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La colonización Francesa en América del Norte

 Áreas colonizadas y factores que la promovieron


La colonización Francesa en América tuvo lugar en América del Norte (Canadá) y las
Antillas. En efecto, la primera área de colonización fue América del Norte, extendiéndose
por gran parte de Canadá (Acadia, Terranova, Bahía de Hudson, Cuenca del Río San
Lorenzo) y la zona del Mississippi (La Luisiana, llamada así en honor a Luis XIV de
Francia). Esta se caracterizó por el predominio del interés comercial sobre el de la
colonización, siendo esta llevada a cabo por compañías comerciales interesadas en pieles
(de castor, principalmente), pesca y madera.

Las primeras exploraciones de América del Norte (y Canadá) datan desde fines del s. XV,
movilizadas, tanto por franceses como ingleses, por la búsqueda de un paso hacia Asia a
través de un canal interoceánico. Fueron llevadas por exploradores de origen italiano como
Verrazzano (su exploración es posterior a la de Caboto (1524) y Caboto (quienes
respondían a los monarcas de Francia e Inglaterra, Francisco I y Enrique VIII). Caboto
exploró fundamentalmente la parte oriental (costas atlánticas) del territorio, el norte de la
Terranova, la península del Labrador, bordeó gran parte de la costa norteamericana, desde
Terranova hasta las Carolinas y la Florida. En Terranova se evidencia la abundancia del
bacalao, convirtiendo a su pesca en un recurso principal.

“Los tesoros americanos estimularon la avidez de franceses, holandeses e ingleses, y en


1521, algunos corsarios franceses se apoderaron de parte del botín de Hernán Cortés. Los
navegantes galos también estaban interesados en encontrar el paso transoceánico, como
prueban los tempranos viajes de descubrimiento de Jean Denis y Tomás Aubert en los
primeros años del siglo XVI.” (C. Malamud: 2010, pág. 224)

En el s. XVI, las exploraciones de Canadá, específicamente en el curso del río San


Lorenzo, serán llevadas a cabo por Jacques Cartier, teniendo lugar entre 1534 y 1541. Al
cabo de tres viajes descubrirá Quebec y Mont Real, y serán establecidas las bases de la
colonización, la cual no tendrá lugar hasta inicios del s. XVII.
“En su último viaje intentó colonizar la zona del San Lorenzo, fundando Cap Rouge, pero el
hambre, el frío y los ataques de los indios obligaron a los colonos a retornar a su país.”
(Ídem, pág. 225)

Además, las guerras de religión en Francia, con los enfrentamientos entre católicos y
hugonotes, impidieron la centralización del poder monárquico y dificultaron el asentamiento
de la colonización en América del Norte. El Estado no disponía de los recursos ni de
interés para emprender exploraciones marítimas.
“Cuando Francia se vio envuelta en sus guerras de religión, América cayó prácticamente
en el olvido hasta el siglo siguiente, en un fenómeno similar al ocurrido en Inglaterra,
aunque el corte no fue radical, ya que pescadores y traficantes de pieles siguieron
visitando Terranova y Canadá durante la segunda mitad del siglo XVI.” (Ídem)

El s. XVII es el siglo de la consolidación colonial francesa en América del Norte.


“A lo largo del siglo XVII los intentos de colonización franceses en América alcanzarán un
fuerte empuje con centro destacado en el subcontinente norte, y un segundo foco de
asentamiento en el ámbito caribeño. En Norteamérica la acción gala se irradió a través de
las cuencas fluviales de dos grandes ríos, el San Lorenzo y el Mississippi, que permitirán,
por el cauce principal o por sus perspectivos afluentes, recorrer enormes extensiones
territoriales y penetrar hasta el mismo corazón de la masa continental.” (A. Gutiérrez
Escudero: 1991, pág. 741)

“Aunque la mayoría de las compañías francesas que a finales del XVI trataron de obtener
el monopolio del comercio de pieles no cumplieron con el compromiso de llevar familias a
Canadá, contribuyeron a dar entrada en escena a la principal figura del siglo XVII, Samuel
Champlain.” (A. Gutiérrez Escudero: 1991, pág. 741)

