GRAMÁTICA ESPAÑOLA GRUPO 2 PROFª.
ANA MANCERA RUEDA
NOTAS BIBLIOGRÁFICAS PARA LA ELABORACIÓN DEL
TEMA 14: DE LA ORACIÓN AL DISCURSO
Extracto de: Rodríguez Ramalle, M. T. (2015): Las relaciones sintácticas, Madrid,
Síntesis.
Cuando se habla de sintaxis se piensa a menudo en la estructura del verbo
y sus participantes, en asuntos de configuración, en estructura y jerarquía. En
definitiva, en orden. La sintaxis es esto, pero mucho más, pues las cuestiones
de configuración, estructura y jerarquía afectan a fenómenos que no están
ligados al verbo y sus argumentos, sino a procesos que se han ubicado, por
diferentes razones […] en el margen izquierdo de la oración o en la periferia
izquierda (left periphery), término teórico que vamos a utilizar en este libro.
1) La periferia de la oración
Desde hace ya algunos años, las propuestas acerca de la cartografía o
periferia oracional (Rizzi, 1997 y 2001; Cinque, 1999; Belletti, 2004 […]) han
desarrollado esta ámbito sintáctico muy vinculado en sus comienzos, y todavía
en estos días, a la descripción de los diversos fenómenos de topicalización y
focalización que afectan a las lenguas, especialmente a las romances, aunque
también se han desarrollado estudios comparativos con las germánicas
(Frascarelli y Hinterhölz, 2007).
Existen estructuras sintácticas que se organizan en el margen izquierdo
de la oración de acuerdo con un orden o jerarquía y siguiendo condiciones de
compatibilidad:
(35) a. Francamente/Sinceramente, ¿qué quieres saber de mí?
b. Francamente/Sinceramente, a Luis, no le he vuelto a ver.
c. * ¿Quién LECHE (y no agua) ha comprado?
d. * LECHE (y no agua) ¿quién ha comprado?
e. A JUAN (y no A Pedro) quería ver Luisa el otro día.
(36) a. Los libros, a Luis, ¿quién se los va a comprar?
b. *¿Quién, los libros, a Luis, se los va a comprar?
Los adverbios orientados a la manera del decir, expresión del punto de
vista u opinión del responsable de la manera de hablar, se sitúan delante de las
interrogaciones, como vemos en (35a), y de los tópicos, en (35b). Por su parte,
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los pronombres interrogativos son incompatibles con el foco antepuesto
contrastivo, marcado en las oraciones con letras mayúsculas,
independientemente del orden respectivo, según tenemos en (35c y d). En
cuanto a los tópicos, se sitúan delante de los operadores interrogativos, pero no
detrás, tal y como se aprecia en el contraste entre (36a) y (36b).
[A la hora de analizar los elementos que se sitúan en la periferia de la
oración] el problema que se plantea […] es, como propone Rizzi (2013), el de
elegir entre dos opciones: o la sintactización de propiedades discursivas o la
pragmatización de propiedades que pueden tener relevancia en la oración. En
otras palabras, incluir en la estructura funcional de la oración operaciones que
tienen que ver con la organización del discurso en todos sus ámbitos o tratar
estas desde fuera de la sintaxis […]. A este respecto, las propuestas de [análisis
de los elementos presentes en la periferia izquierda] han permitido sacar a la luz
en unos casos y sistematizar en otros una serie de datos y correspondencias que
han revelado una nueva dimensión acerca de la relación entre la sintaxis
(periférica) y las cuestiones relacionadas con el discurso. La estructura
informativa de la oración, los participantes en el discurso, el contexto lingüístico
y extralingüístico, o las fuentes de la información son términos que tienen una
dimensión sintáctica, puesto que existen categorías gramaticales (conjunciones,
locuciones, adverbios, partículas discursivas) y construcciones (topicalizaciones,
focalizaciones, estructuras enfáticas) que solo se pueden explicar de manera
integrada haciendo uso de tales dimensiones. Al incluir estos conceptos en la
sintaxis, podemos ver que, en efecto, la oración se extiende.
