bustillo.21
La artificiosidad22 y el carácter tradicional de la fraseología se confirman.23
Así, resultan arcaicos el mantenimiento de la f- inicial: que quiera te faré, mas casa
con dos puertas no te guardaré; faré, faré, más vale un toma, que dos te daré; antes
que te cases, cata lo que faces, que no es nudo, que así desates; al mal fecho, ruego y
pecho; fíceme albardán y comime el pan; a fijo ajeno, mételo por la manga, y saldrá
al seno; hadas malas me ficieron negra, que yo blanca era; hijo eres, padre serás,
cual ficieres tal habrás; el grupo consonántico en cobdicia mala, saco rompe; el futu-

20
No siempre son deducibles las explicaciones históricas: al enemigo que huye, la puente de pla-
ta; vísteme despacio que estoi de priesa; manos blancas no ofenden, pero duelen. Iribarren ofrece una
referencia histórica de los personajes involucrados en estas citas, el Gran Capitán, Fernando VII, anóni-
mo, respectivamente (1996: 304, 243 y 238).
21
Marta la piadosa, que mascaba el vino a los dolientes; acertádole ha Pedro a la cogujada, que
el rabo lleva tuerto; todo es menester, cuanto Marta hila y Pedro devana; caldo a los de Orgaz; el
herrero de Arganda, el se lo fuella y él se lo macha; casó Pedro, casó mal y con tres tierras de mestal,
que Autoridades, s. v. mestal, explica «Tenía tres tierras y estas eran de mestal, que dice el Comendador
ser como valle, donde no nace otra cosa sino retama y escobas»; el ruin de Roma, al nombrarle, luego
asoma; encontrar/dar Sancho con su rocín; horro Mahoma, y diez años por servir; jabón de palo, o de
Palencia; la galga de Lucas, que se durmió al seguir la liebre; llueva ó no llueva, pan hai en Orihuela;
los canes/perros de Zorita, pocos y mal avenidos; no se ganó Zamora en una hora; quien fue á Sevilla,
perdió su silla; quien ruin en su villa, ruin será en Sevilla; ni rei ni Roque; no lo dijera Pateta, no lo
hiciera Pateta; no lo entenderá Galván; ó César ó nada; ó todo á Flandes, o todo a fondo; ojo al Cristo,
que es de plata; a cada puerco le llega su san Martín; preguntadlo a Muñoz, que miente más que yo;
quien bien quiere a Beltrán, bien quiere a su can; san Juan es venido, mal haya quien quien bien nos
hizo; si bien, Ibáñez; si no, pero, como antes;
vaya usted a Jetulia.
22
Véase el juego de homófonos: al mal huso, quebrarle la huaca ‘refrán que, además de lo literal
de deshacerse de un huso malo; no obstante el diverso modo de escribir huso, instrumento, y uso, moda,
ó costumbre, puede tener el equívoco de romper con un uso, ó costumbre mala’, con otras dos entradas:
al mal uso, quebrarle la pierna/huaca.
23
Basta ver el uso del futuro de subjuntivo, hoy obsoleto: a la mujer y a la picaza, lo que oyeres en
la plaza; de la mujer y el queso, aquel será más sabio que tomare menos; donde quiera que fueres, haz
como vieres; dure lo que durare como cuchara de pan; cuando la barba de tu vecino vieres pelar, echa
la tuya a remojar; cuando te dieren la vaquilla, acude con la soguilla. O el mantenimiento del infinitivo
asimilado: a mujer brava, dalle soga larga.
USOS FRASEOLÓGICOS EN EL DICCIONARIO DE TERREROS Y PANDO 213

ro analítico en muéstrame tu mujer, decirte he qué marido tien; el uso léxico de galduda
(sardina que el gato lleba, galdudava), de forado (con ajena mano, saca la culebra
del forado), de galea (quien bien tiene, y mal desea, en la galea vaya, y vuelva).24 En
muchos casos estas reproducciones tienen voces latinas y préstamos de otras lenguas:
día y victo; olla cave tizones, ha menester covertera, y la moza, do hai garzones, la
madre sobre ella; morto jaz, que no rabeja, completamente en portugués. No faltan
tampoco regionalismos: el herrero de Arganda, que él se lo fuella, y él se lo macha/
mazca.25
Terreros es consciente del uso y anota, en muchos casos, variantes y diferen-
cias de registros: de aquellos ó de estos polvos vienen estos lodos; encontrar ó dar
Sancho con su rocín; ni sábado sin sol, ni moza sin amor, ‘y otros ni vieja sin arre-
bol’; en casa del herrero, cuchillo mangorrero, ‘o según otros peor apero, ó común-
mente cuchillo de palo’; díjole la sartén al cazo, quítate allá, que me tiznas ‘algunos
ponen al contrario, dijo el cazo a la sartén [...] pero lo regular es que la sartén esté
más negra, y así viene mejor el adajio, y así se oye también comúnmente’; á río
revuelto, ganancia de pescadores ‘otros dicen á río vuelto’; á falta ó mengua de pan,
buenas son tortas; al cabo de los años mil, vuelven las aguas a su cubil, ‘ó como
dicen otros, vuelven por donde solían ir’; más vale miz que zape ‘modo vulgar que
denota que es mejor el halago que el desprecio’; cuca de aquí ‘frase vulgar’; con
hombre interesal, no pongas tu caudal ‘refrán antiguo’; hueso que te queda en parte,
róelo con sotil arte ‘refrán antiguo’, casó Pedro, y casó mal y con tres tierras de
mestal, ‘refrán antiguo’, a secas y sin llover ‘frase familiar que vale lo mismo que sin
preparación’; a gran seca, gran mojada ‘refrán que usan los labradores’.

3. TRATAMIENTO DE LAS LOCUCIONES

Las locuciones son las construcciones fraseológicas más abundantes en la obra,


con registros en diferentes entradas, como sin ton ni son; en un abrir y cerrar de ojos.
A veces, omite las que recoge Autoridades, como a buena hora, que estaría en la
génesis del refrán a buenas horas mangas verdes. Algunas de ellas, no obstante, apa-
recen dentro del artículo lexicográfico, como en lirondo, donde se indica ‘dícese co-
múnmente mondo y lirondo’ o se deducen de una entrada oracional, escapar en una

24
Denotan unos usos anticuados: hoy venido, y cras garrido, con el antiguo latinismo; vaste feria,
y yo sin capa; haz mal, y guarte; no deis por Dios al que tiene más que vos; yo a vos por honrar, y vos a
mí por encornudar.
25
Autoridades refiere el uso de machar ‘machacar’ a Galicia, y la presencia de follar ‘soplar’
indica también adscripción norteña.
214 MARIANO FRANCO FIGUEROA

tabla ‘además de [...] salir de un peligro del mar, [...] se dice por salir de ellas como
por milagro’, a la que Autoridades añade salvarse en una tabla, que origina tabla de
salvación. También se observan reducciones y adiciones en las entradas diferentes:
quedarse para tía por hacerse de rogar, y quedarse para tía; o en tomar las calzas de
Villadiego y tomar las de Villadiego.
Se encuentran representadas las diferentes clases de locuciones. Así, nomina-
les, lágrimas de crocodilo, dar el santo y contraseña, que tendría cierto grado de
restricción sintáctica, tira y afloja, verbales, meter las cabras en el corral ó meterle a
alguno las cabras en el corral, cortar faldas, poner como un trapo, andarse á picos
pardos, armar á alguno de punta en blanco, que da lugar a la adjetiva armado de
punta en blanco, adverbiales, a ojo de buen cubero, poco á poco, poquito á poquito,
adjetivas, como oro en paño, como un trapo detrás y otro delante, fino como un
coral, etc.
Las locuciones, como antes los refranes, se explican profusamente con otras:
erre que erre ‘quedarse en sus trece’; faz a faz ‘cara á cara’; facha á facha ‘cara á
cara’; más acá ‘más hacia acá’; esto es del tiempo del harpa ‘del tiempo de
Maricastaña, del rey Wamba, del rey que rabió’, con reducción del tiempo del arpa;
de cuerpo presente ‘lo mismo que difunto expuesto’; á trompa talega, ó á trompa y
talega; á pie enjuto/á pie quedo; estar ó ser de recibo; estar ó andar en piernas.
También se acogen variantes léxicas y gramaticales: mamarse ó chuparse el dedo; no
nombrar ó mentar la soga en casa del ahorcado; más antiguo ó viejo que la sarna; no
quedar títere con cara ó con cabeza; el popular dar gato por liebre aparece con ven-
der (Autoridades), vender ó dar gato por libre; pasar, ‘y antiguamente’, sofrir cochu-
ra por hermosura; como perro con vejiga, con cencerro, ó con maza; ras con ras, ó
ras en ras; por señas, por más señas; la locución dares y tomares se explica con
andar en dares y tomares, tener dares y tomares; á empellones/empujones; á prima
faz/facie; hacer el mondieu. El sentido arcaico actual de a salga lo que saliere, se
aprecia en a pocas, ‘anticuado’, contino, de contino ‘voces jocosas y anticuadas’.
Observamos asimismo los registros: en pinganitos ‘palabra vulgar, lo mismo que en
elevación’; ensanchar el cuajo ‘frase vulgar, se dice cuando los niños lloran mu-
cho’; de gratis ‘vulgarmente lo mismo que de valde’; hablar a tontas y a locas ‘en
castellano y en francés es voz familiar y baja’; ahí, ahí esta el punto ‘es locución,
que está en uso’. El lenguaje específico se señala en a plomo ‘Arquitectura’, tomar
tierra, andar a corso, ir a todo trapo, con la especificación ‘Marina’; año y vez ‘frase
de labradores’.
Alusivos a citas y anécdotas, como explica Iribarren (1996: 116 y 96), son
andar el diablo en Cantillana, ó suelto, y tomar las de Villadiego. También se regis-
tran antropónimos: hacer la gata ensogada, ó la gata de Mari Ramos, ó de Juan
Ramos; estar en los espinos de Santa Lucía; tomar lías y Juan danzante; viñas y
viñas, y Juan danzante; andar de Herodes á Pilatos; más conocido que la Ruda.
USOS FRASEOLÓGICOS EN EL DICCIONARIO DE TERREROS Y PANDO 215

4. TRATAMIENTO DE LAS COMBINACIONES COLOCACIONALES

Terreros conoce las posibles combinaciones de los términos y su funcionalidad


contextual. Después de registrar diferentes acepciones, caerse de miedo, de susto, de
risa, de vergüenza, caerse de sueño, caerse la sopa en la miel, caerse redondo, etc.,
en caérsele la casa a cuestas, dice «el verbo caér se usa asimismo en multitud de otras
frases [...] por razón de las voces con que se juntan, declaran sus significados». Se
interesa, entonces, no sólo por los usos fraseológicos, sino también por la restricción
sintagmática que algunas conllevan, de ahí los continuos esquemas oracionales,26 es
decir, remite a las combinaciones colocacionales.
Estas combinaciones preferentes, que forman clichés léxicos con restricciones
graduales,27 también aparecen en el diccionario. En la frase rutinaria tarde piache,
Autoridades explicitaba que sólo podía relacionarse la voz piache con el término tar-
de. La misma coaparición se deduce de lesa majestad, s. v. lesa, «se dice en castellano
en este modo de hablar Lesa-Majestad, delito de lesa-Majestad, por un delito cometi-
do contra la persona del Rei, etc. y quiere decir Majestad ofendida» (el DEA también
ofrece la locución con el contorno crimen o delito).
La expresión de estas solidaridades entre la base y su colocativo suele aparecer
en los diccionarios dentro del artículo, en el contorno (Seco 1979), con expresiones
como «dícese de», «aplícase a», «referido especialmente a», generalmente en la en-
trada del colocativo, en el que se ha seleccionado una acepción especial, abstracta o
figurada, determinada por la base, que presenta la autonomía semántica.28 Existe se-

