2013.

Año Treinta Aniversario de la vuelta de la Democracia

PROYECTO DE DECLARACIÓN

Declárase de interés Cultural y Social de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires a la novela gráfica “Beya. Le viste la cara a Dios”, escrita por Gabriela Cabezón Cámara e ilustrada por Iñaki Echeverría.

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2013. Año Treinta Aniversario de la vuelta de la Democracia

FUNDAMENTOS

Sra. Presidente, "Beya. Le viste la cara a Dios", la novela gráfica inspirada en "La Bella Durmiente" escrita por Gabriela Cabezón Cámara, quien se reveló como una de los proyectos más sólidos de su generación, narra la historia de una joven víctima de las redes de prostitución. En 2010, la editorial Siguenleyendo.com convocó a Gabriela Cabezón Cámara, junto a otras cien promesas latinoamericanas, a reversionar un cuento clásico para lanzarlo en formato digital. A la escritora y periodista que venía de publicar "La virgen cabeza", una novela de amor entre una travesti y una lesbiana, le tocó "La Bella Durmiente", disparador de "Beya. Le viste la cara a Dios", una historia minada de referencias al caso Marita Verón, pero que podría ser la historia de cualquiera de las miles de mujeres, adolescentes, nenas, víctimas de la trata en la Argentina. Beya narra la historia de una joven secuestrada y sometida para ejercer la prostitución que buscará el modo de sobrevivir, vengarse y liberarse. El argumento cuenta que Beya sólo puede dormir o morir a manos de los hombres que la someten a sus deseos más violentos. Beya reza y duerme y recibe sus dosis de dolor, hasta que llega finalmente una solución radical. Con un lirismo actual, rítmico y dramático, Gabriela Cabezón Cámara e Iñaki Echeverría narran en verso e imagen una historia que desarma a los lectores, incomoda e interpela. Se trata de la historia de una mujer secuestrada, torturada y usada para la prostitución. Contada así, podría ser una historia más. Pero lo que de hace a esta obra sobresaliente es la prosa barroca, épica, mística y lunfarda que a la vez es un testimonio de denuncia sobre la trata de blanca, en un momento en el que en Argentina es un tema muy en boga, se desmarca de cualquier escuela y tradición y obliga a la lectura. Una novela que lastima, que marca y que enseña que la literatura que tiene algo que decir, aunque sea un asunto complejísimo, se busca las formas y no teme. El libro tiene el siguiente acápite: “Aparición con vida de todas las mujeres y nenas desaparecidas en manos de las redes de prostitución y juicio y castigo a los culpables.” Beya propone una tesis audaz: el puticlub es el campo de concentración por otros medios: mantiene su estructura y tabicamiento, la avenencia de las diversas fuerzas del Poder bajo la figura del cliente, el sojuzgamiento total del recluido, sin límite en el tiempo y en el espacio. El texto de Gabriela se puede leer solo, lo mismo que las imágenes de Iñaki como una historieta muda, sin embargo no hay uno sin la otra. Escrito en segunda persona, en sus páginas la escritora hace gala de su habilidad para procesar literariamente tópicos candentes de la actualidad, con altas dosis de violencia y sordidez, sin por eso renegar del lirismo ni de la densidad en su trabajo con el lenguaje. Desde el aspecto cultural, la célebre hipótesis de David Viñas, que afirma que la literatura nacional emerge con una violación -y piensa en el cuento de Esteban Echeverría, "El matadero"- permite pensar, entra tantas cosas, una serie en la historia ficcional de la violencia (propuesta por Ricardo Piglia en el ensayo La Argentina en

