LA HEGEMONÍA ESPAÑOLA
España fue la primera gran potencia del mundo moderno. El éxito de su monarquía se debió a dos
factores:
a. Su casa real, la dinastía de los Habsburgo, se benefició más que ninguna otra familia real. Esto le dio a
España un volumen de territorio e influencia que ninguna otra monarquía europea pudo igualar.
b. La conquista del Nuevo Mundo le suministró una superabundancia de oro y plata que puso en manos
de sus gobernantes un tesoro fuera del alcance de cualquiera de sus rivales.
La monarquía española nació de la unión de los reinos de Castilla y Aragón efectuada por el matrimonio
de los Reyes Católicos (1469). A partir de ese momento el nuevo estado se mostró muy dinámico y
efectuó tres grandes aventuras. El Estado y la Iglesia se unen para controlar las creencias. El tribunal de
la Inquisición, reformado por Trento, persiste despiadadamente en la extirpación de todos los disidentes
religiosos y persigue a todos: cristianos sospechosos de luteranismo, judíos conversos, moriscos del
antiguo reino de Granada, musulmanes conversos, entre otros.
El reinado de Felipe II coincide con el descubrimiento de las minas de plata de Potosí (hoy Bolivia) que
incrementó enormemente el flujo de metales preciosos coloniales a Sevilla. En este sentido, la plata
americana fue una ayuda decisiva para los planes de la monarquía española, que siguió postergando,
peligrosamente, el surgimiento de una “industria” nacional y la reforma fiscal y administrativa. El dinero
sirvió para comprar todo de fuera y para financiar aventuras bélicas.
Sin los metales americanos el colosal esfuerzo bélico de Felipe II hubiera sido imposible. Y fue
precisamente este esfuerzo lo que terminó derrumbando la economía española y su modelo absolutista
en el siglo siguiente.
Estos son algunos de los esfuerzos de Felipe II por conservar la hegemonía española en el exterior:
a. La expansión de los turcos en el Mediterráneo fue controlada definitivamente con el triunfo naval de
Lepanto (1571).
b. Al extinguirse la dinastía portuguesa, el reino de Portugal fue anexado a España y con él sus
posesiones en Asia, África y América (Brasil).
En la segunda mitad del siglo XVI se produjo un cambio de orientación en las relaciones internacionales:
el fin de las aspiraciones de unidad de la Europa cristiana y el surgimiento de los particularismos. La
separación de la Casa de Habsburgo en dos ramas significó la formación de una política exterior
específica de la Monarquía española y el sometimiento a aquélla de todos los Estados que la componían.
En el Imperio, por la paz de Augsburgo de 1555 el emperador reconoció a los príncipes luteranos el
derecho a su religión, con la obligación de los súbditos de acatar la de su soberano (cuius regio, eius
religión), y la secularización de las propiedades eclesiásticas llevada a efecto por los príncipes hasta ese
momento, pero vetándola para el futuro. Este acuerdo no sólo significó la aceptación de la división
religiosa del Imperio, sino la del particularismo de sus Estados; y, por tanto, los Habsburgo de Viena se
centrarán también en los intereses de sus Estados patrimoniales. Por otro lado, se produjo un cambio en
las relaciones de las principales Monarquías. Los largos años de lucha entre Francia y los Habsburgo
darán paso a un respiro. Desde la paz de Cateau-Cambrésis de 1559, se inició un período de paz entre
los viejos contendientes, que no reanudarán sus hostilidades hasta finales de siglo. Por el contrario, a la
tradicional amistad anglo-española sucedió una enemistad irreconciliable en el terreno político, religioso y
colonial, que no cesará hasta la desaparición del Imperio colonial español, ya en el siglo XIX. Cada vez
con más fuerza, los antagonismos religiosos no sólo eran un factor de desorden interno sino que estarán
presentes en todos los conflictos internacionales, entremezclando de forma inseparable las razones
políticas y religiosas. No sólo se percibían en el tradicional enfrentamiento entre cristianos y musulmanes,
sino en la rebelión de los Países Bajos, la oposición de Felipe II a Enrique de Navarra y hasta en las
rivalidades coloniales, que aparecieron como un nuevo factor conflictivo.