26
Véanse: llevar a alguno por la barba; echar a alguno el gato a las barbas; cuadrarle a uno bien
un vestido; no decir esta boca es mía, que el DEA señala con el uso frecuente de la negación.
27
El grado de motivación léxica justifica las denominaciones de combinaciones probables, usua-
les, restringidas, y provoca la disparidad de criterios definidores, porque, «a pesar de las distinciones
señaladas, no siempre resulta fácil determinar si una construcción es una colocación o un sintagma de
los llamados ‘libres’» (García-Page 2001: 92 y 94). No todos aceptan este concepto como parte de la
fraseología. Así, Bosque (2001), apoyado en los criterios de selección léxica o el de solidaridad, en
sentido coseriano, aboga por la defensa de una interpretación como casos particulares de predicados (ya
verbales, adjetivales, adverbiales o preposicionales) que seleccionan a sus argumentos. Las unidades
seleccionadas no son piezas léxicas aisladas, sino clases léxicas de mayor o menor intensión. Es decir, la
colocación no se apoya tanto en la compatibilidad cuanto en la frecuencia y la preferencia, aunque
recuerda que «la ‘frecuencia elevada’ de una construcción puede responder a factores tan diferentes
(lingüísticos o no lingüísticos) que en sí misma no constituye un criterio definidor fiable. En cuanto a la
preferencia, es muy posible –como vemos– que constituya el reflejo de tendencias, elecciones o hábitos
cuya manifestación dista mucho de ser un rasgo exclusivamente lingüístico» (2001: 31).
28
Aunque los lexicógrafos difieren acerca del lugar en que se deben presentar las colocaciones, en
el contorno de la base o en el del colocativo, muchos diccionarios, entre ellos el académico, eligen la
entrada de la base y remiten a ella en la información dada en el colocativo (véase la expresión café solo,
por ejemplo).
216 MARIANO FRANCO FIGUEROA

lección léxica cuando, s. v. contante, informa del contorno lexicográfico, ‘dícese del
dinero efectivo’ (el mismo que cita Autoridades, dinero contante, ú de contado, y el
DEA), y añade la entrada siguiente pagar en dinero contante, que constituye una
colocación compleja o modismo restringido (Koike 2001: 55). No se recogen, sin
embargo, las locuciones echar en saco roto, el pro y el contra, con sus posibles bases
consejo, sopesar, con lo que la elección restrictiva se presupone no frecuente, como
revela el esquema oracional de una de estas: echar una cosa en saco roto. En la
entrada a quema ropa se anota ‘se dice cuando se dispara alguna arma de fuego inme-
diata á aquel á quien se tira’, y se registran también tirar á quema ropa ‘con una arma
de fuego’, tirar un pistoletazo á quema-ropa. Cuando cita hambre canina, comenta
«del mismo modo se dice rabia canina, furia canina». La frase estar templada la
guitarra muestra asimismo la selección, además de la locución que forma para refe-
rirse ‘al que está alegre’.
La restricción léxica se percibe en multitud de casos29 y se constata en la
combinatoria de algunos verbos con un sustantivo cuando se indica, por ejemplo, al
terminar las entradas referidas al verbo andar, andar a vulto, a tientas, a ciegas, des-
caminado: ‘V. En sus lugares, como también otras voces con que se junta el verbo
andar, y que determinan su significación’. La información del artículo precisa la res-
tricción combinatoria: aullar ‘dar aullidos [...] como los perros, lechuzas, lobos [...]’,
balar ‘dar balidos como lo hacen las ovejas’, bramar ‘voz del ganado vacuno’, caca-
rear ‘voz ó ruido que meten las gallinas’, croar ‘cantar la rana’, maullar o mayar ‘dar
su voz el gato’, ladrar ‘dar su voz el perro’, relinchar ‘dar relinchos el caballo’,
mujido ‘voz del buei, toro’, rebuzno ‘la voz del borrico’, palpitar ‘moverse el pulso
ajitado por el movimiento del corazón’, zarpar ‘en la marina, es lo mismo que levar,
ó levantar el ancla con que está dado fondo el navío’, enjambre ‘muchedumbre de
abejas’, ovillo ‘pelota ó globo de hilo’, pastillas ‘hai asimismo pastillas de rosa, de
naranja, de grosella, de canela, de violeta, de limón, de chocolate’, afilar ‘sacar el filo
a un cuchillo’, etc. Esta misma posibilidad combinatoria30 se observa en la colocación
compleja31 poner de vuelta y media, que remite a los verbos ‘tratar, maltratar, castigar,
improperar’ y en la locución de par en par, que se refiere a sus posibilidades

29
Así, s. v. bruñido, indica que ‘el término de bruñir, etc., es casi común en todas las artes de
encuadernar, labrar metales, y oras materias: como plata, oro, hierro, marfil, azabache, mármol, y toda
piedra precisosa: el oro se bruñe con diente de pedernal [...]’; s. v. soplar, comenta: «se dice de la
ajitación natural del ayre que se mueve», y s. v. apagar, comenta ‘dícese en orden á la luz, ó fuego que
se extingue, ó ahoga’. Aunque no registra la expresión tostar el sol, sí recoge, s. v. tostar, la especificidad
‘se dice también del calor del sol, ú otro excesivo’.
30
No ocurre igual, sin embargo, cuando registra la expresión de cal y canto ‘mortero’, sin fijación
idiomática alguna, o las locuciones a raja tabla, a toca teja, de sobra.
31
Son más abundantes con locuciones nominales y verbales (Corpas Pastor 1996: 118).
USOS FRASEOLÓGICOS EN EL DICCIONARIO DE TERREROS Y PANDO 217

combinatorias ‘se dice del corazón, o de una ventana, o puerta, etc. del todo abierta’.
Las locuciones de puntillas y de carretilla, aparecen con estas entradas, y en las colo-
caciones complejas andar ó venir etc. de puntillas y saber de carretilla, que el DEA
refiere al uso con ‘decir, recitar o saber’. Las colocaciones son manifiestas en las
entradas llover a cántaros, llover chuzos, á chuzos (que revelan la doble construc-
ción, simple y compleja, y que se registran en la entrada del sustantivo),32 caminar
con pies de plomo, andar a paso de tortuga, defender á capa y espada (con la repeti-
ción del verbo en su definición, s. v. espada, ‘frase que equivale á defender de todos
modos, con todas las fuerzas’), trabajar a destajo, poner en limpio, sacar en limpio.33
En la entrada dormir a pierna suelta, tendida, aparece la colocación compleja
y se explicita la relación entre el verbo y el sustantivo base de la locución como un
lirón, cuando se dice ‘a sueño suelto, como una piedra, como un lirón, etc. dormir sin
cuidado, profundamente, mucho’. También se comprueba el carácter intensificador
en dormir como un cepejón ‘dormir mucho’. Determinadas colocaciones se regirán
por el tipo de contexto, como las militares, pasar a cuchillo, arriar la bandera, arraizar
la artillería, las marineras, levantar velas, abonanzar el tiempo, arrizar el ancla,
botar un navío al agua, administrativas, protestar una letra de cambio (el DEA indica
hacer el protesto ‘de una letra de cambio’), etc. A veces, como hemos visto en las
paremias, se citan dentro del artículo y no aparecen en ninguna entrada: despuntar el
día ‘empezar a rayar el alba’.
En esta obra encontramos ejemplos de los distintos tipos estructurales acepta-
dos y confirman el uso de determinados verbos más propensos a colocabilidad,34 como
poner, con 112 entradas, tomar, con 108, dar, con 107, etc. De sustantivo sujeto +
verbo: cortarse la leche; desbocarse un caballo; romper el día; rayar el día; despun-
tar el día; encapotarse el cielo. Verbo + sustantivo objeto: tomar el pulso, con dos
significados ‘pulsar’, que denota la colocación, y ‘tantear’, que presume el sentido
idiomático; correr peligro, s. v. correr, ‘amenazar algún riesgo’, junto con correr
fortuna ‘peligrar’; dar fe; darse priesa; trabar amistad; descabezar el sueño; derra-

32
La primera es recogida por Autoridades, como ‘frase vulgar con que se pondera y explica que
llueve con mucha fuerza y abundancia’.
33
El DEA indica la relación con paso, con defender y con sacar, respectivamente.
34
Son muchos los ejemplos de verbos con múltiples entradas, la mayoría en construcciones
fraseológicas, que demuestran el conocimiento acerca del uso de la palabra y de su combinatoria, como
en la voz dejar, de la que se recogen 32 artículos y en el último se indica que «se junta con otros muchos
nombres, y verbos, tomando su significación, v. g. dejar en paz, en guerra, dejarse llevar, dejarse amar,
etc., así equivale a permitir, cooperar, etc.». Muchas de las entradas, sobre todo locuciones verbales,
pueden considerarse colocaciones (vid. Penadés Martínez 2001), a tenor de la información lexicológica:
quebrantar ‘violar una lei, tratado, fuero’, darse buena vida, dejar con la miel en los labios, dejar en el
tintero, dejar con la palabra en la boca, dejar con un palmo de narices, etc.
218 MARIANO FRANCO FIGUEROA

mar lágrimas, que también se percibe al explicar llorar ‘derramar lágrimas’ y en la


construcción llorar lágrimas de sangre. Los esquemas oracionales, recogidos en las
entradas del sustantivo, tomar á alguno la medida ‘medirle’, tomarle la medida ‘son-
dearle’ y tomar cada uno sus medidas ‘premeditar las circunstancias’ evidencian la
diferencia entre la sintaxis libre del discurso, la idiomática o locucional y la coloca-
ción, respectivamente. Registra tocar un instrumento, tocar la flauta, tocar el tam-
bor, confirmando el uso general de este verbo, pero también aduce batir el tambor
‘tocarle’, rasgar la guitarra. De adjetivo + sustantivo: caballo bayo, caballo pío,
caballo alazán. De sustantivo + preposición + sustantivo: cabeza de ajos, ramillete
de flores, aunque añade el significado ‘se dice también en la moral por algún libro en
que se recojen, ó juntan algunos pensamientos, ó afectos espirituales’, gajo de ubas,
grano de trigo, tajada de melón, tajada de sandía, diente de ajo, sarta de perlas, copo
de nieve, manada de vacas/toros/yeguas/cerdos/bestias silvestres/ganado, aunque tam-
bién da entrada a manada de ganado mayor ‘como vacas, yeguas, etc.’. De verbo +
adverbio no aparecen casos típicos, y los adverbios, herméticamente, fervientemente,
elocuentemente, por ejemplo, se definen con la referencia ‘de un modo hermético’,
‘de un modo fervoroso’, ‘con elocuencia’, y habría que buscar en otras entradas para
observar la coaparición léxica, como es el caso de sello hermético ‘se dice del modo
de cerrar herméticamente’, o de elocuencia ‘arte de bien decir, ó de bien hablar’. No
obstante, podemos considerar válidos la adverbialización jugar limpio, hablar paso,
hablar gordo.

5. CONCLUSIONES

De esta somera revisión, por razones lógicas de espacio, podemos deducir que
los registros fraseológicos reflejan el interés de Terreros por mostrar el uso general de
la expresión, con la introducción de las modificaciones que considera precisas para su
entendimiento. La pretensión universalista de su obra justifica las reiteradas lematiza-
ciones de las frases y las adiciones y omisiones con respecto a la base fundamental
académica. Asimismo, las continuas entradas de esquemas oracionales confirman el
objetivo de facilitar el aprendizaje de la construcción en el discurso, y es este método
lexicográfico el que nos ha mostrado la estrecha relación entre las locuciones verba-
les y las colocaciones, con construcciones complejas de evidente restricción léxica.
USOS FRASEOLÓGICOS EN EL DICCIONARIO DE TERREROS Y PANDO 219

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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KOIKE, Kazumi (2001): Colocaciones léxicas en el español actual. Estudio formal y léxico-semántico,
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PENADÉS MARTÍNEZ, Inmaculada (2001): «¿Colocaciones o locuciones verbales?», Lingüística Es-


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REAL ACADEMIA ESPAÑOLA (1984 [1726-1739]): Diccionario de Autoridades, I-II-III, Madrid, Gredos
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SECO, Manuel (1979): «El contorno en la definición lexicográfica», Homenaje a Samuel Gil y
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TERREROS y PANDO, Esteban de (1987 [1786-1993]): Diccionario castellano con las voces de cien-
cias y artes, Manuel Alvar Ezquerra, ed., Madrid, Arco/Libros (ed. facsímil).
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221

La definición lexicografía de las unidades fraseológicas:


la aplicación de modelos formales

MARÍA ISABEL GONZÁLEZ AGUIAR


Universidad de La Laguna

1. INTRODUCCIÓN

El gran desarrollo de los estudios fraseológicos en los últimos años ha permiti-


do no sólo precisar el concepto de unidad fraseológica (UF) sino también su clasifica-
ción, por lo que resulta razonable demandar que estos avances teóricos se vean refle-
jados en la tarea práctica de definir lexicográficamente este componente de la lengua.
De hecho, en la última década han aparecido estudios que abordan problemas concre-
tos de la descripción lexicográfica de este material (Tristá Pérez 1998, Wotjak 1998,
Martínez Marín 2000, Castillo Carballo 2000, Déniz Hernández 2000, Ruiz Gurillo
2000), en los cuales se han planteado un conjunto de preocupaciones que ha hecho
posible diferenciar una rama específica dentro de la lexicografía, la fraseografía, cuyo
objetivo central es abordar los problemas teóricos y prácticos que plantea la elabora-
ción de diccionarios fraseológicos o de diccionarios que incluyan fraseología. La con-
solidación de los estudios fraseográficos ha subrayado la importancia de la coheren-
cia y de la sistematicidad en cuestiones tales como la delimitación del material
fraseológico (Pascual 1996, González Aguiar 2002-2003), la lematización de las UF
(Bustos Plaza 2002), la marcación gramatical de estas combinaciones (Castillo Carballo
2001-2002) y, en especial, cómo aplicar los distintos modelos de definición en los
fraseologismos (Martínez Marín 2000).
La definición de las UF ha sido hasta el momento un aspecto apenas considera-
do en los distintos manuales de lexicografía, a pesar de que es una cuestión que mere-
ce ser objeto de análisis. Grosso modo, lo que hasta el momento se ha dicho al respec-
to es que debe respetarse, siempre que sea posible, la identidad categorial y semántica
con la unidad definida para cumplir la prueba de la sustituibilidad (en palabras de
Seco, «el banco de pruebas de la definición»).

221
222 MARÍA ISABEL GONZÁLEZ AGUIAR

2. DISTINCIÓN ENTRE EL PRIMER Y EL SEGUNDO ENUNCIADO

Con la finalidad de analizar los modelos definicionales que se utilizan al des-


cribir las UF, comenzaré con un análisis breve de cómo se materializa en los
fraseologismos la distinción entre primer y segundo enunciado (en concreto, observa-
ré el DRAE), para luego centrarme en la definición lexicográfica propiamente dicha.
En la separación de los dos elementos que componen el artículo del dicciona-
rio, se parte de la división hecha por Seco (1987: 15-34) en su artículo «Problemas
formales de la definición», en el que establece una distinción básica en torno a la
información que sobre la palabra entrada contiene el artículo lexicográfico. Esta in-
formación se puede dividir en:

a) La información como signo: en este caso hablamos de primer enunciado.


b) La información como contenido: lo que llamamos segundo enunciado.