Champlain incursionó, en varias oportunidades en el descubrimiento de posibles lugares


de asentamiento en la Nueva Francia para establecer la posterior colonización. Así,
recorrió desde el río San Lorenzo hasta el rápido de Saint-Louis. Explorará la Acadia, la
bahía de Fundy, la isla Dochet o de Saint Croix para luego asentarse en Port Royal. Se
continuará explorando las costas del continente hasta el cabo Cod (al sur). -1604-

“Champlain aprovecha la estancia para explorar varios ríos y hacer amistad con los indios.
Ni la llegada de 40 colonos, ni el comercio de pieles evitan los problemas financieros de la
compañía organizadora de la empresa. Tras resistir durante tres años en un ambiente
hostil, con falta de provisiones y sufriendo ataques de algunos indígenas, la disolución de
la Compañía de Monts y Pontgravé obliga, en 1607, al abandono de Port-Royal…” (Ídem,
pág. 742)

Al tiempo (1608) explorará también directamente el río San Lorenzo, hasta el poblado indio
de Stadacomé, estando a 650 km de la desembocadura, cerca de la confluencia con el
Saint-Charles, estableciéndose y formando la luego ciudad de Quebec. Desde Quebec se
iniciarán exploraciones que permiten conocer el territorio y las tribus indígenas.
Años después (1610), llegará aguas arriba del San Lorenzo hasta la actual Montreal,
donde se establece para realizar años más tarde (1613 – 1615) exploraciones hacia el
Suroeste, remontando el río Otawa, llegando al lago Nipissing y también la bahía
Georgiana (extensión septentrional del lago Hurón).
Luego de la muerte de Champlain (1635) las exploraciones continuarán de la mano de
civiles y religiosos (franciscanos y jesuitas, sobretodo, impulsados por la evangelización
indígena, se adentrarán por todo el territorio, fundando pueblos y centros misionales,
extendiendo la espacialidad geográfica conocida). Se unirán al descubrimiento de tierras
aventureros, “corredores de bosques”, tramperos, comerciantes de pieles, representantes
de las Compañías, y así se conocerán Sault-Sainte-Marie, la bahía de Chesapeake…
Jean Nicolet, lugarteniente de Champlain, explorará también el lago Michigan, Green Bay,
el río Fox (llegando al actual Wisconsin) hasta llegar a la divisoria de aguas entre las
cuencas del San Lorenzo y del Mississippi.
Exploraciones aguas abajo por el Mississippi, hasta la confluencia con el Arkansas, los
incidentes con indios y la proximidad al territorio español demostrará que los cursos
fluviales conducían al golfo de México y no al Pacífico, evidenciándose que no existía un
paso a través del continente que comunicase ambos océanos.
También se realizarán expediciones hacia otras direcciones: norte (bahía de James, río
Saguenay y lago Saint-Jean), oeste (barreras rocosas que separaban al lago Superior de
las grandes llanuras…).
Hacia 1669 y 1682, La Salle emprenderá exploración hasta finalmente llegar a la Luisiana,
entre los Montes Apalaches y las Montañas Rocosas, luego de haber atravesado los lagos
Ontario, Erie, el río Ohio, los Grandes Lagos, el curso superior del Mississippi, el golfo de
México… La Luisiana abría un gran panorama de posibilidades estratégicas y económicas
para la colonización gala (y una barrera para la expansión inglesa hacia el oeste), si bien
esta no sería “debidamente” colonizada hasta principios del s. XVIII. Esta colonización será
dificultosa en su inicio debido a la escasez de alimento y la aparición de enfermedades,
sumándose la presión provocada por ingleses y españoles, quienes buscaban impedir el
asentamiento galo.

En resumen, la colonización francesa en América del Norte se ubicará, al principio, sobre


la parte oriental del territorio, desde la bahía de Hudson al norte hasta la Luisiana hacia el
suroeste, alcanzando el golfo de México.

