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Epistemologia

Luis Beltrán Prieto Figueroa fue un político y educador venezolano nacido en 1902 que dedicó su vida a mejorar la educación en Venezuela. Ocupó cargos como Ministro de Educación y senador, y cofundó partidos políticos como Acción Democrática. Abogó por una educación democrática, gratuita y obligatoria. También desempeñó un papel pionero en el gremialismo docente y creó varias instituciones educativas. Se le considera el "Maestro de Maestros" de Venezuela por su ampl
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Epistemologia

Luis Beltrán Prieto Figueroa fue un político y educador venezolano nacido en 1902 que dedicó su vida a mejorar la educación en Venezuela. Ocupó cargos como Ministro de Educación y senador, y cofundó partidos políticos como Acción Democrática. Abogó por una educación democrática, gratuita y obligatoria. También desempeñó un papel pionero en el gremialismo docente y creó varias instituciones educativas. Se le considera el "Maestro de Maestros" de Venezuela por su ampl
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Epistemologia: Rama de la filosofía, estudia los principios, fundamentos y extensión y

métodos del conocimiento humano.

El conocimiento suele entenderse como: Hechos o información adquiridos por una


persona a través de la experiencia o la educación
Tipos de conocimiento

Conocimiento intuitivo

Es aquel conocimiento que utilizamos en nuestra vida cotidiana y


nos permite acceder al mundo que nos rodea, de forma inmediata
a través de la experiencia, ordenando en hechos particulares, es
decir, tratando de relacionarla con algún evento o experiencia que
hallamos vivido y se relacione con lo que estamos apreciando.

Nos permite resolver problemas, reaccionar a estímulos,


nuevos obstáculos y situaciones inéditas.

Es un conocimiento que se adquiere sin la necesidad de emplear


un análisis o un razonamiento anterior.

Algunos ejemplos de este tipo de conocimiento:

1. Saber cuándo una persona está feliz.


2. Saber cuándo una persona esta triste.
3. En general, saber cuándo una persona presenta diversos
estados de ánimo (soledad, nerviosismo, llorando, felicidad,
agrado, desprecio, necesidad de amor, etc.).
4. Las estaciones del año.

Conocimiento religioso

Es aquel que nos permite sentir confianza, certidumbre o fe


respecto a algo que no se puede comprobar.

Se basa en un tipo de creencia que no se puede demostrar de


forma real, pero permite llevar a cabo determinadas acciones.
Gracias a este conocimiento, muchas personas sienten
confianza para actuar y relacionarse con los demás.

Se pueden mencionar como ejemplos los siguientes:

1. El inicio de la vida con Adán y Eva


2. Religiosamente, Jesucristo es un ser que fue enviado por el
espíritu santo a la tierra; filosóficamente es un ser humano
que fue muy humilde y sabio.
3. Dios creó el universo en 7 días. Básicamente creer en lo que
la biblia dice.
4. Los rituales que se presentan en diversas culturas y tienen
en cuenta un ente más allá de todo.
. Conocimiento empírico

El conocimiento empírico se refiere al saber que se adquiere


por medio de la experiencia, percepción, repetición o
investigación. Este tipo de saber se interesa por lo que existe y
sucede, no se interesa en lo abstracto.

Es la experiencia que se tiene del medio natural, se produce a


través de nuestros sentidos y de la manera en cómo se percibe la
realidad.

A este tipo de conocimiento corresponderían los siguientes


ejemplos:

1. Aprender a escribir.
2. El conocimiento de idiomas solo es posible si se los practica
de manera escrita y además si se escucha a personas
hablando.
3. Reconocer el color de las cosas. Es por medio de la
experiencia y aprendizaje inconsciente que nos han
inculcado nuestros padres.
4. Aprender a caminar o andar en bicicleta, manejar un
vehículo, etc.
4. Conocimiento filosófico

A través de la historia de la humanidad, la necesidad por conocer


lo que es el hombre, el mundo, el origen de la vida y saber hacia
dónde nos dirigimos ha sido una gran inquietud. Las respuestas
se han ido acumulando y han surgido muchas más preguntas.

Es aquel razonamiento puro que no ha pasado por un proceso de


praxis o experimentación metodológica para probarlo como cierto.

Un par de ejemplos:

1. Todos somos filósofos en alguna parte de nuestras vidas, en


cierto momento, desde escribir una carta de amor, una
canción; hasta una larga reseña de lo que es la vida.
2. El pensamiento filosófico no se limita a opiniones ni
argumentos comprobables o sometidos a un análisis
metodológico.
5. Conocimiento científico

Es apoyado por una suposición y su comprobación, que siguió un


método riguroso y que sus conclusiones son objetivas, esto es,
independientemente de la voluntad o subjetividad de las personas
que participan en el proceso de investigación.

El conocimiento científico se apoya de la investigación,


analizar, buscar una explicación factible, reconocer y recorrer un
camino para llegar a largas conclusiones.

Ejemplos:

1. Observar detalladamente un fenómeno, generar una teoría y


buscar una explicación mediante un análisis. Poner a prueba
esa teoría y comprobar los resultados.
2. La tierra gira en torno al sol
3. Los antibióticos atacan efectivamente las enfermedades
Luis Beltrán Prieto Figueroa
Nace en La Asunción (Edo. Nueva Esparta) el 14.3.1902
Muere en Caracas el 23.4.1993.

