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M raj

HISTORIA
^M VNDO
A ntigvd 57
o
,
Esta historia obra de un equipo de cuarenta profesores de va­
f im m ,
rias universidades españolas pretende ofrecer el último estado
,
de las investigaciones y, a la vez ser accesible a lectores de di­
HISTORIA versos niveles culturales. Una cuidada selección de textos de au­
, ,
tores antiguos mapas, ilustraciones cuadros cronológicos y
orientaciones bibliográficas hacen que cada libro se presente con
°^MVNDO ,
un doble valor de modo que puede funcionar como un capítulo
del conjunto más amplio en el que está inserto o bien como una
ANTÎGVO monografía. Cada texto ha sido redactado por. el especialista del
tema, lo que asegura la calidad científica del proyecto.

25. J. F ernández N ieto, La guerra 44. C . G onzález R o m án , L a R e­


del Peloponeso. pública Tardía: cesarianos y
1. A. C aballos-J. M . S errano, 26. J. F ernández N ieto, Grecia en pompeyanos.
Sum er y A kka d . la primera m itad del s. IV. 45. J. M. R oldán, Instituciones po­
2. J. U rru ela , Egipto: Epoca Ti- 27. D . P lácido, L a civilización líticas de la República romana.
nita e Imperio Antiguo. griega en la época clásica. 46. S. M ontero, L a religión roma­
3. C . G . W ag n er, Babilonia. 28. J. F ernández N ieto , V. A lon­ na antigua.
4. J. U rru ela , Egipto durante el so, Las condiciones de las polis 47. J. M angas, Augusto.
Imperio Medio. en el s. IV y su reflejo en los 48. J. M angas, F. J. Lom as, Los
5. P. Sáez, Los hititas. pensadores griegos. Julio-Claudios y la crisis del 68.
6. F. Presedo, Egipto durante el 29. J. F ernández N ieto , E l m un­ 49. F. J. Lom as, Los Flavios.
Imperio N uevo. do griego y F Hipa de Mace­ 50. G. C hic, La dinastía de los
7. J. A lvar, Los Pueblos del M ar donia. Antoninos.
y otros movim ientos de pueblos 30. M . A . R a b a n a l, A lejandro 51. U . Espinosa, Los Severos.
a fines del I I milenio. Magno y sus sucesores. 52. J. F ernández U biña, El Im pe­
8. C . G . W agner, Asiría y su 31. A. L ozano, Las monarquías rio Romano bajo la anarquía
imperio. helenísticas. I: El Egipto de los militar.
9. C . G . W agner, Los fenicios. Lágidas. 53. J. M uñiz Coello, Las finanzas
10. J. M . B lázquez, Los hebreos. 32. A. L ozano, Las monarquías públicas del estado romano du­
11. F. Presedo, Egipto: Tercer Pe- helenísticas. II: Los Seleúcidas. rante el A lto Imperio.
nodo Interm edio y Epoca Sal­ 33. A. L ozano, Asia M enor he­ 54. J. M. B lázquez, Agricultura y
ta. lenística. minería romanas durante el
12. F. Presedo, J. M. S erran o , La 34. M . A. R abanal, Las monar­ A lto Imperio.
religión egipcia. quías helenísticas. III: Grecia y 55. J. M. B lázquez, Artesanado y
13. J. A lv ar, Los persas. Macedonia. comercio durante el A lto I m ­
35. A. P iñero, L a civilización he­ perio.
lenística. 56. J. M angas-R . C id, E l paganis­
mo durante el A lto Imperio.
14. J. C . Berm ejo, E l m undo del ROMA 57. J. M. S antero, F. G aseó, El
Egeo en el I I milenio. cristianismo primitivo.
15. A. L ozano, L a Edad Oscura. 36. J. M artín ez-P in n a, El pueblo
58. G . B ravo, Diocleciano y las re­
16. J. C . Berm ejo, E l m ito griego etrusco.
form as administrativas del I m ­
y sus interpretaciones. 37. J. M artín ez-P in n a, L a Rom a perio.
primitiva.
17. A. L ozan o , La colonización 59. F. Bajo, Constantino y sus su­
38. S. M ontero, J. M artín ez-P in ­
gnegtf. cesores. La conversión del I m ­
na, El dualismo patricio-ple­
18. J. J. Sayas, Las ciudades de Jo- perio.
beyo.
nia y el Peloponeso en el perío­ 60. R . Sanz, E l paganismo tardío
39. S. M o n te ro , J. M artínez-P in-
do arcaico. n a, La conquista de Italia y la y Juliano el Apóstata.
19. R . López M elero, E l estado es­ igualdad de los órdenes. 61. R. Teja, La época de los Va-
partano hasta la época clásica. 40. G. Fatás, E l período de las pri- lentinianos y de Teodosio.
20 . R . López M elero, L a fo rm a- meras guerras púnicas. 62. D. Pérez Sánchez, Evolución
ción de la democracia atenien­ 41. F. M arco, La expansión de del Imperio Rom ano de O rien­
se, I. El estado aristocrático. R om a por el Mediterráneo. De te hasta Justiniano.
21 . R . López M elero, La fo rm a­ fines de la segunda guerra Pú­ 63. G . B ravo, E l colonato bajoim-
ción de la democracia atenien­ nica a los Gracos. perial.
se, II. D e Solón a Clístenes. 42. J. F. R odríguez N eila, Los 64. G. B ravo, Revueltas internas y
22. D . Plácido, C ultura y religión Gracos y el comienzo de las penetradones bárbaras en el
en la Grecia arcaica. guerras civiles. Imperio i
23. M . Picazo, Griegos y persas en 43. M .a L. Sánchez León, R evuel­ 65. A. Jim énez de G arnica, La
el Egeo. tas de esclavos en la crisis de la desintegración del Imperio R o­
24 . D . Plácido, L a Pentecontecia. República. mano de Occidente.
WmWum
HISTORIA
^MVNDO
A ntîgvo

ROMA
D ire c to r de la obra:
Julio Mangas Manjarrés
(Catedrático de Historia Antigua
de la Universidad Complutense
de Madrid)

D iseño y m aqueta:
Pedro Arjona

«No está permitida la


reproducción total o parcial de
este libro, ni su tratamiento
informático, ni la transmisión de
ninguna forma o por cualquier
medio, ya sea electrónico,
mecánico, por fotocopia, por
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©Ediciones Akal, S.A., 1990


Los Berrocales del Jarama
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ISBN: 84-7600 274-2 (Obra completa)
ISBN: 84-7600 491-5 (Tomo LVII)
Impreso en GREFOL, S.A. ·
Pol. II - La Fuensanta
Móstoles (Madrid)
Printed in Spain
EL CRISTIANISMO PRIMITIVO

J. M. Santero
F. Gaseó
Indice

Introducción. Metodología y fuentes .................................................................... 7

I. El cristianismo en los medios judíos y el viaje de P a b l o ......................... 10


1. El Imperio romano, Palestina y los j u d í o s .......................................... 10
2. El judaismo y sus s e c ta s ........................................................................... 14
3. Jesús, fundador de una nueva secta judía ........................................... 18
4. Las comunidades primitivas ................................................................... 22
5. Pablo y la expansión cristiana ............................................................... 26
6. Pablo de T a r s o ............................................................................................ 27

II. El cristianismo después de P a b lo ................................................................. 29


1. El cristianismo y el Imperio romano ...................................................... 29
a) N e r ó n ....................................................................................................... 29
b) Los Flavios ............................................................................................ 29
c) Los Antoni n o s ....................................................................................... 30
d) Los Severos............................................................................................ 33
e) Decio y la segunda mitad del siglo III ........................................... 34
0 Diocleciano ............................................................................................ 35
2. Los fundamentos de las actiuides anticristianas................................ 35
a) In trod u cció n........................................................................................... 35
b) Problemas teóricos .............................................................................. 36
c) Problemas sociales ............................................................................... 37
3. El triunfo del cristianism o....................................................................... 41

ΓΠ. Instituciones y controversias cristianas ....................................................... 44


1. Las instituciones cristianas ...................................................................... 44
a) La organización de las primeras comunidades cristianas .......... 44
b) El obispado monárquico .............................................................. 45
c) Organización supralocal de las iglesias........................................... 46
d) El primado de R o m a ........................................................................... 46
e) La evolución durante el siglo III ...................................................... 47
2. Cristianismo ycultura clásica ................................................................ 48
a) Adaptación y reacción ......................................................................... 48
b) La opción integradora ......................................................................... 50
c) Los cristianos ra d ic ales........................................................................ 51
3. Controversias y escisiones en el cristianismo ....................................... 51
a) Introducción ........................................................................................... 51
b) Las llamadas grandes herejías de lossiglos II y III ..................... 52

Cronología ................................................................................................................. 54
Bibliografía ................................................................................................................ 55

D esd e la introducción hasta el apartado 6 del Cap. I. el texto ha sid o redactado por J.M. Santero.
D esde el apartado 7 hasta el final del texto ha sido redactado por F. G aseó.
El cristianism o prim itivo

Introducción.
Metodología y fuentes

Si cualquier aspecto de la Antigüedad trucción histórica del cristianism o


suele tener graves problemas de do­ primitivo no debe ser distinto al que
cumentación, que hacen complejo el utiliza para cualquier otro hecho o fe­
método de su reconstrucción históri­ nóm eno histórico del Imperio R o m a­
ca, estas dificultades se agravan aún no. En prim er lugar, el cristianismo
más en el caso de un tema como el primitivo no es algo que pueda ser
del origen y primeros desarrollos del aislado en un tubo de ensayo y estu­
cristianismo sobre el que pesan, ade­ diado en un laboratorio de forma in ­
más, otros problemas objetivos, como dependiente a otros hechos históricos
la ab u nd ante literatura apologética, coetáneos. En segundo lugar, el cris­
deform adora de los hechos históri­ tianismo de los primeros momentos
cos, y subjetivos, como es todo el ba­ no es, por supuesto, el fenómeno fun­
gaje de tr a d ic io n a le s p re ju ic io s e d am ental en la historia de los co­
ideas preconcebidas, o la cantidad de mienzos del Imperio Rom ano, sino
datos provenientes sólo de un senti­ p o r el co ntrario, un fen ó m e n o en
miento subjetivo de fe, y no de una principio marginal, muy localizado y
demostración histórica. Precisamente poco importante, au nqu e posterior­
estos prejuicios y datos no constata- mente la expansión y desarrollo de su
bles han sido los dom inantes en la d o ctrin a y la p roliferació n de sus
historiografía tradicional del cristia­ adeptos term inará influyendo decisi­
nismo primitivo, por lo que es muy vamente en el rum bo histórico del
difícil eludirlos, aun para el historia­ Imperio Romano.
dor más deseoso de objetividad. Metodológicamente, p o r tanto, es
Suele decirse con frecuencia que preciso partir del marco histórico del
hay m uchas y muy diferentes formas Imperio R om ano y analizar el cristia­
de narrar el origen y desarrollo del nismo desde la óptica del historiador
cristianismo primitivo, dependiendo de Rom a como un fenómeno inicial­
de las distintas escuelas de historia­ mente muy localizado y que no afectó
dores de la Iglesia o de los distintos prácticamente nada a la m archa de
métodos de crítica ncotestamentaria los acontecimientos del Imperio has­
o del distinto valor histórico que se de ta bien entrado el siglo II. En corres­
a la literatura cristiana más antigua. pondencia a esta idea, resulta bastan­
Sin embargo, para un historiador de te lógico que las fuentes de in for­
la Antigüedad, el método de recons­ mación habituales del historiador del
8 Akal Historia del M undo Antiguo

Imperio Rom ano de los dos primeros ne tener en cuenta que en la redac­
siglos apenas docum enten más que ción que conocemos de los Evange­
de forma muy marginal el personaje lios, el que se considera más antiguo
histórico de Jesús y los primeros p a ­ es el llamado de Marcos, que quizá se
sos del movimiento religioso surgido fecha algo antes del año 70. Los otros
a partir de él y su doctrina. dos sinópticos, el de Mateo y el de
Las escasas noticias de escritores Lucas, dependen del anterior, que les
no cristianos son marginales y bas­ sirvió de fuente, y h a n de fecharse en­
tante imprecisas. Suetonio se refiere tre los años 70 y 90. El cuarto evange­
al personaje de Chrestus (Cristo) como lio, llamado de Juan, es aún posterior,
instigador de disturbios protagoniza­ hacia el año 100; tiene, sin embargo,
dos por judíos (Claudio, 5, 25), y a los más rasgos originales y gran influen­
cristianos como gentes dedicadas a cia helenística. Son todos, por tanto,
perversas supersticiones (Nerón, 16, documentos no coetáneos de los he­
2). Tácito habla de Cristo como un ca­ chos que narran y surgidos de una
becilla judío ejecutado bajo Tiberio tradición transm itida oralm ente en
por el procurador P o n d o Pilato y tie­ círculos enfervorizados, donde se ha
ne la misma idea que Suetonio sobre ido idealizando al fundador y su vida,
los cristianos (Annales, 15, 44). Noti­ adobándose la descripción con pro­
cias parecidas y más o menos preci­ gresivos elementos legendarios, por
sas, pero siempre marginales, sobre lo que no son extrañas las contradic­
Cristo y los cristianos se encuentran ciones, según el distinto origen de la
también en Plinio el Joven, Apuleyo, redacción.
Luciano, Aelio Aristides, Marco A u ­ Pero, además, es que los Evangelios
relio, Frontón o G aleno entre otros: no son documentos historiográficos
algo más abundantes son las noticias ni pretenden serlo; son escritos de ca­
(contenidas en Orígenes) provenien­ rácter religioso, moralizante y didác­
tes de Celso, que fue el primero en tico, mediante los que se hace una
atacar al cristianismo de forma siste­ apología de Cristo, su vida y sus he­
mática. De esas escasas noticias se chos, y se compendia su doctrina para
deduce que entre los rom anos de los que sirva de mensaje y de imitación,
dos primeros siglos de nuestra era la con total despreocupación de las cir­
idea de Cristo y de los cristianos era cunstancias históricas en que ha de
bastante imprecisa. Se consideran a situarse este movimiento religioso. Lo
veces como una simple secta judía cual no quiere decir que el historia­
con actividades extremistas; en otras dor haya de prescindir absolutam en­
ocasiones se les considera como se­ te de ellos, pues al menos sirven para
guidores de una perversa superstición conocer la mentalidad de los prim e­
oriental; a veces como conspiradores, ros cristianos, en cuyo ambiente se re­
o miembros de asociaciones clandes­ dactaron. pero lo cierto es que su con­
tinas; también como adoradores de tenido en datos históricos fiables es
una nueva religión mistérica, o como muy escaso.
miembros de una nueva escuela filo­ Además de los cuatro evangelios,
sófica (S. Benko). contamos con el conjunto de escritos
Así pues, para los dos primeros si­ conservados bajo el título de Hechos
glos de la era, aparte de estas noticias de los Apóstoles, que sin duda proce­
marginales, apenas si contam os más den del mismo autor que el denom i­
que con los escritos neotestamenta- nado evangelio de Lucas, y debieron
rios y la más antigua literatura cris­ redactarse en torno al año 90. Estos
tiana, con todos sus problemas. No es escritos tienen cierta fiabilidad, pues
procedente entrar aquí en detalles de parecen haber utilizado fuentes coe­
crítica neotestamentaria, pero convie­ táneas a los hechos que narran. Sin
El cristianism o prim itivo 9

embargo, sus noticias tienen sólo un gran interés sobre el ambiente en que
relativo interés desde el punto de vis­ se movieron las primeras com unida­
ta histórico y presentan u na imagen des cristianas. Pero el gran momento
demasiado idealizada de las primiti­ de producción literaria del cristianis­
vas comunidades cristianas. Lo mis­ mo preconstantiniano se produce con
mo puede decirse de las cartas de San las grandes composiciones doctrina­
Pablo, con el agravante de que unas les y apologéticas de Finales del siglo
son auténticas, considerándose en al­ II y ya del siglo III: la Epístola a Diog-
gún caso como los más antiguos es­ neto, el Octavio de M inucio Felix, la
critos del cristianismo, en torno al obra de Clemente de Alejandría y los
año 50 o unos años después, mientras grandes escritores como Tertuliano,
que otras no corresponden a San Pa­ Orígenes o Cipriano principalmente,
blo y se redactaron más tarde, por lo que, a pesar de carecer de intenciona­
que su información es bastante m e­ lidad histórica, p ro p o r c io n a n m u ­
nos importante, como ocurre también chos datos del cristianismo primitivo.
con otras cartas atribuidas a Santia­ Para contar con una obra cristiana de
go, Pedro, Juan, etc. Pero, además del carácter histórico propiam ente dicho,
problema de la historicidad y crono­ hay que esperar a la paz de la Iglesia
logía de estos documentos en sí mis­ en el siglo IV con obras como las de
mos, está la dificultad de aprovechar Eusebio o Lactancio. Mientras tanto,
su contenido argumental como testi­ los historiadores no cristianos siguen
monio válido, pues apenas tienen gran contem plando de forma muy margi­
interés desde el punto de vista del his­ nal, o casi ignorando, al cristianismo
toriado r de la antigüedad, au n q u e en sus obras, como es el caso de C a­
sean valiosos para conocer la forma­ sio Dion o de los escritores de la His­
ción de la doctrina y la evolución y toria Augusta.
controversias del pensam iento cris­ Este panoram a informativo para el
tiano primitivo. cristianismo de los tres primeros si­
De los mismos defectos adolecen glos es bastante precario desde la óp­
otros escritos antiguos del cristianis­ tica del historiador de la antigüedad,
mo inicial, como la carta de C lem en­ pero ello mismo quizá hace más ur­
te de Roma a los corintios, o el escrito gente el intento de su reconstrucción
llam ado Pastor de Hermas y otros atri­ histórica. Por otro lado, no es menos
buidos a los Padres Apostólicos en cierto que aún se pueden añadir otros
los siglos I o II. Varios escritos de esta documentos que ayudan a la infor­
prim era época surgieron en im por­ mación, como por ejemplo: los p api­
tantes ciudades orientales, como Ale­ ros de la com unidad esenia de Qum-
jandría, Antioquía (donde el obispo ran, la escasa epigrafía cristiana pre-
Ignacio escribió siete epístolas) u constantiniana, los restos arqueológi­
otras ciudades sirias y fenicias, de cos —por desgracia no muy a b u n ­
donde procede el famoso escrito de­ dantes—, algunos elementos residua­
nom inado Didakhé (Enseñanzas de les en los ritos, fórmulas y organiza­
los Apóstoles), redactado a com ien­ ción cristiana posteriores, etc.
zos del siglo II, etc. Algunos escritos Con todo ello es posible hoy dise­
cristianos ya en el siglo II com ienzan ñar el cuadro fundam ental del cris­
a tener verdadera entidad literaria y tia n is m o prim itivo , p a r tie n d o del
de contenido, como la obra de Ireneo, principio básico de que se trata de un
de Justino Mártir o de Taciano. Por fenómeno desarrollado en el marco
otro lado, desde el siglo I hemos de del Imperio R om ano y, como tal, en
contar con escritores de ambiente y absoluto ajeno a todas sus caracterís­
tema judíos, como es el caos de Filón ticas: políticas, económicas, sociales,
y Flavio Josefo, que aportan datos de religiosas y culturales.
10 Akal Historia dei M undo Antiguo

