Juan Pedro Rodríguez Ribas.

Fundamentos teóricos y metodológicos de la Praxiología motriz

5. Teoría de la praxis motriz

CAPÍTULO 5.- TEORÍA DE LA PRAXIS MOTRIZ

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Juan Pedro Rodríguez Ribas. Fundamentos teóricos y metodológicos de la Praxiología motriz

5. Teoría de la praxis motriz
CAPÍTULO 5.- TEORÍA DE LA PRAXIS MOTRIZ .................................................................................,.1 INDICE. ………………………………………………………………...……………………….…………,,,…2 INTRODUCCIÓN. ………………………………………………………….…………….………….……...…3 5.1.- LAS CARACTERÍSTICAS DE LA PRAXIS MOTRIZ. ..........................................................................4 5.1.1.- Fin-objetivo-meta-proyecto-plan-estrategia-medios-intencionalidades. .................................................4 5.1.2.- Agente-humano-persona-actor. ...............................................................................................................12 5.1.3.- Sentido-significación-interpretación-comprensión. .................................................................................14 5.1.4.- Entorno-medio. ........................................................................................................................................18 5.1.5.- Realización-producción-construcción-ejecución-manifestación-acontecimiento-suceso-evento-resultado efecto. .................................................................................................................................................................20 5.2.- CONCEPTOS ASOCIADOS Y DERIVADOS. ........................................................................................22 5.2.1.- Intención-deseo. .......................................................................................................................................22 5.2.2.- Conocimiento-racional. ............................................................................................................................23 5.2.3.- Consciencia-conciencia. ...........................................................................................................................24 5.2.4.- Libertad de elección. ................................................................................................................................24 5.2.5.- Voluntad. ..................................................................................................................................................25 5.2.6.- Motivación. ..............................................................................................................................................25 5.2.7.- Comunicación-transmisión social. ...........................................................................................................26 5.2.8.- Causa-motivo. ..........................................................................................................................................27 5.2.9.- Cuerpo-movimiento-motricidad. ..............................................................................................................28 5.2.10.- Reglas-normas-acuerdos-regularidades. ................................................................................................29 5.2.11.- Conceptos derivados. .............................................................................................................................30 5.3.- LA DEFINICIÓN DE “PRAXIS MOTRIZ”. .............................................................................................31 5.4.- LAS FASES DE LA PRAXIS MOTRIZ. ...................................................................................................35 5.4.1.- Percepción praxiomotriz. .........................................................................................................................36 5.4.2.- Decisión praxiomotriz. .............................................................................................................................37 5.4.3.- Ejecución praxiomotriz. ...........................................................................................................................39 5.5.- CONCLUSIONES: CRITERIO DE “ESPECIFICIDAD” DEL OBJETO DE ESTUDIO DE LA PRAXIOLOGÍA MOTRIZ. ...................................................................................................,.............................41 INDICE DE GRÁFICOS, TABLAS Y FÓRMULAS………………………………………………….…….…...2 GRÁFICO 4.- Relación entre causas e intención en una acción. .......................................................................28 GRÁFICO 5.- Características de la praxis motriz. .............................................................................................34 GRÁFICO 6.- Fases internas de la praxis motriz. ..............................................................................................36

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CAPÍTULO 5.- TEORÍA DE LA PRAXIS MOTRIZ

“No hay una percepción inmaculada: no vemos la realidad sino tras los anteojos de una teoría” (E.Laszlo, 1988: 112).

INTRODUCCIÓN En este apartado vamos a intentar redefinir el objeto de estudio de la Praxiología motriz. A la vista de las pretensiones de los praxiólogos que pudimos extraer de sus trabajos, será una condición necesaria modificar la definición de P. Parlebas (1981) para que abarque y de cuenta de tales pretensiones. La segunda razón para redefinir <<acción motriz>> se basa en la necesidad de deshacer una cierta recurrencia y dependencia hacia el concepto <<conducta motriz>>. Para la construcción conceptual del objeto de estudio de la Praxiología motriz introduciremos las características de la “acción motriz”, constituyendo esta una forma de acción o, en su caso, un aspecto específico de una acción global (al estilo de los tipos de acciones propuestos por T. Parsons (G. Rocher, 1990)). Con ello se habrá propuesto un criterio de especificidad para la Praxiología motriz, de modo que se la identifique respecto de otras disciplinas en función de su objeto de estudio diferenciado. Pero aún especificando el objeto de estudio, los límites disciplinares en el campo exclusivo de la Praxiología motriz dependiente de su objeto de estudio no quedarán marcados sino, posteriormente, con la introducción de un criterio de pertinencia. De entre todas las características posibles, distinguiremos por un lado, las imprescindibles (las mínimas para su identificación y uso conceptual), y en otro lado, se encontrarán otras características, no siempre necesarias para identificar a una <<acción motriz>>. Todas serán agrupadas a su vez por campos conceptuales. De entre los términos que se incluyen en cada subgrupo del primer grupo, tomaremos algunos representativos, para ser incluidos en la nueva definición. Lógicamente también atenderemos a la definición y comentario del término <<acción motriz>> de P. Parlebas (1981: 1), que lo caracteriza como “Proceso de cumplimiento de
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conductas motrices de uno o varios sujetos activos en una situación motriz determinada”. Para desmenuzarlo seguiremos una vía diferente a la utilizada por algunos praxiólogos que han tratado conceptualmente la definición propuesta por Parlebas. Como todo diccionario, el “léxico” de P. Parlebas (1981) remite unos términos a otros. La red conceptual que se establece es también una red terminológica, cuyas pistas pueden optar por seguir vías alternativas. En nuestro caso, no nos centraremos en la concatenación de conceptos <<acción motriz>>-<<conducta motriz>>-<<comportamiento motor>>, pues parece que se desemboca irremediablemente en la noción de “movimiento”. El “movimiento” en absoluto es reflejo último de las intenciones disciplinares de P. Parlebas (1981: 173-176). Creemos más ventajoso redefinir el objeto de la Praxiología motriz siguiendo el sendero terminológico (Parlebas, 1981) <<acción motriz>>-<<situación motriz>>-<<tarea motriz>>-<<función práxica>>, puesto que igualmente abarcará el concepto <<conducta motriz>>, la posibilidad de sumergirla entre relaciones sistémicas y la opción de atender a un campo de estudio amplio (por ejemplo, incluirá también a las acciones que no necesariamente implican movimiento de la persona). Por último creemos preferible utilizar un término equivalente al de <<acción motriz>>, que el mismo Parlebas (1981: 173 y 177) ya usa. <<Praxis motriz>>, término con menor carga de sesgos -tanto en esta disciplina como en otras- que <<acción motriz>>, será la denominación que adoptaremos en esta tesis para el objeto de estudio de la Praxiología motriz. J. Ferrater (1980: 2661) dice que “El término praxis puede designar también el conjunto de las acciones llevadas a cabo por el hombre” (P. Navarro (1994) prefiere utilizar el término <<agencia>> en vez del de <<acción>>; en ese caso hablaríamos entonces de <<agencia motriz>>). Tras la definición de <<praxis motriz>> este apartado se completará con la descripción de las fases, que suceden durante su aparición en el interior de una situación.