El primer enunciado se caracteriza por la normalización en la presentación de


los datos (aparecen en un lugar fijo en el artículo y con un sistema gráfico
preestablecido), que fundamentalmente se corresponden con información acerca de la
etimología, la categoría de la voz y el resto de información gramatical, las marcas
sobre transiciones semánticas, las marcas diasistemáticas (temporales o diacrónicas,
las marcas geográficas, las marcas diastráticas y diafásicas, que englobarían entre
otras las marcas temáticas o terminológicas, las marcas connotativas como irónico o
despectivo), etc. En el caso de las UF incluidas en el DRAE, el primer enunciado (lo
subrayo en los ejemplos para diferenciarlo) se ajusta a las reglas fijadas para el léxico
simple:

a marchas forzadas. 1. loc. adv. Mil. Caminando en determinado tiempo más de


lo que se acostumbra, o haciendo jornadas más largas que las regulares. U. t. en
sent. fig.

ver alguien las estrellas. 1. (Por la especie de lucecillas que parecen verse cuando
se recibe un gran golpe). fr. coloq. Sentir un dolor muy fuerte y vivo.

Del segundo enunciado, esto es, de la definición propiamente dicha se afirma


que no está ni puede estar regulada por los mismos criterios de normativización que el
primer enunciado. De hecho, los problemas lexicográficos más importantes se plan-
tean en torno a la elaboración de la parte del artículo lexicográfico que informa sobre
el contenido de los signos lingüísticos (Alvar Ezquerra 1976: 50).
LA DEFINICIÓN LEXICOGRÁFICA DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS 223

3. PRINCIPIOS Y REQUISITOS PARA CONSTRUIR UNA BUENA DEFINICIÓN

Casares (1950: 162) ya advirtió de esta dificultad al afirmar: «Una definición


verdaderamente lograda puede encerrar tanta belleza intelectual –al fin y al cabo se
trata de una ecuación– como la resolución elegante de un difícil problema matemáti-
co». No obstante, en la redacción de las definiciones las dificultades se aminoran a
través de la aplicación de dos principios fundamentales, cuya misión es encauzar esta
difícil labor:
1) La palabra entrada o definiendum y la definición o definiens deben ser equi-
valentes tanto en su contenido como en su forma, para poder así realizar la conmuta-
ción. A partir de esta regla general, se ha establecido que la definición debe ser sinónima
de la palabra definida, con lo que debe mantener la identidad categorial, si bien la
sinonimia pocas veces es absoluta (de ahí que algunos autores prefieran el término de
sinónimos referenciales o cognitivos).
2) La definición debe proporcionar datos suficientes sobre el contenido, pero
sin olvidar, cuando sea necesario, informar sobre las posibilidades combinatorias.
También es valorada positivamente por la técnica lexicográfica la utilización
de un lenguaje sencillo, general y comprensible para el consultante, con el objetivo de
que la descripción sea lo más clara posible. Este principio, al menos en el diccionario
académico, se conculca en repetidas ocasiones, debido probablemente a que no se ha
llevado a cabo hasta el momento una revisión de las definiciones de las UF (tampoco
del léxico simple).1 Ejemplos de definiciones cuyo lenguaje puede ser mejorado son
las dos siguientes, las cuales se han cotejado con la descripción del diccionario de
María Moliner:

DRAE: machacar, majar, o martillar, en hierro frío.1. frs. coloqs. Dicho de la


corrección y doctrina: Ser inútil cuando el natural es duro y mal dispuesto a
recibirla.
DUE: MACHACAR [O MARTILLEAR] EN HIERRO FRÍO. Esforzarse inútilmente por educar
o corregir a una persona que no es susceptible de ser mejorada.

DRAE: a eso voy, o vamos.1. exprs. U. por aquel a quien recuerdan algo de que
debía hablar en la conversación o discurso, y de la cual parecía haberse olvida-
do o distraído.
DUE: A ESO VOY [VAMOS, etc.]. Expresión con que alguien muestra la intención de
*hablar de una cosa que otro le insinúa suponiendo que la ha olvidado.

1
En la presentación de la última edición la Academia afirma que ha trabajado «sin poner en tela
de juicio el contenido de las definiciones», a pesar de la sospecha de que muchas «no se corresponden
con la realidad actual».
224 MARÍA ISABEL GONZÁLEZ AGUIAR

Asimismo, cuando se valora el contenido de las definiciones lexicográficas, se


valora negativamente la subjetividad o falta de imparcialidad que presentan muchas
de ellas. Los principios lexicográficos generales apuestan por el empleo de un lengua-
je neutro y lógico, en el que no se reflejen los sentimientos ni las valoraciones de
quien redacta la definición; en este sentido, el DRAE ha sido uno de los diccionarios
más reprendidos por este defecto en su técnica lexicográfica.2 Muchas UF que
verbalizan sentimientos o sensaciones (los subrayo en las definiciones) pueden ilus-
trar la falta de objetividad, falta que se comprueba sobre todo al comparar cómo una
misma entrada es definida por los distintos diccionarios:

DRAE: abrírsele a alguien las carnes.1. fr. coloq. Estremecerse de horror.


DUE: ABRÍRSELE a alguien LAS CARNES (inf.; gralm. en 1ª pers.). Sentir angustia o
compasión por algo, especialmente por el sufrimiento de otros.
DFEM: abrírsele las carnes a alguien (inf.). Experimentar miedo o emoción muy
fuertes: «Cuando vemos esos reportajes en la televisión sobre los niños africa-
nos que se mueren de hambre, se nos abren las carnes».

Otra de las cuestiones problemáticas en la elaboración de las definiciones


lingüísticas de un diccionario de lengua es la definición enciclopédica (Porto 2002:
277-281). De ella se dice que el lexicógrafo no debe usarla preferentemente, y que en
todo caso el enciclopedismo es un defecto que en un diccionario de lengua se debe
evitar no sólo en las voces simples sino también en las complejas (en especial en los
compuestos sintagmáticos y en las locuciones sustantivas). Ilustran casos de
enciclopedismo las siguientes entradas:

estrella de mar.1. f. Animal marino del filo de los Equinodermos, con el cuerpo
deprimido en forma de estrella, generalmente de cinco puntas o brazos. Posee un
dermatoesqueleto formado por placas calcáreas y se alimenta de invertebrados.

a las ollas de Miguel.1. loc. sust. Juego que los muchachos hacen formando una
rueda, y dadas las manos, dicen una coplilla que empieza: A las ollas de Miguel,
que están cargadas de miel; y acabada, va volviendo uno de ellos la espalda hacia
dentro de la rueda, y en acabándose de volver todos, repiten la copla, dándose unos
a otros con las nalgas, sin soltarse las manos.

2
Ante la frecuencia de estas críticas, la propia Academia encargó una revisión a partir de la
edición de 1992 a personal colaborador, con el fin de proponer a los académicos soluciones para evitar
cualquier indicio de subjetividad y cualquier posible huella de tendencias ideológicas (distinciones sexistas,
actitudes racistas, discriminación religiosa, etc.). Las encargadas de este trabajo fueron M.ª Ángeles
Calero, Esther Forgas y Eulalia Lledó.
LA DEFINICIÓN LEXICOGRÁFICA DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS 225

Aunque se podrían plantear más problemas fraseográficos de diferente tipo, en


lo que sigue me ceñiré al análisis de los modelos definicionales que utiliza el diccio-
nario académico en su descripción.

4. MODELOS DEFINICIONALES UTILIZADOS POR EL DRAE

De acuerdo con lo que se expresa en las Advertencias del DRAE, «entre los
muchos tipos de texto definitorio» destacan tres modelos:
1. La definición perifrástica.
2. La definición sinonímica.
3. La definición impropia o explicativa.3

Tal y como se matiza en las Advertencias de esta obra (p. XLIX), es frecuente que
la unidad descrita no pueda ser analizada perifrástica ni sinonímicamente, situación en
la que es ineludible acudir a la definición impropia. En estos casos afirma que «más que
definir, contiene una explicación de la acepción de que se trata, en la que puede indi-
carse, entre otros aspectos, qué es, cómo se trata, para qué sirve y cómo se utiliza».
La clasificación que sigue la técnica académica es similar a la taxonomía que
adoptó Seco (1978) y Bosque (1982), autores que parten de la distinción establecida
entre definiciones impropias y definiciones propias (instituida por primera vez por
Rey-Debove 1967). La ordenación de modelos es la siguiente:

A. Las definiciones propias se clasifican a su vez en:


A.1. Hiperonímicas o perifrásticas: describen una unidad a través de un térmi-
no que expresa un grado mayor de abarcabilidad semántica:

pata de gallo. [...] 4. f. Arruga con surcos divergentes que con los años se forma en
el ángulo externo de cada ojo.
corto de medios.1. loc. adj. Escaso de caudal.

A.2. Sinonímicas: expresan la dificultad de parafrasear los usos descritos. No


todas las voces poseen un contenido semántico que pueda verbalizarse por medio de
la descomposición léxica:

a flor de piel.1. loc. adj. Sensible, fácil, pronto.


por lo mismo.1. loc. conjunt. causal. A causa de ello, por esta razón.

3
El DRAE ha intentado en la última edición minimizar al máximo los casos de definición impro-
pia, intentando separar tipográficamente los dos enunciados.
226 MARÍA ISABEL GONZÁLEZ AGUIAR

A.3. Relacionales: propias de adjetivos y adverbios, inciden en la relación de


lo definido con otra palabra del enunciado. Sólo es aplicable al adjetivo y al adverbio
(y por ello a las locuciones adjetivas y a las adverbiales). Pueden ser de transformador
relativo o de transformador preposicional:

de guante blanco.1. loc. adj. Que actúa de modo elegante y sin emplear la violencia.
de poca monta.1. loc. adj. De poca importancia.

En el caso de las definiciones impropias, éstas se utilizan cuando hay que defi-
nir unidades que, por su propia naturaleza semántica, no pueden ser analizadas a
través de los modelos presentados. Se trata de palabras, como las gramaticales, que
no pueden ser definidas sino explicadas, y en el caso de la fraseología es la fórmula
que se destina para describir las locuciones preposicionales, conjuntivas, interjectivas
y, además, para los enunciados:

buenos días.1. expr. U. como salutación familiar durante la mañana.

Expuestos los distintos modelos de definición, veamos la clasificación de las


UF para observar qué modelo presenta cada una de ellas. Parto de la ordenación de las
UF que expone Corpas Pastor (1996), en la que diferencia tres grandes tipos: colo-
caciones, locuciones y enunciados.

4.1. Colocaciones en el DRAE


Las colocaciones son sintagmas generados libremente a partir de las reglas
sintácticas del español, pero que a la vez contienen «cierto grado de restricción com-
binatoria determinada por el uso» (Koike 2001: 14 y Corpas Pastor 1996: 53). Mu-
chos trabajos recientes han optado por incluir las colocaciones en el ámbito de la
fraseología, como un tipo más de unidad fraseológica. A pesar de ello, en la descrip-
ción lexicográfica de los diccionarios generales del español las restricciones contex-
tuales de carácter semántico se documentan de forma bastante irregular, y cuando lo
hacen se incluyen como propiedades del léxico simple.
En la figura 1, he registrado la clasificación que propone Corpas Pastor (1996) y
la información que sobre estas combinaciones proporciona el diccionario académico.

4.2. Locuciones en el DRAE


La tipología del DRAE se basa en la catalogación realizada por Casares (1950),
quien definió a la locución como «combinación estable de dos o más términos, que
funciona como elemento oracional y cuyo sentido unitario consabido no se justifica,
sin más, como una suma del significado normal de los componentes». La clasifica-
ción más frecuente de las locuciones, dado que son elementos oracionales, sigue la
tipología tradicional de las partes de la oración para las palabras simples.
LA DEFINICIÓN LEXICOGRÁFICA DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS 227

FIGURA 1. Colocaciones en el DRAE

Categoría de Corpas Pastor (1996) DRAE


la colocación
Verbal Sust. (sujeto) + verbo correr. [...]9. intr. Dicho de una noticia, un rumor,
correr un rumor etc.: Circular, propalarse, difundirse. U. t. c. tr.
Verbo + sust. (objeto) desempeñar. [...]3. tr. Cumplir las obligaciones
desempeñar un cargo inherentes a una profesión, cargo u oficio; ejercerlos.
Sustantiva Adj. + sust.
relación estrecha
Sustantiva Sust. + prep. + sust.
tableta de chocolate NO APARECEN
Verbal Verbo + adv.
fracasar estrepitosamente
Adjetiva Adj. + adv.
firmemente convencido

En la tabla de la figura 2 (vid. más abajo), al igual que hicimos con las coloca-
ciones, hemos contrastado cómo son descritas lexicográficamente (en el diccionario
académico) las locuciones que Casares cita como ejemplos de su clasificación.
Según la técnica lexicográfica, y en beneficio de la prueba de la sustituibilidad,
las locuciones nominales, adjetivas, adverbiales y verbales pueden ser descritas me-
diante definiciones propias, mientras que el resto (pronominales, interjectivas,
prepositivas y conjuntivas) a través de definiciones impropias. Si se toman como
ejemplos los que proporciona Casares al elaborar su clasificación, se comprueba que
lo que he formulado no se cumple metódicamente:
1. Es un hecho bastante frecuente que en las locuciones adverbiales y en las
adjetivas se haga uso de la definición impropia para verbalizar el contenido de la
entrada en cuestión. En varios casos es posible elaborar definiciones propias, sobre
todo cuando se comparan cómo son descritas otras entradas que tienen entre sí una
relación de proximidad referencial. Si se contrastan los siguientes ejemplos, se com-
prueba que b) y c) pueden ser definidas a través de definiciones propias, modificando
previamente su lematización, a semejanza de a):

a) ser de puntas alguien o algo.1. fr. Ser sobresaliente en su línea.


b) de marca.1. loc. adj. U. para explicar que algo es sobresaliente en su línea.
c) de tres al cuarto.1. loc. adj. U. para denotar y ponderar la poca estimación,
aprecio y valor de algo.
228 MARÍA ISABEL GONZÁLEZ AGUIAR

FIGURA 2. Locuciones en el DRAE

CASARES (1950) DRAE

Nominales tren botijo.1. m. coloq. El que en España, durante el verano, tras-


tren botijo, coser ladaba, sin muchas comodidades, con destino a lugares de vaca-
y cantar ciones.
coser y cantar.1. expr. coloq. Denota que aquello que se ha de ha-
cer no ofrece dificultad ninguna.

