P. 1
Documento 1. La adultez emergente

Documento 1. La adultez emergente

|Views: 4.634|Likes:
Publicado poriesppcrea
Documento 1. La adultez emergente. Master Valencia. Desarrollo en la Adultez
Documento 1. La adultez emergente. Master Valencia. Desarrollo en la Adultez

More info:

Published by: iesppcrea on Jan 19, 2012
Copyright:Attribution Non-commercial

Availability:

Read on Scribd mobile: iPhone, iPad and Android.
download as DOC, PDF, TXT or read online from Scribd
See more
See less

08/17/2013

pdf

text

original

IV CONGRESO INTERNACIONAL DE PSICOLOGÍA Y EDUCACIÓN “CALIDAD EDUCATIVA” Almería, 30 Marzo- 2 Abril 2004

“LA ADULTEZ EMERGENTE: ¿UNA NUEVA FASE EN EL CICLO VITAL?” Autores: Torres Jiménez, Francisca Zacarés González, Juan José Introducción “En nuestras sociedades está aumentando la incongruencia entre la maduración biológica y relacional de la juventud y los ritmos de paso hacia la sociedad adulta”. Ésta es parte de la tesis propuesta en el último informe del INJUVE en nuestro país (Martín Serrano y Velarde, 2001, p.17). Efectivamente, se hace cada vez más evidente que la adolescencia se prolonga, y que ni siquiera desde esta prolongación se pasa directamente al periodo de la adultez, sino que existen una serie de pasos intermedios característicos de sociedades occidentales e industrializadas. Se habla incluso de una moratoria psicosocial concedida no ya al adolescente, sino al “adulto joven”, durante la cual, a través de la experimentación de roles, el individuo puede llegar a encontrar su espacio propio dentro de su sociedad, de modo que quede definitivamente conformada su propia identidad. Arnett (2000) define un espacio evolutivo de transición entre la adolescencia y la adultez, situado cronológicamente entre los 18 y los 25 años (aunque puede hacerse extensivo hasta los 30). Arnett denomina a este “nuevo” (en cuanto que distinto) periodo evolutivo “adultez emergente”, argumentando que no nos hallamos ya en la adolescencia, pero tampoco en la adultez (ni siquiera la adultez temprana), y defiende que es teórica y empíricamente diferenciable de estos dos momentos evolutivos. Concretamente, ubica a los adultos emergentes, “habiendo abandonado la dependencia de la niñez y la adolescencia, y sin haber entrado aún en las responsabilidades normativas permanentes de la adultez” (Ibid., p.469). Los rasgos diferenciales y característicos de esta fase se resumen en la tabla 1. Tabla 1. - Caracterización de la nueva fase de la “adultez emergente” Los “adultos emergentes” se diferencian de los adolescentes por... Características propias de la “adultez emergente”

1) Su foco más de preparación
más intensivo para el logro del estatus adulto 2) Su mayor conciencia de evaluación según criterios culturales o personales respecto a si se es o no “adulto” 3) Su mayor independencia respecto a su familia, se viva o no

a) Se sitúa entre los 18 y 25 años
(aunque puede hacerse extensiva hasta los 30 años según los contextos socioculturales) b) Heterogeneidad, diversidad e inestabilidad en situaciones vitales c) Autopercepción de “sí, pero no” (ambivalencia): no se perciben ni como adolescentes ni como adultos

1

bajo el mismo techo 4) Su presencia tan sólo en algunas culturas y sociedades occidentales industrializadas que postponen la entrada en la adultez

d) Ofrece las mayores oportunidades
para la exploración de opciones reales de identidad en los ámbitos del amor, el trabajo y la visión del mundo e) Presencia de conductas de riesgo como reflejo de la búsqueda de experiencias antes de la entrada en roles adultos