I„ El cristianismo en los medios judíos


y el viaje de Pablo

1. El Imperio romano, esquema de «polis» con unos dom i­


nios territoriales inmensos y una com­
Palestina y los judíos plejidad cada vez mayor de la m aq ui­
La R om a que llegó a d o m i n a r el naria estatal. El cambio a un sistema
m un do civilizado, hasta en los más de Principado y de Imperio, con una
recónditos lugares, se sustentaba en e s p e c ie de s u p e r m a g s i t r a t u r a (el
un sistem a org a n iz ativ o p residido César-Emperador), u n a m ayor cen­
p o r u n a c o n s titu c ió n r e p u b lic a n a tralización y una más compleja m a­
mixta que había encontrado un cierto quinaría administrativa, militar y fi­
equilibro entre un grupo de familias nanciera. fueron los pasos obligados
ricas y políticamente dominantes, y para logar un mejor control de sus
una gran masa de gentes que se co n ­ grandes posesiones y potenciar aún
sideraban protegidas por el sistema; más su garantía de futuro mediante
con un desarrollo económico basado una paz duradera, sin rom per en lo
en el trabajo esclavo y en la continua esencial los principios republicanos
expansión territorial, una minuciosa tradicionales.
estructura administrativa y militar y Con este esquema, que se consoli­
un ambiente religioso y cultural to­ dó en los comienzos de la era con la
mado en buena parte del mundo greco- figura de Augusto, había que m ante­
helenístico, que servía de catalizador ner, regir, gobernar, adm inistrar y ex­
y estabilizador del sistema. plotar unos territorios no solamente
Todavía en los finales del período inmensos, sino tam bién en orm em en­
republicano, el Estado romano, que te heterogéneos, sometidos a su con­
aún seguía el esquem a de Estado- trol progresivamente en no más de
ciudad, se describía como senatus po- tres siglos. Tras haber unificado Italia
pulusque roma ñus, y Rom a se regía bajo su mando, una serie de encarni­
por la potestas y el imperium de sus zadas guerras contra Cartago había
magistrados, la auctoritas de sus sena­ convertido a los rom anos en dueños
dores, el poder tribunicio de los re­ del Mediterráeno Occidental a lo lar­
presentantes de la plebe y la fuerza de go del siglo III a. C. A su vez. la ex­
las decisiones comiciales o de los ple­ pansión hacia Oriente les había per­
biscitos. Los enfrentamientos entre lí­ m itido ap o d e ra rse de casi todo el
deres políticos a finales de la R epú­ Im perio que había construido Ale­
blica no fueron sino consecuencia de jand ro Magno. En no m ucho tiempo
la dificultad de arm onizar este simple toda Italia. Sicilia. Córcega, el Norte
El cristianism o prim itivo 11
de Africa, Cerdeña, Hispania, Grecia, nos durante el Alto Imperio apenas
Asia Menor, Siria, el Próximo O rien­ contó en las grandes transformacio­
te y Egipto estuvieron en sus manos. nes, como tam bién tardaría en ser
El Imperio Romano significaba, por p erm e ab le al cristianism o, que se
tanto, la coexistencia de gran canti­ transmitió de ciudad en ciudad.
dad de pueblos con muy diversas cul­ Este enorme y variopinto conjunto
turas bajo la ú nica etiqueta de la de ciudades con sus territorios corres­
«paz romana». En otras palabras, el pondientes estaba articulado con bas­
Im perio tenía dos aspectos c o n tra­ tante lógica y sentido práctico m e­
puestos: de un lado la unidad y de diante una serie de divisiones adm i­
otro la diversidad (H. Mattingly). La nistrativas: provincias de diversa ca­
unidad era la del sometimiento a una tegoría, protectorados, reinos protegi­
m ism a a u to rid a d , la o bed ien c ia a dos o territorios aliados; divisiones
unas mismas leyes y el pago de im­ establecidas de acuerdo con diversos
puestos a un mismo estado imperial. criterios com plem entarios, geográfi­
Pero la diversidad era de muy varia­ cos, históricos, militares, económicos
dos tipos. De un lado había pueblos o políticos principalmente. La jerar­
muy habituados a estar sometidos por quía y el m ecanismo de gobierno y
otras potencias, pero, de otro, pueblos control de cada u na de las provincias
de muy arraigado y enconado nacio­ o territorios bajo doniinio o protec­
nalismo. Frente a gentes cultas y refi­ ción difería también por calculadas
nadas, de tradiciones ancestrales y razones. Procónsules, propretores de
habituadas a civilizados sistemas or­ diverso rango, procuradores de dis­
ganizativos, otros pueblos de vida tri­ tinta categoría o legados imperiales,
bal apenas conocían el hecho urbano ayudados por una corte de cargos a u ­
como elemento nuclear de sus rela­ xiliares, respaldados por las unidades
ciones sociales. Por lo general, las militares acantonadas en los corres­
culturas de raíces más profundas y pondientes territorios, apoyados en
antiguas eran más reacias a la sum i­ casi todos los sitios por las élites loca­
sión. Las grandes metrópolis helenís­ les y, en algunos lugares, conviviendo
ticas sabían contem porizar mejor en­ con dinastías de reyes o príncipes,
c o n t r a n d o el e q u i l i b r i o e n tr e la m antenían un férreo control de las
pérdida de libertad política y el orgu­ z o n a s so m e tid a s a su g o b ie rn o y
llo de transmitir sus grandes logros administración.
en m ateria de arte, literatura o de El territorio de Palestina no era
p e n s a m ie n to an te el a s o m b ro ro­ más que una m ínim a porción de d o ­
mano. minio rom ano dentro del vasto Im pe­
Desde el punto de vista del funcio­ rio Oriental. El pueblo judío se había
namiento, la m aquinaria del Imperio ido co n fig u ra n d o con el c o n tin u o
Rom ano constituía básicamente una asentamiento en este territorio desde
gigantesca confederación de ciu d a­ los antiguos tiempos de los grandes
des. Aun siendo Roma en el aspecto imperios orientales, mediante la pro­
socioeconómico y cultural un pueblo gresiva unión de tribus de origen n ó ­
de c a m p e s i n o s (o c a m p e s i n o s - mada, aglutinadas por una misma re­
soldados), toda la vida política y ad ­ ligión monoteísta que condicionaba
ministrativa gravitaba en torno a la todas sus realizaciones históricas. Tras
ciudad; las ciudades en toda la exten­ haber formado un pequeño reino en
sión del Imperio fueron las células torno a la ciudad santa de Jerusalem
básicas de control, estructura ad m i­ y hab e r p asa do p o r crisis internas
nistrativa, social, política y hasta reli­ que le llevaron a la escisión y por ata­
giosa del Imperio R om ano. El resto ques externos que term inaron con la
era el mundo de los pagani, que al me­ destrucción del gran templo de Jeru-
12 A ka l Historia d e l M undo Antiguo

nuevos reyes, y a la vez grandes sacer­


dotes, se mantuvieron prácticamente
un siglo rigiendo el estado judío de
Palestina bajo el nombre de dinastía
hasmonea. Pero el nuevo conquista­
dor, Roma, ya hacía tiempo que venía
logrando im portantes avances, p ri­
mero en Asia M enor y luego en Siria,
aprovechando las disputas entre los
príncipes seleucidas; y, así, en la épo­
ca de Pompeyo, Siria terminó convir­
tiéndose en provincia romana, inclu­
yendo a Palestina en los territorios
bajo su control como estado vasallo.
En los comienzos de la era el reino
estaba en manos de Herodes el G r a n ­
de, un edomita, que m antenía rela­
ciones de amistad con Roma, m ien­
tras otros príncipes menores regían
pequeños principados próximos, como
Lisanias de Abilene. Tras la muerte
de Herodes, el territorio de Palestina
se integró de forma más directa en el
dom inio romano, y en el año 6 d. C.
Figura considerada de un apóstol
(mediados del siglo III). se convirtió en provincia rom ana con
Hipogeo de los Aurelios, Roma. el nombre de Judea, encargándose su
gobierno a un procurador romano.
salem y la llam ada «cautividad de Años más tarde las regiones de G ali­
Babilonia», que les obligó a disper­ lea y Samaria pasarían a integrarse
sarse geográficamente, con el cambio en el mismo régimen al morir H ero­
en el panoram a político oriental tras des Agripa, nieto de Herodes el G r a n ­
la victoria del persa Ciro sobre Nabo- de. Pero este pequeño distrito provin­
nido en 539, una buena parte de los cial de rango procuratorio dependía
judíos pudieron retornar del exilio, más directamente para su control y
reconstruir el templo y fundar de nue­ supervisión del gobernador de la gran
vo un pequeño reino religioso con provincia de Siria, al norte, con im ­
cierta influencia en la zona, aunque portantes efectivos militares, que en
bajo el control persa. C u and o el po­ caso de necesidad podían intervenir
derío persa quedó desarticulado pol­ en Judea. De esta m anera el Estado
las conquistas de Alejandro Magno, judío de Palestina había dejado de te­
los judíos pasaron a defenderse de los ner independencia política, y en este
reyes seleucidas, herederos helenísti­ contexto externo de integración en el
cos de Alejandro de Siria, que inten­ dom inio rom ano es donde hay que
taron en todo mom ento controlar al enm arcar el origen y primeros pasos
pueblo judío mediante su heleniza- del movimiento religioso, pero tam ­
ción. Sin embargo, su espíritu de in­ bién con connotaciones políticas, que
dependencia y la bien organizada re­ denom inam os cristianismo.
sistencia, liderada por los Macabeos, Sin embargo, para entender ese ori­
permitió de nuevo a los judíos de Pa­ gen hay que acudir tam bién a facto­
lestina crear un nuevo estado inde­ res internos del pueblo judío. La his­
pendiente, aunque teóricamente so­ toria muestra, con bien demostrada
metido a los reyes de Antioquía. Los reiteración, que a diferencia de otros
El cristianism o prim itivo 13

Foto aérea del Mar Muerto y de sus


acantilados rocosos donde hubo cuevas.
En esa zona se hallaron los famosos
manuscritos de Qumrán.
14 AkaI Historia del M undo Antiguo

muchos pueblos, el pueblo judío des­ das ideas y prácticas religiosas, sino
de siem p re fue d e p o sita rio de un también una concreta realidad étnica
arraigado nacionalismo de fuerte base y nacional, una peculiar y exclusivis­
religiosa, y de un tenaz espíritu de in­ ta forma de ser y pensar y un específi­
dependencia, quizá porque a lo largo co modo de vida, e incluso de activi­
de su historia se vio siempre hostiga­ dad económica y política, era algo re­
do y sometido por diferentes poten­ lativamente familiar, o por lo menos
cias extranjeras. En el caso del dom i­ no desconocido, para los romanos.
nio de Roma no habría de ser distinto, Pero, a su vez, el judaism o tampoco
sino que en todo caso se hubieron de era una realidad monolítica o un ita­
agudizar aún más dificultades de li­ ria desde ningún punto de vista. G eo­
beración. El sentimiento de un me- gráficamente, aunq ue los territorios
sianismo religioso salvador y libera­ de Palestina se consideraran la tierra
dor del pueblo, que siempre había patria por excelencia, gran cantidad
existido, ahora volvió a despertar con de ciudades helenísticas tenían co­
renovada fuerza, de m anera que no m unidades judías que m antenían sus
hacía falta más que la pequeña chis­ tradiciones y prácticas religiosas, y
pa de la aparición de un líder caris- judíos de la «diáspora», más o menos
mático adornado con características helenizados, se reunían por todas par­
mesiánicas para que aglutinara fácil­ tes siempre en torno a los textos del
mente todos los sentimientos de libe­ Antiguo Testamento, pero en muchos
ración nacional. Sin embargo, tam ­ casos de forma muy independiente,
poco todo el pueblo judío estaba unido constituyendo sus propias sectas, a
en estos objetivos: hubo sectas judías p e sa r de la ten d en c ia a m a n te n e r
colaboracionistas con el invasor ro­ siempre una identidad étnica y reli­
mano, como la de los saduceos; otras, giosa. En Alejandría se leía y co m en ­
más preocupadas por el rigorismo de taba la Biblia en griego, y un judío
la ley, se mantuvieron al margen de la practicante como Filón se preciaba
resistencia contra Roma, como la de de conocer bien y adm irar la litera­
los fariseos; pero otras sectas, como la tura y el pensamiento de los griegos, y
de los zelotas, tom aron parte activa no tuvo ningún prejuicio en tratar de
en una verdadera resistencia arm ada relacionar las verdades del Antiguo
contra el dominio rom ano con el o b ­ Testamento con las ideas filosóficas
jetivo de lograr u n a verdadera libera­ que habían circulado en las grandes
ción nacional. Esta tendencia a la in ­ escuelas helenísticas. Ello no im pe­
surrección mediante la acción violenta día que el Templo de Jerusalem se si­
y de extremismo virulento tuvo m a­ guiera considerando siempre como el
yor arraigo entre el pueblo bajo judío, centro sagrado por excelencia del j u ­
que necesitaba creer más en u n me- daismo, y las distintas sinagogas lo­
sías salvador, y, por ello, no tiene nada cales de la «diáspora», pese a sus po­
de extraño que muchos de los segui­ sibles diferencias, m an ten ían siempre
dores de Jesús procedieran de este una osmosis espiritual y moral con
movimiento, y que alguno de sus dis­ ese centro religioso.
cípulos directos fuera zelota. En el propio territorio de Palestina
tampoco había unidad, y aunque n u n ­
ca se cuestionaron los pilares fun da­
2. E! judaismo mentales del judaism o ni el reconoci­
y sus sectas miento del Templo de Jerusalem como
gran centro sagrado que aglutinaba a
En los comienzos de la era, el j u ­ todos los circuncisos por diferentes
daism o, concepto en el que se i n ­ que pudieran parecer, diferentes sec­
cluían no solamente unas determ ina­ tas con sus peculiares características
El cristianism o prim itivo 15

Plano de los edificios de Qumrán.

coexistían e incluso rivalizaban sin tocrática y oficialista que cooperaba


que ninguna de ellas se impusiera de­ con la autoridad rom ana en el m ante­
finitivamente sobre las demás. nimiento del orden, una de sus gran­
Siguiendo la descripción de un his­ des preocupaciones. Poco interesados
toriador judío, Flavio Joseío, al me­ por la renovación de la doctrina, en
nos hubo cuatro de estas sectas que materia religiosa se mostraron enor­
destacaron en su época: saduceos, fa­ memente conservadores, lo que tenía
riseos, zelotas y esenios. Los saduceos su reflejo tam bién en su actitud polí­
constituían una casta sacerdotal aris­ tica. Por estas y otras razones se ma-
16 Aka! Historia del M undo Antiguo

las demás sectas, a partir, sobre todo,


del año 70.
La secta de los zelotas tenía en lo
esencial las mismas características doc­
trinales y de conservadurismo formal
en la observancia de la Ley que los
fariseos (Flavio Josefo). Sin embargo,
diferían de estos últimos por su radi­
cal y virulento nacionalismo, que les
llevó a oponer una resistencia arm a­
da clandestina contra el poder rom a­
no. Ya el fundador de esta secta, lla­
m ado Judas Galileo, promovió una
insurrección arm ada en el año 6 d. D„
cuando los romanos hicieron de Ju­
dea una provincia más de su Imperio.
La rebelión fue reprimida por fuerzas
romanas, pero no por ello la secta se
disolvió. Desde ese m om ento y en su­
cesivos años los zelotas fueron los
promotres de abundantes incidentes,
La curación de la hemorroísa y sin duda jugaron un papel destaca­
(fines del siglo III). Cementerio de los
Santos Pedro y Marcelino, Roma. do en las grandes rebeliones del año
66 y del año 70. Las características
nifestaron siempre celosos rivales de más destacadas de esta secta son: fa­
otra secta también oficialista, la de natismo religioso-patriótico, xenofo­
los fariseos (literalmente «los separa­ bia, m esianism o , c la n d e s tin id a d y
dos»), cuyos antecesores parecen h a­ práctica de la violencia (los que más
ber sido los «hasidim» de la época de se distinguen por ello reciben el n o m ­
los Macabeos por lo que en ellos h a ­ bre de sicarios). D adas estas caracte­
bía ciertas connotaciones nacionalis­ rísticas, no tiene nada de extraño que
tas. De hecho, aunque no cuestiona­ entre los seguidores de esta secta
ron abiertamente el dom inio romano, ab un d a ran gentes en situación eco­
no fueron colaboracionistas como los nómica muy precaria, y que a los o b ­
saduceos, y sin duda sus deseos eran jetivos nacionalistas se unieran tam ­
de liberación, aunque se preocuparon bién razones de injusticia económica
más por el formalismo religioso en lo y social. Ello aum entó aún más su ca­
que se refiere a la Ley y a las Escritu­ rácter revolucionario y la convirtió en
ras, al cumplimiento de u na casuísti­ una secta popular que buscaba la li­
ca c o m p e n d ia d a en el Torcih, que beración patria y la justicia para el
constituía el elemento esencial de su pueblo judío m ediante la insurrec­
enseñanza, y también a una vida con­ ción a las órdenes de un mesías, de
templativa. Pero, a pesar de su rígido un salvador. Lógicamente en este tipo
conservadurismo formal en la obser­ de aspiraciones es donde los d o m in a­
vación de la Ley y de su radical con­ dores rom anos veían un mayor peli­
traposición entre judíos y no judíos, gro, y, por ello, siempre estuvieron
parecen haber sido más liberales y dispuestos a cortar en Judea cua l­
abiertos a otras influencias en m ate­ quier brote de mesianismo por puro
ria de doctrina, lo que pudo ser un religioso y pacífico que pareciera.
factor de desarrollo que fes permitió La peculiar secta de los esenios nos
ser cada vez más influyentes. De he­ era escasamente conocida por las re­
cho term inaron im poniéndose sobre ferencias de escritores judíos como
El cristianism o prim itivo 17

