Scott Hildreth - Brawler PDF
Scott Hildreth - Brawler PDF
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Créditos
Moderadora:
Fatima85
Traductoras:
Axcia Kath
Cjuli2516zc Lectora
Clau Lvic15
Gerald Mimi
Gigi Nelshia
Karen Valen Drtner
Corrección y revisión final:
Fatima85
Diseño:
Lectora
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Índice
Sinopsis Veinte
Prólogo Veintiuno
Uno Veintidós
Dos Veintitrés
Tres Veinticuatro
Cuatro Veinticinco
Cinco Veintiséis
Seis Veintisiete
Siete Veintiocho
Ocho Veintinueve
Nueve Treinta
Diez Treinta y uno
Once Treinta y dos
Doce Treinta y tres
Trece Treinta y cuatro
Catorce Treinta y cinco
Quince Treinta y seis
Dieciséis Treinta y siete
Diecisiete Treinta y ocho
Dieciocho Treinta y nueve
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Diecinueve Cuarenta
Epílogo Scott Hildreth
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Sinopsis
¡L os hombres apestan!
Brawler es un tomo único, Final Feliz, sin trampas, sin final abierto.
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Prólogo
C
ereales. Diez o más flotando en un tazón de leche. Ese es mi
primer recuerdo. No sé cuántos años tenía en ese momento,
pero menos de dos. Estoy segura de ello, porque el siguiente
recuerdo vívido que tengo es de mi cumpleaños. No recuerdo los regalos
que recibí, pero estoy segura de tener dos años. O eso, o mi padre solo
podía permitirse dos velas. Había glaseado. Un montón de glaseado. Y
papel de regalo.
Después de eso llegó la música ruidosa. Besos. Bebidas gaseosas. El
auto azul con la tapicería multicolor. El olor a sudor. Un bigote. Tiritas. La
casa sin árboles. Lluvia que duró una eternidad. Un cuadrilátero. La casa
con nada más que árboles. Una bicicleta. Macarrones con queso. Y literas.
Nunca entendí las literas, pero de nuevo, nunca pregunté.
Y luego, nada hasta los siete. Segundo grado con Emily Barton.
Empezamos una pelea en el pasillo por algo tan insignificante que no
podía recordarlo una semana después, y seguro como la mierda que no
puedo recordarlo ahora. Sin embargo, nunca olvidaré lo mucho que dolió
cuando tiró de mi cabello.
La escuela primaria y media debieron pasar sin incidentes, porque
realmente no recuerdo mucho entre Emily tirando de mi cabello y el
primer día de la secundaria.
La escuela secundaria trajo consigo fútbol, fiestas y chicos. Bobby
Breyton me ofreció darle sexo oral en la parte trasera de la camioneta de
Toby Wilson cuando no era más que una estudiante de primer año.
Después les contó a todos que era una puta. Al principio, lo negué. Pero
con el tiempo aprendí que admitirlo me hacía mucho más popular, por lo
que orgullosamente reclamé cada ronda de mamadas que se producía en
las fiestas. Pronto se llegó una sobreabundancia de oportunidades
sexuales. Con la esperanza de encontrar el amor, aproveché la mayoría de
ellas.
Sin embargo, el amor permanecía esquivo.
En mi segundo año, mi vida dio un giro. Desde ese momento hasta mi
último año, los días pasaban en un desvanecimiento de chicos, cerveza,
mamadas y ser golpeada por mi padre.
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Lo llaman Ripp.
Mi nombre es Beth, pero tampoco me llaman por mi nombre.
Me llaman Jaz. Es la abreviatura de Jasmine.
Esta es mi historia. Trata sobre boxear, follar y enamorarse.
En ese orden.
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Página
Uno
Jaz
Día uno.
L
a primavera en Austin era perfecta para sentarse en la cafetería
y observar a la gente. Era uno de los pocos actos sociales que
me gustaba hacer, pero el imbécil tatuado agarrando mi mochila
me hizo preguntarme si elegí el lugar equivocado para ello. Cometí el error
de dejarla en el área de asientos exteriores mientras entraba a orinar.
Cuando salí, parecía preparando para huir con mis cosas.
Su atuendo totalmente fuera de temporada; camiseta estirada hasta
las yemas de sus dedos tatuados y el gorro de lana cubriendo su cabeza,
indicaban que era una mala persona o un matón.
Le quité la mochila de la mano.
—No deberías tocar la mierda de otras personas.
—Creí que alguien lo había dejado.
Tonterías, ibas a robarlo.
—Alguien lo dejó —dije, mi tono enojado y amargo—. Yo. Entré y fui al
baño. Eso no lo convierte en una maldita propiedad pública.
La puse sobre la mesa a mi lado y le lancé una mirada feroz.
Se encogió de hombros.
—No deberías dejar tu mierda por ahí.
No me interesaba escuchar su razonamiento.
—Si algo no es tuyo, no jodas con ello.
Un auto clásico color rojo fuego de tamaño medio-grande avanzó por
el estacionamiento. Su tubo de escape tan ruidoso que sacudió el suelo, y
la música saliendo por las ventanas abiertas hizo que ambos cambiáramos
nuestra atención hacia el sonido.
El auto se detuvo. Una rata de gimnasio de gran tamaño con la
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cabeza afeitada y tatuajes salió por la puerta del conductor. Otro hombre,
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a golpearte.
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gimnasio y me dejas verte entrenar con una, te haré saber lo que pienso.
—¿Y entonces qué?
Página
T
an pronto como entré, fui rodeada por el olor a sudor,
adrenalina, narices ensangrentadas y sueños rotos. Recuerdos
de mi viejo gimnasio regresaron, produciendo un cosquilleo en
mi columna. Las pocas dudas que tenía por entrenar se desvanecieron al
instante, y rápidamente fui llenada por el deseo de entrar al cuadrilátero
una vez más.
Mis ojos recorrieron el gran espacio. Había al menos una docena de
cuadriláteros, todos llenos de boxeadores y rodeados por espectadores. Me
quedé de pie en la entrada y examiné el área. Decepcionada por no ver a
Ethan de inmediato, mis ojos pronto encontraron un rostro familiar.
Mientras se acercaba, no pude evitar sonreír.
—Este lugar es enorme.
—El más grande de Austin —dijo Ripp. Apuntó hacia mis manos
vacías—. ¿Dónde está tu equipo?
—Bueno, de eso quería hablarte. En realidad, no tengo nada.
—¿Qué has estado usando?
—Yo mmm. No he ido a un gimnasio desde que tenía dieciséis.
Parecía confundido.
—¿No has estado en un gimnasio desde los dieciséis? Ese gancho que
lanzaste parecía bastante pulido. También el que fue a las costillas. —
Sonreí—. Bien, necesitas equipo.
Llevaba un sujetador deportivo, una camiseta sin mangas, y un par
de pantalones cortos. En realidad, lo único que necesitaba para subir al
ring eran unas zapatillas y un par de guantes de entrenamiento. No tenía
ninguno. Me sentí avergonzada. Bajé la mirada al suelo.
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—Sígueme —dijo.
Atravesó el gimnasio en lo que probablemente era su ritmo habitual,
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Sostuvo los mitones frente a su pecho. Habían pasado años desde que
entrené por última vez, pero cuando tenía dieciséis, tenía más talento que
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pateándote el culo.
—Ella es Jaz, viejo. Creo que voy a entrenarla —dijo Ripp.
Alcé mis guantes y asentí hacía el anciano. Hizo contacto visual y me
miró por un momento. Luego, se giró hacia Ripp y frunció el ceño. Ripp
alzó sus manos en el aire, y el viejo se alejó sin hablar.
—¿Está enfadado? —pregunté.
—No está enfadado, solo viejo.
—¿Es el dueño del lugar?
—No. Solo lo maneja. Su nombre es Kelsey. Siempre está de un jodido
mal humor. Pero entrenó al actual campeón de peso pesado, así que
supongo que puede estar como quiera.
—¿En serio?
—En serio.
He estado fuera del deporte mucho tiempo, ni siquiera sabía quién era
el campeón. Alcé mis guantes como si estuviera lista para boxear.
—Entonces, ¿qué opinas?
—¿Sobre ti?
Asentí.
—No quiero inflar tu ego, pero tienes habilidades.
—¿Locas habilidades?
Me miró como si tuviera tres ojos.
—¿Qué demonios quiere decir eso?
—¿Qué soy jodidamente buena? —pregunté en broma.
—Estás muy cerca —dijo.
Tragué con orgullo.
Arqueó una ceja.
—¿Qué quieres de esto?
No tuve que pensar mucho la respuesta.
—En el cartel de afuera, dice: “entrenamos campeones”. Eso es lo que
quiero. Quiero ser la campeona.
—Nunca lo logré. Así que eres mi única jodida oportunidad. —Golpeó
su guante con mi hombro, sacándome de balance.
Me mantuve de pie y sonreí.
—Intentaré no decepcionarte.
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M
ientras golpeaba el pesado saco, lo noté entrar. No lucía igual
que el día que nos conocimos.
Como un atleta disciplinado.
Pasó por delante de mí. O no me notó o no le importó. Como fuera, no
estaba dispuesta a aceptarlo.
Me giré hacia él y admiré su bonito trasero durante algunos pasos
antes de hablar.
—¿Siempre eres tan idiota? —le pregunté mientras pasaba.
Siguió alejándose ignorando lo que le había dicho.
—¡Ethan! —grité.
Hizo una pausa y miró por encima del hombro.
—¿Sí?
—¿Siempre eres tan idiota?
—No —respondió.
Y se alejó.
¿Qué demonios?
Había estado entrenando durante una semana y no había visto a
Ethan ni una sola vez. Después de averiguar que le gustaba entrenar a
última hora de la tarde, decidí ampliar mi cronograma con la esperanza de
verlo. Mientras lo observaba comenzar a saltar la cuerda, no pude evitar
preguntarme si simplemente era un cretino.
Un cretino realmente sexy.
Por mucho que quisiera llegar a conocerlo, no dejaría que su actitud
afectara mi entrenamiento. Golpeé combinaciones de dos y tres puñetazos
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E
n el momento que vi a Ethan mi mente divagó entre miles de
pensamientos, todos ellos incluyendo su polla. Sentía una
obvia atracción sexual por él, y su evidente falta de interés por
mí solo parecía empeorar las cosas.
Dar marcha atrás en el ring, o en la vida, no era una opción para mí.
Siempre había luchado por lo que creía, y creía que teníamos que estar
follando.
No era algo en concreto lo que me atraía a él, era todo. Cada cosa
individual suya le hacía sexy, pero todo combinado me hacía quererle
sexualmente. No quería follarle simplemente para satisfacer un vacío
sexual, se trataba más de un deseo de hacer que me reclamara.
Así le podría reclamar también.
Pasó los dedos por su cabello perfectamente desordenado. Iba en
todas las direcciones posibles, como siempre. Era de color marrón, corto,
permanentemente despeinado, pero innegablemente atractivo. Cabello de
recién levantado. Tenía cabello de recién levantado. Intenté no mirarle y
me detuve un momento para comprobar que mi boca no estaba abierta.
Se inclinó hacia atrás en su asiento y apartó a un lado la comida que
le había sobrado. Eché un vistazo a su plato. La mitad de su hamburguesa
me devolvió la mirada, burlándose de mí para que la comiera.
Observé la hamburguesa. Piezas de tocino sobresalían entre el pan y
la gruesa carne.
—¿No te la vas a terminar?
—Estoy lleno —dijo, su tono de voz mostrando la falta de interés por
los restos de su comida—. ¿La quieres?
Debió ver el hambre en mis ojos.
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inmediato.
La expresión de su rostro no ocultó su pesar por preguntar.
—Lo siento.
—No es culpa tuya. Fue solo una de esas cosas. Parte de la vida. —Me
encogí de hombros—. Odiaba a los médicos, así que nunca fue. Terminó
siendo cáncer de colon. Si hubiera ido a una de esas exploraciones
probablemente lo hubieran visto a tiempo. Pero cuando lo encontraron, ya
era demasiado tarde.
—¿Y no podías encontrar otro entrenador?
Odiaba que mi padre hubiera elegido el boxeo como deporte para mí,
pero igualmente lo practiqué para estar alejada de él y su comportamiento
abusivo. Quería un niño, y se vio obligado a aceptarme como su única hija,
ya que mi madre murió por complicaciones durante el parto. Al principio,
creí que mi participación en el deporte le haría estar orgulloso, pero jamás
lo demostró.
Freddy entró en mi vida como entrenador, pero terminó jugando el
papel de mentor y figura paternal a la vez. Durante los años que entrené
en el gimnasio, el abuso físico severo de mi padre se redujo
considerablemente, pero nunca se detuvo del todo. Sospeché que temía las
represalias de Freddy, e incluso me pregunté si había amenazado a mi
padre en algún momento. Cuando murió, mis sueños de ser una
boxeadora profesional y escapar del abuso de mi padre, desaparecieron.
Con solo dieciséis años, me tomó algún tiempo aceptar la muerte de
alguien tan cercano a mí como lo fue Freddy. Me trataba como a una hija,
y sus ojos se llenaban de emoción cuando hablaba conmigo o sobre mí con
otras personas. Algo similar a la forma en que se vieron los ojos de Ripp
después del altercado con el chico en la cafetería.
Nunca busqué otro entrenador, y mi forma de lidiar con el abuso de
mi padre cambió de ir al gimnasio, a salir de casa tan pronto como la
escuela acabara.
—Podría haberlo hecho —dije—. Creo que simplemente no quería en
ese momento.
—¿Qué te hizo cambiar de opinión ahora?
Mi respuesta fue fácil, y parecía sencilla como resultado.
—Me gustó la forma en que Ripp parecía entusiasmado cuando
hablaba de mis locas habilidades. Me recordaba a Freddy.
Sonrió y asintió, aunque dudaba que entendiera completamente mi
apego a los hombres que actuaban como Ripp. El vacío que mi padre dejó
en mi vida era algo que sentía que necesitaba llenar, y hombres como
Freddy y Ripp lo hacían, y muy bien.
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S
egún Ripp, estaba demasiado avanzada como para continuar en
el circuito amateur, pero Kelsey no parecía estar de acuerdo.
Así que, aproximadamente dos semanas después de haber
comenzado los entrenamientos, establecieron una pelea amateur entre una
chica de Dallas y yo. Solo había peleado con amateurs pero, hasta ahora,
ella estaba invicta. No me preocupaba, porque a pesar de no haber
boxeado desde que tenía dieciséis años, yo también lo estaba.
—Lanza esos golpes como te enseñé. Averigua cuál es su técnica, y
buscar una apertura.
Apreté los guantes en el lado de mi arnés y asentí.
—¿Estás bien?
Golpeé mis guantes juntos.
Se giró y señaló con la cabeza al encargado del combate. Miré a
Ethan, que estaba de pie junto al ring con algunas personas que no
conocía. Alcé los guantes y mentalmente sonreí mientras hacíamos
contacto visual.
Me devolvió la sonrisa.
El árbitro se acercó al centro del cuadrilátero. Linda “Left Hook2”
López y yo le seguimos. Aunque no dio instrucciones para la pelea, nos
hizo chocar los guantes. Nos detuvimos a unos pasos la una de la otra y
nos fulminamos con la mirada.
La campana sonó señalando el comienzo.
Inmediatamente corrió hacia mí, lo cual estaba bien para mi estilo de
lucha. Siempre me había considerado una luchadora versátil, y estaba
igual de cómoda en la ofensiva como en la defensiva.
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2
Gancho Izquierdo.
tiempo para exponer sus puntos fuertes y débiles antes de entrar a matar,
y Ripp reiteraba el mismo consejo.
Esquivé el golpe, que pasó cerca. Después de unos cuantos toques
ligeros por ambas partes, lanzó el mismo gancho izquierdo lento. Lo
bloqueé y miré al enorme agujero que me dejó para contraatacar.
Lo siento, Ripp, pero lo está pidiendo.
Bajé la barbilla hasta mi pecho y respondí con un golpe recto antes
que se recuperase de su ofensiva. El golpe, probablemente uno de mis más
potentes, aterrizó directamente en su barbilla.
Sus piernas se tambalearon y sus manos cayeron.
Duele como un hijo de puta, ¿eh?
Me sentía como si hubiera terminado la lucha en ese mismo
momento, pero quería que quien fuera que estuviera observando, viera
todo de lo que era capaz.
Un gancho de izquierda a sus costillas hizo que sus ojos se abrieran.
Se veía como si estuviera dispuesta a dar la lucha por perdida si la
preguntaban.
El problema, al menos para ella, era que aquí nadie preguntaba. Y yo
todavía tenía la esperanza de impresionar a quien fuera que estuviera
observando.
Seguí con una combinación de cuatro golpes a la velocidad del rayo,
conectando cada uno en el centro de su rostro.
Llevábamos treinta segundos de pelea y no me había golpeado ni una
vez. Yo, por el contrario, había conectado seis golpes potentes, y ella tenía
problemas. Di un paso atrás con la esperanza de atraerla hacía mí un poco
más. Se balanceó sobre unas piernas que no querían continuar y unos
pies que tenían otros planes.
