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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro.

Eva Mª Valero Juan

Tesis doctoral de la Universidad de Alicante. Tesi doctoral de la Universitat d'Alacant. 2001


La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

d'Alacant
6;i, Universitat
fry Universidad deAlicank
Facultad de Filosofía y Letras

La ciudad en la obra de Julio RamónRibeyro


Eva Mu Valero Juan

Tesis de doctorado

2001

Tesis doctoral de la Universidad de Alicante. Tesi doctoral de la Universitat d'Alacant. 2001


La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Departamentode Filología Española,Teoría delaLiteraturay LingüísticaGeneral


Facultadde Filosofia y Letras
Universidadde Alicante

Eva M'Valero Juan

La cTuoAD EN LA OBRADE JULIO RauÓN RIBEYRo

Tesis de doctoradodirigida por el Dr. JoséCarlosRovira Soler

Alicante"iunio de 2001

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A mispadres

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ÍNorcs

INTRoDUCcTóN 1,1,

I. Lrue EN r-A lnaucróN LTTERARTAoBL Penú. ENrrnB I,¡. LEyENDA


URBANAY rADrsoLUcróN DEL MrTo. 21,

Del espacio geográfico al espiritual la construcción de Ia ciudad


htetana....... 31

CoNrgxros pAR{. ELiNGRESo DE LnvrA EN LA LITER.A.TURA


coroNIAL
I-¿ Ctup¿p Sun¡,lctos¿.
(nnrri,mnos
rESTrMoNros)............. 34
La frmdación de la escritura pefl"]ana...... 38
Caviedes, el poeta de Ia calle: nacela literatura urbana de protesta 42
Lima fundada: Peraltay la persistenciadel cuIteranismo.................. 45
El siglo ilustrado: nuevas semblanzassatíricasde la ciudad virreina1............ 49
Lúeratura Deflrana us.bteraíxa del Peru..... 58

PAR,I UNA HISToRIA LITERAPJA DE LIN,IA TfuA"SLA. E\,LANCIPACIÓN.


I-¿ Cx:o¿pcosruMgwrsrA............... 62
I-íteratun e identidad naitonaT:ia selección del pasado. 68
Cuadros limeños: la construcción del nacionalismo repub1icano................... I U
De nuevo Ia disyuntiva:htetattra peruana us.htetafrxz del Peru...... ÓJ

l. L¿Ctuo,<D MiTrCA. PRruBne FUNDACIóN LITERARTaDE LIMA: RrcaR¡o


Parl,u. y L{ '"TR*{DIGIóN":....... 89

La bohemia pe(uana:recuperaciónde la conciencia histórica..... 91


Las'Tradiciones
dePalma: aproximacionesa su definición.............. 93
Lacreación del espacio imagjnano. 99

¿Anricoloniaüstao "perrichoüsta"?: versiones sobre la visión paimiana del


pasado........ .. 105
La recuperación histórica como eje pan la "secuencia vivt' de la
üteratura peruana...... 1L0

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2. I-A Crupeo ADIRMEaDA. PARA UNA I-IISToRIAIJTERARIADE LIMA TR.A.S


I-n GUEIIRAou, P¡cÍpIco t17
Manuel Gr¡nzalezPrada y el realismo peruano.. 118
[,a ciudad dormida: mitificación htetaia de L.'tna
Lina queseua....................,.t26

Josí Gálue4 el duuanecinienlodeb ciadaden¿antada. r31


Otrosautores:el adió.r¿/horrus clausum uirreina/. 143

3. .EATTREI-4 CIUDAD DE L,4 Gn¿a¿ Y LIMA I-4 HIRRIBLE. DEL GRUPo


"CotóNtpA" A lA vANGUARDIA:............... t53

Valdelomar: evocacionesde Ia ciudad muerta........ 157


Eguren: la ciudad dela gncía 165
Vallejo: emergenciasde la ciudad real.............. I72
Martín Adán: de Lima la horrible al Barranco bucóIico..... 179

4. L,4 Ctuo¿o MESTTLA.


SecuNoe FUNDACTóNLTTERARTaDE LrMA: Jutlo
y
R¡ruróxRrBEyRo ra cENERACTóN
DEL50........ 189
Antecedentes:José
Díez-Canseco
y F-elipePing1o......... 190
El uakniol/0,expresién
auténtica
deh ciudad.. 1,97
La genetacióndel 50: procesode nacionalizacilnde Lima y su literatura.... 2A7
I-a consolidachín
deunaüteraluranat;i0na1........ 21,8

5. DB PeI,ue A RJBEYRo: RECUPERACIoNES


DEL MUNDo CoI.oNIAL EN Ld
TRADICION LITERARIA PERUANA 225

Ir. PERSPEC"ITVAS
URBANASY LITERATURA: I,A CIUDAD EN I..AOBRA DE JULIO
RAMóN Rr¡syRo 237

1. FUNCTÓN TEXTUAL DE I-n LIMA IMAGINARIA: I-A CIUDAD INVISIBI-g. 247


"Lo real-espafltoso": la ciudad desvanecidaen "horas celestes"..... 249
Hzcia la ciudad desencantada................ 2G5
El espaciourbano como motivo ético............:................... Z7G

La ci:udadinvisible, escriturade la modernidad............. 28G


Dimensiones utópicas de un escépticooptimista.... .. 294

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2. ESCE,NIFICACIONDEL Dn,SARRAIGOEN EL TEATRO URBANO DE UNA


SOCIEDADCAMBIANT'E 305

Una caractetzaciín úpológica del desc1asado................ 316

El nouiniento ascendente
ltacia el aaúo 31.6
El notimiento descendenle:
una denuncia. 326

El ocaso
dellineño deayer.......... 337

Lavida ala denva o el paraísode la mediocridad......... 354

Una imagen perLmt^ del,fkneurbaudeleriano 371

3. La CTuoaD EUROPEA:REENCUENTRO
Y DES]\flTIFICACIÓN 391
Un refugio para'1os cauúvos": las islas urbanas del pasado. 395
París,ciudad enmascarada(l-a ciudad, del enigma al espejismo)....................402

Un microcosmos urbano en el mat............ 406


La fábula de lo insóüto o el enigma del pisapapeles.............. 409
Cautivos enfrentados a la sociedad 412
Lavída entre sombra y sueños 419
Hacia la muerte del cautivo. .. 424

4. Crupapns x,LÁcrcAS,cTUDADESMUERTAS... 4i9


Ayacucho: "EI rincón de los muertos".... 448
Yézelay: eI tiempo circular 467

5. La olarÉcrrcA DEL vrAJE.. 477


El hombre quebrado en los limbos de la ciudad. Primera pregunta-............ 479

En lalteriferiaurbana......... 479
Por la¡ aqoteas......... 481
En el mar el enbng'odelas aguas.. 486
La ciudad donde yace el corazón. Primera respuesta.... 498
Soñadoresde refugfos. Una perspectivaurbana........ 507
Dude k ciadad,un uiEeltaciael ideal SegundarerpuesÍa....... 510

El uiajehaciaun mundopara/e/0.TercerareJpilesta....... 522


Por bs senderos
d¿larte: la alegoríadelnurcdocomoescritura
1 su en el lenguajedeb infnito (k núsicQ....
redención 531

LIMA o ELDTBUJo EN ráaLFoMBRA...... 561

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571

Osn¡ nrilAulon 571


1. Cuento... 571
2. Novela... 573
3. Antologías................. 574
4. Ensayoy prosacorta........... 575
5. Diario personal..... 575

6. Teatro.... 576
7. Artículos 576
8. Entrevistas................. 579

Es'luDlos cRÍTrcossoBREr.n oBRADE lur-ro R.q¡róNRJBEvRo.... 5óJ

1. Libros.... 583
2. Artículosy prólogos. 583
3. Tesis. 594

BrsLrocRAFÍAG8NERAL.................. 595

1. Li.teratwa peruana... 595


2. Libros y artículos sobre literatura, historia y cultura peflf,ana...., 598

3. Litera¡xa v ciudad.. 603

4. Otros libtos consultados. 605

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INrnoouccróN

Y l-¿rta -naturale'3aI c.iudad- es ¿$i: una


tregua en eI arenal un latido eu la soledad, una
sonrisaenIa adwteqde cie/t2 rierra.

Sebastián Salazar B ondv

En 1535 fue fundada la capital del Perú con el ostentoso nombre que

conteníay presagiabasu leyendacolonial la Ciudad de los Reyes.Engendrada sobre


el vasto desierto que se extiende aIo latgo de las costasdel Peru, la pauta seguidaen
su planificación obedeció al mandato del inmenso arenal. "Cada ciudad recibe su

forma del desierto al que se opone"1, escribe Italo Calvino, y muy especialmente

l.;tma cumple esta asevención -añadkíamos nosotros-, pues si el desierto dejó su

huella en ei entramado urbano, su frsonomía arquitectónica se configuró como

oposición radical a ese espacio homogéneo y uni.forme. Lima fue trazada en

cuadrícula,con una planta ortogonal -tan solo alteradaen algunos puntos por los

tt zos de las poblaciones i"ndígenasanteriores-, a la que se opuso el gusto limeño,


"asi.métrico", "extrovertido" y "sensorial"2, mediante la voluptuosidad y el
abtgaramíento aristocrático con que fueron construidas las casas. l,a frase de

Calvino es idónea para comprender ei proceso de fundación y evolución de la


capital peflrana en su conjunto urbanístico y arquitectónico, pues, como explica

'
Italo Calvi4o, Las ciudades invisibles, Aurora Bemárdez (trad), Madrid, Siruel4 1998, pág. 33
'
SebastiánSalazarBondy, Lima lq horrible, México, Era, 1968, pá9. 83.

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t2 Introclucción

Sebastián Salazar Bondy, "la irg¡dez impuesta por la fatalidad fundadora quiso ser
budada por el gusto palaciego:el desierto puso su impronta en el tiro de las calles"3.

No menos signiFrcativoes el nombre que finalmente se impuso pan la


denominación de La capital. Fundada a orillas del úo llamado Rímac, Ia
pronunciación débil de la "r" devino en el nombre de la ciudad de Lima. Como
explica Aurelio Miró Quesada, Rímac es el participio presente activo del verbo

queclrua "rímay", que significa"hablar": '?or su oráculo noble y prestigioso,por el


sonido cargado de misterio de su vtejavoz espiritual, aLima hay que traducirla, por
io tanto, como la ciudad 'que habla"'4. Y, aunque en los primeros tiempos de la

conquista, Ptzauo pensó en establecerla capital enlatja, finalmente, como cediendo

al oráculo del río o a su canto inmemoriaf fijó en el valle del Rímac la fundación de
la ciudad. Aquel llamado del río hablador parccía haber presagiado el rumor de la
ciudad murmuradorq que durante la época colonial creció entre intrigas, silencios,

campanasy temblores, pero también ia propia esenciaespiritual de un lugar cargado


de historia, en el que el pasado adquiere una relevancia fundamental, tal y como

comprobaremos al acercarnosa la historia de las letras peruanas.

El dicho popular español, más lejosqae Uma, la confinó a un lugar casi


inaccesible por su lejana. Sin embargo, aquella ciudad que se asomaba a los conf,rnes

del mundo era rcal y, como tal, requería de una nueva fundación, como una forma

de crecer eri su destino o de alimentar su propensión utópica inicial. Lima, desde su


nacimiento, aguardabaser escrita, necesitaba adquirir una segunda reaüdad que le
confiriera una dimensión perdurable.Es así como, desde los primeros tiempos de la

Colonia, la ciudad comienza a adquirir presencia en los escritos de los poetas que
residen en la capitaly plasman en sus versos la epopeyade su fundación y los fastos

que en ella se celebran en torno a Ia cotte r,'irreinal. Sin embargo, en el siglo XVII,

un poeta andaluz afncado en la capitai, Juan del Valle Caviedes, inaugura en sus

versos una literafura urbana que satiriza la frivolidad de las costumbres de la


sociedad virreinal, vertiendo en sus versos un teatro urbano en el que destac4 como

tono fundamental, la pueriüdad y la ügerczade la vida colonial. Esta literatun seráel

t
lbidem.
a
Aurelio Miró Quesada. Limq tierray mar,Lima, Editorial Mejía Baca, 1958, pág. 17.

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Introducción 73

germen de una escrifura que versa sobre la ciudad y que evoluciona, en los siglos

posteriores) entre la literarura de viajes, la poesía y el cuadro costumbrista, hasta


desemboc^t,y^ en pleno sigto XIX, en la literatura fundacional de lücardo Palma en
pell/dnas.Para poder entender cabalmente esta última así como el
sus l-radiciones
desarrollo de la literatura urbana posterior, hemos considerado necesario

remontarnos a los tiempos de la Colontay Ia República y recorrer los contextos

sociales,culturales y políticos que enmarcanla aparición de esta incipiente üterarura

vrbana. Lógtcamente, Palma no podÁa comprenderse sin un acercamiento a ese


pasado lristórico y hterario que, por una patte, expüca el proceso en el que se inserta
su obra como punto culminante y a la vez rnaúgom).de una tradtciín, y, pot otra5
constituye el fondo temático primordial del que se nutre su narrativa; en definitiva,
una pasado tanto histórico como literario que PaLma recuperó y reivindicó en su

obra posibilitando de este modo la formulaaínliteraÁa de una conciencia histórica,

¡l, 2 su vez,Ia fundación de una propuesta litera;riaoriginal.


perilanas dicha cualidad fundacional se resume en tres
En las Tradiciones

vertientes básicas:el tratamiento de los temas históricos, que habían sido silenciados

durante el srglo republicano; la creación de una genuinahteraaúa pefllana basadaen


el criollismo y en el desarrolio de las característicasde la escritura urbana y costeña
en un género novedoso; y la primera fundación literaria de la Lima mítica del

pasado, es decir, la constitución de un corpus literario en el que la ciudad de Lima,


colonial y republicana, adquiere la resonancia de un espacio espuitual fundado y

fijado en la memoria coiectiva del pueblo limeño. I)e este modo, Ricardo Palma

adquiere el título de primer fundador literario de la capital pen¡ana.Y, desde la


inauguración del género criollo en las "tradiciones", toda una serie de cronistas
posteriores sustentan en sus escritos una visión de l-ima que se convirtió en
mitif,rcaciónpasalisfade una Arcadia coioniai desvanecidaen el tiempo.
Pero, como planteamos en la primera parte de este ttabaio, Lima fue dos
veces fundada en el espacio de la escdtura. Esfumado el sueño de la edad dorada, a

mediados del siglo XX los escritores de la llamadl"genetación del 50" irrumpen en

el panorama literario con una temática novedosa: la urbe transformada, modema y

contradictoria, asiste en Ia narativa de estos escritores a La propta fundación de su

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"t4 Introducción

geogr^fíaliteratia, en su realidad íntegray compleia. En este ámbiro siruamos aJulio


Ramón fubeyro (1929-1994),a quien la c{ttica ha considerado el fundador de la
Lima modetna, tanto por su obra cuentística -reunida bajo el tírulo de Lt pakbra del
mudo- como por sus novelas Lns geniecillosdnminicale¡(1965) y Canbio de ¿yardia
(1976); es más, incluso por su primera novela, CnínicadeSan Gabiel (1960), en la que

el hecho de que l^ ftaffia novelesca transcurra en una hacienda andina no impide que
la visión del adolescentelimeño proyecte esa mirada urbana que consrituyeuna de

las marcas inconfundibles de Ia obra ribeyriana.

Entre Palma y Ribeyro se situa por tanto el eje principal sobre el que
sustentamos la tesis de la primera parte dei trabajo, esto es, la propuesta de una
tradición basada en la ciudad, como motivo literario que adquiere unas
catacteÁsttcasdeterminadas -y en ciertos casoscomunes- en la literarura que abarca
el fragmento cronológico que separaa los dos fundadores principales de la ciu<lacl.

Resumida, a grandes rasgos, la evolución de la urbe como motil.o hterarto a

través de la histona de las letras peruanas,conviene precisar que el objetivo de la

primera parte de nuestro uabajo consiste, precisamente,en desarrollar cómo el tema


urbano evoluciona a través de Ia histoÁa de esta üteratu ra, hilvanando una línea que
ofrece, a plena luz, el movimiento de la sociedad limeña desde la fundación de la
ciudad hasta mediados del siglo XX, y la problemáúca nacional que el centralismo
urbano impone en el devenir de la historia dei Peru. Este acercamientopermite

además una propuesta sobre la htetanx^ pefl)afl^ y su histo Áa, en la que el

tradicional ant4gonismo entre las visiones indigenistas y urbanas nos revela el

trasfondo de la historia social de un país que, a mediados del siglo XX, se aglurina

en el espacio urbano limeño como escenario del Peru integral.

En suma, en la primera parte proponemos una historia de l,ima en la


Iiteratura peruana y algo más: la revisión de la evolución de esta literatura desde un
punto de vista global, que trasluce, por su cualidad hondamente testimonial, el

devenir ideológico y la evolución histórica de la sociedad peruana. Con rodo, no

pretendemos trazar la perspectivade un entramado urbano concreto, sino recorrer


las obras y fragmentos literarios donde los escrito res reahzan ese trazado que

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Introducción 15

evoluciona desde la leyendaurbana de la [,ima colonial hasta la disolución del mito

en la narcativa contemporánea. I)e este trazado emergen las diversas caras de una

misma ciudad: Lima o la Ciudad de los Reyes puede ser la ciudad silenciosa y
perfumada de los cronistas, la ciudad frívola y sensual de los satíricos, la ciudad
tradicional de los costumbristas, la ciudad mítica de Palma, la ciudad de la gracia,Ia

ciudad muerta o dormida y, finalmente, "Lima, la horrible". A través de estas


diversas imágenes, desarrollamos una historia literaria de la ciudad centrada en un

pasado histórico fundamental y varios presentes üterarios, de los que emerge la idea
de un futuro, principalmente en la obta de los escritores de la generación del 50.

En esa sucesión de tiempos, lo que planteamos, concretamente, es una

diacronía de la ciudad superpuesta a otra diacronía, la de los movimientos literarios.


Para ello ha sido fundamental la revisión de los estudios clásicos sobre la historia de
la literatura peruana, que aparecen a 1o largo del siglo XX, desde "El proceso de Ia
bterantra" de José Carlos Mariátegui en sus Sieteensalost{.einterpretaciónde la realidad
peraana, los trabajos de Ventun Gatcía Calderón (entre ellos, Del romanticismoal
rnoclemisno),
Raúl Porras Barrenechea Q-nfornacióntl¿la tradicitínlinraria en el PenQ,y

tantos otros) hasta las propuestas de la historia de ia htentura perúarr^ de Luis


Alberto Sánchezy las más actuales,especialmentereveladorasen distintos sentidos,

de Antonio Cornejo Polar (entre las que destacaI-^aforrnación


dela tradiciónliterariade/

PenQ o Mario Castro Arenas (en su ltbro I-a norcla peruana1 la etvlución sodal.
Esenciales han sido ¡ambién los esrudios y ensayosdel histoÁadot Jorge Basadre
sobre la lristoria del Peru, con especial atenitín a sus textos sobre el siglo de la

Emancipadón y su decisiva importancia en el devenir de la evolución social del país.

Por otra parte, pan el acercamiento concreto ala historia hterana de Lima han sido
imprescindibles la PequeñaanÍologíade Lima, de Porras Barrenechea, los libros de

Aurelio N{iró Quesada (Lina, lierra.I /?xdr,entre otros), IJma 1 k limeño de [uan

Manuel Ugarte Elespuru, así como las obras específicas en las que Lima es

protagonista principal; obras que jalonan estahistoria urbana sobre Ia que insistimos
en las páginas de nuestro trabaio, y que desemboca en la obra de Julio Ramón
fubeyro como fundador literario de la Lima moderna. Para un mejor entendimiento

de la nasativa de Ribevro consideramos indisoensable este amDlio recorrido oor la

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1,6 Introducción

lristoria social y hterana del Peru, en ia que se encuentra la llave que permite acceder
al sentido de ciertos aspectos básicos de esta nanativa, y que arroja luz sobre

cuestionesconcretasde la imagen nacionalque el escritor proyecta en su escritura.

En la segundap^fte, Lima en la obra de fubeyro es el eje pnncipai del que

partimos para un nuevo enfoque de su nartafiva, basado en el trasfondo urbano

como punto de vista esencial del escritor y centro de significacionesde su arte


literario. A través de un estilo muy personal, presidido por la sencillez en las formas
y un hábil manejo de las técnicas de ia ambigüedad, en su naraúva urbana Jul-io
Ramón Ribeyto indaga, de forma persistente, en el indescifrable mensaje que se
esconde tras el caos urbano, en sus fachadasantiguas,en la sorpresade sus calles,
mediante la exploración en las posibilidades inéditas de los espaciosde la ciudad. En

esta explonción, Ribeyro tazalo que él mismo ha denominado "un inventario de

enigmas"S. Y, aunque en ocasiones las historias ficcional:tzadasen sus cuentos

transcurren en lugares míticos de Ia naatraleza,la imagen esencialque se dibuja en el


fondo de la escena es siempre la ciudad, referente del que eman ) como veremos)
úna teoúa Yltal.
En estaspáginas,a través del análisisde una buena parte de su producción
naftaúva, intentaremos penetrar en ese enigma que fubeyro sugiere a lo largo de

toda su obra. Como apoyo fi-rndamentalpan este anáüsis nos servimos de sus

ensayos (Prvsasapátridas,In caVasuÍil), el libro de aforismos titulado Dichosdel-ud¿r,

los tres tomos del Diario Personal-bajo el título Ln tentacióndclfracaso(1960-1,978)-y

las innumerables entrevistas reunidas por Jorge Coaguila en I-,apalabra inmortaly L.as

respuesÍas
del mudo6,donde Ribeyro nos da las pautas esenciales para entender su
actitud ante la ltteratura y la vrda. En este sentido de comprensión global, son
también fundamentalessus obras teatrales,que reseñamosen lablb[ografía7.

5Julio Ramón
Ribeyro, Prosasapátridas(completas),Barcelona,Tusquets,19g6,pág.lg0.
" Quiero agradecerdesdeestaspáginasla inestimableayudade Jorge Coaguila,escritory periodista
limeño que dedicóvarioslibros de entrevistasa la obrade Ribeyroy quei a lo largo de estetiémpo,me
suministróartículosy librosquehansidocrucialesen el desarrollode estetrabajo.
' En ella hemosrecopilado
todaslas coleccionesde cuentospublicadasen susdiferentesedidionesy las
antologíasaparecidas, asícomotambiéntodaslas edicionesde las novelas,ensayosy diarios.Ofrecemos
asimismoel listadocieartículospublicadospor Ribeyroen prensa.

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Introducción 17

En el proceso de aprehensión que supone la perspectiva urbana que

proponemos en este estudio, intentaremos proponer diversas respuestas a las

incógnitas que plantea esta nanaúva. Ribeyro opinaba que el papel del crítico

consiste en "coger una obra como una partitura y proceder a su ejecución [...] Un
ctíttco es un mediador, un intérprete y la audición que propone de una obra será

siempre subjetiva y estatá matcada por su personalidad"B. L)a.tala ejecución de la


peculiar parútura rlbeyÁana, partimos de esa tonalidad inicial y substancial de toda
su obra: la ciudad concebida como estado de ánimo. Y, desde el7a,trazamos las
modulaciones que dibujan una serie de preguntas y respuestas,ialonando una obra

que, a través de la forma narcativa,balla ñnalmente en el arte un camino de libertad

y de vida. En los diferentes capítulos de este trabaio intentaremos desentrañaf, pot

tanto, las ciaves básicas para entender esta natranva, ensombrecida por Ia reiterada
caida cotidiana, pero también soñada, a través de sus personajes, como intenro de

dar encanto a un mundo desencantado. Soledad, marginalidad, attobiografía,


desarraigo, timidez, antiheroicidad, nostalgia, ironía, farúasía,que se enfrentan en la
ciudad como lugar de crisis, son algunas de esasclaves cuyo sonido, en este onginal
acorde, propone una tonalidad dolida de la que emergen figuraciones del anonimato

y Ia abenación,de la deshumanización y el retraimiento. En su navegación por "Ios

aiedaños de la tentacióndelfracaso",Ribeyro dirigió su mirada hacia ei conflicto entre

una sociedad que progresa de forma descompasada y los valores morales del
hombre "desclasado" en ei espacio de la ciudad. Y, desde este espacio, nuestra

propuesta pretende trazat una perspectiva concreta de la obra de Ribeyro, que


encuentra, en las imagenes urbanas, un eie irradiador de significaciones

fundamentales.
En el capítulo que tituiamos "La ciudad europea: reencuentro y

desmitificación", anahzaremos la serie de relatos que Ribeyro sitúa en ciudades

europeas, comprobando cómo Lima reaparececomo referencia principal de sus


relatos y proyecta sobre estos espacios urbanos "ajenos" la misma visión de su

narcaúva limeña. En 1950, Ribeyro rcahzó su primer viaje a París, centro culrural

t
Julio Ramón Ribeyro, La caza xúil, Lima, Milla Batres, 1976, pátg.60

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18 Introducción

permanente de los latinoamericanos.I)esde entonces, vivió entre París y offas


ciudades europeas y más tarde, desde 1960, fijó en la capital francesa su hogar
familiar. Sin embargo, como planteamosen este capítulo, su Lima natal quedó pan

siempre inf,rltrada en su caráctery en su escritura. Como rcza eI famoso tango,


Ribeyro estuvo siempre Anclao enParís,pero su literatura quedó etelrramente anclada

en lima.
Escrutador de la condición humana, el escr{tor dibula en sus cuentos, ya
transcurran en Lima o en ciudades europeas, la faz de los desposeídos,de los
solitarios; un paisaiehumano aglutinado en la común ma€'inalidad que les aboca al

esfuerzo fallido, a Ia coúdíana dercota; teatro urbano de indirriduos que vir,.enen la


multitud de la ciudad I 9ue, ante Ia imposibilidad de romper los espacios de la

soledad,sufren, en el tedio de su grisura,una pérdidadelailusión.

Muchos de los relatos de l-.apalabra del mudoemanan el efecto de desazón


ante un mundo que se resiste a ser comprendido; una realidad cuya rápida
transformación se escenifica incidiendo en el desconcierto de una sociedad pre-
capitalista que no puede asimilar el proceso de modernizacíón sin una verdadera

democratizaciín. Ribeyro restituye Ia voz al mudoque por fin consigue hablar a esa
sociedad que a pesar de todo no escucha.Desde la concepción ribeyriana de la

escriruracomo único veLr-ículopara:une-aprehensióninédita de la realidacl,surge esa

voz quieta y hormigueante que vierte sobre las páginas una experienciaen la que

cada fantasíava quebrándoseen una dolorosa l'rilaridad.N{udos chaplinescosen su


sarcásticamarg1nación,o quijotescosen su empeño de rehumanizarseatravés dela
imaginación, sufren el choque frontal entre sus grandes sueñosv el cruel clesencanto

que les impone la rcaltdad cotidiana y modulan esa voz húmeda de kotúa, tan
húmeda como el clima de Lima, que impregna cadauna de las páginasy permite a-l

escritor velar la realidad, trascendeda p^ra mejor sugerirla, liberarse cle sus

ümitacionesy penetrar el otro lado de las c<lsas.

A través de estas voces, nuestra lectura personal se desarrolla como


indagación y aprehensión del universo ribeyriano, advirtiendo cómo lo marginal
resulta ser el motivo complementario de aspectos más vastos. En definitiva, la

ciudad de Iübeyro, en la que se debate Iavtdaentre sombra y sueños,tiene sus raíces

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Introducción T9

plantadasen una actitud de incanjeablecalidad humana: la del que no sucumbe a "la


tentación del fracaso" y perserrera,casi sin aüento, en la tentación del sueño
realizable.A sus imágenesy derivacionesdedicamosla segundaparte dcl trabajo.

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t ltu¡ EN r.a rn¡prcróN LITERARIAoer, Pgnú.


ENtne r-a LEyENDAURBANAy r-a DrsoLUclóN DEL MrTo

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

I. Lrue EN r-A.tn¡orcróN LTTERARIA


DEL Pnnú.
URBANAy LA Drsor-ucrót t DELMITo
Exrnn LA LE\TENDA

Uma, ciudadde /u7, de niebla,1tde rocío

HeliocloroValle

Desde ia fundación de "la triste Ciudad de los Reyes", como Ia lTarnaraCésar

Moro, hasta la Lima horribie que nos presenta Sebastián Salazzr Bondyl, la

evolución de Ia experiencia
urbana a ttavés de la histoÁa ha encontrado un espacio de
representación mimética en la lttenfr¡ra- N acercatnos a la tradición literaria del
Perú, un factor social e histórico reclama nuestra atención en tanto que determina

todo el proceso: la oposición radical entre sierra y costa, que se traduce, desde los

tiempos de la conquista, en una insoslayablebarcera entre Iitma y el resto del país2.

'
Lima, la horrible es el título del emblemático ensayo de SebastiánSalazarBondy (Lima, Peisa, 1974),
quien da comienzo a su obra con los últimos versos del poema de César Moro "Viaje hacia la noche",
recogido en La tortuga ecuestre.Moro apunta al final del poema lugar y fecha, donde encontramos por
primera vez el título utllizado por SalazarBondy: Lima la honiblq 24 de julio o agosto de 1949, firmado
César Moro fla tortuga ecuestrel.
'
"El medio geográfico y la mayor resistencia de la cultura antigua -escribe José María Arguedas-
determinaron, pues, la extrema diferenciación que actualmente existe entre sierra y cost4 en el Peru.
Nunca fueron en la antigüedad tan distintos ambos mundos. [...] Pero en la actualidad y desde que se
intensifrcó la explotación industrial del país, tales obstáculos no sólo provienen de la naturalezafisica del
suelo y de la resistenciacultural del indio; provienen también" y en medida mucho más grave de Io que a
primera vista parece, del conservadurismo colonial, que en la sierra tiene raíces aún muy profundas, por
el mismo echo de que en esa región la cultura hispánica estuvo rodeaday tuvo que afirmarse y ahondarse
más que a través de la lucha". En su libro Formqciótt de urn culÍurq nocional indoamericana, México,
Siglo XXI, 1975, pitg.26.

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24 Lima en la traclición literaria del Peru

Como sentenció irónicamente Abraham Valdelomar, cuando en los años


veinte los intelectualesreclamabanla descentralización,l.."ima
es el Perú. "La historia
de la cultura colonial -escribe Luis Alberto Sánchez- no se explica sin Ia actividad

de Lima, un oasis en medio del desierto"3.Este secularcentralismo capitalino -por


otra parte característico en el ciclo de las fundaciones de las ciudades
latinoamericanas4- ha determinado los procesos a través de los cuales la historia de

la literatur^ per.t^n ha reflejado la evolución de una sociedad herida por su


pro funda segmentación.
Dicha oposición entre la sierra fértil y contemplativa y la controvertida
ciudad, fundada en el árido desierto costeño, ha permanecido como eje temático
ineludible a lo largo de la historia de la üteratura dei Peru y en las paginas de los
viajeros que visitaron el país y residieron efl su capital. Si acudimos a algunos

ejemplos emblemáticos, ya Calixto Bustamante Carlos Inca, alias Concolorcorvo -

cuya identidad, a pesar del debate, fue desvelada por Marcel Bataillón al consignar la
autoÁa de Alonso Canó de la Vandera- establecíaen la segunda mitad del siglo

XWII la oposición entre Lima y el Cuzco en El I-aqarillo fu ciegoscaminantes.


Por
aquel tiempo de inquietos presagios pre-independentistas, la Lrma afrancesada
cautivó Ia mhada de aguzados viajeros, Que plasmarían imágenes de la ciudad en
innumerables páginas, cuyo valor es inestimable como testimonio externo de la urbe

y sus cosrumbres. Entre ellos, los insignes científicos españolesJorge Juan y


Antonio de Ulloa patentrzaron en sus libross ese divorcio entre el país y la

metrópol-i. Y en el siglo siguiente, el propio Humboldt, que llegó a Perú en 1,802,


juzgó duramente ia mentada escisión nacional: "En Lima misma no he aprendido

nada del Peru. Allí nunca se trata de algun objeto relativo a la feücidad púbüca del

' Luis Alberto


Sánchez,"Panoramaculturaldel Peru". introduccióna la T ed. de su obraLo Literattrq
Peruqnq,Limq Ediventas,1965-66.Publicadoen Luis Alberto Sánchez, La vida det siglo, Hugo García
Salvattecci (ed.),Venezuela, Ayacucho,1988,pag.34.
' En
el libro fundamentalde JoséLuis Romero,Latinoamérico:lss ciudadesy las ideas,el autorplantea
el procesocentralistade las fundaciones:
"No solopor su gustoremedabael fundadorlo quedejabaen la
península.Estabainstruidoparaque estableciera el sistemapolítico y administrativode Europa[...] de
modo que la nueva ciudad comenzaracuanto antesa funcionarcomo si fuera una ciudad europea,
ignorantede su contorno,indiferenteal oscuromundosubordinado al que se superponía'.México, Siglo
XXI, 1976,pá9.67.
' Jorge
Juany Antoniode ülo4 NoticiqsSecretasdeAmérica,Madrid,Istmo, 1988.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la tradición literaria clel Peru 25

reino. Lrma está más separadadel Peru que Londres, y aunque en ninguna parte de
América Española se peca por demasiadopatriotismo, no conozco ninguna otra en

la cual este sentimiento sea más apagado.Un egoísmo frío gobierna a todos y lo que
no sufre uno mismo no da cuidado al otro"ó. En el siglo XX esta temática sigue
vigente, enfocada desde distintos puntos de vista, desde César Vallejo a Enrique

Congrains Martín, José María Arguedas o Julio Ramón RibeyroT.

La'tmagen de Lima de espaldasal resto del país mantuvo su representación


física real durante el siglo XWII colonial y buena parte del siglo republicano, puesto

que la ciudad se encontraba circundada, desde el año 1685, por unas murallas que

marcaban no sólo sus límites, sino también su fisonomía de reducto espiritual de


elite. Pero, como toda ciudad, Lima no pudo substraerse al mandato de las
mutaciones y, en 1870, cuando presidía el país José Balta, el ingeniero Meiggs

obtuvo el permiso para que los viejos muros fueran derruidos. Era el comienzo de la
transformación. Raúl Porras Barrenechea,en su artículo '?erspectiva y panorama de
Limt', describe ese primer intento de ingresar en la modernidad, cuando fueron

demolidas las opresoras murallas que detenían el crecimiento de la población, y que

en otro libro ha mostrado como "urbanicidio" -"destrucción por la picota, y no por

el tiempo"- de ia ciudad dieciochesca reedificada úas el demoledor terremoto de


17468:

pa ciudadl se extendió efltoflces prodigiosamente, reernplazando los antiguos


muros por anchas avenidas de circunvalación. A la visión certera y previsora de
Meiggs se unieron, para transformar a Lirna, el espíritu artístico y la infatigble
actividad cle Manuel Atanasio Fuentes, a cuyo gusto y bajo cuya inspiración se alza¡on
los planos clel palacio de la Exposición de 7872 y de los iardines que lo rodean, dentro
de los cuales se hallaban los actuales Parque Zoológ¡co y Parque Neprunog.

" Cit. en Juan Manuel Ugarte Elespuru,Lima y lo limeño, Lima, Editorial Universitari4 1967, pá9. 12.
7
Nos remitimos a la pág. 176 de estetrabajo.
t
En su Pequeña antología de Lima. Et río, el puenfe y la alameda, Limq Instituto Raúl Porras
Barrenechea,1965,págs.397-399.
'
Raúl Porras Barrenechea,"Perspectivay panorama de Lima", La mqrca del escritor, México, Fondo de
Cultura Económica, 1994. páry.l0l. Por su valor histórico, merecerecordarsecomo testimonio directo de
aquel primer impulso modernizador, el relato del üajero francés Edmundo Cotteau, miembro de la
Sociedadde Geografia de París, que llegó a Lima en 1878. En su relato enuncia los adelantosurbanos de
la época de Balta, la formación de la colonia china, usos y costumbresde los limeños, etc. En Raúl Porras
Barrenechea,Pequeño antoloCía de Lina. ed. cit., págs. 301-306,

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26 Lirna en la tradición literaria del Peru

Pocos años después,en 1.879,la ciudad, ya desnudae indefensa,sufrió la


invasión de las tropas chilenas. El intento de ingreso en la modernidad había

fracasado;como ha visto Peter Elmore, "la proto-historia de la modernidad urbana

en el Perú concluyó en una debacle"lo.Tras la Guerra del Pacífico el país había de

afrontar la reconstrucción y rcparatla decaídamoral del pueblo peruano.

Sobre las ruinas del pasado pródigo de la ciudad de los Reyes se abría un
futuro de cambios que culminarían, a mediados del siglo XX, en un proceso de
asimilaciónde las provincias en el espacio cadavez más desbordadode la ciudad. La
Lima amurdlada en tiempos de ia Colonia se convertirá así en el escenarioprincipal
dei cambio social y cultural del Peru. Esta transformación, openda sobre un país

cuyo siglo republicano se caractetzó por el caos, es el sedimento que permite la

emergencia de una literatura urbana eminentemente evocativa desde las postrimerías

de dicho siglo. Tradición literaria de profunda rugambre que experimentará cambios

substanciales a lo largo del siglo XX, pues si bien la veta evocativa persiste, sin
embargo ei objetivo se desplazay la emergencia de evocacionesde la ciudad antigua
no sirve sino para enfocar, con una agudeza cntica más efectiv4 los procesos del

cambio que sufre la urbe de mediados de siglo, momento en que Lima acoge
definitivamente a la sociedad serrana.

Como veremos, todo el proceso de mutación de la ciudad puede rastrearsea


través de la historia de la literatura peflrafla,,tanto en 1o referente al cambio social

como en lo que atañe a la propia transformación urbanística. Y aunque nuestro

objetivo en este capítulo consiste en trazar el eje temático de Lima en la tradición


bterana del Perú, también nos referiremos a las distintas corrientes literarias que
coexisten en los diferentes momentos históricos y a las relacionesque se establecen
entre ellas, de modo que podamos perfilar el tema de la bterzrtr;r:aurbana en el
rnatco indispensable de esta tradición literaria. Sus dos ejes temáticos, narraitta

urbana e indrgenismo, establecen múltiples vínculos, en ocasiones contrapuestos

pero en otras complementarios. Este dualismo de la literatura es el reflejo y la

respuesta a Ia mentada oposición histórica que divide a la sociedad peruana en sus

r0
Peter Elmore, Losmuros irrvisibles.Lima y tamodernidad en la noveladel siglo XX,Lima, Mosca Azul
Editores, 1993,pirg. 11.

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Lima en la traclición üteraria del Peru 27

problemas fundamentales en el proceso de


más profundas raíces,y que generz;ná
construcción de la nacionalidad republicana decimonónicl f, por ende, en la

formulación de un proyecto üterario nacional.Problemas que intentaremosdilucidar

en las páginasde estaprimera parte de nuestro tnbaio.

Quizá simpüficando los términos, en 1928José Cados Mariátegui ubica con


precisión y clatidad esta problemáúcalr, cuando todavía no se ha producido la
radícal transformación de la ciudad de mediados de siqlo:

El Peru según la geografa física, se divide en tres regiones: la costa, la sierra y


la montaña. t..]. Y esta división no es sólo fisica. Trasciende a toda nuestra realidad
social y económica.. La montaña, sociológrca y económicamente, carece aún de
significación. [...] Pero la costa y la sierra, en tar]to, son efectivamente las dos regiones
en que se distingue y separa, como el teritorio, la población. La sierra es indígena; la
costa es española o rnesüa. 1...f"lu dtnlidad de ta bistorial delabnaperuanas,en nxtestra
época,seprecisac0m0un conflicr,oentrelafonna ltistóica que se olaboraen Ia costal el sentimiento
indtgenaque sobreuiueen la sierra hondamenteenrailtdo en la naturak<dz Í..}Ni el español ni
el cdollo supieron ni pudieron conquistar los Andes. En los Andes, el español no fue
nunca sino unpioneer o ufi núsionero"-
La raza y la lengua indígenas, desalojadas de Ia costa por la gente y la lengua
españolas, aparecen hurañamente reñigiadas en la sierra. Y por consiguiente en la
sierra se conciertan todos los factores de r¡na re¡fonalidad si no de una nacionaliclad.
El Peru costeño, heredero de España y de la conquista, domina desde Lima al Peru
serrano; pero no es demográfica y espiritualmente asaz frrcrte pan absorbedo. La
unidad peruana está por hacer, y no se presenta como un problema de artrculación y
convivencia, clenúo de los confines de un Estado único de varios antiguos pequeños
Estados o ciudades übres. En el Peru el problema de la unidad es mucho más hondo,
porque no hay aquí que resolver una pluralidad de tradiciones locales o reg'ionales sino
una dualidad de xaza, de lengua y de sentimiento, nacida de la invzsión y conquista del

ll Véase"JoséCarlosMariáteguiy Luis Alberto Sánchez: Polémicasobreel indigenismo",en JoséCarlos


Rovira (ed.),Identidadculturaly literaturq,Alicante,Institutode CulturaJuanGI-AIbert y ComisiónV
Centenario.GeneralitatValenciana, 1992. Los textos procedende In palémica del indigenismo,
re:opilaciónde ManuelAquézoloCastro,prólogoy notasde Luis Alberto SáncheaLimq MoscaAzul,
1976,piqs. 69-100.En estapolémic4 Luis Alberto Sánchezadviertela excesivasimplificaciónde los
términosen el discursode Mariáteguisobrela problemáticanacional,y la esterilidadde dicho discurso
parala propuesta de soluciones: "Serranosy costeños: asíno sedivideun país,y muchomenoscuandola
sierramismaofrecediferenciastan marcadas,en sí misma,entreel norte,el sur y el centroy cuandola
costatampocoesla misma,juzgándolapor el factorhombre,enMollendo,Callaoo Paita.No, esoesmuy
sencilloy ... muy viejo [...] oponercomosi setrataradetoros,pugilistas,galloso trenes,el colonialismo
y el indigenismo,como lo haceJoséCarlosMariátegui;todo ello es simplísimo,retrotraeanticuados
hábitosintelectuales"(pág. 114)."¿ustedcreeque en la oposiciónde costay sierra,y en la comunidad
indígenaestáel caminode la soluciórLy que la comunidades una organiz-aciín (pá9. l2l).
autocltona?"
La respuestade Mariáteguies contundente:"¿CómopuedepreguntarseSanchezsi yo reduzcotodo el
problemaperuanoa la oposiciónentrecostay sierra?He constatadola dualidadnacidade la conquista
paraafirmarla necesidad históricade resolverla.No esmi idealel Perucolonialni el Peruincaicosinoun
Peruintegral"(pá9.123).
12El subrayadoesnuestro.

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28 Lima en Ia tradición hteraÁa del Pem

Ilerú autóctono por utra r z extraniera que no ha conseguido fusionarse cott la xaza
inclígena, ni eliminatla, ni absorbedal3.

Su planteamiento traduce la tesis dualista del indigenismo arquetípico, cuyos

postulados, formulados en la revistaAmauta, serán superadosposteriormente por la


tercerageneraciónde indigenistas;concretamente,en la propuesta neoindigenistade

José María Arguedas y su descubrimiento del mestizo para la constirución de una


"nacio naüdad integrada'4 a.
En cualquier caso, del mismo modo que Mariátegui parte de la constatación

de este problema básico en la sociedad peruana, como eje esencid, para eI

planteamiento de su'?toceso de la htera.t.xa",Antonio Comejo Polar, en su libro


Ln forrnación de la tradiciónliteraria en el Peni, llanra Ia atención sobre la necesidad de

imbricar procesos socialesy literarios para poder averiguar los modos como se han
ido construyendo las tradiciones literarias nacionales. Su propuesta nos interesa

especialmente en el planteamiento de este capítulo par destacar la relevancia de los


procesos sociales y su papel determinante en el resto de procesos, culturales,
políticos v económicos:

Interesa subrayar, sobre todo, 1z r,o;tuulreza agudamente ideológica de las


operaciones que fijan la imagen del pasado y diseñan la ntta que conduce, desde é1,
hasta el presente, wastro presente. [...] Naturalmente en este proceso se produce un
complejo diálogo entre la "objetividad" del acontecer histórico y el modo como lo leen,
en cada circunstancia, los distintos grupos sociales. A la postre la tradición es el
producto de esta lecturaque no solamente establece el sentido del pasado sino también
-y a veces rnís- el del presente.

^' JoséCarlos
Mariátegui, Siete ensayosde interpretaciónde la realidad pentanq, México, Era, 1996,
pág.185.
ro Ángel Rama
dilucida la cuestióncuandoexponela distinciónentreambosperíodosdel indigenismo,
basadaen el esfuerzode los últimospor subsanarlas carenciasde suspredecesores. En suspalabras,la
tercerageneraciónindigenista""disponiendode un conocimientomucho más amplio de-la cultura
indígenay apreciándola con fuertepositividad,aportarásin embargoel descubrimiento del "mestizo"y la
descripciónde su culturapropia,distintaya de la "india' de queprovenia.Esteúltimo indigenismo,el que
hastala fechapuedeestimarse comoel máscabaly mejordocumentado, ha sabidorealzanelpapelceniral
que cabe al "mestizo" en la formación de la tantas veces ambicionada"nacion¿lidaáintegrada"
peruana...'".
"Introducción"a JoséMaría Arguedas,Formaciónde una caltura nocionalindomaericana.
ed.cit.,pág.XVI.

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Limz en Ia tradición üteraÁa del Pem 29

lls importante añadir que la relación enüe proyecto nacional y tradición


literaria no es ni rnecánica ni unilateral; no lo es, entre otras muchas t?zofles, porque la
tracLción üter¿r.iaes en parte generadora del proyecto nacional y no su simple reflejo15.

En este sentido, el debate literario, como ha visto Cornejo Polar, es al mismo

tiempo una discusión sobre los proyectos nacionalesque se contraponen. Tal es el


caso,por ejemplo, de la polémica entreJosé de la Riva Agüero y Mariátegui sobre el

car^cter de la literatura peruana, que se resume en la oposición entre la visión


hispanista dei primero -formulada en su tesis Carácferd¿ la liferan¿ratlel Peni
independienn
(1905), donde afumaba eI carácter español de la ltterarura peruana- y eI
indigenismo deMatiátegui, quien en 'El proceso delaltteratura" de sus SieleensaJls

refutó enérgicamente las tesis colonialistas de Riva Agiierol6. Enfrentamientos de

este tipo confirman, según Cornejo, "que en un solo momento coexisten varias

tradiciones literarias, con frecuencia combativamente antagótúcas"17.

En las páginas que siguen intentaremos bosquejar el mosaico de imágenes


que adquiere la ciudad alo largo de la historia de esta literatut , en la medida en que
traducen no sólo el entramado interno de las transformaciones urbanas, sino

también los cambios en la conciencia que se tiene de ella. Para ello, siempre
tendremos en cuenta que nos encontramos ante una literatuta "no orgánicamente

nacional", como ha señalado Mariáteguil8, una literatura "polifacética y polícrotna"Te


-Luis Alberto Sánchez-,"pluri-social y pluri-culrural"zO
-Cornejo Polar-, así como

el planteamiento de este último, quien aiterta al observar que "lo que estaba
implícito en Mariátegui era mucho más, eta una visión dialéctica z ttavés de la cual

15Antonio Cornejo Polar,La


formación de Ia trodición líteraria en el Perú, Limq Centro de Estudiosy
Publicaciones, 1989,pá9.15y 17.
'o FranciscoJoséLópez Alfonso analizaesta polémica
en su articulo "Aproximaciónal pensamiento
estético de Mariátegui", publicado en el líbro Pensqmientocrítico y crítica de Ia cultttra en
Hispanoamérica. Alicante,Institutode CulturaJuanGl-Albert, 1991,págs.84-117.
','Ibidem,pag.lT.
'o "El dualismoquechua-español del Peru. no resueltoaún hacede la literaturanacionalun casode
excepciónque no es posibleestudiarcon el métodoválido paralas literafurasorgánicamente nacionales,
nacidasy crecidassin la intervenciónde una conquista.Nuestrocasoes diversodel de aquellospueblos
de América,dondela mismadualidadno existeo existeen términosinocuos.La individualidadde la
literaturaargentina,por ejemplo,estáen estrictoacuerdocon una definiciónügorosa de la personalidad
nacional",Sieteensayosde interpretaciónde lq realidd penrcvrq,ed. crt.,págs.210-211.
'' Luis Alberto Sánchez,"Panoramaculturaldel Peru", cit.,pig.44.
20Antonio CornejoPolar,en AAW, Literaturay sociedaden el Peru,
I,Lim4 MoscaAzul, l9Sl, pág.
34.

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JU Lima en la tradición literaria del Peru

podía verse nuestra literafura como una literatura de diálogo y polémica


intercultural, intersocial..."21.Esto es, una literatura que reproduce las hondas

contradicciones étnicas y sociales y que por ello no cs una) sino varias; es


heterogénea,conflictiva y múltipLu y adquiere una función determinante en el
proceso de construcción nacional, es decir, en la legitimación del pasado yr en
definitiva, de la historia del Peru.

'r
lbidem, pág. 35. Partiendo de este planteamiento,Cornejo centra el que debiera ser objetivo primordial
de la crítica peruana contemporánea:"ver de qué manera nuestra literatura pone en funcionamiento [...]
dos mundos, y un poco que contempla lo que sucedecuando esos dos mundos se comunican o se atacan
mutuamente" (pág 36)
" La perspectiva de heterogeneidadcultural americanafue formulada por Antonio Cornejo Polar como
recurso teórico frente a los habitualesconceptos de mestizaje y transculturación para la definición de las
literaturas de Latinoamérica. Véase A¡tonio Cornejo Polar, "Mestizaje, transculturación,
heterogeneidad", en Asedios a la heterogeneidod cultural, José Antonio Mazzoüi y Juan Zevallos Aguilar
(coord.), Philadelphi4 Asociación Intemacional de Peruanistas, 1996. Cornejo ve en los conceptos de
mestizaje y transcuituración la tendencia a la definición de una realidad desproblematizaday armoniosa.
Frente a ellos, mediante el concepto de heterogeneidad--como ha explicado José Carlos Rovira- Cornejo
"se afincará en una realidad cultural y literaria problematizaday conflictiva, p¿ra considerarlacentro de
cualquier visión que quiera dar cuenta de los procesosy las relacionesde la literatura en el marco de una
sociedadconcreta. La perspectiva contrari4 todo lo que pretenda debilitar el conflicto discursivo (entre
literatura hegemónica, literatura popular, literaturas indígenas)seráuna suerte de mistificación teórica".
José Carlos Rovira, "Heterogeneidad y discursos conflictivos", Revista de Crítica Literqriq
Iatinoamericana, Año )O(V, no 50, Lima-Hanoveq 2do. Semestrede 1999, pág. 109.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la tradición literaria del Peru 3l

r-AcoNSTRUCCtoNDE LA
Dnl nspRcro cEOGtu(FICo AL BSpiRTTUAL:
CIUDAD LTI'ER.ARIA

I.a üleralara -robrelar ciadadet /as dota


de ana se¿andareaüdad¡t/as conuierlesn ciud(tdas
ntítiuu.

Julio ltamón Ribeyto

Ribeyro, el narrador a quien se ha considerado fundador de la Lima moderna,


reflexiona sobre la creaclínliterarta de ciudades en un artículo que dedica a Ricardo

Palma, titulado, a modo de homenaje, "Gracias, üejo socarrón"23. Allí, Ribeyro


estableceun Iazo de unión con la "tradición" del escritor a quien se ha considerado
fundador üterario de la capital peruana24.Pero la relación entre ambos autores la

reservamos para el úitimo capítulo de esta pnmera parte, donde aportamos las

conclusiones de nuestro estudic, resumiendo la línea evolutiva de una tradición

hterar;a limeña y, en última instancia, peruana. Lo que nos interesa destacarahora de

este artículo es la refiexión que nos ofrece Ribeyro sobre la representación literaria
de ciudades, en la que incide sobre el poder fundacionai de la literatura en Ia medida
en que les confiere una dimensión mítica y perdurable. Para ello, recuerda algunos
casos patadtgmáúcos:

Que hay escritores profirndamente identificados con su ciudad rntal o


adoptiva es un hecho conocido. La obra de estos auto(es es inseparable de la ciudad
en la que r,-ivieron y sobre la cual escribieron: BaJzac y Pais, Dickens y Londres, Joyce
y Dublín, Musil y Viena, etc. Gtacias a ellos, estas ciudades nos son famiüares,
poddamos decir que las conocemos (así nunca hayamos puesto los pies en ellas), que
hemos tenido acceso a su espacio y a su espíritu. Nunca he estado en Trieste ni en
Estambul, pero he recorrido sus suburbic¡s, sus mercados ¡' s1¡5puertos leyendo a
Umberto Saba o a Nazim Hikmet. Por mecliación de estos autores, el lector se apropia
de una visión de lo no visto (por lefano o por pasado), que no se equipara a la
expedencia directa, pero que la sustituye y, llepdo el caso, Ia complementazs.

t3 Julio RamónRibeyro,"Gracias,viejo socarrón",en su


AntologíaPersonal,México, Fondode Cultura
Económica,1994,págs.127-131.
2aRecordemosla aseveraciónde Raúl PorrasBarrenechea: "La ciudad-ya lo sabéis-la fundaronen
colaboracióndon FranciscoPizarro y don Ricardo Palma". En w Pequeñauttologín de Lima. El río, el
puentey Ia alomedo,ed.cit., pág.9.
2t J,rlióRamónRibeyro,"Gracias,viejo socarrón",cit., pá¿.l2S.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

32 Lima en la tradición literaria del Peru

"Las ciudades existen, no sólo en la geografía,sino en el espíritu", nos


recuerdaltaúl Porras Barreneche*6.Desde este punto de vista, la literatura las dota
de una segunda realidad complementaria, mírica, trascendente, sobrenatunl. Para
lUbeyro, fieI admkador de la literatura francesa, París es, sin duda, la ciudad

prir.'ilegiad^ pot Ia lkerafrirz;:

I-a üteratura sobrela¡ ciudadeslas dota denna segundarealidadll las conuierteen dudades
ní[icas. Inversamente, la ausencia de esta literatua las empequeñece. Hay ciudades
irnportantes pero que no han inspirado grandes obras literarias y que por ello misrno
siguen siendo sólo eso, ciudades importantes [...] Estas ciudades pueden ser centros de
interés político, económico, histórico, urbanístico u otros pero, que yo sepa, carecen
de phcuaüa üteraria, no han dado origen al o los escritores que les agreguen la
dimensión sobrenatural de la üteratura.
Pads, en este sentido, es una ciudad privilegrada. Su prestigio, a pesar de no
ser la metrópoli cultural del mundo, proviene en gran parte de las obrzs que inspiró a
escritores nativos y foráneos [...]
Que estas rqrresentaciones sean fidedignas no tiene mucha importancia. Si lo
sorr, poseen a parte de su valor estético uno documental, que satisface el gusto de
ciertos lectores por lo corrcreto y permite a historiadores, sociólogos y economistas
estudios tan pronto apasionantes como necios. Pero pueden ser también
representaciones equivocadas, tendenciosas o fantasistas. La Habana de I-ezamz Lima
puede ser delirante,la Pnga. de Kafka onírica y el Bagdad de Las Mil y una Noches
fabuloso. Pero esgraciasa es[osautoreso übrosqat dicbosespacios dgjande serespacios geognífcos
para conuertirseen espacioseEirinalu, sontuariosque sinen deperegrinación I dt referenciaa la
fantasn uniuersaPT.

Tras esta reflexión sobre un tema tan universal como son las relaciones entre

literatura y ciudad, Ribeyro regresa en su artículo al asunto del que había partido,
Ricardo Palma, cuyas TradicionesPeruanasse acomodan en los lindes difusos que

separan y ^ Ia vez airnan historia y lkerartn, rcalidad y ficción. Ribeyro atribuye la


creación de Lima como espacio espiritual, esto es, la primera fundación literaria de

esta ciudad, a ese "r,'iejo socaffón" que fue Ricardo Palma. Desde su punto de vista,
la historia y la memoria de los limeños pervivió gracias a la abn del tradicionista,

asumiendo Ia aseveraciónde un ilustre historiador para quien "Líma fue fundada


dos veces,Iapimera por FranciscoPizarro y la segundapor Ricardo PaJm*'z\.

l6-Pequenamúologíade Lima, ed.cit., pág.g.


" "Gracias,viejo socarrón",cit., págs.128-129.
El subrayado
esnuestro
T lbidem, pitg.'127

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la traclición literaria del Peru 53

Ahora bien, recordemos que nuestro objetivo en esta primera parte consiste

en un recorrido, lo más amplio y exhaustivo posible, por la producción literaria en la

que I-ima adquiere una función determinante como imagen, escenario, o incluso
corno personaje central. Por tanto, debemos remontarnos desde el srgio XIX de
Palma alaLima colonial, época en la que encontra-rrloslos primeros testimonios en
los que la ciudad hace sus primeras apaticiones en el espacio de la escrirura. En

cualquier caso, como veremos en el capítuio dedicado d. ttadiitonista, Palma ha sido

considerado fundador literario de la ciudad por ser el primer escritor que crea un

corpus literario de entidad en el que Lima p^sa a formar parte de la historia hterana;

partiendo de la estética romántica, da vida a IaL:rrta del pasado desde su fundación


en un género ongrnai y novedoso; y, además, rescatadel olvido la ciudad colonial
cuya representación literaria hasta el momento había sido más bien escasa.Pero a

pesaf de esta escasez,nos pafece interesante,e incluso necesariopafa este trabajo,


remoritarnos a la Colonia y recoger esos primeros balbuceos con los que Llrrra nace

en los espaciosde la literatura.

Para empezar este recorrido, apuntamos los siguientes versos de Sebastián

SalazatBondy, como primer interrogante al que trataremos de responder a través de


las imágenes que nos brindan los escritores de Limaen el devenir de la historia:

Lima,aire que tienes una leve pátina de moho cortesano,


úempo que es una cicatriz en la dulce mirada popular,
lárnpan antigua que reconozco en las tinieblas,
¿cómo eres?29

Nada mejor para responder a esta pregunta que regresar a ese tiempo

cortesano, abm Ia cicatnz del tiempo y penetrar intrépidamente en las tinieblas del

oasado.

2eVersosdel poemade SebastiánSalaza¡Bondy titulado "Identidadsentimental",sección"Lugar de


CelisCepero,Bogotá,1983.
nacimiento".En su libro Conductqsentímiental,Ediciones

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

J+ Lima en la tradición literaria del Peru

CONTpxToS PARAEL INGRESo DE LTvTeEN I-A LITERATURA CoLoNIAL


I"¿,Cruo,lD SrLEN cro sA.(Pnnarnos rESTrMoNros)

Lian h ardienle, cltt su ratnil/nfr de


carnpanariosllas torresamarillas desu Catedral.

Paul Morand

Durante los siglos XVI y XVII, la época áureadel gran virreinato del Perú, la
mítica Ciudad de los Reyes,que inicialmente fuera aldea de cañay barro, adquiere su

particular fisonomía y alimenta su leyenda. Desde fines del siglo de la conquista, el


espíritu criollo impone su anhelo fastuoso a ia ptimitiva sencillez de los primeros

pobladores, anunciando así ei nacimiento de la ciudad barroca: el plano cuadriculado

de las calles es compensado con el ornamento exterior de casasy palacios, sin

olvidar esos campanarios y cúpulas que, como recuerda Raúl Porras Barrenechea,

conferían aIa ciudad desde la distancia "esa gracíamusulmana que ha de sorprender

a los viajeros"3o.También Aurelio Miró Quesada, en Lima, tiera-y mar, rcpara en la


eleganciade los prominentes balcones artísticamente labrados y en el ornato exterior

de una ciudad americanade abolengo moruno:

.",".,*,#."3X10,,11.¿hl$:lLi:':l#:l*";,lJT;,'."#?
los ternplos luego y las casas después, se fueron engalanando con esos ba¡ros
vidriados de colores, en que se unía la gncia de la ciudad con el refirlgente sol de
Andalucía y el abolengo artístico de l¿s tierr¿s morunas3l.