Luis Beltrán Pietro Figueroa


Ilustración realizada por Francisco Maduro
Personaje de una intensa y amplia labor en pro de la mejora de la educación venezolana
en el siglo XX, motivo por el cual se le considerara como el "Maestro de Maestros". Como
político fue fundador de diversas organizaciones partidistas, entre ellas AD (1941) y el MEP.
Fueron sus padres Loreto Prieto Higuerey y Josefa Figueroa. Realizó los estudios primarios
en la Escuela Federal Graduada Francisco Esteban Gómez de su ciudad natal (1918). En
la misma inició sus estudios de secundaria en el Colegio Federal hasta que en 1925 se
traslada a la capital donde se gradua de bachiller en el liceo Caracas (1927) que dirigía el
maestro Rómulo Gallegos. En 1934 egresa de la Universidad Central de Venezuela, con el
título de doctor en ciencias políticas y sociales. A partir de este momento, inició una intensa
actividad política que lo llevó a ser cofundador de diversas organizaciones partidistas:
Organización Venezolana (Orve, 1936), Partido Democrático Nacional ( PDN, 1936), Acción
Democrática (AD, 1941), del que fue secretario general (1958-1959) y presidente desde
1963 hasta 1967 cuando se separó del mismo y se convierte en presidente-fundador del
Movimiento Electoral del Pueblo (MEP), hasta su muerte.
En cuanto a los diversos cargos públicos que ocupó, tenemos que fue senador por el estado
Nueva Esparta (1936-1941; 1959-1969), presidente del Consejo Permanente de Cultura del
Senado (1974-1979). Entre 1962 y 1967 fue presidente del Congreso de la República. Antes
de esto había sido secretario general de la Junta Revolucionaria de Gobierno (1945-1948)
y ministro de Educación (1947-1948). Como consecuencia del Golpe de Estado del 24 de
noviembrede este último año fue enviado al exilio. Hasta el momento de su regreso al país,
a raíz del restablecimiento de la democracia el 23 de enero de 1958, se dedicó a la labor
educativa en el exterior como jefe de misión al servicio de la UNESCO, primero en Costa
Rica (1951-1955) y luego en Honduras (1955-1958). Durante este tiempo, fue también
profesor de la Universidad de La Habana (1950-1951).
En su labor como jurisconsulto integró la Comisión Redactora del Proyecto de Constitución
Nacional (1936) y de la Carta Magna de 1961. Asimismo, fue coautor del primer proyecto
de Ley de Educación (1948) y de la Ley de Educación vigente, promulgada el 9 de julio de
1980. En 1986 formó parte de la Comisión Presidencial del Proyecto Educativo Nacional
coordinada por el doctor Arturo Uslar Pietri. Uno de los principales aportes teóricos de Prieto
sobre la educación, fue la tesis del Estado docente, la cual elaboró a partir del concepto
Estado social de Hermann Heller, de la escuela política alemana. Esta tesis la expuso Prieto
Figueroa en una conferencia dictada en la escuela normal Miguel Antonio Caro (agosto
1946), en los siguientes términos: "Todo Estado responsable y con autoridad real asume
como función suya la orientación general de la educación. Esa orientación expresa su
doctrina política y en consecuencia, conforma la conciencia de los ciudadanos". De acuerdo
con lo anterior, la educación debía responder al interés de la mayoría y en tal sentido habría
de ser democrática, gratuita y obligatoria combinando la igualdad de oportunidades y la
selección sobre la base de las capacidades del individuo.
Prieto Figueroa tuvo también una destacada labor como pionero del gremialismo. En tal
sentido, en 1932 fundó la Sociedad de Maestros de Instrucción Primaria y en 1936 la
Federación Venezolana de Maestros (FVM). En 1937 y hasta 1942 mantuvo en el diario
Ahora, de Caracas, su página "La escuela, el niño y el maestro". Además de este diario,
por muchos años publicó sus colaboraciones en diversos órganos tanto de la capital como
del interior del país. Selecciones de sus artículos fueron recogidas en los libros: Las ideas
no se degüellan (1980), Pido la palabra (1982) y Mi hermana María Secundina y otras
escrituras (1984). Además de los aspectos anteriores, Prieto tuvo otras iniciativas de
carácter institucional: Consejo Nacional de Universidades; Patronato de Roperos Escolares
y Comedores Escolares; la primera escuela de Teatro de Venezuela (1947); el Taller Libre
de Arte (1948); el Instituto de Profesionalización del Magisterio (1947), actual Instituto de
Mejoramiento Profesional; adscribió la Radio Nacional, fundada en 1946, al Ministerio de
Educación (1947), modernizando sus instalaciones. En este último año incrementó la
subvención por parte del Estado a la Orquesta Sinfónica de Venezuela, subvención
existente desde 1936, e impulsó la creación del Servicio de Investigaciones Folklóricas
Nacionales y el órgano divulgativo del mismo, la Revista Venezolana de Folklore, cuyo
primer número corresponde al lapso enero-junio de 1947.
El 8 de abril de 1947 firmó el decreto para la edición de las Obras Completas del Libertador,
compiladas por Vicente Lecuna que circularon el mismo año, y creó la Comisión
Organizadora de las Obras Completas de Andrés Bello. Mediante una resolución del 10 de
julio del mismo año, transformó la vieja Escuela de Artes y Oficios para Hombres en Escuela
Técnica Industrial. En 1959 creó el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE).
Sus libros reúnen sus preocupaciones políticas, pedagógicas y sociales. En 1984 fue
incorporado como individuo de número de la Academia Venezolana de la Lengua. En 1986
comenzaron a publicarse sus Obras Completas, de las cuales llegaron a circular sólo 2
volúmenes.
Miguel de Cervantes Saavedra
(Alcalá de Henares, España, 1547 - Madrid, 1616) Escritor español, autor de Don Quijote
de la Mancha (1605 y 1615), obra cumbre de la literatura universal. La inmensa fama de
este libro inmortal, que parte de la parodia del género caballeresco para trazar un
maravilloso retrato de los ideales y prosaísmos que cohabitan en el espíritu humano, ha
hecho olvidar la existencia siempre precaria y azarosa del autor, al que ni siquiera sacó de
la estrechez el fulgurante éxito del Quijote, compuesto en los últimos años de su vida.

Supuesto retrato de Cervantes, atribuido a Jáuregui

Cuarto hijo de un modesto médico, Rodrigo de Cervantes, y de Leonor de Cortinas, vivió


una infancia marcada por los acuciantes problemas económicos de su familia, que en 1551
se trasladó a Valladolid, a la sazón sede de la corte, en busca de mejor fortuna. Allí inició
el joven Miguel sus estudios, probablemente en un colegio de jesuitas.

Cuando en 1561 la corte regresó a Madrid, la familia Cervantes hizo lo propio, siempre a la
espera de un cargo lucrativo. La inestabilidad familiar y los vaivenes azarosos de su padre
(que en Valladolid fue encarcelado por deudas) determinaron que la formación intelectual
de Miguel de Cervantes, aunque extensa, fuera más bien improvisada. Aun así, parece
probable que frecuentara las universidades de Alcalá de Henares y Salamanca, puesto que
en sus textos aparecen copiosas descripciones de la picaresca estudiantil de la época.

En 1569 salió de España, probablemente a causa de algún problema con la justicia, y se


instaló en Roma, donde ingresó en la milicia, en la compañía de don Diego de Urbina, con
la que participó en la batalla de Lepanto (1571). En este combate naval contra los turcos
fue herido de un arcabuzazo en la mano izquierda, que le quedó anquilosada.

Cuando regresaba de vuelta a España tras varios años de vida de guarnición en Cerdeña,
Lombardía, Nápoles y Sicilia (donde había adquirido un gran conocimiento de la literatura
italiana), la nave en que viajaba fue abordada por piratas turcos (1575), que lo apresaron y
vendieron como esclavo, junto a su hermano Rodrigo, en Argel. Allí permaneció hasta que,
en 1580, un emisario de su familia logró pagar el rescate exigido por sus captores.