Adjetivales de brocha gorda.1. loc. adj. Se dice del pintor y de la pintura de


de brocha gorda puertas, ventanas, etc.2. loc. adj. coloq. Se dice del mal pintor.3.
loc. adj. coloq. Dicho de una obra de ingenio: Despreciable por su
tosquedad o mal gusto.

Verbales tomar el olivo.1. fr. Huir, escapar.2. fr. Despedirse, marcharse.3.


Significantes

tomar el olivo fr. Taurom. Guarecerse en la barrera.

Adverbiales santiamén.(De las palabras lats. Spiritus Sancti, Amen, con que
en un santiamén suelen terminar algunas oraciones de la Iglesia). en un santiamén.1.
loc. adv. coloq. En un instante.

Participiales hecho un brazo de mar.1. loc. adj. coloq. Dicho de una persona:
hecho un brazo Ataviada con mucho lujo y lucimiento. Viene, está hecha un brazo
de mar de mar.

Pronominales cada quisque, o cada quisqui.1. locs. pronoms. coloqs. cada cual.
cada quisque

Interjectivas o ancha, o ancha es, Castilla.1. exprs. coloqs. U. para alentarse al-
exclamativas guien a sí mismo o para animar a otras personas para obrar libre y
¡Ancha es Castilla! desembarazadamente.

Prepositivas en pos.1. loc. adv. detrás.


en pos de
Conexivas

Conjuntivas con tal de que, o con tal que.1. locs. conjunts. condics. En el caso
con tal que de que, con la precisa condición de que. Procuraré complacerte,
con tal que no me pidas cosas imposibles.

2. En las locuciones verbales se utiliza de modo excepcional la definición impro-


pia, en especial en locuciones que expresan un significado situacional muy marcado.

DRAE: no habérsele perdido nada a alguien en algún lugar.1. fr. U. para justificar
su ausencia o reprocharle su presencia.
LA DEFINICIÓN LEXICOGRÁFICA DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS 229

DUE: NO HABÉRSELE PERDIDO NADA a alguien en un sitio (inf.). No tener ningún


interés por estar en él. También se emplea para reprocharle a alguien su presen-
cia en un lugar: ‘No sé por qué has venido. Aquí no se te ha perdido nada’.
DFEM: no perdérsele nada a alguien [en algún lugar] (inf.) No tener nada im-
portante que hacer [en determinado lugar]: [...]

De hecho, algunas locuciones verbales que son descritas con definiciones pro-
pias parecen demandar una explicación y no una definición, puesto que su significado
es referencial, es decir, la expresión lematizada se utiliza siempre que se esté ante una
situación concreta, como el caso de la siguiente entrada del DRAE:

DRAE: caérsele a alguien la baba.1. fr. coloq. U. para dar a entender, o que es
bobo, o que experimenta gran complacencia viendo u oyendo cosa que le sea
grata.
DUE: CAÉRSELE LA BABA A ALGUIEN (inf.). Quedarse embelesado, sentir mucha *ad-
miración o *cariño por alguien o algo: ‘Se le cae la baba viendo a su niño hacer
monerías’. ⇒*Babear.

Aunque también se encuentran casos en los que el diccionario académico em-


plea un modelo propio cuando, por el tipo de significado de la expresión, lo más
adecuado a su modo de significar es la definición impropia o explicación del fraseolo-
gismo. Es lo que sucede en la entrada:

DRAE: zumbar los oídos a alguien.1. fr. coloq. Ser objeto de crítica o de comenta-
rios sin estar presente.
DUE: ZUMBARLE a alguien LOS OÍDOS. Se dice con referencia a alguien a quien se
está *criticando: ¡Cómo deben de estarle zumbando los oídos! • Silbar los
OÍDOS.

4.3. Enunciados en el DRAE


Zuluaga (1980: 191) caracteriza los enunciados fraseológicos como «unidades
comunicativas mínimas con sentido propio», que tienen autonomía en el habla pues
«su enunciación se lleva a cabo en unidades de entonación distintas». En consecuen-
cia, según la técnica lexicográfica caben dos modelos de definición:

a) la definición impropia o, lo que es lo mismo, explicar cuándo se usa el


enunciado.
b) la definición propia a través de enunciados similares o de paráfrasis de
la voz. Este último es el modelo menos habitual, y es el que aparece en
entradas como:
230 MARÍA ISABEL GONZÁLEZ AGUIAR

¿qué mundo corre?1. expr. ¿Qué hay de nuevo?


si mal no me acuerdo.1. expr. coloq. Si no me engaño o equivoco, si no
estoy trascordado.

Lo cierto es que en ocasiones resulta muy rentable, en cuanto al espacio y al


carácter didáctico de la definición, elegir este mecanismo para explicar el valor de
algunos enunciados. Si se comparan los dos modelos de la siguiente UF, se puede ver
un buen ejemplo de lo indicado:

DRAE: otro gallo me, te, le, etc., cantara.1. expr. coloq. Mejor sería mi, tu, su,
etc., suerte.
DUE: OTRO GALLO ME [TE, etc.] CANTARA. Frase con que se expresa que las cosas
hubieran ocurrido mejor para la persona de que se trata de haberse realizado
algo que se dice: ‘ Si me hubieras hecho caso, otro gallo te cantara’.
⇒*Desacertar.

En la última tabla (vid. más abajo fig. 3), al igual que en las anteriores, se
adjunta una columna en la que se muestra el tratamiento que el DRAE proporciona a
los enunciados que Corpas nombra como ejemplos en su clasificación.
En los enunciados predomina la definición impropia, pues el significado de las
fórmulas rutinarias no es referencial sino social o discursivo. No tienen autonomía
textual por lo que vienen determinadas por situaciones y circunstancias concretas
(existe una dependencia situacional). Son fórmulas de interacción social estereotipadas
(esto es lo que ocurre también con algunas locuciones, que tienen un significado
referencial).

5. CONCLUSIONES

En líneas generales se puede afirmar que la naturaleza categorial y semántica


del definiendum puede indicar qué modelo de definición es el más adecuado. Para ello
es preciso que el lexicógrafo aclare previamente el concepto de fraseología del que
parte y sepa catalogar la unidad que va a describir para adjudicarle el modelo de
definición más idóneo a sus características.
Si se toman los principios generales elaborados a propósito de las palabras
simples y se aplican al tratamiento lexicográfico de las UF, se comprueba la dispari-
dad de criterios que se suelen manejar y la necesidad de revisar en profundidad la
descripción académica de las UF.
Resulta útil contrastar cómo los distintos diccionarios definen la misma UF, en
especial en los casos en que no coinciden los modelos elegidos.
LA DEFINICIÓN LEXICOGRÁFICA DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS 231

FIGURA 3. Enunciados en el DRAE

RASGOS TIPO DE CLASIFICACIÓN DRAE


ENUNCIADO
- Con significado Enunciados con valor 1. expr. U. para aconsejar que se
referencial específico tenga muy en cuenta dónde se
las paredes oyen dice algo que importa que sea
secreto.
- Con autonomía PAREMIAS Citas
textual el hombre es un lobo
para el hombre
NO APARECEN
Refranes
por la boca muere el pez
De apertura y cierre NO APARECE
¿Qué hay?
DISCURSIVAS
FÓRMULAS

De transición a eso voy, o vamos. 1. exprs. U.


- Sin significado A eso voy por aquel a quien recuerdan algo
referencial de que debía hablar en la con-
(es de tipo social versación o discurso, y de la cual
o discursivo) parecía haberse olvidado o
distraído.
Expresivas ni hablar.1. expr. U. para recha-
- Sin autonomía ni hablar zar o negar una propuesta.
textual FÓRMULAS lo siento NO APARECE
RUTINARIAS
Comisivas apañárselas.1. fr. coloq. Arre-
ya te apañaré glárselas, componérselas, desen-
volverse bien.
Directivas NO APARECE
FÓRMULAS PSICO-SOCIALES

tú dirás
Asertivas NO APARECE
por mis muertos
Rituales ¿qué es de tu, su, etc., vida? 1.
¿qué es de tu vida? exprs. coloqs. U. como fórmula
de salutación con una persona a
la que hace algún tiempo que no
se ve.
Miscelánea pelillos a la mar.1. expr. U. por
pelillos a la mar los muchachos para afirmar que
no faltarán a lo que han tratado
y convenido, lo cual hacen arran-
cándose cada uno un pelo de la
cabeza, y soplándolos dicen: Pe-
lillos a la mar.2. expr. Olvido de
agravios y restablecimiento del
trato amistoso
232 MARÍA ISABEL GONZÁLEZ AGUIAR

Es necesario adaptar los principios lexicográficos a la descripción del material


fraseológico a partir de una clasificación aplicable. En este sentido, la catalogación de
Corpas Pastor (1996) es de gran utilidad.

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235

Los ejemplos en el tratamiento lexicográfico


de las unidades fraseológicas

MARÍA EUGÊNIA OLÍMPIO DE O. SILVA


Universidade Federal da Bahia (Brasil)
CAPES/Brasília

1. INTRODUCCIÓN

Parece haber un consenso claro respecto a la importancia del empleo de los


ejemplos en lexicografía. En efecto, no es fácil encontrar una sola opinión que ponga
en duda el papel fundamental que juega esta parte del artículo lexicográfico, tanto en
la lexicografía monolingüe como en la bilingüe. No obstante, la noción de ejemplo
lexicográfico y su aplicación son aspectos complejos que se revelan de diversas for-
mas, incluso en la falta de uniformidad en la aplicación del término ejemplo.
La confusión en torno al concepto de ejemplo repercute, entre otras cosas, en
considerar que una unidad fraseológica (UF) puede incluirse en un diccionario como
ejemplo del lema en cuya entrada se inserta. Esto ocurre tanto en la lexicografía mo-
nolingüe (Santamaría Pérez 2000: 563, Ruiz Gurillo 2000: 262, Castillo Carballo
2001: 241), como en la bilingüe (Jacobsen et al. 1989: 2783, Corpas Pastor 1996:
173-175). Esta práctica de considerar las UF como un tipo de ejemplo se explica,
asimismo, debido al carácter de representatividad que tienen los ejemplos: son un
material rico en información gramatical, enciclopédica, pragmática o sobre combina-
toria léxica. En consecuencia, como ha señalado Iriarte Sanromán (2002: 327), se
transforman peligrosamente en una especie de cajón de sastre, donde va a parar todo
lo que no se sabe tratar lexicográficamente.1

1
Por ello, Iriarte Sanromán (2002: 328) defiende que, para evitar el peligro de usar los ejemplos
indiscriminadamente, sería importante establecer lo que denomina teoría del ejemplo lexicográfico, «de-
limitando (para o lexicógrafo) e explicando (ao utilizador) o seu uso e funções perante os outros elemen-
tos da microestructura».

235
236 MARÍA EUGÊNIA OLÍMPIO DE O. SILVA

Como suele ocurrir con otros aspectos lexicográficos, la mayoría de las consi-
deraciones que se han hecho respecto a los ejemplos se ha centrado en las unidades
léxicas simples (ULS). Sin embargo, muchas de estas consideraciones tienen validez
para las UF. Una reflexión sobre este asunto nos conduce a dos puntos:
1) La tendencia a incluir UF en los diccionarios en calidad de ejemplos.
2) La práctica de incluir ejemplos en el tratamiento lexicográfico de estas
unidades.
En este trabajo, reflexionaremos, pues, sobre estas dos cuestiones: por una
parte, intentaremos averiguar por qué se suelen tratar las UF como ejemplos
lexicográficos y, por otro lado, examinaremos el papel que los ejemplos pueden des-
empeñar en la descripción lexicográfica de estas unidades.

