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Situaciones de lectura y escritura en la alfabetización inicial1

Alejandra Paione
María del Carmen Reinoso
Yamila Wallace

"Todos los problemas de la alfabetización comenzaron cuando se decidió que escribir no


era una profesión sino una obligación y que leer no era marca de sabiduría sino de
ciudadanía."
Emilia Ferreiro (2001), Pasado y presente de los verbos leer y escribir. Buenos Aires-México-
Fondo de Cultura económica, pág. 12.

Durante muchos años se sostuvo que para enseñar a leer y escribir era
necesario comenzar con “las primeras letras”, proceso que se iniciaba recién en
los primeros años de la escolaridad primaria. Las situaciones consistían en
actividades que presentaban cada letra del abecedario para ejercitar su forma y su
sonido. La enseñanza omitía todo contenido cultural relativo a la práctica misma de
la lectura y escritura, ya que consideraba que su abordaje suponía el conocimiento
previo del “código”.

1 El presente documento pertenece a la Clase 1 “Situaciones de lectura y escritura en la


alfabetización inicial” del Módulo 1 “Libros y lectores”. Curso Virtual Leer y escribir en la
alfabetización inicial. Una propuesta a partir de la biblioteca del aula. Alejandra Paione
(coord.), María del Carmen Reinoso y Yamila Wallace (tutoras). CePA a Distancia. Escuela
de Capacitación Docente. Centro de Pedagogía de Anticipación. Ministerio de Educación
del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, CABA, febrero 2011.

1
Pensar en las prácticas del lenguaje implica concebir de otro modo el
objeto de enseñanza. Se trata de tomar como referencia fundamental las
prácticas sociales de lectura, escritura y oralidad preservando el sentido que
resguardan fuera de la institución. Esto supone plantear los contenidos en el
contexto de situaciones didácticas que hacen posible enseñarlos y aprenderlos
mucho antes de ingresar a la escuela primaria. Se trata de plantear situaciones -
probadas y validadas en el marco de diversas investigaciones didácticas- que
permiten iniciar a los niños en las prácticas de lectores y escritores.
Por ejemplo:

“Garrapiñadas”. Receta de cocina


Sala de 5 años. Escuela Anexa J.V. González.
La Plata. Año 2003

Extraído en: Kaufman, Ana María; Castedo, Mirta; Teruggi, Lilia y Molinari, Claudia, Alfabetización de niños: construcción e
intercambio. Experiencias pedagógicas en Jardín de Infantes y Escuela Primaria. Buenos Aires, Aique, 1991, pág.87.

2
“La abejita haragana” de Horacio Quiroga. Prólogo.
Sala de 5 años. Jardín 907
1º EP Nº 8
Chascomús. Buenos Aires. Año 2010

“Cuidemos los dientes”. Página de cartilla informativa


1ºA EP Nº1. La Plata. Buenos Aires. Año 2006

3
“Cuello duro”. Elsa Bornemann. Reescritura (Primera versión).
Martin. Primer grado. Escuela 12. D.E. 6°. CABA. Año 2010

“Las partes del cuerpo de los animales”. Toma de notas.


Karina. 1º año. EP Nº209. La Matanza. Buenos Aires. Año 2009

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Para enseñar a leer y escribir resulta necesario plantear diferentes
situaciones en las que los niños se desenvuelvan como practicantes del
lenguaje escrito aún antes de leer y escribir convencionalmente. Esto
supone concebir la adquisición del sistema de escritura en el marco de la formación
de los niños como lectores y escritores, proponiendo a aquellos que aún no leen y
escriben de manera convencional la oportunidad de aprender a hacerlo al mismo
tiempo que ejercen prácticas propias de todo lector y escritor tales como explorar y
elegir libros, escuchar leer e intercambiar impactos y reflexiones con otros, agendar
títulos leídos, comentar su contenido y recomendarlos, tomar notas de algún dato
interesante…

En algunas situaciones es el docente quien oficia como mediador para que


los niños lean y escriban a través de él (por ejemplo, cuando les lee muchos cuentos
y cuando escribe al dictado el texto de una recomendación que los niños
componen). En otras, son los niños quienes se enfrentan directamente con los
textos para tratar de interpretarlos ellos mismos o producir otros en circunstancias
claras de comunicación (por ejemplo, cuando localizan el título de un cuento en la
agenda colectiva de lectura para saber cuál es el cuento que les leerá el docente y
cuando registran datos bibliográficos para organizar el préstamo de libros de la
biblioteca).

