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David Bohm

SOBRE EL
DIÁLOGO
Edición de Lee Nicho1

Traducción de David González Raga


y Fernando Mora

editorial
K airós
Numancia, 117-121
08029 Barcelona
AGRADECIMIENTOS

El editor desea expresar su gratitud a Paul y Sherry Hanni-


gan por su buen humor, su apoyo técnico y sus comentarios
durante la elaboración del manuscrito; a Sarah Bohm, Claudia
Krause-Johnson y Mary Helen Snyder por leer sus primeras
pruebas; a Arleta Griffor por desenterrar «Sobre la comunica-
Título original: ON DIALOGUE ción» y a James Brodsky y Phildea Fleming por la concepción
del opúsculo original.
O 1996 by Sarah Bohm para el material original de David Bohm; Lee Nicho1 Mi especial agradecimiento también a Sarah Bohm, Arthur
por la selección y labor de edición. Bravesman, Theresa Bulla-Richards, Adrian Driscoll, David
O de la edición española: Moody y Lynn Powers por su apoyo y sus comentarios críticos
1996 by Editorial Kairós, S.A. en un esfuerzo por presentar la obra de David Bohm a un pú-
blico lo más amplio posible.
Primera edición: Junio 1997

ISBN: 84-7245-379-0
+ ~--_.l".l____
Dep. Legal: B-21.46211997

Fotocomposición: Beluga y Mleka s.c.p., Córcega, 267,08008 Barcelona


Impresión y encuadernación: Índice, Caspe, 118-120,08013 Barcelona

Todos los derechos reservados. No está permitida la reproducción total ni parcial de este libro, ni la
recopilación en un sistema infomático, ni la transmisión por medios electrónicos, mecánicos, por fo-
tocopias, por registro o por otros métodos, salvo de breves extractos a efectos de reseña, sin la au-
torización previa y por escrito del editor o el propietario del copyright.
Sobr, -!dialogo es el documento más amplio, hasta la fecha,

1
sobre el proceso al que David Bohm se refería simplemente
con el término «diálogo». Esta edición, revisada y ampliada, del
opúsculo original del mismo título tiene la doble intención de
servir como manual práctico de trabajo para aquellos que estén
interesados en el diálogo y de proporcionar un adecuado fun-
damento teórico a quienes deseen sondear las profundas impli-
caciones de la visión dialogística del mundo sostenida por
Bohm. La práctica del diálogo es tan antigua como la civiliza-
ción, si bien en los últimos tiempos ha aparecido una gran di-
versidad de prácticas, técnicas y definiciones en torno al térmí-
no «diálogo». Y aunque ninguna de ellas pueda reivindicar ser
la visión «correcta», es posible, con todo, diferenciar las dis-
tintas visiones y determinar las implicaciones de cada una de
ellas. La presente edición de Sobre el diálogo, de David Bohrn,
tiene el objetivo de clarificar el significado subyacente, el pro-
pósito y la originalidad del trabajo llevado a cabo por Bohm en
este campo.
En su opinión, el diálogo es un proceso multifacético que7
trasciende, con mucho, las nociones típicas al uso sobre la char- 4
la Y el intercambio de comunicación. Desde su punto de vista, el
diálogo es un proceso que explora un rango inusitadamente
m ~ l i de
o la experiencia humana, desde nuestros valores más
rluefidos hasta la naturaleza e intensidad de nuestras emociones,
rrólogo

ncll del pensamiento humano <<separancosas que, en reali-


dad, no se hallan separadas* y nos llevan a percibir el mundo de
un modo fragmentario. Y, a pesar de los intentos individual-
mente logrados de imponer el orden social, esta percepción,
en opinión de Bohm, aboca necesariamente a un mundo de na-
ciones, economías, religiones, sistemas de valores y ayoes*
esencialmente incompatibles. Así pues, uno de los objetivos
fundamentales del diálogo al que se refiere Bohm'consiste en
arrojar luz -no sólo a través del análisis teórico sino también a
través de un proceso experiencia1 concreto- sobre el tipo de ac-
tividad que genera esta fragmentación. i,,:,I, f
do y la identidad. En este sentido, el diálogo co'nstituye una in-
vitación a determinar la validez de las definiciones tradicionales '1
Desde esta perspectiva, el diálogo es una actividad relativa- ,ix
4Y,IC,,7

mente directa. Un grupo de entre quince y cuarenta personas ;.kfIB


(las sugerencias de Bohm a este respecto fueron diversas) se re- $?!$$!l;
A lo largo de toda su carrera como físico teórico, Bohm w
únen voluntariamente en círculo y, tras una aclaración inicial "" ')I

'm;ct1
,,,
sobre la naturaleza del proceso, comienzan su actividad. En la
dio cuenta de que el quehacer científico, a pesar de su preten-
medida en que el grupo carece de toda agenda previa, llegar a
sión de perseguir la «verdad», se halla tan contarni
algún tópico (o tópicos) común puede requerir algún tiempo y
ambiciones personales, la defensa a ultranza de la generar cierta frustración. En esos estadios iniciales resulta útil
peso de la tradición que ha terminado sacrificando la participa-
la figura de un moderador, pero ese rol debe ser abandonado lo
ción creativa en la consecución de los objetivos c
antes posible para dejar que el grupo siga su propio curso. La
ciencia, Basándose parcialmente en este tipo de observacio-
experiencia ha demostrado que, si un grupo de estas caracterís-
nes, Bohm solía señalar que gran parte de la humanidad se halla
ticas sigue reuniéndose de manera regular, las convenciones
atrapada en una red de intenciones y acciones tan contradicto-
sociales no tardan en debilitarse y dejar paso -a pesar del tópi-
rias que no sólo da lugar a una mala ciencia sino que ademb
co du jour- a los contenidos de las diferencias subculturales.
genera una desintegración personal y social que, en su opinibn,
Esta fricción emergente entre valores contradictorios -que se
trasciende las diferencias culturales y geográficas y afecta has-,
halla inserta en el núcleo mismo del diálogo- permite que los dis-
ta tal punto a la humanidad que hemos terminado tir participantes tomen conciencia de las creencias que operan
nos a ella.
no del grupo, incluyendo las suyas propias. El reconoci-
Para ilustrar el significado de esta disgregación, Bohrn solía
iento del poder de estas creencias y la toma de conciencia de su
recurrir al ejemplo de un reloj que hubiera sido
lturaleza «víricm proporciona una nueva comprensión del ca-
fragmentos aleatorios, Dichos fragmentos son di
--cter fragmentario y autodestructivo de muchos de nuestros pro-
110s que participaron en su construcción. Las piezas mantienen
cesos de pensamiento, comprensión que puede llegar a debilitar
una relación integral entre sí y pueden ser art
iestras actitudes defensivas e infundir, de ese modo, una cor-
mente en una totalidad funcional, mientras que los
dialidad y un compañerismo connaturales al grupo.
carecen de toda relación. Del mismo modo. los ~ r o

1o
Prólogo Prólogo

Tal vez ésta parezca una fórmula muy sencilla pero lo cierto ! de autodesarrollo para la comprensión de la verdadera natura-
es que funciona. No obstante, aunque la experiencia acumulada leza de la mente.
por muchas personas procedentes de diferentes partes del pla- Bohm también investigó la naturaleza de la comunicación y
neta demuestre la eficacia de este tipo de proceso, no necesa- del diálogo con el psiquiatra inglés Patrick de Mare. Dos de las
riamente, sin embargo, la garantiza. El curso de un diálogo muchas ideas investigadas por de Mare en contextos grupales
grupa1 rara vez sigue una trayectoria directa desde el punto A tuvieron una especial incidencia en su concepción evolutiva
hasta el B, sino que a menudo describe un tortuoso camino en el del diálogo: la noción de «comunidad impersonal» (que afirma
que los períodos de frustración y aburrimiento van seguidos la posibilidad de que en el seno de un grupo puedan desarro-
de cambios inesperadamente dinámicos. Pero, aun en tal caso, llarse una confianza y una apertura auténticas sin que sus miem-
el potencial creativo del diálogo -su capacidad para poner de bros compartan necesariamente una amplia historia personal) y
manifiesto las estructuras más profundas de la conciencia- de- la teoría de la «microcultura» (que sostiene que un grupo de
pende de la perseverancia y seriedad de los participantes. Es ne- unas veinte personas constituye una muestra adecuadamente
cesario estar muy atento para darse cuenta de las profundas representativa de la diversidad de visiones y sistemas de valores
implicaciones de las propias creencias y reacciones y para ad- característicos de una determinada cultura).
vertir también su presencia en el conjunto del grupo. Bohm su- Durante la época en que Bohm llevaba a cabo estas investi-
brayaba que esta atención -o conciencia- no depende del co- gaciones también viajaba por Europa y Norteamérica con su es-
nocimiento acumulado ni de la técnica y afirmaba que tampoco posa Sarah, impartiendo seminarios sobre temas científicos y fi-
apunta a «reorientar» el camino que supuestamente debe seguir losóficos. Uno de esos seminarios, que tuvo lugar en la
el diálogo. Se trata, por el contrario, de algo mucho más relaja- primavera de 1984 en Mickleton, Inglaterra, abrió el camino a
do, de algo que está ligado a una curiosidad desprejuiciada, la aparición de dos aspectos adicionales del diálogo, la noción
cuya actividad fundamental consiste en ver las cosas de un de significado compartida por el grupo y la ausencia de un ob-
modo tan claro y nuevo como sea posible. El desarrollo de este jetivo o de una agenda preestablecida. Bohm describió la im-
tipo de atención, soslayado a menudo en versiones más utilita- portancia de este seminario del siguiente modo:
rias del diálogo, constituye uno de los factores más caracterís-
ticos del abordaje de Bohm al proceso del diálogo. ...el fin de semana comenzó con la expectativa de que el en-
La preocupación de Bohm por la incoherencia aparente- cuentro versaría en tomo a una serie de conferencias y discu-
mente irreductible del pensamiento humano le llevó a investigar siones informativas centradas en el contenido. Poco a poco, sin
este camino con varios individuos que compartían el mismo embargo, fue poniéndose de manifiesto algo mucho más im-
interés, destacando, entre todos ellos, el filósofo y educador portante, el despertar del proceso del diálogo como un flujo li-
indio Jiddu Krishnamurti. Dos temas, en concreto, les interesa- bre de significado entre todos los participantes. Al comienzo,
ban a ambos y emergieron cdmo componentes adicionales del las personas expresaban sus puntos de vista demasiado rígidos
enfoque de Bohm sobre el diálogo: la comprensión de que el y trataban de defenderlos, pero gradualmente resultó evidente
problema del pensamiento no es tanto individual como colecti- que, más importante que mantener una determinada perspecti-
vo y la paradoja de «el observador y lo observado», que afirma va, era fomentar el sentimiento de comunidad del grupo (un
la inadecuación de los métodos introspectivos y de las técnicas sentimiento que constituye una cualidad impersonal indepen-
Prólogo
Prólogo
diente del grado de relación existente entre los participantes).
Es en tal contexto donde puede aparecer un nuevo tipo de men- minables. Y, en una época de abstracciones y representaciones
te, basada en el desarrollo de un significado común, que va digitales inconsútiles, la insistencia en hacer frente a los pro-
transformándose de continuo gracias al propio proceso del diá- blemas más desconcertantes de la experiencia corporal coti-
" logo. A partir de ese momento las personas dejan de sustentar I diana resulta absolutamente radical.
David Bohm siguió desarrollando su concepción del proceso
. posiciones encontradas y tampoco puede decirse que interac-
túen, sino que participan de un significado común continua- del diálogo hasta el momento de su fallecimiento, acaecido en
mente cambiante. En tal caso, el grupo no tiene ningún objeti- 1992, y aportando nuevos materiales en los últimos años. De-
'vo preestablecido y los objetivos que pueden aparecer de bemos decir, además, que existe una parte considerable de su
manera puntual también van transformándose de continuo. Es obra -que se remonta a 1970- que está estrechamente ligada al
entonces cuando el grupo comienza a entrar en una nueva di- tema del diálogo y a sus fundamentos teóricos. En este libro he-
námica de relación abierta a todos los participantes y a todos mos recopilado, por vez primera, parte de dicho material, que
los temas. Sólo hemos comenzado a explorar las posibilidades nos proporciona una visión global del trabajo realizado por
de este tipo de diálogo, pero resulta evidente su capacidad para Bohm en este área.
transformar no sólo las relaciones existentes entre las personas, El material que presentamos aquí procede de dos contextos
sino también la naturaleza de la conciencia que posibilita esas diferentes. Los capítulos primero y cuarto, «Sobre la comuni-
relaciones.* cación» y «El problema y la paradoja» -originalmente publica-
dos por el Bulletin of the Krishnamurti Foundation Trust of
Ésta es una definición esencial, puesto que el diálogo está England- son ensayos escritos por Bohm en 1970 y 1971, res-
orientado a la comprensión de la conciencia per se y a la ex- pectivamente. El resto procede esencialmente de seminarios y
ploración de la naturaleza problemática de las relaciones y de la reuniones grupales llevadas a cabo en Ojai, California, entre
comunicación cotidianas. Esta definición proporciona un fun- 1977 y 1992. Este libro constituye, pues, una combinación de
damento, un punto de referencia, por así decirlo, de los compo- charlas improvisadas y de ensayos bien articulados. Su objetivo
nentes esenciales del diálogo: el significado compartido, la na- es el de proporcionar una introducción general al tema del diá-
turaleza del pensamiento colectivo, la magnitud de la logo y ofrecer además algunos capítulos que sirvan de referen-
fragmentación, la función de la conciencia, el contexto micro- cia sobre algunos puntos fundamentales ligados a la teoría del
cultural, la investigación no directiva, la comunidad impersonal diálogo. De este modo, el lector puede utilizar el segundo capí-
y la paradoja del observador y lo observado. La amplitud de vi- tulo -«Sobre el diálogo»- como punto de partida y recurrir a los
sión que nos proporcionan estos elementos subraya la naturale- demás para profundizar en determinados aspectos que en aquél
za radical del enfoque de Bohm sobre el proceso del diálogo. En son tratados de modo muy sumario.
consecuencia, como bien señalaba el mismo Bohm, el diálogo El primer capítulo, «Sobre la comunicación», nos propor-
constituye un proceso de encuentro directo y cara a cara que no ciona algunos elementos para comprender las primeras formu-
debemos confundir con la teorización y la especulación inter- laciones de Bohm sobre el significado del diálogo, especial-
mente en lo que respecta a la forma en que la sensibilidad «a las
* David Bohm. Unfolding meaning , Londres, Routledge, 1987, pág. 175. similitudes y a las diferencias» afecta al trabajo del científico y
del artista y a comunicación cotidiana. Se trata de un ensayo
Prólogo Prólogo
l.
que anticipa su tratamiento posterior del tema de la «escucha», incluso de una determinada cultura, de modo muy parecido a
un tópico del proceso del diálogo que lamentablemente suele como lo hace un virus. Desde esta perspectiva, cualquier inten-
ser mal comprendido. Habitualmente se considera que la «es- to de resolver los problemas recurriendo al análisis personali-
cucha» consiste en permanecer completa y empáticamente re- zado o atribuyendo cualidades negativas a individuos o gru-
ceptivo y atento al significado de las palabras pronunciadas pos «ajenos» resulta de validez muy limitada. Según Bohm, lo
por los miembros de un grupo. Pero el hecho es que ésa no es que se requiere es comenzar a prestar una atención completa-
más que una faceta del diálogo, porque Bohm nos habla de mente nueva al movimiento del pensamiento, buscando en
una escucha de un orden diferente, una escucha en que la misma aquellos lugares anteriormente ignorados. Utilizando la analo-

1incomprensión de una determinada intención explícita puede


aportar un significado nuevo creado sobre la marcha. La com-
prensión de este punto resulta esencial para entender lo que
gía de un río cuyo manantial se halla contaminado en su fuente,
Bohm señala que el intento de eliminar la polución «río abajo*
no puede resolver el problema y que la única solución real con-
Bohm quería decir cuando hablaba del aflujo del significado»> siste en abordar el problema en su misma fuente.
del diálogo. I Para ilustrar el origen de esta polución del pensamiento,
El segundo capítulo, «Sobre el diálogo», nos brinda una vi- Bohm explora la forma en que las recepciones perceptivas se
sión global y racional del proceso del diálogo, una visión que funden con la memoria para producir representaciones que guí-
subraya en detalle determinados aspectos y procedimientos an de continuo nuestra experiencia. La construcción de estas re-
prácticos. Este capítulo también introduce y explica ciertos ele- presentaciones -algo, por cierto, natural y necesario- constitu-
mentos fundamentales del diálogo -como la suspensión, la sen- ye, no obstante, el núcleo mismo de la incoherencia colectiva.
sibilidad y el impulso de la «necesidad»+ y además investiga las Según Bohm, la dificultad radica en que solemos suponer auto-
dificultades que pueden aparecer en el diálogo, ofreciendo su- máticamente que nuestras representaciones son verdaderas imá-
gerencias para que estas dificultades nos ayuden a profundizar genes de la realidad, en lugar de guías relativas para la acción
en nuestra comprensión del proceso global. Bohm también pre- basadas en recuerdos reflejos incuestionados. Y, una vez que
senta aquí lo que él denomina «la visión del diálogo», una vi- hemos asumido que las «representaciones» son fundamental-
sión según la cual el hecho de afrontar la naturaleza real del mente verdaderas, se «presentan» como si de la misma realidad
problema que existe entre nosotros puede servir para modificar se tratara y no nos queda más alternativa que obrar en conse-
la tendencia a caer presa de la actividad incoherente del grupo y cuencia. Lo que Bohm nos sugiere no es que tratemos de modi-
transformarlo en una comunidad colectiva inteligente. ficar el proceso de la representación -algo, por otra parte, im-
En «La naturaleza del pensamiento colectivo», Bohm pro- posible-, sino que tomemos clara conciencia de que cualquier
pone que el proceso evolutivo de la humanidad ha terminado representación dada -que percibimos instantáneamente como la
generando un «sustrato de conocimiento» tanto manifiesto «realidad» misma- puede no ser tan real o verdadera como cre-
como tácito. En su opinión, este sustrato de conocimiento es, en emos. Tal vez pudiéramos emprender, desde esa perspectiva, un
gran medida, el responsable de nuestra percepción del mundo, tipo de reflexión inteligente, una especie de discernimiento que
del significado que atribuimos a los eventos e incluso de nues- nos capacitase para percibir y prescindir de representaciones
tra misma sensación de individualidad. Tal conocimiento, o fundamentalmente falsas y ser más precisos en la formación de
pensamiento, se mueve independientemente del individuo, o nuevas representaciones. Lo más difícil, en opinión de Bohm, es
Prólogo
Prólogo
servador -según Bohm- es esencialmente un movimiento de
prestar atención a las representaciones que se originan y se creencias y experiencias -incluido el enojo- al que el hábito, la
sostienen colectivamente. falta de atención y el contexto cultural me llevan a atribuir un
En «El problema y la paradoja», Bohm señala que, cuando estatus de «entidad». Y esta entidad interna posee, por cierto, un
operamos en el dominio práctico o técnico, solemos comenzar valor tan extraordinario que inmediatamente pone en marcha un
definiendo el «problema» a resolver y luego aplicamos siste- mecanismo de protección que, si bien permite que el «observa-
máticamente una solución. Pero ocurre que, en el reino de las dor» rastree todo tipo de «problemas» internos y externos, no
relaciones (sean externas o internas), la formulación de un pro- posibilita, sin embargo, el cuestionamiento sostenido de la na-
blema que debe ser resuelto crea una estructura fundamental- turaleza del observador. Esta limitación del alcance de la men-
mente contradictoria. A diferencia de lo que ocurre con los te constituye otro de los rasgos característicos de la incoheren-
problemas prácticos, en que la «cosa» a resolver (mejorar, por cia genérica del pensamiento.
ejemplo, el diseño de un transatlántico) es independiente de El capítulo que lleva por título «La suspensión, el cuerpo y
nosotros, las dificultades psicológicas nos son muy propias. Si la propiocepción» explora aquellas facetas de la conciencia que
me doy cuenta de que soy muy susceptible a la adulación, por tienen la capacidad de superar la confusión generada por el
ejemplo, y convierto esto en un «problema» que debo resolver, peso de la opinión colectiva, las representaciones mal funda-
establezco una diferencia interna -de hecho inexistente- entre mentadas y la ilusión del observador y lo observado. En este
«yo mismo» y «mi susceptibilidad a la adulación». En tal caso, sentido, Bohm señala la posibilidad de «suspender» las creen-
me he escindido internamente, al menos, en dos partes: un im- cias, tanto en uno mismo como en el contexto de un diálogo. Si
pulso a creer en la adulación y otro impulso a no creer en ella. usted, por ejemplo, considera que alguien es un idiota, tal sus-
Y esa contradicción me llevará a tratar de «resolver» un «pro- pensión supondría: a ) dejar de manifestarlo externamente y b)
blema» de naturaleza completamente diferente a la del proble- dejar de decirse a sí mismo que no debiera pensar en tales co-
ma técnico, según Bohm, no tanto un problema como una pa- sas. En ese caso, los efectos del pensamiento «eres un idiota»
radoja. Y, como una paradoja no tiene una solución discernible, (agitación, enojo, resentimiento, etcétera) son libres de seguir
lo que se requiere no es tanto tratar de erradicar el «proble- su curso pero de un modo que le ofrece la posibilidad de ver-
ma» como abordarlo desde una perspectiva completamente nue- los, en lugar de seguir identificado con ellos. «Suspender» una
va que preste atención a la forma en que se genera la misma pa- creencia o una reacción no significa, dicho de otro modo, re-
radoja. Esta confusión entre problema y paradoja opera, en primirla ni abandonarse a ella, sino simplemente prestarle la
opinión de Bohm, en todos los niveles de la sociedad, desde el debida atención.
individual hasta el global. El papel del cuerpo en la actividad de la «suspensión» re-
r «El observador y lo observado» prosigue la indagación de la sulta de capital importancia porque, cuando se suspende un im-
naturaleza paradójica de la experiencia interna. Bohm se centra pulso poderoso, inevitablemente terminará manifestándose fí-
aquí en el fenómeno de una «entidad centralr, un «yo» que ob-
sicamente -aumento de la presión sanguínea, de la tasa de
serva y actúa sobre sí mismo. Si «yo», por ejemplo, veo que es-
adrenalina en sangre, la tensión muscular, etcétera- y ocasio-
toy enojado, puedo tratar de modificar «mi enojo», pero en ese
nando la aparición de una amplia gama de emociones. Desde el
mismo instante he establecido una distinción entre el observa-
punto de vista de Bohm, estos distintos «componentes» -pen-
!1- dor («yo») y lo observado («el enojo»). No obstante, este ob-
Prólogo Prólogo

samientos, emociones y reacciones corporales- constituyen, de zación, una forma más arcaica de percepción, formada a lo lar-
hecho, parte de una totalidad indivisible aunque se sostengan go de la evolución humana, sigue latente -y, en ocasiones, ac-
mutuamente y aparenten ser diferentes (un pensamiento aquí, tiva- en la estructura de nuestra conciencia. Bohm denomina
un dolor de nuca ahí y un observador tratando de controlarlo «pensamiento participativo» a esta modalidad del pensamiento
todo). El hecho, sin embargo, es que toda esa actividad es sos- -que, según él, todavía podemos advertir en algunas culturas
tenida por la creencia implícita de que nuestras dificultades es- tribales en que las fronteras discretas son permeables-, que los
tán ocasionadas por algo «ajeno», por algo que se halla «fuera «objetos» permanecen mutuamente interrelacionados y el mo-
de aquí». vimiento del mundo perceptible es vivido como si participara de
Ahí precisamente es donde Bohm propone «la propiocepción la misma esencia vital.
del pensamiento» como una posibilidad para romper el ciclo de Aunque Bohm reconoce que el pensamiento participativo es
la confusión. A nivel fisiológico, la propiocepción proporciona susceptible de caer en el error de la proyección, también sostiene
al cuerpo un feedback inmediato de su propia actividad. Uno que, en su esencia, es capaz de percibir estratos de relaciones ge-
puede, por ejemplo, subir y bajar sin tener que dirigir cons- neralmente inaccesibles a la perspectiva «literal». De hecho, lle-
cientemente el movimiento de su cuerpo. Además, uno puede ga incluso a afirmar que el pensamiento participativo no es ajeno
establecer claras distinciones entre lo que se origina en el inte- a su visión del orden implicado, en el sentido de que los fenó-
rior del cuerpo y lo que proviene del exterior (puesto que, si us- menos del mundo manifiesto son considerados como aspectos
ted mueve su brazo, por ejemplo, no tiene la impresión equivo- temporales del continuo proceso de «despliegue» y «desarrollo»
cada de que ese movimiento sea generado por algo ajeno). No de un orden natural más profundo. En opinión de Bohm, el hecho
obstante, a nivel de pensamiento solemos carecer de ese feed- es que tanto el pensamiento literal como el pensamiento partici-
back inmediato. Es frecuente, por ejemplo, que percibamos que pativo tienen sus virtudes y sus limitaciones, y hace un llama-
las dificultades se originan en el exterior cuando, de hecho, no miento para investigar -investigación que sólo puede llevarse
son más que construcciones de nuestro pensamiento. En este adecuadamente a cabo por medio del diálogo- las relaciones
sentido, Bohm propone que la suspensión puede, al igual que existentes entre ambas modalidades de pensamiento.
ocurre con el movimiento corporal, tornarnos propioceptivos Finalmente, Bohm expone sus dudas sobre la posibilidad
del movimiento de nuestro pensamiento. de que cualquier tipo de pensamiento pueda llegar a aprehender
«El pensamiento participativo y lo ilimitado» investiga las lo que él denomina «lo ilimitado», puesto que la naturaleza
relaciones existentes entre lo que Bohm denomina «pensa- misma del pensamiento es seleccionar abstracciones limitadas
miento literal» y «pensamiento participativo». El pensamiento del mundo y, en consecuencia, nunca podrá alcanzar realmente
literal (del que el pensamiento científico y el pensamiento téc- el ilimitado «sustrato del ser». Pero al mismo tiempo los seres
nico son versiones diferentes) es práctico, se dirige hacia el lo- humanos tienen la necesidad intrínseca de comprender y rela-
gro de determinados resultados y está orientado a la construc- cionarse con la «dimensión cósmica de la existencia». Y no
ción de imágenes discretas e inequívocas de las cosas «tal como es, para Bohm, el pensamiento lo que nos permite salvar esa
son». aparente disociación de nuestra experiencia, sino la atención,
En este sentido Bohm señala que, si bien el pensamiento li- potencialmente ilimitada y capaz, por tanto, de aprehender la
teral ha sido predominante desde el origen mismo de la civili- naturaleza sutil de «lo ilimitado».
Prólogo