5.1.- LAS CARACTERÍSTICAS DE LA PRAXIS MOTRIZ

5.1.1.- Fin-objetivo-meta-proyecto-plan-estrategia-medios-intencionalidades
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P. Parlebas (1981) remite desde la definición de <<acción motriz>> a <<situación motriz>>, y desde ésta a <<tarea motriz>>. Para P. Parlebas (1981: 277) una <<tarea motriz>> es aquel “Conjunto objetivamente organizado de condiciones materiales y de limitaciones que definen un objetivo cuya realización precisa la puesta en juego de conductas motrices de uno o varios participantes”. <<Tarea motriz>> contiene el concepto “objetivos”, de modo que indirectamente se define <<acción motriz>>, entre otras cosas, en función de la presencia de objetivos que guían a los constructores (las personas) de la acción motriz. En el sistema de interacciones, la “interacción de marca” (Parlebas, 1981: 100) señala la existencia de objetivos codificados en el juego. Sobre la existencia de objetivos ya establecidos para una situación praxiomotriz, F. Amador (1994a) propone un criterio de “acción motriz” para clasificar las situaciones según su finalidad luctatoria. Navarro Adelantado (1995a) también señala en los juegos motores de reglas la presencia de un componente estructural que es la meta a conseguir por los participantes en el juego. Los objetivos, metas y finalidades previos parecen ser condiciones inherentes a las praxis motrices reglamentadas. Pero, ¿siempre sucede así?; ¿hay objetivos previos a lograr en situaciones no reglamentadas? Creemos que la identificación de los objetivos previos no siempre son necesarios, porque los objetivos últimos se pueden ir marcando a medida que la situación va transcurriendo, mientras sucede la acción. Ellos van entrando a formar parte de las praxis motrices -o mejor, de un conjunto de ellas- de forma imprescindible, puesto que las condicionan necesariamente. Es decir, en este caso habrían objetivos finales, pero no estarían pre-establecidos: pueden ser simultáneos y/o improvisados surgiendo durante el desarrollo mismo de la situación praxiomotriz. Pongamos, por ejemplo, el cambio de objetivos que introducen los niños en sus juegos o la decisión del paseante en el campo que cuando camina se pone a correr un poco. Haciendo un símil con las situaciones reglamentadas, en los ejemplos que acabamos de exponer el “reglamento” surge sobre la marcha, y también, por tanto, los objetivos finales. Sea la tarea praxiomotriz previamente reglamentada o sea improvisada, los objetivos últimos están intermediados. Estos objetivos intermedios se encuentran sólo en la situación. “Praxia” es para Parlebas (1981: 176) la unidad de base de la acción observada, de modo que
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“... toda acción es orientada hacia una meta”. No hablamos entonces de los mismos objetivos, metas o finalidades que antes. Ahora nos referimos a los que surgen en la propia situación, a los objetivos concretos de cada praxis motriz, que, suponemos, se dirigen hacia la consecución de los objetivos últimos. En otro lugar Parlebas (1988a: 106) precisa que en el sistema praxio-lógico -el de las acciones motrices y sus relaciones-, su lógica interna implica una finalidad práxica. El jugador parece que tiene unas ciertas guías estructuradas de actuación. Estas guías pueden disponerse organizadamente y, en consecuencia, pueden descubrirse en cada situación. Bayer (1986) propone sus principios de juego para las deportes de equipo en términos de objetivos. Esta propuesta es recogida por Caron y Pelchat (1975), Antón (1990) y por Lasierra (1990 y 1993) como intenciones de juego. Para Navarro Adelantado (1995a), Lasierra (1993) y Vankersschaver (1987) cada subrol sociomotor puede marcar varias intencionalidades (varios “para...”). Para Mahlo (1985), Amador (1994a), Delaunay (1980) o Menaut (1982) toda acción o conducta motriz es ante todo una acción estratégica, o una acción táctica, que conlleva una disposición a solucionar determinadas situaciones en base a decisiones que toma el participante. Para Parlebas (1986: 123) las conductas motrices conllevan un proyecto en situaciones sociomotrices: “Separado en un objetivo táctico, una conducta motriz funcionará como una señal para el compañero: ella es portadora de un mensaje concerniente al proyecto sociomotor del jugador”. Aunque muy poco atendido, el estudio de los objetivos de las acciones motrices, de sus situaciones y tareas, las anteriores constataciones teóricas nos señalan que no vamos por mal camino en Praxiología motriz en referencia a una teoría de la acción. Según Abercrombie y otros (1986: 236) “La teoría de la acción es, pues, el análisis de la acción partiendo del actor individual. El análisis procede en términos de actores típicos en situaciones típicas, identificando objetivos, expectativas y valores del actor, los medios para lograr esos objetivos, la naturaleza de la situación y el conocimiento que el actor tiene de la situación, entre otros elementos”. Hay que hacer constatar que no se estudian a los individuos, sino concretamente a sus producciones y elaboraciones. Para Sánchez Vázquez (1973: 154) “La actividad propiamente
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humana sólo se da cuando los actos dirigidos a un objeto para transformarlo se inician con un resultado ideal, o fin, y terminan con un resultado o producto efectivos reales”. De igual modo la acción puede “movilizarse” de forma improvisada. Para Laín Entralgo (1989: 308) “La acción humana se inicia formalmente con un acto de decisión. La decisión puede ser consecuencia directa de un proyecto vital ya concebido o moverme a la formulación de un proyecto nuevo o la ejecución inmediata y no proyectada de determinada acción”. No obstante (Laín Entralgo, 1989: 308), si bien para la acción “La decisión no tiene como condición previa el proyecto... sí requiere la previa existencia de tendencias”. Como hemos indicado, los objetivos finales son inter-mediados por otros facilitadores que los hacen más alcanzables. Son los medios que aparecen en cada acción en vistas a lograr un fin. Para U. Bronfenbrenner (1987: 65), con la aparición de un acto molar “En su mayor parte este momento se produce por la existencia de una intención: el deseo de hacer lo que se hace, ya sea por sí mismo o como medio para conseguir algún fin”. Habermas (1989b: 237) afirma por su parte que “... por lo general para la realización de un fin puede recurrirse a más de un medio; en este caso, la adopción de una determinada regla -de intervenciónsignifica eo ipso una decisión entre medios alternativos”. Estén más o menos previstos, sean más o menos objetivos últimos o intermedios, la existencia de tales conducen hacia una búsqueda proyectada en el tiempo. Para Luhmann (1983: 174) “Los fines son representaciones subjetivas de efectos futuros, no sólo en cuanto expectativas de un discurrir fáctico, sino también en cuanto estimación valorativa que decide acerca de la debida utilización de las fuerzas del sistema; los fines están institucionalizados como base de la acción o, también, como efectos”. Para Habermas (1989b: 504) “La actividad teleológica constituye, por tanto, un
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componente, así de la acción orientada...”. Como componente final -dirigida hacia un fin-, toda acción está proyectada, contiene un proyecto o plan estratégico, a pesar de que no siempre somos conscientes de que lo tenemos. Dennett (1991: 34) nos previene que “Una vez que la estrategia intencional está en su lugar, es una herramienta extraordinariamente poderosa para la predicción, un hecho que está ampliamente ocultado...”. Según G. Robles (1984: 69-70) “... la estrategia tiene como única preocupación conseguir que la acción sea exitosa, esto es, que gracias a ella los participantes en la misma alcancen una determinada meta establecida de antemano como el fin (o uno de los fines) a alcanzar”. Hasta aquí podemos confirmar que toda praxis motriz es una acción teleológicamente orientada. Pero suponiendo que existan distintas clases de acciones, ¿qué es lo que hace diferenciar entonces una acción cualquiera de una praxis motriz?. La clave puede encontrarse precisamente en el tipo de objetivos perseguidos. En otras palabras, la naturaleza específica de las praxis motrices (del objeto de estudio de la Praxiología motriz) procede de los específicos objetivos que ellas presentan. La noción de <<tarea motriz>> (que define objetivos) está muy unida al concepto <<función práxica>>. Parlebas (1981: 69) define <<función práxica>> como “Organización de conductas motrices cuya realización conduce a la realización de una tarea motriz”; “... esta función se traduce en una <<performance>> de tipo motor...” como deslizarse por un tobogán, efectuar un lanzamiento de disco, etc.

Navarro Adelantado (1995a) resalta que la motricidad es el fundamento principal de desarrollo de un juego motor. Este autor (1995a: 105) entiende que un juego motor “... se caracteriza por el empleo significativo de la motricidad, de manera que ésta sea el fundamento principal sobre el que se desarrolla el juego”. Una significación motriz es para Navarro Adelantado (1995a) un “grado elevado” de disponibilidad motriz en un juego. Los miembros del GEP (Castarlenas y otros, 1993b) hablan de objetivos motores refiriéndose a los propios de las prácticas competitivas. Son demasiadas las insistencias sobre esta especial presencia de lo motriz en la <<acción motriz>>. Pero esta insistencia no es casual. Podríamos comenzar por otro lado. P.
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Parlebas (1988a) habla de distintas formas de entender el espacio de los juegos deportivos, entre otras como distancia a franquear (1988a: 132): “Es la distancia que se hace correr a un balón, a un disco; es también, y sobre todo, la distancia a franquear uno mismo”. Puede ser también un espacio como blanco a alcanzar. Dice Parlebas (1988: 135) que “Los objetivos espaciales son los polos en torno a los que gravitan los actos del juego”. Estos blancos los clasifica en blancos materiales (por ejemplo el balón toma contacto con una zona del terreno, franquea un plano horizontal o vertical, volcar un poste, acercarse a un árbol...) y blancos humanos (son blancos corporales como golpear o tocar al adversario, derribarlo o estrangularlo, lanzar un objeto a un compañero). J. Etxebeste (1995) habla de las formas de interacción de marca en juegos tradicionales vascos. Distribuye los juegos según sus objetivos: contacto simple, ocupación espacial, blanco humano, golpeo, contacto para liberar, agarre, transporte. Navarro Adelantado (1995a) desarrolla su tema de investigación sobre un “juego de persecución”. Siguiendo a este autor, el Seminario permanente de Educación física de Fuerteventura (1994) pone como ejemplos de metas a lograr en juegos motores de reglas: las espaciales (ocuparlo, progresar en él, llegar y marcar), metas a tiempo (conseguir antes que..., antes de ..., mantenerse más que ...), metas a acertar/marcar, o metas a dominar a otro jugador (hacer caer, inmovilizar, tocar). La clasificación según finalidades luctatorias de Amador (1994) utiliza criterios que distinguen a cada juego deportivo de lucha, según si el objetivo es desequilibrar/derribar al adversario, fijarlo al suelo, excluirlo de un espacio, controlarlo, golpearlo o tocar al oponente. Vankersschaver (1987) introduce ejemplos de actividades topocinéticas (franquear el listón en salto de altura), y de actividades morfocinéticas (hacer un arabesco o un “grand jeté”). J. Riera (1989) habla de las tareas definidas según su objetivo: lanzar a canasta, saltar altura de cabeza, desplazarse deprisa, despegar los pies del suelo... Qué es, entonces, lo común a todos estos objetivos. ¿No será precisamente su característica de poner en juego la motricidad de la persona? El rasgo diferenciador en referencia a los otros tipos de acciones es que las <<praxis motrices>> se conducen según objetivos motores. No queremos decir con esto que los demás tipos de acciones no impliquen a la
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motricidad, pues toda acción es acción-con-motricidad, tal como nos lo recuerda Lagardera (1993a y 1994c). En toda acción se pone en juego la corporalidad y la capacidad de movimiento del agente, con independencia de su percepción externa o no de movimiento. Queremos reseñar que, en todo caso, los objetivos de otras acciones no son objetivos motores. Las finalidades de otras acciones pueden ser comunicativas (actos de habla, conductas verbales), de relación con el otro (acción social), artísticas (acción estética como tocar un instrumento musical), etc. Sin embargo, las praxis motrices no sólo son acciones-con-motricidad, son además acciones-hacia-la motricidad. Las praxis motrices son acciones teleo-motrices. En estas se persiguen metas de carácter motriz: conducir o manejar un móvil de cierta forma, perseguir corriendo a otro, golpear o derribar a un contrincante, reproducir un ritmo o un desplazamiento, controlar la respiración... Nos encontramos, entonces, con que una misma acción global puede ser a la vez varios tipos de acción, o, si se prefiere, puede contener simultáneamente varias vertientes a tener en cuenta. Una “interacción motriz” es a la vez acción social y acción dirigida hacia una producción motriz. En el caso de que en una acción descubramos un fin motor (incluso asociado a otros fines) o de que en una situación encontremos acciones que impliquen objetivos motores, habremos identificado a una praxis motriz. Praxis motrices las encontramos en las clases de Educación física, en el entrenamiento de los deportistas y artistas de circo o de un ballet, en la preparación laboral (aprender a teclear en una máquina de escribir, coordinar pedales y palancas de un helicóptero) y en utilidades sociales (aprender a trepar un árbol, conducir un automóvil), en el tiempo de ocio (jugar un partido de voleibol en la playa, esconderse del hermanito menor), y en muchas situaciones de la vida cotidiana (cortar con un cuchillo, trasladar objetos), etc. Hablar sobre que los objetivos son motores nos conduce a abordar el tema de la “motricidad de las personas”. Es un tema espinoso que en el seno de esta tesis obviaremos a partir de que efectuemos una breve referencia. La Motricidad se constituye como una disciplina científica. El considerar este campo de conocimiento nos evita el problema de tener que limitarnos a lo definido por el Diccionario de la Lengua Española con respecto al término <<motricidad>>. Para Parlebas
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(1986: 124) “... el juego deportivo pone en obra los comportamientos en motricidad real sumida bajo el doble primado de leyes biológicas y leyes del mundo físico”. Es decir (Parlebas, 1988a: 43), “Es la persona que actúa la que debe dar prueba de la eficacia, adaptándose a las exigencias bio-energéticas que rigen su comportamiento y el de los otros (sinergias musculares, equilibrio, funciones respiratorias, circulatorias), en estrecha relación con las leyes del mundo físico (gravedad, inercia, presión, rozamiento)”. Son todos esos los condicionantes de las “<<performances>> de tipo motor” de las que Parlebas (1981) habla. B. During (1989 y 1991) utiliza idéntica concepción de “motricidad” para diferenciar un aspecto de la conducta del sujeto (conducta motriz) y una parcela prioritaria de entre las ciencias que se ocupan de la conducta. Delaunay (1985) también retoma la <<motricidad>> para caracterizar a la <<acción motriz>>. Uno de los factores que contiene la acción motriz es que pone en juego “... leyes físicas y biológicas organizadoras de la tarea motriz”. La Motricidad implica analizar las percepciones espacio-temporales, la actividad corporal con toda su anatomía y neurofisiología, las coordinaciones, los desplazamientos y estatismos, el manejo de objetos, etc. (R. Rigal y otros, 1979). Cualquier acción puede contener el conducir máquinas, el transportar un objeto, el moverse de un lugar a otro, y, a pesar de todo eso, no ser entendida como praxis motriz. Delaunay (1985) pone interesantes ejemplos de la especificidad de las acciones motrices. Comenta que una persona puede cabar una hoyo con una pala con muy diferentes pretensiones. Si lo hace para desarrollar su musculatura, entonces identificaremos praxis motrices. Si lo hace para plantar un árbol, entonces esta situación no necesariamente nos presenta acciones motrices, puesto que una pala mecánica podría haber hecho ese trabajo. Puede darse el caso que una misma secuencia descubra acciones de varios tipos. Una chica puede irse corriendo a su casa desde el trabajo con dos intenciones bien distintas: para llegar a tiempo al almuerzo y también para incrementar su capacidad aeróbica -praxis motriz(para “mantenerme en forma” diría ella). Para lograr el primer objetivo nuestra chica podría irse en coche o en guagua, pero si no fuese corriendo entonces no mejoraría las capacidades
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de su aparato cardio-respiratorio. En este momento cabe introducir otra precisión. La Praxiología motriz no es una parte de la Motricidad como disciplina científica, aunque también le afecte como saber (de igual modo que le afecta lo sociológico, económico, antropológico y psicológico). La Praxiología motriz no es una <<motricidad>>, es ante todo una teoría de la acción, es una <<Praxiología>>. Es una teoría que se ocupa de un tipo especial de acción denominada <<praxis motriz>> es, en definitiva, una <<Praxio-motricidad>>. La Praxiología motriz estudia aquellas acciones que muestran objetivos que se dirigen directamente hacia la motricidad de las personas. En los próximos puntos podremos deducir que, salvo ese particular, en especial no hay diferencias entre una praxis motriz y otro tipo de acciones. Las siguientes características que exponemos le afectan a la praxis motriz de igual forma que al resto de acciones. Por tanto, es el aspecto teleomotor de las acciones el que otorga especificidad a la Praxiología motriz.