Sermón de la Montaña
(Mediados del siglo III).
Panteón de los Aurelios, Roma.
18 AkaI Historia del M undo Antiguo

Filón y Flavio Josefo. Sin embargo, el 3. Jesús, fundador de una


descubrimiento hace ya algunas dé­
cadas de u na serie de m anuscritos nueva secta judía
procedentes de las ruinas de un m o ­
nasterio de esta secta en Qum ran, en A pesar de las polémicas teorías, ya
el desierto próximo a la orilla del M ar anticuadas, sobre la negación total de
Muerto, nos ha permitido conocer con la historicidad del personaje de Jesús,
bastante precision no sólo las carac­ según las cuales su existencia sería
terísticas y organización de esta secta, una invención mítica surgida en a m ­
sino también el asombroso paralelis­ bientes judíos por razones religiosas,
mo entre buena parte de su doctrina, relacionadas con mitos solares, o de
organización, jeraquía, ritos, etc., con muerte y resurrección, paralelos al
lo que sabemos de los primitivos cris­ del m esopotám ico G ilgam esh, o a
tia n o s . La c o m u n i d a d e s e n ia de otros mitos orientales como el de Osi­
Q um ran llevaba una vida práctica­ ris o Atis, hoy parece que ningún his­
mente monástica, alejada de Jerusa­ toriador pone seriamente en duda la
lem. de sus sacerdotes y de la vida re­ existencia en torno a la época del
ligiosa oficial, sometida a una estricta cambio de era de un líder carismático
regla de convivencia com unitaria y llam ado Jesús, fundador de una secta
prácticas rituales, expresas en el lla­ en Palestina, que terminó m uriendo
mado M anual de Disciplina. Se dedi­ ajusticiado en época del em perador
caban a la oración, y al estudio y en ­ Tiberio, como dice el propio Tácito.
s e ñ a n z a u n tan to esotérica de las Pero, aunque parece incuestionable
Escrituras. Si parece que en lo esen­ la historicidad del personaje, lo cierto
cial la observancia de la Ley era escru­ es que las noticias históricamente fia­
pulosa, así como sus prácticas y ritos bles sobre el mismo son en realidad
judíos tradicionales, su relación con escasas, irrelevantes, y a veces contra­
el sacerdocio de Jerusalem , que es dictorias, además de que son pocos
considerado indigno, parece que fue los problemas de exactitud cronológi­
bastante fría e incluso hostil. Por otro ca de su vida. Y ello no tiene nada de
lado, sus ideas apocalípticas, mesiá- extraño, puesto que durante su vida
nicas y también nacionalistas, pese a lideró una pequeña secta en Galilea,
su ascetismo, parecen haberles acer­ entre otras muchas, que no llegó a
cado a las actitudes zelotas y a parti­ merece la atención de historiadores o
cipar en la insurrección del 66. Lo escritores del momento, ni judíos ni
cierto es que su monasterio fue des­ romanos. Es seguro que al ir aum en­
truido durante la represión de esta tando el núm ero de seguidores se le
rebelión. empezara a dar algo más de im por­
Estas no eran, sin embargo, más tancia local, especialm ente con su
que algunas de las sectas judías m e­ presencia ya en Jerusalem, lo que ter­
jor conocidas en el territorio de Pales­ m inó llevándole a la muerte, en una
tina, dom inado por Roma en la épo­ época en que R o m a quería cortar
ca de los comienzos de nuestra era, lo cualquier brote de mesianismos. Es­
que puede dar una idea aproxim ada tos pudieron ser acontecimientos de
del ambiente político y religioso en una relativa resonancia a nivel local,
que surgió el líder judío carismático pero p rá c tic a m e n te irrelev antes o
que las noticias de la época coinciden desconocidos para un historiador de
en deno m in ar Jesús, el Cristo o M e­ los grandes hechos del Imperio Ro­
sías (salvador), fundador de una n u e­ m ano, para cualquier escritor de la
va secta judía, que por su futura ex­ , corte de Roma, e incluso para escrito­
pansión llegaría a adquirir una ex­ res judíos de Alejandría u otras gran­
traordinaria importancia. des ciudades de Oriente del momento
El cristianism o prim itivo
19
de los que podam os tener noticias. cas), éste no se realizó hasta el año 6-
Por consiguiente, el silencio de los es­ 7 d. C., cuando Judea se convirtió en
critores coetáneos no es argumento provincia rom ana, y del cual tene­
para negar su historicidad. mos noticias por el historiador judío
Otra cosa bien distinta es la fiabili­ Flavio Josefo. De m an era que nos
dad que haya que dar a los escritos movemos entre los años 4 a. C. y 7
posteriores, ya cristianos, como los d. C. para situar en el tiempo su naci­
Evangelios, donde sí abundan, a ve­ miento. Tampoco tiene mayór im por­
ces con todo lujo de detalles, las noti­ tancia precisar más: debió nacer a fi­
cias sobre la vida de Jesús. Parece que nales del reinado de Herodes, en un
en ellos puede haber algunos ecos de m omento en que Judea estaba a p u n ­
la realidad histórica del personaje, to o se acababa de convertir en pro­
pero se transmitieron oralm ente en vincia romana. Tampoco es muy pre­
las primitivas com unidades cristia­ c is o el m o m e n t o de su m u e r t e .
nas. Pero lo difícil es tocar el fondo de Sabemos que se produjo durante el
esa realidad en un conjunto religioso- gobierno de Judea por el procurador
literario donde se com pilan y m ez­ rom ano Poncio Pilato y, por tanto,
clan, con más o menos acierto, según entre los años 26 y 36 d. C.; sabemos
los casos, relatos, dichos, proverbios y también que lo que se llama su vida
sentencias a él atribuidos. De cual­ pública (o lo que es lo mismo, la fun­
quier forma, y aunque la imagen his­ dación y primeras actividades de su
tórica de Jesús esté deformada en los secta) se inició en el año 15 del reina­
Evangelios, hay que contar con esos do del em perador Tiberio (Lucas), o
probables ecos de una realidad cierta, sea, el año 28-29 d. C., aunque des­
lo que unido a algunas breves noti­ pués los textos evangélicos se contra­
cias de escritores no cristianos de los dicen sobre si desde este mom ento
primeros siglos y el conocimiento de hasta su crucifixión m ediaron tres
una época y de u n a situación deter­ años, o bien sólo uno. Parece, por
m inada en la Palestina del momento, tanto, que debió m orir en torno al
nos permite, si no escribir una bio­ año 30 de la era, más o menos.
grafía histórica precisa del personaje, Desconocemos totalmente los por­
lo cual hoy es imposible, por lo me­ menores de su vida hasta que aparece
nos hacernos una idea aproxim ada como predicador, profeta y fundador
de lo que fue su vida y actividad. de una secta judía (incluso los pro­
Sin que ello sea de capital im por­ pios Evangelios, a excepción de algu­
tancia para el historiador, lo cierto es nos detalles anecdóticos, ignoran casi
que ni siquiera se pueden fijar con todo lo anterior a su vida pública). Al
absoluta precisión los años en que vi­ parecer había nacido en una familia
vió Jesús porque hasta en esto existen hum ilde y era originario de la aldea
netras contradicciones en los Evange­ de Nazareth, en la región de Galilea,
lios. Por razo nes lógicas, su n a c i­ al norte del territorio de Palestina,
miento se habría de com putar en el zona bastante pobre y en la que se
año 1, ya que éste es el hecho que se movió la m ayor parte de su vida. A
toma como referencia para el inicio sus 28 ó 30 años comenzó a hacerse
de la era cristiana, que es la que utili­ oír como profeta en Galilea, reunien­
zamos. Sin embargo, el cómputo debe do en principio a un pequeño núcleo
ser erróneo ya que al parecer nació en de seguidores que fueron aum en tan ­
el reino de Herodes el Grande, que do hasta formar una secta de cierta
hoy sabemos que murió en el año 4 im plantación en la región. Papel im­
antes de la era. Por otro lado, si su n a ­ portante en los comienzos de la acti­
cimiento se produjo durante un censo vidad de Jesús y en la fundación de
hecho en Palestina (Evangelio de L u ­ su secta debió jugar u n profeta llam a­
20 Aka! Historia del M undo Antiguo

Representación de los tres hebreos en el horno


(mediados del siglo III). Cementerio
de Priscila, cámara de la velatio, Roma.

do Juan, que por la misma región, y pas, sus seguidores continuaron dife­
en la zona próxima al río Jordán, h a ­ renciándose de la secta de seguidores
bía formado tam bién u na secta disi­ de Jesús. Lo que sí parece cierto es
d e n te del clero oficial j u d ío , que que los seguidores de éste último fue­
predicaba u n a vida ascética y de puri­ ron en progresivo aumento, y entre
ficación muy similar a la de los ese- ellos sin duda habría antiguos segui­
nios (si no es que era realmente una dores de Juan, esenios, zelotas y miem­
secta de esenios —la com unidad ese- bros de otras sectas.
nia de Q um ran estaba sólo a unos ki­ La fuerza de atracción de la nueva
lómetros al sur del J o rd á n —, como se secta se debía, sin duda, aunque no
cree), y, sobre todo, m a n te n ía u na sólo a ello, al propio poder carismáti-
idea mesiánica del salvador que h a ­ co y al carácter mesiánico de un jefe,
bría de llegar, idea m antenida tam ­ al m o m en to que atravesaba Judea
bién por los zelotas y otras sectas. Lo bajo el dom inio romano, a las ansias
principal es que el profeta Ju an pudo de liberación del pueblo judío, a la
señalar al nuevo profeta, Jesús, como m ala situación socio-económ ica y,
el mesías esperado, lo que daría un también, por supuesto, a la bien cons­
gran impulso a su predicación y a u ­ truida doctrina y mensaje a los po­
mentaría sus seguidores con la m ez­ bres, oprimidos y necesitados de todo
cla de las ideas ascéticas esenias y n a ­ tipo, tan abundantes en la Judea de la
cionalistas de los zelotas. Ello no época.
quiere decir que las sectas se unieran Lo más probable es que la atribu­
en u n solo m o v im ie n to religioso- ción de poderes sobrenaturales, mila­
nacionalista, pues tras la muerte de grosos, etc., a Jesús, sea producto de
Juan, por decreto de Herodes A nti­ la literatura apologética posterior.
El cristianism o prim itivo 21

cu an do las com unidades cristianas ro oficial judío, por lo que suscitaba


prim itivas fueron d e s d ib u ja n d o la no poca desconfianza. Sin embargo,
realidad histórica con la intro d u c­ su predicación se inspiraba estricta­
ción de todo el elemento legendario, mente en la Ley judía e iba dirigida a
pero dada la personalidad que se pue­ los judíos; de hecho a él se atribuye la
de deducir de los ecos que dieron p á ­ frase: «no he venido a abolir la Ley o
bulo a esas leyendas, su indudable los profetas, sino a hacer que se cum ­
carisma, su carácter mesiánico, etc., y pla» (Mt 5,17). Cierto que para él te­
dada la necesidad que los judíos te­ nía menos importancia la observan­
nían de un líder extraordinario, no cia e s tricta de los ritu a le s t r a d i ­
tiene nada de extraño, o es más que cionales, que era lo esencial para
probable, que aun en vida se le atri­ otras sectas, como saduceos y fari­
buyeran ya a Jesús poderes taum atúr­ seos. Pero la novedad respecto a la
gicos, lo que le hacía, por un lado, en se ñ an za rabín ica tradicional no
más atrayente al pueblo, y por otro, era el desviacionismo de la Ley judía,
más peligroso a los ojos del clero j u ­ sino el predicar mediante parábolas
dío oficial y de la autoridad romana, un «nuevo reino» de confraterniza­
principalm ente. Su mensaje era en ción para el pueblo judío, donde im ­
parte novedoso o, mejor decir, hetero­ perara la justicia. También era nove­
doxo en relación con el formalismo dad que no se considerara a sí mismo
tradicional y apegado a la Ley del cle­ como un profeta más, sino como el

Olbia

•Lyón (?)
• Vienne Panticapea

eRorna Tracia
tesos Sagunto Ostia * ©Capua Tesaluüi'.'.s
Ninive
Tarento Pérgamo
© 0 Arbelas
• «S a rd e s
e Dura-Europos
Utica « Efe&o
© Siracusa Mileto A ntioqu i ©
Anath
Cartago o .
Salamina
•D am asco

Cirene
Alejandría
Berenice *
Leonfópolis

Comunidades judías y comunidades


cristianas del siglo I (según Carrez).
22 Akal Historia d el M undo Antiguo

verdadero mesías (Cristo) anunciado revolución (como de hecho años des­


en las Escrituras, que habría de con­ pués la habría) contra su dominio en
ducir a su pueblo a ese reino de espe­ Judea. Por estas razones Jesús fue
ranza y de liberación, lo que le confe­ acusado primero por el Sanedrín y,
ría una autoridad extraordinaria que, posteriormente, sentenciado a muerte
lógicamente, era vista con recelo por como agitador político por el procu­
la jerarquía sacerdotal oficial judía. rador rom ano de Judea. Poncio Pila­
Y, en tercer lugar, era tam bién nove­ to, como lo demuestra el hecho de
doso que su predicación se dirigiera que se utilizó para su ajusticiamiento
principalm ente a los menesterosos, un método rom ano, la crucifixión, y
pobres, necesitados, oprimidos e in ­ no uno judío, como hubiera sido la
cluso pecadores y descontentos con la lapidación. A pesar de ello, los Evan­
situación de sometimiento a Rom a y gelios, que son pro-romanos, eximen
de injusticia social y económica de al procurador Pilato de culpa y acu­
Judea. quienes pronto vieron en él al san a los ju d ío s en general de su
líder que necesitaban. muerte, lo que no resulta lógico.
A pesar de que se atribuye a Jesús C on la muerte del líder, m uchos de
la idea de que el reino por él predica­ sus seguidores vieron, sin duda, fra­
do no era de este mundo, lo cierto es casado su movimiento y fustradas sus
que la masa de sus seguidores iba im ­ esperanzas de insurrección, y en su
pulsada por la idea de un mesianis- mayoría se dispersaron. No obstante,
mo local con fuertes dosis de nacio­ la secta, más reducida, no tardaría en
nalismo revolucionario y liberador: recomponerse y en adquirir caracte­
zelotas, sicarios y miembros de otras rísticas propias sobre la base de las
sectas de características parecidas se enseñanzas de su fundador.
sum aron al movimiento al ver en Je­
sús la esperanza para lograr sus aspi­
raciones y objetivos. De hecho nunca 4. Las comunidades
hubo rasgos de universalismo en la primitivas
predicación de su reino; se dirigió
siempre muy concretamente a los j u ­ Desde el punto de vista histórico y des­
díos y a su situación, aunque tam po­ de la óptica del gobierno rom ano lo­
co en su movimiento, sin duda de ca­ cal y tam bién del oficialismo judío, la
rácter revolucionario, aparezca nunca muerte de Jesús tenía la virtualidad
el elemento de la violencia como algo de desm oronar todo el movimiento
necesario, como sí aparece claram en­ formado en torno a él, y por tanto, de
te en los zelotas. a le ja r p o r el m o m e n t o c u a lq u i e r
En estas circunstancias no tiene peligro de rebelión o mesianismo peli­
nada de extraño que, a diferencia de groso en Palestina, puesto que no
otras sectas que subsistieron sin pro­ h a b ía en ap a rie n c ia u n p erso n aje
blemas, cuando el movimiento inicia­ carismático que pudiera suceder al
do en Galilea se extendió como la es­ fundador de la secta, a pesar de que
pum a y, sobre todo, cuando penetró hubiera un reducido grupo de discí­
en Jerusalem e incluso desafió la co­ pulos más directos. En principio estos
rrupción e indignidad existentes en el discípulos no debieron ser conside­
Templo sagrado (episodio de la ex­ rados im po rtan tes o peligrosos, ya
pulsión violenta de los traficantes de que ni siquiera fueron castigados ni
objetos de culto p o r Jesús, narrado en inquietados por la autoridad rom ana
los Evangelios), en los medios oficia­ ni por el clero oficial judío. Y de he­
les del clero judío pasó de la descon­ cho el gran movimiento quedó desar­
fianza al temor. Del mismo modo, la ticulado, lo que no impidió que en
autoridad rom an a pudo tem er una pequeños círculos las enseñanzas y el
El cristianism o prim itivo 23

