ESTIMULACION TEMPRANA
DEFINICIÓN
Para iniciar abordando esta temática es necesario que se conozcan ciertos aspectos
acerca del tema a tratar es porque a lo largo de la historia se han ido dando varias
definiciones que contribuyen a el conocimiento de esta temática.
En los primeros años de esta instancia marca el inicio de la atención temprana
publicado en el libro blanco donde existe importantes avances para el desarrollo
psicomotor de los niños, este fue escrito e investigado por un grupo de profesionales los
cuales fueron considerados como el Grupo de Atención temprana (GAT) en el año 2001
la cual define la atención temprana como:
“El conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0-6 años, a la
familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las
necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su
desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que deben
considerar la globalidad del niño, han de ser planificadas por un equipo de profesionales
de orientación interdisciplinar o transdisciplinar.” ( Federacion Estatal de Asociaciones de
Profesionales de Atencion Temprana , 2005, pág. 12).
Por esta razón la atención temprana es una parte fundamental en el desarrollo del niño
ya que mediante diversas actividades o ejercicios podemos intervenir lo más pronto
posible pata brindar al niño un óptimo desarrollo, mediante los cuales podemos obtener
un mejor control emocional dando más seguridad y fortaleza al niño como también
ampliando su habilidad mental y facilitando un mejor potencial de aprendizaje, contando
siempre con la ayuda y disposición de los padres.
Por otra parte, Soriano 2005 nos menciona que la “Atención Temprana es un conjunto
de intervenciones para niños pequeños y sus familias, ofrecidas, en un determinado
momento de la vida de un niño, que abarca cualquier acción realizada cuando un niño
necesita un apoyo especial para: asegurar y mejorar su evolución personal, reforzar las
propias competencias de la familia y fomentar la inclusión social de la familia y el niño.
“(Federacion Estatal de Asociaciones de Profesionales de Atencion Temprana , 2005)
Por este motivo estos ejercicios de estimulación, deben ofrecerse en un entorno o
ambiente adecuado para el niño, para que de esta manera el niño pueda realizar los
ejercicio o actividades de manera satisfactoria, esta atención debe ser brindado junto con
un equipo multidisciplinario dando una atención de calidez orientado tanto al niño como
a la familia.
Por otro lado la federación de enseñanza de CC. OO de Andalucía en el año 2011 nos
menciona acerca de la importancia que tiene la definición de estimulación temprana, a al
que hace referencia que es” El conjunto de medios, técnicas, y actividades con base
científica y aplicada en forma sistemática y secuencial.
Se emplea en niños/as desde su nacimiento hasta los 6 años, con el objetivo de
desarrollar al máximo sus capacidades cognitivas, físicas, emocionales y sociales, evitar
estados no deseados en el desarrollo y ayudar a los padres con eficacia y autonomía en el
cuidado y desarrollo del infante. El papel unido de familia y escuela trabajando unidos y
al unísono en este proceso y en este periodo es esencial.” (Federacion de Enseñanza de
[Link] , 2012)
Por este motivo podemos decir que tanto La estimulación temprana o atención
temprana es muy importante en el desarrollo de los niños y niñas desde el nacimiento ya
que ayuda a fortalecer las cuatro áreas que son motriz, cognitiva, lenguaje y social, para
un buen desarrollo físico y mental, aprovechando la maleabilidad del cerebro del niño, es
decir aprovechando la maduración del cerebro ,brindando una estimulación temprana
eficaz acorde a su edad y a sus necesidades para que de esta manera los niños y niñas
puedan desarrollarse y desenvolverse en su entorno.
Ordoñez, M. y Tinajero, L. (2012), definen la estimulación temprana y estimulación
adecuada, como una teoría basada en las neurociencias, en la pedagogía y en la psicología
cognitiva y evolutiva, que se implementa mediante programas fundados con la finalidad
de ayudar al desarrollo integral del niño [2].
Siendo un sistema de intervenciones terapéuticas y/o educativas internacionalmente
reconocido como valioso recurso para el desarrollo saludable de los niños.