La ciudad del boato, donde la limeña derrocha gracia y belleza tras el


insinuante y,alavez rccatadoropaje de sayav'manto, continúa creciendo aLolargo
de los siglos XVI y XVII en ai.cosy bóvedas de iglesiasque marcan los caminos de

30
"Perspectiva y panoramade Lima", en La marca del escritor, ed. cit., pág. 95.
" Aurelio Miró Quesada,Lima, tierray mar,Lima, Juan Mejía Baca, 1958, págs.42-43.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la tradición ütenria del Peru 35

avancey crecimiento urbano, ! eue, por otra parte, imprimen ese aspecto monacal32

que tanto contrastara con la frivolidad y el sensualismode la consideradaciudad-


mujer por excelencia.Como ha obsen'ado Raúl Porras Barenechea,

ese ideal de recato y clausura se conta¡la y se extiende, porque la casa famlliar es


ascética, teprimida por fuera y aleg:rey expansiva por dentro, porque la arquitectura
adopta esa misma actitud de atisbo y de recato en las celosías moriscas de los
balcones, porque las mujeres se tapan el tostro para salir a la calle, y, por último,
porque la ciudad núsma, ungida de místico recogimiento aprendido en el lírico rcga'zo
de las letanías, decide convertirse toda eüa, en un inmenso huerto cenado -/¡ortus
c/ausum- y encerrarse dentro de unas murallas simbóücas que nada defienden, porque
los limeños confian, rrrásque en ellas, en la a¡rda de Dios33.

En el siglo )il/II, Líma ya se ha convertido en el centro comercial de las


colonias; es allí donde se gestiona la distribución de las mercancíasde Europa a toda
Sudamérica. Como recuerda José de la Riva Agüero, "Lima era como una nueva
Bizancio -una Bizanito páüda y quieta, sin herejías ni revoluciones miütares"34.Y, ^
lo largo del siglo, experimenta un considerable crecimiento, se disipa su ambiente

pastoril y se exagera el ornamento, así como también el lujo de ios limeños, tal y

como rclata el jesuita Bemabé Cobo en su Hisnria d¿la fundnciónd.eLirua

No es rnenor la rigueza de esta ciudad que esú en bienes muebles de


mercaderías y alhajas de sus moracfores, respecto del mucho adorno y apar:ato de sus
casas, el cual es tan extraordinario, que pienso no se halla ningura, ar¡n de la gente rnás
humilde y pobre, en que no se vea alguna ioya o vaso de plaa o de oro; y es tan
excesiva la cantidad de estos ricos metales y de piedras preciosas [...] q"e según gente
pxáctca se valúa en veinte millones esta riqueza, fueta de las me¡cadenas, vestidos,
tapicerías y de toda suerte de ajuar de casa y del culto divino; baste decir que Ia
hacienda que tienen los vecinos en esclavos pasa de doce millones35.

" Raúl Porras Barrenechea nos facilita los datos que patentanla fervorosareligiosidadde la Lima
colonial:"El censodel marquésde Montesclaros arrojarásobreun total de 26.441habitantes, un 10 por
100 de clérigos,canónigos, frailesy monjas.JuanMaría Gutiénezpodrádecir de Lima que era'un
inmensomonasteriode ambossexos'". En art. cit., pág.95.
" Raúl PorrasBarrenechea, Pequeñaantologíade Lima. Et río, el puentey la alameda,ed. cit., págs.
381-382.
3a José de la
Riva Agüero, La (Jniversidadde San Mqrcos en Ia vida colonial. En R¿úl Porras
Earrenechea, Ibiden, pá9.166.
" Eljesuita BernabéCobo(1582-1657)es el autor dela Historia de lafundaciónde Lima, publicadaen
Lima por primeravez en 1882.Por estaobra,en la que describeminuciosamente la historiade todoslos
edificiosde la ciudad,asícomotambiénsu encantode aldeacampesina, se le ha considerado "casicomo
el cronistaoficial de la fundaciónde Lima"- Reprod.en Raúl PorrasBarrenechea, Pequeñaantologíade
Lima, ed.cit., pág.47.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

36 Lima en la tr¿dición litetaria del Peru

En cualquier caso,el mito de la riqueza y Ia.prodigalidad del Perú, convertido


en utopía accesible,habíabrotado ya en las primeras crónicas del descubrimiento.Y

su capital debía hacer galade esa leyenda que convierte al Perú en El Doradode Ia

fábula36.Recordemos un fragmento emblemático, en el que Pedro Cieza de León


contribuye a esa leyenda en su CrónicadelPeni. Concretamente, en el capítulo IXXI

de la primen pafie de la crónica, titulado "De la manera que está situada la ciudad
de los Reyes,y de su fundación; y quién fue el fundador", el cronista describe la
ciudad seiscentistay en ella destaca, ,1 ig"d que Bernabé Cobo, ese aire rustico y
perfumado de jardines y huertas que caracrernó aIa aJdeacolonial.

Esta ciudad después del Cuzco es la mayor de todo el reino del Peru y la nr:ís
principal, )' en ella hay nruy buenas casas, y algunas nruy galanas corr sus torres y
terrados, y laplaza es grande y las calles anchas; y por todas las más de las casaspasan
acequns, que es no poco contento; del agua dellas se sirven y riegan sus hueftos y
jardines, que son tnuchos, ftescos y deleitosos. Está en este tiernpo asentada en esta
ciudad la corte y cancillería real; por lo cual, y porque la contratación de todo el reino
de Tierra Firrne está en ella, hay siempre mucha gente y grandes y ricas tiendas de
mercaderes. [...] verdaderarnente es una de las buenas tierras del mundo, pues vemos
que en ella no hay hambre ni pestilencia, ni llueve, ni caen rayos ni relárnpagos, ni se
oyen truenos; antes siempre está el cielo sereno y muy hermc¡so37.

En este mismo sentido, es preciso mencionar la descripción de fr"y


Reginaldo de Lizaraga. en la que subraya el sentido poético de la constante

presencia de la natunleza en el seno de la ciudad: 'Desde fuera no parece ciudad,

sino un bosque con muchas huertas, con naranjos, parras, granadasv otros árboles
frutales de la úerra, por las acequias que por las cuadras pasan"38.Es así como las
crónicas ahentan, entre los siglos XVI y XVII, la visión del Peru -y de Amérrca-
como reminiscencia del Paraíso.

3t
Véase Raúl Ponas Barrenechea,"Leyenda y oro del Perú", en La marca del escritor. ed. cit., págs. 27-
39.
37
Pedro Cieza de Le6n, Crónico del Peru (1553), en Obras Comptetasl Carmelo Sáenzde Santa Maria
(ed.), Madrid, C.S.I.C.-Instituto"Gonzalo Fernándezde Oviedo", 1984,págs.95-96.
" En Raúl Porras Barrenechea,Pequeña antología de Lima, ed. cit., pág,375.

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Lima en la uaclición üteraria del Peru 37

Como ya hemos señalado,desde su fundación por Ptzxro Ijma evolucionó


al margen del Peru y de su pasado y, además,vivió a expensasde éste. La ndical

oposición entre la costa y el mundo andino se traduce en el antagonismoque separa

Lknz y el Cuzco -la capital del Imperio incaico-; "las dos ciudades síntesis de Ia

peruanidad, antes y después de la conguista"¡s. Dicho contraste, explica Peter


Elmore, "nutrió ya en los propios colonos españolesdel interior la impresión de una
lndical fnctura del virreinato, de una suerte de contradictorio dualismo en el cual el

polo limeño encarnabauna entidad de algun modo enemiga del resto del país"ao.
En este contexto, en la sierra andina el encuentro de las dos culturas podía
ser más efectir,'o, puesto que Lima constituía un reducto de criollos con esclavos

negros que permanecían ajenos y extraños a la inmensa realtdad tndígena,cuya única

presencia en la ciudad durante los primeros tiempos de la Colonia se reduio a un

número muy escaso de los llamadosJacanlnaso gentes del servicioal. No es de

extrañar que sea precisamente el Cuzco la ciudad donde se formula por primeravez
una conciencia crítica a través del discurso histórico-üterario del escritor principal de
la tradición colonial hispanoamencana,el Inca Garcilaso de la Vega.

'e Raúl Porras Barrenechea,El sentido tradicional en la literatura


Wruanq, Lima, Instituto Raül Porras
Barrenechea, 1969,pág.9.
* PeterElmore,Los murosinvisibles.Lima y Ia modernídoden Iq noveladel sigto XX, ed. cit., pág.34.
ot En l57l
sefunda"El Cercado",unareducciónde indiosen las afuerasde Lima, con iglesiay cabildo
indio bajo la tutelajesuítica,cercadade altosmuroscuyaspuertasse cerrabanpor la noche,y dondeno
podianentrarblancosni mestizos.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

38 Lirna en la tradición üter.a¡ia del Peru

LRruxn¡cróN pERUANA
DE L\ ESCRTTURA

Pero oíau.¡etanhién en aquella ciudad "peinada


por el sol" de la qne la Una ¡nodernu de cabellera
de.r¿reñada,]teiaatla de gallinaqos, es sólo un pálido
recaerda,arntoníastttis a/tas que el eternorEirar de /as
cdm\ands, el eterno canfar de los conuentos 1 e/ eternn
reuentardelos cohefes.

Beniamín Vicuña Mackenna

Cuando nos acercamos a la literatura peruarra colonial, sin duda es la figura


del Inca Garcilaso de la Vega (1,539-1,61,6)
la que ilumina todo el período. Hijo del
conquistador Garctlaso de la Vega -miembro por tanto de noble y poderosa famtha

española- y de una princesa inca -nieta de Túpac Yupanqui y prima de Atahualpa-,

él es el primer mestizo, tanto biológico como espirirual, que aparece en el contexto


intelectual amedcano. Su novedosa formulación del mestizaje cultural de raíz
neoplatónica, esto es, del encuentro de las dos culturas enfrentadas en la conquista,
lo convierte en el referente principal de Ia bteratura hispanoamericana colonial. En

él se fusionan y reformulan ambas tradiciones espirituales, y de ese dualismo


nacieron sus ComentariosRea/ef2, obra en la que tiene lugar la primera fundación

crítica del discurso literario americanoa3.Como determina José Cados Mariátegui, el

fnca "es, históricamente, el primer 'peruano', si entendemos la peruanidad como


una formación social, determinada por la conquista y la colonización españolas.

Garcilaso llena con su nombre y su obra ana etapaentera de la literalnaperuana"44.


No es nuestro objetivo penetrar en la obra dei Inca, pero sí nos interesa
destacar algunos rasgos de su escritura y su sentir literario, por su conexión con

buena parre de la literarura petu na posterior. En primer lugar, el gusto por las

anécdotas y el talento para narrarlas delatan la especial complacencia en e[ cuenro,

uno de los géneros predilectos de los escritorespeflianos. Por otf parte,la marcada

a2
Aparecióen Lisboa en 1609 y la segundaparte no ve la luz hastaun año despuésde su muerte, en l9l6
"' Véase Julio Orteg4 "La fundación crítica", en Crítica de la identidad" l"a pregunta por el Perú en sa
literatura, México, Fondo de Cultura Económica- 1988.
a
José Carlos Mariátegui, "El proceso de la literaturd', Siete etaayos de interyretación de la realidod
peruana, ed. cit., pág.2ll.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la tradición ütetana del Peru 39

tendencia evocativa y nostálgica y un arraigado tradicionalismo, heredado tanto de


incas como de españoles, predice el sesgo que adquiúría la literatura peruana

posterior: en los ComentariosI\ea/es,escritos en Córdoba ya en plena madurez,

Garcilaso recobra su infancia a través de la creación; de algún modo, inventa un


pasado ideal en la escrirura) ürr versión míaca, pretendidamente justa, fehz y

heroica del Imperio de los Incas. Como veremos, esta escrifura evocaúva e

ídealtzadora se repetirá, salvando las distancias, a lo largo de la historia de las letras

peruanas.E,sapredilección por el pasado,recuperado en una esc¡:ituraentre irónica y


nostáigica, será el tono dominante de la expresiónhtetaúa peruana, desde Garciiaso
a Ricardo Palma y tantos otros escritores que siguieron alimentando, ya en pleno

siglo XX, la leyenda de "la Limra que se vt'45. Sobre la base de esa recuperación
constante del pasado intentaremos fo¡mulat en este trabaio el eie que permite

reconstruir una tradición literurta con rasgos comunes que persisten desde la

Colonia hasta la literatura contemporánea.


Estamos en las puertas del siglo XVII y en ia Ciudad de los Reyes se recogen

todas las esenciasculturales de la América Austral, tal y como ocurriera en e[ Cuzco


durante la época prehispánicaaí. En Lima se esctibieron los primeros versos
petrarquistas, el PamasoAnürtico de Diego Meú4 con el Discursoenloordelapoesíade
Ia poeta anónhmaa7,la
MiscehneaAu¡tral de Diego de Ávalos y Figuero4 pubücada en
Lima en 1602,IaepopeyamísticaLa Cristiadade Diego de Ojeda (Seviila,1611),El
Arauco Domadnde Pedro de Oñaa8y las Annas AnÍárticas de |uan de Miramontes y

Zuazo\a.Destacarontres virreyes poetas-el Príncipe de Esquilache4e,


el latinista

ot Estaleyendatienecomomáximoexponenteel libro del cronistaJoséGálvez,tituladoLInaLima quese


va, Lima Euforiór¡ 192l.
o6Raúl PorrasBarrenechea, Et senticlotrqdicionol de Ia literaltrra peruana, cit., pág.24.
o7PedroHenríquezHureña,entreotros,hablade la existencia dos contemporáneas
de damasmisteriosas,
de SantaRosade Lima y tambiénperuanas, que firmaronClarinday Amarilis: "Clarindadedicóal poeta
andaluzDiego Mejía un largoDiscursoen loor de la poesíaen tercetos(1608).Amarilis dirigió a Lope
de Vega,algúntiempoantesde 1621,unaepístolaen silva. Ambasse desempeñan a maravillapor entre
los hermososrecovecosde la poesíapost-r€nacentista; susbrillantesversosson fruto típico de la cultura
literariade aquelvirreinato.Un escepticismo mal fundadotratade despojarlas a las dos de su enigmática
gloria. Yo no encuentror¿rzones suficientespara ello", En Zas carrientesliterarias en Ia América
Hispánica,México,Fondode CulturaEconómic41994,págs.78-79.
a8Pedro Oña dedica poemaal recuerdoconmovidodel
de un temblor que agitó la ciudadde Lima en
1609.El poemasetitula"Temblorde Limaen ló09".
ae Ricardo Palma le dedicauna de sus tradiciones,la titulada "IJna aventuradel viney poeta". En
Tradiciones peruanas,tomo II, Barcelona" Montanery Simón,1894,págs.35-40.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

40 Lim¿ en la traclición üterada del Peru

Conde de Santiestebandel Puerto y el Marqués de Castell-dos-Ríus-, y mnro


Cervantes como Lope de Vega mencionaron con admiración a un cenácuio de
poetas del virreinato en el (anto de Calíopey en E l laure/deApo/0, respectivamente.
En cuanto aLima, como tema o preocupación literaria, es preciso recordar aquellos
versos en los que Pedro de Oña, y^ en 1,596, establece la que será visión

predominante de Ia ciudad en la literatura peruanaposterior:

Ya Lima con soberbiofaustoy pornpa


sehincha,selevantay seengrandece.

O aquellos otros de la misma obra -el Araaco Domado- en los que Pedro de

Oña contribuye a la leyendade la ciudad difundida por los primeros cronisras,


describiendolas excelencias
del clima que conviertenal lugar en réplicadel Paraíso:

Soberbios montes de la regia Lima


que en el puro cristal de'urrestro río
de las nevadas cumbres despeñado
anogantes miráis la enhiesta cima
tan exenta al rigor del almo estío
como a las iras del invierno helado50.

En este contexto de flotecimiento literario) entre poetas peninsulares que


siguen llegando ai Peru a finales del siglo XVI, y con la fundación del discurso
crítico pefttano en la figura del Inca Garcilaso como principal referente de la
1j.te:.:at.)na
colonial, hay que mencionar otros nombres que sobresalen en el siglo
XVII: Juan de EspinosaMedrano,llamadoel Lunarejo(1629/1632?-1688),
yJuan
-1696).
s (1652?
de Caviede

El Lunarejo, mestizo como el Inca y también educado en el Cuzco, destaca


por haber escrito El apologetico
enfauord¿Don I-ilis d¿ GóngoraGi-^, 1662). Ventura
García Calderón considera esta obra como "ratez^ bibliográfica y la más elegante

'o Pedro
de Oña,Araucodomado,Madrid,CulturaHispánica,1944

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la t¡adición literaria del Peru 41

prosa del coloniaie"sr. Esta obra, que constituye una defensa del Polferzoy las
de Góngora y obedece a la estética barcocas2,es la única obra gongorina,
Soledade.r
ademásde gongorista, del Perú virreinal. Es decir, acusauna clara diferencia con la
escritura hueca y engoladade su tiempo, puesto que, desde la estéticagongorina, el
escritor consigue una prosa elegantey clata, transida del espíritu castigado y apacible

de su provincia. Menéndez Pelayo la califi.có de "peda ca.da en el muladar de Ia


retórica culterana"53.En suma, si en México Sor Juana Inés de LaCruz despuntó

dentro de esta estética en la poesíq en ei otro gran virreinato el Lunarejo sobresale


como experto gongorista en una prosa del más puro estilo barroco.

A lo largo de todo el siglo, el estilo alambicado araiga en el ambiente


literario, tal y como puedecomprobarseen la obra de Ia famüa de los Pinelo piego
Lopez de Lisboa y sustres hijos, Antonio, Juan de Dios y Diegosa),que ocupabaun
lugar privilegiado en la vida cultural del rnomento. En el contexto cultural del
Barroco, cabe mencionar también al Padre Rodrigo de Valdés (1609-7682),jesuita
formado en el Palacío Virreinal que fue Catedrátco y Prefecto de Estudio en el

Colegio Máximo de San Pablo, quien escribió eI Poeruaheroicohispano-ktino,


panegírico
d¿k Fundaciónl grandtqasdc la nry noblel l¿al ciudadd.eUma, publicado en Madrid en
1687. También merece ser citado, por su catácter testirnonial delaüma barroc4 su
Rekcitín poática dz la fatal ruina d¿ la gran ciudad d¿ los kJ6 I:ina, con los etpanfons
tembloresde tiera sucedidos
a 20 de octubrede / 687. Va al fn //n rznance al nunca aisto

alborvtode la ni¡ma ciuctaden la noched¿l lunes / de dicienbredel misno añ0, ocasionado


del
ramorfalso de k salida d¿l nar. Por un ingeniemd¿ estacorte(Jtrna. 1687). EI título es lo

5r
Ventura García Calderón, La literatura perudrna (1535-IgI4), enla Rewe Hispanique, tomo XXXI,
New Yorlg París,1914, pá9.29.
t'
Sobte este autor y su obra, destacamosel artículo de Luis Loayzatitulado "El Lunarejo", en su libra El
sol de Lima, México, Fondo de Cultura Económica, 1993, págs. 40-47.
53
Marcelino Menéndez Pelayo, HisÍoria de la poesía Hispano-americana, en Obras completas, tomo II,
Enrique SánchezReyes(ed.), Santander,C.S.I.C., 1948,pá9. ll7.
to
Véase López de Lisboa, Epítome de la vida det IImo. Doctor Don Fernqndo Arias Ugarte (Lima,
1638), Antonio de Leon Pinelo, Relación de las Fiestas que a la Inmaculada Concepción se hicieron en
Lima; y principalmente de los de laCongregación de Ia Fscpectacióndel Parto, en Ia Compañío de Jesus,
año 1617; Diego de León Pinelo, Solemnidad.ftúnebre y exequiasa la muerte de Felipe IV (Lima, 1666) y
la obra Celebridad y Fiestas con qae la Ciudad de los Reyes solemnizó la beatificación de la
Bienaventurada Rosa de SantaMqría (Lima, 1670).

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

42 Lima en la tradición üteraria del Peru

suficientementeextenso y explícito sobre los contenidos de esta obra versada.Pero


antes de alcanzar ese fin de siglo en el que el tremendo terremoto matca una de las
fisurasde la historia de Lirna, debemos detenernosen el segundode los autores que
hemos mencionado más arnba como uno de los más destacadosescritoresde este

siglo de retruécanoe hipérbaton.

C¡vm,ons, EL POETADE I-,t cALLE:


NACE LA LiTERATUR,{.
URBANADEPROTESTA

Lejos derafán erudito, del baroquismo y el culteranismodel Lunarejo,Juan


dei Valle Caviedes nos interesa especialmente en este estudio porque apofta ufia
literatura más personai, en la que se encuenta eI germen de ese tono burlón y

festivo que caracteriza a buena parte de los escritores costumbristas del siglo XIX,

encuadrados en 1o que se ha denominado criollismo literario.

Nacido en el pueblo andaluz de Porcuna, pronto viai6 al Peru y se afincó en


Lima. Fue vendedor en uno de los tradicionales "cajones de Ribera" situados en la

Plaza de Armas -por lo que se le llamó eI Poetade la Nbera-, desde donde ejerció de
observadot sagaz de la pintoresca vida limeñl, p^Ía verter en su poesía la más

personal y auténtica visión de la frívola y pizpketa ciudad de las quimeras. Fue en

los últimos años de su vida adversa, a finales del siglo XVII, cuando desarrolló una

obra tanto mística como picaresca, que aparece reunida en Poesíasreligiosas,


Poesías
jocosas,Diente d¿l Pamasoy PieTasdramáticas.La socarronería mord M, b
uarias,Poesías
ttonía corrosiva, salpicada de cierra ffascendencia y algunos toques quevedescos y

calderonianos,caracterizanesospoemas que en la épocapasa(on a format parte del


acervo de la tradición oral. En la diversidad de esta obra,lTamala atención ese doble

registro entre ia picante sáttra de su Diente ful Parnan y la risueña tristeza que

caracteriza sus Poesías


uAru$,en tanto que ambas vertientes perviven como cualidades
esencialesde la tradición literaria que estamos tnzando.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lirna en la tradición literaria clel Peni 43

Ventura ()arcía Calderón, en la obra a la que más adelantenos acercamos,

titulada Vale un Peni,Ie considera el primer humorista y lo califica de "incorregible

budón":
Ahí está Caviecles, Caviedes en su cajón de Ribera huroneá:rdolo toclo,
juzgátndolo rodo, inventando motes, escarneciendo corno los pícaros de España esa
pompa calderoniana de nuestra sernpiterna tragicomediaSs.

Este primer poeta de la calle, mujeriego y amafite de Ia janna, representa en

Ia ttadiuón pen)an el incipiente nacimiento de una literatura urbana de protesta,

corrosiva, popular y humanasó; üteratura que, como veremos a 7o latgo de este

ftabajo, evoiucionará por diferentes caminos hasta alcatzar La mitad del siglo XX,

cuando la ciudad, como motivo Jiterario, se convierte en centro temático esencial de


la nasaúva pefl.]ana. Sobre este proceso evolutivo, José Cados Mariátegui apunta

una resumida nómina de autores, de algún modo continuadores de la tradición


inaugurada por Caviedes: "en ciertos aspectos de la vida nacional, en la malicia
criolla, puede y debe ser considerado como el lejano antepasado de Segura, de

Pardo, de Palma y dePaz Soldán"S?,escritores que trataremos al analizarla literatura

urbana del sigio XIX y primeras décadasdel XX. Ventura Garclr- Calderón coincide

con Mariátegui al plantear que Caviedes

defi¡e la literatura vemal, que en otra parte he llamado criollismofen Del mnantinsmoal
nodernismoly cuyo árbol genealógico se extendeú en ünea tecta, sin extinguirse, por
todo el siglo XIX de nuestras letras: Pelipe Pardo, Manuel Ascencio Segura,Manuel
AtanasioFuentes,Ricardo Palma...58

También Luis Alberto Sánchez, en su Panorama d¿ la üteratura d¿l Peni, subraya

la rmpotancia de Caviedes como inaugurador de la diferencia en una tradición

htetana abanderada pot cuzqueños, il haberla enriquecido con una novedosa vi.sión

costeña,popular e irónica, de ia llamada"ciudad de las quimeras":

5s
Ventura GarcíaCalderóru Vale un Perú,París, Desclée, 1939, pig.7O.
t6
Este tipo de literatura se había manifestado hasta el momento a través de la espontaneidaddel pueblo,
en décimas y pasquines anónimos contra los virreyes, así como en la Ovondina de Pedro Mejía de
Ovando, confemporáneode Caviedesque escribe esta diatriba contra la noblez,alimeña.
57
José Carlos Mariátegui, op. cit., pág.2ll-
58
Ventura García Calderón, In literqtura peructnq,ed. cit., pág. 30.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

44 Lim¿ en la tradición literaria del Peru

Caviedes es Lrn auténtico poeta "picarescc¡" [...] fiene una imaginación


chispeante, que coge el lado ridiculo de sus víctinas y lo expone sin conr¡lasión.
Atr¿viesa el lento sarao de su tiempo, con enrpaque de matachín a sueldo de personaje
pclderoso. Su arno era su independencia. No buscó dc¡ctorado ni aplausos, sino saciar
su ira, dar rienda suelta a su buen-mal-hurnor, y curarse, ya que no en salucl,en risa.
I-a colonia limeña cuenta en Caviedes con un fotógrafo audaz y regocijante.
[...] Caviedes nos pinta los temblores con rrrásexactituci que el vieio Barco Centenera y
que los viajeros franceses de los siglos XVIII y XIX. Nos describe a los médicos, a los
barberos, a los "barchflones" y a los enfennos --es decir, medi¿.ciudad- con graficidad
incomparable. [...] Su ingenio puede rnás que sus agravios. El representa al criollo
costeño. [...] Caviedes, mestizo, carece de la nostalgia serrana de Garcilaso y de la
gravedad también andina del Lunarejo. Costeñn-y c6?itaün0, su prutesta será nihilista,
negatiua,lanpa de ingenio,flor de trauuura, acürd tle deErecio1t risa sobreel llanto. L¿ coknia
empieryentnftces a nrpopularl hurnaná9.

En surna, Caviedes es el primer poeta que pone en escena el reverso de la


ciudad virreinal, es decir, enfoca su visión hteraria hacia el lado oscuro de la

marginación y de lapobrcza, y por ello ha sido considerado el fundador del realismo

literario en esta tradición: en pilabns de Ventun Garcia Calderón, "es el primer


realista, es elúnico que parece haber mirado bien la pintoresca vida del coloniaje"60.

YaIga como ejemplo el poema '?rivilegios del pobre", efl el que Caviedes
describe, con una *onta corrosiva insólita en el panotamalttetario del momento, los

"privilegios" de los sin r,'oz antel^ sociedad de la opulencia:

El pobre es tonto, si calla


y si habla es rnajadero;
si sabe, es sólo hablador,
y si afable, es embusteto.
Si es cortés, entrometido;
cuando no sufte, soberbio;
cobarde, cuando es humilde,
)'loco cuando es resuelto.
Si valiente, es temerario;
presumido, si discreto;
adulador, si obedece,
y si se excusa, grosero.
Si pretende, es arevido;
si merece, es sin aptecio;

t' Luis
Alberto Sánchez,Panoramade la literatura det Peru. Desde susorígeneshqsta nuestrosdías,
I,ima, Milla Batres,1974.Elsubrayado esnuestro.
ou VenturaGarcíaCalderógLo literaturaperuana,ed. cit., pág. 30. TambiénJulio Ortegaincide en el
carácterfundacionalde estaliteratura:"Es en la necesidadde la certidumbredonderadicala primera
críticaa la condicióncolonial.En contrade la parodia,Caviedesnosproponela racionalidad;en contrade
la farsasocial,el realismode los hechos,en contrade la clasedominantgla universalidad
del individuo".
En La calturaperuana.Experienciay concienciq,México, F.C.E., 197t, pág.24.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lirna en la tradición literada clel Peru 45

su nobleza es naclavista.
y su gala sin aseo;
Si trabaia,es codicioso,
Y, por el contrado extreffIo,
un perdido, si descansa.
¡Miren que buen privilegio!ól

Caviedes denuncia aquí que el sistema de castas desplaza siempre a los


desposeídos, a quienes se les niega cualquier posibilidad de rcaitzación social, y
consolida su marginalidad como desclasados.Nace así una conciencia crítica en la
literatura peruana de tema urbano, que denuncia La pen'ersión de las reiaciones

humanas en la aristo cráttcaciudad virreinal.

LIMA FUNDADA: Pun,tTI¡ Y LA PERSISTENCIADEL CULTER,{NTSMO

L;irza era uru ciudadpoborieuta1 aburrida,


poseídapor unadesusnrryores k friuoüdad.fJn
pasiones:
cultoesÍriúoe inguisitoial de/rx Eanendasredudasu
rtücidad¿s al posodealgúnpirata, la gjecuciónth hergjes,
bs nmb/oresdeIierra1 sobretodolasfiutas reügnsas 1
hr llegadar,partidas, triunfos,bodasI mu¿rtesde sus
autoridades teffeslrvs.Cada uno d¿ esosacontecimientos
agirabala dudad-yruarcabaun dzaceremonial enlre/0s
d¿n¿isdíastguales.

LwlsLoayza

Llegamos por el camino de ia literatura a esta Lima dieciochesca, abúüc4


silenciosa y anodina; ciudad habitada por "una sociedad en que no se agitaban los

ánimos sino cuando se trataba de elecciones de abadesaó prelado de convento, ó

cuando llegaba el cajón de España con cartas y gacetas y Madrid", tal y como la

6t
Juan del Valle y Caviedes, poema pertenecienteat grupo "Poemas satíricos y burlescos", en w Obro
completa, Venezuela,Ayacucho, 1984, pá9. 286.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

46 Lima en la tradición üteraria del peru

presenta fucardo Palma en su tradición "La calle de la matita"62. I-os autores


mencionados hasta aquí nos sirven para detecta(,como hemos visto, ciertos rasgos

literarios que brotarán con fuerza en ia literatura urbana posterior y que nos

permiten tr^zar y destacar ciertas líneas de continuidad en la literatura urbana de


tema limeño.

Pero antes de adentramos en el panoramahtenio del siglo XVIII, hemos de


reparar en algunos cambios que ha sufrido Ia capital en las postrimerías del siglo
anterior. Como narta Rodngo Valdés en la mentada Rekción en 1687 tiene lugar uno

de los frecuentes terremotos que castigan periódicarnente la ciudad, pero en esta

ocasión alcanzauna intensidad mayor y la ciudad queda prácricamenredestruida. La


segunda plaga de la ciudad fueron los filibusteros. Dos años antes del terremoro, en
1685, el duque delaPalata decidió poner remeüo a este problema, y con el afán de

conservar las riquezas de Lima, mandó construir una enorme muraila que rodeara
todala ciudad. Como sabemos,estasmurallas se mantuvieron hastael año 1870.

Hemos aJcanzadoel siglo xvIII, y el aspectode la urbe, en palabrasdel


cfotusta,

sigue siendo austero y sombrío como el de un claustro. I-os rdejos solares, de


portalones solemnes, los zaguanes oscuros y las altas cercas de los monasterios,
prestan sombta y silencio a las calles. [...] Pero tras la apariencia grave, el alma de la
ciudad se sonreía, como el rostro de latapada bajo el rnarito encubrido¡.
[...] Tras de
los muros de los conventos surgh la alqgre fiesta de los jardines y de los azulejos, y en
los claustros propicios el übertinaje triunfaba ya sobre la oración63.

En este momento de la historia de ia Lima cortesana despunta un nuevo


adalid dei culteranismo más engolado, ápice del araigado gongorismo: Pedro de
Penlta Barnuevo64,"el Pico de la Mirándola peruano", como le lTamaraI.uis Alberto

Sánchez.La estética banocay culterana alcanzael siglo XViII, es el estilo oficial de

62
Ricardo Palma, Tradicionesperuanqs,tomo III, ed. cit., págs.208-2O9.
"' Raúl Porras Barrenechea,"Perspectivay panoramade Lima", en La mqrca del escritor, oit., pitg.97.
6a
Véase Luis Alberto Sanchez,¿Bt Ooctor Océano. Pedro Peralta y Barnuevo", en La vida del siglo,
Venezuela, Ayacucho, 1988, págs. 133-143. Sánchezfinaliza su articr¡lo con la siguiente aseveración:l'Si
alguna gloria auténtica y sin regateos ostenta la Lima colonial, ella es sin duda la de Pedro de peralta".
0ág. la3)

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la tradición literaria del Peru 47

la poesía y se mantiene sustentadapor la Academia del Vitrey Marqués de Castell-


dos-Rius, a cuyas terruliasacudíanlos más reputados escritoresde la ciudad. Peralta,
el principal contertuüo del virrey, et^ un polígrafo de una gran erudición,
matemático, comediógrafo, ingeniero e historiador, en fit, un consumado

humanista. El padre Feijóo d:\o acercade Peralta "que apenas se hallará en toda

Europa hombre alguno de superiorestalento y erudición"65.En cuanto a su labor de

escritor, como miembro de la tertr:lia del virrey, dedicaba sus composiciones al

canto exaltado de fastos religiosos, alarccepción de r.'irreyes,alos nataliciosreales,


etc.
Pero la relevancia de este poeta en la üteratura peruana se debe precisamente
a su obra principal Lirnafundada(1732)6ó,extensopoema heroico de 9.280 versos
formado por diez cantos, en los que elogia la historia de la conquista del Peru y la

fundación de Lima, así como la historia de los virreyes, arzobispos, varones ilustres

y santos que tuvo la ciudad desde el momento de su fundación. Se inserta por tanto

en la tradición de las laudesciuitatis -cantos a las excelencias de una ciudad-,


introducida en América por Cervantes de SaWar y muy cultivada por ias letras

virreinaies. Por todo ello, ei poema presenta un miximo interés pata eL historiador.
En palabrasde Saúl Sosnowski,"es un poema característicodel confuso promeüar

dei siglo XVIII hispano-americano, muestra del encuentro de la tradición culterano-

conceptista española en extrema decadencia y del lógico y fno academrcrsmo

francés"67.

Junto con Peralt\ eÍ la misma línea culterana, cabe citar a otro de los
contertuüos de la academla del virrey, el Conde de la Granja, en especial su obra
Wda dÍ Santa Rosad¿ Santa María, natural de Uma-y patrona del Peni Qvladnd, 1711).
Allí el Conde alabó e hiperboüzó las excelenciasde Lima:

ut
Cit. en Raúl Porras Barrenechea,El sentido tradicional..., ed. cit., pág.28.
u6
Lima, Impr. de Francisco Sobrino y Bados, 1732. El precedente de esta obra versificada sobre la
historia de la ciudad es el Poemq histórico sobre la.fundación y grandezas de Lima del jesuita limeño
Rodriso de Valdez(1607-1682).
ut
Sañt Sosnowski, "Pedro dé peralta y Barnuevo (1663-1743)", en Lectura críticq de Ia literatura
anericana. Vangaardrasy tomas de posesión,Ill, Venezuela,Ayacucho, 1997, pág.317.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

48 Lima en la traclición literaria del Peru

El Nilo a quien se(üento Egipto bebe


y le secunda su corriente grata;
el Indo, que por Asia el pasc,mueve
y cobn en oro lo que riega en plata;
el Danubio, que a Europa escarchaen nieve
y en sazclnadosfialtos se desata,
ceden al Rímac, porque en varios mc¡dos
contiene en sí lo que mendrgan todos.

puespor dada en la patria rrrásestirna,


no pudiendo en el cielo,nació en Lirra...68

Estos son los poetas más destacados en estos últimos rczagos del
culteranismo. llan transcurrido dos siglos y el barroquismo puede considerarse

congénito enIaLíma de la época; como señalaLuis Alberto Sánchez,"virtualmente


adscrito a Ia esencia dei espírifu nacional. Un barroquismo consubstantivo.
Barroquismo que lo abarca todo: el saludo y el verso, la dznza y la arquitectura, las
religión y la miücia"6e. Al hacer balance de esta etapa, Sánchez concluye que la

literaturz de la colonia rio fue tanto gongorina como gongorista, es decir, ávida de

reverenciar y supeditar su esencia a Ia poéaca de Góngora. El resultado eren

aquellos florilegios métricos en los que el pensamiento se perdía enla exégesisde los

aiambicamientos gongorinos. Por otra parte, como ha visto José de la Riva Agüero,
"contribuían eficacísimamente a propagar el estilo encrespado y campanudo y Ia
extensa binchazónbtennalas apantosas costumbres de los limeños de entonces"7O.
Pero a lo largo del siglo, esta tendencia fue decünando y dio paso a nuevas

propuestasque se situan ya en los umbrales del costumbrismo y se desarrollanen el


revuelto ambiente prerrevolucionario que vaticinaba el advenimiento de la
Independencia.

ut
Cit. en Aurelio Miró Quesada,op. cit.,pág. 68.
6e
Panora*q de la literatura del Peni, cit-.,{ág. S+.
70
José de la Riva Agiiero, I-a Unviersidad de San Mqrcos en la vida colonial. En Raúl Porras
Barrenechea,Pequeña antología de Lima, ed. cit., pág. 169.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la tradición literatü del Peru 49

EL SIGLO ILUSTRADO:

NUI]VAS SE,MBIANZASSATÍRICASDE LA CIUDAD VIRREIN,{I

...en aguel en\lnce.,se extendiósobree/ aire d¿ Lima una


Ieuecortina Y quin daba el wejor g/enQlo
era el propio uiny Manuel de AmaÍ, que czn svs
incünaciouesarquitectónicas iupakó -y aludó a los
mquittctw que leuantarou/a torra de Sanfo Domingo, la
reaauradafacbadadel Monaereio de las NaTarenas [.J
El afrannsarnunlo reuelqba en petdad un canbio de
eEíitu Para hacerlnatín más sahante[.J nt los misntos
fnalcs del süwienlosse ilnrÍn7l€rln en Umu otm.¡loules
J se acefttztarza juegos1 costunbresque manfeslamn un
sentidode uida nás expansin 1 popular, sin Ia rigurosa
jerarquía -y h solenw reü¿iosidadque balnan sido las
caractcrbticasdeI szgll anterior.

Aurelio Miró Quesada

Con el siglo XVIII llegan nuevos aires a la nación. El cambio de dinastía, con
ios Borbones en el poder, trae consigo el advenimiento de la ilustración europea y

del enciclopedismo francés. Los últimos vestigios del gongorismo ceden ^nte 7a

llegada de un clasicismo eminentemente prosaico. El Siglo de las Luces so{prende al


Peru con la llegada de viajeros cosmopolitas, libros prohibidos, novedosas

investigaciones, expediciones científicas, auge del periodismo y de revistas


especializadas,planes de reforma y nuevas ideas. Entre el equipaje de los viajeros se
desfizan übros de los enciclopedistas, el Contrato Social o I-a Nouaelle Heloise de

Rousseau,y demás personalidadesde la prerrevolución francesaTl.En 1777 se funda

en Lima la Sociedad de Amantes del País, a la que compete la creación del Mercurio

Peruanoen 1'791,la más notable publicación periódica que permitió el desarrollo del

espíritu ilustrado con el tratamiento de los más diversos temas: agricultura,

comercio, industria, temas sociales,1)teratura,etc. Ahora bien, el perióüco acataba


los postulados del hispanismo tradicional como forlrra de combatir el
afrancesamiento y funcionó como írgano cultural pan a{tanzar las tradicíones del

Peru.

tt Luis Alberto Sánchez,


Don RicardoPalmay Lima,Lima, ImprentaTorresAguirre, 1927,pág.83.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

50 Lima en la tradición literaria clel Peru

Este ambiente cultural, fermento de inquietudesintelecrualesimbuidas por la


curiosidad y las ansias de saber, fructifica en el anhelo del viaje, y es así como
muchos intelectualesümeños viajan a Europa y destacanen la actividad cultural de
los paísesque les acogen.Entre ellos, Pablo de Olavide es sin duda el peruano más
representativode la influencia francesa,tanto por su enciclopedismocomo por sus

idealesrevolucionarios.Representael espíritu ilustrado de finalesdel siglo XVIII y


en él se ha visto a uno de los precursoresde la revolución política en ciernesT2.

Entre los acontecimientoshistóricos más destacados,en este siglo se produce


la expulsión de los jesuitas(1767),se potencia el comercio y la industria, se reforma
la enseñanzay se favorece el übre pensamiento. En defrnitiva, emerge una nueva
mentalidad y en el horizonte se atisban algunas señalesque predicen una revolución.
La curiosidad despertada abre senderos desconocidos, por los que la sociedad

colonial penetra en su ansia latente por emprender el camino hacia la construcción

del nuevo ser americano. "La promesa de ia vida peruaía", analtzadapor el


historiador Jorge Basadre en el ensayo que así se titula (1943), como acefiada

propuesta para el exarnen dei advenimiento de la República y sus consecuencias.


aguardabaser cumpiida como horizonte de expectativas que alentaban y prepanban
la liegadade ia Independencia.

En este contexto, la hteratuta, como es obvio, experimentatá tambtén


cambios substanciales, que traducen el nuevo espíritu nacido al atnparo de la

dinastíarecién lTegada.
Ya desdeprincipios de siglo se adviertencierroscambiosen
las formas de la literatura colonial. Duranre ia primera mitad del siglo, si bien

pervive la estética gongorin4 lahteratr¿ta experimenta una evolución, de forma que


dicha retórica pierde en el camino la complicación de sus figuras para comenzar a

adoptat una ITaneza inusitada. Sobrevive el hipérbaton gongorino pero

'" Luis
Alberto Sánchez,Panorqmade Ia literatura det Peni, ed. cit., pág.66.pedroHenríquezHureña
comenta:"según sus más acérrimosenemigos,llegó a personificaiJl espíritu de innovaciónque
caracterizoal reinadode CarlosIII. Su fecundainteligenciaconcebíaplanesde mejoramientopúblicq y
teníala capacidadde llevarlosa la práctica,una vez aprobados. En filosofia siguió a Rousseauy a los
enciclopedistas,en literaturafue un neoclásico".Las corrientesliterarios en liAmér¡ca Hispanica, ed.
cit.,pá9.92.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

fima en la tradición literaria del Peru 51

transformado, puesto que se descubre que también admite la sencillez,lo cual era

impensableen el siglo anterior. El conceptismo convive con el nacimiento de ciertas

formas neoclásicas.En poesía, algunos de los nombres más destacadosson Fray


Francisco del Castillo, el Padre Pedro González,el franciscanoFray Mateo Chuecas

y Espinosa y el andaluz Esteban de Terralla y Landa.


E,ste último, llegado al Peru en 778'7,escribió versos mordaces y satíricos,
por lo que se le ha considerado discípulo o continuador de la tradición inaugurada

por Caviedes73.
Pero nos interesa destacarsobre todo los que vertió en su panfleto

L,imapor d.entro
l fuerA, otto de los primeros testimonios en el que Lima penetra de
nue\¡o en los espacios de Ia escritura. La obl¿ es un gran cuadro costumbrista

saipicado de iocalismos peruanos, donde caben todos los tipos sociales de LaI)ma
colonial. En estos versos, TenaJJa,cáustico y socarcón, denuncia el marerialismo
imperante en las relaciones humanas y satinza la frivolidad de las mujeres; en suma,

descargatodo su sarcasmo en una sátira motdaz contra la ciudad de los virreyes, sus

grandezasy miserias. García Calderón acefró en defini¡ esta obra como "un lazarillo
de españoiescaminantes y una guía completa de pecadoras"Ta.Sirvan de ejemplo los

siguientesversos:

Tú en ver la ciudad cieLima


estásamigo resuelto,
rruisyo con mi inteligencia
quiero disuadirte de ello
t..l
l,o primero que verás
seráun asquerososuelo,
de inmundasputrefacciones,
y de comrpcioneslleno.
Hay acequiasapestadas,
cañosrotos, basureros,
muladares,y cloacas,
con mil nrontonesde ciento.
t..l
Verásdespuéspor las calles
grande multitud de pelos

'"
"Para hallar, sin embargo, un discípulo notorio de estavena es menestertraspasarun siglo. [...] Terralla
y Landa oyó seguramentelas sátiras de Caüedes. No estabanimpresas pero corrían por las calles. El
mundo descrito por ambos es el mismo". Ventura Garcia Calderórl La literatura perruma (1535-1914),
ed. cit., pág.35.
" Ventura GarcíaCalderón,Ibidem, pá9.37.

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52 Lima en la traclición üteraria del Peru

indias, zambas,y mulatas,


chinos, rnestizosy negros.
Verás varios españoles,
a¡rnadosy peripuestos,
con ricas capas de grana
relox, y grandes sombrerc¡s.
Pero de Ia nüsma pasta
veús otros pereciendo,
con capas de lamparilla
con lárnpans y agujeros.Ts

Este poeta andalaz nos permite enlazat con otro satírico, cuya obr , al igual

que lJin¿tpor dtntrolfuera, dedica uno de los cuadros urbanos ala ñgura principal del
setecientos: la limeña. Nos estarnos refuiendo a E/ I-a7ari//o de ciegoscaminantes,
de
Alonso Carríó de la Vandera, quien se esconde tras ei indio Concolorcolo para
desembarazarse de toda responsabilidad y, desde esa libertad, sautrzar
desenfadadamentelas costumbres de indios y españolesde Lima y el Cuzco.

Esta obra, Que se inscribe en el género de viajes, tiene una importancia


fundamental en la hteraturracolonial, puesto que se situa en los orígenes de la novela
en el ámbito hispanoamericano. En ella, Alonso Catnó, astur"iano que frjó su
residencia en Lima, nos naÍra un largo viaje desde Monter.ideo hasta Lkna,

siguiendo el itinerario que enlaza Buenos Aires, Santiago de Chiie y eI Cuzco. La

s^ttra apareceen las descripciones a manera de cuadros de cosrumbres, en los que se


representa el ambiente y los hábitos de los criollos desde el Río de la Plata hasta

Lttma,descritos con un tono punzante, socarrón y desenfadado.

Es en los últimos capítulos, donde Lima adquiere su prot€onismo, cuando


el autor nos ofrece varias descripciories por contraste y comparación con ias
ciudades de México y el Cuzco. En concreto, dichas descripcionesaparecenen el

capítulo XXW. El título describe los contenidos: 'Breve comparación entre las
ciudades de Llrr'a y el Cuzco. -Particularidades características. -Limeños y
mexicanos. -El traje de la limeña. -Causas de la vitalidad. -Cosas singulares. -

Camasnupciales,cunas y ajuares".

7t
Esteban de Terralla y Landa, Lima por dentro yfuera,Madrid, reimpreso en Lima en 1838, por Tadeo
L6pez, págs. 13-16. Ejemplar conservadoen la Biblioteca Nacional de chile.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Linm en la traclición üteraria clel Peru 53

fln estos capítulos, el autor nos ofrece una alabanza de Lima, desde la

perspectiva del que posee una amplia cultura mundana, de la que se desprende la

burla scrbrela empolvada nobleza que rodea a la. cofie virreinal. En cualcluiercaso,

todo ello no le impide ensaJzarla ciudad, considerar a los ingenios de Lima como

"los más sobresaüentesde todo el Reyno"76 y encumbrar la labor del virrey Amag
quien "decoró mucho esta ciudad en paseos públicos y otras muchas obras
convenientesal Estado"77.
Mario Castro Arenas, al plantear la importancia fundamental del l-aqarillo en

el proceso de la novelaperuana, ha esbozado Ia imagen de Lima que se deduce de

sus páginas:

Una visión opulent4 de boato y magnificencia, una visión de Lima que


correspondeaI apogeoarquitectónicoimpulsadopor Amat yJuniet, es la que ofrece el
deshimbradoCarrió de la Vandera.Con el pormenorismo de un cronista hechizado
pot Ia fascinación de la ciudad, el autor del Lannllo sitúa a l-;tma por encifla de
México y el Cuzco. Lirna es su meridiano espirituaÍ8.

En suma, Terralla y Concolorcorvo continúan esa tendencia popular,

costumbrista y satírica inaugurada por Caviedes, y cuyo lejano precedente es Mateo

Rosas de Oquendo, otro andaluz que se estableció en Lima entre los años 1593 y

1.594,y sarnzí t^nto a criollos corno a peninsulares de la capital del virreinato en su

"Soneto a Lima del Pirú" y en la "Sátka a las cosas que pasan en el Peru, año de
. En su cuadro costumbrista, ai igual que Tertalla, descargala uonia sobre las
1,598"7e

76EI Lazarillo de ciegoscaminantes,ed. de A. LorenteMedin4 Madrid. EditoraNacional,1980,pág.


401.
7' Ibidem,pág.400.El bibliógrafochilenoJoséToribioMedina,en suDiccionarioBiograficocolonialde
*AMAT Y
Chile, Santiagode Chile, Imprenta Elzeviriana, 1906, nos informa sobre esta ftgura:
JLTNIENT,Manuel,naturalde Barcelona,caballerode SanJuan,hijo del marquésde CastellBell y de la
MarquesaCastelMaya.Sirvió catorceañosen el regimientode intanteríadeBarcelonay cercade docede
subtenienteen la compañíade granaderosreales[...] Hallábaseen Madrid en 1754, de coronel del
regimientodeBatavi4cuandofue nombr¿do parala presidencia de Chile (18 de noviembrede 1754)[...]
Llegó a Chilepor la vía de BuenosAiresy tomó posesión de su destinoel29 de diciembrede 1755.[...]
Ejercióla presidenciahastael 26 de septiembre de 1761,fechaen que seembarcóen Valparaísoparair a
desempeñar el máselevadocargode virrey del Peru.Habiendocesadoen el mandoel 17 dejulio de 7776,
el 4 de diciembreseembarcaba paraEspañapararetirarsea vivir a unafincaqueposeíaenBarcelona".
78Mario CastroArenas,La novelaperaanay la evoluciónsocial,Limq Culturay Libertad,pág.al.
7eVéaseMateo Rosasde Oquendo(1559?-1612),en Saúl Sosnowski,Lectura crítica de Ia lilerotura
americanq.Vanguardiasy tomasdeposesión, III, ed. cit., págs.79-9 l.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

54 Lima en la tradición literaria del Peru

damas limeñas y, también en la línea de Concolorcorvo -{uando zahiere el


afrancesamientode la sociedad limeña-, condena los afanes de opulencia de la

sociedadnovohispana.

La sal criolla que caracterizatá a los costumbristas del XIX, ya comienza a


derrocharseen cadauna de las descripcionesde estos escritores.Tanto en la obra de
Tenalla como en la de Concolorcorvo, la limeña ocupa un lugar preferente, reflejo y

prueba del especialprotagonismo de la mujer en la Lima del momento. Raúl Porras


Barrenecheaseñalalairnportancia de ia limeña, que resume la esenciamisma de la
Lima dieciochesca:

...La hegemonia no la ejercen los emperifollados doctores ni los monstn¡os de


erudición que entonces albergaba la Universidad, sino que la atenc.ión,et orguttol el mino
dc la ciudadwtuaieronconcentrados alrededordel másgrácil de losperso@es:la üneña. E//a resume
Io nás ttpico d¿l setecientos
ümeñ0,en el alma, en las costumbres y hasta en el traje. Nadie
como ella erlcarrla el ilgenio, la agl,tdad incesante, \a maücia y la agadeza de la
inteligencia criolla. [...] Coqueta, supersticiosa, derrochadora, amante del luio, del
perfume y de las flores, ella domina en el hogar, affae enlos portales y en los estrados
de los salones, edifica por su piedad en la iglesia, y en los conflictos del amor, cle la
honra y de la política es el rrrás cuerdo consejero, cr¡ando no el actor rnás decidido,
que obliga a algfu desleal a cumpür su palabra o pone en jaque al misrno virrey del
Pem8o.

sin duda será Micaela villegas, '1a Perricholi", el pandigma de esra


descripción. Esta comedianta, am nte del virrey Amat, se convertirá con el tiempo

en una de las figuras principales de la leyenda de la ciudad, pasando a engrosar las


páginas de la üteratura limeña posteriorsl. Como observa Mario Castro Arenas, la
Ltma dei siglo XVIII, afrancesada,sensual y licenciosa) tuvo como protagonista de
excepción el espectáculo escénico, y Micaela Villegas, en el candelero de este

escenario, "es la espuma de un proceso social que tipifica o, si se quiere, pervierte, a

80"Perspectiva
y panoÍamade Lima', cit.,pág.98.El subrayadoesnuestro.
"' RicardoPalma le dedicala tradición titulada "Genialidadesde la 'Perricholi"', en sus Tradiciones
penrcmas,tomo II, ed. cit., págs.299-307.Sobreel protagonismode las mujeresen la Lima del siglo
XWil, véaseAurelio Miró Quesada,"La 'Perricholi' y tas limeñas",en Líma, Ciudadde los Refes,
BuenosAires, Emecé,1946,págs.68-72.Siendoun emblemade la Lima dieciochesca, VenturaGarcía
Calderónno olvida señalarquela Perricholinacióy vivió su niñezen Huánuco:"Toda la famaambulante
de lastapadas,duranteun siglo de boatoy galantería,iba a polarizarseen torno de una mujervenidade
provincia.l¿ másfamosalimeñ4 la mastípica es una serrana-y debemosbendecirestosáciertosde la
casualidad.[...] Sin muchasutilezapodemosver en ella una armoniosay viable síntesis de perú cuando

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la traclición ütetaria clel Peru 55

las mujeres criollas y mestizas de las clases populares. La influencia fnncesa ha


refinado Ia cualtdad carismáucade la maücia y coquetería de la mujer limeña"sz.

Un übro emblemático sobre la vida de la actdz es sin duda L.¿tPerricl¡oüde

donde el crítico e historiador nos ofrece, junto a labiogtafía


Luis Alberto Sánchez83,

de la que él llamó "la Cenicienta limeñ^>'&4,eI cuadro suntuoso de La I)tma

dieciochesca,
el empaquey el lujo de susmujeres:

Ellas, españolas o mestizas, usaban riquísimas telas y abundantes encajes:


cuajaban sus dedos de sortrias; h¿cían tintinear las pesadaspulseras a cada movimiento
de sus brazos; cleslumbraban con el brillo de sus diademas y collares de perlas,
brillantes y piedras preciosas [...]
F;n1745, Lirna lucía cierto ernpaque de ciudad grande. Lavía pública, poblada
cle cafts y con notoria vida galante,había loto el dique convenn¡al del siglo anterior.
Se hablaba delos tiemposidos co¡cierto desdén y arrogancias5.

En las obras de Concolorcoñ/o v Tercalla se encuenttan Las primeras

manifestaciones literarias en las que la limeña se situa en el centro de la escena.

Concolorcorvo describe su vestimenta,Ia sayaque ceñía las caderas y el manto que

dejaba un solo ojo al descubierto:"las limeñas ocultan este e[x]plendor con un velo
nada transparente en tiempo de calores, y en ei de fríos se tapan hasta ia cintura con

doble embozo, que en rcahdad es muy extravag nte. Toda subizarna la fundan en
Ios vaxos, desde Ia hga hasta la pLanta del pie"só. Merece recordarse también la

descripción que ofrece Sánchezde la original vestimenta de las mujeres:

La vida limeña continuaba s) nescendode inquietudes y provoc¿ciones. [...JLas


t@adas circulaban luciendo ese invento del Demonio llamado saya,la cual falcla, cle tan
ceñida, modelaba basta la transparencia las formas de las mujeres, de nalga a tobillo
como tul guante. Cubierto el rostro, menos un ojo, con la ff anta finísima, las muy
ladinas cornpensaban a maravilla Ia poca exposición de sus rostros con la mucha de
sus talles y aledaños87.

reúnela energíade nuestrasaltiplaniciesa esasonrisafrívola de Lim4 peligrosaporqueno toma nadaen


serio". Voleun Pent, ed.cit., pág. 121.El subrayado
esnuestro.
82
Mario Castrofuenas,La novila peraanay la evoluciónsocial,ed.cit., pág.27.
83Luis Alberto
Sánchez, La Pen¡ihol¡, BuenosAires- Santiagode Chile,Báito¡at Franciscode Aguine,
t97t.
llttia"*, págtt6.
o' Ibidem.oás..16.
liU t"r"iitlo de ciegos
caminantes,ed.
cit., pág.414.
o'Luis AlbertoSánchez, penicholi,
La ed.cit.,pág.106.

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56 I-ima en la tradición Etetatia del Peru

En definitiva,I^ ümeña imprime el sello característic<¡


a la Lima del XVIII -
entre ellas, "la Villegas irremediablemente constituía algo cancterístico de l,ima y de
una época"tt- y así se rcÍleja en la literatura del siglo ilustrado, pues cuando la urbe
emerge en los espaciosde la escritura, la mujer amanece con una omnipresencia
insólita, como ñgura inseparablede la fisonomía de la ciudad, tanro de su ambiente
como de su arquitectura.Así lo ha visto Porras Barrenechea:

Lapicardia del embozo, las jugarretas que con él reakzabanlas limeñas, daban
a las calles el aspectü de r¡n baile de másca¡as. Y fue tal ese amable absolutismo,
durante el siglo X\TII, que la villa misma pareció constn¡ida por el capricho tiránico
de la nrujer y bajo el dictado de su inrplacable coquetería-
Hay una íntima correspondencia entre el ambiente de la ciudad, entre la
arquitectura misma de ésta y eI alma de la limeña. La severidad y aidez de afuera
contrastaban con la alegría y desenvolfltra de adentro. Muros severos y portalones
oscuros resguardaban la andaluza fiesta de los jardines, como la picaresca sonrisa de la
limeña se escondh baio el manto encubridoé9.

-En resumen, el siglo ilustrado nos ha dado dos nombres y dos obras panl^
tradición ltterana que estamos empezando a bosquejar. Concolorcorvo y Tercalla

han alimentado en sus obras una tendencia que comienza a delimitarse con
caracteres propios en el seno de la heteróclita tradiciót bterana del Perú: poesía
lrótica sobre las costumbres de la ciudad Qenalla) y descripción, a mod.o de retrato
costumbrista, de la sociedad pefl¡ana, con cuadros específicos sobre Iima y sus

habitantes (Concolorcorvo).

Sin embargo, no podemos cerrar el Sigto de las Luces sin record ar eI


testimonio de los viajeros europeos, a quienes sorprende la amplitud de cailes y

plazas y eL tazo a cuadrícula -opuesto al plano laberíntico de buena parte de las

ciudades medievales europeas-, así como la abundancia de jardines y huertas. Lima

se construyó como un tablero de ajedrez, acatando las normas del absolutismo


estatal impuesto por los Reyes Católicos en la ciudad de Santo Domingo, donde se
inauguró esta peculiar fisonomía urbana con fines miütares, cuyo plano rectangular

tr^
Ibidem, pág. 148.
o'Raúl
PorrasBarrenechea,
art. cit., págs.98-99

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Lima en la tradición litemriadel Peru 57

se convertiúa en patrón uniforme pa;r^la fundación de las ciudadesindianas. Y ya


en pleno siglo XVIII, la capital peruana adquirió las característicasdefinidas del tipo

de ciudad-jardín.
Si mencionamos aquí el testimonio de los viajeros es por su especial
relevanciaparael seguimientode la evolución urbana. Obsen'ada desdeun punto de

vista ajeno a aquella realidad, dicho testimonio es por tanto fundamental para el

análisisde ciertos aspectosurbanos que sólo la mirada extrañadadel viajero podía

sorprender. Entre los escritos de los célebresJorge Juan y Antonio de Ulloa, Le


Sieur Bacheliere0-admirado ante Ia opulencia y la bellezz de Iz ciudad-jardín-, el

Padre Fuilieé o el ingeniero Frezier, nos interesa destacar aquí el testimonio de este
último, a quien se ha considerado "el revelador europeo de Lima" y el creador de su
leyenda fasfuosael.

