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Importancia de la Estimulación Temprana

La estimulación temprana tiene como objetivo aprovechar el contenido de aprendizaje y la adaptabilidad del cerebro infantil a través de estrategias lúdicas que fortalecen las áreas motora, cognitiva, del lenguaje y social. Se define como un conjunto de intervenciones dirigidas a niños de 0-6 años y sus familias con el fin de apoyar el desarrollo del niño y prevenir posibles problemas.
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Importancia de la Estimulación Temprana

La estimulación temprana tiene como objetivo aprovechar el contenido de aprendizaje y la adaptabilidad del cerebro infantil a través de estrategias lúdicas que fortalecen las áreas motora, cognitiva, del lenguaje y social. Se define como un conjunto de intervenciones dirigidas a niños de 0-6 años y sus familias con el fin de apoyar el desarrollo del niño y prevenir posibles problemas.
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ESTIMULACION TEMPRANA

DEFINICIÓN

Para iniciar abordando esta temática es necesario que se conozcan ciertos aspectos

acerca del tema a tratar es porque a lo largo de la historia se han ido dando varias

definiciones que contribuyen a el conocimiento de esta temática.

En los primeros años de esta instancia marca el inicio de la atención temprana

publicado en el libro blanco donde existe importantes avances para el desarrollo

psicomotor de los niños, este fue escrito e investigado por un grupo de profesionales los

cuales fueron considerados como el Grupo de Atención temprana (GAT) en el año 2001

la cual define la atención temprana como:

“El conjunto de intervenciones, dirigidas a la población infantil de 0-6 años, a la

familia y al entorno, que tienen por objetivo dar respuesta lo más pronto posible a las

necesidades transitorias o permanentes que presentan los niños con trastornos en su

desarrollo o que tienen el riesgo de padecerlos. Estas intervenciones, que deben

considerar la globalidad del niño, han de ser planificadas por un equipo de profesionales

de orientación interdisciplinar o transdisciplinar.” ( Federacion Estatal de Asociaciones de

Profesionales de Atencion Temprana , 2005, pág. 12).

Por esta razón la atención temprana es una parte fundamental en el desarrollo del niño

ya que mediante diversas actividades o ejercicios podemos intervenir lo más pronto

posible pata brindar al niño un óptimo desarrollo, mediante los cuales podemos obtener

un mejor control emocional dando más seguridad y fortaleza al niño como también
ampliando su habilidad mental y facilitando un mejor potencial de aprendizaje, contando

siempre con la ayuda y disposición de los padres.

Por otra parte, Soriano 2005 nos menciona que la “Atención Temprana es un conjunto

de intervenciones para niños pequeños y sus familias, ofrecidas, en un determinado

momento de la vida de un niño, que abarca cualquier acción realizada cuando un niño

necesita un apoyo especial para: asegurar y mejorar su evolución personal, reforzar las

propias competencias de la familia y fomentar la inclusión social de la familia y el niño.

“(Federacion Estatal de Asociaciones de Profesionales de Atencion Temprana , 2005)

Por este motivo estos ejercicios de estimulación, deben ofrecerse en un entorno o

ambiente adecuado para el niño, para que de esta manera el niño pueda realizar los

ejercicio o actividades de manera satisfactoria, esta atención debe ser brindado junto con

un equipo multidisciplinario dando una atención de calidez orientado tanto al niño como

a la familia.

Por otro lado la federación de enseñanza de CC. OO de Andalucía en el año 2011 nos

menciona acerca de la importancia que tiene la definición de estimulación temprana, a al

que hace referencia que es” El conjunto de medios, técnicas, y actividades con base

científica y aplicada en forma sistemática y secuencial.