5.1.2.- Agente-humano-persona-actor La existencia de una persona construyendo la praxis motriz es quizá la característica menos discutible. Las praxis motrices son nominales, son producidas por alguien o también por algunos (una praxis motriz compartida). Bayer (1986) y otros seguidores como Antón (1990) y Navarro Adelantado (1995a), y Olaso (1993a) y Lavega (1995a) entre otros, destacan a los jugadores como uno de los componentes esenciales de las situaciones de los juegos deportivos. Parlebas (1986) y Hernández Moreno (1987) destacan las relaciones positivas o negativas en la interacción entre los jugadores. P. Parlebas (1988a) indica que en el sistema praxiológico se constatan las interacciones entre la persona realizadora y su medio físico y social. Para J Mosterín (1987: 142) una acción consta, entre otras cosas, “... de un agente que tenía la intención de interferirse para conseguir que tal evento sucediese”. Ese es el human que busca un fin al producir su acción. Según Thibault (1973: 52-53) “... el principal -punto de vista- (es necesario repetirlo) es el de definir el personaje por su participación en una esfera de acciones...”, de modo que “... éste, a su vez, queda definido por esas acciones que constituyen el sentido amplio de “praxis””.

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Las personas no producen sus acciones de manera mecánica, tal como suceden los fenómenos de la naturaleza. Los actores son interpretadores, decisores y estrategas. Para Dennett (1992:93) “... tenemos la imagen del agente, del hacedor; el locus y la fuente de la acción y no de la mera reacción”, de modo que “... si somos meros conductos de causalidad, no podemos ser, al mismo tiempo, agentes”. No obstante, R. Boudon (1981: 35-36) entiende que si podemos encontrar relación causal alguna es precisamente en la acción a partir del comportamiento teleológico de actores autónomos, de su movimiento emprendido para realizar ciertos fines. Los agentes pueden ser individuales, tal como nos indica Abercrombie y otros (1986) que fue la postura de una inicial Teoría de la acción, o, también se pueden considerar individuos de acción a un grupo. En esta perspectiva (Lara, 1991: 41) “... se puede considerar como agente decisor el grupo humano que se asigna por tarea el tomar colectivamente una decisión, cualquiera que sea el modo de participación utilizado”1. El GEP (Castarlenas y otros, 1993b: 28) destaca que las relaciones de colaboración entre participantes en una situación implican “... acciones con la finalidad de conseguir una meta común”. Son precisamente las relaciones antagónicas o de solidaridad las que definen las interacciones que surgen con los participantes en las situaciones praxiomotrices denominadas “juegos deportivos”. Para Parlebas (1981), Hernández Moreno (1987), Bayer (1986) y el GEP (Castarlenas y otros, 1993b) los participantes son designados como “compañeros” si encontramos entre ellos una comunicación motriz positiva, una colaboración o de solidaridad, y “adversarios” si anotamos una contracomunicación motriz, una oposición, confrontación o rivalidad. Otra cuestión a destacar en el desarrollo de este punto es la asignación de la acción a alguien -o a varios-. Es decir, determinar que realmente la persona la ha realizado y no sólo proyectado el realizarla. Así Sánchez Vázquez (1973: 153-154) dice que “Agente es lo que obra, lo que actúa y no lo que está solamente en posibilidad
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Esta es una postura legitimada según un individualismo metodológico, que R. Boudon (1981) justifica en los análisis sociológicos según una teoría de la acción. Las redes de comunicaciones motrices negativas de P. Parlebas (1988a), que relacionan jugadores en rivalidad, pueden analizarse, tal como la teoría de juegos, considerando al grupo como un “superindividuo”.
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o disponibilidad de actuar u obrar. Su actividad no es potencial, sino actual. Se da efectivamente sin que pueda ser separada del acto o conjunto de actos que la constituyen”. En el mismo sentido, para G. Robles (1984: 55) se “... designa como jugador a quien participa en un determinado juego. Si no participa nunca, difícilmente podría ser un jugador...”. Un jugador (1984: 54) “Lo es porque juega, porque participa en una determinada acción. Es la acción la que determina la condición del jugador...”. Para J. Mosterín (1987: 142) hay dos características más en las acciones que se asocian al agente: su consciencia y su voluntad. Ambas características las retoman el GEP (Castarlenas y otros, 1993a) y Lagardera (1994a), siendo Serrano Sánchez y Navarro A. (1995) los encargados de aclararlas. El factor “motricidad” hace que las praxis motrices pertenezcan a una persona (“son personales e intransferibles”). Absolutamente nadie puede producir una praxis motriz por otra persona. Asimismo la misma persona no podrá repetir una praxis motriz en otro momento. Las praxis motrices son, entonces, irrepetibles y fugaces en relación al agente que las produjo, aunque, por otro lado, quizás perduren sus efectos o su registro. 5.1.3.- Sentido-significación-interpretación-comprensión