Aunque el lenguaje de este tipo de indagación sea necesa-


riamente metafórico e inferencial, Bohm insiste, no obstante, en
que la observación sostenida de la naturaleza de la conciencia y
del «sustrato del ser» resulta esencial si queremos tener una
perspectiva que pueda poner fin a la fragmentación del mundo.
Porque Bohm creía firmemente que esta fragmentación no se
origina en las leyes inmutables de la naturaleza, sino en la in-
coherencia de nuestros procesos de pensamiento. Bohm se ne-
gaba a poner límites a las consecuencias de la investigación
sobre la incoherencia de nuestros procesos de pensamiento y a
establecer distinciones tajantes entre las dimensiones indivi-
4 duales, colectivas y cósmicas de la humanidad. En este sentido,
1 el diálogo -el sustrato que nos permite verificar los límites de En las últimas décadas, la moderna tecnología, con ayuda de
la radio, la televisión, los viajes en avión y los satélites, ha es-
1 nuestro conocimiento- nos ofrece la posibilidad de un orden
"1 completamente nuevo de comunicación con nosotros mismos, tablecido una red que permite la comunicación casi instantánea
j con nuestros semejantes y con el mundo en que vivimos. entre todas las regiones del mundo. Paralelamente, sin embargo,
también existe, en este mismo momento histórico, la sensación
global de que la comunicación está deteriorándose progresiva-
LEE NICHOL
mente. Apenas es posible que, quienes viven en naciones dife-
Jemez Springs, Nuevo México rentes y se hallan sometidos a sistemas económicos y políticos
Noviembre de 1995 distintos, puedan comunicarse sin caer en el enfrentamiento. Y
esta misma incapacidad de comunicación se reproduce, dentro
de cada nación, entre los miembros de clases sociales y grupos
económicos y políticos distintos. De hecho, hasta se habla de la
existencia de un «abismo generacional» que dificulta la comu-
nicación profunda entre los jóvenes y los adultos pertenecientes
a un mismo grupo social. Además, en el seno de las escuelas y
de las universidades, los alumnos sienten que sus profesores les
atosigan con un exceso de información que sospechan irrele-
vante para la vida real. Y la radio, la televisión, los periódicos y
las revistas, por último, nos muestran, en el mejor de los casos,
una visión abrumadora de imágenes fragmentarias y triviales
carentes de relación; y, en el peor de ellos, se convierten en una
angustiosa fuente de confusión y desinformación.
La insatisfacción con este estado de cosas ha creado la ne-
cesidad de resolver lo que hoy se conoce como «el problema de
Sobre la comunicación
Sobre el diálogo
que pretendía transmitir el emisor. En tal caso, el significado re-
la comunicación». Y, si observamos los esfuerzos realizados
cibido no es idéntico sino tan sólo similar al emitido. Así pues,
para tratar de resolver este problema, no podremos dejar de
cuando la segunda persona responde, la primera se da cuenta de
advertir que los distintos grupos encargados de acometer esta
la diferencia existente entre lo que él quería decir y lo que la
tarea son incapaces de escucharse entre sí y que el mismo in-
otra ha comprendido. Pero el hecho es que la toma de concien- I
tento de mejorar la comunicación termina generando más con-
cia de esa diferencia nos permite constatar la presencia de algo
fusión todavía, con la consecuente frustración que no aumenta
nuevo y relevante para todos los implicados. De este modo, el
la comprensión y la confianza sino que acentúa todavía más la
movimiento de ida y vuelta de la información favorece la emer-
agresividad y la violencia.
gencia continua de un nuevo contexto común, en cuyo caso el
No estaría, pues, de más, teniendo en cuenta el deterioro
diálogo puede servir, no sólo para hacer comunes ciertas ideas o 15
progresivo de la comunicación -un deterioro que se ve acelera-
ítems de información que ya son conocidos, sino también para
do, por cierto, por los mismos esfuerzos realizados para tratar
hacer algo en común, es decir, para crear conjuntamente algo
de solucionar el problema-, que nos detuviéramos a considerar
nuevo.
la posibilidad de que este tipo de dificultades se originase en al-
Pero es evidente que la comunicación sólo puede crear algo
guna sutileza que suela escapar a nuestra formulación habitual.
nuevo si las personas son capaces de escucharse sin prejuicios y
¿No es acaso posible que nuestra forma de pensar sobre la co-
sin tratar de imponerse nada. Cada participante debe compro- -1
municación y de hablar sobre ella constituya precisamente uno
meterse con la verdad y la coherencia, sin temor a renunciar a '
de los factores que nos impiden tomar conciencia de las posi-
las viejas ideas e intenciones, y estar dispuesto a enfrentarse a
bles acciones inteligentes que pueden poner fin a estas dificul-
algo diferente cuando la situación lo requiera. Cuando, por el
tades?
contrario, la única intención de los implicados es la de trans-
Quizás fuera útil abordar este tema considerando el signifi- l
mitir determinadas ideas o puntos de vista, como si se tratara de
cado etimológico de la palabra «comunicación», un término
ítems de información, estarán inevitablemente condenados a
que se deriva del latín commune y del sufijo ie -similar afie-
fracasar porque, en tal caso, escucharán a los demás a través del
que significa «hacer». Uno de los significados, pues, del térmi-
filtro de sus propios pensamientos y tenderán a mantenerlos y a
no «comunicar» es el de «hacer común», es decir, la transmi-
defenderlos, independientemente de su verdad y de su cohe-
sión de información o de conocimiento entre una persona y
rencia. Y este tipo de comunicación terminará generando la
otra del modo más exacto posible, un significado que puede
confusión propia de los insolubles «problemas de comunica-
aplicarse a una amplia gama de contextos. Desde este punto de
ción» que anteriormente hemos señalado.
vista, una persona puede comunicar a otra tanto una serie de di-
Es evidente que este tipo de comunicación es necesaria para
rectrices como los pasos a seguir para llevar a cabo una deter-
todas las facetas de la vida. Así pues, para que las personas lle-
minada operación (la mayor parte de la industria y de la tecno-
guen a co-operar (lo cual significa, literalmente, «trabajar jun-
logía opera en base a este tipo de comunicación).
tos») deben ser capaces de ir más allá de la mera transmisión de
Pero esta acepción del término «comunicación» no agota datos de una persona (que actúa como autoridad) a otras (que ac-
" I
todos sus posibles significados. Consideremos, por ejemplo, el
túan como instrumentos pasivos de esa autoridad) y crear algo
caso del diálogo, un caso en el que, con demasiada frecuencia,
...;: el receptor del mensaje no suele entender exactamente lo mismo
en común, algo que vaya tomando forma a lo largo de sus dis- ,
Sobre el diálogo Sobre la comunicación
cusiones y sus acciones mutuas.
En las relaciones con los objetos inanimados y con la natu- respecto (no sólo hablar o pensar sobre ello), tiende a creer
raleza en general también se halla implicada algún tipo de co- que ya está escuchando adecuadamente. De este modo, es como
municación. Consideremos, por ejemplo, el trabajo del artista. si el problema radicara en los prejuicios y en la incapacidad de
Bien podríamos decir que el artista se está expresando a s i escuchar ajenos. No resulta difícil, después de todo, darse cuen-
mismo, es decir, que está «manifestando externamente» algo ta de los «bloqueos» de los demás ante ciertas preguntas, de su
que ya se había configurado en su interior. Pero esta descrip- incapacidad para cuestionar sus creencias más queridas y de su
ción no es ni exacta ni adecuada porque la obra del artista es forma de eludir las contradicciones más patentes.
sólo similar a lo que tiene en mente. Como ocurre en el curso La misma naturaleza de este «bloqueo», sin embargo, evi-
de una conversación entre dos personas, el artista aprecia las dencia nuestra insensibilidad y «anestesia» ante las propias
similitudes y las diferencias, y esta percepción genera algo contradicciones y la importancia, en consecuencia, de tomar
adicional en su próxima acción. Así pues, continuamente se va conciencia de nuestros «bloqueos». Si uno permanece despier-
generando algo nuevo, común al artista y al material sobre el to y atento, no tardará en darse cuenta de que ciertas preguntas
que está trabajando. - desencadenan sensaciones fugaces de miedo (que nos alejan
Algo parecido ocurre también en el caso del científico, que de determinados cuestionamientos) o de placer (que atraen a
se halla comprometido en un «diálogo» con la naturaleza (y nuestro pensamiento y nos apartan del tema). No resulta, pues,
con sus semejantes). Así pues, cuando un científico tiene una tan extraño que uno se mantenga alejado de lo que crea que
idea, recurre a la observación para tratar de verificarla y, cuan- puede perturbarle y que, en consecuencia, en lugar de escu-
' ,1 do descubre (como suele ocurrir) que lo que observa no es char lo que dice otra persona, no haga más que defender sus
idéntico -sino sólo similar- a lo que tenía en mente, establece, propias ideas.
en base a la estimación de las semejanzas y las diferencias, ¿Podemos ser conscientes, cuando nos reunimos para ha-
una nueva idea que, a su vez, deberá ser también verificada. blar o para llevar a cabo alguna actividad común, de esas efí-
Este proceso, pues, va generando la continua emergencia de meras sensaciones de placer y de miedo que «bloquean» nuestra
algo nuevo común al pensamiento del científico y a lo que ob- capacidad de escuchar libremente? Poco sentido tiene, en au-
serva en la naturaleza, un proceso, por otra parte, que se ex- sencia de este tipo de conciencia, el intento de escuchar la tota-
tiende a las actividades prácticas y conduce a la creación de lidad de lo que se dice. Si cada uno de nosotros fuera plena-
nuevas estructuras comunes al ser humano y al entorno en que mente consciente de lo que realmente está «bloqueando» la
vivimos. comunicación cuando se presta atención al contenido de lo que
c- Es evidente que, para vivir en armonía con nosotros mismos se comunica, tal vez pudiéramos ser capaces de crear algo nue-
l y con la naturaleza, debemos ser capaces de participar libre- vo entre nosotros, algo esencial para poner fin a los acuciantes
mente de un movimiento creativo en el que nada permanece fijo problemas que actualmente asedian al individuo y a la sociedad.
y nadie se aferra a sus propias ideas. ¿Pero por qué resulta tan
difícil crear este tipo de comunicación?
Ésta es una pregunta muy compleja y muy sutil, pero tal
vez pudiéramos señalar que, cuando uno llega a hacer algo al
Normalmente solemos iniciar un grupo de diálogo hablando
sobre el diálogo, exponiendo los motivos que nos llevan a em-
prenderlo, de su significado, etcétera. No creo que sea muy in-
. teligente comenzar un grupo antes de que la gente haya pasado,
al menos hasta cierto punto, por todo eso. También puede em-
. prenderse el diálogo sin pasar por ahí, pero hay que tener en
cuenta que, más pronto o más tarde, este tipo de cuestiones_
terminarán pr,esentándose. De modo que, si piensan organizar
un grupo de este tipo, les sugiero que comiencen hablando so- ,
bre la naturaleza del diálogo con las personas que se muestren ,
interesadas en el tema. Y no deberíamos preocuparnos excesi- ,
vamente por si estamos dialogando o no, porque ése suele ser
uno de los principales obstáculos y, en cualquier caso, no es lo
más importante. Así que convendrá comenzar, durante un tiem-
po, hablando sobre la naturaleza del diálogo.
En mi opinión, el significado del término «diálogo» es algo
distinto del que suele atribuírsele. El origen etimológico de las
palabras suele servir de ayuda para comprender su significado y,
en este sentido,' el término «diálogo» proviene de la palabra
griega dialogas, una palabra compuesta de la raíz logos, que
significa «palabra» (o, en nuestro caso, «el significado de la pa-
labra») y el prefijo dia, que no significa «dos» sino «a través
de». El diálogo no sólo puede tener lugar entre dos sino entre
cualquier número de personas e incluso, si se lleva a cabo con el
Sobre el diálogo
Sobre el diálogo

espíritu adecuado, una persona puede llegar a dialogar consigo Es evidente, pues, que la mayor parte de lo que suele deno-
7 misma. La imagen que nos proporciona esta etimología sugiere minarse «diálogo» no tiene nada que ver con mi acepción del
i la existencia de una corriente de significado que fluye entre, término. Los miembros de las Naciones Unidas, por ejemplo,
; dentro y a través de los implicados. El diálogo hace posible, en afirman sostener diálogos, pero qué duda cabe de que se trata de
suma, la presencia de una corriente de significado en el seno del diálogos muy limitados que se asemejan mucho más a las dis-
grupo, a partir de la cual puede emerger una nueva compren- cusiones -o a las transacciones comerciales- que a los auténti-
sión, algo creativo que no se hallaba, en modo alguno, en el cos diálogos. En tales diálogos los participantes no están real-
momento de partida. Y este significado compartido es el «aglu- mente dispuestos a cuestionar sus creencias fundamentales y,
tinante», el «cemento» que sostiene los vínculos entre las per- por tanto, lo único que hacen es negociar cuestiones secundarias
i, sonas y entre las sociedades. como, por ejemplo, quién tiene más o menos armas nucleares,
Comparemos esto con el significado de la palabra «discu- pero el hecho fundamental de la existencia de dos sistemas di-
sión», un término que tiene la misma raíz que las palabras «per- ferentes jamás ha sido seriamente cuestionado. Es como si se
cusión» y «concusión», y cuyo significado es disgregar. El tér- diera por sentado que ése es un tema incuestionable y, en con-
mino «discusión» subraya la idea de análisis, de personas que secuencia, resulta irresoluble. Por ello este tipo de plantea-,
sostienen puntos de vista diferentes y que, en consecuencia, mientos no son serios, no son profundamente serios, como tam-
conciben y desmenuzan las cosas también de modo distinto, lo poco lo es gran parte de lo que solemos denominar «discusión»,
cual, obviamente, tiene su importancia, pero resulta limitado y en el sentido de que hay demasiadas cosas incuestionables y no
no nos permite trascender la divergencia de puntos de vista. negociables de las que nadie quiere hablar. Eso, pues, también
En este sentido, la discusión se asemeja al pimpón en que las forma parte de nuestro problema.
ideas van y vienen y en que el objetivo es ganar o conseguir el Ahora bien, ¿por qué es necesario del diálogo? Si la gente
mayor número de tantos posible. Tal vez, en un juego de estas tiene dificultades para comunicarse aun en el seno de un pe-
características, se apele a las ideas de alguien para respaldar las queño grupo, qué no ocurrirá en un grupo de unas treinta o
propias, pero el objetivo, en cualquiera de los casos, es vencer. cuarenta personas, a menos que haya un propósito definido o
Éstos son, al menos, los cauces por los que habitualmente suele que alguien se encargue de encauzarlo. Esto es así porque cada
discurrir una discusión. uno de los participantes sostiene creencias y opiniones dife-
El espíritu del diálogo, sin embargo, es completamente di- rentes. Y no se trata de creencias superficiales sino de creencias
ferente porque, en él, nadie trata de ganar y, si alguien gana, básicas, creencias que giran en torno a cuestiones realmente
todo el mundo sale ganando. En el diálogo no se trata de obte- fundamentales como, por ejemplo, el sentido de la vida, los
ner más puntos ni de hacer prevalecer una determinada pers- propios intereses, los intereses de su país o los intereses reli-
pectiva porque, cuando se descubre un error, todo el mundo giosos, es decir, todo aquello que uno piensa que es importante.
sale ganando. El diálogo es un juego al que podríamos calificar Y es que la gente no suele tolerar fácilmente el cuestiona-
como «ganar-o-ganar» (a diferencia de lo que ocurre en la dis- miento de sus creencias más profundas y suele defenderlas con
cusión, un juego del tipo «yo-gano-tú-pierdes»). Pero el hecho 7 una gran carga emocional. En breve discutiremos este punto,
es que el diálogo es algo más que una participación común en la pero veamos antes un ejemplo a este respecto. Hace un tiempo
que no estamos jugando contra los demás sino con ellos. organizamos un diálogo en Israel y, en un determinado mo-
-.
Sobre el diálogo , Sobre el diálogo

mento, comenzamos a hablar de política. Alguien dijo entonces,


El hecho es que el diálogo no sólo está sometido a la presión
de asada y sosegadamente: «El principal obstáculo, en este
de nuestras creencias sino también de todo lo que se encuentra
sentido, es que el sionismo está obstaculizando las relaciones
detrás de ellas.
entre árabes y judíos». En ese mismo momento, uno de los par-
ticipantes no pudo contenerse y, levantándose de golpe, replicó
conmocionado, con el rostro congestionado por la ira y los ojos
casi fuera de sus órbitas: «¡Sin la existencia del sionismo este El diálogo y el pensamiento
país ya se hubiera disgregado en mil pedazos!».
Es importante que nos demos cuenta de que nuestras opinio-
¿Qué podemos hacer nosotros en una situación como ésa l
en la que las personas sostienen creencias fundamentales tan I
1 nes son el resultado del pensamiento pasado, de todas nuestras
1 experiencias, de lo que otras personas han dicho o han dejado de
irreconciliables? Porque es evidente que este tipo de creencias
son las que dan lugar a los problemas políticos que azotan a \ decir. Y todo eso se halla inscrito en el programa de nuestra me-
nuestro mundo. Y el caso que estoy describiendo es relativa- ,
moria. Podemos, pues, identificarnos con esas opiniones y reac-
mente más sencillo que algunas de las creencias habituales del i cionar para defenderlas, aunque tal cosa carezca de sentido por-
\1 que, si nuestra opinión es correcta, no necesitamos de tal reacción
campo de la política. El hecho es que albergamos todo tipo de
I y ¿para qué habríamos de defenderla si estuviéramos equivoca-
creencias, no sólo creencias políticas, económicas y religiosas,
sino también creencias sobre lo que pensamos que debería hacer / dos? Sin embargo, cuando nos identificamos con nuestras creen-
' cias, no nos queda más remedio que defenderlas porque, en tal
un individuo, sobre el significado de la vida, etcétera.
caso, experimentamos el ataque a nuestras creencias como una
También podríamos denominar «opiniones» a las creencias.
La palabra «opinión» tiene diversas acepciones, pero una opi- agresión personal. En tal caso, las opiniones tienden a ser expe-
rimentadas como «verdades», aunque sólo sean creencias soste-
nión es fundamentalmente una suposición. Cuando un médico,
por ejemplo, expresa su opinión, está manifestando la mejor su- nidas por usted y su entorno. Puede tratarse de creencias que
nos ha transmitido un profesor, la familia, alguna lectura o lo que
posición que puede hacer basándose en las evidencias de que
dispone. Tal vez entonces, si se trata de un buen médico y no se fuere pero, por una u otra razón, nos hemos identificado con
ellas y nos sentimos en la obligación de defenderlas.
empeña en defender su postura, agregue: «Pero, como no estoy
El verdadero objetivo del diálogo es el de penetrar en el
completamente seguro, lo mejor será que busquemos una se-
gunda opinión». Y, en el caso de que esta segunda opinión dis- proceso del pensamiento y transformar el proceso del pensa-
crepe de la suya, no reaccionará enfurecido -como lo hizo miento colectivo. Ciertamente, no hemos prestado mucha aten-
ción al pensamiento como proceso. Hemos participado del pen-
quien saltó ante el comentario sobre el sionismo- diciendo:
r <<¿Cómose atreve usted a decir eso?». Este tipo de opinión sería samiento y hemos prestado atención al contenido, pero no al
un buen ejemplo de una opinión racional pero, lamentablemen- proceso. ¿Y por qué deberíamos prestar atención al proceso
te, la mayor parte de las opiniones no caen dentro de esta cate- del pensamiento? Porque, en realidad, todo requiere atención y
goría sino que son defendidas a capa y espada porque la perso- hasta si manejamos una máquina sin prestarle la atención debi-
na se halla identificada con ellas y tiene demasiados intereses a
da, terminaremos estropeándola. El pensamiento también es un :
ese respecto. proceso y, en consecuencia, exige toda nuestra atención, de \ b
- 4
otro modo terminaremos utilizándolo inadecuadamente.
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

Veamos ahora algunos ejemplos de las dificultades del pen- niería genética, por ejemplo, puede solucionar determinados
samiento. Una de ellas es la tendencia a la fragmentación. To- problemas, pero si la tecnología ordinaria genera tantos pro-
das las divisiones que hacemos se originan en el pensamiento, blemas, qué no ocurrirá si seguimos pensando del mismo modo
ya que el mundo, de hecho, es de una sola pieza. Somos noso- con una tecnología tan sofisticada. Si no estamos suficiente-
tros quienes seleccionamos ciertas cosas, las separamos de otras mente atentos, las personas terminarán recurriendo a la inge-
y terminamos dando importancia a esa separación. Es nuestro niería genética para llevar a cabo cualquiera de sus más desbo-
pensamiento el que establece las fronteras entre las naciones y cadas fantasías.
el que otorga una importancia suprema a esa separación. Tam- El hecho es que el pensamiento -aunque afirme que no ha
bién es nuestro pensamiento el que divide a las religiones y el estado activo- tiene sus efectos y que algunos de ellos son muy
que establece las diferencias existentes en el seno de la familia. importantes y valiosos. El pensamiento, por ejemplo, dio lugar
La estructura de la familia se debe a la forma en que pensamos a las naciones y otorga un valor supremo al concepto de nación.
sobre ella. Y lo mismo podríamos decir con respecto a la religión. Pero
+ La fragmentación, una de las dificultades fundamentales del todo ello interfiere con la libertad de pensamiento porque el
pensamiento, se asienta en una raíz más profunda porque, aun- pensamiento de que la nación es lo más importante nos condi-
que creamos que no estamos haciendo nada en especial y que cionará a seguir pensando del mismo modo. En tal caso, hare-
, simplemente estamos describiendo las cosas como son, el hecho mos todo lo posible para que todo el mundo piense lo mismo
es que el proceso de nuestro pensamiento es muy activo. Casi que nosotros sobre la nación, la religión, la familia o cualquier
todo lo que nos rodea, casi todo lo que podemos mencionar otra cosa a la que atribuyamos un valor supremo. Y además
-los edificios, las fábricas, las granjas, los caminos, las escue- pondremos también todo nuestro empeño en defenderlo.
las, las naciones, la ciencia, la tecnología, la religión, etcétera- Pero no es posible defender algo sin pensar antes en la de- -
ha sido creado por el pensamiento. El problema ecológico que fensa y, para ello, tendremos que dejar de lado todos aquellos
asola a nuestro mundo se debe al pensamiento, porque creemos pensamientos que pongan en tela de juicio lo que tanto desea-
que el mundo está aquí para explotarlo, creemos que es inago- mos defender, lo cual puede conducir fácilmente al autoengaño,
table y que podemos hacer todo lo que queramos porque la a eludir muchas cosas diciendo que son incorrectas, a distor-
contaminación terminará diluyéndose. sionar otras, etcétera. El pensamiento defiende con uñas y dien-
Cuando nos damos cuenta de la existencia de un «proble- tes sus creencias fundamentales ante cualquier evidencia de :
ma», la polución, el dióxido de carbono o lo que fuere, solemos que pueda estar equivocado. .
decir: «Tenemos que resolver este problema». Pero el hecho es Así pues, para hacer frente a esta situación, que se origina en
que la forma en que opera nuestro pensamiento está generando el pensamiento, debemos prestar mucha atención al proceso
de continuo no sólo ese problema concreto sino todo tipo de del pensamiento. Normalmente, cuando tenemos un problema
problemas. Si creemos que el mundo está a nuestro servicio solemos decir: «Tengo que pensar en la forma de resolverlo»,
seguiremos explotándolo de una u otra manera y no haremos pero lo que yo estoy diciendo es que el pensamiento mismo es
más que trasladar el problema a otra parte. Y, si no afrontamos el problema. ¿Qué es, pues, lo que, en tal caso, deberíamos ha-
adecuadamente las cosas, tal vez solucionemos el problema de cer? Convendría comenzar considerando la existencia de dos ti-
la contaminación pero terminemos generando otro. La inge- pos de pensamiento, el pensamiento individual y el pensamien-
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

f to colectivo. Es cierto que, individualmente, puedo pensar en que realmente no es posible organizar una buena sociedad sobre
1 varias cosas, pero la mayor parte de nuestro pensamiento pro- esa base. Ésa, al menos, es la forma en la que supuestamente
,' cede de nuestro sustrato colectivo. El lenguaje es colectivo y funciona la democracia. Pero lo cierto es que no es así, porque
/ también lo son la mayoría de nuestras creencias básicas (in- el hecho de defender una opinión aboca a una lucha de opinio-
[ cluidas las creencias sobre el funcionamiento de nuestra socie- nes en la que quien gana no es quien más razón tiene -puesto
dad, sobre la forma en que se supone que deben ser las perso- que incluso puede darse el caso de que todo el mundo esté
nas, las relaciones, las instituciones, etcétera). Debemos, por equivocado- sino quien más poder ostenta. Así pues, cuando
tanto, prestar atención tanto al pensamiento individual como al tratamos de hacer las cosas juntos no siempre las hacemos del
pensamiento colectivo. mejor modo posible.
En el diálogo, las personas procedentes de sustratos distintos El problema se presenta cuando las personas se agrupan
suelen sostener creencias y opiniones fundamentalmente dife- para dialogar o cuando los legisladores, los hombres de nego-
rentes. Es muy probable que, en el seno de cualquier grupo, des- cios o quien fuere, tratan de hacer algo en común. Si intentamos
cubramos opiniones y creencias muy dispares de las que no trabajar en equipo no tardaremos en darnos cuenta de que cada
siempre somos conscientes. Se trata, en suma, de una cuestión uno de nosotros tiene creencias y opiniones diferentes y de que
cultural, porque toda cultura -y también toda subcultura (que las cosas no resultan tan fáciles como creíamos y empiezan a
varía en función del grupo étnico, la situación económica, la complicarse. De hecho, hay quienes se encuentran con este pro-
raza, la religión y muchos otros factores)- se basa en una serie . blema en las grandes empresas, donde los altos ejecutivos pue-
de creencias y opiniones. Es comprensible, pues, que las per- den sustentar opiniones diferentes y, en consecuencia, no pueden
sonas procedentes de culturas, o subculturas, diferentes sos- trabajar en equipo. Y si la empresa no es eficaz, comienza a
tengan opiniones y creencias también distintas, y que, aunque perder dinero y a venirse abajo.
no las comprendan plenamente, tiendan a reaccionar defensi- Hay personas que intentan formar grupos para que los altos
vamente ante cualquier evidencia de que son erróneas o sim- ejecutivos puedan trabajar en equipo, una alternativa que re-
plemente a defenderlas ante cualquier opinión adversa. sultaría muy adecuada también en el mundo de la política. Tal
Pero si defendemos de ese modo nuestras opiniones, el diá- vez sean las personas religiosas las que más dificultades tengan
logo resultará imposible. Con excesiva frecuencia solemos de- para colaborar entre sí, porque las creencias religiosas son tan
fender nuestras opiniones sin que ésa sea siquiera nuestra inten- poderosas que desconozco la existencia de ningún caso en el
ción consciente. Tal vez, en determinadas ocasiones, podamos que, una vez que ha surgido la menor divergencia, los distintos
ser conscientes de estar defendiendo una creencia, pero lo cierto grupos o subgrupos religiosos implicados hayan podido seguir
es que la mayor parte de las veces lo hacemos sin apenas damos juntos. Las distintas iglesias cristianas, por ejemplo, han habla-
cuenta de ello y simplemente sentimos que se trata de algo tan do muchas veces de reconciliación pero jamás han terminado de
evidente que no podemos por menos que tratar de convencer a la lograrlo, hablan y parecen aproximarse un poco, pero jamás
persona que tan estúpidamente disiente de nosotros. terminan de integrarse. Así pues, aunque hablen de unión, de
Ahora bien, lo que nos parece la cosa más natural del mun- unidad, de amor y todo eso, las creencias son más poderosas
do, nos parecerá también inevitable, pero no tardaremos en que sus intenciones conscientes. Y, a pesar de la sinceridad de
damos cuenta, si nos detenemos a reflexionar al respecto, de algunos de esos intentos, las cosas no parecen tan sencillas.
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

Los científicos también se encuentran en la misma situa- como si, en un grupo de menos de veinte personas, la gente se
ción. Cada uno puede mantener un punto de vista diferente so- diera fácilmente cuenta de los puntos candentes que debe evitar
bre la verdad, pero no pueden alcanzar esa misma perspectiva y pudiera tenerlo en consideración, mientras que, en un grupo
en conjunto. O tal vez sea que tienen intereses diferentes. Un de unas cuarenta o cincuenta personas, tal cosa resultase mucho
científico, por ejemplo, que trabaje para una compañía que con- más difícil.
tribuya a la contaminación ambiental, puede tener interés por Así pues, cuando el grupo supera las veinte personas co-
demostrar que la contaminación no es, a fin de cuentas, tan pe- mienzan a ocurrir cosas muy interesantes. Cuarenta personas
ligrosa. Y lo mismo puede ocurrir, por cierto, con otro científi- son muchas para disponerlas adecuadamente en círculo, pero
co que tenga interés por demostrar que la contaminación es pe- pueden agruparse en dos círculos concéntricos. En tal grupo, no
ligrosa. Tal vez exista, en algún lugar, un científico neutro que tardará en advertirse la presencia de lo que podríamos denomi-
aborde objetivamente el tema. nar una «microcultura», porque hay suficiente gente proceden-
Se supone que la ciencia se ocupa de la verdad y de los he- te de subculturas diferentes como para llegar a configurar un
chos y que la religión se dedica a otro tipo de verdad y al amor. microcosmos de toda la cultura. Es entonces cuando comenza-
Pero nuestras creencias y nuestros intereses lo impregnan todo mos a adentrarnos en la cuestión de la cultura, el significado
y, sin el menor ánimo de juzgar a nadie, debemos decir que las que compartimos colectivamente, algo crucial y sumamente
creencias y las opiniones son como programas de ordenador poderoso, porque el pensamiento colectivo es más poderoso';
en la mente de las personas, programas que tienen sus propias que el pensamiento individual. Como ya hemos visto, el pensa-1
intenciones y que pueden asumir una dirección opuesta a la de miento individual es, en gran medida, el resultado del pensa- 11
la mejor de nuestras intenciones. miento colectivo y de nuestra interacción con los demás. El
Podríamos decir, pues, que un grupo de entre veinte y cua- lenguaje, por ejemplo, es algo colectivo y Lo mismo ocurre con /
renta personas, que sostienen creencias y opiniones muy dis- la mayor parte de nuestros pensamientos. Todo el mundo hace '
tintas, constituye casi un microcosmos del conjunto de la so- su contribución al pensamiento, pero lo cierto es que son pocos
ciedad. Es posible tener un diálogo con otra persona -o con los que llegan a transformarlo.
1

dos, tres o cuatro- o incluso dialogar con uno mismo, sopesan- El poder de un grupo es muy superior al de las personasJ
do todas las opiniones sin decidirse por ninguna de ellas. Un que lo componen. En algunas ocasiones he llegado a compa-
grupo demasiado pequeño, sin embargo, no funciona muy bien rarlo con el poder del láser. La luz ordinaria es «incoherente» en
('porque, cuando cinco o seis personas se reúnen, suelen evitar el sentido de que, en ella, el haz de fotones se mueve en todas
' todo aquello que pudiera molestar a los demás y, de este modo, direcciones y las ondas luminosas se hallan desfasadas. Pero el
conseguir un «ajuste cómodo». Es muy fácil que, en un grupo láser, por su parte, produce un rayo de luz coherente tan intenso
pequeño, la gente se muestre comedida y eluda los temas con- -porque las ondas luminosas se dirigen en la misma dirección-
flictivos. Además, cuando en un grupo tan pequeño surge un que puede hacer cosas imposibles para la luz ordinaria.
enfrentamiento, resulta muy difícil resolverlo y el grupo suele Así podríamos decir también que funciona el pensamiento
terminar estancándose. Un grupo mayor, por su parte, puede co- ordinario de nuestra sociedad, un pensamiento «incoherente»
menzar muy comedidamente pero, al cabo de un tiempo, no porque se dirige en todas direcciones y los pensamientos con-
resulta tan fácil seguir esquivando los temas conflictivos. Es tradictorios terminan anulándose entre sí. Pero, en mi opinión,
Sobre el diálogo Sobre el diálogo
si las personas pensaran en conjunto de un modo «coherente»,
ese pensamiento tendría un poder inmenso. Si mantenemos una Cómo dialogar
situación de diálogo -un grupo que dialogue lo suficiente como
para conocerse bien unos a otros- podríamos lograr ese movi- Es fundamental que, para dialogar, la gente se siente en cír-
miento coherente del pensamiento y de la comunicación. Y se- culo, una disposición geométrica que, sin favorecer a nadie,
ría coherente no sólo a un nivel fácilmente reconocible, sino permite, sin embargo, la comunicación directa entre todos los
también -y esto es lo más importante- a un nivel tácito, a un ni- participantes. En principio, el diálogo deberia funcionar sin la
vel del que sólo tenemos una vaga sensación. presencia de ningún líder y sin recurrir a ningún tipo de agenda.
Lo .«tácito»es lo inexpresable, lo que no puede ser descrito, Es evidente que estamos acostumbrados a los líderes y a las
como, por ejemplo, el conocimiento necesario para ir en bici- agendas, de modo que es muy probable que, si comenzamos sin
cleta. Se trata de un conocimiento real, de un conocimiento que líder, sin programa y sin objetivo, experimentemos la ansie-
puede ser coherente o puede no serlo. En mi opinión, el pensa- dad de no saber qué vamos a hacer. Así pues, una de las prime-
miento es, en realidad, un proceso tácito sutil, un proceso con- ras cosas que deberemos hacer es hacer frente a la ansiedad. La
creto sumamente tácito. El significado es esencialmente tácito y experiencia ha demostrado que. si la gente permanece en esa si-
lo que expresamos constituye tan sólo una mínima parte de él. tuación dilrante una hora o dos, termina superando la ansiedad y
No es difícil comprender que casi todo lo que hacemos se deriva comienza a hablar con más libertad.
de este tipo de conocimiento tácito. El pensamiento emerge de Tal vez resulte etil iener un moderador que mantenga el cur-
un sustrato tácito y cualquier cambio fundamental en el pensa- so del encuentro, vigile el tiempo y resuma, de tanto en tanto, lo
miento procede de ahí, de modo que, si nos comunicamos a ni- que está ocurriendo. Pero, para que tal cosa funcione, no debe-
vel tácito, tal vez podamos cambiar.nuestro pensamiento. ría llevarse a cabo como si se tratara de un trabajo aunque, cla-
El proceso tácito es común y compartido. Y no sólo com- ro está, tal ocupación pueda requerir tiempo. También puede
partimos la comunicación explícita, el lenguaje corporal y de- ocurrir que las personas tengan que reunirse regularmente (de
más, sino que también compartimos un proceso tácito común manera semanal, quincenal o como fuere) durante uno o varios
mucho más profundo. Creo que la especie humana supo esto años. Durante ese período, todo lo que hemos señalado irá apa-
hace millones de años y ha terminado olvidándolo tras cinco reciendo y las personas aprenderán a depender cada vez menos
mil años de civilización porque nuestras sociedades se han tor- de la figura del moderador (eso es, al menos, lo que se preten-
nado demasiado grandes como para poder llevarlo a cabo. Pero de). La sociedad afirma que no podemos funcionar sin líderes,
hoy en día hemos comenzado a experimentar la urgente necesi- pero, en mi opinión esto quizá no sea más que una creencia. Se
dad de comunicarnos y recuperar esa faceta. Para poder actuar trata, por supuesto, de un experimento y no podemos garantizar
de manera inteligente cuando sea necesario tenemos que com- cuál será el resultado que obtengamos. Eso precisamente es lo
partir nuestra conciencia y ser capaces de pensar en conjunto. Si que ocurre cuando uno se embarca en una aventura, tiene en
nos damos cuenta de lo que sucede en el diálogo de un grupo cuenta la evidencia, considera cuál es la mejor idea, cuáles son
comprenderemos la esencia de lo que ocurre en nuestra sacie- sus teorías al respecto y finalmente se lanza a la aventura.
dad. Y esto es algo que no podemos apreciar a solas ni tampoco Al comienzo de un diálogo no convendría prestar atención a
en el contexto de un diálogo con otra persona. los problemas y las cuestiones personales. Es posible que tal po-
sibilidad pueda presentarse en el caso de que la gente persevere
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

en el diálogo durante semanas o incluso durante meses. A fin de mos hablar directamente a todo el grupo o a cualquiera de sus
cuentas, todo puede formar parte del diálogo, pero sería reco- integrantes.
mendable que la gente comenzara conociéndose y confiara lo Hace tiempo que un antropólogo vivió una larga temporada
suficiente en los demás como para poder establecer una relación con una tribu de indios norteamericanos. Era un pequeño grupo
basada en la colaboración. Sería excesivo tener la esperanza de del tamaño que estamos considerando. Los grupos de cazadores-
comenzar en ese punto. Y, de hecho, un problema personal pue- recolectores han vivido en grupos de unas veinte a cuarenta per-
de no ser importante aunque, en el caso de que alguien tuviera sonas, mientras que las comunidades agrícolas son mucho mayo-
algún problema personal, el grupo podría llegar a considerarlo. res. Esa tribu se reunía de tanto en tanto en círculo y hablaban,
No hay razón alguna para no hacerlo así, aunque insisto en hablaban y seguían hablando sin ningún propósito aparente. No
que, en mi opinión, no deberíamos comenzar con ello, al menos tomaban decisiones, carecían de líder y todos participaban por
no como regla general. Hay que tener en cuenta que el grupo no igual. Es cierto que había ancianos y ancianas sabios que eran es-
es una cuestión personal sino cultural, aunque la dinámica del cuchados con algo más de atención que el resto, pero todo el
grupo pueda también hacer frente a las cuestiones personales mundo podía hablar. La reunión proseguía hasta que, en un deter-
porque los problemas personales y los culturales se hallan en- minado momento, se detenía sin motivo aparente y se dispersaba.
tremezclados. Sin embargo, se conocían muy bien y todo el mundo parecía saber
Es importante comprender que el diálogo grupal no es una bien qué tenía que hacer. Luego, en ocasiones, se reunían en gru-
terapia de grupo y que no estamos intentando curar a nadie, pos más pequeños y hacían o decidían algo en conjunto.
aunque tal cosa pueda llegar a ocurrir como una especie de Es esencial que, en el diálogo grupal, no tengamos que de-
efecto secundario. Pero el hecho es que ése no es nuestro obje- cidir nada puesto que, de otro modo, no somos libres. Debemos 1
tivo. El doctor Patrick de Mare, un amigo que ha participado en disponer de un espacio vacío, abierto y libre en el que no ten-
este tipo de grupos, no los califica como terapia individual sino gamos la obligación de hacer nada, de llegar a ninguna conclu-
como «socioterapia». El grupo constituye un microcosmos de la sión, de decir o dejar de decir nada. La palabra «vacación» tie-
sociedad, de modo que la «cura» del grupo -o de alguno de sus ne la acepción de espacio vacío, algo, por cierto, opuesto al
participantes- puede suponer el comienzo de una cura a gran es- término «ocupación». Debemos disponer de un espacio vacío en
cala. Y, aunque tal vez pudiéramos considerarlo así, se trataría, el que quepa cualquier cosa y después de terminar, volvemos a
a mi juicio, de una visión limitada. Nuestra intención no es vaciarlo, sin tratar de acumular nada. Ése es uno de los puntos
formar un «grupo de encuentro», el entorno terapéutico ade- fundamentales de un diálogo. Como Krishnamurti solía decir,
cuado para que la gente exteriorice sus emociones. Sin embar- «para poder contener algo, la taza debe hallarse vacía».
go, aunque ése no sea nuestro objetivo, tampoco estamos di- Afirmar que no tenemos ningún objetivo predeterminado,
r
!
ciendo que debamos impedir la presencia de las emociones, ningún propósito absoluto, no es una imposición arbitraria. Tal
, pues el enfrentamiento emocional suele sacar a la luz nuestras vez podamos establecer objetivos puntuales, pero no tenemos
creencias más profundas. A lo largo del diálogo las personas de- que atarnos a ellos ni mantenerlos por tiempo indefinido. Aun-
berían hablar directamente entre sí, cara a cara y sin salirse del que compartamos el interés de que la especie humana sobrevi-
círculo. De este modo llegará un momento en el que, si nos va, tampoco es tal nuestro objetivo. Nuestro objetivo, si quere- ;
conocemos y tenemos la suficiente confianza mutua, podre- mos llamarlo así, es comunicarnos de manera coherente. ..-
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

