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QUÉ ES LA TUTORIA INDIVIDUALIZADA:

La tutoría individualizada es una acción educativa que se lleva a


cabo de forma personal y directa, en la que existe un conocimiento
preciso por parte del tutor de la personalidad del alumno y de sus
necesidades, creándose un compromiso entre ambos, tutor-alumno,
de respeto y confianza, que ayuda al alumno a tomar decisiones y a
afrontar sus problemas, desarrollando las habilidades necesarias
para ello.

QUÉ PAPEL JUEGA EN EL PROCESO EDUCATIVO:

A través de la tutoría individualizada se pretende orientar al


alumnado en el ámbito personal y académico para ir ayudándolo en
su toma de decisiones.

El propósito es comprender y entender al alumno favoreciendo la


autonomía en el aprendizaje, y desarrollar en él actitudes y
aptitudes necesarias para ello.

El tutor individualizado, no sustituye a cada profesor en lo que se


refiere al asesoramiento y a la resolución de conflictos que pudieran
darse entre un alumno y un profesor que le da clase, así como entre
los mismos alumnos. En el caso de que se diera el problema, la
función del tutor individualizado, sería la de hacer al alumno
reflexionar y orientarlo en la forma de abordar ese conflicto de
manera formativa, siendo siempre un tema a resolver entre los
interesados.

FUNCIONES DEL TUTOR INDIVIDUALIZADO:

Son varias las funciones y tareas que desempeña, pero hay una
que considero la más importante y es establecer un lazo afectivo
con el tutorizado que será la herramienta más útil para conseguir los
objetivos académicos, de rutinas y conductas que queramos
trabajar con él. A parte de esta estarían las siguientes:

1. Conocer la situación personal y académica del alumno, con la


finalidad de facilitarle su proceso de enseñanza-aprendizaje y su
desarrollo personal.

En este apartado y refiriéndonos a la situación personal podemos


utilizar “Cuestionario sobre la situación familiar y social del
alumno/a”. Para cumplimentarlo se puede recurrir a una entrevista
con la familia a la que no se le harán las preguntas que vienen en
dicha entrevista de manera directa, sino que de manera indirecta el
entrevistador intentará dar respuesta a dichas preguntas. También
podríamos utilizar “Cuestionario a los padres” siendo los mismos
padres los que respondan a las cuestiones planteadas en él.

En cuanto a su situación académica recurriremos a las actas de


evaluación trimestrales desde su escolarización hasta el momento
actual. También nos podría interesar rellenar “Cuestionario para la
valoración del estilo de aprendizaje” conjuntamente con el tutor y
resto de profesores con el objetivo de ayudarle mejor en su proceso
educativo.

2. Hacer un seguimiento semanal de control de faltas de asistencia,


de deberes, de material, de calificaciones, de estados de ánimo.

3. Orientar al alumno en el ámbito personal y académico para ir


ayudándolo en la toma de decisiones.

4. Colaborar con el tutor de referencia en la relación familia-escuela.

5. Colaborar en la mejora de la respuesta educativa a través de las


diferentes reuniones del equipo docente.

LA COMUNICACIÓN CON EL ALUMNO:

En esa tarea de establecer un lazo afectivo con el tutorizado es


fundamental (con los demás alumnos también) recordar poner en
práctica algunos aspectos de la comunicación que todos sabemos y
que vamos a recordar:

1.- Es muy importante no juzgar al alumno y no utilizar sus


conductas inadecuadas para decirle cómo es. Nunca le diremos
“eres un desordenado”, “eres un desastre”… Sí podemos hacerle
ver que sus conductas no han sido apropiadas y que sabemos que
es capaz de hacerlo mejor de lo que lo ha hecho, pero sin
sermonearle. Los niños desconectan cuando nos alargamos
diciéndoles lo que no han hecho bien y como deberían hacerlo.
2.- Habla con el alumno y de manera dialogada establece unas
normas de respeto mutuo que rijan vuestra relación desde el primer
día. No pueden ser más de tres normas.