2. LA TENDENCIA A INCLUIR UF EN LOS DICCIONARIOS EN CALIDAD DE EJEMPLOS

La inclusión de las UF en los diccionarios como ejemplos lexicográficos ha


sido más examinada en la lexicografía bilingüe. Corpas Pastor (1996: 173) afirma que
el procedimiento más usado para incluir la fraseología en los diccionarios bilingües
es la ejemplificación. Se trata de una práctica tradicional y, por ende, comúnmente
aceptada, hasta el punto de que se considera que una de las funciones de los ejemplos
es justamente presentar la fraseología. No obstante, advierte esta autora que muchos
no están de acuerdo con el procedimiento de considerar los ejemplos y la fraseología
como fenómenos análogos. Recuerda que el ejemplo es una categoría formal de la
microestructura del diccionario bilingüe y que por influencia de la lexicografía mono-
lingüe se ha identificado con la fraseología. Lo que hace este procedimiento, en ver-
dad, es complicar la localización de una unidad en el diccionario.
El tratamiento de las UF como simples ejemplos puede entenderse como el
resultado de la inexistencia de un acercamiento sistemático al tratamiento de estas
unidades. Tanto Roberts (1996: 187) como Bogaards (1999: 117) relacionan este pro-
cedimiento con la cuestión del establecimiento del estatus de las UF. Se ha cuestiona-
do principalmente si estas unidades deberían considerarse como un tipo especial de
ejemplos o como subentradas. Para Bogaards, no existe consenso a este respecto.2

2
Un buen ejemplo de ello puede encontrarse en el análisis y comparación de los diccionarios.
Así, mientras que las unidades un abrazo o hasta las narices son tratadas como UF en el Diccionario del
español actual (DEA), en las entradas abrazo y nariz (respectivamente) en el CLAVE no lo son y figu-
ran en un apartado dedicado a las ‘notas’, es decir, a las informaciones complementarias, las cuales, en
alguna ocasión, han sido confundidas como un tipo de ejemplificación: abrazo […] USO La expresión un
abrazo se usa mucho como fórmula de despedida: Terminó diciendo: ‘Hasta mañana, un abrazo’; y
nariz […] USO Narices se usa como palabra comodín para formar locuciones eufemísticas: estar hasta
las narices significa ‘estar muy harto’ (CLAVE).
LOS EJEMPLOS EN EL TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS 237

Roberts (1996: 187), no obstante, considera que, en algunas obras publicadas a partir
de los años 80, se observa una cierta evolución respecto al tratamiento dado a las UF:
si algunos diccionarios todavía las presentan como ejemplos dentro de un lema dado,
otros ya las separan claramente de los ejemplos propiamente dichos y las ubican en
una subdivisión independiente, identificada por una abreviatura, un signo gráfico o
por un nombre. Para Roberts, el hecho de presentar una UF en una frase-ejemplo con-
tribuye a ocultar su estatus, por lo que es mejor tratarla como una subentrada.3
Para Jacobsen et al. (1989) la solución a toda esta problemática pasa por la
diferenciación entre los ejemplos y las UF en términos formales: los primeros se con-
siderarían, así, categorías lexicográficas, mientras que los segundos serían categorías
lexicológicas.4 Advertimos, no obstante, que no basta con reconocer las UF como una
categoría lexicológica, para que tengan un tratamiento lexicográfico adecuado. Claro
está que es necesario reconocer su estatus, como unidades léxicas (UL) que son, y
discriminar sus diversos tipos, pero es fundamental que en la práctica lexicográfica,
tanto en la lexicografía bilingüe como monolingüe, se lleve a cabo de modo sistemá-
tico lo que se establezca desde la teoría.
Varios autores han hecho referencia a la práctica de tratar las UF como ejemplos
y a los problemas que se derivan de ella. Quizás sean las colocaciones el tipo de UF
que más suele figurar como ejemplos en los diccionarios.5 Aunque otros tipos de
unidades, como las locuciones, las fórmulas y las paremias también suelen aparecer
en los ejemplos (Corpas Pastor 1996: 172), parece haber, en el caso de las colocacio-
nes, una asociación directa entre éstas y el ejemplo lexicográfico. Así, Drysdale (1987:
215 apud Castillo Carballo 2001: 402) incluye entre las funciones del ejemplo la de
informar, aunque indirectamente, de las colocaciones típicas. De igual forma, Fox
(1987: 146) opina que los ejemplos de textos reales sirven para suministrar colocacio-
nes precisas. Svensén (1993: 100-102) va más allá y llega a afirmar que las colocacio-
nes léxicas, puesto que se relacionan con el aspecto expresivo, deben incluirse en
forma de ejemplos. Afirma, por otro lado, que las colocaciones semánticas se relacio-
nan con el aspecto del contenido y, por tanto, no deberían registrarse como ejemplos.

3
Opina, no obstante, que su uso merece ser ilustrado con un ejemplo, sobre todo cuando la unidad
puede sufrir algún tipo de variación.
4
Afirman, así, que «our use of example is based on the internal requirements of the entry: it is a
lexicographical category. (We use lexicographical of the formal categories – the slots on the dictionary
page for the insertion of information – in contrast to lexicological categories used to distinguish between
e.g. idioms, collocations, and free syntagms)» (Jacobsen et al. 1989: 2784).
5
Sobre ello, ha comentado Castillo Carballo (2001: 401): «Y es que, en el caso de las colocacio-
nes, hay que acudir a un seguimiento casi detectivesco para confirmar que, a pesar de la «ignorancia»
que manifiestan los propios creadores de diccionarios, estas están presentes en la microestructura, ya
que se pueden detectar, especialmente, en los ejemplos».
238 MARÍA EUGÊNIA OLÍMPIO DE O. SILVA

En la práctica, es común encontrar UF en los ejemplos ofrecidos en los diccio-


narios; no obstante, alguna vez, puede resultar difícil interpretar el valor exacto de
estos ejemplos, dado que en el prólogo de las obras no se suele explicar qué se entien-
de por colocación, locución, etc.6 En otras ocasiones, aunque en el prólogo del diccio-
nario, en este caso el Diccionario del español actual (DEA), se definan los conceptos
de las UF tratadas resulta difícil comprender por qué algunas se consideran simple-
mente construcciones, y no se clasifican como un tipo de UF. Consideremos el ejem-
plo que sigue, en el que las locuciones no se identifican como tales:

cerviz f 1 Parte posterior del cuello o del pescuezo (…) b) (lit) A veces se usa para
simbolizar el orgullo o la independencia, en constrs como BAJAR, o DOBLAR, LA ~,
LEVANTAR LA ~, SER DE DURA ~. (DEA).

De acuerdo con lo que se explica en el prólogo del DEA, lo que aparece escrito arriba
en cursiva y en letra versalita no puede entenderse como ejemplos, por cuanto en esta
obra éstos se introducen mediante una barra vertical (|) y son, en su gran mayoría,
citas breves, extraídas de los corpora consultados.7 Puede entenderse, en cambio,
como una explicación complementaria a la definición, un tipo de indicación sintáctica,
o sintáctico-semántica: «colocación o construcción preferente» (DEA: XXII), aunque
no queda claro el estatus de los elementos que figuran en versalita.
La problemática del tratamiento de las UF como ejemplos lexicográficos alcan-
za una gran trascendencia si consideramos la estrecha relación que tiene esta cuestión
con la importancia didáctica que se concede a los ejemplos. En efecto, tomando en
consideración todas las funciones que éstos pueden desempeñar, se hace evidente su
aplicación didáctica.8 Según Fox (1987: 137), el uso de ejemplos forma parte integral
del aprendizaje de una palabra: el aprendiz necesita tanto una explicación sobre su
significado como uno o más ejemplos de la palabra en uso. En esta línea, Calderón
Campos (1994: 111) y Castillo Carballo (2001: 402) opinan que, para que un diccio-
nario cumpla una función codificadora, es necesario que todas las acepciones se acom-
pañen de ejemplos. Así, considerando tanto el potencial didáctico de los ejemplos

6
Así, aunque en el prólogo del Diccionario Salamanca de la lengua española (DSLE) se exprese
que «muchos ejemplos que aclaran las definiciones muestran muchas colocaciones habituales y sirven
de modelo de construcción sintáctica» (DSLE: VI), que «se tienen en cuenta tanto las posibilidades o
nivel de uso, como las colocaciones o contextos» (DSLE: XI), o que «en muchos casos el ejemplo no es
una frase completa, sino una construcción que indica las colocaciones más frecuentes» (DSLE: XI), no se
aclara, en ningún momento, qué es una colocación.
7
Los que no fueron sacados de los corpora figuran precedidos por un asterisco (DEA: XXIII).
8
En este sentido, se habla de una función didáctica, que ha sido, incluso, asociada a la definitoria
(Orduña López 1999: 99), pero que, desde nuestro punto de vista, se intercala, asimismo, entre las demás
funciones.
LOS EJEMPLOS EN EL TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS 239

como la importancia de las UF en el aprendizaje de un idioma, se puede comprender


fácilmente por qué es inadecuado tratarlas como ejemplos lexicográficos.

3. LA PRÁCTICA DE INCLUIR EJEMPLOS EN EL TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO DE LAS UF

Los ejemplos, por las funciones que pueden cumplir, son muy importantes en
el tratamiento lexicográfico de las UF en cualquier tipo de diccionario y, principal-
mente, en las obras dirigidas al aprendizaje. Aunque mucho se ha hablado de sus
beneficios en el tratamiento de las ULS, apenas se ha tenido en consideración el papel
que éstos pueden desempeñar en la descripción lexicográfica de los elementos
fraseológicos. No obstante, si se consideran los diversos tipos de función que se han
atribuido a los ejemplos, se puede percibir la medida de esta importancia. Examinare-
mos, a continuación, algunas de estas funciones,9 relacionándolas con el tratamiento
de las UF:
a) La función definitoria. La capacidad definitoria de los ejemplos parece estar
asociada a la propia concepción de ejemplo, por cuanto figura en gran parte de las
definiciones o caracterizaciones que se han hecho sobre él10 y, además, aparece citada
en el prólogo de muchas obras lexicográficas.11 Se suelen asociar los conceptos de
ejemplo, contexto y definición lexicográfica. Orduña López (1989: 105), por ejem-
plo, opina que la capacidad del ejemplo para transmitir el significado de la entrada
reside en el hecho de que la presenta en su contexto de uso.12 Esta asociación adquiere
un matiz especial, si se considera la dificultad de definir determinadas UF, como las
fórmulas:

ya ves (ve, etc). b) Fórmula con que se llama la atención sobre una pers o cosa que
se menciona inmediatamente. | (…) No son malos chicos… Ya ves Natalia, una
niña y trabajando ya en una oficina (DEA).

9
Se atribuyen varias funciones a los ejemplos, según se ve en las definiciones que cada autor
ofrece de éstos y en las propuestas en las que se presentan, de forma sistemática, estas funciones. Hemos
intentado reunir aquí algunas de ellas, basándonos, principalmente, en las aportaciones de Martin (1989),
Orduña López (1999) y Gutiérrez Cuadrado (1999).
10
Véase, por ejemplo, Haensch (1982: 509), Kpifer (1984: 69), Fox (1989: 137), Martin (1989:
601), Pérez Lagos (1998: 178), Gutiérrez Cuadrado (1999: 81) y Castillo Carballo (2001: 401).
11
Como en el CLAVE, el Diccionario de locuciones verbales para la enseñanza del español
(DICLOCVER), el Diccionario para la enseñanza del español (DIPELE) o el Gran diccionario de la
lengua española (GDLE).
12
Ésta es también la idea que está presente en Seco (1987: 233) cuando dice que, al presentar la
palabra en contexto, «se restituye a la voz la realidad palpable de su significación, que en la definición
escueta aparece descarnada y abstracta; y de esta manera definición y texto se ilustran mutuamente».
240 MARÍA EUGÊNIA OLÍMPIO DE O. SILVA

Como bien ha señalado Gutiérrez Cuadrado (1999: 82), la inclusión de un ejemplo


puede ser especialmente útil cuando la definición, como en el caso citado, comprende
aspectos pragmáticos.13 Claro está que, tanto en el caso de las ULS como en el de las
UF, los ejemplos sólo pueden cumplir correctamente su función definitoria si tienen
un alto grado de adecuación. En el análisis de esta adecuación se pueden tener en
cuenta, entre otros factores, el tipo de ejemplo de que se trata, la pertinencia del con-
tenido lingüístico, es decir, si los ejemplos tienen una forma apropiada y son capaces
de transmitir una situación de uso representativa, natural, etc. Considerando estas
cuestiones, los ejemplos que siguen podrían ser inadecuados para un usuario, extran-
jero o nativo, que tenga un conocimiento escaso del español:

tirar la piedra y esconder la mano, fam. obrar mal y ocultarlo: ese chico es de los
que nunca dan la cara, tira la piedra y esconde la mano (DIPELE).

echar alguien de, o por, aquella boca. 1. frs. coloqs. Decir contra alguien con
imprudencia y enojo palabras injuriosas y ofensivas. Echaba por aquella boca sa-
pos y culebras (Diccionario de la lengua española (DRAE).

aguantar mecha COLOQUIAL. Soportar <una persona> con paciencia una contrarie-
dad o adversidad: Si te toman el pelo, pues aguanta mecha (DSLE),

por cuanto la inclusión de otra UF en el ejemplo puede comprometer la comprensión


del significado de la locución definida. Asimismo, los ejemplos que se añaden a las
entradas que se reproducen a continuación tampoco pueden cumplir plenamente su
función definitoria, ya que no son una muestra efectiva de uso:

en falso. Falsamente, engañosamente. Jurar en falso. Cerrarse una herida en fal-


so. Sin la debida seguridad y resistencia: Dar un paso en falso (en sentido literal y
figurado). (Larousse diccionario práctico de locuciones (LDPL).

con la boca abierta, o con tanta boca abierta. 1. locs. advs. coloqs. Suspenso o
admirado de algo que se ve o se oye. Estar, quedarse con la boca abierta. U. t. c.
locs. adjs. (DRAE).

