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FAMILIA:

EDUCACIÓN O MALTRATO

Autor: Valeriano Acuña Muga


Ilustraciones: Gregorio Izquierdo Mejías

1
INTRODUCCIÓN.......................................... 3

LA FUERZA DE LOS SENTIMIENTOS............ .11

CONFLICTOS DE LA CONVIVENCIA..
CONVIVENCIA.........
A............
.......... 23

EDUCACIÓN Y FAMILIA ........................... 52

PROCESO DE ESTUDIO ............................. 60

EL RETO DE LA CONVIVENCIA ................. 86

2
INTRODUCCIÓN

La familia es la base de la sociedad, su elemento más


sensible con todas y cada una de las contradicciones
existentes y el vínculo más estrecho del ser humano a lo
largo de toda la vida por lo que no pueden existir
términos medios y no debe haber ambigüedades entre la
actuación educada o educativa por una parte y la
degradante o de maltrato por otra. Definir una y otra
actitud no es tarea fácil pero es necesario establecer la
frontera si queremos mejorar la convivencia social de la
mejor forma posible, desde su raíz. El rol educativo que
cada uno de los padres adopta o la percepción de los
hijos afectan al desarrollo de la personalidad y por
consiguiente a la forma de actuar en la vida. La
importancia de los ámbitos familiar y educativo y la
sensibilización social ante ellos generan infinidad de
tópicos que en ocasiones, al tiempo que se hacen eco de
un pensamiento extendido, suponen un obstáculo para
afrontar objetivamente situaciones injustas. La superación
o el intento de superación de algunos de estos tópicos ha
supuesto a su vez la creación de otros nuevos que han
causado nuevas víctimas. Tal vez no podamos evitar
generalizaciones gratuitas que imponen obstáculos pero
el camino debe quedar bien trazado respecto al objetivo
de conseguir una mayor y más precisa comprensión de

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las situaciones concretas planteadas y la adopción de
soluciones ajustadas a cada una de ellas en lugar de la
generalización sistemática. La formación necesaria,
ampliando al máximo la dimensión educativa, conducirá a
la adquisición de una mentalidad abierta y resolutiva ante
los nuevos problemas que se nos plantean.

La educación es un ejercicio de todas las capacidades


que facilita el crecimiento personal y la convivencia. Su
contrapunto significaría la degradación personal y la falta
de respeto hacia el otro hasta el extremo que supone el
maltrato. Cuando esto se produce falla una parte esencial
del proceso formativo y ese proceso comienza en las
primeras etapas en donde las actitudes paternas van a
influir de manera notable en el niño, en su manera
constructiva o destructiva de relacionarse con los demás,
hasta convertirse en adulto. Si no se transmiten actitudes
de altruismo y esfuerzo se afianzará el deseo irracional de
dominio, o la necesidad de reafirmarse artificialmente,
incluso a través de la amenaza o la agresión. La atención
y el aprendizaje que se llevan a cabo en la familia, de
manera más enriquecedora cuando se realizan en
sintonía, es la base del equilibrio madurativo del
individuo y del progreso social pero también se pueden
distinguir desde los primeros momentos diferentes
comportamientos y actitudes negativos, contrarios o
inconvenientes para la educación y la convivencia bien
sea entre los propios miembros de la pareja, de los
padres respecto a los hijos o de los hijos respecto a los
padres. Resulta complejo y difícil analizar de la forma
más amplia posible, libre de prejuicios, este tipo de
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relaciones tratando de encontrar cauces de convivencia
más justos y carentes de privilegios socialmente inútiles
pero es necesario abordarlo si queremos encontrar
soluciones eficaces a corto y medio plazo, tanto en la
prevención como en la propia relación conflictiva, más
allá de las medidas judiciales.

No siempre el maltrato se hace de manera


premeditada, siendo conscientes del daño que se
infringe. A veces puede encubrirse incluso con la
preocupación respecto al cuidado de los hijos o
simplemente, como mandan las costumbres y la
tradición, con la intención de poner las cosas en su sitio.
Hay un tipo de maltrato más visible, sobre todo el
maltrato físico, y otro menos perceptible que se puede
incluso confundir con exceso de amor o de cariño como
puede ser la sobreayuda o la sobredependencia. Son
causa y efecto de una misma actitud que prescinde en
primer término de la necesaria confianza en la capacidad
del niño, acorde con su nivel madurativo, y después en su
propia competencia para el desarrollo autónomo. Lo
paradójico de este tipo de actuaciones es que quienes
consideran que están dedicando todo su afecto a los hijos
están privándole de la sensibilidad necesaria en las
relaciones personales y sociales ofreciéndole un
protagonismo artificial, carente de responsabilidad, que
probablemente más tarde intentará conservar propiciando
a su vez un nuevo maltrato a personas que tienen o
tendrán un vínculo con él. La falta de sensibilidad hacia
su entorno sustituirá la necesaria reciprocidad en las
relaciones sociales. Probablemente buscará la
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instrumentalización de las mismas con fines egoístas sin
capacidad para apreciar los distintos puntos de vista en la
interacción social y propiciará una tendencia hacia la
pasividad o hacia el conflicto.

El maltrato en la pareja se manifiesta de manera más


explícita a través del delito de agresión pero ofrece
múltiples variables. Estadísticamente resulta evidente
que cuando se produce la amenaza o el maltrato físico,
con posibles consecuencias irreversibles, la mayor parte
de ellos proceden de los miembros del género masculino.
Naturalmente se trata del hecho más grave y entre las
prioridades de la sociedad tiene que estar su completa
erradicación. Debemos reconocer que el maltrato físico
hacia los hijos o hacia la pareja, que en nuestra sociedad
y hasta hace pocas décadas tenía una permisividad
elevada, actualmente está siendo rechazado socialmente
casi de manera generalizada, a la par que penalizado,
aunque desgraciadamente se producen tragedias con
relativa frecuencia que crean frustración sin que se
vislumbre una tendencia clara de descenso. Este tipo de
maltrato no proviene sólo de una reacción compulsiva,
que a veces termina en desdicha, sino que suele estar
precedido de otro maltrato más sutil y prolongado, poco
perceptible y que afecta a pilares esenciales en la vida de
un individuo. En general existe mucha menos sensibilidad
sobre el maltrato psicológico hacia la pareja, hacia los
hijos o hacia los propios padres siendo su frecuencia
incomparablemente mayor, muchas veces la antesala del
maltrato físico, pero cuando se trata de la relación de
pareja en ningún modo podemos atribuirlo a un solo
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género y en numerosas ocasiones son estas actitudes
equivocadas o malintencionadas las que derivan en otro
tipo de agresiones más evidentes en las que no existe la
improvisación como muchas veces se puede deducir de
un análisis superficial. No se trata de buscar atenuantes
en la comisión de delitos, tampoco estimular la
confrontación de géneros, sino de conocer de una manera
más amplia las causas de los problemas que afectan a la
convivencia y anticipar y promover vías de respeto y
colaboración entre todos. Si simplificásemos hasta el
punto de considerar la violencia en la familia como la
predisposición que tienen determinados individuos de un
solo género no llegaríamos nunca a entender los
múltiples mecanismos que la engendran y lo que es peor:
no podríamos aportar soluciones mucho más eficaces que
las medidas legales una vez producidos los hechos
delictivos o cuando el riesgo es inminente.

La acción preventiva más eficaz parte de la propia


familia y del sistema educativo: la seguridad, el afecto y el
aprendizaje de habilidades sociales son necesarios para
evitar desencuentros o solucionar conflictos. La
intervención familiar requiere el mutuo acuerdo de la
pareja, independientemente de sus características
personales diferenciales, encaminada a una acción
comprometida y responsable entre sí y con los hijos. A
veces priman en uno la empatía, la observación y la
mayor sensibilidad ante los detalles precisos en la tarea
educativa y en otros la persistencia y la coherencia en sus
acciones. Esta actuación positiva y complementaria puede
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convertirse en destructiva cuando las prioridades de sus
componentes se dirigen a objetivos diferentes o cuando
las estrategias que se utilizan contradicen los mismos por
existir un desequilibrio importante en los papeles de uno
o en ambos padres. Es preciso saber conjugar una acción
común en la formación de los hijos sin buscar
protagonismos o sobrevalorando aspectos parciales del
papel de uno sólo de los progenitores en lugar de la tarea
conjunta. La falta de comunicación y de entendimiento en
la pareja repercutirá de manera negativa en la relación,
más si cabe cuando tienen menores a su cargo. Si
prevalecen los reproches, o existe incomunicación, los
períodos de calma pueden llegar a ser excepcionales y
resulta fácil que se produzcan reacciones incontroladas
de agresión verbal o incluso física. El hecho más
dramático en las relaciones de pareja surge cuando uno
de ellos quita la vida a uno o a varios integrantes de su
misma familia, incluso en presencia de otros miembros
de esa familia, y después se la quita a sí mismo. Una
interpretación simple consiste en atribuir la acción a un
desequilibrado que descarga su locura en un ser débil e
indefenso como colofón a los abusos que ha practicado
suicidándose por tener ya escasas posibilidades de seguir
ejercitando su agresividad. Tal vez la historia de la pareja
pueda dejarnos perplejo si no nos quedamos sólo aquí,
en el desequilibrio que sin duda existe, y no buscamos
otras razones pensando como Arturo Graf que “la
violencia no es sino una expresión del miedo” .

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Las actitudes y aptitudes entre los miembros que
conforman la pareja son diferentes, existen distintas
razones que se refieren al carácter y a la disposición que
manifiestan, por lo que surgen desencuentros en uno u
otro momento más o menos graves. Provienen de la
incapacidad o la pereza para respetar, reconocer o
apreciar detalles importantes ante los que uno u otro es
más sensible pero también se puede percibir, no sin
razón, que se sacan sistemáticamente de contexto
acciones o expresiones, a pesar de tener unos esquemas
de actuación consistentes, y que las interpretaciones que
se hacen en privado y en público son forzosamente
distorsionadas. Un miembro de la pareja puede atribuirse
plena capacidad para emitir juicios de todo tipo sobre el
otro sin necesidad de preguntar su opinión o las razones
en las que basa su conducta. La credibilidad de uno
puede ser mayor respecto a los hijos o el entorno
inmediato, a pesar de que su trayectoria sea menos
coherente o eficaz que la de su pareja, por razones
complejas no siempre basadas en la realidad de los
hechos. En el peor de los casos, con una mentalidad
débil, puede llegar a la conclusión de que sus
circunstancias personales son un disparate, que sus
relaciones se deterioran progresivamente y que ni su vida
ni la de otros tienen sentido. Además de culpabilizar a su
pareja por la alteración de su entorno más próximo
considera que personalmente tampoco podría seguir
manteniendo una vida normalizada.

Existe un denominador común en los seres humanos,


respecto a las relaciones sociales, que es la necesidad de
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afecto. Todos deseamos que los demás estén dispuestos
a escucharnos y entiendan nuestras razones pero además
preferimos que los demás nos den sugerencias y
oportunidades para poder realizar lo que más nos agrada,
dándonos el tiempo y los recursos precisos, en las
mejores condiciones posibles. La conclusión racional sería
que cada uno de nosotros deberíamos procurar en la
medida de nuestras posibilidades actuar con nuestros
semejantes de la misma manera que nos gustaría que
actuaran con nosotros pero la tendencia irracional,
probablemente más frecuente, es precisamente la
contraria: destacar, ser protagonistas a toda costa,
incluso perjudicando a los que están a nuestro alrededor,
y esperar a que sean los otros los que se equivoquen o se
movilicen para aprovechar las circunstancias. En
cualquier caso la postura racional requiere esfuerzo y
respeto hacia el prójimo pero a la irracional sólo le mueve
el afán de dominio o de protagonismo. Si bien es verdad
que existen expresiones que hablan de la necesidad de
sentirse dominado hay que entenderlo solamente como la
satisfacción de sentirse convencido, de recibir propuestas
convincentes. La expresión parece infantil o egoísta pero
sería ilusorio hacer una interpretación literal
considerando que no siente ningún aprecio por su libre
albedrío. Refleja la simple intención preferente hacia una
persona, por la que sienta una gran admiración, pero
también puede ser sinónimo de una personalidad
excesivamente conformista y pasiva que a la larga
perjudicará la relación.

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LA FUERZA DE LOS SENTIMIENTOS

El amor es un poderoso estímulo, con frecuencia


inexplicable, para la expresión de los sentimientos, , y
para la realización de diversos actos que pueden ser
contradictorios al mismo tiempo. Las divergencias y la
fortaleza de estos sentimientos se han reflejado de
manera continuada en diversos hechos relevantes, a
través de las principales referencias históricas, y en las
composiciones literarias, de manera especial a través de
la plasticidad expresiva de la poesía. El enigma de los
sentimientos se traduce en una de las frases más célebres
de Pascal: “El corazón tiene razones que la razón
desconoce”. Los mecanismos de la lógica a veces no son
capaces de describir o controlar los impulsos, capaces de
alterar y modificar nuestra conducta.

De forma extrema representa la fusión absoluta entre


el altruismo y el egoísmo. Amar puede significar al
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mismo tiempo querer darlo todo y poseerlo todo al
mismo tiempo, dos hechos aparentemente incompatibles
entre sí, pero aceptando la relatividad del significado
peculiar y subjetivo que esa entrega y posesión puedan
tener para cada uno de los que se sienten atraídos y
siendo tamizado a su vez por los principios y valores
personales.

El diccionario de la Real Academia define el amor


como el “sentimiento intenso del ser humano que,
partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el
encuentro y unión con otro ser.” Implica por tanto
necesidad pero también reciprocidad en la aportación de
una actitud comprensiva y en la tarea compartida con el
otro. Se trata de buscar algo que nos falta, que nos ayuda
a mejorar la imagen que tenemos de nosotros mismos,
pero a la vez exige respeto absoluto hacia la persona con
la que se comparte ese sentimiento, reconociendo su
singularidad y la más que probable diversidad de
intereses, por más que se puedan alcanzar compromisos
y lograr una sintonía de acción entre ambos.
Los sentimientos, plasmados a lo largo de la historia y
a través de la literatura reflejan el contexto social de la
época que les tocó vivir y comparten un común
denominador mucho más amplio que trasciende a
culturas diferentes y a etapas distintas de una sola
época. La relevancia del autor o el atractivo del proverbio
hacen que perdure, como expresión sublime de muchas
generaciones, y ofrecen al sentimiento del amor una
categoría superior, incluso por encima de la razón. De
este modo las contradicciones en las relaciones humanas
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pueden verse reflejadas en toda la historia a través de
referencias amorosas. Plutarco dice que “hay amores tan
bellos que justifican todas las locuras que hacen
cometer”. El encanto de la frase no puede distraer la
atención de las diversas interpretaciones que se pueden
atribuir al término causal “amor” y su consecuencia
“locura”. Más próximo a la realidad se manifiesta el
proverbio turco: “Por el amor de una rosa, el jardinero es
servidor de mil espinas”, servidumbre percibida menos
relevante que el objeto de sus cuidados.

El amor puede justificar infinidad de sacrificios y


privaciones, puede incentivar acciones con escasa lógica
pero siempre debe garantizar un atisbo de la propia
identidad. Así el respeto a la dignidad propia y ajena
representa otro límite que no debería ser traspasado
porque...: “el hombre que ha de mendigar amor es el más
miserable de todos los mendigos”. Esta frase de R. Tagore
puede ser un símbolo de la predisposición natural del ser
humano a amar y a ser amado sin artificios.

Pero... “No hay cosa que más avive el amor que el


temor de perder al ser amado” sentenciaba Quevedo.
Cuesta trabajo a priori asociar las palabras “temor” y
“amor”, porque la intensidad de la relación debería diluir
cualquier atisbo de dudas, pero si no hay una proporción
directa entre compromiso y vinculación real surge el
fantasma de los celos, tal vez sólo presentimiento falto
de elaboración, sintiendo que su pareja no tiene la
misma actitud o sufriendo un desequilibrio personal que
proyecta en la otra persona su propia inseguridad.
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En la tradición oral del romancero también ha sido
atrayente el tema de los celos, unido al sentimiento de
culpa del trasgresor, más allá de la ruptura de un
compromiso, abriéndose paso la justificación de cualquier
tipo de castigo. Podemos trasladarnos con la imaginación
a la profundidad del sentimiento de humillación y a la
intención ejemplificadora, a través del reflejo del
pensamiento de la época, con múltiples manifestaciones
de crueldad que, en ausencia de un estado de derecho, se
pueden llegar a cometer en sucesivos sistemas sociales.

