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POESIA AL COMBATE DE DOS DE MAYO

Poesía al combate de 2 de Mayo

En la Torre de la Merced,

mirando como luchan sus hermanos,

José Gálvez luchando está también,

es Ministro de Guerra y un peruano de honor.

El Presidente Mariano Ignacio Prado

a la cabeza, en el mando militar de todos los peruanos,

no se amilana, ni se esconde, pone el pecho con valor,

los hombres, las mujeres y hasta los niños lo siguen por amor.

LUNES, 16 DE ENERO DE 2012

Poema al Dos de Mayo


Bernardo Lopez García (1838-1870) era un poeta español, nacido en Jaén, que saltó
a la fama tras publicar, en 1866, la "Oda al Dos de Mayo". Una poesía patriótica
dedicada a los sucesos del Dos de Mayo, y que desde entonces ha sido su obra más
conocida:
Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman, tocando a muerto,
la campana y el cañón;
sobre tu invicto pendón
miro flotantes pendones,
y oigo alzarse a otras regiones
en estrofas funerarias,
de la iglesia las plegarias,
y del arte las canciones.

Lloras, porque te insultaron


los que su amor te ofrecieron
¡a ti, a quien siempre temieron
porque tu gloria admiraron;
a ti, por quien se inclinaron
los mundos de zona a zona;
a ti, soberbia matrona
que, libre de extraño yugo,
no has tenido más verdugo
que el peso de tu corona!

Doquiera la mente mía


sus alas rápidas lleva,
allí un sepulcro se eleva
contando tu valentía.
Desde la cumbre bravía
que el sol indio tornasola,
hasta el África, que inmola
sus hijos en torpe guerra,
¡no hay un puñado de tierra
sin una tumba española!
Tembló el orbe a tus legiones,
y de la espantada esfera
sujetaron la carrera
las garras de tus leones.
Nadie humilló tus pendones
ni te arrancó la victoria;
pues de tu gigante gloria
no cabe el rayo fecundo,
ni en los ámbitos del mundo,
ni en el libro de la historia.

Siempre en lucha desigual


cantan tu invicta arrogancia,
Sagunto, Cádiz, Numancia,
Zaragoza y San Marcial.
En tu suelo virginal
no arraigan extraños fueros;
porque, indómitos y fieros,
saben hacer sus vasallos
frenos para sus caballos
con los cetros extranjeros.

Y aún hubo en la tierra un hombre


que osó profanar tu manto.
¡Espacio falta a mi canto
para maldecir su nombre!
Sin que el recuerdo me asombre,
con ansia abriré la historia;
¡presta luz a mi memoria!
y el mundo y la patria, a coro,
oirán el himno sonoro
de tus recuerdos de gloria.

Aquel genio de ambición


que, en su delirio profundo,
cantando guerra, hizo al mundo
sepulcro de su nación,
hirió al ibero león
ansiando a España regir;
y no llegó a percibir,
ebrio de orgullo y poder,
que no puede esclavo ser,
pueblo que sabe morir.

¡Guerra! clamó ante el altar


el sacerdote con ira;
¡guerra! repitió la lira
con indómito cantar:
¡guerra! gritó al despertar
el pueblo que al mundo aterra;
y cuando en hispana tierra
pasos extraños se oyeron,
hasta las tumbas se abrieron
gritando: ¡Venganza y guerra!

La virgen, con patrio ardor,


ansiosa salta del lecho;
el niño bebe en su pecho
odio a muerte al invasor;
la madre mata su amor,
y, cuando calmado está,
grita al hijo que se va:
"¡Pues que la patria lo quiere,
lánzate al combate, y muere:
tu madre te vengará!"

Y suenan patrias canciones


cantando santos deberes;
y van roncas las mujeres
empujando los cañones;
al pie de libres pendones
el grito de patria zumba
y el rudo cañón retumba,
y el vil invasor se aterra,
y al suelo le falta tierra
para cubrir tanta tumba!

¡Mártires de la lealtad,
que del honor al arrullo
fuisteis de la patria orgullo
y honra de la humanidad,
¡en la tumba descansad!
que el valiente pueblo ibero
jura con rostro altanero
que, hasta que España sucumba,
no pisará vuestra tumba
la planta del extranjero!
“Oigo, patria, tu aflicción,
y escucho el triste concierto
que forman tocando a muerto,
la campana y el cañón”.

Los fusilamientos del 3 de mayo. Goya.


No obstante, quisiera comenzar el examen de esta serie poética
por el último, en orden cronológico, de los doce poetas recogidos en
este florilegio, Manuel Machado (1874-1947), quien dedicó un
soneto a “Los fusilamientos de la Moncloa” de Goya en su
poemario Apolo (1911), obra consistente, precisamente,  en una
recreación poética de pinturas célebres:

“Él lo vio...Noche negra, luz de infierno...


Hedor de sangre y pólvora, gemidos...
Unos brazos abiertos, extendidos  
en ese gesto de dolor eterno.      
       
