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El arte de mandar y obedecer

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El arte de mandar y obedecer. Doctrina Policial
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El Arte de Mandar y Obedecer, My. Lic. René Zavala Mendieta Versión Digital: William I.A.

Llanos Torrico, Oficial de Policía

EL ARTE DE MANDAR Y OBEDECER
My. Lic. René Zavala Mendieta

El Arte de Mandar y Obedecer, My. Lic. René Zavala Mendieta Versión Digital: William I.A. Llanos Torrico, Oficial de Policía

PRÓLOGO La constante evolución y complejidad que registran las organizaciones e instituciones en un país en vías de desarrollo como el nuestro, reflejan una problemática sui géneris en los niveles administrativos de estas estructuras organizativas, en virtud a que la conducta humana es de difícil previsión por las diferentes características bio-psico-sociales, que implica la conducción de hombres y el acatamiento consciente de los mismos en el marco normativo o institucional de una sociedad. El Arte de Mandar y Obedecer es un enfoque de interés profesional para la Institución Policial por su naturaleza organizativa y su estructura administrativa que presenta una pirámide disciplinaria y jerárquica. Estoy seguro que será de mucha utilidad para comprender la función de mando en su magnitud humana como producto de las relaciones y división del trabajo y los elementos psico-sociales que intervienen en el difícil Arte de Mandar y Obedecer. En los actuales momentos es necesario incentivar y estimular la creatividad profesional que nos permita un mayor cúmulo de aportes que estén acordes a nuestra realidad social e institucional.

La Paz, Mayo de 1988

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Agradezco muy sinceramente a todos aquellos profesionales que me han brindado su cooperación para que esta pequeña obra salga a la luz, y en forma muy especial al General Mario Molina Herrera Sub-Comandante de la Policía Nacional y al señor Humberto Zavala como corrector de la obra.

EL AUTOR

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ARTE 1. CONCEPTO DE MANDAR

DE

MANDAR

Mandar es hacer propia la misión que nos han encomendado. Nosotros somos los responsables de la misión en la que pondremos todo nuestro interés y entusiasmo, tal como si fueran nuestras propias cosas. Mandar es dar ejemplo marchando adelante a la hora de mayor dificultad. Mandar es integrarse al grupo de personas que nos asignan como colaboradores nuestros, donde el Jefe es la pieza más importante, donde cada uno ocupará su lugar, de acuerdo a la misión encomendada; donde el Jefe estará inmerso en los problemas o dificultades que se pueden suscitar en el cumplimiento de la misión. Mandar es hacer que los subordinados estén seguros que luchamos por sus intereses, que estamos atendiendo sus peticiones, siguiendo sus aspiraciones, colaborando para lograrlas, y, por ende, solucionando sus problemas, por lo que el Jefe no escatimará esfuerzo para el logro del bien común que persiguen. Mandar; es escuchar; sólo quien escucha llegará al fondo del problema, condición previa para tomar soluciones acertadas. Mandar; es ganarse la confianza del grupo y lograr la armonía entre ellos. Mandar; es organizar los medios, las personas. Es organizarse uno mismo, planificando debidamente su propio trabajo. Mandar; es prever, porque el Jefe que no se adelanta a los acontecimientos se verá en dificultades posteriormente. Mandar; será actuar, realizando todo lo anteriormente expuesto, porque el Jefe que de verdad quiere hacer honor a esa distinción, deberá esforzarse para suplir algunas dificultades, con inteligencia, con habilidad y comprensión. Las limitaciones que podrían rodear a todos aquellos que lo colaboran, deberán ser subsanadas, inclusive, aquellas estructuras en que se hallan encuadrados. 1.1 CONCEPTO DE LO QUE NO ES MANDAR No es mandar cuando se aprovecha de las ventajas que da el cargo, eludiendo sus obligaciones como superior. No es mandar cuando uno se ubica en una situación de privilegio, que le permita olvidar cómodamente todos los acontecimientos, sin hacer absolutamente nada.

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No es mandar cuando uno se gana el temor de sus subordinados, descargando todos los malos tratos de que anteriormente fuimos víctimas, por culpa de algún mal Jefe. No es mandar, cuando se hace sufrir a sus colaboradores con los cambios de carácter derivados de los problemas personales, ya sea con la esposa, con los hijos o parientes, con los que los subordinados no tienen nada que ver las discusiones, donde se descargan gritos; las actitudes descompuestas y las palabras incorrectas deben quedarse en casa. No es mandar, si se aprovecha al máximo de los valores propios de quienes nos colaboran, haciendo que estos pasen desapercibidos, apoyándose en ellos como columnas, inmovilizándolos en sitios poco apropiados. Tales son algunas de las actitudes incorrectas que encontramos en el ejercicio del mando, actitudes que encubren al ser egoísta y poco inteligente, y que no auguran un buen porvenir a quien obra así. 1.2 MANDAR ES VALER ¿Qué es valer? Valer es tener o poseer determinadas cualidades o condiciones personales que nos dan la madurez y la experiencia. La madurez no está en relación con la edad, sino con el vigor y con el entusiasmo de los años jóvenes. La experiencia, no tanto en función del tiempo, sino en la intensidad y entrega al trabajo que se viene realizando o ejerciendo. Valer es poseer un conocimiento adecuado de la misión que le ha sido encomendada, conocimiento que se irá perfeccionando con el paso del tiempo, siempre que se mantenga un espíritu abierto a todo aquello que sirva para mejorarlo. Valer es poseer el don de tratar con los demás, ya sea con superiores, compañeros o subordinados, porque el Jefe no vive aislado, sino depende de otras personas. Está integrado a un equipo que trabaja, con el que necesita colaborarse, donde sus ideas e inquietudes deben armonizar con los intereses de los demás para el buen logro de sus objetivos. Valer es poseer un equilibrio emotivo que le permita afrontar con serenidad a los hombres; que le permita exponer ideas claras, criterios fijos y que esté abierto al consejo, a la crítica y a la rectificación de los demás. No deberá humillarse a sus superiores ni pisotear a sus inferiores. Es poseer un equilibrio emotivo ante las circunstancias débiles que en ocasiones se presentan en el ejercicio del mando.

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Valer, es integrarse al equipo, llegando a constituir con sus superiores, compañeros y subordinados un organismo vivo que se desarrolla armónicamente y que mutuamente se influyan y perfeccionen. Valer es mejorar cada día, mediante una actitud humilde y realista, donde cada uno aportará de acuerdo a sus conocimientos, perdonando las fallas que pueda tener en el ejercicio de su autoridad. Valer es condición previa al ejercicio de todo mando, que se toma muy en cuenta cuando se va a designar al nuevo Jefe, cuando éste sea llamado a ejecutarlo. 1.3 MANDAR ES PRESTAR UN SERVICIO Prestar servicio es someterse a una obligación, la cual exigirá sacrificio personal, desvelo, tiempo propio y entrega de sí mismo. Por eso es duro mandar. Son pocos los que mandan bien y pocos los que están dispuestos a desvelarse inteligentemente tratando de desempeñar bien el cargo que ejerce. Prestar servicio es descubrir en cada persona la suprema dignidad del hombre; es pensar y sentir el verdadero valor del hombre, porque éste no es sino una criatura de Dios, semejante a él. Prestar servicio, es portarse como un buen padre, teniendo autoridad sobre sus hijos que son al mismo tiempo sus mejores servidores, es ser padre por afecto, por la preocupación que dedicamos, por la previsión, por saber exigir, saber disculpar y saber escuchar. Prestar servicio es aceptar su misión con humildad y conceptuarse verdaderamente servidor. Entendido el mando así, no habría lugar al despotismo, al capricho ni a la tiranía. Valer para el puesto y servir desde el puesto de jefe, estos dos conceptos señalan el grado de perfección con que se ostenta y desempeña una Jefatura. 2. CUALIDADES DEL ARTE DE MANDAR 2.1 DECIDIR Adoptar decisiones es la tarea esencial y auténtica del arte de mandar. La rapidez y el acierto en la decisión es un índice seguro de una gestión adecuada y de ella depende la buena marcha, ya sea de la empresa, del departamento, de la Unidad, etc.