Se emplea en niños/as desde su nacimiento hasta los 6 años, con el objetivo de

desarrollar al máximo sus capacidades cognitivas, físicas, emocionales y sociales, evitar

estados no deseados en el desarrollo y ayudar a los padres con eficacia y autonomía en el

cuidado y desarrollo del infante. El papel unido de familia y escuela trabajando unidos y

al unísono en este proceso y en este periodo es esencial.” (Federacion de Enseñanza de

[Link] , 2012)

Por este motivo podemos decir que tanto La estimulación temprana o atención

temprana es muy importante en el desarrollo de los niños y niñas desde el nacimiento ya


que ayuda a fortalecer las cuatro áreas que son motriz, cognitiva, lenguaje y social, para

un buen desarrollo físico y mental, aprovechando la maleabilidad del cerebro del niño, es

decir aprovechando la maduración del cerebro ,brindando una estimulación temprana

eficaz acorde a su edad y a sus necesidades para que de esta manera los niños y niñas

puedan desarrollarse y desenvolverse en su entorno.

Ordoñez, M. y Tinajero, L. (2012), definen la estimulación temprana y estimulación

adecuada, como una teoría basada en las neurociencias, en la pedagogía y en la psicología

cognitiva y evolutiva, que se implementa mediante programas fundados con la finalidad

de ayudar al desarrollo integral del niño [2].

Siendo un sistema de intervenciones terapéuticas y/o educativas internacionalmente

reconocido como valioso recurso para el desarrollo saludable de los niños.

El término de estimulación temprana, ha tenido una gran importancia en el campo

profesional ya que antes no era tomado como algo importante en el desarrollo del niño y

quienes realizaba y aplicaban las actividades o ejercicios eran únicamente las educadoras

y madres que se encargaban de cuidar a sus hijos, pero ahora el término estimulación es

considerado como técnica para fomentar el desarrollo evolutivo del niño. Según Buceta,

menciona que “Uno de los principales objetivos de la estimulación temprana es favorecer

el desarrollo y el bienestar del niño y su familia, posibilitando de la forma más completa

su integración en el medio familiar, escolar y social, así como su autonomía personal”.

Por lo antes mencionado se puede determinar que la estimulación oportuna en los

primeros años de vida del niño, favorece a un buen desarrollo evolutivo. Esto dependerá

de las condiciones del medio pues es en los primeros años, el niño empieza a adquirir
destrezas importantes, fortaleciendo mediante actividades las áreas que se encuentren con

menor desarrollo.

Actualmente la estimulación temprana es concebida como una actividad basada

principalmente en las neurociencias, en la pedagogía y en la psicología cognitiva y

evolutiva, que se implementa mediante programas construidos con la finalidad de

favorecer el desarrollo integral del niño. Sin dudas la estimulación temprana, es un

trabajo conjunto de familia, comunidad, personal de salud y educadores, teniendo en

cuenta que las primeras muestras de aprendizaje comienzan en el hogar y con el

transcurso del tiempo el niño crece y necesita de acciones educativas que satisfaga sus

necesidades.

En relación a estas ideas, Pérez (2017) enfatiza en que la estimulación en edades

tempranas resulta un medio importante para facilitar el proceso del desarrollo integral del

niño en el cual se ve favorecido el aprendizaje. Por su parte Ruiz, Cortés & Gómez

(2014) coinciden con Téllez (2003), cuando sostiene que el proceso de estimulación

psicomotriz, propicia que el niño adquiera un adecuado desarrollo del tono muscular, de

la postura y de aquellos movimientos que aseguran el equilibrio y estabilidad corporal,

favorece la organización del espacio, la gestión de la atención, así como de la agudeza de

la percepción visual y auditiva, de la Memoria visual, de habilidades motrices y de la

adaptación al tiempo, se favorece de manera importante la regulación de conductas

adaptativa en su entorno y del razonamiento progresivo. Visto desde este enfoque, se

considera que el desarrollo del niño, depende en gran medida de factores hereditarios y

del ambiente, donde cobra valor el algoritmo Fenotipo = Genotipo + Ambiente. De esta
manera el proceso de estimulación deviene en un aspecto importante que hace posible

potenciar los períodos sensitivos que se manifiestan en los primeros años de vida, estos

puntos sensibles incitan a los niños a involucrarse intensamente en lo que les interesa

(Campos, 2009; Guillen & Bueno 2016).