Llegado aLima en'1,7'1.3,


su visión utbana está determinada por un profundo
antiespañolismo, del que se desprende la crítica al fanaasmo,la superficialidad y la

ostentación, la ociosidad y el mal gusto de las costumbres limeñas. Los propios

títulos de los capítulos en que divide su escrito dan idea de esa levenda fastuosa de la

ciudad que se deríva de su testimonio: "Riqueza", '1-ujo y derroche", "EI virey de


Lima, virrey de SudaméÁca","El divorcio", "Relajamiento conventual", etc., etc.:

Así como en las ciuclades de Europa se flrentan las carrozas para dar un índice
de su magnificencia, enLtnn pueden contarse como cuatro mil calesas [...] pero para
dar una idea de la opulencia de esta ciudad basta con relatar la exhibición de riquezas
que hacia 1682 hicieron los comerciantes de Lima a la entrada del duque de la
Palata...92

Lima continúa siendo, pot tanto, El Dorada de la fábula, y si bien algunas


voces de protesta denuncian su relajamiento, su frivoüdad I' sus miserias, sin

embargo elJa perrrnnece impetérrita y apacible, ociosa y galante.Y así subsisüá la

no
Ciru¡ano del buque La Ville de Bourg. Es uno de los primeros extranjeros que llegaron a la ciudad,
concretamenteen el año 1709. El libro en que relata su paso por la capital penuna se tituló Voyage de
Mqrseille o Limo.
nt
Raúl Porras Barrenechea,Pegueñaantología de Lima,ed. cit., pítg.212-213.
e2
Amedie Frangois Frezier, reprod. en Raúl Porras Barrenechea"¡Ua"*, págs.21l-214.

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58 Lima en la traclición üteraria del Peru

ciudad adormecid^ ^ onlTa;sdel fumac, hasta que la despierte de su aletargado


silencio el siglo estremecidode la Independencia.

LITE,RATURA
PERUANAlzs LITERAruRA DEL PE,RÚ

A excepción de algunos mestizos como ei Inca Garcilaso o EI Lunarejo, el


resto de escr'itoresmencionados a io largo de este trabajo provenían de España y se

habían afincado en Ia capital o bien eran hijos de españoles nacidos en Lima. En


este sentido, la oposición entre la sierra y la costa funciona como mecanismo
determinante eri el proceso de creación de una tradición üterana compieja e

inotgárnca. Luis Alberto Sánchez parte de este proceso como eje principal de

coherencia de su Panoramadc la Literatura del Peni. estableciendo la diferencia entre


litetatura peflrana y literatura del Peru, identifi.cadas como legítima expresión de

sierra y costa resDectivamente:

La literatura costeña es "literatura del Perú", sujeta al señuelo que por el ma¡
viene y que no se va. Dentro de un símil económico, la batanza literaria indica en la
costa constantes irnpoftaciones y ainguna exportación. La única zoria que exT)orta
litetatura es la sierra, corno se comprueba en I-a muerte del cóndory dernis cuentos
"andinos" de Ventura Garc:r- Calderón, enAues sin nifu y El nundo asancho-y
@eno.Y es
que la sierra engendn'litera[ttzpetvarta",y es que la costa sólo se ha expresado a
través de sus doctores "en letras y melancolías", que no por boca de auténticos
rntélpretes de la angustia humana, como césar vallejo, en la poesía, y Manuel
Go¡zález Prada, en la prosa93.

A lo largo de los siglos XIX y XX, la üteratura evoluciona en el marco de una


realidad cultural conflictiva, dando Iugar a una problemattzada heterogeneidad
litenna, en el sentido planteado por Cornejo Polarea.Por una parte, la literarura del
Perú coionial propia de la costa comienza a trazt las característicasde la tradición

nt
Luis AlbertoSanchez,
op.cit.,págs.18-19.

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Lirna en la tr¿clición literana del Pem 59

urbana y específlcamentelimeña. José Cados Mariátegui insiste en ese sentido

eminentementeurbano de la literaturacolonial:

Durante el penoclo de la colonia, la üteratura peruana se presenta, en sus rnás


salientes peripecias y en sus más conspicuas figuras, como un fenómeno limeño. [...]
El rnodelo, el estilo, lalínea, han sido dela capital. Y esto se expüca. La literarura es un
producto urbano. La gravitación de la urbe influye fuertemente en todos los procesos
literar:ios. En el Petú, de otro lado, I-ima no ha sufrido las concurrencias cfe otras
ciudades de análogos fueros. Un centralismo extremo le ha asegurado su dominio95.

La hegemonía de Lima había impedido la cnstalización de una literatura


propiamente indígena. Desde el nacimiento de La capital española hasta el

surgimiento de Ia capital criolla tras la independencia, la literatura eta


predominantemente limeña y su único horizonte lo marcaban las murallas que
resguardaban la ciudad. Sin embargo, no hay que olvidar que, en la oüa vertiente, el

discurso peruano inaugurado por el Inca tiene un representante fundamentil en la


Eterafiira antenor a la Repúbltca: Manano Melgar (1791-1815).

Lógicamente, el espíritu indígena reivindicaba su espacio en la literarura. Y es

en este ámbito de reivindicaciones y controversias que bullen en el ambiente

revolucionario del cambio de siglo donde se situa la ftgum rom^ntic^ de Mariano

Melgar. Nacido en Arequipa, este poeta ocupa un lugar en la historia de la literatura

peflIana como fundador dellaratí, poema popular en el que el sentimiento inrlgena


encuentra su expresión en este ocaso del periodo colonial. Su poesía es popular, con
una sintaxis propia del lenguaje de la calie. Washington Delgado rzrúñcasu caüdad
de fundador cuando plantea que 'Melgar es el primero de nuestros poetas que al

desdeñar la imitación servil de modelos extranjeros y vincular su poesía con una

tradición popular, aJcanzaun grado inusitado de originalidad"e6.

ea Véase
Antonio Cornejo Polar, "Mestizaje, transculturación,heterogeneidad", en Asedios o la
heterogeneidad
ailtural, ed.cit. Nos remitimosa la nota22 delapág.30.
" JoséCarlosMariátegui,"El procesode la literaturd',enSieteensayos...,
ed.cit., páry..238.
'" WashingtonDelgado,
en AAW, Literahra y sociedaden el Perú, IL Nanación y poesía en el Penl,
Lim4 MoscaAztrl,1982,pág.61.

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60 Lima en la tradición literaria del Peru

En su corta vida, Melgar siguió el mandato del impulso romántico, con una
esponraneidady un apasionamienroque ral vez fueron los rasgosde <1uecarecieron
los poetas románticos posteriores. Raúl Porras Barrenecheanos ofrece la siguiente

descrioción:

Mariano Melgar es el desengañado arnante de Silvia, el intrépido cantor del


rnar> que fue fusilado por su ardor rorrrántico y libertario después cle la derrota de
Humachiri- [...] se queda g'irniendo en las cuerdas de la gcutarray en los ayes lastimeros
de la quena porque inventó la forma rrrásperuana de quejarse,eIlarauPT.

Por la autenticidad del sentimiento en sus poemas y su brerre vida novelesca,


en Meigar puede habla¡se ya de un incipiente romanticismo. Este arranque

apasionado perdió, llegado su momento, Ia espontaneidad propia de la corriente

rcmánúca. Por ello Luis Alberto Sánchez nos presentala etapacon el rótulo de "Un

romanticismo frustrado". Al hablat de los orígenesy los problemas de la peruanidad


hterana, un sector mayontano de la cnnca considera, con Antonio Cornejo Polar,

que "el Proyecto de Melgar r,'iene a constituir realmente el único momenro que
efectivamente podríamos llamar de una literatura de la Emancipación. [...] nuestros

poemas de la emancipación más auténticos son poemas de amor, porque son los
yaravíes los primeros que realmente intentan cr:ear ott norma estética, y asumen

ofta ftadtción"e8. En definitiva, una literatura de la Emancipación que sólo pudo dar

sus pdmeros pasos, y cuya precocidad se r,'eríaftuncada por la frustración de la


empresa emancipadora. Escuchemos las palabrasde Cornejo Polar:

Yo c¡eo que finalmente quienes alcanzan la Emancipación no fueron ni


Pumacahua, en cuya lucha estuvo incorporado Melgar, ni rúpac Amaru, sino lcs
criollos, y los criollos entonces, en cierto sentido, clausu¡aron la posibiüdad abierta por
Melgar, que corresponde a otro proyecto nacional, de ruz indígena y campesina, que
no es el que triunfa en 1821. Por eso vamos a tener que esperar hasta Va[ejo para
volver a modificar el rumbo de nuestra poesía99.

e7El sentido
tradicionol de la literalura peruana, ed.cit., pág.39.
e8Antonio
cornejo Polar,en AAw, Liieraturay sociedaden el peru, 11...,ed.cit., págs.5g-59
nnlbirtem.

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Lima en la tradición literaria del Peru 61.

En estemismo sentido plateadopor Cornejo, es decir, en la consideraciónde


Melgar como iniciador de una posibilidad literaria que quedó truncada en el proceso

emancipador, críticos como Sánchez o Mariátegui estiman que Melgar no es un

poeta menor sino todo lo contrario: inicia el romanticismo erótico y con él tiene
lugar el'momento inicial'de la literatura peruana10O.

too
Luir Alberto Sánchez,Panorqma de lq lileraÍurq del Peni, ed. cit., pág.75

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/-, Lima en la tradición literaria del Peru

PETE UNA HISToRIA LITERARIA DE LIMA TRASI-e EMANCIPAcIÓN

L¿ Ctuo,EoCostumo ntsru.

Un patsE'elleno de uariedadu distrae1 arteniTa


la aista. Lar cau¿-¡muestrail de e.rte/ado, sobre el no,
gahrzas d¿ xtadera de arcos redondoso trebo/ndos...
Doxtinando uta larga senerfuJitchadas,auaril/as, grues,
tlesaoronadas,J a uecesninlsas, Ias aipulas, los
canpanarios-y /os ttiradores se deslacanui¿orvsartente
sobreun dalogenerabnente purpúreo en e/ horiToutel casi
siempreaerdeen e/ cenit.Es /¿ hora en que los campesinos
_y los rninerosuenidasa /z ciudadpor ne¿ocios wulaen a
Jus "chacrar"-ya st$ cerros,montadosunossobrecaballw
dc ra4z andaluTa,alfanco de las nrchs batenlos utribos
dt madera,naciqw-y grabadu al buit otrossobrerrulas
concollaresde cavabelesl en /afrenteflecoslt borlar, como
losjefesdelas incas.

Max Radiguet

El viajero Radiguet, a quien se ha considerado uno de los más sugestivos

visitantes de la ciudad, llegó aLima en 1844, ttas Ia revolución de Independencia, y

de su descripción de la ciudad surge una imagen que delata la permanencia del

paisaje urbano coloniall. También Flora Tristán, Ia mitica escrito¡a francesa que se

sintió peruana y que fue sobdna del último virrey, Don Pío Tristán, llegó al Perú en
los años 302,y constató esa pervivencia del espíritu limeño colonial en su polémico
ltbrc Peregrinaciones
deunapaia, donde rcIatasu experiencia peruana. Por su profundo
contenido social, este libro, que es z \a vez autobiografn y ensayo, fue quemado

públicamente en Lima y Arequipa. El capítulo "Lima y sus cosfurnbres" es eseocial


en el sentido señalado por Radiguet "Lima es todavía una ciudad muy sensual. Las
costumbres se han formado bajo la influencia de otras instituciones.El espíriru y la

'
Su libro de viajes por América del Sur Souvenirs de tAmérique espagnole: Chiti, Pérou, Brésil
lpans,
Michael Levy Freres, 1856] está dedicado casi íntegramente a Lima. La calidad artística de este libro
convierte a su autor en uno de los viajeros que mejor interpretó el alma de la ciudad.
-G,r.tuuo
'
Sobte la biografia de Flora fristár\ veas" Bacacorzo, Flora Tristan. Personalidod contestataria
universal, Tomo I @studio biogrrifico e histórico-crítico), Lima, Biblioteca Nacional del peru. 2000.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la tradición literaria clel Peru 63

belleza se disputan el imperio"3. En el trasfondo de esa impermeabilidad a los

cambios descubriremoslas causasdel proceso histórico de la ltepública peruana.


Pero antes de envar de lleno en la litentura del siglo XIX consideramos
necesario detenernos en el momento crucial de esta historia: la revolución de
independenciay su promesa de una nueva vida peruana.

El historiador Jorge Basadre, aI analizar.e[ irucio de la República peruana, se

pregunta: "¿Para qué se fundó la Repúbüca?".La respuestase sustenta sobre una


noción utópica, la pmmesa."no se tntaba simplemente de cortar la sujeción politica a
España. La Independencia fue hecha con una inmensa promesa de vida próspera,

sana, fuerte y fehz"a. Entre los años 1532 y 1821 se formó una sociedad nueva a
través de un proceso activo de "transculturación"s, en el que intervinieron la
penetración.de Occidente en el "Nuevo Mundo", el mestizaje y la definición del

criolüsmo. Llegado el momento de la revolución, en el Perú confluyen las dos

corrientes libertadoras del norte y del sur. Porras describe este momento histórico

en la vida de I.itrr.raen relación directa con la primera recepción literaria de la


revolución:

Lima recibe sucesivamentea SanMartín y a Bolívar, oye las proclanrasserenas


del Capiuín cle los Andes y su adiós ejemplar,lee la prosa llena de brío polémico de
Monteagudo y las ptoclamas encendidas de Bolívar. El ardor por la Patria se
manifiesta en odas clásicas, en canciones populares como la de L-a chicha, que
anebatabaa las multitudes, en discursosparlamentarios, en periódicos doctrinarios y
en paÍfletos satíricos.La másalta expresiónpoética del rnomento esJoséJoaquín de
Olmedo, peruano en el gran sentido [..] y q.re en su Cantoa Junín exalta con íntimo
orgullo el valor de los peruanosen la luchaó.

'
Flora Tristán, Peregrinaciones de ana paria, en Flora Triston. Personolidad. contestatariq universal,
Tomo II, ed. cit., pÍtg.409.
*
Jorge Basadre, La promesa de la vida perudna, en Peru: problema y posibilidad y otlos ensayos,
Caracas,Ayacucho, 1992,pág 306.
'
El término "transculturación" fue acuñado por Fernando Ortiz en Confrapunto ubano del tabaco y el
azúcqr (1940), SantaClara (Cuba), Universidad Central de Las Villas, 1963, págs.290-293. En concreto,
el capítulo específico se titula "Del fenómeno social de la transculturación".
" Raúl Porras Barrenechea, EI sentido tradicionol de lo literattra penmna, Lima, Instituto Raúl Porras
Barrenechea.1969, pá9. 39.

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64 Lima en la tradición literaria del Pen¡

Pero este impulso utópico consubstancíala la idea de la Independencia,-

proclamada por San Martín en 1821 y cclnsolidadadefinitivamente en 1824 por


Ilolívar y Sucre en la batalla de Ayacucho-, n<¡ alcanzó en el Perú el mismo cariz
revolucionario que adquirió en otros paísesde América Lattna. Lima, la hija de la
conquista -como Ia denominó Mariátegui- et una "ctiatura de un sglo
aristocrático", nactdacon un título de nobleza:la Ciudad de los RevesT.v "el Perú -

escribe !7aldo Frank* llegó a ser la colonia más perfecta de España"s. Convertida

durante el virreinato en sede del dominio español en toda Sudaméricae,admitió el


advenimiento de la Independencia con resignaci6n pero sin demasiado entusiasmo,

más bien dejándose lievar por el fervor revolucionario que se extendía por todo el

continente. Además, durante algunos años Ia ciudad fue el centro de la resistencia


españolay el más sóüdo bastión del rey Fernando VII.
Merecen recordarselas páginassobre laLima que asistió desconcertadaala
revolución emancipadora que encontramos en Ia Hisforia de k Independencia
d¿l Peni
del historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna. En ellas, el autor describe, en

una Prosa romántica y apasionada,vn época desconcertante,cuando el continente

del que I.itrna se creyó dueña absolut4 se desplomó sobrc sus muros coloniales:

Lima, fue, pues, la ciudadela de la metrópoli, y a su '"'ista se arreó el último


jirón de la bandera de España que aún no habh hecho trizas el plomo insurgente. y
¿cómo podía suceder de c¡tra rnaner4 si Lima, se puede decü, era la segunda ciudad de
España, si no era rnás todavía? [...] todo haca a Lima el sitio preferido en que la
agonzante colonia debieta reposarse en su ultimo día, en que la monarquía feudal y
usurpadora dijera su ultima palabra cle resistencia y de clespecho.
[..]Lima se hizo, pues, sorda al gnto cle Arnérica, y de todos sus anchos
confines vinieron a buscar, quienes albergue, quienes descanso, quienes verrgutlza,
todos los desposeídos cuyos privilegios la onda de la rer,-olución venía arrastrando en
su cor:riente. Por esto desde 1810 hasta 1827, estuvieron llegando como en una
intermrnable catavaraa,todas las huestes de la metrópoli que los rebeldes echaban de
sus casasy provincias.
[...]Lima se demudó entonces.

'José
CarlosMariátegui,Sieteensayosde interpretaciónde ta reatidadperuanq(1928),México, Er4
1919,pá9.199.
o Waldo Frank,"Lima
en 1930".En Raúl PorrasBarrenechea, Pequeñaantologíade Lima. EI río, el
Puentey Ia Alameda,Lima"InstitutoRaúlPorrasBarrenechea, 1965,pág.340.
"'Lima fue, en realidad,alrededorde 1810,el cuartelgeneralde la defensaespañolaen Américq sedede
aprovisionamiento y robustísimoapoyo moral en los últimos días del Imperio colonial americano".
Aurelio Miró Quesada, Limo, tiena y mar,Lima, JuanMejíaBacq 1958,págs.g0-gl.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la tradición üteraria del Peru 65

Aquella apacible ciudad de los místicos amores>comenzó a oír los iwamentos


de soldados extranjeros a su suelo; el claustrc¡ se conr,irtió en cuartel; el paraíso en
eriazc>;y aquella olorosa Lima que vivía enrre la cloble neblina clel Rimac y del
salrunrerio, se puso heclionda con olor a a:n¡frc y con sudor de los solclados de
ultramar, vestidos todaví¿ cc¡n los andrajos de los presidios peninsulares.
Y así aconteció que Lima fuera, a pesar suyo, el baluarte de la España10.

Los arúfices de la Independencia fueron principalmente criollos, mientras las

masas populares e indígenas participaban aientadas por la promesa de una nueva

vida que se pensaba más justa y solidaria. Por tanto, "la Revolución independentista
-afiota Juan Manuel Elespuru- no fue un movimiento espontáneo de masas,

surgido de abajo hacia arrib4 como intérprete de un anhelo común y compartido de


justicia social. Tampoco ruvo caracterescampesinosni de clases.Se generó en las

ciudades..."11.Y, como es obvio, la promesa quedó incumplida cuando La anúgaa


anstocracia colonial se aclimató a los cambios y se aposentó de nuevo en la poltrona
del poder. Mariátegui ha enjuiciado críticamente la cuestión cuando señala:

,"a""i",?,1üiJ"rr'.::ffi
f, ::"yL'íü;;il';T,,#;"m",wif
,,Í))llof*i,
uineinato. Como el virreinato, la República es el Peru cle los colonizadores, rrrás que de
los regnícolas. El sentiniento y el interés cle las cuaao quintas partes de la poblaciín
no juegan casi ningún rol en la formación de Ia nacionaüdad y de sus instinrcionesl2.

La Independencia es, por tanto, un acontecimiento político, más que


económico o social, a diferencia de otros países,en los que la colonia era vista como

una arnenaza para el logro de una emancipación real en todos los ámbitos de la
políúca y la cultura. La nación rccién constiruida no modifica sus bases.Más bien al

contrar{o, sus cimientos más sóüdos parecen inamovibles y se avecinala penetración

de los nuevos mercados europeos, británicos y franceses fundamentalmente, que


agravarán rnás la situación hasta el momento de la hecatombe en 1,879,cuando
estalla la guerra del Pacífico ent{e Chile y Peru.

roEn Raúl PorrasBarrenechea, PeErcñaantologíadeLima.El río, et Puentey Ia Alameda,ed.cit., págs.


248-249,254-255.
t t JuanManuelElespuru,
Limay Io limeño,Lima,EditorialUniversitari
U 1967, pág.I27.
" Op. cit., págs.94-95.El subrayadoesnuestro.

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ó() Lima en la tradición literaria del Peru

Como ha señaladciJuan Manuel Ugarte Elespuru, "al Virrey sr-rcedióel


mandón republicano que no esgrime, desde luego, el 'derecho divino' de los
'TaI
antiguos r€yes"13. vez el texto üterario que mejor traduce este frustrado proceso
histórico, lo encontramos en los irónicos versos del clérigo José Joaquín l-alrtva,
descendienteliterario de la sátirapoéticade Terralla:

Cuando de España las trabas


en Ayacucho rompimos,
otra cosa rrrásno lúcimos
que cambiar mocos por babas.

Mudamos de coodición,
pero sólo fue pasando,
del poder de Don Fernando
al poder de Don Simónl4.

La tmagen de la ciudad fue la prueba más coflfi.rndente de la pervivencia del


antiguo .rtatrlscolonial. Puesto que el fervor revolucionario se disipó tras la guerra,

Lima recobró su idiosinctasia de apacible Ciudad de los Reyes y con ella sus
costumbres coloniales. Unos años más tarde, el viajero Max Radiguet se sorprendía

por esa permanencia de costumbres arcaicas:las mujeres continuaban siendo las

"tapadas" que vestíanla sayay el mantols, las formas arquitectónicascontinuaban


siendo las mismas y ios privilegios de clase se mantenían inalterables: 'Nada parccía

advertirnos, en medio de esta población tetozon y radiosa, que nos hallábamos en

t.3.Op.
c i t . , p á g .1 8 0 .
'*
Cito por Luis Alberto Sánchez,Pqnorama de Ia Literatura del Penú,Lima, Milla Batres, 7954, pág.7l.
" También Flora Tristán, cuando llegó desde París a Lima, se admiró del atuendo de las limeñas. Y a
pesar de haber sufrido los ataques del arraigado conservadurismo de la sociedad peruana, que la
rechazabapor sus ideas progresistas,y de haber luchado por la emancipación de la mujer, sin embargo
hubiera querido conservar esa indumentaria que pronto desaparecería.Gracias a ella, y en concreto a su
obra Peregrinaciones de una paria, Europa pudo conocer la gracia y el misterio de las tapadas,descritos
en el capítulo "Lima y sus costumbres": "Al regresar-escribe Ventura García Calderón- prepara el libro
en que Europa va a conocer, pintadaspor una mano magistral, la gracia y donosura de las limeñas. Quizá
nadie ha hablado en francés con más pertinencia y gentil entusiasmo de sus paisanasde la saya y el
manto. Si las encuentra menos letradas de lo que había presumido, en cambio su natural despejo, así
como la libertad que han recobrado en la vida de relación, la seducepor entero. PrecisamenteFlora se ha
acercadoa ellas en el minuto mismo en que van a despojarsede su crisalida fastuosa.Por una casualidad
feliz ella es testigo fraternal de una Lima en vias de transformarsey desdeel tinglado de París le cuenta al
mundo, antes de su eclipse, aquel resplandor de la gracia. Los que leyeron el libro de París se
entusiasmarony, si hemos de creer lo que dice el Sr. Pompery en un artículo de I'Artiste publicado en
1838, algunas parisienses empezaron a llevar la saya y el manto". Ventura García Calderón, Vole un
Perú,Paris, Desclée,1939,págs, 156-157.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

L,ima en la tradición literaria del Pem 67

el conzón de una ciudad atormentada y empobrecida por treinta años de luchas

anárquicas"16.Una traycctorie emancipadora de tales característicasno podía

producir una literatura acorde con lo que representala promesa innata al nacimiento
del supuesto país libre. De nuevo Mariátegui ha visto esa relación inseparableentre
los procesos históricos y la literatura:

Si la revolución de la independencia hubiese sido en el Peru la obra de una


burguesía rrrás o meflos sólida, la ütentura republicana hubiera tenido otro tono. La
nueva clase dominante se abría e4presado, al mismo tiempo, en la obra de sus
estadistas,y en el verbo, el estilo y la actitud de sus poetas, de sus novelistas y de sus
críticos. Pero en el Peru el advenimiento de la Repúbüca no representó el de una
nueva clase dirigentelT.

En cualquier caso, el sesgo de la Etenl;r;a del siglo XIX vuelve a esrar


determinado por su cent{o: la Lima criolla. Ahota bien, a lo largo del siglo

observamos una evolución, lógica si tenemos en cuenta el devenir de la historia.


Dicha evolución, simplifrcadamente, se reduce aI vansito desde una tendencia que

podríamos califtcar como presentista,


propia del momento emancipador y extensible
hasta mediados de siglo, a \rrra tendencia pasatista,que nace en las Tradicionesde

Palma como respuesta de una sociedad aletargaday anclerdaen el recuerdo de las

grandezas de la Lima virreinal. La promesa de la vida peruana simbolizada en la


Independenciahabía sucumbido, pues el cambio real en la sociedad no se produjo.
Por ello la utopía regresa desde el futuro para anclarseen un pasado en el que "la
Lima que se va"18 se configura como Paraíso perdido.

t6 Max Radiguet,"Lima en 1844",en RaúlPorrasBarreneche4


Pequeñaantologíade Lima, ed. cit., pág.
288.Entre los viajerosquevisitanLima en estaépocahayque destacartambiéna otro francés,el cónsul
A. De Botmiliau,quienretrataen susescritosIa decadenciade la ciudadtrasla Independencia:
"Restosde
damascorojo, último testimoniode la prosperidadperdida"y algunaspinturasal fresco,reemplazag
sobre las paredesagrietadaspor los temblores,las ricas tapicerías...Nada más modestoque esas
mansiones,últimos santuariosde la sociedadlimeña anteriora la Independencia. Y sin embargo,el
orgullo de los antiguosconquistadores aparecetodavía en la fría dignidad con que sus moradores
fpportan la miseria".Cit. en JuanManuelUgarteElespuru,Limay Io limeño,ed.cit., pá9.23.
''^Sieteenscryos...,
ed.cit., pág.222.
'o Títulode la obradeJoséGálvezqueanalizamos en la pág.131y ss.

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68 Lima en la tradición literaria del Peru

l,rLrin¡:ruRA E IDENTIDADNACIONAI.:LA SELEccróNDEl pAS,{Do

T'ras la limancipación, el país se ve enfrentado a una serie de conflictos

ideológicos que se desprendende la necesidadineludible de afnnzar los cimienros

de la nueva nacionalidad.Lapeculiar historia del Peru, matcadade forma radical por


la mentada oposición entre Lima y el mundo andino, complica la tarcade selección

de un pasado propio y, por ende, se piantea la búsquedade una identidad nacional.


En este sentido, la construcción de una tradición hterana desarrolla un papel
decisivo a patk del nacimiento de la nueva república. Antonio Cornejo Polar
destacacomo una de las ambigüedadesideológicasprincipales de este momento la

que problematizala concienciade Ia ptopia historia,que planteay juzga el pasado


colonial desde diversasperspectivasle.

Las generaciones que viven la abisal fractura de la emancipación interpretan

Ia colonia desde dos puntos de vista contradictorios: al tiempo que representala


etap^ negadora de la nacionalidad, también se la recuerda como una época de
grandeza,paz y prosperidad. Esta doble interpretación no es sino el reflejo de una
emancipación ambigua y superficial, que no se desembarazí de| sistema económico
y social de la colonia. Desde esta perspectir'4 la Arcadia Colonial como paraíso
perdido pronto comenzará a apareceten la literatura, y su presencia irá en aumento

conforme se vaya agudlzando el caos republicano. En este contexto, parece lógrco

que elpasatisna adquiriera un protagonismo esencial a pattu de la segundamitad del

sigloXIX.
Sin embargo, en el momento mismo de la Independencia la exaltación del
futuro impregnaba todo el ambiente. Jorge Basadre explica ese afán iniciat de la
literatura por distanciarse del pasado colonial y trazar, en las imágenes efimeras del

presente, la esperanza del mafana próspero, como respuesta al fervor inicial del

movimiento de emancipación:

re
Antonio Cornejo Polar, Laformación de Ia tradición lüerqria en el Perú, Lim4 Centro de Estudios y
Publicaciones,1989, pág.21.

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Lima en la tradición literaria del Peru 69

Las nacionaliclades hispanoarnericanas tienenr pü€s, rur signo dinámico en su


ruta. Su antecedcnte inmecliato fue una guerra clura I' larga; su origen lejano, un
fenómeno cle crecimiento espirinral clurtro del proccso vertiglinoso de la
'"ttansculturación"
de la civiüz¿ción occiclental en este suelo sirnbóücamente llamaclo
"Nuel'o Mundo". Y por eso se expüca que en el instante de sr¡ nacimiento como
Estados soberanos, alejaran su mimda del ayer para volcada con esper?nz¿ en el
porvenir2tl.

En los albores de la República, cuando todavía el fervor de lz gesta


ernancipadora se sentía en el ambiente, la tendencia hispanista-pasat)stano podía

competir con la necesidad de plasmar el presente heroico. Por ello, la literatura del
momento fiió sus objetivos enlateahdad inmediatay cotidian y en la promesa del

futuro próspero que parecíz zvecinarsezl.La poesía paffióaca y el teatro lírico que

ensalzab^a los héroes son manifestacionesliterarias típicas del momento. Pero es en

la plasmación de la cotidianidad del presente, el ámbito en el que la hteratan

encuentra el material necesario para nutrirse y consoüdar una tradición literaria que
alcanzanauna honda raigambre en el Perú: el costumbrismo.

to
Jorg"Basadre,La promesade la vidaperuana,enop.cit., pág.307.
" "Al devenirla Independencia seconsideróquetodo lo pasadoinmediatoerarepudiabley que así como
las ideasrevolucionarias y progresistas
nosvienieroncomoresultadode los contactoscon las ideologíasy
los acontecimientosuniversaleqlo que era, desdeluego, cierto, se pensóque, entregándonos a tal
universalismo[...] el pregresomodificaría"adecuándoloa las nuevasnecesidades,el sistemaimperante.
De ahí que aquellosingenuosnuevosricos del universalismose lanzarona borrartodo vestigiopasatista
para sustituirlopor aparienciasmodernistas,de acuerdoa las nuevasnormas,sin caer en que, lo que
implantaban,no erasinoapariencias". JuanManuelUgarteElespuru,Limay lo limeño,ed.cit., pág.241.

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70 Lima en la tradición literaria del Peru

nos LIMEÑoS:LA CoNS'i]TUCC


C]u,T.n IÓN Dh,LNACIONALISMoREPUBLICANo

Lirua, la permanenn bzisque da deti


lapennattenfek'uquedadettí la
rJu¡dicha¿labtissuedadc nosofros.

Pablo Guevara

Hasta aquí hemos rastreado los primeros testimonios en los que Lima
comienza ^ aparecet en las paginas literarias de los escritores de la colonia. Como
hemos podido comprobar, durante ese período de casi tres siglos la literatura.se

presenta como un fenómeno limeño: pues debido il. exacerbadocentralismo, Lima


matca las pautas y modelos que se debían seguir. En consecuenci4 han sido los

referentes hispánicos los que han delimitado el rumbo de la literatura coloniai.


José
Carlos Mariátegui ya denunció en su momento ese carácterimitativo y retardado de
esta literatura>tras señalarcomo excepciones a Caviedesy al Lunarejo:

La mejor pmeba de la irremediable mediocridad de la literatura de la Colorua


la tenemos en que, después de Garcilaso, no ofrece ninguna ongnal creación épica.La
temiaca de los literatos de la Colonia es, generalmente, la misma de los literatos de
España, y siendo repetición o continuación de ésta, se manifiesta siernpre en retardo,
por la distancia. El repertodo colonial se compone casi exclusivamente de títulos que a
Ieguas acusan el eruditismo, el escolastismo, el clasicismo trasnochado de los
autores22.

La estética banoca fue sin duda la que enraizó con más faerza. En cualquier
caso, de esa tradición eminentemente limeña, hemos intentado reparat en todas

aquellas manifestaciones en las que Lima empieza a ap^tecer en el cuadro literario,

pues 1o que pretendemos en este capítulo es bosquejar ún bistoria/iterariadeLima, es


decir, delinear una tradición en la que los escritoresnos ofrecen sus imágenesde la

ciudad, literarias y por tanto subjetivas.

Para ello, consideramos indispensable partir de la explicación de la tradición


literaria del Perú imbricada con los procesos sociales e históricos y, desde ella,
asediarlas imágenespoéticas de Lima y desgajadasde ese tronco común que es la

" Sieteenwos..., ed.cit., pág.2I2.

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I-ima en la tradición literaria clel Peru 77

literatura peruana en su coniunto. Ést" nos está sirviendo cle contexto


imprescindible para entender la historia literaria de Lima, desde la colonia, lrasta la

mitad del sislo XX.

En los inicios de la literaturz repubhcana, aÍnaneceel cosrumbrismo corno

propuesta htetarta que consolida su hegemonía alolargo del sigloz:.Es la respuesta

Iógca aI afán por preservar lo propio de la sociedad peruana y definir su identidad y,

en este sentido, se configura como discurso narrativo para eseintento de definición


nacional que se piantea como problema fundamental a principios de siglo. Creemos,

con Enrique Pupo-Walker, que en la era repubücana "el proyecto inmediato de


nurnerosos costumbristas americanos [no sólo peruanos] era la consolidación de una
iconografía cultural así como de una toponimia que pudiera servir como base

discursiva de nacionalidades que se inventaron repentinamente al fragmentarse el

imperio español"2+. Como señalábamos más arnba, Ia conf,rguración de una

tradición hteratia desempeñó un papel fundamental en la construcción de la nueva

nacionaLidadrepublican*S. Pues bien, en este momento de la historia,Ia ndíografía

de la contemponneídad, como rasgo fundamental de la literatura del momento,


también aparece en otros géneros como son la poesía satírico-fesúva y el teatro,
pero es en los artículos y estampas costumbristas donde se desarrolla con mayor

ampütud. El cuadro de cosrumbres adquiere de este modo una relevancia esencial

en la configuración del discurso cultural hispanoamericano26,y su medio de üfusión

esenciai fue el periodismo, uno de los géneros privilegiados por la simultaneidad y el

dinamismo que establece en la comunicación. "Cabe suponer *comenta Enrique

t'
Sobre las propuestasde periodización de la literatura peruanadel siglo XIX, y la aplicación del método
histórico de las generacionesa esta literaturq veaseAlberto Va¡illas Montenegro, La literatura peruanq
del Siglo )IX, Lima, Pontificia Universidad Católica del Peru, 1992.
2a
Enrique Pupo-Walker (coordinador), EI anentohispanoamericano,MadiLd,Castalia, 1995, págs.24-25.
25 En
cualquier caso, este proceso es general en la relación entre la literatura y la formación de las
nacionalidades, y ha sido planteado por Beatriz González Estephan en La hisforiografía liferqria del
liberalismo hispanoamericanodel siglo XIX, La Habana, Casade las Américas, 1987.
26
EI períodismo decimonónico desempeñaun papel fundamental en la consolidación de la identidad
nacional penrana y en la difusión de su cultura. En el artículo "El periodismo peruano del siglo KX'
(Cuadernos hispanoctrnericanos, no 417, ma¡zo 1985, págs. 197-204) Carlos Gwcia Barrón dest¿ca, por
su especial contribución a dicha consolidación, las reüstas EI musea erudito, Lo revista de Lima y El
Correo del Peru.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

1)
Lima en la tradición literaria del Peru

Pupo-Walker- que esa narrativa prosperó debido a que el cuadro de costumbres se


fue convirtiendo en una rica zona de enlace enffe el periodismo y Ia creaciónliteraria

propiamente dicha"2l.

I-a importzncia del costumbrismo peruano en este estudio radtcano sólo en

su relevancia histórico-cultural pan la construcción del criollismo como substrato

formativo de la Lima decimonónica, sino también por tratarse de una corriente de

interés fundamentalparu lo que aquí estamosplanteando: el cuadro de costumbres

desarrolla una de las posibilidades creativas que fomenta la vida urbana; el escenario
y el ambiente son limeños, y su personaje privilegiado, el tipo de clase media, el

criollo o mediope/028
limeño que el costumbrista pone en el centro de la escena urbana
para funda4 a través de la escritura,la Lima criolla de la República. Del retraro se
derivan una serie de valores y caÍacteresque definen exclusivamente la idiosincrasia

de la capital y selian su aisiamiento cofi respecto al resto del país. Se define así el
riollisno como sinónimo de limeñismc¡.

La Lirr'a republicana nuevamente confrmaba su centralismo con esta


definición de lo criollo como eiemento esencial del ser peruano. Ahora bien, más

que ofrecernos visiones de coniunto que penetren en el entramado profundo de la


sociedad limeña, el costumbrismo se encuentra vinculado al interés por lo típico y Io
pintoresco. El escritor no aspra a píntar cuadros totahzadores, es más bien un
miniaturista que se deleita en los conspicuos detalles que componen 1aimagen de la
ciudad visibie. Consecuentemente, ias trivialidades y la predilección por lo banal

generan ia superficialidad del cuadro e impiden el análisis profundo cle los morivos

por los que la sociedad avanzó con pasos agigantadoshacia el caos y la frustración

de la promesa republicana.

27Enrique
Pupo-Walker,"El relatocostumbrista'',enEl cuentohispanoamericano,
ed.cit.,pág.g4. Sobre
la estrechaalianzaentreel costumbrismoy el periodismoen el Perudecimonónico.véaseeI estudiode
JorgeCornejoPolar "Costumbrismoy periodismoen el Perudel siglo XIX', en Esfudiosde Literatura
f"eruana,,Lima, Fondode DesarrolloEditorial,universidadde Lima, 199g,págs.
- 75-105.
'o Luis
La literaturadel peru,BuenosAires, 1943,pág 9g
Alberto Sánchez,

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I.irna en la tradición Iiteralia del Peru I3

Pof tratarse dc la primera corriente htenrta en la que Lima adquiere un

protagonismo esencial,Luis l.'ernando Vidal situa en este rnomento el surgimiento


de la visión urbana en la literatura peruana; emergencia litenria que se encuentra
ligada a la necesidad de crear códigos morales en su papel de formación de la
identidad nacional Pero, como ya hemos planteado, las ambigüedades ideológicas

en este terreno dificultan la tarca:

La visión de la ciudad surgp inicialmente ligada a un discurso moral y


levementepoütico, mercedal tratamientoque los narradorescosrumbristashacen de
tipos humanosy de institucionesde nuestrasociedaddecimonóruca.Subyacea estos
cuadrosde costumbresun deseopor construir códigosmoralesque, de algún modo,
pleserven lo meior y rescatablede nuestragente, aunque e/proycfo adoleadeuna relatiaa
imprecisión
acerca
dequí clnstituiúaute ingrediente
pmpir_yentrañabl&9.

En principio, esta literatura se encontraba al servicio de esepresentismoque,

como hemos apuntado, es propio del momento emancipador. Deliberadamente se


borró el pasado de los espacios de la escritur4 reservados pan la representación de

la actualidad en un discurso mot lfzante que garantizan la,prosperidad del mañana.

Por todo ello, el cuadro de costumbres hispánico, con Lanay Mesonero Romanos

como máximos representantes, se aclimató rápidamente a Ia reaiidad americana3o,

pues las característicasconsensuadasen su polémica definición convenían con las


necesidades del momento que atravesabanlas naciones emancipadas: el tema dei

" Luís FernandoVidal, "La ciudad en la narrativaperuana",en Presenciade Limq en Iq lileratura, Líma,
centro de Estudiosy Promocióndel Desarrollo,1986,pas. ls. El subrayadoesnuestro.
'" Raúl
PorrasBarrenechea destacavariosmodeloshispánicos: "el costumbrismocriollo [...] provendráen
sus mejoresrealizaciones de Lana y de Moratín, cuandono de Bretón de los Herreros,de Mesonero
Romanos,de las capilladasde fray Gerundioo de los sainetesde Ramónde la Crul'. En EI sentido
tradicionalde Io literaturaperucrÍtct, ed. cit., 1969,pitg.43. Sobrelas relacionesentreel cosfumbrismo
peruanoy el español,véase Jorge Cornejo Polar, "Costumbrismoperuanoy españoI",Cuadernos
Hispanoamericanos, n' 539-40(mayo-junio1995),págs.59-78.Paraejemplificarestarelación,Maida
IsabelWatsonEspenerestablece correspondencias entrelos costumb¡istas másrepresentativos de España
y Peru:"El yo subjetivodeLarra encuentrasu paraleloen el autorpersonalista y entrometidode Segurao
el quejosonarradorde Pardo.El niño Goyito, personajelegendariode Pardoy Aliaga, se desarrollaa
travésde la caricatura,la exageración y detallessimbólicosigualque MonsieurSansDelai, el francésde
"Vuelva ustedmañana"de Larra. Y, finalmente,la obsesiónde Mesonerocon describiren gran detalle
todaslas característicasde Madrid desembocan en los tipos limeñosde ManuelAtanasioFuentes".En su
libro E/ cuadrode costumbres en el Perú decimonónico, Lima, PontificiaUniversidadCatólicadel Peru,
1980, págs. 53-54.A lo largo del libro, la autora destacalas relacionesque se establecenentre el
costumbrismo peruanoy el español:la ciudadcomoenfoquedel cuadro,la reprerntaciónde los estratos
medios,el intentode fijar la historiade lo social,etc.

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74 Lima en la tradición literaria del Peru

cuadro es por definición contemporáneo,está ligado ala rcaltdadsocialy plantea,en


la descripción de tipos y costumbres) un código mc>rahzanteque representa la

tendencia aleccionadora proverriente del neoclasicismo.

En esta definición está contenida la problemática que ha dado lugar a Ia

discusión sobre la cancterizacióndel costumbrismo: comparte con el neoclasicismo

la tarca edificante a través de la corrección de costumbres, pero se asimila al


romanticismo en la predilección por lo pintoresco y popular) efl el intento de definir
lo típicamente nacional y en su ideal de libertad formal y expresiva. Aunque se aleja
de él por privilegrar el presente y dar la espalda a ese pasado al que acudirán los

románticos como referente principal.


E,sta fusión entre lo neoclásico y 1o romántico prefigua el camino que habrá

de seguir lahtentura pefllana unas décadas más tarde, cuando Ricardo Palma aúne

en Ia "tradición" el tipismo costumbrista y la predilección romántic^ pot el pasado.


Es decir, Paima acude ala colonia--en ocasiones también al pasado incaico- panla

pintura de tipos y costumbres autóctonas, produciendo en su discurso nanaúvo Ia

primera fundación hterana de la Lima virreinal.

Pero volvamos a los tiempos heroicos de la Independencia. El inexpugnable

centralismo limeño se reforzó en el período que abarca la primera creación


costumbrista,esto es, entre 1,834y 1861,pues durante estasdécadasel dominio de la

economía peru fia se trasladó de las ateas rurales ala costa. Sus puertos canüzaton

el comercio del nitrato y el guano que enriqueció a las ciudades costeñas sobre
I,
todo, a su capitaJ,.Iitma como reducto social refonaba su aislamiento y generaba
una literatura que pretendía eteffiizar su imagen: el cuadro costumbrista.
A través de estegénero, los escritoresplasmaron un momento histórico en el

que los problemas se multiplican, tanto en lo económico -la dependencia de España


se suplanta por la europea-, como en lo social y político. Los gobiernos militares y

caciquistasse suceden,aliados con los interesesde la aristocrain3l; se agravan los

'' JorgeBasadre
analizala evoluciónde las clasessocialesdurantela República:"Lanoblezacolonial,
carentede entrenamiento político y directivo y empobrecidacon la guerrade la Emancipacióny las

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Lima en la tradición literaria clel Peru 75

problemas entre los grupos socialesurbanos y rurales; la dependenciaeconómica

impide la emergenciade una verdaderaburguesíaque desarrolleel crecimiento de la

industria nacionaly del cometcio, y produce el endeudamientofinanciero del país32.


las clases bajas se encuentran cada vez más oprimidas, etc., ecc. Por su parte, las

elites, aliadas con el poder, heredan el pasado colonial inmediato y, desde esa
mentalidad que no admite sino el modelo de estratificación social, se asegura la

permanencia del sistema feudal y latifundista, que impide al país la entnda en la


modernidad. Además, subsisten los métodos arcaicos de producción, pues los

terratenientes no admiten las innovaciones de la industrialización ni tampoco la

sustitución del trabajo de los esclavospor mano de obra libre33.Y, por último, Ia

situación geográfica de Lima y su difícil acceso contribuye enormemente a Ia


decadenciaeconómica ante un mundo que empieza a otganizarcesobre las bases del
intercambio y Ia comunicación en gran esca)a3a-

Esta situación económica y sociai impidió a la clase media la oosibilidad de


desarrollarse como una burguesía fuerte capaz de ca¡rtbiar las estrucfuras
económicas del país. En su lugar, la astucia de las clasesdirigentes criollas adaptó su

interés a los cambios. Como señalaMadátegui,

La aristocracia ter:rateniente, si no sus privilegios de principio, conserv'aba sus


posiciones de hecho. Seguía siendo en el Perú la clase dominante. La revolución no
habia rcalmente elevado al poder a una nueva clase. La burguesía profesional y
comerciante era muy débil para gobemar. La aboüción de la servidumbre no pasaba,

guerrasciviles posteriores,no tuvo el poder político; pero conservósu poder social" (piry. 72); "Las
clasesmediassonprósperas y poderosas cuandolasfavorecenel desarrollode Ia instrucción,el comercio
y la industria.Ello no ocurrió en el Peru en el siglo XIX. Y las clasesmediastampocoadquirieron
entoncesun humor beligerante.El Peru se dividió en dos capas:la capasuperior,primeronobiliariay
luegoplutocrátic1y Ia masa.Quienes,sobretodo por la política,emergierondesdela masa,se pusieron
al serviciode la capasuperior;y asíel estatismosocialsubsistióbajo las inquietudespolíticas"(pág.76).
Jorge Basadre,"La evolución de las clases socialesdurante la República",en Perú, problema y
posibilidad,ed.cit.,(págs.71-83).
" En estesentido,Julio Cotler planteaque "en ningúnmomentode la historiaperuanapuedehablarse,
con un mínimo de responsabilidad, de la existenciade un margensignificativode autonomíade la clase
dominantey del Estado,respectoa los interesesdel capitalextranjero,quepermitierala acumulaciónde
recursossuficientesparasatisfacerlas másurgentesexgenciaspopulares".En su libro Clq.ses, estadoy
rygciónen el Peru, Lima, Institutode EstudiosPeruanos, 1988,pag.388.
33 "La clase terratenienteno ha logrado transformarseen uná burguesíacapitalista,patronade la
economíanacional. [...] Este sistemaeconómicoha mantenidoen la economíauna organización
semifeudalque constituyeel más pesadolastredel desarrollodel país". JoséCarlosMariátegui,Siete
ewayos..., ed.cit.,pá9.30.
'" VéaseJuanManuelUgarte
Elespuru,Limay lo limeño,ed.cit., págs.67.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

76 Lima en la radición litera¡ia del Peru

por esto, de ser una declaración teórica. Porque la revolución no había tocaclo el
latrfunclio. Y la serwidurnbre no es sino una de las caras de la feudalidacl misrna.

[...]La alistocracia colonial y monárquica se lnetamorfoseó, fonrrahnente, en


burgrresía republicana. El régimen económico social de la colonia se adaptó
enteramente a las instituciones creadas por la revolución. Pero lo saruró cle su espíltu
colonial35.

Este contexto de factores sociales, poiíticos y económicos) es el marco


inmediato que envuelve la producción hterana de los costumbristas. Sin embargo,

estos no ahondan erl las causas de una realidad nacional tan sumamenre
problemática, sino que se lirnitan a la pintura superflcial del cuadro, de forma que el
marco contextual queda, en su papel pasivo, al fondo de la escena.Antonio Cornejo

Polar comenta al resoecto:

El costumbrismo privilegla en su inmemión en el presente un espacio: la


capital, y una perspectiva: la que enfoca lo circunsancial y anecdótico y rehuye la
problematización de los asrritos más graves de \a nación. El apego a la
contemporaneidad se convierte así erl r¡n culto a las instancias meflos
comPrometedoras del diario vivir social. De esta rruurera, coniuntamente con la
historia, desaparecen las resonancias sociales rnr{s proñrndas. Conamporaneidad
1
colidianeidadson losparámetrosdel iruaginariocosturnbristáG.

El divorcio entre las esperanzasy Ia realtdadse hacía cad^vez más dramático

y la decepción de la clase media, aunque no se an llzar^ desde su niz en la escritura


costumbrista, se cane,hzabaa través de la sáúla de tono a la vez cáustico y
monhzadotLa carenciade una ideologay de una conciencia de claserepercutió en
la superficialidad del cuadto de costumbres, anclado en lo nimio y trivial, aleno a
cualquier intento de problematizactón iterana de la tensa situación social. El

aislamientode esta clase con respecto a los poderes económicos del país le impedía
la posibilidad de formular las reformas sociales necesarias pan la modernización

nacional. Además, tampoco existía el anhelo de enfrentamiento a Ia artstocracia,a la

que contemplaban desde la üstancia como modelo a'tritat y como ideal de vida.

"'o Joséc.arlosMariátegui,"El procesode la literaturt', Sieteensayos...,ed.


cit., págs.64-6sy 222.
AntonioCornejoPolar,I'aformación de la tradiciónliteraria en el Perú,e¿.óit- pág.37.Elsubrayado
esnuestro.

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Lima en la tradición literaria del Peru 77

Consecuentemente,despreciarona las clasesbajasy evitaron todo contacto, pues la


rígida estratificaciónsocial funcionabaen tc¡doslos niveles.
Sebastián SalazarBondy, en su Uma la honible,profundiza en las causaspor

las que los estratosbajos y medios de la sociedadhan permanecido de algún modo

hipnotizados por las clasesaltas y no han desarrolladola necesidadde una acción

efectiva y revolucionart^. Nlantenemos la larga cita porque nos parece esencial para

el entendimiento de la historia peruana contemporáneaen los sentidos que en este


capífuio estamos trazando:

La voluntad de üvienda, confort o educación se toffia [..] voluntad de


ascenso social. Voluntad: pü€s, de desclasamiento. La aspiración general "r
consiste en
aproximarse lo rruis que sea posible a las Grandes Famiüas y participar, gracias a ello,
de una relativa situación de privilegio. Este espíritu no es exclusivo de la clase meclia.
El pueblo entero, arul su masa rrrás desdichada e indigente, obedece al mecanismo
descrito. Y por una nzón cbra: cuanto rrrás inestable es el stahu, rrrás vehementemente
se desea alcznzar la estabüdad. [...]
En esta lucha, como resulta lógico, prepondera el individualismo. Se le ha
irnpuesto al pueblo, lo que es rnás gra\r, como principio rector para tener éxito en la
dificil pmeba del escalamiento social y económico, pues a los niños y adolescentes [...]
se les martilla una y otra vez y err toda c¡casión, que el "triunfo" depende únicamente
del sumiso ttabaio y del acatamiento de la, orgarizacíón de la sociedad tal cual es. La
faJacia es ilustrada, porque se quiere destruir la tendencia a la umdad de clase y a la
mancomr¡nada querella por los derechos [...]. E" tales infrmclios cree el pueblo limeño,
que re\¡erencia la pompa aristocrática, que admira a quien conduce el volante de r:¡l
"Cadillac" [...] q,r" atisba y limosnea en la puera de los restaurantes donde los pollos a
la brasa se doran en la barbacoa.
[...]El nuestro es un pueblo de hambrientos y discriminados, todavía no de
revolucionarios. [...] Para la masa limeña, así desviada de su legítimo destino, el
socialismo constituye vn amer za, aun para el rn:ás pobre efl su paupérima
propiedad: la choza de esteras en la bamada, por ejemplo, que siente suya y que cree
que algún día poseeá con tí¡rlo legal. Este microscópico propietario rnasca
pacientemente sus desgracias mientras atiza su ilusión. [..] Una vital desgana, que
médanos y nieblas enfi)arcall, pdva en los actos de la humilde gente que acepta la
fatalidad de su existencia. Por si fuera poco, la celebran en sus canciones, que lloran,
se resignan, sueñan y buscan una brecha en el muro de las diferencias3?.

El cuadro de cosrumbres es el primer reflejo U.terariode esta siruación. De

hecho, uno de sus temas fundamentales es Ia huacbafería,


definida por Luis Loayza
como "!a vetsión limeña de 1o cursi" pero con una connotación social: "huachafa es
ia gente que aparenta los modales de una clase supeÁot a la suya y a quien tal

37Sebastián
SalazarBond¡ Lima la horrible, Méxieo,Era. 1964,pág.53

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78 Lima en la tradición literaria del Peru

pretensión hace ridícula"38.Por tanto, el sentido planteado por SalazarBondy se


canaltzaperfectamenteen las escenasde costumbres,impregnadasde "cierta ironía

ante las gentes de la pequeñaburguesíaque se dan aires y pretenden llegar a más o

^parentaúo (el quiera-y-ft0-puedo)"3e.


Esa correspondencia perfecta se corrobora en las
siguienteexplicaciónde l.oayza

...La versión peruana [del cosnrmbrismo] revela la sociedad de castas que ftie la
nuestra dtrrante el siglo XIX, en que ni siquiera eraprecko recunir a /a aiolenciapara que
cada uno se nanlwuieseen su sitio, tensión perrnanente pero encubierta. El costumbdsrno
está hecho a inragen y semejanza de esa sociedad mediocre, reducido hasta volverse
asfixiante, hace reír alguna vez pero cansa pronto40.

En este sentido, el desarrollo de este género tiene un gran interés histórico


porque nos ayuda a conocer la idiosincrasia de la clase media del momento, cuáles
eran sus aspiraciones) sus preocupaciones y, €n definitiva, su modo de ver y
enfrentar Ia realtdad.Ello nos permite entender el proceso histórico que ha seguido
el Peru desde su existencia como naciín independiente.

¿Quiénes son los artífices principaies en esta primera constnlcción del


limeñismo literario? Por el momento, nos interesa destacar dos nombres: Felipe

Pardoy Altag (1806-1868)


y ManuelAscencioSegura(1305-1871).
En suscuadros,
ambos escritores retrataron tanto las frustraciones de la clase media (S"g"r4 como
las de la clase aristocrática en declive (?ardo y Aliaga). Esta tendencía aI tnzo
literario de los problemas sociales que frustran a ciertos sectores de la sociedad
limeña supone el nacimiento de una literatura que desembocará, por caminos bien

distintos, en el cuento neorrealista urbano de mediados del siglo XX. Como


veremos, con la generación del 50 ne pmece esa misma temáúca replanteada y

t' Luis
Loayza,"Tres notassobreel costumbrismo",en su libro de ensayosEl Sol de Lima, México,
Mosca Azll, 1974,pág.69.El subrayadoesnuestro.
'.' Ibidem,pág.
65
*" Ibidem,págs.
65-66.

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Lima en la tr¿dición literaria clel Peru I>

reformulada en el seno de la ciudad que, obviamente, a un siglo de distancia, ha


sufrido hondas transfcrrmaciones4l.
La signif,rcaciónde desmembramiento de la clase media que se desprende del

costumbrismo se rcileja tanto en la futilidad de [o narrado cc¡mo en la del narcador,

que no se adentra en el. análisis de causas y se queda anclado en el fulgor de las

sociales.En estesentido,FelipePardoy Iúry


respuestas es,en cierto
(1806-1868)
modo, la excepción,pues sólo é1,desde su pensamientoconservador y reaccionario,

propuso un análisis de la realidad y buscó alternativas para el meioramiento de la


sociedad. Y no sólo las canahzí a través del cuadro costumbrista, sino que "para
censurar cosrumbres inusitadas levantó los bastidores del teatro criollo y cogió Ia

pluma retozofla de Fígaro, en defensa de la moral de su úempo"4z.


Este costumbrista, aristócrata descendiente de conquistadores, se consideró a

sí mismo el iniciador del género en el Peru y también tuvo conciencia de su

obligación, como escritor, de procurar la corrección de costumbres a tnvés de la

escrituraa3.Su objetivo era rcflejat la frivoüdad de los limeños de clase alta, quienes,

al verse en el espejo de los cuadros, deberían cambiar sus hábitos. La formación

ciasicista que recibió en España, muy enlalinea de Moratín, an*rgó intensamente en


su espíritu y en su obra. Desde esta perspectiva literarta, AIi^g" utthzó la escritura
corno instrumento social que le permitiera impulsar el cambio de usos y costumbres

que estimaba viciosas: combatió el provincialismo cultural, social y literario, y el


sistema educativo controlado por el poder lgligioso; arremetió contra La

superficialidad de las clasesaltas y propugnó la necesidad de formación de una elite

cultivada que gobernara el país. No en vario su labor hterarta se complementaba con


una fuerte vocación política. Fruto de ello son sus meiores sátiraspolíticas.

at Precisamente,en la obranarrativade Julio RamónRibeyro,uno de los centrostemáticosprincipaleses


esa frustraciónque asediaa los sectoresafectadospor el cambio social: el declive de la antigua
y la mediocridadde unaclasemediacuyosintentosde ascensosocialsiempreculminanen la
aristocracia
derrota.
42RaúlPorrasBarrenechea, PequeñaanÍologíade Lima, d. cit.,pá8.28A.
a3VéaseMaida IsabelWatsonEspener,op. cit, "CapituloV: FelipePardoy Aliaga: un modeloeuropeo
parael Peru",págs.63-88.

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80 Lima en la tradición literaria del pen¡

Pero, en términos generales,en los cuadrclsencontramos una somera visión


de la realidad que refleja la debilidad de la clase media limeña. Watson Espener ha
resumido esa visión de esta clase social en su enjundioso esrudio sobre el

costumbrismo peruano: "su resentimiento con los extranjeros y el ejército, su


desdén por el traba:1omanual, su imitación de la clase alta y aceptación de las

costumbres extranjeras, y sus ansias por conseguir puestos públic65"a+. La

separaciónentre esta temática y la realidad del país demuesrraen esta escritura esa
miopía de la clasemedia que no ve el problema real: la dependenciaca avez mayor

que afectaba ala economía del Peru.

Prueba de todo lo dicho son los artículos, sátirasy escenascostumbristasde


Manuel Ascencio Segura(1818),que se pierden en lo circunstancial,en el conspicuo

análisis de Ia poiítica del momento, en los sucesos de la realidad inmediata. En


definitiva, su obra traduce un afán apremiante de contemporaneidad, una urgencia
de modernidad. Como ha visto Raúl Porras Barrenechea,Segura "será ia vena más

nacíonal durante el siglo XIX"45, pues en su obra, despojándose del excesivo

moralismo de Aliaga, plasma las costumbres y el habla popular de la galería de tipos


de la clase media limeña. En sus cuadros, marcadamente populares, da vida a la

ianna criolla, esto es, la fiesta callejeralimeña. La frecuencia de diálogos en lugar de


descripciones y el uso del habla genuina de la ciudad contribuyen aIa populaizacíón
del género lograda por el costumbrista46.

Luis Alberto Sánchezhace hincapié en la oposición entre el costumbrismo de

Ahaga y el de Seguta. Sin duda es este último quien, siruándose en la línea de

Caviedes, vtgonza y estimula la culrura criolla y costeña, en contraste con 1z apolog¡a


de lo peninsular de Pardo y sus seguidores:"La una encarnaba el espíritu del

Consejo de Indias, adverso a lo nativo. La otra, el espíritu del libre comercio.

*
Maida WatsonEspener,op. cit.,pág.57.
"' El sentido tradicional de la literatura peruqnal ed. cit., pág. 43.
ou
Véase Maida Isabel Watson Espener, op. cit., "Capitulo M: Manuel Ascencio Segura: en busca de lo
criollo", págs.89-107.

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Lima en la tradición literaria del Peru B1

opuesto al monopolio. Hispanizante aquélla,mestiza y criolla ésta [...] Elite contra

pueblo. O sea,quizá,la radición posúzacontra Ia tradtcíón genuina"47.

En cualquier caso, los costumbristas popu/ares-Segura, Larclz y sus


discípulos-, al igual que la clase media a la que representan)sólo adivinan lo que

tienen enfrente: el prestigio y el favor de que gozan los extranjeros, pero no las

causasy consecuenciasde este fenómeno; "La supen'ivencia de la feudalidad en Ia

costa -explica Mariátegui- se traduce en la languídez y pobreza de su vida urbana"as.

