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RODRIGO BOLATTI | PROFESORADO DE EDUCACIÓN SECUNDARIA EN HISTORIA

Prof. Abg. MARIEL RANALDI

TRABAJO FINAL DE ÉTICA | EL HOMBRE DESDE UNA VISIÓN INTEGRAL: BREVE ANÁLISIS DE
SU DIMENSIÓN ÉTICA, POLÍTICA, CIUDADANA, PARTICIPATIVA Y ORGANIZADA

El presente informe se enmarca como cierre del recorrido anual del espacio de Ética y
Construcción de Ciudadanía y pretende integrar los principales tópicos revisados durante el
ciclo lectivo, con el objetivo de visibilizar la unidad que supone ser el hombre, sin caer en
una mera parcialización y desfragmentación de las dimensiones constituyentes, ya que de lo
contrario el siguiente trabajo no sería más que un mero reservorio de síntesis inconexas.

El hombre a diferencia del resto de los seres vivientes se caracteriza por poseer
razonamiento, facultad que le permite resolver problemas partiendo de axiomas o hipótesis
para establecer conclusiones y aprender de manera consciente de los hechos, estableciendo
conexiones causales y lógicas entre ellos.

El hombre no se reduce sólo a una unidad pensante en términos singulares sino que
interactúa con la realidad y su contexto compartiendo su existencia con otros. Precisamente
el carácter social construye a la comunidad humana entendida como una célula en donde las
personas comparten costumbres, intereses y ciertos rasgos afines que le otorgan coherencia
y estabilidad. Contando además con la capacidad intrínseca de la libertad, el hombre puede
decidir cómo construir sus vínculos y su propia vida, lo que lo convierte en un ser político y
ético. Estos saberes prácticos se diferencian entre sí por su finalidad y su ámbito de
aplicación. La ética se construye como un arte, un cultivo interno que le permite elegir lo
que más le conviene y vivir lo mejor posible, mientras que la política pretende convocarlo
como ciudadano para organizar la convivencia social de modo que cada cual pueda elegir lo
que le conviene.

Claramente la ética surge como una perspectiva personal, mientras que la política busca un
acuerdo con los demás a fin de organizar la sociedad y el Estado. En el terreno de lo ético el
individuo resuelve su vida en puras acciones, mientras que en lo político crea instituciones,
leyes y formas de ordenar y administrar la cosa pública. Precisamente la organización social
pone de manifiesto la tendencia natural que impulsa a los seres humanos a asociarse con el
fin de alcanzar objetivos comunes que exceden sus capacidades individuales, motivo por el
cual la sociedad permite el desarrollo de las persona en sus distintas dimensiones y ayuda a
garantizar sus derechos.

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Las personas, las familias y los diversos grupos sociales son los elementos constituyentes de
toda sociedad aunque insuficientes para organizar la vida política de los pueblos. Esta última
acción sumada al ejercicio de poder son precisamente las tareas relegadas al Estado; las
relaciones jurídicas otorgan consecuentemente mayor estabilidad a las relaciones sociales y
permiten la injerencia de la autoridad pública tanto en los conflictos privados como en los
sociales. Por tanto es el Estado quien detenta el monopolio de poder regido por leyes que
procuran el bien común y la garantía de justicia para todos. La Constitución Nacional
condensa las leyes fundamentales que rigen al país, estableciendo regímenes políticos,
derechos, obligaciones y garantías de los ciudadanos particulares.

La ley se concibe como un producto de cambio, como un fiel retrato de su tiempo


atravesado por los avatares sociales, económicos y políticos. Como constructo de época, el
pueblo es quien exige su revisión por medio de los representantes elegidos por la vía
democrática. La Constitución se da por una iniciativa en el Congreso y debe ser aprobado
–en el caso de nuestro país- por las 2/3 partes, a partir de ese momento se revisa su reforma
y luego se conforma una asamblea constituyente encargada de revisar los tópicos que se
modifican, reactualizan o se agregan.

Puntualmente la Constitución Nacional Argentina está compuesta por un Preámbulo que


busca unir a toda la nación bajo un mismo credo de bienestar general para todas las
provincias por igual; en su interior, la Primera Parte, fija principios fundamentales que
organizan al Estado Argentino, definiendo el régimen de los derechos y libertades de los
ciudadanos y delimitando los poderes e instituciones de la organización política. Estos
principios indican la forma jurídica que adopta el país orientado hacia el republicanismo,
federalismo y representativismo; por otra parte también señala los derechos y las garantías
civiles de todos los habitantes del país. La Segunda Parte, la denominada “orgánica”, trata
acerca de las autoridades nacionales y su alcance de representatividad, la constitución de los
sectores que detentan los diversos poderes y sus tareas correspondientes.

Los derechos se inscriben como un conjunto de principios y reglas que están sujetas a las
relaciones humanas en toda sociedad civil y cuya tutela queda indicada al poder público.
Puntualmente en el apartado de derechos civiles de la Constitución Nacional encontramos
los referidos a la libertad (art. 15), la educación (art. 14), la circulación (art. 19), la expresión
(art. 32), la participación política (art. 37), al uso de la propiedad privada (art. 17), la libertad

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de culto (art. 14), al trabajo, a la participación en organizaciones sindicales y a la


representatividad gremial (art. 14 y 14 bis.), entre otros.

