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Edafología
LPARA LA AGRICULTURA^™^
Y EL MEDIO AMBIENTE
EDAFOLOGIA
Para la agricultura
y el medio ambiente

Jaime PORTA CASANELLAS


Catedrático de Edafología
Dept. de Medio Ambiente y Ciencias del Suelo
Universidad de Lleida

Marta LOPEZ-ACEVEDO REGUERIN


Profesora de Edafología
Universidad de Lleida

Carlos ROQUERO DE LABURU


Catedrático de Edafología, Profesor Emérito
Escuela Técnica Superior de Ingenieros Agrónomos
Universidad Politécnica de Madrid

3.a edición
revisada y ampliada

E d ic io n e s M u n d i- P r e n s a
Madrid • Ba rcelona • México
Grupo Mundi-Prensa

• M undi-Prensa Libros, s . a.
Madrid

• M undi-Prensa B a rce lo n a
• Editorial A e d o s, s . a.
Barcelona

• M undi-Prensa M éxico, s . a . d e C. V.
México, D. F.

© 2003, Jaime Porta Casanellas


© 2003, Ediciones Mundi-Prensa

1.a edición: 1994


2.a edición: 1999
3.a edición: 2003

La primera edición de esta obra ha sido galardonada con el


PREMIO NACIONAL DEL LIBRO AGRARIO de 1994

Portada: El suelo no debe considerarse un vertedero. (Foto J. Porta, 1999).


La aportación de purines más allá de una cierta cantidad ha producido desequilibrios nutricionales en el trigo,
por exceso de nitrógeno. Las plantas han tenido un mayor crecimiento en altura de lo normal, lo que las hizo
más susceptibles al encamado tras una lluvia. En el trigo del campo colindante, que no recibió tal exceso de
purines, no se ha encamado y muestra un aspecto normal, tras la misma lluvia. Por otro lado, el exceso de
purines puede haber transferido nitratos a la capa freática (Baix Empordá, Girona, Cataluña, España).

Nota bibliográfica: Porta, J.; López-Acevedo, M. y Roquero, C.: Edafología para la agricultura y el medio
ambiente. 3.a Edición. Ediciones Mundi-Prensa, 960 pp. Madrid, 2003.

IMPRESO EN ESPAÑA - PRINTED 1N SPAIN


Imprime: Artes Gráficas Cuesta, S. A. Madrid

IV
Introducción

El título de la obra, E dafología para la agricultura y el medio ambiente,


expresa la voluntad de destacar la im portancia que se confiere en este libro al
estudio de los suelos en tem as m edioam bientales, además del ámbito agrícola,
más habitual.
En la preparación del plan de la prim era edición del libro, en 1992, fueron
de gran utilidad las discusiones m antenidas con el profesor Peter Bullock,
director por aquel entonces del Soil Survey and Land Resources Centre y cate­
drático de Edafología del Silsoe College del Crandfield Institute (hoy Crand-
field University) en el Reino Unido. Desde un principio fue quedando clara la
orientación que debía tener el libro, para reflejar los avances de la Ciencia del
Suelo y dar respuesta a todas aquellas personas que inician su formación o dedi­
can su actividad profesional en tem as en los que una adecuada com prensión de
los suelos resulta im prescindible.
A lo largo de los diez años transcurridos desde la aparición de la primera
edición del libro, éste ha sido objeto de revisiones y am pliaciones de actualiza­
ción. En cada edición se ha profundizado en los aspectos m edioam bientales en
los que los suelos son un factor destacable.

La estructura del libro com prende cuatro bloques tem áticos, yendo desde la
M orfología y descripción de suelos, al estudio de los Com ponentes y propieda­
des de los suelos, a la Génesis, clasificación (WRB y Soil Taxonomy), cartogra­
fía y uso de inform ación de suelos, para dedicar finalm ente una detallada aten­
ción al estudio de la Degradación y rehabilitación de suelos.

En cada tem a se parte de un nivel introductorio y se llega a un tratamiento


avanzado. De m anera que, si bien no se requieren conocim ientos previos de
Edafología para poder utilizar la obra en un prim er ciclo, ésta incluye igual­
mente un tratam iento destinado a estudiantes de segundo ciclo, de master y a
profesionales que quieran actualizar sus conocim ientos en la m ateria o estén
interesados en un determ inado aspecto concreto. Por ello, se utilizan tipografías
de distinto cuerpo, de m anera que se facilite la lectura a dos niveles. Además, el
libro se com plem enta con un detallado índice alfabético al final de la obra, con
el fin de facilitar su consulta.

V
Por otro lado, en cada capítulo se presentan m últiples Estudios de casos, la
mayoría de ellos resueltos, o bien se dan las bases para su discusión en sem inario o
tutoría. Este enfoque debe ayudar a adquirir una sólida com prensión de las exposi­
ciones teóricas, lo que sin duda despertará en los lectores el gusto por el estudio de
los suelos. En esta edición se actualizan y am plían los casos expuestos.

C abe destacar que, si bien hace unos años se decía que la inform ación es
p o der, en un m om ento com o el actual, en el que la inform ación desborda toda
posibilidad de ser leída y m ás de ser estudiada con detenim iento, la frase ha
pasado a ser la gestión de la inform ación es poder. En base a ello, en esta ed i­
ción, el libro p resenta al final de cada capítulo la bibliografía estructurada en
B ibliografía básica y B ibliografía de referencia. A dem ás, se incluyen algunos
recursos para acceder a la inform ación a través de internet. Se om iten en la
bibliografía algunas referencias clásicas, ya antiguas, pero que por su valor se
han m antenido en el texto y que el lector interesado puede consultar en ed icio ­
nes anteriores de esta obra.

P ara escrib ir este libro en su prim era edición, fue m uy im portante haber
podido trabajar en la B iblioteca de la C randfield U niversity en S ilsoe (U K ), a la
que se ha tenido ocasión de regresar para la tercera edición. En el m an ten i­
m iento de la obra al día son de agradecer las estancias en la B iblioteca de la
Facultad de C iencias de la UNAM (M éxico, DF), la B iblioteca de la U niversity
o f Reading (U K ), la B iblioteca del C entro de C iencias M edioam bientales del
CSIC (M adrid), la B iblioteca de la Facultad de B iología de la U niversidad de
B arcelona y la B iblioteca de la E scuela T écnica S uperior de Ingeniería A graria
de la U niversidad de L leida (C ataluña, E spaña). A todo su personal, nuestro
agradecim iento.

A dem ás, tanto en la prim era edición com o en las siguientes, los originales
de cada capítulo se han som etido a la consulta y revisión de especialistas en
cada uno de ellos. En esta tercera edición querem os d estacar y agradecer en
especial la ayuda prestada por el Dr. G onzalo A lm endros (C SIC , M adrid), en la
revisión del capítulo referente a los C om ponentes orgánicos del suelo. Por otro
lado, agradecem os igualm ente a aquellos profesores universitarios que nos han
hecho llegar sus com entarios y sugerencias, lo que ha perm itido m ejorar el co n ­
tenido.

E l original de la prim era edición recibió los cuidados im pecables de C lara


L lena, que tuvo a su cargo el tratam iento de textos, dem ostrando una gran pro-
fe sio n a lid a d en to d o m o m en to , sien d o X a v ie r G o ñ i, qu ien llevó a cabo el
diseño gráfico con ordenador, con igual profesionalidad. F. X avier V ilagrasa,
con una gran destreza ha contribuido a plasm ar gráficam ente diversos aspectos
en las diversas ediciones. A los tres nuestro reconocim iento.

Tam bién agradecem os la labor de M aribel H ernández e Isabel H ernández,


de E diciones M undi-Prensa, por su paciencia y perseverancia y al B anco S an­
tander C entral H ispano (SC H ) por sum arse a la difusión del libro.

VI
L o s a u to re s a g r a d e c e rá n to d a s a q u e lla s s u g e r e n c ia s y c o m e n ta rio s
que perm itan m ejorar una obra cuya finalidad ha sido
desde el prim er m om ento poner a disposición de los estudiantes y profesionales
un libro de E dafología en español, que resulte del m áxim o interés y esté lo más
actualizado posible.
Jaum e Porta C asanellas
S ilsoe (U K ), ju lio de 2003
H uajuapan de León (O axaca, M éxico), octubre de 1998
F igueras (A sturias, E spaña), agosto de 1993

VII
Prólogo a la primera edición

Éste no es un libro corriente. Ni por la temática, ni por su planteamiento formal.


Éste es un texto sobre la menos reconocida de las interfases de la Tierra y, sin embargo,
tal vez la más determinante para la biosfera continental, al menos visto con nuestros
ojos de heterótrofos aeróbicos. Éste es un manual sobre los suelos y su conocimiento,
sobre la ciencia edáfica y su utilidad: su utilidad cognitiva — irrenunciable para un
espíritu curioso, es decir, probablemente científico— y su utilidad pragmática, sin la
cual el conocimiento es pura abstracción, cuando no mera esterilidad. Éste es un
manual de edafología pensado para servir.

Excepto el presente prólogo. Este prólogo, en efecto, no tiene gran cosa que ver
con la edafología (o con la ciencia del suelo, si se prefiere). La razón de ello es quien
lo firma, persona falta de toda autoridad al respecto. La intromisión se debe a la insis­
tencia de uno de los autores del libro, que ha preferido el contrapunto de un amigo crí­
tico a la elogiosa complicidad de un colega. Así que, antes de seguir adelante, sepa el
lector que si su interés se ciñe exclusivamente a los suelos como ente de razón, lo
mejor será que obvie estas líneas. Aunque, si es tal su exclusivo tipo de interés, quizá
será mejor que abandone por entero la obra, porque toda ella está impregnada de ese
carácter entre crítico y utilitario que explica la tácita conchabanza entre autor y prolo­
guista: ambos vemos la ciencia de forma semejante, como riguroso método para cono­
cer lo que, tras complacernos, nos permite saber hacer.

Saber hacer: la gran cuestión. Saber hacer con los suelos: un gran reto. Ha habido
una perversión en determinados sectores de la comunidad científica consistente en
confundir la economía con la numismática. Todo el mundo tiene derecho a coleccionar
monedas, pero ello no tiene nada que ver con la bolsa de valores. Un mundo de filaté­
licos, numismáticos, vitofílicos y vexilólogos quizá resulte apasionante, pero sigue
dependiendo del servicio de correos y de las tarjetas de crédito. Puede que esto suene a
provocación, lo cual no tendría nada de extraño: lo es. Una provocación hecha con el
más acerado temple de la ciencia humanista de toda la vida que pretende comprender
la realidad y transformarla, no simplemente entretenerse con ella. Creo que la ciencia
es la moderna dimensión del humanismo, aunque algunos científicos sean la reencar­
nación objetiva de un cierto diletantismo de corte metafísico. Pienso que es así, porque
así nos va.

IX
Durante años supimos poco sobre los suelos. El empirismo agronómico o silvícola
fue el único horizonte hacia el que volver la mirada cuando se trataba de saber algo
sobre la «tierra». Ello seguía siendo cierto cuando otras ciencias naturales andaban ya
bastante avanzadas. Si admitimos que Vassili V. Dokuchaev fue el verdadero creador
de la edafología como actividad científica diferenciada, es que aceptamos para ella una
historia de apenas un siglo (la tesis doctoral de Dokuchaev sobre el chemosem es de
1883). La sombra de la botánica y de la zoología siempre se cernió sobre los edafólo­
gos, que durante años vertebraron sus conocimientos en términos sistemáticos. En tér­
minos de una sistemática, sin embargo, que no podría emular a la biológica, puesto que
no desentrañaba un pretendido árbol filático real, sino que construía puros artificios
convencionales, más o menos como le ocurría a la fitosociología. Después vino el pro­
ceso logomáquico en que todo pareció reducirse a juramentos impronunciables (tam­
bién como en fitosociología, mi campo de partida). Pero se diría que otras cosas mucho
más importantes lograron luego irse imponiendo, de modo que los edafólogos ya cono­
cen actualmente muchas cosas sobre los suelos, además de haberles dado nombre.

Y a fe que necesitamos este conocimiento. Probablemente la erosión y el deterioro


edáficos, tal como en estos momentos se están produciendo, debe ser uno de los mayo­
res problemas ambientales con que nos enfrentamos. Tenemos muy serios motivos de
inquietud planetaria ante los cambios presumibles en la circulación atmosférica como
consecuencia de la acumulación de gases term oabsorbentes procedentes de las
combustiones orgánicas (efecto invernadero). Tenemos amenazas como el progresivo
debilitamiento de la capa de ozono, en otro orden de cosas, como la explosión demo­
gráfica de nuestra especie. Pero pocos problemas resultan menos reversibles a corto, a
medio e, incluso, a largo plazo, como el de la desaparición o degradación de la inter-
fase edáfíca, esa fina pincelada que cabalga entre dos mundos, umbral de la vida en el
dintel geológico. Dependen demasiadas cosas de ello como para quedarse indiferente.

Hay que proceder. Con lo que se tiene. Esperar a tener lo que nos convendría es
una actitud de fisiólogo, pero en modo alguno de traumatólogo: en el quirófano de
urgencias se trabaja con todo rigor, pero sobre casos apremiantes que no dan tiempo
para antibiogramas. Es mejor equivocarse en parte, pero salvar al herido, que describir
pulcramente el cuadro a costa del paciente. El mejor diagnóstico se deriva de la autop­
sia, triste logro para cualquier científico cuerdo. Por eso me resistí a firmar el Mani­
fiesto de Heidelberg cuando, en junio de 1992, en Río de Janeiro, se nos propuso subs­
cribirlo a los ponentes del Programa Científico de la Conferencia de las Naciones
Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo. Un texto impecable, ciertamente, y ade­
más inicialmente firmado por una impresionante panoplia de Premios Nobel e intelec­
tuales prestigiosos. Pero era servir en bandeja a sectores sociales mucho menos bien
intencionados el argumento que andaban buscando: dejar las cosas como estaban. En
efecto, no hay peor aliado objetivo de los irresponsables que están poniéndonos en
grave riesgo que los marfileños sabios distraídos. Y para evitar suspicacias, recordaré
que eso ya lo creía Einstein.

Todas estas consideraciones tienen mucho que ver con el presente texto. Y ello
porque este libro ayuda a conjurarlas. Es un libro-prontuario que expone los hechos y

X
relaciona los actos. Se sitúa a las antípodas de una novela romántica. Relata las ideas,
pero confía el desarrollo del guión a la creatividad del lector. Es un libro «kit», a punto
de montaje, con todas las piezas preparadas, que exige la complicidad del lector: lo da
todo, excepto la conformación final, salvo la configuración definitiva del artefacto
cognitivo: eso lo pone el lector.
O no. En tal caso, busque otro manual, créame.

Ramón Folch
Doctor en Biología
Consultor en Gestión Ambiental de la UNESCO

XI
Prólogo a la tercera edición

Prologar la tercera edición del libro «Edafología para la Agricultura y el


M edio Am biente» es una enorm e satisfacción tanto por lo que supone de éxito
personal de com pañeros y am igos com o por la dem ostración de la vigencia y el
interés que continúa suscitando la C iencia del Suelo.

C uando apareció la prim era edición, hace unos 10 años, el libro venía a
cubrir la carencia de un texto de Edafología, actualizado y escrito en español, al
que poder recurrir con garantía de la calidad y cantidad de la inform ación sum i­
nistrada. La situación de la Edafología m undial pasaba, en esos m om entos, por
una cierta crisis de identidad y perspectivas. En los países m ás avanzados se
había llegado a disponer de una adecuada cartografía e inform ación analítica
sobre los suelos, si bien casi exclusivam ente orientada hacia una de sus funcio­
nes, la producción de alim entos y fibras, en la que los avances producidos lle­
varon a la aparición de excedentes y a la reconsideración de la necesidad de
seguir priorizando esta línea de investigación. Im portantes centros de investiga­
ción, quizás por una excesiva hipertrofia o por aferrarse a tem as que habían per­
dido su interés, fueron cerrados o quedaron fuertem ente reducidos en sus plan­
tillas, am enazando seriam ente el porvenir de la C iencia del Suelo, a pesar de
que en m uchos países, com o en España, todavía no existía una inform ación que
cubriese las necesidades de conocim ientos que se requerían para optim izar la
producción agraria y reducir los im pactos derivados de ella. Este desconoci­
m iento llegó en los casos extrem os a considerar a los suelos com o un sustrato
prácticam ente inerte y exclusivam ente físico, en el que la aplicación de las téc­
nicas de laboreo y la fertilización eran los únicos aspectos im portantes, m ien­
tras que los com ponentes del suelo, sus propiedades biogeoquím icas, su reac­
ción frente a las actuaciones antrópicas o la propia variabilidad espacial de sus
propiedades, eran considerados com o conocim ientos secundarios, cuando no
innecesarios.

La pérdida de im portancia de la C iencia del Suelo que se produjo en los paí­


ses de econom ía más avanzada en cuestiones com o la cartografía de suelos o su
papel en la producción agraria, no era generalizable a los países en desarrollo,
donde las dem andas de inform ación edafológica y el desconocim iento existente
de las tipologías y distribución espacial de sus suelos seguían exigiendo un

XIII
esfuerzo en el avance de esta ciencia. En esta situación, m uchos pensaban que
se trataba, más que de elaborar nuevos conocim ientos y tecnologías, de adaptar
los ya adquiridos en los países avanzados, casi todos de clim as fríos o tem pla­
dos. Sin em bargo, incluso con estas ideas preconcebidas aparecieron nuevas
situaciones en la C iencia del Suelo. Así, los m edios tropicales y subtropicales
de clim a húm edo generaron nuevas dem andas y nuevos conocim ientos. Entre
otros, pueden señalarse las de los suelos fuertem ente evolucionados, extrem a­
dam ente pobres en nutrientes, pero localizados en buenas condiciones clim áti­
cas y con excelentes condiciones físicas que, bien gestionados, com enzaron a
producir im portantes rendim ientos. Son ejem plos, entre otros, los N itosoles del
Africa Oriental o los Ferralsoles que ocupan grandes extensiones cultivadas de
Brasil. Aparecieron, o se volvieron más im portantes, constituyentes poco estu­
diados en la Edafología tradicional, com o los m ateriales no cristalinos, los
coloides de baja actividad, las arcillas de carga positiva, la m ateria orgánica
estable y no o xidable, el am plio m undo de los procesos de adsorción o la
enorme im portancia y diversidad de organism os que viven y realizan funciones
en el suelo, con lo que se com prendió que el panoram a del estudio de los com ­
ponentes, propiedades quím icas, físicas y bióticas, o de los propios procesos
edáficos, no sólo no se había acabado, sino que, en realidad, había que reha­
cerlo y contem plarlo de nuevo para incluir todas las posibles situaciones. N ue­
vas demandas aparecieron tam bién cuando se pretendía poner en producción, o
sim plem ente com prender científicam ente, los suelos de regiones extrem as,
tanto de clim as fríos com o de los extrem adam ente secos, siendo muy im por­
tante el reconocim iento realizado en las cartografías de nivel m undial de la
extensión que am bas situaciones ocupan, así com o la creación del nuevo orden
de los Cryosoles y el desarrollo de la inform ación sobre los Aridisoles.

La dem anda de conocim ientos científicos originada por las características


de los diferentes sistem as edáficos estudiados durante las últim as décadas del
siglo xx fue im portante en la continuación del desarrollo de la C iencia del
Suelo, pero lo que ha cam biado y abierto de nuevo las perspectivas venía for­
jándose, una vez m ás, en los países avanzados. Con antecedentes más o menos
im portantes, la recuperación de la econom ía tras la últim a guerra m undial hace
surgir y evolucionar rápidam ente una nueva concepción del suelo. El desarrollo
de las observaciones am bientales y de la preocupación por el deterioro causado
por el hom bre, tanto en ciclos biogeoquím icos de carácter global com o en
determ inados ecosistem as, llevó a entender m ejor el papel del suelo com o inte­
grante del m edio natural. Se llegó a la conclusión que el suelo no era un m ero
medio físico necesario para la producción de alim entos y fibras o para servir de
base al desarrollo de la fauna, flora o actividades hum anas, sino que, adem ás,
tenía un papel clave en la conservación de todos los dem ás sistem as superficia­
les, especialm ente del agua y de la biota. A partir de aquí se delim itaron m ejor
las funciones del suelo, entendiendo que éstas tienen una especial transcenden­
cia m edioam biental, económ ica, social y cultural y son claves para el desarrollo
de la vida tal com o la conocem os. Surgen conceptos com o los de degradación y

XIV
contam inación de suelos, vulnerabilidad y, cargas críticas de contam inantes, el
para m uchos discutido concepto de calidad del suelo o los de suelos antrópicos
y m ateriales antropogeom órficos que am plían el concepto de suelo de modo
que se incluyen los residuos y m ateriales superficiales m odificados o produci­
dos por las actividades hum anas, haciendo innecesarios conceptos com o el de
sitio contam inado, ... Todos ellos nos llevan a contem plar la edafosfera desde
otros enfoques que exigen la obtención de nuevos datos sobre su funciona­
m iento y su interacción con otros subsistem as terrestres com o la hidrosfera,
biosfera, atm ósfera o la propia esfera de actuación hum ana tal com o la pensaba,
a principios del siglo XX el gran edafológo-biogeoquím ico, Vernadsky.

Lógicam ente, tras el reconocim iento de los deterioros causados, tenía que
llegar el afán por corregirlos, m ediante técnicas de recuperación y, sobre todo,
de evitarlos m ediante la aplicación preventiva de los conocim ientos. Es así
com o surgen m ultitud de técnicas de recuperación de suelos degradados y se
inicia la preocupación por evitar los efectos negativos de procesos com o la ero­
sión, salinización, pérdida de biodiversidad y m ateria orgánica o la desertifica-
ción, todo lo cual nos lleva directam ente a los trabajos ya iniciados en la Unión
Europea para la redacción de norm as legales de Protección del Suelo, cuyo
anteproyecto fue presentado en Soria (España) en el 2002, y que constituye la
pieza básica del sexto program a am biental europeo. Por otra parte, no puede
olvidarse el enorm e avance producido en las técnicas analíticas que nos ha per­
m itido la observación del suelo desde la visión com pleta del planeta hasta la
atóm ica, llegando en las últim as técnicas a poder vislum brar la organización y
los procesos que se producen a nivel m olecular y atóm ico en las superficies de
todos los com ponentes del suelo.

Con todo ello la C iencia del Suelo tiene, en este inicio de siglo, un nuevo
pilar am biental que unir al agronóm ico. A lgo que ya habían visto claram ente
los autores de este libro cuando pusieron el título de EDAFO LO GIA para la
A gricultura y el M edio A m biente a su prim era edición.

Las nuevas dem andas de inform ación requieren la incorporación de espe­


cialistas de otras ciencias que aporten sus m étodos de trabajo y sus conocim ien­
tos básicos y tecnológicos sum inistrando diferentes enfoques o puntos de vista
sobre el suelo. Esta situación de aluvión es enriquecedora para la Ciencia del
Suelo que, adem ás, ya ha dem ostrado a través de su historia la capacidad de
integración de las aportaciones de diferentes disciplinas para el logro de sus
objetivos. Sin em bargo, esta situación no debe hacer olvidar los conocim ientos
ya adquiridos sobre la com posición, organización, propiedades o dinám ica de
los suelos, siendo necesario que quienes se incorporan a la tarea de trabajar con
suelos conozcan los conceptos básicos que se han desarrollado hasta ahora. Es
ahí, en la adaptación de los nuevos interesados en el suelo y en la formación
continua de las viejas y nuevas prom ociones de edafólogos, donde esta tercera
edición tiene toda su im portancia. La redacción actual conserva todas las carac­
terísticas originales, excelentem ente captadas por el autor del prólogo de la pri­

XV
m era edición. Se ha actualizado incorporando nuevos datos y conceptos, reha­
ciendo com pletam ente algunos capítulos y, sobre todo, poniendo a disposición
de todos los interesados una abundante y valiosa inform ación sobre los suelos,
con especial atención a la bibliografía española y, dentro de ella, a las zonas con
estación seca y poniendo de m anifiesto una particular sensibilidad por la infor­
m ación y term inología hispanoam ericana. En síntesis, esta tercera edición es un
libro necesario, tanto para los que quieren iniciarse en el estudio de los suelos
com o para los que pretenden profundizar en su conocim iento científico y de sus
grandes pilares de aplicación actual, la agricultura y el m edio am biente.
Felipe M acías V ázquez
P residente de la Sociedad E spañola de C iencia del Suelo

XVI
índice

Págs.

Introducción ................................................................................................................ V

Prólogo a la p rim era edición .................................................................................... IX

Prólogo a la tercera edición ...................................................................................... XIII

1. Evolución histórica del conocimiento edafológico: síntesis ....................... 1


1. Los avances históricos en Química y en Edafología................................. 1
2. Los precursores de la Edafología ................................................................ 3
3. El nacimiento de la Edafología: D okuchaev............................................... 3
4. 'Epoca recien te................................................................................................. 5
5. La Edafología en E spaña................................................................................ 10
5.1. Emilio Huguet del Villar: una figura insigne ................................. 10
5.2. El Mapa Agronómico ......................................................................... 11
5.3. La enseñanza de la E d afo lo g ía.......................................................... 12
5.4. El Instituto de E dafología................................................................... 13
5.5. El Servicio de Conservación de Suelos ........................................... 14
6. Implantación de los estudios de suelos en países de habla española . . . 14
7. Perspectivas de fu tu ro .................................................................................... 15
8. B ib liografía...................................................................................................... 18

2. El suelo como ente n atu ral: O rg a n iz a c ió n ...................................................... 21


1. Estudio del suelo en el campo: pedión y polipedión.................................. 21
2. Horizontes genéricos: Reglas de nomenclatura ........................................ 23
3. S e q u u m ............................................................................................................ 30
4. Horizontes de diagnóstico.............................................................................. 30
5. Epipedión y en d o p ed ió n ................................................................................ 31
6. Solum ............................................................................................................... 34
7. Sección control ............................................................................................... 34
8. B ibliografía...................................................................................................... 36

XVII
3. Morfología y descripción de su e lo s ................................................................... 37
1. Propiedades observadas y propiedades inferidas........................................... 37
2. Metodología para estudios macromorfológicos ........................................... 40
3. Límites entre h o rizo n tes.................................................................................. 41
4. Descripción de suelos en el c a m p o ................................................................ 43
4.1. Estado de hum edad............................................................................... 44
4.2. C o lo r....................................................................................................... 45
4.3. Manchas ................................................................................................ 49
4.4. Estado de oxidación ............................................................................. 49
4.5. Elementos gruesos ............................................................................... 50
4.6. Textura ................................................................................................... 51
4.7. Fracción a re n a ........................................................................................ 52
4.8. Estructura .............................................................................................. 52
4.9. Ensayos de campo: componentes del suelo ...................................... 53
4.10. Consistencia .......................................................................................... 54
4.11. Cementaciones ...................................................................................... 55
4.12. Materia o rg á n ic a................................................................................... 56
4.13. Actividad biológica............................................................................... 56
4.14. Actividad hu m an a................................................................................. 56
4.15. R a íc e s ..................................................................................................... 56
4.16. Porosidad .............................................................................................. 57
4.17. G rietas..................................................................................................... 57
4.18. Estudio de superficies........................................................................... 57
4.19. A cum ulaciones...................................................................................... 58
5. Descripción codificada de suelos y bases de d a to s ....................................... 58
6. Características morfológicas y crecimiento de las p la n ta s .......................... 58
7. B ibliografía........................................................................................................ 59

4. Estudios de suelos en el la b o ra to rio ................................................................. 61


1. Continuum de observación: Enfoques metodológicos ................................ 61
2. Caracterización del suelo: Técnicas clásicas.................................................. 62
3. Técnicas avanzadas en el estudio del suelo .................................................. 64
4. Estudios micromorfológicos de s u e lo s .......................................................... 65
4.1. Conceptos cristalográficos básicos para la identificación de com­
ponentes minerales: Microscopio polarizante.................................... 66
4.2. Conceptos básicos en micromorfología ............................................. 69
4.3. Descripción de láminas delgadas ....................................................... 70
5. Aplicaciones de la m icrom orfología............................................................... 75
5.1. Interpretación de las observaciones ................................................... 75
5.2. Métodos micromorfométricos: análisis deim agen ............................. 76
5.3. Ámbitos de aplicación de la m icrom orfología.................................. 77
6. B ibliografía........................................................................................................ 78

5. Cómo se denom inan los suelos: Elaboración de una nom enclatura . . . . 83


1. Introducción ................* .................................................................................. 83

XVIII
2. Criterios para dar nombre a los suelos: A modo de e je r c ic io ................... 85
3. Información complementaria para establecer una n o m en clatu ra 86
4. Proponiendo denominaciones para los su e lo s.............................................. 87
5. Niveles jerárquicos en Soil T a x o n o m y ......................................................... 88
6. Niveles jerárquicos en la Base de Referencia Mundial para los Recursos
de Suelos (WRB) (FAO, 1998) ..................................................................... 89
7. B ib lio g rafía........................................................................................................ 90
6. T extura del suelo .................................................................................................. 91
1. El suelo como sistema de tres fases ............................................................. 91
2. Textura .............................................................................................................. 93
2.1. C o n c e p to ................................................................................................ 93
2.2. Fracciones granulométricas y su justificación... ............................... 94
2.3. Clases te x tu ra le s ................................................................................... 96
3. Análisis granulométrico ................................................................................. 100
3.1. Aspectos generales ............................................................................... 100
3.2. Representación de resultados ............................................................. 102
3.3. Interpretación de resultados: Significación de las distintas frac­
ciones .................................................................................................... 106
4. B ib lio g rafía........................................................................................................ 109
7. C om ponentes inorgánicos del suelo ................................................................. 111
1. Ciclo de las rocas y minerales petrogenéticos ........................................... 111
2. Silicatos: principios estru c tu rales................................................................. 112
3. Materiales de partida en la formación del suelo: A modo de síntesis . . . 114
3.1. Minerales formadores de rocas (M F R )............................................. 122
3.2. Fracciones granulométricas del suelo y mineralogía ..................... 126
4. Minerales del s u e l o .......................................................................................... 127
4.1. Minerales de arcilla del s u e l o ............................................................. 128
4.2. Principios estructurales........................................................................ 129
4.3. Origen de la carga eléctrica y sus implicaciones ............................ 130
4.4. Origen de las arcillas............................................................................. 133
5. Principales especies minerales en el suelo .................................................. 134
5.1. Minerales laminares ............................................................................. 134
5.2. Minerales fibrosos................................................................................. 145
5.3. Aluminio-silicatos amorfos y p aracristalinos.................................. 148
5.4. Tectosibeatos: Zeolitas (del gr. zein, hervir ylith o s)...................... 149
5.5. Óxidos e hidróxidos del s u e lo ............................................................. 150
5.6. Minerales de medios edáficos e s p e c ia le s ......................................... 151
6. Minerales de suelos de zonas semiáridas y áridas ............................. 152
6.1. Minerales de a rc illa s ............................................................................. 153
6.2. Calcita y carbonatos relacionados...................................................... 153
6.3. Yeso (C aS 04 - 2H20 ) .......................................................................... 154
6.4. Sales más solubles que el y e s o ........................................................... 157
7. Técnicas de identificación de minerales del suelo ............................. 157
8. B ib lio g rafía........................................................................................................ 159

XIX
8. Com ponentes orgánicos del s u e lo ................................................................... 165
1. Materia orgánica de los suelos ................................................................... 165
1.1. Materia orgánica y hum us......................................................... 165
1.2. Factores que condicionan el contenido de m.o. en los suelos . . . . 167
1.3. Función de la m.o. del s u e lo ..................................................... 168
1.4. Procedencia de los componentes orgánicos del su elo ............ 170
1.5. Composición de los restos vegetales ............................................. 170
2. Técnicas de estudio de los componentes orgánicos de los suelos.......... 174
2.1. Una panorámica sobre un tema com plejo............................... 174
2.2. Modelos de agregación y morfología macromolecular de las sus­
tancias húmicas: Enfoque fractal 179
3. Evolución de la materia orgánica: descomposición y mineralización .. 183
3.1. Esquema general de la evolución de la m.o............................. 183
3.2. Descomposición y mineralización de la m.o............................ 183
3.3. Procesos y tasas de m ineralización.......................................... 185
3.4. Factores que condicionan la degradación y m ineralización...... 186
3.5. Procesos específicos de alteración de la m.o............................ 188
3.6. Mecanismos de resistencia a la degradación y mineralización . . . 190
3.7. Modelización de la mineralización de la m.o........................... 191
4. Formación de sustancias húmicas: humificación .................................... 193
4.1. Sustancias húmicas: Enfoques basados en extracciones y fraccio­
namientos ........................................................................................... 193
4.2. Aspectos genéricos de los procesos de hum ificación............ 195
4.3. Formación de sustancias húmicas: V í a s ................................. 195
4.4. Características y comportamiento de las sustancias húmicas: Grupos
funcionales ......................................................................................... 196
4.5. Sustancias húmicas: Características y com portam iento....... 198
5. Interacciones entre componentes orgánicos e inorgánicos: Complejos
órgano-minerales..................................................................................... 199
6. La materia orgánica como componente de un ecosistema ..................... 202
6.1. Distribución de la m.o. en el perfil del suelo .................................. 202
6.2. Ciclos biogeoquímicos y ciclo (tumover) de la m.o........................ 203
6.3. Papel de los suelos en el secuestro de carbón y cambio global .. 206
6.4. Agricultura sostenible y calidad de la materia orgánica................ 207
6.5. Gestión de la fertilidad de los suelos: Agricultura convencional y
agriculturas alternativas ................................................................... 209
7. Aspectos ecológicos de la materia orgánica: Tipos ecológicos de humus . 216
8. B ibliografía............................................................................................. 219

9. Reacciones de superficie: adsorción e intercam bio ió n ic o ........................ 227


1. Posición de los elementos químicos en el s u e lo ................................. 227
2. Fenómenos de adsorción........................................................................ 228
3. Distribución de iones en sistemas arcilla-agua................................... 231
3.1. Doble capa difusa y solución e x te rn a ........................................ 231
3.2. Modelos de distribución: Descripción cualitativa ......................... 232

XX
4. Intercambio c a tió n ic o .................................................................................... 233
4.1. Aspectos g e n e ra le s .............................................................................. 233
4.2. Capacidad de intercambio ca tió n ico ................................................. 235
4.3. Cationes intercambiables ................................................................... 236
4.4. Ecuaciones de intercambio catiónico:Formulación y propiedades 238
4.5. Determinación de la CIC y cationes intercam biables..................... 241
5. Intercambio an ió n ico ....................................................................................... 241
6. Estudio experimental de la a d so rc ió n .......................................................... 243
6.1. Formulaciones empíricas ................................................................... 243
6.2. Adsorción de agroquímicos en el suelo .......................................... 246
7. B ib lio g rafía...................................................................................................... 247

10. Acidez, basicidad y reacción del suelo ........................................................... 251


1. Acidez, basicidad, propiedades del suelo y crecimiento delas plantas . 251
2. Acidez del suelo ............................................................................................ 256
3. Química de la acidez del suelo ................................................................... 259
3.1. Curvas de neutralización............................................................ 260
3.2. Potenciales c a tió n ic o s................................................................ 262
4. Acidificación del s u e l o .......................................................................... 263
5. Implicaciones de manejo y recomendaciones: Necesidades de cal . . . 264
6. B ib lio g rafía.............................................................................................. 269

11. E stru c tu ra del suelo y propiedades relacionadas ...................................... 271


1. Niveles de organización estructural .......................................................... 273
2. Mecanismos de formación de agregados ................................................. 276
2.1. Fuerzas actuantes: Empaquetamiento y unidades de fábrica . . . 276
2.2. Interacción entre partículas de a r c illa ..................................... 277
2.3. Agregación de p artículas............................................................ 283
3. Factores de control en la formación de agregados y en su degradación 286
4. Estabilidad de los ag reg ad o s................................................................. 287
5. Relaciones masa-volumen derivadas del grado de estructuración . . . . 290
5.1. Densidad r e a l................................................................................ 291
5.2. Densidad aparente y volumen específico ....................................... 291
5.3. Espacio de huecos: porosidad, un espacio vital para las raíces .. 293
6. Consistencia del s u e lo ............................................................................ 296
7. Sellado y encostramiento del s u e lo ...................................................... 297
a) Cbnceptos y p ro ceso s..................................................................... 297
b) Métodos de estudio y predicción del rie sg o ............................... 299
c) Prácticas contra el sellado y el en co stram ien to ........................ 300
8. Tixotropía ....................................................................................................... 301
10. B ib lio g rafía.............................................................................................. 302

12. Agua del s u e lo ....................................................................................................... 307


1. Introducción al estudio del agua del suelo ................................................ 307
2. Propiedades físicas del a g u a ................................................................. 308

XXI
3. Contenido de agua del s u e lo ...................................................................... 311
3.1. Conceptos ......................................................................................... 311
3.2. Medida del contenido de h u m ed ad ................................................ 312
4. Estado energético del agua del suelo ....................................................... 316
4.1. Fuerzas actuantes: Descripción cualitativa................................... 316
4.2. Potencial del agua del suelo ........................................................... 318
5. Retención de agua en el s u e lo .................................................................... 333
5.1. Curva característica de humedad .................................................. 333
5.2. Construcción de curvas características de hum edad.................... 335
5.3. Histéresis en las relaciones entre potencial matricial y contenido
de agua ............................................................................................. 337
5.4. Interpretación de curvas características ........................................ 339
5.5. Capacidad de retención de agua disponible (C R A D ).................. 341
6. B ibliografía.................................................................................................. 345

13. Propiedades hidrológicas del suelo: movimiento del a g u a ..................... 349


1. El suelo como medio p o ro so ...................................................................... 349
2. Flujo del agua en el s u e lo .......................................................................... 351
2.1. Régimen saturado ............................................................................ 352
2.2. Régimen no saturado........................................................................ 358
3. Ecuaciones del flujo de a g u a ...................................................................... 360
3.1. Ecuación de continuidad.................................................................. 360
3.2. Ecuación general del flu jo ............................................................... 362
4. Infiltración.................................................................................................... 365
4.1. Descripción cualitativa del proceso de infiltración....................... 367
4.2. Factores de control de la infiltración.............................................. 368
4.3. Modelos y ecuaciones de la infiltración ........................................ 371
5. R edistribución.............................................................................................. 375
6. Determinación de las propiedades hidráulicas del suelo ....................... 377
6.1. Medida de la conductividad hidráulica saturada........................... 377
6.2. Medida de la velocidad de infiltración.......................................... 387
7. B ibliografía.................................................................................................. 390

14. Aireación del s u e lo .......................................................................................... 393


1. Aireación del s u e lo ..................................................................................... 393
2. Diagnóstico del estado de óxido-reducción de un s u e lo .......................... 395
3. Mecanismos de intercambio de gases en elsu e lo ..................................... 397
4. Flujo de gases por difusión: Leyes de F ic k .............................................. 398
5. Química de los procesos redox en el s u e lo .............................................. 402
6. Diagramas de estabilidad: Diagramas Eh p H .......................................... 408
7. Medidas del estado de aireación del suelo.... ............................................. 411
8. B ibliografía.................................................................................................. 414

15. Flujo de calor y tem peratura del s u e lo ....................................................... 417


1. Régimen térmico del s u e l o ........................................................................ 417

XXII
2. Mecanismos de transmisión decalor en el suelo ...................................... 418
3. Propiedades térmicas del s u e lo .................................................................... 419
4. Ecuación de flujo de calor por conducción............................................... 423
5. Soluciones de la ecuación de flujo de calor por conducción ................ 426
5.1. Métodos analíticos ............................................................................ 426
5.2. Métodos n u m érico s............................................................................ 433
6. Flujos acoplados ............................................................................................ 436
6.1. Flujos de calor y a g u a ....................................................................... 436
6.2. Flujos de calor, agua y solutos ........................................................ 437
7. Medida de la temperatura del suelo .......................................................... 437
8. Representación de las medidas de tem peratura......................................... 438
9. Medida del flujo de calor ............................................................................ 439
10. Modificación de régimen térmico del s u e l o ............................................. 439
11. B ib lio g rafía..................................................................................................... 440

16. Ecología del s u e l o ................................................................................................ 443


1. Ecología del s u e lo .......................................................................................... 443
2. Tipos de organismos del suelo ................................................................... 444
2.1. Tipos de organismos según la fuente de e n e rg ía ........................... 444
2.2. Tipos de organismos según el tam añ o ............................................. 445
2.3. Principales tipos de organismos: Características ......................... 446
3. Ciclos biogeoquímicos ................................................................................. 453
3.1. Aspectos generales ............................................................................. 453
3.2. Ciclo de elementos: Caso del carbono ........................................... 454
4. Acciones de los organismos del s u e lo ........................................................ 456
4.1. Acciones y factores de control ......................................................... 456
4.2. Medida de la actividad biológica del s u e lo ..................................... 460
5. Interacciones entre organismos del s u e l o .................................................. 461
5.1. Interacciones entre m icroorganism os............................................. 461
5.2. Interacciones microorganismos-fauna del s u e lo ........................... 462
5.3. Interacciones planta-microorganismos: Rizosfera ....................... 462
5.4. Interacciones entre hongos y algas: L iq ú en es................................ 465
6. Organismos del suelo y calidad ambiental ............................................... 465
7. B ib lio g rafía..................................................................................................... 467

17. Procesos fo rm adores ......................................................................................... 469


1. Formación de suelos: Enfoques conceptuales........................................... 469
2. Procesos de meteorización .......................................................................... 471
2.1. C o n c e p to .............................................................................................. 471
2.2. Meteorización: Esquema general .................................................... 473
3. Procesos edafogénicos ................................................................................. 489
3.1. Aspectos generales ............................................................................. 489
3.2. Principales procesos form adores...................................................... 492
4. Procesos y categorías de suelos ................................................................. 505
4.1. Procesos edafogénicos en los Entisoles ......................................... 505

XXIII
4.2. Procesos edafogénicos en los Inceptisoles ................................... 507
4.3. Procesos edafogénicos en los A ndisoles....................................... 508
4.4. Procesos edafogénicos en los V ertisoles....................................... 509
4.5. Procesos edafogénicos en Alfisoles ............................................... 510
4.6. Procesos edafogénicos en los A ridisoles....................................... 511
4.7. Procesos edafogénicos en los Mollisoles ..................................... 512
4.8. Procesos edafogénicos en los Spodosoles..................................... 513
4.9. Procesos edafogénicos en los U ltisoles......................................... 514
4.10. Procesos edafogénicos en los O xisoles......................................... 515
4.11. Procesos edafogénicos en los Histosoles ..................................... 516
4.12. Procesos edafogénicos en los Gelisoles ....................................... 516
5. B ibliografía.................................................................................................. 517

18. Factores form adores ...................................................................................... 521


1. Variabilidad espacial de los s u e lo s ........................................................... 521
2. Factores formadores ................................................................................... 521
3. Material originario y sus relaciones con el suelo .................................... 523
3.1. Información sobre el material originario........................................ 523
3.2. Características del material originario .......................................... 523
3.3. Influencia del material originario sobre las características del suelo. 524
3.4. Tipos de rocas y características de los s u e lo s ............................... 525
3.5. Grado de uniformidad del material originario ............................. 525
4. Relaciones suelo-clim a............................................................................... 526
4.1. Información sobre el c lim a .............................................................. 526
4.2. Clima y regímenes de humedad del su elo ...................................... 527
4.3. Tendencias regionales en la distribución de su elo s....................... 528
5. Relaciones suelo-paisaje............................................................................. 529
5.1. Escalas de observación.................................................................... 530
5.2. Formas del re lie v e............................................................................. 531
5.3. Procesos y formas de las laderas..................................................... 533
5.4. Sistemas suelo-paisaje....................................................................... 533
5.5. Relaciones suelo-paisaje: Toposecuencia...................................... 533
5.6. Condiciones de drenaje y morfología de los suelos ..................... 534
5.7. Relaciones suelo-paisaje: Influencia del c lim a .............................. 536
6. Factores bióticos y antrópicos de la edafogénesis .................................. 538
6.1. Actividad de la fauna y efectos sobre el suelo ............................. 538
6.2. Relaciones suelo-vegetación............................................................ 540
6.3. Indicadores de la vegetación p a sa d a ............................................... 542
6.4. Acción antrópica y formación de suelos: Sostenibilidad y edafo-
tecnología ......................................................................................... 543
7. Dimensión temporal de los suelos ............................................................ 546
7.1. Datación de suelos............................................................................. 547
7.2. Ciclos evolutivos: Suelos monocíclicos y policíclicos................. 548
8. Enfoque factorial en génesis de suelos:Perspectivas............................... 551
9. B ibliografía.................................................................................................. 552

XXIV
19. Soil Taxonomy .................................................................................................... 555
1. Clasificación de suelos: Criterios científicos y criterios utilitarios . . . . 555
2. Taxonomía de suelos: A ntecedentes.......................................................... 556
3. Principios de Soil Taxonomy....................................................................... 557
4. Estructura del s is te m a .................................................................................. 559
4.1. Diferencias entre suelos minerales y suelos o rg án ico s................. 559
4.2. Horizontes y características de diagnóstico .................................. 560
4.3. Categorías taxonómicas y reglas de nom enclatura....................... 569
5. Metodología para clasificar un suelo ........................................................ 570
6. Soil Taxonomy (SSS, 1999): Una p an o rám ica......................................... 571
7. Modificaciones de Soil T ax o n o m y ............................................................. 577
8. B ib liografía.................................................................................................... 578

20. Base de referencia m undial p a ra los recursos de suelos: W orld Refe-


rence Base (W RB) ............................................................................................. 579
1. Leyenda de un mapa versus clasificación de s u e lo s ................................ 579
2. Base de referencia mundial (WRB) versus Soil T axonom y ................... 580
3. Principios de la Base de referencia mundial para Recursos de Suelos
(W R B )............................................................................................................ 581
4. Estructura de la Base de Referencia Mundial (WRB) ............................ 582
4.1. Horizontes, propiedades y materiales de diagnóstico................... 582
4.2. Grupos de suelos de re fere n cia........................................................ 583
4.3. Unidades de suelos ............................................................................ 585
5. Grupos de suelos: Síntesis .......................................................................... 586
6. B ibliografía..................................................................................................... 588

21. C arto grafía de suelos y sistem as de inform ación g e o g rá fic a ..................... 591
1. Inventario y cartografía del recurso de suelo ........................................... 591
2. Finalidad de un levantamiento de suelos ................................................. 593
3. Principios de cartografía de s u e lo s ............................................................ 597
4. Variabilidades especiales de los suelos: Unidades taxonómicas cartográ­
ficas y de m anejo .......................................................................................... 599
5. Modelos de relación de suelos: Clases de unidades cartográficas . . . . 603
6. Metodología de trabajo en cartografía de suelos: Formulación y contras­
te de hipótesis ............................................................................................... 604
7. Modelos de representación de la cubierta edáfica: De la serie de suelos
a las unidades morfoedáficas .................................................................... 607
7.1. Cartografía basada en las series de su elo s...................................... 608
7.2. Modelo basado en unidades morfoedáficas .................................. 609
8. Extrapolación e interpolación: Cartografía libre y cartografía geoesta-
dística ............................................................................................................ 612
9. Información contenida en un mapa de suelos: Leyenda del mapa . . . . 612
10. Instrumentos de apoyo a la cartografía de s u e lo s .................................... 614
11. Intensidad de la cartografía y tipos de m a p a s ........................................... 615
12. Bases de datos electrónicas de suelos: Información en soporte infor­
mático en r e d ................................................................................................. 618

XXV
13. Gestión de información de suelos: Sistemas de información geográ­
fica ................................................................................................................ 619
14. Criterios para evaluar la calidad de un mapa de suelos ........................ 621
15. Bases para elaborar el presupuesto de una cartografía de s u e lo s ......... 624
16. Bobliografía ............................................................................................... 626

22. Usos y aplicaciones de la inform ación de suelos ....................................... 631


1. Interpretación y usos de la información de suelos ................................ 631
2. Modelización de las cualidades del terreno ........................................... 632
3. Utilización directa de un mapa de suelos para la toma de decisiones en
una explotación a g ríc o la ............................................................................ 634
4. Evaluación de suelos y evaluación del te rre n o ....................................... 637
5. Principales sistemas actuales de evaluación........................................... 638
6. Método de clases de capacidad agrológica............................................. 640
7. Sistema del US Bureau of Reclamation (USBR): Aptitud para el riego . 645
8. Sistema de evaluación de terrenos agrícolas de alta calidad: «prime
farmlands» y «unique farm lands»............................................................ 649
9. Sistema Riquier-Bramao-Comet (1 9 7 0 ).................................................. 651
10. Esquema de la FAO (1976) de evaluación del te rre n o ........................ 653
11. Utilización de Mapas de Suelos con fines catastrales: Método del Va­
lor ín d ic e ................................................................................................... 659
12. Evaluación del potencial para el uso agrícola de grandes áreas: Méto­
do de las zonas agro-ecológicas (A E Z ).................................................. 663
13. Método del índice de potencialidad del su e lo ....................................... 666
14. B ibliografía............................................................................................... 666

23. Degradación de suelos por erosión hídrica: Conservación de suelos y


aguas .................................................................................................................. 669
1. Erosión del su e lo ......................................................................................... 669
1.1. Concepto y percepción ................................................................... 669
1.2. Agentes, formas e intensidades...................................................... 671
1.3. Procesos de erosión h íd rica............................................................ 672
2. Factores de control de los procesos erosivos ......................................... 676
2.1. Principales fa cto res......................................................................... 676
2.2. Estudio de los factores hidrológicos............................................. 678
3. Técnicas de medida y modelos de evaluación de las pérdidas de suelo .. 699
3.1. Procesos de erosión por salpicadura: Cuantificación ................. 699
3.2. Procesos de erosión por escorrentía superficial concentrada: Cuan­
tificación ........................................................................................... 701
3.3. Procesos de erosión laminar y por arroyaderos: Cuantificación . 702
4. Medidas de conservación de suelos y a g u a s ........................................... 713
4.1. Técnicas generales de c u ltiv o ........................................................ 714
4.2. Técnicas especiales de cultivo ...................................................... 716
4.3. Infraestructuras y obras para conservar el suelo y el a g u a ......... 719
5. B ibliografía................................................................................................. 722

XXVI
24. Salinización y sodificación: Suelos de re g a d ío ............................................ 727
1. Salinidad, sodicidad y alcalinidad............................................................... 727
2. Origen de las sales solubles: Ciclos de salinización ................................ 729
2.1. Ciclos continentales .......................................................................... 730
2.2. Ciclos marinos de acumulación de s a le s ......................................... 732
2.3. Ciclos deltáicos de acumulación de s a l e s ...................................... 732
2.4. Ciclos a rte sia n o s ................................................................................. 732
2.5. Ciclos antropogénicos........................................................................ 732
3. Sales solubles en suelos y aguas de zonas semiáridas y á rid a s............. 734
3.1. Principales minerales evaporíticos .................................................. 734
3.2. Principales tipos de sales en suelos y a g u a s ................................. 735
4. Química del boro en los s u e lo s .................................................................... 739
4.1. Comportamiento de los cultivos en relación al b o ro ..................... 739
4.2. Formas del boro en los suelos: A dsorción....................................... 741
5. Salinidad, sodicidad y crecimiento de las p la n ta s..................................... 744
5.1. Sintomatología ................................................................................... 744
5.2. Efectos de la salinidad y de la sodicidad......................................... 744
5.3. Adaptación de las plantas a la salinidad. Comunidades indica­
doras .................................................................................................... 746
5.4. Tolerancia de los cultivos a la sa lin id a d ........................................ 747
5.5. Tolerancia de los cultivos al sodio intercambiable (E S P ) 759
6. Calidad del agua de riego: Criterios de evaluación y p re d ic c ió n 762
6.1. Calidad agronómica del agua .......................................................... 762
6.2. Riesgo de sodicidad............................................................................ 763
6.3. Criterios para interpretar la calidad de un agua para r i e g o 764
6.4. Efectos de la salinidad y sodicidad sobre las propiedades físicas
del suelo ............................................................................................. 766
7. Medida de la salinidad .................................................................................. 771
7.1. Medidas de la b o ra to rio ...................................................................... 771
7.2. Medidas de c a m p o ............................................................................... 771
8. Bibliografía ............................................................................................................. 771

25. D egradación de la fertilidad física del suelo ............................................... 777


1. Aspectos físicos de la fertilidad del s u e lo .................................................. 777
2. Agromecánica: Importancia e impactos ..................................................... 779
3. Sistema radicular y medio edáfico ............................................................. 780
3.1. Diagnóstico de problemas en el crecimiento ra d ic u la r................ 781
3.2. Metodología para el estudio de la rizosfera .................................. 784
3.3. Condiciones físicas y crecimiento de la p la n ta .............................. 785
4. Compactación del suelo ............................................................................... 788
4.1. Proceso de compactación ................................................................. 788
4.2. Descripción y medida del estado de com pactación....................... 789
4.3. Efectos de la compactación sobre la estructura del s u e lo 790
4.4. Comportamiento mecánico del suelo en la compactación .......... 790
5. Sellado y encostramiento superficial ......................................................... 792

XXVII
6. Modelos del comportamiento físico del suelo ........................................ 792
7. Manejo del suelo y com pactación............................................................. 792
8. B ibliografía.................................................................................................. 793

26. Degradación del territorio en zonas á r i d a s ................................................ 797


1. Estudio de zonas á rid a s............................................................................... 797
2. Escala y extensión del problem a................................................................ 799
2.1. Criterios de delimitación de zonas á r id a s ............................... 799
2.2. Distribución mundial de las zonas á r id a s ............................... 801
2.3. Factores meteorológicos determinantes de la distribución de las
zonas á rid a s ................................................................................ 804
2.4. Criterios edáficos: Régimen a r íd ic o ........................................ 806
3. Suelos de zonas áridas................................................................................. 807
3.1. Características generales........................................................... 807
3.2. Mineralogía de suelos de áreas desérticas............................... 810
3.3. Uso del suelo en regiones á rid a s .............................................. 811
4. Degradación del territorio.......................................................................... 812
4.1. Aridez y s e q u ía .......................................................................... 812
4.2. Desertización y desertificación................................................ 813
4.3. Indicadores edáficos de la aridificación ........................................ 816
4.4. Causas y procesos de la desertificación ........................................ 816
5. Dimensión global del problema: E jem plos............................................... 817
5.1. Procesos de degradación ligados al nomadismo y alpastoreo se­
dentario 817
5.2. Procesos de degradación ligados a la intensificación del uso del
riego con tecnología inadecuada............................................. 818
5.3. La crisis de la región Sahelo-Sudanesa: 1967-70 ........................ 818
6. Medidas de control frente a la desertificación ........................................ 819
7. B ibliografía................................................................................................... 821

27. Degradación de suelos y calidad a m b ie n ta l................................................ 825


1. Calidad de un su e lo ..................................................................................... 825
2. Residuos y sustancias peligrosas................................................................ 826
3. Áreas misceláneas: Terrenos contaminadosy terrenos abandonados . . 829
4. Contaminación de suelos ........................................................................... 830
5. Contaminación por elementos traza ......................................................... 832
5.1. Fondo geoquím ico...................................................................... 832
5.2. Distribución y especiación de los elementos traza apartir de la
solución del suelo ............................................................................ 833
5.3. Cargas c rític a s............................................................................ 834
5.4. Suelos contaminados por Pb, Zn, Cd ............................................. 836
5.5. Aplicación de la geoestadística y los SIG al estudiode los suelos
contaminados............................................................................. 837
6. Riesgos derivados de la contaminación ................................................... 838
6.1. Componentes del riesgo .................................................................. 840

XXV11I
6.2. Biodisponibilidad .............................................................................. 841
6.3. Riesgos para los ecosistemas .......................................................... 842
6.4. Riesgos para los s u e lo s .............................................................. 842
6.5. Evaluación de r ie s g o s ................................................................ 843
7. Evaluación ambiental del te r r e n o ................................................................ 844
8. Estrategias frente a la contaminación de suelos ....................................... 845
8.1. Manejo de residuos y sustancias peligrosas ................................. 845
8.2. Estrategias de agricultura sostenible/sustentable ........................ 846
8.3. Acciones en la relación fuente-vía-receptor.......................... 847
8.4. Estudio detallado de una técnica: Biorremediación .................... 848
8.5. Toma de decisiones frente a problemas de contaminación . . . . 851
9. B ib lio g rafía...................................................................................................... 851

28. D egradación de suelos en relación con prácticas agrícolas inadecuadas . 855


1. El suelo como sistema depurador: P ro c e s o s.............................................. 855
2. Capacidad de aceptación de residuos de un s u e lo ..................................... 858
3. Agroquímicos y medio ambiente ................................................................ 859
3.1. Tipos de agroquímicos y registro de nuevos productos ............. 860
3.2. Criterios de seguridad en los fitosanitarios............................. 861
3.3. Mecanismos de control de los fitosanitarios en el s u e lo ...... 862
4. Contaminación por n itra to s........................................................................... 867
4.1. De nutriente de las plantas a contaminante de las aguas:Proble­
mática del N -N 0 3~ en el medio ambiente 867
4.2. Ciclo del nitrógeno ............................................................................ 868
4.3. Procedencia de los N-NOj" en las a g u a s ................................. 871
4.4. Movimiento y transformaciones de N -N 03 en el suelo: Modelos . 872
4.5. Medidas para el control N -N 0 3 en el medio ............................... 872
4.6. Evaluación de la capacidad de un suelo para aceptar purines . . . 874
5. Aguas superficiales, fosfatos y eu tro fiz ació n ............................................ 877
6. Utilización agrícola de lodos residuales de d e p u ra d o ra ................ 879
7. B ib lio g rafía............................................................................................ 882

29. D eg rad ació n de suelos: Á reas con activ id ad es ex tra ctiv as y m ineras.
Á reas p eriu rb an as y u rb a n a s .......................................................................... 885
1. El paisaje c o le c tiv o ......................................................................................... 885
2. Actividades extractivas y m in era s................................................................ 886
2.1. Panorámica g e n e ra l..................................................................... 886
2.2. Tipos de explotaciones ..................................................................... 887
3. Rehabilitación de suelos tras actividades e x tra c tiv a s............................... 889
3.1. Aspectos legales ................................................................................. 889
3.2. Condicionantes de la rehabilitación ............................................... 891
3.3. Capaceo: Una acción preventiva para conservar el material edá-
f ic o .................................................................................................. 892
3.4. Proceso de rehabilitación ................................................................. 894
3.5. Relleno de ex cav acio n es............................................................ 895

XXIX
3.6. Proyecto de rehabilitación...................................................... 900
4. Áreas periurbanas: Degradación de las tierras más fértiles ................... 902
5. Suelos de áreas urbanas: Actuaciones en Arquitectura del paisaje . . . . 903
6. Denominación de los suelos de áreas degradadas por acción antrópica . . 906
7. B ibliografía.......................................................................................... 907

Notaciones y u nidades................................................................................................. 911

índice alfabético .......................................................................................................... 917

XXX
1
Evolución histórica del conocimiento
edafológico: síntesis

El interés inicial por el conocimiento del suelo, en general a través de sus distin­
tas propiedades, se ha desarrollado paralelamente a los progresos conseguidos en los
conocimientos agrícolas y forestales. Ahora bien, teniendo en cuenta que muchas
propiedades de los suelos no son de directa apreciación, sino que requieren la apli­
cación de algunos procesos de índole analítica y el establecimiento de su correlación
con el desarrollo de las plantas, el conocimiento del suelo se ha obtenido con un
cierto retraso en relación con el de otros factores de la actividad agrícola.

Inicialmente el estudio del suelo se desarrolló por dos vías con poca relación
entre ellas. Por un lado la referente a la quím ica de los suelos agrícolas, que con­
templaba el suelo como un medio para el crecimiento de las plantas. Por otro, la
dedicada a la m eteorización de las rocas y la agrogeología, centrada ésta en la
caracterización, constitución y distribución espacial de los suelos (Yaalon, 1997).
Deberían transcurrir bastantes años hasta que se planteasen enfoques modernos en
investigación de suelos. Más recientemente, a partir de la década de los años 90
del siglo xx han ido adquiriendo cada vez m ayor importancia las investigaciones
centradas en el com portamiento del suelo com o interfase medioambiental y en los
procesos de degradación y reabilitación de este recurso natural.

1. Los avances históricos en Química y en Edafología

El tema de la nutrición vegetal en su aspecto quím ico y, en consecuencia, su


corolario de la fertilización, tuvieron que esperar hasta 1840 para que Justus von
Liebig (1803-1873), en su obra «Quím ica en relación con la agricultura y el creci­
miento de las plantas», presentase su teoría de la nutrición mineral de las plantas
(Cap. 8). Sin embargo, el desconocim iento del poder para retener nutrientes por
parte del com plejo de cambio del suelo llevó a la propuesta del empleo como ferti­
lizantes de materias muy poco solubles, que resultaron, com o es natural, muy poco
eficaces para el desarrollo de los cultivos. Poco después se salió del error de consi­
derar los com puestos solubles com o inconvenientes por sus posibles pérdidas por
lavado y se inició el camino de la moderna fertilización química. Thompson en
1850 fue el prim ero en estudiar de form a sistem ática el intercambio catiónico, si

1
bien el término intercam bio de bases fue acuñado por Way, quím ico que estudió el
proceso científicam ente entre 1850 y 1852.

Debe destacarse adem ás que Liebig enunció la célebre «Ley del m ínim o»,
como resultado de sus investigaciones sobre el papel desem peñado por los ele­
mentos químicos en el desarrollo vegetal: «un elem ento que falte, o que se halle
presente en una cantidad insuficiente, impide a los restantes producir su efecto
normal o, por lo menos, dism inuye su acción nutritiva». Es el resultado de la apli­
cación del m étodo científico o baconiano al tem a de la nutrición de las plantas. No
obstante, a pesar de que en esta época se podía contar ya con la base teórica para
explicar la retención en el suelo de ciertos com ponentes nutritivos, tales com o los
amoniacales y potásicos, parece que Liebig inicialmente no prestó a este im por­
tante tema toda la atención debida.

Correspondió a Jean Baptiste Boussingault (1802-1887) tom ar el relevo en el


liderazgo de la aplicación de la Quím ica a la Agricultura, y su labor representó un
papel indiscutiblem ente destacado en la consolidación de la A gronom ía com o
ciencia. A ello contribuyó m ediante su obra «Econom ie rurale considérée dans ses
rapports avec la Chimie, la Physique et la M étéorologie» publicada en 1843. Es
preciso mencionar, por su trascendencia, el hecho de que considerase que los ele­
mentos químicos se encuentran en el suelo bajo dos formas de com portamiento:
asimilables y no asimilables por las plantas, lo que limita claram ente el interés de
los datos de los «análisis totales», practicados hasta entonces, de forma general.

Correlativamente, en Gran Bretaña, John Bennet Lawes inició en su finca de


Rothamsted desde 1843 los célebres experim entos sobre fertilización que, al cabo
de más de siglo y medio aún continúan, actividad a la que se asoció pronto John
Henry Gilbert en una labor conjunta y prolongada. Estos ensayos de larga duración
han tomado una nueva dim ensión al cabo de este tiempo, al permitir estudiar el
comportamiento de los nitratos en el suelo, en relación con la problem ática de la
contaminación de las aguas freáticas. Esta nueva aplicación de los resultados de
estos ensayos ha sido posible gracias a haberse ido recogiendo y analizando siste­
m áticamente las aguas de drenaje, en campos con diferentes dosis de fertilizantes
nitrogenados.

Más tarde surgió en Francia un agrónomo em inente, Adrien de Gasparin, cono­


cido por su título de Conde de Gasparin, gran figura de su tiempo. Tanto su obra
más general «Cours d ’Agriculture» en 1843, que dedica todo su prim er volum en al
estudio detenido del suelo, com o la más específica «Traité de la déterm ination des
terres arables» en 1872, constituyeron dos guías seguidas en Europa durante
muchos años.

En esta época es notable la contribución de los científicos alem anes al estudio


del com portamiento del nitrógeno en el suelo, tem a com plejo y hasta entonces sin
esclarecer. Nombres com o Salm-Horstmar, Hellriegel y Beiterinck lograron tras
laboriosas etapas llegar hasta el descubrim iento del ciclo correspondiente y del
agente fijador simbiótico. A ellos hay que añadir los científicos franceses com o

2
Vilmorin, Kuhlmann y Berthelot, así como al ruso Winogradsky, gran impulsor de
la microbiología del suelo.

2. Los precursores de la Edafología

El conocimiento del suelo va perfilando cada vez más su personalidad, y fue


Karl Sprengel quien en 1837 publicó en alemán el primer libro que trata estricta­
mente la Edafología bajo el título original de «Bodenkunde». En él considera al
suelo como un ente natural «an independent natural body», en palabras de Joffe
(1949), por lo que no debe extrañar que, para algunos autores, sea el fundador de
la Ciencia del Suelo (Huguet del Villar, 1937).
Fue el alemán Frank Albert Fallou quien en esta época empleó por primera vez
el térm ino «Pedologie», en su obra titulada «Pedologie oder allgem eine und
besondera Bodenkunde», publicada en 1862. En ella deja clara su intención de tra­
tar el suelo de un modo no sólo general, sino específico. En la obra se manifiesta
con un sentido crítico y, frente a la mera consideración de las propiedades quími­
cas del suelo, propone considerarlo como un ente natural y elevar el Bodenkunde
de Sprengel a una ciencia independiente, que es lo que con el tiempo ha llegado a
ser. Algunos autores le consideran el fun­
dador de la Edafología y no tan solo el
creador de un término, el de Pedologie.

3. El nacimiento de la
Edafología: Dokuchaev

El grado de madurez que iban alcan­


zando los conocim ientos sobre el suelo
com o ente natural creaba un am biente
propicio para el establecim iento defini­
tivo de una Ciencia del Suelo. Esto acon­
teció finalm ente con la labor de Vassili
Vassilievith Dokuchaev (1846-1903), al
defender éste su tesis doctoral en San
Petersburgo el año 1883, cuyo título es
«El Chernosem ruso», trabajo cuya m e­
todología y contenido corresponden a lo
que hoy constituye la Ciencia del Suelo.
La labor de Müller (1840-1926) es de
destacar en m uchos aspectos, en 1880
definió los tipos de hum us mull y mor,
V.V. Dokuchaev (C ortesía del International
también m ostró la im portancia genética „ „ , ... .. „ ,
. 1 . ° Soil Reference and Inform ation Centre,
de los horizontes B, en especial los hoy W ageningen, Países Bajos).

3
denominados horizontes espódicos. Introdujo el térm ino perfil, recogido posterior­
mente por Ramann y cuyo uso se generalizaría hacia 1930.
A partir de esta fecha, generalm ente aceptada hoy com o el hito inicial de la
Edafología, y hasta la Segunda Guerra M undial, el desarrollo de esta disciplina fue
rápido, continuo y con un ám bito universal.
Los discípulos de D okuchaev resultaron personajes igualm ente insignes.
Entre ellos cabe destacar a Nikolai M ikhailovitch Sibirtzev, nom brado profesor
en 1894 de la prim era cátedra de Edafología creada en el mundo, y que a inicia­
tiva de su maestro publicó un texto «Pochvovedcnie», de notable difusión, entre
los científicos rusos. A pesar de su corta vida, introdujo conceptos im portantes,
tales com o los iniciales de la zonalidad, intrazonalidad y azonalidad de los suelos,
que fueron base de muchas clasificaciones hasta 1960. Konstantin Dim itrievich
Glinka tuvo una decisiva influencia en el desarrollo de la actividad edafológica,
no sólo en la Rusia zarista, sino en la soviética posterior. Adem ás tiene el m érito
de haber unlversalizado la labor de su época, tanto por ser el fundador de la Inter­
national Society o f Soil Science (ISSS) en Roma en 1924, com o por ser autor de
dos obras fundam entales, otra «Pochvovedenie», traducida a varios idiom as y en
la que incluye algunas citas de sus observaciones en España, y la obra «Los G ran­
des grupos de suelos del M undo y su form ación», que añade una visión universal
a sus trabajos.
En los Estados Unidos de Norte Am érica se com prendió pronto el interés de la
Ciencia del Suelo. En 1906 Eugene Woldemar Hilgard, am ericano de origen ale­
mán, publicó su difundida obra «Soils»,
a v alad a p o r la fo rm ación de geó lo g o ,
edafólogo y agrónom o de su autor. Debe
ser considerado com o uno de los edafólo­
gos am ericanos más em inentes, al haber
perfeccionado el estudio de las muestras
de suelo en el laboratorio y otras aporta­
ciones. Fue co n tem p o rán eo de M ilton
W h itn e y (1 8 6 0 - 1 9 2 7 ), d e d e c is iv a
influencia sobre la actividad edafológica
en aquel país y en el resto del mundo, a
través de la creación del «Soil Survey».
Las ideas de la Escuela edafológica rusa
se difundieron en Estados Unidos gracias
a la traducción de la obra de G linka al
inglés, llevada a cabo en 1927 por el pro­
fe so r C u rtís F le tc h e r M arb u t, c o in c i­
diendo con el F irst Intern a tio n a l Con-
g r e s s o f S o il S c ie n c e c e le b r a d o en
Washington. M arbut m erece una mención
especial por ser el autor de uno de los pri-
C.F. M arbut (1863-1935). m eros sistem as de clasificación de suelos

4
en 1924, conocido y difundido bajo su nom bre, así com o la m onum ental obra
«The Soils o f the United States».

Algo posterior es Jacob Samuel Joffe (1886-1963), quien por su origen ruso-
lituano desem peñó un gran papel, no sólo a través de su obra «Pedology», muy
conocida en su tiem po, editada en 1936 y posteriorm ente en 1949, sino por su
labor de relación de la ciencia occidental con la oriental, de cuya inform ación se
sigue haciendo uso, por su carácter histórico.

El desarrollo de los conocim ientos y los avances en la clasificación y la carto­


grafía de suelos en los Estados Unidos han sido objeto de detallados estudios debi­
dos a Cline (1979) y Sim onson (1987), quienes adem ás fueron notables partícipes
en estos temas.