En la segunda mitad del siglo XVI se produjo un cambio de orientación en las relaciones internacionales:
el fin de las aspiraciones de unidad de la Europa cristiana y el surgimiento de los particularismos. La
separación de la Casa de Habsburgo en dos ramas significó la formación de una política exterior
específica de la Monarquía española y el sometimiento a aquélla de todos los Estados que la componían.
En el Imperio, por la paz de Augsburgo de 1555 el emperador reconoció a los príncipes luteranos el
derecho a su religión, con la obligación de los súbditos de acatar la de su soberano (cuius regio, eius
religión), y la secularización de las propiedades eclesiásticas llevada a efecto por los príncipes hasta ese
momento, pero vetándola para el futuro. Este acuerdo no sólo significó la aceptación de la división
religiosa del Imperio, sino la del particularismo de sus Estados; y, por tanto, los Habsburgo de Viena se
centrarán también en los intereses de sus Estados patrimoniales. Por otro lado, se produjo un cambio en
las relaciones de las principales Monarquías. Los largos años de lucha entre Francia y los Habsburgo
darán paso a un respiro. Desde la paz de Cateau-Cambrésis de 1559, se inició un período de paz entre
los viejos contendientes, que no reanudarán sus hostilidades hasta finales de siglo. Por el contrario, a la
tradicional amistad anglo-española sucedió una enemistad irreconciliable en el terreno político, religioso y
colonial, que no cesará hasta la desaparición del Imperio colonial español, ya en el siglo XIX. Cada vez
con más fuerza, los antagonismos religiosos no sólo eran un factor de desorden interno sino que estarán
presentes en todos los conflictos internacionales, entremezclando de forma inseparable las razones
políticas y religiosas. No sólo se percibían en el tradicional enfrentamiento entre cristianos y musulmanes,
sino en la rebelión de los Países Bajos, la oposición de Felipe II a Enrique de Navarra y hasta en las
rivalidades coloniales, que aparecieron como un nuevo factor conflictivo.
LA HEGEMONÍA ESPAÑOLA
Felipe II reunió en sus manos unos enormes territorios que, como defensor del catolicismo, trató de
mantener unidos frente a los múltiples enemigos que heredó del reinado de su padre y a los problemas
económicos de su Imperio.
EL IMPERIO HISPÁNICO
Felipe II fue coronado rey de España tras la abdicación de su padre, el emperador Carlos V, en 1556.
Salvo el archiducado de Austria y el Imperio alemán, que pasaron a su tío Fernando, el nuevo rey reunió
en sus manos un vasto Imperio qe convirtió a España en el poder hegemónico de Europa en la segunda
mitad del siglo XVI.
España, especialmente Castilla, su región más rica, constituía la base de su poder
Los estados patrimoniales de Carlos V comprendían los Países Bajos, el Franco Condado, el Milanesado,
Nápoles, Sicilia y Cerdeña.
En Africa heredó las plazas de Orán, el peñón de Vélez de la Gomera, Alcazarquivir, Melilla y Tánger.
En América sus dominios se extendían desde California y Florida hasta el estrecho de Magallanes.
En Asia, Filipinas y varias islas del Pacífico. En 1581 logró la unidad ibérica al ser coronado rey de
Portugal. Campeón de la Contrarreforma.
LOS CONFLICTOS
Los turcos se apoderaron de Malta y conquistaron Chipre y Túnez. Felipe II formó la Liga Santa con el
Papa Pío V y Venecia, y organizó una poderosa flota que, al mando de Juan de Austria, derrotó a los
otomanos en la batalla de Lepanto. Acababa así la hegemonía turca en el Mediterráneo.
Felipe II venció a Enrique II de Francia en la batalla de San Quintín.
Los Países Bajos, dirigidos por Guillermo de Orange, se sublevaron contra el dominio Español,
arrastrando a las masas populares convertidas al calvinismo. La represión efectuada por el duque de
Alba entre 1567 y 1573 dio lugar a la leyenda negra sobre España. En 1581 las provincias del norte
declararon su independencia.
En 1588 Felipe II organizó la Armada Invencible con la intención de invadir Inglaterra, cuya reina, Isabel I,
estaba apoyando a los protestantes holandeses.
Los problemas de España:
La aspiración de Felipe II de mantener la hegemonía en Europa descansó sobre todo en los impuestos
qe se recaudaban en Castilla, cuya economía se basaba en la lana de las ovejas merinas, la industria del
paño y el comercio, desarrollado en las ferias castellanas.