Parecía que estaba pensando en abandonar.
Solo recuerda, esto son solo negocios.
Sabía que estaría esperando mi gancho de izquierda, así que lo lancé.
Lento y sin mucha fuerza, no para hacerle daño, o siquiera darle, para el
caso. Era más para conseguir que se abriera a mi derecha. Después de
haber sido golpeada por mi mano izquierda dos veces, y no queriendo lo
mismo otra vez, torció la parte superior del cuerpo hacia la izquierda, sin
duda, esperando que el golpe pasara por encima de su torso.
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Duro.
El golpe alcanzó en el lado izquierdo de su mandíbula. Sus pies se
levantaron y cayó a la lona como si alguien la hubiera tirado desde un
avión.
El árbitro se interpuso entre nosotras y agitó sus manos sobre ella,
señalando el final de la pelea.
Excitada, miré hacia mi esquina. Las manos de Ripp estaban por
encima de su cabeza, y la expresión de su rostro no hacía nada para
ocultar su orgullo.
El anciano, Kelsey, estaba de pie a su lado.
Corrí hacia ellos orgullosa de mi logro. Ripp me retiró el arnés y tiró
de mi boquilla.
—Usando la mandíbula para establecer la jodida técnica de tu rival,
¿eh?
—Lo siento, jefe. Lo estaba pidiendo.
El anciano me miró. Su rostro estaba curtido, su cabello era fino, y
tenía en la misma chaqueta de satén de la vieja escuela que llevaba la
primera vez que lo había visto. Parecía enfadado y cansado.
—Levanta tu talón derecho. Estás peleando con los dos pies en el
suelo —dijo con sequedad.
Empecé a darle las gracias por la crítica constructiva, dejando pasar
por alto el tono condescendiente de su voz, pero se dio la vuelta antes que
pudiera decir nada. Arqueé una ceja en su dirección mientras se alejaba.
—No te preocupes por él —dijo Ripp.
No quería hacerlo, pero me molestaba que pareciera no gustar mucho
a Kelsey. Me sacudí y fijé mis ojos excitados en Ripp.
—¿Cómo me veo?
—Te veías como una campeona —dijo, con la voz llena de emoción.
Bajó su tono a uno más exigente e hizo un gesto con sus ojos hacia la otra
esquina del ring—. Ahora, actúa como tal.
Le lancé una mirada confusa.
—Ve a decirle a esa chica que luchó bien.
Corrí a la esquina más alejada, felicité a mi oponente, y salí del ring.
Ethan y Ripp estaban a un lado conversando. Me sentí como si estuviera
en la cima del mundo y quería compartir mi alegría con cualquier persona
que quisiera escuchar, pero lo primero que tenía que hacer era comer.
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—No he comido nada más que una barra de proteína desde las tres de
Página
Y me alejé.
Página
Seis
Jaz
Día diecisiete.
—N
o, no fue por una jodida chica. Y jodidamente seguro
no fue en el estacionamiento del viejo gimnasio —se
quejó Ripp—. Dios, condenados rumores. Te voy a
decir cómo fue el acuerdo si te quedas sentado y quieto por un puto
minuto, estás actuando como un maldito hijo de puta.
Sentado en el otro lado de la cabina, frente a Ethan y yo, Ripp estaba
contando la historia de cómo conoció al campeón mundial de peso pesado.
Presioné mi mano derecha sobre el pecho de Ethan, como si quisiera
eliminarle de la conversación, e hice contacto visual con Ripp.
—No me importa si él quiere escuchar o no. Yo sí. Así que, cuenta.
Se inclinó hacia delante y en broma arqueó una ceja.
—Vamos a necesitar rellenar el vaso. Es una larga historia.
Levanté mi mano y llamé la atención de la camarera.
—Otra ronda, por favor.
Ella sonrió y asintió.
Ripp bebió lo que quedaba de su cerveza y dejó la botella vacía a un
lado.
—Así que, me contaron que este boxeador invicto venía de Compton,
California. Y pensé que sería algún tipo de surfista. Ya sabes, cabello largo,
todo moreno de jugar en la playa, y que llevaría chanclas y uno de esos
malditos trajes de neopreno.
Miró más allá de mí, como si estuviera recordando la noche en
cuestión, sonrió y negó.
—Bueno, ese no era el caso para nada. Este hijo de puta monta su
Harley desde Compton a Austin, sin parar. Dos mil doscientos veinte
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E
lla me miró como si estuviera loca.
—De nuevo, ¿cuántos años tienes?
—Veinticuatro —respondí—. ¿Por qué?
—Porque estás actuando como si tuvieras quince.
—No los tengo —resoplé.
Nuestros turnos habían terminado y el restaurante estaba cerrado.
Nos sentamos en una mesa en el centro de la zona de comedor hablando
de relaciones y hombres. Al no haber tenido muchas amigas cercanas a
largo de los años, valoraba mucho a Rachel, a menudo le pedía su opinión
sobre todo lo relacionado con ser una chica. Teníamos más o menos la
misma edad, y ella era muy cercana a su madre, lo que hacía que su
consejo pareciese casi maternal. Este era, sin embargo, mi primer intento
de obtener su asesoramiento sobre un hombre.
—Quieres follar con él, ¿verdad?
No era todo lo que quería, pero era parte de ello. Asentí, pero sentía la
necesidad de explicarme con más detalle.
—Quiero decir, sí. Pero no solo follar. Quiero…
Agitó sus manos en el aire en broma.
—Para. No quiero oírlo. Estás hablando conmigo porque tu cabeza
está en un lugar, y la suya en otro, ¿verdad?
—Supongo.
—Le deseas, y temes que él no te quiera. O que no te quiera igual que
tú le quieres. O lo que sea. ¿Verdad?
De momento, con información limitada, seguro parecía entender las
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—¿Por qué?
—Por la misma razón —dijo—. Si te lo tragas, querrá que lo hagas
todo el tiempo. Y eso será todo lo que querrá. Solo querrá que chupes su
polla. Te convertirás en la chica de la mamada. Créeme, no quieres ser esa
chica. He sido ella. No es divertido.
Me reí mucho pensando en ello y, entonces, recuperé la compostura.
—¿Has sido la chica de la mamada?
Rodó sus ojos mientras asentía.
—Sí. Hubo un tipo. Brad Bishop. Quería que me diera la polla, y él
solo quería pasar el rato. Eso es todo lo que hicimos. Pasar el rato. Nunca
nos liamos. Ni una vez. Estaba empezando a pensar que era homosexual.
Así que, una noche, le bajé la cremallera de sus pantalones y saqué su
polla. “¿Qué estás haciendo?” Eso es lo que me preguntó. Ni siquiera
respondí, simplemente envolví mis labios alrededor de ella. No me
preguntó nada más, solo gimió. Me dijo que fue la mejor mamada que
había tenido nunca.
—¿Y entonces qué pasó?
—Cada vez que lo veía, era todo lo que él quería. Chupé su polla en el
auto, en el teatro, en su habitación, en el salón de su madre, en la calle,
donde fuera.
—¿Y nunca te follo?
Sacudió su cabeza.
—Nop. Porque cometí el error de tragar antes de tener relaciones
sexuales. Así que lo que tienes que hacer es esto: actúa como si tuvieras
miedo de esa mierda. Entonces, un día, cuando te haya follado por unas
semanas más o menos, dile que quieres intentarlo. Que estás dispuesta a
darle una oportunidad solo porque piensas que él es tan genial. Dile que te
gusta tanto que te tragarás su semen. Nunca lo olvidará. Pero solo
después de obtener la polla.
—Entonces, debería desabrochar sus pantalones, sacar su polla y
chuparla. ¿Pero no tragar?
—Sí.
—¿Y eso hará que le guste?
—Eso hará que te quiera. Entonces, cuando decida follarte, folla con
él como si tu vida dependiera de ello. Después, le gustarás.
Sonaba como un buen consejo. Y, según ella, había estado en su
parte justa de relaciones. Suerte la mía, porque si había otra cosa en la
que era buena además del boxeo, tenía que ser chupar pollas.
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—E
sto está asombroso, ¿qué le hiciste? —preguntó
Ethan.
El pollo sabía mucho mejor que lo que
indicaba la lista de ingredientes, eso era seguro.
—Aceite de oliva, albahaca fresca, sal y pimienta. Eso es todo.
—¿De verdad?
Asentí.
—De verdad.
Había invitado a Ethan a cenar y tenía toda la intención de seguir la
recomendación de Rachel de chupar su polla después de terminar
nuestros platos. Verlo satisfecho con mi comida fue una experiencia
mucho mejor de lo que hubiera esperado, y por mucho que no quería que
terminara, estaba lista para pasar a la segunda etapa de nuestra noche.
—Bien, es realmente bueno. Como realmente bueno —dijo.
—Gracias.
Llevaba pantalones vaqueros, botas, y una camisa ajustada a cuadros
blancos y negros muy linda de manga corta. Se veía muy diferente a como
lucía con sudaderas o pantalones cortos, lo cual era lo único que le había
visto usar desde que nos conocimos. Era evidente que su cabello estaba
tratado con algún producto, pero todavía su peinado era del tipo de cabello
por todas partes, lo que aumentaba su belleza general.
Tomó otro bocado.
—¿Cuándo es tu próxima pelea?
—Ripp dijo que está preparando algo. Supongo que de aquí a algunas
semanas, como mucho, según dijo.
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mamada.
Página
—¿En el baño?
—Bueno.
Salió del cuarto de baño en cuestión de segundos, los pantalones
cortos aferrándose a sus musculosos muslos y trasero esbelto como una
gruesa capa de pintura azul brillante. En la parte delantera, una
prominente protuberancia me recordó por qué había derramado el vino en
el primer lugar.
Supongo que no son lo suficientemente grandes. Oh, maldición.
—Son un poco... —Tiró la parte delantera de los pantalones cortos—.
Pequeños.
—Son tan grandes como yo. —No lo eran, pero sonaba bien.
Caminé en su dirección, mis ojos cambiando entre sus abdominales y
su protuberancia cuando me acerqué. Extendí mi mano.
—Debería tomar más o menos una hora el lavarlos y secarlos.
Una hora con él llevando mis diminutos pantalones de seda iba a ser
nada menos que el cielo. Llevé la ropa a la lavandería, les rocié con
removedor de manchas y los coloqué en la lavadora. Volví a la sala de
estar, ansiosa por ver a mi futura pareja sexual llevando mis diminutos
pantalones.
Sentado en el sofá con las piernas cruzadas, parecía que pertenecía a
una sátira de Saturday Night Live. Luché contra el impulso de reír y me
senté a su lado.
—Lamento haber arruinado tu cena.
Sonrió un poco, pero no fue muy convincente.
—De todos modos, me estaba llenando.
Estudié sus largas piernas musculosas y rápidamente noté que eran
lampiñas. Sorprendida de no haberlo visto antes, pero intrigada porque
parecía afeitarse las piernas, miré por un momento solo para estar segura.
Sí. Sin pelo.
—¿Te afeitas las piernas?
—Sí. Realmente no me gusta el cabello, salvo en mi cabeza. ¿Te
molesta?
Hacía todo menos molestarme. Eso explicaba su pecho depilado.
Le miré las piernas. Quería acariciarlas, apretando sus músculos
abultados en mis pequeñas manos delicadas mientras me aproximaba a
su dura polla.
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Sonrió.
No había vuelta atrás.
—¿Te los quitas? —Las palabras se escaparon de mis labios en forma
de susurro seco.
Al parecer, fue suficiente para que entendiera qué era lo que quería.
Se puso de pie, y después de una ligera lucha, empujó los pantalones
cortos más allá de su pene y por sus piernas. Durante el agotador proceso
de quitarse unos pantalones varias tallas más pequeños de lo que
necesitaba, miré su cuerpo completamente desnudo. Cada centímetro de él
estaba libre de vello, bronceado, suave y...
Sobredimensionado.
Descubrí que tenía muchas opciones en cuanto a qué posición tomar
para chupar su polla. En lugar de complicar las cosas, me acomodé en el
cojín del sofá, extendí mi brazo y le hice señas con el dedo para que se
acercara.
Ven aquí, gran cabrón sexy.
No queriendo esperar más de lo necesario, me dirigí al borde exterior
del sofá y mojé mis labios con mi lengua. Él y su palpitante tercera pierna
se pusieron delante de mí, y sin su permiso expreso o tomarme el tiempo
para explicar mis deseos, agarré su polla y comencé a chupar mi camino
hacia su corazón.
En la desolada zona donde crecí, la mayoría de las chicas tenían
algún tipo de talento. Algunas eran buenas cocinando. Otras crecían en
granjas y tenían mucho talento en montar caballos o conducir tractores.
Como cosa del destino, mis talentos se limitaron al boxeo, chupar pollas y
follar.
Y era buena en todos ellos.
Aplasté la parte de atrás de mi lengua y forcé tanto de su hinchazón
en mi garganta como pude. No fue fácil, pero la mirada en el rostro de
Ethan fue gratificante. Si algo había aprendido en todas mis experiencias
sexuales, era interpretar la expresión en el rostro del hombre a quien
estaba tratando de complacer.
Y Ethan estaba complacido.
Sabía que, si estaba complacido con lo que había hecho hasta ahora,
estaría muy contento una vez que alcanzara mi ritmo.
Con él de pie frente al sofá y yo sentada al borde del cojín, agarré su
trasero musculoso con mis manos y comencé a chupar su polla como si
fuera a resolver todos los problemas del mundo.
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boca arriba y abajo del grueso eje con precisión. La punta carnosa
golpeaba profundamente en mi garganta con cada golpe de mis labios.
Satisfecha de estar bien encaminada para grabar una marca permanente
en la mente de Ethan, continué succionando vigorosamente, esperando
que mi talento lo dejara tan satisfecho que me hiciera una parte
permanente de su horario nocturno.
Medir mi éxito en el boxeo era fácil. Simplemente comparaba las
victorias con las pérdidas. Como no hubo pérdidas, fui fácilmente capaz de
identificarme como un éxito.
Determinar mi éxito en chuparle la polla a un hombre era igual de
fácil. Los gemidos, gruñidos o un comentario apreciativo post-mamada no
eran indicadores. Al menos en mi mente, lo medía por la cantidad de
tiempo que me llevaba conseguir que el hombre alcanzara el clímax. Si de
lograba hacer que un hombre alcanzara el orgasmo simplemente usando
mi boca en cuestión de unos minutos, estaba indudablemente satisfecha
con mi actuación.
Si tuviera que succionar y acariciar sin cesar hasta que mi
mandíbula, manos, brazos y boca estuvieran exhaustos, algo estaba mal
conmigo o con él. Sobre la base de la información disponible y mi voluntad
de aceptarla completamente, no necesitaba elogios en el boxeo o en mi
juego mental. Todo lo que necesitaba estaba delante de mí.
Masajeé su suave saco y moví mi húmeda boca por el asta,
estudiando su expresión facial mientras lo hacía.
La enterré profundamente en mi garganta y lo miré a los ojos.
Levantó la barbilla e inclinó la cabeza hacia atrás. Todo su cuerpo se
tensó y comenzó a gemir. Recordé lo que Rachel había dicho respecto a no
chuparlo hasta el final, pero en ese momento, mientras estaba atrapada en
la emoción de todo, no iba a detenerme.
Tenía noventa segundos de ejecución y él ya estaba listo para acabar.
Quería verlo.
Necesitaba verlo.
Algo acerca de ver a un hombre eyacular era emocionante para mí.
Verlo escupir esperma desde la punta de su polla me hacía sentir como si
realmente hubiera logrado algo.
Y era jodidamente sexy.
Cuando su polla se crispó y empezó a hincharse, sus gemidos se
profundizaron, y la deslicé de mi garganta en respuesta.
Sosteniéndolo directamente frente a mi boca, levanté mis manos a lo
largo del eje resbaladizo, acomodando la punta en mi boca a la espera y
deseosa.
59
H
an pasado tres días desde el incidente de la mamada y parece
que chupar la polla de Ethan fue la mejor decisión que podría
haber tomado en la vida. Ahora nos comunicamos varias veces
al día, todos los días, y parece estar mucho más interesado en mí sexual y
personalmente.
Mientras estaba en el modo de enfriamiento de mi entrenamiento,
estaba explicándole mi próxima programación de vuelo.
—¿La próxima semana? —preguntó—. ¿En serio?
—Dijo que ella estaba casi rogándole por una oportunidad. Después
de escuchar lo que hice con Linda López, ha estado intentando
contactarme. Ripp ni siquiera tuvo que preguntar a su entrenador o
representante o como sea que lo llame.
—¿No crees que sea demasiado pronto?
—¿Demasiado pronto? —Golpeé el saco de nuevo—. No.
—Yo solo…
Golpeé el saco de nuevo.
—¿Solo qué?
—No quiero que resultes lastimada.
Lo golpeé de nuevo y me giré hacia él. El saco rebotó de uno lado a
otro sobre la plataforma.
