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Edgar Willems introduce una dimensión psicológica en la educación musical.

Este
autor da mucha importancia a la iniciación musical en los pequeños, centrando su
hacer en el juego, mediante el cual descubre ritmos interiores e investiga los planos
instintivos, afectivos y mentales del niño.

“El verdadero pedagogo es al mismo tiempo un psicólogo. Debe ser capaz de


interpretar la actividad interior del alumno durante la ejecución de un ejercicio,
advirtiendo todos los mecanismos que intervienen: el intelecto, la sensibilidad y la
motricidad” (Willems)

Esta corriente se basa en la diferenciación entre educación musical y enseñanza


musical tradicional. La enseñanza tradicional consiste en la exploración de
capacidades existentes en vez de su desarrollo, tendiendo a favorecer mediante una
técnica cerebral o mecánica el desarrollo del virtuosismo, generalmente instrumental,
aunque se descuiden otros valores tanto o más importantes.
A principios de siglo, se comenzarán a utilizar métodos más activos, desarrollando
las posibilidades más creativas. El valor psicológico de la música va a primar sobre la
perfección formal y aparece una educación musical con un doble valor: como
actividad en sí misma y como preparación para la vida. En estos postulados se basa la
corriente psicológica. Desde este punto de vista, la música favorecería todas las
facultades humanas internas: voluntad, sensibilidad, inteligencia e imaginación
creadora, y es por ello por lo que la educación musical debe estar dirigida por las
corrientes psicológicas.
De todas ellas, el método Willems acepta como la más apta a la psicología musical
analógica, estudiando el ordenamiento jerárquico de los elementos musicales (ritmo,
melodía y armonía) y su analogía con objetos y hechos cotidianos. Su objetivo
principal será la formación del oído musical, ya que para él era un medio principal de
la educación musical.

Así, Willems muestra la música como un lenguaje interior, desarrollando el oído o


“inteligencia auditiva” y el sentido rítmico. Para Willems el ritmo es vida. El sentido
rítmico es innato en el niño: la función del maestro no es enseñar sino ejercitar su
sentido rítmico natural. La melodía nace de la afectividad. Las series melódicas están
grabadas en el niño como resultado de la música que escucha desde su nacimiento.
Sólo la música puede musicalizar al niño. El maestro es un mero guía, un
intermediario en el proceso de musicalización entre la música y el niño.
El método abre también la puerta a las familias, es decir, requiere la participación
de todo ser humano para contribuir al desarrollo de todas las facultades. La actividad
musical se entiende como un campo abierto y plural que favorece el desarrollo
artístico y cultural en el que se combina el modo de hacer, el saber y el ser para
mejorar la inteligencia musical y la sensibilidad estética del alumno, como
individualidad y como ser social.

Entre los objetivos que Edgar Willems se marca, destacan tres:

- Musicales: con los que pretende que amen la música, desarrollando


todas sus posibilidades y abriéndose a las manifestaciones de las diversas
épocas y culturas.
- Humanos: trata de que, mediante la música se desarrollen
armónicamente todas las facultades del individuo, haciendo hincapié en las
intuitivas y creativas.
- Sociales: enfoca su método a todo tipo de alumnado, poniendo gran
énfasis en el beneficioso trabajo en grupo y en su prolongación al ámbito
familiar.

El método propone una serie de fases fundamentales que deben trabajarse en la


clase de música, cuya duración podrá ser aproximadamente entre 45’ y 1 hr:

1. Desarrollo sensorial auditivo.


2. Desarrollo del instinto rítmico.
3. Canciones elegidas pedagógicamente.
4. Desarrollo de “tempo” y del “carácter” mediante marchas.

El desarrollo auditivo
La educación auditiva comprende la:

- Sensorialidad (reacción ante el sonido)


- Sensibilidad afectiva y emotiva (melodía)
- Conciencia mental (armonía, polifonía)
En cuanto al timbre, este se discrimina a través de emparejamientos y
clasificaciones con diversos tipos de objetos sonoros, partiendo de sonidos
producidos por el ambiente, objetos de la vida cotidiana, etc.

Con respecto a la intensidad, su preescritura se expresa con palotes fuertes y


débiles.

Aplicación
Este método parte de la base de que debe ser empezado a emplear desde la edad
más temprana, en el propio hogar. Ya en el colegio, se centra en el desarrollo de la
capacidad vocal, mediante una serie de canciones infantiles que persiguen el dominio
del ritmo unas, y la preparación del oído otras, bien sea por intervalos melódicos
determinados o por una armonía que se deja sentir al irse desarrollando.