Podríamos afirmar que nuestra cultura suele reunirse en gru- porque si la gente sustenta enfoques diferentes, deben comenzar 'r
pos grandes por dos razones fundamentales, para divertirse y negociando hasta encontrar una forma común de proceder. Pero '1
a a r a realizar un trabajo útil. El diálogo del que estoy hablando, ése no es el fin del diálogo, sino únicamente su principio, por-
1 sin embargo, no trata de cumplir ninguna agenda ni tampoco que si nos limitamos sólo a negociar no conseguiremos avanzar 1
i apunta a realizar ninguna actividad particularmente útil. Porque demasiado.
[ cualquier intento de alcanzar un propósito u objetivo útil se Buena parte de lo que hoy en día se considera diálogo tiende
- asienta necesariamente en una creencia de lo que es útil, y esa a focalizarse en la negociación pero, como acabamos de decir,
creencia termina limitándonos. Personas distintas tienen ideas ése no es más que un estadio preliminar. La gente no suele estar
diferentes sobre lo que es útil, y eso no hace más que ocasionar preparada para abordar los puntos más profundos y todo lo que
problemas. Podríamos, por ejemplo, decir: «¿Queremos salvar pueden hacer al comienzo es revisar y negociar lo que creen que
al mundo? ¿Queremos poner en marcha una escuela? ¿Quere- es un diálogo. La negociación consiste en llevar a cabo los
mos hacer dinero?». Cualquiera de estas opciones es posible. ajustes necesarios que permitan decir: «Comprendo su punto de
Ése también es uno de los problemas de los diálogos corporati- vista y veo lo importante que es para usted. Encontremos una
vos. ¿Renunciarán a la noción de que están ahí fundamental- vía que resulte satisfactoria para ambos. Yo cederé un poco en
mente para sacar un provecho? Si pudieran hacerlo, esto su- esto, usted cederá un poco en aquello y tal vez entonces poda-
pondría una auténtica transformación de la humanidad. Creo mos sacar algo en claro». Es cierto que no se trata de una rela-
que muchos ejecutivos se sienten infelices y realmente quieren ción muy profunda pero, en cualquier caso, es el primer paso
hacer algo no sólo para salvar a su empresa. Del mismo modo para lograrlo.
que nosotros, ellos también se sienten desdichados ante la si- El hecho es que las personas podrían iniciar grupos de diá-
tuación general del mundo. No todo el mundo está interesado en logo en lugares muy diversos. El objetivo no consiste en iden-
hacer dinero y sacar provecho de las situaciones. tificarse con el grupo, sino que lo realmente importante es llegar
En los comienzos de un grupo de diálogo, la gente suele a relacionarse con la totalidad del proceso. Y, aunque pueda
dar vueltas en torno a los temas sin entrar en ellos. En cualquier decirse «este grupo es verdaderamente maravilloso», lo que re-
tipo de relación humana, la gente tiene una forma de no afrontar almente cuenta, sin embargo, es el proceso.
directamente las cosas. Hablan y hablan sin entrar en el tema
como una forma de evitar las dificultades, un hábito que pro-
Creo que cuando seamos capaces de mantener un diálogo de 1
este tipo, descubriremos que los participantes van experimen- \
bablemente se presente también en el diálogo grupal, aunque tando un cambio que puede evidenciarse fuera del contexto del \
vaya debilitándose si persistimos lo suficiente. Recuerdo cierto diálogo y llegar incluso a difundir esa actitud. Es como la me-
diálogo en el que una persona dijo: «¿Podría, ahora que estamos táfora bíblica de las simientes, algunas de las cuales caen en un
hablando de filosofía, leer algo que he traído a este respecto?» erial mientras que otras lo hacen en terreno fértil y germinan.
Y alguien respondió: «No». Al comienzo parecía un pequeño No podemos determinar con claridad el lugar o la forma en
desastre pero el hecho es que funcionó. que el diálogo florecerá. En cualquier caso, la semilla de este
Todo tiene que ser trabajado. La gente acude al grupo con cambio es el tipo de pensamiento y de comunicación del que es-
creencias e intereses diferentes. Tal vez al comienzo sea nece- tamos hablando. Pero, a pesar de ello, no tenemos la menor
saria una fase de negociación, un estadio preliminar del diálogo, garantía de que estos grupos terminen funcionando y no debe-
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

ríamos sorprendernos, en consecuencia, de que muchos de ellos Yo creo que necesitamos aprender a compartir los significa-
fracasasen. dos. Una sociedad es una red de relaciones entre personas e
T
\!
El asunto no consiste en crear un grupo de diálogo pema- instituciones que posibilita la vida comunal. Pero eso sólo fun-
nente -porque si tratamos de mantener un grupo más tiempo de 1
cionará si compartimos una cultura, es decir, una serie de sig-
la cuenta, podemos caer de nuevo en el hábito-, sino en esta- nificados, valores y objetivos porque, de lo contrario, no habrá
blecer uno que dure el tiempo suficiente como para propiciar un integración posible. Nuestra sociedad no es coherente y hace
cambio. Insisto, no obstante, en que hay que mantenerlo el mucho tiempo que no cumple adecuadamente esta función, si es
tiempo suficiente, porque de lo contrario no servirá para nada. que alguna vez lo hizo. Las creencias que sostenemos influyen
Es importante, como ya he dicho, que el grupo persevere du- tácitamente sobre el significado global de lo que hacemos.
rante uno o dos años y que se reúna periódicamente. Cuando
mantenemos un grupo el tiempo suficiente, comenzarán a apa-
recer los problemas y no podremos evitar que las creencias
más profundas de los participantes afloren a la superficie. En tal
caso aparecerán también la frustración, la confusión, el desen-
il Suspender las creencias
Lo que estoy diciendo es que las personas llevan consigo sus
canto y la carga emocional. Es muy probable, por ejemplo, en creencias a los grupos, que esas creencias terminarán por salir a
este sentido, que la persona que hemos citado anteriormente la superficie y que no hay que tratar de evitarlas ni suprimirlas
con respecto a las creencias sobre el sionismo quisiera ser muy -sin creer ni dejar de creer en ellas, sin juzgarlas como buenas o
educada, pero lo cierto es que cuando alguien dijo algo que le malas- sino sólo ponerlas en suspenso. Es frecuente que, cuan-
enfureció, no pudo seguir controlando su respuesta y montó en do nos sintamos enojados, reaccionamos externamente y lle-
cólera. Porque el hecho es que, cuando nos aferramos a nuestras guemos incluso a decir algo desagradable. Supongamos, no
creencias más profundas, éstas terminan saliendo a la superficie, obstante, que en lugar de hacer tal cosa, tratamos de poner en
pero cuando nos damos cuenta de lo que nos lleva a aferramos a suspenso nuestra reacción, es decir, no sólo dejar de agredir
ellas, ocurren cosas completamente nuevas. externamente, de una u otra forma, a la persona con quien nos
Obviamente, el diálogo no siempre es divertido ni prove- hayamos enojado, sino atajar incluso cualquier tipo de insulto
choso. En consecuencia, podemos tender a abandonarlo en interno. De modo que también es necesario interrumpir nuestra
cuanto aparezcan las dificultades. En mi opinión, sin embargo, reacción interna, distanciarnos de ella y observarla, dejándola
es sumamente importante seguir adelante y perseverar más allá suspendida frente a nosotros y observándola como si se tratara
de las posibles frustraciones. Cuando creemos que algo es im- del reflejo que nos devuelve un espejo. De este modo, podemos
portante, no dudamos en llevarlo a la práctica. Nadie, por ejem- llegar a ver cosas que no podríamos percibir en el caso de haber
plo, escalaría el Everest a menos que, por alguna razón, lo con- dado ríenda suelta al enfado o de haber tratado de suprimirlo di-
siderase importante, puesto que no siempre resulta divertido e ciéndonos cosas tales como, por ejemplo, «no estoy enfadado»
incluso puede llegar a ser muy frustrante. Y lo mismo es apli- o «no debiera estar enfadado».
cable también al caso de ganar dinero o a cualquier otro tipo de De esta manera, el grupo puede terminar convirtiéndose en
actividad. Cuando uno siente, en suma, que algo es necesario, el espejo en el que se refleja cada uno de los participantes. No-
simplemente lo lleva a cabo. sotros servimos de espejo a los demás y ellos se convierten en el
Sobre el diálogo
I Sobre el diálogo

nuestro. Abordar este proceso globalmente resulta muy útil estén completamente atrapados en sus opiniones particulares
para tomar conciencia de lo que está ocurriendo, ya que en- deberían tratar de reducir la tensión para que todo el mundo pu-
tonces podemos comprobar que todo el mundo se halla en la diera darse cuenta de lo que está sucediendo y desarticular, de
misma situación. ese modo, una escalada que puede terminar imposibilitando la
Es necesario advertir la relación existente entre los pensa- observación. El secreto está en mantenerse en un nivel en el que
mientos, las sensaciones corporales y las emociones que se pre- las opiniones puedan expresarse manteniendo, sin embargo, la
sentan durante el diálogo. Si observamos detenidamente el len- posibilidad de observarlas. Entonces estaremos en condiciones
guaje corporal y el lenguaje verbal, podremos constatar que de darnos cuenta de que la hostilidad de los demás estimula la
todo el mundo se halla en la misma situación... sólo que, a ve- nuestra. La suspensión, pues, forma parte integral del proceso
ces, en lados opuestos. El grupo puede llegar incluso a polari- de observación y nos permite familiarizarnos con el modo en
zarse en subgrupos abiertamente enfrentados. Y conviene su- que opera nuestro pensamiento.
brayar que no se trata tanto de suprimir este enfrentamiento
como de permitir que aflore a la superficie.
Por consiguiente, uno simplemente observa el significado de
las creencias y reacciones tanto propias como ajenas. Nuestra
intención no es cambiar la opinión de nadie, aunque tal vez,
1
id
El impulso de la necesidad
" Hemos hablado del diálogo, del pensamiento, de la impor-
cuando la reunión haya concluido, alguien pueda haber cam- tancia de prestar atención a la totalidad del proceso -y no sólo
biado de opinión. Esto forma parte precisamente de mi visión al contenido de los diferentes puntos de vista y opiniones- y del
del diálogo, que la gente se dé cuenta de lo que hay en su propia modo de dar coherencia a todo eso. También hemos menciona-
mente y en la mente de los demás sin adelantar ningún tipo de do la forma en que todo este proceso influye sobre nuestros
conclusión o de juicio. Las creencias terminan aflorando a la su- sentimientos y estados corporales y la forma en que afecta a los
perficie y, si escuchamos que alguien sostiene una opinión que demás. El desarrollo de la capacidad de escuchar, observar y
parece amenazarnos, nuestra respuesta natural suele ser enfa- 1 prestar atención al proceso real del pensamiento, al orden en
darnos, desasosegarnos o reaccionar de una u otra manera. Tal que ocurre y advertir su incoherencia, es decir, aquellos puntos
vez ni siquiera sepamos que sostenemos una determinada cre- en los que no funciona adecuadamente, resulta de capital im-
encia; por eso, cuando ponemos en suspenso nuestras reaccio- portancia. No se trata, pues, de cambiar nada, sino simple-
nes podemos darnos cuenta de su presencia por el efecto que mente de ser conscientes. Es posible advertir la similitud exis-
provoca en nosotros una creencia opuesta que experimentamos tente entre las dificultades que aparecen dentro del grupo y
amenazadoramente. Debemos, pues, suspenderlas todas y ob- los conflictos y pensamientos contradictorios que tienen lugar
servarlas detenidamente para averiguar su significado. en el interior del individuo.
Es preciso advertir nuestras propias reacciones de hostilidad, En la medida en que hagamos esto, iremos descubriendo que
o lo que fuere, y ver también, a través de su comportamiento, ciertos tipos de pensamiento desempeñan un papel más impor-
cuáles son las reacciones de los demás. Así es como podemos tante que otros y que, de entre todos ellos, destaca la creencia en
llegar a descubrir, por ejemplo, en el caso del enojo, que el cli- la necesidad. Lo que es necesario sólo puede ser de un modo y
ma de la reunión va caldeándose. Si tal cosa ocurre, quienes no no puede ser de otro. Es interesante señalar que el término m e -
l
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

f cesario» procede de la raíz latina neceise, que significa «lo


; que no cede», y que su significado etimológico es el de «aque- nal y, como decíamos anteriormente, pueden surgir sentimientos
; llo que no puede ser evitado». El modo habitual en que solemos
muy intensos de enojo, rechazo, frustración, etcétera. Nada po-
afrontar nuestras dificultades es el de alejarlas de nosotros o el drá cambiar la presencia de una necesidad absoluta porque, de
de alejarnos nosotros de ellas pero, cuando aparece una situa- una forma u otra, la persona creerá que tiene una razón válida
ción insoslayable, no podemos evitarla pese a nuestra necesi- para aferrarse a ella o para odiar a quienes parecen interponerse
dad, también insoslayable, de dejarla de lado. Entonces nos en el camino de lo que le parece absolutamente necesario. «Son
sentimos frustrados, porque ambas necesidades son absolutas y tan obstinados y estúpidos que se niegan a ver la evidencian,
nos hallamos ante una situación apremiantemente conflictiva. «es lamentable que tengamos que matarlos pero es absoluta-
Es frecuente, por ejemplo, el caso en el que no podamos sosla- mente necesario» para los intereses de mi país, de mi religión o
yar nuestra opinión ni la de otra persona y lleguemos incluso a de lo que fuere.
sentir que esta última opera en nuestro interior oponiéndose a No es extraño, pues, que, en el curso del diálogo, afloren ne-
nosotros, generando, de este modo, un estado de conflicto. cesidades absolutas que choquen entre sí. La gente trata de elu-
La necesidad da lugar a impulsos irrefrenables. Una vez que dir este tipo de cuestiones porque sabe que el problema radica
sentimos que algo es necesario, se suscita en nosotros el im- precisamente ahí, pero es inevitable, si perseveramos en el diá-
pulso a hacer o dejar de hacer algo. Y este impulso puede llegar - que, más pronto o más tarde, eso termine apareciendo. El
logo, A

a ser tan poderoso que uno se sienta compelido a hacer algo. La asunto, entonces, es qué sucederá.
necesidad es una fuerza tan poderosa que puede terminar supe- Ya hemos hablado anteriormente de lo que puede ocurrir
rando incluso a los instintos, como ocurre, por ejemplo, cuando cuando el diálogo prosigue y la gente va cambiando de actitud.
la gente actúa en contra del instinto de supervivencia individual. En cierto momento podemos darnos cuenta de que todos esta-
Todos los conflictos que aparecen en un diálogo -tanto a nivel mos haciendo lo mismo y de que, mientras sigamos identifica-
individual como a nivel colectivo (y este matiz es importante)-, dos con lo que se nos presenta como una necesidad absoluta, no
giran en tomo a la noción de necesidad. Todas las controversias podremos hacer nada. Son tantas las cosas que se ponen en pe-

-
serias, ya sea en el seno de la familia o de un grupo de diálogo, ligro cuando nos aferramos a la noción de necesidad que tal vez
son versiones diferentes de lo que creemos que es absoluta- pudiéramos comenzar a liberamos de ello cuestionándolo. Este
mente necesario. Porque, a menos que asuma esa forma, siem- punto, en mi opinión, es crucial para renunciar al conflicto y po-
der adentrarnos creativamente en nuevas dimensiones. '7
pre es posible negociar, decidir cuáles son las prioridades y
adaptarse a ellas. Pero el camino de la negociación se cierra Pero ¿qué es lo absolutamente necesafio? El artista que se li-
cuando dos cosas se presentan como necesidades absolutas. mita a seguir las necesidades ajenas será un artista mediocre. El
Cuando dos naciones dicen «tal cosa es absolutamente necesa- verdadero artista compone su obra siguiendo sus propias nece-
ria», por ejemplo, se cierra cualquier posible vía de acuerdo en- sidades. Para que una obra sea valiosa, los distintos elementos
tre ellas. que la componen deben estar articulados siguiendo su propio or-
¿Qué podemos, pues, hacer cuando aparece un enfrenta- den de necesidad. La necesidad artística es creativa y en ella ra-
miento entre dos necesidades absolutas? Lo primero que debe- dica la libertad del artista que hace posible la percepción creati-
mos tener en cuenta es que existe una tremenda carga emocio- va de nuevos órdenes de necesidad. No seremos realmente libres
hasta que no podamos hacer eso. Uno puede decir que hace lo

51
Sobre el diálogo
1 Sobre el diálogo 11
que le gusta y que sólo sigue el dictado de sus propios impulsos, este sentido, de un concepto similar a la noción neurofisiológi-
pero éstos, como ya hemos visto, pueden originarse en la cre-
ca denominado propiocepción, que significa «percepción de
encia de alguna necesidad absoluta, como ocurre, por ejemplo, uno mismo». El cuerpo, por ejemplo, es capaz de percibir su
cuando los países en conflicto afirman seguir el impulso de ir a propio movimiento, ya que, cuando nos movemos, nos damos
la guerra y eliminar a quienes se interponen en su camino. Pero cuenta de la relación entre nuestra intención y nuestra acción y
la libertad no consiste en dejamos arrastrar por nuestros pensa- entre el impulso a moverse y el movimiento mismo. Si carecié-
mientos y, en consecuencia, hacer lo que nos gusta rara vez ramos de propiocepción, el cuerpo no podría funcionar.
conduce a la libertad, porque nuestros gustos están condiciona- Conocemos el caso de una mujer que tenía dañado su siste-
dos por nuestros pensamientos, y éstos, a su vez, se atienen a ma nervioso sensitivo -pero no así su sistema motor-, y que
pautas predeterminadas. Tenemos, por tanto, la necesidad crea-
despertó súbitamente en medio de la noche creyendo que al-
tiva -tanto a nivel individual como a nivel colectivo- de fun- guien la atacaba, pero que, cuando encendió la luz, se dio cuen-
cionar grupalmente de un modo nuevo. Todo grupo que tenga ta de que se estaba golpeando a sí misma. Como no tenía la po-
problemas deberá resolverlos creativamente y para ello no sir-
sibilidad de saber que era ella quien se estaba golpeando, había
\ ven las negociaciones y los acuerdos al viejo estilo.
creído erróneamente que alguien estaba agrediéndola y, cuanto
ve Considero sumamente importante, pues, llegar a desenmas- más trataba de defenderse de su supuesto «agresor», con más
carar la creencia en las <<necesidadesimperiosas» en las que se
fuerza se agredía. En ausencia, pues, de propiocepción, no po-
asienta todo bloqueo.
demos percatamos de la relación existente entre la intención de
movemos y el resultado de nuestro movimiento, algo que sólo
pudo recuperarse, en el caso que acabamos de mencionar, cuan-
La propiocepción del pensamiento do se encendió la luz de la habitación.
¿Es posible que el pensamiento pueda tornarse propiocepti-
La propuesta de abordar el tema del diálogo prestando aten-
vo? Por lo general, no somos conscientes de tener la intención
ción al pensamiento tal vez pueda parecer algo elemental, pero
de pensar. Pero uno piensa porque tiene la intención de hacerlo,
el hecho es que en él se asienta la raíz de nuestros problemas y
una intención que se deriva, por otra parte, de la idea de que es
también, por tanto, el camino que puede conducir a una trans-
necesario pensar porque existe un problema. Si prestamos la de-
formación creativa.
bida atención, sin embargo, podremos llegar a percibir la in-
Como ya hemos dicho anteriormente, lo que funciona mal en tención y el impulso que nos lleva a pensar; luego podremos
el pensamiento es que hace cosas y después dice que no las ha
darnos cuenta de la aparición de un pensamiento, que puede
hecho y afirma que los <<problemas»ocurren independiente-
suscitar, a su vez, un sentimiento, que dé origen a una nueva in-
mente de él. Pero mientras sigamos pensando de ese modo el
tención de pensar, y así sucesivamente. Normalmente no somos
«problema>>seguirá siendo insoluble porque estaremos susci-
conscientes de la existencia de todo este proceso y es por ello
tándolo de continuo. La única forma de desarticular los «pro-
que parece que los pensamientos y los sentimientos brotaran de
blemas* consiste en dejar de pensar de ese modo. El pensa-
la nada. Pero ésta, al igual que ocum'a en el caso de la mujer
miento, en suma, debe tornarse consciente de sus consecuencias,
que recién comentábamos, es una interpretación errónea. Así
algo que, por el momento, no ocurre. Estamos hablando, en
pues, un determinado pensamiento puede dar lugar a un senti-
i
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

miento desagradable del que poco después digamos que «he


conseguido librarme»... pero el hecho es que el pensamiento si-
La participación colectiva
gue todavía operando, especialmente en el caso de que se trate Todo lo que estamos considerando forma parte del pensa-
de un pensamiento que nos parezca absolutamente necesario. 1
miento colectivo, de aquello que la gente piensa en común. Si
En realidad, los problemas que nos ocupan se originan pre- compartimos nuestras opiniones sin hostilidad seremos capaces
cisamente en la falta de propiocepción. El objetivo de la sus- de pensar juntos, algo imposible, por otra parte, cuando nos li-
pensión consiste en posibilitar la propiocepción, crear un es- mitamos a defender nuestras opiniones. Un ejemplo de este
pejo en el que podamos contemplar los resultados de nuestro tipo de pensamiento colectivo podría ser que alguien tuviera
pensamiento. Se trata de algo que está en nuestro interior por- una idea, que otra persona la formulase y que una tercera ter-
que nuestro cuerpo actúa como un espejo que nos permite ad- minase desarrollándola. No se trataría, en tal caso, de un grupo
vertir las tensiones que aparecen en él. Pero los demás -e1 gru- de personas que sustentan pensamientos diferentes tratando
po- también son un espejo en el que podemos percibir nuestras de persuadirse o de convencerse entre sí, sino que el pensa-
propias intenciones, en cuyo caso, uno tiene el impulso que le miento sería como una corriente que fluiría entre todos los
lleva a decir algo e inmediatamente tiene la posibilidad de dar- participantes.
se cuenta de las consecuencias de su acción. Al comienzo, la gente desconfía de los demás pero creo que,
Si prestáramos la atención debida, podríamos dar paso a un en la medida en que advierten la importancia del diálogo, per-
nuevo tipo de comunicación y de pensamiento -tanto interper- severan en él, van conociéndose y empiezan a confiar entre sí.
sonal como intrapersonal- que fuera propioceptivo, algo que no Este proceso, evidentemente, puede llevar su tiempo. Todo gru-
es posible en el caos en el que suele desenvolverse habitual- po de estas características es un microcosmos de la sociedad, en
mente el pensamiento no propioceptivo. Podríamos afirmar, el sentido de que engloba todo tipo de opiniones y de que todo
sin temor a equivocarnos, que la práctica totalidad de los pro- el mundo desconfía de los demás. Es natural, por tanto, que,
blemas de la especie humana se originan en la ausencia de pro- cuando uno se integre en un grupo, porte consigo todos los
piocepción del pensamiento. Es precisamente por ello que el problemas de la cultura y de la sociedad. Al comienzo, pues, la
pensamiento crea constantemente «problemas» y luego trata desconfianza hace que la gente hable de forma un tanto super-
de resolverlos aunque, en tal caso, no hace más que empeorarlos ficial y luego, en la medida en que van conociéndose, vayan
porque no se percata de que es él mismo quien los está origi- profundizando poco a poco.
nando y de que, cuanto más piensa, más problemas crea, porque El objetivo del diálogo no consiste en analizar las cosas,
no se da cuenta de lo que hace. Si nuestro cuerpo careciera de imponer un determinado argumento o modificar las opiniones
propiocepción no tardaríamos en encontrarnos en una situa- de los demás, sino en suspender las propias creencias y obser-
ción completamente insostenible y lo mismo ocurre en el caso varlas, escuchar todas las opiniones, ponerlas en suspenso y
de nuestra cultura. Éste es, pues, otro de los modos en los que el darnos cuenta de su significado. Porque, cuando nos demos
diálogo puede ayudamos a poner en funcionamiento un nuevo cuenta del significado de nuestras opiniones, seremos capaces
tipo de conciencia colectiva. de compartir un contenido común, aun cuando no estemos com-
pletamente de acuerdo. Entonces resultará evidente que nuestras
opiniones están basadas en creencias y no son tan importantes.
Sobre el diálogo
Sobre el diálogo

Entonces podremos avanzar creativamente en una dirección di- suadir a nadie y si alguien tiene que persuadirnos, debe ser
ferente. Tal vez podamos comenzar a compartir la toma de con- porque existe alguna duda al respecto.
ciencia de los significados y, a partir de ahí, la verdad surgirá Si tuviéramos un significado común, podríamos compartirlo,
sola sin que nosotros la hayamos elegido. del mismo modo que compartimos una comida. Entonces parti-
Si todos los presentes dejaran en suspenso sus opiniones, to- ciparíamos, formaríamos parte y también crearíamos un signi-
dos estaríamos haciendo lo mismo, estaríamos observando jun- ficado común. Ése es el auténtico significado del término par-
tos y el contenido de nuestra conciencia seria esencialmente el ticipación, que significa tanto «compartir» como «formar
mismo. Consecuentemente, es posible que se despierte un tipo parten, lo cual sugiere la posibilidad de crear una mente común
diferente de conciencia, una conciencia participativa -aunque, que admita la diversidad de opiniones y que no excluya, de
de hecho, la conciencia siempre lo sea- que sea capaz de reco- ningún modo, al individuo.
nocerse y asumirse libremente como tal. Entonces todo fluirá En ese caso, todo el mundo se siente libre. No estamos ha-
entre nosotros y cada participante compartirá y participará del blando de una mentalidad colectiva que se imponga sobre el in-
significado del grupo. Esto es lo que yo denomino un auténtico dividuo, sino de un tipo de mente que se ubica entre lo indivi-
diálogo. dual y lo colectivo, armonizando lo individual y lo colectivo y
Algo muy importante ocurrirá, pues, si podemos hacer esto y promoviendo la coherencia del conjunto. Se trata, por tanto,
llevarlo adelante. En tal caso, todo el mundo compartirá sus de una mente que se desplaza, al igual que un río, desde lo in-
creencias con el grupo y, si todos observan juntos el significado dividual hasta lo colectivo. Poco importan, en este sentido, las
- opiniones personales ya que, a fin de cuentas, debemos mante-
de esas creencias, el contenido de su conciencia será esencial-
mente el mismo. Si, por el contrario, cada uno sostiene creen- nemos a la misma distancia de todas las opiniones, comenzar a
cias diferentes y se limita a defenderlas, cada uno advertirá un trascenderlas y aproximarnos a una dimensión nueva y más
significado diferente, porque no habremos tenido en cuenta las creativa.
creencias de los demás, de modo que las combatiremos o las re-
chazaremos tratando de convencerles o de persuadirles de las
nuestras. Una nueva cultura
Pero dialogar es una cosa y convencer o persuadir, dos tér-
minos que tienen un significado muy similar, otra muy diferen- La sociedad es una red de relaciones -normas, leyes, insti-
te. El término «convencer» -que significa ganar- y la palabra tuciones, etcétera- establecidas por las personas para poder
'
«persuadir» -que se origina en la misma raíz que «suave»- tie- convivir y trabajar en conjunto. La sociedad se origina cuando
nen también un significado parecido. La gente intenta, en oca- un grupo de personas piensa y se pone de acuerdo en lo que van
siones, persuadir -con palabras suaves- o convencer -con pa- a hacer y luego llevan a cabo las decisiones que han tomado.
labras más duras-, pero ambas alternativas vienen a ser, a fin de Así pues, la cultura -es decir, el significado compartido- sub-
cuentas, semejantes y ninguna de ellas tiene una especial rele- yace a todo tipo de organización social. Para instaurar un go-
vancia para el diálogo. De hecho, el intento de persuadir o de bierno, por ejemplo, tenemos que ponernos de acuerdo en el
convencer a alguien carece de todo sentido, no es nada cohe- tipo de gobierno que deseamos, qué es lo que consideramos
rente ni racional ya que, si algo es correcto, no es preciso per- un buen gobierno, qué es lo más adecuado, etcétera. Es por
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

ello que culturas diferentes tienen diferentes gobiernos y que la ciones, no sólo generando nuevos grupos, sino también apor-
ausencia de un significado común aboca a la lucha política e in- tándoles un significado coherente.
cluso, en caso extremo, a la guerra civil. Es posible constatar que este espíritu de diálogo también
Lo que estoy diciendo es que la sociedad y la cultura están puede funcionar en grupos más reducidos, en el diálogo entre
basadas en significados compartidos. No es posible construir dos personas e incluso dentro de un mismo individuo, por ejem-
ninguna sociedad sobre la base de significados contradictorios. plo. Cuando alguien es capaz de tener mentalmente en cuenta
En la actualidad, no obstante, nuestra sociedad se asienta sobre todos los significados, asumirá la actitud requerida para el diá-
un conjunto de «significados compartidos» tan incoherentes logo, una actitud que se transmitirá -y, en ese mismo sentido,
que sería difícil afirmar que posean el menor significado real. irá expandiéndose- de manera gradual, tanto verbal como no
Es evidente que existe un cierto significado compartido, pero, verbalmente. Son tantas las personas que hoy en día están inte-
hablando en términos generales, se trata de un significado muy resadas en el diálogo que el tiempo parece ya maduro para que
incoherente. Y esta incoherencia es la que cada uno de nosotros esta idea comience a difundirse en todas direcciones.
aporta al grupo, al microcosmos o a la microcultura. Algo así es necesario para que nuestra sociedad funcione
Para dar coherencia a nuestros significados deberíamos co- adecuadamente y pueda sobrevivir, de otro modo estamos abo-
menzar poniéndolos en común. De ese modo, podríamos re- cados al desastre. El aglutinante que mantiene unida a la socie-
nunciar fácil y naturalmente a buena parte de nuestros signifi- dad es el hecho de compartir un mismo conjunto de significa-
cados personales. Pero no se trata de que los aceptemos ni de dos, algo de lo que nuestra sociedad carece. Si construimos un
que los rechacemos porque jamás llegaremos a la verdad a me- edificio con cemento de muy baja calidad, terminará resque-
nos que el significado general sea coherente. Lo único que pro- brajándose y desplomándose. Es necesario un cemento adecua-
pongo es que pongamos en común todos nuestros significados, do, un buen aglutinante. Ése es el significado compartido.
tanto pasados como presentes, de modo que podamos darnos
cuenta de ellos y dejarlos simplemente ser, lo cual, por sí sólo,
aportará cierto orden.
Este tipo de quehacer favorecerá el surgimiento de un signi-
1 Las dificultades del diálogo
ficado coherente para todo el grupo y, en consecuencia, el origen Hemos hablado de los aspectos positivos del diálogo, pero el
de un nuevo tipo de cultura, una cultura que jamás ha existido. hecho es que cualquier intento de llevarlo a cabo puede ser su-
Y, en el hipotético caso de que lo haya hecho, debe haber sido mamente frustrante. Y no hago esta afirmación sólo desde un
hace muchísimo tiempo, quizá en algunos grupos primitivos de plano teórico sino también basándome en mi propia experien-
la Edad de Piedra. Estoy hablando, pues, de una auténtica cul- cia. Ya hemos mencionado algunas de estas dificultades, que
tura, de una cultura en la que las opiniones y las creencias no son pueden llegar a resultar muy decepcionantes y generar mucha
defendidas a ultranza de manera incoherente, un tipo de cultura ansiedad, independientemente del tamaño del grupo. Hay quie-
absolutamente necesaria para el buen funcionamiento de la so- nes sólo quieren afirmarse, ésa es su manera de abordar las co-
ciedad y, en última instancia, de su propia supervivencia. sas, hablan con soltura y suelen ser muy impositivos, como
Un grupo de esas características podría ser el germen, o el - una forma de consolidar su imagen y lograr cierta dosis de se-
microcosmos, de una cultura que se propagase en todas direc- guridad que les haga sentirse superiores. Otros, por su parte, se
Sobre el diálogo