—¿Lastimada? —Solté una risa—. No te preocupes por eso. No saldré
herida.
—Nunca puedes estar segura. Si fuera demasiado pronto, ¿se lo
dirías?
61
round con esa chica y ha pasado casi una semana. Si tuviera diez de esas
sería equivalente a solamente una pelea real.
—Es solo que... No lo sé. —Su mirada bajó a mis pies, la dejó ahí por
un segundo y después levantó sus ojos para encontrarse los míos—. Me
preocupo por ti y no quiero que te pase nada.
Impresionante. Aparentemente la mamada funcionó.
—Gracias. Pero estaré bien.
Torció su boca hacia un lado y se encogió de hombros.
Golpeé el saco de nuevo, una vez con cada mano, luego suspiré.
—Ninguna chica va a lastimarme. Podría golpearme, pero no me
lastimará.
—No sé cómo puedes decir eso.
Miré a sus manos enguantadas. Eché un vistazo alrededor del
gimnasio, era temprano por la tarde y varios cuadriláteros estaban vacíos,
incluyendo el más cercano a nosotros.
Señalé hacia el cuadrilátero.
—Vamos.
—¿Qué?
—Entra al ring.
—No. No puedo entrar ahí contigo.
—¿Por qué no?
—No quiero…
—¿Qué? ¿Lastimarme? Ese es mi punto. No lo harás. Vamos.
—Jaz, en serio.
Caminé hacia el ring, me agaché bajo las cuerdas y me metí. Él
permaneció parado junto al saco.
—Cobarde —provoqué.
Resopló con su pecho.
—¿Disculpa?
—El otro día dijiste que te gustaría pelear conmigo.
Miró por encima sus hombros.
—Sí, tal vez en casa.
—¿Asustado de lo que la gente va a decir?
—No.
62
—Vamos, cobarde.
La idea de Ethan entrando al ring conmigo hizo que mi coño se
contrajera. Todavía no había compartido mis preferencias sexuales con él,
pero estaba bastante segura que cuando lo hiciera, estaría sorprendido.
Me gustaba follar igual que peleaba.
Rápido y duro.
Miró por encima de sus hombros de nuevo.
—Deja de preocuparte por quién va a verte o qué van a pensar —me
quejé.
Pareció considerarlo.
—Solo hay una manera de vivir la vida. Como si nadie estuviera
viendo.
Se giró hacia mí, caminó hasta la base del ring y entró. Extendí mis
guantes a un brazo de distancia.
Golpeó los suyos contra los míos.
Retrocedí un paso y tiré un rápido golpe hacia él. Mientras se echaba
atrás, balanceé un gancho hacia su mandíbula.
¡Pum!
La punta de mi guante conectó fuerte con su mandíbula. Dio un
traspié, claramente sorprendido por la velocidad, y la fuerza, de mi golpe.
Sacudió su cabeza.
—No golpeas como una…
Un gancho izquierdo a sus costillas lo hizo toser lo que quedaba de su
respiración y evitó que terminara su frase.
No le iba a dar ninguna consideración, especialmente cuando estaba
preocupado por lastimarme. Necesitaba demostrar un punto, y tenía mis
maneras para hacerlo. Lancé una combinación de golpes hacia su sección
media y reaccionó de modo natural al dirigir un gancho hacia mi
mandíbula.
El golpe no fue débil y seguro no estaba destinado para una chica. Lo
balanceó naturalmente, producto del deseo de un luchador por sobrevivir
en el ring. Si hubiera conectado, seguramente me habría derribado.
Me incliné hacia atrás y su guante pasó junto a mí, apenas evitando
mi mandíbula. Un cruce derecho en respuesta de mi parte conectó bien
con su hombro, haciéndole perder ligeramente el equilibrio. Después de
asegurar mis pies, lancé un gancho izquierdo hacia la parte de atrás de su
63
Joder. Kelsey.
Página
Estaba de pie junto al ring con las manos en las caderas y su rostro
expresando claramente el disgusto que sentía. Encontró mi mirada, la
sostuvo por un segundo y luego se giró hacia Ethan. Después de un corto
vistazo, me miró de nuevo.
—¿Tu nombre era Jaz o Spaz? —preguntó—. No puedo recordarlo.
Tragué y aclaré mi garganta.
—Jaz.
—Huh —dijo—. Creía que era el otro.
Negó y se fue.
—¿Está molesto? —susurré.
Ethan asintió.
—Ciertamente lucía como si lo estuviera.
—¿Tuviste suficiente? —pregunté, mi voz llena de sarcasmo.
Tosió una risa y asintió.
—Demostraste tu punto.
—¿Qué te hace pensar que estaba intentado demostrar un punto? —
pregunté.
Se agachó bajo las cuerdas y se giró para verme antes de salir.
—Mi mandíbula dolorida.
Su mandíbula estaba dolorida y mi coño empapado.
—Asegúrate de poner tus guantes en tu bolsa —dije—. No los dejes en
tu casillero.
—¿Por qué?
—Porque… —dije—. Necesito liberar algo de tensión antes de la pelea.
Estaba pensando que podríamos hacer eso en mi apartamento, más tarde.
Estrechó sus ojos y me miró fijamente.
Salí del ring y sonreí.
—Desnudos.
La mirada en su rostro fue toda la respuesta que necesitaba.
65
Página
Diez
Jaz
Día veintinueve.
Ethan estaba de pie en medio de mi sala de estar, usando solo sus
guantes de boxeo. Su polla colgaba pesada entre sus piernas, no
completamente dura, pero no flácida de ninguna manera.
—¿Qué tan duro? —preguntó.
Bajé la mirada a su polla y luego levanté mis ojos a los suyos. Dios,
era tan jodidamente sexy.
—Lo suficiente como para que lo recuerde —respondí.
Bajé mis manos.
Me golpeó en el rostro, haciéndome perder el equilibrio y casi caer.
Lágrimas caían por mis mejillas. No lágrimas de llorar, sino de ser
golpeada en medio de mi nariz.
Sacudí la cabeza para despejarme y deseé poder limpiarme los ojos
aguados, pero los guantes de boxeo que estaba usando no lo permitían.
—¿Suficiente? —preguntó.
No lo era. No sentí la emoción de la adrenalina sexual todavía. No
como cuando Kelsey nos atrapó en el ring. Tal vez necesitaba golpearlo.
—Tensiona tu mandíbula.
Entrecerró los ojos y bajó sus manos.
—¿Seguro que estás listo?
Parpadeó y asintió ligeramente.
Lancé un fuerte golpe derecho, aterrizando en la punta de su barbilla.
Tropezó tres o cuatro pasos hacia tras, finalmente equilibrándose y
moviendo la cabeza de un lado al otro.
—Santa mierda —exclamó—. Golpeas jodidamente duro.
66
reservas.
Página
—O
h, Dios mío, ¿ya? —preguntó.
Terminé de limpiar la mesa y me senté.
—¿Qué quieres decir con ya? —Volví a poner
el contenedor de condimentos en el centro de la mesa y esperé a que
respondiera.
—Bueno —dijo ella—. Chupaste su polla la otra noche.
—Y en la primera noche que hablamos de él me acusaste de actuar
como si tuviera quince años. Y me dijiste que no fuera la chica de las
mamadas. ¿Cuánto tiempo espera la mayoría de los adultos para follar?
Se encogió de hombros.
—Solo fui por ello.
—Sí —dije con una sonrisa sarcástica—. Yo también.
Puso las manos en sus caderas y me lanzó una mirada.
—¿Y?
Quería contarle todos los detalles sórdidos, pero decidí hacerla
suplicar.
—¿Qué?
—¿Tiene una polla bonita?
Sí, si eras un jodido caballo.
Me encogí de hombros.
—Sí.
—¿Fue bueno?
¿Bueno? Me folló hasta un estado de retraso mental.
72
—Sí.
Página
—Enorme.
Página
—¿Te lo prohibió?
Página
—Sí. Hacía esa mierda todo el tiempo. ¿Fiestas en casas? Dios. Cada
fin de semana me amenazaba.
—¿Fuiste?
—Sí. ¿Tú no?
Básicamente hice lo que quise sin miedo a una repercusión adicional.
—Por supuesto. De vuelta a la cosa de la polla grande —dije—. Desde
entonces, ¿has vuelto a tener seis o siete orgasmos?
Negó.
—Aún no.
—¿Ninguna polla grande desde entonces?
—No como la de Steve —dijo con una carcajada—. Probablemente
nunca la habrá.
—Eso es una mierda.
—Y me lo dices a mí.
—¿La extrañas? —pregunté.
—Solo cada vez que tengo relaciones sexuales.
Me preguntaba cómo sería mi vida sexual si Ethan nunca me follara
de nuevo. Me senté en silencio y miré fijamente hacia el estacionamiento,
preguntándome si sería mejor detenerlo, o dejar que me arruinara para
siempre cuando decidiera que quería dejarlo después de follarme durante
unas semanas o meses.
—Entonces, ¿crees que la polla de Steve te arruinó?
—¿Qué quieres decir?
Odiaba frotar sal en una herida abierta, por así decirlo, pero
realmente quería saber.
—¿Hizo difícil para ti estar verdaderamente satisfecha con
quienquiera que estés follando ahora?
Sus ojos cayeron al suelo y se encogió de hombros. Después de un
momento, levantó la vista.
—Más o menos. Es solo que ¿ahora? Ahora, siempre pienso en lo que
sería si el tipo que estoy follando tuviera la polla de Steve.
Y eso era lo que temía.
Puede que haya sido prematuro para los estándares de algunas
personas, pero era hora de que Ethan y yo habláramos.
Sobre su polla.
76
Página
Doce
Jaz
Día treinta y seis.
—D
e hecho, Ripp odia esas cosas. Solo vino porque me
estaba ayudando ese día y quería subirme a su auto
—dijo Ethan.
—¿Entonces solo fue una casualidad que me encontraran aquí?
—Bastante cierto.
—Bueno, me alegra que lo hicieran.
—A mí también.
Tomé un trago de mi café y consideré si la cafetería era o no un buen
lugar para hablar sobre mi dilema. Miré alrededor del área de servicio y
decidí que era tan privado como mi sala de estar, mientras nadie entrara.
Estábamos compartiendo la esquina de una pequeña mesa al exterior,
sentados a pocos centímetros el uno del otro. Ethan relajado en su silla,
meciéndola hacia atrás sobre las patas traseras. Parecía más cómodo de lo
que estaba cuando nos conocimos y, aunque todavía no hablaba mucho,
se comunicaba más de lo que lo hacía al principio.
Como siempre, su cabello era un prefecto desastre. Su ropa;
vaqueros, una camiseta y botas, eran un recordatorio de que no
estábamos en una reunión para un café después del trabajo y que nuestro
encuentro era más que un evento programado. Me gustaba verlo vestido
así, pero me hacía quererlo sexualmente.
Demonios, todo me hacía quererlo sexualmente.
Sin importar lo que vistiera, era difícil mirar a Ethan y no querer
follarlo. Me sentía ligeramente culpable por estar siempre pensando en
tener sexo con él, pero la culpabilidad no duraba demasiado.
—¿Puedo hacerte algunas preguntas?
77
—Seguro.
—¿Algunas serias?
—¿Estoy en problemas? —preguntó.
Lo miré fijamente y sonreí. Amaba sus ojos. Absolutamente los
amaba.
—No.
—Adelante.
Mis conversaciones serias con hombres estaban limitadas a Freddy,
mi padre, y algunos otros chicos con los que había salido a lo largo de los
años. Aunque, a parte de Freddy, ninguno de ellos valoró mis opiniones.
No creía que todos los hombres fueran unos idiotas mojigatos, pero tenía
serias dudas al respecto.
Había decidido contar mis preocupaciones a Ethan, ver qué pensaba
él, y tomar una decisión en cómo proceder basándome en sus respuestas.
No esperaba que se comprometiera conmigo, no estaba segura de querer
eso tampoco, al menos no todavía.
Tan ridículo como sonaba, quería que me confirmara que tenía la
intención de seguir follándome. No me importaba cómo eligiéramos llamar
a nuestra situación, me preocupaban cosas más importantes.
La cosa más importante.
Polla.
—¿Hace cuánto nos conocemos? —pregunté.
—Un mes. Más o menos.
—Las cosas han cambiado entre nosotros últimamente y quiero
discutirlo.
Perecía preocupado.
—Está bien.
—Ahora estamos follando.
Me devolvió una mirada extrañada.
—¿Eso es malo?
—No —dije—. No es malo, es solo que... No quiero que dejemos de
hacerlo.
—Está bien.
No se estaba oponiendo, pero seguro que tampoco estaba haciéndome
sentir cómoda con su falta de interés en nuestra conversación.
—Tengo este miedo sobre que te vas a marchar y voy a estar…
78
¿Compromiso?
—¿Compromiso?
—Sí —dijo—. Compromiso.
De alguna manera la conversación había ido de follar a compromiso.
A pesar de lo mucho que disfrutaba de su compañía, los hombres
simplemente parecían volverme loca.
—No, no le temo al compromiso. ¿Por qué?
—Realmente no sé qué intentas hacer, pero tal vez esto ayude. —Se
inclinó hacia adelante y colocó su mano sobre mi rodilla—. No voy a follar
e irme. Me gustas. Si no lo hicieras, nunca habría ido a cenar. No
preguntaste, pero estoy seguro que tienes la duda, así que de lo diré ahora.
No estoy follando con nadie más en este momento y no lo haré. No soy así.
Mientras hablaba, mi boca se curvó en lo que al final se convirtió en
una enorme sonrisa.
—Y no estoy planeando dejarte —continuó—. Puede que haya sido
criado por un idiota, pero crecí con un entendimiento bastante claro de lo
que está bien y mal. Así que cuando decidimos tener sexo, hice un
compromiso mental contigo. Puedes llamarlo como quieras. —Levantó su
mano de mi rodilla y se relajó en su silla—. Para mí simplemente se trata
de ser un hombre.
Su pequeño discurso casi me hizo derramar lágrimas. Peleé por
tragar, pero mi garganta se había quedado seca. Tomé un trago de café y
sonreí.
—No tengo más preguntas.
81
Página
Trece
Jaz
Día cuarenta y tres.
C
orrí por la casa, quitándome la ropa y tirándola a un lado para
llegar a la ducha.
Había tomado un turno extra en el trabajo para poder
pagar el combustible extra que estaba usando en las idas y venidas del
gimnasio, y ahora estaba más retrasada de lo esperado. Si llegaba tarde a
la pelea sería penalizada, y Ripp me mataría.
Tomé una ducha rápida, me sequé, y comencé a aplicarme mi loción.
El timbre sonó.
Mierda.
Me puse un pantalón y una sudadera con capucha, luego corrí a la
ventana. Mirando la entrada a través de las persianas, no había nadie.
Jodidos niños.
Corrí de nuevo al cuarto, me desvestí y rápidamente me puse unos
pantalones cortos y un sujetador deportivo. Después de agarrar mi bolso
de gimnasio, corrí a la cocina y tomé una barra de proteína. Un rápido
vistazo al reloj reveló que faltaban treinta minutos para el duelo.
Siempre que no quedara atrapada en el tráfico, iba con veinte
minutos de sobra.
Con la barra de proteína en la boca y el bolso sobre el hombro, abrí la
puerta y salí al porche. Mientras cerraba, algo en el suelo llamó mi
atención. Me giré.
Flores.
Un jarrón lleno de rosas estaba a un lado de mi porche. Bajo éste, un
sobre. Llena de emoción, aparté el jarrón, desvelando el nombre escrito a
lápiz que había en el sobre.
82
Jaz.
Página
semana, así que tomé un turno extra para poder hacerlo y comprar las
barras de proteína. ¿Y mi teléfono? No sé dónde está, de verdad. Pero me lo
cortaron.
—¿Por qué?
Parecía una pregunta estúpida, hasta que recordé que no todos
tenían las mismas preocupaciones financieras que yo.
—No podía pagar la factura.
Dejó caer su mirada al suelo.
—Pagaré tu factura telefónica.
—No lo harás —dije. Terminé de atar mis zapatos, agarré mi bata y
suspiré—. La pagaré tan pronto como pueda.
—Dije que la pagaré.
—Dije que no. —Alcé mis manos hasta los hombros—. Lo siento, debo
calentar.
Empecé a saltar cuerda mientras Ripp estaba de pie con una mirada
de preocupación en su rostro. Como la mayoría de las personas que no lo
eran, intentar comprender las dificultades asociadas con ser pobre era
imposible para él.
—Déjame pagar y puedes devolvérmelo después —dijo—. Necesito
poder contactarte. Vas a ir a lugares en este deporte, Jaz. Y no puedes
llegar si no puedo contactarte.
Respondí mientras seguía saltando.
—Puede… que te deje… hacer… eso. Puedo pagarte… tan pronto
como… consiga otro… turno. Tal vez como… en dos… semanas. No es…
barato.
Sus ojos se abrieron cómicamente.
—Ochenta dólares —dije.
—Creo que podré resolverlo.
—Gracias.
Apuntó a mi bolsa.