Sin embargo, una serie de problemas sumieron a España en una profunda crisis económica:
La escasa población en comparación con otros países europeos, como consecuencia de las guerras y la
emigración a América.
La cantidad de oro y plata traída de América, que provocó una gran elevación de los precios de los
productos españoles. Las tres bancarrotas sucesivas del Estado, en 1557, 1575 y 1597
Otros problemas fueron: La guerra de las Alpujarras contra los moriscos de Abén Humeya, cuya rebelión
fue sofocada por Juan de Austria. El motín de Zaragoza en defensa de Antonio Pérez, ex secretario del
rey acusado de espionaje.
ASPECTO CULTURAL DE LA HEGEMONIA ESPAÑOLA-PORTUGUESA
La relación cultural entre Portugal y España no siempre ha sido sencilla, lastrada por las marcas de siglos
de enfrentamientos y prejuicios, y por las condiciones intrínsecas a la vecindad geográfica. La
incorporación simultánea de los dos países a la UNIÓN EUROPEA y la emergencia de la Comunidad
Iberoamericana de Naciones han dado a los dos vecinos ibéricos espacios para encontrarse y
reconocerse desde la igualdad ante dos de sus comunidades internacionales de referencia. La
profundización de la relación bilateral en materia de lengua y cultura en la última década ha permitido, en
particular a partir de los memorandos suscritos en las últimas cumbres bilaterales, potenciar la presencia
de manifestaciones culturales en ambos países, promover la colaboración entre instituciones y, sobre
todo, expandir la enseñanza del español en Portugal y del portugués en España, que muestran hoy en
sus indicadores el creciente interés recíproco que las dos sociedades sienten entre sí.
Podría decirse que el actual marco de la relación cultural entre Portugal y España tiene sus bases en la
reconstrucción de su convivencia durante los últimos treinta años, cuando encuentran en la Unión
Europea un contexto que los dos países sienten como el idóneo para articular una relación bilateral
desprovista de los siglos de acercamientos, diferencias y desencuentros entre los dos vecinos ibéricos.
En su extensa historia común conviven los frecuentes episodios de enfrentamiento por la hegemonía
colonial de la era imperial con el sueño integrador “iberista” de los intelectuales y políticos liberales y
socialistas de la segunda mitad del siglo XIX.
El ingreso simultáneo de ambos en la Unión Europea los dota de un nuevo escenario más equilibrado,
horizontal y simétrico para afrontar la mirada recíproca, marcada en sus vaivenes tanto por las
continuidades en la historia de los dos Estados-Nación como por los recelos que históricamente ha
despertado en Portugal el centralismo castellano y la disputa por la hegemonía ibérica, tanto por las
disputas en los territorios peninsulares y ultramarinos como por el recurrente sueño del “iberismo” que
habría de devolver a los dos países la importancia que una vez tuvieron en el mundo.
Si bien la Unión Europea constituye el contexto básico de redefinición de la relación entre los dos países
en términos políticos, en el campo cultural la emergencia formal de la Comunidad Iberoamericana de
Naciones desde los años 90 ha contribuido también a que España y Portugal encuentren en su doble
identidad europea e iberoamericana una base más para comprender y rediseñar sus vínculos,
promoviendo su papel de puente entre los dos espacios geopolíticos e identificando los elementos
constitutivos de una cultura común como un territorio de encuentro, el destino último de la balsa de piedra
ibérica desgajada del continente que imaginó Saramago.
Portugal, sin embargo, tiene otro espacio de referencia en el campo cultural, la lusofonía, en la que
desarrolla un papel central y en la que los aspectos lingüísticos y culturales ocupan un lugar medular. Si
la relación cultural entre Portugal y España es tan íntima como compleja, Galicia constituye un caso
especial, porque su proximidad cultural, lingüística e identitaria con Portugal requeriría de una reflexión
específica. Durante años, el pensamiento nacionalista gallego ha visto en el acercamiento a Portugal una
base para reconocer su identidad frente al nacionalismo español. Sin embargo, en los últimos años la
atracción lusófona no aparece sólo en el circuito ideológico nacionalista gallego: en 2014 la Iniciativa
Legislativa Popular Valentim Paz-Andrade convirtió esta cuestión en un eje estratégico de las políticas
públicas de la comunidad autónoma, promoviendo por ley “las relaciones a todos los niveles con los
países de lengua oficial portuguesa… un objetivo estratégico del Gobierno gallego”. La iniciativa
legislativa fue promovida por varias organizaciones lusófonas gallegas y, tras su presentación en mayo
de 2012, recogió 17.000 firmas (2.000 más de las necesarias para su tramitación parlamentaria). Y, lo
más significativo: los grupos políticos del parlamento gallego aprobaron el texto de la norma por
unanimidad.