En este libro vamos a tratar, en consecuencia, de la relevancia sintáctica
de fenómenos de índole discursiva, pues afectan a la propia construcción
sintáctica, a su configuración y a las relaciones entre categorías. Pensemos, por
ejemplo, en los motivos por los que una oración subordinada en subjuntivo,
frente a la misma oración en indicativo, no permite la presencia de focos, como
observamos en la oración que propone Gallego (2007), ni de adverbios que
implican una focalización enfática; tal es el caso de bien en el ejemplo tomado
de Batllori y Hernanz (2013):
(38) a. Juan dijo que MUCHAS COSAS había visto.
b. * Juan quería que MUCHAS COSAS viera (Gallego, 2007).
c. * Los médicos han decidido que el paciente bien tomara pastillas.
(Batllori y Hernanz, 2013: 24).
El contraste entre las oraciones de (38 a y b) parece deberse a la
morfología verbal. El subjuntivo es un tiempo dependiente desde un punto de
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vista sintáctico y ello parece determinar que no todos los fenómenos del margen
preverbal encuentran posiciones disponibles. El indicativo, por el contrario, es
un tiempo independiente y denota una aserción no ligada a una oración
principal y su estructura, por tanto, también es independiente.
2) Las partículas discursivas
Existen unidades cuyo estudio puede abordarse desde una perspectiva
que integre sintaxis y discurso. Es el caso de las categorías gramaticales:
nombres como hombre, mujer; adjetivos como bueno, claro; verbos como venga, vale;
preposiciones como encima; adverbios simples (bien) o derivados
(consiguientemente, consecuentemente) y un buen número de locuciones
preposicionales y adverbiales, como en realidad, en efecto, de alguna manera, en cierto
modo, en cualquier caso, etc. Todas ellas no tienen el significado que se podría
esperar si tenemos en cuenta su naturaleza categorial, en el caso de las unidades
simples, y el significado de las categorías que los conforman, si estamos
hablando de las locuciones.
A estos elementos se les ha denominado conectores, marcadores del
discurso (Garcés, 2008) o partículas discursivas, término preferido por Luis
Santos Río (2004) o por Briz, Pons y Portolés en el Diccionario de partículas
discursivas del español (www.dpde.es).
Veamos las características que nos permiten identificar este tipo de
elementos. Las partículas discursivas son unidades invariables, como las
conjunciones y locuciones; como estas, tampoco ejercen ninguna función
sintáctica y su papel es el de ‘guiar, de acuerdo con sus distintas propiedades
morfosintácticas, semánticas y pragmáticas, las inferencias que se realizan en la
comunicación’ (Martín Zorraquino y Portolés, 1999: 4057).
Las partículas discursivas comparten unas mismas características básicas,
como ha señalado Cuenca (2001 y 2010): posibilidad de concurrencia con
conjunciones, movilidad posicional, invariabilidad, ausencia de significado
composicional y carácter parentético:
(41) a. Pues ha marcado goles, y por cierto, goles muy bonitos.
b. Juan está a punto de llegar, por lo tanto, prepara un plato más.
Como vemos en (41a), pueden aparecer como aposición de conjunciones
de diferente tipo, precisando su significado. Tienden a situarse en posición
inicial o detrás de la conjunción, aunque también pueden insertarse en posición
intermedia, como en cambio, por otro lado, por lo tanto, según tenemos en (41b), casi
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siempre separadas de la estructura oracional por pausas. Por otra parte, se
encuentran plenamente lexicalizadas, por lo que, en el caso de provenir de
formas susceptibles de variación flexiva, quedan invariables en su uso como
partículas discursivas. Así, por cierto no alterna con por verdadero o en cierto, ni
admite plural ni variación de género: *por ciertos, *por cierta. En muchos casos,
los elementos que actúan como partículas discursivas poseen la misma forma
que otro sintagma de la lengua dotado de significado composicional. Este es el
caso, por ejemplo, de encima y de ahí, que poseen valor espacial como
complementos circunstanciales, pero que en su papel como partículas
consecutivas y aditivas, respectivamente, poseen un valor totalmente diferente
al locativo originario. A veces se dice que pueden eliminarse, pero lo cierto es
que son elementos imprescindibles en toda comunicación, pues facilitan la
relación entre oraciones y la interpretación por parte del oyente.