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Por supuesto, decidir es algo más que elegir entre varias posibilidades, teniendo presente una serie de variables, más o menos precisas. Es una opción en el presente y una apuesta para el futuro; en suma es resolver un problema sobre la base de un conocimiento adecuado para la situación, conocimiento que se apoya en una información fiable, en un buen juicio para ponderar el valor relativo de los distintos elementos que entran en juego. La decisión es necesaria en todos los escalones de la institución. En los altos niveles habría que decidir los objetivos fundamentales y las políticas que se deben seguir. En los mandos intermedios la decisión tocará aspectos directamente ejecutivos y en los otros mandos directamente los de la acción. A) CÓMO DECIDIR: Se tomarán en cuenta varios factores. a.1) ESCUCHANDO A todos aquellos que puedan dar una información adecuada y detallada de las circunstancias que rodean el problema. Es preciso escuchar opiniones diversas, incluso contradictorias, para tener un adecuado conocimiento. Después de todo, el jefe es quien, en definitiva, tomará la decisión, porque la responsabilidad será solo suya. a.2) Atenerse a los hechos reales.- Es saber distinguir lo verdadero de lo que pueda ser falso; es analizar con imparcialidad los informes de las personas que llevaron a cabo la misión. No deberá atenerse a su propio criterio o prejuicios que lo rodean. Jerarquizar los problemas.- Es distinguir con precisión lo esencial de lo secundario. En general, todo lo que vaya a afectar la situación de las personas, merece el calificativo de esencial, por las repercusiones que podría tener para el futuro. Adelantarse a los acontecimientos.- Las decisiones habrá que tomarlas con energía y sin mayor dilación, pues se corre el riesgo de que nos sean impuestas. Sólo así se podrá evitar el tener que decidir bajo presión. Confianza de sí mismo.- El jefe que tiene confianza en sí mismo, sabe mandar. Esto nace de la confianza que se tiene en uno mismo. Organizar el trabajo.- El Jefe concentrará sus esfuerzos y energías sobre las tareas esenciales e importantes, dejando en manos de los demás lo que el considere que puedan hacer por sí mismos. Por eso deberá tener siempre presente que el abarcar demasiado le llevará necesariamente a la superioridad.

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Rodearse de buenos colaboradores.- Por mucho que valga el Jefe, nunca podrá resolverse por sí mismo todos los problemas que se le presenten. Estará limitado en cuanto a tiempo, a energía y tal vez a conocimientos; por eso deberá emplear con mucho tino los recursos humanos que tiene a disposición y luego estas serán las personas idóneas que coadyuvarán al éxito de su labor. Delegar.- Significará señalar objetivo y otorgar la autoridad y responsabilidad necesarios para poder alcanzarlo. No es ordenar el cumplimiento de un acto sino de proporcionar el “margen de acción” conveniente a alguien, que deberá responder de su actuación ante la persona y sólo ante ella que le ha confiado tal misión.

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3.0 CUALIDADES DEL JEFE QUE SABE DELEGAR Existen dos principios fundamentales que se debe tener muy en cuenta para lograr una delegación acertada. 1) La delegación no significará que se haga abandono del mando. 2) La delegación no deberá ir jamás en detrimento de la Unidad que se manda. Por lo tanto, el delegante tendrá que poseer una serie de cualidades. LAS CUALIDADES SON: a.1) TENER ESPÍRITU AMPLIO.- Esto significa que el Jefe debe admitir que el delegado también puede proceder por sí mismo correctamente aunque de forma distinta a como nosotros mismos lo haríamos. SER PACIENTE.- Deberá esperar los resultados finales, siempre con prudencia y buen sentido. Adoptará medidas, atendiendo circunstancias y evaluando los perjuicios, siempre que el plazo de ejecución de la misión encomendada no venza. NO SER DESCONFIADO.- La desconfianza supone una actitud de pensar, por principio, de que todas las personas tienden a actuar con engaño y que el control deberá ser de un carácter casi policial. Esto no implica que deberá ser confiado al extremo, ya que, el Jefe deberá establecer objetivos previamente establecidos. a.4) NO IR A LOS DETALLES NIMIOS.- Esto implica que el superior debe pedir a sus subordinados resultados de conjunto sin inmiscuirse en minucias de forma o de modo que todos los objetivos hayan sido alcanzados, con óptimos resultados.

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NO DELEGAR TODO.- Esto significa que las cuestiones que necesiten de la presencia o de opinión del Jefe, deberán ser atendidas personalmente; esta actitud, paralelamente, tendrá por objetivo vivir el ambiente en forma personal.

Un responsable, el Jefe siempre delegará responsabilidad a una persona y la cual deberá tener conciencia de la responsabilidad de la misión encomendada, es a ella a quien deberá recomendar el fiel cumplimiento de la misión; esto no quiere decir que tenga que realizar la tarea por sí mismo, menos si es Jefe de Departamento. Este deberá buscar la colaboración de todo su equipo, o en casos extremos, buscará asesoramiento de otras personas u organismos; pero, finalmente, él será el responsable de que la misión encomendada se cumpla o falle. Trabajo en Equipo.- Supone una clara distribución de responsabilidad, donde se ayudarán unos con otros para alcanzar el fin buscado. Todos ellos deberán tener: A) Colaboración real (física o moral) B) Objetivo común (alcanzado con el apoyo de todos) C) Aportación de valores específicos de cada uno. Espíritu de Equipo.- El verdadero Jefe sabrá crear un verdadero espíritu de cuerpo, logrando entre todos una verdadera confianza. Reconocerá sus valores, apertura de sugerencias, apoyo a justas aspiraciones, defensa de sus derechos, etc. El verdadero Jefe sabrá crear responsabilidades individuales a cada uno de sus colaboradores, delegando en ellos determinadas tareas. 3.1 PRINCIPIOS DE UNA BUENA DELEGACIÓN DE TAREAS A) DEBE SER LIMITADA.- El Jefe deberá reservar para sí ciertas facultades y decisiones, de modo que, el que reciba el mandato pueda actuar o decidir en nombre del superior, pero siempre dentro de ciertos límites. Podemos delegar hasta donde sea posible, sin llegar a perder las riendas. B) BIEN DEFINIDA.- Deberá encomendarse en forma tal, que el delegado sea, para un cierto número de individuos, el único Jefe a quien deberán obedecer; nunca obedecerán a dos superiores. UBICAR.- Señalar claramente la esfera de acción donde actuará. NO DEBE inmiscuirse delegación restringida SER INTERFERIDA.- Esto es que, el superior no deberá en las funciones del delegado. Dicho en otras palabras, la de autoridad una vez otorgada, en ningún caso deberá ser mediante interferencias del superior en el terreno o