Parece, pues, que, puede definirse a esta etapa como un momento de transición hacia la adultez, siendo esta transición claramente percibida por los propios adultos emergentes. Si nos encontramos ante un periodo cuyo culmen es la consecución de la etapa adulta, ¿qué es, entonces, lo que determinará que ya se ha alcanzado este objetivo? ¿Cuáles serían los criterios que definirían el momento evolutivo de la adultez? Siguiendo a Zacarés (1999) no podemos, hoy día, plantear un criterio único para determinarlo, sino que se impone adoptar una perspectiva en la que la entrada a la adultez se considere progresiva y multifacética. De este modo, aunque tradicionalmente en muchas culturas el acceso a la edad adulta ha venido determinado atendiendo básicamente a criterios psicosociales, que incluían las transiciones evolutivas y circunstanciales propias del adulto (véase, por ejemplo, la significatividad del matrimonio como marcador último de la llegada a la adultez en diversos tiempos y culturas, o la importancia del acceso al mundo laboral), cabe considerar otros criterios marcadores del inicio de la adultez (Moore, 1987; Scheer, Unger y Brown, 1996; Schlegel, 1998): - criterios biológicos : referidos a la finalización definitiva de los cambios físicos. - criterios cronológico-legales: por ejemplo, la mayoría de edad legal a los 18 años en nuestro país, y que supone que a partir de entonces estamos facultados para tomar una serie de decisiones que hasta entonces se nos vetaban. - criterios socioeconómicos: la autosuficiencia económica y una vivienda distinta a la del hogar familiar son dos criterios que se combinan de manera diversa para trazar el largo camino hacia la plena independencia económica. Los datos del último Informe “Juventud en España” son reveladores en ese sentido (Martín Serrano y Velarde, 2001): en 1999 sólo el 50% de los jóvenes españoles entre 26 y 29 años vivía fuera del domicilio familiar (eran el 75% en 1990) mientras que la situación de total autonomía económica se daba sólo entre el 18% de aquellos que estaban entre los 15 y 29 años. - criterios psicológicos: referidos al proceso hacia la madurez psicológica y el esfuerzo por el logro de una identidad personal. También el propio criterio subjetivo de “sentirse adulto” se podrían incluir como referente experiencial de este período.

2

De hecho, y especialmente en las sociedades occidentales y más industrializadas, los sujetos que podrían ser considerados “adultos emergentes” rechazan el matrimonio y otras transiciones de roles sociales “definidas por otros” como indicadores únicos, últimos o esenciales de la adultez, y lo hacen a favor de criterios individualísiticos, que no tienen tanto que ver con lo social, sino con lo que Arnett (1998) denomina “cualidades de carácter”, y que afectan, una vez más, al proceso de búsqueda de identidad y vinculan el estatus adulto con lo psicológico y moral del sujeto. La adultez emergente puede ser entonces considerada como tiempo adecuado para ir adquiriendo (¿formando y aprendiendo?) esa serie de “cualidades de carácter” que en definitiva conducirán al sujeto a la fundamentación, consecución y desarrollo de su identidad de adulto. Un estudio representativo a este respecto (Arnett, 1998) revela que, para los jóvenes de la cultura mayoritaria americana, en el contexto histórico y social actual, los criterios más representativos considerados marcadores del acceso a la edad adulta son los que hacen referencia al hecho de “ser independientes y autónomos”. En concreto, los tres criterios más nombrados son la aceptación de la propia responsabilidad, el decidir sobre los propios valores y creencias independientemente de los padres y otras influencias y el ser económicamente independiente. La independencia y autonomía suponen confianza en uno mismo, lo que ya nos introduce en el conjunto de recursos personales de tipo psicológico que llamamos “madurez personal” (Whiting, 1998; Zacarés y Serra, 1998). Consideramos que las características que Arnett propone para los jóvenes norteamericanos actuales resultan también válidas en nuestro ámbito, aunque también será necesario estar atentos a los matices diferenciales que los diferentes contextos culturales aportan a la definición psicosocial de la adultez. De hecho, la influencia de la cultura no resulta irrelevante en este tema, como muestra un reciente estudio con jóvenes universitarios chinos (Nelson, Badger y Wu, 2004). Sus resultados reflejan la predominancia de valores comunitarios sobre otros de naturaleza más individualista a la hora de considerar los marcadores de la adultez. Nos proponemos realizar por ello un examen exploratorio de los criterios definitorios del acceso a la adultez en jóvenes españoles utilizando como marco de comparación los datos norteamericanos de Arnett (1998). Método Muestra. Nuestro estudio piloto se ha llevado a cabo en una muestra de 74 estudiantes universitarios (31 mujeres y 43 varones), cuyas edades oscilaban entre los 18 y 29 años de edad, con una media de 21.83 años (DT= 2.54), Todos ellos eran solteros. Instrumentos. Se utilizó un cuestionario adaptado de Arnett (1998) mediante el que se abordaron dos aspectos. En primer lugar se preguntaba a los sujetos sobre la percepción del propio estatus adulto: “¿Crees que has alcanzado ya la adultez?”. Las respuestas posibles eran “sí”, “no”, “sí en algunos aspectos, no en otros”. En segundo lugar se presentaba a los participantes una lista de posibles criterios de adultez, solicitando que señalasen mediante un formato de respuesta dicotómico (Sí/No), cuáles de dichos criterios eran necesarios para considerar que una persona ya es adulta. A la hora de presentar los ítems, se mantuvo el orden del ranking de resultados de Arnett, puesto que no nos constaba el orden de los criterios