infravaloran y tienden a inhibirse, especialmente cuando se en-


I Sobre el diálogo

grupo haya pasado ya a otra y lo que tengamos que decir al res-


cuentran frente a alguien dominante, como si tuvieran miedo de pecto sea irrelevante. Porque mientras uno está pensando «¿qué
ser engañados. significa todo esto y qué podría yo decir al respecto?», pasa el
Son muchos los roles que la gente suele asumir en el seno de tiempo y cambia también el tópico del que se ocupa el grupo.
un grupo. Así, la presencia de personas que adoptan un papel Tenemos, pues, que acompasar nuestra velocidad a la del grupo
dominante exige que otros asuman el papel de persona débil e para no ir más aprisa ni más despacio de la cuenta. También de-
incompetente que puede ser fácilmente dominada. Pero todos beríamos aprender, en este sentido, a respetar los necesarios
estos «roles» están, en realidad, basados en creencias y opi- períodos de silencio.
niones e interfieren con el objetivo del diálogo. En un sentido u Así pues, aunque no existan «reglas fijas» para el diálogo,
otro, todo el mundo tiene una determinada opinión de sí mismo. deberíamos aprender ciertos principios fundamentales que re-
Desde niños se nos ha insistido en que somos de esta o de aque- sultan sumamente útiles como, por ejemplo, dejar el suficiente
lla manera y, en consecuencia, tendemos a comportarnos de espacio como para que cada persona pueda expresarse libre-
ese otro modo. Además, nuestras experiencias, buenas o malas, mente. Pero no estamos diciendo que debamos convertir esto en
han contribuido también a nuestra formación. Estos son, pues, una norma rígida, sino que se trata, más bien, de ir descubrien-
algunos de los problemas que surgen cuando tratamos de enta- do cuál es su sentido y de aprender a ponerlo en práctica. De
blar un diálogo. este modo podremos llegar a apreciar la necesidad y el valor de
Es frecuente también, por otra parte, que aparezca el im- determinados procedimientos.
pulso -o incluso la «compulsión>r- adicional a provocar rápi- El intento de utilizar al grupo como un instrumento al servi-
damente un determinado efecto o a expresar nuestro propio cio de las ideas y los propósitos de alguno de sus integrantes
punto de vista, sobre todo en el caso de que uno sea una perso- también genera conflictos. El diálogo está destinado a aquellas
na especialmente locuaz. De hecho, este impulso se halla siem- personas que coinciden en que ése es un posible camino, de otro
pre presente aunque, si uno es más bien retraído, suele repi'i- modo carece de todo sentido participar en él. Es natural, pues,
mirse a causa del miedo. Pero esta misma urgencia impide que ver que, en la medida en que avanza y el grupo va consolidán-
la gente recapacite y asimile serenamente lo que ocurre porque dose, algunas personas lo abandonan y otras se incorporan a él.
se siente demasiado apremiada a aceptar o rechazar de plano lo Siempre hay quienes terminan concluyendo «esto no es para
que se está diciendo. Éste es uno de los motivos que con más mí».
frecuencia dan al traste con cualquier intento de comunicación. Pero ¿cómo podemos afrontar las decepciones que aparecen
Y, aunque no se trate de algo especialmente profundo, todavía en el seno del grupo? Como ya hemos dicho anteriormente, el
tenemos que aprender mucho a este respecto. Es frecuente tam- proceso del diálogo puede hacer que uno se sienta enojado,
bién que no dejemos el suficiente espacio vacío y que todo el frustrado e incluso asustado. Cuando nuestras creencias se ma-
mundo se crea con derecho a interrumpir diciendo lo primero nifiestan podemos llegar a sentirnos dañados por las opinio-
que le venga a la mente. Tampoco deberíamos, por otra parte, nes de los demás. La ausencia, por otra parte, de líder, agenda o
estar dándole vueltas a un determinado tema mientras la con- «algo concreto que hacer» puede también generar miedo y an-
versación discurre por otros derroteros. Es muy posible, cuando - siedad. Todo esto es lo que debemos trascender.
nos quedamos estancados dando vueltas a una cuestión, que el Estos son los problemas que han aparecido en los grupos en
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

los que he tenido la oportunidad de participar. Bien pudiéramos, caso. En cierto modo, pues, podríamos hablar de la existencia
pues,.preguntarnos, puesto que se trata de problemas casi ine- de «un solo cuerpo». Si, por otra parte, podemos escuchar las
vitables, cuál es el mejor modo de afrontarlos. Ésa es precisa-
opiniones de los demás, ponerlas en suspenso sin juzgarlas y
mente la cuestión que indagaremos a continuación.
considerar, en tal caso, que tienen tanto fundamento como las
nuestras, estaremos promoviendo la existencia de «una sola
mente» puesto que, en ese momento, nuestras diferencias serán
La visión del diálogo secundarias y todas las opiniones y todas las creencias tendrán
el mismo contenido. En cierto sentido podríamos decir, enton-
Permítaseme explicar ahora lo que yo llamo la «visión del ces, que sólo tenemos un cuerpo y una mente, en cuyo caso los
diálogo», algo que ustedes no tienen por qué aceptar, aunque
individuos no se sienten abrumados ni experimentan ningún
puede servimos, sin embargo, como una forma de abordar el
tipo de conflicto por el hecho de no estar de acuerdo. Porque,
tema. Supongamos que nos aferramos a algo y tenemos que
cuando no existe ninguna presión al respecto, el hecho de coin-
afrontar la tremenda carga emocional de irritación o frustra-
cidir o disentir carece de importancia.
ción que acompaña a nuestras creencias más poderosas y que Lo importante es llegar a establecer un tipo de vínculo dis-
puede abocar incluso, cuando éstas son muy poderosas, al odio. tinto, al que suele denominarse comunidad impersonal y que no
Podríamos decir que el odio es una perturbación neurofisioló-
requiere que nos conozcamos. En Inglaterra, por ejemplo, la
gica o química endémica del mundo actual, ya que, miremos multitud que va al fútbol prefieren no sentarse sino permanecer
donde miremos, veremos que la gente se odia. Supongamos, -
de pie unos junto a otros. Poca gente se conoce en medio de esa
pues, que estamos atascados en este punto. En tal caso, pode-
muchedumbre pero ese tipo de contacto les proporciona algo de
mos lograr el conocimiento, un conocimiento compartido, de
lo que carecen en su vida cotidiana. Del mismo modo, en época
que todos nos hallamos en la misma situación, porque cada
de guerra la gente experimenta un tipo de camaradería muy di-
persona tiene sus creencias, todo el mundo se identifica con
ferente del que se establece en tiempo de paz. Esa conexión tan
ellas y todo el mundo experimenta el mismo trastomo neuro-
estrecha, esa camaradería, es la participación mutua. Y, en mi
químico. Así pues, aunque difieran en lo superficial, todo el
opinión, nuestra sociedad,. que glorifica al individuo indepen-
mundo se halla, en lo esencial, en la misma situación.
diente, carece de este tipo de vínculos. Los comunistas trataron
Es posible ver que existe una especie de «nivel de contacto»
de establecer algo parecido, pero fracasaron estrepitosamente y
en el grupo. Como nos muestra el lenguaje corporal, el proceso
han terminado adoptado nuestro mismo sistema de valores.
del pensamiento es una extensión del proceso corporal. Las
Pero lo cierto es que la gente no es feliz y que incluso aquellos
personas están muy próximas porque el odio crea un vínculo
que logran alcanzar el «triunfo» se sienten aislados y sienten
muy estrecho. Recuerdo que alguien decía que, cuando dos
que hay dimensiones a las que no pueden acceder.
personas que se hallan realmente muy próximas hablan, todo su Existe, pues, una importante razón para fomentar el diálogo,
cuerpo está implicado, el corazón, la adrenalina, los agentes
ya que realmente necesitamos dialogar, una razón que debería
neuroquímicos, etcétera. Podríamos decir incluso que las per-
ser lo suficientemente poderosa como para permitimos superar
sonas se hallan más cerca de otra persona que de algunas partes
todos los obstáculos de los que hemos hablado. La gente parece
de su propio cuerpo, como los dedos del pie, pongamos por
dispuesta a aceptar la frustración a cambio de cualquier cosa
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

que considere importante. El trabajo o el dinero, por ejemplo, le habían llevado a la consulta a una niña de unos siete años que
suelen ser frustrantes y generan ansiedad pero, aun así, la gente sufría un serio trastorno y se negaba a hablar. Tras una hora de
dice «¡es importante! ¡Tenemos que conseguirlo!». Son mu- esfuerzos intentando arrancarle una palabra le preguntó,
chas las situaciones que despiertan este tipo de sentimientos. Es un tanto exacerbado:
por ello que, si consideramos que el diálogo no es importante y -¿Por qué no me hablas?.
necesario, solemos concluir «¿qué sentido tiene todo esto? Crea -¡Porque le odio!- respondió súbitamente la niña.
tantos problemas que será mejor dejarlo», mientras que si, por Entonces él vio la posibilidad de introducir el tema del tiem-
el contrario, creemos que merece la pena, podemos llegar a de- po para relativizar los sentimientos de la niña. De modo que
cir <<¡loconseguiremos!». Es necesario, pues, seguir investi- volvió a la carga preguntando:
gando durante un tiempo a pesar del desaliento inicial, -¿Cuánto tiempo vas a odiarme?
Si dejáramos en suspenso la expresión de nuestros impulsos, -¡Le odiaré siempre! -replicó ella.
si suspendiéramos nuestras creencias y las observáramos aten- -¿Y durante cuánto tiempo me odiarás siempre?- preguntó
tamente, nos hallaríamos en un estado de conciencia similar y, finalmente y con aire un tanto preocupado el doctor, volviendo
I
en consecuencia, estableceríamos el mismo tipo de conciencia a a sacar a relucir la cuestión del tiempo.
la que tanta gente dice aspirar, una conciencia común a todos Entonces la niña respondió con una sonora carcajada que
nosotros. Tal vez no sea muy divertido, pero tenemos que lo- rompió el hielo y liberó la tensión. La incoherencia de la pre-
grarlo. La gente suele creer que la conciencia común significa gunta le había mostrado el absurdo de toda la situación. Ella de-
<<beatitudcompartida>> lo cual, por cierto, puede ocurrir pero, en cía que iba a odiarlo siempre y, al mismo tiempo, también se
cualquiera de los casos, el camino discurre por los cauces que daba cuenta de que eso no podría realmente ser así, de modo
estamos señalando. Tenemos que compartir la conciencia que re- que, si no podía ser como decía, el odio perdía también todo su
almente tenemos, no podemos compartir otra; porque, cuando la sentido.
gente es capaz de compartir la frustración, las distintas creencias Cuando nos enfadamos, solemos tener una razón ,o un moti-
contradictorias y el rechazo mutuo, y son capaces de permanecer vo para hacerlo y decimos que estamos enojados por esto o
con ello, de enfadarse juntos y de observar juntos todo eso, en- por aquello. Pero, en realidad, el enfado se alimenta del rechazo
tonces habrán logrado una conciencia común. y de la rabia hasta que llega un momento en el que ya no preci-
Si'la gente pudiera permanecer con el poder, la violencia, el sa de ningún motivo y se alimenta de sí mismo. Es como si la
rechazo y demás, hasta el final, se daría realmente cuenta de energía del rechazo estuviera, en cierto modo, encerrada, espe-
que somos lo mismo y, consecuentemente, alcanzaríamos la rando la ocasión de descargarse. Y lo mismo podríamos decir
participación y la solidaridad. Quienes han logrado atravesar con respecto al pánico, porque uno suele ser consciente del
esa fase suelen llegar a ser buenos amigos. A partir de entonces, motivo de su miedo pero, en el momento en que cae presa del
las cosas funcionan de manera diferente y uno se abre y confía pánico, éste parece cobrar vida propia. Pero, en realidad, el
más en los otros. Cuando se ha ido más allá de aquello que tipo de energía implicado en este caso es el mismo del que ha-
producía miedo. la inteligencia puede ponerse a trabajar. blábamos cuando nos referíamos a la creatividad y que califi-
Me gustaría ahora, a este respecto, relatarles una historia. Un cábamos como energía sin motivo.
psicólogo infantil de Londres me contó que, en cierta ocasión, Hay una gran carga de violencia oculta en las opiniones que
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

defendemos. No se trata de meras opiniones o de simples creen- bre movimiento del pensamiento tácito. De modo que, si que-
cias, sino que son creencias con las que nos identificamos y remos percibir o participar de la verdad, deberemos dar cohe-
que, en consecuencia, defendemos con uñas y dientes como si rencia a nuestros significados. Es por ello que afirmo que el diá-
nos fuera la vida en ello. El impulso natural de autoconserva- logo es tan importante: ¿cómo podremos, si no, participar de la
ción que adquirimos en la selva ha terminado interiorizándose e verdad si nuestros significados son tan contradictorios e inco-
involucrando a nuestras opiniones. Es como si dijéramos que herentes?
existen ciertas opiniones exteriores que son tan peligrosas como Creo que este nueva enfoque puede abrir una vía para trans-
los tigres y que hay ciertas especies interiores que deben ser formar la situación global del mundo tanto a nivel ecológico
protegidas a toda costa. De este modo, es como si los instintos, como a muchos otros niveles. El movimiento ecológico, el lla-
que tenían un sentido material en la selva, hubieran terminado mado «movimiento verde», por ejemplo, se halla en la actuali-
transfiriéndose a las opiniones de nuestra vida moderna. Y esto dad amenazado de fragmentarse porque muchos de los grupos
es algo de lo que el diálogo puede hacernos colectivamente que lo componen mantienen opiniones distintas a la hora de
conscientes. abordar los problemas que les preocupan. Pero, de este modo,
La actitud defensiva que nos lleva a aferrarnos a nuestras su noble quehacer corre el peligro de terminar convirtiéndose en
creencias y decir «yo tengo razón», limita nuestra inteligencia una lucha. Parece, pues, especialmente urgente que el movi-
porque el ejercicio de la inteligencia consiste precisamente en miento verde inicie un verdadero diálogo.
no defender ningún tipo de creencia. No hay motivo para afe- Los ecologistas suelen ser muy conscientes de algunos de los
rrarse a una creencia si tenemos alguna prueba de que está problemas que aquejan a nuestro planeta pero no lo son tanto,
equivocada. La mejor actitud frente a una creencia o una opi- en mi opinión, de sus creencias y de los procesos tácitos de su
nión consiste en abrirnos a la evidencia de su posible falsedad. pensamiento. Creo que es importante llamar claramente la aten-
No debemos, pues, por tanto, tratar de imponer nuestras ción sobre este punto que, a mi juicio, es fundamental porque
opiniones al grupo, ya que esa actitud obstaculiza el curso del realmente no se trata de dos actividades diferentes. Las activi-
diálogo grupal. El grupo puede actuar como una sola concien- dades de limpiar los ríos, plantar árboles y salvar ballenas de-
cia, capaz de despertar el sentimiento de culpabilidad de sus berían ir acompañadas del diálogo y ser fruto de la comprensión
miembros, porque estamos tan convencidos de lo que pensamos del problema general del pensamiento, ya que, por sí solas, re-
que tendemos a creer que todo el mundo piensa como nosotros. sultan insuficientes. Si, por otro lado, nos limitamos exclusiva-
Pero el hecho de que los otros sostengan, o no, una opinión mente a hablar y reflexionar sobre el pensamiento, el planeta
diferente no es importante. No es necesario convencer a todo el podría terminar destruido. El diálogo funciona realmente en el
mundo para que sustente nuestro punto de vista. Es más impor- nivel tácito del proceso mental, en el nivel en el que ocurren to-
tante el hecho de compartir nuestros pensamientos y de partici- das las cosas importantes.
par de la misma conciencia que coincidir en el contenido con- Hay situaciones en las que la gente sostiene creencias y opi-
creto de nuestros pensamientos. Es evidente, por otra parte, niones diferentes, o en las que un grupo está interesado y otro
que las opiniones son siempre limitadas y que lo realmente im- no, pero, en cualquier caso, siempre es posible entablar un diá-
portante no reside en ellas sino en alguna otra parte. La verdad logo. E incluso en el caso de que un determinado grupo no esté
no brota de nuestras opiniones, sino de otro lugar, tal vez del li- dispuesto a ello, quienes sí lo están bien pueden poner las con-
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

diciones para que tal diálogo tenga lugar. Y, si no es posible dia lentamente, puesto que ignoramos cuál es la velocidad del mo-
logar con ellos, siempre podemos establecer un diálogo c vimiento de difusión de la mente (tanto en el proceso del pen-
nosotros mismos. Ésa precisamente es la actitud di samiento como más allá de él, en la participación mutua).
una actitud, en mi opinión, absolutamente necesaria para po Hay quienes dicen: «Todo lo que realmente necesitamos es
orden en el caos imperante. Porque, si pudiéramos hacer r amor». Y, por supuesto, tienen razón porque, si existiera el
mente algo creativo, llegaríamos incluso a influir sobre los amor universal, todo iría bien. Pero no parece que esto sea po-
más a nivel tácito, comunicándonos tanto mediante las sible por el momento. Así que tenemos que encontrar una vía
como sin ellas. Lo cierto es que si nos limitamos a r que funcione y, aunque pueda haber frustración, enfado, rabia,
misma vieja historia de siempre, no ocurrirá nada nuevo re rechazo y miedo, tenemos que dar con algo que pueda afrontar
mente interesante. todo eso.
Esta visión del diálogo y de la conciencia común sugiere que Quisiera ilustrar ahora este punto con una anécdota en la
existe un modo de resolver nuestros problemas colectivos. Y que intervinieron los dos físicos más importantes de este si-
para ello, no deberíamos tratar de comenzar por la copa del ár- glo, Albert Einstein y Niels Bohr. Einstein recordaba que, la pri-
bol, por así decirlo (como por ejemplo, las Naciones Unidas o la mera vez que se entrevistó con Bohr, se sintió tan próximo a él
presidencia del gobierno), sino por sus mismas raíces. Soy que luego escribió que llegó a sentir amor por él. Durante un
consciente de que determinados miembros del gobierno de los tiempo hablaron de física muy animadamente, pero termina-
Estados Unidos están familiarizados con la idea del diálogo, lo ron llegando a un punto con respecto al cual sostenían creencias
cual demuestra que estas nociones se hallan, de algún modo, u opiniones diferentes. La visión de Bohr se basaba en la teoría
presentes hasta en los estratos más elevados. Y, aunque pueda cuántica, mientras que la de Einstein, por su parte, lo hacía en
parecer inicialmente insignificante, la rapidez de comunica- su propia teoría de la relatividad. Estuvieron charlando una y
ción que caracteriza al mundo moderno podría, pues, generali- otra vez sobre ese punto con mucha paciencia y buena voluntad
zar muy velozmente esta nueva actitud. Así pues, del mismo durante años, pero ninguno de ellos terminó cediendo. Cada
modo que ocurre con el pensamiento destructivo, esta nueva vi- uno se limitaba a repetir lo que ya había dicho antes. Final-
sión del diálogo también podría difundirse con la misma cele- mente descubrieron que no habían llegado a ninguna parte y ter-
ridad. minaron alejándose. Luego dejaron de verse durante bastante
El hecho de permanecer con las frustraciones propias del tiempo.
diálogo puede tener mucho más sentido del que parece tener a Tiempo después, ambos se hallaban en el Institute for Ad-
simple vista. De hecho, podríamos decir que, en tal caso, pasa- vanced Study, de Princeton, pero no se dirigían la palabra. Un
mos de ser parte del problema a formar parte de la solución. Di- matemático llamado Herman Weyl pensó que «esa situación
cho de otro modo, aunque sea en muy pequeña medida, nuestra era lamentable y sería muy hermoso conseguir aproximarlos».
propuesta participa de la cualidad de la solución más que de la Con esa intención, organizó una fiesta a la que fueron invitados
del problema. El abordaje contrario, por su parte, siempre se- Einstein, Bohr y sus respectivos discípulos. Pero, en el curso de
guirá formando parte del problema. El punto fundamental es co- ese encuentro, Einstein y sus seguidores permanecieron en un
menzar algo que comparta la cualidad de la solución aunque, -
extremo de la sala, mientras Bohr y los suyos estaban en el
como también hemos dicho, no sabemos si se difundirá rápida o otro. La creencia en la verdad de su propia opinión les impidió
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

aproximarse porque no podían compartir ningún significado Planck, «no es que las nuevas ideas venzan a las viejas. Lo
común y, en consecuencia, no tenían nada de lo que hablar. que realmente ocurre es que los viejos científicos mueren y
¿Cómo es posible compartir algo cuando cada uno de los im- aparecen en escena jóvenes científicos portadores de nuevas
plicados está convencido de hallarse en posesión de la verdad y ideas». Pero obviamente ésa no es una manera adecuada de ha-
la distintas verdades en juego son contradictorias? ¿Qué es lo cer las cosas y tampoco quiere decir que no puedan hacerse de
que puede compartirse en tal caso? otro modo. Cuando los científicos puedan comprometerse en
Así pues, tenemos que observar muy cuidadosamente la no- un auténtico diálogo tendrá lugar una revolución radical en la
ción de verdad. El diálogo no tiene por qué estar directamente ciencia.
relacionado con la verdad, sino que su auténtica preocupación Pareciera como si los científicos estuvieran, en principio,
es el significado. Porque, si el significado no es coherente, nun- comprometidos con la idea del diálogo. Eso, al menos, es lo que
ca llegaremos a la verdad. Si pensamos «mi significado es co- parecen afirmar cuando dicen: *No deberíamos excluir nada
herente y el de los demás no lo es» nunca podremos llegar a sino que tendríamos que escucharlo todo». Pero es evidente, sin
compartirlo. Usted poseerá la «verdad» para sí mismo, para su embargo, que no es esa la actitud que realmente sostienen. Y no
propio grupo o para lo que le resulte más reconfortante, pero el sólo porque ellos, al igual que el resto de las personas, tienen
hecho es que, en tal caso, el conflicto continuará existiendo. sus propias opiniones y creencias, sino también porque se su-
Para compartir el significado y aproximarnos a la verdad pone que la ciencia es capaz de alcanzar la verdad. Pocos cien-
debemos hacer algo diferente. En el caso que hemos expuesto, tíficos se cuestionan la creencia de que el pensamiento sea ca-
Bohr y Einstein deberían haber sostenido un diálogo. No estoy -
paz de llegar a conocerlo «todo». Pero el hecho es que el
afirmando, con ello, que el diálogo hubiera sido necesariamen- pensamiento es una abstracción y, por tanto, implica algún tipo
te fructífero pero lo cierto es que, al menos, hubieran podido es- de limitación. La totalidad es siempre mucho más de lo que el
cuchar sus respectivas opiniones. Quizás entonces ambos hu- pensamiento -que sólo abstrae, limita y define- pueda llegar a
bieran suspendido sus creencias y, trascendiendo la relatividad captar. Además, el pensamiento no puede abarcar realmente el
y la teoría cuántica, hubieran llegado a algo nuevo. Pero no presente en el que tiene lugar el análisis ya que sólo se alimen-
parece que esta visión del diálogo fuera muy común entre los ta del pasado, que también es limitado.
científicos de esa época. Hay también relativistas que afirman que nunca podremos
La ciencia afirma que es capaz de arribar a la verdad, a la llegar a la verdad absoluta. Pero esos argumentos caen presas de
única verdad. En consecuencia, la idea del diálogo es, de algu- su propia paradoja cuando asumen que el relativismo es la ver-
na manera, ajena a la estructura misma de la ciencia, algo se- dad absoluta. Y es difícil, si no imposible, que quienes crean ha-
mejante a lo que ocurre en el caso de la religión, no en vano la ber llegado a algún tipo de verdad absoluta, puedan sostener un
ciencia ha terminado convirtiéndose en la religión de la época diálogo, ni siquiera consigo mismos. Resultaría muy difícil en-
moderna. La ciencia desempeña hoy en día el mismo papel que contrar a dos relativistas que estuvieran de acuerdo.
antiguamente desempeñaba la religión. Es por ello que, al igual No existe, pues, como podemos ver, un «camino» a la ver-
que ocurre con las distintas religiones, los diferentes científicos dad. Lo que estamos tratando de decir es que, en el diálogo,
no pueden llegar a un fácil acuerdo porque sostienen nociones compartimos todos los caminos y finalmente nos damos cuenta
diferentes acerca de la verdad. Como dijo el científico Max de que ninguno de ellos es imprescindible. Porque cuando ve-
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

mos el significado de todos los caminos, llegamos al «no cami- tamente muy frecuente. Si la gente se comportara de este modo
no». Todos los caminos, por el mero hecho de serlo, son igual- en el mundo del gobierno, de los negocios, o a escala interna-
mente rígidos cional, nuestra sociedad funcionaría de manera diferente. Pero
El diálogo necesariamente conlleva frustraciones, pero si eso exige sensibilidad, una cierta forma de intervenir y de no
conseguimos atravesarlas juntos podremos llegar a ser mejores hacerlo, de prestar atención a los indicios sutiles y a nuestras
amigos. Y no es tampoco que ésa sea nuestra intención pero, respuestas, a lo que está ocurriendo, en suma, en nuestro inte-
aunque no la busquemos, la amistad puede aparecer. Cuando rior y a lo que ocurre en el seno del grupo. La gente no sólo se
vemos el pensamiento de los demás, se convierte en nuestro expresa a través de las palabras sino que también lo hace me-
propio pensamiento y de ese modo lo tratamos. Y lo mismo diante su actitud corporal, el llamado «lenguaje corporal».
ocurre cuarzdo aflora una carga emocional porque, en la medi- Y, aunque no se trate de algo que ocurra de fornia delibera-
da en que nos afecta, también la compartimos junto a todos los da, no es difícil constatar que la comunicación puede ser verbal
pensamientos. Cuando hay una carga emocional, podemos tratar o no verbal. Insisto en que no se trata, en modo alguno, de que
de restarle poder, como hizo el psicólogo infantil del que ha- intentemos actuar porque puede que ni siquiera seamos cons-
blábamos anteriormente al preguntar «¿Y durante cuánto tiem- ciente de ello.
po me odiarás siempre?». El sentido del humor -o cualquier La sensibilidad nos permite advertir lo que está sucediendo,
otro tipo de co~nentariosimilar- puede ayudar a quitar hierro a darnos cuenta de nuestras propias respuestas, del modo en que
un tema emocionalmente muy cargado. responden los demás, de las diferencias y de las similitudes
En ocasiones nos habrá sorprendido el hecho de que, en el sutiles, etcétera. Éste es el fundamento de la percepción. Los
mismo momento en que estamos a punto de plantear una cues- sentidos nos proporcionan información, pero tenemos que ser
tión, otra persona lo ha hecho. Es como si ese pensamiento se sensibles a ella o, de lo contrario, ni siquiera la percibiremos. Si
hallara presente de manera latente e implícita en todo el grupo y nos cruzamos por la calle con alguien a quien conocemos muy
cualquiera pudiera expresarlo. No es de extrañar, pues, que otra bien podemos ser conscientes de haberle visto, pero si nos pre-
persona lo exponga y lo desarrolle. Cuando un diálogo está re- guntan qué ropa llevaba, es muy probable que no podamos res-
almente funcionando, todos pensarán juntos y participarán en ponder porque realmente no le hemos mirado, no hemos sido
común del pensamiento, como si se tratara de un solo proceso. completamente sensibles porque mirábamos a esa persona a
Ocurre entonces como si todos estuvieran elaborando un mismo través del filtro del pensamiento. Y eso precisamente no tiene
pensamiento. En tal caso, si alguien aporta una opinión todos la mucho que ver con la sensibilidad.
escuchamos y compartimos su significado. Esto es, en definiti- Así pues, la sensibilidad no sólo tiene que ver con los senti-
va, lo que yo denomino la «visión del diálogo». dos, sino también con algo que los trasciende. Los sentidos
responden a determinados estímulos, pero eso no es suficiente.
Los sentidos nos muestran lo que está ocurriendo y la concien-
La sensibilidad al didlogo cia le da forma, trata de dotarlo de algún significado y luego
I une ambas cosas. Percibir, por tanto, el significado o la ausencia
Estamos hablando de algo realmente necesario para las so- de significado es también una cuestión de sensibilidad; es, di-
ciedades humanas, aunque hasta el momento no haya sido cier-
1
f cho en otros términos, un tipo de percepción más sutil. El sig-
1
Sobre el diálogo Sobre el diálogo

nificado, como ya hemos dicho en otro momento, es el «agluti- costados y se extendía por doquier. Otros, entretanto, permane-
nante>, nos mantiene unidos y no es algo estático sino su- cieron en silencio durante un tiempo pero, al cabo de una hora,
mamente dinámico. Cuando compartimos el significado, éste comenzaron a decir que toda aquella cháchara sobre el amor les
fluye entre todos nosotros y mantiene la cohesión del grupo. parecía un disparate carente de todo sentido. En ese momento,
Entonces, cada uno de los participantes será sensible a los ma- uno de los participantes se exaltó tanto que no pudo permanecer
tices de lo que ocurre a su alrededor y no sólo a lo que sucede en su lugar y tuvo que alejarse. Alguien advirtió entonces que el
en su propia mente. Ésta es la condición indispensable para grupo se había polarizado, un fenómeno, por cierto, muy fre-
que pueda surgir un significado compartido y el único modo en cuente. Luego agregó, en clave humorística, «bueno, ahora te-
que podemos hablar y pensar juntos de un modo coherente. nemos dos grupos, el grupo del amor y el grupo del odio», lo
Pero la gente, sin embargo, suele aferrarse a sus creencias y no cual sirvió para relajar un poco la tensión y abrió una puerta.de
suelen pensar juntos sino que cada uno lo hace por su propia diálogo entre ambos grupos. No se trataba de convencerse mu-
cuenta. tuamente, sino tan sólo de percatarse del significado sostenido
Lo que bloquea nuestra sensibilidad es la barrera defensiva por la posición contraria y de comenzar a hablar entre sí.
impuesta por nuestras creencias y nuestras opiniones. No obs- Eso es mucho más importante que lograr convencer al con-
tante, tampoco tendríamos que juzgarnos por mantener una ac- trario, ya que permite constatar que no hay necesidad de afe-
titud defensiva, sino tan sólo ser sensibles al hecho de que es- rrarse rígidamente a la propia opinión. Poco importa, de hecho,
tamos defendiéndonos y a todos los sentimientos y matices tomar partido por el amor, el odio o incluso sostener una actitud
sutiles implicados. Nuestro objetivo no es el de juzgar y con- suspicaz, cautelosa, cínica, o lo que fuere. Lo realmente im-
denar, aunque tal posibilidad, por cierto, siempre está presente, portante es que, bajo la superficie, todas esas actitudes son de-
sino, por el contrario, el de permitir que todas las opiniones y masiado rígidas y que, para salir de ese círculo cerrado, es ne-
creencias implicadas afloren a la superficie para poder obser- cesario abrirse a nuevas posibilidades.
varlas. Es entonces, en mi opinión, cuando realmente puede Podríamos decir, hablando en términos generales, que no
tener lugar un cambio. es serio limitarse a defender la propia opinión, del mismo modo
Krishnamurti afirmaba que «ser» es relacionarse. Pero el que tampoco lo es tratar de evitar las sensaciones desagradables
hecho es que las relaciones pueden llegar a ser muy dolorosas. que se susciten en nuestro interior. Gran parte de lo que ocurre
Krishnamurti también decía que tenemos que pensar y sentir en nuestra vida no es serio y la sociedad, por su parte, nos en-
más allá de los procesos mentales hasta llegar a atravesarlos y seña precisamente eso. Ésa es la razón de la falta de coherencia
que sólo entonces puede tener lugar algo diferente. Creo que general y de nuestra incapacidad de hacer algo al respecto por-
eso precisamente es lo que sucede en el diálogo grupal, ya que que, en el caso de intentarlo, sólo lograremos agitarnos estéril-
la aparición de experiencias dolorosas nos brinda la oportunidad mente.
de elaborarlas e ir más allá de ellas. Tenemos que ser serios o, de lo contrario, no podrá haber
En cierta ocasión participé de un diálogo en Suecia, en que ningún tipo de diálogo, al menos no en el sentido en que esta-
el grupo se dividió en dos partes. Había mucha gente de la lla- mos utilizando el término. Existe una historia sobre Freud, que
m a d «Nueva
~ Era» que, desde el principio, comenzó a glosar padecía de cáncer de mandíbula, que ejemplifica perfectamente
las virtudes del amor que, según ellos, rebosaba por los cuatro este punto. Alguien que acudió a su consulta le dijo: «Tal vez
Sobre el diálogo