El término de estimulación temprana, ha tenido una gran importancia en el campo
profesional ya que antes no era tomado como algo importante en el desarrollo del niño y
quienes realizaba y aplicaban las actividades o ejercicios eran únicamente las educadoras
y madres que se encargaban de cuidar a sus hijos, pero ahora el término estimulación es
considerado como técnica para fomentar el desarrollo evolutivo del niño. Según Buceta,
menciona que “Uno de los principales objetivos de la estimulación temprana es favorecer
el desarrollo y el bienestar del niño y su familia, posibilitando de la forma más completa
su integración en el medio familiar, escolar y social, así como su autonomía personal”.
Por lo antes mencionado se puede determinar que la estimulación oportuna en los
primeros años de vida del niño, favorece a un buen desarrollo evolutivo. Esto dependerá
de las condiciones del medio pues es en los primeros años, el niño empieza a adquirir
destrezas importantes, fortaleciendo mediante actividades las áreas que se encuentren con
menor desarrollo.
Actualmente la estimulación temprana es concebida como una actividad basada
principalmente en las neurociencias, en la pedagogía y en la psicología cognitiva y
evolutiva, que se implementa mediante programas construidos con la finalidad de
favorecer el desarrollo integral del niño. Sin dudas la estimulación temprana, es un
trabajo conjunto de familia, comunidad, personal de salud y educadores, teniendo en
cuenta que las primeras muestras de aprendizaje comienzan en el hogar y con el
transcurso del tiempo el niño crece y necesita de acciones educativas que satisfaga sus
necesidades.
En relación a estas ideas, Pérez (2017) enfatiza en que la estimulación en edades
tempranas resulta un medio importante para facilitar el proceso del desarrollo integral del
niño en el cual se ve favorecido el aprendizaje. Por su parte Ruiz, Cortés & Gómez
(2014) coinciden con Téllez (2003), cuando sostiene que el proceso de estimulación
psicomotriz, propicia que el niño adquiera un adecuado desarrollo del tono muscular, de
la postura y de aquellos movimientos que aseguran el equilibrio y estabilidad corporal,
favorece la organización del espacio, la gestión de la atención, así como de la agudeza de
la percepción visual y auditiva, de la Memoria visual, de habilidades motrices y de la
adaptación al tiempo, se favorece de manera importante la regulación de conductas
adaptativa en su entorno y del razonamiento progresivo. Visto desde este enfoque, se
considera que el desarrollo del niño, depende en gran medida de factores hereditarios y
del ambiente, donde cobra valor el algoritmo Fenotipo = Genotipo + Ambiente. De esta
manera el proceso de estimulación deviene en un aspecto importante que hace posible
potenciar los períodos sensitivos que se manifiestan en los primeros años de vida, estos
puntos sensibles incitan a los niños a involucrarse intensamente en lo que les interesa
(Campos, 2009; Guillen & Bueno 2016).
Visto de este modo, la estimulación temprana con un enfoque preventivo, solo busca
propiciar oportunidades que reconozcan el desarrollo integral del niño/as, a partir de las
potencialidades neurofisiológicas que poseen en las primeras edades, donde la
estimulación ofrece una variedad de experiencias que le permiten formar bases para un
aprendizaje posterior, teniendo en cuenta los periodos sensitivos, y funciones de la
estimulación temprana dadas en su fase preventiva, correctiva, potencializadora o de
desarrollo.
Es por ello que el concepto de estimulación temprana se ha ido fortaleciéndose bajo la
mirada de los procesos de la plasticidad neuronal, como una forma de validar
científicamente la posibilidad de producir cambios, o recuperar funciones en la medida
que se estimule en forma adecuada y a tiempo, sin enmarcar la dimensión como un
elemento que solo es atribuible a niños con discapacidad (Caamaño, 2017)
OBJETIVOS DE LA ESTIMULACIÓN TEMPRANA
La estimulación temprana tiene por objetivo aprovechar el contenido de aprendizaje y
adaptación del cerebro en beneficio del niño o niña, mediante estrategias lúdicas, su
propósito es la de suministrar una serie de provocaciones repetitivas, de manera que las
conexiones cerebrales resulten de mayor utilidad.
Para Castejón y Navas (2009) la estimulación temprana pretende prevenir posibles
problemáticas que puedan presentarse en bebes que en principio no presentan anomalías
de ningún tipo pero que, especialmente por el ambiente en que se van a desarrollar
pueden llegar a padecer algún tipo de disfunción [6].