Blanca sois, señora mía, más que


el rayo del sol:

¿Si la dormiré esta noche


desarmado y sin pavor?

Que siete años había, siete, que no


me desatino, no.

Más negras tengo mis carnes que


un tiznado carbón.

-Dormilda, señor, dormilda,


desarmado sin temor,

que el conde es ido a la caza a los


montes de León.

-Rabia le mate los perros, y


águilas el su halcón,

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y del monte hasta casa, a él
arrastre el morón.

Ellos en aquesto estando, su


marido que llegó:

-¿Qué hacéis, la Blancaniña, hija


de padre traidor?

-Señor, peino mis cabellos,


péinolos con gran dolor,

que me dejéis a mí sola y a los


montes os vais vos.

-Esa palabra, la niña, no era sino


traición:

¿Cuyo es aquel caballo que allá


abajo relinchó?

-Señor, era de mi padre, y


envióoslo para vos,

-¿Cuyas son aquellas armas que


están en el corredor?

-Señor, eran de mí hermano, y hoy


os las envió.

-¿Cúya es aquella lanza, desde


aquí la veo yo?

-Tomalda, conde, tomalda,


matadme con ella vos,

que aquesta muerte, buen conde,


bien os la merezco yo.

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En la obra El Quijote las alucinantes aventuras del
personaje tienen como leit motive la figura femenina
idealizada de Dulcinea. Sin esta deformación de la
probable realidad de Aldonza Lorenzo no se habría
agudizado o no se habría manifestado de manera tan
extrovertida el trastorno de don Quijote, al igual que
hubieran carecido de sentido las proezas de los libros de
caballería de no existir un ideal casi inalcanzable. Tal vez
la proximidad al común de los mortales en la persistencia
y en la modelación a su antojo de la representación del
sexo opuesto ha provocado que, a través de los siglos y
en diferentes culturas, su figura haya sido tan popular y
al mismo tiempo tan enternecedora.
El amor reprimido y la idealización de la figura
femenina surgen al principio de la obra:

“y fue, a lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo


había una moza labradora de muy buen parecer, de quién
él un tiempo anduvo enamorado, aunque según se
entiende, ella jamás lo supo si se dio cata dello.
Llamábase Aldonza Lorenzo, y a esta le pareció bien darle
título de señora de sus pensamientos; y buscándole
nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y
se encaminase al de princesa y gran señora vino a
llamarla Dulcinea del Toboso porque era natural del
Toboso: nombre a su parecer dulce y peregrino y
significativo, como todos los demás que a él y a sus cosas
había puesto”....................................................................
.................................................................“Temíase no
hubiese tratado sus amores con alguna indecencia que
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redundase en menoscabo y perjuicio de la honestidad de
su señora Dulcinea del Toboso; deseaba que hubiese
declarado su fidelidad y el decoro que siempre la había
guardado, menospreciando reinas, emperatrices y
doncellas de todas calidades, teniendo a raya los ímpetus
de los naturales movimientos “

Incluso en el lecho de muerte los que estaban con él


son conscientes de la influencia permanente de la amada
en sus aventuras y en sus desventuras e intentan
calmarle

“¿Ahora, señor don Quijote, que tenemos nueva que está


desencantada la señora Dulcinea, sale vuestra merced con
eso?” ”Estos, creyendo que la pesadumbre de verse
vencido y de no ver cumplido su deseo en la libertad y
desencanto de Dulcinea le tenía de aquella suerte, por
todas las vías posibles procuraban alegrarle”

Los sentimientos de la amada quedan en un segundo


plano, carecen de importancia, porque lo único relevante
es la idea que ha compuesto la locura de don Quijote.
Dulcinea es protagonista permanente en el pensamiento
del caballero que en una situación irreal se mueve
vertiginosamente de un extremo a otro: de las más
nobles virtudes al resentimiento. La ficción de esta
novela, el hilo tan fino y tan profundo que a la vez le
separa de la realidad, es bien entendida por el lector que
encuentra una gran relación entre la deformación de su
pensamiento y la acción que provoca, incluso cuando

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observa que se desarrollan hechos tan poco frecuentes o
extravagantes como los que aquí se narran.

“Si tu fermosura me desprecia, si tu valor no es en mi pro,


si tus desdenes son en mi afincamiento, maguer que yo
sea asaz de sufrido, mal podré sostenerme en esta cuita,
que además de ser fuerte es muy duradera. Mi buen
escudero Sancho te dará entera relación, oh bella ingrata,
amada enemiga mía, del modo que por tu causa quedo: si
gustaras de acorrerme tuyo soy; y si no, haz lo que te
viniere en gusto, que con acabar mi vida habré satisfecho
a tu crueldad y a mi deseo.”

En un plano opuesto de la vida real y en un período


mucho más cercano a nosotros, como símbolo de control
de las emociones y fortaleza de las mismas, los
sentimientos actúan en este caso como elemento
transformador de una situación problemática en una
acción eficaz. Concretamente se trata del momento de
inspiración del tema Let it be por parte de Paul
McCartney, integrante del grupo the Beatles. Cuenta él
mismo que al conciliar el sueño, en un período de graves
problemas personales unidos a otros internos del grupo,
estuvo soñando con su madre, fallecida cuando él era
muy joven, al mismo tiempo que lo asociaba a una
melodía original. Al despertarse se puso a dar forma a la
misma componiendo una de sus más bellas canciones. En
este caso el sueño reparador y la imagen idealizada de la
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madre actúan como catalizadores que serenan el ánimo,
evocando etapas más sosegadas y, asombrosamente de
manera simultánea, logra crear una nueva melodía. En
este caso el sueño logra romper la barrera del estrés,
acomodando su mente a una etapa de protección y calma,
movilizándole al mismo tiempo para que actúe de forma
eficaz hacia la labor y la creación. Así quedarían
desactivados los problemas irresueltos al menos
temporalmente. El título, aunque tenga otras
connotaciones, parece expresivo de una reacción de
defensa eficaz obtenida de manera no totalmente
voluntaria: “Let it be” o “Déjalo estar”.

LET IT BE

When I find myself in times of trouble


Mother Mary comes to me
Speaking words of wisdom, let it be.
And in my hour of darkness
She is standing right in front of me
Speaking words of wisdom, let it be.
Let it be, let it be.
Whisper words of wisdom, let it be.

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Cuando tengo momentos de angustia
La madre Mary se acerca a mí
Diciendo sabias palabras
Déjalo estar

Y en mis horas de oscuridad


Ella se queda delante de mí
Diciendo sabias palabras
Déjalo estar
Déjalo estar, déjalo estar
Susurrando sabias palabras
Déjalo estar

La conexión del individuo con los estados emocionales


puede ser muy intensa en los sueños y desarrollar una
gran actividad. La situación de profunda relajación
permite combinar multitud de imágenes acompañadas de
una gran nitidez. La acción soñada, agradable o
terrorífica, llega a ser muy viva mientras que la
acumulación de experiencias lejanas en espacio y tiempo
junto a la posible deformación de las mismas estimula la
creatividad, tanto en el mismo período de sueño como en
la posterior vigilia. No resulta pues extraño que, en las
creencias tradicionales, se haya atribuido a la muerte, por
asociación con el estado de sueño, el estado de plenitud
de nuestra experiencias. La relación establecida trata de
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magnificar lo que ocurre en el estado de sueño, mientras
el resto del cuerpo permanece relajado y ajeno a
cualquier estímulo que provenga del exterior del mismo,
cuando el cerebro activo en el cuerpo dormido está
predispuesto para generar una gran actividad. Una
expresión que nos resulta poco extraña de familiares o
conocidos ante un féretro: “es como si estuviera dormido”
contempla de forma cariñosa y aparentemente ingenua el
deseo de una plácida fantasía o un grato recuerdo al
difunto.

No serviría de ejemplo comparar la utilidad del sueño


con lo que observamos en el uso de los medios
tecnológicos: cuando alguna vez nuestro ordenador se
queda bloqueado o algo no funciona bien en él basta con
apagarlo un momento y al conectarlo de nuevo o utilizar
la función reset el aparato vuelve a funcionar
correctamente quedando aislado el problema.
Afortunadamente esto no es así de simple en el ser
humano porque disponemos de mecanismos de
adaptación para infinidad de situaciones, sumado a
nuestra capacidad de decisión en momentos cruciales,
para poder continuar nuestra trayectoria que puede ser
original y determinada por nosotros mismos. Tal vez
incluso a través de imágenes oníricas como expresa el
primer manifiesto surrealista de André Bretón:

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“¿por qué razón no he de otorgar al sueño aquello que a
veces niego a la realidad, este valor de certidumbre que,
en el tiempo en que se produce, no queda sujeto a mi
escepticismo?

¿Por qué no espero de los indicios del sueño más de lo


que espero de mi grado de conciencia, de día en día más
elevado? ¿No cabe acaso emplear también el sueño para
resolver los problemas fundamentales de la vida?”

Las sensaciones que traspasan nuestra conciencia


proporcionan un impulso añadido en nuestra mente.
Percibimos con mayor precisión el contenido de los
mensajes, a través del presentimiento o de los
sentimientos, facilitando la expresión de nuestras
emociones. La capacidad para relacionarnos o para
desarrollar nuestra tarea tendrá un estímulo añadido. La
acción conjunta entre la expresión de las emociones y el
uso de la razón conforman una base saludable necesaria
en nuestra vida personal y social.

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CONFLICTOS DE LA CONVIVENCIA

Especialmente resulta doloroso cualquier tipo de


agresión dentro del ámbito familiar por el hecho de ser el
núcleo social con mayor vinculación entre sus
componentes. Las manifestaciones afectivas, al igual que
ocurre en cualquier grupo, contienen elementos
contradictorios pero son más acentuados en este
contexto entre otras cosas por la proximidad de las
relaciones o por la decisión de desarrollar papeles que,
incluso tradicionalmente opuestos en muchos aspectos, a
veces se solapan pudiendo entrar fácilmente en conflicto.
Las actitudes de los miembros que componen una familia
van cambiando, al tiempo que se modifica la relación de
dependencia entre sus miembros, y no siempre lo hacen
en sintonía. Las reacciones pueden ser diferentes a las
actitudes manifestadas hasta ese momento o carecer de
coherencia con los compromisos adquiridos hasta llegar a
la agresión, a veces sin razón aparente en tales
circunstancias, por lo que no debemos conformarnos con
un sólo motivo puntual precedente y habrá que buscar
además causas más profundas.

Existe un nexo de unión entre las relaciones de pareja


y los comportamientos infantiles en estas
contradicciones. Como ejemplo de paralelismo en las
distintas reacciones se pueden observar conductas
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carentes de control con secuencias parecidas: el niño por
el hecho de estar en una fase madurativa inicial precisa
seguir las indicaciones de sus padres aunque él prefiere
explorar y traspasar los límites, sin ser consciente de los
riesgos asociados a su acción, provocando con ello en
algunas ocasiones, además de la atención, la reacción
insegura de los padres a través de reproches, gritos o
incluso castigos físicos..... En cierta forma el niño intuye
que la iniciativa la marca él, que controla las reacciones
de los padres, y procurará por tanto repetir o incrementar
estas acciones si los padres mantienen su vacilación a
pesar de que el propio niño, con una responsabilidad muy
limitada, será sin duda el más perjudicado. Por una parte
sufrirá las posibles consecuencias inmediatas de sus
actos y por otra la transmisión de inseguridad que
acarreará la reacción indecisa de sus padres. Del mismo
modo cuando un adulto agrede verbal o físicamente a su
pareja esta misma agresión, igual que en el niño, puede
provocar una peligrosa sensación irreal e irracional de
dominio sobre el agresor llegando incluso a experimentar
cierta satisfacción por creer que controla la amenaza.

En parejas conflictivas estas actuaciones se irán


autoalimentando en un contexto cíclico y en un caso se
pueden despreciar las amenazas reales que van
aumentando progresivamente y en el otro se puede
apreciar de manera consciente o inconsciente que ese
tipo de actuaciones agresivas es lo que realmente le hace
protagonista, siendo la única forma de mantener una
posición dominante respecto a su pareja. Cuando un
miembro de la pareja actúa de forma violenta y
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amenazante lo más sensato resultaría recurrir a la ayuda
externa, guardar la distancia o dejar claro que ese tipo de
actos no lo vamos a consentir más. Sin embargo con
relativa frecuencia se olvida esa agresión, o se aceptan
disculpas poco convincentes con la facilidad de quien
cambia de humor al día siguiente, y no se toman medidas
preventivas necesarias. No siempre la falta de autonomía
económica o la falta de protección social son las causas
de estos cambios poco consistentes. La única actitud
coherente ante la agresión es la clara y firme
determinación de eliminarla ya que el compromiso o la
mutua aceptación son incompatibles con una situación
insegura o amenazante Por eso cualquier acomodación a
la misma lejos de ser un acto de amor representaría más
bien una actuación temeraria sin más que puede tener
motivaciones egocéntricas. Paradójicamente la ambición
de control y dominio sobre el otro puede ser una causa
importante de esa aparente sumisión.

Nuestras raíces no son ajenas a la lucha por el


dominio y la conservación de los privilegios adquiridos. El
hombre ha conseguido un alto nivel de eficacia en la
lucha por la supervivencia y en el control sobre otras
especies utilizando preferentemente la capacidad racional
ya que incluso originalmente el uso de la fuerza física no
ha sido el arma más eficaz. Tampoco el hecho de
descuidar los riesgos, de ofrecer una excesiva exposición
actuando de manera temeraria y sobrevalorando la
fortaleza física. Sin embargo el básico y elemental uso
irracional de la fuerza o el deseo de protagonismo,
priorizando el deseo de superioridad por encima de la
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empatía o prescindiendo de la intención de comprender y
tomar en consideración las diferencias que nos distinguen
y que nos enriquecen al mismo tiempo, frenan o desvían
el proceso natural evolutivo. El largo período de
crecimiento dentro de la familia fortalecerá los vínculos
próximos como más tarde lo hará su incorporación a
otros grupos sociales (escuela, empresa, política,
creencias, aficiones...) cuantitativa y cualitativamente
diferentes, que requieren mantener una organización y
equilibrio entre sus miembros para garantizar su
funcionamiento. La convivencia precisa normas pero
sobre todo requiere el compromiso personal de cada uno
de sus componentes. Esto es más palpable dentro del
ámbito familiar en donde la responsabilidad de los
padres, con papeles que pueden ser distintos entre sí,
ayuda a madurar al niño desde el mismo momento de su
nacimiento. En las circunstancias actuales y en las
sociedades más avanzadas el acceso al trabajo, la
facilidad de movimientos y la amplia variedad de
aptitudes que requieren las distintas tareas del mercado
laboral se adaptan mejor que en épocas pasadas a las
diferentes características de un mayor número de
personas. Los roles sexuales han ido modificándose,
generalmente disminuyendo las diferencias, y el contacto
y el control sobre los hijos tiende a repartirse reduciendo
la dedicación desproporcionada por parte de uno sólo de
los padres. La mayor iniciativa de la mujer es necesaria
para una sociedad más igualitaria, e incluso más
eficiente, pero también el reparto de tareas en el hogar, la
aplicación de las normas y la confidencialidad con los
hijos deberían ser más equitativos para evitar una
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sociedad con distintos privilegios para uno u otro sexo.
No es evidente que un solo género imponga un rol
determinado al otro sino que es más palpable aún la
existencia de una cierta resistencia generalizada, en
cualquier tipo de sociedad y por parte de ambos sexos, a
abandonar los papeles tradicionales. Las diferentes
actitudes interculturales e intra culturales, especialmente
perceptibles en un mundo globalizado, generan
confrontaciones inevitables frecuentemente asociadas a
ideas políticas o religiosas.