Esa debilidad de la sociedad limeña se siente en los cuadros costumbristas cuya

sátira edulcorada no profundiza. Por ejemplo, desde el arcaigadocriollismo de la


obra de Segura, la presencia del extranjero se convierte en uno de sus blancos

predilectos, pero del guiño irónico no se desprende un contenido de denuncia sino


que se queda en la protesta personal que no trasciende.Jorge Cornejo Polar dedica
un estudio a 'T-os artículos de costumbres de Segura" en el que ntt{rca esta ide4
apoyándose asimismo en los comentarios de Martín Adán sobre el tema en cuestión:

Manuel Ascencio Segura crea en sus artículos ufra imagen de la Líma


decimonónica que no es (ni lo pretencle ser) completa, pero que alcanza a un
considerable sector que es el cle la clase media. A los artículos se les puede aplicar lo
que dice Martín Aclán del teatro de Segura: "Atesora la prudente experiencia de
nuestra siempre zarand,eada,pagnl y encogida clase media: la del sector apaleado, la
del funcionario cesante, la del mfitar indefinido". No es, sin embargo, una imagen
idflica, puesto que se halla salpicada de las críticas exigidas por el princrpio de la
corrección de las costumbres mediante la üteratura, al que se adhería Segura. Debe
advertirse de todos modos que la crítica no es radical ni sus alcances dem¿südo
profundos ni decisivos49.

Por todo lo dicho hasta aqui es decir, porque no ^n^hz^n la sociedad en su

coniunto ni perciben los problemas nacionales, y también como reflejo del carácter
del mediopela
limeño, en esta literarura se omite Ia presencia de los estratos bajos de la
sociedad: negros e indios. Y, como primera manifestación del indianismo finisecular,

o'
Ponoro o de Ia literatura del Pera, ed. cit., pag.84.
a8
JoséCarlosMariátegui,op. cit., pa1.30.
o'
Jorge Cornejo Polar, "Los artículos de costumbres de Segura", e¡ Estudios de Lilerotura Peruona, eA
cit., pétg.72.

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82 Lima en la tr¿dición literaria del Peru

si aparecenen alguna ocasión se les caracterizadesde un punto de vista ideahzantey


paternalista, ufr^ versión radicalmente ilejada de la realidad que vivieron indios y
negros durante la ltepública, cuando precisamentese despoia al indígena de toda

presenciaen el grupo socialso.


l\faida Watson Espener, aLanahzarlos grupos socialesque son retratadospor

los costumbristas,dilucida la cuestión:

La clase media que los costumbristas retrataban incluye ambos extremos: los
cercalros a la clase aLtaen los cuaclros de Pardo, y aquellos de la porción más baja de
dicha cl¿se media en los de Segura. [...] Mientras tar]to los miütares, los extranjeros, y
algunos miembros de la clase baja son retratados nrás vír'idamente. Puede decirse que
para los costumbristas la clase aJta esta tan distante de sus vidas que prefieren no
incluirla en sus pempectivas de la vida limena. I-os miütares, los extranjeros y
sirvierites, por otra parte, se mezclan diariamente con lc¡s grupos de clase media y es
por eso que los encontrarnos en los cu¿dros51.

En la evolución del costumbrismo otros dos nombres destacan en SU

contribución aI género: Ramón Rojas y Cañas y Manuel Atanasio Fuentes. EI


El
primero desarrolla y profundiza en la temática de Segura --eri el reflejo de la clase
media- v en la tendencia morahzante de Aliaga. Atanasio Fuentes también retrata
los vicios de la Lima repubücana, pero tÍae una no\redad al género y a Ia hteratr¿,ra
limeña en general, pues introduce una visión regional y da entrada en el cuadro a los

grupos socialesde las ciasesbajas.Desde este punto de vista, ofrece una novedosa

'o
Manuel González Prada denuncia el agravamiento de la situación durante la República: "Bajo la
República ¿sufre menos el indio que bajo la dominación española? Si no existen corregimiento ni
encomiendas, quedan los trabajos fiorzososy el reclutamiento. Lo que le hacemos sufrir basra para
descargarsobre nosotros la execración de las personashumanas.Le conservamosen la ignorancia y la
servidumbre, le envilecemos en el cuartel, le embrutecemoscon el alcohol, le lanzamos a destrozarseen
las guerras civiles y de tiempo en tiempo organizamoscaceríasy matanzascomo las de Amantani, Ilave y
Huanta. [ .] Nuestra forma de gobierno se reduce a una gran mentira, porque no merece llamarse
repúblicademocráticaun Estado en que dos o tres millones de individuos viven fuera de la ley". En José
Ca¡losRovira (ed.),Identidadculturalyliteratura, ed. cit., pág. 139.[Textotomado delaedicionMonuel
Gonzalez Prada, selección y textos de Luis Alberto Sánchez,México, Imprenta Universitari4 1945].
También Mariátegui expresa la misma denuncia en el capitulo de sus Siete ensayo.s...,titulado "El
problema del indio": "La aristocracia latifundista de la Colonia, dueña del poder. conservó intactos sus
derechos feudales sobre la tierra y, por consiguiente, sobre el indio. Todas las disposiciones
aparentementeenderezadasa protegerlas,no han podido nada contra la feudalidad subsistentehasta hoy.
[...] La República ha signiflrcadopara los indios la ascensión de una nueva clase dominante que se ha
apropiado sistemáticamentede sus tierras. [..] La feudalidad criolla se ha comportado, a este respecto,
más ávida y más duramenteque la feudalidad española".Op. cit.,págs. 42-43.
st
Op. cit., pág.62.

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Lima en la tradición literaria ciel Peru 83

visión de Lima en la que la reaiidad urbana, esto es, la que abarcaa todos los grupos

socialesque en ella conviven, tiene cabida por primerayez enlalitentura.

En suma, este género: producto de la evolución del ensayo satírico, estimuló


el interés por la vida ümeña en todos sus ámbitos I: con el tiempo, habría de

desembocat en el desarrollo l-iterariode la ciudad real -desde comienzos del srglo


XX-, con todos los problemas que afectan a su entramado social. Sin duda, el

costumbrismo desempeñauna función esencialpamla comprensión de la sociedad

limeña decimonónica, pues es en los jocosos cuadros de Segurao de Rojas y Cañas

donde conocemos el espíritu de la clase media peruana en el siglo XIX, sus causasy

las consecuenciasperdurables que de él se derivan.

DE NUEVO LA DIS\-{.JNTIVA:
LITERATTjRA
PERUANAI/-JLITERATURADEL PnnÚ

En íntima dación con el innegable valor histórico de esta Eteratura, en su

momento el costumbrismo supuso ia primera conuibución a la construcción

hteraita de una traüción, aunque ésta más que nacional fue limeña, como
corroboración de la pervivencia de un orden social antedor que imposibiütaba el

nacimiento de una genuina lttetatura nacional. ParaLa cnstahzación de esa tradición,


Iahterat¿ra debía traspasarlos muros de la Lima crioll4 sucesorade conquisradores,

virreyes, clérigos y doctores o desembaraz^tsede la imitación de modelos europeos.


Alberto Escobarconsideraa.Alingay Seguralos primerosescritoresque fijaron ese
horizonte artístico que predice una üteratun naitonal:

...Mientras Pardo se incünó por una fórmula prestada de la tradición escrita de la


literatua española, Segura trató de incorporar la influencia oral y localista en ufl molde
menos dependiente de lo que, hasta ese entorrces, valía como tradición literaria. Pero
ambos denuncian en su afán la misma angust'ia, ambos persiguen, aunque por vías
diferentes, un objetivo análogo: of** an hoirynn afiístico que [...] consintieraal escritor

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84 Lrma en la uadición literaria del Peru

penranr tnluersecon segundaden unalredición sodal, utítita, liferanu, qae,pnr rtreada,.fuera-ya


patdnonio desu sociedrtdldestr tiemposz.

I)esde esta perspectiva, Ios costumbristas preparan ese horizonte artístico

que permite a Ricardo Palma escribir sus Tradiciones,donde la literah¿rad¿ un Peni


exclusiaamente
/ineñ0, que aquellos habían cultivado desde el punto de vista del
contenido --enla pintura de los usos y costumbres de Lima- adquiere en el género
recién inaugurado el canz de una /iteraturaoriginalperuana forjada sobre la base del
criollismo. Pero creo que esta afitmación necesita de una reflexión que permita

iustificar y esclarecer la disl'untiva planteada en nuestro título. Para empezar, la


literatura costumbrista adopta un modelo üterario importado nuevamente de

España, país que se resistía a Ia enftada en la modernidad. En definitiva, es la

afrmacjón del endeble proyecto republicano, reahzadopor el grupo criollo que se

articuió s^g zmente a la elite libertadon hispanoamerrc n y se desprendió de la


historia de ntz indígenas:. El conservadurismo, ligado al limeñismo, no dejaba
margen pan eI nacimiento de una üteratura que fuera expresión de una verdadera

conciencia cÁtica peraanas4.


El costumbrismo, en este sentido, enla respuestaobvia

t'
Alberto Escobar,El cuentoperuano 1825-1925,Buenos Aires. Editorial Universitaria de Buenos Aires,
1964, pá9. 8. El subrayado es nuestro. En este mismo sentido, Mario Castro Arenas plantea la tradición
que pafie de Concolorcorvo como proyecto forjador de peruanidad literaria, que culmina en Palma:
'?uede
afirmarse que Concolorcorvo inició la aclimatación narrativa de la picaresca española bajo el
cielo peruano. [...] empleafrecuentementemodismos populares,refranes y picantes anécdoias[...] En esta
constanteinserción de modismos, refranes, latinazos, anécdotas,advertimos la atrunciación del estilo de
Palma. A partir de Concolorcorvo, pues, se inicia la'peruanización' de la picaresca española, que se
prolonga en Terralla y Landa, Fray Francisco del Castillo, Pardo y Segura,etc., con variedad de générosy
estilos, y que alcanzaplenitud con Palma. lmporta precisar que la evolución de la picarescaen el peru dio
origen al costumbrismo, especialmente al de intención satírica". Mario Castro A¡enas, De Palma o
(^allejo,Lima, PopulibrosPeruanos,pág. 69.
" Antonio Cornejo Polar,op. cit., pág 39.
'*
José Carlos Mariátegui, reivindicador de ta cultura serranacomo gerrnen del que habría de nacer el
auténtico peruanismo literario, rebate a José Gálvez la consideración de Felipe Pardo como uno de los
precursores para la legitimación de esta tradición: "[Don Felipe Pardo] no repudiaba la República y sus
instituciones por simple sentimiento aristocrático, las repudiaba, más bien, por sentimiento godo. Toda la
inspiración de su sátira -asae mediocre por lo demás* procede de su mal humor de conegidor o de
"encomendero" a quien una revolución ha igualado, en la teoría si no en el hecho, con los mesiizos y los
indígenas.Todas las raícesde su burla están en su instinto de casta.El acenfo de Pardo y Aliaga no es el
de un hombre que se siente peruano sino el de un hombre que se siente español en un país conquisrado
por España para los descendientes de sus capitanes y de rus bachillerei'. Siete ensayos.,., ed. cit., pág.
2l4.El subrayadoes nuestro.

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Lima en la traclición üteraria clel Peru B5

y el reflejo perfecto de la historia del siglo XIX, en la que se sucedieron "muchas


revoluciones (cambiosde gobierno) y ninguna revolución (cambio de sociedad)"ss.

Ahora bien, aunque el costumbrismo no desarrolla una conciencia

verdaderamentecrítica en la escritura y a pesar de que el modelo es de nuevo el

español, desde nuestro punto de vista, en el cultivo de este género literario se

encuentra el sedimento del que surgirá una tr:aüción üterana costeña, que será
también peruana. Es decir, no situamos en los costumbristas el inicio de una

genuina peruanidad literaria, pues se desarrolla al margen del Peru en su globalidad y


como imitación del modelo hispánico importado. Pero consideramos que en esa
línea que parte de Caviedes, y pasa por autores como TenaLIa, Concolorcorvo y

Segura,como peldaño esencial hasta llegar a Ricardo Palma, se perf,rlauna tradición


urbana, típicamente costeña, que prepara el advenimiento de un proyecto literario
-no el único-
Repárese en que decimos un j>mltecto
nacionalen las Tradicionesperuanan

, que nacido al arnparc del criollismo y la ciudad, convivirá con otros proyectos
literarios peruanos que desarrollatát la cultura del Ande (indianismo e indigenismo).

De hecho, va durante los primeros años de la República aparecetímidamente

una débil "escuela" denominada "incaísmo", también como respuesta lóg¡ca a Ia

supuesta igualdad propugnada como una de las bases del ideario independentista.

Como ha señaladoCornejo Polar,los textos poéticos y dramáticos,muchos de ellos

anónimos, que genera esta escuela,postulan "que la repúbiica naciente es heredera -

y vengadora- del imperio incaico. t...] esta literatura construye un nexo muy

expeditivo entre la gtandeza'rrlrpeñal de los incas y el futuro promisor de la nueva


república, eludiendo, sin embargo, todo comentario sobre la situación del pueblo
indígena moderno". Esta visión idealizadora del indio se funda en los Conentariosde|
Inca. Su interés radica en ser el "primer imaginario republicano sobre el pasado

incaico", y en el hecho de que confirma la supresión de la herencia colonial que se


rcahza en las páginas cosrumbristas. Obviamente esta escuela tendría una vida muy

efímera puesto que la república rcafrma el dominio de los criollos sobre los indioss6.

s5
Luis Loayza, art. cit., pág.70.
56
Cf Antonio Cornejo Polar,Laformación de la tradición literaria en el Perú, ed. cit., págs. 31-35

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86 Lima en la tradición literaria det Peru

Más tarde, ya en pleno siglo XX, los proyectos literarios desarrolladosa lo


largo del siglo anterior -criollismo y primer indigenismo fundamenralmenre-,
mantendrán estrechasrelacionesdando lugar a nuevaspropuestasliterarias.
I.o que estamos confirmando, en definitiva, es ese carácter "no
orgánicamente nacional" de la literatura peruana, su nafuraleza heterogéneay plural.
La Lima conquistada alimenta una literatura hispanista, de la que nacerá,a lo largo
del siglo XIX, la tradiciónlinraria criolla,íntimamente ligada a la ciudad y ala culrura

costeña. Será Ricardo Palma quien desplaceel hispanismo de este panorama literario
y asientelas basesdel criollismo en esegénero, ahorasí, genuinamentepefl]ano, que

es la "tradición".

Aunque podría parecer algo patadójico, teniendo en cuenta el espíritu


presentistacaracterístico de la Independencia -que no produjo sin embargo un

verdadeto cambio social-, los costumbristas no lograron formalizar un proyecto


üterario nacional precisamente por haber cortado los víncuios con Ia hteradua
colonial v haberse anclado en la contemporaneidad; en suma, por haber eludido la
conciencia histórica. La superfictahdad con la que retratan la sociedad, taI y como

hemos expuesto en las páginas anteriores, y la consecuente carencia de una visión

profunda de la realidad, se debe en buena medida a la üquidación de esa conciencia

histórica indispensab\epan entender todo proceso social. Antonio Cornejo Polar

nos ha revelado el sentido de esteproceso con admirablelucidez:

...Ni en su di¡nensión referencial, ni en el esablecimiento de relaciones con la


literatura de la colonia parecen los costumbristas estar interesados en vincularse con el
pasado, objetivo que será pnontario muchos años después, en la generación de palma,
cuando la literatura colonial queda insertada con soüdez en el curso de la literatura
peruana. Sin duda la cla'rsura de la conciencia histó¡ica en el costumb¡ismo es el mejor
ejenrplo de la incapacidad de la sociedad peruana postindependentista para establecer
una relación productiva con el pasado colonials7.

s7
lbidem, pág.29. "La supresiónde la memoria colonial obedeceal clima político de esosaños, con su
casi obligado entusiasmo patriótico e independentist4 que impedía asumir como pasado propio el que
acababade ser negado con las armas. [...] el grupo social que pudo haber intentado la articúlación con la
colonia emigró a España. [. ] El costumbrismo se instala entoncesen un tiempo precario, sin historia y
sin tradiciór¡ hecho solamentecon el presente" (pág. 36).

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Lima en la tradición üteraria clel Peru B7

Más adelante, el crítico expüca Ia pandoja de este momento histórico en el

que, a Ia vez que se prescinde de la conciencia histórica, se robustecen los pilares


básicos de la Colonia, con el consecuenteagravamiento de la estratificación sc¡cial
por la consolidación de sus rígidasestructuras:

l,os criollos pudieron eludir durante algunos pocos años la relación histórica
con la colonia, pero en cambio la asumieron como horizonte natural e rnmodificable
de la experiencia republicana. La kteratma reprodun a su maftera esta situacitín:prucinde
euentaaltnentede la tradición colonialal rni-¡motienpo que reafrna la ügenciadesus basesesenciales
t hs contirnía[e/ acafamienlode /os ainonestlt la bteratura culta occidenta[.Lahtetatwa dela
república no será meros cdolla que la propia república y estableceú fimemente,
desde su origen, la clefinición étnica que confiere contenido aI término cdollos8.

Pan ejemplificar esas carencias,el crítico compara esta siruación con lo que

estaba ocurriendo en Argentina, donde el movimiento romántico alentó la voluntad


'Ttro
de construir una literatura específicamente nacional: está de más recordar que

Sarmiento y Felipe Pardo coincidieron en Chile, ambos exiliados, y que mientras

aquél escribía el Facundo, éste se dedicaba a Iuchat, con sus sátiras de tema y
contenido racistas, contra Santa Cruz y la Confedencíón de Peru y Bolivia"5e. En

tanto el costumbrismo, enraizldo en 1o municipal, no trascendió más allá de ias


murallas de Lima, en ArgentinalaEfetatura gauchesca,en su asimilación del pasado,
sentabalas bases del espíritu nacionaló0.

En suma, la omisión de la conciencia histórica supuso la imposibiüdad del

desarrollo de un verdadero discurso crítico que permitiera asumir y asimilar ia

historia colonial parala construcción de un proyecto litera¡io nacional, es decir, para

La formación de una escr-itura propiamente pertlana y no sólo del Peru. En

consecuencia, desde el punto de vista social, esta omisión restó empuje a la


formación de una nueva clase social que se lanzata a la conso[dación de la nueva

vida peruana y su promesa. Pero la importancia del costumbrismo, en su sección

puramente mestiza y criolla (representada por Segura), ndica en que encauzó eI

58lbidem,pág.39. esnuestro.
Elsubrayado
telbidem,pag.3o
uo Sobte la comparaciónentre el procesoliterario peruanoy el argentino,José Carlos Mariátegui
ed.cit., págs.217-218.
reflexionaen susSieleensayos...,

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88 Lirna en la tradición literaria del Peru

advenimiento de una üterafura que asumiría finalmente la representación de una


peruanidad. De hecho Palma fue discípulo de Segura, a ctuien consideraba su
maestro en criollismo.

Partiendo del Inca Garcilaso como fundador del discurso crítico peruano.
hemos trazado el proceso que desemboca en la segunda figura esencial de la

peruanidad litenria, fucardo Palma, considerado el primer fundador de Lima en la


literatura. En esta fundación, el tradicionista introdujo savia nueva en la literatura:

instauró ei criollismo literario y lo dotó de un rango del que habían carecido sus

predecesores,desde Caviedeshasta Segura,pues en sus Traditione.r


peruana.ise clausura
Ia irr,itación de modelos importados y se inaugura, en este género novedoso y
original, una literarura decididam entepen¿ana-

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l. LA Ctao¿o mfrtce.
PRIMERATuNo¿cTÓN LITERARIA DE Lnte: Rlcenoo PAUUA Y IA

"TRADICIóN"

-AJ¿/N¿uintió el que dlo r1ueu la ützeña


a4har relinada,sa/ leuantisca,
espuma gaditana, Iaq madrik íia,
rualjue L;imo, et /ossig/w a esÍeanteriorus,
ciudadnedio cristiana,tnediontorisca,
ciudadde relosías.ydepebetes,
-y degóticastofferJ minarüu

Ricardo Palma

Tras las décadas en que las revoiuciones y los cambios de gobierno se

suceden y el caudillismo se impone como formade gobierno, deviene un período de


bonanza económica producida por el descubrimiento del guano y el saliue:
eu€
desplazó Ia rrii:neríacomo fuente principal de la riqueza del país. La aÁstocnin

beneficiaria de esta nqueza, descendiente de terratenientes y encomenderos de la

Coloni4 de nuevo hzbía de metamorfosearse, en este caso, en una burguesía


capitaltsta que asumiera los postulados de la economia y Ia polínca übe¡alesl. Este

proceso suponía, como ha planteado Mariátegui, "Ia afiffiación de la nueva


economía como economía prevalentemente costeña"2, con lo cual de nuevo se
fortalecía el poder de la capital, se acentuaba el dualismo del país y se solidifrcabala

tgd^ estructura social.

Sin embargo, gtacias aI auge económico Lkna recibió a mediados de siglo,


durante la presidencia de Castilla, un primer ernpuie de modernidad: se construyó el

primer ferrocarril, que unía la ciudad con el puerto del Callao, se la dotó de servicios

de agua, se pavimentaton las calies y se inauguró el alumbrado de gas. Como ya

anunciábamosal introducir esta primer parte de nuestro trabajo, dos décadasmás


tatde, cuando -|osé Balta toma el poder, los aires rnodernos cobran nue\zos bríos.

Balta irnpulsó el desarrollo urbano de Lima: durante su gobierno se consrruyó un

' José
Carlos Mariátegui, Siete ensayosde interpretaciónde Ia reatidad pentand (1928), México, Era,
1979,pág.23.
" Ibiden, pág.24.

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90 Lima en la tradición literaria del peru

gran puente de hierro que unía la zona de Acho con el barrio Viterbo, la creación cle
la Exposición confirió aIa ciudad cierto aire cosmopolita y, en 1870, se demolieron

las murallas que hasta el momento clausurabanla conciencia de desarrollo urbano.

Esta demolición permitió a la ciudad extenderse y proyectar anchas avenidas de


circunvalación.En este crecimiento inusitado de Lima hay que mencionar a Manuel

Atanasio Fuentes, a quien hemos conocido como cosrumbrista y de quien

descubrimos ahora su faceta urbanística. Fuentes imprimió su espíritu artístico al


uazo de los planos del Palacio de ia Exposición de 1,872y a los jardines que lo
rodean.

La desaparición de las intolerantes murallas, símbolos de la cercazón y el


centralismo,parccía confirmar el advenimiento definitivo de Ia modernidad urbana y
predecía Ia inminencia de una futura apertura d, mundo andino. pero la
incorporación de la sircna en el espacio enajenante de la ciudad todavta había de

tardar casi un siglo en producirse. Y en cuanto a la na¡xal evolución de la

modernidad urbana, un acontecimiento demoledor habÁa de truncafla


dramáticamente: En 1879la guerra contra Chile abolió las esperanzasy confirmó Ia
fru stración defi nitiva de lap mn esa republicana3.

' Mariátegui
explica estaderrotabasándose, resumidamente, en la falacia de una Repúblicaque no ha
generadoel necesariocambiosocial:"La guerradel Pacífico,consecuencia del guanoy del salitre,no
cancelólas otrasconsecuencias del descubrimiento y la explotaciónde estosrecursos,cuyapérdidanos
revelótrágicamenteel peligro de una prosperidadeconómicaapoyadao cimentadacasi exclusivamente
sobre la posesiónde una riqueza natural, expuestaa la codicia y el asalto de un imperialismo
extranjero[...]Es, a mi juicio, indiscutibleque,si en vez de unamediocremetamorfosis de la aniiguaclase
dominantese hubieseoperadoel advenimientode una clasede saviay élan nuevos,eseproc€sohabría
avanzadomás orgánicay seguramente. La historiade nuestraposguerralo demuestra.La derrota-que
causó,con la pérdidade los tenitorios del salitre,un largo colapsode las fuerzasproductoras-no trijo
comounacompensació& siquieraen esteordende 6sas, una liquidacióndel pasado".Ibidem, págs.24-
t<

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La ciudad mítica. Primera funclación literaria de Lima 91,

LA BoHEMIA PERUANA: RECUPERACIÓNDE I-A CoNCIENCIA HISTÓRICA

En este ambiente inestable e inquietante, período de tránsito hacia un futuro

que se presiente inseguro, aparccen en el panotama literarto de la ciudad los


primeros bohemios, que se constituyen como grupo romántico. Sin embargo, estos
escritores más bien se quedaron en la postura o el gesto imitativo y frustraron los

postulados básicos del romanticismoa. Entre ellos, el ioven poeta Ricardo Palma
(1833-L919) hace su primera apanción.
Luis Alberto Sánchez situa el desarrollo de la generación romántica entre los

años 1855, cuando se decreta la emancipación de los negros, y 1,8G2,año en que

Castilla abandonael poder. De nuevo lakrutaitón de una corliente ütetanaeuropea


se impone en el p^rroretm^Iiterario. Espronceda,Zornll4 Enrique Gil y otros se
convierten en los modelos que se debían emular. Pero en el romanticismo no cabe el

gesto imitativo, pues su esenciaes la espontaneidad,el desgarramiento, la pasión...

Cados Augusto Salaverry, Luis Benajamín Cisneros, Clemente Althaus y


Ricardo Palma son quizá los nombres más destacadosde este grupo que se etiquetó

con la denominación de "bohemia", tal y como acuñó Palma en I¿ boherniad¿ ni

tienpos. AlU,PaIma recuerda el encendido enrusiasmo con que recibieron la oleada

romántica proveniente de Europa:

Nosotros, los de l¿ nueva generación, arrast¡ados por lo novedoso del


libérrimo rornanticismo, en boga a"la sazón, desdeñábamos todo lo que a dasicismo
tiránico apestara, y nos dábamos un hartazgo de Hugo y Byron, Espronceda, Gaxcía
Tassara y Enrique Gil. Márquez se sabn de coro a Lanantne; Co¡pancho no
equivocaba letra de Zorr,lla; para Adolfo Ctarcía, rruis allí de A¡olas no había poeta;
Llona se entusiasmaba con kopardi; Fernández,hastz en sueños recitaba las Dolorasas
de Campomar; y así cada cual tenía su vate predilecto entre los de l¿ pléyada de
revolucionarios del mundo viejo. De mí ¡ecuerdo que hablarme del Maúas deL,atta, o
delas Capilkdas,de Fray Gerundio, era darme por la vena del gusto6.

- Luis
Alberto Sánchezanalizala obra de estegrupode autoresen el capituloque aciertaen titular "Un
romanticismofrustrado", e¡ Panorqmade Ia literaturo del Pent (desdelos orígeneshastanueslrosdías),
Lima, Milla Batres,1974,págs.79-100.PedroHenríquezUreñaplanteael mismoproblemaen el ámbito
global de Latinoamérica:"Nuestrosrománticos,en la AméricaHispánica,hablaronalgunaque otra vez
como desterrados; pero no hacíaneritoncesmásque imitar diligentemente a susdechadoseuropeos".En
Las corrientesliterarias en Ia AméricaHispánica,México, Fondode CulturaEconómicq 1994.
5 versión
La definitivasepublicaen 1899.
6
In bohemiade mi tiempo, en TrqdicionesPeruanasCompletas,lvtadrid, fuuilar, Lg64,5^ ed-, pág.
1293.

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92 Lirna en la tradición üteraria del Pem

fleniendo en cuenta los objetivos que nos hemos propuesto en este estudio,
no nos adentraremosen anahzarla obra de esta generaciónde escritoresT.Sólo nos

interesadetenernosen una de las característicasprincipalesde su literatura.Como ya

hemos mencionado, el romanticismo peruano se frustró por haber perdido la


espontaneidad,esenciamisma de esta corriente htetarta y cultural, y, sin embargo,

"consideró sustantivo lo adjetivo: Y creyó que Io esencialera lo lejano. [...] De tal


modo que unió dos lejanías:la del tiempo -lo pasado- y la del espacio-lo raro" 8.
Los románticos, pues, asumieron la historia que la generación anterior había
desestimado p^ra llevar a cabo Ia operación inversa: escribir sobre el pasado y eludir
Ia rcahdad contemporáneae. Al igual que en el momento de la emancipación los

escritores pudieron raducir el espíritu contemporáneo de la independencia en el

cuadro de costumbres, como género que posibilita el retrato del presente, los

"bohemios" encontraron en la predilección por ei pasado y la necesidad de aftrrnar


la identidad nacional -consubstanciales al romanticismo- el ámbito literario ideal
paralz necesariarecuperación de la conciencia histórica tras el caos de la República.
Así, "lo raÍo)' se canaltzó en una asunción de la tradición propia y nacional a

través de las fantásticas evocaciones de la literafura rcmánúca. La conciencia


histórica renace por tanto en esta generación que se sumerge en la memoia de Ia

colonia, de forma que se abre un flue\¡o camino de penetración en la historia y en su

liter^tur . Con la asimilación del universo colonial se recuperan tres siglos de


literafura preferentemente hispánica, pero también se rescata un espacio de poesía

popular, de modo que se produce una nacionaltzaitón de la tradición ltteraria


colonial que desemboca en 7a obta de Palma10.Como explica Antonio Cornejo
Poiar,

'
Nos remitimos al ya citado capítulo de Luis Alberto Sánchez,"Un romanticismo frustrado".
o
Luis Alberto Sánchez,Panorama de la literatura delPerú, ed. cit., pág. 89.
'
Como ha visto Pedro Henríquez Ureña, este procesoliterario afecta a todo el ámbito de América Latina'.
"Los tres siglos de la Colonia" que habíamos empezado a imaginar como nuestra edad de las tinieblas,
aparecentambién en nuestro teatro y en nuestraliteratura de imaginación". En I-ascorrientes literuias en
la América Hispánica, ed. cit., pág. 134.
'u
Véase Antonio Cornejo Polar, "Capítulo II. La nacionalización de la herencia colonial", en La
formación de Ia tradición literaria en el Perú, Lima, Centro de Estudios y Publicaciones, 1989, páryls.43-
57.

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La ciudad mítrca. Prirnera fundación literana de Lima 93

Palnra promovió o xealizó personalmente la edición de textos colorüales de varia


índole, desde los de Caviedes, con lo clue reafirmaba su predilección por el genic>
popular en su vertiente satírica y humorística, ha-stalos de las academirs <le Ia cc¡rte
virreinal. En este caso, la edición de maru¡scritc¡s coloniales es mucho nús que una
empresa filológica; expresa también y sobre tocto una conciencia nueva sobre ese
período, ahora sentido como propio, y contribuye decisivamente a profi.rndizar ese
sentir y a socializadoll.

En esta recuperación, es importante señalar la especial predilección de Palma


por escritores como Caviedes o Segura -su gran amigo y maestro, cuya obra
dispersa reunió y org nlzó-, puesto que a través de esa recuperación Palma
consiguió dar continuidad a esa tradición criolla que en su obra adquiere un carácter

decididamente nacional. Más adelantecomentarnos la importancia de esta tarca en 7a

construcción del intertexto que Palma lleva a cabo en su obra y que otros escritores

posteriores desarrollan mediante la reelaboración de los propios textos del

ttadicionista.

LAS TRADIAONE.' DE PAII\4A:APRoXIMACIoNESA SUDEFINICIÓN

El tradicionista
tienequeserpneÍal soñador;
el histonadores el honbre d¿l raciociniov de l¿s
prosaicarreaüdad.r.s.

Ricardo Palma

En la cita con la que concluimos el capído anterior ya \,'emos a Ricardo

Palma inmiscuirse en labores filológicas, movido por esa pasión por las letras que

demostraría a Io largo de toda su vida, como literato, lexicógrafo, bibliotecario, etc.

Pero lo que nos interesa aquí es su obra literarn, en la que inmedíatamente

" Ibidem, pág.57.Aello hay quesumarsu obracrític4 con artículossobreCaviedes,Terrallay Landq el


Ciegode Ia Merced,BarcoCentenerqla Academiadel virrey Castell-Dos-Rius,etc.

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94 Lima en la tradción üteraria del Peru

descubrimos cómo ese ingrediente privilegiado por los románticos, el viaje literario

hacia un tiempo remoto, anima toda su producción.

Desde el momento en que el poeta se conr,"ierteen tradicionista, el ideario


romántico queda en los anaquelesde la memoria del escritor, quien se desprendedel
juvenil arranque imitativo par:- lanzarse a la averitura en solitario de la creación

novedosa y original. José Miguel Oviedo, eri su übro titulado kicardn Palrzta,explica
este tránsito o evolución experimentadapor el escritor:

.-.Al consagrarse al "culto clel pasado" y reinvenh.r, sobre el cañamazo de nuestra


Colonia y Repúbüca, los pequeños mitos de la historia pefl¡ana, Palrna ha iniciado un
camino divergente al de la "bohemia" nacional. Ese proceso cle alejamiento se
extiende, más o menos, entre el 60, fecha límite de su participación activa en el grupo
(es el año de su exilio en chle), y el 72, en que Palma parece tener una plena
conciencia de que elpasadohistóricoen que él deufu úuir no u elpasadnidzal fu las románticos.
El ideario del romanticismo ya no le sirve al escritor cle tradiciones, que busca la
poesía en archivos e infolios, no en meras fugas idílicas al mundo de ayer ni en
medier,zlismos de cartón. Su conuicción d.eestariniciando "algr ru&2t0"en /a üteraturaperuana
lo lleua 6 autntihiarse iniciador de la tradición enAnéncríZ.

Pilma crea el viaje irrepetible hacia el pasado a través de una inédita

conjunción que nadie antes había cultivado: la fundación iiteraria de la historia -

preferentemente colonial, pero también incaica y republicana- y, como fiel discípulo

de Segura, la visión criollista, popular y chispeante, de la literatura costeña. A esta


última la enriqueció con la marca inconfundible de un estilo, en el que la oralidad,
unida ai recuerdo --can^cterísticastambién de la prosa del Inca-, imprimen su
peculiaridad formal. Veamos algunos ejemplos de este estilo tan peculiar de las
Tradiciones
penlanas.

¡Córnol¡Qué cosa!¿No conoció usted á las Pantojas?¡Chirnbarnbolo!¡Pues


hombre, si las Pantojashan sido en Lima ruís conocidas que los aguierosde los
oídos!13

'" JoséMiguel
Oviedo,Ncordo Palmo,BuenosAires,CentroEditorde AméricaLatina, 1968,pág.25.81
subravadoesnuestro.
13Rióardo
Palma,"Sabio como Chavarríd',en Tradicionesperuanas,tomoII, Barcelon4Montanery
Simór¡,1894,pá9.123.

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La ciudad mítica. Primera fundación literaria cle Lima 95

Siernpre he oído clecir en mi tierra, tracándosede personas testarudas (> reacias


para ceder el1 uria disputa: "Déjele usted, que ese hombre es nús terco que un
camanejo"l-{.

Era como refrán en Lima, allá en los días de mi mocedad, el decir por toda
solte¡ona en quien disminuían las probabilidades de que la leyese el cura la epístola de
San Pablo: "¿Si le habrá caído á éstalamaldición del general Miller?"ls

Para Palma, la esenciade la "ftadición" estaba en la forma y no tanto en el

fondo de lo natr^do, pues en ella se revela el pretendido espíritu popular de esta

üteratura: "A mis oios la tradición no es un trabajo que se hace a Ia hgera: es una

obra de arte. Tengo una paciencia de benedictino para limar y pulir mi frase. Es la
forma más que el fondo 1o que las hace populares" (catta a Vicente Barrantes)16.
El
fruto de esta hibridez entte el criollismo popular y la predilección por el pasado, que
combina y reformula las características inherentes a I¿s corrienres costumbrista y
romántic4 fue un género fundacional por lo novedoso y originai: Ia "tradición".

En este amago de def,rnición,planteada como entrecruzamiento de rasgos de

diferentes tendencias, se encuentn Ia "tradición", primera creación original que


recibe influencias obvias de ambas corrientes literarias, pero que se configura como

una üteratura diferentelT.José Miguel Oviedo define la"tndición,' como

un género híbddo, pues, rura mixtión o precipitado de los más disparesingredientes


[..J Er un cruce de raro equfibco, el fruto de r¡n mestizaieüterario que frrnde
alegtementelo vernáculoy lo clásico,lo limeño y lo hispánico,la histclriay el cuentol8.

ra
Ricardo Palmq "Refranero limeño", en Tradicionesperucmas,tomo IV, ibidem, pág.329.
''
Ricardo Palma,"La maldición del generalMiller", ibidem, pág. 351.
tu
Cit. en Jorge Cornejo Polar, "Palma, entre el costumbrismJy h noveld', en Esttdios de Literatura
Peruana, Lim4 Universidad de Lima y Banco Central de Reserv4 1998"pitg. 147.
" Ventura García Calderón acusa la emulación y la superficialidad del romanticismo peruano, al que
oponeel "criollismo" y la "tradición" como propuestaliterariaoriginal del Peru: "en realidad,ningún otro
pueblo menos romántico que el peruano. t. I El individualismo exasperado de los románticos,
característicode la escuelaviolenta, debía de pareceruna exageracióninmotivada a este pueblo tranquilo,
donde el robusto personalismode los primeros conquistadoresse transformabaen pereza;[...] todos estos
sentimientos frenéticos eran extranjeros a una raza. apaciblg realista superficial en religión,
profundamentesociable. [...] mientras los unos proferían lamentos, los otros simplementereían. [...]
Como no existen, en el pequeño medio, crisis violentas, üda intens4 en vez de escribir vastas novelas se
trazan en miniatura artículos de costumbres. [...] Pero lo más nacional, lo más original también de esta
vena crioll4 es la "tradición" de Ricardo Palma". En Del romanticismo ql modernismo, París. Sociedad
de Ediciones Literarias y artísticas, 1910, pág. VI, )(IV y XV.
18
Op. cit.,pag.32.

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96 Lima en la tradición literaria del Peru

En este mismo sentido de hibridez htenna incide la definición de Porras


Barrenechea:

ltrr *] producto genuino ürneño y cnollo. No es historia, novela, ni cuento,


ni leyenda rcmánúca. De la histona recoge sus argumefltos y el ambiente, pero le falta
la exactitud y el cuidado documental. Pal:r:n no concibe la historia sin un algo de
poesía y de ficción...
La "ftadición-' es, pues, un pequeño relato que recoge un episodio histódco
significativo, anécdota jovial, lance de amor o de honra, conflicto anroroso cl politico
en que se vislumbra repentinamente el alma o las preocupaciones de una época o se
recoge intuitivamente, por el arte sintético del nanador, una imborable impresión
histórica. [..J Es la gran historia rcalizada con la técnica fragmentaria y liüana del
pintor de azulejos. [..] Es la historia popular contada, según lo dijo él mismo, como la
cuentan las vieias y el r.rrlgo...19

Luis Alberto Sánchez va más dlá al plantear el sentido de hibridez sobre la

base del rnestizaiecomo concepto definitorio de 1o popular urbano:

Puntos de picardía española sí que hay en zu pluma; y a ellos se amalgarnan,


en íntimo consorcio, socarronerías indígenas, traviesa insolencia etíope; es decir, los
elernentos básicos del criollo, del tipo representativo costeño, cuyo auténtico
exponente fue el t¡aclicionista2O.

La dación entre el cuadro de costumbres y la "tradición" merecería un


estudio aparte, que excede a nuestros intereses en este capítulo21.No obstante,
puesto que estamos intentando trazar las líneas convergentes y divergentes de los

procesos que sigue la htetaíxa peruana, nos interesa señaiar someramente la


evolución que experimenta el cuadro de cosrumbres en la"úadiclón".

Pilma consiguió ftansformar el costumbrismo, tomando de él su carácter

satírico y pintoresco y dotando al cuadro de una irrefrenable rrqueza rrrr:ragjnaava.


La
sonrisa mordaz se perpetua y comienza a consolidarseasí como rasgo propio de una

" Raúl PorrasBarrenechea,El sentido tradicional en Ia literafura peracúta,Lima, Instituto Raúl Porras
Barrenechea, 1969,págs.57-59.
'" Luis
Alberto Sánchez"Don Ncardo Palmay Lima,Lima, ImprentaTorresAguine, 1927,págs.34-35.
2l En
cualquiercaso, a Palma se le denominaen numerosostrabajoscon el apelativogenéricode
costumbrista,si bien se sueleseñalarque setrata de un costumbrismo tardío,al que el peruanodotó del
prestigioliterario de que carecía.Sobrela relaciónentre el costumbrismoy la tradiciónvéaseJorge
CornejoPolar,"Palmaentreel costumbrismo y la novela",cit.,págs.141-153.

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La ciudad míüca. Primera funclación literaria de Lima 97

tradición literaria. llaúl Porras Barrenecheainicia su ensayo titulado "Palma satírico,,


con estamisma idea:

I-a aptitud limeña par:- la sátira, es ya un lugar común en la historia literana


peruarlz..Nuestros rnás originales ingenios fueron satíricos. [...] Palrrra, el espíritu más
representati\,-o de nuestra litetatura, tenía que ser necesariamente budón. Su
humorismo provenía de aquella surgente vena criolla, cle risa sana y jovial, cle
inconfundible malicia, que tuvo su hontanar dsueño en el siglo XVII, en
Juan del
Valle y Caviedes, el poeta de la Ribera22.

Tal y como puede comprobarseen su obra, el tradicionista se ocupa en varias


ocasiones de todos aquellos escÍitores que hemos citado a lo largo de este trabajo

como creadores de una tradición htenria costeña23,proceso que habrá de esperar a


Paima para su fundación como tradición propia: dedica una "tradición" a Caviedes -
El poeta de la Nbera dnn .fuan cbl Valle 1 Cauiefus-; cita en varias ocasiones a

Concolorcorvo; hace una catactenzación de Terralla y Landa en la "tradición" El


poeta1 /as adiuinan7ar,y, sobre todo, reconoce su deuda con Segura, por haber

instaurado el imaginario cultural del costumbrismo en L¿ .ra1ralel manfo,I'i,arliene la

Pega,Ña Catita, etc. Pero por encima de todo, Ie alaba su gracia cnolla y el sabor
popular, rasgos que él reformula para convertirlos en la insignia de sus Tradiciones.
En este sentido, Porras culmina su ensayo 'Talma satírico" enalteciendo la sonrisa

del escritor como la nota que confiere a su obra originalidad y aliento personal, un

gurño entre pícarc y burlón que nos asoma al escenado del revoltillo criollo:

Sin su sonrisa, la obra cle Palma hubiera sido la de un poeta chide y plañidero,
la de un adocenado eruclito, la de t¡n historiador mediocre, la de un bibliotecario
prolilo. Por su picatdta,por su fina espiritualidad, por su lisura kmeña,la obra de Palma
quedará como la rrrás genuina muestra de la travesun cnol)az4.

t'
Raúl Porras Barrenechea,Tres ensayossobre Ricardo Palmo, Lima, Juan Mejía Baca, 1954, pág. 9.
Los tres ensayosson. '?alma satírico", "Palma romántico" y "palma y GonzalvesDias".
" Jorge Cornejo Polar, al plantear una cronologíapara el costumbrismo en el Peru, estableceuna etapa
precostumbrista cuyos más importantes hitos son los autores que hemos citado en la formación de esa
tradición: Caviedes(1645-1698),Fr. Franciscode Castillo (autor de piezasteatrales)(1716-1770),Alonso
Carrió de la Vandera (1716-L787\, Terralla y Landa y José Joaquín Larriva (1780-1332), En
"Costumbrismo y periodismo en el Peru del siglo ){J'){', op. cit., pitgs.78-79.
'"
Tres ensayossobre Ricordo Palma, ed. cit., pág. 15.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

98 Lima en la tradición literaria del Peru

El resultado de la amalgarna entre la sáúra, la historia y la inventiva del


escritor, son varias coleccionesde lo que ya podemos denominar relatos,en los clue
Palma, sobre el substrato de la historiografía americana,encuentra el anecdotario

pM la creación de sus "tradiciones". El carácterfundacional de esta literatura se


situa por tanto en tres niveles:por evolución de la escritura costeña (de Caviedesa

Segura), fundación del criollismo como un proyecto literario propio; nacimiento del

cuento como género de honda raigambre nacional.,en el que por primera yez -

anticipándose a la novela-, se mitifica la historia peruana25;y, pot último, Ia primera


fundación hteraÁa de Lima en un corpus literario proiífico y consistente.

De estas rres dimensiones nuestro objetivo aquí consiste en dirimir la que


atañe a Ia fundación hterarta de la Lima colonial que, clato está, habrá de
relacionarse necesariamentecon su esencia criolla y su instaunción como tradición
literaria.

tt
Enrique Pupo-Walker, "Prólogo", El caenlo hispanoamericano,Madrid, Castalia, 1995, pág. 51.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad. mítica. Prirnera funclación litera¡ia cle Lima 99

I.,actp,¡ctóN par ESpAcIOIMAGTN:\Rro

¡Oh riadad nila¿rosa


dc raro ltecltiTol dc üswaJina,
r1aeesconde conrebosode neblina
sagracia rccafadal tnisÍeno.ra,
cotnoltníie T-apada,
que dejaapenal efilretter/¿trosa
1 elpálido1aryuin de una m{i//a,
1a la eutbn/adal dulcenarauilla
de una sola r¡irqda !...

JoséGálvez

Antes de adentrarnos en la proyección palmiana de la ciudad, consideramos


necesario resumir lo dicho hasta aquí para poder sitllar, razonadamente,la primera

fundación ljterana de Lima en la prolífi.ca obra del tradicionista. En primer lugar,

hay que señalar que, aunque hemos encontrado ejemplos literarios en los que Lima
ap^rece en diversos autores del período colonial, bien sea en poesía (recordemos a

Caviedes como paradigma) o en prosa (Concolorcon-o y los costumbristas),


situamos la fundación de la ciudad vfureinal en la obra de Palma, en pleno siglo XIX,

por motivos ya explicados: a üferencia de aquéllos, se trata de una escritura y un

género propiamente peruano que se deshacede entumecidas imitaciones I, paliando

la inanidad de la histonaltterana de Ia Lima colonial, ^portz- la prodigalidad de su

género a la construcción poética de la ciudad. Como ha visto Jorge Cornejo Polar,


en eI afán declarado por Palma de marcar un límite claro entre América y ta vieja

metrópoü,

la forma litemria "tradición palmiana" venía a ser, iuego del "yaraví melgariano"
(aunque se trata evidentemente de moclos creatjvos diferentes), la segunda especie
literaria artónÍicatnenteoriginaria dd Pení aestiVo,una suerte cle espontánea superación de
la consabicla clependencia cultural en relación con Europa )¡ una signiFrcativa
afi rmació¡r cle identidacl pervarra26.

26Antonio
CornejoPolar,"Palma"el costumbrismo y la novela",cit., pág. 149.El subrayadoes nuestro.
Carlos Villanes Cairo incide en la originalidadde la "tradición", como propuestaliteraria inedita y
novedosa:"[La tradición]esuna revelaciónde la historiaqueno apareceen los textos,esla certificación
de un lenguajecastizo,peroconel ingentevalor añadidode cuantohizo Américapor Ia lenguageneral,es
una manerainédita de contar un acontecimientqdesvelarun misterioo satisfaceruna curiosidad,es
correrel velo que envuelvesecretosde palacio,casade gobierno,claustros,alcobasy conventillos,por

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

100 Lima en la traclición üteraria del Pem

'laI
vez el mejor modo de situar el tema de la invención del mito urbano en
este género primerizo por lo original de sus formas y contenidos, seacomenzar con

la siguiente cita, en la que Martín Adán aboca su genio creativo en el comentario

sobre la construcción de laLimatmagtnarialograda por Palma en las I'radiciones.

Palma hace de la irnprecisión su rnejor instrurnento, su prodiSfoso tirafonclo:


con una fecha, un refrán, una sonrisa y un nombre hace un pánafo henchido cle
verdad transparente. Det¡ás de Palma, no está sino la sombra de la Lrma que inventa.
LaLímz sustancial e indispensable del limeño esta entre éste y Palma, la clesearnos,la
reparamos y la ganarnos. [...] Muchísimo r¿ís ha dicho cle verdaclero la menrira corclial,
la euforia cabal, que la probidad nanativa o descripúva27.

Así es. La imprecisión de lo narrado estáen la base de la fundación del mito,


y de ella surge esa Lima inventada en las Tradiciones
peruanas,tan debatida con
posterioridad en Ia eterna polémica sobre la versión del pasado que de ella se
desprende y sobre el valor histórico -juzgando Ia obra en términos de veracidad o
falsedad histórica- de ese pasado. Cualquier esfuerzo en esre ámbito crítico parece
inútil, porque Palma, a pesar de conferir veracidad a los hechos que narra, no

pretendió en ningún momento hacer historia, tal y como se comprueba en la

diferenciación que estableceentre el tradicionista y el historiador -en el epígrafe con

que encabezamosel capítulo anterior- o en determinados fr€mentos de algunas de


sus "tradiciones":

Me'.os pafito y rrrás chocolate. Basa de guaraguasy ála conga. pero como
rro me proPon€o hacerhístoriacontemporánea, y menos sobre tma época en Ia que diz
que hice papel, y no de estraza,escribiré sólo lo pertinente á mi tema.
1...]aquí pongo punro: primero, porque, como ya lo he dicho, fi' ,il,epr0p0ng0
ltistoriar,y segundo, porque lo que pudiera escribir no tendría la menor concomitancia
con la Conga.2B

eso Palma de los cuatrocie¡tos y tantos fragmentos de sus tradiciones hace un gran corpus que lo
convierten en un clásico". "Prólogo" a su edición d,eTradicionesperuanas) Madrid, Cátedra, 1994, páry.
)o.
''
IMartin Adán, De lo barroco en el Peni (1968), en EI mas hermoso crepírsculo del mundo (Antología),
México, F.C.E., 1992,pág.366.
'"
"La Conga", Tradiciones peruanqs, tomo IV, ed. cit., págs. 315 y 318. El primer subrayado es del
autor, el segundo es nuestro.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciucladmítica. Primera fuirdación literaria de Lima 101

F)l propio Palma, en numerosas "tradiciones", se esmera en resaltar esa


imprecisión que Martín Adán define como su "'prodigioso tirafondo"; inclusive

expresallanamente,y de forma explícita,lo deüberadode dicha intencionaüdad:

No sé precisarnente en que año del pasado siglo vino de España á esta ciurdad
de los reyes un mercenario, ftaile de muclto peso y gran cogote, con el título de
Visitador general de la Orden: Lo de la fecha importa un peprno; pues no porque me
halle en conflicto para apuntada con exactitr"rcl,defa de ser auténtico mi relato. Y casi
me alegro de rgnoratlazg.

l-a tradición que voy á co¡tar es muy conocida en Puno, donde nadie osará
poner en duda la reaüdad del sucedido. Aún recuerdo haber leído algo sobre este tema
er1 uno de los cronistas ¡sliliosos del Peru. Excúseseme que altere el nombre del
pemonaje, porque, en puddad de verdad, he olvidado el verdadero. Por lo demás, mi
relato clifiere poco del populaÉO.

"Ciudad dela gtacia", "ciudad de Lima", "ciudad de Santa Rosa y de fucardo

Pakna", son exclamaciones con las que Rubén Darío exaltó Ia capital pefiana y

enaiteció a sus míticos escritores y fundadores, entre ellos, Ricardo Palma, de quien
dijo: "Es ei primer limeño de Lima"31. Desde fines de sigio, a Palma le fue otorgado
el título de fundador literario de la capit^|,,o de cronista clásico de la Lima del

pasado. A través de Ia fusión de los de rasgos que hasta aquí hemos intentado
definir como consubstanciales a la "ttadición", Palma creó la Lima del imaginario

popular, se negó a ser el "hombre del raciocinio y las prosaicas reaüdades",infundió

aliento a la historia -que le sen ía para precisar el matco o contexto en el que


'tmagjnaciín
acntaban sus personajes-, y recofnó en su "la ciudad silenciosa de la

conquista"32,monótona, apaitble y pueblerina, y la ciudad en que vir,'ió, entristecida

y pobre tras el embrollado proceso republicano; aldea silenciosa como en la colonia,

pero ahora con tonalidades y matices decadentes. En suma, construyó úfia Llffia
míttca y poética a través de la anécdota colorista, tan distante de Ia precisión del

historiador, 1l, como hemos comprobado en los fragmentos citados, canjeó La

tn "Caduuno
manda en su casa", Tradicionesperuanas, tomo II, ed. cit.. pág.74
30"El
alcalde de Paucarcolla", ibidem, pág. 211,
"t' Cit. en Luis Alberto Sánchez,Don Ricqrdo Palma y Lima, ed. cit., pág.27.
Ibid.m, pág. 54.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

t02 I-ima en la tradición literaria del Peru

fecunda veracidad histórica por la leyenda pintoresca, Que le permitió dotar a la

ciudacldel embrujo de su alma graciosay singular.

I-uis Alberto Sánchez,en el libro que dedica a la ciudad creadapor Palma,


aciefia en utilizar en el último capítulo el "Símbolo de GulliveÍ" para el análisis de
esa Lima imagtnattapintada con sonrisasy excesos:"para la pequeñezdel asunto,

sus ojos tuvieron erageraciones macroscópicas. t...] trató de revivir La épcsca,


r.aliéndose de anécdotas y leves aventuras, agtgantadaspor su imaginación"33.Nos

mostró una Lkna encantadora y poética, que ocultaba esa otra cara de la ciudad que

hemos conocido en los no menos exagerados versos de TenalTa, de calles

cochambrosas y polvorientas, suciedad e inmundicia. En este sentido, Sánchez


ratiflca que lo disímil entre la Urna de Terralla y la de Palma "muestra que hay
derecho a suponer que en la sonrisade Don Ricardo estála clave de su obra"34.

Palma tesc^t^ las imagenes inveteradas de la ciudad, aúna una visión


intrahistórica con su aguda inventiva, de forma que la ciudad colonial adquiere vida

propia en el relato, ya no como mera imagen poética, o como objeto de análisisde


un l-ibro de viajes, sino como escenario y ambiente y, sobre todo, como ciudad

anímica, es decir, como espacio en ei que sus moradores obtienen todo el

protagonismo e imprimen ala ciudad sus formas, sus anhelos e ilusiones, su carácter

propio, en definitiva, su idiosincrasia.Surge así en las "tradiciones" la identificaci6n


entre la ciudad y sus habitantes, cuyo sesgo común se unifica en esa característica
definitoria de lo urbano limeño que en esta literarura es el criolüsmo.

La identificación es, al mismo tiempo, con el propio escritor, pues el


arcugado criollismo de Palma se manifiesta en todas las facetas de su carácter.
Porras Barrenechearesume su personalidad en la siguienre canctenzación:'?alma

se revela en sus Tradiciorues


criollo auténtico, indisciplinado, enemigo de la autoridad,
irre'"'etente en cuestiones religiosas, oposicionista por temperamento, malévolo y

gracioso"35.Y cuando representalos litigios entre criollos y peninsulares,típicos de


la época colonial, defiende siempre a los primeros, pues en el género que él mismo

t'.lbidrm,pág.
Ill.
'"-Ibidem,pág.
127.
" Raúl Porras Barrenechea,"Palma Satírico", en Tres ensayossobre Ricardo Palma,ed. cit., pág. lZ.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad mítica. Primerafunclaciónliterariade Lisra 103

había creado no tenía ninguna intención de objenvar la historia sino más bien al

contrario.

Bntre la historia, la leyenda y la literatura, surgen esfos relatos en los que la


ciudad virreinal revive sus fastos. En las T'radiciones,los limeños de la urbe
republicana, saturados de historia entre real e inventada, podían adivinar en cada

calle de su ciudad una anécd<¡tadel tradicionis ta, de forma que el ltortus clausunt

virreinal se impregna de historia y de leyenda y se integra decididamenre en la

conciencia repubücana de mediados de siglo. En palabras de Luis Fernando Vidal,


'Talmaintegra
los tiempos y los sucesosde nuestra historia en el universo cerrado
de la ciudad antigua, generando la idea de continuidad"3ó. Y de esa integración surge

una revalonzaciín de lo genuinamente limeño, que se encueritra adherido en su más


auténtica expresión a las clases medias de la sociedad virreinal. El mediopelose

convierte en esta escritura en figura principal del imaginario colonial criollo. Palma,

divertido y socarrón, se ennrsiasmacon estos agudos personajesque hacen alarde de


ingenio y donosura, y se empecina en el realce de lo propio y autóctono, llevado ala

exageracióny aIa caÁcaista.Tanto es así, que Porras Barrenechea le ha denominado

"eImás gtande fo\adot de peruanidad"37.

Con la fusión de todas estas pecuiiaddades, Pakna funda en sus Tradidones


peruanasuna Lima mítica, confiriéndole el halo legendario del que hasra el momento

carecía.Así, por ejemplo, en la titulada "La calle de laManita", rernemora una Lima
colonial misteriosa y fantasmal:

Al costado del colegio del Espíritu Santo, donde hoy se educan soldados para
esta patria bullanguera, hay una calle completamente deshabitada [...] Si ahora la tal
czlle, á pesar del ga.s,tiene de noche algo de fatídica, imagínense usredes lo que sería á
mediados del siglo pasado, cuando aún no se había est¿blecido en Lim¿ ni siquiera el
alumbrado vergoflzante que en 1778 vtno á hacer fneoos densa la lobreguez de la
ciudad.
[...] desde el toclue de oración hasta las siete de la noche era cada pulpería un
jubileo de gente que decía: "Vengo a encender una veüta".
[...]
Rara era, sin embargo, la calle donde no lucía en la pared la imagen de un santo ó
santa alumbrada por lanrparillas de aceite [...]

'u Luis
Fern¿ndoYidal, "La ciudad en la narrativaperuana",en WAA, Presenciade Lima en la
Iiteratura,Lima, CentrodeEstudiosy Promocióndel Desarrollo,1986,pág.16.
" RaúlPorrasBarrenechea" TresensqtossobreNcarda Palma,ed.cit., pitg.Z0.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

704 Lima en la traclición literaria clel Peru

De repente cundió en L,ima la novedad de que en la blanca pared que daba


fiurco al nicho se veía ulxt Írano flegra, peluda y con garras, que llamaba á los
transeúntes, y duraflte fireses y meses no hubo guapo que entracla la noche se
avenflrrase á pasat por la calle38.

Otro buen ejemplo entre tantos otros podría ser c'La tradición de la sayay el
manto", narraciónmás cercanaen estecaso a la crónica de costumbresque al relato.

Allí, Palma pretende hacer memoria de esta moda femenina, remontándose al año

1560 hasta llegar al siglo XIX, para darnos el testimonio directo de su desaparición.

Pero lo que más nos interesa es la rr'aner como el escritor describe dicha moda
como una de las característicasprincipales y exclusivas que identifican, diferencian y
confteren personalidadpropia alaLima de la Colonia:

de la s^ya y el rnanto, no figuló jamás en la indumentaria de


. .Tratándose
ptovincia alguna de España ni en ninguno de los reinos europeos. Brotó en Lima tan
espontáneamente como los hongos en un iardín.
[...] Nadie disputa alim:r.lapnmacía, o meior chcho la exclusir,z, en moda que
no cundió en el resto de América...
En el Peru mismo, la sayay el rnanto fue tan exclusiva de Lima, que riunca
salió del radio de la ciudad. Ni siquiera se la antojó ir de paseo al Callao, puerro que
dista dos leguas castellanasde la capital39.

En este ejemplo comprobamos el afán de PaLma por la captactón de lo


autóctono limeño, así como Ia cenazón de una Lima exclusiva cuya cosrumbre en la
vestimenta femenina "nunca salió del radio de la ciudad". EI anhelo de distinción es

equiparable^la esenciadela"tradición", que se instaura como género propio y, por

primera vez en la historia de la literaturaperuafia. como una literatura diferente; al

igual que Ia sayay el manto, Ia "tradíciófl" "nunca fsgwó en provincia alguna de

España ni en ninguno de los reinos europeos", y marcó el nacimiento de una


literatura nacional.

38
Ricardo Palma, "La calle de la manita", TradicionesperuarcE,tomo III, ed. cit., pág.20g.
3e
Ricardo Palma, Tradiciones petuanas (seleccion), vtidrid , cátear4 1994, págs. 6zl-aze .