carisma del fundador fueran recorda­ días, practicando la circuncisión y


dos y sirvieran de base para recompo­ considerando a Jesús como un profe­
ner la secta sin que en ello se viera ya ta extraordinario dentro de los cáno­
ningún tipo de peligro. Desde esta nes judaicos. Parece que a la ortodo­
ó ptica da la im p re s ió n de que la xia judía añadieron algunos elementos
muerte del líder tuvo el carácter de nuevos, como el régimen comunitario
castigo ejemplar por parte de la auto­ de bienes y la exaltación de la pobre­
ridad romana, para que sirviera de za, por lo que el grupo se llamó de los
advertencia frente a cualquier aspira­ ebionitas (pobres). Quizá fue conside­
ción de rebelión en Judea. rado por la autoridad judía como una
Las fuentes de información son es­ rama farisaica y el grupo no fue in­
casas y poco claras en lo que se refie­ quietado hasta el año 61 en que un
re a los años inm ediatam ente subsi­ sum o sacerdote m andó ajusticiar a
guientes a la muerte del fundador. su jefe, lo que lanzó a la diáspora a
Las noticias sobre los acontecimien­ algunos grupos de adeptos ebionitas,
tos e x t r a o r d i n a r i o s , q u e tu v iero n que se atestiguan posteriormente for­
como centro la supuesta resurrección m ando com unidades con su propia
del líder, parecen indicar que al m e­ literatura evangélica en griego y en
nos un reducido grupo de discípulos a ra m e o (el texto de las seudocle-
procuró mantenerse unido, alentado mentinas parece que se debe a alguno
por las ideas del maestro, y avivado de estos grupos ebionitas).
por el com ún sentimiento de la vuelta También los discípulos más desta­
de Jesús del m undo de los muertos cados del fundador, en especial Pedro
como símbolo de la necesaria conti­ y Jacobo y Juan (hijos del Zebedeo),
nuidad de su doctrina. Estas creen­ en Jerusalem aglutinaron a su alrede­
cias debieron ser adecuadam ente uti­ dor una serie de seguidores judeocris­
lizadas por el círculo de discípulos tianos, que se mantuvieron fieles a la
para aglutinar en torno a sí a nuevos Ley y a los preceptos judaicos, pero
adeptos entre los judíos de Palestina considerando a Jesús el mesías (el en­
y de la diáspora. De esta manera, la viado), que tras su gloriosa resurrec­
com unidad primitiva fue en progresi­ ción habría de retornar para hacer
vo crecimiento y, sobre todo, en algu­ realidad su promesa de reino y de sal­
na de sus formas comenzó a expan­ vación. Parece que Herodes Agripa
dirse fuera del territorio palestino. vio en este grupo un mayor peligro y
Todos los indicios parecen apun tar decretó la muerte de Jacobo y Juan en
a la formación de diversos núcleos de el año 44, mientras que Pedro se vería
adeptos, que tuvieron diferente suer­ obligado más tarde a huir de Jerusa­
te, en esa com unidad primitiva. Se lem sin rum bo conocido (quizá a Pe­
puede individualizar, en prim er lu­ lla), aunque la tradición le hace llegar
gar. un grupo de judeocristianos en con el tiempo a Roma. Al grupo que
Galilea, dirigido por Jacobo, p ro ba­ huyó con Pedro se debe pro bable­
blemente uno de los herm anos de Je­ mente la redacción de las partes fun­
sús, que basado en la relación de p a ­ damentales que com ponen los Evan­
rentesco de su jefe con el fundador gelios de Mateo y de Marcos, aunque
tomó fuerza y aglutinó a un im por­ es difícil establecer u na redacción de­
tante núm ero de seguidores. Este gru­ fin itiv a de los m is m o s a n te s del
po, como otros que se formaron en el año 70.
territorio palestino, no tuvo concien­ Otro grupo, del que queda constan­
cia de escisión del judaism o, a pesar cia en los Hechos de los Apóstoles, es el
de su espíritu de reforma, por lo que llamado de los helenistas, que, enca­
sus miembros seguían observando la bezado por Esteban, estaba princi­
Ley y las prescripciones religiosas j u ­ palmente formado po r judíos de la
24 Aka! Historia del M undo Antiguo

diáspora que se h abían establecido con los helenistas la figura del funda­
en Jerusalem. Por los datos que tene­ dor, Jesús, adquiría rasgos claram en­
mos de su jefe, Esteban, este grupo se te helenísticos del Dios redentor que
opuso abiertamente a la ortodoxia j u ­ muere y resucita, que unido a la idea
día, corrompida, y consideró como esenia de la purificación bautismal y
idólatras las prácticas rituales del a la celebración del banquete ritual
Tem plo de Je ru sa le m , p o r lo que de tipo helenístico, establecía las b a ­
veían en Jeüs el enviado para restau­ ses de un tipo de religión helenizante,
rar la pureza espiritual del judaismo. que preludia los fundamentos doctri­
Lógicamente la casta sacerdotal judía nales de Pablo, con los que el cristia­
oficial reaccionó rápidam ente contra nismo adquirió su dim ensión univer­
este grupo y tras una serie de tum ul­ sal, desgajado del judaismo. Así, la
tos provocados por el Sanedrín, Este­ original secta judía de Jesús, com en­
ban fue públicamente lapidado. Sus zó a adquirir rasgos diferenciadores,
seguidores fueron sistem áticam ente en especial al salir del territorio de
perseguidos en Jerusalem, por lo que Palestina e im plantarse lentam ente
se vieron obligados a h uir y disper­ entre judíos de la diáspora en las ciu­
sarse por Palestina y regiones griegas dades griegas del Oriente helenísti­
próximas. Este grupo de los helenis­ co. Pronto surgiría, de hecho, la co­
tas es importante porque en él se vis­ m unidad de Antioquía, en la que se
lum bran ya ciertos rasgos de univer­ mezclaron judíos helenizados, judeo-
salismo con su separación del culto cristianos y no judíos, como chiprio­
de Jeru salem , a u n q u e su m en saje tas o cirenaicos, bajo la d enom in a­
quedará aún circunscrito a los círcu­ ción genérica de «cristianos», que se
los judíos. Por otro lado, el martirio atestigua aquí por prim era vez. De
de su jefe y la persecución de sus igual m odo se formaría la com unidad
adeptos hasta su dispersión ya supo­ de Alejandría, que ya a mediados del
nía una ruptura neta con el judaism o siglo Ϊ está bien atestiguada. Y lo mis­
ortodoxo. Por último, y sobre todo. mo puede decirse de la com unidad de

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María entre dos magos (fines del siglo
Cementerio de los Santos Pedro y
Marcelino, Roma.
El cristianism o prim itivo 25
26 A ka l Historia d el M undo Antiguo

Roma, que, según el edicto de C lau ­ creencias y prácticas religiosas que


dio, en el añ o 49 ya p are c e estar tenían en com ún la búsqueda de sa­
formada. tisfacción moral y de salvación futura
En estas com unidades primitivas el como respuesta al inquietante m undo
debate interno se establecería entre en el que surgieron.
las tendencias universalistas, p artid a­ El contacto con culturas extranje­
rias de la inclusión de gentiles co n­ ras había potenciado la tendencia a
vertidos a la nueva religión, y las ten­ sistematizar los conceptos religiosos
dencias conservadoras judeocristianas, y las personalidades divinas en una
que sólo concebían esta religión en teología cosmopolita donde todos los
térm in o s ju d ío s y en un contexto dioses fueran compatibles dentro de
cultural y étnico estrictamente judío. un esquema diseñado con criterios
Finalmente, y aunque las ideas conser­ f u n d a m e n ta lm e n te griegos. Y, así,
vadoras judeocristianas se mantuvieron desde la óptica griega se asimilaron y
por m ucho tiempo en no pocas co­ se rein terp retaron viejas religiones
munidades, la expansión cristiana se orientales, como la babilónica o la
debió al triunfo de u na concepción egipcia. La asimilación de los rituales
u n iv e rs a lis ta b ien c o n s tr u id a p o r mistéricos de divinidades egipcias a
Pablo de Tarso. los rituales m istéricos típicam ente
griegos (como los de Eleusis) produjo
una fusión religiosa universal muy
5. Pablo y la expansión atractiva, cuyos adeptos proliferaron
cristiana en todo el m undo helenístico. El mis­
mo proceso helenizador se produjo
Hasta el m om ento el elem ento j u ­ con otros dioses orientales, como At­
dío había sido el predom inante en las tis y Cibeles, Astarté o Mitra, cuyos
manifestaciones y doctrina de una re­ seguidores fueron tam b ién en a u ­
ligión que, aún siendo ya diferencia- mento con la continua búsqueda de
ble del judaism o estricto, era practi­ satisfacción religiosa en cultos de ca­
cada por una secta judía, y apenas rácter mistérico.
había sufrido contam inación de á m ­ Característica com ún a todas estas
bitos extrajudíos. Por ello, las prim e­ religiones mistéricas era la revelación
ras com unidades no habrían pasado divina, que se manifestaba siempre
de ser unas sectas judías si no hubie­ en una encarnación, un padecim ien­
ra sido por su im plantación en las to ritual, una muerte y una ulterior re­
grandes ciudades del Oriente griego, surrección, con lo que la divinidad
por su contacto con el m und o cultu­ correspondiente quedaba glorificada,
ral helenístico, su expansión al m u n ­ bien se trate de Osiris, de Adonis, At­
do de los «gentiles» y, sobre todo, por tis o Dionisos. La muerte y la resu­
el protagonismo que en este proceso rrección gloriosa lleva consigo la sal­
hacia el universalismo tuvo Pablo de vación de los seguidores del dios.
Tarso. La proporción de elementos de Esta idea soterológica en las religio­
la cultura helenística en la primera nes mistéricas se manifiesta específi­
expansión cristiana po r Oriente es camente en la iniciación de los adep­
muy alta y, desde luego, incuestiona­ tos a los ri t u a l e s m is té ric o s q u e
ble, aunque a veces no sea fácil indi­ transmiten al neófito la posibilidad
vidualizar esas influencias. de com partir con el dios el destino de
Ya desde finales del siglo III a. C., salvación m ediante u n a identifica­
el m undo helenístico, angustiado por ción con él. Por ello los rituales de
una situación decadente de los valo­ iniciación son tan importantes en es­
res clásicos, había vuelto sus ojos h a ­ tos cultos, e incluyen un bautismo de
cia u nas diferentes y heterogéneas agua o sangre, una investidura y otros
El cristianism o prim itivo 27

actos de purificación, tras los que el por la magia, la superstición y la as­


iniciado se integra en la com unidad tronomía, tan frecuente en la época,
de fieles y puede ya participar en la confluyeron en la creación de un a m ­
comida ritual de carácter teofágico, biente propicio en el m undo helenís­
consistente en pan y vino (a veces tico para que u na religión de origen
también leche, miel o carne), en la judío como la de Jesús, de la m ano de
que el dios se convierte en alimento un judío helenístico, Pablo, no sólo
de sus fieles y por este medio pasa a arraigara, sino que, además, adquirie­
formar parte de ellos mismos, trans­ ra dimensión universal, como la sín­
mitiéndoles su poder salvador. tesis de todas esas ideas religiosas, fi­
Pero al lado de este éxito de las reli­ losóficas y creencias helenísticas, que
giones mistéricas, en el ambiente filo­ fueron adecuadamente integradas en
sófico del m u n d o helenístico flota ese proceso de universalización de
constantemente la idea del dios uni­ una secta judía, originalmente peque­
versal, único y suprem o, que p ara ña y sin demasiadas pretensiones. El
unos fue Zeus-Serapis, y para otros gran protagonista de ese proceso de
alguno de los dioses salvadores o re­ dinam ización fue Pablo de Tarso.
dentores, liberadores de los pecados o
de los males que aquejan a la h u m a­ 6. Pablo de Tarso
nidad. Junto a esta idea se desarrolló
tam bién con no menos éxito el con­ El s o b re sa lie n te interés que tiene
cepto de la encarnación divina en un Pablo es que contribuyó de forma de­
hom bre {théios anér = dios hombre), cisiva a sacar el cristianismo de los
o de la manifestación del dios (epi- márgenes en los que pretendía el ju-
phanés), que se aplicaba a los grandes deocristianismo más radical. Para los
personajes o incluso a los reyes hele­ paganocristianos la Ley judía carecía
nísticos. como característica del culto de sentido, jam ás la h ab ían practica­
real (al rey divinizado). do y por lo tanto se sentían libres de
Además de estas m odas religiosas, ella de una forma natural. El proble­
que son la consecuencia de una épo­ ma surgió cuando algunos judeocris-
ca que busca respuestas a una situa­ tianos quisieron forzar el paso previo
ción general de crisis moral e intelec­ por la Ley a los paganos para que p u ­
tual, el desarrollo filosófico de la dieran tener acceso al cristianismo.
época condicionó tam bién las situa­ Ello constituía una novedad, puesto
ciones religiosas. Así. el platonismo que en un principio no se exigía la
extendió la idea de la necesaria libe­ circuncisión a los paganos converti­
ración del alma inmortal aprisiona­ dos. Este cambio de actitud corres­
da: el estoicismo preconizaba la exis­ pondía a las tensiones que por enton­
tencia del único dios-logos. que es ces surgieron entre el ju d a is m o y
sim ultáneamente espíritu y materia, Roma. Estos judeocristianos con sus
acción y ser. También los cínicos pre­ exigencias h abrían buscado consoli­
tendían encontrar una fórmula de li­ dar sus lazos con esa minoría de nue­
beración de las pasiones en las fa­ vos adeptos frente a Roma. El tema
tigas y s u frim ien to s s o p o rta d o s a era de la m ayor im portancia si se tie­
im ita c ió n de H eraklcs. La m ism a ne presente el poco éxito que alcanzó
evolución del pensamiento filosófico la predicación de Pablo entre los j u ­
helenístico desembocó en la gnosis díos y el rechazo que los paganos
no cristiana, cuyo objetivo era tam ­ convertidos sintieron hacia la obser­
bién la salvación del h o m b re m e­ vancia de los preceptos judaicos. Pa­
diante la revelación y la participación blo fue quien formuló el carácter de
en prácticas mistéricas. decisiva novedad que el cristianismo
Todas estas ideas, unidas al gusto suponía frente al judaismo. Esta in-
28 A ka l Historia del M undo Antiguo

dep e n d en cia la arg u m e n ta b a a d u ­ cilicia de Tarso (ca. 10). A com pañaba


ciendo la libertad que proporciona la pues su formación judía de otra hele­
gracia de Dios que supera y rechaza nística propia de los judíos de la diás­
la pretensión de querer alcanzar la pora. Su forma de pensar, tras la con­
justificación a través de la Ley, es de­ versión en torno al 36, se hubo de ir
cir, de las prescripciones rituales y la concretando a lo largo del prim er via­
circuncisión. La fe en Cristo había je misional que em prendió por C hi­
abolido la Ley. Pero esta forma de pre, Panfilia, Pisidia y Licaonia. Las
pensar tenía sus consecuencias políti­ dificultades encontradas a causa de
cas, pues se desvinculaba de nociones los judíos y las inquietudes suscitadas
reivindicativas asociadas al judaism o en Antioquia por judeocristianos ve­
de la época y se lanzaba con una de­ nidos de Judea que indicaban el ca­
cidida voluntad de integración en el rácter obligatorio de la circuncisión,
marco del Imperio Romano. Desde forzaron el llam ado Concilio de Jeru­
esta perspectiva se entienden ciertos salem (49), del que salieron victorio­
pasajes de Pablo en los que reco­ sas, no sin mutuas reservas, las pro­
mienda la sumisión a la voluntad de puestas de Pablo.
los magistrados por ser ello la volun­ Desde el año 50 hasta el 67 en el
tad de Dios. que se sitúa su muerte, Pablo de Tarso
Para plasm ar estas ideas contaba tuvo ocasión de fundar e influir en
Pablo con su nacimiento en la ciudad múltiples com unidades cristianas.

MAR NEGRO

MACEDONIA

Filipos Neápolls
Tesalónica Gordlu(p
Anfípolia
Pessinonte CAPADOCIA
Berea» V a polonia e Tróade
AR EGEC^ P ^ g a ··™ • ípsos( /Antloquia de Plsldia
GRECIA
Mltllenef Esm lrn# Rladelfla f^ k Iconlo
Atenas » Efeso U s tra · SIRIA
C o rln to Samoa * βΜ||β4Λ ^ f Perge Derbe Tarso
Aniloquie de Slrli
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Siracusa

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MAR M E D ITE R R A N E O • Cesarea
Jerusalén
PALESTINA

' VIAJE (44-49 d. C.). W m tm 2.° VIAJE (49-52 d. C.).