Visto de este modo, la estimulación temprana con un enfoque preventivo, solo busca

propiciar oportunidades que reconozcan el desarrollo integral del niño/as, a partir de las

potencialidades neurofisiológicas que poseen en las primeras edades, donde la

estimulación ofrece una variedad de experiencias que le permiten formar bases para un

aprendizaje posterior, teniendo en cuenta los periodos sensitivos, y funciones de la

estimulación temprana dadas en su fase preventiva, correctiva, potencializadora o de

desarrollo.

Es por ello que el concepto de estimulación temprana se ha ido fortaleciéndose bajo la

mirada de los procesos de la plasticidad neuronal, como una forma de validar

científicamente la posibilidad de producir cambios, o recuperar funciones en la medida

que se estimule en forma adecuada y a tiempo, sin enmarcar la dimensión como un

elemento que solo es atribuible a niños con discapacidad (Caamaño, 2017)

OBJETIVOS DE LA ESTIMULACIÓN TEMPRANA

La estimulación temprana tiene por objetivo aprovechar el contenido de aprendizaje y

adaptación del cerebro en beneficio del niño o niña, mediante estrategias lúdicas, su
propósito es la de suministrar una serie de provocaciones repetitivas, de manera que las

conexiones cerebrales resulten de mayor utilidad.

Para Castejón y Navas (2009) la estimulación temprana pretende prevenir posibles

problemáticas que puedan presentarse en bebes que en principio no presentan anomalías

de ningún tipo pero que, especialmente por el ambiente en que se van a desarrollar

pueden llegar a padecer algún tipo de disfunción [6].

El primordial objetivo consiste en cambiar la estimulación temprana en una práctica

agradable que vaya propiciando cada vez más la relación madre-hijo, desarrollando

habilidades y destrezas con calidad y calidez a través de las experiencias vividas basadas

en actividades lúdicas sustentados en el progreso integral.

De acuerdo a Papalia & Duskin (2005), “aquellas intervenciones tempranas son más

exitosas cuando comienza de manera prematura y continúan a través de los años

prescolares y si se les dedica más tiempo. El cerebro recibe estimulación a través de los

sentidos, movimientos y solo se puede llegar a su máximo potencial a través de otorgarle

las oportunidades de aprendizaje en los 6 primeros años de vida que es en donde se

desarrolla neurológicamente la inteligencia emocional y cognitiva [8].

Hasta los 6 años los niños y niñas disponen de un potencial que no volverán a tener en

toda su vida, por lo que una adecuada estimulación contribuye a desarrollar sus grandes

capacidades, por este motivo se recomienda que crezcan rodeados de estímulos. Los

padres son los primeros formadores y los encargados de propiciar entornos estimulantes
sanos, adecuados y oportunos, en el cual puedan explorar, adquirir destrezas y

habilidades de manera natural, en donde conocerán y entenderán lo que está a su

alrededor.

El objetivo de la estimulación temprana es desarrollar al máximo capacidades

cognitivas, físicas, emocionales y sociales para un buen desarrollo del infante, no es

acelerar su desarrollo y forzarlo a lograr metas, sino es reconocer y motivar su potencial

para fortalecer su autoestima, decisión e instrucción.

Hay autores como Terré (1999) que definen la estimulación temprana como “El

conjunto de medios, técnicas y actividades con base científica y aplicable en forma

sistemática y secuencial que se emplea en niños desde su nacimiento hasta los 6 años, con

el objetivo de desarrollar al máximo sus capacidades cognitivas, físicas y psíquicas,

permite también, evitar estados no deseados en el desarrollo y ayudan a los padres con

eficacia y autonomía, en el cuidado y desarrollo del infante” [9].

En su desarrollo Se debe tomar en cuenta en primer lugar las etapas de desarrollo

individual de cada niño y niña, para lo que se requiere de otras persuasiones, es muy

significativo admirar este perfeccionamiento para no hacer comparaciones y seguir el

ritmo de cada uno. La estimulación temprana es una experiencia positiva, alegre y

divertida, no se los debe forzar a hacer ninguna actividad y al realizarla debe ser en forma

de juego. Se puede confundir la estimulación temprana con jugar o experimentar, ya que

hay padres que dicen que aplican la estimulación temprana en sus hijos, pero en realidad
no lo es, porque no aplican actividades de repetición mínima, continuada y no siguen una

estructura. Para desarrollar el conocimiento, la mente requiere de investigación.