C) D)

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restringiendo las atribuciones por él mismo concedidas a su delegado. Si estima que éste no actúa en la debida forma, retírele la delegación, pero no interfiera en su campo de acción, desautorizándolo. 4.0 PERSONALIDAD DEL QUE MANDA Qué es la personalidad.- Entendemos como personalidad, el conjunto de cualidades que, desde el punto de vista del temperamento, del carácter, de las actitudes y opiniones, definen los rasgos de conducta y la forma de reaccionar. La personalidad está sometida al influjo de la herencia, a la huella de los padres, de los amigos, del medio ambiente, del colegio, etc., factores que lo van moldeando lentamente hasta definirlo completamente. 4.1 LOS VALORES El espíritu humano se mueve en el mundo de las ideas, del pensamiento, lo que le permite la contemplación de la realidad. Es por eso que al lado del mundo de las cosas reales y del mundo de las cosas ideales, el hombre cuenta con el mundo de los valores que da a su vida una amplitud y un contenido que no tienen los otros mundos. El mundo de los valores es tan rico que el hombre a veces le confiere una adhesión, con frecuencia más decidida que al mundo de las mismas cosas reales. Por eso en cualquier ambiente y grado que tenga de conocimiento, el hombre siempre establecerá una distinción precisa entre aquellos que viven de los bienes sensibles y materiales, que solo obedecen a sus instintos, a los mandatos de su egoísmo y los otros que están dotados de un don espiritual, de una riqueza espiritual y que tienen sentimientos generosos y elevados. Por eso todas las naciones saben valorar y apreciar a aquellos que realizan valores espirituales con decisión y plena conciencia del deber y nunca los confunden con aquellos que anidan en su pecho sentimientos negativos que perjudican a todos. 4.2 VALORES MORALES La moral no puede ser sino el resultado de una preferencia interna, tan universal como la que existe entre todos nosotros. Los valores morales nos acercan a Dios porque son aspiraciones divinas, porque está claro, que hasta los seres desprovistos de conocimiento, pueden obrar en virtud de un fin y desear el bien, como algo natural. En la medida en que cada uno tiende a ser bueno, se asemeja a Dios y desea tanto su propio bien, como el de los demás. El juicio moral, proviene de que el espíritu es por naturaleza capaz de separar los actos morales de los inmorales.

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El espíritu encuentra en las cosas ciertas cualidades por las cuales los atraen o repulsan, valora lo bueno y lo malo espontáneamente, como distingue la verdad del error. Reconoce la dignidad, el merecimiento que tiene una cosa o un acto independiente de toda consideración personal. Del mismo modo que no es por costumbre o por interés que tres más tres son seis, distinguimos el bien del mal, cuya realidad es pues, rigurosamente objetiva. No depende de nuestros deseos ni de nuestras simpatías, no depende de la influencia social o histórica. El hombre reconoce que un acto de generosidad o un acto de misericordia, son buenos y reprueba la maldad donde aparece. Los valores morales se presentan como exigencias puras. El espíritu tiene conciencia de ellas y la capacidad de realizarlas. Muchas veces aparecen inaccesibles a la realidad humana; por eso cada persona, de acuerdo con su temperamento, con su educación, con su edad y sus recursos, da una expresión diferente de los valores morales. La nobleza, la dignidad y la lealtad se manifiestan en una infinita variedad de matices individuales; puede decirse que hay tantas formas de expresión de valor, como personas existen, pero esta variedad no afecta la realidad esencial del valor. Es por eso que el hombre tiene una esencia y una personalidad que lo hace enfrentarse al mundo como una realidad llena de sentido. Y está llamando a un destino propio y dentro de esa realidad personal los valores morales son modelos puros a los cuales deberá someterse para no ser arrastrado por una serie de corrientes, de influencias biológicas, sociales y por los instintos o inclinaciones que son las fuerzas que ejercen acción sobre la parte animal del hombre. 4.3 VALORES ESTÉTICOS Sin embargo, de ser el arte una actividad tan generalizada en la actividad humana, la filosofía no lo hizo objeto de sus meditaciones directas sino en épocas recientes donde los pensadores antiguos confundieron la belleza con el bien y consideraron el goce estético como una de las formas del goce moral o una variedad instructiva del conocimiento. El valor estético no reside, pues, en los objetos sino en cuanto estos tienen una estructura que los hace estéticamente valiosos para el espíritu y en cuanto pueda proporcionar a este la emoción artística. Además, de este carácter esencial de lo estético que permite establecer que la belleza es algo específico que no pueden confundirse ni con la moral ni con las manifestaciones de la vida psicológica, la axiología ha relevado el aspecto universal, objetivo permanente de los valores estéticos.

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Es evidente que las formas en las cuales se presenta una creación artística, cambian las mutaciones del gusto estético; son más frecuentes y visibles que las del sentido moral. Bastará pasar revista a las escuelas de arte que existieron en nuestro mundo. Por ejemplo tenemos el arte helénico y el arte gótico para comprender la diversidad de apreciaciones de la belleza. Por consiguiente, la belleza no es como lo es el bien; el valor estético aparece como algo superior, despierta sentimientos de admiración; se le presenta al individuo como una realidad que está por encima de él. Por eso la belleza es una fuente perenne de goce, y las grandes obras de arte son externas. La axiología las reconoce como universales y perennes y las aleja definitivamente de los planos subalternos a los que el relativismo ha pretendido colocarlos, el arte es creador de valores por los cuales el hombre se desencadena de sus limitaciones instintivas y psicológicas para alcanzar la vida del espíritu que le permite sentir su autonomía en el mundo. 4.4 VALORES RELIGIOSOS Así como el hombre por medio de los valores morales considere dar una dirección a su conducta, orientándolo hacia fines superiores y así como encuentra en los valores estéticos de las cosas un goce puro, así los valores religiosos conseguirán darle un alcance, un sentido de trascendencia a esta realidad limitada que es nuestra propia existencia. Los valores religiosos llevan al hombre a un relacionamiento íntimo con la realidad y dan a su existencia una significación dentro del universo. Los valores religiosos hacen que el hombre no se limite frente al mundo, a la fría contemplación o a la visión utilitaria, sino que se aproxima a él con admiración y reverencia. Es por eso que existe en el hombre una necesidad profunda de que su espíritu se encuentre con la raíz de la religiosidad y se libere mediante la religión de ese sentimiento abrumador que es la soledad y su insignificancia dentro del universo. Es por eso que la religión no constituye una realidad superficial dentro de la existencia humana, sino algo universal y permanente que aparece lo mismo dentro de los pueblos primitivos, como los de más alto grado de cultura de una civilización. Por eso los valores religiosos tienen los siguientes caracteres: A) Son autónomos porque su función es, en la vida del espíritu, dar al hombre el sentimiento de vinculación con el universo. El espíritu que siente la soledad de su existencia y la fatalidad de la muerte inexorable ha de tender siempre a la captación de valores religiosos.