VIAJE (53-58 d. C,). H H · 4.° VIAJE (preso, 58-63 d C.).
Viajes de S. Pablo (según M. Carrez).
El cristianism o primitivo 29

II. El cristianismo después de Pablo

1. El cristianismo anticristianas y le hace culpable del


incendio, no alude a esta explicación
y el Imperio romano según la cual Nerón habría pretendi­
do transferir su culpa sobre los cris­
tianos. No obstante, Suetonio sí se re­
a) Nerón fiere a la condición de superstitio nova
En términos generales las autoridades y malefica del cristianismo que justifi­
dades romanas, hasta el año 64, se có la represión de Nerón por el con­
m ostraron benévolas con la existen­ junto de perversiones que se le aso­
cia y predicación de los cristianos, cu­ ciaban. Este parece en efecto haber
yos misioneros seguían afanosam en­ sido el fundamento de la persecución
te los rastros dejados por la diáspora y no una ley específica contra ellos.
judía. Aún más, fue la presencia ro­ La tradición hizo a Pedro y a Pablo
m ana o el temor a su intervención, víctimas de esta persecución.
como se pone de manifiesto en los
Hechos de los Apóstoles, lo que im pi­ b) Los Flavios
dió en ocasiones que los cristianos re­
cibieran malos tratos o fueran lincha­ Tras la muerte de Nerón los cristia­
dos. Ni siquiera con Nerón se aprecia nos disfrutaron de un período de paz
una hostilidad contra ellos hasta el probablemente por la conciencia que
año 64. Sin embargo, a partir de en­ tuvieron los prim eros em peradores
tonces hubo un cambio radical en la Flavios del carácter inocuo de los
política general de N erón y también miembros de esta secta. Esta situa­
en lo que· se refiere a los cristianos. ción se alteró con Dom iciano en el
Pero si bien el cambio de actitud es 95, quien estimuló una persecución
manifiesto, lo que no lo es tanto es la que traspasó los límites de Roma y al­
causa o causas por las que decidió canzó a diversos lugares del Imperio.
Nerón perseguir a los cristianos en Ilustra la situación del cristianismo
Roma. Tácito, en un conocido pasaje, en este m o m en to u n a noticia co n ­
asocia la persecución con la inten­ servada por Casio Dion en la que se
ción de N e ró n —el c a u s a n te — de dice que Flavia D om itila y Flavio
buscar un responsable para el incen­ Clemente —a am bos hace cristianos
dio de Rom a del 64. Sin embargo, la tra d ic ió n — fueron acusados de
Suetonio, que en su biografía de este «ateísmo», algo por lo que otros «des­
em p e ra d o r m en cio n a sus m edidas lizados hacia las costumbres judías»
30 Aka! Historia del M undo Antiguo

Persecución de Nerón (año 64) género humano. Pero a su suplicio se unió


el escarnio, de manera que parecían des­
«Mas ni con los remedios humanos ni con
garrados por los perros tras haberlos hecho
las larguezas del príncipe o con los cultos
cubrise con pieles de fieras, o bien clavados
expiatorios perdía fuerza la creencia infa­ en cruces, al caer el día, eran quemados de
mante de que el incendio había sido orde­
manera que sirvieran como iluminación
nado. En consecuencia, para acabar con durante la noche. Nerón había ofrecido sus
los rumores, Nerón presentó como culpa­
jardines para tal espectáculo, y' daba festi­
bles y sometió a los más rebuscados tor­
vales circenses mezclado con la plebe, con
mentos a los que el vulgo llamaba cris­
atuendo de auriga o subido en el carro. Por
tianos, aborrecidos por sus ignominias.
ello, aunque fueran culpables y merecieran
Aquel de quien tomaban nombre, Cristo,
los máximos castigos, provocaban la com­
había sido ejecutado en el reinado de Tibe­
pasión, ante la ¡dea de que perecían no
rio por el procurador Poncio Pilato; la exe­
por el bien público, sino por satisfacer la
crable superstición, momentáneamente
crueldad de uno solo.».
reprimida, irrumpía de nuevo no sólo por
Judea, origen del mal, sino también por la
(Tácito, Anales, XV, 44, 2-5.
Ciudad, lugar en el que de todas partes
Trad. J. L. Moralejo)
confluyen y donde se celebran toda clase
de atrocidades y vergüenzas. El caso fue «... persiguió a los cristianos, linaje de hom­
que se empezó por detener a los que confe­ bres entregados a una superstición nueva y
saban abiertamente su fe, y luego, por maléfica...»
denuncia de aquéllos, a una ingente multi­
tud, y resultaron convictos no tanto de la (Suetonio, Nerón, XVI, 2.
acusación del incendio cuanto del odio al Trad. M. Bassols)

habían sido condenados. El dato es ra u n a denuncia no anónima. Es im ­


importante por varios motivos puesto portante que en la respuesta de Traja-
que, por una parte, muestra la culpa no no se hiciera m ención del tema de
religiosa que se im putaba a los cris­ las a s o c ia c io n e s de los cristian o s
tianos; por otra, indica la confusión m encionado por Plinio en su carta.
que todavía existía entre cristianos y El silencio, si se tiene presente la sus­
judíos, y por fin. señala el atractivo picacia del em perador en esta m ate­
que incluso para la aristocracia co­ ria, significa que los cristianos no se
menzaba a tener el cristianismo. consideraban políticamente peligro­
sos. Ello insiste en el carácter religio­
so e individual de la culpa por la que
c) Los Antoninos tras una denuncia no anónim a —no
C ontrapunto de la actuación de Do- por una indagación de oficio por los
miciano fue Nerva, que desde el pri­ magistrados com petentes— un cris­
m er m o m e n to h izo m a n ifie s ta su tiano podía ser juzgado. La impreci­
voluntad de no actuar contra los cris­ sión de los términos del rescripto de
tianos. De tiempos de Trajano, su su ­ Trajano nos muestra que se trataba
cesor al frente del Imperio, es el docu­ de una solución de com prom iso entre
mento oficial más antiguo que se nos el pujante cristianismo y los paganos
ha conservado sobre las relaciones más intransigentes que veían en él
entre Roma y los cristianos. Se trata una religio illicita inaceptable.
de una carta de Plinio el Joven, quien Otro rescripto de Adriano al pro­
desde Bitinia escribe a Trajano pi­ cónsul de Asia, M inu cio F u n d a n o
diendo instrucciones sobre qué hacer (124-125), significó u n a leve ruptura
con los cristianos; el docum ento se fe­ en favor de los cristianos del equili­
cha entre el 109-113. La respuesta del brio poco firme establecido en el res­
em perador fue que los cristianos no cripto de Trajano. A driano en el d o ­
debían ser buscados, salvo que hubie- cum ento se negaba a que se inter-
El cristianism o prim itivo 31

viniera de forma más enérgica contra hecho lo fue— ser utilizado contra
los cristianos y ratificaba la fórmula los cristianos. La nueva tendencia se
de Trajano añadiendo, además, que hizo explícita en la ruptura de la nor­
el acusador debía aportar pruebas en ma de no buscar expresamente a los
las denuncias a cristianos y que el cristianos, que se rom pió en algún
g o b e r n a d o r d e b ía c a s t i g a r a los caso, como fue el de Policarpo de
calumniadores. Esmirna.
En tiempos de A n ton ino Pio no Un índice para seguir la creciente
hubo innovaciones legislativass, a u n ­ expansión del cristianismo en el Im ­
que el equilibrio, que con Adriano se perio R om ano es la mayor atención
había roto levemente en favor de los que le prestan los autores paganos de
cristianos, se volvió de nuevo a alte­ la época al fenómeno. Gracias al apo­
rar también levemente, pero ahora en logista cristiano Minucio Felix cono­
su contra. Ello se deduce de un res­ cemos el escrito del sofista Frontón
cripto fechado en el 141 y que el em ­ contra los cristianos. En la obra se re­
perador envió a un legado de la Galia cogían las perversiones que se atri­
Lugdunense en el que se fijaban las b u ían a los cristianos, tales com o
medidas a tomar contra los introduc­ adorar la cabeza de un burro, antro­
tores de sectas y religiones fuera de pofagia durante los rituales e incesto.
razón. El rescripto, aunque no m en­ La actitud de desprecio, más o menos
cionaba a los cristianos, podía —y de benevolente según los casos, fue la tó­

Relieve del Arco de Tito con objetos del


tem plo de Jerusalén.
32 Akal Historia del M undo Antiguo

fases. En la primera se mantuvo la


tendencia de época de Antonino Pio,
aunque algunas fuentes cristianas h a ­
blan de intensificación de las perse­
cuciones, fruto quizás de reacciones
contra los seguidores de esta supersti­
tio por la peste que se difundió por el
Imperio. Pero en lo fundamental se
siguió con la norm a de Trajano: el de­
lito de los cristianos es una culpa reli­
giosa privada que se puede perseguir
tras una denuncia no anónim a. A pe­
sar de ser esta la tendencia, en el acta
de martirio de Justino se aprecia el
interés del magistrado por aspectos
de la vida asociativa cristiana. Ese
nuevo interés prenunciaba el cambio
que iba a sobrevenir y que inaugura­
ba u na segunda etapa. Com ienza ésta
en el 177 con persecuciones en distin­
tos lugares (Asia, Grecia y Galia). El
proceso que en Lyon se siguió contra
los cristianos presentaba novedades
importantes: investigación de oficio
contra los cristianos, con lo que se
rompía la norm a de Trajano, e inutili­
dad de la apostasia para evitar la con ­
dena. Ello supone que Marco Aurelio
Noé saliendo del Arca. se determinó a intervenir de forma di­
(fines del siglo III). recta contra los cristianos. La causa
Cementerio de los Santos Pedro y que provocó este cambio quizás pue­
Marcelino, Roma.
da hallarse en el radicalismo de los
nica apreciable en los intelectuales m ontañistas que se percibió como
paganos que por uno u otro motivo se algo contrario a los intereses del Im ­
refirieron a lo largo del siglo II a los perio. Por ello además se explicaría la
cristianos. Es de destacar en este sen­ insistencia con que los apologistas de
tido la obra de Celso, conocida en la época defienden la lealtad cristia­
buena medida por la réplica que reci­ na para con Roma.
bió de Orígenes a mediados del siglo A pesar de esta disposición más ri­
III, el Discurso verdadero (ca. 180), en gurosa contra los cristianos en tiem­
la que de forma pormenorizada ofrecía pos de Marco Aurelio, bajo su hijo
una exposición y refutación del cris­ C óm odo los cristianos, como organi­
tianismo. La información que de los zación, van a salir a la luz pública
cristianos tenía Celso y la preocupa­ como propietarios de lugares de culto
ción que delata la obra, es u n indica­ y cementerios de la misma manera
dor de los progresos alcanzados por que los m iem bros de asociaciones
el cristianismo a finales del reinado (collegia) de carácter funerario y cul­
de Marco Aurelio a pesar de la dispo­ tural. La situación era en cierta m edi­
sición negativa que éste tenía hacia da paradójica, porque el cristianismo
los cristianos. seguiría siendo considerado una reli­
El com portamiento de M arco Au­ gio illicita y como tal podían ser perse­
relio para con los cristianos tuvo dos guidos sus adeptos.
El cristianism o prim itivo 33

d) Los Severos ciertas normas de convivencia y p ar­


ticipar en la vida del Imperio. Con
Algunas fuentes hablan de una per- Alejandro Severo, el último de la di­
s e c u s ió n en tiem p o s de S ep tim io nastía, aún se m ejoró la situación
Severo. Sin embargo, en la actualidad para los cristianos. El sincretismo de
se niega que hubiera una persecución creencias de este emperador, descrito
general bajo este emperador, aunque por la Historia Augusta, era un punto
h u b o levantam ientos anticristianos de partida adecuado para sostener
en Egipto y Norte de Africa. Pese a una actitud tolerante.
ello, la época de los Severos se entien­ U na primera reacción a esta cre­
de como de tolerancia para con los ciente cris tia n iz a c ió n del Im p erio
cristianos y esta disposición se justifi­ tuvo lugar con M axim ino el Tracio
caba por el reconocimiento entre los (235). Parece, no obstante, que no
cristianos, excepción hecha de los emitió un edicto contra los cristianos.
montañistas, de que debían respetar Este cambio de actitud se explica por

K·: · 5 ·- W,

Figura de orante. A la derecha la Madre


y el Niño (siglo III), Cementerio de Priscila,
Roma.
34 AkaI Historia del M undo Antiguo

que algunos cristianos sacrificaron,


que otros obtuvieron el corresp on ­
diente «certificado» (libellus) como si
hubieran sacrificado, y, por fin, quie­
nes no consiguieron eludir la medida
sufrieron martirio. En las zonas en
que la actitud anticristiana era más
fuerte fue donde tuvo mayor efecto
este edicto (Africa y Egipto).
U na persecución posterior en tiem­
pos de Valeriano tuvo u na notable in­
fluencia en el desarrollo de las rela­
ciones con el Imperio, pues supuso,
aunque fue con la intención de perse­
guirlos, reco nocer a los cristianos
como un a co m u n id ad con u na es­
tructura propia, constituida jerárqui­
camente y con un patrimonio. En los
prim eros años de su reinado (253-
257) este em perador fue benévolo con
los cristianos, pero después emitió
u n a serie de edictos en su con tra
(257-258) y en el segundo de ellos dis­
ponía que se privara a senadores y
caballeros cristianos de su status, y si
tras sufrir esta pena perseveraban, de­
bían ser co n d e n a d o s .a muerte. Por
tanto, no bastaba la apostasia para el
perdón. No se buscaba por tanto pro­
piciar la integración de los cristianos,
sino persuadir a cualquier persona
Cristo llevado a los cielos
en el carro del Dios-Sol. para que no engrosara las filas ya n u ­
merosas de esta secta. Estos edictos
la mayor im plantación de los cristia­ fueron acom pañados de una serie de
nos en las capas altas del Imperio. intervenciones directas por las que
Precisamente en el 244 asumió el p o ­ impuso el cierre de lugares de culto,
der imperial un prefecto del pretorio confiscó cem enterio s y lugares de
de nom bre M. Tulio Filipo o Filipo el reunión y exilió a obispos y presbíte­
A ra b e, a q u ie n la tra d i c ió n h a c e ros. Tales actuaciones suponían un
cristiano. reconocimiento del cristianismo como
una asociación organizada jerárqui­
e) Decio y la segunda mitad camente y con propiedades. La acep­
del siglo III tación de este hecho, aunque fue para
perseguir a los cristianos, significó
La pro pagand a de Decio com o res que si se revocaba tal edicto se co n ­
titutor sacrorum tras la caída de Filipo vertía al cristianismo en una religio li­
apunta hacia una nueva reacción a n ­ cita. Esto sucedió con Galieno (260)
ticristiana que se hizo más evidente y sus sucesores Claudio y Aureliano,
con las persecuciones. Este em pera­ su tolerancia se avenía con el carácter
dor exigió que todos los ciudadanos sincrético del monoteísmo solar por
participaran en un sacrificio general ellos propugnado.
(250). Resultado de esta m edida fue La vitalidad del cristianismo en la
El cristianism o prim itivo 35

segunda mitad del siglo III fue noto­ nos encararon la persecución presen­
ria. Tras la persecución de Decio las tándose voluntariamente ante los m a ­
com unidades cristianas se recupera­ g istrad o s (P a le s tin a , Egipto), que
ron con rapidez. El epistolario de C i­ estaban desbordados por la tarea, o
p r i a n o de C a rta g o , p o r e je m p lo , incluso saqueando santuarios paga­
muestra el ánim o con el que se reem­ nos (Africa).
prendió la reorganización de la co­ C on la abdicación de Diocleciano
m u nid ad cristiana. Este esfuerzo cris­ en el 305 y la instauración de la Se­
talizó en u na rápida expansión del gunda Tetrarquía, la persecución fue
cristianismo en los ámbios rurales, en muy distinta en Oriente y en Occi­
un considerable aum ento del número dente. Mientras que en Occidente en
de obispados y, en fin, en una conso­ la práctica se dejó de perseguirlos,
lidación y expansión del cristianismo en Oriente se recrudeció la persecu­
en cuanto opción religiosa y orga­ ción y se mantuvo hasta el 311 por el
nización. im p u lso que recibió de m a n o s de
Valerio.
f) Diocleciano Sin embargo, la reacción de Dio­
cleciano con sus derivaciones prece­
La política c o n s e rv a d o ra de D io ­ dió a un cambio de actitud irreversi­
cleciano de vuelta a la tradición reli­ ble a favor del cristianismo contra el
giosa rom ana significó el fin de la to­ que nada pudieron agresiones ulte­
lerancia y un regreso a las persecucio­ riores.
nes. Esta nueva d isposición no se
hizo efectiva, salvo ocasionalm ente
en el ejército, durante aprox im ad a­
2. Los fundamentos de las
mente los primeros veinte años del actitudes anticristianas
reinado de Diocleciano (248-303). Sin
em bargo, desde p rin cip ios del 303 a) Introducción
hasta principios del 304 se emitieron En el Apologético Tertuliano, el vi­
cuatro edictos que dieron paso a la goroso autor norteafricano, informa-
llamada G ran Persecución. Con estas
medidas se pretendía limpiar de to­ Rescripto del emperador Trajano
dos los elementos contrarios a la tra­ [ca. año 110)
dición rom ana el Imperio. El primero
«Trajano a Plinio. Has seguido, Segundo
de los edictos se orientaba a impedir mío, el procedimiento que debiste en el
el culto, con el segundo se pretendía despacho de las causas de los cristianos
arrestar a los jerarcas de las co m u ni­ que te han sido delatados. Efectivamente,
dades, en el tercero se prometía la li­ no puede establecerse una norma general,
bertad a los encarcelados si consen­ que haya de tener como una forma fija. No
tían en realizar sacrificios y lib a ­ se los debe buscar; si son delatados y que­
ciones y el cuarto edicto exigía a to­ dan convictos, deben ser castigados; de
dos los habitantes del Imperio sacrifi­ modo, sin embargo, que quien negare ser
cristiano y lo ponga de manifiesto por obra,
car a los dioses. La aplicación de es­
es decir, rindiendo culto a nuestros dioses,
tas medidas con sus penas anejas fue por más que ofrezca sospechas por lo
desigual en el Imperio. R esultaron pasado, debe alcanzar perdón en gracia de
prácticam ente libres de la persecu­ su arrepentimiento. Los memoriales, en
ción Galia y Britania, bajo el control cambio, que se presenten sin firma, no
de Constancio Cloro. N o obstante, la deben admitirse en ningún género de acu­
situación de los cristianos a princi­ sación, pues es cosa de pésimo ejemplo e
pios del siglo IV estaba ya perfecta­ impropia de nuestro tiempo.»
mente consolidada y ello se aprecia (Plinio, Cartas, X, 97.
en el optimismo con el que los cristia­ Trad. D. Ruiz Bueno)
36 Aka! Historia del M undo Antiguo

ba sobre los tumultos anticristianos quería que se generase un sentimien­


que surgían en el Imperio con las si­ to anticristiano para que se plasm ara
guientes palabras: «El T iber se ha en presiones, denuncias, procesos y
desbordado en la ciudad, el Nilo no condenas. Por tanto ¿qué caracteriza­
se ha desbordado en los campos, se ba y aislaba a los cristianos para que
declara el ham bre o la peste, inm e­ concitaran el odio de algunas p er­
diatamente se grita: «los cristianos a sonas?
los leones». La cuestión que plantea
este pasaje y a la que se pretende dar
respuesta es por qué los cristianos se b) Problemas teóricos
convertían en objeto de la an im a d ­ E1 crtistianismo, por su misma for­
versión de las gentes, al menos de al­ ma de com prender la divinidad, su­
gunas entre las que vivieron, o, expre­ puso una ruptura con las concepcio­
sado de otra manera, cuales son las nes al uso en la cultura grecorromana.
peculiaridades que les distinguieron El dios cristiano, como el judío, era
y que bajo ciertas condiciones de pre­ celoso y excluyente. A diferencia de
sión les convirtieron en «chivos ex­ los dioses paganos que acostum bra­
piatorios». El tem a es im p o rta n te b a n po r lo c o m ú n a co m p artir de
porque, por una parte, las persecucio­ buen grado su condición divina, el
nes generales fueron pocas y de una Dios cristiano relega a todos los de­
relativa corta duración, y, po r otra, la más dioses, los del panteón clásico y
ambigua legislación, como se ha vis­ los restantes, a la condición de démo-
to, que sobre los cristianos existía, re­ nes malvados que acechan a los h o m ­

