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Platón

La República

Libro II

I. Se trata de volver sobre el problema de si en todos los casos es preferible ser justo a ser injusto.

Los bienes los ambicionamos por 3 causas: por sí mismos (la alegría), por sus consecuencias (la
vista) y por su utilidad aunque sean penosos (la gimnasia).

Sócrates cree que hay que querer a la justicia por sí misma, pero Glaucón (hermano de Platón)
afirma que la mayoría quiere los beneficios de poseer la justicia (recompensas y honores), pero a la
vez intentando evitar los sacrificos de ser justo.

II. Glaucón empieza a hablar sobre la naturaleza y el origen de la justicia.

Como ser víctima de la injusticia es un mal mayor que el bien que reporta realizarla, y nadie puede
escapar a padecer injusticias, entonces se inventó la ley y la justicia, no como buena en sí misma,
sino porque no podían todos ser injustos impunemente.

Quien pueda realizar la injusticia impunemente “jamás celebrará convenios con nadie” (cfr.
Leviatán)

III. La justicia es resultado de la impotencia.

Para comprobar que “el deseo de tener más que los otros” está en la naturaleza de los hombres, si le
damos a un hombre justo y a uno injusto la impunidad, veremos que el justo saca ventaja de su
poder tanto como el injusto.

El anillo de Giges permite la invisibilidad y lo hace impune. Giges es un pastor y apenas ve las
propiedades del anillo, se apodera del trono del rey. Glaucón afirma que todos harían lo mismo.

IV. Para comparar qué es más conveniente hay que llevar los dos casos al extremo.

El hombre injusto, si es el mejor en lo suyo, nunca será atrapado, se saldrá con la suya y además
parecerá justo. “La mayor perfección en la injusticia, es parecer justo sin serlo.”

El hombre justo, en cambio, será justo aún cuando parezca injusto a los ojos de todos.

V. El hombre justo será torturado, vilipendiado y terminará empalado. El hombre injusto gobernará,
recibirá el favor de todos, estará lleno de amigos y será el preferido de los dioses.

VI. Adimanto (el otro hermano de Platón) suma al argumento de Glaucón, que quienes enseñan a
ser justos (los padres) lo hacen por los beneficios que trae el aparecer justos frente a los demás,
hombres y dioses, pero no por la justicia misma.

VII. Además, el camino del injusto es fácil y el del justo es arduo y penoso. Los poetas y la opinión
general veneran al injusto poderoso y desprecian al bueno y débil.

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VIII. Adimanto muestra que el problema de fondo en esta argumentación es apariencia vs realidad
y no justicia vs injusticia.

Y aunque la injusticia no sea fácil de disimular, hay muchos medios para hacerlo (maestros,
influencias, persuasión, los sofistas entran acá aunque sin nombrarlos) .

Respecto a los dioses, que no podrían ser engañados, pueden muy bien no existir o ser halagados
mediante sacrificios o ritos misteriosos, no es seguro que la acción injusta tenga consecuencias
irreversibles.

IX. No hay nadie que sea voluntariamente justo, sólo algunos esclarecidos por un instinto divino.
El que vitupera a la injusticia, lo hace por impotencia propia. (cfr. Nietzsche).

Siempre que se ha alabado la justicia y denigrado la injusticia se han tenido en cuenta los resultados
que se querían obtener (honores, riqueza), pero nunca se las calificó por sí mismas.

“Nadie ha considerado jamás cómo obran una y otra en el alma de los hombres.” 366e

Adimanto le pide a Sócrates, que en su defensa de la justicia, muestre cuál es el valor de ella en sí
misma (no en sus resultados, que la apariencia de justicia podría conseguir) y para el alma del
hombre.

X. Sócrates propone defender a la justicia de manera indirecta. Revisando primero la justicia en la


ciudad, en lugar de la justicia individual. Como la justicia es “más grande” en la ciudad, se debería
ver mejor su naturaleza y eso aclararía la visión sobre la justicia de los individuos.

XI. Empieza la parte explícitamente política del libro.

Una ciudad (un Estado) se forma porque los hombres no pueden bastarse por sí mismos y necesitan
de los otros, es una sociedad de ayuda mutua.

Las necesidades son: alimentación, habitación, vestido. La ciudad tendrá entonces un labrador, un
constructor y un zapatero.

Es mejor que cada uno se ocupe de su trabajo, aquel para el que sea más apto (división del trabajo –
división de clases).

Además de los primeros oficios básicos, serán necesarios diversos tipos de artesanos para construir
herramientas y agricultores. También hará falta quien se encargue del comercio exterior y habrá que
producir bienes que puedan intercambiarse con otras ciudades. Hasta ahora artesanos, labradores
y comerciantes.

XII. Para intercambiar y repartir los bienes hará falta un mercado, una moneda común y
mercaderes. También habrá asalariados:

"Aún hay, a mi juicio, otra clase de servidores auxiliares, aquellos que la comunidad no estima demasiado por su inteligencia, pero que por su
fuerza física son aptos para los trabajos penosos. Éstos venden el empleo de su fuerza y dan el nombre de salario al dinero que esa venta les
procure, razón por la cual, según creo, se los llama asalariados."371 e

La ciudad así organizada parecería que puede funcionar dando comida, abrigo y techo a todos sus
habitantes, sin grandes lujos.

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XIII. Glaucón propone más variedad de comidas y comodidades para los habitantes de la ciudad.
Sócrates dice que no se trata entonces de una ciudad en sus comienzos. Entran en la ciudad los lujos
de todo tipo. [Seguramente esto hace la discusión sobre la justicia más interesante, porque en una
ciudad donde no hay lujos, ni comodidades, donde las diferencias no pueden ser grandes, el
gobierno será seguramente más sencillo.]

La ciudad simple es llamada “ciudad sana”, para la nueva será indispensable que mucha gente esté
al servicio de “satisfacer los deseos no necesarios”. Entran los cazadores, los artistas, los que se
ocupan de los bienes para el adorno de las mujeres (la cosmética).

También se necesitarán más sirvientes y todo tipo de animales para quienes quieran comerlo, serán
entonces más necesarios los médicos (los excesos, los lujos, nos alejan de la vida sana).

XIV. Será necesario extender el territorio para abastecer estos nuevos deseos y si los del país vecino
quieren lo mismo, entonces llegaremos a la guerra.

El origen de la guerra es entonces el inmoderado deseo de bienes (hacen la guerra los estados
poderosos en busca de expansión, pensar ejemplos).

Será un ejército profesional el que habrá que formar, porque ya se aprobó la división del trabajo.
[Un ejército puede estar constituido por los propios ciudadanos o ser profesional o bien una
combinación.]

Cada trabajo, cada arte (tekne) requiere un aprendizaje específico y dedicarle la vida entera (a cada
quien su especialidad) para llegar a la excelencia, lo mismo pasa con el guerrero.

XV.