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Su polaridad; es decir que se dividen en santas y demoníacas, en sagradas y profanas, dándoles tratamientos diferentes. Exigen actos e instituciones propias, como ser: Los sacerdotes, las iglesias y las corporaciones religiosas. Son objeto de intuición personal, donde su aprehensión no es idéntica en todos los individuos; cambia según la capacidad intuitiva de cada uno. De ahí que estos valores sean más o menos (claramente) percibidos.

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D)

5.0 TIPOS DE JEFES La decisión es una cualidad necesaria en todos los niveles y escalones de cualquier institución para conseguir todos los objetivos y políticas que persigue. Entonces es cuando se conoce el verdadero Jefe y su capacidad para decidir. Sin embargo, con frecuencia nos encontramos con varios tipos de Jefes, como ser: 5.1 El Jefe indeciso.- Por ignorancia, porque desconoce parcial o totalmente el problema que se le presenta. Indeciso por política.- Es el Jefe que conoce la decisión que debe tomar, pero por las consecuencias que de ellas puede derivar, no se atreve a tomarlas. Indeciso por miedo.- Por las consecuencias que su decisión puede traer consigo. Indeciso por perfeccionista.- Es aquel Jefe que quiere pulir hasta el más mínimo detalle y obliga a rehacer una y otra vez los planes, sin tomar en cuenta que una oportuna decisión es mejor que una espera indefinida que tarda en llegar. Por eso que un Jefe indeciso puede llegar a dañar su propia salud y la de su empresa o institución. Por lo tanto una oportuna decisión, aunque imperfecta, seguida de una tenaz ejecución, es mejor que la espera indefinida de una solución ideal o que nunca o muy tarde será ejecutada. Nada se puede esperar de los hombres indecisos e irresolutos que dejan escapar ocasiones espléndidas por temor a exponerse. 5.2 Jefe Precipitado.- Es el extremo opuesto del Jefe indeciso. Veremos cómo son: A) Precipitado por temperamento: Es un Jefe impulsivo que desconoce el arte de saber escuchar a sus subordinados.

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B)

Precipitado por autoritarismo: Este Jefe no tiene una idea cabal sobre el respeto y la dignidad del subalterno y estima que su autoridad es su última y suprema voluntad, por eso es fácil comprobar: a) b) c) d) e) f) g) Servilismo Adulación Hipocresía Desconfianza Escasa independencia Ausencia de interés en el trabajo Oposición

Y como resultado de todo eso viene la ineficacia, y los daños son también graves. C) Precipitado por falta de dominio propio.- Esta clase de Jefe se impresiona muy rápidamente del último acontecimiento y obra rápidamente sin ponderar las circunstancias. Cuando el Jefe pierde el dominio propio se pone excitado, irascible, fuera de sí. Eso no le permite ver las cosas como verdaderamente son, sino desfiguradas por la susceptibilidad del momento. Precipitado por cansancio.- Es aquel Jefe que lleva varias horas debatiendo determinado problema. En estas circunstancias será preciso tomar un pequeño descanso si quiere tomar sus decisiones correctamente, caso contrario, afectará y pondrá en riesgo la futura decisión que deberá tomar. Esto acarrea al Jefe una serie de enfermedades, especialmente las afecciones cardíacas. 5.3 JEFE VERDADERO Procedamos al estudio de lo que debe ser el verdadero Jefe: a) El verdadero Jefe se rodea de buenos colaboradores, con los que analiza las soluciones posibles, después de una decisión que la considera la mejor y luego, consciente, asume la responsabilidad. Es consciente de que los resultados no siempre son perfectos. No deja pasar el tiempo inútilmente ni espera soluciones utópicas que no llegarán nunca – llegarán demasiado tarde. Es un hombre de acción, que camina firmemente hacia los fines deseados. Se esfuerza en ver claro y con precisión. Fija el

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propósito con nitidez y se empeña en dar solución, lo más aceptable posible. 6.0 CÓMO CONVENCER Y PERSUADIR Convencer significa dos cosas: a) Precisar razones eficaces para que cambie de parecer o la abandone definitivamente. Probarle una cosa de manera tal que racionalmente no la pueda negar. Por lo tanto salta a la vista que la influencia ejercida, en este caso afecta al entendimiento. PERSUADIR Es un verbo, amplio en sus acepciones. Su significado más admitido es el de inducir, mover, obligar al sujeto por medio de razones o presiones a que haga o deje de hacer alguna cosa previamente determinada. Por consiguiente, aquí se halla en juego la voluntad mejor que el pensamiento. Por coincidir con lo anteriormente expuesto, copiamos a continuación unas líneas del ilustre gramático, Don José López de la Huerta que indica lo siguiente: “Se convence al entendimiento, se persuade a la voluntad”. El convencido cede a la fuerza del discurso o del argumento; el persuadido cede a la fuerza de la verdad o de la inclinación. En determinadas ocasiones, sin embargo, se llega a un acuerdo relativo entre ambas facultades. A eso se llama convencionalismo. Esto ocurre por pereza, conveniencia o rutina. ARTE 1.0 CONCEPTO DE OBEDECER Según el Diccionario de la Lengua Española, obedecer es hacer algo que le manda otra persona o lo que establece una Ley. Existen dos aspectos para el buen obedecer: La necesidad de aceptar el propio trabajo, entregarnos a él con entusiasmo; y poseer una ambición de ir superando todas las dificultades. DE OBEDECER

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EL HOMBRE ANTE EL TRABAJO El trabajo, aparte de darnos experiencia, de desarrollar nuestras facultades y de darnos medios materiales, nos ayuda en nuestras necesidades, nos sirve para educar a nuestros hijos y nos da tranquilidad en cuanto a nuestro futuro; el trabajo nos permite ser optimistas, sin dejar por ello de ser realistas. Entendido así, sólo en el trabajo nos daremos cuenta que obedecer es natural. Así iremos contentos a nuestro trabajo, sin complejos de ninguna clase, convencidos de nuestra misión, por modesta que parezca, pero para nosotros será la más importante. NO HAY TAREA INFERIOR En el transcurso de nuestra vida tenemos todos una misión que cumplir debidamente; por lo tanto debemos encariñarnos con ella; es importante que nos convenzamos de ello, porque no hay tarea inferior ni superior, lo únicamente inferior es cumplir mal la tarea encomendada. Lo que realmente cuenta no es el resultado de nuestras actividades, sino la recta intención que ponemos en esta. Por lo tanto, teniendo una mentalidad así, es fácil conseguir ciertas cualidades que son características de las personas de verdadera valía. Dedicación al trabajo y de forma responsable. Energía, acción en el trabajo, lo contrario de pasividad. Honradez en el trabajo, procurando mejorar cada día lo realizado el día anterior. Realismo. Que no sueña con imposibles, que cada día gane pequeñas batallas en el trabajo permanente. Madurez. Es decir respecto a las diferencias de opinión de los demás.

Por lo tanto, con una mentalidad así, es más fácil aceptar el propio trabajo y, en consecuencia, saber obedecer. 2.0 EL SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD El sentido de responsabilidad supone convertir la orden recibida en orden propia, poniendo en ella todo el interés, cual si fueran nuestras cosas propias, sorteando obstáculos y procurando que la orden se cumpla sin repercusiones perjudiciales. Una persona con sentido de responsabilidad es de gran valor para el Jefe; entonces el jefe puede descansar tranquilo, porque su subalterno se ha convertido en una prolongación de él mismo.