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad míuca. Primerafundaciónliterariade Lima 105

¿ANl'lcor-oNlAI-I.srA o PERRICHOLTSTA?:
VERSTONES
SOBREI-AVrSiÓNPALMTANA
DEL PAS,\DC)

'Iodo
intento de fijación de lo genuinamente nacional está, por naturaleza,
sujeto a discusión y debate. La polémica sobre la actitud de Palma hacia el pasado
estaba sen'ida y, de hecho, ha perdurado hasta la actualidad, desde ardorosas
defensasa duras críticas, hasta llegar a ciertas visiones conciliadorascomo es la de

Julio Ramón Ribeyro, más ecuánime taL vez por la objeuvidad que permite la
perspectiva del tiempo. Si repasamos aquí esta polémica es por su rcIevanita

determinante en los procesos que sigue lahtennxa peruana posterior así como por

las diferentes interpretaciones sobre ia ciudad palmianaque de elia se deducen.

Luis Alberto Sánchez esquemaúza la polérnica en dos posicionamienros


fundamentales: la consideración de Palma como "un anticolonialista disfrazado de

sonrisa", en oposición a Ia interpretación de Palma como "un perricholista por


excelencia". E inmediatamente define el "perricholismo" como "La adonci1n
incondicional del virreinato, de la anécdota, de lo trivial y gracioso, dejando a un

lado lo profundo e intenso: es la idolatría de la superflcialidad"ao.

TaL vez esa polémica es el producto mismo de la ambigüedad de Palma.

Cados Villanes Calro la resume:

Palma es irreverente y anticlerical, pero el aire de los converitos le fascina;


admira la purcza y el valor del aborigen, pero nunca pone en sus rrranos rrna lanza; es
patnotz y repubücano, pero escribe del total de las 453 tradiciones 339 sobre la
colonia y ttr escolonialists,luchasin tregua por ser castizo, pero es el peruano que rnis
ha trabajado por imponer palabras americanas en el Diccionaio de la Academia de la

oo
Luis Alberto Sánchez,Putorqma de lo literatura del Peru, ed. cit., pág. 9i. En la polémica del
indigenismo, Sánchezdistingue el "perricholismo" del "colonialismo": "El colonialismo o pasadismo
entrañabaotra significación mucho más honda, pero por 1omismo, mucho más discutible. [...] no se podrá
encontrar gran oposición entre lo que se ha encasillado bajo los rubros de "colonialismo" e
"indigenismo". La oposición existe sólo entre lo perricholesco y lo espontáneo.entre la caricatura y el
original, entre lo episódico y lo profundo [...] Es que lo pericholesco fue una falsificación de la
colonia...". Tomamos el texto publicado en José Cados Rovira (ed.), "José Carlos Mariátegui y Luis
Alberto Sánchez:Polémica sobre el indigenismo", Identidad cultural y literatura, Alicante, Instituto de
Cultura Juan Gl-Albert y Comisión V Centenario. Generalitat Valenciana, 1992, pág. l3Z. pos textos
proceden de I'a polémica del indigenismo, recopilación de Manuel Aquézolo Castro, prólogo y notas de
Luis Alberto Sánchez,Lima, Mosca A^\1976, pags.69-100].

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106 Lima en la traclición literaria del Peru

Lengrra. Y esta actinrd ambivalente le lleva a ser irrcomptenclido y tachado de


arnbivalente4l.

En la "Introducción" a su edición de las I'radiciones,este crítico anahza 7a

citada polémica. Nos parece taurológico reiterar aquí lo qlre otros yahan ^n llz^do.

Simplemente resumimos la controversia y la completamos con otras visiones no


recogidaspor Villanes Cairo.
Es en 1876 cuando Palma recibió el primer zarp^zo de la críúca.
Concretamente la censura la ejerce Ricardo Rosell, quien le reprochaba Ia poca
verosimilitud de sus "tradiciones", cualidad por otra parte a ia que Palma nunca

había aspirado. Unos años después,el joven Manuel GonzáIezPndairrumpe con


fuerza en el panot m cultural dei momento y comienza la eterna disputa con
Palma. Fue el 28 de julio de 1BgB, cuando Palma ejercía como director de la

Biblioteca Nacional tras el saqueo sufrido durante \a guerca, la fecha en que

Gonzalez Prada rcalizó el primer ataque:

¿Quién debe guiamos?


Ningun escritor nacional o español.
Aquí nadie tiene que arrogarse el título de nuestro, porque todos somos
discípulos o aficionados t...] Nacidos ayer a la vida independiente, nuestras
producciones intelectuales se parecerr a la gnma salobre de las playas recién
abandonadas por el rrrar.
Cultivamos urla literatura de transición, vzcilaciones, tanteos v luces
ctepusculares. De la poesía van desapareciendo las descoloridas imitaciones de
Bécquer; pero en la prosa reina siemprela mala lradirilín, ese monstruo engendrado por
las falsificaciones agridulces de la histor:ia y la caÁcafrtramicroscópica de la novela42.

Estos son los comienzos del debate en vida del autor. Pero la relación entre
PaImay GonzáIezPtada, dos ñguras principales de la historia peruana, la anai-izamos
más adelante,por lo enjundioso del asunto y por su importancia en el proceso de la
Ittentu¡a v la cultura del Perua3.

ar CarlosVillanes
Cairo,"Introducción"a suediciónde TradicionesPeruanas,ed. cit., págs.56-57.
a2Manuel
GonzálezPradq "Discurso en el teatro Olimpo", en Páginas l¡bres, iaricas, Biblioteca
Ayacucho,1976,pá9.27.
*' Nosremitimos
a laspags.121-122.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

I-a ciudad mitica. Primera fundación literatia de I-rma 107

'Iras
estos litigios acaecidosen vida del autor, la polémica suscitadacontinúa.

Como decíamos,en su análisisVillanes Cairo reproduce las opiniones encontradas

de los defensores y los detractores de la obra de Palma. Entre los primeros

destacamos aquí la visión de José Cados Mariátegui, Quien asume la defensa de


Palma, porque reconocemosen él la primera apreciaciónecuánimede esta obra. En

principio, Mariátegui plantea que Palma reconstruye ia colonia "con un realismo


burlón y una fantasíairreverente y fatidrca"; la versión de Palma sobre la colonia es,
desde su punto de vista, "cruda y viva":

El colonialisrno-evoc¿ción nostálgicadel virreinato- pretende anexarsela


figura de don Ricardo Palma. [...] Situar la frgura de Palma dentro de la üteratura
coloniaüstaes no sólo ernpequeñecedasino también deformarla. [.] Las Tradiciones de
Pzlr::r- tienen, política y socialmente, una ñli¿ción democrática. Palma interpreta al
medio pelo. Sebuda, roe risueñamenteel prestig'odel virreinato y el de la adstocracia.
Traduce el malcontento zunbón del d¿mos criollo.

Pero al tiempo que insiste en La uítica que establecen Ias Tradidones, también

recorroce un humor que de algún modo Ia dulcifica o aligera:

no cala muy hondo ni golpearnuy fuerte; pero


La sátíxade las Tradiciones
precisamentepor esto, se identificacon el humor de un denw,blando,sensualy
azacarado.Lima no podía producir otra literatura. Las Tradiciones agotan sus
posibiüdadesaa.

Es decir, Mariátegui reconoce en Paima aL tradicionista,pero no al

tradicionalista,^I escritor de la coloni4 que no al colonialista. En esta misma línea


coinciden Luis Alberto Sánchez y Victor Raúl Haya de la Torre, para quienes las
burlas socarronas de la colonia no son tanto una forma de nostalgia sino ,nás bien

una crítica. Y es precisamente esta clave interpretativa la que genera la polémica.


Desde un punto de vista que consideramosbastanle objetivo, Luis Alberto

Sánchez,partiendo de la constatación de esa tnple facetade Palma, en la que se aúna

el romántico, el ironista y el historiófiIoas, plantea:

*
ed. cit., págs.218-221.
Sieteenscryos...,
a5
Luis Alberto Sánchez,Don Ricado Pqlma y Lima, ed. cit., pág.32

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108 Lima en la tradición literaria del Peru

Don Ricardo, coll su gracejo, clio vida a una colonia irreal, a una edad que
iclealizó su nulrlen, pero, al misrno tiernpo, sin quererlo, contribuyó a destruir el
fetichisrno colonialista. Los que le leyeron con ojos rorrúnticos aprendieron en él a
aÍIar todo lo pasado, a practicar el "rnariquisrno" literari<1.Los que le leyeron con
á¡ima despierta, gustaron en é1, junto con la devoción admfuable y la fantasía
exhúbera, la butla incisiva al coloniaje, una tácita reivindicación del criollo y un
profundo anhelo de exaltar al mestizo, sobre tr¡do al rcpublicano. Abrió, pues, la
Tradición de Palma, los oios ante el pasado y ante el powerúr. [...] tro era el penonaie
prendado del pretérito que nos han pintado muchos de sus críticos. Tenía un alma
inquieta y un liberalismo áviclo. [...] mienras el romántico le condujo a aclmirar las
galas de un pasado de ensueño; el criollo liberal y revolucionario le movró a reirse de
aquellas galas y a deslustrarlas, riendo4ó.

También la opinión de Haya de la Torre merece ser recordada:

Creo que Palma hundió la pluma en el pasaclo para luego blandida en alto y
reírse de é1.Nrnguna institución u hombre cie la Coloniay ^ufrde la República escapó
a la mordedura tantas veces tan certe(a de la rorna, el sarcasmo y siernpre el ridículo
de la iocosa cnúca de Palrna. Bien sabido es que el clero católico tuvo en la literatura
de Palma un enemigo y que sus Tradiciones son el horror de frailes y monjas. Pero por
una curiosa paradoja, Palma se vio rodeado, aclulado y desvirruado por una troz.pede
gente drstinguida, intelectuales, católicos, niños bien y adrniradores de apellidos
sono¡os47.

Más tarde, dos escritores de la genanción del 50 -Luis Loayza y Sebastián


SalazarBondy- coincidirán en considef r el tono ligero y edulcorado con que Palma
tr za s1Jvisión de la Colonia, creando una imagen complaciente y conformista a

través del tratamiento literario de la historia. En su artículo 'Takna y el pasado",


I-nayza aclaraesta coincidencia:

Los limeños se reconocieron y creveron reconocer a su ciudad en las


Tradiuones.Pe¡o la versión de Lima y de los limeños que ofrecía Palma no coincidía
con la verdad histó¡ica si:no con la inugen en la que querían creer sus lectores: una
imagen interesada y parcial, una falsificación. Sebast;án Salazar Bondy ha estudiado
certeramente las múltiples relaciones entre la "Arcaüa colonial,, el criollismo y ha
),
precisado sus raíces sociales, polítrcas y económicas. "No obstante su filiación liberal"
dice Salazat Bondy en stt ljrua la horrib/e,"Ricardo Pakra resultó, enredado por su
gracia, el rr¡-is afornnado difusor de aquel estupefaciente litetario". Las Tradicionesso1,
en efecto, un estupefaciente. Palma eligió el tono ligero que conveflía a su
temPeramento, pero con ese tono sólo podía uatal tura parte superficial de la historia

ou
lbid"m,págs.49-50.
'' En
Mariátegui,
op. cit., pátg.221.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad mítrca. Primera firndación literaria de Lima 109

del Peru. [..] Las Tradiciouesno son una obra reaccionada [...] pero sí una obrz
confomrista48.

Desde su punto de vista, SalazarBondy define la tradición criollista que se


cultiva a pafiir de las Tradicionescomo satíric4 pero realmente situada en un nivel

que califica de "comedidamente festivo"49; literatura que encorseta la temática


urbana en una versión purarnente evocativa y nostálgica de Lima como Arcadia

Colonial, de espaldas a su proceso histórico rcal. Para Salazar Bondy, la tradidón

satiflca limeña, en términos generales,"optó por la buda fúvola, por el chiste rosa, y

parejamente rehuyó el humor negro y mordiente del que casfigariendo"S}.


En su Lina /a borrib/e,este escdtor no sólo nos aporta su opinión sobre esta
vertiente lttetarta -"El país real no fue pan nuestros satíricos sino borro so back
ground, ralo tintero de color local".5l-, sino que también incluye una serie de

opiniones de otros críticos, como por ejemplo la siguiente dei viajero francés Max

Radiguet, quien subraya Iahgereza de una sáttn que nunca llega ala crítica efectiva:
"Es un modo de decir chispeante y ligero, que no alcanza nunca a ser pesado y

malévolo, y que en las mismas lesiones que causa buda budando pone, al mismo
tiempo, el bálsamo que palia y cicatnza"s2.O la visión de José Miguei Oviedo: "La
sáúta es nuestro modo tímido, menor, de pracacar la cnnca de cosrumbres (social),

generalmente impedida por un cúmulo de prejuicios y tabúes que proliferan

excepcionalmenteen el suelo peruano..."53

En resumen, según Salazar Bondy, la sáita "cuta en salud y se contradice,

pues golpea y acatrcía, agravía y se excus4 afrenta y se rectifica... (se trata de)
impedir la protesta, segar ia rebeldía y la violencia creadora de las mayorías en su
naci.miento"54.

ot Luis Loayza,"Palmay pasado",


el enEt SotdeLima,México,F.C.E.,1993,págs.90-91
4e
SebastiánSalazarBondy,Lima la horrible,Lima,Peisa"1974,pitg.9I.
to lbidem,pág.92.
t'
Ibid"*,pág.93
" Cit. en SebastiánSalaearBondy,ibidem.,pitg.95.
tt lbiden
. oás.91.
tolbidrm,peá.sa.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

110 Lima en la t¡adición literada del Peru

Antonio Cornejo Polar coincide también en estaidea: de las'fradicioner"surge


una imagen edulcoradade la colonia" y, en ellas,de algún modo se instaura "un /ncus
am\enxls
que no finge un paraje deleitoso, a la manera renacentista,sino un espacio
social sin mayoresconflictos, conciliador y a veces frívolo"Ss.Más adelante,Cornejo
esclareceque ese carácter edénico de la arcadia cl1rc¡lla
es la respuesta lógica de las
angustias de la sociedad republicana, y fue ualizada por los conservadores para
denigrar el proceso de la república;perspectivaque supone la instrumentahzaciónde

la obra de Palma desde ciertos sectoresideológicos que pretenden anexara sus filas
la ftgara del gran tradicionistas6.

La RBcUpERACTóNHISTóRICAcoMo EJEpARr r..t "sECUENCIAvIVA" DE L4.

LITERATURAPERUANA.

Mucho más nos interesa la reflexión que Corneio Polar aport^ sobre un

aspecto que nos ilumina respecto a la relevancia de Ricardo Palma en la histo na de


la üteratura peruana. Cornejo atribuye aPaLmala virtud de haber conseguido creat)a
través de la utilización de textos coloniales eri su escritura, asimilados como herencia
legítima, un auténtico intertexto, de farma que logra convertir la historia de la

lttetatl.lÚ:apemana en "una secuencia viva, ininterrumpida, capaz de prolongarse

hacia eI futuro"57:

Palma es, entorlces, el encarga.do de vencer la tinúdez histórica del


costumbrisuo, dotándolo del sentimiento cle t¡adición clue nunca tuvo, y por: esa vía
terrruna siendo el fundador de una concienciahh¡órica que define por largo tiempo la
imagen del proceso formativo de la nacionalidad. Flereda del costumbrismo, sin
embargo, su capacidad elusiva y desproblematizadon [...] El abrunudor triunfo de
Palma tiene como base su habilidad pa:i;a rcal.izar Lrna operación compleja sin

tt
Antonio Cornejo Polar,Laformación de ta tradición literqria en el Pen),ed. cit., págs.58-59.
'o
Sobreestacuestión,véaselas págs. 140-141.
" Laformación de Ia trodíción literaria en el Perú, ed. cit., pág. 61.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad nútica. Primera ñrndación üteraria cte Lim¿ 771

colnprometerse con todo lo que estaba implícito en la restauración del vinculo


histórico con la colonia58.

La recuperación de la conciencia histórica se teallza en la obra de Palma


desde una doble perspectiva indisoluble: la que afecta al entramado social y al

anecdotario histórico de los siglos anteriores,f, por oúa pafie,la que se refiere a Ia
recuperación concreta de la ftadición literari4 es decir, la perspectiva que se formula

como construcción de un intertexto. Ya hemos mencionado sucintamente las

"tradiciones" que Palma dedica a sus antecesores en el cultivo del criollismo


literario. Entre ellos, sin duda destaca el legado directo de su maestro, Manuel

Ascencio Segura, cuya obra glosa en más de una ocasi.ón. Por ejemplo, en la
"tradición" titulada "El rey del monte":

."".*",1.?;#Tl;;,tr;, ':ilTiffi
T#'ilH,T.|J*^,ffi
;'m: jl
poeta Manuel Segura:
T#Í,
"Yo conozco ciertad¿ma
que con estesiglo irá,
que dice que á su mamá
no ia llamó nunca nan4
y otra de aspectocetrino
que,por mostrargrsto ingiés,
dice:yo no sé lo que es
tn¿arnotrz de cochino."59

También se ha señalado la uüzaitón en las Tradiciones


de recursos expresivos
y técnicas üterarias que tienen su origen en ElLnryrillo d.eCiegosCaninanteÉo.En la
creaitón del intertexto, un ejemplo sobresaliente se encuentra en Ia "tradición"

tirulada "l-as cuatro PPPP de Lima", donde Palma utihza la arécdota nanzda r,or
Cantó de la Vandera en su l-.a7ari//odel siguiente modo:

s-rlbidem,págs.62-63.El
subrayado esnuestro.
'." Trq¿icionespentanas,
tomo II (ed. de Montanery Simón),pág. 153.
ou Mario Castro Arenas
analizael influjo del Lazarilto de Ciegos Canirnntes en las Tradiciones de
Palma,en su libro La novelaperuqnay Ia evoluciónsocial,Lima, Culturay Libertad,págs t 5 - 17 .

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

t1,2 Lirna en la tradición literaria del Peru

I1n los antQuos, es decir, hasta a¡rtes cle que etilrara la patna, todo el mundo
decía que Li:nrtzen la ciudacl cle las cuatro PPPP. Vieios y nlozo hablaban de las cuatro
letras, sin ctúdarse de averiguar á qué aluciían. Gracias al lnca Concolorcorbo y á su
desvergonzado librejo l-trqgnllo de caminantes,he logrado averigr.rar la significación de
Ias enigrn:íticas letras.
Cuenta Concolorcorvo que un día, y escrita con almagre, apareció en la puerta
de la casaatzobispal de Guatemala la siguiente copla:

"Regalocincuentapesos,
con másun frescoencima,
';Llque á descifrarmeacierte
las cuatro PPPP de Lim.¿"

[...] Sepan, de hoy pata siempre, ![ue las cuatro PPPP de Lima son Pila, Puente, Pan y...
Peines 61

De cualquier modo, la creación del intertexto no sólo se establece en la


recuperación de aquellos maestros del criollismo, puesto que son múltiples las

referencias a escri.tores de toda la historia hterana anterior. Recordemos, por

ejemplo, "Los plañideros del siglo pasado.Apuntes literarios"62,donde Palma rea)tza


una relación de las exequias de diversos autores de la tradición üteraria dieciochesca

que se dedica a la lisonja cortesana. Allí, Palma recoge fragmentos de varios


escritores, entre los más importantes, el poema de Santa Rosa deI Conde de la
Granja, o varios poemas de Pedro de Peralta -de quien da a conocer el catálogo

general de sus obras-, pan tenrinar juzgando la literatura del siglo ilustrado con las
siguientespalabras:

con los albores del siglo xlx l¿ poesh en el Peru deja de ser rasrrera y
gongorina para convertirse en digna é inqpLada; y aunque Ia oda no es de las rnás
felices producciones del poeta [se refiere a vrra oda del poeta
José Joaquín de Olnredo
dedicada a la muerte de la pdncesa de Austrias doña A¡torua de Borbón], cábele al
inmortal cantor de Junín la glona de haber sido el pdmero que del efercicio de las
musas hizo un sacerdocio, arrojando del templo de Apolo á los histriones que lo
profanabanó3.

6t Trqdiciones
peruanas,tomoIV, ed.cit., págs.8l y 82.
"' Tradiciones
penrcmas,tomo III, ed.cit., págs.233-252.
"" Ibidem,pág.252.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad mítrca. Primera fundación literaria cle Lima I l-)

'Ioda
esta recuperación de Ia literatura colonial, unida a Ia visión

intrahistórica del anecdotariosocialy político de los siglos anteriores,confluye como

restitución de una conciencia histórica esencial para la construcción de la nueva

nación. trn el problemático ambiente republicano, esta afirmación de las raíces


parccía necesaria y de ella se deduce una mitificación de la ciudad como Arcadia,
respuesta necesariade un momento histórico fluctuante e inestable, que busca
referentes o asideros para salvaguatdar Ia tambaleante utopía republicana. En este

sentido, la polémica sobre la actitud de Palma hacia el pasado traduce los diferentes

posicionamientos ideológicos que se generan entre los siglos XIX y XX con

respecto a ese pasado. Algunos han querido destacar en las Tradiciones


una imagen

edulcorada de la ciudad pan poder atribuir aPalmala creacíón del mito colonialista.

Otros han resaltado la veta críttca, mordaz y satírica con que el escritor tettata Ia
Lima colonial. De esta forma. a través de Palma, las diferentes ideoloEíasofrecen su

propia visión del pasado, pero en esta instrumentahzación generan una imagen
subjetiv-ade las Tradiciones.
Desde nuestro punto de vista, el mito de la fundación de laLima arcádtca,

atribuido por algunos pensadoresa Palma, es más bien la respuestade un momento


peruanasuno de los anhelados
histórico inestable que encontró en las Tradiciones

asiderosy quiso ver, en esta obra que rescatabalavida misma dela historia pefl)ana,
un paraíso perdido de paz y prosperidad. Por tanto, el mito atcádico y colonialista
nos parece, sobre todo, una atribución exterrrl z urLaobra que vivifrcó ei pasado

colonial como respuestaala necesidadde asumir una herencia. Su función no fue eI


fiel retrato histórico de la realidad -por Io que se le reprocha el haber dado una

imagen ficticia-, pero satirizó ese fragmento de la sociedad que ocupa el retrato de

su fábula: la sociedad limeña de la colonia en su menuda historia. Llegados a este

punto, nos parecenecesarioreproducir el balance ltnal con que Oviedo concluye sus

apreciacionessobre la "tradición":

Palma rescató del olvido un pasado peflrano que la historia oficial no iba a
registrar; un pasado doméstico, de quisicosas: migajas de un banquete solemne. En
ello residen la significación literaria y las limitaciones estéticas de su arte. Palma
vivificó ese pasado y lo acercó al presente, para dade vitalidad y animación de cosa
acfital,plena de color y movimiento. [...] Pudo escribir la gran novela peruao¿ del siglo

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

1,14 Lim¿ en la traclición üteraria del Peru

XiX [...] pt:to se contentó con pintar estampas arnablemente irónicas y delicados
esrnaltes coloniales; ptefirió la arnenidad y la brillantez imnecliatas -exigencias de una
literarura "popular"- a la visión honda y a la interpretaciirn menos evelltual cle una
sociedad que conocía muy bien. La sátira y el humor fueron una mascara fiel [...] pero
también ftleron un disf¡az cortesano que ocultó lc¡smás dranúticos perfiles de nuestra
sociedaddecimonónica64.

En cualquier caso, lo que más nos interesa de la obra de Palma es la


asimilaciónde la herenciahistórica y cultural, y la recuperacióndel pasadosilenciado
tras la emancipación, como vía para la f.ormación de la literatura naclonal En la
fundación de la conciencia histórica, la "secuencia viva" de la tradición encuenrra su

origen en el primer fundador de dicha conciencia, el Inca Garcilaso. El intertexto


con la obra del Inca es más bien escasoen la globalidad de Ias "fradiciones,
porgue flo
son muchas las dedicadasaI peúodo incaico. La mayor parte de los relatos indígenas

que se encuentran en esta obra provienen de kos Coruentaiosfuahs, una de las únicas
fuentes que Palma poseía.Talvez, como plantea Porras Barrenechea,no dedicó más

"tradiciones" al pasado incaico por no repetir 1o que el Inca yahabía narrado65.Pero


eI\azo de unión entre ambos autores tiene una importancia mayot que la que pueda
desprendersedel proceso intertextual. La profunda relación entre estos escritores,

figuras representativas de Ia ltterzrturaen los dos momentos cruciales de la historia

peruana,se encuentta en Laintimidad de lo narrado, más que en lo superúcialde los

textos utilizados.

Garcilaso construyó el mestizaje cultural en la Colonia recogiendo el legado


de los reiatos indígenas y fundiéndolo con la herencia española. Instauró ia
conciencia histórica durante la Colonia pero su recuperacióndel pasado es idílica y
desproblemaúzadon. I)el mismo modo, Pa)ma recupera el legado colonial y lo
transmite al espíriru republicano, construyendo una nueva conciencia histórica para
la nación recién constituida. Del Cuzco incaico a la Lima r,,irreinal, un espíritu
nostálgico ha rescatadoel legado de una historia peruana cuyas abisalesfisuras no

han conseguidoimponer el olvido ni quebrantar la especialpredilección del peruano

por el relato y la anécdota-

6a
JoséMiguel Oviedo, Ricardo Palma,ed. cit., pág.33.
"'Raúl Porras Barreneche4 EI sentido tradicional...,ed. cit., pág. 60

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudaclmítica. Primera frrndación literaria de Lima 115

El Inca Garcilaso y llicardo Palma se complementan como fundadores de la


conciencia histórica pues ambos rescatan del olvido la historia viva del Perú,

respondiendo a una necesidad,no tanto de conservarun legado sino de asimilar una

herencia. El debate sobre la falsiftcaciónde la historia nos parece por otra parre,
'fradiriones
estéril, pues lo que encontramos tanto en los Comentaiarcomo en las es la
historia convertida en arte, pasada por el tamiz de una desbordada inventiva, en

def,rnitiva,historia mitificada que emana de las anécdotas del cotidiano vivir.

Llegamos de nuevo a estaidea de la miaficación que nos reclama un regreso


aJulio Ramón Ribeyro, escritor que nos situaba aliníciar este trabajo en la idea de la

construcciónlitennade ciudades,es decir, en la conversión, a través de la escritura,


del espacio geográfico en espacio espiritual. Y precisamente,como hemos visto,

Ribeyro expresa sus ideas sobre las reiaciones entre la ciudad y la literarura en ei

artículo que dedica a fucardo Palma: "Gracias, viejo socarrón".


Recordemos la idea principal: 'T-a literatura sobre las ciudades las dota de
una segunda realidad y las convierte en ciudades rníticas". Para Ribeyro, desde un

posicionamiento ya ajeno y distanciadode la polémica, 1o que parece indiscutible es


que la existencia de Lima como ciudad histórica, tal y como se concibe en el

imaginario cultural, se debe ala ob::ade Ricardo Paima: "Nuestro pasado seúa pan

nosotros terreno baldío, deshabitación y silencio, a no ser por los cientos de

Tradiúonesque este amigo de los papelotes escribió en el curso de su largavída"66.La

polémica se di.luye en las estremecidaspaiabras de agradecimiento con que Ribeyro

homenajea a quien considera primer fundador de Lima (a urbe cuya trans formada
imagen a mediados del siglo XX será la obsesión literaria de la que emerge este
nuevo escritor de la ciudad):

Las Tradiciones,tan pronto ensalzadas como criticadas. Se lu dicho mucho


sobre ellas. Para unos es Lrna obra democtáica y para otros reaccionaria. Se le ha
calificado también de nacional y de hispanófiJa, de anena y de abunida, de retrógrada
y de innovaclora, de ver?z y de falsa. Aúzar estos debates tampoco es mr rntención.

uu
Julio Ramón Ribeyro, "Gracias, viejo socarród', en Antología personal, México, F.C.E., 1994, pátg
127.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

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11.6 Lim¿ en Ia tradición literaria del Peru

Sólo quieto resaltar su función en tanto que.fandadoradc una neuoria nationa/y dr uaa
cor ciencia ancesf raI corui n.
'lradiciones
Sirr las nos sería dificil, por no clecir irnposible, irnaginar r"tuestro
pasaclo desde la Conquista hasta la Emancipación. Estaríamos huérfanos del períoclo
nrás ptóximo y significativo de nuestra historia nrilenaria. Ese vacío poddamos
colmarlo, es cierto, pero cada cual a su tnanera lr a costa de un esftierzo desalentador,
buscando y leyendo cientos de libros y documentos poco accesibles,áridos, mal
escritos o idiotas. Ricardo Palma cumpüó ese trabajo por nosorros.
[...] extrajo lo que a
su luicio era drgno de recordarse y transmitirse. Es posible que olvidara muchas cosas,
desdeñara otras e iuventara una buena parte y que impregnase todo lo que tocó con su
espíritu festivo, ligero y socan'ón, impermeable a los aspectos rrrásgrzves y dr-arnáticos
de nuestra realidacl. Sabemos ahora que de los 50.000 habitantes que tenía Lima a
comienzos del siglo XVII,40.000 eran esclavos negros o serwidoresindígenas, de cu1,2
vida, problemas y luchas queda poco o nada en Ia obra de Palma. Pero aún así, las
Tradicionesson la única prueba accesible, artística y entretenida que tenemos de ese
pasado. Ninguna obra anterior o de su época se le puede conparar (salvo Garcilaso
para el Incario y primeros años de la Conquista). Su dr.al y contemporáneo, Manuel
GonzálezPnda, fue rnás inteligente, mejor prosista, más sensible a los problemas de
su tiempo y con una percepción nuís aguda del porvenir, pero fue un ideSlogo y no un
rtanador y nos deió por ello ideas pero no una visión. Visión que no ha sido
rcernplazada por otra igualmente vasta, convincente y lograda, ,upu, d,, relegar la suya
a la galena de las antrguallas. Si la imagen paLmiana de Lima subsiste poiqrr" nuciie
ha sido capaz de desembarazarnos de ellaó7. "r

Intetrumpimos aquí la extensa cita cuyo final reservamos para el último


capítulo de esta prrmet parte, en el que la historia de Lima que estamos intentando

trazar culmina en una segunda fundación hterarta, cuyo artífice principal será
Julio
Ramón fubeyro. De Palma a Ribeyro, el viaje literario nos ofrece no sólo esta

peculiar historia de la ciudad rmagjnada, sino también las transformaciones de la


muada con que se perciben los cambios y las diferentes formas literarias en que esa
imaginación urbana se manifiesta.

6' Ibidem,págs.
129-130.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

2. LA CTaomAooRMECIDA.
Pene UNA HISToRIALITERARIAoB LTn,Te
TRASl¿. GI]ERRAosl PecÍF.Ico

La inestabilidadcon que ha transcurido este siglo conr,'ulsocancelaen 1879

la utopía republicana y con ella la prornesade una nuem vida peruana. La gveta

contra Chile que estalla en esta fecha y concluye en 1BB3 con consecuencias

desasfrosaspan el Perú, m^tc la fnctuta que clausun la etapa de prosperidad


generadapor el guano y el salitre,y que había estimulado la codicia de los vecinos
del sur; período de bonanza económica que, como sabemos, fue meramente
epidérmica, pues sólo beneficiabaa esa superficie social formada por una burguesía

que más que capitalista continuaba siendo terrateniente.

La ciudad se convierte en ei escenario de la derrota y los primeros avances

urbanísticosimpulsados desdemediados de siglo, durante los gobiernos de Castillay

Balta, quedan truncados ante este inesperado zaryazo dei país r.ecino, que

astutamentehabía preparado la ocupación. Esta protohistoria de la modernidad en

Lkna quedaría sepultada tras la guerra, que impuso al destino del país el pesado
iastre de un retraso nacional que devendría congénito. Aurel-io Miró Quesada nos

presentaaquellaLima enlutada,cuya desgracialadespojó de sus galascoloniales:

La guena del Pacífico, cargada par:- el Peru a un mismo tiempo de rnforrr¡nio


y de glotia, vino no sólo a golpear duramente los ánimos, sino -en un campo nús
modesto- a detener los avances de Lima. Hubo pobreza, desasosiego íntimo, dolor
callado; y en lo que se refiere a los aspectos urbanos, desdén por lo omamental y lo
superfluo y gusto severo por lo práctico. Lima perdió u olvidó sus viejas galas; y como
arites se había encubierto con el manto sutil de las "tapadas", a;hot? mostró
solerrmemente sus vestiduras austeras de duelol.

Ltn:a enmudeció, absorta como estaba en la contemplación dramática de Ia

destrucción de monumentos como la Biblioteca Nacional. Durante tres años el Peru


permaneció sitiado por los chilenos, período que marcó una abisal f,sura y ocasionó
el decaimiento moral de la sociedad, pues el pa$ perdió Ia hegemonía militar y

I Aurelio Miró Lima, Ciudadde losReyes,Buenos


Quesada, Aires,Emecé,1946,pág.87.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

118 Lirna en la tradición literaria del Peru

política en Sudamérica.Ante este panorama se abren dos caminos en la historia de


las letras y la cultura: el primero, abanderadopor Manuel ()onzález Prada,supone el

primer grito de protesta que impulsa el nacimiento de una literatura nor,-edosa,Ia


que opta por el realismo pan rcfenr las confrontaciones entre el campo y la ciudad;
el segundo camino enc vza la opciónpasatistae ideabzadorade la ciudad colonial.

M¡¡.]uBT Goxz¡TeZ PR-ADAYEL REAIISMOPERUANO

l;ima es Ia qamba ui{a gue chttpa su cigarro,


etnpina sil crpd dt aguardienfe,armstra sus chanclefas
Jangwasj /ace el tryh oJicio de ruadra acouodadiTa,
Twrcidorade uohntafusl mandaderade conaento.

Manuel GonzalezPnda

Tras un siglo conr,'ulsoe inestable, esta nueva fncfrera en la historia del país
cala muy hondo, y aunque surgen voces que ante ei desastreenaltecen las grandezas
del pasado y alimentan ei espejismo de la Arcaüa colonial2, sin embargo orras se
aJzane irrumpen con el primer grito de protesta.

Fue Manuel GonzáIezPnda (1848-1918)el primero que se decidió a


"romper el pactoinfamede hablara medíavoz"3,yen su poesíaseopuso ala falacla
de la tradicíónarcádica,así
como alarctóríca de las letrasque la alimentaron.En

' Recordemos planteamiento


el de Mariátegui:"La derrota-que causó,con la pérdidade los territorios
del salitreun largo colapsode lasfuerzasproductoras-no trajo comounacompensación, siquieraen este
orden de cosas,una liquidacióndel pasado".Sieteensayosde interpreÍaciónde Iq realidadperuana
(1928),México,Era, 1979,páry. 25.
'
Sobrela relevanciade la figura de Manuel GonzálezPradaen la historia del Peru, véaseel estudio
crítico de Rufino Blanco Fombonaque introduceel libro del autortituladoFigtras y figurones, París,
Tipografiade Louis Bellenandet Fils, 1938,págs.l5-116.En esteestudio,BlancoFombonarepasael
contextohistóricoy cultural desdela Colonia (I."Lima, en tiemposdel virreinato", II. "Caracteresde
Lima y el Peru", fII. Carácterde la literaturaperuana)parasituarla realidadantela que GonzálezPrada
serebelay analizarel papelhistóricoquedesempeña (IV. "El hombre",V. "El hombrede ideas",VI. 'EI
críticoliterario",VII. "El literato",VIII. "El poeta").

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

L¿ ciudad ¿dormecida L19

esta rupruta, GcsnzálezPnda anuló esa escisión social que en la tradición hterarja

limeña había supuesto la representación única y exclusiva de la cultura criolla,


integrando en su pensamientoa las masasde desprotegidos+.

En este sentido, Luis Alberto Sánchezve el aspecto positivo clel desastre,


pues la gueffa generó el nacimiento de una nueva conciencia que por fin rompía con
la indiferenc:n y se asomaba a Ios extramuros de la ciudad para contemplar la sierra

andina, cuya reahdad había permanecido ajena,casi inexistente, en las aclormecidas

mentes capitalinas: "A partir de 1885, inevitable efecto de Ia guerra, el país cambia

de paso' [..'] Como protagonista dela nueva etapa ingresan en la arena del debate

púbüco el indio y la provincta".rJna nueva generación arnanecetras la contienda


con afanes renovadores, y protagoniza la "insurgencia provinciana, inrJigenista,
agnóstica, heterodoxa, anticoloriui y juveniüsta"5. La transformada realidad impone

sobriedad y cancelala ostentación del pasado inmediato. En su afán d,e romper la

dependencia de la cultura peruana con respecto a la española buscan nuevos


caminos pan eI hallazgo de 1o propio y original. producto de su tiempo, en su

propensión fururista eflczlzzln esta búsquedapor caminos que ya nada úenen que

ver con ios de Palma, pues son caminos rurales que superan los lindes de la ciudad y

su pasado y conducen al descubrimiento de la olvid ada prcírncía.

De este gruPo de escritores nace el realismo peruano. El mentor, como ya


hemos apuntado, fue GonzálezPrada,limeño descendientede familia aristocrárica

que en su juventud había rnantenido algunos contactos con ia genenitón tománúca,

de la que inmediatamente se distanció, tanto en su poesía como en la consolidación

de sus ideales políticos y sociales.El detonante de su rebelión fue la guerra, tras Ia

cual el corqe alimentado sobre el sedimento de la denota moral, impulsó el

irreprimible anheio de mostrar al país las causasprofundas del desastre nacional:

-
Según Sebastián Salazar Bondy, "el fracaso de sus proyectos revolucionarios -que acogieron dos
generacionesfaltas de su integridad, la de sus discípulos inmediatos y la de Haya de la Torre- debe
cargarse a la cuenta de la vasta capacidad corruptora del colonialismo, experto más en anemizar que en
aplastar sus anticuerpos".Lima la honible, Lima, peisa, l9T4,pág. 126.
'Luis
Alberto Sánchez,'?anorama cultural del Peru", introducción ala2a ed. de su obra fundamentalLa
Literdtura Peruana, Lima, Ediventas, 1965-66. Publicado en Luis Alberto Sanchez,Lq vida del siglo,
Hugo García Salvattecci (ed.), Venezuela, Ayacucho, 1988, pág.47.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

120 Lima en la tradición literada del Peru

Lima, el "civiüsmo" terrateniente y fiscal, la iglesia, la tradición española, Ia


Academia de la lengua, el exotismo6.En el "Discurso en el Politeama" resume en

pocas palabras los motivos de la derrota: "La mano brutal de Chile despedazó
nuestra carne y machacóriuestroshuesos;pero los verdaderosvencedores,las armas
del enemigo, fueron nuestra ignorancia y nuestro espíritu de servidumbre"T.

En definitiva, se trataba de abordar frontalmente un análisis profundo de lns

problemas nacionales, análisis que hasta el momento nadie había planteado.

González Pnda se radicaüza entonces en la defensa de la provincia, en el


indigenismo, en el ateísmo, I su prédica le convierte en un ídolo que descubre el
desastre de la organización del estado -social, político y económico-, la corrupción

de Ia administración, Ias oscuras operaciones de las grandes familias err su


perpetuación a través de la historia 1l, sobre todo, denuncia el a;raLgadocentralismo

de Lima y su omnipotencia con respecto a ios destinos del país, empobrecido y

endeudado con las naciones extranjeras.Ante todos estos problemas, Gonz*Iez


Prada formula soluciorres prácticas para úna coherente reorganización del país, en

uo ideario que se canallza enlahtentura realista del momento; ideario que concreta
en sus dos obras principales:Páginaslibresy Horas d¿lucha.A modo de ejemplo, en
esta última obn rcahza nr,a cÁaca a la superficialidad de la aristo cracialimeña y sus
afanesde apariencia y ostentación. En su reflexión, el ideólogo apelad, concepto de
mestizaje,en el sentido de la "taza cósmica" planteadaporJosé Vasconcelos,y Lima

emerge como centro y escenariode su discernimiento, encrucijadapanla síntesisy

el encuentro de culturas:

Todo el que en Lima entre a un salón aristocrático donde se hallen reunidas


nnas diez o doce personas, puecle exclamar sin riesgo de engañarse:"saludo a todaslos
ra<asJ a todtts/as castaJ'. Somos una paleta dc¡nde se mezclan todos los colores, un
barril donde se juntan los vinos de todos los viñedos, una inmensa cuba donde
fermentan los detritus de Sem, Cam y Jafet. Y lo repetimos srn ánimo de ofender,
pensando que de esa mescolanza o fusión, donde tal vez predotünen las buenas
cuahdades y se anulen las malas, puede surgit una síntesis humana, algo muy superior
a lo antiguo y a lo moderno. En tanto ¿quées Lima9 Una aldea con pretensiones de
ciudad. ¿Qué sus casas?Unos galpones con ínfulas de palacios. ¿Qué sus habitantes?

"-Ibidem,pág.
103.
' Manuel
GoruiilezPrad4Páguns libres, Caracas,
BibliotecaAyacucho,1976,pág.44.
8 Ambos
subravados sonnuestros.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciuclad aclormecida 721

Unas cuantaslechigaclas choloidesy Eifanios,que se creengrandes


de negroicles,
personajesy figuras muy decorativasporque los domingossalen a reconer la
poblaciónostcntando clecopa,levitasoe€fasy bastones
sofirbreros conpuñocleoro9.

Al tiempo que Prada desarrollaba toda esta labor, Rica¡do Palma, en su etap^
'fradiciones
de madurez, continuaba escribiendo sus Peraanas.Parece lógico que la

arrcIladora personalidad de Gonzalez Pnda, clty^ opción ideológica nacía

precisamentede su cosmopoütismo, chocara de frente con el proyecto de Palma,


que apelaba a Ia tradicíón autóctona como objetivo central de su narrativa. Pero
como plantea José Miguel Oviedo, "en ese encuentro, hay que ver, más allá de una

simple querella personal, el conflicto histórico de dos generaciones,de dos actitudes

vitales, de dos concepcionesliterariar"to. Quizá de esta oposición surge también la


identifi.cación simpliftcadon y equívoca de Palma con ei pasatismocolonialista. En

este sentido, es emblemático el discurso que Prada pronunció en el teatro del


Politeama el 30 de octubre de 1888, en el que arremete contra todo Io que sigmfica
tradición, culpable del atraso nacion'¿l:

Los que pisan el umbral de Ia vida se juntan hoy para dar una lección a los que
se acercafl a las puertas del sepulcro. [...] los troocos añosos y carcomidos produjeron
ya sus flores de aroma"deletéreo y sus frutas de sabor aínar:gD.¡Que vengan á¡boles
nuevos a dar flores rruevas y frutas nuevas! ¡l-as uiEu a b tumba, losjótnnu a la obra\l

No nos adentraremos aquí en las continuas arremetidas de Gonza)ez Prada

que crispaton Ia tranquiüdad del tradicionista, quien, t.rasla guenr^, fue nombrado
director de la Biblioteca Nacional, donde desempeñó Ia trabajosa t^te de

reconstrucción tras el saqueo devastador de las tropas chilenas (cargo que ocuparía

más tarde el propio Prada). Sin embargo, sí nos interesa reproducir el siguiente

'
Manuel GonzálezPrada,Horas de lucha, Caracas,Biblioteca Ayacucho, 1976. pág.290.
i0
José Miguel Oviedo, "Dos generaciones",en Ricardo Polma, Buenos Aires, Centro Editor de América
Latina, 1968, pá9. 43.
rI Manuel GonzálezPradq "Discurso en el Politeama", enPáginas libres, cit.,pág.43 y pág.46.E\
subrayado es nuestro. En su poema "Lo viejo y lo nuevo" expresaeste mismo sentido. Vease el artículo
de Americo Ferrari, "Manuel Got:zilez Prada entre lo nuevo y lo viejo", en Lectura crítica de la
liÍerqturq qtnericanq. Lajormación de las culturqs nacionales, Caracas, Ayacucho, 1996.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

122 [,rma cn la tradición üteraria del Peru

fragmento en el que Porras Barrenechel aciefia en el acercamiento cle los

pretcndidos antagonistas:

Palma y Prada son los dos rn:áximos represefltativos de la literatu¡a


republicana del Peru. La vida los opuso circunstancialnente en sus ultirnos años y la
crítica se encatga.en veces de alejados. Frente a las exaltaciones del porvenir de Pracla
estaban indudablemente el culto del pasado y de la tradición de Palma. [...] Pero ni
Palrna, quien fue toda su vida liberal progresista y revolucionario, puede ser
considerado como un retrógrado, ni Prada, quien recomendaba en el discurso del
Ateneo volver los ojos a las obras ffraesffas de la literatura castellana, que cultivó
esmeradamente la rnétrica arcaica y exaltó las figuras de Vigil y de Grau, puede ser
calificado como un irreducnble detractor de la tradición y del pasado. De ambos
metales, del culto y el respeto del pasado y de la espetaflza del porvenir se forma el
alrrra naciorral de un pueblo. En ese senticlo fuerofl tan peruallos el uno como el
otrol2.

Desde esta peruanidad: Que rebate a ventura García calderón la


consideración de Prada como "el menos nacional" de los escr:itoresdel país13,
José
Carlos Mariátegui encumbra al anarquista cuyo espíritu revolucionario se rcahzó en
el escritor más que en ei político, a tnvés de una hterztntr:. eminentemente
ensayísticaque le convierte, en el panoramade ias letras peruanas,en "el precursor
de la transición del periodo colonial ai periodo cosmopolita"l4.F,nestos términos se

plantea esa nueva formulación de lo nacional d, amparc de un novedoso espíritu

cosmopolita, que precisarnerlteinnova un sentido de lo autóctono liberado clel


centra[smo de la c pitaL Es decir, Ia aparcnte contradicción entre cosmopolitismo y

nacionalismo se diluye en este caso, en tanto que la apertura cosmopoüta permite la

superación de la definición exclusivamente limeña de lo nacional. Mariátegui lo


formula en su reflexión sobre ia indiscutible relevancia de Gonzalez Pnda en el
proceso de la üteratura:

" Raúl Porras Barrenechea,El sentido tradicional en la literaturq pennna, Lima, Instituto Raúl ponas
Barrenechea,1969, pá9.7 1.
" "Si González Prada es el menos nacional de nuestros literatos, Ricardo Palma es el más peruano";
"Prada es el menos peruario de los escritores". Ventura García Calderón, [,a literatura peruana (]535-
Ia), Rewe Hispanique, tomo )OOil, New yorlg parís, 1914, págs. 70 y 7g.
lf
'"
Siete enscrylos...
, cit., pág. 227.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciuclad ¿dorrnecida 1,23

Por ser la rrre¡ros española, por no ser colonial, su üteratura antrncia


precisamcnte la posibilidad de r¡na üterahrra peruana. Es Ia libemción de Ia metrópoli.
F)s, finalmerrte, la mptura con el vineinato. [...] representa, de toda suerte, urn instantc
-el primer instante lúcido- cle la conciencia del Peru. Federico More lo llama un
precursor clel Peru lluevo, del Peru integral. Pero Prada, a este respecto, ha sicto rnás
que ull precursorl5.

I)esde estos posfulados, Gonzalez Prada se convirúó en el acic te p^ra la


renovación de una literatura que superase y trascendiese la superficialidad del

costumbrismo descriptivista, para aderltr:arseen lo profundo de los problemas de la


sociedad peruana del momento. Jorge Basadre inicia el capítulo dedicado a
GonzáIez Pnda en su bbrc Pení:probkmajt posibilidadcon el subtrtulo "La pÁmera
ltteratara de la desilusión"16. De este gerrnen nace el realismo peruano, dei que

veremos emerger una nue\¡a imagen de Lima que supone un profundo cambio en la

mkadahteraÁa sobre la ciudad. En las Páginaslibres,Gonzalez Prada diserta sobre la

necesidaddel realismo:

Acabemos ya el viaje milénario por regiones de idealismo sin consistencia y


regresemos al seno de la realidad, recordando que fuera de la naturaleza no hay más
que simbolismos ilusorios, fantasías mitológ'icas, desvanecimientos met¿físicos. A
f',¿erza de ascender a cumbres erua¡eciclas, nos estamos volviendo vaporosos,
aeriformes: soüdifiquémonos. Más vale ser hierro que nube17.

Todos los planteamientos gonzalezpndistas tienen su representación en la

narraúv^peruana de la segunda mitad del siglo XIX, cuyos nombres más destacados

son Clorinda Matto de Turner y Mercedes Cabello Carbonera, quienes producen las

primeras novelas de la historia hteraria peru^na y se consdruyen como ptrmeru


generación indigenista. Precursor de estas dos novelistas, que escriben sus
principales novelas a finales de siglo, es el cuzqueño Narciso Aréstegui, quien ya en
1848 había escrito E/Padre Horán, consideradacomo la primera novela peruana, en

ia que además se formula, por primeravez enla narratir,'aperuana, una denuncia a la

desoladorasituación social del indígena.

'5
Ibidem, pág. 228.
t6
Ed. cit., págs.lol-109.
17
Manuel GonzíúezPrad4 Páginas libres, ed.cit., pag. lS.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

124 Lim¿ en la tradición literaria clel Peru

Llegados a esrepunto, nos interesadestacarel análisisde L,fraín Iftistal en su

artículo "Del indigenismo a la narrativa urbana en el llerú"18, donde analiza la

evolución entre ambaspropuestasliterarias,pero, sobre todo, la íntima relación que


las acercacomo modelos que se gestan en el planteamiento del debate político en
torno al indio, consubstanciala los procesosde formación de la nacionaüdad.En su

planteamiento de "El primer indigenismo" ya se encuentra ese estrecho vínculo


entre la visión indigenista y el fenómeno urbano, puesto que precisamentees la

ciudad el espaciodesdedonde se elaborala primera versión htelana del indio:

Se podría decir que desde su origen la realiclad del indio en el ind(enismo


literario estuvo siernpre mediada por la visión del inclio elaborada en la ciudacl. El
indigenismo fue fundamentalmente un fenómeno urbano y obedeció a la curiosidad
de la población urbana que desconocialavjday la cultura del indígena19.

Como tendremos ocasión de comprobar al anahzat la propuesta de los


escritores de la generación del 50, el vínculo entre la visión urbana y Ia rcahd,ad,
indígena, desde diversos planteamientos, permanece como eie esencial en la

evolución de la literatwffi peruana: Ia llamativa emergencia del neorrealismo urbano


responde a Ia urgente necesidad de registrar la nueva conf,rgutación social de la

ciudad antelallegada masiva del indic¡.

En la nanativa de los primeros escritores indigenistas afnanece una nueva


ciudad para sorpresade Ia literatura urbanadel Perú: el Cuzco, centro y símbolo del
mundo andino, que apa-recerepresentado bajo el yugo opresor de las oligarquías que

residen en la capital costeña.La oposición entre el Cuzco y Lima desembocaen una

visión maniquea de la realidad peruana, en los términos de una esquematización

simplificadora, pues ambas ciudades aparecen representando el bien y el mal


respectivamente(oposición que se mantendrá como una constante temática en Ia
lt te ratura peruana p o sterior) 20.

t8
Efruín Kristal, "Del indigenismo a la narrativa urbana en el Peru", Revisfa de Crílico LiÍeraria
Latinoamericana, Año )ilV, no27,Lima, ler. semestrede l9gg, págs. 57-74.
'"^Ibidem,
pág. 59.
'"
Véaselapá9.176.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad adormecida 725

La confrontación entre el campo y la ciudad se convierte, por tanto, en el

centro temático de cstas primeras novelas indigenistas, que canalizzn las incipientes
reivindicaciones políticas sobre la situación del indio en la República. Así, en su
novela El Padre Horán (1848), Narciso Aréstegui traduce la opción liberal
representadapor el presidente Ramón Castilla y rcclama el compromiso social del

escritor, que debe mostrar las miserias y exigir la igualdad. tr{ás tarde, Clonnda

Matto de Turner,enAaes.¡in nido(1891) y su continuación, [a nor.elatitulada Herenda

(1893), da vida hterartaa las propuestasde Manuel GonzáLezPnda, al compromiso


con ei naturalismo üterario y con el positivismo político. En Herendase muestra la

posibilidad de educación e integración del indio en Ia sociedad limeña, que es ia


mejor prueba de ia introducción de una perspectiva aculturadora en este primer
indigenismo, puesto que se produce una transformación de la india de Aues sin nido

en una refinada señorita l-imeña.En este sentido, Antonio Cornejo Polar plantea que

"este indigenismo fue una versión sesgadadel proyecto modernizadof'2l

En suma, el mundo representado en la natatla rcñsta peruana rompe ei


siiencio literario sobre la reaüdad del Pcru integral, trasciende el marco obnubilado
de ia ciudad y se lanza a la arriesgada tarca de raducir htenriamente Io que el

pensamiento ideológrco del momerito les había proporcionado. Pero, en Ia


tealtzación de esta propuesta, acusa todavía algunas insuficiencias y ciertos errores
propios de un proyecto en gestación, que habrá de madurar en un nuevo

indigenismo ya entrado el siglo XX. Con todo, en el intento de revelar la injusticia

de un sistema social opresor, que mantiene el lastre de la secular orgarización feudal

y latifundista, estos escritoresproyectaron esavisión maniquea dela que emergeuna


imagen unívoca de Lima: el espacio privilegiado en el que residen ios terratenientes v

encomenderos,responsablesde la explotación socialdel resto del país.Fln definirir.a,


una imagen en la que Lima es la responsable e inductora de ios males del país,

precisamente por permanecer ajena a los problemas nacionales, es más, por


beneficiarsede ellos en su sed de riquezay ostentación.

2I Antonio
Comeio Polar,La.formaciónde Ia tradiciónliterarfu en el Peru,Lima, Centrode Estudiosy
1989,pág.103.
Publicaciones,

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

126 Lima en la traclición literaria del Peru

Unos años más tarde, en los albores del siglo XX, otros escritoresproducen
una visión de Lima radicalmente opuesta a la de los realistas.Son los hijos de la
(iuerra del Pacífico, limeños impertérritos que eluden la problemática nacional para

ofrecernos la r,-ersión pasatista de la ciudad que, tfas la debacle, comienza a


experimentar de nuevo el ímpetu ineludible de la modernidad. En las siguientes

páginas ana)tzamos esta p{opuesta literaria que impregna la visión urbana de

nostalgia y melancolía, generandola versión tdeahzadorade la Arcadia colonial. Con

ello tegistramos ese cambio en la mirada que desde la escrirura se proyecta sobre
Lima,la utbe que vuelve a emerger entre las brumas y la neblina, del paisaje y la
memolia, como "la triste Ciudad de los Reyes".

La ctun to DORMIDA:MITTFICACTóx
ritpn IRIA DE íJNe I:u¿ ouE sE vA.

E/ Miraflores tl¿ entoncesera un innncito de la


Arcadia por el nsiegodt los úl¿inos üas ful szgloXIX, stglo
que w prolongarú hasta nnE entrado el acÍ.ual Su dulce
arnbiente,su huni/dad de a/d.ea,su mauedumbre1 no sé qué
ftcrs[as ulcesqt.lemistenosanmtenrgían de los ranchosen
ruinas, dt sur mQesh.tosos
pinw, dt hs aguasque fuscendían
por las inwüablesaceqmasa ln largo de hs calles;por todo, en
fn,lfornaba un co{unfo orquestalque resonababondo,mtE
hondo,en ks profundosrElieguesdel ahza.

Lüs Alavza v Paz Solclán

La descripción idílica con que Luls Alayza nos presenta el balneario limeño
de Miraflores nos pareceemblemáticade la exclusividady la cenazón que mantiene
la Lima finisecular ffas Ia guerra con Chile. Al tiempo que las conrradicciones

continúan desajustando un sistema social que no tiene visos de solucionarse,los

aires de la modernidad vuelven a penetrar enLa ciudad. Pero los gritos de protesta

de González Pnda y sus seguidoresno fueron óbice para Ia perpetuacióndel

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La ciudad adonnecida 127

sisremade castas,que impedía la impostergable modernización del país. Su reaüdad

eminentemente rural y pre-capitalista,la dependencia de la clase dominante con

respecto al caprtal extraniero y la peqpetuación del latifundio en la orgarización


andina, fueron las causas principales p^t La rcahzaciín de una modernidad

merarnente epidérmica, que aseguraba a Ia clase oligárquica el dominio de los

sectores productivos y modernos: la banca, el comercio, la mineríay lz agncuirura de


exportación22.En este contexto, con Nicolás de Piérola en el poder entre los años

1895 y 1899, la denominada "República Aristocrática"23 ^sienta las bases del

civiüsmo2a,en el período que transcurrehastael año 1,9"1.92s.

La nueva etap^ pierolista impone su huella en el escenario urbano. La

modernización, tal y como acabamos de explicar, no afectó sino a la epidermis del

entramado social y, como reflejo, obviamente la ciudad había de convertirse en


escenario superficial del cambio: al neoclásico afrancesamiento de las fachadas, se

afrradtóla rcalización de ediñcios de importancia (el de Correo y el Edifrcio de

Guadalupe),Ia apetturadel paseo Colón y su proyecto de la Avenida de Ia Colmena,


así como el cambio del centro de gravitación urbano del norte, con la Alameda de

los Descalzos,hacrael sur, con el PaseoColón del gobierno de Fiérola y el resto de

emblemáticos edificios levantados durante la segunda mitad del sglo XIX y

principios del XX2ó. Raúl Porras Barrenechea recuerda la incipiente renovactón

urbana al describir la ciudad en el transcurrir de esos últimos años que despiden el


siglo XIX:

" Pete.Elmore, Los murosinvisibles.Lima y Ia modernidaden la noveladel siglo XX, Lima, Mosca Azul
Editores,1993,pá9.17.
'3 VéaseManuel Burga y Alberto FloresGalindo,Apogeoy crisisde la rep{tblicaaristocrática,Lima,
RikchayPeru,1981.
2oVéaseJorgeBasadre,"Piérolay el predominiodel civilismo",en Perú:problemay posibilidady otros
ensayos,Caracas,Ayacucho,1992,págs.84- I 00.
25Manuel GoruálezPradarealiza de la RepúblicadesdeManuelPardo
una duracríticaa los presidentes
(7872-1876), a su hijo JoséPardo(1904-1908/ 1915-1919),pasando por Piérola(1895-1899)
y Eduardo
L. deRomaña(1899-1903),en su libro Figurasyfigarones,ed.cit.
26Aurelio Miró a, Lima, tierray mar,Lima, MejíaBaca,1958,pág.94.
Quesad

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

128 Lima en la traclición literaria del Peru

nuevas ff"ffij.:.ff:
ff :::#:T ;:"ff# "??:l'#ñHlt'il':li:^:T
antiguamente fueran qtúntas de recreo y de cita para las cabalgatas de la nobleza
colonial y de la no menos encopetada aristoc¡acia republicana.
t.l U pdncipal obra
ediücia de Piérola es, sin enrbatgo, la apertLua de dos gtandes arterias cenhrales: el
Paseo Colón, ho¡, s¡ rrr:áshermoso de la ciudad,
[...] y la amplia calle de La Colmena,
que fue tarnbién concebida por aquel mandatario?T.