Si hay alguna noción asociada a la praxis motriz que más sorprende por su heterogéneo uso entre los praxiólogos, es precisamente el de “sentido” o “significación”. Prácticamente todos se refieren a su existencia en la acción motriz y/o en la situación en donde ella emerge. Algunos piensan que este sentido se deduce desde la observación externa. Otros insisten que la significación depende exclusivamente del sentido otorgado por el agente a la situación. También los hay que piensan que el sentido se descubre indistintamente en el actor o en la situación praxiomotriz estudiada, o que hay sentidos diferentes para cada caso. Por último, otros más no se pronuncian al respecto. Mayormente se utiliza <<sentido>> como sinónimo de <<significación>>, mientras que circunstancialmente quedan distinguidos en base a que <<significación>> es una de las
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maneras de “tomar sentido” cuando aparecen signos. En ciertos textos se entiende que sentido o significación son sinónimos a <<interpretación>> o <<comprensión>>. Veamos ampliadas algunas de estas y otras opiniones. Según Parlebas (1981: 257) “El sujeto actuante atribuye el sentido a ciertos elementos que extrae subjetivamente del contexto...”, de modo que (1981: 253) “... el sentido efectivamente es encontrado en el análisis mismo de la acción motriz”. En otros documento (Parlebas, 1986: 122) añade que cada conducta, cada situación es “... portadora de un sentido que el jugador debe anticipar, prepercibir, a veces provocar”. El mismo autor (Parlebas, 1985a) habla de un “sentido de los fenómenos”, tal que (Parlebas, 1988: 178) “El punto de vista praxeológico adoptado aquí, consiste en explotar los rasgos específicos de la acción motriz puesta en juego en el curso de las actividades ludodeportivas, y luego intentar captar su sentido”. Ya en situaciones específicas (Parlebas, 1986: 150) “El juego deportivo es un lugar formado por significaciones inmediatas que, al pie de la letra, toman “cuerpo”: cada comportamiento corporal es portador de un sentido que los demás participantes deben interpretar para actuar de manera oportuna”. Indica (Parlebas, 1986: 209) que “El medio físico de un lado, el medio humano de otra parte son eventualmente portadores de significaciones de acción...” y que (251) “La introducción de la significación, de lo simbólico y de la metacomunicación impone el recurso a un concepto susceptible de rendir cuentas: el concepto de conducta motriz”. Para F. Lagardera (1993a: 15) “Lo que caracteriza la acción es su contenido significativo desde su realidad práxica...”, de forma que es “... su carga significativa lo que determinará el sentido de la acción...”. Intentando acercarse a una especificidad de la acción propia de las situaciones praxiomotrices, el GEP y Lagardera (1994c) acuñan y utilizan el concepto <<significación práxica>>. Para Castarlenas y otros (1993a: 23) “Por significación práxica entendemos el contenido aprehensible sintáctica, semántica y pragmáticamente considerado, que es posible percibir en unos casos o inferir en otros, a partir de la expresión o ejecución de toda acción en relación al contexto en el que esa acción tiene lugar y que anuncia, determina
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o hace entrever toda una secuencia o grupo de secuencias práxicas, que hacen perfectamente comprensible la acción en el marco de la situación dada”. Según el GEP (Castarlenas y otros, 1993a: 23) “El contexto o situación práxica supone toda una gama de secuencias lógicas de acciones que determinan la comprensión de todo un proceso práxico acabado en sí mismo”. Para M. Delaunay (1985) la acción motriz es “portadora de significado”. Para B. During (1989: 23) en el concepto <<conducta motriz>> la motricidad “... elige un punto de vista, una pertinencia que supone no retener más que una parte de la actividad del sujeto, aquella cuyo sentido es motor”. Bayer (1986: 62) señala por otro lado que “... cada jugador desarrollará su acción en el campo de juego, con una intención (y el significado que va unido a ella) que modificará la situación presente y motivará por parte de los demás jugadores (con la finalidad de conservar el equilibrio del sistema) unas intenciones que se articularán entres sí”. Todos estos variados usos son el reflejo de la diversidad de perspectivas que también aparecen en Teoría de la acción, para la que, no obstante, trataremos de presentar una imagen organizada. Para J. Mosterín (1987) interpretar una acción es encontrarle su sentido. En el caso de que no se le encuentre un sentido, entonces no podremos descubrir acciones. He ahí la necesidad del sentido en la acción, pues es consustancial a su existencia. Utilizado como equivalentes <<sentido>> y <<significado>>, para Sánchez Vázquez (1973: 19) “Las cosas no sólo son conocidas en sí, al margen de toda actividad humana punto de vista del realismo ingenuo- sino que también significan por sí mismas; es decir, ignora que por el hecho de significar, de tener una significación práctica, los actos y objetos prácticos sólo existen por el hombre y para él”. Por otro lado, ante interpretaciones divergentes, hay sentidos diferentes, y podría hablarse de acciones distintas (Mosterín, 1987). Con estas premisas, el asunto queda enfocado ahora a determinar de dónde obtiene el agente el sentido de la acción.
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El punto de partida de T. Parsons (Abercrombie y otros, 1986: 179) “... es la teoría de la acción social, cuyo rasgo esencial es la relación entre los actores y los elementos de su entorno, social y natural, al que dan sentido”. Su fundamento se encuentra en Weber, para quien (García Selgas, 1994: 494) “... la acción queda comprendida y a veces explicada cuando captamos el sentido pretendido por el agente (la intención) y lo situamos en el complejo contexto de significado práctico en que se desarrolla”. Entonces, adosados al sentido de la acción hay dos elementos: intencionalidad y contexto o entorno. Durkheim (Boudon, 1981: 223) también pensaba que “... la acción del individuo no tiene significación sino con respecto a un entorno...” J. Mosterín (1987: 182) cree que “Una acción concreta puede tener diversos sentidos parciales”, uno de los cuales es el fin que el agente persigue. Es decir, la acción no tiene fines. Lo que tienen las acciones son los sentidos que a ella se le otorgan (los fines los tienen los agentes). Según este filósofo (1987: 183) los diversos sentidos parciales pueden ser los siguientes: sentido final o de fin; sentido de obtención de un resultado; sentido instrumental o de medio; sentido de componente de algo más complejo; sentido contributivo, que contribuye a algo. Para Mosterín (1987: 195) “Todas las acciones tienen sentido, aunque muchas no tengan significado”. El significado (resultado de la interpretación de una acción) es una parte del sentido de una acción (cuando el sentido es un signo). Parece que el panorama se nos va aclarando algo más. Del mismo modo se expresa García Selgas (1994: 494), para quien <<sentido>> se emplea de dos maneras asociadas a una acción: como entidad semántica (significado, capacidad de representación, carácter simbólico) y como entidad del deseo o intencionalidad (orientación, dirección de marcha, relación a un fin apuntado)2. Por último, en las acciones de los agentes, R. Boudon (1981) encuentra dos formas de
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En referencia a esta segunda forma de tomar sentido, García Selgas (1994) descubre que el trasfondo del sentido de las acciones se encuentra en el “hábitus” de Bourdieu (1991) o modus operandi, y la “encarnación” o ámbito mediacional entre lo natural y lo cultural que la persona posee y utiliza.
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interpretación más: la funcional, osea, de las acciones dependientes de papeles (sistema de normas de acción e interacción o sistema funcional) y las de las acciones que son simplemente interacciones (en un sistema que no implican normas o sistema de interdependencia). Resumamos lo expuesto hasta aquí. Una praxis motriz no es tal hasta que no contiene un sentido. Los sentidos pueden ser variados. El participante en la situación puede dar sentido a lo que se le presenta en el entorno cuando él u otros actúan. Este primer sentido corresponderá a la contextualización del comportamiento motor. Otra manera en que el agente puede encontrar sentido es por la simple relación práxica con los otros, es decir, en interacción motriz (“esencial” añadiría Parlebas, 1981). La tercera posibilidad de encontrar sentido es por asociación de la praxis motriz a un papel, a un rol o subrol (sociomotor puntualizaría Parlebas, 1981). Una cuarta opción será la significación (al estilo del gesto-signo de Irlinger o el praxema de P. Parlebas). Estas cuatro alternativas son precisamente las recogidas por P. Parlebas (1981) en su modelo metodológico de los univesales del juego deportivo. Con J. Mosterín (1987) vimos una quinta alternativa, en la que el agente encuentra el sentido a la praxis motriz: es por el fin o intencionalidad que el mismo agente persigue en la situación praxiomotriz. Para R. Boudon (1981) todavía se encuentra una sexta alternativa, y es la del sentido debido al entorno en donde la acción se enmarca, que es el contexto específico en el que se pretende el fin perseguido.

5.1.4.- Entorno-medio Ya lo acabamos de ver: el entorno es una fuente de sentido para el productor de la praxis motriz y también el momento-lugar en el que se produce la acción. Para Bronfenbrenner (1987: 64) “Una actividad molar es una conducta progresiva que posee un momento propio, y que tiene un significado o una intención para los que participan en el entorno”, y (1987: 41) “Un entorno es un lugar en el que las personas pueden interactuar cara a cara fácilmente...”. Sólo en ese espacio-tiempo real se dará una praxis motriz. No hay muchos desacuerdos sobre la noción de <<entorno>>3, ni casi en los tipos de
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Es quizá Luhmann (1983) el que más se aparta del uso habitual
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entornos. T. Parsons (Abercrombie y otros, 1986: 79) habla de dos entornos: el natural y el social. Parlebas (1988a) encuentra en ellos los dos rasgos distintivos principales de la acción motriz: las relaciones del agente con su medio físico y las relaciones con los otros (el entorno social). Lagardera (1994c) también defiende como parte del campo de la Praxiología motriz a las acciones dirigidas hacia el interior de las personas, o, en otras palabras, praxis motrices en los límites del entorno corporal. Para Menaut (Hernández Moreno, 1994a) estos tres serían los criterios básicos para el análisis de las actividades físicas. Con esa idea, Hernández Moreno (1994a: 82-83) habla de tres modelos de análisis de las actividades físicas: “La adaptación del hombre al esfuerzo físico y la toma de conciencia de su propio cuerpo”, “La adaptación al espacio y sus variaciones” y “La consideración del movimiento en cuanto hecho social o comportamiento del hombre con relación al mundo de los demás”. Por tanto ya podemos identificar los tres entornos en los que, conjunta o separadamente (dentro de cierta lógica organizativa), surgen las praxis motrices. Sea el medio que sea (humano, físico o únicamente corporal), el entorno es portador de información, cuyos datos hay que interpretar y sobre ellos decidir en vistas a una próxima realización (a una construcción de praxis motrices). Esta posición ecopráxica es explicada por Bandura (1987: 227-228): “Cuando las variaciones de determinadas señales situacionales, simbólicas y sociales se asocian de forma regular con distintos resultados de respuesta, estas señales se convierten en activadores de directrices de comportamiento. Por tanto el individuo presta gran atención a aquellos aspectos de su entorno que predicen los resultados, pero ignora aquellos otros que carecen de tal propiedad. La capacidad para regular los propios actos de acuerdo con los predictores de las consecuencias de la respuesta, proporciona el mecanismo necesario para la conducta previsora”. entre los teóricos de la acción. Para este autor <<entorno>> es justo lo que queda fuera del sistema en su progresiva delimitación. <<Entorno>> es utilizado aquí en el sentido de <<contexto>> que rodea al sistema de las acciones.
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Donde comienzan las disensiones en esta perspectiva son en los planteamientos metodológicos de los estudios, entre otras cosas porque los teóricos de la acción incluyen elementos diferentes en el entorno o porque los límites que les imponen tampoco son los mismos. Para el seguidor de la tendencia etogénica R. Harré (1982: 157) “... no hay unanimidad entre los psicólogos respecto a cómo se han de interpretar los entornos con respecto a las acciones humanas que suceden en ellos”. Por último, y hablando de cuestiones terminológicas un sinónimo de <<entorno>> suele ser <<medio>>. Para T. Romañá (1994: 19-20) “Medio es un término que se usa de manera semejante al término ambiente, para señalar como aquél conjunto de circunstancias que rodean a alguien”; pero “De unos años a esta parte en ciencias sociales viene utilizándose con bastante frecuencia el término entorno...”. Según esta autora (1994: 20) “En el diccionario, entorno significa contorno, perímetro. Claramente denota la existencia de unos límites, cierta clausura...”, y además “... connota mayor número de referentes empíricos: “el entorno” es físico o construido, social, cultural, etc.”.