El grupo integrado por Baldwin, K ellog y Thorp es bien conocido por haber
presentado en 1938 un nuevo sistem a de Clasificación de Suelos, basado en los
criterios de zonalidad clim ática, que perm aneció vigente hasta ser relegado en
1960 con la publicación de la «Seventh Aproxim ation» precursora de la conocida
«Soil Taxonom y-U SD A». De ellos C harles E. Kellog ha sido además el impulsor
de obras tan im portantes com o el «Soil Survey M anual», publicado en 1937. Ree­
ditado en 1951 y en 1993, ha sido una obra muy utilizada en los trabajos edafoló-
gicos hasta la actualidad, al norm alizar la m etodología de trabajo para el estudio
de los suelos en el campo.

En A lem ania, Em il Ram ann desarrolló una im portante actividad en el ámbito


forestal, publicando el libro «Edafología forestal y teoría de la distribución de sue­
los». Sirvió para im pulsar el desarrollo de la Edafología en la Europa del Oeste,
favoreciendo la difusión de las ideas de la Escuela edafológica rusa. Fue profesor
en la segunda cátedra de Edafología creada en el m undo. La traducción al inglés
de su obra titulada «The evolution and Classification o f Soils» en 1928, supuso la
apertura a un ám bito m ucho m ás am plio de su labor científica (Joffe, 1949).

Este m ovim iento paneuropeo contribuyó al avance de la ciencia en sus diver­


sos cam pos y al conocim iento de los suelos en los distintos países. Así, en Hungría
hay que destacar la presencia de Alexius de Sigm ond, cuyas aportaciones al cono­
cimiento de los suelos salinos y alcalinos fueron notables en su tiempo. Aún hoy
pueden servir de esquem a conceptual para la com prensión de estos temas, al haber
establecido la diferencia entre los suelos con sales solubles y los suelos con sodio
en las sedes de intercam bio.

4. Época reciente

Para llegar a adquirir una visión exhaustiva de la historia de la C iencia del


Suelo debe recurrirse a trabajos com o el de G ardner (1986) titulado «Early Soil
Physics into the M id-20th Century», los recogidos en la revista Geoderm a, pulica-
dos en 1974 con m otivo del 50 aniversario de la fundación de la InternationaI

5
Society o f Soil Science, el de Bou-
laine (1989) dedicado a la «Histoire
HISTOIRE des pédologues et de la Science des
DES S o is » , la o b ra de K ru p e n ik o v
(1993), entre otros. En España, para
PEDOLOGUES una revisión más a fondo debe acu-
ET DE LA dirse al trabajo del profesor F. Gon­
z á le z , p re s e n ta d o en 1984 con
SCIENCE DES motivo del I Congreso de la Socie­
S0LS dad E sp a ñ o la de la C ie n c ia del
S u elo , c e le b ra d o en M adrid y a
Jean Boulaine Sunyer (1996).

•nrav L a re acc ió n p o r parte de los


edafólogos para sobreponerse a los
efectos de la Segunda Guerra M un­
dial fue inm ediata y eficaz. La So­
ciedad Internacional de la Ciencia
del Suelo fue un instrum ento ade­
cuado para ello, ya que, si bien su
congreso previsto para el año 1940
en Berlín no había podido llevarse
a cabo, m uy pronto se decidió la
celebración del IV C ongreso, en
1950, en Amsterdam. Estas reunio­
nes se han seguido celebrando periódicam ente y constituyen un foro de intercam ­
bio de información y de difusión del conocimiento.

A la iniciativa de los científicos de la Sociedad se debe, en buena parte, una de


las labores de cooperación internacional que más han contribuido en ios últimos
tiempos a increm entar los contactos entre los edafólogos de los más diversos paí­
ses. El proyecto que aglutinó tales esfuerzos fue la confección del M apa de los
Suelos del M undo a escala 1:5.000.000. La iniciativa se presentó en el séptimo
congreso de la ISSS celebrado en M adison en 1960, pasando a ser una acción con­
junta entre la FAO, creada en 1950 y que absorbió las tareas del antiguo Instituto
Internacional de Agricultura establecido en Roma, y la UNESCO, colaboración
que se m ostró altam ente fructífera, gracias a los esfuerzos de R. Dudal, F.A. van
Baren y V.A. Kovda, entre otros científicos. Tuvo com o resultado la presentación
de los correspondientes m apas entre los años 1970 y 1981, con un total de diez
volúmenes de memorias.

No es tarea fácil resum ir los progresos realizados en los países de la Europa


Occidental en los últimos cincuenta años, en los que la Edafología se ha benefi­
ciado de los avances en las ciencias y técnicas conexas, desde la teledetección y la
fotointerpretación, pasando por los grandes avances en las técnicas instrum entales
de laboratorio.

6
En Francia no puede omitirse una mención a Albert Demolon, agrónomo y
físico, quien con su obra «Dynamique du Sol» ha contribuido a la formación de
generaciones enteras sobre estos temas. La accesibilidad de este autor al idioma
ruso, gracias a su esposa, ha permitido una conexión importante con esta escuela
edafológica. Henry Erhart cubre la vertiente del estudio de los suelos tropicales y
gracias a su experiencia y sus estudios publicó su difundida obra «La genése des
sois en tant que phénom éne géologique», donde dio a conocer su teoría de la
«bio-rexistasia» que ayuda a una mejor comprensión de muchos procesos genéti­
cos, sobre todo en los países de relieves acentuados. Philippe Duchaufour (1912-
2000), maestro de numerosos edafólogos actuales, ha sido uno de los científicos
del suelo más importantes de Francia, con proyección internacional. Su tesis doc­
toral (1947): «Recherches écologiques sur la chénaie atlantique fran^aise», puso
de manifiesto las interrelaciones existentes entre material originario, vegetación,
especies forestales, tipos de humus y suelos. Este trabajo, junto con sus posteriores
investigaciones sobre edafogénesis, ha tenido una gran repercusión. En 1961 creó
el «Centre de Pédologie Biologique» (CNRS) en Nancy, del que fue director hasta
1975. Su «Précis de Pédologie» ha constituido una obra de referencia para los
estudiosos del suelo.
En gran Bretaña han existido también figuras notables que han dejado una pro­
funda huella en el campo de la Edafología. Alfred Daniel Hall recogió el fruto de
la prolongada labor realizada en Rothamsted en épocas anteriores y se benefició de
este conocimiento para la publicación de sus dos obras principales: «The Soils» y
«Fertilizers and manures», con las que cubrió un amplio campo de conocimientos.
No alcanza menor nivel la labor de John Russell, cuya obra «Las condiciones del
suelo y el crecimiento de las plantas» ha sido reiteradamente editada y traducida al
español, llegando a constituir una base de doctrina agronómica. La última versión
ha sido publicada por la editorial Mundi-Prensa (Wild, 1992). Gilbert W. Robinson
ha sido uno de los más firmes puntales de la Edafología genética, sobre todo a tra­
vés de su obra «Suelos, su origen, clasificación y constitución», que ha influido
notablemente en otros países europeos.
Alemania presenta también un numeroso grupo de edafólogos cuyas recientes
contribuciones es preciso destacar. H. Stremme desempeñó un papel crucial en el
desarrollo de la cartografía edafológica durante muchos años. Tuvo una repercu­
sión im portante para E spaña el apoyo que prestó a H uguet del V illar en el
ambiente internacional. Su labor queda avalada por la preparación del primer
Mapa de Suelos de Europa, a escala 1:10 millones, en fecha tan temprana como
1927. Este ambiente científico hizo posibles muchas de las realizaciones posterio­
res. M.E. M itsterlich abordó los problemas de la fertilización y de la nutrición
vegetal con un sentido matemático y su conocida «Ley de los rendimientos menos
que proporcionales», ha tenido una difusión verdaderamente universal. Vageler
representa a los edafólogos con largo curriculum en los países tropicales, más de
veinte años, lo que le permitió redactar una obra de notable amplitud, que puede
traducirse como «Fundamentos del estudio de los suelos de los países tropicales y
subtropicales», contribución importante para las regiones en desarrollo.

7
La tradición holandesa en los estudios sobre suelos se ve confirm ada en esta
etapa reciente por la presencia de notables edafólogos com o D.J. Hissink, traba­
jando especialm ente sobre tem as de quím ica del suelo y de salinidad. El estudio
de los suelos de sulfatos ácidos se ha desarrollado con una gran rapidez, en
buena parte por la crítica situación de estos suelos y por sus dificultades de utili­
zación. Fue W.F.J. van Beers el iniciador de estos estudios tan especiales, al
mismo tiempo que desarrollaba una gran actividad en tem as referentes al drenaje
de los suelos sim plemente hidrom orfos. Su obra «Acid Sulphate Soils» es la pri­
mera que sienta los criterios y perm ite un rápido diagnóstico de suelos con pro­
piedades tan peculiares. Además, desem peñó un im potante papel en la prepara­
ción del M apa M undial de Suelos, a lo que hay que añadir su labor com o
Secretario de la ISSS desde la posguerra hasta el año 1974, llevada con gran
acierto. Su experiencia en suelos tropicales ha quedado plasm ada en su obra
«Tropical Soils».
La labor de W alter L. Kubiena requiere una m ención especial, no sólo por la
com plejidad e im portancia de la misma, sino por exigir el debido detalle su
labor en España. Fue un estudioso capaz de abarcar diversas ramas del conoci­
miento y alcanzar en ellas una situación preem inente. A sí, el desarrollo del
estudio de la M icrom orfología del suelo tiene en Kubiena su iniciador. En 1938
publicó la obra «M icropedology», que había de m arcar la pauta en este campo
durante muchos años. En cuanto al estudio de la génesis y la clasificación de los
suelos, su obra, fruto en parte de su período de estancia y trabajo en el Instituto
de Edafología y Fisiología Vegetal (hoy Centro de Ciencias M edioam bientales)
en M adrid, apareció en 1952 en español
bajo el título «C laves S istem áticas de
W. L. KUBIENA
Suelos» y en 1953 en inglés como: «The
Soils of Europe», siendo am bas, edicio­
THE SO IL S O F E U R O P E
nes a carg o del C o n sejo S u p e rio r de
¡«UEii urijcr thc ¿U5|tt.cí o í thc

CO N SEJO SU PERIO R DE IN V EST IG A CIO N ES CIEN TIFICAS Investigaciones Científicas de España.


IN STITliTE OF SOH-S M ADRID

En el período 1952-60 la sistemática


de Kubiena, pese a sus problemas concre­
tos, fue un elemento de trabajo muy utili­
zado en España y en algunos otros países,
p o r su v alo r g en é tic o . El en fo q u e ha
servido de guía a las clasificaciones de
suelos de base genética, elaboradas en
Europa posteriormente.
En los Estados Unidos de Norte Am é­
rica el desarrollo de las principales ramas
de la Edafología es acorde con las dim en­
siones y actividad habituales en sus com ­
p o rtam ien to s. En el asp ecto g en ético
LO NDO S
T H O M A S M I'R U Y A N D C O M P A G N Y exclusivo hay que citar la labor de Hans
Jenny, cuya obra «Factors of Soil Forma-
tion» estableció el camino para relacionar las condiciones del medio con las carac­
terísticas de los suelos.

Uno de los temas en el que los edafólogos norteamericanos han tenido una
intervención decisiva es el estudio de la erosión y conservación del suelo, cuyo
enfoque inicial se debe a Hugh H. Bennet (1881-1960), fundador del Soil Conser-
vation Service y verdadero m ovilizador frente al problem a de la erosión. Su obra
«Soil Erosión a National M enace» prim ero y su libro básico sobre «Soil Conserva-
tion», asi lo acreditan y demuestran su aportación a un tem a de tanta actualidad
hoy en día (Simms, 1973).

El carácter pragmático americano, y la vertiente tecnológica implícita en la


práctica de la conservación del suelo, dieron lugar a un gran desarrollo de estas
materias, pudiendo tom ar com o ejem plo la actividad de Richard K. Frevert y sus
colaboradores desde la década iniciada en 1950.

En un sentido más teórico, aun cuando tendiendo a una aplicación también


práctica, figura el establecim iento de la llam ada «Ecuación Universal de Pérdida
de Suelos por Erosión (USLE)» por Walter H. W ischmeier y Dwight D. Smith,
dada a conocer a la com unidad científica en el ya mencionado congreso de la ISSS
en Madison, el año 1960. Pese a las restricciones que prudentemente hay que esta­
blecer ante el em pleo de esta ecuación, constituye un excelente punto de partida
para posteriores progresos y, en todo caso, un esquem a conceptual y un instru­
mento de análisis de los procesos erosivos.

En el am biente de las aplicaciones prácticas de la Edafología es necesario


señalar las realizaciones del «U nited States Salinity Laboratory» radicado en
Riverside que, bajo la dirección de L.R. Richards, desarrolló estudios teóricos y
realizaciones prácticas que han orientado durante muchos años las actuaciones en
suelos afectados por salinidad. Sus trabajos se plasman en la edición, en 1954, de
la obra «Diagnosis and Improvement o f Saline and Alkali Soils» cuyos fundamen­
tos son aún válidos y cuyas normas pueden seguir aplicándose en su mayor parte,
después de los años transcurridos.

En el tema de Física de suelos, el enfoque conceptual que planteó Edgar Buc-


kingham (1867-1940) ha permitido orientar el desarrollo posterior de los estudios
del agua del suelo. Los primeros modelos de la infiltración se deben a W. Heber
Green (1868-1932) y a G.A. Ampt (1887-1953). Los métodos de medida del agua
del suelo se deben a Richards y Gardner.

En cuanto a la Quím ica del suelo no faltan representantes de calidad. Emil


Truog se ocupó preferentem ente del fósforo y de la acidez del suelo, si bien su
actividad en el estudio del potasio del suelo es también importante, así como la
relativa al com portam iento de los m icroelementos. El papel de Walter P. Kelley es
algo diferente, siendo más conocido por sus publicaciones: «Catión exchange in
soils», de 1948 y «Alkali soils, their formation, prospection and reclamation», algo
posterior.

9
5. La Edafología en España

5.1. Emilio Huguet del Villar: Una figura insigne

La historia de los estudios de suelos en España empieza en el primer tercio del


siglo xx, con una personalidad de gran relieve internacional, Em ilio H uguet
i Serratacó (Granollers, I87l-R abat, 19 5 1), más conocido por el seudónimo de
Emilio Huguet del Villar.

En el primer Congreso Internacional de la ISSS celebrado en Washington el


año 1927 hubo una delegación española relativam ente numerosa, participando
Emilio Huguet del Villar activamente. En 1929 fue nombrado presidente de la
«Subcomisión de Suelos M editerráneos», reconocim iento que tendría hasta su
muerte en Rabat en 1951. Se malogró una intercomunicación más activa por los
avatares bélicos propios y extraños. En esta época Juan Díaz Muñoz, fallecido en
tales acontecimientos, preparó en colaboración con H. Stremme un trabajo sobre
«Clasificación de suelos tropicales», tema fundamental para abordar la cartografía
mundial de suelos, en inicio de ejecución en aquellos tiempos.

No obstante, la figura más destacada de la época fue sin duda la de Huguet,


botánico y edafólogo autodidacta, que es quien implantó la Edafología en España.
Fue un notable estudioso, que alcanzó por sí mismo un gran nivel de conocim ien­
tos científicos, que le llevaron a desarrollar una gran vocación por la Edafología.
Este término fue introducido por él en el español y su uso se ha generalizado,
pasando luego al portugués. Tomó el vocablo de la propuesta hecha por el cientí­
fico rumano Stchussien en la «IV Conférence Internationale de Pédologie» cele­
brada en Rom a en 1924, en la que se creó la «International Society o f Soil
Science». En esta reunión se debatió el empleo de tres denominaciones, «Ciencia
del Suelo», como más general, «Pedología» (según el sentido y etim ología de
Albert Fallou, ya com entados) y finalm ente «Edafología». La raíz «pedios» se
aplica más bien al terreno o suelo sobre el que se está, el que se pisa, mientras que
«edafos» corresponde al concepto de asentamiento de las raíces de las plantas.

En 1929 Huguet del Villar publicó la obra «Geobotánica», en la que dedica un


extenso capítulo a los factores del medio edáfico y presenta ya una clasificación
tipológica de suelos con una concepción de vanguardia. En 1932 fue nombrado
primer director del «Instituí Mediterrani de Sois», creado en ese año por la Gene-
ralitat de Catalunya y posteriormente denominado «Instituí de Sois de Catalunya»
habiendo sido disuelto en 1939 (Bech, 1985).

La labor de Huguet del Villar es realmente notable y ha sido recogida con gran
detalle por M artí (1984). Entre sus diversas obras como pionero de los estudios
sobre el suelo en España, es difícil estim ar cuál es la más importante, si su texto
«El Suelo» de 1-931, primera obra extensa en español, o bien el libro «La reacción
del suelo, su medida y su significación» o bien la obra «Los Suelos de la Península
Luso-Ibérica», que incluye una versión resum ida en inglés realizada por G.W.

10
Robinson, bien cualificado para ello. En
esta extensa y documentada obra expone
y utiliza su sistem a de clasificación de * M IN ISTER IO OE A GRICULTURA

suelos basado en la morfología del perfil,


lo que supuso un enfoque netamente dife­
rente del de las clasificaciones anteriores.
Esta clasificación, creada por él, le sirvió L a reacción del suelo,
para elaborar el primer mapa de suelos de | su m edida y su significación
la península, a escala 1:1.500.000, edi­ F.M I L IO

tado en color.
Tanto el texto, editado en Madrid en
1937, como el mapa, impreso en Londres
en 1938, se p erdieron casi totalm ente
como consecuencia de las dos guerras,
e sp añ o la y m u n d ial, e x istie n d o en la
actualidad muy pocos ejem plares. Sin
em bargo, d u ran te m uchos años, hasta DIRECCIÓN GENERAL DE AGRICULTURA
SERVICIO DF. PUBLICACIONES AGRICOLAS
1957, fue el único elemento cartográfico 1 e a a

de referencia para España.


La obra «Geo-Edafología» corrió aún
un m ayor riesgo de perderse, ya que su
original fue recuperado por Martí (1982) más de treinta años después de la muerte
de Huguet del Villar. La edición postuma en 1983 ha sido posible gracias al interés
de la Universidad de Barcelona. Esta obra, por estar redactada en 1950, presenta
los puntos de vista del autor sobre un concepto natural y geográfico del suelo, dig­
nos de ser tenidos todavía en cuenta. Debe añadirse a su labor la realizada en Arge­
lia y sobre todo en M arruecos entre los años 1938 y 1950, período en que dio a
conocer numerosas publicaciones.
De esta misma época (1937) es la obra escrita en catalán por Antoni Oriol,
segundo director del «Institut deis Sois de Catalunya» y su colaborador Josep
Valle, titulada «Qué es la Ciencia del Sol?» Los autores siguen las ideas de Huguet
del Villar y, de una forma atractiva y divulgadora, ofrecen una visión amplia del
conocimiento del suelo, muy avanzada dentro del contexto de la época.

5.2. El Mapa Agronómico


En 1940, la Orden de 23 de julio encargó al Consejo Agronómico la formación
del Mapa Agronómico, Técnico y Comercial de productos agrícolas. En la O.M.
de 7 de noviembre de 1940, se establecía que dicho mapa debía ser «la expresión
gráfica de nuestro territorio en los múltiples y variados aspectos que definen las
condiciones de la producción y la capacidad productiva del suelo patrio».
Las normas establecían que el Mapa Agronómico se iniciara en la escala de
1:5().()00, por hojas parciales. La Dirección del Mapa Agronómico, asesorada por

ll
los consejeros colaboradores, debía determinar las zonas en las cuales debían eje­
cutarse los trabajos de formación del Mapa, atendiendo a la mayor utilidad de los
mismos. La representación gráfica debía reflejar, «además de los datos geográfi­
cos, los que caracterizan el medio agrícola natural, suelo y clima: origen y com po­
sición del suelo por masas de constitución análoga, perfiles y análisis». Se aprecia
una concepción avanzada para la época y una voluntad de acercarse a los países
más activos en este ámbito. Se llegaron a publicar algunas hojas a escala 1:50.000,
pero una labor de este tipo requería numerosos equipos con una sólida formación
edafológica, en una época muy inicial todavía para la cartografía de suelos. Los
mapas 1:50.000, serie inacabada, dieron paso a los mapas 1:250.000, decisión que
denota una falta de motivación y de visión de futuro.
Ya desde bastantes años antes se estaba llevando a cabo en países como Esta­
dos Unidos (Cap. 21) una cartografía a escala 1:20.000 de las principales zonas de
aquel país, de la que se ha podido obtener múltiples beneficios en actuaciones
diversas sobre el territorio (Kellog, 1977) y cuya vigencia se mantiene con actuali­
zaciones periódicas.

5.3. La enseñanza de la Edafología

La Escuela de Ingenieros Agrónom os de M adrid tuvo un papel pionero al


introducir la asignatura de Edafología en su plan de estudios a partir de 1928
(Aranda, 1978).
Un ámbito científico en el que podía haber habido una nutrida cantera para la
Ciencia del Suelo era la licenciatura de Ciencias Naturales, a pesar del escaso
número de titulados. En las etapas iniciales de su formación contaba con la ventaja
de cubrir las dos vertientes, geológica y biológica, que integraban la carrera, si
bien en un principio no disponían de una dedicación a la Química, cuyo relieve era
ya notorio en aquellos tiem pos. C uando la Edafología estaba adquiriendo su
importancia e independencia, se produjo un hecho derivado del progreso en el
desarrollo de la enseñanza y de la ciencia, la separación de los estudios de Cien­
cias Naturales en dos ramas, geológica y biológica, sin mantener la general. Esto
privó a la Universidad española de científicos de una formación más amplia en el
contenido, muy conveniente en la formación y en los primeros tiempos de activi­
dad de los posibles nuevos edafólogos.
Fue por el contrario en la licenciatura de una carrera tan especializada y
profesionalizada como Farmacia, donde surgió desde 1940 el mayor interés por la
docencia de la Edafología, siendo durante años la que proporcionaría preferente­
mente a los centros de enseñanza y de investigación los nuevos profesionales. Este
hecho no fue aleatorio, sino que se debió a dos causas principales: una general, la
tradición destacada del estudio de la Botánica, que pasaba por aquel entonces del
dominio taxonómico al fítosociológico y requería de la Edafología y otra particu­
lar. La presencia de una figura tan destacada en el campo de la Edafología en la
Facultad de Madrid, como José María Albareda, en la cátedra de Geología Apli­

12
cada que, al hallarse en la primera línea de la investigación, contribuyó a desarro­
llar multitud de vocaciones desde los primeros años.

La reacción de las nuevas facultades de Ciencias Geológicas y de Ciencias


Biológicas ha sido mucho más tardía y se ha tenido que esperar bastantes años
para que la Edafología se incorpore específicam ente a los planes de estudio de
algunas de ellas.

Un caso muy distinto es el de la enseñanza de Química y Fertilidad del suelo


que, bajo una denominación más amplia e imprecisa de Química Agrícola y auxi­
liada por el llamado Análisis Agrícola, venía im partiéndose a los futuros Ingenie­
ros Agrónomos desde 1878, y a los Peritos Agrícolas, reflejando la tradición fran­
cesa de aquel tiempo. Las facultades de Ciencias, con sus numerosas y nutridas
promociones en la Sección de Quím ica contaban con el bagaje metodológico ade­
cuado para abordar los prolijos temas de la Quím ica y del Análisis Agrícola. Estos
pueden ir desde el suelo a las aguas, desde los abonos a los fitosanitarios y demás
agroquímicos, a aspectos más amplios, com o es el conjunto de productos agrarios.
Por ello, pronto se despertó un creciente interés por estos estudios, dada la impor­
tancia y am plísim o ámbito técnico y económ ico implicado. Ello explica que hayan
sido estas Facultades las que han seguido el camino iniciado por el profesor Octa­
vio Carpena en Murcia, dando origen a una especialidad de Química Agrícola en
la que se presta gran atención a las materias de Ciencia del Suelo.

5.4. El Instituto de Edafología

En 1942 se creó en Madrid el Instituto Español de Edafología, Ecología y Fisio­


logía Vegetal (posteriormente Instituto de Edafología) en el seno del Consejo Supe­
rior de Investigaciones Científicas (CSIC). Fue iniciativa de José María Albareda
Herrera, que fue Presidente del primero y Secretario General del segundo hasta su
fallecimiento en 1966, por lo que su obra fue dilatada y fecunda. Albareda inició su
carrera edafológica formándose con Wiegneren en Suiza, con Kappen y Mitscher-
lich en Alemania y en Rothamsted. Ya en 1935-36 dictó un curso sobre química de
suelos en la fundación de la Academia de Ciencias de Madrid, en la denominada
«Cátedra del Conde de Cartagena». En 1940 publicó el libro «El Suelo» que recoge
una gran documentación bibliográfica y durante bastantes años pasó a ser el texto
más extenso y moderno en español para los estudiantes de Edafología.

El Instituto de Edafología a lo largo de sus cincuenta años de vida tuvo varias


denom inaciones que nunca prescindieron del térm ino Edafología como palabra
clave, reflejo de su actividad principal. Este Centro que constituía una referencia
internacional de la actividad investigadora en Edafología en España ha sido trans­
formado en el C entro de C iencias M edioam bientales, si bien sigue m antiendo
líneas de investigación en Edafología.

La dilatada e im portante labor del Instituto de Edafología y de los centros


regionales del CSIC en Granada, Salamanca, Sevilla, Santiago, Murcia, Tenerife,

13
Pontevedra, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Almería y Málaga ha quedado plas­
mada, en buena parte, en la revista Anales de Edafología y Agrobiología que se
publicó hasta 1993, en su última etapa bajo el nombre de «Suelo y Planta», en
revistas internacionales y en una colección de mapas de suelos, desde el de España
a escala 1:1.000.000 dirigido por el profesor A. Guerra (1968), a mapas provincia­
les de 1:250.000.
La Sociedad Española de la Ciencia del Suelo ha asumido la continuidad de
una revista en español que permita dar difusión a los trabajos de investigación
sobre el suelo en esta lengua. Desde 1995 publica la revista «Edafología» cuyo
impulsor ha sido el profesor José Aguilar, de la Universidad de Granada (España).

5.5. El Servicio de Conservación de Suelos


El Servicio de Conservación de Suelos se creó en España por la Ley de Con­
servación de Suelos en el año 1955, promovida por el Ministerio de Agricultura.
Su labor se orientó a la implantación de obras de conservación de suelos y aguas
con una visión muy sectorial del problema de la erosión. Posteriormente se trans­
formó en el Instituto Nacional de Conservación de la Naturaleza (ICONA) y con la
transferencia a las Comunidades Autónomas ha sido reestructurado con diversas
orientaciones en Consejerías de Medioambiente.

6. Implantación de los estudios de suelos en países de


habla española

El estudio de la historia de la ciencia del suelo en los países de habla española


es un tema pendiente, que se introduce aquí para estim ular a que se haga. Las difi­
cultades para encontrar bibliografía al respecto son grandes, dado que la informa­
ción es escasa y está muy dispersa, por ello los autores aprovechan para pedir cola­
boraciones que pueden remitir a: jaume.porta@ rectoral.udl.es. En esta edición se
hace referencia a M éxico y Uruguay, como inicio.
En México los antecedentes se remontan al período prehispano. Los aztecas,
mayas, tarascos, otomis..., contaban con sistemas de clasificación de suelos (Bar­
bara Williams, 1978). Los aztecas presentaban 45 clases de tierras por medio de
glifos y este conocimiento era útil con fines administrativos (pago de tributos) y
manejo de los suelos.
La incorporación de México a la moderna Edafología tiene dos componentes
básicos:
— Uno sucede al término de la Revolución Mexicana, cuando se definió como
estrategia para el desarrollo agrícola el impulso a las áreas de riego. Se creó la
Comisión Nacional de Irrigación, con asesoramiento de técnicos de California.
En el Curso del Colegio Agrológico de Meoqui, Chihuahua, celebrado en 1927
se formaron técnicos mexicanos en la elaboración de mapas de suelos y en cla-

14
sifícación con fines de riego. González-Gallardo (1941) destaca que no hubo
investigación en este campo de la ciencia del suelo. Se copiaron metodologías
no siem pre adaptadas a las condiciones de M éxico (Ortiz et al. 1989), produ­
ciéndose en algunos casos recom endaciones con «datos faltantes» lo que no
ocurre sólo en México.
— A partir de 1950 surgió com o estrategia para el desarrollo agrícola el uso de
insumos (fertilizantes, semillas mejoradas, insecticidas, etc.) con la colabora­
ción de la Fundación Rockefeller, dándose un gran impulso en el campo de la
Fertilidad de suelos y formándose un gran número de especialistas.
En México, con ocasión de la Segunda Conferencia Interamericana de Agricul­
tura, se fundó la Sociedad M exicana de la Ciencia del Suelo en 1952 unida a las acti­
vidades de la ISSS. En 1952 se fundó la Sociedad Latinoamericana de la Ciencia del
Suelo, y en 1962 se creó la Sociedad M exicana de la Ciencia del Suelo. Entre las
figuras más destacadas cabe citar al Dr. Nicolás Aguilera que impulsó los estudios de
suelos primero desde la Escuela Nacional de Agricultura (hoy Universidad Autó­
noma de Chapingo) y, posteriormente, desde la UNAM (García Calderón, 2(X)0).
El primero en impulsar el desarrollo de la Ciencia del suelo como ciencia inde­
pendiente en Uruguay fue el geólogo Karl Walther. Fue él quien, a partir de 1960
estableció que el estudio del suelo en Uruguay no podía limitarse a aspectos aislados,
ya fueran físicos, químicos, geológicos o agronómicos, para no incurrir en interpre­
taciones parciales e incluso erróneas (Durán, 1985). Cabe citar igualmente como
antecedente importante, la labor realizada en los años 1940 por Carlos Fynn y como
trabajo reciente la síntesis de los suelos de Uruguay de Artigas Durán (1985), que
incluye una valiosa bibliografía específica de los suelos de aquel país.

7. Perspectivas de futuro

En la década de los años 90 la Unión Europea, a través de la Dirección General


de Ciencia, Investigación y Desarrollo, ha propiciado diversos debates entre gru­
pos de científicos del suelo de países de la UE y de países en vías de desarrollo.
Los objetivos han sido:

• L legar a definir una agenda de investigación al servicio del desarrollo para lograr un
uso y una gestión sostenibles de los recursos naturales.
• Crear un marco com ún para las propias actividades de investigación.
• Establecer las m aterias en las que la investigación podría y debería contribuir de
forma im portante a com prender los m ecanism os del desarrollo sostenible.
• Favorecer una transferencia de conocim ientos más eficaz y analizar científicam ente
y apoyar la tecnología y el conocim iento autóctonos, teniendo en cuenta que los
beneficiarios son la gente local, que vive en el área donde el desarrollo está teniendo
lugar: enfoque «orientado al usuario».

15
En el Congreso Mundial de Ciencia del Suelo celebrado en M ontpellier en
1998, en el que la International Society o f Soil Science (ISSS) ha pasado a ser la
International Union o f Soil Science (IUSS), se ha destacado el papel del suelo
como componente del medio ambiente. Se han debatido los retos que tiene actual­
mente planteados la Ciencia del Suelo:

• Desarrollo del conocimiento de los suelos del mundo: papel de los suelos en los
ciclos del agua y elementos químicos / ejes prioritarios de investigación / cómo se
aplican y deberían aplicarse los conocimientos sobre los suelos / naturaleza multidis­
ciplinar de la ciencia del suelo / interdisciplinariedad / prioridades a establecer.
• Desarrollo de las relaciones entre los suelos y las sociedades humanas: priorida­
des temáticas y geográficas / interdisciplinariedad.
• Desarrollo del acceso al conocimiento de los suelos para todos: toma de concien­
cia de la importancia de los suelos para el presente y el futuro de las sociedades
humanas en el medio ambiente / estrategias pedagógicas.

El Congreso M undial de la Ciencia del Suelo que tuvo lugar en Bangkok


(Thailandia) en el año 2002 permite conocer cuáles son los principales centros de
atención en investigación en Edafología (IUSS, 2002):

• Efecto de la estructura y propiedades del suelo sobre la dinámica del flujo preferen-
cial y el transporte de contaminantes en suelos: hjvogel@iup.uni-heidelberg.de
• Investigación a escala de paisaje en relación con la calidad del suelo y el agua:
chris.moran@csiro.au
• Mineralogía y geoquímica de la regolita: rob.fitzpatrick@adl.clw.csiro.au
• Reacción de los minerales del suelo a los cambios climáticos y al manejo del suelo:
b.sing@ aess. usyd. edu.au
• Mineralogía y micromorfología de la edafogénesis: hstahr@uni-hohenheim.de
• Mineralogía del suelo en relación con la fertilidad y toxicidad del suelo:
bob.gilkes@uwa.edu.au
• Suelos urbanos y pertúrbanos: morel@ensia.u-nancy.fr
• Seguridad alimentaria y uso del suelo: fandreux@u-bourgogne.fr
• Actitudes frente al uso del suelo y el territorio: Benno. Warkentin@orst.edu
• Indicadores del suelo para la sostenibilidad del uso del suelo: dekimpec@em.agr.ca
• Suelos afectados por sales y el medio ambiente: Jorge.Batlle@uv.es;
chainam @Idd.gol. th
• Salinización, normas de manejo del agua: dsuarez@ussl.ars.usda.gov
• Microbiología del suelo para cuantificar las cualidades de la estructura del suelo:
pmpong @Idd. go. th
• Micromorfología y submicroscopia para interpretar las cualidades del suelo:
georges.stoops@rug.ac.be

16
• Identificación y determinación de los parámetros de calidad del suelo para evaluar la
sostenibilidad y los impactos socioeconómicos derivados de la erosión del suelo y el
manejo del agua del suelo: dechen@cec.iac.br
• Modelización integral para la toma de decisiones en conservación de suelos:
delgado @cidiat. ing. ula. ve
• Mejora y degradación del suelo por medio de la deforestación: huettl@tu-cottbus.de
• Desarrollos en la evaluación y manejo de suelos forestales: pkhanna@gwdg.de
• Técnicas físico-químicas para la remediación de suelos contaminados:
besnlepp @livjm. ac. uk
• Técnicas biológicas para la remediación de suelos contaminados:
steve. meg rath @bbsrc. ac.uk
• Criosoles y criogénesis: tarnocaict@em.agr.ca
• Bases de datos digitales nacionales y globales: sombroek@isric.nl
• Dinámica del carbono del suelo y efecto invernadero: Lal.l@osu.edu
• Degradación de suelos y desertificación: hari.eswaran@usda.gov
• Interacciones entre los minerales del suelo, componentes orgánicos y microorganis­
mos: huangp@sask.usask.ca
• Proceso de datos de suelos: edafometría: marc.vanmeirvenne@rug.ac.be
• Paleoedafología: bronger@geographie.uni-kiel.de
• Sostenibilidad de los ecosistemas de suelos de arrozal: rogercon@pworld.net.ph
• Suelos de horticultura urbana, campos de deportes y jardinería:
jos. koolen @user.aenf. wag-ur. ni
• Sensores remotos, cartografía de suelos y estudios de evaluación y degradación de
suelos: richard.escadafal@cesbio.cnes.fr
• Procesos mecánicos e hidráulicos en suelos estructurados: rhorn@soils.uni-kiel.de
• Contaminación de suelos y aguas subterráneas: jwhopmans@ucdavis.edu
• Funciones del suelo en áreas urbanas, industriales y de minería para una mejor
calidad de vida: wolfgang.burghardt@uni-essen.de
• Educación, estrategias pedagógicas y formación de profesores: dosso@cnearc.fr
• Fertilizantes y enmiendas orgánicas: jtdims@udel.edu
• Suelos y geomedicina: Eiliv.Steinnes@chembio.ntnu.no
• Normas para un uso sostenible del suelo: hurni@giub.unibe.ch
• WOCAT: Perspectiva mundial de enfoques y tecnologías de conservación:
g.kimaru@cgiar.org
• Manejo de suelos de sulfatos ácidos: Freeman.Cook@dnr.qlp.gov.au
• Rizosfera: hinsinge@ensam.inra.fr
• Funciones del suelo en la biosfera: trof@soil.msu.ru

17
ESTUDIO DE CASOS
1. Indicar alguna palabra española de origen árabe que indique el conoci­
miento de las técnicas de riego que tenían estos habitantes de la Península
Ibérica en la Edad Media.

2. ¿Cuál es la aportación de Liebig a la Ciencia del Suelo?

3. ¿Quién es el introductor en España de los estudios de los suelos? ¿Y en


los demás países?

4. ¿En qué año se creó la Sociedad Internacional de la Ciencia del Suelo


¿Cómo ha pasado a denominarse la Sociedad a partir de 1998?

5. ¿Qué organismos han marcado la evolución inicial de los estudios de sue­


los en España? ¿Y en los demás países?

6. ¿Cuáles son las principales orientaciones de la Edafología al iniciar el


siglo xxi?

Respuestas

1. Acequia, azarbe, aljibe.

2. La teoría de la nutrición de las plantas.

3. En España: Emilio Huguet del Villar.

4. 1924, International Union of Soil Science.

5. En España: Escuela de Ingenieros Agrónomos de Madrid (1928); Instituí de


Sois de Catalunya (1932); Mapa Agronómico Nacional (1940); Instituto de
Edafología del CSIC (1942); Facultad de Farmaciade Madrid (1940).

6. Proporciona las bases para abordar los temasreferentes a la protección


del medio frente a procesos de degradación (contaminación, eliminación de
residuos, erosión, salinización, etc.), procesos de rehabilitación de terre­
nos, y a la asignación de usos al territorio en base a su aptitud para distin­
tos tipos de usos. Interdisciplinariedad. Enfoque holístico para lograr un
desarrollo sostenible.

8. Bibliografía

8.1. Bibliografía básica


Boulaine, J.: Histoire des Pédologues et de la Science des Sois. INRA. 297. París, 1989.
González, F.: Desarrollo de la Ciencia del Suelo en España. 1 Congr. Nal. Ciencia del
Suelo. Vol. 111:5-39. Madrid, 1984.

18
Krupenikov, I. A.: History o f Soil Science. From its inception to the present. A. A. 350 pp.
Balkema, 1993.
Sunyer, P.: La configuración de la Ciencia del Suelo en España (1750-1950). MAPA &
Doce Calles, 612 pp. Madrid, 1996.
Yaalon, D. H. and S. Berkowicz. (ed.): History ofSoil Science: International Perspectives.
Catena Verlag. 438 pp. Reiskirchen. Germany. 1997.

8.2. Bibliografía de referencia


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Hist. Nat. 50: 47-60. Barcelona, 1985.
Dehérain, P. P : Traite de Chimie Agricole. G. Masson. 904 pp. París, 1852.
Díaz-Fierros, F.: Un ensaio sobre a historia ecolóxica de Galicia: O aproveitamento do
Solo. Real Academia Galega, 30 pp. A. Coruña, 2002.
Dokuchaev, V. V.: Russian Chernozem: Selected Works ofV.V. Dokuchaev. Moscow. 1883.
(Trad. Israel Prog. Scientific Transt.). N. Kramer, 1967.
Durán, A.: Los suelos del Uruguay. Editorial Agropecuaria Hemisferio Sur, SRL. 398 pp.
M ontevideo, 1985.
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(ed.): La Edafología y sus perspectivas al siglo xxi. Tomo II: XI-XIV. Col. Postgra-
duado, UNAM, UA Chapingo. México. 2000.
Gardner, W. H.: Early Soil Physics into the Mid-20th Century. Adv. Soil Science, Vol.
4:1-101. 1986.
Huguet del Villar. E.: El estado actual de la Edafología: La realidad y el ideal. Geo Crítica.
45:19-39 (Inédito hasta 1983). 1950.
Huguet del Villar, E.: A propos du Centenaire de la Science du Sol. Comp. Rcnd. Soc. Se.
Nat. Maroc. Rabat, 1937.
IUSS: World Congress o f Soil Science. Bull o f International Union of Soil Sciences, 101:
10-27. Viena, 2002.
Joffc, J. S.: Pedology, 2.a Ed. New Brunswick, 662 pp. New Yersey, USA, 1949.
Marti. J.: Emilio Huguet del Villar,; IH71-1951. Cincuenta años de lucha por la Ciencia.
240 pp. Barcelona, 1984.
Porta, J.: La investigación en Edafología en el cambio de siglo. In R. Quintero-Lizaola et
al. (ed.): La Edafología y sus perspectivas al siglo xxi. Tomo I: 1-5. Col. Postgraduado,
UNAM. UA Chapingo. M éxico, 2000.
Porta, J.; Alcañiz, J. M.a; Castells, E.; Cruañas, R.; Danés, R.; Felipó, M.a T.; Sánchez, J. y
Teixidó, N.: Introducció al coneixement del sol. A.E.A.C. & Fundació Enciclopedia
Catalana. 166 pp. Barcelona, 1987.
Reale, L.; Nori M. y Ferrari G.: Holistic approach to sustainable development. Proceeding
Bologna Workshop, 117 pp. 1995.
Robinson, G. W.: Los suelos. Su origen, constitución y clasificación. Ediciones Omega,
S. A. 515 pp. Barcelona, 1960.
Roquero, C.: El Conde de Gasparin. Bol. Bibliográfico Agrícola. 18:221-232. Madrid,
1951.
Simms, D. H.: The Soil Conservation Service. Praeger Publishers. 235 pp. New York, 1973.
Simonson, R. W.: Historical Aspects o f Soil Survey and Soil Classification. Soil Se. Soc.
America. Madison, 1987.
Simonson, R. W.: Origin and acceptance of the term Pedology. Soil Se. Soc. Am. J. 63:4-
10, 1999.

19
2
El suelo como ente natural: Organización
El suelo es la base de todos los ecosistem as terrestres.
E.M. B r id g e s y L.R. O ld e m a n , 1999

1. Estudio del suelo en el campo: pedión y polipedlón

Al ser el suelo un cuerpo natural tridim ensional, parte de un ecosistema, su


estudio debe iniciarse en el campo, con la observación detallada y precisa, tanto
del suelo en su conjunto, com o del medio en el que se halla. Desde un punto de
vista cartográfico y atendiendo a las aplicaciones agronóm icas, ecológicas, medio­
ambientales, en arquitectura del paisaje u otras, deberán seleccionarse y estudiarse
suelos representativos de cada una de las unidades en que sea posible subdividir un
determinado paisaje, de acuerdo con la escala de trabajo.
El perfil del suelo es un corte vertical del terreno, que perm ite estudiar el suelo
en su conjunto desde su superficie hasta el material originario. Al observar un per­
fil pueden distinguirse capas que se denom inan horizontes, dado que su disposi­
ción suele ser horizontal o subhorizontal. C ada uno de ellos suele tener caracterís­
ticas y propiedades diferentes en un m ism o suelo, de ahí la im portancia de su
identificación para estudiarlos, describirlos y m uestrearlos separadam ente. La
existencia de horizontes fácilm ente discernibles no es un requisito imprescindible
para que un determ inado material pueda considerarse que es un suelo.
Los horizontes se delim itan atendiendo a los siguientes aspectos que se deta­
llan en el capítulo 3:

• De form a m ás evidente por las diferencias de color.


• Por diferencias en las propiedades morfológicas:
Textura.
Estructura.
Elem entos gruesos.
• Por diferencias en propiedades asociadas:
Consistencia: com pacidad, plasticidad, adhesividad, friabilidad y dureza.

El suelo queda delim itado en su parte superior por la superficie del terreno, su
límite inferior puede resultar más difícil de definir. Teniendo en cuenta que los
procesos de formación del suelo producen m odificaciones en sentido vertical, la

21
variación de las propiedades es función de la distancia a la superficie. La profundi­
dad, a partir de la cual las características son constantes, con independencia de la
distancia a la superficie o presentan ritmicidad de carácter estratigráfico, define el
límite inferior del suelo.

La vista y el tacto, como sentidos, y un cuchillo y una lupa de mano serán ins­
trumentos básicos en una prospección de campo. La interpretación de fotos aéreas
utilizando pares estereoscópicos facilita el situar los puntos de observación (cali­
catas, sondeos u otros) en posiciones representativas, al permitir identificar unida­
des morfológicas, que suelen estar relacionadas con las unidades de suelos. La
relación existente entre unidades geomorfológicas y unidades de suelos se debe a
su origen y evolución comunes, lo que permite establecer unidades morfoedáfi-
cas (Gaucher, 1981).
Una unidad morfoedáfica viene caracterizada por una categoría de suelos cuyas propie­
dades varían dentro de estrechos intervalos. Es una parte del terreno que corresponde a una
unidad geomorfológica que lleva asociada una determinada categoría de suelos o a una aso­
ciación de ellos, de tal manera que, en una región dada, la presencia de la unidad geom orfo­
lógica considerada implica necesariam ente la aparición de la unidad de suelos que tiene
asociada y viceversa (Gaucher, 1981).

Para estudiar, describir y muestrear un individuo suelo se delimita de forma


arbitraria un volumen mínimo. El Soil Survey Staff (S.S.S.) del Departamento de
Agricultura de Estados Unidos (USDA) utiliza como unidad mínima de descrip­
ción y muestreo el pedión, lo que permite emplear métodos estadísticos y determi­
nar la pureza de un mapa de suelos.
El pedión es un volumen arbitrario de suelo, considerado com o el más pequeño que
puede reconocerse como un suelo individual, cuyas dimensiones laterales son suficientes
para perm itir el estudio de las formas de los horizontes y sus relaciones. Su superficie
puede ser de 1 a 10 m2, según la variabilidad del suelo. Su extensión vertical comprende
desde la superficie (límite superior), hasta la aparición del material originario. Si los hori­
zontes son intermitentes o cíclicos, si bien recurrentes a intervalos lineales de 2 a 7 m, el
pedión incluye la mitad del ciclo, si la recurrencia es con mayor intervalo se diferenciarán
dos suelos distintos (S.S.S. 1975).

Los suelos presentan una variabilidad espacial significativa con cambios late­
rales graduales. Pediones cuyas características varían dentro de intervalos estre­
chos de unos a otros pueden agruparse en una misma unidad. Se trata de isopedio-
nes: conjunto de pediones contiguos que constituyen un polipedión (Johnson,
1963).
El polipedión, por la extensión que ocupa, puede tener representación cartográfica en
mapas de suelos a escala grande, constituyendo una unidad cartográfica (Cap. 21). Ahora
bien, dentro de un polipedión puede haber cierta variabilidad entre los pediones que lo inte­
gran. Aparte de los isopediones puede haber pediones que ocupen una superficie demasiado
pequeña para poder ser representada a la escala del mapa a la que se trabaja: constituyen las
inclusiones o impurezas. En mapas a escala grande no llegan a superar un 15 a 20 % de la
superficie de la unidad cartográfica representada.

22
El paso de una unidad cartográfica de suelos (Cap. 21) a otra contigua viene
caracterizado por cam bios graduales en la m orfología y propiedades de los hori­
zontes por lo que el pedión representativo de un polipedión no será el que ocupe
una posición de borde, sino aquél que se halle en el interior de una unidad carto­
gráfica. Este aspecto deberá tenerse en cuenta al situar los puntos a estudiar en el
campo.

2. Horizontes genéticos: Reglas de nomenclatura

La presencia de horizontes es el resultado de la evolución o génesis de un suelo a partir


de un m aterial originario, de ahí que se denom inen horizontes genéticos. La form ación de
horizontes, a veces denom inada horizonación, se debe a los diversos procesos que pueden
tener lugar dentro de un suelo. Tam bién suelen ser distintos unos suelos de otros debido a
que lo son o lo han sido las condiciones de m edio en un em plazam iento u otro (Cap. 18).
Esto explica las distintas m orfologías en suelos de diferentes localizaciones en un territorio.
Sin em bargo, la variabilidad no es infinita y al existir suelos con horizontes semejantes,
resulta posible desarrollar un sistem a de denom inación de ám bito general.

Dokuchaev introdujo la utilización de las prim eras letras del alfabeto latino
para designar los sucesivos horizontes de un suelo. Este uso se ha generalizado en
el ám bito mundial, ya que resultan una ayuda extrem adam ente útil para transferir
información en m orfología de suelos. Los horizontes principales se denom inan A,
B, C, etc. No obstante, hay que destacar que las distintas entidades que se vienen
ocupando de la nom enclatura de horizontes no han logrado un acuerdo com pleto al
objeto de uniform izar la simbología.

23
Para denominar los horizontes se puede emplear como criterios:

— Utilizar la nomenclatura en relación al ám bito de estudio o del destino que se vaya a


dar a la información requerida.
— Dada la casuística de algunas propiedades y características de los suelos, sólo pre­
sentes en determinadas condiciones y ám bitos geográficos, si bien con gran relevan­
cia en ellos, se considera que el edafólogo puede utilizar la sim bología que consi­
dere m ás ad e cu a d a p ara lo g rar una d escrip ció n m ás sa tisfa c to ria , d eb ien d o
especificarla en cada trabajo para evitar confusiones.

En el momento actual existen dos grupos de influencia, FAO y Soil Conserva-


tion Service del USDA, que han propuesto sus respectivos sistemas de denom ina­
ción de horizontes. En la presente obra se opta por la denominación que se consi­
dera más acorde con las características morfológicas de los suelos mediterráneos,
siempre dentro de las propuestas de los distintos grupos. Al realizar una descrip­
ción se hace necesario precisar qué normas se utilizan en cada caso ya que, a pesar
de que sería necesario un acuerdo en el uso internacional de la designación de
horizontes, ello no ha sido todavía posible. Tal situación resta utilidad y dificulta la
transferencia de conocimientos. Las equivalencias con otros sistemas pueden con­
sultarse en Roquero y Porta (1992).
La letra utilizada para designar un horizonte genético debe servir para transfe­
rir la información de que es portador un horizonte:

• Posición que ocupa el horizonte en el suelo.


• Proceso genético preponderante en la formación del horizonte.
• Característica o propiedad destacable.

Las reglas de nomenclatura cuya utilización se recomienda son las siguientes:

• Los horizontes principales se designan por medio de letras mayúsculas.


• El proceso principal responsable de la formación del horizonte se indica por letras
minúsculas que se añaden al horizonte principal como subíndice o como segundo
carácter. Por ejemplo, Bt representa la acumulación de arcilla (del alemán ton = arci­
lla) por movimiento dentro del suelo (translocación).
• Los índices numéricos sólo sirven para designar una secuencia en la posición del
horizonte dentro del suelo. Por ejemplo, B tl, Bt2.
• Los horizontes transición se designan por la combinación de las letras de los hori­
zontes afectados, sin índices.
— Si las propiedades del horizonte son intermedias, con un cierto predominio de las
características de un horizonte sobre las del otro. Por ejemplo, AB (predominan
las del A) frente a BA (predominan las del B).

24
— Si los horizontes principales son claramente identificables, con inclusiones de
uno de ellos en el otro, se designan ambos separados por una barra. Por ejemplo,
A/B o B/A, según cual predomine.
• Las discontinuidades litológicas representan cambios abruptos en la litología del
material originario del suelo, detectadles en sentido vertical en el perfil, causados por
procesos geológicos (Schaetzl, 1998). Se expresan anteponiendo a la letra del hori­
zonte un número arábigo de forma secuencial. Por ejemplo, A 2C.

La existencia de horizontes de transición, B/A y B/C y de discontinuidades


litológicas se ilustran en el siguiente esquema:

B/A

B s.v.Ma.v.yd,/,
i:1'.'-v.
B/C

Los horizontes genéticos principales se designan atendiendo a su posición en


el perfil y al proceso form ador preponderante, con la significación que se indica:

Denominación D efin ició n

H (histos, tejido) Horizonte orgánico de un suelo orgánico. Formado por acumulación «in situ» de
materia orgánica en superficie, en un medio saturado de agua durante períodos pro­
longados. Horizonte de turberas. Denominación FAO (Driescn et al., 1991).

materiales 0*Hs
minerales

20 % C. orgánico

O (orgánico) Horizonte orgánico de un suelo mineral. Formado en la parte superior del suelo
en condiciones predominantemente aerobias. Contiene un 20 % o más de carbono
orgánico. Horizonte típico de suelos de bosque.

25
D en o m in ació n D efinición

A Horizonte mineral oscurecido por aportes de materia orgánica. Formado en la


parte superior del suelo, o debajo de un O. El relativo oscurecimiento de su color se
debe a la materia orgánica, por aportes de hojas, raíces u otras partes de las plantas.
Puede haber perdido componentes por eluviación, si bien este proceso no tiene
carácter dominante. También se designa como A cualquier horizonte en superficie
afectado por laboreo o pastoreo.
E (eluvial) Horizonte mineral empobrecido por eluviación máxima. Su color claro se debe
a que ha perdido uno o más de los siguientes componentes: materia orgánica, hie­
rro, aluminio o arcilla. Presenta un enriquecimiento relativo de limo y arena. Se
halla debajo de un O o un A y encima de un B. Horizonte de algunos suelos ácidos.
B Horizonte mineral formado en el interior del suelo. Ha sufrido una destrucción
de toda o parte de la estructura originaria de la roca. Existen horizontes B de meteo­
rización, por ejemplo: Bw; así como de acumulación de distintos componentes, por
ejemplo: yeso By, arcilla Bt.
C Horizonte mineral, comparativamente poco afectado por procesos edafogéni­
cos, excepto meteorización o hidromorfismo. Saprolita o material de característi­
cas próximas a las del material originario. Si se trata de un material consolidado, al
ponerlo en agua 24 horas se deshace; en campo, si está húmedo puede ser cavado.
Puede tratarse de una capa de gravas.
R (roca) Roca consolidada subyacente, demasiado dura para romperla con la mano. Si
presenta grietas deben estar separadas más de 10 cm. Dureza mayor de 3 en la
escala de Mohs, excepto si se trata de yeso en forma de roca. Impide el paso de raí­
ces. Se requiere un pico para romperla. Sumergido en agua 24 horas no se deshace.
Contacto lítico.
K (kalk) Horizonte con gran acumulación de carbonato cálcico o carbonatos cálcico y
magnésico (Gile, 1965). Se corresponde al hipercálcico propuesto por el Internatio­
nal Committee on Aridisols (ICOMID) (Eswaran y Zi-Tong, 1991).
Y (yeso) Horizonte con elevado contenido de yeso. Su color blancuzco se debe al compo­
nente mayoritario. Equivale a un hipergypsico, según ICOMID.

Por lo general, la diferenciación de horizontes se hace patente a medida que


progresa la evolución del suelo. Así, por ejem plo, en el caso de un suelo que se
forme a partir de una roca caliza:

i i i r

El uso de letras minúsculas en la denominación de horizontes ya sea como subíndice o


como segundo carácter junto a la letra que designa al horizonte principal, sirve para desta­
car el proceso edafogénico dominante. En la descripción de los criterios básicos de diag­
nóstico que se da seguidamente se hace necesario utilizar algunos términos que se introdu­
cen más adelante en el texto, a donde se puede recurrir a través del índice alfabético del
final de la obra.

26
Los principales subíndices recomendados son:

Medios más representativos Nomenclatura Ejemplos de


Criterios básicos de diagnóstico
Proceso identificado y origen aplicación

Bosques Horizontes de superficie.


Descomposición de la m.o. Se aplica a un horizonte 0 .
Alta a Oa Menos de un 17 % (v) de fibras identificables.
Media e Oe 17 < fibras < 40 % en volumen,
Baja i Oi fibras > 40 % (v).
Suelos cultivados
Laboreo P Ap Horizonte en superficie, labrado o perturba­
(ingl.plough) do antrópicamente.
Compactación d Restricción física para raíces. Suela de la­
bor. Zonas com pactadas mecánicamente,
naturales o antrópicas.
Suelos mediterráneos
Mctcori/.ación w Bw Desarrollo de color o estructura diferentes a
(ingl. los del material originario. Puede presentar
weathering) síntesis (neoformación) de arcilla «in situ»,
sin translocación.
Acumulación de arcilla t Bt Revestimiento de arcilla en canales de raí­
iluviada (al.ton) ces y poros. Son debidos a translocación.
Deben ser verificados en lámina delgada. Se
aplica al B y al C.
Acumulación secundaria de k Bk Formas de acumulación de carbonato cál-
carbonatos alcalino-térreos (al. kalk) cico: carbonato cálcico pulverulento, ce­
mento geopetal. nodulos y otros. Eferves­
cencia con HCI del 11 %.
Acumulación en forma de n Bkn Acumulaciones de forma arriftonada, centi-
nodulos (ing. métrica, generalmente de carbonato cálcico.
nodule) Se excluyen los de hierro o manganeso.
Cementación m Bkm Cementado en más de un 90 % en volumen.
(ingl. Km Se añade a otro índice que indica el tipo de
massive) cemento.
Acumulación secundaria y By Formas de acumulación de yeso: vermifor­
de yeso (esp. yeso) me, cemento geopetal y otros. Ensayo con
BaCL.
Acumulación de sodio en na Btna Translocación de arcilla: revestimientos.
las sedes de intercambio: (lat. Análisis de laboratorio: porcentaje de sodio
sodificación y natrium) intercambiable E SP> 15 %.
alcalinización
Acumulación de sales más z Az Vegetación halófila. Ensayo Cl y S 0 4’_
solubles que el yeso
Suelos zona húmeda
Meteorización w
Acumulación de arcilla t
iluviada
Acumulación iluvial de h Bh Br y Cr < 3 (húmedo): c.o. > 1 %
complejos materia (lat.
orgánica-sesquióxidos, humus)
dispersables, amorfos s Bs Color (húmedo): Br y Cr > 4 —>

27
Medios más representativos Nomenclatura Ejemplos de
Criterios básicos de diagnóstico
Proceso identificado y origen aplicación
Algunos autores han gene­ h Ah Brillo por lo menos una unidad inferior al del
ralizado la utilización del horizonte subyacente, o 0,5 % más c.o. que
subíndice h para designar el 1C o ambas cosas y c.o. < 17 %.
horizontes ricos en
humus, con independencia Ah En Andosoles, p.e.
del proceso, horizonte A
enriquecido (Canadá SSC,
1978, Duchaufour, 2001).
Tanto los sesquióxidos hs Bhs Color: En húmedo el brillo y el croma es 3 o
como la materia orgánica menos (Cap. 3).
son significativos
Suelos hidromorfos
deificación g Ag, Bg, Cg Colores grises, moteados; derivado de condi­
(celta, gley) ciones anaerobias. Capa freática.
Acumulación de c Ce Elem entos esferoidales. Colores oscuros.
concreciones de hierro Condiciones hidromorfas actuales o anti­
y/o manganeso guas (paleo), muy prolongadas.
Otros medios
Acumulación secundaria q Cq Recubrimientos blancos de ópalo.
de sílice (ingl. quartz)
Cementación continua qm Bqm Horizonte subsupcrficial cementado por sí­
por material silíceo Cqm lice, difícil de trabajar con el cuchillo y que
no se deshace en agua. Insoluble en HC1 IN
y soluble en KOH en caliente. Tepetate
(P-P-)
Desarrollo de consistencia, X Cx Fragipán. Horizonte subsuperficial con den­
fragilidad o densidad sidad aparente alta. En seco parece cemen­
aparente elevada tado; en húmedo es muy frágil. Muy poco
permeable. Grietas poligonales.
Acumulación residual de ox. Box Análisis de laboratorio.
sesquióxidos en suelos (fr. oxide)
tropicales
lluviación de arcilla muy Pl Btpl Horizonte subsuperficial muy rico en arcilla
acentuada (esp. iluviada. Cambio textural abrupto.
planosol)
Oxidación de sulfuras j Bj Presencia de jarosita: KFe 3(S 04) 2(O H )6.
(esp. Posible en suelos drenados que contenían
jarosita) sulfuras. Condiciones de acidez extrema,
pH < 3,5.
Tipo de material r Cr Saprofita, roca ígnea meteorizada o rocas
blandas poco consolidadas. Impiden el paso
de las raíces. D ificu ltad de excav ació n
moderada a baja.
Horizonte f Zonas boreales.
permanentemente helado (ingl. frost)
Laterización V Plintita. Presencia de material rojizo rico en
hierro, entrerrejado con material de color
claro. Se endurece irreversiblemente al expo­
nerlo al aire, si se deseca y humedece repeti­
damente. Zona tropical, o en paleosuelos.
—>

28
Medios más representativos Nomenclatura Ejemplos de
Criterios básicos de diagnóstico
Proceso identificado y origen aplicación

Grado de meteorización di Bdi Horizonte subsuperficial (kándico, de kan-


del material mineral alto dita: silicato alumínico hidratado, en gene­
ral). Análisis de laboratorio.

Situaciones particulares
Horizonte enterrado b Ab Superposición de suelos. Se puede identifi­
(ingl. buried) car por una secuencia anómala de colores o
de propiedades en el perfil.

Suelos con arcillas


expandibles
Expansión-retracción de ss Bss Caras de deslizamiento brillantes. Típico de
arcillas (ingl. suelos con arcillas expandibles (Vertisoles).
slicken-
sides)

ESTUDIO DE CASOS
En la planificación de un estudio de suelos en un área semiárida, se desea que
todos los prospectores que van a intervenir en el equipo utilicen los mismos cri­
terios al describir los suelos. Para ello se prepara una guía que debe contem­
plar los siguientes casos, para los que debe concretarse la denominación a uti­
lizar, lo que se pide que haga:
1. Horizontes en superficie formados por una calcilutita, en superficie por ero­
sión y que es objeto de cultivo.
2. Horizontes que presentan una estructura y color diferentes a las del mate­
rial originario y cuya posición es subsuperficial.
3. Horizonte subsuperficial, estructurado, rico en materiales silicáticos y que
presenta yeso vermiforme.
4. Horizonte formado por gravas que presentan cemento geopetal.
5. Horizonte subsuperficial, con estructura edáfica, predominio de material
silicático, si bien presenta acumulaciones de carbonato cálcico.
6. Horizonte subsuperficial con acumulación generalizada de carbonato cál­
cico, sin estructura edáfica, y con más del 60 % de carbonato cálcico equi­
valente. Su color es amarillo anaranjado.
7. Horizonte subsuperficial cementado por carbonato cálcico.
8. Horizonte formado por una roca caliza dura, no fragmentada.

Respuestas
1. Ap 2. Bw 3. Bwy 4. Ck
5. Bwk 6. Bk = K 7. Bkm = Km (corresponde a una
costra caliza)
8. R

29
«M ás que “ suelo” y “ subsuelo” nos interesa conocer el suelo de arriba abajo, desde la
superficie hasta la roca o m aterial originario. En una palabra, nos interesa con o cer “la
naturaleza del suelo” y no una parte de él». E stas palabras fueron escritas y publicadas en
1938 por A ntoni Oriol y Josep Valle en el libro publicado en catalán Q ué és la C iencia
del sol. Los autores afirm an, no sin razón, que en to d a A gricultura se habla de «suelo»
(tierra trabajada y afectada por los aperos de labranza) y «subsuelo» (zona no intervenida
por ellos), lo que representa haberse quedado en una fase m uy inicial en la com prensión
del com portam iento «suelo», aquella en la que este ente natural era visto únicam ente
com o un soporte para el crecim iento de las plantas. De esta concepción del suelo procede
el criterio sim plista de los m uéstreos de 0 a 20 cm (una m uestra) y de 20 a 40 cm (otra)
en análisis de fertilidad, cuando lo que puede requerirse es una observación de todo el
perfil del suelo y no de sólo una parte de él, para poder llegar a un buen diagnóstico de un
problem a.

3. Sequum

Los suelos presentan una variabilidad espacial en sus características. La exis­


tencia de distintos horizontes en sentido vertical hace aparecer una anisotropía,
que define una secuencia de horizontes o sequum (pl. sequa). En los suelos más
evolucionados, el sequum se caracteriza por los horizontes eluviales en superficie,
los iluviales y los sucesivos horizontes por debajo hasta la aparición del material
originario.

En un suelo evolucionado del área m editerránea el sequum puede estar carac­


terizado por la presencia de horizontes eluvial e iluvial en una secuencia del tipo A
E Bt Bk Ck.

El sequum lateral viene definido por una sucesión continua de cuerpos de


suelo en dirección horizontal desde un suelo dado. Los cam bios en el sequum late­
ral suelen ser graduales, a no ser que haya m ateriales geológicos estratificados,
filones, laboreo, o que el suelo sea muy viejo.

4. Horizontes de diagnóstico

La definición de los horizontes genéticos es m eram ente cualitativa, lo que en


algunos casos puede dificultar su em pleo. Esto, unido al hecho de no haberse lle­
gado a una norm alización de la nom enclatura de horizontes genéticos a nivel inter­
nacional, dificulta la transferencia de inform ación m ediante ellos. Para evitar estos
inconvenientes, el Soil Survey Staff del USDA introdujo el concepto de horizontes
de diagnóstico, cuyo uso se ha generalizado en todo el mundo.

Un horizonte de diagnóstico es un horizonte definido m orfom étricam ente o al


menos con la m ayor precisión posible, con datos de cam po y de laboratorio, para
su utilización taxonóm ica.

30
El concepto de horizonte de diagnóstico se introdujo en la cuarta aproximación de Soil
Taxonomy en 1955 (Cline, 1979). La utilización de los horizontes de diagnóstico fue un
tema muy discutido inicialmente. M uir (1969), por ejemplo, afirm a que Soil Taxonomy da
más importancia a la presencia o ausencia de un horizonte de diagnóstico que al perfil en sí
mismo y que ello representa un retroceso en relación al sistema de Kubiena; Duchaufour
(1963) también resulta muy crítico. Contrariamente, Boulaine (1982) considera que la utili­
zación de los horizontes de diagnóstico hace que Soil Taxonomy se base en el principio
general de la edafogénesis; y según Smith (1981) representa introducir indirectamente la
génesis en la definición de los taxones.

Los horizontes de diagnóstico no son unidades independientes, sino que los de cada
suelo corresponden a una determinada organización y derivan de los procesos edafogénicos
actuantes. Esto, junto con la objetividad alcanzada en la aplicación de estos conceptos,
explica que su uso se haya generalizado. No obstante, se ha objetado que Soil Taxonomy ha
dado dem asiada preponderancia a algunos de estos horizontes como criterio de diagnóstico,
a pesar de que su identificación no siempre resulte incuestionable incluso en laboratorio, lo
que debilita las interpretaciones. La utilización de los horizontes de diagnóstico no va nece­
sariamente ligada a Soil Taxonomy, sino que otros sistemas de clasificación también los
usan (Caps. 19 y 20).

5. Epipedión y endopedión

Los horizontes de diagnóstico (S.S.S. 1999) formados en la parte superior del


suelo se denominan epipediones. Se caracterizan por presentar un color relativa­
mente oscuro, debido a la incorporación de materia orgánica por aporte de hoja­
rasca y raíces, o bien por ser horizontes eluviales superiores. En la clasificación
Soil Taxonomy se han establecido ocho epipediones (S.S.S. 1999). Los presentes
en el área mediterránea por orden de importancia en cuanto a la superficie ocupada
son: óchrico, úmbrico, móllico, antrópico, hístico. En otras zonas pueden hallarse
el melánico, el folístico y el plaggen:

Denominación C aracterísticas simplificadas

Móllico Con buena estructura. Horizonte de color oscuro debido a la materia orgánica; satu­
ración de bases alta (Cap. 9), superior al 50 %. Típico en suelos de pradera de gra-

Úmbrico Morfológicamente semejante al móllico, pero característico de suelos ácidos, con un


porcentaje de saturación de bases inferior al 50 %.
Antrópico Horizonte que ha adquirido unas características semejantes a las de un móllico por
intervención humana. A causa del estercolado y de aportes antropógenos cuyo conte­
nido en fósforo es muy elevado, lo que ofrece un criterio para diferenciarlo de un
móllico.
Plaggen De origen antrópico, formado por acumulación de los materiales de camas de ganado a
lo largo de muchos años. Ausente en el área mediterránea.
Óchrico Pobre en materia orgánica, en general, de colores claros y poco espesor para móllico,
estructura moderada, a veces duro o muy duro en seco. Típico en la zona mediterránea.
Hístico Horizonte orgánico formado en condiciones de saturación por agua durante períodos
prolongados. Típico de turberas (Histosoles). —>

31
Denominación C aracterísticas simplificadas

Mclánico Horizonte de color oscuro, con elevado contenido de materia orgánica, característico
de suelos volcánicos.
Folístico Generalmente material orgánico que contiene un volumen importante de fibras de
Sphagnum (más del 75 %) y una baja densidad aparente (Cap. 11). Saturado con agua
menos de 30 días.

Epipedión no es sinónimo de horizonte A, puede incluir parte o la totalidad del


horizonte B, si está oscurecido por materia orgánica desde la superficie. Por otro
lado, para que se trate de un epipedión se requiere la acción de procesos edafogé-
nicos, por lo que depósitos recientes, finamente estratificados, no constituyen un
epipedión.
Los procesos edafogénicos pueden dar lugar a la formación de horizontes den­
tro del suelo. Soil Taxonomy los denomina genéricamente horizontes de diagnós­
tico subsuperficiales, si bien resulta más adecuado el neologismo endopedión, que
se utiliza en la presente obra. Los endopediones se forman debajo de un A o de una
capa de hojarasca. Son el resultado de procesos de meteorización del material ori­
ginario o de la translocación de sustancias movilizadas en la parte superior del
suelo y acumuladas en el endopedión. En Soil Taxonomy (S.S.S., 1999) se han
definido 20 endopediones que recubren los distintos ám bitos geográficos y el
Comité Internacional de Aridisoles (ICOMID, 1989) propuso añadir el hipercál-
cico y el hipergypsico, si bien esta propuesta no ha sido aceptada.