“Nueva Francia tuvo un importante impulso desde comienzos del siglo XVII. En 1608,
Samuel de Champlain se instaló en Quebec, centro de la expansión gala en la región. Si
bien Champlain se alió con los indios hurones contra los iroqueses, constató un escaso
interés por desarrollar la colonia, de modo que hasta 1628 las iniciativas fueron escasas.
Los dos objetivos de la colonización francesa fueron la conversión de los indígenas y la
comercialización de pieles de castor, martas y otros animales. En 1629 los ingleses
ocuparon Quebec y si bien lo devolvieron tres años después, a cambio de una cantidad de
dinero, Francia comenzó a mirar la zona con un renovado interés estratégico. Desde
mediados de siglo, los enfrentamientos con Inglaterra por las posesiones canadienses y de
Nueva Inglaterra se hicieron constantes, aunque solían coincidir con las guerras europeas
que tenían en América, y también en el Caribe, otro frente de lucha. Esto ocurrió, por
ejemplo, con la llamada Guerra del Rey Guillermo, de 1688 a 1697, librada
simultáneamente a la Guerra de Ausburgo y que concluyó con la paz de Ryswick. En esta
oportunidad, los franceses con sus indios aliados atacaron las colonias inglesas. Esta
medida fue respondida con la conquista de Port Royal y Quebec en 1690, aunque no se
trató de una ocupación permanente.” (C. Malamud: 2010, pág. 234)

Como ya fue mencionado, la colonización francesa se encontrará “en manos” de


compañías comerciales, que si bien pocas de ellas se dedicaron al poblamiento, fueron
respaldadas por Francia.
“La colonización había estado a cargo de distintas compañías comerciales, la mayor parte
de las cuales quebró por la mala evolución de los negocios coloniales. La excepción fue la
Compañía de los Cien Asociados, fundada por el cardenal Richelieu, que mantuvo una
situación monopólica hasta 1663, cuando Canadá se convirtió en provincia real, bajo Luis
XIV.” (Ídem)

“…, la Corona había dejado en manos de la iniciativa privada la colonización y


organización del territorio canadiense. Es la fase de las Compañías constituidas para
ejercer el monopolio del comercio de pieles con el compromiso expreso de llevar
pobladores, pero en la que pronto se vio un mayor interés por el negocio peletero que por
el transporte de personas para asentarlas en las nuevas tierras, y esta tendencia fue
acrecentándose con el mismo ritmo que aumentaban los cargamentos de pieles enviados a
la metrópoli para enriquecimiento de socios y accionistas. En 1663 Luis XIV decide revocar
todas las concesiones hechas por sus antecesores e incorpora la colonia al dominio real,
ello supuso un cambio sustancial en la organización gubernativa, administrativa, judicial y
comercial.” (A. Gutiérrez Escudero: 1991, pág. 752)

“Champlain será el primer europeo en llegar a los Grandes Lagos y el primero en entrever
las enormes posibilidades del territorio, pero sus esfuerzos por consolidar la colonización
no se vieron correspondidos. […] no logra ver el desarrollo de un territorio cuyos inicios de
progreso fueron lentos, con una población dispersa y sin cohesión, y una colonización que
padeció demasiados titubeos.” (A. Gutiérrez Escudero: 1991, pág. 745)
“Los franceses ocuparon un territorio extenso, mal comunicado y de población escasa, […]
pese a los esfuerzos de la Corona francesa por impulsar la emigración a Canadá.” (C.
Malamud: 2010, pág. 235)