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2.1

EL IRRESPONSABLE Es aquel que no cumple con la tarea encomendada y por lo tanto es: Inconstante, que se cansa y abandona fácilmente cualquier trabajo. Indiferente, carece de interés; su vida de trabajo es un constante aburrimiento. Perezoso, que deja siempre para mañana lo que puede hacer hoy. Indeciso, que falla, ya sea por temor a las consecuencias que derivan de asumir responsabilidades o bien por postergar indefinidamente una decisión.

Y, finalmente, son irresponsables los que aceptan una tarea, sabiendo que carecen de formación para desempeñar las mismas, desconocen la realidad y la falta de ponderación en cuanto al juicio que deben dar en determinada tarea. Son muchos los hombres sin formación ni conocimiento para el puesto encomendado. En consecuencia, ni pueden ni deben tomar sobre sí responsabilidades que están fuera de su alcance. 2.2 LA INICIATIVA El subalterno no se limitará a obedecer la orden sino que, dejando de ser una mera máquina, pone su inteligencia al servicio del cumplimiento de aquella orden, estudiando las circunstancias que pueden incidir en su ejecución, tomando las medidas necesarias para sortear dificultades y decidiendo lo que convenga decidir. 2.3 LA SUBORDINACIÓN Bien entendida no es nunca relajamiento de un hombre ante otro, sino la voluntad y disponibilidad para servir mejor a una misión. Cuando nos ponemos delante del Coronel, no estamos delante de un hombre, estamos ante un principio de autoridad que juzgamos útil y respetable, sin el cual la sociedad jamás existiría. 2.4 ARMONÍA Por lo tanto, es fundamental que en el arte de obedecer la subordinación vaya perfectamente armonizada con la iniciativa. Luego, para mantener una armonía entre estas cualidades aparentemente contradictorias, es necesario mantener un espíritu sereno y equilibrado.

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3.0

LA LEALTAD La Real Academia de la Lengua Española, define la lealtad: “como el cumplimiento de lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor y hombría del bien”. La lealtad tiene cientos de soportes indispensables sobre los que se asienta, siendo algunos de ellos: Confianza, para exponer su propio parecer no sólo cuando se coincide con las opiniones sino cuando se discrepa de ellas, lo cual es más difícil. Aprecio, donde se evitará la murmuración y se hará ver los aspectos reales. Valoración, no solo por sus obras, sino por su misma persona. Claridad, que nace de la confianza, donde no existirá subterfugios ni segundas intenciones. Respeto, a las decisiones que se hayan tomado aún cuando vayan en contra de nuestras ideas o deseos.

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3.1

SU IMPORTANCIA La lealtad debe ser importante tanto para el superior como para sí mismo. Referente al superior, digamos que es importantísimo tener que confiar, tener una visión real de los problemas, lo que es difícil conseguir porque existen aduladores que le presentan las cosas de modo poco objetivo. En lo que respecta al subalterno diremos que la lealtad une más al superior y le facilita su trabajo, además le proporciona una gran libertad de espíritu.

3.2

CÓMO SER LEAL Si bien la lealtad la consideramos como una actitud de reverencia, palabra que nos hace felices empero, digamos que se aproxima bastante a lo que queremos decir, porque, en última instancia, es una participación de la autoridad divina. De ahí que la auténtica lealtad podemos descubrir en eso que Don Coeur llama “el sentido de lo sagrado”. Es difícil encontrar una verdadera lealtad porque ésta implica una concepción, sino explícitamente religiosa al menos seria, profunda, trascendente e implícitamente religiosa, porque ésta es incompatible con el egoísmo, con la falta de principios éticos y con el sentido oportunista. Entonces, por todo lo dicho tratemos de

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esforzarnos por darle a nuestra vida un sentido serio, profundo y trascendente y, sobre este terreno podremos comenzar a cultivar esos integrantes inseparables de la lealtad que antes hacíamos referencia. 3.3 CÓMO DESPERTAR LEALTADES La lealtad que el Jefe desea de sus subordinados es de tanto valor que debe ganársela por sí mismo, y esto se consigue: Preparando la buena tierra donde esa lealtad puede nacer y eso sólo se conseguirá con un buen trato humano, con una preocupación auténtica hacia sus subordinados. Valorando la valentía, que supone decir al superior lo que debe decirse y no siempre halagándolo. Teniendo consideración a las personas. Es importante evitar la acusación de que se está utilizando al subordinado con fines egoístas. Teniendo tacto. Esto implica muchas cosas, como ser: consideración, cortesía, equilibrio, apertura a las opiniones y sentimientos ajenos. Evitando la crítica. El Jefe que critica a su superior no sólo se desprestigia ante sus subordinados y se priva de la fuerza que representa para el cumplimiento de su tarea, del respeto a su autoridad, sino que pierde el derecho a ser él mismo respetado por quienes están a sus órdenes. Aprovechando las distintas individualidades, precisamente porque cada hombre es distinto de los demás; el jefe deberá esforzarse por tratar a cada uno de sus subordinados de acuerdo con sus personales características. Siendo leal con sus subordinados, valorando y apreciando, dando confianza, respetando. Esto también constituyen las virtudes de lealtad del Jefe hacia los suyos.

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4.0

LA SANA AMBICIÓN Consideramos que la obediencia, desde el punto de vista del sujeto, es la aceptación del propio trabajo o sea el buen obedecer. Pero eso no basta, porque dentro de cada hombre que bien obedece sentirá dentro de sí un afán de mejorar en cuanto a formación, ingresos, status social, etc. Dicho en otras palabras, debe poseer una sana

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ambición; y ésta es una cualidad que, contra lo que se pudiera pensar, valora grandemente a todo hombre, sea superior o subordinado. 4.1 ES NECESARIO SER AMBICIOSO Por supuesto, pero en el sentido al que nos referimos anteriormente. No ambicioso que se apoya en procedimiento ilegales o en privilegios circunstanciales, sino en esa ambición que viene respaldada por el cumplimiento del deber, por la constancia y superación de cada día. Esta entendida así nos llevará a: A) Realizaremos, poniendo en el trabajo todas nuestras potencialidades. B) Alcanzar prestigio en el trabajo y ante sus compañeros. C) Lograr mejoras económicas, sociales para él y sus compañeros de trabajo. Y, como consecuencia de todo ello, autoafirmarse, tomando conciencia de sus propios valores, al mismo tiempo que afianza su sentimiento de seguridad. 5.0 EL COMPAÑERISMO El compañero de trabajo es aquel hombre o mujer que ejerce su actividad junto a nosotros; con él compartimos las inquietudes del quehacer diario; con él pasamos horas tristes y alegres, por eso, en estas circunstancias, la colaboración y el esfuerzo conjunto de todos nuestros compañeros de trabajo son importantes; sin ellos la actividad quedará paralizada; sin la colaboración mutua, el trabajo en equipo no existe. 5.1 QUÉ ES EL COMPAÑERISMO El diccionario define como “armonía y buena correspondencia entre compañeros”. Por lo tanto indicamos unos cuantos rasgos: Compañerismo es Ayudarse en una tarea difícil. Alegrarse del éxito ajeno de la misma forma que lo hacemos del propio. Saber descubrir todo lo bueno de los demás y disculpar lo que no lo es. Renunciar al lucimiento personal por el bien de los demás. Saber llamarle la atención prudentemente, sin herirlo. Saber armonizar discordias entre otros que están mal avenidos.