Denominación C aracterísticas simplificadas

Cámbico Horizonte de meteorización. Corresponde a un B estructural, si bien no todos los


Bw equivalen a un cámbico.
Cálcico Horizonte de acumulación de carbonato cálcico o cálcico y magnésico: Bk, Ck.
Tiene 15 cm de espesor o más. Contiene un 15 % o más de CaCO, equivalente.
Pctrocálcico Horizonte cálcico cementado: Bkm, Km, Ckm.
Hipcrcálcico Horizonte de acumulación de carbonato cálcico o cálcico y magnésico, muy gene­
(ICOMID, 19S9) ralizada en todo el horizonte (> 60 %): K.
Argílico Horizonte iluvial en el cual se ha acumulado arcilla por translocación: Bt.
Glósico Horizonte con lenguas de álbico en un remanente de argílico, kándico o nátrico.
Gypsico Horizonte de acumulación de yeso: Bwy, By.
Petrogypsico Horizonte gypsico cementado: Bym, Ym.
Hipergypsico Horizonte subsuperficial con yeso muy abundante ( > 60 %): Y
(ICOMID. 1989)
Nátrico Horizonte con iluviación de arcilla sódica (porcentaje de sodio de cambio, ESP
> 15 % (SAR > 13): Btna.
Sálico Horizonte de 15 cm o más de espesor, con un enriquecimiento secundario de sales
más solubles que el yeso en agua fría.
Albico Horizonte fuertemente eluviado. De colores blancuzcos, debido a la arena y limo
residuales: E. -»

32
Denom inación C arac te rístic a s sim plificadas

Espódico Horizonte de acumulación iluvial de materiales amorfos, materia orgánica, alumi­


nio con o sin hierro, activos. Típico de los podzoles bien desarrollados: Bh. Bs,
Bhs.
Plácico Horizonte de poco espesor, cementado por hierro, hierro y manganeso, o por un
complejo de materia orgánica y hierro. Se puede presentar en podzoles.
Ortstein Horizonte cementado de materiales spódicos (Cap. 19).
Kándico Horizonte enriquecido en arcilla, sin exigencia de que la arcilla se identifique como
iluvial.
Fragipán Horizonte franco, franco arenoso o franco limoso, de densidad aparente (Cap. 11)
muy alta, duro en estado seco y frágil en estado húmedo, a menudo con moteado.
Estructura laminar, red poligonal con zonas blanquecinas. En superficies antiguas:
Bx, Cx.
Óxico Horizonte extremadamente meteorizado, química y físicamente, formado esencial­
mente por óxidos de hierro y aluminio hidratados, arcillas 1:1 (Cap. 7) y minerales
muy poco meteorizables. Zona intertropical.
Ágrico Horizonte iluvial, formado bajo la capa cultivada, con cantidades importantes de
limo, arcilla y humus iluviados a través de los poros grandes de la capa labrada.
Sómbrico Horizonte con humus iluvial, no asociado al aluminio ni al sodio. Baja saturación
de bases (< 50%).
Sulfúrico Horizonte extremadamente ácido (pH 1:1 en agua < 3,5), formado por oxidación de
materiales sulfurosos. Con motas de jarosita. Muy tóxico para la mayoría de las
plantas.
Duripán Horizonte cementado por sílice. Regiones volcánicas con clima con estaciones con­
trastadas (Duchaufour, 2001), por ejemplo, en Vilaflor (Tenerife).

Las correspondencias con los horizontes genéticos no son biunívocas, ya que


los horizontes diagnóstico han sido definidos de form a cuantitativa y con muchas
mayores exigencias.
La im portancia relativa con que se pueden presentar los horizontes diagnóstico
varía de unos ám bitos geográficos a otros:

AMBIENTES
Horizontes
Mediterráneo Templado-Húmedo Tropical húmedo Tropical árido
Epidediones:
• •• •• •• • ••
O chrico.......................
M óllico....................... • •• •
U m brico..................... • •• ••
Melánico..................... • •
A ntrópico................... •
Plaggen....................... •
Hístico ....................... • •
Folístico .....................
Endupediones:
C ám bico..................... • •• •• •• •••
C álcico ....................... •• ••
Argílico....................... •• • • •• •
Petrocálcico ............... •• •• ->

33
AMBIENTES
Horizontes
Mediterráneo Templado-Húmedo Tropieal húmedo Tropical árido

G ypsico........................ • •
A lb ico .......................... • • •
Nátrico ........................ • •
S á lic o .......................... • •
D uripán........................ • ••
A grico.......................... •
E spódico...................... ••• •
Fragipán ...................... •
G ló sic o ........................ •
Plácico ........................ •
O rtstein ........................ •
Óxico .......................... • ••
Kándico ...................... •
Sómbrico .................... •
Sulfúrico...................... •
Petrogypsico............... •

6. Soium

El solum es la parte del perfil más afectada por procesos edafogénicos y bióti-
cos, origen de las propiedades y características que han provocado su diferencia­
ción respecto al material originario. De una form a aproxim ada se puede considerar
que es el conjunto de los horizontes A y B. Para algunos tipos de estudios puede
resultar suficiente referirse a esta parte del pedión, en lugar de considerar todo el
suelo.
El solum es un perfil incompleto. El límite inferior del solum es difícil de establecer
(Chizhikov, 1968). La aplicación práctica de este concepto puede resultar dificultosa, si se
atiende a la definición estricta. Por ello en la práctica se suele tomar como límite inferior la
profundidad máxima alcanzada por las raíces de las plantas perennes, lo que corresponde a
la zona de actividad biológica más intensa. A partir del estudio del solum, un prospector
experimentado debe ser capaz de inferir las propiedades del suelo completo. En algunos
casos, será necesario estudiar todo el perfil, precisamente para explicar por qué se detienen
las raíces donde lo hacen.

7. Sección control

Para algunas aplicaciones, el estudio puede concretarse en una parte del suelo,
delimitada de forma específica, adaptada al objetivo buscado y establecida con la
mayor precisión posible. Esto ha llevado a introducir el concepto de sección con­
trol (S.S.S., 1975), que se utiliza para caracterizar el régimen de humedad del suelo
(Cap. 19), para definir familias de suelos según las clases del tamaño de las partí­
culas o según las clases mineralógicas, etc. El criterio utilizado para delim itar una
sección control no es el mismo según la característica a que se haga referencia.

34
La determinación de la sección control de humedad de un suelo determinado tiene por
objeto facilitar la estimación de su régimen de humedad, que está estrechamente relacio­
nado con la disponibilidad de agua para las plantas y su crecimiento, de ahí que se tome en
consideración en la denominación de los suelos según Soil Taxonomy.
La sección control de la mayoría de los suelos tiene como límite superior el definido
por la profundidad a la que llega el frente de humectación después de 24 horas de añadir 25
mm de agua al suelo en estado seco y el inferior, después de 48 horas de añadir 75 mm:

Como límites orientativos de la sección control de humedad en función de la clase tex-


tural (Cap. 6) pueden tomarse a falta de medidas en campo:

10
20
* * * * *
30 30
* * * * * 00000000
* * * * 00000000
* * * * * 00000000
60 00000000
00000000
00000000
00000000

cm cm 90
cm

La presencia de elementos gruesos hace que estos límites sean más profundos, también
se verán afectados por la presencia de galerías de animales, grietas, etc.

35
8. Bibliografía

8.1. Bibliografía básica


FAO: World Referente Base for Soil Resources World Soil Resources Report 84. Food and
Agriculture Organization of United Nations. 88 pp. Rome, 1998.
ICEA: Denominado d ’horitzons genétics. Grup de Trcball de Nomenclatura d’horitzons de
sois. Quadems Agraris. 16:11 1-126. Barcelona, 1993.
Nieves, M. y V. Gómez: Designación de los horizontes y capas de suelo. Agencia del
Medio Ambiente. 137 pp. Madrid, 1992.
5.5.5.: Soil Taxonomy. A Basic System ofSoil Classificatdion for Making and Interpreting
Soil Surveys. Natural Resources Conservation Service. 869 pp. USDA Washington,
D.C. 1999.’

8.2. Bibliografía de referencia


Boulaine, J.: Typologie des sois. Dept. des Sois. INA, 8:1-135, 1982.
Bridges, E. M.: Origins, Adoption and Development ofSoil Horizon Designations. Adv. in
Geo Ecoiogy 29:47-65. Catena Verlag Reiskirchen, 1997.
Cañada S.S.C.: The Canadian System o f Soil Classification. Cañada Department of Agri­
culture Publication 1646. 164 pp. 1978.
Cline, M. G.: Soil Classification in the United States. Department of Agronomy 904 Brad-
field Hall. Comell University, 207 pp. 1979.
Chizhikov, P. N.: The lower soil boundary. Soviet Soil Sci., N.° 11:1489-93. 1968.
Drissen. P. M. y R. Dudal: The Major Soils o f the World. Agricultural University Wagenin-
gen & Katholieke Universiteit Leuven. 310 pp. 1991.
Duchaufour, Ph.: Soil Classification. A comparison o f the American and The French Sys­
tems. J. Soil Sci.14,1:149-152, 1963.
Duchaufour, Ph.: Introduction á la Science du sol. Sol, végétation, environnement. 331 pp.
Dunod. 2001.
Gaucher, G.: Les Facteurs de la pédogénése: Tome II G. Lelotte 730 pp. 1981.
Gile, L. H.; Peterson, F. F. y Grossman, R. B.: The K horizon: a master soil horizon o f car­
bonate accumulation. Soil Sci. 99:74-82, 1965.
ICOMID: in Eswaran, H. y Zi-Tong, G.: Properties, Génesis, Classification, and Distribu-
tion o f Soils with Gypsum. SSSA Special Public. N. 26:88-119. 1991.
Johnson, W. M.: The pedon and the polypedou. Soil Sci. Soc. Am. Proc. 27:212-15. 1963.
Muir, J. W.: A natural system o f soil classification. Journal of Soil Science. Vol. 20 N.° 1:
153-166. 1969.
Oriol, A. y Valle, J.: Qué és la Ciencia del Sdl. Biblioteca del Pagés. D.G. Agricultura. 128
pp. Barecelona, 1938.
Roquero, C. y Porta J.: Agenda de campo para estudio del suelo. UPM. Madrid, 1992.
Schactzl, R. J.: Lithologic discontinuities in some soils on drumlins: theory, detection and
application. Soil Science. 163,7:570-590. 1998.
Smith, G.: Soil Climate in Soil Taxonomy. Third Int. Soil Classi£ Workshop. 1-10. Damas-
cus, 1981.
5.5.D.S.: Soil Survey Manual. Soil Survery División Staff. USDA Handbook N. 18.437 pp.
1993.
Soil Survey Staff: Soil Taxonomy. A Basic System o f Soil Classification for Making and
Interpreting Soil Surveys. USDA. Handbook N.° 436, 754 pp. 1975.

36
3
Morfología y descripción de suelos
Hay que destacar la importancia del trabajo de campo para llegar
a entender la génesis y el comportamiento de los suelos.
P hter , W. B irkeland . 1973

Uno de los primeros pasos en el estudio de un suelo es su descripción. Para


hacerlo se recurre, por lo general, a los rasgos morfológicos, porque son fácilmente
observables y reflejan la acción de los procesos formadores del suelo. La actuación
de unos u otros procesos proporciona información acerca de las condiciones de
medio en que se ha desarrollado el suelo. El estudio de la morfología de suelos se
halla muy desarrollado, por su utilidad en obtener información acerca del suelo.

Los caracteres observables en un suelo, m orfológicos o derivados, son


aquellas propiedades relacionadas con la organización del suelo en horizontes
(espesor y disposición) y, para cada horizonte, textura, estructura, porosidad,
consistencia, etc. (SSSA 1987).

El estudio de la morfología permite reconstruir los procesos edafogenéticos,


las condiciones del medio bajo las cuales aquéllos tuvieron lugar y, en muchos
casos, interpretar o predecir el comportamiento de las plantas y la respuesta del
suelo frente a actuaciones tecnológicas o a cambios de uso.
La morfología puede describirse en campo por medio de la vista y el tacto
(macromorfología) o bien en laboratorio por medio de análisis: observaciones con
lupa (mesomorfología); en láminas delgadas con ayuda de un microscopio petro­
gráfico (micromorfología); o con técnicas que permitan un m ayor detalle (submi-
croscopía). La interpretación de propiedades m acrom orfológicas constituye el
enfoque metodológico que con mayor facilidad, rapidez y economía permite obte­
ner información acerca del suelo.

1. Propiedades observadas y propiedades inferidas

Existen una serie de características del suelo que pueden observarse directa­
mente y medirse fácilmente en el campo. Las relaciones existentes entre característi­
cas morfológicas y otras propiedades de interés (funciones de edafotransferencia,
Lilly, 2000), permiten inferir éstas a partir de aquéllas. El establecimiento de tales
relaciones es, a menudo, una labor delicada que requiere una gran experiencia local.

37
Su interés es incuestionable para deducir o inferir otras propiedades más difíciles de
medir en el campo o que requerirían análisis de laboratorio lentos y costosos.
Una prospección edafológica de calidad será aquélla que tome en considera­
ción propiedades altamente relacionables con procesos formadores y con el com ­
portamiento del suelo frente a posibles usos o actuaciones. Lo deseable será que se
hayan establecido relaciones m orfología-respuesta para los suelos de una determ i­
nada localidad o región, debiendo evitar generalizaciones indiscriminadas en la
aplicación de tales relaciones a suelos de otras zonas, sin contrastar previamente su
validez. Entre las relaciones cualitativas de validez bastante general cabe indicar
las siguientes:

Propiedades
Propiedades de posible inferencia
observadas
Límite entre Abrupto:
horizontes — Laboreo.
— Sucia de labor. Impide el paso de las raíces y el agua.
— Vejez del suelo. Facilita la identificación de horizontes.
— Contacto lítico.
Irregular:
— Con digitaciones oscuras del A que entran en el B: actividad de la macrofauna.
— Con amplias ondulaciones: en suelos de bosque pueden corresponder a árboles
arrancados por el viento.
Lenguas o digitaciones:
— Un álbico, E, que entre en un argílico o un nátrico: vejez del suelo. La lengua
puede corresponder a una vía de circulación preferente del agua.
Espesor de un El espesor del epipedión suele estar relacionado con el crecimiento de las plantas
horizonte y el rendimiento de los cultivos.
Epipedión de gran espesor: Vegetación originaria a base de gramíneas.
Profundidad del Posibilidades de enraizamiento en general y anclaje para árboles.
suelo Disponibilidades de agua y nutrientes.
Aptitud del suelo para el crecimiento de las plantas.
Profundidad Profundidad hasta la cual pueden desarrollarse las raíces, siempre que el agua no
efectiva sea un factor limitante. Puede haber unas pocas raíces finas o muy finas.
Debe indicarse la planta de referencia.
Restringida por contacto lítico o paralítico; horizonte cementado; horizonte
compacto, temperatura del suelo; fragipan.
Color Componentes:
— Color oscuro:
• Materia orgánica
• Minerales ferromagnesianos
• Heredado del material originario (esquistos)
• Óxidos de hierro y manganeso
• Materiales piroclásticos (lapilli)
— Color blancuzco:
• Arena cuarzosa
• Caliza
• Yeso
• Algunos materiales volcánicos: pumitas y jabíes (Canarias, México, etc.).
• Sales más solubles que el yeso (eflorescencias blancas en superficie).

38
Propiedades Propiedades de posible inferencia
observadas

— Color rojo a amarillo:


• Óxidos de hierro de menos a mas hidratados.
• Heredado del material originario (margas rojas).
Régimen de humedad:
— Colores grises: síntomas de reducción.
— Colores grises con moteado: síntomas redox.
— Colores grises: zonas decoloradas por perdida de óxidos de hierro (laterita).
— Colores amarillo pálido a gris: posibles problemas por drenaje deficiente;
asfixia radicular.
— Colores rojos a pardos: buena aireación, buena eliminación del agua, buen
drenaje.

Manchas Régimen de humedad del suelo.


— Drenaje deficiente: Hidromorfismo temporal.
Pueden deberse a procesos de meteorización.

Elementos Disminución del volumen de suelo explorablc por raíces.


gruesos Dificultades para la mesofauna.
Problemas de laboreo. Desgaste de aperos.
Menor tendencia a la compactación y a la formación de costra superficial.

Textura Comportamiento frente al laboreo.


Capacidad de retención de agua disponible para las plantas (CRAD).
Riesgo de compacidad: dificultad para el paso de las raíces en horizontes muy
arcillosos.
Disponibilidad de nutrientes. Baja en horizontes arenosos.
Erosionabilidad.
Rendimiento de los cultivos.

Estructura Aireación.
Movimiento del agua.
Nascencia. Costra superficial.
Erosionabilidad.
Paso de raíces. Muy restringido en horizontes con estructura maciza.

Consistencia Impedimento al paso de raíces.


Suela de labor.
Aireación.
Compactación.
Adherencia. Resistencia a la deformación.

Cementaciones Impiden el paso de raíces y dificultan el movimiento del agua.


Dificultan las obras de ingeniería.
Acumulaciones Procesos edafogenéticos específicos. Argiluviación: acumulación de arcilla
iluviada; etc.
Influencia sobre la reserva de agua.
Condicionantes para el crecimiento de las plantas. Sales solubles.

Grietas Arcillas expandibles.


Problemas con las raíces de los árboles: roturas.
Dificultades en la distribución del agua de riego.
Problemas en construcciones y canales.

39
2. Metodología para estudios macromorfológicos

El estudio morfológico de un suelo exige la apertura de una calicata, que es


una excavación. Para facilitar el trabajo, uno de sus frentes tiene de 70 a 100 cm de
ancho, y su profundidad debe ser tal que permita llegar a comprender la organiza­
ción del suelo como un todo, su génesis y respuesta frente a diversos usos. En el
área m editerránea suele ser suficiente profundizar hasta 180 cm, si no aparece
antes el material originario o un horizonte fuertem ente cem entado que impida
seguir profundizando. Una calicata tiene tres paredes verticales para poder obser­
var bien el perfil y los horizontes y la otra inclinada o con escalones para facilitar
la entrada (Oriol & Valle, 1938):

Al abrir una calicata hay que aplicar criterios respetuosos con el suelo a rehabilitar una
vez acabado el estudio. Para ello el material de la parte superior, correspondiente al epipe-
dión, se amontonará separadamente del resto, de forma que no se mezclen los materiales y
al tapar la calicata se pueda reponer en su lugar y se rehabilite el suelo adecuadamente. La
excavación se realiza de forma que la calicata quede orientada para recibir luz solar sin
sombras en algún momento del día y el frente sea lo más vertical posible, evitando colocar
tierra encima de este frente, o alterar la vegetación natural o el cultivo, para que se puedan
tomar fotografías de calidad.
Para estudios en visión estereoscópica se harán dos tomas desde posiciones separa­
das aproximadamente un metro. Las fotos deben hacerse antes de la descripción, prepa­
rando el perfil para eliminar las huellas de la excavadora. Se procede a fotografiar el
perfil colocando una escala decimétrica o centimétrica y, generalmente, una referencia
escrita.

40
En suelos en ladera se estudia el perfil lateral en el sentido de la ladera, de lo contrario
se obtendrá la sensación de que los horizontes son aproximadamente horizontales. En posi­
ciones geomorfológicas en las que aparezca una capa freática será necesario achicar el
agua, para tener acceso a todo el perfil.
Al iniciar el estudio de una calicata resulta conveniente hacer una primera
observación en los frentes y paredes laterales, con el fin de reconocer la posible
varibilidad lateral. En este momento es preferible no limpiar las superficies, ya que
la estructura se identifica mejor si el perfil ha tenido ocasión de secarse y, además,
puede haber caracteres tem porales, tales com o eflorescencias salinas, que constitu­
yen una información que podría perderse.
Posteriormente se procede a limpiar cuidadosam ente el perfil con un cuchillo
de monte o instrum ento análogo y, si se cree necesario, se profundiza horizontal­
mente. Se localizan los límites entre horizontes que se señalarán con el cuchillo y
se anotará la profundidad de cada horizonte. Se describirán suficientes horizontes
para dar una imagen clara del suelo, si bien se minim izarán las variaciones en la
interpretación visual, para no realizar subdivisiones innecesarias. Se establecerán
relaciones entre horizontes (Bridges, 1997). Identificados los horizontes, se estu­
dian detalladam ente a partir de las características de referencia. Se da nombre a
cada horizonte y se realizan las anotaciones en una ficha norm alizada de descrip­
ción, de la forma más objetiva posible utilizando criterios estándar, para facilitar el
intercambio de información y poder establecer comparaciones.
Un prospector experimentado puede describir por término medio entre 5 y 6 calicatas
en una jornada de trabajo. Un principiante no debe desesperar si no es capaz de distinguir
inmediatamente los horizontes, algunos a veces no están presentes.
Después de la descripción se procede al muestreo. Las muestras se toman con una fina­
lidad determinada, por lo que el prospector debe anotar en la ficha los análisis a solicitar del
laboratorio, que serán aquellos que le vayan a ayudar en sus interpretaciones. Si se mues-
trea todo el perfil, las muestras se tomarán empezando por la base. Las bolsas de plástico se
etiquetan por fuera, anotando la referencia de la calicata y la profundidad de muestreo tanto
en la bolsa como en la ficha.
El estudio de cortes de carretera, taludes o trincheras debe evitarse como fuente de
información básica, ya que las superficies al estar expuestas a la intemperie sufren modifi­
caciones tanto en su morfología como en sus propiedades químicas. En algunos casos, la
parte superior incluso puede haber sido eliminada, o recubierta con materiales paleados.

3. Límites entre horizontes

El suelo está organizado en horizontes, relacionados entre sí debido a los procesos


formadores. El paso de un horizonte al siguiente implica un cambio de propiedades,
que tiene lugar a lo largo de un cierto espesor, que define el límite entre horizontes.
La distancia vertical a lo largo de la cual se produce el cam bio de un horizonte
al siguiente define la am plitud o nitidez del límite, utilizándose las siguientes
denominaciones para describirla:

41
C rite rio a d o p ta d o D e nom inación

Menor de 0,5 cm Muy abrupto


0,5-2,5 cm Abrupto
Menor de 2,5 cm (en la parte inferior de un Ap) Abrupto por labo­
reo
2,5 a 5 cm Neto
5 a 12 cm Gradual
Mayor de 12 cm (se puede describir como horizonte de transición) Difuso
Límite entre el suelo y un material subyacente coherente y duro (SSS, 1999). Contacto
Se requiere un pico para romperlo. Si hay grietas la distancia debe ser mayor lírico
de 10 cm. No se refiere a la aparición de endopediones cementados tales como
un duripan o un petrocálcico.
Límite entre el suelo y un material subyacente continuo y coherente (SSS. 1999). Contacto
Materiales parcialmente consolidados (areniscas, lutitas, pizarras sedimentarias, paralítico
etc.). Un fragmento, agitado durante 15 horas en agua o en una solución de
hexametafosfato sódico, se disgrega. La densidad o consolidación es tal que las
raíces no pueden entrar. Si hay grietas la distancia ha de ser mayor de 10 cm.
Cuando está húmedo se puede excavar con dificultad con una pala.
Puede tratarse igualmente de una capa de gravas.

La topografía del límite se refiere a la forma de la superficie de separación


entre horizontes:

Criterio estándar Denominación

El límite es casi un plano, paralelo o subparalelo a la superficie del suelo, Plano


con pocas o sin irregularidades.
El límite forma sinuosidades, más anchas que profundas. Ondulado
El límite forma sinuosidades que son más profundas que anchas. Irregular

Anguloso

Dcndrítico

Denticulado

Dignaciones

Lenguas

Lobulado

Límite interrumpido o quebrado porque el horizonte es discontinuo Discontinuo


(desarrollado en fisuras o bolsadas), como en un B sobre una caliza dura.

42
La relación entre horizontes puede proporcionar información acerca de la formación y
evolución del suelo y del paisaje, así como de posibles alteraciones de origen antrópico.
Un cambio textural abrupto es un síntoma de vejez. Es el que se presenta, por ejemplo,
entre un horizonte álbico y un argílico subyacente. Las lenguas de álbico que entran en un
argílico se interpretan como vías preferenciales de circulación de agua. Un límite abrupto
por laboreo, definido por la presencia de una capa compactada, supone un impedimento a
la penetración de las raíces, una falta de aireación y mala circulación vertical del agua. Un
límite abrupto puede indicar igualmente una superposición de materiales, es decir, una dis­
continuidad litológica.

4. Descripción de suelos en el campo

Una descripción de un suelo incluye cuatro bloques de inform ación, uno de


carácter general, referente a la localización, cartografía y condiciones de medio;
otro sobre usos del terreno y tecnología de suelos; la descripción propiamente
dicha, horizonte a horizonte y basada en el valor modal de cada variable y un
cuarto bloque con una propuesta de clasificación y la significación cartográfica
del suelo descrito. Existen fichas norm alizadas y criterios estándar que permiten
recoger de form a sistem atizada y com parable la inform ación, que básicamente
hace referencia a:

Ficha Información contenida

001 Localización
002 Cartografía. Teledetección
003 Prospección: Prospector, fecha
004 Características Climatológicas y Meteorológicas
005 Temperatura y agua del suelo
006 Geomorfología
007 Pedrcgosidad superficial y afloramientos rocosos
008 Material originario
009 Vegetación natural
010 Usos del terreno
011 Tecnología de suelos
012 Descripción de horizontes
013 Características y criterios estándar de descripción
014 que se
015 exponen
016 a lo
017 largo
018 del
019 presente
020 capítulo
021 Clasificación y significación cartográfica

Hay propiedades del suelo que por su relevancia deben describirse siempre, por tal
motivo suelen consignarse en primer lugar; otras se consideran frecuentemente, pues su
descripción puede resultar útil en ciertos casos, mientras que otras tienen interés ocasional.

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Según cual sea el objetivo de una prospección, habrá que prestar mayor atención a unos
u otros caracteres. Toda descripción incluye siempre para cada horizonte: espesor, límites,
color, textura, estructura, pedregosidad, materia orgánica y presencia o ausencia de carbo­
nato cálcico, caracteres que figuran siempre en cualquier ficha normalizada.
En una descripción se utilizan variables continuas (profundidad de un horizonte, nivel
freático, etc.); variables dicotómicas que constituyen un caso particular de variables discre­
tas, las de orden 2; y variables discretas ordenadas y no ordenadas. En algunos casos, dado
que la observación en el campo es descriptiva y semicuantitativa, una variable puede tra­
tarse como discreta, a pesar de que en realidad sea continua. Para ello se establecen cierto
número de clases o intervalos secuenciales e independientes cada uno del siguiente, en uno
de los cuales puede hallarse el valor de la variable. Las clases de drenaje, el tamaño de las
manchas, entre otros, son ejemplos de datos que son tratados como variables discretas
ordenadas a pesar de ser variables continuas. Las variables discretas no ordenadas pueden
contener información literal (núm. del pedión, prospector, etc.) o información codificada
(tipo de roca, por ejemplo).
Los criterios estándar de descripción que se dan a continuación son los contenidos en el
«Manual del usuario para la descripción codificada de suelos en el campo» que sirvió de
base para elaborar «SINEDARES, Manual para la descripción codificada de suelos en el
campo» (C.B.D.S.A. 1983), recomendado por la Comisión del Banco de Datos de Suelos y
Aguas del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España, creada por O.M, de
6 de abril de 1979 acordes con otros planteamientos (SSDS, 1993; Hodgson, 1987, etc.).

4.1. Estado de humedad


El término humedad se prefiere al de contenido de agua, ya que el primero
tiene unas connotaciones de intensidad, mientras que el segundo implica única­
mente cantidad (Hillel, 1980).
El estado de humedad hace referencia a las condiciones de humedad de un horizonte en el
momento de estudiar el suelo. La descripción del estado de humedad se basa en una aprecia­
ción generalmente subjetiva. Para cuantificarlo habrá que recurrir a un muestreo especial en
recipientes herméticos y posterior análisis de laboratorio. En campo se utilizan los criterios clá­
sicos propuestos por Israelsen y cois. ( I965), si bien no contemplan el caso de suelos formados
a partir de materiales volcánicos y que presentan unas propiedades especiales denominadas
tixotrópicas. Los criterios son los siguientes:

Criterios estándar
Estado
Textura Ensayo
<- 1500 kPa Gruesa o moderadamente Granos sueltos, se disgrega entre los dedos. Seco
Baja conductividad tér­ gruesa
mica, por lo que da la
Media Pulverulento a veces en costras que se re­
sensación de estar ca­
ducen a polvo al romperse.
liente al apretarlo en la
mano. Fina o muy ñna Duro, muy reseco, agrietado a veces tiene
costras superficiales que se disgregan.
—»

44
Criterios estándar
Estado
Textura Ensayo

-33 a -1500 kPa Gruesa o moderadamente No se puede formar una bolita, Ligeramente
Está frío gruesa húmedo
Suelo seco en apariencia Media La bolita se hace migajas, pero se mantiene
relativamente compacta bajo presión.
Fina o muy fina Ligeramente moldeablc, se puede formar
una bolita al presionar.
-33 kPa Ausencia de agua libre, las películas de agua son suficientemente Húmedo
Conductividad térmica delgadas para no ceder agua.
alta, por lo que da la sen­ No cambia el color al añadir una gota de agua.
sación de estar frío Gruesa Bajo presión se puede formar una bolita
que se disgrega fácilmente.
Moderadamente gruesa Se forma una bolita con dificultad, que se
rompe fácilmente y que se adhiere a la
mano.
Media Se puede formar una bolita moldeable.
Untuosa si es más arcillosa.
Fina Se forma un cilindro con facilidad cuando
se amasa entre los dedos. Tacto untuoso.
>-33 kPa Suelo mojado, no escurre agua al presionarlo en la mano, pero deja Mojado
una huella húmeda en ésta. No cambia de color al añadir una gota de
agua.
-1 kPa Al presionar una muestra con la mano escurre agua. En la calicata Saturado
rezuma agua, aunque el flujo puede ser lento. Los suelos turbosos
están corrientemente saturados, a no ser que hayan sido drenados.
En las turbas se describirá como saturado si el nivel de la capa freá­
tica se halla dentro de los 20 cm superiores del material.

4.2. Color
El color es una propiedad que intrínsecamente no tiene apenas significación
sobre el com portamiento del suelo. Su interés radica en que permite inferir otras
propiedades, la naturaleza posible de los componentes, y la respuesta esperable de
las plantas (Bigham y Ciolkosz, 1993).
Existen colores heredados del material originario (suelos litocromos) y colores
adquiridos durante la edafogénesis.
Para evitar imprecisiones al describir el color se utiliza el código desarrollado por
Munsell, profesor de Arte en Boston, posteriormente modificado por la Optical Society
of America y adoptado por el Soil Survey Manual en 1951. La descripción se realiza por
comparación directa utilizando una tabla de colores: Tabla Munsell, que consta de unos
250 colores.
El color se describe a partir de los tres parám etros básicos que lo componen:
matiz, brillo (ordenada) y crom a (abscisa). Cada color puede asociarse a un punto
del espacio color, definiendo un sólido de color de forma cilindrica.

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Los parámetros básicos son:

Matiz
• Expresa la longitud de onda dominante en la radiación reflejada (color espectral
dominante).
Se consideran cinco colores principales (R, rojo; Y, amarillo; G, Verde; B, azul y P,
púrpura) y cinco intermedios o complementarios: YR, GY, BG, PB, RP.
• Se debe principalmente a la presencia de óxidos de hierro con distinto grado de
hidratación.
• Para cada color se establece una gradación de 0 a 10.
Así, por ejemplo, OR 2,5R 5R 7,5R 10R = OYR.
• En una circunferencia: 360°/5 = 72° separan dos colores principales consecutivos.

0 Rojo

• Cada hoja de una tabla Munsell corresponde a un matiz, es decir, a una misma longi­
tud de onda.
• Los matices rojos (R) son frecuentes en suelos mediterráneos, tropicales y ecuatoria­
les, debido a la deshidratación casi irreversible de los óxidos de hierro que tiene
lugar durante los períodos de desecación del suelo.
• Los suelos con condiciones reductoras presentan matices verdosos y azulados.

Brillo (albedo)
• Expresa la proporción de radiación reflejada en un intervalo de longitud de onda de
0,3 a 3 pm, respecto a la radiación incidente.
• Mide el grado de claridad o de oscuridad relativa del color comparado con el blanco
absoluto.
• En una página de la tabla se representa enordenadas:
0 = 0 % de luz reflejada, color negro
10 = 100 % de luz reflejada, color blanco
• En los suelos los brillos más altos suelen ser del orden de 8 a 9.
• Es función del contenido de humedad.
• Los datos de mediciones de albedo tienen interés para controlar elcontenido de agua
en la superficie del suelo; evaluar las variaciones espaciales del balance deradiación en
la superficie terrestre entre otros aspectos (Matthias et al. 1999).

46
Croma (intensidad cromática)
• Expresa la pureza relativa del color del matiz de que se trate.
• Corresponde a la intensidad del color espectral dominante o saturación cromática.
• Es inversamente proporcional a la dominancia del gris. A mayor pureza de color
corresponden valores de croma más altos.
• En los suelos el croma no suele ser superior a 8.

Interpretación del color


Ejemplo, caso del color negro. Puede ser debido a:
• Materia orgánica, característica de los horizontes superficiales.
• Componentes ferromagnesianos y a componentes litológicos negros, como los
esquistos, lapilis negros (picón en Canarias).
• Costras negras de materia orgánica en la superficie de suelos alcalinos (muy poco
frecuentes en España).

Se describe el color del material del suelo, por lo general el color del conjunto o matriz,
a partir de una superficie de un fragmento en estado seco, si es posible, y en húmedo. Para
ello se humedece la muestra e inmediatamente después de que desaparece la película de
agua de la superficie se compara con la tabla.
Si el color del interior de un agregado difiere del de las caras, o si hay manchas (mote­
ado), se describirá cada uno de los colores por separado, empezando por el más abundante

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en volumen (modal). La descripción y su notación no suponen una interpretación del ori­
gen de la coloración descrita. Existen en el mercado dos versiones de tablas Munsell, una
americana (Munsell Colour Co. 1998) y otra japonesa. Es un material delicado y de coste
elevado.

ESTUDIO DE CASOS
Al describir un suelo con tres horizontes se describen los colores de la matriz
en seco y en húmedo:
Ap(7,5 YR 4/2; 7,5 YR 2/2); Bw(10 YR 6/4; 10 YR 4/4); Bkn(7,5 YR 8/3; 7,5 YR
6/3).
Los nodulos del Bkn son en húmedo 7,5 YR 5/6.
Realizar una anotación codificada de acuerdo con la ficha normalizada de des­
cripción según SINEDARES (para lectura mecanizada).

Respuestas
COLOR 13 C olor 1 C olor 2 C olor 3

PARTE D ESC R ITA 1234 5 123 4 5 12345


No descrito
Matriz ............................................................. 1
Caras de los agregados ............................... 2
Interior de los a g r e g a d o s ............................ 3
Cutanes ........................................................... 4
N o d u l o s ........................................................... 5 -
Fragmentos de r o c a ...................................... 6
Ca p a orgánica enterrada ............................. 7

ESTADO DE H UM ED A D 1 2345 1234 5 2 345


No descrito !
-i
1
->
M A T IZ 12 3 4 5 1 2 3 4 5 12 3 4 5 B R ILL O 1 2 3 4 5 12 3 4 5 12 3 4 5
N 1 80
5 R 2 75
7.5 R 3 70
10 R 4 65
2.5 YR 5 60 - ~
5 YR 6 55
7.5 YR 7 ==■ - ■ - 50
10 Y R 8 “ 45
2.5 Y 9 40 -
5 Y 10 35
30
CROMA 2 3 4 5 1 2 3 4 5 1 2 3 4 5 25
10 20 L—
15
20 — —
25
30
35
40
50
60 —
70
80

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4.3. Manchas
La existencia de manchas (moteado) puede proporcionar información acerca
del régimen de humedad y aireación actuales, así com o las condiciones redox
durante la genésis del suelo. Generalmente, un horizonte se describe con moteado,
si está afectado por manchas en un 10 % o más.
La información hace referencia a la proporción, tamaño, nitidez del límite, forma, natu­
raleza, distribución, color Munsell y contraste de las manchas. Se describen las manchas
más frecuentes y se anota su diámetro o su dimensión mayor, excepto en las lineales. La
nitidez de los límites se refiere al espesor que debe atravesarse para pasar de la mancha a la
matriz del suelo. Resulta de interés avanzar alguna hipótesis sobre el origen de las manchas
y su naturaleza. El contraste se refiere a la facilidad con que se reconocen las manchas. La
proporción se expresa en porcentaje de superficie vertical cubierta por manchas, se estima
según la siguiente tabla (FAO, 1977):


a
-
■ — -----
■ w

- . *
1 ■ "■ ■
. 1" ■
t j
■ m ■ ■
m m
i
■ ■ ■ L um
■ ■ ■■ —
'■ | ■ ■■■■i ■
m ■■ " - ■ ■■ ■
M. ■ - '- " i
1% 5% 15% 30%



i

■■■.
r
-
■ :
■ - i

■ ¿lía1

■ i ■ ■
■ >
wmm i 1 M k
3 ? j"

2% 7% 20 % 40 %

10 ' 25' 50%

4.4. Estado de oxidación

El régimen de humedad del suelo influye sobre la aireación y el estado de oxi­


dación, por consiguiente condiciona la vida de las raíces y microorganismos. Tiene

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especial significación para diagnosticar la presencia temporal y el comportamiento
de una capa freática.
El estado de óxido-reducción es una propiedad que se puede inferir a partir del color, de
la existencia de moteados, del estado de las raíces y a veces del olor. Los colores grises ver­
dosos denotan condiciones de reducción. Los pardos y rojizos, oxidación, es decir, buena
aireación. El olor a ácido sulfhídrico, condiciones reductoras extremas.

4.5. Elementos gruesos


Los elementos gruesos son los fragmentos de roca o de mineral de diámetro
aparente superior a 2 mm. La fracción constituida por los granos de menor tamaño
se denomina tierra fina. Se describe la proporción, heterometría, tamaño, forma,
orientación, distribución, fitología, grado de alteración y color de los elementos
gruesos. La cantidad de elementos gruesos se expresa en porcentaje en volumen
dentro de un horizonte.
La proporción de elementos gruesos se estima de «visu», con ayuda de la misma tabla
que para la proporción de manchas. Para determinaciones más precisas hay que muestrear
un volumen y proceder a su análisis en el laboratorio. Este porcentaje debe ser tenido en
cuenta para interpretar adecuadamente los restantes análisis químicos, que se realizan y
expresan tomando como base la tierra fina.
El grado de homogeneidad del tamaño de los elementos gruesos permite considerarlos
homométricos, o bien heterométricos. La forma de los elementos gruesos puede proporcio­
nar información acerca de su procedencia y condiciones de transporte, si lo ha habido. La
descripción de la orientación más frecuente puede tener interés si condiciona el comporta­
miento del suelo frente a la circulación del agua, la penetración de las raíces, o aporta
alguna información acerca de la génesis del suelo o la procedencia de los materiales.
La distribución puede indicar la procedencia de los materiales o posibles discontinuida­
des. Así, por ejemplo, si aparecen alineados a cierta profundidad puede interpretarse que se
trate de una línea de piedras (Alexandrc y Symoens,1989).
La fitología resulta siempre de interés por condicionar la tasa de liberación de elemen­
tos químicos y su naturaleza. El grado de meteorización (Cap. 17) describe la huella dejada
por los procesos que han sido activos. Se interpreta que la intensidad de la meteorización
habrá sido débil cuando el interior del elemento aparece fresco al romperlo. La meteoriza­
ción máxima se manifiesta por una desagregación total. En rocas relativamente solubles,
calizas, yesos, etc., resulta difícil precisar la intensidad de la meteorización, ya que la roca
puede estar disolviéndose rápidamente y no presentar alteración en su interior. Para estas
rocas debe utilizarse una terminología específica. En algunos casos puede resultar intere­
sante describir el color de los elementos gruesos, principalmente si de él se puede inferir el
nivel de meteorización. En general, se describe el color exterior, la aureola de meteoriza­
ción, el interior, etc.
La pedregosidad de un suelo hace referencia a los elementos gruesos que se hallan en
la superficie. La existencia de una pedregosidad abundante puede interferir con el laboreo,
pero en condiciones mediterráneas o de mayor aridez puede ser beneficiosa para el régimen
hídrico del suelo, al actuar a modo de cubierta que disminuye la evaporación (Espejo y
cois., 1990).

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4.6. Textura

Las partículas del suelo individualizadas se distribuyen en un continuum de


tamaños, si bien se agrupan en diversas fracciones atendiendo a su tam año. La
distinta proporción de arena, limo y arcilla define la textura de cada horizonte
(Cap. 6).
Entre los múltiples criterios de clasificación texlural existentes se utiliza el del Departa­
mento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) para el ensayo previo de textura en
campo. Para ello se forma un cilindro con la muestra, a la que se han quitado los elementos
gruesos a simple vista y a la que se ha añadido agua de forma que se halle en el punto de
adherencia. Según se puedan o no hacer cilindros de 3 y 1 mm de diámetro y anillos con
ellos, se puede estimar la clase textural de la muestra según se indica:

a = arcilloso
L = lim oso
F = franco
A r = arenoso

ARENA

M étodo de o p e ra r se cuencia

51
4.7. Fracción arena
En algunos casos interesa estudiar la morfología superficial y la mineralogía
de los granos de arena para estim ar el grado de meteorización, o de lavado que ha
tenido lugar en un horizonte determinado.
En horizontes arenosos se puede realizar un ensayo de campo consistente en comparar
el comportamiento de dos muestras paralelas, colocadas en sendos tubos de ensayo com­
pactando ligeramente. En uno se añade agua desmineralizada y en el otro una solución de
hexametafosfato sódico. Se agita fuertemente y se deja decantar. Si ambos tubos mantienen
el mismo aspecto a simple vista u observados con la lupa, es que no había revestimientos,
el horizonte está muy lavado. La hipótesis de un posible horizonte E o álbico se confirma­
ría. Si el hexametafosfato elimina revestimientos, aparecerán más visibles los minerales
ferromagnesianos (coloraciones oscuras), de la fracción arena. Las acumulaciones esferoi­
dales (pisolito) se distinguen de aquellos al ser concoideas y presentar como una cascarilla.
Una decantación de unos 5 minutos permite evaluar si hay mucha arena fina o no. De
haberla, la hipótesis de carácter arenoso (psamméntico) debería rechazarse. La forma de las
arenas da indicaciones acerca del origen y del tipo de transporte sufrido por el material, flu­
vial o eólico (Coudé-Gaussen,1991).

4.8. Estructura
La estructura describe la forma de agregarse las partículas individuales del
suelo en unidades de mayor tamaño (agregados) y el espacio de huecos asociado a
ellas. La estructura de cada horizonte se describe atendiendo al grado, forma y
tamaño de los agregados.
El grado de diferenciación o de desarrollo de los agregados expresa la cohesión
dentro de los agregados y la adherencia entre ellos. En los suelos con una estruc­
tura bien desarrollada, al secarse, aparecen claramente líneas de fisuración prefe-
rencial entre agregados, en este caso, se dice que el grado de estructuración o de
pediaiidad está fuertem ente desarrollado. En esquema, atendiendo a lo que se
vería en una lámina delgada (Cap. 4), puede representarse (Bullock y cois. 1985):

Horizonte pedial incompleto Horizonte pedial

Estructura Estructura
débilmente desarrollada moderadamente desarrollada fuertemente desarrollada

Con una frecuencia muy elevada se distinguen caras naturales entre agregados, que sue­
len ser más planas que el interior, si se rompe el agregado. En algunos casos tienen un bri­
llo diferente, ya que pueden presentar revestimientos o fieltros de raíces, o haber estado
sometidas a presiones.

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Los agregados bien desarrollados son relativamente resistentes a los procesos de
humectación-desecación. Si un horizonte no presenta agregados, se dice que no tiene
estructura, o que ésta es continua y el horizonte macizo.
Para definir el grado de desarrollo de la estructura se parten con las manos repetida­
mente fragmentos grandes, en otros más pequeños, observando la facilidad con que se
separan y si se parten o no según líneas preferenciales de fisuración o bien lo hacen según
cualquier dirección previamente determinada por el prospector. En el caso en que los agre­
gados tengan un diámetro superior a 30 cm el horizonte se considera macizo, excepto si
presenta una estructura secundaria.
La form a de los agregados puede ser lam inar, p rism ática o en bloques
(Cap. 11). En este últim o caso pueden distinguirse bloques angulares, bloques
subangulares, granular com puesta y m igajosa (granular porosa).
Si los agregados de mayor tamaño y de una forma modal son susceptibles de ser rotos
en otros menores de otra forma modal, se dice que existen dos estructuras, una primaria
(p.ej.: prismática) y una secundaria (p.ej.: en bloques subangulares). Si partes del horizonte
presentan un tipo de agregados y las restantes otro, se habla de estructuras yuxtapuestas,
esto puede ocurrir, por ejemplo, en suelos con grietas importantes que se rellenen con mate­
rial con otra estructura.

4.9. Ensayos de campo: componentes del suelo

Los ensayos de campo suelen tener gran interés para realizar un primer diag­
nóstico. Entre los más frecuentes cabe indicar:

Ensayos de campo Diagnóstico

pH, colori métrico Reacción del suelo


HC1 11 % Caliza
BaCl2 10% lón sulfato
AgNÓ, 5 % lón cloruro
Oxalato-NH4 lón calcio
h 2o 2 Sulfuros, Manganeso, Materia orgánica
a .a ’dipiridina en NH4OAc IN neutro (Childs, 1981) Fe ferroso
NaF y fenolftaleina en solución alcohólica Materiales amorfos
Hexametafosfato sódico Arcilla naturalmente dispersa
Composición de las arenas
Conductividad eléctrica Salinidad

Se trata de análisis cualitativos, a veces semicuantitativos. Por su singularidad


se describirán algunos de ellos.
La presencia de materiales amorfos (Fieldcs y Perrot, 1966) se puede diagnosticar
poniendo una muestra sobre un papel de filtro colocado en un embudo. Se humedece con
una solución de fluoruro sódico y seguidamente se añade fenolftaleina en solución alcohó­
lica. La aparición de una coloración rojo púrpura es característica de los materiales amor­
fos. Este ensayo se utiliza en suelos desarrollados a partir de materiales volcánicos (Andi-
soles), si bien da positivo con materiales amorfos de cualquier origen.

53
La arcilla naturalmente dispersa abunda en horizontes con estructura débil y en los sin
estructura, tales como en epipediones con problemas de encostramiento superficial o en endo­
pediones nátricos (con arcillas sódicas). En suelos tropicales (Oxisoles y Ultisoles) los óxidos
de hierro hacen que el contenido de arcilla naturalmente dispersa sea muy bajo, algunos auto­
res citan valores inferiores a un 5 %. El ensayo consiste en comparar dos muestras, a una se
añade agua desmineralizada y a otra hexametafosfato sódico. Se agitan ambos tubos y se deja
sedimentar durante cinco minutos. La permanencia de turbidez en el tubo con agua desmine­
ralizada indica la existencia de arcilla naturalmente dispersa. El límite superior de un posible
endopedión óxico se puede identificar por la ausencia de arcilla naturalmente dispersa, si
bien, al no darse en todos los casos, no es un requerimiento de óxico (Forbes, 1986).

4.10. Consistencia
La consistencia no es una propiedad morfológica, sino m ecánica y com o tal se
debe a las fuerzas de cohesión, adherencia, resistencia a la deform ación y a la rup­
tura. Esta propiedad depende del estado de hum edad de la m uestra, por lo que los
ensayos que se hagan deberán tenerlo en cuenta. Se describe al tener relevancia
práctica para el crecim iento de las plantas y manejo del suelo, tanto en agricultura
como en ingeniería civil. Así, por ejem plo, en un horizonte Ap, las raíces se con­
centran allí donde la resistencia m ecánica a la penetración sea menor.
El enfoque adoptado es el que fue propuesto por el Soil Survey Manual en 1951 (revi­
sado en 1993), que, si bien no resulta totalmente satisfactorio desde un punto de vista de
Mecánica de Suelos, sigue siendo el más utilizado en prospecciones edafológicas. Se ha
respetado el esquema general, modificándolo en el detalle. Un enfoque más riguroso se
expone en el Cap. 11. Las pruebas para evaluar la consistencia según el contenido de hume­
dad son las siguientes:

Estado de humedad de la muestra Prueba adecuada


Cualquiera Compacidad
Muy húmeda (mojada) Plasticidad
Adhesividad
Húmeda y ligeramente húmeda Friabilidad
Seca Fragilidad o dureza

Para realizar medidas cuantitativas se puede emplear un penetrómetro de bolsillo. En la


práctica, no se suele describir la consistencia en los diferentes estados de humedad, limitán­
dose al que presenta la muestra en las condiciones de campo.
La compacidad hace referencia a que las partículas están próximas y fuertemente uni­
das unas a otras. Con esta descripción se pretende dar una información de síntesis de la
cohesión del material:

Criterios estándar Descripción

Material no coherente: el cuchillo penetra sin esfuerzo hasta el mango No coherente


Se requiere un ligero esfuerzo para introducir el cuchillo Poco compacto
El cuchillo sólo penetra de una forma parcial incluso si se realiza un esfuerzo grande Compacto
No se puede hundir el cuchillo más que unos pocos mm Muy compacto

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Los suelos ricos en arcilla presentan una compacidad elevada. En estado húmedo esto
se traduce en una cierta plasticidad y adherencia; en estado seco en una rigidez. La adhesi­
vidad es el resultado de la tensión superficial y expresa la capacidad para adherirse a las
superficies. Es función del contenido de humedad, aumenta con el contenido de arcilla
(suelos «pesados», por la dificultad que presentan al labrarlos). La adhesividad de una
muestra muy húmeda (mojada) se evalúa presionando el material entre el pulgar y el índice
y observando el grado de adherencia.

La plasticidad expresa la facilidad del material para ser moldeado. Para evaluar la plas­
ticidad máxima se humedece la muestra, si es necesario, y se amasa en la mano formando
un cilindro (CBDSA, 1983).

La consistencia en húmedo o friabilidad, hace referencia a la resistencia que ofrece el


material bajo una determinada presión, entre el pulgar y el índice, en una muestra de forma
cúbica de unos 3 cm de lado. La consistencia en seco o dureza expresa la fragilidad de un
agregado. Se evalúa tratando de romper entre el pulgar y el índice o con la mano una mues­
tra seca al aire, de forma cúbica, de 3 cm de lado.

En algunos casos interesa describir la fluidez. En suelos desarrollados a partir de mate­


riales volcánicos se utilizan como criterios diagnóstico las propiedades tixotrópicas del
material (Cap. 11). El carácter tixotrópico se pone en evidencia en el campo amasando una
bolita con la muestra. Una vez formada se presiona entre el pulgar y el índice para que
expulse el agua, si es tixotrópica, al superar una cierta presión, los dedos deslizarán súbita­
mente, al haber adquirido la muestra una consistencia más fluida. Si la muestra es tixotró­
pica, al poner la bolita exprimida de nuevo en presencia de agua, va absorbiendo las gotas
de agua que se aportan.

En los horizontes con materiales tixotrópicos, al clavar un cuchillo penetra lenta­


mente, al extraerlo después de unos segundos, sale con una gran cantidad de material
adherido.

En el laboratorio se puede realizar un ensayo aplicando una fuerza por inversión de un


tubo de ensayo que contenga la muestra. Si es tixotrópica y ha estado en reposo durante un
cierto tiempo, al invertir el tubo mantiene su forma, y si se ha agitado, fluirá tan pronto
como se invierta el tubo.

4.11. Cementaciones

D eterm inados com ponentes pueden unir las partículas del suelo de tal forma
que el horizonte o parte de él presenten cem entación. Esta cem entación debe ser
estable al agua. Para verificarlo se tom a un fragm ento de unos 3 cm y se deja en
agua por espacio de 24 horas; si se disgrega, no hay cem entación. Interesa caracte­
rizar el grado de cem entación, naturaleza probable del cem ento, continuidad de la
capa cem entada y la estructura de la cem entación. Una cem entación por C aC O , da
efervescencia y se disgrega con HCl ( 11 %), m ientras que si se trata de sílice (duri-
pan) se disgregará con N aOH (1N).

55
4.12. Materia orgánica

Al describir la materia orgánica se atiende a si hay restos y residuos orgánicos


incorporados al suelo y si están más o menos transformados. La cantidad de mate­
ria orgánica se estima a partir del color y se verifica con un posterior análisis en
laboratorio.

Se describirá la forma de la materia orgánica, restos vegetales identificables o


no, tipo de humus (Cap. 8), etc.; la naturaleza de los restos, acículas, hojas plani-
formes, cortezas, etc., y el grado de unión entre la materia orgánica y la mineral.
Una buena unión hace que al observar los granos de arena con la lupa éstos apa­
rezcan de color pardo, en caso contrario, son de color blanco. Las capas y horizon­
tes orgánicos se describen atendiendo al grado de descomposición.

4.13. Actividad biológica

Bajo este epígrafe se describen los rasgos morfológicos debidos a la actividad


de la fauna, de los microorganismos o de la microflora del suelo (excepto las raí­
ces). La descripción se hace atendiendo al agente causante de la actividad, natura­
leza de las formas o fenómenos observados (cámaras, galerías, deyecciones, etc.) y
a la cantidad.

La fauna interviene en la descomposición de la m.o.; en la mezcla de ésta y el


material mineral; en el desarrollo de estructura y porosidad.

4.14. Actividad humana

La actividad del hombre puede haber dejado huellas en el suelo, que pueden
ayudar en las interpretaciones. Así, la presencia de artefactos de sílex, cerámica,
restos de rastrojo quemado, cenizas de hogueras y carboneras, tubos de drenaje,
suela de labor, etc.

4.15. Raíces

Las raíces más funcionales son las finas (1 < 0 < 2 mm) y muy finas ( 0 <
1 mm), por lo que su presencia o ausencia es de mayor significación, al traducir
mejor las condiciones que dominan en el suelo. El modelo de distribución del sis­
tema radicular es una respuesta a las condiciones existentes en el suelo, que son las
que se pretenden inferir con la descripción de las raíces.
Si no hay condicionantes externos, cada especie presenta el sistema radicular acorde
con sus características botánicas. La descripción puede hacerse en dos niveles, de una
forma global para reseñar únicamente el aspecto del sistema radicular en su conjunto o bien
en descripciones más minuciosas resulta de interés detallar la cantidad de raíces, tamaño,
orientación dominante, distribución, estado y principales especies a que pertenecen.

56
Para estimar la cantidad de raíces se estudia su número en cuadrados de 100 cm2 en
cada horizonte, habiendo refrescado previamente el perfil con el cuchillo y, si se quiere
mayor precisión, lavando con un chorro de agua a presión. Si se requieren medidas precisas
habrá que muestrear un volumen relativamente inalterado de suelo y determinar en labora­
torio el peso seco de raíces. El estado de las raíces (vivas, muertas, muertas por fin de ciclo,
etc.) puede dar una indicación sobre la idoneidad o no del suelo como medio para el creci­
miento de una determinada planta.

4.16. Porosidad

El espacio de huecos resulta de la agregación de las partículas m inerales indi­


viduales con participación de la m ateria orgánica. Los poros distinguibles a simple
vista son los de diám etro superior a 60 pm .
En algunas ocasiones existen espacios intergranulares como en el caso de horizontes
arenosos. Se describe el sistema de poros verdaderos, sin considerar las galerías debidas a
la actividad de la fauna, ni las grietas que son objeto de un estudio separado.
La porosidad puede describirse a nivel global, atendiendo a los huecos de un horizonte
en su conjunto, o bien en un agregado. La descripción detallada incluye, cantidad, continui­
dad, orientación, distribución y forma. Para estudios detallados se puede recurrir al estudio
en lámina delgada, con microscopio petrográfico, visión estereoscópica, microscopio elec­
trónico de barrido o análisis de imagen.

4.17. Grietas

Los suelos expandióles se caracterizan por la apertura de grietas que permane­


cen abiertas durante la estación seca. Se consideran abiertas si controlan la infiltra­
ción y la percolación en un suelo arcilloso seco. La presencia de éstas hasta una
profundidad de 50 cm o más evidencia una elevada proporción de arcillas expandi­
óles. Se describe la orientación, anchura m áxim a y modal y la longitud de las grie­
tas. Grietas con una anchura de por lo m enos 5 mm o más, a través de un espesor
de 25 cm o más dentro de los prim eros 50 cm (S.S.S. 1999) sirven de criterio de
diagnóstico del carácter vértico.

4.18. Estudio de superficies

Las superficies de los agregados, elem entos gruesos, paredes de huecos, grie­
tas, galerías, etc., pueden presentar m odificaciones en su com posición y/o en la
disposición de los constituyentes en relación con los m ateriales adyacentes del
suelo. Se m anifiestan por una m ayor concentración de una fracción granulom étrica
que da lugar a revestim ientos de un com ponente (edaforrasgos texturales), o por su
brillo y estrías (cutanes de presión o edaforrasgos de fábrica), etc.
El término cután (del latín «cutis» = superficie de una cosa) fue propuesto por Brewer
(1960) para designar los fenómenos de superficie. Pueden existir cutanes de presión, típi-

57
eos de suelos con fenómenos de expansión-retracción y cutanes de acumulación, para los
que se prefiere la denominación de revestimientos, por ejemplo, los de arcilla, típicos de los
horizontes Bt.

4.19. Acumulaciones

La incorporación de materiales a un horizonte a lo largo de la edafogénesis


puede llegar a enm ascarar y cambiar sus características iniciales. La presencia de
concreciones, acumulaciones de tipo laminar, rizoconcreciones continuas u otras,
permitirán inferir qué procesos han actuado en la génesis del suelo. Las acum ula­
ciones se describen atendiendo a la cantidad, composición mineralógica, forma,
dimensión y dureza. La distribución de las acumulaciones ayuda a interpretar el
origen del material acumulado. Las rosas del desierto de tamaño milimétrico, por
ejemplo, suelen formarse en la zona de oscilación de una capa freática rica en
iones calcio y sulfato, en suelos de regiones áridas o semiáridas.

5. Descripción codificada de suelos y bases de datos

En los años 70 del siglo xx la morfología de suelos había alcanzado ya un reconoci­


miento internacional, veinte años después de la aparición del Soil Survey Manual en 1951
que ha servido de guía para los trabajos edafológicos de campo (S.S.D.S. 1993).
Con las aplicaciones de la informática a la Edafología se empezaron a crear los prime­
ros bancos de datos, inicialmente meros archivos, que pronto pasaron a convertirse en siste­
mas de información de suelos (SIS) y posteriormente se han incorporado a sistemas de
información geográfica (GIS), que son los que manejan diferentes capas de información
georreferenciada. En un GIS no sólo se almacena la información, sino que se puede tratar, y
proporciona al usuario información derivada más acorde a sus necesidades (Cap. 21). Esto
ha obligado a normalizar los criterios de descripción y a codificar las descripciones.
La labor para normalizar las descripciones de suelos, en base a un SIS, se institu­
cionalizó en España con la creación de la Comisión del Banco de Datos de Suelos y
Aguas (O.M. de 6 de abril de 1979, del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación)
formada por un grupo de expertos. Los trabajos dieron por resultado la publicación del
«Manual para la descripción codificada de suelos en el campo»: SINEDARES
(C.B.D.S.A., 1983). A nivel internacional existen bases de datos de suelos en diversos
países (Sumner, 2000).

6. Características morfológicas y crecimiento de


las plantas

Frecuentemente se suele asociar el crecimiento de las plantas y la producción


de los cultivos a los niveles de fertilidad quím ica del suelo, restringiendo el con­
cepto de fertilidad al contenido de nutrientes, principalmente nitrógeno, fósforo y
potasio. Esta concepción debe superarse ya que, si bien un suelo debe ser un ade-

58
cuado sum inistrador de nutrientes, también debe constituir un medio idóneo para
el desarrollo de las raíces y para el alm acenam iento y sum inistro de agua, factor
limitante de los cultivos en m edios áridos y semiáridos.
Los mapas detallados de suelos permiten disponer de información acerca de las propie­
dades morfológicas de las distintas unidades de suelos, sus regímenes de humedad y tempe­
ratura, además de sus propiedades químicas. El estudio e interpretación de la morfología
del suelo permiten inferir cómo va a influir en el crecimiento de las plantas y en la produc­
ción de los cultivos, o sobre otros usos.
A pesar del uso generalizado que se hace de los conceptos morfológicos y de que la
morfología sea uno de los condicionantes de la producción de los cultivos, se puede afirmar
con Butler et al. (1977), que no se ha llegado a desarrollar una teoría general sobre morfo­
logía en Ciencia del Suelo, lo que dificulta las interpretaciones. En una prospección de sue­
los deberá intentarse establecer relaciones, si existen, entre la morfología y otras propieda­
des de interés para el establecimiento de las técnicas de manejo más adecuadas para cada
unidad de suelos. En la zona mediterránea semiárida tienen relevancia aquellas propiedades
que condicionan la entrada de agua, su almacenamiento en el suelo y la posterior absorción
por parte de los cultivos.
Diversos autores han establecido relaciones empíricas entre propiedades morfológicas
y otras características del suelo. Así, por ejemplo, Hall (1982) para rendzinas propone una
expresión empírica que relaciona el color con el contenido de carbonato cálcico equiva­
lente. El empleo de relaciones de este tipo no tiene validez fuera de la región para la que se
hayan establecido. Los ensayos en campos experimentales permiten obtener relaciones
empíricas acerca del comportamiento de los suelos de las unidades en las que se han reali­
zado los ensayos.
Existen, no obstante, relaciones directas causa-efecto, cuya validez es de ámbito gene­
ral. Así, si una lluvia después de la siembra hace aparecer un sellado y una costra superfi­
cial, determinados cultivos presentarán problemas de emergencia, éste es el caso del maíz,
la remolacha y la cebolla. Por consiguiente, una elevada consistencia en los primeros milí­
metros del suelo implicará problemas en la nascencia. Johnson (1979) establece relaciones
lógicas entre propiedades, que deben utilizarse con prudencia. Su significación puede
variar al concurrir o no otras condiciones. El manejo de agrosistemas, así como actuaciones
en arquitectura del paisaje, en silvicultura, los estudios medioambientales, entre otras, se
verán muy beneficiados si se dispone de información acerca de la morfología de suelos y su
influencia sobre las respuestas a diversos tratamientos.

7. Bibliografía

7.1. Bibliografía básica

Baize, D. y B. Jabiol: Cuide pour la description des sois. 1NRA Editions. 375 pp. París,
I995.
C.B.D.S.A.: SINEDARES, Manual para la descripción codificada de suelos en el campo.
Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación de España. I37 pp. 1983.
FAO: Guía para la descripción de perfiles de suelo. Organización Nac. Unidas para la Agr.
y Alimentación. 70 pp. Roma, 1977.

59
Hodgson, J. M.: Muestreo y descripción de suelos. Ed. Reverté, S. A. 229 pp. Barcelona,
1987.
Soil Survey División Staff: Soil Survey Manual. USDA. Handbook N.° 18. 437 pp. Was­
hington, D.C., 1993.

7.2. Bibliografía de referencia


Alexandre, J. y Symoens, J. J. (Ed.): Journée d'étude «Stone-lines». Bruxelles. Académie
Royale des Sciences d ’Outre-Mer. 1989.
Bigham, J. M. & Ciolkosz, J. M. (Ed.): Soil Color. Soil Science Society of America. 159
pp. Wisconsin, 1993.
Bullock, P. y cois.: Handbook for Soil Thin Section Description. 152 pp. Waine Research
Publications, 1985.
Butlcr, B. E. y Hubble, G. D.: Morphologic properties. In Rusell, J. S., Greacen, E. L.: Soil
factors in crop production in a semi-arid environment. University of Queensland Press:
9-32. 1977.
Childs, C. W.: Field test forferrous ¡ron andferric-organic complexes (on exchange sites or
in watersoluble forms) in Soils. Australian Journal of Soif Research 19:175-180. 1981.
Coudé-Gaussen, G.: Les poussiéres sahariennes. John Libbey. Eurotext. Montrouge
(France) 470 pp. 1991.
Espejo, R.; Barragan, E. y Pérez-Arias. J.: El mulch de piedra y la relación suelo-agua en
los suelos desarrollados sobre formaciones de ladera. Ecología n.° 4: 15-21. ICON A.
Madrid, 1990.
Fieldes, M. y Perrot, K. W.: The nature o f allophane in soils. Parí 3: Rapid field and labo-
ratory test for allophane. N.Z.J. Sci. 9:623-629. 1966.
Forbes, T. R. (Ed.): The Guy Smith interview s: Rationale for Concepts in Soil Taxonomy.
SMSS Technical Monograph N.° 11. 259 pp. 1986.
Johnson, L. J.: Introductory Soil Science. A Study Guide and Laboratory Manual. Macmi-
llan Publishing Co., Inc. 289 pp. 1979.
Lilly, A.: The relationship between field saturated hydraulic conductivity and soil struc-
ture: development o f class pedotransfer functions. Soil use and management, 16:56-60.
2000.
Marcelino, V.; G. Stoops y G. Mussche: Surface morphology of quartz grainsfrom tropical
soils and its significanee for assessing soil weathering. European J. Soil Sci. 50:1-8.
2001.
Matthias, A. D. et al.: Measurement o f albedo for small ureas of soil. Soil Sci. 164,5: 293-
301. 1999.
Munsell ColourCompany: Munsell Soil Colour Charts. Munsell Colour, Macbeth División
of Kollmorgen Corporation. Maryland, USA. 1998.
Oriol, A. y Valle, J.: Qué és la Ciencia del Sol. Biblioteca del Pagés. D.G. Agricultura.
128 pp. Barcelona, 1938.
Smith, G. D.: The Guy Smith Interviews: Rationale for Concepts in Soil Taxonomy. SMSS
Technical Monograph. N.° 11. 259 pp. 1986.
SSSA: Glossary o f Soil Science Terms. Soil Science Society of America. Madison W.
44 pp. 1987.
Sumner, M.E. (Ed.): Handbook of Soil Science. CRC: H-l-80. Boca Ratón, 2000.

60
4
Estudio de suelos en el laboratorio
Los estudios de laboratorio sólo pueden ser tan buenos
com o lo sean el trabajo de cam po y los m uéstreos en que se basan.
P e te r, W. B ir k e la n d . 1973

1. Continuum de observación: Enfoques metodológicos

El estudio del suelo debe plantearse com o un «continuum » de observación a


distintas escalas. Se inicia con la teledetección, continúa con el estudio del pedión,
la descripción m acrom orfológica de sus distintos horizontes a sim ple vista y con
ayuda de una lupa de mano. Se prosigue con la tom a de m uestras para análisis quí­
micos y m ineralógicos y de m uestras relativam ente no perturbadas para estudios
m icrom orfológicos y con m icroscopio electrónico.

La inform ación obtenida debe perm itir establecer el m odelo de distribución de


suelos en el paisaje, las relaciones entre los distintos suelos, así com o determ inar
los com ponentes y procesos de flujo en el sistema. Todo ello enfocado a interpretar
cuál es el com portam iento esperable de cada suelo, cuál es su respuesta frente
acciones externas, principalm ente las de origen antrópico, así com o establecer
cuáles han sido los procesos form adores que han actuado a lo largo de la evolución
del suelo.

Este enfoque m etodológico requiere el concurso de especialistas y la utiliza­


ción de técnicas com plem entarias. Cada una de ellas proporciona información de
determinados aspectos con distinto nivel de detalle. La elección y com binación de
m etodologías de trabajo y de técnicas depende de la finalidad del estudio, de la
accesibilidad a los equipos requeridos y, en m uchos casos, de la formación inicial
del científico del suelo. Ello explica los distintos grados de generalización de unas
u otras técnicas, no debiendo olvidar que para lograr un enfoque holístico del sis­
tema, el continuum de observación resulta esencial.

Los estudios m orfológicos (Caps. 2 y 3) y los análisis quím icos son dos de los
enfoques m etodológicos más corrientem ente utilizados, lo cual no representa, en
el caso del segundo, que tengan necesariam ente siem pre una m ayor significación
que otros enfoques.

Desde los estudios geom orfológicos y los m acrom orfológicos en cam po hasta
los de m icroscopía, la secuencia y escalas pueden esquem atizarse (M cKeague &
Fox, 1985):

61
I cm
Horizonte B

I mm
Agregado

Deyección en
un canal
Escala

Deyección

2. Caracterización del suelo: Técnicas clásicas

Los análisis quím icos de laboratorio, en m uestras de suelo tamizadas a 2 mm,


constituyen la m etodología más clásica para caracterizar un suelo. Se han utilizado
principalmente para determ inar los elem entos constituyentes, la fertilidad química,
las sustancias contam inantes, entre otros aspectos (Klute, 1996, Page y cois. 1982,
Porta y cois. 1986, Guitian y Carballas, 1976).
Las principales determ inaciones, indicando la frecuencia con que se suelen
realizar ( • • habitual, • frecuente, • ocasional), son las siguientes:

Determinaciones preliminares:
• • Reacción del suelo: pH.
• • Prueba previa de salinidad.
Determinaciones de propiedades fundamentales:
• • Materia orgánica.
• • Carbonato cálcico equivalente.
• Poder olorosante y caliza activa.
• Yeso equivalente.
• • Granulometría.
Determinaciones relacionadas con las sales solubles:
• Extracto de pasta saturada: Hs y CES.
• Calcio y magnesio solubles en agua.
• Sodio soluble en agua.
• Carbonatós y bicarbonatos solubles en agua.
• Cloruros solubles en agua. ,

62
• Sulfatos solubles en agua.
• Boro soluble en agua.
Determinaciones relacionadas con el complejo de cambio:
• Capacidad de intercambiocatiónico (C1C).
• Cationes de cambio (Ca2+, Mg2+, K+, Na+) y en suelos ácidos Al3\
• Capacidad de intercambio aniónico.
Caracterización de la fertilidad química:
•• Fósforo asimilable.
•• Potasio asimilable.
Determinaciones relacionadas con el agua del suelo:
•• Contenido de agua a -33 y -1.500 kPa.
• Curva característica de humedad.
• Capacidad de retención de agua disponible pata las plantas (CRAD).
• Densidad aparente.

