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Nueva ley contra el bullying

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Redaccion Central
Publicado el 16/08/2014 a las 20h00

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Por: Elizabeth Machicao Barbery (Pedagoga)


El bullying o acoso escolar es, sin lugar a dudas, una de las expresiones de la violencia
que convive en nuestra sociedad. Existe en casi todos los colegios y escuelas
particulares, de convenio y fiscales. Es en estos escenarios (aulas, patios, baños,
pasillos, etc.) donde toma forma y se hace visible. Pero es también cierto, que el
bullying o maltrato entre pares (entre estudiantes de diferentes edades o de la misma
edad), vive porque es el espejo de una sociedad como la nuestra, que es profundamente
intolerante a la mínima diferencia, que es machista, racista y discriminadora; sociedad
que por sus profundas diferencias sin resolver acude a la violencia, sociedad en la que
están insertas las escuelas y colegios, que no hacen ni más ni menos que reflejar los
antivalores que imperan en el medio.
Ese “mal social” no sólo toma cuerpo en la escuela con el bullying, sino
que se manifiesta en el ámbito familiar a través del maltrato hacia las mujeres, niños y
adolescentes, en el ámbito laboral con el mobbing o acoso laboral, el acoso sexual, la
discriminación en la política, en las calles y demás espacios de convivencia: donde las
formas y rostros de la violencia, son diversas y a veces muy perversas para imponerse.
En todos los casos se trata de utilizar una posición de poder como individuo o grupo,
para abusar de otra/o más débil (física, verbal, simbólica, social y/o psicológicamente)
de forma recurrente e intencional, con el propósito explícito de lastimar, humillar y
vencer. Este proceso conlleva victimización psicológica y rechazo social en quienes lo
sufren. Se trata de quebrantar los mínimos derechos democráticos que cualquier ser
humano tiene a no ser maltratado ni abusado de ninguna manera. Y todo ello, en público
y con la complicidad de quienes son testigos silenciosos o activos del maltrato.
“No quiero ir al colegio” puede ser un síntoma de que un niño o
adolescente está en problemas. Otras veces aparecen dolores indefinidos, malestares
diversos, tristeza, llanto o dificultades para salir de la cama: “el síndrome del día
domingo”. Pero ese deseo de no ir al colegio podría estar aludiendo, no a
dejadez, irresponsabilidad, flojera o cosas que tengan que ver con alguna materia, sino a
la relación con sus pares, algo que para niños y adolescentes suele ser de vital
importancia.
Es en esta relación, que el bullying aparece y funciona, donde se arma la estructura con
las tres puntas: agresor, víctima y mirones. Esta es la triangulación que nutre el maltrato
físico, verbal, emocional, social –que no por no dejar moretones visibles deja de
ser tremendamente violento. Una forma de violencia relativamente nueva y de mucho
poder pues concentra la violencia verbal, psicológica y social, y que lamentablemente es
muy común hoy en día es el cyberbullying. Por sus características –el anonimato
que brinda el Internet al agresor, que no necesita estar cerca ni cara a cara con la
víctima, la velocidad en la que se propaga el mensaje destinado a lastimar, la casi
“perpetuidad” en la que queda el mensaje difamador–, el
cyberbullying puede llegar a ser el más agresivo, pues deja una secuela de dolor, miedo
e indefensión difícil de borrar.
Pero, ¿es toda violencia entre pares en la escuela acoso escolar? ¿Cuáles son las
evidencias que nos dicen que determinado caso es uno de bullying y no un
conflicto?
Es natural y hasta saludable que se genere conflicto en cualquier ambiente en el que
haya interacción entre pares, más aún en lugares y en situaciones en las que se
promueve el desarrollo individual y social. El conflicto, si es entre iguales, no hay
