INDICE
INTRODUCCIÓN…………………………………………………………………………………………………………………. 02
CAPITULO UNO: CARACTERÍSTICAS DE LA ENSEÑANZA DE JESÚS………………………………………. 03
A. Jesús enseñaba con autoridad………………………………………………………………………………… 03
B. Jesús enseñaba con claridad…………………………………………………………………………………… 04
C. Jesús enseñaba con responsabilidad………………………………………………………………………. 05
CAPÍTULO DOS: METODOLOGÍAS PEDAGÓGICAS DE JESÚS………………………………………………… 07
A. El método de las preguntas y respuestas………………………………………………………………. 07
B. El método del diálogo mutuo………………………………………………………………………………… 08
C. El método de la conferencia ………………………………………………………………………………….. 08
D. El método de las historias y parábolas……………………………………………………………………. 09
CAPÍTULO TRES: EL ÉXITO DE JESUS COMO MAESTRO ………………………………………………………. 10
A. Jesús amaba la tarea de enseñar ……………………………………………………………………………. 10
B. Jesús amaba a sus alumnos ……………………………………………………………………………………. 10
C. Jesús enseñaba para transformar vidas………………………………………………………………….. 11
CONCLUSIONES…………………………………………………………………………………………………………………… 14
BIBLIOGRAFÍA……………………………………………………………………………………………………………………… 15
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INTRODUCCIÓN
“Jesús era un sanador, algunas veces un obrador de milagros, frecuentemente un predicador,
pero siempre un maestro” (C.B. Eavey)
A través de la historia se han levantado grandes maestros, como: Sócrates, Platón,
Gamaliel, entre otros, que pueden servir de modelos para los maestros de hoy; pero nadie
puede negar, que Jesús es el maestro modelo por excelencia. Nadie enseñó jamás con tanta
claridad, sencillez, profundidad y autoridad que Jesús.
En el presente trabajo monográfico, el autor desea describir y analizar algunos
aspectos del ministerio docente de Jesús, haciendo aplicaciones prácticas variadas y preguntas
de reflexión referentes a la labor del maestro cristiano de hoy.
En primer lugar, se estudiará la manera cómo enseñó Jesús, haciendo mención
especial a ciertas características de sus enseñanzas.
En segundo lugar, se describirán algunos métodos pedagógicos que Jesús utilizó al
impartir sus enseñanzas, los cuales facilitaron grandemente el proceso enseñanza –
aprendizaje.
En tercer lugar, se reflexionará sobre el éxito de Jesús como maestro, mencionando
algunas razones del secreto de su éxito como docente.
Finalmente se harán algunas conclusiones pertinentes y relevantes para la vida de los
maestros cristianos hoy.
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CAPITULO UNO:
CARACTERÍSTICAS DE LA ENSEÑANZA DE JESÚS
La enseñanza de Jesús se diferenciaba grandemente de los rabinos de su tiempo, porque
éstos transmitían una teoría fría; mientras que Cristo, a través de cada enseñanza, hacía arder
el corazón de los que escuchaban al punto de quedar admirados de su doctrina porque no
habían escuchado a ningún hombre hablar de esa manera (Mr. 1:42; Jn. 7:26) ¿Qué aspectos
hacían que la enseñanza de Cristo sea diferente a la de los demás?
A. Jesús enseñaba con autoridad.
La autoridad que Jesús tenía al enseñar se debía a varios factores; siendo uno de ellos, el
conocimiento profundo que tenía sobre lo que enseñaba. Jesús demostró tener dominio de los
temas que enseñaba. Esto constituye un gran desafío para los maestros de hoy. Antes de
exponer un tema a los alumnos, el maestro debe documentarse todo lo posible y dominar el
tema.