El primordial objetivo consiste en cambiar la estimulación temprana en una práctica
agradable que vaya propiciando cada vez más la relación madre-hijo, desarrollando
habilidades y destrezas con calidad y calidez a través de las experiencias vividas basadas
en actividades lúdicas sustentados en el progreso integral.
De acuerdo a Papalia & Duskin (2005), “aquellas intervenciones tempranas son más
exitosas cuando comienza de manera prematura y continúan a través de los años
prescolares y si se les dedica más tiempo. El cerebro recibe estimulación a través de los
sentidos, movimientos y solo se puede llegar a su máximo potencial a través de otorgarle
las oportunidades de aprendizaje en los 6 primeros años de vida que es en donde se
desarrolla neurológicamente la inteligencia emocional y cognitiva [8].
Hasta los 6 años los niños y niñas disponen de un potencial que no volverán a tener en
toda su vida, por lo que una adecuada estimulación contribuye a desarrollar sus grandes
capacidades, por este motivo se recomienda que crezcan rodeados de estímulos. Los
padres son los primeros formadores y los encargados de propiciar entornos estimulantes
sanos, adecuados y oportunos, en el cual puedan explorar, adquirir destrezas y
habilidades de manera natural, en donde conocerán y entenderán lo que está a su
alrededor.
El objetivo de la estimulación temprana es desarrollar al máximo capacidades
cognitivas, físicas, emocionales y sociales para un buen desarrollo del infante, no es
acelerar su desarrollo y forzarlo a lograr metas, sino es reconocer y motivar su potencial
para fortalecer su autoestima, decisión e instrucción.
Hay autores como Terré (1999) que definen la estimulación temprana como “El
conjunto de medios, técnicas y actividades con base científica y aplicable en forma
sistemática y secuencial que se emplea en niños desde su nacimiento hasta los 6 años, con
el objetivo de desarrollar al máximo sus capacidades cognitivas, físicas y psíquicas,
permite también, evitar estados no deseados en el desarrollo y ayudan a los padres con
eficacia y autonomía, en el cuidado y desarrollo del infante” [9].
En su desarrollo Se debe tomar en cuenta en primer lugar las etapas de desarrollo
individual de cada niño y niña, para lo que se requiere de otras persuasiones, es muy
significativo admirar este perfeccionamiento para no hacer comparaciones y seguir el
ritmo de cada uno. La estimulación temprana es una experiencia positiva, alegre y
divertida, no se los debe forzar a hacer ninguna actividad y al realizarla debe ser en forma
de juego. Se puede confundir la estimulación temprana con jugar o experimentar, ya que
hay padres que dicen que aplican la estimulación temprana en sus hijos, pero en realidad
no lo es, porque no aplican actividades de repetición mínima, continuada y no siguen una
estructura. Para desarrollar el conocimiento, la mente requiere de investigación.
Por consiguiente la mayoría de profesionales recomiendan la estimulación temprana,
que se concreta como el acumulado de medios sistemáticos, y dinamismos con
plataformas científica y empleada en representaciones sistémicas y secuenciales que se
utiliza en niños, a partir de su creación hasta los seis años de vida, en los aspectos
cognitivos, corporales y psíquicas, admitiendo también, evitar cambios no esperados en el
perfeccionamiento y socorrer a los padres, con actividad e independencia, en el cuidado y
progreso del niño/a. Basándose en los aportes más recientes de la neurociencia Eming &
Fujindo (2014) recalcan la importancia de la intervención y estimulación temprana en la
evaluación psicológica de los infantes, sobre todo reducir las brechas de desarrollo entre
los niños y padres [10].
Durante estos principales años de vida, los sentidos como el visual y auditivo
reconocerán y diversificarán colores, grafías y sonidos. Por otro lado, las técnicas
psicológicas y los dinamismos que se crean en el niño durante esta época constituyen
destrezas de trascendental importancia que durará toda su vida.
La estimulación temprana o vigilancia infantil se basa, sobre todo en el
descubrimiento del entorno, a la que los técnicos denominan mecanismos de
investigación o bits. Alcanzar una ideología en la resolución de problemas en la vida
cotidiana, e incluso ampliar aspectos sensoriales y sociales. La reproducción sistemática y
secuencial de persuasiones o ejercicios, y de dinamismos con base científica, fortalecen
los espacios neuronales de los infantes.