—Deja la cuerda.
Dejé de saltar y guardé la cuerda.
—Escucha —dijo—. Recuerda, ella pelea de forma poco ortodoxa. Y su
gancho izquierda es su marca personal, así que ten cuidado. Casi siempre
lo usa después de apretar sus puños, así que no pases mucho tiempo
cerca. Si te atrapa, sal rápido.
84
—Entendido, jefe.
—Ha estado con los novatos por tres años, y tiene unas cuarenta
peleas. Es invicta, Jaz.
No había dicho eso.
—¿Y si pierdo?
—¿Planeas perder?
—No, solo pregunto. ¿Qué pasa?
—Nada. Solo será un contratiempo. Será más difícil que te acepten
con los profesionales. Pero si sigues derribándolos rápidamente, hará que
mucha gente hable, eso es seguro.
—¿Hace alguna diferencia si los derribo?
Asintió.
—Gran diferencia.
—¿Y si es rápido?
—Enorme diferencia. Un nocaut tarde puede tomarse como cansancio
del oponente o una serie de golpes de suerte. ¿Pero los nocaut en la
primera ronda una y otra vez? Llama mucho la atención y te da una
etiqueta.
—¿Una etiqueta?
Asintió.
—Te etiquetaran como alguien duro.
—Soy dura.
—Demuéstralo —dijo—. Dame una buena pelea.
—¿Y si te doy un nocaut en la primera ronda?
—No va a pasar con esta, Jaz. Solo te tanteará en la primera ronda.
Ya veremos.
Me encogí de hombros.
—Nunca se sabe.
—¡Ripton! ¿Estás listo?
Me giré hacia la voz. El árbitro estaba de pie al borde del ring,
inclinado sobre la cuerda.
—Ya vamos —dijo Ripp.
Sonreí.
—¿Ripton?
Metió el casco en mi cabeza y asintió.
85
La campana sonó.
Shari "Thunder3" Rose no me asustaba. Cuarenta victorias sin perder
Página
significaban que comenzó su carrera mucho antes que yo, no que fuese
3 Trueno.
mejor. Nos encontramos en su lado del ring, e hizo exactamente lo que
Ripp dijo que haría.
Su juego de pies elegante, moviéndose a un lado mientras me
acercaba, y su ataque de golpes cada vez que me aproximaba lo suficiente
como para tocarla, me impedían hacer mucho.
Frustrada, continué siendo la boxeadora ofensiva. Pelear contra
alguien que no estaba dispuesto a ponerse recto y luchar, me fastidiaba.
Todas las veces, en cuanto me acercaba lo suficientemente como para
tocarla, daba una serie de veloces golpes y rápidamente se alejaba.
Quédate quieta, pelea conmigo, perra asustada.
Tener que perseguirla alrededor del ring por lo que pareció la mitad de
la ronda, me molestó aún más.
Hablar a través de protector bucal es difícil, si no imposible, pero
aflojé mi mandíbula y lo hice lo mejor que pude.
—Quédate quieta, perra asustada —siseé.
No fue necesario que respondiera. Sus ojos lo dijeron todo. No le
gustó. Dejó de dar vueltas y lanzó un salvaje gancho derecho que falló por
unos centímetros.
—Voy a patearte el culo —me burlé.
Negó y dio un golpe directo de izquierda. Me incliné y el puñetazo
pasó por el lado derecho de mi rostro. Mientras se recuperaba, su lado
izquierdo quedó desprotegido. Lancé un duro gancho derecho a su caja
torácica.
Respondió con un gancho hacia mi barbilla. Y, por primera vez en mi
carrera de boxeo, alguien me cegó de un puñetazo.
Coloqué mis guantes en su pecho y la empujé. Mi vista regresó casi al
instante.
Maldita sea, golpeas fuerte.
Mi nariz moqueó y lágrimas rodaron por mis mejillas. Tan ridículo
como parecía admitirlo, era exactamente lo que necesitaba. Me sentí llena
de rabia.
Enojada y buscando venganza, di un paso adelante. Ella empezó con
golpes cortos, intentando atraerme. Ripp tenía razón, si me acercaba
demasiado, trataría de atraparme con un gancho mientras me alejaba.
Y si llegaba a hacerlo, estaría en serios problemas.
88
4
En el original utiliza el término brawler. Persona alborotadora que pelea por cualquier motivo.
—Tienes el poder, Spaz. Ahora ve a golpear su trasero arrogante,
estoy cansado de verlas bailar. —Golpeó su mano contra el hombro de
Ripp—. Ponle el protector, idiota.
Ripp negó y me puso el protector bucal.
Y sonó la campana.
90
Página
Quince
Jaz
Día cuarenta y tres.
C
orrí al centro del ring, y ella me encontró con un duro gancho
de derecha, fallando de darme en la cabeza por el grosor de un
cabello.
Oh, ahora quieres pelear, ¿eh?
Lancé una ráfaga de golpes en respuesta, mostrándole lo rápida y
poderosa que podía ser.
Retrocedió un paso.
No quería vencerla, tenía que hacerlo. Para poder avanzar
rápidamente en este deporte, necesitaba noquearla y hacerme notar.
Yo quería la etiqueta, como dijo Ripp.
Mujer dura.
Me acerqué y lancé un puñetazo al mentón. El golpe pasó por delante
de ella y, en previsión de su contraataque con su firma de gancho
izquierdo, solté un derechazo con la esperanza de derribarla.
Su izquierda no llegó, y mi derecha chocó con fuerza en el costado del
rostro haciéndola tropezar de nuevo.
Mi visión se estrechó. Todo lo que importaba era que me quedara en
la ofensiva, haciéndola defenderse continuamente. Si lo hacía, solo podía
reaccionar de ese modo. Un ataque ofensivo de su parte, al menos durante
mi ataque, sería casi imposible.
El ring se hizo pequeño, y solo existía para mí lo que tenía delante.
Todo el ruido de fondo se hizo sordo y lejano. Mi respiración y los latidos
de mi corazón eran los únicos sonidos que podía oír, y eran casi
ensordecedores.
Lanzó un gancho de derecha, fallando completamente. Su directo
91
protector de cabeza.
Página
E
than estaba peleando, y me aseguró que lo estaba haciendo
para ganar esta vez. Ripp y yo estábamos viéndolo juntos, y
parecía que tenía sus dudas de la capacidad de Ethan para
ganar.
—El chico con el que Ethan está peleando es una bestia —dijo Ripp—.
Debería haberse hecho profesional hace dos años.
—¿Por qué no lo ha hecho? —pregunté.
—Creo que le gusta lastimar a la gente.
Ethan estaba en el centro del ring, escuchando las instrucciones del
árbitro. Estaba emocionada por verlo pelear, y si su predicción era
correcta, podría decirle a Ripp que le diera un poco de crédito. Predijo un
nocaut, y apostamos por ello. Si perdía, no íbamos a tener sexo durante
una semana. Si ganaba, tenía que tener relaciones sexuales según mis
condiciones. Si lo noqueaba, conseguía el sexo en sus términos. Esperando
que no se equivocara sobre el nocaut, me quedé entusiasmada en el borde
del ring.
Ripp cruzó los brazos delante de su pecho y suspiró.
—Me gustaría darle una bofetada al entrenador de Ethan. Es un
maldito idiota.
—¿Por qué dices eso?
—¿Del jodido Brockman? Porque lo es —dijo. —Ha elegido algunas
peleas que no debería. Ahora Ethan tiene un registro jodido.
Quería decirle la verdad, pero juré guardar secreto.
—Bueno, tal vez pueda redimirse esta noche. Hemos estado
entrenando en mi sala de estar.
94
—¿Tú qué?
Sonreí.
—Entrenando. Ethan y yo. Tal vez ha tomado algunos de mis
consejos.
—Estás jodidamente bromeando, ¿verdad?
Sacudí la cabeza.
La campana sonó
—Buena suerte, nene —grité.
Ripp me miró furioso.
—¿Nene?
Me encogí de hombros.
—¿Ustedes dos están follando?
—Shh, la pelea comenzó.
Ripp gruñó algo y se volvió hacia el ring.
El oponente de Ethan tenía la misma complexión que él. Alto, con los
brazos largos y cubierto de músculo, parecía una versión delgada de Ripp.
Tenía la cabeza afeitada, estaba cubierto de tatuajes caseros y tenía un
mechón de vello en la barbilla.
Se acercaron en el centro del ring y Ethan lo empujó balanceando un
gancho directo hacia arriba cuando se separaron. El golpe apenas lo tocó.
Ver la pelea de Ethan me estaba excitando, e incluso si perdía, era
evidente que al final estaría tan excitada, que no sería capaz de llegar a
mañana sin tener Ethan follándome.
—Dios mío —dijo Ripp, todavía concentrado en la pelea. —Si eso
hubiera conectado...
Su oponente se acercó con un aluvión de golpes, conectando muchos
de ellos en la sección media. Una combinación directa de Ethan aterrizó en
el ojo de su oponente, haciéndolo tambalearse.
—Esta es una jodida pelea —anunció Ripp emocionado.
Sí, seguro que sí. Mi coño está amándola.
—Parece que así es.
Con cada músculo de su cuerpo exhibido, Ethan continuó lanzando
poderosos golpes a su oponente, conectando la mitad de ellos.
—Ethan es bueno. Rápido e impredecible. Si solo pudiera
concentrarse… —dijo Ripp—. Sería un gran boxeador.
95
Me froté la nariz.
—¿En serio?
Asintió.
Me tapé las orejas con las manos, pero no tanto como para no oír. Me
concentré en los dos boxeadores entrenando en el ring lejano y escuché en
secreto.
Mientras veía a los dos hombres peleando, Ripp empezó a explicar.
—Dóblala, sobre el sofá o algo bajo. Ponte detrás de ella y, ya sabes,
empieza a hacerlo. Luego levanta tu pie derecho, estira la pierna y baja en
su cabeza, justo donde se une al cuello, y mantenla presionada a la cama
o el sofá o lo que sea mientras que tu polla está dentro de ella. Tener la
pierna extendida de esa manera te llevará realmente profundo. Y algo
sobre tener su cabeza pisada en realidad las excita. Entonces, mientras
estás ahí, solo folla el infierno fuera de ella. Lo amarán.
Santa mierda, eso suena excitante como el infierno.
—¿No bromeas? —preguntó Ethan.
—Si estoy mintiendo, que muera ahora mismo. El mejor sexo que
nunca tendrás. Mi señora lo ama. Le doy esa mierda una vez a la semana.
Diablos, incluso Dekk folla a su señora así.
—¿No bromeas?
—Hijo de puta, ya te lo dije. No estoy mintiendo. Inténtalo.
Ya estaba completamente mojada de ver la lucha de Ethan. Ahora,
¿pensando en tener Ethan follándome mientras me pisaba la cabeza?
Estaba empapada.
Me quedé mirando a lo lejos, haciéndome la tonta mientras mi coño
seguía pensando en lo que vendría.
—Entonces ¿estás lista para irte? —preguntó Ethan.
Seguí mirando a lo lejos, con las orejas cubiertas firmemente con las
manos.
—¡Jaz! ¿Estás lista para irte? —gritó Ethan.
Aparté las manos y me giré.
—¿Qué?
—¿Estás lista?
Estaba tan emocionada por llegar a casa e intentarlo que apenas
podía contenerme. Diablos, estaba lista para que pisara mi cabeza justo en
ese momento y allí, pero sabía que necesitaba ocultar mi emoción.
—Sí —dije en un tono apático—. Lo estoy.
98
—N
o crees que estuviera bromeando, ¿cierto? —
preguntó Ethan.
Realmente no me importaba. Broma o no,
pisar la cabeza era una maldita y genial idea, y
estaba decepcionada por no haberlo pensado antes que Ripp lo
mencionara.
—No. Estoy segura que estaba siendo honesto, ¿por qué?
—Yo, ehmm. No quiero lastimarte.
—¿Lastimarme? —Estreché mis ojos y lo miré mientras desabrochaba
mis vaqueros—. Te avisaré si tengo más dolor del que puedo manejar.
—¿Estás segura?
Tosí una risa mientras bajaba los vaqueros por mis muslos.
—Sí.
La intensidad del deseo por tener a Ethan entró en mi cabeza y me
jodió de alguna forma durante el camino de regreso a mi apartamento. No
era que ya no lo deseara, porque lo hacía, pero mi una vez empapado coño
no parecía compartir lo que quedaba del interés sexual de mi mente.
Bajó sus pantalones de deporte y suspiró.
—Está bien.
—Voy a necesitar que me hables sucio por un minuto —dije—. Antes
de empezar.
Besos y dulce charla realmente nunca funcionaron para mí, pero una
buena charla sucia podía llevarme de nada a ninfómana en segundos.
—¿Cuán sucio?
100
—Ajá —murmuré.
—Muy mal —exhaló—. Porque no te voy a dar un poco, te la voy a dar
Página
toda.
Querido Dios
Lo había hecho. Estaba más allá de fascinada y sobre temblorosas
piernas. Con su pecho presionado contra mi espalda y su mano todavía
firme en mi cuello, me empujó hacia el sofá de dos plazas. Cuando mis
piernas hicieron contacto con el borde, me obligó a bajar la cabeza,
haciendo que me doblara por la cintura.
Ansiosamente me incliné, exponiéndome completamente a él y sus
deseos. Golpeó contra mis pies, recordándome separar mis piernas un
poco más, para permitir que su enorme polla entrara en mi dispuesta
humedad.
Sentí la punta presionarse contra mis sensibles labios. Lentamente
comenzó a penetrarme, inhalé una agitada respiración. Entonces, se
empujó más profundo, causándome exhalar agudamente ante la sensación
de ser llenada por completo con su circunferencia.
—Voy a estirar ese pequeño y estrecho coño tuyo un poco para poder
follarlo.
Por favor, hazlo.
Liberó mi cuello y tomó mi trasero en sus manos, abriéndolo más
mientras salía de mi interior. Sentí sus pulgares en la parte interior de mis
muslos, justo junto a mi hinchado monte. Con ligeramente demasiada
fuerza, me abrió más. Luego, todo él entró rápidamente en mí, cada grueso
centímetro a la vez.
Jadeé.
Después de unos cuantos embistes de su larga y gruesa polla, me
sentí cerca del clímax.
No podía ser. Solo habían pasado unos minutos y algunos pocos
embistes.
Sus manos separaron mi trasero y su polla estiró mi coño con cada
empuje. Sentí la punta salir y lanzarse hacia adelante, enviando mi cabeza
contra el cojín.
Un ligero cosquilleo comenzó a recorrerme.
Joder, sí. Dilátalo más.
Presionó su mano contra la parte de atrás de mi cabeza mientras
continuó follándome. Sentí su peso moverse ligeramente y su polla se
torció dentro de mí. Y luego…
Oh. Jodido. Dios. Mío.
102
tenía idea que existía. Lo que sea que estuviera sucediendo, estaba
redefiniendo el sexo como yo lo conocía. La punta de su polla estaba en
nuevos lugares y no quería que se fuera nunca.
—Oh Jesús. Justo. Ahí —jadeé.
Con su muslo derecho sobre mi espalda y su pie izquierdo en el suelo,
era similar a tener sexo en tijera. La profundidad de su polla era demente y
la sensación inmensa, y aun así placentera.
Su pie presionado contra la base de mi cráneo fue el glaseado de mi
pastel sexual.
Aunque era exactamente lo que quería, me sentía indefensa y
pequeña, como si estuviera siendo follada por un poderoso hombre
gigante.
Gruñidos salían desde sus pulmones con cada empuje mientras
continuaba follándome. Jadeé en la densa tela, disfrutando de la
combinación del dolor y el placer como uno solo.
Sus manos liberaron mi trasero, aun así, su gruesa polla continuó
estirándome hasta nuevos límites. Con la anticipación por no saber dónde
aterrizarían sus manos después, abrí los ojos e intenté echarle un vistazo,
solo para descubrir que era imposible con su pie de más de treinta
centímetros contra mi cuello.
Entonces, la punta de su dedo encontró mi clítoris.
Frotó fervientemente mi sensible nudo mientras continuaba
recordándome lo mucho que disfrutaba ser llenada con su gran polla.
Todas las sensaciones de placer comenzaron a fusionarse y
rápidamente se volvieron uno, haciendo mi cuerpo hormiguear. Su dedo en
mi clítoris, su pie presionado mi cabeza y su polla golpeando contra mi
empapado coño.
Grité fuertemente en la habitación.
—¡Oooohhhh joooddddeeeerrrr!
Un orgasmo de proporciones recién descubiertas se expandió dentro
de mí, de alguna manera, pasando por cada pedazo de mi existencia al
mismo tiempo.
Mi visión se nubló. Mis oídos empezaron a sonar. Mis piernas
cedieron.
Y milagrosamente fui transportada, cuerpo, mente y espíritu, a un
lugar que nunca había conocido.
103
Página
Miré a mi alrededor. Estaba en la bañera con agua corriendo sobre
mí, y Ethan mirándome con una esponja enjabonada en su mano.