Este enfoque metodológico se ha visto reforzado a partir de 1970 con la intro­


ducción de técnicas instrumentales y la automatización de los análisis, lo que ha
permitido aumentar la capacidad de trabajo y concentrar la realización de los aná­
lisis en unos pocos laboratorios en cada país. Desde entonces muchos países han
creado laboratorios de uso general para llevar a cabo análisis en serie para múlti­
ples usuarios. Este enfoque ha permitido una mejor asignación de recursos, al con­
centrar las inversiones en unos pocos laboratorios, y ha hecho posible atender una
demanda creciente de análisis para recomendaciones de abonado, problemas de
degradación de suelos, actuaciones en ingeniería, arquitectura del paisaje y medio
am biente. En E uropa cabe citar, entre otros, los laboratorios de Oosterbeek
(Holanda) y el del INRA de Arras (Francia). En España:

Laboratorios Agrarios Regionales (denominación inicial). Creados en 1971 por el


Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Transferidos a las Comunidades Autó­
nomas. Con distintos niveles de automatización e informatización. Capacidad de análi­
sis variable de unos a otros.
Laboratorio de Análisis y Fertilidad de Suelos (LAF) en Sidamon (Lleida, Cataluña).
Creado en 1992 por la Diputación de Lleida, Agrupado de Cooperatives. Universitat de
Lleida y la Universitat Politécnica de Catalunya, lafsols@lafsols.com.
Automatizado e informatizado. Asesora en los muéstreos. Realiza interpretaciones y
recomendaciones. Capacidad: 20.000 muestras/año.

Se trata, por lo general, de laboratorios con una concepción FCV (fiabilidad- canti­
dad-velocidad), que se plantean superar las 20.000 muestras de suelos analizadas al año.
Intervienen en la planificación de la toma de muestras en campo para garantizar la repre-
sentalividad; en la interpretación de los resultados y recomendaciones para ayudar al
agricultor a realizar sus planes de abonado, detectar posibles problemas derivados del
suelo y, cada vez más, para asesorar en temas de contaminación, como en el caso de los
nitratos. Sus instrumentos básicos son la automatización de los análisis, la informatiza­
ción, las muestras georreferenciadas, los mapas detallados de suelos como soporte de su

63
actividad, la transferencia de tecnología y el marketing para llegar a los distintos usuarios
potenciales de este servicio, esencial para una agricultura de precisión, alimentos sanos y
un medio ambiente a preservar.

3. Técnicas avanzadas en el estudio del suelo


En trabajos de investigación se recurre a otro conjunto de técnicas más especializadas
que permiten profundizar en el estudio de la organización del suelo y la naturaleza de sus
componentes. Existen técnicas que trabajan con muestras que conservan su estructura ori­
ginaria y que estudian en dos (2D) o en tres (3D) dimensiones:

• Lupa binocular (3D): Estudio de superficies naturales o de cortes.


• Microscopio petrográfico (2D).
Microscopio óptico polarizante (MPol), micromorfología.
— Estudio por transparencia con láminas delgadas.
— Estudio con luz incidente (identificación de minerales opacos).
• Análisis de imagen.
Técnica que se aplica a distintas escalas de observación, desde bandas de satélite a
microscopía.
• Microscopio de fluorescencia (2D).
Microscopio de fluorescencia con luz incidente.
Analizador de imágenes: cuantificación.
• Estudios submicroscópicos.
Instrumental:
— Microscopio electrónico de barrido (MEB) (3D): Estudio de superficies naturales
y cortes para determinar los componentes y su organización. Se requiere que la
muestra esté perfectamente seca y para mejorar la calidad de la imagen se meta­
liza previamente al vacío con oro o con carbono y platino (Eswaran & Shoba,
1983), para que su superficie sea conductora. Aumentos de 20.000 x a 45.000 x
y excepcionalmente más.
— Microscopio electrónico de transmisión (MET) (2D): Trabaja con suspensiones
de suelo. Permite determinaciones mineralógicas, en especial minerales fibrosos
(palygorskita).
— Resonancia magnética nuclear (RMN): estructuras moleculares.
— Espectroscopia Raman (EA): compuestos orgánicos.
— Análisis de energía dispersiva de rayos X (EDXRA). Análisis elemental semi-
cuantitativo.
— Microrradiografía (MRG): estudio de huecos, nodulos, etc.
— Difracción de rayos X: componentes, p. ej„ mineralogía de arcillas(Cap. 7).
— Fluorescencia de rayos X: análisis semicuantitativos.
— Análisis térmico diferencial (ATD): componentes, p. ej., mineralogía dearcillas.
— Espectroscopia ultravioleta (UV) y visible (V): componentes, p. ej. mineralogía
de arcillas.

De entre estas técnicas, interesa introducir la terminología referente a los estu­


dios micromorfológicos, por su especificidad y por el interés en poder utilizarla a

64
lo largo del texto. Para un estudio más detallado de las restantes técnicas más fre­
cuentes se puede recurrir a los Caps. 6 y 7 o bien a obras especializadas.

4. Estudios micromorfológicos de suelos

La micromorfología estudia el suelo en lámina delgada de muestras no pertur­


badas, con ayuda de un microscopio polarizante (MPol). Consiste en el análisis
morfológico de los componentes y las relaciones espaciales entre ellos, para inter­
pretar las relaciones funcionales y cronológicas.
Las técnicas microscópicas corrientemente utilizadas en petrología son las que
sirven de base a la micromorfología.
Esta requiere:

• Toma de muestras relativamente no perturbadas: Se suelen utilizar cajas metá­


licas, denominadas de Kubiena, si bien en muestras rígidas no es estrictamente nece­
sario, pudiendo envolverlas con papel y cinta adhesiva.
• Eliminar el agua sin afectar la estructura ni la composición originarias: En
muestras con arcillas expandibles o en turbas al no poderse secar en estufa, se debe
ir sustituyendo el agua por acetona o bien liofilizar la muestra para eliminar el agua.
• Consolidar las muestras impregnándolas con una resina (poliéster o epoxi).
• Cortar una pastilla y fabricar una lámina delgada, de unos 20 pm de espesor.
• Observar y describir al microscopio (MPol).

Los estudios micromorfológicos se integran en el continuum de observaciones


y deben permitir relacionar las observaciones de campo, la macromorfología y las
características químicas, para llegar a una mejor comprensión e interpretación. Los
distintos enfoques deben considerarse complementarios, dando preponderancia a
uno u otro según la finalidad del estudio.
Kubiena (1938) fundó la micromorfología, sentando sus bases en su libro «Micro-
pedology». El empleo de esta técnica se ha generalizado muy lentamente a pesar de su inte­
rés. Ello es debido a que hasta hace muy poco no han aparecido en el mercado rectificado­
ras adaptadas a la fabricación de láminas delgadas, reduciendo la labor manual que ello
requería. El siguiente tratado de micromorfología publicado fue «Fabric and mineral analy-
sis of soils» (Brewer, 1964) que a lo largo de más de 20 años ha sido la pauta de los estu­
dios micromorfológicos.
La creación de la Subcomisión de Micromorfología de Suelos dentro de la International
Society of Soil Science (I.S.S.S.) ha posibilitado el intercambio de información, que ha sido
recogida en las Actas de las Reuniones Internacionales celebradas periódicamente desde
1958. Actas que, al agrupar trabajos de gran calidad, resultan de consulta obligada. La Subco­
misión ha estimulado también actividades tales como la preparación de un «Handbook for
Soil Thin Section Description» (Bullock y cois. 1985). Como recopilación de publicaciones

65
sobre micromorfología cabe citar la realizada por Jongerius y cois, hasta 1982 y publicada por
el antiguo STIBOKA (1987) hoy Winand Staring Centre en Wageningen. Como atlas de gran
interés cabe citar el de Benayas (1982), así como la obra de Fitzpatrick (1990, 1993) y como
curso en la red: http://www.edafologia.ugr.es/micgraf/indexw.htm (Aguilar et a!., 2003).

4.1. Conceptos cristalográficos básicos para la identificación


de componentes minerales: Microscopio polarizante

Las láminas delgadas de suelo se estudian con ayuda de un microscopio polari­


zante, es decir, un microscopio con dos dispositivos de polarización (nicoles). Su
platina es rotativa y está graduada. Es posible insertar distintas lentes o láminas
auxiliares en la trayectoria de la luz. El comportamiento de la luz al atravesar el
polarizador y el analizador puede observarse en el siguiente esquema:

OCULAR
UJ OCULAR
(campo iluminado)

j
ANALIZADOR

OBJETIVO

PLATINA
GIRAGORIA

POLARIZADOR

(Vibra en todas
direcciones)

FUENTE
LUMINOSA
Luz ordinaria

66
Los principales com ponentes de un m icroscopio polarizante son:

Componente Descripción

Fuente luminosa Foco fijo cubierto con un vidrio azul cobalto.


Polarizador Dispositivo de polarización que proporciona luz polarizada que vibra N-S.
Se halla entre la fuente luminosa y la preparación. Suele ser fijo.
Diafragma Se halla entre el polarizador y la platina.
Lente convergente Se puede interponer o retirar para condensar la luz, en el estudio de figuras
de interferencia.
Platina Plataforma giratoria alrededor del eje óptico del microscopio y provista de
un limbo graduado. Sobre ella se coloca la lámina delgada a estudiar.
Objetivos Varios objetivos de distintos aumentos que van montados en un dispositivo
de tipo revólver.
Compensador Láminas accesorias de compensación para determinar la elongación de los
cristales. Desplazables.
Analizador Dispositivo de polarización (lámina polaroid). Su plano de polarización está
orientado E-W o bien puede girar.
Lente de Bertrand Desplazable. Sirve para llevar sobre el plano focal del ocular la imagen que
se forma sobre el plano focal del objetivo. Sirve para determinar las figuras
de interferencia.
Ocular Dispone de un retículo fijo, con hilos en ángulo recto.

Para el estudio de los componentes minerales básicos (Cap. 7) en una lámina delgada
resulta necesario basarse en las propiedades ópticas de los distintos minerales. A modo de
síntesis se indican algunos conceptos cristalográficos, así como propiedades ópticas de
interés para la utilización de un microscopio polarizante, para cuyo estudio en profundidad
puede recurrirse a obras clásicas (Fabries y cois. 1982, MacKenzie y Guilford, 1982,
Williams y cois. 1982, entre otros).

Descrito
Conceptos Descripción
con

Luz ordinaria La que vibra en todas direcciones.


PPL Luz polarizada plana, vibra en un solo plano. A veces se
denomina luz «natural», lo que es incorrecto, ya que se
trata de luz polarizada por el polarizador.
XPL Situación de nicoles cruzados.
Cuerpos isótropos o XPL En ellos la luz recorre la misma distancia en cualquier
monorrefringentes dirección: la superficie de onda es una esfera. Tienen un
único índice de refracción: n. Con XPL, al girar la pla­
tina el cristal permanecerá oscuro al observar un mineral
isótropo. Ejemplo: halita, granate, vidrio.
Cuerpos anisótropos o XPL La superficie de onda es un elipsoide. Tienen tres índices
birrefringentes principales de refracción. Con XPL. al girar la platina el
cristal se extingue y se ilumina alternativamente. Ejem­
plo: calcita.

67
Descrito
Conceptos Descripción
con

Relieve PPL Resalte del borde del grano sobre el contorno.


Ejemplo: Cuarzo (bajo).
Anhidrita (alto).
Olivino (muy alto).
Color PPL El color que presenta un mineral varía según su espesor
en la lámina: Yeso y cuarzo: incoloro.
Biotita: pardo-rojizo.
Si el mineral es plcocroico el color en PPL varía al girar
la platina. Ejemplo: Biotita, anfiboles.
Colores de interferencia XPL Los colores que presentan los minerales anisótropos bajo
XPL se denominan colores de interferencia. Varían con
el espesor del mineral en la lámina y la orientación cris­
talográfica.
Ejemplo: Cuarzo y yeso: tonalidades grises o blancas.
Extinción XPL Al girar la platina, un mineral anisótropo pasa de estar
completamente iluminado a oscuro, en este caso se dice
que hay extinción. Esto no ocurre con las secciones
básales.
Extinción recta XPL Coincide con el retículo que hay en el ocular. Ejemplo:
micas.
Extinción oblicua XPL No coincide con el retículo.
Elongación XPL Variación del color del cristal al introducir el compensa­
cuña Q dor (cuña de cuarzo Q o de yeso).
Maclas XPL Intercrecimiento de dos o más cristales sencillos del mis­
mo mineral. Cada cristal puede tener distinto ángulo de
extinción.
Ejemplo: Macla polisintética en plagioclasas.
Macla de Carlsbad en plagioclasas.
Ortoclasas.
Hábito de los cristales: forma PPL Desarrollo relativo de caras y formas de un cristal.
Ejemplo: Yeso: cristales lenticulares.
Yeso: cristales subparalelos (fibroso).
Yeso: cristales prismáticos alargados.
Olivino: pscudohexagonales.
Exfoliación PPL Discontinuidad dentro de los granos. Corresponden a
(en Latinoamérica, clivaje) planos reticulares.
Ejemplo: Anfiboles: exfoliación a 120°.
Piroxenos: exfoliación en ángulo recto.
Fractura PPL Discontinuidades sin relación con los planos reticulares.
Ejemplo: Olivino.
Inclusiones PPL Parte de una sustancia encerrada en otra.
Ejemplo: Inclusiones líquidas (burbujas) en cristales de
halita.

68
4.2. Conceptos básicos en micromorfología

Al tener que escoger un sistem a para las descripciones m icrom orfológicas se


ha optado por el propuesto en la obra de Bullock y cois. (1985), redactada por un
Comité Internacional.
El sistema de Brewer, siguiendo a Kubiena (1938), se basa en dos conceptos, esqueleto
y plasma (Brewer & Sleeman, 1960), cuya aplicación resulta generalmente difícil. La dis­
tinción entre ambos se basa en criterios genéticos e interpretativos, ya que considera como
plasma los elementos susceptibles de ser móviles entre una matriz inmóvil o esqueleto, y
con un límite a 2 pm, inadecuado para observaciones con microscopio petrográfico. Bre­
wer debió tomar dicho límite de la Sedimentología, pero en Micromorfología no resulta
adecuado para establecer divisiones basándose en él. Con el microscopio petrográfico, 2
pm pueden ser visibles, si bien, si se trabaja con láminas delgadas de 20 pm de espesor, con
objetos incluidos en una masa de resina, sólo serán observables los muy contrastados. Por
consiguiente, el límite práctico de observación queda limitado a 10-15 pm, siendo más con­
veniente no establecer un límite fijo entre material grueso (c) y material fino (f), y escoger
en cada caso la relación c/f más adecuada. Por otro lado, los conceptos esqueleto y plasma
no son aplicables al estudio de determinados suelos (Bullock y cois. 1985), entre ellos los
que presentan yeso (Barzanji y Stoops, 1974).
El sistem a propuesto en el «Handbook» (Bullock y cois. 1985) es com prehen­
sivo, tiende a ser lo m ás m orfológico posible, evitando basar las descripciones en
interpretaciones genéticas, con el fin de conseguir una m ayor objetividad en las
descripciones. Por otro lado, el sistem a utiliza una term inología bastante asequible
para los no especialistas:

Concepto Definición

Fábrica o contextura Organización total de un suelo. Se expresa por la disposición espacial de


los constituyentes del suelo (sólidos, líquidos y gaseosos), su forma, tama­
ño y frecuencia, considerados desde un punto de vista de configuración,
funcional y genético.
Unidades de fábrica Zonas aparentemente homogéneas en el material del suelo, para la escala y
método de observación utilizado.
Elementos de fábrica Disposición espacial de las unidades de fábrica: modelos de orientación y
modelo de distribución.
Fábrica parcial Comprende todas las unidades de fábrica interconectadas o no que, a una
determinada escala y método de observación, son idénticas.
Fábrica-b Fábrica de birrefringencia del material fino, con XPL puede describirse
atendiendo a la orientación y distribución de los modelos de los colores de
interferencia y su naturaleza.
Estructura Hace referencia al tamaño, forma y organización de las partículas indivi­
duales y huecos en material agregado y no agregado y al tamaño, forma y
organización de los agregados presentes.
Microestructura Organizaciones del suelo que no pueden verse sin ayuda de aumento, se
ven a partir de 5 aumentos, incluyen rasgos que se observan macroscópica­
mente, tales como los agregados. El límite entre macro y microestructura se
fija entre 0,2 y 1 mm.

69
Concepto Definición

Grado de pedialidad Índica el nivel de organización alcanzado por el material del suelo.
Componentes básicos Unidades más sencillas de la lámina que pueden observarse con la resolu­
ción del microscopio (granos de cuarzo, tejidos de planta) y el material más
fino en el que no se llegan a discriminar individuos separados (partículas de
arcilla).
Masa basal Material grueso y fino que constituye el material base del suelo, excepto el
que forma edaforrasgos.
c/f Relación entre el material grueso y fino de la masa basal. El diámetro
límite entre ambas fracciones se define en función de la resolución del
microscopio y de la distribución de diámetros de las partículas presentes.
Por ejemplo: c/f 15 pm de 2/3 indica que el 40 % del material es grueso y el
resto es fino.
Material grueso Componentes de diámetro mayor que el límite c/f que se establezca en cada
caso. Su descripción proporciona información sobre el material originario
y los procesos.
Micromasa Material más fino de la masa basal, de diámetro inferior al límite c/f.
Edaforrasgos Unidades de fábrica discretas en materiales del suelo, identificables por
una diferente concentración en uno o más componentes (texturales, cristali­
nos, amorfos y de empobrecimiento), o por una fábrica interna diferente
(de fábrica y excrementales).
Son debidos a procesos edafogenéticos.
Artefactos Elementos de distinto origen (industria) o bien formados al preparar la
muestra (burbujas de aire, anhidrita por deshidratación, grietas, etc.).

4.3. Descripción de láminas delgadas

En la descripción de una lámina delgada se plantean dos cuestiones:

• La información que se obtenga debe ser transferible: se requiere una meto­


dología de trabajo y una terminología normalizadas.
• Las descripciones no son un fin en sí mismas: el objetivo debe fijarse pre­
viamente, y en base a ello realizar la descripción para confirmar las hipótesis
de campo y posibilitar interpretaciones para un fin concreto.

Muchas láminas delgadas de suelo contienen gran cantidad de detalles, más o


menos informativos acerca de aspectos del suelo que pueden ser de interés. Siem­
pre es posible plantear una descripción «completa» de la lámina, que permita ulte­
riores interpretaciones, sin embargo, muchas veces resulta preferible centrarse
meramente en aquellos aspectos de la lámina que van a permitir contrastar las
hipótesis planteadas y realizar para ello una descripción más sencilla, pero sufi­
ciente. Una descripción normalizada completa suele incluir:

70
Pcdión: Localidad:
Horizonte genético: Profundidad muestra:
Horizonte diagnóstico: Fecha: Descrito por:

Microestructura: Pedial/apedial
1. Tipo de estructura: Esferoidal / Bloques angulares o subangulares / Prismática / Laminar.
2. Grado de pedialidad: Débil / Moderado / Fuerte.
3. Estudio de los agregados: Abundancia / Tamaño / Rugosidad superficial / Acomodación / Modelo
de distribución.

Huecos:
1. Tipo de huecos.
2. Características: Forma / Tamaño / Abundancia / Rugosidad de las paredes / Modelos de orienta­
ción.

Tipo de microestructura: de grano suelto, de grano pelicular, con cavidades, laminar, agrietada,
compleja, etc.

Masa basal:
1. Límite c/f adoptado,
relación c/f.
2. Componentes minerales básicos de la masa basal.
Componentes minerales gruesos.
Componentes minerales finos (Micromasa): Fábrica-b.
3. Componentes orgánicos básicos de la masa basal.

Edaforrasgos

Interpretación de las observaciones:

De los distintos aspectos tomados en consideración en los estudios micromorfológicos


tienen especial relevancia los referentes a los huecos. El espacio de huecos, en concreto la
porosidad intraagregados y la forma de relacionarse entre ellos, aporta una valiosa informa­
ción para entender el movimiento de fluidos en el suelo. En el caso del agua, las medidas de
conductividad hidráulica (Cap. 13) permiten cuantificar la velocidad de circulación, si bien
serán los estudios micromorfológicos los que pueden ayudar a interpretar el porqué de los
valores obtenidos.
Para poner en evidencia los procesos de transferencia se suele impregnar el bloque con
resinas con un colorante o bien someter previamente el bloque a una percolación con agua
que contenga azul de metileno, que tiñe las paredes de los huecos conductores. En el caso
de suelos yesosos (endopediones gypsicos), el método no resulta adecuado, ya que el agua
circula por todos los espacios que dejan los cristales lenticulares de yeso y no por vías pre­
ferentes, y se produce un filtrado que separa agua y colorante. El número de huecos y el
grado de intersección proporcionan indicaciones acerca del desarrollo de la estructura
(Cap. II).

71
Atendiendo a su m orfología cabe distinguir los siguientes tipos de huecos:

H uecos de em p aquetam iento


Son debidos al empaquetamiento al azar de componentes básicos de un material, ya
sea granos individuales (empaquetamiento simple), agregados (empaquetamiento com­
puesto) o entre agregados y granos individuales (empa­
quetamiento complejo). En los dos últimos casos forman
parte de la estructura. Pueden ser equidimensionales o
alongados.
Están fuertemente interconectados, por lo que son
funcionales frente al movimiento del agua y del aire.

C avidades y vesículas
Son huecos de igual ancho que largo. Las cavidades tienen contornos irregulares,
mientras que las vesículas tienen sección circular. Se trata de huecos cerrados, sin inter­
conexión entre ellos.
Las cavidades pueden originarse tras la deformación de otros tipos de huecos por
acción de la fauna, por procesos de expansión-retracción, o por compactación. El resul­
tado es el aislamiento del hueco original que pierde la intercomunicación.
Los huecos de tipo vesicular son frecuentes en costras superficiales de apelmaza­
miento, originadas por impacto de las gotas de lluvia o de un aspersor. La falta de comu­
nicación entre ellos explica las características desfavorables de una costra de superficie,
ya que resultan ineficaces para el movimiento del agua y del aire.
C anales y cám aras
Los canales son tubulares, mientras que las cámaras son equidimensionales y están
interconectadas por canales.
Son huecos comunicantes, generalmente debidos a la actividad de fauna edáfica.
Fisuras
Huecos planares, comunicantes, Corresponden a grietas entre agregados.
Pueden ser el resultado de una retracción del material al secarse. Sus paredes se aco­
modan.
Puede tratarse de un artefacto producido al fabricar la lámina.

Las ecuaciones del flujo de agua en el suelo se deducen con la hipótesis de que el suelo
tiene una matriz sólida continua, que contiene agua llenando los poros y formando pelícu­
las si el suelo no está saturado de agua (Jury y cois. 1991). Como se ha indicado, la morfo­
logía de huecos en un horizonte no se limita a la existencia de poros en una matriz continua,
sino que existen fisuras, huecos interagregados (empaquetamiento compuesto y complejo)
y huecos debidos a raíces y a fauna que, si se llenan de agua, tienen una capacidad mucho
mayor para dejarla fluir que la matriz circundante (Beven y Germann, 1982). Este flujo
preferencial puede llegar a tener una importancia real grande, en el transporte de solutos y
elementos contaminantes que, al poder circular más rápidamente, presentarán un mayor
riesgo de contaminación.

72
Los edaforrasgos proporcionan información acerca de los procesos que han
tenido lugar en el suelo. Se distinguen del material de la masa basal por:

• Una diferente concentración en uno o más componentes, o bien por


• Una fábrica interna diferente.

Cabe distinguir seis clases de edaforrasgos:

E daforrasgo textural: concentración de una fracción


granulom étrica relacionada con translocaciones.
Ejemplo: Endopedión argílico: revestimientos y rellenos
de arcilla debidos a procesos de iluviación
(Dorronsoro y Aguilar, 1988).

Edaforrasgo de em pobrecimiento: asociados a la pér­


dida de componentes químicos.
Ejemplo: Pérdida de Fe2+, en condiciones hidromorfas.
Pérdida de C a C 0 3, descarbonatación de la masa
basal adyacente a canales (Herrero, 1991).

Edaforrasgo cristalino: consiste en cristales que se con­


sidera se han form ado «in situ», de cualquier tam año
visible al microscopio.
Ejemplo: Acumulación de yeso lenticular rellenando un
canal (Porta y Herrero, 1988).
Acumulación de C a C 0 3 en forma de nódulos.

Edaforrasgo am orfo y criptocristalino: material isó­


tropo entre nícoles cruzados (excluidos los del sistema
cúbico y las secciones de cristales perpendiculares al eje
óptico).
Ejemplo: Segregaciones de hierro y manganeso (concre­
ciones, m oteados y otros) en suelos hidromor-
fos (Dorronsoro et al., 1988).

73
Edaforrasgo excremental: asociado con excrem en­
tos de fauna del suelo. Proporciona información sobre el
tipo de animal; intensidad de la actividad de la fauna. El
grado de conservación está relacionado con el tiempo
desde su formación.

Edaforrasgo de fábrica: difiere del material adya­


cente sólo por la disposición espacial de los constituyen­
tes, partículas sólidas y huecos asociados.
Ejemplo: S lic k e n sid e s: ca ras de d e s liz a m ie n to con
reordenación de los constituyentes de la masa
basal del suelo, debido a la presión generada
por procesos de expansión-retracción de arci­
llas.
D isp o sicio n es arq u ead as de co m p o n en tes
gruesos debidas al paso de fauna.

Se denomina masa basal a todo el material, grueso y fino, que forma el mate­
rial base del suelo, y que no constituye un edaforrasgo. M asa basal y edaforrasgos
tienen distinto origen, así mientras la primera ha sido heredada del material origi­
nario, los edaforrasgos son el resultado de procesos edafogénicos, ya sea translo­
cación, argiloturbación, bioturbación u otros. En la práctica no siempre resulta
fácil establecer tal distinción, por la dificultad que puede entrañar determ inar la
procedencia de los materiales que integran la masa basal. La desorganización de
un edaforrasgo cristalino puede implicar su dispersión en la masa basal, con la que
puede llegar a confundirse.
El material fino de la masa basal (micromasa) puede estar formado por partícu­
las individuales que no son identificables si su tamaño está por debajo de la resolu­
ción del microscopio. La presencia de dominios de birrefringencia puede utili­
zarse para inferir la fábrica de la micromasa, ya que los dominios de partículas de
arcillas orientadas (Cap. 11) se comportan como cristales anisótropos o «pseudo-
cristales», tal como se denominan por la Escuela edafológica rusa (Dobrovol’ski,
1991). Por ello la fábrica de la micromasa se denomina fábrica de birrefringencia o
fábrica-b. Se pueden distinguir las siguientes:

Fábrica-b indiferenciada Ausencia de colores de interferencia en la masa fina al estar formada por:
• Materiales amorfos.
• Materiales anisótropos (arcillas) dispuestos al azar, compensándose los
unos con los otros, con lo que el aspecto global es de isotropía.
• Materiales amorfos (materia orgánica, óxidos amorfos) que enmascaran
la anisolropía del resto de los componentes.

74
Fábrica-b cristalítica Fábrica de birrefringencia o fábrica-b producida por la presencia de peque­
ños cristales (de calcita o de yeso), microlitos o fragmentos minerales
(láminas pequeñas de mica) que provocan colores de interferencia en la
masa fina.
Cabe distinguir entre otras:
• Fábrica-b cristalítica calcífica.
• Fábrica-b cristalítica gypsica.

Fábrica-b estriadas Fábrica-b producida por una masa fina formada predominantemente por
arcilla distribuida en zonas alargadas de orientación preferente. Cabe dis­
tinguir entre otras:
• Fábrica-b porocstriada: producida por partículas de arcilla orientadas
paralelamente a la superficie de un poro.
• Fábrica-b granoestriada: producida por partículas de arcilla orientadas
paralelamente a la superficie de un componente grueso.
• Fábrica-b estriada cruzada: las partículas de arcilla están orientadas en
líneas con dos direcciones preferentes que cruzan la lámina.

Fábrica-b moteada Presencia en la masa basal de pequeños dominios anisótropos debido a


paquetes minúsculos de arcilla orientada. Se subdivide en:
• Motas aisladas: paquetes orientados aislados.
• Moteada en mosaico: paquetes que están en contacto entre ellos.

Cabe destacar que las fábricas de birrefringencia no se consideran edaforrasgos, aún


cuando algunos procesos edafogénicos, como la expansión-retracción de arcillas, se mani­
fiesten claramente en fábricas-b específicas (poroestriadas y granoestriadas).
El uso del término «birrefringencia» para expresar la manifestación de la anisotropía,
tal como se hace en micromorfología ha sido criticado por algunos autores (Fitzpatrick,
1990). La birrefringencia en sentido clásico expresa la diferencia entre los dos índices de
refracción de cristales anisótropos, con lo cual no depende del aspecto del cristal al micros­
copio. La generalización del término en la descripción de láminas delgadas de suelos lleva
a un uso indistinto de birrefringencia y anisotropía, y por ende, de fábrica-b.

5. Aplicaciones de la micromorfología

5.1. Interpretación de las observaciones

Las lám inas delgadas perm iten estudiar los com ponentes del suelo, la com ­
pleja arquitectura a que dan lugar al irse organizando y aum entar el grado de
pedialidad, así com o los edaforrasgos que resultan de la edafogénesis. Este
estudio m ejora la com prensión del suelo, y perm ite establecer m odelos más
perfeccionados para entender su form ación, com portam iento y posibles res­
puestas.
Todavía no se dispone de la información suficiente para interpretar todas las
morfologías observadas en la lámina. No obstante, resultan ya posibles interpreta­
ciones de interés a partir de las correspondientes descripciones, entre otras:

75
Descripción Interpretación

Canales y cámaras Sugieren actividad biológica y permiten evaluar su intensidad.


Resultan de la acción de la fauna y del enraizamiento.
Vesículas Caracterizan una porosidad importante, si bien no conectada, lo
que hace que haya una mala permeabilidad.
Componentes minerales básicos Proporcionan información acerca del material originario y posibles
neoformaciones y transformaciones.
Características morfológicas de Procesos y modelos de meteorización (Stoops y cois. 1979).
granos minerales meteorizados
Fábrica-b de la masa basal Naturaleza de la fracción fina y su orientación.
Edaforrasgos texturales Procesos de translocación.
Cuanto mayor sea el número de huecos completamente rellenos,
más intenso habrá sido el proceso.
Edaforrasgo textural limoso Caracterizan horizontes en los que hay una percolación rápida e
importante asociada a poros gruesos, grietas y a lluvias intensas.
Edaforrasgos de empobrecimiento Proceso de descalcificación,
en una masa basal micrítica
Edaforrasgos cristalinos Procesos de reprecipitación.
Edaforrasgos de yeso lenticular Precipitación de yeso en medio edáfico con influencia de la m.o.
del suelo.
Yeso fibroso Heredado del material originario, formado en grietas de retracción
o fisuras de asentamiento.
Edaforrasgos de fábrica Procesos de compresión, o de actividad de fauna.
Edaforrasgos excrementales Actividad biológica por fauna, perm iten evaluar su intensidad
(Merbut. 1985).
Superposición de morfologías Cronología relativa de procesos.
Es posible llegar a establecer la secuencia de procesos superpuestos.

Se ha propuesto establecer criterios de clasificación de materiales, por ejem ­


plo, los com ponentes básicos del suelo y su fábrica, basándose en su descripción
microm orfológica (Stoops, 1992), de forma análoga a com o se clasifican los sue­
los en función de sus características m orfológicas. Las características m icrom orfo-
lógicas de los m ateriales del suelo pueden presentar diversos rasgos com unes, que
a menudo se presentan juntos, y que están relacionados con condiciones genéticas,
así com o con la aptitud del suelo para el crecim iento de las plantas. Este enfoque
morfosintético puede resultar útil al facilitar el intercam bio de información y ha
sido utilizado para establecer una clasificación m icrom orfológica de m ateriales
yesosos del suelo (Stoops y Poch, 1992).

5.2. Métodos micromorfométricos: Análisis de imagen

Los estudios m icrom orfológicos pueden superar su fase descriptiva al incorpo­


rar técnicas que permitan una cuantificación al m edir los com ponentes, sistem a de
huecos, edaforrasgos, etc., atendiendo a su forma, superficie, perím etro, diám etro,

76
etc. Los principios, técnicas y aplicaciones de la m icromorfometría de suelos han
sido objeto de una extensa revisión por Dorronsoro (1988 a, b). Estas técnicas
denominadas análisis de imagen, no se limitan al estudio de láminas delgadas, sino
que permiten la toma de imágenes con cámara de vídeo de una superficie pulida,
una foto, etc., con luz natural o bien utilizando fluorescencia UV.

5.3. Ámbitos de aplicación de la micromorfología

El ámbito inicial de la micromorfología fue la génesis de suelos, al ser una téc­


nica que permite mejorar la observación de las morfologías e inferir posibles proce­
sos responsables de su formación. Su aplicación se ha ido generalizando a otros
ámbitos al resultar útil para la interpretación de múltiples aspectos en campos muy
diversos. Muchos investigadores, sin ser necesariamente especialistas en micromor­
fología, utilizan técnicas micromorfológicas y micromorfométricas en ciencias agra­
rias, zoología del suelo, arqueología, geomorfología, geología del cuaternario, inge­
niería civil, etc., y en estos ámbitos se pueden citar como ejemplos de aplicaciones:

Ámbito Aplicaciones

Ciencias Agrarias Estructura del suelo: efectos de las prácticas de cultivo (Kooistra, 1988).
Compactación por el laboreo. Suela de labor.
Efectos de diversas técnicas de riego.
Porosidad y desarrollo radicular.
Colmatación de drenes enterrados (Herrero et al., 1988).
Efectos del empleo de purines, fangos de depuradora, etc.
Formación de costra superficial: perturbaciones de la infiltración, de la nas-
cencia (encarado).
Arqueología Información acerca de la historia a partir de los materiales de un yaci­
miento.
Cronología de procesos en un mismo depósito.
Actividades humanas en relación a la presencia de depósitos órgano-mine­
rales quemados.
Micromorfología y susceptibilidad magnética en la interpretación de suelos
y sedimentos arqueológicos.
Efectos de prácticas de cultivo en el pasado.
Estudios de fragmentos de cerámicas para determinar su origen.
Ingeniería civil Interpretación del comportamiento de un suelo.
Predicción del comportamiento de los materiales.
Propuesta de medidas correctoras antes de iniciar una obra.
Microorganización y comportamiento físico y mecánico de los suelos.
Arcillas sensitivas.
Suelos con riesgo de colapso.
Riesgos sísmicos.
Suelos expandibles.
Edafología Morfología de suelos.
Procesos formadores: edafogénesis.
Micromorfología de podzoles (Macías el al., 1988; Val c íñiguez, 1981).
Clasificación de suelos: horizontes diagnóstico.
Cambisoles (Aguilar et al., 1986, 1988).
Organización mineral y estructural.

77
Ámbito Aplicaciones
Propiedades de los componentes.
Procesos en suelos hidromorfos (Dorronsoro et al., 1988).
Procesos de degradación.
Movimiento del agua.
Meteorización y neoformaciones.
Micromorfología y génesis de suelos yesosos (Herrero, 1991).
Génesis y funcionamiento de los suelos de zonas tropicales.
Estudio de procesos erosivos.
Translocación de arcilla y horizontes de acumulación (Dorronsoro y Agui-
lar, 1988).
Suelos enterrados.

Paleoedafología Paleosuelos.
Paleoambientes.
Interpretación de la presencia de costras calizas.
Estudio de almagres (Carbajal et al., 1988).
Fitolitos.
Cronosecuencias en paleosuelos.
Loess y paleosuelos.

Geología del Cuaternario Procesos superficiales.


y Geomorfología Estructuras ligadas a la crioturbación y al periglaciarismo.
Biorrelictos.
Depósito de materiales.

Paleoclimatología Paleoambientes y paleoclimas.


Glaciarismo y periglaciarismo (Van Vliet-Lanoe, 1988).

Paleogeografía Paleoambientes.

Biología del suelo Microbiología del suelo.


Fauna del suelo (Merbut, 1985).
Procesos de bioturbación.
Interacciones entre organismos vivos y constituyentes.
Fluorescencia de componentes orgánicos (Altemüller, 1986; Altemiiller &
Van Vliet-Lanoe, 1990).

6. Bibliografía

6.1. Bibliografía básica


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81
_______________ 5
Cómo se denominan los suelos:
Elaboración de una nomenclatura

1. Introducción

Las lim itaciones que presenta un suelo, su aptitud para aceptar determ inados
usos o su papel com o elem ento del m edio am biente pueden inferirse de la des­
cripción del perfil, de las características analíticas (físicas y quím icas) de cada
uno de los horizontes en que se halle organizado y de las condiciones de medio
en q ue se e n c u e n tre (rég im e n es de hu m ed ad y te m p eratu ra, posición en el
terreno, entre otras). C uando se habla de uso, se hace referencia a poder m ante­
ner una determ inada m asa forestal, una rotación de cultivos, unos usos paisajísti­
cos o de jard in ería, al papel del suelo com o depurador natural, entre otros posi­
bles usos.
Las propiedades útiles de los suelos son las que realmente interesan a los usuarios a
quienes, como afirma Beckett (1978), raramente les preocupa el nombre del suelo que
usan. No obstante, a veces, determinados suelos con características peculiares, y que
ocupan extensiones importantes, llegan a tener un nombre vernáculo, que sirve para que
los usuarios intercambien información, o sepan referirse a ellos. En cualquier caso, dar
un nombre a un objeto y a sus cualidades sirve para hacerlo conocer y distinguirlo de
otros, análogamente ocurre con los suelos que, dadas las notorias diferencias existentes
entre ellos, requieren una denominación específica. Hablar de «el suelo» resulta extre­
madamente impreciso, referirse a «los suelos» es algo más conveniente y, sólo si se
conoce el nombre de «un suelo», será posible referirse a él, hacerlo conocer y distin­
guirlo de otros suelos con la precisión requerida.
Kubiena a inicios de los años 50 afirmaba que el principal interés en poner etiquetas o
dar nombre a los suelos reside en poder ordenar y transmitir los conocimientos, haciendo
posible generalizar a otras zonas la experiencia adquirida en un área determinada. Para ello,
se requiere una coincidencia o compatibilidad en las características de los suelos y condi­
ciones de medio. La transferencia de tecnología exige conocer dónde se ha obtenido lo que
se pretende transferir y cuáles son las características del lugar al que se propone se trans­
fiera. Este nivel de información puede ahorrar notables fracasos, ya sea al plantear revege­
taciones en áreas degradadas, al transformar en regadío, en la venta de abonos o en actua­
ciones en arquitectura del paisaje, por poner sólo algunos ejemplos.

Para la racionalización de la investigación en una ciencia natural no existe otro


cam ino que apoyarse en una sistem ática lo m ás desarrollada posible. ¿Puede

83
alguien sacar algún provecho de un experim ento con material vegetal, si el autor
no puede definir exactam ente la planta que ha utilizado? Análogam ente, si faltan
las indicaciones sobre el suelo, el experim ento total queda en el aire, del mismo
modo que si faltasen las indicaciones sobre las plantas de experim entación. No se
puede servir realm ente a la agricultura más que si se caracterizan y se designan
precisa e inequívocam ente los suelos. Este párrafo, lleno de vigencia, fue escrito
ya en 1952 por el profesor W. Kubiena, en los años en que trabajó en España.
Todavía no ha sido com pletam ente asumido.

Dar un nom bre a un suelo va unido a la voluntad de conocer su localización


y la superficie que ocupa. Esto significa plasm ar la inform ación en un m apa, en
soporte de papel o en soporte inform ático, para que sea posible acceder a ella y
utilizarla con facilidad, cada vez más a través de sistem as de inform ación geo­
gráfica (GIS).

En el presente capítulo se plantean unas líneas básicas para denom inar suelos
atendiendo a las propiedades y características que condicionan su uso. Para hacer
esta presentación se propone un ejercicio, consistente en elaborar una nom encla­
tura para denom inar los suelos. Se utilizarán para ello los conceptos y la term ino­
logía introducida en los capítulos precedentes y sólo se avanzará alguno nuevo si
resulta imprescindible. Introducir la denom inación de suelos en la prim era parte de
la obra se justifica por la necesidad de poder referirse a suelos concretos en lo que
sigue. En un texto de Edafología debería evitarse hablar de «el suelo» com o un
ente único, ya que no lo es. A pesar de que constituya un continuo, su variabilidad
espacial es considerable.

Los distintos suelos individuales no acostumbran a estar separados unos de otros: los
suelos no son cuerpos discretos. En la teoría general de sistemas un suelo es un sistema
abierto, con entradas y salidas de materia y energía lo que presupone la existencia de lími­
tes entre suelos. El problema se presenta al tener que escoger las propiedades diferenciado-
ras que deben servir de base para establecer dichos límites. La falta de límites definidos
explica que existan diversos criterios, diversas convenciones, para establecer cortes, con la
consiguiente subjetividad al hacerlo. Es la propia naturaleza del objeto suelo, lo que explica
que en Edafología no se haya podido llegar a un único sistema para denominar los suelos,
con aceptación general (Caps. 19 y 20), lo que sí ha ocurrido en otras muchas ramas de la
Historia Natural.

Ordenar y relacionar los distintos suelos individuales supone establecer un esquema


jerárquico, una clasificación de los suelos. Al existir distintos criterios para delimitar y
denominar cada individuo suelo, existirán otros tantos sistemas de clasificación. Unos se
han interesado más por la génesis o manera cómo se han formado los suelos, otros, los de
uso más generalizado en el momento actual, se basan en la morfología del perfil del
suelo. Conocer la génesis tiene un interés científico evidente, si bien no siempre resulta
fácil, lo que dificultaba basar la clasificación en este tipo de criterios. Por el contrario las
propiedades morfológicas siempre resultan más fácilmente accesibles en una prospec­
ción de campo.

84
2. Criterios para dar nombre a los suelos:
A modo de ejercicio

En el supuesto de que los suelos no tuviesen nom bre y se quisiese establecer


criterios para dárselo, se puede realizar el siguiente ejercicio:

1. Elaborar un listado de propiedades y características que condicionan los distintos


usos del suelo. Los asistentes, en una sesión de «brain storming», pueden ir
citando propiedades y características que, a su criterio, condicionan el uso del
suelo en diferentes grados, para el crecimiento de las plantas, para un uso agrí­
cola, paisajístico, para construir encima o para utilizar el suelo como depurador
natural.
2. Se establecerá una jerarquía en estas propiedades desde la más limitante, por ejem­
plo, la falta de agua o la presencia de arcillas que se expanden al humectarse, a
aspectos más secundarios, dejando de considerar aquéllos que no parezcan consis­
tentes, por su escasa significación.

Para llegar a elaborar el listado de propiedades y características puede resultar


de interés:

Revisar:
• Cap. 2. El suelo como ente natural: Organización.
• Cap. 3. Morfología y descripción de suelos.
Considerar conceptos tales como:
• Suelos minerales y suelos orgánicos.
• Expansión-retracción de las arcillas (Cap. 7).
• Acidez y basicidad del suelo (Cap. 10).
• Degradación de suelos y calidad ambiental (Caps. 23 a 29).

Para establecer los nom bres puede recurrirse a dos criterios:

1. Utilizar nombres vernáculos, lo que puede constituir un ejercicio paralelo, de reco­


gida de información local.
2. Introducir una nomenclatura que resulte autoexplicativa a base de raíces griegas,
latinas u otras.

Un buen sistema de nomenclatura debe ser sencillo, fácilmente manejable, permitir una
visión de conjunto y ser de fácil empleo en todos los idiomas (Kubiena, 1952).

85
3. información complementaria para establecer una
nomenclatura
Para establecer una nom enclatura en base a los criterios que se hayan adop­
tado, puede resultar de interés conocer nom bres vernáculos, utilizados en distintos
países para denom inar algunos suelos representativos:

Yermo/a (español) Paraje desértico, pobre en vegetación.


Tasca (aragonés) Suelo que puede separarse como una alfombra de la roca madre.
Rendzina (polaco) Suelo desarrollado sobre roca caliza, rico en carbonato cálcico, de poco espe­
sor.
Estepa (español) Zona con vegetación xerófila herbácea o arbustiva, bajo clima bastante seco e
inviernos fríos.
Sierozem (ruso) Suelo gris en los límites del desierto.
Burozem (ruso) Suelo pardo claro, semidesértico de estepa, calizo.
Kastano/.em (ruso) Suelo con horizonte superior oscuro por su contenido en materia orgánica, con
translocaciones de arcilla, carbonato cálcico o yeso.
Chernozem (ruso) Suelo negro, rico en materia orgánica, profundo, bien estructurado, rico en
bases, con acumulación de carbonato cálcico.
Vega (español) Suelos de llanuras aluviales.
Podzol (ruso) Tierra de color ceniza. Suelos ácidos con translocación de materia orgánica y
sesquióxidos.
Gley (ruso) Suelo desarrollado bajo condiciones de exceso de agua.
Ando (japonés) Suelo negro formado a partir de materiales ricos en vidrios volcánicos.
Solonchak (ruso) Suelo con contenidos elevados de sales solubles, efloresencias blancas en
superficie durante la estación seca.
Solonetz (ruso) Suelo con características alcalinas debidas al sodio en las sedes de intercam­
bio. Con un horizonte Btna.
Licorella (catalán) Suelo desarrollado a partir de esquistos, de poco espesor y muy pedregoso.
Rubial (español) Suelo muy rojo, generalmente arcilloso (Castilla).
Albariza (español) Suelo blanco, calizo, de textura media (Andalucía).
Bujeo (español) Suelo arcilloso, plástico, con predominio de arcilla expandible (Andalucía).
Calero (español) Suelo muy calizo, de color blanco.
Barros (español) Suelo arcilloso al menos en su parte superior (Extremadura).
Salguero (español) Suelo moderadamente salino (Castilla).
Saladar (español) Suelo marcadamente salino con vegetación halófila.

Una nom enclatura que no tenga en cuenta los nom bres populares de los suelos
puede crear térm inos en base a etim ologías griegas, latinas y otras:

Histos, griego Tejido


Aridus, latín Seco, falta de agua
Venere, latín Voltear, revolver
Mollis, latín Mullido
Inceptum, latín Incipiente
Ultimus, latín Último, muy evolucionado
Oxidus, latín Riqueza en óxidos de hierro y aluminio
Xeric Fuerte sequía
Aquic Exceso de agua
Fluvius Río
Psamm Arena
Dystric Pobreza en bases (cationes en sedes de intercambio: Ca2+, Mg2+, K+ y Na+)

86
Eutric Riqueza en bases
Umbra Oscuro
Ochros Pálido
Orthos Recto
Cry (Kryos, gr.) Frío, hielo
Anthropos, gr. Humano
Leptos, gr. Delgado
Plinthos, gr. Ladrillo, se cementa al estar expuesto al aire
Ferrum, lat. Hierro
Alumen, lat. Aluminio
Planus, lat. Llano
Phaios, gr. Oscuro, rico en m.o.
Gypsum, lat. Yeso
Calx. lat. Caliza
Durus, lat. Duro, duripan, durinodos
Albos, lat. Blanco
Eluere, lat. Eluviación, pérdida
Nitidus, lat. Brillante
Acris, lat. Muy ácido
Luere, lat. Lavado, iluviación
Lixivia, lat. Lavar, pérdida de bases
Cambiare, lat. Cambiar, cambios de color, estructura
Arena, lat. Arena
Rhegos, gr. Capa, manto. Material suelto sobre una roca dura

4. Proponiendo denominaciones para los suelos

Sin ninguna voluntad de llegar a ningún sistem a taxonóm ico preestablecido


(Caps. 19 y 20), se propondrán denom inaciones para algunos suelos, como ejerci­
cio:

ESTUDIO DE CASOS
1. Se desea destacar que el suelo de una determinada unidad de paisaje no
es adecuado para que se instale en él un campo de fosas sépticas ya que
es muy arenoso, por lo que el paso de las aguas negras a la capa freática
supone un elevado riesgo.
2. Las paredes de un almacén se han agrietado y los postes de telégrafos
están inclinados arbitrariamente: el suelo se mueve. El suelo es muy arci­
lloso.
3. Los melocotoneros plantados en una determinada parcela se han muerto
por asfixia radicular. La capa freática está cerca de la superficie del suelo (a
menos de 1 m) y el perfil presenta color gris con manchas.

Respuestas
1. Propiedades a destacar: es muy arenoso todo el perfil del suelo/deja pasar
las aguas negras con facilidad. Compondremos el nombre con un prefijo
añadido al término «sol» (suelo):

87
De las listas anteriores parecen adecuados los prefijos:
psamm (del gr. arena) -» Psamm + o + sol
arena (del lat. arena) -> Aren + o + sol
Arenosol
2. Interesa destacar la propiedad que presentan estas arcillas.
De las listas se puede retener el prefijo:
vertere (del lat. voltear, remover) Vert + i + sol
Vertisol
3. El suelo tiene color gris (indica reducción, ligada a la falta de oxígeno, ano-
xia: asfixia radicular) por exceso de agua.
De las listas se puede retener:
gley (del ruso) -» Gley + sol
aquic Aquí + sol
Gleysol

Los nombres resultantes contienen una inform ación en todos los casos, son
autoexplicativos y permiten la transferencia de tecnología.

5. Niveles jerárquicos en Soil Taxonomy


Soil Taxonomy es un sistema de clasificación de suelos propuesto por el Soil
Conservation Service de Estados Unidos en 1975 y que sirve de sistem a de refe­
rencia a nivel mundial. Establece seis niveles jerárquicos, de hom ogeneidad cre­
ciente entre los suelos incluidos en cada uno de ellos (Cap. 19):

Orden
Suborden
Grupo
Subgrupo
Familia
Serie

Los doce órdenes establecidos (S.S.S.,1999) tienen denom inaciones autoexpli-


cativas:

Condicionante principal Orden

Suelo helado en alguna p a rte ..................................................................................... Gelisol


Suelos orgánicos ......................................................................................................... Histosol
Suelos ácidos de clima húmedo con procesos de iluviación de m.o. con Fe y Al.
De podzol, nombre vernáculo ruso (zola = ceniza, pod = debajo) ...................... Spodosol

88
Suelos oscuros, desarrollados a partir de materiales volcánicos y otros ricos en
materiales a m o rfo s...................................................................................... Andisol
Suelos tropicales, ricos en óxidos de Fe y Al, ácidos, pobres en bases, escasa
cantidad de minerales alterables ................................................................................ Oxisol
Arcillas expandibles predominantes, apertura de grietas anchas y profundas du­
rante la estación s e c a .................................................................................. Vcrtisol
Falta de agua por aridez del clima o salinidad e x tre m a ........................ Aridisol
Suelos subtropicales y tropicales muy evolucionados, pobres en bases, con ilu-
viación de arcillas. Últimas etapas de meteorización y evolución ...................... Ultisol
Riqueza en m.o., horizonte superficial bien estructurado, mullido, rico en bases . Mollisol
Suelos con iluviación de arcilla, que ha dado lugar a la formación de horizontes
Bt. Riqueza en bases de media a alta. De pedalfer en la clasificación de Marbut Alfisol
Suelos incipientes, poco desarrollados ..................................................................... Inceptisol
Suelos jóvenes o escasamente desarrollados. Del inglés receñí .......................... Entisol

6. Niveles jerárquicos en la Base de Referencia Mundial


para los Recursos de Suelos (WRB) (FAO, 1998)

La Base de R eferencia M undial (Cap. 20) establece dos niveles jerárquicos


(FAO, 1998; Deckers et al. 1998):

Grupos de suelos
Unidades de suelos

Los 30 G rupos de Suelos definidos son los siguientes, reseñados en orden


jerárquico:

Histosol Kastanozem
Cryosol Phaeozem
Anlhrosol Gypsisol
Leptosol Durisol
Vertisol 20 Calcisol
Fluvisol Albeluvisol
Solonchak Alisol
Gleysol Nitosol
Andosol Acrisol
Podsol 25 Luvisol
Plinthosol Lixisol
Ferralsol Umbrisol
Planosol Cambisol
Solonetz Arenosol
Chernozem 30 Regosol

89
7. Bibliografía

7.1. Bibliografía básica


Deckers, J. A.; Nachtergaele, R. O. y Spaargaren, O. C. (ed.): World Reference Base for
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Tavernier, R. et al.: Soil Classification. Pédologie, N. spéc. 3: 1-201. Bull, Société Belge de
Pédologie. Gent. 1965.

90
6
Textura del suelo

1. El suelo como sistema de tres fases

El suelo es un sistema abierto, dinámico, constituido por tres fases. La fase


sólida está formada por los componentes inorgánicos (Cap. 7) y los orgánicos
(Cap. 8), que dejan un espacio de huecos (poros, cámaras, galerías, grietas y otros)
en el que se hallan las fases líquida y gaseosa. El volumen de huecos está ocupado
parcialmente por agua, como componente principal de la fase líquida (Caps. 12 y
13), que puede llevar iones y sustancias en solución o en suspensión; por aire, que
constituye la fase gaseosa o atmósfera del suelo (Cap. 14) y por las raíces y orga­
nismos que viven en el suelo (Cap. 16). El presente capítulo inicia el estudio de la
fase sólida mineral, que procede:

Del material originario o roca madre:


• Por meteorización física (fragmentación).
• Por meteorización química y biológica, que conllevan cambios químicos y mineraló­
gicos (Cap. 17).
De material edafizado:
• «In situ» (por ejemplo, un antiguo suelo enterrado que haya vuelto a quedar en su­
perficie por erosión del material que lo recubría).
• Erosionado, transportado y redepositado.
De aportes sólidos:
• Por aguas de inundación (materiales en suspensión).
• Por el viento (polvo).
• Por coluvionamiento, movimientos en masa, etc.
De materiales en disolución aportados:
• Por aguas de inundación.
• Por una capa freática.

Al ser el suelo un sistema abierto, la fase sólida mineral no puede llegar a un


estado estable, si bien en muchos aspectos los cambios tienen lugar de forma tan
extremadamente lenta, que ciertas características pueden considerarse constantes a

91
efectos prácticos. Entre ellas, el tam año de las partículas que la componen y, por
consiguiente, las proporciones relativas atendiendo a los tamaños.
Las interacciones entre las fases sólida y líquida adquieren especial relevancia al existir
en la fase sólida partículas cargadas eléctricamente y de elevada superficie específica. Los
procesos de adsorción e intercambio iónico (Cap. 9) son fundamentales para la actuación
del suelo como depurador natural, para la vida en el suelo y en concreto para la nutrición de
las plantas. Las fases líquida y gaseosa se hallan en cambio constante, tanto en cantidad
como en composición. La lluvia, el riego y las fdtraciones incorporan agua al sistema, la
evapotranspiración constituye la principal salida en condiciones en las que no haya pérdi­
das por percolación. El aporte de agua diluye el contenido iónico de la fase líquida y la eva­
potranspiración concentra la solución del suelo. La presencia de sales solubles en el agua
del suelo puede llegar a ser perjudicial para las plantas, al impedir que éstas puedan absor­
ber agua o por el efecto tóxico de algún ión (Cap. 24).
El estudio de las distintas fases y sus interacciones constituye uno de los obje­
tivos de la Ciencia del Suelo. Para cada una de las fases, los aspectos a considerar
y los ámbitos de estudio son:

Fases Aspectos Ambito de estudio

Sólida Distribución de partículas Textura.


minerales según tamaños.
Componentes inorgánicos. Mineralogía.
Superficie específica.
Meteorización.
Procesos de transporte.
Componentes orgánicos. Composición.
Procesos de transformación y transporte.
Organización. Estructura: Forma de agregarse las
partículas y espacio de huecos.
Densidad del suelo.

Interfase sólido-líquido Interacción suelo-agua. Reacciones de superficie.


Líquida Agua del suelo. Estados energéticos del agua.
Movimiento del agua.
Régimen de humedad.
Exceso de agua. Procesos de hidromorfismo.
Gaseosa Aireación del suelo. Composición.
Humedad del aire.
Flujo de aire.

La fase gaseosa tiene una composición semejante a la del aire (78,1 % N2 y 20,9 % de
0 2 más C 0 2). Las proporciones relativas varían a lo largo del tiempo, según las condiciones
existentes en el suelo. La concentración de anhídrido carbónico es función de la actividad
de los microorganismos que actúan en la mineralización de la materia orgánica. Este des­
prendimiento de C 0 2 hace que su concentración sea siempre más alta que en la atmósfera
exterior. La respiración de las raíces y microorganismos aumenta considerablemente la
concentración de anhídrido carbónico, al tiempo que disminuye la de oxígeno. Esto hace

92
necesario que haya una renovación constante, con entrada de aire para lograr un suministro
adecuado de oxígeno para la vida en el suelo en condiciones aerobias.
Los suelos con capa freática tienen los huecos llenos de agua y su fase gaseosa es
escasa. Si el agua no circula, no habrá renovación y el oxígeno llegará a escasear. Los hori­
zontes que estén debajo del nivel de una capa freática no circulante adquirirán condiciones
reductoras, caracterizadas por un predominio de microorganismos anaerobios, por procesos
redox y asfixia radicular.
En relación al vapor de agua, los huecos del suelo tienen una atmósfera con una hume­
dad relativa a saturación, siempre y cuando haya agua disponible para las plantas. Los
microorganismos aerobios, cuyo hábitat corresponde a los huecos del suelo, encuentran así
unas condiciones adecuadas para su actividad.

2. Textura

2.1. Concepto

Los distintos horizontes de un suelo pueden estar form ados por fragm entos de
roca de más de un metro, hasta partículas m enores de un m icróm etro. Atendiendo
al tam año cabe distinguir (CBDSA, 1983):

Elem entos gruesos Diámetro aparente > 2 mm

bloques 25 a 60 cm y más
cantos 6 a 25 cm
grava gruesa 2 a 6cm
grava media 0,6 a 2 cm
gravilla 0,2 a 0,6 cm

T ie rra fina Diámetro aparente < 2 mm

arena
limo
arcilla

El estudio de las partículas m inerales puede llevarse a cabo con distintos enfo­
ques, atendiendo al tam año y form a de las partículas, a su m ineralogía, grado de
meteorización, relaciones entre ellas, etc. Un planteam iento mucho más sencillo, y
por ello más generalizado, consiste en determ inar la granulom etría de la fracción
mineral.

La granulometría expresa las proporciones relativas de las distintas partículas minerales


inferiores a 2 mm, agrupadas por clases de tamaños, en fracciones granulométricas, tras
la destrucción de los agregados.
La textura es una expresión sintética de las características de cada horizonte que depen­
den de la proporción de los distintos tamaños de partículas.

93
Los términos granulometría y textura se utilizan a menudo como sinónimos. Algunos
autores, no obstante, hablan de textura para describir la sensación que tiene el prospector al
hacer deslizar entre sus dedos una muestra húmeda. En tal sentido es sinónimo de clase tex-
tural. En una prospección de campo resulta de interés poder disponer de esta información
para realizar un primer diagnóstico.
La granulometría es una de las características más estables y puede conside­
rarse una determinación básica de cada horizonte de un suelo. Una vez se dispone
de esta información para una parcela determinada o para una unidad de suelos, no
será preciso repetir el análisis al cabo del tiempo. Si existe el mapa detallado de los
suelos de la zona, bastará con consultarlo, lo que evitará realizar este análisis,
siempre laborioso y por ello de coste elevado. El interés en conocer la granulome­
tría reside en que permite inferir otras propiedades y características directamente
relacionadas con el uso y comportamiento del suelo:

• Capacidad de retención de agua disponible para las plantas (CRAD) y de suministro.


• Facilidad para la circulación del agua.
• Facilidad para el laboreo.
• Riesgo de formación de sellado y de costra superficial: deficiente velocidad de
entrada de agua en el suelo y mala nascencia.
• Riesgo de erosión hídrica.
• Riesgo de erosión eólica.
• Capacidad para almacenar nutrientes.
• Capacidad para admitir aguas residuales, purines y otros residuos líquidos.
• Orden de magnitud de la superficie específica.

2.2. Fracciones granulométricas y su justificación

Para separar las distintas fracciones granulométricas, arcilla, limo y arena, se


hace necesario establecer previamente los límites entre cada una de ellas. Los cri­
terios para ello son un tanto arbitrarios y dependen de los objetivos perseguidos,
de ahí que se hayan propuesto y se utilicen diversos valores numéricos. Los más
comunes en Edafología son los propuestos por Atterberg, adoptados por la Interna­
tional Society o f Soil Science (ISSS) en 1927 y los del United States Department
of Agriculture (USDA).
Las distintas fracciones granulom étricas utilizadas y la justificación de los
valores adoptados para establecer los límites entre ellas son los siguientes:

Límite Fracción Justificación


> 2 mm Elementos gruesos A partir de este tamaño las fuerzas de unión actúan
difícilmente y las partículas se mantienen siempre
separadas sin cohesión, incluso si están húmedas.
200 pm Límite superior de la arena fina ISSS Por debajo de este tamaño los granos de los minera­
les formadores de las rocas se presentan separados,
esta circunstancia tiene interés para estudios minera­
lógicos de arena.

94
Lím ite Fracción Justiticación

50 pm Límite superior del limo USDA El predominio de partículas de tamaño limo (50-
2 pm) en un suelo le confiere unas características
físicas desfavorables, inestabilidad estructural, apel­
mazamiento, susceptibilidad a formar costra superfi­
cial, deficiente movimiento del agua, etc.

20 pm Límite superior del limo 1SSS Límite arbitrario.

< 2 pm Arcilla Partículas con importante carga eléctrica superficial.


Superficie específica elevada.

< 0 ,2 p m Arcilla fina Partículas con carga eléctrica superficial.


Comportamiento coloidal.
Superficie específica muy elevada.

Todos los sistemas han adoptado como límites extremos comunes 2 mm y 2 pm. Los
límites a 20 pm y 50 pm son bastante arbitrarios, y su elección obedece a que en los años
en que se fijaron el conocimiento de las propiedades del suelo era algo imperfecto. El valor
100 pm, que sólo utiliza el criterio USDA, para la arena muy fina, ha ido adquiriendo
importancia y significación. Se emplea en la ecuación universal para evaluar las pérdidas
potenciales de suelo por erosión (USLE), para definir la clase textural de las familias de
suelos, así como el carácter arenoso de un horizonte (carácter psamméntico).
El predominio de la fracción de 50 a 100 pm favorece la formación de poros de tama­
ños muy pequeños, de 20 a 30 pm (microporosidad), cuya eficacia en los procesos de trans­
ferencia de agua es baja (Cap. 11). El agua inmovilizada en estos poros puede llegar a crear
condiciones reductoras, y por otro lado este agua no interviene en la translocación de com­
ponentes dentro del suelo.
A pesar de que pocas partículas naturales son esféricas, el establecimiento de tamaños
lleva a introducir el concepto de esfera de volumen equivalente o el de diámetro aparente.
Sin embargo, no hay que olvidar que cuanto menores sean las partículas, más lejos estarán
de la esfericidad, dado que se trata de microcristales minerales, muchos de ellos de forma
laminar.
Las distintas fracciones granulométricas establecidas son:

FRACCIONES
Granulometría
denominación Denominación Diámetros aparentes pm
USDA Simple Arena USDA 50 < 0 < 2000
Limo USDA 2 < 0 < 50
Arcilla 0 <2
USDA Arena gruesa USDA 500 < 0 < 2000
Arena fina USDA 50 < 0 < 500
Limo USDA 2 < 0 < 50
Arcilla 0 <2
USDA Completa Arena muy gruesa USDA I(XX) < 0 < 2000
Arena gruesa USDA sentido estricto 5O O <0< 1000
Arena media USDA 250 < 0 < 500
Arena fina USDA sentido estricto 100 < 0 < 250

95
FRACCIONES
Granulometría
denominación Denominación Diámetros aparentes pm

Arena muy fina USDA 5 O < 0 < 100


Limo USDA 2 < 0 < 50
Arcilla 0 <2
Internacional simple Arena ISSS 20 < 0 < 2000
Limo ISSS 2 < 0 < 20
Arcilla 0 <2
Internacional completa Arena gruesa ISSS 200 < 0 < 2000
Arena fina ISSS 20 < 0 < 200
Limo ISSS 2<0 < 20
Arcilla 0 < 2
Europea completa Arena gruesa EU 600 < 0 < 2000
Arena media EU 200 < 0 < 600
Arena fina EU 60 < 0 < 200
Limo grueso EU 20 < 0 < 60
Limo medio EU 6 < 0 < 20
Limo fino EU 2 < 0 < 6
Arcilla gruesa EU 0,6 < 0 < 2
Arcilla media EU 0,2 < 0 < 0,6
Arcilla fina EU 0 < 0,2

2.3. Clases texturales

Las combinaciones posibles en los porcentajes de arcilla, limo y arena, pueden


agruparse en unas pocas clases de tamaño de partículas o clases texturales. Estos
términos específicos proporcionan una idea de síntesis y facilitan la utilización de
la información.
Al establecer cada clase se ha buscado agrupar aquellos suelos con análogo
comportamiento frente al agua y la respuesta de las plantas, fjando los límites
entre clases para dejar claras tales diferencias. El nombre de una clase textural
tiene su origen en la experiencia adquirida a lo largo de años de estudio de los sue­
los de una determinada área geográfica, lo que finalmente ha llevado a normalizar
su uso.

Al establecer los nombres de las clases texturales se ha querido dejar patente


que la acción de ciertas fracciones es más acentuada que la de otras, a igualdad
de porcentaje, para determ inar las propiedades del suelo y el comportamiento
del agua y las plantas.

Para representar las distintas clases texturales se han construido los denom ina­
dos triángulos de textura o diagramas triangulares:

96
100 a + L + Ar = 100

4 ARENA

0 50 - 2000 pim

USDA

La fracción arcilla resulta mucho más determinante del comportamiento de un


horizonte y en consecuencia del suelo y de la respuesta de las plantas que las
restantes fracciones, y así se pone de manifiesto en la denominación de la clase
textural. Debe haber unas tres veces más arena gruesa que arcilla para que el
suelo tenga unas propiedades condicionadas por la arena (Gaucher, 1971).

97
De acuerdo con los criterios USDA, con tan sólo un 20 % de arcilla, la denominación
de la clase textural incluye ya la calificación de «arcilloso» (franco-arcillo-arenoso). Un
horizonte no pasa a denominarse «limoso» (arcillo-limoso) hasta alcanzar un 40 % de limo,
mientras que se requiere un 44 % de arena para que se manifiesten propiedades derivadas
de la presencia de esta fracción, que sólo se hacen claramente patentes a partir de un 70 %
de arena, en la clase arenoso franca.
Una textura se denomina equilibrada si presenta contenidos óptimos para la mayoría de
cultivos, así un 40-45 % de arena, un 30-35 % de limo y un 25 % de arcilla (Duchaufour,
2001).

En aquellos casos en que se utilicen los criterios ISSS para establecer los lími­
tes, las clases texturales se determinan utilizando el correspondiente triángulo:

4 ----------------------------- ARENA
0 20 - 2000 pm

Algunos autores han propuesto el empleo de coordenadas ortogonales, utilizando un


triángulo rectángulo. El Groupement d ’Etudes des Problémes de Pédologie Apliquée
(GEPPA) ha elaborado un triángulo de este tipo cuyo uso no se ha generalizado, ya que no
permite una lectura directa de la fracción arena.
La expresión «textura ligera», por suelo «ligero» o de textura arenosa en el horizonte
que se labra, hace referencia a que por la baja cohesión resulta fácil de labrar y nada tiene

98
que ver con la masa por unidad de volumen. Análogamente, la opuesta de «textura pesada»
o suelo «pesado», expresa que el suelo, por su fuerte cohesión en seco y alta plasticidad en
húmedo, se labra con dificultad. Ambas expresiones, por inexactas deben evitarse. Pueden
substituirse por «suelo suelto» y «suelo fuerte», cuando se trate de utilizar términos fácil­
mente comprensibles a efectos de divulgación.

ESTUDIO DE CASOS
1. Algunos diccionarios no especializados en ciencia del suelo o algunas per­
sonas que hacen traducción simultánea pueden tener dificultades para tra­
ducir la terminología inglesa referente a la textura del suelo. Los principales
errores observados son los siguientes:

T érm ino inglés Erróneo C orrecto


Lo a m B a rro s F ra n ca
T ie rra
M arg a
Lim o
S ilt P o lvo L im o
Loam y sand A re n o s o lim o so A re n o s o fra n c o
S ilt loam L im o lim o so F ra n co lim o so
P o lvo m a rg a

2. Los diques y presas de tierra para riego o para sum inistro de agua,
como, por ejem plo, la presa de Assuan (Alto Egipto), cuyos efectos
medioam bientales se discuten en el capítulo 24, no constituyen una
masa homogénea, sino que en su sección aparecen yuxtapuestas zonas
de propiedades y funciones diferentes. El núcleo está formado por mate­
riales arcillosos cuya misión esencial es garantizar una cierta estanquei-
dad. Las otras zonas protegen al núcleo y dan estabilidad a la obra, si
bien son mucho más permeables.
Debiendo seleccionar un yacimiento para el suministro de material con el
que construir el núcleo de una presa de tierra para almacenar agua para
riego, dispone de las siguientres informaciones: a 15 km existe un depósito
de loess, material de origen eólico cuyo tamaño de partícula se halla entre
0,01 y 0,05 mm, con una potencia suficiente para asegurar el suministro
para la construcción del núcleo; a 25 km un depósito de arcillas laminadas,
caracterizadas por la alternancia de capas centimétricas de limo y material
franco limoso, cuyo precio resulta el más ventajoso puesto a pie de obra; a
38 km un depósito de material de tamaño de grano inferior a 2 pm, no
expandióle. Indique qué emplazamiento debería recomendarse y cuáles
podrían suponer riesgo para la estabilidad de la presa.

BASES PARA LA DISCUSIÓN


Discutir acerca de la granulometría de los materiales disponibles y su idoneidad
como núcleo de la presa.

99
Se requiere un material arcilloso que intercepte el escurrimiento del agua por la
presa, en caso de no existir se suele recurrir a la construcción de una pantalla
central formada por un muro de hormigón armado o de otro material de cons­
trucción.