La relación cultural entre Portugal y España no siempre ha sido sencilla, lastrada por las marcas de siglos
de enfrentamientos y prejuicios, y por las condiciones intrínsecas a la vecindad geográfica. La
incorporación simultánea de los dos países a la Unión Europea y la emergencia de la Comunidad
Iberoamericana de Naciones han dado a los dos vecinos ibéricos espacios para encontrarse y
reconocerse desde la igualdad ante dos de sus comunidades internacionales de referencia. La
profundización de la relación bilateral en materia de lengua y cultura en la última década ha permitido, en
particular a partir de los memorandos suscritos en las últimas cumbres bilaterales, potenciar la presencia
de manifestaciones culturales en ambos países, promover la colaboración entre instituciones y, sobre
todo, expandir la enseñanza del español en Portugal y del portugués en España, que muestran hoy en
sus indicadores el creciente interés recíproco que las dos sociedades sienten entre sí.
LA CULTURA EN LA RELACIÓN DE ESPAÑA Y PORTUGAL
Podría decirse que el actual marco de la relación cultural entre Portugal y España tiene sus bases en la
reconstrucción de su convivencia durante los últimos treinta años, cuando encuentran en la Unión
Europea un contexto que los dos países sienten como el idóneo para articular una relación bilateral
desprovista de los siglos de acercamientos, diferencias y desencuentros entre los dos vecinos ibéricos.
En su extensa historia común conviven los frecuentes episodios de enfrentamiento por la hegemonía
colonial de la era imperial con el sueño integrador “iberista” de los intelectuales y políticos liberales y
socialistas de la segunda mitad del siglo XIX. El ingreso simultáneo de ambos en la Unión Europea los
dota de un nuevo escenario más equilibrado, horizontal y simétrico para afrontar la mirada recíproca,
marcada en sus vaivenes tanto por las continuidades en la historia de los dos Estados-nación como por
los recelos que históricamente ha despertado en Portugal el centralismo castellano y la disputa por la
hegemonía ibérica, tanto por las disputas en los territorios peninsulares y ultramarinos como por el
recurrente sueño del “iberismo” que habría de devolver a los dos países la importancia que una vez
tuvieron en el mundo. Si bien la Unión Europea constituye el contexto básico de redefinición de la
relación entre los dos países en términos políticos, en el campo cultural la emergencia formal de la
Comunidad Iberoamericana de Naciones desde los años 90 ha contribuido también a que España y
Portugal encuentren en su doble identidad europea e iberoamericana una base más para comprender y
rediseñar sus vínculos, promoviendo su papel de puente entre los dos espacios geopolíticos e
identificando los elementos constitutivos de una cultura común como un territorio de encuentro, el destino
último de la balsa de piedra ibérica desgajada del continente que imaginó Saramago. Portugal, sin
embargo, tiene otro espacio de referencia en el campo cultural, la lusofonía, en la que desarrolla un papel
central y en la que los aspectos lingüísticos y culturales ocupan un lugar medular. Si la relación cultural
entre Portugal y España estan íntima como compleja, Galicia constituye un caso especial, porque su
proximidad cultural, lingüística e identitaria con Portugal requeriría de una reflexión específica. Durante
años, el pensamiento nacionalista gallego ha visto en el acercamiento a Portugal una base para
reconocer su identidad frente al nacionalismo español. Sin embargo, en los últimos años la atracción
lusófona no aparece sólo en el circuito ideológico nacionalista gallego: en 2014 la Iniciativa Legislativa
Popular Valentim Paz-Andrade convirtió esta cuestión en un eje estratégico de las políticas públicas1de
la comunidad autónoma, promoviendo por ley “las relaciones a todos los niveles con los países de lengua
oficial portuguesa, un objetivo estratégico del Gobierno gallego”. La iniciativa legislativa fue promovida
por varias organizaciones lusófonas gallegas y, tras su presentación en mayo de 2012, recogió 17.000
firmas (2.000 más de las necesarias para su tramitación parlamentaria). Y, lo más significativo: los grupos
políticos del parlamento gallego aprobaron el texto de la norma por unanimidad
La relación bilateral en materia de cultura. La casi simultánea recuperación de la democracia en España y
Portugal propició la reconstrucción de sus relaciones bilaterales desde fundamentos distintos a los que
sustentaron las de los regímenes de Salazar-Caetano y Franco, que habían expresado su voluntad de
cooperación cultural en el único texto formal sobre esta cuestión que han suscrito los dos países, en el
año 1970.