3.- Muéstrate tranquilo en todo momento, si el alumno ve que has


perdido el control él lo perderá a su vez o utilizará tu debilidad
contra ti.

4.- Conociendo al alumno prevé cómo vas a responder ante las


diferentes conductas que él puede desarrollar. Impedirás la
improvisación y que pierdas el control frente a él.

5.- No te tomes las ofensas como algo personal y recuerda que


cuando estamos mal o enfadados todos tendemos a decir o hacer
algo que moleste al otro (tú tampoco te excluyes de esta conducta).

6.- Aprovecha lo que el alumno hace bien para contarlo a los cuatro
vientos delante de él. Esto sube su autoestima y regula los malos
comportamientos.

7.- Ya que todos somos humanos y tenemos una vida fuera del
centro escolar, procura que no influyan tus problemas personales a
la hora de relacionarte con el alumno.

8.- REALIZAR ESCUCHA ACTIVA: es una forma de comunicación


que demuestra al hablante que el oyente le ha entendido,

Algunas de las pautas a seguir para que la escucha activa sea


eficaz dependiendo del nivel de entendimiento que se alcanze en
cada caso son:

- Reflejar el estado emocional (además de que se le ha entendido,


se le muestra que se sabe como se siente; decir “sé como te
sientes” o “te entiendo” ayuda; pero no basta).

Esto consiste en transformar el mensaje de “en segunda persona” a


“primera persona” que es clave para solucionar los conflictos. Con
el tutorizado consistiría en decir como me siento ante una situación
concreta explicando lo que esperaba de él. Trasmitir mi estado
emocional crea empatía por parte del alumno y ejerce un mejor
control sobre su conducta que echarles el chorreo o la bronca.
Además los conflictos se escalan cuando los mensajes son en
segunda persona, al sentirse los alumnos amenazados.

-Atender a las necesidades y objetivos que el alumno/a nos


presenta: metas, valores, preocupaciones…

-Distinguir la diferencia entre lo que nos dice, es decir, las


palabras y el tono de voz, la mirada y el lenguaje corporal, por
ejemplo a través de la postura que adopte.

-Parafrasear, es decir, resumir lo que nos ha dicho. Esto le asegura


que le hemos entendido, por lo que le va a motivar para seguir en
ese proceso de cambio.

-Validar (mostrar que se acepta lo que dice aunque no se esté de


acuerdo).

-Cualificar (lo que se dice como una opinión propia y no como una
afirmación indiscutible relativizando lo que se dice introduciéndolo
como “desde mi punto de vista” o “en mi opinión”). Hay que tener en
cuenta que no se puede aceptar aquello con lo que no se está de
acuerdo; pero se puede validar lo que se oye y mostrar la
discrepancia como una opinión propia. Hay veces en las que la
opinión de uno no puede ser de ninguna forma aceptada, aunque sí
oída.

-Establecer un clima adecuado, en el que los canales de


comunicación sean efectivos y no se vean condicionados por
alteraciones físicas por parte del emisor, como por ejemplo, el
cansancio, interrupciones, tensiones…

-Demostrarle al emisor que estamos para escucharle, es


importante en este sentido por parte del receptor la comunicación
no verbal.

-Asentir con la cabeza lo que nos dice, una mirada, una sonrisa, la
postura corporal… El lenguaje gestual es la mejor herramienta.

-Al escuchar activamente, la capacidad del tutor se tiene que


centrar en lo que se dice (lenguaje oral) y en lo que no se dice
(comunicación no verbal), de comprender el significado de sus
palabras y ayudar a expresarse, lo que conlleva dar una respuesta
ajustada a sus necesidades.
-Para que el proceso de comunicación tenga éxito, hay que
proporcionar seguridad en el tutorizado. Cuanto más seguro
esté de sí mismo, más fácil le será tomar decisiones. Esa seguridad
se la va a proporcionar la escucha activa por parte del tutor. Se trata
de escuchar para responder y para comprender.