3. Análisis granulométrico

3.1. Aspectos generales


Para evaluar la influencia de los elementos gruesos, ya sea en relación con las dificulta­
des de laboreo o para las barras segadoras, por ejemplo, derivadas de la pedregosidad
superficial, o con el volumen explorable por las raíces debido a los elementos gruesos de
los distintos horizontes, se suele realizar una estimación a simple vista por comparación
con tablas para evaluar porcentajes (Cap. 3). La determinación cuantitativa requiere el
muestreo de un volumen por vaciado completo, y necesariamente grande para conseguir
una adecuada representatividad estadística.
La determinación aproximada de la clase textural como ensayo previo se puede realizar
al tacto. Esta metodología se utiliza corrientemente en las prospecciones de campo, por lo
que el edafólogo debe haber sido entrenado previamente, ya que, por la casuística con que
se puede encontrar, la precisión alcanzada dependerá de su experiencia (Cap. 3).
En laboratorio se realiza el análisis granulométrico de forma precisa (Mathieu
y Pieltain, 1998). Consiste en un proceso de segregación de partículas individuales
agrupadas en fracciones. Para que los granos estén separados se requiere la des­
trucción de los ligandos que los mantienen unidos formando agregados (Porta el
al. 1986). Las operaciones que se llevan a cabo en este análisis son las siguientes:

m uestreo
suelo natural

secado al aire

1
tam izado
destru cció n de la m ateria orgánica
a 2 mm --------------------- ----- ►
por ataque con H 20 2
tierra fina
1

fracción m ineral ----------- ----- ► disp ersió n de las arcillas


añad ien d o un d isp ersan te quím ico,
tal co m o el hex am etafo sfato sódico

r~
partículas individuales - ----- * - tam izad o -------------------> - fraccio n es gruesas
partículas dispersas ------ ----- ► sedim entación -----------► fraccio n es finas

100
No resulta extraño que al tener que trabajar de 2.000 (im a menos de 2 qm no
exista una única técnica de medida que sea adecuada para todo el intervalo.
Después de haber destruido la materia orgánica se procede a la dispersión para conse­
guir individualizar las partículas de arcilla integradas en flóculos (Cap. 11). Los agentes
dispersantes a base de sodio, tales como el hexametafosfato sódico, permiten conseguir
este efecto, al sustituir el sodio a los cationes polivalentes, sobre los que tiene un efecto
complexante el anión hexametafosfato, con lo que su efecto no se dejará sentir en la sus­
pensión. La técnica a utilizar depende de las características de cada suelo. La presencia de
sales solubles o de yeso dificultan la dispersión, por lo que se requiere utilizar métodos
específicos (Vieillefon, 1979; Porta y cois. 1986).
En algunos suelos, la presencia de carbonato cálcico o de óxidos de hierro puede dar
lugar a la cementación de partículas de menor tamaño, que actúan como una unidad. Según
su tamaño se denominan pseudoarenas o pseudolimos. En suelos tropicales las partículas
de caolinita se unen con los óxidos de hierro formando micro-agregados muy estables. El
comportamiento físico de estos suelos corresponderá al tamaño real de las partículas, por lo
que la destrucción de tales unidades para llevar a cabo el análisis granulométrico no parece
estar justificada.
Los resultados de un análisis granulométrico sin destruir este tipo de microagregados
tienen mayor significación ecológica y agronómica.
En zonas áridas y semiáridas (Túnez) puede haber pseudoarenas formadas por arcillas
cementadas por sales.
Los métodos para determinar la granulometría de uso más o menos corriente (Loveland
& Whalley, 1991) son:

Medida directa (regla, pie de rey, microscopio, análisis de imagen, etc.).


Tamizado.
Elutriación.
Sedimentación (gravedad, centrifugación).
Interacción con la radiación (luz, láser, rayos X, neutrones).
Propiedades eléctricas.
Propiedades ópticas.
Adsorción de gases.
Permeabilidad

La granulometría de las fracciones más gruesas (elementos gruesos) se determinan por


tamizado. Para lograr una adecuada representatividad estadística en los resultados se hace
necesario trabajar con muestras suficientemente grandes. Las cantidades mínimas reco­
mendadas, teniendo en cuenta el tamaño máximo de partículas que forman más de un 10 %
del suelo (Loveland & Whalley, 1991) son las siguientes:

Tamaño máximo con una representación de más del 10 % (mm) Cantidad mínima de muestra (kg)

63 50
50 35
37,5 15
28 5
20 2
<20 1

101
Stokes estudió la sedimentación de partículas esféricas en un medio viscoso y formuló
la ley que lleva su nombre. Experimentalmente descubrió que la resistencia que ofrece un
líquido a la caída de una partícula esférica rígida varía con la circunferencia de la esfera. Es
proporcional a la viscosidad (T|) y a tres veces la velocidad de caída. La fuerza que deter­
mina cómo sedimenta una partícula es la resultante de las fuerzas de caída y de empuje:

fuerza de caída: — 7t r3 ps g r=radio de la partícula.


3 ps =densidad de la partícula.
pm= densidad del líquido en que sedimenta.
4 r) =
viscosidad dinámica.
fuerza de empuje: — n r3 pw g V= velocidad de sedimentación.
3 K= f(T) = cte para una determinada
temperatura.
T = temperatura.
t = tiempo de sedimentación.
fuerza de rozamiento: 2 n r T) 3 V h = altura de sedimentación (profundidad de
pipeteado).
En una sedimentación en régimen laminar, la resultante de estas fuerzas es nula, de lo
que se deduce la expresión de la velocidad terminal de sedimentación:

v = 2 ¿ ( P S - P J S =Kr2 = h/t
9 t?

Esta expresión permite calcular, para una altura dada (profundidad de pipeteado), el
tiempo que debe transcurrir para que partículas de diámetro aparente igual o inferior a 2r
sean las únicas que estén sedimentando a dicha altura, en condiciones isotermas. Con ello
se consigue muestrear las partículas según su tamaño.
El método del hidrómetro permite realizar las medidas en la suspensión, después de
cierto tiempo de espera en la sedimentación, para determinar de forma indirecta los porcen­
tajes de las distintas fracciones, sin necesidad de pipetear, secar ni pesar. Con este enfoque
Boyoucos (1962) propuso el método del densímetro, que se basa en la medida de la densi­
dad de la suspensión, que está relacionada con la concentración de partículas en dicha sus­
pensión, y que posteriormente ha sido modificado (Swartz,1982).
La posibilidad de automatización del método de la pipeta y su mayor precisión ha lle­
vado a su adopción por muchos laboratorios. Recientemente se ha desarrollado un método
basado en la atenuación de rayos gamma al atravesar un contenedor de sedimentación. El
procedimiento puede ser automatizado y permite disminuir el tiempo del análisis (Oliveira
et al. 1997, Pedro-Vaz et al. 1999).

3.2. Representación de resultados

Los resultados de los análisis granulom étricos pueden presentarse de form a


gráfica, lo que facilita su utilización al posibilitar una visión de síntesis.
Se han propuesto diversas representaciones gráficas:

102
D iagram as sem ilo g a rítm icos
Son muy empleados en Edafología y en Mecánica de Suelos. El eje de las abscisas
presenta una escala logarítmica con el fin de poder abarcar las grandes diferencias de
tamaños o de diámetros aparentes de las diversas fracciones, cuyos porcentajes se repre­
sentan en ordenadas en una escala decimal. Proporcionan una información tan detallada
como se desee y al ser diagramas acumulativos permiten el cálculo gráfico aproximado
de otras fracciones intermedias no obtenidas directamente en el análisis. Esto permite el
paso de unos sistemas a otros (USDA a ISSS o viceversa), o el cálculo de fracciones
auxiliares, como por ejemplo, la arena muy fina, dato que requiere la ecuación universal
de pérdida de suelo (USLE).

(0
c F R A C C IO N E S U S D A 1957
a LIM O U SD A ARENAS
c Vi M
< A R C ILLA F G F m G
F V
o
ir
T
Lim o intern. A rena fina A rena gruesa
100 100
90 90

80 80

70 70

60 60

50 50

40 40

30 30

20 20
10 10

5 2
100 1000
10
diám etro
aparente pm

D iagram as trian gu lares:


Los triángulos de textura más utilizados son los equiláteros. Se basan en la propie­
dad de que la suma de distancias a los tres lados de un triángulo es equivalente a la lon­
gitud del lado.

103
Diagramas representativos del perfil:
La comparación de las texturas de los diversos horizontes de un suelo se facilita con
un diagrama rectangular. En ordenadas se representan profundidades, acordes con las de
ios horizontes y en abscisas los porcentajes de las distintas fracciones de forma acumu­
lada, empezando por la arcilla.

20 40 60 80 100%

Diagramas circulares y lineales:

a rcilla Lim o U S D A a re n a fin a a re n a gruesa


USDA USD A

104
ESTUDIO DE CASOS
1. Un laboratorio en sus boletines de análisis da los resultados de los análisis
granulométricos indicando la siguiente información:
Arena %.
Limo %.
Arcilla (< 2 pm).
Indicar si resulta suficiente.
2. ¿Qué clase textural tiene un horizonte con un 40 % de arena, 40 % de limo
USDA y un 20 % de arcilla?
3. Sabiendo que un epipedión y un endopedión argílico han dado los siguien­
tes resultados (USDA) indicar qué muestra corresponde al horizonte Ap y
cuál al Bt.
a) Arena 48 %, Limo 25 %.
b) Arena 40 %, Limo 15 %.
4. Representar estos resultados USDA en un diagrama triangular y en uno
semilogarítmico. Calcular para el endopedión el % de la fracción arena
media. Discutir la significación del dato obtenido.
5. Calcular la granulometría en campo sabiendo que el horizonte Ap tiene un
15 % en peso de elementos gruesos.
6. ¿Por qué pueden tener distinto comportamiento dos suelos cuyos análisis
texturales fuesen idénticos en todos sus horizontes?

Respuestas
1. No, debería precisar si es USDA o ISSS.
2. Franca.
3. a) epipedión; b) endopedión.
4. ArM = 10 %. Interpolar a partir de un diagrama semilogarítmico presenta
limitaciones, ya que la gráfica se ha obtenido a partir de muy pocos puntos
y nada se sabe de los intermedios, por lo que este resultado es meramente
orientativo.

100
90
86

76
70
60
50
40

2 5 20 5 200 5 2000 pm

105
5. Se deduce que la granulom etría de la m uestra en cam po será:
1 nn - P C a = % en la tierra fina.
a’ = a — a ’= % en la tierra natural.
EG = % elem entos gruesos.

6. Por la distinta m ineralogía de las arcillas, por el distinto contenido de


m ateria orgánica, del que se puede derivar un diferente grado y tipo de
estructura, por el distinto porcentaje de elem entos gruesos.

3.3. Interpretación de resultados:


Significación de las distintas fracciones

El com portam iento de un suelo será la respuesta a la acción com binada de las
distintas fracciones, que interaccionan entre ellas y con la m ateria orgánica. El
suelo no es una simple m ezcla de partículas, a pesar de ello, en suelos con texturas
desequilibradas y pobres en m ateria orgánica, el predom inio de una de las fraccio­
nes puede resultar determ inante. La distinta significación de las diferentes fraccio­
nes granulom étricas se debe al tamaño, núm ero y superficie específica de sus par­
tículas. La superficie específica es im portante al determ inar la reactividad de los
suelos. La cantidad de superficie varía de form a inversam ente proporcional al
tam año de las partículas (Stolzy & Jury, 1982), tal com o m uestra la siguiente
curva:

Superficie

106
Para las distintas fracciones granulom étricas, los valores orientativos de la
superficie específica según diversos autores son:
N u m e ro d e p a rtíc u la s S u p e rficie especifica
F ra c c ió n D iá m e tro a p a r e n te m m , .
p o r g ra m o c n r g ”1

Arena muy gruesa 2,00-1,00 90 11


Arena gruesa 1,00-0,50 720 23
Arena media 0,50-0,25 5.700 45
Arena fina 0,25-0,10 46.000 91
Arena muy fina 0,10-0,05 722.000 227
Limo 0,05-0,002 5.776.000 454
Arcilla < 0,002 90.260.853.000 Variable según la
mineralogía de la arcilla

Los elementos gruesos presentan poca actividad, su superficie específica es baja y suelen
ser resistentes a la meteorización. No obstante, estos materiales de gran tamaño inciden sobre
el comportamiento del suelo y el crecimiento de las plantas, sobre todo cuando su proporción
es grande. Esto es frecuente en condiciones áridas y semiáridas y en zonas de montaña, donde
haya una mayor facilidad para la fragmentación (meteorización física), que para transforma­
ciones químicas. Se puede tratar de suelos pedregosos (recubrimiento superficial), de suelos
de las familias esqueléticas (35 % en volumen o más de fragmentos de roca), o de la familia
fragmental (90 % en volumen o más de fragmentos de roca). Un predominio de elementos
gruesos en un suelo hace que éste actúe como un tamiz frente al agua, a la que no es capaz de
retener, y por otro lado presente escasas posibilidades para el suministro de nutrientes.
El efecto diluyente de los elementos gruesos respecto a la tierra fina debe ser
puesto siempre de m anifiesto por el cálculo, en cuanto al contenido real (tierra
natural), para realizar interpretaciones correctas.
La textura utilizada como criterio para establecer fases al clasificar un suelo (S.S.S.
1999) no debe confundirse con las clases de tamaño de partículas utilizadas como criterio
para definir familias En el primer caso los resultados están referidos a tierra fina, mientras
que en el segundo lo están a la tierra natural.
La acción de las distintas fracciones, caso de predominar una de ellas, puede
tener la siguiente significación:

F rac c ió n p re d o m in a n te S ig n ificació n

Elementos gruesos Disminuyen la cohesión en horizontes muy arcillosos, lo que favorece la


penetración de las raíces en la interfase elemento grueso-matriz.
Aumentan la permeabilidad si se hallan en proporción suficiente.
Si son porosos retienen humedad.
Frenan la erosión y las perdidas de agua si recubren el suelo.
Liberación potencial de nutrientes al meteorizarse.
Suelos pedregosos.
Dificultan el movimiento de la fauna en el suelo.
Menor almacenamiento de agua.
Menor cantidad de nutrientes asimilables.
Efecto abrasivo para los aperos y sembradoras.
Roturas en dientes de segadoras por pedregosidad superficial.
Deformaciones en el crecimiento de raíces gruesas.
Arena gruesa Macroporosidad alta.
Permeabilidad alta.
Compacidad baja.

107
Fracción predom inante Significación

Poca inercia térmica.


Facilidad de laboreo.
Energía de retención de humedad baja.
Almacenamiento de nutrientes bajo, CIC baja.
Capacidad de retención de agua disponible para las plantas (CRAD) baja.
Arena fina Propiedades intermedias entre arena gruesa y limo.
Minerales poco meteorizables.
Riesgo de erosión eólica alto.
Limo (franco-limoso) Fertilidad física deficiente.
Riesgo de sellado y de encostramiento superficial.
Velocidad de infiltración baja.
Inestabilidad estructural alta.
Permeabilidad de media a baja.
Compacidad media.
Erosionabilidad alta.
Almacenamiento de nutrientes medio.
CRAD de media a baja.
Arcilla Fertilidad química alta, según mineralogía.
Superficie específica muy alta.
Capacidad de intercambio catiónico alta, dependiendo de la mineralogía
de arcillas.
CRAD alta.
Permeabilidad baja, dependiendo que se puedan formar pseudolimos o
pseudoarenas.
Microporosidad alta.
Compacidad alta.
Dificultad de laboreo, debido a su elevada plasticidad (estado húmedo) o
compacidad (en seco).
Energía de retención de humedad alta.
Gran inercia térmica.
Dificultad a la penetración de las raíces.

Un enfoque distinto en la utilización de los datos de distribución de tamaño de partícu­


las es el que se basa en la teoría fractal (Cap. 11). Kravchenko y Zhang ( 1998) han dedu­
cido una relación entre la dimensión fractal y la curva acumulativa de distribución de
tamaño de partículas para estimar la retención del agua del suelo. Este enfoque se basa en
el hecho de que el tamaño de partícula y la distribución de tamaño de agregado presentan
un comportamiento fractal y pueden ser caracterizados por valores de dimensión de masa
fractal (Perfecty Kay, 1991; Kozak et al. 1996).

ESTUDIO DE CASOS
De una muestra de suelo correspondiente a un endopedión se tiene la siguiente
información granulométrica:
Clase textural USDA: franca
Porcentaje de partículas de 0 < 0,2 pm = 5 %
Porcentaje de partículas de 0 < 2 pm = 20 %
Se pide:
1. Porcentajes máximos y mínimos que pueden tener las fracciones de diáme­
tros entre 2-50 pm y entre 50-2.000 pm.

108
2. Determinar la clase textural ISSS de una muestra que tuviese el valor
mínimo de la fracción 50-200 pm y el valor máximo de la fracción 2-50 pm
calculados anteriormente.

Respuestas
1. Limo USDA: 28 y 50 % Arena USDA: 30 y 52 %
2. a = 20 % Lisss = 36 % Ar = 44 % Franco-arcillosa

La granulometría se ha utilizado como criterio para evaluar el riesgo de colmatación de


sistemas de drenaje enterrado (Dieleman y cois. 1976). En el caso de suelos hidromorfos,
los índices establecidos parecen ser adecuados (Cestre, 1985), si bien no resultan aplicables
en la evaluación del riesgo de colm atación de drenes en suelos salino-sódicos
(Rodríguez-Ochoa y cois. 1990).
Las posibilidades de actuación tecnológica para corregir defectos texturales
sólo son posibles al actuar sobre superficies de poca extensión. En jardinería, en
«green» de campos de golf, en campos de fútbol, o en horticultura intensiva resulta
posible añadir alguna de las fracciones deficitarias. En áreas próximas a fábricas
de azúcar puede ser posible entarquinar campos em balsando en ellos aguas resi­
duales procedentes del lavado de las remolachas. El riego continuado durante años
con aguas que lleven una cierta carga sólida puede llegar a cam biar la textura de
los horizontes de superficie, a condiciones físicas menos favorables si se aportan
partículas de tamaño limo. En los demás casos la operación puede no ser posible
por antieconómica.

4. Bibliografía

4.1. Bibliografía básica


Braize, D.: Cuide des analyses en pédologie. INRA. Editions, 257 pp. Paris, 2000.
Loveland, P. J. y Whalley, W. R.: Particles Size Analysis. En K.A. Smith y Ch. E. Mullís (ed.):
Soil Analysis. Physical Methods. Marcel Dekker, Inc. 271-328 pp. New York, 1991.
Mathieu, G. y F. Pieltain: Analyse physique des sois. Tec. Doc. 275 pp. Paris, 1998.
Porta, J.; López-Acevedo, M. y Rodríguez, R.: Técnicas y Experimentos en Edafología.
C.O.I.A.C. 282 pp. Barcelona, 1986.

4.2. Bibliografía de referencia


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Madrid, 1983.

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Cestre, T.: Revue des criteres d ’appréciation des risques de colmatage minéral des drains
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Dieleman, P. J. y Trafford, B. D.: Drainage testing. Irrigation Drainage. Paper 28. FAO.
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Am. J. 63:807-808. 1999.
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gamma-ray attenuation. Sóil Sci. 164, 6:403-410. 1999.
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L.A. Douglas (Ed): Soil Mieromorphology: A Basic and Applied Science. Develop-
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Vieillefon, J.: Contribution á l ’amelioration de l ’étude analytique des sois gypseux. Cah.
ORSTOM, Ser, Pcdol. XVII, 3:195-223.1979.

110
________________ 7
Componentes inorgánicos del suelo

1. Ciclo de las rocas y minerales petrogenéticos

En la mayoría de los suelos, al estudiar la fase sólida se observa un predominio de los


componentes inorgánicos, que tienen su origen en los minerales que constituían la roca o
material a partir del cual se ha formado el suelo. Según las modificaciones que han tenido
lugar, los minerales resultantes se denominan heredados, transformados o neoformados.
Las fracciones granulométricas más gruesas suelen estar formadas por minerales residuales
preexistentes y lo mismo suele ocurrir en las fracciones más finas en suelos desarrollados a
partir de rocas sedimentarias en climas semiáridos y áridos.
En la mayoría de los
demás suelos, los mine­
rales pueden haber
sufrido profundas trans­
form aciones, dando
como resultado la re­
organización de los
productos y la neofor-
mación de especies mi­
nerales más estables en
las condiciones de
medio predominantes, o
a materiales amorfos,
compatibles en el medio
considerado.
La form ación del
suelo se h a lla in te ­
grada en el ciclo de
Diagénesis Depósito
las rocas en la natura­ Lítificación
leza q u e , d e fo rm a Sedimentos
sim p lifica d a, p u ed e
representarse:
La naturaleza de las rocas de la corteza terrestre vendrá condicionada por la proporción
relativa de los distintos elementos químicos. Los nueve más abundantes son:

111
% de todos los
Elemento Símbolo Carga % en peso
iones y átomos
O x íg en o ............... 0 O2" 60 46,6
S ilicio................... Si Si4* 20 27,7
A lu m in io ............. Al AI5* 6 8,1
H ierro................... Fe Fe2* Fe5* 2 5,0
C alcio................... Ca Ca2+ 2 3,6
S o d io ................... Na Na* 3 2.8
P o ta sio ................. K K* I 2,6
M agnesio............. Mg Mg2* 2 2, l
Hidrógeno ........... H H* 3

La preponderancia del silicio y del oxígeno explica que predominen los silica­
tos, minerales cuya estructura cristalina se caracteriza por los enlaces covalentes
Si-O, que son muy estables. Los minerales petrogénicos, que forman las rocas de
la corteza terrestre son silicatos en una proporción del orden del 95 %.
Interesa destacar que, si bien el esquema del predominio de los minerales silicatados
resulta válido para la mayoría de los suelos de zonas templadas, debe ser matizado al hacer
referencia a suelos de zonas semiáridas y áridas. En estas condiciones de medio, los com­
ponentes inorgánicos mayoritarios de algunos horizontes del suelo pueden ser el carbonato
cálcico (CaCOO o el yeso (CaS04 • 2H20). Contenidos elevados de estos minerales, de
hasta un 60 % y más, pueden llegar a banalizar el papel de los componentes silicatados, a
los que se confiere tradicionalmente un papel decisivo en el comportamiento del suelo. Esta
matización se hace cada vez más necesaria, a medida que los suelos de las zonas semiáridas
van siendo más estudiados (Herrero, 1991; Poch, 1992; Eswaran y Zi-Tong, 1991;
Gómcz-Miguel y Nieves, 1987; Porta y Herrero, 1990; Eswaran et al., 1981).
En el presente capítulo se estudian los componentes inorgánicos del suelo, par­
tiendo de una revisión de las rocas y de los minerales petrogénicos. Se presta espe­
cial atención a los minerales de arcilla en general, y a la mineralogía de suelos de
ambiente mediterráneo, semiárido y árido en particular. Se presentan las principa­
les técnicas de estudio.

2. Silicatos: principios estructurales


La clase de los silicatos es la más rica en especies minerales. En todos ellos la
estructura cristalina se caracteriza por un poliedro de coordinación que es un tetrae­
dro regular. Cada átomo de silicio se coordina con cuatro átomos de oxígeno. Estos
enlaces covalentes son de alta energía, lo que explica su elevada estabilidad:

o-

112
La polimerización de tetraedros idénticos, compartiendo oxígenos y la unión con catio­
nes dan origen a las distintas estructuras que se agrupan en seis subclases:

113
Estructuras tetraedros Subclase Ejemplos

dobles Anfíboles: tremolita


hornblenda
|SÍ40 |iln n"
v jL U

Jk J¡\ JL
Forman láminas:
y/
Filosilicatos Minerales de arcilla,
uniones por tres micas
vértices
[Si4O 10]„4"-

Forman estructuras Tectosilicatos Cuarzo, feldespatos


tridimensionales y feldespatoides

3. Materiales de partida en la formación del suelo:


A modo de síntesis
Un estudio en profundidad de la petrología y mineralogía de rocas exigirá recurrir a tex­
tos básicos de estas materias a los que se remite al lector. A modo de síntesis, se introducen
algunos aspectos sobre las rocas por ser los materiales de partida en la formación del suelo.
La corteza terrestre está constituida principalmente por rocas ígneas. A pesar de ello, los
suelos frecuentemente se forman a partir de rocas sedimentarias o de materiales transporta­
dos. Ello se debe a que estas rocas y materiales, si bien tan solo constituyen un 5 % de la
corteza terrestre, recubren del orden de un 75 % de la superficie de los continentes.
Las rocas ígneas se forman por consolidación de un magma. La sucesiva separación de
minerales a partir del magma por enfriamiento progresivo (diferenciación magmática) da
lugar a una secuencia de minerales o serie de Bowen. En el enfriamiento se produce una
cristalización fraccionada, lo que explica la formación de diferentes tipos de rocas, caracte­
rizadas por asociaciones de minerales (paragénesis) determinadas.

114
Las series de minerales pueden ser discontinuas, caso de los minerales ferromagnesia-
nos, en que cada nivel es una fase distinta; o bien continuas, si los sucesivos minerales van
variando progresivamente en su composición, por ejemplo, la serie de las plagioclasas, con
disolución sólida de anortita (An) y albita.

Temperatura
del magma
Serie discontinua Serie continua
Alta
Olivino Anortita (An^-An^o)
Piroxeno Bytownita (An7()-An90)
Anfibol Labradorita (An50-An70)
Andesita (An30-An50)
Biotita Oligoclasa (An|0-An30)
Albita (An(X)-An10)
Moscovita Ortosa

Baja Residuo rico en sílice

------------------------------------------------------------------------ Cristalización
Temprana Tardía Temprana

Un magma basáltico que se enfríe lentamente dará lugar a cristales de tamaño grueso
(rocas ígneas intrusivas o plutónicas de textura granular). Entre 1.200 y 900° C cristalizan
los minerales que dan lugar a la familia de los gabros, por debajo de 900° C a la familia del
granito. Si el enfriamiento es rápido, para una misma composición mineralógica se corres­
ponden los basaltos y las riolitas, respectivamente (rocas ígneas extrusivas o volcánicas).

ESTUDIO DE CASOS
Al estudiar un ejemplar de granito del batolito de Boal (Asturias) se observan
fenocristales centimétricos de color blanco. Se desea saber si puede tratarse
de cuarzo o de un feldespato rico en anortita.

Respuestas
Feldespato rico en anortita, ya que es de cristalización temprana.

Los minerales que caracterizan una roca ígnea concreta se denominan esenciales. Los
restantes son minerales accesorios que pueden estar presentes de forma ocasional y pueden
llegar a representar hasta un 10 %. Si uno de ellos es muy patente en la roca, su nombre se
añade al de la roca, así; granito con biotita. Algunos tienen especial importancia para la fer­
tilidad del suelo, así el apatito como reserva de fósforo, la pirita por su contenido en azufre,
otros proporcionan micronutrientes. En el caso de una dolerita, por ejemplo:

Dolerita: - - Minerales esenciales: — Minerales accesorios:


• Piroxeno. • Olivino. • Magnetita.
• Labradorita. • Ilmenita. • Cuarzo.

115
Los términos mineral primario, formado directamente a partir de un magma, y mineral
secundario, formado mucho después de la consolidación del magma, mediante reacciones
en la roca, deberían evitarse en estudios de suelos. En Edafología, por lo general, se utilizan
estos términos con una significación distinta a la indicada, designando minerales primarios
a aquellos que están presentes en una roca madre ígnea, mientras que los minerales forma­
dos en el suelo se denominan secundarios, tal distinción puede resultar confusa al intentar
aplicarla a otro tipo de rocas.
La mayoría de rocas ígneas están formadas en aproximadamente un 99 % por ocho ele­
mentos: O, Si, Al, Fe, Ca, Na, K y Mg. La clasificación adoptada por la International
Union of Geological Socicties (1UGS) se basa en los contenidos modales de cuarzo, plagio­
clasas y feldespatos alcalinos y no expresa ninguna relación genética entre las rocas, fue
propuesta inicialmente por Streckeisen (Murray, 1981).
La clasificación simplificada de rocas ígneas que se presenta es la utilizada por Ham-
blin y Howard (1980):

ORIGEN TEXTURA
EXTRUSIVA

1
AFÁNICA RIOLITA ANDESITA BASALTO
INTRUSIVA

fa n e r ít ic a |
GRANITO DIORITA GABRO PERIDOTITA

1 Los cristales individuales sólo se ven al microscopio. 2 Cristales visibles a simple vista.

La acidez de una roca ígnea hace referencia a su contenido en silicio, expresado como
Si02 y no tiene relación con el pH del suelo (Cap. 10) que se forme a partir de ella:

SiÜ2 > 66 Acida o félsica.


62 < S i0 2 < 66 Subácida.
52 < S i02< 62 Subbásica.
45 < S i0 2 < 52 Básica o máfica.
SiCb < 45 Ultrabásica o ultramáfica.

De las distintas clasificaciones de las rocas ígneas, para los fines de esta obra,
resultan de interés aquellas que permitan describir rocas en el campo. Los dos cri­
terios que se utilizarán son: com posición m ineralógica (naturaleza del magma) y
textura (historia del enfriamiento). Existe una continuidad esencial en una secuen­
cia de rocas ígneas, pasándose gradualm ente de unas a otras, al variar gradual­
mente sus minerales esenciales.

116
C om posición m ineralógica. Criterios para reconocer rocas ígneas:
— C uarzo: esencial en rocas ácidas, accesorio en rocas interm edias y
m áficas.
— Feldespatos: ortosa y albita, esenciales en rocas ácidas, raros o ausentes
en rocas interm edias o máficas. La plagioclasa-C a es característica de
las rocas máficas.
— Feldespatoides, incom patibles con la presencia de cuarzo.
— M inerales ferrom agnesianos: las rocas m áficas son ricas en ellos, mien­
tras que las ácidas son ricas en cuarzo. O livino generalm ente en rocas
máficas.
Textura 1: tam año absoluto y relativo de los cristales (ambiente geológico),
forma y relaciones de los límites entre minerales adyacentes en una roca. Grano
grueso, enfriam iento lento (ej. textura fanerítica del granito); grano fino o micro-
grano (textura vitrea de las rocas extrusivas o volcánicas, ejemplo, obsidiana).

1 En petrología los términos textura y estructura de una roca son intercambiables, no así en edafología.

Para clasificar una roca ígnea se puede seguir el siguiente procedim iento
(Hamblin & Howard, 1980):
— Identificar la textura: piroclástica, vitrea, afánica, porfirítico-afánica, fane­
rítica o porfirítico-fanerítica.
— Estim ar el porcentaje de m inerales oscuros: roca félsica (clara), intermedia
(gris oscura) o m áfica (de muy oscura a negra).
— E stim ar el porcentaje y tipo de feldespato: rosa (seguram ente ortosa);
blanco o gris (ortosa o plagioclasa). Si presenta estriaciones se tratará de
plagioclasa.
— Estim ar el porcentaje de cuarzo: 10-40 % Q: fam ilia del granito - riolita;
<10 % Q: familia diorita - andesita; sin Q: familia gabro - basalto.
— Establecer el nom bre con el esquem a (pág. 116).
Las rocas se denominan alcalinas si en su composición el feldespato es esencialmente
sódico o potásico: calco-alcalinas, si además contiene plagioclasas; y calco-sódicas si el
feldespato predominante es de la serie de las plagioclasas, así por ejemplo:

Roca ácida: granito.


Roca subácida: sienita.
Roca básica: gabro.
Roca ultrabásica: peridotita, serpentina
Roca alcalina: sienita alcalina.
Roca calco-alcalina: sienita calco-alcalina.

117
El contenido de álcalis y sílice permite establecer un diagrama (Cox, 1978) para las
rocas ígneas (en mayúsculas las variedades de grano grueso) que visualiza su composición:

ESTUDIO DE CASOS
Fuster y cois. (1954) analizaron rocas ígneas de distintas procedencias. Discu­
tir los resultados, inferir las texturas y la historia del enfriamiento del magma

Granito de Basalto Composición


Granito Andesita media
dos micas ultrabásico
(Barcelona) (Almería) (Clarke y cois. 1924)
(Segovia) (C. Real)

s ío 2 7 2 ,3 9 7 1 ,5 3 3 8 ,2 4 6 3 ,7 5 5 9 ,1 2
AI 203 14,91 1 3 ,93 10,90 17,62 15 ,34
F e 20 3 0 ,7 5 1,16 5 ,5 0 3 ,0 0 3 ,0 8
FeO 0 ,5 9 0 ,8 4 9 ,5 4 3 ,2 6 3 ,8 0
M gO 0 ,1 5 0 ,5 8 9 ,7 0 3,41 3 ,4 9
C aO 1,25 2 ,2 5 14,05 2 ,5 0 5,0 8
N a 20 3,59 3,11 2 ,4 7 1,75 3,8 4
K20 5 ,2 2 5 ,7 6 0,5 5 2,4 0 3 ,1 3
h 2o + 0 ,7 2 0,71 2,5 2 2 ,7 7 1,15
h 2o~ 0 ,1 3 - 0,10 - -
no 2 0,1 3 0,0 8 4 ,3 9 - 1,05
P 20 5 0,10 - 0 ,7 2 - 0 ,3 0
M nO 0,03 - 0,22 - 0,12

118
Entre las rocas ígneas intrusivas, los granitoides son las predominantes, mientras que
entre las extrusivas o volcánicas, lo son los basaltos. Las rocas que resultan de explosiones
volcánicas están formadas por materiales fragméntales denominados piroclastos. Tienen
características petrológicas de rocas ígneas y estructuras de rocas sedimentarias. Las rocas
piroclásticas pueden aparecer mezcladas con otros tipos de rocas que, por su proximidad al
lugar de la explosión, se hayan visto afectadas por la misma. Este es el caso de depósitos piro-
clásticos con fragmentos de calizas eocenas en Canet d’Adri (Girona, Cataluña, España).
Las rocas metamórficas se forman por cambios químicos, mineralógicos y estructura­
les en estado sólido, debido a temperatura (T), presión (P) o a ambas. La clasificación de
este tipo de rocas resulta difícil con criterios sencillos, al basarse en reacciones específicas
que definen cuatro grados metamórficos según P-T: muy bajo, bajo, medio y alto. Dentro
de cada grado se establecen varias zonas metamórficas. Las reacciones minerales constitu­
yen una secuencia y proporcionan paragénesis minerales específicas.
Los principales tipos de rocas metamórficas son:

Metamorfismo de contacto
Comeanas (No esquistosa, grano fino, fractura concoidea).
Mármoles de contacto.
Comeanas cálcicas.
Metamorfismo regional
Esquistos (Excelente paralelismo de los elementos lineales, grano medio a grueso).
Filitas (Con esquistosidad, grano fino).
Cuarcita (Cuarzo en más de un 80 %).
Calcoesquistos.
Mármoles (Calcita y/o dolomita recristalizada).
Anfibolitas (Esencialmente hornblenda y plagioclasa).
Piroxenitas (Eclogitas) (Formadas por clinopiroxeno y granate).
Esquistos verdes (Esquistos con albita-clorita-epidota-fengita).
Porfiroides (Con porfiroblastos que recuerdan a los fenocristales).
Serpentinitas (Compuesta casi íntegramente por minerales del grupo de la serpentina:
crisotilo, antigorita, etc.)
Neises (Grano medio a grueso, se fragmentan en lajas).
Metamorfismo cataclástico
Milonitas (Trituración de otras rocas, sin recristalización).
Filonitas (Trituración con recristalización).
Cataclasitas (Fragmentos de las rocas de origen).

Las rocas sedimentarías tienen una gran importancia en la formación de suelos, por la
gran extensión que ocupan en la superficie de los continentes. Su origen está en los proce­
sos erosivos (Cap. 23), que provocan el desprendimiento de partículas, su transporte y pos­
terior depósito, a mayor o menor distancia según el tamaño de los fragmentos y la veloci­
dad de la corriente. Proporcionan la materia prima de los depósitos coluviales y aluviales,
así como de las rocas sedimentarias.
Tanto los depósitos de llanura aluvial como los de pie de ladera están formados por
materiales detríticos terrígenos, generalmente poco consolidados. El depósito bajo el
agua de materiales procedentes de rocas preexistentes y transportados desde fuera de la

119
cuenca de sedimentación, su posterior diagénesis y litificación conducen a la formación de
los constituyentes terrígenos de las rocas sedimentarias (resistatos y minerales de arcilla),
siguiendo el esquema de clasificación propuesto por Folk (1974).
Las rocas cuyos componentes se han originado dentro o muy cerca del lugar de depó­
sito constituyen las rocas no terrígenas. Cabe distinguir el material de precipitación quí­
mica con algunos rasgos de transporte y presencia de fragmentos de caparazones, que son
los constituyentes aloquímicos de las rocas sedimentarias; y el material precipitado quími­
camente dentro del área deposicional y sin indicios de transporte post-deposicional, que da
lugar a los constituyentes ortoquímicos (Cox, 1978).
Las rocas sedimentarias pueden estar formadas por más de uno de estos tres constitu­
yentes, que pueden hallarse mezclados casi en todas las proporciones. Según cuál de
ellos predomine, las rocas se denominan terrígenas, que representan un 75 % de las rocas
sedimentarias; rocas aloquímicas, un 15 %; y rocas ortoquímicas, un 10 %. La clasifica­
ción de las rocas sedimentarias según Folk (1974) establece cinco clases básicas aten­
diendo a las proporciones de los componentes extremos, como se muestra en el diagrama
triangular:

Terrígenos

Rocas
te rrígenas

50%
Rocas ortoquím icas
im puras
R ocas no detríticas

10%
R ocas orto q u ím icas
A loquím icos
R elación 1/9 O rtoquím icos
aloqu ím ico s/o rto q u ím icos

Este enfoque puede complementarse con la clasificación siguiente (Corrales y cois. 1977):
Sedimento y tamaño
Grupo 0 mm Clase Compactada
textural

Rocas 256 Bloques Conglomerado


terrígenas Ruditas Grava Brecha
Cantos
2
1 Arena muy gruesa
1/2 Arena gruesa
1/4 Arenitas Arena media Arenisca
1/8 Arena fina
1/16 Arena muy fina
Limo Limolita
1/256 Lutitas
Arcilla Arcillita —>

120
Carbonatadas.
Evaporitas (Yeso, anhidrita, sal gema, silvinita, carnalita).
Rocas no Silíceas de origen orgánico y químico (Chert, jaspe, pedernal).
terrígenas Alumino-ferruginosas de origen químico (Alios, lateritas, bauxitas).
Organógenas.
Fosfatadas («Bone-beds», guano).

Seguidamente se introducen los principales tipos de rocas sedimentarias.


Las areniscas constituyen un grupo de rocas sedimentarias, que puede subdividirse
atendiendo a los porcentajes de los distintos componentes:

— Cuarciarenitas (arenisca cuarzosa):


Cuarzo (Q) > 95 %.
— Sublitarenitas (arenisca subcuarzosa):
75 < Q < 95 %.
Fragmentos de roca (FR) > Feldespatos (FTO).
— Subarcosas (arenisca subcuarzosa):
75 < Q < 95 %.
FTO » FR.
— Litarenitas (arenitas líticas):
Q < 75 %.
FR > FTO.
— Arcosas (areniscas feldespáticas):
Q < 75 %.
FTO > FR.
— Arcosas inmaduras (grauvacas):
Q < 75 %.
Matriz detrítica > 15 %.
— Areniscas piroclásticas:
Material de origen volcánico.
Grano tamaño arena.

Las rocas carbonatadas tienen gran importancia por su extensión en la mitad oriental
de la Península Ibérica y las Islas Baleares. Si bien en el conjunto de las rocas sedimenta­
rias tan sólo suponen del orden de un 10 %. Los criterios de clasificación han sido analiza­
dos críticamente por García del Cura y cois. (1980).
Siguiendo básicamente los criterios propuestos por Folk (1974), las rocas formadas por
más de un 50 % de calcita y/o aragonito (CaCO,) se denominan calizas, y aquellas en que
predomina la dolomita |MgCa(C0 3)2] se denominan dolomías.
Las rocas carbonatadas se denominan: micrita, que es una caliza microcristalina con
agregados de carbonato de grano fino (0 < 10 pm); microesparita (10 < 0 < 80 pm); y

121
esparita o cemento esparítico si el grano es más grueso (0 > 80 pm). Generalmente las
recristalizaciones dan lugar a granos de tamaño grueso.
Las calizas aloquímicas pueden estar formadas por distintos componentes: restos de
fósiles, oolitos, fragmentos retrabajados de carbonatos más antiguos o por pellets (compo­
nentes granulares redondeados o irregulares, ovoidales, de origen fecal).
En depósitos glaciares se pueden encontrar materiales sin estratificación, formados por
finos, bloques y cantos. Una roca de este tipo, no consolidada, con gran cantidad de mate­
rial fino, se denomina till y si está consolidada, tillita.

3.1. Minerales formadores de rocas (MFR)


Los m inerales constituyentes de una roca a partir de la cual se forme un suelo
condicionan los procesos edafogénicos (Cap. 17), las características del suelo
resultante, así com o su potencialidad. Su influencia real dependerá de los restantes
factores formadores entre ellos el clim a (Cap. 18).
Los m inerales encontrados en los distintos horizontes de un suelo perm iten
establecer relaciones edafogénicas entre ellos y con el material subyacente, lo que
puede servir de base para interpretar la formación del suelo, así com o la evolución
del paisaje.

a) Minerales formadores de rocas ígneas


Un 95 % del volum en de las rocas ígneas está constituido por tan sólo unos
pocos minerales: cuarzo, feldespatos, piroxenos, anfiboles, micas, óxidos de hierro
y de titanio, olivinos y feldespatoides.
La com posición m ineralógica (%) de las principales rocas ígneas, según distin­
tos autores es:

FAMILIAS DE ROCAS
Granito Diorita Gabro
Minerales Peridotita
Kiolita Andesita Basalto
Cuarzo 10-40
Feldespato K 30-60
Plagioclasa 0-33 55-70 Plag-Ca Plag-Ca
45-70 0-5
Biotita y Anfibol 10-33 25-40
Ferromagnesianos
(olivino, piroxeno y anfibol) 25-70
Olivino 85-100
Piroxeno 0-10
Magnetita, Ilmenita y Cromita 0-10

La presencia de unos u otros m inerales en el caso de las rocas ígneas tiene cla­
ras implicaciones:

122
M inerales E species Im plicaciones

Cuarzo S i0 2 Muy estable. Es el mineral más abundante en la frac­


ción arena y limo.
Cuarzo a y cuarzo P De baja temperatura. Son muy estables. Presente en
granitos.
Tridimita y cristobalita Proceso de cristalización rápida. Son frecuentes en
lavas ricas en sílice.

Feldespatos w z a Son los minerales más abundantes en la corteza te­


W = Na+, K+, Ca2+ y Ba2+ rrestre. Constituyen un 60 % de las rocas ígneas. Se
Z = Si y Al encuentran en la fracción arena y limo, y más rara­
WA1(AI, Si)Si2Os mente en la arcilla. Susceptibles a la meteorización:
potencial de nutrientes: K* y Ca2+.
Ortosa: KAlSijO* Relativamente más resistente a la meteorización, que
las plagioclasas, al ser de temperaturas medias.
Serie de las plagioclasas La mayoría se hallan en el intervalo An20, y An*,,.
Albita (Ab): NaAlSijO*
Anortita (An): CaAl2Si20 8
Serie feldespatos alcalinos:
(K, N a)A lSi,08
Sanidina AboQ-Ab^4 De alta temperatura. Presente en rocas volcánicas.

Feldespatoides Relacionados con los feldespatos alcalinos, si bien


son más pobres en sílice: (Na+K)/Si = 1/2 a 4/3.
Nefelina Na2 KA14 Si40 , 6 Es el más común.
Sodalita NasAl6Si60 24Cl2
Lcucita KAlSi20 6 Presente en rocas volcánicas.

Olivino Serie isomórfica: Muy meteorizables. Muy escasos en suelos.


(Mg, Fe)2S i0 4
Forsterita: Mg2S i0 4 Es incompatible con sílice libre.
Fayalita: Fe2S i0 4 Poco frecuente.
Olivinos magnésicos. Son frecuentes en rocas ígneas con relativamente po­
ca sílice: basaltos y basanitas.

Piroxenos (W, X, Y)2Z A , Abundan en las rocas ígneas. Son muy meteorizables.
W = Ca2+, Na+

X = Mg2*, Fe2*, Mn2*, Li +


Y = Al1*, Fe1*, Ti
Z = Si, Al
Serie augita-ferroaugita Son los más frecuentes en rocas ígneas.
pigeonita. Basaltos.
Serie diopsido-hedenbergita. Rara en rocas ígneas.
Serie piroxenos sódicos. Rocas ígneas ricas en sodio. —»

123
M inerales E species Im plicaciones

Anfiboles (W,X,Y)7.8(Z4O m)2(OH)2 Fácilmente meteorizables, pero más resistentes que


los piroxenos.
W = Ca2t, Na* Pueden encontrarse en la fracción arena y limo.
X = Mg2+, Fe2+ La hornblenda es el anfibol más frecuente en rocas
Y= Feu , Ti, A lu ígneas con contenidos medios a altos en sílice.
Z = Si, Al Presentes en andesitas (Serrata de Níjar, Almería,
S.E. España).

Óxidos de Fe, Ti Magnetita (F e0.F e20 3)


Titanomagnetita
Ilmenita (FeT i03)

Biotitas K(Fe, Mg).,(AlSi3O 10)(OH)2 Micas de las rocas ígneas susceptibles a la meteoriza­
ción por lo que no son frecuentes en el suelo. Apare­
cen en ciertas arenas de playa.

Minerales Apalito Ca5(P 0 4)3(0H ,F) El Cd puede sustituir al Ca.


accesorios Circón Z rS i0 4
Esfena CaTiSiOs
Espinela cromífera
(Fe, M g)0(Cr, A I),0 3
Moscovita
KA12 (AIS í 3O |0)(OH)2 Presente en algunos granitos.
Pirita FeS2
Calcita C aC 0 3
Siderita F eC 0 3
Perowskita
(Ca, Na, Fe2+, Ce)(Ti, Nb)Q3

b) Minerales formadores de rocas metamórficas

Las reorganizaciones debidas a procesos metam órficos dan lugar a minerales


característicos, cuya presencia en el suelo puede ser atribuida a la m eteorización
de una roca metamórfica. Algunos de los minerales que presentan estas rocas tam ­
bién se encuentran en rocas ígneas. Los principales minerales característicos de
rocas m etamórficas son:

Minerales Especies Implicaciones

Nesosilicatos Distena Al2S i0 5 Estable a altas presiones.


Silimanita ALSiO, Estable a altas T y P. Es el más extendido. Neises y
esquistos.
Andalucita Al2SiOs Estable a altas T, inestable a altas P. —»

124
M inerales E sp ecies Im plicaciones

Estaurolita Al2S i0 5Fe(OH)2Al2Si5 En esquistos micáceos.


Granate
A3B2(S i0 4)3
A = Mg2*, Fe2*, Mn2+, Ca2*
B = Al1*, Fe3*, Cr3*
Esfena En calizas metamórficas.
C aTiO (Si04)
Epidota
Ca2(AI, Fe)Al20 ( S i0 4)(Si20 7)(0H )
Ciclosilicatos Cordierita En comubianitas.
(Mg, Fe)2Al,(AlSÍ 5)Oi8
Inosilicatos Diópsido (Piroxeno) En mármoles.
Ca Mg Si2Oft También en rocas ígneas.
Wolastonita (Piroxeno) En corneanas cálcicas.
Ca(SiO,)
Tremolita-Actinolita En calizas metamorfizadas.
Ca2(Mg, Fe)5Sis0 22(OH)2
Filosilicatos Cloritoide
(Fe, Mg)2(Al, F e)A l,0 2(S ¡0 4)2(0 H )4

c) Minerales formadores de rocas sedimentarias


Los m inerales que form an las rocas sedim entarias pueden haber sufrido proce­
sos de m eteorización, transporte en suspensión o en disolución, depósito o precipi­
tación quím ica y diagénesis, a lo largo de un ciclo geológico com pleto, si proceden
de una roca sedim entaria anterior, o a lo largo de un tram o del ciclo, si la roca era
ígnea o m etam órfica.
En un m aterial depositado (coluvial o aluvial) o en los m inerales terrígenos de
una roca sedim entaria se hallarán aquellos m inerales presentes en las rocas del
área m adre y que hayan resultado estables bajo las condiciones de m edio a que
hayan estado som etidos (resistatos y m inerales de arcilla). Los constituyentes quí­
micos, precipitados a partir de una solución, tienen su origen en la propia cuenca
de sedim entación.
Los principales m inerales form adores de rocas sedim entarias son:
Minerales terrígenos
Cuarzo (35-50 %).
Minerales de arcilla (25-35 %): ilita / esmectita / clorita / caolinita / glauconita.
Fragmentos de rocas metamórficas (5-15 %).
Feldespatos (5-15 %) Ftos-K, principalmente.
Chert (1-4 %).
Micas gruesas (0,1 -0,4 %).
Carbonates (0,2-1 %).
Minerales accesorios (pesados) (0,1-1 %):
Opacos: magnetita / ilmenita / hematita.
Ultraestables: zircón / turmalina / rutilo.
Menos estable: granate / apatito / estaurolita y otros. —»

125
Minerales químicos
Carbonates (70-85 %): calcita / aragonito / dolomita / siderita.
Sílice (10-15 %): cuarzo / chert / ópalo.
Sulfates de calcio y sales solubles (2-7 %): yeso / anhidrita / halita / silvinita / tenardita / epsomita.
Misceláneos (2-7 %): pirita / hematita / zircón y otros.

3.2. Fracciones granulométricas del suelo y mineralogía

El tamaño de las partículas de cada horizonte está relacionado con el grado de


meteorización de los minerales, de forma que hay una cierta relación entre las frac­
ciones granulométricas y la naturaleza m ineralógica de los componentes:

Fracción Principales minerales

Arena y limo Cuarzo


Feldespatos:
Microclina, ortosa
Plagioclasas
Micas:
Moscovita, biotita, glauconita.
Minerales ferromagnesianos
Piroxenos, anfíboles, olivinos
Zircón, turmalina, rutilo
Granate
Apatito
llmenita
Hematita, magnetita
Calcita, yeso
Minerales de arcilla
Vermiculita, clorita, caolinita
Arcilla Minerales de arcilla
> 0,5 pmm Cuarzo, mica
Calcita
< 0,1 pm Limonita y otros óxidos de Fe y Al.

Las técnicas de estudio de la fracción arena y limo son muy diferentes de las que se
aplican en los análisis mineralógicos de arcilla. La arena refleja la mineralogía de los mate­
riales geológicos ya sea de la roca madre del suelo o bien de la cuenca, si se trata de un
sedimento. El estudio microscópico de la fracción arena gruesa tiene interés en estudios de
génesis de suelos en relación al conocimiento de la roca madre, para poner en evidencia
discontinuidades litológicas y paleosuelos enterrados, para determinar la procedencia de
los minerales, la naturaleza de la meteorización y el grado de evolución del suelo (Dorron-
soro, 1988).
La forma y aspecto superficial de los granos de arena (morfoscopía) al microscopio
electrónico de barrido permite interpretar las condiciones de transporte y depósito (Torcal
y Tello, 1992). En la fracción arena perduran aquellos minerales que han resultado más
estables (turmalina, zircón y rutilo son ultraestables, incluso en condiciones tropicales
húmedas).

126
4. Minerales del suelo

Los componentes inorgánicos pueden ser muy distintos de unos suelos a otros,
dependiendo de las condiciones de medio y del material originario, factores que se
estudian en el capítulo 18. Dado que en los materiales originarios el número de
especies minerales no es demasiado elevado, los suelos frecuentemente no presen­
tan más allá de 20 a 25 minerales diferentes. Los más abundantes suelen ser los
minerales de la clase de los silicatos: arcillas, feldespatos, anfíboles, piroxenos,
micas y cuarzo. Cabe citar además por su importancia en algunos casos: los óxidos
de hierro, carbonato cálcico, yeso, rutilo, ilmenita, etc.
Como obras de consulta para estudiar con mayor detalle los componentes minerales del
suelo pueden citarse: «Soil Mineralogy with Environmental Applications» de Dixon y
Schulze (Ed.) (2002), publicada por la Soil Science Society of America, la «Mineralogía de
arcillas de suelos» de Besoain (1985) y como específicas para la identificación de arcillas,
la obra de Moore y Reynolds (1989) y la Brindley y Brown (1980), existiendo una abun­
dante bibliografía especializada.
La identificación de minerales cuyos granos son de tamaño superior a 10 pm, con
ayuda de un microscopio petrográfico, se basa en los siguientes criterios (Cap. 4), de
acuerdo con Paepe (1980):

Cuarzo Plagioclasa Ortosa Moscovita

Color: Incoloro x X X X

Color Débil, amarillo

Pleocroísmo No No No

Extinción: Recta X

Oblicua X

Paralela X X

Ondulante X

Exfoliación: No
Media
Imperfecta
Perfecta X X X

Relieve: Alto +
Alto - X

Bajo + X X

B a jo - X X

Meteorización No P-Ca: Sí Sí No
P-Na: No

Birrefringencia: Débil X X X

Fuerte X

Color de interferencia Gris a blanco Gris a blanco Blanco a gris Vivos 2.° orden

Maclas No visibles Sí, polisintéticas Sí Sí

Ejes ópticos: Biáxico + 0 - -


Uniáxico +

127
Biotita A ugita H ornblen da C alcita

Color: Incoloro X X

Color Pardo a rojizo Pálido, verde Verde o pardo Débil, pardo


a pardo
Pleocroísmo Intenso No Moderado
a fuerte
Extinción: Recta
Oblicua X X

Paralela x X

Ondulante
Exfoliación:
Media
Imperfecta
Perfecta X 93° 124° X

Relieve: Alto + X X X X

Alto
Bajo + X

B a jo - X

Meteorización Sí Sí Sí No
Birrefringencia: Débil
Fuerte X X X X

Color de interferencia Rojo marrón Gris a blanco


Maclas Raramente Sí Sí Sí
Ejes ópticos: Biáxico - + -
Uniáxico -

4.1. Minerales de arcilla del suelo

El térm ino arcilla (gr. argilos = blanco) se utiliza en m ineralogía para designar
a un conjunto de minerales de pequeño tam año de partícula, pertenecientes a la
subclase de los filosilicatos. Son alum inosilicatos hidratados con estructura en
hojas (filo = hoja), con espaciam ientos y contenidos en los espacios interlam inares
característicos para cada mineral.
Por lo general tienen cargas negativas, por lo que pueden absorber cationes (Cap. 9);
algunas pueden absorber agua entre las láminas, lo que hace que se expandan al humec­
tarse y se retraigan al secarse. Estas propiedades, junto con la elevada superficie especí­
fica (m2 g~'), hacen que los minerales de arcilla ejerzan una gran influencia sobre las pro­
piedades químicas y físicas de los suelos.
Tienen infinidad de aplicaciones, así, son importantes en la industria del aceite
por sus propiedades absorbentes, en la del vino y zumos com o clarificantes, en
nutrición animal com o vehículo de ayuda en los procesos de transform ación de ali­
mentos, en nutrición de aves para estim ular el desarrollo de la cáscara del huevo,
etc. Por todo ello, han sido am pliam ente estudiadas y existe una abundante biblio­
grafía de referencia (Grim, 1968; Norris y Pickering, 1983; Dixon et al., 2002).

128
El estudio mineralógico de las arcillas del suelo resulta complejo, al tratarse de mezclas
de distintos minerales, que pueden presentar distinto grado de cristalinidad. Pueden proce­
der de minerales preexistentes en el material originario, por herencia, transformación o
neoformación. La identificación mineralógica de arcillas tiene un coste elevado y requiere
la ayuda de un especialista, por todo ello no constituyen análisis de rutina.

4.2. Principios estructurales

Los principios generales de la estructura laminar de las arcillas fueron puestos


de m anifiesto por Pauling (1930), mediante estudios de rayos X.
Las unidades principales en la formación de los minerales de arcilla son dispo­
siciones bidimensionales de tetraedros (poliedros de coordinación) de silicio-oxí­
geno, Si (O, OH)4. La capa se denom ina tetraédrica o de silicio

O 1 O xígeno O y• Silicio

y disposiciones bidim ensionales de octaedros de alum inio o m agnesio con oxí-


geno-hidroxilos. La capa recibe distintas denominaciones, dioctaédrica, capa gib-
sítica o de alum inio A l2(O H )6 y capa trioctaédrica, brucítica o de m agnesio
Mg3(OH)6:

A lum inio, M agnesio

Estas uniones ponen de manifiesto la simetría hexagonal de la capa de oxígenos,


en la que aparecen anillos de seis átomos de oxígeno en la capa tetraédrica. Las unio­
nes Si-O-Si se denominan enlaces siloxano y la superficie definida por los átomos de
oxígeno, superficie siloxana. Las capas tetraédrica y octaédrica presentan simetría
análoga y dimensiones casi idénticas, lo que permite que se compartan átomos de
oxígeno entre ambas capas: el cuarto átomo de oxígeno del vértice libre de la capa
tetraédrica, perpendicular al plano de los otros tres oxígenos es compartido.

129
2(O H)-

[Si20 5]2- + AI2(0 H )6 ------------------------------ [ai2s í 2o 5(OH)4]°


paquete dim órfico, T-O o 1:1
caolinita

4(OH)~

[Si20 5]2- + AI2(OH)6 + [Si2o 5]2- ^ - --------— ► [AI2Si4O 10(OH)2]°


paquete trim órfico, T-O -T o 2:1
pirofilita

La unión de capas de tetraedros y de octaedros de distintas maneras da lugar a


los diferentes minerales. Una capa de tetraedros unida a una de octaedros caracte­
riza a los minerales 1:1o T-O, mientras que una capa octaédrica unida a uno y otro
lado a sendas capas tetraédricas da por resultado una estructura 2:1 o T-O-T. Estas
uniones de dos o tres capas constituyen una lámina o paquete, cuya composición,
estructura y contenidos interlaminares varían de unos minerales de arcilla a otros.
El conjunto de un paquete más el material entre paquetes se llama una unidad
estructural.
La distancia entre un cierto plano en el paquete y el correspondiente plano en
el paquete próximo se denomina distancia basal 001 o espaciado c. Su determ ina­
ción es posible gracias a los diagramas de difracción de rayos X y permite distin­
guir desde el primer momento las arcillas de tipo 1:1, con espaciado c alrededor de
0,71 a 0,72 nm y las arcillas de tipo 2:1 donde el espaciado c es al menos 0.92 nm
(Rodríguez Pascual, 1989).
Los p aq uetes o lám in as resu ltan tes se apilan p a ralelam en te u nos a o tro s, un ién d o se
entre ellos por débiles acciones elec tro státicas de Van d e r W aals, o bien p o r puentes de
hidrógeno, o p o r cationes si ex iste carga estru ctu ral no com pensada.

L as estructuras cristalin as con las valencias saturadas, al ser eléc tricam en te n eutras,
pueden ex istir en la naturaleza. L a estru ctu ra d io ctaéd rica co rresp o n d e a la c ao lin ita y la
trioctaédrica a la pirofílita, ahora bien, los m inerales de arcilla, co m o se ha indicad o suelen
presentar cargas negativas.

4.3. Origen de la carga eléctrica y sus implicaciones

Las arcillas poseen carga eléctrica, negativa en la mayoría de los casos, si bien
las arcillas de estructura 1:1 (grupo de la caolinita) tienen carácter anfótero. La
cantidad de carga y su distribución espacial varían de unos minerales de arcilla a
otros:

130
ca o lin ita X 7+
+

i lita

Los K+ está n fija d o s e ntre lá m in as p o r fo r­ C a vid a d de sim e tría hexa go n a l en la su p e rfi­


m a c ió n d e c o m p le jo s d e s u p e rfic ie de c ie e x te rn a d e u n a c a p a te tra é d ric a (silo -
e s fe ra in te rn a . N o h a y in te rp o s ic ió n de xana).
m oléculas de agua.

\ h
_ C o m p le jo s de e sfera externa, los iones solva-
u ta d o s O so n fá c ilm e n te in te rc a m b ia b le s al
i V
© _© _
/-
i e sta r u n idos p o r e n la ce s ele ctro stá tico s

\
e sm e ctita
/ V

La form ación de un mineral de arcilla im plica un crecim iento de las distintas


capas. En el m edio en que se form a un mineral los átom os de silicio, alum inio y
magnesio raram ente se hallan en las relaciones ideales requeridas para alcanzar la
constitución estructural teórica. Á tom os de tam año sem ejante al del elem ento que
tendría que ocupar un lugar en la red cristalina, y que se hallen en una alta concen­
tración en el m edio, pueden entrar en la red cristalina, lo que constituye una susti­
tución isom órfica.
Los casos más frecuentes son el del alum inio (A l3+) en lugar del silicio (Si4+)
en la capa tetraédrica, o el del m agnesio (M g2+) y el hierro (Fe2+) en lugar del alu­
minio (A l3+) en la capa octaédrica. La sustitución por lo general afecta a un ión de
menor valencia que entra en el lugar de otro de m ayor valencia, dando lugar a una
carga negativa que aparece principalm ente en las superficies de las capas tetraé-
dricas.
L as estru ctu ras cristalin as resu ltan tes de estas sustitu cio n es son relativ am en te estables, a
pesar de este tipo de alteracio n es y p erd u rarán m ientras no actúen p ro ceso s de m eteorización.

131
La diferencia de valencia entre los elementos sustituyentes y sustituidos genera un exceso
de carga eléctrica negativa libre en la superficie del cristal, que se manifiesta como una deter­
minada densidad de carga superficial, característica para cada mineral, y que tiene un carácter
permanente. Esta densidad de carga es tanto mayor cuantas más sustituciones isomórficas
hayan tenido lugar. Es de mayor intensidad si las sustituciones han tenido lugar en la capa
tetraédrica, al localizarse el exceso de carga negativa mucho más cerca de la superficie silo-
xana. La carga por unidad de fórmula estructural, x, puede variar de 0 a 2 cargas de electrón.
La carga de las caolinitas varía con el pH y con el tamaño de partícula, lo que indica un ori­
gen distinto al de las sustituciones isomórficas: carga variable. En estas arcillas la carga eléc­
trica se localiza únicamente en los bordes del cristal y se debe a roturas y a la disociación de
protones de grupos OH, coordinados con el silicio o con el aluminio. En este último caso, al ser
menor la valencia del aluminio que la del silicio, los grupos OH pueden unirse a protones en
condiciones de marcada acidez, y las partículas de arcillas quedan cargadas positivamente:

- Si OH - » — S i O + . . . H+
- AI OH - 4 — Al 0 + ... H+
- A10H + H* —» — A l OH2+

L a im p o rtan cia d e las su stitu c io n e s iso m ó rfic as h ace q u e la ca rg a q u e d e e llas se d e riv a


sea uno de los c riterio s u tiliz a d o s p a ra c la sific a r los filo silic a to s en g ru p o s, su b g ru p o s y
especies. L a clasificación q u e se a d o p ta, a p a rtir de in fo rm a c ió n d e d iv e rso s a u to res, reela-
b o rad a p o r R o d ríg u ez -P a sc u a l (1 9 8 9 ) es la sig u ien te:

Grupo
Paquete
x carga / unidad Subgrupo Especie
tipo
estructural

1:1 Caolinita-serpentina Caolinitas Caolinita, nacrita dickita (can-


x=0 (dioctaédrica) dita)
H alloysita(l nm)
Halloysita (0,7 nm)
Serpentinas (trioctaédrica) Antigorita, Crisotilo
2:1 Pirofilita-talco Pirofilitas Pirofilita
x=0 Talcos Talco
Esmectita-saponita Esmectita dioctaédrica (Al) Montmorillonita, beidelita
x = 0,2-0,6 Esmectita trioctaédrica (Mg) Saponita, hectorita, sauconita
Vermiculita Vermiculita dioctaédrica Vermiculita Al
x = 0,6-0,9 Vermiculita trioctaédrica Vermiculita Mg
Mica** Mica dioctaédrica (Al) Moscovita, paragonita
x~ 1 Mica trioctaédrica (Mg) Flogopita, biotita, lepidolita
Mica cálcica Mica cálcica dioctaédrica (Al) Margarita
x=2 Mica cálcica trioctaédrica (Mg) Xantofilita, clintonita, anandita
Clorita Clorita dioctaédrica (Al) Donbasita
x variable Clorita trioctaédrica (Mg) Clinocloro, chamosita, nimita
Clorita di,trioctaédrica Cookeita, sudoita
Sepiolita-paligorskita Sepiolita Sepiolita
Paligorskita Paligorskita
** L as d e n o m in a c io n e s ¡lita o h id r o m ic a , s e ric ita , e tc ., n o fig u ra n , y a q u e m u c h o s m in e r a le s a s í d e s ig n a d o s p u e d e n
s e r in te re s tra tific a d o s .

132
La carga eléctrica negativa de las superficies siloxanas es compensada por la adsorción
de iones de signo contrario que pueden ser o no intercambiables. La unión tiene lugar por la
formación de complejos de superficie con dichos cationes (Cap. 9), o por enlaces de tipo
electrostático con moléculas dipolares. Estos complejos de superficie (Sposito, 1989) cons­
tituyen la base de las propiedades de in ter c a m b io c a tió n ic o , de gran trascendencia al hacer
del suelo un suministrador de nutrientes para las plantas (K+, Ca2+, Mg2+, NH4+, etc.); evitar
su pérdida por lavado, y actuar como depurador natural, al poder actuar como filtro de
metales y otros contaminantes.
La reactividad de las superficies siloxanas depende de la naturaleza y distribución de
carga en la capa tetraédrica. Si un silicio de cada cuatro ha sido sustituido por un aluminio,
se origina una carga negativa de magnitud suficiente para enlazar cationes monovalentes.
En este caso se forma un complejo de superficie en coordinación regular 12, de gran estabi­
lidad (complejo de superficie de esfera interna). Este mecanismo permite explicar la retro-
gradación del K+ de los abonados potásicos en suelos ricos en arcillas micáceas o en vermi-
culita. Los K+ quedan atrapados entre dos capas telraédricas contiguas, unidos con átomos
de oxígeno de cavidades siloxanas de cada capa y dejan de ser intercambiables.
El hecho de que algunas arcillas y otros componentes puedan poseer carga eléctrica
positiva permite explicar que determinados suelos presenten ca p a c id a d de in terca m b io
an ió n ico (Cap. 9).

4.4. Origen de las arcillas


Las arcillas del suelo pueden ser heredadas del material originario sin apenas sufrir
transformaciones; ser el resultado de modificaciones importantes o bien de la reorganiza­
ción de los productos de la meteorización. Las condiciones de medio y las características de
la roca madre condicionaran los procesos posibles.

Procesos Ejemplos

Herencia del material originario,


con modificaciones muy débiles. Mica —» Arcilla micácea
Típicos de climas semiáridos y áridos.
En medios ácidos:

Transformación de minerales
preexistentes.
Típicos de climas templados.

ilita ve rm icu lita - Al

Neoformación a partir de productos Clima tropical húmedo. Drenaje deficiente:


de meteorización de otros minerales. S i0 2 + Al2(OH)6 —> caolinita
Clima cálido y contrastado.
Medio mal drenado:
+ H ,0
n S i0 2+ AI2(OH)6 + Mg2 esmectita

133
5. Principales especies minerales en el suelo

5.1. Minerales laminares

a) Grupo de la caolinita (de K auling, co llado alto, C hina)

a.1) Estructura
Los minerales de este grupo son alumino-silicatos, pobres en sílice, con una capa
tetraédrica unida a una capa octaédrica gibsítica, en la que dos de cada tres octaedros
están ocupados por aluminio. La fórmula estructural es ALSiiOsíOH^.nELO, con
una relación Si/Al igual a la unidad:

O O xígeno

(oh ) H idroxilo

^ Alum inio O
• O Silicio

Los distintos minerales del grupo se distinguen por el grado de desorden en el apila-
miento de las láminas (d eso rd en tu rb o stá tico ) y por el número de moléculas de agua de
hidratación (n). La estructura más ordenada corresponde a la caolinita en la que n = 0, el
espesor de la lámina es de 0,72 nm y coincide con la distancia basal. El desorden turbostá­
tico máximo se presenta en la halloysita. En este mineral las láminas individuales están
separadas por agua de hidratación. Existe una halloysita 0,72 nm con n igual a cero y una
halloysita 1,0 nm con n igual a 2. Este agua se presenta formando una capa sencilla entre
las láminas y se pierde de forma irreversible al secarse al aire, por ello suele desaparecer en
los horizontes de superficie de suelos de áreas con período seco a lo largo del año y en el
laboratorio si no se toman las debidas precauciones en el manejo de las muestras. Aparece
en forma de partículas esféricas compuestas por bandas aproximadamente concéntricas de
capas de halloysita (Wada, 1985).

134
a.2) Propiedades
La caolinita no presenta sustituciones isomórficas significativas, por lo que la
estructura es eléctricam ente neutra. La capacidad de intercambio catiónico (CIC)
de la caolinita es, por consiguiente, baja de 1 a 10 cmol (+)kg_l, lo que permite
explicar la baja fertilidad de los suelos en que predomina este mineral. Se trata de
una arcilla de baja actividad física. La superficie específica es menor de 40 m2g“'.
La existencia de una carga neta negativa baja, localizada en la superficie de los bordes
de la lámina, se debe a la disociación de grupos tetraédricos en condiciones básicas. En
medio ácido, la protonación de grupos octaédricos hace que la caolinita presente carga
positiva, lo que hace que la caolinita sea una importante fuente de capacidad de intercam­
bio aniónico y hace disminuir la pérdida de NOj“ en suelos tropicales (Sánchez, 1997). La
carga es variable al depender del pH. La presencia de carga permanente citada por algunos
autores para la caolinita podría deberse a impurezas (Norrish y Pickering, 1983).
La energía cohesiva que mantiene unidas las láminas se debe a puentes de H, es relati­
vamente fuerte e impide la hidratación entre láminas y su expansión. Un cristal de caolinita
puede estar formado por 70 a 100 láminas, que dan lugar a plaquetas generalmente hexago­
nales observadas al microscopio electrónico de transmisión (MET) y cuyo grosor puede
variar de 0,05 a 2,0 pm. Una muestra rica en caolinita, observada en microscopio electró­
nico de barrido a 39.000 aumentos (Wierzchos y García-González, 1992), permite identifi­
car este mineral por la forma hexagonal de los cristales:

La caolinita presenta una baja plasticidad, cohesión y superficie específica (5 a 39 m 2g r \ Dixon, 1989).

