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Scott Hildreth - Brawler PDF

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Página

1
Página
2
Créditos
Moderadora:
Fatima85
Traductoras:
Axcia Kath
Cjuli2516zc Lectora
Clau Lvic15
Gerald Mimi
Gigi Nelshia
Karen Valen Drtner
Corrección y revisión final:
Fatima85
Diseño:
Lectora
3
Página
Índice
Sinopsis Veinte
Prólogo Veintiuno
Uno Veintidós
Dos Veintitrés
Tres Veinticuatro
Cuatro Veinticinco
Cinco Veintiséis
Seis Veintisiete
Siete Veintiocho
Ocho Veintinueve
Nueve Treinta
Diez Treinta y uno
Once Treinta y dos
Doce Treinta y tres
Trece Treinta y cuatro
Catorce Treinta y cinco
Quince Treinta y seis
Dieciséis Treinta y siete
Diecisiete Treinta y ocho
Dieciocho Treinta y nueve
4
Página

Diecinueve Cuarenta
Epílogo Scott Hildreth
5
Página
Sinopsis
¡L os hombres apestan!

Mienten, engañan, y rompen los corazones de las


mujeres.
Casi había renunciado a las relaciones cuando conocí a Ethan Harlow,
un boxeador de muerte y precioso en el gimnasio de Kidd.
Era sexy, musculoso, tatuado y talentoso.
Así que decidí darles al boxeo, y a los hombres, una última
oportunidad.
Mi nombre es Jaz. Soy una boxeadora.

Esta historia es sobre mi ascenso a la fama mientras hacía las dos


cosas que más disfruto en la tierra.
Tener sexo y pelear.
En el camino, sin embargo, aprendí un poco sobre el amor.

Brawler es un tomo único, Final Feliz, sin trampas, sin final abierto.
6
Página
Prólogo
C
ereales. Diez o más flotando en un tazón de leche. Ese es mi
primer recuerdo. No sé cuántos años tenía en ese momento,
pero menos de dos. Estoy segura de ello, porque el siguiente
recuerdo vívido que tengo es de mi cumpleaños. No recuerdo los regalos
que recibí, pero estoy segura de tener dos años. O eso, o mi padre solo
podía permitirse dos velas. Había glaseado. Un montón de glaseado. Y
papel de regalo.
Después de eso llegó la música ruidosa. Besos. Bebidas gaseosas. El
auto azul con la tapicería multicolor. El olor a sudor. Un bigote. Tiritas. La
casa sin árboles. Lluvia que duró una eternidad. Un cuadrilátero. La casa
con nada más que árboles. Una bicicleta. Macarrones con queso. Y literas.
Nunca entendí las literas, pero de nuevo, nunca pregunté.
Y luego, nada hasta los siete. Segundo grado con Emily Barton.
Empezamos una pelea en el pasillo por algo tan insignificante que no
podía recordarlo una semana después, y seguro como la mierda que no
puedo recordarlo ahora. Sin embargo, nunca olvidaré lo mucho que dolió
cuando tiró de mi cabello.
La escuela primaria y media debieron pasar sin incidentes, porque
realmente no recuerdo mucho entre Emily tirando de mi cabello y el
primer día de la secundaria.
La escuela secundaria trajo consigo fútbol, fiestas y chicos. Bobby
Breyton me ofreció darle sexo oral en la parte trasera de la camioneta de
Toby Wilson cuando no era más que una estudiante de primer año.
Después les contó a todos que era una puta. Al principio, lo negué. Pero
con el tiempo aprendí que admitirlo me hacía mucho más popular, por lo
que orgullosamente reclamé cada ronda de mamadas que se producía en
las fiestas. Pronto se llegó una sobreabundancia de oportunidades
sexuales. Con la esperanza de encontrar el amor, aproveché la mayoría de
ellas.
Sin embargo, el amor permanecía esquivo.
En mi segundo año, mi vida dio un giro. Desde ese momento hasta mi
último año, los días pasaban en un desvanecimiento de chicos, cerveza,
mamadas y ser golpeada por mi padre.
7

Salí de casa el día después de graduarme en la escuela secundaria.


Página

Tenía dieciocho años. Dieciocho, y estaba furiosa.


Había mil cincuenta y siete kilómetros desde mi hogar en Omaha,
Nebraska, a Corpus Christi, Texas, y ese era mi destino final. Quería ver la
playa. Llegué hasta Austin. Estaba muy lejos del Golfo de México, pero en
ese momento lo vi como el comienzo de lo que estaba segura, terminaría
siendo una vida perfecta.
Yo iba a comprar un café. Él se estaba yendo cuando entré.
Chocamos. En ese momento, yo tenía dieciocho años y él treinta y uno.
Creí que habíamos sido colocados en la tierra el uno para el otro. A ambos
nos gustaba el café. Y el sexo salvaje.
Preston era guapo, rico, me trataba bien, y me follaba con fuerza. Al
menos al principio. El tiempo pasó rápidamente. Las cosas parecían
mejorar día a día. No es que fueran malas alguna vez. De hecho, eran
geniales.
A partir de ahí se pusieron mejor que genial.
Espectacular.
Sí. Mi vida pasó de ser bastante miserable, a espectacular.
Y luego todo se fue a la mierda. No poco a poco, o después de una
secuencia de eventos. Fue inmediato. Simplemente llegó un día y decidió
que ya había tenido suficiente de mí. Y así...
Mi vida con él se terminó.
Me pateó a la cuneta. No una patada metafórica. Literalmente, me
pateó a la cuneta. Ese día aprendí que el amor era algo idealizado en
cuentos y relatos de hadas.
En la vida real, simplemente no existía.
Con una mochila llena de objetos personales y un poco de dinero que
me dio, para ponerme de pie, me mudé de la comodidad de su lujosa casa
a un pequeño apartamento de un dormitorio.
No estuve mucho allí. Al poco tiempo, agarré el mundo por las
pelotas.
¿Cómo?
Golpeé la mierda de un tipo por intentar robarme la mochila en
Starbucks. Antes que pudiera limpiar la sangre de sus labios, un hombre
se acercó y se ofreció a entrenarme como boxeadora profesional. Y, a
través de él, conocí a otro hombre. El hombre que me demostró que el
amor era real.
¿El entrenador que descubrió mi talento? Su nombre es Mike.
8

Es la abreviatura de Michael. Pero nadie lo llama por su nombre.


Página

Lo llaman Ripp.
Mi nombre es Beth, pero tampoco me llaman por mi nombre.
Me llaman Jaz. Es la abreviatura de Jasmine.
Esta es mi historia. Trata sobre boxear, follar y enamorarse.
En ese orden.
9
Página
Uno
Jaz
Día uno.

L
a primavera en Austin era perfecta para sentarse en la cafetería
y observar a la gente. Era uno de los pocos actos sociales que
me gustaba hacer, pero el imbécil tatuado agarrando mi mochila
me hizo preguntarme si elegí el lugar equivocado para ello. Cometí el error
de dejarla en el área de asientos exteriores mientras entraba a orinar.
Cuando salí, parecía preparando para huir con mis cosas.
Su atuendo totalmente fuera de temporada; camiseta estirada hasta
las yemas de sus dedos tatuados y el gorro de lana cubriendo su cabeza,
indicaban que era una mala persona o un matón.
Le quité la mochila de la mano.
—No deberías tocar la mierda de otras personas.
—Creí que alguien lo había dejado.
Tonterías, ibas a robarlo.
—Alguien lo dejó —dije, mi tono enojado y amargo—. Yo. Entré y fui al
baño. Eso no lo convierte en una maldita propiedad pública.
La puse sobre la mesa a mi lado y le lancé una mirada feroz.
Se encogió de hombros.
—No deberías dejar tu mierda por ahí.
No me interesaba escuchar su razonamiento.
—Si algo no es tuyo, no jodas con ello.
Un auto clásico color rojo fuego de tamaño medio-grande avanzó por
el estacionamiento. Su tubo de escape tan ruidoso que sacudió el suelo, y
la música saliendo por las ventanas abiertas hizo que ambos cambiáramos
nuestra atención hacia el sonido.
El auto se detuvo. Una rata de gimnasio de gran tamaño con la
10

cabeza afeitada y tatuajes salió por la puerta del conductor. Otro hombre,
Página

que parecía sacado de la portada de una revista de fitness para hombres,


salió del otro lado.
A regañadientes, aparté los ojos del apuesto pasajero y me concentré
en el idiota con el que estaba discutiendo.
—¿Hemos acabado?
—Sí, si has acabado de ser una perra.
Ladeé mi cadera.
—¿Disculpa?
—Ya me has escuchado.
—No estaba siendo una perra. Son mis cosas, y tú estabas jodiendo
con ellas.
Todavía en mi espacio personal, y a solo unos metros de la mesa
donde estaba mi mochila, soltó una carcajada de mierda.
—Eres una perra.
Contrariamente a lo que su tatuador podría haberle dicho, tener
tatuajes no te hacía más duro. Cuando un imbécil consigue tatuajes, se
convierte en un imbécil tatuado, y en lo que a mí respecta, eso es todo lo
que era.
Dejé caer la mirada a sus pies y lentamente tomé cada centímetro de
su cuerpo. Cuando mis ojos encontraron los suyos, le hice saber cuánto
me importaba su opinión.
—Vete a la mierda —siseé.
Sus ojos se dirigieron a la mochila y su mano rápidamente siguió el
camino. Mi instinto estaba en lo correcto. No era más que un ladrón
común, y quería robar mi mierda. Cuando giró para salir corriendo con la
mochila, cerré los puños, apreté mi mandíbula, e hice lo más lógico.
Luché por lo que era mío.
Lancé un golpe de izquierda flojo, solo para ver cómo reaccionaba, y lo
seguí con otro directo al mentón. El segundo puñetazo conectó
perfectamente con su barbilla, y le impidió dar un paso más. Sus ojos se
volvieron vidriosos, sus manos se aflojaron, y mi mochila cayó al suelo.
Podría haber parado ahí, pero no lo hice. Mientras tropezaba
intentando recuperar el equilibrio, coloqué mis pies y busqué una
abertura. No me hizo esperar mucho. Su mano derecha se levantó
instintivamente para protegerse. Tan pronto como su codo dejó al
descubierto su caja torácica, lancé otro puñetazo, fuerte.
11

¿Qué te parece esto, hijo de puta?


Página

El aire abandonó sus pulmones en una ruidosa exhalación. Ahora


que estaba tambaleándose, con la cabeza a la altura de mi pecho y sus
ojos vidriosos y desenfocados, supe que un puñetazo más lo terminaría
para él. Esa era mi intención, terminarlo. Lancé un gancho derecho feroz.
El puño conectó perfectamente con su ojo izquierdo, haciéndole caer al
tiempo que retrocedía.
Sorprendido por el aluvión de golpes rápidos, su cerebro ya no era
capaz de controlar sus funciones musculares. Él y sus tatuajes cayeron
desmadejados en la acera.
Sacudí mis doloridas manos y miré fijamente al montón de basura
humana.
—Conseguiste tu culo pateado por una jodida chica, ¿verdad?
—¿Qué diablos pasó? —preguntó alguien detrás de mí.
La voz era gruesa con un marcado acento de Texas, algo que yo no
tenía, o quería. Cogí mi mochila y me giré. El rapado estaba parado a unos
cuantos metros de distancia, negando incrédulo. Era enorme, pero ahora
que estaba lo suficientemente cerca como para tocarlo, parecía un gran
osito de peluche.
Levanté mi mochila.
—Intentó robar mis cosas.
Apoyó las manos en sus caderas y miró al idiota tatuado.
—Intentando es la palabra correcta. Jesús, pateaste el trasero de este
pobre tipo de todas las maneras posibles.
Llevaba pantalones cortos y una camiseta sin mangas, parecía el
típico cabeza de chorlito; cabeza afeitada, tatuajes, y músculos sobre
músculos. Lo único que me gustaba era que llevaba un par de Ed Hardy
Chuck1. Los admiré por un momento, luego miré hacia a mis zapatos
desgastados y deseé poder permitirme un par nuevo.
—Tus manos son jodidamente rápidas, muchacha —dijo, el tono de
su voz igualando la emoción en sus ojos—. ¿Dónde diablos has aprendido
a pelear así? —preguntó.
—En un ring de boxeo.
El engendro tatuado logró ponerse en pie. Expresó su opinión, pero
no hasta estar lo suficientemente lejos de mi alcance.
—Jodida puta.
El rapado cruzó los brazos sobre su enorme pecho y se interpuso
entre nosotros.
—Lárgate de aquí ahora mismo, hijo de puta. O seré yo el que empiece
12

a golpearte.
Página

El engendro cogió su gorro, cubrió su cabeza, y murmuró para sí


mientras se alejaba.
1 Marca de zapatillas cuyo diseño es semejante a las converse clásicas.
Colgué la mochila en mis hombros y miré hacia donde esperaba mi
café. Tirado en la acera, la taza vacía.
Mierda.
Puede que no parezca mucho, pero para alguien con un presupuesto
extremadamente ajustado, una taza de café es algo grande. Un lujo.
—¿Cómo te llamas? —preguntó el rapado.
—Jaz.
—Soy Ripp —dijo emocionado—. No te muevas.
Me quedé ahí, bloqueada, mientras corría hacia su auto. Rápidamente
regresó con una tarjeta de visita.
—Entreno boxeadores. ¿Alguna vez has peleado profesionalmente?
Me reí.
—No. Solo cuando la gente me molesta.
—¿Quieres considerarlo?
Eché un vistazo a la tarjeta. Luchar profesionalmente parecía algo
que deberían hacer los profesionales, no yo. No obstante, despertó mi
interés.
—¿Sueldo?
—Depende de lo buena que seas.
Apreté los puños y los levanté.
—¿Qué tan buena soy?
Sonrió de forma cursi.
—Lo suficiente como para llamar mi atención, eso está jodidamente
claro.
Su uso libre de la palabra J y la emoción en su voz me hicieron sentir
cómoda. Al menos estaba siendo él mismo. Me agaché y recogí mi taza de
café vacía.
—Cómprame una taza de café y escucharé lo que tienes que decir.
Movió la cabeza hacia la entrada.
—Vamos.
Vestido con pantalones deportivos y una camiseta del gimnasio Kidd,
su apuesto amigo permaneció en silencio junto a la puerta. Le eché un
vistazo rápido. Tenía un bronceado de principios de verano, cabello oscuro,
13

y la estructura muscular de un boxeador. Era tan perfectamente guapo


Página

que estaba segura que su simple existencia intimidaba a las mujeres,


incluida yo.
Ripp le dio una palmada en el hombro.
—Ethan, esta es Jaz.
Eché un vistazo a Ethan. Fue el mayor error que había cometido en
un año. Encontró mi mirada. Sus ojos azules me absorbieron como una
aspiradora. Me quedé allí, inmóvil. La lujuria saliendo de mis poros.
Intenté apartar la mirada, pero no tuve éxito.
—Encantada de conocerte —murmuré.
Sonrió y abrió la puerta.
—Buenas manos.
Tienes unos ojos preciosos. Y un trasero tremendo.
Pasé junto a él, pero mis ojos permanecieron bloqueados en los suyos.
Rompí el contacto justo antes de llegar a la zona de pedidos. Me sentía
como una adolescente borracha de amor. Probablemente también lo
parecía. Recordé que todavía no le había agradecido por su comentario
sobre mis manos, así que lo hice.
Sintiéndome ligeramente preocupada por mi esmalte de uñas, y
deseando haberme tomado el tiempo de arreglarlas antes de salir, metí las
manos en los bolsillos de mis pantalones cortos.
—Gracias.
Si ser entrenada por Ripp incluía tener algo que ver con Ethan,
estaba en ello. Nos dieron nuestras bebidas, volvimos fuera, y nos
sentamos al sol. Traté de concentrarme en lo que decía Ripp y no en mirar
a Ethan. No mirarlo en absoluto era imposible, así que le di una torpe
mirada cada vez que pude.
—Entonces, ¿qué piensas? —preguntó Ripp.
Ethan estaba mirando hacia la calle, obviamente en un profundo
pensamiento. Yo estaba tomando nota de cómo su camisa se aferraba a su
pecho, en un pensamiento aún más profundo. Aparté la mirada y me
encontré con los ojos de Ripp.
—¿Acerca de…?
Tomó un trago de café y se estremeció.
—¿Estabas escuchando lo que estaba diciendo?
—Creo que me he despistado por un segundo —dije—. La falta de
sueño.
—Dije que no tenemos suficientes chicas en el deporte, y si vienes al
14

gimnasio y me dejas verte entrenar con una, te haré saber lo que pienso.
—¿Y entonces qué?
Página

Ethan cambió su enfoque a la conversación. Hice todo lo posible para


actuar como si no me importara. Por alguna razón, sin embargo, lo hacía.
—Si eres tan buena como creo que eres, te entrenaré.
—No tengo dinero —dije.
Parecía desamparada. Estaba muy cerca, pero no quería que lo
supieran. Antes que respondiese, me corregí:
—Quiero decir, que no tengo dinero que desee gastar en lecciones o lo
que sea.
Lanzó su taza de café por el aire apuntando a la papelera a cinco
metros de distancia.
—¡Cinco dólares! —gritó Ethan tan pronto como la taza dejó su
agarre.
Ripp sonrió.
—Acepto.
La taza entró limpiamente en la papelera. Un lanzamiento de un
millón.
Ripp golpeó su mano sobre la mesa.
—Paga.
Mientras Ethan buscaba su billetera, Ripp sonrió.
—No te costará nada. Si eres tan buena como espero, te entrenaré
gratis. Voy a organizarte algunas peleas, y ¿quién sabe? Tal vez un día
luches por el título.
—Y, si soy buena, ¿será rentable?
Asintió.
—Sí, si eres lo suficientemente buena.
Por un momento, me senté ahí y luché contra la idea de volver a un
gimnasio, me pregunté cómo me sentiría una vez estuviera dentro del ring
de nuevo. Eché otro vistazo a Ethan y decidí que lo único que importaba
era que tendría otra oportunidad de verlo, ojalá con la camisa quitada,
cubierto de sudor y en una pelea con alguien.
Tenía una excusa para echar otro vistazo. Así que lo hice.
—¿Entrenas ahí?
—Por supuesto.
No hablaba mucho, pero cuando lo hacía, no tenía la cosa de Texas
pasando con su voz. Me pregunté de dónde era. Decidí que de Los Ángeles.
15

Un actor convertido en boxeador. Cuanto más estudiaba su hermoso


rostro, más segura estaba de ello. Un actor desterrado.
Página

Había tomado mi decisión. Miré a Ripp.


—¿Cuándo empezamos?
Se encogió de hombros.
—¿Mañana al mediodía te parece bien?
La idea de volver a ver a Ethan me hizo sonreír. Dejé creer a Ripp que
lo que causaba mi expresión de deleite era la idea de él entrenándome.
—Suena bien —dije.
Y así era.
Sonaba muy bien.
16
Página
Dos
Jaz
Día dos.

T
an pronto como entré, fui rodeada por el olor a sudor,
adrenalina, narices ensangrentadas y sueños rotos. Recuerdos
de mi viejo gimnasio regresaron, produciendo un cosquilleo en
mi columna. Las pocas dudas que tenía por entrenar se desvanecieron al
instante, y rápidamente fui llenada por el deseo de entrar al cuadrilátero
una vez más.
Mis ojos recorrieron el gran espacio. Había al menos una docena de
cuadriláteros, todos llenos de boxeadores y rodeados por espectadores. Me
quedé de pie en la entrada y examiné el área. Decepcionada por no ver a
Ethan de inmediato, mis ojos pronto encontraron un rostro familiar.
Mientras se acercaba, no pude evitar sonreír.
—Este lugar es enorme.
—El más grande de Austin —dijo Ripp. Apuntó hacia mis manos
vacías—. ¿Dónde está tu equipo?
—Bueno, de eso quería hablarte. En realidad, no tengo nada.
—¿Qué has estado usando?
—Yo mmm. No he ido a un gimnasio desde que tenía dieciséis.
Parecía confundido.
—¿No has estado en un gimnasio desde los dieciséis? Ese gancho que
lanzaste parecía bastante pulido. También el que fue a las costillas. —
Sonreí—. Bien, necesitas equipo.
Llevaba un sujetador deportivo, una camiseta sin mangas, y un par
de pantalones cortos. En realidad, lo único que necesitaba para subir al
ring eran unas zapatillas y un par de guantes de entrenamiento. No tenía
ninguno. Me sentí avergonzada. Bajé la mirada al suelo.
17

—Sígueme —dijo.
Atravesó el gimnasio en lo que probablemente era su ritmo habitual,
Página

pero para mí supuso un ligero trote. Me costó mantenerle el paso, pero


finalmente lo hice. Lo seguí fuera del gimnasio, por un pasillo, y hacia una
pequeña tienda de elementos deportivos en el lateral del edificio.
Puso las manos a sus caderas y se giró hacia mí.
—¿Puedes pagar por el equipo ahora?
Fruncí los labios e inhalé superficialmente. Tenía un trabajo de
camarera, pero no era uno bueno. Mientras me preparaba para responder,
estiró la mano y agarró mi muñeca ligeramente. Me arrastró hacia un
rincón de la tienda, donde se exhibían las zapatillas.
—Tenemos los nuevos Nike HyperKO en diferentes colores. ¿Qué color
te gusta? —preguntó.
—Mmmm. Me gusta el morado, pero en realidad no…
Soltó mi muñeca, puso sus manos en las caderas de nuevo, y arqueó
una ceja.
—Agarra unos zapatos y unos guantes de entrenamiento. Quiero verte
en el ring.
—Pero no puedo…
Negó.
—Digamos que tengo confianza con el dueño. Agarra lo que quieras y
lo resolveremos después. ¿Sabes quién es el dueño de este gimnasio?
Me encogí de hombros.
—¿Quién?
Mostró su cursi sonrisa.
—Un buen amigo mío. —Se rió—. Ahora elige unas jodidas zapatillas.
Tal vez lo hacía, tal vez no, pero por alguna razón sentía que confiaba
en mí. No era del tipo de persona con falta de autoestima que necesita
halagos para sentir que estaba logrando mis metas en la vida, pero sentir
que tenía fe en mi habilidad para boxear era tranquilizador.
Hice lo que pidió y elegí unos zapatos nuevos, un par guantes, y unas
vendas. Después de saltar con la cuerda y pasar unos minutos en la pera
de boxeo, subimos a un cuadrilátero vacío. Me sentí culpable por creer que
Ripp era un tonto cuando nos conocimos. Vestido con pantalones cortos,
una camisilla, guantes de boxeo y los mitones en sus manos, parecía un
entrenador, no una rata de gimnasio.
—Solo quiero ver tu forma física. No intentes impresionarme,
simplemente haz lo que te diga. ¿Lista?
Asentí.
18

Sostuvo los mitones frente a su pecho. Habían pasado años desde que
entrené por última vez, pero cuando tenía dieciséis, tenía más talento que
Página

la mayoría de las personas en el gimnasio, independientemente de su


edad, sexo o experiencia. Nadie tenía que decírmelo, podía verlo por mi
cuenta. Sin embargo, mi entrenador me lo recordaba a diario.
—Golpe de derecha.
Lancé mi mano derecha al mitón.
—De nuevo.
Golpeé de nuevo.
—Dos más.
Golpeé de nuevo, dos veces.
Sonrió y asintió.
—Derecha. De nuevo. Gancho izquierdo.
Golpeé dos veces el guante, y lancé un gancho al guante izquierdo de
Ripp. Cada orden que daba, era seguida con el golpe pedido. Sus
indicaciones vinieron rápido. También mi reacción.
—Izquierda, derecha.
—Izquierda, derecha, izquierda, izquierda. Izquierda, izquierda.
Derecha.
—Gancho al cuerpo.
—Gancho a la cabeza.
—Izquierda. De nuevo. De nuevo. Dos más. De nuevo. De nuevo —
dijo—. Mano derecha. Otra. Izquierda. Derecha. Izquierda. Izquierda.
Gancho al cuerpo. Gancho a la cabeza.
Después del último golpe, bajó los guantes y se enderezó.
—¿No has estado en un gimnasio desde lo dieciséis?
Negué.
Sus ojos se entrecerraron.
—Mientes.
—No, lo juro. Quiero decir, siempre he entrenado, pero no he estado
haciéndolo en un gimnasio.
—¿Quién te entrenaba cuando eras una niña?
—Un anciano en el gimnasio. Freddy Lewis —dije—. Murió justo
después de mi cumpleaños número dieciséis.
—Lo siento —dijo, su tono de voz indicaba que decía en serio cada
palabra—. ¿Fue cuando dejaste de entrenar?
Fue cuando todo en mi vida cambió, pero no importaba mucho. En
19

realidad no quería hablar al respecto, así que simplemente me encogí de


hombros.
Página

Enderezó su postura y me miró a los ojos.


—No estoy aquí por la fama o el dinero —dijo—. Estoy aquí porque es
parte de lo que soy. He intentado alejarme más de una vez, pero no puedo.
En cuanto a ser entrenador, seguro que no soy el mejor, pero puedo
entrenarte para que tú seas la mejor. No eres una novata, Jaz. Ni de cerca.
Ya puedo notarlo. Así que, ¿dejarás que te entrene?
Asentí ansiosa.
—¿Quieres pelear contra alguien? ¿Algo ligero? Me gustaría ver como
lo haces.
Alcé mis guantes y los entrechoqué.
—Estoy lista.
—Estira —dijo—. Déjame ver qué puedo encontrar.
Se agacho bajo las cuerdas, corrió por el gimnasio, y desapareció
entre la gente. Unos minutos después, regresó. Con guantes y cargando un
casco, sonrió con esa sonrisa cursi y entró al ring.
—No hay ninguna mujer para que pelees y ninguno de los hombres
quiso enfrentarte —dijo—. Colócate este casco, pelearás conmigo.
Parecía estúpido que él no usara casco. Pero, como todo el mundo,
creía que una chica no podía ser una amenaza para un hombre.
Estaba equivocado.
—¿No vas a usar protección para la cabeza?
Negó.
—No te preocupes. No vas a lastimarme. Solo he caído una vez, y fue
contra el campeón mundial de peso pesado.
—¿En serio?
Presionó el casco en mi cabeza.
—En serio.
Impresionante.
Fácilmente sobrepasándome por veinte centímetros, dobló sus
rodillas, bajó sus hombros, y alzó sus guantes. Hicimos contacto visual.
Asintió.
—Adelante.
Lanzó un par de golpes lentos en mi dirección, alejando sus guantes
antes de hacer contacto. Con la mandíbula en alto y mis guantes
20

protegiendo mi rostro, me moví de un lado a otro, fácilmente evitando cada


golpe.
Página

Su velocidad e intensidad aumentaron.


Continué escapando a la mayoría de sus intentos solo con
movimientos de cabeza, bloqueando un par de poderosos golpes con mis
guantes. Sus ataques eran ligeros y cortos, y todavía debía lanzarle un
golpe.
Se inclinó hacia atrás ligeramente.
—Quiero todo lo que tienes, ¿de acuerdo?
—¿Seguro?
—Síp.
Golpeé mis guantes contra los suyos.
—Dime cuando parar.
Asintió.
Por lo que había visto, generalmente dejaba su mano izquierda unos
centímetros más baja que su derecha. Bajé mi guante derecho, dándole
una razón para extender el brazo derecho. Cuando lo hizo, lancé un golpe
derecho rozando su izquierdo y hacia su barbilla.
El golpe conectó bien. Sabía que no le había dolido, pero estuvo
claramente sorprendido. Cuando reaccionó, lancé un rápido, pero débil,
gancho de izquierda a sus costillas. Mientras bajaba su codo derecho en
reacción al golpe, lancé un combo derecha-izquierda a su cabeza,
conectando ambos.
Creíste que no sería capaz, ¿verdad?
Dijo que lo quería todo, y pretendía dárselo.
Me empujó y alzó sus guantes. Desaté un torrente de golpes a sus
costillas expuestas, provocando que bajara sus manos de nuevo. Cuando
bajaron, lo golpeé con una fuerte derecha cruzada.
El golpe lo hizo trastabillar.
¿Sorprendido?
Pegué los codos a mis costados, bajé mi barbilla, y caminé hacia él,
lanzando un gancho izquierdo seguido de uno hacia arriba. Ambos golpes
conectaron con fuerza, y en respuesta, hizo señas para que me detuviera.
Una voz grave a nuestro lado hizo que desviara mi atención a un lateral del
cuadrilátero.
—En el nombre de Dios todopoderoso ¿qué sucede aquí?
—Un ligero combate —contestó Ripp.
Un anciano, cerca de los setenta según mi suposición, estaba fuera
del ring con los brazos cruzados en el pecho. Me miró, miró a Ripp, y negó.
21

—A mí no me parece ligero —gruñó—. Más bien, parecía que estaba


Página

pateándote el culo.
—Ella es Jaz, viejo. Creo que voy a entrenarla —dijo Ripp.
Alcé mis guantes y asentí hacía el anciano. Hizo contacto visual y me
miró por un momento. Luego, se giró hacia Ripp y frunció el ceño. Ripp
alzó sus manos en el aire, y el viejo se alejó sin hablar.
—¿Está enfadado? —pregunté.
—No está enfadado, solo viejo.
—¿Es el dueño del lugar?
—No. Solo lo maneja. Su nombre es Kelsey. Siempre está de un jodido
mal humor. Pero entrenó al actual campeón de peso pesado, así que
supongo que puede estar como quiera.
—¿En serio?
—En serio.
He estado fuera del deporte mucho tiempo, ni siquiera sabía quién era
el campeón. Alcé mis guantes como si estuviera lista para boxear.
—Entonces, ¿qué opinas?
—¿Sobre ti?
Asentí.
—No quiero inflar tu ego, pero tienes habilidades.
—¿Locas habilidades?
Me miró como si tuviera tres ojos.
—¿Qué demonios quiere decir eso?
—¿Qué soy jodidamente buena? —pregunté en broma.
—Estás muy cerca —dijo.
Tragué con orgullo.
Arqueó una ceja.
—¿Qué quieres de esto?
No tuve que pensar mucho la respuesta.
—En el cartel de afuera, dice: “entrenamos campeones”. Eso es lo que
quiero. Quiero ser la campeona.
—Nunca lo logré. Así que eres mi única jodida oportunidad. —Golpeó
su guante con mi hombro, sacándome de balance.
Me mantuve de pie y sonreí.
—Intentaré no decepcionarte.
22

—¿Decepcionarme? —Negó—. Eres muy buena, Jaz.


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—¿De verdad lo crees?


—Lo sé.
Habían pasado casi diez años desde que puse un pie en el ring, y casi
el mismo tiempo desde que había peleado con alguien. En ese momento,
sin embargo, sentí que podía derrotar a cualquiera, sin importar su
tamaño, habilidad, experiencia o entrenamiento.
Y solo el tiempo diría si tenía razón o no.
23
Página
Tres
Jaz
Día nueve.

M
ientras golpeaba el pesado saco, lo noté entrar. No lucía igual
que el día que nos conocimos.
Como un atleta disciplinado.
Pasó por delante de mí. O no me notó o no le importó. Como fuera, no
estaba dispuesta a aceptarlo.
Me giré hacia él y admiré su bonito trasero durante algunos pasos
antes de hablar.
—¿Siempre eres tan idiota? —le pregunté mientras pasaba.
Siguió alejándose ignorando lo que le había dicho.
—¡Ethan! —grité.
Hizo una pausa y miró por encima del hombro.
—¿Sí?
—¿Siempre eres tan idiota?
—No —respondió.
Y se alejó.
¿Qué demonios?
Había estado entrenando durante una semana y no había visto a
Ethan ni una sola vez. Después de averiguar que le gustaba entrenar a
última hora de la tarde, decidí ampliar mi cronograma con la esperanza de
verlo. Mientras lo observaba comenzar a saltar la cuerda, no pude evitar
preguntarme si simplemente era un cretino.
Un cretino realmente sexy.
Por mucho que quisiera llegar a conocerlo, no dejaría que su actitud
afectara mi entrenamiento. Golpeé combinaciones de dos y tres puñetazos
24

al saco, mirando hacia él cada vez que tenía la oportunidad. El


Página

entrenamiento de treinta minutos terminó antes de darme cuenta. No miró


en mi dirección ni una vez. No quería sentirme decepcionada porque no me
prestara atención, pero lo estaba.
No pude evitar preguntarme si estaba en una relación, era gay, o
simplemente no estaba interesado. Esperaba que la respuesta fuera que
no estaba interesado, porque eso era algo que se podía resolver. Si era gay
o tenía una relación… simplemente tendría que aceptar que estaba fuera
de los límites.
Terminé mi entrenamiento y me deshice de los guantes. No importaba
cuán desesperadamente quisiera conocer a Ethan, no le haría sentir que lo
estaba persiguiendo. Alentarlo, sin embargo, era una historia diferente. Me
quité la camiseta sin mangas y la metí en la bolsa. Ahora vestida con nada
más que pantalones cortos y un sujetador deportivo, cogí mi mochila y
caminé hacia el vestuario.
Nunca fui una mujer pretenciosa o presumida, pero era muy
consciente de mi atractivo. Estaba en buena forma física, mi trasero era
bonito, y mis tetas fantásticas. No discutiría que mi cabello necesitaba un
corte, pero sujeto en una cola de caballo lucía tan bien como el de
cualquier otra persona.
Y así lo tenía.
Me dirigí al otro lado del gimnasio pasando junto a Ethan,
esforzándome al máximo para parecer irresistible. Entré en el vestuario
luchando contra el impulso de girarme, me miré en el espejo y exhalé. Me
veía genial. ¿Cómo era posible que no lo viera? Me desnudé y tomé una
ducha, preguntándome todo el tiempo si me había notado, y si lo había
hecho, en qué estaba pensando.
Sentirse atraído por alguien y que no muestre interés alguno como
respuesta, no es algo fácil de aceptar para una mujer y, en ese sentido, yo
no era muy diferente a las demás. Preguntándome qué era lo que no le
gustaba de mí, me vestí y salí del vestuario.
Pasé junto a él otra vez, colocándome los auriculares mientras
pasaba. Cuando estaba casi en la puerta, pude ver su reflejo en el cristal.
—No quería ser un idiota —dijo.
Ni siquiera tenía mi iPod encendido y lo había oído muy bien, pero no
quería que lo supiera. Saqué mi auricular derecho, me volví y le lancé una
falsa mirada de sorpresa.
—¿Decías algo?
Era tan atractivo que solo estar allí mirándolo me ponía nerviosa. Sin
embargo, darme la vuelta y marcharme no una opción.
25

—Dije que no quería ser un idiota.


Coloqué el auricular sobre mi hombro.
Página

—¿Simplemente es algo natural en ti?


Sus ojos cayeron al suelo durante unos segundos. Después de un
ligero suspiro, levantó la vista.
—Eres intimidante.
¿Qué? ¿Yo?
Eso me sorprendió. Y esta vez no fue fingido.
—¿Yo? ¿Cómo podría intimidarte?
—No actúes como si no supieras que eres hermosa —dijo—. Y… Bien.
Después de ver lo que le hiciste a ese tipo de Starbucks, es bastante obvio
que eres mucho mejor boxeadora de lo que yo seré jamás.
Me quedé paralizada y lo miré, en parte porque era jodidamente
guapo, y en parte por los cumplidos que acababa de darme. Me sentí
halagada.
—No sé nada de eso, pero gracias —le dije—. Y no te preocupes, no
muerdo. Quiero decir, a menos que tú quieras.
Parecía avergonzado. Como siempre, me lancé un poco demasiado
fuerte. Era uno de mis puntos fuertes, o débiles, dependiendo de cómo lo
mirases. Sin embargo, sonrió.
—Así que… Ripp dijo que va a entrenarte.
—Sí. Eso parece. ¿Te entrena?
Negó.
—No. Me entreno con uno de los otros chicos.
—Oh —dije.
Me pregunté dónde estaba Ripp en comparación con los otros
entrenadores, y esperaba haber hecho la elección correcta respecto a que
fuera el mío.
—Entonces, ¿cómo se compara Ripp con los otros en cuanto al
entrenamiento?
Ensanchó los ojos y se rió entre dientes.
—En cuanto a los otros, no hay comparación. Kelsey es el primero, y
Ripp el segundo. Pero Kelsey ya no entrena a nadie excepto a Dekk.
—¿Quién es Dekk?
—¿En serio?
—Sí. —Me encogí de hombros—. Aún no conozco a nadie.
26

Agitó sus brazos hacia la instalación abierta.


Página

—Dekk. Es el dueño de este lugar. Es el campeón mundial de peso


pesado. Su nombre real es Shane Dekkar. Kelsey lo entrena. Es el mejor
amigo de Ripp.
—Ripp dijo que era amigo del dueño. Supongo que eso lo explica.
—No puedo creer que no sepas quién es.
—No he seguido el deporte desde que tenía dieciséis —dije,
sintiéndome un poco tonta por no saberlo—. Sin embargo, ahora lo sé.
Sonrió y asintió.
—Te diré quién es cuando llegue.
En ese momento, realmente no me interesaba quién era el campeón
mundial, el dueño del gimnasio, o qué tan bien conectado estaba Ripp.
Quería conocer mejor a Ethan.
—Entonces, ¿has terminado por hoy?
Dudaba que lo hubiera hecho, porque no habían pasado más de
treinta minutos desde que llegó, al menos hasta donde yo sabía. Preparada
para escuchar que necesitaba pasar otra hora y media en el gimnasio, y
que me diera una larga excusa de por qué no podía dedicarme más tiempo,
esperé su respuesta.
—Sí, —dijo, mirando hacia la estación en la que había estado
entrenando—. Creo que terminé.
Entonces, ¿quieres follar?
Luché contra la urgencia de ser yo misma y me quedé con algo un
poco menos invasivo a su aparentemente tímida personalidad.
—Entonces, ¿quieres ir a tomar un café o algo así?
—Por supuesto.
Vaya. Eso fue fácil.
—¿Tienes que ducharte?
Pareció considerarlo por un nanosegundo, y negó.
—En realidad no sudé.
—Coge tus cosas. Podemos ir a hablar o lo que sea.
Esperaba un poco de “lo que sea”, pero estaba dispuesta a
conformarme con conocerlo un poco mejor. En un momento volvió con su
bolsa y caminamos juntos al estacionamiento.
—¿Quieres ir conmigo? —preguntó.
—Por supuesto.
Abrió la puerta del pasajero de una camioneta estacionada justo al
27

lado de la puerta. Había salido con varios chicos, y no podía recordar a


ninguno que abriera la puerta para mí, sin importar quiénes fueran.
Página

Mientras me acomodaba en la camioneta, no pude evitar sentir que íbamos


a una cita.
Cerró cuidadosamente la puerta y luego subió al otro lado.
—Entonces, ¿de dónde eres? —pregunté.
—Nacido y criado en Texas. Crecí en Lubbock.
La mayoría de los chicos nacidos y criados en el sur eran
extremadamente educados. Probablemente la impresión que me dio de
tímido y reservado era simplemente educación.
—No suenas como si fueras de aquí.
—¿Qué quieres decir?
—No tienes acento sureño.
—Mis padres eran de Chicago. No hablaban con acento, y creían que
hacerlo nos hacía parecer maleducados. Tuvimos que tomar clases de
lenguaje cuando éramos niños, para no sonar como idiotas.
—¿De verdad?
—En serio. —Se rió entre dientes—. Mi padre es un culo duro.
Sabía todo lo que había que saber sobre tener un padre difícil, pero
no estaba preparada para discutirlo. Al menos, no todavía.
—¿Qué hay de ti? —preguntó.
—Omaha, Nebraska. Me dirigía a la playa y llegué aquí. No me he
movido desde entonces.
Cambió de carril y luego me miró. Una de sus cejas se levantó
ligeramente. No mucho, pero lo suficiente para expresar su interés.
—¿Estabas camino a la playa?
Todavía me emocionaba pensar que algún día lo vería. Sentir la arena
mojada entre mis dedos. Las olas contra mi piel.
—Sí. Nunca he estado. Así que, cuando acabé la secundaria, me
encaminé en esa dirección. Pero solo llegué hasta aquí.
—Lo malo de ver el océano es que es difícil marcharse —dijo, con la
voz apagada como si su mente estuviera buscando recuerdos apagados—.
Hay algo respecto…
Mis ojos se abrieron.
—¿Has estado?
Asintió.
—De niño. Y luego en las vacaciones de primavera. Es... es increíble.
—Voy a ir —dije—. Tan pronto como pueda pagarlo.
28

Me sentía más cómoda ahora que estábamos hablando como dos


Página

viejos amigos. Seguía siendo extremadamente guapo e intimidante, pero su


comportamiento me hacía sentir que no tenía ni idea de lo apuesto que
era. Cuando entró en el estacionamiento de la cafetería, mi curiosidad sacó
lo mejor de mí.
—¿Estás soltero?
Estacionó la camioneta y sus ojos buscaron mi rostro. Al cabo de un
momento, pareció encontrar lo que buscaba.
—Sí.
Su vacilación me hizo sentir como si estuviera mintiendo u ocultando
algo. Insistí un poco más.
—¿Estás seguro?
—Positivo. Es solo…
—Solo… ¿qué?
—Mi última relación terminó como... no sé... Fue una especie de… —
tartamudeó—. Yo no estaba listo y simplemente terminó.
No podía decir algo así y esperar que no presionara un poco más. Así
que, lo hice.
—¿Qué pasó? Quiero decir, si puedo preguntar. Yo también tuve una
muy mala y créeme, ese cabrón solo la terminó. De grandiosa a terminada
en un día. Es una mierda, pero a veces la vida apesta.
—No creo que la vida apeste. Creo que las cosas pasan. Cosas que
están fuera de nuestro control.
Ahora tenía todo mi interés.
—Entonces, ¿vas a decirme qué pasó?
Sujetó con fuerza el volante y miró directamente hacia la calle. Esperé
que dejase caer la bomba, anticipando algo totalmente insano. Suponiendo
que sería una historia de cómo había encontrado a su novia con uno de
sus amigos, o que le había contagiado una extraña ETS, me senté en
silencio y esperé. Mientras formulaba mi respuesta de antemano por lo
que fuera que iba a decirme, cerró los ojos y soltó un suspiro.
Abrió los ojos, pero no me miró.
—Ella ummm. Estaba echando combustible. Y un tipo salió de la
gasolinera y empezó a disparar. Había robado el lugar. Dijeron que la bala
rebotó en el pavimento. Eso. Es ummm. Eso golpeó…
Se tocó la sien con la punta de un dedo.
Con la boca abierta de par en par y sin palabras, me senté recta y le
miré fijamente. Mi estómago se revolvió. Me sentí enferma, y deseé no
haber husmeado. Me preguntaba si ella estaba paralizada o había muerto,
29

pero no iba a preguntar de ninguna manera, incluso si sentía que quería


hacerlo.
Página

—Nosotros... Solía fumar, y ella lo odiaba. Habíamos tenido una pelea


al respecto. Me dijo que lo dejara o me atuviera a las consecuencias. —
Dejó salir una risa seca que rápidamente se volvió emocional—. Y yo...
Nunca me importó mucho que alguien me diera un ultimátum, así que le
dije que dejaría de fumar cuando estuviera listo. Se marchó, y esa fue la
última vez que la vi con vida.
Miré hacia abajo, a mi bolso, sin saber realmente qué decir. Intenté
tragar, pero mi boca seca lo hizo imposible. Siguió un largo silencio. No fue
una tremenda cantidad de tiempo, pero sí lo suficiente como para sentirme
incómoda y llena de culpa.
—Ya sabes —dijo—. Me cuestiono las cosas. Como que si hubiera
aceptado dejar de fumar, ella no se habría molestado y marchado. Si eso
hubiera sucedido, estaría viva, ¿sabes?
Sus pensamientos debieron volcar un gran peso sobre él, porque hizo
una pausa por lo que pareció una eternidad antes de continuar.
—Si no hubiera sido tan terco, me pregunto si las cosas podrían
haber sido diferentes. Al final, siempre me parece recordar algo que dijo el
pastor en la iglesia cuando era un niño sobre que este mundo era el
mundo de Dios, y no nuestro. Y luego pienso que por cualquier razón, Dios
decidió que le tocaba en ese momento.
Me miró directamente.
—De cualquier manera, es una mierda.
A veces deseaba poder lanzarme y patear a la vida en las pelotas.
Tenía razón, era una mierda. Me alegró que me contara la historia, pero
me sentí terrible por forzarlo a hacerlo.
—Tienes razón, —me las arreglé para decir—. Es una mierda. Y lo
siento.
Decir lo siento parecía superficial y simple, pero no sabía qué más
decir. Quería consolarlo, pero sabía que en realidad no había nada que
pudiera hacer o decir que le proporcionara algún grado de confort más allá
de lo que ya sentía.
Decidí intentarlo de todos modos. Sus ojos parecían distantes y
tristes, lo cual no me sorprendió en absoluto.
—Dejaste de fumar, ¿verdad?
Sostuvo mi mirada.
—Sí.
—Apuesto a que donde quiera que esté, está orgullosa de ti.
No era mucho, pero fue lo único con lo que pude salir.
30

Sus ojos se estrecharon. Parecía estar considerando lo que dije.