Qué no hacer en la escucha activa. A continuación enunciamos


algunos fallos en los que puedes caer cuando pretendes
realizar una escucha activa.

a) Una posición egocéntrica por parte del tutor, atendiendo


únicamente a aquello que coincide con nuestro punto de
vista, por lo que sólo oímos lo que nos interesa.
b) En relación al emisor, nos fijamos más en sus características
externas (su apariencia, comportamiento), por lo que existe
una tendencia a juzgar de manera anticipada.
c) Ante el mensaje que nos llega nos podemos sentir aludidos o
atacados, manifestándose una alteración en nuestras
emociones.
d) No rechazar las emociones que el otro manifiesta. Las
emociones son reacciones automáticas que frecuentemente
se dan en determinadas circunstancias; pero que no son
obligatorias y no las controlamos. Por eso, decir a una
persona que no debería sentir lo que siente implica un
reproche sobre una conducta sobre la que la persona no
tiene control. Hay que tener en cuenta que no está en su
mano modificar ese sentimiento.
e) No juzgar. Recuerda el dicho bíblico: no juzgues y no serás
juzgado.
f) No solucionar el problema. Quien te lo está planteando
quiere compartirlo contigo, pero él (ella) es la responsable de
solucionarlo. Tú solamente puedes escuchar y dar tu opinión.
g) No interrumpir. Espera a que la otra persona te dé paso,
aunque no estés de acuerdo con lo que dice.
h) No cuentes tu propia historia. Recuerda que nadie
escarmienta en cabeza ajena. Además, si te está contando
algo es para que entiendas su problema y, si cuentas tu
historia estaréis centrándoos en la tuya.
i) No des un consejo que no te hayan pedido.
j) No descalifiques cuando des tus opiniones.

9.- Se trata principalmente de escuchar al alumno.


PASOS A SEGUIR:

El primer paso va a ser facilitarle al tutorizado que pueda hablar de


sus emociones, sentimientos, y preocupaciones. Igual que los
adultos, los niños también tienen sus propias preocupaciones y son
tan legítimas como las nuestras: miedo, deseo de hacer ciertas
cosas o de conseguir algo (reconocimiento de sus compañeros,
ayuda…), evitar algo que les da miedo o les producen
incomodidad… Si no entendemos las preocupaciones del niño que
causan sus conductas, entonces las conductas seguirán.

Para ello vamos a plantear algunas dinámicas que nos faciliten este
paso y que comentaremos a continuación.

El tutorizado tiene que percibir nuestra empatía y que no le vamos a


juzgar diga lo que diga. Por ello tendremos muy en cuenta los
puntos desarrollados en el apartado anterior.

A la hora de explorar los distintos ámbitos de la vida del tutorizado y


si tenemos conocimiento previo de su situación, empezaremos por
aquél sobre el que le sea más fácil hablar. Así, si sabemos que en la
familia existen problemas que le puedan afectar de manera
considerable, comenzaremos por el centro escolar (si en este
ambiente las cosas no le van tan mal).

Una vez que conozcamos los sentimientos que albergan sobre los
diferentes aspectos de su vida, buscaremos en la medida de lo
posible soluciones y/o acuerdos que no solo impliquen a los demás,
sino también a él mismo. Estos acuerdos no pueden ser más de dos
o tres cada vez. Conseguidos estos, introduciríamos otros dos o
tres y así sucesivamente.

El tutor individual se pondrá en contacto con otros profesores, si


estos estuvieran implicados, con el objetivo de mejorar la situación
del alumno en el aula y en el centro educativo.

Funcionar así precisa de un compromiso por parte de todos los


profesores y personal del centro que deben actuar en la misma
línea.

LOS PASOS:
Todo lo que aquí se plantean no es más que pretextos para poder
hablar de aquellos aspectos de la vida de los niños/as que más les
preocupan. Para explicar las dinámicas vamos a coger como
referencia la escuela, pero podríamos utilizar cualquier ámbito de la
vida del niño o niña: los amigos, la familia o cualquier situación
vivida por él o ella (las vacaciones de verano, navidad, un fin de
semana…)

A.- El paso de EMPATIA

Consiste en acumular información del niño para lograr comprender


de la manera más clara posible cuales son las preocupaciones o
perspectivas que el niño tiene del tema que le preocupa o problema
sin resolver.