135
La halloysita tiene una superficie específica de 20 a 40 m2g_l, y una CIC entre 5 y 60 emol
(+) kg_l, y normalmente presenta una estructura tubular. Al ser observada por el microscopio
electrónico de barrido aparece como tubos alargados, esferas y láminas curvadas:

a.3) Interpretación
Las caolinitas son características de suelos muy meteorizados, en los que la
neoformación de este mineral se ve favorecida frente a la de otras arcillas, por el
hecho de que sólo requiere silicio y aluminio com o constituyentes esenciales. Al no
ser fácilmente m eteorizable, es abundante en muchos suelos, si bien predomina en
suelos de zonas tropicales húmedas (Ultisoles y Oxisoles). La caolinita puede pro­
ceder de la meteorización de feldespatos y micas (Cáp. 17) o ser heredada en suelos
calizos de zona semiárida. La halloysita se form a por la m eteorización de cenizas
volcánicas y pumitas en lugares en los que la presencia de una estación seca favo­
rece su cristalización a partir de materiales amorfos. En suelos tropicales intensa­
mente m eteorizados, en m edio húm edo altam ente lavado, tam bién puede haber
haloysita. La densidad aparente suele ser inferior a lg cm’3 (Dixon et al. 2002).

b) Arcillas micáceas: Hitas (de llinois, E E .U U .)

b.1) Estructura
Los minerales micáceos son de tipo 2:1, sus láminas están formadas por una
capa octaédrica con una tetraédrica a cada lado. La fórm ula estructural sería
Al2Si40 |o(OH)2, pero la sustitución de un silicio de cada cuatro y la fijación de un
potasio da por resultado una estructura teórica: KAL(A1, Si3) 0„)(O H )2. El déficit
de carga queda, pues, parcialm ente equilibrado por K+ en posición interlaminar, en
coordinación 12 y ocupando los espacios hexagonales que presenta la superficie
siloxana. La fijación del potasio se m anifiesta por el hecho de que las lám inas no
se expanden al añadir agua, ni con otras sustancias orgánicas, tales com o etilengli-
col o glicerina. La distancia basal es constante e igual a 1,0 nm. La m ayoría de
arcillas micáceas son dioctaédricas (m oscovita), m ientras que la biotita y la flogo-
pita son trioctaédricas.

136
La estructura de una mica (moscovita) puede representarse:

Las arcillas micáceas son muy semejantes a las micas macroscópicas, excepto en el
tamaño de las partículas; en la existencia de algunas sustituciones isomórficas de Al,+ por
Mg:+ o de Fe2+ por Fe3+ y en el contenido de K+ que disminuye y en el de H ,0 que aumenta
en las arcillas, lo que ha llevado a utilizar de forma indistinta los términos hidromica, ilita o
mica hidratada. Las ilitas no presentan una forma característica que permita su identifica­
ción con el MEB. Muchas de las micas del suelo son interestratificados de ilita, montmori-
llonita y vermiculita, lo que se detalla más adelante.

b.2) Propiedades
El potasio interlam inar queda fijado, por lo que no es intercambiable y no está
a disposición de las plantas. Al quedar bloqueadas sedes de intercambio, la CIC es
menor de lo que sería de esperar atendiendo a las sustituciones isomórficas. La
CIC es del orden de 10 a 40 cmol (+) kg_l.
Con la meteorización, el potasio interlam inar irá siendo liberado, por lo que
estos minerales deben considerarse com o una fuente potencial de potasio para la
nutrición de las plantas, principalm ente si se trata de biotita. Se ha puesto de mani­
fiesto que las micas de grano muy fino liberan su potasio más lentamente que las
de grano grueso (Norrish y Pickering, 1983).

137
El proceso de liberación de potasio puede esquematizarse (Scheffer y Schachts-
chabel, 1976):

O C ationes cam biables

• C ationes K no cam biables

O O O O Oq o O O Oq ® ® ® O M ica m eteorizada

M ica no m eteorizada

Una arcilla micácea tiende a retrogradar K+ añadido al suelo com o abono, lo


que hace perder eficiencia al abonado. El am onio incorporado a suelos ricos en
ilita tiene un com portam iento análogo, ya que al tener un tam año sem ejante al
potasio puede quedar fijado en posición interlaminar.

b.3) Interpretación
Las arcillas micáceas son frecuentes en suelos del área mediterránea, si bien
pueden presentarse en casi todos los suelos y son uno de sus constituyentes más
importantes (Von Reichenbach y Rich, 1975). Pueden proceder de las micas pre­
sentes en los materiales originarios tanto si son rocas ígneas, com o metamórficas
(esquistos) o sedimentarias (lutitas y residuo insoluble en calizas). Además de las
ilitas residuales y aunque ha sido poco estudiado, no se descarta la posibilidad de
que pueda existir ilita autigénica en suelos de zonas semiáridas y áridas.
En condiciones más húmedas puede producirse una pérdida del potasio interlaminar por
lavado y la ilita se transformará en una vermiculita. En suelos muy lavados la moscovita
puede dar lugar a clorita dioctaédrica, lo que explica la escasa presencia de arcillas micá­
ceas en los suelos de estas zonas. La presencia de interestratificados permite explicar las
variaciones en la composición y comportamiento.

c) Grupo de las esmectitas (del gr. sm ektkós = que lim pia)

c1) Estructura
Los minerales del grupo de las esm ectitas presentan estructura 2:1 lo que les
asemeja a las micas, de las que se diferencian por presentar menos sustituciones
isomórficas. Esto hace que la carga eléctrica de superficie sea m enor (x ~ 0,26 a
0,60). Los complejos de superficie con cationes hidratados son de esfera externa
(Cap. 9), por lo que los cationes son fácilmente intercambiables. La estructura de
una esm ectita según Hofmann y cois, puede representarse como:

138
n- 3H20
Ca
^c' 3H20
a' a ''a
-1 4 A
C ationes de cam bio hidratados 60
4(AI, Si)
4 O + 2 OH
4(AI, Fe**, Mg)
4 O + 2 OH

- eje b -

Q o x íg e n o @ Hidroxilo w Aluminio, Hierro, Magnesio


O y • Silicio, ocasionalmente Aluminio.

Las sustituciones isomórficas definen las diferentes especies minerales dentro del
grupo. La m o n tm o rillo n ita (de Montmorillon, Francia), que es el mineral más importante
del grupo, presenta una capa octaédrica con aluminio sustituido en parte por Mg2+, a lo que
se debe la carga eléctrica. En la beidellita la carga se origina por sustitución de Si4+ por Al1+
en la capa tetraédrica. La nontronita presenta muchas sustituciones de Al3+ por Fe,+ en la
capa octaédrica y sustituciones de Si4+ por Al3+ en la capa tetraédrica, que son las que dan
origen a la carga eléctrica. Las nontronitas son características de los vertisoles formados a
partir de basaltos (Pedro, 1987). La pérdida parcial de potasio interlaminar en una ilita
puede dar lugar a un mineral de doble estructura, es decir, a un interestratificado ilita-
esmectita. Las esmectitas de transformación proceden de la meteorización de ilitas que
pierdan K+ interlaminares.

c.2) Propiedades
La propiedad más destacable por sus implicaciones es la capacidad de expan­
sión retracción interlam inar por el humedecimiento y secado con variaciones de
volumen de 10 a 1. Ello se debe a su estructura que posibilita la hidratación de los
cationes interlam inares provocando la separación de las láminas. Los canales de
riego, las construcciones o cualquier infraestructura apoyada en suelos ricos en
esmectitas pueden verse seriamente afectados por los repetidos ciclos de expan­
sión-retracción, debiendo tom ar medidas para evitar los efectos. Las raíces de los
árboles en suelos de este tipo sufrirán roturas en zonas que, como la mediterránea,
presentan alternancia de períodos secos y húmedos.

139
La capacidad de intercambio catiónico de las esmectitas es alta, su valor se
halla en el intervalo de 80 a 150 cmol (+) kg 1. La superficie específica es muy ele­
vada 600-800 n r g '1. Son arcillas con una actividad coloidal, plasticidad y cohe­
sión elevadas.
La forma de la montmorillonita y beidellita observadas al MEB es irregular, la nontro-
nita aparece en forma de finas fibras. Existen intcrestratificados ilita-esmectita que también
puede presentar expansión-retracción.

c.3) Interpretación

Las esmectitas pueden hallarse en rocas sedimentarias tales como las lutitas y ser
heredadas por el suelo en condiciones semiáridas, o en zonas con procesos de meteo­
rización poco intensos, Como ejemplo cabría citar los Vertisoles (Caps. 19 y 20) de la
Campiña de Córdoba (España). En otros casos, pueden proceder de materiales trans­
portados que las contengan o bien pueden neoformarse en el suelo, lo que va asociado
a medios ricos en sílice, magnesio y hierro y a condiciones de drenaje deficiente.
Las rocas ígneas básicas, tales como el basalto, que no posee filosilicatos, pue­
den dar lugar a la neoformación de esmectitas. Esta esmectita se forma autigénica-
mente durante la m eteorización. Com o ejem plo de este proceso cabe citar la
meseta del Dekán (India), Queensland (Australia), Fogars de Tordera (Barcelona)
o Tenerife.
En zonas volcánicas se hallan rocas bentoníticas, cuyo mineral principal es la
esm ec tita, así p o r e je m p lo , en la S e rra ta de N íjar, A lm ería (G o n z ález y
Martín-Vivaldi, 1949).
En lugares con marcadas estaciones seca y húmeda, la alternancia de expan­
sión y contracción de las arcillas puede dar lugar a un modelo de microrelieve
ondulado (gilgai).

d) Vermiculitas (del lat. vermiculatus, forma de gusano)

d.1) Estructura

La estructura de las vermiculitas se asemeja a la de una mica, de la que pueden


proceder por meteorización. Se distingue de ellas por tener una carga eléctrica
ligeramente menor. Las cargas debidas a sustituciones de Si4+ por Al3+ en la capa
tetraédrica, en una proporción del orden de 0,6 a 0,9 por unidad son neutralizadas
en parte por la carga positiva neta generada por las sustituciones en las capas
octaédricas de Fe3+ por M g2+. La carga resultante se compensa con iones hidrata­
dos, normalmente magnesio, que ocupan el espacio interlaminar.

En yacimientos se presenta la denominada vermiculita macroscópica con capas octaé­


dricas generalmente brucíticas (trioctaédrica). Puede presentar sustituciones por Fe3* y Al3+
lo que origina un equilibrio interno de cargas con un balance a favor de la carga neta posi­
tiva. En los suelos predomina la forma dioctaédrica, vermiculita alumínica.

I4 0
Entre las láminas hay dos capas de moléculas de agua que corresponden a iones magne­
sio hidratados que ocupan una posición central, se coordinan con seis moléculas de agua y
actúan como iones intercambiables. La distancia basal es de 1,4 a 1,5 nm, similar al de las
cloritas, de las que se diferencian por la pérdida del agua interlaminar al calentar, con lo
que la distancia basal pasa a 0,9-1,0 nm. La estructura de la vermiculita trioctaédrica según
Hendricks y Jefferson es:

3S¡ + 1Al
60

3 H 20
Mg
3 H 20

60
3Si + 1Al

40 + 20H
6 (AI, Fe3, Fe2, Mg)
4 0 + 20H

3Si + 1Al
60

eje b

d.2) Propiedades
Es un mineral expandible, aunque mucho menos que la esmectita. Con glice-
rina y con etilenglicol sólo se expanden a unos 1,5 nm. Su CIC es muy elevada, de
120 a 150 cmol (+) k g '1 y la superficie específica de 600 a 800 m2g~'.
La propiedad de fijar potasio de las vermiculitas puede ser debida a la formación de
complejos de superficie de esfera interna con K+ no solvatados (Sposito, 1989), si bien
algunos autores cuestionan este proceso y lo atribuyen a zonas microscópicas de mica den­
tro de la vermiculita (Sawhncy, 1972).

d.3) Interpretación
La vermiculita macroscópica se presenta en la fracción arena, mientras que en la fracción
arcilla, si existe vermicullita, es esencialmente dioctaédrica (Besoain,1985). Es frecuente en
suelos que han sufrido una meteorización relativa más intensa, sin llegar a la de los suelos
tropicales húmedos. Se forma a partir de rocas básicas, siendo poco importante su formación
a partir de rocas ígneas ácidas (Besoain, 1985). Las micas pueden transformarse en vermicu­
litas al perder el potasio interlaminar en un medio rico en Mg2+, (vermiculitización), con for­
mación de una gradación de interestratificados. Las cloritas pueden evolucionar a vermiculi-

141
tas trioctaédricas. En medios moderadamente ácidos el Mg2+ interlaminar puede ser reempla­
zado por Al,+ formando islas de Al(OH);,, que al aumentar la acidez pueden ser de Al(OH)2+
o de AI(OH)2+ dando origen a una clorita alumínica (proceso de aluminización, preludio de
un proceso de cloritización). Las vermiculitas son minerales poco estables.

e) Cloritas (del gr. chloros, verde)

e.1) Estructura
Las cloritas son minerales estructuralmente relacionados con las arcillas 2:1,
de los que se diferencian por presentar paquetes T-O-T alternando regularmente
con una capa de hidróxidos interlaminar. Esta capa octaédrica (M gAl)3(OH )6,
puede ser dioctaédrica (gibsítica) o trioctaédrica (brucítica). La estructura de la
clorita trioctaédrica según McMurchy es:

La existencia de una capa interlaminar constituida por hidróxidos de hierro es


poco probable, ya que los óxidos de hierro son mucho más estables. Es posible la exis­
tencia de oclusiones de hidróxidos de hierro en capas gibsíticas (Barnhised, 1977).

142
La composición de las capas permite establecer tres subgrupos, cloritas dioctaédricas, que
son dioctaédricas en las láminas 2:1 y en las capas interlaminares; cloritas di-trioctaédricas,
son dioctaédricas en las láminas 2:1 y trioctaédrica en las capas interlaminares; cloritas triocta-
édricas, si lo son en las láminas 2:1 y en las capas interlaminares. La lámina 2:1 puede presen­
tar sustituciones isomórficas de Si4* por Al3+ en la capa tetraédrica y sustituciones en la capa
octaédrica. La capa interlaminar presenta sustituciones que le confieren una carga neta posi­
tiva, lo que permite la unión electrostática con la superficie siloxana de las láminas adyacentes.
Las cloritas con una capa interlaminar brucítica (trioctaédrica) se denominan cloritas pri­
marias, por ser las que se presentan en el material originario (rocas de metamorfismo regional
de grado medio y rocas ígneas), y pueden ser heredadas en el suelo. Se alteran rápidamente por
acidificación, liberando hierro y Mg2+. Las cloritas alumínicas (capa interlaminar gibsítica) se
denominan cloritas secundarias, por resultar de transformaciones durante la meteorización, a
veces se denominan vermiculitas cloritizadas. La aluminización muy acentuada de algunas
vermiculitas en medio ácido y confinado, da lugar a una capa gibsítica continua. Puede haber
estructuras interestratificadas clorita-vermiculita o clorita- esmectita. La transformación de una
clorita máfica hasta una clorita alumínica ha sido estudiada por Schwertmann (1976), estable­
ciendo como consecuencia de meteorización:

M ica
Esm ectita

Al
C lo rita

M ete o riza ció n


hasta destrucción

Duchaufour (2001) establece la secuencia:


clorita —> vermiculita —» vermiculita - Al —>clorita
primaria secundaria

e.2) Propiedades
La estructura descrita presenta una distancia basal de 1,4 nm y el mineral no es
expandible. Su CIC es baja, semejante a la de una ilita, de 10 a 40 cmol (+) kg_1.
La superficie específica efectiva tiene un valor intermedio, de 70 a 150 m 2 g-1.

e.3) Interpretación
La clorita es un mineral relativamente poco frecuente en los suelos, por su baja estabili­
dad. Por otro lado, aparece poco en los análisis porque en pequeñas cantidades es difícil de
detectar en presencia de esmectitas y vermiculitas. La presencia de cloritas Mg en el suelo
es atribuible a la mineralogía del material originario, pueden ser heredadas de esquistos
cloríticos o de rocas sedimentarias que las contengan, como es el caso de suelos del Valle
del Ebro (España) desarrollados a partir de calcilutitas.
Los suelos serpentinícolas contienen cloritas Mg. La elevada proporción de Mg, junto
con concentraciones elevadas de Ni, Cr y Co, y baja de Ca, P y K hacen que estos suelos
sean poco fértiles y sólo pueda prosperar en ellos una flora serpentinícola típica estudiada en
la Sierra de Aguas (Carratraca, Málaga) por López (1975) y en A Coruña (Galicia, España).

143
Las cloritas Al son características de suelos preferentemente ácidos, altamente meteoriza­
dos y bien drenados, en los que la mica ha perdido su potasio interlaminar que ha sido susti­
tuido por una capa de hidróxidos de aluminio con carga positiva. El mineral resultante presenta
propiedades intermedias entre la vermiculita y la clorita (Norrish y Pickering, 1983). Este alu­
minio puede provocar problemas de toxicidad para las plantas al poder ser intercambiado. El
proceso de transformación de un mineral 2:1 a una clorita secundaria se denomina cloritización.

f) Minerales de arcilla interestratlficados

f.1) Estructura
Dada la semejanza estructural de los minerales 2:1 no es de extrañar que las
arcillas del suelo puedan verse afectadas por cambios parciales en las zonas interla­
minares. Esto hace que la estructura de una parte de la lámina, láminas alternantes o
láminas al azar pueda corresponder a un mineral, mientras el resto corresponda a
otro. La arcilla no será hom ogénea y el mineral se denom ina interestratificado. La
imposibilidad de separar por medios físicos los dos o tres minerales dem uestra que
no se trata de una mezcla. La importancia de este tipo de estructuras se reconoce
desde 1960, pudiendo suponer que son frecuentes en las arcillas de los suelos, aun­
que resulten difíciles de detectar.
Según como tenga lugar la intercalación a lo largo del eje c se distinguen grados de
orden regulares, secuencias al azar o desordenadas y segregadas.
Los minerales no expandióles, cloritas o micas pueden transformarse en minerales
expandióles, pasando a través de una serie de minerales intermedios interestratificados, así
en medio tropical húmedo:

Clorita —» Clorita-Vermiculita -» Clorita-Vermiculita —> Nontronita —> Caolinita


(regular) (irregular)

La pérdida parcial de potasio interlaminar de una mica hace que parte del mineral tenga
el espaciamiento basal (1,0 nm), mientras otras partes han pasado a 1.4 nm típico de una
vermiculita. Se tratará de un interestratificado mica-vermiculita (hidrobiotita).
Pueden existir interestratificados mica-montmorillonita (bravaisita), vermiculita-clo-
rita, entre otros.

f.2) Propiedades
Las propiedades de los minerales interestratificados serán interm edias respecto
a los minerales componentes.

f.3) Interpretación
Las arcillas del suelo raramente presentan las características de los minerales
puros, por ello la presencia de mezclas de minerales y de minerales interestratificados
resulta frecuente, dependiendo de las características mineralógicas, defectos estructu­
rales del material originario y condiciones de medio en las que se haya meteorizado.

144
5.2. M in e ra le s fib r o s o s
Los filosilicatos fibrosos están representados por dos especies mineralógicas,
paligorskita y sepiolita.

a) Paligorskita (de Palygorsk, Rusia)


a.1) Estructura
En bibliografía antigua puede encontrarse el término attapulgita (de Attapul-
gus, USA) para designar este mineral, que actualmente se acepta sólo como sinó­
nimo (Bailey y cois. 1971).
La estructura de la paligorskita es totalmente diferente a la de los restantes mine­
rales estudiados. Es un silicato magnésico-alumínico hidratado, en el que se encuen­
tran en la misma proporción el Al y el Mg. Es un mineral intermedio entre el sub-
grupo dioctaédrico y trioctaédrico (Bilbao, 1979). Presenta canales estrechos en los
que se localizan los cationes intercambiables y moléculas de agua (agua zeolítica).
Los canales se originan por la inversión de pares altemos de tetraedros de sílice, que
presentan escasas sustituciones isomórficas. La estructura puede representarse (Van Scoyoc
y cois. 1979):

b = 1,8 nm

Las capas octaédricas presentan Mg2+ con sustituciones de Al3+ y pequeñas cantidades
de hierro, que confieren la carga al mineral. La presencia de estos elementos puede deter­
minarse con una sonda de energía dispersiva de rayos X al observar este mineral con el
MEB. La fórmula estructural típica es:
(SÍ799 AIqqi) (Al| [3 Fe3+0.io Mg3o2) O21
El tipo de estructura hace que la paligorskita se presente siempre en fibras para cuya
identificación se recomienda utilizar el microscopio electrónico de transmisión (MET)
(Martin Vivaldi y Robertson, 1971, Stoops, 1973). Las curvas de análisis térmico diferen­
cial (ATD) sirven para diagnosticar la presencia de paligorskita en una mezcla con minera­
les laminares y su identificación se confirma con análisis de difracción de rayos X al existir
reflexiones características que la diferencian de la sepiolita.

145
Las fibras observadas al MEB se disponen a modo de masas alabeadas con prolonga­
ciones en filamento a modo de fieltros. Al MET aparecen como fibras largas agrupadas en
haces de 5,0 a 10,0 nm de diámetro y 1 pm de largo. Identificada por difracción de rayos X,
la imagen obtenida con un microscopio electrónico de transmisión correspondiente a frag­
mentos de lutitas incluidas en un horizonte gypsico de suelos de Híjar (Teruel, España) es
la siguiente (Porta, 1986, foto de J. Galván).

a.2) Propiedades
La estructura en cadena le confiere una elevada superficie específica de 250 a
400 m2g-1. Su CIC es del orden de 5 a 30 emol (+) kg_l. Por su estructura tiene
aplicaciones en la industria farmacéutica y en procesos industriales.

a.3) Interpretación
La paligorskita es un componente poco frecuente en los suelos, si bien es importante en
rocas sedimentarias de origen lacustre, pudiendo ser heredada por los suelos que se formen
a partir de estos materiales. Se ha citado en las arcillas sedimentarias de Lebrija (Gonzá-
lez-García y cois. 1958), en Écija (Pérez-Rguez. et al. 1990), en diversas formaciones
(Martín-Vivaldi y cois. 1971) y en la cuenca terciaria del río Ebro en lutitas de las facies
calcáreas (Pinilla, 1968). Ha sido identificada en suelos áridos (Yaalon y Wieder, 1976) y
en el Valle del Ebro (Porta, 1986 y Porta y Herrero, 1988).
Se han propuesto diversos mecanismos para explicar la presencia de paligorskita en los
suelos. Desde neoformaciones en una serie sedimentaria básica y posterior herencia en el suelo
(Shadfan y cois. 1985, Lee y cois. 1983); a neoformaciones en el suelo para lo que se requiere
un medio básico, rico en magnesio y clima semiárido (Singer y cois. 1974) o bien por transfor­
mación a partir de materiales esmectíticos (Trauth, 1974). La paligorskita resulta inestable en
condiciones de acidez y clima húmedo (Moinereau y cois. 1976; Sombroek, 1981).

146
b) Sepiolita (del gr. sepia)

b.1) Estructura
La sepiolita es un mineral muy sem ejante a la paligorskita. Es un silicato de
magnesio, con alum inio sólo com o com ponente m inoritario, hidratado y de m orfo­
logía fibrosa. En este caso los canales unidireccionales se form an por la inversión
de cuatro tetraedros, presentan cadenas triples de Si-O, y resultan más anchos que
los de paligorskita. En ellos hay agua zeolítica que se pierde a 350° C. La estruc-
tura de la sepiolita puede representarse (van Scoyoc y cois. 1979);

H20 zeol
0 2H crist
O xígeno
OH
Si
Mg

Es más rica en magnesio y más pobre en aluminio que la paligorskita, si bien su compo­
sición puede ser muy variada (Besoain, 1985). Su fórmula estructural típica es:
(Sin.» Al0.16 Fe3+o.o4) (Fe3+ ü47 Fe2+0 ]3 M g7 !4) ( 0 32 Cao.11)
Con el MET pueden identificarse las fibras, debiendo recurrir a la difracción de rayos X
para establecer si se trata de sepiolita.

b.2) Propiedades
Sus propiedades y com portam iento están íntim am ente relacionados con el sis­
tema de canales que presentan. Tienen aplicaciones farm acéuticas y en procesos
industriales. La CIC va de 18 a 30 cm ol(+)kg '. La superficie específica y estruc­
turas de poro han sido estudiadas por Fernández Á lvarez (1970).

b.3) Interpretación
La sepiolita presenta unas condiciones de formación análogas a las de la paligorskita.
Las sepiolitas de Vallecas (Madrid) proceden de calizas magnésicas; en el norte de la pro­
vincia de Salamanca se han identificado paligorskita y/o sepiolita en sedimentos lacustres
del mioceno y en los suelos desarrollados a partir de ellos (Sánchez Camazano y García
Rodríguez, 1971).

147
5.3. A lu m in o - s ilic a to s a m o r fo s y p a r a c r is ta lin o s

Este grupo está integrado por material con bajo grado de ordenación y está
representado por la alófana y la ¡mogolita, identificadas por primera vez en suelos
desarrollados a partir de cenizas volcánicas. Posteriormente se han descrito en una
amplia variedad de suelos.

a) Alófana (del gr. alofan, aparecer)

a.1) Estructura
Alófana es un término genérico que describe materiales aluminosilicáticos alta­
mente desordenados o amorfos, en el sentido de que la difracción de rayos X no
tiene suficiente resolución para el grado de ordenamiento existente ya que se trata de
un orden local o de corto intervalo (Mott, 1988). Al observar la alófana al microsco­
pio electrónico de barrido aparece a modo de microagregados formados por partícu­
las unitarias, esférulas huecas de 3,5 a 5,5 nm de diámetro (Kitagawa, 1971, Wada,
1985). La estructura de una partícula de alófana (Wada y Wada, 1977) es:

3,5 - 5,5 nm

Su composición química es muy variable, pudiendo considerarla más com o una


serie de minerales (solución sólida de sílice, alúmina y agua) que como una especie
mineral. Los términos extremos de la serie vienen caracterizados por ratios Si/Al de
1/1 y 1/2 respectivamente. En todos ellos predominan los enlaces Si-O-Al.

a.2) Propiedades
La alófana tiene una gran superficie específica. Su CIC es elevada y depende
del pH por tener carga variable. Posee una elevada capacidad de intercambio am ó­
nico que puede provocar la retención de iones fosfato interfiriendo en la nutrición

148
del P de las plantas. Esta propiedad puede utilizarse para su identificación, con una
solución de NaF, si bien este ensayo no es definitivo (Fieldes y Perrot, 1966).
Los suelos con alófana retienen una gran cantidad de agua de un 80 a 180 % sobre peso
seco y al secarse lo hacen de una forma poco reversible. Sus inusuales propiedades plásti­
cas hacen que bajo presión sufra una licuefacción (tixotropía). Su densidad aparente es muy
baja, de 900 kg n r 3 medida con el contenido de agua a 33 kPa. Los suelos con este tipo de
materiales presentan problemas con los dispersantes clásicos utilizados en análisis granulo-
métricos, debiendo recurrir a ios ultrasonidos.

a.3) Interpretación
La alófana es el constituyente am orfo más importante en suelos jóvenes forma­
dos a partir de m ateriales volcánicos. Para su perm anencia en el suelo requiere
unas condiciones de hum edad continuadas, la abundancia de m.o. frena la cristali­
zación de la alúm ina (Duchaufour, 2001). Al ser sem ejantes las condiciones para la
formación de m inerales en horizontes subsuperficiales de Andisoles y Spodosoles,
es posible que la alófana también se forme en estos suelos (Wada, 1985).

b) Imogolita (del japonés, Imogo, nombre de un suelo)


b.1) Estructura
En los estudios iniciales es posible que la imogolita no se descriminase de la alófana.
Los trabajos de Yoshinaga y Aomine (1962) proponen una metodología de separación
basada en el hecho de que una suspensión acuosa de imogolita se dispersa en medio ácido
(pH 3.5), mientras que la alófana lo hace en medio alcalino (pH 10.2).
La imogolita es un nesosilicato paracristalino consistente en finos tubos de varios
micrómetros de largo y un diámetro extemo de 2,3 a 2,7 nm y diámetro interior de alrede­
dor de 1,0 nm, observables al MEB (Wada, 1989). Los tubos están formados por una
lámina dioctaédrica con una superficie interna de OH sustituidos por grupos 0 3SiOH (Far-
mer y cois. 1983). La fórmula estructural es: (0H )Si03Al2(0H )3.

b.2) Propiedades
Las propiedades de la imogolita han sido poco estudiadas, si bien parecen semejantes a
las de la alófana. Ambas presentan una elevada capacidad de adsorción de ácidos húmicos
y fúlvicos debido a su estructura porosa.

b.3) Interpretación
La imogolita se identificó inicialmente en suelos desarrollados a partir de cenizas vol­
cánicas. Los trabajos del Macaulay Institute (U.K.) han puesto de manifiesto la existencia
de imogolita en horizontes B de Spodosoles (Farmer y cois. 1980).

5.4. T e c to s ilic a to s : Z e o lita s (del gr. zein, hervir y litóos)

a.1) Estructura
Son aluminosilicatos hidratados cristalinos de cationes alcalinos y alcalinotérreos. Los
tetraedros están dispuestos de manera que dan lugar a cavidades y a un sistema de canales

149
interconectados. De acuerdo con su estructura se distinguen la natrolita, la heulandita y la
phillipsita (Tschernich,1992).

a.1) Propiedades
Sus propiedades y comportamiento están íntimamente relacionados con las cavidades y
el sistema de canales que presentan. Su característica más importante es la posibilidad de
adsorber agua de forma reversible. Su CIC es elevada, va de l(X) a 300 cmol(+) kg~' y es
compensada por calcio, sodio y potasio intercambiables, que se sitúan en los espacios reti­
culares. Las zeolitas están íntimamente relacionadas con las arcillas en lo referente a pre­
sencia y origen (Sudo y Shimoda, 1978).

a.1) Interpretación
La meteorización de las cenizas y vidrios volcánicos por disolución y posterior cristali­
zación puede dar lugar a zeolitas (zeolitización), según sean las condiciones de medio (Stit-
cher, 1972). Se pueden formar a partir de vidrios volcánicos en condiciones de alta alcalini­
dad, salinidad e hidrotermales (Gottardi, 1989), pero también existen zeolitas de origen
sedimentario.
Los materiales de tipo piroclástico, con carácter fonolítico, contienen zeolitas (García
et al. 1990). Su origen se asocia en este caso a la alteración en condiciones hidrotermales
del vidrio volcánico de composición fonolítica. En rocas piroclásticas sálicas del sureste de
Tenerife (Islas Canarias, España), las zeolitas (filipsita) se forman por las acciones del
vapor de agua atrapado a elevadas temperaturas en los poros de las partículas de vidrio
(García et a!. 1993).
Por su intercambio de cationes y absorción tienen un considerable interés para la indus­
tria (Ames, 1959). También se utilizan como enmienda para los suelos; en la fabricación de
fertilizantes de liberación lenta; en la dieta de los animales, etc. (Ming y Munpton, 1989).

5.5. Óxidos e hidróxidos del suelo


La liberación de aluminio, hierro, manganeso, titanio y silicio como resultado de los
procesos de meteorización de minerales ferromagnesianos (biotitas, anfiboles y piroxenos)
conduce a la neoformación en el suelo de óxidos anhidros, hidróxidos y oxihidróxidos, ya
cristalinos, paracristalinos o amorfos. Desde un punto de vista mineralógico el S i02, por su
estructura, se incluye en la clase de los silicatos (subcl. tectosilicatos).
Los óxidos actúan como elem en to s cro m ó g en o s de las arcillas, a las que confieren dis­
tintos colores según su estado de oxidación y grado de hidratación.
Pueden presentarse asociados a las arcillas, formar agregados cementados tales como
concreciones y pisolitos de tamaño milimétrico y llegar a constituir capas cementadas,
denominadas contactos petroférricos o corazas ferruginosas en las que los óxidos de Fe son
el principal agente cementante. Los óxidos abundan en suelos formados en condiciones tro­
picales húmedas en los que se produce un enriquecimiento relativo de óxido de hierro y
aluminio por pérdida de sílice. En suelos formados en condiciones de exceso de agua los
óxidos de hierro y manganeso sufren removilizaciones y concentraciones. Para profundizar
en el estudio de óxidos e hidróxidos puede recurrirse a Taylor y cois. (1985), Besoain
(1985), Dixon y Schulze (2002), Stucky y cois. (1988).

150
Algunas de las características más relevantes de los principales óxidos e hidróxidos son:

Kspccie Fórmula Observaciones

Goetita a-FeOOH Es el más común. Edafoclima poco contrastado, tem­


peraturas moderadas, presencia de m.o. cuya biodegra-
dación favorece la cristalización progresiva de los óxi­
dos de Fe am orfos para dar goetita en medio ácido
(Duchaufour, 2001). Suelos muy meteorizados.
Lepidocrocita y-FeOOH Suelos hidromorfos. Color anaranjado.
Hemalita a -F c 20 3 Colorea de rojo al suelo.
Maghemita y-Fe20 3 Suelos tropicales y subtropicales muy meteorizados,
formados sobre rocas ígneas básicas.
Ferrihidrita HFe50 8 4H20 Precursora de las formaciones cristalinas. Subsiste en
medios ricos en humus, como p.e. en los Andosoles.
Precipitaciones férricas en tubos de drenaje enterrado.
Magnetita F e ,0 4 Heredado del material originario.
Serie continua MnO a MnO,
Pirolusita M n02 Es la forma más estable.
Bimessita Variable Es el más común. Horizontes superficiales básicos.
Lilioforita (Al, Li) MnO, (OH)2 Más común en horizontes subsupcrficiales ácidos.
Gibsita Cl-Al(OH)3 Frecuente en suelos tropicales húmedos, en medio bien
drenado y pobre en m.o. La alúmina permanece libre y
cristaliza. Nodulos que en campo se asemejan por la
forma a los de calcita, si bien no reaccionan con HCI.
Nordstrandita Al(OH),
Bohemita y- a i o o h Frecuente en suelos tropicales húmedos.
Diaspora a-AlOOH Poco común.
Corindón a-A l20 3 Poco común.
Rutilo T i0 2 Minerales de gran estabilidad química en el suelo que
t ¡o 2
pueden utilizarse como minerales índice en estudios de
Anatasa
génesis de suelos. Rutilo e iimenita se presentan en la
Brookita t ío , fracción arena, heredados de rocas ígneas. Acmulación
Iimenita FeTiO, relativa en medios tropicales.
Esfena o titanita CaTiSiOj
Perowskita C aT i0 3

5.6. Minerales de medios edáficos especiales

M inerales tales com o la celestina, baritina, pirita, jarosita, apatito o el ópalo


tienen interés en determ inados suelos, por lo que debe conocerse su existencia y
algunas características:

Mineral Fórmula Medio edáfico

Celestina S rS 04 Aparece formando a modo de nidos en suelos yesíferos, por


ncoformación. (Stoops y Barzanji, 1978, Herrero et al., 1992).
Baritina B aS 04 Hábito principalmente prismático. Su presencia parece aso­
ciada a condiciones hidromorfas y capa freática salina (Stoops
& Zavaleta, 1978).

151
Pirita FeS, Está asociada a medios fuertemente reductores, marismas, rías,
deltas y áreas costeras. Se presenta en agregados formados por
microeristales (pirita framboidal), que por su pequeño tamaño
son fácilmente oxidables. La existencia de pirita puede crear
problemas al drenar estos medios, ya que en ausencia de carbo-
natos puede dar origen a sulfatos ácidos (pH 3-3,5) (Dent,
1980) y jarosita.
Perdura en el suelo en condiciones reductoras (Sulfaquent).
En zonas de minería de carbón, éste puede llevar pirita aso­
ciada. Su oxidación exotérmica puede provocar incendios en
escombreras, al tiempo que, en ausencia de carbonato cálcico,
crea un medio muy ácido desfavorable para la implantación de
vegetación.
Jarosita KFe3(S 0 4)2(0 H )6 Presente en marismas, polders o rías drenadas. De color amari­
llo pajizo, caracteriza a las arcillas de suelos de sulfatos ácidos.
Indica condiciones de oxidación.
Puede conservarse en el suelo, si bien es metaestable, hidroli-
zándose a goetita.
Apatilo Ca5(F ,C l,0H )(P 04), Es el más comúnmente citado de los fosfatos.
Ópalo Sílice amorfa rica en agua (Ópalo A), que precipita a partir de
soluciones con elevadas concentraciones de sílice. El ópalo
con alguna organización cristalina se denomina ópalo-CT
(estructura de tridimita a cristobalita) (Van Breemcn y Buur-
man, 1998).

6. Minerales de suelos de zonas semiáridas y áridas

Los minerales de zonas sem iáridas y áridas han sido los que menos atención
han recibido en el pasado y aún hoy en día. La explicación a tal situación puede
ser, por un lado, el hecho de que los minerales m ayoritarios en estos ambientes,
tales como calcita, dolom ita, yeso o sales más solubles, se caracterizan por tener
una estructura relativam ente sencilla, por lo que aparentem ente no hay grandes
problemas que resolver. Por otro lado, la Ciencia del Suelo fue fundada y tomó
auge en los países tem plado húm edos, en los que por razones de régim en de hum e­
dad, los minerales citados no existen en los suelos, lo que les hizo adquirir una
consideración m enor frente a los m inerales de arcilla.
Los suelos de la zona mediterránea seca, semiárida y árida, si bien contienen minerales
de arcilla, suelen tener horizontes en los que la calcita o el yeso alcanzan proporciones
superiores al 60 %. Incluso con cantidades menores, las propiedades y comportamiento de
estos suelos y la respuesta de las plantas vendrán ampliamente condicionados por estos
componentes. Igual ocurre con las sales más solubles, halita, tenardita, mirabilita, epso-
mita, entre otras, típicas de los suelos afectados por la salinidad.
En la literatura a veces se observan imprecisiones e incluso errores como expresar la
fórmula del yeso como CaS04. Hay que diferenciar claramente los suelos con CaCCb (sue­
los calizos), de los suelos con CaS04.2H20 (suelos yesosos) y todos ellos de los suelos sali­
nos. Las diferencias son evidentes desde un punto de vista mineralógico, y no lo son menos
desde un punto de vista ecológico, de comunidades vegetales, específicas de cada caso, y
de manejo agrícola.

152
Las principales contribuciones en el estudio de los suelos en los que el yeso es un cons­
tituyente importante se deben a investigadores de la Universidad de Gante (Bélgica) bajo la
dirección del Dr. G. Stoops, trabajos iniciados a partir de 1960. En el centro de España
estos suelos empezaron a ser estudiados en la década de 1970 (Porta, 1975, Porta y cois.
1977). Estos trabajos, junto a los de otros autores han permitido avanzar en el conocimiento
del comportamiento de los suelos yesosos en España (Herrero y Porta, 1987; Gumuzzio y
Álvarez, 1984; Porta y Herrero, 1988; Poch, 1992; Laya, 1991). Cabe destacar los suelos
yesosos de San Luis Potosi (México).

6.1. Minerales de arcillas


Las arcillas en suelos de am bientes sem iáridos y áridos son m ayoritariamente
heredadas, aunque no se pueden descartar algunos procesos de neoformación. Las
arcillas más frecuentes en estos suelos son:

Minerales 2:1 Esmectitas


Hitas
Vermiculitas
Cloritas
M inerales 1:1 Caolinita
Minerales fibrosos Paligorskita
Sepiolita

6.2. Calcita y carbonatos relacionados

a) Estructura
En los carbonatos el anión C 0 32' y los cationes se hallan unidos por enlaces predomi­
nantemente iónicos. Las especies presentes en los suelos son la calcita (CaCO,), dolomita
[C aM g(C 03)2] y a veces calcitas m agnésicas por sustitución de M g2+ por Ca2+
(Ca|_xMgxC 0 3). Junto a los carbonatos pueden coprecipitar otros minerales adsorbidos en
la calcita a base de P, V, Mn, Fe, Co y Cd o como inclusiones, este es el caso de los minera­
les de Zn y Cu (Sposito, 1989).

b) Propiedades
Los carbonatos de Ca y Mg se disuelven fácilm ente en agua que contenga
anhídrido carbónico, pero no en agua pura:

C O , + H ,0 t ? H + + HCO.f
C a C 0 3 + H+ —> C a2+ + H C O f

Dado que la actividad biológica hace del suelo un m edio con C O ,, será posible
una m ovilización de estos carbonatos, lo que tendrá im plicaciones genéticas y
agronómicas. Esto perm ite explicar el lavado de carbonatos en clim as húmedos en
suelos con régim en de hum edad percolante (Cap. 17), también explica la ausencia

153
de carbonates en suelos ácidos, así com o su translocación en suelos con régimen
de humedad no percolante en zonas sem iáridas y áridas. Puede dar lugar a acum u­
laciones filiform es (pseudom icelios), esferoidales (pisolitos, oolitos y nodulos),
recubrimientos en la base de los clastos (cem ento geopetal), acumulaciones gene­
ralizadas en horizontes cálcicos o a acumulaciones cem entadas (horizonte petro-
cálcico ). E stos tip o s de ac u m u lacio n es han sido estu d iad o s en E sp añ a por
Gómez-M iguel y Nieves (1987), Juliá y Calvet (1983). La presencia de carbonates
Ca y Mg tiene im plicaciones agronómicas al aum entar la concentración del anión
H C 0 3“ en la solución del suelo, que bloquea la absorción de hierro por las plantas,
provocando problem as de clorosis férrica. La unión del C a2+ con los fosfatos
puede ser el origen de retrogradaciones apatíticas al incorporar abonos fosfatados.

c) Interpretación
Los carbonates pueden ser heredados de una caliza que se fragmente o de una
calcilutita u otras rocas sedimentarias que contengan calcita o dolomita. El régimen
de humedad controlará el comportamiento y la posible pérdida o no por lavado.
En muchos casos se tratará de calcita autigénica formada en el suelo a partir de
una solución rica en H C 0 3~ y Ca2+. Estas calcitas secundarias suelen ser m agnési­
cas al coprecipitar carbonato magnésico. La presencia de magnesita eleva conside­
rablemente el pH del suelo, lo que puede explicar que suelos con acumulaciones
de carbonato cálcico lleguen a tener pH alrededor de 9,0, por la presencia sim ultá­
nea de carbonato magnésico y no por sodio.
En superficies en glacis puede haber una circulación lateral de agua de esco-
rrentía subsuperficial enriquecida en H C 0 3“ y Ca2+, que precipitarán dando lugar a
horizontes cálcico o petrocálcico a lo largo de la superficie. En otros casos, las pla-
gioclasas de un granito pueden liberar calcio que puede ser precipitado, dando
lugar a un suelo con acum ulaciones calizas, en las condiciones de régim en de
humedad xérico.

6.3. Yeso (C aS 04.2H20 )

a) Estructura
El yeso cristaliza en el sistema monoclínico. El Ca2+ está unido a seis átomos de O de
grupos S 0 42- y coordinado con dos moléculas de agua (Doner y Lynn, 1989). Constituye la
forma más común de sulfato cálcico en el suelo, ya que la anhidrita (CaS04), de ser here­
dada del material originario sólo se conserva en el suelo en climas muy áridos. En los
demás casos, evoluciona hidratándose rápidamente, lo que implica un incremento de volu­
men. A veces, la aparición de anhidrita en lámina delgada puede deberse a un proceso ina­
decuado de fabricación que haya provocado un calentamiento excesivo del material.

b) Propiedades
La propiedad más destacable del yeso es su relativamente alta solubilidad en
agua pura, 2,6 gL-1 a 25° C. Es considerablem ente m ayor a la de la calcita, pero

154
mucho m enor que la de las sales solubles. El yeso se transform a en basanita
(CaSO4.0.5H2O) y en anhidrita (C aS 04) cuando se calienta a más de 50° C.
El yeso tiene una birrefringencia semejante a la del cuarzo, si bien con luz
polarizada plana presenta mayor relieve, lo que junto con su maclado sirve para
distinguirlos. La anhidrita se distingue del yeso por su m ayor relieve y mayor
birrefringencia con colores altos.
Los cristales de yeso autigénico en el suelo presentan forma lenticular: en su
formación parece tener influencia la materia orgánica (Cody, 1979; Porta, 1986).
La sección de las lentillas es en losange (rombo) y su tamaño se halla entre 20 y
2.000 pm . Las secciones ecuatoriales son pseudohexagonales debido al creci­
miento (0 10) y (110) (Stoops y Ilaiwi, 1981).
En campo este yeso es blancuzco y áspero al tacto, puede formar acumulacio­
nes cilindricas de poco más de 1 mm (yeso vermiforme) o continuas (horizonte
hipergypsico de yeso lenticular). En algunos suelos aparece otra modalidad de
yeso, mucho más suave al tacto, como harinoso, de color entre blancuzco y rosado.
En lámina delgada y luz polarizada plana tiene una tonalidad amarilla que se inten­
sifica al cerrar el diafragma. Bajo meóles cruzados la masa es opaca y a veces es
algo birrefringente. A 500 aumentos aparece a modo de cristales de yeso de menos
de 20 pm , de forma lenticular al MEB. Se ha denominado yeso microcristalino,
para distinguirlo del descrito anteriormente (Porta y Herrero, 1990).
La cantidad, tamaño, forma y características de empaquetamiento de los cristales de
yeso, así como su grado de homogeneización en una masa no yesosa condicionan las pro­
piedades físicas de los suelos. La observación en lámina delgada al microscopio petro­
gráfico (XPL) de una muestra de un horizonte hypergypsico de Haut Plateau (Argelia) da
una imagen muy representativa de los cristales lenticulares (Pouget y Porta, 1986):

155
A medida que aum enta la proporción de yeso en el suelo aum enta la resistencia
a la penetración de las raíces (Poch, 1992). Los horizontes hipergypsicos, form a­
dos por más de un 60 % de yeso, resultan estériles para las plantas, por su extre­
mada com pacidad cuando están secos, su baja capacidad de retención de agua
entre los cristales lenticulares y la ausencia de nutrientes. Este com portam iento ha
podido ser estudiado en suelos de la llanura aluvial del río Gigüela (Toledo-Ciudad
Real), Híjar (Teruel), Lleida, M urcia, entre otros emplazam ientos.
Los cristales de yeso no presentan formas lenticulares en yeso pétreo (Orti, 1977), son
cristales porfidoblastos con formas indentadas, que observados al microscopio óptico tie­
nen el siguiente aspecto:

El yeso fibroso, cuando aparece en el suelo, es heredado del material originario. Se trata
de selenitas de relleno en lutitas (margas) en las que forma intercalaciones centimétricas en
diaclasas, grietas de retracción o en fisuras de asentamiento. El yeso, que inicialmente se
hallaría mezclado con el sedimento lutítico, emigra hacia estas discontinuidades por las que
el agua ve favorecida su circulación y precipita (Julia y Calvet, 1983). Forma unos enreja­
dos típicos de filones de 2 a 4 cm de yeso, cuyos cristales fibrosos son perpendiculares a los
planos de la diaclasa:

*
2-4 cm

En la zona de oscilación de una capa freática rica en iones S042' y Ca2+ puede haber pre­
cipitación de yeso y crecimientos progresivos de cristales lenticulares, de tamaño milimétrico
formando pequeñas rosas del desierto (Pouget, 1968), que pueden alcanzar de 5 a 8 cm.

156
El yeso puede llegar a constituir masas cementadas en los suelos (horizonte petrogyp-
sico) en zonas extremadamente áridas con una precipitación inferior a 200 mm, en este
caso los cristales no presentan forma lenticular, se trata de cristales indentados, semejantes
a los del yeso pétreo.

c) Interpretación
El yeso constituye la forma más com ún de sulfato cálcico en el suelo. La distri­
bución mundial de suelos yesíferos traduce unas condiciones de semiaridez y ari­
dez (Eswaran y Zi-Tong, 1991). En España los materiales yesíferos son relativa­
mente frecuentes en la m itad Este (M acau y Riba, 1965).
A nivel mundial la presencia de yeso en el paisaje está asociada a regímenes de
humedad del suelo xérico (Xerochrepts gypsicos, S.S.S. 1996), arídico (Gypsids) y
ústico (Calciustolls).
En algunos casos rocas yesosas pueden actuar como material originario, lo que es
frecuente en España. En otros, los suelos que presentan yeso no están directamente
relacionados con afloramientos de rocas yesosas, sino que lo están a través de cursos
fluviales y capas freáticas, o han recibido aportes eólicos de polvo rico en yeso.
La presencia de yeso en el suelo condiciona la im plantación de vegetación,
desarrollándose com unidades a base de gypsófilas, tales com o Gypsophilci strut-
hium suhesp, hispánica endem ism o ibérico, Ononis tridentata, H elianthem um
squamatum, Lepidium subulatum entre otras.
Los suelos en los que abunda el yeso (horizonte hipergypsico) presentan una
baja capacidad de retención de agua disponible para las plantas, al secarse adquie­
ren una gran com pacidad, son muy duros. La disolución continuada de yeso en un
mismo punto puede dar lugar a hundim ientos por carstifícación, las aguas que con­
tienen iones sulfato crean problem as de corrosión en estructuras de hormigón, al
atacar al cem ento y al hierro.

6.4. Sales más solubles que el yeso


La expresión sales solubles se em plea para designar la halita (NaCl), cloruro
magnésico (M gCl2.nH20 ) , tenardita (N a2S 0 4), m irabilita (N a2SO4.10H2O) y otras
sales de fórm ula más com pleja, todas ellas posibles en suelos salinos. Trona (Na3
H [C 03]2.2H20 ) , soda (Na2C 0 3. 10H2O) y nacolita (N aH C 0 3) son posibles en sue­
los alcalinos. La solubilidad de estos m inerales se halla en un intervalo de 250 a
400 gL_l, de ahí las repercusiones para las plantas. Los boratos también forman
parte de las sales solubles, si bien son muy poco frecuentes, y aún menos lo es el
nitrato sódico (N a N 0 3). Estos m inerales y su com portam iento en el suelo serán
estudiados en el Cap. 24.

7. Técnicas de identificación de minerales del suelo


Entre las técnicas avanzadas de estudio de suelos (Cap. 4) se hallan las que propor­
cionan información sobre la composición elemental y las que determinan la naturaleza
estructural que permiten una identificación mineralógica (Goodman, 1980).

157
Dado que los suelos generalm ente presentan m ezclas de m inerales, de distintos
tamaños de grano y grado de cristalinidad debido a su origen y a los procesos de
m eteorización, la identificación puede resultar a veces difícil. Ningún m étodo
suele ser suficiente en sí mismo para identificar el conjunto de m inerales de un
suelo. El uso com binado de técnicas instrum entales encarece la determ inación y
restringe el ám bito de aplicación a laboratorios especializados y a estudios con
objetivos muy concretos.
La difracción de rayos X (DRX) sigue siendo una de las técnicas más útiles y
más generalizadas para la identificación de los com ponentes cristalinos de los sue­
los. A m enudo será necesario com plem entar con métodos de análisis térmico, entre
otros el análisis térm ico diferencial (ATD) y term ogravim étrico (TG). También
son de utilidad la espectroscopia de absorción infrarroja (IR) y la m icroscopía
electrónica de transm isión (M ET) y de barrido (MEB).
En esquema, la m etodología a seguir para estudios m ineralógicos de suelos es
la siguiente:

158
8. Bibliografía

8.1. Bibliografía básica


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163
8
Componentes orgánicos del suelo

1. Materia orgánica de los suelos

1.1. Materia orgánica y humus

Los suelos se forman, por lo general, a partir de m ateriales originarios sin


materia orgánica (m .o.). La m.o. fresca (biom asa m uerta o necrom asa) proce­
dente de plantas, anim ales y m icroorganism os y sus productos de alteración son
los que perm iten explicar, principalm ente, la presencia de m.o. en los suelos,
cuyo contenido aum enta considerablem ente en las etapas iniciales de formación
del suelo.
Dependiendo de la escala temporal de observación, se puede asumir que se alcanza un
nivel de equilibrio dinámico o estado estacionario, si las condiciones generales se mantie­
nen. Ello significa que las entradas de m.o. llegan a compensar las pérdidas, lo que tiene
lugar en períodos de unos 100 años para epipediones de textura fina y de unos 1.500 años
para los arenosos (Sparks, 1998). Si la escala temporal es mucho más larga, resulta difícil
que esto ocurra y no se podrá hablar de nivel de equilibrio, sino de una evolución lenta,
progresiva, que puede verse afectada por cambios a escala global (alternancia de sequías y
períodos húmedos, calentamiento de la Tierra, glaciaciones, etc.).
En la bibliografía se observa una falta de uniformidad en la terminología, lo que se debe
(Hedges y Oades, 1997; Stevenson, 1994) a la heterogeneidad del material que compone la
m.o. del suelo (SOM para los autores de habla inglesa). Dado que un suelo recibe nuevos
aportes de m.o. a lo largo del tiempo, en un momento determinado, la m.o. estará consti­
tuida por un conjunto muy heterogéneo de sustancias en distintos estadios de alteración. Su
composición química resulta difícil de estudiar y complejo de precisar, ya que sus propie­
dades no son únicas.
La m.o. de un suelo se compone de:

Materia orgánica fresca (m.o. no humificada): materia prima para la formación de


las sustancias húmicas. Está integrada por:
— Biomasa vegetal (mayoritaria) senescente (necromasa) procedente de la parte aérea
de la vegetación y raíces, y de restos, deyecciones y secreciones de animales. Cons­
tituye una fuente de energía para las comunidades saprofitas que la consumen.

165
— Biomasa microbiana, masa de microorganismos y microfauna menores de 5 x 10~3
pm. Está muy poco o nada alterada y no se encuentra unida a la fracción mineral. Se
puede separar por procedimientos físicos.
Humus: se encuentra constituido por sustancias resultantes de la alteración (desnatura­
lización, desorganización y cambios en la funcionalidad) de productos sintetizados por
las plantas y los microorganismos. Con uniones débiles con la fracción acción mineral.
— Materias orgánicas heredadas (sustancias no húmicas, biomacromoléculas con
características químicas reconocibles):
• Materiales orgánicos sencillos: azúcares y aminoácidos.
• Materiales orgánicos de elevado peso molecular: polisacáridos y proteínas.
— Materias orgánicas humificadas (sustancias húmicas o humus en sentido estricto,
materiales transformados que han perdido las características químicas de sus precur­
sores).

En suelos forestales, la m.o. aportada a la superficie del suelo (hojarasca, ramas, restos
vegetales, deyecciones, etc.) forma el mantillo (fr. litiére, de lit = cama; ing. litter; al.
fórna). La calidad de la necromasa es uno de los factores que determina la velocidad de
descomposición. Cuanto más lábil sea una m.o. incorporada al suelo, más rápida será su
contribución energética a los organismos del suelo y al flujo de nutrientes, es decir, a la pro­
ductividad del ecosistema. Los efectos repercuten igualmente en la formación de uniones
con la fracción mineral del suelo, dando por resultado agregados más estables. La relación
C/N entre el contenido de carbono orgánico (C) y el de nitrógeno (N), determina la tasa a la
cual el nitrógeno estará disponible para las plantas, por lo que se puede utilizar como indi­
cador de calidad de m.o. de medios aerobios, si sólo se atiende a la facilidad de descom­
posición. El valor de esta relación es muy alto para la m.o. fresca y va disminuyendo a
medida que la m.o. se transforma en humus.

Materia orgánica C/N Materia orgánica C/N

Bacterias 4-5 Residuo de trébol 23


Hongos 9 Heno de alfalfa 25
Humus 8-12 Mantillo de bosque 30
Mantillo de jardín 12-15 Tallos y hojas de maíz 60
Alfalfa joven 12 Paja de trigo 80
Compost 15-20 Paja 90-110
Leguminosas maduras 20 Xenobióticos 120 y más
Estiércol maduro 20 Serrín >250

La relación entre la capacidad de intercambio catiónico (CIC, Cap. 10) y el carbono


también puede utilizarse de indicador de calidad de la m.o.
Por lo general, se considera que la actividad microbiana se ve favorecida con la presen­
cia de compuestos hidrosolubles fácilmente metabolizables, y con la disponibilidad de
nitrógeno, lo que se corresponde con valores C/N bajos. No obstante, puede tener mayor
importancia en la alteración de la m.o., ya sea la presencia de sustancias inhibidoras de la
actividad microbiana, tales como taninos condensados, fenoles tóxicos, resinas, terpenos,

166
ácidas orgánicos, entre otros, ya sea el desorden estructural en las sustancias macromolecu-
lares. Los tres aspectos no resultan excluyentes y, en definitiva, son los que permiten expli­
car las distintas tasas de descomposición de la m.o.
La m.o. que procede de plantas herbáceas y de bosques de frondosas (fresno, olmo, arce,
sauce, tilo, etc.) se considera mejorante o de «alta calidad», por ser de descomposición
rápida. Por el contrario, en bosques de piceas, pinos y bajo vegetación de brezos, arándano,
etc., la m.o. se considera acidificante o de «baja calidad», al ser de descomposición más
lenta (Duchaufour, 2001; Gobat et ai, 2003). Por otro lado, la m.o. procedente de especies
tales como el haya, castaño, roble y otras, presenta un comportamiento u otro, dependiendo
de las condiciones del medio edáfico. Estos aspectos se detallan más adelante al tratar de la
descomposición de la m.o. No obstante, esta valoración clásica mejorante/acidificante debe
variar, si el objetivo de la valoración deja de ser la liberación rápida del carbono, nitrógeno y
otros nutrientes y pasar a ser el secuestro de carbono (Cadisch y Giller, 2001).
Las m.o. no húmicas incluyen aquellas sustancias cuyas características químicas resul­
tan identificables, tales como glúcidos, proteínas, péptidos, aminoácidos, grasas, ceras,
poliésteres y ácidos orgánicos de bajo peso molecular (Schnitzer y Khan, 1978). La mayo­
ría de estas sustancias son fácilmente biodegradables por enzimas específicas, por lo que
persistirán poco tiempo en el suelo. Se pueden incluir, además, las ligninas, si bien su com­
portamiento frente a la alteración se diferencia de las restantes.
Las sustancias húmicas, humus en sentido estricto, suponen entre un 60 y un 80 % de
la m.o del suelo. Son el producto de la alteración de la m.o. (procesos de humificación) por
acción microbiana y por procesos abióticos. Constituyen la fracción más activa de la m.o.
de los suelos agrícolas. Se trata de una mezcla compleja de compuestos orgánicos de com­
posición diversa:

— Biomacromoléculas: compuestos de origen biosintético de estructura molecular


relativamente definida.
— Sustancias de estructura no específica: no se puede precisar su composición quí­
mica, ni los grupos funcionales que las integran (estructura desordenada o caótica);
tienen composición no-estequiométrica, si bien se pueden definir en términos esta­
dísticos.

Interesa aclarar que cuando se utilizan expresiones tales como «sustancias húmicas» o
«humatos solubles» para productos comerciales, se hace referencia a un material orgánico,
de naturaleza no específica, obtenido por extracción alcalina a partir de lignito, compost,
lodo u otros productos. Estas sustancias de tipo húmico se utilizan por sus efectos benefi­
ciosos en relación con los procesos físico-químicos, para mejorar las propiedades físicas
del suelo e incidir sobre la productividad de los cultivos. No obstante, su actividad puede
estar muy limitada en el tiempo, ya sea por la degradación microbiana que sufren o por
interaccionar con las arcillas (Stevenson, 1979; Almendros y Dorado, 1999).

1.2. Factores de condicionan el contenido de m.o. en los suelos

El contenido de m.o. en un epipedión varía de menos de un 1 % en suelos de


regiones áridas (Aridisoles), a más del 10 % en suelos de pradera (por ejemplo, en

167
Mollisoles) y más del 30 % en todos los horizontes de suelos orgánicos (Cap. 2)
(Histosoles). Los factores que influyen en el contenido de m.o. son los siguientes:

— Vegetación: determina la cantidad de necromasa aportada anualmente y su calidad


(composición y presencia de compuestos inhibidores). Los residuos de planta apor­
tados al suelo varían según el ecosistema de que se trate. Así, en los bosques tropica­
les húmedos es del orden de unos 12-15 Mg de materia seca ha 1 año-1; en bosques
de zona templada unos 4-6 Mg ha 1 año”1 con resinosas y de 3 Mg ha-1 año”1 con
frondosas, en praderas de zona templada unos 3 Mg ha”1año-1, y en zonas desérticas
menos de 0,5 Mg ha”1año”1(Gaucher, 1981; Cresser et al., 1993).
— Clima: condiciona el tipo de especies vegetales, la producción de biomasa y el
grado de actividad microbiana. En zonas áridas y semiáridas: poca vegetación, por
consiguiente, poca m.o. En zonas frías la m.o. tiende a acumularse. En zonas tropi­
cales húmedas: muchos aportes, pero también mineralización muy rápida (Cap. 18)
— Organismos del suelo: intervienen en la alteración de la m.o. y en su mezcla con la
materia mineral (bioturbación). Cabe destacar la acción de artrópodos, oligoquetos,
bacterias, hongos y otros.
— Posición en una ladera: efecto solana-umbría (Cap. 18), erosión (Cap. 23), etc.
— Drenaje: la m.o. se descompone mal y tiende a acumularse en suelos mal aireados
en los que falta oxígeno; en aquellos que están permanentemente saturados de agua
se puede formar un suelo orgánico (turbera, Histosol).
— Textura: los suelos de textura arcillosa suelen tener más m.o. al retener más agua y
nutrientes, lo que favorece la producción de biomasa. Pueden estar peor aireados.
— Composición mineralógica de las arcillas: es importante por la distinta afinidad
de adsorción o complejación de las moléculas orgánicas, lo que puede suponer un
efecto protector frente a la acción de los microorganismos. Las interacciones con la
m.o. son muy importantes en Andisoles, por la presencia de alófana y geles amorfos.
— Estructura del epipedión (Cap. 8): aireación, enraizamiento, etc.
— Laboreo: la puesta en cultivo con roza, tumba y quema (en agricultura itinerante) o
el paso de pradera a cultivo implican una pérdida de m.o., ya sea por menores apor­
tes de m.o. al suelo, por pérdida por erosión o por una mayor entrada de oxígeno al
labrar. La disminución del laboreo, por lo general, incrementa el almacenamiento
(secuestro) del carbono y el consiguiente contenido de m.o. del suelo.

1.3. Función de la m.o. del suelo

Las funciones del suelo se ven directam ente afectadas por la cantidad y la cali­
dad de la m.o. que contiene. Por ello, la m.o. es un constituyente y un indicador de
la calidad del suelo (Gregorich y Cárter, 1997; Franzluebers, 2002; Baldock y Nel-
son, 2000). La atención que ha m erecido la m.o. se debe a que influye en múltiples
propiedades de los suelos, a pesar de que en la mayoría de ellos suponga una canti­
dad porcentualmente menor, dependiendo de la categoría de suelo de que se trate.
La m.o. tiene incidencia sobre propiedades físicas, químicas, biológicas y da lugar
a múltiples interrelaciones:

168
Propiedades físicas:
— Estructuración (formación y estabilidad de los agregados).
— Sellado y encostramiento de la superficie del suelo (Cap. 11).
— Porosidad y aireación (Cap. 11).
— Movimiento del agua en el suelo.
— Capacidad de retención de agua disponible para las plantas (CRAD). El efecto de la
m.o. es de mayor importancia en los suelos de textura más gruesa (Cap. 6 y 12).
— Facilidad de laboreo (Cap. 11 y 25).
— El oscurecimiento de la superficie de los suelos a medida que el contenido de m.o.
es mayor hace disminuir el albedo (Cap. 3), al ser menor la radiación reflejada, con
incidencia sobre las propiedades térmicas (temperatura y balance de energía) del
suelo.
— Prevención de los procesos erosivos, por efecto combinado sobre la estabilidad de la
estructura, el sellado y la infiltración.
Propiedades químicas:
— Procesos de intercambio iónico: elevada superficie específica (mayor de 800-900 m2
g '1) y elevada capacidad de intercambio catiónico (de 100 a 300 cmol(+) kg~') (Cap. 9).
— Capacidad tampón frente a los cambios de pH (Cap. 10).
— Estabilización de nutrientes en forma orgánica (N, P y S).
— Formación de complejos organominerales.
— Interacciones con xenobióticos (Cap. 28).
— Papel depurador frente a vertidos, al regular la movilidad y biodisponibilidad (Cap.
27) de productos potencial mente tóxicos, lo que incide sobre la calidad de las aguas
freáticas.
Propiedades biológicas:
— Interviene en la formación de suelo (Cap. 17 y 18).
— Constituye una reserva de energía metabólica, por las grandes cantidades de C y de
nutrientes que contiene.
— Fuente de macronutrientes (N, P y S) y micronutrientes (B, Mo), que son liberados
de forma progresiva.
— Estimula e inhibe la actividad enzimática, según los casos.
— Contiene reguladores del crecimiento de las plantas.
— Efectos antibióticos frente a organismos patógenos (efecto biofumigante).
— Contribuye a la resiliencia de los ecosistemas (Cap. 27), al disminuir o inhibir los
efectos de las perturbaciones ambientales, y de este modo acelera su recuperación.
Interacciones:
— Condiciona el funcionamiento biogeoquímico de los ecosistemas.
— Define los tipos ecológicos de humus y procesos edafogénicos derivados (Cap. 17).
— Aumenta y permite definir la calidad de un suelo (Cap. 27).
— Mejora la capacidad de los suelos para soportar la producción de alimentos y bio­
masa, por su incidencia sobre la fertilidad química, al almacenar nutrientes y hacer­
los más disponibibles para las plantas y sobre la fertilidad física (Cap. 25).
— Componente clave en la sostenibilidad/sustentabilidad de los sistemas agrícolas.
— Cambio global: secuestro de C de muchos suelos.

169
— Efectos no deseados derivados de la incorporación de m.o. al suelo: bloqueo de
nitrógeno que sigue a una incorporación de m.o. fresca (paja de cereal, por ejemplo),
al ser utilizado el N por los microorganismos del suelo para degradar la m.o. Por
otro lado, la segregación por parte de algunas plantas, residuos vegetales o del meta­
bolismo microbiano, de sustancias (aleloquímicos, tales como fenoles y ácidos orgá­
nicos) puede afectar el crecimiento de otras plantas (alelopatía). Por lo general, el
efecto es negativo, así por ejemplo, los residuos de un cultivo de trigo tienen efectos
inhibidores sobre la geminación y crecimiento del sorgo. No obstante, dado que los
aleloquímicos son biodegradados, su acción queda limitada en el tiempo.

Por todo ello, se puede afirmar que la m.o. constituye un indicador importante
de la calidad del suelo y de su productividad (Larson y Pierce, 1994). Los estudios
sobre la m.o. han seguido dos vías, una encam inada a desentrañar su naturaleza
química y otra orientada a entender su significación ecológica.

1.4. Procedencia de los componentes orgánicos del suelo

Los com ponentes orgánicos de los suelos proceden de aportes y de síntesis


biótica y abiótica:

— Biomasa que vive en el suelo y su necromasa.


— Acumulación de restos de plantas y animales.
• Biomasa senescente incorporada de forma natural a los suelos en cualquier ecosis­
tema.
• Materiales orgánicos de origen biológico aportados por el hombre en los agroeco-
sistemas: estiércoles, restos de cosecha, composts, etc.
— Productos xenobióticos: son aquellos de naturaleza orgánica, resultantes de sínte­
sis industrial. Los más frecuentemente incorporados a los suelos son los fitosanita­
rios y, en menor medida, plásticos y papel. También se puede incluir aquí el carbón
procedente de incendios (black carbón).
— Macromoléculas resultantes de los procesos de alteración y de humificación
(degradación, reorganización, etc.).
— Síntesis abiótica.

1.5. Composición de los restos vegetales

La biomasa combina, entre otros elementos, el carbono (C), que la fotosíntesis


secuestra a partir del C 0 2 atmosférico; el nitrógeno (N), reciclado en el suelo o
bien fijado por organismos del suelo a partir del N2 atm osférico y el fósforo (P),
que procede de la m.o. y de minerales del suelo.
La m.o. fresca incorporada al suelo está constituida en un 99 % por once elementos
principales: C, H, O, N, S, P, Ca, K, Mg, Na y Fe, y por elementos que las plantas requie­
ren en cantidades muy pequeñas (microelementos o micronutrientes). Los tejidos vegeta­

170
les vivos están constituidos en promedio por un 75 % de agua y un 25 % de materia seca
(m.s.), formada en parte por componentes minerales y por componentes orgánicos no
nitrogenados (carbohidratos y ligninas) y nitrogenados, derivados principalmente de las
proteínas.
La m ateria orgánica incorporada al suelo está formada por:
— Hidratos de carbono: forman de un 30 a un 80 % de la m.s. de los tejidos vege­
tales:
• Monosacáridos: azúcares.
• Polisacáridos: polímeros de monosacáridos unidos por enlaces glicósidos. La
holocelulosa (celulosa y hemicelulosas) puede suponer un 70 % de la m.s.
— La celulosa (polímero de la glucosa, formado por cadenas de 1.400 a 10.000 unida­
des de /J-glucosa). Es uno de los componentes más importantes de la m.o. fresca,
puede suponer entre un 50 % de la m.s. Da lugar a fibras largas. Es el constituyente
más importante de las paredes celulares. Su estructura es:

C H ,O H H OH C H .O H

CH„O H

Las hemicelulosas (macromoléculas de hexosas, pentosas y ácidos urónicos).