—Te corriste realmente fuerte. Como que te desmayaste —dijo—. Te
cargué hasta aquí.
Me sentí terrible.
—¿Y tú? —pregunté.
Sonrió.
—Oh, sí. Esa es parte de la razón por la que estás aquí adentro. Yo,
ehmm. Salí y me corrí por todo tu trasero. Y tu espalda. Y también un
poco en tu cabello.
—Bien —dije—. Siempre y cuando te haya satisfecho.
Frotó la esponja enjabonada por mi hombro.
—¿Estás preocupada por si me satisfaces o no?
Me relajé en el agua caliente y asentí.
—Sí.
—Que me dejes ser parte de tu vida me satisface, Jaz.
Completamente. ¿Todo lo demás? ¿Todo lo que hacemos? El sexo, las
bromas, las comidas y las peleas… Eso hace que cada día contigo parezca
navidad.
No hablaba a menudo, pero cuando lo hacía parecía que siempre me
hacía feliz. Salpiqué algo de agua en mi rostro y sonreí mientras mis
emociones premenstruales sacaban lo mejor de mí.
Y le agradecí a Dios que Ethan fuera parte de mi vida.
104
Página
Dieciocho
Jaz
Día cincuenta y tres.
N
avegando a través de los recuerdos de mi mente busqué
algunos distantes, la mayoría estaban desvanecidos, pero eran
recuerdos de mi pasado, no obstante. No encontré nada que se
pudiera comparar. Por supuesto, mi infancia no fue típica, pero a pesar de
la mano abusiva de mi padre, tampoco la llamaría terrible.
—Creo que me gusta este lugar —dije, volviéndome para mirar en
cada dirección—. Mucho.
Era por la mañana, unos minutos después del amanecer. Los
naranjas y rosas del sol naciente, pero no los rayos, se asomaban a través
de las ramas de los árboles dándoles un extraño resplandor.
Técnicamente, podrían faltar unos minutos para amanecer, no estaba
segura. Pero sí estaba segura era una cosa, nunca había visto algo tan
hermoso en toda mi vida.
Después de caminar por una escalera de piedra durante medio
kilómetro por el borde de una formación rocosa, nos detuvimos en la base
de una gran piscina de agua. Nos rodeaba un escarpado acantilado de
piedra de diez metros de alto que llegaba hasta otra elevación.
Desde esa elevación superior el agua caía en cascada hacia los
acantilados, descansando libremente en la piscina a nuestros pies.
Una cascada natural, dependiente de la lluvia y del río arriba, que por
casualidad estaba lleno. En un arco de ciento ochenta grados, la cascada
corrió, emitiendo un sonido distinto a cualquier cosa que pudiera recordar.
Según Ethan, Hamilton Pool era una de las principales atracciones de
Austin, y estaría bastante concurrida con los turistas después de media
mañana.
Al menos por el momento, era nuestra.
105
M
e quedé de pie en la puerta con un nudo en el estómago y
una rana en mi garganta. Mientras consideraba darme la
vuelta y volver al gimnasio la puerta se abrió, medio
asustándome de muerte.
Di un salto hacia atrás y grité.
—Santa mierda. —Jadeé con sorpresa.
—¿Qué demonios estás haciendo, Spaz?
Tragué pesadamente.
—¿Tienes un minuto?
Exhaló audiblemente y me dio una severa mirada.
—¿Para qué?
Tragué de nuevo.
—¿Para hablar?
—Tengo un gimnasio lleno de futuros millonarios. Cada uno de ellos
jodidamente convencido de que va a ganar el próximo campeonato. Todo lo
que necesitan es una malditamente buena oportunidad. No, no sé si
alguna vez vas a lograrlo. No, no creo que seas lo mejor que haya visto
alguna vez. Sí, pienso que puedes ser buena y si no olvidas lo que te dije,
creo que llegará más pronto de lo que crees. Creo que necesitas ejercitarte
menos, comer más y escuchar todo lo que oyes.
Tomó una respiración, presionó sus manos contra sus caderas y
suspiró.
—¿Lo respondí?
—No, señor.
107
—Cinco minutos.
La oficina era casi tan grande como mi sala de estar. Fotografías de
boxeadores, algunas en blanco y negro y algunas a color, adornaban las
paredes de un lado a otro. La mayoría de las fotografías incluían a Kelsey y
su rango de edad, de lo que yo esperaba que fuera la foto más antigua a la
más reciente, abarcaba unos cuarenta años más o menos.
Detrás de su escritorio y más grande que las demás, una foto a color,
obviamente profesional, del golpe de un peleador impactando la mandíbula
de su oponente. La fotografía fue tomada en el instante que el golpe, un
gancho izquierdo, hacía contacto. La mandíbula del oponente está
distorsionada y torcida. Kelsey está parado en el costado del ring, al fondo,
con sus ojos abiertos como platos y sus manos estiradas hacia el cielo.
Lo seguí hasta su escritorio y estudié la placa dorada en la parte de
abajo de la imagen enmarcada tan pronto como estuve lo suficientemente
cerca para leerla.
Dekkar vs. Brock
WBC Campeonato Peso Pesado.
El Golpe del Nocaut.
Era el chico sobre quien todos hablaban. El dueño del gimnasio,
Shane Dekkar. Obviamente una de sus peleas de campeonato y
considerando la posición de la foto en la oficina de Kelsey, probablemente
el primero que ganó.
—Me gusta esa fotografía —dije, inclinando mi cabeza hacia la
imagen.
Se sentó en su silla y suspiró pesadamente.
—Algo que nunca llegarás a experimentar. Ganar un campeonato.
Grosero viejo idiota.
—¿Por qué no? —pregunté.
—Los peleadores no ganan. Los peleadores son golpeados. Necesitas
aprender a tomar un golpe, porque uno de estos días, alguien te va a dar
uno y no sabrás cómo reaccionar. Demonios, podría seguir y seguir, pero
no lo haré. ¿Por qué estabas oscureciendo mi puerta, Spaz?
Me senté en la silla frente a su escritorio y suspiré.
—No tengo familia —dije—. Mi madre murió cuando nací y mi padre
abusó de mí, así que me fui tan pronto como me gradué de la preparatoria.
Permaneció sin expresión, sus ojos fijos en los míos. Supuse que
había escuchado de todo, y mi triste historia era solo otra versión de cada
108
que rivalizará con lo que tuviste. Demonios, quizás será peor. Pero si fue lo
suficientemente bueno para captar tu atención en primer lugar, tendría
Página
que ser lo sufrientemente bueno para perdurar a largo plazo. Solo tienes
que ser lo suficientemente lista para comprender que diferente no siempre
es malo.
Asintió y cruzó sus brazos, obviamente convencido que había
expuesto su punto. Era una buena historia y fue presentada
correctamente, pero no era exactamente lo que quería escuchar.
—¿Cómo sé que la hamburguesa que me estoy comiendo es la
indicada? ¿La correcta para mí? —pregunté.
—¿Podrías comerla por el resto de tu vida sin comer ninguna otra
hamburguesa?
Mi respuesta no me tomó mucho.
—No lo sé.
—Bueno, intenta pasar un tiempo sin ella. Ver si tu mente te dice que
vayas por una hamburguesa nueva, o si quieres volver a la que ya tuviste.
Si anhelas esa que tienes ahora, es la hamburguesa para ti. Cuando llegas
a ese punto, solo tienes que entenderlo y dejar de buscar algo mejor.
Sonreí y asentí.
—Está bien.
Se puso de pie.
—¿Algo más?
Negué y me levanté.
—Nop.
—Se acerca una gran pelea, ¿sabes? —dijo—. La chica tiene un
endemoniado récord. Vencerla sería un billete al estrellato.
—¿Yo?
—No —gruñó—. El otro boxeador en la habitación. Sí, tú, Spaz.
Escucha lo que ese tonto te dice, ¿me oyes?
Supuse que el tonto era Ripp, pero pregunté de todas formas.
—¿Ripp?
—No, el otro tonto entrenándote —gruñó. Bajó el tono de su voz—. Es
un buen chico, préstale atención.
—Lo hago.
—Más te vale —gruñó. Apuntó hacia la puerta—. Cierra la puerta al
salir.
—Sí, señor —dije.
111
E
ra el día antes de la pelea. Había estado en el ring durante casi
una hora y estaba agotada. Apenas podía levantar mis brazos,
y mis piernas se sentían de goma. Sabía lo que Ripp estaba
intentando hacer, quería romperme, prepararme para la pelea de mi vida,
por lo que dijo.
El problema, su problema, era que yo seguía incluso si tenía que
golpear los guantes estando de rodillas. Podría haber sido un montón de
cosas, pero no me daba por vencida.
—Derecha a la cabeza.
Lancé mi mano derecha al guante.
—Izquierda al cuerpo.
Giré un gancho de izquierda.
—Muy bien —gruñó—. De nuevo. De nuevo. De nuevo.
Golpeé los guantes, preguntándome si en algún momento acabaría de
derrumbarme. Empapada en sudor y rebotando sobre un charco en mis
dedos de los pies, sentía como si hubiera perdido cinco kilos, los cuales no
tenía. Tal vez Kelsey tenía razón. Tal vez entrenaba demasiado y comía
muy poco.
—Otra vez —dijo bruscamente.
Lo golpeé de nuevo.
Izquierda, derecha, derecha.
Golpeé los guantes tan fuerte como pude.
—¡Alto! —gritó.
Bajó los guantes.
113
de vencer —dijo.
Me molestó que no pensara que era una buena boxeadora. Entendí
que tenía la impresión de ser una luchadora muy buena, y era difícil
darme una crítica honesta, pero realmente me consideraba bastante
buena.
Estaba segura que tenía más pasión que casi cualquier persona, y
que tenía que valer algo.
—Tengo mucha pasión —dije—. Más que cualquier otra chica del ring.
Asintió.
—Te concederé eso.
—Vale algo —le dije.
Lanzó los guantes al suelo.
—Solo recuerda, nada de follar en noche de lucha. Y, si algo sucede y
solo por casualidad ella tiene una mala noche, tu victoria te dará una
oportunidad entre las profesionales. La gente ya está hablando de tu
victoria contra Thunder Rose. Así que, otra ¿especialmente contra esta
chica? Bueno, realmente van a hablar.
—¿Y si la noqueo?
Se encogió de hombros.
—Y una mierda.
Quería demostrar que estaba equivocado. Freddy me decía que tenía
que ganar todo el respeto que recibía, que nadie simplemente daba
respeto. Necesitaba, no solo vencer a esta chica, sino también noquearla.
Entonces, ganaría el respeto de Ripp.
Golpeé mis guantes.
—Lo haré lo mejor que pueda, jefe. Es todo lo que puedo hacer.
—No se puede hacer mejor que eso —dijo—. Y, para que sepas, el
campeón va a ver la pelea.
Arrugué mi nariz.
—¿El campeón?
Asintió.
—Dekk.
Mierda. Pensar que estaría viendo mi pelea me puso nerviosa.
Siempre hablaban de él en el gimnasio y era una leyenda local. Infiernos,
era el campeón de peso pesado del mundo, era una leyenda mundial.
115
Tiene sentido.
—Oh.
—Muy bien —dijo—. Ve a las duchas. Y como he dicho, nada de sexo
en la noche de pelea.
Lo que sea.
Follar a Ethan antes de la pelea me tranquilizaría y me aseguraría
tener una buena pelea, pero no iba a decirle nada a Ripp. Luchadores y
sus estúpidas supersticiones. No creía en ninguna. No necesitaba un
trébol de la suerte, una cierta cantidad de cinta en mis puños, o atar los
cordones de mis botas de una manera particular para ganar una pelea.
Todo lo que tenía que hacer era tener la mente despejada, recordar lo que
Ripp me enseñó, y darlo todo.
—Lo tienes, jefe —dije.
Y fui a las duchas.
116
Página
Veintiuno
Jaz
Día sesenta.
C
on el ritmo de un bailarín giró sus caderas, trayendo el placer
de su grueso pene con cada movimiento bien cronometrado.
Bajo él y con mis talones en su espalda, mentalmente abracé
cada empuje fuerte.
Estiré el cuello y miré el despertador.
—¡Cinco minutos!
Levantó la cabeza.
—¿Qué demonios?
La pelea estaba a treinta y cinco minutos, y el viaje llevaría quince. El
tiempo no estaba de mi parte.
—No puedo llegar tarde —dije secamente.
El movimiento de sus caderas se detuvo y me lanzó una mirada.
—Tú no puedes llegar tarde y yo no puedo aguantar que me estés
gritando tiempos límites. Me desconcentra.
—De acuerdo, no voy a decir nada por diez —dije—. Ahora vuelve al
trabajo.
Cerniéndose sobre mí con las caderas encajadas entre mis muslos,
flexionó sus músculos del pecho y me lanzó una mirada.
—¿Qué?
Meneé las cejas y sonreí.
Se aclaró la garganta.
—¿Volver al trabajo?
—Uh huh.
117
¡Mierda!
—¡Joder! ¡La pelea comienza en trece minutos! —grité.
Página
—M
aldita sea. Ustedes dos, idiotas, me hacen parecer
un tonto. Dame la puta mano —gruñó Ripp.
Ethan se metió las manos en los bolsillos.
—¿Por qué?
Ripp agarró la muñeca de Ethan, sacó la mano de su bolsillo y se la
llevó a la nariz.
—Hueles a puto coño.
Se volvió hacia mí y me lanzó una mirada láser.
—¿Lo follaste? ¿Es por eso que llegas tarde? Maldita sea, no mientas.
No quería decepcionarlo, pero no iba a mentirle. Tragué con dificultad
y di una respuesta casi indiscernible.
—Sí. —Sus ojos se estrecharon aún más. Estaba furioso—. Pero
llegué tarde debido a un calambre en las piernas —le expliqué—. Me tuvo
que llevar a la camioneta. —No fue la razón entera de por qué llegué tarde,
pero al menos era verdad.
Se volvió hacia Ethan mirando fijamente, y luego cambió su mirada
hacia mí. Después de unos pocos segundos muy intensos, echó las manos
al aire.
—Consigue sus guantes y casco, muchacho. Puedes ayudarla en este
combate, estoy fuera.
Mierda.
—No. Lo siento. Yo voy a…
—¿Qué? —preguntó—. Se supone que debes escuchar a tu
entrenador, ¿verdad?
120
Asentí.
Página
—Sí.
Presionó sus manos contra sus caderas.
—¿Seguir sus instrucciones?
—Sí.
—¿Te dije que nada de sexo en la noche de pelea?
Suspiré.
—Sí.
—Y follaste de todos modos, ¿verdad?
Suspiré de nuevo.
—Sí.
—Ripton, ¿está lista tu luchadora? —preguntó el árbitro.
—No lo sé —respondió Ripp. Hizo un gesto hacia Ethan—. Pregúntale.
La idea de luchar sin Ripp como mi entrenador era desgarradora. Me
sentí terrible por decepcionarlo, y deseé poder hacer algo para arreglarlo.
—Estará lista en un minuto —escuché responder a Ethan.
—Por favor —le supliqué—. Lo juro. Haré lo que digas.
Sus músculos de la mandíbula se tensaron.
—Si vuelves a hacerme quedar como un tonto, te lo juro, lo haré…
—No lo haré.
—¡Ripton!
—Estamos yendo —replicó Ripp. Se volvió hacia Ethan—. Dame esos
guantes, mierda.
Ripp agarró los guantes de Ethan y en pocos minutos estuve lista
para pelear.
Deslizó el casco hacia abajo, golpeó su puño en la parte superior, y
agarró los lados de mi cabeza en sus manos. Me sostuvo el rostro
firmemente y me miró directamente a los ojos.
—¿Decepcionarme? Lo superaré. ¿Decepcionarte a ti misma? Diablos,
no me importa una mierda. ¿Pero él?
Giró mi cabeza hacia un lado. A unos veinte metros o algo así, detrás
del ring, el hombre de la foto en la oficina de Kelsey estaba de pie con las
manos metidas en los bolsillos de una sudadera con capucha. El campeón
mundial de peso pesado, y nos estaba mirando.
Tragué con dificultad ante la idea de tenerle presente en mi pelea.
—No le defraudes a él —dijo Ripp—. Es dueño de este jodido garito, y
121
hace que los sueños se hagan realidad para cualquiera que esté dispuesto
a luchar lo suficiente para jodidamente alcanzarlos. Ahora pon tu trasero
Página
¡Ding!
Veintitrés
Jaz
Día sesenta.
M
e encontró en el centro del ring y, a diferencia de las dos
luchadoras anteriores, no tenía interés en un comienzo lento.
Sus golpes eran rápidos y llegaron uno tras otro.
Fui con todo lo que tenía. Después de una serie de golpes en el
cuerpo, le di una combinación de tres golpes seguidos con un gancho a la
cabeza que no conectó.
Cada vez, contrarrestó con un puñetazo que estuvo cerca de dejarme
caer al suelo. Lo único que me mantuvo en pie fue un poco de estupidez y
un montón de orgullo.
Piensa, Jaz, piensa.
