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Xiomara Caro: rostro de mujer en la huelga estudiantil de la UPR

Xiomara Caro
Foto por: Alina Luciano
/CLARIDAD

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Por Perla Franco

El forcejeo entre estudiantes y administración de la Universidad de Puerto Rico


(UPR) por la cuota de $800 por estudiante que limitaría el acceso a una educación
universitaria a cerca de 14 mil estudiantes, sigue candente.
Han sido muchos los y las estudiantes que se han destacado como portavoces de la
huelga de 2010 y la actual, quienes han presentado propuestas que permitirían a la
jefatura universitaria dejar sin efecto la controversial cuota. La administración
universitaria se ha negado esta vez a discutir, considerar y mucho menos estudiar
tales propuestas. Por el contrario, insiste en imponer la cuota con un estilo
dictatorial muy distante al estilo universitario que debería prevalecer, lo que
permite que siga encendida la llama de la discordia.

Una de las voces estudiantiles que se ha destacado en este segundo proceso


huelgario es Xiomara Caro, estudiante de tercer año de la Escuela de Derecho del
Recinto de Río Piedras, que para sorpresa de muchos, nunca antes sintió necesidad
de participar de protesta alguna. Para ella, protestar no era opción hasta que
comprendió la importancia de luchar por lo que para ella siempre fue algo natural,
el derecho a la educación. “Pensaba que protestar era malo. Ahora entiendo el
valor de la protesta”, admitió en entrevista con CLARIDAD.

La educación como forma de cambiar la sociedad


A sus 26 años de edad, Xiomara se ha percatado de que su concepción de que “la
educación es lo más importante y que los sistemas educativos pueden cambiar a al
país” para mejorarlo, no sólo se está tambaleando en estos momentos, sino que lo
que suceda con el actual conflicto en la UPR podría destruir cualquier aspiración
social en esa dirección.

Hija de padre y madre profesores universitarios, aprendió desde pequeña que la


educación era esencial como herramienta para el futuro. Todo en su hogar giró
alrededor de garantizarle a ella y a su hermano el acceso a la mejor educación
disponible. Creció viendo esa preocupación en sus padres. La protesta no era una
opción en la concepción de vida que aprendió en su hogar en el que no hubo
activismo político alguno y el orden establecido había que seguirlo como garantía
para “que todo camine bien”. En su casa “las decisiones se tomaban entre todos y
se daban explicaciones”, lo que permitió fluir esas ideas. Su vida estuvo siempre
vinculada a la idea de que obtener una buena educación era una necesidad.
A los tres años de edad, su familia se trasladó al estado de Florida, en Estados
Unidos. Allí asistió a un centro de cuido. Tres años después regresaron a Puerto
Rico y a sus nueve años de edad volvieron a trasladarse a Tampa, Florida. Tres
años después regresaron a la Isla, esta vez para quedarse. Xiomara estudió en una
escuela privada bilingüe en Cupey hasta que ingresó a la Escuela Superior de la
UPR (UHS) donde también estudió su hermano. De allí se graduó con 3.98 de
promedio. Por su alto porcentaje en el examen del College Board obtuvo un
reconocimiento que le permitió acceso a una beca en una de las universidades a las
que había solicitado ingreso. Fue así como ingresó a la Universidad de la Florida.
No tenía claro qué quería estudiar. Entró con intenciones de hacer un bachillerato
en Administración de Empresas ya que en la Escuela Superior se había distinguido
por su iniciativa en organizar diversas actividades. Su personalidad extrovertida le
ayudaba. Pero no pasó mucho tiempo en que se dio cuenta de que no era en la
“empresa” donde estaban sus intereses. Se cambió entonces para estudiar
Relaciones Públicas e hizo una concentración en relaciones públicas para
organizaciones sin fines de lucro. Tomó cursos de sociología mientras en su
interior iba ganando espacio la conciencia sobre la necesidad del mejoramiento
social. En esos años se involucró en actividades culturales con otros estudiantes
puertorriqueños en esa universidad. Bailó bomba en un grupo en el que uno de los
músicos era su novio, un boricua criado en Estados Unidos. Organizó la semana
puertorriqueña, participó en un acto en la Universidad en que se erigía una pared
que simbolizaba las barreras que se levantan entre los seres humanos por el trato
ofensivo, discriminatorio y racista. Luego la pared se derrumbaba, para de manera
simbólica derribar esas barreras. Apenas recuerda haber participado hasta entonces
de una manifestación universitaria.