Portolés (2011) incluye otro criterio básico: el significado de
procesamiento. Existen palabras cuyo significado principal no es conceptual y,
en consecuencia, es difícil de representar mentalmente. Fijémonos en estos dos
ejemplos: Ana come manzanas y Pues, hombre, claro, ¿no? Únicamente en el primer
caso podemos imaginarnos la escena. En el segundo ejemplo, lo único que
podemos representar mentalmente es la propia palabra escrita, pues carece de
contenido que pueda ser parafraseable o identificado.
Así pues, posibilidad de concurrencia con conjunciones, movilidad
posicional, invariabilidad, carácter parentético, ausencia de significado
composicional y de función sintáctica son los criterios que nos permiten, en
estos momentos, delimitar la clase de las partículas discursivas. No obstante,
existen categorías que se incluyen en algunas ocasiones en la clase de las
partículas discursivas, aunque no todos sus miembros cumplan con los
requisitos que acabamos de ver. Un ejemplo de este análisis lo encontramos en
la clase de los adverbios en -mente, modificadores de toda la oración y que están
orientados bien a la manera del decir, bien al hablante como responsable de lo
que dice […]:
(42) a. Francamente, no sé qué más puedo hacer para convencerte.
b. Honestamente, no creo que sea inocente.
[…] las propiedades semánticas y la propia distribución sintáctica de los
adverbios en -mente se debe poder predecir de las propiedades de la base
adjetiva. Esto determina que el tipo de modificación que realizan los adverbios
dependa de las propiedades del adjetivo. Comparemos los datos de (42) con los
de (43):
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(43) a. Preferiría que me hubieras hablado francamente.
b. Juan se comportó honestamente.
En (43) tenemos ejemplos de adverbios que modifican a la predicación
verbal: a las maneras de hablar y de comportarse. No es casual que estas mismas
formas puedan modificar al hecho mismo del decir, como vemos en (42), pues
las mismas bases adjetivas pueden intervenir en la formación de ambos tipos de
adverbios, ya que, tanto en los adverbios de manera verbal como en los
adverbios de la manera del decir, los adjetivos que aparecen en la estructura
morfológica del adverbio se predican de los individuos en relación con la acción
que realizan; esto es, adjetivos como franco y honesto pueden llegar a expresar una
propiedad de la acción que realiza un individuo. […]
En el caso de adverbios del tipo de brevemente, la base adjetiva breve puede
aplicarse para definir, entre otros eventos, a los verbos de habla: hablar, contar,
relatar, etc. Es de esperar, por tanto, que el adverbio puede modificar a una
predicación encabezada por dicho verbo o a la oración, expresando un tipo de
manera de hablar del hablante:
(44) a. Brevemente, esta solución no me convence.
b. Resume todo brevemente.
La consecuencia más importante de lo dicho reside en que la
interpretación de los adverbios en -mente se deduce directamente de la herencia
de las propiedades léxicas de la base adjetiva y de la posición que ocupan los
adverbios en la estructura oracional (Rodríguez Ramalle, 2003). Esto implica
que los adverbios oracionales, en general, no son partículas discursivas, pues el
significado de los adverbios es básicamente conceptual, predecible a partir de
sus constituyentes, y no procedimental, tal y como argumenta Portolés (2011).
El significado de las partículas discursivas constituye una especie de
instrucción que se da al interlocutor sobre la manera de interpretar las
informaciones que se exponen en el enunciado. Este tipo de instrucción o guía
varía según el tipo de partícula que tengamos: aditiva (encima, asimismo, igualmente,
etc.), contraargumentativa (pero, sin embargo, no obstante, con todo, en cambio, por el
contrario, de todas formas, etc.), consecutiva (en consecuencia, por ese motivo, causa o
razón, así pues, de manera que, etc.), reformulativa (o sea (que), es decir (que), esto es,
dicho de otro modo, con otras palabras). Esta clasificación no es ni mucho menos
exhaustiva, pues existen partículas difícilmente clasificables, como ¡hombre!,
¡mujer!, venga, oye, etc., cuyos valores parecen agruparse en una variedad de
contextos.
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Las partículas discursivas expresan la actitud u opinión del hablante con
respecto al contenido de la oración. En alemán, por ejemplo, el hablante utiliza
ja para enfatizar que el contenido de la oración es evidente y no ofrece ninguna
duda. Al mismo tiempo que el hablante expresa un contenido, lo valora:
(45) Er kann ja schon sprechen.
Él puede [partícula] ya hablar.