La resistencia se pone de manifiesto en expresiones


que se hacen eco, exagerado a veces, de diferentes roles
que se convierten en tópicos. Como un ejemplo más
próximo de los mismos, que han sobrepasado a distintas
generaciones y que han coincidido a veces, encontramos
dos que tienen la misma raíz pero de signo opuesto e
igual de injustos. Se aplicó el término “macho” o
“machote” para resaltar las diferencias respecto al sexo
femenino y al mismo tiempo imponer al hombre un
determinado papel sobredimensionando determinadas
cualidades como el arrojo, la valentía, la decisión o la
fortaleza al mismo tiempo que despreciaba otras como la
sensibilidad o la ternura. Como reacción opuesta,
representativa de una nueva mentalidad, se utiliza el
término “machista” como sinónimo de actitud
discriminatoria u ofensiva contra personas más débiles.
No sería apropiado ni parecería justo, y desde luego
puede resultar humillante, la atribución de determinada
conducta, asociada muchas veces a la tragedia o al delito,
a un término con la misma raíz de uno de los sexos,
27
especialmente cuando las actitudes que implicaban en
implican las palabras “machote” “machismo” o “machista”
también se reconocen fácilmente en el comportamiento
femenino. Como tampoco sería sensato asociar el término
feminismo a cualquier hecho negativo como actitud más
frecuente en la mujer. Deberían desterrarse los términos
“feminista” como sinónimo de progreso o “machista”
significando lo arcaico. Está suficientemente demostrado
que la atribución de conductas delictivas o proclives al
delito hacia determinadas razas, religiones o grupos
sociales no ha servido más que para simplificar lo que en
realidad es complejo y en todo caso sólo ha sido un
estímulo para generar más odio o agresiones. Tampoco
“violencia de género” sería apropiado para denominar
hechos delictivos de los que se desprende que es el
hombre el único que muestra una actitud agresiva. Si bien
los culpables de cometer un delito son merecedores de
las penas asignadas en el ordenamiento jurídico no
podemos derivar toda la responsabilidad del maltrato, si
perseguimos su erradicación, a la mitad del género
humano como podría deducirse de la expresión. No
parece necesaria otra denominación que no sea la
general referencia a la violencia en el seno de la familia, u
otro tipo de trasgresión, con la referencia y descripción
de ese hecho en particular.

28
29
Las trayectorias de una relación que mejora y se
afianza cada vez más o que finaliza en enfrentamiento
presentan similitudes en determinados momentos o
pueden cambiar de signo en un momento puntual.
Cuando la vinculación afectiva comienza a consolidarse el
interés por el otro se hace mucho más patente. En cierta
forma se intenta descubrir cual es el estado de ánimo de
la pareja en cada momento, se muestra más sensible ante
los cambios de humor, se pregunta con frecuencia sobre
sus preferencias en todos los ámbitos posibles y trata de
descubrir cuales son los detalles más significativos de su
vida. De igual modo se intenta mejorar las actividades
conjuntas de la pareja, acomodarse lo mejor posible en
su lugar de residencia o cambiar aquellos aspectos de la
convivencia que pudieran dar lugar a desencuentros. La
intensidad de la relación afectiva cambia progresivamente
en un sentido o en otro; en el mejor de los casos se
acrecienta esta relación enriquecedora aunque adquiera
un cierto carácter de rutina compartida y beneficiosa para
ambos, disminuyendo la intensidad pero manteniendo los
aspectos positivos de la convivencia, mejorando la
confianza mutua. Desafortunadamente otras veces ocurre
que en lugar de cambiar solamente de intensidad estas
actitudes que facilitan la relación van trasladándose
progresivamente al extremo opuesto. La distribución de
tareas encuentra frecuentes puntos de fricción y los celos,
con fundamento o sin él, representan el reflejo de la

30
escasa confianza o compromiso que mantienen entre sí
confundiéndose con la falta de respeto necesario a la
privacidad en diferentes cuestiones que no tienen que
afectar a la relación y que merman la autoestima del
individuo. En lugar de interesarse por el otro se acumulan
prejuicios, que tan sólo reflejan la propia opinión o bien
se convierten en críticos de las iniciativas ajenas al
margen de la intencionalidad y del esfuerzo realizado,
combinando alabanzas y reproches o autoproclamándose
portavoz del bienestar familiar. Lejos de ayudar a
compensar posibles defectos de su pareja se utilizan
como instrumento de descalificación. Se llega a difundir
una imagen con la que no se siente en absoluto
identificado, acerca de su forma de ser o actitudes, en el
entorno próximo y más sensible; o bien muestra una
oposición arbitraria a muchas iniciativas de la pareja
exclusivamente por provenir de ella. Las decisiones hasta
entonces compartidas pasan a ser personales y a veces
contrapuestas. Esto induce al cambio del estado de ánimo
derivando hacia la inhibición o hacia actitudes agresivas e
incontroladas

31
32
Cuando la pareja tiene hijos menores a su cargo estos
representan un estímulo añadido para la colaboración
alternándose como una de las causas de desavenencias.
El crecimiento de los niños implica una transformación en
las actitudes de los padres que también se refleja en la
relación de la pareja. El cuidado de los hijos, desde el
nacimiento hasta su emancipación, debe tener en cuenta
su desarrollo evolutivo ya que la tarea de educar lleva
implícita un tipo de relación y exigencia apropiados para
cada etapa. Si nos referimos a los problemas que afectan
a su formación, por orden de prioridades en cuanto al
perjuicio que acarrean, tal vez el castigo físico y la
explotación laboral son los hechos que tradicionalmente
han impedido que su educación se desarrolle y se
consolide además de ser degradantes para su desarrollo
personal. Es obvio que sigue siendo primordial
combatirlos ya que incluso hoy día ocurren con más o
menos frecuencia e intensidad en todas las sociedades y
culturas. Sin embargo en una sociedad desarrollada y
culturalmente avanzada hay una forma más sutil y
mucho más extendida de privar al niño de su autonomía y
por tanto del equilibrio madurativo necesario en su
desarrollo: la sobreayuda y la sobredependencia. Impedir
que el niño conozca la existencia de determinados límites
y donde están situados es privarle de referencias claras
para la consecución de sus propios objetivos y de las vías
idóneas para lograrlo. No sería exagerado considerar la

33
sobreayuda como una forma de maltrato que atenta
contra el desarrollo de la autonomía en el niño, que le
priva de la libertad necesaria para enfrentarse con éxito a
la realidad y que por tanto afecta a toda la sociedad. La
educación pretende favorecer la responsabilidad y
autonomía que guíen al niño a la plena madurez. Estos
objetivos deben plantearse a través de una acción
eficiente para que este vaya madurando en un ambiente
distendido, con los estímulos adecuados, hasta conseguir
su pleno raciocinio y la plena reciprocidad en las
relaciones. Esta relación igualitaria en derechos y deberes
como objetivo es, si cabe, más importante en el ámbito
familiar que en otro grupo para evitar que la inercia de la
etapa de gran dependencia que tuvo en los primeros años
la asuman los padres como algo rutinario para el resto de
su vida. Habríamos pasado en este caso de un papel
educativo adecuado en las primeras etapas a una dejación
de funciones con el paso del tiempo.

En la etapa inicial del desarrollo del niño la serenidad y


la firmeza por parte de los padres resultan más eficaces
para moldear su comportamiento que un debate abierto
con él. Un niño recordará mejor, y probablemente influirá
más en su conducta, el premio que ha recibido por ayudar
a su hermanito que las aclaraciones adicionales de los
padres. A veces ocurre tanto en casa como en el colegio
que nos empeñamos, siempre con la mejor intención, en
convencer y argumentar hasta la extenuación a los niños
con la conducta más irresponsable preocupándonos
menos en exigir el cumplimiento de sus obligaciones
mientras que requerimos con total naturalidad que se
34
castigue con el máximo rigor a un adulto que ha
cometido una pequeña infracción que no ha causado
ningún riesgo. En el último cuarto del pasado siglo
existía cierta polarización en la sociedad que se reflejaba
en la actuación educativa. La reacción a un sistema
sociopolítico y la influencia de algunas corrientes sociales
y educativas internacionales se oponían a cualquier
actuación sancionadora considerándola un símbolo de
represión y opresión. Por el contrario había quienes
consideraban que sólo el endurecimiento de las sanciones
serviría de escarmiento para eliminar de raíz
comportamientos inadecuados. Afortunadamente esa
fijación en las consecuencias negativas de uno u otro
signo está menguando ya que estas no son ni mucho
menos tan determinantes en la modificación de la
conducta como se preveía aunque sí son eficaces para
soluciones a corto plazo y es conveniente utilizarlas
cuando son proporcionadas y se advierten con antelación,
junto a otras medidas más eficaces, para modificar
actitudes que no son convenientes para el niño como
aquellas que afectan a su seguridad o formación.

Tratándose de un niño hay que entender que si hay


que educarle es porque todavía es un ser inmaduro y
probablemente las consecuencias, sobre todo las
positivas, actuarán de manera más eficaz en su conducta
que el uso de una escasa capacidad reflexiva. A medida
que va madurando los planteamientos convincentes
deben primar sobre las consecuencias ya que, si se
entienden y se asumen los argumentos, estos tendrán
una consistencia más sólida en sus actos. Debemos darle
35
pautas de conducta pero por muy evidente que hayamos
hecho el razonamiento no será tan efectivo como los
argumentos y la conclusión a los que haya llegado el
propio niño, aunque estos sean imperfectos. Por eso lo
que él verbaliza al respecto será mucho más seguro que
todo nuestro discurso. A medida que el niño va
formándose la racionalización se impone y por eso
cuando asume e interioriza una conducta va a tener unos
efectos más prolongados y más firmes.

En la adolescencia tratará de afianzar su propia


personalidad y para ello precisa diferenciarse de los
demás. Posiblemente utilice para tal fin a personas
adultas que en un momento o en otro le han servido
como referencia. Por esto los padres serán un buen
recurso para oponerse y demostrar, sobre todo a sí
mismos, que ya poseen su propia personalidad. Hay que
relativizar la importancia de estos potenciales conflictos
ya que no tienen un cariz profundo sino que son una
especie de ensayo, de ponerse a prueba a sí mismo y a
los demás. Por eso si la respuesta de los padres es
tranquila, coherente y ajustada los efectos serán
pasajeros. Incluso el joven puede sorprenderse cuando
uno de los padres aprovecha la oportunidad por
diferentes motivos poniéndose de su parte y
estableciendo distancias con su pareja. Sin duda
diferenciarse respecto a los demás e integrarse, o buscar
su sitio en el grupo, es lo que caracteriza este proceso
madurativo y se va a mantener a lo largo de toda la vida,
como una posibilidad de enriquecimiento. La búsqueda
de la igualdad hay que entenderla de manera positiva
36
respecto a compartir los mismos derechos y deberes o a
la ausencia de privilegios que imponen dificultades
arbitrarias para el logro de determinadas metas aunque
los términos a veces pueden resultar confusos o
ambivalentes. Así una persona que se considera
tolerante suele ser respetuosa pero sensible ante
situaciones injustas que trata de cambiar. Probablemente
es más consciente de situaciones de este tipo que la
mayoría de la gente y además no se resigna ni se inhibe
ante ellas, por lo que ejemplarmente tendrá un nivel más
alto de intolerancia. Por el contrario una persona
inflexible que no se conmueve por nada puede tolerar o
permanecer ajena a cualquier circunstancia que se
produce a su alrededor, aunque sea dolorosa, mientras él
no se sienta perjudicado.

Los contrastes son palpables en la adolescencia siendo


frecuente encontrar situaciones extremas de inhibición o
de gran actividad social con valores muy marcados.
Generalmente las relaciones sociales aumentan de
manera considerable en esta etapa y esta tendencia va a
consolidarse resultando más extraño aún el aislamiento
acentuado que sucede en algunos casos. Pueden aparecer
estados depresivos o comportamientos en el límite de la
legalidad y no necesariamente tienen un largo período de
duración ya que pueden adoptar una actitud cambiante,
incluso contraria a la manifestada. Se trata de buscar y
consolidar la identidad en medio de un mar de dudas
acogiendo en unos casos ideas extravagantes y originales
que poco tienen que ver con la realidad o siendo
sumamente estrictos en el cumplimiento de ritos que
37
distinguen a su grupo o tribu de referencia. La
prepotencia y los posibles fracasos pueden ser causa y
consecuencia directa a lo largo de esta etapa. El joven al
mirar atrás percibe que en pocos años se ha
transformado física e intelectualmente de una manera
sorprendente. Ha conseguido una fortaleza física y
determinadas aptitudes intelectuales superiores a la
mayoría de los adultos. En algunos casos estos cambios
se deben casi exclusivamente al proceso natural de
crecimiento sin que se haya esforzado en gran medida.
De ahí proviene la falsa sensación de que su desarrollo
continuará de forma rápida e imparable y que el tiempo
solucionará la carencia de interés o esfuerzo en su tarea
diaria. Por esto se aprecia a veces un exceso de
optimismo en la solución de problemas de rendimiento o
en la consecución de metas que discrepan abiertamente
con la trayectoria seguida. La falta de prudencia es el
resultado y la creencia de que un pequeño esfuerzo y la
naturaleza desbordante alcanzarán cualquier objetivo.

Si en los primeros años de escolarización los


familiares o compañeros de colegio son los principales
referentes en la socialización esto va a cambiar de
manera sustancial para el joven ya que en esta fase
aumentan significativamente su capacidad de movilidad y
la facilidad para frecuentar distintos ambientes. es
importante destacar el gran desarrollo tecnológico en el
campo de la comunicación durante la última década y
especialmente la aparición de las redes sociales que
permiten extender la interacción social salvando las
distancias y la presencia física. Aunque es preferible
38
resaltar la multiplicidad de ventajas que podemos
aprovechar con su uso debemos reconocer que los
riesgos, si nos atenemos a la multiplicación de delitos
cometidos en la red, son más que evidentes y la
tendencia seguida es al incremento de los mismos. El
uso y control de estos recursos traspasan las fronteras ya
que la inspección trasciende a las normas convencionales
de los distintos países y existen intereses de muy diversa
índole difíciles de regular. Hay páginas en internet no
recomendadas para determinadas edades que los padres
deben controlar. Los peligros que corren los datos
almacenados en el ordenador y la necesidad de
protegerlos deben ser tenidos en cuenta y aplicar los
programas precisos para su defensa. El acoso en la red se
ha disparado y la posibilidad de robar información
confidencial o manipular los contenidos hace que sean
precisamente los jóvenes los más expuestos a estos
riesgos ya que al desarrollo madurativo incipiente se une
la falta de experiencia y el desinterés por la toma de
precauciones en el intercambio de información. Los datos
personales que se introducen en la red sin las debidas
cautelas pueden estar al alcance de muchos en muy poco
tiempo. Las imágenes expuestas en la red son muy
difíciles de borrar y a veces afectan a terceras personas a
las que ni siquiera se les ha pedido su consentimiento
para introducirlas. Muchas veces no se conoce al
interlocutor y no hay posibilidad de contrastar la
descripción que hace de sí mismo ni de sus intereses
reales. Las posibilidades de utilizar o deformar los datos
digitales parecen no tener límites por lo que el uso
malintencionado es un riesgo evidente. A esto debemos
39
añadir el escaso conocimiento sobre su utilización de las
generaciones precedentes, es decir los propios padres,
que si bien ejercen cierta intervención sobre otros
posibles riesgos no saben poner límites razonables al uso
de las nuevas tecnologías. Es importante que los padres
realicen el esfuerzo apropiado para actualizar
progresivamente los conocimientos sobre estos medios
de comunicación ejerciendo un control real y de
supervisión, al tiempo que encuentran mayor utilidad
para ellos mismos aprovechando las múltiples
posibilidades que nos ofrecen estas tecnologías de la
información, reduciendo de este modo los riesgos para
sus hijos. Es evidente que la necesidad de prevención no
justificaría una actitud alarmista y prohibicionista sin más
que desaprovechara o mermara las ventajas de
comunicación para los jóvenes. En cualquier caso la
precaución más eficaz para todo tipo de riesgos consiste
en saber crear un clima de confianza y de respeto a lo
largo de todo el período de formación. Los chicos más
precavidos son los que han aprendido a aceptar los
límites dentro y fuera de la familia; la confianza familiar y
la sinceridad permitirán a los padres actuar anticipándose
y utilizar ante todo, si no sus conocimientos informáticos,
sí al menos el sentido común .