Por consiguiente la mayoría de profesionales recomiendan la estimulación temprana,

que se concreta como el acumulado de medios sistemáticos, y dinamismos con

plataformas científica y empleada en representaciones sistémicas y secuenciales que se

utiliza en niños, a partir de su creación hasta los seis años de vida, en los aspectos

cognitivos, corporales y psíquicas, admitiendo también, evitar cambios no esperados en el

perfeccionamiento y socorrer a los padres, con actividad e independencia, en el cuidado y

progreso del niño/a. Basándose en los aportes más recientes de la neurociencia Eming &

Fujindo (2014) recalcan la importancia de la intervención y estimulación temprana en la

evaluación psicológica de los infantes, sobre todo reducir las brechas de desarrollo entre

los niños y padres [10].

Durante estos principales años de vida, los sentidos como el visual y auditivo

reconocerán y diversificarán colores, grafías y sonidos. Por otro lado, las técnicas

psicológicas y los dinamismos que se crean en el niño durante esta época constituyen

destrezas de trascendental importancia que durará toda su vida.

La estimulación temprana o vigilancia infantil se basa, sobre todo en el

descubrimiento del entorno, a la que los técnicos denominan mecanismos de

investigación o bits. Alcanzar una ideología en la resolución de problemas en la vida

cotidiana, e incluso ampliar aspectos sensoriales y sociales. La reproducción sistemática y


secuencial de persuasiones o ejercicios, y de dinamismos con base científica, fortalecen

los espacios neuronales de los infantes.

Desde la estimulación, no solo se desarrollará adecuadamente el perfeccionamiento

motriz, cognitivo, benéfico y entusiasta del infante, sino que también se aumentará su

perfeccionamiento individual, contenidos, predisposición y su regularidad.

Piaget concibe a la inteligencia como la capacidad que tiene cada individuo de

adaptarse al medio que le rodea, adaptación que requiere del equilibrio entre los

mecanismos de acumulación y asimilación.

BENEFICIOS
Existen varios beneficios que ayuda al desarrollo óptimo de los niños promoviendo un
adecuado proceso de aprendizaje y control de sus emociones por lo cual Peña 2014 se
menciona algunos de ellas:

 Ayudo al desarrollo de las funciones cerebrales de los bebés se potencializa en


diferentes planos: intelectual, afectivo y físico, mediante los diferentes juegos y ejercicios
repetitivos
 Promueve las condiciones, educativas, sociales fisiológicas y recreativas.
 Estimula la maduración y el proceso de aprendizaje en las áreas, intelectual,
afectivo y psicomotriz del bebé.
 Beneficia en la curiosidad y observación del niño para conocer e interpretar el
mundo que le rodea.
 Favorece el apego y los lazos afectivos entre los padres y el bebé.
 En la mayoría ayuda a detectar posibles casos de trastornos de aprendizaje

Beneficios de la estimulación temprana en bebes prematuros

Al haber carecido de ese tiempo y tener que hacerlo fuera del útero materno, ya llevan
un desfase en su desarrollo, crecimiento y madurez. A partir de su nacimiento se
determinará su edad cronológica, pero si contamos desde la fecha en la que tendría que
haber nacido, hablamos de su edad corregida, la que siempre tendremos en cuenta para su
desarrollo.

La estimulación temprana para los bebés prematuros, tal y como la entiendo yo,
vendría a ser un conjunto de actividades y técnicas dirigidas a aquellos niños que tengan
o no, un desfase en su desarrollo en los que a través del juego ayude, fortalezca y
desarrolle adecuadamente su potencial humano.

Con esto no quiero que se entienda como una actividad en la que trataremos de que los
niños se adelanten a su desarrollo, sino todo lo contrario, se trata de ayudar a los niños
que lo necesiten y acompañarles en su desarrollo. Es decir, si un niño a los 6
meses aproximadamente tiene que poder mantenerse en posición de sentado, si éste está
preparado, trabajaremos para que lo consiga de una manera óptima y al máximo de su
potencial.
Entre los beneficios de la estimulación temprana en prematuro podemos destacar:

- Promueven las capacidades físicas, mentales y sociales del niño.