Interior de una sepultura en las


catacumbas de S. Sebastián, Roma
(siglo III).
El cristianism o prim itivo 37

Símbolos cristianos: crismón, ancla y pez


(siglo III). Catacumbas de S. Sebastián.

bres para conducirlos por el camino Así, lo que para unos era objeto de
del mal y de la idolatría. A esto llam a­ una fe fuera de toda duda y discusión,
b an los paganos el ateísmo cristiano. para los otros era un conjunto de dis­
Esta disposición de ánim o no podía lates defendidos con una arrogancia
sino sorprender y parecer osada. A in aceptable, que a d e m á s aten ta b a
fin de cuentas, decían los paganos, se co n tra u n a vieja y v en e rab le t r a ­
trataba de un dios bárbaro, cuyo ori­ dición.
gen y novedad ciertamente no facul­
taba a sus seguidores para tratar con c) Problemas sociales
desdén a los dioses tradicionales.
Esta creencia en un Dios único y Pero el cristianismo no sólo provo­
otros aspectos de la doctrina cristiana caba poblem as de carácter teórico,
que igualmente sorprendían a los p a ­ sino que tam bién afectaba a muchas
ganos, los sustentaban los seguidores cuestiones prácticas y cotidianas.
de esta nueva opción religiosa con Todo fenómeno religioso a medida
u na absoluta seguridad, por en ten ­ que se desarrolla y adquiere rango
derlos fruto de una revelación divina. institucional hace crecer en su entor-
38 Akal Historia d el M undo Antiguo

Peregrino y los cristianos (ca. año 170) grino —pues todavía llevaba este nom­
bre— era calificado por ellos de nuevo
«Fue entonces, precisamente, cuando co­
Sócrates.
noció la admirable doctrina de los cristia­ Es más: incluso desde ciertas ciudades
nos, en ocasión de tratarse, en Palestina, de Asia llegaron enviados de las comunida­
con sus sacerdotes y escribas. Y ¿qué os des cristianas para socorrer, defender y
creéis? En poco tiempo les descubrió que consolar a nuestro hombre. Porque es
todos ellos eran unos niños ¡nocentes, y increíble la rapidez que muestran tan
que él, sólo él, era el profeta, el sumo sacer­ pronto se divulga un hecho de este tipo. Y
dote, el jefe de sinagoga, todo, en suma. es que —para decirlo con sus propias pa­
Algunos libros sagrados él los anotaba y labras— no tienen bienes propios. Y ya
explicaba; otros los redactó él mismo. En tienes que va a parar a los bolsillos de
una palabra, que lo tenían por un ser divino, Peregrino —procedente de manos de esas
se servían de él como legislador y le dirigían gentes— una gran suma de dinero en razón
cartas como a su jefe. Todavía siguen ado­ de su condena; con ello le ayudaron, y no
rando a aquel gran hombre que fue crucifi­ poco, monetariamente. Y es que los infeli­
cado en Palestina por haber introducido
ces creen a pie juntillas que serán inmorta­
entre los hombres esta nueva religión. les, y que vivirán eternamnte, por lo que
Prendido por esta razón, Proteo fue a dar
desprecian la muerte e incluso muchos de
con sus huesos en la cárcel, cosa que le
ellos se entregan gozosos a ella. Además,
granjeó mayor aureola aun para las otras
su fundador les convenció de que todos
etapas de su vida y con vistas a la fama de
eran hermanos. Y así, desde el primer mo­
milagrero que tanto anhelaba. Pues bien;
mento en que incurren en este delito re­
tan pronto estuvo preso, los cristianos, con­
niegan de los dioses griegos y adoran en
siderándolo una desgracia, movieron cielo
cambio a aquel filósofo crucificado y viven
y tierra por conseguir su libertad. Al fin, según sus preceptos. Por eso desprecian
como esto era imposible, se procuró al los bienes, que consideran de la comuni­
menos proporcionarle cuidados y no pre­ dad, si bien han aceptado estos principios
cisamente al buen tuntún, sino con todo el sin una completa certidumbre, pues si se
interés del'mundo. Y ya desde el alba podía les presenta un mago cualquiera, un hechi­
verse a las puertas de la cárcel una verda­ cero, un hombre que sepa aprovecharse
dera multitud de ancianos, viudas y huérfa­
de las circunstancias, se enriquece en po­
nos e incluso los jerarcas de su secta
co tiempo, dejando burlados a esos hom­
dormían con él en la prisión, previo soborno
bres tan sencillos.»
de los guardianes. Luego eran introducidos
toda clase de manjares, se pronunciaban (Luciano, Sobre la muerte
discursos sagrados y el excelente Pere- de Peregrino, 11-13. Trad. J. Alsina)

no una larga serie de actividades so­ nos venerables, contra unas prácticas
ciales, culturales y económicas. U na más o menos vigorosas, sino que tam ­
creencia religiosa a la larga supone bién agredía a una serie de intereses
un templo, un patrimonio, un servi­ que giraban en torno a las creencias
cio de culto y, por consiguiente, unos en cuestión.
sacerdotes, unos fieles, una atención Por este motivo, san Pablo se en­
a los mismos, que puede ser muy va­ contró con u na violenta oposición
riada, y unas celebraciones. Todo ello con los plateros de Efeso, que veían
requiere no poca energía y una finan­ peligrar por la predicación cristiana
ciación y también, en tomo a todo ello su negocio de construcción de tem ­
gravitan múltiples actividades subsi­ pletes d ed icado s a Artemisa. Otro
diarias que van desde la mendicidad caso semejante, aunque menos explí­
al artesanado. cito, nos es relatado en la carta que
En consecuencia, cuando un cris­ Plinio el Joven envió a Trajano para
tiano se manifestaba* en contra de pedirle instrucciones sobre los cristia­
u n a s creen c ia s religio sas no sólo nos. En este docum ento el legado de
atentaba contra unas ideas más o me- Tranajo narraba como la carne de las
El cristianism o prim itivo 39

víctimas de los sacrificios no encon­ la Sofística. Que el tema era influyen­


traban fácil com prador por la prolife­ te y que la tensión existía se evidencia
ración de cristianos. Así, la difusión por la polémica que m antuvo Justino
de las prácticas cristianas podía afec­ con Crecente, el filósofo cínico, o el
tar en ocasiones incluso a los car­ tono peyorativo con que aparecen
niceros. descritos los cristianos por Elio Aris­
Existían, además, una serie de es­ tides o Luciano.
pectáculos y prácticas festivas que Estas opiniones, aunque no se m a­
eran consideradas por los cristianos nifestaban con la misma intensidad
censurables. La denuncia de estas ac­ siempre y en todas partes, contribuye­
tividades, que en algunos casos los ron a individualizar la opción cristia­
cristianos com partieron con ciertos na y a provocar entre algunos paga­
intelectuales paganos de la época, sin nos, en es p e c ia l los m ás c o n s e r ­
duda también hubo de contribuir a vadores, la animadversión contra es­
su impopularidad. Taciano, en su Dis­ tos arrogantes seguidores de una sec­
curso a los griegos, con la agresividad ta religiosa reciente y bárbara, como
del talante radical que caracteriza su la calificaba Celso.
opción cristiana, tachaba por ejem­
plo de inmoral el teatro clásico y de
in hum anas las luchas de los gladia­ d) Problemas políticos
dores. Observaciones similares y no La integración política de los cris­
menos contundentes pueden encon­ tianos en el Imperio no fue tarea fácil,
trarse en Tertuliano. Al no participar aunque ciertamente a pesar de las ex­
de estas actividades, que gozaban de cepciones fue aum entando desde la
una gran popularidad,Tos cristianos segunda mitad del siglo II. Celso, en
se aislaban y señalaban. Pero al emi­ su Discurso verdadero, acusa a los cris­
tir unos juicios tan severos los cristia­ tianos de sediciosos en repetidas oca­
nos hacen algo más que aislarse, se siones. Su propia organización aso­
hacen acreedores de ultrajes. Y ello ciativa provocaba recelos.
no sólo por el hecho de oponerse a Podem os co m en z ar h a b la n d o de
u n as prácticas muy p opulares que las repercusiones que tenía la negati­
suscitaban encendidas aficiones, sino va cristiana a participar en el culto
porque estas prácticas cum plían otras imperial. Es un tema que aparece con
funciones además de entretener. Por alguna frecuencia en las actas de los
medio de los espectáculos y juegos, mártires. En ellas se relata como se
las aristocracias del Imperio ratifica­ pedía al cristiano que sacrificara o ju ­
ban su status, paliaban las tensiones rara por el genio del emperador. La
derivadas de las diferencias sociales y negativa del cristiano que usualmen-
se hacían merecedoras del aprecio de
sus conciudadanos. En consecuencia, Comentario de Marco Aurelio sobre los
quien denunciaba estos usos, no sólo cristianos (ca. año 170)
criticaba unas fórmulas de esparci­ «¡Cómo es el alma que se halla dispuesta,
miento más o menos extendidas, sino tanto s¡ es preciso ya separarse del cuerpo,
también a las personas relevantes que o extinguirse, o dispersarse, o permanecer
financiaban, en ocasiones no sin es­ unida! Mas esta disposición, que proceda
fuerzo, estos espectáculos y com pe­ de una decisión personal, no de una simple
tían entre sí para darles m ayor es­ oposición, como los Cristianos, sino fruto
plendor. de una reflexión, de un modo serio y, para
También fue feroz el ataque de Ta­ que pueda convencer a otro, exenta de
ciano contra prácticas im portantes teatralidad.»
del siglo II y que tenían una vertiente (M. Aurelio, Meditaciones, XI, 3.
intelectual y otra vital: la Filosofía y Trad. R. Bach)
40 Akal Historie del M undo Antiguo

te va acom pañada de un rechazo ge­ to... A través de estos actos las a r i s t o ­


neral hacia todos los dioses paganos cracias ratificaban un status social y
los delata como pertenecientes de la estas celebraciones dab a n ocasión de
secta y da argumentos para m a n d a r­ h a c e r m éritos a quien es d e s e a ra n
los al suplicio. ¿Qué significaba esta prosperar social y políticamente. Por
actitud del cristiano? Sin du da algo tanto, si aparecía un grupo que se
importante pues el culto imperial era mostraba no partidario o contrario a
u na práctica religioso-política por la este culto, ello podía resultar inquie­
que se simbolizaba la u nidad y leal­ tante y censurable, tanto para los re­
tad de las pro vin cias y el ejército presentantes de la adm inistración ro­
para con el emperador. Era además m ana como para los de la adm inis­
u na práctica muy difundida con va­ tración local, que com petían en a d u ­
riantes geográficas y sociales, que se lar a los emperadores para acum ular
manifestaba de diversas maneras: el argumentos que en su día les facilita­
em perador aparecía asociado a los rí a n p riv ile g io s p a r a ello s y sus
dioses en las monedas, se levantaban ciudades.
estatuas de su persona con caracteri­ Tampoco debieron de parecer soli­
zaciones divinas o hechas de metales darias las opiniones de ciertos cristia­
preciosos reservados para representar nos que desde el 170 en adelante re­
divinidades, se jurab a por su nombre, chazan la participación en los ejér­
se realizaban procesiones en su h o ­ citos. Aun concediendo la posibili­
nor, se conm em oraba su nacimien- dad de atribuir a excesos retóricos los
pasajes que se pueden encontrar en
Hipólito, Tertuliano y Orígenes, la
impresión que debieron causar en un
mom ento en que el Imperio estaba
comprometido en múltiples guerras,
w , „ hubo de ser pésima. Así como la acti­
tVl W f c .r·'ItfyM tud de ciertos cristianso que rehusa­
b an cargos públicos.
fl T<¡- Algo semejante debió suceder con
las profecías cristianas que anu n c ia­
ban el fin de los tiempos. También és­
tas se pre sen taban con conexiones
políticas que no eran deseables para
el Imperio. En prim er lugar p rodu ­
Λ ¡ M' '
cían desasosiegos; pero, además, tales
anuncios de la inm inente parusía, tan
intensos que llegaron a preocupar a
los propios cristianos, se fundaban en
una valoración crítica de las circuns­
tancias por las que pasaba el Imperio
Romano. Se denunciaba con este mo­
tivo el lamentable estado de distintos
aspectos de la vida pública y privada
que p ro baban la proxim idad del fin
de los tiempos. Todo esto mientras,
J -o -d k m por ejemplo, los paganos realizaban
: : " 3 . : · : ' diagnósticos con intención de refor­
ma de aquellos aspectos trastornados
Libelo justificativo de haber hecho por la crisis del siglo III. Ello hubo de
sacrificios a los dioses paganos. hacer aparecer a los cristianos como
El cristianism o prim itivo 41

f---------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------- 1

CERDEÑA

Utica SICILIA

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a, *Timgad * Arñ,CA
[fisaro
AFRICA CRISTIANA EN EL SIGLO
■ m—— Fronteras del Imperio romano del 200-294

Limites de las provincias del Imperio


(antes de la reorganización de Diocleciano en el año 294).
Población predominantemente cristiana.
Población en parte cristiana.

Muy pocos cristianos.

I J Ninguna mención de comunidades cristianas.