Jesús transmitía entusiasmo al enseñar; a tal punto de que aun sus enemigos se admiraban de
sus palabras. “Los alguaciles vinieron a los principales sacerdotes y a los fariseos; y éstos les
dijeron: ¿Por qué no le habéis traído? Los alguaciles respondieron: ¡Jamás hombre alguno ha
hablado como este hombre!” (Jn. 7:45,46)
Otro aspecto importante, que le daba autoridad a Jesús, era el hecho de que introducía
nuevos y mejores principios para la vida en sus enseñanzas. Él no tenía miedo de derribar los
mitos y tradiciones de su tiempo. Jesús presentaba y exponía ideas revolucionarias. “Oísteis
que fue dicho: Ojo por ojo, diente por diente. Pero yo os digo: No resistáis al que es malo;
antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra” (Mt. 5:38,39)
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Jesús desafiaba las ideas tradicionales de su tiempo. “Porque si amáis a los que os aman,
¿qué recompensa tendréis? ¿No hacen también lo mismo los publicanos? ... Sed, pues, vosotros
perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto. (Mt. 5: 46,48)
El aspecto más importante, que le daba autoridad a Jesús al enseñar era el hecho de que
vivía lo que predicaba. Enseñaba con la palabra y con el ejemplo. Su estilo de vida era la
evidencia irrefutable de la calidad de sus enseñanzas. El mismo dijo: “Porque ejemplo os he
dado, para que como yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Jn. 13:15). El autor Murch, en
su libro, la educación cristiana y la iglesia local, comenta lo siguiente al respecto:
“Él podía decir lo que ningún otro maestro jamás había dicho ‘Soy el camino, la
verdad y la vida’. El podía pararse delante del tribunal mientras era acusado y decir
‘¿Quién de ustedes me puede acusar de pecado?’ Él pudo oír a sus jueces decir,
‘No encuentro falta alguna en este hombre’ y ‘este hombre no ha hecho nada”.
Con Jesús no era el ‘Hagan como digo’; era ‘Hagan como hago’” (p. 32-33)
La doctora La Verne Tolbert, en su libro, enseñemos como Jesús, se refiere a él como el
Maestro de maestros, y dice:
Jesús enseñó basado en su carácter. Lo que él era – Dios encarnado – fue la base
para su enseñanza. Todo lo que modeló a los discípulos y demostró a las multitudes
y dirigentes religiosos estuvo centrado en que él era el Hijo de Dios…En el proceso
de hacer discípulos debemos seguir muy de cerca al Señor, de modo que nuestros
alumnos los vean a él a través de nosotros (Tolbert, 2004, p.32,)
Todo maestro cristiano, al tomar decisiones sobre su vida y sus actos fuera del salón de
clases debe hacerlo tratando de ser un buen ejemplo para sus alumnos. No debe existir un
divorcio entre lo que enseña y lo que hace. Un viejo refrán reza lo siguiente: “Tus hechos
suenan tan fuerte que no me dejan escuchar tus palabras”
B. Jesús enseñaba con claridad
Jesús pensaba profundamente su tema y lo arreglaba para hacerlo claro y sencillo ante
los otros. Enseñaba verdades desconocidas a través de la realidad conocida usando un
lenguaje sencillo y comprensible. Por ejemplo: La parábola del hijo pródigo (Lc. 15:11-32).
Todo maestro cristiano debe esforzarse por escoger un lenguaje que sea apropiado para el
nivel de sus estudiantes. Jesús usaba todos los recursos pedagógicos posibles para hacer aún
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más claras sus enseñanzas. Recurría a las Ilustraciones, como el viento para enseñar sobre el
Espíritu Santo; a los objetos y demostraciones, como cuando les lava los pies a sus discípulos; o
a las ayudas visuales, como los lirios del campo, las aves del cielo, entre otros.
El maestro debe hacer todo lo posible para estar al día en el conocimiento y la
implementación de nuevas técnicas, métodos y recursos para la enseñanza.
Les daban aún más claridad a las enseñanzas de Jesús las aplicaciones prácticas que hacía.
Jesús mostraba a sus alumnos cómo aplicar lo que les estaba enseñando. “¿Quién, pues, de
estos tres te parece que fue el prójimo del que cayó en manos de ladrones? Él dijo: el que usó
de misericordia con él. Entonces Jesús le dijo: ve, y haz tú lo mismo” (Lc. 10:36,37)
Los maestros cristianos debemos preguntarnos: ¿Trato de enseñar a mis alumnos acerca
de cómo pueden aplicar en la vida diaria los conocimientos que les transmito?; al elaborar la
lección ¿trato de hacer un equilibrio saludable entre teoría y práctica? Reflexionar sobre estas
preguntas nos ayudará a enseñar como Jesús: Con claridad.
C. Jesús enseñaba con responsabilidad
Esa responsabilidad lo demostraba en la influencia positiva que ejercía en sus alumnos.