Desde la estimulación, no solo se desarrollará adecuadamente el perfeccionamiento
motriz, cognitivo, benéfico y entusiasta del infante, sino que también se aumentará su
perfeccionamiento individual, contenidos, predisposición y su regularidad.
Piaget concibe a la inteligencia como la capacidad que tiene cada individuo de
adaptarse al medio que le rodea, adaptación que requiere del equilibrio entre los
mecanismos de acumulación y asimilación.
BENEFICIOS
Existen varios beneficios que ayuda al desarrollo óptimo de los niños promoviendo un
adecuado proceso de aprendizaje y control de sus emociones por lo cual Peña 2014 se
menciona algunos de ellas:
Ayudo al desarrollo de las funciones cerebrales de los bebés se potencializa en
diferentes planos: intelectual, afectivo y físico, mediante los diferentes juegos y ejercicios
repetitivos
Promueve las condiciones, educativas, sociales fisiológicas y recreativas.
Estimula la maduración y el proceso de aprendizaje en las áreas, intelectual,
afectivo y psicomotriz del bebé.
Beneficia en la curiosidad y observación del niño para conocer e interpretar el
mundo que le rodea.
Favorece el apego y los lazos afectivos entre los padres y el bebé.
En la mayoría ayuda a detectar posibles casos de trastornos de aprendizaje
Beneficios de la estimulación temprana en bebes prematuros
Al haber carecido de ese tiempo y tener que hacerlo fuera del útero materno, ya llevan
un desfase en su desarrollo, crecimiento y madurez. A partir de su nacimiento se
determinará su edad cronológica, pero si contamos desde la fecha en la que tendría que
haber nacido, hablamos de su edad corregida, la que siempre tendremos en cuenta para su
desarrollo.
La estimulación temprana para los bebés prematuros, tal y como la entiendo yo,
vendría a ser un conjunto de actividades y técnicas dirigidas a aquellos niños que tengan
o no, un desfase en su desarrollo en los que a través del juego ayude, fortalezca y
desarrolle adecuadamente su potencial humano.
Con esto no quiero que se entienda como una actividad en la que trataremos de que los
niños se adelanten a su desarrollo, sino todo lo contrario, se trata de ayudar a los niños
que lo necesiten y acompañarles en su desarrollo. Es decir, si un niño a los 6
meses aproximadamente tiene que poder mantenerse en posición de sentado, si éste está
preparado, trabajaremos para que lo consiga de una manera óptima y al máximo de su
potencial.
Entre los beneficios de la estimulación temprana en prematuro podemos destacar:
- Promueven las capacidades físicas, mentales y sociales del niño.
- Mejora la calidad de la vida intentando aprovechar al máximo el potencial existente
en el sistema nervioso central (SNC) del niño.
- Previene las alteraciones motoras, psicológicas, cognoscitivas y sociales.
- Con el masaje, y la estimulación kinestésica, además se logra mejorar tanto el peso,
la talla, como la sociabilidad e irritabilidad de los bebés.
- Además, con actividades de estimulación social y vestibular (que son las encargadas
del equilibrio) se facilita el desarrollo sistema nervioso autónomo, lo que se refleja en una
menor cantidad de episodios de Apnea, muy comunes en bebés prematuros.
- Otro beneficio es el relacionado con las áreas de interés, por ejemplo, para que
un bebé gateé es necesario que controle el llamado patrón cruzado esto es, la capacidad
de coordinar su mano derecha con su pie izquierdo y viceversa y así avanzar. Pues bien,
los ejercicios de gateo refuerzan el patrón cruzado y ayudan a mejorar la coordinación
entre los dos hemisferios.
- Gracias a la estimulación temprana podemos detectar más rápidamente problemas de
aprendizaje futuros, o trastornos del desarrollo.
- Y, por supuesto, el más importante: que se favorece y refuerza el vínculo entre
madre-padre-hijo.