Don Quijote enloquece leyendo libros de caballerías (ilustración de Gustave Doré)

Ya en España, tras once años de ausencia, encontró a su familia en una situación aún más
penosa, por lo que se dedicó a realizar encargos para la corte durante unos años. En 1584
casó con Catalina Salazar de Palacios, y al año siguiente se publicó su novela pastoril La
Galatea. En 1587 aceptó un puesto de comisario real de abastos que, si bien le acarreó
más de un problema con los campesinos, le permitió entrar en contacto con el abigarrado
y pintoresco mundo del campo que tan bien reflejaría en su obra maestra, el Quijote.
Don Quijote de la Mancha
La primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha apareció en 1605; el
éxito de este libro fue inmediato y considerable, pero no le sirvió para salir de la miseria. Al
año siguiente la corte se trasladó de nuevo a Valladolid, y Cervantes con ella, para poder
seguir mendigando favores. Mientras los grandes poetas del Siglo de Oro, empezando
por Francisco de Quevedo o Luis de Góngora, gozaban de una sólida posición o de la
protección de aristócratas, y el mejor dramaturgo de la época, Lope de Vega, podía incluso
vivir de su obra, la justa fama que le había dado la difusión del Quijote sólo sirvió a
Cervantes para publicar otras obras que ya tenía escritas: los cuentos morales de
las Novelas ejemplares, el Viaje del Parnaso y las Comedias y entremeses.
En 1615, meses antes de su muerte, envió a la imprenta el segundo tomo del Quijote, con
lo que quedaba completa la obra que lo sitúa como uno de los más grandes escritores de
la historia y como el fundador de la novela en el sentido moderno de la palabra. A partir de
una sátira corrosiva de las novelas de caballerías, el libro construye un cuadro tragicómico
de la vida y explora las profundidades del alma a través de las andanzas de dos personajes
arquetípicos y contrapuestos, el iluminado don Quijote y su prosaico escudero Sancho
Panza.
Las dos partes de Don Quijote de la Mancha ofrecen, en cuanto a técnica novelística,
notables diferencias. De ambas, la segunda (de la que se publicó en Tarragona una versión
apócrifa, conocida como el Quijote de Avellaneda, que Cervantes tuvo tiempo de rechazar
y criticar por escrito) es, por muchos motivos, más perfecta que la primera, publicada diez
años antes. Su estilo revela mayor cuidado, y el efecto cómico deja de buscarse en lo
grotesco y se consigue con recursos más depurados.
Los dos personajes principales adquieren también mayor complejidad, al emprender cada
uno de ellos caminos contradictorios, que conducen a don Quijote hacia la cordura y el
desengaño, mientras Sancho Panza siente nacer en sí nobles anhelos de generosidad y
justicia. Pero la grandeza del Quijote no debe ocultar el valor del resto de la producción
literaria de Cervantes, entre la que destaca la novela itinerante Los trabajos de Persiles y
Sigismunda, su auténtico testamento literario.
Andrés Bello

(Caracas, 1781 - Santiago de Chile, 1865) Filólogo, escritor, jurista y pedagogo venezolano,
una de las figuras más importantes del humanismo liberal hispanoamericano. Andrés Bello
tuvo el inmenso privilegio de asistir, en sus 84 años de vida, a la desaparición de un mundo
y al nacimiento y consolidación de uno nuevo. Conoció las tres últimas décadas de
dominación española de América, y sucesivamente el período de emancipación de las
colonias españolas en el nuevo continente y la gestación de los nuevos estados nacidos
del proceso de Independencia. Que fuera un privilegio lo que no deja de ser una mera
coincidencia cronológica se debió a su extraordinaria capacidad para comprender y estudiar
desde dentro y para impulsar efectivamente los resortes de la realidad que le tocó vivir.

Andrés Bello

Gran humanista liberal en la mejor tradición inglesa, ya que en el Reino Unido le tocó
formarse filosófica y políticamente, Andrés Bello tuvo el talento de saber trasladar a la esfera
práctica su gran erudición en terrenos tan diversos como la filología, la lingüística y la
gramática, la pedagogía, la edición, la diplomacia y el derecho internacional. Por añadidura,
aportó a las letras hispanoamericanas, en poemas nutridos de lecturas de los clásicos
latinos, una incipiente conciencia autóctona. En su vasta erudición, en su talante político y
en su sensibilidad literaria se refleja el ideal del clasicismo europeo, perfectamente aunado
a la moderna sensibilidad nacional y patriótica de su tiempo.

Biografía

Andrés Bello nació en Caracas, a la sazón sede de la Capitanía General de Venezuela, el


29 de noviembre de 1781. En su ciudad natal residió hasta los 29 años de edad. Sus padres,
Bartolomé Bello y Ana Antonia López, no hicieron nada por impedir la voraz pasión por las
letras que manifestó desde su niñez. Después de cursar sus primeros estudios en la
Academia de Ramón Vanlosten, pudo familiarizarse con el latín en el convento de Las
Mercedes, guiado por la amable erudición del padre Cristóbal de Quesada, que le abrió las
puertas de los grandes textos latinos.

A los quince años, Bello ya traducía el Libro V de la Eneida de Virgilio. Cuatro años
después, el 14 de junio de 1800, se recibía de bachiller en artes por la Real y Pontificia
Universidad de Caracas. Y fue en aquel año de 1800 cuando se produjo su primer encuentro
con un gran hombre, que abrió ya definitivamente los diques de su curiosidad e interés por
la ciencia: Alexander von Humboldt, a quien acompañó en su ascensión a la cima del Pico
Oriental de la Silla de Caracas, que entonces se conocía como Silla del cerro de El Ávila.
Bello inició entonces los estudios universitarios de derecho y de medicina. De familia
modestamente acomodada, él mismo costeó en parte sus estudios dando clases
particulares; junto a otros jóvenes caraqueños, figuró entre sus alumnos el futuro
Libertador: Simón Bolívar. Además de estas actividades, a las que sumaba el estudio del
francés y el inglés, Bello se sentía atraído sobre todo por las letras, y comenzó a escribir
composiciones poéticas y a frecuentar la tertulia literaria de Francisco Javier Ustáriz.