Mejor informados y más atentos estamos sobre los


riesgos del consumo de alcohol y tabaco ya que las
nociones que poseen los padres y la experiencia en su
utilización a través de distintas generaciones son más
extensos y los efectos que producen suelen ser más
próximos a su consumo. Tal vez por eso, por estar más
40
familiarizados, se baja la guardia como si fuera inevitable
que los jóvenes tuvieran que atravesar un período de
iniciación asociado al descontrol hasta que llegue el
momento de asumir de golpe todas las
responsabilidades. Es preciso aclarar a los hijos los
riesgos que corren por el abuso en su consumo aunque
se reconozcan ciertos efectos de distensión e inhibición
iniciales que se producen en un ambiente de diversión,
asociado generalmente a las primeras consecuencias,
pero no mucho menos inmediatos se encuentran riesgos
importantes, como ir perdiendo paulatina e
involuntariamente la capacidad de control, llegando
incluso a provocar algún tipo de accidente o situación
desagradable. Aunque pensemos que nuestro hijo por sí
sólo no llegaría a realizar ese tipo de conductas no
deberíamos obsesionarnos para tenga que cambiar
necesariamente de amistades si nos preocupa que se
encuentre con ellos en una situación de riesgo. Hay que
ser conscientes de la importancia que tienen los amigos y
especialmente para un adolescente. Si no podemos influir
para que busque otras alternativas en sus relaciones sí al
menos hay que procurar que actúe de manera asertiva,
esto es que sea responsable y se atreva a decir no cuando
lo crea conveniente, además de procurar un papel activo
en su grupo con propuestas más imaginativas y
saludables. Es indudable que el ambiente social marca las
actividades de ocio que generalmente se relacionan con el
consumo. Una discusión socorrida entre jóvenes y no tan
jóvenes es saber si lo que precisan consumir para pasarlo
bien debe ser caro o barato, o si se sabe o no se sabe
controlar el punto, y por eso la cultura del botellón puede
41
enarbolarse como una reivindicación o conquista del ocio
asequible a todos los bolsillos. Los medios de
comunicación suelen explicitar con profusión este tipo de
ambientes y sus consecuencias asociadas a las quejas de
quienes las padecen. Cuanto menos hay que decir que no
se trata de uno de los logros más imaginativos que se
hayan podido alcanzar. De una forma u otra todos los
adultos hemos tenido alguna experiencia negativa propia
o cercana a nosotros en esta etapa a pesar de lo cual la
receptividad ante las recomendaciones en el papel que
hay que jugar con los hijos puede ser de escepticismo,
proclive a identificarse con ellos cuando tenían su misma
edad, deduciendo que tan sólo es una experiencia más
por la que inevitablemente tienen que pasar. No obstante
merece la pena renunciar al fatalismo y reflexionar sobre
la influencia que podemos ejercer para prevenir y evitar
conductas inadecuadas, incluso peligrosas, que actúen
como lastre en la vida de un individuo. Es preciso
considerar que el contexto generacional sufre
modificaciones y aparecen nuevos problemas, más
difíciles de controlar, a los que no conviene añadir los ya
tradicionales. Al referirnos al ocio pensamos en
objetivos más o menos próximos como descansar o
pasarlo bien en ese mismo momento. Ello no quiere decir
que el ocio saludable no tenga nada que ver con otras
metas, como llegar a ser una persona competente y
equilibrada, o con la realización de cualquier tipo de
esfuerzo igual que el que se requiere para una tarea
formativa. En general existe un contraste natural y
evidente entre el ambiente de ocio y el de trabajo. No es
igual la percepción que tenemos si nos sirve de ejemplo
42
viajando en transporte público a determinadas horas de la
mañana, camino del trabajo o del centro de estudios, que
por las noches en una zona de diversión. Aquí se
encuentran las personas distendidas, con atuendos
llamativos y la expresión de querer pasarlo bien; en
cambio en el primero se aprecia una mayor actitud de
introversión anticipando una actividad que requiere
mayor concentración y esfuerzo. Por eso es tan fácil para
un joven asociar el trabajo al aburrimiento y el ocio a
los placeres de la vida lo que no debería ser así
exactamente. Es preciso saber combinar el tiempo de
trabajo y el de ocio, actuando consecuentemente, de
acuerdo con nuestros compromisos y con las razonables
limitaciones.

Al aproximarse la mayoría de edad el joven, dotado de


una mayor capacidad física e intelectual, adquiere en la
práctica nuevos derechos y obligaciones. Algunos
cuidados que en etapas anteriores eran una simple
costumbre se convertirán exclusivamente en privilegios si
se mantienen indefinidamente. Si bien las necesidades y
la posibilidad de aportaciones materiales son
generalmente desiguales entre padres e hijos existen
aspectos de la relación en los que los hijos pueden
incluso tener ventajas sobre los padres. En lo que no cabe
duda es en la capacidad para comprender y abordar
situaciones complejas, sean o no problemáticas, y en la
posibilidad de participar en soluciones racionales a los
problemas prioritarios que en un momento determinado
se plantean en la familia. El hecho de que cada uno de
los padres adopte actitudes diferentes de una manera
43
predominante ante los hijos, por ejemplo que uno de
ellos sea más comprensivo y otro más seguro en las
decisiones a tomar, no excluye la conveniencia de que al
menos traten de actuar en sintonía, de la manera más
coordinada posible sin aparentar mundos opuestos, por
lo que en unos casos habrá que hacer un mayor esfuerzo
para actuar de manera firme y en otros casos hay que
estimular entre todos mayor confianza. Como muestra de
deslealtad con la pareja, sobre todo con los hijos, es
utilizar la expresión: “se lo voy a decir a tu padre/madre”,
como amenaza de un castigo, para que el hijo cumpla sus
obligaciones. Además de demostrar incompetencia
induciría a poner una barrera entre los hijos y el otro
progenitor, al que en modo alguno facilita su labor
paterna. Lo que está haciendo en este caso es atribuirle
esa coacción, incluso sin que llegue a enterarse,
mermando su papel tanto en la firmeza como en la
confianza precisas para desarrollar su tarea. El ambiente
familiar idóneo debe ajustarse a las necesidades básicas
de seguridad y comunicación que la educación requiere
sin que se estrictamente necesario a través de la
estructura familiar clásica. No solo la familia sino toda
la sociedad debe estar implicada en la formación de los
menores dotando a través de las distintas esferas
( sistema educativo, medios de comunicación, justicia…)
los recursos precisos y las medidas de prevención
necesarias que requiere este proceso.

Un adulto responsable que utiliza los medios a su


alcance es capaz de desempeñar con éxito, como se
puede encontrar en multitud de ejemplos, el papel
44
exclusivo de padre o madre. La estadística no obstante
demuestra un mayor riesgo de fracaso académico en los
hijos de familias monoparentales que en los de aquellas
que están constituidas por ambos padres por lo que
conviene tomar en consideración algunos aspectos
diferenciales de los sexos que a veces se desprecian pero
que influyen de manera decisiva en el equilibrio
madurativo del niño. No significa esto que la
complementariedad se ejerce siempre de la misma forma
por el padre de un lado y la madre por el otro. Es mucho
más importante la elección del papel o los papeles de
intervención que desarrolla la pareja en el ámbito
familiar, el que cada uno prefiera tomar y de mutuo
acuerdo, que ajustarse a los tópicos de cada sexo pero es
cierto que se encuentran casos extremos representativos,
casi cortados por el mismo patrón, que conviene tener en
cuenta. Un ejemplo con el que me he encontrado en
algunas ocasiones es el de un niño o niña con serios
problemas de conducta que vive sólo con su madre. En la
entrevista la madre ha demostrado ser meticulosa,
preocupada por lo que sucede en el colegio, por la actitud
que su hijo manifiesta en casa y una actividad tal vez
excesiva para acudir a reparar y a reprender. En todo
momento da la impresión de que es el menor quien lleva
la iniciativa y la madre reclama distintas soluciones para
cada hecho concreto. Otro caso menos frecuente por
razones obvias pero también repetido es el de un niño
con importantes problemas académicos que vive sólo con
su padre. La demanda de entrevista ha sido planteada por
el colegio porque alguien ha visto al niño en un bar por
la noche mientras su padre departía tranquilamente con
45
los amigos. El padre se ha mostrado sorprendido, tiene la
impresión de que eso no debería ser asunto del colegio, y
asegura que su hijo no tiene problemas garantizando que
le sacará adelante aunque se le den mal los estudios.
Efectivamente puede tratarse de estereotipos y de casos
extremos pero cuesta imaginar a la misma madre
actuando con tanta tranquilidad en situaciones tal vez
intrascendentes o al mismo padre tremendamente
preocupado dándole vueltas a todo lo que concierne a la
educación de su hijo.
Otro hecho significativo se refiere a algunos hijos de
inmigrantes cuando el padre, la madre o ambos llevan
varios años trabajando en un país distinto sin poder ver a
sus hijos que están al cuidado de otros familiares en su
país de origen. En el momento de la reagrupación familiar
cabe la posibilidad de que los hijos se sientan
emocionalmente muy afectados porque, en lugar de
vivirlo esencialmente como un reencuentro con sus
padres con los que tienen muy poco contacto más allá de
las conversaciones telefónicas, interpretan que se han
separado de su verdadera familia, (abuelos, tíos,
primos...), con la que han estado conviviendo durante
buena parte de su infancia. En ocasiones la relación
empieza a resultar conflictiva con los padres biológicos
por este motivo y acaban volviendo a su país de origen
surgiendo intensas reacciones de frustración en toda la
familia.

Los hijos necesitan el ánimo o estímulo del adulto


para realizar las tareas precisas en su educación pero a
menudo también es necesario la exigencia. Es frecuente
46
infravalorar la capacidad de los hijos por parte de los
padres evitando plantear su participación en obligaciones
comunes perfectamente realizables por aquellos. Es
comprensible que los hijos encuentren más cómoda y
sencilla la actitud egocéntrica, actuando de forma
inmadura y perjudicando su educación, sin tener que
preocuparse por los demás o esperar a que se les indique
constante e insistentemente cada tarea que deben
realizar para tener que esforzarse menos. En ambos casos
se le priva al hijo de la sensibilidad necesaria para actuar
o tomar decisiones responsablemente, siendo también
más fácilmente manipulables. Si los padres no actúan
correctamente podría trasladarse más tarde esta falta de
responsabilidad en casa a otro tipo de ambientes
surgiendo comportamientos poco respetuosos o incluso
agresivos contra bienes personales o sociales. Hay que
entender que mientras aceptan voluntariamente algún
tipo de dependencia, aunque sean mayores de edad o
autónomos económicamente los padres pueden y deben
influir en ellos si no imponiendo decisiones sí al menos
ofreciendo propuestas e indicaciones, en tanto en cuanto
conoce la situación real de manera más objetiva, para que
se atiendan seriamente... y por supuesto exigiendo una
acción recíproca a sus hijos. La educación idónea no
reside en aquella en la que los padres ayudan
constantemente a su hijo en sus tareas, o que le
proporciona todo cuanto desea, sino la que limita esa
ayuda a lo estrictamente necesario, la que proporciona el
ambiente de trabajo y concentración necesarios y exige
que actúe de manera autónoma en función de sus
posibilidades.
47
Durante el proceso de separación de los padres se
produce una situación más complicada para los menores
por causa de la cual algunos alumnos bajan su
rendimiento durante la etapa escolar, incluso cuando esta
ruptura es amistosa y los padres cuidan la actitud y las
repercusiones que va a tener en sus hijos. Esta merma
temporal de su trabajo debe considerarse razonable ya
que es comprensible el hecho de sentirse afectado por las
alteraciones en los estados de ánimo o de los
sentimientos de las personas con las que está vinculado y
es probable que limite su capacidad de concentración.
Puede dar la impresión de que son los hijos mayores los
más sensibles a estos cambios ya que su capacidad de
empatía y el grado de comprensión de los problemas que
les afectan es mucho mayor que el de sus hermanos
pequeños, porque exteriorizan más sus sentimientos,
pero lo más probable es que la madurez adquirida le
aporte más recursos de racionalidad cribando
paulatinamente los elementos conflictivos y superando
mucho mejor estas transformaciones importantes en su
entorno. Son los hijos pequeños los que sentirán más los
efectos aunque sus consecuencias pueden diferir en el
tiempo y no ser fácilmente observables. Tratándose de
un adolescente inmerso en este proceso conviene tratar
de entender cómo se siente y aconsejarle para que no
caiga en la pasividad o en el abatimiento, que tome un
papel activo, procurando no sentirse culpable ya que el
origen del problema no es suyo sino de sus padres y
tampoco tiene la responsabilidad de solucionarlo. Puesto
que en la adolescencia existe una gran capacidad
48
intelectual, aunque su experiencia sea limitada, le servirá
de estímulo y le dará confianza en sí mismo el hecho de
interesarse directamente por los problemas de sus
padres, preocupándose por preguntarles y entender
algunos detalles, y también aportando alguna sugerencia
de intermediación o de actuación conjunta aunque no
tenga éxito en sus resultados. Él mismo se pondrá a
prueba para calibrar su grado de madurez y no supondrá
un problema añadido al conflicto de los padres sino una
posible solución. Al menos les tranquilizará cualquier
iniciativa de su hijo en ese sentido puesto que reacciona
adecuadamente, sabiendo que sus diferencias se limitan a
ellos mismos, aportando un punto de satisfacción y de
encuentro entre ambos. Es evidente que el rendimiento
depende en gran medida de la capacidad de atención y
concentración del alumno y que una crisis familiar,
aunque sea transitoria, impedirá su plena utilización.
Conviene mantener la atención personal para saber con
precisión como le afecta y procurar una rápida
recuperación. El hecho de que las situaciones de
bienestar o los problemas personales que afectan a un
miembro de la familia trasciendan más allá de uno mismo
es un hecho generalmente positivo que tiende a
relativizar las dificultades y a transmitir confianza. El
problema más grave, en caso de conflicto entre los
padres, sería el intento de instrumentalizar a los hijos en
la lucha contra la pareja. En este caso es fácil que uno o
ambos, con posible intervención de familiares cercanos,
traten de imponer un punto de vista parcial, utilizar
críticas independientemente de la predisposición del hijo
a escucharlas, o bien reducir el nivel de exigencias
49
exagerando al límite sus derechos o utilizando los
recursos de la familia de manera arbitraria para atraer su
voluntad. La edad del niño o el nivel madurativo
adquirido determinarán la alteración o el daño que este
puede sufrir.

Evitando las tentaciones y los riesgos de manipulación


que se generan en cualquier entorno debemos pensar que
la dependencia del ser humano, primero respecto a los
padres y después respecto al grupo, proporciona
seguridad no solamente en las primeras etapas sino a lo
largo de toda la vida para la consecución de objetivos
complejos e importantes. Esta dependencia no sólo no es
contradictoria con la autonomía personal sino que es
necesaria para que el grupo funcione adecuadamente ya
que el vínculo que les unirá finalmente será la propia
responsabilidad personal. A través de la familia primero y
en los grupos de referencia después resultará más
sencillo mostrarnos como somos y profundizar en
nuestros sentimientos ayudándonos al mismo tiempo a
identificarnos con nosotros mismos. Igual que los
padres han influido de manera considerable en la
adquisición de la autonomía de su hijo a través de un
proceso educativo adecuado este también influye sobre
sus padres, de una manera indirecta en los primeros años
y más tarde incluso de forma voluntaria. El adolescente
está perfectamente capacitado para adquirir un
protagonismo constructivo de forma deliberada. Los
errores motivados por su falta de experiencia pueden
ayudarle en la cimentación de su personalidad y ante los
50
inconvenientes o las frustraciones debe aprender a
asumirlos y plantear nuevos objetivos con la experiencia
acumulada. Es capaz no solamente de expresar sus
sentimientos y emociones sino también de captar un
amplio abanico de estados de ánimo en las relaciones
sociales y de buscar soluciones con el esfuerzo
compartido. Es preciso considerar que el camino
educativo adecuado es el que tiene en cuenta la
progresiva adquisición de responsabilidad y no sería
coherente que los padres permitieran, cuando el joven ha
adquirido mayor capacidad madurativa, una actuación tal
vez más irresponsable en el ámbito familiar.