Una farola en tierra casi alumbra,
con un halo amarillo que horripila
de los fusiles la uniforme fila,
monótona y brutal en la penumbra.

Maldiciones, quejidos...Un instante


primero que la voz de mando suene,
un fraile muestra el implacable cielo.
Y en convulso montón agonizante,
a medio rematar, por tandas viene
la eterna carne de cañón al suelo.

Juan Nicasio Gallego.


¡Qué lejos estaba de sospechar Manuel Machado, en aquel año
de 1911, la crudeza con que habría de repetirse la escena de los
fusilamientos en años venideros: “…por tandas viene / la eterna carne
de cañón al suelo”!

Como hemos dicho, cinco son los poetas elegidos en nuestra


selección que vivieron la Guerra de la independencia. Quizá la
composición más conocida durante la contienda fue la extensa
elegía “El dos de mayo” del presbítero zamorano Juan Nicasio
Gallego (1777-1853), cuyos célebres versos iniciales dicen así: [i]

“Noche, lóbrega noche, eterno asilo


Del miserable que esquivando el sueño
Profundas penas en silencio gime…”.

Gallego fue testigo del 2 de mayo madrileño y escribió su


poema en las fechas siguientes, ofreciéndonos, así, por momentos,
un poético reportaje de los sucesos:

“Yo vi, yo vi su juventud florida


Correr inerme al huésped ominoso.
Mas ¿qué su generoso
Esfuerzo pudo? El pérfido caudillo
En quien su honor y su defensa fía
La condenó al cuchillo.
(…)

En balde, en balde gime


De los duros satélites en torno
La triste madre, la afligida esposa
Con doliente clamor: la pavorosa
Fatal descarga suena
Que a luto y llanto eterno las condena.
(…)

Con voz turbada y anhelante lloro


De su verdugo ante los pies se humilla
Tímida virgen de amargura llena;
Mas con furor de hiena,
Alzando el corvo alfanje damasquino,
Hiende su cuello el bárbaro asesino”.

Fusilamientos del 2 de mayo en el Prado.


Tras alcanzar un clímax emocional en esta exposición de
atrocidades, Gallego formula la pregunta retórica: “Y en ignominia
tanta / ¿Será que rinda el español bizarro / La indómita cerviz a la
cadena?”. El mismo poeta responde, seguidamente, a la cuestión con
una vibrante convocatoria general al combate:

“Ya el duro peto y el arnés brillante


Visten los fuertes hijos de Pelayo.
Fuego arrojó su ruginoso acero:
¡Venganza y guerra! resonó en su tumba;
¡Venganza y guerra! repitió Moncayo;
Y al grito heroico que en los aires zumba
¡Venganza y guerra! claman Turia y Duero.
Guadalquivir guerrero
Alza al bélico son la regia frente”.

Concluye, finalmente, Gallego su elegía asegurando a las


víctimas del 2 de mayo que la nación sabría dedicarles un “solemne y
noble monumento”, que habría de convertirse en “altar eterno”:

“Donde todo español al monstruo jure


Rencor de muerte que en sus venas cunda
Y a cien generaciones se difunda”.

Juan Bautista Arriaza.


En segundo lugar, en esta selección poética, resulta obligado
referirse al madrileño Juan Bautista Arriaza (1770-1837). Varias
fueron las poesías patrióticas que compuso Arriaza, entre las que
destacan sus celebrados “Recuerdos del dos de mayo”. Forman esta
canción una serie estrofas de versos endecasílabos alternados por un
estribillo que repite el coro:

“¡Día terrible, lleno de gloria,


lleno de sangre, lleno de horror!
Nunca te ocultes a la memoria
de los que tengan patria y honor”.

Arriaza describe con verbo grandilocuente el desigual duelo


entre el pueblo madrileño y el ejército francés:

“El hueco bronce, asolador del mundo,


Al vil decreto se escuchó tronar:
Mas el puñal, que a los tiranos turba,
Aun más tremendo comenzó a brillar.
(…)

¡Ay, cómo viste tus alegres calles,


Tus anchas plazas, infeliz Madrid!
En fuego y humo parecer volcanes,
Y hacerse campos de sangrienta lid.”

Una vez sometido el noble impulso popular, llegó la terrible


noche de ejecuciones sumarias y atroz represión, que Arriaza pinta
en estos emotivos términos:

“Esos que veis, que maniatados llevan


Al bello Prado, que el placer formó,
Son los primeros corazones grandes,
En que su fuego libertad prendió:
Vedlos cuán firmes a la muerte marchan
Y el noble ejemplo de morir nos dan;
Sus cuerpos yacen en sangrienta pira,
Sus almas libres al Empíreo van”.
Fusilamientos del 2 de mayo en Príncipe Pío.
Tras este clímax emocional, Arriaza apela a los sentimientos
de los gaditanos para clamar por la venganza de las víctimas y la
independencia del “francés feroz”.

Siguiendo el orden cronológico de las composiciones, el tercer


poeta de esta selección ha de ser el madrileño Cristóbal de
Beña (1777-1833), quien imprimió La lyra de la libertad, colección
de poesías patrióticas, en Londres en 1813.