Página

Después de un momento cambió su enfoque hacia la calle. Luego, se rió


entre dientes. Parecía extraño oírlo reír, pero lo acepté como algo mejor
que muchas otras cosas que podría haber hecho.
—Nunca lo vi así, —dijo—. Me gusta eso. Gracias.
Decidí que, al menos por el momento, gobernara el silencio, así que
simplemente sonreí y no dije nada.
Respondió con otra sonrisa.
Esa noche, su risa y su sonrisa me satisficieron tan profundamente,
que creí que mudarme a Austin había sido por esa, y solo por esa, razón.
31
Página
Cuatro
Jaz
Día catorce.

E
n el momento que vi a Ethan mi mente divagó entre miles de
pensamientos, todos ellos incluyendo su polla. Sentía una
obvia atracción sexual por él, y su evidente falta de interés por
mí solo parecía empeorar las cosas.
Dar marcha atrás en el ring, o en la vida, no era una opción para mí.
Siempre había luchado por lo que creía, y creía que teníamos que estar
follando.
No era algo en concreto lo que me atraía a él, era todo. Cada cosa
individual suya le hacía sexy, pero todo combinado me hacía quererle
sexualmente. No quería follarle simplemente para satisfacer un vacío
sexual, se trataba más de un deseo de hacer que me reclamara.
Así le podría reclamar también.
Pasó los dedos por su cabello perfectamente desordenado. Iba en
todas las direcciones posibles, como siempre. Era de color marrón, corto,
permanentemente despeinado, pero innegablemente atractivo. Cabello de
recién levantado. Tenía cabello de recién levantado. Intenté no mirarle y
me detuve un momento para comprobar que mi boca no estaba abierta.
Se inclinó hacia atrás en su asiento y apartó a un lado la comida que
le había sobrado. Eché un vistazo a su plato. La mitad de su hamburguesa
me devolvió la mirada, burlándose de mí para que la comiera.
Observé la hamburguesa. Piezas de tocino sobresalían entre el pan y
la gruesa carne.
—¿No te la vas a terminar?
—Estoy lleno —dijo, su tono de voz mostrando la falta de interés por
los restos de su comida—. ¿La quieres?
Debió ver el hambre en mis ojos.
32

—No la quiero —mentí—. Pero odio desperdiciar la comida.


Página

Empujó el plato hacia mí.


—Ten.
—¿Seguro que no la quieres?
—No estoy tan hambriento.
Me encogí de hombros como si no fuera gran cosa y simplemente
estuviera haciendo mi contribución para minimizar el desperdicio de
alimentos que sobrecargaba al departamento de higiene sanitaria de la
ciudad. Unos segundos más tarde, la hamburguesa ya no estaba.
Sonrió y negó en mi dirección.
—Comes mucho.
No vivía con un presupuesto limitado. Con mi trabajo de mierda como
camarera, lo describiría más como una constricción económica repetitiva.
No podía comprar gasolina para mi auto, pagar el alquiler, y comer, así
que a menudo tenía que decidir qué era más importante entre la
conducción y la alimentación. Solía optar por ponerme mi mochila y
caminar, lo que me daba aún más hambre.
Generalmente sentía que estaba perdiendo la batalla, y últimamente
parecía mucho peor. Aunque siempre me había ejercitado, la adición del
entrenamiento de boxeo a mi rutina diaria hacía que tuviera la necesidad
de consumir más calorías de las que estaba acostumbrada. Mis ingresos,
sin embargo, me impedían el lujo de hacerlo. Necesitaba ganar la lotería,
pero gastar el dinero en un boleto no entraba en mi presupuesto.
Me limpié las comisuras de la boca y di un trago al agua.
—Estoy quemando todas mis calorías en el gimnasio.
—¿De cuánto son tus entrenamientos?
—He estado yendo durante tres horas al día.
—¿Tres horas?
Asentí.
—Sí. Puede que esté recuperando el tiempo perdido.
Teniendo en cuenta lo gratificante que encontraba el deporte, me
pareció extraño que hubiera pasado tanto tiempo fuera del gimnasio.
—¿Cuánto tiempo ha pasado desde que boxeaste?
—Ocho años —dije, aunque no estaba muy segura.
—¿Por qué paraste?
Esa era una buena pregunta. No quería responder, pero en ese
momento, sentí que no tenía otra alternativa.
33

—Mi entrenador tenía cáncer —dije—. Y murió. Como… casi de


Página

inmediato.
La expresión de su rostro no ocultó su pesar por preguntar.
—Lo siento.
—No es culpa tuya. Fue solo una de esas cosas. Parte de la vida. —Me
encogí de hombros—. Odiaba a los médicos, así que nunca fue. Terminó
siendo cáncer de colon. Si hubiera ido a una de esas exploraciones
probablemente lo hubieran visto a tiempo. Pero cuando lo encontraron, ya
era demasiado tarde.
—¿Y no podías encontrar otro entrenador?
Odiaba que mi padre hubiera elegido el boxeo como deporte para mí,
pero igualmente lo practiqué para estar alejada de él y su comportamiento
abusivo. Quería un niño, y se vio obligado a aceptarme como su única hija,
ya que mi madre murió por complicaciones durante el parto. Al principio,
creí que mi participación en el deporte le haría estar orgulloso, pero jamás
lo demostró.
Freddy entró en mi vida como entrenador, pero terminó jugando el
papel de mentor y figura paternal a la vez. Durante los años que entrené
en el gimnasio, el abuso físico severo de mi padre se redujo
considerablemente, pero nunca se detuvo del todo. Sospeché que temía las
represalias de Freddy, e incluso me pregunté si había amenazado a mi
padre en algún momento. Cuando murió, mis sueños de ser una
boxeadora profesional y escapar del abuso de mi padre, desaparecieron.
Con solo dieciséis años, me tomó algún tiempo aceptar la muerte de
alguien tan cercano a mí como lo fue Freddy. Me trataba como a una hija,
y sus ojos se llenaban de emoción cuando hablaba conmigo o sobre mí con
otras personas. Algo similar a la forma en que se vieron los ojos de Ripp
después del altercado con el chico en la cafetería.
Nunca busqué otro entrenador, y mi forma de lidiar con el abuso de
mi padre cambió de ir al gimnasio, a salir de casa tan pronto como la
escuela acabara.
—Podría haberlo hecho —dije—. Creo que simplemente no quería en
ese momento.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión ahora?
Mi respuesta fue fácil, y parecía sencilla como resultado.
—Me gustó la forma en que Ripp parecía entusiasmado cuando
hablaba de mis locas habilidades. Me recordaba a Freddy.
Sonrió y asintió, aunque dudaba que entendiera completamente mi
apego a los hombres que actuaban como Ripp. El vacío que mi padre dejó
en mi vida era algo que sentía que necesitaba llenar, y hombres como
Freddy y Ripp lo hacían, y muy bien.
34

Me quedé mirando la diversa decoración sin comer en el plato de


Página

Ethan. No porque quisiera comerlos, sino porque centrarme en ellos me


impedía mirarle a él.
—Creo que lucho para deshacerme de mi ira —dijo.
Parecía tan tranquilo y amable. De hecho, yo atribuía su pobre
desempeño en el ring a la ausencia de ira.
—¿Qué ira?
—Mi padre —respondió—. Era un idiota. Es un idiota. Es decir, que
todavía lo es. Simplemente ya no le veo mucho.
Me encogí de hombros.
—El mío también.
Se inclinó hacia delante y me miró directamente a los ojos.
—El mío era muy exigente y nos daba con el látigo sin razón. A veces
pensaba que lo hacía solo porque le gustaba.
—Te lo cambio —dije.
Se apartó de la mesa y me dirigió una mirada confusa.
—¿Eh?
—Te cambio el mío por el tuyo. El mío solía golpearme con sus puños.
A medida que fui creciendo le devolvía los golpes. Me hacía sentir mejor,
pero solo provocaba que me golpeara más fuerte.
—¿Te pegaba? Como... —Cerró su puño y lo levantó en el aire—. ¿Con
el puño?
No era algo que normalmente le dijera a la gente. Y, tan terrible como
sonaba, era verdad. Verdadero e inquietante. Asentí.
—Sí.
—Mierda. —Bajó su mirada. Por uno momento, parecía estar
pensando qué decir, pero no habló.
Pensando en lo que mi padre me había hecho, me senté en silencio
mientras mi odio hacia él crecía. Había una larga lista de cosas que podría
haber hecho y por las que hubiera intentado perdonarle, pero golpearme
desde que era una niña hasta que decidí irme no era una de ellas.
Después de un muy largo, y bastante incómodo, silencio, Ethan alzó
la mirada. Sus ojos estaban rojos y parecían hinchados.
—No sé ni qué decir.
Le devolví la mirada y forcé una sonrisa.
Ya lo has dicho.
35
Página
Cinco
Jaz
Día diecisiete.

S
egún Ripp, estaba demasiado avanzada como para continuar en
el circuito amateur, pero Kelsey no parecía estar de acuerdo.
Así que, aproximadamente dos semanas después de haber
comenzado los entrenamientos, establecieron una pelea amateur entre una
chica de Dallas y yo. Solo había peleado con amateurs pero, hasta ahora,
ella estaba invicta. No me preocupaba, porque a pesar de no haber
boxeado desde que tenía dieciséis años, yo también lo estaba.
—Lanza esos golpes como te enseñé. Averigua cuál es su técnica, y
buscar una apertura.
Apreté los guantes en el lado de mi arnés y asentí.
—¿Estás bien?
Golpeé mis guantes juntos.
Se giró y señaló con la cabeza al encargado del combate. Miré a
Ethan, que estaba de pie junto al ring con algunas personas que no
conocía. Alcé los guantes y mentalmente sonreí mientras hacíamos
contacto visual.
Me devolvió la sonrisa.
El árbitro se acercó al centro del cuadrilátero. Linda “Left Hook2”
López y yo le seguimos. Aunque no dio instrucciones para la pelea, nos
hizo chocar los guantes. Nos detuvimos a unos pasos la una de la otra y
nos fulminamos con la mirada.
La campana sonó señalando el comienzo.
Inmediatamente corrió hacia mí, lo cual estaba bien para mi estilo de
lucha. Siempre me había considerado una luchadora versátil, y estaba
igual de cómoda en la ofensiva como en la defensiva.
36

Lanzó un bien definido gancho de izquierda, descubriendo su lado


derecho. Freddy me había enseñado a dar a mi oponente un poco de
Página

2
Gancho Izquierdo.
tiempo para exponer sus puntos fuertes y débiles antes de entrar a matar,
y Ripp reiteraba el mismo consejo.
Esquivé el golpe, que pasó cerca. Después de unos cuantos toques
ligeros por ambas partes, lanzó el mismo gancho izquierdo lento. Lo
bloqueé y miré al enorme agujero que me dejó para contraatacar.
Lo siento, Ripp, pero lo está pidiendo.
Bajé la barbilla hasta mi pecho y respondí con un golpe recto antes
que se recuperase de su ofensiva. El golpe, probablemente uno de mis más
potentes, aterrizó directamente en su barbilla.
Sus piernas se tambalearon y sus manos cayeron.
Duele como un hijo de puta, ¿eh?
Me sentía como si hubiera terminado la lucha en ese mismo
momento, pero quería que quien fuera que estuviera observando, viera
todo de lo que era capaz.
Un gancho de izquierda a sus costillas hizo que sus ojos se abrieran.
Se veía como si estuviera dispuesta a dar la lucha por perdida si la
preguntaban.
El problema, al menos para ella, era que aquí nadie preguntaba. Y yo
todavía tenía la esperanza de impresionar a quien fuera que estuviera
observando.
Seguí con una combinación de cuatro golpes a la velocidad del rayo,
conectando cada uno en el centro de su rostro.
Llevábamos treinta segundos de pelea y no me había golpeado ni una
vez. Yo, por el contrario, había conectado seis golpes potentes, y ella tenía
problemas. Di un paso atrás con la esperanza de atraerla hacía mí un poco
más. Se balanceó sobre unas piernas que no querían continuar y unos
pies que tenían otros planes.
Parecía que estaba pensando en abandonar.
Solo recuerda, esto son solo negocios.
Sabía que estaría esperando mi gancho de izquierda, así que lo lancé.
Lento y sin mucha fuerza, no para hacerle daño, o siquiera darle, para el
caso. Era más para conseguir que se abriera a mi derecha. Después de
haber sido golpeada por mi mano izquierda dos veces, y no queriendo lo
mismo otra vez, torció la parte superior del cuerpo hacia la izquierda, sin
duda, esperando que el golpe pasara por encima de su torso.
37

Era exactamente lo que quería. Con ella hacia la izquierda y


abriéndose para mi derecha, se lo di.
Página

Duro.
El golpe alcanzó en el lado izquierdo de su mandíbula. Sus pies se
levantaron y cayó a la lona como si alguien la hubiera tirado desde un
avión.
El árbitro se interpuso entre nosotras y agitó sus manos sobre ella,
señalando el final de la pelea.
Excitada, miré hacia mi esquina. Las manos de Ripp estaban por
encima de su cabeza, y la expresión de su rostro no hacía nada para
ocultar su orgullo.
El anciano, Kelsey, estaba de pie a su lado.
Corrí hacia ellos orgullosa de mi logro. Ripp me retiró el arnés y tiró
de mi boquilla.
—Usando la mandíbula para establecer la jodida técnica de tu rival,
¿eh?
—Lo siento, jefe. Lo estaba pidiendo.
El anciano me miró. Su rostro estaba curtido, su cabello era fino, y
tenía en la misma chaqueta de satén de la vieja escuela que llevaba la
primera vez que lo había visto. Parecía enfadado y cansado.
—Levanta tu talón derecho. Estás peleando con los dos pies en el
suelo —dijo con sequedad.
Empecé a darle las gracias por la crítica constructiva, dejando pasar
por alto el tono condescendiente de su voz, pero se dio la vuelta antes que
pudiera decir nada. Arqueé una ceja en su dirección mientras se alejaba.
—No te preocupes por él —dijo Ripp.
No quería hacerlo, pero me molestaba que pareciera no gustar mucho
a Kelsey. Me sacudí y fijé mis ojos excitados en Ripp.
—¿Cómo me veo?
—Te veías como una campeona —dijo, con la voz llena de emoción.
Bajó su tono a uno más exigente e hizo un gesto con sus ojos hacia la otra
esquina del ring—. Ahora, actúa como tal.
Le lancé una mirada confusa.
—Ve a decirle a esa chica que luchó bien.
Corrí a la esquina más alejada, felicité a mi oponente, y salí del ring.
Ethan y Ripp estaban a un lado conversando. Me sentí como si estuviera
en la cima del mundo y quería compartir mi alegría con cualquier persona
que quisiera escuchar, pero lo primero que tenía que hacer era comer.
38

—No he comido nada más que una barra de proteína desde las tres de
Página

la tarde. Estoy hambrienta —dije—. Si queréis venir a mi apartamento,


podemos celebrar. Voy a hacer un poco de pollo.
—¿Pollo? Mujeres tras mi maldito corazón aquí mismo —dijo Ripp,
golpeando su mano en el hombro de Ethan—. ¿Qué tal si vamos todos a
comer y celebramos? Yo pago.
—Puedo cocinar —le aseguré.
—Golpeaste a esa chica como si te hubiera robado algo. —Se rió
Ripp—. Tenemos que salir a celebrar.
Si la gravedad de los golpes que le daba a mis oponentes me
aseguraba una comida gratis después de cada pelea, golpearía a muerte a
cada chica que entrase en el ring conmigo. Sin embargo, recordé lo que
dijo Ripp sobre la arrogancia y bajé la mirada al suelo.
—Tuve un par de golpes con suerte.
—Golpes con suerte y una mierda. —Movió su cabeza hacia el
vestuario—. Ve a sacarte ese olor de encima para que podamos irnos.
Ethan había estado en silencio desde el final de la pelea, y no podía
dejar de preguntarme si se sentía un poco celoso de mi victoria. Su récord
amateur no era terrible, pero no era fantástico, tampoco. Seis victorias y
siete derrotas no era nada de lo que avergonzarse, pero tampoco era un
récord del que un luchador medio podría presumir.
Miré a Ethan.
—¿Vas a venir?
Ripp le dio una palmada en el hombro.
—Joder, claro que viene.
Ethan asintió y sonrió con una sonrisa superficial.
—Te veías muy bien. Y sí, si quieres que lo haga, iré.
—¿Si quiero que vengas? —Le lancé una mirada—. Si no vienes, tal
vez te dé algo de lo que le di a ella.
Sus ojos se agrandaron y se echó a reír, aunque podría decir que era
forzado.
—¿Pelear contigo? Quizás me gustaría.
La idea de luchar y follar al mismo tiempo hizo que tuviera cosquillas
en mi coño. Traté de abstenerme de ser mi yo natural y hacer un
comentario sexual, sobre todo delante de Ripp. Mantuve la respuesta
simple, pero mostrando un poco de mi opinión sobre el tema.
—No tanto como me gustaría a mí —dije guiñándole el ojo.
39

Y me alejé.
Página
Seis
Jaz
Día diecisiete.

—N
o, no fue por una jodida chica. Y jodidamente seguro
no fue en el estacionamiento del viejo gimnasio —se
quejó Ripp—. Dios, condenados rumores. Te voy a
decir cómo fue el acuerdo si te quedas sentado y quieto por un puto
minuto, estás actuando como un maldito hijo de puta.
Sentado en el otro lado de la cabina, frente a Ethan y yo, Ripp estaba
contando la historia de cómo conoció al campeón mundial de peso pesado.
Presioné mi mano derecha sobre el pecho de Ethan, como si quisiera
eliminarle de la conversación, e hice contacto visual con Ripp.
—No me importa si él quiere escuchar o no. Yo sí. Así que, cuenta.
Se inclinó hacia delante y en broma arqueó una ceja.
—Vamos a necesitar rellenar el vaso. Es una larga historia.
Levanté mi mano y llamé la atención de la camarera.
—Otra ronda, por favor.
Ella sonrió y asintió.
Ripp bebió lo que quedaba de su cerveza y dejó la botella vacía a un
lado.
—Así que, me contaron que este boxeador invicto venía de Compton,
California. Y pensé que sería algún tipo de surfista. Ya sabes, cabello largo,
todo moreno de jugar en la playa, y que llevaría chanclas y uno de esos
malditos trajes de neopreno.
Miró más allá de mí, como si estuviera recordando la noche en
cuestión, sonrió y negó.
—Bueno, ese no era el caso para nada. Este hijo de puta monta su
Harley desde Compton a Austin, sin parar. Dos mil doscientos veinte
40

jodidos kilómetros con toda su mierda atada en la parte posterior. Como os


digo. Y salta de esa perra a eso de las ocho de la noche, justo en el
Página

momento en que el viejo Ripp se está preparando para salir y golpear a un


idiota. Lleva botas andrajosas, con sus calcetines mostrándose a través de
todos sus agujeros, una sudadera, y un par de descoloridos Levi´s. Un hijo
de puta raro, seguro como la mierda que no se veía como un boxeador. —
Sus ojos se agrandaron y se inclinó hacia delante, intercambiando miradas
entre Ethan y yo—. Ahora, para que lo sepas, esto fue cuando Lightnin'
Wilson estaba dándome indicaciones sobre la pelea en el ring, y me había
estado entrenando esa misma noche. Así que, el viejo Lightnin' se acerca y
dice: “Oye, ese chico de Compton está aquí. ¿Quieres hacer cuatro rondas
con él?” Diablos, pensé que iba a ser un paseo por el parque. Pero seguro
como la mierda no lo fue.
Se echó hacia atrás, cruzó sus enormes brazos delante de su pecho, y
negó.
—¿Qué pasó? —pregunté con entusiasmo.
No podía imaginara a nadie queriendo luchar contra Ripp.
Probablemente medía metro noventa, pesaba alrededor de ciento diez kilos,
y no era más que puro músculo. Su personalidad de que-te-den y el
aspecto general de chico malo eran igual de intimidantes que su tamaño, y
deberían actuar como elemento disuasorio para cualquiera lo
suficientemente tonto como para considerar entrar en el ring con él.
Cogió su botella de cerveza vacía por el cuello y la movió atrás y
adelante como un péndulo.
—No puedo hablar a menos que tenga una cerveza en la mano.
Afortunadamente, la camarera dejó nuestras bebidas. Michelob Ultra
para Ripp y Ethan, y agua para mí. Ripp se bebió la mitad de la botella de
cerveza de un solo trago, y luego continuó su historia.
—Así que, le dije al viejo Lightnin' que lucharía contra este tonto de
California pensando que acabaría en unos cinco minutos, porque me
tomaría tres ponerme los guantes.
Torció su boca hacia un lado, arqueó una ceja, e hizo contacto visual
con Ethan, y luego conmigo.
—Así que, tres para atarme los guantes, y le estaba dando a ese
imbécil de Compton dos minutos en el ring conmigo. En aquel entonces,
me llamaban The Ripper. ¿Sabéis por qué?
Absorta en la historia, no respondí más que simplemente moviendo la
cabeza.
—Arrancaba la cabeza a cada hijo de puta que entraba en el ring.
Estaba invicto. Nunca noqueado, y nunca golpeé la lona. Ni una sola vez.
Miré a Ethan. Estaba tan absorto en la historia como yo. Me di la
41

vuelta hacia Ripp y sonreí.


Página

—Entonces —dijo—. El viejo California entra en el ring y tocamos


nuestros guantes. Ahora estoy pensando que voy a darle a este tonto una
de tres piezas, dejaré que se tambaleé durante un minuto, y después
acabaré con él. Ahora, recuerda, es posible que él no se hubiera duchado
en veinticuatro horas, y condujo esa jodida Harley casi medio camino por
los EE.UU. con cuarenta grados. Así pues, este hijo de puta olía a cuero
podrido y jodida gasolina, y no estuve tratando de olerle durante tanto
tiempo. La campana suena, y me encuentro con este imbécil en el centro
del ring. Tiene su izquierda colgando un poco bajo, y su derecha elevada
como si fuera a golpearme, así que le doy un golpe rápido solo para hacerle
saber cómo lo hacemos aquí, en Texas.
Se carcajeó y sacudió la cabeza. Esperaba con ansiedad que
continuara, pero en su lugar cogió la cerveza y tomó un trago. Después de
lo que pareció una eternidad, pregunté lo inevitable.
—¿Qué pasó?
Tomó otro trago y se encogió de hombros.
—No lo sé.
—¿Cómo que no sabes?
—No sé lo que pasó, lo único que sé es lo que me dijeron Kelsey y Joe.
Bueno, ellos y Lightnin'.
—¿Qué te dijeron?
—Me dijeron que el chico iba a darme con un gancho de izquierda,
seguido con un cruzado de derecha, y luego lo que aprendí que era su
golpe de firma.
Tragué saliva ante la idea de Ripp siendo golpeado. Reduje mi voz a
un susurro.
—¿Cuál era?
Fijó sus ojos en mí y arqueó una ceja.
—Gancho al mentón de izquierda.
—¿Te noqueó?
Asintió.
—Me noqueó. Mierda, estuve grogui durante una semana. El chico
golpeaba como si una maldita mula pateara. Imagínese dejar que una
mula de corral te dé una patada en el cráneo. Bueno, eso es lo que se
siente tener al viejo Shane Dekkar golpeándote.
Santo cielo.
—¿Y ahora sois amigos?
Tomó un trago de cerveza y se rió.
42

—¿Amigos? Infiernos, somos más como hermanos. No es ningún


Página

secreto, pero al padre de Dekk lo mataron en la guerra, y su madre se fue


cuando él era un niño. Así pues, mis padres adoptaron a este idiota que
comía sándwiches de pavo. Ahora viene a su casa con su mujer y su niño
cada domingo para cenar.
—Eso es impresionante —dije.
Se rió entre dientes.
—¿La parte en la que me noquea, o lo de adoptarle?
—Ambas —dije—. Que te noqueara hizo que os hicierais amigos.
—Jodidamente sí. —Movió sus ojos hacia Ethan—. Ahora ya sabes la
verdad. No por una chica. Y no fue una pelea de borrachos en un
estacionamiento, tampoco. No puedo dejar que rumores como ese floten
alrededor.
—Eso es lo que he oído —dijo Ethan encogiéndose de hombros—.
Gracias por aclarármelo.
Ripp echó un vistazo a su reloj.
—Mierda, tengo que salir de aquí o mi esposa me va a freír el culo. —
Tomó su cartera, sacó dos billetes de cien dólares, y los arrojó sobre la
mesa—. Pagad la cuenta con eso, y dejad todo lo que quede de propina.
Golpeó su mano contra el borde de la mesa mientras se levantaba.
—Un buen espectáculo esta noche, Jaz. —Miró a Ethan—. Mete tu
corazón en el juego, chico.
Ethan hizo un gesto con la mano hacia Ripp como si estuviese
descartando su comentario.
—Vete a casa.
Mientras Ripp se alejaba, me giré hacia Ethan.
—¿Qué quiso decir con eso? ¿Mete tu corazón en el juego?
Ethan rodó sus ojos.
—Siempre me dice que mi corazón no está en ello. Eso es de lo que
estábamos hablando del día en que te conocimos en Starbucks.
—¿Está tu corazón en ello?
Se encogió de hombros.
—Sí lo está. Pero él me da una mierda por mi historial. Demasiadas
pérdidas. Para él, se trata de ganar. Pero no estoy en ello por esas razones.
Puse mis ojos en blanco. Si no estás en ello para ganar, ¿por qué
siquiera estás en ello?
—¿Por qué lo haces?
—Para mí, el boxeo es algo así como una cosa para manejo la ira,
43

supongo. A veces necesito perder.


Página

No tenía sentido para mí, pero asentí, no obstante.


—¿Y te satisface perder?
—A veces pienso que es exactamente lo que necesito. Y a veces tengo
que ganar. Así que entro en el ring con diferentes objetivos. A veces voy
sabiendo que voy a perder. Otras veces voy con el deseo de ganar.
Era una teoría extraña en lo que a mí respectaba, pero me pareció
interesante. Un castigo autoimpuesto, supuse. Necesitaba saber más, así
que fui un poco más lejos.
—Cuando vas con el objetivo de ganar, ¿cuántas veces has perdido?
—Ninguna.
—¿Y cuando vas con el objetivo de perder?
Sonrió.
—Todas.
—Así que, en realidad, estás invicto. —Me reí—. Al menos cuando
quieres estarlo.
—Creo que esa es una forma de verlo.
—¿Le has contado a Ripp que no siempre quieres ganar?
—No. —Negó—. No quiero entrar en ello con él, así que solo lo he
mantenido para mí. Dudo que lo entendiera.
—No entiendo, es interesante.
—Yo realmente no lo entiendo —dijo—. Pero tengo mis teorías.
—¿Cuáles son?
—Hay momentos en los que no quiero ganar, pero quiero luchar.
Quiero entrar, luchar y perder. Ese es mi plan, perder. Creo que es algo así
como los niños que se auto-perjudican en la escuela. Es un mecanismo de
defensa, o lo que sea. Cuando era niño, se esperaba que fuera perfecto. Me
lo metieron en la cabeza, una y otra vez. Pero nadie es perfecto. Ahora lo
sé, pero no lo hacía entonces. Ahora, algo dentro de mí me dice que tengo
que serlo, pero soy lo suficientemente inteligente como para saber que no
puedo. Creo que perder las peleas me ayuda a mantenerme en control. Sé
que podría ganar, pero decido no hacerlo. ¿Tiene sentido?
Era evidente que la infancia de Ethan no fue mucho mejor que la mía.
Lidié con la mía yéndome, físicamente separándome de mi padre. Él estaba
tratando de lidiar con la suya intentando tener control sobre algo tan
incontrolable como una pelea.
—Sí —dije.
44

Cuanto más aprendía de él, más me daba cuenta de lo similares que


éramos. Nunca había pasado un momento sintiendo lástima por mí
Página

misma, pero no podía evitar sentir pena por él.


—¿Algo más? —preguntó la camarera.
Miré a Ethan. Negó.
—No, gracias.
Puso la cuenta en la mesa.
—Cuando estéis listos, no hay prisa.
Miré a la factura. Eran solo ciento dos dólares. Puse los dos billetes
de cien en la bandeja de la factura y la doblé para cerrarla, sintiéndome
confiada con que la camarera estaría contenta con la propina de noventa y
ocho dólares de Ripp.
—¿Estás lista para irnos?
—Por supuesto.
Salí de la cabina y extendí mi mano. La cogió y sonrió mientras tiraba
de él, ayudándole a salir. Una vez estuvo en pie, continué sosteniendo su
mano.
Caminé hacia la puerta con él a mi lado, esperando el momento en
que finalmente se liberase de mi mano u objetase de alguna manera.
Pero nunca lo hizo.
Caminamos hasta la camioneta de la mano, y abrió la puerta para mí,
como hizo la noche que fuimos a la cafetería. Sus modales, su
comportamiento tranquilo y su apariencia atractiva estaban demostrando
ser demasiado para mí. Y en ese momento, cuando subía al interior de la
camioneta mientras mantenía la puerta abierta, decidí que quería que
nuestra amistad fuera un paso más allá.
Un paso muy sexual.
45
Página
Siete
Jaz
Día veinticuatro.

E
lla me miró como si estuviera loca.
—De nuevo, ¿cuántos años tienes?
—Veinticuatro —respondí—. ¿Por qué?
—Porque estás actuando como si tuvieras quince.
—No los tengo —resoplé.
Nuestros turnos habían terminado y el restaurante estaba cerrado.
Nos sentamos en una mesa en el centro de la zona de comedor hablando
de relaciones y hombres. Al no haber tenido muchas amigas cercanas a
largo de los años, valoraba mucho a Rachel, a menudo le pedía su opinión
sobre todo lo relacionado con ser una chica. Teníamos más o menos la
misma edad, y ella era muy cercana a su madre, lo que hacía que su
consejo pareciese casi maternal. Este era, sin embargo, mi primer intento
de obtener su asesoramiento sobre un hombre.
—Quieres follar con él, ¿verdad?
No era todo lo que quería, pero era parte de ello. Asentí, pero sentía la
necesidad de explicarme con más detalle.
—Quiero decir, sí. Pero no solo follar. Quiero…
Agitó sus manos en el aire en broma.
—Para. No quiero oírlo. Estás hablando conmigo porque tu cabeza
está en un lugar, y la suya en otro, ¿verdad?
—Supongo.
—Le deseas, y temes que él no te quiera. O que no te quiera igual que
tú le quieres. O lo que sea. ¿Verdad?
De momento, con información limitada, seguro parecía entender las
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complejidades respecto a mi dilema. Convencida de haber tomado la


decisión correcta al confiarle mis problemas en relaciones, procedí:
Página

—Sí —dije—. Parece que él se está moviendo a un ritmo, y yo a otro.


—Pero tu objetivo es follarle. Cada uno os estáis moviendo a un ritmo
diferente, pero el premio al final de la carrera es el sexo, ¿verdad?
Sonaba mal, pero era verdad. Más o menos. Asentí.
—Supongo.
—Esto es tanto de décimo grado. Lo juro —dijo—. Dile que quieres su
polla.
Tan audaz y tan descarada como era, decirle a Ethan que quería su
polla parecía un poco demasiado. Le lancé una mirada confusa.
—¿Solo, dilo? Oye, Ethan, quiero tu polla. ¿Simplemente se supone
que tengo que decirle eso? ¿Ese es tu mejor consejo?
Se encogió de hombros.
—Eso es lo que yo haría.
En mi experiencia, los hombres siempre hicieron el primer
movimiento. Sin embargo, nunca había conocido a alguien que estuviera
tan desinteresado en follarme como Ethan.
—¿En serio?
Se mordió el labio inferior y entrecerró sus ojos ligeramente. Después
de pensarlo un momento, dejó su labio y negó.
—No, probablemente chuparía su polla. Ningún tipo se negaría a una
mamada. ¿Y a qué lleva una buena mamada?
Me encogí de hombros.
—¿Sexo?
—Sexo. —Asintió y levantó su dedo índice en el aire—. Mientras no le
dejes terminar. No te olvides de eso. No puedes dejar que se corra. Si lo
haces, acabas de convertirte en la chica que chupa su polla, y no quieres
eso. He estado allí, lo he hecho. No lo haría de nuevo.
Sonaba como un completo disparate.
—¿No dejar que se corra?
—Dios, no. Solo chupa el tiempo suficiente para volverlo loco. Luego
detente. Tratará de convencerte para continuar, pero no lo hagas. Con el
tiempo, cederá. Te follará. Y si por alguna razón haces que se corra, ¿como
por accidente? Hagas lo que hagas, no tragues.
Arrugué mi nariz.
—¿Qué otra cosa haré con ello?
—Actúa como si esa mierda fuera ácido. Evítalo a toda costa. Como si
tuvieras miedo de ello. Di cosas como puaj y asqueroso.
47

Me reí en voz alta.


Página

—¿Por qué?
—Por la misma razón —dijo—. Si te lo tragas, querrá que lo hagas
todo el tiempo. Y eso será todo lo que querrá. Solo querrá que chupes su
polla. Te convertirás en la chica de la mamada. Créeme, no quieres ser esa
chica. He sido ella. No es divertido.
Me reí mucho pensando en ello y, entonces, recuperé la compostura.
—¿Has sido la chica de la mamada?
Rodó sus ojos mientras asentía.
—Sí. Hubo un tipo. Brad Bishop. Quería que me diera la polla, y él
solo quería pasar el rato. Eso es todo lo que hicimos. Pasar el rato. Nunca
nos liamos. Ni una vez. Estaba empezando a pensar que era homosexual.
Así que, una noche, le bajé la cremallera de sus pantalones y saqué su
polla. “¿Qué estás haciendo?” Eso es lo que me preguntó. Ni siquiera
respondí, simplemente envolví mis labios alrededor de ella. No me
preguntó nada más, solo gimió. Me dijo que fue la mejor mamada que
había tenido nunca.
—¿Y entonces qué pasó?
—Cada vez que lo veía, era todo lo que él quería. Chupé su polla en el
auto, en el teatro, en su habitación, en el salón de su madre, en la calle,
donde fuera.
—¿Y nunca te follo?
Sacudió su cabeza.
—Nop. Porque cometí el error de tragar antes de tener relaciones
sexuales. Así que lo que tienes que hacer es esto: actúa como si tuvieras
miedo de esa mierda. Entonces, un día, cuando te haya follado por unas
semanas más o menos, dile que quieres intentarlo. Que estás dispuesta a
darle una oportunidad solo porque piensas que él es tan genial. Dile que te
gusta tanto que te tragarás su semen. Nunca lo olvidará. Pero solo
después de obtener la polla.
—Entonces, debería desabrochar sus pantalones, sacar su polla y
chuparla. ¿Pero no tragar?
—Sí.
—¿Y eso hará que le guste?
—Eso hará que te quiera. Entonces, cuando decida follarte, folla con
él como si tu vida dependiera de ello. Después, le gustarás.
Sonaba como un buen consejo. Y, según ella, había estado en su
parte justa de relaciones. Suerte la mía, porque si había otra cosa en la
que era buena además del boxeo, tenía que ser chupar pollas.
48

—Bueno. Lo intentaré. Si esto hace que me odie, realmente estaré


molesta contigo.
Página

—Has chupado una polla antes, ¿verdad? —preguntó con sarcasmo.


—Bueno, he estado pensando en lo que dijiste. Creo que fui la chica
de la mamada en la escuela secundaria. Parece que eso es todo lo que
hice. —Me reí—. Tal vez fue porque siempre tragaba.
—Probablemente. No quieres volver a hacerlo hasta que te den la
polla. Y luego, siempre haz que sea una gran cosa. Como que estás
tomando este gran paso. Eso los hace sentir especiales.
—Lo intentaré —dije—. Gracias.
—Tráelo aquí.
—¿Aquí?
—Sí, quiero verle.
No tenía ninguna intención de llevarle a la mierda de restaurante en
el que trabajaba.
—No creo que quiera traerlo aquí. Tal vez puedas venir al gimnasio en
algún momento. Verme pelear o algo.
—Lo que sea. Solo quiero ver a este tipo. Parece sexy.
—Es bueno. Solo espero que esto funcione.
—Eso es lo que iba a decir hace un minuto. ¿Alguna vez has chupado
la polla de un hombre e hiciste que se enfadase por ello?
Ni siquiera tengo que pensar en ello.
—No.
—Nunca lo harás. Los chicos aman las mamadas.
Esperaba que tuviera razón.
Y estaba dispuesta a averiguarlo.
49
Página
Ocho
Jaz
Día veintiséis.

—E
sto está asombroso, ¿qué le hiciste? —preguntó
Ethan.
El pollo sabía mucho mejor que lo que
indicaba la lista de ingredientes, eso era seguro.
—Aceite de oliva, albahaca fresca, sal y pimienta. Eso es todo.
—¿De verdad?
Asentí.
—De verdad.
Había invitado a Ethan a cenar y tenía toda la intención de seguir la
recomendación de Rachel de chupar su polla después de terminar
nuestros platos. Verlo satisfecho con mi comida fue una experiencia
mucho mejor de lo que hubiera esperado, y por mucho que no quería que
terminara, estaba lista para pasar a la segunda etapa de nuestra noche.
—Bien, es realmente bueno. Como realmente bueno —dijo.
—Gracias.
Llevaba pantalones vaqueros, botas, y una camisa ajustada a cuadros
blancos y negros muy linda de manga corta. Se veía muy diferente a como
lucía con sudaderas o pantalones cortos, lo cual era lo único que le había
visto usar desde que nos conocimos. Era evidente que su cabello estaba
tratado con algún producto, pero todavía su peinado era del tipo de cabello
por todas partes, lo que aumentaba su belleza general.
Tomó otro bocado.
—¿Cuándo es tu próxima pelea?
—Ripp dijo que está preparando algo. Supongo que de aquí a algunas
semanas, como mucho, según dijo.
50

—Pero ¿no sabes quién?


Página

Me metí un trozo de pollo en la boca y me encogí de hombros.


—Realmente no me importa. Mientras esté en mi categoría de peso,
no me preocupa.
—Buena actitud.
Asentí estando de acuerdo. Pensé en chupar su polla y me pregunté si
estaría tan complacido como con la comida. Tomé otro bocado del pollo
hacedor-de-la-boca-agua y comencé a hacer preguntas.
—¿Has tenido citas desde...? —Hice una pausa, sin saber realmente
cómo continuar. Honestamente, deseé no haber iniciado la pregunta.
Afortunadamente, comprendió perfectamente lo que era demasiado
incómodo para preguntar.
—No. —El tenedor colgó entre su pulgar e índice mientras miraba a la
mesa—. No lo sé. Me gustaría. Pero no he encontrado a nadie que me haya
interesado lo suficiente.
—¿Nada de sexo, tampoco?
—No. No soy un tipo de sexo al azar.
Bueno, es bueno saberlo.
Me pregunté si chupar su polla calificaba como sexo, y si lo hacía, si
lo consideraría algo al azar. Tal vez estaba interesado en mí lo suficiente
como para dejarme hacerlo, y todo lo que tenía que hacer era preguntar.
Pero Rachel había dicho que no lo preguntara. Solo supuse que debía
hacerlo.
Pinché mi pollo, mucho menos interesada en comer que en atraer a
Ethan a tener sexo. Después de un largo período de silencio durante el
cual planeé cuál sería mi siguiente paso, tomé otro bocado y lo miré.
Realmente no tenía una preferencia cuando se trataba de hombres,
simplemente parecía que si alguien estaba dispuesto a prestarme atención,
se lo permitía. Esa voluntad de unirme a cualquier hombre que me llenara
de atención era el resultado de mi falta de una relación sana con mi padre,
y era consciente de eso. Mis experiencias sexuales habían pasado por
nerds, atletas, vaqueros, porreros y hasta un hombre de negocios. Con
edades comprendidas entre tres años menos, y trece más que yo.
Sentada ahora frente a Ethan, estaba convencida de que, si me dieran
la oportunidad de elegir, él sería el tipo de hombre que preferiría. Tan
guapo que te quita el aliento, muy atlético, y ligeramente roto, era el
epítome de la perfección.
Porque era precioso. E imperfecto.
Deseando desesperadamente que terminara su pollo para poder
chupar su polla, miré a través de la mesa. Estaba a un mordisco de una
51

mamada.
Página

La satisfacción se apoderó de mí mientras lo observaba hincar el


último trozo de pollo con su tenedor y levantarlo a su boca. Me apresuré a
terminar mi comida y me levanté, preparada para llevar nuestros platos a
la cocina y comenzar mi avance sexual.
Tomé su plato.
—Parece que lo disfrutaste.
Levantó la mirada y sonrió.
—¿Hay más?
¿Me estás jodiendo?
—Mmmm, sí. Claro —respondí, aunque quise decirle que no—.
¿Quieres más?
—Sí, si no es problema.
No es ningún problema, pero estas bloqueando a tu propia polla y ni
siquiera lo sabes.
—No, en absoluto —dije.
Llevé su plato a la cocina y revisé la bandeja, buscando la pieza más
pequeña. Estuve tentada a cortar alguna por la mitad, pero temiendo que
levantara una ceja ante la alteración, elegí a regañadientes la pechuga más
pequeña y el resto de los espárragos.
—Aquí tienes —dije, entregándole el plato.
—¿No vas a comer más?
Mi apetito estaba en otra parte.
—Estoy llena.
Me senté y esperé ansiosamente a que terminara su comida. No
teniendo conocimiento de mis planes de chuparlo hasta dejarlo en un
estado de felicidad sexual, comió despacio y habló de temas en los cuales
yo tenía muy poco interés.
Un pedazo de pollo colgó de la punta de su tenedor.
—¿Por cuánto tiempo has tenido tu auto?
¿Qué mierda tiene eso que ver con algo?
Había tenido el auto por nada menos que desde siempre. Era el único
que había tenido, y lo había conducido desde mi segundo año en la
escuela secundaria hasta su más reciente aventura al trabajo, un día
antes.
—Como por ocho años. Lo he tenido desde que tenía dieciséis.
52

—Simplemente no ves muchos de esos Corolla de la vieja escuela.