Cuando los niños escuchan


leer al maestro se ofrecen
oportunidades para que progresen como
lectores al interactuar con un adulto
experimentado que se muestra como
modelo lector y ejerce prácticas de
lectura tales como compartir con otros lo
leído, intercambiar impactos y
reflexiones, releer para responder a
distintos propósitos… A pesar de no
enfrentarse de manera directa con los
textos, en estas situaciones los niños
tienen oportunidades de construir
algunas estrategias lectoras que podrán emplear cuando intenten leer por sí
solos. Por ejemplo, encontrar la expresión clásica “Había una vez” al inicio de los
cuentos clásicos o identificar otras que se reiteran a lo largo de toda la historia, por
ejemplo, “Soplaré, soplaré y tu casa derribaré”.

Si bien las situaciones en las que el maestro lee en voz alta son
fundamentales para enseñar a leer, resulta también necesario desarrollar
situaciones en las que los pequeños abordan e interactúan directamente con los
textos para elaborar hipótesis sobre aquello que está escrito, para confrontar tales
ideas con otros y ajustar sus interpretaciones en función de las informaciones que
el texto y la situación provee.

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Cuando los niños leen por sí
mismos diversos materiales de lectura
ponen en acción sus conocimientos
previos para enfrentar y resolver
problemas relativos a la comprensión de
lo escrito con intervención activa del
docente. En el marco de la biblioteca los
niños leen por sí mismos cuando:

 exploran textos para tener una idea global de su contenido. Por


ejemplo, para clasificarlos en la biblioteca (si son cuentos,
enciclopedias de animales, atlas, libros de texto...); para descubrir si
tienen o no la información necesaria para estudiar un tema; si se trata
de revistas, para saber si presentan secciones de historietas; si fuesen
diarios, para obtener una idea general de las noticias del día…
 exploran determinados materiales –un libro, una página de un
libro, un sector de una página– cuyo contenido se conoce
globalmente, para localizar la respuesta a un interrogante específico.
Por ejemplo, explorar el índice de una enciclopedia para saber si se
encontrará allí información sobre los pingüinos, y si se empezó a
estudiar el tema, revisar el capítulo de los pingüinos y buscar
información sobre su alimentación; explorar la receta de las
empanadas tradicionales para saber si entre los ingredientes dice
“carne picada” o “carne cortada” o bien, realizar búsquedas
específicas en textos más complejos, por ejemplo, tratando de ver en
un cuento tradicional de cuántas maneras diferentes el narrador se
refiere al lobo.
 releen textos que ya se saben de memoria (canciones, coplas,
adivinanzas, fragmentos célebres que se repiten en los cuentos, etc.) o
textos que se conocen mucho (cuentos que el docente ha leído en
varias ocasiones o páginas de enciclopedias cuya organización –cómo
nacen los animales, qué comen, dónde viven– ya se reconocen por
lecturas anteriores). Se trata, para los que aún no leen de manera
convencional, de poner en correspondencia la extensión y las partes
de la escritura con los enunciados que ya se saben que están escritos y
ajustar la lectura progresivamente para que no sobre ni falte nada.
Para los niños del primer ciclo que ya “saben leer”, lo que se busca es
reencontrarse con un texto conocido para localizar puntualmente
cierta información o fragmento específico, de focalizar el diálogo
canónico de determinados personajes, de relevar diversas fórmulas de
inicio y cierre de varios cuentos, de establecer relaciones entre
diversos párrafos del texto –por ejemplo, la presencia de algunos