Sus primeros pasos literarios siguieron las huellas del neoclasicismo entonces imperante,
y le valieron, en la sociedad caraqueña ilustrada, el apodo de El Cisne del Anauco. Además
de traducciones de obras latinas y francesas, compuso en estos primeros años de
desempeño literario las odas Al Anauco, A la vacuna, A la nave y A la victoria de Bailén, los
sonetos A una artista y Mis deseos, la égloga Tirsis habitador del Tajo umbrío y el
romance A un samán, así como los dramas Venezuela consolada y España restaurada.
A los veintiún años recibió su primer cargo público: oficial segundo de la secretaría de la
Capitanía General de Venezuela, del que fue ascendido en 1807 a comisario de guerra y
secretario civil de la Junta de la Vacuna, y en 1810 a oficial primero de la Secretaría de
Relaciones Exteriores. En 1806 había llegado a Venezuela la primera imprenta, traída por
Mateo Gallagher y James Lamb, muy tardíamente por cierto, si se piensa que la primera
instalación de una imprenta en América se remonta a 1539, en la capital de Nueva España,
México. En 1808 comenzó a publicarse la Gaceta de Caracas, y Andrés Bello fue designado
su primer redactor.
En estos años de intensa actividad oficial comenzó a gestarse su gusto por la historia, la
historiografía y la gramática, que quedó tempranamente plasmado en su Resumen de la
historia de Venezuela, extraordinario primer brote en el que ya están presentes los
principios humanistas rectores de su obra futura; en su traducción del Arte de escribir de
Condillac, impresa sin su anuencia en 1824; y sobre todo en uno de sus fundadores
estudios gramaticales: el Análisis ideológica de los tiempos de la conjugación castellana,
obra que comenzó a escribir hacia 1810 y que se publicaría en Chile en 1841.
El exilio londinense (1810-1829)
El momento decisivo en la vida y carrera intelectual de Andrés Bello fue la decisión de la
Junta Patriótica, a raíz de los acontecimientos del 19 de abril de 1810, de enviar a Londres
una misión diplomática con la encomienda de lograr la adhesión del gobierno inglés a la
causa de la reciente y frágil declaración de independencia venezolana. El 10 de junio de
ese año zarparon en la corbeta inglesa del general Wellington los miembros de la misión
designados por la Junta, Simón Bolívar y Luis López Méndez, a quienes escoltaba Andrés
Bello en calidad de traductor.
Bello ignoraba que ese viaje que entonces iniciaba lo alejaría para siempre de su ciudad
natal, y que la ciudad a la que se dirigía, Londres, sería su residencia permanente durante
los próximos diecinueve años. El primer acontecimiento importante de su nueva vida
londinense se cifró también en el encuentro con un gran hombre: Francisco de Miranda.
Llegados a la capital inglesa el 14 de julio, los tres integrantes de la misión recibieron
alojamiento, consejos y ayuda de parte de Miranda, quien a su vez decidió sumarse al
proceso independentista viajando a Caracas.

El 10 de octubre, fecha de su salida de Londres, Miranda dejó instalados en su casa de


Grafton Street a López Méndez y a Andrés Bello, quien residiría allí hasta 1812. Bello tuvo
acceso a la espléndida biblioteca del prócer, que ocupaba todo un piso. Cuando el 5 de julio
de 1811 se declaró la Independencia de Venezuela, ambos fueron designados
representantes del nuevo gobierno secesionista en la capital inglesa, cargo que perdieron
al reconquistar los españoles el poder un año después.

Andrés Bello

Comenzó entonces para Bello, quien no pudo regresar a Venezuela so pena de ser
procesado ante un tribunal militar por traición, un largo período de penurias económicas,
que se prolongó durante una década. Tuvo mala suerte en las gestiones que inició para
lograr un cargo y un sueldo. Así, en 1815, su solicitud de un puesto al gobierno de
Cundinamarca fue interceptada por las tropas de Pablo Morillo y nunca llegó a su destino,
y su posterior ofrecimiento de servicios al gobierno de las Provincias Unidas del Río de la
Plata, a pesar de ser aceptada, nunca tuvo efecto, ya que se vio incapacitado para
trasladarse a Buenos Aires.

Mientras tanto, fue viviendo de trabajos a destajo: dio clases particulares de francés y
español, transcribió los manuscritos de Jeremy Bentham y se desempeñó como institutor
de los hijos de William Richard Hamilton, subsecretario de Relaciones Exteriores, puesto
que logró gracias a su amistad con José María Blanco White, el gran intelectual sevillano
exiliado en el Reino Unido y simpatizante con la causa independentista americana.

Pero éste fue también un período formativo de gran riqueza intelectual para Bello. Se
vinculó activamente al círculo de los emigrados españoles, todos liberales y algunos de
ellos, como Blanco White, grandes escritores, que hicieron de Londres su refugio durante
las dos oleadas absolutistas en España. Por otra parte, en ningún momento dejó Andrés
Bello de estudiar y acumular conocimientos. De su numerosa producción ensayística de
estos años, se destacan precisamente sus trabajos filológicos, escritos o concebidos e
iniciados en Londres, algunos de los cuales adquirirán con el tiempo la condición de
clásicos.

Bello compaginó sus investigaciones científicas y críticas, en estos años de estrecheces


económicas, con las actividades literarias. Lo mejor de su producción en este campo se
cifra en sus composiciones poéticas, sobre todo en sus dos grandes silvas: la Alocución a
la poesía, que dio a la imprenta en 1823, y la célebre La agricultura de la zona tórrida,
publicada en 1826. Dentro de un molde neoclásico impecable, Bello vertió en ellas, por
primera vez en la historia de las letras, grandes temas americanos, desde la exaltación de
la gesta independentista hasta el canto a la feracidad de la naturaleza del continente.
Otra faceta notable de la formación que Bello se dio a sí mismo en estos años es la
relacionada con el derecho internacional. A los conocimientos que había acumulado como
funcionario de la Corona española, pudo agregar en estos años de intenso estudio un
conocimiento a fondo de los cambios y desarrollos que se habían ido produciendo en esta
área a raíz de las guerras napoleónicas, la Independencia de América y el Congreso de
Viena. Bello adoptó la concepción liberal del Estado, propia de los utilitaristas ingleses, cuyo
principal teórico, Jeremy Bentham, se convirtió en la fuente de su pensamiento político e
institucional.
No menos importante fue el cuarto frente hacia el que Bello dirigió sus estudios y
actividades. La ejemplar labor de publicista llevada a cabo por Blanco White en la capital
inglesa durante aquellos años sin duda le sirvió de modelo, y después de colaborar en El
Censor Americano con artículos en defensa de la causa independentista, participó
activamente, junto con Juan García del Río, en la edición de las revistas Biblioteca
Americana (1823) y Repertorio Americano (1826-1827), en el marco de las actividades de
la Sociedad de Americanos de Londres, que contribuyó a fundar.