desequilibrio de poderes, empieza y termina pronto, surge por una razón específica que
puede o no resolverse, pero se circunscribe a ella. En el bullying, en cambio, se elige
una víctima al azar (por alguna razón o ninguna) y ésta es atacada sistemática y
repetidamente por uno o varios agresores, con la intencionalidad explicita y planificada
de hacer daño, lastimar y humillar; hay –y se cultiva– la desigualdad de
poder: una víctima débil y uno o varios agresores más fuertes física, psicológica o
socialmente; la agresión es sostenida, se repite a lo largo del tiempo y su meta es crear
una la relación perversa de dominio-sumisión.
¿Quiénes pueden ser víctimas del bullying? Cualquiera. Lo viven estudiantes de
ambos sexos y muchas veces, el grupo que sostiene al agresor es mixto; lo que los
diferencia son las formas. En los hombres es más la violencia física; en las mujeres
es la exclusión social y el maltrato verbal y muchas veces es una tejido enredado y
complejo de varias formas de maltrato.
¿Qué se puede hacer? No hay una receta única, pues cada caso, cada familia
involucrada, es un mundo único y cada establecimiento, es una cultura institucional
única y particular, donde se crean casos específicos. Lo que está claro, es que en los
colegios y escuelas se debe trabajar, de manera permanente y sostenida, con los
involucrados en cualquiera de las tres puntas y con todos los que hacen a la comunidad
educativa: padres, docentes y alumnos.
Cual sea la forma en que se manifieste el acoso entre pares, tanto el agresor como la
víctima, están mostrando síntomas de algo que está en sus vidas –en el presente
o en el pasado–, en sus historias de vida. Ser la víctima o el/la agresor/a y hasta
“simplemente” el/la testigo probablemente sea la forma de pedir ayuda y
está claro, que todos necesitan apoyo: una escucha activa, entender lo que hacen, por
qué lo hacen y sus consecuencias y orientación y guía para modificar sus actitudes. Es
muy importante incluir en este proceso a sus familias. Cualquiera que fuera el sistema
familiar que acoge al niño o adolescente, los adultos somos responsables, por acción u
omisión, de lo que llevan consigo, en actitudes y conducta, al colegio. Por lo tanto, el
tema del bullying, no es sólo responsabilidad de los estudiantes, los adultos somos tan o
más responsables de que esto suceda.
Sobre este tema, hace unas semanas se ha promulgado la Ley N° 548, que aprueba el
Código Niña, Niño y Adolescente que contiene un capítulo y varios artículos donde se
establece la normativa y las medidas preventivas para la protección de niños y
adolescentes que sufren violencia en el sistema educativo. Esto es saludable y merece la
decisión ser celebrada, ya era hora que las instancias de gobierno tomen en serio esta
problemática y la hagan visible, ya que toca a niños, adolescentes y familias, a veces
con consecuencias sin retorno.
Con la Ley 548, las escuelas y colegios están obligados a trabajar un Plan, con
herramientas de prevención y abordaje, un reglamento con medidas para una
convivencia pacífica, con normas de conducta y procedimientos disciplinarios. Todo
esto debe ser construido de manera colectiva, es decir, con los padres, docentes y
alumnos; en la medida que esto se internalice y cuando todos se reconozcan en la letra,
se podrá llevar a cabo en mejores condiciones. Sin embargo, todavía no se dice nada de
tener ítems para psicólogos, trabajadores sociales y gente especializada que esté en las
escuelas para abordar, manejar y resolver los casos de bullying que se presenten, no se
dice nada de incluir el tema en la formación docente (sabemos, que los profes hacen lo
que pueden, los que hacen… pese a que no tienen las herramientas), no se dice
nada sobre campañas masivas, permanentes y asertivas, que se deberían implantar para