“Este principio de señales hizo Jesús en Caná de Galilea, y manifestó su gloria; y sus discípulos
creyeron en él” (Jn. 2:11) Usaba su influencia para inculcar valores positivos. “En esto
conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros” (Jn. 13:35)
Los maestros ejercemos influencia sobre los alumnos a través de las enseñanzas que
impartimos; por tanto, debemos asegurarnos de que esa influencia sea positiva y nunca
negativa.
Al enseñar con responsabilidad, Jesús asumía las consecuencias de sus palabras. “Y el
sumo sacerdote preguntó a Jesús acerca de sus discípulos y de su doctrina. Jesús le respondió:
Yo públicamente he hablado al mundo; siempre he enseñado en la sinagoga y en el templo,
donde se reúnen todos los judíos, y nada he hablado en oculto. ¿Por qué me preguntas a mí?
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Pregunta a los que han oído, qué les haya yo hablado he aquí, ellos saben lo que yo he dicho”
(Jn. 18:19-21).
El escritor John Youngberg haciendo un resumen muy interesante sobre la manera cómo
enseñaba dice que Jesús enseñó de manera:
Natural, pero no formal; popular, no lógico o sistemático; pintoresco, no literal;
claro, no escondido; lleno de verdad, gracia y completa pureza. Era solícito, intenso,
concreto; no académico, pero hacia la formación cristiana personal. Vio el valor del
individuo en sus pupilos. Permitía las diferencias individuales. Dejaba que los
individuos tuviesen libertad para escoger; tenía una profundidad simple. Su trabajo
no era tanto para impartir conocimiento sino para estimular acción concerniente a
algo que ya era conocido. Su propósito era comunicar una nueva vida y relación con
Dios. Vio posibilidades divinas en cada uno. Estableció una relación cercana de
amor y confianza. Él adaptó su enseñanza al punto de vista de los discípulos. Llenó
las necesidades inmediatas de las personas que estaban frente a él. El carácter y los
hechos fueron su meta. Las enseñanzas salían de sus experiencias (Youngberg,
p.62)
Jesús enseñó de manera única y variada. La manera cómo lo hizo superaba grandemente
a la de los maestros famosos de su tiempo. Esto constituye un gran desafío para los maestros
cristianos de hoy, de marcar la diferencia frente a los maestros que imparten conocimiento
secular.
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CAPÍTULO DOS:
METODOLOGÍAS PEDAGÓGICAS DE JESÚS
La metodología principal que Jesús empleó para impartir sus enseñanzas fue el lenguaje
oral. Jesús nunca escribió nada, excepto, cuando escribió con su dedo en el suelo, mientras
esperaba que los religiosos de su tiempo tiren la primera piedra a la mujer que fue encontrada
en el acto mismo del adulterio. Jesús siempre enseñaba hablando.
Jesús en su ministerio pedagógico usó diferentes metodologías, todas basadas en el
lenguaje oral, para transmitir los principios del reino de Dios. A continuación, se describen
brevemente algunos de ellos:
A. El método de las preguntas y respuestas
Jesús siempre está preguntando. Los evangelios están llenos de preguntas que Jesús hacía
mientras enseñaba. Esas preguntas se formulaban con propósitos específicos en mente; por
ejemplo: Despertar y fortalecer la fe de los oyentes. “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la
vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no
morirá eternamente. ¿Crees esto? (Jn.11:25,26); buscar la opinión personal del alumno frente a
algún asunto específico: “Aconteció que mientras Jesús oraba aparte, estaban con él los
discípulos; y les preguntó, diciendo: ¿Quién dice la gente que soy yo? Él les dijo: Y vosotros,
¿quién decís que soy? Entonces respondiendo Pedro, dijo: El Cristo de Dios” (Lc. 9:18,20);
corregir actitudes y reforzar las verdades enseñadas: “Y entendiéndolo Jesús, les dijo: ¿Qué
discutís, porque no tenéis pan? ¿No entendéis ni comprendéis? ¿Aún tenéis endurecido vuestro
corazón? ¿Teniendo ojos no veis, y teniendo oídos no oís? ¿Y no recordáis? Cuando partí los
cinco panes entre cinco mil, ¿cuántas cestas llenas de los pedazos recogisteis? Y ellos dijeron:
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Doce. Y cuando los siete panes entre cuatro mil, ¿cuántas canastas llenas de los pedazos
recogisteis? Y ellos dijeron: Siete. Y les dijo: ¿Cómo aún no entendéis? “(Mt. 8:18-21)
B. El método del diálogo mutuo
A través del diálogo, Jesús mostró la condición moral de las personas. En la conversación
que Jesús tuvo con la Samaritana, junto al pozo, le hizo ver su inmoralidad a esta mujer y ella
termina reconociendo que lo que Jesús le dijo era toda la verdad respecto a ella (Jn. 4:1-26)
También a través del diálogo, Jesús Ilustró verdades eternas, como el nuevo nacimiento
en la conversación con Nicodemo (Jn.3:1-15).