En la esfera de su vida privada, también los años de Londres significaron para Andrés Bello
la asunción de su plena madurez. En mayo de 1814 contrajo matrimonio con Mary Ann
Boyland, de veinte años, con quien tuvo tres hijos y de quien enviudó en 1821. Tres años
después de este luctuoso acontecimiento, se casó en segundas nupcias con Elizabeth
Antonia Dunn, también de veinte años, quien le acompañó hasta el final de sus días y le dio
nada menos que doce hijos, tres de ellos nacidos en la capital inglesa.

Dos años antes de contraer su segundo matrimonio pudo Bello, por fin, volver a
desempeñarse en un cargo de responsabilidad oficial, al ser nombrado secretario interino
de la legación de Chile en Londres, a cargo de Antonio José de Irisarri. Junto con Irisarri
había colaborado con El Censor Americano en 1820, y se había fraguado entre ambos una
amistad basada en el mutuo respeto intelectual.

A partir de ese momento Andrés Bello lograría destacados reconocimientos a su labor y


nombramientos a cargos de relieve e importancia política: un año antes de ser elegido
miembro de número de la Academia Nacional de Bogotá, en 1826, se había encargado de
la secretaría de la legación de Colombia en Londres, en la que apenas dos años después
ascendió a encargado de negocios, y en 1828 recibió el nombramiento de cónsul general
de Colombia en París, poco antes de recibir el encargo, por parte del gobierno colombiano,
de la máxima representación diplomática de ese país ante la corte de Portugal. Pero prefirió
marchar a Chile con su familia.

Chile, la patria definitiva (1829-1865)


Andrés Bello partió de Londres el 14 de febrero de 1829, a bordo del bergantín
inglés Grecian, y holló suelo de la que iba a convertirse en su definitiva patria en Valparaíso,
el 25 de junio. Salvo breves estancias en este puerto y en la hacienda de los Carrera, en
San Miguel del Monte, vivió hasta su muerte en la capital chilena, Santiago. El desempeño
de Bello en este país traza el arco ascendente de una de las carreras públicas e
institucionales más brillantes que pudiera concebir un americano de su tiempo.
Inmediatamente, al llegar fue nombrado oficial mayor del ministerio de Hacienda. Al año
siguiente inició la publicación de El Araucano, órgano del que fue redactor hasta 1853, y se
encargó como rector del Colegio de Santiago. Pero la pasión pedagógica de Bello, iniciada
en su adolescencia caraqueña, lo llevó a dar clases privadas, en su propio domicilio, a partir
de 1831. Han llegado hasta nosotros los textos de sus cursos, dedicados al estudio del
derecho romano y a la ordenación constitucional. Bello siempre estuvo convencido de que
la instrucción y el cultivo espiritual son la base del bienestar del individuo y del progreso de
la sociedad, razón por la cual nunca dejó de fomentar el estudio de las letras y de las
ciencias; propuso la apertura de Escuelas Normales de Preceptores y la creación de Cursos
Dominicales para los trabajadores.
También dio un fuerte impulso al teatro chileno con sus comentarios críticos a las
representaciones y sus sugerencias a los actores en El Araucano. En este sentido,
comparte con José Joaquín de Mora el mérito de ser el creador de la crítica teatral. Tradujo
el drama Teresa, de Alejandro Dumas, e inculcó en sus discípulos el gusto por la
adaptación de obras extranjeras. Su conocimiento del teatro griego y el latino, el análisis de
las obras de Plauto y Terencio y la lectura de Lope de Vega y Calderón de la Barca le
dieron la solidez suficiente para opinar sobre el asunto.

Otro nombramiento, el de miembro de la Junta de Educación, precede su admisión por el


Congreso chileno a la plena ciudadanía, el 15 de octubre de 1832. Dos años después se
desempeñaba como oficial mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores, función que
asumió hasta 1852, y en 1837 era elegido senador de la República, cargo que conservó
hasta su muerte. En los últimos años de su vida, sus vastos conocimientos en materia de
relaciones internacionales le valieron ser elegido para arbitrar los diferendos entre Ecuador
y Estados Unidos (1864) y entre Colombia y Perú (1865), honor este último que se vio
obligado a declinar por motivos de salud, hallándose ya gravemente enfermo.

El generoso reconocimiento que los chilenos le tributaron a Bello durante los treinta y seis
últimos años de su vida lo colmó de satisfacciones. Pero entre todas ellas, cabe suponer
que no las que pudieran derivar del poder político, sino otras, fueran las más estimadas
para un hombre animado por un proyecto civilizador como el suyo, que puede resumirse en
las palabras que utilizó Arturo Uslar Pietripara aquilatarlo: "Un empeño tenaz de reunir
ciencia y conocimiento para decirle a los pueblos hispanoamericanos de dónde venían, con
cuáles recursos contaban y el panorama del mundo en que les tocaba afirmarse y actuar".

A diferencia de tantos de sus más ilustres contemporáneos americanos, Andrés Bello no


fue un hombre que ambicionara acumular honores y poder, y en cambio veía en el avance
de la educación y las luces de las jóvenes repúblicas americanas, así como en la
consolidación de las instituciones reguladoras de su recién conquistada libertad, el mejor
servicio que podía rendirle a América. También Uslar Pietri lo dijo a su manera: "En su
bufete de Chile, en su cátedra, en su poesía, en su prosa, en su palabra, estaba haciendo
una América, una Venezuela, un Chile, un México más perdurables y grandes que los
demagogos y los guerrilleros pretendían alcanzar en la dolorosa algarabía de sus revueltas
y asaltos".

Por eso la hora que vivió como la coronación de los largos años de esfuerzos de su exilio
londinense fue la que le trajo la inauguración de la Universidad de Chile, en 1843, cuyos
estatutos él mismo había redactado un año antes y cuyo rectorado asumió gozoso, siendo
reelegido mientras vivió. El discurso pronunciado por Andrés Bello en aquella oportunidad
ofrece un compendio de sus concepciones pedagógicas y una guía para la orientación de
los estudios superiores.

Del mismo modo, la publicación de sus inmensos estudios gramaticales sobre la lengua
castellana iniciados en Reino Unido debieron de ser una ocasión de júbilo, que tuvo su
punto álgido con la Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanos,
publicada en Chile en abril de 1847. Llegado a este punto de su carrera, Bello siguió
investigando, escribiendo y publicando obras de gran interés científico y práctico: Principios
de derecho de gentes (1832) es la primera obra que publica en Chile, y que después
retomará, ampliará y transformará, en 1844, en un ya clásico Principios de derecho
internacional.