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pronombres personales (éste, aquél) que hacen referencia a
elementos anteriores en el hilo del discurso.
 leen y releen por sí mismo para profundizar en un tema que se
conoce pero sobre el que se requiere una mayor comprensión.
 leen para compartir con otros. Existen situaciones de lectura que
por su sentido social y personal son oportunas para desarrollar
prácticas de lectura en voz alta, por ejemplo: leer a otros niños
poemas seleccionados o cuentos, las glosas de un acto escolar, los
resultados de una experiencia, las conclusiones sobre un tema
estudiado o participar en encuentros de teatro leído. La lectura en voz
alta no es una instancia de comprobación de los avances lectores de
los niños. Por el contrario, se trata de situaciones que requieren
organizar un conjunto de actividades: la selección de textos oportunos
para leer ante un auditorio, la lectura previa y, muy especialmente, los
ensayos necesarios que permitan lograr los efectos buscados. Aun los
niños que recién se aproximan a la lectura pueden hacerse cargo de
leer las intervenciones de un títere en una representación o de
participar en una lectura poética, si los ensayos han sido suficientes.

Cuando los niños dictan al maestro asumen la posición de dictantes y


delegan en el docente el acto de materializar la escritura, centrándose
especialmente en la composición del texto. Por ejemplo, cuando los niños
dictan el reglamento de la biblioteca del aula el docente pone en escena el acto de
escritura y comparte los problemas que enfrenta todo escritor: decidir quién
es el destinatario y explicitar propósitos; planificar qué se va a escribir –qué
contenido, en qué orden, así como con qué recursos–; releer para controlar lo que
se escribe; hacer consultas durante la producción recurriendo a distintas fuentes
(por ejemplo, el reglamento de la biblioteca institucional) para asegurarse de que el
texto diga lo previsto y de la manera en que lo hacen los textos de circulación
social; revisar lo escrito y someterlo a consideración de otros; pasarlo en limpio.

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Cuando los niños escriben por sí
mismos asumen la responsabilidad de escribir
directamente intentando avanzar en la
comprensión del sistema de escritura (qué
letras poner “para que diga”, cuántas y en qué
orden) y también del lenguaje que se escribe
(cómo se escribe si es un cuento, una carta o una
noticia). En torno a la biblioteca del aula, los niños
pueden escribir por sí mismos textos de variada
complejidad y extensión:

 En los primeros años de la escolaridad y en el marco del desarrollo de


diversos temas, se propone la escritura directa de textos despejados, como
listas –de títulos, de personajes de un cuento, de animales que se van a
investigar, de elementos para una salida–, rótulos y epígrafes. En tal caso,
los niños ya saben qué deben escribir y tienen que resolver progresivamente
cuántas marcas poner para producir un enunciado, qué marcas se necesitan,
en qué orden colocarlas, es decir, problemas que los llevan a transformar sus
ideas acerca de la escritura y a acercarse cada vez más a la producción de
escrituras convencionales. Para ello se apoyan en sus conocimientos sobre el
sistema de escritura y aprenden a recurrir a las fuentes de información
disponibles en el aula, a la ayuda del docente y de los compañeros.

 Pero también, desde el inicio, se propone la producción de textos no


despejados aunque todavía no logren una escritura completa, por ejemplo,
cuando los niños recomiendan obras leídas de la biblioteca del aula. Al
plantearse estas escrituras el docente garantiza la posibilidad de consultar
fuentes escritas (catálogos, reseñas literarias y textos leídos) y de recurrir a
informantes. También interviene y genera condiciones para establecer
acuerdos previos acerca de qué escribir, para qué y quién es el destinatario
del texto, y distribuir en el tiempo las acciones de planificación,
textualización y revisión, tal como hacen los escritores fuera de la escuela.