La creación del primer centro educativo español en el exterior, el Instituto Español Giner de los Ríos en
Oeiras (Lisboa) en 1932, es el comienzo de la presencia institucional de la enseñanza de la cultura y la
lengua españolas en Portugal, que ya promovían desde 1909 los emigrantes españoles organizados en
torno a la Casa de España.3Ochenta años después, el Instituto Giner de los Ríos tiene más de 1.000
alumnos y 75 profesores que imparten primaria, secundaria y bachillerato siguiendo el sistema educativo
español. Desde 1983 la celebración de cumbres bilaterales4ha estimulado y articulado la cooperación
bilateral en materia de educación y cultura, aunque es preciso subrayar que este ámbito no ha constituido
en ningún momento el núcleo de esos encuentros, ni de la relación hispanoportuguesa. Hay que esperar
hasta 1988 para que la creación de una Consejería de Educación y Cultura en la Embajada española de
Lisboa profundice en la presencia de España en este campo. Poco después, en 1991, España creó un
centro cultural convertido enseguida, en 1993, en el Instituto Cervantes de Lisboa; Portugal puso en
marcha los tres centros del Instituto Camões en España a partir de 2001. Desde entonces, buena parte
de las relaciones en materia de educación y cultura se han articulado bien desde las cumbres bilaterales
anuales de los respectivos gobiernos, bien desde los acuerdos suscritos por los territorios colindantes de
ambos países en el marco del Programa Europeo de Cooperación Transfronteriza España-Portugal
(POCEP), cofinanciado por el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER). En este último contexto
se enmarcan las relaciones entre instituciones autonómicas o locales (como las ciudades vertebradas en
torno al Eixo Atlántico) que dan vida a innumerables iniciativas sociales, culturales y educativas entre los
dos países. Si los años 90 son los del comienzo de una formalización institucional de la relación bilateral
en materia de educación y cultura, los 2000 son los de la definitiva consolidación de este ámbito, como
tantos otros, en la cooperación entre los dos países. El nuevo escenario se concretó en la celebración de
los años de España en Portugal (2006) y de Portugal en España (2007), que desde entonces impulsaron
dos acontecimientos 75 periódicos: la Mostra Portuguesa (ya con 15 ediciones) y la Mostra Espanha
(cuatro ediciones desde 2009, la quinta el próximo otoño) dedicadas a reflejar las tendencias de la
creación contemporánea de ambos países. Las mostras han permitido, además, que acontecimientos
como el Festival del Fado de Madrid, celebrado anualmente en los Teatros del Canal 8 de la capital
española, adquieran relevancia propia en la agenda cultural nacional. Una tupida red de instituciones
culturales. Además de las iniciativas impulsadas por los gobiernos nacionales, regionales o locales, el
tejido cultural de ambos países ha contribuido al progresivo incremento de la circulación bilateral de
cultura. La estadística europea muestra el número de museos en ambos países es de los más altos de
Europa –España ocupa la tercera posición, con 1.468, y Portugal la séptima, con 674–. La proximidad
tanto física como cultural de este denso tejido institucional ha permitido aumentar progresivamente la
colaboración, en particular desde fundaciones como la Serralves de Oporto y la Calouste Gulbenkian de
Lisboa, y desde 2009 se celebran encuentros bienales de los responsables de museos de ambos países
que han dado lugar a un aumento de las actividades conjuntas. Así ocurrió en 2011-2012 entre el Museo
Nacional de Escultura de Valladolid y el Museu Nacional de Arte Antigua (MNAA), o en 2013 con el viaje
de fondos del Museo del Prado expuestos en el MNAA. En esta última década se puso en marcha un
prestigioso premio bienal Hispano-Luso de Arte y Cultura, recibido desde entonces por el poeta José
Bento (2006), el escritor Perfecto Cuadrado (2008), el arquitecto Álvaro Siza (2010), el cineasta Carlos
Saura (2012), la escritora Lídia Jorge (2014) y la periodista y traductora Pilar del Río (2016). En ese
mismo período de consolidación e institucionalización de la relación cultural bilateral se revisaron también
acuerdos como el de colaboración en materia de cinematografía (2005) y coproducción audiovisual
(2006).