Al realizar este paso no perdemos autoridad, todo lo contrario,


obtenemos un compañero para resolver problemas.

Por lo tanto este paso se concreta en una observación lo más


neutral posible para iniciar la investigación (que sean neutrales
ayudan a no alterar la conducta del niño; le permite hablar y
favorece el poder recabar la información que necesitamos sobre el
problema desde la perspectiva del alumno):

El comienzo del paso de EMPATÍA es con la siguiente frase:

- Me he dado cuenta de que no has dejado de hablar durante


toda la clase en voz alta, haciendo gestos y llamando la
atención de tus compañeros ¿qué pasa?.

Tipos de respuestas y cómo actuar:


- “Yo no sé”

Puede significar varias cosas:

1.- Que nunca le ha prestado atención a esta cuestión y necesita


tiempo para pensar. Por ello responderemos dándole ese tiempo
con paciencia y aprobación diciéndole:

- “Creo que nunca te he preguntado esto. Tómate tu tiempo. No


hay prisa.”
Podemos sentirnos incomodos ante el silencio del niño y tendemos
a llenar ese silencio con palabras. Cuidado! Porque si hablamos
nosotros mientras el niño está tratando de pensar reducimos las
posibilidades de tener información sobre el problema desde el punto
de vista del niño.

Si después de darle un tiempo estamos convencidos de que no


sabe cuál es su preocupación acerca del problema, la mejor opción
será utilizar alguna de las dinámicas que explicaremos
posteriormente.

2.- Puede significar que al niño se le olvidó o no entendió la


pregunta. En estos casos recurriremos a decirle al niño:
- ¿Te acuerdas de la pregunta?
- ¿Entiendes porque te pregunto esto? (clarificar la pregunta a
continuación).

O podemos utilizar alguna de las dinámicas.

3.- El “no se” puede significar que el niño no se siente cómodo


diciéndonos sus preocupaciones. Para esto se pueden utilizar
algunas frases como:
- No estoy diciendo que no…
- No estoy diciendo que no puedes…
- No estoy diciendo que tienes que…
- No estoy enojado…
- No estás en un lío…
- No te estoy diciendo que hacer…
- Nada más estoy tratando de entender…

El objetivo de esto es conseguir que crea en nosotros, que nos vea


como una persona en la que puede confiar.

Y de nuevo podemos recurrir a alguna dinámica.

4.- “No se” podría significar que el niño no tiene las habilidades de
comunicación suficientes para decirle sus preocupaciones. A esto
podemos hacerle la siguiente pregunta:

- ¿No sabes cuál es tu preocupación, o lo sabes pero estas


teniendo dificultades para encontrar las palabras para decirlo?.

Podemos ayudarle utilizando dinámicas de educación emocional.


5.- También los niños suelen utilizar el “no me importa” que no es
más que otra variación del “no sé”.

Esto es debido a que cuando ha tenido un problema o una conducta


inadecuada el adulto a través de la imposición ha intentado
solucionarlo y no le ha dado la oportunidad de expresar sus
sentimientos y sus necesidades.

Se utilizan palabras como “no”, “tienes qué” o “no puedes”…. Estas


respuestas de los adultos hacia los problemas sin resolver son
comunes y no causan comportamientos difíciles si se tiene un
alumno ordinario. Pero hay niños que no son ordinarios y explotan a
la mínima.

Con estos niños, queriendo imponerle su voluntad, aumenta en gran


medida la probabilidad de que haya una explosión. Por qué? Nadie
es muy entusiasta de que otro le imponga su voluntad, si a eso le
añadimos la falta de habilidades para manejar la propia conducta,
las situaciones conflictivas y las demandas que le hacemos,
tenemos los ingredientes esenciales para generar en ese niño
“problemas de comportamiento”. Ese niño no tiene habilidades para
manejar el planteamiento del adulto hacia el problema y con ello le
hacemos una demanda cognitiva que supera su capacidad para
responder adaptativamente.