llegar a los adultos, y trabajar las otras violencias, de la que esta bullying es la hija, que
gatea.
Por último, lo más preocupante, y creo que abre el espacio a un debate necesario entre la
ciudadanía, son los incisos, que en la Ley 548, establecen el acoso escolar, entre pares,
como delito penal. A esto se suma que han bajado la edad de imputabilidad penal de 16
años a 14, lo que significa que podrá sancionarse con penas privativas de libertad a
adolescentes desde los 14 años. Si bien determina que estas sanciones serán socio
educativas, aplicadas en el marco de una jurisdicción especializada (que ya existe) y que
las penas serán impuestas en centros de orientación y de reintegración social, que
también ya existían en el anterior código, la realidad nos ha mostrado que estos
adolescentes irán nomás detenidos a las mismas cárceles que los adultos, mezclados con
sentenciados por otros delitos, sin distinción de ningún tipo.
Es importante, entender, que las causas de la aparición del bullying pueden ser variadas.
En base a mi experiencia como consultora en colegios privados, de convenio y escuelas
fiscales en La Paz, El Alto y Santa Cruz, puedo afirmar que el contexto familiar y el rol
de los adultos tienen una importancia fundamental para el aprendizaje de las formas de
relación interpersonal. La expresión de violencia del bullying, pese a que se da en el
ámbito escolar, no es un problema solo de los niños y adolescentes, hay co-
corresponsabilidad de los adultos: el ejemplo, lo que ven y sienten. Ellos no son otra
cosa que lo que les damos.
Esta ley al darle, la condición de “delito” a algo que, en mi opinión,
probablemente el adolescente ha aprendido de nosotros, de los adultos que somos los
garantes de su educación y desarrollo. Los estaría castigando en base a nuestros
desatinos. Por lo tanto, es una responsabilidad desproporcionada la que se pone sobre
sus hombros, cuando no se han dado pasos previos para dictar la misma. Creo que todo
lo positivo, importante y necesario, que hay que hacer y dice la ley para enfrentar el
bullying, se desdice con esta consecuencia.
Otro paso fundamental –que el Gobierno no ha dado– es explicar,
informar y sensibilizar a todos/as, sobre lo que es y lo que no es el bullying (causas,
tipos, características y consecuencias). Muchas veces los temas más sensibles e
importantes se vuelven una moda, son vaciados por el mal uso y la desinformación de
su verdadero contenido y se le da un uso discrecional, político y hasta mal intencionado.
Hoy en día, todo es bullying. Hay uso y abuso del término de parte de los niños,
adolescentes y también de los adultos, por desconocimiento, falta de información y
miedo.
Si todo es bullying, ya nada es bullying. Esta confusión puede hacer, lamentablemente
que casos reales de acoso escolar pasen desapercibidos en el mar de acusaciones de
unos a otros. Y bajo la luz de esta nueva ley, estos malos entendidos y las
falsas/equivocadas acusaciones pueden ser realmente peligrosas e irresponsables: peor
el remedio que la enfermedad. Corremos el riesgo de ser injustos, por un lado; y por el
otro de seguir aplicando el modelo violento de crianza “pegá a tu hermano y vas
a ver la paliza que te ganas” en lugar de trabajar conjuntamente por un ambiente
armónico, en el que los y las estudiantes puedan desarrollar conductas adaptativas en
base a valores, asertividad, responsabilidad y compromiso.
El imperativo, es que ni un solo acto de violencia en los colegios y escuelas sea
admitido. Con el maltrato no se negocia y este hay que pararlo, ningún estudiante,
hombre o mujer, debe sufrir violencia alguna de parte de sus compañeros. Y el logro de
un objetivo tan elemental y quizás tan utópico como éste exige el permanente esfuerzo
de todos los que participan en el proceso educativo, de los padres y madres y
especialmente de aquellos que lo sostienen, lo supervisan y lo aplican.