fuera mejor que no hablara con usted porque padece esa enfer a la comunicación deberían hacer, sin embargo,
medad tan seria y puede que no quiera hablar sobre esto». Freu todo lo que estuviera en su mano. Conozco a algunos profesores
entonces respondió: «El cáncer puede ser fatal, pero no es nad universitarios que se muestran interesados en aplicar los prin-
serio». Creo que este ejemplo ilustra algo de lo que ocurre e cipios del diálogo a los problemas del mundo empresarial. Uno
nuestra sociedad y que podríamos describir, parangonando de ellos tuvo recientemente una reunión con unos ejecutivos de
Freud, diciendo: «Tal vez sea fatal, pero no es nada serio». una empresa destinada a la fabricación de muebles de oficina.
El hecho es que la empresa estaba atravesando por un bache de
productividad y no lograban ponerse de acuerdo. Los directivos
El diálogo limitado tenían todo tipo de creencias al respecto y esa actitud impedía
cualquier posible avance. De modo que solicitaron la ayuda de
En ocasiones, la gente siente la necesidad de mantener un un mediador y éste puso en marcha un diálogo que resultó tan
diálogo en el seno de la familia. Pero la familia es una estruc- interesante que siguieron con él aun después de haber resuelto
tura jerárquica basada en el principio de autoridad, algo que no los problemas que lo suscitaron.
favorece precisamente el diálogo. Es cierto que tiene su valor, Naturalmente, este tipo de diálogo es limitado porque tiene
pero también lo es que se trata de una estructura que suele im- un propósito definido y concreto pero, aun en tal caso, tiene un
posibilitar el diálogo. Tal vez sea posible en determinadas fa- valor ciertamente inestimable. Se trata, en principio, de conse-
milias pero, hablando en términos generales, la sumisión a la guir que todo el mundo aprenda a escuchar y conocer las opi-
autoridad no suele dejar espacio libw para el diálogo porque lo niones de los demás, porque el hecho de ignorarlas nos lleva a
único que deseamos, en tal caso, es liberamos de la autoridad y reaccionar de acuerdo con lo que suponemos al respecto, lo
de la jerarquía. Pero es necesaria cierta autoridad para «hacer cual genera todo tipo de problemas. Porque, en tal caso, la otra
funcionar» las cosas y es por ello que, si tenemos un determi- persona se queda perpleja y se pregunta «¿pero qué dice?», lo
nado «objetivo», deberemos recurrir, en algún momento, al cual le lleva, a su vez, a reaccionar basándose en sus propias
principio de autoridad. Pero cuando, desde nuestro punto de creencias y no hace sino consolidar el círculo vicioso de la
vista, afrontamos el diálogo sin un propósito o una agenda pre- confusión. Es muy importante, pues, conocer cuáles son las
determinada, no tenemos que hacer nada en especial y, en con- creencias de los demás.
secuencia, no necesitamos recurrir a ninguna autoridad. Lo úni- El profesor en cuestión me habló también de otros dos inte-
co que necesitamos, por el contrario, es un espacio en el que no resantes casos. Uno de ellos tenía que ver con una empresa cu-
haya autoridad ni jerarquía, un lugar vacío de todo propósito, un yos altos ejecutivos estaban descontentos y no se llevaban nada
espacio libre en el que podamos permitimos hablar de todo. bien entre sí. La solución habitual de la empresa había sido la
También podemos, como ya hemos dicho, mantener un diá- de aumentarles el sueldo -a modo de caramelo- y promocionar
logo más limitado que persiga un determinado objetivo puntual los ascensos, con el consiguiente acceso de personas mediocres
aunque, en cualquier caso, deberíamos mantenerlo lo más abier- a los puestos directivos. Pero esa política había terminado con-
to posible, porque la limitación interfiere la libre comunica- duciendo a la empresa a una situación insostenible. Entonces
ción y nos impide observar las creencias que se hallan en juego. fue cuando tomaron la decisión de hacer algo al respecto y el
Quienes no estén suficientemente preparados para abrirse, mediador al que recurrieron no abordó directamente el proble-
Sobre el diálogo
f.i Sobre el diálogo

ma que estaba conduciendo a la empresa a la bancarrota di- El mediador hizo tan poco al respecto que, de hecho, hubo
ciendo, por ejemplo, «todo el planteamiento está equivocado», varias personas que llegaron a interpelarle y a preguntarle por
sino que se limitó a decir «la empresa no puede hacer frente a qué no intervenía. En realidad, el mediador puede intervenir de
tantos gastos». Porque el hecho es que, para que la empresa fun- vez en cuando y hacer algún que otro comentario sobre lo que
cionase más eficientemente, debían partir de la base de que los está ocurriendo o sobre lo que significa, pero en un grupo de ca-
conflictos psicológicos no pueden resolverse con un mero as- rácter más general debería actuar simplemente como un miem-
censo. Todo el mundo puede llegar fácilmente a darse cuenta de bro más. Probablemente en un grupo de una empresa esto no
que ésa no es una forma adecuada de proceder. Pero fue nece- funcionaría porque el mediador no podría ser simplemente un
sario dialogar para que todos pudieran comenzar a hablar entre participante de un grupo cuyos objetivos son tan limitados.
sí y a darse cuenta claramente del problema. Y aunque el con- Este segundo ejemplo podría ilustrar aquellos casos en los
texto del diálogo estuviera limitado a la supervivencia de la que es necesaria una intervención para eliminar los bloqueos
empresa -y no se tratara del tipo de diálogo al que nosotros as- debidos a cuestiones personales, creencias implantadas en la ni- '
piramos-, resultó, sin embargo, en este caso, un adecuado pun- ííez, por ejemplo. En el caso que acabamos de mencionar, las
to de partida. personas implicadas pudieron finalmente descubrir esas creen-
Esto es, en mi opinión, lo que debería hacer la especie hu- cias. Y, aunque no trataban de curarse mutuamente ni de llevar
mana porque, en última instancia, el fracaso de la humanidad no - a cabo ningún tipo de terapia, la intervención tuvo un efecto
es ajeno a los motivos que pueden llevar a la quiebra de una ciertamente terapéutico. Pero este aspecto es secundario.
empresa. Y, aunque haya quienes crean que el diálogo en el marco de
El segundo caso atañe a un grupo de negociadores, personas la empresa sólo contribuye a mantener un sistema corrupto
de formación universitaria especializadas en ayudar a resolver puede, sin embargo, ser el germen de algo diferente. En mi
este tipo de problemas. En cierta ocasión mantuvieron una serie opinión, casi todo lo que tiene ver con la sociedad está corrup-
de reuniones en las que quedó patente que dos de ellos nunca ' to y no suele emprenderse ninguna acción para resolver este
parecían poder ponerse de acuerdo sobre ninguna cuestión. Uno problema. Los ejecutivos tienen que hacer que la empresa fun-
de ellos consideraba que lo adecuado era sacar a la luz el pro- cione porque, en tal caso, todos nos beneficiaríamos de ello. Es
blema y enfrentarse a él, mientras que la otra, por su parte, en parte la confusión reinante en estos ámbitos la causa de los
sostenía la creencia opuesta, es decir, que en ningún caso debí- problemas que aquejan y amenazan con descomponer a nuestra
an hablar de ello. Era como si ésta creyera que no podía decir sociedad. Si el gobierno y las empresas trabajaran eficazmente,
nada a menos que tuviera el espacio suficiente, mientras que no despilfarraríamos tanto, lo cual, aunque no resolviera todos
aquélla creyera exactamente lo contrario. No parecía, pues, los problemas, nos aliviaría de algunos de ellos.
existir coincidencia alguna entre ellos. Todo siguió igual de Es necesario, pues, aumentar la coherencia para que nuestra
confuso durante mucho tiempo, con una persona esperando ser sociedad pueda funcionar adecuadamente. Si observamos lo
incitada a hablar y la otra sin comprender lo que estaba ocu- que ocurre en el mundo actual -tanto en éste como en cualquier
rriendo. Finalmente lograron hablar y cada uno de ellos sacó a otro país-, no podemos decir que funciona de manera cohe-
relucir las experiencias infantiles en las que se sustentaban sus rente. La mayoría de las empresas no trabajan de manera cohe-
creencias y, a partir de ese momento, terminaron abriéndose. rente y ése es el motivo por el cual muchas de ellas se están
Sobre el diálogo

hundiendo. Sería, pues, muy importante que la idea del diálogo


l Sobre el diálogo

niones particulares, el punto importante tampoco es encontrar


fuera impregnando todos los estratos de la sociedad y que todo una respuesta, sino flexibilizar la mente, abrirla y tener en
el mundo comenzara a tenerla en consideración. También po- cuenta todas las opiniones. Si, de algún modo, logramos di-
dríamos decir que no es nada frecuente que los jefes de estado fundir esta actitud creo que podremos detener la carrera hacia
sostengan el tipo de diálogo al que nos estamos refiriendo. Pero la destrucción.
tal probabilidad supondría un importante paso hacia adelante en Resumiendo, pues, hemos hablado de que lo esencial es lle-
dirección al cambio. De este modo, podría ponerse fin, por gar a ser capaces de compartir nuestros juicios y nuestras opi-
ejemplo, al derroche de energía invertida en la carrera arma- niones y de escuchar las creencias de los demás. Y, aunque la
mentística. Si dejásemos de invertir esas sumas colosales -unos incompatibilidad manifiesta en el caso de Einstein y Bohr no
treinta mil millones de dólares al año- en la fabricación de ar- condujo a ningún tipo de violencia, solemos experimentar el
mas, podríamos dedicar todo ese dinero a la regeneración eco- menosprecio de nuestras creencias como un acto de violencia
,
lógica y a otro tipo de tareas constructivas. Y no estamos ha- que despierta también nuestra propia violencia. Este punto,
blando de algo imposible. Si los políticos más conscientes del pues, resulta individual y colectivamente esencial. El diálogo es
problema ecológico sostuvieran un diálogo con el presidente del el modo colectivo de abrimos a todos los juicios y a todas las
gobierno, por ejemplo, podrían tornarle más consciente del pro- creencias.
blema. No podemos esperar a que los políticos resuelvan los
problemas que se nos presentan, pero el más pequeño movi- 1
-
miento de apertura podría ayudar a detener la escalada de la Más allá del diálogo
destrucción, pues si seguimos en ella, disponemos de muy poco
tiempo para hacer algo al respecto. Deberíamos recordar, no obstante, que el diálogo -y de he-
i
No podemos actuar a nivel de los presidentes o los primeros cho, todo aquello de lo que hemos estado hablando- no aspira
ministros porque ellos también tienen sus propias opiniones. únicamente a resolver los males de la sociedad, aunque cierta-
Pero, como ya hemos dicho, esta visión del diálogo va impreg- mente tenemos que resolverlos. Es verdad que estaríamos mu-
nando poco a poco todos los estratos de la sociedad. Creo que cho mejor sin ellos, pero si queremos sobrevivir y vivir una
en el gobierno de los Estados Unidos hay personas que se hallan vida que merezca la pena, tenemos que hacer frente a esos pro-
más próximas a esta idea y otras que se hallan más distantes. No blemas. Pero ése, de hecho, no es más que el comienzo. Creo
sabemos qué sucederá exactamente, pero existe un cierto mo- que existe la posibilidad de que tenga lugar una transformación
vimiento hacia una mayor apertura. Pero, con ello, no estoy en la naturaleza de la conciencia, tanto a nivel individual como
afirmando que vayan a resolverse todos los problemas, sino a nivel colectivo, posibilidad que depende, en gran medida, del
tan sólo que, si conseguimos retrasar la carrera hacia la des- diálogo. Eso precisamente es lo que hemos estado investigando.
trucción, ya habremos dado un paso ciertamente muy impor- Y es muy importante que este cambio tenga lugar de manera
tante para que pueda surgir algo nuevo.
Puede que no exista ninguna «respuesta política» para re- 1
:
conjunta en el mayor número posible de personas, porque el
cambio de un solo individuo tendría un efecto muy limitado. El
solver los problemas que aquejan al mundo. Pero, del mismo l - problema no se resolverá si algunos de nosotros alcanzamos «la
modo que en el diálogo el punto importante no son las opi- 1
1
verdad» y el resto no lo hace, porque en tal caso sólo habremos
Sobre el diálogo

cambiado el aspecto del problema. Es por ello que los cristianos


I
o los musulmanes no están libres de conflictos por más que
crean en el mismo Dios, el mismo profeta o el mismo salvador.
El amor no puede surgir si no podemos comunicar y com-
partir el significado. La falta de comunicación entre Einstein y
Bohr terminó desvaneciendo gradualmente su mutua atracción .
Si realmente pudiéramos comunicarnos, el compañerismo, la
participación, la amistad y el amor crecerían más y más. Ése po-
dna ser el camino. Pero ¿comprendemos realmente la necesidad 3. LA NATURALEZA DEL
de este proceso? Ésa es la pregunta clave, porque cuando nos
demos cuenta de que es absolutamente necesario, entonces es- PENSAMIENTO COLECTIVO
taremos en condiciones de hacer algo al respecto.
1
Tal vez, cuando nuestro diálogo alcance ese nivel de cohe-
rencia, podamos trascender la noción de que somos simple-
~
¿Cuáles son los problemas del mundo? Parecen tantos que
mente un grupo que trata de resolver los problemas sociales. Tal apenas si podemos enumerarlos. Entre ellos se cuentan los con-
vez entonces pueda producirse una transformación en el indi- flictos bélicos, el hambre, la tortura, el robo, la enfermedad y
viduo y en nuestra relación con el cosmos. Esta energía ha sido todas las formas de corrupción política. Tambien es patente la
llamada ucomuniónn, un tipo de participación a la que los cris-
1 polarización del mundo en dos bloques, Occidente (que defien-
tianos primitivos denominaban con el término griego koino-
nia, cuya raíz significa «participar», es decir, participar de la to- , de los valores de la individualidad y la libertad) y Oriente (que
defiende el valor de la sociedad colectiva que cuida de todos
talidad, formar parte de ella; no sólo del grupo sino de la
nosotros), la polarización entre el Norte (poseedor de la riqueza)
totalidad.
y el Sur y la miseria, el endeudamiento, el colapso económico y
,
el caos general que asolan ciertas regiones de África y del Su-
deste asiático.
El progreso tecnológico ha permitido el acceso de las armas
nucleares a todo tipo de dictadores, incluso de naciones muy pe-
queñas. También están las armas químicas, las armas biológicas
y otras armas todavía inexistentes pero que no tardarán en ser
inventadas. Sobre nosotros pende también la amenaza del de-
sastre ecológico, el esquilmado de los bosques y las tierras de
cultivo, la contaminación, el cambio climático, etcétera. Es po-
sible que, si seguimos comportándonos como estamos hacién-
dolo, no tardemos en presenciar una auténtica catástrofe. El
incremento general de la delincuencia, la violencia y el abuso
de las drogas constituyen, por su parte, un claro indicador de la
Sobre el diálogo La naturaleza del pensamiento colectivo

insatisfacción y la infelicidad que nos aqueja. Pero no hace fal- Tal vez, en el pasado, la gente no se diera cuenta de esta si-
ta que nos extendamos más porque esta lista podría proseguir de tuación, por lo que se concluyó que «el conocimiento es poder»
manera indefinida. y que la ignorancia es mala. Pero lo cierto es que el conoci-
¿Por qué hemos aceptado un estado de cosas tan destructivo, miento y el pensamiento conllevan un peligro intrínseco al que
peligroso e insatisfactorio? Pareciera como si, de algún modo, no hemos prestado la atención suficiente. No sabemos si el
estuviéramos hipnotizados y nos resignásemos a esta locura pensamiento comenzó a funcionar mal hace miles o decenas de
sin que nadie supiera qué hacer o qué decir al respecto. En el miles de años, lo único que sabemos es que, en la actualidad, la
pasado, la gente tenía la esperanza de que la democracia, el tecnología se ha desarrollado tanto que ha llegado a constituir
socialismo o cualquier otra cosa -la religión, tal vez- resol- una seria amenaza para nuestra supervivencia. ¿No es cierto
viese estos problemas, pero lo cierto es que esas aparentes so- que, si el estado de cosas actual perdurase diez mil años más,
luciones han evidenciado su inoperancia. Todo radica, en mi nos veríamos abocados a un tipo u otro de catástrofe? En con-
opinión, en nuestra ignorancia sobre el funcionamiento del pen- secuencia, el desarrollo tecnológico nos ha llevado al borde de
samiento. la crisis y supone un tremendo desafío. Y, como no hagamos
En los orígenes de la civilización, el pensamiento era consi- nada al respecto, asistiremos a nuestra propia destrucción. Pero
derado como algo muy valioso y todavía hoy en día sigue sién- ¿qué es lo que podemos hacer? No podemos detener el proceso
dolo. El pensamiento nos ha proporcionado todas aquellas cosas I del pensamiento porque, para lograrlo, deberíamos recurrir al
de las que nos sentimos orgullosos. Ha contribuido a la cons- pensamiento; tampoco podemos seleccionar todos los pensa-
trucción de nuestras ciudades (aunque realmente tengo mis du- mientos negativos y extirparlos; tenemos que ir más al fondo,
das acerca de que debamos sentirnos orgullosos de ellas), ha tenemos que llegar a la raíz, a la fuente, al origen, porque se tra-
dado origen a la ciencia y a la tecnología y se ha mostrado ta de un tema muy sutil cuyas profundas implicaciones no re-
muy creativo en el campo de la medicina. Prácticamente todo lo sultan evidentes a simple vista.
que llamamos naturaleza ha terminado siendo ordenado por el ' Imaginemos un arroyo que haya sido contaminado cerca de
pensamiento. Existe, sin embargo, algo en el mismo pensa- su nacimiento y que quienes viven río abajo, ignorantes de lo
miento que no funciona bien, algo que es capaz de provocar la que ocurre, intenten eliminar la contaminación depurando el
destrucción, un tipo de pensamiento fragmentador que des- agua. Pero el hecho es que su tentativa bien pudiera ocasionar
compone las cosas en partes, como si realmente fueran inde-
pendientes. No se trata simplemente de que establezca distin-
1 más contaminación, porque la acción correcta sería la de con-
siderar al río en su totalidad y abordar el problema en su origen.
ciones, sino que separa cosas que no están separadas. Es como Del mismo modo, en mi opinión, es el origen mismo del pen-
si, en lugar de desmontar pacientemente todas las piezas que samiento el que se halla contaminado; y con una contaminación,
componen un reloj, se dedicara simplemente a romperlo en pe- por otra parte, generada de continuo. Uno podría aducir, no sin
dazos. Las piezas forman parte de una totalidad, pero los frag- cierta razón, que el error se originó cuando por vez primera se
mentos se han separado de manera arbitraria. De este modo, co- 1 vertieron productos contaminantes al río, pero el hecho, en el
sas que se hallan articuladas entre sí son tratadas como si no caso del pensamiento, es que nosotros seguimos contaminán-
tuvieran nada que ver. Éste es uno de los rasgos característicos dolo. El origen de esta situación, por tanto, no se halla en el
de un pensamiento que funciona de manera inadecuada. tiempo, no se ubica en algún remoto pasado sino que, por el
I
Sobre el diálogo
I La naturaleza del pensamiento colectivo

contrario, se encuentra siempre en el ahora. Eso precisamente pensar, todos podemos hacer algo a ese respecto. Uno de los
es lo que quisiera considerar ahora. obstáculos con los que solemos tropezar es la creencia de que
Quisiera señalar que no sólo hablaremos y pensaremos sobre «yo estoy haciendo bien las cosas y son los demás quienes las
el pensamiento sino que también queremos ver algo sobre el hacen mal». Éste, a mi juicio, es un error porque el pensamien-
pensamiento, puesto que nuestro objetivo es llegar a percibir to nos invade, es como un virus, una enfermedad del pensa-
-más allá de las palabras- la forma real en que opera el pensa- miento, del conocimiento y de la información, que se propaga
miento. Quiero decir, por si ustedes no entienden bien a qué me por todo el mundo. Y cuantos más ordenadores, aparatos de
refiero, que el pensamiento es un proceso real y que debemos radio y de televisión haya, mayor será la velocidad con que se
prestarle la misma atención que prestamos a los procesos que propague, porque ellos nos transmiten, sin darnos cuenta si-
tienen lugar en el mundo material externo, en el mundo de lo vi- quiera, como si fuera un virus, la modalidad de pensamiento
sible. Quizás, como ya he dicho, ignoremos la forma de prestar que nos caracteriza.
atención al pensamiento porque nuestra cultura -y lo mismo ha El único sistema inmunológico que puede protegernos de
ocurrido con cualquier otra cultura- es incapaz de ayudamos a este virus, la única forma de atajarlo, consiste en reconocerlo,
este respecto. Y, no obstante, se trata de una cuestión realmente darnos cuenta de su presencia y ver de qué se trata. Cuando así
fundamental poque todo depende del pensamiento y, si éste lo hagamos estaremos observando el origen del problema, un
funciona mal, todo lo que hagamos estará mal. Pero estamos tan origen que es idéntico en cada uno de nosotros. Porque, aunque
acostumbrados a su presencia que no nos tomamos la molestia atribuyamos el origen del problema a algo o alguien «exterior»
de prestarle la más mínima atención. a nosotros, lo cierto, sin embargo, es que se trata de algo mucho
La afirmación «esto me supera», por ejemplo, puede ser más profundo y se asienta en el proceso global del pensamiento,
cierta desde determinado punto de vista pero, desde otro, es algo que es colectivo y nos afecta a todos nosotros.
falsa. Si usted afirma que la crisis no es más que un fenómeno Debemos comenzar a poner en cuestión la creencia de que el
externo -algo que tiene lugar en el mundo exterior-, lo conver- pensamiento es algo individual. Porque, si bien es verdad que,
tirá en algo que se halla fuera de su alcance y se verá «supera- de algún modo, gozamos de cierta independencia, si observa-
don por ello. Es como si hubiéramos construido mal un dique mos con más detenimiento nos daremos cuenta de que se trata
que fuera erosionándose hasta que se derrumba y el agua ter- de algo mucho más sutil. Tenemos que llegar a ver el pensa-
mina desbordándose. Es evidente que, en ese momento, no ten- miento tal como es, sin ningún tipo de prejuicios. ¿Qué es lo
dremos ya la menor posibilidad de enderezar las cosas. Lo re- que realmente ocurre cuando pensamos? En mi opinión, la ma-
almente importante es llegar a descubrir cuál es el proceso yor parte de la forma de nuestro pensamiento no es individual,
mediante el cual construimos mal la presa y la forma en que va- se origina en nuestra cultura y nos impregna. Nos lo han trans-
mos erosionándola, qué es, en suma, lo que ocurre de continuo mitido nuestros padres, nuestros amigos, la escuela, los perió-
a un nivel más profundo. dicos, los libros, etcétera. Nosotros sólo hemos provocado mo-
La auténtica crisis no consiste en los hechos a los que nos dificaciones muy ligeras, seleccionando lo que nos agrada y
enfrentamos -las guerras, la delincuencia, las drogas, la conta- desechando lo que nos disgusta, pero su origen es común a to-
minación y el caos económico-, sino en el pensamiento que dos nosotros. La estructura profunda del pensamiento, su fuen-
ha generado todo eso. Y, puesto que todos somos capaces de te -una fuente, por cierto, continua y atemporal-, se halla siem-
Sobre el diálogo La naturaleza del pensamiento colectivo

pre en el presente y, en consecuencia, para descubrirlo no de- verbalmente. Usted sabe montar en bicicleta y, cuando está a
bemos remontarnos en el tiempo. Tenemos que darnos cuenta punto de caer, se las arregla para enderezarla nuevamente pero
de que la estructura profunda del pensamiento es común a todos no puede explicar cómo lo hace. Existe una fórmula matemáti-
nosotros, tenemos que llegar a percibir que el contenido del ca que demuestra la proporcionalidad existente entre el ángulo
pensamiento y su estructura profunda no son dos cosas separa- de giro al que recurre para enderezar la bicicleta y el ángulo de
das, porque la forma en que pensamos sobre el pensamiento tie- caída. Pero, aunque usted utilice empíricamente esa fórmula, ig-
ne un efecto sobre su estructura. Si pensamos, por ejemplo, nora hasta su misma existencia. Todo nuestro cuerpo efectúa de
que el pensamiento procede de m i en tanto que individuo, esa continuo innumerables e indescriptibles ajustes que lo mantie-
creencia afectará al modo en que opere mi pensamiento. Debe- nen en funcionamiento. Éste es el conocimiento tácito, un tipo
mos, pues, observar tanto el contenido como la estructura del de conocimiento que poseemos sin poder, no obstante, hacer
pensamiento. nada al respecto. Se trata de una prolongación de algo que
También tenemos la sensación de que «sabemos>>todo tipo aprendimos en el pasado. Así pues, nuestra experiencia -nuestro
de cosas, pero bien podríamos decir que no somos <<nosotros>>, conocimiento, nuestro pensamiento, nuestra emoción y nuestra
sino el conocimiento mismo el que sabe todas esas cosas. Lo práctica- forman parte integral del mismo proceso.
que estoy tratando de decir es que el conocimiento -que es Nuestro lenguaje, además, establece una distinción entre «el
pensamiento- es autónomo y se transmite de una persona a pensamiento» y «lo pensado». «El pensamiento» tiene que ver
otra. La especie humana -al igual que un conjunto de ordena- con el presente tenso, una actividad en curso que puede incluir
dores conectados a la misma base de datos- posee un sustrato la sensibilidad crítica hacia lo que va mal, la aparición de nue-
de conocimiento que ha ido creciendo con el correr de los siglos vas ideas y tal vez, de manera ocasional, algún tipo de percep-
y se halla rebosante de contenidos. Pero, aunque el conoci- ción interior. Lo «pensado», por su parte, atañe al participio pa-
miento, o el pensamiento, conozca todos esos contenidos, no sado. Tenemos la creencia de que, después de haber pensado en
sabe que lo está haciendo, es decir, se conoce inadecuadamen- algo, eso implemente se desvanece, pero el hecho es que el
te y no cree estar haciendo nada especial. Por ello concluye: «yo pensamiento no se evapora sino que, de algún modo, va a parar
no soy el responsable de ninguno de estos problemas. Yo no soy al cerebro y deja algo -una huella- que se convierte en lo pen-
más que una herramienta». sado. Y, a partir de ese momento, lo pensado opera de manera
Todo pensamiento se basa en pensamientos anteriores y pro- automática. Así pues, lo pensado es la respuesta de la memoria,
cede obviamente de la memoria. Acumulamos el conocimiento del pasado, de lo que ya ha ocurrido. Debemos establecer, pues,
a través de la práctica y la experiencia; pensamos en algo, lo or- una clara distinción entre el pensamiento y lo pensado.
ganizamos, lo integramos en la memoria y, de este modo, ter- Lo mismo ocurre en el caso del «sentimiento». El término
mina transformándose en conocimiento. Y, aunque una parte de «sentir» se refiere al presente activo, un presente en el que la
este conocimiento sea práctico, también se trata de un tipo de sensación se halla en contacto con la realidad. Pero también re-
memoria y se halla ligado a alguna parte del cuerpo o del cere- sultaría útil diferenciar entre «el sentimiento» y «lo sentido», las
bro. Todo forma parte del mismo sistema. Michael Polanyi ha sensaciones que hemos registrado. Cuando la recordamos, una
hablado, en este sentido, del conocimiento tácito, un tipo de co- experiencia traumática del pasado puede hacernos sentir muy
nocimiento que, pese a hallarse presente, no puede formularse incómodos. La nostalgia, al igual que la mayor parte de las
Sobre el diálogo La naturaleza del pensamiento colectivo

sensaciones que experimentamos, también proviene del pasado cuerpo y le lleva a funcionar en condiciones pésimas, impi-
y bien podríamos decir, en este sentido, que son «sentidas». diendo también, al mismo tiempo, la posibilidad de pensar ra-
Pero el-hecho es que, si no son más que grabaciones que vuel- cionalmente (porque tal cosa requiere de un cerebro adecuada-
ven a activarse, tendrán escasa relevancia a la hora de propor- mente calmado). De este modo, cuanto más piense el sujeto
cionarnos una respuesta a la situación inmediata que estemos peor se sentirá, porque sus pensamientos seguirán complicando
viviendo. las cosas.
Es muy importante que nos demos cuenta de que nuestra Sería interesante rastrear la evolución e identificar los pasos
cultura nos proporciona una imagen errónea de lo pensado y de que han conducido a este estado de cosas. Podríamos aducir, en
lo sentido, como si lo pensado y lo sentido fueran ajenos y pu- este sentido, a modo de hipótesis, que el «nuevo cerebro» -es
diéramos controlarlos. Pero los sentimientos y los pensamientos decir, los lóbulos frontales y el neocórtex que posibilita el pen-
no son dos cosas diferentes sino que constituyen aspectos de un samiento complejo- se ha desarrollado tan rápidamente que no
mismo proceso. Ambos proceden de la memoria, donde es muy ha podido establecer una relación armoniosa con las estructuras
probable que se hallen entremezclados. La memoria también cerebrales más antiguas. Las funciones más remotas del cerebro
afecta al cuerpo y las sensaciones y el recuerdo de un estado an- -como las emociones y demás- podían responder a las exigen-
terior de tensión corporal puede llegar a tensarnos físicamente. cias inmediatas del medio animal mediante la respuesta de hui-
Resulta, por tanto, imposible, cuando la memoria se pone en da, de lucha o de inmovilización. Luego apareció el neocórtex,
funcionamiento, separar la función intelectual de la función capaz de proyectar todo tipo de imágenes muy realistas, pero el
emocional, química y muscular porque el conocimiento tácito es «viejo cerebro» nunca llegó a aprender muy bien la diferencia
un tipo de recuerdo que engloba a todas esas distintas facetas. existente entre una imagen y la realidad, porque nunca tuvo
Los estudios neurocientíficos sobre la estructura del cerebro necesidad de ello. Jamás había estado sometido a una estructu-
sugieren que el pensamiento se origina en el córtex cerebral -en ra capaz de producir tantas imágenes, como ocurre con el caso
los lóbulos prefrontales- y que el centro emocional se halla de un perro, por ejemplo, que no puede imaginarse a otro perro
ubicado en una región mucho más profunda. Pero existe clara a menos que lo esté viendo directamente.
evidencia de que ambas estructuras se hallan interconectadas Cuando la evolución arriba al estadio del chimpancé -que
por un puñado de nervios. Consideremos, por ejemplo, la pri- puede pensar en otro chimpancé aunque aquél no se halle pre-
mitiva respuesta refleja de luchar, huir o quedarse inmóvil. sente-, la mera imagen de un chimpancé puede desencadenar la
Cierto programa de televisión ilustraba perfectamente este tipo misma respuesta que la presencia de un chimpancé real. Y esto
de funcionamiento mostrando, entre otras cosas, a un controla- comenzó a confundir las cosas porque la imagen suscitaba la
dor aéreo que se hallaba enojado con un jefe que le maltrataba. aparición de las mismas respuestas de «luchar, huir o permane-
Pero nuestro sujeto tenía que permanecer en su puesto de tra- cer inmóvil», de los agentes neuroquímicos, etcétera. Es así
bajo y no podía escapar. Tampoco podía pelear con él ni que- cómo el nuevo cerebro, que no puede relacionarse directamen-
darse paralizado sin hacer nada. A pesar de ello, sin embargo, el te con las cosas, confunde al viejo cerebro y provoca una serie
cerebro de nuestro sujeto vertía determinados agentes neuro- concatenada de errores.
químicos en su sistema, del mismo modo que si se tratara de un Tal vez sea éste uno de los caminos que nos han conducido
ataque en la jungla. El hecho es que este proceso estimula al hasta donde ahora nos encontramos. Pero no podemos olvidar-
Sobre el diálogo La naturaleza del pensamiento colectivo