Página

No jodas. La mayoría de la gente puede permitirse el lujo de


reemplazarlos.
—Sí —dije rodando mis ojos—. Es un clásico.
Comió el trozo de pollo, tomó un sorbo de vino e inspeccionó los
espárragos. Después de pensar mucho, apuñaló un pedazo y se lo llevó a
la boca. Después de mordisquearlo tranquilamente hasta que quedó solo el
tallo corto unido a los dientes de su tenedor, quitó la pieza restante con los
dedos.
Quería gritar.
Lo miró y, al aceptarlo como comestible, lo mordió sin parar.
Frustrada más allá de lo posible, conté cuántos espárragos le
quedaban en el plato.
Seis.
Ojalá le hubiera servido tres.
Mis ojos se dirigieron al pollo. Parecía intacto a excepción del bocado
que había tomado.
—¿Estás lleno? —pregunté, el tono de mi voz lleno de esperanza.
—Solo me tomo mi tiempo. Es tan bueno. No puedo creer que no
vayas a querer más. Normalmente comes como un hombre.
Me encogí de hombros.
—Simplemente estoy llena.
Sintiéndome cada vez más irritada con cada segundo que pasaba,
recorrí las pocas posibilidades que podrían arruinar su comida.
Podría hablar de cosas asquerosas y tratar de arruinar su apetito,
pero decidí que eso podría frenar mi deseo sexual. Mi pequeña mesa de
comedor no tenía mantel, así que tirar de la tela de la mesa y causar un
derrame no era una opción, y comenzar un fuego estaba fuera de cuestión.
Mientras masticaba otro pedazo de pollo, mordí mi labio inferior y continué
mi línea de pensamiento.
Estar en su presencia como amiga se estaba volviendo molesto. No
era que no disfrutara de su compañía, porque lo hacía, pero estaba
demasiado atraída por él como para continuar sin por lo menos intentar
meterme en sus pantalones.
El vino.
La mesa era lo suficientemente pequeña como para ser capaz de
hacer que funcionara. Me estiré por la copa en el instante en que empezó a
entablar una nueva conversación.
—¿Y qué hay de ti? —preguntó—. ¿Cuándo fue tu última relación?
53

Golpeé el dorso de mi mano contra el cristal, derribándolo. El vino se


Página

derramó con perfección, todo sobre su plato.


Y su linda camisa.
Y su regazo.
Mierda.
Me sentí como una completa idiota.
—¡Mierda! —grité.
—¡Mierda! —gritó.
—Fue un accidente —dije mientras saltaba de mi asiento.
Rió mientras intentaba absorber el vino con su servilleta.
—No pensé que fuera intencional.
Si tan solo supieras...
Corrí a la cocina, humedecí algunas toallas y regresé a mi desastre en
el comedor.
—Aquí, lo limpiaré. Me siento como una tonta.
Después de limpiar el desastre y llevar su plato a la cocina, eché un
vistazo a su camisa. Tenía una franja de quince centímetros de ancho de
vino por el centro de la mitad inferior.
Mi plan acelerado de darle una mamada se había ido a la mierda, y
me sentí como una tonta absoluta. Hice un gesto hacia la mancha que se
secaba rápidamente en su camisa.
—Probablemente deberías quitártela para poder lavarla.
Sin vacilar, tiró de cada lado de la camisa, haciendo estallar los
corchetes desde el fondo hasta la parte superior. Con un rápido
encogimiento de hombros, dejó caer la camisa por los brazos y me la
tendió.
Ahora de pie delante de mí, con solo sus vaqueros y botas, me di
cuenta de varias cosas. Uno, era la primera vez que lo veía sin camisa.
Dos, estaba a medio camino de tenerlo completamente desnudo. Y tres, de
ninguna manera saldría de mi casa sin que, al menos, chupara su polla.
Su ancho pecho caía hasta una sección media perfectamente
cincelada. Donde la mayoría de los hombres esperaban tener un paquete
de seis, él tenía uno de ocho. Su estómago bajo formaba una V, que
apuntaba directamente al premio albergado en esos vaqueros colgando
bajo en su cintura.
Cada vez que lo había visto en el gimnasio, estaba vestido con
pantalones cortos o de correr, pero siempre llevaba una camiseta o una
sudadera con capucha. Me obligué a apartar mis ojos de su enorme pecho
y bíceps hinchados.
54

—Al menos era un Chardonnay.


Página

Parecía un poco consciente de sí mismo.


—Te daría una camisa, pero no hay manera...
—Estoy bien si tú lo estás —interrumpió.
Ahora que no tenía camisa, no querría verlo de nuevo con una puesta.
Alcé su camisa, me encogí de hombros y me giré.
—Teniendo en cuenta las circunstancias...
Cuando solo había dado tres pasos hacia la lavandería, tuve una
revelación. Me di la vuelta.
—No cayó nada en tus vaqueros ¿verdad?
Miró hacia abajo. Miré hacia abajo. Tenía una razón para mirar y la
usé. Un punto oscuro en la cadera de sus pantalones me dio un poco de
esperanza. Me acerqué más. Efectivamente, un punto del tamaño de mi
puño oscurecía la cadera de sus vaqueros.
¡Mi ineptitud con la copa de vino fue un éxito completo!
Señalé el lugar. Cuanto más lo miraba, menos parecía una mancha
de vino. No obstante, declaré el lugar como producto de mi desastre.
—Hay un punto justo ahí.
—Puedo lavarlos cuando llegue a casa —dijo.
Se va a quitar esos jeans, señor.
Me encogí de hombros.
—Supongo que puedes, pero, con toda seguridad, la mancha no
saldrá. Creo que solo tienes como treinta minutos, y luego el Chardonnay
perduran para siempre.
Sus ojos se abrieron de par en par.
—¿De verdad?
Joder, no lo sé, pero suena bien.
—Es un hecho muy conocido respecto al vino. Solo uhhm… Te
conseguiré unos pantalones cortos. Tengo unos cuantos grandes que uso
para andar por casa. Puedes usar uno de ellos hasta que estén limpios.
—De acuerdo —dijo.
Bombeé mi puño mentalmente y corrí a mi habitación. Un momento
después, volví con los pantalones cortos.
Se los entregué.
—Aquí.
—¿Dónde quieres que me cambie?
55

Puedes quitártelos aquí mismo.


Página

—¿En el baño?
—Bueno.
Salió del cuarto de baño en cuestión de segundos, los pantalones
cortos aferrándose a sus musculosos muslos y trasero esbelto como una
gruesa capa de pintura azul brillante. En la parte delantera, una
prominente protuberancia me recordó por qué había derramado el vino en
el primer lugar.
Supongo que no son lo suficientemente grandes. Oh, maldición.
—Son un poco... —Tiró la parte delantera de los pantalones cortos—.
Pequeños.
—Son tan grandes como yo. —No lo eran, pero sonaba bien.
Caminé en su dirección, mis ojos cambiando entre sus abdominales y
su protuberancia cuando me acerqué. Extendí mi mano.
—Debería tomar más o menos una hora el lavarlos y secarlos.
Una hora con él llevando mis diminutos pantalones de seda iba a ser
nada menos que el cielo. Llevé la ropa a la lavandería, les rocié con
removedor de manchas y los coloqué en la lavadora. Volví a la sala de
estar, ansiosa por ver a mi futura pareja sexual llevando mis diminutos
pantalones.
Sentado en el sofá con las piernas cruzadas, parecía que pertenecía a
una sátira de Saturday Night Live. Luché contra el impulso de reír y me
senté a su lado.
—Lamento haber arruinado tu cena.
Sonrió un poco, pero no fue muy convincente.
—De todos modos, me estaba llenando.
Estudié sus largas piernas musculosas y rápidamente noté que eran
lampiñas. Sorprendida de no haberlo visto antes, pero intrigada porque
parecía afeitarse las piernas, miré por un momento solo para estar segura.
Sí. Sin pelo.
—¿Te afeitas las piernas?
—Sí. Realmente no me gusta el cabello, salvo en mi cabeza. ¿Te
molesta?
Hacía todo menos molestarme. Eso explicaba su pecho depilado.
Le miré las piernas. Quería acariciarlas, apretando sus músculos
abultados en mis pequeñas manos delicadas mientras me aproximaba a
su dura polla.
56

—No. Uhhm. De ningún modo. Yo uhhm… Creo que es sexy.


—¿De verdad?
Página

Mis ojos se movieron hacia sus pantalones cortos.


¡Mierda!
La mamada sorpresa no iba a ser tan fácil después de todo. Con él
llevando pantalones cortos, mi plan de desabrochar sus vaqueros y sacar
fácilmente su polla estaba frustrado. Ahora, la única manera de llegar a
ella era conseguir que se quitara los pantalones, y sabía que convencerlo
de quitárselos requeriría largas negociaciones.
Eso no era parte del plan.
Decidí tomar una oportunidad. Alcancé su pierna y apoyé mi mano en
la suave piel de su muslo bronceado. Para mi sorpresa, no se opuso. El
latido de mi corazón se multiplicó por diez. Mi rostro se calentó. Deslicé mi
mano un poco más. Mi corazón se elevó a mi garganta.
Suspiré.
—Sí, de verdad.
La oleada de emociones sexuales me hizo sentir como si fuera de
nuevo una adolescente cachonda, y me gustó.
Mucho.
Me acerqué más al premio.
Silencio.
Tal vez Rachel tenía razón. Tal vez a todos los chicos les encantaban
las mamadas justo como había dicho, y Ethan no sería la excepción. Tal
vez si pudiera encontrar una manera de ajustar mis dedos entre la tela de
los pantalones cortos y su musculoso muslo, podría llegar hasta allí y
empezar a acariciarlo.
Tal vez si subiera por su muslo unos cuantos centímetros de una sola
vez no se daría cuenta. Al menos no hasta que fuera demasiado tarde.
Miré fijamente la pared delante de mí y deslicé mi mano sobre su
muslo algunos centímetros más. Luego, unos cuantos más. No me atrevía
a mirar en su dirección, el miedo al rechazo me lo impedía. Tenía que
notar que estaba subiendo, y hasta ahora no se había quejado.
Convencida de que estaba satisfecho con mi plan de acariciar su polla,
ciegamente deslicé mi mano más lejos. Y entonces, la piel
inconfundiblemente suave de la cabeza de su pene estaba contra mi mano.
¿Qué mierda?
Miré su regazo. La mitad de su dura polla se extendía por la parte
inferior de la abertura de la pierna de los diminutos pantalones cortos.
Y mi mano estaba en ella.
57

Rápidamente hice contacto visual.


Página

Sonrió.
No había vuelta atrás.
—¿Te los quitas? —Las palabras se escaparon de mis labios en forma
de susurro seco.
Al parecer, fue suficiente para que entendiera qué era lo que quería.
Se puso de pie, y después de una ligera lucha, empujó los pantalones
cortos más allá de su pene y por sus piernas. Durante el agotador proceso
de quitarse unos pantalones varias tallas más pequeños de lo que
necesitaba, miré su cuerpo completamente desnudo. Cada centímetro de él
estaba libre de vello, bronceado, suave y...
Sobredimensionado.
Descubrí que tenía muchas opciones en cuanto a qué posición tomar
para chupar su polla. En lugar de complicar las cosas, me acomodé en el
cojín del sofá, extendí mi brazo y le hice señas con el dedo para que se
acercara.
Ven aquí, gran cabrón sexy.
No queriendo esperar más de lo necesario, me dirigí al borde exterior
del sofá y mojé mis labios con mi lengua. Él y su palpitante tercera pierna
se pusieron delante de mí, y sin su permiso expreso o tomarme el tiempo
para explicar mis deseos, agarré su polla y comencé a chupar mi camino
hacia su corazón.
En la desolada zona donde crecí, la mayoría de las chicas tenían
algún tipo de talento. Algunas eran buenas cocinando. Otras crecían en
granjas y tenían mucho talento en montar caballos o conducir tractores.
Como cosa del destino, mis talentos se limitaron al boxeo, chupar pollas y
follar.
Y era buena en todos ellos.
Aplasté la parte de atrás de mi lengua y forcé tanto de su hinchazón
en mi garganta como pude. No fue fácil, pero la mirada en el rostro de
Ethan fue gratificante. Si algo había aprendido en todas mis experiencias
sexuales, era interpretar la expresión en el rostro del hombre a quien
estaba tratando de complacer.
Y Ethan estaba complacido.
Sabía que, si estaba complacido con lo que había hecho hasta ahora,
estaría muy contento una vez que alcanzara mi ritmo.
Con él de pie frente al sofá y yo sentada al borde del cojín, agarré su
trasero musculoso con mis manos y comencé a chupar su polla como si
fuera a resolver todos los problemas del mundo.
58

Masajeé sus bolas con cuidado en mi mano mientras deslizaba mi


Página

boca arriba y abajo del grueso eje con precisión. La punta carnosa
golpeaba profundamente en mi garganta con cada golpe de mis labios.
Satisfecha de estar bien encaminada para grabar una marca permanente
en la mente de Ethan, continué succionando vigorosamente, esperando
que mi talento lo dejara tan satisfecho que me hiciera una parte
permanente de su horario nocturno.
Medir mi éxito en el boxeo era fácil. Simplemente comparaba las
victorias con las pérdidas. Como no hubo pérdidas, fui fácilmente capaz de
identificarme como un éxito.
Determinar mi éxito en chuparle la polla a un hombre era igual de
fácil. Los gemidos, gruñidos o un comentario apreciativo post-mamada no
eran indicadores. Al menos en mi mente, lo medía por la cantidad de
tiempo que me llevaba conseguir que el hombre alcanzara el clímax. Si de
lograba hacer que un hombre alcanzara el orgasmo simplemente usando
mi boca en cuestión de unos minutos, estaba indudablemente satisfecha
con mi actuación.
Si tuviera que succionar y acariciar sin cesar hasta que mi
mandíbula, manos, brazos y boca estuvieran exhaustos, algo estaba mal
conmigo o con él. Sobre la base de la información disponible y mi voluntad
de aceptarla completamente, no necesitaba elogios en el boxeo o en mi
juego mental. Todo lo que necesitaba estaba delante de mí.
Masajeé su suave saco y moví mi húmeda boca por el asta,
estudiando su expresión facial mientras lo hacía.
La enterré profundamente en mi garganta y lo miré a los ojos.
Levantó la barbilla e inclinó la cabeza hacia atrás. Todo su cuerpo se
tensó y comenzó a gemir. Recordé lo que Rachel había dicho respecto a no
chuparlo hasta el final, pero en ese momento, mientras estaba atrapada en
la emoción de todo, no iba a detenerme.
Tenía noventa segundos de ejecución y él ya estaba listo para acabar.
Quería verlo.
Necesitaba verlo.
Algo acerca de ver a un hombre eyacular era emocionante para mí.
Verlo escupir esperma desde la punta de su polla me hacía sentir como si
realmente hubiera logrado algo.
Y era jodidamente sexy.
Cuando su polla se crispó y empezó a hincharse, sus gemidos se
profundizaron, y la deslicé de mi garganta en respuesta.
Sosteniéndolo directamente frente a mi boca, levanté mis manos a lo
largo del eje resbaladizo, acomodando la punta en mi boca a la espera y
deseosa.
59

En dos estocadas más, estuve completamente en mi camino hacia el


Página

éxito. Su pecho se tensó, sus bíceps se encendieron y gimió de placer. Su


esperma se disparó desde la punta de su polla hacia mi boca una y otra
vez, las largas y espesas ráfagas parecieron durar una eternidad.
En mi juventud había chupado las pollas suficientes como para
desarrollar gusto por el semen de un hombre. No era algo que describiría
como sabroso, pero era satisfactorio a su manera. La esencia salada y
ligeramente amarga me parecía bastante sensual. Un recordatorio del acto
sensual que lo extrajo desde lo más profundo de su interior.
Sin embargo, mientras su semen me llenaba la boca, mi lengua
intentaba rechazarla. Me dolía el estómago. Mis fosas nasales se dilataron.
Y me acordé.
Espárragos.
Mierda.
Nada en esta tierra hacía que el hedor de una persona, o el gusto de
un hombre, fuera peor que el espárrago.
Me miró a los ojos.
Encontré su mirada. Con mi boca agachada, su polla todavía en mi
mano, y mi lengua cubierta de su semen podrido, hice mi máximo esfuerzo
por obviar el contenido.
Luché contra el hedor putrefacto, cerré la boca y tragué.
Mi estómago luchó para rechazarlo.
Me esforcé por mantenerlo dentro.
Y recordé el consejo de Rachel.
Hagas lo que hagas, no tragues.
Nunca se habían dicho palabras más veraces.
60
Página
Nueve
Jaz
Día veintinueve.

H
an pasado tres días desde el incidente de la mamada y parece
que chupar la polla de Ethan fue la mejor decisión que podría
haber tomado en la vida. Ahora nos comunicamos varias veces
al día, todos los días, y parece estar mucho más interesado en mí sexual y
personalmente.
Mientras estaba en el modo de enfriamiento de mi entrenamiento,
estaba explicándole mi próxima programación de vuelo.
—¿La próxima semana? —preguntó—. ¿En serio?
—Dijo que ella estaba casi rogándole por una oportunidad. Después
de escuchar lo que hice con Linda López, ha estado intentando
contactarme. Ripp ni siquiera tuvo que preguntar a su entrenador o
representante o como sea que lo llame.
—¿No crees que sea demasiado pronto?
—¿Demasiado pronto? —Golpeé el saco de nuevo—. No.
—Yo solo…
Golpeé el saco de nuevo.
—¿Solo qué?
—No quiero que resultes lastimada.
Lo golpeé de nuevo y me giré hacia él. El saco rebotó de uno lado a
otro sobre la plataforma.
—¿Lastimada? —Solté una risa—. No te preocupes por eso. No saldré
herida.
—Nunca puedes estar segura. Si fuera demasiado pronto, ¿se lo
dirías?
61

Puse los ojos en blanco.


—Seguro. Pero no lo es. Ni siquiera sé lo que eso significa. Hice un
Página

round con esa chica y ha pasado casi una semana. Si tuviera diez de esas
sería equivalente a solamente una pelea real.
—Es solo que... No lo sé. —Su mirada bajó a mis pies, la dejó ahí por
un segundo y después levantó sus ojos para encontrarse los míos—. Me
preocupo por ti y no quiero que te pase nada.
Impresionante. Aparentemente la mamada funcionó.
—Gracias. Pero estaré bien.
Torció su boca hacia un lado y se encogió de hombros.
Golpeé el saco de nuevo, una vez con cada mano, luego suspiré.
—Ninguna chica va a lastimarme. Podría golpearme, pero no me
lastimará.
—No sé cómo puedes decir eso.
Miré a sus manos enguantadas. Eché un vistazo alrededor del
gimnasio, era temprano por la tarde y varios cuadriláteros estaban vacíos,
incluyendo el más cercano a nosotros.
Señalé hacia el cuadrilátero.
—Vamos.
—¿Qué?
—Entra al ring.
—No. No puedo entrar ahí contigo.
—¿Por qué no?
—No quiero…
—¿Qué? ¿Lastimarme? Ese es mi punto. No lo harás. Vamos.
—Jaz, en serio.
Caminé hacia el ring, me agaché bajo las cuerdas y me metí. Él
permaneció parado junto al saco.
—Cobarde —provoqué.
Resopló con su pecho.
—¿Disculpa?
—El otro día dijiste que te gustaría pelear conmigo.
Miró por encima sus hombros.
—Sí, tal vez en casa.
—¿Asustado de lo que la gente va a decir?
—No.
62

Golpeé mis guantes al juntarlos.


Página

—Vamos, cobarde.
La idea de Ethan entrando al ring conmigo hizo que mi coño se
contrajera. Todavía no había compartido mis preferencias sexuales con él,
pero estaba bastante segura que cuando lo hiciera, estaría sorprendido.
Me gustaba follar igual que peleaba.
Rápido y duro.
Miró por encima de sus hombros de nuevo.
—Deja de preocuparte por quién va a verte o qué van a pensar —me
quejé.
Pareció considerarlo.
—Solo hay una manera de vivir la vida. Como si nadie estuviera
viendo.
Se giró hacia mí, caminó hasta la base del ring y entró. Extendí mis
guantes a un brazo de distancia.
Golpeó los suyos contra los míos.
Retrocedí un paso y tiré un rápido golpe hacia él. Mientras se echaba
atrás, balanceé un gancho hacia su mandíbula.
¡Pum!
La punta de mi guante conectó fuerte con su mandíbula. Dio un
traspié, claramente sorprendido por la velocidad, y la fuerza, de mi golpe.
Sacudió su cabeza.
—No golpeas como una…
Un gancho izquierdo a sus costillas lo hizo toser lo que quedaba de su
respiración y evitó que terminara su frase.
No le iba a dar ninguna consideración, especialmente cuando estaba
preocupado por lastimarme. Necesitaba demostrar un punto, y tenía mis
maneras para hacerlo. Lancé una combinación de golpes hacia su sección
media y reaccionó de modo natural al dirigir un gancho hacia mi
mandíbula.
El golpe no fue débil y seguro no estaba destinado para una chica. Lo
balanceó naturalmente, producto del deseo de un luchador por sobrevivir
en el ring. Si hubiera conectado, seguramente me habría derribado.
Me incliné hacia atrás y su guante pasó junto a mí, apenas evitando
mi mandíbula. Un cruce derecho en respuesta de mi parte conectó bien
con su hombro, haciéndole perder ligeramente el equilibrio. Después de
asegurar mis pies, lancé un gancho izquierdo hacia la parte de atrás de su
63

hombro derecho, haciéndolo girarse ligeramente.


Página

Otro rápido gancho contra su riñón casi le hizo caer de rodillas.


—¿No golpeo como qué? ¿Como una chica?
Se revolvió para recuperar su posición y, mientras lo hacía, di un
paso atrás y lo admiré.
Siempre había querido pelear con mis respectivos amantes, pero
todavía tenía que salir, o incluso follar, a un boxeador o luchador. Hasta
Ethan, nunca había estado en el ring con uno de mis intereses sexuales.
Ahora veía que mis sospechas originales eran correctas. Me gustaba.
Y me gustaba mucho. Pelear con él era un gran afrodisiaco, y mi coño ya
estaba cosquilleando.
—No —dijo. Se giró rápidamente, trayendo una salvaje izquierda con
él.
El golpe me dio en el lado derecho de la mandíbula, empañando mi
visión y haciéndome ver estrellas. Naturalmente, di unos cuantos pasos
atrás y elevé mis antebrazos para proteger mi rostro.
Era la primera vez que había sido golpeada en casi diez años y la
primera que alguien me había hecho ver estrellas.
Mi coño estaba empapado.
Bajé mis guantes, caminé hacia él y extendí mis brazos.
Golpeó sus guantes contra los míos.
—¿Estás bien?
—¿Estás bromeando? Nunca había estado mejor —dije. Bajé el tono
de mi voz hasta un susurro—. Mi coño está empapado.
—¿En serio? —preguntó.
Asentí.
—Completamente. Empapado.
—Eso es extraño. Dudo que ser golpeado hiciera que mi polla se
pusiera dura —dijo.
Apenas completó la oración. Cuando dijo la palabra mi, preparé un
gancho derecho. Justo cuando terminó de hablar, el golpe aterrizó en la
parte baja de su mentón, dejándolo inconsciente por un instante.
Mientras se tambaleaba, me alejé y admiré mi trabajo.
—Deberías saberlo con certeza para este punto —dije con una risa—.
¿Está dura?
—¿Qué demonios está sucediendo aquí?
Me giré hacia la voz.
64

Joder. Kelsey.
Página

Estaba de pie junto al ring con las manos en las caderas y su rostro
expresando claramente el disgusto que sentía. Encontró mi mirada, la
sostuvo por un segundo y luego se giró hacia Ethan. Después de un corto
vistazo, me miró de nuevo.
—¿Tu nombre era Jaz o Spaz? —preguntó—. No puedo recordarlo.
Tragué y aclaré mi garganta.
—Jaz.
—Huh —dijo—. Creía que era el otro.
Negó y se fue.
—¿Está molesto? —susurré.
Ethan asintió.
—Ciertamente lucía como si lo estuviera.
—¿Tuviste suficiente? —pregunté, mi voz llena de sarcasmo.
Tosió una risa y asintió.
—Demostraste tu punto.
—¿Qué te hace pensar que estaba intentado demostrar un punto? —
pregunté.
Se agachó bajo las cuerdas y se giró para verme antes de salir.
—Mi mandíbula dolorida.
Su mandíbula estaba dolorida y mi coño empapado.
—Asegúrate de poner tus guantes en tu bolsa —dije—. No los dejes en
tu casillero.
—¿Por qué?
—Porque… —dije—. Necesito liberar algo de tensión antes de la pelea.
Estaba pensando que podríamos hacer eso en mi apartamento, más tarde.
Estrechó sus ojos y me miró fijamente.
Salí del ring y sonreí.
—Desnudos.
La mirada en su rostro fue toda la respuesta que necesitaba.
65
Página
Diez
Jaz
Día veintinueve.
Ethan estaba de pie en medio de mi sala de estar, usando solo sus
guantes de boxeo. Su polla colgaba pesada entre sus piernas, no
completamente dura, pero no flácida de ninguna manera.
—¿Qué tan duro? —preguntó.
Bajé la mirada a su polla y luego levanté mis ojos a los suyos. Dios,
era tan jodidamente sexy.
—Lo suficiente como para que lo recuerde —respondí.
Bajé mis manos.
Me golpeó en el rostro, haciéndome perder el equilibrio y casi caer.
Lágrimas caían por mis mejillas. No lágrimas de llorar, sino de ser
golpeada en medio de mi nariz.
Sacudí la cabeza para despejarme y deseé poder limpiarme los ojos
aguados, pero los guantes de boxeo que estaba usando no lo permitían.
—¿Suficiente? —preguntó.
No lo era. No sentí la emoción de la adrenalina sexual todavía. No
como cuando Kelsey nos atrapó en el ring. Tal vez necesitaba golpearlo.
—Tensiona tu mandíbula.
Entrecerró los ojos y bajó sus manos.
—¿Seguro que estás listo?
Parpadeó y asintió ligeramente.
Lancé un fuerte golpe derecho, aterrizando en la punta de su barbilla.
Tropezó tres o cuatro pasos hacia tras, finalmente equilibrándose y
moviendo la cabeza de un lado al otro.
—Santa mierda —exclamó—. Golpeas jodidamente duro.
66

—Es bueno saberlo —dije—. Siempre me lo pregunté.


Página

Miré su polla. Estaba ligeramente más dura que antes. Mi coño


empezó a cosquillear ante la idea de pelear y follar a la vez. Toqué mi
vientre.
—Dame unos buenos tres o cuatro al cuarto.
Estaba usando una camisa a cuadros, sin bragas, y un sujetador
deportivo. Considerando el tamaño de mis pechos, el sujetador deportivo
era necesario. La camisa a cuadros, sin embargo, era opcional. Una
petición por parte de Ethan para saciar una tonta fantasía.
Una colegiala boxeadora sin ropa interior.
—¿Segura?
—Rápido —exigí—. Estoy poniéndome cachonda.
Extendí mis brazos a los lados, dándole libre acceso a mi torso. Soltó
un combo de tres golpes a mi sección media, conteniendo la fuerza
ligeramente. La rápida serie de golpes me hizo retroceder casi un metro y
me dejó sin aliento.
Mientras luchaba por respirar, resultó más que evidente que mi coño
estaba mojado.
—Álzalos —dije.
Sus ojos se ensancharon. Alzó sus guantes. Caminé hacia él y tan
pronto como estuve al alcance, intercambiamos golpes por varios
segundos, yo golpeándolo con todo lo que tenía, él regresando golpes que
estaban llenos con la mitad de la fuerza que podría desatar.
Treinta segundos después estaba cubierta de sudor de los pies a la
cabeza, y mis brazos se sentían como gelatina. Había terminado de pelear,
estaba lista para follar.
No dudó. En tres cortos pasos sus caderas estuvieron contra mi
rostro y su suave polla en mi boca. Me di cuenta, justo como Rachel
predijo, que era una chica de mamadas. Pero me estaba preparando para
convertirme en la boxeadora de camisa a cuadros que se follaba a Ethan
hasta dejarlo sin sentido.
Envolví mis brazos alrededor de su cintura, y apreté su trasero con
mis guantes, más por mi beneficio que el suyo. Algo sobre tener el trasero
de un hombre en mis manos mientras chupaba su polla me ponía más que
mojada. Succioné su eje, rápidamente creciendo, hasta que llenó mi
garganta. Cuatro o cinco arcadas secas después, me levanté con los ojos
aguados.
Me miró con preocupación.
—No te preocupes —dije con una sonrisa—. Voy a darte lo bueno.
67

Me giré hacia el sofá y me incliné. Con mis pechos enterrados en el


cojín y mi trasero elevado en el aire, alcancé mi camisa, recordando en ese
Página

momento que estaba usando guantes de boxeo. Media docena de intentos


fallidos después para alzar la camisa sobre mi trasero, me rendí y miré
sobre mi hombro.
Completamente desnudo, a excepción de sus guantes blancos y rojos,
Ethan estaba de pie con los ojos como platos y duro como una piedra.
—Solo fóllame —exigí.
Entrechocó sus guantes como si se preparara para una pelea.
Alzó su pie descalzo y fácilmente movió la camisa sobre mi trasero y
hacia mis caderas. Sus guantes apretaron mi cintura. Con ninguno de
nosotros pudiendo guiar su polla palpitante a mi dispuesto y mojado
agujero, la balanceó entre mis piernas por un rato antes de finalmente
aterrizar perfectamente centrada en los labios de mi coño.
Antes de empezar, necesitaba saber con seguridad que estábamos en
la mis página, sexualmente hablando.
—Lo quiero duro.
Su polla estaba a medio camino, haciendo cosquillas a mi coño con
cada aliento que tomaba. Se aclaró la garganta.
—¿Duro?
—Duro como la mierda —contesté.
Con un fuerte empuje, me llenó con su polla y me dejó sin aire.
Gruñí como si me hubieran golpeado.
Santa mierda. Eso es mucha polla.
—¿Estás bien?
Alcé mi guante derecho en el aire y lo moví.
—Estoy bien —mentí.
Sentí que estaba siendo follada por un brazo. Sabía que su polla era
grande, pero no me di cuenta de qué tan grande era. Con sus bolas contra
mí, rápidamente recordé que había pasado un tiempo desde que tuve sexo.
Y comprendí que mi habilidad comparativa de medidas de pollas basada
mis recuerdos, no era mi mejor capacidad.
Mordí mi labio inferior y mentalmente me preparé para la paliza
sexual que había estado esperando.
Ethan no decepcionó.
Sentí que estaba perdiendo mi virginidad de nuevo, y me encantó.
Abriéndose paso por un camino ya recorrido, penetró profundamente
en mi banco de memoria. Dejándome una impresión mental permanente
con cada embestida salvaje, golpeó cada centímetro de sí mismo en mí sin
68

reservas.
Página

Santo. Jodido. Cristo.


Apenas estábamos empezando, y absolutamente nada ni nadie antes
de él importaban. Ethan había pagado y comprado mi coño con las
primeras embestidas, y con cada empuje adicional, estaba pagando su
renta para el futuro.
Dos minutos en nuestra aventura sexual, y fue mi dueño.
Mi. Dueño.
Su polla ahora encajaba como un guante. Sus caderas golpearon mi
trasero con precisión. Ya no sentía que estaba siendo partida en dos. Solo
siendo follada. Y bien follada. Era la clase de sexo con el que las chicas
sueñan toda su vida. La única aventura sexual con la que todo sexo futuro
será comparado.
Cada empuje traída toda una oleada de emoción sexual, y todo
parecía nuevo para mí. Mientras intentaba procesar lo que estaba
sintiendo, se retiró, llevándose todas las sensaciones que estaba
desesperadamente intentando identificar. Inmediatamente, empujó en mí
con toda su fuerza una vez más, trayendo otra dosis de sobrecarga
sensual.
Golpeó dentro de mí profundamente. La pequeña sala olía a sudor,
sexo y testosterona.
Lo que sea que me hubiera sucedido en el pasado no fue sexo. ¿Esto?
Esto era sexo. Esto era sobre lo que se escribían las canciones, por lo que
las películas se producían para intentar replicarlo, sobre lo que escribían
libros en un intento de explicarlo.
—Golpéame —grité.
—¿Qué?
—Golpéame.
Quería hablarle sucio, explicarle lo que sentía y lo que quería, pero no
podía. Me había follado hasta un estado reducido mental, y ya no era
capaz de razonar. No era que no quisiera hablar durante nuestro
encuentro sexual, simplemente era incapaz de usar mi mente para más
que débiles intentos de identificar qué estaba sintiendo.
—¿Dónde? —preguntó.
Me tomó un minuto entender qué acababa de preguntarme. Solo
después de aclarar mi mente de los dichosos pensamientos que la llenaban
recordé que le había pedido que me golpeara.
—Donde sea —respondí.
Juguetonamente tocó el costado de mi cabeza con el interior de su
69

guante derecho. El olor a cuero llenó mis fosas nasales. Me recordó al


gimnasio, las peleas, y nuestra pequeña lucha en la sala. Era exactamente
Página

lo que había esperado, pero quería más.


—Más fuerte. Trasero. Rostro. No me importa —gruñí—. Solo
golpéame. Golpéame y fóllame.
Continuó follándome rítmicamente, sus manos ligeramente rebotando
en los costados de mi rostro y mi trasero mientras lo hacía.
Estaba por alcanzar el clímax.
—Más duro —gruñí.
Sus guantes comenzaron a caer sobre mí, uno tras otro, mientras
continuaba follándome. Sus testículos golpeaban contra mi coño. Sus
manos chocaban con los costados de mi rostro. Y su polla golpeaba contra
puntos en mi interior que no sabía que existían.
Mi mente se perdió y mis piernas empezaron a temblar.
Arqueé mi espalda y grité.
—¡Santa mierdaaa!
Sentí su polla hincharse, e hizo lo mismo.
—Arrrrrggh —gruñó.
El orgasmo me atravesó desde los dedos de los pies hasta mis sienes.
Simultáneamente, un cosquilleó profundo dentro de mi coño pareció
estallar conmigo, dejándome en un estado de casi confusión. Enterré mi
rostro en el cojín del sofá y grité. Fue un orgasmo como ninguno que
hubiera sentido en el pasado, y estaba segura, al menos en ese momento,
que nunca viviría para sentir otro igual.
Unos segundos en mi liberación sexual y me di cuenta que no había
terminado de follarme. Todavía gruñía en el cuarto ahora silencioso, su
polla estalló en mí, provocándome llegar al clímax de una forma
completamente diferente.
Sostuvo su polla en el punto y continuó gruñendo. Mi cuerpo tembló y
se estremeció, exhausto por la pelea, el sexo, y las dos horas de
entrenamiento que llevaron a todo.
La parte superior de mi cuerpo colapsó en el sofá. Él se derrumbó a
mi lado. Sentí su semen bajar por mi muslo interno.
No me importó.
Giramos nuestras cabezas para mirarnos.
—Eso fue jodidamente sexy —dijo.
—Ajá —murmuré—. Tu polla. Es…
—¿Muy grande?
Yo diría enorme.
70

—No —dije—. Es perfecta.


Página

—Bien, porque por un momento pensé que no iba a encajar en tu


pequeño coño.
No eres el único…
—¿Te gustó?
Parpadeó y suspiró.
—Sí.
—Bien —dije—. Porque ahora está arruinado.
De nuevo parpadeó y me miró.
—¿Qué quieres decir?
Créeme, nunca entenderías.
—Nada —mentí—. Creo que estoy delirando.
Y eso, al menos, era verdad.
71
Página
Once
Jaz
Día treinta y tres.

—O
h, Dios mío, ¿ya? —preguntó.
Terminé de limpiar la mesa y me senté.
—¿Qué quieres decir con ya? —Volví a poner
el contenedor de condimentos en el centro de la mesa y esperé a que
respondiera.
—Bueno —dijo ella—. Chupaste su polla la otra noche.
—Y en la primera noche que hablamos de él me acusaste de actuar
como si tuviera quince años. Y me dijiste que no fuera la chica de las
mamadas. ¿Cuánto tiempo espera la mayoría de los adultos para follar?
Se encogió de hombros.
—Solo fui por ello.
—Sí —dije con una sonrisa sarcástica—. Yo también.
Puso las manos en sus caderas y me lanzó una mirada.
—¿Y?
Quería contarle todos los detalles sórdidos, pero decidí hacerla
suplicar.
—¿Qué?
—¿Tiene una polla bonita?
Sí, si eras un jodido caballo.
Me encogí de hombros.
—Sí.
—¿Fue bueno?
¿Bueno? Me folló hasta un estado de retraso mental.
72

—Sí.
Página

—Sí, ¿eh? ¿Solo, sí?


Me sentí aturdida por todo y no podía esperar para contárselo a
alguien, y ella era la única persona que tenía.
—Su cuerpo es un músculo sólido, su polla es del tamaño de mi
brazo, y tiene la resistencia de una verdadera estrella porno. Me jodió
hasta que no pude hablar, pensar, o incluso jodidamente ver. Y esa es la
verdad.
Se quedó con la boca abierta y mirándome fijamente.
—¿En serio?
Asentí.
—Aja.
—¿Tienes alguna foto de su polla?
—¿Lo dices en serio? No. Estaba demasiado ocupada gimiendo y
teniendo orgasmos para tomar alguna foto.
—¿No te ha enviado ni una sola foto de su polla?
—¿Enviarme una?
—Sí. Enviarte una.
—No —dije. Parecía una pregunta ridícula de su parte, así que tuve
que preguntar—. ¿Los chicos hacen eso?
Me miró con ojos enloquecidos.
—¿En serio?
Me encogí de hombros.
—Sí.
—Lo hacen todo el tiempo. Ya sabes, para intentar atraer tu interés.
Y allí yacía la única explicación que necesitaba. Ahora tenía sentido
que nunca me sucediera. Por lo general, entregaba el coño con bastante
rapidez, de ahí la falta de necesidad de los chicos para llamar mi atención
con fotos de sus pollas.
—Huh —dije—. Tal vez lo hagan aquí, pero no en Nebraska. No de
donde soy.
—Oh, olvidé que eras de los palos.
Me reí.
—Ninguna foto de pollas en los palos.
—Así que tiene una gran polla, ¿eh?
Inhalé una respiración profunda y dejé salir la mitad, respondiendo
mientras exhalaba.
73

—Enorme.
Página

Se sentó, tiró el trapo sobre la mesa frente a ella y se aclaró la


garganta.
—Estuve con este tipo al que estaba jodiendo cuando estaba en el
instituto. Se llamaba Steve. Steve Cooley. Su polla era enorme. Yo era una
senior y él tenía como, no sé, tal vez veintidós años. Mis padres actuaron
como si tuviera cuarenta. De todas formas, estábamos en una cita y pensé
que necesitaba chupar su polla para mantenerlo interesado, así que lo
ofrecí y se la sacó. Solo me quedé mirándolo fijamente. Había visto un par
de pollas en ese entonces, y todas eran de instituto, así que mi tonta
cabecita estaba creyó que todos los chicos mayores tenían geniales pollas
grandes. Como si crecieran unos cuantos centímetros más cuando salieran
de la escuela.
Me reí.
—¿No lo hacen?
—No lo creo. Ellos no crecen así. ¿O sí?
Estaba bromeando, en un principio. Ahora me hacía pensar. Hablé
mientras estudiaba los hechos.
—Bueno, en algún momento lo hacen, o los bebés tendrían geniales
pollas grandes. Solía ser niñera y puedo asegurar que no las tienen. Así
que tal vez son como los brazos y las piernas, y las pollas dejan de crecer
cuando las otras cosas lo hacen.
—Así que, cuando un hombre alcanza toda su altura y ya no está
creciendo, ¿su polla está en su tamaño final?
—Supongo que sí —dije.
—Bueno, mi hermano menor siguió creciendo hasta que tuvo veintiún
años. Finalmente se detuvo en su primer año de universidad. Un metro
ochenta. Entonces, ¿es solo una cosa de altura?
Me encogí de hombros.
—Cuando los chicos ensanchan y les crece barba, ¿sus pollas se
ponen más gruesas? —preguntó.
Esa era una buena pregunta. Ethan era delgado y musculoso, y su
polla era tan gorda como mi muñeca. No podía imaginar que se volviera
más gruesa. Con suerte no ganaría nunca peso, y no tendría que
preocuparme por eso.
—Ya sabes —dijo—. Cuando los chicos aumentan de peso ensanchan
por todas partes, brazos, piernas, cintura, cuello. Todo.
Tenía un buen punto. Traté de imaginar a Ethan con un ligero
sobrepeso, y me puse enferma al pensar en ello.
74

—Así que este chico, Steve, ¿alguna vez lo follaste? —pregunté.