Andrés Bello

Siguieron a esta obra los Principios de ortología y métrica, en 1835; en 1841, el poema El
incendio de la Compañía, considerado en Chile como la primera manifestación local del
romanticismo; una Gramática latina, en 1846; una Cosmografía, en 1848; una Historia de
la literatura, en 1850, y en 1852, veintidós años después de haber iniciado su redacción en
compañía de Juan Egaña, la culminación de la que es sin duda su obra más titánica,
verdadero resumen de su concepción del estado liberal, cuya implantación propugnaba en
toda América: el Código Civil de la República de Chile, que el Congreso chileno aprobó en
1855.
A estos textos hay que agregar una Filosofía del entendimiento, publicada póstumamente
en 1881. En su lecho de agonía, encendido en fiebre, Bello musitaba palabras
incomprensibles. Los que se inclinaban a recogerlas pudieron descifrar algunas: en su
última hora, recitaba en latín los versos del encuentro de Dido y Eneas, de la Eneida.
Obras de Andrés Bello
En la primera mitad del siglo XIX, cuando el período colonial va camino de su definitivo
eclipse, surgen tres figuras imprescindibles en la historia de la formación de la nacionalidad
venezolana: Simón Rodríguez, Andrés Bello y Simón Bolívar. Si bien es cierto que este
último, además de notable escritor, fue el principal responsable de la independencia política
del país, los dos primeros lo fueron de su independencia espiritual. La figura de Andrés
Bello resulta menos "familiar" que la de Simón Rodríguez, y esta distancia quizás se deba
a esa suerte de nicho donde lo ha colocado la cultura oficial venezolana. Sin embargo, es
imposible restarle méritos a la obra de este insigne humanista.

Excelente poeta, filólogo ilustre, erudito estimable, diplomático discreto, político ponderado
y pensador singular, Andrés Bello representó la aspiración a la independencia cultural de
Hispanoamérica y fue un polígrafo incansable: sus obras completas abarcan veinte tomos.
Ya se ha reseñado la extraordinaria labor cívica que desempeñó en Chile, donde residió
desde 1829 hasta su muerte: entre otras cosas, redactó el Código Civil de esta nación y
fundó la Universidad de Santiago.

En esta ciudad publicó su importante Gramática de la lengua castellana destinada al uso


de los americanos (1847), un trabajo sobre el que giraron las más importantes polémicas
sobre el castellano de América a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX. Otra de sus
piezas brillantes, digna de una atenta relectura, es su discurso de apertura de la Universidad
de Chile. En cuanto al estilo, es uno de los momentos más altos de su prosa y, además,
demuestra que ninguna rama del conocimiento era ajena a su saber.
Obras poéticas
Como poeta, la valoración actual de su obra le otorga una importancia más documental que
literaria. Andrés Bello poseía una extensa erudición poética, amén de un minucioso
conocimiento del oficio, pero carecía del don creador. En el fondo (y a pesar de que, como
dice Mariano Picón Salas, fue romántico a ratos), Bello nunca pudo salir del molde del
neoclasicismo en el que se había formado, y es antes un diestro versificador que un
verdadero poeta. Su extensa e inacabada Silva a la agricultura de la zona tórrida (fruto de
su estancia en Londres entre 1810 y 1829) es una palpable muestra de pasión americanista.
Un modo natural de clasificar los poemas de Andrés Bello es separar las poesías originales
de las traducciones o imitaciones. Así, en un grupo encontramos poemas de imitación,
traducidos o versionados, como Los Djinns, La tristeza de Olimpio, Oración para
todos, Moisés salvado de las aguas y Fantasmas, bajo la influencia de Víctor Hugo. Se le
debe asimismo una traducción en verso del Orlando enamorado. Como filólogo, Andrés
Bello se aplicó al remozamiento del Poema del Cid, trabajo que dejó inconcluso.
Comenzada en 1823, su versión del Poema del Cid o Gesta de mío Cid constituye una obra
maestra de erudición y buen gusto, siendo quizás la que más ha contribuido a difundir su
nombre.
La parte original de su producción la constituyen piezas como Al campo y El proscrito. Al
campo es una especie de égloga. En El proscrito, Bello mezcla el humor con la poesía: el
caballero Azagra, descendiente de guerreros, anda aquí en gresca, como un nuevo
Sócrates, con una moderna Xantipa. Sus dos poemas más importantes son Alocución a la
Poesía (1823) y Silva a la agricultura de la zona tórrida (1826). Ambos fueron publicados
en las revistas londinenses que editaba Bello: la Biblioteca Americana y el Repertorio
Americano, respectivamente.
Alocución a la Poesía (1823) viene a ser, con sus dos silvas, la obra más sobresaliente de
Andrés Bello. En la primera silva, el autor invita a la Poesía a abandonar Europa por el
prodigioso mundo descubierto por Colón, y el poeta alaba las grandiosas bellezas de la
naturaleza americana. Después, Bello celebra las hazañas bélicas de la guerra de la
independencia. En la Silva a la agricultura de la zona tórrida (1826) exhorta a los
americanos a la paz, aconsejándoles trocar las armas por los útiles del labrador. Un estilo
rico, de gran colorido, caracteriza en general toda su producción.
Obras filológicas
Pero quizás la de filólogo haya quedado como la faceta más perdurable de la personalidad
de Bello. Ya se ha aludido a su reconstrucción del Poema del Cid; es preciso reseñar ahora
su obra Principios de ortología y métrica de la lengua castellana, publicada en Santiago de
Chile en 1835. La primera parte, la ortología, en la que analiza las bases prosódicas del
español y los vicios habituales de pronunciación, especialmente los de Hispanoamérica, se
considera hoy envejecida ante los modernos estudios de fonética, que han renovado
totalmente esta disciplina.

Pero la métrica, que es la obra de un erudito y de un poeta, sigue teniendo plena actualidad.
Frente a Hermosilla y Sicilia, que representaban el criterio neoclásico que quería a todo
trance ver en el verso castellano la sucesión de sílabas largas y breves (es decir, un remedo
de los pies griegos y latinos), Andrés Bello planteó los verdaderos fundamentos del verso
castellano: "Después de haber leído con atención -dice- no poco de lo que se ha escrito
sobre esta materia, me decidí por la opinión que me pareció tener más claramente a su
favor el testimonio del oído".