 Comparación con el proceso colonial inglés


“Los franceses entraron en el campo colonial casi al mismo tiempo que los ingleses y se
establecieron en lugares de igual naturaleza en la costa atlántica de Norteamérica y en las
islas de las Antillas, lugares donde la población nativa se hallaba relativamente diseminada
y en situación primitiva. Como los ingleses, los franceses no podían vivir del tributo
indígena ni emplear la mano de obra nativa en gran escala, y no encontraron metales
preciosos. Como los ingleses, tenían que vivir de la agricultura, de la pesca, o del comercio
de pieles, en sus posesiones septentrionales, y del cultivo del tabaco y la caña de azúcar,
en sus islas de las Antillas. Como los ingleses, percibían claramente la importancia del
poder marítimo y el valor de las colonias en cuanto fuentes de artículos navales y
productos tropicales. Como los ingleses, recurrieron mucho al uso de compañías por
acciones de tipo mercantil para fundar colonias.
La cronología del desarrollo de la América gala es muy parecida a la historia inglesa. […]
Los franceses, como los ingleses, emprendieron en el siglo XVI la exploración y la piratería
en aguas americanas. Los pescadores franceses habían pescado regularmente en los
bancos. Cartier y Roberval habían explorado la bahía de Fundy y el San Lorenzo, con la
esperanza de encontrar un paso hacia el Pacífico, y tratado de establecer una
colonización, aunque con mal éxito. Otros esfuerzos fueron realizados en la América
central y meridional; pero así los ingleses como los franceses sólo a principios del siglo
XVII, después del final de la guerra en el mar con España, comenzaron a realizar
colonizaciones permanentes. Tanto Enrique IV como Jacobo I concedieron monopolios
para colonizar en América.
[…] El reinado de Carlos I y el ministerio de Richelieu mostraron notables semejanzas
superficiales en el terreno colonial y vieron el principio de una enconada rivalidad. Sin
embargo, hubo también diferencias fundamentales. Ambos gobernantes concedieron
cartas a varias compañías colonizadoras; pero, en las compañías inglesas, la iniciativa
partió de los promotores, que encontraron su propio capital y pidieron al rey las cartas. En
Francia, la iniciativa provino frecuentemente del gobierno, que proporcionó parte del capital
y nombró a algunos de los directores. Más tarde, en la época de Colbert, el gobierno
nombró a veces a todos los directores y recaudó el capital por medio de una especie de
préstamo forzoso o inversión obligatoria. Claro está que donde la corona aceptó estas
responsabilidades, hubo una tendencia mayor por parte del gobierno a fiscalizar todos los
detalles de la administración, y por parte de la compañía a buscar el apoyo del gobierno
para obtener ayuda. En las colonias francesas, las guerras contra los indios y otros
enemigos, por ejemplo, fueron sostenidas no sólo por una milicia colonial, sino por tropas
regulares enviadas de Francia.
Las cartas inglesas en lo general mantenían una diferencia entre compañías formadas
principalmente para la colonización y compañías formadas principalmente para el
comercio. Casi todas las compañías de Richelieu eran empresas de monopolio general
que combinaban la colonización y el comercio. Concentrándose inevitablemente en el
comercio, que ofrecía ganancias rápidas y seguras, y descuidaron la colonización. No
había muchos alicientes para que los campesinos, artesanos y otros ciudadanos
arraigados abandonasen una Franca próspera y victoriosa y se estableciesen en un helado
y nada atractivo Canadá; los que lo hicieron se encontraron a merced de un monopolio
comercial que exigía precios muy altos por las mercancías europeas. La manera en que se
organizó la colonización también obró en cierta medida como factor disuasivo. La
compañía concedió señoríos –grandes mercedes de tierra principalmente a los directores
de la compañía y sus asociados, muchos de los cuales estaban ausentes–. La intención
era que el señor subarrendara pequeñas tenencias dentro de sus concesiones en
condiciones semifeudales, conservando ciertos derechos como en Francia, incluso un
derecho limitado al trabajo de sus arrendatarios. De este modo las compañías traspasaban
a los señores su responsabilidad en la colonización, […] La política oficial francesa permitió
y aún alentó los matrimonios mixtos. Una pequeña población francesa y mestiza se
extendió sobre partes del país mucho mayores que las que podían ocupar efectivamente;
[…] Carlos I nunca obstaculizó seriamente el camino de los inconformistas, católicos o
puritanos que emigraban a América; pero el gobierno francés […] prohibió la entrada de
protestantes en sus colonias. Las consecuencias de esta política de homogeneidad
religiosa fueron muy importantes en Francia, porque allí […] los hugonotes eran numerosos
y ricos. El Canadá fue privado de una fuente de colonos hábiles e industriosos; y cuando
su situación en Francia empeoró, los hugonotes tendieron a emigrar a otros países, incluso
Inglaterra y las colonias inglesas; de modo que se produjo una doble pérdida, tanto para la
antigua Francia como para la nueva.
Los asuntos eclesiásticos de la América francesa estuvieron en su mayor parte en mano
de los jesuitas […] Los métodos jesuitas entrañaban la vida entre los indios y el uso de sus
lenguajes. Gran parte del territorio de las costas de los grandes lagos fue explorada
primero por misioneros […] El ideal jesuita era establecer comunidades de misión donde
los indios cristianos pudiesen vivir en común bajo la dirección de sacerdotes, resguardados
del contacto con los coureurs des bois (corredores de bosques) y otros europeos. Esta
segregación fue contraria a los intereses de los colonos franceses, que compraban pieles a
los indios y les suministraban hachas, cuchillos, mantas, ron y armas de fuego […] la labor
misionera entre los hurones y los algonquinos de la región de los lagos indispuso a los
franceses con los enemigos hereditarios de aquellas tribus, la poderosa confederación
iroquesa de los mohawk y los valles del alto Hudson. Los iroqueses, como intermediarios
en el comercio de pieles, tendieron en los últimos años a aliarse con los ingleses, un factor
de gran importancia en las guerras posteriores, en las cuales los desgraciados hurones,
con su ligera capa de cristianismo, fueron casi aniquilados.
[…] Canadá tenía cerca de tres mil habitantes blancos, contra unos veinte mil que tenía
Nueva Inglaterra y quizá quince mil Virginia. Tocó a Colbert reorganizar la Nueva Francia y
darle esa característica de burocracia militar eficiente que se patentizó en las largas
guerras contra Inglaterra. En ello logró un gran triunfo; y la fuerza de su genio sólo puede
ser apreciada si se recuerda que, al contrario de sus «contrafiguras» inglesas, sirvió a un
rey a quien no preocupó nada el comercio y las colonias y sólo le interesó la gloria militar y
religiosa en Europa.” (J.H. Parry: 1986, págs. 78 a 80)