- Mejora la calidad de la vida intentando aprovechar al máximo el potencial existente


en el sistema nervioso central (SNC) del niño.

- Previene las alteraciones motoras, psicológicas, cognoscitivas y sociales.

- Con el masaje, y la estimulación kinestésica, además se logra mejorar tanto el peso,


la talla, como la sociabilidad e irritabilidad de los bebés.

- Además, con actividades de estimulación social y vestibular (que son las encargadas
del equilibrio) se facilita el desarrollo sistema nervioso autónomo, lo que se refleja en una
menor cantidad de episodios de Apnea, muy comunes en bebés prematuros.

- Otro beneficio es el relacionado con las áreas de interés, por ejemplo, para que
un bebé gateé es necesario que controle el llamado patrón cruzado esto es, la capacidad
de coordinar su mano derecha con su pie izquierdo y viceversa y así avanzar. Pues bien,
los ejercicios de gateo refuerzan el patrón cruzado y ayudan a mejorar la coordinación
entre los dos hemisferios.

- Gracias a la estimulación temprana podemos detectar más rápidamente problemas de


aprendizaje futuros, o trastornos del desarrollo.

- Y, por supuesto, el más importante: que se favorece y refuerza el vínculo entre


madre-padre-hijo.

BASES NEUROPSICOLOGICAS
El sistema nervioso central es más plástico cuando más joven y es precisamente en el

primer año de vida cuando tiene una mayor plasticidad. El sistema nervioso se estructura

recibiendo impulsos y dando respuestas precisas, estos estímulos propician la actividad

eléctrica de las neuronas y estas alteraciones pueden incrementar la biosíntesis de

proteínas. Así, se puede asegurar que el aprendizaje implica cambios no sólo en la

conducta sino también en la estructura, función y composición de las neuronas.

NIÑOS PREMATUROS

En el momento de nacer, el bebé es un ser indiferenciado, sin conciencia de sus límites

corporales, son los contactos con su madre (el entorno materno en sentido más amplio),

los intercambios y modulaciones tónicas en una relación cargada de afecto, los que

ayudarán a ir tomando conciencia de su propio cuerpo.

Estos intercambios tónico-afectivos son los que irán construyendo su identidad

corporal o en palabras de André Lapierre (1980), su “yo profundo”. Son las interacciones

con su entorno cuidador a través de su cuerpo, las que irán construyendo el psiquismo

temprano del bebé (Larbán, 2013).

Para facilitar la construcción de su identidad corporal y su propia supervivencia, el

niño/a viene dotado naturalmente de los mecanismos que facilitarán la vinculación con el

entorno. Estos mecanismos son fundamentalmente, al inicio, el reflejo de succión que le

permite alimentarse; el llanto, como forma de manifestar sus necesidades y conseguir la

respuesta de su entorno a las demandas de todo tipo, no sólo las fisiológicas, sino las de

cualquier malestar o incomodidad; y el reflejo de agarrarse, aferrarse literalmente al

cuerpo del otro y que le permite apoyar su cuerpo y ajustarse para ser sostenido.
Esto ocurre desde los primeros momentos de vida y despierta un sentimiento de

ternura y respuesta rápida de su madre.

En bebés de 37 semanas también aparece el seguimiento visual horizontal como forma

de vinculación.

Con posterioridad, y hablamos de los dos o tres primeros meses de vida, las conductas

de apego (Bowlby, 1998) continúan desarrollándose con la posibilidad de hacer

seguimiento visual de las personas y la aparición de la sonrisa como respuesta a las

interacciones sociales, ayudando a establecer fuertes vínculos con las personas de su

entorno próximo.

Estos primeros mecanismos de vinculación, dependiendo del nivel de madurez del

bebé, se verán más o menos dificultados en los niños y niñas nacidos antes de tiempo. Se

les separa del cuerpo de su madre y, evidentemente por los cuidados necesarios para

poder vivir, es sometido a una serie de manipulaciones bruscas e invasivas, muy alejadas

del bienestar que procura la madre, no teniendo posibilidades de aferrarse a un cuerpo;

tiene dificultades en la succión y durante un tiempo es muy probable que sea alimentado

a través de una sonda nasogástrica, no teniendo la posibilidad de la relación que ocurre

durante el amamantamiento; no llora en demanda de cuidados y no tiene posibilidades de

hacer seguimiento visual.