Página

—Oh, demonios, sí. Follamos como conejos. Hasta que mi padre se


enteró.
—¿Fue el más grande que has tenido?
—Sí. El más grande.
—¿Fue diferente? Ya sabes, ¿había alguna diferencia entre él y los
demás? Quiero decir, sé que lo había en tamaño, pero ¿había alguna
diferencia en lo que se sentía? —Antes que respondiera sentí la necesidad
de corregirme—. ¿Te hizo sentir diferente? ¿El sexo fue diferente?
Su mirada se desvió, tomó una respiración profunda y exhaló sin
centrarse en mí.
—El mejor sexo de todos.
—¿Los orgasmos fueron diferentes que con los otros tipos?
—Oh, infiernos, sí. ¿Orgasmos con él? Todavía puedo recordarlos.
Una vez tuve uno tan fuerte que no podía conseguir que mis piernas
funcionaran. No podía caminar. Lo digo en serio. Tuve que dormir hasta
que pasara. Ni siquiera podía levantarme para ir al baño.
—¿De verdad?
—Sí. Los orgasmos que tuve con él hicieron temblar mis piernas, y me
actuar como una tonta a veces. ¿Has oído a la gente decir “follar hasta la
mierda”? Bueno, eso es verdad. Más o menos. Había veces que me follaba
y después miraba alrededor de su habitación como si nunca la hubiera
visto antes. Como si todo fuera nuevo. Luego, diez minutos más tarde,
estaría bien. ¿Y antes de él? Un orgasmo, y eso era todo. ¿Cuándo él me
follaba? Tenía seis o siete. Era una locura.
—¿Y qué pasó con tu padre?
—Oh. Sí. Fue a peor. Mi periodo se retrasó y creí que me había
quedado embarazada. Estaba asustada y se lo conté a mi madre. Así que
hicimos una prueba, no lo estaba. ¿Pero qué hizo ella? Se lo dijo a mi
padre. Y luego fue a la casa de Steve y lo amenazó. Me castigaron. Después
de eso, todo había terminado. Se mudó al poco tiempo.
—¿Te castigaron por pensar que estabas embarazada?
Negó y se echó a reír.
—No. Me castigaron por salir con un chico con el que mi padre me
prohibió salir.
La mayoría de las decisiones de los padres me fascinaban. Mi padre
nunca dio una mierda por lo que hacía o a quien veía, me odiaba sin
importar por qué. Un padre intentando proteger a su hijo de posibles
daños no parecía malo en absoluto. Actué conmocionada por el bien de la
conversación.
75

—¿Te lo prohibió?
Página

—Sí. Hacía esa mierda todo el tiempo. ¿Fiestas en casas? Dios. Cada
fin de semana me amenazaba.
—¿Fuiste?
—Sí. ¿Tú no?
Básicamente hice lo que quise sin miedo a una repercusión adicional.
—Por supuesto. De vuelta a la cosa de la polla grande —dije—. Desde
entonces, ¿has vuelto a tener seis o siete orgasmos?
Negó.
—Aún no.
—¿Ninguna polla grande desde entonces?
—No como la de Steve —dijo con una carcajada—. Probablemente
nunca la habrá.
—Eso es una mierda.
—Y me lo dices a mí.
—¿La extrañas? —pregunté.
—Solo cada vez que tengo relaciones sexuales.
Me preguntaba cómo sería mi vida sexual si Ethan nunca me follara
de nuevo. Me senté en silencio y miré fijamente hacia el estacionamiento,
preguntándome si sería mejor detenerlo, o dejar que me arruinara para
siempre cuando decidiera que quería dejarlo después de follarme durante
unas semanas o meses.
—Entonces, ¿crees que la polla de Steve te arruinó?
—¿Qué quieres decir?
Odiaba frotar sal en una herida abierta, por así decirlo, pero
realmente quería saber.
—¿Hizo difícil para ti estar verdaderamente satisfecha con
quienquiera que estés follando ahora?
Sus ojos cayeron al suelo y se encogió de hombros. Después de un
momento, levantó la vista.
—Más o menos. Es solo que ¿ahora? Ahora, siempre pienso en lo que
sería si el tipo que estoy follando tuviera la polla de Steve.
Y eso era lo que temía.
Puede que haya sido prematuro para los estándares de algunas
personas, pero era hora de que Ethan y yo habláramos.
Sobre su polla.
76
Página
Doce
Jaz
Día treinta y seis.

—D
e hecho, Ripp odia esas cosas. Solo vino porque me
estaba ayudando ese día y quería subirme a su auto
—dijo Ethan.
—¿Entonces solo fue una casualidad que me encontraran aquí?
—Bastante cierto.
—Bueno, me alegra que lo hicieran.
—A mí también.
Tomé un trago de mi café y consideré si la cafetería era o no un buen
lugar para hablar sobre mi dilema. Miré alrededor del área de servicio y
decidí que era tan privado como mi sala de estar, mientras nadie entrara.
Estábamos compartiendo la esquina de una pequeña mesa al exterior,
sentados a pocos centímetros el uno del otro. Ethan relajado en su silla,
meciéndola hacia atrás sobre las patas traseras. Parecía más cómodo de lo
que estaba cuando nos conocimos y, aunque todavía no hablaba mucho,
se comunicaba más de lo que lo hacía al principio.
Como siempre, su cabello era un prefecto desastre. Su ropa;
vaqueros, una camiseta y botas, eran un recordatorio de que no
estábamos en una reunión para un café después del trabajo y que nuestro
encuentro era más que un evento programado. Me gustaba verlo vestido
así, pero me hacía quererlo sexualmente.
Demonios, todo me hacía quererlo sexualmente.
Sin importar lo que vistiera, era difícil mirar a Ethan y no querer
follarlo. Me sentía ligeramente culpable por estar siempre pensando en
tener sexo con él, pero la culpabilidad no duraba demasiado.
—¿Puedo hacerte algunas preguntas?
77

Puso la silla recta y se quitó sus lentes oscuros.


Página

—Seguro.
—¿Algunas serias?
—¿Estoy en problemas? —preguntó.
Lo miré fijamente y sonreí. Amaba sus ojos. Absolutamente los
amaba.
—No.
—Adelante.
Mis conversaciones serias con hombres estaban limitadas a Freddy,
mi padre, y algunos otros chicos con los que había salido a lo largo de los
años. Aunque, a parte de Freddy, ninguno de ellos valoró mis opiniones.
No creía que todos los hombres fueran unos idiotas mojigatos, pero tenía
serias dudas al respecto.
Había decidido contar mis preocupaciones a Ethan, ver qué pensaba
él, y tomar una decisión en cómo proceder basándome en sus respuestas.
No esperaba que se comprometiera conmigo, no estaba segura de querer
eso tampoco, al menos no todavía.
Tan ridículo como sonaba, quería que me confirmara que tenía la
intención de seguir follándome. No me importaba cómo eligiéramos llamar
a nuestra situación, me preocupaban cosas más importantes.
La cosa más importante.
Polla.
—¿Hace cuánto nos conocemos? —pregunté.
—Un mes. Más o menos.
—Las cosas han cambiado entre nosotros últimamente y quiero
discutirlo.
Perecía preocupado.
—Está bien.
—Ahora estamos follando.
Me devolvió una mirada extrañada.
—¿Eso es malo?
—No —dije—. No es malo, es solo que... No quiero que dejemos de
hacerlo.
—Está bien.
No se estaba oponiendo, pero seguro que tampoco estaba haciéndome
sentir cómoda con su falta de interés en nuestra conversación.
—Tengo este miedo sobre que te vas a marchar y voy a estar…
78

Parecía extraño decirle que estaba preocupada porque su gran polla


iba a arruinar mi satisfacción futura. Cuanto más tardaba en elegir las
Página

palabras para continuar mi frase, más ridícula parecía toda la


conversación.
Estaba a mitad de mi explicación y deseé no haber empezado con
nuestra pequeña charla sobre pollas.
—No iré a ningún lado.
Apreciaba el consuelo, pero no estaba convencida.
—Dame un segundo. No he terminado con mi idea y necesito pensar
cómo decirlo.
—Está bien.
Mi cerebro era inútil. Nunca había sido una persona que diera rodeos
y no tenía sentido empezar ahora.
—Tienes una polla realmente agradable —dije.
Lució avergonzado, pero finalmente sonrió.
—Gracias.
—Realmente agradable. Y, bueno, tengo miedo de quedar arruinada
en unas pocas semanas, y luego… tú sabes… sería imposible estar
satisfecha en el futuro.
Ahí. Lo dije.
Me miró, como esperando que continuara. Le devolví la mirada,
esperando su respuesta.
Su ceño se frunció y sus ojos se estrecharon.
—Estoy perdido. Hace un momento has dicho que no querías dejar de
hacerlo. Luego, dices que si continuamos, estarías arruinada. ¿Te lastimé
o algo?
—¿Lastimarme?
—Sí. —Señaló hacia mi entrepierna—. ¿Desgarrar tu coño?
¿Mi coño?
—No. —Me reí—. No me desgarraste.
Parecía confundido.
—Entonces, ¿de qué estamos hablando?
—Me refiero a que quiero algo de compromiso de tu parte, saber que
no simplemente vas a… ya sabes… salir huyendo. Que no tienes pensado
simplemente follar e irte. No es que nunca haya pasado, porque ha
pasado. Pero si va a ser así, preferiría saberlo ahora. Simplemente no
quiero ser dejada atrás, batallando por tener orgasmos futuros tras
79

haberme acostumbrado a pollas gruesas y no poder encontrarlas cuando


te vayas. Sé que no hay ninguna garantía en un trato así, pero quería…
Página

esperaba, que me dijeras que no estabas planeando… —Aclaré mi


garganta—. ¿Vas a follarme de nuevo?
Sus ojos se ampliaron.
—Vaya.
Arrugué mi nariz y lo miré con molestia.
—¿Qué?
—Eres una chica.
—¿A qué te refieres?
—Peleas como un hombre. Caminas como un hombre. Hablas como
un hombre. Bueno, cuando maldices, en cualquier caso. ¿Pero eso? ¿Lo
que sea que fuera? Eso es cien por ciento chica. No tiene sentido de otra
forma.
—¿Qué parte?
—Todo.
Había explicado todo. Para lo educado y atento que era, era un
completo hombre. Nunca prestando atención a lo que dice una mujer.
—Lo pondré en términos sencillos para ti.
—¿Términos sencillos?
Asentí.
—Ajá.
—¿Cuándo planeas irte? —pregunté.
Su frente se arrugó.
—¿De qué?
Suspiré.
—Esto.
La mirada confundida regresó.
—¿Esto?
Inhalé profundamente y negué.
—¿Cuándo vas a dejar de follarme?
—¿Tengo que dejar de hacerlo?
No pude evitar reírme.
—No. Pero tarde o temprano, lo harás. Nada dura para siempre. Así
que, ¿cuál es tu plan?
Se encogió de hombros.
80

—¿Le tienes miedo al compromiso o algo así?


Página

¿Compromiso?
—¿Compromiso?
—Sí —dijo—. Compromiso.
De alguna manera la conversación había ido de follar a compromiso.
A pesar de lo mucho que disfrutaba de su compañía, los hombres
simplemente parecían volverme loca.
—No, no le temo al compromiso. ¿Por qué?
—Realmente no sé qué intentas hacer, pero tal vez esto ayude. —Se
inclinó hacia adelante y colocó su mano sobre mi rodilla—. No voy a follar
e irme. Me gustas. Si no lo hicieras, nunca habría ido a cenar. No
preguntaste, pero estoy seguro que tienes la duda, así que de lo diré ahora.
No estoy follando con nadie más en este momento y no lo haré. No soy así.
Mientras hablaba, mi boca se curvó en lo que al final se convirtió en
una enorme sonrisa.
—Y no estoy planeando dejarte —continuó—. Puede que haya sido
criado por un idiota, pero crecí con un entendimiento bastante claro de lo
que está bien y mal. Así que cuando decidimos tener sexo, hice un
compromiso mental contigo. Puedes llamarlo como quieras. —Levantó su
mano de mi rodilla y se relajó en su silla—. Para mí simplemente se trata
de ser un hombre.
Su pequeño discurso casi me hizo derramar lágrimas. Peleé por
tragar, pero mi garganta se había quedado seca. Tomé un trago de café y
sonreí.
—No tengo más preguntas.
81
Página
Trece
Jaz
Día cuarenta y tres.

C
orrí por la casa, quitándome la ropa y tirándola a un lado para
llegar a la ducha.
Había tomado un turno extra en el trabajo para poder
pagar el combustible extra que estaba usando en las idas y venidas del
gimnasio, y ahora estaba más retrasada de lo esperado. Si llegaba tarde a
la pelea sería penalizada, y Ripp me mataría.
Tomé una ducha rápida, me sequé, y comencé a aplicarme mi loción.
El timbre sonó.
Mierda.
Me puse un pantalón y una sudadera con capucha, luego corrí a la
ventana. Mirando la entrada a través de las persianas, no había nadie.
Jodidos niños.
Corrí de nuevo al cuarto, me desvestí y rápidamente me puse unos
pantalones cortos y un sujetador deportivo. Después de agarrar mi bolso
de gimnasio, corrí a la cocina y tomé una barra de proteína. Un rápido
vistazo al reloj reveló que faltaban treinta minutos para el duelo.
Siempre que no quedara atrapada en el tráfico, iba con veinte
minutos de sobra.
Con la barra de proteína en la boca y el bolso sobre el hombro, abrí la
puerta y salí al porche. Mientras cerraba, algo en el suelo llamó mi
atención. Me giré.
Flores.
Un jarrón lleno de rosas estaba a un lado de mi porche. Bajo éste, un
sobre. Llena de emoción, aparté el jarrón, desvelando el nombre escrito a
lápiz que había en el sobre.
82

Jaz.
Página

Miré sobre mis hombros y con cuidado lo abrí.


Por fuera, la tarjeta simplemente decía Gracias. Dentro, había un
pequeño párrafo escrito con una limpia y perfecta caligrafía.
Jaz,
Gracias por darme una oportunidad. Haré mi mejor esfuerzo para no
decepcionarte, y espero no haberlo hecho hasta ahora. Si es así, acepta
estas flores como una disculpa. Si no, acéptalas como un regalo expresando
mi gratitud por dejarme entrar en tu vida.
Buena suerte esta noche.
Ethan.
La leí dos veces y luego tomé las flores enterrando mi nariz en ellas.
El dulce aroma me hizo la boca agua y me llenó de una extraña calidez. En
ese momento, y por lo que creía primera vez en mi vida, me sentí apreciada
por ser solo yo.
Fue emocionante. Nunca había recibido flores. Por mucho que
quisiera apegarme a ellas, llevé el jarrón a mi apartamento y las puse en el
centro de la mesa. Dejé la tarjeta en mi bolso.

Pude ver la decepción en el rostro de Ripp tan pronto como entré al


gimnasio. De pie al lado del cuadrilátero con sus manos en las caderas y
sus ojos fijos en los míos, se veía enfadado y decepcionado a la vez.
—Tienes quince jodidos minutos —gruñó.
Dejé mi bolso en el suelo y me quité los zapatos.
—Lo siento. Tuve que trabajar, y todo se fue al diablo después de eso.
—¿Por qué no respondiste tus mensajes?
Porque no pude pagar mi teléfono y fue cortado.
—No sé dónde está mi teléfono.
Era cierto. Había sido cortado hace tres días, y de verdad no sabía
qué hice con él después de eso.
Me disparó una mirada ceñuda.
—Si no vas a tomarte esto en serio…
Negué.
—Lo tomo en serio. Muy en serio. Quiero esto más que nada. Lo
83

lamento. No podía pagar el combustible para conducir aquí cinco días a la


Página

semana, así que tomé un turno extra para poder hacerlo y comprar las
barras de proteína. ¿Y mi teléfono? No sé dónde está, de verdad. Pero me lo
cortaron.
—¿Por qué?
Parecía una pregunta estúpida, hasta que recordé que no todos
tenían las mismas preocupaciones financieras que yo.
—No podía pagar la factura.
Dejó caer su mirada al suelo.
—Pagaré tu factura telefónica.
—No lo harás —dije. Terminé de atar mis zapatos, agarré mi bata y
suspiré—. La pagaré tan pronto como pueda.
—Dije que la pagaré.
—Dije que no. —Alcé mis manos hasta los hombros—. Lo siento, debo
calentar.
Empecé a saltar cuerda mientras Ripp estaba de pie con una mirada
de preocupación en su rostro. Como la mayoría de las personas que no lo
eran, intentar comprender las dificultades asociadas con ser pobre era
imposible para él.
—Déjame pagar y puedes devolvérmelo después —dijo—. Necesito
poder contactarte. Vas a ir a lugares en este deporte, Jaz. Y no puedes
llegar si no puedo contactarte.
Respondí mientras seguía saltando.
—Puede… que te deje… hacer… eso. Puedo pagarte… tan pronto
como… consiga otro… turno. Tal vez como… en dos… semanas. No es…
barato.
Sus ojos se abrieron cómicamente.
—Ochenta dólares —dije.
—Creo que podré resolverlo.
—Gracias.
Apuntó a mi bolsa.
—Deja la cuerda.
Dejé de saltar y guardé la cuerda.
—Escucha —dijo—. Recuerda, ella pelea de forma poco ortodoxa. Y su
gancho izquierda es su marca personal, así que ten cuidado. Casi siempre
lo usa después de apretar sus puños, así que no pases mucho tiempo
cerca. Si te atrapa, sal rápido.
84

Ya me había dicho todo sobre ella, pero no me molestaba oírlo de


nuevo. Asentí.
Página

—Entendido, jefe.
—Ha estado con los novatos por tres años, y tiene unas cuarenta
peleas. Es invicta, Jaz.
No había dicho eso.
—¿Y si pierdo?
—¿Planeas perder?
—No, solo pregunto. ¿Qué pasa?
—Nada. Solo será un contratiempo. Será más difícil que te acepten
con los profesionales. Pero si sigues derribándolos rápidamente, hará que
mucha gente hable, eso es seguro.
—¿Hace alguna diferencia si los derribo?
Asintió.
—Gran diferencia.
—¿Y si es rápido?
—Enorme diferencia. Un nocaut tarde puede tomarse como cansancio
del oponente o una serie de golpes de suerte. ¿Pero los nocaut en la
primera ronda una y otra vez? Llama mucho la atención y te da una
etiqueta.
—¿Una etiqueta?
Asintió.
—Te etiquetaran como alguien duro.
—Soy dura.
—Demuéstralo —dijo—. Dame una buena pelea.
—¿Y si te doy un nocaut en la primera ronda?
—No va a pasar con esta, Jaz. Solo te tanteará en la primera ronda.
Ya veremos.
Me encogí de hombros.
—Nunca se sabe.
—¡Ripton! ¿Estás listo?
Me giré hacia la voz. El árbitro estaba de pie al borde del ring,
inclinado sobre la cuerda.
—Ya vamos —dijo Ripp.
Sonreí.
—¿Ripton?
Metió el casco en mi cabeza y asintió.
85

—Michael Allen Ripton. No actúes como si tu nombre fuera Jaz.


Página

Después que me pusiera los guantes y revisara que todo estaba


correctamente abrochado, subí al ring.
—¿Cómo es? —gritó.
Negué.
—Solo Jaz.
Odiaba mi nombre. ¿Quién demonios le ponía Beth a su hija? Incluso
en la escuela, la mayoría de mis maestros me llamaban Jaz, y era como
firmaba todos mis trabajos. Nadie me llamaba Beth a excepción de mi
padre.
—Sube al ring. Solo Jaz.
Subí al cuadrilátero y me incliné sobre la cuerda.
—Deséame suerte.
Metió mi aparato bucal en mi boca.
—No la necesitas —dijo riéndose—. Tienes unas locas habilidades.
86
Página
Catorce
Jaz
Día cuarenta y tres.
A los combates profesionales asisten legiones de aficionados y
espectadores, todos sentados en gradas o asientos que rodean el ring. En
las peleas de aficionados no. No hay lugar para sentarse, no hay fans
gritando, y no hay reconocimiento para el ganador o perdedor.
La lucha comienza, se lleva a cabo, y termina con tan solo los
entrenadores de cada luchador, y los pocos amigos que se han reunido,
para saber el resultado.
La encontré en el centro del ring, apreté los guantes y me dirigí al
árbitro.
—Quiero una buena pelea limpia —dijo—. Nada de golpes fuera de
tiempo. Nada de golpes bajos después de la campana.
Asentí. Ella asintió. El árbitro golpeó su mano contra la banda inferior
de mis pantalones cortos.
—Esto es un golpe bajo.
Hizo lo mismo con ella.
—Y esto es un golpe bajo. ¿Entendido?
Ambas asentimos.
—Vayan a sus esquinas y esperen la campana.
En mi camino a la esquina, vi a Ethan junto a Ripp. Al otro lado de
Ripp, Kelsey estaba de pie con los brazos cruzados. Parecía que estaba
reprimiendo a Ripp por algo. Probablemente porque Ethan y yo estuvimos
juntos en el ring.
Mierda.
El viejo me odiaba y yo lo sabía. Me puse rígida.
87

La campana sonó.
Shari "Thunder3" Rose no me asustaba. Cuarenta victorias sin perder
Página

significaban que comenzó su carrera mucho antes que yo, no que fuese

3 Trueno.
mejor. Nos encontramos en su lado del ring, e hizo exactamente lo que
Ripp dijo que haría.
Su juego de pies elegante, moviéndose a un lado mientras me
acercaba, y su ataque de golpes cada vez que me aproximaba lo suficiente
como para tocarla, me impedían hacer mucho.
Frustrada, continué siendo la boxeadora ofensiva. Pelear contra
alguien que no estaba dispuesto a ponerse recto y luchar, me fastidiaba.
Todas las veces, en cuanto me acercaba lo suficientemente como para
tocarla, daba una serie de veloces golpes y rápidamente se alejaba.
Quédate quieta, pelea conmigo, perra asustada.
Tener que perseguirla alrededor del ring por lo que pareció la mitad de
la ronda, me molestó aún más.
Hablar a través de protector bucal es difícil, si no imposible, pero
aflojé mi mandíbula y lo hice lo mejor que pude.
—Quédate quieta, perra asustada —siseé.
No fue necesario que respondiera. Sus ojos lo dijeron todo. No le
gustó. Dejó de dar vueltas y lanzó un salvaje gancho derecho que falló por
unos centímetros.
—Voy a patearte el culo —me burlé.
Negó y dio un golpe directo de izquierda. Me incliné y el puñetazo
pasó por el lado derecho de mi rostro. Mientras se recuperaba, su lado
izquierdo quedó desprotegido. Lancé un duro gancho derecho a su caja
torácica.
Respondió con un gancho hacia mi barbilla. Y, por primera vez en mi
carrera de boxeo, alguien me cegó de un puñetazo.
Coloqué mis guantes en su pecho y la empujé. Mi vista regresó casi al
instante.
Maldita sea, golpeas fuerte.
Mi nariz moqueó y lágrimas rodaron por mis mejillas. Tan ridículo
como parecía admitirlo, era exactamente lo que necesitaba. Me sentí llena
de rabia.
Enojada y buscando venganza, di un paso adelante. Ella empezó con
golpes cortos, intentando atraerme. Ripp tenía razón, si me acercaba
demasiado, trataría de atraparme con un gancho mientras me alejaba.
Y si llegaba a hacerlo, estaría en serios problemas.
88

Pero no había manera de vencerla si no la golpeaba.


Página

Lancé un salvaje gancho derecho a sus brazos, intentando evitar que


bloqueara mi objetivo. Quería uno directo a su rostro.
Me dio un gancho izquierdo en las costillas que ni siquiera vi venir.
Bloqueé un golpe corto.
Continuamos de esa manera, ambas lanzando ganchos izquierdos al
mismo tiempo, el suyo falló por unos centímetros y el mío dio en su
hombro, desequilibrándola. Lo seguí con un gancho derecho a sus
costillas.
El aturdimiento expresado en sus ojos fue suficiente para saber que
no le gustaba lo que estaba recibiendo, pero no había venido al ring para
hacerla feliz. Un duro gancho izquierda en el centro de su estómago hizo
que sus ojos se ampliaran, y el sonido de la campana me impidió ir más
lejos.
—¡Perra! —gruñí mientras me alejaba.
Me tropecé en la esquina y me incliné. Ripp me quitó el protector
bucal y me dio un poco de agua.
—¿Qué diablos estás haciendo? ¿Intercambiando golpes? —
preguntó—. No puedes hacer eso. Te pateará el culo.
Negué.
—Golpea duro como la mierda.
—¿Y qué estabas haciendo? ¿Manteniendo una charla de mierda?
—Uh huh. No quería luchar.
Kelsey dio un paso al frente y me fulminó con la mirada.
—¿Eres boxeadora o una peleadora4?
No respondí.
—Te hice una pregunta, Spaz. ¿Cuál es?
—Un poco de ambos, señor.
Empujó a Ripp a un lado y me miró directamente. Con sudadera a
rayas y camiseta blanca, parecía enojado, cansado, y sorprendentemente
duro para su edad.
—Me parece que solo peleas. Estar pie a pie con una chica como ella
te dejará en el suelo. Ahora levanta ese talón derecho de mierda que no
mueves, y tal vez tendrás el poder suficiente para lastimarla. Olvida por un
momento que ya conoces a este viejo calvo. Mira mi pie derecho y mis
caderas. —Lanzó un golpe de demostración, girando su cadera de una
manera exagerada como ejemplo—. A medida que tu brazo se extiende,
gira el talón de tu maldito pie como si estuvieras apagando un cigarrillo.
89

—Sí, señor —dije.


Página

4
En el original utiliza el término brawler. Persona alborotadora que pelea por cualquier motivo.
—Tienes el poder, Spaz. Ahora ve a golpear su trasero arrogante,
estoy cansado de verlas bailar. —Golpeó su mano contra el hombro de
Ripp—. Ponle el protector, idiota.
Ripp negó y me puso el protector bucal.
Y sonó la campana.
90
Página
Quince
Jaz
Día cuarenta y tres.

C
orrí al centro del ring, y ella me encontró con un duro gancho
de derecha, fallando de darme en la cabeza por el grosor de un
cabello.
Oh, ahora quieres pelear, ¿eh?
Lancé una ráfaga de golpes en respuesta, mostrándole lo rápida y
poderosa que podía ser.
Retrocedió un paso.
No quería vencerla, tenía que hacerlo. Para poder avanzar
rápidamente en este deporte, necesitaba noquearla y hacerme notar.
Yo quería la etiqueta, como dijo Ripp.
Mujer dura.
Me acerqué y lancé un puñetazo al mentón. El golpe pasó por delante
de ella y, en previsión de su contraataque con su firma de gancho
izquierdo, solté un derechazo con la esperanza de derribarla.
Su izquierda no llegó, y mi derecha chocó con fuerza en el costado del
rostro haciéndola tropezar de nuevo.
Mi visión se estrechó. Todo lo que importaba era que me quedara en
la ofensiva, haciéndola defenderse continuamente. Si lo hacía, solo podía
reaccionar de ese modo. Un ataque ofensivo de su parte, al menos durante
mi ataque, sería casi imposible.
El ring se hizo pequeño, y solo existía para mí lo que tenía delante.
Todo el ruido de fondo se hizo sordo y lejano. Mi respiración y los latidos
de mi corazón eran los únicos sonidos que podía oír, y eran casi
ensordecedores.
Lanzó un gancho de derecha, fallando completamente. Su directo
91

izquierdo se quedó corto.


Página

La miré a los ojos.


Parecía distante. Confusa. Incierta.
Estás frustrada, ¿eh? Bueno, espera, tengo algo para ti.
Me acerqué, golpeándola con todo lo que tenía. Ella no dio nada en
respuesta, a menos que tropezar con las cuerdas fuera su defensa.
Mientras seguía golpeando su sección media y su rostro con repetidos
golpes de izquierda y derecha, el árbitro intervino.
La agarró por los hombros y la miró directamente a los ojos.
—¿Estás bien?
Asintió.
No por mucho tiempo.
Apreté mi puño derecho. El árbitro la soltó y se alejó.
Adelanté mi pie izquierdo, incliné la espalda ligeramente, y eché
hombro derecho hacia atrás. Girando mi pie derecho como el viejo dijo,
levanté el talón y lancé un puñetazo duro usando el impulso de mi pecho
primero y girando mis caderas justo detrás de él.
El puñetazo golpeó directo en su mandíbula.
Voló a las cuerdas, rebotó hacia delante, y cayó de bruces a la lona.
La fulminé con la mirada.
Si sabes lo que es bueno para ti, ni siquiera intentes levantarte.
El árbitro se precipitó entre nosotras, la giró y miró hacia abajo.
No se movió.
Agitó sus brazos sobre ella.
La pelea había terminado.
Joder sí.
Había batido lo imbatible por un nocaut.
Con las manos en alto sobre mi cabeza, y sintiendo como si estuviera
flotando muy por encima de las nubes, corrí a la esquina.
Ripp estaba haciendo un extraño baile de la victoria, y Ethan estaba
agitando sus manos en el aire animando. Escupí mi protector bucal.
—Lo hice. La noqueé. Estoy en camino de ser una mujer dura.
Nunca había sentido tanto orgullo en mi vida.
Ripp dejó de bailar.
—Maldita sea, has dejado a esa chica como un mal hábito.
Apreté los antebrazos en los costados de mi cabeza y empujé mi
92

protector de cabeza.
Página

—Claro que sí.


—Gran pelea, Jaz —dijo Ethan.
—Gracias.
Mis ojos dieron vueltas alrededor del borde del ring, buscando a
Kelsey. Lo vi a unos metros de distancia caminando hacia las oficinas, la
parte de atrás de su camisa blanca y su cabello gris eran inconfundibles.
No me importaba si le gustaba o no, al menos iba a forzarlo a que me
recordara.
—¡Kelsey! —grité.
Se detuvo y se volvió.
—Gracias —grité.
Sin reconocer lo que dije, se dio la vuelta, levantó su mano derecha y
me lanzó el dedo medio.
Yo también te amo.
93
Página
Dieciséis
Jaz
Día cincuenta.

E
than estaba peleando, y me aseguró que lo estaba haciendo
para ganar esta vez. Ripp y yo estábamos viéndolo juntos, y
parecía que tenía sus dudas de la capacidad de Ethan para
ganar.
—El chico con el que Ethan está peleando es una bestia —dijo Ripp—.
Debería haberse hecho profesional hace dos años.
—¿Por qué no lo ha hecho? —pregunté.
—Creo que le gusta lastimar a la gente.
Ethan estaba en el centro del ring, escuchando las instrucciones del
árbitro. Estaba emocionada por verlo pelear, y si su predicción era
correcta, podría decirle a Ripp que le diera un poco de crédito. Predijo un
nocaut, y apostamos por ello. Si perdía, no íbamos a tener sexo durante
una semana. Si ganaba, tenía que tener relaciones sexuales según mis
condiciones. Si lo noqueaba, conseguía el sexo en sus términos. Esperando
que no se equivocara sobre el nocaut, me quedé entusiasmada en el borde
del ring.
Ripp cruzó los brazos delante de su pecho y suspiró.
—Me gustaría darle una bofetada al entrenador de Ethan. Es un
maldito idiota.
—¿Por qué dices eso?
—¿Del jodido Brockman? Porque lo es —dijo. —Ha elegido algunas
peleas que no debería. Ahora Ethan tiene un registro jodido.
Quería decirle la verdad, pero juré guardar secreto.
—Bueno, tal vez pueda redimirse esta noche. Hemos estado
entrenando en mi sala de estar.
94

Me lanzó una mirada loca.


Página

—¿Tú qué?
Sonreí.
—Entrenando. Ethan y yo. Tal vez ha tomado algunos de mis
consejos.
—Estás jodidamente bromeando, ¿verdad?
Sacudí la cabeza.
La campana sonó
—Buena suerte, nene —grité.
Ripp me miró furioso.
—¿Nene?
Me encogí de hombros.
—¿Ustedes dos están follando?
—Shh, la pelea comenzó.
Ripp gruñó algo y se volvió hacia el ring.
El oponente de Ethan tenía la misma complexión que él. Alto, con los
brazos largos y cubierto de músculo, parecía una versión delgada de Ripp.
Tenía la cabeza afeitada, estaba cubierto de tatuajes caseros y tenía un
mechón de vello en la barbilla.
Se acercaron en el centro del ring y Ethan lo empujó balanceando un
gancho directo hacia arriba cuando se separaron. El golpe apenas lo tocó.
Ver la pelea de Ethan me estaba excitando, e incluso si perdía, era
evidente que al final estaría tan excitada, que no sería capaz de llegar a
mañana sin tener Ethan follándome.
—Dios mío —dijo Ripp, todavía concentrado en la pelea. —Si eso
hubiera conectado...
Su oponente se acercó con un aluvión de golpes, conectando muchos
de ellos en la sección media. Una combinación directa de Ethan aterrizó en
el ojo de su oponente, haciéndolo tambalearse.
—Esta es una jodida pelea —anunció Ripp emocionado.
Sí, seguro que sí. Mi coño está amándola.
—Parece que así es.
Con cada músculo de su cuerpo exhibido, Ethan continuó lanzando
poderosos golpes a su oponente, conectando la mitad de ellos.
—Ethan es bueno. Rápido e impredecible. Si solo pudiera
concentrarse… —dijo Ripp—. Sería un gran boxeador.
95

—¿Crees que es un mal luchador?


—No es malo, solo necesita una dirección.
Página

Aperas Ripp terminó la frase, Ethan conectó un fuerte derechazo en el


rostro de su oponente, haciéndole retroceder varios pies.
—Santa mierda, lo tiene sobre sus malditos talones —gritó Ripp
mientras el hombre tropezaba para recuperar su equilibrio.
Ethan avanzó hacia él y, tan pronto como estuvo al alcance de su
brazo, lanzó un gancho hacia arriba directamente a su barbilla. El
poderoso puñetazo le volteó la cabeza como si estuviera en un resorte
giratorio.
Las piernas del luchador cedieron y cayó a la lona, duro.
—Santa mierda. No va a recuperarse de eso —dijo Ripp.
El árbitro ondeó sus manos sobre el luchador inconsciente, señalando
el final de la pelea. La cosa no duró más de un minuto y medio.
Estaba empapada.
—¡Gran pelea, nene! —grité.
—De vuelta a la cosa del nene —dijo Ripp. —¿Qué mierda está
pasando ahí? ¿Están saliendo? —Me encogí de hombros en respuesta—.
¿No lo sabes?
—No creo que estemos saliendo. Solo estamos pasando el rato. Y
follando —dije con una carcajada.
Ripp alzó sus manos callándome.
—He escuchado suficiente. Nada de follar en noches de pelea —dijo,
sus ojos todavía fijos en el ring.
—¿Perdón?
—Me escuchaste. El sexo los debilitará. Nada de follar en noches de
pelea.
—Me tranquiliza.
—Nada. De. Follar. En. Noches. De. Pelea.
—Bien.
Ethan fue a su esquina y habló con su entrenador, esperando para
ver si su contrincante era capaz de levantarse. Hasta ahora, todavía se
mantenía en el suelo.
—Así que, el entrenador de Ethan es un imbécil ¿Eh?
—Seguro que lo es —respondió Ripp.
—¿Por qué no lo entrenas? —pregunté.
—No tengo tiempo —dijo Ripp—. Pero si continúa peleando así, puede
96

que le haga un hueco.


Ethan elogió a su oponente y caminó hacia nuestro lado del ring.
Página

—Gran golpe —dijo Ripp.


—Gracias.
—Te veías bien. Mantén esa mierda y podrías ser un campeón.
—Lo aprecio.
Ethan fijó su mirada en mí.
—Así que…
—Así que… ¿Qué?
Su emoción era evidente. No estaba segura si era por ganar la pelea o
el derecho de follarme de cualquier manera que quisiera.
—¿Estás lista para irte? —preguntó.
—¿Está pasando algo que deba saber? —preguntó Ripp.
—Hicimos una apuesta —dije.
Ripp levantó una ceja.
—¿Qué era? ¿La apuesta?
Ethan negó.
—Está bien, lo sabe —dije.
Ethan me miró fijamente con aparente incredulidad.
—Oh.
Me volví hacia Ripp.
—Ethan dijo que iba a noquear al tipo. No le creí. Así que apostamos.
Sexo de la manera que él quiera si lo hacía. Y lo noqueó. Así que... —Me
encogí de hombros—. Supongo que ganó.
Ripp me miró por un momento, cambió sus ojos a Ethan, y luego de
nuevo a mí.
—¿Hablas en serio?
Asentí.
—Síp.
Miró a Ethan.
—Písale su cabeza. Es la mejor mierda jamás.
¿Qué mierda?
Ethan se rió entre dientes.
—¿Qué?
—Pisado de cabeza —dijo Ripp con rostro serio. Miró en mi
97

dirección—. Tápate las orejas, Jaz.


Página

Me froté la nariz.
—¿En serio?
Asintió.
Me tapé las orejas con las manos, pero no tanto como para no oír. Me
concentré en los dos boxeadores entrenando en el ring lejano y escuché en
secreto.
Mientras veía a los dos hombres peleando, Ripp empezó a explicar.
—Dóblala, sobre el sofá o algo bajo. Ponte detrás de ella y, ya sabes,
empieza a hacerlo. Luego levanta tu pie derecho, estira la pierna y baja en
su cabeza, justo donde se une al cuello, y mantenla presionada a la cama
o el sofá o lo que sea mientras que tu polla está dentro de ella. Tener la
pierna extendida de esa manera te llevará realmente profundo. Y algo
sobre tener su cabeza pisada en realidad las excita. Entonces, mientras
estás ahí, solo folla el infierno fuera de ella. Lo amarán.
Santa mierda, eso suena excitante como el infierno.
—¿No bromeas? —preguntó Ethan.
—Si estoy mintiendo, que muera ahora mismo. El mejor sexo que
nunca tendrás. Mi señora lo ama. Le doy esa mierda una vez a la semana.
Diablos, incluso Dekk folla a su señora así.
—¿No bromeas?
—Hijo de puta, ya te lo dije. No estoy mintiendo. Inténtalo.
Ya estaba completamente mojada de ver la lucha de Ethan. Ahora,
¿pensando en tener Ethan follándome mientras me pisaba la cabeza?
Estaba empapada.
Me quedé mirando a lo lejos, haciéndome la tonta mientras mi coño
seguía pensando en lo que vendría.
—Entonces ¿estás lista para irte? —preguntó Ethan.
Seguí mirando a lo lejos, con las orejas cubiertas firmemente con las
manos.
—¡Jaz! ¿Estás lista para irte? —gritó Ethan.
Aparté las manos y me giré.
—¿Qué?
—¿Estás lista?
Estaba tan emocionada por llegar a casa e intentarlo que apenas
podía contenerme. Diablos, estaba lista para que pisara mi cabeza justo en
ese momento y allí, pero sabía que necesitaba ocultar mi emoción.
—Sí —dije en un tono apático—. Lo estoy.
98

Ethan saltó del ring.


Página

—Vamos, salgamos de aquí.


—Diviértanse —dijo Ripp por encima del hombro con una carcajada.
—Va a poyarse en mi cabeza y meterme la polla completa —dije—.
¿Cómo podría no ser divertido?
Los ojos de Ripp se abrieron más.
—¿Escuchaste?
Mierda, ¿dije eso en voz alta?
—Lo siento —dije—. Forma parte de ser una chica. No nos gustan los
secretos.
Ripp se encogió de hombros y rió.
—Diviértete. Me tengo que ir. Tengo mi propio negocio que atender.
—Te veo mañana.
—Con suerte, sin el cuello dolorido —dijo.
—No puedo prometerlo —dije, señalando hacia los pies de Ethan—.
Tiene unos pies enormes.
—Ya sabes lo que dicen sobre los hombres con pies enormes. —Ripp
dijo con una sonrisa.
—Lo sé —dije, estirando mi cuello a un lado como si estuviera
dolorido—. Y es verdad.
99
Página
Diecisiete
Jaz
Día cincuenta.