Cuando los niños copian con sentido se enfrentan al problema de


decidir desde dónde hasta dónde corresponde copiar según los propósitos de la
escritura. Estas situaciones resultan pertinentes sólo cuando los niños pueden
recuperar el sentido de lo que están copiando, por ejemplo, cuando guardan
memoria del préstamo de libros, agendan datos personales de los compañeros,

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fichan libros de la biblioteca, registran en los cuadernos un recordatorio o un
comentario construido colectivamente en el pizarrón. En las etapas iniciales de la
alfabetización, el docente ayuda a los niños a construir gradualmente una estrategia
de copia para lograr reproducir una escritura, es decir, para no repetir un mismo
fragmento o no saltear ni cambiar el orden.

Resulta de suma importancia explicitar los contenidos que se


comunican en las situaciones de lectura y escritura desde la perspectiva
del rol docente. Cuando el maestro lee a los niños, cuando los invita a comentar y
recomendar obras leídas, cuando les propone registrar el préstamo de materiales
de lectura o a encontrar el título de un libro en una lista de varios para leer, está
enseñando contenidos que contribuyen a que sus alumnos lean y escriban de
manera cada vez más autónoma.

Gran parte de estos contenidos son prácticas sociales que se aprenden en


la medida que se ejercen. Son prácticas porque son acciones que “hacemos” los
usuarios del lenguaje con los textos orales o escritos en determinadas situaciones y
para cumplir con ciertos propósitos; prácticas que incluyen los textos pero que no
se reducen a ellos. Son históricas porque varían con el tiempo. Por ejemplo, no se
leía de la misma manera en la Edad Media que en la actualidad (existen diferencias
en los materiales de lectura, los temas de lectura, las formas de leer en sus diversos
soportes). Son culturales y sociales porque expresan rasgos identitarios y de
clase diferentes según el grupo o comunidad en el que se desarrollan. Son también
cognitivas y lingüísticas porque manifiestan un modo de pensar y entender el
mundo y se expresan en formas lexicales, sintácticas, textuales relativamente
estables que las diferencian de otras actividades verbales tanto orales como
escritas. Por ejemplo, si se piensa en el género “reglamento”, no se escribe de igual
manera un reglamento de la biblioteca del aula, un reglamento deportivo o un
reglamento de ley de procedimiento administrativo. Toda práctica tiene propósitos
comunicativos diferentes, establecen relaciones particulares con los otros y con el
contenido que se quiere expresar y se escriben siguiendo restricciones lingüísticas y
discursivas específicas.

Durante el transcurso de estos intercambios en donde los niños aprenden


prácticas sociales de lectura y escritura, es posible recortar momentos para que a
través de las intervenciones del docente los niños se centren en la comprensión

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del sistema de escritura, es decir, que avancen como lectores y escritores. Por
ejemplo, durante la situación en la que los niños tienen que localizar el título de un
libro para registrarlo en una ficha de préstamo de la biblioteca, tienen
oportunidades para buscar pistas en el texto que les permitan hallar un texto entre
otros. Así, algunos chicos pueden señalar el título de un libro porque reconocen
letras que son las de su propio nombre o porque anticipan que tiene que tener
pocas letras porque el título solicitado es “cortito”. Otros chicos pueden tomar en
cuenta el contexto gráfico, por ejemplo, las imágenes que aparecen en la tapa y a
partir de allí intentar anticipar si es el libro que buscan. Del mismo modo, al
escribir el nombre propio durante el registro de préstamo, los niños tienen
oportunidades de reflexionar sobre el funcionamiento del sistema de escritura:
cómo se leen las letras y cómo se usan para escribir. Así, algunos niños pueden
realizar una copia fiel de su nombre sin modelo a la vista pero al momento de
interpretarlo piensan que, por ejemplo, “Agustín” tiene que tener tres (“A-gus-tín”),
hecho que confrontará con la escritura convencional de su nombre. Otros niños
pueden requerir del texto-modelo a la vista pero al momento de copiar no logran
reproducir la direccionalidad y la convencionalidad de algunas grafías, hecho que
les permitirá ajustar gradualmente la estrategia para seleccionar cada fragmento y
registrarlo sin omitir o repetir alguno.