Esta transformación urbana produjo una inevitable alteraciónde las antiguas


costumbres, y la frustración global que sobrevino tras la dercota generó una
lttefatura que regresaba aI cuadro costumbrista y optaba por la propuesta asatisfay
I
eminentemente evocativa. Pero antes de llegar a esta generación de escritores, la
prédica de González Pnda había dado lugar ^ unz-promoción cuyo nombre más
luminoso es sin duda el de José SantosChocano. Es el momento del modernismo y

de esta generación destacan Enrique López-Nbújar -fundador del nuevo


indigenismo literario en sus Cuento.r
andinos-,Clemente Paima ftiio del tradicionista e
inaugurado¡ de la hteratura fantásttcaen el Perú con sus Cuenfosmalérulos),I)omingo
MatinezLuián, Manuel Beingolea (cuentista criollo) y Leónidas Yerovi, entre orros.
Chocano publica en 1906 su obra principal, Alna Amárica,que,en palabrasde Luis
Alberto Sánchez,"señalauna fecha en la poesíaobjetiva de América"28.Pero no nos
interesa aquí adentrarnosen la poesíachocanesca,cuyo tono apasionado,solemne y
enfáúco, tiene más del romanticismo que de la escuela modernista amencana (con

DaÁo, Lugones, Hel:.eta y Reissig, GonzáIez Martinez, etc.). Tan sólo conviene

recordar su poema dedicado a Lima y titulado "Ciudad colonial", en el que destaca


la evocación del pasado y la tonalidad nost4lgca como ejemplo premonitorio de la

creación de "la Lima que se va" por José Galvez y tantos otros autores:

¡Oh Lima!, ¡Oh, dulce Lima! Ciudad de los amores:


en tr sí que los tiempos pasadosson mejores...
t-l
Retrato de hace un siglo: tu sabespropiamente
que es un fantasma apenas la Lima del presente;
tu que a las nietas oyes, sentadasen el piano,

''
Raúl Porras Barreneche4 "Perspectiva y panorama de Lima", en L¿t mqrca del escritor,
México,
f'" E , 1 9 9 4 ,p á g s .1 0 1 - 1 0 2 .
C
Luis Alberto Sánchez, Panorama de la literotura &t Perú (desde sas orígenes hasta nuestros
días),
Lim4 Milla Batres, 1974, pí4.. tt}.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

f¿ ciudad aclormecicla 1,29

resucitar las notas de un tierrpo ya lejano...


r...1 "fú
¡Ciudadde los amores! siempregrandehas sido;
por esono te embozala capadel olvido;
fue grandetu jolgorio, fué grandetu aventura;
¡y fi.rerontambiéngrandestus díasde anurgura!...29

Sin embargo, antes de continuar eltt zo de la historLalitetarLade Lima con

algunos de los escritores novecentistas,y pat concluir con este panorama de la


ltteratula finisecular, queremos destaca¡ b frg;r:a de Abelardo Gamarra, autor de

Rotgot depluma (Lima, 1999). Gamarca,liamado El Tunante (1857-1924), inaugura


una perspectivanovedosa:reinicialatradición criollista de Caviedes,Concolorcorvo)

Segura y Palma, pero en lugar de verter la salsa criolla sobre el escenar{o urbano,

desplazasu objetivo a la provincia, de la que proviene, pan ahondar en lo auténtico

indígena. Alberto Escobar coincide en situarie en esta tradición al considerade

"continuador, en cierto modo, de Manuel Ascencio Segura, por su disposición para


m:rar el presente con un deseo de enmienda y construcción, diferenciándose de los

rcmánticos -generación inmediata anterior- que prefirieron eludir Ia rcaüdad


contemporánea"3}.No es de extrañar queJosé Carlos N{ariáteguiensalcesu nombre

al igual que lo hiciera con la figura de Mariano Melgar:

Gama,rra es uno de nuestros literatos rrrás representativos. Es, en nuestra


literatura esencialmente capitalina, el escritor que con rruis pureza traduce y expresa a
las provincias. Tiene su prosa rerniniscencias indígenas. R:cardo Palma es un criollo de
Lima; el Tunante es un criollo de la sierra. La nb india esrá viva en su arte jaranero.
[...] Procedente de rm pueblo serraoo, el Tunante se asimiló ala capital y a la costa, sin
desnaturaüz-arseni deformarse. Por su sentimiento, por su entonación, su obra es la
rnás genuinamente perua¡a de medio siglo de i¡ri1¿siens5 y balbuceos3l.

2eJoséS¿ntosChocano,"Ciudadcolonial",en Raúl PorrasBarreneche4Pequeñaantologíade Lima, ed.


cit.,págs.142-144.
30AlbertoEscobaqEl cuentoperuano 1825-1925,
BuenosAires,EditorialUniversitariade BuenosAires,
7964,pá9.31.
t' ed.cit., pág.240.
Si"teensctyos....,

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

130 Lima en I¿ tradición htera¡ia clel Peru

En el criollismo de ()amarn encontramos el peldaño necesario par


adentrarnos en la visión urbana que nos ofrecen los costumbristasde principios de

siglo que se enmarcan en la generación del 900. Gamarra retoma el criollismo y la

pintura de costumbres que ellos vuelven a adoptar, pero estableceuna diferencia


substancial,pues en este renacimientodel género se trata del único costumbrista no
pasatista. Es decir, su üteratura impone una lúcida mitada sobre el presente

inmediato y, además,como segundo rasgo diferencial,la provincia-y no la ciudad-

es la protagonista de sus cuadros,si bien dedica una de sus obras aIa galeríade tipos
y costumbres de algunos barrios limeños: Una. [Jnoscuantosbarios y arulscuantosti7os

(a/ comenqar
el sigloXX) (190n.
En esta obn,Ia calle limeña aparcceya como el lugar en el que tradición y
modernidad se reúnen, configurando en la crónica el discurso que registra la

descomposición de lo antiguo tras la guerra. Gamanaobserva los contrastes efltre el


centro urbano, donde residen ias clasesacomodadas,y los barios populares,donde
"lo pobre, reveladoramente, es io nacional"3z..Lhor- bien, esta versión de la "üma

que se va" se diferencia de las que a continuación anahzatnosporque en su mkada


no hay nostalgia nt ídealtzación del sueño colonial: "es una mkada -comenta Julio

ortega- sorprendida, henda por lo eu€ ve"33, que utiliza la comparación como
instrumento de crítica.

En los primeros años del siglo XX, la impronta de la moderizacióncontinúa


transformando la ciudad renacida de los escombros del desastre. Aureüo Miró

Quesada describe el advenimiento del progreso, que impone sus cambios de maneta
postiz^ sobre la pertinacia delamemoria endémica:

Se había iniciado el nuerro s€lo, y por las calles lirneñas *engalanadas todavía
con sus vieios nombres coloniales, que una memoria perttnaz se empeñará siempre en
rnantener- lucía¡ nuevos y optimistas ejemplos clel progreso. Se estremecían los
primeros tranvías; detonaban los primeros automóviles; y los faroles cle gas de las
plazuelas eran cambiados por focos refulgentes de la orgullosa luz eréctÁca34.

" Julio Ortega" Cultura y modernizqción en la Limo del g00,Lim4 Centro de Estudios para el Desarrollo
y laParticipación,1986,pág. 100.
'".Ibidem,
pág. 102.
'"
Aureüo Miró Quesad4 Lima, tierra y mar, ed.cit., págs.94-95.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad ¿clormecida 131

Entre tanto, irrumpe en el panotama social el anarco-sindicalismoJ que


organizala lucha por conseguir mejoras en las condiciones de trabajo y en el nivel

de vida, se constituyen los primeros sindicatos y se producen las primeras huelgas.


Este contexto enmarca la visión üteraria de la urbe que a continuación planteamos y

evidencia el radtcal divorcio entre el nuevo cuadro de costumbres y la realidad del

paísen lasprimerasdécadasdel siglo.

losé GáIvez: eI desvanecimiento de Ia ciudad encantada

[I-i*nj posu lt queh falta a la mEtonade src


furecienlurhwks[..J: la pouía delos uiglwrenterdos,
la
pnmnakdad úuunnqueil tienpodaa /,ascosas.

MarcelMorxrier

LTnaLima qae se ua (1921)35es la obra con la que ei cronista José Gá-lvez


inaugura en la üteratura penrana el tema de Ia vieja Lima como Arcadta Colonial que

desaparece,cuyo presente, en palabras de Julio Ortega, "convierte al futuro en un


fantasma del pasado"3ó.En esta obra, Gálvez da continuidad al género costumbrista

fundado por Palma3Tpero Ie añade profundidad a la nostalgia, insisfe en Ia queja por

el sentimiento de pérdida y conf,gura el discurso tdeúizador de la Lima colonial. Por

ello, Luis Jaime Cisneros reflexiona:

...Más que a Pa)ma, Gálvez se parece en muchas cosas a nuestro insigne Garcilaso.
Todo cu¿nto no existe como fuente histórica en Palma, porque es original fruto de su
talento de taumaturgo, resulta en Gálvez casi siernpre un vivo testimonio de los
hombres v los hechos3B.

35JoséGálvez,UnaLimo quese va, Lima,Eufori6ru1921.


'6 Julio Ortega,Culturay modernización en la Limq del 900,ed.cit., 1986,pig.27.
37 Luis Jaime Cisneros comienzael Prólogo a las Estarnpaslimeñas de Gálvez destacandoesta
continuidadcon respectoa la obrade Palma:"CuandoRicardoPalmalegó a JoséGálvezla plumaa que
estabanendeudadas las Tradicionestrazó el destinode un "género"que él habíacasi inventado".Lima,
Universidad Nacional Mayor de SanMarcos,1966,pág.Vtr.
tt lbidem.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

132 Lima en la tradición üteraria del Peru

En opinión de SebastiánSalazarBondy, Ricardo Palma -"quizá a pesar de sí


'fradiciones
demiurgo del colonialismo literario"3e- en sus trazó el espejismo de un
tiempo que en realidad no tuvo "el carácter idílico que tendenciosamente le ha sido
atribuido y que más bien se ordenó en función de rígidas castas y privilegios de
fortuna y bienestarpara unos cuantos en desmedrode todo el inmenso resto"40.
En el proceso de apropiación social y cultural del pasado llevado a cabo en la

segunda mitad del siglo XIX, "la generación de Palma -comenta Antonio Corneio
Polar* eiabora la imagen sociai de la colonia a tnvés de un vasto, insisrente y

compacto ejercicio de la imagrnacíónlttelana y termina por imponeúa a amplísimos

sectoresnacionalespor un extenso períod6"a1.Esta elaboración de la urbe anúgoa


ciertamente enruizó en la mentalidad de la sociedad peruana y se impuso en la
literatura posterior, preferentemente en los escritores que crecieron en el ambiente

desolador de la posgueff^. Pero los objetivos y la intencionalidad obviamente habíart


cambiado con el devenir de la cruenta historia, así como también Ia gruciay alegna
de los cuadros. Desde este punto de vista, eI pasatismo,como opción literaria, tiene

su germen en Palma, Pero se debe sobre todo a los escritores de posguerra, que

desarrollaron el género inaugurado por el tradicionista pero le imprimieron el


espíritu de la época, produciendo un resultado literario cualitativamente diferente.
La sáttta, la caricatun y la c{túca cederán ante Ia intensidad de la nostaigi4 la
melancolía y el sentimiento de péñids+2.
'Después
José Gálvez, en el epígrafe de Una Lima que se ua tfulado del
desastre:Lo que veíamos los niños. Lavida antes de 1895", describe esa derrota

moral que supuso la guerra con Chile: "El pesimismo subía como una ola negta

hasta los más altos espíritus [...]. Imperaban el pianito ambulante, los desaffos a

pedradas, las budas a la policía, Las abígarcadasprocesiones, el desgobierno y el

abuso"43.

3e
SebastiánSalazarBondy, Lima la horrible,México, Era, 1968, pág.125.
oo
lbidem,págs.12-13.
'.'
Laformación de la trodición literaria en el Perú, ed. cit., pág. 58.
o'
"N,adie más alejado de él [se refiere a Ricardo Palmai q-uequienes lo imitaron, tegiversando este
significado, yendo hasta la nostalgia colonialist4 sin ingenio y sin ironía". Jorge Basadre,Perú: problema
!-posibilidad, ed. cit., pág. 108.
"' José Gálvez, Una lima que se va, Lima, Euforión, 1921, pág.Z4t.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad adomrecida r33

Si aseveramosque ese discurso tiene su germen en Palma, no lo hacemosen


el sentido de consideradeel creador literario del idilio de la Lima colonial, pues nos
estaríamosposicionando en un exlremo de la mentada polémica que considerarnos
superada en el artículo de Ribeyroaa.Pero en ocasiones, en las páginas de las
'fradidonesla
sátha se diluye ante el poder del pasado, que presercabainalterables las

costumbres de la ciudad. Una de las manifestacionesmás ilustrativasde este asoecro


es la que encontramos en la tradición titulada "Con días y ollas venceremos":

Lima ha ganado en civilización; pero se ha despoettzado y día a día pierde


todo lo que de original y típico hubo en sus costumbres4s.

Este tipo de manifestaciones han motivado la polémica sobre la visión con

que Paima retrat^ la Colonia. Sin embargo, en las propias Tradition¿.sel autor
esclareceque supasatismaes de tipo poético, o si se quiere, romántico:

Literariamente, tengo la ntanía de vivir en el pasado. El ayer siempre es


poético: es r¡na especie de sol al que apenas se le ven manchas, porque está nruy
leiosa6.

Desde nuestro punto de vista, Ia bterafiira del tradicionista es la respuesta al


momento independentista,pues el interés por ias costumbres se encuentra ligado
fundamentalmente a la necesidad de definir la nacionalidad. de afirmar la iclentidad

colectivaa7-necesidadpropia del cosrumbrismo-, y la predilecciónpor el pasado


responde tanto a los postulados de la corriente romántica como a Ia urgencia por

ooNosremitimos
a laspágs.I 15-l16.
" RicardoPalma,"Con díasy ollas venceremos",Tradiciones pentano\ Barcelon4Montanery Simón,
1893,TomoI, pá9.387.
* Ricardo
Palma,"Los plañiderosdel siglo pasado",Tradicionespentdnas,tomoIII, ed.cit., pág.234.
o7Palma
declaraen variasocasionesla=neóesidad de rompercon la tradiciónimitativade io hispánico
parala afirmaciónde la nuevanacionalidad: "Yo no quieroqueen cuantoal pensamiento seamossie*pre
hijos de España.Nuestramanerade ser políticay sociala la par que la ley del progreso,ha puestouna
raya divisoria muy marcadaentreAméricay la vieja metrópoli"(cartaa JuanMaría Gutiénez,20 de
febrerode 1877);"Tocóme perteneceral pequeñogrupo literariodel Peru,despuésde su independencia.
Nacidosbajo la sombradel pabellónde la República,cumplíamosrompercon el amaneramiénto de los
escritoresdel coloniajq y noslanzamosaudazmente a la empresa'(En Lo bohemiode mi tiempd. Cit. en
Jorge Cornejo Polar, '?alma, el costumbrismoy la novela", en Estudiosde literotura peruana, Lima,
Fondode DesarrolloEditorial,1998,pág. 148.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

tJ+ Lima en la tradición üteraria del peru

recuperar la conciencia histórica tras el desconcierto reinante en las pdmeras

décadas de la emancipación. Sin embargo, de las 'fradiciones surge,


irremediablemente, el espejismo de la Colonia, que aümentaúa la lttetatuta de la
generación posterior ala guercadel Pacífico. Tras la gran derrota que arruina el país,
el espe;iismodel pasado se acrecienta,y lo que había sido en Palma recuperación
vivificante y asimilación de la histori4 se convierte ahon en mitificación de un

pasadoidílico que nunca existió. Seguramente,por ello SalazarBondy introduce ese

inciso esencial cuando considera a Pakna "qui7á a pesar de sí demiwgo del

colonialismo literario "aB.

José Gáivez, consideradoel epígono de Palma, escribió una serie de crónicas


urbanas4een las que la ñrcrza de ese espejismo fructifica en la fundación de un

discurso que dramattza los cambios, a través de la percepción de una Lima

"desvanecida en lo pasado, ya rcmotisima, sencilla y pauiarc¿"S0, sofnetida a esa

despoetización que Ricardo Palma señalara como el lado oscuro de Ia


modernización. GáIvez observa la ciudad sentimentalmente y. desde el
romanticismo de su visión, reitera a lo latgo de su obra ese sentimiento de pérdida
ante el advenimiento de la decadenciay la despoetización de la ciudad: "los riempos

a8El
subrayadoes nuestro . SalazarBondy,en Lima la horrible, dedicaun capítuloa la evoluciónde la
pinturadesdela Conquista -"El paísinhibidoen la pintura"(págs.113-l2lF. De su arálisissededuceel
paralelismocon el procesode la literatur4 que,desdesu puntode vista,vienea confirmarel colonialismo
cufturalimperantedurantelos siglosXVI al XIX: durantelos siglosde la Coloniala pinturasedesarrolla
comorecursoparala evangelización ("estapinturasin sentidosehizo tradición,puesle fiie valiosísimaa
la mentiraedénicaporquelas consecuencias de la inhibiciónse registrarondespuésde desaparecido el
poder virreinal"); en la etapa republicanaapareceel pintor PanchoFierro, a quien SalazarBondy
considerade algunmodoel equivalentede RicardoPalmaen la pintura("a másde la ciudady su trajín,
trasladóal papelLo indio, la clasemedia,Iosfrailes, las viejas,lo: retratos, losrecuerdoshistóricoi, lo
inquisición,el desfilede la Independencia, el paisaje[RaúlPorrasBarrenechea]. Algo o muchode lo que
la coloniavetó. Más su esfuerzofue discreto.Esteespontáneo artistavio sólo el epiteliode Ia vid4 su
envolturaferial, su alegremáscara[...] comoocurriócon Palma1ue fue no por casualidad coleccionista
de lasestampas del mulatonatf-, sutrabajosirvió parafomentarel cuentoedénicoy paraprobarlocon un
preladotestimoniomás");a finalesdel siglo )ilX, el indigenismo"rompió el prejuicloseculary se dio al
quehacer,no muy sencillo por supuesto,de fundir en una sola formula los conceptosperu-pintura
segregados hastael momento".Este paralelismoentrela pinturay el procesode la literaturaapuntala
posibilidadde un estudioque permitaabarcaruna visión globalizadorade la evoluciónde la cultura
peruana.
aeJunto (Jnq
a Lima que se va, hay que destacarNuestrapequeñahistoria, Limq UniversidadNacional
Mayor de SanMarcos, 1916,y Estampaslimeños(1935),Lim4 UniversidadNacionalMavor de San
Marcos,1966.
50José
GáIvez,Una Lima quese va, eA.cit., pág. 12.A partirde aquí,consignamos el númerode págjna
al final de la cita y entreparéntesis,segúnla ediciónpublicadaen Lima"Euferióq 1921.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad aclormecida
735

huyen y con ellos las alrnas se transforman, empujadas por los progresos,

devastadoresde 1o poético..." (pág. 210); "L,ima se convierte en una ciudad triste y

descolorida. Su progreso no tiene encantos peculiares y el cronista se duele


románticamentede su propio envejecimiento,'(pág.62):

Lapalabn decadencia, siernpre que de estos cuaddtos limeños se trara, se rios


viene a la pluma con significativa fijeza y es que, aparte venraias indiscutibles del
progreso, hay decadencia en cuanto al color peculiar que antaño dieta a Ljgy-
fisonomía propia, inconfundible. (p€. 170)

De esos cuadros que reconstruyen tipos y costumbres cJeantaño, emerge una


imagen bucólica de ia antigua urbe colonial -"la ciudad de la cortesía y del buen

tono" (pág- 224)*, donde Ia paz y la prosperidad presidían la sosegada vida de los
Iimeños: "Sobre la mansedumbre de k ciudadtlorruidalas horas pasaban con leve
rumor de brisa. [...] Todo transcurría así, blandamente,,(pág. 64¡st. En esta imagen,

lo que realmente importa es Ia recuperaci1n del espíritu criollo como esencia de la

ciudad y sus habitantes.

La perdidaguerracontra Chile, entre los años 1879 y 18g3,deja su huella


imborrable en esta percepción pasatistay en ocasiones mitifi cadora, por contraste

con la realidad decadente del momento histórico:


José Gálvez nos da la clave para
entender su arraigada nostalgia de un tiempo ido en ias siguienres líneas, donde se

muestra conscientede cuál ha sido el proceso que ha abocado a su generación ala

quimera del pasado:

Nos creiamos ricos y privilegádos, gastábamos sin tasa, disfrutábamos de la


vida... Pero, vino la gueffa y con la guerra la miseria. Por eso los niños de las épocas
inmedlatamente posteriores a ella, alimentarnos nuestro espftitu con la paradoja del
-y
relato fantástico de pasadas opulencias, contrastando .on l" dolorosa miserable
realidad presente: La mentira convencional cle la grancleza pretérta llenó nuestros
oídos juntamente con las lamentaciones y los anaternas por la guerra. Nos educamos
en rrn ambiente mendicante. [...]
LaLima anterior a 1895 se convirtió en una ciudad triste. Mis recuerdos cle
ella en aquel tiempo, rienen un deio romántico y dolorido. I-o que se contaba de
aquellos días de grandes bailes, de suntuosas tern:lias, de elegantes p"seor, parccia tan

5l
El subrayado es nuestro.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

1,36 Lima en la tradición literaria clel Peru

lejano que casi nos era ausente. Nuestros ojos veían el conffaste amargo de la pobreza
rciriarite. (pngt. 238-239)

Este contraste entre el pasado de bienestary eI presentetrágico provoca esa

recuperación sesgadade un tiempo de paz que realmentesólo sustentabauna parte


muy reducida de la sociedad penrana durante la Colonia. Como ha visto Juüo

Ortega, "a pesar de la misma conciencia de lo ilusorio, dar cuenta de 1o perdido será
recuperar t...] un sentido que incluso las clases sociales t...] patecían haber
extraviado"S2.En cualquier caso, si en estas crónicas se enfoca la ciudad que se va,

con el agra.vantede la incipiente modernización, sin embargo no se discute el

proceso histórico que ha propiciado esta situación, puesto que las responsabiüdades
podrían caer sobre la clasedominante.Taly como opinaJulio Oftega,

Gálvez parece rE)reserltar a una aristocracia venida a menos pero su discurso


se mueve hacia una burguesía anstoctattzante, aquella que lrabiéndose servido del
"progreso" requiere cultivar los prestigros del "pasado"53.

Esta tradición literaria de Lima tiende a la nostalgia por un pasado colonial y


anstocrattzante.Es una reconstrucción actótica que aúna recuerdos colectivos y que
realmente se deriva de Ia desazón ante un presente en el que la vieja ciudad se

descompone en el aire de la modernidad. Sin embargo, Galvez termina su übro con

un último artículo, titulado "1.895", que dedica a la memoria de Nicolás de Piérola, a

quien alaba por considerade el artífice de la reconstrucción y la modenizacióndeI


Perú tras ei desastre:

Aquel año rnar.ca,sin duda, una era decisiva, qlre es como el origen del Pem
modemo. Hasta el año 1895, el Pem conserva hondarnente vieias tadiciones y
costumb¡es casi coloniales, incoqporadas a su vida. La gaena del 79 y sus clesastrosas
consecuencias detuvieron, segurarnente, nuestra evolución y por ello el movimiento
renovador de 1895, sigmficó un cambio cornpleto en nuestras costumbres, aparte de la
transformación política que operó. bá8.235)

5'
Julio Ortega,op. cit., pág.29.
" Ibidem,pág.32.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

I-a ciudacl adormecida 137

Parece que estaspalabrascontradicen el afán de perpetuzción del pasado y

sus costumbres !r sin embargo) en esta aparente ambigüedad descubrimos el

pensamiento del escritor, encubierto por su arraigado tradicionalismo. En cualquier

caso, Gálvez y^ rros había dado pistas con antelación al capítulo ""1.895",entre las
cualesuna de las más explícitases la que sigue:

Al recorclar estas costumbres, siempre tenemos tendencia a entristecernos.


Cada vieja cosa que cornpararnos con el presente, resuerla en nuestro corazón como
una cafirpana de agonia. Sentimos que con nuestra infancia se han ido muchas cosas,
que henos nacidoen una épocade transicióndolorosa,pero inferuantepor h renouadoráa,porla
creatfz [.rzc]y vivimos viendo asombrados el desmoronarrúento de tanto y tanto. Dirán
algunos que siernpre ocurre lo rnismo. Tal vez no. Hay épocas decisivzs, hay épocas
de transición, hay momentos de calma, hay largos paréntesis en que todo se
(pugr. 1,2+1,25)
conserva...

El escritor que nació en 1885 en ei ambiente desolador de la posguerr4 se

duele ante el desvanecimiento de la anlgaa ciudad cortesana en este momento

crucial de la historia, pero esto no impide que salude con esperanzala llegada de los
nuevos tiempos, que habían de pahar el desánimo social y reconstruir ei país, de
acuerdo con la modernización que tras la Primera Guerra Mundial se había operado

con intensidad en capitales sudamericanascomo Río de Janeiro o Buenos Aires. Por

ello, Gálvez subtitula el último capítulo -"La transformación social por Ia

revolución..."- con esta conciliación que resume su propuesta urbana: "Tradiciones

y esperanzas"ss.Es en este capítulo donde finalmente comprendemos, con Peter


Elmore, que "su tradicionalismo no es reaccionario [...], pues el cronista oo niegala
necesidad de las transformaciones ni aspira a url retorno aI statuqar anterior. Sóio le

irrita (o, mejor, dicho, Ie apena) le prosaica brusquedad de la modenización y


prcfenríaque la metamorfosis de la ciudad fuese más gentil"só.

5aEl subravadoesnuestro.
t' La reconciliaciónentrelo viejo y lo nuevo es el objetivo de una obra posterior:Esfampas limeñas
(re3s).
56
Peter Elmo re, Los muros invisibles..., cit., pí8. 23 .

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

138 Lima en la t¡adición literaria clel Perú

Así, tras enaltecer la figura de Piérola como atiftce polírico de la


reconstrucción,dispensasus elogios a esa Lima que en 1895 "empezó a ser ciudad

en todo sentido" $ág. 253), pues durante el siglo XIX todavía los rasgos rurales

permanecíanconfigurando el paisajeurbano. Es más, GáIvez es consciente de que,


en última instancia, la guerra ha beneficiado en cierto sentido a la sociedad limeña,

por habede arrebatado el enaltecido orgullo de haber sido cenrro de toda


Sudaméricay,por consiguiente,haber traido ala capitaluna oleada de la necesaria
lrumildad para dejar de mirarse a sí misma y conseguir abrir los ojos al mundo:

Nos enteramos un tanto de que lo mejor de Am#ca no estaba entre


nosotros; nos enorgullecimos rm poco menos de nuestros zambos redoblantes y de
nuestras bandas de bombas; nos acercarnos rnás al mundo. (pá8. 259)

El encanto aldeano de Lima desapareció, es verdad; muchos espíritus


exageradamente rnodernistas contribuyeror) y siguen contribuyendo rmplacablemente
para tncer de Lima una ciudad sin carácter, y mucho de la vieja y dulce personalidad
limeña se ha ido tras el penacho arrebaador del progreso. Hasta en la forma cle h¿cer
el arnor se cambió. [...] Y aunqaedeja una impresiónd¿ suaaemelancoüaesta ruutación fan
Itonda, no deberuosftegar que heruosganadoJ qile parece que nls ltenos incorporadt
1a sin
cauilaciones
al ¡noúrtienfo dela tida uniuersal.l..j
Pertenezco a [una] generación que ha tenido la forn¡na de asistir a una de las
rnás decisivas transiciones del país y ar¡nque me entristece la desaparición de algunos
aspectos rorrránticos )' catacterísticos de la Lima de la gpntil y picaresca leyenda, me
cornplace profundamente, como una perra muy dulce, reconstruir y fijar estas
remembranzas que orean mi madurez y traen a mi alma fzttgadapor tantas inquietudes
y combates, una brisa cariciosa y atomada de jardín en plena primavera. (págs. 261,-
262)

Tal vez sean sus Esfampaslimeñasla obra que mejor define el sentido de la
modernidad que marca la diferencia con Ricardo Palma. Luis
Jaime Cisneros
dilucida la cuestión cuando plantea que "si lryenda.rytradicioneshabnanestado bien en

boca de romántico s, estampas


anuncia que Gálvez es un romántico que comie rtza a
vivir el modernismo: los sentidos están ahora convocados a Ia tare de Ia

reconstrucción histónc "57- En la primera estampa -"El alma patadójica de la


ciudad" -, Ga)vez aclarala intencionalidad de su obra, al advertir que, precisamente

graciasala"contraposición" de los tiempos que le tocó vivir,'tl observador curioso

" Luis Jaimecisneros,"Prólogo" alasEstampaslimeñosdeGáIvez,ed.cit., pág.IX.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad adormecida 139

puede admirar I...1 el pintoresco m tiz sobreviviente"; "l'ro1l, en vórtices de


modernidad se ahogan los recuerdos y ya no hay casi tiempo pan la divagación de

los romanticismos, y es mucho mas fácil, por ruzón del contraste, advertir el
desnivel y el desequilibrio entre lo venido y lo fugado"S8.Se tta;ta,en definitiva, de
mostrar a través de las eslampas
"cómo en 1o viejo hay siempre una luz nueva"5e:

Lirna va transforrrvándose vertiginosamente [...] Puede convivir con la Lima


por llegar, la Lrma que se va, esa Lima de alma obsoleta y amable, de personaliclad
inconfundible, la misma buscada por los viajeros deseosos de lo espiritral y
alquitarado. La quieren los devotos del aroma viejo, no porque desdeñen ei progreso,
sino porque arnan la continuidad y ansían de los rruevos trojes se tome 1o sano, lo
bueno, 1o cómodo, sin olvidar por eso lo del alma y de arte respetado por el tiempo, a
veces menos cruel que los hombres.ioiili' sea conservada!60

En suma, Galvez desarrolla una conciencia de la modernidad transida de

espíritu romántico, mediante la construcción costumbrista y legendaria -pero no


'rmagjnadaól,
reaccionana- de la ciudad Que en este último capifi:J.onos demuestra lo
que yaJoséCadosMariáteguihabíaformuladoa propósito del autor:

Su pasadismo es de fondo rorr¡ántico: Haya lo llama "el único palmista


sincero", refiriéndose sin duda alca{actex üterado y sentimental de su pasadismo. Pero
parte de un hecho evidente. Gilvez --cuya poesía desciende de la de Chocano [..]-
tiene rarna de romrántico. Su pasadismo, por eso, está menos locú)z.ado en el tiernpo
que el del núcleo de su generación. Es un pasadismo integrat. [...] su pasadismo está
más localizado en el espacio. El terna de sus evocacrones es casi siempre limeño. Pero
también esto me parece en Glvez un rasgo rcrrrántico62.

Es en este sentido que Mariátegui plantea la discrepancia de Gálvez con

respecto a su generación -la novecentista-, con la que en todo caso mantiene

muchos puntos en común. También se ia denomina genención "futurista"ó3, y

s8
José Giúvez,Estampas limeñas, ed. cit., págs. l-2.
5e
Luis Jaime Cisneros,cit., pág. )ü
6o
Estampas limeñas, ed. cit., pítg.69.
ut
Raúl Porras Barrenecheadestacacomo moderno continuador de la obra de Gálvez al "imberbe Pedro
Benvenutto Munieta, que sabe los secretosde todos los viejos barriod'. Pequeña antología de Lima, ed.
9it.,pá9.12.
"-'Sieteensayos..., cit., pág.251.
" El título "futurista" es el irónico apododel PartidoNacionalDemocráticofundadopor Joséde la Riva
Agtiero,en el queseencontraron losjóvenesdel PartidoCivil y el pierolismo.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

740 Lima en la tradición literaria del Peru

estu\¡o abanderada por el historiador José de la Riva Agüero, quien fuera el


representantedel positivismo conservador y responsabledel colonialismo literario

en el sentido de la restauración del biEani.rno;en suma, el equivalente peruano del


pensamiento de Menéndez Pelayo6+.
Esta tendenciaes lo que Luis A-lbertoSánchez
ha denominado "petichoüsmo"6s, combinación entre limeñismo y pasatismoque

cultivan algunos escritores de la generación del 9006ó. Sánchez resume la

configuración de estegfl;po en su contexto histór{co:

Entre 1900 y 1905 la nueva hornada -nacida entre 1BB0 y 1885, es decir, con
postedoridad a la guerra- tepite las enseñanzas aprendidas de Francia, en parte a
tnvés de Rodó. [...] el indio, y la provincia, y la patna, y la rebelión, y el laicismo son
olvidados entre nubes de incienso, entre vaharadas de confort. [..] L" universidad, al
recuperar su preeminencia, ahonda la división entre limeños y provincianos, errtre
ricos y clase media. La cátedta vuelve, como en la colonia, al seno de algunas familias
o clanes electorales. [...]
Surge, sin embargo, rula promoción brillante y constructiva. Francisco Garcia
Calderón [...] pronto se destaca como el ensayista representativo de la nueva
generación. [..] Con él asornan Ventura García Calderón, esteta indudable [...]; José
CÁJvez, el poeta del grupo; José de la Riva Agiiero, el historiador de su ptomoción
[...]67

En cualquier caso, en virh¡d de la evocación del pasado que rcahzan tanto


GáIvez como Ricardo Palm4 la verriente hispanista representadapor Riva Agüero,

"destinada políticamente a reanimar una leyenda indispensable al dominio de los


herederosde la Colortia"68,supo anexarseel discursopasafistadeestos escritores.En

uoEntre
los escritoresde estageneraciónel continuadormásfiel de las tesis de Riva Agüero fue Javier
Pardo,principalmenteen su obraEI genio de la lenguay Iq literatura castellanay svscaracteresen la
historiainfelectualdel Perú,Lima, Imprentadel Estado,1918.
65Ventura
GarcíaCalderórqintegrantéde estageneración, se quejaantetal denominación: "Las páginas
más coherentesy recientessobreMicaela [Villegas,la Perricholi]estánen un libro primorosode mi
paisanoLuis Alberto Sanchezque continúa la mala costumbrede novelar la historia"es decir de
improvisarla, comosejactabade hacerloPalma,contrespaliques, dosmentirasy unaexiguaverdad.Lo
pintorescodel casoes que su autor ha acusadode "perricholismo"a la generaciónant"rior a la suya,
entendiendopor esa palabrapeorativauna afición desmediday pasadistaa los prestigiosdel pasado
colonial.Y cuandoseha burladocon sumagraciade nosotros...". En L'aleun Perú, París,Desclée,tgZS,
pág.rtt.
ooVéase
JoséCarlosMariátegui,op. cit., págs.247-25.3; AntonioCornejoPolar, "El desvíohispanista",
enLaformación de la trodiciónliteroria en el Perú, ed. cit., págs.67-86,Luis Loayza,"Riva Agüero:
Una teoria de la literatura peruana"[sobre el libro de Riva Agúero Carácfer de la literatura aei peru
independientel, cuadernosHiryanoanericanos,n" 417(marzo1985),págs.r7z-l1l.
"' Luis Alberto Sánchez, Panoramade la literaturadel Perú,ed.cit., págs.I l7-l18.
68José
CarlosMariátegui,op. cit., pág.253.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad adormecida t47

este sentido, Antonio Cornejo Polar plantea que "los hispanistashicieron decir a

Palma 1o que no dijo, el tramado de sus "I'radiciones


dejaba tal vez demasiados

espaciosvacíos corno para instalaren ellos un discurso ajeno I distinto"6e.


Como lo definió [osé María Arguedas, "el hispanismo se caractertzapor Ia
a(umación de la superioridad de la cultura hispánica, de cómo ella predomina en el
Ei rebrote
Perú contemporáneo y da valor a lo indígena en las formas mestizas"7O.

del hispanisno)corno propuesta teórica que olvidó los logros en torno al indígena

alcanzadospor la generación anterior, propugnó una dependenciaineludible y


necesariacon respecto aIa literatura española.En su edición de textos de Belaúnde,

Mariátegui y Basadre, Francisco José López Alfonso ha señalado el contexto social y

poiítico que propicíala rcacción de Lageneracirín


nouecentista.

El ferrnento de este desperar nacionalista fue el senumiento heri.clopor la


derrota ante Chile en Ia guerra del Pacífico (1879)y por la fustiganteprédica ndical
que la siguió: Gonzalez Prada denunció los males que habían conducido ala denotz,
pero en su inclignación br;bia recargado los clefectos y oscurecido el pon'enir. AI
menos éstaesla versión que los novecentistaspretendieron{ria{l.

Por otra parte, ios hispanistas se apropiaron ilegítimamente del discurso

palmiano, pues en las Tradicionesencofltramos la primera formulación consistente de

una literafura peruana configurada en torno a la conciencia criolla que instaura la

diferencia de la identidad colectiva. Criollismo e hispanismo son por tanto dos


tendencias que deben mantenerse bien diferenciadas, pues la lectura subjetiva e
interesada que imponen los hispanistas sobre esta escritura criollista puede conducir

a effat y confundir los términos en que estamos planteando una tradición iteruÁa

acerca de la ciudad; uadición que se sustenta sobre la base del criollismo, y que

conectamoscon diferentes propuestasindigenistas.En éstas,la imagen de Lima, sin

ser el centro temático, emerge con otros significados, a trarrés de los cuales

6eAntonio ComejoPolar,op. cit.,píry.69.


70
José María Arguedas, "Razón de ser det indigenismo en el Peru"" en Formación de una cultura
nacional indamaericana, México, Siglo X)ü, 1975, pá9. 191. I Publicado en Wsiótt del Peru, Lima, junio
d e 1 9 7 0 ,n ' 5 1 .
7r
Francisco José López Alfonso (ed.), Indigenisno y proryestas culturales: Beloúnde, Marialegui y
Basadre,A.licante,InstitutodeCulturaJuanGl-AlbertyComisiónVCentenario, 1995,pág.11.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

1.42 Llma en la tradición üteraria del Peru

comprobamos los cambios en la miradahterana que se proyecta sobre la ciudad, y

que traducen el proceso histórico experimentado por la sociedad peruana desde la


fundación de la nación indeoendiente.

En suma, una Iina queM aay, en general,toda la obra de Gálvez, ahonda en


la perspectiva del criollismo consolidada por Palma, produciendo un resultado

diferente, al traducir la crucial escisión del momento histórico que marca el


advenimiento de una difícil y problemática modernidad. Gálvez homenaiea a
Ricardo Palma en numerosas ocasiones en las que apela a las leyendas del
tradicionista, introduciendo la remembt flza con la habitual frase: "Según relata Don

Ricardo Pafma" o similares. Incluso le dedica ese extenso poema titulado "Elogio de
don fucardo Palma" que comienza con aquellos versos: "Sobre la gracia leve de la

ciudad dorcnida/ puso mi ensueño el sueño de voiverte a escuchar..."72.


De esta
fotma el intertexto continúa, asegurandoesa secuenciaviva de una literatura que no

es monolítica pero que, en todo caso, establecemúltiples víncuios en la rique za de


sus diversasexpresiones.

t'En
Raúl Porras Barrenechea,Pequeña antología de Lima,ed. cit., págs. 195-199.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad adormecida 143

Otros autotes: eI adiós ¿,fhortus clausum uineinal

Lima haceb que no quisiere,¡senoderuila a


pesar suyo! Aunque r0 ama /a ue.ye7, tene a la
noaedad:Íal e.rsupnhhrta-y elproblentadel Peni.

Luis Alberto Sánchez73

El planteamiento de "laLirr,a que se vt' rca)izado por GáWez se encuentra

sustentadopor otros escritoresque cultivan ese mismo discurso que, por otro lado,

traduce una psicología nacional, al punto que sus reminiscencias perviven todavía en

algunosnarradoresde la generacióndel 50, si bien en la prosa de mediadosde siglo


la evocación de Ia que hemos denominado "ciudad dormida" emergerá

esporádicamente y de forma estratégicapara incidir en la problemática de la ciudad


modernizad4 que será su objetivo primordial7a. Entre esos escritores coetáneos a

GáIvez y afines a su discu¡so evocativo, aunllue con algunas variantes, hay que
destacar a Ezequiel Balarezo Pinillos (Gastón Roger)7sy Enrique A. Carrillo
(Cabotín), dos cronistas que rca)izanla cÁúca de las costumbres y ^ttzan contra los
usos cursis y frívolos que conservaban los limeños.

Pero las formas del criollismo no sólo se canallzan a tra\¡és de las crónicas

sino también desde otro espaciofundamental:eI periodismo. De hecho, desde la


prensa satiÁca y urbana se divulga el prestigio criollo que, como ha visto Juüo

Ortega, es ei que finalmente identifica su propio repercorio con el de la Lima


vadicional.

'' Luis Alberto Sánchez,'?eru: retrato de un pais adolescente",en In vido del siglo, Venezuela,
Ayacucho,1988,pág. 326. lPeru: retrato de un país adolescente, BuenosAires, 19581.En el sentido
por la
planteadoen la cita, cabedestacarlas siguientespalabrasde Sánchez:"somostambiénadolescentes
timidez con que nos asustael futuro. Si hemospreferidoel ayer es porquenos asustalo desconocido".
{pá9 3+2)
'" Véaselaspágs.333-334.
75GastónRoger mantuvoun tono mridal en su obra periodística.Cabedestaca¡su Perspectivadiaria y
La ciudod evocadora.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

144 Lima en la tradición litcraria del Peru

Según Sebastián Salazar Bondy, el mito de la tradición colonia^I,utiüzado


hasta el presente como instrumento para perpetuar un orden pasado de privilegios,

tuvo como bastión esencialpara el éxito el hecho de que, con contadasexcepciones,

"todos los escritores de Lima en el orden costumbrista tuvieron especial


menosprecio por lo moderno y se jactaron de su veneración a los tiempos idos, sus

golleríasy sus ocios", perspectivaque escondía"un parsimonioso antídoto contra el


progreso: la moraleja conservadora"Tí. Y añade que para el éxito de la Arcadia
Colonial, el mundo de las letras, con todo su aparato universitario y académico,
desempeñó un papel fundamental. Jul,io Ortega incide en esta misma perspectiva,

pero Ia plantea especialmente desde el ámbito del periodismo que, mediante la


identifi.cación de lo criollo con la Lima tradicionai, refuerza el rígido sistema clasista

de la sociedad peruana. En sus palabras, "el criollismo periodístico se va haciendo,

así, una forma de regresión"77.

En este ámbito pedodístico, destaca especialmente Cabotín, en la rórnca

cÁlca de costumbres y en la percepción de las transformaciones de la ciudad al


comenzar el nuevo siglo. Pero La aguda versión costumbrista se ve tamizada por el
barniz de la amable uonia que coarta, en su cnúca social, un ataque decidido al

sistema de castasque pervive en la organizacíón de la sociedad peruana. Aun así, es

indudable su contribución aIa nanativa urbana del Peru, en su sección periodísti.ca


titulada Viendnpasar las cosasGi-", Imp. del Estado, 1915) -recopilación de crónicas
que habían aparecido en publicaciones periódicas-, y en Cartasd¿una turista (Lima,
La Industria, 1.905)-breve novela en forma epistolar en la que Ia narrador:- ficacia

es una inglesa que rcalza en su cÁttca el tedio y el aburrimiento en que vive Ia alta
sociedad limeña78.

76
SebastiánSalazarBondy, Limo lo horrible, ed. cit., págs.92-93.
77
Destaca en este ámbito el periodista Eudocio Car.éras Vergar4 cuyas crónicas están recogidas en Za
Lima criolla de 1900 (1954). Julio Ortega,op. cit., pág. I16.
'o
Como viene siendo común en la literatura costumbrista,las clasesbajas no tienen representación.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad adormecida 145

En cuanto a la reescriturade esa ciudad anhelada,como espacioañorado de


la memorta idealizadora, Cabotín reelabora en esta última novela el mito del

balneario arcádico y, bajo el nombre de Trapisonda, emerge el aristocrático y

elegante bilneario de Chorrillos: "En esta comarca [...] la sombra amiga de esas

enramadasy el suavemurmureo de sus hojas me procuran una sensaciónmuy dulce

y muy honda"7e.Pero en la producción de Cabotín encontramos ademásun ejemplo


'!La
emblemático de reeiaboración de "lz Llrrv- que se va" en su cuento titulado

ciudad de las viejas". Ésta.ro es sino lavteja y apacibleLtrma,esa "ciudad dormida"


en la que hemos penetrado con José GáLvez,donde la mansedumbre de los días,
entre la grua y la nebün4 transcurre sosegaday morosa. En este caso, Cabotín

sugiere el desvanecimiento de la antigua ciudad en la imagen decrépita de esasviejas

que en su día también fueron "jóvenes y lindas, y habían saboreado las embriagueces

divinas del amor humano"so. Ellas son las portadoras del legado popular, pues

"sabían historias de duendes y de hadas" (relatos que ya hemos conocido en la obra


deJosé GáWez).

Pero "Lka era ante¡ la ciudad de las viejas". Con esta oración comienza eI
relato de la ciudad llamada Lira de marrer^ que el natrador situa desde el inicio ia

perspectiva de la urbe desaparecidaque inmediatamente va a telata4 para teffninar el


cuento con la recuperación de esa perspectiva. En el desenlace,el narradot aparece

como sujeto protagonista que expresa su queja ante el desvanecimiento de la antigua

Llma, r'enerada en su paisaje y costumbres:

Ya han desaparecido casi todas esas arnables vieiecitas. Se han ido para no
rnás volver, como el ingenio de los limeños, corno la belleza de las limeñas, como las
pastas de convento y los azafates de misfiffa. ¡Cuánto ertraño yo esa Lima de antaño,
cori su aire señonal y caduco, con su sonoro vocerío de campanas, con sus r.'rejecitas
que se desüzaban, envueltas en la rnanta negrzr,con paso úpido y tácito de ratones, al
ras cle las oarecleslSl

te EnriqueA. Carrillo (Cabotín),Cortasde unq turista,Lima, Asociaciónperuanapor la libertad de la


cultura,1959,pá9.3.
8oEnriqueA, Canillo (Cabotín),"La ciudadde lasüejas". En Alberto Escobar,EI cuentoperuono 1825-
1925,ed.cit.,pág.60.
il Ibidem, pas. 61.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

146 Lirna en la tradición literaria del Peru

Anre esra figuración de la ciudad desaparecidael relator culmina con una


imagen emblemática de la modernidad:

En la flamante "ciudad del siglo XX", las viejecitas nr¡ tienen ya nz6n de ser,
y por eso, para acabat con las que queclan vamos a irnplantar el tranvía eléctrico.

Otro hijo de la destructora guerra coritra Chile es Ventura García Calderón


(1886-1959)82,cuya obra Vale un Peni (1911¡slconstituye una escritura sublimadade
la historia peruana. El Perú es la "tierra de la maravilLa","Ia ruta de Ia fantasía",y

Lima "la ciudad cortesana por excelencia" s4;en definitiva, el Paraíso recuperado o el

sueño hecho realidad abrumadora ^nte \a deslumbrada imagqnación de los


conquistadores:

La tragedia del soñador es descubrir un dh que la vida supera sus mejores


invenciones y es rn:ís fértil en recursos que su dlatada fantasía. La trageüa de España
fue rVnérica85.

Desde su afrancesamientos6, en su prosa modernista8T Ventura García

Caiderón vaza los dramas del ya remoto pasado de su país y registra la inminencia

de su desaparición, aIa que contribuye no sólo el desastrehistórico sino también los


teffemotos que ei escritor eriurnera y que en varias ocasiones ocasionaron la

*'
Htjo de FranciscoGarcíaCalderórqquienfuejefe de gobiernodurantela ocupaciónchilenaen 1881,y
en 1886Directorde la AcademiaPeruanade la Lengua.Los avataresde la historiahicieronque Ventura
nacieraenParís.
*' París,Desclée,
1939.Entresusobrascríticascabedestacarunahistoriade la literaturarepublicana, Del
romanticismoal modernismo(1910),coetánea de la otra historiaescritapor su condiscípuloy amigoJosé
de la Riva Agüero,Carácterde la literaturadel Peru independiente (1905).Hay quedestacartambiénlos
llbrosFrívolamente(1907),Dolorosay desnudareolidad(1914),Parnasoperuano(1914\, lJneenquéte
Iitteraire:Don Quijole en las trincheras(1916),RubénDarío, páginasescogidas(1918),Semblqnzqs de
América(1920).
8o_l¡aleun Perú,ed.cit.,pítgs.75,78 y 115.
8tlbidem, pág.46.rambién Flora
Triitán sedeslumbróanteel paisajecuandoescribía:"el pasajerove los
sueñosde la imaginación sobrepasados por la realidad".
oo A este respecto,Luis Alberto
Sa¡chez opina: "Mucho se ha dicho acerca de su hipotetico
afrancesamiento. Yo creo que esejuicio encierrasolamenteuna mancaapreciaciónsobresu estilo y,
especialmente sobresus crónicas.En todo lo demás,fue un peruanoherido de nostalgiacreadora...".
Prólogoa VenturaGarcíaCalderóqObra literaria selecta,Caracas, Ayacucho,1959,pág.XVm.
o' Respectoal
estilo de su prosq Luis Alberto Sánchezha dicho que "Ventura significaen la prosa
americanaunarenovacióncasitan significativacomola de Rubénen el verso".En Panorqma...,cit., pág.
119.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciudad adormecida 1,47

destrucción de la ciudad. Como sugiereJulio Ortega, "se detuvo en esa condición

petecedera que dramaúza una representación siempre cambiante y zozobrante del


país"84.Emblemático de esta percepción histórica del cambio es el capítulo de Va/e
un Peníque lleva el título revelador'Viejo Perú, nuevo Perú":

Todo se fue, todo ha cambiado; nuestras riquezas mismas o por lo menos el


oro, se fueron tanrbién. [...]
Duencles y trasgos han enterrado a un Peru fabuloso. [...]
Antes de descubdr a estos rluevos peruanos que se parecen al siglo en que
nacen y flamean su bandera roia en Europa, detengámonos a mkar esos siglos que se
desvanecen erl una lo¡tananza quimérica, como galeones del ayer, dorados e
irnpotentes bajo la garua del Callao89.

Ventura García Calderón sublima la historia del país en su globalidad; es el


Peru y no su capít^I el protagonista principal de la crónica. Pero la obra guarda un

íntima relación con Una Lina quese ua deJosé Gálvez) en cuanto se inscribe en esa

corriente ltterana que traduce el momento histórico en que el viejo Peru cede paso a

la llegada inminente del nuevo Perú y, en esa representación, produce el discurso

literario que enaltece y mitifica la antigüedad de Ia nación desvanecida ante el

progfeso.
En cualquier caso, sin duda es su Elegíalapágna en la que Ventura García
Calderón hace emerger su más auténtico limeñismo interior; poema en prosa

prctagonizado por esa nostalgia de la infancia que impregna el recuerdo de la

"ciudad dormida". Recordemos un breve ftagmento:

Toda la historia de mi infancia trasciende a la opulenta flor del chirimoyo que


llevaban las limeñas en sus vestidos coloniales. [..] er mis noches solita¡ias se levanta
la imagen de una ciudad remotz., polvorienta y casi muerta, donde las horas caen con
sonido ritual -sobre plazas lunáticas y por las calles dormidas... 90

88
Op.cit.,pág3s
le Vateun Perú.,ed.cit., pág.123.
e0 Ayacucho,1989,págs.67.
VenturaGarcíaCalderón,Obra literoria selectq,Caracas,

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148 Lima en la tradición üteraria del Peru

A. través del criollismo deJosé Gáh.ez y Ventura Gxcía Calderón, se creó el


tópico de la Lima que no cesade irse, como imagen del Peru que se transforma; esa
ciudad que convierte el proceso de desapariciónen presentehistórico, y que en las
obras de estos escritoresse constituye en centro temático. Sin duda el desastrede la
guerra y la propia brografiade tales au[ores,quienessufrieron el drama de la pérdida,
intensifica y agudizaesta temática esencialque, partiendo de "la tradición" de Palma,

a{tanza las bases de Iaprin erafu ndación li teraria cleLin a.

Hasta aquí hemos mencionado varios de los motivos que, según estos
escritores, acelerano contribuyefl ^ la desaparición de Ia Arcadta de los Reyes: los
terremotos, la guerra con Chiie 1l, sobre todo, el progreso, otta potencia que
perciben como destructora.Talvez se^Luis AlayzayPaz Soldán el cronista que más
incide en este punto, concretamente en su Historial Romance
ful Vielo Mirafbre.rel.En
esta obra el escritor centra su objetivo en las transformaciones de la ciudad durante
ias primeras décadas del siglo, transformaciones no sólo ffsicas sino también

sociales, puesto que, mediante la percepción del cambio en los barrios adinerados,

podemos advertir cómo la clase dominante del Peru se adapta a las transiciones
políticas, manteniendo intacto el orden inamovible y arcaicodel pasado de castas.
No repetimos la descripción idílica con que AJayzadescribe esa Arcadia del
Miraflores finisecular con que hemos dado comienzo a este capítulo. Pero sí
queremos resaltar esa preferencia de Nayza por el balneario limeño que revivió uas
el desastre de la guerra, cuyo ambiente sereno y apacible de finales de siglo,

identifica en su escritura con la atmósfende la antigua Lima colonial. Se cumplía así

la prcfecía de Luis Benjamín Cisneros en Julia 0 escenas


d¿ la Vida dr Lima, donde el
romántico registra la tn¡sformación y el auge gue alcanzaMiraflores en Ia segunda
mitad del siglo XIX:

nt
Lima, Editorial Cultura Antártica. 1947.

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La ciudacl adotmecida 749

Ese valle iarrás oscurecido por el nyo y en particular esa resplandeciente


cinftrra de tierra suspenclidasobre un océanosiemprese(enoy cobijaclopor un cielo
siernprcazul o dulcementemelancólico,estánllamadasa ser un oasispriv'ilegiadode
cleliciasy encantospara lasclasesricasde las grandesciudaclesde Aménca92.

Alayza no se retrotrae al tiempo de la Colonia sino que describe la sosegada

vida del balneario idíüco que, todavía en las primeras décadas del nuevo siglo,

mantenía el ambiente del hortus clausumvirreinale3. La mitificación, tan visible en el

pártafo ya citado de Alayza, continúa en la idealización un tanto ingenua no sóio del

paisaje sino también de sus habitantes y su organización social en la época de entre

siglos:

Y eran sus moradores de entonces sencillos y bondadosos. No había ricos.


Después de la guerra todos érarnos pobres, y aquellos que lo eran rrrás prcfenan a
Miraflores por la sencillez dela vida. [...]
No era Miraflo¡es monarquh absoluta sino democracia absoluta con igualdad
y ftatemidad conro eri la Revolución Francesa; pero sin odios ni emulaciones. Jugaban
los muchachos de las rnejores familias con los del pueblo --o del bajo pueblo porque
bajo no lo habíaea.

También en las crónicas de Mi país (4" seie:ciudadu,ualleslplEas dela costad¿l


Pení),Nayzadedicaun apanadoa"Lima: Evocacionesde la urbe y susairededores",
donde rememorahistoriasy cosfumbresde la anúgaa"urbe reügiosay galante"es
t
asimismo registra la evolución de "una Lima que se va". En sus páginas palpita "el

cotazífl insepulto de la Lima colonial", "el fantasma de Ia Colonia"eó. Así, por


ejemplo, recuerda la construcción de las murallas con que el Duque de la Palata
quiso prcteger Lima de los pkatas que acosaban las costas -"En otros tiempos las
murallas fueron sitios de aristocrático solaz, y no pocas veces de románticas

aventuras"- pata luego describir, vfl vez derruidas, "la interminable colina de

n'Cit. en Luis Alayzay Paz Soldán,"Miraflores.Impresiones retrospectivas", Fanal, vol. )OII, n'50
(1e57),pág.6
e3Esteparajeidílico es el que emergeráen algunosrelatosde Julio RamónRibeyro,comoevocaciónde
suniñezenMiraflores.Nos remitimosa la pá9.232.
nnL.ris Nayzay PazSoldán,"Miraflores.Impresiones cit. xtpra, pág.5
retrospectivas",
e5Luis Nayza y Paz Soldan,Mi país (4oserie: ciudades,vallesy ployas de lq costadet Perú),Liman
TalleresGráficosPublicidad-American4 1945,pág.8.
e6lb¡dem,pág.23.

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150 Lirn¿ en la tradición literaria del Peru

basuralesen que ll.go u convertirse la defensade la Ciudad de los Reyes"e7.hlsta es


la incipiente barciada cuyas dramáticas consecuencias se encuentran anahzadasen

algunasobras de los escritoresde la generacióndel 50. Alayzadescribeel proceso de

conversión:

Don Enrique Meiggs [...] destmyó las mumllas pata realizar la obra rruigica del
ensanche de la urbe, pero quedaban algunos fragmentos de sus muros, entre otros los
del "Montó\", a la orilla izquierda del Rímac. Mendigos, vagabundos y gallinazos
disfrutaban de sus delicias, y abundaban inmundas viviendas construidas con cajones,
tablas y latas viejas, palacetes de hampones y atorrantes98.

En sum4 Alayza reescribe el tópico de Ia Lima que desaparece y se


transforma, una imagen urbana que es femenin4 como Iatapadaque protagonizó su
historia dieciochesca:

Las ciudades tienen sexo. [...] nadie confundirá la marcinJ arroga.ncia de


Buenos Aires [...] con la devoción y donaire de Lima, que en las maña¡as tez y
comulga, y en las noches, disftazada bajo la saya y el manto, escapa por la puerta
secreta,para urdir intrigas de política y travesuras amorosas99.

Para concluir con la nómina de escritores que pelpetuan el discurso del


cambio ^ través de la contraposición entre el pasado y ei presente histórico, ei
hallazgo de Una norelalimeña,escrita por diversos autores ya en pleno siglo XX,

parece compendiar todo lo expuesto en este capítulo. Con la parricipación de

autores principales de la literatura peruana contemporá:nea,como son José GáIvez,


Luis Alberto Sánchez,Raúi Porras Barrenechea,Luis Fernán Cisneros, y otros, esta

original "novela limeña" de autor colectivo tiene como centro temático -junto a la
historia arnorosa que se relata-,la dramattzación del cambio físico y social de la
antigua ciudad de virreyes.Junto ala apanción de los "burguesesimprovis¿dss)'100,

emerge ya la Lima mesúzae industriahzada del siglo XX:

n' Ibidem,págs.
l7 y 13.
'o lbidem.
oás..14.
nnlbidem,
pal x
'"" AAW,
Unanovelalimeña,Lima, UniversidadNacionalMayor de SanMarco-, 1967,pág.54

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La ciudacl adormecida 157

¡'Todo Lirna! Ese todo Lima que es tan cüferente clel de ayer arrnque como hoy
anclamos en realidacl tan mezclados, bien puecle decirse la frasecilla. Si supieras cuánto
rne inquieta la vida que se hace ahora y cómo aturde comparar unos tiempos con
c¡tros!101

Diríase un rincón aldeano todo paz y sosiego, una paisaje de la Lima, lánguida
y colonial si el intermitente piteo de una Fábnca cercana, y los campanillazos de los
tranvías eléctricos no hubieran roto la ilusión instantánea102.

En suma,en este capítulo hemos intentado bosquejar un nuevo segmento de


la historia ltterara de Lima, que se configura en el discurso idealizador y nostálgico
de la ciudad desvanecid^ arrte la inminencia del progreso. Como ya hemos ido

anunciando, dicho discurso emergerá, aunque con una funcionalidad diferente, y de

manera esporádica, enla naftatTvade aigunos escritores que comienzan a pubücar

en los años 50. Pero, puesto que estamos proyectando esa imagen colateralmente

con la evoiución misma de la ciudad en su historia de forma cronológic4 nos

tenemos que detener de nuevo en las primeras décadas del sigio, cuando otra

promoción de escritores se solapa con la generación del 900 y comierna a pLantear


un discurso literario dife¡ente. En él se construyerr nuevas imfuenes urbanas,
inéditas en la tradición que hasta aquí hemos uazado, y que nos interesan

especialmenteen tanto creación de un espacio imaginario novedoso.

tor
Capítulo I, por José Gáilvez,ibidem, pag. 15.
'"'
Capítulo III, por Juan de Zavaleta, ibidem, pág. 38

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3. E¡ttrnn te Ctao¿n DELA Gruud y'Ltue te l{onnrctn.


Dpl cnupo CoróNrDAA r.¿,VeNcueRDra

Paralelamentea la generaciónacademicistay universitariadel 900, una nueva

promoción de escritores-nacidos pocos años despuésde Riva Agüero o los García

Calderón- se congrega como grupo "Colónida" en 1916, en torno a la revista que

así se titula y que dirigía Abraham Valdelomar. La insurgencia de este grupo supuso

una defensa de las provincias, de donde varios escritores procedían -Alberto Ureta,
Abraham Valdelomar o Perry Gibson-, y representó una insurrección "contra el

academicismo y sus oligarquías, su énfasis retórico, su grlsto conservador, su

galantena dieciochesca y su melancolía mediocre y ojerosa''l. Es ei principio de Ia

que Luis Alberto Sánchez ha llamado "hercjía antinoveceÍústa"2, que traduce de


nuevo la oposicióncongénitaal Perú entreLima y ia provincia --entrelo hispánicoy
lo indígena-, etr este caso a través del antagonismo que enfrenta dos propuestas

üterarias: la academicistade los universitarios y la libre creación de los autodidactas3.