BASES NEUROPSICOLOGICAS
El sistema nervioso central es más plástico cuando más joven y es precisamente en el
primer año de vida cuando tiene una mayor plasticidad. El sistema nervioso se estructura
recibiendo impulsos y dando respuestas precisas, estos estímulos propician la actividad
eléctrica de las neuronas y estas alteraciones pueden incrementar la biosíntesis de
proteínas. Así, se puede asegurar que el aprendizaje implica cambios no sólo en la
conducta sino también en la estructura, función y composición de las neuronas.
NIÑOS PREMATUROS
En el momento de nacer, el bebé es un ser indiferenciado, sin conciencia de sus límites
corporales, son los contactos con su madre (el entorno materno en sentido más amplio),
los intercambios y modulaciones tónicas en una relación cargada de afecto, los que
ayudarán a ir tomando conciencia de su propio cuerpo.
Estos intercambios tónico-afectivos son los que irán construyendo su identidad
corporal o en palabras de André Lapierre (1980), su “yo profundo”. Son las interacciones
con su entorno cuidador a través de su cuerpo, las que irán construyendo el psiquismo
temprano del bebé (Larbán, 2013).
Para facilitar la construcción de su identidad corporal y su propia supervivencia, el
niño/a viene dotado naturalmente de los mecanismos que facilitarán la vinculación con el
entorno. Estos mecanismos son fundamentalmente, al inicio, el reflejo de succión que le
permite alimentarse; el llanto, como forma de manifestar sus necesidades y conseguir la
respuesta de su entorno a las demandas de todo tipo, no sólo las fisiológicas, sino las de
cualquier malestar o incomodidad; y el reflejo de agarrarse, aferrarse literalmente al
cuerpo del otro y que le permite apoyar su cuerpo y ajustarse para ser sostenido.
Esto ocurre desde los primeros momentos de vida y despierta un sentimiento de
ternura y respuesta rápida de su madre.
En bebés de 37 semanas también aparece el seguimiento visual horizontal como forma
de vinculación.
Con posterioridad, y hablamos de los dos o tres primeros meses de vida, las conductas
de apego (Bowlby, 1998) continúan desarrollándose con la posibilidad de hacer
seguimiento visual de las personas y la aparición de la sonrisa como respuesta a las
interacciones sociales, ayudando a establecer fuertes vínculos con las personas de su
entorno próximo.
Estos primeros mecanismos de vinculación, dependiendo del nivel de madurez del
bebé, se verán más o menos dificultados en los niños y niñas nacidos antes de tiempo. Se
les separa del cuerpo de su madre y, evidentemente por los cuidados necesarios para
poder vivir, es sometido a una serie de manipulaciones bruscas e invasivas, muy alejadas
del bienestar que procura la madre, no teniendo posibilidades de aferrarse a un cuerpo;
tiene dificultades en la succión y durante un tiempo es muy probable que sea alimentado
a través de una sonda nasogástrica, no teniendo la posibilidad de la relación que ocurre
durante el amamantamiento; no llora en demanda de cuidados y no tiene posibilidades de
hacer seguimiento visual.
Además, muchas veces, las cosas se complican ante situaciones de apnea, pérdida del
bienestar y estímulos aversivos que generan displacer y falta de contención afectiva, que
no le invitan a vivir y vincularse con su entorno, Todo lo que genera placer no abre al
mundo, pero todo lo que genera displacer, nos encierra y tendemos, instintivamente, a
rechazarlo. La respuesta de cualquier madre, magníficamente observadas por Winnicott
(1990, 1993), ante la presencia de su hijo recién nacido, es la tendencia a sostenerlo,
llevándolo a su cuerpo, acariciarlo, hablarle dulcemente y moverlo con sumo cuidado y
ligeros balanceos, sosteniéndolo en sus brazos afectivamente, para alimentarlo, cuando lo
baña o cambia el pañal.
Todo este proceso natural también se ve dificultado en los niños/as prematuros, ante la
inseguridad que genera el aparataje médico y la barrera física que supone la incubadora.
Teniendo en cuenta estas circunstancias, en muchas unidades de neonatología se trata de
facilitar un entorno agradable, reduciendo la luminosidad, los estímulos sonoros intensos,
así como procurando, lo antes posible, un contacto rápido del bebé con su madre
mediante el “método canguro”, aunque lamentablemente todavía en muchos de nuestros
hospitales estas necesidades no son tenidas en cuenta, ni se dispone de la intimidad
necesaria para facilitar la relación madre-hijo.