Este sistema no resuelve de manera duradera el problema y


tampoco ayuda al niño a ser más flexible, a tolerar la frustración de
manera más adaptativa, o a resolver los problemas más
efectivamente.

Puede ocurrir que un niño haya tenido tanto “no”, “tienes qué” o “no
puedes”…. en su vida (es decir, tantos adultos a quienes no les
interesan sus preocupaciones) que simplemente se ha dado por
vencido y no espera que sus preocupaciones sean escuchadas.
Reasegurarle de que en realidad nosotros queremos oír sus
preocupaciones debería ayudarnos.

Volvemos a plantear el uso de dinámicas para educar lo emocional.

- El silencio del niño.


Cuando le preguntamos al niño ¿qué pasa?, podemos encontrarnos
con su silencio que suele ser inquietante para algunos adultos
(como ya hemos dicho más arriba) y tendemos a llenar el vacío con
nuestras palabras.

Recordar que estamos buscando información no sometiendo al niño


a un interrogatorio. La meta es clarificar, entender el punto de vista
del niño. Es lo más difícil del Paso de EMPATIA porque los adultos
estamos seguros de que ya sabemos cuáles son las
preocupaciones y expectativas del niño.

ELIMINAR UNA EXPECTATIVA:

Consiste en no pedirle al alumno que haga aquello para lo cual no


esta preparado o no tiene las herramientas adecuadas para
afrontarlo. Mucha gente llega a la instantánea, pero errónea
conclusión de que eliminar una expectativa completamente es
equivalente a “darse por vencido”. En realidad, “darse por vencido”
es lo que sucede cuando se comienza aplicando el “no”, “tienes
qué” o “no puedes”…. y termina rindiéndose porque el niño le ha
hecho la vida imposible. Cuando deliberadamente se elimina una
expectativa completamente no nos estamos rindiendo, más bien
hemos decidido eliminar una expectativa por completo de manera
intencionada y de forma proactiva (que tiene iniciativa y capacidad
para anticiparse a problemas o necesidades futuras) porque se ha
decidido que es poco realista o porque hay otras expectativas de
mayor prioridad. Cuando se eliminan expectativas de baja prioridad
nos ayuda a nosotros y al niño a estar más “disponibles” para
trabajar los problemas sin resolver que son prioritarios.

DEFINIR EL PROBLEMA:

La meta principal del paso de Definir el Problema es hacer visible


tanto para el niño como para el adulto o para otro niño/a dos
preocupaciones sobre un problema (la del niño y la del adulto u otro
niño) que deben ser reconciliadas mediante la colaboración de
ambos.

El paso de Definir el Problema puede comenzar con las siguientes


frases:

- “Mi preocupación es…” o “La cosa es que…”


Este paso puede ser difícil, porque tanto el adulto como el niño se
pueden dejar llevar por la necesidad de tener el control y ambos
planteen soluciones encontradas que les lleven al combate y no a la
colaboración (lucha por el poder).

Resolver los problemas de manera colaborativa consiste en


clarificar las preocupaciones tanto del niño como del adulto y luego
trabajar conjuntamente para encontrar soluciones que satisfagan a
los dos.

Por lo tanto al igual que el niño, el adulto también tiene que dedicar
tiempo a pensar en sus preocupaciones con respecto a la conducta
del niño y definirlas. La gran mayoría de las preocupaciones de los
adultos están relacionadas con:

- La seguridad del niño.


- La salud del niño.
- Como el comportamiento del niño está afectando a uno mismo
o a los demás.

LA INVITACIÓN.

El objetivo de este paso es el intercambio de ideas para buscar


solucionar un problema ya definido. La invitación permite que el
niño entienda que, resolver el problema, es algo que está haciendo
el adulto con él (juntos) y no a él.