“Cuanto más fuerte golpees, más duro responderá tu oponente.
Confúndela, ligero, duro, ligero, duro. Entonces, toma tu desafío justo
después que te golpee ligero, y déjala atacar.”
Me concentré en mi respiración y traté de ralentizar mi ritmo
ligeramente. Se acercó para atacarme y la dejé. Con los codos apretados,
tomé todo lo que tenía que ofrecer. A cambio, seguí las instrucciones de
Ripp de mala gana y tiré unos golpes ligeros.
Sus siguientes golpes en la parte superior de mis brazos y rostro no
fueron tan potentes como antes. Después de contrarrestar con algunos
golpes ligeros, me incliné a la izquierda y lancé un gancho a sus costillas
con toda la fuerza de mi ser.
El golpe conectó con fuerza y se estremeció de dolor.
¡Mierda, sí!
Tenía ganas de celebrar, pero sabía que era un simple golpe en lo que
iba a ser una pelea muy larga.
123
5Gancho directo de abajo hacia arriba con intención de KO, dejando al atacante sin
guardia y vulnerable al contra golpe.
campeonatos que habían ganado. Frustrada, cambié mi enfoque a la
esquina de mi oponente. Su entrenador parecía estar dando comentarios
de felicitación.
No estaba preparada para perder. Pero no quería boxearla una ronda
más.
La voz rasposa de Kelsey me hizo girar hacia Ripp.
—Escucha, Spaz.
Me di la vuelta.
—¿Sí, señor?
—¿Eres una boxeadora o una peleadora? —preguntó.
—Un poco de ambas, señor.
—Mierda —siseó.
No tengo tiempo para tus mierdas, viejo. Tengo que encontrar una
manera de ganar esta lucha.
Suspiré.
—Boxeadora, señor.
—No me mientas —gruñó.
Miré a Ripp. Se encogió de hombros y señaló a Kelsey con los ojos.
Kelsey cruzó los brazos delante de su pecho.
—No tengo toda la puta noche para discutir. ¿Eres una boxeadora o
una maldita peleadora?
Me aclaré la garganta.
—Peleadora, señor.
—Bueno, deja de joder con el boxeo y empieza a pelear, pequeña
mierda tonta. Y mientras estés peleando, no olvides el cuerpo, Spaz. La
desgastará y tendrás un golpe claro en su cabeza cuando no pueda
defenderse. El cuerpo primero, siempre —dijo.
Se dio la vuelta y caminó hacia el campeón.
Miré a Ripp.
—¿El otro día querías decir lo que dijiste? ¿Que iba a perder?
Negó.
125
—Nop.
Lo sabía.
Página
—¿No lo hacías?
Negó de nuevo, sonrió con su sonrisa de Mike Ripton y levantó mi
boquilla.
—Muestra a esa perra lo que es entrar en una pelea real, chica.
¡Ding!
126
Página
Veinticuatro
Jaz
Día sesenta.
C
orrí al centro del ring y lancé el puño derecho a su estómago, y
luego seguí con un gancho a sus costillas. Preparada para que
contraatacase con algo significativo, cerré los músculos de la
mandíbula y acerqué los codos a mi rostro.
Envió con un uppercut que se quedó corto, y una cruz derecha que no
lo hizo.
Su firme derecha me golpeó en la barbilla y me dejó sin sentido
durante una fracción de segundo.
Mierda, golpeas fuerte.
Solté un gancho derecho hacia su cabeza. El puñetazo estuvo
demasiado bajo y pasó por encima de su hombro. Retrocedió y levantó los
guantes frente a su rostro como si fuera a dejar que me agotara. Era una
táctica común en el boxeo permitir que tu oponente oscilara salvajemente
por un buen rato, lanzar golpes repetidos sin descanso los desgastaría.
Entonces, podías avanzar, luchando contra un oponente que estaba
cansado y débil.
Una gran idea, excepto por una cosa, no me cansé. Justo como dijo
Kelsey, yo era una peleadora. Nunca ganaría en finura o belleza, pero en
mi opinión, nunca perdería en una pelea real.
Sacudí su cuerpo y duro torso con al menos una docena de golpes sin
respuesta. Retrocedí para tener una idea de cómo iba a reaccionar, y ella
se acercó con una serie de golpes bien sincronizados.
Eres una puta dura, ¿no?
Tiré otra combinación de golpes a su cuerpo y luego a su cabeza, todo
con la esperanza de al menos hacerla tropezar.
127
Jesús.
“No olvides el cuerpo, Spaz. La desgastará y tendrás un golpe claro en
su cabeza cuando no pueda defenderse. El cuerpo primero, siempre.”
Me acerqué y trabajé duro su cuerpo. No era diferente a cuando
entrenaba con el pesado saco, golpeé su torso musculoso hasta que mis
brazos se sentían como goma, y luego le di un puñetazo más. Sus
contrapuntes me bombardearon, golpeándome en los hombros, el rostro y
la mitad de la sección superior, pero no me importaba. Estaba en una
misión y no iba a permitir que me detuviera.
Este tipo de pelea fue lo que viví. Todo lo que necesitaba hacer era
superarla. Estábamos en una pelea, y si ella pensó por un momento que
podría golpearme en mi propio juego, estaba lamentablemente equivocada.
Quería un pase a una pelea profesional, y si ella era mi boleto al
espectáculo, iba a golpearla en una pelea absoluta o colgaría mis guantes.
Seguí golpeando su cuerpo, como dijo Kelsey.
Ella, a su vez, golpeó mi rostro.
Con el tiempo, sus brazos se cansaron y bajó los guantes ligeramente.
Era exactamente el descanso que había estado esperando. No tenía ni idea
de cuánto tiempo tardaría en recuperarse, pero no iba a esperar y
averiguarlo.
Metí un gancho de izquierda en sus costillas.
Exhausta de su ataque directo contra mí y de mis dos docenas de
disparos a su cuerpo, se dobló tan pronto como el golpe impactó en su
estómago.
Lancé un uppercut duro en la parte inferior de su barbilla, y
retrocedió unos pasos.
Solo estoy empezando, y no voy a parar hasta que tu rostro esté en tu
espalda, puta.
Tiré una derecha dura que la atrapó justo en la frente, haciéndola
tropezar aún más.
Inmediatamente fue evidente que estaba herida.
Mientras trataba de recuperar su equilibrio, supe que si pudiera
conectar otro poderoso puñetazo sería capaz de derribarla. Ella sería
humillada sin más.
“Lanza tus golpes duros solamente cuando sepas que vas a
conectarlos. No desperdicies tu poder.”
Moví la cabeza hacia atrás y hacia delante y me acerqué,
convirtiéndome en un blanco evasivo. Recobró el equilibrio y soltó un
128
—¡Lo hicimos!
—Tú lo hiciste. Nunca dudé de ti. No hay una puta chica en la tierra
Página
que te llegue a la punta de los pies en una pelea. Kelsey y yo hemos estado
planeando ese acuerdo durante las últimas tres semanas —dijo.
Le lancé una mirada.
—¿Planeando? ¿En serio? ¿Fue una trampa?
Sonrió y asintió.
—Claro que sí. Sabíamos que la matarías en una pelea. Diablos,
entrenas tres horas sin cansarte. La otra noche, Kelsey me dijo que te
mantuviera en el ring durante una hora y media para ver si te rendías.
Le devolví la mirada.
—¿Yo? ¿Rendirme?
Se encogió de hombros.
—Teníamos que saberlo. Solo esperábamos que pasara la primera
ronda. Supuse que tomaría una ronda para que te sientas bien y enojada
con ella. Después de verte entrenar, ambos supimos que no te cansarías.
—Ustedes, mierdas —dije con una carcajada—. ¿Dónde está? ¿Dónde
está Kelsey?
—Tenía mierda que hacer. No es muy de celebrar.
La experiencia entera me tenía cerca de lágrimas. Me decepcionó que
Kelsey no se preocupara lo suficiente como para quedarse, pero todavía
estaba muy satisfecha con ganar.
—Gracias por creer en mí.
—Es fácil creer en un ganador —dijo—. Ahora, ve a felicitar al
perdedor.
Tiré de mi casco y caminé a regañadientes hacia la otra esquina.
Sentándose con su entrenador y un médico, parecía disgustada. Caminé a
su lado, extendí mi guante derecho, y esperé. Después de un momento,
extendió el suyo y los chocamos.
—Jaz Briscoe, un placer conocerte.
—Amy Wilson. Maldita sea, golpeas fuerte —dijo.
Le di una sonrisa.
—Igualmente.
—Buena pelea.
—Buena pelea.
Corrí hacia la esquina, y cuando llegué allí, el campeón estaba
hablando con Ripp. Respetuosamente, me quedé en las cuerdas y esperé a
que terminaran. El campeón se giró hacia mí y me lanzó una sonrisa
130
burlona.
Era casi como si estuviera nervioso, pero lo sabía mejor. Hizo un puño
Página
Había una cosa en la foto, sin embargo, que me hizo sentir más
orgullosa que ganar la pelea. Más allá del cuadrilátero, al lado de Dekk,
Página
estaba Kelsey con sus manos en el aire y su boca abierta, no había como
negar el orgullo que sentía porque ganara la pelea. Una imagen valía más
que mil palabras.
Enrollé la foto y la metí al tubo.
—Gracias.
—Feliz cumpleaños, Spaz —dijo asintiendo—. Ahora debo ir a hacer
cosas. Ethan, gracias por invitarme.
Miró a Ripp, arrojó su gorro a la mesa y sin decir otra palabra se fue.
—Toma —dijo Ripp.
Me giré hacia él y me entregó una caja envuelta en papel elegante y
atada con un lazo. Lo acepté ansiosa y lo desenvolví con cuidado. Una caja
de cartón, claramente marcada con la insignia del fabricante.
Converse.
Miré a Ripp y luego la caja. Quité la tapa. Dentro, un par de Ed Hardy
Chuck’s blancas y moradas.
—¿Cómo supiste mi talla?
—La miré en las andrajosas de tu bolsa de gimnasio. Necesitas botas
nuevas, esos jodidos apestosos se van a la basura —dijo.
—Lo haré —dije sonriendo—. Gracias.
Se cruzó de brazos y asintió.
—Feliz cumpleaños.
Un regalo faltaba. Una caja grande, aproximadamente de noventa por
noventa centímetros, y de quince de grosor, estaba al lado del pastel. Miré
a Ethan. Asintió.
—Abre.
—¿Tuyo?
—Sí —dijo—. Ábrelo.
Inhalé profundamente.
—Bien.
Quité el lazo y desenvolví la pesada caja con cuidado. Ansiosa por ver
qué había dentro, pero sin querer que el evento terminara, quité la tapa a
regañadientes.
Un océano de seda morada.
Arrugué la nariz y miré.
Al menos saben mi color favorito.
135
6
Peleadora.
Veintiséis
Jaz
Día sesenta y ocho.
E
stábamos sentados en la oficina de Dekk, hablando sobre mi
futuro. Ansiosa por averiguar qué iba a suceder con mi carrera,
escuché mientras explicaba las posibilidades.
—Hubo una conversación bastante intensa sobre Amy Wilson —dijo
Dekk—. De hecho, su pase a los profesionales estaba programado y se
esperaba que participara en una pelea de apertura en el campeonato,
todavía no se ha firmado ningún contrato.
—¿Y ahora que la vencí? —pregunté.
Se encogió de hombros.
—Todavía se hará profesional, pero no peleará en esa apertura.
Ripp golpeó su mano contra mi hombro.
—¿Qué están diciendo sobre mi chica?
El campeón miró a Ripp.
—Sus nocauts han hecho que algunas personas hablen. Vencer a
Rose y luego a Wilson, hizo que mucha gente se preguntase quién es y de
dónde salió. Eso es en parte por qué estamos aquí. Le dije a Kelsey que no
respondiera, pero los promotores han estado llamando todo el día para
preguntarme.
Ripp se giró para mirar al campeón con las manos en sus caderas.
—¿Preguntar qué? Deja de dar malditos rodeos. Estás tartamudeando
y hablando en jodidos círculos. Escuchémoslo.
Basado en la forma en que Ripp le hablaba, era bastante obvio que
realmente eran amigos.
Dekk fijó su mirada en la mía.
137
R
ipp y yo nos quedamos en el borde del ring y esperamos por
Ethan. La pelea programada era con un luchador invicto que
era incluso más famoso que el último al que Ethan se enfrentó.
De acuerdo con Ripp, si Ethan ganaba a este tipo, su nada más y nada
menos que satisfactorio registro, no importaría mucho.
Derrotar a los dos luchadores más importantes del momento
sobrepasaría todas sus derrotas, y ganaría respeto en el circuito de boxeo
amateur por ser un notable oponente.
No podía decirle a Ripp, pero Ethan me había dicho que iba a ganar la
pelea. ¿Su predicción? Otro K.O. en la primera ronda. Por el bien de
Ethan, esperaba que tuviera razón.
—No puedo esperar a ver qué pasa —dije.
—Mierda, no puedo esperar a ver lo que Dekk descubre de tu registro.
Estoy ansioso por este cabrón también.
—Estoy ansiosa sobre mi registro. No puedo esperar para ver lo que
descubre. Es emocionante pensarlo.
Varios minutos pasaron sin que hablara. No era propio de Ripp. Lo
estudié por un momento. Estaba de pie con sus manos en los bolsillos de
los pantalones cortos y los ojos fijos en el suelo, balanceándose adelante y
atrás sobre sus talones.
—¿En qué piensas? —pregunté.
—¿Eh?
Me reí entre dientes.
—Pareces pensativo o nervioso.
141
—Ese chico tiene algo de jodido poder —dijo Ripp—. ¿Sabes qué creo?
Negué.
Página
—No, ¿qué?
—Creo que Ethan necesita un entrenador de verdad.
—¿Tú? —pregunté con entusiasmo.
Asintió.
—Sep.
Oh, Dios mío.
Enorgullecería tanto a Ethan pensar que Ripp estaba dispuesto a
entrenarlo. Diablos, me enorgulleció oírle decirlo. Sabía que su tiempo era
extremadamente valioso y, aparte de mí, solo tenía a otro luchador
trabajando con él. Tenerlo trabajando con Ethan sería un gran estímulo
para su ego.
—¿En serio?
—Te lo estoy diciendo, todo lo que necesita es alguien que crea en él y
sea capaz de darle una apropiada dirección. Brockman no sabe cuál es la
jodida manera. Así que, sí. Quiero tenerlo bajo mi ala y convertirlo en un
campeón.
—Eso sería asombroso —dije.
—No le digas nada —comentó Ripp—. Quiero preguntarle.
—No diré una palabra.
Me sentía mejor que lo que nunca podía recordar. Jamás. Ethan
había ganado de nuevo por K.O. e iba a ser entrenado por Ripp, a quien
admiraba profundamente. No podría haber estado más orgullosa de él, y
sentir tal nivel de orgullo hacia otra persona, era algo nuevo para mí.
Algo nuevo y muy diferente a lo que estaba acostumbrada.
Fue todo lo que necesité para saber que me preocupaba por Ethan
profundamente. Lo que había temido admitir ya no necesitaba ser
confesado. Mi nivel de orgullo me probaba cómo me sentía por él.
Y era el momento de decírselo.
145
Página
Veintiocho
Jaz
D
ía setenta y nueve.
Hablar con Ethan de mis sentimientos fue fácil.
Sospechaba que era porque sentía que no iba a rechazarme,
reír o huir.
—Entonces, he estado pensando —dije.
Metió la espátula en la sartén.
—¿Acerca de qué?
Lo vi voltear los huevos.
—Nosotros.
—¿Qué pasa con nosotros?
—Me gusta esto —dije.
Levantó los huevos de la sartén uno a uno y los colocó en los platos.
—¿Que te haga el desayuno?
—No, idiota. Bueno, quiero decir, sí. Pero eso no es de lo que estoy
hablando.
—Entonces, ¿qué?
Cuando se quedó a dormir, amé lo perfecto que se sintió tenerlo
conmigo. En el pasado, siempre había sentido que cualquiera que
estuviese conmigo tenía que irse y darme mi espacio. Con Ethan, no quería
mi espacio. Quería que todo el espacio que existía fuera nuestro.
—Todo —dije—. Me gusta todo.
—A mí igual. —Me dio uno de los platos y apagó la estufa—. La vida
es buena.
Los hombres podrían ser tan molestos. Intentar entenderlos era
146
nosotros.
—¿Qué espacio?
—Quiero que sea nuestro.
Se sentó y tomó un mordisco de sus huevos.
—¿Quieres que sea nuestro?
—El espacio.
—¿Qué espacio?
—El espacio entre nosotros.
Tragó la comida y tomó un café.
—No entiendo.
Y una mierda.
Apoyé los codos sobre la mesa, apreté mis palmas y suspiré.
—No quiero mi espacio de vuelta.
Suspiró.
—¿De qué espacio hablas?
Deslicé mi plato a un lado y aclaré mi garganta.
—Cuando te vas, hay espacio entre nosotros. Y. No. Me. Gusta.