“La búsqueda del paso hacia Asia movilizó a franceses e ingleses en América,
especialmente en la parte norte del continente.” (C. Malamud: 2010, pág. 224)

En el momento en que Canadá se convierte una provincia real (s. XVII), bajo Luis XIV, la
administración colonial funcionó disponiéndose un gobernador general para la defensa, las
relaciones con los indios y con el exterior; la justicia, la policía y las finanzas se dispusieron
a un intendente. También se dispuso un obispo (François de Laval) para dirigir la Iglesia
colonial y la primera universidad de Canadá. El gobernador general residía en Quebec
pero contaba con ayudantes en Montreal, Trois Rivières y Cap Breton. A principios del s.
XVIII será introducido el Consejo Superior, conformado por el intendente, el obispo, 4 – 12
consejeros, cuatro asesores, un procurador general y un escribano.

“En 1653, el Canadá francés tenía 2.000 colonos, que a fines del siglo XVII eran 20.000,
una cifra bastante menor que las 250.000 que había en las Trece Colonias. En 1763,
cuando fue cedida a Inglaterra, la colonia tenía 65.0000 habitantes, repartidos en el medio
rural y las tres ciudades Quebec (15.000 habitantes), Montreal (4.000) y Trois Rivières. Los
franceses ocuparon un territorio extenso, mal comunicado y de población escasa, lo
contrario que ocurría en las Trece Colonias. […] la evangelización de los indios fue
importante, lo que le valió a la Iglesia católica poder y prestigio, como evidencia el hecho
de que casi la cuarta parte de las tierras de Canadá le pertenecían. El territorio se regía
con organismos metropolitanos, siendo muy escaso el margen de maniobra de las
autoridades sobre el terreno. La economía colonial francesa giró sobre el comercio de
pieles, lo que permitió la presencia de numerosos hombres solos en Canadá. El mestizaje,
fundamentalmente con los indios algonquinos, fue una realidad más perceptible que en el
mundo anglosajón. Pese al intento metropolitano de construir una sociedad señorial, esto
no fue posible por el tipo de actividad económica, que dio lugar a una sociedad bastante
igualitaria y libre, pese a que no fue posible erradicar las actitudes nobiliarias.
Mientras los ingleses se centraban en las explotaciones agrarias y pesqueras […] los
franceses se ocupan de la caza y la pesca, lo que tornó a las colonias muy dependientes
de la metrópoli, desde donde le llegaban buenas parte de los abastecimientos. En
resumen, se podría decir que la economía no cubrió las expectativas metropolitanas de
sacar un buen rendimiento de sus colonias, pero también porque ni el comercio de pieles ni
la pesca produjeron las sinergias suficientes para arrastrar al conjunto de la economía, y
porque la falta de mano de obra limitó la producción agropecuaria,…” (C. Malamud: 2010,
pág. 234)