INTRODUCCION: La organización del Estado de la IndiaLa distancia a la metrópoli obligo a implantar el sistema de virreinato.•En 1505 se nombró a
Francisco de Almeida primer virrey de la India (1505-1509).•Se creó una armada eficaz para la defensa del imperio.•El segundo virrey sería Alfonso de Alburquerque (1509-
1515).–Durante este virreinato se adquirió prácticamente todo el imperio portugués.–Se organizó la Carreira da India.–Se toma Goa, Malaca (centro de la red comercial existente en el sudeste asiático)–Portugal
controlará el comercio de las islas de las especias y contactará con los mercados chino y nipón.•Se conquista Ormuz, desde donde se controlará el mercado persa y armen
3. La economía de [Link] mezcla de poderes revela la economía de medios . La extensión del imperio representaba una movilización de
medios humanos y financieros difícil de afrontar para un pequeño país como [Link] arquitectura imperial estaba dominada por una estrategia
práctica dirigida a la [Link]:Un imperio poco homogéneo, descentralizado, controlado por muchos centros políticos relativamente
autó[Link] un imperio vastísimo y disperso de territorios, ligado, por medio de viajes largos y peligrosos, a un centro político pequeño y cada vez
más [Link] administración portuguesa ultramarina tiene una capacidad infinita de adaptación de las instituciones y de improvisación. Se trata
de una administración plural y polivalente. .
TIPOLOGÍA DE LAS FORMAS DE DOMINIO [Link]ías-
[Link]ías3.Contratos4.Fortalezas5.Municipios6.Vínculos políticos informales (incluidas las relaciones
eclesiásticas, las relaciones comerciales y la presencia de aventureros)
1. Capitanías-donatarias.•Modelo de gobierno tradicional inspirado en la realidad señorialde la metrópoli.•Se implantaron en los archipiélagos atlánticos
(Madeira, Azores, Cabo Verde y Santo Tomé) y el Brasil, y hubo intentos en Angola y Sierra [Link]ísticas administrativas:•Las capitanías-
donatarias se utilizan cuando se pretende desarrollar un tipo específico de colonización ligado a la apropiación en profundidad de los nuevos territorios
y a su rentabilidad agrícola.•Precisa de territorios con población escasa y sin capacidad de resistencia.•Corresponde al donatario estimular el
poblamiento, la distribución de tierras y la administración.•Dos modelos: – Los archipiélagos (deshabitados) (1440-1770). – Brasil (1534-1549).– En ambos
territorios convivieron con otras instituciones como la organización municipal, oficios reales de control judicial, militar y económico.
•Entre 1534 y 1536 Juan III dividió el Brasil en franjas a partir del Meridiano del Tratado de Tordesillas (1494). Estas franjas se concedieron como Capitanías hereditarias y
fueron entregadas a hombres de confianza del rey.•Los que recibían estas circunscripciones se llamaban donatarios, y tenían la obligación de administrar, colonizar, proteger y
desarrollar la región.•El sistema fracasó debido a las dificultades de administración de las capitanías, debido a la distancia a la Metrópoli, los ataques de los indígenas, la falta
de recursos y la extensión territorial.•En 1549 se creó un nuevo sistema administrativo al frente del cual aparecía la figura del Gobernador, al que se atribuían las funciones
otorgadas a los donatarios.
2. Factorías.•Sus objetivos eran comerciales: salvaguardar los intereses de la corona y promover el comercio.•Cumplían al mismo tiempo funciones comerciales, militares y
diplomáticas.–Factorías africanas: San Jorge de Mina; (1481-1637) era una factoría cuya vocación principal era conseguir oro. Se enclavaba en una zona políticamente hostil.–Factorías asiáticas: Se instalaron
en lugares donde los mercados ya estaban organizados, con un ritmo propio, de manera que las factorías portuguesas se superponen y dominan las redes preexistentes. Se dominó militarmente el territorio.•Las
factorías funcionaron en conjunto y con complementariedad.•La red de factorías era dirigida desde Lisboa por la Casa da Mina e India bajo laorientación y supervisión directa de
la corona.