‘Él ya puede hablar, y esto es evidente’.
(Coniglio y Zegrean, 2010)
En español podríamos tener valores similares asociados a estructuras del
tipo de claro que, naturalmente que, con las que se expresa una valoración enfática.
Aunque las partículas se presentan como opcionales, su presencia, al estar
vinculada a la actitud del hablante, interviene decisivamente en la interpretación,
como ya hemos apuntado. Fijémonos en los siguientes datos del italiano:
(46) Chiama la polizia!
Llama la policía
‘¡Llama a la policía!’
(47) Chiama pure la polizia!
Llama [partícula] la policía
‘¡Llama a la policía (si quieres)!’
(Coniglio y Zegrean, 2010)
Por buscar de nuevo la comparación con el español, podríamos tener en
la misma situación partículas como ¡venga! y ¡vamos!, compatibles con la
modalidad exclamativa.
En todos los casos, las partículas permiten al hablante expresar su
opinión o actitud, al mismo tiempo que guían la interpretación del oyente. Son
manifestaciones, por tanto, del hablante, pero no como una entidad fuera de la
sintaxis, sino como un elemento que se codifica precisamente a través de índices
como los adverbios orientados al hablante o las partículas discursivas.
***
3) Los adverbios oracionales
Al igual que existen modificadores que pueden afectar directamente al núcleo
verbal o a la predicación, encontramos modificadores con un alcance mayor,
pues incluyen a toda la oración, tanto a la predicación verbal como a la
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modalidad oracional. Los adverbios oracionales son un ejemplo de este tipo de
modificación. […]
(1) a. Probablemente, la fiesta terminará/termine temprano.
b. Lamentablemente, la fiesta terminó temprano.
c. La fiesta, necesariamente, terminará temprano.
d. Naturalmente, la fiesta terminó temprano. […]
(2) a. Probablemente Juan estudia/estudiaba/estudie/estudiará/ha
estudiado.
b. Difícilmente ?? llueve/*llovía/ llueva/lloverá/*ha llovido.
c. Juan estudia/estudiaba/*estudie/estudiará/ha estudiado,
posiblemente.
Como vemos en los ejemplos, el modo verbal contribuye a la gradación
de la probabilidad-posibilidad-certeza de una oración. Un adverbio como
probablemente puede regir tanto indicativo como subjuntivo, al igual que
posiblemente, quizá, acaso, tal vez, dependiendo del grado de certeza que posea el
hablante ante lo que está diciendo. En cuanto a difícilmente, este adverbio tiende
a seleccionar el modo subjuntivo, puesto que se sitúa en el extremo opuesto al
de la certeza, salvo si el tiempo es futuro, en cuyo caso puede regir un modo
indicativo. Este último hecho no debe sorprendernos, puesto que el futuro
posee en español un valor modal epistémico, claramente identificable en
contextos como: Serán las cinco.
[…] la interpretación de los diferentes tipos de adverbios con dominio
oracional se puede predecir a partir de las propiedades semánticas de sus
respectivas bases adjetivas, lo que implica que las propiedades sintáctico-
semánticas de los adverbios oracionales: su alcance, su interpretación orientada
a la modalidad y a la manera del decir, no son consecuencia de un proceso de
gramaticalización y codificación de rasgos especiales, como ocurriría si fueran
partículas discursivas, sino que todo ello es predecible a partir de las
propiedades de la base adjetiva, tal y como ocurre en otros procesos derivativos.
[…]
Speas y Tenny (2003) proponen que el oyente, el hablante y el contenido
son papeles discursivos que tienen su lugar en la representación sintáctica, como
si se trataran del agente, tema o evento verbal. La existencia en lenguas
diferentes de construcciones interrogativas en las que se apela directamente a la
intervención del oyente, de adverbios orientados al hablante, de perífrasis con
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un valor modal, nos permite justificar la relevancia sintáctica de estas nociones,
aparte de que puedan servir para articular análisis pragmáticos diversos. […]
La posición periférica no es idéntica a la interna, pues las categorías
establecen conexiones con los elementos con los que mantienen relaciones
estructurales, que pueden determinar sus propiedades. Queremos decir que,
aunque podemos encontrar un adverbio como deshonestamente modificando a la
predicación, como en (5a), no puede orientarse hacia el hablante y la manera del
decir, como vemos por la agramaticalidad de la oración de (5b).