Suponen más del 30 % de los residuos. La pectina es una hcteromacromolécula for­
mada por unidades de ácido galacturónico. Tiene importancia por su papel estructu­
ral, al formar la lámina media de la pared vegetal. La estructura del ácido D-glucu-
rónico es:

O OH H OH OH
\\ l i l i
C -C -C -C -C -C O O H
/ l i l i
H H OH H H

— Lignina: macromoléculas no uniformes derivadas de unidades tipo />propilfenol


sustituido. En su molécula entran a formar parte C, H y O con una variedad de enla­
ces orgánicos. Cabe citar, enlaces C - C y C - O (éteres y arílicos) y anillos fenóli-

171
cos. En las gramíneas hay, además, ásteres y grupos metoxilo (-OCH3). La estruc­
tura tridimensional resultante es muy compleja. La lignina constituye entre el 10 y
el 30 % de la materia seca. Es un constituyente importante de la madera. Forma
parte de las paredes celulares de las plantas vasculares, a las que da rigidez, al unir
las fibras de holocelulosa, con un patrón de unión:
c e lu lo s a — h e m ic e lu lo s a — lig n in a

Clásicamente, se ha considerado que la lignina es el componente más resistente a la


degradación. Algunos autores consideran que dicha resistencia ha sido exagerada en
los trabajos clásicos sobre el tema (Stevenson, 1994). En la lignina de pino el com­
ponente básico es el alcohol coniferílico, en las frondosas hay una mezcla de alco­
hol coniferílico (unidades tipo guayacil) y de alcohol sinapílico (unidades tipo sirin-
gil), mientras que en las gramíneas hay además alcohol p-cumarílico (unidades tipo
parahidroxibencil):

Anillo arom ático Fenol p-Propllfenol


Alcohol arom ático

CH 2OH

cadena lateral
metoxi (éter)
OCH, h 3c o ' 'Y och3

Alcohol coniferílico Alcohol sinapílico Alcohol p-cum arílico


(Unidades tipo guayacil) (Unidades tipo slringil) (Unidades tipo
parahidroxibencil)

La estructura propuesta para la lignina «softwood» referenciada en:


www.kelsinki.fi/~orgkm_ww/lignin_structure.htm es:

172
T aninos: son sustancias fenólicas que precipitan las proteínas. Su peso mole­
cular es grande. Constituyen un 6-7 % de la m ateria seca de las hojas y cortezas de
algunas plantas. Inhiben la descomposición de la m.o.
P r o t e ín a s : se trata de cadenas largas de am inoácidos (polipéptidos de alto
peso molecular). Además de C y N a veces contienen azufre, manganeso, cobre y
hierro. Constituyen un 1-15 % de la m.s.

173
L íp id o s y m a c r o m o lé c u la s lip íd ic a s : ácidos grasos, ceras, resinas y otros.
Suponen entre un 1-8 % de la m.s.
La composición media de diversos organismos vegetales (Kononova, 1967) es
la siguiente:

% peso Ceras, Lignina y


grasas, Proteínas Celulosa Hemicelulosa C/N
derivados
Organismos resinas

Leguminosas
herbáceas perennes:
• Raíces 10-12 10-15 20-25 25-30 10-15
• Hojas 12-20 15 10-12 5 12-16

Gramíneas:
• Raíces 5-12 5-10 25-30 25-30 15-20 15-20

Arboles caducifolios:
• Hojas 3-5 4-10 15-25 10-20 10 40-50
• Madera 0,5-1 40-50 20-30 20-25 -
Coniferas:
• Hojas 20-25 5-7 20 15-20 15 60-70
• Madera - 0,1-1,0 45-50 15-25 25-30 -

Musgos — 5-10 15-25 30-60 no -

Algas - 10-15 5-10 50-60 - -


Bacterias - 40-70 - - - 4-5
m.o. de los suelos 0,8-7,7 30-35 3-5 5-12 30-50 8-15

Comparando estos contenidos con los de la m.o. del suelo se deduce que los procesos
de humificación implican cambios muy importantes en las estructuras orgánicas. La rela­
ción C:N:P de la biomasa vegetal es del orden de 500 : 10 : 0,6. Dado que los organismos
que descomponen la m.o. presentan valores de aproximadamente 50 : 10 : 1, y que la m.o.
tiene relaciones del orden de 100 : 10 : 1, ello indica que en los diversos estadios del ciclo
de la m.o. en el suelo se debe liberar C, N y P (Bergstróm y Kirchmann, 1998). La relación
C/N en suelos de bosque de robles es de 8 a 10, en una landa de brezos de 12 a 13, en un
bosque de pino silvestre de 22 a 23, mientras que en un epipedión de un suelo de cultivo es
de 8 a 15 (Duchaufour, 1950).

2. Técnicas de estudio de los componentes orgánicos


de los suelos

2.1. Una panorámica sobre un tema complejo


El contenido total de m.o. no es el mejor indicador del funcionamiento del suelo, por lo
que se ha intentado siempre llegar a caracterizar las distintas fracciones que la componen.
El ingeniero forestal danés P.E. Müller (1840-1926) fue encargado a partir de 1866 de un
programa de investigación sobre la recuperación de suelos y la reforestación de landas de
su país. Hacia 1880, introdujo los términos y definió los tipos de humus «mull» y «mor»,

174
conceptos posteriormente adoptados por otros muchos autores (Kubiena, 1952; Duchau­
four, 1950, 2001; Kononova, 1967; Demolon, 1965, entre otros).
Las técnicas analíticas clásicas para estudiar la m.o. del suelo se han basado en
extracciones sucesivas, ya sea por flotación a valores normalizados de densidad
del líquido (a veces mal denom inada densitom etría), ya sea en soluciones acuosas
a diversos pH. Este tipo de fraccionamientos llevó a diferenciar los ácidos húmi­
cos (AH), los ácidos fúlvicos (AF) y las huminas. La espectroscopia infrarroja ha
sido y sigue siendo una técnica de uso muy generalizado, así com o la degradación
química, seguida del análisis de productos liberados.
A partir de 1980, dos técnicas instrum entales han permitido avances muy con­
siderables para precisar la com posición de las sustancias húmicas: la resonancia
magnética nuclear ( l3C-NM R) y la pirólisis (Schulten y Leinweber, 1996; Schnit-
zer, 1990, Stevenson, 1994). Las ventajas e inconvenientes de los diversos proce­
dimientos clásicos de aislam iento de las sustancias húmicas pueden consultarse,
entre otras, en la obra de Thurm an (1985).
Se describen de forma muy sucinta las principales técnicas para el estudio de la m.o.,
pudicndo recurrir a la bibliografía que se indica para un estudio más especializado:

Técnicas de estudio Descripción suscinta y comentarios


Estudios en campo (Cap. 2 y 3). Identificación de horizontes según el contenido
Observación a simple vista o con ayuda de una de m.o. (coloración oscura). Grado de unión de la
lupa de mano. m.o. y la fracción minerales (granos de cuarzo
limpios o teñidos). Diagnóstico de tipos ecológi­
cos de humus.

Observaciones microscópicas (Cap. 5). Identificación de restos orgánicos, organizacio­


Toma de muestras inalteradas: nes e interacciones entre m.o. y materia mineral,
• Impregnación en resina. Fabricación de una forma y tamaño de poros; tipo de estructura, etc.
lámina delgada. Observación con microscopio a diferentes escalas (Bal, 1973; Babel. 1975,
polarizante. 1985; Stoops et al., 2003).
• Preparación de la muestra. Observación con un
microscopio electrónico de barrido (SEM).

Fraccionamiento físico. Permiten separar la m.o. reciente de la más evo­


lucionada y estabilizada. El fraccionamiento se
hace atendiendo al tamaño establecido por tami­
zado. Resulta útil para estudiar la dinámica de
la m.o.

• Separaciones por flotación. Se separa la m.o. ligera (LF) que flota en un


líquido de densidad 1.6-2.0 g cm-3. La introduc­
ción de reactivos inorgánicos para obtener solu­
ciones densas (C am bardella y E lliott, 1993;
Meijboom, 1995) ha permitido sustituir el uso
del bromoformo-etanol, altamente tóxico.

• Separación física o mecánica. Se separan agregados de distinto tamaño.


La fracción más gruesa (>50 mm) y más ligera
(<1.6 g cm -3), se denom ina m.o. particulada
(MOP). En la MOP de baja densidad es posible

175
observar todavía la estructura de las células. Al
descomponerse más la m.o., la MOP se hace
más densa y ya no es posible reconocer en ella
el material de la planta. Cuando la m.o. alte­
rada está unida a la arcilla y al limo, deja de
c o n sid e ra rse m ateria o rg án ica p a rtic u la d a
(Luxmoore, 2001).
La disgregación de una muestra en agua y tami­
zado permiten obtener las fracciones de tamaños
equivalentes al de la arena, limo y arcilla, y con
ello el C orgánico particulado (COP). Presenta
una estructura celular reconocible y que se va
perdiendo progresivamente en las partículas más
finas (Baldock y Nelson, 2000).

• Dispersión ultrasónica en agua, seguida de se­ Permite aislar los complejos órgano-minerales
dimentación. asociados con fracciones de distintos tamaños.
Es un método menos destructivo que el trata­
miento con NaOH y más selectivo para aislar la
m.o. unida a componentes minerales (Bruckert,
1978) Permite estudiar la MOP ocluida (Gol-
chin et al., 1994; Caravaca et al., 1999; Brem-
ner y Genrich, 1990). No es una técnica muy
utilizada.

Análisis químicos
• Determinación del C-orgánico. Análisis clásico: oxidación con dicromato potá­
sico en medio sulfúrico.

• Fraccionamiento de la m.o. y extracción frac­ Separación de la m.o. no humificada y de las sus­


cionada de sustancias húmicas. tancias húmicas e identificación de las fraccio­
nes: AH, AF y humina. Las extracciones alcali­
nas con NaOH (con o sin pirofosfato sódico) han
venido constituyendo el enfoque más generali­
zado. Algunos investigadores indican que la
extracción es incompleta, carece de significación
biológica y se producen artefactos durante la
extracción, por lo que han buscado técnicas ana­
líticas más selectivas.

• Análisis elemental orgánico. Determinación de los elementos mayoritarios. En


los ácidos húmicos C (50-60 %), O (30-50 %),
N (1 -6 %), H (4-6 %) y S (0-2 %) (Stott y Martin,
1990).

Métodos no destructivos
• Espectroscopia ultravioleta-visible. De interés para identificar aromaticidad con la
que parecen estar relacionadas las absorbancias a
a 465 nm (E4) y a 665 nm (E6). Algunos autores
han utilizado la relación E4/E6, indicando a que
cuando su valor es mayor, menor es el tamaño
molecular (Chen et al., 1977). También indican
que es m enor en los ácidos húm icos, por su
mayor grado de condensación, mayor peso mole­
cular y abundancia de sustancias arom áticas
frente a las alifáticas.

176
• Espectroscopia infrarroja (IR). De interés y muy adecuada para identificar gru­
pos funcionales: - OH, C - H (alquílico o alifá-
tico), amida C = C, grupos quinónicos C = O y
para estab lecer la presencia de lignina. Los
espectros IR han puesto de manifiesto el alto
contenido de grupos funcionales que contienen
oxígeno (C 0 2H, OH y C = O) en las sustancias
húmicas. Algunos autores consideran que los
espectros IR resultan complejos y difíciles de
interpretar (Schnitzer, 1990).

• Espectrometría de resonaneia magnética nu­ Permite cuantificar la aromaticidad, estructuras


clear (,3C NMR) (Wilson, 1987, 1990). alquílicas (principalm ente polim etileno) y O-
alquílicos (invisibles para otras técnicas), por
ejemplo, carbohidratos y estructuras con unio­
nes éter (Skjemstad et al., 1997). Estos resulta­
dos han hecho cam biar la concepción que se
tenía de la composición cuantitativa de la m.o.
(Hacher et al., 1980). Permite analizar muestras
de suelo completo, sin necesidad de extraer la
m .o., así com o su stan cias húm icas aisladas
(Schnitzer, 1990), identificando los grupos fun­
cionales.

• Espectroscopia de resonancia de espín electró­ Constituye una técnica para cuantificar los radi­
nico (ESR). cales libres estables (electrones desaparejados)
en las sustancias húmicas (Atherton, 1973). Los
espectros permiten calcular el número de radica­
les libres referidos a la unidad de masa. Sin
embargo, es una técnica que ha resultado poco
productiva en la determinación de la estructura
de las sustancias húmicas (Schnitzer, 1990). Por
el contrario, resulta de mayor interés para el estu­
dio de los complejos AH-metal y AF-metal, ya
que permite determinar si son de esfera interna o
de esfera externa (Cap. 9), aspectos importantes
para explicar la formación de complejos (Evan-
gelou, 1999).

• Determinación de tamaños moleculares. Son poco utilizadas actualmente. Permiten sepa­


— Técnicas electroforéticas. rar los AH pardos, que migran al cátodo, de los
AH grises que migran poco, al tener una menor
carga superficial en relación a su masa. Técnicas
poco in fo rm ativ as p or el hecho de que son
muchos los parámetros moleculares que influyen
en la movilidad iónica.

— Cromatografía en columna de gel (gel per- Se utiliza para purificar y fraccionar según el
meación). tamaño molecular. Método relativamente senci­
llo. No se utiliza mucho actualmente.

— Cromatografía gas-líquido. Permite separar productos de degradación.

Métodos destructivos químicos A partir de 1970 se empezaron a desarrollar estas


técnicas que han permitido identificar unidades
estructurales (Schnitzer, 1977). Sus resultados

177
deben interpretarse con precaución, tanto por las
alteraciones que pueden tener lugar durante la
degradación, como por ser selectivas.

• Suaves: H20 , HCI, persulfato potásico. Generan pocos artefactos, pero la información
obtenida es muy parcial.
• Enérgicos: perm anganato, óxido de cobre
(CuO), perborato sódico.
• Específicos: transesterificación con trifluoruro
de boro.

Métodos de degradación térmica


• Pirólisis analítica. Fue utilizada por primera vez por Nagar en 1963
— Pirólisis de punto de Curie: se trabaja a para caracterizar ácidos húmicos.
temperatura constante. Al aplicar energía térmica a una macromolécula,
— Pirólisis de flash y pirólisis gradual: el ésta se rompe por los enlaces más débiles. Esto
cale n tam ien to es p ro g re siv o con un da origen a una serie de productos cuya natura­
máximo y un enfriamiento gradual. leza depende de la estructura molecular inicial
(McColl y Gresser, 1995). Se separan haciéndo­
los pasar por un cromatógrafo de gases. Poste­
riorm ente se identifican los fragm entos por
espectrometría de masas: Py-GC-MS (Sáiz-Jimé-
nez, 1996). Se obtiene información acerca de los
compuestos constituyentes de las macromolécu-
las. La combinación de diversas técnicas Py-GC-
MS y Py-FIMS ha sido estudia por Kógel el al.,
(1988).

Modelos de agregación y morfología Enfoque fractal.


Macromolecular de las sustancias húmicas.

Aplicaciones informáticas al estudio de la m.o. Empleo de un programario (software) de aplica­


ciones informáticas de diseño molecular para el
estudio de estructuras químicas tridimensionales,
cuya realidad debe ser verificada en cada caso.

— Modelos teóricos y de simulación. La dinámica de la m.o. del suelo se puede abor­


dar con la ayuda de m odelos de sim ulación
(Falloon y Smith, 2002).

— Modelo de Rothamsted (Jenkinson, 1990, El C del suelo se supone distribuido en cinco


Coleman y Jenkinson, 1996). grandes compartimentos, cuya m.o. difiere en su
estabilidad (Falloon y Smith, 2002).
— Modelo Century (Parton el al., 1987).

ESTUDIO DE CASOS
1. Al aplicar la técnica 13C NMR al estudio de la materia orgánica particulada
(MOP), tras una dispersión ultrasónica y tamizado, se ha observado que la
disminución del tamaño de partícula (20-53 pm) inducido por un aumento
de la descompoción está asociado con una pérdida de carbono O-alquilo y
una acumulación de carbono aromático y alquilo (Baldock ef al., 1992).
¿A qué hace referencia la MOP?

178
Indicar alguna característica de las técnicas utilizadas.
2. Los alpechines no se pueden utilizar para la generación de biogas, ya
que no se biodegradan ni fermentan anaeróbicamente. Proponer alguna
explicación.

BASES PARA LA DISCUSIÓN


1. Los alpechines, a pesar de ser en su mayoría compuestos hidrosolubles y
contener azúcares y N, son antibacterianos e inhiben la actividad de las
enzimas (Almendros, 2003, com. personal).

En la puesta a punto de una técnica, así como en análisis en serie, se requiere llevar a
cabo un control de calidad. Para ello se suele introducir periódicamente en las series de
análisis una misma muestra patrón. También se colabora con redes de laboratorios, con
los que se contrastan métodos, procedimientos y resultados. La International Humic
Substances Society (IHSS) ha establecido una serie de patrones de sustancias húmicas a
partir de suelo, turba, leodardita y agua superficial (MacCarthy et a i, 1986). Para inter­
pretar correctamente los resultados y evitar errores al utilizar este tipo de material, habrá
que tener en cuenta la distinta procedencia y los métodos analíticos utilizados en cada
caso (Carballas, 1993).

2.2. Modelos de agregación y morfología macromolecular de las


sustancias húmicas: Enfoque fractal

La obra Fractals in Soil Science de Baveye et al. (1998), los trabajos presenta­
dos en el C ongreso M undial de la Ciencia del Suelo celebrado en M ontpellier
(Francia) en 1998, los de Pachepsky et al. (2000) y otros investigadores ponen de
manifiesto el posible interés en utilizar el enfoque fractal, generalizado por Mandel-
brot (1975, 1982), en investigación de suelos en general, con aplicaciones al estudio
de las estructuras de las sustancias húmicas. Así, Rice y Lin (1993) han demostrado
que es posible describir la naturaleza de los materiales húmicos utilizando concep­
tos de geom etría fractal y Senesi (1999), entre otros, han seguido este enfoque,
bibliografía a la que se debe recurrir para ampliar la síntesis que sigue. No obstante,
otros autores consideran que este enfoque no aporta conocimientos nuevos, sino
que simplemente constituye una nueva manera de expresar las cosas.
Seguidam ente se hace una breve síntesis del enfoque fractal. El suelo, al ser un
medio poroso y fragm entado de carácter heterogéneo, puede ser descrito utili­
zando la g e o m e t r ía f r a c t a l, que permite una descripción cuantitativa de sistemas
heterogéneos altamente irregulares. Una representación sencilla y sucinta de sus
estructuras com plejas a través de la param etrización, se consigue definiendo un
número sencillo, la d im e n s ió n f r a c t a l. Son susceptibles de una descripción fractal
debido a su heterogeneidad y com plejidad (Senesi y Bourrie, 1998) los siguientes
aspectos del suelo:

179
— S u stan cias h ú m ica s, geometría de superficie, procesos de agregación, etc.
— Estructura del suelo.
— Espacio de huecos.
— Distribución del tamaño de partículas y de los agregados.
— Patrones de fragmentación del suelo.
— Variabilidad espacial de la cohesión de la superficie del suelo.
— Retención de agua.
— Conductividad hidráulica.
— Constituyentes del suelo y de sus propiedades.
— Evaluación de la irregularidad de la superficie de las partículas.
— Patrones de microcompartimentación de la m.o.
— Descripción del sistema radicular de las plantas.
— Minerales arcillosos y óxidos.
— Microbiología del suelo, etc.

Al utilizar el enfoque fractal no debe olvidarse que cualquiera de las propiedades del
sistema se promedia y, por ello, cualquier interpretación de los resultados tiene una validez
estadística (Senesi, 1999). De acuerdo con Mandelbrot (1982) y Senesi (1999) algunos de
los principales conceptos utilizados en geometría fractal son los siguientes:

F ractal: objeto de configuración tenue y esparcida. Un objeto fractal lleva asociada


una dimensión no entera denominada d im en sió n fra cta l, que refleja el espacio actual
ocupado por el objeto en estudio (Mandelbrot, 1982; Pfeifer y Obert, 1989). Para tener
una visión intuitiva de un objeto fractal, obsérvese un árbol, sus sucesivas ramificacio­
nes repiten una misma pauta, desde el tronco hacia arriba van siendo cada vez menores,
pero cada ramificación sucesiva (subunidad) desempeña funciones reiterativas respecto
a la siguiente. Se está en presencia de una estructura fractal.
P rop ied ad es fractales:
— Repetición de una pauta.
— Cada unidad fractal consta de subunidades semejantes.
— Cada unidad puede ensamblarse con otras idénticas para formar una unidad todavía
mayor y así sucesivamente.
— Cada generación contiene huecos cuyo tamaño es proporcional a la escala de la
generación particular.
— Repetición del desorden o aleatoriedad a una escala de longitud apropiada, es decir,
invarianza infinita frente a los cambios de escala: cualquier porción del diseño tiene
el mismo aspecto que el diseño en su conjunto. Permanecen inalterados bajo cual­
quier operación de dilatación.

180
— El grado de irregularidad es independiente de la escala y el desorden persiste cuando
se prueba el sistema a escalas menores o mayores.
— Simetría respecto a dilataciones y contracciones (homotecias).
— Al aumentar el tamaño de un fractal disminuye su densidad.
D im ensión fractal (D):
— Es un descriptor valioso para entender y cuantificar las variaciones en la morfología
y agregación como una función de las diversas condiciones del sistema (Meakin,
1991).
— Es un número que expresa el progresivo escalonamiento de un fractal.
— No es un número entero, sino una fracción, lo que expresa que puede haber dimen­
siones intermedias, por ejemplo, entre la de la recta (unidimensional) y la del plano
(bidimensional). Por este motivo Mandelbrot acuñó el término de fractal.
— Está relacionada con el comportamiento a escalas en las que los detalles particulares
se difuminan y desaparecen como resultado de sucesivas operaciones de premedita­
ción.
— Puede computarse directamente de datos experimentales a partir de propiedades del
sistema que pueden describirse por medio de leyes de potencia (power laws).
Ley de potencia:
Expresa el escalado exponencial de la forma: p <*• V'1.
p = propiedad considerada.
V = variable considerada.
y= relacionada con la dimensión fractal.

En los objetos Euclídeos no fractales, objetos ordenados, la dimensión fractal coincide


con la dimensión topológica: Dlop. Así, DIop = 0, para un conjunto de puntos desconectados;
1 para una curva, 2 para una superficie, 3 para un sólido. En un objeto fractal se cumple:

D ^ Dlop
d > D > Dlop
d = dimensión de encaje (embedding) en el espacio Euclídeo (d = 3, generalmente).
D - Dtop expresa el desorden del sistema.

Se pueden describir tres tipos de sistem a s fra cta les: fractal de masa (sistema en el
que la escala de masa y de superficie son la misma, dimensión fractal de masa, Dm, que
puede proporcionar medidas cuantitativas del grado de porosidad o compactación); frac-
tal de poro (sistema en el que la escala del espacio de huecos y superficie son la misma,
dimensión fractal de poro, Dp; y fra cta l d e su p erficie (sistema para el que sólo la super­
ficie es fractal, dimensión fractal de superficie, Ds, expresa el grado de corrugación de la
superficie que tendrá efecto sobre la asociación de partículas y procesos de dispersión
(Senesi, 1999).

181
La comprensión de ios aspectos intuitivos de los fractales para predecir sistemas natura­
les no requiere grandes conocimientos matemáticos, pero no es así si se quiere profundizar
en la teoría de los fractales (Falconer, 1990).
Con objeto de proporcionar a nivel introductorio una idea de la geometría fractal y de los
procesos de fragmentación, se presentan algunos ejemplos. De un elemento iniciador (una
recta, un cuadrado, un cubo), por medio de una secuencia de operaciones de extracción, se
puede crear lo que se ha venido en denominar, incorrectamente, «monstruos» matemáticos:
el grupo de Cantor, el tapiz de Sierpinski, o la esponja de Menger (Baveye et al., 1998).
En el caso de la esp o n ja d e M en g er se parte de un cubo. De cada una de sus caras se
extraen secuencialmente formas cuadradas, que tienen continuidad hacia el interior del
cubo. Cada vez se extrae un prisma centrado en las superficies que sucesivamente se van
generando en las caras del cubo. En una primera extracción (II) se extraen tres prismas y se
generan 20 subcubos, de los que se extraen 8 prismas por cada cara del cubo inicial y así
sucesivamente, ad infmitum. La estructura ahuecada resultante es la esponja de Menger:

La relación entre una de las sucesivas densidades aparentes del objeto resultante tras la
extracción de cubos (pn) y la densidad real (p0) vendrá dada por la expresión:

Pn L, 3 - (Ln20-Ln3)

Po . Po .

donde: r„ = lado del cubo después de la n-ésima extracción.


r0 = lado del cubo.

Cuando n tiende a infinito, el volumen del cubo resultante prácticamente tiende a 0, la


esponja de Menger está constituida en este caso por un conjunto incontable de puntos con
una dimensión topológica igual a cero. La expresión anterior predice para etapas interme­
dias que, a medida que aumenta el tamaño del conjunto, su densidad disminuye. Este com­
portamiento de la esponja de Menger había sido observado por Chepil (1950) para los agre­
gados del suelo (Baveye et al., 1998).
Para profundizar en las aplicaciones del enfoque fractal se puede acudir a la obra de
Avnir ( 1989) y para el estudio de los modelos de agregación y de la morfología de las sus­
tancias húmicas pueden consultarse los trabajos de Senesi (1999), Rice y Lin (1993), Rizzi
et al. (1994), entre otros.

182
3. Evolución de la materia orgánica: descomposición y
mineralización

3.1. Esquema general de la evolución de la m.o.

La m.o. sufre en el suelo una serie de alteraciones cuyas vías varían según sean
las condiciones del medio, en especial si éste es aerobio, que es el que se detalla, o
anaerobio. Se pueden agrupar en procesos de:

— Descomposición con efectos de fragmentación y catabolismo.


— Mineralización (paso a formas inorgánicas).
— Humificación (reorganización y neoformación de productos orgánicos).

El modelo conceptual para describir los procesos que experimentan los mate­
riales orgánicos desde su incorporación al suelo y las interrelaciones que se produ­
cen puede esquem atizarse com o sigue:

1.2. Descomposición y mineralización de la m.o.


La superficie de los tejidos vegetales, todavía en la planta, empieza a ser invadida por orga­
nismos saprofitos. Si se observa a simple vista una hoja seca, su descomposición inicial pone
en evidencia que la parte entre las nerviaciones, constituida principalmente por celulosa, desa­

183
parece primero. Ello es debido a que la velocidad de descomposición no sólo depende de la
composición, sino también de la estructura anatómica (Gaucher, 1971) y de la parte de la
planta de que se trate. Paralelamente, se van produciendo cambios bioquímicos en los tejidos
senescentes, hay síntesis de enzimas, ruptura de la membrana celular, autooxidación y forma­
ción de compuestos de tipo fenólico. La descomposición implica tanto procesas abióticos
como bióticos, que resultan en tres fenómenos: lixiviación (liberación de compuestos simples
solubles), fragmentación y catabolismo. La necromasa es fragmentada progresivamente en
partículas de tamaño cada vez menor, hasta tal punto que su estructura histológica va siendo
cada vez más irreconocible. La alteración de la m.o. en el suelo está inseparablemente ligada a
la actividad de los microorganismos. Las sustancias solubles (azúcares, aminoazúcares, feno­
les, aminoácidos, etc.) liberadas durante la descomposición pueden ser lixiviadas rápidamente
de los residuos, ser utilizadas como nutrientes por los organismos heterótrofos del suelo o
pasar a formar parte de la estructura de sustancias húmicas en formación.
En la descomposición de la m.o. intervienen los microorganismos, que típicamente
incluyen bacterias (en medio básico), hongos, actinomicetes, algas y protozoos; la meso-
fauna edáfica, integrada por lombrices, moluscos, nemátodos y pequeños artrópodos
(insectos, ácaros y miriápodos).
Como se ha indicado, en una cierta escala temporal y en condiciones naturales
en que el C orgánico del suelo se intercambie activamente con el de la atmósfera,
el contenido de m.o. no aumentará de forma indefinida. Ello se debe a que parte de
la materia orgánica incorporada y de la que contiene el propio suelo experimentan
procesos de mineralización, unos rápidos y otros mucho más lentos.
La mineralización se puede seguir por medio de la tasa de liberación de C 02. Partiendo de
una m.o. fresca, se observa una primera etapa muy activa, que corresponde a la liberación de
materiales orgánicos lábiles (azúcares, aminoazúcares, aminoácidos y ácidos orgánicos),
seguida de una segunda etapa en la que la actividad biológica es decreciente. En ella se mine­
ralizan la celulosa, hemicelulosa, quedando los materiales recalcitrantes (Hausenbuiller, 1972):

Azúcares
Am inoácidos
Am inoazúcares
Ácidos orgánicos

184
Los procesos de m ineralización dan lugar a productos inorgánicos, tales como: H20 ,
C 02, NH4+, N 0 3~, P 0 4v , S 0 42-, etc. La descomposición y la mineralización no tienen lugar
en una sola etapa, sino en cascada, con tasas diversas en los diferentes procesos. Todo ello
explica el continuum de materiales y la gran heterogeneidad de las sustancias resultantes.
La mineralización tiene importancia en el ciclo de nutrientes de las plantas, ya que clá­
sicamente se acepta que la nutrición requiere la mineralización y liberación de nutrientes,
como paso previo a su absorción por las raíces de la plantas (Marschner, 1986). Este enfo­
que entra en contradicción con algunos planteamientos de la agricultura biológica, según
los cuales no se requiere tal mineralización, ya que según este enfoque las plantas son capa­
ces de absorber directamente moléculas orgánicas (Rusch, 1972).

3.3. Procesos y tasas de mineralización

Los procesos de m ineralización se caracterizan por:

— Determinados elementos por acción microbiana pasan de estar formando parte de


sustancias orgánicas a integrar compuestos inorgánicos, sólidos o gaseosos, que
pueden disolverse, adsorberse o desprenderse como gas; estas formas minerales
pueden constituir nutrientes para las plantas y los microorganismos; dependiendo de
la calidad de la materia orgánica incorporada una parte importante del C orgánico
incorporado al suelo será devuelta a la atmósfera como C 0 2.
— Una mineralización rápida, en medios biológicamente activos, puede tener lugar en
un año; por el contrario, en medios anaerobios la mineralización es mucho más
lenta, la m.o. se va acumulando y puede dar lugar a la formación de turbera (Histo-
sol). La acidez también frena la mineralización, al predominar los hongos frente a
las bacterias
— En suelos bien aireados se libera amonio, en forma de NH+4 que, al oxidarse, se
transformará en NO,“, mientras que en condiciones anaerobias, se reducirá a óxido
nitroso (N20 ) y a N2 que pasará a la atmósfera (Cap. 28).

La velocidad o tasa de m ineralización de la m.o. expresa el porcentaje de carbono


orgánico inicial que se mineraliza en un período de tiempo determinado. Constituye un
indicador de la actividad biológica en un medio dado. Está relacionada con la actividad
respiratoria y con la eficacia relativa de los microorganismos en los procesos de descom­
posición. Bekku et al. (1996) han realizado un estudio comparativo de diversos métodos
para medir la respiración del suelo. Se puede evaluar en laboratorio, incubando en un
recipiente hermético una muestra en condiciones óptimas de temperatura (28° C) y
humedad y midiendo el C 0 2 producido secuencialmente o bien al cabo de un cierto
número de días, para determinar la cinética de la mineralización por incubación aeróbica
(Fernández et al., 1999).
Estas técnicas pueden utilizarse para determinar el efecto que sobre la actividad bioló­
gica tiene el añadir al suelo distintos tipos de productos (residuos de cosechas, estiércoles,
composts, lodos, etc.) y poder evaluar así la capacidad de un suelo para actuar como depu­
rador natural. Por otro lado, los cambios en la actividad mineralizadora de C se considera

185
Com ponente M ineralización

Azúcares Microbiana rápida


Proteínas 70-85 % del C orgánico pasa a C 0 2 en 6 a 12 meses,
Hemicelulosa Microbiana intermedia
Celulosa
Lignina
Compuestos fenólicos Microbiana lenta
Grasas y ceras

un buen indicador de los efectos inmediatos del fuego sobre el suelo (Fernández et al.,
1999). El mareaje de un sustrato individual con l4C permite estudiar la mineralización de
dicho sustrato a partir del l4C 0 2 desprendido (Cresser et ai, 1993).
Sisabough y Moorhead (1997) han propuesto la utilización de análisis enzimáticos para
modelizar la descomposición de la m.o., basados en la determinación de las actividades
enzimáticas clave implicadas. La evaluación de la actividad microbiana puede llevarse a
cabo igualmente mediante la determinación de las tasas metabólicas (Anderson, 1994), lo
que permite entender mejor el desarrollo de la comunidad microbiana.
La descomposición de la m.o. genera una elevada demanda de N, ya que los hongos y
bacterias que intervienen en su transformación tienen relaciones C/N mucho más bajas que
la m.o. que consumen. Por ello, se puede predecir que la m.o. con contenidos altos de N se
descompondrá más rápidamente, al favorecer el crecimiento microbiano (Cotrufo et al.,
2000) y que un aporte de N mineral tendrá un efecto positivo en la descomposición. No
obstante, los trabajos de Bcrg et al. (1982) han puesto de manifiesto que, si bien esto es
cierto para las primeras etapas del proceso (m.o. lábil), en etapas posteriores, la concentra­
ción de lignina, por su carácter recalcitrante, será un mejor prcdictor de la tasa de descom­
posición. Los procesos de alteración de la lignina han sido estudiados, entre otros muchos
investigadores, por Almendros y González-Vila (1987), poniendo de manifiesto la impor­
tancia de la presencia de sustancias inhibidoras en ellos.

3.4. Factores que condicionan la degradación y mineralización

La dinám ica de la m ineralización de la m.o. viene condicionada por factores


intrínsecos y extrínsecos, que inciden sobre las poblaciones de m icroorganismos
(tipo y actividad) y orientan las reacciones quím icas y bioquím icas que pueden
tener lugar en un medio edáftco determ inado. Entre los diversos factores cabe
indicar:

Calidad de la m ateria orgánica


La biodegradabilidad relativa de la m.o. depende:
— De la relación entre compuestos lábiles y compuestos recalcitrantes.
— De la presencia de inhibidores (antibióticos microbianos).

186
Los residuos ricos en lignina y polifenoles se descomponen lentamente (masas foresta­
les de resinosas), mientras que las gramíneas, al ser más ricas en celulosa, se alteran más
rápidamente, y más todavía las leguminosas al tener relaciones C/N moderadas.

Categoría de suelo: m edio fisico-quím ico


— Reacción del suelo (pH): los medios ricos en lignina tienden a acidificarse (Gaucher,
1971), lo que favorece a los hongos frente a las bacterias.
— Régimen de temperatura: en climas cálidos (25-35° C) y húmedos (> 1.000 mm) la
mineralización es rápida, mientras que en climas fríos y húmedos la m.o. tiende a
acumularse.
— Régimen de humedad, alternancia desecación/humectación y suministro de oxígeno.
— Aireación: aerobiosis/anaerobiosis.
— Profundidad en el perfil (Rovira y Vallejo, 1997; Kay y Vanden Bygaart, 2002).
— Interacciones entre los componentes orgánicos y la arcilla: oclusión física de la m.o.
en microagregados resistentes, lo que impide el acceso de los microorganismos o sus
enzimas, así como la presencia de impedimentos estéticos en la matriz del suelo
(encapsulación molecular, adsorción, etc.) y la asociación con productos que controlan
la degradación (aminoácidos con fenoles, por ejemplo) hacen imputrescible la m.o.

Factores abióticos
— Fragmentación por la fauna, mezcla o bioturbación (Cap. 17), abrasión física, lixivia­
ción.
— Riego.
— Técnicas de laboreo (Franzluebbers y Arshad, 1997).
— Contenido de arcilla y tipo de arcilla.
— Incendios (Bauhus et al., 1993; Fernández et al., 1999).

Factores bióticos (principales agentes de la mineralización)


— Microorganismos: afectan los procesos bioquímicos y los productos de la descom­
posición.
— Las bacterias son las más numerosas, si bien la acidez favorece a los hongos.
— La escasa movilidad y el restringido acceso a los nutrientes de las comunidades
microbianas hacen que sean comunidades durmientes en condiciones desfavorables,
pudiendo sobrevivir a condiciones de estrés.
— Coleman y Crossley (1997) han descrito el distinto modo de crecimiento de las bac­
terias y hongos. Las primeras ocupan un volumen limitado, de sólo unos pocos mm,
sin apenas movilidad, mientras que los hongos desarrollan hifas, que pueden crecer
a lo largo de distancias relativamente grandes, en algún caso incluso varios kilóme­
tros. Ello les permite penetrar en huecos y con la segregación de enzimas pueden lle­
gar a descomponer la m.o.

Los estudios de incubación de diferentes tipos de m.o. fresca pone de manifiesto


grandes diferencias según se trate de paja de arroz, rastrojo de maíz o alfalfa (Waksman y
Tenney, 1928):

187
0 4 8 12 16 20 24 28
Período de incubación (días)

Los factores descritos pueden variar de intensidad a lo largo del año, lo que se
reflejará en el ritmo de mineralización. Ello puede deberse al aporte de m.o. en un
momento determinado (por ejemplo, la caída de hojas en un bosque caducifolio) y
a que la actividad m icrobiana sea m ayor o menor según sean la tem peratura y la
humedad a lo largo del año, en definitiva responde al ritmo cambiante de las con­
diciones de medio.

3.5. Procesos específicos de alteración de la m.o.


Los hidratos de carbono constituyen alimentos importantes para la microflora del suelo,
siendo degradados rápidamente por enzimas específicas a C 02 y H20 . Los monosacáridos (por
ejemplo, glucosa y fructosa) apenas se hallan presentes en la m.o. del suelo. La celulosa es uno
de los primeros polisacáridos atacados por los microorganismos en los primeros estadios de la
descomposición (Evangelou, 1999). Se descompone rápidamente en el suelo a celobiosa,
excepto si las fibras de holocelulosa (celulosa y hemicelulosa) están impregnadas de lignina,
que las une dando rigidez a la planta. La despolimerización inicial (hidrólisis enzimática) viene
catalizada por enzimas extracelulares (celulasas) libres en el suelo o bien adsorbidas en los
coloides del suelo. La celobiosa formada se fragmenta intracelularmente por acción de la
enzima /Lglucosidasa. En condiciones aerobias, dos tercios de la celulosa inicial se convertirán
en C 02, mientras que en condiciones anaerobias la descomposición generalmente produce
ácido acético. En ambos casos, la descomposición es una fuente de energía. Las hemicelulo-
sas, en la primera fase se degradan más rápidamente que la celulosa (Evangelou, 1999).

Los polisacáridos, como componentes orgánicos de estructura específica que son, no


pueden considerarse comprendidos dentro de la definición de sustancias húmicas, no obs­
tante, dado que algunos resisten la biodegradación, entran a formar parte de la m.o. del
suelo entre un 10 y un 30 %. Su importancia se debe a que muchos de ellos intervienen en

188
la formación de agregados, a los que confieren una gran estabilidad. Su destrucción oxida-
tiva puede hacer disminuir entre un 30 y un 90 % la estabilidad de la estructura (Tan, 1982).
Las ligninas, por sus núcleos aromáticos, son los componentes más resistentes a la bio-
dcgradación, no obstante, los hongos son capaces de ir descomponiendo la lignina. En sue­
los ácidos, algunos hongos ligninolíticos son muy activos (Gobat et al., 2003). Sin
embargo, por lo general, la lignina es recalcitrante y protege la celulosa de los ataques
microbianos, al estar ésta atrapada dentro de las paredes celulares (Chesson, 1997). No obs­
tante, no hay que olvidar que la lignina es material de partida para la formación de sustan­
cias húmicas, sufiendo alteraciones que hacen que, como tal, no se halle en las sustancias
húmicas. La proporción de C procedente de lignina tenderá a aumentar con el tiempo en el
suelo, pero no la lignina como tal. La descomposición de la lignina puede tener lugar en
tres estadios. En el primero, los grupos hidroxilo se esterifican; en el segundo, tiene lugar la
despolimerización y, el tercero afecta a los anillos fenólicos. Una vía posible de degrada­
ción del alcohol coniferílico puede ser (Cresser el al., 1993):

ChLOH
I
CH
I

Alcohol coniferílico Á cido protocatéquico

No obstante, la degradación de la lignina puede verse inhibida por altas concentracio­


nes de N en el suelo, por lo que la relación lignina/N controla su descomposición. La rela­
ción (lignina + polifenol)/N se puede utilizar como predictor de la descomposición y libera­
ción de N por parte de los materiales vegetales y, por ello, de la disponibilidad de N, la
nitrificación y la desnitrificación (Handayante et al., 1994).
Las proteínas por medio de descomposición microbiana dan lugar a aminoácidos y al
mineralizarse éstos se produce NH4+, N 0 3~ y S 0 42-.
Los lípidos desempeñan diversas acciones: interacciones alelopáticas entre plantas
superiores; agentes antimicrobianos (Lynch et al., 1976); por su carácter hidrófobo pueden
afectar las propiedades físicas de los suelos; si se hallan a baja concentración pueden mejo­
rar la estabilidad de los agregados y con ello la estructura del suelo, al influir sobre las pro­
piedades de superficie de los agregados, a los que impermeabilizan, evitando con ello la
entrada de agua por capilaridad y el colapso de los mismos (Dinel et al., 1990). El pro­
blema de la «fatiga» de los suelos de cultivo (disminución de los rendimientos, enanismo,
amarillamicnto, etc.), cuyo origen resulta difícil de explicar (Bouhot, 1983), se empezó a
estudiar a partir de 1960 en Holanda, Francia, Bélgica e Inglaterra. Parece poder relacio­
narse con una acumulación alta de lípidos y con la repelencia al agua, junto a problemas de
organismos perjudiciales en el suelo y el monocultivo (Vigouroux, 1983). La composición
molecular de los lípidos constituye una fuente de información ecológica acerca de la

189
estructura de los sistemas tróficos (Philp, 1985). En efecto, los lípidos en el transcurso de
su evolución en el suelo pueden entrar a formar parte de la estructura de sustancias húmicas
(Almendros et al., 1996, 2001). La combinación de BC NMR y GC-MS en el estudio de los
lípidos de los suelos permite una descripción comprehensiva acerca de su naturaleza y evo­
lución (Almendros, 2001).
En medios anaerobios actuarán aquellos microorganismos adaptados a la falta
de oxígeno, con lo que los productos resultantes de la mineralización serán formas
reducidas. El C se libera en forma de metano (CH4), gas con efecto invernadero; el
N da lugar a N2 que se pierde en la atmósfera, lo que constituye un problema para
la nutrición nitrogenada en suelos de arrozal.

3.6. Mecanismos de resistencia a la degradación y mineralización

Las dataciones de las sustancias húmicas han puesto de manifiesto que pueden
perdurar en el suelo durante miles de años. Los mecanismos propuestos por Stott y
Martin (1990) para explicar la resistencia de las sustancias húmicas a la degrada­
ción y mineralización, son los siguientes:

Factores intrínsecos
— Desorden estructural que impide que las enzimas sean capaces de identificar las sus­
tancias macromoleculares (Almendros, 2003).
— Recombinación en cualquier estadio del proceso de degradación de los compuestos
orgánicos resultantes de la biodegradación, que pueden dar lugar a estructuras más
resistentes.
— La formación de complejos polifenol-proteína puede proteger al N proteico de la
acción microbiana (Duchaufour, 2001).
Factores extrínsecos
— Protección de los grupos funcionales de carácter catiónico cuando se localizan den­
tro de agregados del suelo de elevada densidad aparente, con huecos de menos de
1 mm, lo que los hace inaccesibles físicamente a los microorganismos y enzimas.
— La alófana (Cap. 7) puede unirse a las sustancias húmicas y protegerlas de la degra­
dación.

En el caso de considerar la m .o. en su conjunto, la mineralización se puede ver fre­


nada por:
— Formación de complejos entre los ácidos uránicos y metales di- y trivalentes, com­
plejos que resultan menos susceptibles a la biodegradación.
— Estabilización de los polisacáridos que contienen aminoazúcares o unidades de ami­
noácido.
— Formación de complejos organominerales con las arcillas. Esta preservación puede
hacer que compuestos muy degradables, tales como los carbohidratos, se encuen­
tren protegidos frente a la degradación y mineralización.

190
Estudio de casos
Las condiciones óptimas para la actividad de las bacterias y los hongos
son aquellas en que el suelo esté húmedo, la temperatura sea de unos 30-
35® C y el pH próximo a la neutralidad. Los hongos proliferan bien en medios
con pH ácidos, mientras que no así las bacterias, si bien son éstas las más
eficientes en la descomposición de la m.o., si disponen de suficiente nitró­
geno. Se han muestreado los sucesivos horizontes de un suelo: epipedión
ócrico (0-27 cm) y endopedión cámbico (27-55 cm) y cálcico (55-110 cm). Se
ha determinado el contenido de m.o. y de nitrógeno Kjeldahl, obteniéndose
respectivamente los pares de valores (1.8 %; 0.080 %), (0.6; 0.075) y (0.1;
0.020.. El suelo es un Xerept cálcico (SSS, 1998) (que se corresponde a un
Xerochrept calcixerollico, SSS, 1996).
1. Calcular y discutir los valores de las relaciones C/N de los distintos horizontes.
2. Discutir porqué el nitrógeno es un factor importante en la biodegradación
de la m.o.
3. Utilizando el valor de la relación C/N de los siguientes materiales:

Material C/N Material C/N


Tallos de maíz 90 alfalfa 13
Paja de cereal 80 hongos 9
Heno de gramínea-leguminosa 25 bacterias 4

Discutir:
a) Comportamiento de estos materiales frente a la descomposición.
b) ¿Qué efecto tendrá el enterrado de paja de trigo picada, según que se
entierre a los pocos días de la siega o bien se haga unos meses des­
pués, qué medidas serán más recomendables?
c) Efectos sobre el cultivo siguiente en un agroecosistema y posibilidades
de actuación.
4. Representar la distribución de la m.o. en el perfil.

3.7. Modelización de la mineralización de la m.o.

La modelización del proceso de mineralización de la m.o. tiene interés para


poder realizar predicciones acerca de las pérdidas anuales esperables. A partir de
ello, en agroecosistemas se podrá planificar los aportes de m.o. a realizar con vis­
tas a la sostenibilidad/sustentabilidad del mismo. Los modelos de descomposición
deben tener en cuenta diferencias cualitativas entre tipos de recursos y la necesi­
dad de considerar las interacciones entre la calidad del sustrato y las condiciones
medioambientales (Hunt et al., 1988).
Con fines predictivos, en estudios de descomposición de la m.o. se han utili­
zado modelos matemáticos de tipo empírico o de caja negra, en los que se conocen

191
las entradas y las salidas, pero se desconoce la estructura interna del sistema.
Según su diseño, pueden ser de compartimento único (Jenny, 1941), de dos com­
partimentos o multícompartimentales. Entre los diversos modelos que se han desa­
rrollado cabe citar los siguientes:

Tipo F o rm u lació n

Modelo de dN/dt = A-KN N = Cantidad de nitrógeno en el compartimento.


compartimento único N = NB + (N „ -N e) eKl A = Entrada anual de N orgánico fresco.
(Jenny, 1941; 1/k = Tiempo de retorno K = Tasa anual de mineralización de N orgánico
Jenkinson, 1990) del suelo.
N0 = Contenido inicial de N.
Nt = Contenido de equilibrio de N.

Modelo de dos C = ae"" + b nl C = Contenido de carbono orgánico en el suelo,


compartimentos a, b, m, n parámetros empíricos,
Jenkinson (1977) f = Coeficiente isohúmico.
K = Tasa anual de mineralización de C orgánico.
Henin y Dupuis fA C p -fA A = Entrada anual de C de las plantas.
(1945) C= C0 = Contenido inicial del C orgánico del suelo.
K K
Modelos
multicompartimcntales

Modelos eslocásticos

En España, para realizar balances húmicos en suelos agrícolas se ha utilizado


durante muchos años el modelo de dos compartimento^ propuesto por Henin y
Dupuis (1945), que introducía el empleo del coeficiente isohúmico.
En el momento actual, el estudio de la dinámica de la m.o. se aborda con ayuda
de modelos de simulación, como el modelo Rothamsted (Coleman y Jenkinson,
1996) y el modelo Century (Parton et a i, 1996), citados anteriormente. Cualquiera
que sea el enfoque, al desarrollar un modelo se debe partir de un buen conoci­
miento de los procesos en campo y se deberán validar los resultados, para determi­
nar el grado de error esperable en las predicciones.
La modelización de las interacciones suelo-biosfera, en relación con las transfor­
maciones del N en el suelo y la modelización de la cinética de la nitrificación, desni­
trificación y de las transformaciones de C/N han sido revisadas por Müller (2000).

192
4. Formación de sustancias húmicas: humificación

Los procesos de formación de sustancias húmicas (macromoléculas condensa-


das de compuestos aromáticos y alifáticos) se tratan con detalle en la obra Humus
Chemistry de Stevenson (1994). Se puede destacar que es un tema que todavía no
se ha aclarado definitivamente. Por ello, en la bibliografía se solapan enfoques del
pasado, basados fundamentalmente en extracciones y fraccionamientos y aquellos
planteamientos que aprovechan las prestaciones de las técnicas instrumentales que
empezaron a desarrollarse a partir de 1980. Las interpretaciones se ven, por consi­
guiente, condicionadas por el enfoque que adopte cada investigador. Clapp y
Hayes (1999) plantearon el tema del tam año y forma de las macromoléculas de las
sustancias húm icas, aspecto de fundamental im portancia para llegar a entender
reacciones básicas e interacciones con significación medioambiental.

4.1. Sustancias húmicas: enfoques basados en extracciones


y fraccionamientos

Los productos resultantes de los procesos de humificación se han definido de


forma operacional (Swift, 1996), en términos de solubilidad e insolubilidad en solu­
ciones acuosas a diferentes pH, lo que refleja diferencias en los pesos moleculares y
contenido en grupos funcionales, principalmente oxigenados. Se han distinguido:

Ácidos fúlvicos (AF)


— Son extraíbles con reactivos alcalinos.
— No son precipitables por los ácidos después de su extracción.
— Su tamaño molecular suele ser inferior a 2.000 Da.
— Su composición química no es específica, depende de la categoría de suelo (vegeta­
ción, acidez del medio, régimen de humedad), así como del método de extracción
utilizado.
— Su contenido en oxígeno es más elevado que el de los AH.
— Son muy móviles.
— Carácter fuertemente ácido, que les confiere una capacidad de meteorización de
minerales (podsolización, Cap. 17).

Ácidos húmicos (AH)


— Son extraibles con reactivos alcalinos.
— Precipitables por los ácidos en forma de flóculos de color marrón.
— Su color va del pardo al negro.
— Son macromoléculas complejas de unidades aromáticas unidas a péptidos, aminoa-
zúcares, ácidos alifáticos, aminoácidos, y otros constituyentes orgánicos
— Contienen más C y menos H y O que los AF, es decir, tienen un carácter más aromá­
tico y menos oxidado.

193
— Contienen menos grupos carboxílicos que los AF.
— Su peso molecular es elevado.
— La estructura de la molécula es compleja, está formada por unidades polifuncionales
y es el resultado de una ramificación.
Históricamente se distinguían (algunos tadavía lo hacen):
— AH pardos: poco polimerizados y fácilmente biodegradables, solubles en una solu­
ción acuosa de NaCl.
— AH grises: muy oscuros, muy polimerizados y muy estables, de mayor tamaño
molecular, insolubles en una solución acuosa de NaCl.
— Ácidos himatomelánicos: solubles en etanol.
Humina
— Representa alrededor del 20 % de la m.o. del suelo.
— Conjunto de sustancias humificadas no extraíbles, difíciles de aislar.
Existen muchos tipos de humina (Duchaufour, 1984, 2001):
— Humina heredada: próxima a la materia orgánica fresca (constituyentes de mem­
branas).
— Humina neoformada; resulta de procesos de inmovilización por cationes, no es
extraible con reactivos alcalinos.
— Humina estabilizada: resulta de la evolución lenta de los AH que provoca la polime­
rización de los núcleos aromáticos y un descenso de su solubilidad en los reactivos
de extracción. Está ligada de forma irreversible con los minerales coloidales del
suelo (arcillas y óxidos, por ejemplo).
— Humina microbiana: formada por cuerpos microbianos y por compuestos alifáticos
que derivan de ellos.

Al igual que la relación C/N, la relación entre ácidos húmicos y ácidos fúlvicos, de
acuerdo con los trabajos de los autores rusos, tales como Tiurin y Kononova, se puede utili­
zar como indicador de la humificación. Varía según la categoría de suelos de que se trate
(Kononova, 1966), si bien su intervalo de valores es mucho más estrecho que para la rela­
ción C/N. Una relación AH/AF igual o superior a 1 suele indicar que la humificación ha
tenido lugar en condiciones aerobias y de acidez moderada o de basicidad. Como ejemplos
cabe indicar que en los Mollisoles puede tener valores de 1,5 a 2,5, en Alfisoles de 1,0, en
Aridisoles de 0,7 a 1,0 y en Spodosoles del orden de 0,5.
Cabe destacar que el tipo de técnicas instrumentales disponibles en cada momento ha
condicionado los enfoques en el estudio de la m.o. y ha influido tanto en los resultados,
como en las interpretaciones (Sáiz-Jiménez, 1996). Incluso resulta posible afirmar que, en
algunos casos, las técnicas utilizadas podían ser parte del problema, al dar origen a «arte­
factos», es decir, a la formación de productos intermedios en el proceso de análisis, o a que
una proporción sustancial de los constituyentes de la m.o. resulten «invisibles» (no detecta-
bles) a determinadas técnicas. Para algunos autores, una definición basada en la solubilidad
resulta un tanto insatisfactoria, ya que puede incluir un amplio intervalo de fracciones orgá­
nicas que pueden ser sustancias húmicas o no, lo que es una fuente potencial de confusión e
imprecisión, dificultando el intercambio de información (Swift, 1999).

194
4.2. Aspectos genéricos de los procesos de humificación

El C orgánico que no se haya mineralizado puede permanecer en moléculas


heredadas (celulosa, lignina, proteína y lípidos) o bien haber intervenido en proce­
sos complejos de síntesis química y bioquímica, dando lugar a compuestos aromá­
ticos con diversos grados de policondensación y macromoléculas muy estables,
que constituyen las sustancias húmicas. Los procesos de humificación se caracte­
rizan de forma genérica por:

— Reacciones químicas: oxidación y condensación, que puede tener lugar por acción
enzimática (catálisis biológica) y por intervención de constituyentes minerales del
suelo, tales como las arcillas (catálisis química).
— Procesos biológicos en plantas vasculares y de síntesis microbiana.
— Formación de sustancias complejas que no se encuentran en las células vivas, pre­
sentan una amplia gama de pesos moleculares y son constituyentes típicos del suelo
(Flaig et al., 1975).
— Las moléculas recién formadas sufren un proceso de maduración a lo largo del
tiempo, lo que supone la asociación con otras moléculas, así como reacciones de
oxidación (Tate, 1987).
— Formación de compuestos orgánicos de mayor estabilidad.
— El contenido de grupos funcionales y el carácter aromático difieren según las condi­
ciones climáticas y la categoría de los suelos.

4.3. Formación de sustancias húmicas: vías

El estudio de los procesos implicados en la síntesis de sustancias húmicas ha


dado lugar, a lo largo del tiempo, a la formulación de diversas teorías que propo­
nen diversas vías para explicar su formación: vía de la lignina (Waksman, 1932),
vía de los polifenoles (Flaig et al., 1975), vía de la humificación directa y la vía del
proceso en varias etapas (Kelley y Stevenson, 1996). Han sido descritas con deta­
lle por Stevenson (1994), quien indica que, dado que cada una de ellas permite
explicar mejor unos supuestos que otros, debe considerarse que se trata de vías
complementarias. Son las siguientes:

Vía de la lignina
Las sustancias húmicas derivan de la lignina que, al no ser completamente minerali­
zada por los microorganismos del suelo, da lugar a un residuo transformado por pérdida
de grupos metoxilo (OCH3) y oxidación de cadenas laterales alifáticas. El producto
resultante de este tipo de transformaciones, ácidos húmicos y humina heredada, entra a
formar parte de las sustancias húmicas. Para algunos autores, la oxidación y fragmenta­
ción posterior de la lignina daría lugar primero a ácidos húmicos y luego a ácidos fúlvi-
cos, mientras que para otros se trataría de procesos paralelos. Esta vía parece preemi­
nente en sucios mal drenados.

195
Vía de los polifenoles
La lignina, por acción microbiana, da lugar a compuestos fenólicos y a ácidos que, por
acción enzimática microbiana, se convierten en quinonas. Estas se polimerizan en pre­
sencia de grupos que contienen N (aminoácidos, péptidos y proteínas) y dan lugar a
macromoléculas de tipo húmico. Otra vía posible implica la formación de polifenoles
por síntesis microbiana, sin necesidad de lignina prexistente. La oxidación enzimática
de los polifenoles da lugar a quinonas y éstas a las sustancias húmicas. La formación de
polifenoles es la vía preeminente en muchos suelos forestales.

Lignina
—> polifenoles —> quinonas —> macromoléculas - N
Síntesis microbiana polifenol oxidasa heteropolicondensación

Vía de humificación directa


El metabolismo microbiano afecta a compuestos orgánicos sencillos (azúcares y ami­
noácidos) preexistentes en la m.o. fresca que, por progresiva alteración dan lugar a
macromoléculas nitrogenadas de color pardo. Es una vía que se considera poco signifi­
cativa (Stevenson, 1994).
Vía proceso en varias etapas
En una primera etapa tiene lugar la descomposición de todas las macromoléculas de
la necromasa, incluida la lignina, en monómeros; en la siguiente etapa, el metabo­
lismo de los monómeros por los microorganirnos da lugar a un aumento de la biomasa
microbiana; en la tercera etapa, hay un reciclaje repetido de C y N de la biomasa con
síntesis de nuevas células; y finalmente tiene lugar una heteropolicondensación para­
lela de monómeros reactivos para dar sustancias de elevado peso molecular: sustan­
cias húmicas.

Las sustancias húmicas pueden derivar de múltiples reacciones, sin embargo, parece
poderse afirmar que, en la mayoría de suelos, la vía más importante es la que implica reac­
ciones de condensación a partir de polifenoles y quinonas. Las moléculas precursoras de las
sustancias húmicas son muy variadas y se pueden combinar de múltiples formas, dando
lugar a un material húmico muy heterogéneo (Stevenson, 1994).

4.4. Características y comportamiento de las sustancias húmicas:


grupos funcionales

Las características y el com portam iento de las sustancias húm icas no se


conoce con precisión. Las sustancias húmicas incluyen en su composición anillos
aromáticos unidos por -O - , -C H 2- , NH, -N = , - S - y otros grupos que contienen
tanto grupos OH libres, como doble enlace de tipo quinónico (Evangelou, 1999).
En esquema se puede indicar que las sustancias húmicas presentan anillos aromáticos
unidos a grupos funcionales con distintos tipos de enlaces. Pueden actuar como núcleo de
las sustancias húmicas los siguientes compuestos aromáticos:

196
Igualmente se halla el carbono alquílico que puede formar compuestos ramificados,
cíclicos o de cadena muy larga.
Los principales grupos funcionales serían, de acuerdo con Fassbender (1987) y
Stevenson (1992):

Grupos ácidos

Carboxílico Fenólico Quinona

- COOH
O

O
II

11

0
OH
Grupos neutros

Alcohólico Eter Cetona Aldeido Ester

-O H R — 0 — R' R \ R \ ^ 0
(anfótero) /C = 0 X C=0 R' —
R '^ Hr OR

Grupos básicos

Amina Amida

/ H
r — n ' R— C ^
H x nh2

197
>
También hay que tener en cuenta los radicales libres estables que confieren el color
negro a los ácidos húmicos.

4.5. Sustancias húmicas: características y comportamiento

La m.o. del suelo no presenta características físicas y químicas específicas. Las


sustancias húmicas comprenden ácidos húmicos, ácidos fúlvicos y huminas, sus
características y las de la m.o. que las contiene variarán según cual de las tres frac­
ciones sea la predominante. En término medio presentan las siguientes caracterís­
ticas (Evangelou, 1999):

— Polifuncionalidad debido al amplio intervalo de reactividad de los grupos fun­


cionales.
— Relativamente oxidadas, lo que contribuye a su estabilidad frente a la biodegra-
dación.
— Su estructura tridimensional no es rígida (geometría variable), debido a la asocia­
ción intermolecular y a los cambios de configuración molecular en respuesta a los
cambios de pH, potencial redox, concentración de electrolitos y enlace de los grupos
funcionales.
— Carga molecular dependiente del pH (carga variable). El punto de carga cero
(PZC) es bajo, alrededor de 3, por lo que la carga será negativa a pH superiores a 3,
aumentando la carga negativa con el pH, debido a la disociación de protones de los
grupos funcionales carboxílico (-COOH) y fenólico (-OH) que actúan como ácidos
débiles. Los AF tienen más grupos funcionales ácidos que los AH, por lo que su aci­
dez será mayor.
— Capacidad de intercambio iónico (catiónico, del orden de 150 a 300 cmol(+) kg_l,
o aniónico según el pH).

198
— Capacidad de sorción de fitosanitarios (sorción, difusión intramolecular, puentes
de H+, fuerzas de van der Waals, etc.), según los casos.
— Poder tampón: contribuye a amortiguar los cambios de pH del suelo.
— Superficie específica muy elevada, del orden de 800 a 900 m2 g~'.
— Sustancias amorfas de peso molecular medio del orden de 500 a 5.000 Da para los
AF y de 3.000 a 1.000.000 Da para AH.
— Carácter hidrófílico, con capacidad de formación de enlaces H fuertes con molécu­
las de agua.
— Comportamiento coloidal: pueden servir de transportadores de metales tóxicos
complejados, que de este modo pueden pasar a las aguas freáticas.
— Color: va del amarillo al negro.

Estas características, lógicamente, son transferidas al conjunto de la materia orgánica


del suelo. Las sustancias húmicas no sólo se encuentran en la m.o. del suelo, sino que pue­
den estar igualmente presentes en sedimentos y en aguas. Al ser cloradas éstas para con­
sumo humano, puede tener lugar la unión del cloro con el humus contenido en el agua,
dando lugar a compuestos clorados, que pueden tener efectos mutágenos y a veces cancerí­
genos (Rook, 1974). El problema de turbidez de las aguas debido a sustancias húmicas se
puede presentar en cuencas hidrográficas en las que las aguas procedan de áreas con Histo-
soles y en áreas con Spodosoles (Podsoles) y puede dar lugar a lixiviados de color amarillo
por los ácidos orgánicos de este color.

5. Interacciones entre componentes orgánicos


e inorgánicos: complejos organominerales

Las interacciones entre las sustancias húmicas (C orgánico disuelto, COD) y


iones metálicos (Sparks, D.L. 1998) dan lugar a la formación de com plejos de muy
diferente estabilidad, que son extrem adam ente importantes ya que afectan a:

— La retención y la movilidad de los metales en suelos y aguas, con incidencia en los


procesos edafogénicos (Cap. 17) y de contaminación (Cap. 27).
— Estructuración del suelo (Cap. 11).
— Nutrición de las plantas, al aumentar la movilidad y disponibilidad de determinados
nutrientes, con posibilidad de una liberación progresiva.

En un complejo el metal deja de tener el comportamiento que tendría si estuviese libre y


adquiere el del complejo resultante. De este modo, las sustancias húmicas pueden servir de
transportadores de metales. Se han establecido dos ámbitos distintos: la materia orgánica
viva (fracción biótica del suelo) y la materia orgánica coloidal no viviente (fracción abió-
tica). Interesa centrarse aquí en las interacciones pasivas de la fracción abiótica, por ser las
que contemplan a las sustancias húmicas.

199
Las interacciones pueden tener lugar:

— En una primera etapa, por mezcla mecánica, debido a la bioturbación provocada por
la fauna del suelo, posteriormente, se entremezclan los micelios de hongos con las
partículas de arena, limo y arcilla y por medio de las células microbianas o material
capsular.
— El contacto entre constituyentes minerales y componentes orgánicos favorece que
tengan lugar reacciones que pueden ser: de intercambio iónico (Cap.9), de adsorción
de superficie o de quelación (complejación).

La expresión «complejo órgano-metálico» describe el resultado de una reacción entre


un anión complexante orgánico (ligando) y un elemento metálico. Como ejemplo, se puede
indicar el caso del ácido oxálico frente al ion aluminio:
C20 4H2 + A13+ -» C20 4 A r + 2 H +
Los grupos funcionales reactivos pueden formar complejos, presentando distinta afini­
dad frente a los iones metálicos (Chaberek y Martell, 1959):

o-
\ /
c = c > - nh2 > -N = N - > N > -C O O - > - O - > - C = 0
/
Enolato Amina Compuestos Azo Anillos N Carboxilo Éter Carbonilo

Las posiciones complexantes más importantes son los grupos carboxilo y OH- fenólico
(Sparks, 1998). El tipo de interacción entre iones metálicos y ligando orgánico puede pre­
verse a partir de las propiedades de hidrólisis de los elementos y «fuerza» del metal y de los
átomos donantes de electrones de las posiciones complexantes (Buffle y Stumm, 1994). Se
puede determinar a partir de los valores de la relación Z2/r (Z = carga, r = radio del catión,
Cap. 17). Los factores que controlan la unión son: la fuerza iónica, el pH, el tipo de arcilla,
el tipo de grupo funcional y los cationes en concurrencia (Evangelou, 1999). La reacción de
adsorción ion metálico-sustancia húmica puede dar lugar a:

Complejos de esfera interna (Cap. 9) en los que el ligando tiene dos átomos capaces
de formar un anillo con un catión no hidratado, dando lugar a uniones fuertes. Si dos o
más grupos funcionales de un mismo ligando están coordinados a un catión metálico
en un complejo, éste recibe el nombre de quelato (gr. garra) (Sposito, 1989).
O 0 0
\\ \\ / \
C C
I I M
O O\ c
\ / // \ /
M O O
Ácido oxálico-metal (II)

200
— Complejos de esfera externa en ellos una o más moléculas de agua se interponen
entre el grupo central (ligando) y el catión metálico. La unión es de tipo electrostá­
tico, débil y permite un intercambio rápido del catión (Sposito, 1989).

O O-M

La afinidad del ion metálico por el ligando orgánico se puede evaluar a partir del valor
de la constante de estabilidad de los complejos sustancia húmica-metal. Se ha puesto de
manifiesto que cuanto mayor es el grado de humificación de una materia orgánica, mayor
será su potencial para formar complejos con los metales.
Los com plejos organominerales del suelo pueden agrupar en:

Complejos arcillo-húmicos. Se caracterizan por:


• Muy estables.
• Insolubles.
• Tamaño.
• Tipos de uniones:
— Minerales de arcilla con carga negativa / grupos funcionales de carácter catiónico
(aminas, aminoazúcares, aminoácidos).
— Minerales de arcilla con carga positiva / grupos funcionales con carga negativa
(carboxílicos y fenólicos de los ácidos húmicos, ácidos nucleicos y aminoácidos).
Pueden intervenir los hidróxidos de hierro y aluminio.
— Minerales de arcilla con carga negativa / grupos funcionales con carga negativa
(carboxílico y fenólico de los ácidos húmicos). Se requiere un catión polivalente
que actuará como puente:
R - COO — Ca2+ — Arcilla en suelos calizos
R - COO — Al3* (Fe1+) — Arcilla en suelos ácidos
— Importantes en la formación de estructura del suelo, estabilización de la materia
orgánica, interacción con fitosanitarios, etc.

Complejos órgano-metálicos. Se caracterizan por:


• Estabilidad variable.
• Solubilidad: depende de la carga del metal, pH y Eh, contenido y calidad de la m.o.
• De menor tamaño que los complejos arcillo-húmicos y de distinta naturaleza.
• Tipos de unión: formación de un quelato con Fe, Al (o Zn, Mn, Cu, Ni) generalmente
aportados por vertidos.
• Importantes en procesos de translocación, así como de inmovilización de metales
tóxicos procedentes de vertidos, lodos de depuradora, etc.

201
6. La materia orgánica como componente
de un ecosistema

6.1. Distribución de la m.o. en el perfil del suelo

El contenido de m.o del suelo se calcula a partir del análisis del C orgánico por
vía húmeda o seca (Nelson y Sommers, 1996; Porta et al., 1985) y multiplicando
por un factor empírico que presupone que el C orgánico representa del orden de un
50 % en suelos forestales y de un 58 % en suelos de cultivo, ya que su m.o. está
más estabilizada (Duchaufour, 2001).
En los bosques se suele encontrar horizontes orgánicos, O, que pueden llegar a
alcanzar varios centímetros de espesor. Se forman a partir de los aportes de m.o. a
la superficie del suelo en forma de hojas, ramas y troncos muertos y en diversos
estados de biodegradación. En suelos de pradera permanente la m.o. será aportada
por las raíces dentro de la parte superior del suelo, lo que da origen a un horizonte
A, rico en m.o. (humus rizógeno) en un espesor que puede alcanzar varios decíme­
tros. Por consiguiente, el resultado serán dos modelos distintos de distribución de
la m.o. en el perfil de uno y otro suelo:

% m.o. 6
=>-

Bosque

En sucios de cultivo, la m.o. procede de los residuos de cosechas y de las enmiendas


orgánicas aportadas. Con el laboreo se incorpora la m.o. dentro del suelo, lo que favorece la
mezcla con la materia mineral y la masa de microorganismos del suelo, favoreciéndose así
la descomposición y la humificación. Por el contrario, si los restos se dejan en superficie
(por ejemplo, en cultivo de conservación) o se entierran cuando ya se han secado dema­
siado (paja y rastrojo de un cereal, por ejemplo), la degradación será mucho más lenta. Al
estudiar los procesos formadores se explican otros modelos de distribución de m.o. en el
perfil del suelo y su posible origen (Cap. 17).