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pedazos). La imagen de la violación comparte el plano literal y metafórico, y se la puede rastrear en innumerables textos del siglo XIX a la actualidad. La relación entre esos planos varía, el estatus simbólico de las figuras cambia y lo que en un momento es sublime, en otro es degradación. María, la heroína del poema "La cautiva" de Echeverría, aun con su honor y su cuerpo mancillados por los indios "salvajes", es un ser sublime en una gesta de tonos epopéyicos. Emma Zunz, la protagonista del cuento de Borges, se denuncia violada por su jefe como parte del plan para vengar la deshonra padecida por su padre, ejerciendo una justicia personal. A esta obrera que se disfraza de prostituta y delatora le sigue, en un orden aleatorio, una joven prostituida a la fuerza que, sin ser una criminal, también se ve obligada a ejercer justicia por propia mano. Ésta es la historia de Beya, la protagonista de la novela gráfica escrita por Gabriela Cabezón Cámara e ilustrada por Iñaki Echeverría. La serie así planteada abre otra línea en la historia literaria de la violencia, la de las mujeres que matan hombres para ejercer una justicia que está por encima del Estado -esto ya lo postuló Josefina Ludmer-, la violencia de género. Beya fue en su origen un relato escrito por pedido de una revista digital, para publicar versiones de clásicos infantiles para adultos. "La bella durmiente" mutó así en Beya, y Cabezón Cámara la imaginó durmiente, pero esclavizada, drogada y torturada. El texto es un poema de versos en su mayoría octosílabos (como la poesía gauchesca y la cumbia) nutrido por numerosas referencias a la literatura argentina, a la Biblia, la cultura y las creencias populares -San Jorge y el dragón, sobre todo-. Entre esta mezcla de lo culto y lo popular, la historia avanza, implacable, narrando la degradación de Beya con un lenguaje descarnado que no ahorra la violencia referencial ni apelativa. El lector no puede sustraerse de la cadencia de esa segunda persona que se propone como un desdoblamiento de Beya ante el umbral del dolor. Es una apuesta audaz y logradísima de la autora, elaborada a partir de la experiencia del viaje fuera del cuerpo referido por algunas de las víctimas secuestradas durante la dictadura, mientras eran torturadas brutalmente. Y en esa alienación física se posiciona para objetivar a su personaje, para narrar sin sensiblería el tormento, su delirio místico, la gestación casi fetal de su odio, su recuperación, su sed de venganza. La ilustración de Iñaki, en su expresionismo, se vuelve consustancial con el relato. El contraste de planos, la fragmentación -que es la de Beya-, el zoom sobre el detalle que prolifera y se multiplica, insistente; la resignificación de algunas imágenes icónicas -como El Beso de Klimt o las estampitas de san Jorge-, todo resulta impactante. Literatura y denuncia, poema y novela gráfica, Beya es un texto riquísimo y necesario, por donde se lo mire. Los autores:  Gabriela Cabezón Cámara nació en 1968 en Buenos Aires. Publicó La Virgen Cabeza (Eterna Cadencia, 2009) y Le viste la cara a Dios (Sigueleyendo, Barcelona, 2011 y La Isla de la Luna, Buenos Aires, 2012), texto que sirvió de punto de partida para esta novela gráfica, que es por otra parte su primera, y encantada, incursión en el género. Todavía no vive de los libros, se desempeña como editora en la sección Cultura del diario Clarín. Iñaki Echeverría nació en Balcarce en 1974. Publicó Negro el 10 en coautoría con Santiago Maisonnave (Manoescrita, 2009) y Muffins (Manoescrita, 2010). Renegó de la arquitectura para dedicarse a la ilustración y el relato gráfico. Publica tiras en Página/12 y Fierro e ilustra libros.

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Este libro, además de formar parte de un movimiento estético nuevo en el ámbito de la cultura, invita a la reflexión y concientización haciendo visible para la mayor cantidad de gente posible esta problemática urgente y desesperante que padecen miles de mujeres en nuestro país y millones en el mundo. La cultura siempre encuentra formas creativas para generar conciencia ciudadana. Por todos los motivos precedentemente expuestos, solicito Sra. Presidente la aprobación del presente proyecto de Ley.

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