O incluso se le somete a un régimen estricto de horarios de visita, con fuerte estrés
para la familia que difícilmente puede combinar sus deseos con sus necesidades.
Winnicott, plantea que en una segunda etapa, el bebé empieza a disfrutar de las
posibilidades de su propio movimiento y es la madre la que alienta y favorece estas
posibilidades de movimiento mediante el contacto y el refuerzo social que supone su tono
de voz y expresiones faciales. En una tercera etapa es el medio el que sorprende al niño/a
mediante un estímulo que le sobrepasa y genera una reacción de movimiento que irá
regulando poco a poco para poderse apropiar de ese medio, siendo la madre nuevamente
la encargada de despertar el interés por los estímulos externos.
En el caso de que el bebé requiera prolongar su período de hospitalización, estas
etapas también sufrirán una interferencia en su evolución normalizada ya que se reducen
tanto sus posibilidades de movimiento como la interacción con su entrono maternante,
interfiriendo en el proceso de vinculación, por reducción de sus conductas de apego y
dificultad para que la madre realice adecuadamente sus funciones de sostén, manejo y
presentación de objetos.
LA INTERVENCIÓN PSICOMOTRIZ
Plantear un abordaje psicomotor en estos primeros momentos requiere una concepción
global del niño y entender el cuerpo como medio de expresión. Hacemos referencia a la
necesidad de contemplar al niño como un ser capaz, con posibilidades de responder, tener
iniciativas, tener un lugar para el éxito o los fracasos; a la importante necesidad de tener
como interlocutor a un profesional que pueda emocionarle y ayudarle a sentirse mejor,
para poder continuar construyendo su personalidad.
Tenemos que situarnos en el proceso del establecimiento de los vínculos, centrándonos
fundamentalmente en la dinámica relacional y la toma de conciencia de la totalidad
corporal, mediante experiencias de placer, como base para favorecer el desarrollo de los
hitos evolutivos, asumiendo que la identidad no puede comprenderse más que en una
relación dialéctica de identificación con la figura de apego, como objeto de placer y de
deseo; y de separación, de diferenciación respecto a esta figura. (Aucouturier, 2002).
Así pues, nuestra intervención se dirige a instaurar referentes sobre el apego, crear
huellas de placer corporal e iniciar el deseo de comunicar con los otros y con el entorno y,
desde este punto de vista, no cabe hablar de cantidad de ejercicios y por eso desaparece el
concepto de estimulación, sino de la calidad de las relaciones que se establecen y como
éstas puedan ayudar al niño a vivir el placer y sentido de sus acciones, y continuar su
ritmo de desarrollo. Teniendo en cuenta las observaciones planteadas por Winnicott
(1990) sobre la función de maternaje, desarrollamos nuestra intervención ajustada a las
diferentes etapas.
RELACIÓN CON EL BEBÉ
En una primera etapa (sostén) nuestra participación va dirigida fundamentalmente a
dar la contención física y afectiva mediante el contacto de nuestras manos con todo su
cuerpo, un intento de poner límite a ese cuerpo que tiene limitaciones para ser sostenido.
Pensamos que el bebé se siente desprotegido en la incubadora y aunque esté caliente y
contenido en el nido de sábanas, éste no puede sustituir las sensaciones propias del
contacto corporal.
Si la especie humana nace predeterminada para mostrar mayor interés hacia las
personas que hacia los objetos, lo que ha dado en llamarse intersubjetividad primaria
(Trevarthen, 1980), y orientada hacia la búsqueda de placer, procuraremos que nos
asocien con las personas, que como las del entorno maternante, nos van a dar sensaciones
agradables, para lo cual solicitamos permiso antes de introducir nuestras manos en la
incubadora mediante golpes suaves asociados a su ritmo respiratorio y luego presentarnos
mediante nuestra voz.