El paso de La Invitación puede comenzar con las siguientes frases:

- “Hay que pensar en cómo resolver este problema”


- “Hay que pensar cómo podemos solucionar esto”
- “Me pregunto si hay una manera de…” (se hacen explícitas las
preocupaciones tanto del niño como del adulto)

Ej: “Me pregunto si hay una manera para poder ayudarte con la
parte de la escritura para que no te lleve tanto tiempo y te aburra
tanto…” (esa era la preocupación del niño) “...pero a la vez darte
algo de práctica para que no siempre sea difícil para tí” (esa era la
preocupación del adulto).

Posteriormente se le pregunta al niño, dándole la primera


oportunidad de pensar en una solución (de esta manera le estamos
diciendo que estamos interesados en sus ideas):

- ¿Tienes algunas ideas? (Sería lo mismo que preguntarle en


las opciones que tiene.)
- ¿Se te ocurre cómo podríamos hacer esto?

Con frecuencia asumimos que la única persona capaz de pensar en


una buena solución a un problema es el adulto. A los adultos nos
cuesta entender que un niño es capaz de colaborar para encontrar
una solución realista y mutuamente satisfactoria. No está mal tener
algunas ideas de cómo poder resolver un problema en el caso de
que al niño no se le ocurra ninguna, pero eso no quiere decir que
acabemos imponiéndoselas.

La mayoría de los problemas no se resuelven en un nanosegundo y


si se resuelven así no perduran en el tiempo. Resolver un problema
de forma duradera requiere reflexión, consideración, tiempo y la
voluntad de permitir que se desenvuelva un proceso de buscar
soluciones y, sobre todo, se requiere colaboración.

Cada solución que se ponga encima de la mesa debe ser evaluada


teniendo en cuenta algunas preguntas.

- Analizar con el niño/a las ventajas y los inconvenientes que


tiene cada solución y los factores a tener en cuenta. Alguno de
estos factores serían:

- Si es realista. Si pensamos que la solución planteada no va


a poder ser llevada a cabo por ninguno de los dos, hay que
ponerlo en conocimiento del niño. Si es el adulto el que no
va a poder cumplir con la solución, debe decírselo al niño e
intentar buscar otra. Si nosotros creemos que es el niño el
que no va a cumplir con la solución, debemos hacerle
pensar sobre si podrá hacerlo diciendo:

- “¿Estás seguro de que puedes hacer esto? Hay que


pensar en una solución que los dos podamos cumplir”
(decir que se tiene que “esforzar más” raramente suele ser
una opción viable).

- Si es mutuamente satisfactoria. Se trata de tener en cuenta


si la solución planteada es satisfactoria para ambos. De
esta manera, si se están teniendo en cuenta también
nuestras preocupaciones, estamos estableciendo límites. A
la vez, las preocupaciones del niño están siendo
escuchadas, clarificadas, validadas y los problemas se
están resolviendo colaborativamente, en vez de a través de
la voluntad del adulto (que puede generar enfrentamientos,
rabia… contra el adulto obteniendo resultados contrarios a
los deseados). Al comienzo los niños, igual que los adultos,
tienden a pensar en soluciones que solo resuelven sus
preocupaciones sin tener en cuenta las del adulto. Pero si
lo que queremos es que él piense en lugar de explotar o
aceptar para no cumplirlo, no podemos decirle que su idea
es mala. En lugar de eso le tenemos que recordar que la
meta es pensar en una solución que funcione para los dos,
diciéndole:

- “Pues, esa es una idea… y sé que esa idea tomará en


cuenta tu preocupación...pero dudo que tome en cuenta
la mía. Hay que ver si podemos pensar en una solución
que nos funcione a los dos.
- Otras fórmulas son posibles siempre y cuando
pensemos previamente que debemos transmitirle lo
siguiente: que estamos interesados en asegurar que su
preocupación se tome en cuenta, pero que también
estamos interesados en que nuestra propia
preocupación también sea tenida en cuenta.

- ¿Existen otras alternativas que podías considerar?.