Los escritores de este cenáculo se formaron literariamente en el momento de

Ia belleEoque: el tiempo de los modernistas latinoamericanos y de los simbolistas


franceses,del impresionismo, el gusto decadente y el lirismo dannunziano. En este

ambiente, los llamados 'tolónidas" "practicaban Ia devoción 1 los paraísos


artificiales, al dandismo en el vestir, el wildeanismo en el decir y a la costumbre

criolia -especialmente de la costa- como tema de sus divagaciones"4. Abraham

\raldelomaryJosé Matn Eguren son los nombresmás destacadosen estasprimeras


décadas del siglo. Ventura García Calderón, uno de los máximos representantes de

la prosa modernista y de la generación novecentista, se encuentta en París, desde


donde, y^ erl Ia década del 20, propondrá un controvertido indigenismo en la

'
José Carlos Mariátegui, Siete ensayosde interpretación de la realidad peruana (1928), México, Erq
1 9 7 9 ,p á g . 2 5 3 .
2
Luis Alberto Sánchez,Panorqna de Io literatura del Peru, Lima, Milla Batres, 1974,pág. 125.
'
"El libre examen reformista --escribe Luis Alberto Sánchez- (suerte de heterodoxia o luteranismo
docente) trataba de abolir el viejo magister dixit y todo absolutismo racionalistd', Balance y liquidación
del novecienlo,r (1941), en Luis Alberto Sanchez,La vida del siglo" Venezuela, Ayacucho, 1988, pág.
125.
o
Ibid"m,págs.129-BA.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

L54 Lima en la trachción literaria del Peru

del ttíndor(1,928),de clonde emerge


colección de cuentos andinos titulada La uengan1a
una imagen polémica del indio, mezclade exotismo y paternalismo.
En cualquiercaso,el antagonismocon los novecentistases sólo relativo, pues
los escritores de ambas generacionesmantienen lazos de unión: Ventura García
Calderón y Abraham Valdelomar traducen en su prosa modernista el tiempo de la

bel/eípoqae;José Gávez es un romántico, heterodoxo con respecto a la generación

"futurista"s' Valdelomar se rnatriculó varias veces en la Universidad y, en su


refinamiento snobista,adoptó el seudónimo pasatistay coloniai de "El conde de
Lemos"; y, a pesarde la distanciaideológica,Valdelomary José de Ia Riva Agüero
mantuvieron una cordial relación, tal y como nos narra Luis Alberto Sánchez en su
ltbrc Valdelomaro k belleápoqae:

Entre Riva Agüero y Va-ldelomar había r¡¡a diferencia cronológica de tres


años: aquel nació en 1885, éste un 1888, pero la distancia espuitual era de casi dos
siglos: Valdelomar pertenecia a plenitud al siglo )Cf Riva Agtiero a¡helaba retomar o
quedarse en el siglo XVIU. [...] Aunque Valdelomar no creía tarnpoco en el futurismo
de Madnetti, ni en el "arte rnecánico" y la quema de iglesias y consiguientes
monumentos mucho rnenos aceptaba ya -insistc¡- Ia tendencia banoca y
antienciclopedista de Riva Agüero. No obstante lo cual, se rrlantuvo siempre tendido
entre ambos ufr pueflte de cordial entenclimiento. Pronto tal vínculo le sería a
Valdelomar imprescindible6.

José Cados l\{ariátegui considera que, debido a su carácter "demasiado


heterócüto y anárquico", el movimiento "Colónidt' "flo pudo condensarseen una

tendencia ni concretarse en una fórmula", "constituía un sentimiento ególatta,


individualista, vagamente iconoclasta, imprecisamente renovador"; "los colónidos

no coincidían sino en la revuelta contra todo academicismo"T. Por tanto, su

importancia en el proceso de la literaruta no fue la de crear escuela, sino que más

bien radicó en la renovación de un movimiento que significaba una actitud, übre y


espontánea, así como también en la reivindicación de Gonzalez Prada y el

5 Disiente
de algunastesis de Riva Agüero, por ejemplocon la idea de este último respectoa la
imposibilidadde recuperaren la literaturael pasadoprehispánico.
" Luis Alberto Sánchez,Voldelomaro Io belleépogue,México,Fondode CulturaEconómica,1969,pág.
131.
7
Op. cit.,pág.253y pig.254.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciudaclde la gracia y Lima la horrible 155

pensamiento anticentralista:la generación"colónida", "iconoclasta ante el pasa<loy

sus valores, acata'como su maestro, a GonzáLezPnda y saluda,como su precursor,


a Eguren, esto es, a los dos üteratos más überados de españolismo"B.En este

sentidcr, Federico More, mucho más que Valdelomar, supuso La ndicaltzación del
ideario anti-limeño y anti-academicista, la defensa del pensamiento cle Gonzalez
Prada y la actitud rebelde frente a la generación novecentista.

De cualquier forma, ia emergencia del grupo "colónida" constituyó un


momento decisivo en la poütización de los escritores, at igual que ocurrió con la

Eteradxa de Gonzalez Prada -antagonista de Piérola- o de su coetáneo Chocano,

quien defendió a estepresidenteque gobernó tras la contienda del Pacíficoe.

En ei ambiente cultural de los "colónidos" bullía el germen del


inconformismo que habÁa de desembocar en la reforma universitaria de 1919,
ilevada a cabo por la juventud disconforrne con el anquilosamiento y caducidad del

sistema imperante y con la subsistenciade los viejos métodos perperuados por la


antigua casta docente. Esta reforma no es un hecho histórico particular del peru

sino que supuso una renrelta global en América Lattna: un nuevo espíritr-r

latinoamericano se alzaba en diversos países del continente, después de haberse


hecho efectivo en Córdoba (Argentina) en 191810.Luis Alberro Sánchez recuerda la

insurgencia de aqueilos años:

En 1919 estalló el movirniento de la reforma u.niversita¡ia. Casi todos los


*coló¡ridas" -Matiátegw,
Falcón- Io apoyaron; casi todos los ariehstas -Gá)vez,
Belaúnde-, lo alentaron sin intervenir, y toda la nueva homada juvenil -Haya de la
Torre, Orrego, Spelucín [..] lo llevó a cabo.
La Reforma universitaria adquirió al punro un sesgo poütico y social. ya
valdelomar hab.r- rcabzado una gira por las provincias del perú, pronunciando
cliscursos nacionaüstas y conferencias estéticas, acercánclosea estudianies y obreros.
Pero, lo que en valdeloma¡ fue sólo intuición arrística y úgo cle juglarismo
danunciano, se convirtió a través de 1¿ reforma, en afirmaciones concertad.as y
nrovinrienro robusto l 1.

8Ihidem,pág.214.
' véase
AAVV, Literaturay sociedsden el Pent,{ Lima, MoscaAzul, l9gl, pág.sz.
to
VéaseJoséCa¡losMariáiegui,"La reformauniversitaria", enSieteensayos...,cit.,págs.109-136.
tt Luis
Alberto Sánchez,
Pmloramade Ia liÍeraturodel Pent, ed.cit., págs.l3l-132. Sobreel movimiento
de reforma universitariade 1918, véase Claude Fell, "Vasconcelos-Mariátegui: Convengenciasy
divergencias1924-1930*,CuademosAmericanos,año D( vol. 3, México, UniversidadNacionaf
Autónomade México,mayo-junio1995,págs.l l-36.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

156 Lima en la traclición literaria del Peru

El restablecimiento del civilismo impuesto por fuva Agüero, que había


supuesto una reacción contra el pensamiento gonzález-pradista,sufría ahora este
ataque que provenía principalmente de las provincias y que se concretó en la
renovación de una literatura libre y espontánea,en la reforma universitariay en la

posterior creaciónde las universidadespopularesGonzálezPnda.


Alrora bien, en cuanto a la htentura se refiere -la que efectivamente

produjeron los "colónidos"-, el acatamiento de GonzálezPnda se materializó más


enla alabanz^ ala frgwa que representó y no tanto en la traducción literarn de su
ideario político y sociai. Es decir, como ha visto Mariátegui -quien militó en el

gruPo, junto con César Vallejo, con los primeros escritos*lz los "colónidos"
"amaron lo que en Gonzalez Pnda había de aÁstócnta, de parnasiano, de
indivrdualista"l3. Eso sí, como explica Washington Delgado,

El papel social del poeta, en este momento, ha cambádo, porque la poesía


tampoco se dedica 1a a susteritar de alguna tnanera el orden establecido.
[...] Esa
eclosión, este cambio de posición de la literatura que se acentúa después de Eguren,
con los movimientos de Vanguardia, con Vallejo y los poetas que vienen clespués,
hasta la época de Amauta, es un cambio que se produce en tocla la cultura peflrana y
latinoamericana;tay una flueva rnanera de ver y exanúnar las cosasl4-

En las siguientes páginas anaJtzarnoscómo las característicasinherentes a la


literatura de "Colónida" generan diversas visiones urbanas, concretamente las que

nos plantean Valdelomr y Eguren, así como también incidimos en la impo rtancie-

de estos autores en la renovación de la hteranna peflnna, que evoluciona por

nor,-edososcaminos en busca de la modernidad. La visión del mundo de estos

escritores anoia luz sobre los procesos culturales e ideológicos que en el Peru de

principios de siglo presag¡an ures nuevos y arriculan renovados modelos de


interpretación de la experienciaperuana.

It Véase
Sieteensayos...,cit., pág.254.
'.',lbidem,pág.255.
'' En
AAW, Literaturay sociedaden el Perú,/, ed.cit., pág.24.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciudad de la gracia y Lima la horrible 157

V¡T¡E,I-oMAR: E,VOCACIONE,SDE I-A CIUDAD MUE,RT.A

Iirza fue, daraüe /tt Co/onia, wa rjtdad milerld.


Hasta qae llegí el pontposotiempo de Lts cahsar, el tinico
nido arbanofue el delas carüandt

JoséGálvez

Los citados rasgosaprehendidosde González Pracla,definen la personalidad


de Abraham Valdelomar (1888-1919),quien supo reunir al cenáculode escriroresen

la efímen revista Colóniday en ias tertulias del Palais Concerr, lugar emblemático de

la belleépoque
peflrana, cuando Lima todavía en el escenario de lo más granado de la
sociedad' Allí acudían artistas y escritores, pero también llegaban "los ricachones

pata codeatse con los bohemios o tirarse un lance con las vienesas"lS. Como ha
visto Luis I-oayza, "el Paiais, su Palus, fue el centro de una inteligenci4 de un estilo

que marcó la ciudad y tendría lefanos efectos insospechados; a la mesa de


Valdelomar se sentaron Mariátegui y Y aLlejo"ro.

La :u.óricaaseveraciónde Valdelomar es ya un emblema o tópico del secular


centralismo de la capitai y la ndical oposición con el resto del país: "¡Lima es el

Perú, elJirón de la Unión es Lima, el Palais Concert es el |irón de la Unión v yo sov

el Palais Concert!"17. Unas décadas después, con ia avalancha de ia inmigración

prol1nclana, est^ aseveración deja de tener sentido para la descripción de Lima


como centro urbano. Luis Loayzaha descrito cuál fue IaLima de Valdelomagla
ciudad que a principios de siglo comenzaba a desanollar una modernidad todavía

incipiente y continuaba manteniendo su statnseütista:

tt Julio
Ramón Ribeyro, "El vuelo del poeta', en Antologíapersonal, México, Fondo de Cultura
Económica"1994,pág.134.
joven Valdelomar",enElsol de Lima,Méxieo,F.C.E., 1993,pitg.109.
:: Luis Lo?yza,"El
" Su amigo José Carlos Mariátegui consideraque "la egolatríade Valdelomú gran pane
humorístíca.Valdelomardecíaen broma casi todas las cosasque el público tomaba "raen
"nserio". .f¡ete
ensayos...,ed.cit., pá9.257.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

158 Lima en la tradición üteraria del Peru

...1aépoca de una Lima anterior al crecirniento desordenado y al autornóvil, la i-irna cle


valdelomar y el Palis Concert, de 'fórtola Valencia, de Joselitcl y Belmonte, de las
rimas de Yerovi y los artículos de L,uis Fetnán Cisneros, de jóvcnes corr sarita y uua
petla en la corbatas, de muchachas páliclas cle ofos granctes y quietos que nos miran
desde viejas fcrtc;grafíasl8.

Siendo un provinciano de ia costa, cuando valdelomar llegó a la capital


resuelto a conquistar \a fama, se asimiló inmediatamente a las cosrumbres del
limeñismo y adoptó las formas üterarias propias del novecieritos: "en Valclelomar

predominarl, como en todos los snobsdel novecientos,el desdénpor la multirud y el


deseo de asombrar al burgués"1e.Julio Ramón Ribeyro, en su artículo dedicado a
Valdelomar titulado "El r,rrelo del poeta", describe su aspecto de dandy en una foto

antigua que conservaba en sus álbumes de famiüa: "luce esca4)ines,pantalón blanco


de seda,chalecoa cuadrosy corbatade mariposa"20.

Pero lo que más nos interesa destacar en este estudio sobre Ia obra de
Valdelomar, que quedó truncada muy prematurarnente por un mortal accidente, es

la r,'isión vrbana que nos ofrece en dos breves novelas de juventu<l como son I-a

ciudadmuerfay I-^aCiudad d¿ /os Tísicos,con ambientes fantasmagóricos y sensuales,

creados a través de la estética modernista. Pata ello, es indispensableresumir la


evolución personal y iiteraria que todavía pudo experimentar el joven escritor a

pesar de haber fallecido a los 31 años de edad. En este sentido, nos parece
imprescindible el mentado übro de Luis A-lberto Sánchez Valddomaro la belteópoque2l,
donde encontramos un extenso y detallado recorrido por vida y obra del escritor, en
el entramado político y social del Peru durante los últimos años del siglo XIX y las

p:'imeras décadasdel XX.

't
Arr. cit., pág. lo9.
''
Raúl Porras Barrenechea,El sentido tradicional de la literaturo penrana, Lima, Instituto Raúl porras
Barrenechea,1969, pág.94.
'"
Art. cit., pág. 133.
"'Luis Loayza comentaa propósitode estetítulo: "Estábien llamar a esosaños con el término
un poco
absurdo y burlón de belle époque, como 1o ha hecho Luis Alberto Sanchezen su excelente biografia de
Valdelomaq porque en ellos hubo mucho de afrancesamiento, de fervorosa imitación de modelos
europeos en medio de una prosperidad efimera y sin duda ficticia
[...] aunquetambién es innegable que
fueron años de felicidad fina y burguesa". "El joven Valdelomar" , eÁ op. cit., págs.l0g-109.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciudad de la graciay Lima la horrible 759

A lo largo del libro son constantes las alusiones a la evolución del escritor
que, de atildado cronista, se convirtió en "juvenil y ardoroso orador de plazuela"zz,
Io que en su üteratura se traduio, sobre la fecha de 1913, en un abandono de sus

"dannunzianas rutilancias. Adquirió precisión e ironía; ganó en sequedad y


humor"23.Esta evolución marca un desarrollo literario en el que, tras despojarsedel

peso de la tradición limeña, que se evidencia precisamente en su visión urba¡a -I-a


ciudadde los tísicosy Lt ciudadmuerta,ambas de 191L-, así como en Con la argelinaal

uiento,emprende una literatura diferente en la que se incorpora con fuerza eI


ambiente de la provincia, y cuyos logros más relevantes se canahzana través del
Carmelo(su cuento más célebre, aparecido en 1913),L-nsojostle
cuento: El caballero

quemurió d¿amor...El paisaje costeño y su encanto nostálgico


Judas,Hebaristo,e/ sar¿ce
y melancólico es el ambiente de estos relatos en los que la mkada poética hondala

realidad desnuda, el paisaje natural de la costa peflrana, rodeado de un halo de

misterio que se nos da a través de la idealizaciórdel recuerdo infantil y {amitar

José Cados Mariátegui subraya la importancia de esa evolucíón pan la


literatura peruana, tanto por la incorponción de nuevos ai¡es cosmopoütas (por

ejemplo, inició el cultivo de la greguena de Ramón Gómez de la Serna) como por la


intromisión en la cotidianidad provinciana:

Su personalidad no sólo irrfl"yo en Ia actitud espiritual de una generación de


escritores.Inició en nuestra literafirra una tendencia que luego se ha acentuado.
Valdelomar, que traio del ertraniero influenciaspluricolores e internacionalesy que,
por consiguiente,introdujo en fluestra literatura elementos de cosmopolitismo, se
sintió, al mismo tiempo, atnido por el criolJismoy el incaísmo.Buscó sustemasen 1o
coticliano y lo hurnilde. Revivió su infancia en una alcleade pescadores.Descubrió,
inexperto pero clarividente,la cantetade nuestlo pasadoautóctono24.

Esta evolución le ha valido la considencíón por parte de algunos críticos


como el fundador del cuento peflrano contemporáneo. Tal es la opinión de José

Miguel Oviedo:

" Valdelomaro la belleépoque,ed.cit., pág.87.


"'o Ibidem,pág.1oo.
cit., páIg.257.
Sieteenscryos,

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

160 Lima en la traclición literaria del peru

El cuento peruano conternporáneo nace, hacia la se¡yrnda clécada del siglo,


con Abrah¿rn Valclelomar y como un esfuerzo haciala incorporaciór, de cierto perfil
humilde cle la realidad nacional: la aldea, la provincia triste y lejana. Irlasta Valclelomar
esos áml¡itos pt'ácticamente no habían sido capaclos de modo váüclo por nuestra
literarura. [...] Fiacia 1915 la sensibilidad y las preocupaciones de loi escritores
'fras
peruanos estaban cambiandc¡. lc¡s fuegos fatuos y las desmayadas erquisiteces
difundidas por lcls cliscípulos locales de Rubén, había un clima propicio para inrenrar
una nueva literatura nacional: una literatura fiela las esencias pemanas, a las sencillas
tealidades del contorno propio, a los acentos de una expresión arnericana. Esábarnos
ya al borde del regionaüsmo y de una concepciót socio-estética del arte literano.
[...]
Valdelomar [...], curándose de sus veleidades dannunzianas, emprenclía la rmelta
espiritual a la pequeña provincia distante...25

En esta incorporación de la provincia y su ambiente como escenariode los


relatos rudica la importancia de Valdelomar, en la incipiencia de una nueva üteratura

peruana que pronto se concretaÁa en novedosas propuestas estéticas, lanzadas

pflncipalmente desde la revista Amauta deJosé Cados Mariátegui. La evolución de


Valdelomar nos situa de nuevo en ese ámbito múltipie y compleio de la üteratura
peniana que se proyecta por diferentes caminos, como es ahora la propuestahterana

de una esencia peflrana que no es limeña ni andina sino propia de Ia provincia


costeña.Este es uno de los interesescolateralesde nuesfto estudio, pues nos aqd^ a

comprender el que es objetivo primordial de estainvestigación, la histori ahterarta de

Lkna, de manera que podamos dilucidar su importancia en el proceso y comprender

cuál es su función en esta multiplicidad de cuadros contextuales y literarios, que se


entrecruzan y en ocasiones se supelponen creando el complejo mosaico de la
historia de la Etetatlrra peruana.

Por ello, a pesar de que la escr{tura de Valdelo mat aJcanzamadurez en los


relatos que podríamos situar en una segunda etapa htentta a partTr de 1913, es
indispensableen este trabajo remontarnos a ese período que ffanscurre entre los

25
José Miguel Oviedo, "El cuento contemporáneo del Perú", en Nqrratlorespenunos (antología),
Caracas,Monte Ávila_Editores,1968, pegs. z-S. Recordemostambién las palabrasde Washington
Delgado;"AbrahamValdelomaresquieninicia la tradiciónnarrativaperuanaen estesiglo"
[...] fundauna
tradición,descubrey convierteen tema arlísticouna nuevafacetade la realidadp".J*u, una realidad
tangible,dinámicay, hastaentonces,ignorada.[ ] Lo que Valdelomarnos ofrece^y puedenser
verdadesmínimas y parciales,pero estáncolmadasde una evidenciaartistica nueva'l
"ntr"guÉn AAW,
Liferaturay sociedaden el PenÚ,II. Nanacióny poesíaen el Peni.Lim4 Mosca Azvl, lgg2,pág. 15.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Ilntre la ciuclaclde la graciay Ltrrn la horrible


161

años 1910 y 1'913,cuando Valdelomar era, en paiabrasde Luis Alberto Sánchez...un


aprcndiz de brujo"2ó y escribía I-.a dadad delos tí.¡ico.r
y I_a tiudatl mt¿erta.

En 1910 había traducido a Maetedinck y a Roclenbach,auror esre último de


una de las principales novelas sobre el topossimbolista de "la ciudad muerta,,, Bngas

la nuertdl. Bajo el influjo de estos autores, Valdelomar escribe estas dos novelas

evocadoras en las que, como af:uma Luis Alberto Sánchez, vemos el triunfo
del
"colonialista" sobre el naciente"colonidista',28.

I¿ ciudadmuerfa,de título idéntico al dnma de D'Annunzjo -l-¿ cirfá morta-,


es ia primeta novela de Valdelo mar. En eIIapoetiza esta perspecriva evacadom
d,ela
ciudad crepuscular y "tefleia desde el primero hasta su último renglón el prurito
de
aristocracia y exotismo de que se anegabael joven escritor"2e, así como incide en la

prediiección por 1o señorial dei pasado que marcó su primer ^ etap^ ltte1.p¡na,
desarollada en plena juventud, cuando moclernismo y decadentismo, provenientes

de Francia e Italia, se imponían en el panorama üterano. Mario Castro Arenas

subraya el decadentismo de la ciudad evocada por Valdelomar en esta noveia:

Baio un delirante clima de pesadilla, Valdelomar evoca el fastuoso pasado


virreinal. No una evocación lúdica a la maneta de Palma. Es casi una evocación
espiritista: por las ruinas de la ciudad vagan los espectros de tapadas y vhreyes,
hidalgos y soldados del rey; irruígenes macabras, ronda h¿gubre de feroces fantasm¿s3tl.

I-a ciudad d¿ los tísicosaparccíí en la revista Variedad¿sen 1911. Sánchez


esclarecealgunos datos que nos ayudan a comprender estaobra:

26Vhldelomar
o Iq belleépoque,ed.cit., pág.72.
27En
el capíwlo"Ciudadestnad.*, ciudaós muertas",analizamos la reelaboración
del topos simbolista
en dos cuentosde Ribeyro y, paÍa introducirel capítulo,recordamossu origen y ,u pr"r"ncia
en Ia
literaturafi nisecular.
tt
Luis Alberto Sanchez,Valdelomaro la belleépoque,ed.cit., pag.7z.
tt
Luis Alberto Sánchez, ibidem, pag 75.
30Mario
CastroArenas,Ia norátofr*ono y la evoluciónsocial,Lima,Culturay Libertad, pitg.rua.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

162 Lirna en la tradición literaria clel Peru

No es realmente una novela; se trata más bien de una crónica poerrrítica sobte
Chosica, qrle era cn ese tiernpo un aristocratico balneario semianclino, a cuarenta
kilirmetros cle L,ima. Iin aquella época se creía que la tuberculosis puünonar se curaba
en los cürnas altos y secos, por consiguiente, en Chosica [...] convergían los tísicos de
J-ima que ¡o alcanzaban a llegar a Jaup, ciudad ideal de los nrberculosos. Adenús,
Alejandro l)umas (rijo) había espatcido la idea de que la tisis era Lrna enfemredad
aristocrática [...]
Valclelotnar, dentro de esos supuestos, siLua su sirnplísirna narración cLe
episcldios ocurridos entre tísicos, err una ciudad especial para ellos31.

En una prosa romántica imbuida de decadentismo,Valdelomar evoca,por un


lado, la Lima aristocráticaen el esplendoroso tiempo de la Coloniay, por otro, la
ciudad ideal de los tuberculosos. Cuando acudimos directamente a Ia obra,
comprobamos cómo la trama se diluye en Ia serie de evocaciones que nos sitúan en
Ia perspectiva del recuerdo, desde un presente que evidencia la transformación de la

ant:Lgoa
ciudad colonial, con referencias a la llegada de la modernidad, tales como el
automóvil y la velocidad. En este sentido, Ia obra viene a alimentar Ia tndición

mitificadora de la Arcadia colonial. Quizá uno de los ejemplos más emblemáticos lo

encontramos en el segundo capítulo, "La quinta del Virrey Amat":

Hemos affavesado la ciudad. El cochems ba lleuadosobre el Ttuente,ba ducendido


uert'iginosoy se ha petdido en empedradas y teffosas calleiuelas hasta llegar a una gran
avenida rodeada de míseras casuchas y casas-quinta. Ltrego una bocacalle estrecha y
una plazoleta rodeada de sauces añosos, un arroyo pobre y desbordado y en el fondo
el palacio del virrey Amat [...]
Pero su rrrayor errcanto no está en los salones ni en los estucados, ni en los
rruírmoles de las escalinatas,ni en los barandales. Está en los jarclines. Es allí dond¿uiae
s\reflal silenciua torta e/ alua de los tienpospretéritos. I-os huertos -uos pequeñosparaísu dt
nilestrls padru co/oniales- aún viven y conservan, como éste del Virrey, todo el
encantador y sano refinanúento de esa época...32

3t Valdelornqr ta
o belleépoque,
-Lo- ed.cit., pág.74.
" Abraham Valdelomar, ciudadde ioitis¡cosy otros relatos,Lim4 Mejía Baca,1958,pág. 13.El
subrayado esnuestro.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciuclad dela gracia y Lima la hornble r63

Su fiel amigo y compañero de generación, José MaÁa Eguren33 admiraba


especialmenteestaobra que considerabapoema:

Este poema que podría firnrar f)'Annunzio, es la creación encantado¡a {e una


ciudad que tal vezlta existido, pero que ningún viajero ha vislumbrado. Valdelomar [a
vrsto en sus sueños esta maravilla tenue y lángotda donde en un aire tan calladt¡, tan
tQnsparente, los nobles seres que la lubitan sueltan el vuelo apenas estas al¡ras de
silencio sonríen tristemente, hablan en r¡¡r idioma que tiene el matiz clelicaclo cle las
primeras flores y miran con claros oios el alb¿ misteriosa de la muerte34.

La evolución posteriot aIa que más arnba nos hemos referido, anunciabaal
gran escritor cuya tragjca muerte en Huamanga evoca Ribevro en "El vuelo del

poeta":

Así quedó truncada, a los 31 años, la vida de un artista que, a rro ser por este
accidente, por simple deducción, hubiera cambiado la fisonomía de nuesrra üiemtura.
Había escrito los cuentos nús hermosos del Pen! algtrnos versos inmortales, novelas
audacísimas nr tiempo, piezas de teatro, ensayos y crónicas de una gracia
fara
inimitable. Con ál dcsEmeció una probabiüdad, un dtrofero, un aupa inncabatlo dc iuestro
espacioeEirittraFs.

Sin embargo, a pesar de lo inacabado de su trayectona htenrta, Valdelomar


supuso el inicio de ese derrotero que evoluciona hacia Ia captación de una
experiencia diferente; es el punto de inflexión que matcael tránsito del modernismo
a la literatura contemporánea, en tanto que en su escritura última se encuentra el

descubrimiento literario de la r.eahdad, en su caso recuperada a, ttavés de ia


evocación de la infancia en la provincia. En ello radica la lmportancia fundamental

de su obra, pues en su breve pero intensa carfera literaria, Valdelomar supo dar un

r,rrelco al honzonte temático de la literatura peruana del momento, es decir, amplió

" En cattuescritaen 1913desdeRomaa EnriqueBustamente, Valdelomarpreguntapor su amrgo:"¿eué


es de PepeEguren,el amigo ideal?". Recogidopor Luis Alberto Sánctrezén L,qlttelontaro la belle
gtoqae, ed. cit., pág. 106. Más adelantq Sánchezse remontaal origen de aquellaamistad:"Enrique
Bustamantey Ballivián habíasido compañerode Abrahamdesdesus primerásjornadasliterariasen
contemporanea.A través de la revista se formó el víncuro entre Abraham v José Mará Esuren.
Aristocráticoy elitista". (págs.123-124)
'" JoséMaría
Eguren,"AbrahamValdelomar", en Obroscompletas,Limq Mosca Azul, 1974,págs.249-
250.
35Art. cit., píry.
I37. El subrayadoesnuestro.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

164 Lima en la traclición literaria clel Peru

el abanico de posibiüdadessaüendodel espacio limeño a la realidad provinciana. Y


por estos caminos inhollados, que a la renovación temática añaden Ia
experimentación formal, otros narradores descubrirían la multiplicidad de matices

de una realidad peruananc y compleja, vista desdeun prisma literario que pretende

abarcarla experiencia del Perú como realidad nacional y no sólo limeña.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciudad de la gracia y l-ima la horrible


165

I:icunpx: La cluo¡n DE I_AGRACIA*

José María Eguren (1382-1942) fue coetáneo ala genención del 900, pero no
por ello afín a la estética que los novecentistas propugnaron. Partientlo del

modernismo y del simbolismo, dirigió su trayectoria literaria por caminos novedosos

que aümentabanla autarquíade su poesía en el panorama del modernismo epocal.


En el intento de definir su obra y situarla en el ámbito literario del momenro, la

mayat parte de Ia cútica ha visto "la versión ascéúcadel modernismo corresano de

José Santos Chocano, o silenciada por el triunfo universal de la poesía humana y


desagattadon de césar YalTejo'4e. Ante la trompetería de chocano, Eguren

construyernelodíasde sordina;frente al desgarramientoprofundamentehumano de


ValTeio,el dolor melancóücode Eguren determinala primacía delartista. para una
parte de ia crítica, es el fundador de la poesía contemporánea, en el sentido de la

subversión de los cánones estéticos pe¡petuados hasta el momenro, la cancelación


de la poesía modernista, la creación de una nueva sensibilidad y la apertura de

caminos inéditos pan Ia creación poética. Para otros, como Luis Alberto Sánchez,
dicha consideración es erónea, precisamente porque en la poesía de Eguren percibe
una ausencia de latido humano; en sus palabras, una "resonancia deshumatizada,'3T.

Del mismo modo, Washington Delgado plantea que "si Eguren es, principalmente,

el cancelador del modernismo, Vallejor


ilue particrpa también en esa tarea de
cancelación, es el fundador efectivo de la nueva poesía p€ruan¿"38.

En cualquier caso, hay consenso en la consideración de Eguren como


germen del que habÁade nacer un nuevo derrotero panlapoesía peruana moderna.

Como veremos en las siguientes páginas, su disconformidad con la generación a la


que por edad perteneció, le vaüó la reivindicación como maesrro por el grupo
"Colónida", junto con Manuel Gonzálezpnda
1uien, a su vez) fue su impulsor y

- nuben Darío serefeúacon estetítulo a la ciudadde Lima.


36
GemaAreta, "El Peru y la modernidadsilenciosa",prólogo a JoséMaría Eguren.De simbólicosa
rondinelas,Madrid,Visor, 1992,p^g 7.
" Luis Alberto sánchez,Panorqmqde la literatura del perú, ed. cit., pitgs.lzg-129.
38-Washingfon
Delgado,en AAW, Literatura y soc¡edodin el Peni, IÍ. Narración y poesía en el perú,
ed.cit., 1982,pág.91.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

166 Lima en la traclición literaria clel Pem

precursor en los amagos de un incipiente simboüsmo3e-,así como por la joven


vanguardia, con -fosé Cados Mariátegui y César Vallejo, que por aquellos años

comenzabansu andaduraliterlrnaen el movimiento "Colónida". En estainsurgencia

se encuentra el punto que estableceia conformidad de la crítica, como podemos


comprobar en la reflexión de Luis Alberto Sánchez:

Si de é1 [se refiere a Eguren] se prendieron los capitanes del nuevo tienrpo


litetario del Peru, búscluesela trazónen Ia necesidad de insurgir confta 1o ritual, m:is no
en el hallazgo de un mmbo inespeado. [...] L" insurgencia de 1915 fue, adenús,
predominantemente estética. Faltaba un nexo unitivo, un nervio conductor. Había
cansancio de lo consagrado y protesta contra li universidad y el limeñismrr (áse
"virreinalismo" o "perricholismo') en üterztu¡a. Y la infonne intuición de que estaba
amaneciendo un alba imprevista4o.

Como sabemos, Valdelomar fue el abanderado de esta renovación


f, tal y
como podemos comprobar en su bíografía, mantuvo una estrecha amistad con
José
Maúa Eguren, a quien consideraba su más fiel amigo. Ambos son los escritores

principales de esta generación que se independiza del canon literario oficial, su


academicismo y el ctiollismo histórico como única posibilidad üteraria; en suma,

como plantea Gema Aret4 dan la espaida a un <(modernismo patrio, reconocido

como suyo por la oligarquíaperuana,"Al.

La revista Contenponinez.r,
donde Eguren publicó susprimeros escritos,fue el
órgano principal de los primeros independientes del modernismo, que rechazabanla
estética y el pensamiento propugnado por el cenáculo de los "futuristas". Por ello,
Mariátegui considera que esta revista "trrrarc incontestablemente una fecha en
nuestra historia ltterarta"4z,dado que fue el germen del que surgfría años más tarde

la revista Cuhnida, que, como ya hemos indicado, reivindicó y adoptó la frgura de


Eguren como poeta del grupo.

3e
Véase Xavier Abril, "El simbolista Eguren y González Prada", en "José María Eguren, un poeta
hermético", Iianal, vol. XIIL no 53, 1957, págs. 24-25. "El simbolismo fue, cronoló=gicamenre,una
conquista tardía de Eguren, si se tiene en cuenta el eclipse de la escuela,mas en el peru two el efecto de
una conmoción revolucionaria. En el primer momento mereció la resistenciade las fuerzas coalisadas del
colonialismoliterario", pág.24.
*
Panoramq de Io literatura del Penú, pág. 128
ot
Gema A¡eta, "El Peru y la modernidadiilenciosa", cit., pág. 9.
" Sieteenwos..., ed. cit., pág.263.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciudad de la gracia y I-ima la honible r67

José Cados Mariátegui, a[ analizM l^ importancia de la Frgurade Eguren en el


devenir de la poesíaperuana del siglo XX, subrayael cambiii de rumbo que instaura
su poesía, inductora de la clausura del modernismo retórico y anquilosado en
moldes prefijados; en definitiva, lo ciasifica entre los precursores del período

cosmopolita de la üteratura pen:ana43:

El arte de Eguren es la reaccióü contra este arte gárrulo y retórico, casi


íntegramente compuesto de elementos temporales y contingentes. Eguren se
comporta siempre cofiro un poeta puro. No escribe un solo verso de ocasión, un solo
canto sobre medida. No se preocupa del gusto del púbüco ru de la crítica. [...] Es un
poeta que en sus versos dice a los hombres únicamente su meosaie divinoaa.

Más adelante, Mariátegui considera a Eguren como el fundador de "la poesía

de lo maravillosoD4s)a io que Jorge Basadre añade Ia aptecíación de un acento

túgjco, de lo trágico interiora6:Eguren creala visión encantaday exótica de una vida

poblada de seres imaginarios, donde la quimera penetra con su halo de misterio y

alucinación por el camino del sueño y la fantasía, entte títeres v marionetas, retratos

prenafaelitas al modo de las "pinturas musicales"aTde Dante Gabriel Rossetti o


reminiscencias caballerescasy medievales catacterísticasde un espíritu nórdico. En

ocasiones, el tono patético lo emparienta con Edgar Allan Poe#, pero siempre
predomina 1o estético como esencia privilegrada pot el poeta, en la cadencia

asordinada de una música interior que penetra el misterio. No en vano Eguren

define la poesía como "la revelación del misterio por la verdad del sentimiento"4e.

o3lbidem,pág.268.
* Ibidem,pág.265.
otlb¡dem,pág.267.
ouJorge Basadre,"Elogio de JoséMaría Eguren", en Pent: problemay posibilidady otros enscryos,
Caracas, Ayacucho,1992.,pág.345.
a7JoséMaríaEguren "La gracid' en Obrascompletas, Lima, Mosca Az:u|,1974, pág,269.
, ,
a8Xavier Abril, "Antigüedadcaballeresca y huellade Poe",en art. cit.. págs.27-28.VéaseXavier Abril,
"Capítulo I: Paisajey naturaleza",en su LíbroEgten, eI obscaro.El simbolistnoen América, Córdoba,
UniversidadNacionalde Córdoba"1970.
oeCit. en GemaAreta,op. cit., pág. I l.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

168 Lima en la tradición literaria del Peru

An[e esta poesía,cuya autarquíainaugurala diferenciaen la literatura peruana


a finales ciel siglo XIX, nos preÉluntamos:¿seencuenr(aalgo del paisajelimeño en la
poesía de Eguren? Jorge Basadre responde a esta pregunta: "generalmente se ha
dicho que no"sO.Sin embargo, independientementede las posibles reminiscencias
del paisaiecosteño en la globalidad de su poesía,un acercamientoa la obra completa
del autor nos sorprendecon algunospoemas en los que I-ima amanececomo centro

temático, descrita con las cualidadesque le valieron el piropo de Rubén Darío: "Ia

ciudad de la gracia".

Continuamos así con nuestra lústoria hterana de Lima. En los poemas


tiruiados El parque y RomanTadn Uma, Eguren poetiza una Lima que todavía tenía
muchos rasgoscoloniales.Mardn Adán nos da la pista en su ensayosobre el poera a
quien consideró su maesffo:

Eguren es notoriamente limeño y melancólico limeñísimo.


[...] volvamos
flosotros al Eguren de Lima, que en la tnfancia de Eguren con-servzba mucho de
colonial, luego desaparecido, y que, por otra parte, mostraba poco de lo que hoy la
adorna, que rrrás bien la afea. En una ciuclad con semblante propio, y enterizo suyo y
congénito [...] uniforme y vaÁa, modemista y ruidosa, traclicional y novelera
[...].
Entonces, hace medio siglo, quedaba allí nrucho de vestigo y pretexto para inragr-nar
como el que rememon: lz zapata en el capitel, el tachón en la vaqueta, la cmceta en la
tabla, el estípite en la azotea, el artesón en Ia pared, el a¡omo en el patio, r,estigio
todopoderoso en la posibilidad inmensa, huella feraz en el nervioso. Y Eguren pon" l"
colonia rruis abreviada aún, para que rn:ís aún sugiera; y la pone así como .., s,,
experiencia de inocencia: como rasgo concuffeflte, por asunto persuasivo ".tá pan nmz
decisiva5l.

A los citados poemas hay que añadtr la prcsa de Notaslimeñasy el "motivo"


titulado Ia grada, que completan este nuevo fragmento de Lima hteraÁa en la obra

de Eguren. "Lima clata", "L:tma de Ia gtacia",,,L¡rna aladina'r, quc vibra en ..un

encanto desconocido", son los atributos que el poeta propina a la itud,ad en El


parques2;y"renace esperanzada"en RomanTa
dellma, donde los adjetivosdesarrollan

to
Jo.geBasadre,"Elogio de JoséMariaEguren',,enop. cit., píry.342.
" Mlrtin Adan, "Eguren", De lo barroco en el Perú, en Martín Adán,EI más hermosocreptisculo
del
mundo(antologia),México,F.C.E.,1992,pág.403.
'"
JoséMaríaEgurer¡obra poeticacompleta,Lima,Milla Batres,1974,págs.160.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Llntre la ciudad de Ia gracia y Lima la horrible L69

la percepción de "la ciudad de la gracia": "mansión evocativade las risueñashoras',.

"gracias melodiosas","tus balconesgalantes","los patios gentiles,,...

Firu incluienrclde gracia


ciudadde los anhelos,
que un tiempo t.r;;ducía
los enigmasinciertoss3

Ante estas descripciones descubrimos, con Roberto Paoü, que el paisaje


poetizado por Eguren no es tanto el de la Lima colonial sino más bien la evocación

de su rnñez en Barranco54, uno de los balnearios preferidos por la burguesía l-imeña

de la época; rememora su ambiente rural pero también la esencia urbana de este

reducto limeño que fue centro intelectualde Ia belképoque.


CésarVallejo, en su visita
a Eguren en 1918, describe Bananco "con sus calles rectas pobladas de alamedas;
con sus helechosarborescentesy sus pinos. Los chalets,de los más variados estilos,
muestran jardines de pulcra elegancia y los vesdbulos abiertos a las brisas

vespertinas; las lujosas residenciasde confort burgués"55. En la poesía de Eguren se

percibe este paisaie barranquino, I sus cualidades son más característicasde Ia belle

ípoqueque de la época colonial "Si se rnitraaI ftasluz el paisaje soñado de este poeta,
no es lo colonial de la ciudad de Lima lo que más se percibe, sino el art nouueau
de las
quintas de Barranco con sus colores tenues, sus motivos ornamentales propios de
un balneariofn fu siic/e,su falso gótico y su eclecticismo decorativo,,56.

Sobre todo en Notas limeñasy I-a gracia, dicho eclecticismo de estilos


compone Ia escenognfía de la ciudad que Eguren dibujaba en sus pinturas y en su
literatura, en Ia que se mezclan influencias góticas, orientales y moriscas,

dieciochescasy neogóticas:

53
José María Egureq Obras completas, eA.cit., págs.205.
'*
Roberto Paoli, "Las raíces literarias de Eguren" , en Estudios sobre literqtura perucmq contempormtea,
Firenze, Universitá degli Studi di Firenze, 19g5, pág. 9.
" césar v{tej9, 'Desde Lima: con JoséMaría Eguren", en José]W Eguren, ibidem, pág. 405.
'"
Roberto Paoli, "Las raícesliterarias de Eguren", enop. cit., 19g5,plg.g.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

770 Lima en la tradición literaria del Peru

Cada nonrbre [de las calles] es un poerru evocador; oros antiguc)s,orientes de


azulejos, galas castellanas, g,las de Sevilla. Memorias cle un mu¡rdo pintoresco,
panorarrlas de ultranut y de ot{os sueños: Irilipinas, Valladolid; rrarqueses, paladines
'I'ienen
de lispaña. nombtes de maravilla estas calles.[...] [,rura] lls la itaura gentil,
stempre lrmeña. [..J En el dieciocho, Lima recibió las figuraciones del Maclrid
pirrtoresco; las galas y las pelucas, las cabezasdoradas. La gplaespañola, la agucleza,el
dottaire, corrían parejas con el ingenio de Lima y su galamra delicacla. lrjana esta
ciudad del Occidente elegante, rcclbía, corrlo en un viento harnronioso
lsicl,
coloraciones de Francia [...]57

El Bartanco bucólico asoma más adelante en la siguiente evocación de una


Lkna coqueta y encantado:-:a

Cada balcón de Lima, con sus rnacetas y sus ventanillas enceladasy zus niñas
poéticas, es rula carta, ufl poelna confidencial; por la tarcle es la lámparu de los
recuerdos; tiene el arro¡ de las bellezas y la santidad de la coquetería. Lima es un
relicario armónico con cien iglesias campaneras. Es un rofira:nce con sus terrazas
floddas y mirzdotes de la tarde, sus ventanales de los sueños. Es un jazmín y una
adomúdera sin las pasiones venerrosas. Tiene vestigios sevillanos que dilatan un
pensamiento a los tiempos rnoros. Las azoteas donde parecen flotar resonancias
rosadas y brisas antañeras cle las ciudades españolasrnelancólicass8.

La construcción de esta Lima lánguida y poética se complet^ enlaglobalidad


de la obra de Eguren con esa atmósfera nebulosa tiptca del paisaje costeño, doncie
las brumas de la garúa y la neblina limeñas aportan el único distintir,"o que permite
identificar en su poesía la realidad del paisaje peruano. Todo ello hace de Eguren

uno de los escritores más identificados con la atmósfera de la ciudad, con la Lrtma

húmeda y soñolienta cuyo espíritu solitario y melancólico rescaró par l^Iíteratun.

Ahora bien, la e\rocación de "la ciudad de la gracia", cuyo matiz es la sonrisa


y la espontaneidadse,o esa admiración de lo inveterado que se encuenrra en Ilotas
/imeñas,donde Eguren trazaüna "visión ant-tgua"de "la Lima de los recuerdos"60,rro
deben confundirse en ningún momento con una actitud pasatistao colonialista. En
su evocación de la ciudad, el propio Eguren confirma su transgresión y su
resolución a la independencia bteraría frente a la generación coetánea. Ello resulta

57
José María EgurerL Nofaslimeñas, en Obras completas,ed. cit., piry. 327.
'-o
Ibidem, pág.328.
" José María Eguren, La gracia, op. cit., págs.268- 269.
"" JoséMaría Eguren, Notas limeñas, cit.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre Ia ciucladde la graciay Lima la horrible 171

relevanteen este estudio, pues supone la primeraualtzación del motivo urbano, en


]
concreto limeño, como punto de partida pal:^ Ia erpresión transgresora de la

disconformidad con el orden imperante:

Hoy Lüna es subjetii.a; antes flo 1o era por procederes atávicos, por cadenas
gflses. El coxazót antiguo tenía algo de esclavo en su altivez extrema. Poi asociación
de ambiente, por arraigo costumbrista, no el? libre. El pensamiento sigue al corazón
que 1o determina, y en esta zaga se adormece inconsciente; la imitación, el
academicismo lo retraen. Este último, consecuencia de la primera, ha formado pafte
íntrma de la vida limeña, algtrnas veces con provecho selectivo.
[...] et academrcismo es
bueno siempre que no ümita y seca el alma y sus manifestaciones. Perc el acarlemidsmo
es un ufilo 1 éstelta sidopor largosañw el ds Lina. El prejuicio de imit¿ción ha apagado
talentos innegables. Pero la nzalaúna,y k ciudartde la
¿raria es muy latina, surge de las
cenizas y se transforma6i.

Como decimos, esta crítica resulta relevante para el anfisis que aquí
proponemos porque precisamente surge de la evocación de la üma antigua. Es
decir, Eguren narra las gracias de su ciudad natal pero alavez denuncia ia estrechez
de sus costumbres, el academicismo panlizad,ot, Ia imitación de modelos
importados' Como ha visto Xavier Abril, "'Laobtade Eguren representa nada menos

que la negación de la lla;nrradaliteratura tradicional o cosrumbrista"ó2. y lo


importante de las I{otas limeñases que esa negación parte de una rememoración

bucólica de la ciudad, o más bien, del balneario limeño. Esto es, de la evocación del

paisaje y la idiosincrasia limeña, Eguren da un salto cuaiitativo hacia el final del


atticulo, en el que dicha denuncia afecta al mundo de las letras que se ha gestado en
el seno de la ciudad durante cuatro siglos, de modo que identificalaLimacolonial y
repubücana con el discurso que la ha producido, es decir, con la literatura

eminentemente urbana. La poetización de la ciudad como peldaño hacialacrítica de


la sociedad peruana será, como veremos, el mecanismo esencial de algunos

escriroresde la generación del 50. Con respecto ^la narrativa de estos últimos, en

Nofaslineñaspercibimos por primera vez dicho procedimiento, aunque las distancias

sean todavía demasiado ampüas, pues las evocacionesurbanas en estos escritores

u' Ibidem,pág.329.
El subrayado
esnuestro.
o' A¡t. cit., pág.29.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

t72 Lima en Ia traclición literaria del pen¡

sirven para destaczrla fealdadde la Li.imade esosaños y los desgarra<lores


desaiustes
dc su sociedadrenovada.

De cualquier modo, hemos de terminar nuestro paseopor la Lima de Eguren


reproduciendo las últimas Líneas de sus l,{ota.¡ limeñas,dado que en ellas está

contenido ese mensaieque vaticina una poesía nueva y el nacimiento de un espíritu


renovado -que será antítesis del nacionaüsmo imperante-, par lo cual Eguren

proyectó el primer impulso instaurandoel germen de la diferencia:

Itna guarda ztna cancitíndtvonocida, r¡n ritmo que no hastía [...] Sus aventuras
son bellas y su miraje amable. LJn grande espírinr la ennoblece; adorable por sus
bellezas, enaltecida por la gncia, es ulla aüento generoso la ciudad poéfica rta k
eEeranq#3.

\TaTTe;o: EMERGENCIAS DE LA CIUDAD REAL

El ideólogo de ios "colónidos", Manuel González ptada, no pudo presenciar


el momento histórico en que ia juventud protagontzó la reforma universitaria, pues
había fallecido justo un año antes a la reforma, en 1818. Un año después moría

prernaturamente Valdelomar, el impulsor de la insurgencia, y ú mes siguiente,


Palm4 el gran cronista de la Lima del pasado. El vaticinio de Eguren -"Lima guard,a

una canción desconocida..."- debía cumplirse tras el vacío que dejabanlos escdtores

principales. Ante este panorama, parece necesario el surgimiento de una renovadora


et^pa en el mundo de las letras peruanas, así como la apaÁción de otros escritores

que hicier^n ctecer la semiüa de la modernidad irnplantada Dor Manue| González


Pradz, Eguren y Valdelomar.

ut
Cit., pág.330.El subrayado
esnuestro.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciuclaclclela graciay Lima la horrible 173

Ilfectivamcnte, la üterarura peruana,evolucionó por nuevo¡^clerroteros hacia


el nacimiento de una nueva tradición en la que coexistió la modernidad y el
nacionalismo, el regionaüsmoy la vanguardta.Concretamente,el órgano renovador

fue la revista Amattta, dirigrda por José Cados Mariátegui, pensador que durante este

período se convirtió en el abanderado del afán mode rntzad,ot de la cultura y la

sociedad peruana por la vía del socialismo marxista. "La revista Amaula -apunta

José María Arguedas- instó a los escritores y artistas a que tomafzLnel perú como
tema. Y así fue como se inició la corriente indigenista en las attes"64.

Por tanto, en este proyecto una de las reivindicaciones fundamentales era la


defensa e integración de lo indígena panlavertebración culrural y social del país, lo
cuai se tnducía y sintetizaba en la formulación hteraÁa del "vanguardismo
indigenista". Ahon bien, en sus Siete ensqtls de interpretatiónde la realidadpelunna,
Mariátegui deia clato que el indigenismo no era Ia úntca vía pan el desarrollo de una

literarura nacional y moderna, puesto que el cosmopoütismo es una fuente de


enriquecimiento que permite adquirir nuevos puntos de mira para, desde su
aperl:ota,podet examinar meior la interioridad dei ser peruano, en definitiva, para

profundizar en Ia identidad nacional. Por ello, lvlaÁátegui fue tachado de europeíst4


pero en las últimas líneas de sus Siete ensayo.r
concreta cuál es el sentido de su
propuesta, esto es, ia necesidad de borrar las barreras que separan nacionalismo y

cosmopolitismo:

Nuestra htetat:ura ha entrado en un período de cosmopoütismo. por los


[...]
caminos universales, ecuménicos, que tanto se nos reprochan, nos varnos acercando
cadavez rrrása nosotros mismos65.

En la fusión de esta doble vertiente, y en la recuperación de lo indígena para


la detrnición de la nación peruana, el magisterio de Mariátegui fue decisivo tanto

6aJosé
María Arguedas,"Razón de ser del indigenismoen el Peru", en Formaciónde una caltura
nacional indomaericana,México, Siglo XXI, 1975,pitg. 194.[Publicadoen Visióndel Per'ít,Lima,junio
d-e1970,n'51.
o'Ed.
cit.,pitg.320.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

174 Lima en la traclición literaria del Pem

p^r^ los indigenistasóócomo p^ra el vanguardismo üterario. Indigenismo y


cosmopolitismo suponíanla ruptura con la literatura colonialistae hispanista.La niz

dei proyecto internacionaizadar se encontraba en ()onzáIez Prada pero se


desarrolló intensamente en las vanguardias, que representaban el caricter
antiburgués y cosmopolita. Antonio Cornejo Polar comenta a este respecto: (<Fls

posible que de esta conjunción, sin duda alentada por Mariátegui, surS¡ieraun
cosmopolitismo vanguardista -una modernidad- de rrue\¡o cuño por su anclaje en 1o

nacional y en lo indígena"67.

En este ámbito hay que siruar a César Vallejo (1892-1933),uno de los más

grandes poetas de la modemidad. Junto con Mariátegui, en muchas ocasiones se


había sentado en la mesa de Valdelomar del Palais Concert y, como jóvenes de
"Coiónida", ambos habían participado activamente en la reforma universitaria. El
nuevo espíritu surgido de la revuelta se concatenabá con la defensa de lo indígena y

adquiría un profundo contenido social. Y, aI igual que "Colónida" supuso la


insurgencia de las provincias, la nueva modemidad vanguardista y reivindicadora de

1o indígena también se gestó en dos centros provincianos, como son Puno y

Trujillo.

César Vallejo perteneció a la "bohemia trujillarra" y muy pronto expresó su


conciencia de "ia modernidad [..J d" una experiencia nacional que muy poco riene

que ver -o nada- con el aislacionismo arcaizante de algunos nativistas"ó8,


coincidiendo por tanto con el pensamiento de Mariátegui. Antonio Cornejo Polar, al
anaJtzarla rrJraclónentre ambos autores, a quienes se ha considerado inauguradores

del Perú moderno, plantea una cuestión fundamental. para el proceso de formación
de la üteratura nacional, como es la asimilacíón y recuperación de Ia "r'adición

toda":

66
Cf. Tomás G. Escajadillo, "Ciro Alegría, José María Arguedas y el indigenismo de Mariátegui", en
AAVV, Mariáfegti y la literahrct, Lima, Amauta, 1980.

ut
Antonio Cornejo Polar, Informoción de Ia tradición literaria del Perú, eA. cit., pirg. 144.
ur
lbid"*,pág. Ág.

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Entre la ciudad de la graciay Lima la horrible 775

Cada cual a su tnoclo y a travós de un diálogo las rruis veces tácito, en el que
obviarnente participaror-r activarnenfe nruchas decenas de ot{os iutelecruales,
propusieron rescatar y astunir la tradición toda, desde su raíz rruis antigua, inte€lrafla
con fluidez al curso aceleraclamenteinternacionalizador de la moderniclac{,que se vivía
como dependencia neocolonial pero se le trataba de encauzar hacia el socialismo, y
hacer lo uno y lo otro descleuna posición si¡lidanrente anclada en una nación
1-lensada
corno pueblo69.

La formulaciín de este pensamientotuvo como vehículo principal la revista

Amauta, que reunió, con espíritu ecuménico, a toda la juvenrud dedicada al arte y Ia

üteratur4 reivindicó de nuevo a GonzáIez Prada y a Eguren


luien fue precursor de
las vanguardias-, resucitó el espíriru nacido <Jela Reforma Unive tsitatia, fomentó

una estrecha rclación de cooperación entre el intelecrual y el obrero encauzandc¡lo


literario hacia lo social, etc. En definitiva, Amauta desarroiló y vtgonzó los logros de
la generación reformista y logró aunar en sus páginas a Ia mayoría de pensadores,

escritorese historiadoresdel Perú contemporáneo.

Situado el ambiente cultural y social en el que Vallejo desarrolla su conciencia

histórica del Peni nos interesa ahora ver cuál es su contribución o acercamjento a7a

Ltma de los años 20 y 30, pues la nota esencialen la globalidad de su obra, esto es, el

sentido de lo tr.ágico cotidiano, marca el advenimiento literario de '1a ciudad reaf".


Valdelomarhab:.r- incorporado en su ob:.:alarealidad provinciana y, como veremos)
Martín Adán, en I¿ casade carfón (1928), se introdujo en el suburbio urbano y

formuló una visión doüda de este paisajezo.De algún modo, ambos incursionan en

diferentes realidades nacionales por caminos distintos al realismo. César Vallejo,

máximo representante de la vanguardia peruana -desarrollada plenamente en la

poesía de Trilce-, también irrumpió con un reaiismo desgarrador, lindante con la


crónica en El tungsteno
(1931), y en el relaro PacoYuruque
(1,931),como ejemplos más
emblemáticosde denuncia social7l.

u' Ibidem,pág.
153.
'" El
análisisde la üsión urbanaenLq casade cartónseencuentraen el siguientecapítulo.
tt Sobrela
narrativade CésarVallejo, véaseFranciscoJoséLópezAlfon{o, Césarítallejo, Iastrazostlel
narrador, Valencia,Anejo no)il de la revistaCuadernosde Filología, Universidadde Valenciq I 995.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

176 Lirna en la traclición EtenÁa del Peru

En El tangrÍe
no, Vallejo rclata, con una ctldez^ inusitada, la ttagjca reaüdad
andina durante la primera guerra mundial y su dependenciailimitada con respectoa
los capitalistasdel norte, formulando ufla radical denuncia contra el imperialismo

estadounidense.Pero es en PacoYunquedc¡ndeel divorcio entre la ciudad y ei Ande


aparece de forma más descarnada y conmovedora, pues se representa en la

experiencia de un niño, hijo de una sirvienta, que es trasladado a la ciudad y es

humillado hasta límites insospechados por el hijo del patrón. Del cuento se

desprende, sobre todo, el sentimiento de impotencia con respecto a la opresión


sistemáticacon la que las clasesaltassometena los indígenas.

Esta oposición, como tema literario, se desarrolla sobre todo a partr.rde la


literatura que se escribe en las décadasposteriores, tarito en la nanaúva de la tercera

generación indigenista, en la que se supera la visión dicotómica de la sociedad

(indios y "mistis" o hacendados) y se retoma el proyecto indigenista desde un

conocimiento profundo de su cultura -pensemos en algunas novelas de.Arguedas

como Todaslas sangres


o El rynn dearribalt el Tont fu ab7io,en las que profunüza en
los procesos de transculturacíón de lo hispánico a lo indígena, desde una doble
perspectiva que afecta al pensamiento mítico y ala problemática social-, como en la
nart tTYaurbana de los 50: Enrique Congrains Marrín desarrolla la perspectiva

temáúca de PacoYunqueen el relato 'El niño de junto ai cielo", donde este niño

proveniente de la realidad anüna y trasladado a Lima, sufre la crueldad del engaño

que se fomenta en el seno de la ciudad. Por su parte, Ribeyro plantea la perspectiva

inversa en su novela Cnínicad¿San Gabiel, en la que el joven aclolescentelimeño se

traslada a la hacienda andina, donde la realidad del indígena r,'ueivea enfocarse como
denuncia a la situación de sobreexplotación.

I-a visión amenazante de Lima, que ya se había gestado en el primer


indigenismo durante la segunda mitad del siglo XIX con Aréstegui o Matto de

T'urner, se mantiene como constante temática que en estasdécadasr,r-relvea emerger

con fuerza en un nuevo indigenismo, traduciendo la tensión del mundo rural entre

el gamonaüsmo y la comunidad indígena. Ya en pleno siglo XX, el incligenismo

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciudad dela graciay Lima l¿ h<¡r¡ible


1.77

exotista de Venrura García Calderón es reemplazado,en los años 30, por la novela
regionalista de Ciro Alegría, en la que desarrolla los postuladcls{el indisenismo

apristaT2.Esta tendenciaculmina en su máximo representante,


José Maúa Arguedas,
quien alcanzafinalmente Iamadurcz necesariapanlarepresentación más vetaz dela
realidad andina y su íntima idiosincrasia, y rcvalonza la concepción artística para
la
captación de una realidad que sus predecesores cle Amauta habían plasmado más

bien como tesis social,descuidandola calidad estéricade su proyecto üterario.

Pero en César Vallejo no encontramos únicamente la representaciónde la


ciudad como concepto, es decir, la idea de una Lima que corrompe y degrada con su

milt'ci4 o como centro explotador del universo andino, sino que también hallamos
un acercamiento a la ciudad reai en su relato tirulado "Cera". Alh, Valleio nos acerca

una imagen concreta de Ia rcaltdad limeña de aquellos años, cuando se asoma al


rtncón lnquletante de una Ltrrla nocturna que desconocíamos en las páginas de la
literatura peruana: el mundo alucinado de los fumaderos de opio y ias casasde juego

que se encontraban "por los barrios asiáticosde la ciudad"73.El comienzo del relato

descorre el velo de este escenario de noctív4gos que se internan en una Lima real,

bohemia y alucinante:

Aquella noche no pudimos fumar. Todos los ginkés de Lima estaban


cerrados.Mi amigo, que conducíamepor entre los tacinrmós dédalosde la conocida
mansión amatilTade la calle de Hoyos, donde se dan nlunerosos fumaderos,
despidiósepor fin de rní, y, aporcelanadas
alma y pituiarias, asaltóel primer eléctrico
urbano y esfumóseentre la madrugada.