En ocasiones, el ejemplo puede perder parte de su eficacia debido a problemas forma-


les en la propia definición, como en:

13
Recordemos, asimismo, toda la complejidad involucrada en la definición de las UF con valor
irónico (Penadés Martínez 1999).
LOS EJEMPLOS EN EL TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS 241

bajar la cabeza; col. Obedecer sin réplica, humillarse o avergonzarse: No estaba


de acuerdo con la orden, pero bajó la cabeza y la acató (CLAVE),

donde el ejemplo dado parece corresponder sólo a la primera parte de la definición de


la locución. Podría ser más adecuado, así, separar las dos partes de la definición (‘obe-
decer sin réplica’ y ‘humillarse o avergonzarse’) en subentradas e incluir en cada una
su correspondiente ejemplo.

b) La función morfológica y sintáctica. Se ha señalado que los ejemplos tienen


la propiedad de mostrar el funcionamiento del lema en combinación con otras UL
(Zgusta 1971: 263), informar al usuario de las variantes funcionales de estas unidades
(Pérez Lagos 1998: 178) y revelar su comportamiento sintáctico (Haensch 1982: 509,
Calderón Campos 1994: 111, Pérez Lagos 1998: 178). Alvar Ezquerra (1993: 130)
comenta que en un ejemplo aparece no sólo el lema tal como es, sino también sus
variantes paradigmáticas. Esto le confiere «el carácter de modelo de uso donde se
presentan muestras de habla y no el inmaculado lema del encabezamiento del artícu-
lo». Considera que se da, así, una información implícita, aunque no total, sobre la
morfología y sintaxis del lema.14 Esta afirmación remite a la práctica tradicional, se-
gún la cual la información sintáctica o gramatical se presenta de dos formas: o bien
por medio de comentarios anexados o bien de modo implícito, a través de ejemplos
ilustrativos. Se establece, así, una oposición entre categoría implícita de información,
representada por los ejemplos, y categoría explícita de información.15 En este sentido,
debemos destacar la práctica adoptada en algunos diccionarios de uso, y en especial
en los didácticos, en los que las llamadas informaciones explícitas son reforzadas con
ejemplos. Sirvan de muestra:

mano a mano; referido a la forma de hacer algo, entre dos personas que compiten
o colaboran estrechamente (…) SINT. Mano a mano se usa también como sustanti-
vo: Esta corrida es un mano a mano entre los dos mejores toreros de la temporada
(CLAVE).

faltar tiempo v. (a) [a alguien, para algo] Darse mucha prisa en hacer una cosa:
Cuando le comunicaron que había sido seleccionado para ese trabajo, le faltó
tiempo para decírnoslo. / El complemento [para algo] es un verbo en infinitivo: Le
ha faltado tiempo para enseñarnos su nueva casa (DICLOCVER).

14
Esta misma información puede suministrarse a través de otros procedimientos como la coloca-
ción de las variantes en la microestructura, observaciones metalingüísticas en la microestructura, apén-
dice gramatical, etc. (Alvar Ezquerra 1993: 130).
15
Jacobsen et al. (1989: 2783) identifican esta categoría como: «gloses, meaning discrimination,
sytatic/stylistic/cultural/encyclopaedic information».
242 MARÍA EUGÊNIA OLÍMPIO DE O. SILVA

Creemos que estos ejemplos completan las informaciones gramaticales, en el sentido


de que las ilustran y las hacen más claras. Queda, no obstante, una cuestión, la de si
éstos de por sí serían suficientes para transmitir toda esta información. Consideremos,
en este sentido, el ejemplo que viene a continuación, en el que una de las UF examina-
das anteriormente se presenta sin la información gramatical:

faltarle tiempo a alguien para [hacer] algo (inf.). Apresurarse en hacer algo:
«Es un hombre muy chismoso y, tan pronto como se enteró de la noticia, le faltó
tiempo para ir a contársela a todo el mundo» (Diccionario fraseológico del español
moderno (DFEM).

Parece ser que la sola presentación del ejemplo exige del usuario una gran percepción
lingüística para deducir las informaciones gramaticales pertinentes. Queda claro, por
tanto, que los ejemplos funcionan como un apoyo en la comprensión, en este caso, de
un dato gramatical pertinente al funcionamiento del lema. Es decir, ilustran ciertos
puntos específicos, los cuales, no obstante, muy probablemente no serían deducidos
por el usuario sin la ayuda de las notas gramaticales.16

c) Función pragmática. Esta función hace referencia a la propiedad que tienen


los ejemplos de mostrar el lema en contexto, y, por ende, de informar del entorno
semántico en el que suele usarse, así como de su connotación. De este modo, auxilian
no sólo en la comprensión de la definición, sino también en la indicación de determi-
nadas marcas lexicográficas. De este modo, Alvar Ezquerra (1993: 130), al incidir en
la posibilidad de que los ejemplos expresen el ámbito de empleo o los valores estilísticos
del lema, demuestra que éstos pueden complementar la marcación diatécnica y la
connotativa. A este último tipo de marcación se refiere también Landau (1989: 166),
al aludir al hecho de que los ejemplos pueden expresar implicaciones afectivas, y
Fernández-Sevilla (1974: 80), cuando afirma que los ejemplos deben mostrar el as-
pecto expresivo de la lengua, «dando cuenta de la continuidad o de la ruptura de los
usos». Asimismo, Gutiérrez Cuadrado (1999: 83) resalta que la ejemplificación faci-
lita la comprensión del nivel o del registro, «al presentar una frase global con el fun-
cionamiento discursivo de diferentes palabras y construcciones». Para él, es menor la
capacidad explicativa de la definición y de la marca cuando no se acompañan de

16
En este sentido, cabe destacar un procedimiento adoptado en el DSLE, el cual, en cierto modo,
sirve para ilustrar esta limitación de los ejemplos: en este diccionario, como no hay un sistema de nota-
ción gramatical, se destacan las preposiciones que forman el régimen de verbos, adjetivos y sustantivos,
subrayándolas, en los ejemplos, con letra negrita, como en hacer (…) 24 Tener <una persona o una
cosa> [una función o una profesión]: Hace de maestro en un colegio (DSLE). Este procedimiento se
aplica únicamente a las ULS y sirve para indicar el régimen preposicional.
LOS EJEMPLOS EN EL TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS 243

ejemplos. En consecuencia, podemos considerar negativa su ausencia, como en los


casos siguientes:

exhalar el espíritu ELEVADO; EUFEMISMO. Morir <una persona> (DSLE).

casarse de penalti. Casarse por haber quedado la mujer embarazada (LDPL),

puesto que los ejemplos podrían aportar una serie de matices que aclararían el empleo
de la UF. Por otra parte, en las entradas que presentamos a continuación, el contexto
proporcionado por el ejemplo sirve para ratificar, en cierta forma, los rasgos caracte-
rísticos de la UF que se encuentran expresados en la definición y en la marcación:

echar u. p. las puertas abajo (inf.). Llamar a la puerta muy fuerte o violentamen-
te: «La próxima vez que llegues tan tarde procura no echar las puertas abajo, que
hay gente durmiendo» (DFEM).

enviar a hacer puñetas v. (II) vulg. [alguien, algo/a alguien] Despedir {a una
persona}, rechazar con enojo {a una persona o una cosa}: Él la insultó y ella lo
envió a hacer puñetas (DICLOCVER).

La función pragmática de los ejemplos cobra más importancia aún si tomamos


en consideración el hecho de que éstos pueden funcionar como verdaderos modelos a
partir de los cuales el usuario puede generar nuevas frases. Ahora bien, es necesario
no perder de vista el concepto de lexicographic acceptability (Benson et al. 1986:
210), según el cual los ejemplos deben parecer naturales, es decir, pragmática y
lingüísticamente apropiados para un nativo.17

d) Función práctica. Se ha hecho también referencia a la utilidad práctica de


los ejemplos, ya que éstos pueden auxiliar al usuario a localizar y a distinguir acep-
ciones (Fox 1987: 137, Gutiérrez Cuadrado 1999: 83). Esta función, claro está, es una
derivación de la función definitoria y adquiere especial importancia para los extranje-
ros, por cuanto las ligeras diferencias de significado que presentan algunas UF, y que
van casi siempre acompañadas de matices expresivos, pueden confundirles. La entra-
da que presentamos a continuación es una muestra de ello, ya que la presencia de los
ejemplos parece fundamental para su comprensión:

17
Como recuerda Fox (1989: 139-140), es muy difícil determinar, en lingüística, qué es natural,
pero, en todo caso, la noción de aceptabilidad debe usarse como una guía a la hora de elaborar o selec-
cionar ejemplos que expresen el uso de la unidad en cuestión.
244 MARÍA EUGÊNIA OLÍMPIO DE O. SILVA

a partir de. Desde. | […] Si se computa el valor, se deberán los intereses legales
del mismo a partir de aquel momento. b) a partir de [algo]. Tomándo[lo] como
base. | […] Estos experimentos indican la existencia de un reloj interno localizado
en el hipocampo (lóbulo temporal), donde neuronas específicas se disparan
rítmicamente y responden a los impulsos sensoriales. A partir de ahí se ha estable-
cido radiocomunicación entre computadores y el cerebro de primates en libertad
(DEA).

Pero, los ejemplos también pueden tener una función práctica para los lexicógrafos,
puesto que les permiten elucidar pequeñas alteraciones semánticas o cambios de cate-
goría gramatical sufridos por una UF, eximiéndoles de presentar una nueva acepción o
subacepción:

loc adv 9 como está mandado, o como Dios manda. (col) Como debe ser. Tb adj.
(…) En la taberna hay un grupo de carlistas que beben vino como Dios manda. (…)
Una valenciana como está mandado, o sea, tetuda y opulenta (DEA).

mano a mano b) Encuentro en que participan solo dos perss. compitiendo o discu-
tiendo entre sí. Tb fig. (…) Hoy, tercer y último mano a mano televisado entre Ford
y Carter. (…) Un mano a mano sinfónico de Bernaola y Bruckner (DEA).

En estos casos, como bien ha señalado Landau (1989:167), los ejemplos, más que dar
soporte a la definición, indican también cuándo el lema se usa en sentido metafórico
o literal.18
Por otra parte, como hemos visto en la función definitoria, es común que se
reúnan varias acepciones en un enunciado como si de una única definición se tratara.
En estos casos, casi siempre se ofrece sólo un ejemplo que corresponde a una de estas
acepciones, como en

de tomo y lomo. De mucho bulto y peso. De consideración e importancia. Es un


frescales de tomo y lomo (LDPL).

Así, este procedimiento contraría no sólo la función definitoria de los ejemplos, como
hemos señalado, sino también su función práctica. Otra cuestión que puede estorbar

18
En este sentido, podemos decir que los ejemplos cumplen, asimismo, una función retórica, como
señala Martin (1989: 602). Para este autor, ciertos usos, principalmente los figurados, se prestan mal a la
definición, de modo que los ejemplos pueden servir para ilustrar las tendencias de la derivación analógica
y metonímica de las palabras.
LOS EJEMPLOS EN EL TRATAMIENTO LEXICOGRÁFICO DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS 245

el carácter práctico de los ejemplos es la falta de diferenciación tipográfica entre éstos


y el resto de los elementos del artículo, puesto que esto puede dificultar la localiza-
ción del ejemplo dado:

sacarse [algo] de la mano [a alguien]. Inventárse[lo], o hacer que surja como por
arte de magia o por sorpresa. (…) Cuando todo está perdido se sacan de la manga
un Decreto. (…) Le he recordado una gracia que teníamos que pagar de Hacienda.
Una historia atrasada que se sacan ahora de la manga (DEA).

Por el contrario, la presentación de los ejemplos en cursiva, como se procede en mu-


chas otras obras, parece facilitar su identificación.

e) Función socio-cultural e ideológica. Muchos autores hacen referencia a los


ejemplos como vehículos de elementos socio-culturales e ideológicos (Martin 1989:
604, Alvar Ezquerra 1993: 136-137, Gutiérrez Cuadrado 1999: 84-85, Orduña López
1999: 104, entre otros). Al igual que ocurre con otros tipos de función, el usuario
puede no percibir fácilmente este tipo de información, aunque esté presente o no se
suela incidir sobre su importancia.19
La posibilidad de expresar datos culturales hace que los ejemplos puedan ex-
presar información enciclopédica.20 Gutiérrez Cuadrado (1999: 85) considera que los
ejemplos son útiles para añadir una información enciclopédica complementaria, en
lugar de incluirla en la definición, donde, de hacerlo, sobraría. En el caso de la fraseo-
logía, esto puede suceder con aquellas unidades en cuya formación intervienen deter-
minados elementos que hacen referencia a aspectos culturales, acontecimientos histó-
ricos, obras literarias o anécdotas. No obstante, en los diccionarios consultados, no
abundan casos en los que se introduzcan datos enciclopédicos en la ejemplificación.
Son algunos ejemplos de ello:

velar las/sus armas (…) Pasar la noche {el hombre que va a ser nombrado caba-
llero} vigilando las armas: Don Quijote también veló las armas; Has pasado la
noche en cubierta como un caballero velando sus armas (DICLOCVER).