Además, muchas veces, las cosas se complican ante situaciones de apnea, pérdida del

bienestar y estímulos aversivos que generan displacer y falta de contención afectiva, que

no le invitan a vivir y vincularse con su entorno, Todo lo que genera placer no abre al

mundo, pero todo lo que genera displacer, nos encierra y tendemos, instintivamente, a

rechazarlo. La respuesta de cualquier madre, magníficamente observadas por Winnicott

(1990, 1993), ante la presencia de su hijo recién nacido, es la tendencia a sostenerlo,

llevándolo a su cuerpo, acariciarlo, hablarle dulcemente y moverlo con sumo cuidado y

ligeros balanceos, sosteniéndolo en sus brazos afectivamente, para alimentarlo, cuando lo

baña o cambia el pañal.

Todo este proceso natural también se ve dificultado en los niños/as prematuros, ante la

inseguridad que genera el aparataje médico y la barrera física que supone la incubadora.

Teniendo en cuenta estas circunstancias, en muchas unidades de neonatología se trata de

facilitar un entorno agradable, reduciendo la luminosidad, los estímulos sonoros intensos,

así como procurando, lo antes posible, un contacto rápido del bebé con su madre

mediante el “método canguro”, aunque lamentablemente todavía en muchos de nuestros

hospitales estas necesidades no son tenidas en cuenta, ni se dispone de la intimidad

necesaria para facilitar la relación madre-hijo.

O incluso se le somete a un régimen estricto de horarios de visita, con fuerte estrés

para la familia que difícilmente puede combinar sus deseos con sus necesidades.

Winnicott, plantea que en una segunda etapa, el bebé empieza a disfrutar de las

posibilidades de su propio movimiento y es la madre la que alienta y favorece estas


posibilidades de movimiento mediante el contacto y el refuerzo social que supone su tono

de voz y expresiones faciales. En una tercera etapa es el medio el que sorprende al niño/a

mediante un estímulo que le sobrepasa y genera una reacción de movimiento que irá

regulando poco a poco para poderse apropiar de ese medio, siendo la madre nuevamente

la encargada de despertar el interés por los estímulos externos.

En el caso de que el bebé requiera prolongar su período de hospitalización, estas

etapas también sufrirán una interferencia en su evolución normalizada ya que se reducen

tanto sus posibilidades de movimiento como la interacción con su entrono maternante,

interfiriendo en el proceso de vinculación, por reducción de sus conductas de apego y

dificultad para que la madre realice adecuadamente sus funciones de sostén, manejo y

presentación de objetos.

LA INTERVENCIÓN PSICOMOTRIZ

Plantear un abordaje psicomotor en estos primeros momentos requiere una concepción

global del niño y entender el cuerpo como medio de expresión. Hacemos referencia a la

necesidad de contemplar al niño como un ser capaz, con posibilidades de responder, tener

iniciativas, tener un lugar para el éxito o los fracasos; a la importante necesidad de tener

como interlocutor a un profesional que pueda emocionarle y ayudarle a sentirse mejor,

para poder continuar construyendo su personalidad.

Tenemos que situarnos en el proceso del establecimiento de los vínculos, centrándonos

fundamentalmente en la dinámica relacional y la toma de conciencia de la totalidad

corporal, mediante experiencias de placer, como base para favorecer el desarrollo de los

hitos evolutivos, asumiendo que la identidad no puede comprenderse más que en una
relación dialéctica de identificación con la figura de apego, como objeto de placer y de

deseo; y de separación, de diferenciación respecto a esta figura. (Aucouturier, 2002).