- Establecer un plan de acción. Este plan de acción lleva implícita


la motivación del niño/a. Genera autoestima, confianza y
seguridad. Le podríamos realizar algunas preguntas dirigidas a
como logrará su meta y cómo se sentirá. Es importante que el
alumno tome conciencia de si cree que debe hacer algo más
para alcanzar el reto. En esta etapa, podemos afirmar que toda
acción genera aprendizaje.

Determina Qué se va hacer, Cuándo va a hacerse, como se va a


hacer y Quién lo hará. Se tiene que dar en un clima de confianza
y seguridad.

Pueden ser de utilidad preguntas como: ¿Cuáles son los


siguientes pasos? ¿Cuándo empezarás? ¿Cómo medirás tus
avances? ¿Qué harás para superar los inconvenientes que se te
puedan presentar?

- Finalmente tener en cuenta que una solución tomada puede no


funcionar y que es necesario recordarle al niño (y a nosotros
mismos) que si no funcionase, sería necesario volver a pensar
en otra solución mejor. Tenemos que pensar que resolver los
problemas que han estado causando desacuerdos mayores por
un largo tiempo no se pueden arreglar de un tirón. Además en
este proceso pueden producirse problemas adicionales
dependiendo de:

- La solución no es tan realista como se pensaba.


- La solución no fue mutuamente satisfactoria.
- La información sobre el problema no fue suficiente.
- Se necesita rodaje para funcionar de la manera que
se plantea aquí y que de resultados.
- Acabamos cayendo en la imposición de nuestra
voluntad.
- Volvemos a “no”, “tienes qué” o “no puedes”…. sin
darnos cuenta, por nuestra impaciencia.

ALGUNAS DINÁMICAS ENFOCADAS A CONSEGUIR


INFORMACIÓN SOBRE LO QUE LE PREOCUPA O EL
PROBLEMA SIN RESOLVER DE NUESTRO TUTORIZADO:

1.- Pedirle que escriba 5 cosas que le preocupan. Pedirle a


continuación que las ponga de más a menos y que en una escala
del 0 al 10 le ponga una nota según el grado de preocupación que
le provoca.
Entonces hablar sobre esas cosas que le preocupan comenzando
por la que más puntuación ha obtenido y seguir los pasos
explicados más arriba.

3.- Contarle la historia del ICEBERG. Qué es un iceberg. La parte


de arriba es lo que todos podemos ver de la otra persona. La parte
de abajo es lo que no podemos ver pero él/ella conoce. Le pedimos
que dibuje un iceberg y coloque la línea de agua marcando cuanto
cree que conocen los demás de él/ella y cuanto es lo que no
conocemos. Después podemos hacerle preguntas:

- Qué parte de la zona de abajo del iceberg ocupa: su familia, los


amigos/amigas, la escuela, los estudios, sus hermanos/hermanas,
las asignaturas, los profesores etc. dependiendo de lo que nos
interese conocer del niño o niña con el que estamos haciendo la
tutoría individualizada.

- Que parte de la zona de abajo del iceberg ocupa su futuro: lo que


le preocupa del futuro. Lo que quiere ser de mayor etc. puede ser
en un futuro cercano o más lejano.

4.- Cogemos una hoja y le pedimos que vaya cortando cachos más
grandes o más pequeños según lo que cada tema le ocupe en su
cabeza o le preocupe o angustie:

- Los padres.

- La soledad.

- Perder a alguien importante.

- Ir mal en la escuela.

- Que los amigos no me acepten.

-…

5.- Una botella de agua. Explicar que es la ansiedad. Hacerle un


símil con una botella de agua. Si la botella tiene poco agua quiere
decir que la ansiedad es baja, si la botella está llena quiere decir
que la ansiedad está muy alta. Pedirle que:
- Nos diga normalmente cuanto de llena cree él o ella que tiene la
botella.

- Nos diga cuanto de llena cree que tiene la botella en casa.

- Cuanto de llena cree que la tiene en la escuela.

- Cuanto de llena cree que la tiene con sus amigas/os.