'"
Con estetérminonosreferimosal la ideologiaindigenistadel APRA partidofundadopor Víctor Raúl
Haya de la Torre en 1930.Franklin Peaseresumeen su Breve historiq contemporaniadel perú los
postuladosideológicosdel APRA: "Su primer momentofue claramente marxista:ia doctrinaapristaera,
en palabrasde Hay4 la adaptacióndel marxismoa la América de habla española;el Estado aprista
deberíasentarlas basesde un capitalismode Estado;y la propia correspondencia de Haya de la Torre
desdeInglaterraprecisabaen la décadade 1920su firme r"spaidoa la luchade clasesy lá necesidadde
una revolución,obviamenteviolenta,en el Peru [...]; si bien estasconsignasse moderaronen las
siguientescampañaspresidencialest .] La violencia del discurso aprisL provocó una represión
igualmenteagresiva,quepusoen prisióno en el exilio a susdirigentes;denunciaüa los monopoliósy las
presionesdel imperialismonorteamericano, consideraba que buenapartedel paísvivía bajo un regímen
fzud{ y que los gamonales-hacendados eranla personifióaciónde la opresiónrural; hablábade qire las
y aymaráeranoprintidassin remedio".Méxicó,F.C.E.,rcés, págs.t76-i77.
,."*1"*tj9t9e¡"
'' 91rycfrr¡-a
CésarVallejo, "Cerd', en Alberto Escobar,EI caentapenmno(1525-Ig2S),BuenosÁres, Editorial
UniversitariadeBuenosAires,1964,pág.108.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

178 Lima en la traclición üteraria del Peru

T'odavía r¡e sentía uo tanto ebrio de los últirnos alcoholes. ¡Oh, mi bohemia
de entonces, btoncería esquinada siempre de balancesimpares, enconchada de secos
paladares [...] vime ya solo, carninando sin mmbo por los banicls asiáticos de la
ciudad...74

En suma, en este relato César Vallejo nos propone la nueva imagen de una
Iima iitermr drferente, como aprehensión de una realidad en la que hasta el
momento no se había incursionado literariamente. Junto con L,a ca,rade cartónde
Martín Adán, se trata de una de las primeras manifestacionesque bucean en las
realidadesurbanas de estos años y en sus espaciosmarginales,hasta el momento

silenciados en el ámbito de la literatura citadina.


En esta escritura de la modernidad, la ciudad real hace sus primeras

apariciones.En pocos años, La capital se convertká en escenariodel Peru global y

perderá su statuselitista. Tras el rastro del mundo indígena y su anhelo desesperado


por encontrar un lugar bajo el cielo de Lima, irán los escritores de la generación del

50, quienes nos ofrecerán tanto la imagen urbana renovada por la inmigración
andina, como la propia realidad del indígena que permaneció en el Ande; en
definitiva, una imagen fragmentaria q.ue finalmente afcanzaa cubrir el mosaico del

Perú en su globalidad. Pero antes, una nueva literatura popular y urbana profisndiza
en el aspecto de la ciudad durante los años 20 y 3}.Junto con CésarVallejo, Martín

Adán ofrece las primeras imágenes de la Lkna contemporánea, cuya fealdad se

rcaIza por el contraste con la imagen edénica del balneario barranquino.

'o
lbide*, págs. 107-lo8

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciudad de la graciay Lima la horrible 779

\.tr{RTÍN ADÁN: DE LrMA r"{. HORRTtsLE


AL B¡nn-txco BUcóLICC)

Bananco:paTcalurosa de uacacioae.t warinas, en que


canÍa Ia somno/encia da /as carryanitasde la ig/c.vtcaqile rW
el clérigr beato-y.sacrisfánccleslino.

Joséf)íez-Canseco

En las siguientes pág¡naspretendemos acercarnos a otra figura singular de la


literatura peflrana y a{ín a los postulados del surreaüsmo. Nos referimos a Martín

Adán, y en concreto proponemos un acercamiento a las visiones urbanas que se

gestan en su obra narcativa principal, l-a casade cartón(1928). El interés mismo de


este estudio apunta a esta obra fundamental, dado que en ell4 Martín Adán, junto

con Manuel Beingolea, desarrolla la imagen del Bananco bucólico iniciada en los

citados poemas )' "motivos" de Eguren, al tiempo que, como César ValIejo, ttaza

por primeravez la imagen de una Lima real.y marginal, que emparerttará con la
natraúva de José Díez-Canseco,^ quien consideramos precursor de los escritores
del 50.

Rafael de la Fuente Benavides ('Martín Adán') nace en Ltma en 1908, pero

su juventud con respecto a los escritores dei grupo "Colónida" no le impide

adherirse a las reuniones ]iterarias que Eguren orgarttzabalos domingos en su casa

de Barranco, donde se congregaban escritores corno Enrique Bustamante y


Ballivián, Manuel Beingolea, el cubano Mariano Bru[ el español JuanLarcea, Percy

Gibson, etc. Jorge fuuilar Mora nos da el testimonio de Ernesto More e¡ Huellas
humanas,donde explica la existencia del "g*po de los Duendes". Eguren fue el

animador de aquella realidad forlada, en sus palabras, "a espaldas del mundo o
adentro de la tierra"75.

tt
Palabras de Eguren en Ernesto More, Huellas humqtqs, Lima, 1954, pitgs. L23-124. Cit. en Jorge
Aguilar Mora, (ed.), Martín Adár" El más hermoso crepúsculo del mwtdo, ed. cit., págs. 34-35.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

180 Lima en la traclición literaria del Peru

Luis Alberto Sánchez,en el Prólogo a I--acasadecartón,ntiftca que Eguren

...fue el nurrlen tutelar de la infancia de Manín. Él le enseRó el amor a la palabra atisca


y pudorosa; el desafecto por el vocablo duro y plebeyo; el fervor de imagnero
renacentista pata su Prosa; una patente de artista paciente, tenaz, delicadísimo. Pero
Martín se emancipó de Eguren, porque no es fácil que nadie puredaperrnanecer en ese
mundo único cle losé María7ó.

Este niño ^vent^jado y curioso, que fue alumno de l,uis Alberto Sánchez en
el Colegio Alemán, también acudía a las tertulias en la casa de
José Caflos
Mariátegui. De allí nació el escritor y su máscara,el seudónimo Martín Adán, con el

que firmó sus primeros escritosen verso y en prosa pubücados en el número 10 de


Amaufa,la revista de ia nueva generación vanguardista e izquierdista. Tanto Luis

Alberto Sánchez como Mariátegui admiraron al joven poeta que descendía de una

aristocracia anuinada y, de hecho,I-,a casad¿carhínap^recede atgún modo protegida


por los muros del Prólogo y Colofón, escritos respectivamenrepor estos críticos y

pensadores imprescindibles de la cultura peruana.

Para siruar aMarttn Adán en el panolzrmade ia üteratura de los años 20 y 30,


Sánchez ^grupe-a un sector literario en Lima, que a mediados de los años 20 irrumpe

bajo el influjo del surrealismo y produce una literatun ironízante y agnóstica. En


paiabras del crítico,

Baio apariencia de fe encerraban un agnosticismo recalcitrante.


[...] Martín
Adán, en I¿ casade car*in (7928) inaugura la renovación estétic4 que acentua err sus
Antisonüos. I-¿ casade mrtón sonríe surrealistamente de Ia vida provinciana, de Ia limeña,
del balneario, de las viejas criollas, de los tranr.'íascor su contr¿dictoria carga de mtina
y fu$a. Allegada ala I{u¿aa ReaistaPeruaaa,laptomoción, de que es Martín
fonfarolero,
acentúa su perfil agnóstico y oteador de unas emociones m:ís íntimas en Enrique peña
[..], en Emilio von Westphalen [...] en Xavier Abril...77

t6 Luis
Alberto Sanchez, "Prólogo"a La eqsade cartón,enMartín Adán.El máshermosocrepúsculodel
t?lundo,
ed.cit., pág.3ll.
" Panoramade la literalura del Peru, ed. cit., págs. 146-147.Junto a Martín Adáru los nombresmás
destacados
de estageneraciónsurrealistason Xavier Abril CarlosOquendode Amat, Emilio Adolfo
Westphaleny CésarMoro.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciudad clela graciay Lima la horible


181

Antes de adentrarnos en el Barranco bucóüco y la Lima vanguardista d,e I-a


crt)a d¿ car/.ón,creemos necesario hacer un inciso sobre lcls ascendientes y
descendienres que convierten este balneario en lugar genérico o motivo üterario
común que se inserta en una tradición. El balneario se convierte en un t0p0süterario

de la tradtción urbana de pnncipios de siglo: enconframos evocaciones no sólo en

Eguren sino también en otros escritores peruanos como Valdelomar, Manuel

Beingolea, en su breve novela titulada B@oks liks, y


JoséDíez-Canseco en Sury, l-^as
LIm'ttiay El nirad.ord¿los ángeles.
Aguilar Mora reproduce en su "Introducci1n" ala
antología de Adán la descripción de Barranco por Valdelornat,y piantea que podría

considerarseel antecedentede las evocacionesde Beingolea,Adán y Díez-Canseco:

de Bar¿nco?-le preguntó GarcíaSaJazat


al Conde de
Lemos.;.r.4;"rj.rgfi:nás
-El dncón azul de los jacarandás;las avenidassobreel mar, las nochesde ltrna
sin la profanación del voltio y del amperio; sus calles arboladassin la insultante
velocidad del caballo de fuerza; lu grut" cándida de la Virgen; la palmera que se
abanicaen el parque;la conversaciónde todos ustedes...78

En esta descripción, Valdelomat peúia los rasgos de ese Barranco bucóüco


que se convierte en un topos, cuyo ttatamiento ütera¡io parece seguir unas pautas.

Estas se resumen básicamente en la representación del paisaje idflico que parece

identificarse con cierta pervivencia del espíritu de la Lima coloniaf ..ciudad

dormida" -como la denomina GáIvez-, presidida por la pláctd,a morosidad de un


ritmo acompasado y tranquilo, contrastando con "el voltio y el amperio,, y con ..la

velocidad del caballo de Luvfza


uL, Lrc fuerzt',, cuyo
cuyo rmpeflo
imperio ya se na
ha establecido
estaDleclcl( en la Lima
metamorfoseada ante la incipiente modernidad de principios de siglozl.

t8
Alfredo GarcíaSalazaq"Con AbrahamValdeloma¡en el parquede Barranco", Balneario,l4 de enero
de 1917, en Willy Pinto Gambo4 recop.,Semblanza y contrqpuntodel reporlaje,Lim4' Universidad
NacionalFedericovillarreal, Lima. 1973,pág.46.cit. en JorgeAguilar Mor4 op.-cit., pág. 19.
7e
Recordemos quela reconstrucción nacionaltrasla guerracomienzaen 1895con el gobiernode piérola.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

782 Lima en la traclición literaria del Peru

"Y la ciudad es una oleografía que contemplamos sumergida en agua: las


(lon esta pinrura
ondas se llevan las cosasy alteran la disposición de los planos'?s0.
difuminada, Martín Adán penetra en la cambiante realidad urbana por caminos que
nada tienen que ver con el realismo, y en la altención de los planos que se
rcemplazanconstantemente,las cosas que se van adquieren el eco del recuerdo y

persisten en el fondo del cuadro. Esa alternanciade planos implica la evocación del
Batanco que se resiente de una cietta decadencia, enfrentada a las imágenes
vanguardistasy artificiosas de laUtma transformada.

Como en la descripción en la que Valdelomar opone la imagen tranquila y


poética del balneano alaprofanación del voltio y el automór¡il, Adán crea una obra
vanguardista y antrrománttca en la que dicha oposición se desarrolla a ttavés de los
viajes que desplazana los protagonistas desde Baranco aLlrna.

Inr,.ersamentea lo que ocurría con la poesía de Eguren -a excepción de ios


escasospoemas y "motivos" en los que Lima aparece como referente explícito- en
I-a casade cartóntodas las imágenes apuntan, indefectiblemente, al paisaje limeño: la

admirada garúa, el galbnazo coronando las techumbres, los malecones y Ia

omniprcsencia
del mar neblinoso.Veamosalgunosejemplos:

Más allá de la ciudad" la sima clara y tiema del nur. Al nrar se le r.e desde
arnba...
@á9.313)
Por esta calle se va al mat -como en los grandes puertos, a un rnar que no se
ve* (pag.315)

un gallinazo, en el rernate de una asta de bandera, es url pavezno -curva


negra)¡ pico gris. Una vieia anduvo por el malecónsin mmbo y, después,drarn:iticase
fue por no sé donde. Un automóvil encendióun faro, que reveló un cono de garua.
Nosotros sentimosfrío en los párpados.(pá9. 315)

Un gallioazo,con su gacha,cetrina errterezz-de nomego diabético,parte de


una estaciónde altura en el cielo suizo...(páE 352)

...imaginabael mar, remoto y peryendicular,en el mar de l¿ niebla


[.J L" niebla del
mat olia a mariscos,y el mar esrabasuspensoen la niebla. (páA. 325)

8l ta casa
de cartón, en la antologíacitad,a,pág.3l4.En las siguientescitas consignamos
la páginaal
final y entreparéntesispartiendode estaedición.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciudad de la gracia y I-ima la horrible 183

Malecón, el ultimo de Barranco ycnclcl a Chonillos, zígz,agueante,mariga en


relieve tallada a cuchillo, juguete de rr¡arinero, tan cliferente clel rrr"alecón cle
Chorrillos...
(pág. 325)

EI mar c nta leiz.nacomo rul coro que se ^cetc en la ópera.(pág. 339)

Martín Adán nos ofrece una visión interiorizada de su mundo, clonde las
notas trpicas del criollismo cosfumbrista no tienen cabtda y las imágenes están

teñidaspor la sensibilidaddel escritor.En estesenrido,Luis Loayzaplantea qve14


casade cartónes un libro "más peruano que muchas obras cosrumbristas, en ias que

personaiesconspícuamentelimeños consumen pisco y bailan marineras en jaranas


fantasmales"sl. Por la wa del surrealismo, Adán penetra en otra realidad limeña, la

de su paisaje brumoso y melancólico. Como t^n acert^damente ha discernido


Loayza, "Martín Adán no es un realistar pero el real-ismo no es Ia única vía de la
realidad, y en Ln casade cartónse descubren algunos aspectos de lo limeño que no

existían o existían mediocremente en los libros',82.

Por otra patte,la actitud de este escritor ante Ia ciudad está matcada por la
mentada oposición entre el escenario barranquino y el paisaje limeño, del que

emergen imágenes surrealistas y vanguardistas en las que adivinamos ya la Lttma

horrible de César Moro y Sebastián Salazat Bondy. A continuación reproducimos


algunos de los fragmentos en los que Lima adquiere esa fisonomía embrutecida,
imagen inusitada en Ia ütetatara petüana antenor. Como apuntaba Loayza, Adán

revela por caminos distintos al realismo otras realidades ümeñas, entre ellas se

encuentra tamblén el suburbio o la barnada, constituvendo de este modo una


apertvra temáúca en la que ahondarán los escritores del 50. Veamos algunos de esos

fragmentos en los que Martín Adán se revela como escritor de la modernidad

peruana:

Nos fuimos a Lima. En el asfalto pegajoso, chisporroreaban llantas de


automóviles; a\ fn de cadt jirón, un tramofito de raso clorado; los postes de teléfolo
se contraluminaban perfectamente; los palomillas pregonaban todavía lz mañarn.
Volvinros a Bananco en la noche. (pá8. 316)

fl fuis Loayza,"Martin Adánen su Cas¿de ca¡tón",enEt Sol de Lima, ed.cit.,pág.t2g


t'
Ibidem, óas.'tzg.

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184 Lima en la tracüción litenÁadel Peru

-I¡;s amabalesde Lima. Una fábnca de aceites lüncha su barriga


pringosa y
sopla corno una vieja borracha- i-ima. (pág. 319)

I'tma. L'tma al fin... Y todo no es sino nr locura y un establecimiento de baños


denrar.(pág.322)

Lima se lúzo un ovillo de torres. campanadas caían como piedras en un


laberinto de teffones. G,á8 324)

. Ltnta,la sucia Lima, caballista, conle{cial, deportiva, nacionalista, tan seria


[...1
¿zírlrot t...l -losfaro/cs-troncos de arbustos que la luz L".." y la sombra hace yerdes. A
las seis de la mañana, a las seis de la tarde, son los faroles lo rruis vegetal clel munclo,
de una firanera anaJiúca,sintética, científica, pasiva, determinante, botiínica, simplísima
-los lroncossostienenal extruno suiteior cdffpailas h cristat qae encierran
fures anmitlas. (p6g
33e¡sr

El tono irónico con que Adán se refiere a la fealdad de la ciudad cuyos


árboles han sido rcemplazadospor faroles, así como el enfoque del suburbio iimeño
-que supone una apertura dei horizonte temático de la literatura
peruana-, pervirre y
demanda su tratamiento en La naranva de algunos escritores de ios años 50, sobre
todo en Ia obn de Enrique Congrains Martín, quien profundiza en las d,nmáttcas
consecuenciasde IaI.itma suburbial, y en Ribeyro, que ademásahonda en esa versión
desnaturalizaday artificiosa del paisajeurbano.

En las últimas líneas que concluyen I-z m.¡adecarfón,Martín Adán ya formula


la visión dolida de Ia ciudad, que prevalecerá enla nanatfvaurbana posterior:

La cal7eancha nos abre los ojos, violenta, hasta dolernos y cegarnos.

Pero al alejarse del asfalto mugriento y pegajoso, de regreso a Baffanco y al


mar, los personaiesnos muestran una imagen contrapuesta:como un descansode
ciudad, que es reducto urbano de calma, donde los tintes rurales perviven como
tono fundamental de Ia imagen. Frente a la ciudad tumultuosa en La casadecartónse
,
alza esta otra imagen del balneario tranquilo, silencioso y apacible, lugar acechado

83
El subrayadoes nuestro.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

Entre la ciudad de la graciay Lima la houible


185

por la avalanchade los gris pero donde todavía subsistenlos colores y sus
matices.
las calzadasde piedra,Ias campanasy las caffet^s:

Resplandece el yeso de las calles -el blanco, el amarillo, el vercle claro,


el azul
celeste, el glis perlino- los coloru petfeüos,prudenluirnw, ¿lelas cas(tstle Barranco.
[...J La
campanade la una del día deshace en el aire fofo su borra cle sonido, y
cae sobre
Barranco en vr¡elo de parvas, leves blancuas plumón de la hora q.r. ,roÍó"rl
mar. Fin
de almuerzo que es soledadde calle¡ y argentino, cáüdosilencio,y ,.LriU-
d,e catqadasde
redondarpiedrasauríferas, de piedras de lecho cle río, sedientas y u."" t"r. Una carreta
se lleva en su chirdar y en su golpear toda la fiebre de nn jirón de calles que
se hal
recouido -pesadillas, seres,platanales, amarguras, sístoles y diástoles
sorclos...- t...] y
un franaía cant^ con toda el alma con la gwtarra del camino de Miraflorer,
p-d",
iataneta, tristona, con dos cuerdas de acero, y en el cuello de ella, la cinta verde J" ,*u
alameda que bate el aire del mar. Tranvía,zambo renorio... (págr. 326-32j)84

La representación literaria delBaranco bucólico como pervivencia de cierto


espíritu colonial, esto es, como rincón urbano donde el progreso todar,'ía no
ha
demolido y cancelado las bellezas del pasado, asegura la persistencia del discurso
literario idealizador de la urbe idflica, ahonidentificada con el balneario ¿e moda.
El
toposse desarrolia en la mitificación que aparece en diversos autores: a la descripción
de Valdelomat y la poesía bananguina de Eguren, se adhieren las imágenes idílicas

que encontramos en la triste e 1tórucaevocación de Martín Adán, en la hogareña de

Beingolea,y por último en la descripciónde José Díez-canseco,en la que es

Barranco: sola¡reros vestíbulos inmensos guardados por altas rejas;


festoneados de helechos de altas lrnacetzLs suspendidos; con hamacas coloridas; con
tarjeteros de pajas japonesas [...] Bau"anco; paz calurosa de vacacic¡nesmarinas, en que
cantala somnolencia de las campanitas de la iglesuca que rige clérigo beato y ta.¿ri¿r,
celestino [.'.] Barranco: desiertas callejas por las que discuren p"t"i^, caÍretzs,alígeras
caffetas, levantando con el restallar de los látigos el vuelo de las paloma, q,r" .átuo
sotto-tncqcurnrcucú l.'.1 Jacarandásque tejen lilas alfombras entre las bancas áe Ia tarcle
rorn:á¡rtica l'.] Parque un{9so con la brisa que remueve sebes rojizas, verduzcas, grises
[..] Aroma de algas, de lluvia de acequias parleras que dan de beber a los si rces
santlrffones de este pueblo santurrón, también, y beato85.

8a
El subrayado es nuestro.
85
JoséDíez-canseco, sury,págs. 37-38. cit. en Jorge Aguilar Mora, op. cir., pág.20

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186 Lima en la traclición literaria del Peru

Del mismo modo, recordemos que también Luis Alayza tdealizabael paisaje
de Miraflores como reducto urbano que conserva parte del espíritu sosegadode la

Iitmz colonial: calles arboladasy jardines perfumados. El Miraflores de los años 30

se asemeiaba,al Bananco de la década anterior: "tierra singularmente predilecta de


los poetas,quienes disfrutaban en un solo lugar las ventajasde las aldeasy las de los

balnearios elegantes"86.Al igual que Martín Adán rememora la edad dorada de


Barranco, ,ilIayzautihzael mismo procedimiento para el Miraflores de los años 30:

El Miraflores de entonces era un rinconcito de la Arcadia por el sosiego cle los


últimos días del siglo XIX, siglo que se prolongará hasta muy entraclo el actual. Su
clulce ambiente, su humildad de alclea,su mansedumbre y flo sé qué secretasvoces que
rnistertosamente surgían de los ranchos en ruinas, cle sus majestuosos pinos, de las
aguas que descendían por las inevitables acequias a lo largo de las calles; por todo, en
fin, y formaba r¡n conjunto orquestal que resonaba honclo, muy hondo, en los
profundos repliegues del alma87.

El nuevo escalón en la progresión de este ciclo se encuentra en Julio Ramón


Ribeyro, quien, habiendo nacido en 1929, evoca a parúr de la década del 50, en
determinados momentos de su escritur4 este paisaje miraflorino de su niñez,

también representado como idüo o arcaüa. Pero el contraste no es ya con LaLima

bullanguera y desperconaltzada sino con el propio tiempo del autor, cuando la


avalanchadel progreso alcanzaincluso al bucólico espacio del balneario y despide

los últimos aleteos de la poesía que permanecía refugiada en esa ^rc d:n limeña. Al

análisis de este aspecto en la obra de Ribeyro dedicamos el estudio titulado "HaciaIa


ciudad desencantada". Entre los fragmentos que allí reproducimos nos parece
emblemática, junto con el relato "Los eucaliptos", la siguiente evocación del

balneariomiraflorino visto en la época de su decadencia:

Memo recordaba con nostalgia sus paseos de ant¿ño por calles arboladas de
casasbajas, calles perfumadas, tranquilas y silenciosas[...] El balneado no era yaotra
cosa que una prolongación de Lima, con todo su trafico, su bullicio y su aDarato
comercial y burocrático88.

tu JorgeAguilar
Mora,cit.,pág.l9
o' Luis Alayzay
Paz Soldán,"Miraflores. Impresionesretrospectiva{',r-anal, vol. )ilII, n" 50 (1957),
paq. o.
t8 Iulio Ramón
Ribeyro,CuentosCompletos,Madri4Alfaguara,1994,pátg.422.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan
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Entre la ciudad de la gracia y Lima la hortible 187

En este scntido, las evocacionesurbanasen la literatura que parte de los años


20,parccen haber rcemplazado^l^ ciudad colonial por los balneariosidílicc¡sde la

infancia, últimos rincones donde pervive un ciertcl espíritu colonial en el sentido de


imágenesurbanas anteriores al advenimiento de la modernidadse.Desde este punto

de vista, las evocaciones de la literatura urbana perviven y "la Lima que se va",

identificadaenlaobra de Gálvez con la Colonia, desarrollasu representaciónen esta


ltteraturu que traduce una nueva fase del progreso, y que afectz a los últimos

reductos urbanos que en su día fueron la representación del bortu.rc/ausum


virreinal.

tt Raúl PorrasBarrenechea describelos balnearioslimeñoscomoportadoresde la herenciacolonial:"En


los balnearioslimeños,cuyacontinuidadcon la ciudadsehallacasiestablecida, preponderaen las casas
el gustoespañolo lasreminiscencias del estilocolonialy morisco.Perdurancelosíasy balcones,detonala
graciade los azulejos,y en el interiorde lasresidencias sabsisteno se renuevdnlos moblajesa la usqnza
colonial'.vargueños,mesastaraceadas, sillas de vaquetay los viejos utensiliosde plata que reproduce
fielmenteuna industrialimeñarediviva.La tradiciónimperaen Lima invenciblemente". En "Perspectiva
y panoramade Lima", La marcadel escritor,México,F.C.E.,1994,pá9.102.

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4. LA Ctaon MpsrrzA.
sEcuNoe ruNoeclóN LrrERARraDELlu* Jurro R¡¡,róN RrsByRoy t¿
GENERACTÓNopr 50

El rostro de lina e.r tlna ntkcara con la¡


de Asia, de África1t de Europa, qxrcsasutr"dn
faccíone.c
una núsica americana.

WaldoFrank

Entre 1,919y 1930, durante el llamado oncenio de Leguía, Lima experimentó


un nuevo empuje modernizador y continuó el avasallador avance hacia el sur:

"Amplias avenidas de asfalto unen Lima con el CilIao, La punta, Miraflores,


Chorrillos, la Magdalena, Chosica y los demás suburbios limeños,,l. Más tarde,
durante los años 40 y 50, el gobierno del general Odría rcnovó las infraestrucruras

de la ciudady la consecuenteoferta de empleo supuso un reclamo pan ingentes

masas de provincianos, que se desplazarondel campo a la ciudad en busca de un


futuro mejor. Sin embargo, sus expectativas resultaron poco halagr.ieñascuando,

convertidos en un oprimido prcletanado urbano, tuvieron que afrontar serias


dificultades en url espacio urbano opresor y ilienante. La masiva mtgracrón obltgó a
un crecimiento vertiginoso de la urbe cada vez más desbo rdada, tanto en zon s
residenciales como en la formación de las barriadas o "pueblos jóvenes" en las
faldasde los cerros.

En este contexto de profusos cambios imprevistos, que comienzan a notarse


en los años 20 y 30 y adquieren un ritmo verrigi¡s56 durante las dos décadas

posteriores, la nacionahzación de la capital fructifica, durante los años 30, en un


nuevo criollismo literario, formulado en una geografíasocial de Lima porJosé Díez-

Canseco,y cuva manifestación más popular se encuentra en las melodíasy las letras
de los valses de Felipe Pinglo Alva. En las páginas que siguen consideramos estas
formas renovadas de un criollismo popular como los precedentes cle la narntiva

'
Raúl PorrasBarreneche4'?erspectivay panoramade Lima", l,a marcadel escritor.México. F.C.E..
1994,páry.102.

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190 Lima en la traclición literatia clel Per{r

urbana de los 502, década en que ya han aparecido las barriadas y la pobreza se
generaltzaen amplios secroresde la sociedad.Finalmente, pl¿nteamoslos múltiples
enlacesque se establecenen la tradición üteraria que evoluciona desde la obra de
Ricardo Palma hastala de [ulio Ramón fubeyro, la recuperacióndel mundo colonial
en Palma y José Gálvez, y sus reminiscenciasen los escritores que mirifican los

balneariosbucólicos, e incluso la creación del intertexto en una obra teatralen la que

Ribevro recupera una tradición de Palma. En esta evolución se establecenmúltiples

puntos de contacto y estrechasrelacionesentre los autores,asegurandola secuencia


viva de la literatura peruana. Dichas relaciones nos interesan como discurso que
vivifica una ciudad, cuya fisonomía cambiante registra también las diferentes

miradas üterarias que, en ocasiones, la enaltecen y mitifican y, en otras, la dejan


manifestarse en la tragediade su cotidianidad.

ANTECEDENTES:]osÉ DIÉz C¡xsBco Y FE.LIPEPmclo

La ltgala de José Díez-Canseco está unida a la imagen de lo popular limeño,


que en los años 30 mantiene como rasgo definitorio un arcagado criollismo, en el
sentido de gracia o "üsura" limeñas. En sus Estampasnulatas (1930), el escritor nos

presentaunagaleríade tipos popularesque sustentanla serie de valores establecidos

como normas de conduct¿ en aquellos años: un arraigado machismo comc)

respuesta a los códigos del honor, un sentimentalismo duizón -{omo veremos,


hondamente entaizado con los valses criollos-, La picardía plebeya y costeña, la
sensualidad,el ingenio y la ingenuidad.

'
Julio Ortega consideraque con Díez-Canseco se clausurael criollismo, "pero quizá su procesode
percepcióny estilizaciónde los modelosde la vida urbanase transformóluego en los años50 en una
,
narrativaya no criolla sino simplementeurbana".Cuhuray modernizaciénen Ia Lima det 900, Lima,
CentrodeEstr¡diosparael Desarrolloy la participación,19g6,pág. 106.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

I¿ ciudad mestiza. Segunda fr¡ndación literaria de Linu


791

A primera vista, podríamos pensar que esta literatura es la consecuencia


lógica de un costumbrismo evolucionado, pero Díez-Canseco debe considerarse,

más bien, y en primer lugar, como continuador del proyecto narrativo inaugurado
por Valdelomar, con algunos aportes propios: "El cuento de Valdebmar *escribe
Washington Delgado- es en gran medida muy subjetivo, sumamentepoético, muy
personal; en Díez-Canseco hay una mayor capacidad de objetivar la reahda¿',:.y, en
segundo lugar, debe revalonzarce como precursor o antecedente de la generación de

Julio Ramón fubeyro, pues no se limita, como los costumbristas, a extraer de las
clasesbajaslos rasgospintorescosy amables parala creaciónde sus personajes,sino

que añade la nota de inconformismo así como cierto tono de denuncia s¡ algunos
de susrelatos,sobretodo en "El kilómero 83". Ésta es la hipótesisque manriene
Tomás G. Escajadillo al considerar a este escritor corno un "autor-puente,, en el

proceso narratir-o peruano, en sus trabajos "José Díez-canseco (lg0+1,g4g).


Trascendencia y sentido de las EstampasMu/aÍal'4 y'Díez^Canseco: un precursor no
reconocido"S.En estos afiículos, Escajadillo plantea el problema deLa tradición en

la literatura peruanq es decir, si existe una tradición, influencia o secuenciaviva en la

literatura peruana -tal y como estamos planteando en este trabajo-. Escajadillo

convlene con nuestra opinión en af:;:mar esa tradición -con la que disiente
Washington Delgado6, ] con la que muestran su acuerdo diversos críticos, enue
ellos, José Miguel OviedoT-, paralo cual hace un análisis sobre la importancia de un
autor como Díez-Canseco erl Ia genencíón que comienza a publicar en los años 50,
sobre todo basándoseen el examen de los personajes pobres de la ciudad que

aparecenen las obras del "neorrealismo urbano,':

3 Washington
Delgado,en AAW, Literatura y sociedaden eI Perú, II. Narración y poesía en el perú,
I.ima,MoscaAzul, 1982,pág.16.
' En
TomásG. Escajadillo,Narradoresperuanosdet ,sigtoXX,LaHabana, Casade las Américas,19g6,
ágs.67-83.
'En
AAW, Presenciq de Lima en la liferaturo,Lima, Centro de Estudios y Promocion del Desarrollo,
1986,págs.29-43.
" "No sé si fue JoséDurandquienobservabaalgunavez que en la literaturaperuanano hay tradiciónni
continuidad:quienquiera[o hayadichoestuvoenlo cierto,sobretodo en el casode la novelay el cuento,'.
Cit. enTomásG. Escajadillo,"Trascendencia y sentidodelasEstampasmulqtqs',cit., pág.6á.
'
En "El cuentocontemporáneo" JoséMiguel oviedo escribe:"Sus-Estampas mulataill-91o)lo hicieron
popularcomo picarescoy plásticocuentistadel arrabalurbanoy el ambientenegroide
[..J elsuya un
estilotenso,eléctrico,aprendidode la vanguardia.
Es ul precursorde la nanativaurbanade mediosiglo".
En Narradorespengnos (antología),caracas,Monte Ávila Editores,196g,pág. 16.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

192 Lima en la tradición literaria clel Peru

Al hacer estos plantearnierltos estoy implícitamente afinrrando que existe una


tradición, rura continuiclad en la narrativa peruafla. Voy a susteütar esta idea, porque
cie lo que se trata es que, sobre todo las grandes figuras como Vargas Llosa, lübeyro y
I}ryce, se han venido presentanclo sisterrráticamenteante el público peruano como una
suerte de islas, como fenómenos que nc, obedecen a influencias anteriotes. Yo niego
esta teoría de la isla8.

Junto cori Díez-Canseco, Escajadillo desraca asimismo la importancia


fundamental de Martín Adán y Lt casade cartón,en primer lugar en una novela de
canseco que ya hemos mencionado en este trabajo -Snry (1930)-, no sólo en
cuanto a la rccreación o reescritura del ambiente señorial dei Barranco bucólico,
sino también en relación a los ensayosde una prosa vanguardista. Ahora bien, en la
novela de Adán encontramos una imagen "interior", impresionista y desdibujada del

balneario, que adquiere contornos más precisos en la novelística de Canseco.Sury se


insert4 por tanto, en una tradición que ya hemos perfi,lado en el capítulo anterior: la

secuencia del balneario amable y apacible que, además, también aparecerá en las
evocacionesdel mítico Miraflores recreadaspor Ribeyro.

A esta novela hay que añadir Las Umttia, donde I¿ evocación del Baranco
solariego y pueblerino de las primeras cfécadasdei siglo es retomado como especie

de ensayo general o preludio de su novela barranquina más ambiciosa: El miradnrd¿


los ángeles.
Aq.tí, la imagen intemporal del balneario conseguida en las sucesivas
estampasde L¿s Um¿iiase enriquececon esa"sonrisa cariñosapero burlona
[...] con
que el noveüsta tecre^ los usos y costumbres del Barranco de 19L0", a través de la
cual la novela recoge "como ninguna otra en la literatura pefuafla la imagen de ese

Bananco que se fue"9.

Del mismo modo, la otra novela de Canseco, Duque (1934), también recibe la
impronta de la obra de Adán, escritor que será recuperado y reeditado en los años
50, cuando se revitalizan los temas urbanos que él había cultivado con técnicas muy
peculiares y renovadoras. Ya hemos visto cómo en I¿ casad¿ cartónse encuentra

contenida la oposición entre la tranquiüdad del balneario barranquino y el tráfago d,e

8 "Díez-Canseco:
un precursorno reconocido",cit., pág.30.
' Tomás
G. Escajadillo,"Estudio preliminar" a JoséDíez Canseco,EI miradar de los óngeles,Ins
Urrutia, Lima, InstitutoNacionalde Cultur4 1974,pág.)OO(

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

La ciuclad mestiza. Segunda fi¡ndación literaria de Lima 1,93

la ciudad. Por su parte, Canseco representa ambos espacios en varias novelas y


recrea la ciudad tumulruosa en Duque, que constituye una crítrca demoledora a la

burguesíalimeña de los años 30.

En ello se encuentra también un nuevo r.'ínculo con Ribeyro, quien no sólo


incursiona en los problemas de las clasesbajas urbanas sino que también dedica una

buena pafte de su producció n a la pintura de las clases medias y altasy a Ia nueva


burguesía emergente, sobre la que descarga su crítica mediante una sutil ironía que
en ocasiones deviene mordaz y sarcásúca.Esta cítúca alaburgaesíahmeña se repite
enlananativa peruana contemporánea en noveias como En oclubreno ba-ymi/agrosde

Oswaldo Reynosoo en algunasde Alfredo Bryce Echeniquecomo Lln mund¡para

Juliusy IYone esperen


enabil.
Ahora bien, como planteaEscajadillo)no se puededecir que I-a casadecañón
cÍeaÍ un "movimiento" ni que tuviera "seguidores,, de importanciar0. Su
reivindicactónhabrá de esperara escritorescomo Ribeyro, Vargas LIos4 Bryce
Echeniqueo GonzalezYiaia.

Con todo, la dación o influencia de Díez-Canseco en la seneracjón


posterior se establecepreferentemente con Julio Ramón Ribeyro y Enrique
congrains Marún, sobre todo aJ, cotnpuat personajes de canseco como ei

sinplumasy..Al pie del


"Gaviota" y "Tumbitos", con los de Ribeyro en L.osgallinaqos
acantilado", así como con personajes de Iima Hora Cerv (1954) o ..El niño de junto

al cielo", de Congrains. En estos cuentos realistas -todos ellos publicados a

mediados de los 50-, ambos nanadores enfrentan al lectot ante una imagen
desgarradorude las clases populares y marginales; visión de los desposeídosque
viven una realidad distinta ala de los años 30, el mundo de la barriad4 pero no por

ello ajena o aleiadade ciertas experiencias que se vir'ían en esa épocay gue, en más

de una ocasión, son similares pues se derivan de la pobre za: "Díez-Canseco trabajay

descubre la ftbn íntima del pobre autóctono de Lima, apenas un poco antes de la

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

194 Lima en la tradición Iiteraria clel Peru

mastva presencia en la capital de los pobres de todo el Perú"11.En todo caso, lo

esenciales que " a partir de Díez Canseco-observa Mirko Lauer- hay este énfasis

en el tratamiento de los sectoresmarginalesque no son propiamente proletariado"lT.

Obviamente la realidadde lima en los años 30 era distinta a la de los 50. No se rrara
de estableceruna equivalenciasino más bien de similitudes que permiten recuperara
Díez-Cansecocomo antecedentefundamental, tal y como 1o plantea Escajadillo, al

subrayar en su nartaúva,

el caÁcter popular, el carácter rrarginal que tienen sus héroes, que provienen cle los
estratos más humildes que brindaba la üma de 1930. Estos no son personafes de
barr.rada,pero Ribeyro, Congrains y derruáscompañeros de esa generación, vieron en
Díez-Canseco un ejemplo de diseño cle un personaje de carácter auténticamente
popular, de personaies ve¡claderarnente provenientes de las capas más pobres de la
sociedadl3.

O Mario Castro Arenas, quien otorga aDíez-Canseco el título de descubridor


nanatfvo de la ciudad v fundador del realismo urbano, que los narradores a pmtrr
del50 desarrollancon amplitud v lucidezla.

Por otra patte, en cuanto aLa rcIevanciade Díez-Canseco en la emergencia de


"la ciudad real" en la literatura pefu na contemporánea, el mismo escritor reconocía

su afán de realismo, que en la generación de Ribeyro adquiere la denominación de

"neorrealismo", con la que los propios escritores muestran su acuerdol5.A este


respecto,Díez-Cansecoescribe:

n
Tomás G. Escajadillo,"Díez-Canseco:un precursorno reconocido",cit., pág. 38. A esterespectoJulio
Ortega comenta:"No se trata de que el criollismo haya producido a la narraiiva urbana,sinó que a ias
transformaciones de la ciudad corresponden las potencialidades y los límites de ambas formas de
rgpresentar".En op. cit., pá9. l12.
" Mirko Lauer, en Literatura y sociedad en el Perú, II. Nanación y poesia en el Perú, ed. cit., pág.22.
13"Díez-Canseco:
un precursorno reconocido",cit., pág. 30.
'*
Mario castro A¡enas, De Palma a L'allejo, Lima, populibros peruanos,pág. g6.
''
El propio Ribeyro reconoce su afinidad con el neorrealismo cuandó dlchra: "Creo que asumo el
término. neorrealista,pues yo mismo me he calificado así por mi afinidad e interés por el cine
neorrealista...". En una entrevista titulada "El cine, la literatura y la vida", por Federico de Cardenas,
Isaac León Frías y Carlos Rodríguez Lanaír1 en la colección áe entrevistas a Ribeyro Julio Romón
Ribeyro. I'as respuestas del mudo, selección, prólogo y notas de Jorge Coaguita, Lim4 Jaime
Campodónico,1998.

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La ciudaclmestiza.Segundafundación ütetariacleUma
195

En mis primeras Estampat Mulafas, en ni..Gaviotz,, y mi..Km. B3', empleé,


extraordinariamente dentro de la literatura, las interlecciones r¡suales cle mi pueülo y
no podía hacer de otra rurnera. Yo quería dar la rnqtor sensaciéntle reaüdad,trasl¿denrta
)t
arxe /a-r wdas de /as genleszturentle,oscuras pinlorucas de Peni.1 Íetía que Íra.rhdarh coa /a
1t
mayor rcrdad1>osililc16.

Ante el realismo, no sólo de lo referido sino como técnica htenriacon que el


escritor pone de relieve la violencia, el machismo o los sentimientosde venganz^ d,e

sus personajes,encontramos,como contrapunto, rasgossentimentales,melancóücos

y románticos, que afectan taÍto a los protagonistas como a las descripciones


poéticas de los ambientes y paisajes que les rodean. I-o poético se inmiscuye

sorpresivamente entre 1o real y violento, producienclo esa amalgama de la


que
emerge de nuevo el paisaje limeño en su esencia brumosa y melancólica.
"El
Trompo" (1940), relato más representativo del autor, comienza con ia siguiente

descripciórl, en la que la ciudad parece debatirse enrre modernidad y tradición.

Semejaríauna evocaciónde la "ciudad muetta" si no fuera por los automóviles,los


tranvías,la suciedad,etc.,puestoque todos los rasgosapuntanú npossimbolista:el
silencio,lascampanas,Ia 1)ovizna,
los espectro
s,ia soledacl...
:

Sobre el cerro San Cristóbal la nieblohabía puesto una capora sucia que cubría
7a cruz de hier¡o' rJna gania de calabobos se cernía entre los árbies hvando las
hojas,
transfotmándose en un fango ligero y descendiendo hasta la tierta clue acentuaba
su
color pardo- Las estatuas desnudas de la Alameda de los Descalzos sÉ chor:reaban
con
el formado por la llur,'ia y el azul acumulado en cada escorzo. un policía,
-barro
cubierto con su capote aall de r,rreltas roias, daba unos pasos aburridos, entr"
l"s
bancas desiertas, sin una sola pareja" dejando la estela frirnoru de su crgarrillo.
Al
fondo, en el convento de los ftailes franciscanos se estremech /a díbit canbanita
con un
son tr¡sle.
En esa tatde todo era 0Í)6c0J si/encioso.I-ns automíyi/¿s,los hurtuíus, las catetillas
repartidorasde ceraeqas-ysodas,los "colectiuo.f', se esfurnaban en la uicbla gis-azulada y
toclos los ruidos parecían lejanos. A veces surgía la estriclencia de loi neur¡¡ráticos
rodando sobre el asfalto húmedo y sonoro y surgía también,soritariojt esuúürlo, el silkdo
uagabundods uu [ransetinteinuisible.Esta tarde se parecía a la tarde deivals sentimental y
huachafo que, hace nruchc¡s años, cantaban currutacos de las tiorbaslT.

iu Cit. "Trascendencia
en y sentidodelasEstampasmulalas", cit., pág.72.El subrayado
esnuestro.
17JoséDíez-Canseco,
"Ei Trompo",en Elias TaxaCuádroa' anioioiio del cuento.Limq en la narcación
peruqnq'Lima, EditorialContinental-Kontinental,
Vedag 1967,pág.83.El subrayadoesnuestro.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

196 Lima en la tradición üteraria del Peru

Esta confluencia entre el crudo reaüsmo y las evocaciones poéticas del


paisaje limeño también resulta ser un nuevo vínculo entre I)íez-Canseco I: en
concreto, la narcaúva de Ribeyro, en la que una Lima fisicamente imprecisa se
configura a través de descripcionesindeFrnidasy vaporosasdel paisaje, taI y como
anahzamos en el epígrafe "f,o real-espantoso: la ciudad desvanecida en 'horas
celestes'". IJn cuento de Ribeyro como "Los gallinazossin plumas" comienza con

Ia rccreación de esa atmósfera fantasmal, soñolienta y silenciosa con que Lima, en

lugar de atatdece4 como en "El trompo", amanece a un nuevo día. En la


descripción bien pueden notarse ciertas semejanzas,como esa atmósfer:- fantasmal

por la que deambulan "transeúntes invisibles" entre la niebia dei amanecer:

ffif ;:::f.':,1"ffi"ÍitTSilJ,TT#T,i:'#;
n"*"..1n?,::"i,*ff
atnósfera encontada.Las personas que recoffen la ciudad a esta hora parece que están
hechas de otra sustancia, que pertenecerl a url orden de vida fant¿smal. Las beatas se
arastran penosamente hasta desaparecer en los pórticos de las iglesias. Los
noctárnbulos, macerados por la noche, regresan a sus casasenvueltos en sus bufandas
y en su melancolía. Los bastrreros inician por la avenida Pardo su paseo siniestro,
armados de escobas y de carretas. A esta hora se ve también obreros caminando hacia
eI tranvia, policías bostezando contra los árboles, canillitas morados de frío, sirvientas
sacando los cubos de basum. A esta hora, por último, como Llna especie de misteriosa
consigna, aparecen los galLnazos sin plumasiS.

A todo ello hay que sumar el paralelo entre Ribeyro y Díez-Canseco en lo


que se refi.erea la pintur^ tanto de personajesde las clasespopulares, como a Ia
representación de la decadencia moral de la alta burguesía que comienz^ ^

producirse por los años 30, cuya tmagen nos ofrece Díez-Canseco en Duqae,y que
veremos reformulada en buena parte de los cuentos de fubeyro.

Todas estas característicasaumentan las simiürudes entre Díez-Canseco y la

generaciónposterior. En esta línea evolutiva, un nuevo componente, coetáneo a la


nanattva de Díez-Canseco, reclama nuestra atención: la música popular y su
innovadora poesía del sentido urbano que estamos planteando, en las letras de

F'elipePinglo.

'8 Julio Ramón


Ribeyro,"Los gallinazossin plumas",en Cuentoscompletos,Madrid, Alfaguara,1994,
pág.21.

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La ciudacl rnestiza. Segunda fundación üteraria de Lima


197

En la representación de la esencia criolla instalada en Io popular nace la


Itteratuta del arrabal, cuy^ manifestación más genuina es la música y Ia letra del vals

criollo. Es a finales del siglo XIX cuando nace este híbrido musical, fruto del
mesazaie entre el género vienés y manifestaciones musicales limeñas y españolas
como la manxca y la jota. En su adaptación, aquella melodía europea se
transculturó y reemplazó los aires presunfuosos del salón por la gracia y picadía

costeñas del arrabal popularte. El vals vienés se adaptó a las danzas, ritmos y

melodías propios de los barrios populares limeños y sus ietras se caracterizaron por
lo sentimentaly melancólico de los temas. Pero a finales de los años 20 este género

musical alcanza su aPogeo con el compositor más representativo, Felipe pinglo

Alva, quien renueva Ia temáúca de las letras introduciendo un inusitado contenido


social y humano. Por su labor como compositor se le ha considerado cronista
musical de la Lima criolla de aquellos años.
Junto con Diez-Canseco, quien
introduce como uno de sus temas principales la janna criolla y el vals, ambos

pueden considerarse antecedentesde la nataúva del 50, v ¡eclaman nuestra atenitón

puesto que son fundamentales para comprender el proceso de emergencia de


una
Lima que se transforma y bulle en lo popular crioilo v jannero.

EI vals criollo, expresión auténtica de la ciudad

El criolüsmo de Díez-Canseconos interesa por su vinculación con la música


cnolla, cuya máxtma representación entre los años 20 y 30 se encuentra en los valses

de Felipe Pinglo Alva. Nuestro interés viene motivado fundamentalmente por las

lefras de aquelios valses, que constifuyen una nueva manifestación artística del

callejón limeño y la expresión de una inusitadatemáttca social en lo referenrea este


género musical, radicionalmente vinculado con lo sentimental y melancólico dei

alma limeña.

tn
VéaseCésarSantaCruz Gamarra,"Consideraciones acerandel origendel valsecriollo limeño,,,en.E/
Walfzy el valsecriolí,¡,Lima, 1989,págs.24-29.

Tesis doctoral de la Universidad de Alicante. Tesi doctoral de la Universitat d'Alacant. 2001


La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

198 Lima en la tradición literaria del Penr

En principio, hay que destacarque en la obra de Díez-Cansecoel criollismo


aparececomo un modo de vida propio de la ciudad,y la janna, en sus palabras,"es
toda la expresión de Lima. Ninguno de sus poetas, ninguno de los que hicieron del
lirismo una expresión limeña, pudo deci¡ lo que una janna dice". En dehnitiva, "es

la expresión auténtica de la ciudad"2o. El vals, como afirmación de una identidad

popular, es ia expresión más singular de la janna criolla, esa fiesta caliejera que
rehumaniza el espaciodeshumaruzadode la miseria. En este sentido,Díez-Canseco
quiebra el discurso de la "Lfrna que se va", pues en las costumbres criollas y
huachafasque perviven en la miseria del pueblo bajo, Lima conserva eseespíriru que
antes sustentaran las clasesaltas como signos de la distinción limeña:

Un poeta que de esas cosas conocía escribió un libro de nostalgias: "LTna


Lima que se va...". No. Lirna no se esÍá1endo,u ntuy difícil g//e se arya... Siempre quedará
en la miseria alegre de un callejón sornbroso el cornpadre que "cumpla sus días" y una
tropa alegre de amigotes que festeja al natalicio. Si algunos se perdieron en el cono
oscruo del recuerdo, 0tr0ssurgeilpor las bariadas de Ia lEenda con el mistno ajin erulmnn dt
JamnasJ /¿ nisma intensaguitarreta. I-;ima no seha ida. ¡pué seaa a ir!21.

El discurso plantea, por tanto, una recuperaciónde Lima en el callejón y el


arcabaI. Es en esa subcultura criolla, tolerante e integradora de nuevos grupos

sociales -serranos, zambos...-, donde ¿¡¡atgaron con fuetza las costumbres que

sustentara Ia anagoa aristocracia transformada en la gran burguesía limeña. Este


criollismo conserva, por tanto, una extraviada moral señorial, ftasladada,
aprehendida e interionzada por la moral callejer4 que sobrevive a su miser-iacon

gracia y gracejo. Como plantea Julio Ortega, se trata de un "tradicionalismo


democraúzado"2T,que era posible en la Lima de los años 30, puesto que, cuando la
ciudad se masificó con la oleada migratoria, el crioliismo se encerró en los ámbitos

20
JoséDíez-Canseco, "Lima, coplasy guitarras".en Lima, Ia Ciudadde los Reyes.
En et IV Centenario
de sufundación,Lima, Editorial Centena¡io,I 935. Cit. en Julio Ortega Culruray modernizaciónen la
L.imqdel 900, ed.cit., pág.106.
" Ibidem,pág. 10S.El subrayadoesnuestro.
" Julio Ortega,Culturay modernimciónen la Lima det 900,ed.cit., pá,4..T06.

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I-a ciuclad mestiza. Segunda fundación üteraria de Lima


199

reducidosde las "peñas ctiollas", a cuyos salonesel vals regresabatras su apogeo


calleiero.
El conceptode "tradicionalismodemocratizado"nos sirveparadehnir tanto
la htetatura de Díez-Canseco como los valses de Pinglo: ambos plantean
una
geogtafía social de los barrios del suburbio capitalino, rJoncle pervive la moral
tadiciond'. En la creación de personajes auténticamente populares como son

"chupitos" -protagonista de "El rrompo" - o ..El gaviota,,, un muchacho


huérfano que vende lotena y periódicos o toca el cajón en un prosúbulo,
parec€
evidente la semejanz^ con uno de los personajesmás entrañablesdel vals de pinglo,

"El caniüta":

Anunciando los diarios


que a la venta lleva,
crttza eI canillita
sudorosoy fugaz,
corriendo fuertemente
po{ ser de los primeros
en vender los diarios
y gpnarel jomal.

La relación ente Díez-Canseco y Pinglo no sólo se establece en la simrlitud

de los personajes que conforman esa geografía de lo popular urbano, sino en la


propia temática de la ljteratura de Díez-Canseco. En su afán por representar Ia
realidadde Lima humilde, ul igui que utiliza giros propios del lenguajecoloquial,
introduce el tema del vals como canción urbana consubstancial aI mundo

representado.Recordemos,por ejemplo, la alusión en su relato ..El Trompo,,:

Esta tatde se parecía a la tarde del vals sentimental y huachafo que, hace
muchos años, cantaban cumrtacos cle las tiorb¿s:
iLa tzrdi era ffiste, lh oi*"
c ra!...'-".

23
José Díez-Canseco,"El Trompo", en Elías Taxa Cuádro1 Antotogía tful caento. Lima en
Io narración
peruana, ed. cit., pá9. 83.

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200 ürna en Ia tradición litera¡ia del Peru

Llsta referencia nos sirve, precisamente, para desracar la importancia de


Pinglo en la tradición <1ueestamos trazando,plantear la relación de sus valsescon la

evolución de la literatura peruana y rescatar aI c<impositor y poeta como

antecedente,junto con Díez-Canseco,de la narrativa de los 50. La etocación de ese


vals "sentimental y huachafo" nos situa ante una evolución del género musical que

se revela panlela al proceso mismo que estamos siguiendo en la literarura. Es decir,


hasta Ia apanciín de Pinglo, los valses de tema limeño se habían catactenzado por

su esencia eminentemente pasatist¿P4,


sus letras expresaban las nostalgias del ayer y
exaftaban la quimera de una Lima embrujada de niebla gris y {na garúa. En su
origen, el vals se había identificado con io sentimental y dalzón, pero en un segundo

momento, el anheio de una temática más culta había derivado hacia el acatamtento

del mandato pasatistds.José GaJvezrecuerda los valses de las jaranas de antaño, a

principios de siglo, cuando el va-lsoriginalmente instrumental ya se había convertido


en vals-canción, y se identiñcaba con la huachafena de la pobreza en la posguerra.
Aquellas melodías et fi otra de las manifestaciones de Una Uma que se ua "I-a

pobrcza traía consigo cierta cursilería rcflejada en la predilección por la música de


los valsesdulzones"26.
Pero las transformaciones de ia ciudad en las primeras décadas del siglo

produjeron también cambios en la música popular urbana cuando, en los años 20,

aparcció la vitrola, un pequeño y popular fonógtafo que cubrió toda la ciudad de

extrañas melodías. La avalanchade novedades extranjeras -tangos, pasodobles) nne-


step, etc. - relegaron al vals a un segundo plano, conctet^mente al ámbito de Ia
tradicional y particular janna de callejón. Así, en las postrimerías de esa década,lz

difusión del fonógrafo y el cine sonoro, eue había elevado el tango a Ia categoríade
mito, supuso un momento de crisis para el vals peflrano, que se había desarrollado
en los barrios desde principios de siglo, gracias a la labor de los músicos v

compositores de la "Guardía Yieia". En definitiva, Ia evolución musical reqistra

to
Uno de los primeros valses, que en el origen carecíande letra, se titulaba reveladoramente"Recuerdo
de Lima", escritopor Peaseen 1885.
t'
VéaseSebastiánSalazarBondy, Lima Ia horrible,México, Era, 1968,págs. 109-110.
'u (Jno
Lima que se va,Lim4 Euferióq 1921, pág.240.

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La ciucladrnestiza.Segundafundación litera¡ia de Ijma 207

también las transfcrrmacionesde la ciudad, y la introducción de las modas foráneas


et un nueva manifestación de la integración extanjeta en el paisaje urbano de
aquellosaños.

En este contexto, a finalesde los años 20, Feüpe Pinglo consoüdó y revttahzó

el género desde un punto de vista más profesionaly dio un giro radical al


tratamiento de melodíasy temas-de hecho se habla de una segundaet^pa en la
historia del vals, la etapade su apogeo, a patúr de la época de Pinglo-. El contenido

de estos temas es lo que más nos interesa en este estudio, pues Pinglo abrió el
horizonte del vals a la poesía y "sus letras empiez^n a hacer pensar ¿ los bailarines
que terminan por sentarse a escuchar')27,efr tanto incursiona, entre el rasgueo de

guitarras, en la 'lntrahistoria" de una Lirna presente; explota esa posibilidad inédita


de componer "meiodías de arrabal", como las que admiran en los tangos, pero con

ritmo ternario y alrrra costeña. En eilas se encuentn la Iitma rcaI y anabalen de

Díez-Cansecq, la eternamente olvidada por los escritores peruanos que prefirieron

quedarse en las grandezas de su pasado y no quisieron abrir sus págSnasa Ia


compleja realidad que les circundaba.

En suma, aJ.tguaJ,
que habíamos conocido los rincones de esaLima presente y
contradictoria en l-¿ casad¿cartóno L¿s estarzpas
mu/atas,también el vals er.oluciona
de la mismamarreta para ponerIetr y música a la pobreza. Curiosamente,al igual
que Díez-Canseco ai;rnaa esa visión problematizada de Lima la imagen amable del
Bananco idílico en su novela Sury, también Pinglo escribe cantos entrañables a los

Barrios Altos, como elvals'De vuelta albanb", expresión íntima de Ia nostalgia


del pasado,que enfrenta su imagen a los dramasdel presente.

En sus valses,Pinglo rescató esas pobrezas que habían permanecido en el


olvido y cantó la esenciahumilde de la ciudad, de los Barrios Altos donde vivió, que
fueron también cuna de Ricardo Palma y Manuel Ascensio Segura; uazó eI mapa

musical y poético de sus callesy cantó la miseriadel mendigo y la tristezadel

" Loren"o Villanueva, Antología de la Música Peruanq: Canciott criolla,Lima, Tomo L,1987, pag. 50.

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La ciudad en la obra de Julio Ramón Ribeyro. Eva Mª Valero Juan

202 l,ima en la traüción literaria clel Peru

Plebeyo. SalazarBondy ensalz^la figura del músico y poeta, pues su cntica de Lima,
la horribleestá orienrada hacia la literarura que tradicionalmente había silenciado la

problemática realidadde la Lima de entonces:

En las melodías que compuso y en sus ingenuos versos el hombre oscuro de


la ciudad halló su alrna uémula, su neblina interior, su desahogo. No fue el trovador
encendido y pasional de un grupo humano poseído por Ia joie de uiure: fue, por el
cofltrario, ecode la¡ angtotias de aquellosqile, plr iritutir.ia secular,un egoísmo
sistemáticocobcó
al margendelafelicidad.[...] Incoqporada ala tradición -^ esatmdición que no pertenece
a la edulcorada y cortesana crónica-, la mirica de Pinglo u algoqaeseráimposibhsEarar de
la Lina de ho,y,ahíta depatéticas contrudiccionts,ltormiguerodeporrpas ulnutsJ desganadoras
ruiserias [...] Música de fondo, en puridad, de un film tedioso en que rostros
desencajados,luces mortecinas y soledades sin límite se repiten como en una pesadilla
de inhibición [.] ar, a la postre, una comnnicaciónsecretade rnebncolías.garúa, calles
clesoladas,balcones vacíos o con las persiarras corriclas, geranios internporales [...] y
también, o sobre todo, pobreias r¡uesienpreJiteprecisooluidarporque ésa era la manera de
combatilas.

Pinglo c t6 al preserite, su presente. No hizo, como es de uso, el elogio de las


tapadas y las misturas, sino que verdó en su música y sus versos lo que es el pueblo
limeño, pueblo sirnple, efectivo, emocional, resignado, dulce, cortés, amable, y lo dio,
posiblemente sin desea¡lo, corno testirnonio de r¡n ser nacional y de su tragedia28.

"El canillita", "La oración del labriego" , 'Jacobo el leñador,,, .El plebeyo,' o

"Mendicidad" son algunosde los valsesen los que ei cantor de la ciudad, el poeta de
la canción vrba