Así pues, nuestra intervención se dirige a instaurar referentes sobre el apego, crear

huellas de placer corporal e iniciar el deseo de comunicar con los otros y con el entorno y,

desde este punto de vista, no cabe hablar de cantidad de ejercicios y por eso desaparece el

concepto de estimulación, sino de la calidad de las relaciones que se establecen y como

éstas puedan ayudar al niño a vivir el placer y sentido de sus acciones, y continuar su

ritmo de desarrollo. Teniendo en cuenta las observaciones planteadas por Winnicott

(1990) sobre la función de maternaje, desarrollamos nuestra intervención ajustada a las

diferentes etapas.

RELACIÓN CON EL BEBÉ

En una primera etapa (sostén) nuestra participación va dirigida fundamentalmente a

dar la contención física y afectiva mediante el contacto de nuestras manos con todo su

cuerpo, un intento de poner límite a ese cuerpo que tiene limitaciones para ser sostenido.

Pensamos que el bebé se siente desprotegido en la incubadora y aunque esté caliente y

contenido en el nido de sábanas, éste no puede sustituir las sensaciones propias del

contacto corporal.

Si la especie humana nace predeterminada para mostrar mayor interés hacia las

personas que hacia los objetos, lo que ha dado en llamarse intersubjetividad primaria
(Trevarthen, 1980), y orientada hacia la búsqueda de placer, procuraremos que nos

asocien con las personas, que como las del entorno maternante, nos van a dar sensaciones

agradables, para lo cual solicitamos permiso antes de introducir nuestras manos en la

incubadora mediante golpes suaves asociados a su ritmo respiratorio y luego presentarnos

mediante nuestra voz.

Se hace necesario que agudicemos nuestra capacidad de escucha e interpretar su

respuesta antes de continuar y como preludio del encuentro piel a piel, mediante los

primeros signos de expresividad del bebé, manifestados por su tono, sus movimientos o

su mímica facial. La respuesta del bebé nos irá marcando la posibilidad de modificar su

postura con pequeños balanceos que conducen a los medios giros que nos permitirán

acceder al contacto con la columna vertebral y propiciar la toma de conciencia de su

límite posterior, el contacto con la zona dura (Tustin, 1996) que protege a la formación

primitiva de la estructura psíquica, lo que Lapierre (1977) denomina cerebro reptil.

La tonificación de la columna vertebral desde la zona cervical hasta el sacro es la que

permitirá el control de la posición vertical, desde el sostenimiento de la cabeza, el control

del tronco y posteriormente la bipedestación (Sánchez, 2002).

Permaneciendo muy atentos a la respuesta del bebé ante nuestro contacto y si no

observamos signos de estrés, nos animamos a ofrecer una suave estimulación vestibular,

moviendo su cuerpo con pequeños giros y balanceos, o pequeños cambios posturales con

la intención de propiciar sensaciones semejantes a las que podría percibir dentro del útero
o a las de ser cogido en brazos, cosa que no podemos hacer todavía en este momento por

las limitaciones de la incubadora.

En esta etapa, el bebé no es capaz de controlar mínimamente sus movimientos, actúa

de forma automática y si hay algo que le resulta desagradable responde con pequeños

espasmos, lo que nos indica que debemos actuar más suavemente y más lentamente para

conseguir regular su tono.

Si existe acuerdo entre el bebé y nosotros, puesto de manifiesto por su actitud relajada

y placentera, en una segunda etapa (manejo) iniciamos el contacto con la parte delantera

procurando, mediante contactos con las diferentes partes del cuerpo, incitar al

movimiento y estiramientos de brazos y piernas, así como el descubrimiento de sus

manos y boca. A medida que el niño va evolucionando y requiere menos aparataje

hospitalario, podemos ponerlo boca abajo, buscando una posición de descanso y hacerle

sentir su espalda y facilitar el empuje apoyando nuestras manos en las plantas de sus pies.

Cuando el bebé mejora en sus condiciones ya podemos aumentar los cambios

posturales y permanecer más tiempo incorporado, buscando aumentar su movilidad y

amplitud de sus miembros, y procurando mayor estimulación laberíntica iniciando la

rotación de su cuerpo.