Instalar estas prácticas en el aula supone advertir la presencia y relación


entre propósitos comunicativos y didácticos. Se trata de pensar situaciones
que resguarden un sentido personal desde el punto de vista del alumno, es decir,
que estén orientadas a la realización de un propósito para cuya consecución es
relevante leer y escribir. Y desde el punto de vista del docente, se trata de enseñar
ciertos contenidos constitutivos de la práctica social para que los alumnos puedan
reutilizarlos en nuevas situaciones de lectura y escritura. Así por ejemplo, durante
el desarrollo del curso se proponen situaciones en las que los niños leen y escriben
por sí mismos en el contexto de la organización, circulación y lectura de los
materiales de la biblioteca con el propósito comunicativo de buscar maneras de
ordenar y clasificar el material, confeccionar fichas para los usuarios, organizar una
cartelera de recomendaciones de obras leídas… Además se persiguen propósitos
didácticos orientados a que los niños aprendan algo más de la lectura, la escritura y
los textos, que puedan por ejemplo, leer y escribir por sí mismos el nombre propio
(palabras) y los títulos de los cuentos (frases o palabras) cada vez con mayor
autonomía y puedan así, progresar en la adquisición del sistema de escritura.
Articular este doble propósito permite cumplir con las condiciones necesarias para
otorgarle sentido a las prácticas de lectura y escritura.

El desafío de leer y escribir por sí mismo se promueve teniendo en cuenta un


criterio fundamental: concebir a los niños como lectores y escritores
plenos. Para ello, las situaciones de enseñanza deben posibilitar que los niños
pongan en acción sus saberes previos para resolver los problemas al momento de
interpretar o producir un texto. Requiere que el docente proporcione un contexto
adecuado que permita a los niños realizar anticipaciones acerca de lo que
pueden “decir las escrituras” y organizar intercambios con otros que ayuden a

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corroborarlas o rechazarlas. Requiere poner a disposición de los niños todas las
fuentes de información posibles para su consulta permanente, proponer el uso
de variados instrumentos y soportes adecuados para cada situación (fichas lectoras,
cuadernos o libretas para agendar, papeles afiches para escrituras colectivas, hojas
sueltas que se fijarán en la cartelera, etc.) y promover la producción de
escrituras cooperativas (en parejas o pequeños grupos) para favorecer la
confrontación de conceptualizaciones diferentes y el intercambio de informaciones
específicas, así como la alternancia de distintos roles (dictar, escribir al
dictado, corregir, pasar en limpio con marcas de edición acordadas, releer para
hallar una información, seguir la lectura hasta encontrar el dato, comentar por
escrito la producción del otro, etc.). En consecuencia, la intervención del docente es
fundamental para propiciar el proceso de coordinación de informaciones entre lo
que los niños conocen y los datos que el texto y el contexto aportan. También, para
garantizar la posibilidad de consultar fuentes escritas disponibles en el salón y
tomar las partes que necesitan para producir las escrituras.

