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Tema Modalidad

Las modalidades en actos jurídicos son cláusulas que alteran sus efectos normales, incluyendo condiciones, plazos y modos. Las condiciones pueden ser positivas, negativas, posibles, imposibles, potestativas, casuales, mixtas, suspensivas o resolutorias, y afectan el nacimiento o extinción de derechos. El plazo, por su parte, puede ser suspensivo o extintivo, y se distingue por su certeza en la ocurrencia, mientras que el modo impone obligaciones específicas al beneficiario sin suspender la adquisición del derecho.
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Las modalidades en actos jurídicos son cláusulas que alteran sus efectos normales, incluyendo condiciones, plazos y modos. Las condiciones pueden ser positivas, negativas, posibles, imposibles, potestativas, casuales, mixtas, suspensivas o resolutorias, y afectan el nacimiento o extinción de derechos. El plazo, por su parte, puede ser suspensivo o extintivo, y se distingue por su certeza en la ocurrencia, mientras que el modo impone obligaciones específicas al beneficiario sin suspender la adquisición del derecho.
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Las modalidades son cláusulas añadidas a los actos jurídicos para alterar sus efectos normales,

incorporando elementos accidentales que dependen de la voluntad de las partes. No se consideran


modalidades los elementos naturales del acto previstos por la ley, como la condición resolutoria tácita.
Las principales modalidades son la condición, que suspende o extingue los efectos del acto; el plazo,
que retrasa o limita temporalmente dichos efectos; y el modo, que impone una carga al beneficiario de
un acto jurídico. También pueden considerarse modalidades la representación voluntaria, que permite
que un tercero actúe en lugar de las partes, y la solidaridad voluntaria, que autoriza a uno de los
deudores o acreedores a cumplir o cobrar la totalidad de una obligación, alterando la regla de que
cada uno paga solo su parte.
La condición es un hecho futuro e incierto del cual depende el nacimiento o extinción de un derecho.
En los actos jurídicos, debe ser siempre un evento que ocurra en el futuro y cuya realización no sea
segura. Si se refiere a hechos presentes, pasados o ciertos, no constituye una condición, sino que se
aplican otras reglas jurídicas. Las condiciones pueden clasificarse en:
A. Positivas y negativas: Según consistan en la ocurrencia de un hecho o en que este no ocurra.
B. Posibles e imposibles: Una condición positiva debe ser físicamente posible (conforme a las
leyes de la naturaleza) y moralmente posible (no contraria a la ley, el orden público o las buenas
costumbres). Las condiciones imposibles hacen ineficaz el acto o se consideran no escritas,
según su naturaleza.
C. Potestativas, casuales y mixtas: Dependiendo si el cumplimiento está ligado a la voluntad de
una de las partes (potestativa), de un tercero o del azar (casual), o a una combinación de ambos
(mixta). Las condiciones meramente potestativas que dependen exclusivamente de la voluntad
del obligado son nulas, ya que no reflejan una verdadera intención de obligarse.
D. Suspensivas y resolutorias: Las suspensivas posponen el ejercicio de un derecho hasta que
el hecho ocurra, mientras que las resolutorias extinguen derechos existentes cuando el hecho
se cumple. Las condiciones pueden encontrarse en tres estados:
a) Pendiente: Mientras no se cumpla ni sea seguro que no ocurrirá.
b) Cumplida: Cuando el hecho se verifica.
c) Fallida: Cuando se hace evidente que el hecho no ocurrirá.
El efecto de las condiciones suspensivas y resolutorias es retroactivo, considerándose que los
derechos y obligaciones nacen o se extinguen desde la celebración del acto. Mientras la condición
está pendiente, los derechos son latentes y pueden adoptarse medidas conservativas; al cumplirse, los
derechos se hacen exigibles, y al fallar, desaparecen como si nunca hubieran existido.
Respecto a terceros, el cumplimiento de una condición puede impactar dependiendo del tipo de bien.
En bienes muebles, la acción reivindicatoria contra terceros poseedores depende de su buena o mala