3

en el cuestionario original. Esta circunstancia ha facilitado, en realidad, la comparación de los resultados obtenidos en nuestro estudio piloto. Resultados Presentamos en la Tabla 2 los resultados obtenidos en el pase del cuestionario, comparando los porcentajes de respuestas afirmativas obtenidas en nuestro estudio (segunda columna de porcentajes) con las obtenidas por Arnett (1998) (primera columna de porcentajes). Llega aquí la primera gran cuestión reflejada en nuestro estudio piloto: la muestra española no cumple, valga la expresión, “el tercer requisito”; no consideran que la independencia económica sea conditio sine qua non, o, al menos, especialmente relevante, para considerar que un individuo ha llegado a la adultez. No coinciden, en este sentido, con los resultados que Arnett viene validando en sus estudios. Y, como veremos en nuestro propio ranking de resultados, no es ésta la única diferencia significativa. Tabla 2.- Criterios para la consideración del estatus adulto: comparación de los resultados en una muestra norteamericana (Arnett, 1998) con la muestra española
% de respuestas afirmativas EEUU España (N= 140) (N= 74) 94 100 78 73 72 69 66 67 65 60 55 52 50 50 50 50 47 42 41 39 36 32 31 30 30 29 29 94.6 28.4 54.7 71.6 69 45.3 68.9 16.2 82.4 60 81 55.5 53.6 46.3 40 45.4 59.5 16.2 55.4 67.6 8.1 35.1 24.3 18.9 44.6

¿Es este criterio necesario para la adultez? 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 Aceptar la responsabilidad por las consecuencias de las propias acciones Decidir sobre las propias creencias personales y valores independientemente de los padres u otras influencias Ser económicamente independiente Ser capaz de llevar una casa (varones) Establecer con los padres una relación entre adultos de igual a igual Evitar cometer pequeños delitos, como hurtos en tiendas y vandalismo Ser capaz de llevar una casa (mujeres) Utilizar métodos anticonceptivos si se es sexualmente activo e intentar no concebir un hijo No vivir en casa de los padres Evitar conducir en estado de embriaguez Ser capaz de proteger a la familia (varones) Aprender a tener siempre buen autocontrol sobre las propias emociones Ser capaz de mantener económicamente una familia (varones) Ser capaz de cuidar niños (mujeres) Ser capaz de cuidar niños (varones) Ser capaz de proteger a la familia (mujeres) Ser capaz de mantener económicamente una familia (mujeres) Evitar usar drogas ilegales Alcanzar los 18 años Establecer compromisos con otros a largo plazo Conducir un coche de forma segura y ajustándose a los límites de velocidad Alcanzar los 21 años Evitar emborracharse Ser capaz de engendrar hijos (varones) Ser capaz de dar a luz hijos (mujeres) No tener más de una pareja (sexual) al mismo tiempo

4

27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38

Sacarse el carné de conducir Establecerse en una carrera profesional duradera No estar profundamente atado/a a los padres en el aspecto emocional Evitar usar palabrotas y lenguaje vulgar Casarse Tener trabajo a tiempo completo Comprar una casa Comprometerse en una relación de pareja estable Tener por lo menos un hijo Haber alcanzado la altura esperada Haber terminado los estudios Haber tenido relaciones sexuales