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Dedicarse a mejorar uno mismo, de modo que no quede tiempo de criticar a los demás. Integrarse en el equipo donde trabajará desinteresadamente y que éste no le sirva de trampolín para saltar posiciones. Así definido el compañerismo, es fácil encontrar personas con mentalidad cooperadora, cuya presencia constituirá un estímulo contagioso que favorecerá en gran medida a un ambiente adecuado. 5.2 COMPAÑERISMO Y COLABORACIÓN Colaborar será: Trabajar los unos con los otros. Pues bien, el alma de la colaboración es el compañerismo. Con el compañerismo el grupo se transforma en una comunidad de trabajo. Todos se sienten solidarios, incluso el jefe. Conscientes del papel que desempeñan se esfuerzan por cumplir su tarea lo mejor posible, se sienten orgullosos de servir a una causa, siempre piensan en el interés general y subordinan gustosamente ciertos intereses particulares, porque no existe verdadera colaboración sin consideraciones recíprocas, sin el deseo de ayudarse mutuamente, sin el espíritu de sacrificio, renunciación y olvido de sí mismos, que es la esencia misma del compañerismo. 5.3 COMPAÑERISMO Y COMPETENCIA El compañerismo y la competencia armonizan perfectamente porque éstas conllevan una serie de valores como ser estímulo, sana ambición, posibilidad de que sea reconocido el propio trabajo, etc. Así entendido, el compañerismo y la competencia no caerán en una serie de efectos marginales que son los egos, la suspicacia, la crítica, los rumores, la falta de iniciativa, el trabajo precipitado y la frialdad, aspectos negativos que la competencia puede llevar consigo. 5.4 SOPORTES DEL COMPAÑERISMO Supuesta la aceptación de los demás y la aceptación de nosotros mismos, es importante, si realmente queremos crear un verdadero ambiente de compañerismo, nos esforcemos por conseguir tres virtudes que son inseparables. A) Comprensión: Para que se pueda realizar un trabajo verdaderamente fecundo, es necesario que entre los miembros de una institución reine una verdadera comprensión, lo cual no es fácil, porque cada persona tiene distinta manera de enfocar las cosas, pero es precisamente por ello que debemos redoblar esfuerzos para superar los puntos de vista particulares y ponernos en el lugar de ellos. Sólo así podremos comprender la situación y lo haremos mejor nosotros mismos;

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profundicemos las cosas, así nos daremos cuenta que lo que divide a los hombres es la forma y no la cuestión de fondo. Lo más importante será la más completa lealtad entre todos. B) Coordinación: La coordinación vendrá generalmente facilitada por la comprensión. Por supuesto que no es tarea sencilla; se exige contar con los demás, acoplar poco a poco al grupo, armonizar los movimientos y, en definitiva, mirar por encima de los intereses particulares. Todo esto dependerá de la valía de los hombres que lo componen. C) Cordialidad: La cordialidad viene a ser la gota de aceite que facilita la coordinación y el engranaje suaves de los distintos componentes de un equipo, pero esta cordialidad que viene como simpatía, como confianza, hay que sembrarla previamente, mediante un trabajo agradable, ayudando a reparar algún descuido, halagando con palabras sinceras del éxito obtenido y viviendo juntos momentos de esparcimiento en una atmósfera de alegría solaz; pero esto no será posible si no practicamos la fórmula infalible que es “dar antes de recibir”. 6.0 CARÁCTER Y PERSONALIDAD El temperamento Según Mc. Dougall, “el temperamento es la suma total de efectos producidos en la vida psicológica del individuo por los cambios químicos o metabólicos que constantemente se están verificando en todos los tejidos del cuerpo humano”. El temperamento es la clave de toda nuestra actividad personal y representa un dato muy estable, tiene bases fisiológicas donde inciden tres hechos: el ambiente, la formación y las circunstancias de muy diverso orden que llenan nuestra diaria existencia. El Carácter Es una disposición psicofísica duradera que nos permite inhibir los impulsos instintivos para ajustar la acción a un principio regulador (Roback). El carácter, por consiguiente, es un aspecto de la personalidad total del individuo. Abarca todos aquellos rasgos que presentan un grado mayor o menor de estabilidad y que tienen una significación social y moral.

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Personalidad Conjunto de rasgos físicos, intelectuales, afectivos, volitivos y morales de un individuo en constante interacción unos con otros, es decir organizados en sistema. 6.1 CLASIFICACIONES DE KRETSCHMER La tipología de Kretschmer es una relación entre la estructura corporal y el temperamento. ORDENACIÓN DE KRETSCHMER LECTOSOMO ASTÉNICO PÍCNICO ATLÉTICO DISPLÁSTICO

LA TIPOLOGÍA DE CARLOS G. JUNG EXTROVERTIDO INTROVERTIDO

Divide a la humanidad en dos tipos: el extrovertido y el introvertido, llamados así porque el primero vierte su líbido (energía vital) hacia fuera, hacia el mundo exterior; y el segundo hacia el interior de sí mismo. LA TIPOLOGÍA DE SHELDON ECTOMORFO ALTO DELGADO: ASPECTO DE DEBILIDAD GRUESO: ASPECTO DE DOMINIO DE LA ANCHURA SOBRE LA ALTURA EQUILIBRIO: DE PROPORCIONES

ENDOMORFO

MESOMORFO

LA TIPOLOGÍA DE SPRANGER HOMBRE TEÓRICO HOMBRE ECONÓMICO HOMBRE SOCIAL

No es necesario que conozcamos con más detalle los diferentes tipos, bastémonos con que todos nosotros, de alguna manera o forma, estamos encuadrados en alguno de ellos que no es ni mejor ni peor que los de otros sino simplemente distinto.

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Pero lo que sí es importante es que lleguemos a tener un claro conocimiento de nuestro carácter con el fin de potenciar al máximo lo que hay de bueno y reducir a lo mínimo lo que no interesa. 6.2 CÓMO MEJORAR EL CARÁCTER Como paso previo e indispensable es necesario el propio conocimiento, aspecto bastante difícil pero no imposible porque lo más fácil es hablar mal de los demás. Entonces nos hacemos una serie de preguntas a nosotros mismos que son difíciles, pero que son inevitables y son: - ¿Cómo es en realidad mi temperamento? - ¿Soy emotivo o frío? - ¿Cuáles son los valores positivos? - ¿Y mis principales defectos? - ¿Amigo del pensamiento? - ¿Amigo de la acción? Por lo tanto, el hombre que se conoce a sí mismo, tiene andado mucho camino y tendrá una personalidad equilibrada y rica. Siembra un pensamiento y regarás el deseo, Siembra un deseo y recogerás acción, Siembra acción y recogerás la costumbre, Siembra la costumbre y recogerás el carácter, Siembra el carácter y tendrás por mies tu propia suerte, De pequeños pensamientos y acciones va entretejiéndose la suerte de tu vida (T. Toth). Lógicamente que para todo esto es necesario tener un objetivo, un ideal, unos principios por los que habría que luchar. Sólo así llegaremos a descubrir en nuestro interior las energías que no sospechábamos, que teníamos, porque el carácter adecuado no llega gratis sino que hay que ir moldeándolo de modo gradual, luchando para que el fruto de nuestra obra personal sea nuestra felicidad. 7.0 EL TRABAJO Observamos a una persona que trabaja; su atención está centrada en el trabajo, está serio, todo su ser parece irradiar algo especial. Observamos al perezoso, su postura, sus palabras, su mismo semblante, todo parece falto de gallardía y valor, está desidioso, sucio, todo en él parece resaltar los aspectos desfavorables que se dan en la naturaleza humana. Si esto ocurre en los individuos, también ocurre en los pueblos. En los pueblos laboriosos encontramos tranquilidad, honradez, progreso material y espiritual.