51
EDUCACIÓN Y FAMILIA

La educación es algo más que el conjunto de


conocimientos y habilidades adquiridos. Dentro de ella
se cimientan esquemas de comportamiento autónomo y
responsable y desde el grupo familiar se aplican los
recursos educativos que ofrece la sociedad. Durante la
infancia los padres tienen un papel esencial en el
modelamiento de la conducta. La relación afectiva facilita
la adquisición de la autonomía física y psicológica a
través de actividades de autocuidado como vestirse,
asearse..., al mismo tiempo que se consolida cierto grado
de independencia intelectual en esta etapa pero sobre
todo en la adolescencia hasta desarrollar todas sus
aptitudes y adquirir hábitos de trabajo personal. Los
conocimientos transmitidos y las experiencias vividas a
través de los cuales va adquiriendo un mayor nivel de
autonomía, al igual que las primeras relaciones fuera del
ámbito familiar, son el soporte de su futuro desarrollo
social y de la adquisición del propio equilibrio personal.
Las peculiaridades individuales del niño y las profundas y
constantes transformaciones en las diferentes etapas de
su vida requieren la adaptación progresiva en la actitud
de los padres, a la vez condicionados por su propio ajuste
como el que se produce respecto a posibles cambios
laborales, cargas familiares o dificultades de

52
comunicación con la pareja. Por eso la recomendación de
asociar recetas únicas a modelos de conducta tipificados,
al margen del contexto en el que se producen, es algo
que difícilmente se demuestra útil. Uno de los primeros
conocimientos que los padres transmiten a los hijos se
hace a través de la participación conjunta en diversas
actividades referidas tanto al ocio como al trabajo.
Seleccionar las actividades extraescolares del niño,
teniendo en cuenta además de sus preferencias la
posibilidad de implicarse con sus aficiones, en ámbitos
diferentes y que pueda darles continuidad, le va a ayudar
a valorar y utilizar de manera más positiva su tiempo libre
y será una vía preventiva ante la pasividad o la utilización
de un ocio menos saludable.

Los recursos con los que cuenta la familia cambian con


el paso del tiempo y a veces se incrementan las
posibilidades materiales para poder utilizarlos pero es
conveniente utilizar la propia experiencia y el sentido
común para poder elegir los más adecuados. En una
reunión que tuvo lugar en el centro uno de los padres de
alumnos evocó un comentario escuchado: “Si un médico
que ejerciera en el siglo XIX resucitara ahora y le llevaran
a un quirófano para ver una operación de trasplante
difícilmente asociaría los nuevos recursos a los existentes
en su antigua práctica de la medicina. En cambio a un
profesor del mismo siglo que entrara en una de nuestras
aulas le resultaría muy familiar la colocación de los
pupitres, la pizarra o la relación profesor-alumno. Podría
incluso pensar que, después de tanto tiempo, en la
enseñanza pocas cosas habían cambiado. La respuesta a
53
esa posible primera impresión podría encontrarla ese
profesor visitando un aula de educación infantil o jardín
de infancia donde sí le sorprendería mucho más la
atención que reciben niños tan pequeños fuera de su
núcleo familiar. Se asombraría de que su cuidado no se
limitase a la alimentación, al descanso y a evitar
trastadas. Acto seguido hablaríamos del gran invento de
la educación que tuvo lugar mucho antes de que él
naciera y que sigue y seguirá cambiando el mundo
durante mucho tiempo. Se trata de una simple silla y una
sencilla y amplia mesa a la que se ha ido dotando de
distintos complementos a lo largo de la historia. Aunque
la mesa no sirviera en un primer momento para colocar
los libros o los documentos, para aprender o plantear
estrategias con ellos, ha ido soportando materiales
significativos distintos a los objetos culinarios desde el
pergamino, el tintero y la pluma de ave hasta los libros
impresos, diccionarios, agenda, la calculadora, o el
ordenador. La mesa es el lugar idóneo para comprender y
analizar contenidos, organizarlos, reflexionar, hacer
deducciones o sacar conclusiones; en definitiva para
cambiar la mente, para madurar. Tal vez para conseguir
lo que realmente importa no hacen falta demasiados
recursos, o al menos no tantos como la capacidad de
decisión.
Es necesario mejorar y aumentar los medios
educativos pero también es importante corregir actitudes
que limitan la eficacia educativa. Así por ejemplo poner
etiquetas peyorativas acerca del comportamiento de un
niño o de sus resultados escolares deriva en frustración,
descenso del nivel de motivación y quizás también
54
conformismo, aprovechando de manera inapropiada las
escasas expectativas depositadas en él. Ser “travieso” o
“mal estudiante” no explica nada y además puede servir
de justificación para dejar de esforzarse o para faltar al
respeto a los demás. De este modo los encargados de su
formación, padres y profesionales de la educación, suelen
distanciarse de estos comportamientos como si no
hubiera nada que hacer al respecto. No se trata de
culpabilizarnos porque esto también podría provocar
parálisis en la acción pero es preciso comprender el
problema en su más amplio sentido tratando de encontrar
las causas, que suelen ser complejas y diferenciadas,
buscando respuestas que probablemente no se basen en
la inmediatez o en la contundencia. Por el contrario se
puede llegar a sobredimensionar determinadas aptitudes
de un niño generalizándolo a toda su capacidad
intelectual. Es normal que un niño realice una observación
parcial de objetos o hechos por su madurez incipiente
pero a veces estos detalles, que a los adultos pasan
generalmente desapercibidos por no ser esenciales,
pueden ser considerados determinantes por los padres si
los realiza el niñ, para concluir que está dotado de una
capacidad extraordinaria de observación .

Cada vez es más frecuente el interés por parte de


algunos padres en demostrar que su hijo, aún muy
pequeño, posee altas capacidades intelectuales. Tanto si
hacen una valoración por propia iniciativa como si se hace
por decisión del centro, cuando existe un criterio similar
por parte del equipo educativo, se realiza una
observación específica y se miden las aptitudes
55
intelectuales, de manera especial la creatividad, pero
acto seguido si se confirma su alto nivel a través del
dictamen correspondiente los padres pueden sentirse
inseguros apareciendo los temores al fracaso académico
ya que se manejan estadísticas alarmistas al respecto.
Personalmente considero que se deberían valorar las
aptitudes de todos los alumnos, no solamente las de
aquellos con sospecha de presentar necesidades
educativas especiales, ya que inicialmente sirven, junto a
la observación que proporcionan los padres y los
resultados académicos, para predecir su rendimiento
inmediato de una forma práctica y tomar medidas más
personalizadas en su educación. No sería consecuente
establecer límites, a modo de etiqueta, a las grandes
posibilidades de transformación que tiene un niño. El
objetivo de conocer lo mejor posible al niño, desde
perspectivas diferentes, es precisamente ayudarle a
cambiar, a que su evolución en esta fase tan importante
se produzca de forma equilibrada, previniendo posibles
dificultades en el aprendizaje y estableciendo prioridades
en el refuerzo de sus aptitudes.

Cuando se dictamina un nivel de altas capacidades es


conveniente animar a los padres, evitando que surjan
grandes dudas o temores, sencillamente porque es muy
favorable para el niño tener una buena capacidad. Pero
dicho esto se les debe recordar, por la gran cantidad de
incógnitas que se plantean, que su hijo sigue siendo un
niño y que no deben esperar que sea él quien lleve la
iniciativa en cuestiones importantes de su formación o de
su seguridad ni que posea una idea más precisa de la
56
realidad que los propios padres. Si llega a fracasar en sus
resultados académicos posiblemente no será por causa
de sus óptimas dotes intelectuales sino simplemente
porque posteriormente no ha madurado
convenientemente. Sus buenas aptitudes no le servirán de
mucho si a medida que avanza en su formación
sobrevalora las mismas como único factor determinante
de sus resultados y no utiliza un buen procedimiento de
estudio u organiza su trabajo adecuadamente,
esforzándose día a día, sino que se limita a asistir a clase
con una confianza exagerada en su facilidad para asimilar
y en el esfuerzo final inmediatamente anterior al examen,
es decir que actúa como una persona inmadura
independientemente de su capacidad actitudinal, siendo
insuficiente cuando los contenidos van haciéndose más
complejos.

Las exigencias relacionadas con la educación deben


adaptarse al nivel madurativo del niño. En las primeras
etapas observar el cumplimiento de horarios, atenerse a
las normas o seguir las indicaciones de los profesores
junto a la realización de tareas que tienen un carácter
más o menos inmediato suelen ser un buen indicador de
su rendimiento. Sin embargo llega un momento en que
los chicos amplían considerablemente, al mismo tiempo
que su capacidad física, funciones intelectuales como la
comprensión, el análisis o el razonamiento. Conocen
mejor la complejidad del contexto que les rodea y
manifiestan una proyección mucho más amplia respecto a
objetivos o estrategias que incluso son planteadas por
57
ellos mismos. Por eso debemos preocuparnos cada vez
más para que consigan mayor autonomía en su
aprendizaje. No significa esto que nos olvidemos del
cumplimiento de las normas habituales del centro, ya que
siguen siendo necesarias y les aportan seguridad, pero si
el esfuerzo en el aprendizaje se realiza solamente en
función de las consecuencias impuestas no estaríamos
avanzando en la buena dirección. Incluso perderían
eficacia esas normas y disminuiría el grado de
cumplimiento paulatinamente si no se explican o no se
asume su función por lo que es necesario, además de
animarle en sus propias iniciativas que sean de signo
positivo, ayudarle a entender la complejidad de su tarea.

58
59
PROCESO DE ESTUDIO

La consolidación del procedimiento y el hábito de estudio


en la adolescencia, a través de este período
extraordinario de crecimiento físico y mental, será un
factor decisivo respecto al equilibrio madurativo y al
desarrollo de la personalidad. El potencial que representa
en este período la capacidad madurativa es determinante
para la adquisición de la autonomía intelectual. Es
necesario, a diferencia de anteriores etapas, adquirir un
hábito personal de trabajo en toda su dimensión y no
conformarse con la suplantación que realizan algunos
alumnos del concepto de estudio a fondo por el del
repaso. Vienen a dar por hecho que la clase, o sea el
trabajo del profesor, cumple casi todas las funciones del
estudio y el alumno se limita en muchos casos a repetir lo
que el profesor ha resaltado hasta memorizarlo. Por lo
general conocen la aplicación de distintas fases del

60
estudio pero no suelen hacer uso de las mismas tratando
de evitar aquello que implique complejidad en el estudio
lo que suele venir asociado a un bajo interés en una
reacción similar a la pescadilla que se muerde la cola. Una
justificación frecuente ante las malas calificaciones
académicas es a mí no me gusta estudiar y por eso no me
entra. El esfuerzo en la formación tiene una recompensa
diferida y por tanto es lógico pensar que incluso los
mejores estudiantes, si tuvieran que elegir una actividad
agradable, para disfrutar inmediatamente, probablemente
escogerán otras alternativas. Cuando el alumno tiene una
deficiente motivación no debemos sobrevalorar su actitud
receptiva hacia nuestros argumentos para que esta
mejore. La perspectiva de un adulto es distinta a la de un
adolescente y aunque nosotros consideremos un objetivo
importante la posibilidad de una inserción profesional
más satisfactoria, como un ejemplo de las ventajas de
conseguir un buen nivel académico, para algunos chicos
puede tratarse de una idea remota que no está entre sus
prioridades. Más opciones tendremos de convencerle si
conseguimos que sea él mismo quien reflexione sobre
cualquier circunstancia que tenga que ver con su
formación.

Aunque los jóvenes discutan muchos aspectos de su


relación con los adultos o de su situación personal, que
nos da idea de la transformación que se viene
produciendo, podemos tener la sensación muchas veces,
observando su actitud en clase, de que no tienen otros
planteamientos distintos a actuar por inercia o buscar la
situación más cómoda, de forma más acorde con la
61
infancia. Antes sus padres les llevaban al colegio sin
ninguna otra alternativa posible y además todos sus
compañeros hacían lo mismo por lo que no era necesario
dudar de la funcionalidad de la educación. En la
Educación obligatoria puede ser comprensible hasta
cierto punto que sigan teniendo una sensación de rutina,
ya que se trata de la única opción hasta cumplir los
dieciséis años, pero su capacidad intelectual ha
aumentado considerablemente por lo que conviene iniciar
o tratar de inducir para que realicen, preferentemente a
través de su propia reflexión, una seria valoración sobre
las circunstancias y consecuencias de la actividad
formativa con todos los aspectos positivos y negativos. Si
logramos animarle para que piensen sobre aquello que
concierne a su educación, ventajas e inconvenientes, será
muy probable que vayan aproximándose por sí mismos a
conclusiones muy parecidas a las de los padres o a la de
los profesionales de la educación. No es necesario omitir
aspectos negativos, es obvio que a ningún chico joven le
resulta agradable permanecer seis horas sentado o
atender demasiadas explicaciones, pero ya son capaces al
menos de comprender sus prioridades a medio plazo y de
juzgar si merece o no la pena esforzarse comparando
ventajas y desventajas. Lo habitual es que los jóvenes
realicen juicios de valor muy poco elaborados sobre su
formación, o minimicen la importancia de la cultura en
general, si no se les ayuda a entrar en detalles más
precisos cuando lo relacionan superficialmente con la
posibilidad de aplicación a su vida cotidiana o a las
distintas actividades profesionales. De hecho podrían
descartar como inútiles la práctica totalidad de las
62
materias que están dando pero si se les interroga para
que nos den su opinión sobre si existe relación entre un
alumno que ejercita y adquiere una amplia cultura con la
capacidad para comprender mejor lo que sucede ahora,
en el contexto inmediato, su respuesta suele ser
afirmativa. Es posible que lo asocien mejor al
entrenamiento físico necesario para practicar de forma
más eficiente cualquier deporte. Si continuamos
preguntando sobre quién actúa de forma más
responsable la contestación se refiere a aquél que es
capaz de entender mejor a los demás y tiene en cuenta su
estado de ánimo. También preferirían elegir como
amigos a personas responsables en lugar de aquellas que
no les importa casi nada de lo que hay a su alrededor o
que prefieren mirarse el ombligo. Finalmente entienden
que a los demás también les ocurre igual que a ellos y
que prefieren relacionarse con gente responsable. No es
tan complicado que entiendan la relación que hay a
medio y largo plazo entre la formación y la inserción
profesional. Con todas las excepciones que conocemos la
mejor opción para garantizar un puesto de trabajo
satisfactorio, tanto en la calidad del empleo como en la
remuneración del mismo, pasa por conseguir un buen
nivel académico y una buena cualificación profesional.
Asumir la conveniencia personal de realizar el esfuerzo
necesario permite al alumno una mejor predisposición
para tener en cuenta todos los detalles que permiten la
eficacia en su trabajo. Siendo conscientes de la
importancia de su tarea entenderán mejor la ventaja de
elegir un buen procedimiento para estudiar

63
Un primer paso en el proceso de estudio,
generalmente después de la explicación en clase, es la
lectura comprensiva. Conviene diferenciar la lectura
aplicada al ocio de la lectura de estudio. En el primer
caso, si se trata de leer una revista o de las noticias de un
periódico, no precisamos un ambiente muy especial.
Podemos tener el equipo de música encendido, realizarlo
cómodamente sentado en el sofá, incluso escuchar
conversaciones al mismo tiempo o interrumpir la lectura.
Lo que hacemos generalmente es una lectura superficial y
rápida del texto quedándonos en muchos casos
solamente con los titulares y las ilustraciones. Al mismo
tiempo seleccionamos lo que más nos interesa y lo
leemos más detenidamente. En cambio cuando
estudiamos necesitamos un ambiente de aislamiento y
total concentración. En primer lugar el contenido no tiene
que ser del agrado del estudiante ya que no es él quien
lo elige. Aún así se trata de una obligación para obtener
un buen resultado puesto que se consideran
conocimientos básicos para superar esa materia, acceder
a otros conocimientos y avanzar en la etapa. La
comprensión debe ser inicialmente lo más amplia posible,
no solo selectiva, ya que hay ideas complementarias o
ejemplos que si no se entienden van a dificultar el
conocimiento de las ideas esenciales. Por tanto el ritmo
no puede ser el mismo que el de la lectura de ocio u
otro tipo de lectura orientativa; es preciso moderar el
mismo para tener una comprensión profunda del texto, a
ser posible con una sola lectura.