Las canciones son el mejor instrumento para el desarrollo auditivo, por lo que es
necesaria una adecuada selección de los cantos. De entre todos ellos, el método
Willems hace varios grupos:

- Canciones de primer grado, para los más pequeños que comienzan con una
llamada o palabra a la que los niños deben responder musicalmente: canciones
con mímica, en las que el ritmo plástico del movimiento se encuentra más
cercano a la danza. El interés de este tipo de canciones radica en la consecución
de la belleza en el movimiento.
- Canciones populares, con otros intereses (sociales, culturales o etnológicos),
que deben anteponerse a los intereses meramente pedagógicos.
- Canciones para el desarrollo del instinto rítmico, donde la analogía con
movimientos rítmicos ofrece grandes ventajas.

Con estas canciones se persigue la educación musical en las facetas rítmicas,


vocales, auditivas y de movimiento. En cuanto a la práctica instrumental, reconoce
que es conveniente que la realicen en algún momento de la educación, bien sea la
flauta dulce, por su facilidad de aprendizaje, o el piano por sus posibilidades
expresivas.

Con respecto a las escalas, el método da mucha importancia a la entonación de los


intervalos, y utiliza en un principio casi exclusivamente la escala mayor, empleando
ejercicios para despertar el sentido tonal propio de nuestra cultura occidental.
El profesor deberá tener en cuenta presentar con alegría y actitud animosa los
materiales, y no “jugar con la música” sino realizar juegos que desarrollen la audición.
En referencia a estos, se mantiene un orden de acción a la hora de llevarlos a cabo:
escuchar, reconocer y reproducir. Esto permite desarrollar la discriminación y
expresión de las cualidades del sonido.

La invención musical
Para Willems, el gran valor de la invención musical reside en que con ella se
produce la audición interior y la memorización de todas las experiencias musicales del
alumno. Así, establece una tipología de invenciones musicales en que distingue:

- La improvisación melódica, que depende mucho de la invención rítmica, por lo


que el método comienza primero por la rítmica, mediante “pregunta y
respuesta”.
- La invención armónica, que es más difícil porque exige la preparación de los
acordes.

El ritmo y la métrica
El punto de partida para la didáctica del ritmo será lo que Willems llama “choques
sonoros” o “golpes”. Los choques sonoros permiten la improvisación rítmica y la toma
de conciencia de distintos elementos métricos. Se acompañan de vocablos, sonidos
onomatopéyicos y palabras sin sentido.

La métrica y el compás se abordan principalmente mediante la experimentación, a


través de la imitación. Así, los primeros ejercicios serán de improvisación libre del
niño acompañados de la percusión corporal, sin importar que no se ajusten a una
métrica o a una cuadratura.

Los modos rítmicos y los choques sonoros serán los mejores medios para la
iniciación a la polirritmia. Con los choques sonoros, la métrica y la iniciación al
compás se trabaja específicamente la audición musical.

Lectura y escritura
Para preparar al niño a la lectura musical, el docente se sirve del uso del nombre de
las notas y ordenamientos de los sonidos de la escala. También desarrolla la
asociación de altura sonora, utilizando las canciones aprendidas para realizar un
dictado melódico con los nombres de las notas.

Asimismo, mediante ejercicios vinculados a la memoria del sonido, como mediante


el dibujo de notas trazadas sobre el pentagrama (sin emplear el nombre de las notas
para tener una visión más global que intelectual del mismo), también se prepara al
niño a la lectura musical.

El primer paso a la prelectura es la lectura de gráficos libres de sonidos largos y


cortos. Posteriormente, se realiza el paso a los símbolos de las figuras negra y blanca;
después se presentan las corcheas y luego los silencios de las figuras. Los ejercicios se
apoyan en la utilización de canciones lentas para explicar las blancas y las redondas,
luego las más rápidas las pasa a corcheas. La blanca con puntillo las introduce ligando
las negras dentro de los compases ternarios.

En cuanto a los compases, el docente marca con la mano los compases binario,
ternario y cuaternario.

Materiales
Además de los instrumentos escolares, este método crea juguetes y otros
instrumentos específicos para trabajar la audición, como las flautas de émbolo, el tubo
sonoro, palillos, sirenas, carillón microtonal, martillos sonoros, campanillas.

Como conclusión de este método, decir que presenta como opuesta a la educación
musical la educación instrumental a la que se da tan solo un valor relativo: no es un fin
en sí, sino un medio al servicio de la expresión musical. En la actualidad este método
está bastante superado.