Pese al carácter jurídico de los derechos que le confiere el corpus constitucional, los
llamados derechos positivos, existen otros que son los naturales, los que se le reconocen a
todos los seres humanos por el hecho de formar parte de la especie, independientemente
de su condición social, edad, sexo, religión, opción política, nacionalidad o cualquier otra
condición. Esta concepción de los derechos humanos adquiere expresión concreta no sólo
por las normas jurídicas estatales sino también por los tratados internacionales que fijan
como fundamento inalienable e intransferible los principios de la preservación a la vida, la
libertad, la igualdad, la libertad de expresión y conciencia, la seguridad, la sexualidad, la
ciudadanía y la educación, entre otros. El principio de la universalidad de los derechos
humanos es la piedra angular del derecho internacional destacado en la Declaración
Universal de Derechos Humanos, en donde se ha reiterado en numerosos convenios,
declaraciones y resoluciones internacionales sobre dichos preceptos. En la Conferencia
Mundial de Derechos Humanos celebrada en Viena en 1993 se dispuso que todos los Estados
tuvieran el deber, independientemente de sus sistemas políticos, económicos y culturales,
de promover y proteger todos los derechos de las personas y las libertades fundamentales.

La persona como unidad bio-psico-espiritual adquiere derechos, garantías y obligaciones que


le permiten desarrollarse entonces en la comunidad humana. Esta compleja estructura que
integra a la persona cuenta con capacidades que le son propias y que -como menciono
anteriormente- permiten distinguirla de los demás seres: la inteligencia por la que se orienta
al conocimiento de la verdad y la voluntad libre por la que se orienta a la elección del bien.
Estas capacidades propias del ser humano son elementos reflexionados recurrentemente
por la ética, permitiendo el entendimiento sobre su accionar. Cada elección se realiza desde
la particularidad del ser, motivo por el cual se le atribuye el carácter de singular; pese a ello
la persona no vive sola sino que se realiza en interacción con otros. El principio de asociación
es también un derecho inalienable al ser humano y supone la libre disponibilidad de las
personas para constituir formalmente agrupaciones permanentes o personas jurídicas con
fines específicos. Claramente este derecho se adscribe a la esfera de las libertades de
pensamiento, expresión, reunión y participación política canalizándose en diferentes
agrupaciones, partidos o asociaciones.

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Una de las principales expresiones que nuclea el principio de asociación y representatividad


son los sindicatos entendidos como aquella organización que representa a los trabajadores
de una misma actividad, sector o profesión con el fin de garantizar la defensa de sus
intereses comunes, de sus salarios y condiciones laborales. La organización supone la
presencia de sus propios representantes dentro del gobierno democrático elegido por el
pueblo y para el pueblo, para tratar temas como las escalas salariales, la jornada laboral, la
salud y la seguridad en el trabajo, también para mejorar la calidad de vida de los
representados y la seguridad social como elementos prioritarios de su gestión. Desde otra
perspectiva, sin fines de lucro como prioridad central, las ONG funcionan como
organizaciones que también representan a ciudadanos e intereses compartidos, tienen la
peculiaridad de no formar parte de las esferas gubernamentales y por lo general son
conformadas por ciudadanos comunes que comparten una visión y misión común
manteniendo autonomía de gestión e imparcialidad, evitando la financiación oficial y
trabajando a través de voluntariados. El alcance de las ONG es muy variado: pueden poseer
un carácter benéfico, recuperación y preservación de patrimonialidad natural o cultural o de
otras índoles, como el caso de la Fundación Pueblos Nativos –abordada durante el ciclo
lectivo- quien tiene como prioridad visibilizar las problemáticas de los pueblos nativos,
brindando los medios necesarios para combatir la situación de pobreza en la que los han
sometido pero además para garantizar el respeto por su dignidad como sujetos de derechos
y el reconocimiento cultural de su legado.

Todos estos espacios comparten un mismo fin: la expresión ciudadana. La democracia ha


adquirido una vigencia y un valor universal muy significativo y transcendental en la
contemporaneidad, donde los hombres pueden transformar la realidad y la sociedad según
su libre arbitrio de las imposiciones políticas y los avatares de la historia. La expansión del
orden político democrático, considerado como el resultado de la actividad de los hombres
librados a su propio juicio, conlleva en consecuencia a la centralidad de la ciudadanía, que es
la esencia de la política democrática. Esta vida ciudadana no podría transcurrir sin un
dispositivo institucional –como se destacó anteriormente- que regularizara su accionar,
aunque no es definitivo y universal sino que está sujeto a las mutaciones propias que
requieren los principios democráticos, culturales y sociales.

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Para finalizar solo restaría establecer un lineamiento general a fin de resaltar las principales
peculiaridades de la Unitá humana, en este caso como condición esencial de la persona. El
hombre es un ser social por naturaleza y como ser comunicativo se entrega a la participación
con el objetivo de construir relaciones interpersonales para auto-realizarse en conjunto con
otros. Claramente en el camino por el desarrollo de la sociedad humana, las leyes establecen
un marco referencial para asegurar la participación, la organización y la preservación de los
principales derechos de todas las personas y el desempeño de la ciudadanía para la vida
democrática, fin prioritario de los Estados contemporáneos.

En un mundo donde se han consolidado las rutinas alienantes, los dispositivos institucionales
a la par de los poderes facticos, los aparatos ideológicos oficiales, monopolizadores de la
“realidad actual”, la ciudadanía en conjunto con la totalidad de las expresiones cívicas se
presentan como las únicas portadoras de los cambios posibles, cambios que deberán
dinamizar la historia hacia un futuro integrado y plural esgrimiendo la libertad y el derecho
como principales armas de la democracia y el mandato popular.

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