—N
o crees que estuviera bromeando, ¿cierto? —
preguntó Ethan.
Realmente no me importaba. Broma o no,
pisar la cabeza era una maldita y genial idea, y
estaba decepcionada por no haberlo pensado antes que Ripp lo
mencionara.
—No. Estoy segura que estaba siendo honesto, ¿por qué?
—Yo, ehmm. No quiero lastimarte.
—¿Lastimarme? —Estreché mis ojos y lo miré mientras desabrochaba
mis vaqueros—. Te avisaré si tengo más dolor del que puedo manejar.
—¿Estás segura?
Tosí una risa mientras bajaba los vaqueros por mis muslos.
—Sí.
La intensidad del deseo por tener a Ethan entró en mi cabeza y me
jodió de alguna forma durante el camino de regreso a mi apartamento. No
era que ya no lo deseara, porque lo hacía, pero mi una vez empapado coño
no parecía compartir lo que quedaba del interés sexual de mi mente.
Bajó sus pantalones de deporte y suspiró.
—Está bien.
—Voy a necesitar que me hables sucio por un minuto —dije—. Antes
de empezar.
Besos y dulce charla realmente nunca funcionaron para mí, pero una
buena charla sucia podía llevarme de nada a ninfómana en segundos.
—¿Cuán sucio?
100

La charla sucia era algo que no habíamos discutido, pero nuestro


primer, y único, encuentro sexual fue una combinación no planeada de
Página

boxeo y follar que simplemente había sucedido. Realmente no hubo


momento, o necesidad, para que me hablara sucio.
Ahora era una historia diferente. Que me hablaran sucio durante el
sexo no era algo que necesariamente necesitara, pero seguro que parecía
ayudar a llevar las cosas a cabo.
Ser mujer era un trabajo difícil. Tratar de encontrarle sentido a mis
emociones premenstruales, la necesidad de mi mente de tener a un
hombre siendo rudo conmigo durante el sexo y mi contante, y a menudo
insaciable, deseo sexual, estaba cercano a lo imposible. Al final, raramente
entendía mi ser sexual, simplemente elegía aceptar mis extraños deseos
como un parte de mí.
—Sucio como el infierno. —Pasé mi camiseta por encima de mi cabeza
y me estiré para alcanzar el broche de mi sostén—. Pon tu boca contra mi
oreja y dime cómo vas a pisar mi cabeza y llenarme completamente con tu
polla. Y cualquier otra cosa que quieras decirme. Puedes inventarte algo,
¿cierto?
Parado frente a mí, complemente desnudo, se encogió de hombro.
—Sí —dijo en un tono de alguna forma burlón.
No fue muy convincente, pero, por otro lado, no era mucho de hablar,
y mucho menos era un charlatán.
—Bueno, vamos a ello. —Me reí y lancé mi sostén al suelo—. Estoy
lista.
En unos rápidos pasos estuvo junto a mí, con su mano en mi cuello,
tomándolo firmemente. Se colocó detrás, atrayéndome contra su pecho y
respirando contra mi oreja.
—Voy a dejarte tan llena de polla que vas a recordarlo cada vez que te
sientes durante la próxima semana.
Joder, sí, así era.
Su boca se movió por mi cuello, arrastrando sus dientes por mi piel
hasta que se detuvo en mi hombro. Entonces mordió, enviando
estremecimientos por mi columna mientras lo hacía.
Santa. Mierda.
Presionó sus labios contra mi oreja.
—¿Quieres que te dé un poco de mi gruesa polla?
Estaba empapada. Me arrepentí de alguna vez dudar de su habilidad
para hablarme sucio. Murmuré mi respuesta, pero aun así no salió fácil.
101

—Ajá —murmuré.
—Muy mal —exhaló—. Porque no te voy a dar un poco, te la voy a dar
Página

toda.
Querido Dios
Lo había hecho. Estaba más allá de fascinada y sobre temblorosas
piernas. Con su pecho presionado contra mi espalda y su mano todavía
firme en mi cuello, me empujó hacia el sofá de dos plazas. Cuando mis
piernas hicieron contacto con el borde, me obligó a bajar la cabeza,
haciendo que me doblara por la cintura.
Ansiosamente me incliné, exponiéndome completamente a él y sus
deseos. Golpeó contra mis pies, recordándome separar mis piernas un
poco más, para permitir que su enorme polla entrara en mi dispuesta
humedad.
Sentí la punta presionarse contra mis sensibles labios. Lentamente
comenzó a penetrarme, inhalé una agitada respiración. Entonces, se
empujó más profundo, causándome exhalar agudamente ante la sensación
de ser llenada por completo con su circunferencia.
—Voy a estirar ese pequeño y estrecho coño tuyo un poco para poder
follarlo.
Por favor, hazlo.
Liberó mi cuello y tomó mi trasero en sus manos, abriéndolo más
mientras salía de mi interior. Sentí sus pulgares en la parte interior de mis
muslos, justo junto a mi hinchado monte. Con ligeramente demasiada
fuerza, me abrió más. Luego, todo él entró rápidamente en mí, cada grueso
centímetro a la vez.
Jadeé.
Después de unos cuantos embistes de su larga y gruesa polla, me
sentí cerca del clímax.
No podía ser. Solo habían pasado unos minutos y algunos pocos
embistes.
Sus manos separaron mi trasero y su polla estiró mi coño con cada
empuje. Sentí la punta salir y lanzarse hacia adelante, enviando mi cabeza
contra el cojín.
Un ligero cosquilleo comenzó a recorrerme.
Joder, sí. Dilátalo más.
Presionó su mano contra la parte de atrás de mi cabeza mientras
continuó follándome. Sentí su peso moverse ligeramente y su polla se
torció dentro de mí. Y luego…
Oh. Jodido. Dios. Mío.
102

Su pie se presionó contra mi nuca, manteniendo mi rostro contra el


cojín del sillón mientras su polla encontraba un lugar dentro de mí que no
Página

tenía idea que existía. Lo que sea que estuviera sucediendo, estaba
redefiniendo el sexo como yo lo conocía. La punta de su polla estaba en
nuevos lugares y no quería que se fuera nunca.
—Oh Jesús. Justo. Ahí —jadeé.
Con su muslo derecho sobre mi espalda y su pie izquierdo en el suelo,
era similar a tener sexo en tijera. La profundidad de su polla era demente y
la sensación inmensa, y aun así placentera.
Su pie presionado contra la base de mi cráneo fue el glaseado de mi
pastel sexual.
Aunque era exactamente lo que quería, me sentía indefensa y
pequeña, como si estuviera siendo follada por un poderoso hombre
gigante.
Gruñidos salían desde sus pulmones con cada empuje mientras
continuaba follándome. Jadeé en la densa tela, disfrutando de la
combinación del dolor y el placer como uno solo.
Sus manos liberaron mi trasero, aun así, su gruesa polla continuó
estirándome hasta nuevos límites. Con la anticipación por no saber dónde
aterrizarían sus manos después, abrí los ojos e intenté echarle un vistazo,
solo para descubrir que era imposible con su pie de más de treinta
centímetros contra mi cuello.
Entonces, la punta de su dedo encontró mi clítoris.
Frotó fervientemente mi sensible nudo mientras continuaba
recordándome lo mucho que disfrutaba ser llenada con su gran polla.
Todas las sensaciones de placer comenzaron a fusionarse y
rápidamente se volvieron uno, haciendo mi cuerpo hormiguear. Su dedo en
mi clítoris, su pie presionado mi cabeza y su polla golpeando contra mi
empapado coño.
Grité fuertemente en la habitación.
—¡Oooohhhh joooddddeeeerrrr!
Un orgasmo de proporciones recién descubiertas se expandió dentro
de mí, de alguna manera, pasando por cada pedazo de mi existencia al
mismo tiempo.
Mi visión se nubló. Mis oídos empezaron a sonar. Mis piernas
cedieron.
Y milagrosamente fui transportada, cuerpo, mente y espíritu, a un
lugar que nunca había conocido.
103
Página
Miré a mi alrededor. Estaba en la bañera con agua corriendo sobre
mí, y Ethan mirándome con una esponja enjabonada en su mano.
—Te corriste realmente fuerte. Como que te desmayaste —dijo—. Te
cargué hasta aquí.
Me sentí terrible.
—¿Y tú? —pregunté.
Sonrió.
—Oh, sí. Esa es parte de la razón por la que estás aquí adentro. Yo,
ehmm. Salí y me corrí por todo tu trasero. Y tu espalda. Y también un
poco en tu cabello.
—Bien —dije—. Siempre y cuando te haya satisfecho.
Frotó la esponja enjabonada por mi hombro.
—¿Estás preocupada por si me satisfaces o no?
Me relajé en el agua caliente y asentí.
—Sí.
—Que me dejes ser parte de tu vida me satisface, Jaz.
Completamente. ¿Todo lo demás? ¿Todo lo que hacemos? El sexo, las
bromas, las comidas y las peleas… Eso hace que cada día contigo parezca
navidad.
No hablaba a menudo, pero cuando lo hacía parecía que siempre me
hacía feliz. Salpiqué algo de agua en mi rostro y sonreí mientras mis
emociones premenstruales sacaban lo mejor de mí.
Y le agradecí a Dios que Ethan fuera parte de mi vida.
104
Página
Dieciocho
Jaz
Día cincuenta y tres.

N
avegando a través de los recuerdos de mi mente busqué
algunos distantes, la mayoría estaban desvanecidos, pero eran
recuerdos de mi pasado, no obstante. No encontré nada que se
pudiera comparar. Por supuesto, mi infancia no fue típica, pero a pesar de
la mano abusiva de mi padre, tampoco la llamaría terrible.
—Creo que me gusta este lugar —dije, volviéndome para mirar en
cada dirección—. Mucho.
Era por la mañana, unos minutos después del amanecer. Los
naranjas y rosas del sol naciente, pero no los rayos, se asomaban a través
de las ramas de los árboles dándoles un extraño resplandor.
Técnicamente, podrían faltar unos minutos para amanecer, no estaba
segura. Pero sí estaba segura era una cosa, nunca había visto algo tan
hermoso en toda mi vida.
Después de caminar por una escalera de piedra durante medio
kilómetro por el borde de una formación rocosa, nos detuvimos en la base
de una gran piscina de agua. Nos rodeaba un escarpado acantilado de
piedra de diez metros de alto que llegaba hasta otra elevación.
Desde esa elevación superior el agua caía en cascada hacia los
acantilados, descansando libremente en la piscina a nuestros pies.
Una cascada natural, dependiente de la lluvia y del río arriba, que por
casualidad estaba lleno. En un arco de ciento ochenta grados, la cascada
corrió, emitiendo un sonido distinto a cualquier cosa que pudiera recordar.
Según Ethan, Hamilton Pool era una de las principales atracciones de
Austin, y estaría bastante concurrida con los turistas después de media
mañana.
Al menos por el momento, era nuestra.
105

—Cuando me mudé aquí, solía venir y simplemente sentarme y


mirarlo —dijo.
Página

Quise responder, pero mi boca se había secado. Estaba casi superada


por la emoción de ser testigo de la belleza de no solo lo que me rodeaba,
sino de la disposición de Ethan a compartir algo tan especial. Luché contra
mi apretada, y cada vez más seca, garganta.
Fue inútil. Con los rayos del sol ahora brillando más allá de los
árboles e iluminando la cascada de agua, estaba al borde de las lágrimas.
Y yo no mostraba emociones.
Al menos, no hasta que conocí a Ethan.
Me volví hacia él y asentí. No podía ofrecer mucho más. Devolvió una
sonrisa. Escudriñé el horizonte, tratando de comprender el paso del tiempo
que había creado la vista magnífica, pero todo lo que pude hacer fue
absorber su belleza y mirarlo con asombro.
Me estaba proporcionando lo que siempre había esperado de la playa.
La prueba de la existencia de Dios. Un lugar para soñar. Un lugar
donde nada feo de la tierra existía.
Belleza natural, definida.
Me giré hacia Ethan, vacilé el tiempo suficiente para absorber su
imagen, y me volví hacia la cascada. Debajo de las suelas de mis
sandalias, arena. Me quité los zapatos y posé mis pies en los gránulos
frescos. Sentí su mano agarrar la mía y sonreí, apretando la suya a
cambio.
A diferencia de los otros chicos que había conocido, Ethan no estaba
conmigo simplemente por sexo. Estaba conmigo porque sentía que le
ofrecía algo que valía la pena obtener. Él tenía razón. Yo era valiosa, y lo
sabía. Puede que no haya tenido riquezas, o cosas materiales, pero me
tenía a mí misma.
En lo que a mí respecta, nadie en la tierra podía compararse conmigo.
Todo lo que necesitaba era que alguien abriera los ojos lo suficiente, y
durante el tiempo suficiente, como para reconocer mi belleza.
Observé cómo el agua se precipitaba por el borde del acantilado y se
separaba en innumerables gotitas mientras caía a través del espacio entre
el acantilado de roca y el agua de abajo. Las gotitas suspendidas reflejaban
los rayos del sol, haciendo parecer a cada una de ellas joyas preciosas.
Apreté su mano. Mis ojos se llenaron de lágrimas.
—Esto es hermoso.
—No tan hermoso como tú —dijo.
106

Mientras observaba las inestimables gemas de agua caer sobre el


borde rocoso, comprendí que yo no era la persona más hermosa en la
tierra.
Página

Estaba sosteniendo su mano.


Diecinueve
Jaz
Día cincuenta y cinco.

M
e quedé de pie en la puerta con un nudo en el estómago y
una rana en mi garganta. Mientras consideraba darme la
vuelta y volver al gimnasio la puerta se abrió, medio
asustándome de muerte.
Di un salto hacia atrás y grité.
—Santa mierda. —Jadeé con sorpresa.
—¿Qué demonios estás haciendo, Spaz?
Tragué pesadamente.
—¿Tienes un minuto?
Exhaló audiblemente y me dio una severa mirada.
—¿Para qué?
Tragué de nuevo.
—¿Para hablar?
—Tengo un gimnasio lleno de futuros millonarios. Cada uno de ellos
jodidamente convencido de que va a ganar el próximo campeonato. Todo lo
que necesitan es una malditamente buena oportunidad. No, no sé si
alguna vez vas a lograrlo. No, no creo que seas lo mejor que haya visto
alguna vez. Sí, pienso que puedes ser buena y si no olvidas lo que te dije,
creo que llegará más pronto de lo que crees. Creo que necesitas ejercitarte
menos, comer más y escuchar todo lo que oyes.
Tomó una respiración, presionó sus manos contra sus caderas y
suspiró.
—¿Lo respondí?
—No, señor.
107

Se dio la vuelta y caminó hacia su escritorio.


Página

—Cinco minutos.
La oficina era casi tan grande como mi sala de estar. Fotografías de
boxeadores, algunas en blanco y negro y algunas a color, adornaban las
paredes de un lado a otro. La mayoría de las fotografías incluían a Kelsey y
su rango de edad, de lo que yo esperaba que fuera la foto más antigua a la
más reciente, abarcaba unos cuarenta años más o menos.
Detrás de su escritorio y más grande que las demás, una foto a color,
obviamente profesional, del golpe de un peleador impactando la mandíbula
de su oponente. La fotografía fue tomada en el instante que el golpe, un
gancho izquierdo, hacía contacto. La mandíbula del oponente está
distorsionada y torcida. Kelsey está parado en el costado del ring, al fondo,
con sus ojos abiertos como platos y sus manos estiradas hacia el cielo.
Lo seguí hasta su escritorio y estudié la placa dorada en la parte de
abajo de la imagen enmarcada tan pronto como estuve lo suficientemente
cerca para leerla.
Dekkar vs. Brock
WBC Campeonato Peso Pesado.
El Golpe del Nocaut.
Era el chico sobre quien todos hablaban. El dueño del gimnasio,
Shane Dekkar. Obviamente una de sus peleas de campeonato y
considerando la posición de la foto en la oficina de Kelsey, probablemente
el primero que ganó.
—Me gusta esa fotografía —dije, inclinando mi cabeza hacia la
imagen.
Se sentó en su silla y suspiró pesadamente.
—Algo que nunca llegarás a experimentar. Ganar un campeonato.
Grosero viejo idiota.
—¿Por qué no? —pregunté.
—Los peleadores no ganan. Los peleadores son golpeados. Necesitas
aprender a tomar un golpe, porque uno de estos días, alguien te va a dar
uno y no sabrás cómo reaccionar. Demonios, podría seguir y seguir, pero
no lo haré. ¿Por qué estabas oscureciendo mi puerta, Spaz?
Me senté en la silla frente a su escritorio y suspiré.
—No tengo familia —dije—. Mi madre murió cuando nací y mi padre
abusó de mí, así que me fui tan pronto como me gradué de la preparatoria.
Permaneció sin expresión, sus ojos fijos en los míos. Supuse que
había escuchado de todo, y mi triste historia era solo otra versión de cada
108

cuento de boxeadores que habían entrado y salido de su vida a lo largo de


los años.
Página

—Entonces, realmente no tengo a nadie a quien preguntar —dije con


un encogimiento de hombros—. Hay una chica en el trabajo y luego está
Ripp, pero no puedo preguntarles de todo a ellos dos. Así que, estoy aquí
en busca de consejo, porque sé que no irá a chismorrear con cualquiera.
Se inclinó hacia atrás mientras cruzaba los brazos frente a su pecho.
—¿Consejos de boxeo?
—No, señor. Sobre la vida.
—Soy todo malditos oídos —gruñó.
A pesar de su actitud, encontré que era igual de fácil hablar con él
como lo fue con Freddy cuando era más joven.
—¿Qué sabe sobre el amor? —pregunté.
Sus ojos brillaron un poco y sonrió. Instantáneamente peleó contra la
sonrisa, apretando sus labios hasta que su severa apariencia regresó. Miró
más allá de mí y asintió ligeramente.
—Cierra la puerta.
Me levanté y cerré la puerta, sonriendo mientras caminaba hacia ella.
Cuando me di la vuelta, quité la sonrisa de mi rostro y me senté.
—¿Qué quieres saber? —preguntó, todavía sin emoción por la mayor
parte.
—Primero, no estoy enamorada. Eso lo sé. Pero ¿cómo puedo saber
cuándo es el indicado? Creía que estaba enamorada de un chico hace
algunos años, pero ¿ahora? Mirando en retrospectiva, no estoy tan segura.
Ya no.
Liberó sus brazos y levantó su mano derecha hasta su mentón.
—En retrospectiva, los amores son como las hamburguesas.
La comparación parecía ridícula. Mi frente se frunció.
—¿Hamburguesas?
Sus ojos se estrecharon hasta volverse rendijas.
—¿Vas a dejarme hablar, Spaz?
Mis ojos cayeron hasta su escritorio.
—Lo siento, señor.
—Sí, hamburguesas. Tú sabes, solía ir por una hamburguesa en la
cuarta con Madison cuando era niño. En Stoney’s. La mejor maldita
hamburguesa del mundo. Estaba seguro de ello. Viví mi vida hasta que
tuve más o menos veinte pensando que esa hamburguesa era la mejor.
Demonios, la gente solía preguntarme, decían: Kelsey, ¿dónde podemos
conseguir una buena hamburguesa? Y yo les decía: Lleva tu trasero a hasta
109

Stoney’s en la cuarta con Madison. La mejor hamburguesa en el mundo. —


Hizo una pausa y negó—. Cuanto tenía veintiuno, justo antes de pelear
Página

con un chico irlandés de Philadelphia, fui por una hamburguesa en este


lugar en Atlanta. El lugar se llamaba Fat Freddy’s. No esperaba mucho ya
habiendo tenido la mejor hamburguesa en el planeta, pero entré de todas
formas. Fue hace tiempo atrás, pero estuve bastante impresionado por el
precio. Treinta y cinco centavos por una hamburguesa era mucho en ese
entonces, especialmente considerando que en Stoney’s costaban
veinticinco. Pagué el precio y esperé mientras el tipo la cocinaba justo
frente a mí en una de las parillas que corrían a lo largo del mostrador.
Vestía uno de esos pequeños sombreros blancos como los que solían
utilizar. Me pasó la hamburguesa y le gruñí un “gracias”, enojado por los
treinta y cinco centavos. De todas formas, me senté en la barra con mi
batido de malta y esa costosa hamburguesa, preguntándome cuán fuerte
sería ese chico irlandés. Para el momento en que decidí que no importaba,
mordí esa hamburguesa. Bueno, Spaz, ¿adivina qué?
Me encogí de hombros, todavía confundida sobre la comparación
entre las hamburguesas y el amor.
—¿No estaba buena?
—Era impresionante. Estaba en el paraíso de las hamburguesas. Todo
ese tiempo estuve pensando que Stoney’s era la mejor hamburguesa del
mundo, y no lo era. La de Fat Freddy’s lo era. Demonios, hasta 1974, solía
conducir desde Austin hasta Atlanta solo para comer una de sus
hamburguesas. Esa es la maldita verdad.
No sabía qué decir, así que solo reconocí su historia con un “Ah”.
—Bueno, pasaba el año de 1975 y estaba trabajando como entrenador
en ese momento. Un chico con el nombre de Joe Jackson me preguntó si
me gustaban las hamburguesas. Le dije que sí y lo invité a ir a Atlanta
conmigo algún día. Se rió de mí y me dijo: ¿Por qué ir hasta Atlanta cuando
la mejor hamburguesa del mundo está en Hamburguesas de Dan en la calle
Lamar? —Se encogió de hombros y negó—. Así que, Joe y yo fuimos hasta
Dan’s. Ordené la #2, una hamburguesa doble con cebollas a la parrilla,
mostaza y queso. Esperé quince minutos, dado que estaban muy llenos.
Bueno, la hamburguesa finalmente llegó y estaba envuelta en el papel que
se vuelve transparente cuando se pone grasoso. Esa fue la primera señal.
El mismo maldito papel que usaban en Fat Freddy’s. Mordí la
hamburguesa con una mente prejuiciosa, Spaz. Ya sabes, sabía que la de
Fat Freddy’s era la mejor hamburguesa del mundo. Bueno, la mordí y
cambié de idea. Todo este tiempo, pensando que era la de Stoney’s solo
para descubrir que era la de Fat Freddy’s y entonces, el año antes del
bicentenario, descubrí que la mejor hamburguesa en el mundo estaba
justo en esa calle, frente a mi maldita nariz, en Joe’s. Mi punto es éste:
Buscar el amor perfecto es como buscar la hamburguesa perfecta. Solo
necesitas comprender que siempre hay algo ahí afuera, en algún lugar,
110

que rivalizará con lo que tuviste. Demonios, quizás será peor. Pero si fue lo
suficientemente bueno para captar tu atención en primer lugar, tendría
Página

que ser lo sufrientemente bueno para perdurar a largo plazo. Solo tienes
que ser lo suficientemente lista para comprender que diferente no siempre
es malo.
Asintió y cruzó sus brazos, obviamente convencido que había
expuesto su punto. Era una buena historia y fue presentada
correctamente, pero no era exactamente lo que quería escuchar.
—¿Cómo sé que la hamburguesa que me estoy comiendo es la
indicada? ¿La correcta para mí? —pregunté.
—¿Podrías comerla por el resto de tu vida sin comer ninguna otra
hamburguesa?
Mi respuesta no me tomó mucho.
—No lo sé.
—Bueno, intenta pasar un tiempo sin ella. Ver si tu mente te dice que
vayas por una hamburguesa nueva, o si quieres volver a la que ya tuviste.
Si anhelas esa que tienes ahora, es la hamburguesa para ti. Cuando llegas
a ese punto, solo tienes que entenderlo y dejar de buscar algo mejor.
Sonreí y asentí.
—Está bien.
Se puso de pie.
—¿Algo más?
Negué y me levanté.
—Nop.
—Se acerca una gran pelea, ¿sabes? —dijo—. La chica tiene un
endemoniado récord. Vencerla sería un billete al estrellato.
—¿Yo?
—No —gruñó—. El otro boxeador en la habitación. Sí, tú, Spaz.
Escucha lo que ese tonto te dice, ¿me oyes?
Supuse que el tonto era Ripp, pero pregunté de todas formas.
—¿Ripp?
—No, el otro tonto entrenándote —gruñó. Bajó el tono de su voz—. Es
un buen chico, préstale atención.
—Lo hago.
—Más te vale —gruñó. Apuntó hacia la puerta—. Cierra la puerta al
salir.
—Sí, señor —dije.
111

Consideré lo que dijo sobre las hamburguesas mientras caminaba


hacia el gimnasio y decidí que probablemente tenía razón. Hasta donde
sabía, no había hamburguesa que supiera mejor que la que estaba
Página

comiéndome. Supongo que solo necesitaba decidir si estaba cómoda con


comerla por el resto de mi vida.
Y, aunque me encantaba cómo sabía, todavía no estaba
completamente convencida.
112
Página
Veinte
Jaz
Día cincuenta y nueve.

E
ra el día antes de la pelea. Había estado en el ring durante casi
una hora y estaba agotada. Apenas podía levantar mis brazos,
y mis piernas se sentían de goma. Sabía lo que Ripp estaba
intentando hacer, quería romperme, prepararme para la pelea de mi vida,
por lo que dijo.
El problema, su problema, era que yo seguía incluso si tenía que
golpear los guantes estando de rodillas. Podría haber sido un montón de
cosas, pero no me daba por vencida.
—Derecha a la cabeza.
Lancé mi mano derecha al guante.
—Izquierda al cuerpo.
Giré un gancho de izquierda.
—Muy bien —gruñó—. De nuevo. De nuevo. De nuevo.
Golpeé los guantes, preguntándome si en algún momento acabaría de
derrumbarme. Empapada en sudor y rebotando sobre un charco en mis
dedos de los pies, sentía como si hubiera perdido cinco kilos, los cuales no
tenía. Tal vez Kelsey tenía razón. Tal vez entrenaba demasiado y comía
muy poco.
—Otra vez —dijo bruscamente.
Lo golpeé de nuevo.
Izquierda, derecha, derecha.
Golpeé los guantes tan fuerte como pude.
—¡Alto! —gritó.
Bajó los guantes.
113

—Dios mío, Jaz. Tienes resistencia. —Miró su reloj—. Una hora


quince sin parar. La mayoría de los hombres se habrían retirado hace
Página

treinta minutos. Incluso antes.


Apoyé mis guantes contra mis rodillas e intenté recuperar el aliento,
esperando que no me pidiera continuar durante al menos unos minutos
más.
—¿Agua, jefe?
—Diablos, sí, mi culpa —dijo, buscando la botella de agua en el borde
del ring. Salpicó agua en mi boca—. Entonces, esta chica ha luchado cerca
de ciento cincuenta veces en siete malditos años. Eso es una cada dos
malditas semanas. Su récord total es de ciento doce victorias y treinta y
cuatro derrotas. La mayor parte de sus derrotas son tempranas, y con el
entrenador que tiene ahora, no pierde ni una puta pelea. Setenta victorias
seguidas.
Me enderecé.
—Suena como una buena pelea.
Se frotó la frente y negó.
—Tú eres su última pelea antes de convertirse en profesional. Ya tiene
ofertas para peleas bastante grandes. Ganes o pierdas, obtendrás algo de
atención. Pero no te quiero toda triste y deprimida cuando te derrote.
—¿Cuándo me derrote? —espeté—. ¿No quieres decir si?
—Te derrotará.
Morirá intentando.
—¿Por qué dices eso?
—Ciento doce y treinta y cuatro, por eso.
—Eso no significa una mierda. No ha luchado conmigo aún.
—Tienes razón —dijo—. No lo ha hecho. Pero tienes que estar
preparada para perder.
Estaba equivocado. Necesitaba mantenerme positiva. Su charla sobre
mi supuesta derrota me estaba volviendo loca como la mierda, pero no
quería ser irrespetuosa.
—Ella tiene que estarlo. ¿Por qué no me das crédito?
—Te doy crédito donde y cuando se debe. Eres malditamente buena
en la lucha, pero como dijo Kelsey, eres una peleadora. Mientras más dura
es la pelea, más duro golpeas. Contra una verdadera luchadora, eres un
objetivo fácil de vencer. Una oponente tranquila y estable te quitará puntos
cada vez. Una fuerte te golpeará y te noqueará mucho antes que puedas
114

enojarte lo suficiente para luchar, y otra peleadora impulsiva será dura de


encontrar. Esta chica es boxeadora. Una malditamente buena. Será difícil
Página

de vencer —dijo.
Me molestó que no pensara que era una buena boxeadora. Entendí
que tenía la impresión de ser una luchadora muy buena, y era difícil
darme una crítica honesta, pero realmente me consideraba bastante
buena.
Estaba segura que tenía más pasión que casi cualquier persona, y
que tenía que valer algo.
—Tengo mucha pasión —dije—. Más que cualquier otra chica del ring.
Asintió.
—Te concederé eso.
—Vale algo —le dije.
Lanzó los guantes al suelo.
—Solo recuerda, nada de follar en noche de lucha. Y, si algo sucede y
solo por casualidad ella tiene una mala noche, tu victoria te dará una
oportunidad entre las profesionales. La gente ya está hablando de tu
victoria contra Thunder Rose. Así que, otra ¿especialmente contra esta
chica? Bueno, realmente van a hablar.
—¿Y si la noqueo?
Se encogió de hombros.
—Y una mierda.
Quería demostrar que estaba equivocado. Freddy me decía que tenía
que ganar todo el respeto que recibía, que nadie simplemente daba
respeto. Necesitaba, no solo vencer a esta chica, sino también noquearla.
Entonces, ganaría el respeto de Ripp.
Golpeé mis guantes.
—Lo haré lo mejor que pueda, jefe. Es todo lo que puedo hacer.
—No se puede hacer mejor que eso —dijo—. Y, para que sepas, el
campeón va a ver la pelea.
Arrugué mi nariz.
—¿El campeón?
Asintió.
—Dekk.
Mierda. Pensar que estaría viendo mi pelea me puso nerviosa.
Siempre hablaban de él en el gimnasio y era una leyenda local. Infiernos,
era el campeón de peso pesado del mundo, era una leyenda mundial.
115

—¿Por qué viene?


—Viene a verla.
Página

Tiene sentido.
—Oh.
—Muy bien —dijo—. Ve a las duchas. Y como he dicho, nada de sexo
en la noche de pelea.
Lo que sea.
Follar a Ethan antes de la pelea me tranquilizaría y me aseguraría
tener una buena pelea, pero no iba a decirle nada a Ripp. Luchadores y
sus estúpidas supersticiones. No creía en ninguna. No necesitaba un
trébol de la suerte, una cierta cantidad de cinta en mis puños, o atar los
cordones de mis botas de una manera particular para ganar una pelea.
Todo lo que tenía que hacer era tener la mente despejada, recordar lo que
Ripp me enseñó, y darlo todo.
—Lo tienes, jefe —dije.
Y fui a las duchas.
116
Página
Veintiuno
Jaz
Día sesenta.

C
on el ritmo de un bailarín giró sus caderas, trayendo el placer
de su grueso pene con cada movimiento bien cronometrado.
Bajo él y con mis talones en su espalda, mentalmente abracé
cada empuje fuerte.
Estiré el cuello y miré el despertador.
—¡Cinco minutos!
Levantó la cabeza.
—¿Qué demonios?
La pelea estaba a treinta y cinco minutos, y el viaje llevaría quince. El
tiempo no estaba de mi parte.
—No puedo llegar tarde —dije secamente.
El movimiento de sus caderas se detuvo y me lanzó una mirada.
—Tú no puedes llegar tarde y yo no puedo aguantar que me estés
gritando tiempos límites. Me desconcentra.
—De acuerdo, no voy a decir nada por diez —dije—. Ahora vuelve al
trabajo.
Cerniéndose sobre mí con las caderas encajadas entre mis muslos,
flexionó sus músculos del pecho y me lanzó una mirada.
—¿Qué?
Meneé las cejas y sonreí.
Se aclaró la garganta.
—¿Volver al trabajo?
—Uh huh.
117

Me envistió y me puso boca abajo en un movimiento rápido. El


cambio fue apresurado e inesperado. Realmente estaba disfrutando de
Página

nuestra posición anterior, pero antes de poder protestar, me llenó con su


pene.
Lancé un suspiro.
Jesús.
—Vuelve al trabajo, ¿eh? —Su mano golpeó fuerte contra mi nalga
derecha.
Mierda.
El azote inesperado me sobresaltó. Con mi trasero ardiendo por el
dolor y mi mente acercándose a la euforia sexual, cerré los ojos y me mordí
el labio inferior.
Empezó a follarme como si estuviera trabajando contra reloj. Supongo
que en cierto modo así era. Después a cada tres o cuatro empujes, su
mano me golpeaba de nuevo el trasero, proporcionándome una experiencia
dolorosa pero placentera. Repitió el proceso una y otra vez, su ritmo se
hizo estable y previsible.
Cerré los ojos y me aislé de todo excepto sus movimientos. Perdida en
la magia de ser una con Ethan, mi mente se alejó. Mis preocupaciones
sobre la pelea, las finanzas y mi miedo al compromiso, desaparecieron.
Rodeada de mi burbuja de felicidad, me perdí. Separados de un
mundo a menudo abusivo de realidad, mis miedos, mi pasado y las
preocupaciones asociadas con mi futuro, se alejaron y comencé a
hormiguear de la cabeza a los pies.
Aunque mis pensamientos y sentimientos parecían lúcidos, me
preguntaba si de alguna manera mi mente se había quedado atrapada
entre lo que era real y lo imaginario. El hormigueo recorrió todo mi cuerpo
como una descarga eléctrica, y abrí los ojos.
El orgasmo causó espasmos en mis músculos. Todo mi cuerpo se
estremeció en respuesta. Abrí la boca deseando desesperadamente gritar,
pero era imposible. Con los ojos como platos y el corazón cálido, permití
que los temblores corrieran a través de mí hasta que desaparecieron.
La habitación olía a sexo y colonia de Ethan. Rodé sobre mi espalda,
cerré los ojos e inhalé el perfume maravilloso.
Abrí mis ojos.
—Oh. Dios. Mío. Eso fue intenso.
Todavía conteniendo su aliento, Ethan sonrió.
—Lo mismo digo.
Miré el reloj.
118

¡Mierda!
—¡Joder! ¡La pelea comienza en trece minutos! —grité.
Página

—Coge tu bolso. —Saltó de la cama y agarró sus vaqueros—. Te


llevaré a tiempo.
Era un paseo de quince minutos hasta el gimnasio, y tomaría unos
cuantos más para entrar al ring y ponerse en marcha. No había manera.
Mierda.
—No lo vamos a conseguir.
—Coge tu mierda, Jaz —exigió, señalando mi bolsa—. Dije que te
llevaré allí, y te llevaré allí.
Me impulsé del borde de la cama e intenté ponerme en pie. Mis
piernas, agotadas por el orgasmo de proporción épica, se doblaron.
Y caí al suelo.
119
Página
Veintidós
Jaz
Día sesenta.

—M
aldita sea. Ustedes dos, idiotas, me hacen parecer
un tonto. Dame la puta mano —gruñó Ripp.
Ethan se metió las manos en los bolsillos.
—¿Por qué?
Ripp agarró la muñeca de Ethan, sacó la mano de su bolsillo y se la
llevó a la nariz.
—Hueles a puto coño.
Se volvió hacia mí y me lanzó una mirada láser.
—¿Lo follaste? ¿Es por eso que llegas tarde? Maldita sea, no mientas.
No quería decepcionarlo, pero no iba a mentirle. Tragué con dificultad
y di una respuesta casi indiscernible.
—Sí. —Sus ojos se estrecharon aún más. Estaba furioso—. Pero
llegué tarde debido a un calambre en las piernas —le expliqué—. Me tuvo
que llevar a la camioneta. —No fue la razón entera de por qué llegué tarde,
pero al menos era verdad.
Se volvió hacia Ethan mirando fijamente, y luego cambió su mirada
hacia mí. Después de unos pocos segundos muy intensos, echó las manos
al aire.
—Consigue sus guantes y casco, muchacho. Puedes ayudarla en este
combate, estoy fuera.
Mierda.
—No. Lo siento. Yo voy a…
—¿Qué? —preguntó—. Se supone que debes escuchar a tu
entrenador, ¿verdad?
120

Asentí.
Página

—Sí.
Presionó sus manos contra sus caderas.
—¿Seguir sus instrucciones?
—Sí.
—¿Te dije que nada de sexo en la noche de pelea?
Suspiré.
—Sí.
—Y follaste de todos modos, ¿verdad?
Suspiré de nuevo.
—Sí.
—Ripton, ¿está lista tu luchadora? —preguntó el árbitro.
—No lo sé —respondió Ripp. Hizo un gesto hacia Ethan—. Pregúntale.
La idea de luchar sin Ripp como mi entrenador era desgarradora. Me
sentí terrible por decepcionarlo, y deseé poder hacer algo para arreglarlo.
—Estará lista en un minuto —escuché responder a Ethan.
—Por favor —le supliqué—. Lo juro. Haré lo que digas.
Sus músculos de la mandíbula se tensaron.
—Si vuelves a hacerme quedar como un tonto, te lo juro, lo haré…
—No lo haré.
—¡Ripton!
—Estamos yendo —replicó Ripp. Se volvió hacia Ethan—. Dame esos
guantes, mierda.
Ripp agarró los guantes de Ethan y en pocos minutos estuve lista
para pelear.
Deslizó el casco hacia abajo, golpeó su puño en la parte superior, y
agarró los lados de mi cabeza en sus manos. Me sostuvo el rostro
firmemente y me miró directamente a los ojos.
—¿Decepcionarme? Lo superaré. ¿Decepcionarte a ti misma? Diablos,
no me importa una mierda. ¿Pero él?
Giró mi cabeza hacia un lado. A unos veinte metros o algo así, detrás
del ring, el hombre de la foto en la oficina de Kelsey estaba de pie con las
manos metidas en los bolsillos de una sudadera con capucha. El campeón
mundial de peso pesado, y nos estaba mirando.
Tragué con dificultad ante la idea de tenerle presente en mi pelea.
—No le defraudes a él —dijo Ripp—. Es dueño de este jodido garito, y
121

hace que los sueños se hagan realidad para cualquiera que esté dispuesto
a luchar lo suficiente para jodidamente alcanzarlos. Ahora pon tu trasero
Página

flaco en marcha y muéstrale de qué estás hecha.


Golpeé mis guantes juntos, ansiosa por empezar.
—¿La boxeo o la peleo, jefe?
—Entra y boxéala, chica —dijo.
Soltó mi cabeza, apretó la mano en un puño y lo sostuvo en el aire.
Golpeé mi guante contra él.
Gane o pierda, te haré sentir orgulloso.
Me metió el protector en la boca. Me giré hacia Ethan y sonreí.
Pronunció las palabras buena suerte, y levantó la cuerda inferior para mí.
Nerviosa, pero por alguna razón sintiéndome bastante segura, subí al ring
y caminé hacia el árbitro.
Intercambió miradas entre nosotras.
—Choquen arriba.
Golpeamos nuestros guantes la una a la otra.
—Vas a perder sin nombre —susurró.
Ladeé mi cadera.
—¿Disculpa?
El árbitro apretó su mano en cada uno de nuestros hombros,
separándonos.
—No habrá nada de eso.
Me miró y me fulminó con la mirada.
Le devolví la mirada y bloqueé mis ojos en los suyos.
¿Sin nombre? Te haré recordarlo de por vida, maldita puta.
El árbitro me miró.
Confronté su mirada, sonreí y asentí.
La miró. Ella sonrió y asintió.
Mientras hablaba, no me enfoqué en absoluto en él ni en lo que decía.
En vez de eso, la miré todo el tiempo. Ella devolvió mi mirada, pero en sus
ojos, vi un rayo de lo que esperaba fuera incertidumbre.
Pudo haber luchado ciento cincuenta peleas, pero no me había
enfrentado. Si planeaba golpearme, me aseguraría de que al menos
recordara mi nombre por el resto de su infeliz vida.
Prepárate, puta. Cuando suene la campana estaré ahí, y juego duro.
El árbitro nos envió a nuestras esquinas. Fui a la mía, me giré para
mirarla y golpeé mis guantes mientras esperaba que sonara la campana.
122

Todos los sonidos fuera del ring se desvanecieron y ella se convirtió en mi


único foco. Finalmente, el único sonido que quedaba era el de mi corazón
latiendo.
Página

¡Ding!
Veintitrés
Jaz
Día sesenta.

M
e encontró en el centro del ring y, a diferencia de las dos
luchadoras anteriores, no tenía interés en un comienzo lento.
Sus golpes eran rápidos y llegaron uno tras otro.
Fui con todo lo que tenía. Después de una serie de golpes en el
cuerpo, le di una combinación de tres golpes seguidos con un gancho a la
cabeza que no conectó.
Cada vez, contrarrestó con un puñetazo que estuvo cerca de dejarme
caer al suelo. Lo único que me mantuvo en pie fue un poco de estupidez y
un montón de orgullo.
Piensa, Jaz, piensa.
“Cuanto más fuerte golpees, más duro responderá tu oponente.
Confúndela, ligero, duro, ligero, duro. Entonces, toma tu desafío justo
después que te golpee ligero, y déjala atacar.”
Me concentré en mi respiración y traté de ralentizar mi ritmo
ligeramente. Se acercó para atacarme y la dejé. Con los codos apretados,
tomé todo lo que tenía que ofrecer. A cambio, seguí las instrucciones de
Ripp de mala gana y tiré unos golpes ligeros.
Sus siguientes golpes en la parte superior de mis brazos y rostro no
fueron tan potentes como antes. Después de contrarrestar con algunos
golpes ligeros, me incliné a la izquierda y lancé un gancho a sus costillas
con toda la fuerza de mi ser.
El golpe conectó con fuerza y se estremeció de dolor.
¡Mierda, sí!
Tenía ganas de celebrar, pero sabía que era un simple golpe en lo que
iba a ser una pelea muy larga.
123

“Tira tus ganchos cortos y tus golpes largos.”


Tiré un derecho largo como si estuviera tratando de golpear a alguien
Página

a quince metros de distancia. El puñetazo rebotó por el lado de su


mandíbula, pero le hizo saber que yo estaba para ganar.
Respondió con un gancho que ni siquiera vi venir y me golpeó duro en
la barbilla. Mi visión se desdibujó, mis oídos zumbaron y sentí que mis
piernas se debilitaban.
Mierda.
“Cuando tengas problemas, mantén las manos altas y los codos bajos.”
Levanté mis manos para proteger mi rostro y esperé recuperar mis
sentidos rápidamente. Sus guantes golpearon mis antebrazos, haciéndolos
chocas con los costados de mi cabeza.
“No dejes que termine de golpear antes de empezar. Los golpes
comerciales son para los tontos y fanfarrones, no para un luchador
talentoso.”
Mientras continuaba golpeando contra mis brazos, balanceé un
esperanzado uppercut5. El golpe fue salvaje, y no conectó, pero le hizo
retroceder y darme un espacio muy necesario.
Era una luchadora experimentada, y Ripp tenía razón. Encajonarla
era difícil, y atacase con lo que atacase, estaba preparada para
contrarrestar. Yo era una buena boxeadora, pero ella parecía ser una gran
boxeadora.
Solo había una manera de ganar contra una chica como ella, dándole
una paliza. La única manera de vencerla sería atraerla hacia un
enfrentamiento absoluto.
Una pelea.
Lanzó una derecha salvaje y yo contrarresté con un gancho. Ambos
golpes se perdieron, y ella se acercó con un combo al cuerpo que me
recordó por qué necesitaba hacer quinientos abdominales cada noche.
Por la gracia de Dios, la campana sonó antes que ella recibiera otro
poderoso puñetazo desencadenado.
Me tropecé a la esquina con la sensación de necesitar un nuevo plan
de ataque. Tratar de encajonar a esta chica no me llevaba a ninguna parte.
Ripp cogió mi boquilla.
—Te está matando, Jaz.
Respiré profundamente. No necesitaba un comentarista de la orilla
del ring para saber que estaba perdiendo. Diablos, lo sabía muy bien.
—Lo sé —dije—. ¿Y qué voy a hacer para detenerlo?
124

—Recobra el aliento, y vamos a llegar a un plan.


Miré alrededor del ring. Ethan estaba junto al campeón mientras
Página

hablaba con Kelsey. Me imaginé que estaban recordando todos los

5Gancho directo de abajo hacia arriba con intención de KO, dejando al atacante sin
guardia y vulnerable al contra golpe.
campeonatos que habían ganado. Frustrada, cambié mi enfoque a la
esquina de mi oponente. Su entrenador parecía estar dando comentarios
de felicitación.
No estaba preparada para perder. Pero no quería boxearla una ronda
más.
La voz rasposa de Kelsey me hizo girar hacia Ripp.
—Escucha, Spaz.
Me di la vuelta.
—¿Sí, señor?
—¿Eres una boxeadora o una peleadora? —preguntó.
—Un poco de ambas, señor.
—Mierda —siseó.
No tengo tiempo para tus mierdas, viejo. Tengo que encontrar una
manera de ganar esta lucha.
Suspiré.
—Boxeadora, señor.
—No me mientas —gruñó.
Miré a Ripp. Se encogió de hombros y señaló a Kelsey con los ojos.
Kelsey cruzó los brazos delante de su pecho.
—No tengo toda la puta noche para discutir. ¿Eres una boxeadora o
una maldita peleadora?
Me aclaré la garganta.
—Peleadora, señor.
—Bueno, deja de joder con el boxeo y empieza a pelear, pequeña
mierda tonta. Y mientras estés peleando, no olvides el cuerpo, Spaz. La
desgastará y tendrás un golpe claro en su cabeza cuando no pueda
defenderse. El cuerpo primero, siempre —dijo.
Se dio la vuelta y caminó hacia el campeón.
Miré a Ripp.
—¿El otro día querías decir lo que dijiste? ¿Que iba a perder?
Negó.
125

—Nop.
Lo sabía.
Página

—¿No lo hacías?
Negó de nuevo, sonrió con su sonrisa de Mike Ripton y levantó mi
boquilla.
—Muestra a esa perra lo que es entrar en una pelea real, chica.
¡Ding!
126
Página
Veinticuatro
Jaz
Día sesenta.