Acepta que no se sentía cómoda con protestar para expresar su incomodidad sobre
algún asunto. Su experiencia en ese sentido se había limitado a la marcha silente
por la salida de la Marina de Vieques a la que había acompañado a sus padres a la
edad de 16 años y haber sentido entonces decepción cuando se percató de que ese
reclamo popular de todos los sectores sociales y políticos de los puertorriqueños no
se respetó de inmediato. Ello la llevó a concluir que los reclamos de los
puertorriqueños no se tomaban en cuanta a nivel político.
Ya graduada de relaciones públicas, Xiomara regresó a Puerto Rico. Se opuso a la
huelga estudiantil del Comité Unitario contra el Alza (CUCA) en el año 2005 y
explica que se debió a que no entendía los reclamos estudiantiles de entonces en
contra del alza en la matrícula que imponía la Junta de Síndicos de la UPR con la
certificación 70. Sin embargo, esa fue la primera parte de la ahora Certificación
146 de esa misma Junta que pretende imponer la cuota de $800 y contra la que ella
actualmente lucha. Admite que “la pasada huelga me radicalizó”. También los
sucesos que vio en el Capitolio en los que la Policía se amotinó en contra de los
estudiantes que fueron allí a protestar. “Eso me despertó la conciencia”, admitió.

Así las cosas, y luego de haber trabajado en un conocido banco como oficial de
relaciones con la comunidad, en una agencia de publicidad “donde después de
ocho meses de bregar con shampoo y jugos me fui”, y haber trabajado en una
organización sin fines de lucro que intentó lograr un consenso social en favor de
una educación pública de calidad mundial, Xiomara regresó a sus estudios
universitarios en el 2008, en la Escuela de Derecho de la UPR. El primer año
estudió de noche mientras trabajaba de día. Su interés se volcó en el derecho a la
educación consagrado en la Constitución, que argumenta que “el gobierno no lo
ejerce”.

En marzo de 2009 dejó el trabajo para estudiar a tiempo completo. El verano de


ese año fue a estudiar a Barcelona como parte de un programa de intercambio que
resume como una gran experiencia de crecimiento. A su regreso comenzó a
trabajar como tutora en la UHS y actualmente coordina el Centro Multitutorial de
esa escuela, de donde genera un salario.

En el inicio del año académico 2009-2010 se involucró en el proyecto de convertir


la librería de la Escuela de Derecho de la UPR en una cooperativa, como ella
sugirió, en lugar de venderla como proponía la administración universitaria.
Actualmente ese proyecto es una realidad con 150 socios y ha generado su propio
capital.
Xiomara recuerda que cuando se aprobó la Ley 7, “sentí deseos de ir a protestar
pero dudé y no fui”. Sin embargo, fue una de las fundadoras del Comité de Acción
de Estudiantes de Derecho, que se creó antes que los Comités de Acción en las
otras facultades y que tanto en la pasada huelga como en la actual ha tenido un
papel protagónico como representantes de todo el espectro estudiantil. Los
estudiantes de Derecho, confirmó Xiomara, desde un inicio se propusieron apoyar
los reclamos de la Hermandad de Empleados Exentos No Docentes que se
planteaban la posibilidad de una huelga. También acordaron apoyaba un paro
nacional si así lo decidía la Asamblea de estudiantes, aún cuando en ese Comité
existían diferencias de visiones al respecto. Fue así como en el pasado proceso
huelgario el Comité de Acción de Estudiantes de Derecho les tocó sumarse a esa
lucha desde uno de los portones cercanos a su facultad. De ahí se destacaron varios
estudiantes de Derecho como portavoces del proceso y del Comité Negociador
estudiantil que logró sentar a la mesa de negociación a la administración
universitaria.

Aunque Xiomara se considera “conservadora en algunas cosas” admite que fue


precisamente la pasada huelga la que la llevó a involucrarse tan profundamente en
la actual. Recuerda que en la pasada huelga se oponía a su implementación porque
creía que no había el apoyo suficiente, sin embargo, su participación en las
reuniones de los plenos y la coordinación de las actividades de los portones le hizo
respetar el proceso y aceptarlo. Actualmente está convencida que de no hacer nada
ante las intenciones del actual gobierno de desmantelar la Universidad como se ha
concebido hasta ahora, al país le depara una ristra de otras acciones similares en
detrimento de la sociedad en general. Así, afirma, ya se ha intentado desmantelar el
Colegio de Abogados con la ley que le quitó la colegiación compulsoria, la Ley 7
que dejó desempleados a miles de empleados públicos, se intenta construir un
gasoducto innecesario y perjudicial para las personas y los recursos naturales del
país, se ha plasmado el desmantelamiento de la ley de Permisos para flexibilizar
las construcciones pasando por encima de leyes ambientales, entre otros ejemplos.

Xiomara enfrenta en estos días una disyuntiva. Si no toma los exámenes de fin de
curso se expone a perder la exención de matrícula. Ella sabe lo que significa esa
decisión en el proceso huelgario en el que está la UPR y del que ella es una de sus
portavoces. No descarta que la administración universitaria quiera imponerle algún
tipo de sanción. En ese dilema se debate esta estudiante que hasta el pasado año no
se imaginó que sería una de las voces del movimiento estudiantil actual. Como
ella, tantos otros y otras han preferido no hacer como el avestruz y en su lugar
sacar la cara en defensa de la educación pública superior que resulta ser parte de
una lucha mucho mayor en defensa del país.