Dado que los puntos de partida de los niños de un grupo son diversos, es
esperable que no todos interpreten o produzcan textos de la misma manera.
Comprender la diversidad de respuestas de los niños ante una misma
situación supone la necesidad de pensar intervenciones diferentes por
parte del docente. Por ejemplo, localizar la ficha lectora con su propio nombre
entre un conjunto de fichas con los nombres de los compañeros del salón puede
resultar para algunos niños una situación que no ofrezca demasiados problemas,
pero para otros, puede representar un gran desafío. Para ello, el docente interviene
planteando diferentes problemas de acuerdo a las posibilidades lectoras de los
niños:
- si los niños no consideran aún índices de lo escrito, muestra nombres que
permitan establecer relaciones entre la extensión de lo dicho con la
extensión de lo escrito. Por ejemplo, presenta los nombres LUZ- MARIANELA
y solicita localizar dónde dice Luz.
- si están centrados en los aspectos cuantitativos, selecciona otros nombres
para que los lleve a considerar aspectos cualitativos. Por ejemplo, presenta
NICOLÁS-MARTINA-JULIETA y solicita localizar dónde dice Martina.
- si logran considerar índices cualitativos pero sólo se fijan en los inicios o
finales de los nombres, selecciona otros carteles para que puedan
enfrentarse al desafío de analizar el interior del enunciado. Por ejemplo,
presenta MARIANA-MARTINA-MARIANELA y solicita localizar dónde dice
Mariana.
En definitiva, se trata de propiciar situaciones que planteen verdaderos
problemas a resolver por los niños, es decir, que permitan poner en acción algunos
saberes que ya han construidos e interpretar a partir de ellos pero que a su vez, no
resulte suficiente y requiera elaborar nuevos conocimientos o establecer nuevas
relaciones entre lo ya construidos.

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Para posibilitar que los niños avancen como lectores y escritores desde edades
tempranas es necesario planificar situaciones de lectura y escritura
atendiendo a criterios de diversidad, continuidad, simultaneidad y
progresión:
 Atender al principio de diversidad supone pensar situaciones que
presenten variaciones en cuanto a los propósitos que se persiguen, los
textos que se leen o se producen, los soportes y materiales de lectura y
escritura, las formas de agrupamiento de los niños, los roles durante la
lectura y la escritura y las modalidades organizativas. Así en las
situaciones seleccionadas en este curso, los niños exploran y leen por sí
mismos y a través del docente para intercambiar opiniones, para
organizar los materiales de la biblioteca o para recomendar obras leídas a
sus familias y pares de la institución. En algunos momentos discuten en
parejas, en otros lo hacen en equipo; en ocasiones tienen oportunidad de
pensar solos frente al escrito y en otras consultan al maestro. En estas
situaciones tienen oportunidades de interactuar con textos de variada
extensión y complejidad, desde nombres propios, títulos de obras,
epígrafes hasta cuentos, notas de enciclopedia, recomendaciones
literarias… Durante el curso se trabajan situaciones habituales y la
modalidad de trabajo por secuencias y proyectos. Así, las situaciones
donde el maestro lee textos en voz alta a los niños y abre espacios para
compartirlas en grupo, aparecen en el marco de actividades habituales
que se mantienen constantes a lo largo del año escolar. La situación
donde el maestro y los niños leen y escriben para organizar una cartelera
de recomendaciones en cambio, forma parte de un proyecto con una
duración acotada.

 También es necesario garantizar la continuidad de estas situaciones


para que los niños se enfrenten con problemas similares y logren resolver
nuevas situaciones de lectura y escritura con estrategias cada vez más
avanzadas. Así por ejemplo, para preocuparse genuinamente de la
función normativa y las formas verbales predominantes que se usan para
escribir el reglamento que regirá el cuidado de los materiales de la
biblioteca del aula, se requiere escribir diversos textos prescriptivos a lo
largo del ciclo con distintos propósitos y destinatarios y en diversas
circunstancias (por ejemplo, el reglamento para jugar a la oca, las
instrucciones para cuidar el lumbricario, los acuerdos grupales para
comportarse durante la excursión…), de modo que cada situación
constituya un desafío diferente para pensar las diversas respuestas ante
problemas similares.

 Sostener estas situaciones a lo largo del año y lograr mantenerlas en


simultaneidad con otras situaciones de lectura y escritura permite a
los niños reelaborar los conocimientos. Así por ejemplo, mientras se
desarrolla el proyecto de recomendaciones literarias el docente prevé
dedicar espacios semanales a la lectura de otros textos seguidos de

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espacios de opinión y en otros momentos a explorar, intercambiar y
prestar libros en el marco del funcionamiento de la biblioteca del aula.