Tomó su tostada y le dio un mordisco en la esquina.
—A mí tampoco.
Gracias a Dios.
Acerqué mi plato y sonreí.
—De acuerdo. Bien.
Tomó otro bocado de pan tostado.
—¿Qué vamos a hacer para arreglarlo?
—Borrar el espacio.
Miró a lo lejos y entrecerró los ojos mientras mordisqueaba su
tostada. Después de terminar la pieza entera, tomó otro trago de café y
suspiró.
—Por lo que a mí respecta, nunca hay espacio entre nosotros.
—¿Cómo puedes decir eso?
Golpeó su puño contra su pecho.
—Porque siempre estás aquí.
Fue cursi, pero me encantó. Junté los labios y me incliné hacia él. Me
147
—Hagamos un acuerdo.
Apreté la lengua contra mi paladar y tragué de nuevo.
Página
—Bueno.
—¿Cómo lo llamaste antes? ¿El espacio entre nosotros?
—Síp.
—Vamos a acordar que siempre estaremos juntos aquí. —Presionó la
palma de su mano contra mi pecho. Finalmente, bajó la mano hasta mi
corazón.
Mi latido se multiplicó por diez. Sonrió. Sonreí en respuesta.
—De acuerdo.
—Si hacemos eso —dijo—, nunca nos separaremos.
Nunca nos separaremos.
Era exactamente lo que buscaba.
149
Página
Veintinueve
Jaz
Día ochenta y dos.
R
ipp me había llamado a una reunión con Shane Dekkar para
discutir lo que descubrió de USA Boxing. Ansiosa por averiguar
cuál era mi registro y si podíamos utilizarlo en mis
promociones acepté reunirme, pero insistí en que Ethan viniera.
Si Ethan iba a ser incluido en mi futuro, necesitaba ser incluido en
las decisiones sobre él.
Con él a mi lado, llamé a la puerta.
—Adelante.
Abrí y miré dentro. Kelsey y Ripp estaban en el borde delantero del
escritorio, riendo y hablando. Tan pronto como entramos por la puerta, la
conversación se detuvo.
No pude evitar preguntarme de qué estaban hablando.
El campeón se levantó y extendió su mano.
—Ethan.
Ethan se la estrechó.
Soltó la mano de Ethan y sacudió la mía.
—Jaz.
Sonreí.
—Sr. Dekkar.
—Dekk, o Shane, por favor.
Sonreí.
—Me gusta Dekk.
—Entonces llámame Dekk.
150
—Me alegra que eso haya sido arreglado. —Ripp de rió entre dientes.
Página
hombros.
—Claro.
Página
Todos rieron. Dekk inhaló otra respiración profunda y luego cruzó los
7 Onda de choque.
brazos delante de su pecho.
—¿Te gustaría pelear con ella algún día?
—Me encantaría pelear con ella algún día —dije emocionada—. Ella, o
alguien como ella. Ese es mi sueño.
—¿Qué pasaría si una oportunidad como esa llegara, oh, tan pronto
como el próximo mes?
Tosí una carcajada.
—Sí, claro.
Era imposible que Shockwave Simpson quisiera pelear conmigo. Ella
peleaba con mujeres que habían estado en las profesionales por años, la
mayoría de las cuales consideraba muy bien si ser su rival o no. Ella y sus
oponentes chocaban de ida y vuelta en Twitter, enviando tweets sobre las
demás, construyendo un bombo para las próximas peleas.
—Déjame explicar algo —dijo Dekk.
—¿Puedo sentarme? —pregunté.
Rió.
—Por supuesto.
—Bien. —Señalé a Ripp y Kelsey—. Todos están de pie. Lo siento, solo
estoy nerviosa.
—No hay nada de qué preocuparse —dijo—. Somos toda una familia
aquí.
Shane Dekkar parecía ser el opuesto de Shockwave Simpson. Era un
tipo con los pies en la tierra, quien resultó ser un gran boxeador y era fácil
admirarlo.
Conté las sillas disponibles.
Tres.
—Siéntate —susurré, señalando una silla junto a Ethan—. Me sentaré
en tu regazo.
Ethan no discutió y rápidamente tomó el asiento. Me senté en su
regazo y envolvió sus brazos alrededor de mi cintura. Me sentía cómoda en
sus brazos.
Segura.
Me acurruqué en el regazo de Ethan y levanté la vista.
153
—Las peleas de campeonato son más sobre dinero que otra cosa.
Durante el entrenamiento, hay momentos en que el retador o el campeón
se lastiman. Si eso ocurre, su equipo lo mantiene callado. Una fuga de
prensa de una lesión cambiará las probabilidades en la lucha y tiene un
efecto enorme en las apuestas de dinero, potencialmente ganado, en
lugares como Las Vegas. Pero la gente se lastima. Por lo general, lo que
ocurre, y todos lo hemos visto, es que la parte lesionada no hace una
declaración final hasta justo antes de la pelea. Esperan que la lesión
mejore y cuando es evidente que no lo hará y no pueden luchar, reclaman
lesión y se apartan.
Tenía sentido, pero no tenía ni idea de qué tenía que ver conmigo. Si
él sentía que era lo suficientemente importante para decirme, imaginé que
debía ser significativo. Así que, mientras continuó explicando, presté
mucha atención.
—El problema cuando hay una lesión justo antes de una pelea que
está programada es que las entradas ya han sido vendidas, los lugares han
sido alquilados y el dinero se ha gastado. Cancelar la pelea en su conjunto
costaría millones.
—Tiene sentido —dije.
—Theresa Shunk se torció el tobillo la semana pasada. La declaración
final saldrá de su grupo mañana. No puede hacer nada por ocho semanas,
así que no podrá pelear contra Shay Simpson el próximo mes. ¿El
problema? Nadie peleará contra Simpson con tan poco tiempo. Solo hay
tres semanas para prepararse y las luchadoras que habían esperado
luchar contra ella no van a avergonzarse entrando y siendo golpeadas
cuando creen que si tuvieran tiempo para entrenar ganarían. Pero el
dinero ha sido gastado. ¿El lugar? El MGM Grand en Las Vegas. Ya
alquilado. ¿Los boletos? Agotados. La televisión por cable ha invertido
millones. El grupo de Shay Simpson necesita a alguien para pelear contra
ella, y ese alguien necesita tener un registro que diga a los fans que será
una gran pelea.
Apoyó los brazos en el borde de su escritorio y se inclinó hacia
adelante. Conectó sus ojos con los míos.
—Esa persona, Jaz, eres tú.
Shane Dekkar pasó de ser un chico genial a ser un loco en un
instante. No había manera de que el equipo de gestión de Shockwave
Simpson estuviera de acuerdo en que ella luchara contra alguna chica
desconocida de Omaha, Nebraska, quien se mudó a Texas para alejarse de
su padre abusivo.
—Es imposible que acepten dejarme pelear contra ella. Quiero decir,
154
E
n un exitoso régimen de entrenamiento, dormir es tan
importante como ejercitarse y comer. Ethan ha estado
quedándose regularmente desde nuestra charla, y tenerlo a mi
lado en la mañana hace difícil salir de la cama.
Parecía que dormir con Ethan se había convertido en una parte
importante de mi entrenamiento.
—¿No es interesante la vida? —preguntó.
Rodé hacia un costado y eché el brazo a través de su pecho desnudo.
—¿A qué te refieres?
—Hace dos meses y medio ni siquiera te conocía. ¿Ahora? Estás
peleando por el título y Ripp acordó entrenarme. Yo solo… —Giró la cabeza
y me besó—. No puedo imaginar la vida sin ti.
Me perdí en sus ojos azules por un momento, y después comencé a
admirar su cabello desastroso. Había aprendido a amar cómo nunca
estaba peinado, sino siempre en un perfecto desastre.
—Tampoco puedo imaginar la vida sin ti. ¿Han sido dos meses y
medio? ¿Tan rápido?
—Loco, ¿verdad?
Deslicé la mano sobre su bíceps y lo acerqué.
—Sí.
—Será asombroso cuando Ripp pueda comenzar. No puedo esperar.
Recosté la cabeza sobre su pecho.
—Lamento que no sea hasta después de mi pelea.
158
E
ra la noche de la pelea de Ethan y, una vez más, predijo una
victoria. De hecho, dijo que no quería perder ninguna otra
pelea y prometió luchar en todas al máximo de su capacidad.
De alguna manera, parecía que había encontrado una manera para vivir
una vida humilde y ser un ganador al mismo tiempo.
Personalmente, sentía que era yo la que causaba la humildad, pero
por otro lado, ese solo era mi pensamiento al respecto. Él creía que estaba
a la expectativa de entrenar con Ripp, pero eso solo era una suposición.
De cualquier manera, estaba complacida.
—¿Estás emocionado?
—¿Sobre qué? —preguntó Ripp.
—¿La pelea?
Inclinó su cabeza hacia mí.
—¿La tuya? —Luego movió sus ojos hacia Ethan—. ¿O la suya?
Apreté la mano de Ethan.
—La suya.
—Un poco. —Se rió entre dientes—. ¿La tuya? He estado enfermo
desde que hicimos el anuncio. Tengo putos gases. Probablemente termine
cagándome encima justo allí, en un directo de la televisión nacional en Las
Vegas.
—Lo dudo.
—¿De verdad estás nervioso? —preguntó Ethan.
—¿Estás jodidamente bromeando? Estoy tan nervioso como una
monja en una cacería de pingüinos.
161
profesional como era capaz de ser. Aún era divertido, y aunque era grande
y hosco, siempre se preocupaba.
Siempre.
—¿Qué tienes? ¿Cuarenta y cinco minutos? —preguntó Ripp.
Ethan miró su reloj.
—Sí. Aproximadamente.
—¿Dónde está tu entrenador?
Ethan se encogió de hombros.
—No lo sé. Pero por lo general no estamos aquí tan temprano.
—Eso es mierda. ¿Qué? ¿Ustedes dos han dejado de follar las noches
de pelea?
—Oh, diablos no —dije—. Follamos antes de irnos.
Ripp me frunció el ceño y luego se volvió hacia Ethan.
—¿En serio?
Ethan se encogió de hombros.
—Ajá.
—Jodidamente lo juro —se quejó Ripp—. Nadie está dispuesto a
comprometerse cuando se trata de este deporte. No como en el pasado.
Me reí.
—¿En el pasado?
—En el pasado, solía follar a tres o cuatro perras por día. Las follaba
en el estacionamiento de la tienda de comestibles, detrás del sitio japonés,
en mi auto, en mi moto, mierda… Incluso me follaba a las señoras de los
tipos a los que pateaba el culo. ¿Pero una cosa que nunca hice? Follar el
día de una pelea.
Tenía mis dudas respecto a eso.
—Mentira.
—Di lo quieras —gruñó Ripp—. Es la puta verdad. Ahora, ¿Dekk? Una
historia diferente. Follaba a Kace y entraba al ring.
—Y está invicto, ¿cierto? —Alcé una ceja—. Y tú no.
—Jódete, Jaz.
—Mierda —dijo Ethan, el tono de su voz pareciendo casi preocupado.
Me incliné hacia delante y le disparé una mirada.
—¿Qué?
162
—Aquí viene.
—¿Quién?
Página
puta.
Tiny gimió.
Página
Ethan rió.
—Haré que los cosan. Y no tú.
Se volvió hacia mí.
—Lo siento por eso.
—¿Por qué?
—Por cómo te trató.
—No es tu culpa —dije—. Y te ocupaste de ello. Buena cosa, iba a
arrancarle el mohawk.
—Más te vale cuidar de esas manos —dijo Ripp.
Terrance, el chico que limpiaba el gimnasio, empujó una fregona y un
cubo entre nosotros.
—Limpieza en el pasillo siete.
Todos compartimos una risa mientras limpiaba la sangre.
Después de terminar, metió la fregona en el cubo y se apoyó en el
palo.
—¿De qué iba todo eso?
—De un hombre que no sabe cómo respetar a una dama —dijo Ripp.
Ethan asintió.
—Eso mismo.
—Si fuera irrespetuoso con una dama, sería abofeteado tan fuerte que
mis nietos podrían sentirlo. Eso es lo que mi padre me dice.
—Tu padre suena como un buen hombre —dijo Ripp.
Terrance sonrió y asintió.
—Bien, entonces. Intenten permanecer fuera de problemas.
Después de unos minutos de charla, acordamos que Ethan
necesitaba ir a un centro médico para los puntos.
—Voy a hablar con Dekk —dijo Ripp.
—Lo llevaré al médico —dije.
—Mañana —comentó Ripp sobre su hombro.
Ethan y yo fuimos a la puerta y burlonamente la abrí para él.
—No quiero que te golpees más de lo que ya estás.
Cruzó la puerta, se volvió hacia mí y se rió.
—Estoy bien. Diez o doce puntos y…
Salido de la nada, algo lo golpeó en la cabeza. Fue tan rápido que me
166
Se derrumbó en el asfalto.
Me apresuré a cruzar la puerta. Tiny estaba sobre él con ojos locos y
un bate de beisbol. Inconsciente, Ethan yacía sobre su espalda con sus
manos a sus lados.
Oh, Dios mío.
Tiny alzó el bate sobre su cabeza.
—¡No! —chillé—. ¡No lo hagas!
Me echó un vistazo, sonrió y balanceó el bate hacia abajo duro,
estrellándolo contra el cráneo de Ethan.
No podía creer lo que estaba viendo.
—¡Nooooo! —grité.
Caí de rodillas y me lancé sobre Ethan, protegiendo su cuerpo con el
mío. Alcé mi brazo derecho en defensa.
—Por favor. Por favor —balbuceé—. No lo hagas. Vas a matarlo.
Bajé la mirada. El cráneo de Ethan estaba abierto. Había sangre por
todas partes. Sujeté su cabeza en mis manos. Alguien salió por la puerta y
chilló.
—¡Ve por Ripp! —grité—. Y llama al 911. Necesitamos una
ambulancia. ¡Rápido!
Alcancé su bolsa, saqué su sudadera sin mangas y la envolví
alrededor de su ensangrentado cráneo.
Y lloré como nunca antes lo había hecho.
167
Página
Treinta y dos
Jaz
Día noventa.
N
o era la forma en que quería conocer a los padres de Ethan,
pero tenía muy pocas opciones. Dekk, Ripp, Kelsey, el padre y
la madre de Ethan, sus hermanos y un doctor, estábamos
reunidos en la sala de espera.
—Hay muchos factores, Sr. Halloway. El daño en el cráneo fue severo,
por lo tanto, el daño cerebral también lo fue. Hay contusiones con efectos
secundarios previstos que interfieren en la oxigenación cerebral, y no
tenemos forma de saber las secuelas en una escala mayor. Simplemente,
es demasiado pronto para decirlo.
—¿Cuándo despertará? —preguntó su padre.
Su madre alejó la mano de su boca.
—No lo sabe, William.
—Lo sabe. Él es el doctor —gruñó. Se alejó de la madre de Ethan y
enfrentó nuevamente al doctor—. ¿Cuándo?
—Lo siento —dijo el doctor—. Ahora mismo, no es cuestión de
cuándo. No quiero engañarlos. Es cuestión de si. En una desagradable
gran medida.
Oh, Dios.
Ripp me abrazó.
La policía ya había arrestado a Tiny. No fue una sorpresa para mí que
tuviera varios cargos pendientes. Personalmente, desearía que la policía no
lo hubiera encontrado. La justicia callejera, en mi opinión, es mejor en
algunas circunstancias.
Esta era una de ellas.
168
H
acer malabares entre el trabajo, el entrenamiento y mis visitas
al hospital no era fácil. Al menos dos veces al día lograba ir a
ver a Ethan, luego trabajaba y entrenaba para la pelea como
podía.
Sabía que las tres cosas eran importantes, pero de formas diferentes.
Si dejaba la pelea por el título, Ethan estaría muy decepcionado cuando
despertara. Esa sola razón me motivaba para seguir entrenando. Debía de
trabajar para pagar el alquiler y comer, así que también era necesario.
Ver a Ethan, incluso mientras dormía en el coma, seguía siendo el
mejor momento de mi día.
La piel bajo sus ojos estaba terriblemente amoratada, así como sus
mejillas, y su bonito cabello había desaparecido. No era nada que un
sombrero no pudiera arreglar, así que le compré un gorro de lana.
Intentaba encontrar lo bueno en todo, y agradecí que el hombre
responsable de herirlo estuviera en custodia. También agradecí a Dios que
Ethan estuviera vivo durante cada visita y cada noche antes de dormir. En
mis oraciones explicaba que me quedaría con él de la forma en que estaba
si era lo único que podía tener.
De cualquier forma, amaba a Ethan con todo mi corazón, y sabía que
nada podría cambiar la forma en que me sentía.
Subí en el elevador hasta el piso siete y rodeé la esquina hacia el
puesto de enfermeras. Técnicamente, se suponía que no podía estar en el
cuarto de Ethan, porque no era familia. Dekk se encargó de eso con un par
de llamadas, y una vez más agradecí por mi familia improvisada.