64
En ocasiones encontramos alumnos con bajas
calificaciones pero que podemos calificar de inteligentes
y se les conceptúa simplemente como vagos alegando
que cuando quieren sobresalen en calidad y cantidad de
conocimientos aprendidos. La realidad en muchos casos
muestra que la información oral que perciben, bien en
clase o bien por la persistencia de los padres, es
incompleta debido a su baja capacidad de atención
pudiendo elaborarla y transmitirla incluso de forma
brillante al tiempo que son incapaces de desarrollar el
trabajo autónomo y mantener la concentración a través
de su propia lectura con la regularidad necesaria. La
comprensión lectora es la base del estudio y si esta no se
realiza de manera regular, si el alumno depende en
exceso de otras personas para entenderlo, será difícil que
asimile los contenidos adecuadamente incluso cuando
posee una buena capacidad para relacionar conceptos,
hacer deducciones o sacar conclusiones. Es posible que
alumnos que comienzan con dificultades en Lengua o en
idiomas continúen con dificultades generalizadas en
todas las materias, aunque previamente hayan obtenido
buenos resultados en algunas asignaturas como
Matemáticas, ya que por ejemplo la falta de precisión en
la lectura del enunciado de un problema de esta área
puede jugarles malas pasadas y sobre todo les hace
perder seguridad y confianza respecto a toda su
capacidad de aprendizaje. Por eso es muy importante
resolver cualquier dificultad relacionada con la precisión
lectora. Es posible que un alumno con una buena
capacidad de comprensión, aunque tenga un nivel bajo en
otras aptitudes, obtenga buenos resultados en casi todas
65
las materias. En cambio el alumno con una comprensión
deficiente, incluso con buena capacidad de razonamiento,
es fácil que tenga más dificultades en distintas
asignaturas. Así encontramos alumnos con bajo
rendimiento que sin embargo tienen un buen nivel de
motivación y de razonamiento. Las dificultades provienen
fundamentalmente de la falta de atención en clase y de
concentración en el estudio. Estos alumnos pueden
manifestar, si no dificultades generalizadas, escasa
seguridad en la comprensión causada muchas veces por
imprecisión en la mecánica lectoescritora y su interés
puede ir descendiendo si no se corrigen estos problemas.
Es verdad que en estos casos tienen serias dificultades
para participar o seguir las clases con normalidad y por
eso las horas de colegio se les hacen interminables. Ante
las dificultades académicas algunos alumnos muestran
inhibición en el aula pero a otros se les unen fácilmente
problemas de comportamiento porque careciendo de los
estímulos que provienen de la falta de atención
probablemente buscarán otros distintos que pueden
derivar en interrupciones de las explicaciones del
profesor o de la atención de sus compañeros.

En general cuando los estudiantes llegan a la Educación


secundaria con dificultades en la mecánica lectoescritora
suelen tener un bajo rendimiento para comprender el
texto escrito y adquirir hábito de estudio. Estos son
comentarios que han hecho durante el curso 2009-10
algunos alumnos de la ESO, inseguros en la lectura
comprensiva, cuando les pregunté acerca de su trabajo
personal:
66
“...me cuesta más el Francés y el Inglés porque confundo
las dos cosas...”

“... cuando estudio me limito a leer el tema cinco u ocho


veces hasta que me aburro y me pongo a hacer otra
cosa...”

“...es difícil que me ponga yo sólo a estudiar sin que mis


padres me lo pidan...”

“...abro el libro de texto y me leo las páginas que hemos


dado. Luego se lo digo a mi madre y después me lo lee
ella...”

“...hago los deberes en la cocina. A veces me paro un


poco porque me duele la mano de escribir y estudio más
o menos cinco minutos...”

“...lo leo más o menos tres o cuatro veces. Después me


relajo quince minutos. Me vuelvo a sentar y lo leo otras
dos veces...”

la primera impresión ante tales comentarios es que


tienen falta de interés o que no saben estudiar pero lo
más probable es que no les sirva de mucho utilizar
cualquier procedimiento ya que las causas reales tienen
más que ver con sus dificultades de concentración y
atención tanto en clase como en el estudio personal. Los
conocimientos que adquieren están dispersos, con poca
conexión entre sí, y lo que es peor: con pocas
67
probabilidades de conectarlos para que sirvan de base a
nuevos conocimientos. Por eso los aprendizajes
instrumentales de la lectura y la escritura son esenciales
para la autonomía en el estudio.

Si damos por hecho que se ha comprendido el contenido


hay que pasar a organizarlo. Seleccionar las ideas, buscar
la estructura del tema, no debe ser una tarea muy
complicada por lo general para el estudiante de
Educación secundaria ya que en un libro de texto el autor
da muchas pistas para resaltar lo más importante:
palabras o frases en negrita, cursiva, mayúscula.... y el
profesor además de las explicaciones también suele
ayudar en esta selección indicando lo que hay que
subrayar. No obstante el alumno debe participar de algún
modo en la misma ya que será una referencia muy
importante para el recuerdo, además del ejercicio de
razonamiento deductivo o inductivo que esto implica,
aquello que a él personalmente le haya llamado la
atención. Todos los signos, además del subrayado, que
sirvan para captar la estructura y entender el contenido,
como las anotaciones que se hacen en los márgenes,
corchetes, flechas indicativas.... son útiles en esta fase.
Finalmente debemos agrupar de manera ordenada las
ideas esenciales del texto para que podamos tener una
visión panorámica de todo el contenido y facilitar la
memorización. Para realizar una buena síntesis no es
imprescindible tener que escoger el esquema apropiado
que se adapte al texto y ser meticulosos al relacionar los
conceptos. Para muchos alumnos esta tarea no es fácil
por lo que sería suficiente un buen resumen con las
68
referencias principales del texto que se pueden anotar
incluso literalmente. Así podemos agrupar los datos
fundamentales e imprescindibles para realizar en su
momento el desarrollo del tema.

Solamente cuando hemos realizado la síntesis de las


ideas más importantes estamos preparados para retener
o memorizar lo esencial del tema utilizando cualquiera de
las técnicas, o la combinación de algunas de ellas, que
hayamos aprendido. Aunque la repetición suele ser
habitual no debemos olvidar todas las posibilidades que
nos brinda la imaginación. En las primeras etapas
estudiar de memorieta es posible ya que los contenidos
suelen ser cortos acordes con la capacidad del niño. Basta
repetir su lectura unas cuantas veces, ocultar el texto y
recitarlo, pero a medida que los chicos van madurando y
avanzan en sus estudios los contenidos se amplian de
manera significativa mientras que la memoria no se
desarrolla tan deprisa y como es lógico no hay más
remedio que utilizar todas las aptitudes intelectuales, no
solo la memoria, si queremos aprender de forma eficaz.
Sin haberlo comprendido previamente no podemos
organizar o hacer una elección adecuada de ideas y
además no resulta práctico memorizar directamente del
libro si no hemos hecho una selección de las ideas más
relevantes que debemos retener de manera precisa. El
repertorio verbal y la capacidad de expresión que ya
hemos adquirido nos van a permitir demostrar, usando
nuestros propios términos si lo hemos entendido bien,
que las ideas expresadas tienen una base comprensiva
sólida. Todas las aptitudes intelectuales: la atención, la
69
comprensión, el análisis, el razonamiento deductivo e
inductivo, la memoria... son necesarias para realizar el
estudio a fondo. Resulta preocupante la fijación que
tienen muchos alumnos con la aptitud memorística como
factor determinante para la tarea del aprendizaje hasta el
punto de que la idea de la memoria fotográfica haya
llegado a convertirse en creencia y anhelo al mismo
tiempo. Esta será poco útil, en caso de que exista, si no
va acompañada de una profunda comprensión y
organización lógica de esos contenidos. Estudiar a
fondo consiste en utilizar toda nuestra capacidad
intelectual y no sólo exprimir al máximo las dotes
memorísticas. Por eso es especialmente importante el
trabajo que se realiza fuera del colegio durante la etapa
en la que los chicos precisan desarrollar y consolidar la
autonomía intelectual durante la Educación Secundaria
Obligatoria (ESO). Es poco probable que un alumno sin
ser capaz de aprender por sí mismo en el más amplio
sentido pueda ser eficaz en el trabajo en equipo. La
dinámica del grupo es más estimulante pero si no hay en
sus componentes una base intelectual equilibrada con
una personalidad madura es difícil que este funcione
bien.

No parece imprescindible que cada estudiante tenga


que utilizar procedimientos diferenciados para cada una
de las materias porque además de ser poco práctico
podría convertirse en irrealizable. Lo verdaderamente
importante es utilizar todos nuestros recursos
intelectuales y ser suficientemente flexible para adaptarse
a las diferentes asignaturas. Así por ejemplo en el área de
70
matemáticas sabemos que si el alumno está bien atento
a las explicaciones del profesor en la clase, si comprende
el desarrollo de los ejercicios puestos como ejemplo, la
explicación teórica del tema será relativamente sencilla.
Por otro lado la memorización tampoco debería ser
complicada ya que muchas de las fórmulas y reglas
utilizadas pertenecen a cursos anteriores que se han
venido practicando. La clave de esta asignatura será la
claridad en la deducción que hagamos o en la
automatización que consigamos para la aplicación de
esas fórmulas. Imaginemos que una fórmula es un
esquema o síntesis que se puede aplicar del mismo modo
a multitud de ejercicios. Si nos limitásemos solamente a
memorizar y en una prueba tuviésemos que recordarla, al
tiempo que discurrimos cómo resolver al problema,
corremos serio riesgo de quedar bloqueados. Ahora
bien, si hemos realizado numerosos ejercicios utilizando
esas mismas fórmulas o reglas, es previsible que al
encontrarnos con un nuevo problema encontremos
fácilmente cuál o cuales necesitamos teniendo que
concentrarnos fundamentalmente en el desarrollo de las
operaciones precisas. Aunque el nivel de razonamiento de
un alumno no sea excelente la práctica continuada
permitirá ser más eficaces en esta materia y servirá de
ejercicio para desarrollar esta capacidad. En esta y en
otras asignaturas es preciso conocer la forma de evaluar
de cada profesor y aunque este suele explicar con que
tipo de ejercicios nos vamos a encontrar conviene
preguntarle las dudas que tengamos al respecto. Por
ejemplo no es lo mismo una prueba tipo test que el
desarrollo amplio de un tema. En aquella la lectura
71
comprensiva es esencial, más que la memorización o la
síntesis, y hay que ser minuciosos con los detalles porque
ante un número determinado de opciones entre las que
se encuentra una sola correcta es conveniente no sólo
saber con precisión la opción buena sino poder descartar
lo antes posible aquellas que no lo son. En cambio para
desarrollar un tema debemos tener claro las ideas
esenciales y el orden preciso además del grado de
decisión necesaria para explicar esas ideas con nuestro
propio repertorio de términos con la seguridad de haber
realizado inicialmente una buena lectura comprensiva.

En la actividad del estudio también se aprende a


conocerse a sí mismo. Durante la adolescencia no sólo
se incrementa la capacidad de comprensión del contexto
externo sino también la capacidad de introspección.. La
autoobservación para escoger el estilo de trabajo que
mejor se adapte a las características personales tiene que
realizarse de manera paralela a la consolidación de un
procedimiento eficaz y a un hábito de trabajo constante,
distribuyendo regularmente la tarea a lo largo del curso
en función de unos objetivos. Según el propio
conocimiento del grado de concentración, de la
intensidad y capacidad más o menos prolongada, podrá
escoger la realización de una sesión de trabajo
continuado para todas las tareas o por el contrario dos o
más cortas. Es bueno saber además el momento o los
momentos del día en los que rendimos más, según las
características personales de cada uno. Hay alumnos que
estudian mejor por la noche y otros a los que no les
cuesta tanto madrugar. El mejor aprovechamiento es el
72
que tiene en cuenta toda su capacidad, a través de una
metodología lógica y precisa, y las peculiaridades
personales que inciden en el rendimiento.

El trabajo autónomo da un salto cualitativo


importante desde la Educación primaria a la secundaria
aunque no pueda precisarse en un momento determinado
este cambio ni sea igual en todos los alumnos,. Si se
consolida en esta etapa un buen procedimiento de
estudio será una garantía de eficacia prácticamente
ilimitada ya que no existirán diferencias esenciales con
los niveles posteriores. Habría que utilizar a modo de
ejemplo el piloto automático para trayectos de más largo
recorrido. El hábito de estudio debe ser un signo de la
madurez adquirida y para ello es preciso el lugar idóneo
y las condiciones adecuadas de concentración. Los padres
deben entender que esta tarea no es algo que pueda
sustituirse por una explicación adicional del profesor o
por el trabajo en grupo. El lugar exclusivo y aislado para
esta actividad, normalmente la propia habitación y el
escritorio, la fuerza de voluntad del alumno y la
supervisión de los padres o del profesional de la
educación se convierten en un hecho educativo esencial
para esta etapa. Por tanto hay que dedicar a la tarea del
estudio, y a todos los pasos que su complejidad
representa, un tiempo equilibrado a lo largo del curso y a
ser posible sin períodos en blanco y sin necesidad de
atracones de última hora. Con frecuencia el argumento de
los padres para justificar la escasa dedicación de su hijo
al trabajo personal se basa en el exceso de confianza en
el mismo que les cuenta que ese día no tiene ninguna
73
tarea asignada, o que ya lo ha hecho en clase, lo que no
resulta lógico. Tal vez los profesores no pueden ponerse
de acuerdo respecto a la distribución de ejercicios en
uno u otro día. Tal vez se encuentre un día sin tareas y
otro con más tareas de lo habitual pero su obligación es
estudiar de manera continuada compensando su
dedicación a realizar ejercicios de manera razonable y es
insuficiente hacerlo sólo uno o dos días antes de los
exámenes. Si pretendemos que el alumno estudie a
fondo, comprendiendo y organizando los temas,
solamente es posible mediante el hábito de trabajo. Si
llega al día inmediatamente anterior al examen sin haber
estudiado lo más probable es que la tarea se reduzca a
una lectura repetitiva sin más, es decir actuando de
manera mucho más inmadura de lo que le corresponde. Si
esta actitud se mantiene de manera constante es posible
que se produzca un deterioro en sus resultados
académicos e incluso un lastre en el proceso madurativo
de la capacidad intelectual.

No es tan importante que la sesión de estudio tenga la


misma duración todos los días como dedicar de manera
conjunta al trabajo personal, deberes y estudio, el mismo
tiempo de forma equilibrada a lo largo del curso. Tal vez
un día se acumulan muchos ejercicios que hay que
entregar inmediatamente disponiendo de poco tiempo
para el estudio según el plan previsto y piensa que en tan
poco tiempo no hay posibilidad de aprender nada. Hay
que insistir en que no es preciso tener que memorizar
cada vez que estudiamos sino seguir el procedimiento
adecuado hasta donde podamos. Si según nuestro plan
74
sólo disponemos de tiempo para realizar la lectura
comprensiva de una parte del tema y seleccionar
determinadas ideas del mismo ya estamos estudiando a
fondo. Otro día seguro que disponemos de más tiempo y
podemos completar el estudio entendiendo que el hábito
adecuado implica trabajar todos los días de tal manera
que el día previo al examen tengamos los contenidos bien
organizados y todas las anotaciones precisas para dedicar
a repasar un tiempo similar al de todos los días y esperar
tranquilos el momento de la realización de la prueba.

75
76
77
Es conveniente la supervisión continuada y personalizada
de los padres tratándose de chicos y chicas a los que no
se les puede exigir una plena responsabilidad. En el
centro educativo las posibilidades de atender a un
alumno de manera individualizada son limitadas. En
cambio la esencia de la relación familiar es precisamente
la mayor proximidad en las relaciones, tanto en
actividades que se refieren al ocio como al trabajo, y
existe la posibilidad de actuar de forma más distendida
influyendo en las actitudes de los hijos hacia la tarea. Del
mismo modo es muy importante la participación de los
padres al final de la educación obligatoria, cuando deben
decidir una opción formativa que va a tener que ver con la
futura inserción profesional, si no en la toma de decisión
final sí al menos para propiciar planteamientos en ese
sentido y aclaraciones que tengan que ver con los campos
profesionales de interés de su hijo.