 Asimismo, es indispensable que exista una articulación de propuestas de


enseñanza durante el año y una coordinación entre docentes de las
distintas aulas para articular la diversidad y la continuidad áulica e
institucional, planteando un desafío cada vez mayor a los alumnos, es
decir, logrando progresión en las prácticas. Se trata de establecer
algunos indicadores de avances de los niños en cada situación en función
de las experiencias de lectura y escritura desarrolladas dentro y fuera del
aula. Así, por ejemplo:
 Si se ofrecen frecuentes oportunidades para que los niños
puedan leer por sí mismos (de explorar variedad de textos
en una mesa de libros, de localizar un título entre otros en
una agenda de lectura o índice de enciclopedia, de “seguir”
con el dedito una copla conocida, de descubrir qué dice y
cómo dice un enunciado con la ayuda de otros lectores)
entonces podrán utilizar los datos contextuales para
circunscribir dónde leer y realizar anticipaciones acerca de
lo que puede decir; podrán considerar no sólo los datos que
aportan las imágenes sino también índices cuantitativos y
cualitativos provistos por el texto para confirmar, rechazar
o ajustar esas anticipaciones; se atreverán a leer textos cada
vez más extensos o buscar en aquellos que el docente les ha
leído, alguna parte preferida apelando al conocimiento del
texto para orientarse en la búsqueda…
 Si se ofrece una intensa interacción con material escrito
convencional disponible en el aula y múltiples
oportunidades de que los niños escribían por sí mismos
(para agendar títulos leídos, registrar el préstamo de libros,
tomar notas de datos significativos de textos leídos y
comentados en clase) entonces es posible que al escribir
comiencen a seleccionar las grafías más próximas a lo
convencional, controlando sus propias escrituras y
coordinando de manera cada vez más ajustada los aspectos
cuantitativos y cualitativos, ampliando y empleando con
mayor pertinencia el repertorio de grafías conocidas.

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En síntesis…

Para enseñar a leer y escribir durante la alfabetización inicial


proponemos:

 Plantear diferentes situaciones en las que los niños se desenvuelvan


como practicantes del lenguaje escrito aún antes de leer y escribir
convencionalmente.

 Explicitar los contenidos que se comunican en las situaciones de lectura y


escritura.

 Advertir la presencia y relación entre propósitos comunicativos y


didácticos en cada tipo de situación planteada.

 Concebir a los niños como lectores y escritores plenos.

 Comprender la diversidad de respuestas de los niños ante una misma


situación y ello supone la necesidad de pensar intervenciones diferentes
por parte del docente.

 Planificar situaciones de lectura y escritura atendiendo a criterios de


diversidad, continuidad, simultaneidad y progresión.

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Bibliografía consultada

Castedo, Mirta; Dapino, María y Paione, Alejandra (2008). “La construcción de la


lengua escrita”. Módulo del Curso Virtual: Renovación de la didáctica en el campo
del lenguaje para los primeros años de la escolaridad (Transición y Primer año).
Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina, el Caribe, España y
Portugal (CERLALC) Universidad EAFIT. Colombia.

DGC y E (2008). Diseño Curricular para la Educación Primaria. Primer Ciclo.


Volumen 1/Dirección General de Cultura y Educación. La Plata, Dir. General de
Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires.

DGC y E (2008). La lectura en la alfabetización inicial: situaciones didácticas en


el jardín y en la escuela / coordinado por Claudia Molinari y Mirta Castedo. La
Plata, Dir. General de Cultura y Educación de la Provincia de Buenos Aires.

DGC y E (2010). Recopilar canciones en la alfabetización inicial. Curso Virtual de


Capacitación Docente/ coordinado por Alejandra Paione. Buenos Aires, Dirección
Provincial de Educación Superior y Capacitación Educativa. Dirección de
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Inicial.

GCBA (2004). Diseño Curricular para la Escuela Primaria. Primer ciclo de la


escuela primaria. Educación General Básica. Buenos Aires. Secretaría de
Educación del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Dirección de Planeamiento.
Dirección de Currícula.

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