LEGISLACION COMPARADA

La apuesta de México por


detener el bullying con una
ley
La muerte en mayo de un niño activó las alarmas por la violencia escolar en
México. Ahora se discute una ley, ¿servirá?
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La apuesta de México por detener el bullying con una ley - 1

Redacción EC16.06.2014 / 01:06 pm

Le dicen "El columpio". Consiste en agarrar a alguien por las


extremidades, balancearlo y arrojarlo con fuerza contra el piso.
Fue lo que ocurrió el mes pasado con Héctor, un menor de 12
años de edad.

Según se reportó, el jovencito fue arrojado dos veces por sus


compañeros de una escuela de Tamaulipas, norte del país. La
segunda se golpeó la cabeza y quedó inconsciente.

Estuvo en coma cuatro días antes de morir.

Aunque desde hace varios meses se han denunciado varios


casos de bullying (violencia escolar, matoneo) por todo México,
el escándalo por la muerte de Héctor alcanzó dimensiones que
no se habían visto antes.

El presidente Enrique Peña Nieto habló sobre el tema en un


viaje a Tamaulipas y ordenó una investigación.

Poco después, el gobierno anunció un programa que contempla


547 proyectos dirigidos a niños y jóvenes que integran más de
13.000 acciones en las escuelas, especialmente las que se ubican
en zonas con alto índice de violencia.

Además, senadores de diferentes partidos presentaron una serie


de iniciativas de reforma sobre el tema, que incluye propuestas
de una ley para combatir el acoso escolar radicada en el Senado
mexicano desde hace más de año y medio.

Pero, ¿puede una ley evitar este tipo de abusos?

CIFRAS DEL ABUSO


En los últimos meses, tanto los medios de comunicación como
los legisladores que impulsan la ley han divulgado cifras de lo
que podría constituir el fenómeno del bullying en México.

El senador Mario Delgado, uno de los legisladores que propuso


la iniciativa de ley en diciembre de 2012, argumentó
recientemente que, según la Organización para la Cooperación y
del Desarrollo Económico (OCDE), que aglutina a 34 países,
México es entre ellos el que tiene el ambiente escolar más
violento. Y sólo uno de cada 10 estudiantes recibe atención
adecuada.

Luego cita a la Comisión Nacional para los Derechos Humanos


que dice que la violencia escolar afecta a un 40% de los casi 19
millones de alumnos de primaria y secundaria en instituciones
educativas públicas y privadas.

Algunas cifras son más controvertidas. El año pasado, el


senador José María Martínez indicó que en 2012 las muertes de
jóvenes por violencia escolar superó las cinco mil: 4.201 varones
y 989 mujeres.

Estos números, que han sido citados ampliamente por los


medios, son disputados por la doctora Teresa Incháustegui,
profesora en el posgrado de Humanidades de la Universidad
Autónoma y antigua diputada federal.

Incháustegui dijo a BBC Mundo que "no hay ningún registro


sólido de esto. No está consignado entre las causas de muerte. Y
si fuera cierto, significaría que la tasa de victimización de
bullying sería el triple de la tasa en feminicidio".

LA LEY
Por lo que se ha conocido, la Ley General para la Prevención y
Atención de la Violencia Escolar incluye entre sus sanciones la
posibilidad de multar hasta por cinco mil salarios mínimos (350
mil pesos mexicanos o US$30.000), a maestros o padres de
familia que hagan caso omiso a la violencia escolar con alumnos
o hijos.

También se ha planteado la posibilidad "recluir" a los niños que


participen en actos desmedidos de violencia escolar, algo que,
según Teresa Incháustegui, "estaría violando la imputablidad de
los menores en el sistema penal", por lo que habría que
modificar el código penal federal para hacerlo.

Para los maestros, además, se contempla amonestación pública,


inhabilitación del cargo académico hasta por 5 años y
suspensión definitiva.

Esto ha incomodado a algunos educadores. En un típico


comentario en un sitio de noticias, una profesora argumentó:
"Por supuesto que los maestros nos damos cuenta del acoso
escolar, pero el reglamento de la SEP nos prohíbe cualquier
medida. Nos damos cuenta del acoso y lo reportamos, lo único
que podemos hacer hacer es hablar con el alumno. No se le
puede correr de clase, ni quitar el recreo, ni suspender de la
escuela ni mucho menos correrlo".

Y agrega: "Los padres, al ser informados, muchas veces lo


niegan, defienden, minimizan, o incluso culpan al maestro".

En diálogo con BBC Mundo, el doctor Emilio Blanco,


coordinador del Centro de Estudios Sociológicos del Colegio de
México, se preguntó si "es razonable pedirle a las escuelas que
controlen la violencia escolar mediante esto: amenazándolas
con sanciones. Las escuelas ya tienen demasiados problemas,
obligaciones, reglamentaciones, programas y controles
administrativos".
Y luego apunta a algo que es cierto -por motivos muy diversos-:
"El sistema mexicano desconfía profundamente de los
maestros".