Por otro lado, los desafió a dar pasos de fe. En el diálogo con Pedro a la orilla del mar
Jesús le dice que eche las redes al mar. Al principio Pedro objeta, pero después confía en la
palabra de Jesús, echa la red y la pesca fue superabundante (Lc. 5:4-11)
C. El método de la conferencia
Enseñó grandes principios sobre el reino de Dios a través de los discursos. El evangelio de
Mateo registra cinco discursos muy importantes de Jesús, por medio de los cuales enseñó e
ilustró verdades profundas sobre el reino de Dios, entre los cuales tenemos al famoso “sermón
del monte” (Mt. 5-7), el mandato e instrucciones a sus discípulos en la misión (cap.10), las
parábolas del reino (cap.13), la Segunda Venida (caps.24-25) y la gran Comisión (Mt. 28:16-20).
Todos estos discursos y otros más, Jesús los hizo de manera muy amena y atractiva,
porque usaba en ellos otros elementos o ayudas didácticas que los hacían muy atractivos,
interesantes y novedosos. Hacía comparaciones con la naturaleza, las aves, las plantas, el agua,
el pan, entre otros.
Sus conferencias no se llevaban a cabo en un solo lugar. Jesús aprovechó cualquier
circunstancia, tiempo y lugar para enseñar. La doctora La Verne dice lo siguiente al respecto:
Jesús usó su medio ambiente para hacer resaltar cada oportunidad de enseñanza.
Enseñó en casa y en botes, en montañas y en desiertos, en bodas y en procesiones
fúnebres. Sus enseñanzas nunca estuvieron confinadas a un lugar o edificio. Él sabía
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que la mayoría de los alumnos estaban más a fuera dentro de cuatro paredes de las
sinagogas (Tolbert p.35)
D. El método de las historias y parábolas
Jesús hizo uso de las parábolas como método didáctico, ilustrando un tema con el fin de
enseñar o revelar las cosas de Dios. ¿Qué son las parábolas? ¿Qué es lo que Jesús quiere
enseñarnos por medio de ellas? La biblia de estudio de las Sociedades Bíblicas Unidas en el
índice de temático, define a las parábolas como “ejemplos, comparaciones o alegorías en los
que, partiendo de una realidad sensible, se comunica un mensaje al oyente o lector y se le
invita a una decisión persona” (Biblia de Estudio p. 1939).
El licenciado Jorga Bravo, hablando sobre la Pedagogía de Jesús hace la siguiente
afirmación sobre este método que enseñó Jesús:
Las parábolas son un género literario con carácter didáctico que deben verse como
realmente son, dentro de su contexto, teniendo en cuenta quien las escribió, por
qué, y a quien van dirigidas. Hay que tener en cuenta que la palabra hebrea masal,
lo mismo que la griega parabole, se aplican en sentido general a los proverbios,
alegorías, enigmas, ilustraciones e historias. También una parábola puede ser
considerada como una metáfora tomada de la naturaleza o de la vida cotidiana, que
llama la atención por su novedad o viveza y deja en la mente cierta duda acerca de
su aplicación precisa con el fin de obligarla a pensar activamente. (Bravo, p. 45).
Las parábolas son historias basadas en la vida real o que podrían suceder. Estas Ilustran
claramente verdades profundas sobre el reino de Dios. Para enseñar el principio del amor al
prójimo Jesús contó la parábola del buen samaritano (Lc. 10:25-37); para enseñar el principio
del amor de Dios, Jesús contó la parábola del Hijo pródigo (Lc. 15:11-32).