C
orrí al centro del ring y lancé el puño derecho a su estómago, y
luego seguí con un gancho a sus costillas. Preparada para que
contraatacase con algo significativo, cerré los músculos de la
mandíbula y acerqué los codos a mi rostro.
Envió con un uppercut que se quedó corto, y una cruz derecha que no
lo hizo.
Su firme derecha me golpeó en la barbilla y me dejó sin sentido
durante una fracción de segundo.
Mierda, golpeas fuerte.
Solté un gancho derecho hacia su cabeza. El puñetazo estuvo
demasiado bajo y pasó por encima de su hombro. Retrocedió y levantó los
guantes frente a su rostro como si fuera a dejar que me agotara. Era una
táctica común en el boxeo permitir que tu oponente oscilara salvajemente
por un buen rato, lanzar golpes repetidos sin descanso los desgastaría.
Entonces, podías avanzar, luchando contra un oponente que estaba
cansado y débil.
Una gran idea, excepto por una cosa, no me cansé. Justo como dijo
Kelsey, yo era una peleadora. Nunca ganaría en finura o belleza, pero en
mi opinión, nunca perdería en una pelea real.
Sacudí su cuerpo y duro torso con al menos una docena de golpes sin
respuesta. Retrocedí para tener una idea de cómo iba a reaccionar, y ella
se acercó con una serie de golpes bien sincronizados.
Eres una puta dura, ¿no?
Tiré otra combinación de golpes a su cuerpo y luego a su cabeza, todo
con la esperanza de al menos hacerla tropezar.
127

Una vez más, respondió con su propia avalancha de golpes, uppercuts


y ganchos en respuesta.
Página

Jesús.
“No olvides el cuerpo, Spaz. La desgastará y tendrás un golpe claro en
su cabeza cuando no pueda defenderse. El cuerpo primero, siempre.”
Me acerqué y trabajé duro su cuerpo. No era diferente a cuando
entrenaba con el pesado saco, golpeé su torso musculoso hasta que mis
brazos se sentían como goma, y luego le di un puñetazo más. Sus
contrapuntes me bombardearon, golpeándome en los hombros, el rostro y
la mitad de la sección superior, pero no me importaba. Estaba en una
misión y no iba a permitir que me detuviera.
Este tipo de pelea fue lo que viví. Todo lo que necesitaba hacer era
superarla. Estábamos en una pelea, y si ella pensó por un momento que
podría golpearme en mi propio juego, estaba lamentablemente equivocada.
Quería un pase a una pelea profesional, y si ella era mi boleto al
espectáculo, iba a golpearla en una pelea absoluta o colgaría mis guantes.
Seguí golpeando su cuerpo, como dijo Kelsey.
Ella, a su vez, golpeó mi rostro.
Con el tiempo, sus brazos se cansaron y bajó los guantes ligeramente.
Era exactamente el descanso que había estado esperando. No tenía ni idea
de cuánto tiempo tardaría en recuperarse, pero no iba a esperar y
averiguarlo.
Metí un gancho de izquierda en sus costillas.
Exhausta de su ataque directo contra mí y de mis dos docenas de
disparos a su cuerpo, se dobló tan pronto como el golpe impactó en su
estómago.
Lancé un uppercut duro en la parte inferior de su barbilla, y
retrocedió unos pasos.
Solo estoy empezando, y no voy a parar hasta que tu rostro esté en tu
espalda, puta.
Tiré una derecha dura que la atrapó justo en la frente, haciéndola
tropezar aún más.
Inmediatamente fue evidente que estaba herida.
Mientras trataba de recuperar su equilibrio, supe que si pudiera
conectar otro poderoso puñetazo sería capaz de derribarla. Ella sería
humillada sin más.
“Lanza tus golpes duros solamente cuando sepas que vas a
conectarlos. No desperdicies tu poder.”
Moví la cabeza hacia atrás y hacia delante y me acerqué,
convirtiéndome en un blanco evasivo. Recobró el equilibrio y soltó un
128

salvaje gancho de izquierda y siguió con un directo.


Fácilmente esquivé los dos.
Página

Mientras su guante rozaba mi rostro, golpeé su sección media con un


puñetazo duro y esperé. Golpeé fuerte, y su respiración salió de sus
pulmones como un cohete.
Busqué una abertura, y me la proporcionó. Con los codos apretados a
los costados, supe que un golpe de cuerpo más la dejaría lista para acabar
con ella.
Lo siento, pero tendrás que añadir una derrota más a tu registro.
Lancé un derechazo a su estómago. Sus guantes bajaron, exponiendo
completamente su rostro. Era una apertura de una fracción de segundo,
pero mis golpes eran rápidos.
Todo el mundo decía que el golpe firma del campeón era un gancho de
izquierda, así que pensé que no había nada mejor que hacer, por si seguía
viendo mi pelea.
Solté mi izquierda con la fuerza de cada músculo que había pasado
toda la vida perfeccionando. El golpe impactó en el centro su mandíbula,
girando su cabeza a un lado como si hubiera sido golpeada por un auto.
El protector salió disparado de su boca y cayó a la lona.
Duro.
Cuando el árbitro corrió hacia nosotras, me incliné y me acerqué a
ella.
—Tengo un nombre, puta. Jaz Briscoe, no te olvides de eso —gruñí.
El árbitro me dirigió a mi esquina. Caminé por el borde del anillo sin
apartar mis ojos de ella. Él la miró a los ojos y le hizo algunas preguntas.
Ella le devolvió la mirada, como si estuviera borracha. Sacudió la cabeza y
agitó sus manos sobre ella. La pelea había terminado y yo la había
noqueado.
Era surrealista.
Habría jurado que la gente aplaudía, los cielos se abrían y los flashes
de las cámaras brillaban.
Pero lo sabía mejor.
Por un instante estuve entumecida y cuando finalmente volví a la
realidad, corrí a mi esquina. Una vez más, Ripp estaba bailando su baile
de la victoria, Ethan, bombeando su puño, parecía casi tan emocionado
como yo. Escudriñé el borde del ring buscando a Kelsey.
No estaba en ninguna parte.
Emocionada y contenta de haber terminado, corrí hacia Ripp y escupí
mi protector. Abrí los brazos.
129

—¡Lo hicimos!
—Tú lo hiciste. Nunca dudé de ti. No hay una puta chica en la tierra
Página

que te llegue a la punta de los pies en una pelea. Kelsey y yo hemos estado
planeando ese acuerdo durante las últimas tres semanas —dijo.
Le lancé una mirada.
—¿Planeando? ¿En serio? ¿Fue una trampa?
Sonrió y asintió.
—Claro que sí. Sabíamos que la matarías en una pelea. Diablos,
entrenas tres horas sin cansarte. La otra noche, Kelsey me dijo que te
mantuviera en el ring durante una hora y media para ver si te rendías.
Le devolví la mirada.
—¿Yo? ¿Rendirme?
Se encogió de hombros.
—Teníamos que saberlo. Solo esperábamos que pasara la primera
ronda. Supuse que tomaría una ronda para que te sientas bien y enojada
con ella. Después de verte entrenar, ambos supimos que no te cansarías.
—Ustedes, mierdas —dije con una carcajada—. ¿Dónde está? ¿Dónde
está Kelsey?
—Tenía mierda que hacer. No es muy de celebrar.
La experiencia entera me tenía cerca de lágrimas. Me decepcionó que
Kelsey no se preocupara lo suficiente como para quedarse, pero todavía
estaba muy satisfecha con ganar.
—Gracias por creer en mí.
—Es fácil creer en un ganador —dijo—. Ahora, ve a felicitar al
perdedor.
Tiré de mi casco y caminé a regañadientes hacia la otra esquina.
Sentándose con su entrenador y un médico, parecía disgustada. Caminé a
su lado, extendí mi guante derecho, y esperé. Después de un momento,
extendió el suyo y los chocamos.
—Jaz Briscoe, un placer conocerte.
—Amy Wilson. Maldita sea, golpeas fuerte —dijo.
Le di una sonrisa.
—Igualmente.
—Buena pelea.
—Buena pelea.
Corrí hacia la esquina, y cuando llegué allí, el campeón estaba
hablando con Ripp. Respetuosamente, me quedé en las cuerdas y esperé a
que terminaran. El campeón se giró hacia mí y me lanzó una sonrisa
130

burlona.
Era casi como si estuviera nervioso, pero lo sabía mejor. Hizo un puño
Página

y extendió su mano a través de las cuerdas.


—Shane Dekkar. Encantado de conocerte, Jaz.
Golpeé mi guante en su puño.
—Uhhm. Encantada... uhhm... de conocerte.
—Tienes un gran gancho de izquierda —dijo—. Me gustaría hablar
contigo la próxima semana cuando tengas tiempo. Sobre tu futuro.
Todavía sin hablar, miré a Ripp. Él sonrió y asintió. Miré a Ethan.
Parecía estar a punto de volverse emocional. Cambié los ojos hacia el
campeón y tragué con dificultad.
—¿Mi futuro, señor?
Se rió entre dientes.
—Llámame Dekk. Y, sí, señora. Tu futuro.
Todavía emocionada por ganar la pelea, hablar con el campeón fue
casi lo suficiente para ponerme sobre el borde. Murmuré mi respuesta.
—Uhhm... Está bien.
Alzó la mano, se puso la capucha sobre la cabeza y sonrió con una
sonrisa humilde.
—Haz que Ripp te lleve. En cualquier momento.
Hacía cien grados fuera. Me preguntaba por qué llevaba una sudadera
con capucha, pero no me atreví a preguntar.
—Lo haré. Gracias.
—Encantado de conocerte —dijo.
Me quedé con la boca abierta.
—Uhhm. Lo mismo digo. Gracias, Dekk.
Sonrió y se alejó. Me quedé preguntándome lo que mi futuro
implicaría.
131
Página
Veinticinco
Jaz
Día sesenta y seis.

Q uería que Ethan siguiera siendo la persona que era conmigo


más que nada en el mundo, pero temía que en algún momento
se volviera como los demás, saliendo de mi vida con el tiempo.
Tragué nerviosamente y toqué la puerta. Había estado ansiosa todo el
trayecto a su casa, preguntándome por qué me había pedido que fuera.
Nunca había estado aquí, y no esperaba que algo bueno saliera de la
visita. Con el tiempo, los hombres siempre se iban. Temía que anunciara
que su momento había llegado.
La puerta se abrió.
Vestido en vaqueros y una camisa, se veía apuesto. Su cabello, como
siempre, oscuro y despeinado en un perfecto desastre. Se movió a un lado.
—Entra.
Di un paso dentro sin saber qué esperar. El dulce olor de algo
horneándose me hizo salivar y mi mente se alejó de los pensamientos de
una desastrosa ruptura de nuestra relación.
—Bueno, ¿vas a entrar? —preguntó.
Me di cuenta que estaba esperándome a medio camino del pasillo y yo
todavía estaba en la entrada.
—Sí —dije con una sonrisa, apurándome a alcanzarlo—. Entonces,
¿qué pasa?
La gente del paisajismo con la que trabajaba había salido al mediodía.
Dándome cuenta que había llegado a casa del trabajo, se había tomado el
tiempo para ducharse y cambiarse a la ropa que estaba usando, empecé a
preguntarme exactamente qué estaba ocurriendo.
Miró sobre su hombro, sonriendo, y se encogió de hombros.
132

Lo seguí por el pasillo hasta la cocina. Un gran mesón la separaba de


la zona de comedor adjunta. Más allá del mesón, había una pequeña mesa
Página

redonda. En ésta, varias cosas envueltas en papel elegante, un arreglo de


globos, y la fuente del dulce aroma.
Un pastel.
Lo miré.
Sonrió.
—¡Feliz cumpleaños! —gritó alguien.
Más que sorprendida, me giré. Ripp y Kelsey saltaron desde detrás del
mesón, cada uno usando ridículos gorros de papel.
Confundida, intercambié miradas entre Ethan y los dos tontos con
gorros de papel.
—Qué…
—Feliz cumpleaños —dijo Ethan.
Incluso más confundida, negué.
—Pero no es mi cumpleaños.
—Claro que sí —dijo—. Es seis de junio.
Tenía razón, seis de junio, era mi cumpleaños. No me di cuenta que
ya era junio, y no tenía idea de cómo Ethan averiguó que era mi
cumpleaños. Una emoción me invadió. No había tenido una fiesta de
cumpleaños desde que era una niña. El último que podía recordar, de
todos modos, era cuando tenía dos años.
—Cómo… —Mi voz vaciló. Me levanté y miré al suelo, sin ser capaz de
continuar hablando.
Notando mi emoción, envolvió sus brazos a mi alrededor y me abrazó.
—Ripp me lo dijo.
Mordí mi labio temblando y miré a Ripp. Usando pantalones cargo,
zapatillas deportivas, y su típica camisilla, se veía como un tonto con el
sombrero de papel en forma de cono sobre su calva cabeza.
Me ofreció una cursi sonrisa de Mike Ripp y se encogió de hombros
con inocencia.
—Estaba en la solicitud del gimnasio. Karen ingresa esa mierda en la
computadora y pone un recordatorio. Kelsey me dijo, yo le dije a Ethan, y
decidió hacer una fiesta. —Señaló la mesa—. Enciende las velas, anciano.
Usando su sudadera, una camiseta blanca, y un pequeño sombrero
de papel, Kelsey se veía adorable. Metió la mano en su bolsillo, sacó un
encendedor, y prendió las velas. Metió las manos en el bolsillo.
—Sóplalas, Jaz.
133

Tosí una risa y luché por no llorar. Ethan me soltó y me guió al


comedor.
Página

Me incliné sobre el pastel y me preparé para soplar.


—¡Espera! —dijo Ethan—. Tenemos que cantar.
Y así, los tres hombres más importantes de mi vida me cantaron el
cumpleaños feliz.
—Bien —dijo Ethan.
Cerré mis ojos, pedí un deseo, y soplé las velas.
—Abre este primero, tengo cosas que hacer —dijo Kelsey—. No puedo
quedarme en este desastre de fiesta todo el jodido día.
Me entregó un gran tubo de cartón con un lazo atado alrededor, pero
no estaba envuelto en papel.
—Bien.
Todavía era un caos emocional, pero parecía estar cargada por la
emoción de tener una fiesta de cumpleaños. Estudié el tubo de cartón. En
cada extremo, una tapa plástica blanca estaba encajada, asegurando que
el contenido no cayera. Ansiosa por ver qué era, saqué una de las tapas y
miré dentro.
Una foto.
Alcancé el papel y cuidadosamente lo saqué del tubo.
—Cuidado —advirtió Kelsey.
Asentí mientras desenrollaba la gran impresión, abriéndola sobre el
mesón.
Mi garganta se cerró. Mis ojos se llenaron de lágrima. Miré a Kelsey.
Asintió. Moví mis ojos a la impresión.
—¡Qué buena jodida toma! —dijo Ripp.
No podía llorar. No después de haber pasado mi vida sin hacerlo. No
ahora, y definitivamente no frente a los tres hombres ante mí.
Luché contra la tensión en mi garganta y tragué.
—Es… mmm. —Incliné la imagen—. ¿Cómo… cómo la conseguiste?
—Contraté un fotógrafo. Me sorprende que no vieras los flashes
destellando —dijo Kelsey—. Tomó unas cien, pero elegí esa. Un gancho
izquierdo jodidamente bueno.
La foto, tomada un instante después del impacto, era de mí golpeando
a Amy Wilson con el golpe del nocaut. La parte superior de mi cuerpo
estaba girado, cada musculo de mi espalda estaba flexionado, y mi guante
estaba pasando junto a su rostro. Sus ojos, abiertos y vidriosos,
expresaban su preocupación.
134

Había una cosa en la foto, sin embargo, que me hizo sentir más
orgullosa que ganar la pelea. Más allá del cuadrilátero, al lado de Dekk,
Página

estaba Kelsey con sus manos en el aire y su boca abierta, no había como
negar el orgullo que sentía porque ganara la pelea. Una imagen valía más
que mil palabras.
Enrollé la foto y la metí al tubo.
—Gracias.
—Feliz cumpleaños, Spaz —dijo asintiendo—. Ahora debo ir a hacer
cosas. Ethan, gracias por invitarme.
Miró a Ripp, arrojó su gorro a la mesa y sin decir otra palabra se fue.
—Toma —dijo Ripp.
Me giré hacia él y me entregó una caja envuelta en papel elegante y
atada con un lazo. Lo acepté ansiosa y lo desenvolví con cuidado. Una caja
de cartón, claramente marcada con la insignia del fabricante.
Converse.
Miré a Ripp y luego la caja. Quité la tapa. Dentro, un par de Ed Hardy
Chuck’s blancas y moradas.
—¿Cómo supiste mi talla?
—La miré en las andrajosas de tu bolsa de gimnasio. Necesitas botas
nuevas, esos jodidos apestosos se van a la basura —dijo.
—Lo haré —dije sonriendo—. Gracias.
Se cruzó de brazos y asintió.
—Feliz cumpleaños.
Un regalo faltaba. Una caja grande, aproximadamente de noventa por
noventa centímetros, y de quince de grosor, estaba al lado del pastel. Miré
a Ethan. Asintió.
—Abre.
—¿Tuyo?
—Sí —dijo—. Ábrelo.
Inhalé profundamente.
—Bien.
Quité el lazo y desenvolví la pesada caja con cuidado. Ansiosa por ver
qué había dentro, pero sin querer que el evento terminara, quité la tapa a
regañadientes.
Un océano de seda morada.
Arrugué la nariz y miré.
Al menos saben mi color favorito.
135

Tomé la tela, levanté el pesado atuendo de la bolsa, y estiré mis


manos.
Página

Una bata de boxeador de seda, como la que usaban los campeones.


Siempre soñé con el día en que tuviera la mía. Me imaginé usando una,
trotando por el pasillo mientras la gente estiraba las manos esperando
chocar mi puño y corría hacia el cuadrilátero. Con la multitud gritando mi
nombre, me agacharía bajo las cuerdas y saludaría, solo para tener a miles
de fanáticos gritando mientras saludaban.
Era un sueño, seguro, pero uno que me gustaba imaginar.
—Gírala —dijo Ethan—. Pero no te enojes.
Lo miré juguetonamente.
—No me voy a molestar.
Giré la bata y estiré la tela. En la parte de atrás, en largas letras
doradas, había un nombre bordado.
BRAWLER6
Mi corazón se hinchó. Era perfecta. Dejé la bata sobre la caja, me giré
hacia Ethan, y lo besé de lleno en los labios.
Ese día, el seis de junio, cumplí veinticinco en la presencia de un
anciano gruñón, mi entrenador y el hombre del que estaba enamorándome
rápidamente.
Y fue el mejor día de toda mi vida.
136
Página

6
Peleadora.
Veintiséis
Jaz
Día sesenta y ocho.

E
stábamos sentados en la oficina de Dekk, hablando sobre mi
futuro. Ansiosa por averiguar qué iba a suceder con mi carrera,
escuché mientras explicaba las posibilidades.
—Hubo una conversación bastante intensa sobre Amy Wilson —dijo
Dekk—. De hecho, su pase a los profesionales estaba programado y se
esperaba que participara en una pelea de apertura en el campeonato,
todavía no se ha firmado ningún contrato.
—¿Y ahora que la vencí? —pregunté.
Se encogió de hombros.
—Todavía se hará profesional, pero no peleará en esa apertura.
Ripp golpeó su mano contra mi hombro.
—¿Qué están diciendo sobre mi chica?
El campeón miró a Ripp.
—Sus nocauts han hecho que algunas personas hablen. Vencer a
Rose y luego a Wilson, hizo que mucha gente se preguntase quién es y de
dónde salió. Eso es en parte por qué estamos aquí. Le dije a Kelsey que no
respondiera, pero los promotores han estado llamando todo el día para
preguntarme.
Ripp se giró para mirar al campeón con las manos en sus caderas.
—¿Preguntar qué? Deja de dar malditos rodeos. Estás tartamudeando
y hablando en jodidos círculos. Escuchémoslo.
Basado en la forma en que Ripp le hablaba, era bastante obvio que
realmente eran amigos.
Dekk fijó su mirada en la mía.
137

—¿Peleabas como aficionada en Omaha? ¿Oficialmente?


Asentí.
Página

—Sí, señor. Estuve boxeando en USA Boxing.


Era una asociación autónoma de boxeo aficionado en la que Freddy
insistió que peleara, así algún día podría ir a las olimpiadas.
—¿Cuántas peleas hiciste antes de tener diecisiete? —preguntó el
campeón.
—Renuncié cuando tuve dieciséis. No lo sé, realmente no puedo
recordarlo. Los años mozos de mi vida son nebulosos.
—¿Permaneciste bajo la autonomía del USA Boxing todo el tiempo?
Asentí.
—Sí, señor. Puedo recordar eso. Freddy, mi entrenador, insistía que
peleáramos en la AIBA, así podría ir a las olimpiadas. Ese era su sueño.
—Se requerían dieciocho peleas anuales. ¿Crees que llegaste a ese
número?
—Si ese era el requisito, seguro que lo hice. Freddy se habría
cerciorado de ello.
—¿Tienes idea de cuántas peleas ganaste?
Sonreí. Esa era una respuesta fácil.
—Todas ellas, señor.
Sus ojos se ampliaron y tosió. Miró a Ripp. Ripp sonrió. El campeón
me miró de nuevo y sonrió.
—¿Todas ellas?
—Sí, señor. Nunca perdí una. Es por eso que Freddy estaba tan
seguro de que llegaría a las olimpiadas.
Me miró con aparente incredulidad.
—¿Estás invicta?
Realmente no había pensado en ello, pero técnicamente suponía que
lo estaba. Aunque hasta donde sabía, mis peleas cuando era más joven no
contaban. Me encogí de hombros.
—Quiero decir, eso creo. ¿Esas viejas peleas cuentan?
—Claro que sí —dijo el campeón—. Iré a la AIBA y haré que saquen
tus registros. Los tendrán en archivo.
—Está bien —dije. Mis ojos se movían entre Ripp y el campeón—.
¿Qué significa todo esto?
138

—Te diré lo que jodidamente significa —dijo Ripp—. Significa que,


aquí el viejo Dekk, puede ir a los promotores y decirles que tenemos a una
boxeadora en el gimnasio Kidd que ganó cien jodidas peleas y no perdió
Página

ninguna. Y podemos decir que está noqueando a perras a diestra y


siniestra y quiere una oportunidad con alguien que valga la pena. ¿Cierto,
Dekk?
El campeón asintió.
—Es correcto.
Sonreí ante la idea de todo eso.
—Oh.
—¿Oh? —dijo Ripp sarcásticamente—. ¿Escuchaste eso, Dekk?
¿Suena como alguien que conozcas? Hay un montón de humildad por aquí
hoy, ¿eh?
—La humildad la mantendrá con los pies en la tierra —dijo.
Freddy solía decirme lo mismo.
Estudié a Dekk. No se veía como un campeón, eso era seguro. Vestido
en desteñidos vaqueros azules, un par de botas de motorista y una
sudadera con capucha, lucía como uno de los muchos residentes sin hogar
de Austin. Saber que en realidad era el campeón mundial peso pesado me
decía que era un hombre muy humilde.
Me gusta eso de él.
—Sí, señor. Seguro lo hará —dije—. Freddy me decía eso. Decía que
siempre debía ser humilde fuera del ring.
—Suena como que era un gran entrenador. Te diré qué, haré que Joe
saque tus registros. Una vez pongamos nuestras manos en ellos, te diré lo
que encontremos. Pero Ripp tiene razón. Si podemos demostrar tu récord,
podemos hacer una gran declaración para que te acepten en el circuito
profesional.
—¿Y luego qué?
—Tus primeras peleas deberían hacerte destacar, especialmente si
puedes mantener ese récord de nocauts.
Se puso de pie.
Ripp había estado de pie en todo momento.
Me levanté y limpié mis manos en el frente de mis pantaloncillos
cortos.
—Solo por curiosidad —dijo—. ¿Cuántos de tus triunfos fueron
nocauts?
Sacudí mi cabeza.
—Difícil decir. De lo que puedo recordar, probablemente varios de
139

ellos. Es solo que… no lo sé. Realmente no recuerdo las peleas. Quiero


decir, recuerdo a Freddy y recuerdo pelear, pero realmente no lo recuerdo.
Es difícil de explicar.
Página

—Entiendo —dijo—. Créeme.


Apretó su mano en un puño y extendió su brazo.
Sonreí e hice lo mismo. Chocó su puño contra el mío.
140
Página
Veintisiete
Jaz
Día setenta y uno.

R
ipp y yo nos quedamos en el borde del ring y esperamos por
Ethan. La pelea programada era con un luchador invicto que
era incluso más famoso que el último al que Ethan se enfrentó.
De acuerdo con Ripp, si Ethan ganaba a este tipo, su nada más y nada
menos que satisfactorio registro, no importaría mucho.
Derrotar a los dos luchadores más importantes del momento
sobrepasaría todas sus derrotas, y ganaría respeto en el circuito de boxeo
amateur por ser un notable oponente.
No podía decirle a Ripp, pero Ethan me había dicho que iba a ganar la
pelea. ¿Su predicción? Otro K.O. en la primera ronda. Por el bien de
Ethan, esperaba que tuviera razón.
—No puedo esperar a ver qué pasa —dije.
—Mierda, no puedo esperar a ver lo que Dekk descubre de tu registro.
Estoy ansioso por este cabrón también.
—Estoy ansiosa sobre mi registro. No puedo esperar para ver lo que
descubre. Es emocionante pensarlo.
Varios minutos pasaron sin que hablara. No era propio de Ripp. Lo
estudié por un momento. Estaba de pie con sus manos en los bolsillos de
los pantalones cortos y los ojos fijos en el suelo, balanceándose adelante y
atrás sobre sus talones.
—¿En qué piensas? —pregunté.
—¿Eh?
Me reí entre dientes.
—Pareces pensativo o nervioso.
141

—¿Yo? No, no estoy nervioso.


—Entonces, ¿en qué piensas?
Página

—No sé. Supongo que me he estado preguntando… —dijo.


—¿Qué?
—¿No puedes recordar nada sobre cuando eras niña?
No era una cosa fácil de explicar. Podía recordar algunas cosas y
otras no. Había un largo período de tiempo, entre que tenía unos dos años
hasta ser estudiante de segundo año de preparatoria, donde realmente no
podía recordar nada específico sobre mi vida, solo los moratones y cuánto
dolían cuando los tocaba. Entonces, tras la muerte Freddy, por alguna
razón, podía recordar casi todo.
—Es raro. Puedo recordarlo, pero no puedo acordarme de cosas
específicas que sucedieron. Mi consejero en la escuela me dijo que era
bastante común en niños como yo reprimir recuerdos, pero que era
extraño que lo hiciera de esa manera. Estoy muy feliz con la manera en
que es, honestamente. Si recordara todo, seguramente estaría loca.
Apretó sus labios e inhaló profundamente por la nariz.
—Odio pensar en tu padre golpeándote cuando eras niña. ¿Crees que
alguna vez intentarás reconciliarte con él?
Era una pregunta que nunca me habían hecho, pero una que estaba
más que preparada para responder. Lo había pensado varias veces cuando
estaba en la escuela, y cada vez surgía la misma respuesta.
—No, no lo haré. —Me volví para enfrentarlo—. Si hubiera sucedido
una o dos veces en un ataque borracho de rabia, probablemente podría
haberlo superado. Ya sabes, perdonarlo. Pero no lo hizo. Sucedió una y
otra vez. Así que, ¿qué excusa puede alguien como él dar por golpear con
sus puños a una niña pequeña? ¿Qué podría decir que me haga
perdonarlo?
Los músculos de su mandíbula se apretaron y sus ojos cayeron al
suelo.
—No lo sé.
—Sí —dije—. Yo tampoco.
—Si no puedes recordar tu infancia, ¿cómo recuerdas eso, sin
embargo?
La respuesta era lo que odiaba de todo.
—Porque esa es realmente la única cosa que puedo recordar.
Alzó la mirada y asintió en el momento exacto en que Ethan vino del
vestuario con su entrenador.
Se veía preparado para cualquiera o cualquier cosa. Miraba fijamente
hacia delante y golpeaba sus guantes juntos mientras caminaba, sus
142

bíceps ensanchándose con cada movimiento de la parte superior de sus


brazos. Era evidente que estaba concentrado y me sentí orgullosa de él por
Página

aceptar esta pelea.


Vestido en pantalones cortos azules y blancos y una vieja y
desgastada sudadera gris con las mangas cortadas, se veía como siempre
había imaginado que los boxeadores de la vieja escuela de los gimnasios de
Filadelfia lucían en el pasado.
—Patea su culo, cariño —dije cuando pasaron por al lado.
El entrenador de Ethan nos echó un vistazo y Ripp lo fulminó con la
mirada.
—¿Cuál es el problema entre ustedes dos?
—Simplemente no me gusta —dijo Ripp.
Es obvio.
Ethan asintió, pero no habló. Su concentración estaba clara.
—Me gustaría ver a Brockman intentar luchar contra este tipo.
Probablemente le patearía el culo —comentó Ripp.
El entrenador de Ethan casi era tan grande como Ripp, pero parecía
faltarle la intensidad de este.
—¿Por qué dices eso? —pregunté.
—Creo que es un puto cobarde.
—¿Fue bueno como boxeador?
—Nadie lo sabe. Debo hacer que Dekk intente encontrar sus registros
—dijo con una carcajada—. Probablemente aparezca con las manos vacías.
El árbitro dio sus instrucciones y luego dirigió a los hombres a sus
esquinas. En su camino a la suya, Ethan encontró mi mirada, alzó su
mano derecha y sonrió.
Apreté mi puño, alcé mi mano derecha y le devolví la sonrisa.
¡Ding!
Ripp frotó sus palmas juntas.
—Aquí vamos.
Ethan se apresuró al centro del ring, saludando a su más grande
oponente con unos rápidos golpes. El otro luchador contraatacó con unos
golpes y lanzó un poderoso gancho.
Ethan esquivó el puñetazo.
—Dios, maldición —aulló Ripp—. Si ese cabrón hubiera conectado…
Con cada puñetazo que era lanzado en su dirección, Ethan inclinaba
su cabeza de un lado a otro, casi burlándose de su oponente. En
143

respuesta, este se enojó más, girando más frecuentemente y más


salvajemente.
Página

—Mierda, Ethan va a cansar a este imbécil en el primer round. Mira a


su tonto trasero lanzando todo lo que tiene.
—Eso espero —respondí.
Vamos, cariño. Agótalo, y luego dáselo.
Señalé al oponente de Ethan.
—Tan pronto como sus guantes bajen, Ethan va a dárselo.
—El chico tiene un malditamente buen sentido de conciencia. Y
buena postura defensiva —dijo Ripp.
—¿Cuál?
—Ethan —contestó.
—¡Haz que se acerque! —grité.
—Buen consejo —dijo Ripp sobre su hombro.
Ethan dio un paso atrás y alzó sus guantes. Su oponente
rápidamente se desplazó hacia delante, ya claramente frustrado. Con su
guante derecho alzado por debajo de su barbilla, parecía estar o fuera de
forma o preparándose para lanzar un fuerte derechazo.
Tan pronto como estuvo al alcance, lanzó un gancho. Ethan se inclinó
hacia atrás y el puñetazo lo pasó volando. Contraatacó con un derechazo,
lo cual fue exactamente lo que debería haber hecho. El puñetazo conectó
bien y evitó que su oponente avanzara más.
Y entonces, Ethan lanzó un gancho.
El gancho.
El golpe empezó con su guante en su muslo y osciló directo a la
barbilla de su oponente. Un puñetazo del que ningún hombre podía
recuperarse si conectaba bien, y lo hizo de manera perfecta.
No era necesario que el árbitro detuviera la pelea.
No hacía falta.
Había acabado y el único que no se había dado cuenta era el hombre
tumbado sobre su espalda a los pies de Ethan.
—¡Joder, sí! —gritó Ripp—. Eso es de lo que estoy jodidamente
hablando.
Ethan caminó a su esquina. El árbitro llamó a un paramédico.
Después de unos extremadamente tensos diez minutos, el hombre
finalmente se sentó y miró alrededor.
Vitoreamos mientras se ponía de pie, agradecidos porque se hubiera
recuperado un poco.
144

—Ese chico tiene algo de jodido poder —dijo Ripp—. ¿Sabes qué creo?
Negué.
Página

—No, ¿qué?
—Creo que Ethan necesita un entrenador de verdad.
—¿Tú? —pregunté con entusiasmo.
Asintió.
—Sep.
Oh, Dios mío.
Enorgullecería tanto a Ethan pensar que Ripp estaba dispuesto a
entrenarlo. Diablos, me enorgulleció oírle decirlo. Sabía que su tiempo era
extremadamente valioso y, aparte de mí, solo tenía a otro luchador
trabajando con él. Tenerlo trabajando con Ethan sería un gran estímulo
para su ego.
—¿En serio?
—Te lo estoy diciendo, todo lo que necesita es alguien que crea en él y
sea capaz de darle una apropiada dirección. Brockman no sabe cuál es la
jodida manera. Así que, sí. Quiero tenerlo bajo mi ala y convertirlo en un
campeón.
—Eso sería asombroso —dije.
—No le digas nada —comentó Ripp—. Quiero preguntarle.
—No diré una palabra.
Me sentía mejor que lo que nunca podía recordar. Jamás. Ethan
había ganado de nuevo por K.O. e iba a ser entrenado por Ripp, a quien
admiraba profundamente. No podría haber estado más orgullosa de él, y
sentir tal nivel de orgullo hacia otra persona, era algo nuevo para mí.
Algo nuevo y muy diferente a lo que estaba acostumbrada.
Fue todo lo que necesité para saber que me preocupaba por Ethan
profundamente. Lo que había temido admitir ya no necesitaba ser
confesado. Mi nivel de orgullo me probaba cómo me sentía por él.
Y era el momento de decírselo.
145
Página
Veintiocho
Jaz
D
ía setenta y nueve.
Hablar con Ethan de mis sentimientos fue fácil.
Sospechaba que era porque sentía que no iba a rechazarme,
reír o huir.
—Entonces, he estado pensando —dije.
Metió la espátula en la sartén.
—¿Acerca de qué?
Lo vi voltear los huevos.
—Nosotros.
—¿Qué pasa con nosotros?
—Me gusta esto —dije.
Levantó los huevos de la sartén uno a uno y los colocó en los platos.
—¿Que te haga el desayuno?
—No, idiota. Bueno, quiero decir, sí. Pero eso no es de lo que estoy
hablando.
—Entonces, ¿qué?
Cuando se quedó a dormir, amé lo perfecto que se sintió tenerlo
conmigo. En el pasado, siempre había sentido que cualquiera que
estuviese conmigo tenía que irse y darme mi espacio. Con Ethan, no quería
mi espacio. Quería que todo el espacio que existía fuera nuestro.
—Todo —dije—. Me gusta todo.
—A mí igual. —Me dio uno de los platos y apagó la estufa—. La vida
es buena.
Los hombres podrían ser tan molestos. Intentar entenderlos era
146

imposible a veces. Lograr explicarles los sentimientos era aún peor.


—La vida es buena. Pero estoy hablando del espacio que hay entre
Página

nosotros.
—¿Qué espacio?
—Quiero que sea nuestro.
Se sentó y tomó un mordisco de sus huevos.
—¿Quieres que sea nuestro?
—El espacio.
—¿Qué espacio?
—El espacio entre nosotros.
Tragó la comida y tomó un café.
—No entiendo.
Y una mierda.
Apoyé los codos sobre la mesa, apreté mis palmas y suspiré.
—No quiero mi espacio de vuelta.
Suspiró.
—¿De qué espacio hablas?
Deslicé mi plato a un lado y aclaré mi garganta.
—Cuando te vas, hay espacio entre nosotros. Y. No. Me. Gusta.
Tomó su tostada y le dio un mordisco en la esquina.
—A mí tampoco.
Gracias a Dios.
Acerqué mi plato y sonreí.
—De acuerdo. Bien.
Tomó otro bocado de pan tostado.
—¿Qué vamos a hacer para arreglarlo?
—Borrar el espacio.
Miró a lo lejos y entrecerró los ojos mientras mordisqueaba su
tostada. Después de terminar la pieza entera, tomó otro trago de café y
suspiró.
—Por lo que a mí respecta, nunca hay espacio entre nosotros.
—¿Cómo puedes decir eso?
Golpeó su puño contra su pecho.
—Porque siempre estás aquí.
Fue cursi, pero me encantó. Junté los labios y me incliné hacia él. Me
147

encontró a mitad de camino y me besó, dejando tostada en mis labios.


Sacudí las migas y sonreí, sintiendo que necesitaba más.
Página

—Cuándo te vas, al trabajo, o lo que sea, creo que es estúpido.


Mientras juntaba el resto de las yemas de huevo con su segunda
tostada, levantó la mirada. Sus ojos estaban llenos de confusión.
—¿Crees que es estúpido que trabaje?
—No —dije—. Creo que es estúpido que te vayas. Cuando regresas
está bien. Es solo una tontería cuando te vas.
Asintió como si lo hubiese entendido, pero tenía mis dudas. Metió la
tostada en su boca, la masticó y tragó. Después de tomar más café, se
recostó en su silla.
—Me estas confundiendo. Parece que siempre haces esto cuando hay
algo importante que quieres decir. Cuando no estás tratando de decirme
algo te entiendo mucho mejor. —Se rió—. Cuando estás en una misión, es
muy difícil averiguar lo que estás pensando. ¿Podemos empezar de nuevo?
Jodidamente lo juro, los hombres son tan estúpidos a veces…
—No quiero estar sin ti.
Tomó otro sorbo de café y me miró. Sus ojos y la expresión de su
rostro confirmaron que sentía lo mismo.
—Tampoco quiero estar sin ti —dijo.
Bien. Estábamos en la misma página. Tomé una respiración
profunda.
—Creo que podría estar enamorándome.
Empezó a toser, y no se detuvo hasta que se levantó.
Mi corazón se retorció.
Mirándome y tratando de recuperar el aliento, bajó la mirada y negó.
—Mierda —dijo—. Me enamoré de ti hace mucho jodido tiempo.
¿Dónde has estado?
¿De verdad?
Mis ojos se abrieron.
—¿En serio?
Tosió un par de veces más, sonrió y luego asintió.
—De verdad.
Me sentí caliente. Completamente cálida. Tragué saliva y me puse de
pie.
—Puede que yo también.
Estiró los brazos.
148

—Hagamos un acuerdo.
Apreté la lengua contra mi paladar y tragué de nuevo.
Página

—Bueno.
—¿Cómo lo llamaste antes? ¿El espacio entre nosotros?
—Síp.
—Vamos a acordar que siempre estaremos juntos aquí. —Presionó la
palma de su mano contra mi pecho. Finalmente, bajó la mano hasta mi
corazón.
Mi latido se multiplicó por diez. Sonrió. Sonreí en respuesta.
—De acuerdo.
—Si hacemos eso —dijo—, nunca nos separaremos.
Nunca nos separaremos.
Era exactamente lo que buscaba.
149
Página
Veintinueve
Jaz
Día ochenta y dos.

R
ipp me había llamado a una reunión con Shane Dekkar para
discutir lo que descubrió de USA Boxing. Ansiosa por averiguar
cuál era mi registro y si podíamos utilizarlo en mis
promociones acepté reunirme, pero insistí en que Ethan viniera.
Si Ethan iba a ser incluido en mi futuro, necesitaba ser incluido en
las decisiones sobre él.
Con él a mi lado, llamé a la puerta.
—Adelante.
Abrí y miré dentro. Kelsey y Ripp estaban en el borde delantero del
escritorio, riendo y hablando. Tan pronto como entramos por la puerta, la
conversación se detuvo.
No pude evitar preguntarme de qué estaban hablando.
El campeón se levantó y extendió su mano.
—Ethan.
Ethan se la estrechó.
Soltó la mano de Ethan y sacudió la mía.
—Jaz.
Sonreí.
—Sr. Dekkar.
—Dekk, o Shane, por favor.
Sonreí.
—Me gusta Dekk.
—Entonces llámame Dekk.
150

—Me alegra que eso haya sido arreglado. —Ripp de rió entre dientes.
Página

—Spaz —dijo Kelsey con un asentimiento.


