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Chile: Elementos ignorados del Cambio Climático en Políticas Públicas

Suponiendo verdadera la teoría de Naciones Unidas sobre calentamiento global, no tiene sentido
para Chile adoptar ninguna medida de mitigación y adaptación al cambio climático toda vez que
contribuye con un insignificante 0.2% de las emisiones globales de CO2 mientras que, al menos, los
países que representan casi el 60% de las emisiones están, de hecho, fuera del Acuerdo de París
(EEUU, Rusia, India y China) y, hasta enero de 2018, el 84% de las naciones partes (166 de 197) no
pagaron sus compromisos financieros con la ONU, incluidos Francia, Alemania, China y Brasil.

Consistentemente, Chile debiera cancelar todo eventual pago a la ONU por sus programas de
cambio climático, eliminar todas las regulaciones climáticas y suprimir todos los impuesto verdes
que lo han convertido en el quinto más caro en energía entre los países de la OCDE logrando,
consecuentemente, una pérdida creciente de competitividad, fuga industrial y de capitales a
países no comprometidos como China y que están sofocando en vano su economía provocando el
aumento sostenido de la pobreza en el largo plazo sin consecuencia alguna para el clima global.

Lo anterior, suficiente para poner término a cualquier discusión sobre cambio climático, se hace
mandatorio al considerar que la teoría del IPCC —los gases de efecto invernadero son los
conductores del aumento de la temperatura atmosférica— es errónea y falla en las matemáticas,
en la física, en los modelos de predicción y todo ello constatado por abundante evidencia empírica
derivada de la investigación científica.

El CO2, gas inodoro, incoloro, inocuo, no contaminante y vital para la vida vegetal y animal en la
Tierra, como GEI no es, no puede ser y nunca ha sido en la historia del planeta el conductor del
aumento de la temperatura atmosférica, entre otras razones, al seguir éste un comportamiento
logarítmico como tal. Así, en concentraciones muy inferiores ese gas ya generó un aumento en la
temperatura por la cual, un enorme aumento de CO2 por sobre los niveles actuales, implicaría un
ínfimo aumento en la temperatura global. En los últimos 810.000 años ha habido ocho periodos
interglaciares cálidos como el actual y siempre el aumento del CO2 ha sucedido como
consecuencia al aumento en la temperatura, no al revés como nos inculca la ONU.

En la actualidad no existe tal cosa como un calentamiento global y el leve entibiamiento de unos
0.3 – 0.4 °C ocurrido entre 1975 y 1996-97 terminó hace más de 21 años. El planeta recién salió de
una “Mini Era de Hielo” que terminó en 1850 y que duró 500 años. Junto a ese periodo, la
temperatura actual (promedio 30 años) muestra su menor valor en 8.000 años y en el pasado
reciente la Tierra experimentó calentamientos enormes en comparación sin la influencia humana,
como el de la Edad Media llamado “Óptimo Climático” y similares al reciente, como entre 1860 y
1880 y entre 1910 y 1940, ambos sin la huella de carbono humana (para los cuales la ONU no
puede explicar), de similares intensidad y duración que aquel concluido hace más de dos décadas.

Otro elemento ignorado es que el aumento del CO2 ha causado el inapreciable beneficio de
enverdecer la Tierra en 15% entre 1982 y 2014, 70% de éste debido a ese aumento, equivalente a
dos veces el tamaño de EEUU en dónde, entre otros, el desierto de Sahara ha retrocedido en
300.000 Km2, tres veces el tamaño del de Atacama. Consecuentemente, en los últimos 50 años el
hombre está usando un 68% menos de tierras para cultivar igual cantidad de alimentos gracias al
uso de combustibles fósiles y al aumento del nivel de CO2 de 300 a 400 ppmv. Si se pudiese reducir
el CO2 a los niveles preindustriales, como lo promueve la ONU, habría que descubrir un nuevo
continente del tamaño de Sudamérica para alimentar a la población mundial actual. Dicho de otro
modo, intentar reducir el CO2 a esos niveles implicaría necesariamente pasar por la exterminación
masiva de una parte importante de la especie humana. Reducir el CO2 sería una acción genocida.

Algunos errores relevantes de los modelos de predicción basados en las emisiones humanas de
GEI, principalmente CO2, radican en los siguientes elementos:

1. Los modelos, que no pueden predecir el futuro climático por tratarse el clima de un sistema
caótico, están basados solamente en las emisiones humanas de GEI y excluyen las grandes
fuerzas de la naturaleza como las oscilaciones del Pacífico (PDO), del Atlántico (AMO), el Niño -
la Niña (ENSO), forzante radiativa y ciclos solares y, por ende, la radiación estelar, verdaderas
conductoras de los cambios climáticos. Es así como, de los 117 modelos de simulación que el
IPCC ha desarrollado desde 1990, todos han fallado sistemáticamente.
2. La ecuación fundamental de sensibilidad climática, input de los modelos de simulación, es
errónea y falla en los feedbacks, lo que ha llevado a una enorme exageración de temperaturas
futuras.
3. Las emisiones antropogénicas representan el 4.3% de las emisiones totales, según los propios
informes del IPCC y sólo del 0.7% según el último estudio científico publicado en 2017 por el
profesor Hermann Harde de la Universidad Helmut Schmidt de Hamburgo.
4. El CO2 representa menos del 4% de los GEI, siendo las nubes y el vapor de agua los principales
con un 95% de incidencia.

Adicionalmente a los pronósticos, la temperatura global actual ha sido severamente cuestionada


al haberse descubierto y denunciado al Senado de EEUU hechos fraudulentos de manipulación,
eliminación sesgada y distorsión de datos mostrados en informes oficiales de agencias del
gobierno norteamericano (NASA, NOAA) y en informes de evaluación del IPCC (AR3, AR4 y AR5).

Aún después de la fallida cumbre de Copenhague (2009), la difusión de la teoría de la ONU


continuó hasta lograr el éxito con el Acuerdo de París en 2015, comprometiendo a los países
desarrollados y emergentes a severos programas de reducción de sus GEI, medidas que han
significado una enorme regresión para sus economías desde hace incluso más de dos décadas en
muchos de ellos, no obstante, firmado y corroborado bajo el gobierno de Michelle Bachelet.

En términos de desarrollo y prosperidad para sus habitantes, Chile obtendría invaluables ventajas
competitivas y comparativas si se eximiera o retirara del Acuerdo de París, liberando su economía
de toda regulación climática e impuestos verdes, que siempre pagan los más pobres, que están y
seguirán ahogándola innecesariamente, de no hacerlo, en las décadas y generaciones venideras.

Douglas Pollock
I.C.I. – Universidad de Chile
Ciencia y Economía del Cambio Climático