(5) a. Luis se comportó deshonestamente (adverbio de manera verbal).
b. *Deshonestamente, ¿por qué te desagrada tanto mi amigo?
El adverbio con el prefijo negativo deshonestamente, frente a honestamente,
no puede orientarse ni hacia el hablante ni hacia el oyente, pues no existe un
hablante que se defina como deshonesto al hablar o un oyente al que se le pida
que sea deshonesto al contestar. De nuevo tenemos que pensar en la existencia
de categorías periféricas que codifican la presencia del hablante, el oyente y el
propio contenido y que son las responsables de la legitimación de clases
concretas de adverbios, que no son la simple imitación de los adverbios
documentados en el dominio verbal.
***
4) La estructura informativa de la oración
El orden de la oración codifica la división de la información en conocida
y nueva, en tema y rema. Tema es todo aquello de lo que trata una oración. Una
oración puede tener un tema discursivo, que no se tiene por qué corresponder
con un constituyente sintáctico y que puede referirse a unidades mayores de la
oración. Así, cuando hablamos del tema de este libro o del tema de este artículo,
estamos hablando del tema discursivo. Aquí vamos a tratar del tema oracional,
pues es el que está directamente relacionado con un constituyente sintáctico y
tiende a identificarse con una posición determinada en la oración. Suele
denominarse tópico al constituyente sintáctico que codifica la información que
representa el tema. Los tópicos se sitúan en primera posición; por lo tanto, en
un orden no marcado, en el que el sujeto se sitúa en posición preverbal seguido
del verbo y del resto de complementos; el sujeto representa el tema, mientras
que el predicado es lo que se dice acerca del tema.
En cuanto a la información nueva o remática, se define como la parte no
presupuesta de la oración, lo que significa que es la parte que contiene la
información no compartida por los interlocutores, la que no se presupone. Los
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focos son los constituyentes que codifican sintácticamente el rema. Fijémonos
en las siguientes oraciones:
(6) La reunión será mañana a las doce de la mañana.
El tema del discurso es la reunión a la que tienen que acudir todos los
trabajadores. El tópico se identifica con el sujeto la reunión; en esta oración se
propone la existencia de una reunión ya conocida. Lo desconocido es el día y la
hora: el foco, la información no presupuesta.
Hay lenguas que codifican la información discursiva por mecanismos
morfológicos [por ejemplo, el japonés]. En otras lenguas, en cambio, son el
orden y la entonación o asignación de acento los que nos permiten distinguir
entre tópico y foco. En algunos casos, ambos factores son pertinentes, como
ocurre por ejemplo en español o en catalán, lenguas en las que los tópicos se
marcan atendiendo al orden, mientras que los focos se marcan principalmente
por entonación. […]
Las propiedades sintácticas de los tópicos son las siguientes. En general,
se asume que los tópicos no implican la posposición del sujeto, aparecen
doblados por clíticos y pueden iterarse tanto encabezando una oración principal
como subordinada. Estas características se documentan especialmente en las
lenguas romances:
(8) a. En Madrid, Juan visitó el Museo del Prado.
b. A Luis, el premio se lo entregaron en mano.
c. A sus amigos, María los invitó ayer.
d. Estoy segura de que a sus amigos, María los invitó ayer.
Además, existe una dependencia gramatical entre el tópico y la posición
dentro de la cláusula en la que dicho tema desempeña su función. Dicho de otro
modo, si el tópico es un complemento que lleva preposición, dicha preposición
debe aparecer también acompañando al constituyente topicalizado, como
vemos a continuación:
(9) a. De María no quiero hablar (de María).
b. Estoy segura de que con María, Pedro prefiere no salir (con
María).
En algunos casos existe la posibilidad de encontrar marcas de tópicos
tanto en el español actual como en el medieval.
(10) a. He preguntado que, esas zapatillas, que de quién eran.
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b. María me ha preguntado que, los libros, que cuándo se los
piensas devolver.
En las oraciones de (10) existen dos realizaciones del que: una, la que
introduce una subordinada; otra, la que se sitúa entre el tópico y el sintagma que
incluye el pronombre interrogativo. Este segundo que no introduce ninguna
oración: parece acompañar al tópico.