—Buenos día, Jaz —dijo la enfermera.
—Hola, Tracey.
171
Ethan para ir a Las Vegas. De hecho, todos nos iríamos. Pensé en eso un
momento, y decidí que no me gustaba la idea, así que lo dejé.
Alcé la vista. Kelsey estaba dormido en la silla. Miré mi reloj, era
Página
E
than había dormido durante algo más de una semana sin
hacer ningún progreso cuantificable. Aprendí que todo aquello
no era más que un juego de esperanzas glorificado, y que
cuando se llegaba a este punto, los médicos no sabían absolutamente
nada útil.
No hubo pruebas adicionales. Nadie pinchó su cerebro con una
sonda, ni lo colocaron de nuevo en la máquina de resonancia magnética.
Ni un médico ni una enfermera vinieron a estirar los dedos de sus manos y
de los pies para ver si todavía se movían. No trabajaban sus piernas de un
lado a otro.
Y solo lo bañaban una vez a la semana.
Odiaba que tuviera que estar allí, y deseaba llevarlo a casa conmigo,
pero no podía. Realmente no se preocupan por él, y darme cuenta de eso
me molestó.
—Tenemos seis días —dijo Ripp—. Seis.
—Lo sé.
—¿Crees que estás lista?
—Tan lista como puedo estar. No voy a aprender nada nuevo en seis
días, ¿verdad?
Se encogió de hombros.
—Supongamos que no.
—No voy a ser más grande, más fuerte, o más rápida, ¿verdad?
—Lo dudo.
—Así que, creo que estoy lista.
175
—Desearía que las cosas fueran diferentes con él. Lo sabes, ¿verdad?
—Lo sé.
Página
—Te digo la verdad, ojalá hubiera pateado el culo de ese cabrón como
iba a hacer —dijo—. De ser así, Ethan estaría justo aquí ahora.
—No es tu culpa.
—No fui yo, pero podría haberlo impedido. ¿La próxima vez? Haré lo
que sé que es correcto.
—Ethan estaba defendiendo mi honor. ¿Es eso incorrecto?
Sacudió la cabeza.
—No. Pero yo estaba haciendo lo mismo.
—¿Tu y yo? No estamos juntos. Así que solo estabas... no lo sé. Solo…
—Es responsabilidad de un hombre defender a cualquier mujer que
esté siendo maltratada, no importa quién sea ella.
—¿De verdad lo crees?
Asintió.
—Lo sé.
Con la frente arrugada y los ojos entrecerrados, parecía enojado.
Supongo que, en lo más profundo de su interior, no se sentía diferente a
mí. Pensar que había dos personas que estaban como yo no me hizo sentir
mejor. No desearía mis sentimientos a nadie.
Estaba exhausta mental, física y emocionalmente. Me acerqué a él y
le tendí mis guantes. Los desató, los sacó y los tiró encima de mi bolsa.
Envolví mis brazos alrededor de él y le di un abrazo.
—Lamento que estés enfadado por todo esto. Uno de estos días él
estará bien, y todos volveremos a mirar atrás y... bueno... no lo sé. Tal vez
contaremos historias o algo.
—Algo —dijo—. Haremos algo.
—Es fin de semana. ¿Podemos dejarlo ya para poder ir allí?
Me abrazó durante un largo minuto, luego empujó sus manos contra
mis hombros, haciéndome apartarme un poco de él.
Me miró fijamente.
—Ve a cuidarlo a él —dijo—. ¿En lo que respecta a esta pelea? Yo me
ocuparé de ti. Estás lista, Jaz. Tan lista como estarás.
—Gracias. Yo solo… No sé. Quiero ir a darle un baño. Limpiarlo un
poco.
—Haz lo que tengas que hacer —dijo.
176
M
e sentía enferma por irme a Las Vegas, pero sabía que no
tenía alternativa.
—¿Prometes que llamarás si cualquier cosa cambia?
Kelsey me fulminó con la mirada.
—¿Qué te dije?
—Cualquier cosa. Lo digo en serio.
—Sé lo que significa cualquier cosa.
Odiaba pensar en que Kelsey no estuviera en la pelea.
—Ojalá pudieras ir. Pero me alegra no lo hagas. Sabes a lo que me
refiero. Quedarte aquí para estar con él.
Rodó sus ojos dramáticamente.
—Escucha al muñeco, Spaz. Y sigue girando en la planta de ese pie
como aplastando un cigarrillo. Lo harás bien.
—Lo haré —dije—. Justo como me enseñaste. —Miré mi reloj—. Tengo
que irme.
Asintió.
Me puse en el borde de la cama, extendí la mano y ajusté su gorro.
—Hay treinta y ocho grados fuera y hace tanto frío aquí… vas a
terminar enfermo. Les hablaré de la temperatura de nuevo, no te
preocupes. Tengo que irme, pero volveré dentro de unos días, así que
tranquilo. Sin promesas, pero gane o pierda, te haré sentir orgulloso. —Me
incliné y le di un beso—. Te amo.
Miré mi reloj.
180
—Ven aquí.
Envolví mis brazos a su alrededor y lo abracé fuertemente. Podría
haber sido un viejo cabrón gruñón, pero era el más impresionante viejo
cabrón gruñón que jamás haya existido.
—Sal de aquí —dijo mientras me soltaba.
—Si algo cambia… —dije.
—Te oí las primeras diez veces.
Lo miré, suspiré y me giré.
Estaba casi en el pasillo cuando lo oí gritar.
—¡Oye, Spaz!
Me di la vuelta.
—Te quiero —dijo.
Me sentí bien al oírlo. Comencé a responder y luego me detuve. Se
paró en el centro del pasillo mirándome fijamente. Sonreí y me dirigí a la
salida.
Y, después de unos pocos pasos, levanté mi mano derecha en alto y le
enseñé el dedo.
181
Página
Treinta y seis
Jaz
Día ciento cinco.
M
e detuve en la esquina del ring rodeado por diecisiete mil
personas. Venir por el pasillo no era en absoluto lo que había
esperado. No hubo vítores, nadie palmeó mis manos, y no
hubo legiones de aficionados gritando.
Solo Ripp y yo.
—Me siento rara —susurré.
—Me voy a cagar en mis calzoncillos —susurró Ripp—. Y cuida lo que
dices. Tienen zoom en las cámaras y micrófonos por doquier.
Asentí.
—Bien.
Shockwave entró por el pasillo. Toda la multitud se volvió loca. Algún
día, si seguía siendo una contendiente, tendría tantos seguidores como
ella. ¿Pero mis seguidores? Los míos serían diferentes. No hablaría mal a
todo el mundo o enviaría tweets con hashtags de mierda en Twitter, por lo
que mis fans tendrían clase.
Pero sería una perra en el ring.
Se agachó bajo las cuerdas, entró en el ring y me fulminó con la
mirada.
Fruncí los labios, la fulminé de vuelta y esperé.
—No olvides lo que te dije —dijo Ripp—. Toca los guantes cuando el
árbitro te lo diga, y después de eso, no importa cuántas veces más te lo
ofrezca, no lo hagas.
—Lo tengo.
Me gustó el proceso de pensamiento de Ripp sobre tocar los guantes.
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—No, señor.
—Toquen los guantes.
Página
S
u intensidad era innegable. Desde el instante que estuvo cerca,
empezó a golpearme con dos y tres combinaciones de
puñetazos, dejándome muy poca opción aparte de protegerme
de ser golpeada hasta la muerte.
Sabíamos que era una luchadora versátil. No fue campeona por
accidente, eso seguro. Había estado en la cima durante cuatro años, y
desde que se convirtió en campeona, no había sido derrotada. Tener un
récord invicto en los aficionados es una cosa. Ser invicto en el circuito
profesional es algo completamente diferente.
Dekk y Ripp estuvieron de acuerdo en que, si pudiera pasar una
ronda con ella y averiguar cuáles eran sus fortalezas y debilidades, el resto
de la pelea podría ser mano a manos sabiendo exactamente cómo atacarla.
Dar pelea era mi fuerte, y hasta ahora, nadie realmente lo había
hecho. Casi todos los oponentes con los que luchó se vieron obligados a
pelear a la defensiva contra ella. Aunque, estar atrapada en el extremo
receptor de su desfile de puñetazos no estaba en mi lista de tareas
pendientes.
Su aluvión de golpes se detuvo. Miré a través del espacio entre mis
guantes y vi una abertura.
Me dijeron que no te atacara en la primera ronda, pero necesito saber si
puedes tomar un puñetazo.
Fingí una derecha y giré un gancho de izquierda. La izquierda se
estrelló contra su caja torácica y la hizo inclinarse mientras se estremecía
de dolor.
Golpeo duro para una pequeña perra, ¿no?
185
V
ino a mí tan pronto como sonó la campana, intentando
ponerme contra las cuerdas. Utilicé mi fuerza de piernas para
evitar que me empujara por todos lados y mis manos rápidas
para recordarle que no iba a ser un triunfo fácil.
La aparté y lanzó una dura derecha contra mis costillas.
¡Joder, eso dolió!
Un golpe de izquierda y una derecha vinieron inmediatamente
después de eso.
Cada uno de sus golpes conectó. Y. Dolieron.
Enojada, lancé una salvaje izquierda. Toqué su hombro. Lo seguí con
un gancho derecho y el golpe alcanzó su cadera.
Me atrapó con una dura derecha hacia mi cabeza, noqueándome por
un segundo.
Empujé mis guantes contra sus tetas y sacudí mi cabeza.
Ah, ¿quieres pelear?
Me acerqué a ella adelantando mi pie izquierdo, moviendo mi derecho
detrás. Mientras el espacio entre nosotras se cerraba, presioné la punta de
mi pie derecho contra el suelo, levanté mi talón y busqué su rostro con
una fuerte derecha.
El golpe ocasionó que se tambaleara.
Puedes agradecerle a Kelsey por eso.
Le di un golpe a las costillas y luego la ataqué con una rápida
combinación de cinco golpes. Cuando los golpes se detuvieron, me miró
con los ojos muy abierto.
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Yo.
No estaba ahí para probar algo o para manifestarme por los derechos
de las mujeres. No estaba ahí por el dinero o la fama.
No quería un trato con Nike o un contrato con Under Armour.
Quería ganar porque, a pesar de todos los hechos que la vida me
lanzó para demostrar que era una perdedora, no lo era.
Era una ganadora.
Fuerte derecha, luego un gancho izquierdo.
La golpeé con otra derecha. Se tambaleó. Inhalé una aguda
respiración, incliné mi izquierda y la lancé fuerte, levantando mi pie por
completo del suelo.
El golpe aterrizó en su mandíbula y la sacó de completamente de
balance. Su cuerpo se estrelló con un golpe seco a mis pies.
La miré.
—Jaz Briscoe, perra. No lo olvides. Levanta tu trasero, vamos a
pelear.
Ripp tenía razón. Mantenerla en las cuerdas había sido lo correcto.
Cuando se levantará, tenía planes para ella. Iba a enjabonar, enjuagar y
repetir.
El árbitro se colocó entre nosotras y me dirigió hacia una esquina
neutral.
Gustosamente me paré en la esquina y esperé que se pusiera en pie,
así podría terminar de golpear su arrogante trasero.
Él se estiró para agarrar su brazo e intentó ayudarla a ponerse de pie.
Cayó de nuevo.
La levantó por el brazo, la puso de pie y comenzó a hacerle preguntas.
Se cayó sobre la lona de nuevo.
Estaba lastimada, estaba fuertemente lastimada.
La miró a los ojos. Y ondeó sus brazos por encima de ella, señalando
el final de la pelea.
¿El final de la pelea?
¿Qué?
Mi labio empezó a temblar.
¿Qué acababa de suceder?
Miré a mi alrededor. El ring se estaba llenando con reporteros, gente
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desconocida y promotores.
Se había terminado. Realmente se había terminado.
Página
Había ganado.
Crucé a través de la multitud. Sentado en mi banquillo con la cabeza
en sus manos, Ripp lucía como un niño de más de cien kilos. Me arrodillé
junto a él y empujé mi guante contra su mentón, levantándolo ligeramente
para poder mirarlo a los ojos.
Escupí mi protector bucal hacia el banquillo.
—¿Qué pasa, jefe?
Levantó su cabeza. Lágrimas rodando por sus mejillas.
—Nada. Por primera vez en mi vida, todo está bien. —Levantó su
mano riéndose y limpió sus lágrimas—. Todo.
Una lágrima rodó por mi mejilla.
Se puso en pie.
—Felicidades. Lo hiciste.
Negué y me levanté.
—Nosotros. Lo hicimos.
—¡Damas y caballeros!
La voz de los anunciantes sonó por el sistema de sonido. Nos giramos
hacia el centro del ring. Cámaras destellaban. La gente nos vitoreaba.
Había micrófonos por todas partes. Sentía que iba a vomitar.
—Terminando al minuto 1:41 del segundo round, por nocaut… les
presentamos a la nueva campeona mundial de la WBC…
—¡Jaz “Brawler” Briscoe!
Ripp apretó mi cintura, levantó mi mano enguantada por todo lo alto
en el aire y dejó salir un grito que fue escuchado por millones de
televidentes a nivel nacional.
—¡Joder, sí! —bramó—. ¡Lo hicimos!
Por encima del sonido de todo. Escuché a alguien gritar mi nombre.
Y luego, la conmoción. Alguien se estaba abriendo paso a través de la
multitud, gritando mi nombre.
—Es Dekkar. —Escuché decir a un reportero—. Shane Dekkar.
—¡Jaz!
Me giré hacia la voz.
—¡Jaz!
—Quítense del camino —gruñó Ripp, haciendo a alguien a un lado—.
Dale algo de espacio a la chica.
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L
as puertas del ascensor se abrieron. Corrí por el pasillo lo más
rápido que pude, con las piernas ardiendo por todo el camino.
Ripp y Dekk estaban en algún lugar detrás de mí, no tenía ni
idea de dónde. Diablos, no me importaba.
Me deslicé por la esquina, pase corriendo por la estación de
enfermería, y corrí por el pasillo hasta que estaba frente a la habitación.
724.
Respiré hondo y enfrenté la puerta abierta.
Kelsey se volvió hacia mí.
Lágrimas rodaban por sus mejillas.
Abrió su boca.
Nada.
Mi labio comenzó a temblar. Di unos pasos lentos. Mis piernas
empezaron a temblar. Alcancé a Kelsey, lo atraje hacia mí y caminé junto a
la cama.
—¿Cómo... cómo... uhhm... ¿Cómo te va?
Incapaz de hablar, simplemente asintió.
Un bolígrafo y papel se situaban al lado de la cama. Cogí el bolígrafo y
garabateé una nota rápida.
Ethan,
Te amo mucho.
Firmado,
La Campeona WBC del Mundo
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Como que lloré y reí mientras colocaba la nota al lado de Ethan. Fue
una combinación extraña que incluyó una descarga incontrolable de
Página
N
unca había visto una mesa de comedor en la que entrara tanta
gente. Miré a mi alrededor. Este grupo de personas eran la
prueba de que la familia puede o no estar vinculada por
sangre. Algunos lazos se desarrollan a través del amor, amistad y un
vínculo especial que se forma cuando la gente cierra la boca y abre sus
corazones.
—No ganaste una mierda. Estoy cansado de eso, Mike. Jodidamente
cansado. Deja esas historias fuera. La chica ganó la pelea. Tú solo estabas
mirando —dijo el padre de Ripp.
Ripp dejó caer un hueso de pollo en su plato y lo fulminó con la
mirada.
—Nosotros ganamos.
Su padre movió el tenedor hacia Ripp.
—No te vi dar un puñetazo. Ni uno. Jaz ganó.
—¿Ese es tu nombre, cariño? ¿Jaz?
Me volví hacia la madre de Ripp, preparada para responder.
—Déjala en paz —replicó Ripp—. Igual vale.
La madre de Ripp negó.
—Nada de apodos en la mesa.
Miré a Ripp. Se encogió de hombros. Miré a Dekk. Se encogió de
hombros. La esposa de Dekk, Kace, se limpió las manos en la servilleta y
se volvió hacia la madre de Ripp.
—Es Beth.
—Sí, señora. Mi nombre es Beth —dije—. Pero no me dicen así. Me
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llaman Jaz.
Negó ligeramente.
Página
Negué.
—No había terminado.
Página
Fin
203
Página
Scott Hildreth
S
cott Hildreth nació en este mundo temprano y planea
dejarlo tarde. Entre su llegada y partida, ha escrito
cuarenta novelas y tiene la intención de escribir
muchas más. A pesar de enamorarse de su esposa, Jessica,
tarde en la vida, Scott profesa ser una autoridad sobre el tema
del amor, y su escritura es un reflejo de esta creencia. Sus
carreras preferidas de ser ciclista, héroe militar, jefe de la mafia,
boxeador, vigilante y artista del tatuaje siempre serán sus
favoritas, pero como la escritura se ha convertido en un
concierto a tiempo completo, debe vivir indirectamente a través
de los personajes de sus libros quienes comparten su
admiración por estas profesiones.
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