Las parábolas son el método didáctico que más usó Jesús durante su ministerio. Nadie lo
ha superado, ni lo podrá. Las parábolas se destacan por su sencillez, su belleza y, sobre todo,
por su profundo significado. Los evangelios registran, según la Biblia de estudio de las
Sociedades Bíblicas Unidas, una lista de 47 parábolas.
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CAPÍTULO TRES:
EL ÉXITO DE JESÚS COMO MAESTRO
En su ministerio docente, Jesús se enfocó principalmente en tres cosas: Una de ellas fue la
tarea misma de la enseñanza, él amaba enseñar y estaba dispuesto a hacerlo siempre; otro
asunto, quizá el más importante de todos, fue el alumno; este era su objetivo. El deseaba que
sus alumnos (seguidores) experimentaran una transformación integral a través de cada
enseñanza que les impartía; y finalmente, no por eso menos importante, Jesús tenía un
objetivo claro al impartir cada enseñanza, él los desafiaba a tomar decisiones que les ayuden a
ser mejores personas.
A. Jesús amaba la tarea de enseñar
Jesús no se avergonzaba de ser llamado maestro: “Vosotros me llamáis maestro, y Señor
y decís bien, porque lo soy” (Jn. 13:13). Cada maestro hoy debe preguntarse y responder con
sinceridad: ¿Me siento orgulloso de ser maestro?
Jesús fue un maestro que no tuvo un aula, ni un horario específico para enseñar. No se
limitó a algún lugar físico para enseñar. El enseñaba en todas partes. Lo hacía en la playa, en el
desierto, en la montaña, en la sinagoga, en el campo, en la ciudad, en el camino, en las casas,
en las plazas, en el templo, en el cementerio. Donde se encontraba ahí enseñaba. Enseñaba en
cualquier lugar. (Mt. 5:1,2; 11:1; 26:55; Lc. 13:10, 26; Jn. 3: 1,2)
Todo maestro debe amar la tarea de enseñar y estar dispuesto a hacerlo en todo tiempo y
lugar.
B. Jesús amaba a sus alumnos
Los alumnos fueron lo más importante para Jesús. Él los amaba incondicionalmente y sin
límites. “los amó hasta el fin” (Jn. 13:1). Los amó hasta el punto de sacrificarse por ellos.
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Sacrificó su comodidad y privilegios (Ef. 2: 5-7), sacrificó hasta su propia vida por sus alumnos.
“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn. 15:13)
Como maestro, ¿Soy capaz de ir hasta donde se encuentre alguien que necesite de mi
enseñanza aunque no reciba una recompensa económica por ello? En el aula de clases ¿me
preocupa más la comodidad de mis alumnos que la mía?
Jesús se relacionaba personalmente con cada uno de sus alumnos. Les daba enseñanzas
de grupo y personalizadas (Mr. 9:31; Jn. 20:27). Dedicaba tiempo a las necesidades
individuales de ellos (Mt. 8:14). Todo maestro debe procurar dedicar algún tiempo de la clase
a dar una enseñanza personalizada a sus estudiantes y estar dispuesto a apoyarles en sus
necesidades particulares
Jesús también era accesible para sus alumnos. Eliminaba todas las barreras de
comunicación y usaba mucha discreción. “Pero ellos no entendían esta palabra, y tenían miedo
de preguntarle. Y llegó a Capernaum; y cuando estuvo en casa, les preguntó: ¿Qué disputabais
entre vosotros en el camino? (Mr. 9:32,33). Jesús estaba disponible para responder sus
inquietudes. “Cuando él entró en casa, sus discípulos le preguntaron aparte: ¿Por qué nosotros
no pudimos echarle fuera? (Mr. 9:29)
El maestro hoy debe analizar si sus alumnos tienen la confianza de acercarse y
preguntarle aún sobre sus inquietudes y necesidades personales.