nos de que, en la actualidad, el medio fundamental en que se levantes. Un mapa, pues, se halla estructurado y organizado de
mueve el cerebro antiguo ya no es la naturaleza sino el nuevo tal forma que resulta adecuado y provechoso. De este modo, la
cerebro, encargado ahora de filtrar la naturaleza que llega hasta representación no es simplemente un concepto, sino un con-
nosotros. Y es evidente que la civilización empeora las cosas junto de conceptos.
porque, en la medida en que se desarrolla, es cada vez más Otro ejemplo nos lo proporciona el caso de un conferen-
compleja, llena de leyes, autoridades, policías, cárceles y ejér- ciante que despierta en las mentes de quienes le escuchan dife-
citos, lo cual origina una considerable tensión. Y cuanto más se rentes representaciones sobre el significado de sus palabras.
desarrolle la civilización en su conjunto, mayor será la tensión. Cuando escuchamos a alguien, se suscita en nuestra mente -tal
Esto ha sido así durante milenios, pero todavía no tenemos cla- vez en nuestra imaginación- algún tipo de representación, como
ro lo que podemos hacer al respecto. si lo estuviéramos percibiendo. Pero esta representación no es
Parece una amenaza tan evidente que resulta extraño que la idéntica a la cosa representada, sino que es comparativamente
gente no se dé claramente cuenta de ella. Pero el hecho es que muy abstracta, destacando ciertos puntos que pueden resultar de
lo que se lo impide es el mismo proceso del pensamiento, un interés con respecto a la percepción original. Constantemente,
proceso, al mismo tiempo, colectivo e individual. Los pensa- pues, estamos articulando este tipo de re-presentaciones.
mientos, las fantasías y las imágenes colectivas influyen en El hecho es que la representación no sólo se halla presente
nuestra percepción. Cada cultura dispone de sus propios mitos, en el pensamiento, o en la imaginación, sino que se funde con la
fantasías colectivas que suelen introducirse en nuestro campo experiencia o la percepción real. Dicho de otro modo, la repre-
perceptivo -con matices, en cada caso, personales- como si se sentación se entremezcla con la «presentación», de forma tal
tratara de realidades tangibles. Sin embargo, somos incapaces que lo «presentado» (como percepción) ya es, en buena medida,
de damos realmente cuenta de este hecho. Ése es precisamente una re-presentación, es decir, «una nueva presentación». Así es
el problema. Hay un orden superior de hechos, y no ver direc- como tenemos lo que podríamos llamar una «presentación
tamente los hechos es el auténtico punto de partida. netas, la resultante de la actividad de los sentidos, del pensa-
Creo que podemos llegar a comprender mejor el motivo por miento y posiblemente de algún tipo de intuición, elementos to-
el cual los conceptos y las imágenes tienen un efecto tan pode- dos que se entremezclan para configurar una presentación neta.
roso si nos damos cuenta de que el pensamiento nos ofrece una Sintetizando, pues, el modo en que experimentamos algo de-
representación de la experiencia. Y el término «representación» pende de la forma en que nos lo representemos ... o nos lo mal-
resulta sumamente apropiado en este contexto porque su signi- representemos.
ficado es el de «re-presentar», es decir, presentar de nuevo. Así Si usted se representa a sí mismo como una persona noble,
pues, mientras que la percepción nos presenta algo, el pensa- capaz y honesta, esa representación influirá en la percepción
miento, por su parte, nos lo re-presenta como una abstracción. que tenga de sí mismo y así será también como usted se perciba.
Un mapa, por ejemplo, es un tipo de representación. Se trata, Ahora bien, otra persona puede brindarle una representación di-
obviamente, de algo mucho más limitado que el territorio que ferente, por ejemplo, que es un mentiroso y un estúpido, una re-
representa, pero nos proporciona una abstracción útil porque se presentación que también influirá en la «percepción» que tenga
centra en aquello que puede ser más interesante para nuestros -
de sí mismo y que puede llegar a conmocionar profundamente
propósitos, dejando al mismo tiempo de lado los detalles irre- todo su sistema neurofisiológico. En tal caso, la presión a la que
Sobre el diálogo La naturaleza del pensamiento colectivo
se halla sometido el pensamiento para representarse la situación esa manera y, en consecuencia, no despertará nuestro interés.
de un modo más adecuado constituye el origen mismo del au- Existen ocasiones, sin embargo, en las que debemos forjarnos
toengaño. representaciones que se ajusten a nuestros intereses. En tal
Nosotros no solemos percatamos de la relación biunívoca caso, podemos decirnos, por ejemplo, «necesito representár-
existente entre la representación y la presentación, porque el melo de cierta forma para poder hacer algo», lo cual mantendrá
pensamiento parece incapaz de darse cuenta de que esto es pre- vivo nuestro interés y nuestra atención mientras llevamos a
cisamente lo que ocurre. Se trata de un proceso tan inconscien- cabo la acción. No hay nada equivocado en ello; de hecho, re-
te, implícito y tácito que no nos damos cuenta de la forma exac- sulta incluso absolutamente necesario porque, para emprender
ta en que sucede. Por alguna razón, sin embargo, el algún tipo de acción, es imprescindible que las cosas se nos pre-
pensamiento los confunde. Es como si la información penetrase senten de esa forma. No es posible actuar en base a una repre-
a través de los sentidos y, una vez en el cerebro, se entremez- sentación abstracta imaginaria sino que necesitamos de una
clara con otro flujo de información procedente del pensamiento, presentación concreta.
dando origen a lo que hemos denominado «presentación neta». La falta de conciencia acerca de este proceso es crucial. Si
Pero tenemos que subrayar que todo esto ocurre sin que no- alguien dice, por ejemplo, «la gente de esta clase es mala», y
sotros seamos conscientes de ello. Rara vez -si es que tal cosa usted lo acepta, la representación del pensamiento influirá en la
ha sucedido- la especie humana ha llegado a darse cuenta de presentación perceptual. Y, una vez que lo haya aceptado, se
este punto. Quizás unas pocas personas lo hayan sabido pero, en convertirá en un pensamiento tácito e implícito que se presen-
términos generales, somos completamente inconscientes de tará como si de una percepción se tratara la próxima vez que
ello. vea a una persona de esa clase y la «maldad» se percibirá en-
Quisiera señalar también que no estoy valorando este pro- tonces como algo inherente a ella. Uno no se dice «soy cons-
ceso y no estoy concluyendo que sea bueno o malo. Lo que ciente de que alguien me ha dicho que ese tipo de personas
funciona mal no es lo que está ocurriendo sino el hecho de que son malas, pero el hecho es que pueden, o no, serlo. Mejor será
no nos demos cuenta de ello. Poco podríamos hacer si no exis- que observe detenidamente para comprobar si es cierto». En lu-
tiera la menor conexión entre la representación y la presenta- gar de ello, «lo que son» parece presentársenos «ahí fuera» y, a
ción. Si queremos emprender algún tipo de acción no basta con partir de ese momento, pensamos en ello como si fuera un he-
que nos la representemos en la imaginación o en el pensamien- cho completamente ajeno al pensamiento.
to sino que también debemos tenerla presente en nuestra per- El pensamiento comienza entonces aparentemente a confir-
cepción. Un leñador, por ejemplo, se representaría un bosque marse a sí mismo y a crear «hechos» que realmente no son ta-
como una fuente de madera, un artista como algo digno de ser les. El mismo significado etimológico del término latino «he-
pintado y quien sólo desee dar un paseo como un lugar muy cho» se refiere a «lo que ha sido hecho» o, por decirlo de otro
atractivo. Hay innumerables representaciones posibles del bos- modo, lo que ha sido «manufacturado». En cierto sentido, te-
que y cada una de ellas nos lo presentará de manera diferente. nemos que establecer un hecho, pero este tipo de hecho está
Generalmente, lo que no se nos representa como algo inte- siendo elaborado de manera equivocada, a partir de un hecho
resante no suele llamar nuestra atención. Si no es representado que, por así decirlo, no ha sido manufacturado de la forma ade-
como algo valioso e interesante, tampoco se nos presentará de cuada, porque no sólo mezclamos nuestro pensamiento con el
Sobre el diálogo La naturaleza del pensamiento colectivo

«hecho» sino que, además, ignoramos que lo estamos haciendo. el mundo cree estar viendo el mismo arco iris». (También po-
Es imprescindible que el pensamiento participe del hecho, pero dría argumentarse, no obstante, que, al adoptar este punto de
no nos damos cuenta de que eso está sucediendo. De modo vista, uno está confundiendo lafisica con la realidad.) El asun-
que, si afirmamos que se trata de un hecho «puro» que simple- to es que la mayor parte de nuestras representaciones colectivas
mente está «ahí», le otorgamos un valor extraordinario que nos -como la nacionalidad, la religión, la General Motors o el ego,
lleva a concluir: «iCómo puede alguien negar este hecho? Es por ejemplo- son de la misma naturaleza que el arco iris. Son
evidente la clase de personas que son». muchas las cosas importantes que consideramos una realidad
Debemos comprender que la mayor parte de nuestras repre- sólida que se asemejan al arco iris. Y esto no está mal, porque el
sentaciones son creaciones colectivas, lo cual les otorga un problema consiste en ignorar lo que está ocurriendo y terminar
enorme poder. Y, como no queremos estar al margen del con- otorgando a la representación la categoría de hecho indepen-
senso general, solemos tomar el hecho de que todo el mundo diente. Si fuéramos capaces de darnos cuenta de lo que sucede
esté de acuerdo con respecto a algo como una prueba de su va- no aparecería ningún tipo de problema, porque podríamos va-
lidez. Continuamente nos hallamos bajo la presión de aceptar lorar adecuadamente el «hecho». Nuestra errónea comprensión
determinadas representaciones y verlas de ese modo. Lo que lla- es la que nos lleva a otorgar un valor extraordinario a «hechos»
mamos «yo», por ejemplo, se nos representa de una forma que que, en sí, tienen escasa relevancia.
determina, en consecuencia, la manera en que se nos presenta. Hemos aplicado esta noción a unos pocos ejemplos que se
Pero se trata de una representación fundamentalmente colectiva, hallan fuera de nosotros. Pero, si vamos un poco más allá, nos
cuyas características generales están determinadas por la co- daremos cuenta de que también resulta aplicable a lo que se ha-
lectividad y en que el papel del individuo se limita a los detalles lla en nuestro interior y entre nosotros (como la comunicación y
concretos. El consenso general afirma que cada uno de nosotros el diálogo, por ejemplo) y descubriremos la auténtica impor-
posee un yo, porque eso es lo que parece demostrar nuestra tancia de la representación en el intercambio de comunicación.
partida de nacimiento, nuestro nombre y nuestra identidad. Son Supongamos que varias personas se reunen y aportan determi-
muchos, por ejemplo, los países en los que está instaurado el nadas representaciones sobre cómo son los demás o cómo son
uso de un carnet de identidad, disponemos de una cuenta co- ellos mismos. Luego, en la medida en que van comunicañidose,
rriente en el banco, podemos comprar terrenos, labramos una esas representaciones se van transformando, 1s cual modifica
profesión, etcétera. Todas éstas son representaciones de lo que también nuestra presentación y, en consecuencia, afecta también
somos y, en consecuencia, así es como se nos presentan. a la relación. Nuestras relaciones dependen de la forma en que
Veamos ahora el ejemplo del arco iris. Aparentemente, todo nos representamos a los demás y en que nos presentamos noso-
el mundo ve el mismo arco iris, es decir, que existe una repre- tros mismo a ellos. Y todo esto, a su vez, depende de las repre-
sentación colectiva consensual del arco iris. Pero la física, que sentaciones impuestas por el colectivo.
se dedica a observar las cosas «literalmente», nos dice que «el Cuando las cosas parecen funcionar bien no hay modo de sa-
arco iris no existe como tal. Lo único que hay es un cúmulo de ber si algo está mal porque, de algún modo, hemos aceptado la
pequeñas gotas de agua que reflejan y refractan la luz del sol. creencia de que lo que ocurre es independiente del pensamien-
Cada persona tiene su propia percepción del arco iris, pero 20.Cuando las cosas se representan y luego se presentan, no hay
como las distintas percepciones se parecen mucho entre sí, todo forma posible de ver lo que está ocurriendo, porque existe una
Sobre el diálogo La naturaleza del pensamiento colectivo

enorme presión colectiva que nos impide prestar atención a lc de sí mismo e ir con cuidado con los demás, porque son peli-
que se halla fuera del campo de representación. La única posi. grosos y no se puede confiar en ellos», una representación que
bilidad de que disponemos surge cuando aparece un problema da lugar a una respuesta, no sólo extema sino también interna y
cuando algo nos sorprende, cuando se evidencia una contra- una reacción neuroquímica que pone en marcha cierta
dicción y las cosas no parecen funcionar tan bien como creía. tensión corporal. Y, si bien es cierto que el mundo es un lugar
mos. peligroso, este planteamiento es inadecuado. El mundo no es
Pero no debemos considerar este proceso como un «proble- hostil porque la gente sea intrínsecamente mala, sino por las fal-
ma», porque no tenemos idea de cómo resolverlo y no podemos sas representaciones que normalmente damos por sentadas. Te-
encontrar una solución. Una de nuestras representaciones más nemos que ver con claridad la causa correcta y, en consecuen-
comunes es que todo lo que hacemos discurre en el tiempo. Es cia, no podemos acercamos a las personas como si fueran
por ello que determinamos, por ejemplo, un objetivo y nos ocu- intrínsecamente peligrosas, sino como víctimas de falsas re-
pamos de buscar la forma de alcanzarlo. Porque así es como nos presentaciones.
lo presentamos y como creemos que debemos afrontar las cosas, El cambio de representación abre entonces la puerta de
Hasta que no concibamos, pues, la existencia de una dificultad transformaciones más profundas. No estoy afirmando que esto
-que las cosas no funcionen- no comenzaremos a damos real- sea sencillo -ni tampoco que sea complejo-, a fin de cuentas es
mente cuenta de cuál es el problema. La dificultad, de hecho, algo que ignoramos, sino simplemente que nos abre las puertas
radica en que la mayor parte de las personas toman como «he- y nos brinda una visión más amplia. Si realmente aprendiéramos
chos» cosas que nada tienen que ver con ellos. a ver la forma en que el pensamiento produce presentaciones a
Es necesaria una transformación radical de nuestro modo partir de representaciones, descubriríamos el truco e inmediata-
de ver el mundo. Nosotros vemos el mundo en función de las mente dejaríamos de estar engañados. Mientras ignoremos cuál
representaciones colectivas generales que sostiene nuestra so- es el truco nos parecerá algo mágico, pero en el mismo mo-
ciedad y nuestra cultura y, en consecuencia, sólo podremos lo- mento en que tengamos un conocimiento directo, todo experi-
grar una nueva presentación del mundo cuando abandonemos la mentará una transformación.
representación consensual. Si usted se me presenta como una Son muchos los mundos posibles y todos ellos dependen de
persona peligrosa, me encogeré de hombros y pasaré de largo, nuestra representación, especialmente de nuestra representación
pero si me lo represento de manera diferente, mi actitud cam- colectiva. Para construir un «mundo» se requiere más de una
biará radicalmente. También deberíamos tener cuidado con las persona y, en consecuencia, la clave radica en la representación
falsas representaciones. Podríamos, en este sentido, por ejem- colectiva. Lo que quiero destacar aquí es que no basta con que
plo, decir que «la solución consiste en amamos los unos a los una persona cambie su representación -aunque eso, por cierto,
otros», y aunque ciertamente se trate de una intención muy lo- estaría muy bien-, sino que el verdadero cambio radica en la
able, está basada, no obstante, en una falsa representación. transformación de nuestras representaciones colectivas.
Todo cambio genuino y real en la presentación deberá implicar
un cambio en el ser.
Consideremos ahora, por último, una representación muy
frecuente en nuestra sociedad, la de que «uno tiene que cuidar
4. EL PROBLEMA Y LA PARADOJA

Hemos visto el amplio abanico de problemas que asolan a la


humanidad, problemas que crecen y crecen hasta terminar ge-
nerando perturbaciones de índole mundial. Y, al tomar concien-
cia de esta situación, uno puede tener la sensación de hallarse
frente a problemas que trascienden con mucho las posibilidades
de la inteligencia y la cooperación del ser humano.
Todas estas contradicciones y confusiones tienen el común
denominador de coincidir en que nos encontramos ante un cú-
mulo de problemas. Pero, hablando en términos generales, uno
no tiene la sensación de que hayamos considerado siquiera la
posibilidad de que la palabra «problema» -con todo lo que ello
significa- describa adecuadamente el funcionamiento de los
asuntos humanos. Tal vez nos sorprenda descubrir, cuando pro-
fundicemos en el significado de la palabra, que el hecho de
tratar las dificultades que nos asedian como «problemas» está
impidiendo precisamente su adecuada superación.
La palabra «problema» deriva un término griego que signi-
fica «proponer». Así pues, su significado etimológico es so-
meter a discusión o consideración una idea propuesta para la re-
solución de determinadas dificultades o insuficiencias. De este
modo, por ejemplo, en el caso de que alguien deba llegar a un
determinado destino, se le puede sugerir tomar un tren y enton-
ces discutir sobre el problema de tomarlo a tiempo, pagar el bi-
llete, etcétera. De modo similar, los barcos a vela eran conside-
Sobre el diálogo El problema y la paradoja

rados medios de transporte tan lentos y poco fiables que los darse cuenta de que ese «problema» se asienta en presupuestos
hombres se propusieron la idea de viajar en buques de vapor, lo absurdos, porque resulta evidente que el origen del deseo de ser
cual les llevó a tratar de resolver técnicamente el problema y de alabado radica en la sensación profunda de inadecuación, una
llevarlo a la práctica. Es evidente, en términos generales, que la sensación tan dolorosa que debe ser reprimida, excepto en aque-
mayor parte de nuestras actividades prácticas y técnicas giran llos momentos en que las críticas u otros indicios similares lla-
en torno a la resolución de una amplia gama de este tipo de pro- men momentáneamente la atención sobre esa desagradable sen-
blemas. sación. De este modo, apenas llega alguien y dice que, después
Pero si queremos que nuestra actividad tenga sentido, no de- de todo, esa persona es buena, capaz, inteligente, hermosa, et-
bemos olvidar que la idea de formular algo como si se tratara de cétera, la incómoda sensación de dolor reprimido desaparece y
un problema va acompañada de una serie de presupuestos tácitos se ve reemplazada por una sensación positiva de bienestar, una
e implícitos. Entre ellos, por ejemplo, se encuentra la creencia de sensación que debe ir acompañada de la creencia de que le están
que las cuestiones planteadas son racionales y se hallan libres de diciendo la verdad puesto que, de otro modo, no proporcionaría
contradicciones. En ocasiones, por ejemplo, nos planteamos el menor consuelo. Así pues, para «defenderse» del «peligro»
descuidadamente problemas absurdos que se asientan en pre- de descubrir que tales alabanzas no son ciertas, nuestro sujeto se
supuestos falsos o contradictorios. En el dominio técnico y halla predispuesto a creer en todo lo que le dicen, en cuyo caso,
práctico, terminamos dándonos cuenta, más pronto o más tarde, como es bien sabido, se arriesga a la posibilidad de ser utilizado
de que nuestra pregunta carece de sentido y descartamos el de mil modos diferentes.
«problema» como algo absurdo. Durante mucho tiempo, por En esencia, pues, el error que origina esta situación se asien-
ejemplo, la gente trató de inventar la máquina del movimiento ta en una forma sutil de autoengaño que queda patente en el
perpetuo hasta que el desarrollo del conocimientd científico mismo momento en que el sujeto se plantea el «problema» de
evidenció que tal posibilidad contradecía las leyes fundamen- dejar de engañarse a sí mismo. Porque es evidente que el mismo
tales de la física y terminó poniendo fin a tal intento. intento de superar la tendencia a engañarse a sí mismo se ha-
Todo esto resulta bastante claro en el dominio práctico y llará contaminado por el deseo de aliviar el dolor que origina la
técnico, pero ¿qué ocurre cuando nos adentramos en el dominio situación y, en tal caso, el autoengaño resulta casi inevitable.
de los problemas psicológicos y de los problemas que aquejan a Podríamos decir, hablando en términos más generales, que
las relaciones humanas? ¿Acaso tiene algún sentido formular- cuando algo funciona psicológicamente mal, resulta confuso
nos este tipo de problemas o se trata, por el contrario, de un do- formular la situación en términos de «problema» y que sería
minio en el que los presupuestos que se hallan tras las cuestio- mucho más adecuado hablar de paradoja. La paradoja implíci-
nes sometidas a discusión son falsos, contradictorios y ta, por ejemplo, en el caso que nos ocupa, es que, aunque nues-
absurdos? tro hombre parece saber y comprender la absoluta necesidad de
Consideremos, por ejemplo, el caso de un hombre que súbi- ser sincero consigo mismo, también experimenta, no obstante,
tamente descubra su susceptibilidad a la adulación. Esa persona la absoluta «necesidad» de engañarse para liberarse de la inso-
bien podría creer que debe ser inmune a la adulación y, en tal portable sensación de ineptitud y alcanzar cierto bienestar inte-
caso, plantearse el problema de superar su tendencia a «caer» en rior. Lo que se requiere, en tal caso, no es un procedimiento
las redes de todo aquél que le adule. No es difícil, sin embargo, para «resolver el problema», sino detenerse a considerar aten-
Sobre el diálogo El problema y la paradoja
tamente el hecho de que, mientras el pensamiento y el senti-
desorden mental y de describirlo como problema sólo agudiza
miento se hallen sometidos a demandas y «necesidades» tan
y confunde más todavía la paradoja. Resulta imprescindible,
contradictorias, no habrá modo alguno de poner nuevamente las
pues, comprender la diferencia existente entre un problema y
cosas en su sitio. Es necesaria mucha energía y mucha seriedad
una paradoja y responder adecuadamente a cada uno de estos
para «permanecer» consciente de este hecho sin tratar de «fu-
casos.
garse» de él y permitir que la mente deje de ser consciente del
Pero esta distinción no sólo es importante psicológicamente
estado real de las cosas y escape hacia cualquier otro lado. Este
para el individuo, sino también para el ámbito de las relaciones
tipo de atención -que va, por cierto, mucho más allá de lo me-
humanas y para establecer un orden apropiado en la sociedad.
ramente verbal o intelectual- puede permitirnos tomar una con-
Resulta, pues, incorrecto describir una dificultad en las rela-
ciencia real de la raíz de la paradoja y llegar incluso, cuando al-
ciones humanas como si de un problema se tratara. Hoy en día,
canzamos a verla, sentirla y comprenderla, a terminar
por ejemplo, estj ampliamente aceptado que los padres no pue-
disolviéndola.
den camianicarse 1 ibre y fácilmente con sus hijos. La paradoja,
Debo subrayar, sin embargo, que la paradoja no podrá ser re-
sin embargo, es que todos los implicados, que parecen com-
suelta mientras siga siendo considerada como un problema, ya
prender por cierto su humanidad común y su interdependencia,
que en tal caso el «problema» no hará más que crecer y generar
tienen la necesidad de abrirse a los demás pero sienten, no obs-
una confusión incesante. No debemos olvidar que uno de los
tante, que sirs «necesidades» son ignoradas o rechazadas, de
rasgos característicos del pensamiento -un rasgo, por cierto,
- modo que se sienten «heridos» y terminan reaccionando con un
necesario para el pensamiento racional adecuado- es que, cuan-
«mecanismo de defensa» que les impide escuchar realmente lo
do la mente se formula el problema, el cerebro se pone a traba-
que se les está diciendo.
jar ininterrumpidamente hasta dar con la solución. Así pues,
Una paradoja similar opera también de continuo en la socie-
cuando una persona abandona un auténtico problema (la nece-
dad entre los grupos de distinta edad, raza, clase social, nacio-
sidad, por ejemplo, de conseguir alimento) antes de dar con la
nalidad, etcétera. Veamos, por ejemplo, el caso del nacionalis-
solución adecuada, el resultado puede llegar a ser desastroso.
mo. Todo el mundo parece comprender la necesidad de una
Este tipo de funcionamiento sería frívolo e implicaría una falta
comunicación sincera de los sentimientos que compartimos en
de seriedad malsana. En el caso contrario, es decir, cuando la
tanto que seres humanos. Pero cuando una determinada nación
mente considera las paradojas -que carecen de «solución»-
se halla en peligro, la reacción de miedo y agresividad es tan
como problemas, queda atrapada en ellos, porque cada aparen-
fuerte que todo el mundo está rápidamente dispuesto a dejar de
te solución termina demostrando su inadecuación y da origen a
tratar al enemigo como un ser humano y a utilizar bombas y
nuevas cuestiones de naturaleza más confusa, si cabe, todavía.
matar a los niños de la otra nación, aun cuando a nivel indivi-
De este modo, una paradoja cuyas raíces se asienten en la tem-
dual se horroricen ante la mera mención de tales atrocidades.
prana infancia (una paradoja que se haya originado en una si-
Pero lo cierto es que aceptan la censura consistente en coincidir
tuación en la que el niño haya experimentado falta de adecua-
en que lo verdadero es falso, porque creen que ese engaño es
ción, por ejemplo) puede perdurar durante toda la vida,
necesario para la supervivencia de su nación. Así pues, el na-
cambiando de continuo de matices y creando una confusión
cionalismo es una gran paradoja y carece de todo sentido con-
cada vez mayor. Así pues, el hecho de tomar conciencia del
siderarlo como si de un problema se tratara. El absurdo de tal
Sobre el diálogo El problema y la paradoja

procedimiento resulta patente cuando nos preguntamos cómo alabanzas a causa de la represión del recuerdo de algún senti-
puede uno estar dispuesto a matar a los niños de la otra nación miento doloroso de incapacidad, no nos resultará difícil damos
y, sin embargo, amar a los de la propia, porque esta pregunta cuenta de que ese recuerdo forma parte de su pensamiento y, vi-
no tiene respuesta y el intento de hallarla sólo genera más con- ceversa, que todos sus pensamientos posteriores están condi-
fusión. cionados por él, de tal suerte que no dudará en aceptar lo falso
Debemos prestar atención a esa pauta paradójica que ha ter- como verdadero si con ello puede llegar a liberarse, aunque
minado dominando nuestro pensamiento y nuestro sentimiento, sea de manera provisional, de la emergencia del recuerdo dolo-
una pauta que va más allá incluso del ámbito de la sociedad y roso. Es evidente, en tal caso, que el proceso del pensamiento
de las relaciones humanas e impregna el pensamiento y el len- no se halla separado ni es, en modo alguno, independiente de su
guaje humano. Y, puesto que todo lo que hacemos se halla mo- contenido. En consecuencia, cuando una persona se plantea el
delado y conformado por nuestra forma de pensar y de comu- problema de tratar de controlar o superar su tendencia a enga-
nicarnos, estas pautas paradójicas tienden a extender la ñarse a sí misma, queda atrapada de inmediato en «la paradoja
confusión a todas las facetas de nuestra vida. radical» de que la actividad de su pensamiento termina siendo
Pero este omnipresente conjunto de pautas se asienta, en ú1- controlada por aquello que parece tratar de controlar.
tima instancia, en una paradoja «radical». Veamos ahora, para Desde la antigüedad, los seres humanos han creído que la
tratar de comprender esta paradoja, el hecho de que el conteni- codicia, la violencia, el autoengaño, el miedo, la agresividad y
do del pensamiento se refiere habitualmente a cierto objeto o es- otras formas de reacción que conducen a la corrupción y a la
tado de cosas externo. Uno puede pensar, por ejemplo, en una confusión contaminan su pensamiento y su sentimiento. Y la
silla, una casa, un árbol, una tormenta, la órbita de la Tierra, et- mayor parte de las veces esta situación ha sido considerada
cétera, objetos, todos ellos, esencialmente independientes del como un problema que han tratado de resolver intentando con-
proceso de pensamiento que tiene lugar en nuestra mente, el trolar de muchos modos diferentes el desorden de su propia
cual, a su vez, también es esencialmente independiente del con- naturaleza. Toda$ las sociedades, por ejemplo, han establecido
tenido de nuestro pensamiento (es decir, que nuestro pensa- una serie de castigos y recompensas (con el objetivo de atemo-
miento es libre de tomar ese contenido o de dejarlo y ocuparse, rizar o premiar, respectivamente, a la gente y así encarrilarla
a su vez, de cualquier otro contenido relevante). hacia el camino correcto). Pero la inadecuación manifiesta de
Es evidente que la independencia relativa existente entre la esta tentativa ha llevado al establecimiento de todo tipo de sis-
actividad del pensamiento y su contenido es apropiada cuando temas morales, éticas y nociones religiosas, con la esperanza de
uno piensa en cuestiones prácticas y técnicas. Pero no resulta que las personas llegasen a controlar, por sí mismas, sus pensa-
difícil advertir que este enfoque genera una pauta de actividad. mientos y sentimientos «malos» o «incorrectos», un intento
paradójica cuando comenzamos a pensar en nosotros mismos que tampoco ha terminado produciendo el resultado deseado. El
(especialmente en nuestros sentimientos y pensamientos). Por- hecho es que resulta imposible poner fin al desorden de la na-
que resulta evidente que no existe -ni puede existir- la menor turaleza humana considerándolo como un problema y que tales
separación o distancia entre nuestro pensamiento y nuestro sen- intentos, muy al contrario, no hacen más que añadir confusión a
timiento y lo que pensamos al respecto. la confusión y producir, a largo plazo, más daño que bien.
Si volvemos ahora al ejemplo del hombre susceptible a las En el momento presente, la humanidad se enfrenta a un au-
Sobre el diálogo El problema y la paradoja

mento casi explosivo de las dificultades generadas por todos los miento mediante el cual consideramos nuestros «problemas»
intentos de resolver los desórdenes de nuestro pensamiento y de personales y sociales se halla condicionado y controlado por el
nuestro sentimiento como si de problemas se tratara. Hoy, pues, mismo contenido que parece estar considerando, de modo que,
resulta más urgente que nunca prestar atención no sólo al estado hablando en términos generales, este pensamiento no puede
de cosas externo sino también a la torpeza y falta de sensibili- ser libre ni tampoco realmente sincero. Lo que necesitamos,
dad interna que nos permiten seguir ignorando la paradoja de en suma, es una toma de conciencia profunda e intensa que
nuestra mente y nuestro corazón en que se asienta la confu- trascienda el mundo de lo imaginario, una conciencia que vaya
sión externa. El ser humano debe cobrar conciencia de la pro- más allá del análisis intelectual de nuestro confuso proceso de
funda paradoja en la que se hallan inmersos los sentimientos e pensamiento y pueda penetrar en los contradictorios presu-
ideas que tiende a identificar erróneamente como su «yo más puestos y estados emocionales en los que se asienta la confu-
profundo», puesto que una mente atrapada en esa paradoja ine- sión. Esta conciencia implica la disposición a darnos cuenta
vitablemente caerá en el autoengaño y creará todo tipo de ilu- de las múltiples paradojas que impregnan nuestra vida cotidia-
siones que prometan liberarle del dolor que necesariamente na, nuestras relaciones sociales y los pensamientos y senti-
acompaña a esa contradicción. Tal mente no puede darse cuen- mientos que parecen constitituir el «yo más profundo» de cada
ta de las relaciones reales existentes entre el individuo y la so- uno de nosotros.
ciedad. Por ello, cualquier intento de «resolver los problemas de En esencia, por tanto, necesitamos estar con la vida en su to-
uno mismo» y «los problemas de la sociedad» no sólo se reve- talidad e integridad, pero con una atención seria, perseverante y
lará inútil sino que, de hecho, generará más dificultades adi- cuidadosa al hecho de que nuestra mente, tras muchos siglos de
cionales. condicionamiento, suele quedar atrapada en las paradojas y tra-
Obviamente, esto no significa que debamos renunciar a todo tar equivocadamente las dificultades resultantes como si de
intento de poner orden en la vida del individuo y de la sociedad problemas se tratasen.
y que no nos concentremos en el desorden mental que impide
acabar con las dificultades que nos asedian puesto que, de he-
cho, el trabajo interno y el trabajo externo van de la mano.
Pero no debemos olvidar los siglos de hábito y condiciona-
miento durante los cuales la tendencia prevalente ha sido la de
creer que «estamos básicamente en lo cierto» y que nuestras di-
ficultades se originan en causas externas que pueden ser consi-
deradas como si de problemas de tratase. De hecho, aun en el
caso de que nos demos cuenta de nuestro desorden interno, so-
lemos creer que podemos identificar y señalar claramente lo que
funciona mal o aquello de lo que carecemos, como si fuera
algo diferente o independiente de la actividad del pensamiento
con el que nos planteamos el «problema».
Pero, como ya hemos visto, el mismo proceso del pensa-
5. EL OBSERVADOR
Y LO OBSERVADO