Bello se basó en el oído y, también, en la práctica de los buenos poetas. Y así como
deslatinizó la gramática castellana para analizar el verdadero sistema gramatical de su
lengua, desterró de la métrica castellana (como señaló Pedro Henríquez Ureña) el fantasma
de la cantidad silábica que había dominado todo el siglo XVIII. Los estudios de Bello
pusieron el verso castellano sobre sus bases silábicas y acentuales.
La Real Academia Española, que había nombrado a Bello miembro honorario en 1851,
aceptó sus principios en acuerdo del 27 de junio de 1852 y le pidió permiso para adoptar
su obra, reservándose el derecho de anotarla y corregirla. De mayor importancia es aún
su Gramática de la lengua castellana (1847), obra renovadora, de sencillez revolucionaria,
impregnada del buen sentido y de la intuición genial que caracterizó la vida y la obra de
aquel hombre sencillo e ilustre.
Obras filosóficas y jurídicas
La Filosofía del entendimiento fue publicada póstumamente como primero de los quince
tomos de las Obras completas de don Andrés Bello, edición patrocinada por Chile que vio
la luz a partir de 1881. Por las partes de esta obra aparecidas a partir de 1843 en la revista El
Araucano, consta que Bello estaba en posesión de sus ideas básicas sobre filosofía desde
esa época. Pensada como libro de texto, pero elaborada de forma innovadora, tiene como
objeto de investigación un campo mucho más amplio que el mero entendimiento humano,
puesto que en él incluye hasta la metafísica.
De primera formación escotista, con tendencias a la ciencia fisicomatemática, que
predominaba cuando Bello estudió en Caracas (1797), y de matiz sensista, a lo Condillac,
tendencia entonces dominante aun entre los religiosos, Bello acentuó cada vez más sus
preferencias por el idealismo estilo Berkeley, impregnado de un espiritualismo muy a lo
Cousin. De la formación inicial en las ideas de Escotoguardó, aparte de la separación
reverente de fe y razón, la afición y cultivo de la gramática lógica pura y de la lógica
matemática, que se hallan en la segunda parte de Filosofía del Entendimiento y que son
cronológicamente independientes de los ensayos primeros en lógica matemática
de George Boole. La obra mereció grandes elogios de Marcelino Menéndez Pelayo, quien
en 1911 la juzgaría "la más importante que en su género posee la literatura americana".
En el plano jurídico, los Principios de derecho de gentes (1832) de Andrés Bello ilustran su
condición de jurista preparado y capaz, de reputado político e internacionalista que
desempeña importantes cargos públicos en Chile y cuyos servicios son solicitados por los
Estados Unidos para un arbitraje en cuestión de límites, y también por Perú y Colombia.
Más influyente sería aún su labor como redactor del Código Civil chileno de 1852, cuerpo
jurídico promulgado en 1855 que reglamenta las relaciones de la vida privada entre las
personas. En vigencia desde 1857, fue un código modelo para diferentes naciones
sudamericanas, y no necesitó de una primeras reformas hasta 1884.
En 1840, 1841 y 1845 se habían nombrado comisiones encargadas de redactar un proyecto
de Código Civil, pero indefectiblemente habían terminado sucumbiendo ante la magnitud
de la empresa y disolviéndose sin lograr resultado alguno. Andrés Bello, miembro de la
última, prosiguió por sí solo dicho trabajo, hasta que, concluido, pudo presentarlo en 1852
al gobierno, el cual ordenó su impresión y nombró una comisión revisora presidida por el
propio presidente, Manuel Montt. Cumplida esta tarea, el proyecto fue enviado para su
aprobación al Congreso Nacional. El 14 de diciembre de 1855 se promulgaba como ley de
la República para comenzar a regir el 1 de enero de 1857.
El nuevo código armonizó sabiamente el antiguo derecho de Roma y de España con los
nuevos principios de la Revolución Francesa recogidos en el Código Napoleónico. A
diferencia de las excentricidades que cometían algunos gobiernos de la región, como el
de Andrés Santa Cruz, que en su tiempo había dispuesto la traducción y promulgación del
Código Napoleónico para Bolivia, Andrés Bello supo adaptar a la realidad cultural
americana la tradición jurídica europea. Por esta razón fue adoptado como propio por otros
gobiernos americanos, y en Chile se encuentra aún vigente, aunque, obviamente, con
cambios significativos.

Siete educadores célebres de Venezuela

De Andrés Bello a Arturo Uslar Pietri, de Argelia Laya a Luis Beltrán Prieto

Figueroa, son muchos los docentes que han dejado huella en la historia del país.

Acá una breve lista para recordar y celebrar lo mejor de los maestros en su día

El 15 de enero de cada año se celebra en Venezuela el Día del Maestro. La fecha se


conmemora desde 1945, cuando el entonces presidente Isaías Medina Angarita
decidió honrar al grupo de educadores que el 15 de enero de 1932, en plena
dictadura gomecista, creó una asociación gremial para defender los derechos
laborales de los docentes y mejorar la educación en el país.

Y es que estos profesionales han sido una parte importante en la historia de


Venezuela. Desde Andrés Bello y Simón Rodríguez hasta Arturo Uslar Pietri, cada
uno ha desempeñado un rol importante en el desarrollo del país, ya sea desde las
aulas, a través de la creación de ministerios, como autores de obras pedagógicas y
literarias de gran alcance, formando a grandes pensadores o participando
directamente en el acontecer político.

(Ver también: “2018 es un año decisivo para los docentes”. Habla el director de la Escuela
de Educación de la UCAB)

En El Ucabista decidimos recordar a siete venezolanos que, con su vida y obra, se


convirtieron en dignos ejemplos de vocación docente y ciudadanía.
ANDRÉS BELLO: Nació el 29 de noviembre de 1781 en Caracas. Filólogo, humanista,
escritor, jurista y pedagogo, fue maestro de Simón Bolívar y participó de forma
activa en el proceso de Independencia de nuestro país. Su vida se desarrolló entre
Venezuela, Inglaterra y Chile, en donde realizó gran parte de su obra. Fue fundador
y primer rector de la Universidad de Chile en 1843. Por otro lado, promovió la
originalidad del pensamiento hispanoamericano, fue fiel defensor de la educación
orientada al pensamiento crítico, fue un firme creyente en la educación como medio
para el desarrollo individual y social, planteó la educación como el elemento más
importante de un Estado y siempre promovió la educación pública obligatoria con
el apoyo decidido del gobierno para su financiamiento. Falleció en Santiago de
Chile el 15 de octubre de 1865.