Puse los ojos en blanco y me coloqué junto a Ripp.
—¿Qué descubriste? Supongo que hay algo, o no me habrías llamado,
¿eh?
Se sentó en su escritorio.
—Como con todos los aficionados, lo que realmente sucedió y lo que
es oficial, nunca son lo mismo. Entrenadores, managers, guardianes de
registro, siempre están jugando con los números. Así que, contigo, todo lo
que sabemos es oficial.
Buscó una carpeta, la abrió y encontró mi mirada.
—¿Quieres adivinar?
Me encogí de hombros.
—¿Ethan? ¿Quieres adivinar?
No le había contado nada a Ethan sobre mi anterior registro. No
decirle fue más por respeto que otra cosa, y por mantener un nivel
saludable de humildad. En resumen, no quería parecer pretenciosa ni
presumida de mi carrera.
Se encogió de hombros.
—Realmente no lo sé. —Me miró y luego tomó mi mano. Mientras la
sostenía en la suya, continuó—: No hemos hablado de eso. Me pidió que
viniera a apoyarla en la toma de decisiones sobre su futuro.
Dekk asintió.
—Joder, solo dilo. Lo juro. Tú y tus rodeos de mierda... Dile ya —se
quejó Ripp.
—Triunfos, ciento treinta y dos. Incluyendo las victorias aquí en el
gimnasio, ciento treinta y cinco. Ciento treinta y cinco victorias oficiales. —
Miró a cada persona en la habitación.
Mi corazón latía con fuerza. Era emocionante saber los números
oficiales, aunque sospechaba que estarían cerca de lo que dijo. En lo que a
mí respecta, no fue tan impresionante. Era joven, y las chicas con las que
luché no estaban tan bien entrenadas como yo. Me preguntaba cómo se
sentía Ethan con respecto a esto. Comencé a sentirme culpable por traerlo.
Por su bien, deseé que mi registro no tuviera tantas victorias. Apreté su
mano.
Apretó la mía en respuesta.
—¿Quieres escuchar las derrotas? —preguntó Dekk.
Eché un vistazo a Ethan. Él sonrió. Miré a Dekk y me encogí de
151

hombros.
—Claro.
Página

—Déjame ver si puedo encontrarlo. —Trazó su dedo a lo largo de la


superficie del papel. Se detuvo en un lugar fuera de vista para nosotros—.
Oh, espera. Sí, aquí está.
Miró hacia arriba.
—Cero.
Mi corazón se aceleró.
—¿Cero?
Asintió.
—Oficialmente, cero. Oficialmente, estás 135-0. Oficialmente, tienes
un mejor récord que yo. Oficialmente, tu registro es uno de los más
importantes por ahí. Oscar De La Hoya fue 223-5 como principiante. El
récord aficionado de Kid Chocolate fue 100-0…
—El de Donald Curry era 400-4 —interrumpió Kelsey—. Registro
aficionado, eso es.
—El punto que estamos haciendo, Jaz, es este. —Dejó caer el archivo
sobre el escritorio—: Tu expediente es impresionante. Eres impresionante.
Apreté la mano de Ethan.
—Gracias.
—¿Está información? Es un registro público. Cualquiera puede
obtenerlo. Todo lo que tienes que hacer es preguntar. He tomado las
libertades de divulgarlo a unas pocas personas y por buenas razones.
Miró a Kelsey y luego a Ripp. Respiró profundamente, lo sostuvo por
un momento y exhaló. Fijó sus ojos en mí.
—¿Sabes quién es Shay Simpson?
Ethan apretó mi mano firmemente. Apreté de vuelta. Mi garganta se
tensó.
—¿Shockwave7? ¿Shay Shockwave Simpson?
Se rió entre dientes.
—Esa es ella.
Todo el mundo sabía quién era Shockwave Simpson, incluso si no
seguían el boxeo femenino. Estaba en las noticas constantemente. Estaba
en películas, revistas, comerciales, todo. Cuando no estaba en una pelea
defendiendo su título, estaba hablando mierda sobre quien se preparaba
para luchar contra ella. Sus citas desabridas estaban en Facebook, Twitter
e Instagram. Era tan grande que una búsqueda de #shockwave en Google
o Twitter produciría miles de sus comentarios ridículos.
152

—Es la campeona —dije—. Sesenta y dos kilos de rudeza, eso es lo


que es. Todo el mundo la conoce, estaba hablando mierda de la gente en
ESPN todo el tiempo.
Página

Todos rieron. Dekk inhaló otra respiración profunda y luego cruzó los

7 Onda de choque.
brazos delante de su pecho.
—¿Te gustaría pelear con ella algún día?
—Me encantaría pelear con ella algún día —dije emocionada—. Ella, o
alguien como ella. Ese es mi sueño.
—¿Qué pasaría si una oportunidad como esa llegara, oh, tan pronto
como el próximo mes?
Tosí una carcajada.
—Sí, claro.
Era imposible que Shockwave Simpson quisiera pelear conmigo. Ella
peleaba con mujeres que habían estado en las profesionales por años, la
mayoría de las cuales consideraba muy bien si ser su rival o no. Ella y sus
oponentes chocaban de ida y vuelta en Twitter, enviando tweets sobre las
demás, construyendo un bombo para las próximas peleas.
—Déjame explicar algo —dijo Dekk.
—¿Puedo sentarme? —pregunté.
Rió.
—Por supuesto.
—Bien. —Señalé a Ripp y Kelsey—. Todos están de pie. Lo siento, solo
estoy nerviosa.
—No hay nada de qué preocuparse —dijo—. Somos toda una familia
aquí.
Shane Dekkar parecía ser el opuesto de Shockwave Simpson. Era un
tipo con los pies en la tierra, quien resultó ser un gran boxeador y era fácil
admirarlo.
Conté las sillas disponibles.
Tres.
—Siéntate —susurré, señalando una silla junto a Ethan—. Me sentaré
en tu regazo.
Ethan no discutió y rápidamente tomó el asiento. Me senté en su
regazo y envolvió sus brazos alrededor de mi cintura. Me sentía cómoda en
sus brazos.
Segura.
Me acurruqué en el regazo de Ethan y levanté la vista.
153

—Está bien, estoy lista.


Dekk miró alrededor de la habitación.
Página

—Las peleas de campeonato son más sobre dinero que otra cosa.
Durante el entrenamiento, hay momentos en que el retador o el campeón
se lastiman. Si eso ocurre, su equipo lo mantiene callado. Una fuga de
prensa de una lesión cambiará las probabilidades en la lucha y tiene un
efecto enorme en las apuestas de dinero, potencialmente ganado, en
lugares como Las Vegas. Pero la gente se lastima. Por lo general, lo que
ocurre, y todos lo hemos visto, es que la parte lesionada no hace una
declaración final hasta justo antes de la pelea. Esperan que la lesión
mejore y cuando es evidente que no lo hará y no pueden luchar, reclaman
lesión y se apartan.
Tenía sentido, pero no tenía ni idea de qué tenía que ver conmigo. Si
él sentía que era lo suficientemente importante para decirme, imaginé que
debía ser significativo. Así que, mientras continuó explicando, presté
mucha atención.
—El problema cuando hay una lesión justo antes de una pelea que
está programada es que las entradas ya han sido vendidas, los lugares han
sido alquilados y el dinero se ha gastado. Cancelar la pelea en su conjunto
costaría millones.
—Tiene sentido —dije.
—Theresa Shunk se torció el tobillo la semana pasada. La declaración
final saldrá de su grupo mañana. No puede hacer nada por ocho semanas,
así que no podrá pelear contra Shay Simpson el próximo mes. ¿El
problema? Nadie peleará contra Simpson con tan poco tiempo. Solo hay
tres semanas para prepararse y las luchadoras que habían esperado
luchar contra ella no van a avergonzarse entrando y siendo golpeadas
cuando creen que si tuvieran tiempo para entrenar ganarían. Pero el
dinero ha sido gastado. ¿El lugar? El MGM Grand en Las Vegas. Ya
alquilado. ¿Los boletos? Agotados. La televisión por cable ha invertido
millones. El grupo de Shay Simpson necesita a alguien para pelear contra
ella, y ese alguien necesita tener un registro que diga a los fans que será
una gran pelea.
Apoyó los brazos en el borde de su escritorio y se inclinó hacia
adelante. Conectó sus ojos con los míos.
—Esa persona, Jaz, eres tú.
Shane Dekkar pasó de ser un chico genial a ser un loco en un
instante. No había manera de que el equipo de gestión de Shockwave
Simpson estuviera de acuerdo en que ella luchara contra alguna chica
desconocida de Omaha, Nebraska, quien se mudó a Texas para alejarse de
su padre abusivo.
—Es imposible que acepten dejarme pelear contra ella. Quiero decir,
154

es genial pensar en todo, pero…


—Están esperando que les devuelvan la llamada —dijo.
Página

Me levanté del regazo de Ethan.


—¿Quién está esperando?
—El equipo de Simpson.
—¿Esperando una llamada de quién?
—De Kelsey.
—¿Sobre qué?
Se rió.
—Sobre ti.
Mi garganta se tensó. Comencé a pasearme.
—¿Les hablaste de mí?
Asintió.
—Le pedí a Kelsey que lo hiciera. Y lo hizo.
Miré a Kelsey. Me miró con rostro de piedra.
Miré a Dekk. Sonrió.
Tragué con dificultad.
—¿Qué dijeron? Quiero decir, ¿qué les dijiste? Tú solamente… ¿De
verdad los llamaste? Como “oye, Shockwave, ¿cómo te va?” Quiero decir
que… ¿Qué es lo que…? ¿En realidad los llamaste?
Levantó las manos, volvió sus palmas hacia mí y respiró hondo.
—Esto es lo que pasó. Kelsey es mi entrenador y mi manager. Nos
enteramos de tu registro. Llamó a Promociones Tácticas, quien promociona
mis combates y casi todos los de otros luchadores profesionales. Les dio
tus estadísticas y dijo que estabas pensando luchar fuera de este
gimnasio, que ibas a profesional y que te encontraran una buena pelea
para tu primer combate, considerando tu récord invicto como aficionada.
En diez minutos, llamaron con la noticia de la lesión de Theresa Shunk.
Dijeron que esperaban una llamada del equipo de Simpson. ¿Hasta aquí
todo entendido?
Asentí. Tenía sentido, pero dudaba que el equipo de Simpson volviera
a llamar y aceptara cualquier cosa conmigo, sabía eso.
—Hemos recibido esa llamada. En realidad, varías de ellas. Por eso
estás aquí. Simpson quiere pelear contra ti, Jaz. En tres semanas.
¿Quieres oír su oferta?
Dejé de pasearme y me quedé mirándole.
—Veintitrés días —dijo Kelsey sin rodeos.
155

Me volví hacia Ethan. Estaba sonriendo de oreja a oreja.


—¿Oferta de qué? —pregunté.
Página

—La oferta de Promoción Táctica para que pelees.


—¿En realidad me pagarían?
Todos rieron. Todos, excepto yo.
—Sí. Te pagaran. Comparativamente hablando, no creo que esté a la
altura de los estándares, pero está abierto a negociación. Es inaudito que
ofrezcan una tarifa fija para una pelea por el título, pero es eso lo que
están ofreciendo.
Intercambié miradas entre Ripp, Ethan y Dekk.
—¿Pelea por el título? ¿Está poniendo el título en juego?
Asintió.
—Kelsey lo requirió.
Mi corazón se volvió loco. Un bulto del tamaño de una naranja
aumentó en mi garganta.
—Espera —dije—. Necesito hablar con mis managers.
Ethan seguía sentado en la silla. Apoyé mis manos sobre sus rodillas
y le di un beso.
—Quiero hacer esto. Es una locura. Pero quiero hacerlo. ¿Qué
piensas?
—Quiero que lo hagas —dijo—. Te apoyo un cien por ciento.
Me volví hacia Ripp. Había estado sorprendentemente callado.
Cuando hice contacto visual con él, me di cuenta por qué. Parecía estar
tan emocionado como yo, pero estaba esperando mi respuesta. Su rodilla
rebotaba arriba abajo mientras lo hacía.
—¿Estás conmigo en esto, jefe? —pregunté—. Seré una perra para
entrenar.
Asintió ansiosamente.
—Si estás de acuerdo, yo también. Pero con una condición.
—¿Cuál?
—Seremos Kelsey y yo, juntos. Estamos en esto para ganar —dijo.
La idea de tener al viejo a mi lado me hizo feliz.
—De acuerdo.
Me di la vuelta.
—Lo haré.
—¿Quieres escuchar su oferta?
156

—Uhhm. No me importa. Quiero decir, no pe importa lo que me


paguen. Llámalos. Diles que sí.
Página

—Voy a decirles que se vayan a follar una cabra —dijo Kelsey—. No


hay otra mujer en el planeta que acepte luchar contra Simpson en tres
semanas. Y seguramente no podrán conseguir a nadie más que mantenga
un interés tan bueno con un registro de 135-0.
—¿Qué ofrecieron? —pregunté.
—Uno punto cinco por una derrota y dos punto cinco por una
victoria. Tarifas planas. Eso es mierda. Es la paga estándar por el
porcentaje de audiencia televisiva. El sesenta-cuarenta de la división es
estándar. Esa perra pretensiosa. Me gustaría… —Se levantó de su asiento
y apretó los puños—. Digo que les digamos que se pongan serios con su
oferta o que consigan a alguien más.
—¿Qué quieres decir? Acláramelo. ¿Qué significa eso para mí?
Todo el mundo rió de nuevo. Y, una vez más, fueron todos excepto yo.
—Uno punto cinco millones de dólares, Spaz. Dinero americano —dijo
Kelsey—. Y dos punto cinco millones si la vences.
Dejé de caminar y me tropecé con Ethan, quien ahora estaba de pie.
Señalé nuestra silla.
—Necesito sentarme.
Pero no lo hice.
Vomité en su lugar.
157
Página
Treinta
Jaz
Día ochenta y cinco.

E
n un exitoso régimen de entrenamiento, dormir es tan
importante como ejercitarse y comer. Ethan ha estado
quedándose regularmente desde nuestra charla, y tenerlo a mi
lado en la mañana hace difícil salir de la cama.
Parecía que dormir con Ethan se había convertido en una parte
importante de mi entrenamiento.
—¿No es interesante la vida? —preguntó.
Rodé hacia un costado y eché el brazo a través de su pecho desnudo.
—¿A qué te refieres?
—Hace dos meses y medio ni siquiera te conocía. ¿Ahora? Estás
peleando por el título y Ripp acordó entrenarme. Yo solo… —Giró la cabeza
y me besó—. No puedo imaginar la vida sin ti.
Me perdí en sus ojos azules por un momento, y después comencé a
admirar su cabello desastroso. Había aprendido a amar cómo nunca
estaba peinado, sino siempre en un perfecto desastre.
—Tampoco puedo imaginar la vida sin ti. ¿Han sido dos meses y
medio? ¿Tan rápido?
—Loco, ¿verdad?
Deslicé la mano sobre su bíceps y lo acerqué.
—Sí.
—Será asombroso cuando Ripp pueda comenzar. No puedo esperar.
Recosté la cabeza sobre su pecho.
—Lamento que no sea hasta después de mi pelea.
158

Sus manos se deslizaron sobre mi espalda desnuda hasta descansar


en mi cintura.
Página

—Ahora mismo es más importante entrenarte. He estado con mi


entrenador todo este tiempo, unas pocas semanas más no harán daño.
—¿Cuándo es tu siguiente pelea? ¿La próxima semana?
—Sí, cuatro días. Espero que la última con Brockman.
Su voz resonó a través de su pecho hacia mi oreja. No había nada
especialmente sensual en eso, pero cualquiera que sea la razón, sentí que
el sonido de su voz mientras hablaba era un afrodisiaco.
Presioné firmemente la oreja a su pecho.
—Di algo más.
—¿Qué?
—Lo que sea.
—Quiero que conozcas a mis padres.
Estiré el cuello, pero mantuve la oreja pegada a su pecho.
—¿De verdad?
—Uh-huh. Creo que ya es hora. ¿Estás bien con eso?
Me gustaba la idea de conocerlos. Era otro paso en la dirección
correcta en lo que respectaba a nuestra relación. Una prueba más
profunda de que Ethan estaba en mi vida por una razón.
—Me encantaría.
Seguí recostada por un momento y escuché sus latidos. Lo
encontraba reconfortante, y pronto, el patrón predecible me llevó a un
estado de sueño consciente. Me quedé allí por algún tiempo, pensando
sobre tener familia política de forma permanente en mi vida.
Por un momento fugaz, me preocupó cómo me aceptarían, y después
decidí que no tenía que avergonzarme.
—¿Crees que les gustaré?
—Sé que les gustarás.
Sonreí ante el pensamiento.
—Te amo.
Me estiré entre sus piernas y comencé a acariciarlo lenta y
suavemente.
—También te amo.
Con unas pocas caricias, estaba firme en mi mano. Sin hablar, eché
mi pierna sobre su cintura, acomodándome y guiándolo hacia mi
humedad.
159

Ver su hermoso rostro y sentir su circunferencia dentro de mí al


mismo tiempo, era demasiado. Cerré los ojos.
Página

Darle a Ethan mi corazón me permitió exhalar, lo cual era algo que


había esperado toda una vida para hacer. Inmediatamente comencé a
sentir un nivel completamente nuevo de satisfacción cuando estábamos
juntos, un enjambre entero de nuevos sentimientos se asentó, listo para
ser liberado.
Con cada embestida de su polla, unos pocos lograban escaparse. Se
agitaron en mi interior.
Presioné las puntas de mis dedos en su pecho musculoso, arqueé la
espalda y abrí los ojos.
Bajé la mirada. Me estaba mirando, sus ojos llenos de amor.
Observar su nivel de satisfacción ocasionó que unos pocos más se
liberaran, acompañando a mis gemidos llenos de placer.
Trabajé mis caderas metódicamente de atrás hacia delante,
asegurándome de usar cada centímetro de su longitud para mi
satisfacción. Su masiva circunferencia me estiraba hasta el límite cada vez
que hacíamos el amor, y esa combinación de placer y dolor era lo que
satisfacía a la bestia sexual en mí.
Agarré firmemente su amplio pecho, apretando mis dedos contra su
carne. En respuesta, arrastró sus dedos por mi espalda y sacudió las
caderas, igualando el movimiento de las mías.
Sus empujes ascendentes enterraron la punta de su polla profundo
en mi interior, sacando el aliento de mis pulmones como un disparo en
cada embiste.
Mordisqueé mi labio inferior y cerré los ojos, permitiéndome
enfocarme en la sensación de tenerlo en mi interior. Juntos, continuamos
en nuestra búsqueda de satisfacción sexual, meciéndonos salvajemente
contra el otro.
Su circunferencia se incrementó. Su respiración se hizo irregular y
pesada. Saber que estaba al borde de alcanzar su clímax, causó que me
acercara rápidamente a la cima de mi propio orgasmo.
El hormigueo de mi cuerpo anunció que estaba a punto de correrme.
Abrí los ojos. Me devolvió la mirada y empujó sus caderas, llenándome con
su longitud entera.
Jadeé de placer, y con las últimas embestidas de nuestras caderas,
alcanzamos el clímax juntos.
Enamorados.
Y como uno.
160
Página
Treinta y uno
Jaz
Día ochenta y nueve.

E
ra la noche de la pelea de Ethan y, una vez más, predijo una
victoria. De hecho, dijo que no quería perder ninguna otra
pelea y prometió luchar en todas al máximo de su capacidad.
De alguna manera, parecía que había encontrado una manera para vivir
una vida humilde y ser un ganador al mismo tiempo.
Personalmente, sentía que era yo la que causaba la humildad, pero
por otro lado, ese solo era mi pensamiento al respecto. Él creía que estaba
a la expectativa de entrenar con Ripp, pero eso solo era una suposición.
De cualquier manera, estaba complacida.
—¿Estás emocionado?
—¿Sobre qué? —preguntó Ripp.
—¿La pelea?
Inclinó su cabeza hacia mí.
—¿La tuya? —Luego movió sus ojos hacia Ethan—. ¿O la suya?
Apreté la mano de Ethan.
—La suya.
—Un poco. —Se rió entre dientes—. ¿La tuya? He estado enfermo
desde que hicimos el anuncio. Tengo putos gases. Probablemente termine
cagándome encima justo allí, en un directo de la televisión nacional en Las
Vegas.
—Lo dudo.
—¿De verdad estás nervioso? —preguntó Ethan.
—¿Estás jodidamente bromeando? Estoy tan nervioso como una
monja en una cacería de pingüinos.
161

Ethan y yo reímos y Ripp negó. Declaraba estar nervioso, pero


durante el entrenamiento no fue nada salvo profesional. Bueno, tan
Página

profesional como era capaz de ser. Aún era divertido, y aunque era grande
y hosco, siempre se preocupaba.
Siempre.
—¿Qué tienes? ¿Cuarenta y cinco minutos? —preguntó Ripp.
Ethan miró su reloj.
—Sí. Aproximadamente.
—¿Dónde está tu entrenador?
Ethan se encogió de hombros.
—No lo sé. Pero por lo general no estamos aquí tan temprano.
—Eso es mierda. ¿Qué? ¿Ustedes dos han dejado de follar las noches
de pelea?
—Oh, diablos no —dije—. Follamos antes de irnos.
Ripp me frunció el ceño y luego se volvió hacia Ethan.
—¿En serio?
Ethan se encogió de hombros.
—Ajá.
—Jodidamente lo juro —se quejó Ripp—. Nadie está dispuesto a
comprometerse cuando se trata de este deporte. No como en el pasado.
Me reí.
—¿En el pasado?
—En el pasado, solía follar a tres o cuatro perras por día. Las follaba
en el estacionamiento de la tienda de comestibles, detrás del sitio japonés,
en mi auto, en mi moto, mierda… Incluso me follaba a las señoras de los
tipos a los que pateaba el culo. ¿Pero una cosa que nunca hice? Follar el
día de una pelea.
Tenía mis dudas respecto a eso.
—Mentira.
—Di lo quieras —gruñó Ripp—. Es la puta verdad. Ahora, ¿Dekk? Una
historia diferente. Follaba a Kace y entraba al ring.
—Y está invicto, ¿cierto? —Alcé una ceja—. Y tú no.
—Jódete, Jaz.
—Mierda —dijo Ethan, el tono de su voz pareciendo casi preocupado.
Me incliné hacia delante y le disparé una mirada.
—¿Qué?
162

—Aquí viene.
—¿Quién?
Página

—Tiny. El tipo contra el que peleo.


Tosí una risa.
—¿Se hace llamar Tiny8?
Inclinó su cabeza hacia la entrada.
Ripp y yo nos volvimos hacia la puerta. Vestido con una camiseta sin
mangas, pantalones deportivos y sandalias, un hombre con un corte
mohawk de quince centímetros estaba caminando por el pasillo hacia
nosotros. De lo que pude ver, era un poquito más grande que Ripp, y este
estaba más allá de comparación.
Luché por tragar.
—¿Vas a pelear con él?
Se cruzó de brazos y asintió. Di otro vistazo en la dirección de Tiny.
Sorprendida por la velocidad de su paso, rápidamente me volví de nuevo
hacia Ethan.
Por mi periferia, lo observé. Empezó a reír entre dientes. Di otro
rápido vistazo. Dio un paso a pocos metros de mí y tiró de la correa de su
bolsa de gimnasio sobre su hombro. Entonces, se cruzó de brazos,
copiando la postura de Ethan, y me miró directamente.
—Sigue dándote la vuelta y mirando, y podrías convencerme de darte
algo de esto. —Movió sus caderas adelante y atrás salvajemente en mi
dirección.
Puto imbécil.
Apreté mi puño derecho y le lancé un gancho en su barbilla. El sonido
de hueso golpeando hueso siguió y sus ojos se ampliaron.
Y entonces, todo sucedió al mismo tiempo.
Frotó su mandíbula y dejó caer su bolsa.
—Jodida puta.
—¡Hijo de puta! —gritó Ripp. Tiró del lado de mi camiseta—.
¡Jodidamente voy a matarte!
—Vamos, grandote —bramó Tiny. Curvó sus puños apretadamente en
su pecho.
Oh, joder.
Ripp tomó una postura de lucha.
Sobre todo el griterío, Ethan voceó. Su tono y la autoridad en su voz
enviaron un escalofrío por mi espalda. Extrañamente, también me aportó
una rara sensación de bienestar.
163

—¡Jodidamente no lo toques! —gruñó Ethan—. Jodidamente. No. Lo.


Toques.
Página

No estaba enojado. O furioso. Estaba preparado para matar.

8 Significa diminuto en inglés.


—Tengo esto —dijo Ripp sobre su hombro.
—Lo digo en serio, Ripp —replicó Ethan, su voz exigente—. Defenderé
lo que es mío, y no necesito ninguna jodida ayuda.
Tiny se quitó sus sandalias pateándolas.
—Vamos, niño bonito. Cuando haya terminado contigo, te daré por el
culo y luego empezaré con tu chica.
Ethan dio un paso alrededor de Ripp. Tan pronto como lo hizo, Tiny
soltó un gancho de derecha. Ethan lo esquivó y, de inmediato, lanzó un
duro derechazo en el rostro de Tiny.
Tiny se tambaleó.
Ethan lo golpeó de nuevo con otro derechazo.
Y de nuevo.
Y otra vez.
Tiny se alejó tambaleante. La gente que venía por el pasillo de entrada
del gimnasio comenzó a reunirse alrededor.
Mientras Tiny luchaba para recuperar su paso, lanzó un esperanzado
gancho de izquierda. Ethan se echó hacia atrás y el puñetazo lo pasó
volando. Contraatacó con un gancho de izquierda directo y aterrizó en el
centro de su nariz.
La sangre salpicó por todas partes.
Y Tiny cayó al suelo.
—Hijo de puta —dijo Ethan—. Levántate.
Tiny gimió.
Ethan presionó su talón contra las costillas de Tiny.
—He dicho que te levantes.
No creí que pudiera hacerlo. Ethan lo había golpeado con cinco
puñetazos sin respuesta, todos ellos encajando duro. Si acaso, necesitaba
una ambulancia.
Ethan se inclinó sobre él y agarró un puñado de su mohawk. Usando
su cabello y la parte de atrás de sus pantalones deportivos, lo puso de pie.
Su una vez camiseta blanca estaba cubierta de sangre, al igual que su
rostro.
—Discúlpate —dijo Ethan—. Dile que lo sientes por actuar así, hijo de
164

puta.
Tiny gimió.
Página

Ethan lo agarró por la garganta y apretó.


—Discúlpate.
—No lo mates —dijo Ripp.
—Va a disculparse —gruñó Ethan.
—Lo siento —dijo Tiny, su voz casi un inaudible suspiro.
—No lo bastante bueno —comentó Ethan.
Liberó su garganta.
—Discúlpate.
Tiny negó y tosió un par de veces. La sangre goteaba constantemente
por su rostro. Se veía como el absoluto infierno.
—Yo… uhhm. Yo… lo siento.
Ethan encontró mi mirada.
—¿Satisfecha?
Asentí.
—Muchísimo.
Ethan envolvió su brazo alrededor del cuello de Tiny, recogió su bolsa
de gimnasio y lo arrastró hasta la puerta. Después de abrirla de una
patada, lo empujó junto a su bolsa al estacionamiento.
Ripp miró mi mano.
—¿Te hiciste daño en los nudillos?
Sacudí la mano. Aunque estaba dolorida, nada estaba roto. Contrario
a lo que enseñan en las películas y la televisión, golpear a alguien con los
puños desnudos generalmente no disloca o rompe los dedos. Los míos, en
cambio, dolían.
—Estarán bien.
—Ahora, eso fue un culo azotado —dijo Ripp mientras Ethan se
acercaba.
Miró sus manos ensangrentadas.
—Recibió lo que merecía.
Ripp rió entre dientes.
—Dios, malditamente lo hizo.
—Podría necesitar tomarse un tiempo libre de boxeo. —Ethan alzó sus
manos. Todos sus nudillos estaban machacados terriblemente.
165

—Vas a necesitar algunos puntos —comentó Ripp—. O podemos


pegarlos.
Página

Ethan rió.
—Haré que los cosan. Y no tú.
Se volvió hacia mí.
—Lo siento por eso.
—¿Por qué?
—Por cómo te trató.
—No es tu culpa —dije—. Y te ocupaste de ello. Buena cosa, iba a
arrancarle el mohawk.
—Más te vale cuidar de esas manos —dijo Ripp.
Terrance, el chico que limpiaba el gimnasio, empujó una fregona y un
cubo entre nosotros.
—Limpieza en el pasillo siete.
Todos compartimos una risa mientras limpiaba la sangre.
Después de terminar, metió la fregona en el cubo y se apoyó en el
palo.
—¿De qué iba todo eso?
—De un hombre que no sabe cómo respetar a una dama —dijo Ripp.
Ethan asintió.
—Eso mismo.
—Si fuera irrespetuoso con una dama, sería abofeteado tan fuerte que
mis nietos podrían sentirlo. Eso es lo que mi padre me dice.
—Tu padre suena como un buen hombre —dijo Ripp.
Terrance sonrió y asintió.
—Bien, entonces. Intenten permanecer fuera de problemas.
Después de unos minutos de charla, acordamos que Ethan
necesitaba ir a un centro médico para los puntos.
—Voy a hablar con Dekk —dijo Ripp.
—Lo llevaré al médico —dije.
—Mañana —comentó Ripp sobre su hombro.
Ethan y yo fuimos a la puerta y burlonamente la abrí para él.
—No quiero que te golpees más de lo que ya estás.
Cruzó la puerta, se volvió hacia mí y se rió.
—Estoy bien. Diez o doce puntos y…
Salido de la nada, algo lo golpeó en la cabeza. Fue tan rápido que me
166

tomó un segundo darme cuenta de lo que había pasado, pero para el


momento que mi mente lo procesó, era demasiado tarde.
Página

Se derrumbó en el asfalto.
Me apresuré a cruzar la puerta. Tiny estaba sobre él con ojos locos y
un bate de beisbol. Inconsciente, Ethan yacía sobre su espalda con sus
manos a sus lados.
Oh, Dios mío.
Tiny alzó el bate sobre su cabeza.
—¡No! —chillé—. ¡No lo hagas!
Me echó un vistazo, sonrió y balanceó el bate hacia abajo duro,
estrellándolo contra el cráneo de Ethan.
No podía creer lo que estaba viendo.
—¡Nooooo! —grité.
Caí de rodillas y me lancé sobre Ethan, protegiendo su cuerpo con el
mío. Alcé mi brazo derecho en defensa.
—Por favor. Por favor —balbuceé—. No lo hagas. Vas a matarlo.
Bajé la mirada. El cráneo de Ethan estaba abierto. Había sangre por
todas partes. Sujeté su cabeza en mis manos. Alguien salió por la puerta y
chilló.
—¡Ve por Ripp! —grité—. Y llama al 911. Necesitamos una
ambulancia. ¡Rápido!
Alcancé su bolsa, saqué su sudadera sin mangas y la envolví
alrededor de su ensangrentado cráneo.
Y lloré como nunca antes lo había hecho.
167
Página
Treinta y dos
Jaz
Día noventa.

N
o era la forma en que quería conocer a los padres de Ethan,
pero tenía muy pocas opciones. Dekk, Ripp, Kelsey, el padre y
la madre de Ethan, sus hermanos y un doctor, estábamos
reunidos en la sala de espera.
—Hay muchos factores, Sr. Halloway. El daño en el cráneo fue severo,
por lo tanto, el daño cerebral también lo fue. Hay contusiones con efectos
secundarios previstos que interfieren en la oxigenación cerebral, y no
tenemos forma de saber las secuelas en una escala mayor. Simplemente,
es demasiado pronto para decirlo.
—¿Cuándo despertará? —preguntó su padre.
Su madre alejó la mano de su boca.
—No lo sabe, William.
—Lo sabe. Él es el doctor —gruñó. Se alejó de la madre de Ethan y
enfrentó nuevamente al doctor—. ¿Cuándo?
—Lo siento —dijo el doctor—. Ahora mismo, no es cuestión de
cuándo. No quiero engañarlos. Es cuestión de si. En una desagradable
gran medida.
Oh, Dios.
Ripp me abrazó.
La policía ya había arrestado a Tiny. No fue una sorpresa para mí que
tuviera varios cargos pendientes. Personalmente, desearía que la policía no
lo hubiera encontrado. La justicia callejera, en mi opinión, es mejor en
algunas circunstancias.
Esta era una de ellas.
168

Intenté prepararme para lo peor, pero no pude. Cada vez que


intentaba imaginar a Ethan muriendo, causaba que empezara a lloriquear
incontrolablemente.
Página

Las peleas no importaban. El campeonato no importaba. El dinero no


importaba. Nada importaba, solo tener a Ethan saludable y de regreso en
mis brazos.
—¿Quieres ir por un café? —me preguntó Ripp.
—Odias el café —dije—. Eth…
Comencé a decir Ethan me dijo, pero ni siquiera pude decir su
nombre. Mordí mi labio alcanzando la mano de Ripp, y asentí. Agradecida
de tenerlo no solo como mi entrenador, sino como amigo, lo seguí mientras
se dirigía hacia el pasillo seguido de Kelsey y Dekk.
Parecía que había tres grupos de personas preocupados por la
recuperación de Ethan. Todos sus amigos, hermanos, y luego sus padres.
No tenían ningún interés en mezclarse con nosotros, hablarnos, o
compartir información. Lo poco que sabíamos, fue por escuchar lo que el
doctor decía mientras hablaba con ellos.
Extrañamente, el hermano y la hermana de Ethan estaban sentados
juntos en un sofá en otra área de la sala de espera. No parecían tener
interés en sus padres, nosotros o el doctor.
Quería que todo terminara y regresar a la normalidad.
Ripp caminaba a grandes zancadas por el pasillo con mi mano en la
suya. Luché para alcanzarlo y recordé el primer día de entrenamiento,
cuando me arrastró a la tienda deportiva.
—Baja la velocidad.
—Lo siento, Jaz —dijo—. Solo estoy enojado por no haber matado a
ese hijo de puta yo mismo.
—Eso es todo lo que necesitas hacer —dijo Dekk—. Se hará justicia.
Las cámaras de vigilancia lo captaron todo. Ese tipo está jodido.
—Tú ummm. Tú… mataste a alguien.
Ripp se detuvo.
—No estoy orgulloso de ello, pero sí. Ese bastardo realmente le causó
daño a mi hermana. La violó. Fui a su casa, peleamos y rompí su maldito
cuello.
—¿Fuiste a prisión?
—Defensa propia —dijo—. Él sacó un arma.
—Oh —dije—. Siento lo de tu hermana.
Se encogió de hombros.
—Está felizmente casada ahora.
169

Debería haberme sorprendido, pero no lo hizo. Ripp parecía el tipo de


hombre que haría lo que fuera para proteger a las personas que amaba.
Pensar que su hermana había sido violada era terrible. Y saber que se hizo
Página

cargo de la situación, y más por quién fue el causante, era extrañamente


satisfactorio.
Los cuatro fuimos a la cafetería, compramos bebidas y nos sentamos.
Por algún tiempo, nadie habló.
—Ese chico tiene un gran corazón. Eso lo llevará atreves de esto —
dijo Kelsey, rompiendo el silencio—. Malditamente bueno cómo se puso de
pie por ti. Eso demuestra lo mucho que significas para él. Ahora es tu
turno. Eres una mujer fuerte, Spaz. Mantente así. Todos juntos saldremos
de esto.
Me gustaba que Kelsey me llamara Spaz, incluso cuando las cosas
fueran serias. Me hacía saber que el sobrenombre que me había dado era
más por afecto que por desdén.
—Seré fuerte —dije—. No tengo opción.
—Ninguno la tiene —dijo Ripp—. Cada uno de nosotros es un
luchador. Está en nuestra sangre. Incluido Ethan. Necesitamos pelear acá
afuera y ser fuertes por él. Él luchará su propia batalla en cuidados
intensivos. Yo lo veo de esta manera: él está durmiendo ahora mismo. Esa
maldita burbuja lo hirió seriamente y solo necesita dormir. Demonios, tan
duro como es, probablemente no está tan herido.
Pensé en el cráneo de Ethan y cómo estaba partido cuando la
ambulancia llegó. Mi estómago convulsionó. Me estiré a través de la mesa.
Ripp extendió su brazo y agarró mi mano.
La apretujé en la mía, agradecida una vez más de tenerlo como amigo.
Mientras perdía la mirada en la distancia, sentí los dedos de alguien más
contra mi otra mano. Bajé la mirada. Kelsey tenía mi mano en la suya,
acunándola ligeramente.
Agarré su mano de regreso.
Miré a Dekk.
No habló, simplemente asintió, mostrando su sonrisa superficial y
puso el gorro sobre su cabeza.
Y supe que estaba donde necesitaba estar.
Con la única familia que tenía.
Pero era toda la que necesitaba.
170
Página
Treinta y tres
Jaz
Día noventa y tres.

H
acer malabares entre el trabajo, el entrenamiento y mis visitas
al hospital no era fácil. Al menos dos veces al día lograba ir a
ver a Ethan, luego trabajaba y entrenaba para la pelea como
podía.
Sabía que las tres cosas eran importantes, pero de formas diferentes.
Si dejaba la pelea por el título, Ethan estaría muy decepcionado cuando
despertara. Esa sola razón me motivaba para seguir entrenando. Debía de
trabajar para pagar el alquiler y comer, así que también era necesario.
Ver a Ethan, incluso mientras dormía en el coma, seguía siendo el
mejor momento de mi día.
La piel bajo sus ojos estaba terriblemente amoratada, así como sus
mejillas, y su bonito cabello había desaparecido. No era nada que un
sombrero no pudiera arreglar, así que le compré un gorro de lana.
Intentaba encontrar lo bueno en todo, y agradecí que el hombre
responsable de herirlo estuviera en custodia. También agradecí a Dios que
Ethan estuviera vivo durante cada visita y cada noche antes de dormir. En
mis oraciones explicaba que me quedaría con él de la forma en que estaba
si era lo único que podía tener.
De cualquier forma, amaba a Ethan con todo mi corazón, y sabía que
nada podría cambiar la forma en que me sentía.
Subí en el elevador hasta el piso siete y rodeé la esquina hacia el
puesto de enfermeras. Técnicamente, se suponía que no podía estar en el
cuarto de Ethan, porque no era familia. Dekk se encargó de eso con un par
de llamadas, y una vez más agradecí por mi familia improvisada.
—Buenos día, Jaz —dijo la enfermera.
—Hola, Tracey.
171

Caminé por el pasillo y atravesé la puerta que llevaba al cuarto de


cuidados intensivos de Ethan. El constante pitido me daba la seguridad de
Página

que estaba vivo y bien. Me incliné sobre la cama y lo besé en la mejilla.


—Buenos días, cariño.
Me senté en la silla, abrí el libro de pasatiempos, y miré el crucigrama
del día.
—Listo. Cuatro letras. Circuito de Broadway. Es hacia abajo. ¿Y
cruzando? Tres letras. Sr. Franklin.
Acerqué la pluma a la página.
—Vamos con Ben para Sr. Franklin. Así que, cuatro letras hacia
abajo, circuito de Broadway, y empieza con B. Iremos con bomb9. Bien. Al
final de Bomb, tenemos una buena. La pista es implorar. ¿Entonces que
empieza con B y tiene siete letras?
—¿Beesech10? —Estiré la mano y toqué su pierna—. Buena respuesta.
—¿Cómo va el crucigrama? —preguntó Kelsey mientras atravesaba la
puerta.
—Bien, gracias.
Me dio una palmada en el hombro.
—¿A qué horas vas a trabajar hoy?
—En unos cincuenta minutos. A las nueve. Tengo turno de mañana y
me quedaré hasta antes de la cena, pero no tengo que cerrar.
—Eso es bueno.
Lo estudié un momento.
—¿Estás usando la misma ropa de ayer?
—Siempre uso camiseta blanca.
—Pero tu camisa blanca no siempre tiene salsa de tomate en la
manga.
Miró su manga, se encogió de hombros, y se sentó.
—No he ido a casa todavía.
—¿Te quedaste toda la noche?
—Justo donde estás sentada. Alguien debe estar aquí por si despierta.
No sé si sus parientes están muy ocupados o no les interesa. No importa
mucho, supongo, siempre y cuando alguien esté aquí.
Me sentí terrible por Kelsey. Nos amaba a cada uno de nosotros, pero
no lo admitiría. Viendo todo el esfuerzo y tiempo que ponía para
asegurarse que Ethan tenía todo lo necesario, era una prueba de su amor
por nosotros.
172

En el segundo día, Kelsey fue a la tienda y compró medias, diciendo


que las que le daban eran muy apretadas y podrían cortar su circulación.
Página

9 Es un evento anual de carreras en patinetas.


10 Palabra original, sinónimo de suplicar o implorar.
Más tarde ese día, fue a la tienda de CVS y compró loción corporal,
declarando que la piel de Ethan estaba secándose por la “mierda de la
tienda de diez centavos” que el hospital daba.
Cuando supo de mi idea de leerle crucigramas, me dio toda la
seguridad que necesitaba para convencerme que eso mantendría a Ethan
aleta y no permitiría que su cerebro se desvaneciera en la nada.
—Gracias por preocuparte —dije.
—Entonces, ¿hoy estamos agradeciendo por comportarnos como
humanos? Bueno, gracias a ti también, Spaz —gruñó.
—Sabes qué quiero decir.
Negó.
—No supongas que lo sé. Solo soy un viejo aburrido. ¿Qué más voy a
hacer?
—Cuando estás en el gimnasio, siempre te vas y dices: Tengo mierda
que hacer. Y ¿qué? ¿Ahora estás aburrido?
—Eso es lo que dije.
Doblé el crucigrama y lo miré.
Me miró también.
Después de un rato, me rendí.
—Tú ganas.
—¿En qué? ¿Intentando que una quinceañera se meta en sus propios
asuntos?
—No soy una quinceañera. Tengo veinticinco. Ya lo sabes, fuiste a mi
cumpleaños.
—Tengo botas más viejas que tú —dijo.
—Estoy segura que sí.
—Si todavía está aquí durante la pelea, necesitamos que la pasen
aquí dentro. Recuérdame preguntarle a la enferma por la televisión de
pago. No podemos dejarlo aquí sin que pueda escucharla.
—Te lo recordaré. Pero creo que estará bien para entonces.
—Solo por si acaso —dijo.
No había pensado en ello, pero en algún momento tendría que dejar a
173

Ethan para ir a Las Vegas. De hecho, todos nos iríamos. Pensé en eso un
momento, y decidí que no me gustaba la idea, así que lo dejé.
Alcé la vista. Kelsey estaba dormido en la silla. Miré mi reloj, era
Página

pasada la hora de irme, así que me levanté y fui a la puerta. Dudé en el


umbral, y me giré.
—Kelsey —susurré—. Kelsey.
No se movió.
Bien.
Caminé en puntitas tras él y lo besé en la cabeza.
Te amamos, viejo.
174
Página
Treinta y cuatro
Jaz
Día noventa y nueve.