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En los pueblos que no trabajan, pululan por el contrario la delincuencia, la miseria y, por ende, el menosprecio a los valores espirituales. Por lo tanto, en los individuos como los pueblos; los valores y los defectos se dan mezclados, y es porque se encuentran en unos y otros el trabajo y la desidia, el ordenado laboral con el desgano de no hacer nada. 7.1 EL ENTUSIASMO Podemos definirlo como la exaltación del ánimo producida por la admiración de una persona o cosa. Una de las principales razones del éxito en la vida es la habilidad de mantener un interés diario por el trabajo que se hace. El entusiasmo puede darse en cualquier persona, cualquiera sea su nivel, o cualquier tarea que desempeñe. Tener fe, saber darse, poseer en una palabra esa virtud de los fuertes que es el entusiasmo. “Si un hombre muere habiendo legado entusiasmo a sus hijos, les ha dejado una fortuna de incalculable valor”, decía Thomas Alba Edison, y sus palabras reflejan una gran verdad, porque les ha dado algo más que riquezas: Una actitud positiva y optimista ante la vida hace a esta digna de vivirse. 7.2 EL TRABAJO FUENTE DE BIENES Si nos preguntáramos por qué el trabajo es fuente de tantos bienes, nos responderíamos que la razón más profunda está en el hecho de que se trata de algo que procede del bien mismo, porque es indudable que a través de él (con independencia de obtener unos recursos que nos permitan atender a nuestra familia y mejorar las condiciones materiales e incluso espirituales en que vivimos) nos perfeccionamos a nosotros mismos, poniendo en acto una serie de potencialidades que de otra forma permanecerían escondidas. También en el trabajo influimos en el prójimo con el ejemplo; ejemplo para nuestros hijos, para los que nos rodean, ejemplo para los que nos van a suceder, que prolongará más allá del efímero tiempo, nuestra existencia; un modo de ser que aprendieron de su contacto con nosotros. Nos ayuda a implantar la justicia, devolviendo mediante el trabajo como fuente de bienes la compensación que es debida, contribuyendo a crear nuevas riquezas, haciendo más habitable nuestro planeta y por ende mejorando el mundo, porque con el trabajo contribuimos a develar la imagen de Dios escondida en sus criaturas que es lo que importa verdaderamente, porque estaremos en el sitio que nos corresponde.

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7.3

EL TRABAJO NOS ACERCA A DIOS En primer lugar porque cumplimos su voluntad “creced y multiplicaos, henchid la tierra y enseñoreaos de ella”, cumpliendo ese mandato, la raza humana ha progresado y dominado el mundo a través del trabajo. Trabajar es apresurarse a la cita con el Creador y colaborar con él. Por otra parte, el trabajo es camino real para la imitación de Cristo. Nos dice el evangelio: “pasó treinta años trabajando en los más humildes menesteres y sólo la décima parte de ese tiempo, los tres últimos años, lo dedicó a la enseñanza de su doctrina y la fundación de su iglesia. Por o tanto, el l trabajo es noble. Por medio de él, colaboramos en el perfeccionamiento de la creación; Dios nos ha dado a los hombres toda la tierra en herencia para que juntos la hagamos fructífera, nos sirvamos de ella y se la ofrezcamos en homenaje. El está en el fondo de cada trabajo.

7.4

EL HOMBRE ESCLAVO DEL TRABAJO Esta situación puede darse cuando el superior impone a su subalterno obligaciones que fuerzan a este a vivir en condiciones indignas. Pero también puede darse el caso de personas que sacrifican su familia, inclusive su descanso, siendo su único fin acaparar y acumular bienes. Hay personas que buscan en el trabajo un modo de evadirse de la amarga realidad, como ser infidelidad conyugal, incomprensión de los hijos, etc. Personas que convierten el trabajo en un ídolo al que como esclavos sacrifican su vida y por ende su hogar, su salud ,la educación de sus hijos y otros aspectos que hacen a la vida humana indigna de ser vivida.

7.5

EL QUE MINUSVALORA EL TRABAJO Es la actitud opuesta de la anterior, l evándola sin ilusión, soportándolo por diversas razones y son: Que el trabajo no va con sus actitudes personales o sus intereses. Carece de principios morales. Se encuentra abatido, desilusionado por circunstancias que se dan en el propio trabajo o fuera de él. No halla suficiente estímulo ni en su trabajo, ni en su Jefe, ni en su propia familia. Se siente postergado, porque un ascenso que le correspondía fue concedido a otro. Sufre algún padecimiento psíquico o físico lo que hace difícil la posibilidad de alcanzar el éxito deseado.

Y otras mil situaciones que lo convierten en víctima inocente, lo que le hace un fracasado en su profesión, en lo económico y en lo personal.

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7.6

EL TRABAJO EN SU JUSTO MEDIO El trabajo para el hombre no será minusvalorado ni tampoco lo consentirá en su esclavo. El sentido de las proporciones no podrían ni convertirlo en ídolo ni en objeto de desprecio. Los puntos esenciales para no caer en ningún extremo serán: A) Un descanso físico o intelectual, donde el hombre tendrá que reponer energías que se van desgastando en el quehacer diario. Existe tiempo para todo si se distribuye y organiza debidamente. B) Debe entregarse a las obligaciones de su trabajo, pero también a las de su hogar, debe saber dedicar el tiempo correcto a ambos porque las consecuencias de la desarmonía conyugal o familiar, quién primero las padece, es él mismo. C) El propio perfeccionamiento. Hoy en día la eficacia de cualquier trabajo lleva consigo la especialización, pero el hombre excesivamente especializado, tiene una mentalidad “picuda” porque todo lo aprecia desde su punto de vista particular, perdiendo de vista el conjunto y eso trae como consecuencia grandes desviaciones. El hombre debe luchar contra estos extremos causados por nuestra civilización excesivamente técnica. El mundo de la cultura, del arte, de la religión, de la amistad, de la belleza, no debe ser ajeno a quien pretende vivir una vida auténtica y de servicio a los demás. Su trabajo deberá estar encuadrado en el conjunto de actividades que le permita atender a todos esos campos.

8.0

LA SERENIDAD La serenidad significa enfrentarse con mirada tranquila a los sucesos que la vida va deparando, ya sean prósperos o adversos, aceptando con benévola comprensión las flaquezas y limitaciones propias y ajenas. La serenidad es un reflejo del alma que ha empleado muchos minutos en dominarse, muchas horas en reflexionar sobre el sentido de las cosas; muchos días en la búsqueda de la verdad.

8.1

LO QUE NO ES LA SERENIDAD La serenidad no es apática para con los demás ni para con uno mismo. No es indiferencia: Que no confunde a dos personas que se aman con el frío mutismo de dos personas que se ignoran estando juntas.