5.1.5.- Realización-producción-construcción-ejecución-manifestación-acontecimiento-suceso -evento-resultado-efecto Para J. Mosterín (1987: 142) una acción consta necesariamente de “... un evento que sucede gracias a la interferencia de un agente y de un agente que tenía la intención de interferirse para conseguir que tal evento sucediese”. Para Wittgenstein (Arregui, 1984: 237) “Lo que sucede es el acontecimiento; el acontecimiento es lo hecho por la acción”. Es decir (1984:236) que “Una acción suele provocar, o puede provocar, un cambio en el mundo físico, pero la acción y el cambio no se identifican”, puesto que acción es más que eso (1994: 237-238): “Yo no tengo que esperar que mi brazo se levante. Puedo levantarlo. Aquí estoy haciendo un contraste entre el movimiento de mi brazo y, digamos, el hecho de que el violento latido de mi corazón se detenga...”. Pero ¿cuáles son las características del evento (acontecimiento o suceso)? Según J. Mosterín (Anscombe, 1991: 15) “Las acciones no se ven, lo que se ven son los eventos, y muchas veces no sabemos si un evento es una acción o no. Que un evento sea una acción es una interpretación de ese evento...”. Un evento sucede (Mosterín, 1987: 144-145) cuando “... se da un cambio de estado (dentro de una misma dimensión) en un sistema”, de modo que “...
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hay algunos eventos que no responden al normal decurso de un sistema, sino a la interferencia voluntaria de un human”. La existencia de un acontecimiento en base a la realización de una persona es necesaria para decir que hemos identificado una praxis motriz. Si no hay un suceso producido por el agente, entonces no hay praxis motriz. Según Sánchez Vázquez (1973: 4546) “Sin esta acción real, objetiva, sobre una realidad que existe independientemente del sujeto práctico, no puede hablarse propiamente de praxis como actividad material consciente y objetivante; ...”. Vamos a entender la “realidad” en sentido amplio, como la intervención de la persona en distintos entornos: el social, el ambiental o el puramente corporal. En términos de P. Parlebas (1981) lo que sucede es un cambio de condiciones en la situación praxiomotriz, es decir, lo que ha aparecido es un comportamiento motor. Este fenómeno lo define como (1981: 26) “Conjunto de manifestaciones motrices observables en un individuo en movimiento. El comportamiento motor se define por lo que se percibe desde el exterior”. Respecto al comportamiento motor haría falta introducir dos aclaraciones: - La primera es que, si realmente hay alguien que percibe las manifestaciones motrices es, antes que nadie, el propio agente, el cual interpreta los “datos” de la situación praxiomotriz. Recordemos que Parlebas (1981: 220) define <<situación motriz>> como “Conjunto de datos objetivos y subjetivos que caracterizan la acción motriz de una o varias personas que en un medio físico determinado desarrollan o realizan una tarea motriz”. - La segunda es que esas manifestaciones se exteriorizan, sí, pero pueden quedarse entre los límites de la propia corporalidad (como sucede en una práctica de relajación), de modo que un observador externo no siempre puede percibir movimiento alguno (no coincide su percepción con la del agente). Para Habermas (1989b: 234) las “... acciones tienen una cosa en común: consiguen un efecto (generan un objeto, cambian un estado, producen un rendimiento, etc.). Para las acciones concretas es esencial el efecto que se pretende con ellas”. Que la persona tenga intenciones dirigidas a producir cambios de estados y actúe en consecuencia, no significa que ese deseo se traduzca luego a los resultados previstos. Según Luhmann (1993: 141)
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“En todo caso, la praxis debe distinguirse de la mera producción de efectos. Por tanto, el concepto encuentra siempre su uso apropiado cuando alguien ha de actuar sin saber, y a menudo también sin poder saber, qué efecto produce con su acción”. La explicación la da G. Robles (1984), para quien entre las fases de la acción lo primordial es el proceso hacia la búsqueda de esos efectos. Señala que (1984: 77) “... básicamente una acción es la utilización de un procedimiento y no la consecución de un resultado. Lo que ocurre es que normalmente la acción produce un resultado...” y “... cuando una acción ha concluido ya no hay acción, sino el resultado de la acción”.

5.2.- CONCEPTOS ASOCIADOS Y DERIVADOS Hemos visto que mientras caracterizábamos a la <<praxis motriz>> surgían otros términos no necesarios para su definición. Entiéndase esa necesidad como descriptiva, no ontológica. Las características que comentamos a continuación pueden formar parte, a veces de modo imprescindible, para la identificación de una praxis motriz. Pero esas no serán necesarias para describir a una praxis motriz. Con las que hemos expuesto en el punto previo ya son suficientes. Las citadas características -que son imprescindibles para la especificación de una praxis motriz- ya conllevan o deducen muchas de las que introducimos ahora. Por eso Arregui (1984: 235) entiende que “Con la noción de acción se entrelazan otra serie de nociones, como la voluntariedad, intencionalidad, motivos, causas, deseos, etc. Todas estas nociones forman una red conceptual. No es posible comprenderlas por separado, puesto que cada una remite a las demás, de modo que más que de significación de cada una de ellas habría que hablar de intersignificación”.

5.2.1.- Intención-deseo Ya vimos con Mosterín (1987), Bronfenbrenner (1987) o García Selgas (1994) que el
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deseo del agente encaminado hacia un estado de cosas es el desencadenante de una acción. Una praxis motriz es siempre intencionada, dirigida, provocada. Esta concepción es la adoptada por el GEP (Castarlenas y otros, 1993a) para distinguir el tipo de acciones humanas que son de nuestro interés. Para Sánchez Vázquez (1973: 155) “... para que pueda hablarse de actividad humana basta que se plantee en ella un resultado ideal, o fin a cumplir, como punto de partida, y una intención de adecuación, independientemente de cómo se plasme...”

5.2.2.- Conocimiento-racional En la producción praxiomotriz siempre aparecerá algún tipo de conocimiento: sobre los datos percibidos de la situación, sobre los procedimientos para resolverla, sobre las decisiones que el participante toma en la situación, sobre el proceso de adopción de tales decisiones, sobre los posibles resultados, sobre los resultados finales, ... Ello no quiere decir que el agente conozca todo ello, sólo sabe que hay una producción y que en algún momento participa de un proceso reflexivo -como dirían los miembros del GEP (Castarlenas y otros, 1993a)- o “teórico” -en términos de Sánchez Vázquez (1973)-. Para este último autor (1973: 197) la práctica “... no existe sin un mínimo de ingredientes teóricos, a saber: a) un conocimiento de la realidad que es objeto de transformación; un conocimiento de los medios, y del uso de ellos -de la técnica exigida por cada práctica-, con que se lleva a cabo dicha transformación; un conocimiento de la práctica acumulada...” Para Merani (1975) los procesos de decisión sobre la acción son procesos “gnosicopráxicos”. Según este autor (1975: 60) “Adaptaciones repetidas llevan al establecimiento de una ley de la constancia: para tales acciones tales resultados. La acción deja de ser entonces práxica para adquirir la categoría de proceso intelectual: el trabajo tiende a realizar fines predeterminados. La sistematización y generalización de esos fines constituyen el basamento del saber, en el más primario y amplio concepto del conocer”.
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A pesar de conocer algo sobre lo que está implicado en ella, no podemos decir que toda praxis motriz sea racional. Una conducta será racional si (Mosterín, 1987: 57) se ha aplicado un método pragmático y consciente tal que conduzca a la maximización de los fines del agente (en nuestro caso “fines motores”). De todas maneras, según el entender de Mahlo (1985), al comentar sobre los distintos “grados” tácticos de la acción de juego, eso no será siempre posible. Para Sánchez Vázquez (1973: 193) “Sin la comprensión de ella, la práctica tiene su racionalidad, pero esta permanece oculta. Es decir, su racionalidad no se trasparenta directamente, sino sólo a quienes tienen ojos para ella”.

5.2.3.- Consciencia-conciencia En la realización de las praxis motrices siempre tenemos consciencia de que algo se realiza, de que algo sucede durante y a consecuencia de ella. Se está en estado de vigilia, pero es imposible ser consciente de todo el proceso. Como bien señalan Serrano Sánchez y Navarro Adelantado (1995), comentando la noción de “consciencia” aplicada a la “acción” que presentan el GEP (Castarlenas y otros, 1993a), hay praxis motrices o fases de ella que son “más” conscientes que otras. Para Laín Entralgo (1989: 306) la consciencia es “... una cualidad de los actos psicoorgánicos que por su índole o por su intensidad se hacen “conscientes”, y que la adquisición de esa cualidad requiere como condición previa la actualidad del estado psicoorgánico que llamamos vigilia”. P. Navarro (1994: 125-126) va más allá y diferencia la “consciencia” de la “conciencia”. La “conciencia” es un tipo especial de consciencia (vigilia), tal que supone una implicación del agente en una situación. En este sentido, un hacer praxiomotor (o no hacerlo, que es otra forma de praxis motriz) es siempre en algún momento conciente. Siguiendo a Sánchez Vázquez (1973), esta implicación del agente llega a ser tal que podemos descubrir una metaconciencia en las praxis motrices. Para este autor (1973: 21-22) el hombre “Es consciente del carácter consciente de sus actos prácticos; es decir, sabe que su actividad práctica no es puramente mecánica o instintiva, sino que exige cierta
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intervención de su conciencia...”.

5.2.4.- Libertad de elección Una praxis motriz será esa o será otra en función de lo elegido. Al igual que el conocimiento y la consciencia, no todo lo que implica la praxis motriz puede elegirse. Sin embargo, en toda praxis motriz hay algún aspecto u otro que de posibilidad de seleccionar entre alternativas. Un jugador, eligiendo determinadas cuestiones, habrá realizado una praxis motriz diferente de otra, si implica elecciones distintas. En última instancia, una forma de elección en situación es decidir no actuar, con lo que es una manera especial de praxis motriz. Para Dennett (1991: 34) “La decisión de adoptar la actitud intencional es libre, pero los hechos acerca del éxito o del fracaso de la actitud, son perfectamente objetivos”. Con <<libertad de elección>> no nos queremos referir necesariamente a que el agente se “sienta libre” en la situación praxiomotriz en la interviene.

5.2.5.- Voluntad La voluntariedad es otro de los criterios adoptados por el GEP (Castarlenas y otros, 1993a) para especificar las acciones que nos interesan. Efectivamente toda praxis motriz es voluntaria, porque un agente decide efectuarla. Pero tampoco todos los aspectos son voluntarios. Por ejemplo hay resultados que definen una praxis motriz que no son buscados. Habermas (1989b: 234) nos aclara las diferencias. Concretamente las acciones. “Se distinguen de los movimientos involuntarios (como dormir, roncar, digerir, respirar, palidecer), así como de los movimientos que no son asociados por el agente, sino que muestran que le ha pasado algo (como resbalar, tropezar, caerle a uno una teja, caer del caballo, salirse de quicio, etc.).” El simple hecho de asumir una de las varias alternativas ya señala una voluntad de producir un tipo concreto de praxis. Según Geymonat (1991: 33)
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“Para poder hablar de libertad de un individuo, es necesario que éste se encuentre frente a un estado de cosas, a partir del cual pudiera asumir iniciativas diferentes; pero de hecho asume una de ellas por propia voluntad”.

5.2.6.- Motivación Para J. Mosterín (1987) un sujeto puede estar más o menos motivado o tener ganas de hacer algo. Entendida como <<intencionalidad>>, <<fin>> o deseo de lograr un estado de cosas, toda praxis motriz contiene una motivación.