19
De todos modos, como ya se ha afirmado: «Todo diccionario cumple a sabiendas o a ciegas (lo
cual es muchísimo peor) un papel prescriptivo» (Gutiérrez Cuadrado 1999: 84), y esto se aplica especial-
mente a la ejemplificación.
20
Para Alvar Ezquerra (1993: 137), los ejemplos enciclopédicos, o falsamente enciclopédicos, son
los que mayor información cultural e ideológica demuestran. Así, los refranes usados como ejemplos en
el Diccionario de uso del español, de María Moliner, pese a «lo comprometidos que son como modelos
sintácticos y semánticos de la lengua actual», son una buena muestra de ejemplos que manifiestan ele-
mentos ideológicos y reflejan una situación socio-cultural.
246 MARÍA EUGÊNIA OLÍMPIO DE O. SILVA

cortarse la coleta 1 TAUROM Abandonar <el torero> su oficio: El número uno anun-
cia que se cortará la coleta después de la feria de San Isidro de Madrid (DSLE).

Esta práctica parece estar determinada, por lo menos en el caso de las UF, por el
tipo de ejemplo, citado o inventado. En el primer caso, se registran más datos enciclo-
pédicos y culturales, mientras que los ejemplos ad hoc tienden a ser más bien neutros,
en lo que a la introducción de informaciones enciclopédicas se refiere.

4. CONSIDERACIONES FINALES

Parece ser que tanto la inclusión de UF en los diccionarios, en calidad de ejem-


plos lexicográficos, como la propia práctica de incluir ejemplos en el tratamiento de
estas unidades sufren la falta de una teoría lexicográfica general en la que los elemen-
tos fraseológicos reciban un tratamiento adecuado y, a la vez, la carencia de una teoría
específica en la que se delimite el uso de los ejemplos. Queda claro, no obstante, que
el artículo lexicográfico de una UF que quiera dar cuenta de sus características debe
incluir, obligatoriamente, ejemplos de uso.

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249

La información gramatical sobre la clasificación


de las locuciones en los diccionarios1

INMACULADA PENADÉS MARTÍNEZ


Universidad de Alcalá

1. INTRODUCCIÓN

Si partimos de la premisa de que el diccionario proporciona distintas informa-


ciones sobre las unidades léxicas tratadas y de que una locución es una unidad léxica,2
habremos de concluir, necesariamente, que las mismas informaciones que se ofrecen
de las unidades léxicas simples deben darse de las locuciones, incluida entre ellas la
información gramatical.3 Significa eso que de estas unidades fraseológicas los diccio-
narios deberían contener, al menos, indicaciones sobre su clasificación, sobre su con-
torno y sobre su régimen preposicional.
Ciñéndonos al primero de estos aspectos, la indicación mediante marcas de la
clase de las locuciones, observamos que hasta muy recientemente no ha sido costum-
bre proporcionarla en la tradición lexicográfica española, tal vez por seguirse en esto,
como en muchos otros aspectos, el modelo de la Academia.4 En efecto, los análisis de
Azorín Fernández (2000: 188-192), Martínez Montoro (2002a) y Martínez Alcalde
(2002), sobre la fraseología en diccionarios españoles anteriores al siglo XX –inclui-
dos los académicos–, muestran que, si bien las locuciones se delimitan como una
clase frente a los refranes, por ejemplo, no queda clara su separación en relación con
los denominados modos de hablar y las llamadas frases ni su clasificación, excepción
hecha de las locuciones adverbiales.

1
Esta comunicación se enmarca en el proyecto de I+D «Diccionario de locuciones para la enseñanza
del español» (BFF2003-05486), financiado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología.
2
Véase Porto Dapena (2002: 137, 150-151, 155, 163).
3
Así lo cree también Ruiz Gurillo (2000: 264-265).
4
Ya lo señala Bargalló Escrivá (1999: 16) para las unidades léxicas simples correspondientes a
palabras.

249
250 INMACULADA PENADÉS MARTÍNEZ

La situación no es muy distinta en las obras lexicográficas más significativas


del siglo pasado, aunque paulatinamente ha ido mejorando. La afirmación anterior se
desprende de las revisiones llevadas a cabo por diferentes autores5 de donde se
desprende que: 1) hay diccionarios (el DUE, el CLAVE) en los que no se indica la
clase de unidad fraseológica registrada; 2) en algunos diccionarios (el SALAMANCA)
se utiliza una única marca, la correspondiente a la abreviatura LOC., para cualquier
clase de locución; 3) existen diccionarios (el DRAE, el DUE) en los que persiste la
identificación «frase – locución», con la variante «expresión – locución», incluso
para las posibles clases de locuciones: «modo adverbial – locución adverbial»; 4)
continúa una llamativa deficiencia (en el DRAE) en la marcación de la clase de ciertas
locuciones como son las nominales o sustantivas y las verbales,6 además del hecho de
que no todas las locuciones son clasificadas correctamente, y 5) la mejora al indicar la
información gramatical se ha producido, en el DRAE, fundamentalmente en la
subclasificación de las locuciones adverbiales y conjuntivas, aunque a veces se cae en
una cierta desmesura al fijar especificaciones del tipo: locución adverbial interrogativa
o locución conjuntiva adversativa. Vemos, pues, que la propuesta de Casares (1969:
183-184) de utilizar las abreviaturas loc. nom., loc. adj., loc. verb., loc. adv., loc.
excl., loc. conj., loc. prep. y loc. para las participiales y pronominales –con la finalidad
de indicar la índole y la función de las respectivas locuciones en el diccionario– cae
en saco roto hasta en la docta institución a la que este autor pertenecía.
La situación empieza a cambiar a finales del XX. Es posible que el punto de
inflexión lo haya marcado el Diccionario del español actual (DEA) de Seco, Andrés y

5
Entre otros, vid. Ruiz Gurillo (2000: 265), Castillo Carballo (2000: 362-363), Déniz Hernández
(2000: 384), Castillo Carballo (2001: 406-410), González Orejón (2002) y Martínez Montoro (2002b:
80-183).
6
De acuerdo con los datos aportados por Castillo Carballo (2001: 409), las locuciones sustantivas
marcadas como tales en la 21ª edición del Diccionario de la Academia son sólo tres: el más allá, luz
verde y el no va más, mientras que, según González Orejón, en esa misma edición sólo se registran 11
locuciones marcadas como verbales, en concreto armarla, cortarse solo, hacerla, liarlas, pagarla o
pagarlas, pasarlo, pelárselas, picárselas, pintarla, pirárselas y vuelve por otra. Hay que precisar que,
tanto en este caso como en el anterior, los datos se refieren a la edición en CD-ROM de la 21ª edición,
que es del año 1995. Con todo, la consulta de la edición en papel (Real Academia Española 1992)
muestra ya la presencia de las marcas loc. sustantiva y loc. verbal para todas esas unidades. No ocurre lo
mismo, inexplicablemente, en la última edición, pues en la editada en papel (Real Academia 2001) las
que antes eran locuciones verbales pasan a ser frases, a excepción de vuelve por otra, que es marcada
ahora como «loc. interj.». Por su parte, luz verde presenta como única marca gramatical «f.», aunque el
hecho de que aparezca en el primer bloque del artículo dedicado a las formas complejas hace pensar que
para la Academia es ahora una combinación estable del lema con otro elemento y no una locución (Real
Academia Española 2001: XLVII). Finalmente, es difícil deducir la clasificación de el más allá, que sólo
tiene la marca «m.»; ahora bien, al estar situada entre una expresión y una locución adverbial, es decir,
en el segundo bloque de las formas complejas, el dedicado a las locuciones, expresiones, frases e
interjecciones, podría deducirse que es considerada una locución nominal.
LA INFORMACIÓN GRAMATICAL SOBRE LA CLASIFICACIÓN DE LAS LOCUCIONES 251

Ramos, aunque curiosamente no ha sido objeto de examen en las monografías citadas


en el párrafo anterior, tal vez por coincidir, prácticamente, la redacción de éstas con la
aparición de aquél. Como es de sobra conocido para quien maneje habitualmente este
diccionario, el DEA asigna la marca de categoría a la locución sólo cuando su clase no
coincide con la categoría de la palabra simple en cuya entrada está explicada. Siguiendo
este principio, las locuciones verbales echar abajo, echar a perder o echar a rodar,
por ejemplo, se incluyen en el diccionario sin marca especial, por estar integradas en
la entrada echar, marcada con la categoría verbo. En cambio, las locuciones estar en
el ajo, clamar al cielo o volver la espalda tienen asignada la marca loc v por aparecer
en las entradas ajo, cielo y espalda, que son nombres. Sin embargo, de la misma
manera que ocurre en otras muchas obras lexicográficas, la práctica real no coincide
con lo anunciado en la «Guía del lector», y en el DEA (abominable) hombre de las
nieves, el hombre de la calle, hombre del saco u hombre de paja son marcadas como
loc n, aunque todas ellas figuran en la entrada hombre, que, claro está, es un sustantivo.
Con todo, esta manera de proceder supone un incremento notable en la cantidad de la
información gramatical sobre la clasificación de las locuciones, pues de las 3 marcadas
como sustantivas en la 21ª edición del diccionario académico hemos pasado a 119
locuciones nominales, salvo error u omisión en el vaciado del DEA.7 Y ello a pesar de
la restricción que los propios autores del diccionario se han impuesto, según lo explicado
anteriormente. De manera análoga, las 11 locuciones verbales de la misma edición
del Diccionario de la Academia contrastan con las algo más de 3000 del de Seco,
Andrés y Ramos.
Si nos detenemos ahora en el examen de la última edición del Diccionario de la
Academia, pero en su versión en CD-ROM (Real Academia 2003), comprobamos
que no existe ninguna unidad fraseológica marcada como locución verbal, las pocas
que en ediciones anteriores así se registraban aparecen ahora como frases. Por otra
parte, se ha producido un aumento notable de las unidades clasificadas como locuciones
sustantivas, pues las 3 de la edición 21ª en formato electrónico son ahora 79, número
más cercano al de locuciones nominales registradas en el DEA. Además, siguen las
especificaciones para las clases de locuciones adverbiales y conjuntivas, así algunas
(5 exactamente) se marcan como locución conjuntiva adversativa o como locución
conjuntiva condicional (6 en total) y una sola (tanto por tanto) como locución adverbial
comparativa, por lo que cabe plantearse la utilidad y necesidad de unas marcas que en

7
El vaciado de las locuciones marcadas como nominales, pronominales, adjetivas, verbales y
adverbiales en el DEA ha sido llevado a cabo por Agathe Rakotojoelimaria, en su período de doctoranda
del programa de Lingüística Aplicada de la Universidad de Alcalá y en calidad de becaria de apoyo a la
investigación, asignada al proyecto de I+D «Diccionario de locuciones para la enseñanza del español»
(BFF2003-05486), actualmente en fase de realización bajo mi dirección en la Universidad de Alcalá.
252 INMACULADA PENADÉS MARTÍNEZ

todo el diccionario se usan en tan reducido número de ocasiones e incluso una sola
vez, tanto más cuanto que el valor adversativo o condicional de la locución puede
venir señalado en la propia definición.8 Finalmente, con las abreviaturas del tipo locs.
adjs. y locs. advs., en plural, se marcan locuciones como al alcance, que presenta las
variantes a mi/tu/su alcance, si bien el uso de la abreviatura en plural puede dar la
falsa idea de que se trata de varias locuciones y no de distintas variantes de una misma
locución. En resumen, el tratamiento de las locuciones, en cuanto a su marcación
gramatical, no parece haber mejorado de manera sustancial en la última versión del
diccionario de la Academia, especialmente en lo que se refiere a la clasificación de las
verbales. Puede que esto esté en relación con su naturaleza verbal, frente a las otras
clases, y con el hecho de haber modificado la Academia la definición de locución, que
ya no corresponde a la que dio Casares (1969: 170), introducida en el DRAE en la
edición 19ª de 1970. La parte de la definición relativa a lo que conocemos como
significado idiomático ha sido suprimida de la acepción 4 de locución y aparece en
una nueva acepción de frase, la 7, marcada como propia de la Lingüística,9 cuando
actualmente en fraseología se tiende a no utilizar términos como frase para referirse a
las unidades fraseológicas.10

2. RELEVANCIA DE LA ASIGNACIÓN DE CLASE A LAS LOCUCIONES

La asignación de una clase a las locuciones no puede verse como una cuestión
baladí, relacionada, sin más, con la reivindicación, desde la fraseología y la fraseografía,
de un tratamiento idéntico para las unidades léxicas simples y para las locuciones. La
razón estriba en el hecho de que considerar una locución como perteneciente a una u
otra clase trae aparejado el establecimiento de lemas distintos y la redacción de

8
Examínese la definición de si acaso, marcada como «loc. conjunt. cond.»: «U. para expresar la
posibilidad o contingencia de lo manifestado por el verbo».
9
Compárense las definiciones de locución en las dos últimas ediciones del diccionario académico
(Real Academia 1992: 1268 y 2001: 1395) y véase la nueva acepción de frase (Real Academia 2001:
1086):
«3. Gram. Combinación estable de dos o más palabras, que funciona como oración o como
elemento oracional, y cuyo sentido unitario no siempre se justifica, como suma del significado normal
de los componentes».
«4. Gram. Combinación fija de varios vocablos que funciona como una determinada clase de
palabras».
«7. Ling. Expresión acuñada constituida generalmente por dos o más palabras cuyo significado
conjunto no se deduce de los elementos que la componen».
10
De este modo, no se puede afirmar que exista la cercanía que Martínez Montoro (2002b: 183-
184) señala entre la concepción de Casares y la de la Academia.
LA INFORMACIÓN GRAMATICAL SOBRE LA CLASIFICACIÓN DE LAS LOCUCIONES 253

definiciones diferentes para la que tal vez podría ser la misma locución. Dicho de otro
modo, esta cuestión afecta al significante y al significado de una locución, o sea, a la
propia esencia de una unidad. Y, justamente, en este sentido, lo que nos encontramos
al revisar los diccionarios no es la mejor de las situaciones. Por ejemplo, cerca de 290
locuciones verbales, a tenor del lema y la definición que de ellas ofrece el Diccionario
SALAMANCA, son adverbiales, según los datos ofrecidos por el DEA.11 Asimismo,
unas 90 locuciones, verbales en función del lema y de la definición del primero de
estos diccionarios, son nominales de acuerdo con su tratamiento en el segundo.12 Y a
estos datos, significativos por su importancia numérica, se añaden otros, menos
relevantes cuantitativamente, pero no menos interesantes desde un punto de vista
cualitativo. Así, por ejemplo, la locución (como) cosa de debe considerarse adverbial
por su paráfrasis definitoria en el SALAMANCA, mientras que en el DEA se clasifica
como preposicional bajo el lema cosa de.
Para subsanar estos desajustes entre las distintas obras lexicográficas españolas
es necesario establecer criterios y fijar procedimientos que, de manera objetiva, ayuden,
a la hora de confeccionar un diccionario, en la tarea de informar sobre la clasificación
de las locuciones. Los criterios, como no puede ser menos, deberán corresponder al
comportamiento lingüístico de las unidades que hayan de ser clasificadas, mientras
que los procedimientos pueden consistir en la consulta de corpus donde se registren
las locuciones, con el fin de atestiguar su comportamiento lingüístico, pues éste es el
que debe determinar su posterior clasificación como unidades estudiadas por la
fraseología y como unidades tratadas por la lexicografía.