En español, desde la época medieval, tenemos documentados ejemplos
en los que la conjunción que se realiza de manera opcional detrás de los
constituyentes topicalizados. Fernández Ordóñez (2009) utiliza este dato como
prueba de la existencia de tópicos en la lengua alfonsí. Este que acompañante de
los tópicos aparece básicamente con verbos de lengua (decir, contar, departir, rogar,
prometer, yurar, entender, tener, aver, ‘opinar, creer’) y, según la lingüista citada, se
puede entender como una repetición de la conjunción subordinante:
(11) a. Dizen que [Tóp un mancebo d’aquellos estrelleros e fechizeros e
d’aquellos encantadores de Egipto] que era de los mejores omnes de la
iterra e casara con una mugier muy fermosa. […] (Fernández Ordóñez,
2009).
Nótese que la presencia del que en el español moderno no depende
exclusivamente de la existencia de un verbo de habla, pues también se
documenta en oraciones principales, tal y como vemos en los ejemplos de (12),
encabezadas preferentemente por algún tipo de marca discursiva como es la
propia conjunción, o esta combinada con una interjección previa.
(12) a. Que el libro, que lo tienes que devolver cuanto antes.
b. Oye, que el libro, que lo tienes que devolver cuanto antes. […]
Algunas de las propiedades que se utilizan para identificar a los tópicos
deben ser matizadas. En primer lugar, en español, lengua que carece de clíticos
para el sujeto y los circunstanciales; los únicos tópicos doblados por clíticos
serán los de objeto. No afecta el doblado, por lo tanto, ni al sujeto ni a los
diversos tópicos adverbiales que actúan como enmarcadores de la predicación.
En cuanto a estos últimos, pueden ser adverbios y construcciones locativas y
temporales con alcance sobre la oración, incluida la modalidad; por ello también
se pueden ubicar delante de una interrogación:
(14) a. Normalmente, ¿te sientes a disgusto?
b. En verano, ¿te levantas temprano por las mañanas?
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Estos adverbios y construcciones se emplean para situar la predicación
dentro de unas determinadas coordenadas locativas y temporales. También son
adverbios enmarcadores los de punto de vista o dominio.
(15) a. Deportivamente, el equipo, hoy, no me ha gustado nada. […]
[L]as construcciones absolutas tienen propiedades de tópico, con
independencia de su posición lineal final, según Pérez Jiménez y Quibén
Moreno (2008). En primer lugar, preceden también a los pronombres
interrogativos, como vemos en (16); además, como el resto de tópicos, permiten
la presencia de la conjunción que (16c):
(16) a. María me preguntó que, encarcelado mi marido por el asunto de
la herencia, qué pensaba hacer yo con mi parte del negocio común. […]
c. Ana dijo que, amenazado por el paro, que Juan no dudaría en
suicidarse.
(Pérez Jiménez y Quibén Moreno, 2008)
***
Sobre [los focos] existe un consenso general en cuanto a la existencia de
un foco informativo o neutro con características diferentes a las del foco
contrastivo o enfático. Un buen medio para identificar el foco informativo de
una oración es usar el esquema de pregunta-respuesta. Dada una respuesta a
una pregunta parcial, podemos identificar el foco como aquella parte de la
aserción que sustituye al pronombre interrogativo en la pregunta
correspondiente. En las siguientes oraciones marcamos el ámbito del foco en la
estructura sintáctica por medio de corchetes etiquetados con el rasgo F(oco).
(23) a. P: ¿Qué ocurrió?
R: [F María rompió el jarrón].
b. P: ¿Qué hizo María?
R: María [F rompió el jarrón].
c. P. ¿Qué rompió María?
R: María rompió [F el jarrón].
d. P: ¿Quién rompió el jarrón?
R: El jarrón, lo rompió [F María].
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En español, el foco informativo siempre ocupa el margen derecho de la
oración. […] Este requisito posicional se debe a que el constituyente que se
interpreta como foco informativo tiene que contener la palabra que recibe el
acento neutro. De acuerdo con Zubizarreta (1998 y 1999), este acento siempre
recae en español en la última palabra del grupo fónico: última palabra delante
de un punto, punto y coma o coma, por lo que el foco neutro debe identificarse
a partir de la última posición en un grupo prosódico.