Africa cristiana en el siglo III (según Gondinet).

insolidarios para con los problemas go de los tres primeros siglos, pero sí
del Imperio. constituyeron motivos para que aquí
Otro modo de actuar de los cristia­ y allá se persiguiera a los cristianos
nos que hubo de aparecer con impli­ atribuyéndoles crím enes nefandos,
caciones políticas fue la constancia incestos y banquetes en los que se co­
con la que algunos de ellos m antuvie­ mían las víctimas de crímenes ritua­
ron sus creencias incluso hasta la les y el romper la pax deorum, es decir,
muerte. La imagen del cristiano que la concordia existente entre hom bre y
soporta el martirio estoicamente tras dioses.
haber reiterado su condición de cris­ Pero lo paradójico de todo ello es
tiano, hubo de interpretarse —así lo que muchos de estos com portam ien­
sugieren Plinio el Joven y las actas de tos e ideas cristianas generaron no
los mártires— un desafío a la autori­ sólo hostilidades, sino tam bién un
dad representada por el magistrado. creciente ínteres y estima. La inver­
Es de suponer que tal actitud se juzgó sión teórica y numérica de esta situa­
como un acto de rebeldía con un sig­ ción finalizó con el éxito cristiano.
nificado político impreciso, pero que
en cualquier caso no debía ser tolera­
do. Así hubieron de creerlo algunos 3. El triunfo del
en tanto que otros encontrarían m ate­
ria de reflexión y curiosidad por esa
cristianismo
doctrina que conseguía arrastrar h a s ­ Era necesaria la observación con la
ta la muerte a sus seguidores. que se puso fin al apartado anterior,
Por supuesto, no todos estos aspec­ porque a fuerza de insistir en las ra­
tos que pudieron molestar o inquietar zones p o r las que los cristianos se
a los paganos que no pasab an a en ­ convirtieron en objeto de la an im ad­
grosar el número de los cristianos ac­ versión de los paganos, termina por
tuaron con la misma intensidad en resultar difícil entender su creciente
todas las partes del Imperio y a lo lar­ éxito. Y, en efecto, el tema no es senci-
42 A ka l Historia del M undo Antiguo

lio, pues además de estar ideológica­ de el siglo II a. C. Personajes como


mente muy contam inado, las fuentes Peregrino, biografiado po r Luciano,
no son especialmente explícitas sobre que pasó por una fase de filósofo cí­
qué era lo que fue concediendo un nico, por otra de cristiano para, final­
creciente atractivo a la opción cristia­ mente, quemarse en público en O lim ­
na. Al mismo tiempo, no cabe duda pia; o como Elio Aristides, quien en
de que algunos factores hubieron de sueños recibía constantes indicacio­
concurrir para que el cristianismo p a ­ nes de Asclepio entendido como m é­
sara de ser u n a m inúscula opción dico divino, instructor de retórica,
dentro del judaism o a u n a religión re­ sostén y salvaguardia de su vida; o
conocida y aceptada por amplias c a ­ como Apolonio de tiana, cuya leyen­
pas de la población del Imperio R o­ da se alimentó a lo largo del siglo II
mano. Por otra parte, este proceso de para al fin desembocar en la biogra­
integración se realizó, como hemos fía de Filóstrato que nos presenta a
visto, partiendo los cristianos de dis­ un «hombre divino» que libra a ciu­
crepancias no pequeñas con respecto dades de plagas, resucitaba a m uer­
a las pautas culturales y sociales de tos, vivía entre discípulos, reformaba
los medios en los que finalmente fue­ templos; o como Alejandro de Abo-
ron aceptados. nutico, cuya oferta de un oráculo no
Pueden contribuir a orientar la res­ hub o de ser tan ridicula, como pre­
puesta a esta cuestión dos breves re­ tende Luciano, si nos atenem os al
flexiones previas: una nueva opción éxito que alcanzó, personajes todos
obtendrá tanto más éxito cuanto más ellos que con sus biografías, ansieda­
se aproxime a las espectativas de las des y nuevas opciones religiosas testi­
personas entre las que se va a difun­ m onian la zozobra espiritual que se
dir; de forma com plem entaria, u na vivía en el siglo II, algo que se acen­
nueva opción se recibirá con tanto tuó desde época de Marco Aurelio.
mayor interes cuanto más débil sea En un contexto en el que las figuras
aquello que viene a sustituir. Este citadas son meros exponentes de una
punto de partida es importante p o r­ situación con un alcance muy supe­
que uno de los aspectos notorios de la rior, los cultos tradicionales resulta­
cultura grecorrom ana es la insu fi­ b an insuficientes. De hecho, se ha
ciencia de la religión tradicional p a ­ apreciado en distintas partes del Im ­
gana para responder a las necesida­ perio una disminución de las inscrip­
des espirituales. Ello se venía arras­ ciones votivas vinculadas a divinida­
trando desde época helenística y re­ des tradicionales.
sulta evidente de forma especial des- El cristianismo, pues, surgió y se

Epitafio de Abercio (año 170-200) me hizo avanzar por todas partes y me ofre­
«Ciudadano de una distinguida ciudad hice ció por doquier como alimento un pez
esto en vida, para en su momento tener grande y puro de una fuente, el que una vir­
aquí un lugar para el cuerpo. Mi nombre es gen pura agarró y entregó a sus amigos
Abercio y soy discípulo de un pastor santo, para que por siempre comieran con buen
que apacienta rebaños de ovejas en mon­ vino y dándolo mezclado con pan. Presente
tes y llanuras y tiene grandes ojos que yo Abercio dije que estas cosas se escribie­
desde arriba observan todo. Este me en­ ran así, cuando en verdad tenía setenta y
señó escrituras creíbles, el que me envió dos años. Todo el que concorde entienda
a contemplar un reino y a ver a una reina de esto, ruegue por Abercio. No se pondrá a
túnica y calzado dorados. Vi allí un pueblo ningún otro en mi tumba. Si se pone,
que tiene un sello brillante.· También vi la pagará al fisco de Roma 2.000 áureos y a
llanura siria y todas las ciudades, y Nisibi la benéfica patria de Hierápolis 1.000.»
tras cruzar el Eufrates. Apoyado en Pablo
tuve en todos los lugares parientes. La fe (Trad. F. Gaseó)
El cristianism o prim itivo 43

difundió en un m omento en el que Los cristianos como «chivos


colm aba una necesidad. Su carácter expiatorios» (año 197)
novedoso se avenía ad e m á s a las «Pero este nombre de facciosos se debe
transformaciones económicas, socia­ aplicar, por el contrario, a estos que cons­
les y políticas que tuvieron lugar en el piran para incitar el odio contra gentes
Imperio desde finales del siglo II y henestas y dulces, y que reclaman a gran­
durante el siglo III. Doctrina de re­ des gritos la sangre de los inocentes. En
nuncias, como por entonces era el verdad para justificar su odio, ellos alegan,
cristianismo, alcanzaba u na mayor entre otros vanos pretextos, que conside­
resonancia cuando las renuncias se ran a los cristianos como la causa de todos
los males nacionales. El Tiber se ha des­
deducían del propio contexto y cua n­ bordado en la ciudad, el Nilo no se ha des­
do ofrecía una vida en el más allá con bordado por los campos, se declaran el
la que se prom etía c o m p e n s a r las hambre o la peste, inmediatamente se grita:
efectivas m iserias terrenales de la ¡los cristianos a los leones!»
época. Desde esta perspectiva se ex­
plica el comentario de San Cipriano (Tertuliano, Apologético, XL, 1-2.
diciendo que con la peste aum entaba Trad. F. Gaseó)
el núm ero de fieles o la intensidad
con la que se esperaba en las com uni­ La primera predicación cristiana en­
dades cristianas la siempre inm in e n ­ tre los judíos pronto se amplió hasta
te nueva parusía, o el carácter de rei­ los gentiles y la acusación de Celso
v in d ic a c ió n social q u e a d q u ie r e n contra los cristianos tachándoles de
ciertos aspectos de la vida cristiana, tener sus únicos adeptos entre los po­
por ejemplo, en Egipto. bres e ignorantes ya era falsa cuando
Pero, junto con estas condiciones escribió su Discurso verdadero (ca. 180).
críticas del Imperio, cjue conferían Junto con ello estaban algunos com ­
atractivo al cristianismo, había otros portamientos que ciertamente hubie­
elementos exteriores que sin duda fa­ ron de c a u s a r a d m ira c ió n y darle
cilitaron su difusión. Es el caso de la cierto prestigio. El vigor con el que
diáspora judía, cuyos enclaves en la bastantes cristianos mantuvieron sus
cuenca del Mediterráneo se convirtie­ creencias incluso a costa de su propia
ron en el primer objetivo de los m i­ vida, además de darles publicidad de­
sioneros cristianos y facilitaron un bió hacer que m uchos se preguntaran
entram ado inicial para sus activida­ sobre cuál era la virtualidad de esa
des. otro tanto sucede con el marco doctrina por la que algunos morían.
político ofrecido por el Imperio Ro­ A ello se refiere Tertuliano cuando
mano, en los términos descritos por decía que la sangre de los mártires
Elio Aristides en su Λ Roma, en cua n­ era semilla de nuevos cristianos. Otro
to territorios unificados y pacificados aspecto qeu hubo de parecer digno de
entre los cuales las comunicaciones elogio fue s e ñ a la d o p o r L u c ia n o
eran sencillas. U n eco de estas obser­ cuando se refirió a la solidaridad que
vaciones del sofista se encuentran en m antenían entre sí los miembros de
Ireneo de Lyón, que reconocía tales las com unidades cristianas cuando
condiciones. u n o de ello s se h a l l a b a en d i f i ­
Pero había otros aspectos que bro­ cultad.
taban del propio contenido doctrinal Todo ello, en fin, junto a la volun­
cristiano que sin duda contribuyeron tad de colaboración política que se
a facilitar la propagación del kerygma aprecia, por ejemplo, en algunos p a ­
cristiano. Ya se ha señalado su carác­ sajes del Contra Celso, de Orígenes,
ter de religión de salvación, además constituyó el contrapunto en franco
estaba su p re te n sió n u n iversalista avance de las razones por las que fue
tanto en lo social como en lo étnico. perseguido el cristianismo.
* Akal Historia del Mundo Antiguo

III. Instituciones y controversias cristianas

1. Las instituciones sidad disminuyó durante el siglo II—


y el eco que halló la doctrina que
cristianas difundían, hizo que pronto surgieran
a) La organización de las en tierras «gentiles» nuevas com u ni­
primeras comunidades dades de u na base que podríam os lla­
cristianas m ar familiar. El apóstol o misionero
llegaba a una casa, convertía a su a n ­
Los cristianos en un prim er m o ­ fitrión y con él a su familia. Este nue­
mento contaron, como es de suponer, vo cristiano designado para ejercer su
con una organización mínima. La co­ autoridad por el misionero facilitaba
m unidad de Jerusalem gravitaba en después el local para las reuniones,
torno a los apóstoles, quienes poseían realizaba una labor de coordinación
una indiscutida autoridad moral y es­ y aseguraba la continuidad en la inci­
piritual. Ellos eran los adm inistrado­ piente com unidad. Este es aproxim a­
res de un patrim onio doctrinal que dam ente el tono inicial de las iglesias
habían acum ulado en los años que fundadas por Pablo de Tarso, sobre
convivieron con Cristo y que éste, se­ las que tenía u na tutela y autoridad
gún querían hacer ver, les había con­ que en ocasiones ejerció.
firmado con sus apariciones tras su En la misma m edida que estas ini­
muerte. A ellos se agregaron, siguien­ c ia lm e n te p e q u e ñ a s c o m u n id a d e s
do el modelo del Sanedrín judío, un fueron creciendo, surgieron nuevas
grupo de presbyteroi o ancianos. Sus necesidades. P ara a te n d e rla s bien
atribuciones no se conocen bien, pero eran elegidos por las iglesias locales
m uertos los apóstoles fueron ellos los presbyteroi o episcopoi («inspecto­
quienes mantuvieron una dirección res») —términos que se utilizaron in­
colegiada sobre las com unidades j u ­ distintamente por m ucho tiem po— y
días. En el curso del siglo II este siste­ los diáconos. Eran responsables los
ma terminó por asimilarse al que se primeros de los aspectos espirituales
comenzó a dar en el resto de las co­ y litúrgicos de las comunidades, en
m unidades cristianas basado en los tanto que los segundos se ocupaban
presbíteros y diáconos. fundam entalm ente de las cuestiones
La clara opción proselitista cristia­ materiales, administrativas y asisten-
na que en los primeros tiempos se ciales. Junto a ellos había miembros
manifestó a través de una voluntario­ de la com unidad que se considera­
sa predicación itinerante —su inten­ b a n p o seedo res de d o n es («caris-
El cristianism o prim itivo 45

mas») del Espíritu Santo, que tam ­ el. La selección de este nuevo tipo de
bién gozaron de una cierta autoridad, obispos se realizaba por los m iem ­
en ocasiones e m b arazo sa p ara los bros de la com unidad reunidos para
otros m andatarios de la com unidad esta ocasión y que emitían su voto
—Pablo de Tarso tuvo ya problemas oral, una vez escogida la persona los
de esta índole—. obispos de las com unidades vecinas
le im ponían las manos. Además de
b) El obispado monárquico los posibles méritos morales y espiri­
tuales que pudieran concurrir en el
En u n a evolución que no fue u n i­ obispo, no eran ajenos a su elección
forme en las distintas com unidades y ni sus recursos económicos ni su per­
cuyo proceso no se puede seguir con tenencia a una familia en cuyo seno
precisión, se pasó de esta situación a se hubiera desempeñado el cargo. En
lo que se ha dado en llam ar obispado algún caso se tiene noticias de que el
m onárquico. En este nuevo estadio consejo de los presbíteros era quien
organizativo una sola persona se h a ­ seleccio nab a al obispo. El obispo
llaba al frente de la com unidad, a u n ­ contaba con una serie de colabo­
que poseía una serie de ayudantes, radores, como hemos dicho, en quie­
presbíteros y diáconos, elegidos por nes delegaba distintas funciones li-

Anchialus

THRACIA

/ '
BITHYNIA
'"W 'A_ t-- PONTUS
Ancyra
MYSIA
GALATIA
CAPPADOCIA ARMENIA
Thyatira PHRYGIA
LYDIA Otrus Synnada /
\_
\ . Caesarea
Philadelphia Eu„,eneia ... /
Ephesus Hierapolis
. : _
Iconium
Laodicea Apamea
CARIA LYCAONIA
MESOPOTAMIA

LYCIA
CILICIA
Antiochia

SYRIA

El montañismo en Asia Menor.


J
46 A kal Historia del M undo Antiguo

túrgicas y asistenciales de la com u­ las mismas fue la funcionarización


nidad. de sus mandatarios. Ello supuso a la
A este sistema de organización que larga la existencia de un clero adm i­
se fue asentando poco a poco a lo lar­ nistrador del patrim onio espiritual y
go del siglo II, se llegó no sin discre­ temporal de la com unidad frente a
pancias, y así se explica el esfuerzo los laicos.
teorizador del que hubo de ser acom ­
pañado. Quien primero formuló, en c) Organización supralocal
u na carta de principios del siglo II, la de las iglesias
argumentación en la que se pretendía
asentar esta nueva organización de la A pesar de las diferencias de len ­
jerarquía, fue Ignacio de Antioquía: gua y rito, la mayoría de los cristianos
si el obispo debía poseer una autori­ tuvieron conciencia de pertenecer a
dad indiscutible, era por la proceden­ u na com unidad que estaba más allá
cia divina de ésta al ser transmitida de su respectiva iglesia local. Ignacio
por un legado exclusivo que se hacía de Antioquía fue el primero en utili­
remontar a Cristo y los apóstoles. De zar el térm ino de católica, esto es,
esta manera, se fueron convirtiendo «universal», para referirse a la Igle­
los obispos, por oficio y privilegio, sia. Tal concepción, que era al mismo
en representantes de Cristo en la tie­ tiempo un proyecto, se hizo patente
rra. La nueva situación dio respaldo a desde los primeros tiempos a través
grandes personalidades que ocu p a­ de diversas m aneras propias de los
ron el cargo de obispo a lo largo del cristianos: intercambio de visitas en­
siglo II (Ignacio de Antioquía, Po- tre miembros de distintas co m u n id a­
licargo de Esmirna, Ireneo de Lyón, des, hospitalidad, relaciones epistola­
etc.). res, c u e s t a c i o n e s s o l i d a r i a s , etc.
Con el obispado monárquico, que Desde finales del siglo II se organiza­
terminó de generalizarse a finales del ron también sínodos de obispos para
siglo II, se vertebró de m anera más ad op tar m edidas com unes frente a
disciplinada la vida de las co m u nida­ problemas comunes.
des cristianas. Pero el nuevo orden En este intercambio de relaciones
tuvo también otros efectos im portan­ entre las iglesias se aprecia la existen­
tes. En las discrepancias doctrinales, cia de un mayor prestigio en alguna
abundantes por darse en un medio en de ellas. Intervino, como es natural,
el que el conjunto de tradiciones y en la gestación de este prestigio la
doctrinas correctas no estaba definiti­ propia im portancia que tenía la ciu­
v am en te establecido, el ob isp o se dad. C uanto más populosa y próspe­
convirtió en el árbitro de las que eran ra fuera la ciudad, m ás p ro b a b ili­
o no eran opiniones correctas. C o n ­ dades había de que la co m u n id ad
tribuyeron, pues, de forma im portan­ cristiana fuera más num erosa y acti­
te a definir la ortodoxia y heterodo­ va. De hecho los centros adm inistra­
xia. La creciente institucionalización tivos del Im perio rom ano term in a­
de las comunidades y la capacidad de ron por ser sedes «metropolitanas»
control con que se dotó al obistpo, co­ (título que se com enzó a utilizar en el
laboró a que remitieran las efusiones siglo IV) con autoridad sobre las igle­
c a r is m á tic a s i n c o n t r o l a d a s cuyas sias locales del entorno.
funciones se quiso distribuir de for­
ma más ordenada a través de la im ­ d) El primado de Roma
posición de manos. Otro .importante
resultado del aum ento de las com un i­ De esta adquisición de prestigio de
dades y del consiguiente mayor tra­ ciertas iglesias, derivada en parte del
bajo de quienes estaban al frente de lugar en donde se hallaran, se benefi­
El cristianism o prim itivo 47

Planta de la casa de Dura Europos donde


está la capilla cristiana (siglo III).

ció naturalmente la de Roma. Era la cidad de arbitraje en los problemas


capital del Imperio y este hecho se de las otras sedes. Ello no supuso que
respaldaba además con su fundación se aceptaran las opiniones del obispo
por obra de Pedro y Pablo. A medida de Roma, por ejemplo, en el debate
que la teoría de la sucesión apostólica de la fecha de celebración de la Pas­
se fue perfilando para apoyar la con cua, ni que se aceptara su capacidad
cepción del obispado m onárquico, se de intervención ju risdiccio nal (Ci­
asentó también el prestigio de esta priano de Cartago).
sede: si Cristo le había concedido a
Pedro un lugar destacado entre los e) La evolución durante
apóstoles, su sucesor en la sede de
Rom a poseía una autoridad superior,
el siglo III
un prim ado sobre las otras sedes. Es Durante el siglo III este proceso de
obvio que esta pretensión no se podía institucionalización de las comunida­
m an ten e r con efectividad más que des cristianas, prosiguiendo en las
desde Roma, la capital del Imperio, y pautas iniciadas durante el siglo II, se
ciertamente en ocasiones se le atribu­ asentó y perfeccionó. Ayudó a ello la
yó en la correspondencia del siglo II expansión del cristianismo que invi­
un lugar preferente y una cierta capa­ taba, al menos en algunas de sus po­
48 A ka l Historia del M undo Antiguo

sibilidades, a que se articulara de la 2. Cristianismo y cultura


m anera más eficiente posible la vida
en las com unidades. Pero tam bién clásica
contribuyeron, y no poco, las tensio­ a) Adaptación y reacción
nes doctrinales que condujeron a per­
filar de m anera cada vez más precisa Uno de los aspectos en relación con
los aspectos relacionados con el dog­ el cual el cristianismo hub o de to­
ma y la jerarquía. Este proceso fue m ar posición, fue su actitud ante la
acom pañado por un esfuerzo teoriza- tradición clásica. La doctrina que los
dor que argum entaba las opciones cristianos defendían era contraria en
que una parte de los cristianos iba bastantes particulares a las concep­
tomando. ciones elaboradas y aceptadas por la
Esta doble orien ta ció n práctico- cultura grecorromana. U n Dios único
teórica se aprecia, por ejemplo, en la y excluyente hecho hom bre y crucifi­
creación de una larga serie de auxi­ cado, la resurrección de la carne, la
liares por debajo del diácono (sub- m anera en. la que fue creado el m u n ­
diáconos, acólitos, exorcistas, etc.) o do, etc., fueron algunas de las ideas
en el surgimiento en ciertas zonas de que aportaba esta nueva opción reli­
presbíteros itinerantes que atendían giosa y que no podían sino sorpren­
las zonas rurales y, al mismo tiempo, der y provocar risas como pudo com ­
en el esfuerzo reflexivo de Orígenes probar Pablo en el Areópago. Pero la
sobre el tema de los ministerios d en ­ opción cristiana sorprendía no sólo
tro de las comunidades. También fue por las nuevas ideas con que surgía,
en este siglo cuando se com enzaron a sino también por la forma en que las
configurar las provincias eclesiásticas fundamentaba. Su doctrina era fruto
y la singular posición de la sede de de una donación, dé una revelación
Roma recibió nuevas confirmaciones. hecha por Dios y, por tanto, su funda­

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Fragmentos de grafitos dei siglo III.