24 21 19 18 17 17 17 16 14 13 10 9

17.6 43.2 50 24.3 18.9 25.7 31 39.2 17.5 8.1 23 35.1

Por otra parte, en la muestra utilizada, y respecto a la autopercepción de los sujetos sobre si habían alcanzado ya la edad adulta, el 41.9 % contestaron que “sí”; el 4.05 % dijo que “no”, y el 54.05 % contestó que “sí en algunos aspectos, no en otros”. Observemos la diferencia respecto a la muestra de norteamericana en la tabla 3. Tabla 3.- Percepción del propio estatus adulto comparación de los resultados en una muestra norteamericana (Arnett, 1998) con la muestra española
¿Consideras que ya has alcanzado la adultez? (porcentajes sobre la muestra total) Se consideran adultos No se consideran adultos Se consideran adultos en algunos aspectos, no en otros EEUU 63 2 35 España 42 4 54

Encontramos, en este punto, una diferencia de prácticamente el 20 % en la autopercepción como adultos a favor de la muestra norteamericana, diferencia que entendemos bastante significativa y plantearía inevitablemente, la consideración de los factores que están influyendo en esta autopercepción. También se hace necesario preguntarse por qué y en qué medida estos mismos afectores están afectando la identidad de los sujetos, incluyendo su autoconcepto y quizás también, su autoestima. De otra parte, no podemos olvidar que el logro de la identidad adulta ha quedado establecido como la culminación del proceso de transición al que hemos venido llamando adultez emergente. Así, ¿podríamos concluir que la consecución de esta identidad se constituye en la tarea de madurez esencial durante ese periodo? Si la respuesta es sí, nos colocamos de nuevo ante la cuestión de que la muestra norteamericana, también adultos emergentes, parecen haberla resuelto sino antes, al menos en mayor medida que los sujetos de nuestro estudio. La elaboración de nuestro propio ranking de criterios, en función de la respuesta afirmativa de los sujetos se muestra en la tabla 4.

5

Tabla 4.- Ordenación en función del porcentaje de respuestas afirmativas de los criterios de adultez en la muestra española
¿Es necesario para la adultez? 1 2 3 4 5 6 7 8 9 Aceptar la responsabilidad por las consecuencias de las propias acciones Decidir sobre las propias creencias personales y valores independientemente de los padres u otras influencias Evitar conducir en estado de embriaguez Aprender a tener siempre buen autocontrol sobre las propias emociones Establecer con los padres una relación entre adultos de igual a igual Evitar cometer pequeños delitos, como hurtos en tiendas y vandalismo Si se es sexualmente activo, utilizar métodos anticonceptivos e intentar no concebir un hijo Conducir un coche de forma segura y ajustándose a los límites de velocidad Ser capaz de proteger a la familia (varones) % de respuestas afirmativas 100 94.6 82.4 81 71.6 68.9 67.6 69 59.5

Tabla 4 (continuación)
10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 Evitar usar drogas ilegales Ser capaz de mantener económicamente una familia (varones) Establecer compromisos con otros a largo plazo Ser capaz de llevar una casa (varones) Ser capaz de cuidar niños (mujeres) No estar profundamente atado/a a los padres en el aspecto emocional Ser capaz de cuidar niños (varones) Ser capaz de mantener económicamente una familia (mujeres) Ser capaz de llevar una casa (mujeres) No tener más de una pareja (sexual) al mismo tiempo Establecerse en una carrera profesional duradera Ser capaz de proteger a la familia (mujeres) Comprometerse en una relación de pareja estable Evitar emborracharse Haber tenido relaciones sexuales Comprar una casa Ser económicamente independiente Tener trabajo a tiempo completo Ser capaz de engendrar hijos (varones) Evitar usar palabrotas y lenguaje vulgar Haber terminado los estudios Ser capaz de dar a luz hijos (mujeres) Casarse Sacarse el carné de conducir Tener por lo menos un hijo No vivir en casa de los padres Alcanzar los 18 años Alcanzar los 21 años Haber alcanzado la altura esperada 54.7 60 55.5 53.6 55.4 44.6 50 46.3 45.4 45.3 43.2 39.2 40 35.1 35.1 28.4 25.7 31 24.3 18.9 24.3 18.9 17.6 23 17.5 16.2 16.2 8.1 8.1