E
than había dormido durante algo más de una semana sin
hacer ningún progreso cuantificable. Aprendí que todo aquello
no era más que un juego de esperanzas glorificado, y que
cuando se llegaba a este punto, los médicos no sabían absolutamente
nada útil.
No hubo pruebas adicionales. Nadie pinchó su cerebro con una
sonda, ni lo colocaron de nuevo en la máquina de resonancia magnética.
Ni un médico ni una enfermera vinieron a estirar los dedos de sus manos y
de los pies para ver si todavía se movían. No trabajaban sus piernas de un
lado a otro.
Y solo lo bañaban una vez a la semana.
Odiaba que tuviera que estar allí, y deseaba llevarlo a casa conmigo,
pero no podía. Realmente no se preocupan por él, y darme cuenta de eso
me molestó.
—Tenemos seis días —dijo Ripp—. Seis.
—Lo sé.
—¿Crees que estás lista?
—Tan lista como puedo estar. No voy a aprender nada nuevo en seis
días, ¿verdad?
Se encogió de hombros.
—Supongamos que no.
—No voy a ser más grande, más fuerte, o más rápida, ¿verdad?
—Lo dudo.
—Así que, creo que estoy lista.
175

—Desearía que las cosas fueran diferentes con él. Lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé.
Página

—Te digo la verdad, ojalá hubiera pateado el culo de ese cabrón como
iba a hacer —dijo—. De ser así, Ethan estaría justo aquí ahora.
—No es tu culpa.
—No fui yo, pero podría haberlo impedido. ¿La próxima vez? Haré lo
que sé que es correcto.
—Ethan estaba defendiendo mi honor. ¿Es eso incorrecto?
Sacudió la cabeza.
—No. Pero yo estaba haciendo lo mismo.
—¿Tu y yo? No estamos juntos. Así que solo estabas... no lo sé. Solo…
—Es responsabilidad de un hombre defender a cualquier mujer que
esté siendo maltratada, no importa quién sea ella.
—¿De verdad lo crees?
Asintió.
—Lo sé.
Con la frente arrugada y los ojos entrecerrados, parecía enojado.
Supongo que, en lo más profundo de su interior, no se sentía diferente a
mí. Pensar que había dos personas que estaban como yo no me hizo sentir
mejor. No desearía mis sentimientos a nadie.
Estaba exhausta mental, física y emocionalmente. Me acerqué a él y
le tendí mis guantes. Los desató, los sacó y los tiró encima de mi bolsa.
Envolví mis brazos alrededor de él y le di un abrazo.
—Lamento que estés enfadado por todo esto. Uno de estos días él
estará bien, y todos volveremos a mirar atrás y... bueno... no lo sé. Tal vez
contaremos historias o algo.
—Algo —dijo—. Haremos algo.
—Es fin de semana. ¿Podemos dejarlo ya para poder ir allí?
Me abrazó durante un largo minuto, luego empujó sus manos contra
mis hombros, haciéndome apartarme un poco de él.
Me miró fijamente.
—Ve a cuidarlo a él —dijo—. ¿En lo que respecta a esta pelea? Yo me
ocuparé de ti. Estás lista, Jaz. Tan lista como estarás.
—Gracias. Yo solo… No sé. Quiero ir a darle un baño. Limpiarlo un
poco.
—Haz lo que tengas que hacer —dijo.
176

Pensé en ello por lo que parecía una eternidad, luego decidí


preguntar.
Página

—¿Puedo decirte algo?


Asintió.
—Cualquier cosa.
—¿Cualquier cosa?
—¿Qué acabo de decir? Puedes decirme cualquier cosa —dijo.
Realmente necesitaba oírlo de alguien. Tenía miedo, si no lo hacía, iba
a colapsar y morir. Oré para que entendiera. Inhalé un poco de aire y
suspiré.
—Te quiero, Ripp.
Sonrió ampliamente, la sonrisa cursi de Mike Ripton.
—Mierda. Yo también te quiero, pequeña cabrona.
No era lo que tenía en mente, pero no dudé de su sinceridad.
Alcancé mi bolso.
—Bueno. Voy a ir a verlo, y luego dormir un poco.
—Saluda de mi parte —dijo—. Después que hayas terminado con el
baño, sin embargo.
Pasé mi bolso sobre mi hombro y lo miré fijamente.
—¿Por qué no durante?
—No quiero que laves su polla mientras estás hablando de mí. Podría
confundirlo.
Puse los ojos en blanco y me giré. Ripp no tenía mucho tacto, y
carecía de modales convencionales, pero no lo cambiaría por nada ni por
nadie.

Lo fulminé con la mirada.


—¿Dónde está Kelsey?
El padre de Ethan lanzó sus manos al aire.
—No tengo ni idea de quién es Kelsey, y para ser honesto, no me
importa.
—Kelsey es quien ha estado aquí, sentado con él día y noche, por si
177

despertaba. Y no creo que tengas que tomar esas decisiones.


—Si no soy yo, ¿quién lo hará?
Página

Las lágrimas rodaron por mis mejillas.


—Tú no eres Dios —lloriqueé.
—Ahora mismo soy lo más cercano a Dios que existe —dijo.
Me limpié las mejillas con mi antebrazo.
—Si lo amases, nunca hablarías de hacer algo así.
—¿Quién crees que estará atascado con la factura cuando no se
despierte? Tú no, eso es seguro.
Estaba más allá de las lágrimas. Había llegado a un punto en el que
estaba lo suficientemente enfadada como para luchar, pero sentía que le
debía a Ethan ser tan civilizada como fuera capaz.
—Lo pagaré. De aquí a una semana seré capaz de hacerlo. Así que
márchate. Solo vete. Lo pagaré.
—Es muy poco probable —dijo—. Y no voy a discutir contigo. No te
debo una explicación.
Me sentía peor que enferma solo de pensar que lo estaba
considerando. No podía creer que la gente como él existiera.
—Han pasado nueve días. Nueve. No nueve años. Ni siquiera nueve
meses. Y no me importa cuánto tiempo sea, estaré aquí con él para
siempre. ¿Sabes por qué?
—No me importa.
—¡Porque lo amo! —grité.
—¿Hay algún problema? —preguntó Kelsey detrás de mí.
Gracias a Dios.
Me di la vuelta y lo abracé. Después de sollozar en el hombro de su
camisa por varios segundos, reuní mi compostura. Me incliné hacia atrás y
me limpié las lágrimas.
—Va a pedir que desenchufen a Ethan. Quiere dejarlo morir.
—Tiene muerte cerebral —dijo el padre de Ethan—. Alguien tiene que
tomar decisiones sobre cuál es el mejor interés de todos.
Kelsey me rodeó.
—No tiene muerte cerebral, se está recuperando de una lesión. —
Dobló sus puños e hinchó el pecho—. Ahora recoge tu mierda y sal de aquí
antes que patee tu culo.
Santa mierda, Kelsey.
El padre de Ethan le devolvió la mirada.
—¿Y tú eres…?
178

—Soy el viejo con el que no quieres joder ahora mismo. Créeme.


—Es una cuestión de economía.
Página

Kelsey se apartó y señaló a la puerta.


—¿Economía? ¿Esto es sobre dinero? Puedes apostar tu último
centavo olvidado de Dios a que tengo mucho más maldito dinero que tú.
Gastaré hasta el último centavo manteniendo a este chico vivo y pagando
abogados para asegurar que no tengas voz en el asunto. Ahora, sal de aquí
antes que te rompa la puta nariz.
El padre de Ethan negó.
—Tarde o temprano…
Kelsey levantó los puños como si estuviera preparado para luchar.
—¿Tarde o temprano? Tarde o temprano te voy a azotar el culo. Sal.
Ahora.
El padre de Ethan salió pisoteando.
Exhalé, sintiendo que había heredado una serie de nuevos problemas.
—No podemos dejarlo solo. Su padre...
Kelsey negó y se sentó.
—No estará solo.
—Pero…
—Pero nada. No estará solo.
—Lo amo tanto —dije. Mis ojos se llenaron de lágrimas. El llanto
comenzó de nuevo—. No puedo dejar que nada pase...
—No le pasará nada a este chico —dijo Kelsey—. No en mi guardia.
Apretó el puño y extendió su brazo.
La poca duda que quedaba desapareció.
Y golpeé mi puño contra el suyo.
179
Página
Treinta y cinco
Jaz
Día ciento tres.

M
e sentía enferma por irme a Las Vegas, pero sabía que no
tenía alternativa.
—¿Prometes que llamarás si cualquier cosa cambia?
Kelsey me fulminó con la mirada.
—¿Qué te dije?
—Cualquier cosa. Lo digo en serio.
—Sé lo que significa cualquier cosa.
Odiaba pensar en que Kelsey no estuviera en la pelea.
—Ojalá pudieras ir. Pero me alegra no lo hagas. Sabes a lo que me
refiero. Quedarte aquí para estar con él.
Rodó sus ojos dramáticamente.
—Escucha al muñeco, Spaz. Y sigue girando en la planta de ese pie
como aplastando un cigarrillo. Lo harás bien.
—Lo haré —dije—. Justo como me enseñaste. —Miré mi reloj—. Tengo
que irme.
Asintió.
Me puse en el borde de la cama, extendí la mano y ajusté su gorro.
—Hay treinta y ocho grados fuera y hace tanto frío aquí… vas a
terminar enfermo. Les hablaré de la temperatura de nuevo, no te
preocupes. Tengo que irme, pero volveré dentro de unos días, así que
tranquilo. Sin promesas, pero gane o pierda, te haré sentir orgulloso. —Me
incliné y le di un beso—. Te amo.
Miré mi reloj.
180

—Mierda. Realmente tengo que...


Kelsey abrió sus brazos.
Página

—Ven aquí.
Envolví mis brazos a su alrededor y lo abracé fuertemente. Podría
haber sido un viejo cabrón gruñón, pero era el más impresionante viejo
cabrón gruñón que jamás haya existido.
—Sal de aquí —dijo mientras me soltaba.
—Si algo cambia… —dije.
—Te oí las primeras diez veces.
Lo miré, suspiré y me giré.
Estaba casi en el pasillo cuando lo oí gritar.
—¡Oye, Spaz!
Me di la vuelta.
—Te quiero —dijo.
Me sentí bien al oírlo. Comencé a responder y luego me detuve. Se
paró en el centro del pasillo mirándome fijamente. Sonreí y me dirigí a la
salida.
Y, después de unos pocos pasos, levanté mi mano derecha en alto y le
enseñé el dedo.
181
Página
Treinta y seis
Jaz
Día ciento cinco.

M
e detuve en la esquina del ring rodeado por diecisiete mil
personas. Venir por el pasillo no era en absoluto lo que había
esperado. No hubo vítores, nadie palmeó mis manos, y no
hubo legiones de aficionados gritando.
Solo Ripp y yo.
—Me siento rara —susurré.
—Me voy a cagar en mis calzoncillos —susurró Ripp—. Y cuida lo que
dices. Tienen zoom en las cámaras y micrófonos por doquier.
Asentí.
—Bien.
Shockwave entró por el pasillo. Toda la multitud se volvió loca. Algún
día, si seguía siendo una contendiente, tendría tantos seguidores como
ella. ¿Pero mis seguidores? Los míos serían diferentes. No hablaría mal a
todo el mundo o enviaría tweets con hashtags de mierda en Twitter, por lo
que mis fans tendrían clase.
Pero sería una perra en el ring.
Se agachó bajo las cuerdas, entró en el ring y me fulminó con la
mirada.
Fruncí los labios, la fulminé de vuelta y esperé.
—No olvides lo que te dije —dijo Ripp—. Toca los guantes cuando el
árbitro te lo diga, y después de eso, no importa cuántas veces más te lo
ofrezca, no lo hagas.
—Lo tengo.
Me gustó el proceso de pensamiento de Ripp sobre tocar los guantes.
182

Me dijo que después de la sacudida inicial, nunca tocase los guantes de


nuevo cuando me lo ofrecieran. Era una táctica de intimidación que él
Página

usaba, y juró que funcionaba.


Según él, hacía que tu oponente te temiera.
Necesitaba toda la ayuda que pudiera obtener.
El presentador alcanzó el micrófono.
—Damas y caballeros… Esta noche, Tactical Promotions y el MGM
Grand presentan el combate por el campeonato WBC programado a diez
rondas. La retadora, en la esquina azul, con un récord de carrera de 135
victorias y 0 derrotas, y 62 victorias por nocaut. En su debut como
profesional, ¡Jaz... “Brawler”... Briscoe!
Levanté mis guantes y caminé en círculo.
Un puñado de personas, Dekk incluido, aplaudió.
Me sentí pequeña. Microscópica, para ser honesta. Pero no estaba
intimidada. De ningún modo.
—Y, en la esquina roja, la campeona...
La multitud enloqueció. Mientras gritaban y aplaudían, continuó:
—Con un récord profesional de...
—Odio a esta chica —susurré—. Hashtag Shockwave. ¿En serio? Los
hashtags son estúpidos.
—No eres la única. Está tan jodidamente llena de sí misma...
—Shay... Shockwave... Simpson...
La multitud enloqueció.
De nuevo.
El árbitro nos llamó al centro. Ripp y yo fuimos juntos. Ella se acercó
con su entrenador y representante. Me fulminó con la mirada. La fulminé
de vuelta.
—Les di sus instrucciones en los vestuarios. Obedezcan mis órdenes
en todo momento. Cuando digo sepárense, quiero una separación limpia.
En caso de una caída, las dirigiré a una esquina neutral. Quiero una pelea
limpia. Ningún golpe bajo, o las penalizaré. ¿Entendido?
La miró. Ella asintió.
Me miró.
—Sí, señor.
—Protéjanse en todo momento. ¿Alguna pregunta?
La miró. Ella negó.
Me miró.
183

—No, señor.
—Toquen los guantes.
Página

Golpeé mis guantes contra los suyos y me di la vuelta.


Ripp palmeó su mano contra mi hombro.
—¿Estás lista?
Golpeé mis guantes juntos.
—Hashtag joder, sí.
184
Página
Treinta y siete
Jaz
Día ciento cinco.

S
u intensidad era innegable. Desde el instante que estuvo cerca,
empezó a golpearme con dos y tres combinaciones de
puñetazos, dejándome muy poca opción aparte de protegerme
de ser golpeada hasta la muerte.
Sabíamos que era una luchadora versátil. No fue campeona por
accidente, eso seguro. Había estado en la cima durante cuatro años, y
desde que se convirtió en campeona, no había sido derrotada. Tener un
récord invicto en los aficionados es una cosa. Ser invicto en el circuito
profesional es algo completamente diferente.
Dekk y Ripp estuvieron de acuerdo en que, si pudiera pasar una
ronda con ella y averiguar cuáles eran sus fortalezas y debilidades, el resto
de la pelea podría ser mano a manos sabiendo exactamente cómo atacarla.
Dar pelea era mi fuerte, y hasta ahora, nadie realmente lo había
hecho. Casi todos los oponentes con los que luchó se vieron obligados a
pelear a la defensiva contra ella. Aunque, estar atrapada en el extremo
receptor de su desfile de puñetazos no estaba en mi lista de tareas
pendientes.
Su aluvión de golpes se detuvo. Miré a través del espacio entre mis
guantes y vi una abertura.
Me dijeron que no te atacara en la primera ronda, pero necesito saber si
puedes tomar un puñetazo.
Fingí una derecha y giré un gancho de izquierda. La izquierda se
estrelló contra su caja torácica y la hizo inclinarse mientras se estremecía
de dolor.
Golpeo duro para una pequeña perra, ¿no?
185

Mientras se inclinaba a su derecha, exponiendo su lado izquierdo,


balanceé un gancho derecho tan fuerte como pude.
Página

En ese instante, la mierda de Dekk o Ripp no era mi preocupación.


Quería hacerle saber que no estaba en un paseo gratis. Mi puño impactó
fuertemente contra su mandíbula, enviándola tropezando hacia las
cuerdas.
Me acerqué, golpeando su cuerpo. Uno tras otro, le di un puñetazo y
la presioné hasta que estuvo contra las cuerdas. Mi ataque solo había
durado unos segundos, pero fueron unos segundos de infierno absoluto
para ella.
Mi único objetivo era mantenerla contra las cuerdas. No había
hospital, ni entrenador, ni ancianos gruñones, ni facturas que pagar.
Había una chica contra las cuerdas, y yo tenía que mantenerla allí todo el
tiempo que pudiera.
Con mis guantes levantados justo debajo de mi barbilla y mis codos
metidos a los lados, empujé mis antebrazos contra ella, lanzándola a las
cuerdas. Cuando rebotó hacia mí, balanceé un gancho.
Golpeó muy bien contra su barbilla. Reaccionó con una izquierda
recta que fácilmente esquivé.
Ya he visto suficiente.
Me alejé y me moví hacia el centro del ring. Elegí hacerlo más como
un insulto que otra cosa. Tenerla atrapada contra las cuerdas y alejarse
enviaría un claro mensaje, estaba allí para pelear. Ella debería saberlo. La
gente lo sabría, y esa era mi esperanza. Necesitaba atrapar a la multitud.
Me quedé en el centro del ring y miré.
Sacudió la cabeza, golpeó sus guantes contra su estómago y comenzó
a caminar hacia mí.
Vamos, perra. Vamos.
Tenía las manos en alto mientras se acercaba. Realmente altas. Sus
codos estaban apretados a los costados. Era evidente que no le gustaba
que le golpeara el rostro y tenía la intención de protegerlo.
Solo había un problema con tener sus guantes tan altos.
Dejaba la mitad de su sección expuesta.
Dejé ir una combinación de seis golpes a su estómago y costillas con
toda la fuerza que había guardado desde el comienzo de la ronda. Sus
guantes bajaron ligeramente.
Hice un derecho recto duro que conectó con su barbilla.
Sus ojos se ampliaron.
Sus piernas temblaron.
Sentí que Ripp golpeaba su puño contra la lona dos veces.
186

Eché hacia atrás la mano izquierda.


¡Ding!
Página

La campana sonó, señalando el final de la ronda.


Considérate afortunada. Me estaba preparando para patearte el culo,
perra.
Me volví hacia Ripp y comencé a caminar confiada a mi esquina.
Se levantó de un salto y me dio una mirada.
Lo siento jefe, simplemente tenía que golpear a esa perra.
Tomó mi protector bucal.
—¿Qué diablos estabas haciendo?
—Ver si puede soportar un puñetazo.
—Enorme error dejarla alejarse de esas malditas cuerdas. Está
bastante claro que no puede luchar contra allí. Arrincónala de nuevo y
derrótala. ¿Me escuchas?
Asentí.
—Te hice una maldita pregunta —respondió.
Tragué con dificultad.
—Sí, señor.
—No jodas por ahí. Nada de juegos. Nada de mierda. Lleva a esa perra
contra las cuerdas y mantenla allí. No le gusta. Ahora escucha una cosa
más, ¿tu derecha dura? Continúa con un gancho de izquierda. No un
directo, y condenadamente seguro no un gancho desde abajo. Un gancho a
la cabeza. Derecha con fuerza, gancho a la cabeza. ¿Entendido?
Asentí.
—Dilo —exigió.
—Derecha con fuerza. Gancho a la cabeza. Mantenerla en las
cuerdas.
Parecía como si solo hubiera descansando durante dos o tres
segundos y deslizó mi protector bucal en mi boca de nuevo.
¡Ding!
187
Página
Treinta y ocho
Jaz
Día ciento cinco.

V
ino a mí tan pronto como sonó la campana, intentando
ponerme contra las cuerdas. Utilicé mi fuerza de piernas para
evitar que me empujara por todos lados y mis manos rápidas
para recordarle que no iba a ser un triunfo fácil.
La aparté y lanzó una dura derecha contra mis costillas.
¡Joder, eso dolió!
Un golpe de izquierda y una derecha vinieron inmediatamente
después de eso.
Cada uno de sus golpes conectó. Y. Dolieron.
Enojada, lancé una salvaje izquierda. Toqué su hombro. Lo seguí con
un gancho derecho y el golpe alcanzó su cadera.
Me atrapó con una dura derecha hacia mi cabeza, noqueándome por
un segundo.
Empujé mis guantes contra sus tetas y sacudí mi cabeza.
Ah, ¿quieres pelear?
Me acerqué a ella adelantando mi pie izquierdo, moviendo mi derecho
detrás. Mientras el espacio entre nosotras se cerraba, presioné la punta de
mi pie derecho contra el suelo, levanté mi talón y busqué su rostro con
una fuerte derecha.
El golpe ocasionó que se tambaleara.
Puedes agradecerle a Kelsey por eso.
Le di un golpe a las costillas y luego la ataqué con una rápida
combinación de cinco golpes. Cuando los golpes se detuvieron, me miró
con los ojos muy abierto.
188

No vine a boxear, perra.


Vine a pelear.
Página

Lanzó un gancho izquierdo que conectó fuerte con mis costillas.


Contraataqué con un gacho que se quedó corto y después una derecha
hacia su bíceps. Ese golpe pareció causarle más dolor que cualquier otra
cosa, lo que me pareció extraño.
Lancé una salvaje izquierda y la seguí con otra derecha. La derecha
golpeó contra su bíceps de nuevo.
Su rostro se contorsionó con dolor.
¿Pasa algo malo con ese brazo, Shockwave?
Lo golpeé de nuevo.
Se giró hacia el costado.
Lo golpeé de nuevo.
Lanzó una salvaje derecha.
Respondí con otra. El golpe aterrizó en el centro de su mentón.
En combates de aficionados, se requiere que los boxeadores utilicen
protector en la cabeza. El cojín acolchado que rodea la cabeza los protege
de contusiones, cortes, y ser fuertemente lastimados al ser golpeados.
En el boxeo profesional, no se lleva tal protección.
Mi suposición, cuando mi fuerte derecha chocó con su mentón, es
que deseo haber tenido puesto algo así.
Se tambaleó hacia las cuerdas.
¡Oh, mierda!
Me aceleré hacia ella y comencé a trabajar el cuerpo. Continuó
tambaleándose hacia atrás, todavía tratando de recuperarse de mi fuerte
derecha. Unos cuantos segundos después y estábamos contra las cuerdas.
Lancé una golpiza contra su torso con una combinación de seis golpes
y tiré un gancho izquierdo contra el costado de su cuello, apenas fallando
en alcanzar su cabeza. Seguí con una derecha contra su bíceps, lo que
ocasionó que su mano derecha bajara ligeramente.
Levanté mis guantes contra mi rostro y empujé contra ella con mis
codos mientras planeaba la siguiente etapa de mi ataque.
Una fuerte izquierda golpeando mi cadera me sacó de mi profunda
reflexión. Golpeaba fuerte, y no me gustó ni un poco.
Fuerte derecha, gancho a la cabeza. Fuerte derecha, gancho a la
cabeza.
Trabajé su cuerpo fuertemente y di un pequeño paso atrás y la
189

estudié. Su guante izquierdo colgaba bajo. La embestí con una fuerte


derecha y seguí con un gancho izquierdo. El gancho la impactó en el
Página

mentón, girando su rostro hacia el costado y haciendo que se le debilitaran


las rodillas.
Seguí con cuatro fuertes golpes al cuerpo y luego me alejé.
Vamos, perra, ¡vamos a pelear!
Sentí un golpeteo en la lona. Dos veces. La señal de Ripp para que
supiera que el round se estaba terminando.
Pero no había manera que fuera el final.
Esperaba que ella viniera por mí.
De nuevo, la mano de Ripp golpeó dos veces contra la estera.
¿Qué demonios?
Me acerqué más a ella y lancé un gancho izquierdo a su estómago y lo
seguí con una fuerte derecha. La derecha la golpeó directamente en el
rostro.
Sí, joder.
Y fue en ese instante que lo escuché.
—¡BRAAAA-LEER!
Un cosquilleo corrió por mi columna.
Di otro paso.
Más gente se unió. La multitud estaba gritando mi nombre.
Mi nombre.
—¡BRAAA-LER!
Estaba cerca de estar abrumada con emoción. Actué como si no me
afectara y pensé en lo que Ripp había dicho.
Contra las cuerdas. Fuerte derecha, luego gancho a la cabeza.
No estaba golpeando la estera porque el round se estuviera
terminando. Estaba golpeando la estera porque no estaba escuchándolo.
Estaba intentando provocarla para que peleara.
Di otro paso hacia ella, absorbí los golpes que me lanzó y tan pronto
como hubo un espacio, la golpeé con una fuerte derecha. El golpe aterrizó
justo en su boca. Antes que mi guante hiciera contacto con su piel, mi
izquierda ya estaba en su camino.
¡Boom!
El gancho izquierdo la noqueó y comenzó a tambalearse fuertemente
hacia un costado. Las cuerdas eran lo único que la mantenía en pie.
Deseé tenerla en el centro del ring, donde la quería, así podría
190

noquearla hasta el suelo.


La golpeé con otra derecha. Chocó contra las cuerdas y lanzó una
Página

derecha hacia el aire.


Estaba lastimada y era obvio. Las últimas tres derechas le habían
ocasionado algo de daño y la estaba mostrando.
—Cuando estés trabajando a tu oponente en las cuerdas, nunca
aflojes. En las cuerdas, siempre conviértete en una boxeadora. Al final dará
frutos.
Enderecé mi postura ligeramente.
Muy bien, Mike jodido Ripton. Boxearé algunos segundos y veré lo
que sucede.
La golpeé con una rápida combinación de cuatro golpes en la cabeza,
seguido por una fuerte derecha. Sus ojos se pusieron vidriosos, pero no
cayó.
—BRAW-LER…
Lancé un gancho izquierdo hacia su mandíbula. Se tambaleó hacia su
derecha.
—BRAW-LER… BRAW-LER… ¡BRAW-LER!
La golpeé de nuevo. Esta vez con una derecha directa. Luego una
izquierda. Se tambaleaba a lo largo de las cuerdas. La perseguí,
embistiéndola con izquierdas y derechas.
Las cuerdas eran su única salvación.
Y luego tuvo sentido.
Si estuviéramos en el centro del ring, ella podría haber escapado
después de cualquier serie de golpes que le hubiera lanzado. Ripp la quería
contra las cuerdas, así no podría escapar. Quería que le diera la paliza que
necesitaba recibir sin oportunidad para escaparse de mí.
La empujé contra las cuerdas y la ataqué con otra derecha. Su cabeza
se movió hacia atrás y adelante por el impacto del golpe.
Parecía un maniquí de pruebas de impacto.
Seguí con un gancho izquierdo.
Y otra derecha.
Y una izquierda.
—BRAW-LER …BRAW-LER … ¡BRAW-LER!
Mi juventud. Mi padre. El estado actual de Ethan. Había muchas
cosas que podría haber usado como mi inspiración para lanzarla contra
las cuerdas, pero todas hubieran sido mentira. Tonterías de cuentos de
hadas. Algo para un libro sobre mi vida. O lo que sea…
191

Pero no hubieran sido la verdad.


Estaba en este ring por una persona.
Página

Yo.
No estaba ahí para probar algo o para manifestarme por los derechos
de las mujeres. No estaba ahí por el dinero o la fama.
No quería un trato con Nike o un contrato con Under Armour.
Quería ganar porque, a pesar de todos los hechos que la vida me
lanzó para demostrar que era una perdedora, no lo era.
Era una ganadora.
Fuerte derecha, luego un gancho izquierdo.
La golpeé con otra derecha. Se tambaleó. Inhalé una aguda
respiración, incliné mi izquierda y la lancé fuerte, levantando mi pie por
completo del suelo.
El golpe aterrizó en su mandíbula y la sacó de completamente de
balance. Su cuerpo se estrelló con un golpe seco a mis pies.
La miré.
—Jaz Briscoe, perra. No lo olvides. Levanta tu trasero, vamos a
pelear.
Ripp tenía razón. Mantenerla en las cuerdas había sido lo correcto.
Cuando se levantará, tenía planes para ella. Iba a enjabonar, enjuagar y
repetir.
El árbitro se colocó entre nosotras y me dirigió hacia una esquina
neutral.
Gustosamente me paré en la esquina y esperé que se pusiera en pie,
así podría terminar de golpear su arrogante trasero.
Él se estiró para agarrar su brazo e intentó ayudarla a ponerse de pie.
Cayó de nuevo.
La levantó por el brazo, la puso de pie y comenzó a hacerle preguntas.
Se cayó sobre la lona de nuevo.
Estaba lastimada, estaba fuertemente lastimada.
La miró a los ojos. Y ondeó sus brazos por encima de ella, señalando
el final de la pelea.
¿El final de la pelea?
¿Qué?
Mi labio empezó a temblar.
¿Qué acababa de suceder?
Miré a mi alrededor. El ring se estaba llenando con reporteros, gente
192

desconocida y promotores.
Se había terminado. Realmente se había terminado.
Página

Había ganado.
Crucé a través de la multitud. Sentado en mi banquillo con la cabeza
en sus manos, Ripp lucía como un niño de más de cien kilos. Me arrodillé
junto a él y empujé mi guante contra su mentón, levantándolo ligeramente
para poder mirarlo a los ojos.
Escupí mi protector bucal hacia el banquillo.
—¿Qué pasa, jefe?
Levantó su cabeza. Lágrimas rodando por sus mejillas.
—Nada. Por primera vez en mi vida, todo está bien. —Levantó su
mano riéndose y limpió sus lágrimas—. Todo.
Una lágrima rodó por mi mejilla.
Se puso en pie.
—Felicidades. Lo hiciste.
Negué y me levanté.
—Nosotros. Lo hicimos.
—¡Damas y caballeros!
La voz de los anunciantes sonó por el sistema de sonido. Nos giramos
hacia el centro del ring. Cámaras destellaban. La gente nos vitoreaba.
Había micrófonos por todas partes. Sentía que iba a vomitar.
—Terminando al minuto 1:41 del segundo round, por nocaut… les
presentamos a la nueva campeona mundial de la WBC…
—¡Jaz “Brawler” Briscoe!
Ripp apretó mi cintura, levantó mi mano enguantada por todo lo alto
en el aire y dejó salir un grito que fue escuchado por millones de
televidentes a nivel nacional.
—¡Joder, sí! —bramó—. ¡Lo hicimos!
Por encima del sonido de todo. Escuché a alguien gritar mi nombre.
Y luego, la conmoción. Alguien se estaba abriendo paso a través de la
multitud, gritando mi nombre.
—Es Dekkar. —Escuché decir a un reportero—. Shane Dekkar.
—¡Jaz!
Me giré hacia la voz.
—¡Jaz!
—Quítense del camino —gruñó Ripp, haciendo a alguien a un lado—.
Dale algo de espacio a la chica.
193

Dekk se detuvo entre nosotros. Batallando para recuperar su aliento,


me extendió su teléfono. Su nivel de emoción era innegable.
Página

—Necesitas contestar esto.


—¿Kelsey?
Negó.
—Es el hospital. Pero no es Kelsey.
Me pasó el teléfono.
—Necesitas prepararte, Jaz.
Tragué fuerte y levanté el teléfono hasta mi oreja. Pero no había nada
que pudiera haber hecho para prepararme.
Nada.
194
Página
Treinta y nueve
Jaz
Día ciento cinco.

L
as puertas del ascensor se abrieron. Corrí por el pasillo lo más
rápido que pude, con las piernas ardiendo por todo el camino.
Ripp y Dekk estaban en algún lugar detrás de mí, no tenía ni
idea de dónde. Diablos, no me importaba.
Me deslicé por la esquina, pase corriendo por la estación de
enfermería, y corrí por el pasillo hasta que estaba frente a la habitación.
724.
Respiré hondo y enfrenté la puerta abierta.
Kelsey se volvió hacia mí.
Lágrimas rodaban por sus mejillas.
Abrió su boca.
Nada.
Mi labio comenzó a temblar. Di unos pasos lentos. Mis piernas
empezaron a temblar. Alcancé a Kelsey, lo atraje hacia mí y caminé junto a
la cama.
—¿Cómo... cómo... uhhm... ¿Cómo te va?
Incapaz de hablar, simplemente asintió.
Un bolígrafo y papel se situaban al lado de la cama. Cogí el bolígrafo y
garabateé una nota rápida.
Ethan,
Te amo mucho.
Firmado,
La Campeona WBC del Mundo
195

Como que lloré y reí mientras colocaba la nota al lado de Ethan. Fue
una combinación extraña que incluyó una descarga incontrolable de
Página

emoción, muchas lágrimas, y una pequeña risa.


Levantó la libreta, la miró por un momento y cogió el bolígrafo.
Después de un momento, lo dejó caer a su lado. Lo levanté.
Jaz,
Yo también te amo. Cuando consiga este tubo fuera de mi boca, quiero
un beso.
Nunca dudé de ti.
Ethan
196
Página
Cuarenta
Jaz
Día ciento veintiuno.

N
unca había visto una mesa de comedor en la que entrara tanta
gente. Miré a mi alrededor. Este grupo de personas eran la
prueba de que la familia puede o no estar vinculada por
sangre. Algunos lazos se desarrollan a través del amor, amistad y un
vínculo especial que se forma cuando la gente cierra la boca y abre sus
corazones.
—No ganaste una mierda. Estoy cansado de eso, Mike. Jodidamente
cansado. Deja esas historias fuera. La chica ganó la pelea. Tú solo estabas
mirando —dijo el padre de Ripp.
Ripp dejó caer un hueso de pollo en su plato y lo fulminó con la
mirada.
—Nosotros ganamos.
Su padre movió el tenedor hacia Ripp.
—No te vi dar un puñetazo. Ni uno. Jaz ganó.
—¿Ese es tu nombre, cariño? ¿Jaz?
Me volví hacia la madre de Ripp, preparada para responder.
—Déjala en paz —replicó Ripp—. Igual vale.
La madre de Ripp negó.
—Nada de apodos en la mesa.
Miré a Ripp. Se encogió de hombros. Miré a Dekk. Se encogió de
hombros. La esposa de Dekk, Kace, se limpió las manos en la servilleta y
se volvió hacia la madre de Ripp.
—Es Beth.
—Sí, señora. Mi nombre es Beth —dije—. Pero no me dicen así. Me
197

llaman Jaz.
Negó ligeramente.
Página

—No, en la mesa de la cena, no.


Me reí interiormente.
—Sí, señora.
—¿Ves, Mike? Puedes comer y tener modales al mismo maldito
tiempo. Jaz llamó a tu madre "señora". Esa es una educación apropiada.
No sé qué te pasó. Intentamos, y probamos, pero en algún lugar…
—Cierra la boca —dijo Ripp mientras tomaba el pollo.
—El pollo está genial, señora Ripton.
—Gracias Ethan. Come todo lo que quieras —dijo.
Froté la mano a lo largo del muslo de Ethan. Se volvió hacia mí y
sonrió. Tenía el cabello corto, pero cubría todas las cicatrices de su cabeza
muy bien. En otros dos meses estaría tan largo como antes, y
personalmente, no podía esperar.
—Así que, Beth. ¿Qué sigue? —preguntó el cuñado de Mike.
—Va por el otro título —interrumpió Kelsey.
—¿De verdad?
—Sí, señor. Quizás dos meses más —le dije.
—Todos tendremos que ir —dijo—. Mátennos informados.
—Te lo diré, A-Train —dijo Ripp.
—Nada de apodos en la mesa, Michael.
—¡Alec! ¡Alec! ¡Alec! ¡Alec! —gruñó Ripp—. ¿Qué tal así?
—Mike… —dijo la esposa de Ripp—. Sé bueno.
—Están burlándose.
—Entonces, Ethan. ¿Regresaremos al campo de tiro mañana? —
preguntó Kelsey.
Desde el incidente, Ethan ha estado disfrutando del tiempo en el
campo de tiro. Parecía calmar sus nervios, le resultaba fácil y era bueno en
ello.
Algunos de sus progresos de recuperación fueron lentos, mientras que
otras cosas fueron muy rápidas. Disparar armas parecía reconstruir su
confianza, lo cual era genial para mantener su ánimo.
—La próxima vez te acompañaré, si no te importa —le dijo Alec.
Ethan señaló con la punta de su tenedor a Alec.
—Me gustaría eso. Unos cuantos consejos de un marine podrían
198

darme ventaja de ganar al viejo.


—Ese tonto no es tan bueno como crees. Tiene suerte —dijo Kelsey.
Página

—Nada de apodos en la mesa —dijo la madre de Mike.


Miré a Kelsey. Suspiró pesadamente.
—Tonto no es un apodo. Es un término despectivo. Lo uso con afecto.
¿Verdad, tonto?
Alec puso los ojos en blanco.
—Claro.
—Beth, cuando hayas terminado, hay pastel.
—Gracias, señora.
—No va a comer ningún puto pastel, mamá. Está entrenando —gruñó
Ripp.
—Michael Allen Ripton —respondió su madre—. Esa es una mala
palabra. Nada de malas palabras en la mesa.
—Comeré una porción —dije.
—Como el infierno que lo harás —respondió Ripp.
Su padre lo golpeó con el tenedor.
—No discutas con ella, te dará un azote.
—Nada de malas palabras en la mesa.
—Culo no es una mala palabra.
—Ciertamente lo es.
—Es una parte del cuerpo.
—También polla —dijo Ripp—. Y no podemos usarlo.
—¡Michael!
Sonreí.
Era como un circo.
Pero era una familia. Y era la única que tenía. Después de la cena,
nos sentamos y hablamos hasta mucho después del anochecer. Una vez
todas las historias fueron contadas, el pastel fue comido, y el café servido,
les di las gracias por mi primera cena de domingo.
—Muchas gracias por invitarme —dije.
—Diría que vinieras cuando quieras —dijo el señor Ripton—. Pero
igual lo hacemos. Así que voy a decir esto, nos vemos el próximo domingo.
—Está bien —dije con una sonrisa—. Nos vemos el próximo domingo.
Nos despedimos de todos.
199

—¿Estás listo, Ethan?


Asintió.
Página

—Estoy a punto de desmayarme por comer en exceso.


Busqué la silla de ruedas de Ethan.
—Gracias de nuevo.
Mientras empujaba la silla de ruedas hacia la puerta, le di gracias a
Dios por los amigos, la familia y, como siempre, por Ethan.
Era el amor de mi vida y siempre lo sería, sin importar qué. El
incidente pudo haber separado a algunas parejas, pero a nosotros parecía
acercarnos aún más.
En un mes, los doctores podrían operar su columna vertebral y aliviar
cierta presión. Todos rezábamos para que pudiera sentir sus piernas
después.
Las posibilidades postoperatorias, según el médico, solo estaban
limitadas por las finanzas. Parecía que el dinero podía comprar los mejores
médicos, las mejores cirugías, y la mejor rehabilitación.
Kelsey negoció veinticuatro millones por mi próxima pelea. Todo lo
que tenía que hacer era seguir ganando y el dinero no sería un problema.
Cargué la silla de ruedas en la furgoneta, la aseguré y le di a Ethan
un beso.
Antes de cerrar la puerta de la camioneta, me tomé un momento para
admirarlo. Era el hombre más guapo de la tierra, y era mío. No podría
haber estado más orgullosa de él. Si pasaba el resto de su vida en la silla
de ruedas, no solo lo aceptaría, sino que lo abrazaría.
Pero si el dinero pudiera arreglarlo, gastaría una montaña para
hacerlo.
Todo lo que tenía que hacer era seguir ganando.
Y si había una cosa que sabía hacer, era ganar.
200
Página
Epílogo
Ethan
A
parqué la camioneta y miré a mi lado. Jaz estaba sentada en el
asiento del pasajero, con los ojos vendados y enojada como el
infierno.
—¿Puedo quitármelo ya?
—Nop. —Chasqueé de vuelta juguetonamente.
—¡Esto es una mierda! —gritó.
—Solo cállate, atrevida de mierda —dije—. Se acabará antes que te
des cuenta.
—Odio las sorpresas.
Salí de la camioneta, caminé hacia su lado y abrí la puerta.
—Agárrate a mí. —Llevé su mano a mi hombro—. Aquí.
Miré hacia el océano, feliz porque finalmente hubiéramos llegado a un
punto en el que éramos capaces de tener tiempo libre y conducir hasta la
costa sin interferir con su horario. Los últimos seis meses se habían
llenado de cirugías, más cirugías, e innumerables semanas de terapia.
Mi cuello todavía necesitaba algunos injertos de piel por razones
cosméticas, pero aparte de eso, me había recuperado cien por ciento. No
tenía intención de volver al boxeo inmediatamente, pero nadie sabe qué
podría suceder en el futuro.
—¿Por qué tengo que usar estas ridículas botas? —preguntó.
—Porque es una sorpresa.
La guié la mitad de la distancia entre el lugar donde nos
estacionamos y la orilla, deteniéndonos unos seis metros de donde el
océano se encontraba con la arena. Me acerqué, le quité la venda y
retrocedí.
201

Estaba parada a mi lado, la mujer más hermosa de la tierra, y miró


hacia el interminable horizonte de agua.
Página

—Por fin lo hiciste —dije.


Estaba quieta y miró fijamente.
Sin hablar, se agachó, se quitó las botas y colocó sus pies descalzos
en la arena.
Me miró y tragó con fuerza.
—Es…
Sus ojos se llenaron de lágrimas. Había esperado una vida entera
para llegar a la playa, y había sacrificado muchos viajes potenciales solo
para asegurarse de que consiguiera las cirugías que necesitaba cuando
más las necesitaba.
—Lo sé —dije—. Es bastante impresionante, ¿no?
—¿Puedo entrar? —preguntó.
—Puedes hacer lo que quieras —respondí—. Pero antes de hacerlo,
necesito preguntarte algo.
Se volvió hacia mí.
—¿Qué?
—En el último año, han cambiado muchas cosas. Siento que hemos
ganado una familia con Ripp y los demás, y he estado trabajando para
arreglar las cosas con mi padre. Has ganado dos campeonatos y
compramos una casa. Tienes un nuevo Range Rover, y me compraste una
camioneta nueva. Diablos, no tenemos que hacer nada para sobrevivir.
Estamos listos para el resto de nuestras vidas.
Ella sonrió, una sonrisa orgullosa.
—Pero falta algo —dije—. Algo grande.
—Dime. Sea lo que sea, lo arreglaré —dijo rotundamente.
—Bueno. Debería hacer esto fácil, entonces.
—Solo dime qué hacer.
Metí la mano en mi bolsillo y saqué el anillo.
—Creo que sería mejor si lo pregunto.
Miró el anillo. Antes de poder reunir el coraje para continuar, sus ojos
se llenaron de lágrimas.
—Beth Briscoe, ¿quieres casarte conmigo? Puedo prometerte que si lo
haces, voy a...
—Sí —soltó abruptamente.
202

Negué.
—No había terminado.
Página

—Había terminado de escuchar. Sí. La respuesta es sí.


—Preparé un discurso. Iba a…
—Dije que sí.
Negué de nuevo y solté un suspiro.
—Bien.
Deslicé el anillo en su dedo.
—Es hermoso —dijo.
—Tú eres hermosa.
—Gracias. —Me besó—. ¿Podemos bajar al océano ahora?
—Pensé que estarías más emocionada.
—Estoy emocionada —dijo.
—Sobre la propuesta de matrimonio, no el océano.
—Mierda —dijo—. ¿En mi mente? Me casé contigo hace mucho jodido
tiempo. ¿Dónde has estado?
Y se fue corriendo hacia el océano.
Negué sonriendo.
Beth Briscoe.
La mujer más loca en la tierra.
Y el amor de mi vida.

Fin
203
Página
Scott Hildreth
S
cott Hildreth nació en este mundo temprano y planea
dejarlo tarde. Entre su llegada y partida, ha escrito
cuarenta novelas y tiene la intención de escribir
muchas más. A pesar de enamorarse de su esposa, Jessica,
tarde en la vida, Scott profesa ser una autoridad sobre el tema
del amor, y su escritura es un reflejo de esta creencia. Sus
carreras preferidas de ser ciclista, héroe militar, jefe de la mafia,
boxeador, vigilante y artista del tatuaje siempre serán sus
favoritas, pero como la escritura se ha convertido en un
concierto a tiempo completo, debe vivir indirectamente a través
de los personajes de sus libros quienes comparten su
admiración por estas profesiones.
204
Página
Página 205

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