Se hace necesario que agudicemos nuestra capacidad de escucha e interpretar su
respuesta antes de continuar y como preludio del encuentro piel a piel, mediante los
primeros signos de expresividad del bebé, manifestados por su tono, sus movimientos o
su mímica facial. La respuesta del bebé nos irá marcando la posibilidad de modificar su
postura con pequeños balanceos que conducen a los medios giros que nos permitirán
acceder al contacto con la columna vertebral y propiciar la toma de conciencia de su
límite posterior, el contacto con la zona dura (Tustin, 1996) que protege a la formación
primitiva de la estructura psíquica, lo que Lapierre (1977) denomina cerebro reptil.
La tonificación de la columna vertebral desde la zona cervical hasta el sacro es la que
permitirá el control de la posición vertical, desde el sostenimiento de la cabeza, el control
del tronco y posteriormente la bipedestación (Sánchez, 2002).
Permaneciendo muy atentos a la respuesta del bebé ante nuestro contacto y si no
observamos signos de estrés, nos animamos a ofrecer una suave estimulación vestibular,
moviendo su cuerpo con pequeños giros y balanceos, o pequeños cambios posturales con
la intención de propiciar sensaciones semejantes a las que podría percibir dentro del útero
o a las de ser cogido en brazos, cosa que no podemos hacer todavía en este momento por
las limitaciones de la incubadora.
En esta etapa, el bebé no es capaz de controlar mínimamente sus movimientos, actúa
de forma automática y si hay algo que le resulta desagradable responde con pequeños
espasmos, lo que nos indica que debemos actuar más suavemente y más lentamente para
conseguir regular su tono.
Si existe acuerdo entre el bebé y nosotros, puesto de manifiesto por su actitud relajada
y placentera, en una segunda etapa (manejo) iniciamos el contacto con la parte delantera
procurando, mediante contactos con las diferentes partes del cuerpo, incitar al
movimiento y estiramientos de brazos y piernas, así como el descubrimiento de sus
manos y boca. A medida que el niño va evolucionando y requiere menos aparataje
hospitalario, podemos ponerlo boca abajo, buscando una posición de descanso y hacerle
sentir su espalda y facilitar el empuje apoyando nuestras manos en las plantas de sus pies.
Cuando el bebé mejora en sus condiciones ya podemos aumentar los cambios
posturales y permanecer más tiempo incorporado, buscando aumentar su movilidad y
amplitud de sus miembros, y procurando mayor estimulación laberíntica iniciando la
rotación de su cuerpo.
Desde el momento en que es posible lo sostenemos en brazos fuera de la incubadora,
lo que nos va a permitir la contención tanto en la posición horizontal como vertical que
va a favorecer el placer del control cefálico y el encuentro con el rostro del adulto, con su
mirada y su voz que trata de buscar nuestras sesiones de relación con el bebé, poniendo
música muy bajita en el interior de la incubadora, música clásica (Mozart) o nanas,
pudiendo ser grabada y/o cantada por la madre.
Esta música será introducida varias veces al día, en períodos de 10 minutos
aproximadamente, con el objeto de facilitar el descanso y también la posibilidad de que el
niño se sienta acompañado y pueda asociar estos estímulos a momentos de bienestar.
Teniendo en cuenta que los bebés responden al sonido desde el estado intrauterino,
entendíamos que la música y la voz de los padres podrían ser una herramienta importante
para darle continuidad a la experiencia de maternaje.
A medida que el niño va tolerando la relación y puede permanecer breves períodos de
tiempo fuera de la incubadora o en la cunita térmica, iniciaríamos la tercera etapa
(presentación de objetos), donde tratamos de intensificar las posibilidades de movimiento
y el contacto corporal con el adulto, para ir introduciendo paulatinamente algunos objetos
con sonidos agradables y colores llamativos, observando sus capacidades de orientación,
guiándole hacia la búsqueda de ese objeto externo, acercándole su mano para que sienta
nuevas superficies y se sensibilice para desarrollar poco a poco la prensión.
Todas estas sensaciones provocan un reconocimiento de sí, de los límites, de las
competencias, encaminado a una construcción de la identificación en dos direcciones,
hacia dentro, como ser que recibe, que siente, que completa; y hacia fuera, como ser que
expresa, que modifica, que actúa.
Es en esta última dinámica donde cobran sentido los juegos de reunificación corporal,
como las palmas o cogerse los pies, las presiones, los apoyos y el aprender de cómo el
deseo se transforma en movimiento y este movimiento provoca efectos: empujar,
manipular, desplazarse, balbucear, sonreír, mirar, gesticular, llorar.