fe. En bienes inmuebles, solo puede ejercerse si la condición estaba inscrita o constaba en escritura
pública.
La condición resolutoria, que extingue derechos adquiridos, puede ser ordinaria (hecho futuro
cualquiera), tácita (implicada en contratos bilaterales por incumplimiento), o estar estipulada
expresamente como pacto comisorio. Este último puede ser simple (otorga la opción de resolución por
incumplimiento) o calificado (establece que el contrato se resuelve automáticamente). Ambos
requieren generalmente declaración judicial para surtir efectos.
El pacto comisorio es común en compraventas, pero puede extenderse a otros actos jurídicos
mediante autonomía de la voluntad. La acción comisoria permite reclamar la resolución del contrato o
su cumplimiento, con indemnización de perjuicios, dependiendo del caso. Las acciones derivadas de
pactos comisorios o condiciones resolutorias están sujetas a plazos de prescripción que pueden variar
según la naturaleza del contrato y los términos estipulados por las partes. Finalmente, los efectos de
una condición cumplida incluyen la restitución de bienes o derechos, salvo excepciones legales, y el
respeto a derechos de terceros adquiridos de buena fe. Las condiciones deben cumplirse literalmente
según lo convenido, o en el modo más probable y racional según la intención de las partes.
El plazo es un hecho futuro y cierto que puede modificar los efectos normales de los actos jurídicos, ya
sea retrasando el nacimiento de un derecho (plazo suspensivo) o extinguiéndolo una vez que ocurre
(plazo extintivo). A diferencia de la condición, el plazo es siempre cierto en cuanto a su ocurrencia,
aunque pueda ser indeterminado en el momento exacto. Además, el plazo no tiene efecto retroactivo y
opera ipso iure, es decir, sin necesidad de declaración judicial. Lo pagado mientras el plazo está
pendiente no puede repetirse, pues implica una renuncia tácita al beneficio del plazo.
Los plazos pueden clasificarse según diversos criterios. En cuanto a su efecto, son suspensivos
cuando condicionan la exigibilidad de un derecho, y extintivos cuando determinan su terminación.
Según su origen, pueden ser legales (impuestos por la ley), judiciales (determinados por un juez en
casos especiales), o convencionales (acordados por las partes). Respecto a su forma de
establecimiento, pueden ser expresos, si se indican claramente en el acto, o tácitos, cuando se
sobreentienden como necesarios para cumplir una obligación.
El plazo puede encontrarse en dos estados: pendiente, donde el derecho existe, pero no es exigible, o
cumplido, cuando se hacen exigibles las obligaciones o se extinguen los derechos, según
corresponda. En el plazo suspensivo pendiente, el derecho del acreedor aún no es exigible, pero el
cumplimiento anticipado implica renuncia. En el caso del plazo extintivo, este permite disfrutar
plenamente del derecho mientras no se cumpla, extinguiéndose cuando ocurre.
El plazo se extingue por cumplimiento (llegada del término fijado), por renuncia del beneficiario (que
puede ser expresa o tácita, como un pago anticipado), o por caducidad. La caducidad del plazo puede
ser legal, como cuando el deudor entra en quiebra o reduce negligentemente el valor de las garantías
entregadas, o convencional, cuando las partes estipulan condiciones específicas que lo hacen
caducar, como el incumplimiento en un mutuo que permite exigir el saldo total. Estas reglas reflejan la
importancia del plazo en la regulación de los derechos y obligaciones en los actos jurídicos.
El modo es una modalidad que impone una obligación al beneficiario de una asignación o contrato,
consistente en destinar el objeto asignado a un fin específico, sin suspender su adquisición. Aunque el
CC no lo regula expresamente, se aplica en testamentos y contratos según el Art. 1493 y 1089. El
incumplimiento del modo no extingue el derecho salvo que exista una cláusula resolutoria que lo
establezca. En contratos, puede operar una condición resolutoria tácita o pactos expresos para
extinguir el derecho por incumplimiento, incluso en contratos unilaterales, como en donaciones.

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