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No es desinterés: Que no confunda el caminar del padre que con paso tranquilo para no asustar, se acerca al borde del precipicio donde juguetea su hijo, con el de quién pasea indiferente por el sendero. La auténtica serenidad tiene muy poco que ver con la apatía, la indiferencia y el desinterés. 8.2 SERENIDAD ANTE LOS HOMBRES Cualquier situación que se nos presenta en el diario vivir nos produce impaciencia, preocupación; inclusive se refleja en nuestros rostros y en nuestros ademanes, por ejemplo, cuando tenemos que ser recibidos por un personaje importante, cuando una secretaria no cumple a carta cabal con su función, cuando un religioso no está a la altura de su misión, es la iglesia que sufre descrédito. Todos llevamos sobre nuestras espaldas en mayor o menor grado, la representación de nuestros semejantes. Pues bien, eso de no ser plenamente de sí mismos ante los demás, motiva tensiones, nerviosismo, impaciencia, preocupación para superar y desenvolverse con decidida serenidad. Sería conveniente no olvidar: Que todos somos iguales en dignidad. Que nuestros valores son reales y que están al servicio de los demás, que nosotros en tal o cual momento concreto, podemos ofrecerles. Que todos somos mezcla de debilidad y de superioridad. Que todos tienen la misma categoría, hombres ricos y hombres pobres; pero ante los ojos de Dios todos somos iguales. Ser uno mismo, no por orgullo o necesidad, sino por tener conciencia de que justo a nuestras limitaciones poseemos también valores y que los demás junto a sus labores, tienen también limitaciones.

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8.3

SERENIDAD ANTE LOS SUCESOS Si es tan difícil mantener serenidad ante los hombres, es mucho más difícil mantener serenidad ante los acontecimientos: Enfermedades, accidentes, circunstancias difíciles; es ante estos sucesos que el hombre se muestra tal como es en su valía o en su mediocridad. Es por eso que los acontecimientos adversos no nos deben abrumar de tal suerte que lleguemos a perder el control, ni que los favorables nos hagan dejar de ser nosotros mismos. Escribe Trhaner Toth: “Quienes más logran en la vida son los que cumplen siempre su deber con el alma serena y la sonrisa en los labios, se alegran en silencio, durante la bonanza, sufren con virilidad ante la desgracia”.

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8.4

MEDIOS PARA ALCANZARLA Que la serenidad del espíritu es muy conveniente es algo en lo que todos estamos de acuerdo. Pero como ocurre, es muy difícil de conseguirla; no obstante existen una serie de aspectos debidamente adaptados a la personalidad y circunstancias concretas de cada uno que pueden favorecerla de gran manera y esas son: A) UN ADECUADO DESCANSO: De ahí la necesidad de un conveniente reposo evitando ya no el agotamiento, sino el exceso de trabajo, así nuestros nervios no estarán excitados y podremos mantener una serenidad adecuada. JERARQUIZANDO VALORES: Estableciendo el orden en vigencia de las actividades y proporcionando la importancia que cada tarea merece y el tiempo apropiado a cada uno. DOMINIO DE SI MISMO: No consentir jamás que el corazón hable antes que la inteligencia. Perder el control de sí mismo es la manera más segura de perder la autoridad sobre los demás. Si se consigue que en el sistema psíquico no figuren el favor y el enojo, estará mejor preparado para resolver inteligentemente sus problemas. D) SENTIDO DEL HUMOR: Quien acostumbra a contemplar la vida, los hombres, las cosas con sentido de humor y con conciencia de las limitaciones propias y ajenas, estará más preparado para alcanzar esa tranquila visión de los sucesos que es la esencia misma de la serenidad. ESPÍRITU DE ORACIÓN: Cuando nos encontramos abrumados con las responsabilidades, desbordados por el trabajo, solicitados por todas partes, donde encontraremos la serenidad necesaria es en la oración; esto nos hará abandonar nuestras preocupaciones en manos de quien dirige todos los designios de la humanidad. “Buscad primero el reino de Dios y su Justicia que todo lo demás os dará por añadidura”. No os preocupéis por el día de mañana, que el día de mañana harto cuidado traerá para sí, bástele a cada día su afán (Mt. 18, 25, 24). Si bástele a cada día su afán; quien medite con frecuencia estas palabras del señor, a buen seguro que logrará más pronto o más tarde, en la fortuna o en la adversidad, con muchas o pocas dificultades, ese gran tesoro que se llama serenidad del espíritu.

B)

C)

E)

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BIBLIOGRAFÍA

DICCIONARIO SOPENA ILUSTRADO NO DIGO SI CUANDO QUIERO DECIR NO (FENSTERHIIM / BAER) PSICOLOGÍA DE LA PERSONALIDAD (D.M. SCHWEIDER) PARA ESTAR SIEMPRE BIEN (HARRIS) MODIFICACIÓN DE CONDUCTA (W. BIJAU / RIBES INESTA) SEMILLAS DEL ÉXITO (JAIME HUMEREZ ESTRADA) ARTE DE MANDAR Y OBEDECER (LUIS RIESGO MENDEZ) LOS BUSCADORES DE ÉXITO (VANCEPACKARD) CONOCER PARA EDUCAR (KAMPMAN)

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ÍNDICE I. CONCEPTO DE MANDAR 1.1 1.2 1.3 II. Concepto de lo que no es mandar Mandar es valer Mandar es prestar un servicio

CUALIDADES DEL ARTE DE MANDAR 2.1 Decidir

III.

CUALIDADES DEL JEFE QUE SABE DELEGAR 3.1 Principios de una buena delegación de tareas

IV.

PERSONALIDAD DEL QUE MANDA 4.1 4.2 4.3 4.4 Los Valores Valores Morales Valores Estéticos Valores Religiosos

V.

TIPOS DE JEFES 5.1 5.2 5.3 El Jefe indeciso Jefe Precipitado Jefe Verdadero

VI.

COMO CONVENCER Y PERSUADIR ARTE DE OBEDECER

I. II.

CONCEPTO DE OBEDECER EL SENTIDO DE LA RESPONSABILIDAD 2.1 2.2 2.3 2.4 El Irresponsable La Iniciativa La Subordinación Armonía

III.

LA LEALTAD 3.1 3.2 3.3 Su Importancia Como ser Leal Como despertar lealtad

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IV.

LA SANA AMBICIÓN 4.1 Es necesario ser Ambicioso

V.

EL COMPAÑERISMO 5.1 5.2 5.3 5.4 Qué es el Compañerismo Compañerismo y Colaboración Compañerismo y Competencia Soportes del Compañerismo

VI.

CARÁCTER Y PERSONALIDAD 6.1 6.2 Clasificaciones de Krestchmer Cómo Mejorar el Carácter

VII.

EL TRABAJO 7.1 7.2 7.3 7.4 7.5 7.6 El Entusiasmo El Trabajo Fuente de Bienes El Trabajo nos acerca a Dios El Hombre esclavo del Trabajo El que minusvalora el Trabajo El Trabajo en su justo medio

VIII.

LA SERENIDAD 8.1 8.2 8.3 8.4 Lo que no es la Serenidad Serenidad ante los Hombres Serenidad ante los Sucesos Medida para alcanzarla

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