Una de las consecuencias del desarrollo intelectual es la


mejora de la capacidad para la organización y previsión
hasta el punto que la preocupación por el nivel de las
aptitudes intelectuales adquiere menor relevancia que la
ordenación de su trabajo, el ejercicio voluntario del
hábito de trabajo y la planificación. Si hubiera que hacer
un pronóstico sobre el rendimiento futuro de dos
alumnos con aptitudes en torno a la media sería más

78
positiva la predicción sobre aquél que utiliza un buen
procedimiento, incluso con menor nivel de sus aptitudes
intelectuales, que sabe organizarse y estudia sin dejar la
tarea para los últimos días. Un alumno con una capacidad
intermedia probablemente tendrá mejores resultados que
otro con mejores aptitudes pero que no ha madurado
convenientemente y trabaja de forma compulsiva o
precipitadamente tan sólo ante la inminencia del
examen. Es probable que en este último caso la eficacia
vaya mermando aunque sea lentamente, y tal vez poco
perceptible, en un proceso paulatino de deterioro al
contrario que el alumno previsor y organizado que
progresará de manera constante en sus resultados
académicos. Este hecho sugiere un mayor compromiso
con la labor docente de padres y profesionales de la
educación porque resulta más estimulante contemplar
como los logros obtenidos al final van a depender en
mayor medida del esfuerzo, de los intereses, del hábito
de trabajo o del procedimiento de estudio que de la mera
aptitud, en la que los factores hereditarios juegan un
papel más importante, aunque no debemos olvidar que
inicialmente y a lo largo del proceso formativo el
ambiente familiar es el factor de motivación por
excelencia en el aprendizaje pero al final los alumnos
que de una manera u otra maduran convenientemente y
adquieren hábitos de trabajo progresan de manera más
positiva que aquellos que trabajan sólo ante obligaciones
inmediatas. Es lógico pensar que si tuvieran que
demostrar los conocimientos adquiridos en distintas
áreas, durante un período largo de preparación y en
pocos días de pruebas, tendrían más opciones aquellos
79
alumnos que han trabajado regularmente que otros,
posiblemente con mejores aptitudes intelectuales, pero
que sólo confían en el esfuerzo de los días previos. El
sentimiento de autoestima es más elevado cuando el
estudiante adquiere su propio ritmo de trabajo que le
permite mayor independencia y flexibilidad de adaptación
ante circunstancias imprevistas, a diferencia de aquél que
sólo se esfuerza con la presión externa ante obligaciones
inmediatas.
La formación requiere el desarrollo de todas las funciones
de la inteligencia. No es razonable que un alumno de
Educación secundaria abandone de alguna manera
determinadas asignaturas afirmando que a él se le dan
bien sólo las que tienen que ver con una parte de los
conocimientos bien sean aquellas de hincar los codos
como se refieren a veces, las que precisan mayor
esfuerzo de análisis y comprensión, o por el contrario
otras materias con contenidos relativos al desarrollo de
operaciones o actividades prácticas. En esta etapa es muy
importante el ejercicio equilibrado de todas las aptitudes.
La especialización debe dejarse para más adelante,
cuando se acerca la hora de la inserción profesional. Si el
alumno tiene dificultades en un área concreta debería
esforzarse más en la misma. La capacidad intelectual
depende del nivel de las diferentes aptitudes y estas no
tienen por qué ser homogéneas pero los resultados
académicos dependen más del esfuerzo, del
procedimiento que se utiliza y del hábito de trabajo por lo
que hay que procurar que estos sean si no brillantes al
menos suficientes en todas las áreas tratando de

80
compensar con mayor dedicación las materias más
complicadas.

Un síntoma de la baja calidad de la enseñanza es la


excesiva categorización de las materias que componen el
currículum y no sólo por parte de los alumnos ya que en
alguna medida es asumido por una buena parte de los
responsables educativos. Se puede juzgar la conveniencia
de incluir unas materias u otras en el conjunto de la
enseñanza pero una vez incorporadas la utilidad de las
mismas no depende tanto del contenido cuanto de la
forma de impartirlas y sobre todo de la participación de
los alumnos de tal manera que, a modo de ejemplo,
podría estimular más la capacidad de razonamiento una
materia como Tecnología que la asignatura de
Matemáticas o ser más útil para mejorar la capacidad de
análisis y comprensión Música que la misma asignatura
de Lengua. Su eficacia debería ajustarse en función del
uso de los diferentes códigos y no de la jerarquía
previamente establecida que tiene que ver con el excesivo
respeto a la tradición. Si no sólo los alumnos admiten que
determinadas materias no son relevantes la misma
secuencia lógica llevará a restar importancia a la mayoría
de los contenidos sirviéndose a la carta la utilidad de los
mismos. En cualquier caso el establecimiento de
prioridades asumido permite a los alumnos llevar la
iniciativa frente a los profesores anticipando y
justificando su bajo nivel de esfuerzo en algunas materias
y contaminando al resto con comparaciones que impiden
aprovechar el tiempo utilizado.

81
Cuando en el colegio se aplica una prueba de intereses
profesionales y vocacionales generalmente en el último
curso de la ESO no es fácil que muestren una predilección
clara hacia un solo perfil, ni siquiera hacia un amplio
campo profesional. Lo habitual es que haya un nivel de
preferencia parecido entre dos o más campos, sabiendo
mejor lo que no le interesa en absoluto que la familia
profesional o el perfil idóneo para él. Tampoco es
frecuente haber mantenido una trayectoria y una madurez
académica impecable en los cursos precedentes sin que
surjan dudas razonables sobre los resultados que
obtendrá en la opción elegida. Si las calificaciones
precedentes son excelentes y el perfil profesional de su
preferencia sobresale del resto garantizan un alto nivel
motivacional en la opción elegida, además de mayor
eficacia si cabe en sus estudios, por lo que no sería
necesario darle más consejos adicionales que ánimos
para que se reafirme más si cabe en su decisión. Para la
mayoría de alumnos las sugerencias basadas en la
experiencia siempre serán positivas, sobre todo las que
provienen de los propios padres ya que estos son los que
suelen estar más preocupados por su futuro, a quienes
más interesa que las cosas le salgan bien, y es seguro que
podrán contar con ellos para ayudarles cuando sea
preciso con los medios a su alcance: bien personalmente
en el estudio, en la realización de algún tipo de prácticas
o en la búsqueda de empleo si hay oportunidad. Es
conveniente recordar a los alumnos que sus padres son
un apoyo práctico por lo que en caso de indecisión, o de
una decisión poco sólida, conviene seguir sus consejos.
82
Los padres deben perder en algunos casos el miedo a que
los hijos les reprochen en el futuro un posible fracaso
profesional por seguir sus recomendaciones. Las
decepciones proceden más de la inhibición que de la
implicación o de las recomendaciones oportunas.

El mayor riesgo consiste en abandonar la formación,


dejarla a medias o hacer sucesivos intentos hacia perfiles
diferentes, por lo que hay que ser prudentes optando
preferentemente por objetivos que se puedan lograr en
un plazo de tiempo razonable según los resultados
académicos obtenidos. En la mayoría de los casos la
recomendación no debería tener en cuenta tan sólo los
intereses vocacionales del propio alumno sino la
observación externa a él, mediante las distintas
calificaciones u observaciones de los profesionales de la
educación. Es difícil para cualquier alumno tener que
elegir desde el punto de vista práctico y de cara al futuro
laboral teniendo que optar entre la Formación profesional
o la Universitaria. Hay datos estadísticos de inserción
laboral en distintas especialidades que son en todo
momento un criterio muy importante a tener en cuenta,
especialmente en una situación como la actual con alta
tasa de desempleo. Los datos del año 2009 sobre el
seguimiento a alumnos que terminaron un Ciclo
formativo de grado medio y superior en la Comunidad de
Madrid, desde la finalización del mismo hasta seis meses
posteriores, pueden servirnos de referencia ya que en
torno al setenta por ciento de estos titulados encontraron
empleo en ese período de tiempo. Resulta más llamativo
por producirse en una coyuntura de crisis y destrucción
83
de empleo y por tratarse de jóvenes que acceden a su
primer empleo. Es una muestra de la clara necesidad de
obtener una cualificación profesional para acceder con
mayor garantía al mercado laboral, evidencia que se
incrementa día a día. Por eso la finalización de la etapa de
educación obligatoria es sólo una referencia más en la
educación y resulta impensable hoy día dar por
finalizados los estudios sin adquirir una especialidad
profesional a través de un período de formación no
obligatorio, bien sea de duración corta, media o larga. Es
una oportunidad magnífica que no se puede
desaprovechar el período de tiempo en el que la mayoría
de los jóvenes tienen una gran capacidad intelectual y
generalmente pocas responsabilidades importantes,
como personas a su cargo, trabajo, hipoteca..., lo que
representa una ocasión única en la vida para la formación
académica. Ocurren situaciones excepcionales pero lo
habitual es que con el paso del tiempo la situación se va
haciendo más compleja para el adulto y cada vez resulta
más difícil conseguir las condiciones adecuadas para el
estudio.

Un alumno con un buen expediente puede elegir


tranquilamente cualquier opción, inicialmente en función
de sus preferencias y de sus expectativas. En cambio un
alumno que arrastre serias dudas sobre su rendimiento
debe valorar los riesgos que implica la decisión de optar
por una cualificación larga . En nuestro sistema
educativo no es difícil llegar al nivel más alto de
formación utilizando vías diferentes, incluso a través de
metas que requieren menos tiempo de formación. En la
84
educación no obligatoria hay que tomar las precauciones
necesarias porque el contexto es diferente a la ESO.
Previamente hay una gran homogeneidad entre los
alumnos tanto en las exigencias formativas como en las
circunstancias familiares y actividades de ocio, con los
compañeros de clase o con otros amigos, pero después
las cosas cambian y el grupo de amistades es más
heterogéneo en capacidad adquisitiva, disponibilidad de
tiempo, tareas pendientes... La actividad de algunos se
centra en el trabajo remunerado exclusivamente, otros
están formándose y otros trabajando y estudiando al
mismo tiempo. El nivel de responsabilidad no siempre es
el mismo. Por eso resulta más complicado que un chico
mantenga el compromiso con su formación cuando los
resultados no son buenos, se compara con los
compañeros y surgen las incertidumbres, aumentando la
posibilidad de abandono o de fracaso. La obtención de un
título académico en la educación no obligatoria
proporciona mayor seguridad a través de las
posibilidades que representa y puede significar un
revulsivo para mejorar el interés por la formación y
proseguir los estudios.

85
EL RETO DE LA CONVIVENCIA

Sería inútil partir de un planteamiento apacible de la


convivencia como la acción responsable y participativa de
los miembros de un grupo a su vez integrados de forma
armónica en otros grupos más amplios, con una
comunicación fluida, afrontando y resolviendo las
dificultades personales y colectivas y sobre todo sabiendo
prevenirlas. Entre otras muchas dificultades ni se ha
encontrado una organización social perfecta y eficaz para
86
atajar los problemas ni todas las personas muestran
interés en la cooperación o tienen la misma facilidad para
comunicarse con naturalidad sin herir susceptibilidades.
En ocasiones los malentendidos resultan inevitables,
incluso la confrontación que hace irremediable la
intervención externa, pero también forman parte de la
sociedad mecanismos dinámicos, distintos al poder, que
favorecen y muestran tendencia al equilibrio, al
apaciguamiento, sin necesidad de apoyarse en grandes
liderazgos que impongan el entendimiento y la
concordia. En cualquier caso anticiparnos, desde la
relación personal más elemental, a que surjan o se
compliquen situaciones que son el origen del
enfrentamiento es una necesidad que no solo requiere
poseer cualidades innatas sino sobre todo acceder al
aprendizaje, desde las primeras etapas del desarrollo, de
amplias habilidades sociales a través de los diferentes
ámbitos familiar y educativo. El papel activo en la
convivencia frena la agresividad y deshace actitudes
dominantes e irracionales.

Partimos de la existencia de diferentes sensibilidades


o campos de interés y la posibilidad de aportar novedosas
vías de solución o propuestas cuyos cauces de actuación
no siempre se desarrollan en un ambiente distendido.
Comunicar a los demás los sentimientos o expectativas y
deseos no siempre resulta fácil. El ejercicio y la práctica
de estas habilidades ayuda a entendernos a nosotros
mismos y relacionarnos mejor encontrando al mismo
tiempo vías de comunicación respetuosas y
enriquecedoras. El papel activo de una amplia mayoría en
87
la construcción de la convivencia debe transcurrir por una
vía que se distancie cada vez más de principios
dogmáticos, de los que buscan la exclusión de opiniones
o puntos de vista y que rechazan la discusión de
cualquier idea propuesta por el mero hecho de confrontar
con sus intereses. Lograr cauces de influencia recíproca
implica tener que esforzarse en comprender las razones
sin tener necesariamente que asumirlas y aportar ideas a
la vez que propiciar y mantener compromisos que
persiguen objetivos sociales cada vez más amplios al
tiempo que respetan el libre albedrío. En sentido opuesto
estaría la intención de destacar en proporción directa al
silencio que le rodea o descalificar aquello que se aparta
de sus convicciones, el afán de atender sólo intereses
personales o el oportunismo que no contempla el posible
daño a intereses ajenos. Si bien no existen recetas
mágicas que prevean o desactiven cada una de las
posibles situaciones de riesgo la amplia participación y el
estímulo de la capacidad creativa propiciarán ideas
originales y respetuosas que aborden las situaciones
creadas de forma aceptable. En una sociedad madura no
cabe el exceso de protagonismo, la ostentación o el
exhibicionismo. Tampoco la humillación, el abuso o la
manipulación. El planteamiento de iniciativas eficaces, el
realismo y solidez de las mismas minimizan los riesgos
como propuestas abiertas que pueden ser modificadas,
aplazadas o rechazadas. El verdadero riesgo consiste en
la inhibición o esperar a que los demás se equivoquen
para aprovechar el fracaso en beneficio propio.

88
La cooperación más estrecha se establece
generalmente desde la familia. El grado de compromiso
en la pareja se realiza en función de la propia decisión
personal y la propia responsabilidad pero la percepción
de cada uno de los individuos que la componen debe ser
de colaboración y enriquecimiento minimizando las
limitaciones que ese compromiso lleva consigo. Las
aptitudes y los intereses son diferentes en cada uno de
sus componentes y por eso realizar papeles idénticos es
imposible además de poco práctico. Si se actúa sin
complejos, haciendo saber mutuamente lo que gusta y lo
que no, probablemente se llegue a un reparto equilibrado
y razonable de funciones en las que prime la decisión
personal. Si una relación es sincera y no surgen
conflictos de intereses no tiene demasiado sentido valorar
la calidad de las tareas escogidas ni aplicar clichés
teñidos de dogmatismo. No es fácil que personas de
distinto sexo renuncien a costumbres o modos de
actuación que, habiendo seguido cierta lógica en unos
momentos determinados, contradicen alternativas más
eficaces. La mayor presencia de la mujer en los puestos
de decisión o la mayor confidencialidad del padre con los
hijos requiere una distribución más equitativa que afecta
a todos los planos sociales. No es sencillo proporcionar
una explicación rigurosa de tan lento avance si las
ventajas son tan claras en contraposición a sus
inconvenientes y si es beneficioso para ambos sexos
actuar de tal modo y la desigualdad no parece basarse
exclusivamente en la imposición de un sexo dominante.
El reparto de tareas en la familia depende de la actitud de
colaboración y de la sintonía en su realización añadiendo
89
un grado más de responsabilidad los menores a cargo.
En este caso la formación del niño debe primar la
actividad de los padres hacia la consecución de una
autonomía responsable, como un derecho del menor y
también una exigencia dentro del marco afectivo. La
mejor referencia en su educación es precisamente la
comprobación de que es capaz de realizar por su cuenta
desde las tareas elementales, como el cuidado físico en
las primeras etapas, hasta las tareas más complejas de
pensamiento autónomo que le permitan decidir sobre su
propio proyecto de vida.