Esta forma de actuar debe estar basada en la escucha del niño y en la respuesta desde
la forma más primitiva de comunicación entendida como diálogo tónico, aquél que surge
sin necesidad de utilizar palabras, sino de la posibilidad de modular nuestro tono
muscular para ajustarse al del otro, la posibilidad de llegar al acuerdo a través de la
respuesta adecuada a las necesidades planteadas, mediante la facilitación de estímulos
placenteros que dejan huellas asociadas a las experiencias de satisfacción (Camps, 2002),
transmitiéndole al niño la sensación de omnipotencia, de que puede cambiar el mundo,
ayudándole en el proceso de individualización, desde la vivencia de sensaciones y
placeres parcelados al acceso progresivo de su unidad de placer que va a ser el origen de
su continente psíquico que configura su totalidad corporal (Aucouturier, 1995; Camps,
2012; Rota, 2001; Winnicott, 1990).
Relación con la familia Acometer un trabajo desde este ámbito requiere centrarnos en
entender las dificultades y posibilidades en el desarrollo del bebé prematuro y qué
actitudes y relaciones presenta el niño y su familia, intentando que nuestro trabajo sirva
para modificar o enriquecer la experiencia de la unidad familiar. Situarnos desde esta
perspectiva supone abordar un modelo psicopedagógico de intervención basado en las
teorías del desarrollo cognitivo de Piaget (1969, 1983), centrada en los procesos más que
en los resultados o la ejecución cognitiva; la teoría socio-histórica de Vigostky (1962,
1973) que plantea la importancia de las relaciones con otras personas más preparadas en
el desarrollo del individuo y el paradigma ecológico de Bronfrenbrenner (1979) que se
desarrolla a partir de las teorías sistémicas. Para el seguimiento del clima familiar y la
detección de necesidades en las que centrar la intervención, diseñamos un cuestionario
sobre el ambiente familiar y el grado de estrés y las expectativas desarrolladas por la
familia sobre el desarrollo del niño y sus competencias para la crianza.
Para ello tuvimos como referencia la Escala Home Caldwell y Bradley para valorar la
calidad del ambiente del hogar. El cuestionario elaborado tenía diferentes apartados. Los
resultados ponen de manifiesto la importancia del acompañamiento a la familia:
BIBLIOGRAFÌA:
“LA ESTIMULACIÓN TEMPRANA Y SU IMPORTANCIA” (2011,
noviembre). Reviste digital para profesionales de la enseñanza. Recuperado de:
[Link]
[2] Ordoñez, M & Tinajero, A. (s.f.). Estimulación temprana inteligencia
emocional y cognitiva. España: MMVII.
Moreno, A (2009, enero) “LA ESTIMULACIÓN TEMPRANA”. Revista
Digital Innovación y Experiencias. Recuperado de:
[Link]
14/AMALIA_MORENO_1.pdf
Antolin, M. (2006). CÓMO ESTIMULAR EL DESARROLLO DE LOS
NIÑOS Y DESPERTAR SUS CAPACIDADES. 1ra Ed. [Link]. Circulo Latino Austral
2006.
Castejón, L & Navas, L. (2009). Unas bases psicológicas de la educación
especial. España: Editorial Club Universitario.
Papalia D.; Wendeskos, S. & Duskin, F. (2005). Psicología del Desarrollo.
Bogotá D.C. Colombia: Mc Graw-Hill Interamericana, SA.
Terré, O. (1999). La estimulación y desarrollo del lenguaje del niño 0-3 años de
vida. Cocolo Editorial
Eming, M & Fujindo, G. (2014). Desarrollo infantil temprano: lecciones de los
programas no formales. Acción Pedagógica. Venezuela: Universidad de los Andes
Guillen et al (2019). Influencia de la estimulación temprana en el desarrollo
sensorio-motriz de niños de cuatro a seis años: una visión desde el Karate Do. Federación
Española de Asociaciones de Docentes de Educación Física (FEADEF). Recuperado de:
[Link]
Llorca, M & Sanchez, J. (s.f.) Atención psicomotriz a los bebés prematuros.
Dpto. de Didáctica e Investigación Educativa. ULL. Recuperado de:
[Link]