Castillo de San Jorge de la Mina tal y como estaba en tiempos del dominio portugués
3. Contratos. •Se realizaba entre la corona y los particulares con vistas al desarrollo de una actividad que no era imposible llevar a
cabo solo con recursos oficiales.•Era una concesión o regalía, mediante arrendamiento a particulares, que a cambio de una
contraprestación (renta) recibían el derecho de ejercer ciertos derechos reales (cobro de tributos, establecimientos de estancos y
monopolios).•El contrato más antiguo fue el de Fernando Gomes, para la exploración de las costas de África.
4. Municipios.•Se establecen cuando en un territorio el interés comercial de la corona evoluciona hacia intereses territoriales
agrícolas.•Aparece la organización territorial de tipo municipal. •Se trata de una presencia política formal y bien establecida•Se dio
en el área insular y progresivamente en Brasil.•En Asia solo se dio cuando la población europea era relevante y enraizada, para que
puedan funcionar correctamente las magistraturas. – Un ejemplo: Goa, Cochin, Malaca y Macao
• La creación del municipio de Macao a finales del siglo XVI pone de manifiesto el interés por el autogobierno de la comunidad mercantil portuguesa allíradicada.• Representa una forma de
garantizar la inclusión político administrativa permanente en una zona que solo intermitentemente era visitada por un funcionario regio.• La organización municipal de Macao fue reflejo de los
deseos autonomistas de la oligarquía de la ciudad.• A finales del siglo XVIII consiguió una situación administrativa especial: República mercantil
5. Estrategias informales de dominio.•El poder portugués en algunas zonas se fundaba sobre la presencia de comerciantes y aventureros más o
menos libres de todo control político formal.•Se mezclaban actividades lícitas con el corso y el contrabando•Ejemplo: los Lançados o tagomaos,
aventureros establecidos en la costa de Guinea o en el interior ,donde a veces conseguían puestos de gobierno en las comunidades indígenas.– Los
lançadosresultaron desempeñar un papel importando, al facilitar las relaciones comerciales y la difusión de la lengua como idioma franco del área.– Según Jean Boulégue
pueden distinguirse categorías de lançados:•Los que han sido asimilados por las comunidades de acogimiento•Los que permanecían solo temporalmente•Los que formaban pequeñas comunidades
independientes de las locales
6. La cooperación de la Iglesia.• La Iglesia tenía una presencia continua • Estaba presente en lugares donde el poder
político no tenía condiciones para implantarse.
•CONCLUYENDO.•En el imperio portugués se dio una complementariedad entre los poderes formales e informales.•Dominaba en el imperio un modelo mi litar,
económico y comisarial dependiente del arbitrio regio, dependiente de las soluciones casuísticas o de las instrucciones orales o de una carta cerrada.•La administración del
imperio dependió por tanto de una red de relaciones en las que el factor de la fidelidad personal se sobreponía al factor político jurídico que caracteriza las relaciones
administrativas formales.•El Imperio portugués responde a una lógica pragmáticay económica, basada en la autonomía y en la modularidadde las partes constituyentes.•Aunque
basado en el dominio del mar, su construcción modular y descentralizada le obligaba a ultraproteger las rutas marítimas fundamentales.
LAS INSTITUCIONES DEL IMPERIO PORTUGUÉS•1. La CASA DA GUINÉFUNDADA POR d. Enrique en Lagos y más tarde se trasladó a
Lisboa con el nombre de Casa da Guiné e Mina•2. La CASA DA INDIAse creó al regreso del viaje de Vasco de Gama, con el objeto de coordinar el
embarque y desembarque de las mercancías, recaudar impuestos, preparar las flotas, negociar la construcción de los barcos y registrar las personas
que pasaban a Oriente.•[Link] ARSENALse encargaba de proporcionar las tripulaciones con los pertrechos, marinos y militares necesarios.•4. El ALTO
TRIBUNAL DE APELACIÓN, decidía los nombramientos judiciales y los reglamentos marítimos.•5. La JUNTA DE CONCIENCIAle concernían los
asuntos religiosos.