El escenario educativo apropiado se desarrolla en


un ambiente dotado de seguridad y en un clima sereno
que facilita la reflexión. Las conductas airadas no sólo
ocasionan tensión sino que también estimulan nuevas
situaciones de conflicto en donde los interlocutores, bien
sean los hijos, la pareja u otras personas, no encontrarán
un terreno receptivo y abonado para tratar de solventar
las situaciones difíciles. Las decisiones que no se
plantean racionalmente y que no son asumidas tienen
menos consistencia y debilitan el autocontrol
ocasionando fácilmente conductas de agresión o de
inhibición. La relación afectiva en el medio familiar facilita
la comunicación entre sus miembros pero esta no debe
servir como instrumento de control emocional de unos
sobre otros sino como un medio para mejorar el
equilibrio personal y establecer finalmente una relación
responsable y respetuosa entre los componentes
independientemente de que se ajusten o no a las
expectativas personales. La actitud con los hijos debe
90
adaptarse a su proceso evolutivo y a las características
personales de cada uno de ellos. A menudo la mayoría de
edad no es una referencia evidente para valorar su
capacidad de autonomía. Incluso el hecho de conseguir
una alta cualificación profesional o tener buen nivel
académico que aporta cierta garantía de madurez tal vez
no concuerda con la actitud ante su propia familia y es
posible que el joven adquiera independencia económica
pero no decida emanciparse. Conviene en estos caso
establecer compromisos o acuerdos entre todos los
miembros de la familia que requieran colaboración,
procurar que no se utilice la casa como un lugar de paso
exclusivamente. No sería razonable que, comportándose
de manera responsable con el grupo de iguales, en el
ámbito familiar se les permita actuar de manera diferente,
como si fueran más jóvenes de lo que en realidad son. El
objetivo de la educación requiere por lo tanto llegar a una
etapa de reciprocidad de los hijos con los propios padres
y normalmente esto debería tener lugar mucho antes de
que los hijos dispongan de los recursos necesarios para
su emancipación. Si se observa que se preocupan por el
estado de ánimo de sus compañeros o toman iniciativas
originales con los mismos lo lógico es que tengan una
actuación similar respecto a todos los miembros de su
familia.

El objetivo de la acción educativa tiene que ver con el


bienestar general en su más amplia dimensión y la
formación de los hijos también afecta a los propios
padres propiciando intereses o aspiraciones individuales y
generales, de acuerdo con la propia escala de valores,
91
pero mientras unos se consiguen de manera más o
menos inmediata, como por ejemplo las actividades de
ocio, otros suponen un plazo más lejano y generalmente
tiene que ir precedido del esfuerzo necesario y constante
para tal fin. El nivel de satisfacción en su consecución
estará relacionado de alguna manera con la intensidad de
la tarea realizada por lo que el esfuerzo previo exigible
no es contrario al bienestar ya que, generalmente en
cuestiones de cierta importancia para el individuo, es
preciso ser perseverantes o privarnos de algunos placeres
y no sería consecuente tratar sistemáticamente de manera
peyorativa cualquier sacrificio sino intentar dar sentido al
mismo, apostar deportivamente por aquello que merece
la pena.

Las posibilidades de actuación son mucho más


amplias de lo que normalmente consideramos pero al
mismo tiempo resulta difícil cambiar las rutinas
adquiridas. No debemos minusvalorarlas sólo porque
aún no hayamos encontrado su sentido o utilidad, ya que
en ocasiones son referencias que aportan confianza, pero
asimismo puede resultar estimulante plantear nuevos
retos. Estos retos a veces implican seguir un plan como
es el caso del hábito de estudio y su significado cambia
de dimensión al ser autoimpuesto, ya que no se trata tan
sólo de la rutina necesaria exigida desde el colegio o la
familia en la educación obligatoria, sino que implica un
compromiso con uno mismo que al final proporciona
mayor confianza personal. Si la trayectoria que seguimos
se limita a cumplir con las convenciones, siguiendo lo que
se espera de nosotros, sin la seguridad y reflexión
92
apropiada en nuestros actos es fácil que lleguemos a
sentirnos mal con nosotros mismos por lo que la
coherencia debemos mantenerla al mismo tiempo que
reforzamos nuestras convicciones Respetar a los demás
no quiere decir seguir los dictados de lo que ellos
esperan de nosotros. La previsibilidad debe basarse en la
firmeza de las ideas pero ser coherente no significa
necesariamente ser previsible ya que debemos estar
abiertos y ser sensibles a distintas circunstancias que a
veces requieren tener que hacer modificaciones. Es
preciso escuchar las distintas opiniones y tratar de influir
en el grupo o fomentar relaciones con personas que
sabemos que nos van a pedir la nuestra porque si no se
ejerce una reciprocidad auténtica tal vez nos sintamos
frustrados en ese ambiente o se creen imágenes
distorsionadas entre sus miembros. Los compromisos con
el grupo deben ser positivos y firmes pero no tienen por
qué ser ilimitados y en algunas ocasiones es necesario
concretar el grado de compromiso para no confundirlo
con nuestras expectativas o las expectativas de los otros.

Conviene hacer previsiones y organizar las actividades


para realizarlas con mayor tranquilidad y seguridad. La
intención es cumplir nuestro plan pero en el caso de que
surjan situaciones cambiantes que lo hagan imposible
estaremos en mejor disposición de adaptarnos a ellas. Así
planificar o prever lo que vamos a hacer facilita su
realización pero no significa rigidez ya que controlamos
mejor el tiempo de que disponemos y las actividades
pendientes por si es necesario realizar modificaciones y
compensar actividades que no se han podido llevar a
93
cabo. Quien se organiza en los estudios comprende mejor
que dispone de tiempo suficiente para trabajar y
descansar, o pasarlo bien, tanto en días lectivos o no
lectivos, laborables o festivos. Así mismo hay que
calibrar las posibilidades de éxito ya que un trabajo
persistente que no obtiene resultados genera frustración
y si son frecuentes los objetivos irresueltos se puede caer
en la apatía. Pretender metas difíciles sin ser realistas, sin
medir nuestras fuerzas, puede desembocar en fracaso e
inseguridad. En ocasiones cuando se desaconseja a un
alumno la elección de una formación larga los padres
alegan que no les importa gastar su dinero durante
algunos años aunque después abandone la misma y
escoja otra opción. En realidad no es lo más importante el
coste económico sino las consecuencias que puede
ocasionar en la autoestima de su hijo si escoge un camino
equivocado, aparcando en vía muerta tiempo y esfuerzo,
con unos objetivos muy importantes para su futuro que
no ha podido cumplir. Es necesario ponerse a prueba
antes de hacer una elección importante, demostrar y
sobre todo demostrarse a sí mismo que se pueden
resolver las dificultades y mejorar los resultados. Del
mismo modo no sería adecuado estrechar gratuitamente
los límites de los hijos o etiquetarles. Considerar que
nunca actuarán de tal modo o serán capaces de conseguir
lo que se proponen puede ser un obstáculo en la relación
ya que con ello sólo tomamos en consideración nuestro
proyecto personal, igual que cuando aludimos a nuestra
manera de ser para justificar los problemas que hemos
causado.

94
Cuando la relación entre los miembros de una familia
cambia de modo significativo, bien sea por la
emancipación de los hijos o por la ruptura de la pareja,
hay que procurar dar facilidades para la adaptación a esos
cambios y dar continuidad a los compromisos adquiridos.
En la separación de la pareja es conveniente agotar todas
las posibilidades de acuerdo amistoso garantizando todos
los derechos, de los padres y de los hijos, incluyendo las
exigencias que requiere el proceso educativo. Si se
pretende a toda costa que el acuerdo sea impuesto por
una sentencia generará incertidumbres o expectativas
que obstaculizan los mecanismos de comunicación entre
los miembros de la familia. Difícilmente una sentencia
puede comprender la situación real familiar o imponer la
reciprocidad necesaria. Es probable que al menos uno de
los miembros de la pareja, asesorado sobre los resquicios
legales, especule con su resultado causando alteraciones
complementarias a toda la familia. Así la ley prevé que los
hijos mayores de edad pero dependientes no sólo
económicamente, en caso de separación del matrimonio,
tengan determinados derechos pero ninguna obligación
lo cual parece una contradicción por impedir a muchos
padres continuar de forma coherente el proceso
educativo iniciado que no siempre tiene que ver con la
elección más cómoda para el hijo. Siendo así la relación
de la pareja y la sentencia afectarían gratuitamente la
relación con los hijos.

95
96
La sociedad precisa cierto grado de flexibilidad para
abrirse a nuevas posibilidades o facilitar los cambios
oportunos. La actuación más eficaz procura limitar los
propios riesgos o aquello que pueda afectar a otros y la
vía más oportuna generalmente es la del diálogo. En
personas responsables no cabe la inhibición sino una
mayor sensibilidad ante las situaciones ajenas. Tomar
decisiones compulsivas, sin reflexión, plantea un mayor
riesgo y las soluciones de mutuo acuerdo, en
contraposición a las imposiciones, evitan el
distanciamiento. El control de las emociones o la
serenidad de ánimo son premisas importantes para actuar
con garantías de llegar a una decisión práctica y positiva,
no necesariamente convencional, que puede requerir
soluciones o transformaciones importantes. La estabilidad
en las relaciones implica capacidad de adaptación a
situaciones distintas de las habituales no necesariamente
conflictivas pero sí distintas a las anteriormente
utilizadas. Los problemas no ocasionan necesariamente
consecuencias en proporción directa a la gravedad del
mismo. Un pequeño problema si no se afronta
convenientemente, no se sabe o no se quiere afrontar,
puede ser un muro infranqueable que limita nuestra
capacidad de actuación en otras nuevas situaciones. En
cambio un problema grave que se asume
convenientemente y que se supera con más o menos
97
esfuerzo, por medios propios o con ayuda, puede actuar
de revulsivo mejorando nuestra confianza personal y
haciéndonos por tanto más fuertes. Si no ponemos de
nuestra parte para solventarlo, incluso siendo minúscula
la gravedad del problema, puede afectar a la confianza en
nosotros mismos mientras que la solución del problema,
aunque este sea serio, proporciona mayor autoestima. Por
tanto no se pueden calificar los problemas o los
conflictos de manera aislada sino en función de la actitud
con la que se afrontan y de las consecuencias que
provocan a quienes los sufren. Cuando atravesamos un
período conflictivo debemos asumir los contratiempos
lógicos que impiden llevar una vida normalizada y
equilibrada pero la capacidad intelectual para adaptarse
es muy amplia. La serenidad de ánimo no se pierde
necesariamente por el hecho de tener problemas sino tal
vez por no poder solucionarlos o no poder prever
correcciones de forma inmediata. Establecer prioridades
de manera razonable respecto a tareas pendientes o ser
conscientes de la compleja realidad en todas sus
dimensiones no es algo ajeno a la actividad cotidiana en
el ser humano. Resulta utópico pretender vivir
exclusivamente la realidad presente permaneciendo
ajenos a los hechos acontecidos o renunciando a
plantear perspectivas nuevas porque eso significa que
estamos infrautilizando la complejidad intelectual que
poseemos y la madurez adquirida.

En las relaciones personales negar las diferencias no


resuelve los problemas pero acentuarlas gratuitamente
98
prejuzgando de manera negativa lo que no conocemos
suficientemente pondrá más tierra de por medio en la
solución de las discrepancias. Es necesario aportar
argumentos que reflejen las contradicciones y que
puedan dar lugar a la solución de los desacuerdos o a la
disculpa oportuna ya que la simplificación del problema a
través del juicio previo personal puede agravarlo aún
más. Las soluciones tal vez requieren llevar a cabo
decisiones difíciles, sufrir perjuicios u otros
inconvenientes, como un difícil período de adaptación a la
nueva realidad, pero si impedimos que se enquisten las
raíces del conflicto mejoraremos la seguridad en nuestra
capacidad para enfrentarnos a otras situaciones difíciles.
Un resultado satisfactorio no siempre es aquel que
finaliza con la eliminación del problema y la vuelta a la
situación inmediatamente anterior al mismo sino tal vez
el comienzo de un nuevo y difícil período que abre nuevas
expectativas.

En un escenario de convivencia inestable una pequeña


contrariedad puede ser el desencadenante que provoca la
transformación de la situación previa por lo que conviene
relativizar los hechos sin sobredimensionarlos y adoptar
decisiones de forma cautelosa considerando nuestro
estado de ánimo y el estado de ánimo de los que nos
rodean. Aunque la lógica nos indica que debemos evitar
los conflictos a veces son irremediables no porque estén
en el ánimo de cada uno sino por ser una vía necesaria
para alcanzar la solución. El verdadero problema no es el
conflicto en sí sino la actitud con la que se afronta que
puede ser muy variada. Una personalidad inestable
99
tenderá a agravar la situación e incluso a prolongarla de
manera indefinida mientras que la actitud serena y
razonada intentará comprender la gravedad del problema
y buscar una solución razonable.

Sin duda el componente personal de los miembros que


forman un grupo es la principal garantía para que este
funcione de manera eficaz sin restar importancia a la
dimensión de los proyectos que persiguen o a la calidad
de los mismos. Tener una buena imagen de nosotros
mismos, sentir la propia autoestima, nos hace más
flexibles frente a las dificultades y contratiempos. Esto
hace afrontar el futuro con confianza y facilita la
búsqueda de estrategias positivas para solucionar los
problemas. Si nos obsesionamos con los acontecimientos
negativos que pueden acaecer tan sólo estaremos
acomodándonos para que estos ocurran. Esta forma de
pensar no indica que nos vayamos a movilizar para
prevenir esos presagios sino que más bien reforzaría la
predisposición a la desgracia y facilitaría su llegada.
Tener mentalidad positiva no significa vivir en el mundo
de la fantasía, o que sea incompatible con el análisis
objetivo de la realidad, sino buscar oportunidades de
solución o de renovación en situaciones problemáticas. En
definitiva la propia decisión es el factor determinante
para llevar a cabo estrategias que lleven a buen puerto los
objetivos que nos hemos marcado. Por eso aprender a
tomar decisiones utilizando las vías adecuadas es uno de
los objetivos más importantes de la educación desde el
100
momento en que el individuo demuestra tener capacidad
para realizar sus propios planteamientos.

Las habilidades sociales innatas o adquiridas a través


de la formación, como el respeto y la colaboración, son
aspectos esenciales en la convivencia que se pueden
mejorar con el ejercicio y con la fuerza de voluntad.
Aquello que debilite la confianza mutua en el trato o la
capacidad personal para decidir y mantener el grado de
proximidad que estime oportuno afectará tanto a la
cohesión del grupo en su conjunto como, dependiendo de
su grado de implicación, personalmente a cada uno de
sus integrantes. Las situaciones tensas o difíciles
provienen de la falta de sintonía o flexibilidad que los
componentes del mismo adoptan y no dependen tanto de
las características o del grado de dificultad de las tareas
realizadas como del componente personal y la actitud con
que se afrontan. Tanto la actuación propia como la
interacción con los otros conformarán la esencia de los
conflictos. Los acontecimientos externos se ajustan a
nuestra referencia personal de acuerdo con el desarrollo
madurativo, el conocimiento que tenemos sobre nosotros
mismos, de nuestra propia escala de valores y del grado
de decisión que adoptamos. En definitiva la propia
coherencia y el grado de competencia alcanzado son los
pilares sólidos del desarrollo social. La influencia de la
herencia, del sexo, la tradición, el contexto social o el
desarrollo económico influyen en la adquisición y
aplicación de las aptitudes intelectuales así como en la
percepción y en la diversidad de actitudes con que se
afrontan los hechos pero aptitudes y actitudes son sin
101
duda modificadas y sobre todo modificables por la
educación, por la disposición y el esfuerzo personal así
como por la dinámica colectiva abierta y estimulante en
relación a nuevos retos. En el ámbito familiar sería
complicado establecer prioridades si tuviésemos que
escoger entre la vinculación afectiva y la educación, ya
que estas no siempre caminan al unísono, pero se
antepone la adquisición de la autonomía y la
responsabilidad como objetivos incuestionables mientras
que el vínculo afectivo sólo es potencialmente
multiplicador de los beneficios de la convivencia cuando
implica compromiso y empatía prescindiendo del afán de
dominación irracional. Esto último sería la verdadera
causa del maltrato tanto físico como psicológico que si
bien se muestra como una realidad compleja dentro del
contexto social de la época, situación geográfica o
sistema político no se podría entender sin esa tendencia
de protagonismo destructor común en todos los seres
humanos pero contraria a la trayectoria marcada en
nuestro proceso evolutivo.

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