‘’La ignorancia es la causa de todos los males que el hombre se hace y hace a otros’’

SIMÓN RODRÍGUEZ: Nació en Caracas el 28 de octubre de 1769. Fue educador,


escritor, ensayista y filosofo. Tutor y mentor de Simón Bolívar, fue un fiel defensor
de la educación pública. Para Rodríguez, la educación debía ser pertinente a la
realidad de los desposeídos, a quienes debía enseñarles habilidades prácticas,
oficios para que pudieran ganar su sustento y avanzar social y económicamente. La
educación, para él, debía ser pública y universal, sin distingo de razas y clases
sociales. Decía que la educación era la base para la República, contrario a la fuerza
que era la base de las monarquías. En 1825 Bolívar lo nombró Secretario de
Educación en Bolivia. Falleció el 28 de febrero de 1854 en Perú a la edad de 84
años.

“Enseñen y tendrán quien sepa; eduquen y tendrán quien haga.”


LUIS BELTRÁN PRIETO FIGUEROA: Nació en La Asunción, estado Nueva Esparta, el
14 de marzo de 1902. Por su amplia labor en la mejora de la educación venezolana,
se le consideraba el ‘’Maestro de Maestros’’. Entre sus aportes se cuenta su
participación en la fundación de la Sociedad de Maestros de Instrucción Primaria
en el año 1932 y de la Federación Venezolana de Maestros (FVM) en 1936. Fue
ministro de educación entre 1947 y 1948. Mediante una resolución del 10 de julio de
1947, transformó la vieja Escuela de Artes y Oficios para Hombres en Escuela
Técnica Industrial. También fue coautor del primer proyecto de Ley de Educación
del año 1948 y de la Ley de Educación promulgada el 9 de julio del año 1980.
Además, en 1959 creó el Instituto Nacional de Cooperación Educativa (INCE). Para
1984 fue incorporado como individuo de número de la Academia Venezolana de la
Lengua y en el año 1986 formó parte de la Comisión Presidencial del Proyecto
Educativo Nacional, coordinada por Arturo Uslar Pietri. Fundador del partido
Movimiento Electoral del Pueblo, fue candidato presidencial, senador y presidente
del Congreso de la República. Es creador de la tesis del Estado Docente o rector de
la educación nacional. Murió en Caracas el 23 de mayo de 1993.

“Hay quienes quieren a un magisterio sumiso, arrinconado, incapaz de levantar la voz;


pero un pueblo que tenga maestros de esa categoría tendrá que ser un pueblo de
esclavos”.

CECILIO ACOSTA: Nació en San diego de Los Altos, estado Miranda, el 2 de febrero
de 1818. Fue un escritor, periodista y exponente del humanismo del siglo XIX. Una
de sus grandes obras, “Cosas sabidas y por saberse”, refleja ideas de Simón
Rodríguez y pensamientos de Andrés Bello. Fue un gran crítico de la educación
universitaria por no cumplir en su labor las exigencias pedagógicas. A su vez,
denunció lo anacrónico y empolvado de la enseñanza en Venezuela para la época,
ya que la consideraba inútil y poco apropiada. Murió el 8 de julio de 1881 y sus
restos posan en El Panteón Nacional desde el 5 de julio de 1937.
“Enséñese lo que se entienda, enséñese lo que sea útil, enséñese a todos; y eso es todo.”

ARTURO USLAR PIETRI: Nació en Caracas el 16 de mayo de 1906. Abogado,


periodista, escritor, productor de televisión y político, Entre 1939 y 1945 ocupó
varios cargos públicos, incluyendo el de Ministro de Hacienda, Ministro de
Relaciones Interiores y Ministro de Educación. A de través sus novelas, ensayos,
artículos periodísticos y programas de televisión llevó al público lo más importante
de sus planteamientos políticos, económicos, sociales y educativos, relacionados
con el crecimiento del país a partir de lo que denominó la “Siembra del petróleo”,
frase que acuñó en 1936 como doctrina según la cual debía administrarse
sabiamente la inmensa riqueza petrolera del país procurando transformarla en
oportunidades de desarrollo educativo, tecnológico, social y productivo. Como
ministro de educación, logró la aprobación de una ley de Educación, la creación
decenas de planteles de instrucción primaria así como escuelas de artes y oficios.
Participó en la fundación de la Escuela de Economía en la Universidad Central de
Venezuela. Candidato presidencial en varias oportunidades, fue Senador del
Congreso de la República en dos oportunidades. Es considerado uno de los
intelectuales más prominentes del siglo XX. Falleció en Caracas el 26 de febrero de
2001.
“La labor de la educación no puede ser otra que desarrollar en el individuo el conjunto de
virtudes y capacidades necesarias para cumplir su cometido histórico. Éste es el sentido
en que la educación es formativa”.

RÓMULO GALLEGOS: Nació en Caracas el 2 de agosto de 1884. Fue novelista,


político y educador venezolano. Hizo estudios universitarios de Agrimensura y de
Derecho en la Universidad Central de Venezuela, pero no llegó a terminarlos.
Empleado de ferrocarriles y profesor de escuelas privadas, llegó a ser subdirector
de la Escuela Normal y director del Liceo de Caracas entre 1922 y 1928. Fue
nombrado ministro de Educación en el gobierno de Eleazar López Contreras, cargo
al que renunció. Fundador de Acción Democrática, en diciembre de 1947 se
convirtió en el primer presidente de Venezuela electo mediante el voto universal,
directo y secreto. Asumió el cargo en febrero de 1948 y fue derrocado por un golpe
militar en noviembre de ese mismo año. Es el creador de novelas como “Pobre
Negro”, “Canaima”, “La trepadora” y “Doña Bárbara”, su obra literaria más insigne
y considerada un clásico de la literatura latinoamericana. Falleció en Caracas en
abril de 1969.

“Algún día será verdad. El progreso penetrará en la llanura y la barbarie retrocederá


vencida”. De “Doña Bárbara”
ARGELIA LAYA. Nació en Río Chico, estado Miranda, el 10 de julio de 1926.
Graduada de maestra normalista en 1945, participó durante su juventud en
numerosas campañas de alfabetización en distintos estados del país. Activista
social y dirigente política, fue conocida por su lucha por la igualdad de derechos
para la mujer en los distintos ámbitos de la vida. Según información extraída del
portal del Instituto Nacional de la Mujer, Laya “defendió el derecho de las mujeres a
la educación, a la participación cultural y a la capacitación; participó en la
formulación del Plan Nacional “ Educando para la Igualdad” , donde se
establecieron los principios y estrategias para una educación por la paz y la
justicia, con fundamento en la erradicación de toda forma de discriminación por
sexo, en el sistema y proceso educativo”. Fundadora del partido político
Movimiento al Socialismo (MAS) fue diputada al Congreso Nacional en varias
oportunidades. Falleció el 27 de noviembre de 1997.

“Las mujeres lucharemos por nuestros derechos y los de nuestra patria, porque el
problema de la igualdad de la mujer es el problema de la liberación de los pueblos”.

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