Si aplicamos este principio al orden básico del español SVO, el resultado
es que el acento nuclear recaerá sobre el objeto. Dado que el foco debe contener
siempre el constituyente marcado con acento nuclear, en el orden SVO puede
interpretarse como foco desde toda la oración hasta el objeto, pasando, por
supuesto, por la propia predicación verbal. Esta es la situación de la oración de
(23a), que puede ser una respuesta válida a preguntas sobre toda la oración,
sobre el verbo y sus complementos o sobre el objeto directo. Si la pregunta
afecta solo al sujeto (23d): ¿Quién rompió el jarrón?, la respuesta María rompió el
jarrón resulta informativamente inadecuada. Dada la pregunta, el foco tiene que
ser María, pues es la parte no presupuesta de la oración, la que desconocemos.
Una posible respuesta, válida desde el punto de vista de la disposición
informativa de los constituyentes, sería El jarrón, lo rompió María, orden VOS, en
el que María recibe el acento nuclear, pues es el último elemento del grupo y
además es el elemento foco que contiene el acento. Para llegar al orden VOS se
ha tenido que producir una serie de reordenamientos en la oración, con el
objetivo de dejar al constituyente foco, el sujeto, en una posición donde pueda
recibir el acento nuclear dentro de la oración; o sea, en la frontera derecha del
grupo fónico. En concreto, el orden VOS se deriva a partir del orden más
habitual en español SVO a través de un desplazamiento del verbo y del objeto
hacia la parte izquierda de la oración, con el fin de dejar al sujeto foco en el
margen derecho.
El otro tipo de foco, el contrastivo o enfático, tiene dos características
principales: por un lado, niega una parte de la presuposición introducida por el
contexto asertivo y, por otro, asigna un valor alternativo a esa parte de la
presuposición negada. Si el acento nuclear neutro, asociado al foco neutro o
informativo, se coloca en la última palabra del grupo o constituyente, el acento
enfático o contrastivo es relativamente libre, pues puede colocarse sobre
cualquier morfema acentuable. Normalmente aparece indicado mediante letras
mayúsculas, como vemos en los ejemplos de (24b):
(24) a. MARÍA rompió el jarrón (no Pedro).
b. Te acuso A TI (y no a él).
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***
5) La polaridad
Existen dos tipos de elementos que intervienen en la polaridad afirmativa y
negativa de una oración: los operadores negativos y positivos y los términos de
polaridad, cuya interpretación está ligada a la presencia de los primeros. Los
operadores, básicamente los adverbios sí y no, son los encargados de crear los
entornos positivos o negativos que determinan la polaridad de la oración. La
posición de ambos elementos en español es preverbal, precediendo al verbo:
Juan {no/sí} ha llamado a su madre. Empecemos hablando de ellos.
Semánticamente, los adverbios negativos y positivos no y sí actúan como
operadores que toman alcance sobre la oración, creando las condiciones
pertinentes dentro de las cuales interpretar un enunciado. Pero estos adverbios
no son desde luego equivalentes. El adverbio negativo no no se opone al
adverbio afirmativo sí, sino a una oración sin ninguna marca de polaridad
afirmativa, pues si esta se proyecta, el resultado es una afirmación enfática. Por
esta razón, la afirmación es el miembro no marcado de la oposición de
polaridad, por lo que su marca es precisamente su no realización. Cuando se
proyecta en la oración adquiere un valor añadido, pues no denota la simple
afirmación o aserción, sino que sirve para expresar la afirmación enfática
(Moreno Cabrera, 1991; Hernanz, 1996). […]
En diferentes trabajos, Batllori y Hernanz (2008, 2011 y 2013) realizan
una interesante propuesta acerca de la polaridad, su relación con el foco y la
creación de términos de polaridad enfática –positiva y negativa- en español y en
otras lenguas románicas. El punto de partida de estas investigaciones parte de
la estrecha relación que existe entre la polaridad y el foco, o lo que es lo mismo,
entre la expresión de la afirmación y la negación y el énfasis contrastivo. Ya
hemos dicho que la propia presencia de sí expresa un grado de énfasis que no
está presente en una oración afirmativa sin adverbio realizado. El adverbio sí
[…] provoca el desplazamiento del verbo y la consiguiente posposición del
sujeto.
(33) a. Sí ha comido María.
b. *Sí María ha comido.