 Actividades económicas impulsadas y su incidencia en el mercado europeo


La actividad económica por excelencia fue el comercio peletero. A partir de fines del s. XVI,
fue decayendo el poderío ibérico que impedía la expansión en Norteamérica de otras
naciones europeas, provocando un constante florecimiento del comercio de pieles en
América del Norte.
“Sin embargo, al principio no fue la búsqueda de pieles sino de peces lo que llevó a los
marinos europeos a las aguas del Atlántico del Norte. En la Europa medieval el pescado
fue un artículo comercial estratégico. […] Como en los siglos XV y XVI bajó la pesca de
arenque en el Báltico, los pescadores empezaron a explorar los bancos de bacalao frente a
las costas del Labrador, de Terranova y de Nueva Inglaterra.” (E.R. Wolf: 1993, pág. 198)

En los primeros años del s. XVII (1608 – 1630) comenzaron a establecerse, luego de la
desaparición de la hegemonía marítima ibérica en el Atlántico, varios asientos en
Jamestown, Quebec, Albany, Nueva Ámsterdam, Nueva Plymouth, Massachusetts Bay…
tanto por compañías francesas como por inglesas y holandesas.
“Entre estos establecimientos, Quebec y Nueva Amsterdam desempeñarían un papel
central en el crecimiento del comercio. Estas dos poblaciones estaban situadas sobre una
ruta principal a las riquezas de tierra adentro de la región de las pieles. Quebec controlaba
el curso del río San Lorenzo, que llevaba a la cadena de los Grandes Lagos y a sus
sucesivos escalones. Nueva Amsterdam controlaba el río Hudson hasta Albany y la ruta
occidental a Oswego sobre el lago Ontario. Así pues, la ruta septentrional estuvo
controlada largo tiempo por los franceses, y los accesos meridionales estuvieron primero
en poder de los holandeses y luego, después de 1644, pasaron a mano de los ingleses.
Desde el principio, por tanto, el comercio de pieles se realizó en el contexto de una
competencia entre dos Estados, la cual afectó no solamente a los comerciantes europeos,
sino también a las poblaciones americanas nativas que les daban las pieles.” (Ídem, pág.
199)

“La mayor parte de las personas que se movían por el territorio no dejaban de ser
tramperos, comerciantes de pieles y coureurs des bois (corredores de bosques), que no se
preocupaban en demasía por asentarse en la tierra. Si se quería que la colonización
prosperara era necesario fomentar el núcleo familiar y la llegada de agricultores.” (A.
Gutiérrez Escudero: 1991, pág. 752)
“Para los europeos que buscaban riquezas, las pieles no eran bienes de alta prioridad; más
deseables para ellos eran oro, plata, azúcar, especias y esclavos pues dejaban más
provecho. Así y todo, la búsqueda de pieles tendría una repercusión profunda en los
pueblos nativos de la América del Norte y en sus modos de vida, y constituiría uno de los
episodios más espectaculares en la historia de la expansión mercantil europea.
Para cuando los primeros comerciantes europeos en pieles iniciaron sus actividades en el
continente norteamericano, el comercio de pieles ya tenía una historia larga y remunerativa
en Europa y Asia.” (E.R. Wolf: 1993, pág. 196)

El tráfico peletero abarca una historia de muchos siglos (al menos desde el IX), este no era
un fenómeno norteamericano sino mundial. Además, no solo Francia se encontraba
implicada en el negocio, “El eslabón unidor entre el Viejo y el Nuevo Mundo fue la
Compañía Holandesa de las Indias Occidentales. Hasta que Inglaterra conquistó Canadá,
Amsterdam se quedó con un porcentaje elevado de las pieles obtenidas en la América del
Norte; además reexportaba pieles de castor a Rusia para un procesamiento posterior que
era parte de su comercio de exportación en el Báltico.” (Ídem)

“El comercio de pieles en América del Norte nació cuando estos pescadores empezaron a
cambalachear su mercancía por pieles que les daban los algonquinos. La posibilidad de
explotar “las tierras novas” con el comercio de pieles no pasó inadvertida a los agentes y
colonizadores reales que exploraron los litorales de la América del Norte.” (Ídem, pág. 199)

