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Elegía | Ismael juan romero

Para comenzar, hablaremos del origen de la palabra elegía. El término elegía procede


del sustantivo masculino (έλεγος "élegos") que designa un canto de duelo acompañado
de flauta o (más raramente) lira. De este sustantivo se derivan otros dos sustantivos:

a) n. ἐλεγεῖον ("élegeíon" dístico elegíaco), usado frecuentemente en plural.

b) f. ἐλεγεία ("élegeía" elegía). El origen de este término griego es desconocido.

En la literatura griega se consideraba elegía al poema compuesto en dístico elegíaco, un


tipo de dístico que alterna un hexámetro (Es una combinación de seis pies de los cuales
algunos son dáctilos y otros troqueos, pero los dos últimos pies son siempre los mismos,
final fijo e invariable: el pentasílabo adónico (Un verso de la métrica latina formado por
un dáctilo y un troqueo: –∪∪ – ∪)) y un pentámetro dactílico (–∪–∪∪) Esta estructura
es de pie quebrado. La cobertura del poema es una declaración de intenciones en la
forma. Algunos teóricos como Alonso López, el Pinciano, dicen que, el uso del dístico
cojeante unido a la temática del llanto, lo que hace es expresar formalmente la congoja
del que está llorando.

En su origen, el verso elegíaco era de tema exclusivamente luctuoso, es decir, cantos


épicos donde se hacía una narración al héroe con un componente de alabanza y
elogiando a la muerte. Igualmente, se presencian como cantos de duelo tras la muerte de
alguien reuniéndose para contar anécdotas sobre el muerto. Estas anécdotas podían tener
un carácter narrativo, elogioso, burlesco, reflexivos, etc. Con ellas, se medita sobre el
sentido general de la pérdida y, algunas veces, nos encontramos apelaciones,
invocaciones, exhortaciones; dirigidas a la divinidad o al propio muerto. Por lo tanto, en
una elegía nos vamos a encontrar con el apóstrofe lírico.

Más tarde, en época arcaica (ss. VII-VI a.C.) el dístico elegiaco fue usado en poemas de
gran extensión: cantos fúnebres, a la patria (Como las de Solón), de tema bélico
(Arquíloco, Calino, Tirteo, etc.) y los que actualmente llamaríamos poemas elegíacos
(Mimnermo, etc.). Desde finales del s. VI a.C., su uso se extiende a temas simposiacos o
de banquete (Teognis, Jenófanes, Dionisio Calco) y se hace tan frecuente en las
dedicaciones epigráficas funerarias que, a veces, elegía se convierte en sinónimo de
inscripción funeraria en dísticos.

En sus inicios el dístico elegíaco debió ser siempre cantado con acompañamiento de
flauta y/o lira. Este acompañamiento, especialmente con la flauta, debió ser preceptivo

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al menos hasta comienzos del s. VI a.C. (la lira se asociaría más íntimamente a la poesía
yámbica).

En su origen, el dialecto de la elegía era el jonio y el género debió desarrollarse entre los
jonios como lo hizo la poesía hexamétrica. En el s. VIII, que es de cuando se datan los
primeros ejemplos (Arquíloco, Calino y Tirteo), el género se había extendido a la
Grecia continental. Con el tiempo pasó a convertirse en el género más extendido y el
único que practicaron muchos poetas.

Pasando a la época latina, tenemos que la elegía fue introducida por Ennio, un


dramaturgo del siglo III a.C. Esta forma poética se puso, en ocasiones, al servicio de
una temática amorosa (Siendo poemas eróticos). Aquí encontramos a los dramaturgos
Tibulo y Propercio.

Por último, llegamos a la época Hispánica, partiendo del siglo XV- XVI donde los
poetas españoles del Renacimiento siguen las ideas de la poesía neolatina italiana, es
decir, se entiende como poesía elegíaca cierto tipo de secuencias de poesía amatoria. En
la poesía elegíaca española destacan: Coplas por la muerte de su padre de Jorge
Manrique, del siglo XV. Llanto por Ignacio Sánchez Mejías de Federico García Lorca y
la Elegía a Ramón Sijé de Miguel Hernández.