En este poemario, entre vibrantes y exaltadas composiciones


de marcado carácter patriótico y liberal, figura su canción “Memoria
del dos de mayo”, donde alaba el ardor bélico del pueblo madrileño
contra el opresor, a la vez que describe el fragor del combate en muy
coloridos versos decasílabos:

“Se redoblan los golpes y heridas;


más y más el estrépito crece,
y allá dejan las ínclitas vidas
los que en oro su nombre tendrán;

El tronar del cañón ensordece,


y arde el aire con rápido fuego,
y los bronces, aun cálidos, luego
nuevas muertes de sí lanzarán.
Todo es sangre y horrores y muerte,
todo es armas y bélico estruendo…”.

Muerte de Luis Daoiz.


De su evocación del 2 de mayo, Beña extrae la conclusión,
finalmente, de que la victoria ha sido para los mártires, vengados
por sus indignados compatriotas:

“Ni una vez encendido se apaga


el volcán de esta cólera justa,
y si a esclavos un Déspota asusta
teme a un pueblo que corre a la lid”.
Manuel José Quintana.
En cuarto lugar de la presente selección, no podíamos dejar de
mencionar al madrileño Manuel José Quintana(1772-1857). La obra
de Quintana siguió atentamente la evolución política española en los
años previos a la Guerra de la Independencia con poemas como “A
la paz entre España y Francia en 1795”, “Al combate de
Trafalgar”, “A España después de la revolución de marzo”…

En la última composición citada, Quintana se refería al Motín


de Aranjuez de marzo de 1808 y, en sus versos, lanzaba ya, días
antes de que se encendiese la mecha del 2 de mayo, el grito de
guerra contra el invasor: “¡Guerra, nombre tremendo, ahora sublime /
Único asilo y sacrosanto escudo / Al ímpetu sañudo / Del fiero Atila que a
occidente oprime!”.

La Insurrección. Mayo de 1808. Corbis.


Ya en julio de 1808, escribió Quintana su oda “Al armamento
de las provincias españolas contra los franceses”, donde, con
henchido y sonoro verbo, llamaba a todas las regiones españolas a
luchar contra el invasor. Tras pintarnos el ardor bélico manifestado
en diversas regiones de nuestra geografía, se pregunta el poeta “¿Y
tú callas, Madrid?”, a lo que la capital responde:

“No hay majestad para quien vive esclava;


Ya la espada homicida
En mí sus filos ensayó primero.
Allí cayó mi juventud sin vida:
Yo, atada al yugo bárbaro de acero,
Exánime suspiro”.

Replica a esto el poeta pidiendo a Madrid que se sienta


satisfecha con su contribución en el campo de batalla ya que:

“…es fama que las víctimas de Mayo


Lívidas por el aire aparecían;
Que a su alarido horrendo
Las francesas falanges se aterraban;
Y ellas, su sangre con placer bebiendo,
El ansia de venganza al fin saciaban”.

Duque de Rivas.
En quinto y último lugar de esta primera entrega de nuestra
selección poética del 2 de mayo, citaremos una composición del
cordobés Ángel de Saavedra, Duque de Rivas (1791-1865). Con el
mismo título que dio Quintana a su oda e igualmente en el primer
año de la Guerra de la Independencia, escribió también un joven
Duque de Rivas su poema “Al armamento de las provincias
españolas contra los franceses”. En él, convoca el autor a los
españoles al heroico enfrentamiento contra los franceses para liberar
la nación “de la esclavitud y abatimiento / A fuerza de ardimiento, / Y de
sangre”:

 “¡Ah! Las alevosías


De pérfidos tiranos
Despiertan y dan temple a las naciones.
Al fin los corazones
Se cansan de gemir, cobran las manos
Fuerza entre las cadenas y el despecho
Da arrojo y furia al ofendido pecho”.

Levantamiento de las provincias españolas contra Napoleón.


No falta en esta extensa oda la mención a los sucesos de
Madrid, ciudad citada por el nombre latino que se le daba en la
literatura de la época: “Mantua”. En la argumentación del poema,
una vez que la invasión francesa ha despertado “a la opresa y triste
España / Del hondo sueño”, Francia, con todo su poder militar, debe
temblar ante la aguijoneada ira española:

 “(…) no importa que furiosa


En Mantua congojosa
Abras de sangre cálida un torrente,
Pues tu crueldad produce patriotismo,
Virtudes, libertad y alto heroísmo”.

Otros conocidos poetas que vivieron la guerra de la


Independencia dedicaron versos al 2 de mayo. Por ejemplo, el
salmantino Francisco Sánchez Barbero (1764-1819) en su extenso
poema “La invasión francesa en 1808”escribió:

“¡Oh día dos de mayo,


día de horror! Jamás, jamás la lumbre
del padre de las luces te amanezca;
maldígate el mortal y se estremezca;
maldígate el que mora
del quieto empíreo la estrellada cumbre…

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