“El objetivo principal del comercio norteamericano fue el castor, especialmente después de
las postrimerías del siglo XVI, en que el animal menguó mucho en Europa. Se le buscó no
por la piel sino por la lana de piel, una capa de pelo suave y rizado que crece junto a la
piel, la cual debía ser separada del pellejo y de la capa de pelos más largos y tiesos. A
esta lanilla de la piel se la procesaba y se convertía en fieltros propios para telas o
sombreros. Cobró gran importancia la lana de la piel de castor para hacer sombreros. Así,
en Inglaterra, inmigrantes españoles y holandeses popularizaron en el siglo XVI la moda de
los sombreros en vez de las cachuchas de lana. En lo sucesivo, la legislación suntuaria no
pudo evitar, pese a ser muy copiosa, la declinación de la fabricación de cachuchas; la
cachucha pasó a ser una marca distintiva de las clases bajas. Para los miembros de las
capas superiores, la forma y el tipo del sombrero se convirtieron en indicadores de las
inclinaciones políticas. Los Estuardo y sus partidarios se inclinaron por el “castor español”
de copa alta, alas anchas y tendiendo a lo cuadrado. Los Puritanos introdujeron el
sombrero sencillo y cónico, de fieltro o de castor. La Restauración ideó el sombrero de ala
ancha, achatado y un tanto desmañado, al que adornaba una pluma. La Revolución
Gloriosa impuso el sombrero “clerical de teja” de copa baja y ala ancha que cedió el
terreno al sombrero de tres picos.
Este estilo se sostuvo hasta la Revolución Francesa, que trajo consigo la “chistera”. El
sombrero de castor siguió de moda hasta principios del siglo XIX en que fue sustituido por
sombreros hechos de seda o de otros materiales.” (Ídem, págs. 197 y 198)

“Una de las características del comercio fue su rápido desplazamiento hacia el oeste a
medida que una población tras otra de castores se agotaba, por cuya razón los cazadores
tenían que internarse más y más en busca de tierras de castores no tocadas. Esto
significó, inevitablemente, que la gente que había sentido el primer impacto del comercio
de pieles quedara rezagada, a la vez que nuevos grupos buscaban entrar a este comercio.
Por doquier, la presencia del comercio tuvo consecuencias ramificantes en las vidas de los
participantes. Trastornó relaciones sociales y hábitos culturales e indujo la formación de
nuevas reacciones, tano internas, en la vida diaria de las diversas poblaciones humanas,
como externas, en las relaciones entre ellas. Los comerciantes pedían pieles a un grupo
tras otro y pagaban en artefactos europeos, lo que hizo que los grupos remodelaran sus
formas de vida alrededor de los manufactureros. Al mismo tiempo, las demandas de los
europeos de más pieles acrecentó la competencia entre grupos americanos nativos,
competencia por nuevos terrenos de caza para satisfacer la creciente demanda europea, y
competencia para el acceso a las mercancías europeas […] El comercio de pieles cambió
el carácter de la guerra entre las poblaciones amerindias (en cuanto tecnología) y aumentó
su intensidad y alcance. […] El comercio creciente exigía también abastecimientos, de
modo que al marchar hacia Occidente el comercio de pieles alteraba e intensificaba las
pautas conforme a las cuales se producían alimentos para cazadores y comerciantes por
igual.” (Ídem, págs. 199 y 201)

“Hacia el último tercio del siglo XVII, las pieles norteamericanas llegaban a Europa
principalmente a través de dos rutas fluviales, una del San Lorenzo y otra del Hudson.”
(Ídem, pág. 213)

“En el siglo XIX, los castores perdieron importancia; su lugar lo ocuparon las nutrias y las
focas marinas…” (Ídem, pág. 197)

 Consecuencias de la Guerra de los Siete Años


“El siglo XVIII encontró a los galos abocados a defender Nueva Francia de los constantes
ataques ingleses. Para ello construyeron un amplio sistema de fortificaciones que debía a
tender a varios frentes: frenar el avance inglés y tener a los indios de su lado, mantener
abiertas las comunicaciones con Luisiana a través del Mississippi y continuar las
exploraciones hacia el oeste. […] el enfrentamiento entre Francia e Inglaterra en la Guerra
de Sucesión española dio a los ingleses una nueva excusa para atacar Canadá y
apoderarse de Quebec y Montreal, en 1711. Por el Tratado de Utrecht, Inglaterra recibió
Terranova, Acadia (rebautizada como Nueva Escocia) y la bahía de Hudson, y se
asentaron de forma permanente en Canadá.” (C. Malamud: 2010, pág. 236)