-…

6.- Escribir una carta a alguien, puede ser a su madre o padre o


hermano/hermana, a un profesor de la escuela, a un amigo…
explicándole las conductas más difíciles que tiene alguna persona
que le preocupa y el significado emocional que tiene para el niño o
niña que escribe la carta. Se trata de estar atento a nuestras
propias vivencias (a las vivencias del niño/a tutorizado/a) durante la
carta.

7.- ¿Qué preguntas son las más dolorosas que nuestro tutorizado
vive por dentro…? Ordenarlas de mayor a menor sufrimiento-dolor
para él. Escribimos nosotros las preguntas y que luego él o ella las
ordene.

8.- LA RUEDA DE LA VIDA


Consiste en recoge su satisfacción o no en cada una de los ejes, y
su actitud hacia su proyección de vida. El tutor le pedirá a su
alumno que exprese lo que está sucediendo en ese momento en su
vida, en relación a cada uno de los ejes (familia, entorno,
escuela…).

Dependiendo de su grado de satisfacción con cada uno de los


apartados el alumno/a deberá dar su puntuación en cada una de los
ejes de la rueda variando entre el 0 y el 10. Las líneas concéntricas
responden a esas puntuaciones siendo el uno la línea más interna y
el 10 la línea más externa.

El tutor a través de preguntas dirigidas y abiertas, para dejar libertad


de expresión al alumno/a, irá recorriendo cada uno de los ejes y
recogiendo información.
En relación a la familia, algunas de las preguntas pueden ser: ¿Qué
ocurre cuando tus padres no aceptan alguna de tus decisiones?
¿Qué sientes cuando estás con ellos?

Con los amigos, cuando tienes problemas y se los cuenta a tus


amigos: ¿haces lo que ellos te dicen? ¿Cómo te sientes cuando
estás con ellos?

En el amor: ¿Qué entiendes por amor? ¿Crees que te quieren o


queremos?

En el entorno: ¿Estás satisfecho con el lugar en el que vives? ¿Te


gusta? Si no es así, ¿cómo te gustaría que fuese? ¿Te gusta otra
ciudad? ¿Cómo sería tu vida en otra ciudad?

En el ocio: ¿Qué haces en tu tiempo de ocio? ¿Te gusta? Si no te


gusta, ¿qué otras actividades podrías hacer? ¿Cómo las harías?
¿Te gusta hacer siempre lo mismo o realizar cosas diferentes?

Con el dinero: ¿Te gusta el dinero? ¿Qué haces con el dinero?


¿Estás satisfecho con lo que tienes o quieres más? ¿Qué puedes
hacer para conseguirlo?

Con la escuela : ¿Te gusta la escuela? ¿Cómo te sientes cuando


estas en la escuela? (sugerirle cosas como contento, triste,
enfadado…) ¿Te sientes feliz cuando realizas las tareas pendientes
(etxerakolanak)? ¿ Te sientes mal cuando no las realizas? ¿Qué
podrías hacer para cambiar tu emoción?
La salud: ¿Cómo te encuentras actualmente? ¿Qué necesitas para
mejorarla?

Una vez finalizada y en función de las características individuales


de cada alumno, la rueda puede ser perfecta en todos sus ejes o no
y obtendríamos un dibujo de este tipo.

Para que el proceso tenga éxito, nosotros como tutores tendremos


que indagar y profundizar realizando las siguientes preguntas: ¿Qué
ha pasando? ¿Qué es lo que necesitas? ¿Te sientes sorprendido
con los resultados obtenidos? ¿Puedes hacer cambios sin ayuda?
¿Qué áreas o ejes te gustaría mejorar? ¿Cómo te verías si la
puntuación hubiera sido distinta, más cercana al 10? …

9.- CONSTRUYE TU EMOCIONOMETRO (ideal para los más


pequeños)
Es una actividad que se plantea en el libro-cuento “El
emocionómetro del inspector Drilo” en el que a través de cuentos
sobre diferentes personajes y sus historias el niño/niña debe
identificar las diferentes emociones de los personajes.

Existe versión en castellano y en euskera.

Aquí tenéis el enlace http://emocionometro.blogspot.com.es/ donde


se explica en que consiste y que actividades se pueden realizar.