No solemos darnos cuenta de la forma en que nuestras cre-


encias inciden sobre la naturaleza de nuestra observación, pero
el hecho es que determinan nuestra forma de ver las cosas, de
experimentarlas y, en consecuencia, afectan a todo lo que ha-
cemos. Bien podríamos decir que vemos a través de nuestras
creencias y que éstas constituyen, en cierto modo, una especie
de observadoi-. El significado del término «observar» viene a ser
el de «recoger con el ojo» y, del mismo modo, «escuchar» sig-
nifica «recoger con el oído». De este modo, todo lo que se halla
en la habitación en la que nos encontramos es recopilado y,
atravesando la pupila y la retina -o el oído-, llega hasta el ce-
rebro. El observador, pues, es el que selecciona, recopila y
agrupa la información relevante y la organiza en una imagen
dotada de significado. Y eso es precisamente lo que hacen las
creencias, recopilar y agrupar la información relevante y es-
tructurarla y organizarla de un determinado modo.
No convendría, pues, olvidar que nuestras creencias funcio-
nan como una especie de observador que influye poderosa-
mente sobre lo que está observando y, a su vez, se ve influido
por ello. Porque lo cierto es que existe muy poca diferencia
entre el observador y lo observado. En el caso, por ejemplo, de
que estemos observando nuestras emociones, las creencias «ob-
Sobre el diálogo El observador y lo obseri~

servadoras» se ven profundamente afectadas por nuestras emo- . otra mientras ésta, por su parte, mostraría su incomodidad al S,
ciones, del mismo modo que ocurre en sentido contrario. Si observada. Esto es precisamente lo que ocurre en la mente, 1
decimos, por ejemplo, que las emociones son el observador y que el pensamiento crea una imagen del observador y una im
determinan el modo en que organizamos las cosas, nuestras gen de lo observado y se atribuye a sí mismo el papel de pei
creencias se convierten entonces en el objeto de observación. sador (quien está produciendo el pensamiento y llevando a cal
En cualquiera de los casos, lo observado se ve profundamente la observación) pero, al mismo tiempo, también está atrib
afectado por el observador y viceversa. Ambos, en suma, forman yendo su ser a lo observado (como solemos hacer habitua
parte del mismo proceso y no existe ninguna separación real- mente con nuestro cuerpo).
mente significativa entre ambos. Del mismo modo que puedo observar la habitación en
Si, por otra parte, observo una silla que se encuentra al otro que me hallo ubicado, también puedo observar mi cuerpo. Pe
lado de la habitación, lo que ocurre en mí no se ve muy afecta- también sé que soy mi cuerpo y que lo experimento a través I
do por la silla, ni la silla se ve muy afectada por lo que sucede las sensaciones. Y esta experiencia es reproducida intername
en mí. Podríamos decir, en tal caso, que el observador es cuali- te, a través de la imaginación y la fantasía, como la imag
tativamente diferente de lo observado, algo que no ocurre cuan- del observador y lo observado. Y, como ocurre con el caso d
do observamos nuestras emociones o nuestros pensamientos. cuerpo, ésta parece ser la realidad, la realidad del yo.
Pero lo que veamos cuando observemos a la sociedad o a otra Tal vez el pensamiento haya terminado identificándose cc
persona dependerá de nuestras creencias y su reacción emo- la imagen de un observador, de un pensador, porque, de e
cional influirá sobre nosotros modificando significativamente modo, su autoridad parece proceder de un ser que sabe lo q
nuestra observación. piensa. Si todo funcionara de manera mecánica -como ocui
Es imposible, pues, sostener, a partir de un determinado es- en el caso de un ordenador- las cosas no tendrían mucho sen
tadio, la distinción entre el observador y lo observado, y debe- do, pero si suponemos que hay un pequeño ser dentro del orc
mos concluir, como solía decir Krishnamurti, que el observador nador las cosas parecen muy diferentes.
es lo observado. Y si tenemos dificultades para reunirlos -si no Ilustremos esto con el ejemplo que nos proporciona un cie
podemos llegar a integrar las creencias con las emociones- las y su bastón. En el caso de que sostenga el bastón con firme:
cosas funcionarán mal. Si yo digo que estoy observando mi sentirá que el bastón es su «yo» y que el contacto con el mun
mente, pero no tengo en cuenta mis creencias, la imagen que tiene lugar en el extremo de su bastón. Si, por otra parte, sc
obtendré será errónea porque las creencias son lo que está ob- tiene el bastón con suavidad, su «yo» no se hallará tanto en
servando. Ése es un problema típico de la introspección, ya bastón como en su mano. Pero también podría ocurrir que di
que cuando alguien dice «estoy observándome internamente» ra «"yo" puedo mover la mano, de modo que ésta no debo
no suele estar considerando sus creencias ... que son precisa- "yo"» y llegará, en consecuencia, a la conclusión de que «de
mente el observador. haber algo mucho más interno -un "yo"- que está moviendo
Imaginemos un programa de televisión sobre el tema del mano». Y este proceso de profundización podría seguir dicil
observador y lo observado en el que una persona desempeñaría do «eso no soy yo, eso no soy yo ... Yo puedo observar toc
el papel del observador y otra el de lo observado. En tal caso, esas cosas que, por tanto, no son esenciales a "mí"», hasta 1
una persona podría observar cuidadosamente los gestos de la gar, por ejemplo, a la sensación de los músculos y de los ór
Sobre el diálogo

nos internos y pensar «yo estoy observando todo esto desde I


dentro y, en consecuencia, no soy nada de ello». Y así podría
proseguir, pelando las distintas capas de la cebolla, por así de-
cirlo, en la esperanza de llegar, en algún momento, a alcanzar la
misma esencia, ese centro que realmente sería «yo». En cual-
quier punto podría decir «debe haber una especie de "yo" esen-
cial más profundo que observa todo eso». Ésta es la modalidad
de pensamiento más extendida al respecto.
Desde mi punto de vista, sin embargo, el pensamiento es 6. LA SUSPENSIÓN, EL CUERPO
un sistema que pertenece a la cultura y a la sociedad, algo que
evoluciona a lo largo de la historia y crea la imagen ilusoria de Y LA PROPIOCEPCI~N
una entidad individual que se atribuye la causa del pensamien-
to. Él es el que genera la sensación de un individuo percibido y
experimentado y el que acaba determinando que el pensamien- Estamos tratando de profundizar cada vez más para llegar a
to reclame ser el único que puede decidir lo que son las cosas y percatamos de la esencia del proceso global que se oculta detrás
qué hacer con la información. Porque ésta es la imagen que del yo o del observador. El asunto es que, cuando escuchamos
emerge gradualmente, el pensamiento nos dice lo que son las -u observamos- a través de un «escuchador», no estamos, en
cosas y «nosotros» terminamos decidiendo qué hacer con esa realidad, escuchando plenamente, porque una parte de noso-
información. tros se mantiene detrás -en reserva, por así decirlw escuchando
Prestemos ahora mucha atención y tratemos de darnos cuen- el resto. Hay ocasiones, sin embargo, en las que todos nosotros
ta de dónde radica el error. Quizás podemos comenzar a dudar escuchamos sin «escuchador» y observamos sin la mediación de
diciendo «todo lo que que subyace a esto es cuestionable». un observador. Cuando emprendemos una determinada activi-
Pero es muy frecuente que lo primero que aparezca se asiente dad, por ejemplo, no solemos estar observándonos a nosotros
en el mismo presupuesto que debe ser cuestionado. Es cierto mismos ejecutando la acción sino que simplemente actuamos,
que podemos cuestionar una creencia, pero sólo podremos ha- algo que no es fácil de hacer porque, para ello, debemos pro-
cerlo desde otra creencia. De modo que tendremos que perma- fundizar en nuestra observación.
necer muy atentos a todo lo que hagamos. Pareciera que hubie- Comencemos preguntándonos qué es lo que vamos a observar
se un «dudador» que dudase, algo que se halla «detrás de lo que o escuchar. Supongamos, por ejemplo, que nos han atacado y
está detrás», alguien que está observando el errorpero que no es nos sentimos violentos. Lo primero que hace una persona que ex-
observado. Pero el mismo «error» que debemos observar se perimenta agresividad es actuar (ya sea física, verbal, gestual-
halla en quien está observando porque ése es el lugar más se- mente, etcétera) sin saber que lo está haciendo, sin darse cuenta
guro en el que ocultarse. Ocúltese en el observador y jamás siquiera de que está siendo agresivo, pensando, tal vez, «tengo ra-
podrá ser encontrado. zón» o «me han agredido y debo responder». Quizás en algún
momento posterior pueda darse cuenta de lo que está ocurriendo
y pensar «soy agresivo y no debiera serlo». Entonces
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Sobre el diálogo La suspensión, el cuerpo y la propiocepción

reprime la acción y dirige su agresividad contra si mismo... aun- La suspensión nos permite constatar, en primer lugar, que el
que esto, obviamente, no supone ningún cambio sustancial por- pensamiento es el que está generando nuestras reacciones físi-
que el observador de la agresividad sigue siendo agresivo. cas y que, sin él, no son tan importantes. Si bien el nivel de ex-
Pero existe otra posibilidad alternativa, una posibilidad que citación corporal es importante, más importantes son todavía los
no consiste en dar rienda suelta a la agresividad ni en reprimir- pensamientos. También podemos tomar conciencia de la forma
la y tornarla contra uno mismo, sino en suspender toda activi- concreta en que los pensamientos influyen sobre las sensaciones
dad, permitiéndole que se manifieste y se desarrolle de modo y en que éstas, a su vez, afectan a los pensamientos sin la me-
que podamos percatarnos de su estructura real, de los movi- diación de ningún tipo de «yo».
mientos -es decir, de las sensaciones físicas- que tienen lugar Creemos en la existencia de una especie de «entidad central»
en su interior (los cambios en el latido cardíaco, la presión ar- que relaciona los pensamientos, las sensaciones y las acciones y .
terial, la respiración, las tensiones corporales, etcétera) y del es la responsable de ejecutar las acciones y vivenciar las expe-
tipo de pensamientos que suelen acompañarlos. Entonces po- riencias. No es difícil constatar, sin embargo, que los pensa-
dremos observar todas estas cosas, ser consciente de ellas y de mientos y los sentimientos son autónomos y no están siendo
la forma en que se relacionan. Solemos creer que las sensacio- ejecutados, producidos ni experimentados por ningún tipo de
nes y las reacciones corporales son algo separado de los pensa- <<yo>>.
mientos, pero cuando nos tornamos conscientes de la relación Ciertamente, existe una sistema de autorreferencia integrado
que las une, descubrimos su estrecha interdependencia. al que se denomina propiocepción o «percepción de uno mis-
La especie humana no ha prestado mucha atención a esta po- mo». Físicamente, por ejemplo, tenemos la posibilidad de ser
sibilidad. En mi opinión, se trata de un recurso natural que no inmediatamente cónscientes de que hemos movido una deter-
hemos aprovechado lo suficiente porque nuestro desarrollo se minada parte de nuestro cuerpo. El sistema nervioso está dise-
ha orientado hacia un tipo de respuesta inmediata impulsiva ñado para permitirnos cobrar conciencia del hecho de que una
que fomenta la violencia. Uno podría pensar, por ejemplo, que fuerza externa ha movido súbitamente nuestro brazo. Una mujer
no merece la pena reaccionar violentamente o que «la sociedad que tenía dañado su sistema nervioso sensitivo -pero no su sis-
dice que no debemos ser violentos, de modo que trataré de no tema nervioso motor- despertó súbitamente creyendo que al-
serlo». Pero mientras sigamos albergando el tipo de pensa- guien la atacaba, pero cuando encendió la luz, se dio cuenta de
mientos que nos violentan no llegaremos, de ese modo, a nin- que estaba golpeándose a sí misma. Como no tenía la posibili-
guna parte porque la violencia se halla inscrita, por así decirlo, dad de saber que era ella misma la que se estaba golpeando, ha-
en el «programa» de nuestra memoria y seguirá presente allí. Y bía creído erróneamente que alguien estaba agrediéndola,
cuanta más violencia manifestemos, más violencia programará y,cuanto más trataba de defenderse de su supuesto «agresor»,
y más automática será la respuesta. Creo que éste es uno de los con más fuerza se golpeaba a sí misma. Así pues, la propiocep-
factores determinantes fundamentales de la respuesta violenta, ción nos permite establecer una distinción funcional entre las
aunque también existe un componente hereditario que nos lleva acciones que se originan en el cuerpo y aquellas otras cuyo
a utilizar la fuerza donde deberíamos suspender toda activi- origen se encuentra en el exterior. Hasta los animales la poseen
dad. De hecho, hasta en la misma selva la estrategia de super- y si fuera totalmente errónea jamás hubiera aparecido.
vivencia más adecuada no es la violencia sino la suspensión. Pero jcómo una distinción útil y natural termina convirtién-
Sobre el diálogo La suspensión, el cuerpo y la propiocepción

dose en un cúmulo de contradicciones? ¿Cómo algo que era na fórmula para hacer esto, sino tan sólo señalando un posible
adecuado, valioso y útil termina transformándose en un error? punto de partida desde el que iniciar nuestra investigación.
En el caso del cuerpo, la observación tiene lugar aun cuando no Tampoco sabemos a ciencia cierta adónde nos conducirá este
exista ninguna sensación de observador separado, pero el pen- proceso y tal vez concluyamos descubriendo que no podemos
samiento carece de propiocepción y nos vemos obligados a detener nada. Lo que sí podemos hacer, sin embargo, es darnos
aprenderla. cuenta de que estamos haciendo algo, algo que, por otra parte,
¿Es posible que el pensamiento pueda observarse a sí mis- podemos dejar de hacer. Y, en ese mismo instante, descubrire-
mo? ¿Es posible que la atención nos permita cobrar conciencia mos la posibilidad de observar.
de algún tipo de sensación ligada a la actividad de nuestro pen- Si, por otra parte, dejamos de lado un arrebato de cólera por-
samiento? Porque cuando ignoramos la actividad de nuestro que otra cosa ha llamado nuestra atención, por ejemplo, no ha-
pensamiento aparecen todo tipo de confusiones. bremos acabado con él sino que todavía seguirá presente, dis-
Demos un paso más y observemos ahora detenidamente la puesto a aflorar a la superficie. Tratemos, en tal caso, de evocarlo
suspensión y la propiocepción. Es posible, en este sentido, po- deliberadamente para descubrir los pensamientos que aparecen y
ner en suspenso el enfado, la violencia y el miedo. Cuando sus- mejor expresen el motivo de nuestro enojo. Observemos, pues,
pendemos el enfado, nos damos cuenta de que se alimenta de con mucha atención los pensamientos emocionalmente carga-
ciertos pensamientos y de determinadas creencias que, si toma- dos cuando nos sentimos «heridos», algo, por cierto, tanto más
mos al pie de la letra, terminarán conduciéndonos a él. Es cier- difícil de hacer cuanto mayor es la carga emocional.
to que también podría decir «no tengo queenojarme; en reali- Entonces podemos ver que el daño se asienta en un pensa-
dad, no estoy enojado», con lo cual dejaría de ser consciente de miento previo del tipo «no me siento herido y estoy perfecta-
mi enojo sin, por ello, dejar de estar enfadado. Habría reprimi- mente bien». Todo se asienta en pensamientos del tipo «si mis
do la conciencia de la agresividad sin dejar de sentirme violen- amigos opinaran esto o aquello, o si las cosas fueran así o asá,
to. Necesitamos, en suma, un tipo de conciencia que no se deje me sentiría bien». Por ello la afirmación de que «eres un idiota
arrastrar por el enfado pero que tampoco lo reprima y trate de que no sirve para nada» genera en nosotros una sensación ne-
eliminarlo, una conciencia que lo suspenda en una suerte de gativa opuesta. Tal vez al comienzo no sepamos bien lo que ha
equilibrio inestable -como el filo de una navaja- y nos permita pasado, pero debemos seguir observando y preguntamos «¿qué
observar la totalidad del proceso. es lo que ha ocurrido?». Entonces nos daremos cuenta de que,
¿Es posible, pues, suspender una acción sin reprimirla? En el con mucha frecuencia, nos decimos que hemos sido dañados y
caso de que creamos que tal cosa es imposible deberíamos co- esa explicación se manifiesta como dolor. Y, puesto que se tra-
menzar observando el proceso de la represión sin reprimirla, es ta de algo muy importante, el dolor también es muy intenso.
decir, sin decirnos a nosotros mismos que no estamos repri- Todo esto ocurre en un abrir y cerrar de ojos, la maquinaria está
miendo nada. Tal vez descubramos entonces la presencia de dispuesta y simplemente se dispara en el momento en que es re-
un observador que está suspendiendo la acción, en cuyo caso querida. Y, si no podemos observarlo en el mismo instante en
deberíamos observar la suspensión y darnos cuenta de que hay que ocurre, bien podemos evocarlo posteriormente, examinar
un observador que está haciendo el esfuerzo de suspender la ac- las palabras que nos han hecho sentirnos heridos y cobrar con-
ción. No estoy proponiendo una receta porque no existe ningu- ciencia de lo que ha ocurrido.
Sobre el diálogo La suspensión, el cuerpo y la propiocepción

Descubriremos entonces que las palabras que nos han daña- ideas preconcebidas y nos dedicaremos a investigar. Tal vez
do siguen dañándonos. Cuando uno observa cómo ocurre tal entonces descubramos lo que funciona mal y podamos cam-
cosa, se da cuenta de la presencia de pensamientos secundarios biarlo. Pero si, en su lugar, seguimos aferrándonos a lo que ya
del tipo «confié en él y me traicionó» o «yo se lo he dado todo y sabemos, insistiremos en andar por el camino equivocado. No
mira lo que me ha hechor. El asunto consiste en dar con las pa- existe, de hecho, ninguna razón para defender el conocimiento,
labras que mejor expresen lo que está ocurriendo y ver cuál es aunque solamos quedarnos atrapados en ese intento.
el efecto que provocan en nosotros, no tanto para interpretar su La coherencia, por su parte, se experimenta como orden,
contenido como para darnos cuenta de su efecto. Existe una belleza y armonía. Pero cuando alguien sólo ve el orden, la be-
diferencia entre pensar acerca del daño y pensar el daño. Lo lleza y la armonía, puede fácilmente engañarse a sí mismo y
primero equivale a poner el daño «fuera de aquí» -como si se creer que todo funciona a la perfección, que todo es ordenado,
tratara de una mesa- y creer, en consecuencia, que podemos bello y armonioso. Para descubrir el camino que conduce a la
abstraernos de él. Pero el daño no es como una mesa sino que coherencia necesitamos el contraste «negativo» de la incohe-
soy yo. La otra posibilidad -pensar el daño- implica adentrar- rencia. Sólo podemos reconocer la incoherencia cuando la he-
nos en el pensamiento y permitirle ser tal como es, sin dejarnos mos experimentado, sólo entonces estaremos en condiciones
arrastrar por él y sin tratar de reprimirlo sino observando los de determinar cuál es su origen. La incoherencia es tan peli-
efectos que provoca en nuestra conciencia y en nuestro cuerpo. grosa que la coherencia adquiere un valor extraordinario. Ade-
Se trata, en suma, de suspender cualquier tipo de actividad, de- más, estamos hechos de tal modo que siempre valoramos la
jar que se manifieste y tomar conciencia de lo que ocurre. coherencia, forma parte de la vida. Si nuestra vida es totalmen-
Quisiera ahora, para mostrar una imagen más clara del sig- te incoherente, carecerá de todo sentido. Pero el hecho es que,
nificado de la propiocepción, referirme a la coherencia, la in- con el paso de los años, el pensamiento ha producido valores in-
coherencia y el proceso del pensamiento tácito. La incoherencia coherentes que han terminado confundiéndonos. Si, por ejem-
se produce por la falta de coincidencia entre nuestras intencio- plo, anhelamos la coherencia podemos concluir erróneamente
nes y los resultados de nuestras acciones, es decir, cuando nues- que debemos tratar de imponerla, en lugar de descubrir la in-
tra acción no coincide con lo que esperábamos de ella. En tal coherencia y de abandonarla, pero de ese modo sólo generare-
caso experimentamos contradicción y confusión y solemos ter- mos más violencia, una forma, en suma, de incoherencia.
minar engañándonos a nosotros mismos. Cierto grado de inco- En mi opinión, la tendencia a la coherencia es innata, pero
herencia es inevitable porque el conocimiento no es perfecto y, nuestro pensamiento es confuso y nuestra memoria contiene
al ser una abstracción de la totalidad, es limitado. Además, respuestas muy incoherentes. Ignoramos cómo dar con ella y
sólo sabemos aquello que hemos podido aprender hasta un de- cuál es su significado y, con el paso del tiempo, las cosas han
terminado momento. Así pues, dado que el conocimiento es li- ido confundiéndose. La coherencia afecta a todo el proceso de
mitado, siempre existe la posibilidad de ser incoherente, y esta la mente y, por tanto, afecta también al proceso tácito del pen-
incoherencia se manifiesta cada vez que tratamos de aplicar samiento. En consecuencia, todo cambio de importancia deberá
nuestro conocimiento o cada vez que actuamos en función de lo modificar no sólo el pensamiento abstracto sino también el pro-
que sabemos. En tal caso, si nuestra actitud es la adecuada, re- ceso concreto del pensamiento tácito.
conoceremos la incoherencia, nos desprenderemos de nuestras Este proceso tácito y concreto es el conocimiento real, y
Sobre el diálogo La suspensión, el cuerpo y la propiocepción

puede ser coherente o no. En el caso, por ejemplo, de que no se- consciente de su propio movimiento. El proceso del pensa-
pamos montar en bicicleta, nuestro conocimiento será inade- miento puede ser consciente de su movimiento, de la intención
cuado porque no nos permitirá alcanzar el resultado apetecido. de pensar y del resultado que produce. Si prestamos la sufi-
Y esa incoherencia se tornará evidente en el mismo momento en ciente atención podremos darnos cuenta de que el pensamiento
que tratemos de montar en bicicleta. Desde un punto de vista fí- tiene un efecto externo y un efecto interno. En este sentido,
sico, la acción procede del conocimiento tácito y cualquier pues, también existe la posibilidad de ser inmediatamente cons-
cambio en nuestra actividad física exigirá también cambiar cientes de la forma en que los pensamientos afectan a nuestra
nuestra respuesta tácita. percepción.
cambiar, por tanto, nuestro pensamiento abstracto constitu- Si, por ejemplo, movemos el cuerpo, somos inmediatamente
ye un paso, pero un paso insuficiente a menos que cambiemos conscientes (de un modo casi inconsciente) de que lo hemos
también la forma en que responde nuestro cuerpo. Alguien po- movido. Sabemos perfectamente que hemos sido nosotros, y no
dría decirle que «no lo está haciendo bien, que está moviéndose otra persona, quien lo ha movido, somos conscientes del im-
en la dirección equivocada y que, aunque su instinto le lleve a pulso a actuar y del acto mismo.
girar hacia el otro lado, debería girar hacia la misma dirección La ejecución de un determinado movimiento físico precisa
en la que cae». Y todo eso puede servir de cierta ayuda, pero del feedback inmediato -sin la necesaria intermediación del
debe terminar convirtiéndose en algo tácito. Cuando poseamos pensamiento- del resultado de su acción. Si ese feedback no es
el conocimiento tácito que sólo se adquiere mediante la prácti- inmediato carecerá de todo valor para la supervivencia. La pro-
ca real estaremos en condiciones de corregir los errores de piocepción, pues, se halla inscrita en los movimientos físicos
nuestro conocimiento previo. El conocimiento tácito se mueve del cuerpo y, aunque pueda ser desarrollada -como ejemplifica
explorando nuevas posibilidades, de modo que, cuando consi- claramente el caso de los atletas y las bailarinas- no es perfecta
gue el resultado deseado, sigue moviéndose en la misma direc- porque somos inconscientes de la mayor parte de nuestros mo-
ción. Es así como aprendemos a montar en bicicleta. Los mapas vimientos.
abstractos son adecuados para orientarnos pero el conocimien- ¿Qué es lo que ocurre, entonces, con el pensamiento? Prime-
to tácito resulta imprescindible. ro tenemos el impulso de pensar, luego tiene lugar un pensa-
¿Cómo podríamos aplicar lo que acabamos de ver sobre miento y finalmente ocurren todo tipo de cosas (experimentamos
aprender a ir en bicicleta al proceso del pensamiento? En mi «sensaciones», nuestro cuerpo se tensa, etcétera). Y, si no perci-
opinión, el pensamiento -e1 proceso tácito del pensar- es mucho bimos la relación existente entre todos esos distintos elementos,
más sutil que el hecho de montar en bicicleta. Y en su origen se nuestro caso se asemejará al de aquella mujer que creía que era
trata de un movimiento naturalmente consciente, sin la necesi- otra persona quien la golpeaba. Ella hacía algo pero, como no se
dad de un «yo» que sea consciente de él. daba cuenta de ello, atribuía la acción a otra persona, un error
Existe, pues, una «propiocepción del pensamiento» -un tér- que complica extraordinariamente las cosas. Supongamos, por
mino técnico al que también podríamos denominar aautoper- ejemplo, que vemos a alguien que no nos gusta y comenzamos
cepción del pensamiento», «autoconciencia del pensamiento» o a pensar -de manera casi automática y sin intermediación ver-
«pensamiento consciente de sí mismo en acción»- que se re- bal alguna- «qué persona tan insufrible; no la puedo tragar»,
fiere al hecho de que el pensamiento es capaz de percibir y ser luego experimentamos un dolor de estómago y terminamos
Sobre el diálogo La suspensión, el cuerpo y la propiocepción

concluyendo equivocadamente que «algo funciona mal en mi Pero si percibimos una sensación que no procede de un pensa-
estómago», activando entonces nuestro ritmo cardíaco y modi- 1 miento, la tomaremos tácitamente como una percepción directa
ficando de diversos modos nuestro funcionamiento fisiológico. de la realidad.
La crencia de que una persona no nos ha tenido en cuenta o que Creo que todos nosotros disponemos de la posibilidad natu-
nos ha dañado puede despertar todo tipo de emociones. Pero las ral de tener una propiocepción espontánea de nuestro pensa-
sensaciones viscerales pueden estar equivocadas e implicar un miento, porque, al igual que ocurre con el cuerpo, podemos
fracaso en la propiocepción del pensamiento. llegar a percibir la actividad de la mente. Es posible, por tanto,
Existe un aparato capaz de medir y evidenciar las transfor- ser conscientes del proceso tácito, ya que ésa puede ser incluso
maciones que experimenta la resistencia de la piel en función de la misma naturaleza de la mente. Pero se trata de algo muy
nuestro estado emocional. Pocos segundos después de que al- sutil, de algo que ha sido inhibido, de lo contrario diríamos
guien nos diga algo que provoque una reacción -el tiempo que «bien, existe un pensamiento que da lugar a una imagen que me
precisa el impulso nervioso para llegar al cerebro, vía sistema i asusta o me incomoda. Pero, puesto que no se trata más que de
nervioso central-, el aparato responderá. Puede que ni siquiera una imagen, no es tan importante». En lugar de eso, sin embar-
nos demos cuenta de que hemos experimentado una reacción go, decimos «no debo pensar en eso» o ni siquiera nos los plan-
emocional, pero no por ello dejará, de un modo u otro, de afec- teamos y comenzamos a actuar. Es como si no pudiéramos cen-
tarnos. Y, en el caso de que la respuesta sea lo suficientemente trar la mente y nuestra atención saltara de tema en tema o
intensa, diremos que hemos experimentado «una sensación vis- simplemente nos olvidáramos de ello. Continuamente estamos
cerah. olvidándonos de este tipo de cosas y sumiéndonos en la in-
Pocos segundos antes de experimentar la reacción alguien consciencia o el letargo. El cerebro, en su intento de proteger-
nos dijo algo, pero no solemos darnos cuenta de la relación nos de aquello que considera malo, está continuamente impi-
existente entre ambas situaciones, no relacionamos una cosa diéndonos caer en ese tipo de pensamiento doloroso.
con otra y concluimos que tenemos «una sensación visceral El punto esencial es que el proceso corporal es un movi-
que justifica nuestro enfado». En tal caso, estaremos utilizando miento que se origina en un impulso y concluye con un resul-
la sensación para justificar nuestro enojo y diremos «estoy sin- tado, un movimiento, por otra parte, que podemos experimentar
tiendo una sensación visceral independiente que demuestra que en el mismo momento en que tiene lugar. Pero el pensamiento
mi enfado es adecuado», un pensamiento que suscita nuevas -que es un proceso- también es un movimiento, aunque sola-
sensaciones. Sin propiocepción, pues, estamos equivocados. mos considerarlo como si de la verdad se tratase, como algo que
Tal vez luego podamos tratar de interpretar lo ocurrido y está ahí y nos dice cómo son las cosas. Y esta confusión termi-
decir «me doy cuenta de que todo eso era un producto de mi na impidiendo que tomemos conciencia del movimiento de
pensamiento». Pero es muy posible que, en tal caso, las cosas se nuestro pensamiento. Es como las luces de Las Vegas, que nos
hayan confundido ya y no podamos verlas directamente. Si, impiden ver el firmamento. Uno podría creer equivocadamente
por el contrario, tuviéramos una adecuada propiocepción de que esas luces son la cosa más importante del mundo, porque
nuestro pensamiento, concluiríamos que «he tenido el impulso son muy intensas y llenan nuestra conciencia, pero el hecho es
de pensar, he pensado algo y ese pensamiento ha provocado tal - que algo más sutil puede ser muchísimo más importante.
sensación. Esto es lo que ha ocurrido y éste es su significado». Existe otro planteamiento que puede proporcionarnos algo
Sobre el diálogo La suspensión, el cuerpo y la propiocepción
más de comprensión a este respecto: contemplar el pensamien- radio o de televisión o la escritura. Los sonidos que emitimos
. to como un sistema de reflejos, el tipo de respuesta automática cuando hablamos también transmiten pensamientos. Dentro de
que sigue a determinados estímulos. Tenemos muchos reflejos y nuestro cuerpo el pensamiento es transmitido por el sistema
algunos de ellos pueden ser condicionados. Los perros, por nervioso utilizando un código cuya naturaleza todavía no co-
ejemplo, tienen un reflejo que les hace salivar cada vez que nocemos muy bien. Lo que estoy diciendo, en suma, es que el
ven algún tipo de comida. Pavlov llevó a cabo un experimento pensamiento es un proceso material que dispone de reflejos
en el que, cada vez que mostraba alimento a un perro, tocaba que funcionan de manera automática. Si sabemos o percibimos
una campana y, al cabo de un tiempo, el perro terminaba sali- que algo es cierto, tal cosa nos afectará realmente. El conoci-
vando al escuchar la campana, sin que el alimento se hallara ne- miento o la percepción de la verdad puede afectar profunda-
cesariamente presente. Tal es la modalidad básica del condi- mente a los procesos materiales, lo cual engloba a los reflejos,
cionamiento, repetir algo muy frecuentemente. Existen muchos pero ese nivel no se ve afectado por el mero conocimiento in-
tipos de reflejos condicionados y buena parte de nuestro apren- telectual o inferencial.
dizaje consiste en su adecuado establecimiento. Cuando apren- La materia puede ser extraordinariamente sutil. La ciencia
demos a conducir un automóvil, por ejemplo, tratamos de con- no lo conoce todo sobre ella y probablemente jamás llegue a co-
dicionar nuestros reflejos para que sean los apropiados cuando nocerlo. La materia no es sólo mecánica y puede verse afectada
llegue el momento en que realmente los necesitemos. por la percepción en formas que la ciencia todavía ignora. La
Los pensamientos sencillos pueden también adoptar la forma idea, pues, en mi opinión, es que la percepción y la compren-
de reflejos. Si alguien, por ejemplo, nos pregunta el nombre, sión no sólo afectan al conocimiento inferencia1 sino que influ-
respondemos de inmediato de manera automática y refleja. yen sobre la totalidad del proceso, en los niveles químico, táci-
Ante una pregunta más compleja, nuestra mente busca «de ma- to, etcétera.
nera refleja» en la memoria posibles respuestas, encuentra una ¿Comprendemos realmente que el pensamiento es un proce-
que le parece adecuada, la expresa y termina verificando su so material y que participa de la percepción? Porque, si com-
adecuación o inadecuación, una secuencia que se asienta, en mi prendemos tal cosa -algo contra lo que se rebela nuestro cono-
opinión, en un conjunto de reflejos. De este modo, el pensa- cimiento tácito y nuestro sistema de reflejos-, podremos llegar
miento es un conjunto muy sutil de reflejos potencialmente ili- a superar algunas barreras. El pensamiento tácito dice que «el
mitado que puede ir incrementando su base de datos y transfor- pensamiento no es un proceso material», nuestro primer reflejo
mándose. Hasta los mismos procesos lógicos, toda vez que afirma que el pensamiento trasciende lo material y está separa-
implican a la memoria, constituyen un conjunto de reflejos. A do de ello, que tiene un significado o encierra una verdad espi-
eso es a lo que yo denomino «pensamiento», algo que incluye ritual. Pero esta noción ha sido condicionada en nosotros como
las emociones, el estado corporal, las reacciones físicas, etcé- un reflejo.
tera. Ahora, sin embargo, estamos diciendo que el pensamiento es
El pensamiento, pues, forma parte de un proceso material un proceso material que tiene además una naturaleza participa-
- d e un sistema- que tiene lugar en el cerebro, el sistema ner- tiva, lo cual significa que no podemos creer seriamente que el
vioso y la totalidad de nuestro cuerpo, El pensamiento puede ser pensamiento nos muestre cómo son realmente las cosas. Cuan-
transmitido mediante procesos materiales, como las ondas de do comprendamos que el pensamiento no es propioceptivo pero
Sobre el diálogo

que puede llegar a serlo estaremos en condiciones de comenzar


a modificar las sinapsis cerebrales que sustentan este tipo de re- 1
flejos.