“El gran conflicto internacional conocido entre los colonos como guerra Francesa e India, y
entre los europeos como guerra de los Siete Años, fue una lucha por la hegemonía global
entre Gran Bretaña y Francia. En esa disputa, en la cual la España de los Borbones se vio
directamente involucrada en sus fases finales, se decidió la suerte de Norteamérica. No
sólo cambiarían para siempre, a causa del conflicto y sus secuelas, las vidas y las
perspectivas de futuro de millones de norteamericanos (iroqueses y otros pueblos indios,
canadienses franceses, británicos de las colonias, plantadores antillanos y sus esclavos),
sino que además su impacto se haría sentir por todo el hemisferio, incluso en territorios tan
lejanos como Perú y Chile. La guerra, fuera a poca o mucha distancia, iba a ser el
catalizador del cambio tanto en la América británica como en la española.” (J. Elliott: 2006,
pág. 431)

El conflicto sobre suelo norteamericano ya había tenido sus inicios en 1754, a causa de
expediciones y encuentros entre británicos quienes en algunas oportunidades ya habían
sido detorrados por franceses y sus indios aliados Inglaterra declarará la guerra a Francia
en 1756. La superioridad naval británica en el Atlántico y el convertir Norteamérica en el
principal foco de los esfuerzos militares británicos lograron orientar el rumbo de la guerra.
Para 1760 la conquista de Canadá se había completado y para 1761 y 1762 cayeron las
Antillas francesas.

“Por el Tratado de París de 1763, Francia perdió Canadá, Tobago y Dominica, aunque
consiguió la devolución de Guadalupe y Martinica. De este modo concluyó la aventura
francesa en América del Norte, si bien algunos años más tarde intentarían devolverle el
golpe a Inglaterra apoyando a los rebeldes de las Trece Colonias en su proyecto
independentista.
La conquista de Canadá planteó una serie de problemas y de desafíos a la administración
colonial inglesa, que había incorporado unos vastos territorios habitados por católicos
franco parlantes sin tener el aparato administrativo para gestionarlos. Las opciones eran
muchas, pero su aplicación podía conducir a pésimos resultados. Implantar la religión y la
lengua de Inglaterra de forma generalizada hubiera generado una situación de protesta
entre los colonos. Otra opción era integrar a Canadá en las Trece Colonias, pero en vez de
beneficiar a la Corona sólo habría servido a los intereses de los colonos, al mejorar su
posición contra la política real de reforzar el vínculo colonial y habría incrementado la
conflictividad.
[…] En esta línea se sancionó en 1763 la Royal Proclamation, que nombraba un
gobernador general para administrar la colonia, acompañado posteriormente de un consejo
o asamblea en la que participaban ingleses y franceses. Mientras los franceses se
quedaron en su sitio, muy pocos pobladores de las Trece Colonias quisieron mudarse. En
1774 se definió el perfil de la colonia con la sanción del Acta de Quebec, por la cual los
franceses mantenían su lengua, que sería oficial, su cultura y su derecho civil en tanto no
colisionara con el derecho penal inglés, mientras que Quebec, el nombre dado a Nueva
Francia, podía expandirse hacia Ohio y el Mississippi. El Acta fue bien recibida por los
canadienses pero mal en las Trece Colonias, cuyo dirigentes esperaban anexionarse
Canadá. Cuando las Trece Colonias se independizaron, el norte, que apoyó la monarquía
se distanció del sur. Para colmo, numerosos monárquicos de las Trece Colonias se
refugiaron en Canadá y entonces se formaron las dos comunidades, de ingleses y
franceses, legitimadas por el Acta Constitucional de 1791 que reconoció la existencia del
Alto y del Bajo Canadá.” (C. Malamud: 2010, págs. 236 y 237)

“La conquista de Canadá añadió más complicaciones a los problemas prácticos y logísticos
de la defensa del imperio británico en América. Se había anexionado una inmensa área de
territorio a los dominios del rey […] Podía descartarse de momento una amenaza por parte
de Francia, aunque ciertamente intentaría vengarse más adelante.” (J. Elliott: 2006, pág.
439)

Bibliografía:

 Antonio Gutiérrez Escudero en Luis Navarro García: “Historia de las Américas II” (1991)
 Carlos Malamoud: “Historia de América” (2010)
 Eric R. Wolf: “Europa y la gente sin historia” (1993)
 John Elliott: “Imperios del Mundo Atlántico” (2006)
 John H. Parry: “Europa y la expansión del mundo 1415 – 1715” (1986)