6

Comparando los resultados entre ambas muestras, según los criterios de lugar que ocupa en el ranking cada ítem y porcentaje de respuestas afirmativas que representa, hemos encontrado que: (1) entre todos los ítems, únicamente hay coincidencia en cuanto al lugar que ocupan en el ranking (y, además, con porcentajes no demasiado lejanos), en siete de ellos: (i) aceptar la responsabilidad por las consecuencias de las propias acciones (1er puesto); (ii) decidir sobre las propias creencias personales y valores independientemente de los padres u otras influencias (2º puesto); (iii) establecer con los padres una relación entre adultos de igual a igual (5º puesto); (iv) evitar cometer pequeños delitos, como hurtos en tiendas y vandalismo (6º puesto); (v) ser capaz de cuidar niños [mujeres] (14º puesto); (vi) ser capaz de mantener económicamente una familia [mujeres] (17º puesto); y (vii) evitar emborracharse (23º puesto). Al mismo tiempo, encontramos una cierta proximidad entre los ítems correspondientes a (i) ser capaz de cuidar niños (varones); (ii) evitar usar palabrotas y lenguaje vulgar; (iii) casarse; (iv) tener por lo menos un hijo, y (v) haber alcanzado la altura esperada. De entre estos criterios, queremos remarcar la indiscutible coincidencia, en ambas muestras, de los dos primeros, que hacen referencia a los criterios de asunción de responsabilidad y toma independiente de decisiones que también asumían los adultos emergentes norteamericanos. Forman parte de lo que llamábamos los “criterios psicológicos” o “de madurez psicológica”, y son considerados muy por delante, en ambas muestras- de criterios de corte más sociológico, biológico, o cronológico-legales. Sin embargo, existen una serie de items significtivos que invierten su tendencia en ambas muestras (ver tablas 5 y 6). Tabla 5.- Criterios de adultez cuya aceptación disminuye en la muestra española en comparación con la norteamericana (porcentajes de respuestas afirmativas)
Criterio de adultez Ser económicamente independiente No vivir en casa de los padres Alcanzar los 18 años Alcanzar los 21 años EEUU 73 60 391 31 España 28.4 16.2 16.2 8.1

Tabla 6.- Criterios de adultez cuya aceptación aumenta en la muestra española en comparación con la norteamericana (porcentajes de respuestas afirmativas)
Criterio de adultez Evitar conducir en estado de embriaguez Aprender a tener siempre un buen autocontrol sobre las propias emociones Evitar usar drogas ilegales Establecer compromisos con otros a largo plazo Conducir un coche de forma segura y ajustándose a los límites de velocidad Establecerse en una carrera profesional duradera No estar profundamente atado/a a los padres en el aspecto emocional
1

EEUU 55 50 41 36 32 21 19

España 82.4 81 59.5 55.4 67.6 43.2 50

Aunque no nos vamos a extender en el comentario de estos datos, sí queremos hacer constar que nos llama la atención la importancia que se concede, en la muestra norteamericana, a los criterios cronológico-legales.

7

Tener trabajo a tiempo completo Comprar una casa Comprometerse en una relación de pareja estable Haber tenido relaciones sexuales