Catacumbas de S. Sebastián, Roma.
El cristianism o prim itivo 49

Cristo como Buen Pastor.


mentó y veracidad se remitía en últi­ verdad cristiana. Así se explicaban
mo extremo a algo que estaba más ciertas co nc o rd ias doctrinales que
allá de la razón y de la discusión. Este existían entre el platonismo y el estoi­
hecho era lo que confería al cristia­ cismo, por ejemplo, con la teodicea y
nismo, según sus seguidores, superio­ ética cristiana. Para explicar la forma
ridad sobre cualesquiera otra opción en que los gentiles pudieron alcanzar
religiosa o filosófica. Sus partidarios esta parte de verdad se aducía que de­
partían, pues, del presupuesto de que pendían de las enseñanzas de Moisés
esta nueva verdad debía prevalecer y que Dios había impreso en el h o m ­
sobre la tradición cultural clásica. Sin bre la capacidad de ir descubriendo
embargo, algunos cristianos admitie­ por medios naturales la verdad.
ron la posibilidad de que los gentiles La definición de los cristianos ante
hubieran podido alcanzar parte de la este tema era inevitable. Su voluntad
50 Akat Historia d el M undo Antiguo

por conseguir nuevos adeptos les for­ Sócrates y de Hércules en ciertos as­
zaba a hacerse entender y en esta su pectos. Pero es que, además, los cris­
p re d ic ació n se vieron em p la z a d o s tianos eran hom bres de su tiempo e
desde un prim er mom ento a buscar ineludiblemente se asim ilaban a cier­
formas de aproximación por medio tas formas de actuación de sus con­
de conceptos afines o conocidos para temporáneos y ello permitió que, por
sus aud itorios. Las p e rs e c u c io n e s ejemplo, se les com parara con los cí­
además obligaban p los cristianos a nicos por su pobreza, parrhesia («au­
convencer a no creyentes recalcitran­ dacia de palabra»), predicación itine­
tes para los que algunos apologistas, rante, forma de vestir, etc.
b u s c a ro n a rg u m e n ta c io n e s p ro c e ­ Pero, junto con estas tendencias a
dentes del ámbito pagano con las que la integración, h a b ía otras que se
querían demostrar lo justo de su o p ­ oponían radicalmente a lo que enten­
ción y lo injusto de la persecución dían como falseamiento de la doctri­
(contra el politeísmo utilizaron por na cristiana al ser vertida en los m ol­
ejemplo los mismos argumentos que des clásicos. La fe cristiana, la firme
escépticos y empíricos h abían aduci­ convicción de hallarse en posesión de
do desde antiguo). Pero, dejando de u na verdad que les había sido revela­
lado incluso la voluntad de los cris­ da por Dios, hizo que muchos consi­
tianos por adherirse a parte de la tra­ deraran superflua cualquier versión
dición clásica o a rechazarla en su helenizante de sus creencias. En ten ­
conjunto, no pudieron evadirse del dían que la propia diversidad de las
medio en el que vivían ni prescindir escuelas filosóficas era prueba m an i­
de los instrumentos de com unicación fiesta de su incapacidad para alcan­
y raciocinio grecorromanos. Bastaba zar la verdad y además de por este su­
con traducir la doctrina cristiana al puesto fracaso, se m iraba con recelo
griego o al latín para que se introduje­ las posibles aportaciones que pudie­
ran concepciones —basta con pensar ran realizar las escuelas filosóficas
en la palabra «logos»—, significados clásicas, porque ciertas herejías —el
pregnantes, metáforas y matices v a­ gnosticismo— se entendían resultado
rios procedentes de la tradición clási­ de malas influencias procedentes de
ca. Además, no se trataba tan sólo de este ámbito. Hipólito de Roma, en el
una traducción, los autores cristianos prólogo de sus Philosophumena expre­
tom aron prestada de géneros litera­ saba su pretensión de demostrar que
rios clásicos la preceptiva para pro­ las herejías procedían del influjo de
ducir su literatura incipiente: diatri­ los sistemas filosóficos griegos.
ba, praxeis, actas de mártires, género
epistolar, etc. Por otra parte, la refle­ b) La opción integradora
xión doctrinal cristiana que con el
tiempo fue ganando en profundidad, La voluntad de fijar un terreno in­
recurrió en ocasiones a los in stru ­ termedio en el que ciertos elementos
mentos que le facilitaban escuelas fi­ ab rieran un diálogo, se aprecia ya
losóficas que en ciertos aspectos se desde las líneas introductorias del
podían considerar próximas a su for­ Cuarto Evangelio y el discurso de San
ma de pensar. H abía tam bién en la Pablo en el Areópago que nos refie­
trad ición clásica co m p o rta m ie n to s ren Los Hechos. Pero hasta el siglo II
de personajes o héroes que ciertos no encontramos un intento de sínte­
cristianos consideraron como un p u n ­ sis entre la filosofía griega y el cristia­
to de referencia con el que pretendían nismo. Tal esfuerzo vino de la m ano
m ostrar afinidades entré lo «mejor» de Justino, qu ien observaba desde
de esta tradición clásica y el cristia­ una perspectiva optimista las posibi­
nismo. Tal fue, por ejemplo, el caso de lidades de alcanzar una integración
El cristianism o prim itivo 51

del cristianismo con la filosofía grie­ Tertuliano, brillante jurista norteafri-


ga. Admitió, por supuesto, que los fi­ cano y conocedor de Platón, Aristóte­
lósofos se equivocaron con frecuen­ les, del estoicismo y seguidor de las
cia, pero, al mismo tiempo, aceptaba pautas retóricas de la Segunda Sofís­
que captaron distintos aspectos de la tica. Para él, Atenas no tenía nada
verdad: si la filosofía estoica, p o r que ver con Jerusalem, ni la Acade­
ejemplo, era perniciosa por su p a n ­ mia con la Iglesia, y reducir el cris­
teísmo, materialismo, etc., ello no sig­ tianismo a términos razonables era
nificaba que no hubieran acertado olvidarse de su carácter sobrenatural.
con su ética. Con argumentos pareci­ Por ello entendía que procurar que la
dos condecía al platonismo hallazgos filosofía o el pensamiento pagano se
parciales. Justino consideró el Anti­ mezclara con el evangelio era adulte­
guo Testamento y la filosofía griega rar éste y producir u n a am algam a
los precedentes en una búsqueca de doctrinal que no aportaría satisfac­
la verdad que alcanzó su culm in a­ ción ni a paganos ni a cristianos.
ción con el cristianismo. Pero, a pesar de esta m anera de ver
Pero el camino iniciado por Justino las cosas, él usó profusamente de los
se hizo más complejo y profundo con recursos que le facilitaba su educa­
los alejandrinos Clemente y Oríge­ ción tradicional para defender y pro­
nes, en especial con este último, here­ pagar lo que tenía por verdad. Esta
dero del método alegórico utilizado actitud disciplente y beligerante de
por Filón. Orígenes, poseedor de una los cristianos con respecto a la tradi­
excelente formación en filosofía grie­ ción clásica resultaba tanto más insu­
ga e influido por el platonismo ecléc­ frible a los paganos, cuanto que en­
tico de su época —como Clem ente—, tendían, como Celso, que procedía de
que incorporaba la ética estoica en un grupo inspirado en ideas bárb a­
u n a m etafísica p la tó n ic a , e lab o ró ras, formado por proletarios y pro-
una ingente obra teológica que es una pugnador de u na fe ciega.
compleja síntesis de cristianismo y
cultura clásica. 3. Controversias
y escisiones
c) Los cristianos radicales
en el cristianismo
Pero frente a esta opción integrado-
ra había otras decididamente contra­
a) Introducción
rias a todo lo que supusiera un con­ H abía otro rasgo entre los cristia­
tacto con la cultura clásica. Taciano, nos que fue también objeto de crítica
paradójicamente un discípulo de Jus­ entre los autores paganos que hab la­
tino, elaboró un Discurso a los griegos ron de ellos, me refiero a su diversidad,
que es un largo y porm enqrizado ata­ dad. Celso, en el Discurso verdadero,
que contra múltiples aspectos que indicaba entre otras m uchas cosas
form aban parte de la tradición vene­ contrarias a los cristianos, que eran
rable que configuraba la paideia grie­ resultado de una disidencia dentro
ga: religión, filosofía, retórica, litera­ del judaismo, pero que a su vez este
tura, diversiones, etc. Pero, a pesar de mismo espíritu faccioso había gene­
su clara animadversión hacia todo lo rado en el cristianismo múltiples sec­
que supusiera algo de cultura clásica, tas. En la réplica que recibió esta
su forma de argumentar, sus recursos obra de m ano de Orígenes setenta
expresivos, serían inco m prensibles años después, se reconocía en buena
en una persona que careciera de esa medida la existencia de u na amplia
formación que él tan profundam ente gama de opciones cristianas, aunque
detestaba. Ésto mismo sucedió con se las criticara.
52 Aka! Historia del M undo Antiguo

Que surgieran discrepancias a la ron a hacer los símbolos bautismales,


hora de entender y vivir una opción una versión sintética de las creencias
religiosa como la cristiana es fácil de que el neófito debía aceptar y, en fin,
creer. El cristianismo en un comienzo se precisaron las líneas divisorias en­
no constituía un cuerpo doctrinal só­ tre ortodoxia y heterodoxia. Preten­
lidamente elaborado y se prestaba a día cada una de las partes en conflic­
ser desarrollado en virtud de su p ro ­ to presentar una opción como la ori­
pia potencialidad, de los medios cul­ ginal, la primitiva, la que se remitía a
turales y de las tendencias vitales de las verdaderas fuentes, y a la contra­
aquellas personas entre que se di­ ria como fruto de una desviación.
fundió. Basta con leer la primera car­ Las desavenencias que existieron
ta de Pablo a los Corintios p ara apre­ en los tres primeros siglos de cristia­
ciar las d is c re p an cias que p o d ía n nismo fueron muy diversas y también
aparecer en una sola comunidad. En tuvieron un alcance muy diferente.
el proceso de una configuración más La primera, sin duda, fue la que se
precisa doctrinal surgieron no pocas planteó en el año 49 en el llamado
divergencias y, como fruto de ellas, se Concilio de Jerusalem, en la que se
fueron elaborando distintos medios debatió, bajo la presión «nacionalis­
para desautorizar las opciones con­ ta» del judaism o de la época, hasta
trarias. En estas controversias se con­ qué punto debía asociarse el destino
feccionó la lista de los libros inspira­ del cristianismo con el del judaismo.
dos (Canon), se afirmó el concepto de Com o es sabido, la opción pagano-
«tradición» según el cual los apósto­ cristiana defendida por San Pablo re­
les habrían sido depositarios de una sultó victoriosa, aunque no sin ten­
«tradición» transmitida oralmente de siones. Pero si en un prim er momento
generación en generación por medio las discrepancias surgieron ante la
de obispos y presbíteros, se com enza­ posibilidad de romper el núcleo ju-

Figura de orante (fines del siglo III).


Cementerio de Calixto, cripta de lo Cinco
Santos, Roma.
El cristianism o prim itivo 53

deocristiano inicial, con el tiempo los dad de infiltración se evidencia, ade­


problemas surgieron como fruto de la más de po r los furibundos ataques
diversidad de tradiciones que alcan­ que recibieron de los cristianos, por
zó a tener el cristianismo. Ello fue la los de autores tan pausados por lo ge­
cau sa de la C o ntrov ersia Pascual. neral como Plotino, preocupado por
Mientras la Iglesia asiática celebraba las influencias gnósticas que aprecia­
la Pascua el mismo día que los judíos, ba en sus discípulos.
fuera de Asia las com unidades cris­ La opción de Marción, nacido en el
tianas la celebraban en otra fecha. Ponto a finales del siglo I, también al­
Esta diferencia se convirtió en con­ canzó un notable éxito. Desarrolla­
flicto entre romanos y asiáticos resi­ ron ciertas ideas paulinas a las que
dentes en Rom a en torno al 120 y el dieron una forma radical y sencilla.
problem a se fue intensificando a lo Se concreto en un dualism o en el que
largo del siglo II, hasta que se optó se enfrentaban de m anera irreducti­
p o r prescind ir de la p retensión de ble el Evangelio con la Ley, el Nuevo
unificar las tendencias. con el Viejo Testamento, el Bien con
el Mal. Redujeron el canon de libros
b) Las llamadas grandes sagrados al evangelio de San Lucas y
herejías de los siglos II y III a las epístolas de San Pablo. Estas
creencias se d ab a n en unas com uni­
M ás im p o rta n te que estas d is c re ­ dades muy bien organizadas en las
pancias fueron las llam adas herejías, que se vivía ascéticamente. Esta ten­
entre las que destacan, para los siglos dencia comenzó a decaer desde me­
II y III, la gnóstica en sus múltiples diados del siglo III para preceder y,
versiones (Valentín, Carpócrates, Ba- en parte, ser sustituida por el ma-
sílides, etc.), la marcionita, vinculada niqueísmo.
en ciertos aspectos con el gnosticismo Montano, personaje de origen fri­
y que se prolongó con el maniqueis- gio que nació en la segunda mitad del
mo, y la montañista. siglo II, fue el prom otor de un intento
Fue el gnosticism o resultado de de recuperación del aspecto carismá-
u n a com pleja conciliación de ele­ tico del cristianismo que durante el
mentos religiosos y filosóficos diver­ siglo II empezó a perder el significa­
sos por las características de los pro­ do que tuvo en los primeros tiempos.
pios elementos y po r su origen (judío, Tal opción surgía para y ante la es-
cristiano, helénico e iranio). Los tex­ pectativa del inm inente final de los
tos de Nag H a m m ad i hallados en el tiempos. El rigorismo ascético con el
1945, y cuyo estudio se encuentra to­ que se preparaban para este aconteci­
davía en un proceso de asentamiento miento y sus autodenuncias para, por
de re sultados, h a n c o m p le ta d o la m edio del m artirio, a n tic ip a r un a
im a g e n p a r c ia l q ue te n ía m o s del nueva vida, constituyen dos de sus
gnosticismo, fruto de informes inten­ rasgos más destacados. Su capacidad
cionados de heresiólogos cristianos y de convocatoria se aprecia entre otras
platónicos. Lo que sí parece claro es cosas por el hecho de haberse sum a­
que sus creencias y mitología no eran do a sus filas Tertuliano a partir de
tan psicopáticas e irracionales como los primeros años del siglo III.
querían hacer creer sus adversarios. Pero no fueron éstas las únicas di­
La oferta gnóstica, con su búsqueda sidencias y de hecho en la segunda
de un «conocimiento» alim entado en mitad del siglo III con la controversia
una introspección interior y con su sobre la Trinidad y con el surgimien­
pesim ism o, se a c o m o d a b a al tono to del m aniqueísm o se estaban incu­
existencial de la segunda mitad del si­ b a n d o las grandes confrontaciones
glo II y del III. Su atractivo y capaci­ del siglo IV.
54 A ka l Historia del M undo Antiguo

Cronología

Año a.C. Acontecimientos


509 F undación de la República.

494 Institución de los tribunos de la plebe.

493 Foedus Cassianum.

486 C ondena de Spurio Casio.

479 Batalla del Cremera.

474 Batalla de Cumas.

471 Tribunado de Publilio Volerón.

462 Rogatio Terentilla.

460 Episodio de Apio Herdonio.

451-450 Decenvirato y ley de las XII Tablas.

449 Leyes de Valerio y Horacio.

445 Ley de Canuleyo.


444 Institución del tribunado militar con poder consular.

443 Creación de la censura.

441 Episodio de Spurio Maelio.

431 Batalla del Algido.

426 Conquista de Fidenas.

396 Conquista de Veyes.

393 Reparto del ager Veientanus.

390-387 Invasión de los celtas en Roma.

384 Episodio de Tito Manlio.

367 Leyes Licinio-Sextias.


El cristianism o primitivo 55

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