5.2.7.- Comunicación-transmisión-social Una praxis motriz en un entorno humano (medio social) es necesariamente comunicable. Los otros agentes interpretarán algún aspecto del estado o evento resultante de la realización de una persona. Y tras tomar el sentido de la praxis del otro, esta influirá de algún modo en las siguientes praxis. Ese es la idea que ha querido reflejar P. Parlebas (1981) con los conceptos <<interacción motriz esencial>>, <<comunicación motriz>> y <<contracomunicación motriz>>, que únicamente se deducen en las situaciones praxiosociales. En esa misma línea Habermas (1989b: 493) dice que “Si entendemos la acción como dominio de situaciones, entonces el concepto de acción comunicativa destaca sobre todo dos aspectos en tal dominio de la situación: el aspecto teleológico de ejecución de un plan de acción y el aspecto comunicativo de interpretación de la situación y obtención de un acuerdo”.

Por otro lado, en una situación “psicopráxica” pero competitiva (Castarlenas y otros, 1993b) que es una situación social, puede existir alguna forma de comunicación (indirecta) sobre los otros participantes en la competición, cuando un agente ya ha construido sus praxis motrices.
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P. Parlebas (1981) nos predispone a distinguir las otras posibles influencias sobre las praxis motrices de los demás en el gran contexto social, con el concepto interacción motriz inesencial. No obstante, para el sociólogo cualquier praxis motriz realizada o no en aislamiento -“psicomotriz”- es además una <<acción social>>, por el mero hecho de que cada agente construye sus acciones en el seno de una sociedad o grupo que le ampara.

5.2.8.- Causa-motivo Como indicó J. Mosterín (1987), todas las acciones provocan un evento, aunque no todo evento es resultado de acciones. También defiende que toda acción se desencadena dirigiéndose hacia un fin, que es consecuencia de una intención de lograr un estado de cosas. Estas son formas de causación, pero científicamente no lograremos nunca explicar totalmente una praxis motriz según relaciones mecánicas de causa-efecto, tal como lo pretende el modelo metodológico clásico de las ciencias naturales. Ya vimos con Dennett (1992:93) que en nuestras acciones no somos “meros conductos de causalidad”, pues en tal caso no seríamos agentes con capacidad intencional o interpretativa. Por ello, si nos preguntamos sobre el motivo de una praxis motriz o de una situación praxiomotriz, sólo podremos encontrar relaciones débiles de causalidad. Esto es lo que se refleja en la afirmación de Sánchez Vázquez (1973: 155): “... la actividad teleológica lleva implícita una exigencia de realización, en virtud de la cual se tiende a hacer del fin una causa de la acción real”. “Y, en este sentido, es causa de acción y determina -como porvenir- nuestros actos presentes”. Searle (1992: 107) encuentra dos tipos de intenciones, y por ello una cadena causal: “Por la transitividad de la causación intencional, la intención previa representa y causa la acción entera, pero la intención en la acción presenta y causa solamente el movimiento corporal”. Este sería el gráfico resultante de la propuesta de Searle (1992):

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ACCIÓN / causa INTENCIÓN PREVIA / causa MOVIMIENTO CORPORAL

INTENCIÓN EN LA ACCIÓN

Gráfico 4.- Relación entre causas e intención en una acción.

5.2.9.- Cuerpo-movimiento-motricidad Para Lagardera (1994c) toda acción conlleva motricidad, que (Castarlenas y otros, 1993a) podrá ser o no perceptible desde el exterior al realizador de la acción. Para Laín Entralgo (1989: 309) “Ejecutar una acción es dar actualidad a ciertos esquemas psicoorgánicos de carácter operativo que se han ido constituyendo en el cuerpo a lo largo de la vida.... y, en definitiva, actuar sobre uno mismo y sobre el mundo. En el caso de los movimientos que exigen actividad muscular... nada más evidente. No tan evidente es este aserto, pero no menos cierto, a mi juicio, en el caso que no llevan movimiento corporal exteriormente visible...”. Toda acción conlleva una parte ejecutiva (Habermas, J., 1989b: 234), con cuyos “... movimientos el agente interviene literalmente en el mundo”, por ejemplo el movimiento del dedo que aprieta el gatillo para disparar. Inherente a la acción, ya vimos que siempre resulta una acción-con-motricidad. Contenga un mayor o menor grado de significación motriz (Navarro Adelantado, 1995a) como participación de la corporalidad y de la motricidad, la praxis motriz, como acción que es, adquiere un sentido o significado con su manifestación. Laín Entralgo (1989: 304) bien supone que “En la conducta de ese cuerpo -en sus acciones, en sus palabras- veo, por
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otra parte, algo únicamente perceptible en la actividad de los cuerpos humanos: la reducción de los datos ofrecidos por la percepción sensorial a la condición de signos simbólicos...”. Sin embargo, hay que ser cautos en la asignación del sentido a una acción a partir de su motricidad, puesto que, tal como lo entiende Wittgenstein (J. V. Arregui, 1984:234) “... el sentido no es algo que se añade a los movimientos físicos convirtiéndolos en acción. La acción no es la suma de un movimiento físico y un acto mental, del mismo modo que el hombre no es una conciencia que anida una máquina”. La praxis motriz tiene algo de paradójico. Por un lado siempre implica a una motricidad y una corporalidad, como toda acción. Pero además el sentido y significación se encuentran en esa motricidad, que se convierte en su guía. Para B. During (1989) el sentido de las conductas motrices se encuentra en la motricidad, de ahí su apelativo específico que las diferencia de otras conductas. Es decir, la intencionalidad, finalidad y objetivo de la praxis motriz reside precisamente en buscar la participación motriz de la persona. Entonces, aparte de accióncon-motricidad, la praxis motriz es acción-hacia-la motricidad. No obstante, en función de los límites que marca cada entorno en el que la persona interviene, el sentido de la praxis motriz cambia. Una motricidad limitada al entorno corporal (Yoga, microgimnasia) se interpreta de manera diferente a cuando el agente actúa en el mundo de los objetos -entorno ambiental- (atletismo, escalada). A su vez las anteriores formas de praxis motriz adquieren una significación distinta de cuando la persona participa junto con otros -entorno social- (rítmica por equipos, K-4).

5.2.10.- Reglas-normas-acuerdos-regularidades Una acción no se realiza partiendo en blanco. En nuestra intervención mundana las acciones se conducen con ayuda de un mínimo bagaje adquirido con anterioridad. La transferencia a otras situaciones hace que la praxis motriz adopte una cierta rutinización. Este factor explicaría cuestiones como la “técnica” o los “modelos de ejecución” demostrados
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como eficaces. Las praxis motrices se vuelven, entonces, regulares. En el caso extremo hacia la estabilidad de la acción, algunas de las rutinas se institucionalizan. Este proceso es descrito por Berger y Luckmann (1969), y, más recientemente y de forma revisada, por T. Luckmann (1996). He ahí que de una propuesta espontánea de juego, de acuerdos entre personas para actuar (Parlebas, 1985a), se desemboque en deportes mundialmente conocidos y practicados. Ese ha sido el caso del baloncesto o el voleibol. Los deportes, los juegos y bailes tradicionales, y otras prácticas físicas con reglamento, contienen reglas y normas precisas que describen las características de formas de praxis motrices concretas o los límites de variación en la producción de algunas praxis motrices. Hay que diferenciar las regularidades de construcción de las praxis motrices, de las capacidades psicofisiológicas de la persona, que no las entenderemos como reglas de acción. Es lo que nos expresa Habermas, (1989b: 235): “Las reglas (ancladas en el sistema nervioso central) conforme a las que el sujeto agente coordina sus movimientos corporales, y las reglas (que determinan su competencia) conforme a las que, al actuar, hace operaciones (mentales), no son reglas de acción. Constituyen algo así como una infraestructura de la acción, pues organizan a) el sustrato en que se ejecutan las acciones y b) las competencias cognitivas en sentido lato, sobre las que se apoyan las acciones”.

5.2.11.- Conceptos derivados La praxis motriz contiene un proceso interno, que son las fases por las que pasa. Una <<reacción>> es una praxis motriz en dependencia de algún factor previo. Una <<retroacción>> es una interpretación (toma de sentido) en la presente praxis respecto de una praxis motriz realizada con anterioridad. En un proceso externo, y dentro de la simultaneidad de acciones, se conforma un encadenamiento para un conjunto de praxis motrices. Esta es una de las ideas que se
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desprende de la noción “significación práxica” del GEP (Castarlenas y otros, 1993a). De esa secuencia surge el término <<preacción>> (Parlebas, 1985a), que es la acción anticipada a otra praxis motriz. <<Preacción>> se suele utilizar como referido a la praxis motriz antecedente de otra de otro participante, normalmente asignada a un jugador contrario (amagar en deportes de equipo), pero que también puede aplicarse a una anticipación de un compañero (una ayuda en una acrobacia peligrosa) o incluso una anticipación a una praxis motriz de uno mismo (virar la tabla de surf antes de tomar la dirección de la ola). La praxis motriz es también una manera de relación con los otros. <<Interacción>> motriz y <<co-acción>> los utiliza Parlebas (1981) como aquella acción motriz que supone intercambio con el otro (informacional o instrumental) e influencia mutua. Véase que <<coacción>> también toma el sentido de un “encorsetamiento”. Las reglas que dirigen ciertas situaciones motrices o las limitadas opciones que permiten ciertas condiciones (por ejemplo la única alternativa de caminar por el sendero del barranco), son coactivas respecto de la realización de praxis motrices. La praxis motriz forma parte de una acción global, que puede responde a la persona completa y a un contexto amplio (P. Navarro, 1994), superando los límites de lo meramente situacional. Dicha idea es lo que se desea expresar con el concepto <<transacción>>. Este término es utilizado por Delaunay (1980) (<<transacción motriz>>, <<conducta transaccional>> o <<transacción sociomotriz>>) y por M. Castañer (1992).