17 17 16 9

25.7 31 40 35.1

La primera gran diferencia que nos llama la atención es la constatación de la escasa importancia, en comparación con la muestra estadounidense, que los sujetos de nuestro estudio conceden al hecho de ser económicamente independientes y de establecer su residencia fuera de casa de sus padres. Hay diversos datos que constatan que el retardo de la emancipación de los adultos emergentes (MartínSerrano y Velarde, 2001). En opinión de Barraca (2000) habría que hablar de un fenómeno complejo y multicausal, en el que se integran variables económicas, sociológicas y psicológicas. Está claro, efectivamente, que en nuestro contexto histórico, cultural y social 2 se están dando una serie de incongruencias, provocadas por el adelantamiento de una serie de desarrollos y el atraso de otros. Al principio de nuestro trabajo citábamos parte de la tesis que Martín Serrano y Velarde plantean en su Informe de la Juventud en España 2000. La segunda parte de esta tesis es que “al tiempo que los desarrollos biosociales son más precoces, los procesos de emancipación se concluyen más tardíamente” (Martín Serrano y Velarde, 2001, p.17). En concreto, estos autores contraponen, entre otras muchas, la incongruencia entre el deseo adelantado de vivir independientemente frente al retraso en la emancipación del hogar de origen, para los adultos emergentes Y platean, además, lo cual quizá tenga mayor repercusión en los aspectos psicológicos (de autoconcepto y autoestima, como decíamos antes), que estos sujetos, al ser materialmente dependientes, son también simbólicamente dependientes, lo cual creemos que reforzaría el retraso en su consecución de la autonomía a todos los efectos. Al respecto de la independencia económica y la emancipación del hogar paterno, y a tenor de los resultados de las muestras implicadas en este estudio, cabría pensar que los sujetos norteamericanos y los sujetos españoles son socializados en contextos similares, pero con algunas diferencias importantes. Tal vez los americanos le dan más importancia a la independencia económica porque puedan alcanzarla antes. Este hecho acentuaría en el grupo de los universitarios españoles la delimitación del estatus adulto por dimensiones psicológicas menos objetivables como la “autonomía de valores” y el alejamiento de las pruebas tradicionales de adultez social como la autosuficiencia económica y la formación del propio hogar. Sus respuestas remiten a una necesidad de eliminar la disonancia cognitiva ante la propia situación vital: al quitar peso a esas dimensiones socioeconómicas se evita una supuesta explicación de la incapacidad personal para salir del estatus de “no adulto”; son criterios mucho más subjetivos, en definitiva, los que me permitirán medirme como adulto. No podemos obviar, insistimos, que esta “autonomía social” a conseguir por los adultos emergentes puede repercutir en los tanto en el propio desarrollo relacional y emocional como en el de los
2

Conviene aquí recordar la importancia que el mismo Arnett da siempre a estas variables contextuales a la hora de definir la adultez emergente y ubicar los criterios para determinar la adultez.

8

demás implicados en este proceso de independencia3. Y al mismo tiempo, como hacen los propios Martín Serrano y Velarde en su informe, se impone la reflexión sobre la previsión, gestión y desarrollo de recursos que favorezcan estos procesos, desde las políticas sociales y económicas correspondientes. Por los resultados obtenidos, la muestra de sujetos española parece que imprime mayor importancia a las cuestiones de tipo emocional que la muestra americana. Véase, por ejemplo, el aumento de porcentaje en el ítem acerca del autocontrol emocional y el interés por mantener el vínculo emocional con los padres. También los criterios referidos a establecer compromisos con otros a largo plazo, e incluso el tener pareja estable ganan posiciones en el ranking, frente a los resultados del estudio de Arnett. Igualmente, otorgan mucha importancia a criterios relacionados con conductas que tienen que ver con la evitación de riesgos (conducción, sustancias, embarazos no deseados...). Quizá sean áreas en las que los adultos emergentes de nuestro contexto español tienden menos a la exploración. En cualquier caso, son referentes también a las características de “madurez psicológica” a las que aludíamos más arriba, pues se trataría de conductas que podrían inscribirse en el ejercicio de la responsabilidad personal. Por otro lado, observamos que no gana especial importancia, entre estos sujetos, el hecho de tener una pareja estable (aunque sí más que en el caso de la muestra norteamericana), ni tampoco la fidelidad -al menos, sexual- dentro de la pareja. También podría llamar la atención el elevado porcentaje de sujetos que afirman que para considerar adulto a alguien es necesario que haya tenido experiencia sexual (frente a la muestra norteamaricana que sitúa a este criterio en el último lugar de la jerarquía). Podría parecer que, en el área de la sexualidad, nuestros adultos emergentes sí estarían más decididos a explorar, y a buscar una sexualidad, como afirma Polaino-Lorente (2000, p.53), “más instantánea y ajena al vínculo interpersonal y sus consecuencias: la coexistencia, la copertenencia, la convivencia y la comunión de personas”. Conclusiones Aunque asumimos las limitaciones que un estudio exploratorio tiene, entendemos que sí pueden extraerse una serie de conclusiones válidas para poder proseguir nuestra investigación acerca de la adultez emergente y las tareas de madurez que pueden conducir a un sujeto durante esa transición a la etapa adulta:

1. Por un lado, entendemos que el cuestionario utilizado por Arnett en su investigación puede
resultar un instrumento válido para trabajar en nuestro contexto sociocultural como ya lo ha sido para otros contextos como el chino (Nelson et al. , 2004). Sería necesario complementar su uso con el de entrevistas a adultos emergentes en diferentes situaciones vitales para obtener una visión “desde dentro” de este tránisto hacia la plena adultez.