2.1. Análisis de locuciones en el corpus


Sólo a título de ejemplo, en lo que resta voy a presentar los datos obtenidos del
análisis de un grupo de locuciones en el Corpus de Referencia del Español Actual
(CREA). He elegido un subconjunto del total de las cerca de 90 locuciones verbales del
SALAMANCA consideradas nominales por el DEA; en concreto, el constituido por
aquellas que en su forma verbal presentan como uno de sus elementos constitutivos el
verbo ser. Son 31 en total y figuran bajo su forma verbal y nominal, según el diccionario
tomado como punto de referencia, en el apéndice situado al final.

11
González Aguiar (2002-2003: 40) también se hace eco de esta situación, al comparar el DRAE,
el DUE y el Diccionario fraseológico de Varela y Kubarth.
12
Los datos obtenidos son el resultado de comparar cada una de las locuciones verbales incluidas
en el Diccionario Salamanca con la locución posiblemente equivalente registrada en el DEA, a fin de
obtener la nomenclatura del Diccionario de locuciones verbales para la enseñanza del español (Penadés
2002). El vaciado de las locuciones verbales del Diccionario Salamanca fue hecho por Mª Eugênia
Olímpio de Oliveira Silva, en su período de doctoranda del programa de Lingüística Aplicada de la
Universidad de Alcalá.
254 INMACULADA PENADÉS MARTÍNEZ

Así pues, de la consulta del CREA en todos los medios, en España, se obtienen
los siguientes resultados:
1) No existen casos que ilustren el uso de (ser) el chocolate del moro,13 (ser) la
biblia en pasta, (ser) la reoca, (ser) la repanocha y (ser) un cacho de pan, por lo que
nada se puede decir, a partir de la consulta del CREA, sobre la naturaleza verbal o
nominal de esas locuciones.14 Asimismo, queda por ahora fuera del examen (ser) la
leche, pues el gran número de casos obtenidos en la consulta de la secuencia la leche,
1285 en 440 documentos, no permite examinar los ejemplos.
2) Hay locuciones de las que el CREA sólo presenta un comportamiento que
corresponde a su forma verbal: (ser) ave de paso, (ser el) garbanzo negro, (ser) el
rigor de las desdichas, (ser) la caraba, (ser) la flor de la maravilla, (ser) la monda1,
(ser) la monda2, (ser) la pera y (ser) un pedazo de pan. Ahora bien, dado que los
ejemplos ofrecidos por el DEA para (ser el) garbanzo negro y (ser) el rigor de las
desdichas muestran que pueden funcionar como lo hacen los sustantivos en función
de objeto directo y de complemento del nombre, hay que aceptar la posibilidad de que
sean, tal como las marcan Seco, Andrés y Ramos, locuciones nominales. De manera
análoga, aunque de (ser) la caraba el CREA sólo incluya ejemplos que avalarían la
forma verbal de la locución, el DEA ilustra su uso con un ejemplo en que la locución
se construye con un verbo distinto de ser, por lo que puede ser marcada como nomi-
nal. Contrario es el caso de (ser) ave de paso, (ser) la monda1, (ser) la monda2 y (ser)
la pera. Los ejemplos del CREA testimonian un comportamiento lingüístico de estas
unidades que justificaría su clasificación como verbal (Un marino es un ave de paso
... rumbo a cualquier parte del mundo, La familia Trapisonda, un grupito que es la
monda, Todavía te preocupa tu imagen, ¿eh? Sois la monda, Estos niños de divorcia-
dos son la pera), al igual que los propios ejemplos del DEA, por lo que en este caso la
marcación del SALAMANCA sería la acertada. En lo que se refiere a (ser) la flor de la
maravilla, los ejemplos del DEA van precedidos de un asterisco (*), que en este dic-
cionario (Seco, Andrés y Ramos 1999: XXVII) indica que el texto que sigue es un
ejemplo de procedencia no localizada; de hecho, *Tu madre es la flor de la maravilla
y *Este tiesto es la flor de la maravilla parecen, más bien, ejemplos inventados por
los autores del Diccionario del español actual. Pero la solución no estriba en afirmar
que, si el CREA registra un caso con ser, la locución es verbal, tal como la marca el

13
Van entre paréntesis los elementos cuya aparición determina la forma verbal de la locución (la
que registra el SALAMANCA) y cuya exclusión proporciona la forma nominal (la propia de la locución
según el DEA).
14
No es el caso de las variantes (ser) la biblia en verso y (ser) un pedazo de pan, de manera que sí
son analizadas a continuación. En cuanto a la variante ser un trozo de pan, incluida en el SALAMANCA,
no se examina por no registrar el DEA una posible forma nominal equivalente.
LA INFORMACIÓN GRAMATICAL SOBRE LA CLASIFICACIÓN DE LAS LOCUCIONES 255

SALAMANCA, porque el ejemplo registrado en el CREA15 no parece corresponder a las


definiciones que de esa locución, ya sea bajo su forma verbal ya sea bajo su forma
nominal, figuran en el SALAMANCA y el DEA.16 Se hace necesario, pues, examinar
más ejemplos de uso antes de asignar una clase a esta locución, pues es posible que el
ejemplo recogido corresponda a una creación individual, al no ajustarse su interpreta-
ción a los rasgos de cambio y brusco que recogen las dos definiciones. Finalmente,
dado que para (ser) un pedazo de pan todos los ejemplos documentados en el CREA
(12 en total) aparecen con ser y el ejemplo del DEA podría ser inventado (*Es un
pedazo de pan), la locución podría marcarse como verbal.
3) El mayor número de locuciones (18 del total de las 31 examinadas)
corresponde a las que, de acuerdo con el comportamiento lingüístico atestiguado en el
CREA, pueden ser marcadas como nominales –con lo que es el DEA el que está en lo
cierto–, unas porque se construyen con verbos distintos de ser:

(1) el fin del mundo (el aplazamiento del euro que, en su opinión, no
significaría el fin del mundo);
(2) moco de pavo (Corneille no se consideraba moco de pavo);
(3) plato de gusto (el apoyo de CIU al Gobierno [...] no constituye un plato
de gusto);
(4) trigo limpio (a ella no le parecía trigo limpio);
(5) agua pasada (Los desbordamientos de ríos [...] se han convertido en agua
pasada gracias al esfuerzo por encauzar los ríos);
(6) el colmo (pero hacer el discurso antiaparato me parece el colmo de la
falta de sentido político);
(7) el espíritu de la golosina (para lo que tú comes da igual, que te estás
quedando como el espíritu de la golosina);
(8) el pan (nuestro) de cada día (su mandato [...] hizo de la purga constante
e indiscriminada el pan nuestro de cada día);
(9) pan comido (al flamenco [...], no le temo a ningún género, pero tampoco
lo considero pan comido);
(10) un cero a la izquierda (Goikoetxea se sintió como un cero a la izquierda);

15
El ejemplo del CREA es: Diríase que, con toreo así, Las Ventas sería un alboroto de entusiasmo,
el Olimpo del arte, la flor de la maravilla.
16
El SALAMANCA (1996: 731) define ser la flor de la maravilla como ‘Cambiar < una persona >
bruscamente’, mientras que para el DEA (1999: 2193) flor de la maravilla es ‘Pers. o cosa que cambia
bruscamente de estado y que tan pronto está bien como mal’.
256 INMACULADA PENADÉS MARTÍNEZ

otras porque funcionan de manera análoga a como lo hace un sustantivo en la oración:

(11) el año de la polca (un chándal de Deportes Cóndor que estuvo de oferta
en el año de la polca);
(12) el ojo (u ojito) derecho (Aparte, claro está, de los servicios informativos,
el ojo derecho del Régimen):
(13) flor de un día (se tratara [...] de ese contacto bello como la flor de un
día);
(14) la biblia en verso (estaba fenomenal de todo: glóbulos rojos, glóbulos
blancos, plaquetas, hematocritos, la biblia en verso);
(15) un barril de pólvora (la economía mundial está sentada sobre un barril
de pólvora);
(16) pobre diablo (Esa es la diferencia entre un gran artista y un pobre diablo);
(17) pera (o perita) en dulce (los promotores le buscaron una perita en dulce,
[...], que como era su obligación cayó fulminado por K.O.);
(18) verdad de Pero Grullo (o de Perogrullo) (Y este comentario que parecía
dictado por la tenue hilaridad de una verdad de Perogrullo).

3. CONCLUSIONES

De todo lo expuesto se pueden deducir conclusiones relativas, por una parte, a


la praxis de la lexicografía española, en relación con la información gramatical facilitada
sobre la clasificación de las locuciones, y, por otra, a las actuaciones que en el futuro
se deben llevar a cabo sobre esta misma cuestión. En cuanto al primer aspecto, es
posible afirmar que el DEA es, de todas las obras lexicográficas publicadas hasta el
momento, la que ofrece más información sobre este tema y datos más veraces. Lo que
no significa que haya dado con la solución al problema de la clasificación de las
unidades fraseológicas. Piénsese, por ejemplo, en la conveniencia de que un diccionario
de lengua diferencie explícitamente entre locuciones nominales, colocaciones en que
la base sea un sustantivo y compuestos sintagmáticos, distinciones que no encontramos
marcadas en ningún diccionario del español. Por lo que se refiere a cómo obtener las
marcas que deben asignarse a las locuciones, ha quedado clara la necesidad de examinar
su comportamiento lingüístico, y tal tarea sólo puede realizarse a partir de la consulta
de corpus del español. En este sentido, el CREA se ha mostrado un instrumento útil,
pero, a la vez, insuficiente, por no contener ocurrencias de todas las locuciones
analizadas y por proporcionar en algunos casos muy pocos ejemplos de alguna locución.
Hay que confiar, no obstante, en que el paulatino incremento del CREA y la consulta de
otros corpus faciliten una tarea que, a pesar de los siglos de existencia de la lexicografía
hispánica, está todavía en sus inicios.
LA INFORMACIÓN GRAMATICAL SOBRE LA CLASIFICACIÓN DE LAS LOCUCIONES 257

APÉNDICE

SALAMANCA DEA
no ser el fin del mundo el fin del mundo b)
no ser moco de pavo moco de pavo
no ser plato de gusto plato de gusto
no ser trigo limpio trigo limpio
ser agua pasada agua pasada
ser ave de paso ave de paso b)
ser del año de la polca el año catapún (o catapum),
o de la polca, o de la pera,
o de la nana (o nanita)
ser el chocolate del loro el chocolate del loro
ser el colmo1 el colmo
ser el espíritu de la golosina el espíritu de la golosina
ser el garbanzo negro garbanzo negro
ser el ojo / ojito derecho el ojo (u ojito) derecho
ser el pan nuestro de cada día el pan (nuestro) de cada día
ser el rigor de las desdichas el rigor de las desdichas
ser flor de un día flor de un día
ser la biblia en pasta / verso la biblia en verso, o en pasta
ser la caraba la caraba
ser la flor de la maravilla la flor de la maravilla
ser la leche la leche
ser la monda1 la monda1
ser la monda2 la monda2
ser la pera la pera
ser la reoca la reoca
ser la repanocha la repanocha
ser pan comido pan comido
ser un barril de pólvora un barril de pólvora
ser un cero a la izquierda un cero a la izquierda
ser un pedazo / trozo / cacho de pan un cacho de panun pedazo de pan
ser un pobre diablo pobre diablo
ser una pera / perita en dulce pera (o perita) en dulce
(ser) una verdad de Perogrullo verdad de Pero Grullo (o de Perogrullo)
258 INMACULADA PENADÉS MARTÍNEZ

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