Desde el momento en que es posible lo sostenemos en brazos fuera de la incubadora,

lo que nos va a permitir la contención tanto en la posición horizontal como vertical que
va a favorecer el placer del control cefálico y el encuentro con el rostro del adulto, con su

mirada y su voz que trata de buscar nuestras sesiones de relación con el bebé, poniendo

música muy bajita en el interior de la incubadora, música clásica (Mozart) o nanas,

pudiendo ser grabada y/o cantada por la madre.

Esta música será introducida varias veces al día, en períodos de 10 minutos

aproximadamente, con el objeto de facilitar el descanso y también la posibilidad de que el

niño se sienta acompañado y pueda asociar estos estímulos a momentos de bienestar.

Teniendo en cuenta que los bebés responden al sonido desde el estado intrauterino,

entendíamos que la música y la voz de los padres podrían ser una herramienta importante

para darle continuidad a la experiencia de maternaje.

A medida que el niño va tolerando la relación y puede permanecer breves períodos de

tiempo fuera de la incubadora o en la cunita térmica, iniciaríamos la tercera etapa

(presentación de objetos), donde tratamos de intensificar las posibilidades de movimiento

y el contacto corporal con el adulto, para ir introduciendo paulatinamente algunos objetos

con sonidos agradables y colores llamativos, observando sus capacidades de orientación,

guiándole hacia la búsqueda de ese objeto externo, acercándole su mano para que sienta

nuevas superficies y se sensibilice para desarrollar poco a poco la prensión.

Todas estas sensaciones provocan un reconocimiento de sí, de los límites, de las

competencias, encaminado a una construcción de la identificación en dos direcciones,

hacia dentro, como ser que recibe, que siente, que completa; y hacia fuera, como ser que

expresa, que modifica, que actúa.


Es en esta última dinámica donde cobran sentido los juegos de reunificación corporal,

como las palmas o cogerse los pies, las presiones, los apoyos y el aprender de cómo el

deseo se transforma en movimiento y este movimiento provoca efectos: empujar,

manipular, desplazarse, balbucear, sonreír, mirar, gesticular, llorar.

Esta forma de actuar debe estar basada en la escucha del niño y en la respuesta desde

la forma más primitiva de comunicación entendida como diálogo tónico, aquél que surge

sin necesidad de utilizar palabras, sino de la posibilidad de modular nuestro tono

muscular para ajustarse al del otro, la posibilidad de llegar al acuerdo a través de la

respuesta adecuada a las necesidades planteadas, mediante la facilitación de estímulos

placenteros que dejan huellas asociadas a las experiencias de satisfacción (Camps, 2002),

transmitiéndole al niño la sensación de omnipotencia, de que puede cambiar el mundo,

ayudándole en el proceso de individualización, desde la vivencia de sensaciones y

placeres parcelados al acceso progresivo de su unidad de placer que va a ser el origen de

su continente psíquico que configura su totalidad corporal (Aucouturier, 1995; Camps,

2012; Rota, 2001; Winnicott, 1990).

Relación con la familia Acometer un trabajo desde este ámbito requiere centrarnos en

entender las dificultades y posibilidades en el desarrollo del bebé prematuro y qué

actitudes y relaciones presenta el niño y su familia, intentando que nuestro trabajo sirva

para modificar o enriquecer la experiencia de la unidad familiar. Situarnos desde esta

perspectiva supone abordar un modelo psicopedagógico de intervención basado en las

teorías del desarrollo cognitivo de Piaget (1969, 1983), centrada en los procesos más que
en los resultados o la ejecución cognitiva; la teoría socio-histórica de Vigostky (1962,

1973) que plantea la importancia de las relaciones con otras personas más preparadas en

el desarrollo del individuo y el paradigma ecológico de Bronfrenbrenner (1979) que se

desarrolla a partir de las teorías sistémicas. Para el seguimiento del clima familiar y la

detección de necesidades en las que centrar la intervención, diseñamos un cuestionario

sobre el ambiente familiar y el grado de estrés y las expectativas desarrolladas por la

familia sobre el desarrollo del niño y sus competencias para la crianza.

Para ello tuvimos como referencia la Escala Home Caldwell y Bradley para valorar la

calidad del ambiente del hogar. El cuestionario elaborado tenía diferentes apartados. Los

resultados ponen de manifiesto la importancia del acompañamiento a la familia:

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