5.3.- LA DEFINICIÓN DE “PRAXIS MOTRIZ” En el primer apartado del capítulo vimos la necesidad de redefinir el objeto de estudio de la Praxiología motriz, en base al intento de cubrir las expectativas disciplinares de los praxiólogos, una vez repasadas sus aportaciones. Por otro lado, se procuraba evitar una dependencia conceptual de <<conducta motriz>>. La nueva definición debería abarcar, sin embargo, este concepto y también la noción de “acción motriz” de P. Parlebas (1981), además de las pretensiones de los posteriores desarrollos a ese autor. Por el estado precientífico de la Praxiología motriz, donde se mostró que el perfil
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disciplinar estaba todavía desdibujado (capítulo 3), para la redefinición del objeto de estudio pensamos en la conveniencia de que mantuviese ciertas condiciones formales: - Que identificase a la totalidad del campo de estudio. - Que fuese definida por comprensión. - Que la definición fuese operativa, que indujese a investigar cuestiones concretas. - Que abarcase los distintos aspectos que presenta cualquier acción, pero destacando los específicos de nuestro objeto. Para establecer las características descriptoras del objeto de estudio partimos de la Teoría de la acción. Expusimos qué cuestiones eran comunes a todo tipo de acción, para luego identificar cuál era la específica de la praxis motriz, que la distinguía del resto de las formas acción. Esta concreción identifica también la especificidad de la Praxiología motriz, de sus investigaciones, porque este área de conocimiento se genera a partir de la originalidad de su objeto de estudio. No obstante esta especificidad, el reconocimiento de los límites de lo que es exclusivo en la Praxiología motriz, y que no es tratado por otras disciplinas, quedará postergado hasta la propuesta de un criterio de pertinencia aplicado al objeto. También optamos por otorgarle el término <<praxis motriz>> al objeto de estudio de la Praxiología motriz en vez del de <<acción motriz>>. La ventaja de este término es que ya es empleado por P. Parlebas (1981: 177) y por P. Irlinger (1974), y además evita los diversos usos divergentes que proceden, tanto de otras ciencias, como de la propia Praxiología motriz. Por otro lado (Ferrater, 1980: 39) “El vocablo “acción” es un buen ejemplo de ese tipo de vocablos con tantos y tan diversos sentidos que es poco recomendable usarlos fuera de contexto o sin especificar su empleo”. Con todos los requisitos expuestos, definiremos <<PRAXIS MOTRIZ>> como aquella “manifestación de la persona que toma sentido en una estructura de datos surgida con la realización de objetivos motores, en función de las condiciones del entorno”.
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Es esta una definición completa (reúne directa o indirectamente todas las características del hecho que nos interesa destacar) pero algo extensa. Sin embargo, la definición contiene en sí misma varios conceptos, que, posteriormente, podría ser interesante extraerlos, siguiendo un criterio de elegancia y de simplicidad conceptual. La definición quedaría entonces más corta. Según la definición, las praxis motrices se deducen de su contexto, y más propiamente de su situación praxiomotriz como contexto específico. Las praxis motrices se identifican precisamente por los fines internos de carácter motor, y según ciertas condiciones del entorno. Objetivos motores como desplazar objetos en el espacio, hacer aumentar o disminuir voluntariamente la frecuencia cardiaca, impedir el paso de alguien hacia cierta zona del terreno o construir una torre humana, son algunos de los ejemplos, que, bajo ciertas condiciones, inducen a que el agente produzca praxis motrices. La producción de praxis motrices conforma situaciones praxiomotrices. Los datos que se le presentan al participante, se desprenden en esa situación sólo cuando él intervine, con o sin otros iguales. Para que sea viable esa participación, los datos quedan estructurados a partir de la interpretación que de ellos efectúa todo participante. Cada forma de interpretar conlleva una toma de sentido diferente de la situación. Si los sentidos dados por los agentes pueden ser diversos, en una situación se descubren varias estructuras. Algunas de esas estructuras incluso pueden ser registradas con antelación, como en el caso del reglamento de un juego deportivo o los pasos y figuras de un baile tradicional. Si se dispone de estructuras previas (por ejemplo, el reglamento de juego), el agente está en la situación (está jugando) únicamente cuando es capaz de asumirlas.

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MANIFESTACIÓN

PERSONA

OBJETIVOS MOTORES

PRAXIS MOTRIZ

ESTRUCTURA DE DATOS

SENTIDO

CONDICIONES DEL ENTORNO

Gráfico 5.- Características de la praxis motriz. El conjunto de situaciones praxiomotrices, aquellas en donde emergen las praxis motrices, es el campo de estudio exclusivo de la Praxiología motriz. Labor esencial de un praxiólogo será, entonces, la de poner en evidencia esas estructuras de sentido propias de cada situación en donde emerge la praxis motriz. La definición que hemos propuesto para <<praxis motriz>> no es extensiva (un conjunto definido según una suma de “manifestaciones con sentido” de la persona) sino comprensiva. Una parte del campo de estudio de la Praxiología motriz queda compuesto por el conjunto de situaciones -praxiomotrices- que contienen todas ellas un rasgo común peculiar, como es el tipo de objetivos internos a lograr. En otras palabras, si como investigadores descubrimos en una situación que podemos aislar objetivos de carácter motor a partir de las realizaciones de las personas, entonces podremos decir que eso nos pertenece,
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que eso es susceptible de ser estudiado por la Praxiología motriz. Este será nuestro carnet de identidad en el seno de la comunidad científica. En otro orden de cosas, recordemos que (Sánchez Vázquez, 1973: 13) se usa el término <<praxis>> “... para designar la acción propiamente dicha” y que (Mosterín, 1987: 176) “... la acción es una entidad teórica formada por el hecho espacio-temporal observable y una intención inobservable”. En una praxis motriz la intención específica es el perseguir un fin de carácter motor. Siguiendo a Sánchez Vázquez (1973: 13) “Praxis, en griego antiguo, significa acción de llevar a cabo algo, pero una acción que tiene fin en sí misma, y que no crea o produce un objeto ajeno al agente o a su actividad”. Además toda acción conlleva un sentido interno desde una interpretación (García Selgas, 1994), que el agente utiliza como orientación o como significado, y que el praxiólogo -estudioso de la acción- tratará de identificar. Toda acción considera ineludiblemente el contexto real que el agente construye (P. Navarro, 1994: 175) y sus posibilidades de modificarlo. Por último, la elección de las palabras de la definición de praxis motriz ha sido cuidadosa. Hemos dispuesto de algún término de cada campo conceptual de entre los necesarios, pero también suficientes, para describir una acción. Podrían haberse elegido otros campos, pero descriptivamente serían innecesarios, puesto que con los que nos hemos quedado ya implican la descripción de una “praxis motriz”, sin necesidad de incluir a aquellos.

5.4.- LAS FASES DE LA PRAXIS MOTRIZ El interés de identificar partes de un proceso continuo e indivisible en la praxis motriz no es otro que el de contribuir a facilitar las investigaciones praxiomotrices. F. Mahlo (1985) resaltó las tres fases de la acción de juego, siguiendo un inicial modelo cibernético cognitivista (tal como el de Lindsay y Norman, 1983). Esta aportación ha sido retomada por otros teóricos como Lasierra (1990), Antón (1992) y Hernández Moreno (1994a). El proceso seguido por la acción táctica se distribuiría según la percepción y el análisis de la situación, la solución mental del problema (gestión informativa) y la solución motriz del problema (solución práctica).

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Partiendo de idénticos preceptos, A. Thomas (1982), desde una psicología de la acción en el deporte propone cuatro fases o regulaciones: orientación (desde una inicial posición de salida), impulso (comparando objetivos-medios con el posible éxito), realización (operaciones) y resultados (valoración). Desde una filosofía de la acción, Blondel sobre los años 30 (Ferrater, J., 1980: 41) ya defendía que “... la palabra “acción” puede entenderse de tres modos, que son otras tantas fases en el desarrollo de la acción (humana): 1.La acción indica primitivamente el ímpetu iniciador en lo que tiene de vivo y fecundo, de productivo y de finalista a la vez. 2. La acción puede designar (allí donde una operación discursiva y compleja se hace indispensable para que se realice) la serie continua y progresiva de los medios empleados: proceso necesario para la ejecución del designio inicial que debe recorrer el intervalo que separa el proyecto del efecto...”. “3. La acción puede significar, finalmente, el resultado obtenido, la obra conseguida, la terminación realizada”. Para Laín Entralgo (1989: 305-311) todo el proceso se estructura en: conciencia, posibilidad, libertad, decisión, ejecución y conclusión. Ferrer Santos (1990: 44) es más breve e indica que cabe distinguir “... una fase analítica, deliberativa, con carácter preparatorio, y otra directiva, propiamente práctica”. Considerando la necesidad de una previa toma de información para la posterior decisión y ejecución, nosotros entenderemos, que las fases que contiene una praxis motriz son tres.

PRAXIS MOTRIZ / PERCEPCIÓN DECISIÓN / EJECUCIÓN
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Gráfico 6.- Fases internas de la praxis motriz.

5.4.1.- Percepción praxiomotriz Para Laín Entralgo (1989: 305) “... en la percepción ya hay acción, e incluso, incoactivamente, interpretación” (señala para su fundamento a autores como Bergson, Husserl, Merleau-Ponty o Ricoeur). Para Anscombe (1991: 124), refiriéndose al intento de consecución de los fines de una acción, dice que “El signo primitivo de querer es tratar de obtener, lo cual desde luego sólo puede adscribirse a criaturas dotadas de sensación”4. De aquí podemos entender que la praxis motriz es inicialmente una adquisición de información, para orientar una finalidad a lograr en una próxima realización. La información está seleccionada en función de una interpretación dirigida. La percepción ya marca, entonces, una toma de sentido, tanto sobre lo acontecido (otras praxis motrices), como sobre lo que acontecerá (la praxis motriz en ciernes). Scott y Powers (1983: 106) resumen perfectamente el fenómeno, concibiendo la percepción como el “Significado que damos a las cosas”; es decir, “La percepción es un proceso activo en el que recibimos estímulos, los reconocemos e interpretamos y quizá actuamos en respuesta. Sin embargo, gran parte del acto perceptivo ocurre a nivel inconsciente”. La última apreciación es importante a nivel de la investigación. Si la toma de sentido
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Al respecto véase el interesante diálogo que sostienen K. Popper y J. Eccles (1980: 489). K. Popper: “Yo sugeriría que los diversos mensajes provenientes de los diferentes sentidos (los mensajes interpretados) se revisan a la luz de la medida en que coinciden y suministran los mismos resultados. J. Eccles: “Una cuestión de la que tenemos que darnos cuenta es que las impresiones de los sentidos, la entrada perceptiva total que poseemos, es una llamada a la acción. En la mayoría de los casos, se trata de una acción exploratoria, una acción orientada a conseguir una mayor comprensión, una acción a evitar algo”.
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praxiomotor no es totalmente inconsciente, entonces una tarea del praxiólogo es hacer aflorar los indicios de toma de sentido o de significación que el agente de la situación praxiomotriz ha considerado, y también hacer manifiestas las estructuras de sentido ocultas en la interpretación de tales indicios.