"La primera respuesta que se va a tratar de dar es que los


maestros son grandes responsables del bullying porque no le
ponen atención a los niños, porque son indiferentes ante el
problema, etc. Entonces hay que amenazarlos con multas para
que no lo permitan".

La ley también propone un "Programa de Escuela para Padres"


para capacitarlos sobre estos temas y plan de estudios que
incluya una materia que "promueva y difunda los efectos
negativos de enfermedades como la diabetes y la obesidad, así
como los medios para prevenirlas" y apoyo sicológico tanto para
las víctimas de bullying como para los victimarios.

¿FUNCIONA?
Recientemente, varios países latinoamericanos han aprobado
leyes contra la violencia escolar, entre ellos Chile, Perú y
Argentina. Sin embargo, ninguno de los expertos consultados
conoce estudios sobre la incidencia de estas leyes en esos países
y si han logrado cambios apreciables.

De hecho, tampoco se conocen esos estudios en los cinco


estados mexicanos que tienen leyes locales contra el matoneo
escolar: Tamaulipas, Nayarit, Distrito Federal, Puebla y
Veracruz.

La de Tamalipas, por ejemplo, fue aprobada en septiembre de


2013 y hace poco la diputada local Erika Crespo Castillo dijo a
los medios que es "letra muerta", pues carece de reglamentación
que la haga efectiva.

Tanto Blanco como Incháustegui resaltan también la


propensión -"muy nuestra", dice la doctora- de México a
enfrentar los problemas con leyes, las cuales algunas veces no
tienen mucha incidencia en la realidad del país.
Incháustegui duda, incluso, que la ley sea aprobada este año,
pues hay otras prioridades en la agenda, como las reformas que
impulsa el gobierno.

Pero, aún si pasara, ¿piensa que una ley puede resolver el


problema de la violencia escolar? Su respuesta es simple y
contundente:

"Claro que no".

Conoce detalles del proyecto de ley contra el


bullying
Colegios podrán ser sancionados si no toman medidas para combatir la violencia escolar. El
proyecto, que tiene discusión inmediata, deberá pasar al Senado para su aprobación final.

De acuerdo a la ley, todos los colegios del país deberán contar con un Comité de Sana Convivencia Escolar y
toda la comunidad educativa deberá informar al establecimiento sobre hechos de violencia física y psicológica,
agresión u hostigamiento

La Cámara de Diputados aprobó hoy en general la Descarga el documento del


Ley que sanciona la violencia escolar en los proyecto de ley con normas de
establecimientos. Los 103 diputados presentes en prevención del maltrato escolar en
la sala votaron a favor del proyecto que ahora la Ley General de
deberá esperar su aprobación final en el Senado. Educación (bullying)

El Ministro de Educación, Joaquín Lavín, se


mostró contento por la aprobación y dijo que “estamos preocupados por lo que está pasando
en nuestros colegios. Había un vacío legal en esta materia y nos estamos poniendo al día con
la legislación de los países más modernos”, además destacó que esta ley “permite que por
primera vez el Ministerio de Educación pueda intervenir y pueda multar a los colegios que no
tomen en serio el tema del bullying”.

De acuerdo a la ley, todos los colegios del país deberán contar con un Comité de Sana
Convivencia Escolar y toda la comunidad educativa deberá informar al establecimiento sobre
hechos de violencia física y psicológica, agresión u hostigamiento. Si las autoridades del
colegio no actúan oportunamente ni toman las medidas necesarias frente a hechos de violencia
escolar o bullying, se arriesgan a una multa de hasta 100 UTM.

“Esta ley establece también que la falta de respeto a un profesor, que es la autoridad en la sala
de clases, es una falta mayor en un colegio, y establece para ello la máxima sanción en el
reglamento de convivencia escolar”, explicó el titular de Educación.

El proyecto de ley también establece definiciones sobre buena convivencia escolar y acoso
escolar, además de la obligación de padres, apoderados, alumnos, profesionales, asistentes de
la educación, directivos y profesores, de promover la buena convivencia para prevenir todo tipo
de acoso, maltrato o bullying.