C. Jesús enseñaba para transformar vidas
Parte del secreto del éxito de Jesús como maestro consistió en que sus enseñanzas
apuntaban a realizar un cambio radical en la mente y conducta de sus seguidores. John
Youngberg, en su exposición sobre las técnicas de enseñanza de Jesús, cita lo siguiente:
“Cristo incluyó todo lo mejor, y fue un paso adelante cuando el hizo su objetivo
educacional: Encajando al hombre para vivir en perfecta armonía con la voluntad
de Dios. Él estaba constantemente luchando por mostrarles a los hombres cómo
establecer una correcta relación con Dios, cómo vivir en posesión total del poder
divino. Él les dijo cómo por lo menos, estar unidos con la personalidad divina. Él se
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anticipa a cada líder de pensamiento y a cada gran maestro al declarar esa
perfección que es el fin de la educación” (1943, pp. 30, 31)
Jesús promovía el desarrollo de los talentos de sus alumnos. Él logró que simples
pescadores llegaran a ser grandes oradores. “Entonces viendo el denuedo de Pedro y de Juan, y
sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían
estado con Jesús” (Hch. 4:13) “Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios; de gracia
recibisteis, dad de gracia” (Mt. 10:8) El maestro de hoy, al asignar tareas e investigaciones a
sus alumnos, debe procurar desafiar su inteligencia y fomentar su creatividad (Jn. 14:12)
Jesús, al enseñar, preparaba a sus alumnos para la vida eterna. Sus enseñanzas tenían un
alcance eterno; apuntaban más allá de este mundo físico y pasajero. “De cierto, de cierto os
digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a
condenación, más ha pasado de muerte a vida” (Jn. 5:24; 17:3)
Jesús preparaba a sus alumnos para que ellos también sean maestros. Por tal razón,
corregía sus errores con amor. “Después de estas cosas, designó el Señor también a otros
setenta, a quienes envió de dos en dos delante de él a toda ciudad y lugar adonde él había de
ir… Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu
nombre… Pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que
vuestros nombres están escritos en los cielos” (Lc. 10:1,17,20)
Jesús tenía claro que los que continuarían su misión en el mundo serían sus alumnos; por
ello, los capacito y luego los empoderó y envió a las naciones. “Y Jesús se acercó y les habló
diciendo: toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos a
todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo;
enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros
todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt. 28:18-20)
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El licenciado Paulo Edgardo Graumann, escribiendo sobre la filosofía de la educación
cristiana, comenta al respecto lo siguiente:
Si bien son necesarios los momentos de enseñanza estructurada y planificada, el
programa de formación es mucho más que un plan de contenidos teóricos. El
verdadero aprendizaje no surge ni se desarrolla en un ambiente puramente
académico sino en situaciones de vida. Junto con la enseñanza sistemática, un
programa de formación debe incluir oportunidades de aprender de manera
informal. En todo momento, tanto en privado como en público, nuestras actitudes,
palabras y gestos deben estar orientados a la formación de los discípulos que están
a nuestro cargo. El propósito primordial será impartir información e instrucción
práctica; procuramos ofrecer lecciones de vida a fin de que aquellos a quienes
acompañamos sigan el estilo de vida de Jesús. Ellos, a su vez, serán después
formadores de nuevos seguidores de Jesús. (Grauman, s/f. p.45)
Resumiendo, diríamos que el éxito de Jesús como maestro se debió a los contenidos que
enseñaba, a la manera cómo lo hacía y al objetivo que tenían cada una de sus enseñanzas en la
vida de los alumnos.
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CONCLUSIONES
Después de haber reflexionado sobre el ministerio docente de Jesús, se ha llegado a las
siguientes conclusiones:
1. La docencia, fue la tarea a la que Jesús le dedicó la mayor parte de su tiempo porque a
través de ella logró establecer los nuevos principios del reino de Dios.
2. Jesús usó diferentes metodologías pedagógicas para transmitir sus enseñanzas.
3. Contenidos profundos, transmitidos a través de métodos pedagógicos que faciliten el
proceso de enseñanza aprendizaje y que tienen como propósito la transformación integral
de la persona es el modelo educativo que Jesús ha dejado, el cual se debe imitar hoy.
4. Si imitamos el modelo docente de Jesús, el éxito en la enseñanza está garantizado.
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BIBLIOGRAFÍA
Graumann, Paulo Edgardo. Filosofía de la educación cristiana. s/f.
Murch, la educación cristiana y la iglesia local. s/f.
Tolbert, La Verne. Enseñemos como Jesús. Editorial Vida Zondervan. Miami, Florida. 2004.
http://es.slideshare.net/MiguelAcevedo6/un-maestro-como-jesus
www.es.slideshare.net/clarin2011/tecnicas-de-enseanzas-de-jesus
www.desarrollocristiano.com/articulo.php?id=2163
www.utp.edu.co/chumanas/revistas/revistas/rev24/espinosa.htm
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