3

Ver, por ejemplo, las tesis de Barraca (2000) sobre las razones y efectos de esta dificultad para la independencia respecto de la familia en su propia dinámica.

9

2. La principal diferencia entre la muestra española y la norteamericana estriba en el escaso
valor que nuestros sujetos otorgan al criterio de “ser económicamente independiente”. Siendo éste un criterio que, para Arnett (2000), constituye uno de los pilares definitorios de la consideración de la adultez por parte de los adultos emergentes -recordemos, en su contexto histórico y cultural-, obliga una reflexión y nuevos estudios que confirmen o desmientan lo que nuestro modesto estudio piloto ha apuntado. Al mismo tiempo, hemos planteado la necesidad de una reflexión más profunda que nos lleve a identificar y trabajar sobre los factores que, a todas luces, retrasan el proceso de emancipación económica y familiar en nuestro país.

3. En la muestra española los sujetos se decantan hacia criterios más internos y psicologizados
de adultez en mayor medida que sus iguales norteamericanos. Nos parecería especialmente interesante diseñar un instrumento que relacionara directamente los criterios para la adultez con las dimensiones evolutivas y características psicológicas de la madurez que propusieron Serra y Zacarés (1991) y abrir una línea de trabajo en la dirección de los procesos psicológicos más vinculados a la madurez personal en la adultez emergente.

4. La autopercepción como adultos de los sujetos de nuestro estudio piloto es inferior a la de
los norteamericanos. Sin embargo, cabe recordar que, si hemos definido la adultez emergente como una etapa de transición, no podemos pretender que los sujetos implicados se autoperciban como adultos sin tener definitivamente resuelta la principal tarea de desarrollo y madurez de este nuevo y distinto momento del ciclo vital, la de la configuración de una identidad personal bien articulada (Zacarés y Ruiz, 2003). Este predominio de la ambivalencia es una prueba más que apunta a la existencia de la adultez emergente como un período diferenciado del ciclo vital que necesitará ser conocido y reconocido como tal para poder optimizar el desarrollo de aquellos que lo atraviesan.

Bibliografía Arnett, J. J. (1998). Learning to Stand Alone: The Contemporary American Transition to Adulthood in Cultural and Historical Context. Human Development, 41, 295-315 Arnett, J. J. (2000). Emerging adulthood. A Theory of development from the late teens thorugh the twenties. American Psychologist, 55, 469 – 480. Barraca, J. (2000). Hijos que no se van. Bilbao: DDB. Martín Serrano, M. y Velarde, O. (2001). Informe Juventud en España 2000. Madrid: INJUVE. Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales. Moore, D. (1987). Parent-Adolescent Separation: The Construction of Adulthood by Late Adolescents. Developmental Psychology, 23 (2), 298-307. Nelson, L.J., Badger, S. y Wu, B. (2004). The influence of culture in emerging adulthood: Perspectives of Chinese college students. International Journal of Behavioral Development, 28 (1), 26-36.

10

Polaino-Lorente, A. (2000). ¿Síndrome de Peter Pan? Los hijos que no se marchan de casa. Bilbao: DDB Scheer, S. D., Unger, D. G. y Brown, M. B. (1996). Adolescents becoming adults: attributes for adulthood. Adolescence, 31, (121), 127 – 131. Schlegel, A. (1998).The Social Criteria of Adulthood. Human Development, 41, 323 – 325 Serra, E. y Zacarés, J. J. (1991).A qué llamamos madurez. Revista de Psicología de la Educación, 8, 1 – 18. Whiting, B. B. (1998). The Meaning of Independence and Responsibility. Human Development, 41, 321322. Zacarés, J. J. (1999) Proyecto docente. Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Valencia. Inédito. Zacarés, J.J. y Ruiz, J.M. (2003). Identidades postmodernas y preparación para el cambio. Comunicación presentada en el II Congreso de Enseñanza de la Psicología. Valencia, octubre 2003.
Zacarés, J.J. y Serra, E. (1998). La madurez personal: perspectivas desde la Psicología. Madrid: Pirámide.

11

You're Reading a Free Preview

Descarga
scribd
/*********** DO NOT ALTER ANYTHING BELOW THIS LINE ! ************/ var s_code=s.t();if(s_code)document.write(s_code)//-->