7. EL PENSAMIENTO
PARTICIPATIVO Y LO ILIMITADO

En las culturas primitivas y también, en cierta medida, en la


actualidad, ha existido lo que ha venido a denominarse «pensa-
miento participativo». La gente de esas culturas se sentía partí-
cipe de lo que veía y creía que todo en el mundo participaba y
se hallaba animado por el mismo espíritu. Según parece, por
ejemplo, los esquimales sustentaban la creencia de que, si bien
había muchas, muchísimas focas, cada una de ellas era la ma-
nifestación de la única foca, del espíritu de la foca, de una foca
que se manifestaba como muchas y, en consecuencia, podían
apelar al espíritu de la foca para garantizar su subsistencia. Se-
gún creo, algunos indios de Norteamérica también consideraban
al búfalo del mismo modo, sentían que participaban de la natu-
raleza y, de alguna manera, eran agudamente conscientes de la
participación de su pensamiento.
Hoy en día decimos «eso es una estupidez. No cabe la menor
duda de que existen muchas focas diferentes». Nosotros he-
mos desarrollado un tipo de pensamiento más objetivo que
«piensa en algo de lo que no participamos, un tipo de pensa-
miento que nos permite saber exactamente lo que estamos pen-
sando». Pero el hecho es que sólo se trata de un tipo diferente
de pensamiento, los esquimales lo ven de un modo y nosotros lo
vemos de otro diferente.
Sobre el diálogo El pensamiento participativo y lo ilimitado
Veamos ahora otro ejemplo para ilustrar la naturaleza del cierto es que afrontaron las cosas que más hondamente les pre-
pensamiento participativo. Yo estoy viéndole y escuchándole y, ocupaban mediante el pensamiento participativo. Las tribus te-
aunque se trate de experiencias muy distintas, experimento que nían un totem -un animal con el que se identificaban- y creían
la persona que veo es la misma persona que escucho, que ambos que la tribu y el totem son lo mismo, que ambos participaban
son una y la misma persona. Se trata de una forma de pensar del mismo tipo de energía, del mismo espíritu. También consi-
que engloba lo que veo y lo que escucho. Pero también podría deraban que toda la existencia participa de una materia o espí-
decir «el aliento que me anima es el espíritu, el Gran Espíritu, el ritu universal. Así como yo digo que la persona que escucho es
espíritu universal, o que el corazón, los pulmones y el estómago la persona que veo, ellos afirmaban que el totem es la tribu, de
participan de la misma totalidad», una forma de pensar muy si- modo que usted establecía contacto con la tribu a través del
milar, por cierto, a la de las culturas participativas. tótem o contactaba con el totem a través de una persona o a tra-
La modalidad del pensamiento participativo -prevalente vés del grupo como totalidad.
durante cerca de un millón de años- constituye un tipo de per- Resulta muy interesante tratar de ubicarnos en esa perspec-
cepción y pensamiento muy diferente del actual. En los últimos tiva y pensar desde ella porque, en mi opinión, nunca nos he-
cinco mil años, sin embargo, hemos reemplazado esa modali- mos alejado de esa modalidad de pensamiento y todavía se-
dad de pensamiento por otro, llamado «pensamiento literal», guimos bajo su influjo. Cuando siento que si mi país es atacado
que afirma que «eso es un disparate que no merece la menor yo también soy atacado, porque «yo soy mi país y si atraviesas
atención», esa frontera me estás agrediendo», estoy pensando de manera
El pensamiento literal -al que tendemos a considerar como participativa. Aunque el pensamiento literal afirma lo contrario,
el único adecuado- se nos presenta como si fuera un reflejo de estamos continuamente sumidos en la modalidad de pensa-
la realidad tal y como es. El pensamiento técnico, por ejemplo, miento participativo, lo cual resulta manifiestamente incohe-
que aspira a ser literal, huye -con mayor o menor acierto- de la rente. Explícitamente concedemos un valor supremo al pensa-
ambigüedad y trata de mostrarnos las cosas del modo más exac- miento literal, pero tácitamente funcionamos con criterios
to posible. Owen Barfield ha comparado esta situación con la participativos. El pensamiento literal ha asumido la dirección
adoración de un ídolo. Tal vez, al comienzo, el ídolo represente del conocimiento consciente y ha hecho posible la tecnología, lo
a alguna fuerza superior o algún tipo de energía espiritual, pero cual, en muchos casos, ha implicado un considerable adelanto,
termina confundiéndose literalmente con lo que representa, en pero, al mismo tiempo, ha eclipsado el pensamiento participa-
cuyo momento asume un valor supremo. Bien podríamos decir tivo relegándolo a la sombra, desde donde sigue funcionando de
que, en la medida en que afirmamos que nuestras palabras y manera soterrada.
nuestros pensamientos describen la realidad tal y como es, es- La palabra «participación» tiene dos acepciones, la primera
tamos idolatrándolos. De hecho, nuestras palabras y nuestros es la de «compartir», como ocurre cuando compartimos el pan,
pensamientos no pueden hacer tal cosa, de modo que, cuando cuando compartimos un alimento o cuando comemos juntos de
pretendemos que abarcan «todas» las facetas de la realidad, es- la misma bandeja. «Participar», para los primitivos, significaba
tamos supravalorándolos. compartir, de manera simbólica -o incluso de manera real-, la
Es muy probable que las culturas participativas recurrieran misma fuente. Ellos experimentaban, en este sentido, que par-
también al pensamiento literal para propósitos prácticos, pero lo ticipaban de la misma energía que el totem, lo cual les propor-
Sobre el diálogo El pensamiento participativo y lo ilimitado

cionaba una sensación de unidad. Esta acepción perduró en la Pero el pensamiento participativo, sin embargo, no está
cultura occidental hasta la edad media. La segunda acepci6n exento de peligros. En algunas tribus, por ejemplo, la palabra
-prevalente en la actualidad- es la de «colaborar» o contribuir, utilizada para referirse al «ser humano» era la misma que servía
ser aceptado y considerado como una parte del conjunto. No po- para designar a los miembros de esa tribu, lo cual implicaba que
demos formar parte de algo a menos que se acepte nuestra par- los miembros de las otras tribus no eran humanos. Y, dado que
ticipación. Ninguna de estas dos acepciones separa al sujeto el poder de las palabras es extraordinario, esta situación podría
del objeto y ambas nos brindan la imagen de que las fronteras llevarles a excluir a otras tribus de su «participación» e indu-
no son separaciones reales sino que tan sólo sirven a efectos cirles, en consecuencia, a adentrarse en una visión fragmenta-
descriptivos. dora.
En la edad media, Tomás de Aquino recurrió de continuo a Veamos el ejemplo que nos proporcionan las cervecerías de
la idea de participación. Él también dijo que el sujeto de la fra- la Alemania nazi, en las que la gente cantaba sumida en la par-
se participa del objeto y que la luz que vemos en la Tierra par- ticipación y la camaradería «Todos somos amigos, conquista-
ticipa del Sol, que comparte, al igual que nosotros, la cualidad remos el mundo y todo será maravilloso» aunque, cuando lle-
pura del Sol. Ésta es una forma de pensar muy común a la ma- garon los hechos, claro está, las cosas no fueron tan
yor parte del desarrollo humano y no debería resultarnos tan ex- maravillosas. No es difícil advertir que el pensamiento partici-
traña. Desde esa perspectiva, todos nosotros participamos del pativo no es una fórmula que nos permita alcanzar la felicidad
planeta y esquilmar10 carece de todo sentido. Todos nosotros perfecta.
compartimos, en la profundidad del inconsciente, este tipo de Hace medio millón de años la gente no necesitaba del pen-
pensamiento, la modalidad de pensamiento prevalente en la es- samiento literal. Vivían en pequeños grupos de cazadores y re-
pecie humana durante cerca de un millón de años, un período de colectores, todos se conocían y el pensamiento literal sólo se
tiempo muy superior al correspondiente al predominio del pen- utilizaba para propósitos puramente técnicos. Luego tuvo lugar
samiento literal. la revolución agrícola y aparecieron las sociedades más gran-
El pensamiento participativo considera que todo forma par- des, sociedades que precisaban una mayor organización, orden
te de todo, que nuestro ser no tiene una identidad separada sino y tecnología y se vieron obligadas, en consecuencia, a recurrir
que participa de la Tierrá, lo cual equivale a decir que ella es al pensamiento literal. Se trataba del intento de organizar la
quien nos nutre. Consideremos, por ejemplo, el caso del ali- sociedad diciendo «usted pertenece aquí y tiene que hacer esto
mento. Podríamos decir, en sentido literal, que participamos y aquello». Entonces fue cuando se empezó a tratar todo -in-
de los alimentos que tomamos, que esos alimentos, que nos cluyendo a los demás- como un objeto separado y las personas
parecen un objeto separado, terminan transformándose en no- se convirtieron en medios al servicio de un fin. Y cuanto más
sotros. Pero ¿dónde se transforman? jcómo lo hacen? ¿en qué avanzó la civilización, mayor fue el uso del pensamiento como
momento? ¿dónde trazaríamos la línea divisoria? Sería erró- un medio al servicio de un fin.
neo, pues, considerar al alimento como algo literalmente sepa- Este tipo de pensamiento pasó entonces a afectar a las rela-
rado. El pensamiento literal tiende a fragmentar, mientras que el ' ciones entre los distintos países. Cada país trató a los demás
pensamiento participativo, por su parte, tiende a mantener las como un objeto, como algo que debía ser controlado, algo con-
cosas unidas. - tra lo que debía lucharse y que debía ser sornetido.
. -.-
De este
I J

132
Sobre el diálogo El pensamiento participativo y lo ilimitado

modo, la difusión de las formas prácticas del pensamiento téc- podemos, por ejemplo, medir un átomo con exactitud porque el
nico fue fragmentando gradualmente la modalidad participativa, átomo tiene una naturaleza participativa. Pero sí que podemos,
que terminó completamente sepultada. Tal vez seguía siendo en cambio, tomar un conjunto de átomos y obtener un promedio
aplicable en el seno de la familia o en determinados rituales -1i- l estadístico objetivo que no varíe en función de qué o quién
gados a la ciudad, el país, la religión o Dios-, pero lo cierto es haga la medición. El átomo promedio está ahí, pero el átomo in-
que cada vez había más cosas «mundanas». dividual no. Y también podemos apreciar, en el seno de la so-
Para hacer algo a nivel colectivo es absolutamente necesaria ciedad, este tipo de conductas predecibles promedio, aunque no
la participación, aunque esto no suele funcionar correctamente son muy importantes si las comparamos con las que realmente
porque tratamos de hacerlo con el pensamiento literal. Debe- dan lugar al individuo y a la sociedad. Tanto individual como
mos, por tanto, comprender con claridad la distinción existente colectivamente tenemos una conciencia que crea esta sociedad
entre el pensamiento participativo y el pensamiento literal. Sin y la mantiene a través del pensamiento, el intelecto, el senti-
embargo, no resulta del todo claro cómo efectuar esta distinción diento, etcétera.
porque, en cierto modo, necesitamos del pensamiento literal y De manera similar, en un diálogo de grupo usted también po-
del pensamiento participativo tanto interna como externamente. dría decir que todo el mundo es diferente, «yo estoy aquí, usted
Tenemos, pues, que aprender a trazar con más claridad la difu- está ahí; yo sé esto, usted sabe aquello», etcétera. Pero también
sa línea que los separa y comprender mejor la forma en que he- podríamos decir que estamos participando, lo que significa que
mos terminado generando este problema. todo el mundo participa y contribuye, de una u otra forma, a lo
Consideremos, por ejemplo, la organización de cualquier que ocurre. Y, aun en el caso de que usted no contribuya de ma-
tipo de burocracia o jerarquía contemporánea. En una organi- nera evidente, no por ello dejará de participar. Todos los pen-
zación, las personas son tratadas como objetos, tienen que hacer samientos, sentimientos, puntos de vista y opiniones entran y
esto y aquello y relacionarse de esa otra manera. El pensa- crecen en nosotros, aunque creamos que nos estamos oponiendo
miento literal conoce a la persona por su función -la persona es a ellos. Un pensamiento especialmente equivocado es el de
lo que usted la califique-, trabajador, banquero, esto o aquello, uése es tu punto de vista y éste es el mío» porque todos los pun-
una forma de establecer la jerarquía social que aísla a las per- tos de vista son pensamientos. Se trate del pensamiento de que
sonas y restringe considerablemente nuestra participación. se trate, todo es pensamiento, algo parecido al dicho de los es-
Es así como nos encontramos de nuevo ante el problema de quimales «no hay más que una foca», sólo que esto parece in-
poblar literalmente el mundo de objetos. Desde esta perspectiva, cluso más evidente. Aquí tenemos un ejemplo claro del funcio-
tratamos a los demás como objetos y acabamos tratándonos a namiento real del pensamiento participativo. El pensamiento es
nosotros mismos como tales y diciéndonos, por ejemplo, «debo uno y se manifiesta en todo tipo de lugar y con todo tipo de
adaptarme a esto, debo hacer aquello otro, ser de aquel modo, contenidos concretos. Así pues, el espíritu del diálogo es im-
tratar de ser mejor», o algo por el estilo. Pero «la sociedad» no portante para afrontar la cuestión del pensamiento literal y del
es una realidad objetiva, la sociedad es una realidad creada pensamiento participativo, aunque comprendamos que estamos
por todos nosotros. La realidad tiene ciertos rasgos «objeti- 1% yendo en una dirección que nuestra cultura no suele compartir.
vos» -estadísticos- que sólo podemos señalar después de haber En la medida en que nos atemos exclusivamente al pensa-
creado. Y lo mismo ocurre en el campo de la física, ya que no miento literal no quedará lugar para la participación, porque, en
Sobre el diálogo El pensamiento participativo y lo ilimitado

tal caso, sólo pensaremos en función de relaciones mecánicas unidos por el aire, la luz y el alimento. No existe un lugar claro
externas y concluiremos que el yo está ahí como un objeto se- en el que termine nuestro cuerpo porque sus fronteras son rela-
parado y que todo proviene de él. En mi opinión, por el contra- tivas. Tampoco podemos afirmar que, cuando una molécula de
rio, en la auténtica participación el pensamiento puede esta- oxígeno penetra en el interior de nuestro cuerpo se transforme
blecer distinciones -entre las personas, entre el pensamiento y de inmediato en algo vivo y que, cuando lo abandona como
el sentimiento o entre cualquier otra cosa- pero sin fragmentar anhídrido carbónico, esté muerta. Lo único que podemos decir
la unidad existente entre esas distinciones. Por decirlo en una es que el cuerpo carece de una frontera claramente definida. Tal
sola frase, la naturaleza última del mundo es que todo participa vez ni siquiera podamos decir dónde empieza y dónde finaliza
de todo, que todo está en todo. Esto precisamente es lo que he la vida, sino tan sólo que el cuerpo es una especie de «foco» de
tratado de explicar en mi libro La totalidad y el orden implica- la vida en un determinado lugar. No obstante, todo individuo
do: decir, de otro modo, que todo lo «engloba» a todo. En últi- posee ciertos rasgos físicos -debidos a la herencia, el ADN, et-
ma instancia, el sustrato de todo es lo que está envuelto y el de- cétera- y mentales -experiencias, sustratos, capacidades etcé-
sarrollo consiste en el despliegue y la manifestación de lo tera-. Además, cada uno de nosotros también posee una deter-
englobado. minada imagen de sí mismo con la que se identifica.
Creo que uno de los grandes errores de la especie humana ha El ser humano también existe en una dimensión colectiva
sido la creencia de que cuando un pensamiento acaba, termina -una sociedad y una cultura- que compartimos con muchas
desapareciendo. Porque el hecho es que no ha desaparecido otras personas y que posee un extraordinario poder (tanto po-
sino que simplemente «se ha plegado de nuevo» en el trasfondo tencial como realmente) al que tratamos de dar cierta coheren-
de la conciencia. Tal vez lo ignoremos pero sigue ahí y, en con- cia y orden a través del diálogo.
secuencia, puede desplegarse nuevamente o hacerlo de otra for- Pero el ser humano también se mueve en una tercera dimen-
ma. De modo que existe un constante proceso de despliegue sión, la dimensión cósmica, la esfera de la inmersión del hombre
desde el trasfondo de la conciencia hasta el primer plano y lue- en la naturaleza, la cosmología de la ciencia y de la religión.
go todo comienza nuevamente. También podríamos hablar de Desde la más remota prehistoria, los seres humanos siempre
sentimientos que se despliegan como pensamientos. Y de pen- han tenido en cuenta esta dimensión, una dimensión en la que se
samientos que vuelven y dan origen a más sentimientos y mo- experimenta que la naturaleza trasciende al individuo y a la so-
vimientos corporales, etcétera. Es un proceso constante que ciedad. En los remotos tiempos del animismo, las personas sen-
nunca «comenzó» y que jamás terminará, porque regresa a la tían que todo estaba animado por un espíritu del que todos par-
naturaleza, siguiendo el camino inverso, tan atrás como poda- ticipaban. En la medida en que la gente fue alejándose de la
mos remontamos. De este modo, la especie humana, al igual naturaleza y se congregó en tomo a las ciudades y las granjas
que todas las especies vivas, se ha «desplegado» del sustrato en (porque la granja también está muy alejada de la naturaleza), co-
el que habita. menzó a sentir la necesidad de la dimensión cósmica y a buscar
Quisiera ahora hablar, en este sentido, de la existencia de formas diversas de satisfacer esa necesidad. Es muy posible
tres dimensiones en el ser humano. La primera de ellas es la di- di que, en esas épocas tempranas, el arte cumpliera con la función
mensión individual. El cuerpo individual se halla parcialmente - de establecer algún tipo de conexión cósmica, una tentativa que
separado de los demás, aunque no totalmente, porque estamos fue seguida de los rudimentos de la religión y de la filosofía.
l
Sobre el diálogo El pensamiento participativo y lo ilimitado

Esa situación ha persistido pero muchas personas han dejado ¿Cuál es nuestra naturaleza? ¿De qué recursos internos dis-
ya de creer en los supuestos de la religión. La religión nos ha ponemos para afrontar esa responsabilidad? ¿En dónde radica
abandonado, nos hemos alejado demasiado de la naturaleza y la nuestra responsabilidad? ¿En qué se asienta esa posibilidad?
filosofía se ha vuelto confusa. En la sociedad moderna la cien- Normalmente no pensamos en nosotros en estos términos. Es
cia trata, en cierto modo, de vincularnos con el cosmos, pero se como un niño que hubiera crecido creyendo que papá o mamá
trata de un intento limitado y la mayor parte de la gente no lle- cuidarán de él y de pronto comprendiera que las cosas han cam-
ga a comprenderla bien. En consecuencia, nuestra conexión biado y que ahora es él quien debe cuidar de sus padres
con la dimensión cósmica parece más que perdida. Sin embar- Hay quienes creen que podemos sobrevivir imponiendo
go, creo que la gente quiere volver a restablecer esa dimen- nuestro orden sobre la naturaleza, descubriendo y produciendo
sión cósmica porque es tan esencial como la dimensión indivi- -mediante la ingeniería genética u otro tipo de técnicas- nuevas
dual y la dimensión colectiva. especies de árboles y plantas que puedan sobrevivir a la conta-
Podríamos decir que el vínculo que nos conectaba con el minación. Esas personas creen que podríamos industrializar
cosmos se ha roto. Se ha dicho, de muchos modos diferentes, nuestro mundo y la naturaleza (creando una especie de «indus-
que nos enfrentamos «al fin de la naturaleza». Originalmente tria de la naturaleza»). A fin de cuentas, si hoy en día dispone-
pensábamos que la naturaleza era inmensa y trascendía com- mos de una industria del entretenimiento y de una industria de
pletamente a los seres humanos, pero hoy en día es evidente que la cultura ¿por qué no podríamos disponer también de una in-
podemos llegar a destruirla. Las culturas tribales dijeron «la dustria de la naturaleza? Tal vez pudiéramos llegar incluso a
Tierra es nuestra madre y tenemos que cuidar de ella», pero hoy conservar la naturaleza y hacerla lucrativa al mismo tiempo.
en día, sin embargo, decimos «no, las cosas no son así. Tene- Quién sabe si la tecnología puede llegar a abrirnos esa puerta.
mos derecho a explotar la Tierra». Y este cambio en la rela- Pero ¿a dónde nos llevaría todo eso? ¿Qué tipo de vida sería
ciones con la naturaleza, esta ruptura del vínculo que nos unía ésa? Tal vez fuera «participativa» pero dudo mucho de que se
con ella, tiene sus efectos. La gente solía decir: «Muy bien. Sé tratase de un tipo adecuado de participación.
que las cosas están mal pero la naturaleza está "ahí" y todavía No debemos olvidar que el papel que desempeñamos en
está bien». Hoy en día, sin embargo, ese lujo ha terminado y ya todo este asunto es cada vez mayor. Tenemos que comprender
no podemos seguir pensando en la naturaleza como algo ina- que la naturaleza tiene una importancia casi religiosa en nuestro
gotable. psiquismo y que asumir esta nueva actitud conlleva profundas
Cuando comprendemos esto tiene lugar un gran cambio psi- implicaciones para el ser humano. De modo que gran parte de la
cológico. Es como si alguien dijera «usted ya no puede seguir dimensión cósmica radica en nuestra actitud hacia la naturaleza.
contando con su madre sino que, a partir de ahora, sólo puede Pero hay algo que trasciende todo eso, algo que va más allá del
contar consigo mismo». Ésta es la situación en la que ahora hecho de ver el cosmos a través del telescopio o el firmamento
nos encontramos, una situación en que la supervivencia de la en una noche estrellada, algo que está más allá de todo límite,
naturaleza bien puede depender de nosotros. Y esto exige una algo infinito.
visión completamente nueva que nos haga realmente responsa- Uno puede dar prioridad al dinero, a su país o a cualquier
bles del planeta. ¿Cuál es el sustrato de todo esto? ¿Qué somos otra cosa. Existen muchas posibilidades en este sentido y dife-
nosotros? rentes personas valoran las cosas de manera distinta. Pero si
Sobre el diálogo El pensamiento participativo y lo ilimitado

sólo consideramos importante este tipo de cosas no daremos tante, como ya hemos visto, nuestra atención tiende a estar li-
prioridad a lo ilimitado. Su cerebro le dirá que lo ilimitado no mitada por los pensamientos tácitos de lo que tiene valor y de lo
existe aunque, desde un punto de vista participativo, lo ilimita- que merece la pena. Y si usted no presta atención a algo, no lo
do es el sustrato de todo, dado que nuestro auténtico ser es ili- percibirá y para usted no existirá. Pero la atención no es algo in-
mitado. ¿Es posible, pues, tomar conciencia de nuestro verda- trínsecamente restringido porque puede expandirse y asumir
dero ser? Creo que todo el mundo se ha planteado de algún cualquier forma. Bien pudiera ser que la atención fuera, por
modo esta pregunta y que ha sido formulada de modos muy dis- decirlo así, un tipo de relación potencial entre lo limitado y lo
tintos a lo largo de los tiempos. ilimitado. Y si es posible que exista un tipo de atención limita-
Pareciera, sin embargo, como si la estructura del pensa- da, como la concentración, por ejemplo, también puede existir
miento civilizado afirmase que, en última instancia, llegare- un tipo de atención fundamentalmente ilimitada. Tal atención
mos a saberlo y a controlarlo todo. Pero tal vez debiéramos nos permitiría adentrarnos en niveles de orden implicado cada
preguntarnos si la naturaleza del pensamiento es capaz de sa- vez más sutiles, unos niveles tan globales que la conciencia de
berlo todo. Porque el pensamiento es una abstracción y toda una persona apenas si difiere de la conciencia de otra porque to-
abstracción, obviamente, implica algún tipo de limitación. 0, dos compartimos los mismos pensamientos tácitos implícitos en
dicho de otro modo, ¿es acaso el campo entero del pensamien- los que se asienta.
to -la experiencia, el conocimiento, el pensamiento tácito- li- Quizás exista alguna función cerebral que sea más sensible a
mitado? La mayor parte de nuestra cultura respondería que no estos sutiles ámbitos del ser, tal vez el cerebro, pueda entonces
es limitado, porque existe la creencia de que el pensamiento, el funcionar como una especie de antena que nos permita sintoni-
conocimiento y las habilidades ténicas pueden permitirnos ha- zar con esos niveles en lugar de ser tan sólo el «iniciador» de la
cer frente a cualquier cosa. Pero esta creencia, en mi opinión, acción. Pero mientras el cerebro sólo persiga sus propios obje-
forma parte del pensamiento tácito implícito, lo cual significa tivos internos -lo cual es necesario en determinados contextos-,
que, suceda lo que suceda, usted está pensando. Ésta es una seguirá ocupado, y para llegar a conectar con lo ilimitado debe
creencia muy activa, una creencia universal, una creencia sobre estar desocupado y en silencio.
«la totalidad», una creencia muy poderosa, muy valiosa y muy Creo que la mayor parte de nuestra experiencia tiene lugar
«operativa». Y, en consecuencia, tenderá a prevalecer sobre en el orden implicado pero que la sociedad nos ha enseñado a
cualquier otra. Por ello descubrirá usted que automáticamente valorar tan sólo el orden explicado externo (un orden, por cier-
piensa en todo, porque la creencia subyacente es que el pensa- to, útil para los propósitos que generalmente tenemos en mente,
miento no sólo es posible y potencialmente relevante sino que hacer esto, aquello o lo de más allá). Así que debemos crear un
es la única posibilidad de que dispone. espacio en algún punto en el que podamos estar ociosos, por así
A mi juicio, sin embargo, el campo del pensamiento es li- decirlo, para adentrarnos en él. La palabra ocio significa «va-
mitado. Y es mi opinión también que «lo ilimitado» contiene a cuidad», un espacio y un tiempo vacío en el que nada nos ocu-
lo limitado. Y cuando hablo de «lo ilimitado» no me refiero tan pe. Tal vez pudiéramos comenzar contemplando la naturaleza,
sólo a una extensión enorme que puede llegar a los confines donde las distracciones son mínimas. Luego, con la confianza y
mismos del universo sino también -y esto me parece mucho el compañerismo suficiente, algo así puede surgir también en el
más importante- a una dimensión cada vez más sutil. No obs- diálogo.
Sobre el diálogo

Las consecuencias que comportaría disponer de un grupo


de personas que realmente pudieran contemplar de este modo
serían muy superiores a las correspondientes a un solo indivi-
duo. Ignoramos cuál podría ser su impacto, pero lo cierto es que
sus posibilidades son inmensas. En la actualidad hay mucho
escepticismo y pesimismo sobre la especie humana, pero este
cinismo bien puede ser falso, porque la especie humana dispone
de grandes posibilidades que están siendo destruidas por cues-
tiones más bien triviales.
Si la humanidad consigue arribar a la raíz de todo esto tendrá
lugar una auténtica revolución. Todo depende de la intensidad y
de la energía. Parece que la clave consiste en prestar atención a Barfield, Owen. Saving the Appearances, Nueva York, Har-
la totalidad. Y nosotros podemos prestar atención a algo bas- court, Brace and World, 1965.
tante bien, pero todo se desvanece cuando surgen los proble- Bohm, David. Wholeness and the Implicate Order, Londres,
mas. Pero no deberíamos condenarnos por ello sino encontrar el Routledge, 1980. [Hay edición castellana, con el título La to-
modo de integrar a la distracción en el mismo proceso. El pro- talidad y el orden implicado, Editorial Kairós, Barcelona,
ceso de aprendizaje consiste no sólo en contemplar las cosas en 1988.1
un lugar tranquilo sino también en presencia de todo tipo de dis- -. Unfolding Meaning, Londres, Routledge, 1987.
tracciones. Lo infinito puede ser tan poderoso que sus efectos -. El paradigma holográfico, Kairós, Barcelona, 1987.
nos distraigan cuando lo miremos demasiado pronto, pero cuan- -. El espíritu en el átomo. Una discusión sobre las miserias de
do seamos lo suficientemente fuertes, por así decirlo, podremos lafisica cuántica, Alianza Madrid, 1989.
permanecer atentos en el lugar más ruidoso y contemplar di- -. Diálogos con cientljcicos y sabios. La búsqueda de la uni-
rectamente lo infinito. dad, Los Libros de la Liebre de Marzo, Barcelona, 1990.
Creo, por tanto, que existe una posibilidad de transformación -. Thought as a System, Londres, Routledge, 1994.
de la conciencia tanto a nivel individual como colectivo. Y es -. Ojai Seminar Transcripts, 1986-1989, Ann Arbor, Univer-
importante que ambas transformaciones tengan lugar al mismo sity Microfilms International, 1996.
tiempo porque la una depende de la otra. Resulta, por tanto, Bohm, David y Edwards, Mark. Changing Consciousness, San
esencial el desarrollo de la capacidad de comunicarnos y de la Francisco, Harper San Francisco, 1991.
capacidad de dialogar, de la capacidad, en suma, de participar Bohm, David y Krishnamurti, Jiddu. The Ending of Time, San
en la comunicación con los demás. Francisco, Harper and Row, 1985. [Hay edición castellana,
con el título Más allá del tiempo, Edhasa, Barcelona, 1986; y
Kairós, Barcelona 1996.
Bohm, David y Krishnamurti, Jiddu. Elfuturo de la humanidad,
Edhasa, Barcelona, 1987.
Bohm, David y Krishnamurti, Jiddu, y otros. Dentro de la men-
Sobre el diálogo

te, Kier, Buenos Aires, 1996.


Bohm, David y Peat, David. Ciencia, orden y creatividad, Kai-
rós, Barcelona, 1988.
de Mare, Patrick, Piper, Robin y Thompson, Sheila. Koinonia,
Londres, Karnac, 1991.
Krishnamurti, Jiddu. Freedom from the Known, Nueva York,
Harper and Row, 1969.
Krishnamurti, Jiddu. The Wholeness of Life, San Francisco,
Harper and Row, 1979.
SUMARIO
Polanyi, Michael. The Tacit Dimension, Nueva York, Garden
City, 1966.
Agradecimientos . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 7
Prólogo . . . . . . . . . . . . . . , . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9

l. Sobre la comunicación . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .23


2. Sobre el diálogo .............................. . 2 9
3. La naturaleza del pensamiento colectivo . . . . . . . . . . . . 83
4. El problema y la paradoja . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 101
5. El observador y lo observado . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 111
6. La suspensión, el cuerpo y la propiocepción . . . . . . . . 115
7. El pensamiento participativo y lo ilimitado . . . . . . . . . 129

Bibliografía . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 143