5.4.2.- Decisión praxiomotriz Lagardera (1994c) considera necesario fundamentar una Praxiología desde el agente que decide. Quizá no tanto como eso, habría que decir que la Praxiología motriz parte de las decisiones -praxiomotrices- del agente. Para Lara (1991: 57) “La función de la decisión y su razón de ser no son sino el poder desencadenar (o frenar) las secuencias de acción. Si tomamos decisiones es para condicionar ulteriormente las modalidades de las acciones futuras”. Ya vimos en la introducción a este apartado que algunos autores proponían como primera fase de la acción a la “decisión del agente de actuar”, para luego provocar un cierto estado de cosas. Pero para ello nosotros concluimos en que sería necesario resaltar la existencia de un análisis previo, sobre cómo se encuentra ese estado de cosas actual efectuado por un agente. aunque a veces mínima, una interpretación dirigida previa (percepción praxiomotriz) siempre es necesaria para una decisión. Por otro lado no hay praxis motriz sin una decisión, que para Mahlo (1985) implicaría una “solución mental” del problema a resolver motrizmente a continuación. Entendiendo esta fase como “teórica”, Sánchez Vázquez (1973: 171) dice que “... no hay praxis como actividad puramente material, es decir, sin la producción de fines y conocimientos que caracteriza la actividad teórica, ...”. La interpretación y toma de sentido se refiere aquí, a diferencia de la percepción, a una futura praxis. No obstante, se puede entender que ambas formas de interpretación praxiomotriz (a posteriori de la percepción y a priori de la decisión) se confunden y superponen, porque (Lara, 1991: 75) estamos “Considerando el proceso según una secuencia más bien lógica que cronológica...”. Por ello Lara (1991: 72-75) propone un modelo de decisión comportamental, cuyas
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subfases son, tras la aprehensión de una situación estimuladora de la acción que está por venir, las siguientes: - Descubrimiento de un conjunto de alternativas. Para este teórico (1991: 73) “Si no tuviésemos más que una sóla posibilidad, estaríamos en una situación de determinación”. Sin embargo, “... no siempre se llega a alcanzar este estado (consciente) de enumeración racional, clara y distinta”. Puesto que la percepción es selección de información (tomar unos indicios y no considerar otros), “Otra característica importante de la información que precede la decisión es que rara vez es completa y segura”. Entonces es “... ilusorio pensar que la decisión pueda partir de un conocimiento exhaustivo y explícito de todas las alternativas posibles”. - Evocación de un conjunto de criterios o valores. Para Lara (1991: 74-75) “... en probable sincronía con el descubrimiento de las alternativas, tiene lugar una evocación explícita o implícita, consciente o inconsciente, de un conjunto de criterios asociados a las alternativas”. Tales criterios y valores están referidos a “el contenido inmediato de la finalidad”. En idéntico signo a la percepción, las estructuras sobre el sentido de la futura praxis, surgidas desde la decisión entre alternativas asociadas a criterios o valores, no siempre son conscientes al agente. Esto nos lleva a que en las investigaciones se deban procurar estrategias dirigidas a su exteriorización. - Evaluación y selección. Lara (1991) señala dos fases acumulativas de la selección de alternativas. La primera es la “instintiva”. Este autor sugiere (1991: 75) que “Es ingenuo creer, como lo hacen algunos analistas, que la selección de la alternativa preferida es totalmente determinista”. Algunas decisiones acaban aquí. Otras parecen proseguir hacia una fase más “racional” (al estilo del acto táctico superior de F. Mahlo, 1985) para la selección y cálculo entre alternativas. La importancia de esta subfase de decisión praxiomotriz reside en el establecimiento de rutinas o regularidades de acción. Así Luhmann (Izuzquiza, 1990: 242) precisa que “... toda selección es una selección contingente, que condiciona otras selecciones posteriores”. En resumen, podemos observar que en una praxis motriz existe la decisión en: - La elección de aspectos procedentes de la percepción.

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- Qué alternativas de intervención considerar. - La asociación de ellas con criterios o valores reducidos a fines (motores, entre otros). - La selección de una de las alternativas. - Decidirse (el empuje) de llevarla a efecto (ponerla en práctica, intervenir con esa alternativa).

5.4.3.- Ejecución praxiomotriz La praxis motriz tiene su parte manifiesta en la realización de un hecho perceptible (no necesariamente observable desde el exterior al agente). Sánchez Vázquez (1973: 154) lo expresa así: “Dicha actividad entraña la intervención de la conciencia gracias a la cual el resultado existe dos veces -y en tiempos distintos-: como resultado ideal y como producto real. El resultado real, que se quiere obtener, existe primero idealmente, como mero producto de la conciencia, y los diferentes actos del proceso se articulan o estructuran conforme al resultado que se da primero en el tiempo, es decir, el resultado ideal”. Para Mosterín (1987: 176) “Al mismo hecho espacio-temporal observable, acompañado de distintas intenciones, corresponden distintas acciones”, pero intención y hecho son ambos imprescindibles. Por ello, según Sánchez Vázquez (1973: 168) “... no cabe incluir la actividad teórica entre las formas de praxis ya que falta en ellas la transformación objetiva de una materia mediante un sujeto, cuyos resultados subsisten independientemente de su actividad”. “Materia” es entendida aquí en sentido amplio: intervención sobre lo propio corporal, lo físico o lo humano. Esta idea es apoyada con una aclaración de Laín Entralgo (1989: 309) para quien el “... cuerpo está inexorablemente presente en la ejecución de todas mis acciones, por “espirituales” que parezcan ser”. Según A. Thomas (1982: 77) en la regulación de la realización de una acción acontecen la actualización del plan de acción, la aplicación de
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aptitudes sensomotrices, la capacidad y aptitud para reaccionar y adaptarse a condiciones cambiantes del medio y el control y realización del plan de acción. Con la ejecución de la praxis motriz se plantea el problema de su descripción. Para Mosterín (1987: 176) “... si hacemos movimientos observables con varias intenciones, hacemos (con esos movimientos) tantas acciones como intenciones distintas tenemos”. Para G. von Wright (1970) una abstención es otra forma de acción. De la misma forma para Mosterín (1987: 168) “Siempre que hacemos algo, evitamos algo (lo que hubiera ocurrido, si no hubiéramos hecho nada) y omitimos algo (lo que hubiéramos podido hacer, pero no hemos hecho)”. Si el supuesto de no realizar “ninguna” praxis motriz en una situación es una praxis motriz, entonces existe en la situación una concatenación de acciones de la persona o grupo de personas, tal que (Laín Entralgo, 1989: 310) “... toda acción llega a su término para dar lugar a otra, que unas veces continúa en forma distinta la línea de la anterior...”. La siguiente cuestión en torno a la realización de la praxis motriz es el efecto y resultado. Según Mosterín (1987: 170) “... el resultado de una acción es el estado terminal del evento envuelto en la acción”. Para von Wright (1970) hay que distinguir ese estado final, que es un nexo intrínseco de las acciones en función de la intención del agente, de las consecuencias de las acciones como transformaciones no siempre necesarias ni en relación directa (como nexo extrínseco) ante la intención del agente de una acción. El “chutar el balón hacia la portería”, tiene la consecuencia o no de sumar un punto, pero el resultado de la praxis motriz es, de acuerdo con la intención, el hacer que se introduzca el balón o no dentro de la portería. Para A. Thomas (1982) durante una praxis motriz sucede que el agente puede valorar: el resultado, el curso de la acción y la relación esfuerzo-resultado. En la valoración del resultado (1982: 76) el deportista “Observa perfectamente cómo se prepara una nueva acción...”. Pero lo propio de este momento es la percepción de la sensación de éxito o fracaso. Como nos comenta Laín Entralgo (1989: 305) habrá éxito si está en consonancia con el intento que se decidió. El anterior sentimiento será fracaso si no hay satisfacción del intento decidido previamente. Si se pretende una valoración de la praxis motriz externa al agente (como las que efectúan el compañero, adversario, espectador, entrenador,
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investigador, etc.), entonces el observador asociará una intención a un comportamiento motor, y de ahí el analista deducirá si se cumplió la intención. Este es el proceso habitual para indicar la efectividad de las acciones de juego, por ejemplo en deportes de equipo. No obstante suelen constatarse frecuentes diferencias entre la intención del agente en su praxis motriz y la intención que un observador externo asigna al comportamiento motor de un participante en una situación.

5.5.- CONCLUSIONES: CRITERIO DE “ESPECIFICIDAD” DEL OBJETO DE ESTUDIO DE LA PRAXIOLOGÍA MOTRIZ Partiendo de una Teoría de la acción para fundamentar el objeto de estudio de la Praxiología motriz (Teoría de la “acción motriz” o de la “praxis motriz”; Parlebas, 1981), hemos llegado a la conclusión de que una praxis motriz es una forma específica de acción. Nuestro criterio de especificidad para identificar una praxis motriz en relación a otras formas de praxis se centró en un conjunto de rasgos que la caracterizan. En principio toda acción presenta las siguientes características: - Realización. - Persona. - Sentido. - Condiciones del entorno. - Finalidad. Una acción se podrá diferenciar de otra según distintas formas de realización, según distintos tipos de persona, según las distintas interpretaciones de sentido, según distintas condiciones del entorno o según las distintas finalidades pretendidas por esa persona. Nuestra elección conceptual de carácter comprensivo (el rasgo común que identifica a
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un conjunto de elementos) nos ha llevado a diferenciar la praxis motriz respecto a otros tipos de acción precisamente cuando hacemos referencia a los objetivos o finalidades. En última instancia, nuestro criterio de especificidad formalmente comprensivo diferencia a la praxis motriz en función de que la realización de la persona implica una consecución de objetivos motores. Nuestro criterio de especificidad nos permite identificar el objeto de estudio de la Praxiología motriz y dibujar un campo: aquel en donde se encuentran las praxis motrices. Sin embargo, este criterio de especificidad no delimita el subcampo preferencial o exclusivo de la Praxiología motriz, puesto que la praxis motriz sólo es una parte específica de la acción global, y está inserta entre un conjunto de acciones no motrices (las cuales no se dirigen por medio de objetivos motores). Si nos detuviésemos en este punto epistemológico, disciplinarmente significaría que no podemos reclamar un campo de investigación propio para la Praxiología motriz. Para poder reclamarlo necesitamos de otro criterio, un criterio de pertinencia que delimite claramente una parte del amplio campo de la Praxiología motriz, aquel subcampo que es exclusivo y que no es compartido con otras áreas del saber.

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