Este hecho es especialmente relevante, pues nos permite establecer una
relación entre polaridad enfática y foco. El adverbio sí no sería una marca solo
de polaridad, sino que, dado su carácter enfático, estaría vinculado con una
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estructura de foco, lo que determinaría su doble cara: elemento de polaridad
enfática, en el que la interpretación enfática procede del carácter focal. […]
En español, el adverbio bien se utiliza como marca de polaridad positiva
con valor enfático. No obstante, no todos los usos de bien antepuestos
adquieren este valor, pues solo podemos hablar de la presencia de un término
de polaridad si la anteposición implica la pérdida del valor originario del
adverbio como modificador del verbo. Fijémonos en la oración Bien lo sabemos.
En ella, el adverbio bien es un modificador de la manera verbal: ‘Todos sabemos
bien que…’. Sin embargo, en Bien viene a verme cuando me necesita, el mismo
adverbio bien, más que denotar la manera como se produce el evento verbal
(‘viene a verme bien’), denota que dicho evento realmente tuvo lugar. Este es
un ejemplo de adverbio utilizado como marca de polaridad positiva enfática
(Batllori y Hernanz, 2008).
Una mención aparte merece el adverbio ya en español. Fijémonos en los
siguientes contrastes:
(35) a. Juan ya no viene.
b. Ya sabía yo lo que iba a pasar.
c. *Ya no sabía yo lo que iba a pasar.
Mientras que en el primer ejemplo ya es un adverbio aspectual, en el
segundo, en posición preverbal, ya es un adverbio asociado a la afirmación, de
modo idéntico al bien en los ejemplos arriba señalados; no modifica el aspecto
interno de la acción, sino la opinión afirmativa que tiene el hablante ante lo que
dice. La prueba de ello es que, como vemos en (35c), resulta incompatible con
la negación. […]
En español, la afirmación enfática requiere el apoyo de la conjunción que
con un tipo de adverbios e interjecciones.
(40) A: ¿Suponía usted que la corrupción iba a llegar hasta tales
extremos?
B: ¡Por supuesto que no!
b. Naturalmente que iré contigo.
Dentro de los cuatro tipos principales de adverbios modales vistos [al
comienzo de este tema], los adverbios evidenciales, como naturalmente,
evidentemente, lógicamente, obviamente, son los que se documentan productivamente
acompañando a la conjunción que en este tipo de construcción.
Tanto sí como bien, operadores de polaridad positiva, también desarrollan
esta construcción.
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GRAMÁTICA ESPAÑOLA GRUPO 2 PROFª. ANA MANCERA RUEDA
(41) a. Sí que iré, no lo dudes.
b. Bien que sabíamos lo que iba a pasar. […]
Ciertas interjecciones, fundamentalmente vaya, también desarrollan un
valor enfático cuando aparecen con que:
(42) a. A: Al final pudiste terminar el trabajo a tiempo.
B: ¡Vaya que pude! Estuve toda la noche trabajando.
b. ¡Vaya si lo sabe! Ese se entera de todo el primero.
Las interjecciones tienen la peculiaridad de poder estar seguidas, no solo
de que, sino también de si. Además, […] [pueden desarrollar] un valor gradativo
sobre un constituyente oracional (¡Anda que no he ido yo veces a ese sitio! ‘He ido
muchas veces a ese sitio’).
Frente a los ejemplos vistos hasta ahora, existen otros recursos en los
que ciertos adjetivos con carga valorativa, y que se ven afectados por un
desplazamiento hacia el margen preverbal, también desarrollan una lectura de
afirmación enfática. La conjunción es de nuevo obligatoria.
(43) a. ¡Listo que es Juan!
b. Ya ves, ¡guapa que es una!
En algunos casos las estructuras sintácticas entran en contacto, de modo
que una oración exclamativa puede también presentar una lectura enfática. Esto
ocurre cuanto tenemos constituyentes antepuestos que poseen un valor afectivo
o valorativo, como ocurre en ¡Bonito regalo me has hecho!, ejemplo en el que bonito
se comporta como un operador exclamativo similar a qué. Lo relevante en estos
ejemplos es que estamos ante oraciones con un patrón exclamativo y que
parecen utilizar un mismo esquema sintáctico: la anteposición de un
constituyente y la posposición del verbo para expresar, además, polaridad
enfática.
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