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INTRODUCCIÓN

Poco se ha reflexionado acerca del impacto que las nuevas tecnologías tienen en el ser
humano. Pero es evidente que el uso cada vez más cotidiano e intenso de aparatos como:
smartphones, tabletas, computadoras y todo lo que se une, relaciona o depende de ellos,
ha iniciado una carrera en picada, en casi todos los ámbitos humanos, hacia un destino
incierto.

Con lo anterior no se pretende satanizar el llamado continente digital, sino hacer un alto
para reflexionar en la naturaleza de lo digital: ¿cuáles son sus alcances?, ¿de qué manera
está afectado a las personas?, ¿cuáles son sus potencialidades?, ¿qué pros y qué contras
podemos percibir con respecto al desarrollo integral de todas las dimensiones del ser
humano?

Uno de los filósofos que ha analizado la cuestión es el surcoreano Byung-Chul Han en su


libro En el enjambre. Dicha obra es una verdadera revelación sobre las consecuencias
concomitantes del continente digital hacia lo humano. Por este motivo, al terminar esta
monografía se habrán enlistado las consecuencias antropológicas que lo digital ha traído al
hombre y a la mujer del siglo XXI según lo expuesto por Byung-Chul Han en el libro En el
enjambre, esto con la finalidad de incitar a una reflexión y revaloración de las nuevas
tecnologías por parte de todos los que lean este texto.

Atendiendo a lo anterior, la presente monografía tendrá la siguiente estructura:


primeramente, se expondrán los paradigmas antropológico-sociales que a lo largo de la
historia se han considerado verdaderos hitos en la manera de concebir el ser y el obrar de
lo humano; luego, se presentará el nuevo paradigma que Byung-Chul Han propone en su
libro En el enjambre; por último, se terminará haciendo mención de cómo este cambio de
paradigma tiene una relación muy estrecha con el funcionamiento de la política y economía
de nuestros días.

Se parte de la siguiente hipótesis: lo digital ha generado cambios estructurales en la manera


de percibir, sentir, pensar y convivir de las personas de nuestro tiempo y, en la gran mayoría
de los casos, han sido cambios nocivos que degradan lo humano, lo social, lo político y lo
económico.
I. COMUNIDAD Y MASA

Basta que echemos un vistazo rápido a los libros de historia y de antropología para darnos
cuenta que en los orígenes de la civilización el ser humano tendió a agruparse en
«comunidades». Por eso Aristóteles, en la Política, decía que el hombre es por naturaleza
un «Zoon Politikón»1. En efecto, tanto el animal irracional como el racional se agrupan, pero
sólo el hombre es político porque vive en comunidad. ¿Qué significa esto?

«En la misma naturaleza individual de cada hombre hay una tendencia innata a lograr su
propia perfección […] Pero esa perfección no puede lograrla el individuo en su estado de
aislamiento y soledad. El individuo aislado es insuficiente para bastarse a sí mismo. Por esto
necesita de la agrupación con sus semejantes»2.

Por lo tanto, la comunidad pudiera definirse como una agrupación de personas con la única
finalidad de enriquecerse mutuamente (yo me perfecciono en la medida que tú te
perfeccionas y viceversa). Por eso dirá Aristóteles que el fin de la «polis», es decir, de la
comunidad, debe ser el bien del hombre3. Este es el primer paradigma antropológico social:
la comunidad.

En este modelo existe un rasgo distintivo: el bien común. En efecto, en este esquema de
agrupación existe un esmerado esfuerzo por cultivar, en todos miembros de la comunidad,
una fuerte conciencia colectiva, es decir, que se piense y se actúe en beneficio de todos,
nunca particularmente. Toda acción egoísta será reprochada y castigada.

1 Pol. I 2, 1253a
2 Fraile Guillermo, Historia de la Filosofía I: Grecia y Roma (Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos,
1990), p. 539.
3 Cfr. E. N. I 2, 1094a