202
6.2. Ciclos biogeoquímicos y ciclo (turnover) de la m.o.

Los elem entos quím icos van pasando sucesivam ente por los distintos com ­
partimentos que integran el ecosistem a en el que se hallen. Este com portam iento
da lugar a un ciclo, cuyas características son específicas para cada elem ento
(Cap. 16 y 28) y es el resultado de la acción de la biom asa m icrobiana que afecta
a los elem entos «biológicos», es decir, al C, N, P y S. El concepto de ciclo lleva
aparejada la idea de flujo, de tasa de renovación (turnover) y expresa una pro­
ducción. La intervención de los seres vivos en los ciclos de los distintos elem en­
tos en la naturaleza lleva a denom inarlos ciclos biogeoquím icos. Cada etapa de
un ciclo viene condicionada por la actividad en las restantes, siendo todas ellas
función de las características de los com ponentes y de las condiciones de medio
que controlan el flujo. La acum ulación de un elem ento en un com partim ento
dado del suelo puede llevar a provocar que se alcancen niveles de fitotoxicidad,
si el elem ento se halla en form a asim ilable o, por el contrario, ser origen de
carencias, si queda inm ovilizado. El proceso por el cual la m.o. es descompuesta
y renovada de form a continuada se conoce com o ciclo, reciclado o turnover.
Este concepto puede aplicarse a la m.o. en su conjunto o bien a diferentes frac­
ciones individuales.
En un sistema suelo-planta-atmósfera, la mayoría de los elementos liberados en la
mineralización son absorbidos por los microorganismos y las raíces. Entran a formar parte
de los tejidos celulares como componentes orgánicos, quedando almacenados e inmoviliza­
dos (secuestrados) durante un cierto tiempo en la biomasa. La muerte y posterior degrada­
ción de la necromasa libera de nuevo iones inorgánicos, con lo que el ciclo se cierra, en un
modelo teórico de ciclo cerrado.
El C es incorporado a la biomasa de las plantas a partir del C 0 2 atmosférico, por medio
de la fotosíntesis, mientras que el N puede ser absorbido del suelo o bien, en algunas plan­
tas, ser fijado biológicamente a partir del N2 atmosférico (Cap. 28).
El ciclo de los distintos elementos sólo puede ser cerrado si se contempla el ecosistema
terrestre en su conjunto. En los suelos, por el contrario, sólo habrá ciclos semicerrados,
debido a las pérdidas más o menos importantes por lixiviación, erosión y volatilización; o
bien ciclos abiertos, como en el caso de un agroccosistema, por ejemplo, en el que las
cosechas exportan elementos fuera del sistema en forma de alimentos, fibras, madera u
otros productos. El ciclo de nutrientes en un ecosistema se puede desarrollar a partir de un
modelo básico como el que de forma simplificada indica las principales vías de entrada y
de salida del sistema en el gráfico de la página siguiente.
El tiempo de reciclado (turnover) expresa el tiempo requerido para que tenga lugar el
90 % de la descomposición de un sustrato (Cresser et al., 1993). El turnover puede variar
en función de las características de la m.o. según se trate de sustratos fácilmente descompo­
nibles, como la glucosa (3 a 10 días), la celulosa (10-20 días), o la lignina (300 a 500 días).
En una mezcla de productos orgánicos en degradación y con aportes de m.o. fresca, se
habla más de tiempo de residencia medio o turnover medio. Los estudios a partir de data-
ciones con l4C han permitido estimar la coexistencia de compuestos de diferentes tiempos
de residencia media en la m.o., una muy joven y otra que puede haber permanecido en el
suelo incluso miles de años (Becker-Heidmann et al., 1988).

203
» - Expotaciones por las cosechas

Pérdidas por volatilización

— Aportes de la atm ósfera

-► Pérdidas por erosión

I
Pérdidas por lixiviación

La tasa de renovación anual de la m.o. expresa la cantidad de C que vuelve al suelo


cada año. Es función de la zona climática, tipo de vegetación, actividad biológica y uso del
suelo. La producción bruta mide la cantidad de C fijado por unidad de tiempo, por una bio­
masa vegetal:

Producción neta = producción bruta - respiración


Producción primaria: expresa la producción autótrofa, expresda en Mg ha 1año"1.
Productividad del sistema: es la relación porcentual entre la producción y la biomasa
responsable de esta producción por unidad de tiempo.

El reciclado, tum over o tiempo de retorno estimados para la m.o. del suelo en
diferentes fracciones y tamaños de agregados es (Cárter, 2001, Gregorich y Jan-
zen, 1996, Collins et al., 1997, Monreal et al., 1997):

Tasa de reciclado
Tipo de materia orgánica Tiempo estimado (años)
Tumover

m.o. en fracciones:
Mantillo, residuos de cosecha 0,5-2
Biomasa microbiana 0,1-0,4
Materia macroorgánica 1-8
Fracción ligera 1-15
Materia orgánica en agregados:
Suelo no agregado 1-7
Macroagregados .(> 250 mm) 1-23
Microagregados (20-250 mm) 3-80
Limo más arcilla (< 20 mm) 5-1.000

204
Con un reciclado o turnuver rápido, la tasa de mineralización también deberá
serlo, por lo que el almacenamiento de m.o. en el suelo será bajo. Por el contrario,
un reciclado o turnover lento expresa una mineralización débil, con lo que la m.o.
se acumulará en el suelo.
Las plantas extraen del suelo mayor cantidad de nitrógeno que de cualquier otro
nutriente. En la mayoría de los horizontes de superficie de los suelos, más del 90 % del
nitrógeno se halla en formas orgánicas (Kelley y Stevenson, 1996), ya sea en la m.o. fresca
o en el humus. El nitrógeno desempeña un papel clave en la nutrición de las plantas y en
cómo lo absorben radica una de las controversias entre la agricultura convencional y la
agricultura orgánica. Por lo general, en química agrícola se considera que las formas orgá­
nicas no pueden ser directamente absorbidas por las plantas, requiriéndose su mineraliza­
ción previa.
Cuando se añade N-fertilizante, la eficiencia de la fertilización nitrogenada y las dis­
ponibilidades de N para las plantas vendrán afectadas por la importancia de la relación
mineralización-inmovilización del N por los microorganismos. Una parte del N-fertili­
zante aplicado se incorporará a las sustancias húmicas y resultará estabilizado hasta que
éstas no se mineralicen. En regiones templadas, durante el primer año se inmoviliza entre
un 20 y un 40 % del N-fertilizante aportado. Los estudios con l5N han mostrado que un
tercio del nitrógeno aportado en forma de fertilizante permanece en forma orgánica des­
pués de la primera estación de crecimiento y sólo una pequeña fracción (< 15 %) pasará a
estar a disposición de las plantas en segundo año (Kelley y Stevenson, 1996). Esta inmo­
vilización de N tiene lugar principalmente en forma de aminoácidos y aminoazúcares y
es el resultado de reacciones de polimerización entre compuestos amino y polifenoles,
con lo que el N entra a formar parte de estructuras húmicas muy estables y disminuye su
disponibilidad.
La mitad del fósforo en la biosfera se encuentra en forma orgánica. En los suelos el P
puede encontrarse en forma de apatito y en las formas orgánicas. Ni una ni otras son formas
asimilables por las plantas, por lo que se requerirá un proceso de mineralización para que
pase a ser disponible para las plantas.

ESTUDIO DE CASOS

1. En el supuesto de que no haya nuevos aportes de m.o. fresca, se observa


que, a medida que progresa la mineralización, la actividad microbiana dis­
minuye. ¿Por qué?
2. ¿Qué incidencia tiene la mineralización en el contenido de grupos alquilo,
O-alquilo y aromáticos en la composición de la m.o. restante?
3. ¿Qué factores físicos inciden sobre la recalcitrancia de los componentes de
la m.o. del suelo?
4. Calcular el tiempo de reciclado (turnover) de la m.o. en equilibrio dinámico
de un epipedión cuyo espesor es de 25 cm, su contenido de m.o. es de un
2 % y la densidad aparente de 1.350 Mg nrr3, con un aporte anual de m.o.
de 2 Mg ha-1.

205
Respuestas
1. La presencia de C fácilmente mineralizable favorece el crecimiento de la
biomasa microbiana y la producción de materiales extracelulares inclu­
yendo polisacáridos (material fibroso o granular) y otros compuestos. A
medida que progresa la mineralización, la biomasa microbiana tendrá
menos C cuantitativamente y cualitativamente a su disposición, por lo que
su actividad disminuirá, si no hay nuevos aportes.
2. En una primera etapa se consumen los compuestos más lábiles de los res­
tos orgánicos (carbohidratos y proteínas) y se produce un aumento relativo
de compuestos más resistentes, que son aquellos que tienen bajo conte­
nido en O-alquilo y altos contenidos en grupo alquilo y aromáticos.
3. La localización de la m.o. en huecos que por su pequeña dimensión resul­
ten inaccesibles a los microorganismos y sus enzimas, supone una protec­
ción física importante.
4. Tiempo de reciclado = (m.o. del suelo Mg ha-1) / (aporte anual de m.o.
Mg ha-1 año-1) = 33.750 años.

6.3. Papel de los suelos en el secuestro de carbono


y cambio global
A partir de la segunda mitad del siglo xx ha habido una preocupación creciente
por los temas medioambientales a escala global. Ello ha llevado a estudiar los
efectos del consumo masivo de combustibles fósiles. El hecho de que las emisio­
nes de C 0 2 supongan más del 80 % de todas las emisiones de gases de efecto
invernadero (SSSA, 2002) ha hecho intensificar los estudios sobre los factores que
inciden en el incremento de la concentración de C atmosférico. Los suelos consti­
tuyen un compartimento terrestre que actúa como reservorio de C orgánico, por lo
general, muchos suelos tienen gran capacidad de secuestro de C. La potencialidad
de los suelos para almacenar m.o. y la extensión de la cubierta edáfica en su con­
junto explican su importancia en el balance global de C. La gestión de la m.o. del
suelo permite incidir a corto y medio plazo en el secuestro de C. El papel de los
océanos en el secuestro de C en forma de carbonates precipitados es de mucha
mayor importancia, no obstante, su efecto es a muy largo plazo y, además, no
resulta posible actuar sobre él.
Las actividades humanas relacionadas con la agricultura y la silvicultura inciden gran­
demente en la dinámica, la química y el balance de C orgánico en los suelos. La tala de bos­
ques, las rozas, las transformaciones de pradera a tierra de labor, el sistema de cultivo
(laboreo continuado, mínimo o de conservación), las quemas de bosques y de rastrojos, la
variación espacial de la vegetación, entre otros aspectos, pueden hacer aumentar o dismi­
nuir el contenido de m.o. del suelo o bien generar C 0 2 (medio aireado) o C 0 2 y CH4
(medio anaerobio) hacia la atmósfera (Cap. 14).

206
El secuestro de carbono
— Hace referencia al almacenamiento de C en una forma estable en una cierta escala
temporal.
— Puede tener lugar de forma directa por paso a formas inorgánicas, tales como CaCO,
y MgCO} o por formación de biomasa (fotosíntesis); y de forma indirecta, como
m.o. del suelo.

Entre los aspectos a tener en cuenta en los estudios de secuestro de C en los suelos se
puede destacar (Macías, 2002):
— Capacidad de un suelo para actuar de sumidero de C.
— Mecanismos de fijación de C.
— Efectos del tipo de uso del suelo sobre el contenido de m.o.
— Balance de C en un determinado ecosistema.
— Efectos beneficiosos del incremento de C en el suelo (estructura, porosidad, capaci­
dad de retención de agua disponible para las plantas (CRAD), fertilidad, etc.).
— Efectos derivados de la rehabilitación de suelos degradados.
— Efectos derivados de las reforestaciones.
— Planificación del uso de los suelos.
Este conocimiento permitirá llegar a establecer protocolos de monotorización que
resulten aceptables y hagan posible verificar el secuestro de C en sistemas suelo-planta, así
como poner a disposición de los que toman decisiones mejores criterios para realizar mejo­
res análisis cuantitativos económicos y políticos (SSSA, 2002). De este modo, se podrá dar
mejor cumplimiento a acuerdos internacionales sobre cambio global, tales como el Proto­
colo de Kyoto, para la reducción de emisiones a la atmósfera.

6.4. Agricultura sostenible y calidad de la materia orgánica

El Informe Bruntland (1987) de la Comisión Mundial sobre Medio Ambiente y


Desarrollo definió el desarrollo sostenible (Jiménez y Lamo de Espinosa, 1998)
como aquel que:

Debe permitir satisfacer las necesidades y aspiraciones de la población actual,


sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer sus
propias n ecesid ad es, lim itando la exp lo tació n de los recursos naturales
mediante una gestión eficiente y organización social.

Las primeras necesidades a satisfacer son las alimentarias, para una población mundial
en crecimiento constante, por consiguiente, dado que la materia orgánica afecta a múltiples
funciones del suelo, contribuye a su sostenibilidad/sustentabilidad y por ende a la de la
agricultura (Swift y Woomer, 1993; Cárter, 2001). A lo largo del siglo xx ha tenido lugar

207
una pérdida importante en el contenido de m.o. de los suelos, como consecuencia de los
cambios en los modelos de uso del territorio, para dar respuesta a las necesidades derivadas
del aumento de población mundial con expansión de las tierras cultivadas.
Smyth y Dumanski (1995) han establecido cinco componentes para alcanzar
un manejo sostenible/sustentable del territorio:

— Productividad: mantener y aumentar la producción para satisfacer las necesidades


alimentarias de la población.
— Seguridad: disminuir el nivel de riesgos de producción, calidad de los alimentos.
— Protección: proteger la calidad de los recursos naturales y prevenir la degradación,
del recurso suelo y prever su conservación.
— Viabilidad: mantener la viabilidad económica de la actividad agraria.
— Aceptabilidad: modelo de desarrollo que resulte socialmente aceptable.

Cada componente se evalúa por medio de indicadores, que presentarán un umbral o valor
crítico más allá del cual se producen efectos adversos para la sostenibilidad/sustentabilidad.
La forma de interpretar cada indicador no tiene un carácter universal, debiendo establecerse
valores críticos para cada categoría de suelos y sistema agrario. Por otro lado, la escala de
tiempo puede variar para cada componente. Dado el distinto comportamiento de los compo­
nentes de la m.o., el mejor indicador no será el contenido de m.o., sino la relación entre resi­
duos orgánicos «frescos» o «activos» aportados y el contenido de m.o. Ello es debido a que
los residuos orgánicos «frescos» son los que desempeñan un papel más importante en la
estructura del suelo y propiedades relacionadas (Loveland y Wcbb, 2003). El estudio de la
sostenibilidad también se puede abordar a partir de modelos ecológicos (Cárter, 2001).
Para mejorar las funciones de un suelo se puede pensar en hacer aportes de alguna
enmienda orgánica, para intentar aumentar el contenido de m.o. Ahora bien, el cálculo de la
cantidad de enmienda a incorporar para aumentar de forma significativa el contenido de m.o. de
un suelo pone en evidencia, en muchas ocasiones, que esta mejora resulta impracticable, por
antieconómica. Ello lleva a considerar que la base de las estrategias de los agricultores para la
sostenibilidad/sustentabilidad debe ser intentar mantener el nivel de m.o., ya que aumentarlo
resulta difícil. Las entradas deben equilibrar las pérdidas, pero, además, se requiere asegurar un
adecuado ciclo de nutrientes (Ritz y Griffiths, 2001). El mantenimiento de los contenidos de
m.o. en suelos de cultivo en agricultura convencional se puede conseguir por medio de:

— Gestión adecuada de los residuos de cosechas: enterrado de los rastrojos cuando


todavía conservan humedad. Evitar las quemas.
— Abonados en verde.
— Rotación de cultivos.
— Aportes de m.o. asequible en la zona y a buen precio, ya sean estiércoles, residuos
orgánicos de industria, lodos de depuradora u otros.
— Laboreo de conservación: hace aumentar el contenido de m.o. con lo que se mejora
la estructura del suelo, se evita el impacto directo de las gotas de lluvia sobre los
agregados y, en laderas, hace que haya menores pérdidas de suelo por erosión.
— Laboreo mínimo con siembra directa: una menor aireación supone una menor
degradación de la m.o. A veces, pueden ser posibles dos cosechas en un año.

208
Para evaluar la calidad de la materia orgánica de un suelo se puede partir del esquema
secuencial propuesto por Cárter (2001) y Cárter et al. (1996) para fines de uso específicos a
establecer:

Secuencia
Esquema secuencial Preguntas implicadas
de pasos
1 Propósito ¿Para qué se va a utilizar el suelo?
2 Funciones ¿Que papel específico se requiere del suelo?
3 Procesos ¿Qué procesos clave sostienen cada función?
4 Propiedades/atributos ¿Cuáles son las propiedades críticas del suelo para cada
proceso?
5 Indicadores/subrogaciones/ ¿Cuáles son los valores críticos o umbrales?
funciones de ¿Cuándo el atributo resulta difícil de medir o, si no
edafotransferencia está disponible, a partir de qué propiedades se puede
inferir?
6 Metodología ¿De qué métodos se dispone para medir el atributo?
7 Normalización Reglas técnicas y protocolos para el muestreo del suelo,
manejo, almacenamiento, análisis e interpretación de
datos

6.5. Gestión de la fertilidad de los suelos: Agricultura convencional


y agriculturas alternativas
La producción de alimentos de calidad constituye el punto central de la agricultura. Ya
se ha indicado que en un agroecosistema el ciclo de nutrientes se caracteriza por ser un
ciclo abierto. Para que un suelo produzca útilmente y poder asegurar así la alimentación a
una población mundial creciente, hay que restituir aquellos nutrientes que sean exportados
por las cosechas. La forma de hacerlo es objeto de controversias desde los tiempos en que
el químico alemán Justus von Liebig (1803-1873) publicó su celebre tratado titulado Quí­
mica Aplicada a la Agricultura y a la Fisiología. En él expuso la teoría de la alimentación
mineral de las plantas, que sirvió de base para impulsar la industria de abonos químicos,
que fue la causa más eficaz del progreso agrícola y de la revolución agrícola de mediados
del siglo xix (Boulaine, 1989).
Justus von Liebig arremetió contra la teoría de humus, ardientemente defendida por
Daniel Thaer (1752-1828), fundador y director de la Escuela de Agricultura de Moglin
(1810). Según Thaer el humus sería la única fuente de alimento para las plantas y lo que
habría que aportar para asegurar la restitución de los nutrientes. Daniel Thaer afirma que
«como el humus es una producción de la vida, igualmente es la circunstancia de la que ésta
depende».
La controversia con Liebig no fue menor, interviniendo en ella prestigiosos químicos,
entre ellos Berzelius. El estado del conocimiento en química de suelos en la época favore­
cía la polémica. Cabe recordar que la capacidad de intercambio catiónico del suelo (Cap. 9)
no fue observada hasta 1848, habiendo sido el agricultor H.S. Thompson quien se dio
cuenta del fenómeno e informó de ello al químico J. Thomas Way, que es quien lo estudió
científicamente entre 1850 y 1852. Igualmente, en aquel momento los efectos de la m.o.
sobre las funciones del suelo eran prácticamente desconocidos.

209
Para situarse en el contexto histórico de la época, cabe indicar que a finales del siglo
Thomas R. Malthus (1766-1834), con la publicación de su obra Essays on Principies
x v iii,

o f Population, expresaba la preocupación por el desequilibrio entre el ritmo de crecimiento


de la población y la posibilidad de expandir la producción de alimentos. Sin la posibilidad
de equilibrar la situación, en opinión de Malthus, la presión demográfica llevaría a una
sobreexplotación de las tierras. Para él, el hombre no podían cambiar la naturaleza, ni el
suministro de la mayoría de recursos, por lo que poco se podría hacer para contrarrestar la
pobreza y la degradación de los suelos, que es lo que siguen manteniendo los neomatusia-
nos en la actualidad. Este planteamiento se ha visto que resulta extremadamente simplista,
habiendo sido cuestionado posteriormente por otros muchos autores, a partir de los sucesi­
vos logros de la ciencia del suelo y de las ciencias agrarias.
La idea del hombre como corruptor de la naturaleza era defendida por los poetas
románticos del siglo xix. En 1864, George Perkins Marsh publicó el libro Man and Nature
or Physical Geography as Modified by Human Action, que se puede considerar el primer
libro que inicia la discusión moderna de los temas medioambientales. No obstante, habría
que esperar casi un siglo para que se produjese un verdadero interés por los aspectos
medioambientales del desarrollo y no fue hasta 1980 que se empezó a hablar de desarrollo
sostenible/sustentable.
En 1878, Diego Navarro Soler publicó la segunda edición de su libro titulado El estiércol.
En él se refleja indirectamente la polémica entre los defensores de Thaer y los de Liebig,
cuando escribe «sin que permanezcamos a ninguna escuela exclusiva, ni nos dejemos llevar
por la pasión a lo nuevo, siquiera se nos haya calificado de entusiastas partidarios de los abo­
nos químicos, cuando sólo los aceptamos como una necesidad ineludible del cultivo intensivo
y como auxiliares del estiércol, abono normal, fundamental y esencial, procuraremos tomar de
todas lo mejor, sin ningún género de prevención, exponiendo sus ventajas e inconvenientes».
La controversia perdura hasta nuestros días, ya que, a la par que avanzan los conoci­
mientos sobre la nutrición de las plantas, surgen planteamientos alternativos a la agricultura
convencional. La agricultura orgánica se desarrollaba en tiempos de Liebig, como un movi­
miento de resistencia al empleo de fertilizantes químicos, a la mecanización y a la indus­
trialización de la agricultura. Con el descubrimiento del DDT y la aplicación masiva e
incontrolada de fitosanitarios, ha pasado a representar la oposición al empleo de agroquími­
cos en agricultura (De Roose y van Parijs, 1991). A partir de finales de la década de 1960,
se empezó a generalizar el interés por este tipo de agricultura, denominada igualmente, con
sus matices, agricultura biológica, ecológica, alternativa o regenerativa. En 1968, Hans
Peter Rusch publicó el libro La Fecondité des Sois, en el que expone las reglas básicas de la
agricultura biológica, como la denomina él. Por otro lado, a principios del siglo xx, Rudolf
Steiner (1861-1925) había introducido la agricultura biodinámica.
Paralelamente a estas concepciones de la agricultura y no ajeno a ellas, a mediados del
siglo xx, surge el ecologismo como movimiento social, para poner fin a la degradación
derivada de la expansión de la sociedad industrial. La ecología como ciencia constituye un
componente del ecologismo. En este movimiento se distinguen los medioambientalistas
cuyo objetivo es la defensa del medio ambiente y los alternativos, que constituyen un movi­
miento cooperativo, comunitario y organizaciones feministas. En el movimiento ecolo­
gista se distinguen, según su estrategia, los verdes espirituales, que priorizan un cambio de
mentalidad, y los verdes políticos que, por el contrario, preconizan el cambio de estructu­
ras, la modificación profunda de las instituciones (De Roose y van Parijs, 1991). Dado que
el pensamiento ecologista suscita un interés creciente, también así los modelos de agricul­

210
tura más próximos a él y más vinculados con un enfoque basado en la gestión de la m.o. en
los agroecosistemas.
Dado que, en la práctica, ningún agroecosistema es de ciclo biogeoquímico
cerrado (pérdidas por lixiviación, volatilización, extracciones por las cosechas e
inmovilizaciones en la biomasa), se requiere un aporte de nutrientes para reponer
las extracciones. Una parcela agrícola constituye un sistema abierto. En una finca
agropecuaria se pueden reciclar nutrientes, al incorporar al suelo las deyecciones
del ganado, práctica habitual en una agricultura tradicional extensiva y en la que el
agricultor utilizaba pocos fertilizantes químicos. En países desarrollados, desde
hace años se ha introducido la ganadería intensiva sin tierra, con lo que el exce­
dente de deyecciones ha empezado a ser un problema medioambiental (Cap. 28).
No debe verse el suelo como un vertedero que todo lo admite. Un exceso de puri­
nes aplicados al suelo puede producir desequilibrios nutricionales, por el exceso de
N aportado. Así, por ejemplo, en un campo cultivado con trigo, hará que éste
crezca en altura, aumentando su susceptibilidad al encamado tras una lluvia (Teixi-
dor, 2002, com. personal). Por otro lado, el frente de humectación en el suelo
puede llegar a alcanzar y contaminar una capa freática.
La forma de restituir al suelo los nutrientes que extraen los cultivos diferencia
de forma notoria los diversos modelos de agriculturas en uso. Frente a la concep­
ción de una agricultura basada en el uso de agroquímicos, se han ido planteando
otros enfoques (Labrador et al., 2002):

— Agricultura biodinámica (Stciner, 1924).


— Agricultura del humus (Sykes, 1946).
— Agricultura orgánica.
— Agricultura biológica (Rusch, 1968).
— Agricultura regenerativa.
— Agricultura ecológica.

Todos estos enfoques tienen en común la búsqueda de soluciones que tengan en cuenta
las relaciones complejas existentes entre los diferentes componentes del sistema y la soste-
nibilidad/sustentabilidad del mismo, para producir alimentos sanos y exentos de cualquier
tipo de residuo (Cook y Lee, 2000). Las expresiones agricultura orgánica, agricultura bioló­
gica y agricultura regenerativa, en algunos casos pueden considerarse sinónimos (Lampkin,
1992). En Europa continental, se ha extendido más el uso del término «agricultura bioló­
gica o ecológica» que es la que tiene una normativa aprobada, mientras que en los países
anglosajones se utiliza más la expresión «agricultura orgánica».

Agricultura biodinámica
La agricultura biodinámica surge como un impulso de renovación cultural promovido
por el filósofo austríaco Rufolf Steiner (1861-1925) y como respuesta a los enfoques de

211
Liebig. Steiner creó una corriente de pensamiento denominada Ciencia espiritual o Antro-
posofía. Los planteamientos de la agricultura biodinámica fueron dados a conocer en el
Curso de Agricultura (Steiner, 1924, 1988). Se basa en el reconocimiento de fenómenos o
elementos «suprasensibles» (fuerzas etéricas formadoras), que existen además de los ele­
mentos cuantificables o medibles por la ciencia. El agricultor debe captar estas fuerzas y
utilizarlas para manejar sus cultivos. Puede recurrirse a obras como La Filosofía de la
Libertad y la Ciencia Oculta para profundizar en los planteamientos de Steiner y ver la
actitud y la responsabilidad que propone al empresario biodinámico cuando trabaja en agri­
cultura. La concepción ternaria del organismo social que plantea Steiner comprende: liber­
tad en el pensar; en la vida cultural, igualdad en el sentir y ante la ley; y fraternidad al
actuar y en la vida económica (Colmenares, 2002). Los principios básicos de la agricultura
biodinámica tienen similitudes con los de la agricultura biológica, si bien el enfoque filosó­
fico y la manera de aplicarlos es diferente. Este tipo de agricultura se ha extendido con la
emigración de agricultores alemanes a diversas partes del mundo. Así por ejemplo, se prac­
tica en las Islas Canarias (España) para cultivar plátanos y tomates biodinámicos; en Chia-
pas (México) para producir café biodinámico, entre otros lugares.

b) Agricultura orgánica
La agricultura orgánica confía en un adecuado manejo de la m.o. para mejorar las
propiedades químicas, biológicas y físicas de los suelos, para optimizar la producción. Los
principios de este tipo de enfoque son:

— Favorecer e intensificar los ciclos biológicos en el agroecosistema.


— Trabajar lo más posible dentro de un sistema cerrado, en lo referente a la materia
orgánica y los nutrientes.
— Trabajar con los sistemas naturales más que buscar dominarlos.
— Mantener e incrementar la fertilidad del suelo a largo plazo.
— Utilizar, siempre que sea posible, recursos renovables.
— Controlar la erosión.
— Permitir a los productores agrícolas un beneficio adecuado y una satisfacción en su
trabajo.
— Producir alimentos de alta calidad nutricional y en cantidad suficiente.
— Evitar cualquier forma de contaminación que se pueda derivar de técnicas agrícolas:
se propugna el control integrado de plagas.
— Proporcionar al ganado unas condiciones de vida que les permitan desarrollar sus
características innatas.
— Mantener la biodiversidad.

Una de las diferencias fundamentales entre el manejo de sistemas convencionales y sis­


temas orgánicos reside en la forma en que se abordan los problemas. De acuerdo con Wat-
son et al. (2002), la agricultura convencional a menudo adopta soluciones con objetivos a
corto plazo (por ejemplo, aplicación de un fertilizante soluble o de un herbicida). Por el
contrario, los sistemas orgánicos utilizan un enfoque estratégicamente diferente, buscan
soluciones a más largo plazo, preventivas, más que correctoras y a nivel del sistema en su

212
conjunto. Así por ejemplo, el control de la erosión, el diseño de rotaciones de cultivo para
incidir sobre el ciclo de nutrientes, el control integrado de plagas, etc. (Stockdale et al.,
2(X)1), para conseguir la sostenibilidad/sustentabilidad del agroecosistema.
El Departamento de Agricultura de EE.UU. (USDA) se ha interesado por la agricultura
orgánica y, al definirla, destaca la exclusión del uso de fertilizantes de síntesis y pesticidas
en cultivos y la de reguladores del crecimiento y aditivos en la alimentación animal. En
Alemania, la agricultura orgánica es objeto de enseñanza en algunas universidades, lo que
se está generalizando a otros países. En Inglaterra y Gales, el Agricultural Developmcnt
and Advisory Service (ADAS) tiene un coordinador nacional y consejeros regionales con
responsabilidad en temas de agricultura orgánica. Watson et al. (2002) se ocupan del estu­
dio de la agricultura orgánica en Australia. Los productos que se comercializan como pro­
cedentes de agricultura orgánica deben cumplir las normativas establecidas en los respecti­
vos países y pueden gozar de una denominación de origen. Así en EE.UU. la EC
Regulation 2092/91 y 1804/99.

c) Agricultura ecológica
Los planteamientos de la agricultura ecológica quedan reflejados en las Normas que
cualquier sistema agrícola debe cumplir para poder ser calificado como ecológico (CRAE,
1990; Labrador et ai, 2002; González y Altés, 2002). El Manual de Agricultura y Ganade­
ría Ecológica (Labrador et al., 2002) constituye una buena base para profundizar en el
tema. El Consejo Regulador de Agricultura Ecológica español ha establecido las siguientes
normas:

— Producir alimentos de alta calidad nutricional en cantidades suficientes.


— Trabajar con los sistemas naturales más que pretender dominarlos.
— Fomentar y potenciar los ciclos biológicos dentro de la finca, implicando a microor­
ganismos, flora y faunas edáficas, plantas y animales.
— Mantener e incrementar, a largo plazo, la fertilidad del suelo.
— Utilizar, hasta donde sea posible, los recursos renovables en sistemas agrícolas
localmente organizados.
— Trabajar tanto como sea posible en un sistema cerrado, con especial atención a la
m.o. y elementos nutritivos (evitar el empleo de agroquímicos).
— Dar al ganado las condiciones de vida que les permitan desarrollar todos aquellos
aspectos de su comportamiento innato.
— Evitar todas las formas de contaminación que puedan resultar de las técnicas
agrícolas.
— Mantener la diversidad genética del sistema agrícola y sus alrededores, incluyendo
la protección de plantas y del hábitat silvestre.
— Permitir a los productores unos retornos económicos adecuados y satisfacción por su
trabajo, incluyendo un ambiente de trabajo seguro.
— Considerar el amplio impacto que genera, en el ámbito social y ecológico un deter­
minado sistema de explotación agrícola.

213
Estos planteamientos realzan los aportes de la biología de suelos, frente a considerar
única y exclusivamente los de la química de suelos. Se basan en la comprensión de las aso­
ciaciones entre micorrizas, fijación simbiótica de nitrógeno atmosférico, la rizosfera, el
ciclo de la m.o. y la disponibilidad de los distintos nutrientes para controlar la nutrición de
las plantas. Plantear rotaciones de cultivo equilibradas, con el policultivo de especies adap­
tadas y empleo de métodos mecánicos para la regulación de las plantas adventicias o flora
arvense (denominadas «malas hierbas» en la agricultura convencional).
En diversos países se han constituido entidades y se han elaborado disposiciones para
coordinar las iniciativas, potenciar este tipo de planteamientos en la producción de alimen­
tos y compartir experiencias. Los gobiernos han establecido normas para dar garantías a los
consumidores de los productos que adquieren. Así, por ejemplo:

— Sociedad Española de Agricultura Ecológica (SEAE).


— Consejo Regulador de Agricultura Ecológica español (CRAE).
— Denominación de origen de agricultura ecológica: RD759/1988 de 15 de julio del
Ministerio de Agncultura, Pesca y Alimentación de España (MAPA).
— Orden de 4 de octubre de 1989 del MAPA, por la que se aprueba el Reglamento de la
Denominación Genérica «Agricultura Ecológica y su Consejo Regulador».
— Asociación de Agricultura Biodinámica de España.
— Asociación Española de Comercializadores y Fabricantes de Productos Biológicos.
— International Federation of Organic Agriculture Movements (IFOAM).

d) Agricultura tradicional
La agricultura tradicional que se practicaba en España con anterioridad a 1960 era
una agricultura extensiva, asociada con la ganadería. El estiércol permitía compensar las
extracciones de los cultivos. En una época de autarquía, el objetivo era conseguir aumentar
la producción y lejos estaban todavía las preocupaciones medioambientales. La labranza
con animales solía tener en cuenta los principios de conservación de suelos. Las yuntas de
bueyes o de muías labraban siguiendo las curvas de nivel en un ir y venir interminable que
hacía muy penosa la vida del gañán que llevaba a cabo este trabajo. Las rotaciones de culti­
vos, los barbechos y otras prácticas de cultivo permitía satisfacer las necesidades alimenta­
rias de la población.

f) Agricultura convencional intensiva


La agricultura convencional se basa en el uso de agroquímicos y la agromecánica
incorporadas para mejorar las prácticas y las producciones de la agricultura tradicional. Su
objetivo ha venido siendo intensificar la producción para alimentar a una población cada vez
mayor, demostrando, sin proponérselo directamente, que los planteamientos de Malthus y
los neomalthusianos no tienen vigencia. Este tipo de agricultura ha tenido logros evidentes,
si bien su intensificación puede provocar impactos negativos, destacados por el movi­
miento ecologista como crítica a la sociedad de consumo. En este tipo de agricultura se
pueden citar los siguientes puntos fuertes y puntos débiles:

214
Puntos fuertes:
Ha permitido:
— Incrementar las producciones agrícolas y ganaderas. Un maíz indígena, cultivado en
suelos de ladera, sin fertilizantes, en agricultura de subsistencia, produce unos
1.000 kg por hectárea; un maíz híbrido, en regadío, con uso de fertilizantes y de fito-
sanitarios, produce entre 10.000 y 15.000 kg por hectárea.
— Alcanzar la autosuficiencia alimentaria en muchos países del mundo.
— Un trabajo en el campo menos penoso para el hombre y la mujer, con la introducción
de la agromecánica y los diseños más ergonómicos de las máquinas agrícolas.
— Producir a menores costes.
— Pasar de una agricultura de subsistencia a una agricultura industrial.
— Requerir menos población activa agraria para producir alimentos.
Puntos débiles:
— Las elevadas producciones sólo se pueden mantener con mayores exigencias de
agroquímicos.
— La producción de fertilizantes químicos incide sobre los consumos de recursos ener­
géticos a escala global.
— La pérdida de la práctica de las rotaciones de cultivo equilibradas y paso al mono­
cultivo.
— La agromecánica mal utilizada da origen a una degradación física de los suelos
(Cap. 25) y acelera los procesos erosivos (Cap. 23).
— Las transformaciones en regadío mal planteadas han dado origen a la degradación de
los suelos por procesos de salinización y sodificación (Cap. 24).
— Se han generalizado las explotaciones ganaderas sin tierra, lo que da origen a exce­
dentes de residuos (purines, por ejemplo).
— Aumenta el riesgo de contaminación ambiental (Cap. 28).
— Aumenta los riesgos para la salud humana.
— Provoca excedentes de productos agrícolas en los países del hemisferio Norte,
dando lugar a agriculturas subvencionadas, lo que perjudica las exportaciones y las
posibilidades de desarrollo de países pobres.
— Fuerza a que la energía sea de bajo costo, con repercusiones en el precio internacio­
nal del petróleo y en el control de las fuentes de energía.
— Abandono de tierras, despoblación del campo y riesgo de degradación.

Las críticas recibidas por la agricultura convencional han llevado, por un lado, a un
auge creciente de las denominadas agriculturas alternativas (biodinámica, ecológica y
orgánica) y, por otro, al desarrollo de la agricultura sostenible/sustentable (Jiménez y
Lamo de Espinosa, 1998; Loomis y Connor, 2002), con planteamientos muy vinculados a
la idea de desarrollo sostenible/sustentable.

g) Agricultura sostenible/sustentable
La International Union for the Conservation o f the Nature and Natural Resources, en
1980 definió el desarrollo como «aquella modificación de la biosfera y de los recursos

215
inertes para satisfacer las necesidades humanas y mejorar la calidad de vida de las perso­
nas». De aquí debe desprenderse la voluntad de mejorar el bienestar de las personas y dar
beneficios para todos. La agricultura sostenible/sustentable no renuncia a los beneficios
de los agroquímicos, ni a los de la agromecánica, si bien es sensible a las críticas recibidas
y plantea producir teniendo en cuenta los factores económicos, sociales y medioambienta­
les. Los aspectos que tiene en cuenta son:

— La población a la que se dirigen los beneficios del desarrollo.


— El suministro de alimentos de calida y en cantidad suficiente.
— La conservación de suelos y agua.
— El evitar la extinción de especies.
— Conservar los recursos genéticos.
— Energía.
— Industria.
— Asentamientos humanos.

Ante los diversos planteamientos, no debería olvidarse que, para que uno de
ellos sea sostenible/sustentable, deberá cumplirse un doble requerimiento. Por un
lado, debe ser c o m p a t ib le c o n la s e x p e c ta t iv a s de los agricultores y, por otro, su
influencia sobre el medio ambiente debe ser tal, que p u e d a s e r p r a c tic a d o in d e f i­
n id a m e n te , sin consecuencias no deseables. Por ello debe tenderse hacia e n fo q u e s
h o lístic o s, que tengan en cuenta los factores de producción, para que sea rentable
para los que la practican, los medioambientales, para que no haya degradación, y
los requirimientos de la propia población (Bridges y Catizzone, 1998), abando­
nando enfoques sectoriales estrictamente productivistas a cualquier precio.
En definitiva, cualquiera que sea el enfoque adoptado, el objetivo debe ser evi­
tar la sobreexplotación de los suelos y lograr su conservación, ya que cada suelo
tiene una capacidad productiva y una resiliencia dadas (Cap. 23) que, si se reba­
san, se generan procesos de degradación que, a la larga, resultan irreversibles.

7. Aspectos ecológicos de la materia orgánica:


Tipos ecológicos de humus
La m.o. acumulada en el suelo es el resultado de procesos edafogénicos (Cap.
17) y traduce las condiciones de medio a lo largo de formación de un suelo (Cap.
18). El estudio de la m.o. con un enfoque ecológico hace posible adquirir informa­
ción de síntesis acerca de ambos aspectos. Como consecuencia, se han ido estable­
ciendo diversos tip o s e c o ló g ic o s d e h u m u s , utilizando en este caso el término
h u m u s en sentido amplio, sinónimo de m.o. del suelo.

Los criterios inicialmente utilizados para clasificar los tipos de humus eran básicamente
morfológicos y, con el avance de los conocimientos acerca de la m.o., se han ido comple­
mentando con criterios físico-químicos, microbiológicos y bioquímicos (Duchaufour,
2(X)1). Entre ellos cabe indicar:

216
Criterios morfológicos:
— Aspecto y color.
— Morfología macroscópica y microscópica.
— Espesor.
— Grado de unión entre la m.o. y la materia mineral.
— Existencia de un horizonte O encima del A.
— Grado de descomposición de la m.o. El horizonte O se puede subdividir atendiendo
al % de fibras (Cap. 3), así: Oa fibras < 17 %; Oe 17 < f < 40; Oi fibras > 40 %.
Criterios físico-químicos:
— Reacción (pH) y porcentaje de saturación de bases.
— Relación C/N.
— % de mineralización anual.
— % de extracción con álcalis.
— % de humificación.
— % de polimerización: ratio AF/AH.
Criterios microbiológicos y bioquímicos:
— Actividad enzimática.
— Respiración del suelo (curvas de mineralización, biodegradabilidad de la m.o.).
— Actividad biológica global por medio de la actividad ATPasa.

La clasificación de los tipos de humus se propone caracterizar la actividad


biológica global, la intensidad de m ineralización y la importancia de la humifica­
ción, como resultado de unas condiciones ecológicas dadas (Duchaufour, 1984,
2001). Scheffer y Ulrich (1960) distinguieron nueve tipos distintos de humus,
atendiendo a aspectos nutricionales del medio, desde los ricos en bases (eutró-
fico) a los pobres en bases (distrófico, oligotrófico), desde los formados en condi­
ciones aerobias a los resultantes de un medio anaerobio. La actividad biológica,
como se ha indicado anteriormente, decrece con la acidez y con una anaerobiosis
creciente:

Condiciones Condiciones hídricas del medio


nutritivas C/N Terrestres Semiterrestres Subacuáticas
del medio (Aerobias) (Anaerobias) (Anaerobias)

Eutrofia < 12 Mull Anmor Sapropel


Mesotrofia Moder Turbera Gytja
Distrofia >20 Humus bruto o mor Turbera acida Dy

Este enfoque ha llevado a establecer subdivisiones en cada una de las cate­


gorías indicadas. D uchaufour (1984, 2001) establece los siguientes tipos de
humus:

217
Humus activos: mull
— Mull eutrofo (pH > 5.5).
— Mull mesotrofo (pH entre 5.0 y 5.5.).
— Mull ácido (pH < 5.0).
— Mull cálcico.
— Mull ándico.
— Mull-moder.
Humus poco activos: mor
Humus formados en un exceso o una falta de agua:
— Hidromull.
— Hidromoder.
— Hidromor.
— Anmor.
— Turba.

La incorporación de técnicas de laboratorio ha permitido aumentar la precisión en el


estudio, si bien ha hecho cada vez más difícil un diagnóstico en campo. Esto, junto al hecho
de que este enfoque resulta difícil de aplicar en suelos cultivados, hizo que no se tuviese en
cuenta, ni se tenga, al definir los epipediones en la Soil Taxonomy (NSCS, 1998), ni en la
World Reference Base (FAO - IUSS, 1998).

ESTUDIO DE CASOS
1. Explicar por qué puede variar en función del pH la capacidad de intercam­
bio catiónico (CIC) de un epipedión.
2. ¿Qué comportamiento presenta la m.o. respecto a la carga eléctrica?
3. ¿A qué se puede deber el aumento de carga negativa en la m.o. en un hori­
zonte al aumentar el pH?
4. Citar un tipo de arcilla que presente un comportamiento análogo.
5. Explicar a qué se puede deber el hecho de que los cultivos puedan crecer
mejor en un suelo cuyo epipedión tenga un pH inferior a 4, cuando se
añade m.o. (Evans y Kamprat, 1970).
6. En un suelo contaminado con cromo se observa que al añadir una m.o. rica
en ácidos húmicos disminuye la biodisponibilidad del cromo y su toxicidad.
¿A qué puede deberse?

Respuestas
1. Los grupos funcionales carboxílico y fenólico en función del valor de la
constante de equilibrio (pKa) pueden disociarse confiriendo un carácter
ácido o bien protonarse, presentando carga positiva (carga variable).

218
2. La m.o. tiene un carácter anfótero, que le permite adsorber cationes o anio­
nes según la reacción de suelo.
3. Debido a la despronotación de los grupos funcionales carboxílico y fenó-
lico.
4. La caolinita presenta igualmente carácter anfótero.
5. La formación de un complejo entre las sustancias húmicas y el aluminio
soluble/intercambiable hace que la actividad de éste en la solución del
suelo (biodisponibilidad) sea baja y con ello su toxicidad será menor.
6. El cromo inicialmente se debía encontrar como Cr(VI), que es altamente
tóxico. Al añadir ácidos húmicos, éstos actúan como agente reductor, con
lo que el cromo pasará a Cr(lll), que actúa como un ácido fuerte de Lewis,
formando un complejo estable con los grupos carboxílicos de los ácidos
húmicos. Ambos mecanismos explican su menor biodisponibilidad y menor
toxicidad (Sparks, 1995).

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226
9
Reacciones de superficie:
adsorción e intercambio iónico
Las interacciones complejas entre las superficies de las arcillas,
óxidos y m. o. controlan ampliamente las propiedades físicas de los suelos.
J. M. O a d e s , 1998.

1. Posición de los elementos químicos en el suelo

Los elementos químicos constituyentes del suelo pueden ocupar distintas posi­
ciones:

— En la fase sólida. Inmovilizados en una estructura mineral cristalina, en alumino-


silicatos amorfos, y en compuestos orgánicos.
Los elementos de una red cristalina se hallan en ella desde el momento en que se
formó el mineral, y hasta que los procesos de meteorización (Cap. 17) vayan permi­
tiendo la salida de los elementos integrantes de la red. El resultado final será el
colapso de la red y la desintegración del mineral. Este proceso suele requerir un
tiempo prolongado.
— En la interfase sólido-líquido.
Localizados en la superficie de determinadas partículas y en su área de influencia.
Tienen lugar reacciones de superficie con uniones de distintos tipos entre el ele­
mento y la superficie.
— En la fase líquida.
El agua del suelo puede contener elementos en solución, así como partículas sólidas
en suspensión: material coloidal soluble o pseudosoluble. Los iones disueltos preci­
pitan al secarse el suelo y al añadir agua vuelven a disolverse. La reacción con un
líquido se denomina
solvatación y en el
caso de un ión con
agua se conoce como
hidratación.
Como resultado de la
hidratación, una serie
de moléculas de agua
quedan rodeando a
cada ión.
V+

227
En la fase líquida, el radio del ión hidratado es considerablemente mayor que el del ion:

Radio iónico (nm)


Ión
Deshidratado Hidratado
Li+ 0,078 1,003
Na* 0,098 0,793
K* 0,133 0,532
Rb+ 0,149 0,509

La hidratación tiene efectos importantes sobre las reacciones de superficie y la movili­


dad del ión afectado, ya que el centro del ión hidratado está más alejado de la superficie y el
grado de unión será menor.
Los elementos de la fase líquida presentan una elevada movilidad, pudiendo ser trans­
portados dentro del suelo (translocados) o bien fuera de él (perdidos por lavado).
Por lo general, la concentración del agua del suelo es muy baja. En aquellos casos en
que no así sea, la presión osmótica será alta, las plantas tendrán dificultades en obtener
agua del suelo y pueden sufrir efectos tóxicos específicos. Estas circunstancias hacen que
estos suelos se denominen salinos. (Cap. 24).
El comportamiento de un mismo elemento, su movilidad y disponibilidad para las plan­
tas serán totalmente distintos según la posición ocupada en unos y otros casos.

2. Fenómenos de adsorción

La adsorción:
Es la asociación de m ateria, ya sean átom os, m oléculas o iones, a las superficies
de los sólidos (interfase sólido-líquido). H ace que las concentraciones de las
sustancias disueltas sean diferentes en las proxim idades de las partículas que en
la fase líquida.

En los m ecanism os que dan lugar a la asociación pueden hallarse im plicadas:

— Fuerzas de enlace entre m oléculas sin carga: (fuerzas físicas) tales como:
Fuerzas de London-van der Waals.
Fuerzas de enlace por puentes de hidrógeno.
— Fuerzas de enlace entre átom os debidas a:
Enlace iónico.
Enlace covalente.

Los pesticidas pueden asociarse con la materia orgánica por medio de interacciones
temporales, tales como puentes de hidrógeno, fuerzas de London-van der Waals y puentes
catiónicos, si bien su persistencia en el suelo a largo plazo se debe a enlaces covalentes
entre el pesticida y los ácidos húmicos (Tate, 1987).
Las cargas de superficie que presentan los m inerales de arcilla (Cap. 7) y los
com ponentes orgánicos (Cap. 8) pueden tener su origen en:

228
— La estructura del mineral, en este caso:
Su cuantía es independiente de las condiciones del medio, en concreto del pH, por lo
que se denominan cargas permanentes.
Son debidas a sustituciones isomórficas.
La magnitud de la fuerza electrostática en la superficie del mineral dependerá de si
la sustitución isomórfica se halla en la capa tetraédrica o en la octaédrica, según
expresa la ley de Coulomb.
Suelen ser negativas, si bien en algunos casos son positivas, como en las cloritas.
— Roturas en los bordes y en los grupos funcionales.
Dependen de las condiciones de pH (cargas variables).
• En componentes minerales
Se trata de cargas localizadas en los bordes del mineral, en los que se producen las
roturas, caso de las caolinitas. También se presentan en óxidos, oxihidróxidos,
alófana e imogolita.
Los grupos OH pueden:
Disociarse en medios básicos, lo que genera carga negativa en la superficie del
mineral.
Unirse a iones H+ en medio ácido, lo que permite que el mineral presente cargas
positivas en sus bordes.
• En componentes orgánicos
La disociación y la unión con iones H+ afecta a los grupos funcionales hidroxilo
(-OH), carboxilo (-COOH), fenólico (-C6H4OH) y amina (-NH2) de los compo­
nentes orgánicos,

La variación de las cargas con el pH puede representarse del siguiente modo:

ZPC

229
A pH ácidos pueden existir cargas positivas y negativas. El pH al cual se igualan las
cargas positivas y las negativas del coloide se denomina punto de carga cero (ZPC) o
punto isoeléctrico. En él la carga neta total de la partícula es cero (Sposito, 1984). Se ha
utilizado para caracterizar la abundancia relativa de carga.
A pH básicos habrá las cargas permanentes derivadas de las sustituciones isomórficas y
las cargas variables debidas a la materia orgánica y otros componentes.
Un com plejo de superficie:

• Es el resultado de la unión de un grupo funcional existente en la superficie de una par­


tícula y un ión o molécula de la solución.
• Es una unidad molecular estable.
• Puede ser de esfera interna y de esfera externa.

En el caso en que el ión no esté solva-


tado, el complejo de superficie se denomina
de esfera interna (Sposito, 1989). Este tipo
de complejos son muy estables ya que se
deben a enlaces iónicos, a enlaces covalentes
o a la combinación de ambos. Como ejem­
plo, cabe citar la unión de un ión K+ en posi­
ción interlaminar y coordinación doce con
los átomos de oxígeno de dos cavidades silo-
xanas contiguas (Cap. 7) de una mica o de
una vermiculita. Este potasio se halla fijado
y no está a disposición de las plantas.
En aquellos casos en que la unión con un grupo funcional de superficie tiene lugar con
un ión hidratado, los enlaces son de tipo electrostático y los complejos, denominados de
esfera externa, son menos estables.

M etal |

M olécu la de a gua

•Na4

Los iones solvatados pueden estar influenciados por la existencia de superficies carga­
das, sin llegar a formar complejos de superficie. En este caso los iones se mantienen difu­
sos en la interfase y presentan una gran movilidad (iones en solución).

230
La adsorción que afecta a especies no solvatadas es de tipo específico, mientras que si
afecta a especies solvatadas es de tipo no específico. La adsorción se denomina específica
debido a que depende significativamente de las configuraciones electrónicas particulares
del grupo de superficie y del ión complexado.

3. Distribución de iones en sistemas arcilla-agua

3.1. Doble capa difusa y solución externa

La distribución espacial de cargas eléctricas de signo contrario y del mismo


signo, alrededor de una superficie cargada, ha sido explicada por medio de diversos
modelos. En la formación de complejos de superficie cabe indicar que los enlaces
electrostáticos con iones totalmente hidratados son los responsables de la adsorción
no específica con formación de complejos de superficie de esfera externa y de la
existencia de un enjambre de iones en la interfase sólido-líquido que neutralizan las
cargas de superficie, sin tener una localización fija en dicha interfase.
Los cationes están sometidos, por un lado, a la atracción del campo eléctrico
creado por la superficie cargada y, por otro, tienden a difundir desde la superficie
hacia la solución al existir un gradiente de concentración.
Esta situación puede representarse con una superficie de arcilla con carga
negativa e iones a su alrededor, cuya concentración disminuye con la distancia a la
superficie para los iones de signo contrario y aum enta con los del mismo signo:

La superficie de la partícula cargada (carga negativa) y los iones de signo con­


trario (carga positiva) constituyen una doble capa eléctrica difusa.
A una cierta distancia de la superficie se igualan las concentraciones de catio­
nes y aniones, lo que permite establecer dos zonas, la doble capa difusa y la solu­
ción externa.

231
3.2. Modelos de distribución: Descripción cualitativa
La existencia de campos de fuerzas eléctricas no equilibradas en la interfase arcilla-
agua afecta a la distribución de iones alrededor de las superficies cargadas negativamente.
En una partícula de arcilla seca, y sin sales libres, los iones de signo contrario estarán
adsorbidos sobre la superficie del cambiador y próximos a cada sede de intercambio. Si
existen sales libres se hallarán precipitadas.

- +
+
- +
+
- +

- +

- +

- +
- +

su e lo seco su sp e nsión su e lo -a g u a en su e lo h úm edo

Esta distribución de cargas iguales y opuestas en dos capas eléctricas paralelas y rígi­
das, se conoce como modelo de Helmholtz. Este modelo presenta limitaciones debido a
que las partículas de arcilla son finitas y a que no permite describir todos los fenómenos
eléctricos observados en sistemas arcilla-agua. Al añadir agua pura al sistema anterior, los
cationes adsorbidos tenderán a difundirse una cierta distancia desde la superficie hasta que
se alcanza el equilibrio entre la atracción eléctrica de Coulomb y la difusión debida a la
energía térmica de los iones, consecuencia del gradiente de concentración, lo que da lugar a
una capa difusa de cationes. Esta configuración con una capa eléctrica negativa rígida en la
fase sólida y una capa difusa de cationes en equilibrio dinámico con la solución, se deno­
mina modelo de la doble capa difusa (DCD) o de Gouy-Chapman.
La concentración es mayor en la superficie y decrece exponcncialmente con la distan­
cia. En condiciones de equilibrio, la distribución de los iones es la que corresponde a la
mínima energía libre del sistema, descrita por la ecuación de Boltzman. La distancia a la
que la concentración en la doble capa se iguala a la concentración de la solución externa,
define el límite de la DCD y su espesor (u = 1/K). Éste puede calcularse con la ecuación
que expresa que el espesor de la DCD es tanto menor cuanto mayor es la valencia de los
iones y cuanto mayor es la concentración de la solución externa:

k = cte, función de la temperatura y de la constante dieléc­


trica del medio.
u=— = —7— Zn+= carga de los iones.
k kzn+yca b
C0 = concentración de equilibrio (concentración externa).

La realidad resulta más compleja al existir en la DCD iones del mismo signo que la
superficie, lo que provoca su repulsión (adsorción negativa o exclusión aniónica). La confi­

232
guración de la DCD se ve afectada tanto por la carga de los iones intercambiables, como por
la concentración de la solución exterior y la humedad del suelo. El espesor de la DCD,u, no
puede exceder del espesor, d, de la capa de agua ligada a la superficie de la arcilla. En aque­
llos casos en que d < u, la DCD no puede llegar a desarrollarse totalmente, está truncada. Los
iones deben acumularse en la región u y la DCD tenderá a reabsorber agua hasta que u > d, lo
que genera una presión de {linchamiento al aportar agua al sistema (Aragüés, 1988).
Este modelo se ha aplicado con éxito para coloides de baja densidad de carga superfi­
cial (del orden de 1-4 x 104 emol (+) cm 2) y bajas concentraciones de la solución exterior
(0,1 - 0.0001 M), así como para descripciones cualitativas (Amez.keta y Aragüés, 1989).
Sin embargo, presenta limitaciones al no cumplirse algunas de sus hipótesis a medida que
aumenta la concentración, por ser los iones cargas no puntuales, existir interacciones entre
ellos y con la superficie, lo que da lugar a la formación de complejos de superficie y por
existir una selectividad en la adsorción.
Uno de los modelos propuestos para superar estas limitaciones es el modelo de Stern,
que tiene en cuenta el tamaño finito de los iones. En este caso la doble capa consta de dos
partes, separadas por un plano denominado de Stern, situado a una distancia de la superfi­
cie de aproximadamente un radio de un ión hidratado. Esta capa interna o de Helmhoitz
puede presentar complejos de esfera interna que hacen disminuir la densidad de carga
superficial y complejos de esfera externa. En ella el potencial decrece linealmente:

La capa externa está formada por iones difusos y su potencial decrece exponencial­
mente como en el modelo de Gouy-Chapman. Por su relación con la floculación de los
coloides y la estructuración del suelo, los factores que influyen en la configuración de la
doble capa difusa se estudian al tratar de la estructura del suelo en el capítulo 1 1 .

4. Intercambio catiónico

4.1. Aspectos generales

La existencia de superficies cargadas negativamente exige que haya iones de


signo contrario, relacionados con tales superficies, para que se cum pla el principio
de electroneutralidad del sistema. Los cationes solvatados, al ser adsorbidos en la
superficie, forman com plejos de superficie de esfera externa que resultan menos

233
estables que los de esfera interna, ya que no pueden establecer fácilmente enlaces
iónicos o covalentes entre el grupo central y el ligando (Sposito, 1989), por lo que
son intercambiables. En un sistema de intercambio cabe distinguir:

— Adsorbentes
Componentes del suelo que pueden acumular materia en su superficie, con forma­
ción de complejos de superficie.
— Cambiadores
Componentes del suelo en cuyas superficies pueden acumular iones de forma rever­
sible, al tener lugar reacciones que dan lugar a complejos de superficie de esfera
externa. Como ejemplos de cambiadores cabe citar los minerales de arcilla y la
materia orgánica.
— Capacidad de intercambio catiónico
Propiedad de un cambiador para adsorber cationes de la fase líquida (formación de
complejos de superficie de esfera externa), desadsorbiendo al mismo tiempo canti­
dades equivalentes de otros cationes, por destrucción de complejos de superficie. En
el sistema se establece un equilibrio dinámico entre los cationes de la solución
externa y los que ocupan sedes de intercambio.
— Sede de intercambio
Posición en la superficie de un cambiador en la que se establece la unión que da
lugar al complejo de superficie de esfera externa. Una sede de intercambio va
siendo sucesivamente ocupada por distintos iones, con mayor o menor probabilidad,
según la concentración de cada uno de ellos en la solución externa.

Las propiedades de intercambio catiónico del suelo fueron puestas de manifiesto a media­
dos del siglo xtx, por los trabajos de Thompson y Way. Al hacer percolar diversas soluciones
a través de columnas con arena, arcilla, materia orgánica y mezclas de estos componentes, se
producen cambios en el líquido efluente. Al emplear un colorante básico (azul de metileno) la
solución se decolora al atravesar arcilla o materia orgánica, mientras que con colorantes áci­
dos (rojo Congo), esto no ocurre. Al percolar una solución salina en tales columnas, el
efluente se enriquece en bases a la vez que se empobrece en el catión que contenía: tiene lugar
un proceso de intercambio catiónico. La carga negativa de las arcillas (Cap. 7), se puede
poner de manifiesto sometiendo a electroforesis una suspensión de arcilla en agua.
En algunos casos los cam biadores pueden presentar carga positiva, lo que
genera una capacidad para intercambiar aniones (CIA). Cabe señalar que el inter­
cambio catiónico se presenta con una m ayor frecuencia que el aniónico.
La propiedad del suelo de poder intercam biar iones en la interfase sólido-
líquido, y en concreto el tipo y clase de intercambio, tiene grandes repercusiones
en el comportamiento del suelo:

— Controla la disponibilidad de nutrientes para las plantas: K+, Ca2+, M g2+,


entre otros.
— Interviene en los procesos de floculación-dispersión de las arcillas y, por
consiguiente, en el desarrollo de estructura y estabilidad de los agregados.
— Determina el papel del suelo como depurador natural al permitir la reten­
ción de elementos contaminantes incorporados al suelo.

234
4.2. Capacidad de intercambio catiónico

La capacidad de intercambio catiónico (CIC) de una muestra de suelo, o de


alguno de sus componentes, expresa:

— El número de moles de iones carga positivos adsorbidos que pueden ser


intercambiados por unidad de masa seca, bajo unas condiciones dadas de
tem peratura, presión, com posición de la fase líquida y una relación de
masa-solución dada (Sposito, 1989).
— Un mol de carga positiva equivale a 6,02 x 1023 cargas de cationes adsorbidos.

En unidades SI la CIC se expresa en centimoles de carga positiva por kilo­


gramo, cmol(+) kg 1 o bien cmolc kg~'. Con anterioridad se venía utilizando como
unidad el meq/100 g, cuyo uso se halla todavía muy extendido. El valor numérico
es el mismo con ambas unidades.
La CIC de un mineral depende de la densidad de carga superficial (a) y de su
superficie específica (S). Para unas condiciones dadas, en que existan cargas per­
manentes (p) y cargas variables (v) (Cap. 7) la CIC vendrá dada por:

CIC = Gp (cmolc n r 2) x Sp (m2 kg^1) + a v (cmolc n r 2) x Sv (m2 kg-1)

La CIC de los principales coloides del suelo evidencia grandes diferencias de


unos a otros debido al distinto origen de la carga (Cap. 7) y, para un mismo cam­
biador, la amplitud del intervalo de valores se debe a los múltiples factores que
influyen en la aparición de la carga: tam año de las partículas, cristalinidad y
tiempo de tratamiento. Para el caso de la materia orgánica la gran disparidad de
valores se debe al distinto grado de descomposición-humificación que puede pre­
sentar. Como valor medio se suele tomar 200 cmol(+) kg-1 de materia orgánica
oxidable. Los valores propuestos por distintos autores, de forma orientativa son los
siguientes:

CIC CIC
Componente Componente
cmol(+) kg-1 cmol(+) kg-1
arena 0 clorita 10-40
caolinita 1-10 esmcctita 80-150
halloysita 2H20 5-10 vermiculita 120-150
halloysita4H20 40-50 alófana 10-150
palygorskita 5-30 limo escasa
¡lita 10-40 mica 0
glauconita 5-40 materia orgánica 100-300

La CIC de un suelo variará de horizonte a horizonte y en cada uno de ellos


dependerá del contenido y tipo de m inerales de arcilla y de com ponentes orgá­
nicos.

235
ESTUDIO DE CASOS
Se desea obtener alguna indicación acerca de la mineralogía de la arcilla de un
horizonte Bw (50-80 cm), de color 7,5YR 4/2, textura arcillosa (69,3 % a, 14,3 %
L, 16,4 % Ar), un contenido de carbono orgánico de 0,26 % y una CIC de 51,60
cmol (+) kg-1.
Indicar posibles implicaciones para arquitectura del paisaje en relación a las
instalaciones de riego. Ref. Perfil Arona (Tenerife). Dto. de Edafología. Univ. de
La Laguna.

Respuestas
CIC suelo = CIC arcilla + CIC m.o.
Se suele aceptar un valor de 200 cmol (+) kg-1 para la m.o.

51 60 cmQl (+) _ x cmQl (+) 0,693 kg a


kg suelo kg a kg suelo

+ 200 cmo1 (+) 0.26 x 1,72 kg mo


kg m.o. 100 kg suelo

CIC de la arcilla = x cmol (+) kg-1


Con la información suministrada se deduce que es probable que la arcilla sea
predominantemente esmectita (montmorillonita).
Esta información será tanto más fiable cuanto más homogénea sea mineralógi­
camente la fracción arcilla.
Al ser una arcilla expandióle puede provocar roturas o grietas en tuberías ente­
rradas y en construcciones realizadas sin la cimentación capaz de resistir los
efectos de los repetidos procesos de expansión-retracción.

Dado que la carga negativa neta procede de cargas permanentes y de cargas variables,
la CIC depende del pH, lo que se hace notorio en aquellos horizontes con una proporción
elevada de cargas variables. Por ello, el valor obtenido para la CIC de un suelo ácido será
menor si se determina al pH del suelo que si se utilizan soluciones tamponadas a mayor pH.

CICE: Capacidad de intercambio catiónico efectiva, es decir, determ inada al pH


del suelo con una solución no tamponada.
CIC: Capacidad de intercambio catiónico a un pH determinado, generalmente
7,0 y también 8,2.

4.3. Cationes intercambiables


Los cationes intercambiables proceden de la meteorización del material origi­
nario, de la mineralización de la m ateria orgánica, y de aportes externos superfi­

236
ciales y subterráneos. En la naturaleza raramente se puede encontrar un complejo
de cambio con una especie iónica única. Los cationes intercambiables más fre­
cuentes son menos de diez y la presencia y predominio de unos u otros dependerá
de las condiciones del medio y de las interacciones en la interfase. Los cationes
intercambiables se hallan en una proporción considerablem ente mayor que los
cationes en solución. Éstos representan un 1 % o menos, excepto en los suelos sali­
nos (Cap. 24). Atendiendo a algunas características significativas, los cationes de
cambio frecuentes son los siguientes:

— Suelos calizos de regiones semiáridas y áridas:


Ca2+ > Mg2+ > Na+ > K+
estos cationes se denominan bases de cambio. El porcentaje de saturación de bases
(V) viene dado por la expresión:

= Ca2+ + Mg2+ + Na* + K+


CIC

en suelos calizos V =100 %


— Suelos sódicos y endopediones nátricos:
El porcentaje de sodio intercambiable (ESP) viene dado por la expresión:
Na+
ESP = ——— 100
CIC
la presencia de sodio de cambio por encima de un 5-15 % provoca efectos desfavo­
rables sobre la estructura del suelo. Un valor de ESP = 5 puede crear ya problemas
en suelos sin caliza.
— Suelos de zonas húmedas
El régimen de humedad percolante produce una acidificación progresiva por pér­
dida de bases por lavado:
CIC = bases de cambio + cationes acidificantes
En estos casos V < 100 %
— Suelos minerales fuertemente ácidos (pH < 5,5)
El catión intercambiable más importante es el aluminio en sus distintas formas,
seguido del calcio, magnesio y en menor proporción de iones H+.
— Suelos orgánicos ácidos
En este caso tienen importancia los iones H+ como catión intercambiable.

La composición del complejo de intercambio se debe a la selectividad en la adsorción


de los distintos cationes (series liotróficas o de Hofmeister). No existe una secuencia de
adsorción que tenga validez general aunque, a modo de ejemplo, cabe citar: Al3+ » Ca2+ >
Mg2+ » NH4+ > K+ > H+ > Na+ > Li+.
El distinto comportamiento de los cationes en la doble capa se puede explicar aten­
diendo a su carga y al proceso de deshidratación de los iones en la superficie del cambiador
(Shainberg y Kemper, 1966).

237
ESTUDIO DE CASOS
1. Discutir por qué no se consideran fácilmente intercambiables los iones no
solvatados.
2. Indicar en qué unidades se mide la capacidad de intercambio catiónico.
¿Qué precisiones es preciso realizar en el SI?

Respuestas
1. Los iones no solvatados se ven afectados por una adsorción de tipo especi­
fico y forman complejos de superficie de esfera interna, que son muy esta­
bles, por lo que el ión no resulta fácilmente intercambiable.
2. Clásicamente en meq/100 g, si bien en el Sistema Internacional (SI) se ha
propuesto el cmol(+)kg~1. Dado que las reacciones tienen lugar equivalente
a equivalente y no mol a mol, en el SI se hace necesario indicar que se
trata de moles de iones de carga unidad: cmol (+) kg~1 o bien cmolcKg~1.

4.4. Ecuaciones de intercambio catiónico:


Formulación y propiedades

Resulta de interés poder relacionar las cantidades de cationes adsorbidos con


su concentración en la solución, para poder predecir el comportamiento del suelo.
Por analogía con las reacciones quím icas, una reacción de intercam bio puede
escribirse:
Ca X + 2 Na+ ^ 2NaX + Ca2+
aplicando la ley de acción de masas:

(Na)2(Ca2+) X = cambiador
Kk = ' e Kk = coeficiente de reacción (de intercambio)
' ' 'e ( )¡ = actividad de los iones intercambiables
( ) e = actividad de los iones en la solución

Reordenando esta expresión se obtiene una ecuación de intercambio de tipo de Kerr (si
bien este autor utilizó concentraciones):

(Na)¡2 (Na+)e2
(Ca)¡ k (Ca2+)e

Ambito de cumplimiento: bajas concentraciones, de lo contrario no se mantiene la cons­


tancia del coeficiente de intercambio.

238
Al resultar difícil la determinación de las actividades de los cationes en la fase adsor­
bida, se han desarrollado diversos modelos para estudiar el intercambio catiónico a partir
de la composición de la solución externa. El modelo de van Loar, que se particulariza en el
de Vanselow y el modelo de Rothmund-Komfeld, un caso particular del cual es el modelo
de Gapon, han sido muy frecuentemente utilizados.
Partiendo de la reacción de intercambio:
C a1/2 X + Na+ ^ NaX + 0,5 Ca2+
y utilizando concentraciones en lugar de actividades, se propuso la ecuación de
Gapon:

[ ]¡ = mol kg 1
[Na] ¡ [Na+]e
[Ca.a], G [Ca2+]e1/2
[ ]e = mol m
Considerando un com portam iento análogo para el ión m agnesio que para el ión
calcio, empíricamente se puede escribir:

[Na], _ [Na+]e
[CaI/2 + M g1/2]¡ G [Ca2+ + M g2+]e,/2

De donde se puede definir la relación de adsorción de sodio (expresando las concentra­


ciones en meq L~'):

[Na+
SAR =
Ca2+ + Mg.2 + 1/2

Considerando que los cationes significativos en el complejo de cambio sean Ca2+, Mg2+
y Na+ se puede escribir:
CIC = [Ca]i + [Mgl¡ + [Na]¡
luego:
[Na] ¡
= K’r, SAR
CIC - lNa]¡

Las reacciones de intercam bio catiónico presentan las siguientes propiedades


(Bohn y cois., 1979 y 1993):

— Son