Actualmente, decimos que la elegía es un tipo de género de fundamentación temática,


porque el rasgo dominante es el tema de la pérdida y, concretamente, el tema de la
muerte. Esta temática se puede ampliar a cualquier clase de pérdida como la amorosa.
Aunque normalmente decimos que tiene una fundamentación temática, en algunos
autores no encontramos ese tema y, sin embargo, decimos que son elegías porque lo
marca el tono melancólico, afligido, donde el poeta expresa un sentimiento triste.

Normalmente, en una elegía siempre hay elementos narrativos que nos cuentan cómo es
la muerte o que nos cuentan cómo ha sido la vida del fallecido. En ellos, hay un tú
explícito al que el poeta se dirige para protestar sobre la pérdida en forma de lamento.
Bien dentro de la narración o de la alabanza, o bien de manera independiente,
encontramos siempre el lamento que es la expresión del dolor del poeta ante la pérdida,
la muerte, etc. A veces la elegía se reduce únicamente a la lamentación, siendo este el
cuerpo central, lo demás quedaría oscurecido. Los llantos medievales muchas veces son
solo llantos.

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Hay un componente que solemos encontrar también en la elegía clásica y que proviene
de esos cantos épicos: la consolación. El carácter reflexivo sobre el valor de la vida, la
muerte, la moralidad; y hace que muchas veces esa reflexión lleve a una consolación
final. El poeta encuentra la consolación en la propia poesía, en un más allá que
demuestra que el muerto ha dejado una memoria de sí que es importante. Esto es como
una conclusión del poema. Por lo cual, la elegía, a través de los tópicos sobre la muerte
como el ubi sunt, se va articulando en una primera escena de presentación (componente
narrativo, alabanza, lamentación, etc.) y llega a la consolación tras esa meditación.

Estos serían componentes de carácter estructural, cómo distribuimos dentro de la


temática general de pérdida esas ideas. El componente de carácter formal sería el de pie
quebrado. Cuando no encontramos este metro de la congoja, del llanto; solemos
encontrar versos de arte mayor. Lo habitual en la elegía es que el verso sea de arte
mayor porque el tema de la elegía es importante, es un tema moral y debe representarse
con ese verso.

Si pensamos en el estilo, recordamos que en la época clásica distinguíamos entre estilo


sublime, para el himno; estilo medio y estilo bajo. Los teóricos del Renacimiento,
cuando hablan de la elegía dicen que a esta no le conviene una retórica sublime porque
se supone que cuando el poeta se está lamentando, está hundido, por lo que no puede
tener un estilo decisivamente ordenado ya que no se correspondería con este estado
anímico. Por otro lado, la elegia, al alabar al muerto, refleja que nuestro dolor es mayor.
Así, la Lamentatio (Lamento) y la Laudatio (Elogio) van de la mano.

En cuanto a los tópicos que aparecen en la elegía, tenemos:

- Soledad que deja el muerto


- Ubi sunt
- Muerte prematura que no avisa
- El problema del paso del tiempo Tempus Fugit
- Decrepitud
- Encuentro con el muerto en el futuro u en otra vida que se supone que es una
consolación, y entonces en una elegía más o menos extensa podemos
encontrar 4 grandes bloques:
o Presentación de la situación inicial de lo que ha ocurrido.

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o Lamentación que corresponde al sentido básico que actualmente


atribuimos a la elegía, o también llamado llanto usando en la edad
media.
o Alabanza del muerto “laudatio”
o Consolación “consolatio”, puede estar el típico que nos vamos a
encontrar en un fututo o algún tipo de consolación filosófica.

Otras obras menos conocidas del género incluyen las siguientes:

- Elegía ininterrumpida (Octavio Paz).


- Oda a Federico García Lorca (Pablo Neruda)
- Rusticatio Mexicana (Rafael Landívar).
- Elegía del recuerdo imposible (Jorge Luis Borges)
- Algo sobre la muerte del mayor Sabines (Jaime Sabines)
- Boletín y elegía de las mitas (César Dávila Andrade).
- Elegía a Juana la Loca (Federico García Lorca).
- Elegía a la muerte Guatimocín, mi padre, alias el Globo (Caupolicán
Ovalles)
- Autoelegias (Luis Perozo Cervantes)